Kitabı oku: «En unión sagrada con un pastor»

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EN UNIÓN SAGRADA

CON UN PASTOR

los dolores y deleites del matrimonio pastoral

Mary Somerville

Publicado por:

Publicaciones Faro de Gracia

P.O. Box 1043

Graham, NC 27253

www.farodegracia.org

ISBN 978-1-629461-51-9

Agradecemos el permiso y la ayuda brindada por Mary Somerville para traducir e imprimir este libro al español, One With a Shepherd, the tears and triumphs of a ministry marriage.

Copyright © 2004, 2005 by Mary Somerville. All Rights Reserved.

© 2016 Todos los Derechos Reservados, Publicaciones Faro de Gracia. Traducción al español por Giancarlo Montemayor. Revision por Armando Molina.

Ninguna parte de este libro puede ser reproducida, por ningún medio, sin el consentimiento escrito de la casa publicadora, excepto por citas breves usadas para revisión en una revista o periódico.

Diseño de la portada: Joseph Hearne, Relative Creative, www.relativecreative. com

© Las citas bíblicas son tomadas de la Versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina. © renovada 1988, Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.

En Unión Sagrada con un Pastor

los dolores y deleites del matrimonio pastoral

Recomiendo este libro con gran gozo y confianza. Estoy tan agradecida por todas las mujeres que apoyan a los hombres que trabajan ministrando a la iglesia de Dios; sé que este libro será una gran herramienta de aliento y de información.

—Elyse Fitzpatrick

Siempre es un gozo recomendar una sana enseñanza bíblica y consejería, escrita por alguien que la vive. ¡En este útil volumen usted encontrará ambas! Como ex profesora tanto de esposas de pastores como de seminaristas, de todo corazón recomiendo este libro. Le ayudará a glorificar a nuestro Dios y a tener un mejor entendimiento de su matrimonio en el ministerio.

—Elizabeth George

Este libro es un tesoro de la gloria, gracia y esperanza de Dios para la esposa de un pastor. Mary Somerville ha escrito con claridad bíblica y de una manera práctica, al mismo tiempo que es capaz de incorporar destellos de su propia vida y de lo que Dios le ha mostrado. Este libro es ciertamente un tributo a “la gloria de Su gracia”. Disfruté leer este extraordinario libro y creo que será muy amado por las esposas de los pastores por muchos años.

—Martha Peace

El libro de Mary Somerville, En unión sagrada con un pastor, capta el corazón del modelo bíblico para aquellas mujeres que son esposas de pastores. En su libro, Mary ofrece un magnífico estímulo para aquellas que estamos casadas con pastores o líderes del cuerpo de Cristo. Con sabiduría y claridad, Mary enfoca la atención de los lectores en cómo Cristo y su carácter transforma los roles, responsabilidades y las relaciones en la iglesia local. Ella describe con una magnífica honestidad a las familias que con sus principios transforman los más difíciles retos en el ministerio; en cada página atrae a los lectores con un fresco entendimiento bíblico de cómo aceptar con gozo la maravillosa vida pastoral. Como esposa de pastor por ya 38 años, recomiendo con emoción este libro a las esposas de aquellos en el ministerio, sean jóvenes o ya con años de experiencia; te estimulará a tener hambre y a ser todo lo que Dios desea que seas al tener como modelo al Salvador, y al trabajar junto con el pastor.

—Dr. Elizabeth Ingrid Directora nacional; Ministerio de Mujeres Evangelical Free Church of America

El libro, En unión sagrada con un pastor, invita al lector a ponerse en los zapatos de la esposa de un ministro; incluye los secretos más íntimos del servicio, y principios básicos para la “media naranja” del hombre que se encuentra frente al púlpito.

—Jeanne Hendricks (esposa de Howard Hendricks)

Este libro es un testimonio eficaz de lo que una esposa enfrenta en el ministerio. Mary Somerville nos da consejos esperanzadores de cómo sobresalir como esposas y madres al tiempo que ministramos junto con nuestros esposos. Recomiendo este libro a las esposas que comienzan a servir, así como a las que ya llevan varios años en el ministerio.

—Beverly LaHaye (esposa de Tim LaHaye)

Mary escribe con una gran experiencia, conociendo las frustraciones, dificultades, desánimo y soledad que experimenta una mujer cuyo esposo está dentro del ministerio. Así mismo, conoce el privilegio, la responsabilidad y el gozo extremo de servir a Cristo.

—Betty Jane Adams (esposa de Jay Adams)

Como una esposa experimentada de treinta y cinco años en el ministerio, de todo corazón puedo recomendar el libro de Mary, como un libro a la vez práctico y bíblico. Fui retada y animada, espero el tiempo donde pueda usar estas herramientas con esposas jóvenes en el ministerio, o animar a aquellas esposas que necesiten aliento y dirección.

—Sherry Allchin M.A., Biblical Counseling Center; Arlington Heights IL

Con frecuencia, esposas de seminaristas, universitarios y mujeres solteras considerando casarse con algún joven que desee trabajar de tiempo completo en el ministerio de Cristo, me preguntan sobre qué esperar al estar dentro del ministerio. Este libro será una herramienta muy útil para utilizarlo con estas jóvenes mujeres. Los capítulos fueron de fácil lectura, y ofrecen directrices y guías prácticas y escriturales. Hace treinta años, cuando Tom y yo nos casamos y comenzamos el ministerio en la iglesia, me habría encantado tener las ideas y sabiduría que contiene este libro.

—Teresa Nelson (esposa de Tommy Nelson)

Ser una esposa de pastor siempre tiene sus buenos y malos momentos; pero Mary Somerville se ha levantado por encima de las cargas y ha entendido sus recompensas. Su libro es un recordatorio continuo de lo que somos y para qué estamos aquí.

—Kathy MacDonald (esposa de James MacDonald)

¡Qué bendición ser uno con el pastor! Ahora sé eso, pero cuando me casé con Wayne, sólo sabía que era una bendición estar casada con él. Habría aceptado la bendición de ser esposa de un pastor desde antes, si un libro como este hubiera estado disponible para instruirme, aconsejarme, enseñarme y desafiarme. Ciertamente lo recomiendo a todas las esposas de pastores; les ayudará a conocer la bendición de ser la esposa de un pastor y a ser una bendición a otros.

—Carol Mack (esposa de Wayne Mack)

El libro es equilibrado y, muy probablemente, encienda el fuego de la vida cansada y desanimada de alguna esposa para que siga adelante y pueda realizar su mejor esfuerzo para honrar a su esposo y “fortalecer su mano”; más importante aún, puede ayudarle a glorificar a su Padre celestial, quien observa y conoce su corazón y algún día le dirá: “Buen siervo y fiel…entra en el gozo de tu Señor”. Esto sin duda aplicará a cualquier sobrecargada esposa de pastor.

—Pat Palau (esposa de Luis Palau)

Contenido

Introducción

1 Un noble rol

2 Enfrentando las demandas físicas del ministerio

3 Manejando las cargas espirituales y emocionales del ministerio

4 Cómo evitar el síndrome del éxito

5 Sobreponiéndose a las heridas de otras personas

6 Afrontando la soledad

7 Viviendo el matrimonio ejemplar

8 Manteniendo el matrimonio en el ministerio

9 Lo que significa ser mamá en medio del ministerio

10 Confrontando el problema de hijos rebeldes

11 Unidad de propósito

12 Practicando la hospitalidad

13 Administrando el dinero

14 Aprovechando la oportunidad de discipular mujeres

15 Aprovechando la oportunidad de aconsejar mujeres

16 Viviendo en un lugar de honra, amor y recompensa

Apéndice A Preguntas para la rendición de cuentas

Apéndice B Cualidades de carácter para trabajar con tus hijos

Apéndice C Plan para disciplinar a un niño pequeño

Apéndice D Extractos del Diario Personal

Recursos recomendados

Otros Títulos de Publicaciones Faro de Gracia

Para el Príncipe de pastores,

por quien soy y a quien sirvo.

A mi querido esposo Bob,

cuyo amor y compañía han sido

mi más grande tesoro.

A nuestra grey,

quienes han sido pacientes con nosotros,

al nosotros aprender a ministrar.

Introducción

“¿Quisieras renunciar a tu independencia en el Día de la Independencia y convertirte en mi esposa?” Esta fue la propuesta de matrimonio de Bob. Cuando dije sí, le dije sí a estar en el ministerio, y sabía a lo que me estaba metiendo, ya que él estaba estudiando para pastor. Comencé mi nuevo rol como esposa de pastor creyendo que Dios me había preparado y dado el deseo de ayudar a un hombre llamado al ministerio; era la conclusión de una vida de deseo y oración. Quizás jamás soñaste ser una esposa de pastor y fuiste atrapada por sorpresa cuando tu esposo cambió de carrera y entró al ministerio.

Asumo que si estás leyendo este libro, como fuera que hayas llegado al ministerio, aquí estás y ¡eres la esposa de un hombre en el ministerio! Te veas o no como una mujer talentosa o preparada para este rol, Dios te ha puesto junto con tu esposo intencionalmente y con un propósito para que fueras su pareja, como la ayuda de tu esposo, “ayuda idónea para él” (Gen. 2:18). Y es una certeza que Dios te dio a tu esposo de la misma forma que le dio Eva a Adán, fuiste dada a él para que le ayudaras a realizar el ministerio al cual Dios lo llamó.

Después de conversar con muchas esposas de pastor, sé que a veces es difícil ver nuestra ayuda como algo significativo. La mayoría de lo que hacemos se hace tras bambalinas, así que nadie observa o escucha de nuestro servicio, y gran parte de nuestro servicio es ayudar a nuestros esposos, lo cual repito, es algo que no lo observan los demás. Pero la Biblia dice que nuestro rol es extremadamente vital para el reino de Dios, y mi esperanza es que pueda animarte y afirmar tu contribución valiosa a la obra de Dios.

Dios ha escogido colocar su preciada grey en las manos de pastores y ancianos quienes son Sus co-pastores (1 Pedro 5:1-4). Estos hombres casados no podrían llevar a cabo su misión sin la ayuda de sus esposas; asociados con ellas pueden cumplir el rol de proteger y nutrir a la grey para que cuando “el Príncipe de los pastores aparezca, vosotros recibiréis la corona de incorruptible de gloria”. Eso significa que tendrás una parte de la recompensa que recibirá tu esposo por su servicio.

Es un honor y privilegio estar unida de por vida con un hombre dedicado al servicio de Cristo para el más alto propósito—construir Su iglesia. Para mí, esta bendición se ha extendido por más de tres décadas y no cambiaría mi vida por ninguna otra. Claro, ha habido días en que…

La verdad es que probablemente necesites un poco de ánimo—una inyección de energía. Puedes estar preocupada por estar en el frente de batalla. Podrías estar comenzando como mi hija, quien es una joven esposa de misionero y necesita a alguien que haya pasado por ese camino, y que le pueda señalar los obstáculos e iluminar el camino. Tal como una esposa de misionero de un tiempo anterior le escribió a una amiga,

Me encanta conversar, escribir y reflexionar; es el deber como hijos de Dios, reprender, incentivar y animar a otros en su caminar en este mundo. Cada cristiano tiene dificultades, tentaciones que enfrentar y una guerra que alcanzar, cosas que los del mundo no afrontan. Si los peregrinos que están en el mismo país lejano se pueden consolar unos a otros y endulzar este camino rocoso, conviviendo como familia, entonces no deben descuidar hacerlo así.

Mi primera herramienta de aliento será la todo suficiente palabra de Dios que anima, dirige y consuela eternamente, la cual todavía es relevante en el siglo veintiuno. La Escritura debe ser nuestra brújula en un mundo de cambios en su ambiente social y cultural, y de desafíos éticos y teológicos. Compartiré experiencias y lecciones que he aprendido durante mi vida como esposa de pastor; así mismo, compartiré las ideas e inspiración de las vidas de mujeres durante la historia de la iglesia, quienes han hecho una gran contribución.

Una de esas grandes mujeres es María Taylor. Todas las cualidades de una esposa de misionero las encontró Hudson en María. Amaba tanto a Dios que ella decía que, a pesar de su amor por Taylor, ella no estaría dispuesta a casarse con él si la amara más a ella que a Jesús o si quisiera dejar el trabajo a Dios por el honor que otorga el mundo. Fue su ayuda en numerosas ocasiones, hablaba chino con fluidez y dirigía una pequeña escuela, lo cual fue la fuente de un escaso sueldo para que Hudson pudiera establecer su primera iglesia. Ellos no recibían ningún ingreso fijo como misioneros. Fueron los pioneros de la gran obra en China, cuyos esfuerzos guiaron el camino a las misiones de fe. Hudson y María eran un equipo. “Indudablemente, el factor primordial en su matrimonio fue que ambos eran igualmente leales a su vocación; sin María, Taylor no se habría embarcado en esta clase de trabajo”.

Tú también, querida hermana, tienes un rol significativo en la vida y en el ministerio de tu esposo. Tú también puedes ver a Dios hacer grandes cosas a través de tu fidelidad y de tu apoyo amoroso. Debido a que ya he estado en tus zapatos, sé que no es fácil. Es un rol demandante, pero todas estamos juntas. Tenemos una especie de hermandad por lo que compartimos mutuamente. Nuestros retos son casi iguales, sin importar el tipo de ministerio, o su ubicación y tamaño.

Tenemos muchas dificultades que soportar junto con nuestros gozos y recompensas. Para completar este rol demandante, necesitamos una de la otra, compartir tanto cargas como logros; es una visión por la cual vale la pena entregar nuestras vidas. Podemos vivir con nuestro mayor potencial por el reino de Dios a través del poder del Espíritu Santo.

El título de este libro, En unión sagrada con un Pastor, envuelve lo que creo es la clave para una vida plena como esposa de un ministro; expresa la relación que tienes con tu esposo y con Cristo. Estar unido a ambos es la clave. Como creyentes somos uno con el Buen Pastor, quien compró Su grey por su muerte en la cruz; apartados de Él, nada podemos hacer; si permanecemos en Él, podemos lograr muchas cosas. Así mismo, cuanta mayor unidad haya en nuestro matrimonio con un pastor del rebaño del Señor, mayor efectividad tendremos en nuestro llamado personal.

¡Cuánto fortalecimiento hay en la unidad unos con los otros y con el Señor! “Y cordón de tres dobleces no se rompe pronto” (Ec. 4:12). Cuanto mayor unidad haya en nuestros matrimonios, mayor gozo tendremos, nuestros esposos serán más efectivos y la iglesia de Cristo será fortalecida. Confío en que este libro sea una ayuda para llegar a ese fin. No tengo todas las respuestas; yo misma estoy en este camino buscando con fe, buscando guía en Dios y Su palabra– todo para la gloria de Dios y ser gloriosamente uno con el pastor.

— Mary Somerville

ENTENDIENDO

NUESTRO PAPEL

COMO ESPOSA

1
Un noble rol

Muchas mujeres hicieron el bien; más tú sobrepasas a todas.— Proverbios 31:29

Ella es un precioso tesoro, de genuino valor y posee un celo para ayudar a esta pobre gente.— Hudson Taylor hablando de su esposa María1

Bien, buen siervo y fiel…entra en el gozo de tu Señor.— Mateo 25:21

Como esposas de pastores o ministros de la iglesia, estos serían los reconocimientos que todas quisiéramos escuchar; pero, en ocasiones, estamos tan preocupadas por cumplir con las expectativas de otros, aparte de las del Buen Pastor, que nos abrumamos con innumerables tareas.

¿Un rol confuso e imposible?

«Se busca: mujer que trabaje de tiempo completo, sin ninguna paga, en la oficina de su marido, largas jornadas, requiriendo re-ubicación frecuente. Debe ser amable y comprensiva todo el tiempo.» Miles de mujeres, dirigidas por el amor y devoción a Dios y a sus familias trabajan en este puesto, el cual es ser esposa de un ministro. Pero la tensión de la soledad, luchas financieras y cargas pesadas de la iglesia, pueden apagar el gozo de su matrimonio.2

El párrafo anterior es un comunicado de la Associated Press titulado “Esposas de ministros enfrentan desafíos”.

¿Esto te describiría? ¿Sientes la tensión del ministerio y te sientes abrumada por la presión y demandas que conlleva este rol? De acuerdo con el artículo citado no estás sola, miles de esposas de ministros se sienten de la misma manera.

¿Estás confundida por no saber en dónde encajar o cómo suplir las necesidades del ministerio compartido de tu esposo? Cada trabajo trae requerimientos y expectativas. Generalmente hay una clara guía de las expectativas de un pastor o de un líder de jóvenes, el encargado de la alabanza, educación cristiana, misiones, adoración y familias de los ministros. Así mismo para los misioneros, diáconos, ejecutivos de la iglesia y otros que trabajan fuera del edificio de la iglesia local. Rara vez se encuentra una descripción del trabajo que debe cumplir la esposa de un pastor, eso sin mencionar las expectativas que se tienen de ella.

“La esposa del pastor (esposa del pastor de jóvenes, esposa de un misionero) debe ___________”. ¿Cómo llenar el espacio en blanco? Tal vez la esposa del ex-pastor lo hacía todo y por tal motivo estableció un precedente. Posiblemente, la iglesia tenga altas expectativas de lo que esperan que la siguiente esposa del pastor deba o no realizar.

Todo esto se agrava por el hecho de que la familia pastoral vive en una pecera, se espera que sean un ejemplo en todo lo que hacen, son escudriñados y criticados; y después de todo esto, vienen las expectativas que tú te exiges a ti misma.

Tal vez te encuentres alguna vez diciendo a los demás, “Sé que los padres de nuestros jóvenes quisieran que estuviera más involucrada, pero simplemente no puedo con dos preescolares en casa. Me hace sentir mal no poder ayudar más a mi esposo con los jóvenes, por ello, a menudo me siento excluida de su vida, ya que no puedo ayudar más”. He estado ahí, y sé lo que se siente experimentar eso.

Otra esposa compartió “Me siento desgarrada. No sé cómo balancear los roles en la iglesia, las necesidades de mi esposo, educar en casa a tres niños pequeños y pasar tiempo con mi mamá que se encuentra sola desde que mi papá murió. Sé que la iglesia espera más de mí, pero no puedo dar más”. ¿Te suena familiar? Me he sentido así, especialmente cuando cuidé a mi padre inválido en casa. Hay presión en todos lados.

¿Cómo una esposa de ministro sabe cuándo ha llevado a cabo su tarea y hecho un buen trabajo? ¿Cómo puede lidiar con las expectativas de todos, incluyendo las propias expectativas? He observado que las esposas de ministros usualmente son mujeres de alto rendimiento. Los esposos están ahí afuera cambiando el mundo y sus esposas están ahí a su lado. Deseamos estar ahí y dar lo mejor de nosotras para la gloria de Dios.

Si deseas ser libre del peso de la culpa, primero debes determinar si has cedido a expectativas no bíblicas. Proponte descubrir y completar el llamado de Dios, sabiendo que no te dará más de lo que puedas soportar. Comprende también que no respondemos a nadie más; sólo respondemos a Dios por nuestras acciones. Pablo decía que lo que pensaran las personas de él no tenía importancia y que, incluso, su propia opinión de sí mismo era inconsecuente. Se dio cuenta que a Dios era al único que debía complacer (1 Corintios 4:1-5, 1 Corintios 3:13, 2 Corintios 5:10). “De manera que cada uno dará a Dios cuenta de sí” (Romanos 14:12). Esto significa hacer oídos sordos a las quejas y críticas que son infundadas. Y cuando decidimos seguir un plan de acción ante Dios, debemos saber que no todos estarán de acuerdo con nuestros planes. Hermanas, es necesario agradar a Dios antes que a los hombres. “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Colosenses 3:23).

Ahora bien, habrá personas que proveerán críticas constructivas que nos ayudarán a cumplir las expectativas de Dios para nosotras. En ese caso, no debemos intimidarnos por la confrontación, sino estar agradecidas por la ayuda. ¡Admitámoslo, no somos perfectas! Necesitamos que no piensen que lo somos. Es importante ser la mujer que Dios espera de nosotras, sin miedo a lo que piensen los demás. Vivimos bajo la misericordia y gracia de Dios. Si fracasamos, admitimos nuestra falla y obtenemos perdón de Dios y de aquellos a los que hayamos ofendido. ¡Hay libertad radical en la gracia de Dios! “Estad, pues, firmes en la libertad con la que Cristo nos hizo libres” (Gálatas 5:1). Así que, aclaremos nuestro rol como esposas de pastor, salgamos con confianza y seamos la mujer para lo cual Dios nos creó.

Claridad en nuestro rol

Algunas iglesias se sorprenderían de saber esto, pero la Biblia no enseña que la esposa del pastor debe tocar el piano, estar a cargo del ministerio de mujeres y ser anfitriona de todos los eventos sociales. En realidad, la Escritura no da una descripción de los quehaceres de la esposa de un hombre en el ministerio. ¿Entonces, qué sabemos acerca de lo que Dios espera de nosotras? Lo que Pablo establece son cualidades de carácter de los diáconos y esposas de los diáconos. “Las mujeres así mismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo” (1 Timoteo 3:11).

Como esposas de un hombre que está en el ministerio, debemos estar seguras que exhibimos esta clase de carácter ejemplar. Pero, ¿a qué se refiere este pasaje cuando dice que debemos ser fieles “en todo”? La Escritura es clara en decir que nuestro llamado debe ser como el de cualquier otra mujer en la iglesia: ser una mujer piadosa, esposa, madre y fiel miembro del cuerpo de Cristo.

Echemos un vistazo de cerca a un pasaje clave de la Biblia que define el rol de las mujeres dentro de la iglesia. Conforme vayamos examinando esta instrucción práctica, podremos ser capaces de ver nuestro rol con mayor claridad.

Las ancianas así mismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien; que enseñan a las mujeres jóvenes a amar sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. (Tito 2:3-5)

Cualidades de carácter para tu rol

Nótese que, sobre todas las cosas, Dios está interesado en el carácter de la mujer ejemplar en la iglesia. Si tus hijos ya son mayores, entonces la enseñanza a mujeres mayores aplica directamente a ti. Pero no importa qué edad tengas, como esposa de pastor, eres vista como un ejemplo. Así que, debemos valorar las cualidades de carácter de una mujer mayor.

La primera cualidad de carácter en la que nos enfocaremos será la de ser reverente. El término reverente es tomado de la palabra reverenciar, lo cual significa observar con afectuosa admiración o veneración. Dios desea que modelemos actitudes que exhiban afectuosa admiración a Dios. Una forma en que podemos mantener este enfoque es meditar en los atributos de Dios y Su Hijo. Es sencillo dejar que las demandas de esta vida y la cultura alrededor nos distraigan de nuestro más grande privilegio, conocer y reverenciar a Dios. La obediencia fluirá naturalmente del respeto amoroso. Necesitamos constantemente tener nuestros ojos puestos en el grandioso Dios al cual servimos.

Una mujer mayor, de la cual quisiera seguir su ejemplo, es mi querida suegra, quien tiene 97 años de edad y aún demuestra su reverencia a Dios, buscando crecer en el conocimiento de Su Palabra y obedeciéndola. Le pedí que escribiera sus peticiones de oración en mi diario, hace como un año. Esto es lo que ella escribió:

Ora por mi actitud, que pueda ser amorosa, amable, considerada y sabia en mi forma de hablar. Ora que pueda ser agradecida por mi salud, el lugar donde vivo y por mis queridos hijos. Que pueda ser un buen ejemplo para ellos y mostrar aprecio en todo lo que hacen por mí. Que Dios me ayude a ser paciente, a saber ceder y renunciar y estar contenta cuando debo estar satisfecha y ser sabia si debo de estar en desacuerdo con algo, poder ser amable y amorosa cuando estoy en desacuerdo. Ora para que nunca olvide quién está en control.

Dios ha respondido a esa oración. Es evidente que esta mujer ha caminado con Dios y le ha reverenciado por muchos, muchos años, y ¡quiero ser como ella!

La siguiente cualidad es que debemos asegurarnos de controlar nuestra manera de hablar y de nuestros apetitos. Ser calumniadora o esclava del vino podría derrumbar nuestras vidas y nuestros ministerios. Es sencillo crear chisme usando la excusa “te lo digo para que ores”, y así pasar información confidencial de lo que otros han hecho o dicho.

Esto puede dañar el nombre de Cristo y lastimar el ministerio de nuestro esposo. ¡Qué daño tan grande puede hacer una lengua desenfrenada! Dios puede manifestar su fruto del Espíritu, específicamente el auto-control, sometiendo esta área a Él. A medida Él nos da una lengua y deseos controlados, esto nos hará sobresalir del mundo y nos preparará para el ministerio.

El rol de las ancianas

Continuando en Tito 2:3, podemos observar que Pablo se refiere a las ancianas como aquellas que primordialmente ejercen el liderazgo en el ministerio de la iglesia. Si estás libre de la responsabilidad de la crianza de tus hijos, entonces caes en esta categoría, igual que yo. Este no es el momento de la jubilación, es tiempo de “enseñar lo que es bueno”. Ponte tu uniforme de trabajo y prepárate para usar toda la sabiduría que acumulaste en tu vida y en tu hogar durante años. Alienta a las mujeres más jóvenes a que se enfoquen en su ministerio principal, que es su hogar. Involúcrate en los ministerios de mujeres, ya sea los que son personales o en grupos más grandes. No podemos excusarnos de no servir, pensando que las mujeres más jóvenes no querrán escuchar nuestras opiniones. Las mujeres más jóvenes necesitan aliento de aquellas que ya pasaron por ese camino. Ellas necesitan ser disciplinadas por aquellas que son más maduras en la fe. Como esposa de pastor, probablemente este trabajo caerá naturalmente en ti. Así que dedícate a ello y recluta a todas las ancianas piadosas en tu iglesia para que se involucren junto contigo. Ahora presta atención a cómo me dirijo a las mujeres más jóvenes, porque esto es lo que tú como anciana estarás enseñándoles.

El rol de las jóvenes

Pablo nos enseña que el ministerio de la mujer joven se debe enfocar en su hogar. Así que incluso como una esposa de pastor, tu rol principal es amar a tu esposo e hijos, guardar tu pureza, ser trabajadora (una trabajadora amable) en casa y ser sujeta a tu propio marido para que la Palabra de Dios no sea blasfemada. Cualquier otro ministerio que realices en la iglesia no debe de interferir con tus prioridades.

“Trabajar en casa” simplemente significa ser ama de casa. Así es como debemos cumplir con nuestro llamado de amar a nuestro marido y a nuestros hijos. Nuestra prioridad como esposa y madre es que nuestro hogar esté preparado para ellos. El mejor ministerio que puedes tener dentro de la iglesia es la provisión de un hogar para el pastor donde él pueda recibir el descanso y rejuvenecimiento que necesita para ser capaz de servir eficazmente como su pastor espiritual.

Amo profundamente a las personas de nuestra iglesia, pero creo que deberían entender que mi relación con Bob tiene mayor prioridad que cualquier otra relación. Mi primer ministerio va directamente dirigido a él, antes que la iglesia y todas sus demandas. Mi familia es el trabajo de Dios.

Creo que nosotras como esposas y madres somos la esencia de nuestros hogares. Nuestra presencia en él, para cuidar a nuestra familia, es lo que constituye un hogar. Un miembro de nuestra iglesia, quien perdió a su esposa, comentó conmovedoramente: “Nuestra casa ya no es un hogar, así que la venderé”.

Así mismo, hacemos de nuestro hogar un lugar de amor, de entrenamiento para nuestros hijos y de orden. Servimos a un Dios de orden, no de confusión. Para tener un hogar caracterizado por el orden, debemos ser disciplinadas con nosotras mismas, teniendo un lugar para cada cosa y entrenando a nuestros hijos a que pongan las cosas en su lugar cuando hayan terminado de utilizarlas, limpiar su cuarto y vivir armoniosamente uno con el otro.

En ocasiones, algunas personas preguntan si se puede trabajar fuera de casa. Muchas de las esposas de ministros son mujeres con educación universitaria y, probablemente, hayan trabajado antes de casarse. ¿Deberían renunciar a esto para trabajar en casa? Este es un problema que debe ser puesto ante Dios, considerando nuestras necesidades y nuestros deseos. Decide con tu esposo cómo cumplirás con este rol ante Dios.

Bob y yo acordamos que mi lugar sería quedarme en casa y no en un trabajo. He encontrado que el rol de esposa y madre, aunado a ser esposa de pastor, es muy demandante y gratificante. Ha sido mi carrera. Mi consejo para las mujeres buscando dirección es que deberían hacer de su hogar su carrera, al menos que su esposo no pueda ganar suficiente dinero para suplir todas las necesidades y ella necesite ayudar temporalmente. Pero es posible que se pueda suplir el ingreso sin salir de casa. Si prestamos atención a la mujer de Proverbios 31, podremos ver que hay muchas maneras laboriosas y creativas donde una esposa puede ayudar a proveer para su familia e, incluso, ganar dinero para su hogar.

Una esposa de misionero, a la cual admiro profundamente, es Mary Moffat, quien, junto con su marido, fueron pioneros en las misiones en Sudáfrica, donde nuestros hijos sirven hoy día. Mary fue suegra del famoso David Livingstone. Mary tuvo 10 hijos y administró la estación misionera; la mayor parte del tiempo sin ayuda. Aprendió el idioma Bechuana, viajando con su esposo por territorios hostiles cuando él iba a predicar y ayudo a su marido en tiempos de frustración y en su penumbra cuando se encontraba sólo, peleando contra abrumadoras dificultades. Le dio fortaleza para seguir adelante. Él la llamó, “su amada compañera”.

Así que, muchas de las labores de Mary involucraban mano de obra para dirigir el hogar. Temprano en su ministerio, ella llegó a frustrarse y deprimirse diciendo, “¿Ésta es la clase de trabajo por la cual he dejado mi casa y amigos y pasar el resto de mi vida en esta tierra desagradable y pagana?” En su biografía se escribe,

Dentro de ella, debido a la fuerza de su fe y de su profundo compromiso, ya casi olvidado, una voz dijo: ´Si fuera una figura de madera y un cajón de agua en el templo de mi Dios, ¿No sería aun así bendecida y privilegiada?’ Este momento se volvió un parteaguas. Nada cambio en lo que concierne a los esfuerzos físicos, pero sus prioridades fueron restauradas.3

Utilizó sus dones de la práctica, administración y enseñanza al máximo, al momento de trabajar junto con su esposo, lo cual resultó ser un rol muy satisfactorio para ella.

¡Qué ejemplo tan increíble es Mary para mí! Sirvió fielmente y pasó por dificultades horrendas al lado de su esposo por 50 años. Enterraron en África 5 hijos, de 10 que tuvieron. Ella se hubiera puesto furiosa ante la sugerencia de que Robert Moffat debería trabajar sólo. Me es difícil identificarme ante este servicio tan sacrificial, pero me motiva profundamente a llegar a un mayor compromiso.

Al seguir a Cristo y al servir al lado de nuestro esposo, seremos ejemplo a las demás mujeres de la grey. Nos guste o no, somos sus modelos. Cualquier cosa que tú y yo hagamos, las mujeres de nuestra iglesia querrán hacerlo también. Tendremos que ser cuidadosas en las decisiones que tomemos. Por ejemplo, cuando comenzamos a plantar una nueva iglesia y no teníamos para el depósito de una casa, les hicimos saber a los miembros de la iglesia que yo trabajaría como maestra por unos cuantos años. Nuestros hijos tenían cinco y seis años de edad. Inmediatamente, una madre joven de la iglesia usó mi situación para insistirle a su esposo que ella debería de salir y buscar un empleo. Al final, Bob y yo cambiamos de parecer acerca de mi trabajo de maestra y, al final de todo, me quedé en casa. La mujer que estaba utilizando mi situación de excusa para trabajar fuera de casa, después dijo que, gracias a esto, perdió el poder de convencimiento con su marido.

A veces, pareciera ser más productivo conseguir un trabajo y generar ingresos extra. Pero Proverbios 31:27 habla de la importancia del rol de una esposa como cuidadora del hogar. “Considera la marcha de su casa”. La palabra Hebrea para “considera” es la palabra que se utiliza para un guardián que cuida a la ciudad de los enemigos invasores. Así como no te gustaría tener un velador cansado y tenso a causa de otro trabajo, tampoco te agradaría tener a la veladora de tu casa gastando todo su esfuerzo y energía en alcanzar otras metas, dando lo que sobra a su familia. De cualquier forma, cada pareja debe decidir ante Dios cuál es la mejor manera para esa esposa, para que ella pueda cumplir con sus responsabilidades de ama de casa y de ser un verdadero ejemplo a la grey. Al buscar el reino de Dios y Su justicia, Él promete suplir todas nuestras necesidades. Sin embargo, esto no significa que estaremos exentas de sufrir.

Tu rol dentro del Cuerpo de Cristo

Como hemos visto, nuestro primer llamado es hacia nuestro Dios y Salvador, después a nuestros esposos e hijos. ¿Significa esto que debemos dejar que sea nuestro esposo el que realice todo el trabajo de la iglesia? ¿Cuál exactamente en nuestro rol? También tenemos el llamado de usar nuestros dones espirituales como miembros del cuerpo de Cristo. Todos tenemos dones. Encontramos listas de dones en Romanos 12:3-8; 1 Pedro 4:10 y 1 Corintios 12. Algunos son dones de comunicación y otros de servicio. Si alguien no está utilizando sus dones, la iglesia se vuelve inválida. Así que, no intentes ser un oído cuando eres un ojo. Si eres un ojo, sé el mejor ojo que pueda haber, no intentes escuchar o saborear también. Eres libre de servir con todo tu corazón y alma para la gloria de Dios como cualquier otro miembro de la iglesia lo haría, en el poder de Espíritu.

El gozo de cumplir con tu rol bíblico

¿No lo ves, querida hermana?, Hay una maravillosa libertad que viene de comprender nuestro rol bíblico. Cuando nos “limitamos” a complacer a Dios, eres liberada de la presión de cumplir con expectativas inalcanzables. Quedas libre de tratar de hacer malabares en tu vida con dos o tres carreras. Has descubierto que el rol de una esposa de un hombre en el ministerio no es diferente a cualquier otra mujer ejemplar de la iglesia. Eres libre de concentrarte en tu propio carácter, en tu esposo, en tu hogar y, después, en las áreas específicas de los dones espirituales. Ten en mente que no te encuentras en un pedestal por ser esposa de un ministro. Tanto tú como yo somos simples pecadoras salvadas por Su gracia incomparable. No tenemos nada de qué jactarnos en nuestras propias fuerzas.

Y sin embargo, incluso las pocas responsabilidades que debemos cumplir podrían parecer desalentadoras. Esto es porque nos es imposible hacerlas en nuestra propia fuerza. Afortunadamente, tenemos la promesa de Dios de que Él nos ayudará. ¿No estás agradecida de que tienes la gracia de Dios, no sólo para sobrevivir, sino también para florecer en tu rol? Él te llamó y Él te capacitará para ello. Esta es la promesa: “Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, tengamos siempre en todas las cosas todo lo suficiente y abundéis para toda buena obra” (2 Corintios 9:8).

Por fe, podremos apropiarnos diariamente de la increíble gracia de Dios para cumplir tu rol bíblico como esposa de un ministro. Cuando nos enfocamos en lo esencial, encontraremos el gozo de haber realizado un buen trabajo. Serás capaz de examinar cuidadosamente las diversas expectativas y evaluaciones de la multitud y podrás escuchar la voz que debes escuchar: la de tu esposo, diciendo, “Muchas mujeres hicieron el bien; más tú sobrepasas a todas”; y más valiosa aún, la voz de tu Dios, elogiándote como un “Buen siervo y fiel”.

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Enfrentando las demandas físicas del ministerio

El ministerio pastoral es vivir con la grey y estar disponible para ella. No importa qué tan grande sea el tamaño de la grey a la que sirves, sentirás que existen cosas que no has hecho y que sería bueno hacer. En ocasiones te sentirás físicamente agotada. Siempre has servido de todo corazón junto a tu esposo, cargando con las preocupaciones que también él lleva. Eso incluye dar consuelo y aliento a aquellos en necesidad, visitar a los enfermos y a los nuevos asistentes, así como estar con personas en medio de sus problemas. Tal vez también te haces cargo de todas las tareas que nadie quiere o puede hacer —atender el cuarto de cunas, realizar el boletín, limpieza, informar a las personas de eventos que se aproximan, ministerio de las mujeres, escuela bíblica de verano, entre otras cosas—. Como resultado de todo esto, te encuentras constantemente bajo el peso del ministerio.

Tú quisieras tener la vida enfocada y simple de la cual hablamos en el primer capítulo, pero no encuentras la manera de evitar que tu vida sea envuelta por las demandas del ministerio. Así es que, en este capítulo quiero darte doce consejos prácticos para enfrentar las demandas físicas del ministerio. Si tú sigues estos consejos, los cuales hemos descubierto a través de los años, encontrarás que tu vida en el ministerio puede transformarse en una vida más balanceada y enriquecedora.

Doce maneras de aminorar las demandas físicas del ministerio

1) Enfócate en tu rol en el Cuerpo de Cristo

Encontraremos nuestro mayor gozo cuando usemos adecuadamente en la iglesia los dones que Dios nos ha dado.

“Si alguno habla, hable conforme a las palabras de Dios; si alguno ministra, ministre conforme al poder que Dios da, para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén (1 Pedro 4:11).”

¿Qué posiciones están abiertas para nosotras como mujeres que buscamos utilizar nuestros dones en la iglesia? Dios nos ha instruido a través del apóstol Pablo que primero debemos aprender en la iglesia con una actitud de sumisión hacia nuestros líderes (1 Timoteo 2:9-15). Así como para todos los creyentes, nuestra responsabilidad es someternos y brindar apoyo a aquellos a quienes Dios ha puesto en liderazgo en la iglesia.

Dios también nos ha instruido a no “enseñar, ni ejercer dominio sobre el hombre” (1 Timoteo 2:12), es decir, sobre el pastor y los demás líderes, cuyo rol es el pastorear al rebaño. Podemos servir en cualquier área de la iglesia de la que la Escritura no nos excluya.

Hay muchas áreas de vital importancia abiertas para nosotras. Como hemos visto, a las mujeres maduras se les ordena enseñar a las más jóvenes en la fe. Podemos tener un rol muy especial en enseñar, aconsejar y consolar a las mujeres y niños. Podemos así mismo involucrarnos en el ministerio de la música, trabajo de oficina, ministerio de mujeres, ayudar con las visitas y demás.

Sólo mira a la iglesia primitiva. Se nos han dado ejemplos de mujeres que tenían roles clave y que trabajaron con gran poder para Dios. Febe era una sierva en la iglesia, a quien Pablo alabó y a través de ella hizo llegar su carta a la iglesia en Roma (Romanos 16:1-2). Priscila participaba en el evangelismo junto a su esposo Aquila. Eran amigos cercanos a Pablo y expusieron sus vidas por él (Romanos 16:4; Hechos 18:2). Lidia era una exitosa mujer de negocios en Filipo y una de las fundadoras de la iglesia local. Cuando ella llegó a conocer a Cristo como su Salvador, ella abrió las puertas de su casa para el equipo misionero y para la iglesia (Hechos 16:14,40).

Si no estás segura de cuáles son tus dones, estudia los pasajes bíblicos que hablan sobre ellos (Romanos 12:4-8; 1 Corintios 12:1-14:40). Después pide la ayuda de tu esposo para lograr identificar tus dones. Puedes también considerar la opinión de tu círculo de amigas. ¿Cuáles son tus intereses o gustos? ¿Qué necesidades te producen más carga? ¿Cuáles son las áreas de servicio en donde produces más fruto? Estas son probablemente las cosas que disfrutas hacer más y esa es una señal fuerte de las áreas en las que Dios te ha dado dones. Estoy segura que si tú oras y le pides al Señor que te muestre cuáles son tus dones, Él lo hará. Ahora, ¡usa esos dones!

Cualesquiera que sean tus dones espirituales, trabaja para desarrollarlos a su mayor capacidad. Muchas esposas acuden a conferencias sobre consejería y liderazgo para prepararse y equiparse con más herramientas para el ministerio. Mi entrenamiento en el seminario fue una gran bendición mientras Bob y yo entramos en el ministerio y yo usé ese entrenamiento en mi rol de una esposa de pastor. Muchas otras mujeres de Dios, a través de sus consejos o libros que han escrito, también me han enseñado.

Enfócate en las áreas donde tienes dones. No gastes tu energía en otras áreas. A pesar de que puede ser difícil, debemos confiarle al Señor aquellas cosas que no son nuestra responsabilidad. Si el hablar en público no es tu don, confía en que el Señor traerá personas que puedan enseñar y liderar grupos. Yo he visto que eso sucede aún en iglesias pequeñas. Yo nunca he dirigido el ministerio de mujeres en nuestras iglesias, pero he alentado a otras mujeres a que usen sus dones para dirigir esos programas. Esto me ha ayudado a enfocarme en mis fortalezas: hacer visitas con mi esposo Bob y usar mis dones para administrar y aconsejar. Sólo en estos últimos años he estado escribiendo e impartiendo pláticas de una forma más regular.

Por 14 años, mi esposo me ha alentado a usar mis dones para desarrollar y administrar el programa Young Life (Vida Joven) para asignar mentoras a madres solteras adolescentes, con el propósito de presentarles el evangelio y hacer discipulado. Las mentoras no son sólo de nuestra iglesia, sino también de otras iglesias de nuestra comunidad, lo que me provee de un gran número de amigas. Es un gozo para mí, el usar mis dones dos veces a la semana al servicio del Cuerpo de Cristo. Estimo en gran manera el apoyo que mi esposo me brinda en el ministerio.

Si servimos en el área que involucre nuestros dones, ¿significa que debemos rechazar las oportunidades de servir en otras áreas? No siempre, ya que hemos sido instruidas así: “…según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gálatas 6:10).

En nuestra primera iglesia en Nueva Jersey, serví en la guardería por un tiempo considerable. Nuestros hijos eran pequeños, así que era muy natural estar en este lugar. A pesar de que no es una de mis áreas fuertes, la ayuda era necesaria. Gracias a Dios no me perdí los sermones de Bob, ya que podía escucharlos a través de un sistema de sonido que instalaron en el cuarto de cunas.

Cuando vinimos a California a comenzar una iglesia de ocho familias, la oficina de la iglesia estuvo en nuestra casa durante 10 años. Eso significa que tuve una gran cantidad de oportunidades para hacer muchas cosas que no se relacionaban directamente a mis dones o a mi educación. Tenía que atender el teléfono para que mi esposo dedicara tiempo al estudio. Los niños eran pequeños y eduqué en casa por varios años.

¿Fue un reto el tener un balance entre hogar, escuela, oficina y el ministerio? ¡Sin duda! Muchas veces dije “estoy exhausta” y me sentí abrumada en muchas ocasiones. A menudo, nos vimos obligados a clamar por la promesa que se encuentra en Isaías 40:31, esperando en Él, momento a momento, y Su fuerza siempre estuvo ahí para nosotros. Yo doy testimonio de que Dios nos dio su fuerza sobrenatural y su poder durante esos años frenéticos.

¿Te has percatado de que al ser llamado a dar más allá de tus recursos y a esperar en el Señor, Él te da el poder para hacerlo? Es una experiencia de “levantar alas como las águilas”. Dios nos lleva a través del camino y, al mirar atrás, preguntamos, “¿Cómo hicimos todo eso?” ¡Fue Dios!

2) Reclutar y entrenar a otros

A pesar de que Dios te fortalece para hacer cosas más allá de tus habilidades y posibilidades, si ellas se encuentran en áreas que no van acorde a tus dones, deberías ver el servicio en ellas como un rol transicional. Busca constantemente a alguien que sea más adecuado para la tarea. Entonces puedes incorporar a esa persona y enseñarle a usar sus dones en esta área. Cuando ella esté lista, puede quedar a cargo y de esta manera tú quedarás libre, permitiendo que el cuerpo trabaje de una mejor manera.

3) Priorizar y organizar

Jesús nos ha dado el principio de “primero lo primero” (establecer prioridades). Él dijo que debemos buscar primero el reino de Dios y su justicia y lo demás nos será añadido (Mateo 6:33). ¿Cuál debería ser nuestra prioridad? Nuestra relación con Cristo. Si no tenemos suficiente tiempo para Él, entonces estamos demasiado ocupados. Una esposa de pastor se lamentó de que no tenía el tiempo suficiente para llevar la vida de oración que le gustaría. ¡Me puedo identificar con eso!

Déjame animarte a mirar detenidamente a los compromisos que has hecho a través de tu vida. ¿Debes decirle no a algunas cosas? ¡Sí! Debes aceptar sólo las cosas que se relacionan a tu llamado divino y rechazar los extras. En un principio, esto puede ser difícil de realizar, pero es mucho mejor para nosotros el hacer nuestras prioridades bien, que tratar de hacer todo pobremente.

Existe la posibilidad de agotarse físicamente y eso nos puede llevar a experimentar respuestas emocionales que no deseamos. En lugar de estar atrapados por la tiranía de lo urgente, debemos crear un plan para hacer el mejor uso de nuestro tiempo.

Aún más, como amas de casa, necesitamos organizarnos (2 Corintios 14:40). Puedes hacer una gráfica para mostrar las horas de la semana y realizar una agenda. En la mía, lo primero que hago es agendar las cosas importantes que debo realizar en el día. Como no utilizamos un reloj marcador para llevar el tiempo, este puede escaparse fácilmente, y podremos notar al final del día que a veces no cumplimos con las cosas más importantes. Como Dios es lo primero, podemos dejar que Él reacomode nuestra agenda en cualquier momento, y debemos permitírselo sin vacilar.

Hay muy buenos libros que hablan sobre cómo podemos desarrollar habilidades organizacionales, con el fin de hacer más, sin tanto estrés. Sé que tú, al igual que yo, deseas estudiar para ser la mejor para tu esposo y para la gloria de Dios. Consulta mis Recursos Recomendados en el apéndice.

4) Mantener a la familia primero

Cuando participas en el llamado de tu esposo, te conviene hacerlo de tal forma que no domine tu vida familiar. No necesitas vivir, respirar, comer y dormir su ministerio. Pablo le dijo a Timoteo que un obispo debía gobernar bien su casa; de lo contrario, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios? (1 Timoteo 3:4-5) El hogar y la iglesia son dos responsabilidades diferentes y tu esposo deberá manejar ambas de manera eficiente. Bajo su autoridad, tú deberás manejar el hogar.

Tú, como esposa, puedes tratar de asegurar que tu familia no termine enfocándose en las necesidades de la congregación todo el tiempo. Los niños pueden conocer algunas de las necesidades y orar como familia por ellas; sin embargo, no tienen que dominar tu vida familiar. Debemos mantener nuestras prioridades: la familia primero, después el ministerio y, por último, la recreación y otros intereses. No queremos que nuestros hijos se sientan menos importantes que el ministerio. Se necesita un esfuerzo consciente para continuar asegurándoles que ellos son nuestra prioridad y nuestra mayor bendición.

Estar al cuidado de padres enfermos o ancianos también será prioridad. Tuvimos a mi padre en nuestra casa el último año de su vida, cuando él necesitaba cuidado constante. No es necesario decir que gran parte de nuestro tiempo se consumía por eso, pero la familia y la iglesia comprendían la situación y nos alentaban a continuar.

5) No añadir a la carga de tu marido

¿Podría la siguiente situación pasar en tu hogar? “Cariño, ¿te has percatado que el cuarto de cunas necesita pintarse?” “La iglesia que está cerca de la nuestra tienen una cartelera muy llamativa, ¿no deberíamos hacer lo mismo?” “¿Cuándo vas a mandar a limpiar las hojas que se han acumulado por la oficina?” ¡Y así seguimos y seguimos! Si eres como yo, harás notar las necesidades que consideras que tu marido debe atender —personas que requieren ser visitadas o contactadas telefónicamente, cosas que requieren arreglo en la iglesia y eventos que deben estar en el calendario de la iglesia.

Nuestros maridos no necesitan presión extra de nuestra parte. Es su responsabilidad manejar la iglesia de Dios, no la nuestra. La Escritura nos dice, “Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga” (Gálatas 6:1-5). Sin embargo, bastante a menudo, nosotros como esposas tomamos cargas que no nos corresponden y después pasamos esas cargas a nuestros maridos.

¿Cómo entonces podemos aligerar la carga de nuestro marido en lugar de añadir a ella? Para ayudar a mi esposo, los lunes por la mañana hago una lista con las necesidades que vi en la iglesia el domingo. Durante la semana, trabajo en esa lista (me gusta enviar tarjetas de “mejórate pronto”, notas de aliento, cartas de ánimo y tarjetas felicitando por un nuevo nacimiento). Esto ayuda a tomar algo de responsabilidad en el ministerio, sin añadir carga a mi esposo.

Si aún vemos la necesidad de darle alguna sugerencia, debemos tener cuidado en encontrar el tiempo indicado para hacerlo. Es especialmente importante el no traer el ministerio a la cama. Necesitamos dejar que nuestros esposos vayan a la cama en paz, sin un recordatorio de cosas que están pendientes por realizar. Esto es una tentación muy real, debido a que, muchas veces, es la única ocasión que tenemos la atención total de nuestro esposo. Pero, a esa hora del día, cuando ya nada productivo puede hacerse, las sugerencias parecen ser quejas.

Es bueno poner límites. Ya es suficiente, no podemos hacer todo. Por lo tanto, debemos confiar en que la gente de la iglesia se haga cargo de ciertas cosas, o bien, atenderlas en otro momento. Una grey bien instruida regularmente se hará cargo de las necesidades de otras personas, incluso antes de que lleguen a oídos del pastor.

6) Aceptar ayuda de otros

De la misma manera en que recibimos mayor gozo al dar que al recibir, debemos permitir a otros que nos ministren como familia. Así, ellos también podrán experimentar ese gozo. Pablo escribió lo siguiente sobre las iglesias en Macedonia,

Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aún más allá de sus fuerzas, pidiéndonos con muchos ruegos que les concediésemos el privilegio de participar en este servicio para los santos. Y no como lo esperábamos, sino que a sí mismos se dieron primeramente al Señor, y luego a nosotros por la voluntad de Dios (2 Corintios 8:3-5).

Pablo permitió que los cristianos atendieran sus necesidades. Él les dijo que serían enriquecidos por la libertad de dar para el ministerio (2 Corintios 9:11). Si nosotros no permitimos que la grey atienda nuestras necesidades, entonces les estamos quitando la bendición.

Sería bueno que nos examináramos en esta área. ¿Sofocamos a veces los deseos que las personas tienen de ayudarnos, al no hacerle saber a nadie nuestras necesidades? Una forma de recibir ayuda y aliento es pedirle a una esposa de pastor más madura que nos enseñe, ya sea en persona o a través de una llamada telefónica. ¡Qué gran bendición puede ser esto para ambas!

7) Descansar un día a la semana

Bob y yo estábamos muy interesados en escuchar lo que el presidente de nuestro seminario diría en su conferencia titulada: “Cómo Sobreponerse al Estrés del Ministerio”. Su punto principal establecía que la mejor manera de manejar el estrés es el tener un día de descanso cada semana—eso es, obedecer el cuarto mandamiento. ¡Qué solución tan sencilla para un problema tan grande!

Descansar un día a la semana, no es sólo una buena idea, es idea de Dios, una ordenanza de la creación.

Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó (Éxodo 20:9-11).

Dios siempre sabe lo que es mejor. No puedo exagerar esta verdad. Debemos descansar. Es por el bien de nuestro cuerpo y alma, y para tener una mayor productividad que debemos seguir el patrón establecido por Dios. Es especialmente importante debido al peso constante de las responsabilidades del ministerio sobre nuestros hombros.

Entender nuestras limitantes físicas es parte del cuidado de nuestro cuerpo, el cual es templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20). No hay duda de que tener el tiempo adecuado de descanso debe ser una prioridad.

Ya que el domingo no es un día de descanso para nosotros en el ministerio, como debe serlo para los demás en nuestras iglesias, sería sabio el tener otro día libre de ser posible. El personal de nuestra iglesia toma los viernes como descanso. La razón para tomar este día es porque toda la preparación para el domingo está terminada, y los pastores pueden relajarse de una mejor manera que si descansaran los lunes. Algunos pastores eligen descansar el lunes porque necesitan reposo después de un día en donde han estado muy ocupados enseñando y predicando. Nos hemos percatado de que es importante hacer algo divertido y relajante durante nuestro día libre, cosas como conducir a la montaña, leer en nuestras sillas de patio, hacer una caminata o jugar tenis. Un cambio de ritmo es importante para nuestra salud emocional y espiritual—especialmente porque estamos rodeados de gente casi todo el tiempo. Las actividades al aire libre parecen particularmente refrescantes, debido a que nuestros esposos pasan la mayor parte del tiempo en una oficina.

Una meta que tengo es tener las tareas de la casa hechas, para que Bob no tenga que ayudarme con ellas en su día de descanso. Hay ocasiones en que las hacemos juntos, si ha sido una semana muy ocupada para mí. Entonces, el sábado lo usamos como la mayoría de la gente. Hacemos tareas en casa, trabajo de mantenimiento o vamos de compras. Es parte de los seis días en los que debemos laborar y hacer todo nuestro trabajo. Cuando nuestras tareas del sábado están terminadas, entonces podemos tomar algo de tiempo para recreación.

¿Qué debe hacer una esposa cuando su esposo no toma un día libre? Se sabe de un pastor que dijo, “El diablo no toma un día de descanso, así que ¿por qué debería hacerlo yo?” a ello le respondieron, “No sabía que el diablo era nuestro ejemplo.” Eso es muy cierto. Dios es nuestro ejemplo en que Él descansó en el séptimo día.

Desafortunadamente, algunos hombres en el ministerio no toman tiempo para dedicar a sus familias. Su vida es el ministerio y a la familia, si acaso, apenas se le da el tiempo sobrante. Una esposa expresó, “Para poder pasar un momento con mi marido, tendría que tener un problema a solucionar. Entonces podría hacer una cita para que me dé una hora de su tiempo.” Esto es muy triste, ya que el primer ministerio que un ministro tiene es su familia.

Si tu esposo no descansa, deberías apelar a él con espíritu de mansedumbre y orar para que Dios le haga sensible a tu preocupación. Podrías decir, “quisiera tener la oportunidad de preguntarte algo. ¿Puedes en este momento?” Si puede, entonces procede a decirle algo así: “¿Cómo crees que podamos planear tomarnos un día a la semana como día de descanso? ¿Qué podría hacer yo para que esto ocurra? Debido a que llevas una carga muy pesada en lo que haces, creo que es importante que descanses. Sé que yo lo necesito también.”

Esto debería iniciar una buena plática sobre tus preocupaciones. Si tu esposo no está convencido sobre la importancia del descanso, tienes dos opciones. Puedes pedirle a Dios las fuerzas necesarias para seguir apoyando a tu esposo (1 Pedro 4:8), o puedes confrontarlo bíblicamente siguiendo el proceso que indica Mateo 18:15-29. Sea lo que sea que hagas, no debes dejar que el odio y el resentimiento se aniden en tu corazón. Dios puede darte paciencia y perseverancia, a medida él trabaja en el corazón de tu esposo.

La razón por la que puedes decidir seguir el proceso de Mateo 18 es porque tu esposo también es tu hermano en Cristo. El pasaje dice “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra (Mateo 18:15-16). Si le pides a un líder de la iglesia que te acompañe a hablar con tu esposo sobre este asunto, muy probablemente tu esposo atenderá antes de que el problema avance más. La mayoría de los líderes se preocupan por las necesidades de la familia del pastor, por lo que con gusto animarán al pastor a tomar un día de descanso. El mismo principio aplica para cualquier persona a la que tengas que enfrentar sobre un pecado.

8) Cuidar de tu cuerpo

Aceptémoslo, el ministerio nos pasa factura físicamente. Nos cansamos y agotamos. Pablo comparó nuestro cuerpo a un tesoro en un vaso de barro. Un vaso de barro es frágil y fácilmente se astilla y rompe. Nos cansamos y enfermamos y estamos sujetos a padecimientos que limitan nuestra capacidad en el ministerio.

A veces, al estar tan ocupadas, no comemos, descansamos o nos ejercitamos lo suficiente para estar en condiciones óptimas. Bob y yo nos hemos percatado que nos sentimos mejor y tenemos más energía cuando nos ejercitamos varias veces en la semana. El ejercicio mejora nuestra energía, resistencia y bienestar físico.

Si estamos sobrecargados, necesitamos encontrar el motivo, debido a que la sobrecarga añade mayor tensión a nuestros cuerpos. Si tenemos un desorden alimenticio, debemos de someterlo al control del Espíritu Santo. El estar en el ministerio, a menudo significa que nos ofrecerán comidas que incluyen ricos postres. En nuestra primera iglesia, las mujeres creían que su tarea era engordar a su joven pastor. Debemos de encontrar respuestas amables para rechazar alimentos que pueden ser dañinos para nuestra salud. Pablo dijo, “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

Somos llamados a ser buenos mayordomos de nuestros cuerpos y eso incluye pedir a Dios que nos provea de auto-control y crear disciplina para la piedad (1 Timoteo 4:7). Aunque nuestra apariencia física no es el factor más importante de nuestra vida, debemos de cuidar de nosotros mismos en una forma que refleje positivamente a Dios y le traiga gloria.

Del gran reformador Juan Calvino, se dice que fue a su tumba a una edad temprana, a los 55 años, debido a la vida sedentaria que llevaba y aunado a su enorme carga de trabajo, lo que finalmente lo llevo a ser víctima de enfermedades.4

Dios mediante, con un cuidado apropiado de nuestros cuerpos, podremos disfrutar de un largo y saludable ministerio para la gloria de Dios.

9) Tomar Vacaciones

Algunos pueden ver las vacaciones como un lujo, pero es una obligación para las familias del ministerio. La mayoría de las iglesias reconocen la necesidad de un descanso completo de las presiones del ministerio y permiten que el pastor tome un mes o más de vacaciones. Nosotros tomamos cinco semanas de vacaciones y aprovechamos parte de ese tiempo para ir a conferencias en donde Bob y yo generalmente servimos como expositores. Pero cuando hacemos esto, el propósito de las vacaciones no se cumple debido a que no tomamos un descanso completo de nuestras responsabilidades en el ministerio.

¿Es extravagante el viajar o tomar vacaciones? No lo creo. “(Dios) nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos” (1 Tim 6:17). El mundo es nuestro como creyentes y es para explorarlo y disfrutarlo. Las vacaciones puedes ser comparables a las fiestas del Antiguo Testamento, las cuales Dios le ordenaba a Su pueblo celebrar durante el año. Estaban la fiesta de la Luna Nueva, la fiesta de Pentecostés, la de Purim, la de los Tabernáculos, la Pascua, la fiesta de las Trompetas, las fiestas de Aniversario, la del Año Sabático y la del Jubileo. Él era tan generoso en darles ocasiones para detener el trabajo y celebrar como familias y pueblo de Dios.

Además, las vacaciones no tienen que ser costosas. Cuando nuestro presupuesto era poco, íbamos a acampar o a visitar amigos o familiares. Acampar no es sólo económico, sino que da la oportunidad de disfrutar y explorar hermosos paisajes como lagos u océanos. Tanto como era posible, empacábamos nuestras maletas y salíamos a alguna aventura. Desde que nuestros hijos eran pequeños, Bob y yo los llevábamos a lugares lejanos para experimentar los diferentes sabores de diferentes partes del país. Amigos y familiares nos recibían con brazos abiertos. Claro, no los visitábamos sólo por razones monetarias, sino que ha sido una prioridad para nosotros el pasar tiempo con nuestros familiares a pesar de que estamos en puntos opuestos del continente.

Otra forma de pasar vacaciones es en campamentos cristianos o conferencias bíblicas. Mis padres invirtieron en una cabaña que se encuentra en un centro de conferencias bíblicas en las montañas y ahí pasábamos la mayoría de los veranos de mi infancia.

Fue una inversión sabia para todos los miembros de la familia. Siguiendo el ejemplo de mis padres, Bob y yo hemos experimentado algunas de nuestras mejores vacaciones familiares en campamentos cristianos donde hemos sido refrescados tanto espiritualmente como físicamente.

Algunos argumentan que, a pesar de todo lo que gastas en unas vacaciones, no te quedan más que fotografías para un álbum. Yo diría que construyes en las vidas de tus hijos la unidad, amor y gozo de la familia que es tan importante en nuestro mundo actual—junto con fotografías para el álbum.

Nuestros dos hijos están ahora casados, pero aún vacacionan con nosotros como parejas—un evento muy importante en el año. A veces es necesario viajar hasta el otro lado del mundo para vacacionar con nuestros hijos misioneros, pero vale la pena. No se puede exagerar la importancia de tomar tiempos de descanso en el ministerio para ser rejuvenecidos y reanimados.

10) Tomar pequeños descansos

Es grandioso poder tomar pequeños descansos con tu esposo para tener tiempo a solas con Dios por un día o parte de un día. Nosotros vamos a un parque en la montaña y tomamos nuestras Biblias para tener un encuentro con Dios. En la prisa y el ajetreo de nuestras vidas ocupadas, este es un tiempo para estar quietos y escuchar a Dios, disfrutar su presencia y enfocarnos en el por qué hacemos lo que hacemos. Jesús dijo, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28). Al ir hacia Él, alejándonos del clamor de nuestras vidas y escuchando su voz, recibimos descanso y nuevo aliento para nuestras almas.

Jesús nos dejó ejemplo con ésta práctica. A menudo, Él se escapaba de su ocupado ministerio para comunicarse con Su Padre. En una ocasión, “Él les dijo: Venid vosotros aparte a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer. Y se fueron solos en una barca a un lugar desierto” (Marcos 6:31-32).

Otro propósito de estos pequeños descansos es pasar un tiempo a solas como pareja para establecer metas y realizar evaluaciones. Algunos amigos toman un día cada 6 meses para evaluar si están cumpliendo las metas que se han fijado como pareja.

11) Compartir cargas con el personal

Si trabajas con otros miembros del personal de la iglesia o con otros misioneros, es importante reunirse de manera regular como esposas para tener compañerismo y compartir las cargas. Nuestros esposos tienen juntas de personal y se reúnen regularmente para sentirse como un equipo, pero nosotras como esposas podemos sentirnos aisladas y solas con nuestras cargas y responsabilidades. Esto es especialmente cierto si tus hijos son pequeños y debes pasar la mayor parte del tiempo en casa.

La unidad que tenemos en el ministerio no es casualidad; requiere de esfuerzo el tener una camaradería cercana, porque cada quien está ocupado en su área del ministerio. Las semanas y meses pueden pasar sin que tengamos contacto con otras esposas de pastores de la iglesia. Es importante que alguien del personal inicie este vital compañerismo.

Las esposas del personal de la iglesia vienen a nuestra casa a desayunar a las 6:30 a.m. una vez al mes. Vienen temprano para que nuestros esposos puedan estar en casa con los niños. Es un gran tiempo de compañerismo, en donde compartimos y escuchamos lo que acontece en cada una de nuestras vidas. También oramos unas por las otras, conscientes de nuestras posiciones como esposas de ministros.

Así como nuestros esposos deben dar cuentas de ciertas cosas en sus reuniones de personal, nosotras hemos elegido también asignar tareas, haciendo algunas preguntas para estimular nuestro andar con Dios. Consulta el apéndice, en donde encontrarás una lista de preguntas.

12) Reconocer las diferentes etapas de la vida

Podemos descansar al saber que hay diferentes épocas de la vida para distintos enfoques. Tu rol en el Cuerpo de Cristo cambiará con el transcurso de los años. Bob y yo nos encontramos en la etapa del “nido vacío”, es decir, nuestros “polluelos” ya no están en casa, lo que me permite hacer mucho más trabajo relacionado a la iglesia.

Recuerdo cuando Daniel se fue a la escuela después de tener, durante 8 años seguidos, al menos un niño que permanecía en casa todo el día; sentí una nueva libertad. Podía involucrarme más en la vida de Bob y el ministerio. Aun cuando los niños estaban en la escuela, no podía hacer tantas cosas como ahora. Cuando ambos hijos se fueron a la universidad, hubo otro gran ajuste para cambiar el enfoque de mi vida, de mis hijos a otras metas. Dios está ahí para nosotros, y puedo decirles honestamente que esta etapa es igual de enriquecedora.

A continuación, encontrarán un extracto de mi diario en una semana típica de la actual etapa de mi vida:


Domingo Después de la iglesia, organicé la clase de membresía en nuestra casa. Serví a 9 personas – lasaña, pan francés, ensalada y tarta de manzana hecha en casa. Trabajé en la escuela dominical
Lunes Fui de compras con una amiga, quien es nueva en la ciudad y visitó nuestra iglesia, con el propósito de que se familiarice con la comunidad. Una pareja de la iglesia cenó en casa.
Martes Trabajo relacionado a madres adolescentes. Por la tarde asistí a nuestro estudio bíblico con Bob.
Miércoles Dirigí un grupo pequeño en el estudio bíblico de mujeres. Asistí al almuerzo que siguió al estudio bíblico. Visité a una mujer que se encuentra en el hospital, luchando contra el cáncer.
Jueves Organicé el desayuno para esposas de pastores. Trabajo relacionado a madres adolescentes.
Viernes Tuve el día libre con Bob.
Sábado Tuve un día de entrenamiento en “Enseñanza para mamás”. Bob asistió a un retiro de ancianos.

En una etapa de nuestro ministerio, cuando nuestros hijos eran bebés, mi esposo me pidió que dejara todos los ministerios de la iglesia y me dedicara por completo a mis hijos y a las responsabilidades del hogar, que incluía la hospitalidad. Ahora que los niños han crecido, puedo estar más activa en el trabajo de la iglesia. Si tus hijos son pequeños, déjame animarte en esta etapa de tu vida—dedicada al cuidado de ellos—ya que es igual de valiosa a los ojos de Dios que el trabajar al lado de tu esposo en tareas específicas de la iglesia.

Una joven esposa de misionero, quien es madre de siete hijos (el mayor tiene nueve años), encuentra consuelo al denominar esta etapa como sus “años encubiertos”. Si se dedica solamente a la crianza de hijos temerosos de Dios, imagina la plataforma que tendrá en los años venideros. Las mujeres querrán saber cómo lo hizo y cómo pueden aprender de ella.

Cualquiera que sea la etapa de tu vida en la que te encuentras, saboréala y disfrútala al máximo, porque no será eterna.

Te recomiendo usar estos consejos para ayudarte a disminuir las demandas físicas del ministerio. En lugar de estar derrotada, espero que puedas—con la gracia de Dios—encontrar Su fortaleza para tu camino.

Repasemos, te aconsejo:

• Enfócate en tu rol en el Cuerpo de Cristo

• Recluta y entrena a otros

• Establece prioridades y organízate

• Mantén a la familia primero

• No añadas a la carga de tu esposo

• Acepta ayuda de otros

• Descansa un día a la semana

• Cuida de tu cuerpo

• Toma vacaciones

• Toma pequeños descansos

• Lleven la carga unos de otros como equipo

• Reconoce las diferentes etapas de la vida

Espero que veas cada una de estas áreas y puedas percatarte de qué pasos necesitas dar para evaluar tu vida como esposa de pastor y como pareja. Planea ahora sentarte con tu agenda o calendario y evalúa con tu esposo los cambios que sean necesarios—y entonces dedícate a realizar esos cambios para mejorar tu vida como pareja en el ministerio.

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Manejando las cargas espirituales y emocionales del ministerio

En los primeros dos capítulos hablamos del rol de la esposa de un hombre en el ministerio. Hemos tomado un gran suspiro de alivio, dándonos cuenta que no tenemos por qué padecer el peso de las expectativas de todo mundo. ¿Pero qué de las cargas que llevamos al servir al lado de nuestro esposo pastor?

Como esposa de un hombre en el ministerio compartes el peso de todas las dificultades y pruebas que experimenta la grey, las cargas físicas y espirituales de todos. Esto es porque el pastor de la grey siempre está al tanto de las necesidades de sus ovejas así podrá orar por ellas. Tu esposo no puede ministrar todas las necesidades. Ha capacitado fielmente a la grey en el trabajo del ministerio, visitando y orando por aquellos que están experimentando dificultades, y busca suplir las necesidades físicas. (Efesios 4:11-12). De cualquier forma, el tan solo conocer las necesidades con el propósito de orar conlleva una gran carga.

Tu labor es involucrarte con los sentimientos de aquellos de quienes sus matrimonios se están derrumbando, con aquellos con quienes sus hijos van por mal camino, con los que luchan contra enfermedades que amenazan su vida o aquellos que han perdido algún ser querido. Eso incluye llorar junto a tu esposo por deseos insatisfechos de algunas personas y dolor por aquellos que se han apartado del camino de Dios. Significa estar de pie junto a tu esposo frente a la tumba de algún miembro de la iglesia del que tuvieron que despedirse. ¡Me he dado cuenta que ser esposa de pastor no es para un corazón débil!

Al igual que Laura Bush se convirtió en “consoladora en jefe” para nuestro país después de los ataques terroristas del 2001, debemos estar ahí con nuestros esposos para consolar a aquellos que pasan por pruebas de cualquier índole. En su primera entrevista tras los ataques del 9/11, el Presidente Bush declaro sobre Laura, “No pudo estar más tranquila, resuelta, casi apacible, lo cual fue lo más tranquilizador”. 5 El país entero estaba observando al Presidente y su esposa frente al peligro y desastre nacional.

Nuestra iglesia observa al pastor y su esposa de la misma manera. Representamos la fe inamovible, valor y determinación ante tragedias y circunstancias que nos rompen el corazón. Pero, estas expresiones de gracia bajo presión no vienen fácilmente.

Una esposa de pastor dijo que su reto número uno era ser feliz con Dios incluso en el dolor. Ella explica:

Mi más grande reto es amar y deleitarme en mi Dios soberano quien la mayoría de las ocasiones escoge no producir fruto de mi servicio de amor incluso, y especialmente, con mi propia familia. No me refiero tanto al derramar mi tiempo y lágrimas sobre las personas, sino al sorprendente desconcierto de ver a personas que se vuelven peores a pesar de los años de oraciones, ayuno, apoyo y aliento. He visto hombres por quienes he luchado en oración y ayuno dejar a su esposa por alguien más. He tratado con jóvenes por quienes me he desvivido que deciden que Dios no existe y se alejan de su fe. He visto a chicos por los cuales he orado por protección en la atrocidad del abuso sexual. Estas cosas son mis más grandes luchas.

Nuestro esposo lleva una enorme responsabilidad como co-pastor de Jesús, quien es el Príncipe de los pastores, y nosotras, como sus compañeras también padecemos esta pesada carga, espiritual y emocionalmente.

Amando y descansando en el Dios soberano

¿Cómo podemos soportar este gran peso? ¡No podemos! Dios es el único que puede llevar las cargas del mundo porque Él es quien ha determinado estas cosas para bien. Él anuncia lo por venir desde el principio. Si bien Dios no es el autor de mal, Él lo utiliza para Sus propios fines, para Su gloria. Ciertamente la ira del hombre le alabará (Salmos 76:10). ¿Cuál fue el peor crimen que se ha cometido? La muerte del inocente Hijo de Dios. Este acto tan ruin se convirtió en el mayor bien para la humanidad.

Pedro proclamó esta verdad:

Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis; a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella (Hechos 2:22-24).

No seremos capaces de entender todas las razones del pecado, heridas y dolor de nuestro mundo, pero sabemos que Dios es Dios y es todo lo que necesitamos saber. El hecho que seamos esposas de un pastor no nos hace exentas de las luchas en la fe. Incluso Asaf, un escritor piadoso de muchos salmos, casi pierde su fe al ver la prosperidad de la impía y aparente ausencia de recompensa de los que viven para Dios. Él admite que si públicamente expresara sus dudas, causaría que los jóvenes creyentes tropezaran (Salmo 73:15). Sin embargo, él corre a la presencia de Dios. Estando ahí puede ver el porqué de las cosas. Diciendo: “Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre. Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras” (Salmo 73:26,28).

¿Y qué hay del caso de Job? Él no tenía idea de la gran gloria que vendría al perder su familia, riquezas, reputación y salud. Job soportó su sufrimiento con justicia. Pero cuando quería cuestionar el propósito de Dios, fue humillado en el silencio cuando Dios le recordó quien fundó la tierra, extendió los cielos y puso el alba en su lugar. Dios le pregunto, “¿Enviarás tú los relámpagos, para que ellos vayan? ¿Y te dirán ellos: Henos aquí?” (Job 38:35). Al final de la abrumadora revelación de Dios de sí mismo, Job responde. “Respondió Job a Jehová, y dijo: Yo conozco que todo lo puedes, Y que no hay pensamiento que se esconda de ti. De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, Y me arrepiento en polvo y ceniza” (Job 42:1-2, 5-6).

Nuestra dolida esposa de pastor, la cual citamos hace un momento, tenía la respuesta. Cuando nuestros corazones se duelen por la desilusión, debemos amar y deleitarnos en nuestro soberano Dios, confiando que Él hace lo que es sabio y bueno. ¿Pero cómo hacemos esto?

Conociendo personalmente a Cristo

Es necesario que conozcamos a Dios, así podremos confiar en Él como lo hizo Job. La única manera de conocer a Dios es a través de Su Hijo Jesucristo. Si verdaderamente logramos dar un vistazo a Jesús, nos veremos obligados a adorarle a Él y deleitarnos en Él por sobre todas las cosas.

La Palabra de Dios nos dice, “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?” (2 Corintios 13:5). Sí, incluso nosotras como esposas de pastor necesitamos probarnos a nosotras mismas.

Una muy querida amiga vino por fe a Jesucristo reconociéndole como Salvador después de que se casó con un graduado del seminario. Era una mujer muy dulce de quien este hombre se enamoró, pero nunca había comprendido la dolorosa verdad de su insuficiencia al cumplir los estándares de perfección de Dios y confiar en la muerte de Cristo en la cruz. Ella había confiado durante toda su vida en su propia bondad, no dándose cuenta de su miseria ante Dios y que necesitaba de Su gracia para la salvación. Que gozo fue para ambos cuando ella nació de nuevo en la familia de Dios solo por fe (Juan 3:1-21).

No se trata de si somos suficientemente buenos o incluso si somos religiosos. Todo es por la gracia de Dios. Como Job, debemos arrepentirnos de nuestros pecados y confiar en la salvadora muerte de Cristo. Es nuestra pobreza de espíritu, debemos darnos cuenta que no es por nuestra habilidad de hacer que Dios nos ame porque toda nuestra justicia es como trapos de inmundicia ante Él (Isaías 64:6). Es necesario tener una experiencia personal con el increíble amor de Dios y confesar que Él es Dios y Salvador. La salvación es un don de Dios (Efesios 2:8-9).

¿Cómo probarte a ti misma si estas en la fe? Hazte las siguientes preguntas, “¿He respondido a Su gran amor al confiar personalmente en la cruz de Jesús, quien es Dios encarnado, pagando todos mis pecados? ¿He confesado a Cristo como mi Señor y Salvador—el Único que ha perdonado mis pecados y me ha justificado ante Dios?”

Cuando nos unimos a Cristo a través del nuevo nacimiento, cada momento que compartimos con Él es de gran satisfacción en nuestra vida y tienes una pasión por glorificar a Dios en todo lo que haces.

El rey David tenía esa relación de un alma satisfecha en Dios. Conoció al Pastor personal e íntimamente siendo él un joven pastor. Podrías tu decir como David en el salmo con todo tu corazón, “Jehová es mi pastor; nada me faltará” (Salmo 23:1).

Debido a que el Pastor se convirtió en el sacrificio y pagó el precio de nuestro pecado, tu y yo tenemos todo lo necesario. Satisface todas nuestras necesidades—de perdón, restauración, guía, protección en medio del peligro, consuelo, bendición, gozo, bondad, misericordia y además el cielo. Él es nuestra sabiduría, rectitud, sacrificio y redención (1 Corintios 1:30). Él es todo lo que necesitamos para la salvación y vivir la vida de fe para complacer a Dios y satisfacer nuestra propia alma.

En el maravilloso tratado acerca de la supremacía de Cristo en todas las cosas, Pablo escribe, “Y Él es ante todas las cosas, y todas las cosas en Él subsisten; y Él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, Él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia” (Colosenses 1:17-18).

Querida amiga, ¿has buscado hacer de Jesucristo la preminencia de tu vida? No podemos hacerlo en nuestra propia fuerza. Pero a medida permanecemos en Él, se convierte en nuestro todo en todo.

Permaneciendo en Cristo

Justo antes de que Jesús fuera a la cruz, Sus palabras de despedida fueron dirigidas a Sus discípulos, quienes en breve estarían enfrentando la devastación de Su muerte. Les dio la hermosa imagen de Él como la vid y Sus discípulos como los pámpanos (Juan 15:1-17). No puede haber una relación más cercana que esa. Los pámpanos tienen la vida y nutrientes por medio de la vid—todo lo que necesita para crecer y ser fiel. Jesús les dijo que debían estar unidos a Él como los pámpanos estaban unidos a la vid. Esto nos ilustra la dependencia y constante comunión entre Cristo y nosotros y que es Él mismo quien produce el fruto en nuestras vidas a través de esa conexión viva.

El llevar fruto es importante. Jesús dice, “Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitaré” (Juan 15:2). Si tenemos esa conexión con Jesús, tendremos frutos visibles—el fruto del Espíritu que crece en nuestra propia experiencia, otras personas que vienen a los pies de Cristo y sus vidas son edificadas al nosotros instruirlas. Pero si nuestras vidas no dan fruto serán quitadas (juzgadas). El Jardinero celestial se deshace de las ramas secas para que las ramas vivas puedan mostrar que son realmente de Él. Él poda y recorta las ramas para que lleven más fruto. Este puede ser un proceso doloroso, pero Él nos poda por un propósito lleno de amor—para que cada pámpano pueda ser más fiel. Esta enseñanza de Jesús nos impulsa a examinar nuestras vidas acerca de nuestro fruto.

¿Estás llevando fruto? Ten en mente que el fruto generalmente se da cuando hay pruebas. Esas pruebas que probablemente estemos pasando en el ministerio están produciendo fruto para Su gloria, por las cuales Él nos recompensará. ¡No es increíble que sea Él quien produce el fruto y después nos recompense por ello! Él desea que hagamos cosas más grandes que las que Jesús hizo en la tierra y esto trae gloria a sí mismo (Juan 14:12-14, 15:7,16, 16:23-24,26).

¡Qué maravilloso es darnos cuenta que no tenemos que producir fruto por nuestras propias fuerzas! Él está viviendo Su vida a través de la nuestra. Apartados de Él nada podemos hacer—no dice “algunas cosas”, dice ¡nada! Pero a través de Él podemos hacer todas las cosas (Filipenses 4:13). Él es nuestra fuente de vida, gozo y consuelo. Siendo uno con Cristo, así como sus discípulos, podemos llevar acabo Su comisión de ir y hacer discípulos en cada nación y enseñarles sus mandamientos.

Estar unidos a la vid es lo mismo que ser llenos del Espíritu, como nos dice Efesios 5:18. Si vivo en obediencia a Su palabra viviendo una vida de pureza, confesando todos mis pecados y dependiendo de Su poder para producir fruto en mi vida, estoy siendo lleno de Su Espíritu.

Jesucristo vive dentro de nosotros en la persona del Espíritu Santo, ¿pero lo contemplamos en todo lo que hacemos? ¿Sus pensamientos dominan nuestra vida? ¿Nuestros pensamientos se basan en Él al despertar y antes de irnos a dormir? ¿Por qué será que constantemente dejamos que nuestras mentes se desvíen a cosas menos importantes si no hay nada que se le compare a Él y habitar en Su hermosura?

En cuanto pongamos ante Él lo que hacemos, todas las cosas que realicemos serán como actos de adoración. Estallará nuestro corazón de alabanza si constantemente pensamos en Su gracia y amor. Vivir constantemente en la presencia del Señor Jesús traerá gozo a nuestras vidas.

Para poder soportar el peso constante del ministerio y poder crecer en el fruto del Espíritu debemos tener esa vital conexión con Jesucristo. No hay otra forma para poder llevar esta clase de vida.

Viviendo a través de la Palabra de Dios

¿Cómo nutrimos esta unidad con Jesucristo? ¿Cómo llevar a la práctica de nuestra vida diaria el valorar a Cristo sobre todo y permanecer en Él?

Jesús dijo, “Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7). Escuchar y obedecer Su Palabra debe ser importante para nosotros.

Para poder comprender la importancia de esto necesitamos ver la historia donde Jesús llevó a tres de Sus discípulos a la montaña a orar. Cuando Jesús comenzó a orar, Su gloria fue evidente y Sus ropas se volvieron blancas y resplandecientes. Moisés y Elías vinieron a hablar con Él acerca de su próxima muerte. Después de quedarse dormidos durante el tiempo de oración, los discípulos despiertan para ver la gloria de Jesús y a los dos hombres con Él. Cuando los hombres se iban, Pedro le dijo a Jesús, “hagamos tres enramadas” (Lucas 9:33). Lo que quería hacer era algo bueno. ¿Qué sucedió? “Mientras él decía esto, vino una nube que los cubrió; y tuvieron temor al entrar en la nube. Y vino una voz desde la nube, que decía: Éste es mi Hijo amado; a él oíd”.

Era más importante escuchar a Jesús que construir algo. Es lo más importante en nuestras vidas—más importante que lo que podemos lograr para Él. Grandes cosas podemos hacer para Él pero estas tienen su origen en la intimidad que tenemos con Él, pero es más importante escuchar la voz de Dios y obedecerle que hacer grandes cosas para Él. Debo de guardar esto en mi mente porque constantemente tiendo a ser como Pedro—“hagamos algo”. Al tener vidas tan ocupadas es importante que pasemos tiempo con el Señor leyendo y meditando en Su palabra para no enfriarnos espiritualmente y cansarnos de hacer el bien.

Podría necesitarse una buena planeación para encontrar tiempo a solas con el Señor—un tiempo lejos de las presiones y demandas del ministerio. Todos necesitamos tiempo para estar quietos y escuchar Su voz a través de Su palabra.

La forma principal en que he podido buscar Su voz y sostener mi caminar con Cristo ha sido llevando un diario. Alrededor de hace veinte años comencé a llevar un diario de mi tiempo a solas con Él y no sé por dónde comenzar a decirte la gran bendición que ha sido a mi vida. Por favor toma en cuenta que no lo he practicado a la perfección, pero ha sido mi meta.

Para comenzar mi tiempo en la Palabra, comienzo orando la oración hecha por el autor del Salmo 119—es el pasaje más largo de la Biblia, el cual exalta la palabra de Dios: “Abre mis ojos, y miraré las maravillas de tu ley” (Salmo 119:18). Como Dios es el autor principal, Él puede abrir nuestros ojos para entender y aplicar Su preciosa Palabra en nuestras vidas.

Leo en forma consecutiva y tomo nota de una “cosa maravillosa” cada día en mi diario. También busco responder a lo que he leído al escribir una oración alabando a Dios y pidiéndole que obre acorde a lo que leí—para ser más como Cristo. Por ejemplo, mi respuesta al pasaje de la transfiguración de Jesús sería, “¡Señor eres increíble! Jesús eres más grande que Moisés y que Elías. En Ti la ley y los profetas están completos. Tú eres el Verbo hecho carne. ¡Oh que pudiera contemplar Tu gloria! Oro para que me puedas ayudar a constantemente escucharte y obedecer Tu voz”.

Mi esposo también guarda un diario y a menudo comenzamos nuestro día compartiendo nuestras “cosas maravillosas”. Es nuestro alimento espiritual. Nos ayuda a mantener una fresca relación con Cristo. No hay sustituto a la Palabra de Dios.

Deseo que tú también, tengas un plan para llegar a la indefectible verdad de la Palabra de Dios cada día. Es la verdadera forma de construir tu relación con Cristo.

Viviendo mediante la comunión con Dios en la oración

También podemos nutrir nuestra unidad con Cristo por medio de la oración. Al orar, Dios imprime su propia imagen del carácter de Cristo en nuestras vidas—Su amor, sabiduría y Su compasión por aquellos por quienes oramos. Nos sometemos a Su voluntad al orar, “Señor, que se haga tu voluntad”. No oramos para nuestro propio provecho sino para la gloria de Dios.

En ocasiones, sin embargo, cuando queremos ir a Dios en oración nos sentimos insuficientes o que le hemos fallado de algún modo importante. Sentimos cómo si Dios no quisiera escuchar de nosotros y ciertamente no quisiera responder a nuestras oraciones.

Es necesario recordar que nuestra justicia ante Dios no se basa en nuestra habilidad de hacer lo que es correcto. Podemos venir ante “el trono de gracia” de Dios por el sacrificio de Jesús en la cruz. Nos salvó y nos oye totalmente por gracia. ¡Podemos valientemente llegar ante Su trono porque Jesús ya abrió el camino (Hebreos 4:16)! Al entrar en la presencia de Dios, podemos llamarle “Abba” o papito, ya que tenemos el espíritu de adopción, es decir, una conciencia de que hemos sido adoptados a Su familia. Somos Sus hijos (Romanos 8:15).

En el modelo de oración que Jesús nos dejó, incluyó la confesión de pecados. “Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.” Cuando venimos a la presencia de nuestro Santo Padre debemos venir buscando perdón y limpieza, y eso es lo que nos dará (1 Juan 1:9). Es entonces que podemos entrar tan puros como Jesús, sin temor y sin duda.

No solamente venimos ante Él para confesión de pecados, sino también con acción de gracia y adoración. El salmista escribió, “Entrad por sus puertas con acción de gracias, Por sus atrios con alabanza; Alabadle, bendecid su nombre” (Salmo 100:4). Y “Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; El que sacrifica alabanza me honrará; Y al que ordenare su camino, Le mostraré la salvación de Dios” (Salmo 50:14,23). Glorificamos a Dios por medio de nuestra gratitud y honra a Él. Derramemos nuestros corazones en agradecimiento por quién es Él. Al leer Su palabra vemos Su carácter retratado de tantas formas—Su soberanía, Su amor y perdón, Su omnipotencia y omnisciencia. Podemos ver Su hermosura y perfección, Su santidad y justicia. Vemos Su misericordia y gracia. Esto como resultado de un corazón que le alaba y da gracias por todo lo que Él es y lo que ha hecho por nosotros.

Jesús dijo, “pedid todo lo que queréis, y os será hecho” (Juan 15:7b). Quiero hacerle caso a Jesús en ese deseo que Él tiene de que le pidamos y así ser retada a orar de la manera que Dios desea—por cosas que solo Él puede hacer. Dios le dio un hijo a Sara cuando ella tenía 90 años y su esposo 100. Eso es algo que solo Él puede hacer. Dios puso a Su Hijo en el vientre de María. Eso es algo que solo Él puede hacer. ¿Hay algo difícil para Dios? Si la respuesta es no, ¡entonces vayamos a Él en oración, esperando cosas grandes y gloriosas!

Para mí, ha sido una práctica constante el llevar un diario de oración. Es allí donde llevo un registro de mis oraciones y la fecha donde la oración se respondió. Si no tienes una estructura de oración, ¿por qué no intentar un método para construir la fe? Alienta no solo tu fe sino la de aquellos por quienes oras.

Les comparto una respuesta de oración por la cual alabo de Dios. Mateo y Margarita son muy queridos para nosotros; Bob llevó a cabo su boda. Margie tuvo un embarazo delicado donde esperaban que el nacimiento tuviera complicaciones, ellos fueron fuertes al resistir la insinuación de parte del doctor para que abortaran a su hijo. Los problemas que su hijo tuvo pudieron ser corregidos con algunas cirugías menores y nos regocijamos con ellos sobre todo lo que Dios hizo. En el momento en que las cosas se tranquilizaron ellos se alejaron de Dios, dejaron de venir a la iglesia, inclusive se involucraron en una secta. Esto los llevo a tener una ruptura en su matrimonio y eventualmente una separación. Estuvieron en mi lista de oración por 6 años. Un día recibí la llamada de Margarita; quería que nos reuniéramos. ¡Cuán grande regocijo fue cuando ella regreso a los pies de Cristo! Ese mismo día Mateo llamó a Bob y ¡él también se reconcilió con Cristo! Se reencontraron y gozosamente comenzaron a tener compañerismo.

Esta es una historia muy dramática, pero hay muchos más testimonios de la fidelidad de Dios, los cuales se multiplican en cada diario. Así como fue un deleite para el apóstol Pablo el interceder por los creyentes a quienes él llevó a Cristo, de igual modo es un gozo para nosotros (Filipenses 1:3). Eran sus hijos en la fe. Él sabía que Dios trabajaría en sus vidas al Él orar por ellos. No es una carga sino un privilegio presentar a sus amados ante Su trono de gracia. Y cuando Dios contesta las oraciones trae gloria a Él mismo.

En mi diario también llevo una “lista especial de oración” basada en la siguiente promesa, “Deléitate asimismo en Jehová, Y él te concederá las peticiones de tu corazón” (Salmo 37:4). Le pido a Dios que solo responda esas peticiones si esto deleitará Su corazón como al mío. Al final de la hoja donde tenía estas peticiones escribí esta oración, “Señor si esto no es bueno para mí o no traerá gloria a Ti, por favor no lo hagas”. No quisiera que me diera algo que será dañino para mí. Ha sido hermoso ver como Dios responde a estas peticiones especiales.

He aquí un ejemplo de respuesta a una de las peticiones especiales. Le pedía al Señor que pudiéramos mi esposo y yo ir al otro lado del mundo a ministrar. Era una petición muy sincera ya que habíamos deseado trabajar en misiones. Sin embargo, era un salto de fe ya que era la primera vez que Bob predicaría internacionalmente.

Un día que Bob estaba husmeando en mi diario y se topó con mi lista de peticiones especiales. “¿Qué? ¿Alguien me va a pedir que predique del otro lado del mundo?”, me dijo riéndose. Y justo unas semanas después vino un hombre a nuestra iglesia representando a la Asociación Bíblica Consejera de Alemania a pedirle a mi esposo que predicara por tres semanas por todo el país. “Por cierto, también deseamos que venga su esposa”, añadió.

Resultó que el seminario donde mi esposo obtuvo su doctorado en el ministerio en consejería bíblica le recomendó. Durante nuestro tiempo en Alemania impartiendo consejería bíblica nos fue posible conocer a misioneros con nuestra misma carga. Bob llamo a esa aventura “Operación Isaac” porque se rió.

Desde ese momento, sabiendo el deseo de nuestro corazón en esta área, Dios nos ha dado el privilegio de ministrar a los misioneros en todo el mundo. Él se deleita en deleitarnos al nosotros deleitarnos en Él.

Bob y yo también hacemos “caminatas de oración” varias veces a la semana. Oramos juntos por nuestras peticiones, peticiones familiares y de la iglesia. Si el clima no es bueno, caminamos en una banda sin fin y usamos el directorio de la iglesia para actualizar las necesidades de las familias. Qué alivio es saber que Dios tiene el poder de actuar en cada situación. Él responde las oraciones. No es posible que nosotros suplamos cada situación, ¡Pero Dios sí puede!

Cultivar el hábito de alabanza diaria e intercesión es la mejor manera en que la esposa de pastor puede hacer frente a las cargas. Echemos todas las cargas en el Señor, quien puede llevarlas completamente (1 Pedro 5:7). El orar se convierte como en respirar. Cada necesidad que tenemos debe ser llevada ante Dios. Debemos orar por todo. Cada petición de la cual sepamos, oremos por ella aquí y allá—si es a través del teléfono, en la calle o en un restaurante. Puede ser hecho en silencio o audiblemente. No debemos llevar nosotros esa carga ni un minuto, sino inmediatamente entregársela a Dios. Él nos enseñará la parte que nos corresponde en esa necesidad, pero Él es quien lleva todas las cargas.

Te reto a que aumentes tus “ejercicios de rodilla”. Comienza con 5 minutos, 20 minutos, media hora, una hora diaria y ¡observa lo que Dios puede hacer!

Tomando Parte en los Sufrimientos de Cristo

Hemos hablado de cómo debemos esforzarnos para acercarnos a Cristo a través de nuestra disciplina espiritual de leer la Biblia y orar. Ahora quiero compartir contigo cómo es que Cristo nos acerca a sí mismo a través de las pruebas y oportunidades que Él mismo trae a nuestras vidas. ¿Estamos deseosas como Pablo, de agradecer a Dios por cada oportunidad de morir a nosotras mismas? Podremos desear esto si vemos la recompensa.

Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. (Filipenses 3:8-11)

Pablo está escribiendo sobre las dificultades que sobrellevó en su ministerio. “Y además de otras cosas (las cuales eran muchas), lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias” (2 Corintios 11:28). Pablo invitaba al joven Timoteo a “sufrir las penalidades” del ministerio (2 Timoteo 2:3). Sería difícil estar en el ministerio si no cargáramos un poco del peso del mismo. Esto parece contradecir lo que acabamos de decir acerca de echar las cargas sobre Cristo.

Experimentamos las presiones del ministerio, pero luego las echamos sobre Cristo a través de la oración. El preocuparse por la iglesia es parte del corazón del pastor y su esposa. Esto es parte de conocer a Cristo en el compañerismo de Su sufrimiento.

El peso puede ser algo bueno. Uso el peso para incrementar mi fuerza durante el ejercicio. No es particularmente divertido. He notado que cuando aflojo y no uso el peso constantemente me vuelvo flácida y fuera de forma. No es bueno ser creyentes flácidas. Necesitamos usar el peso para desarrollar los músculos espirituales de confianza en Cristo y acercarnos a Él.

Podemos clamar las promesas de nuestro Padre de que Él trabajará todas las cosas para bien en nuestra iglesia, sabiendo que Él es amoroso y soberano (Romanos 8:28). Podemos agradecerle por adelantado por cada situación estresante, por cada cosa que nos cause pena, cada presión y decepción, cada interrupción que pueda venir en nuestro día y semana. Esto es a pesar de cómo nos sentimos. Podemos escoger no resistir las cargas como si fueran intrusas, sino darles la bienvenida como amigas, considerarlas como un gozo, y agradecerles a Dios por ellas (Santiago 1:2-4). Dios sabe lo que está haciendo. Nos está moldeando a ti y a mí conforme a Cristo. Esto es parte de Su voluntad, la cual es “Buena, agradable y perfecta” (Romanos 12:2).

Solo considera lo siguiente, ¡Dios está trabajando para hermosear tu carácter en cada problema; exponiendo tu debilidad, pecado y egoísmo y así perfeccionarte hasta ser lo que Él desea que seas en Cristo! Este es el objetivo principal de Dios para nosotros (Romanos 8:29).

Sí, estamos bajo el constante peso del ministerio e involucra sacrificio, pero lo mejor de compartir Sus sufrimientos es que también compartiremos Su gloria. “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse” (Romanos 8:18).

Conociendo a Cristo en Su poder de resurrección

Hermana, ¡no podemos tener mayor esperanza que nuestra unión con Cristo en Su muerte y resurrección! Pablo captó la verdad de la unidad con Cristo cuando escribió las siguientes palabras, “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2:20).

Morimos y resucitamos con Cristo. Gracias a Su victoria sobre el pecado y muerte tenemos esperanza para el huérfano y el niño que ha sufrido abuso. Tenemos esperanza para el alcohólico y el adultero. Si Dios puede resucitar a los muertos, entonces Él puede transformar esas vidas en respuesta a nuestras oraciones.

No nos encontramos en una “misión imposible”. Tenemos el poder del Cristo resucitado. Podemos ser y hacer más de lo que imaginamos en nuestras vidas y dentro del ministerio a través del poder de Cristo.

Teniendo esperanza

Podemos despertar por las mañanas con esperanza y no debemos temer por lo que pueda venir a continuación a nuestra iglesia, familia o mundo. ¿Qué sería lo peor que puede pasarnos a nosotros como creyentes? Nuestro peor y final enemigo es la muerte. Tendremos poder sobre los peores enemigos a los que podamos enfrentar.

Mi querida madre eligió Romanos 8:28 como versículo lema para su vida cuando llegó a Cristo a la edad de 16 años. Ella confió en la bondad y soberanía de Cristo por el resto de su vida. Ella decía, “Confiemos en Dios. Él está trabajando para nuestro bien”. Cuando ella estaba en su quinta década de vida, esa fe fue puesta a prueba cuando le diagnosticaron cáncer terminal. Como era su costumbre, se aferró de las promesas de Dios sin vacilar. Ella me mostró como vivir confiando en el Pastor y me enseñó como morir—llena de fe y esperanza en que ella moraría en Su morada por siempre. Su partida exaltó al Salvador.

Tres meses después de la muerte de mi madre, mi padre escribió a nuestra iglesia la siguiente carta que yo guardo en el álbum de su vida.

Querido pastor Ricardo, familia y queridos amigos,

Este es un pequeño agradecimiento hacia la iglesia debido a la bendición que usted y su gente ha sido para mi familia y para mí a través de los años— en tiempos de gozo y tiempos de duelo.

Agradezco a Dios en esta época de acción de gracias por los pecados perdonados, por un Sumo Sacerdote compadecido por mis debilidades, por el privilegio de ser una pequeña herramienta en Su mano poderosa, por Su guía, por Su oído que escucha mis oraciones, por Su brazo en el cual me puedo apoyar, por Su preciosa Palabra a través de la cual Él nos habla explícitamente y por la gran esperanza de Su pronto regreso.

Le agradezco más que nada por la salvación absoluta. En el pasado, he sabido lo que es tener miedo, más ahora sé que estoy entera y perfectamente seguro. Siento que he llegado a un lugar seguro, un puerto seguro. Nada, absolutamente nada, ni mis obras ni las de otros, ni el trabajo del maligno, ni las circunstancias o el así llamado destino, nada puede separarme del amor de Cristo. La pena y duelo pueden venir, la muerte puede poner mi cuerpo o el de mis amados en la tumba, pero sea lo que sea que venga, pasa primero por Sus tiernas manos, ¡así que puedo amarlo porque viene de Él!

Nada puede dejarme fuera del cielo. Estoy tan a salvo ahora como si ya estuviera allí. Sólo unos pocos años más de vida, unas cuantas tareas más que cumplir y después me iré a estar por siempre con Él y nuestros amados que han partido antes, ¡nuestra porción gloriosa más allá de la gloria infinita! ¿Estoy agradecido? Mis mejillas continuamente se humedecen con lágrimas de alegría. El por qué el da todo esto a alguien tan pobre como yo, eso no lo sé, pero sé que necesitaré toda la eternidad para agradecerle por ello.

En este tiempo de compañerismo por el Festival de la Siega, agradeciéndole a Él por su bondad, oro para que sus expectativas y deseos estén en Él y en la Esperanza bienaventurada.

Afectuosamente suyo hasta que Él regrese,

-Robert L. Gates

¡Qué gran legado de fe! Mi padre concluyó sus “pocos años de vida” a la edad de 90 años y está ahora con Jesús también. Nada puede separar a nuestros amados o a nosotros del amor de Cristo—“ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada” (Romanos 8:38-39).

Esta es la clase de paz y seguridad que debemos reflejar y compartir con aquellos que están en nuestra iglesia. ¿Te sucede que te olvidas de las riquezas que tenemos en Cristo? ¿Te pasa como a mí, que tomo el camino de la autocompasión y la auto-justificación? ¿Batallas con el desaliento? ¿Sientes deseos de renunciar? (Mi esposo dice que él tiene deseos de renunciar una vez a la semana.) ¿Tu mente se centra en todos los problemas en lugar de en la meta—la Gloria de Dios?

Querida hermana, la respuesta es Cristo. Él es antes de todas las cosas y en Él todas las cosas se sostienen. Él es el Gran Pastor quien cuidará de Su grey. Él es la vid y tú eres el pámpano. Se una con Él a través de Su Palabra. Se una con Él en oración. Se una con Él en Sus sufrimientos y se una con Él en el poder de Su resurrección. Si eres una con Él, entonces no habrá derrota.

Me encanta la oración de Pablo por los creyentes en Éfeso porque nos enseña como Dios obra, no dándonos tan solo lo necesario, sino en abundancia:

Para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu; que habite Cristo por la fe en vuestros corazones, a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender con todos los santos cuál sea la anchura, la longitud, la profundidad y la altura, y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios. Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén (Efesios 3:16-21).

Él te sostendrá en tu rol. Es solo por esta corta vida y después pasaras la eternidad con Él. Pedro anhelaba la segunda venida de Cristo con estas palabras, “Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores” (1 Pedro 5:4), y es así como estimula a los pastores a cuidar la grey que se les ha confiado. ¡Jesús regresará! Nuestros esposos devolverán la grey al Príncipe de los pastores.

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Cómo evitar el síndrome del éxito

“¡El pastor Villegas construyó esa iglesia, la cual pasó de ser nada a tener dos mil miembros en seis años!” “¡Deberías ver el edificio de su iglesia! Ellos oraron la oración de Jabes y ¡mira lo que pasó!” “Conozco a la familia misionera Martínez, y ellos terminaron la traducción del Nuevo Testamento en cinco años” (mientras que tú ya vas por 25). “¿No tienen escuela en tu iglesia? ¿Acaso no conoces el tremendo alcance de una escuela para la comunidad?” Estos son algunos de los comentarios que pueden traerte desaliento como esposa de un hombre en el ministerio. Ves otras iglesias u otros ministerios florecer mientras tú te encuentras estancada. Comienzas a preguntarte qué estás haciendo mal y qué puedes cambiar. Comienzas a ser consumida por el deseo de ver más resultados en tus labores. En poco tiempo, has caído presa del “síndrome del éxito”.

El síndrome del éxito es una espiral descendente de deseos pecaminosos y acciones que surgen de una definición mundana del éxito y culmina en depresión o agotamiento. Se vence reemplazando la pasión por alcanzar logros, fama, prosperidad y éxito, con una pasión por complacer a Cristo, exaltar Su nombre, sacrificar el ego y llevar verdadero fruto, a través de un servicio fiel.

Síntomas del síndrome del éxito:

• Hacer las cosas espirituales de una manera mecánica.

• Descontento con el ministerio de tu esposo

• Deseo de cambiar de iglesia o ministerio o abandonar el ministerio

• Poner presión sobre ti misma o tu esposo para tener mayor visión, añadir programas o expandir el territorio.

• Desaliento

• Depresión

• Falta de entusiasmo por tu ministerio

• Sentimientos de fracaso

• Envidias y Celos

• Orgullo

• Agotamiento

Si estos síntomas no son tratados, tu ministerio, e incluso tu vida, serán destruidos. Debemos encontrar el origen del devastador síndrome del éxito.

¿Cómo pueden estos buenos deseos, deseos de ver nuestros ministerios tener éxito y que nuestras vidas sean útiles, convertirse en una espiral descendente tan dañina? El proceso ocurre lenta y sutilmente, a medida dejamos que el mundo se introduzca y nuestros corazones comiencen a buscar su versión engañosa del éxito.

Cuando contemplamos la manera en que la gente de nuestra sociedad consumista busca una iglesia, parece ser que se aproximan a ellas de la misma manera en que lo hacen cuando compran mercancía. Cuanto más grande la tienda, más cosas tiene que ofrecerte—entonces hay que comprar ahí. Las iglesias responden empleando buenas técnicas de mercadotecnia, mayores presupuestos y edificios más grandes y elegantes. La predicación debe ser corta y no debe confrontar para no ahuyentar a nadie. El éxito consiste en que reconozcan el nombre, tener a un pastor con un programa de radio, que escriba libros e imparta conferencias internacionalmente. Es el tener un lugar de alabanza moderno y todo tipo de programas para satisfacer las necesidades de la gente. El American Heritage Dictionary (Diccionario del Patrimonio Americano) define el éxito como lograr algo que se intenta; alcanzar fama o prosperidad.

Si te encuentras esforzándote para que tu iglesia alcance la aprobación de la mayoría de los cristianos del siglo veintiuno y los buscadores de iglesia, probablemente estás cayendo en la definición mundana del éxito. ¿Acaso los números, el crecimiento, los aplausos, la fama o la prosperidad definen el éxito de acuerdo a la perspectiva de Dios?

¿Qué hay de ti en lo personal? ¿Qué define el éxito desde tu perspectiva— ser una anfitriona perfecta, destacar como una persona “real” con un oficio “real”, tener una hermosa casa? ¿Estás permitiendo que la definición mundana del éxito se introduzca? Puedes estarlo haciendo si buscas logros rápidos y cuantificables, algún tipo de fama o prosperidad. Si de te fijas en lo que te motiva verdaderamente, ¿encontrarías un ansia de auto-promoción y progreso?

Si este es el caso, cuando no obtienes los resultados que deseas, te volverás depresiva, crítica y aún más determinada a encontrar la aprobación de alguien. Es entonces cuando sabes que estás en las garras del síndrome del éxito (Santiago 4).

¿Cuál es la cura para el síndrome del éxito?

¿Existe algún medicamento que podamos tomar para calmar nuestras ambiciones y depresiones? ¿Hay alguna clase de anteojos que nos hagan ver nuestra situación como ideal? Tal vez solo necesitamos hablar más positivamente de nuestros ministerios y tener más fe en que Dios cumplirá aquellas metas que anhelamos.

No, el síndrome del éxito debe ser atacado desde la raíz. Es impulsado por una codicia hacia un éxito mundano, logros, fama y prosperidad. Puede solamente ser conquistado por una transformación de nuestras pasiones. El síndrome del éxito no es una enfermedad sino un ciclo de pecado que puede ser destruido a través del arrepentimiento. La sanidad viene a través de la humildad, a medida cambiamos la pasión por la exaltación personal con una renovada pasión por la exaltación de Dios.

Despójate de la pasión por logros personales y aprobación.Vístete de la pasión por agradar a Cristo

El síndrome del éxito establece que debes alcanzar tus propias metas; debes obtener la aprobación de los hombres. Dios dice que debemos buscar agradarle a Él. En lugar de agradar a los hombres, necesito ser como Pablo, quien no buscaba el favor de los hombres, sino el de Dios. Él dijo, “Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo” (Gálatas 1:10).

Es natural el desear los aplausos de la gente, pero solo necesitamos los del cielo. ¿Quién es el que juzga el éxito? La preocupación de Pablo era solo lo que Dios pensaba. “Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor” (1 Corintios 4:4). Esto nos da un estándar más alto con el cual debemos medirnos.

El objetivo de Pablo era ser agradable para Dios sabiendo que, “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (1 Corintios 5:9-10). Solo necesitamos agradar a Dios.

A todos nos complace el ser amados y apreciados por todos todo el tiempo. He luchado con el deseo de que toda mujer en nuestra iglesia me considere su mejor amiga. Amo a cada uno de ellas y deseo estar cercana a ellas. Sin embargo, eso no es posible. ¿Me imposibilita esto de acercarme a ellas? No.

El saber que soy completamente amada y segura—segura en mi relación con Dios— debería ayudarme a lidiar con los desaires, las críticas, el rechazo y los malos entendidos que puedan surgir.

En lugar de buscar el agrado de los hombres, Dios dirige a sus hijos a trabajar de corazón para el Señor, ya que sus recompensas son las que realmente importan. Algunas parejas de ministros trabajan hasta el agotamiento buscando convertirse en una mega-iglesia, pensando que eso es el éxito. Debemos encontrar el equilibrio entre trabajar duro, descansar y tomar tiempo para nuestra familia. Jesús dijo que su yugo es fácil y ligera su carga (Mateo 11:30). Debemos prepararnos para la carrera que tenemos por delante. Nosotras, como esposas, podemos ayudar a nuestros maridos a mantener un equilibrio entre el trabajo y el descanso.

Para poder derrotar al síndrome del éxito debemos tomar nuestra dosis de humildad mientras reconocemos que Dios es el juez y su estándar es la perfección. No hay nada que podamos hacer para merecer su aprobación. Pero por la gracia de Dios hemos sido justificados y podemos servirle con una conciencia limpia (2 corintios 1:12).

Él (Jesús) debe crecer y yo menguar. Dios se glorifica más cuando usa a un cualquiera, en vez de alguien especial. Pablo escribió que Dios le dio un aguijón en la carne, para evitar que se exaltara a sí mismo. A través de esta situación, él aprendió otra lección del “reino al revés”—el poder de Dios se perfecciona en la debilidad (2 Corintios 12:9). Entre más reconozcamos nuestra propia debilidad, más brillará a través de nosotros el poder de Dios.

Este es el éxito en el que debemos regocijarnos: Su poder trabajando en nosotros. ¿Amamos a Cristo tanto como para servirle cuando nadie nos ve o aprecia o incluso cuando hacemos enemigos por causa del evangelio? Ese es el éxito en sus ojos.

Despójate de la pasión por la buena famaVístete de la pasión por el nombre de Cristo

El síndrome del éxito establece que debes buscar fama—el ser conocido, apreciado o aclamado. Debes ser mejor que alguien más para promoverte. La Escritura nos enseña que no es provechoso el compararnos con otros. “Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos” (2 Corintios 10:12).

A pesar de lo inútil que es, somos propensos a hacerlo. ¿Ves a tu ministerio como menos exitoso a comparación de aquellos que tienen ministerios más grandes? Parece ser que quienes tienen ministerios más grandes son más apreciados y por lo tanto deben ser más exitosos. Yo he pensado de esa manera. Mi amiga Pat Palau, quien era mi compañera de cuarto en la universidad, tiene un esposo con un ministerio exitoso. Luis ha ministrado a millones de personas a través de sus cruzadas evangelísticas. Él ha escrito libros y su enseñanza es trasmitida a través de la radio en toda América Latina y el mundo. Yo recuerdo que pensaba cuán insignificante era nuestro pequeño ministerio en la iglesia a comparación del ministerio de Luis, en donde predicaba a millones y miles se entregaban a Cristo. Confesé esto a mi amiga Pat hace unos años, mientras estábamos en una conferencia en donde Luis era el orador. Recuerdo sus palabras, “No debes sentirte de esa manera. Tu esposo tiene un llamado diferente—el de pastor y maestro para equipar a los santos para el ministerio. Luis tiene otro llamado—el de evangelista. Si tu alcance no es a miles, no significa que sea menos exitoso. El ministerio de Luis es solo el primer paso. Los creyentes deben ser nutridos en las iglesias. El trabajo del pastor es vital. Su fidelidad en la iglesia local es invaluable para el reino de Dios”. Pat cree en esto tanto que ha escrito libros sobre la importancia de la iglesia local. Sus palabras me han animado a través de los años.

Es importante recordar que cuanto mayor sea la iglesia o la esfera del ministerio, mayor es la responsabilidad. Significa que tendrás que dar cuentas por una mayor cantidad de personas. La Biblia enseña que aquellos que ejerce autoridad sobre la iglesia, darán cuenta a Dios por aquellos que están bajo su cuidado (Hebreos 13:17). Tenemos que tener en mente el hecho de que Jesús es el Señor de Su iglesia. Él guía a las personas a las diferentes iglesias. Él ha llevado a nuestra iglesia a aquellos que Él desea que nuestros pastores tengan bajo su cuidado.

El Señor le ha dado a nuestra iglesia un crecimiento lento pero constante desde su comienzo. Tenemos cuatro puntos de énfasis—una predicación sólida de la Palabra de Dios, grupos pequeños para discipulado, misiones mundiales y demostrar de una manera contundente el amor de Cristo. Tenemos ahora cinco pastores que llevan la carga de las personas que Dios ha traído para ser parte del ministerio. También tenemos un ministerio de consejería bíblica en donde se da entrenamiento para después ministrar a toda la comunidad. ¿Qué de aquellos años en donde Bob era el único pastor? ¿Éramos menos exitosos en aquel entonces? ¡No!

Quizá sientas que tu esposo es menos exitoso porque tiene un ministerio detrás de bambalinas y recibe poco reconocimiento y agradecimiento. Parece que estos van hacia el pastor principal o al pastor de alabanza quienes están en el escenario cada semana.

Cuando comiences a compararte con otros, detente y pregúntate, “¿Estoy buscando fama para mi nombre o para el nombre de Cristo?” El apóstol Pablo se regocijaba incluso cuando el nombre de Cristo era proclamado a causa de ambición personal y buscando causarle aflicciones. Él dijo, “¿Qué, pues? Que no obstante, de todas maneras, o por pretexto o por verdad, Cristo es anunciado; y en esto me gozo, y me gozaré aún” (Filipenses 1:18).

A pesar de que pensemos que nuestro pastor es el mejor expositor de la Palabra en nuestra comunidad o el mejor misionero o mejor pastor de alabanza, debemos ser humildes delante de Dios. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Por más que pensemos que nuestra iglesia es fiel a la guía de Dios, debemos tener en mente que otras iglesias están trabajando de igual manera o mejor y debemos confesar el orgullo como pecado.

Debemos de estar orando regularmente por otros pastores y sus esposas, así como por los misioneros y sus esposas, para que Dios bendiga sus ministerios. No estamos en competencia, sino trabajando juntos. En ocasiones nos ofendemos cuando nuestra gente cambia de iglesia y esas iglesias comienzan a crecer a través de aquellos que hemos entrenado para el ministerio. Corremos el peligro de dar lugar a la amargura.

Esto lo sé por experiencia. Cuando tuvimos el caso de un éxodo a otra iglesia en nuestra comunidad, me sentí herida, fracasada y humillada. Pero “humillarme a mí misma” no es lo mismo. Quería mudarme a otro lugar, huir de este sitio de humillación.

Afortunadamente, aprendí de mi esposo que una de las cosas que Dios estaba tratando de enseñarnos era humildad. Caímos de rodillas ante Él y buscamos aprender las lecciones que Él tenía para nosotros. Leí Una Oportunidad para Morir, la historia de Amy Carmichael. Su vida muestra el “reino invertido” de Dios. A través de la muerte viene la vida. Él nos llama a morir a nosotros mismos y a nuestras ideas de éxito. Jesús dijo, “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, éste la salvará” (Lucas 9:24). Amy Carmichael se gozaba en las pruebas y desilusiones, sabiendo que era la oportunidad para morir a sí misma. Al hacer esto, ella vivía más plenamente para Cristo. Esta fue la oración de Amy cuando una de sus más queridas colegas murió:

Líbrame de oraciones que pidan ser

Protegida de los vientos que soplan hacia Ti,

Líbrame de temer cuando debo anhelar,

De caer cuando debo escalar;

De mi propio ser, Oh Capitán, libera

A tu soldado que te seguirá.

Del sutil amor por cosas vanas,

De decisiones cómodas y debilidades,

(Lo cual al espíritu no fortalece,

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9781629461519
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