Kitabı oku: «101 cuentos sanadores»

Therapeutic Storytelling: 101 Healing Stories for Children © 2012 Susan Perrow
El libro original en inglés ha sido publicado por la editorial Hawthorn Press, Hawthorn House
1 Lansdown Lane, Stroud
Gloucestershire, GL5 1BJ
Reino Unido
www.hawthornpress.com
© Ing Edicions, S.L.
Av. Josep Tarradellas, 118, 1o B
08029 Barcelona
93 4195959
www.ingedicions.com
© 1a edición en castellano: Ing Edicions, 2018
© Texto: Susan Perrow
© Traducción: Zaida Díaz
Corrección: Marta Busquets
Asesora pedagógica: Àuria G. Galcerán
Maquetación: Susanna Pérez
Todos los derechos reservados para la versión castellana
1a edición: diciembre 2018
ISBN: 978-84-123221-3-2
Producción del ebook: booqlab.com
No está permitida la reproducción total o parcial de este libro ni su tratamiento informático ni su transmisión de ninguna forma o por cualquier medio, ya sea electrónico, mecánico, por fotocopia, por registro u otros métodos, sin el permiso previo y por escrito de los titulares del copyright.
Se ha hecho todo el esfuerzo posible para dejar constancia de la autoría de todo el material registrado con derecho de autor. Si se hubiera cometido cualquier omisión, se ruega que se haga saber a la autora y a la editorial para que en las próximas ediciones se le otorgue el reconocimiento correspondiente.
Se han publicado veintiséis cuentos con el amable permiso de los veintidós autores que aparecen en el apartado “Relación de cuentos” (véanse páginas 289 y 290).
Susan Perrow, como autora de sus cuentos, establece que no se puede reproducir ningún cuento sin el permiso por escrito de la editorial.
A todos los niños y niñas del mundo
Agradecimientos
Doy gracias a mis hijos por su infinito amor y por darme aliento en mi pasión por los “cuentos”.
Doy gracias a mi marido, siempre amable, solícito y cariñoso, con un agradecimiento especial por haber aceptado el contrato de trabajo tan oportuno en Ololo Lodge, en Kenia… que me permitió disfrutar del refugio ideal del escritor: ¡”vivir” en los límites del Parque Nacional de Nairobi con vistas a un bosque de acacias y una colina llena de vida salvaje!
Gracias a Martin Large y a Matthew Barton por el compromiso y la seriedad de su trabajo editorial, y por sus observaciones sinceras y alentadoras.
Gracias a mi colega Annie Barrat por nuestras charlas tan constructivas sobre los desafíos y alegrías de nuestra solitaria profesión de escritoras.
Gracias a mi amiga y colega Sandra Frain por nuestras conversaciones llenas de entusiasmo e inspiración sobre los cuentos y el arte de narrarlos.
Gracias a los veintidós maestros, padres y terapeutas por dedicar su tiempo a compartir conmigo sus cuentos y el resultado de los mismos. Gracias por colaborar en este libro accediendo generosamente a la publicación de esos cuentos.
Índice de contenidos
OPINIONES SOBRE EL TRABAJO DE SUSAN PERROW
PRÓLOGO
INTRODUCCIÓN: LOS CUENTOS CONOCEN EL CAMINO
PRIMERA PARTE: ¿QUÉ SIGNIFICA ESCRIBIR CUENTOS SANADORES?
I MODELO Y ESTRUCTURA EN LA CREACIÓN DE CUENTOS
¿Qué es un cuento sanador?
Tejiendo la estructura del cuento
Resoluciones positivas
El misterio y la magia de las metáforas
Metáforas de “obstáculos” y de “ayuda”
La elección de las metáforas. Algunos consejos prácticos
Precaución en la elección de las metáforas
La tensión del cuento: el desarrollo o viaje
Desarrollos diferentes para edades diferentes
El valor de los accesorios
Una cuestión de principios
La adaptación de los cuentos a las diferentes situaciones
El final de los cuentos se puede cambiar
El camino de la sencillez
Cuentos sanadores para todas las edades
Cuentos para adultos
Cuentos sanadores para jóvenes
II QUE BROTE LA SAVIA DE LOS CUENTOS
El “esqueleto de los cuentos”
Ejercicios de imaginación
La historia sobre “la bolsa de los cuentos”
SEGUNDA PARTE: 101 CUENTOS SANADORES
III EL ENFADO, LA AGRESIÓN, LOS GOLPES, LOS ARAÑAZOS Y LOS MORDISCOS
Los palillos de ritmo
A bebé Hipopótamo le han salido los dientes
Fiesta en la jungla
El palo cantarín
Pequeño Canguro
El amigo Abrazos
El niño marinero
Puercoespín y sus afiladas púas
El gnomo errante de amables manos
Las bayas rojas y la ardillita mañosa
El pequeño lápiz guía
La trompa del elefante
“Esqueleto de cuentos”: caballeros, dragones y princesas
IV LA ANSIEDAD, LA INSEGURIDAD Y EL MIEDO
El Gigante de la sombra
La rosa y la espina
Las hormigas y la tormenta
El río resplandeciente
El caramillo dorado
El viaje del Niño de las Estrellas
La canción de la concha marina
Las abejas
Al loro rosella le gustan las fresas
El barquito y el delfín
Tan perfecta no era la casa
“Esqueleto de cuentos”: Tan perfecto no era el coche - Tan perfecto no era el jardín
V LA INTIMIDACIÓN, EL AISLAMIENTO Y LA BURLA
El camaleón inteligente
Los colores del arcoíris
El delfín dorado
Baba Simba
El oso abusón
El hipopótamo acalorado
La flor del rey
“Esqueleto de cuentos”: El delfín y la tormenta
VI LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE
Magia celestial
El cerezo y su amigo dorado
El manto de luz del abuelo
La mariposa
Una muñeca del cielo
La tortuga, ¿va o no va al mercado?
La liebre, el loro y el oso
La paloma arcoíris
El rey y sus tres hijos
“Esqueleto de cuentos”: El corredor de maratón
VII LA FALTA DE RESPETO Y LA FALTA DE CUIDADO (DE UNO MISMO, DE OTROS, DE LAS COSAS)
Un día en la vida de mi sombrero
Un día en la vida de mi abrigo
La princesa de las Gracias
Kipury y su cordero
La familia wombat
El árbol de las reverencias
En el parque del océano
“Esqueleto de cuentos”: La pluma dorada
VIII EL COMPORTAMIENTO DISRUPTIVO, EL TEMPERAMENTO INQUIETO Y LAS EMOCIONES DESPROPORCIONADAS
Julia encuentra un nuevo amigo
Los tres cántaros
Panya el ratón
Los tres ponis
Mindy va a la feria del pueblo
El wombat ayuda a reparar el embalse
El regalo de Frangipani
“Esqueleto de cuentos”: El banquete de las hormigas
IX LA FALTA DE HONRADEZ Y LOS ACTOS FURTIVOS
Jennifer, la conejita blanca
El Niño del Bosque y los zapatos rojos
El granjero y el palo mágico
Las gorras del vendedor ambulante
“Esqueleto de cuentos”: La rama plateada
X EL DIVORCIO, LA SEPARACIÓN Y LAS FAMILIAS MIXTAS
Una familia de caracoles
Grandes cosas cuando eres pequeño
Mis sábados
Los niños y la mariposa
El pequeño bulbo marrón
La cazuela mágica
“Esqueleto de cuentos”: pingüinos, torres, setas y canoas
XI LAS MANÍAS Y LAS QUEJAS
Winnie, un comensal escrupuloso
Los pájaros blancos y la lluvia
Pequeño Lobo
El elefantito no quiere caminar más
“Esqueleto de cuentos”: el cuento del cepillado del cabello
XII LA INTOLERANCIA Y LA FALTA DE ACEPTACIÓN (DE UNO MISMO Y DE LOS DEMÁS)
Silvestre el caracol
Estaciones
La Niña Canoa
Las tres mariposas
Los caballos arcoíris
El pequeño tamborilero
“Esqueleto de cuentos”: La carrera de trineos y otras ideas
XIII LA FALTA DE CONFIANZA Y LA RESILIENCIA
El caballo alado
Los gnomos y las coronas doradas
Los tres cerditos y la hiena
La estrella brillante
El caballito dorado
La Luz del Futuro
El hilo de Ariadna: cuentos, manualidades y juegos de “laberintos”
“Esqueleto de cuentos”: La capa mágica
XIV EL ABUSO SEXUAL Y LA CONCIENCIA DE LA SEXUALIDAD
Yoyi y la cobra
La oruga
La princesa y el espejo
“Esqueleto de cuentos”: muñecas rotas, leones y cocodrilos
XV LA TIMIDEZ, LA INTROVERSIÓN Y LA BAJA AUTOESTIMA
La margarita blanca
Un robot muy tímido
El petirrojo solitario
Los conejos payasos
El osito polar
“Esqueleto de cuentos”: magos, hadas, sirenas y tritones
XVI LAS PALABROTAS, LOS GRITOS Y LOS SINSENTIDOS
Pitón canta y la osa danza
Cuqui, la cucaburra
El niño y la caracola color perla
Un ave lira con voz de cacatúa
Los gritos del reloj
“Esqueleto de cuentos”: hombres enmascarados, monos, tornados, leones y princesas
XVII LOS PROBLEMAS RELACIONADOS CON IR AL BAÑO Y LA INCONTINENCIA NOCTURNA
El pez cubierto de percebes
El eucalipto
¡El techo tiene goteras!
Buenas noches, Buen Descanso y Bendiciones
Una muñeca llamada Arcoíris
“Esqueleto de cuentos”: diente de león, casa de “caquitas” y jardines bajo el mar
XVIII LA OBSTINACIÓN Y LA FALTA DE SENTIDO SOCIAL
La hormiga Siafu y su tambor
La excavadora dice que no
Un amigo en la granja
Una jirafa en la niebla
La Guardiana del Lago
Conchas para dar y regalar
“Esqueleto de cuentos”: ¡La casa que ya no podía más!
NOTAS FINALES
APÉNDICE 1
Relación de cuentos
APÉNDICE 2
Sobre la autora del libro
Sobre la autora del “Prólogo”
Libros de Susan Perrow
LIBROS RECOMENDADOS PARA PADRES Y EDUCADORES
Opiniones sobre el trabajo de Susan Perrow
“El mensaje de Susan Perrow es hermoso y poderoso en su sencillez. Cuéntale cuentos a los niños y ellos escucharán la sabiduría que esos cuentos les ofrecen. ¡Qué manera tan delicada y efectiva de llegar a “nuestros” niños! ¿Qué más podemos pedir como padres y profesionales? Estamos ante un material de aprendizaje esencial y de gran utilidad para los padres y todos aquellos que sean responsables del cuidado y desarrollo de los niños”.
Christina Crawford.
Psicóloga de la educación. Irlanda.
¡El taller de cuentos sanadores fue increíble! Sentí una gran alegría al observar las caras relucientes y sonrientes de los noventa asistentes cuando se marchaban. ¡Se sentían tan empoderados! La belleza de tus ideas sobre los “cuentos sanadores” radica en que es tan sencillo ponerlas en práctica y ¡sorprendentemente tan efectivas! Personalmente, me has abierto otra puerta en lo que respecta a la imaginación del niño. Es evidente que 101 cuentos sanadores. Más cuentos para ayudar… pasará a formar parte del currículo de nuestro centro.
Bijal Shah.
Directora del colegio Montessori
“My School” (Mi escuela).
Nairobi, Kenia.
El taller de cuentos sanadores de Susan dio vida a la teoría plasmada en su libro. Sus cuentos están escritos con tanta belleza, con tanta creatividad que llegan al alma. El segundo día del taller muchos asistentes compartieron sus cuentos escritos especialmente para atender su situación específica; fue maravilloso y sorprendió gratamente a los propios escritores, puesto que nunca habían pensado que serían capaces de hacerlo. Durante el taller, Susan nos transmitió su entusiasmo al compartir los maravillosos resultados que se pueden obtener a través de los cuentos sanadores y creativos, y nos ayudó a ¡creer en nuestra propia capacidad para crear cuentos! Si utilizamos este libro como un manual al que poder recurrir siempre que lo necesitemos, ¡la vida con nuestros niños será más interesante y divertida!
Scarlet Cheng.
Maestra/madre. Beijing, China.
¡Los dos talleres del fin de semana pasado fueron fantásticos! Muchas gracias por un fin de semana maravilloso, divertido, interesante, intelectualmente provocador e inspirador. Si tuvo tanto éxito, fue porque eras tú quien estabas al frente, por quien eres y por tu manera de ser: abierta, sin juicios y centrada; y, por supuesto, por los cuentos que nos narraste, ¡tan interesantes, maravillosos! Me encanta lo que estás haciendo con estos cuentos; son una enriquecedora herramienta para llegar al alma de los niños. ¡Qué bendición! Me encantaría poseer tu fluidez para crear historias; aun así, me siento inspirada para llevarlo a la práctica.
Monique Rutherford.
Psicoterapeuta infantil y asesora familiar. Noosa, Queensland, Australia.
El taller de cuentos sanadores fue inspirador. Con una amplia gama de posibilidades y ¡tan útil! ¡Este curso puede realmente marcar la diferencia para la vida de muchos niños! Susan es una maestra excelente… clara, imaginativa, motivadora.
Ursula Godber.
Maestra de educación primaria. Irlanda.
Tan solo un mensaje rápido para hacerte saber cuánto disfruté de tu curso sobre contar cuentos para niños que se celebró aquí, en Coffs Harbour (Australia). Era el único padre entre los asistentes, lo cual fue una lástima, porque como padre y cuentacuentos me beneficié enormemente de tus considerados puntos de vista, consejos y sabiduría. Gracias por dedicar tiempo a ayudarnos a ser mejores padres.
Anthony Cougle.
Padre. Moonee Beach, Australia.
Aunque a menudo me invento pequeños cuentos y rimas para mis hijos, siempre me he bloqueado cuando he querido inventar un cuento para un determinado comportamiento o situación desafiante relacionado con mi hijo. Tu técnica, con su sencillez, ha eliminado ese “bloqueo” y ha llenado de vida y magia el momento de escribir un cuento sanador. Estoy deseando hacer mi viaje por el mundo de los cuentos terapéuticos. Gracias una vez más por tu regalo “sanador”.
Shalini Christodoulou.
Maestro/padre. Singapur.
Quisiera expresarte mi profundo agradecimiento por compartir tu don y tus experiencias; asimismo, te agradezco el método tan completo que nos has enseñado para facilitarnos la tarea de encontrar el cuentacuentos que todos llevamos dentro y de apoyarnos unos a otros. Esta mañana me siento como una ciruela jugosa —viva, inspirada y positiva— y también como si estuviera en un fuerte y fértil ciruelo jugoso compartiendo el viaje de la vida con otras muchas ciruelas. A través de tus cuentos siento la unicidad de la conciencia universal como no la había sentido antes: ¡los símbolos y las metáforas con las que estamos todos conectados son tan fuertes y atemporales! Bendiciones y gracias.
Monique.
Trabajadora social. Melbourne, Australia.
Recientemente tuve la fortuna de participar en uno de los talleres de cuentos sanadores de Susan Perrow que tuvo lugar en el colegio de nuestra ciudad. Susan tiene un talento especial tanto para crear cuentos como para ayudar a los demás a encontrar la voz de sus propios cuentos. ¡Es una cuentacuentos fabulosa! El día estuvo envuelto en “metáforas”. ¡Me sentí hechizada al instante! Susan compartió muchos de sus propios cuentos y éxitos personales, y también algo sobre sus viajes; estábamos fascinados.
Nos sumergió en un proceso y una estructura del cuento que nos ayudó a escribir cuentos sanadores y convertirnos en cuentacuentos. A mucha gente del grupo esta idea les pareció nueva y fue un placer ver cómo se marchaban con un impulso extra de confianza y caminando con brío al ponerse el sombrero invisible del cuentacuentos. ¡Yo solo sé que a mi sombrero lo han abrillantado bien!
Amber Greene.
Educadora, escritora y madre. Nueva Gales del Sur, Australia.
EL ÁNGEL DE LA PALABRA
Un poema sobre África escrito por la doctora Claire Inala (doctora y dramaturga de Kenia; autora de Healing with Words and Hands [Sanar con las palabras y las manos]) después de asistir a un taller de cuentos sanadores.
mi amiga teje cuentos con paciencia
arropados bajo su don especial y mágico
sanadora de tesoros bendecidos
con sus palabras compone desavenencias
entre el corazón, la cabeza y el alma
que nuestro interior dividen
a sueños sagrados persuade para que salgan
(y sin que tú lo percibas, ella se lo permite)
y el lenguaje no es barrera
para su hechizo mágico enriquecedor
si escuchas y atención le prestas
de la antigua sabiduría serás merecedor
recoge la esperanza y la envuelve
con lazos de hebras coloridas
las historias entretejidas
al desamparado el ánimo devuelve
no existe salvadora más delicada
para aliviar el dolor de la vida
nuestro gran tesoro merece nuestras alabanzas
nuestra querida madre, hija, esposa y amiga.
Prólogo
El siglo XXI se revela como una época de grandes retos, pero estos desafíos vienen acompañados igualmente de mucha incertidumbre. ¿Qué podemos ofrecer, por lo tanto, a nuestros hijos y a los jóvenes para prepararlos ante un futuro tan incierto?
Actualmente es tan difícil seguir el ritmo con el que se van sucediendo los cambios que es normal que, al final, nos sintamos como si viviéramos en una “olla exprés”. Desde la era de la Revolución Industrial, la economía ha controlado nuestro concepto del tiempo —regido antiguamente por los ciclos naturales—, como se aprecia en expresiones como “el tiempo es oro” o “comprar el tiempo”.
En esta época postmoderna, la adicción a la velocidad se ve reflejada en la comida basura, internet que viaja a la velocidad de la luz, los mensajes de texto instantáneos, las técnicas de lectura rápida —conocida también como speed-reading— y la cultura de “Conozca los tres pasos para alcanzar la iluminación espiritual”. Para poder enfrentarnos al mundo donde vivimos, tenemos a nuestro alcance medicamentos que nos ayudan a mantener ese ritmo frenético, por un lado, y, por otro, los que nos sirven para recuperar la calma. Además, como psicóloga, educadora y futuróloga, soy bastante consciente de esa tendencia del corto plazo que está invadiendo nuestra cultura. Cuando observo cómo se apresuran los padres a llevar a sus hijos de una actividad extraescolar a la siguiente, sin un segundo que perder, para poder garantizar así que sigan siendo “competitivos”, no dejo de preguntarme: “En realidad, ¿cuánto tiempo de calidad pasan juntos?”. Es preocupante constatar la cantidad de padres que hoy en día afirman que “no tienen tiempo para contar cuentos a sus hijos”. Asimismo, parece ser que los adinerados se han suscrito al mito de la publicidad que anuncia que pueden comprar la felicidad de sus descendientes con el ordenador y el móvil de última generación, y que las imágenes de la pantalla, compuestas previamente, pueden sustituir la imaginación e incluso la respuesta creativa que el niño puede ofrecer al mundo.
Sin embargo, lo que los niños necesitan verdaderamente es que sus padres los sienten en su regazo o a sus pies y les cuenten cuentos. Susan Perrow es consciente de esto y, por esa misma razón, nos desafía en su libro a que nos demos cuenta nosotros mismos.
Los niños nacidos en los últimos diez o quince años en los países más prósperos no han conocido el mundo sin las tecnologías de la comunicación. Incluso en África la televisión ha desplazado a las abuelas que, consecuentemente, han perdido su papel de cuentacuentos, según ha podido observar Susan durante su trabajo de investigación.
Por otra parte, cada vez se hallan más pruebas que demuestran que los niños que están muy expuestos no solo al uso del ordenador, sino también a otras formas de comunicación a través de la pantalla, se desconectan más rápidamente de todo lo que les rodea. Paradójicamente, toda esta “conectividad” dificulta la interacción real con su entorno humano y natural. Se ha podido comprobar que ha ido en aumento el número de niños de educación infantil que tardan más en empezar a hablar; es muy probable que esto se deba a que el contacto directo con las personas —con sus caras, con su voz— ha disminuido considerablemente: una bomba de relojería educativa que puede que explote dentro de diez años.
Hace décadas el filósofo Marshall MacLuhan opinaba que cada avance tecnológico entorpecía una antigua capacidad humana. Así, por ejemplo, el uso creciente del correo electrónico y los mensajes de texto a través del teléfono móvil por parte de los jóvenes trunca dramáticamente la riqueza existente en las amistades que interactúan cara a cara. Por el contrario, cuando un cuentacuentos se sienta a narrar sus cuentos a los niños, les está ofreciendo, al mismo tiempo, los ricos matices de la voz, la entonación, el contacto visual, los gestos, las expresiones faciales, el lenguaje corporal, la respuesta emocional y el calor del alma.
Elise Boulding, futuróloga e investigadora para la paz, ha sugerido que mientras más claridad haya en nuestra visualización sobre el futuro deseado, más probabilidades tendremos de actuar para crearlo. Opina, además, que mientras más se estimule la imaginación de los niños a través de los cuentos y el arte, más posibilidades tendrán de poder desarrollar la capacidad para imaginar qué quieren para sí mismos y el mundo y, por lo tanto, actuar con creatividad para conseguirlo.
Hoy en día existe una gran necesidad de nuevos puntos de vista a todos los niveles —global, regional y local—. Mucha gente considera que los conflictos actuales en el mundo, en el ámbito medioambiental, psicosocial y político, son una prueba del declive de la cultura y, en consecuencia, de la pérdida de la seguridad y el bienestar. Otros, como yo misma, también percibimos señales de un gran avance luminoso.
El segundo libro de Susan Perrow, 101 cuentos sanadores. Más cuentos para ayudar a padres y educadores a gestionar situaciones difíciles y comportamientos desafiantes, es una de esas señales de progreso que nos transmiten la esperanza de que, en realidad, podemos transformar algunos de los problemas que nosotros mismos nos hemos creado. Debido al estilo fragmentado y excesivamente abstracto de la educación que hemos recibido la mayoría de nosotros, lo que “conocemos” está a menudo desconectado de nuestros corazones, anulando nuestro coraje y, por lo tanto, nuestra habilidad para realizar cambios creativos. Susan nos muestra cómo los cuentos pueden solucionar esa carencia gracias a su poder de reconectar lo que nuestra mente sabe con lo que siente nuestro corazón; los cuentos pueden inspirarnos, alentarnos y empoderarnos para emprender aquellas acciones que harán de este mundo un lugar mejor para las generaciones futuras.
Los cuentos pueden ayudar a los niños a abrirse y a conectarse con su corazón; esto implica, en sí mismo, una sanación. Al abordar las dificultades por las que atraviesan mediante un contenido real y verdadero, los cuentos terapéuticos de Susan van incluso más allá: este libro cambiará la vida de los niños y, al mismo tiempo, inspirará a los adultos a crear y contar más cuentos sanadores.
Jennifer M. Gidley, doctora universitaria, miembro de investigación de la Universidad RMIT de Melbourne, Australia, y Presidenta de la Federación Mundial para Estudios sobre el Futuro
Introducción
Los cuentos conocen el camino
HACE MUCHOS AÑOS UN CUENTACUENTOS INDIO-AMERICANO, “PLUMA DE ÁGUILA QUE FLOTA”, ESTUVO DE VISITA EN LA COSTA ORIENTAL DE AUSTRALIA Y TUVE EL PRIVILEGIO DE ASISTIR A SU SESIÓN DE CUENTOS. ACOGIÓ A LA AUDIENCIA DICIENDO A MODO DE BIENVENIDA: “ALGUNAS PERSONAS PIENSAN QUE EL MUNDO ESTÁ HECHO DE ÁTOMOS […], YO CREO QUE ESTÁ HECHO DE HISTORIAS”.
Esta afirmación aún me conduce a la reflexión, puesto que se convirtió en uno de los diferentes procesos de catálisis que contribuyeron a cambiar el rumbo de mi vida hacia la búsqueda del cuentacuentos. Esta búsqueda, este camino, esta pasión que siento por contar cuentos, ha serpenteado por muchos niveles e historias —personales, familiares, comunitarias, las que yo misma he escrito, junto con las de muchas culturas, pasadas, presentes y futuras—. Ni siquiera soy capaz de preguntarme a dónde me conduce ni dónde terminará; es como el manantial de los cuentos del mundo, infinito. Solo sé que mi mayor satisfacción, y también la más profunda, se produce cuando puedo conectar con los demás a través de las historias.
En mi primer libro de cuentos terapéuticos (Cuentos sanadores. Una ayuda para padres y educadores para gestionar situaciones difíciles y desafiantes), compartí esta pasión a raíz de mis experiencias como maestra y madre; además, ofrecí una estructura que sirviera para escribir cuentos sanadores, junto con una colección de ochenta cuentos que fueran de utilidad ante comportamientos y situaciones desafiantes. El libro se ha abierto camino en diferentes partes del mundo y ha sido traducido a varios idiomas; en realidad, me ha abierto nuevas puertas de trabajo y me ha llevado a impartir talleres en multitud de países y continentes diferentes, desde China, en Asia, hasta África, desde Europa hasta América e incluso hasta mi tierra quemada por el sol, Australia.
Este segundo libro, 101 cuentos sanadores. Más cuentos para ayudar a padres y educadores a gestionar situaciones difíciles y comportamientos desafiantes, contiene algunas ideas para cuentos específicos que se han ido planteando en esos talleres (algunos de los cuales he terminado de desarrollar y completar yo misma), además de los cuentos escritos por algunos de los asistentes (maestros, terapeutas y padres del mundo entero) y otros que pertenecen a mi propia colección.
El objetivo de este libro es doble: ayudarte en el proceso de crear tus propios cuentos sanadores y compartir contigo muchos ejemplos de cuentos que tienen el potencial de resolver situaciones desafiantes y que, en líneas generales, alimentan y forjan el carácter. La primera parte, “¿Qué significa escribir cuentos sanadores?”, proporciona ideas y pautas para motivarte a crear tus propios cuentos y solucionar ciertos comportamientos desafiantes; te ofrece, por lo tanto, una estructura compuesta de “metáfora, desarrollo o viaje y resolución” y nuevas ideas para escribir cuentos terapéuticos: ¡un trabajo práctico! En cuanto a la segunda parte, ofrece ejemplos del fruto de ese trabajo: 101 cuentos sanadores para transformar una amplia gama de conductas y situaciones desafiantes en los niños.
CATEGORÍAS DE LOS CUENTOS SANADORES
Los 101 cuentos están divididos en diferentes categorías, según el tipo de comportamiento, a fin de facilitar su consulta: puedes trabajar con ellos directamente, adaptarlos o utilizarlos como modelos a la hora de crear tus propios cuentos. Cada cuento viene precedido de una pequeña introducción en la que se incluye la edad recomendada y algunas sugerencias para su utilización. Al igual que en mi primera colección de cuentos, estas categorías abarcan muchos de los tipos de conductas desafiantes más frecuentes: desde el enfado y la agresión, pasando por la falta de honradez, la obstinación y la timidez, hasta la intimidación. Asimismo, se han incluido otras categorías a partir de los temas nuevos que se han trabajado en los talleres celebrados en diferentes partes del mundo: la ansiedad y la inseguridad; las manías; la intolerancia; la falta de confianza y la resiliencia; el uso inadecuado de las palabrotas y los sinsentidos, así como los problemas relacionados con ir al baño y la incontinencia nocturna.
CUENTOS SANADORES, NO MORALIZANTES
Al enfrentarnos con lo que consideramos un “comportamiento desafiante”, es vital utilizar la imaginación para poder entrar en las propias experiencias del niño, en lugar de imponer un código moral a través de “cuentos con moraleja”, es decir, aquellos donde se trabaja el miedo a las consecuencias. El enfoque sanador le ofrece al niño el impulso para cambiar el comportamiento desde su propio interior, ya que adopta como suyas las imágenes metafóricas e imaginativas que se desarrollan en el cuento; por lo tanto, este enfoque es más duradero y efectivo que el simple hecho de imponer el conformismo ante las “normas” externas. En realidad, los cuentos sanadores se encuentran en el extremo opuesto de la escala en lo que se refiere a la imposición de reglas, puesto que son dulces cuentos infantiles que respetan la propia experiencia del niño y afirman su deseo y capacidad de crecer de todas las maneras ocultas y sorprendentes posibles.
Es imposible elaborar una lista de cuentos que se adapte a cada situación y, aunque 101 cuentos puedan parecer una colección bastante amplia, solo estamos ante la “punta del iceberg” de los cuentos sanadores. El comportamiento tiene que ver con las relaciones y el contexto, de modo que solo en raras ocasiones puede tratarse de manera aislada. Cada niño existe y se desarrolla en una intrincada red de relaciones y entornos (la familia, el colegio, la comunidad y el mundo), mientras que tú, estimado lector, eres quien está en contacto directo con las relaciones, contextos y características individuales de los niños a los que cuidas, aconsejas y enseñas; por lo tanto, tú eres el más indicado para crear cuentos que aborden sus necesidades específicas e individuales. De este modo, en la primera parte del libro, “¿Qué significa escribir cuentos sanadores?”, pretendo motivarte para que te conviertas en un creador de cuentos. El acto imaginativo de crear un cuento para un niño o un grupo en particular se comunica sutilmente con esos niños en algún nivel, de modo que se sentirán arropados por tu cariño y esfuerzo.
Al escribir tus propios cuentos, recuerda que un punto de partida positivo es tener la esperanza de que tu cuento sanador pueda simplemente ayudar en una situación determinada. ¡Qué logro si lo consigues! Según mi experiencia, he aprendido que al escribir cuentos terapéuticos deberíamos trabajar siempre bajo esa intención de “ayudar”, con la bendición esporádica de que el cuento realmente consiga “sanar”. A pesar de que este libro trata de cuentos “sanadores”, creo que es importante que mantengas esta intención de “ayudar” junto a tu corazón de escritor y evites crearte expectativas o insistir más de la cuenta. Es improbable que haya un remedio instantáneo para los problemas de conducta, pero contar cuentos es, indudablemente, uno de los muchos enfoques y estrategias posibles a nivel terapéutico.
No se puede considerar los cuentos como píldoras mágicas que curan o arreglan todos los problemas. Enfrentarse a conciencia a estas dificultades requiere un estudio del complejo “tapiz” de la disciplina: los cuentos tienen el potencial de ser hilos llenos de luz en este tapiz, pero sus hilos entrelazados son los puntos de apoyo conscientes y consistentes que velan por los niños.
EDADES RECOMENDADAS PARA ESTOS CUENTOS
Buena parte de los 101 cuentos son adecuados para niños de tres a diez años, pero debo insistir en que no se deben encasillar en una edad concreta. En ocasiones, un cuento escrito para un niño puede tener un efecto de transformación en un adulto; de hecho, en algunos de mis talleres ha habido participantes que han tenido la necesidad urgente de escribir un cuento para resolver su propia situación como adulto, sea del presente o del pasado. En el libro comparto varios ejemplos de este tipo y también he incluido ideas para utilizar cuentos terapéuticos dirigidos a jóvenes y adultos. En realidad, la estructura y técnicas que propongo pueden utilizarse para escribir cuentos dirigidos a todas las edades.
CUENTOS PARA SITUACIONES GLOBALES Y DE COMUNIDAD
Además de los cuentos para comportamientos desafiantes en casa y en el colegio, en este libro, 101 cuentos sanadores. Hay cuentos para ayudar a padres y educadores a gestionar situaciones difíciles y comportamientos desafiantes, también se han incluido ejemplos relacionados con los desafíos globales, nacionales y de la propia comunidad.
Debido a mi trabajo inmerso en la creación de cuentos terapéuticos, he visitado muchos países a lo largo de estos años y, a medida que viajo, me voy encontrando cada vez con más peticiones de cuentos sanadores orientados específicamente a la “crisis global” que estamos viviendo. Mi primera reacción a esta solicitud fue: “¿Cómo puede ayudar un cuento en esta situación? ¡Las crisis mundiales son demasiado grandes para un cuento!”. Sin embargo, en el año 2011, después de estar oyendo hablar durante dos semanas sobre el terrible terremoto en Nueva Zelanda, al que le siguió el tsunami en Japón, ¡me sentí motivada a darle una oportunidad al cuento! En aquel entonces estaba de viaje por China, sin mi fiel portátil, así que abrí un cuaderno de los de verdad, cogí un bolígrafo real y empecé a escribir siguiendo mi propia estructura de “metáfora, desarrollo y resolución”. Una vez que tuve clara la resolución (“¡Fortaleza en el cariño, fortaleza en la unidad!”), las metáforas se colocaron en su sitio y nació “El Gigante de la sombra” (página 102).
Entre algunos de los cuentos para situaciones nacionales he incluido: “Los caballos arcoíris” (página 209), un cuento contra la discriminación y escrito para los niños de la nueva Sudáfrica; y “La rosa y la espina” (página 104), un cuento para los niños de Noruega.
Un ejemplo de cuentos relacionados con la comunidad se encuentra en “El río resplandeciente” (página 107), que escribí después de la devastación causada por las inundaciones del río Brisbane, en Australia, para así darles a los niños de esta ciudad el sentimiento de esperanza al ayudarles a comprender los ciclos naturales de destrucción y recuperación. “Las hormigas y la tormenta” (página 105) es un cuento que surgió después de un terremoto y se escribió para los niños de la ciudad de Chengdú, en China. En “La Guardiana del Lago” (página 281), mi intención fue animar a la comunidad de Byron Bay (Australia) a que se implicara en la protección del yacimiento aborigen sagrado situado cerca del pueblo.
Parece ser que no hay límites sobre dónde y cómo puede ayudar un cuento: en cualquier lugar y en todo el mundo, porque ¡los cuentos conocen el camino!
LOS CUENTOS CONOCEN EL CAMINO
En marzo de 2011 visité China para impartir mis talleres y reunirme con el editor encargado de la edición y la traducción al chino de mi primer libro. En esta versión se modificó el título, cuyo equivalente al español sería: “Los cuentos conocen el camino”. Me sentí muy feliz, porque capta verdaderamente la esencia de mi trabajo de creación de cuentos terapéuticos.
Mientras estaba en Beijing, tuve el privilegio de conocer a un maestro del Tao, así como a varios de sus estudiantes, que me mostraron una conciencia de la vida y de la comprensión fuertemente relacionada con el trabajo imaginativo de los cuentos. El camino del Tao crea las condiciones que favorecen el “dejar que las cosas sucedan” (de manera natural), mientras que muchos occidentales intentan crear las condiciones que “hacen que las cosas sucedan”. Este camino del Tao muestra una visión interior profunda sobre una forma determinada de ser: humilde, natural y simple.
La intuición del Tao que habla del “camino natural” y la “sencillez natural” es una base sana para escribir cuentos para niños. El Tao parece ir más allá de las palabras; de hecho, me han dicho que para conocerlo se debe experimentar personalmente. Sin embargo, en un intento de captarlo a través de las palabras, me parece que la mejor descripción es que combina tanto el sentimiento como el pensamiento; lo cual resuena fuertemente con mi experiencia personal como escritora de cuentos, puesto que utilizo mis pensamientos de tal manera que me ayuden a “sentir” un buen cuento más que a organizarlo intelectualmente. Este proceso intuitivo es generalmente imposible de describir; yo solo he podido sugerir (a los entusiasmados estudiantes de narración de cuentos) que solo se comprende cuando se experimenta.
Caminar o estar en medio de la naturaleza es normalmente la mejor manera que tengo para poder “sentir” o “escuchar” un nuevo cuento. La Madre Naturaleza sirve de gran ayuda en estos casos, pues ofrece un camino natural hacia la elaboración de cuentos. Los bosquimanos de África (mi otro hogar, además de Australia) también conectan los cuentos con la naturaleza y los sentimientos; definen el cuento “… como el viento: viene de un lugar muy lejano y lo sentimos”1.
En el libro Storytelling: Process and Practice (Contar cuentos: el proceso y la práctica), Livo y Rietz definen el cuento como “un orden antiguo, quizás natural, de la mente”2; descripción que está directamente relacionada con la comprensión del “camino natural” del Tao. Ciertamente, ofrece la visión sobre la importancia de los cuentos en nuestro mundo y de que nuestros niños los escuchen –¡en el pasado, en el presente y en el futuro!–.
Los cuentos conocen el camino, lo sienten, pueden encontrarlo. Los cuentos pueden abrirse camino hacia tu alma, del mismo modo que el agua encuentra la forma de salir a través de la grieta del muro cuando tiene la oportunidad. Al igual que el agua, los cuentos rejuvenecen y son vitales para un crecimiento y un desarrollo saludables.
El conjunto de muchos cuentos se convierte en un “pozo” para que los viajeros de la vida se sumerjan y puedan continuar su viaje tras revitalizarse y refrescarse…
… viajeros de Australia…
… viajeros de África…
… viajeros de China…
… viajeros del este y viajeros del oeste…
… viajeros del norte y viajeros del sur…
Espero que los viajeros que lean este libro se revitalicen y se refresquen cuando se sumerjan en el pozo de los cuentos; donde estos les salgan al encuentro como una fuente viva, creativa, jamás inmóvil, sino fluyendo continuamente. Asimismo, espero que les anime a crear sus propios “cuentos”, esos “cuentos que conocen el camino”.
Susan Perrow www.susanperrow.com
I
Modelo y estructura en la creación de cuentos
MI OBJETIVO AL ESCRIBIR ESTA PRIMERA PARTE DEL LIBRO ES COMPARTIR EL MODELO Y ESTRUCTURA QUE YO MISMA HE UTILIZADO PARA CREAR CUENTOS SANADORES PARA LOS NIÑOS Y QUE NO SOLO ME HAN SERVIDO A MÍ, SINO TAMBIÉN A MUCHOS DE LOS ASISTENTES DE MIS TALLERES. ES CIERTO QUE EN MI LIBRO ANTERIOR ESBOCÉ ESTE TEMA EN TÉRMINOS GENERALES; SIN EMBARGO, HE PREFERIDO VOLVER A PLANTEARLO PARA PODER AÑADIR OBSERVACIONES Y EXPERIENCIAS ACTUALIZADAS, BASADAS EN EL TRABAJO QUE HE VENIDO REALIZANDO EN LOS ÚLTIMOS CINCO AÑOS.
Mi intención es proporcionar una guía para escribir cuentos, no una “fórmula infalible”, puesto que los cuentos tienen vida propia y no les gusta que los encasillen ni los clasifiquen. ¡Cuántas veces me he sorprendido a mí misma, tanto en mi propia creación de cuentos como cuando estoy impartiendo mis talleres, estableciendo una fórmula o una norma para romperla después!
En el caso de que hubiera una guía fija, sería aquella que alentara a “intuir y jugar”. Esto significa liberarse y jugar, lo cual a nuestra conciencia de adultos, a menudo demasiado crítica, le resulta muy duro. El creador de cuentos necesita un espíritu de apertura, confianza y quietud mental; ser capaz de “permitir que las cosas sucedan” (de manera natural), en lugar de intentar “provocar que las cosas sucedan” a la fuerza. Como creadora de cuentos, intento “sentir” un buen cuento, en vez de organizarlo desde el intelecto.
Aunque es muy difícil describir un proceso tan intuitivo —tan difícil quizás como describir el agua—, este primer capítulo es un humilde intento de liberar este proceso de cualquier rigidez y envolverlo en una especie de flexibilidad o “soltura” que tú, querido lector, puedas experimentar.
El segundo capítulo de esta primera parte, “Que brote la savia de los cuentos”, proporciona algunas ideas y ejercicios que permitirán que descubras tu creatividad y veas el enfoque divertido en la creación de cuentos.
Los dos capítulos de esta primera parte están basados fundamentalmente en mi libro anterior (Cuentos sanadores. Una ayuda…), pero hay detalles que no he considerado necesario volver a repetir, como los que se encuentran en los capítulos “Los ‘cuentos’ y el ‘comportamiento”, “Cuentos diferentes para edades diferentes”, “Verdad y moralidad” e incluso los cinco capítulos que conforman la quinta parte del libro, “El arte de contar cuentos”; en todo caso, te recomiendo que utilices mi primer libro conjuntamente con 101 cuentos sanadores. Más cuentos para ayudar a padres y educadores a gestionar situaciones difíciles y comportamientos desafiantes, puesto que ambos se complementan.
¿QUÉ ES UN CUENTO SANADOR?
Todos los cuentos son, en potencia, sanadores o terapéuticos. Cuando un cuento hace reír o llorar —o las dos cosas—, la risa y las lágrimas pueden ser sanadoras. En los cuentos populares y los cuentos de hadas, a través de sus temas y resoluciones, se encuentra esa posibilidad de sanación: pueden ofrecer la esperanza y el valor necesarios para enfrentarse a las vicisitudes de la vida, afirmando así nuestra capacidad para cambiar y avanzar.
El ecologista de fama mundial David Suzuki opina que los cuentos pueden ayudar a “sanar” nuestro planeta al crear una conexión espiritual con el lugar. Si, por ejemplo, un simple cuento ambientado en la naturaleza es capaz de conectar a los niños con la playa, el río o el bosque de su entorno, es posible que, a medida que se vayan haciendo mayores, estos niños se conciencien de la necesidad de protegerlos y cuidarlos. Los cuentos pueden contribuir, por lo tanto, a que desarrollemos y fortalezcamos nuestra relación holística con el medioambiente.
La propia experiencia de escuchar un cuento, independientemente del contenido, puede ser “sanadora”. Si a los niños les ofrecemos regularmente una sesión de cuentos, podrán desarrollar y fortalecer la concentración y activar la imaginación. Hoy en día estos efectos son un bálsamo sanador especialmente beneficioso, ya que los niños pasan muchas horas en estado pasivo viendo la televisión y películas en DVD. Mientras que dichos medios tecnológicos presentan una imagen fija, creada de antemano, que el espectador debe aceptar sin recurrir a sus propias capacidades creativas, un cuento, por el contrario, requiere y estimula la creación imaginativa de imágenes internas.
Además del potencial sanador que generalmente poseen los cuentos, ante situaciones concretas, un determinado cuento puede ayudar o incluso sanar el comportamiento derivado de ellas. Atendiendo a la finalidad de este libro, he denominado a estos cuentos “sanadores” o “terapéuticos”, entendiendo ambos términos como sinónimos.
Si consideramos que sanar significa “devolver la salud, recuperar el equilibrio, volver a recuperar completamente el estado saludable”, los cuentos sanadores podrían describirse como “aquellos cuentos que devuelven el equilibrio y la integridad a un comportamiento o situación en desequilibrio”.
A decir verdad, contar cuentos terapéuticos es una manera delicada, fácil y a menudo muy efectiva de abordar temas controvertidos con los niños, porque la estructura del cuento ofrece un medio sanador que permite que los niños se embarquen en un viaje imaginativo, en lugar de aleccionarlos o hacer comentarios directos sobre su comportamiento. Al identificarse con el protagonista o los protagonistas, el niño se empodera, puesto que se superan los obstáculos y se alcanza una resolución.
Los cuentos se podrían comparar con los remedios naturales u homeopáticos, dado que, al igual que la medicina natural, se valen de las fuerzas y capacidades latentes en el niño para restablecer el equilibrio. Con todo, aceptar esta fórmula de contar cuentos se asemeja, en ocasiones, a la lucha que surge ante la aceptación de las terapias alternativas: el sentido común nos dice que deberíamos recibirlas con los brazos abiertos, pero el mundo de la publicidad y el de la ciencia se oponen radicalmente. Asimismo, a quienes poseen una mentalidad más materialista les cuesta más aceptar que es mejor tratar un problema convocando las fuerzas imponderables y ocultas de la imaginación que abordándolo directamente.
Afortunadamente ya se están produciendo ciertos cambios, aunque lentamente. Desde tiempos inmemoriales se han utilizado los cuentos como una herramienta poderosa para educar y “sanar”; hoy en día, ha surgido la emocionante tendencia de volver a despertar este arte antiguo. Existe un pequeño grupo, que poco a poco va en aumento, de pensadores, investigadores, profesores y maestros —vinculados al mundo de la educación— que otorgan el debido reconocimiento a todas estas formas expresivas e imaginativas de pensar y aprender, y que están contribuyendo, por lo tanto, a que renazca el arte de contar cuentos y se utilice como herramienta terapéutica.
Mantengo la esperanza y el sueño de que una vez más volvamos a contar con maestros, profesores y familias que utilicen el poder de los cuentos y de la imaginación en su función de educadores y guías de los niños de su comunidad; que apoyen las capacidades de los niños con el método ante el cual responden mejor y que, además, les encanta: la imaginación. Después de todo, son estas capacidades las que unen a comunidades enteras y hacen posible que las relaciones humanas valgan la pena, pues nos permiten tantear las experiencias de los demás.
TEJIENDO LA ESTRUCTURA DEL CUENTO
El modelo que utilizo para escribir los cuentos terapéuticos (sanadores) tiene una estructura dividida en tres partes: la “metáfora”, el “viaje” o “desarrollo” y la “resolución”. Aunque por lo general estas partes se entrelazan para poder dar forma a todo el cuento, es de gran ayuda identificarlas y debatir cada una de ellas por separado.
A pesar de que en este libro describo este marco de referencia para escribir cuentos, se trata tan solo de una sugerencia; de hecho, algunos de los cuentos incluidos en este libro no se han escrito en base a este enfoque (ni a ningún otro), sino que se han guiado por la propia intuición. Te ruego, por lo tanto, que no lo adoptes como la única manera de escribir cuentos, sino simplemente como un punto de partida. Podría servirte, además, para “deconstruir” otros cuentos que, posteriormente, podrías transformar en otras historias diferentes. Te animo a realizar este ejercicio de “deconstrucción” con algunos de tus cuentos populares o cuentos de hadas favoritos; es muy posible que te aporte mayor claridad para comprender su construcción y composición internas.
En primer lugar, debes tener claro qué intentas conseguir al escribir un cuento sanador. Un cuento cuyo propósito sea sanar un comportamiento desafiante no implica transformar el “mal” comportamiento en uno “bueno” ni convertir a los niños “traviesos” en “niños buenos”; al contrario, se trata de intentar restablecer la integridad o el equilibrio en la propia experiencia del niño. Asimismo, es importante entender que la conducta del niño, al igual que la de todos los seres humanos, está vinculada con el contexto y con las relaciones; raras son las ocasiones en las que es posible abordar un comportamiento concreto de manera aislada (véase Cuentos sanadores. Una ayuda…, en particular el capítulo que profundiza sobre “Los ‘cuentos’ y el ‘comportamiento”). No obstante, cuando se quiere abordar y tratar de hallar soluciones para el comportamiento desafiante de los niños, contar cuentos es solo uno de los muchos enfoques y estrategias posibles, una hebra de todo el tejido.
Cuando se escribe un cuento sanador, es muy útil seleccionar con esmero las metáforas terapéuticas y preparar un viaje o búsqueda que responda a las necesidades de la situación que deseemos tratar y también se adapte a la edad del niño o de los niños en cuestión. El objetivo del cuento no puede estar enfocado, bajo ningún concepto, ni a moralizar ni a provocar el sentimiento de culpa; ¡es importante recordarlo siempre! El objetivo debe centrarse en reflejar simplemente los hechos, lo que está sucediendo, y ofrecer, a través de las “metáforas” y el “viaje” o “desarrollo”, la manera de trabajar y cambiar poco a poco ese comportamiento, al mismo tiempo que se proporciona una resolución realista. Si se fuerza este proceso orientándolo a conseguir un propósito, el cuento no solo resulta demasiado intelectual, sino menos efectivo. Es preciso considerar que, a menudo, el comportamiento reside en lo profundo de nosotros en forma de un hábito, de modo que solo se puede cambiar cuando se permite que la nueva percepción y las imágenes creativas se sumerjan en las profundidades de la voluntad y allí, ocultas y en silencio, realicen sus efectos misteriosos transformadores.
Un cuento sanador debería, en la medida de lo posible, dejar que el oyente sea libre de sacar sus propias conclusiones, que el “poder del cuento” pueda ejercer así su propia magia. Como sugiere el escritor Ben Okri, deja que el cuento haga su trabajo “en silencio, de forma no visible”:
Es fácil olvidar lo misteriosos y poderosos que son los cuentos. Hacen su trabajo en silencio, de forma no visible. Trabajan con todo el contenido de la mente y del yo. Se convierten en parte de uno mismo mientras nos cambian3.
RESOLUCIONES POSITIVAS
En los cuentos terapéuticos, la resolución se traduce en la recuperación de la armonía o equilibrio en una situación o comportamiento que ha sido disruptivo o ha perdido el equilibrio. Aunque la resolución se sitúa al final del cuento, en líneas generales, es mejor reflexionar al respecto desde que se inicia la planificación del cuento. Si la resolución no está clara, entonces será difícil saber cómo trabajar con las metáforas y el desarrollo; por esa razón tomé la decisión de comentar este aspecto de la estructura desde el principio.
Es importante que la resolución ofrezca una reafirmación, en vez de crear un sentimiento de culpa. En el cuento “La trompa del elefante” (página 97), por ejemplo, el comportamiento de golpear a los demás está en desequilibrio y es inaceptable para los hermanos y hermanas de Tembo, que intentan alejarse de él mientras va dando golpetazos y porrazos a lo largo del día. No se sienten seguros porque no pueden adivinar en ningún momento qué va a hacer exactamente con su fuerte trompa. Entonces, Tembo se cae por las rocas resbaladizas, pero ahora sus golpetazos y porrazos no pueden ayudarle, de modo que termina atascado en una poza al fondo de los acantilados, lejos de su familia. Con la ayuda de la abuela elefanta y la “cuerda” y que forman los elefantes con sus trompas y colas por fin rescatan a Tembo. A través de las metáforas de “obstáculo” y de “ayuda” (que se comentan en las páginas 38 y 39), el cuento ofrece un sencillo viaje transformador que se inicia cuando “se utiliza la fuerza para hacer daño” y termina “cuando se utiliza la fuerza para ayudar”. Al elefantito no se le hace sentir culpable por su comportamiento, sino que el desarrollo del cuento conduce, de forma natural, a una resolución positiva en la que se restablecen el equilibrio y la armonía. Por el contrario, en el cuento tan entretenido de Rudyard Kipling sobre el elefante y su trompa —incluido en su libro Precisamente así—, el equilibrio solo se recupera al final, cuando al elefantito —previamente el afectado— se le concede el poder de hacer daño a los demás; por lo tanto, no se le puede considerar un cuento sanador en el sentido literal y profundo de la palabra.
En el cuento “Pequeño Lobo” (página 196), no sirven de nada los esfuerzos de la madre para animar a su hijo a unirse al resto de la manada y aprender las costumbres del clan de los lobos. Sin embargo, es evidente que su falta de interés indica que hay un desequilibrio. ¿Puedes imaginarte un lobo sentado en la nieve, tapándose las orejas con las garras y con los ojos bien cerrados? Entoncers, al sufrir la vivencia de caer en la trampa del cazador (el viaje), la experiencia de desequilibrio es llevada al límite, pero se resuelve inmediatamente después, cuando rescatan al lobo y lo liberan para que pueda correr con el resto de la manada. ¡Qué alivio para Pequeño Lobo y también para el interesado oyente!
Según el tipo de comportamiento y de situación, se requieren diferentes planteamientos. En algunos casos son bastante directos; por ejemplo, si se escribe un cuento para un niño que está continuamente diciendo palabrotas o palabras “feas”, la resolución evidente será sustituir las palabrotas por un uso más constructivo de la voz; de este modo, en “Pitón canta y la osa danza” (página 253), la serpiente termina por utilizar su voz para cantar bellas canciones.
En el cuento “Los caballos arcoíris” se presenta un enfoque más complicado, puesto que está dirigido a los niños de la nueva Sudáfrica y trata el tema de la antidiscriminación (página 209). El cuento conduce al oyente atento a través de conflictos de intolerancia y orgullo; lentamente las minúsculas nubes grises creadas por esos conflictos cubren el cielo, empieza a llover y se inunda la tierra. La necesidad común de encontrar un refugio obliga a todos los caballos a reunirse en una gruta en lo alto de las montañas. Al final ceden sus coloridas crines de arcoíris para ayudar a tejer unas alas con el fin de que el caballo dorado pueda volar por el cielo y traer de vuelta la luz del sol. La resolución transformadora se produce cuando el comportamiento de intolerancia se convierte en una actitud de “aceptación” o tolerancia por decisión propia, no a través del castigo o la imposición.
Sin embargo, en un cuento escrito para un niño de padres separados, la resolución sería menos evidente; aquí se precisaría de una reflexión profunda, ya que el cuento no debería dar más esperanza de la que ofrece la vida real, es decir, ¡no se puede sugerir que los padres volverán a estar juntos otra vez! Tal vez sea necesario realizar algunas preguntas que ayuden a organizar la resolución: ¿siguen en contacto el padre y la madre?, ¿pasan tiempo con el niño?, ¿alguno de los dos ha desaparecido de la vida del niño? Podría ser también una oportunidad para que los propios padres capten un mensaje en el cuento y cambien su actitud; como, por ejemplo, aprender a ser coherentes y entender la importancia de priorizar las necesidades del niño. Quizás el cuento podría tratar de una madre y un padre peces que viven separados, cada uno en su laguna entre las rocas. El niño pez podría nadar de una laguna a la otra a través de un camino de algas y corales. ¿Las algas podrían susurrar una canción especial? El padre o la madre podría cantar esta canción cuando llevara al niño de una casa a la otra; de esta manera, se reduciría la ansiedad que surge a menudo en esos momentos de traspaso de responsabilidades. Se podría incluir en el cuento la metáfora de la luz intensa del sol que se filtra a través del agua e ilumina cada laguna en momentos diferentes. Si no es conveniente que las dos lagunas estén cerca (es posible que los padres estén distanciados, física o emocionalmente), podrían estar en los extremos opuestos de un ancho arrecife o podría haber entre ellos algún promontorio rocoso o una playa (¡o una gran extensión del océano!). Pensar y elaborar estos desarrollos y resoluciones diferentes puede ser un bálsamo reparador tanto para los padres, el terapeuta o el maestro como para el niño.
Cuando se escribe un cuento para un niño que tiene un amigo o un familiar con una enfermedad terminal (o que ya ha fallecido), sería totalmente inadecuado crear cuentos donde el enfermo se recupera y vive feliz para siempre. El creador de cuentos tiene una gran responsabilidad, ya que debe intentar crear una imagen más importante para llegar a una resolución que lleve al oyente a un lugar incluso más elevado o diferente del terrenal. Por otro lado, sería ideal que, cuando los padres escriban cuentos para sus propios hijos, lo hagan desde sus propias convicciones religiosas o filosóficas. Asimismo, los maestros o terapeutas deben tener en consideración las creencias de la familia a la hora de escribir un cuento. Véanse cuatro ejemplos en los siguientes cuentos: “La mariposa” (página 133), “El manto de luz del abuelo” (página 133), “La paloma arcoíris” (página 137) y “El cerezo y su amigo dorado” (página 132).
Independientemente de lo simple o complejo que sea el desarrollo del cuento, es fundamental que la resolución implique un final feliz y lleno de esperanza. En los cuentos terapéuticos, al igual que en los cuentos populares y los cuentos de hadas, subyace el tema profundo del bien que vence al mal, porque los niños del mundo entero necesitan escuchar este mensaje esperanzador; esto quiere decir, por lo tanto, que el género de cuentos “reales” con finales tristes debe introducirse gradualmente según la edad de los pequeños y fascinados oyentes. Los niños mayores —en el último curso de primaria o ya en secundaria—, que estudian la vida de los personajes célebres de la historia, pueden soportar los finales tristes o trágicos; están preparados para hacer frente a la cruda realidad de los primeros exploradores que sufrieron una muerte muy dura debido a la hambruna o a las historias de guerra llenas de desolación y desesperación. Sin embargo, en el momento de tomar decisiones, no olvides que los niños mayores, los jóvenes e incluso los adultos necesitan igualmente la satisfacción y el alimento de un “final feliz” de vez en cuando. ¡En el caso de las terapias, la mayoría de las veces es lo que realmente necesitan!
EJEMPLOS DE RESOLUCIÓN POSITIVAS
| CUENTOS | COMPORTAMIENTO/SITUACIÓN EN DESEQUILIBRIO | RESOLUCIÓN: RECUPERACIÓN DEL EQUILIBRIO |
| “El Gigante de la sombra” (página 102) | Predominan la avaricia y el poder. | “Fortaleza en el cariño, fortaleza en la unidad”. |
| “Las hormigas y la tormenta” (página 105) | Niños con ansiedad tras un terremoto que derrumbó el edificio de su jardín de infancia y algunas casas del lugar. | Tranquilizarlos con la garantía de que sus maestros y sus padres los protegerán. |
| “Los palillos de ritmo” (página 80) | Comportamiento ruidoso de manera continua. | Ruido bajo control; polaridad y ritmos sonoros. |
| “Tan perfecta no era la casa” (página 116) | Exceso de perfección; con ansiedad si las cosas no son perfectas. | Más relajado; comprende que las cosas no siempre pueden ser perfectas y no pasa nada. |
| “La familia wombat” (página 146) | Niño de tres años y medio que todavía quiere seguir tomando leche materna; madre agotada que no quiere seguir con esta situación; madre a la que también le gustaría que aumentara el vínculo del niño con su padre. | El niño pierde interés en mamar; se hace más independiente y disfruta con las nuevas aventuras que tiene con su papá. |
| “En el parque del océano” (página 151) | Juego patoso y caótico. | Más cuidadoso al jugar y, el juego en sí, más constructivo. |
| “Una familia de caracoles” (página 179) | Con ansiedad cada vez que tiene que cambiar de una casa a la otra. | Contento en los dos hogares; emocionado cada vez que le toca quedarse en la otra casa. |
| “Los gnomos y las coronas doradas” (página 219) | Miedoso, falta de confianza y resiliencia. | Fortaleza y valor. |
| “Pequeño Lobo” (página 196) | Siempre se queja, nada le hace feliz. | Se le despierta el interés y la motivación. |
| “El niño y la caracola color perla” (página 257) | Incapacidad para escuchar a los demás; no para de hablar. | Aprende a escuchar. |
| “Un robot muy tímido” (página 246) | Introvertido, falta de confianza al hablar. | Consigue seguridad al hablar. |
| “El pez cubierto de percebes” (página 264) | Se hace caca encima; no va al baño. | Lleno de confianza cuando va al baño; experimenta una nueva libertad. |
| “El camaleón inteligente” (página 120) | Se burlan de él continuamente; siempre es la víctima . | Supera la intimidación; consigue tener autoconfianza. |
| “El árbol de las reverencias” (página 149) | Avaricioso; no se preocupa por los demás. | La alegría de cuidar a los demás y de compartir. |
| “El caballo alado” (página 216) | Inseguro, sin motivación. | Gana confianza y motivación. |
| “Los caballos arcoíris” (página 209) | Intolerancia ante las diferencias. | Aceptación de las diferencias. |
| “La excavadora dice que no” (página 275) | Niño bloqueado; siempre dice “No”. | El niño “se desbloquea” y se vuelve más complaciente y colaborador. |
EL MISTERIO Y LA MAGIA DE LAS METÁFORAS
En términos sencillos, una metáfora nos muestra una cosa como si fuera otra y, al hacerlo, amplía nuestra visión del mundo, además de refrescar y reavivar, con frecuencia, nuestra percepción.
A través de las imágenes, la metáfora se dirige directamente a nuestras facultades imaginativas, eludiendo nuestro cerebro racional. Estos desvíos y caminos metafóricos nos permiten explorar las ideas, fuerzas y poderes que yacen detrás o más allá de nuestro pensamiento racional. Al superar las limitaciones de nuestros encasillamientos y de nuestro lenguaje rutinario, con su tosquedad y complicación, la metáfora ofrece, a través de un proceso misterioso y mágico, una forma de conocimiento “superior” o más holístico:
La metáfora se yuxtapone a los conceptos habituales para revelar conceptos más elevados y arquetípicos. Estos conceptos más elevados no se pueden traducir literalmente a la lengua cotidiana porque “carecen de nombre”; no existe ninguna palabra definible ligada a estos “seres del pensamiento” ni tampoco son accesibles al razonamiento abstracto y lógico. Son intuiciones poéticas que se encarnan en el pensamiento y el lenguaje a través de la hábil manipulación de los conceptos con los que estamos más familiarizados4.
La metáfora es muy diferente del símil. Mientras que el símil compara una cosa con otra y resalta su parecido utilizando la palabra “como” (“Tus ojos son como estrellas”), la metáfora logra su mágica transformación convirtiendo una cosa en otra diferente (“Tus ojos son estrellas”). En el símil, el proceso de comparación implica a nuestro cerebro más racional, a nuestros procesos de pensamiento, mientras que la metáfora alcanza las profundidades de nuestra imaginación psíquica y, expresado de manera sencilla, “nos llega al corazón”. De hecho, podemos observarlo en el desarrollo infantil; para un niño pequeño, que vive en su mundo imaginario, un objeto cualquiera como un palo se transforma en una espada, una serpiente, un puente, una varita mágica o casi en cualquier cosa (y a veces se transforma en todas estas cosas siguiendo la secuencia del juego). Por el contrario, cuando va creciendo y empieza a decir que una cosa es como otra cosa, significa que se ha separado de la inmediatez genuina de la unidad metafórica para adoptar un punto de vista más distanciado.
En El Principito el zorro nos enseña un sencillo secreto:
… He aquí mi secreto. Es muy sencillo. Consiste en que no se ve bien sino con el corazón, pues lo esencial es invisible a los ojos5.
La metáfora llega al corazón porque no se ve bien sino con el corazón. Por esta razón, la metáfora ha sido durante mucho tiempo el lenguaje de los místicos, los maestros espirituales, los poetas, los cuentacuentos y otros representantes del arte expresivo.
Si profundizamos, por ejemplo, en la palabra “jardín” como ejemplo de “metáfora”, nos bastará una rápida mirada a los textos espirituales y a la poesía a lo largo de la historia de la humanidad para comprobar que las metáforas de “jardín” son prácticamente infinitas. ¡Sin embargo, se trata únicamente de una imagen entresacada de una fuente de metáforas igualmente ilimitada!
Los líderes espirituales y los místicos utilizan constantemente las metáforas de “jardín” en sus enseñanzas. Sri Ma Anandamayí, una gurú de la India, decía al respecto: “Un vasto jardín se extiende por el universo. Todas las plantas, los seres humanos, los cuerpos de mentes elevadas existen en este jardín, aunque bajo formas diferentes”6. Kahlil Gibran, el famoso poeta libanés, afirma: “La vida sin amor es como un árbol sin flores ni frutos”7. En la Biblia leemos: “O dais por bueno el árbol y por bueno el fruto, o dais por malo el árbol y por malo el fruto, pues por su fruto se conoce el árbol”8.
Asimismo, muchos poetas relacionan el jardín con el amor y la belleza y, dentro de este contexto, la imagen de la rosa se erige a menudo como lo supremo. Cuando yo misma quise manifestar el amor que sentía por mi madre, escribí un poema sobre “La rosa en el jardín de mi vida” que “Con su canción de flores llenaba nuestras vidas […] / Sus flores, dulces y llenas de energía, / solo a los tesoros de Dios pertenecían”. La metáfora de la rosa en el jardín captaba todo lo que quería expresar sobre mi amor hacia mi madre y la belleza de su maternidad consagrada.
Sin embargo, en las metáforas con “jardín” hay algo más que espiritualismo, amor y belleza sublimes. Kipling, en su poema “The Glory of the Garden” (La gloria del jardín) —título del libro en el que está incluido—, no se detiene en las flores y la belleza, sino que muestra el trabajo que se esconde detrás y considera que “las herramientas y el cobertizo […] son el corazón de todo”. Comenta que “esos jardines no se crean sentados a la sombra y cantando ‘¡Oh, qué bonito!” y que “la mitad del trabajo de un buen jardinero se hace de rodillas”.
William Blake sorprende igualmente con su observación en “El jardín del amor”, donde presenta imágenes de usurpación y del paraíso perdido: no de dulces flores, sino de una capilla construida en la hierba donde solía jugar con “… tumbas, / y […] lápidas allí donde debería de haber flores; / y sacerdotes con hábitos negros caminaban en ronda, / y ataban con espinos [sus] alegrías y deseos”.
Los ejemplos anteriores ilustran, en una pincelada fugaz, el papel tan importante y variado que ha desempeñado la metáfora en las formas de expresión del ser humano en la cultura y la comunicación. Las imágenes le hablan directamente a la imaginación, establecen sus conexiones a través de los sentimientos sin recurrir, en absoluto, al razonamiento teórico o abstracto. Al igual que en los textos espirituales y en la poesía, cuando una o varias metáforas aparecen integradas en el cuento, pueden conllevar misterio y magia, a veces sutiles, otras poderosas; a menudo cobran vida y ellas mismas se nutren entre sí de energía en una interacción emocionante y dinámica. Dependiendo del desarrollo del cuento, una misma metáfora puede asumir diferentes papeles; así, por ejemplo, en un contexto determinado, una “laguna” será el obstáculo que tendrá que superar una ballena atrapada, mientras que, en otro, adoptará la función de proporcionar la seguridad y ayuda necesaria para un barco que consigue refugiarse de la tormenta. Naturalmente se refleja aquí la naturaleza de fluidez que subyace a la propia vida y los cambios dinámicos de significado que pueden presentarse según el contexto y la situación.
METÁFORAS DE “OBSTÁCULOS” Y DE “AYUDA”
En la creación de cuentos terapéuticos, las metáforas representan un ingrediente vital, ya que ayudan a formar las conexiones imaginativas que atraen y “encantan” al oyente. Evidentemente, forman parte integral del viaje de estos cuentos en el que pueden desempeñar tanto un papel negativo (obstáculos, impedimentos y tentadores/tentaciones que provocan un desequilibrio en el comportamiento o en una situación determinada) como positivo (ayudantes o guías que devuelven el equilibrio y la integridad al comportamiento o a la situación). En el cuadro de “Metáforas utilizadas en los cuentos” (página 41), muestro más ejemplos, pero considero que es mejor trabajarlo, primeramente, a partir de varios enfoques posibles.
PRIMER EJEMPLO
Imagina un cuento escrito para un niño que se expresa con un lenguaje “grosero” y que aborda ese problema de una manera directa, es decir: un niño que siempre insulta a los demás, pero que aprende a dejar de hacerlo si los otros niños no quieren ser sus amigos. Si el maestro lo cuenta en clase, al carecer de las metáforas, que son las que ayudan a los cautivados oyentes a “sumergirse” en la imaginación, alguien lo interrumpirá gritando: “¡Joshua es igual! Está todo el tiempo insultando y diciendo palabrotas”. Incluso sería cuestionable si un ejemplo de ese tipo, desprovisto de imágenes, podría considerarse un cuento.
Ahora vamos a coger la misma historia para crear un cuento con metáforas. Al principio puede ser útil utilizar el “símil”, puesto que nos sirve para hacer nuestra primera incursión en la creación de cuentos. Un niño que dice palabrotas podría ser comparado, por ejemplo, con una serpiente de lengua venenosa; posteriormente, eliminamos la comparación (“como”) y, en su lugar, creamos una metáfora que utilizaremos para adentrarnos en el cuento: “Había una vez una hermosa serpiente que vivía cómodamente dentro una enorme cesta y viajaba con el mejor circo del mundo. […] ¡Se trataba de Pitón, una serpiente que cantaba! (“Pitón canta y la osa danza”, página 253).
Este es el momento en el que se incorporan algunas de las metáforas de “obstáculos” y de “ayuda”: la serpiente se vuelve perezosa durante su actuación y el público (una metáfora de obstáculo) empieza a gritarle groserías, a insultarle. Pitón, que así se llama la serpiente, los imita y descubre que así atrae la atención, aunque de forma negativa. Sin embargo, este comportamiento no se corresponde con el que se espera de un circo familiar, de modo que el director del circo llama a la sabia osa bailarina (una metáfora de ayuda) para que encuentre la solución. La siguiente metáfora que aparece en el desarrollo del cuento (otro obstáculo) es la hierba entretejida para tapar la cesta de la serpiente; se crea, entonces, un espacio oscuro en el interior y Pitón cae en un profundo sueño. Cuando se despierta, tiene dificultades para escabullirse a través de una tapa tan gruesa y volver a salir a la luz del día; por el camino, pierde su vieja piel, su antiguo yo. La resolución es el “propio progreso” de la serpiente hacia la consecución de una nueva piel, una imagen renovada. Pitón ya no tiene sus antiguas escamas; ahora, flamante y reluciente, disfruta siendo una serpiente que canta y baila, junto a la sabia osa, en un novedoso y original espectáculo del circo.
El desarrollo de este cuento muestra, con el uso de las metáforas de obstáculo y de ayuda, la transformación que se produce en la utilización de las palabras: en un principio, de forma negativa y, al final, de forma positiva.
SEGUNDO EJEMPLO
Necesitamos un cuento para un niño de cinco años que constantemente hace daño a los demás con sus manos. Tras observar que uno de los animales favoritos del niño es el elefante, vamos a introducirnos en el cuento empezando con un símil: “una mano que pega es como el porrazo de la trompa de un elefante salvaje”.
Ahora ya tenemos un punto de partida en el que podemos sumergirnos directamente. “Había una vez un elefantito llamado Tembo, uno de los más fuertes entre los elefantes jóvenes de la manada; sin embargo, siempre usaba su trompa para dar golpetazos y porrazos a las cosas” (“La trompa del elefante”, página 97).
Como sabemos que a los niños de cinco años les encanta el ritmo y la repetición, utilizaremos un motivo rítmico que acentúe su comportamiento y lo repetiremos varias veces a lo largo de nuestro cuento: “Golpetazos y porrazos, / golpetazos y porrazos, / con mi fuerte trompa, / golpetazos y trompazos”.
La devastadora trompa del elefante (reforzada con el ritmo y la rima) es una metáfora de “obstáculo” o “impedimento”. El desarrollo del cuento nos lleva a una cascada en lo alto de un acantilado rocosos y escarpado (otro obstáculo). El elefante está intentando darle un golpetazo a su hermano mientras cruza el salto de agua y se cae por las resbaladizas rocas a la poza que se encuentra más abajo.
Entra en escena, como “metáfora de ayuda”, la abuela elefanta, que hasta este momento ha intentado servir de guía a Tembo, aunque él ha preferido ignorarla. Ahora está atascado en una poza de agua en el fondo del acantilado y necesita ayuda. La siguiente metáfora “de ayuda” que aparece en el desarrollo del cuento es la cuerda de rescate hecha de las trompas encadenadas a las colas de elefantes; formada por la combinación de la fuerza de la abuela y la de sus hermanos, es esta “cuerda” la que consigue subir a Tembo sano y salvo.
Mediante la utilización de ambos tipos de metáforas, de obstáculo y de ayuda, este cuento ofrece un sencillo viaje de transformación que se inicia al “utilizar la propia fuerza para hacer daño” y concluye al “utilizarla para ayudar”. A partir de un enfoque alegre y divertido, el cuento conduce a una resolución positiva y el comportamiento recupera su equilibrio.
MÁS EJEMPLOS DE METÁFORAS AL ESCRIBIR CUENTOS
En el cuadro que ha aparecido anteriormente se encuentra, a modo de ejemplo, una lista de las metáforas utilizadas en algunos de los cuentos sanadores de este libro. Obviamente, se trata simplemente de una guía, pues las cualidades imaginativas de las metáforas dificultan su clasificación. En “Una familia de caracoles”, por ejemplo, advertirás que uno de los “obstáculos” es utilizado también como una “ayuda”: es un obstáculo para el caracol salir de la acogedora maceta, pero al final del cuento se transforma en una de las metáforas de ayuda, ya que el pequeño caracol se da cuenta de que ahora tiene dos hogares, la acogedora maceta y el hueco, igualmente acogedor, en el muro de ladrillos.
Dependiendo del contexto, observamos que las mismas metáforas pueden desempeñar funciones diferentes en cuentos distintos. La bolsa de la mamá Wombat en un tipo de cuento podría ser una “metáfora de ayuda”, pero en “La familia Wombat” es un obstáculo determinante para el desarrollo del bebé y también para la relación de la madre con su hijo. Los tentáculos de un pulpo podrían ser una “metáfora de ayuda” en un cuento donde se necesitaran muchas manos para hacer algo, pero “En el parque del océano” los tentáculos se presentan como un obstáculo de torpeza (una metáfora del niño que, mientras jugaba, no paraba de tirar todo lo que estuviera a su alcance).
En algunos cuentos, las metáforas desempeñan un papel determinante y consciente, mientras que en otros su función es más sutil. En “El Gigante de la sombra”, el búho, junto con los demás pájaros, emprenden la búsqueda de algo que sirviera de ayuda a la Reina de los Cielos. En “Los caballos arcoíris”, el caballo dorado se lleva las nubes grises para que el sol pueda brillar en esa tierra una vez más. En estos cuentos el búho y el caballo dorado desempeñan las funciones de ayuda “consciente”. Por el contrario, en “La excavadora dice que no”, la metáfora de ayuda es bastante inconsciente: los niños que juegan en el arenero, en su inocencia, muestran a la excavadora “cómo ser una excavadora” de verdad; no es un papel de ayuda consciente por parte del niño y la niña, pero es suficiente para sacar a la excavadora de su bloqueo y ponerla en marcha (muy parecido a cuando un niño se bloquea diciendo siempre “¡No!”).
Como ejercicio para experimentar y entender el uso de las metáforas, cuando se escribe cuentos, te sugiero que leas algunos cuentos populares y de hadas, incluso algunos de este libro, para que así puedas identificar tú mismo/a las metáforas de obstáculos y las de ayuda, y completes tu propio cuadro.
Sin embargo, te adelanto desde ahora que es posible que te tropieces con algún cuento cuyas metáforas no encajen en ninguna de estas categorías. En uno de los talleres que organicé recientemente, resultó muy interesante descubrir que algunas metáforas parecen desempeñar un papel de “transición” o “transformación”. Por ejemplo, en el cuento de “Pitón canta y la osa danza”, la serpiente se sume en un profundo sueño dentro de una cesta oscura; este espacio oscuro y el sueño metafórico tienen una función de transición en el cuento. En “La excavadora dice que no”, el momento en el que la granjera hace un descanso para prepararse una taza de té es una metáfora de transición que da tiempo a que la solución se presente (¡y lo hace!). En el cuento “El niño y la caracola color perla”, la metáfora de hundirse en lo profundo del océano ofrece una oscura, pero pacífica transformación del comportamiento ruidoso del niño.
Por mi parte, te animo a que sigas investigando más al respecto; en mi opinión, ¡aún queda trabajo por hacer!
METÁFORAS UTILIZADAS EN LOS CUENTOS
| CUENTOS | OBSTÁCULOS, IMPEDIMENTOS, TENTACIONES | AYUDANTES/GUÍAS |
| “El Gigante de la sombra” (página 102) | Destrucción de la tierra, el océano, el aire; enorme cueva rocosa; canto del gigante: “Poder me llamo y de poder me lleno, / pues la avaricia es mi gran juego”. | Reina de los Cielos; búho; canción de los pájaros; mensajes de las plumas. |
| “Las hormigas y la tormenta” (página 105) | Gran tormenta; grietas en la tierra. | Sauces serviciales; barquitos de hojas. |
| “Los palillos de ritmo” (página 80) | Mucho ruido de tambor; palillos de tambor que “hacen daño”. | Pájaro tejedor dorado; palillos de ritmo; banda de música. |
| “Tan perfecta no era la casa” (página 116) | Puertita en el suelo; habitación escondida; cerrada, pero sin llave. | Cofre enorme de madera; plumas; cama cubierta de plumas; un buen sueño nocturno. |
| “La familia wombat” (página 146) | La bolsa marsupial de la mamá wombat; la leche de la mamá en la bolsa. | Viaje de la mamá para encontrar comida; el papá Wombat; las garras para cavar; la canción para cavar; nuevos túneles. |
| “En el parque del océano” (página 151) | Largos tentáculos de pulpo. | El jardín del océano; pececitos. |
| “Una familia de caracoles” (página 179) | El viaje hasta el fondo del jardín; dejar la maceta acogedora. | Dos hogares: hueco acogedor en el muro y maceta acogedora; la luna con su brillo y su luz; sendero plateado. |
| “Los gnomos y las coronas doradas” (página 219) | Gigante pobre, avaricioso; caverna oscura. | La canción de la libélula; coronas doradas; tarro de cristal. |
| “Pequeño Lobo” (página 196). | La trampa del cazador. | La canción del aullido del lobo; sabiduría de la manada de lobos. |
| “El niño y la caracola color perla” (página 257) | Tormenta; pérdida de equilibrio; caída en el agua; ahogándose en lo profundo del océano. | La caracola color perla; el océano que canta una dulce canción. |
| “Un robot muy tímido” (página 246) | Último estante lleno de polvo; ladrón. | El baile y la canción del robot (con un ritmo fuerte y claro). |
| “El pez cubierto de percebes” (página 264) | Gruta en el arrecife; percebes; canción de burla sobre los “Trozos de percebe”. | La langosta simpática; danza del “frota-frota”. |
| “El camaleón inteligente” (página 120) | Elefante fuerte. | Rata topo; agujero en la tierra. |
| “El árbol de las reverencias” (página 149) | Hambruna en la tierra; jefe avaricioso. | El árbol que se inclinaba, como en una reverencia; muchos frutos; el hijo curioso. |
| “El caballo alado” (página 216) | Abruptos acantilados; dragón; cueva negra. | Anciana sabia; cuchillo, flauta y mechón plateado; huevos y bizcochos de miel; luna llena; caballo alado. |
| “Los caballos arcoíris” (página 209) | Grupos separados por colores; crines con los colores del arcoíris; nubes grises; inundación. | Grutas cálidas; ángel resplandeciente; telar; caballo dorado; alas de arcoíris. |
| “La excavadora dice que no” (página 275) | Excavadora bloqueada en una rima negativa (sin movimiento). | Niño y niña disfrutan jugando en la arena; taza de té (tiempo para pensar). |
LA ELECCIÓN DE LAS METÁFORAS. ALGUNOS CONSEJOS PRÁCTICOS
ELEGIR METÁFORAS QUE SE RELACIONEN DIRECTAMENTE CON UN COMPORTAMIENTO DETERMINADO
Al escribir un cuento para un comportamiento determinado, las claves para elegir las metáforas para el protagonista pueden encontrarse, a veces, en aquel animal, pájaro, insecto u objeto que posea una cualidad similar; por ejemplo, un hipopótamo que muerda (¡probablemente una flor o una mariposa no servirían como metáfora de morder!); un elefante que golpea y se choca con todo lo que se encuentra a su paso (para comportamientos de golpear a los demás); una tímida margarita (para comportamiento retraído).
También puede funcionar a la inversa. Por ejemplo, en un cuento con el que se pretende que un niño deje la pereza atrás y se involucre en el trabajo, podrías iniciar el cuento con una abeja perezosa (comportamiento contrario al de las abejas) y después introducir algunos obstáculos que tendrá que superar y que la llevarán a convertirse en una abeja muy trabajadora y felizmente creativa.
ELEGIR LA METÁFORA CENTRAL A PARTIR DE LOS OBJETOS PREFERIDOS DEL NIÑO (SI ES POSIBLE Y CONVENIENTE)
Al escribir un cuento para un niño en particular, las ideas para las metáforas pueden surgir del animal o juguete preferidos del niño o del entorno que lo rodea: ¿siente pasión por los caballos, por los conejos blancos, por los delfines, por los trenes?; ¿vive cerca de un río, en el bosque o en un gran edificio en medio de la ciudad?; ¿qué vivencias en la naturaleza o experiencias diarias de las que vive en casa o en el colegio podrían darte ideas para las metáforas?
Incluso saber el color favorito del niño puede ayudar en estos casos, según mi experiencia en mi primer año como maestra. Necesitaba desesperadamente inventar un cuento que abordara el comportamiento de un niño de cinco años que, a la hora del cuento, siempre intentaba apagar la vela de un soplido y empujaba a los demás para tirarlos de sus sillas; debía encontrar una forma de atraer su atención y ayudarlo a tranquilizarse de tal manera que fuera capaz de escuchar en vez de destruirlo todo. Entonces, una tarde su madre me preguntó si sabía dónde podía comprar tela dorada, porque el cumpleaños de su hijo era la semana siguiente y quería hacerle una capa de su color preferido, una capa dorada. Este dato me sirvió de pista, así que busqué en mi colección de cuentos populares y cuentos de hadas, donde encontré uno en el que había un árbol con una puerta dorada que solo se podía abrir con una llave dorada. Me lo aprendí y lo preparé para contarlo a la semana siguiente como teatrillo de mesa con muñecos de pie; además, hice una pequeña llave dorada como accesorio (de cartulina gruesa de color dorado) y la escondí en una cesta en mi mesa de los cuentos. Cuando llegó el momento del juego libre, me llevé a este niño aparte, le mostré dónde tenía escondida la llave y le pedí si podía ayudarme en el teatrillo; le expliqué que tenía que sostener la cesta durante el cuento y pasarme la llave dorada cuando fuera el momento de abrir la puerta mágica. Por primera vez, desde que había entrado a formar parte del grupo de la clase, se quedó sentado durante el cuento, fascinado, con la cestita en sus rodillas; a partir de ese momento participó y estuvo atento a la hora del cuento. ¡La llave dorada había abierto algo más que la puerta mágica del árbol!
Muchos años después utilicé un enfoque similar cuando tuve en mi clase a un niño al que le encantaba “hacer el payaso” precisamente a la hora del cuento (intentaba captar la atención de los demás, que estaban sentados en silencio). A este niño le encantaban los payasos, así que encontré un cuento en el que un duende hacía muchas piruetas divertidas (daba volteretas, hacía el pino, etc.) y utilicé un muñequito que hiciera estas pequeñas acrobacias en el teatrillo. El niño se enganchó completamente con el muñeco (y el cuento) y parece ser que esto lo ayudó a liberarse de ese comportamiento “de bloqueo” y a asumir una actitud de escucha durante el cuento. Naturalmente, durante los momentos de juegos, le ofrecía muchas oportunidades para que hiciera sus piruetas de payaso.
ELEGIR METÁFORAS A PARTIR DE TEMAS O CONTENIDO DE CLASE O DE LA PROPIA VIDA DEL NIÑO
Cuando se escribe un cuento para todo un grupo o una clase de niños, se pueden encontrar claves para las metáforas en los temas de las asignaturas o en el propio entorno escolar o familiar. Si, por ejemplo, en clase de historia se percibe que los niños disfrutan durante las explicaciones de los caballeros con sus armaduras y sus valerosas hazañas, un cuento en el que se quiera tratar la intimidación podría incluir un escudo mágico (¿invisible?) o una corona de protección. Por otro lado, ante un niño que juega de manera caótica, se necesitará un estímulo de imaginación en los momentos de juego libre, en casa o en el colegio, para que pueda mantenerse centrado y tranquilo. Es posible que este niño, junto con su clase u otros amigos, viva en una ciudad costera y haya ido a la playa con la marea baja; allí encontró y observó un pulpo en un charco entre las rocas. Los padres o el maestro podrían utilizar, por lo tanto, un cuento donde haya metáforas del océano: un pulpo de largos tentáculos que le da golpes a todo sin cesar y un pececito que acude al rescate.
ELEGIR METÁFORAS DIVERTIDAS Y SIN SENTIDO
¡Recuerda que los cuentos no se sienten cómodos con las “normas”!, porque, en realidad, no existe una norma establecida que sirva para buscar las claves de las metáforas. A veces el humor es lo más conveniente y funciona perfectamente. Por ejemplo, en un cuento donde se aborde un comportamiento problemático y de emociones desproporcionadas, la metáfora de “un viejo sombrero rojo” (con un protagonista como Panya el ratón, que se esconde dentro) va creando, poco a poco, un ambiente cada vez más agitado y disruptivo a medida que van llegando los animales a casa de Panya. Al final se consigue calmar el ambiente perfectamente (pero de manera divertida y absurda) cuando llega la hiena: se sienta en el sombrero y suelta una fuerte carcajada porque piensa que está molestando a todos los amigos que viven dentro; mientras tanto, todos los animales se escapan a través del agujero que había por un lado del sombrero y engañan a la hiena. El movimiento del cuento (y sus metáforas) sumergen completamente al oyente en la experiencia disruptiva para después devolverle el sentido de la calma y el alivio mediante el simple uso del humor y el sinsentido. El trabajo terapéutico se reforzaría aún más si se llevara a cabo una representación basada en este cuento.
A veces un cuento puede captar el interés de un niño porque las metáforas no se relacionan en absoluto con la situación que las origina. En el caso del cuento en verso “Un día en la vida de mi sombrero”, se presenta la imagen de un sombrero cabalgando sobre la cabeza de un niño como un jinete sobre un caballo: “Cuando salgo fuera a jugar, / mi sombrero viene a cabalgar. / Mi cabeza es el caballo, / ¡jugando, claro está! / Mi sombrero encima le gusta trotar / como a mí en el suelo correr y rodar…”. Esto produce un cambio mediante una fórmula divertida, en lugar de la insistencia constante del adulto para que el niño recuerde ponerse el sombrero.
EL PAPEL DE LAS METÁFORAS EN EL PENSAMIENTO LATERAL
El hecho de elegir las metáforas es una manera de abrir más la mente, lo cual requiere jugar con ideas que salgan de lo común. Te sugiero, por lo tanto, que con las pautas sugeridas anteriormente hagas listas o mapas mentales —las también llamadas “lluvia de ideas”—; te van a ayudar a plasmar en el papel muchas ideas, así que ¡empieza a JUGAR! Te sorprenderá ver cuántas ideas cobran vida propia y cómo establecen las conexiones imaginativas entre sí.
Un psicólogo de Nairobi, en Kenia (al que llamaré “Mganga”), siguió estas indicaciones y escribió un cuento para una niña de siete años que había estado manifestando en el colegio un comportamiento sexual propio de los adultos. Ahora bien, es preciso aclarar que la madre de la niña era prostituta; vivían en un piso de una sola habitación y, consecuentemente, la niña veía a su madre “trabajando” y al hombre que después le dejaba dinero; como la madre utilizaba el dinero para comprar comida, la niña decidió que ella podría ganar dinero si imitaba el comportamiento de su madre.
La elección de la protagonista de la historia fue tarea fácil para Mganga: la niña solía presentarse a la sesión de terapia con su único juguete, un oso de peluche viejo y harapiento, por lo cual en el taller decidió que este cuento trataría sobre una mamá osa y su osita; así lo plasmó en el papel al escribir “osas”. Ya tenía el comienzo: “Había una vez una mamá osa que vivía con su osita en una casita del bosque”, pero ¿qué metáfora podía utilizar para la actividad sexual? Se hizo una lista con muchos animales africanos como punto de partida y, entonces, Mganga, en un momento de brillante inspiración, eligió el cocodrilo.
Obviamente, si hay cocodrilos, se necesita un río en la historia: “Había una vez una mamá osa que vivía con su osita en una casita del bosque cerca de un río”. La mamá osa necesitaba coger peces para alimentar a su osita, de modo que se veía obligada a saltar al río, lleno de cocodrilos feroces, para atrapar los peces. A continuación “apareció” el siguiente animal, el hipopótamo que, después de todo, también vive en los ríos de África. Mganga quería usar el hipopótamo como “ayudante”, pero le preocupaba que la niña se pudiera asustar; entonces se le ocurrió una idea mejor: una “roca mágica que pareciera el lomo de un hipopótamo”. Este era el ayudante perfecto que necesitaba para rescatar a la osita cuando también intentó saltar al río. La roca mágica sacó a la osita del mundo del trabajo de la mamá (el río lleno de cocodrilos feroces), la ayudó a volver a la orilla del río sana y salva, y le indicó qué rumbo tomar para llegar al bosque, donde la miel y los frutos (alimentos que les gustan a los niños) la estaban esperando para que los recolectara.
Nunca olvidaré la emoción tan grande que se sentía en este taller cada vez que Mganga compartía sus ideas. Entonces el grupo entero se agrupaba y se les ocurría la secuencia de esas ideas, que podría ser útil cuando la niña fuera algo mayor: la roca mágica podría ayudar a la osita a hacer una canoa, para que así pudiera cruzar el río con seguridad y coger peces desde un lugar protegido (el grupo estaba dividido en cuanto al significado de la canoa: algunos pensaban que era la metáfora de un condón, otros pensaban que era la metáfora de la protección en un sentido más amplio, esto es, saber decir “¡No!”).
A Mganga no le dio tiempo de enviarme una copia del cuento terminado para poder incluirlo en este libro, pero me comunicó por teléfono que pensaba que había ayudado a la niña a captar el gran mensaje de que todavía seguía siendo una “niña”. Esto era todo lo que había pretendido, además de que el resultado mereciera realmente la pena.
Otro ejemplo de pensamiento lateral surgió en un debate en grupo sobre un cuento para un niño de seis años que seguía haciéndose caca en los pantalones y era reacio a sentarse en el inodoro. Al niño le encantaba el océano, de modo que, siguiendo esta línea de pensamiento, al grupo se le ocurrieron las siguientes metáforas: por un lado, un “pez cubierto de percebes” (para los pantalones sucios) y, por otro, una cueva (para el cuarto de baño). El pez de este cuento no quería entrar en la cueva que se encontraba al borde de la laguna para aprender la danza del “frota-frota”; sin embargo, poco después una simpática langosta le enseña a liberarse, con esta danza, de los percebes que seguían creciendo en su piel de pez y le impedían nadar con libertad en la laguna y con sus amigos (“El pez cubierto de percebes”, página 264).
PRECAUCIÓN EN LA ELECCIÓN DE LAS METÁFORAS
En un taller que tuvo lugar en Beijing (después de que se publicara mi libro en China), un padre confesó ante el grupo que, en su afán de motivar a su hijo de tres años y medio a lavarse los dientes, había escrito un cuento en el que describía unos gusanitos (gérmenes) que, si no se los llevaba el cepillo de dientes, podían salir de noche a comerse los dientes. No es de extrañar que el cuento asustara a su hijo; el padre se dio cuenta de que debería haber utilizado unas metáforas y una resolución más transformadoras (¿podría ser, por ejemplo, que a los gusanos les gustara nadar y necesitaran que los recogieran todas las noches con el cepillo de dientes para darse un baño al bajar por el lavabo?). Tal vez, dado que su hijo era muy pequeño aún, debería haber asumido su papel de padre como modelo a imitar de manera más activa, conjuntamente con otro tipo de estrategia creativa más apropiada para esta situación (¿una canción para la hora de cepillarse los dientes?).
No cabe la menor duda de que el cuento no es apropiado si existe la posibilidad de que el niño se asuste. Los cuentos deberían servir para que nuestros niños se fortalezcan y logren el valor y la comprensión necesarios para enfrentarse al futuro, ¡pero sin asustarse!
La confesión de ese padre originó un revuelo, pues todos comenzaron a opinar al respecto. Una madre se animó a compartir un cuento que había escrito para su hijo, que se hurgaba continuamente los oídos para limpiarse el cerumen (su madre ya lo había llevado al médico para asegurarse de que el oído estaba sano). Su cuento trataba sobre un conejo de cera que vivía en el oído y que necesitaba dormir un rato para poder salir fuera de un salto cuando estuviera preparado. Después de habérselo contado (solo una vez), se dio cuenta de que le había provocado pesadillas a su hijo: ¡Hay un conejo viviendo en mi oído!; por consiguiente, no volvió a contárselo. Debatimos algunas metáforas alternativas y, posteriormente, nos decidimos por un cuento sobre una hoja del tamaño de un hada que en un momento determinado se caía del “árbol del oído” (inspirados por las hojas otoñales que veíamos caer por la ventana de la sala donde celebrábamos el taller). La madre comentó más adelante que ese enfoque había sido bastante efectivo: ¡el niño había dejado de hurgarse el oído!
Otra madre compartió el cuento que había escrito para que su hija se animara a tocar el piano y practicara. En este cuento había un hada de la música que vivía dentro del piano y le gustaba bailar cuando alguien tocaba el piano. Sin embargo, la elección de esta metáfora resultó contraproducente, pues, a cada momento, la niña dejaba de tocar para abrir el piano e intentar ver cómo bailaba el hada. Tras haber reflexionado al respecto, se consideró que hubiera sido más efectiva otra metáfora; por ejemplo, un hada de la música “invisible” (haciendo hincapié en “invisible”) a la que le encantara bailar por la habitación siempre que escuchara música. Naturalmente, es necesario tener en cuenta la edad y la fase de desarrollo de los niños antes de intentar fomentar ese tipo de comportamiento mediante los cuentos creativos (la disciplina que exige tocar el piano sería más apropiada para un niño más grande o para un adolescente; véase el apartado “Una cuestión de principios”, página 54).
LA TENSIÓN DEL CUENTO: EL DESARROLLO O VIAJE
Igual que, antes de disparar la flecha, hay que tirar de la cuerda del arco hacia atrás, cuanta más tensión lleve el cuento (viaje o desarrollo), más directa llegará la flecha (resolución/resultado positivo) al corazón del oyente.
El viaje o desarrollo es lo que conforma la estructura del cuento terapéutico; el hecho de plantearlo lleno de acontecimientos es una manera de crear “tensión” en la evolución del cuento; asimismo, puede dirigir el argumento dentro del comportamiento de “desequilibrio”, a través de él e incluso fuera del mismo, hasta lograr una resolución integral. Los cuentos para niños pequeños9, por lo general, solo requieren acontecimientos sencillos y pequeñas cantidades de tensión en el desarrollo, mientras que, normalmente, aquellos destinados a niños algo mayores son más detallados o complejos y en ellos se crea una tensión mayor a medida que se va desarrollando el viaje.
Por otra parte, la utilización de las metáforas de “obstáculo” y de “ayuda” está intrínsecamente conectada con el desarrollo, pues la tensión o conflicto (tirar de la cuerda del arco hacia atrás) se construye normalmente con los primeros obstaculos, mientras que las segundas ayudas contribuyen a lograr la resolución.
Una vez que hayas elegido las metáforas y te dispongas a organizar el viaje de un cuento sanador, te pueden servir de utilidad los siguientes pasos:
1. Decide qué tipo de “movimiento” quieres en tu cuento:
• Un cuento con un movimiento lineal es aquel donde al principio el comportamiento se encuentra en desequilibrio y luego recupera el equilibrio. Por ejemplo, en el cuento “Al loro rosella le gustan las fresas” (página 114), la rosella carece de confianza e independencia; luego, por medio de una secuencia de acontecimientos, gana confianza e independencia.
• Un cuento con un movimiento circular es aquel en el que al inicio el comportamiento está en equilibrio, se desequilibra y, al final, vuelve otra vez al equilibrio. Por ejemplo, en “Pitón canta y la osa danza” (página 253), al comenzar el cuento la serpiente canta con una voz maravillosa; luego se produce un cambio en ella y utiliza las groserías para divertir al público del circo; finalmente, mediante una secuencia transformadora de acontecimientos, se reencuentra con su bella voz.
2. Toma notas sobre el “esqueleto” (un resumen) o las principales secuencias del cuento; después añade la “sustancia”, los detalles. Este enfoque te permitirá jugar con las ideas y, en caso de que sea necesario, cambiar el rumbo y reescribir el argumento de tu cuento. Si empiezas escribiéndolo todo directamente, habrá menos probabilidades de que te permitas deshacerte de las ideas iniciales (incluso si no funcionan), puesto que habrás invertido mucho tiempo en la narración detallada. En otro apartado de este libro, encontrarás una serie de ejercicios que podrás realizar con los “esqueletos de los cuentos” (véase página 66).
Sin embargo, debo reconocer que ha habido ocasiones en las que yo misma he ignorado los dos pasos anteriores.
En algunos casos, se me presenta una imagen clara (o varias) en mi imaginación, asociada de antemano con las metáforas de obstáculo y de ayuda para el desarrollo del cuento; entonces, lo único que tengo que hacer es trabajar para que fluyan las palabras y “dar cuerpo” al argumento. Esto me ocurrió poco después de mantener una conversación con unos amigos noruegos sobre los trágicos incidentes que acaecieron en su país en el año 2011, donde muchos jóvenes perdieron la vida en un tiroteo cuando estaban de campamento en una isla; recordaron el homenaje especial que se celebró posteriormente en memoria de las víctimas (la “Marcha de las rosas”), cuando, en las ciudades noruegas, se congregaron miles de ciudadanos, cada uno con una rosa. En mi mente veía la imagen de una espina larga y afilada que había crecido en el lugar equivocado de un rosal; esta espina había atravesado el corazón de una hermosa rosa y la había matado, pero muchas rosas nuevas ya estaban creciendo en el lugar donde habían caído los pétalos de la rosa agonizante. No sentí ninguna necesidad de ahondar en el argumento; me senté sencillamente a escribir el cuento “La rosa y la espina” (página 104) para el colegio de los niños de mis amigos de Arendal, en Noruega.
¡No existen normas estrictas para escribir cuentos, en ninguno de sus aspectos!
DESARROLLOS DIFERENTES PARA EDADES DIFERENTES
Los cuentos terapéuticos, al igual que los cuentos populares y los cuentos de hadas, se pueden dividir en “categorías según su complejidad”. En general, cuanto más delicado es el tema o desarrollo, más apropiado es el cuento para niños más pequeños; mientras que, para niños algo mayores, las dificultades o el desarrollo son más grandes o complejos.
En los cuentos dirigidos a niños de tres a cuatro años, la tensión en el desarrollo se consigue sencillamente mediante las repeticiones a lo largo del cuento: o bien de la misma experiencia, o bien de una canción o versos. En el cuento “El amigo Abrazos” (página 86), los niños “refunfuñones” aprenden unas palabras mágicas para deshacerse del hechizo de enfados que se repiten varias veces en el cuento para crear tensión, así como para animar a los interesados oyentes (los niños “refunfuñones”) a utilizar esas palabras y el movimiento de “pisotear con fuerza y darse la vuelta” en la vida real:
¡Tras, tras! ¡Plaf, plaf!
¡Pisotea con fuerza y date la vuelta!
¡Tras, tras! ¡Plaf, plaf!
En el caso de “La hormiga Siafu y su tambor” (página 273), la hormiga safari se cansa de formar parte del grupo:
Estoy harta de andar en fila,
es siempre lo mismo;
estoy harta de llevar el ritmo,
es siempre el mismo.
Lo único que quiero es sentarme al sol,
sentarme al sol y ¡tocar el tambor!
Intenta encontrar nuevos amigos, pero no encuentra ninguno que le parezca el indicado, de modo que su insatisfacción se repite una y otra vez mediante unos versos, que son los que crean la tensión del viaje:
Por favor, vete y déjame en paz.
¡Qué ESCANDALOSO! ¡Basta ya!
Después de escucharlo cuatro veces, los niños ya están desesperados para que haya una solución positiva y desean que la pequeña Siafu encuentre a los compañeros ideales con los que jugar que no sean ni ESCANDALOSOS ni LENTOS ni RÁPIDOS ni GRANDES. Al final, la pequeña Siafu se da cuenta de que quiere volver a estar entre sus amigas las hormigas y empieza a cantar una melodía diferente:
¡Ojalá estuviera en fila con mis hormigas!
¡Ojalá llevara el ritmo de mis amigas!
¡No, no quiero sentarme al sol!
¡Deseo andar con mis amigas queridas
y junto a ellas tocar el tambor!
Otra manera de lograr la tensión es combinando la repetición junto a una secuencia de personajes adicionales (lo que con frecuencia se llama “cuentos acumulativos”). La repetición se convierte, por lo tanto, en el mecanismo clave para la estructura del cuento al desarrollar la acción a través de una imagen sencilla, pero ampliable. El cuento “Panya el ratón” (página 158) sirve de ejemplo al respecto: un ratón encuentra un viejo sombrero que después transforma en su hogar; a continuación, llega Chura la rana, que se muda a vivir con él; uno a uno, van llegando los demás animales, que también se mudarán al viejo sombrero. Esta acumulación de personajes consigue que el final (la trampa que se le tiende a la hiena) tenga más fuerza e impacto; de hecho, hay diferentes versiones de este cuento en las diferentes culturas del mundo, por ejemplo, ¿Queda sitio para mí? y La manopla, entre otros. Sin embargo, si no se produjera esta acumulación de personajes, el cuento tan solo sería el relato de un hecho bastante insignificante: “Un ratón encontró un viejo sombrero y se mudó a vivir dentro de él”.
En los cuentos para niños algo más grandes, es necesario que el “desarrollo” sea más complejo, que por el camino haya una búsqueda de algún tipo y varios momentos cruciales, contratiempos o tareas que realizar. En “El caballo alado” (página 216), los giros y vueltas que se producen en el desarrollo sumergen al fascinado oyente en lo más profundo del tema del cuento. Si la anciana del bosque le hubiera concedido el deseo al niño en su primera visita, apenas habría habido desarrollo, es decir, el cuento habría terminado demasiado pronto, habría sido demasiado fácil, prácticamente no habría habido cuento (reflejo de algunas situaciones actuales en las que a los niños se les satisfacen los deseos casi al instante). En lugar de eso, la anciana le da al niño tres cosas: un cuchillo de metal afilado, una flauta de madera y un mechón de su larga cabellera de plata; con la ayuda de estos tres regalos el niño emprende su búsqueda y se las arregla para escalar los escarpados acantilados, domar al dragón y ponerle la brida al caballo alado para cabalgar con él por el cielo nocturno.
Actualmente, para formentar la resiliencia y fortalecer el carácter, los niños necesitan escuchar este tipo de narraciones con sus complicaciones (y viajar por ellas); de lo contrario, la vida les parecería demasiado fácil y se nutrirían muy poco del poder de la resistencia.
Se pueden encontrar ejemplos de viajes más complejos en muchos de los cuentos de hadas más célebres, como, por ejemplo, en “Cenicienta”, “Blancanieves”, “Blancanieve y Rojaflor”. En este libro se incluyen ejemplos de este tipo: “El árbol de las reverencias”, “Los caballos arcoíris” y “El camaleón inteligente”.
Generalmente, el viaje del cuento es la parte más difícil, pero si ya sabes cuál va a ser el argumento —“algo en desequilibrio recupera su equilibrio”— y se te han ocurrido algunas ideas para una o más metáforas, entonces tendrás, al menos, un punto de partida.
Para que puedas sentir lo que significa la tensión y el desarrollo en diferentes cuentos (simples y complicados), te recomiendo que leas muchos cuentos infantiles; intenta pedir prestado o comprar colecciones de cuentos populares de diferentes culturas; asimismo, en internet hay muchas páginas donde puedes encontrar una gama maravillosa de cuentos.
EL VALOR DE LOS ACCESORIOS
Algunos cuentos sanadores ganan una fuerza adicional cuando se utilizan conjuntamente con el “accesorio” correspondiente o con un juguete. En algunas ocasiones, es el cuento terapéutico el que impone esta estrategia, pero no siempre es así, ya que, en la mayoría de los casos, el mensaje se transmite realmente a través del propio argumento. Sin embargo, algunos cuentos y situaciones “piden” claramente que se utilicen accesorios o muñecos en el relato; después de escuchar el cuento, según se considere, se les podría dejar a los niños para que los utilicen como juguete, vestimenta o joya.
Mi colega Silviah Njagi escribió “Los gnomos y las coronas doradas” (página 219) tras el robo que se produjo una mañana temprano en su colegio, en Nairobi. Lo escribió realmente para su clase con el objetivo de transmitir a las familias, a los niños y a los maestros el mensaje de las posibilidades del trabajo conjunto en la reconstrucción del jardín de infancia, proporcionándoles valor y confianza para enfrentarse al futuro, independientemente de los obstáculos que pudieran aparecer. A cada niño de la clase se le ofreció un accesorio evidente (extraído directamente del argumento del cuento): una sencilla corona dorada tejida con los dedos con hilo de lana amarillo dorado. El poder llevar estas coronas en el colegio y en casa (incluso dormir con ellas, en caso necesario) fue una idea perfecta para reforzar el cuento mediante un accesorio; asimismo, es muy posible que el hecho de haber ayudado a los niños a confeccionarlas haya sido terapéutico también para las familias y los maestros.
En el cuento “La familia wombat” (página 146), la madre que lo escribió decía que, para ayudar a su hijo de tres años y medio en el proceso de destete, primero le había contado el cuento y, posteriormente, utilizó pequeños peluches de wombat (un bebé y dos más grandes como si fueran el papá y la mamá) para representarlo. El niño siguió jugando con los wombats y la madre comentaba que en diferentes momentos el niño planteaba preguntas relacionadas con la historia, como, por ejemplo: “Cuando el bebé wombat crezca, no tomará más tetita, ¿verdad?”. El accesorio visual, por lo tanto, contribuyó a que “interiorizara” el cuento. De manera similar, también sería efectivo utilizar algunos accesorios visuales durante la narración del cuento “La trompa del elefante” (página 97) —tanto si se cuenta en casa como en el colegio— con el fin de enseñar cómo un elefante es capaz de levantar peso con su trompa; además, si mediante esta estrategia uno o varios niños logran captar el uso positivo de la fuerte trompa de la abuela elefanta para poner al elefantito a salvo, entonces se estará ayudando igualmente a la interiorización del cuento.
Por otro lado, después de haber contado “El pez cubierto de percebes” —concebido especialmente para un niño de seis años que con frecuencia se hacía caca en los pantalones—, se le sugirió a la familia que le hiciera al niño un pececito de fieltro, nuevo y limpio, igual que el pececito del cuento; de hecho, se le podría poner un cordón para colgárselo al cuello o trabarlo con un lazo para que lo lleve en el bolsillo de la chaqueta; un delicado recordatorio del pez limpio y feliz (libre de percebes).
Natalie, que contribuyó con el cuento “El eucalipto” (página 265), me envió un correo electrónico donde me describía cómo había prolongado el argumento del cuento al utilizar una casita de madera en un árbol de juguete y algunas bolitas de eucalipto. En cuanto a los efectos en su hijo de tres años, me comentó lo siguiente: “… le encantan estos juguetitos con los que jugamos. Ahora soy capaz de modelar cualquier cuento o comportamiento para él; ha sido mágico observar cómo libera sus miedos o inquietudes por medio de un sencillo cuento y los accesorios adicionales”.
EJEMPLO

A continuación, comparto un ejemplo sobre cómo utilizaba Natalie los accesorios, tras el éxito obtenido con el cuento “El eucalipto”:
“La hora del baño se estaba convirtiendo en un desafío para mi niño, pues no le gustaba el agua ni mojarse la cara; de modo que, en estos momentos, en el cuento de la noche aparecen las bolitas de eucalipto que regresan del bosque a su casita del árbol, donde les espera la mamá bolita de eucalipto; luego se meten en la rutina de volver a casa: subir al cuarto de baño, darse un baño agradable y divertido, subir unos escalones más y acostarse a dormir. La canción que cantan las bolitas de eucalipto en la bañera es la siguiente:
¡Frota, frota! Pompas en la bañera. ¡Salpica, salpica! El baño nos espera. Aquí y allá… ¡Y ahora, la cabeza!
Poco después de haber añadido esta parte en el cuento, mi hijo dejó de armar un alboroto a la hora del baño y empezó a gustarle esta rutina; incluso, días más tarde, le escuché cantar mientras se bañaba y oí el sonido del agua cayendo: había cogido una taza y se estaba lavando él mismo la cabeza mientras se echaba agua por toda la cara. ¡Ahora el baño dura una eternidad!”.
Los accesorios pueden utilizarse en un cuento de diferentes maneras:
• Ofrecérselos al niño como un regalo que acompaña el cuento.
• Utilizarlos para jugar con tu hijo mientras le relatas el cuento.
• Utilizarlos para contar el cuento a un grupo de niños (en un teatrillo de mesa con muñecos de pie).
Ninguno de estos enfoques implica que se deban comprar en una juguetería. Al contrario, se produce magia y cobra mucho sentido cuando en el cuento se utilizan objetos hechos en casa: un sombrero de fieltro para un elfo o duende “ayudantes”; un escudo de madera pintado como “protección” para un niño que ha sido intimidado; un colgante con forma de estrellita para ayudar a vencer el miedo a la oscuridad.
Asimismo, al utilizar esos objetos sencillos que encontramos en la naturaleza, se llenan de magia, de sentido: una caracola color perla para ayudar a escuchar al niño que no para de hacer ruido; algunos frutos de eucaliptos, semillas y vainas de semillas para utilizarlos como enanitos en los teatrillos; un cristal reluciente como amuleto de la buena suerte. Te animo a que recojas lo que la propia naturaleza te ofrece, tanto para inspirarte a la hora de escribir el cuento como para utilizarlos en tu relato: barcos de hojas, conchas, nueces, bellotas, plumas, trozos de madera que deja el mar en la playa; incluso una viruta de madera en bucle serviría. Los diseños, formas y texturas que se encuentran en la naturaleza ofrecen ideas ilimitadas tanto para elegir los temas de los cuentos como para utilizarlos como accesorios de los mismos.
UNA CUESTIÓN DE PRINCIPIOS
Cuando estaba escribiendo este libro, me plantearon una pregunta inquisitiva: “¿Cómo podemos saber si un cuento es sanador o manipulador?”. En aquel momento estaba impartiendo un taller en Beijing y la madre que planteó la pregunta se armó de valor para compartir que se sentía culpable debido a un cuento que se había inventado recientemente. Nos contó que, como deseaba disfrutar de una comida tranquila a solas con su marido, le pidió a su hija de cuatro años que se fuera a ver la televisión a la habitación de al lado; al ratito, la niña se quejó porque uno de los personajes del dibujo animado le daba miedo. La madre, inspirándose en la vaca que tenía la niña en la camiseta, se inventó un cuento sobre una vaca que protegía a una niña de sus miedos y la envió de vuelta a ver la televisión, pero, diez minutos después, la niña volvió y dijo a sus padres: “¡La vaca no me está ayudando!” y, entonces (¡afortunadamente!), apagaron la tele y la niña se sumó a la comida de sus padres.
Este ejemplo plantea cuestiones éticas y exige que examinemos las razones que nos mueven a escribir cuentos para nuestros hijos.
El diccionario de la lengua inglesa Oxford English Dictionary, al igual que otros diccionarios en otras lenguas, define la palabra “manipulador” (adjetivo) en relación a otras personas: “que ejerce, sin escrúpulos, control o influencia sobre una persona o situación”. Aquí se acentúa el contraste con la definición de “sanador” que se presenta al comienzo de este capítulo: “devolver la salud, recuperar el equilibrio, volver a recuperar completamente el estado saludable”.
Si mantenemos nuestra premisa de que los cuentos terapéuticos “ayudan en el proceso de devolver el equilibrio a un comportamiento o situación en desequilibrio”, esto nos da la clave para la primera pregunta que debemos hacernos antes de empezar a escribir nuestros cuentos, es decir: “Para empezar, ¿hay algo fuera de equilibrio?”. Si no es así, entonces lo más probable es que estemos intentando manipular un comportamiento o situación en vez de ayudar a sanarlo. En el ejemplo anterior, la niña no presentaba ningún desequilibro, puesto que es natural que un niño se asuste con las imágenes terroríficas de la televisión; el desequilibrio se encontraba en las intenciones de su madre, que, por suerte, tal como compartió en el grupo, se dio cuenta y aprendió de la experiencia.
Del mismo modo, un cuento escrito con la intención de incitar a un niño a que “alcance de un salto” su propia fase de desarrollo podría entrar en la categoría de “manipulación”: sería el caso, por ejemplo, de un cuento que abordara el tema de orinarse en la cama por la noche y que estuviera dirigido a niños de dos años y medio; también se hablaría de manipulación si se utiliza el cuento para alentar el estudio o la práctica intensa de un instrumento musical o de un deporte para niños demasiado pequeños para soportarlo. Por lo general, no surten ningún efecto porque, desde el punto de vista de su desarrollo, el niño no está preparado para “cambiar”. Te sugiero, por consiguiente, que antes de sentarte a escribir cuentos “sanadores” investigues sobre las edades y las fases de desarrollo de los niños (físicas, emocionales, sociales, intelectuales).
Sin embargo, muchos cuentos infantiles, entre los que se encuentran los mitos y leyendas tradicionales pertenecientes a la cultura y los cuentos de hadas, están escritos de manera generalizada, no para un niño específico cuyo comportamiento se encuentra en desequilibrio. Los valores esenciales de esos cuentos —normalmente, algún tipo de cambio de un comportamiento o situación indeseable a uno más deseable— tienen el propósito de “formar el carácter”; constituyen, por lo tanto, una fuente de valores y principios éticos que nos sirven de guía, a padres y maestros, para “educar” a nuestros niños.
Por la misma razón, los cuentos de este libro, aunque están escritos para situaciones específicas, pueden igualmente tener un uso general, puesto que las resoluciones son transformadoras y apelan al propio deseo de cambiar del propio niño; por otro lado, han podido transformar el comportamiento indeseable más variado en uno más adecuado, y, además, el apasionado oyente puede aprender lecciones valiosas para la formación del carácter al seguir el desarrollo imaginativo de estos cuentos.
Si estás interesado en escribir cuentos para niños, ahí está, en mi opinión, la clave para la segunda pregunta que debes plantearte antes de planificar el argumento: “¿Fomenta los valores esenciales?”. Si la respuesta es afirmativa, sabremos que no se trata de un cuento manipulador, sino que va a servir para guiar el desarrollo del niño hacia una dirección positiva y beneficiarlo.
LA ADAPTACIÓN DE LOS CUENTOS A LAS DIFERENTES SITUACIONES
Como creadora de cuentos, me gusta mantener vivos aquellos cuentos especiales que me voy encontrando y los que yo misma escribo, y es por esta razón que disfruto compartiéndolos con los demás. Reconozco que, dependiendo de la situación específica que se esté abordando, algunos cuentos necesitarán posiblemente una ligera adaptación.
Si en este libro encuentras algún ejemplo que encaja con la situación que estás abordando, pero necesita algunos cambios, no dudes en recurrir a la “licencia poética”, pero procurando siempre mantener la integridad del cuento. (Nota: en mi primer libro, Cuentos sanadores. Una ayuda…, he reflejado detenidamente la importancia de salvaguardar la integridad del cuento, especialmente cuando se trata de los cuentos de hadas).
En lo que respecta a mis cuentos, en este libro presento algunos que he adaptado de cuentos clásicos: “El hipopótamo acalorado” (página 126), “El árbol de las reverencias” (página 149) y “Las gorras del vendedor ambulante” (página 175). A continuación, muestro otros ejemplos de cuentos modificados.
MODIFICACIONES EN EL CUENTO DEL WOMBAT
Hace poco una señora me envió un correo electrónico sobre un cuento que animó a su hijo a dormir en su propia cama. Había asistido al taller que impartí en Singapur, donde una amiga suya había inventado un cuento sobre “wombats” y, aunque ese cuento fue escrito con otra intención (para destetar a un niño de tres años y medio —véase “La familia wombat”, página 146—), la madre pensó que también podría ayudarle en su situación (desapegar a un niño de casi tres años de la cama de sus padres para que durmiera en la suya). De este modo, hizo unas pequeñas modificaciones, se lo contó a su hijo y me escribió para decirme que “¡Había obrado maravillas en su hijo!”.
Otra madre quería un cuento para destetar a su hija de tres años, así que cambió el protagonista del cuento: un canguro en vez de un wombat. Me escribió un correo electrónico donde me contaba que su hija no sabía qué era un wombat, pero que precisamente hacía poco que había empezado a jugar a que ella era la “bebé canguro” que saltaba al regazo de la madre para mamar, a la que incluso llamaba “mamá canguro”. Como los canguros también tienen unos marsupios o bolsas como los wombats, fue la elección perfecta para esta situación familiar.
Uno de mis propios ejemplos de cuentos modificados para adaptarlos a situaciones diferentes es el cuento de “una muñeca” que escribí por primera vez para una niña huérfana, Silviah, de la aldea infantil SOS de Nairobi. Desde entonces he trabajado y cambiado este cuento para adaptarlo a otras dos situaciones: cuando una maestra murió de repente y necesitábamos un cuento para sus alumnos (“Una muñeca del cielo”, página 134), y para una niña huérfana con incontinencia nocturna (“Una muñeca llamada Arcoíris”, página 269).
El hecho de cambiar cuentos escritos por otros para adaptarlos a diferentes situaciones tiene dos grandes ventajas. Por un lado, facilita la posibilidad de tener la experiencia positiva de lograr un cuento sanador y, por otro, sirve de motivación para probar otras ideas. En efecto, la experiencia de modificar un cuento escrito por otro autor es un paso importante en la creación de tus propios cuentos.
EL FINAL DE LOS CUENTOS SE PUEDE CAMBIAR
Una madre compartió en un taller una experiencia que disgustó mucho a su hija de ocho años debido a la cual estaba teniendo pesadillas: sus amigas del colegio le contaron una historia que trataba de un payaso que había raptado a un bebé de la cuna mientras su canguro dormía. Se lo comenté a mi marido y me dijo que tal vez lo habían sacado de una película de suspense en la que salía un payaso. Me puse en contacto con la madre para sugerirle que reescribiera la historia con un final positivo o feliz, pues me pareció que esto podría ayudarle a que desaparecieran las pesadillas; ¡yo misma tuve que inventarme un final para poder dormir bien esa noche!
Una semana después recibí el siguiente correo electrónico:
Gracias por tu idea de buscarle un final al cuento del payaso de mi hija Mali. Me inventé un final donde el payaso era tío del bebé y trabajaba como médico-payaso en el hospital de la zona. Al volver a casa, entró por la puerta trasera; cuando oyó a la niña llorar, la cogió para calmarla. Luego se quedaron los dos dormidos en la habitación contigua. Cuando los padres llegaron a casa, se aclaró lo que había ocurrido; fue un final muy feliz. Le dije a Mali que sus amigas solo le habían contado la mitad de la historia y que yo me había enterado del final. Me hizo algunas preguntas para probarme y se aseguró de que encajaba con lo que había oído ella, pero, en general, se quedó encantada con ese final. Definitivamente su mente se quedó tranquila y liberada del terror inicial.
¡Fue una experiencia tan interesante el hecho de reescribir el final de una historia de miedo!; no tiene nada que ver con lo que significa escribir un cuento partiendo de cero (más fácil incluso). Creo que podría ayudar a muchos padres.
Es necesario contextualizar el ejemplo anterior: en realidad, la niña de ocho años solo había escuchado a medias una historia basada en una película de suspense cuyo argumento era inadecuado para su edad. La madre le hizo a su hija un gran favor al cambiar el final.
Esa situación es muy diferente a cuando el niño escucha un cuento de hadas o un cuento sanador diseñado con un desarrollo sano y una resolución positiva; es muy probable que en el camino haya obstáculos (incluso pasajes de miedo), pero, al final, siempre se superan. Si se eliminaran por completo, al no tener que vencer ningún obstáculo, no habría un progreso positivo en el cuento.
Al investigar sobre los cuentos infantiles a lo largo de la historia y las diferentes culturas, en todos los cuentos clásicos encontramos que, o bien hay un simple problema que resolver, como el del vendedor ambulante que intenta que los monos le devuelvan sus gorras (“Las gorras del vendedor ambulante”, página 175), o bien hay una confrontación con el mal que puede adoptar muchas formas, como, por ejemplo, la hiena en la versión keniana de “Los cerditos y la hiena” (página 222) o la “bruja” del cuento tanzano “Los niños y la mariposa” (página 184).
En general, podríamos decir que cuanto más leve es el problema que se plantea, más adecuado es el cuento para niños más pequeños; cuanto más grandes son las dificultades o mayor es la “maldad”, más se adapta el cuento a niños más grandes. Sin embargo, en todos los cuentos hay cierto grado de tensión como parte integral e imprescindible en cualquier desarrollo, cuyos diferentes tipos de ambientación y desafíos ofrecen una especie de “entrenamiento del alma” necesario para el desarrollo de niños sanos. Los cuentos “tiernos” o sensibleros de hoy en día carecen de esta cualidad presente en el desafío. En un esfuerzo por proteger a nuestros hijos puede que sea tentador evitar cuentos más duros (en los que al final el bien triunfa sobre el mal), pero esto puede conllevar el riesgo de que no desarrollen las capacidades indispensables para, más adelante, superar el miedo y afrontar la realidad de la vida tal como se presenta.
La regla de oro es el “final feliz”. Estoy convencida de que tenemos la responsabilidad de encontrar (o escribir) cuentos para niños (sobre todo para los más pequeños) con desarrollos donde haya obstáculos que superar, pero siempre con un final positivo, justo y feliz.
EL CAMINO DE LA SENCILLEZ
TAN SENCILLO COMO UN CONEJO
En Nairobi conocí a una señora procedente de la India, madre de una hija y divorciada, pero con la ilusión de volver a casarse pronto. Quería contarle a su hija que un hombre le había propuesto matrimonio, de modo que eligió darle la noticia a través de un sencillo cuento sobre conejos (el animal favorito de su hija). Se lo contó por la noche, antes de dormir, en forma de un teatrillo en el que utilizó los conejos de juguete sobre un escenario improvisado con las mantas de la cama. El cuento trataba de una mamá coneja y su conejita que le tenían que decir adiós al papá conejo y encontrar otro lugar donde vivir. Durante el viaje se encontraron con un nuevo papá conejo que les invitó a su casa; entonces, la madre le preguntó a su hija: “¿Crees que aceptarán y le dirán ‘Sí, claro, nos venimos a vivir contigo’?”.
La elección de la madre fue muy simple y bastante directa; a un paso prácticamente de la situación real, pero, afortunadamente, consiguió el resultado que esperaba: la hija, por lo visto, empezó a saltar gritando “Sí” y quiso que le contara el cuento muchas veces a partir de ese día. Es posible que pienses que la madre se arriesgó; ¿y si la hija hubiera dicho que no? Seguramente habría encontrado una forma de superarlo; ¿a través de otro cuento tal vez?
A veces yo también utilizo argumentos sencillos cuando la situación y la edad del niño implicado no parece que exijan nada más complejo, por ejemplo, en el cuento de “La Niña Canoa”: “La Niña Canoa […] [estaba] buscando algún amigo, alguna amiga —alguien que jugara con ella y la cuidara…—, pero ¿dónde podría encontrar una amistad así?” (página 207). Este cuento corto fue escrito para ayudar a los niños de piel negra que vivían en una comunidad predominantemente blanca a desarrollar la conexión con su identidad cultural a través de un muñeco o muñeca de piel oscura también. (En una comunidad predominantemente negra, el mismo cuento se podría utilizar para los niños de piel blanca, invirtiendo el color de la piel). Saqué la idea del cuento de uno que había escrito anteriormente para mi propio hijo, “El Niño Nube” (véase Cuentos sanadores. Una ayuda…); aunque bastante sencillo, tuvo un efecto profundamente positivo en mi hijo y en nuestra situación familiar.
Otros ejemplos de cuentos sencillos de este libro, en los que ignoré casi por completo la estructura que yo misma propongo, son “La estrella brillante” (página 224), “Los colores del arcoíris” (página 121) y “El petirrojo solitario” (página 247); lo que verdaderamente cuenta es que los tres cuentos lograron su efecto terapéutico.
Solo sabremos si un cuento es terapéutico cuando, después de haberlo contado, se produce un cambio en el comportamiento.
Una mera presentación directa no siempre funciona, ya que solo proporciona un breve desarrollo imaginativo al maravillado oyente; pero, a veces, sí puede ser efectiva. ¡Nunca desestimes el poder de la sencillez!
TAN SENCILLO COMO EL “POEMA DE LA FRESA”
Una vez llegó una madre a un taller con un desafío para mí: ¿cómo hacer que su hijo de cuatro años dejara de comerse las fresas verdes del fresal? Como la tarea de escribir un cuento se le hacía muy dura, la animé a escribir un poema. Logró escribirlo; es más, según me comentó más tarde, había funcionado bastante bien (¡las fresas verdes seguían allí, intactas!); de hecho, el poema se convirtió en la canción que cantaba la familia cada vez que salían al jardín:
Fresa, fresa, roja será tu capa.
Te ayudaré a hacer la cama
con paja tibia y seca
como, en el bosque, la tierra,
y, enterrar tus pies en la dulce tierra.
Fresa, fresa, pronto será primavera,
¡pronto comeremos tus fresas!
Siguiendo el espíritu de la simplicidad, he incluido varios poemas “terapéuticos” en este libro (además de los 101 cuentos) esparcidos como margaritas en la alfombra de hierba de los cuentos; por ejemplo, “El palo cantarín” (página 84), “Un día en la vida de mi sombrero” (página 141), “El osito polar” (página 249) y “Estaciones” (página 206).
¡A veces un poema lo dice todo!
CUENTOS SANADORES PARA TODAS LAS EDADES
ORUGAS, CONEJOS, GACELAS, DELFINES Y BALAS OCULTAS
A los cuentos no les gusta que los encasillen por edades. A veces sucede que un cuento escrito para un niño determinado puede tener un efecto transformador en un adulto; por lo general, esto no se planifica de antemano y puede ser sutil en unos casos o más intenso, en otros.
Una vez escribí un cuento sencillo ambientado en la naturaleza sobre una pequeña cebra que, al igual que todas las crías de cebras, era marrón y blanca; pero esta cebra quería crecer muy rápido y ser blanca y negra como las mayores. La pequeña cebra intentó cambiar sus rayas marrones por negras de varias maneras (se revolcó por el barro negro; se restregó contra un tronco ennegrecido; incluso se quedó bajo la sombra de los árboles) y al final cejó en su empeño. Fue en ese momento cuando se reunió con sus amigas para jugar y comer con ellas por las llanuras verdes; empezó, sencillamente, a disfrutar con el mero hecho de ser una pequeña cebra. Publiqué este cuento en el boletín informativo electrónico del colegio de Nairobi donde trabajaba en aquel momento. Unos días después, una madre, de las que había asistido a mis charlas de formación para las familias, al verme en el aparcamiento del colegio, se me acercó corriendo y me dijo llena de emoción: “Me acabo de leer tu cuento ‘La Pequeña Cebra Marrón”, me dijo. “Ahora lo entiendo; nuestros hijos necesitan tener tiempo para disfrutar de su infancia”.
En el libro hay otros ejemplos cuyos efectos son bastante intensos y que se explican en las notas introductorias de algunos cuentos, entre los que se incluyen “Los tres cántaros” (página 156) y “Tan perfecta no era la casa” (página 116).
CUENTOS PARA ADULTOS
Además de los efectos inesperados que los cuentos infantiles puedan causar en las personas adultas, existen ocasiones, sin embargo, en las que son ellas mismas las que sienten la necesidad imperiosa de escribir un cuento determinado para su propia situación. Ocurre con bastante frecuencia en los talleres que imparto y no deja de sorprenderme; al contrario, me maravilla que la estructura que propongo para escribir cuentos sirva para todas las edades. A pesar de que este libro trata de cuentos sanadores para niños, me parece importante abordar, aunque sea brevemente, el enfoque terapéutico de los mismos en los adultos.
Hace unos años, en un taller que impartí al sur de Sídney, me encontré con un ejemplo brutal. Cuando estaba haciendo una lista de “comportamientos desafiantes” para que los asistentes escribieran un cuento en grupos pequeños, una mujer de cierta madurez levantó la mano para ofrecer su aportación. Comentó que quería escribir un cuento para una niña de tres años que había sufrido abusos sexuales a manos de un extraño en el parque. Varios participantes se sintieron tan conmovidos que quisieron formar parte de su grupo y, cuando llegó el momento de compartir el cuento, presentaron “La oruga” (página 239). La mujer eligió aquel momento para confesar ante todo el grupo que la historia trataba realmente de su propia situación y agradeció a los miembros de su grupo su contribución y apoyo. Reconoció que, desde que tuvo esa experiencia a los tres años, se había quedado con un sentimiento de “aislamiento y desconexión” durante toda su vida. Sentía que, aunque ya había revisado el tema desde el punto de vista emocional y psicológico, el cuento de “La oruga” le había ayudado a aceptar la experiencia a un nivel más profundo sin necesidad de entenderla. Mientras el gran grupo escuchaba sentado entre la conmoción y el asombro, ella describió cómo las imágenes del cuento y el cambio en la perspectiva habían aportado nuevas capas de significado a su vida, además de una sensación de milagro y transformación.
En una ocasión en la que impartía un taller para Médicos Sin Fronteras en Nairobi, me encontré con otra situación dolorosa. Además de la treintena de terapeutas y psicólogos, había algunos pacientes con VIH que también deseaban poder asistir al taller. Durante la pausa se me acercó un joven al que no le quedaba mucho tiempo de vida que quería escribir su propia historia. Me preguntó si podía trabajar al respecto en el taller y, naturalmente, le respondí que sí. Durante el resto del día lo estuve observando: sentado en un rincón con el bolígrafo en la mano, escribía en un cuaderno que acercaba bastante a la cara, pues ya le fallaba la vista. Al final del taller me senté junto a él mientras leía su cuento; había elegido escribir sobre la vida de una familia de conejos. Nos contó que, al elegir la metáfora del conejo, se había sentido libre para expresar lo que le había sucedido en realidad: su padre había pegado a su madre (no tenía que mencionar a su verdadero padre, sino contar una historia sobre un papá conejo; así le resultó más fácil), su madre había muerto víctima de sida y, después de eso, se fue de casa para vivir en la calle (en el cuento, “solo en el campo”). Su cuento tenía un final emotivo, ya que lo encontró otra familia de conejos (Médicos Sin Fronteras) que lo acogieron y cuidaron con mucho amor.
Otro ejemplo de cuentos para adultos vino de la mano de una joven que quería superar la “timidez” en el puesto de trabajo. Escribió sobre una jungla llena de animales donde había un tigre (agresor) que estaba siempre merodeando para atraparlos. En el cuento, la tímida gacela, con la ayuda de la luz plateada de la luna, le tendió una trampa al tigre, lo atrapó y lo venció.
En un nivel más sencillo, hay una situación que se presenta algunas veces cuando uno de los participantes del taller necesita desesperadamente un cuento que le ayude a mejorar una situación doméstica desafiante, un cuento para “cambiar” la actitud de su marido o mujer. Siento no tener en este momento ningún ejemplo ilustrativo de estos casos, pero sé que algunas personas han tenido una experiencia catártica al crear este tipo de cuentos. Me viene a la cabeza un caso en el que una joven esposa quería un cuento que animara a su marido a lavar los platos por la noche. Trabajó en un cuento donde los platos cobraban vida: ¡oh, cuánto ansiaban que otras manos diferentes los tocaran! Lamento no saber el efecto que causó este cuento, pero el simple hecho de poder compartir “el esqueleto del cuento” (es decir, el esquema o estructura básica de la narración; véase el apartado “El esqueleto de los cuentos”, en la página 66) hizo que tanto ella como el resto del grupo se rieran a carcajadas al final de una larga jornada de trabajo creativo.
CUENTOS SANADORES PARA JÓVENES
Indirectamente conozco varias experiencias —a través de mi trabajo con terapeutas o psicólogos— en las que esta estructura de los cuentos sanadores ha podido ayudar igualmente a diferentes jóvenes; en general, ha supuesto una variedad de cuentos en los que el desarrollo ha sido impactante, único y sutil. En una ocasión un cuento resonó bastante en una chica aborigen australiana, de dieciséis años, que había intentado suicidarse varias veces; el mensaje cobró más fuerza cuando se le regaló un collar de perlas. Más adelante me enteré de que el cuento le había ayudado a mejorar su autoestima porque le transmitió que ella tenía algo bueno y bello a lo que aferrarse. No conseguí copia del cuento, pero este era el “esqueleto del cuento”:
• Niña en la playa.
• Se queda dormida al sol.
• Sueños con un delfín (el animal totémico indígena).
• El delfín está en apuro.
• El delfín es succionado hacia abajo.
• Cuanto mayor es su lucha contra los tirones del agua, mayor es la fuerza que lo empuja hacia la zona profunda y oscura del agua.
• Entonces se da cuenta de que está atrapado en un vertido de petróleo.
• Pierde el conocimiento y flota hasta la superficie; el mar lo arrastra a la playa.
• La niña se despierta y encuentra una perla brillante en la arena.
• Pone la perla en un cordón y se lo cuelga al cuello.
• La perla se convierte en su protección.
En estas ocasiones, la elección de las metáforas necesita ideas que se salgan de lo común. Con el fin de ayudar a una joven china de catorce años cuyos padres se habían separado (y ninguno de los dos quería que viviera con ellos), un terapeuta utilizó un cuento sobre una “naranja gunnan” (una fruta de China famosa por su sabor dulce): la naranja se cae del tren cuando iba de camino al mercado y aterriza en una zona desértica de hierbajos; al principio la naranja piensa que su vida no vale nada, pero termina por encontrar, en una de sus semillas, la fuerza para “volver a crecer”.
Hay otro ejemplo de este tipo, aunque en este caso se trata de un cuento dividido en muchos capítulos. Lo escribió un psicólogo junto con su paciente, un joven de diecisiete años que tuvo un accidente de coche: conducía él y chocó contra un árbol que provocó la muerte de tres de sus amigos (todos con un elevado estado de embriaguez). El cuento se titula “La bala oculta” y, aunque la idea fue concebida en uno de mis talleres, el proceso de elaboración de cada capítulo fue evolucionando poco a poco durante las sesiones de terapia con el joven.
La historia trata sobre un capitán que guía a sus soldados a la batalla y todos mueren menos él. No obstante, sobrevive con una herida tan profunda que ningún médico es capaz de encontrar la bala que la produjo. El capitán regresa a casa y emprende la búsqueda para hallar y transformar él mismo esa “bala oculta” (que representaba la culpa y el odio hacia sí mismo); esto significó mucho trabajo por su parte, como, por ejemplo, visitar y servir a las familias de sus amigos, tanto en el cuento como en la vida real.
¡El poder sanador de los cuentos no tiene límites! 
II
Que brote la savia de los cuentos
CADA VEZ SON MÁS LAS PERSONAS QUE CONOZCO QUE, INDEPENDIENTEMENTE DE SU PROFESIÓN O CONDICIÓN SOCIAL, DESEAN ENCONTRAR PLANTEAMIENTOS IMAGINATIVOS QUE EQUILIBREN EL ENFOQUE INTELECTUAL Y RACIONAL QUE PREDOMINA EN LA MAYORÍA DE LOS SISTEMAS EDUCATIVOS MODERNOS. LA MAYORÍA DE NOSOTROS SOMOS COMO “CIRUELAS PASAS” Y NECESITAMOS CUENTOS Y METÁFORAS QUE TRANSFORMEN NUESTRA IMAGINACIÓN EN CIRUELAS JUGOSAS10.
Con una vida tan ocupada como la que llevamos de adultos, no es difícil que nuestra imaginación “se seque”. La imaginación funciona igual que los músculos, es decir, puede atrofiarse por falta de uso y, en ese caso, necesitará algunos ejercicios que la fortalezcan. En la educación primaria y secundaria el aprendizaje está prácticamente centrado en el pensamiento científico y racional; así era en mi época de estudiante y, en gran medida, todavía sigue siendo así. Recientemente escuché en la radio una entrevista a un joven al que le habían otorgado el “Premio Nobel” de matemáticas; reconocía que, cuando estaba en el colegio, era brillante en matemáticas y ciencias, pero apenas tenía destrezas creativas. Comentaba, además, cuánto habría deseado haber recibido una educación donde la imaginación desempeñara un papel más importante; incluso compartió un ejemplo ilustrativo de esta falta de creatividad en su infancia: cuando le pidieron que escribiera sobre su “hogar”, elaboró un listado con cada objeto que había en cada habitación de la casa y luego los contó.
La creatividad se estimula, primeramente, a través de la lectura y, luego, intentando escribir cuentos y poemas. Si sientes que tu imaginación es como una “ciruela pasa”, te sugiero que, para empezar, elijas diez cuentos de este libro y leas uno cada día. Aunque están escritos principalmente para los niños, podrás encontrar metáforas y propuestas imaginativas que nutrirán tu alma de adulto. Si notas que te estás beneficiando, te aconsejo que sigas leyendo más relatos: cuentos populares y cuentos de hadas de muchas culturas, historias ambientadas en la naturaleza, divertidas, inverosímiles. ¡Hay tantos tipos de cuentos que pueden alimentar nuestra imaginación! Las novelas de fantasía y trilogías, como El Señor de los Anillos, son otra fuente enriquecedora y nutritiva de creatividad; asimismo, sería de utilidad asistir a un curso de creación de cuentos o de escritura y a sesiones de cuentacuentos.
La Madre Naturaleza puede ser una fuente maravillosa de inspiración para la imaginación del adulto. Cuando estoy en la fase de reflexión previa al cuento en sí, las mejores ideas se me ocurren en medio de la naturaleza; en realidad, caminar por el bosque, el monte o la playa, sentarme en un parque o en un jardín son experiencias que han nutrido mi imaginación cuando he pasado por el llamado “bloqueo del escritor”. La naturaleza puede refrescarnos, limpiarnos, fortalecernos y alimentarnos; si estoy escribiendo cuentos para niños pequeños, en esos casos en particular, necesito bucear en la maravilla y la belleza de la naturaleza para poder abrir verdaderamente mi corazón y mi mente.
EL “ESQUELETO DE LOS CUENTOS”
En la segunda parte del libro, cada capítulo está dedicado a una de las diferentes “categorías de comportamiento” y se cierra con una serie de ejercicios que tal vez pueden servirte de ayuda para crear tus propios cuentos. Bajo el nombre de “Esqueleto de cuentos”, ofrecen un resumen o el “esqueleto” de un argumento para que el lector se sienta libre de completar los detalles, trabajar la fluidez del discurso y convertirlo realmente en un cuento.
Muchas de las ideas para estos “esqueletos de cuentos” proceden de los debates que se originan en los talleres que imparto. Cada uno incluye el esquema del desarrollo de un cuento al que puedes añadir “ropa” metafórica para darle cuerpo. Algunos son muy breves; otros solo se han completado parcialmente y, en algún caso, se incluyen varias opciones de argumentos y finales posibles.
Estos ejercicios pueden ayudar incluso al escritor de cuentos más experimentado. Hace poco mi nuera Evie publicó una petición en Facebook: “No estoy disfrutando de mi hijo de tres años y medio. No, no quiero representar un papel, ¡pero… es muy frustrante! Creo que es hora de ser creativa, ¿alguna idea?”. En aquel entonces estaba en Kenia y me sentí motivada para escribir un cuento. Me senté ante el portátil preguntándome por dónde empezar; entonces me acordé de que en los ejercicios de “esqueleto de cuentos” que tenía pensado incluir en este libro había uno titulado “La excavadora dice que no”. La idea para este cuento surgió en un taller celebrado en Sídney, en Australia; el grupo quería un enfoque creativo para un niño de cuatro años que decía “¡No!” a todo. Habían elaborado un simple esbozo y una pequeña rima: “La excavadora dice que no. / ¡Nada puede crecer! ¡Pues no!”. Aproveché el “esqueleto” para completarlo y darle la forma adecuada de un cuento (página 275); además, añadí algunas cosas relacionadas con mi nieto Harrison (su gusto por las fresas, las excavadoras y jugar en el arenero). Al día siguiente envié a Evie el cuento por correo electrónico y ella lo transformó, con mucha ilusión, en un libro ilustrado para compartirlo con Harrison durante el momento diario que dedicaban a la lectura.
Espero que estos ejercicios a partir de los esqueletos de cuentos, que se encuentran al final de cada capítulo de la segunda parte, te faciliten tu inmersión en la creación de historias; pero, por favor, no olvides que tan solo son sugerencias, puesto que, en realidad, se pueden elegir diferentes metáforas y otro desarrollo a la hora de escribirlas. Siéntete libre de enviarme por correo electrónico tu cuento terminado con una descripción de cómo ayudó a cambiar una situación o comportamiento desafiante. ¿Quién sabe? Tal vez podría aparecer en mi próximo libro, creando alrededor del mundo ¡un movimiento de cuentos lleno de vida!
EJERCICIOS DE IMAGINACIÓN
Además de intentar realizar los ejercicios de los “esqueletos de cuentos” citados anteriormente, he aquí algunas ideas para ayudarte a que fluya la savia de la imaginación.
EJERCICIO DE IMAGINACIÓN

Comienza con una canción o poema infantil; luego, desarróllalo en forma de cuento. Este ejercicio es una opción estupenda para adentrarse en la creación de cuentos; te sorprenderá lo fácil que te resultará inventarlos de esta manera, sobre todo, cuando son para niños pequeños.
EJEMPLO: “ALREDEDOR DE LA MORERA” (CANCIÓN DE CORRO INFANTIL)I
La señora (¿o el señor?) Morera vivía en una casita redonda bajo una enorme morera. Una mañana decidió lavar las cortinas, pues era el momento de su lavado rutinario. Se estiró lo que pudo para quitar, uno a uno, los ganchos del riel (aquí puedes añadirle la letra a la melodía de la canción “Alrededor de la morera”: “Así es como quito las cortinas” o “uno a uno, gancho a gancho”). Después llenó la bañera con agua y jabón y empezó a frotar (“Así es como lavamos las cortinas, […] escurrir las cortinas, … frotamos las cortinas […]”, etc.). Cuando hubo lavado y escurrido las cortinas, la señora Morera salió fuera a tenderlas y se estiró para trabarlas con las pinzas de la ropa (“Así es como las trabamos, una a una, trábalas bien, una a una, en el tendedero, una a una”), etc. (El cuento podría continuar y hacerse más largo, según el proceso del sol y el viento al secar la ropa). Finalmente, la señora Morera recoge las cortinas y entra con ellas en la casa, las plancha y después las vuelve a colgar.
Un cuento como este podría tener un valor sanador si, por ejemplo, fuera necesario lavar el juguete favorito de un niño y este fuera reacio a soltarlo. Se podría añadir el oso de peluche o la muñeca al cuento sobre el día de lavado de la señora Morera o sustituirlo por las cortinas, plasmando siempre la imagen del ciclo de lavado y secado.
EJEMPLO: “INCY WINCY ARAÑA” (CANCIÓN POPULAR INFANTIL)II
Una mañana, la araña Incy Wincy decidió que quería conocer el mundo, así que salióde su casa bajo los arbustos y atravesó el jardín (¿se podría utilizar una canción o poema para el camino?). Entonces, al llegar a la pared de una casa, subió por la canaleta de agua (aquí podría utilizarse la primera parte de la canción “Incy Wincy Araña”, repitiéndola un par de veces). Después atravesó el tejado (¿otra vez la canción o poema para el camino?). Luego se desató un fuerte viento que, de un soplido, llevó algunas nubes de lluvia al jardín; la lluvia tiró a Incy Wincy del tejado y entonces bajó por la canaleta de agua, rueda que rueda por todo el camino hasta el suelo. Una vez abajo, rápidamente volvió corriendo a casa, bajo los arbustos, contenta de estar a salvo y cómoda otra vez. Más tarde, ese mismo día, el sol salió y secó el agua de la lluvia, así que la araña Incy Wincy ¡volvió a subir por la canaleta!
Un cuento como este se podría utilizar en un paseo cuando un niño o un grupo de niños se disgustan porque les sorprende la lluvia; quizás tienen que guarecerse durante un rato y el maestro o el padre podría aprovechar ese tiempo para contarles un cuento —largo o corto— sobre la araña “Incy Wincy”; de ese modo, los niños estarían entretenidos y, además, les ayudaría a relajarlos ante cualquier tipo de ansiedad, con la tranquilidad de saber que “el sol volverá a brillar”.
En este libro se encuentran ejemplos de cuentos que se han elaborado e inspirado a partir de poemas y canciones: “Los gritos del reloj” (página 259), “La hormiga Siafu y su tambor” (página 273) y “El pequeño tamborilero” (página 211).
Te animo a que elijas las canciones o poemas favoritos de tus hijos y los transformes en pequeños cuentos; es muy probable que el proceso te parezca de lo más satisfactorio. Puede tratarse simplemente de un cuento divertido, para disfrutarlo; ¡eso es de gran valor! Ahora bien, también puedes encontrar la manera de utilizar este ejercicio para una necesidad terapéutica determinada; por ejemplo, si tu hijo es muy melindroso a la hora de comer y estás intentando que se anime a probar nuevos alimentos —huevos para desayunar, por ejemplo—, en ese caso un cuento sobre Humpty Dumpty III, el famoso personaje infantil, podría ser el indicado. Podrías valerte incluso de la licencia poética y cambiar el final: tal vez consiguieron recomponer a Humpty Dumpty y así lo pudieron llevar al mercado, donde un niño lo compró, pues lo quería para el desayuno; otra opción sería que de la pared se cayera en una sartén y se hiciera un huevo revuelto. Un cuento así entraría en la categoría de “cuentos sin sentido”, un tipo de cuentos para niños que los adultos deben recordar que no están escritos para tomárselos demasiado en serio. Se dirigen al sentido del humor aún en ciernes de los niños e incluso desafían la regla de oro del “final feliz” en los cuentos infantiles. La propia naturaleza del sinsentido implica “ausencia de reglas”.
En referencia a los cuentos para niños más grandes, nos podemos inspirar en baladas y poemas, como, por ejemplo: The Highwayman (canción de Loreena McKennitt, basada en el poema de Alfred Noyes), La canción de Hiawatha [poema de H. W. Longfellow], El baile de la mariposa (poema infantil de William Roscoe) o Waltzing Matilda (la canción folclórica australiana más conocida en el ámbito internacional). Una de las películas clásicas australianas, Herencia de un valiente (The Man from Snowy River), se hizo a partir de una balada tradicional australiana con el mismo nombre. Otra fuente de ideas podrían ser los poemas divertidos o sin sentido, entre los que se encuentran: “Los Jumblies”, que se hicieron a la mar en un cedazo; “El búho y la gatita”; “Wynken, Blynken y Nod”, los niños que se fueron a navegar en un zapato de madera.
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