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Divagaciones
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Un caballo con la arena
de varias horas abajo y el perro cojo
fingiéndose muerto o pateado
por la bota de nuestro líder
cuyas órdenes –se sabe–
pondrán en aprietos al enemigo
del bien común
promulgado ayer por los tres poderes
que a veces la memoria acoge
como un esquema imprevisto
por la infancia en sus cuadernos
de dibujos negros y rojos.
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Nos imagino enumerando los detalles,
el hueco pardo entre dos cimas,
cuatro ruedas en el aire raspando
un metal contra otro mientras el agua
predominante se arquea o reluce
para secarse luego en la brecha.
¿Cómo suena?
Un vacío desemboca en la guerra,
otro en la doctrina.
A nuestro líder le toca decidir
si las circunstancias
ameritan la aplicación de medidas.
En los desiertos a veces
las trincheras se oponen por inercia al relleno
y hay que sacar los cadáveres antes del verano.
Eso leí en un panfleto.
Pienso que si nuestro líder
clava la bota en la arena más persistente
el perro cojo husmeará la huella
y tú, mi amigo, recordarás ese conflicto
una tarde con un comisario
que sólo quería cerrar una reja,
no impedir la entrada.
Pero a ti con tu perro cojo a un lado
la diferencia te resultó tan abstracta
como el hastío de la duración en una obra
de dos actos con la bobina en medio
del escenario repitiendo el mismo ruido
de un cuerpo que se mete con otro
y recita su placer sin entonarlo.
Las trifulcas conceptuales no tienen remedio.
O das la mano o no la das
y entonces habrá alguien que denuncie:
esto no es malo, es peor,
y alguien más que reponga
los números y los colores
para que la solución salte a la vista:
Aquí está la jaula, allá la gallina.
Usted escoja.
No hay imagen que soporte el régimen de fracturas.
En tus cuadernos, amigo del perro cojo,
trazarás la ruta continua, hasta mística,
de las personas que ocurren en cada cabeza:
cinco para mí, seis para ti,
traqueteando, si quieres, como un tren
cuyo paso distorsiona cierta costumbre
del silencio en un árbol antes de la brisa
con el pájaro que se aferra
convencionalmente a la rama
o la figura de un palo en la sombra del follaje,
golpeando bultos en la grava.
Si hay escarmiento,
tendrá que ver con el tamaño de la piedra.
O eso me digo en mi sector de la casa
donde corrientes diversas o difusas
van levantando hoy caravanas entre el polvo
y la madera en los rincones
y una minúscula pelota se forma
para que un ojo juegue con el otro.
Notas desde un festival de poesía para mi amigo del perro cojo
14-IV-0000
un señor con mi foto al aire
me espera en el aeropuerto,
sonríe al verme, agita la mano,
se tropieza con una maleta
en el pasillo, donde hay más gente
que también espera,
ya en el coche del señor
hablamos del clima
hasta que dejamos de hablar,
entonces el señor me explica
que habrá muchos poetas de muchos lugares,
lo cual siempre enriquece
a los ciudadanos de ese país
o de cualquier otro,
pues los poetas leen sus poemas
en sus idiomas y los ciudadanos
oyen los idiomas, después visualizan
lo que dicen esas palabras
hasta que entenderlas parece
igual a conocer con los oídos
y la voz a veces recitando
mientras los ademanes
o tonos se colocan a lo largo
de los poemas para apuntalarlos
(yo en mi asiento junto al señor
imagino a los poetas llegando de sus países;
sé que falta aún el africano que canta)
el señor me deja en el hotel,
mi cuarto no es mi cuarto:
hay vecinos enfrente,
pronto me estarán observando
pregunto en la recepción
dónde se come:
dos cuadras más abajo
venden pollo
no hay poetas todavía
pero van apareciendo en la noche
nos conocemos en la banqueta
yo les pregunto por sus países y sus idiomas
en coches
nos llevan a un bar con música,
se celebra la existencia mundial de la poesía:
cuánto la aprecia el pueblo,
cómo debemos educarlo,
los vasos chocan
fumo en la salida con un nativo,
nuestro intercambio de datos es cordial,
me cuenta de su democracia,
yo le cuento de la mía,
falta aún el africano que canta
15-IV-0000
en un camión limpio
nos transportan a los poetas
por una carretera angosta entre cafetales,
veremos un volcán activo,
luego un lago,
nos dice el guía
a nuestra llegada el volcán está cubierto de nubes
pero surge nítido en la foto
que tomó un turista hace una hora
bajando notamos que el lago es un lago
un poeta escribe en su cuaderno
un haikú,
lo leerá mañana, anuncia
en la noche nos llevan
de nuevo al bar con música,
un poeta habla de la guerrilla,
cómo estuvo él en una trinchera
liberando a otro país pequeño,
cómo le explotó una bomba,
le dañó el cerebro,
cómo ahora baila tres días a la semana
para recuperar la parte más clara de su cabeza,
números y colores y recuerdos,
otro poeta quiere participar,
en su país ha habido una revolución,
derecha, izquierda,
no importa,
fue el pueblo mismo
nos miramos los poetas,
sabemos los poetas,
hemos escrito:
estamos listos
falta aún el africano que canta
16-IV-0000
casi al amanecer
nos suben a otro camión:
vamos a leer poemas en provincia,
cinco minutos para cada uno
frente al micrófono,
¡habrá jóvenes!
en provincia
los poetas de otros países
toman turnos para fotografiarse,
plazas y bancas y viejos
sentados bajo los árboles,
la vida como si nada,
exclama un poeta,
otro comenta: hay que escribirlo,
el contorno del instante,
se acuerda de un verso
que no dura con cuervos
en medio de la nieve
el auditorio tiene dos entradas,
butacas vacías,
un telón de fondo sin reflejos,
aún no hay nadie,
los poetas paseamos por las veredas,
un perro amarillo
se rasca en la esquina
pienso en mi amigo
con su perro cojo
que es un talismán
o eso creo mientras escucho
poemas de otros países
en idiomas con sonidos
que desconozco,
aunque leo las versiones
en una pantalla:
desiertos simultáneos
con tropas invasoras,
erotismo denso en la arena,
la fraternidad del alma partida
entre el cielo y la piel,
según ese idioma,
pero hay otros, los leo,
me asombran, amigo,
tienen la textura real
de naciones en fragmentos,
me convenzo,
propongo mi tripa de gato
sin efecto alguno,
el poeta del cuaderno
recita su haikú del lago
y el volcán con las nubes,
el público aplaude,
los jóvenes han aprendido
ese día con los poetas
de otros países y sus idiomas
traducidos con luces
en la pantalla
por la noche al bar
le quitan la música,
un poeta me da detalles
de la conspiración en las fronteras,
cómo nos quieren vender,
cómo nos quieren comprar,
qué va a hacer la poesía,
exige, pensemos en soluciones,
debe denunciarse la injusticia,
escribamos un comunicado,
que no se olvide,
no se pisoteen los derechos,
la poesía debe hacerse cargo,
corrijo las consignas,
brindamos,
nos suben en coches
mañana llega el africano que canta
17-VI-0000
por teléfono me dice mi amigo del perro cojo
que otro amigo le habló de los follajes
espléndidos que se ven desde las ventanas
en el país donde estoy con los poetas,
debo fijarme en la naturaleza,
los flancos verdes y los manantiales,
las aves exóticas y la variedad de las frutas,
lo haré, le prometo, miraré por las ventanas
esquivando los trozos de concreto que estorben
en el desayuno está el africano que canta,
los poetas lo rodean, le preguntan, los imito,
vislumbrando la concordia
de los días venideros
en todos los senderos,
me digo, de la alegría
18-IV-0000
entro en la selva
enjaulada
a ver mariposas,
llueve en la selva
enjaulada,
algunos capullos
se abren en siete minutos,
entro en la selva
enjaulada
a ver diminutas ranas
pardas bajo la lluvia,
me refugio en una cabaña
donde los turistas comen,
me fijo en la naturaleza
con la lluvia en la selva
enjaulada
más tarde
en otro recinto público
lee un poeta
sobre las palabras
atrapadas en el tórax,
cómo tejen redes de silencio,
cómo una niña indaga:
qué son esas líneas,
poemas inevitables,
le responden
luego nos llevan al bar con música
donde discutimos nuestras ideas,
un joven con su vaso de cerveza
me describe los conflictos modernos,
los poemas son fuentes de energía,
afirma, amigo del perro cojo
pienso en los vecinos de mi cuarto
que me observan con su ropa
desperdigada, él fumando,
ella perorando, mañana me iré,
amigo, de esta parte
donde los poetas seguirán
haciendo viajes
tierra adentro
con sus poemas
para la gente
el africano que canta se irá a la costa
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