Kitabı oku: «Correspondencia 1928-1940»

CORRESPONDENCIA 1928-1940
Theodor W. Adorno
En las condiciones en que fueron escritas, las cartas son documentos de la incertidumbre. Y su sentido completo se alcanza solo prospectivamente.
Los lectores terminamos de conocer el significado de una angustia, de una carencia, de una solicitud, porque, décadas después, sabemos que no fueron atendidas o no obtuvieron la respuesta deseada.
BEATRIZ SARLO, del epílogo del libro
La correspondencia entre Theodor Adorno y Walter Benjamin es una correspondencia histórica. ¿Qué quiere decir esto? Hay aquí guardados varios tesoros para las generaciones que los sucedieron y las que nos sucederán. Al menos dos largos pasajes –agudas cartas de preguntas y respuestas– contienen claves para comprender problemas centrales de la filosofía y la filología. Pero esta apreciación podría extenderse a casi todas sus páginas. Estos intercambios han sido reproducidos y diseccionados por comentaristas, por polemistas, por adoradores. Es histórica, además, porque aquí está retratada esa etapa crucial de la era de las catástrofes que fue la primera mitad del siglo xx en Europa. Y sin embargo, como escribe Beatriz Sarlo en el epílogo que acompaña esta publicación, esta correspondencia única está fuera de la sucesión, pertenece a un tiempo del ahora que constantemente repone su actualidad. Es contemporánea en ese modo especial de lo clásico.
Discusiones teóricas y vicisitudes personales, que en buena parte son retrato de toda una época, quedan delineadas en estos intercambios que demuestran, una vez más, la trama de contactos humanos, disputas e ilusiones que hacen a la “persistencia del pensamiento”. Esa persistencia fue construida por estos autores a fuerza de escritura, y esa fuerza ha dejado su huella, esmerada, en cada línea de este libro.
MARIANA DIMÓPULOS
Correspondencia 1928-1940
THEODOR W. ADORNO - WALTER BENJAMIN
Epílogo de Beatriz Sarlo
Traducción de Laura S. Carugati y Martina Fernández Polcuch
Edición en español al cuidado de Mariana Dimópulos

Índice
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Sobre este libro
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Acerca de esta traducción
Correspondencia 1928-1940 1. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 2/7/1928 2. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 1/9/1928 3. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 29/3/1930 4. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 10/11/1930 5. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 17/7/1931 6. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [Berlín,] 25/7/1931 7. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 31/3/1932 8. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Poveromo (Marina di Massa), 3/9/1932 9. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [s. l.,] 10/11/1932 10. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 1/12/1932 11. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Berlín, 14/1/1933 12. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 29/1/1934 13. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 4/3/1934 14. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 9/3/1934 15. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 13/3/1934 16. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 18/3/1934 17. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 5/4/1934 18. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 9/4/1934 19. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Frankfurt/M., 13/4/1934 20. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Brooklyn (West Drayton), 21/4/1934 21. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 28/4/1934 22. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 24/5/1934 23. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 6/11/1934 24. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 30/11/1934 25. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 5/12/1934 26. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 16/12/1934 27. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 17/12/1934 28. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 7/1/1935 29. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Mónaco-Condamine, [comienzos de abril de 1935] 30. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 1/5/1935 31. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 20/5/1935 32. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 31/5/1935 33. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 5/6/1935 34. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 8/6/1935 35. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 10/6/1935 36. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 19/6/1935 37. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 5/7/1935 38. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Frankfurt/M., 12/7/1935] 39. Wiesengrund-Adorno y Gretel Karplus a Benjamin. Hornberg, 2, 4 y 5/8/1935 40. Benjamin a Gretel Karplus y Wiesengrund-Adorno [París, 16/8/1935] 41. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 27/12/1935 42. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Frankfurt] 29/12/1935 43. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [París,] 3/1/1936 44. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Londres, 29/1/1936 45. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 7/2/1936 46. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 27/2/1936 47. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Londres, 18/3/1936 48. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [París, después del 18/3/1936] 49. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 28/5/1936 50. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 2/6/1936 51. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 4/6/1936 52. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 16/6/1936 53. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 20/6/1936 54. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 30/6/1936 55. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Berlín, 6/9/1936 56. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 27/9/1936 57. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 15/10/1936 58. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 18/10/1936 59. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 19/10/1936 60. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 26/10/1936 61. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 5/11/1936 62. Wiesengrund-Adorno a Benjamin. Oxford, 7/11/1936 63. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 28/11/1936 64. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 2/12/1936 65. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 29/1/2937 66. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 17/2/1937 67. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 1/3/1937 68. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [París,] 16/3/1937 69. Gretel Karplus y Wiesengrund-Adorno a Benjamin. Wurzburgo, 31/3/1937 70. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [París,], 13/4/1937 71. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Frankfurt, 15/4/1937 72. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 20/4/1937 73. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 23/4/1937 74. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 25/4/1937 75. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 1/5/1937 76. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 4/5/1937 77. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 9/5/1937 78. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 12/5/1937 79. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Oxford, 13/5/1937 80. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [París,] 17/5/1937 81. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 15/6/1937 82. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Nueva York, 17/6/1937 83. Wiesengrund-Adorno a Benjamin A bordo del. Normandie, 2/7/1937 84. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 10/7/1937 85. Benjamin a Wiesengrund-Adorno [San Remo, aprox. mediados de julio de 1937] 86. Benjamin a Wiesengrund-Adorno San Remo, 21/8/1937 87. Theodor y Gretel Wiesengrund-Adorno a Benjamin. Londres, 13/9/1937 88. Wiesengrund-Adorno a Benjamin Londres, 22/9/1937 89. Benjamin a Theodor y Gretel Wiesengrund-Adorno París, 23/9/1937 90. Benjamin a Theodor y Gretel Wiesengrund-Adorno Boulogne sur Seine, 2/10/1937 91. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Londres,] 22/10/1937 92. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Boulogne sur Seine, 2/11/1937 93. Benjamin a Theodor y Gretel Wiesengrund-Adorno Boulogne sur Seine, 17/11/1937 94. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Londres,] 27/11/1937 95. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Londres,] 1/12/1937 96. Benjamin a Wiesengrund-Adorno Boulogne sur Seine, 4/12/1937 97. Wiesengrund-Adorno a Benjamin [Londres,] 1/2/1938 98. Benjamin a Wiesengrund-Adorno París, 11/2/1938 99. Theodor W. y Gretel Adorno a Benjamin [Nueva York,] 7/3/1938 100. Benjamin a Theodor W. y Gretel Adorno París, 27/3/1938 101. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 8/4/1938 102. Benjamin a Theodor W. y Gretel Adorno París, 16/4/1938 103. Theodor W. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 4/5/1938 104. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 8/6/1938 105. Benjamin a Theodor W. y Gretel Adorno París, 19/6/1938 106. Theodor W. y Gretel Adorno a Benjamin Bar Harbor,. Maine, 2/8/1938 107. Theodor W. y Gretel Adorno a Benjamin en una carta de Meyer Schapiro a Adorno [Bar Harbor, Maine, CA. 12/8/1938] [en inglés] 108. Benjamin a Theodor W. y Gretel Adorno Skovsbostrand, 28/8/1938 109. Benjamin a Adorno Skovsbostrand, 4/10/1938 110. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 10/11/1938 111. Benjamin a Adorno París, 9/12/1938 112. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 1/2/1939 113. Benjamin a Adorno París, 23/2/1939 114. Theodor W. y Gretel Adorno a Benjamin [Nueva York,] 15/7/1939 115. Benjamin a Theodor W. y Gretel Adorno París, 6/8/1939 116. Gretel y Theodor W. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 12/11/1939 [En inglés] 117. Adorno a Benjamin [Nueva York,] 29/2/1940 118. Benjamin a Adorno París, 7/5/1940 119. Adorno a Benjamin Nueva York, 16/7/1940 [en inglés] 120. Benjamin a Adorno Lourdes, 2/8/1940 121. Benjamin a Henny Gurland [¿y a Adorno?][Port Bou, 25/9/1940][en francés]
Posfacio del editor a la edición alemana
Cartas facsimilares
Epílogo, por Beatriz Sarlo
Sobre los autores
Página de legales
Créditos
Otros títulos de esta colección
ACERCA DE ESTA TRADUCCIÓN
La presente versión en castellano de la correspondencia entre Walter Benjamin y Theodor W. Adorno se basa en la edición alemana publicada por la editorial Suhrkamp en 1994 que no difiere de la reimpresión de diciembre del 2020.
Habiendo transcurrido más de 25 años desde entonces, consideramos necesario intervenir mínimamente en las notas del editor, Henri Lonitz, incorporando los años de fallecimiento posteriores a esa fecha así como las referencias a las ediciones alemanas de cartas que en aquel entonces aún estaban inéditas. Las notas de esta edición incluyen también referencias a versiones castellanas de aquellos textos que existen en nuestro idioma y cuyos datos de edición hemos podido identificar.
Para dejar constancia del carácter en cierta medida informal de la escritura epistolar, hemos optado por respetar las marcas diacríticas del original, con la única excepción de las expresiones en terceras lenguas, que hemos adaptado al uso editorial colocándolas en bastardillas. De allí que también hayamos mantenido en todos los casos los errores de escritura, las confusiones u omisiones de las cartas originales. Los interlocutores, en sus cartas manuscritas o mecanografiadas, rara vez destacan, con comillas o subrayados, los textos, propios o ajenos, que mencionan. En la mayoría de los casos, se trata de obras en curso o de manuscritos aún inéditos. Escribir esos títulos en bastardillas, como si se tratara de libros publicados, habría significado plasmar en este intercambio epistolar una realidad extemporánea.
Se intentó conservar también la ubicación de la firma en el espacio de la carta, tal como puede verse en las reproducciones facsimilares incluidas en el volumen gracias a la gentileza del Walter Benjamin Archiv y el Theodor W. Adorno Archiv en la Akademie der Künste de Berlín. Queremos expresar nuestro especial agradecimiento al Prof. Dr. Erdmut Wizisla por su interés y generosidad.
En algunos pasajes de gran complejidad, sobre todo por tratarse de un original no destinado a la lectura de terceros, hemos consultado las traducciones que nos precedieron en nuestra labor traductiva: las cartas que Benjamin envía a los Adorno en forma conjunta y aquellas respuestas de Gretel Adorno que la edición alemana de este libro incluye, así como algunas cartas de Benjamin incluidas en el volumen Sobre Kafka, todas ellas traducidas por Mariana Dimópulos para Eterna Cadencia (2011 y 2014 respectivamente), las cartas de Adorno seleccionadas para el volumen Sobre Walter Benjamin y traducidas por Carlos Fortea (Cátedra, 1995) y, desde luego, la primera traducción de esta correspondencia completa, realizada por Jacobo Muñoz Veiga y Vicente Gómez Ibáñez y publicada por Editorial Trotta en 1998. A este diálogo a través de los textos se suman los valiosísimos aportes realizados por Mariana Dimópulos, quien leyó nuestra traducción con sumo detenimiento y enriqueció nuestra lectura con sus observaciones. Nuestro cordial agradecimiento a quienes nos brindaron sus aportes y colaboración.
LAURA S. CARUGATI
MARTINA FERNÁNDEZ POLCUCH
Febrero de 2021
CORRESPONDENCIA 1928-1940
1. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 2/7/1928
Querido Sr. Wiesengrund
Sus amables líneas1 me han dejado con la agradable sensación de expectativa respecto del “Schubert”.2 Porque entiendo que a este alude usted. Ojalá entretanto haya podido darle un cierre feliz. ¿Me permite que me adelante y le pida ya su consentimiento para compartir el manuscrito también con Bloch?3 Poder leerlo junto con él me resultaría muy provechoso.
Aquella vez en Berlín, usted manifestó tanta amabilidad y tanto interés por mi amigo Alfred Cohn4 que finalmente he resuelto comunicarle el devenir de los hechos o, lamentablemente y mejor dicho, la liquidación de la empresa donde trabaja y así de su puesto. Ninguna de las dos cosas hasta el momento se ha efectivizado, y la liquidación aún es un secreto comercial. Pero llegando a octubre no caben dudas de que su situación se volverá sumamente crítica si sus amigos no logran intervenir. De modo que ahora quiero y debo hacer lo que está en mis manos: y en este caso el único modo de hacerlo es hablándole nuevamente de mi amigo. Desde luego que me queda claro que la combinación berlinesa ha caducado. Ahora bien, si mal no recuerdo, en aquel momento usted conjeturaba acerca de ciertas chances en Frankfurt, ¿es así?
Sé que esto es suficiente para volver a activar su amistad y su influencia en caso de que vislumbre posibilidades de éxito.
Mientras me presento con este pedido me pesa en el corazón el hecho de que en apariencia aún no haya recordado mi intención de invitar a la señorita Karplus.5 Pero esto no se debe a un olvido. En las últimas semanas, los trabajos y las circunstancias que se fueron entreverando de manera poco feliz6 me hicieron sentir demasiado limitado como para poder dirigirme a ella.
En cuanto la situación mejore, y espero que sea pronto, usted volverá a tener noticias mías por su intermedio.
Me despido por hoy saludándolo con todo mi afecto
| 2 de julio de 1928 | Suyo |
| Berlín-Grunewald | Walter Benjamin |
| Delbrückstr. 23 |
2. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 1/9/1928
Querido Sr. Wiesengrund
Difícilmente se pueda hallar una disculpa para mi largo silencio. Lea, entonces, estas pocas líneas a modo de explicación. Pero le adelanto mi agradecimiento profundo por sus manuscritos.7
Cuando estos llegaron a mis manos, justo estaba con Bloch, que estaba tan impaciente por llevárselos a su casa que, contre cœur, se los cedí. Luego se presentaron las circunstancias que lo llevaron a abandonar Berlín de improviso y no le dieron tiempo para ocuparse de ellos, y lamentablemente tampoco para devolvérmelos.
Así es que los he recuperado hace apenas unos pocos días. Pero como no quiero sumar a este desatino el adicional de leer el “Schubert” de manera precipitada, he resuelto solo anunciarle con estas palabras que en una semana podrá contar con un comentario al respecto y, pienso, con un agradecimiento de carácter menos formal.
Para liquidar todo lo indigno de entrada: la redacción de “Literarische Welt”8 había acogido muy veloz y enérgicamente mi propuesta de pedirle a usted la contribución mencionada para el número sobre George. Me aseguraron que lo convocarían de inmediato. Yo fui lo suficientemente imprudente como para considerar que la cuestión se había resuelto, en lugar de contar con la ilimitada negligencia de este tipo de oficinas. También esto me compele a pedirle disculpas.
Por mejores auspicios para el futuro
le envío mis afectuosos saludos
| 1º de septiembre de 1928 | Suyo |
| Berlín-Grunewald | Walter Benjamin |
| Delbrückstr. 23 |
Muchísimas gracias por todo lo que ha hecho por mi amigo.9 Como lamentablemente no ha perdido actualidad, en otra ocasión volveré al tema.
3. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 29/3/1930
Querido Sr. Wiesengrund:
Le pido que me disculpe si le ocasiono trabajo. Tuve el descuido de olvidar uno de los autores que me nombró10 de aquellos que escribieron sobre Kraus. Creo incluso que el nombre me asombró mucho cuando usted lo mencionó. Los que sé: Liegler,11 Haecker,12 Viertel13… pero había uno más. Usted dijo, si no recuerdo mal, que era discípulo de Kraus.
¿Sería tan amable de enviarme esta información en una postal a la brevedad?
¡Muchísimas gracias!
| 29 de marzo de 1930 | Suyo |
| Berlín W | Walter Benjamin |
| Friedrich Wilhelm Str 15III |
4. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 10/11/1930
Querido Sr. Wiesengrund:
En estos últimos días murió mi madre;14 de ahí que se demoraran estas líneas. Lamento que tengan que ser más escuetas de lo que desearía. Mucho de lo que aborda su carta es tan importante para mí que quisiera responder detalladamente. Pero es tanto el trabajo apremiante.15 Lo que usted objeta del tema que propuse para Frankfurt16 se aviene a mis propios escrúpulos. Una razón más para tomar la formulación que usted propone: Hacia una filosofía de la crítica literaria. En estos días se lo escribiré a Horkheimer.17 Pero sería muy amable de su parte si le comunicara directamente esta nueva forma del tema y añadiera a este aviso la información de que a raíz del caso de defunción mencionado vería de buen grado que mi conferencia se corriera a una fecha posterior a Navidad, por ejemplo a mediados de enero.
Quiero que se complazca en escuchar que sus palabras levemente insistentes acerca de “La tienda de antigüedades”18 finalmente salieron vencedoras por sobre impedimentos externos y desde hace algunos días estoy inmerso en el libro, aunque la conciencia del modo en que usted lo acaba de leer haga que alguien me conduzca por esos oscuros pasillos con un farol, al que sigo. He visto destellar vetas sorprendentes.
Cómo me gustaría hacerme perceptible a sus oídos con algo escrito, dado que es probable que de las moles discursivas, tan revueltas actualmente –los encuentros entre Brecht y yo19–, aún no lo haya alcanzado el ruido del oleaje. Pero el Frankfurter Zeitung, con el que más contaba para tal fin –estoy pensando en mi artículo sobre Kästner20–, plantea muchas dificultades. Por lo visto, se guardan miramientos sobre miramientos.
Leí a Korsch: Marxismo y filosofía.21 Pasitos bastante débiles –me parece– en una buena dirección.
Cuénteme lo más pronto posible acerca de los destinos de su trabajo.22 A la señorita Karplus, cuando Brecht me visite la próxima vez, también la invitaré a mi casa.
Con todo el afecto de
| 10 de noviembre de 1930 | su |
| Berlín-Wilmersdorf | Walter Benjamin |
| Prinzregentenstrasse 66 |
5. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 17/7/1931
Querido Sr. Wiesengrund:
Una vez realizados tant bien que mal los primeros acomodamientos berlineses,23 estoy en condiciones de darle noticias sobre mí. La condición previa era haber leído su lección inaugural24 de corrido y estudiando sus detalles. También hablé sobre el tema con Ernst Bloch y él por su parte me dio a leer la carta que usted le escribió.25 Para hablar de lo que a mí respecta: no me caben dudas de que es un trabajo logrado en su sentido global, que precisamente por su brevedad cristaliza con énfasis las ideas que conforman el fundamento de nuestro círculo y que posee todas las cualidades pour faire date, como decía Apollinaire. Creo que Bloch tiene razón cuando sostiene que la manera en que las ideas en disputa se vinculan con el materialismo es forzada, pero también creo que está plenamente justificada en vistas de la situación intelectual y que probablemente pueda demostrarse su validez en todos los casos en que el marxismo no sea “aplicado” a rajatabla sino que se trabaje con él, lo que significa, para todos nosotros, que se lidie con él. Más contundente me parece a mí lo que comenta acerca de su manera de polemizar con la escuela vienesa.26 Creo entender las atinadas consideraciones diplomáticas que lo llevaron a sus formulaciones en este asunto. Es difícil determinar con precisión hasta dónde se puede avanzar en ese sentido. Su polémica con el desarrollo de la fenomenología,27 en cambio, me parece impecable; lo que usted pone sobre el tapete acerca de la función de la muerte en Heidegger es de importancia crucial. Por lo demás, siento particular afinidad no tanto con la postura diplomática en sí, sino con el modo, tan eficaz como sutil, en el cual esta se vincula en su discurso con pretensiones que pueden tildarse de autoritarias, para ser breve, el aplomo con el que elude en ciertos pasajes el tradicional carácter pendenciero de la filosofía académica.
Ahora unas palabras acerca de la cuestión planteada por Bloch sobre el hecho de mencionar o no mencionar mi nombre. Sin ningún tipo de susceptibilidad de mi parte –y con la esperanza de tampoco herir ninguna suya–, habiendo estudiado detalladamente este trabajo, cuyo significado parece darme cierta razón en cuanto a ese tipo de preguntas vinculadas a la autoría, que normalmente considero subalternas, me veo obligado a retractarme de mis expresiones frankfurtianas.28 La frase que les da el perfil decisivo a las posiciones que usted sostiene frente a la filosofía académica dice así:
“No es tarea de la ciencia29 sondear intenciones ocultas y existentes de la realidad, sino interpretar la realidad carente de intención, recogiendo a partir de los elementos aislados propios de la realidad, a fuerza de la construcción de figuras, de imágenes, las preguntas cuya formulación concisa es tarea de la ciencia”.
Yo suscribo a esta frase. Pero no habría podido escribirla sin hacer referencia a la introducción al libro sobre el Barroco,30 donde fue expresada esta idea nueva, completamente inconfundible y en el sentido relativo y modesto en que es lícito expresar algo así. Yo en mi lugar no habría podido soslayar aquí la referencia al libro sobre el Barroco. No es necesario que ahora añada: yo en su lugar, menos aún.
Por favor, sepa interpretar en esto el gran interés que despierta en mí esta conferencia, a mi juicio extraordinariamente importante, a la vez que el deseo de que nuestra camaradería filosófica conserve la agudeza e impecabilidad que la ha caracterizado hasta ahora.
No sé si me es dado expresar el pedido de que, en caso de que la conferencia se lleve a imprenta y usted, tal como me dio a entender, me quisiera mencionar, por favor me lo haga saber.
Las “Palabras sin canciones”31 las leí con gran placer, que se incrementó en particular en la cuarta y en las notas finales de las dos últimas.
Muchísimas gracias por la bolsa de tabaco32 y como siempre
| 17 de julio de 1931 | con todo el afecto |
| Berlín-Wilmersdorf | Suyo |
| Prinzregentenstr 66 | Walter Benjamin |
PD Querido Sr. Wiesengrund:
Aqui está Schoen33 y me hace una serie de pedidos cuyo único destinatario posible sería usted. ¿Sería tan amable de tomar a su cargo la respuesta de ambas preguntas, que para Schoen son bastante urgentes? A su dirección en Eschersheimer Landstrasse 33 con “Reexpedir a manos del destinatario”.
1) Melodía y texto de su canción favorita “El mendigo corre hacia el portal”.34
2) Melodía de “Parado en la montaña”.35
| Muchísimas gracias | |
| WB |
6. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
[BERLÍN,] 25/7/1931
Querido Sr. Wiesengrund:
Le agradezco su última carta.
Creo que ahora tenemos tierra a la vista. Es mi deseo sincero e incluso imperioso que se publique su trabajo.36 Cómo iría a estorbar la aparición de una declaración programática de un punto de vista que es en tan gran medida el mío propio.
Si doy preferencia a una dedicatoria frente a un epígrafe,37 espero que sea de su agrado. Supongo que podemos postergar la conversación acerca de cómo formularla hasta el momento en que entre a imprenta. En cambio, ya estuve viendo ahora el tema de las citas y me parece que las opciones serían las páginas 21 o 33;38 tal vez la segunda sea de las dos la más importante.
Le enviaría de inmediato un nuevo ejemplar del libro si no fuera que por la quiebra de Rowohlt39 en este momento me resulta imposible obtener alguno.
Ahora debería ocuparse de manera más intensiva de la cuestión de la editorial.40 ¿Qué le parece Cohen en Bonn?
¿Le escribe cada tanto a Grab41? Si es así, dígale que he tenido en cuenta su deseo, pero dado que envié mis escritos a una serie de emprendimientos de índole similar, las existencias se han vuelto escasas y no siempre es fácil conseguir más. Pero no caerá en el olvido.
Ya que estamos hablando de mis asuntos, no puedo evitar anunciarle que mi artículo42 en el último número de Literarische Welt cierra –debido a un error de imprenta– de manera monstruosa con una parte suprimida del manuscrito. El artículo termina con la palabra “billig”. En el próximo número el error aparecerá subsanado.
Tan solo me resta decirle que en mí no queda nada de un resentimiento o cualquier cosa similar que usted tema, y con su última carta para mí las cosas han quedado más que claras, tanto en lo personal como en lo referido al asunto del que hablamos.
Le envío mis saludos más afectuosos
| 25 de julio de 1931 | Suyo |
| Walter Benjamin |
7. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 31/3/1932
Querido Sr. Wiesengrund:
Es encantador leer cómo entreteje la invitación que me hizo43 con la descripción del campo y el aire allí abajo y me resulta un poco embarazoso que, a mis ojos, nuestra esperanza compartida de ver renacer con mayor intensidad los viejos y tan bellos días de Königstein44 se esté desvaneciendo. Es que por los motivos más simples45 aún no he podido liberarme. Está previsto para comienzos de abril, pero doy por supuesto que entonces para ustedes dos el tiempo será demasiado escaso. De modo que tal vez mi itinerario46 incluya más curvas de las que habría tenido en otras circunstancias. Cuento con folletos según los cuales se puede realizar de una manera medianamente digna –aunque por supuesto en tercera clase– un viaje marítimo de catorce días pasando por Holanda y Portugal por 160 marcos. En consecuencia, es muy probable que parta el 9 de abril de Hamburgo hacia las Baleares. Se concrete o no este viaje, en cualquiera de los casos recibirá a la brevedad noticias más precisas acerca de mi paradero. Ojalá aún pueda dirigirlas a la Côte d’Azur. ¡Les envío a usted y a Gretel Karplus mucho cariño y afecto!
| 31 de marzo de 1932 | Suyo |
| Berlín-Wilmersdorf | Walter Benjamin |
| Prinzregentenstr 66 |
8. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
POVEROMO (MARINA DI MASSA),47 3/9/1932
Querido Sr. Wiesengrund:
Su carta, que tanto se hizo esperar, ahora que ha llegado significó una gran alegría para mí. La mayor alegría me la deparó notar la estrecha relación entre ciertas partes del texto y el anexo, la pieza final verdaderamente triunfal y confirmatoria de “La historia natural del teatro”,48 cuya dedicatoria49 le agradezco de corazón. Toda esa serie, sin duda, parte de una mirada extremadamente original y verdaderamente barroca del escenario y su mundo. Incluso quisiera decir que encierra una suerte de “prolegómenos a toda historia futura del teatro barroco”, y que usted eche luz sobre esta relación temática subterránea mediante su dedicatoria es algo que me alegra sobremanera. Supongo que no necesito confirmarle que, además, ese texto en particular es un acierto pleno. Pero también en la serie del foyer50 hay cosas muy bellas, como la imagen de las dos esferas51 y las reflexiones tan sabias sobre el ayuno52 durante ese interludio. Espero que muy pronto yo también pueda encontrar su artículo en el archivo de Horkheimer53… y, si se me permite expresar también una variante de ese deseo, con el artículo también el primer número del archivo en sí, por el que desde luego tengo un vivo interés. Aquí hay mucho tiempo para leer. La pequeña biblioteca54 que traje conmigo hace cinco meses al momento de partir naturalmente ya pronto habrá sido recorrida. Le interesará que por primera vez vuelve a incluir cuatro tomos de Proust, que hojeo con frecuencia. Pero para hablar de un nuevo libro que llegó aquí a mis manos y que quiero destacar para que tome nota de él: Rowohlt sacó una “Historia del bolchevismo”55 de Arthur Rosenberg, que acabo de terminar y que bajo ninguna circunstancia, me parece, se podrá ignorar. En cuanto a mí, al menos, debo decir que me ha abierto los ojos sobre muchas cosas, incluyendo aquellas regiones en las que el destino político influye en el privado. Una serie de circunstancias y sus recientes alusiones a Cysarz me llevan a reflexionar al respecto. No me faltaría disposición a entrar en contacto con él, pero en el fondo no termino de entender por qué, si tal deseo también existe en él, no da el primer paso, ya sea de manera directa o a través de una carta de Grab. No me caben dudas de que yo por mi parte en una situación análoga, en su cargo, procedería de esa manera. Por lo demás, desde luego que no es una cuestión de prestigio lo que me hace vacilar, sino la experiencia de que errores que se dan al comienzo de una relación tienden a incrementarse de manera proporcional a lo largo del tiempo. Pienso que la influencia de Cysarz, por ejemplo, sería suficientemente grande como para procurarme una invitación a dar una conferencia en alguna asociación o institución apropiada de Praga. Quizás pueda informar al respecto a Grab en ese sentido cuando se dé la ocasión. Pero entretanto le agradezco de corazón la suya,56 que formula a continuación del informe de las sesiones de su seminario. No hace falta ni que le asegure cuánto me gustaría ir ni lo mucho que valoro la posibilidad de echar un vistazo a las actas de lo transcurrido hasta el momento.57 Desde luego que sería de desear que esto sucediera junto con usted. Pero –y esto afecta también las chances de mi presencia en Frankfurt– actualmente soy menos que nunca dueño de mis decisiones. No sé ni cuándo regresaré a Berlín ni cómo se organizarán los asuntos a partir de entonces. Algunas semanas más me quedaré aquí seguro. Después tendré que regresar a Berlín: por un lado, para organizar cuestiones referidas a la vivienda,58 por el otro, porque Rowohlt ahora sí parece empeñarse en publicar mis ensayos.59 La tentación de quedarme más tiempo en Alemania por cierto que no es en sí muy grande. Por todos lados habrá problemas y los que provengan de la radio60 probablemente también hagan que mi presencia en Frankfurt se torne menos frecuente. Si llega a enterarse cómo se desarrollan las cosas para Schoen, por favor escríbamelo. Por él no me entero de nada. Esto es todo por hoy. Solo me restaría decir que trabajo en una serie de notas61 relativas a recuerdos tempranos. Espero poder mostrarle algo de eso en un futuro cercano.
Lo saludo con todo mi afecto
| 3 de septiembre de 1932 | Suyo |
| Poveromo (Marina di | Walter Benjamin |
| Massa) Villa Irene |
PD Hallé sus “Caricaturas”62 con gran placer.
La cita de Wolfskehl en mi reseña63 dice así: “¿No debería decirse de los espiritistas que pescan en el más allá?”.
9. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
[S. L.,]64 10/11/1932
Querido Sr. Wiesengrund:
Me he enterado de que está de regreso de su viaje a Berlín.
Ahora soy yo quien se encuentra en camino a esa ciudad, y como esta vez es probable que solo pueda pasar muy brevemente por Frankfurt, quisiera acordar ya ahora un encuentro con usted.
Llego el domingo al mediodía, aproximadamente a la una. Es probable que me aloje en lo de Schoen. Me resultaría muy grato que nos pudiéramos encontrar el domingo por la nochecita. Tal vez pueda organizarlo. Lo mejor sería que los detalles los arregle con Schoen.
¿Ya podré ver galeras del Kierkegaard?
En esta ocasión me interesaría mucho ver a Horkheimer. Y con una intención muy precisa. En caso de que desde el Instituto sea posible o deseable que se emprenda alguna acción que apoye mi trabajo, este es el momento adecuado, cuando es saboteado por todos los flancos.65 (Usted entenderá; y también entenderá si aquí le pido que maneje la noticia de mi llegada con total confidencialidad).
Quiero plantearle a Horkheimer con lujo de detalles mis propuestas para un extenso ensayo en el archivo similar al de usted.66 Preséntele la imperiosa necesidad de una conversación.
Traigo un nuevo manuscrito67–un librito, minúsculo– que lo asombrará.
Siempre, con gran afecto
| 10 de noviembre de 1932 | Suyo, Walter Benjamin |
10. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 1/12/1932
Querido Sr. Wiesengrund:
Interrumpo por un momento mi inmersión en el Kierkegaard68 para transmitirle finalmente una palabra (no definitiva) de la impresión que hace en mí este trabajo de tan alto interés y relevancia. Es, como le digo, una inmersión en el Kierkegaard; no me otorga la competencia para hablar ya ahora del hilo argumentativo ni de la estructura. Además, aún falta el final. El juicio decisivo me lo deparará el libro concluido. Con las pruebas es demasiado grande la tentación de perderse en el acto de hojear. Y vaya si obtiene su recompensa. Cuando doy con la exposición de los motivos barrocos en Kierkegaard, con el análisis memorable del interior, con las citas maravillosas que usted brinda del tesoro de alegorías técnicas del filósofo, con la descripción de la situación económica de Kierkegaard, con la interpretación de la interioridad como fortaleza o del espiritualismo como valor límite del espiritismo, en todos los casos me afecta la riqueza de su entendimiento, pero también la agudeza con la que hace uso de esto. Desde los últimos versos de Breton69 (de “Union libre”) no hay nada que me haya trasladado tanto a mis campos más propios que su mapa por el país de la interioridad, de cuya comarca su héroe no regresó. De modo que sí existe una suerte de trabajo conjunto; y frases que le hacen posible a uno responder por el otro. Por lo demás, puedo intuir, aunque no saberlo, que su libro le debe muchísimo a la completa reescritura que usted emprendió cuando creía haberlo terminado. Hay ahí una misteriosa condición del acto de acertar sobre la que alguna vez habría que reflexionar.
Esto es todo por hoy. Pero sí quisiera añadir que hay pocas de sus obras menores que yo estime tanto como la que trata sobre los “Cuentos de Hoffmann”.70 También Bloch, con quien hablé ayer, la adora. En un futuro inmediato me propongo abordar la segunda parte de la crítica sociológica de la música.71
Todo minuto libre está abocado a “Infancia en Berlín”. En qué medida será posible añadir textos nuevos a los viejos72 es algo que ignoro. Pero entretanto, algunos bocetos sufrieron modificaciones radicales. Me gustó mucho el modo en que G. K.73 reaccionó a algunas cosas que le leí. En ocasión de ese encuentro nuestro me enteré de que usted está en muy buenas relaciones con la “Parca”.74 Ciertas complicaciones que podrían surgir de una eventual inspección edilicia75 me hacen pensar que será aconsejable que me ponga en contacto con una asociación local de artistas plásticos con motivo de mi taller. Se trata, por ende, de un asunto confidencial y solo entraría en cuestión una entidad competente. ¿Usted podría facilitarme un acceso a un lugar de este tipo? Por otra parte, ¿tiene noticias de Praga?
Con mucho afecto
| 1º de diciembre de 1932 | Suyo |
| Berlín-Wilmersdorf | Walter Benjamin |
| Prinzregentenstr 66 |
11. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
BERLÍN, 14/1/1933
| Dr. Walter Benjamin | Berlín-Wilmersdorf, |
| Prinzregentenstr. 66 | |
| 14 de enero de 1933 |
Querido Sr. Wiesengrund:
Quiero comunicarle muy brevemente que he logrado que el Vossische Zeitung me encargara una reseña de su “Kierkegaard”.76
Fácil no fue, por cierto, porque hasta el momento nunca he publicado una reseña en ese periódico. Pero como en principio no quiero tener nada que ver con “Literarische Welt” y no hay modo de que la reseña no quede a mi cargo (porque si yo no anuncio el libro allí no lo van a reseñar), me pareció mucho más importante ocupar el puesto donde podía caer en manos de alguien dañino. Acepté la condición de limitarme a dos páginas y media escritas a máquina; de todos modos, a ningún reseñista le habrían dado más espacio.
Lamentablemente cometí la torpeza de prestarle las pruebas que usted me envió a mi amigo Gustav Glück,77 que se fue de vacaciones. Como, por otro lado, aún no he recibido el libro por parte del diario, me permito pedirle que usted me lo envíe, de ser posible a la brevedad. Quiero comenzar con el trabajo cuanto antes.
Unamos, así, nuestras fuerzas en beneficio de ambos.
Con todo el afecto
| Suyo | |
| Walter Benjamin |
12. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 29/1/1934
Querido Sr. Wiesengrund:
Hay circunstancias en las cuales las dificultades y el riesgo que trae consigo una separación prolongada cobran todo su peso. Circunstancias de esa índole son las que rodean para mí “El tesoro de Joe, el indio”.78 En la relación que tenemos hace años, muy pocas veces se ha dado que uno se encontrara con un trabajo extenso del otro ya concluido y sin que mediara conversación alguna al respecto. Mientras leía esta obra, siempre volvía a desear que hubiéramos tenido la oportunidad de hablar detalladamente acerca del plan. Quizás sea un deseo un tanto egoísta: pero cuánto habría aliviado mi postura actual si se hubiera cumplido. Muy pronto habría visto que –dejando de lado la cuestión de orden musical, sobre la que no puedo emitir opinión alguna– el tema en sí no me hubiera parecido una elección afortunada. Ni siquiera estoy seguro de si no me lo había anunciado mencionando el título. Pero claro, ese Mark Twain para mí no era más que un título. Tampoco nos vimos en el período de producción, y las circunstancias que lo motivaron79 quizás lo hayan llevado a trabajar con mayor recogimiento. Sea como fuera, mi largo silencio, sin duda, le habrá anunciado las dificultades inusuales que enfrento esta vez a la hora de expresar mi opinión. Si, no obstante, he decidido hacerlo, también allí usted, ponderando más el hecho en sí que la manera, podrá reconocer un retrato inalterado de nuestra relación. Mucho más me habría gustado felicitarlo ampliamente por los bonitos apuntes infantiles “A cuatro manos, una vez más”,80 lo último que leí de usted. Me es más cercano que la atmósfera en la que su opereta sitúa a la infancia. Creo reconocer lo que usted se proponía. Y si mi intuición no me falla, después de Cocteau ya no era posible lograrlo en su totalidad. En los “Enfants Terribles”81 la cosa es más peligrosa. Y el peligro es a fin de cuentas la vara con la que se mide aquello a lo que usted, a mi juicio, parece haber aspirado, en el más elevado de los sentidos. No crea que paso por alto elementos de gran belleza en la obra. Entre estos, principalmente el paseo por la caverna. Pero la reducción a lo idílico que expresan tanto las canciones como el transcurso de la trama es, a mi modo de ver, incompatible con los contenidos que allí se tratan. Porque tan directamente, la infancia solo podría ser convocada de hecho en torno a una fosa con sangre de las víctimas. En el caso de Cocteau, fluye a borbotones. En el caso de usted, el tono rudo y rústico de los diálogos se le opone.
Sin otorgarles a estas líneas otra pretensión que la que radica en mi juicio más personal, le pido que de todos modos no vea en ellas menos compenetración de la que pude expresar en su momento en mi juicio público sobre su “Kierkegaard”.
Con todo el afecto
| 29 de enero de 1934 | Suyo |
| París VI | Walter Benjamin |
| I Rue Du Four | |
| Palace Hotel |
13. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BERLÍN, 4/3/1934
Berlín N 20, Prinzenallee 60, c/o Karplus
4 de marzo de 1934
Querido Sr. Benjamin:
Hace varias semanas estoy dedicado a escribirle una carta detallada sobre cuestiones referentes a Tom Sawyer, debido a que sus líneas fueron, por cierto, lo único relevante de todo lo que escuché hasta ahora sobre este asunto. Pero entretanto Felicitas82 me contó de su situación sumamente crítica83 y dadas tales circunstancias puedo imaginarme que unas exposiciones largas sobre estética le hubieran parecido una broma de mal gusto.
Por eso he preferido intentar hacer algo por usted y lo hice a través de la señora Herzberger,84 a quien usted visitó una vez en Frankfurt conmigo, y a través de mi tía,85 quien se ocupó de la gestión con la señora Herzberger, al estar casualmente en Frankfurt (ella vive en Neunkirchen, donde tiene un comercio). Mi tía me escribió que su gestión fue exitosa. No puedo aún estimar el alcance86 y hay que contar con que será moderado, pero, por lo menos, evita el peligro más acuciante. Planteé que la situación era muy grave y pedí que se haga algo de inmediato y quisiera suponer que así será. De todos modos le agradecería que me informase a la brevedad sobre todo este asunto para tener la posibilidad de volver a insistir en la cuestión.
Hay otro plan,87 que todavía no puede ser anunciado, debido a que el hombre al que le concierne, el cual vive en París, justamente no está ahí. Pero también aquí estoy dispuesto a hacer lo que sea posible.
Con respecto al Tom, solo esto: creo que los astros de los Enfants terribles no le fueron favorables a la obra. Se trata de algo completamente distinto y quisiera pensar que no lo fuese solo para mí. El lenguaje rudo no es el lenguaje rudo de los jóvenes, sino de los escritos de juventud; el transcurso de la trama, cuyo punto central es naturalmente la escena de la caverna, no me parece tan liviano; sin que suene arrogante, podría decir quizás que en la obra hay muchas cosas compactadas, que nada es lo que parece, y que se demuestran cosas muy serias recurriendo al modelo de la infancia: se trata mucho más de una demostración recurriendo al modelo de la infancia que de la evocación de la infancia. Incluso la historia de la producción de la obra tiene precisamente algo de los momentos de peligro que usted echa de menos. Sin duda, no puede ser comparada con Cocteau, ni con el teatro épico, más bien tiene que ver con el Kierkegaard. El perjurio es lo central y todo resulta un plan de fuga: representación de la angustia. Quizás si vuelve a leerla, se le presente con un mejor aspecto; precisamente de este escrito no puedo creer que haya sido un desatino y menos aún teniéndolo a usted como su lector ideal. Además usted no conocía solo el plan sino dos cuadros (“Cementerio” y “Casa de los fantasmas”) que leí esa misma noche88 en lo de Schoen cuando usted leyó las primeras partes de los Pasa (¡iba a escribir Pasajes!89 ¡Qué acto fallido!) de Infancia en Berlín. Esto solo a modo de defensa contra el reproche de haberlo tomado de improvisto. En lo concerniente a la música, ya hay de todo.90
¿En qué está ahora realmente la Obra de los pasajes? Se me pasó por la cabeza la idea de concretar una de las dos gestiones (la segunda, que está aún pendiente) a la vieja usanza de una dedicatoria a cambio, mediante el amigo mencionado. No sé si podré entusiasmarlo, pero primero me gustaría saber qué le parece a usted un plan como este. ¡No hace falta que le diga que está en juego el interés descarado y egoísta de poder aprender de memoria la Obra de los pasajes! Y quizás no le viniese mal el apoyo de un pedido puntual de este tipo.
Tengo mucho trabajo y algunas cosas son bastante curiosas. Estoy escribiendo un extenso artículo para “Musik”91 sobre la crisis de la crítica musical. Está vinculado estrechamente con el tratado de sociología de la música.92
Con fidelidad y lealtad, suyo
Teddie Wiesengrund
14. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 9/3/1934
Querido Sr. Wiesengrund:
El silencio que se interpuso entre nosotros el año pasado fue tan extenso como fue memorable y determinante el modo en que usted lo ha interrumpido de parte suya. Créame que todo lo que implica su postura en los asuntos que toca su carta me afecta profundamente y que lo tendré muy presente.
Por favor, dígale también a su tía que le estoy sumamente agradecido por su intervención exitosa. Albergo la esperanza de poder darle las gracias algún día en persona.
Pero un encuentro entre nosotros, espero, ya no se podrá demorar mucho más tiempo.93 Ahora me resulta aún más apremiante, ya que tenemos que conversar acerca del “Tom” detalladamente. Por supuesto que ya a primera vista me quedó en claro que en los pliegues del abrigo de Tom se halla la muerte, tal como dice el proverbio beduino. Y mi carta se impuso cierta reserva no frente a la intención de usted, sino a su implementación. Pero ahí todo depende del concepto de “modelo de infancia”, y para debatirlo y desarrollarlo necesito de su presencia.
Si usted se aparece, uno de mis mayores intereses sería mostrarle algunos aspectos de la Bibliothèque Nationale, que no pueden ser más pertinentes para nadie que para usted.
De hecho, allí se encuentra una de las salas más curiosas94 de las bibliotecas del planeta, y se trabaja como en un decorado de ópera. Lo único que es de lamentar es que cierran a las seis, una disposición que proviene de la época en que los teatros comenzaban a las seis. Los Pasajes han vuelto a cobrar vida y fue usted el que avivó la débil chispa, que además no podía ser más vital que yo mismo. Desde que vuelvo a salir, me paso todo el día en la sala de lectura y al fin también logré acomodarme de manera medianamente confortable a la reglamentación fastidiosa.
Uno de mis descubrimientos más interesantes es curiosamente un libro alemán95 que quizás tampoco usted haya tenido aún ante sus ojos, pero que seguramente esté a su disposición en alguna biblioteca de allí: la historia en cuatro tomos de la Asociación de Obreros Francesa, escrita por Engländer.
Mis noches son cortas. Me duermo tarde y me despierto temprano. Estas líneas le traen el primer fruto de un día espabilado por las campanas de Saint-Germain y luego adormecido por la lluvia.
Lo saludo con mucho afecto
| 9 de marzo de 1934 | Suyo |
| París VI | Walter Benjamin |
| I Rue Du Four |
15. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BERLÍN, 13/3/1934
Berlín, 4 de marzo de 1934
Querido Sr. Benjamin:
Le agradezco cordialmente su carta, que me ha sido reenviada; me quedaré todavía aquí hasta después de Pascua, luego viajaré por una semana a Frankfurt y después a Inglaterra, donde de a poco pareciera concretarse una oportunidad para mí en la universidad.96 Estoy muy contento de que mi gestión haya tenido algo de éxito. Con miras a continuar con ella, quisiera consultarle varias cuestiones: ante todo, si lo conseguido hasta ahora97 resulta suficiente como base, en el caso de que se logre darle regularidad, o si usted considera conveniente que siga presionando a las mismas personas; lo cual, sin duda, es adecuado y necesario si lo logrado es demasiado modesto, en caso contrario, solo sería perjudicial. Comprenderá que es por su interés y por el del procedimiento que se iniciará que quisiera tener esto claro. En segundo lugar, qué le parece mi propuesta de una dedicatoria a cambio para la Obra de los pasajes. En este caso se trataría de despertar el interés del hermano (que vive en París) de la señora que esta vez estuvo especialmente involucrada. Es un hombre difícil y a usted no le resultará fácil (tampoco para mí es fácil: un intelectual frustrado que se convirtió en comerciante y que con sus logros prácticos y las consecuencias derivadas de eso, descarga el resentimiento por lo perdido en otro ámbito), pero tiene una generosidad fuera de lo habitual, si uno sabe tratarlo bien, y en caso extremo podría llegar a ser un amigo como pocos y podría ocuparse de usted en más de un aspecto. Ahora no está en París, pero me escribió que volverá pronto y tengo razones para suponer que sería un momento bastante oportuno para convocarlo. Para esto y en virtud de las razones mencionadas, podría ser conveniente algo como la dedicatoria en cuestión, desde ya solo si él realmente hiciera algo que lo amerite. Sea como fuese, entienda así mi insistencia en este punto. Por favor, respóndame cuanto antes.
Además sucedió lo siguiente: también convoqué al sobrino de la señora en cuestión,98 que se encuentra aquí y que si bien no es rico, tiene todo tipo de contactos y está esforzándose mucho. Convocó a un conocido suyo en París, un tal Schwartz99 (con la razón social Martin) que quiere hacer algo por usted y que intentó, sin éxito, ubicarlo varias veces en el hotel, no sé si telefónica o personalmente. Este tal Schwartz parece ser un hombre activo y prudente. Si usted estará trabajando todo el día en la Bibliothèque nationale, sería conveniente que dejara dicho en el hotel en qué momento se lo puede encontrar y que estén atentos para que no pase inadvertido. Mi amigo tiene la esperanza de que este contacto sirva a los fines prácticos. Además este amigo mío (hablando siempre del sobrino), que antiguamente fue librero, gestionó algo para usted en Rowohlt (dicho sea de paso, sin haberme preguntado antes; yo no se lo hubiese permitido sin consultarle primero a usted). Tuvo un éxito relativo: R. cede sin costo veinte ejemplares del libro sobre el Barroco y veinte de Calle de mano única, que hay que intentar ubicar entre conocidos; la ganancia ha de ser toda para usted. Debido a que naturalmente los conocidos en los que había pensado ya tienen los dos libros, Gretel y yo no sabemos bien a quién acudir, quizás usted pueda ubicar aunque sea una parte en su círculo en París. En tal caso me ocuparía de que le enviaran un paquete inmediatamente. Huelga decir que yo también aquí haré lo posible.
¿Ha hecho un intento en Erich Reiss100 con la Infancia en Berlín? Conozco un señor que fue editor hasta ahora en esa editorial,101 alguien que conoce muy bien sus trabajos y que los valora mucho. Si bien ya no trabaja más ahí, supongo que todavía tiene alguna influencia. De todos modos sería bueno que quedase un ejemplar disponible aquí. Por cierto, las oportunidades editoriales son en general muy malas. La editorial Bote und Bock rechazó la edición de mis composiciones,102 a pesar de haber sido recomendadas especialmente por una entidad muy influyente en la escena musical actual. No hay que sobrestimar las posibilidades, pero tampoco descuidarlas. Además, el actual director de Erich Reiss103 es un gran sionista ante el Señor. Quizás su amigo Gerhard104 pueda hacer algo al respecto.
No hace falta que le repita cuánto me alegra que se hayan retomado los Pasajes, yo que en eso asumí el papel de Catón, el restaurador. Yo mismo escribí mucho: una cantidad de cosas musicales, todas aceptadas por Voss,105 pero que se van publicando de a poco; también escribí para la misma revista un ensayo sobre el volumen de prosa de George recientemente publicado,106 que espero no le resulte aburrido. Ese volumen contiene cosas extraordinarias, sobre todo los protocolos de los sueños y la traducción de un fragmento insólito de Mallarmé107 que no conocía. Además hice muchas anotaciones filosóficas,108 pero no publiqué ninguna. En cambio, parece que se publicará el gran ensayo sobre la crisis de la crítica musical que concluí recientemente.
No puedo aún estimar con precisión cómo se desarrollará mi viaje a Londres, pero espero realmente que al regresar pueda pasar por París,109 a no ser que tuviera que quedarme allá ni bien comenzara el semestre y dar clases (por ejemplo, con Cassirer110 en Oxford), una perspectiva que entretanto me parece demasiado color de rosa como para temer seriamente que se concrete. De todos modos, ahora me han de ver pronto, sin que pueda guardar la esperanza de que ahí me estén esperando con tanta franqueza, como sí lo hace usted, para mi gran alegría, en nombre de los Pasajes o de la discusión sobre el Tom.
Paso mucho tiempo estudiando inglés. Apropiarse de una nueva lengua siendo adulto es una de las experiencias más peculiares.
Por favor, respóndame muy pronto. ¿Ha sabido algo de Friedel111 y conoce su dirección? ¿Cómo le va a Schoen?
Con cordial fidelidad, suyo, Teddie.
16. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 18/3/1934
Querido Sr. Wiesengrund:
Le agradezco de corazón su carta atenta, tan prudente en todo sentido. Me ha concedido un profundo aliento de esperanza, algo que, en mi situación, ya es infinitamente mucho. En esa esperanza resuena la expectativa de poder conversar entre nosotros tantas cosas pendientes en un futuro cercano. Las posibilidades que surgen para usted en Inglaterra, a las que debemos tal expectativa, me producen gran alegría.
Londres –me dijo hace poco alguien que venía de allí– sigue siendo la puerta al mundo. Si, además, uno maneja el inglés, es probable que se le abran vías completamente diferentes al que conozca París, por más que sea a la perfección. También verá allí a Schoen, de quien, por cierto, no escucho demasiado. El hecho de que siga rodeado de los suyos no es una prueba desdeñable de la firmeza del suelo inglés.
En la última carta le agradecí por la intervención veloz y útil de sus amigos, y añado –en relación con su consulta– que cierta regularidad de este tipo de auxilio tendría un valor que aquellos dadores desconocidos difícilmente podrían sobrestimar. Porque al menos me permitiría intentar planificar y pensar con antelación. Y quizás en el modo de vida que vengo llevando en los últimos meses, nada ejerza una influencia más nefasta que la completa imposibilidad de prever siquiera el más modesto de los lapsos.
La esperanza que inauguró para mí la mano de sus amigos y luego su carta me recondujo a mi trabajo y ahora, de hecho, a su mismo centro con tal intensidad que solo así pude dimensionar el estado de desconsuelo previo. No puedo confiar a esta carta nada de esto, con más razón si nos veremos en un futuro cercano. Espero poder llevarlo entonces un buen día a mi lugar de trabajo en la biblioteca. En cuanto a la cuestión de la dedicatoria, creo que mi siguiente reflexión engrana perfectamente en la suya: la realización de ese trabajo efectivamente sería algo que habría que arrancar al “tiempo del ahora”,* el mío y de aquel que me lo conceda. Tal realización constituiría un anacronismo en el mejor de los sentidos, porque, ojalá, no estaría tanto galvanizando un pasado como anticipando un futuro más digno del ser humano. Eso es precisamente lo que expresaría la dedicatoria de tal trabajo, al que yo mismo doy un futuro.
Por lo demás, sin embargo, doy por supuesto que la configuración de esta expresión, así como de aquel interés, obtendrá su forma más precisa a partir del encuentro en persona que el futuro nos deparará, cuando usted lo considere adecuado.
Entretanto he estado en lo del señor Schwartz, quien, como usted bien dice, es un hombre activo y prudente, de modo que mi breve conversación con él transcurrió de manera muy satisfactoria. Me despidió con la esperanza de recibir novedades de su parte.
Me alegra mucho poder leer en lo que me anuncia que su producción ha permanecido tan constante. No es necesario que le explique con lujo de detalles por qué espero con tanto interés su texto sobre George. Por favor, envíelo en cuanto esté listo; y lo mismo le pido respecto de su ensayo sobre la crítica musical.112 Tomaré revancha aquí con el manuscrito de una gran reseña sobre el “Jean Paul” de Kommerell,113 que por lo visto no tendrá la suerte de ser publicada.
Que la situación esté tan difícil para nuestras producciones es algo que el destino de sus obras musicales en Bote und Bock me demuestran de manera desagradable e innecesaria en todo sentido. ¿Pero acaso no estamos dispuestos a surtir un efecto apócrifo? En ese sentido –como usted sabe– he interpretado de buen grado el destino de mis textos en términos editoriales; ya se trate de la edición incinerada de mi tesis doctoral114 o de la propuesta de Rowohlt de la que usted me escribe: reconozco la misma ley y en ese sentido de muy buen grado recibiría aquí la mitad de los veinte ejemplares de cada caso.
Usted menciona a Erich Reiss; no sé formarme un juicio acerca de las posibilidades que hay allí. Un manuscrito de la “Infancia en Berlín” estaría, como fuera, a disposición. Hermann Hesse me ha escrito acerca del libro115 de una manera muy bella y perspicaz. Claro que también de manera melancólica; su círculo de influencia propia se fue estrechando; y además su padecer visual no parece haber mejorado.
Pero usted me escribirá antes de ir a Frankfurt, ¿no? ¿Y me comunica sus fechas en París, en cuanto estén firmes?
Lo saludo con mucho afecto
| 18 de marzo de 1934 | Suyo |
| París VI | Walter Benjamin |
| I Rue Du Four | |
| Palace Hotel |
17. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BERLÍN, 5/4/1934
Berlín, 5 de abril de 1934
Querido Sr. Benjamin:
Una vez más mi estadía en Berlín se prolongó en demasía; pero antes de viajar por ocho días a casa e inmediatamente después a Londres, quisiera escribirle algunas líneas.
En casa espero encontrarme con la señora que es la que se encarga realmente de la gestión financiera y es obvio que de mi parte pondré todo a disposición con el fin de lograr que la gestión adquiera cierta regularidad. Así podré comprobar enseguida cuál era su idea; sin embargo, no puedo imaginarme que después de la insistencia de mi primer pedido ella haya organizado la cuestión de otro modo que no sea con regularidad. Si estuviese errado, seguro tendré la oportunidad de volver a insistir y obviamente haré todo lo posible. Por lo tanto, espero que logremos ayudarlo a superar estos meses críticos.
Mientras tanto estuve ocupado aquí gracias a la Infancia en Berlín. Tau116 le mostró interés a mi garante en nombre de la editorial Cassirer, sin embargo, por varias razones no quisiera sobrevalorarlo, más que nada por Tau, quien, según mi impresión, es el menos indicado para defender como corresponde algo nuestro. Mucho más importante es el asunto de Erich Reiss. Este muestra verdadero interés y la persona que intercede ante él, el antiguo editor Hans Hennecke, es un gran conocedor y verdadero admirador de su obra, que le dedica y le ha dedicado el mayor esfuerzo que uno pueda imaginar. Parece favorecer a la cuestión que Reiss crea reconocer en la Infancia (de cuya idea Hennecke le habló e incluso le mostró recortes de diarios117) su propia infancia. El problema que se plantea aquí es muy peculiar. La editorial se convirtió, por así decirlo, en sionista ortodoxa; precisamente por eso Hennecke, como cristiano, ya no es más él mismo su director. Y hay dudas de que su trabajo se adecue a la editorial. Espero que esto se resuelva; de todos modos, sería del mayor valor imaginable si usted pudiera convocar a su amigo Gerhard para intervenir en este asunto y si él pudiese de algún modo testificar que toda su obra tiene una profunda vinculación con la tradición de la teología judía (aunque esto no se derive de la lectura de los tópicos). Cuanto antes suceda esto, mejor. Y luego, envíele a Gretel inmediatamente, por favor, un manuscrito de la Infancia en versión para la imprenta (hoy mandó un telegrama por este tema), así ella se lo puede entregar a Hennecke. Por último, es importante que usted ingrese a la Cámara de Escritores Profesionales,118 que no tiene ningún artículo referido a lo ario [en su reglamento]. Sea como fuese, tiene que estar inscripto oficialmente o tener la confirmación de la inscripción para no encontrarse con dificultades editoriales; la incorporación misma es un proceso algo más lento. Créame que no insistiría en este punto si no fuese de una decisiva importancia para hacer posible la publicación. Pienso que el libro del Trauerspiel y Las afinidades electivas119 (solo esos dos) serían la legitimación adecuada, una legitimación que no se podrá sortear. Si lo conociera a Benn,120 la cuestión se simplificaría mucho.
Felizitas se encuentra realmente mucho mejor. En los catorce días que estuvo afuera en un centro de salud y recuperación aumentó 4 kilos y está irreconocible. Recuperó el apetito y ya no tiene jaqueca. El médico nuevo es el primero que resulta razonable. Por lo menos en este aspecto estoy tranquilo y me voy de Berlín con una sensación más agradable que la que hubiese tenido si me hubiese marchado en estos siete flacos días.
En lo que a mí concierne estoy muy afectado por la muerte de la Vossische Zeitung.121 Once manuscritos míos que habían sido aceptados, todos ellos de gran peso y seriedad, quedaron sin publicar, y aún no puedo prever dónde podría ubicarlos, sobre todo porque como consecuencia de la quiebra de la revista de Haas,122 además me han devuelto otros cuatro ensayos más, entre ellos el de los extranjerismos.123 Lo último que escribí para la Voss fue un análisis de Beethoven124 y a continuación una nota sobre el “Spätstil”125 (mis primeros escritos sobre Beethoven) a la que le tengo bastante confianza. Esto, tanto como el George,126 una cosa sobre Brahms127 y un escrito nuevo sobre Ravel128 están en espera. De todos modos, en estos tres meses mantuve una rutina de escritura y ahora estoy decidido a dedicarme a mi libro nuevo tan pronto como sea posible y bajo cualquier circunstancia. La teoría de la reproducción musical129 en la que estoy trabajando hace ya casi diez años y de la que se publicaron muchos fragmentos (“Nocturno”, “Nuevos ritmos”130) será la que ahora alcanzará su pleno desarrollo. Quizás le parezca, por lo pronto, una cuestión algo inconexa. Sin embargo, creo compartir con usted esta vez la convicción de que las cuestiones inconexas no tienen que ser las secundarias y, además, esto se relaciona mucho más con los verdaderos intereses de lo que el título permite suponer (es un trabajo completamente filosófico, no práctico-artístico). Hoy quisiera mencionarle solo una cosa: la cuestión del enmudecimiento de las obras me ha llevado del modo más peculiar a nuestra pregunta central, la de la equiparación de lo moderno con lo arcaico. Y desde el otro extremo: desde el extremo arcaico. Por cierto, comprendí que así como la modernidad es lo más antiguo, lo arcaico mismo es una función de lo moderno: así, en tanto arcaico es producido primero históricamente y, por lo tanto, es dialéctico y no “prehistórico”, sino exactamente lo contrario. Es decir, no es otra cosa que el lugar de todo lo enmudecido a través de la historia: solo medible según el ritmo histórico, que por sí solo “produce” lo enmudecido como protohistoria.* Creo que basta con mencionarle esto para despertar su interés en mi empresa que se ha de centrar en una crítica de la “protoconfiguración”. Y quizás esto no sea un contrapunto tan distante a sus Pasajes como a usted le parece mientras trabaja en ellos: por lo menos un contrapunto, un contrapunto a la protohistoria del siglo XIX, un barrunto de la historicidad fundamental y categorial de lo arcaico, no de lo históricamente más antiguo, sino como lo resultante de la ley más interna del tiempo. En este punto estaría feliz de encontrarme otra vez en el ceterum censeo, en sus Pasajes, que por cierto tienen que ser escritos, completados y concluidos a cualquier costo, con toda consecuencia y articulación definitiva, con esas páginas descomunales, que yo conozco, sobre el jugador,131 sobre el anillo de Saturno,132 la dialéctica en reposo y “siempre lo mismo”. Permítame concluir con el mandato mitológico de ¡conjurar al conjurador!
Siempre suyo, Teddie
Por favor, envíe su respuesta a casa. ¿Sería posible que me haga llegar el manuscrito de la crítica a Kierkegaard?
18. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 9/4/1934
Querido Sr. Wiesengrund:
Le agradezco mucho su carta tan sustanciosa.
La primera medida que debía tomar al respecto era escribirle a Scholem,133 algo que hice ayer. Ver cómo llevó adelante las cosas me resultaba de igual importancia que enterarme de que lo había hecho. Y aprovecho la oportunidad para decirle cuánto estoy de acuerdo con sus reservas frente a Tau. Si llegara a ser útil contra toda expectativa, tanto mejor. En cualquier caso, le hago llegar el manuscrito a Felizitas por el mismo envío.
Lo que me cuenta de la mejoría del estado en que ella se encuentra me alegra mucho. Era hora de que cayera en manos de un médico que sepa algo. Por lo demás, le sugerí consultar alguna vez al doctor Wissing,134 a quien tengo en alta estima por su visión profesional y que pronto irá a Berlín.
No quiero olvidar decirle que Hermann Hesse conoce la “Infancia en Berlín”, emitió una opinión muy positiva al respecto y quizás lo haría a pedido frente a Reiss. Más difícil encuentro el problema de la membresía en la Cámara, para la cual, según entiendo, ya pasó hace tiempo el plazo de inscripción. ¿Sabe algo más al respecto?
Paso ahora a las alusiones tan sustanciales que hace con relación a su estudio sobre la reproducción musical acerca del concepto de lo arcaico y la modernidad. No es que en este momento no pueda hacer más que confirmarle que así efectivamente da en una de las cuestiones centrales del trabajo de los Pasajes. ¿Pero su viaje de regreso desde Inglaterra no le dará la oportunidad de concretar al fin su encuentro con París? Lo que significaría para mí ponerlo en conocimiento aquí, in situ, con el estadio más reciente del trabajo, es algo que usted podrá imaginarse.
Para volver a dedicarme por completo a este trabajo dispondré de más tiempo, porque un objeto tangible que había antepuesto al trabajo de las últimas semanas acaba de disiparse dolorosamente. Tal vez haya escuchado por Felizitas que me habían ofrecido dar una disertación sobre literatura alemana135 de los últimos diez años en la casa de un conocido ginecólogo local. La relevancia de este asunto habría consistido en darme a conocer en círculos importantes. Una semana antes de la fecha fijada –ya se habían enviado las tarjetas de invitación– el médico contrajo una complicada pulmonía y aún hoy no es posible emitir un pronóstico certero sobre su situación. Se ha vuelto muy improbable que en esta temporada se realice la disertación, y se ha vuelto imposible que se le sumen disertaciones en el futuro.
La serie de conferencias tenía el objetivo de generarme una reserva para el verano. Ahora ya no es imaginable. Tanto más depende entonces de la gestión que usted emprendió. Me preocupa no haber escuchado nada más del señor Schwartz-Martin. Después del primer encuentro, que empezó bastante bien, le informé telefónicamente a fines de marzo de mi cambio de dirección. Me prometió dar noticias después de Pascua. Hasta el momento no ha llegado nada. Por ese motivo, todas mis esperanzas están puestas en la intervención de usted.
Parece que corregir pruebas se volverá para nosotros un acontecimiento poco frecuente, incluso festivo. Casi no me atrevo a preguntar por las condiciones laborales que permitirían su colaboración en la prensa especializada en el rubro musical. El hecho de que once de sus colaboraciones hayan ido a Berlín dice lo suficiente. Pero como en total usted menciona quince, me puedo hacer una idea de las dimensiones del trabajo que produjo en el último año. Me sería grato echar una mirada más profunda a este trabajo, y también por ese motivo deseo que su viaje se concrete.
Esto es todo por el momento. Espero escuchar pronto algo de usted.
| 9 de abril de 1934 | Con todo el afecto |
| París XVI | Suyo, |
| 25bis Rue Jasmin | Walter Benjamin |
19. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
FRANKFURT/M., 13/4/1934
Frankfurt, 13 de abril de 1934
Querido Sr. Benjamin: Permítame, en medio de la vorágine de mi partida, responderle rápidamente su carta, que encontré ayer aquí al regresar de Amorbach.136
Está bien que le haya mencionado la suma137 a Felizitas. Me parece tanto más modesta cuanto que dos tercios de la suma son aportes de mi tía y míos. Casualmente anoche cenó con nosotros la señora responsable de esto y apunté a lo máximo esperable; espero que con éxito. De todos modos, el importe en cuestión está asegurado como suma mínima.
Hoy hablé de este asunto con Benno138 y me dijo que sin duda se puede contar con encargos mensuales de ⅔ de la suma total.139 Agregando esto al otro importe, da por lo menos un mínimo y quisiera suponer que después de mi intervención –muy drástica– la suma se elevará. Por lo tanto, espero que ya no haya razones para temer riesgos extremos. De todos modos, comuníquele cuanto antes su nueva dirección a la empresa,140 y también a Benno, si es que aún no lo ha hecho.
Con respecto a la Cámara [de Escritores]: el plazo no es tan problemático. Escriba que por su estadía en las Baleares no se había enterado de esta (¡lo cual coincide con los hechos!). Será bueno transmitir que muchos años atrás usted vivió varios meses ahí, para evitar por completo que lo confundan con un emigrado. En efecto, puede demostrar esto como prefiera. De todos modos, yo activaría sin falta el asunto y de un modo enérgico, para la edición de libros es muy importante; créame que si no fuese así, no lo atormentaría con este tema. La cuestión de que usted ya hace años que vive de viaje es especialmente importante.
El domingo parto hacia Inglaterra y llego a Londres el lunes al atardecer. Mi dirección será141 T.W.-A, c/o Dr. Bernard Wingfield, Brooklyn-House, West-Drayton, Middlesex. Tengo la firme intención de dar una vuelta por París en mi viaje de regreso; ahora cuando comience el semestre142 tengo que estar en Londres. Todavía no están definidas ni la fecha ni la posibilidad de la escapada a París:143 pues es posible, de todos modos, que me tenga que quedar durante todo el semestre, y además es un problema la cuestión financiera por el otorgamiento de las divisas.144 Hubiese preferido encontrarme con Felizitas en París. Let us hope the best.
Ayer vi cómo una verdadera nutria salvaje145 saltó en el estanque del Parque del Lago de Amorbach y no quisiera omitir incluso en una carta tan pobre de contenido como esta saludarlo de parte de ese Animal Consentido. ¡Por favor, escríbame pronto!
Muy cordialmente, suyo
Teddie
¡Me inclinaría incondicionalmente a la recomendación por parte de Hesse!
20. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BROOKLYN (WEST DRAYTON), 21/4/1934
Telegramas: Wingfield
West Dayton
Teléfono: West Drayton 58
BROOKLYN.
WEST DRAYTON.
MDX
21 de abril de 1934
Querido Sr. Benjamin: Muchísimas gracias por su carta146 y por las Pequeñas Piezas147 que recibí esta mañana. Es realmente una lástima que no hayamos podido conversar antes sobre la cuestión de la Cámara de Escritores. Pues me temo que en lo que hace a eso –si me permite decirlo– usted ha pasado por alto varias cuestiones por estar ausente de Alemania. Ya su designación como bibliotecario respondiendo a que usted es el autor de una obra que pertenece al ámbito de los tópicos de la germanística me parece poco afortunada; pero, no menos afortunado fue el hecho de que usted no completara los formularios después de haber solicitado información. Me parece bastante improbable que estén al tanto del asunto de Suiza;148 como mucho podría tener lugar un pedido de informes y en tal caso usted podría argüir como explicación una afección pulmonar que hoy en día resulta tan difícil de corroborar como su enrolamiento. Pero incluso esto no sería decisivo. En general y para autores no arios (incluso en mi caso) lo que sucede primero es que uno recibe por lo pronto la confirmación de la inscripción oficial, lo cual no es difícil, mientras que la incorporación definitiva queda aplazada ad calendas graecas. Yo me inscribí en noviembre pasado y todavía no recibí la incorporación formal. Sin embargo, tampoco hace falta, debido a que según un comunicado oficial a las redacciones e incluso a los editores les basta la confirmación como acreditación hasta que se tome la decisión definitiva. A pesar de que el asunto se haya complicado por la demora de la solicitud, yo en su lugar, completaría ahora los formularios y buscaría cualquier explicación plausible de la demora. De los dos garantes que tiene que consignar, quizás sería muy bueno que uno fuese Rudolf Alexander Schröder, a quien sin duda podrá ubicar a través de la Bremer Presse; el otro podría buscarlo en la derecha política; además de Benn me viene a la mente el nombre de Fechter,149 no se asuste por eso. Pesa mucho más que usted abandonase Alemania en marzo de 1933 que el asunto de Suiza. En este punto no debe dejar de indicar y en lo posible documentar que por razones económicas usted ya antes había pasado largas estadías en el exterior, para lo cual le vendría bien su primer período en Ibiza.150 La cesión de los derechos de autor151 no me parece muy aconsejable: en primer lugar, porque a usted hoy ni siquiera le hace falta; luego, porque tales cosas siempre llevan a confusiones (à propos ¿ha intentado ubicar en Londres Un abrigo, un sombrero y un guante152? Basándome en las pocas impresiones que tengo aquí del teatro, creo que tendría buenas posibilidades; quizás Schoen podría hacer algo y traducirla, si es que usted sigue interesado en eso); finalmente, porque el procedimiento me parece bastante arriesgado después de haberse publicado tantos fragmentos. La declaración de lealtad es totalmente inocua; considerada desde nuestro punto de vista no implica más de lo que implican los compromisos de los funcionarios para con la República. No quiero ocultarle que, de todos modos, empiezo a dudar si el Estado nazi podrá por mucho tiempo más seguir sacando consecuencias de estas declaraciones. Pues, a pesar de no tener el más mínimo optimismo y de no guardar otra esperanza para el futuro que una especie de anarquía de derecha o la realización de las ilusiones de Bronnen,153 o bien simplemente una dictadura militar o una especie de régimen de Dollfuss, sin embargo, empiezan a acumularse los signos de decadencia, de modo tal que ya no hace falta pasarlos por alto por temor a que fueran hijos de la imaginación.
Con esta figura retórica yo habría llegado al horizonte de sus Pequeñas Piezas que me gustaron sobremanera. Por cierto, gran parte de ellas ya las conocía como anexo a Calle de mano única,154 también el sueño de tres capas y el hermoso texto sobre la fiesta y el pánico, que si recuerdo bien tuvo una leve modificación que lo benefició, y cuya versión anterior no estaba tan estrecha y precisamente concentrada en el día y la hora exactos del 14 de julio, cuyos fuegos artificiales Debussy enalteció con un fragmento de la Marsellesa en el medio. Por lejos lo que más me impresionó fue el texto sobre el periódico al que puedo suscribir como a un poder general. Esto coincide por completo con mis intenciones –entiéndalo solo como una aclaración de nuestra coincidencia, no como una expresión de vanidad–; hace años ya hice el intento155 de defender el caos lingüístico de la prensa contra Kraus. Espero poder enviarle muy pronto como pequeña retribución mi escrito un poco más extenso sobre los extranjerismos, en el cual presento una apología de estos de un modo análogo, es decir, allí donde son lo peor. Con la intención de hacer un golpe maestro se lo envié a Muttersprache,156 la revista de la Asociación General de la Lengua y, de hecho, hasta ahora no me lo devolvieron. Este sería un espacio de publicación en el cual yo mismo podría presentarme como un esnob ante usted. Es el órgano de un purismo obtuso.
Mis cosas están todavía en el aire; pero lo veo bastante negro. La tarea de vivir aquí y además trabajar en la universidad equivaldría al problema de Mann ist Mann de Brecht (¿no se presta el título a ser traducido como man is man?). Ni pensar en una reválida oficial de la habilitación para la docencia universitaria. Además todo se ha complicado mucho debido a las prescripciones que regulan las divisas, debido a que no resulta fácil sacar de Alemania ni siquiera las sumas más modestas. Espero tener un panorama más claro a mediados de la semana próxima. Creo que la destitución de Diels157 en Alemania es un golpe contra Göring de una importancia imprevisible. Es la primera vez que los conflictos internos se manifiestan hacia afuera y esto puede iniciar fácilmente la fase de las luchas entre los diádocos.
Horkheimer me había invitado a pasar unos días en París donde estará la próxima semana antes de hacer un viaje largo. Tuve que rechazar la invitación debido a que para mañana y el miércoles acordé reuniones muy importantes que como recién llegado no puedo reprogramar por un viaje a París: con Plant de la School of Economics y luego una entrevista conjunta con Adams, el General Secretary del Assistance Council158 y con Cassirer. Si lo viera a Horkheimer, le pido que le remarque la imposibilidad de postergar estos asuntos. No hace falta que agregue cuánto lo lamento.
En aras de la claridad solo quisiera decir que mi tía y yo seguimos participando en la transferencia de la señora Herzberger con aproximadamente dos tercios. Estamos en una especie de clearing: ponemos a disposición los aportes para que ella los utilice en Alemania, mientras que ella los transfiere desde la región del Saar. Arnold Levy tampoco está en París.
Ya le escribí que Reifenberg estaría interesado en un ensayo suyo sobre el libro que escribí sobre Kierkegaard, sin embargo, sans phrases, quisiera dejarlo librado a usted el hecho de escribirlo o no. La impresión que tuve de Reifenberg esta vez desde el punto de vista humano fue bastante positiva y se puede contar con cierta solidaridad de su parte.
¿Podría volver a pedirle la dirección de Schoen y de Kracauer?159 Mándeme pronto noticias sobre usted, se lo pido. De ningún modo me quedaré a vivir aquí afuera más allá de mediados de la semana próxima, sino que me iré a Oxford, o cerca de la biblioteca del Museo Británico. Además también quisiera pedirle que destruya mi carta. En cuanto a Gretel, se siente realmente mucho mejor. Esto es mi único rayo de luz en este momento.
| Con la cordialidad de siempre, suyo, | Teddie |
21. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 28/4/1934
| Dr. Walter Benjamin | París (14e), 28 de abril de 1934 |
| 28, place Denfert-Rochereau | |
| Hôtel Floridor |
Querido Sr. Wiesengrund:
Aprovecho el ímpetu que me ha dado el dictado de una larga conferencia160 que vengo de terminar para poner en marcha la máquina ahora para usted. Es una coincidencia de lo más feliz, porque hay todo tipo de asuntos importantes que tratar.
Pero comienzo agradeciéndole su carta londinense. Va de suyo que lo que atañe a mi relación con la Cámara de Escritores no es una cuestión de principios, sino meramente de oportunidad. Por ese motivo, establecería contacto con esa gente una vez que en la editorial Reiss estén dilucidadas todas las demás cuestiones previas. Lamentablemente, por el momento no parece ser el caso. Porque ni escuché nada directamente de él ni me llegaron novedades al respecto por medio de Felizitas. Para el caso de que lleguen noticias favorables, sin embargo, he notificado a Scholem,161 que está a disposición de la editorial si le llegaran a solicitar su opinión sobre el libro.
Entretanto estuvo aquí Arnold Levy. Creo haber conocido en él a un hombre de una inteligencia extraordinaria y –gracias a usted– enorme amabilidad. Hemos conversado en detalle sobre mi situación, y surgió que él sí ha considerado una ayuda que fuera más allá de la de Neunkirchen, pero que por el momento no la pudo organizar. Tampoco sé si las posibilidades de que tal organización se logre son consideradas auspiciosas por él.
Como antes de venir solo tuvo un breve intercambio con la señora Herzberger, no estaba informado cabalmente acerca de su posición respecto de este asunto. Por eso me preguntó a mí si está previsto que la ayuda procurada por Neunkirchen por el momento continúe otorgándose. Según su penúltima carta yo creía poder responder afirmativamente a esta pregunta, y tampoco sabría cómo enfrentar de otro modo lo que se avecina.
Gracias a usted ya casi nos hemos acostumbrado a conversar estas cuestiones entre nosotros. No resulta fácil poder poner en palabras por carta aquello que, sin detrimento de todo lo práctico del asunto, sucede en mí cuando pienso en este nuevo lazo que nos vincula. También por eso deseo fuertemente verlo pasar por París.
Si usted ahora estuviera aquí, creo que la conferencia de la que hablé al comienzo nos daría mucho tema de debate. Se titula “El autor como productor”, será pronunciada aquí en el “Instituto de Investigación del Fascismo”162 frente a un auditorio muy reducido pero cuya calificación dudo que sea de la misma índole y representa el intento de proveer para la literatura una contraparte del análisis que realicé para la escena en el trabajo sobre “El teatro épico”.163
Quiero que usted sea el primero en conocer mi nuevo seudónimo, que reservo para el uso en el extranjero. O.E.Tal = lateo estoy oculto.
Escribí de inmediato a Frankfurter Zeitung por el texto sobre Kierkegaard. Y pedí que me confirmaran el encargo,164 que por mi lado desde luego solicité con premura. No es necesario que le diga lo mucho que me agradaría escribir esa reseña.
La dirección de Kracauer es París (6e), Madison Hôtel, Boulevard St. Germain. La dirección de Schoen es muy posible que sea vieja, hace muchos meses que no sé nada de él. Ernst Schoen c/o Lea Steps, Vale of Health, Hampstead (Hampstead 3410).
Espero recibir muy pronto buenas noticias de usted y del avance de sus tratativas académicas. Le pido que me mantenga al corriente con el mayor detalle posible.
Con afecto, suyo
[Walter Benjamin]
22. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 24/5/1934
Querido señor Wiesengrund:
Estas pocas líneas tienen el propósito de traerle a la memoria el pedido final de mi última carta: que por favor en la medida de lo posible me mantenga al corriente acerca de su derrotero por Inglaterra. Porque hace tiempo que no escucho nada de usted y solo una breve postal de Schoen, cuyas comunicaciones se siguen a intervalos meteóricos, habla de usted.
No sé si la próxima noticia que reciba de usted me alcanzará aquí o ya en Dinamarca.165 Todavía no está del todo segura mi fecha de partida, pero será cuanto antes. Si aun me escribiera a esta dirección –antes del 4 de junio no me iré de ningún modo–, me daría gran alegría. Si escribe después, tendría que esperar una noticia mía de Dinamarca, porque no hay que descartar que el correo que se reenvíe de aquí a Dinamarca pase eventualmente por Alemania.
De allí no faltan noticias confiables del último tiempo. Cuanto mejor informados están los observadores, menos tienden a emitir pronósticos, desde luego. Es muy probable que se avecine una crisis; lo que es incierto es su desenlace.
Ya no sé si le escribí sobre mi último trabajo. Se titula “El autor como productor” y es una suerte de contraparte de aquel escrito previo sobre el teatro épico. Al momento estoy negociando su publicación con “Sammlung”,166 a la que esto le exige por supuesto cierto poder de resolución.
Se habrá enterado de que Reiss rechazó la “Infancia”. Eso no va en detrimento de que yo vuelva a agradecerle todos los esfuerzos que dedicó a esta causa.
Antes de mi partida tengo previsto ver a algunas personas importantes: Paulhan,167 Pierre-Quint,168 Du Bos.169 Después también a Kracauer, quien –por lo que percibo– cada vez está menos visible. Parece haberse recluido por completo mientras concluye el trabajo en su novela.170 Es mi deseo que las intenciones que ve aparejadas a la traducción de la novela se cumplan, sin por eso poder negar los reparos literarios que me despierta el escrito.
¿Le pregunté en mi última carta por aquel Paul Binswanger, que hizo publicar un libro escandaloso171 sobre “La problemática estética de Flaubert” en Klostermann?
Y ahora, para cerrar, un pedido: ¿podrá recordarle a Geck172 o a Reifenberg por su cuenta otra vez la reseña del Kierkegaard? Pregunté dos veces sin haber obtenido información alguna al respecto.
Esto es todo por hoy. Escriba, de ser posible, a aquí. Lo saludo con mucho afecto
| 24 de mayo de 1934 | Suyo |
| París XIV | Walter Benjamin |
| 28 place Denfert-Rochereau | |
| Hotel Floridor |
23. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
OXFORD, 6/11/1934
Oxford, Merton College
6 de noviembre de 1934
Querido Sr. Benjamin:
Muchísimas gracias por su carta.173 Mi largo silencio no se relaciona en absoluto con las rigurosas exigencias de la asimilación con las que me confronto, y bajo ningún aspecto puede perdurar este estado de silencio entre nosotros. Por eso le respondo enseguida. Usted sabe desde la visita de Gretel174 lo que me llevó a mantenerme en silencio tanto tiempo; esa visita, así como las alusiones de su carta pusieron a un lado las dificultades. Estas correspondían por completo al ámbito de nuestro trabajo; no me resultó posible disimular mis grandes reservas hacia algunas de sus publicaciones (por primera vez desde que estamos en contacto); me refiero al trabajo sobre la novela francesa175 y sobre el ensayo de Kommerell, que también me lastimó enormemente en el ámbito personal176 después de que este autor hubiese expresado que hombres como yo tenían que ser mandados al paredón… no hace falta dar más explicaciones al respecto. Sin embargo, las cuestiones polémicas esta vez eran demasiado determinantes y delicadas desde todo punto de vista como para admitir que se discutieran por carta, sobre todo durante su estadía en Copenhague;177 por otra parte, durante los tres meses que estuve en Londres yo también me sentí muy lejos de aquella libertad y seguridad que hubiesen presupuesto una discusión de esa índole. Por lo tanto, me llamé al silencio, a la espera de que alguien viniera a sacarme de ese estado, lo cual sucedió al aparecer su carta, que logra este efecto cuanto más se distancia de la otra. Espero no incurrir en una intromisión injusta al admitir que toda esta problemática conflictiva se vincula con la figura de Brecht o con el crédito que usted le daba; y que esta complejidad también concierne a cuestiones fundamentales de la dialéctica materialista, como el concepto de valor de uso al que hoy, como ayer, solo le puedo dar un lugar menor. Si no me equivoco, usted ya se desentendió de estos asuntos y me parece que lo más importante es que le asegure mi total participación en esta gestión, sin temer que usted entienda eso como una expresión de conformismo y de instintos de preservación. Lo que usted dice acerca del cierre del período de ensayos y sobre todo de la decisión de dedicarse por fin a los Pasajes es, por cierto, la mejor buena nueva que he recibido de usted desde hace muchos años. Usted sabe que en ese trabajo veo verdaderamente la parte de prima philosophia que se nos ha encargado y no anhelo nada más que usted pueda ahora llevar a cabo este inmenso asunto tal como este lo requiere, después de haber sufrido un estancamiento tan largo y doloroso. Y si pudiera depositar cierta esperanza en este trabajo, sin que usted lo tome como una falta de modestia: esta sería, en primer lugar, que el trabajo presente en las tesis más extremas, sin reparo alguno, todo lo referido al contenido teológico y a la literalidad que concernía a él (sin reparar en las objeciones de aquel ateísmo brechtiano que quizás aún nos quede pendiente salvar como teología inversa, ¡pero de ningún modo adoptar!); luego, que este trabajo, en beneficio de su propósito, se abstenga por completo de la comunicación externa con la teoría social. Pues me parece que al tratarse realmente de lo más decisivo y lo más serio, tiene que ser expresado total y completamente y alcanzar la profundidad categorial completa, sin que la teología sea dejada de lado; además también pienso que en este ámbito decisivo de la teoría marxista más ayudamos cuanto menos nos la apropiamos sometiéndonos externamente a ella: aquí lo “estético” intervendrá revolucionariamente en la realidad de un modo mucho más profundo que la teoría de las clases como deus ex machina. Por eso me parece imprescindible que precisamente los motivos más lejanos –el “siempre lo mismo” y el motivo del infierno– sean puestos en funcionamiento sin ser disminuidos, y que al mismo tiempo el concepto de la imagen dialéctica sea expuesto con total lucidez. Nadie mejor que yo sabe que cada enunciado está cargado con dinamita política y que así tiene que ser; sin embargo, cuánto más profundamente se lo hunda, más arrastrará consigo. No me atrevería a darle “consejos”; lo que intento no es más que presentarme ante usted como si fuese un abogado de su propia intención frente a una tiranía, la cual, tal como usted lo hizo con Kraus, no necesita sino ser llamada por el nombre para desaparecer. Por lo demás, pareciera que justo ahora viene un fuerte impulso de afuera a los Pasajes. Leí en una revista de cine inglesa una reseña del libro nuevo de Breton (Les vases communicants),178 que, si no me equivoco, se aproxima en gran medida a muchas de nuestras intenciones. Está en contra de la interpretación psicológica del sueño y propugna una interpretación dirigida a las imágenes objetivas; y parece adjudicarles a estas un carácter histórico clave. Todo esto se encuentra demasiado cerca de su temática como para que no sea necesario un giro radical, probablemente justo en el punto central (dónde ha de ser, no lo puedo saber a partir de la reseña); sin embargo, el libro podría resultar muy importante, ya que suscita este giro, quizás igual que Panofsky y Saxl para el libro del Barroco, ¡qué paralelismo! Además quisiera agregar algo sobre los Pasajes: me parecería una desgracia que este trabajo, que ha de significar la integración de toda su experiencia lingüística, fuese escrito en francés, es decir, en un médium, que a pesar del dominio magistral que usted tiene de él, ¡no sirve para la integración que presupone precisamente la dialéctica de su propia vida lingüística! Si surgieran problemas a la hora de publicarlo, entonces me parece que el camino adecuado sería el de la traducción; sin embargo, no contar con el original alemán significaría para mí, sans phrase, una pérdida tan enorme como la que sufrió nuestra lengua cuando Uhland quemó su parte del legado de Hölderlin.179 Es obvio que haré todo lo que esté a mi alcance para que pueda publicarse; las mejores perspectivas están en Austria, donde Křenek180 ocupa en este momento una serie de puestos importantes, y quien sin duda haría todo lo imaginable para apoyar este trabajo.
A mi ensayo sobre Husserl181 entré como quien sube al patíbulo con los ojos vendados, quizás sea una oportunidad no tan mala tratándose de un ensayo lógico. Originariamente se había tratado de una especie de retraducción de un lenguaje eminentemente “filosófico” a uno de imágenes; lamentablemente no depende solo de mí que pueda lograrlo aquí y ahora; sin embargo, esto no avanzará sin mostrar las contradicciones inmanentes de esa ontología formal y su fundamentación; a partir de la posición más avanzada de su clase, que en este punto, donde el objeto es la “filosofía”, no puede dejar de comprometerse de inmediato. Sin embargo, me encuentro todavía en una etapa muy prematura como para poder decir algo que no sea sino tonteras y le pido que tenga paciencia durante los próximos tres meses, entonces veré con más claridad. Las perspectivas externas de que los ensayos alcancen el título de doctor en Filosofía por Oxford, muy poco frecuente y difícil de adquirir,182 y, por lo tanto, mis propias perspectivas después de dos años, no se presentan del todo mal; las relaciones personales son muy agradables; no tanto la vida de estudiante medieval de toga y birrete, que estoy casi obligado a llevar.
A Brecht no lo vi, ni supe nada de él. En cambio, me encontré en Londres en la calle con Eisler,183 quien aprovechó la oportunidad para comportarse con una arrogancia tan vergonzosa que, por mi parte, no me quedaron ganas de dar ningún paso hacia los ámbitos de un pensar, que, si bien es una “conducta”, no es un comportamiento adecuado. Al menos más tarde Eisler consideró conveniente disculparse a través de Schoen, pero sunt certi denique fines.184 Dos veces vi a Schoen y gracias a que con mucha astucia logré que Hansi185 se mantuviera alejada, el encuentro fue sumamente agradable… más que su situación que veo muy negra, y sin tener la menor posibilidad de ayudar. Ahora me quedé también sin noticias de él, salvo una postal. Probablemente las cosas sean tan desesperantes que de ninguna manera sería conveniente discutir con él. Su dirección en Londres es NW, 32 Belsize Park.
¿Podría enviarme el ensayo sobre Kafka186? No hace falta que le diga cuán importante sería para mí. Escribí una disertación bastante extensa sobre el sociologismo187 burgués de Mannheim, el trabajo marxista más agudo que emprendí hasta ahora; pero Mannheim me pidió que postergara la conclusión de este tratado hasta que se publicara su libro y por lealtad no pude negarme a su pedido; por lo tanto, estará suspendido por un par de semanas. En cuanto esté terminada la versión en limpio, recibirá un ejemplar (se está convirtiendo en un opúsculo; contiene elementos de una teoría del fascismo).
La decisión de ir a San Remo188 le resultará, espero, más fructífera de lo que pueda parecerle ahora y mis mejores deseos lo acompañarán en todos los sentidos. ¿Sabe que viví ahí varios meses?189 Le recomiendo que sepa elegir el Café Morgana sobre el mar como lugar de trabajo. Y de ningún modo debería perderse de visitar en las montañas el pueblo abandonado de Bussana Vécchia,190 un lugar que se asemeja a los distritos más nobles de Positano. Si le dieran ganas de comer un bouille à baisse, el mejor especialista es el dueño del Hotel de l’Europe, el signor Coddoni, quien seguramente lo compartirá con gusto con usted y a quien le pido que salude de mi parte. Quizás también quiera iniciarlo en los secretos de un uòva all’ òstrica.191
Tengo un gran cargo de conciencia con Kracauer,192 sin considerar por eso que mis resistencias sean fortuitas. Todavía no vi la Novela de los tres centavos.193 Con gran provecho estoy leyendo a Richard Hughes194 y a Norman Douglas.195
Recibí de Sternberger196 los trabajos para la Rundschau197 y les di una hojeada. No me resultan tan indignos como a Felizitas, sobre todo en el ensayo sobre fotografía hay cosas magníficas, por ejemplo, la crítica a la “objetividad”; el trabajo sobre el Jugendstil no es, naturalmente, más que un inventario. Sin embargo, me alegraría si fuese posible que uno no se pudiera instalar sin más en tales espacios y que hubiese un cartel que anunciara “Solo para adultos”. Le escribí, con mucha cautela, que los ensayos que vayan contra Heidegger, Jaspers y la filosofía como forma son convenientes, pero que precisamente ahí solo son pertinentes las categorías filosóficas más preciadas y de mayor peso. Todo esto se solucionará con la mera existencia del trabajo de los Pasajes.
Con los más cordiales saludos, siempre suyo
Teddie Wiesengrund
Estaba anunciado que Else Herzberger vendría a Inglaterra, sin embargo, no la vi como usted tampoco se encontró con los amigos ingleses.198 Si se me presentara la oportunidad de verla, no me olvidaré de la cuestión práctica. ¡Por favor, salude de mi parte a la señora Dora Sophie!199
24. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
SAN REMO, 30/11/1934
[El inicio de la carta no se ha conservado.]
acaso se realizara, solo sería de manera fragmentaria y en ese caso tendría usted a disposición de inmediato el texto completo en su forma manuscrita.200
Espero ansioso su escrito contra Mannheim; espero recibirlo muy pronto.
Ernst Bloch, del que por lo demás no sé ni oigo prácticamente nada, anuncia un nuevo libro.201 Pero la editorial Oprecht und Helbling aún no lo ha publicado. Hace pocos días llegó finalmente una noticia de Schoen, que lamentablemente no desmiente sus avisos. Que Eisler202 se lleva mejor con la música para cine que los demás con él es algo que ya percibí en el verano.
Su recomendación del Café Morgana me llenó de melancolía. Porque efectivamente, gracias a su ubicación me parece haber sido apropiado como ningún otro para trabajar. Los demás cafés de la zona lo abandonan a uno como no sucede en el más pequeño nidito de montaña italiano. Pero –para hacerla corta– el Morgana acaba de fallite y está cerrado. Próximamente subiré a Bussana Vécchia. Hace poco caminé en esa misma dirección y llegué hasta Tággia. Es una ciudad en las montañas con un trazado magnífico en la que descubrí “la escalera más hermosa del mundo”. ¿Cuándo estuvo usted aquí?
Mi exesposa le retribuye sus saludos con la mayor de las amabilidades.
Me daría alegría volver a escuchar algo de usted y le envío mis saludos más afectuosos
| 30 de noviembre de 1934 | Suyo |
| San Remo | Walter Benjamin |
| Villa Emily |
25. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
OXFORD, 5/12/1934
| 5 de diciembre de 1934 | Merton College. |
| Oxford. |
Querido Sr. Benjamin:
Su carta me ha alegrado enormemente y la respondo de inmediato para poder hacerlo todavía desde Inglaterra: pues a mediados de la próxima semana viajo a Berlín a lo de Felizitas. Hasta ese momento mi dirección es Albemarle Court Hotel, Leinster Gardens, Londres W 2, y si usted me enviara unas líneas con la antelación necesaria, todavía podría recibirlas a tiempo. Si no, me temo que tendremos que interrumpir nuestra correspondencia hasta mediados de enero, en todo caso como correspondencia abierta.
En lo que concierne al plan de nuestro meeting, nadie podría desearlo más que yo y es obvio que no podemos dejar que pase el año próximo sin que conversemos largamente. No obstante, será difícil que lo logremos en los primeros meses, a no ser que usted fuese a Londres. Desde mediados de enero hasta mediados de marzo y luego desde fines de abril hasta mediados de junio no puedo moverme de Oxford y, muy probablemente, tenga que viajar entremedio a Estados Unidos, debido a que no puedo rechazar las insistentes invitaciones de Horkheimer203 sin que eso signifique poner en peligro intereses de distinta índole, para no hablar del compromiso humano. Ahora bien, debido a que aquí las vacaciones son extremadamente prolongadas –desde mediados de junio hasta por lo menos mediados de octubre–, sin duda alguna podremos organizar algo durante ese tiempo y ya estoy pensando dónde y cómo.
Else Herzberger: mi esperanza de hablar con ella no se concretó, debido a que no vino a Inglaterra. Podría darse la casualidad de que la vea en Frankfurt para Navidad –pero esto no es seguro– y no me parece apropiado dirigirme a ella por carta. En principio, me parece que solo habría que recurrir a esta posibilidad (que lamentablemente es limitada) en un caso extremo y urgente, para justamente luego poder contar con ella en cierta medida. Por eso le agradecería alguna indicación de su situación –si esta necesita de una ultima ratio o si por el momento está bien así–. En este último caso (justamente y solo por las cuestiones aludidas) consideraría que sería mejor renunciar a tal posibilidad. Esto seguro lo es, considerando la resolución del Sarre204 que tiene un gran peso también para Else. Entonces, ¿puedo pedirle alguna indicación?
Nuevamente un par de palabras sobre los Pasajes. Sin duda, no puede negarse la relación entre su “sueño del colectivo” y el inconsciente colectivo de Jung (de cuyas publicaciones recientes no vi nada salvo un ensayo nada insignificante sobre Joyce205). Pero siempre me produjo cierto grado de asombro que usted se distanciara del modo más férreo y severo de aquello que, por lo pronto, parecía interesarle más: tanto de Gundolf en Las afinidades electivas206 como de los “Homenajes” del Barroco207 desde el expresionismo hasta Hausenstein y Cysarz, cuyo libro sobre Schiller208 supera los temores más oscuros. En efecto, quisiera atribuirle una dignidad sistemática a esta intención suya; en cierta vinculación con la categoría de “extremo”, la cual en este momento tiene para mí una peculiar importancia. Así, todavía recuerdo bien cuán profundamente me impresionó, hace más o menos diez años, que usted se enfrentase al Scheler209 de ese entonces de la manera más aguda, aunque en ese momento se expresaba aún de un modo menos premeditado en enunciados teológicos: teocrático-ontológicos. Solo en este sentido, sin embargo, puedo imaginarme la vinculación con Jung e incluso con Klages (cuya teoría de los “fantasmas”210 en la “Realidad de las imágenes” de El espíritu como adversario del alma se encuentra relativamente cerca de nuestras cuestiones). O para decirlo con mayor precisión: justo aquí se encuentra la línea limítrofe entre las imágenes arcaicas y dialécticas, o como lo formulé una vez en contra de Brecht, de una teoría materialista de las ideas. Sin embargo, me parece muy probable que pueda encontrarse un vehículo en esta discusión de Freud con Jung, que si bien no conoce en absoluto nuestra cuestión, sin embargo, somete a Jung precisamente a esa prueba de resistencia nominalista, la cual, en efecto, se requiere para tener el acceso a la protohistoria del siglo XIX. En estrecha relación con eso, es decir, con el carácter dialéctico de estas imágenes, me parece que se encuentra el hecho de que tengan que ser interpretadas no como “psíquicas” en sentido inmanente, sino como objetivas. Si comprendo bien la constelación de los conceptos, entonces la crítica individualista pero dialéctica de Freud ayudará a quebrar el arcaísmo de aquella gente, pero luego ayudará también a superar dialécticamente el punto de vista de inmanencia del propio Freud. Discúlpeme estas menciones vagas y topológicas, desarrollarlas de un modo concreto significaría casi nada menos que anticipar su teoría y es lo último a lo que me atrevería. No obstante, me parece indudable que los escritos de Freud sobre la interpretación del análisis211 con respecto a esta problemática compleja son sumamente importantes. En el libro sobre el Barroco usted ha salvado la inducción:212 así habrá que salvar en este caso al nominalista y al psicologista para aniquilar y batir el ontologismo burgués. Además me interesaría consultarle si en Copenhague estuvo en contacto con Reich y su círculo.213 Ahí hay algo provechoso e incluso un Feuerbach romántico, una recaída en el anarquismo y en el dudoso enaltecimiento de la sexualidad “genital” y, por lo tanto, ahistórica.
Con mucho gusto, con ferviente gusto, quisiera leer las partes nuevas de Infancia214 y sobre todo el Kafka:215 hasta ahora todos le debemos a Kafka la palabra liberadora, Kracauer216 más que cualquiera… y cuán imperioso sería, sin duda, el deseo de liberarlo de una teología existencialista y prepararlo para otra teología. Debido a que tenemos que contar con que no pasará poco tiempo hasta nuestro reencuentro, ¿no sería posible entonces examinar estos trabajos ahora?
Pensé en Křenek porque en este momento se está ocupando de encontrar un editor para una colección de mis escritos musicales217 (Felizitas le puso el nombre El gran Pan está muerto, y ahora encontré un lema de George218 realmente extraordinario). Křenek se desarrolló de un modo sumamente favorable y en nuestra actual correspondencia revela un saber sobre las cuestiones más ocultas de la música como nunca lo he visto antes en otra persona. Por suerte, no hace falta entenderlo desde el punto de vista de su política.219
¿Ha visto usted Ocaso?220
Le deseo todo lo mejor para su trabajo; del mío hoy solo una frase de Bolzano221 que yo respaldo y que espero no habérsela enviado ya a usted: según esta frase la lógica es “aquella ciencia que nos indica cómo debemos presentar la ciencia en los manuales pertinentes para ello”.
Conocí San Remo en el año 1927, primero estuve brevemente con Gretel, luego varios meses solo; en esa época me dediqué a Freud. La imagen de los Alpes y del mar es inigualable. Sobre todo en las montañas mismas que tienen los más bellos caminos en altura.
Le pido que le retribuya los saludos a su exesposa, del modo más cordial. Con la cordialidad de siempre, suyo
Teddie Wiesengrund
26. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BERLÍN, 16/12/1934
| Berlín, 16 de diciembre de 1934 | *Error222 |
Querido Sr. Benjamin: Tengo que agradecerle a Wissing* el haber podido acceder a su Kafka y hoy solo quisiera decirle que a los motivos de este ensayo les debo la extraordinaria impresión que me causaron, la más profunda que he tenido de usted desde que terminó el Kraus.223 Espero encontrar en estos días el tiempo para expresarme con más detalle y solo a modo de adelanto destaco la colosal definición de la atención como figura histórica de la plegaria,224 al final del tercer capítulo. Por lo demás, ¡nunca me resultó más clara que en este ensayo nuestra coincidencia en los puntos filosóficos centrales!
Aquí estoy pasando una linda estadía.
| Siempre, suyo, | Teddie W. |
27. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
BERLÍN, 17/12/1934
Berlín, 17 de diciembre de 1934
Querido Sr. Benjamin: Permítame, a raudo vuelo, cumplir con mi promesa –pues Felizitas está pensando en quitarme el ejemplar de su Kafka que pude leer solo dos veces– y decirle unas pocas palabras, más con el fin de expresar la espontánea y abrumadora gratitud que me invadió ante él que porque crea poder dilucidar o incluso “juzgar” este bosquejo descomunal. No lo tome como una falta de humildad si comienzo mencionando que nunca estuve tan plenamente consciente como aquí de nuestra coincidencia en puntos filosóficos centrales. Basta con que alegue mi más antiguo intento de interpretación de Kafka,225 que data de nueve años atrás: se trataría de una fotografía de la vida terrenal desde la perspectiva de la vida redimida, de la que no aparece sino una punta del pañuelo negro, mientras que la óptica horriblemente desplazada de la imagen no es otra que la de la cámara misma ubicada en posición oblicua; de este modo no hacen falta más palabras sobre nuestra coincidencia, aunque sus análisis apunten más allá de esta concepción. De todos modos, esto también concierne, al mismo tiempo y en un sentido muy fundamental, a la posición con respecto a la “teología”. Debido a que insistí en ella antes de ingresar a sus Pasajes, me parece doblemente importante que la imagen de la teología en la que con agrado vería desaparecer nuestras ideas no sea otra imagen que aquella de la que aquí se alimentan sus ideas; por cierto, podría ser denominada teología “inversa”. La posición en contra de la interpretación natural y, al mismo tiempo, sobrenatural, que se encuentra formulada ahí por primera vez con absoluta agudeza, me parece exactamente igual a la mía; en efecto, en mi Kierkegaard226 no se trata de otra cosa que de eso, y si usted se burla de la vinculación de Pascal con Kierkegaard,227 entonces permítame recordarle que en mi Kierkegaard se expone la misma burla contra la vinculación de Kierkegaard con Pascal y Agustín.228 Sin embargo, si, por el contrario, me aferro a una relación entre Kierkegaard y Kafka, no es ni por lejos la de la teología dialéctica, cuyo abogado ante Kafka se llama Schöps.229 Se encuentra, por cierto, exactamente en el lugar de la “escritura”,230 de la cual usted dice de un modo tan definitorio que lo que Kafka habría tomado como su vestigio podría ser entendido socialmente como su prolegómeno. Y de hecho este prolegómeno es el criptograma de nuestra teología, él y ningún otro; pero, por cierto, ni un ápice menos. El hecho de que irrumpa aquí con una fuerza tan enorme es para mí la más hermosa garantía de su logro filosófico, desde que conocí los primeros fragmentos de los Pasajes.231 Además también quisiera añadir a nuestras coincidencias los enunciados sobre la música, sobre el gramófono y la fotografía; tal como espero, en pocas semanas le llegará un trabajo sobre la forma del disco232 que escribí hace aproximadamente un año, que parte de un determinado punto del libro sobre el Barroco233 y que al mismo tiempo hace uso de la categoría de alienación de las cosas y en la contracara, casi exactamente en el mismo sentido en el que las encuentro construidas también por usted en el Kafka; y, sobre todo, quisiera agregar los enunciados sobre la belleza y la desesperanza.234 Podría decir que lamento que la futilidad de las interpretaciones oficialmente teológicas de Kafka235 esté expresada, pero no completamente explicitada como la de Gundolf en Las afinidades electivas236(dicho sea de paso que las trivialidades de Kaiser237 del psicoanálisis distorsionan la verdad menos que aquel sentido burgués profundo). En Freud, uniforme e imagen paterna van de la mano.
Si usted mismo considera el trabajo como “inconcluso”, sería del todo convencional e insensato si yo quisiera contradecirlo. Usted sabe más que bien cuán hermanado está aquí lo significativo con lo fragmentario. Sin embargo, esto no excluye que pueda indicarse el lugar de lo inconcluso, justamente porque este trabajo es anterior a los Pasajes. Pues este es su carácter de inconcluso. La relación entre protohistoria y modernidad no está aún elevada a concepto y una interpretación lograda de Kafka en última instancia ha de depender de eso. Una primera laguna se encuentra al comienzo, en la cita de Lukács238 y en la antítesis entre “era del tiempo” y “era del mundo”.239 Esta antítesis no podría resultar fructífera en tanto mero contraste, sino en tanto simplemente dialéctica. Yo diría: para nosotros el concepto de era del tiempo es por completo inexistente (del mismo modo que no conocemos la decadencia o el progreso en el sentido pleno que, por cierto, usted mismo destruye), solo tenemos el de era del mundo como extrapolación del presente petrificado. Y sé que nadie en la teoría me lo admitiría con más gusto que usted. Sin embargo, en Kafka el concepto de era del mundo permaneció abstracto en sentido hegeliano (dicho sea de paso, es sorprendente y probablemente usted no sea consciente de cuán estrecha relación tiene este trabajo con Hegel. Solo aduzco lo siguiente: que el pasaje que trata la nada y el algo240 está engastado, de la forma más aguda, al primer movimiento hegeliano del concepto: ser-nada-devenir, y que si bien el motivo de Cohen241 del viraje del derecho mítico a la culpa está tomado de la tradición judía, también lo está sin duda de la Filosofía del derecho de Hegel). Esto no significa sino que la anamnesis –o el “olvido”– de la protohistoria en Kafka está interpretada en su trabajo esencialmente en un sentido arcaico y no atravesado por la dialéctica: con lo cual el ensayo se arrima al comienzo de los Pasajes. Sería el último en poder emitir un juicio al respecto, debido a que sé muy bien que puede atribuírseme haber caído en lo mismo en el Kierkegaard, en la misma articulación deficiente del concepto de mito, donde era superado como construcción lógica, pero no de una manera concreta. Justamente por eso puedo señalar este punto. No es una casualidad que, de todas las anécdotas interpretadas, una, a saber, la de la fotografía infantil de Kafka,242 quede sin interpretación. Su interpretación equivaldría a la neutralización de la “era del mundo” en el resplandor de un relámpago. Esto se refiere a todas las posibles discrepancias in concreto, aquí todavía síntomas de la parcialidad arcaica, de la falta de realización de la dialéctica mítica. La más importante me parece ser la de Odradek.243 Pues arcaico es solo hacerlo surgir a partir del “mundo prehistórico y de la culpa”, en lugar de leerlo una vez más precisamente como aquel prolegómeno que usted estableció de manera tan penetrante ante el problema de la escritura. ¿No tiene él un lugar junto al padre de familia? ¿No es él precisamente su cura [Sorge] y riesgo, no se anuncia con él justamente la superación de la relación de la culpa propia de la criatura? ¿No es la cura –verdaderamente un Heidegger consolidado– la cifra, la promesa más cierta de la esperanza, precisamente en la superación del hogar? No hay duda de que Odradek, en tanto contracara del mundo de las cosas, es un signo de la deformación; como tal, precisamente, es un motivo del transcender, es decir, de la quita del límite y la reconciliación de lo orgánico y lo inorgánico o de la superación de la muerte: Odradek “sobrevive”. Dicho de otro modo: solo a la vida devenida cosas se le ha prometido escapar de su vinculación con la naturaleza.• Aquí hay algo más que “una nube”,244 esto es, hay dialéctica, y sigue siendo el interés más íntimo de una interpretación de Kafka no tanto “esclarecer” la figura de la nube, sino más bien dialectizarla por completo –en cierto modo, hacer que llueva la parábola–; lo mismo que la completa articulación teórica de la “imagen dialéctica”. No, Odradek es tan dialéctico que de él puede decirse realmente “prácticamente nada ha mejorado todo”.245 A la misma problemática compleja pertenece el pasaje del mito y del Märchen,246 donde por lo pronto habría que objetar desde un punto de vista pragmático que el Märchen se presenta como algo que supera al mito en astucia o como su refracción; como si los trágicos áticos fuesen cuentistas, que es lo último que son, y como si la figura clave del Märchen no fuese el mundo premítico, incluso, el libre de pecado, tal como se nos presenta cifrado cósicamente. Es sumamente extraño que los “errores” materiales que tal vez podrían reprochársele al trabajo comiencen justamente aquí. Pues, si la memoria no me engaña totalmente, los delincuentes de la colonia penitenciaria247 son marcados por la máquina no solo en la espalda, sino en todo el cuerpo, incluso se habla del proceso en el que la máquina los da vuelta (la inversión es el corazón de este relato, tal como se da también en el instante del comprender; además justamente en este relato, que en su parte principal tiene una cierta abstracción idealista como la de los aforismos248 que usted rechazó con razón, no se debería olvidar el sorpresivo final con el sepulcro del viejo gobernador debajo de la mesa de la confitería). También me parece arcaica la interpretación del teatro natural con la expresión “kermés campesina o fiesta infantil”;249 la imagen de un festival de música en una gran ciudad en los años ochenta sería, sin duda, más verdadera y el “aire de pueblo” de Morgenstern250 siempre me resultó sospechoso. Si Kafka no es un fundador de religiones251 –¡y cuánta razón tiene usted!, ¡claro que no lo es!–, ¡sin duda tampoco es en ningún sentido un poeta de la patria judía! Me parece que en este punto son decisivos los enunciados sobre el entrecruzamiento de lo alemán y lo judío.252 Que los ángeles lleven alas atadas253 no es una falencia, sino su “rasgo”, como apariencia obsoleta, son la esperanza misma y no existe otra que esta.
A partir de aquí, de la dialéctica de la apariencia como modernidad premoderna, me parece que surge la función del teatro y del gesto254 que usted puso por primera vez en el lugar central que corresponde. Los tenores del Proceso son, por completo, de este tipo. Si se quisiera buscar el fundamento de este gesto, me parece que habría que buscarlo quizás menos en el teatro chino y más en la “modernidad”, es decir, en el fenecer del lenguaje. En los gestos kafkianos, se da a luz a la criatura a la que se le han sustraído las palabras de las cosas. Sin duda, como usted dice, ella se abre, de este modo, a la profunda reflexión o al estudio como plegaria. Me parece que no hay que entenderla como una “disposición experimental”255 y lo único que en este trabajo se me presenta como ajeno a la materia es la incorporación de categorías del teatro épico. Pues este teatro del mundo, debido a que se representa solo ante Dios, no tolera ningún punto de vista exterior para el cual se cerraría sobre sí mismo como escenario; como usted dice, no podría colgarse el cielo256 en la pared encuadrado en un marco, así como tampoco hay un marco escénico para la escena misma (a no ser precisamente el cielo sobre la pista de carrera) y, por eso, pertenece a la concepción del mundo como “teatro” de la redención, en la adopción callada del término, el hecho de que la forma artística de Kafka (y, en efecto, no se podrá prescindir de la forma artística después de haber rechazado la figura didáctica) se encuentre en extrema antítesis a la forma teatral y sea una novela. En este punto me parece que Brod con su evocación banal del cine estuvo mucho más atinado de lo que él podía sospechar. Las novelas de Kafka no son guiones para el teatro experimental, porque fundamentalmente les falta el espectador que pudiera intervenir en el experimento. Más bien, son los últimos textos en extinción que se vinculan con el cine mudo (que no por nada desapareció casi en el mismo momento en el que murió Kafka); la ambigüedad del gesto es la que se encuentra entre el hundimiento en el mutismo (con la destrucción del lenguaje) y el ascender a música a partir de aquel; así, la parte más importante de la constelación gesto-animal-música es la representación de un grupo de perros que hace música muda, tomada de las Anotaciones de un perro,257 representación que no dudaría en ubicar junto a Sancho Panza.258 Quizás su incorporación podría aclarar muchas cosas aquí. Permítame decir todavía algo más con respecto al carácter fragmentario: la relación entre el olvido y el recuerdo,259 seguramente central, todavía no me resulta clara y quizás podría articularse de un modo más unívoco y riguroso; como curiosidad, permítame decirle con respecto al pasaje sobre la “falta de carácter”260 que el año pasado escribí el breve texto “Aplanamiento”,261 en el cual también consideré positivamente la extinción del carácter individual; y permítame decirle como otra curiosidad que en primavera escribí en Londres un texto sobre los innumerables modelos de boletos de color de los autobuses londinenses,262 que se vincula de un modo muy curioso con su fragmento de Infancia en Berlín sobre los colores263 que me mostró Felizitas. Pero permítame, sobre todo, subrayar otra vez la importancia del pasaje sobre la atención como plegaria.264 No conozco nada más importante de usted, nada que pudiera explicar con mayor precisión sus motivos más íntimos.
Casi me parecería que gracias a su Kafka quedaría expiado el sacrilegio de nuestro amigo Ernst.265 Todavía no recibí respuesta de él a mi extensa carta y, ante todo, estoy intrigado si la recibiré. El sábado viajamos a Frankfurt. A Felizitas la encontré en buen estado y también yo estoy bien.
A Levy le escribo en términos claros. Amistosamente, suyo
Teddie W.
28. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
SAN REMO, 7/1/1935
Querido Sr. Wiesengrund:
Supongo que estará de vuelta en casa y me dispongo a responder su extensa carta del 17 de diciembre. No sin vacilar: es tan sustanciosa y da de tal manera en el corazón del asunto que no tengo expectativas de poder hacerle justicia por vía epistolar. Por eso me importa sobremanera que, antes que nada, le pueda transmitir a usted una vez más la gran alegría que despertó en mí su vívido interés. A su carta no solo la leí, sino que la estudié; conmina a una reflexión sobre cada una de sus frases. Dado que ha captado con total precisión mis intenciones, sus avisos de error son de enorme relevancia. En primer lugar, esto aplica a los comentarios que hace sobre la defectuosa resolución de lo arcaico; aplica, entonces, de manera sobresaliente a sus reparos acerca de la cuestión de la era del mundo y la cuestión del olvido. Por lo demás, abandono sin más el campo de juego frente a sus objeciones al término “disposición experimental” y me propongo reflexionar acerca de los comentarios tan importantes que realiza sobre el cine mudo. El hecho de que usted remita con tanto énfasis a las “Anotaciones de un perro” significó una señal para mí. Porque ese escrito, y es posible que ningún otro, siempre me siguió resultando ajeno incluso en el transcurso de mi trabajo sobre mi Kafka y sabía –probablemente también se lo haya comentado yo a Felizitas– que aún tenía pendiente pronunciar su palabra genuina. Sus comentarios cumplen con esa expectativa.
Ahora, con dos partes publicadas –la primera y la tercera–, hay vía libre para una nueva versión;266 ahora bien, que la meta termine siendo una publicación y Schocken267 vaya a publicar la versión ampliada en forma de libro es algo que no deja de ser dudoso. La reescritura, por lo que veo ahora, afectará principalmente la cuarta parte,268 que pese al gran acento que recae en ella –o quizás por el excesivo acento–, no indujo ni siquiera a lectores como usted o Scholem a tomar partido. Por lo demás, entre las voces que se escucharon hasta ahora, tampoco falta la de Brecht;269 y así, dentro de todo, se ha formado una figura sonora a su alrededor que aún tengo que descifrar con atención. Por el momento reuní una serie de reflexiones, cuya proyección al texto original todavía no me ocupa. Se agrupan en torno a la relación “símil-símbolo”, en la cual creo haber resumido la antinomia determinante en las obras de Kafka de manera más acorde al pensamiento que con la oposición “parábola-novela”. La definición más detallada de la forma de la novela en Kafka, sobre cuya necesidad acuerdo con usted y que aún falta, solo puede alcanzarse mediante un desvío.
Desearía –y no es tan improbable que así sea– que algunas de estas preguntas sigan abiertas cuando nos veamos la próxima vez. Si es que realmente puedo tener esperanzas en virtud de una alusión de Felizitas, según la cual usted sopesó la posibilidad de realizar un viaje a San Remo para Pascua.270 Sería una gran alegría para mí, incluso más de lo que usted, sin poder imaginarse mi aislamiento actual, probablemente presuma. Por cierto, en este momento está previsto que se vea brevemente interrumpido: espero a Wissing y así tal vez me convierta en testigo indirecto de sus últimos meses Berlíneses, cuyo desenlace usted presenció de manera directa. Y también esto me da esperanzas de encontrarme con usted.
No veo más allá de las fechas de Pascua. Brecht me volvió a invitar a Dinamarca, ahora mismo. Ahora bien, no voy a dejar San Remo de ningún modo antes de mayo, por el otro lado, mi estadía aquí, por más valiosa que me resulte en tanto refugium, no la prolongaré ininterrumpidamente. Porque estar aislado de amigos y recursos laborales a la larga la convierte en una prueba de resistencia demasiado peligrosa. A esto se suma, por supuesto, el hecho de estar acotado a lo estrictamente esencial para la supervivencia, algo que en todo momento me resulta paralizante, y ya que ahora –esto lo digo para responder su amistosa pregunta de diciembre, que le agradezco de corazón–, gracias a los 100 francos suizos del Instituto,271 en las circunstancias locales lo esencial para la supervivencia no me falta, no parece de hecho indicado acercar mis asuntos a personas más distantes. Aunque un mínimo de libertad de movimiento y así un máximo de iniciativa justamente ahora me sería procurable con los recursos más ínfimos. ¿Pero cómo?
Y, por otro lado, usted sabe por experiencia que para los primeros textos en lengua extranjera es necesario inyectar un máximo de iniciativa. Lo estoy sintiendo con el “Bachofen”272 que justo estoy escribiendo para Nouvelle Revue Française. Podría decirse mucho al respecto sobre nuestras cosas más propias. Para Francia, donde nadie conoce a Bachofen –no está traducido ninguno de sus escritos–, tengo que poner en primer plano cuestiones de índole informativa. Pero justamente hablando de esto, en lo que atañe a los comentarios sobre Klages y Jung,273 no quiero olvidar expresarle mi acuerdo absoluto con su carta del 5 de diciembre. Precisamente en el sentido en que usted lo interpretaba, considero necesario procurarme un mejor conocimiento de Jung. ¿Tendrá a disposición por casualidad su estudio sobre Joyce?
Dígame por favor de dónde proviene esto: “Prácticamente nada ha mejorado todo”.274 ¿Y no quiere enviarme el escrito sobre los boletos de Londres al que alude? Como sea, espero lo más pronto posible su escrito sobre el disco, que tiene ingerencia en asuntos tan importantes.
El primer ejemplar del libro de Bloch275 que iba dirigido a mí tiene que haberse perdido; la editorial me anunció que me enviaría otro. Lo que lamento mucho es que Bloch, que sin duda no necesita menos que cualquiera de nosotros la orientación de amigos con conocimiento de causa, traza sus círculos viajeros espaciosos sin tenerlos en cuenta y se da por contento con la compañía de sus papeles.
¿Leyó “La novela de los tres centavos”?276 A mí me parece sumamente lograda. Escríbame lo que piensa al respecto. Y en general, dé noticias suyas de manera detallada y no olvide el estado de situación de sus propios trabajos.
Por hoy lo saludo con el mayor de los afectos
| 7 de enero de 1935 | Suyo |
| San Remo | Walter Benjamin |
| Villa Verde |
29. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
MÓNACO-CONDAMINE, [COMIENZOS DE ABRIL DE 1935]277
Querido Sr. Wiesengrund:
Me hubiera gustado responder mucho antes su última carta.278 Pero ahora esto le llegará –así espero– en sus vacaciones alemanas. Por lo demás, mi mutismo tuvo sus buenas razones: mi ánimo, al pensar en una carta, era como el del capitán de un velero que sin una gota de viento tuviera que abocarse a su cuaderno de bitácora. ¿Qué habría de apuntar?
Los trabajos a los que me dedico actualmente279 tienen el valor de rareza que pueden tener las instantáneas que se hacen a un luchador en posiciones pintorescas. Uno de los trabajos quizás se lo haya mostrado Felizitas; el otro está en proceso de escritura. Ninguno de los dos amerita un comentario. Y lo que en otro plano sería igual de apremiante que esta autoafirmación en el plano en cuestión es algo que en este momento no tengo fuerzas de afrontar.
Pienso ante todo en la recomposición del vínculo con Ernst B.280 Es cierto que esta necesidad a mis ojos pierde algo de su peso por la noticia de que se casó con Karola.281 No hay duda de que su relación con ella no es nada nuevo, pero la posición que a partir de ahora podría asumir la muchacha oficialmente ya no me dejaría demasiado margen para pensar algo bueno para el futuro de nuestra amistad, tampoco bajo auspicios más favorables. Y no es que yo pudiera alegar algo concreto. No. Es una cuestión de ambiente: así como hay mujeres que saben darle a la amistad en la vida de su marido su contenido más pleno –y esto vale más que para nadie para Else von Stritzky282–, hay otras con las que se atrofia fácilmente. Linda283 ya estaba en ese camino y Karola parece formar parte de estas últimas por completo.
Desde luego que me da infinita pena –no solo por este asunto– que nuestro encuentro no se haya podido concretar. ¿Cuándo volveremos a tener la esperanza de que esto suceda? Incluso en el caso de que su camino de regreso lo traiga a París, es altamente improbable que me encuentre allí. Las condiciones de vida se han vuelto demasiado precarias como para que yo pudiera entregarme a la suerte y emprender el viaje. Y por lo visto, cada vez se hace más y más difícil asentarse allí. El último cuadro de situación proviene de una carta de Siegfried284 y pinta la vida en la ciudad en tonos de negro y gris. Los cambios profundos que sufrió, sin embargo, se vuelven mucho más tangibles a observadores armados y dotados y recientemente encontré en una revista francesa la carta de un inglés285 –sin duda también un intelectual– que explica por qué evita París. Su descripción se aviene a mis experiencias.
Desde luego, esto no cambia nada el hecho de que la Bibliothèque Nationale sería mi lugar de trabajo más ansiado. Y también el texto sobre Fuchs286 que el Instituto me está reclamando con tanta urgencia en el fondo solo puede realizarse ahí. Pero bueno, es un lugar al que hay que llevar todo uno mismo, por cuenta propia, y solo muy à la longue puede esperarse que alguien repare en uno.
Sin duda, usted fue de lo más sensato al establecerse en su nuevo entorno con la vista puesta en horizontes lejanos, los únicos que quizás alguna vez vuelvan a estar libres de niebla. Cómo me hubiera gustado escuchar algo más preciso acerca de su texto sobre Husserl. Me ha interesado sobremanera lo que insinúa respecto de lo carente de expresión. Y su mención del mito de las gorgonas me parece especialmente significativo. Por qué no intenta echar un vistazo en Frankfurt al tratado arqueológico sobre el mito de las gorgonasque –si no me equivoco– hizo publicar en los años cuarenta o cincuenta del siglo pasado un tal Von Levezow.287
¿Será posible que me escriba alguna línea desde Frankfurt? ¿Cuándo volverá a estar en Oxford? De Else H. recibí hace muchas semanas una carta amable. Cuando le contesté, a mi alrededor todo parecía aún más luminoso: yo creía tener refugio en San Remo hasta Pascua y poder terminar mi estadía allí con nuestro encuentro. Ahora no quiero dirigirme a ella antes de Pascua; y menos desde aquí.
Ojalá en Frankfurt tengan algo de primavera. Y seguramente algo más que aquí, donde las cuarenta o cincuenta últimas fortunas gigantes del planeta se presentan unas a otras con yates y Rolls-Royce, envueltas en nubarrones preñados de lluvia, que es lo único que comparto con ellas.
Con todo el afecto hacia usted y Felizitas
| Mónaco-Condamine | Suyo |
| Hotel de Marseille | WB |
30. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 1/5/1935
Querido Sr. Wiesengrund:
Me ha dado mucha alegría escuchar la confirmación de Felizitas de que la ha pasado bien en Königstein288 y que, tal como también ya se desprende de su postal,289 aborda su trabajo con mucha fuerza y confianza.
Entretanto, y desde hace poco, estoy en París y me propongo, por primera vez en años, encarar los “Pasajes”290 no meramente por la vía de los estudios sino sobre la base de un plan general. Por supuesto que antes de que pueda establecerse tal plan, habrá aún muchísimo por delante. Pero con un establecimiento de ese tipo, en este caso especial y considerando la documentación amplia que tengo a disposición, estaría realizada una parte considerable del trabajo.
No son solo estas circunstancias, pero también estas, las que siempre me vuelven a sugerir que tenga esperanzas de que se concrete nuestro encuentro este año. A esto se suma el hecho de que es bastante improbable que este año vaya a Dinamarca. ¿Ya tiene algo organizado para sus vacaciones de verano? ¿Ve acaso alguna posibilidad de que nos encontremos en Francia en ese momento?
Me daría una gran alegría volver a verlo. La posibilidad de un encuentro con Bloch, en cambio, que podría realizarse eventualmente aquí, me resulta prácticamente una carga. Después de que hace dos meses me reclamara mi toma de postura por escrito acerca de su libro,291 en la actitud del maestro que exige al alumno la presentación de sus tareas domiciliarias, he renunciado al intento, que de todos modos me resultaba una tortura, de manifestarme por carta acerca de “Herencia de esta época”.
Entretanto ha llegado a mis oídos algo que no solo confirma mis temores privados sino también la impresión de muchas páginas de su libro: que ha escrito para la “generación joven”, encarnada por ejemplo en Alfred Kantorowicz,292 porque quiere señalarle el camino a la juventud. (Un camino literario que a él, a su vez, probablemente se lo haya señalado Karola).
Después de mi llegada aquí, me dirigí por escrito por medio de la dirección parisina –38 Quai d’Auteuil c/o Alfons Herzberger– a Else Herzberger sin haber obtenido respuesta hasta el momento. Supongo que no estará aquí. Por otro lado, desde luego que me interesaría mucho entrar en contacto personal con ella. ¿Podrá hacer algo usted para encauzarlo? Y, por su parte, tal vez averiguar si va a estar aquí y, en ese caso, ¿cuándo? Me estaría haciendo un favor enorme.
Un libro que estuve rastreando hace años cayó en mis manos en estos días y cumplió con todas las expectativas que había depositado en él. A riesgo de que usted lo conozca, no puedo resistir el gusto de incluir aquí tres máximas tomadas casi al azar en traducción propia.
XL
Atribuir las ideas que uno juzga importantes a los diez dedos y cada una de sus falanges.
XLI
Lo que uno más ha de tener presente debe asociarse a las cosas o las personas que ama, pero por sobre todo, a aquellas que odia.
XLII
Si uno se propone ocuparse de asuntos o entrar en tratativas con personas, hay que asignar las ideas que son importantes para uno a una serie de cosas que justo saltan a la vista de uno en el camino.
Hérault de Séchelles:293: Théorie de l’ambition. Un precursor no solo de Stendhal, sino del materialismo antropológico de Georg Büchner.
Křenek294 me envió su Carlos V y el ensayo sobre la representación de la historia. En estos días, se lo agradeceré.
¡Ojalá pronto tenga noticias suyas!
Los saludos más afectuosos
| 1º de mayo de 1935 | de su |
| París XIV | Walter Benjamin |
| 28 place Denfert-Rochereau | |
| Hotel Floridor |
31. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
OXFORD, 20/5/1935
Oxford, 20 de mayo de 1935
Merton College.
Querido Sr. Benjamin:
Muchísimas gracias por sus dos cartas.295 La respuesta de la primera se demoró de modo indebido porque tuve que pasar unos días en Londres, por lo cual me atrasé con la cantidad de trabajos pendientes y me vi obligado a ponerme al día; con más razón me apresuro a responderle la segunda carta.
En efecto, la elaboración del esquema es lo más importante y lo más grato que podría haber escuchado de usted y no hace falta que le diga cuánto desearía ver ese esquema, si hay una copia escrita a máquina; me resulta obvio que usted no quiera desprenderse del original y confiárselo al siempre cuestionable canal. Sin embargo, no es solo mi interés teórico –que en este trabajo más que en cualquier otro ha de entenderse como una solidaridad total– lo que me motiva a pedirle ese exposé, sino algunas consideraciones prácticas.
En Londres estuve mucho con Pollock296 y es obvio que gran parte de nuestra discusión estuvo dedicada a las cosas de usted. Pollock me confirmó explícitamente que el Instituto seguirá manteniéndolo en lo material, a pesar de todas las restricciones (las últimas de las cuales llevaron a la supresión de la filial de Londres); si bien no pude lograr que fijara una cantidad determinada. Más allá de todo optimismo, me inclino a considerar muy positiva esta confirmación y no solo porque sepa cuánto lo estima Horkheimer, sino también al tomar en cuenta mi propia relación con el Instituto. Como usted sabe, a pesar de la colaboración estrecha como pocas297 que he mantenido durante muchos años con el Instituto, prácticamente este no ha hecho nada por mí. Me parece que llegó el momento en el que esto empieza a preocupar en serio a Horkheimer y a Pollock y el interés principal de este último es la reparación del pasado. Hemos acordado para el próximo año que siga viviendo en Oxford y termine mi trabajo; cómo se han de disponer las cosas à la longue no está aún definido. Por lo tanto, en lo que hace al Instituto sigo gozando de la situación nada desfavorable de un hombre que pertenece a él, sin exigir nada para sí mismo. El único punto en el que no dejé de insistir fue en la solidaridad del Instituto para con usted y rebus sic stantibus me parece impensable que no cumplan con esta obligación.
Pollock sostuvo la opinión de que, al fin y al cabo, el Instituto podría esperar que usted retribuya con sus contribuciones y de ningún modo pude contradecirlo, ya que sé cuán desesperanzadoramente pequeño es el número de aquellos con cuya fuerza productiva puede contar el Instituto. Me habló de tres proyectos: de un ensayo sobre Fuchs, de uno sobre la política cultural socialdemócrata de preguerra,298 y por último, para mi gran asombro, del proyecto de los Pasajes.
Ante esto asumí el punto de vista –espero que con su acuerdo– de que sería sin duda aconsejable motivarlo a escribir esos dos extensos ensayos, tanto por el extraordinario beneficio que seguramente significarían para la Revista, como, sinceramente, con la esperanza de que estos trabajos estén tan avanzados que su escritura como ocupación secundaria –es decir, paralela a la de los Pasajes– quizás no le dé demasiado trabajo.
A mí no me resulta tan sencillo abordar la cuestión con los Pasajes y eso se debe sobre todo a que no conocía el exposé, mientras que es evidente que usted sí le dio algunas indicaciones a Pollock. Lo que él pudo transmitirme tenía el caché de un trabajo histórico-sociológico al que le agregó el hermoso lema “Paris, capitale du XIXième siècle”. Ahora bien, tengo la certeza de que el Instituto e incluso una revista en la que la intervención de Löwenthal299 es decisiva difícilmente puedan adaptar otra cosa que no sea un trabajo histórico-sociológico de esta índole. Espero que usted no tome a mal que yo prefiera considerar la obra de los Pasajes, dicho francamente, no como una investigación histórico-sociológica, sino como una prima philosophia según el sentido peculiar que usted le da. No hace falta, por cierto, que discutamos acerca de la importancia decisiva del material y nadie sabría mejor que yo hasta qué punto la interpretación solo ha de buscarse en el material. Pero nadie quisiera renunciar a la interpretación y a la articulación conceptual completa menos que yo y creo tener una idea suficiente de su proyecto como para estar seguro de que esa es su propia intención. Y usted mismo ha fundamentado, justamente tomando en cuenta la interpretación definitiva de los Pasajes, ciertos trabajos materiales no interpretados como, por ejemplo, el ensayo sobre el surrealismo300 y el referido a la fotografía,301 publicados en Literarische Welt. La protohistoria del siglo XIX; la tesis de lo siempre igual, de lo más nuevo como lo más antiguo, el jugador, la felpa, todo esto pertenece al ámbito de la teoría filosófica. Sin embargo, para mí está fuera de toda duda que esta última puede encontrar su dialéctica solo en la polaridad de las categorías sociales y teológicas y que por eso y por el proceso interpretativo está, por principio, sustraída del a priori de un trabajo del Instituto, tal como lo estuvo mi Kierkegaard, no, a la milésima potencia.
Sé muy bien que existe la posibilidad de que usted me replique que hoy su deseo es prescindir de la interpretación; que incluso el material montado hablaría por sí; que, sin embargo, no se podría prescindir del Instituto y que, por lo tanto, los modos de proceder tendrían que adecuarse a él. No sería capaz de compartir una argumentación de esta índole, aun sin desconocer la necesidad que se expresa en ella. Permítame hablar con toda franqueza y con el derecho de una amistad que por lo menos en este caso particular cree poder reclamar el derecho de una absoluta franqueza. Considero la obra de los Pasajes no solo el centro de su filosofía, sino la palabra decisiva que hoy puede ser pronunciada filosóficamente; la considero una chef d’œuvre sin par y tan decisiva en todo sentido –también en el privado, también en el del éxito– que cualquier disminución en la pretensión interna de este trabajo y, por lo tanto, cualquier renuncia a sus categorías genuinas me parece una catástrofe y sencillamente incorregible. Tendría la impresión de que sea como fuere que usted organizara su vida, ninguna organización imaginable debería apoderarse del derecho sobre este trabajo. Así como consideraría una verdadera desgracia que Brecht ganara influencia en este trabajo (sin que eso signifique tener un prejuicio en contra de Brecht, pero aquí, precisamente aquí, es donde hay que detenerse), así también me parecería una desgracia que en este punto se le hicieran concesiones al Instituto, y que el trabajo sea aceptado por el Instituto tal como ha sido concebido me parece algo tan improbable como feliz estaría si así fuese.
Pero justamente sin conocer el exposé nada pude decir al respecto. Si bien ante Pollock no dejé lugar a dudas acerca de cuál es mi opinión sobre la obra de los Pasajes, prioricé otras cosas como trabajo para el Instituto. Para mí sería ahora sumamente importante conocer su toma de postura –y el estado de las negociaciones con el Instituto– y naturalmente si fuese posible, hablar teniendo como base el exposé; sobre todo, debido a que pronto volveré a ver a Pollock. Ahora bien, si, más allá de cualquier propósito práctico, mi palabra tuviese algún valor para usted, entonces quisiera pedirle encarecidamente que escriba los Pasajes fiel a su propia protohistoria. Mi convicción más profunda es que incluso y precisamente desde un punto de vista marxista la obra sacará su mayor provecho; el hecho de que para nosotros (discúlpeme que aquí me incluya a mí mismo) el acceso a los asuntos sociales radique más en la consecuencia de nuestras propias categorías que en la introducción de categorías dadas; mientras que en nuestras configuraciones –las auténticas– los conceptos marxistas se encuentran, con demasiada frecuencia, bajo una forma excesivamente abstracta y aislada, operan como dei ex machina y se convierten en algo estético en mal sentido. Así, en todo caso, es como lo experimenté en mí mismo y estoy muy inclinado a pensar que somos tanto más reales cuanto más fundamental y consecuentemente permanecemos fieles a los orígenes estéticos, y así nos volvemos estéticos solo cuando renegamos de ellos. No hace falta mencionar que lo que expreso no ha de servir a la salvación de elementos caducos; yo mismo creo que la liquidación del arte puede emprenderse de un modo adecuado solo intraestéticamente. Sé que puedo estar seguro de que usted no tendrá sospechas de reaccionarismo, y el impacto que genera concluir la obra de los Pasajes es para mí, igual que para el surrealista, más revolucionario que la mera indagación del ámbito no esclarecido de lo social en el urbanismo.
Desde luego le escribiré a Else Herzberger, aunque su carta no me produce demasiada alegría. Si ella quiere hacerse ilusiones sobre usted similares a las que se hace sobre mí, entonces se sentirá mejor que usted. Let us try and see.
Sigo trabajando tranquila y regularmente. Ahora tengo mi atención puesta en el punto decisivo, en el análisis crítico de la intuición categorial, el cual se me desarticuló por completo. Espero poder emprender la escritura del texto definitivo a más tardar en septiembre. Considerando el carácter del trabajo preliminar, será una tarea esencialmente de revisión. Muchísimas gracias por la referencia al libro de Levezow, lo conseguiré en la Bodleian, una de las bibliotecas más hermosas que conozco.
¿Conoce a Max Ernst? Yo no lo vi nunca; pero me resultaría muy fácil gestionar que se conozcan, sería a través de Lotte Lenya,302 quien tiene una estrecha amistad con él. Y podría imaginarme que en el actual estadio de los Pasajes un encuentro con el surrealista que me parece ser el que más aportó vendría bastante à propos. Dicho sea de paso, a Max Ernst le va desesperadamente mal. Estuve mucho con Lenya; entre otras cosas me contó algunas lindas sobre Carola y Lily,303 las esposas de nuestros amigos. Trabajé un poco con ella, con gran provecho. De Weill conozco la música de María Galante,304 pero más allá de un fragmento lindo y otro curioso, no hay esperanza de que esta pueda ser diferenciada del music hall bien logrado. Quizás la opereta inglesa305 sea mejor. Pero el autor húngaro del texto nos hace esperar lo peor.
Me encontré varias veces con Schoen; probablemente me visitará el domingo junto con Hansi. Su situación sigue siendo desesperante, pero no mala. De la época de Murger le quedó la gran genialidad de vivir pidiendo prestado, la que trasladó a la época fascista y esta parece mostrarse agradecida por ello. Siento cierto alivio en lo que a él respecta, debido a que por primera vez pude lograr algo práctico para él. También Hansi parece haber aflojado el boicot de los judíos que recaía sobre mí.
Bloch se quejó306 de no haber escuchado nada de usted sobre la Herencia; ahora bien, debido a que en la misma carta habla de su orgullo desmedido que de ningún modo es mítico pero que, dado el caso, podría “hacer que se amorataran las narices”, puedo entender que no quiera someterse a tales ejercicios físicos como yo tampoco lo haré por segunda vez. Por ahora yo también sigo debiéndole la respuesta. En cuanto a Gretel, estuvo durante ocho días muy enferma; ahora parece estar algo recuperada. Nuestra separación no puede sostenerse por mucho tiempo.
Los planes para el verano todavía no están claros, teniendo en cuenta que no se sabe si podré volver a Alemania o si no tengo que regresar rápidamente. No obstante, propongámonos ya ahora la idea de un meeting. ¿Qué le parece en septiembre en San Remo?
Siempre muy cordialmente, suyo
Teddie Wiesengrund
32. BENJAMIN A WIESENGRUND-ADORNO
PARÍS, 31/5/1935
Querido Sr. Wiesengrund:
Si estas líneas se han hecho esperar un poco, al menos le traen, en combinación con lo que las acompaña, una explicación cabal de mi trabajo, mi estado de situación interno y externo.
Antes de adentrarme con algunas breves palabras al contenido del exposé,307 me refiero someramente al papel que ocupa en mi relación con el Instituto. Es un asunto que se resuelve rápido, porque por el momento se restringe al hecho de que el impulso para su redacción fue una conversación que tuve a fines de abril con Pollock. Es evidente que se trató de un impulso externo y proveniente de otro ámbito. Pero precisamente por eso pudo generar en la enorme masa, protegida con esmero durante tantos años para que no padeciera ningún tipo de influencia de afuera, aquella conmoción que hace posible una cristalización. Recalco que en este hecho –que en la economía total de este trabajo es un hecho legítimo y productivo– se agota la importancia de los factores externos y heterogéneos. Y lo que me lleva a recalcarlo son las preocupaciones de su carta, que me resultan comprensibles e interpreto como la expresión de un interés amistoso y también, después de una interrupción tan larga de nuestra conversación que se viene extendiendo a lo largo de los años, como inevitables. Hoy mismo a la mañana resonaron fielmente en una carta que llegó de Felizitas.308 Ella escribe:
“Me sorprende que Fritz” (Pollock) “interceda a favor de las notas, ¿estás pensando en un trabajo para la Revista? En el fondo, yo lo consideraría un peligro inmenso, el marco es relativamente estrecho, y nunca podrías escribir lo que esperan tus verdaderos amigos hace años, el gran trabajo filosófico, que se sostiene solo por sí mismo, sin hacer concesiones y que en virtud de su importancia ha de resarcirte por muchas cosas de los últimos años”.
Sé que se trata del idioma de la amistad más auténtica, no menor a la que lo llevó a usted a su formulación de que consideraría una verdadera desgracia que Brecht ejerciera influencia sobre este trabajo. Déjeme decir lo siguiente al respecto:
Si alguna vez he aplicado mi lema graciano “Intenta poner el tiempo de tu lado en todas las cosas”, pienso que habrá sido en mi modo de abordar este trabajo. En su inicio se encuentra Aragon, el Paysan de Paris,309 del que por las noches en la cama nunca podía leer más de dos o tres páginas, porque mi corazón empezaba a latir tan fuerte que tenía que dejar el libro a un lado. ¡Qué advertencia! Qué señalamiento de los muchos años que tuvieron que interponerse entre ese tipo de lectura y yo. Y sin embargo, las primeras notas de los Pasajes310 provienen de esa época. Después vinieron los años Berlíneses, durante los cuales la mejor parte de mi amistad con Hessel311 se nutrió en muchas conversaciones del proyecto de los pasajes. En aquella época surgió el subtítulo –que hoy ya no tiene vigencia– “Un encantamiento dialéctico”.312 Este subtítulo alude al carácter rapsódico de la exposición que entonces tenía en mente y cuyos vestigios –tal como reconozco el día de hoy– no poseían garantías suficientes ni en lo formal ni en lo lingüístico. Pero esa época fue también la de un filosofar despreocupadamente arcaico y natural. Fueron las conversaciones en Frankfurt con usted y especialmente la conversación “histórica” en el Schweizerhäuschen, luego la sin duda histórica en la mesa con usted, Asja,313 Felizitas, Horkheimer, las que indujeron el fin de esa época. La ingenuidad rapsódica había llegado a su fin. Esa forma romántica había sido superada en un raccourci del desarrollo, sin que en aquel momento ni muchos años después tuviera noción de una diferente. En otro orden de cosas, en aquellos años comenzaron las dificultades externas que hicieron que me resultara prácticamente providencial que las internas me hubieran sugerido ya antes un modo de trabajo dilatorio, procrastinado. A esto le siguió el encuentro incisivo con Brecht y así el punto culminante de todas las aporías para este trabajo, del que no obstante tampoco entonces me distancié. Sin embargo, lo que pudo cobrar relevancia para el trabajo de aquella primera época –que no es poca– no pudo tomar forma hasta que los límites de esa relevancia para mí no se definieron de manera incuestionable y por ende las “directivas” provenientes también desde ese lado perdieron entidad.
Todo lo que estoy esbozando aquí cobrará sentido especialmente para usted en el exposé, al que acompaño ahora con unos pocos comentarios. El exposé, que no reniega en ningún aspecto de mis concepciones, desde luego no es aún en todos ellos su equivalente absoluto. Así como la presentación concluida de los fundamentos gnoseológicos del libro sobre el Barroco le sucedió a su puesta a prueba en el material, en este caso se dará algo similar. Con esto, sin embargo, no quisiera asegurar que también esta vez aparecerá en forma de un capítulo aparte, ya sea al final o al principio. Es una cuestión que queda abierta. Pero el exposé contiene referencias decisivas a estos fundamentos, referencias que a usted menos que a nadie se le escaparán y donde reconocerá motivos que anuncia su última carta. Además: de manera mucho más clara que en cualquier otro estadío previo del plan (incluso de manera sorprendente para mí), salen a la luz las analogías que hay entre este libro y el del Barroco. Tendrá que permitirme ver en esta circunstancia una confirmación especialmente significativa del proceso de refundición, que llevó toda la masa de ideas, que en su origen se movió en el plano metafísico, a un estado de agregación en el que el mundo de las imágenes dialécticas está asegurado contra toda objeción que provoca la metafísica.
En esa fase del asunto (y por supuesto en esta por primera vez) puedo aguardar con serenidad a lo que por ejemplo por parte del marxismo ortodoxo puede llegar a ponerse en marcha para objetar la metodología del trabajo. Creo, por el contrario, haber llegado à la longue, en la discusión marxista con este, a un posicionamiento sólido, aunque más no sea porque la pregunta decisiva de la imagen histórica es tratada aquí por primera vez en toda su amplitud. Ahora bien, dado que la filosofía de un trabajo no está atada tanto a la terminología como a su localización, sí creo que este exposé es el del “gran trabajo filosófico” del que habla Felizitas, por más que esta denominación no me parezca la que más se imponga. Como usted sabe, lo que me importa ante todo es la “protohistoria del siglo XIX”.
En este trabajo veo el verdadero motivo, si no el único, de no deponer el coraje en la lucha por la existencia. En el único lugar donde puedo escribirlo –esto es algo que hoy, y sin menoscabo de la gran masa de trabajos previos que son su fundamento, tengo completamente en claro– desde la primera hasta la última palabra es París. Por supuesto que, en principio, solo en lengua alemana. Mi consumo mínimo en París son 1000 francos por mes; esta es la suma que Pollock puso a mi disposición en mayo y que está previsto otorgarme nuevamente para junio. Pero ese monto lo necesito por un tiempo más prolongado, para poder seguir trabajando. Las dificultades se hacen notar de todos modos lo suficiente; fuertes ataques de migraña me hacen tener presente con suficiente recurrencia mi modo de vida precario. La pregunta acerca del interés que pueda despertar mi trabajo en el Instituto, en todo caso, bajo qué título, y si sería necesario eventualmente darle a este interés puntos de apoyo a través de otros trabajos es algo que usted quizás en conversación con Pollock podrá aclarar más fácilmente que yo. Estoy dispuesto a realizar cualquier trabajo; pero cualquiera que tenga cierta relevancia, en especial el trabajo sobre Fuchs, exigiría que por el tiempo de su redacción postergue los Pasajes. (Al trabajo sobre la “nueva era” preferiría no abocarme por el momento. Ya hablaremos de esto).
Tan poco probable me pareció que el Instituto publicara el trabajo “tal como ha sido concebido” que aun en abril le aseguré verbalmente a Pollock lo contrario. Pero otra cuestión es en qué medida las perspectivas sociológicas nuevas y radicales que proveen el marco firme del arriostrado interpretativo pueden explicar un interés del Instituto por este trabajo que sin este no cobraría realidad ni de este modo ni de otro. Porque una distancia que se interpusiera en la fase actual entre el proyecto y la confección probablemente traería aparejada peligros incisivos para todo tratamiento futuro. El proyecto marco, en cambio, aunque no en todos los pasajes, sí en los que me parecen decisivos, incluye aquellas definiciones de conceptos filosóficos que constituyen su fundamento. Si justamente usted echará de menos algún término –la felpa, el tedio, la definición de las “fantasmagorías”–, se trata precisamente de motivos a los que solo tuve que dar su lugar; su confección, que en parte ya está muy madurada en mí, no tenía que estar en este exposé. Y esto mucho menos por motivos de su finalidad externa que la interna: debía penetrar los materiales viejos, que yo tenía asegurados, con los nuevos que fui adquiriendo a lo largo de los años.
Le pido que, a modo de excepción, no le muestre a nadie el borrador que le hago llegar, y me lo envíe de regreso a la brevedad. Solo sirve a mis propios estudios. Otro, que en breve estará terminado, en varios ejemplares, le llegará más adelante.
Todo indica que San Remo no será el lugar de un encuentro para nosotros este año. ¿No podrá organizarse para volver de Oxford a Berlín pasando por París? ¡Le pido que por favor evalúe esa posibilidad!
Tanto a Lenya como a Max Ernst me gustaría verlos. Si puede organizar algo, cuenta con mi aprobación.
Oigo con alegría que la confección textual de su trabajo tiene un futuro previsible. ¿Tendré que esperar hasta nuestro encuentro para obtener algo más de información?
Escribirle a Else Herzberger por mi cuenta es algo que aún no resolví hacer, pero no sé si debería seguir postergándolo.
¡Reciba mis saludos más afectuosos!
| 31 de mayo de 1935 | Suyo |
| París XIV | Walter Benjamin |
| 28 place | |
| Denfert-Rochereau |
33. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
OXFORD, 5/6/1935
| 5 de junio de 1935 | Merton College, |
| Oxford. |
Querido Sr. Benjamin:
Permítame importunarlo con un pedido. Sería una gran ayuda para mi respuesta al exposé de los Pasajes (no puedo acostumbrarme a abandonar el antiguo nombre), tanto en lo material como en la disponibilidad de tiempo, si usted me permitiera escribir con lápiz las notas de contenido en el margen, que me resulta tentador por ser tan ancho. Por más fácil que fuese volver a quitarlas, no me atrevería a agregarlas sin su permiso.
Por otra parte, después de una lectura bastante detallada, podría decir lo siguiente: mis reparos con respecto al Instituto se desvanecieron por completo. Creo que el Instituto podría, mejor dicho, debería aceptar el trabajo, en su totalidad; pues este tendría, sin duda, más derecho a ser publicado que, por ejemplo, Franz von Borkenau;314 creo que de ninguna manera usted necesita hacer concesiones y el Instituto tampoco. Si Horkheimer abogara para que en algunos puntos hubiese una concreción desde un punto de vista social, eso sería, sin duda, tanto de su interés como del mío. Se trata, por lo pronto, de la categoría de mercancía315 que en el exposé (como, por cierto, también en el Kierkegaard) aparece de un modo demasiado general como para esclarecer el siglo XIX según su especificidad; tampoco bastará determinarla solo desde un punto de vista tecnológico –como “producto fabricado”–, sino que habrá que preguntarse sobre todo por su función económica, es decir, por las leyes de mercado de los inicios del auge del capitalismo en tanto modernidad en sentido estricto. El otro concepto es, naturalmente, el de la conciencia colectiva.316 Pero el tratamiento de ese concepto llevaría a una discusión fundamental de la que no quisiera ocuparme hoy de un modo frívolo, debido a la gran dificultad de su objeto y la responsabilidad que este amerita. Permítame aquí solo arriesgar el aperçu: la objeción marxista contra la constitución de una conciencia colectiva de esta índole, en sí no dialéctica, es decir, que no contiene el momento de clase de manera integradora, coincide probablemente con una objeción que yo enunciaría de un modo completamente distinto: la exigencia de que la imagen dialéctica en ningún caso sea puesta en el lugar de la conciencia o del inconsciente. Pero, más allá de cuál sea la situación, me parece estar fuera de toda duda que en este caso, como en todos los casos, la precisión empírica incluye la de la interpretación. Le escribiré inmediatamente a Horkheimer317 solicitándole la aceptación del trabajo entero y, por supuesto, también su financiación.
Considerando la central importancia que le atribuyo a la obra, cualquier tipo de elogio no sería sino una blasfemia. Sin embargo, no puedo resistirme a la tentación de resaltar algunos de los aspectos que más me conmovieron. Ante todo, la teoría de la nouveauté318 y la consideración del enorme alcance de esta categoría, que usted con tanta razón pone en paralelo con la alegoría (sobre la relación entre el siglo XVII y el XIX, que, en realidad, funda la relación entre el libro sobre el Barroco y los Pasajes, habrá que hablar con detenimiento). Luego el pasaje sobre el fetichismo319 gracias al cual volví a tener presente cuánto seguimos comulgando en nuestras ideas, a pesar de los dos años de separación. En efecto, hace tres meses en una extensa carta a Horkheimer320 y recientemente también en una conversación con Pollock defendí, enfrentándome a Fromm321 y especialmente a Reich, la concepción de que la verdadera “mediación” entre sociedad y psicología radica no en la familia, sino en el carácter de mercancía y en el fetiche, ahí afirmé que el fetichismo es el auténtico correlato de la cosificación. Por otra parte, usted coincide completamente con Freud en este punto, quizás sin saberlo; sin duda, más allá de todo, ahí hay algo. Usted no debería dejar de leer todo lo que hay escrito por Freud y el notable Ferenczi322 sobre el carácter anal y el problema anal. Encontré una coincidencia similar en la teoría de la transformación de la ciudad en campo,323 del todo nueva para mí: era la tesis central de mi texto inconcluso sobre Maupassant,324 que a su vez es desconocido para usted (si encuentro el material, lo pondré in extenso a disposición de los Pasajes, para los cuales es pertinente). Ahí se trata de la ciudad como coto de caza, en general el concepto del cazador jugaba un papel importante (por ejemplo, en la teoría del uniforme: todos los cazadores tienen el mismo aspecto). Además M. tiene una novela corta en la que no se trata del cazador dominguero,325 sino del jinete dominguero cercano a aquel, que en el bois también brinda una “imagen dialéctica”. Quisiera volver a recomendarle con insistencia a Maupassant. El tremendo relato La nuit, un cauchemar326 presenta el complemento dialéctico de El hombre de la multitud de Poe327 y aguarda ávidamente una interpretación de su parte.
Permítame todavía arriesgar la idea de que la invención del avión es la que pone fin al siglo XIX. Quizás pueda mostrarle pronto algo al respecto. Probablemente le resulte familiar que la cancelación de la divergencia entre ciudad y campo328 fue promovida por Marx y Engels.
Para concluir por hoy –final de un preludio, no de una fuga–, una nota antigua:329 “El pasado más reciente se presenta en cada caso como si hubiese sido aniquilado por catástrofes”.
Con cordial amistad y gratitud,
Suyo, Teddie Wiesengrund
34. WIESENGRUND-ADORNO A BENJAMIN
OXFORD, 8/6/1935
| 8 de junio de 1935 | Merton College, |
| Oxford. |
Querido Sr. Benjamin:
Esta no es todavía la carta sobre el exposé que es demasiado importante como para admitir una respuesta improvisada; pero hay algunas cosas que quisiera informarle.
Recibí una carta de Else Herzberger desde Zúrich (Hotel Baur au Lac). A través de mis padres se enteró de la enfermedad de Agathe. Esto me habilitó escribirle enseguida y sin reparos. Aproveché la oportunidad para pedirle del modo más urgente y serio que uno pueda imaginar que posibilite la conclusión de los Pasajes, financiándolos. Con este pedido la puse bajo una presión moral. Y a pesar de mi habitual pesimismo: esta vez tengo alguna esperanza. Considero que es el momento psicológico favorable para esto, precisamente por la enfermedad de Agathe,330 que, sin duda, conmovió profundamente a Else; mi pedido tiene un carácter tal que le resultará difícil desestimarlo. Si el destino de Agathe pudiera conducir a una cierta reconciliación, eso sería, por lo menos, un consuelo. Por lo demás, las noticias procedentes de Frankfurt no dejan de ser auspiciosas, su recuperación parece ser posible, aunque muy lenta.
Le escribí a Else diciéndole que en el caso de que estuviese realmente interesada, usted le enviaría el exposé (naturalmente pensaba en el nuevo que está en preparación). Supongo que usted estará de acuerdo. Desde un punto de vista psicológico sería muy aconsejable, teniendo en cuenta el narcisismo de Else. Pero aguardemos primero su respuesta. Por favor, páseme de todos modos su dirección telegráfica y su número telefónico.
Por otra parte, Pollock me comunicó que ya no vendrá a Londres; supongo que está en viaje a Estados Unidos. Por lo tanto, se cancelan mis planes relacionados con él (uno consistía en que él lo invitara a usted a Londres a un encuentro en conjunto). No vacilé ni un segundo, enseguida le escribí a Horkheimer331 una detallada carta pidiéndole –con tanta urgencia como a Else– que acepte el trabajo entero para el Instituto (pensaba que una parte podría publicarse en la revista y la versión completa en la Colección de Escritos332), que haga posible que se lleve a cabo su financiación y que al mismo tiempo postergue las demás cosas (Fuchs y Neue Zeit) durante el tiempo que dure la redacción, pues cualquier otra cosa es incompatible con el desarrollo del trabajo. Subrayé con especial énfasis y fundamenté que según mi parecer el trabajo en su forma actual puede ser completamente endorsed por el Instituto; que no hay reparos tácitos; que considero un compromiso concretar el trabajo. También en esta cuestión soy bastante optimista. Desde un punto de vista práctico quizás sería aconsejable enviarle un exposé a Horkheimer una vez que yo lo haya leído, pues creo conocer muy bien su manera de reaccionar.
Tal como me lo imaginé, fracasó otra de las iniciativas: la concerniente a Gabi Oppenheim.333 Una vez más su respuesta es que su maison es louée, no achetée.
Según la información que me llegó de un conocido de Londres,334 hay otro proyecto para usted del que lo pongo en conocimiento de manera no oficial. Es una propuesta del palestino Ernst Simon335 y es gestionada por Mannheim. Un indio de extrema izquierda está a cargo de la publicación de una pequeña colección de escritos en una editorial afín –creo que el hombre tiene el peculiar nombre Krishna Menon336– y la idea es (¡por favor, no se caiga desmayado!) invitarlo a usted a escribir una presentación de divulgación sobre la historia de las ideas337 de los siglos XIX y XX, de una extensión de aproximadamente 150 o 200 páginas. Por más absurdo que sea este ofrecimiento en sí mismo e incluso en relación con su persona, sin embargo, podría imaginarme que de ese carácter absurdo podría surgir un incentivo, además de las 40 libras de honorarios y de la participación en el porcentaje de la venta de los ejemplares. La presentación tendría que ser traducida al inglés. Una ventaja sería que en lo político uno podría decir lo que piensa sin restricciones. Lo más negativo, además de la magnitud estremecedora del objeto, es el carácter de divulgación que se exige de la presentación. Ambas cosas solo podrían ser logradas recurriendo a una idea completamente nueva de forma, que abordara y desarticulara con un golpe maestro la totalidad y la historia de las ideas. Este problema de forma, verdaderamente uno de los problemas de la “mano izquierda”338 y que solo tiene sentido más allá de todas las categorías del conformismo burgués, solo podría ser resuelto por usted. (Se me cruza por la cabeza: un catálogo de la historia de las ideas en liquidación; por supuesto, no debería ser expresado de un modo tan cínico, pero algo por el estilo). No quiero, sin embargo, llenarlo de prejuicios. Por favor, no le cuente a nadie que se enteró del proyecto y menos que fue a través de mí.
Le deseo unos días festivos muy buenos. Yo los pasaré bastante tranquilo.
Saludos muy cordiales, amistosamente, suyo
Teddie Wiesengrund
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