Kitabı oku: «La adquisición del sistema verbal español por aprendices alemanes y el papel del aspecto gramatical»

Tim Diaubalick
La adquisición del sistema verbal español por aprendices alemanes y el papel del aspecto gramatical
Una comparación entre los tiempos del pasado y los tiempos del futuro
Narr Francke Attempto Verlag Tübingen
[bad img format]
© 2019 • Narr Francke Attempto Verlag GmbH + Co. KG
Dischingerweg 5 • D-72070 Tübingen
www.narr.de • info@narr.de
Das Werk einschließlich aller seiner Teile ist urheberrechtlich geschützt. Jede Verwertung außerhalb der engen Grenzen des Urheberrechtsgesetzes ist ohne Zustimmung des Verlages unzulässig und strafbar. Das gilt insbesondere für Vervielfältigungen, Übersetzungen, Mikroverfilmungen und die Einspeicherung und Verarbeitung in elektronischen Systemen.
ISBN 978-3-8233-8279-9 (Print)
ISBN 978-3-8233-0136-3 (ePub)
Inhalt
«Mira, es muy fácil: ...
Prefacio
1 Introducción
2 Los planteamientos generativistas2.1 Líneas generales: La Gramática Universal y la adquisición de lenguas2.1.1 Principios, Parámetros y el Programa Minimista: visión general2.1.2 L1 vs. L2: Delimitaciones2.2 ¿Acceso a la GU? Propuestas de inaccesibilidad parcial2.3 ¿Acceso a la GU? Propuestas de accesibilidad total2.4 La dependencia de la teoría2.5 La variación paramétrica2.6 Asunciones sobre la variación: establecer el marco teórico
3 Un ejemplo de la adquisición de rasgos: Los sistemas temporal-aspectuales3.1 Modelos temporal-aspectuales: definiciones generales y problemas3.2 Modelos con enfoque en la similitud entre tiempo y aspecto3.3 Definiciones del aspecto léxico: los modelos de Vendler y Verkuyl3.4 Definiciones del aspecto gramatical: el modelo de Comrie3.5 Interacciones entre distintos niveles: la ontología de Moens & Steedman3.6 Terminología y conceptos usados a continuación
4 La expresión del pasado en distintas lenguas4.1 Generalidades de las lenguas románicas4.2 Los tiempos del pasado en español4.2.1 Denominaciones y particularidades4.2.2 La oposición imperfecto-indefinido – ¿temporal o aspectual?4.2.3 El funcionamiento gramatical frente a la perspectiva subjetiva4.3 La expresión del pasado en los sistemas germánicos4.3.1 Generalidades de los sistemas germánicos y delimitaciones4.3.2 Particularidades del alemán4.4 Las diferencias entre los sistemas temporal-aspectuales4.4.1 Las diferencias entre alemán y español4.4.2 Diferencias entre el español y otras lenguas románicas4.4.3 Diferencias entre el alemán y otras lenguas germánicas4.5 La formalización de la gramática – asunciones sobre los rasgos aspectuales e implicaciones generativistas. Teoría y argumentos4.5.1 La problemática de planteamientos competitivos4.5.2 El aspecto como universalidad lingüística: rasgos semánticos interpretables4.5.3 El aspecto como marcaje gramatical: rasgos formales no-interpretables4.6 La base teórica para el estudio empírico4.6.1 Planteamiento adoptado a continuación4.6.2 Consecuencias especiales para los estudios sobre la adquisición de español como L2: adquisición de rasgos y su reensamblaje
5 La adquisición del pasado en la L25.1 Estudios previos con un enfoque en los procesos5.1.1 Ventajas de los estudios basados en el uso5.1.2 El fundamento de las investigaciones: La Hipótesis del Aspecto Léxico5.1.3 Sucesores y alternativas de la HAL5.1.4 La orientación hacia los marcadores temporales5.1.5 Estudios sobre la instrucción5.2 Estudios previos dentro del marco generativista sobre los tiempos del pasado5.2.1 Las ventajas del planteamiento generativista5.2.2 Estudios sobre el pasado acerca del reensamblaje de rasgos5.2.3 Estudios sobre el pasado acerca de la interpretabilidad5.2.4 Estudios generativistas sobre el pasado con otro enfoque5.3 Estudios con atención especial en la combinación alemán-español
6 Otra área de tiempo y aspecto: las formas del futuro6.1 ¿Por qué incluir el futuro? Descripción lingüística del futuro en español6.1.1 La expresión de la futuridad6.1.2 Usos modales de los tiempos del futuro6.2 Diferencias interlingüísticas de los usos del futuro6.2.1 Diferencias dentro del grupo de las lenguas románicas6.2.2 Diferencias entre los sistemas románicos y germánicos6.3 La adquisición del futuro6.3.1 Tarea de la adquisición para los aprendices: rasgos no-interpretables e interpretables6.3.2 Estudios previos6.4 Paralelismos entre el pasado y el futuro
7 Estudio empírico: cuestiones metodológicas7.1 Introducción y formación de hipótesis – La adquisición del sistema verbal español por parte de aprendices alemanes7.2 Requisitios metodológicos: participantes y experimentos necesarios para la verificación de las hipótesis de investigación7.3 El diseño del experimento7.3.1 Datos generales7.3.2 Partes sobre el pasado: tareas 1, 3 y 4a7.3.3 Partes sobre el futuro: tareas 2, 4b y 57.3.4 Tarea 6: léxico vs. morfología, e intersección de futuro y pasado7.4 La recogida de datos: detalles sobre los participantes
8 Análisis de resultados I: la adquisición del pasado8.1 Resultados de los Juicios de Gramaticalidad8.1.1 Introducción8.1.2 Medias aritméticas8.1.3 Comparaciones múltipes8.1.4 Comparaciones directas8.1.5 Análisis individuales8.1.6 Otros factores: ¿diferencias individuales debido a diferencias en el contexto de aprendizaje?8.2 Resultados de la tarea de selección8.2.1 Resultados globales8.2.2 Resultados individuales8.3 Resultados de la tarea de completar huecos8.3.1 Clasificación de los ítems8.3.2 El efecto de la telicidad8.3.3 El efecto de los marcadores8.3.4 Interacciones de efectos
9 Análisis de resultados II: la contribución del futuro9.1 Análisis de las tareas sobre el futuro9.1.1 El efecto de la telicidad9.1.2 Tarea de selección9.1.3 Texto de completar huecos9.1.4 Resumen de los datos sobre el futuro9.2 Análisis de la Tarea 6: ¿estrategias paralelas?9.2.1 Preferencias de expresión9.2.2 Combinación del futuro y el pasado
10 Discusión de los resultados10.1 Síntesis de los resultados, discusión de predicciones10.2 Los datos de los hablantes nativos – la falacia comparativa10.3 Los resultados ante las hipótesis de la bibliografía10.3.1 Discusión de los planteamientos no-generativistas10.3.2 Discusión de los planteamientos generativistas10.4 Una propuesta alternativa10.5 Conclusiones10.6 Implicaciones para futuros estudios10.6.1 Una reflexión tentativa: el español como tercera lengua – propuesta para estudios subsecuentes10.6.2 Investigaciones longitudinales y aplicaciones didácticas
11 Anotaciones finales
12 Bibliografía
«Mira, es muy fácil: ‘perfecto’ es cuando pasa algo muy muy bueno; que no puede ser mejor. ‘Imperfecto’ es justo el contrario, algo muy malo. Y luego, ‘indefinido’ es cuando algo es poco claro; sin definición» (participante anónimo del estudio, sobre la sencillez del español)
Prefacio
El presente trabajo fue aceptado como tesis doctoral en régimen de cotutela por la Facultad de Humanidades de la Bergische Universität Wuppertal (Alemania) y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universitat de les Illes Balears (España) en enero de 2017. Para la publicación, el texto original ha sido revisado y modificado detenidamente, considerando las críticas constructivas recibidas durante la defensa de la tesis en mayo del mismo año.
Durante todo el proceso, desde la primera idea hasta la finalización de la tesis, recibí apoyo e inspiración de varias personas. Me gustaría agradecerles a todos su ayuda y contribución.
En primer lugar, doy las gracias a mis dos supervisores, Katrin Schmitz y Pedro Guijarro Fuentes, quienes ya durante mis estudios de posgrado me entusiasmaron por la adquisición de lenguas. Le agradezco a Katrin el haberme puesto en contacto con varios lingüistas y con la lingüística en sí, y por sus interesantes clases universitarias en las cuales aprendí tantas cosas. A Pedro le doy las gracias por haberme dado la oportunidad de realizar prácticas en la universidad de Plymouth y una estancia de investigación intensiva en Palma de Mallorca. A ambos les agradezco su contribución ideal en el diseño de mi proyecto y en el ajuste de mi encuesta.
También le agradezco a Beate Riemer que me facilitara el acceso a su propio trabajo, a través del cual he adquirido unas perspectivas muy útiles sobre la adquisición de los tiempos verbales.
Desde el principio, supe que el proyecto implicaría muchos pasos adicionales por ser binacional y por consistir en un estudio empírico elaborado. No ha sido fácil comprender todos los procedimientos necesarios para poder realizar el doctorado entre las dos universidades. Les agradezco especialmente a Andrea Bieck, a Consuelo Hernández y a Igor Prieto su paciencia, que finalmente posibilitó el establecimiento del convenio entre Palma y Wuppertal.
El trabajo más laborioso de mi proyecto doctoral consistió indudablemente en la amplia recogida de datos que llevé a cabo en varios países y por diversas vías. Durante este proceso, tantas personas e instituciones me han ofrecido su ayuda que es imposible nombrar a todos los contribuidores de forma exhaustiva. Sin embargo, quiero destacar especialmente a aquellos que me ayudaron de manera extraordinaria. Durante las primeras fases en la construcción de la encuesta me ayudaron particularmente Svenja, Eike, Alba, Ana Belén, Sandra, y Araceli.
Una gran parte de la recogida de datos se efectuó en Mallorca. Gracias al profesorado de la UIB he podido contactar con un gran número de estudiantes de intercambio. Les agradezco a Marta Jacobs, Antònia Morey, Juan Miguel Monterrubio, Pilar Arnau, Andrés Enrique, Sebastià Roig, Marian Amengual, Sofia Moratinos y Patricia Trapero el tiempo que dedicaron a repartir mi encuesta entre su alumnado. A Nathalie Guntz y Bernhard Vögler les agradezco su propia participación y la distribución de la encuesta en la familia. Otra ayuda vino del grupo de AEM Palma de Mallorca (que hoy se llama ESN Baleares) cuyos miembros repartieron la información por todas las vías posibles, por lo que doy las gracias a Aina, Alba, Javier, Juan, Maite, Arnau, Silvia, y el resto del equipo. Asimismo, quiero expresar mi gratitud a los profesores de la academia de español que me permitieron repartir mi encuesta en sus clases: Tamara, Rosa, Amelia y Sergio. Muchas gracias también a Jan, Jana, Patrick, Cora, Alina, Isabell, Vanessa, Annika, Sarah, Nelly, Giovanna, Chloé y Esther por su participación y por haber convencido a sus amigos.
Igualmente, les debo las gracias a Lisa, Jaume y Marta, que me ayudaron a establecer contactos con posibles participantes en la isla mallorquina fuera del ámbito universitario. Una ayuda importante me la concedieron las escuelas internacionales de la isla; quiero nombrar especialmente a los equipos del colegio alemán Eurocampus y del Balears International College. ¡Gracias por el contacto con los alumnos y sus padres! Lo mismo quiero decir al equipo de la academia ascenso que estableció el contacto entre sus estudiantes y yo.
También en la Escuela Oficial de Idiomas de Palma de Mallorca y en los Centros de Educación de Personas Adultas de la isla encontré a muchos participantes para el estudio. Les doy las gracias a Santiago Serra y a Soledad Reolid (EOI Palma), a Elena Silva y a Rosario Dueñas (CEPA Sons Canals), a Catalina Noguera (CEPA Campo Rodò), a Alberto Abad Palou (CEPA Alcudia), e igualmente a Francisco Bonnín (A VV Son Dameto). Asimismo, doy las gracias a Paula Fernández, quien repartió el cuestionario entre todos sus colegas alemanes y nunca se olvidó de mi proyecto.
Para poderme mover por la isla e iniciar el contacto con más gente, siempre he podido contar con la ayuda de mis amigos Eduardo, Maribel, Juan Ramón, Irene, Laura, Luisa, Sergio, Francisco, Miquel y Érika. ¡Gracias por vuestra paciencia conmigo! Además, les estoy agradecido a Alma Verónica, Mónica, Diego, Luis y Susan por sus importantes contribuciones y el establecimiento con contactos en Hispanoamérica. Felipe, Nathalia, Pedriná e Iury completaron la base de datos con muchos participantes brasileños. Además, les agradezco a Verena, a Carmen, a Elisa, a Antonia y a Andrea que hayan convencido a tantos de sus contactos para participar en mi encuesta. Sin vosotros todavía me faltarían datos. ¡Muchas gracias!
Fuera de Mallorca también recibí gran ayuda, gracias a la cual he podido contactar con un alto número de aprendices de español como L2 e hispanohablantes nativos. En Madrid y en Salamanca hubo varias academias de español que usaron mis pruebas en clase para que ganara más datos, y repartieron los experimentos entre su alumnado. Adicionalmente, quiero dar las gracias a la librería Auryn por la cual tuve acceso a la comunidad alemana de Madrid. Les agradezco su ayuda a todos los equipos de las academias madrileñas que me atendieron tan amablemente, incluida la sección “Juventud y Cultura” del Círculo de Bellas Artes y el departamento de español para extranjeros de la EOI Jesús Maestro de Madrid. Quiero destacar en especial las distintas sedes del International House Madrid, y las academias Cronopios Idiomas, Hispania Estudio 2, tilde Madrid, La Aventura Española, CEE Idiomas, e Inhispania – tu escuela de español.
Un agradecimiento especial se lo merece la Mme. Deloupy del Aula Cero quien expresó su sincero interés en mi tema y en los datos. Otra ayuda importante vino de las oficinas de intercambio y los servicios lingüísticos de distintas universidades madrileñas. Les agradezco su colaboración amable a la Sra. Gozalo de la Universidad Autónoma de Madrid, a la Sra. Galindo Mata y a la Sra. Olalla Marañón de la Universidad Pontificia Comillas, a la Sra. Escribano y a la Sra. García de la Universidad Politécnica de Madrid, y a la Sra. Villoslada de la Universidad Nebrija. En la Universidad Complutense, recibí ayuda por varios lados, y quiero dar mis sinceras gracias a Alejandro Cuza, director residente del programa WIP (Wisconsin, Indiana and Purdue Universities in Madrid), a Charo Mogo de la Oficina Erasmus de la Facultad de Filología y a los directores del CCEE (Centro Complutense para la Enseñanza del Español).
Gracias a los consejos de la Oficina de Atención e Información para Estudiantes de Español en Salamanca, he podido recoger una gran cantidad de datos en esta ciudad. Para nombrar solo algunas academias, quiero expresarles mi gratitud a los profesores y secretarios del Colegio de Estudios Hispánicos, de Hispano Continental, de isla, de Letra Hispánica, del Colegio de España, de Sampere, de Enforex, de DICE, y de Tía Tula.
Después de mi estancia en Castilla, Jacopo me ayudó en cuestiones informáticas, por lo que finalmente logré digitalizar mi encuesta. También le agradezco su ayuda al equipo de SoSci-Survey, cuyos miembros respondieron a todas mis preguntas.
Por la vía electrónica, he encontrado a muchos participantes fuera de España. Les agradezco el contacto amable y el contacto con varios aprendices alemanes a la Sra. García-Martín (LMU München), a la Sra. Badía Fumaz y al Sr. García Albero (WWU Münster), y a la Sra. Espada (HHU Düsseldorf). En especial quiero dar las gracias a Rosa Haro-Schmitt (HS Worms) y Marta Sánchez (Uni DuE) quienes hicieron las pruebas con sus estudiantes en clase. Fernando, Alberto y Jorge se merecen mi gratitud por proporcionarme datos de Ucrania, Japón y EEUU, respectivamente. M. Carmen y Jeffrey me ayudaron a contactar con aprendices neerlandeses. Igualmente, le estoy agradecido a Klervi por convencer a su universidad, la Université de Bretagne Occidentale, que que enviara la encuesta a todos sus estudiantes. También quiero dar las gracias a Paz González por invitarme a Leiden (Países Bajos) a realizar unas prácticas de investigación, donde pude establecer incluso más contactos serviciales. Cristóbal se merece mi agradecimiento por haber conseguido participantes en Santiago de Chile, y por haber distribuido el enlace a mi página web.
También dejé circular la encuesta dentro de España. Para ello, una gran ayuda la contribuyeron los equipos de las Oficinas Erasmus de la Universidad Pompeu Fabra en Barcelona, de la Universidad de La Laguna en Tenerife, y de la Universidad de Burgos. Daniela distribuyó mis datos de contacto en Granada, y Juan en Sevilla. También le agradezco a Valbone sus acciones para animar a numerosos participantes en la región de Alcalá de Henares entre los cuales repartió mi material. Como la encuesta fue anónima, no conozco a todas las personas que contribuyeron esencialmente al éxito de mi proyecto. Sin todos ellos no habría sido posible encontrar los resultados que he encontrado, y no habría podido confirmar ninguna de las hipótesis. Les estoy honestamente agradecido a todos.
Mi doctorado no habría sido posible sin el apoyo financiero e ideal de la Studienstiftung des Deutschen Volkes, que me dio una beca fantástica que englobaba la oferta de varias reuniones y seminarios. Quiero destacar especialmente a la Sra. Rosenberg, al Sr. Frenz, al Sr. Ludwig y al Sr. Palmier quienes contribuyeron con ideas espléndidas a la finalización de la recogida de datos. Asimismo, le estoy agradecido a mi profesor de confianza, Andreas Klümper, por su apoyo y su evaluación positiva de mi proyecto.
A Emilia Merino Claros y a Milagros de la Torre Cantero les debo mi agradecimiento por la excelente formación en español sin la cual no me habría sido posible la redacción de la tesis. Además, les agradezco su ayuda al haber distribuido la encuesta en Wuppertal. A Emilia, igual que a Natascha Pomino, también le agradezco el haber formado parte del tribunal examinador de mi tesis, y el haber resuelto las dificultades que hubo en la programación de la defensa.
En las fases finales, Ana Belén Romero, Alba García-Parrado, Araceli Lovelle, Paz González, Alejandra Bernués y Francisco Delgado-Iribarren me aconsejaron en cuestiones de corrección lingüística y leyeron de forma repetida las distintas versiones de mi manuscrito. Les estoy muy agradecido a todos ellos por detectar hasta las más mínimas incoherencias en el texto. Todos los errores restantes son míos.
A las editoras de “Language Development” les doy las gracias por haberme propuesto presentarles mi trabajo, por aceptarlo como parte de la serie y por haberme dado consejos considerablemente útiles acerca de cómo revisarlo. Un agradecimiento también se lo merece Johannes Müller-Lancé por haberme dado la oportunidad de dedicar una parte de mi tiempo laboral en la Universidad de Mannheim a la revisión de mi tesis.
Finalmente, le agradezco su apoyo constante a mi familia y a mis amigos, sin los cuales seguramente no habría podido terminar todo el trabajo. Les estoy agradecido a mis padres, Margarete y Ulrich, por su presencia y ayuda incondicional, a mis tíos, Rita y Juan, por apoyarme con la recogida de datos, y a mi hermana Natalie por su contribución tipográfica tanto durante la construcción de la encuesta como en cuestiones de la tesis misma. Además, quiero destacar especialmente a Mirjam Pützer, quien me apoyó no solo durante las fases iniciales a buscar una financiación apropiada para mi proyecto, sino que también me motivó constantemente en seguir adelante desde el principio hasta el final.
¡Mil gracias a todos!
Düsseldorf, en enero de 2019 Tim P. Diaubalick
1 Introducción
Aunque la investigación sistemática de la adquisición del sistema verbal en español como segunda lengua aún se puede considerar relativamente reciente, se han producido numerosos estudios al respecto en las últimas décadas. Los enfoques que se adoptan en los distintos trabajos no podrían ser más variados, y las conclusiones no siempre coinciden: mientras que algunos estudios utilizan los verbos como un fenómeno lingüístico entre varios para servir como evidencia a planteamientos más generales, otros se ocupan de una descripción precisa de los procesos de aprendizaje y de adquisición de los tiempos del pasado en concreto.
El trabajo que se presenta a continuación pretende conectar ambas ideas para aumentar nuestra comprensión acerca de la naturaleza de la adquisición de segundas lenguas. Se tomará como base el marco generativista y el Programa Minimista1 con el cual se explican los principios de la adquisición de una lengua. En lo que concierne a las segundas lenguas, hay varias posiciones que se describirán en las primeras secciones a continuación. Por otro lado, se hará uso de los descubrimientos de algunos estudios fuera de este marco en los cuales se presentan modelos altamente detallados que explican las fases en las que los aprendices se aproximan a un uso competente de los tiempos del español. Estos, en cambio, a veces sufren de un problema explicativo. La clave se halla, por lo tanto, en la conexión de ambas ramas y la síntesis de sus resultados.
En el aula de cualquier lengua extranjera, todos los estudiantes deben enfrentarse a un mismo problema: la comparación entre la lengua materna y la extranjera, comparación que revela que ambas lenguas pueden diferir completamente no solo en palabras y sonidos sino también en su estructura. Para posibilitar una comunicación eficaz, no solo hay que aprender estas estructuras gramaticales de memoria, es esencial comprenderlas. ¿Es, por tanto, ventajoso para el estudiante que estas diferencias sean pocas? ¿O se igualan los procesos de adquisición en todos los aprendices?
Probablemente, la pregunta más interesante a este respecto sea: ¿Es posible llegar a un dominio de la segunda lengua que iguale el dominio que tienen los hablantes nativos sobre ella?
Un factor caracterizador de la adquisición de las segundas lenguas es el papel de la primera lengua (L1). Weinreich (1953) postuló el concepto de la transferencia, que representa un proceso mediante el cual estructuras adquiridas en la lengua materna pueden trasladarse a la interlengua, el sistema con el cual el aprendiz construye la representación de la L2. Obviamente, esta posibilidad de transferir el conocimiento de una lengua ya adquirida es una de las diferencias más evidentes que delimita la adquisición de la segunda lengua frente a aquella de la primera (Meisel 2011). El proceso de la transferencia, sin embargo, también puede observarse en otras situaciones de plurilingüismo (véase Guijarro-Fuentes, Juan-Garau & Larrañaga 2016 para un resumen).
Una cuestión altamente importante para las siguientes deliberaciones es la de si la L1 puede representar una carga para los aprendices en el sentido de que la presencia de un sistema completo les impide la adquisición de propiedades gramaticales nuevas (Bley-Vroman 1990). El estudio entre los hablantes alemanes demuestra que la L1 ciertamente ejerce un efecto notable. Se va a demostrar que, según el contexto lingüístico de los participantes, la actuación en cuanto a las formas verbales varía de manera significativa.
Los tiempos verbales resultan particularmente adecuados a la hora de encontrar respuestas a las cuestiones acerca de la adquiribilidad y el efecto de la L1, ya que, al comparar varias lenguas del mundo, se revelan abundantes diferencias. Además, al contrario de lo que ocurre en otros fenómenos lingüísticos, el verbo como núcleo de las frases impide la mayoría de las estrategias de evitación en el sentido de que no se le posibilita al aprendiz la sustitución del fenómeno por otras herramientas conversacionales (Guijarro-Fuentes 2005a: 142). Mientras que en la vida cotidiana un hablante no-nativo puede intentar simplificar estructuras complejas, evitar el uso de ciertas palabras, y parafrasear descripciones difíciles, resulta prácticamente imposible construir conversaciones sin verbos. En este caso, el empleo de sinónimos no ayuda a reducir la complejidad morfosintáctica, y por lo tanto es imprescindible colocar el verbo en la línea temporal de forma adecuada, lo que requiere un conocimiento de las propiedades gramaticales que posee el mismo.
Particularmente el contraste entre las formas cantaba y canté que implica la noción del aspecto gramatical suele percibirse como difícil entre hablantes no-nativos del español. Heredada de la lengua latina, la oposición entre formas perfectivas e imperfectivas también puede encontrarse en otras lenguas románicas. En el contexto de francés como lengua extranjera, Coppieters (1987) atestó que incluso hablantes no-nativos muy avanzados no comparten las mismas intuiciones hacia la diferencia entre las distintas formas aspectuales. En su estudio, se reveló que únicamente los participantes con otra lengua románica como lengua materna podían explicitar la diferencia entre las dos formas en comentarios metalingüísticos. A pesar de que el estudio recibió críticas por sus debilidades metodológicas (Montrul & Slabakova 2003, Salaberry 2008, Sorace 2003), planteó una cuestión de alto interés: ¿pueden adquirirse los contrastes aspectuales en una segunda lengua si la primera no los posee?
Casi treinta años después disponemos de numerosas investigaciones al respecto que examinan la cuestión desde varias perspectivas: con un enfoque práctico o teórico, desde un punto de vista lingüístico o didáctico, dentro del marco generativista o fuera de ello. Después de una síntesis de los resultados de estos estudios y la indicación de vacíos en la bibliografía, el objetivo principal es la contribución para cerrar dichos vacíos.
El factor innovador del trabajo presente se evidenciará en varias partes: por un lado, se unen las implicaciones de estudios generativistas con los conocimientos de estudios fuera de este marco. Por otro lado, el énfasis yace en una combinación de lenguas poco estudiada hasta el momento: alemán como L1 y español como L2. Como veremos a continuación, estas lenguas difieren altamente en la codificación temporal-aspectual, y, por lo tanto, presentan una base fecunda para sacar conclusiones generales. Para ampliar el objeto de estudio, también se considerará la adquisición de las formas verbales del futuro, como cantaré y voy a cantar. En ciertos puntos, tanto el pasado como el futuro dependen de factores contextuales similares, y en ambas áreas es necesario considerar rasgos aspectuales del predicado. Mientras que, en referencia a los tiempos del pasado, el aspecto distingue nociones como la delimitación y la compleción, en el futuro influye en las interpretaciones modales.
Se verá que no todas las teorías y planteamientos que existen acerca de la adquisición de las segundas lenguas resultan aptas para la investigación de la adquisición de los tiempos verbales. En consecuencia, se presentarán tanto las implicaciones como también las debilidades de las varias hipótesis competitivas para, finalmente, resaltar el sistema más adecuado para llevar a cabo un estudio empírico que integra aprendices con distintas variables. Los datos presentados aportarán evidencia a la significancia de la lengua materna en el proceso de adquirir una lengua extranjera en la edad adulta. Además, se comprobará que las estrategias de aprendizaje también se distinguen, y no solamente dependen de los métodos pedagógicos empleados en cursos concretos, sino también de la manera en que la lengua materna organiza la gramática.
El enfoque va a estar en las teorías generativistas debido a las ventajas evidentes que ofrecen estas en cuanto a la posibilidad de explicar de manera sistemática el efecto de la L1. Así, va a demostrarse que los hablantes alemanes difieren de manera significativa de los hablantes anglófonos sobre los cuales informa la bibliografía. El efecto de la L1, consecuentemente, va a ser innegable.
Concretamente, el resultado más importante del estudio es que aquellos hablantes cuya lengua materna es el alemán experimentan graves problemas al comprender e interiorizar el concepto del aspecto gramatical que resulta comunicativamente esencial en el contexto de los tiempos del pasado en español. Particularmente la oposición entre las formas canté y cantaba, que no posee ninguna equivalencia morfológica en alemán, representa un fenómeno que hasta a los hablantes avanzados no les resulta accesible. Dado que la lengua alemana expresa dicha oposición a través de otros elementos lingüísticos, especialmente recurriendo al uso de expresiones léxicas, los aprendices desarrollan una estrategia de aprendizaje que, igualmente, se basa en elementos léxicos; los así llamados marcadores temporales (adverbios que, en un número alto de los casos, coaparecen con una de las dos formas en cuestión).
Los tiempos verbales del futuro, en cambio, no resultan comparablemente difíciles. Aunque también en ellos interactúan rasgos aspectuales con las interpretaciones de las distintas formas, el efecto está exhibido principalmente por el léxico. El aspecto gramatical, en cambio, no interfiere. No obstante, el paralelismo entre las formas es evidente: en ambos casos, los aprendices alemanes prefieren el uso de herramientas del vocabulario mientras que los morfemas gramaticales parecen secundarios.
Debido al resalto de los efectos persistentes de la gramática de la L1, y sus rasgos formales implicados, las hipótesis formuladas en el marco teórico generativista, consistentemente, resultan particularmente adecuadas. Sin embargo, no debería negarse la existencia de evidencias aportadas por otros estudios. Será, por lo tanto, importante incluir también estudios fuera del generativismo, y pretende sintetizar estos con propuestas con el marco teórico del Programa Minimista. Este procedimiento resulta conforme con los consejos por Slabakova, Leal & Liskin-Gasparro (2014) que afirman la necesidad de una comunicación entre distintas áreas de investigación.
Así, Slabakova et al. (2014) mencionan que la mayoría de los prejuicios sobre el generativismo se refieren a modelos anticuados que actualmente se ven reformados y modificados. Especialmente el papel del input lingüístico representa un factor que necesita resaltarse.
El trabajo adopta la siguiente estructura: en primer lugar, se presentarán los puntos generales del marco generativista (secciones 2.1-2.2) que determinan las hipótesis generativistas sobre la adquisición de las segundas lenguas (secciones 2.3-2.5). Estas teorías son aplicables a varios fenómenos lingüísticos, por lo que a continuación se van a discutir varios modelos acerca de la descripción de los sistemas temporal-aspectuales (sección 3). Dado que pueden observarse múltiples consecuencias de la misma oposición, que formalmente parece tan sencilla, va a revelarse que el acercamiento puede efectuarse desde varios puntos de partida. El enfoque está en la descripción del sistema español y en el contraste con el sistema alemán (sección 4).
Dirigiendo la perspectiva hacia la adquisición del contraste en el contexto de segundas lenguas, a continuación, se establece el marco teórico para las secciones siguientes. A continuación, se presentarán los estudios previos tanto fuera como dentro del marco generativista (sección 5). Al contrario que la sección 2, la sección 5 trata únicamente los estudios sobre la adquisición de los tiempos del pasado. Subsecuentemente, se aducirán fenómenos de las formas temporales para hacer referencia al futuro, enfatizando particularmente los paralelismos que estas presentan en comparación con los pasados (sección 6).
Las secciones restantes se dedican a la descripción del estudio empírico entre aprendices del español como segunda lengua. Después de la explicación detallada de la metodología empleada (sección 7), se presentarán los resultados obtenidos acerca de los tiempos del pasado (sección 8) y el futuro (sección 9). El trabajo concluirá con una discusión de los resultados ante las hipótesis establecidas, y con indicaciones para futuros estudios e implicaciones didácticas (secciones 10 y 11).
En referencia a los aprendices alemanes, los resultados muestran que la diferenciación competente entre las formas verbales competitivas en efecto resulta altamente difícil. La mayoría de los participantes de habla alemana persiguen una estrategia de aprendizaje léxica que se basa casi únicamente en la consideración de adverbios temporales. Esta observación acarrea dos consecuencias evidentes: por una parte, aporta evidencia que contribuye a aquellas hipótesis que postulan dificultades insuperables en ciertos ámbitos y, por otra parte, permite derivar implicaciones didácticas en cuanto a la enseñanza de español como segunda lengua cuyo objetivo principal debería consistir en contrarrestar el efecto de los marcadores en contextos que a los aprendices les dan señales contradictorias.
2 Los planteamientos generativistas
2.1 Líneas generales: La Gramática Universal y la adquisición de lenguas
2.1.1 Principios, Parámetros y el Programa Minimista: visión general
La suposición básica del generativismo, y su desarrollo en el Programa Minimista, consiste en la existencia de la Gramática Universal (GU) mediante la cual los seres humanos adquieren la lengua por vías establecidas y comunes a todos. Esta GU que representa el estado inicial de la facultad cerebral dedicada a analizar y procesar la lengua contiene las herramientas necesitadas para un proceso exitoso de la adquisición mediante una deducción del input lingüístico al que un niño está expuesto (cf. Chomsky 1981, 1995, 2000, 2001).
“Given this endowment, a human infant, but not her pet kitten, will reflexively categorize parts of the confusion around her as ‘linguistic’ and develop rich and highly articulated capacities to enter into these peculiar modes of human thought and action.” (Chomsky 2000:89)
Se asume que la GU consiste en principios universales y parámetros que necesitan fijarse. Los principios resumen propiedades abstractas que comparten todas las lenguas del mundo, tanto las actuales como las pasadas y futuras (en tanto que se asuma que la facultad cerebral de la especie humana no cambia). Un ejemplo de tales principios es el Principio de Proyección Extendida1 (Chomsky 2000: 102), según el cual cada sintagma flexional o complementante proyecta una posición para un especificador ocupado por el sujeto de la frase. Los parámetros, en cambio, causan la variación entre las diversas gramáticas de las lenguas del mundo. Estos se sitúan en algunos ítems integrados en el léxico de la GU. Según Chomsky (1995), este tipo de variación –la variación sintáctica– se debe reducir a los núcleos funcionales. Con esta afirmación, el autor adopta los argumentos de Borer (1984), por lo cual se estableció el término Borer-Chomsky Conjecture para referirse a esta observación (Baker 2008, Boeckx 2011, Domínguez 2014, Roberts 2014). Así, originalmente, siguiendo a Roberts (2014:181), estos núcleos se resumen por: caso estructural, rasgos φ (persona, número, género), rasgos categoriales (D, V, …), y rasgos de atracción (rasgos EPP, etc.).
Los núcleos funcionales que implican una interacción del verbo, más concretamente, de los rasgos temporal-aspectuales son el CP (sintagma complementante), el TP (sintagma temporal) y el vP2 (sintagma verbal ligero). Mientras que los dos primeros se asumen para proyectar una posición que alberga los rasgos que se necesitan en los procesos sintácticos (→2.6), el sintagma verbal ligero contiene tanto propiedades léxicas como funcionales, y sirve para proyectar una posición para el sujeto (creado en el especificador, o SpecvP), y así diferencia las posiciones de objetos y sujetos (Chomsky 1995, Schmitz 2006). Al analizar unos sistemas específicos, se evidenciarán otros sintagmas importantes (como AspP, el sintagma aspectual).
Según los fundamentos del Programa Minimista (Chomsky 2001), la adquisición de una lengua consiste en la selección de los rasgos y el ensamblaje subsecuente entre estos rasgos y los elementos del léxico. La tarea principal, consiguientemente, consta de la asignación de estos rasgos a elementos léxicos o vocabularios. Los parámetros asociados a estas categorías funcionales se consideraban aptos para explicar el problema lógico de adquisición (Chomsky 1986, Grewendorf 2002), según el cual se necesitaba una teoría para explicar que cada niño adquiere las estructuras de su lengua materna enteramente sin que el input pueda contener todas las frases posibles ni tampoco evidencia negativa. En cuanto se ha fijado un parámetro, se fijan automáticamente otros rasgos del lenguaje. Un parámetro clásico acerca del cual se han formulado varias propuestas en la investigación lingüística sería el parámetro del sujeto nulo (Chomsky 1981, Rizzi 1982, 1986, Müller et al. 2011). Con la valuación positiva del parámetro del sujeto nulo, se han asociado varias propiedades como la posibilidad de sujetos finales y la extracción posible de sujetos en interrogativas intercaladas (véase Zushi 2003: 560). Es decir, la fijación de parámetros en un valor u otro produce un efecto fuerte en otras partes de la gramática, y justifica así la enorme rapidez que presentan los niños humanos al adquirir su L1.
En las últimas décadas, sin embargo, la noción de parámetros en la investigación dentro del marco generativista se ha visto confrontada con varios cambios. Así, una diferenciación importante más reciente con respecto al concepto original de los parámetros es la categoría de microparámetros. Volviendo al ejemplo del parámetro del sujeto nulo, la comparación entre distintas lenguas revela grandes distinciones: mientras que varias lenguas romances, entre ellas el español e italiano, permiten oraciones con sujetos nulos, no permiten la omisión de clíticos en función de objetos. Otras lenguas, como el japonés, en cambio, permiten una omisión de cualquier pronombre, tanto en posición de sujeto como de objeto (Roberts 2014, Zushi 2003). Además, las descripciones de japonés y chino causaron la necesidad de rechazar la presunta correlación entre sujetos nulos y un sistema de conjugación rico. A primera vista, parece lógico que las dos propiedades aparezcan juntas porque la desinencia verbal posibilita la recuperación del sujeto por parte del interlocutor. El caso de dichas lenguas asiáticas, sin embargo, ha demostrado que hay lenguas sin conjugación que sí permiten omitir los sujetos si lo licencian los rasgos pragmáticos en un discurso dado (cf. Zushi 2003).
Estas observaciones exigieron una reformulación de los conceptos de parámetros, ya que se evidenció que un número limitado de pocos parámetros con efectos mayores no engloba todos los sistemas posibles.
“Over the thirty years since the idea of a parametrized UG was first proposed, there has been a steady move away from the original conception of a small number of highly abstract parameters with the proliferating effects to a view of parameters as more local in their effects (see Kayne 2005).” (Roberts 2014:181)
La tendencia a subdividir los parámetros en unidades cada vez más pequeñas, evidentemente, se registró también en la investigación de segundas lenguas. En este contexto, Lardiere (2009) resume que, aunque se empezó con muy pocas categorías funcionales (como C, T y D, cf. Chomsky 1995), estas subsecuentemente fueron subdivididas en más, resultando en una aparición de múltiples micro-parámetros (Kayne 2005, Uriagereka 2007) que para la investigación empírica se mostraron escasamente útiles (Lardiere 2009: 177). Ha habido, por consiguiente, varios intentos de volver a enfocar la idea general de encontrar parámetros grandes con un fuerte efecto en el proceso de adquisición. La discusión sobre la importancia de estos macroparámetros frente a los más recientes microparámetros resultó esencial, no solamente en la descripción lingüística, sino también para los estudios de adquisición. No obstante, Domínguez (2014) advierte que lo que en los estudios sobre la diacronía puede mostrarse como una teoría adecuada no necesariamente lo es también para estudios acerca de la adquisición. La diferencia entre los dos enfoques yace en el lugar donde se genera la variación lingüística:
“Macroparameters seem better suited to account for big trends across E-languages (differences from the top down) than to capture the essence of variation in I-language in the Minimalist framework, which considers looking at variation from the bottom up.” (Domínguez 2014: 2)
La mayor ventaja de los planteamientos acerca de los macroparámetros consiste en su manejabilidad práctica, y, por lo tanto, contribuye más a la adecuación explicativa. Roberts (2014) concluye que el actual desarrollo de la teoría se aleja demasiado de estas ideas originales, y no cumple con las generalizaciones pretendidas. Un resultado de la formulación de más y más microparámetros lleva a un número hiperastronómico3 de gramáticas posibles.
Ante este fondo, los planteamientos del cierre de la GU (→2.2) pueden criticarse en el sentido de que estas posturas sufren un problema de falsabilidad. Los datos obtenidos de la interlengua de hablantes de una L2 no revelan directamente la representación gramatical subyacente a ella, y una comparación con el sistema nativo resulta difícil dado que las teorías tampoco resultan consolidadas. White (2003: 113) concluye que, como la evidencia de la existencia de parámetros en la adquisición de la L1 no sea comprobada, una ausencia en la adquisición de la L2 de los mismos no comprueba una diferencia fundamental entre los dos procesos.
Siguiendo esta línea de investigación, Tsimpli (2014) propone modificar la idea de la Borer-Chomsky Conjecture (véase arriba) debido al hecho de que la variación puede depender de cuatro factores: los macroparámetros que definen un marco dentro del cual la variación es posible, los microparámetros que representan los elementos que caracterizan la variación concreta en áreas específicas, y dos interfaces que conectan la gramática con otros componentes de la lengua: la semántica por un lado, y la pragmática por el otro (Tsimpli 2014: 285; véase detalles en →2.3). Según Tsimpli, estos cuatro factores definen la secuencia de la adquisición de la L1: todos los hablantes, independientemente de si crecen con una o dos lenguas, primero adquieren los fenómenos de macroparámetros. Estos conciernen a la sintaxis y a la gramática de la lengua misma, y representan elementos formales del aparato sintáctico que subyace la gramática, resumidos por el término Sintaxis Estrecha4 (o Narrow Syntax, según Chomsky 1995). Un ejemplo aquí es la diferenciación entre lenguas OV y VO5, y entre lenguas con y sin el rasgo V26.
Después, se adquieren aquellos fenómenos conectados con la variación microparamétrica (como distintas posibilidades cómo el rasgo [+V2] se manifiesta, cf. Tsimpli 2014: 289). En una fase posterior, son adquiridos los fenómenos que interactúan con la semántica, y finalmente aquellos de la interfaz con la pragmática.
Consecuentemente, solo la adquisición de los primeros dos puntos depende de la así llamada “Age of Onset” (‘edad de inicio’), por lo que Tsimpli (2014) las denomina “(very) early phenomena”. En cambio, los efectos que conciernen a las interfaces no dependen de procesos únicamente lingüísticos, por lo que requieren cierta madurez cognitiva. Se adquieren más tarde (lo que justifica el término “(very) late phenomena”), y así no dependen de la edad sino de la cantidad de input. Por consiguiente, solo los bilingües simultáneos adquieren los macro- y microparámetros con facilidad, mientras que los bilingües sucesivos experimentan dificultades. Las interfaces, en cambio, como requieren un input más amplio, son aptas para investigar diferencias entre monolingües y bilingües. Hager & Müller (2015) añaden que en las interfaces puede producirse fosilización, mientras que los microparámetros (o sub-case-parameters) se pueden adquirir posiblemente de manera más lenta, pero siempre con éxito.
Domínguez (2014) replica, sin embargo, que esta propuesta va en contra de la supuesta universalidad de la representación semántica y una optimación de la Sintaxis Estrecha hacia ella. La autora razona que, por esta optimación entre sintaxis y semántica, no es posible que la variación se cause por la interfaz entre estos componentes (la Forma Lógica, o LF usando las siglas anglosajonas). Las variaciones observadas en personas bilingües en realidad dependen de la asignación de elementos léxicos concretos con las representaciones sintácticas (Domínguez 2014). Es decir, conciernen a otra interfaz que sí puede interferir en la optimación: la interfaz entre sintaxis y fonética (Forma Fonética, o PF). Esta perspectiva sí es compatible con la Borer-Chomsky Conjecture.
De hecho, también en el contexto de la adquisición de la L1, existen estudios que aportan evidencia en contra de la posición de que los macroparámetros sean adquiridos rápida y fácilmente (Domínguez 2014). Ha habido, por esta razón, una tendencia a sustituir la teoría sobre parámetros por otros enfoques, como la frecuencia de ciertos ítems o los rasgos asociados con ellos.
Esta observación ilustra por qué en el marco generativista se trasladó la atención hacia rasgos específicos de fenómenos morfosintácticos. Es decir, en vez de subdividir las categorías funcionales y crear más y más micro-parámetros, se prefiere asumir pocas categorías que se pueden distinguir en la configuración de rasgos (cf. Domínguez 2014, Lardiere 2009).
Siguiendo esta idea, los siguientes apartados se concentran, sobre todo, en las hipótesis que parten de la base de comparar los rasgos lingüísticos de la L1 y la L2 en el contexto de la adquisición de segundas lenguas. Antes de ello, sin embargo, se necesitan establecer algunos términos técnicos lo que es el objetivo de la siguiente sección.
2.1.2 L1 vs. L2: Delimitaciones
No existe una tradición interdisciplinaria y establecida de diferenciar entre los términos “lengua extranjera” y “segunda lengua” de manera rigurosa e inequívoca (Edmondson & House 1993:10). Pueden distinguirse las situaciones de inmersión lingüística y la adquisición de lenguas en otro país (Bardovi-Harlig 2000, VanPatten 1990), pero, generalmente, abreviaturas como LE y L2 no se utilizan de manera uniforme1. Para evitar confusiones, a continuación, se usará solo una abreviatura (es decir, L2) para, cuando resulte necesario, especificar explícitamente cuál de los conceptos se aplica.
Resulta más importante la delimitación del término L2 frente al término L1 en comparación. Aunque, en general, tanto lingüistas como profesores y alumnos de lenguas extranjeras compartan la impresión de que efectivamente parece existir una discrepancia entre aprendices y hablantes nativos, se pueden hallar numerosas actitudes, opiniones y planteamientos distintos acerca de la descripción de la naturaleza de aquella discrepancia (véase White 2003). El asunto se complica en el intento de delimitar la adquisición de una L2 del bilingüismo (o plurilingüismo) simultáneo (2L1), es decir, el crecimiento con dos lenguas maternas al mismo tiempo (véase Müller et al. 2011). Mientras que bilingüismo sucesivo denomina el proceso por el cual un individuo que domina dos lenguas ha adquirido una de ellas después de la otra, en el caso del bilingüismo simultáneo se supone que las dos lenguas se adquirieron paralelamente desde el nacimiento. En tales casos, se asume que la persona en cuestión posee dos L1. Además, hay estados intermedios entre un bilingüismo simultáneo y un bilingüismo sucesivo. Esto es, aunque el último concepto parece igualarse con la adquisición de una L2, hay casos en los que a pesar de que las lenguas se adquieren sucesivamente, aún se puede hablar de dos L1; en una configuración así hablamos de un bilingüismo temprano sucesivo (en este respecto, Tracy 2007: 107-112, 134-146 argumenta que existe una multitud de particularidades individuales lo que complica una definición homogénea).
En varios contextos, el tiempo durante el cual aún es posible adquirir una lengua como L1 se denomina período crítico (Lenneberg 1967). Después de haber pasado este tiempo, según las predicciones de las hipótesis que sostienen tal período, la lengua se adquiere necesariamente como L2. En una revisión bibliográfica, Singleton (2005) atesta que en cuanto a esta etapa –supuestamente definida por la biología– existen tantas definiciones diferentes y parcialmente contradictorias entre sí que la existencia universal de un período crítico resulta bastante improbable. No existe un acuerdo en cuanto a las capacidades cognitivas en relación con módulos específicos del lenguaje ni en cuanto a la edad que se correlacionen con una supuesta maduración (Singleton 2005: 270). Después de presentar los numerosos planteamientos acerca de esta noción, Singleton (2005) concluye que, aunque es innegable que hay diferencias entre la adquisición de la L1 y la de la L2, no se puede sostener una hipótesis clara que satisfaga las exigencias del empirismo establecido por Popper (1959).
¿Cuáles son, entonces, las premisas de la adquisición de una segunda lengua, y en qué marco se desarrolla el aprendizaje? Es decir, ¿se puede hablar de un cierre de la GU en cierto momento?
Al suponer que, después de la pubertad, todas las maduraciones del cuerpo –y por lo tanto igualmente del cerebro– pueden considerarse concluidas, conviene limitarse al caso de la adquisición de la L2 en la edad adulta. Los razonamientos a continuación tienen como objetivo analizar y describir los procesos de adquisición y aprendizaje que tienen lugar en aquellas personas que comenzaron a ocuparse de una lengua extranjera como adultos. Comparando la adquisición de la L1 con la de la L2, hay dos criterios que importan: por una parte, está el alcance del último estadio (“Ultimate Attainment”, véase Birdsong 1992). Mientras que en la L1 es la norma adquirir la gramática completa, en la L2 una actuación equiparable a la de hablantes nativos es más bien excepcional, y puede observarse cierta fosilización.
Por otra parte, pueden investigarse los procesos mismos. En lo que concierne a la adquisición de la L1 se puede observar que todos los niños pasan por fases equiparables, y (con tal que se asuma salud mental) siempre llegan al dominio total de la gramática después de un tiempo equiparable. La misma universalidad no puede observarse en cuanto a una L2. De ahí que no exista unanimidad en cuanto a la accesibilidad de la GU después de cierta edad, y por lo tanto tampoco respecto a la posible similitud entre el sistema de la L1 y el de la L2, habitualmente designado interlengua (cf. White 2003).
En este marco, serán sobre todo dos planteamientos contrarios los que van a entrar en el enfoque: la accesibilidad total y la falta de la misma. Hubo también propuestas que llevaron la falta de la accesibilidad a su extremo, y así declararon un cierre completo de la GU (véase Bley-Vroman 1989, Clahsen & Muysken 1986, Clahsen & Hong 1995, entre otros). Las siguientes deliberaciones, en cambio, se limitarán a la comparación de aquellas hipótesis que sí sostienen que de alguna manera la adquisición de la L2 está guiada por procesos similares a la adquisición de la L1. Esto lleva a la formulación de la domain-specific L2 (Slabakova & Montrul 2003: 168). Evidencia fuerte para asumir esta perspectiva viene de las observaciones acerca de un problema lógico de la adquisición de la L2 (White 2003: 22). Existen ciertos casos en los que los aprendices producen construcciones del sistema meta sin haber estado expuestos explícitamente a ellos; además, según algunos estudios, los aprendices llegan a rechazar, de acuerdo con la gramática meta, construcciones desviadas o agramaticales. Aunque White (2003: 23) advierte que esta evidencia no se puede considerar una prueba unívoca sin que se puedan excluir con seguridad otros procesos de aprendizaje, sí representa una explicación bastante plausible a la hora de analizar varios datos de la interlengua.
2.2 ¿Acceso a la GU? Propuestas de inaccesibilidad parcial
Empezando con los planteamientos acerca de la accesibilidad restringida a la GU, una de las hipótesis más importantes en la que se basan varios planteamientos actuales es la Hipótesis de los Rasgos Funcionales Fallidos (Hawkins & Chan 1997). En esta hipótesis se sostiene la idea de que la GU está dividida en componentes por los cuales los principios lingüísticos universales están separados de los parámetros ligados al léxico. Este último representa el módulo que contiene, entre otros elementos, las categorías funcionales (cf. Hawkins & Chan 1997:188). Mientras que los principios se consideran accesibles durante toda la vida, se asume un período crítico que concierne a las categorías funcionales, y así imposibilita una refijación de los parámetros. La Hipótesis de los Rasgos Funcionales Fallidos, por lo tanto, postula que únicamente los componentes morfofonológicos de la lengua (los cuales no están parametrizados) pueden ser cambiados por elementos nuevos de la L2. Los rasgos de las categorías funcionales desconocidas de la lengua materna, en cambio, no pueden ser adquiridos como tales, sino que tienen que compensarse por estrategias de aprendizaje que difieren de los procesos a los que recurren los hablantes nativos de la lengua en cuestión. No obstante, la interlengua, aunque se diferencia tanto del sistema de partida como del sistema meta, va a estar –igual que la L1 y la L2– dentro de los sistemas posibles que son compatibles con la GU.
Esta observación conlleva ciertas exigencias a la metodología de estudios empíricos, ya que una convergencia en la superficie no deja concluir con certeza una igualdad de las representaciones. Se necesitan contextos capaces de evidenciar tales diferencias.
Es importante reconocer que las predicciones de la hipótesis se derivan de una comparación entre el sistema de partida (de la L1) y el sistema meta (de la L2) del aprendiz. La Hipótesis de la Interpretabilidad (Hawkins & Hattori 2006, Tsimpli & Dimitrakopoulou 2007) amplía esta idea. En vez de comparar categorías funcionales enteras, sin embargo, se ocupa del estado de los distintos rasgos implicados en la configuración de la gramática. El factor más relevante, en este contexto, es la interpretabilidad. Es decir, la hipótesis continúa la afirmación de que, mientras una parte de la gramática puede ser adquirida en el contexto de la adquisición de una L2, otras partes tienen que ser transferidas de la L1 del aprendiz. Si esta transferencia resulta imposible por la falta de la parte correspondiente en el sistema de partida, se imposibilita el alcance del sistema meta.
Resumiendo, la Hipótesis de la Interpretabilidad se formula así:
“Specifically, the claim is that interpretable features are accessible to the L2 learner whereas uninterpretable features are difficult to identify and analyse in the L2 input due to persistent, maturationally-based, L1 effects on adult L2 grammars.” (Tsimpli & Dimitrakopoulou 2007)
En cuanto a los rasgos interpretables, es decir semánticamente relevantes, no se postula ningún problema persistente de adquisición. Los rasgos no-interpretables, en cambio, solo son adquiribles si se transfieren de la L1. El estado de la interpretabilidad de unos rasgos depende tanto de la lengua en cuestión como de la situación de ellos. Así, por ejemplo, en español el rasgo [1ª persona] que es interpretable en los pronombres donde tiene un significado semántico concreto es no-interpretable en las desinencias verbales (Guijarro-Fuentes 2012, Pesetsky & Torrego 2007). Igualmente, el rasgo de número, [±plural], es interpretable en nombres, pero no-interpretable en los adjetivos concordantes (Judy, Guijarro-Fuentes & Rothman 2008, Zagona 2002). La concordancia representa un proceso meramente sintáctico y no tiene un efecto directo en el significado. Una implicación importante de la Hipótesis de la Interpretabilidad es que sin la existencia de los rasgos no-interpretables en la L1 de donde pueden ser transferidos, estos resultan inadquiribles en la L2.
En cuanto al proceso sintáctico iniciado por los verbos de lenguas que en ellos codifican informaciones relevantes como tiempo, aspecto, modo y la concordancia con el sujeto, la existencia de rasgos no-interpretables resulta crucial. Siguiendo a Chomsky (2000, 2001), el movimiento del verbo se causa por rasgos no-interpretables entre una sonda y una meta que entran en interacción para validar rasgos sin valor. Pesetsky & Torrego (2007) amplían esta idea, y disocian los términos “(no-)interpretable” y “(no-)valuado”, permitiendo todas las cuatro combinaciones posibles. Una implicación de esta disociación es que, en todas las frases naturales, los rasgos no-interpretables se corresponden con reflejos interpretables. En la terminología de Pesetsky & Torrego (2007: 274), se trata de dos instancias del mismo rasgo, y todos los rasgos necesitan poseer al menos una instancia interpretable. Esto nos permite, tanto para los rasgos aspectuales como para los temporales, asumir instancias no-interpretables que provocan el movimiento del verbo. De acuerdo con el modelo sonda-meta, pueden asumirse rasgos interpretables como [±pasado] en T, y [±perfectivo] en GrAsp (núcleo del sintagma del aspecto gramatical; →4.5.3) que funcionan como metas para validar las instancias no-interpretables del mismo rasgo. Estas se manifiestan en la sonda que consiste en las desinencias verbales de la forma en cuestión. La interacción entre esta sonda y la meta causa el movimiento por el cual el verbo sube las categorías funcionales sucesivamente para efectuar las comprobaciones locales de rasgos, e iniciar la eliminación de las instancias no-interpretables.
Según Tsimpli & Dimitrakopoulou (2007), es importante diferenciar entre la Sintaxis Estrecha y las interfaces con la Forma Fonética y con la Forma Lógica (véase Chomsky 1981, 1995) para poder explicar posibles problemas de la adquisición (en este punto concuerdan con la Hipótesis de la Interfaz, Sorace 2004, 2006, 2011; ver abajo →2.3). Al contrario que la posición adoptada por varios otros investigadores, sin embargo, afirman que los problemas más graves de la adquisición no se sitúan en las interfaces mismas, sino que se basan en la interrelación que existe entre la Forma Fonética y la Forma Lógica. Rasgos interpretables poseen una carga semántica, y por lo tanto tienen relevancia en la Forma Lógica. En cambio, aquellos que solamente tienen una manifestación morfo-fonológica y desencadenan procesos sintácticos sin alterar el significado semántico en sí, representan los rasgos no-interpretables. Es decir, los problemas de los aprendices no se consideran privativos a las interfaces, sino que afectan a partes de la sintaxis misma.
La base de la Hipótesis de la Interpretabilidad se constituye en la comparación de los rasgos implicados en los dos sistemas –la gramática de la L1, y el sistema meta, la L2–. Los rasgos no-interpretables de la L2 necesitan ser transferidos de la L1; una adquisición de rasgos no-interpretables desconocidos se considera imposible. Acerca de los rasgos interpretables, sin embargo, no se produce ninguna dificultad. Tanto los conocidos como los desconocidos se adquirirán enteramente.
Algunas características del lenguaje contribuyen a la plausibilidad de la Hipótesis de la Interpretabilidad. Mientras que los principios de la GU, tanto como las computaciones sintácticas y semánticas, representan procedimientos innatos, los diversos rasgos necesitan suficiente input lingüístico para ser fijados, lo que normalmente pasa en los primeros años de vida. La atención necesaria de este input exige recursos cerebrales adicionales, por lo cual Hawkins & Hattori (2006:271) ven una maduración probable, una vez que la fijación de todos los parámetros está completada. Los principios que no necesitan input, en cambio, tampoco influyen en la eficacia. A continuación, los autores argumentan que los rasgos interpretables son necesarios para crear neologismos y ampliar clases de palabras abiertas. Los rasgos no-interpretables, en cambio, no tienen que volver a activarse después de la adquisición completa de la L1. Esto justifica la afirmación que solo los rasgos conectados con clases cerradas, como lo son las categorías funcionales, están sujetos a procesos de fosilización.
En un estudio con hablantes nativos del griego, Tsimpli & Dimitrakopoulou (2007) aportan evidencia a la hipótesis al analizar la interlengua de los participantes que adquieren el inglés como L2. Tambien en este estudio se revela que, al no poder acceder a todos los componentes necesarios, los aprendices desarrollan otros procesos para compensarlos. Es decir, se emplea una estrategia parecida a la predicha por la Hipótesis de los Rasgos Funcionales Fallidos. La única diferencia se halla en la causa: según la Hipótesis de la Interpretabilidad, no se trata de una inaccesibilidad de categorías funcionales enteras, sino de los rasgos no-interpretables que desencadenan la necesidad de compensarlos. En ambos casos, sin embargo, emergen modelos de aprendizaje que los aprendices mismos construyen sin que haya procesos equivalentes ni en el sistema de partida ni en el sistema meta.
Esta estrategia de aprendizaje también la subrayan Hawkins & Hattori (2006) en su artículo, destacando el hecho de que, aunque no concuerda con los procesos que aplican los hablantes nativos del sistema meta, asimismo es compatible con los principios proveídos por la GU:
“Where, however, the target language has selected an uninterpretable syntactic feature that is not available to the L2 speaker through primary language acquisition, other options provided by UG will need to be accessed to represent the phenomenon in question in the grammar.” (Hawkins & Hattori 2006: 273).
En el estudio de Hawkins & Hattori (2006), eso se demuestra a partir de unos aprendices japoneses de inglés como L2 cuyos juicios de gramaticalidad acerca de ítems gramaticales que contienen fenómenos del movimiento wh concuerdan con los del grupo de control nativo del estudio. En los casos de los ítems agramaticales, sin embargo, se revelan divergencias significativas por las cuales los investigadores justifican la existencia de una estrategia desviada del sistema meta. Las causas de esta estrategia desviada se hallan en las características del sistema japonés que no comparte los rasgos no-interpretables del inglés.
En Figura 1, se ilustran las predicciones de la hipótesis de manera gráfica. En aquellos casos en los que la adquisición resulta imposible, el aprendiz tiene que recurrir a estrategias cognitivas para compensar la inadquiribilidad.
Las ideas de la Hipótesis de la Interpretabilidad están ampliadas y especificadas algo más al considerar los efectos de frecuencia para explicar los procesos concretos del desarrollo de la interlengua. En un estudio acerca de la morfología verbal de los verbos copulativos y auxiliares del inglés, Hawkins & Casillas (2008) concluyen que también en casos en los que los aprendices consiguen transferir rasgos no-interpretables de su lengua materna y, por lo tanto, su interlengua puede diferir del sistema meta. Aunque la gramática resulta la misma, se distinguen las entradas del vocabulario consolidadas por una exposición a input lingüístico. Esta propuesta explica tanto la opcionalidad persistente observada en hablantes avanzados (cf. Sorace 2003, →2.3) cuando su L1 difiere del sistema meta respecto a los rasgos no-interpretables, como actuaciones llamativas en otras poblaciones en las que aún no se ha llegado a un dominio completo. Puesto que estos últimos están en un proceso de reestructuración de rasgos aún no completado, se hace plausible la dependencia de efectos de frecuencia.
Figura 1:
Ilustración de la Hipótesis de la Interpretabilidad
2.3 ¿Acceso a la GU? Propuestas de accesibilidad total
En oposición a los planteamientos de acceso restringido, se sitúa otra rama de investigación que postula una accesibilidad total de la GU, también en el contexto de la adquisición de una L2. Schwartz & Sprouse (1994, 1996) postularon, dentro de esta rama, la Hipótesis de Transferencia Completa/Acceso Completo. Según este planteamiento, los aprendices empiezan con una transferencia entera de todo el sistema gramatical de su L1 en las primeras fases de adquisición. Pero, simultáneamente, la GU queda accesible durante toda la vida, y mediante los medios proveídos por ella, los aprendices modifican su interlengua subsecuentemente al recibir más y más input.
Siguiendo a Sorace (2003, 2011), cuyas propuestas resultan compatibles con la hipótesis de Schwartz & Sprouse (1994, 1996), las deviaciones en la interlengua se producen solo en interfaces que conectan distintas partes de la gramática. Cierta opcionalidad alternante que se evidencia entre dos construcciones resulta resistente hasta en niveles superiores. Varios estudios pudieron comprobar que, aunque estas construcciones aparecen en contextos raros, sí pueden detectarse en los hablantes casi-nativos (Sorace 2003). Estas alternancias, llamadas opcionalidades residuales, pueden estar causadas por una transferencia de la L1, o también por una malinterpretación del input.
Sorace (2003: 136) afirma que opcionalidades similares (la coexistencia de dos estructuras sintácticas con el mismo contenido proposicional) también aparecen en las lenguas naturales. La diferencia puede hallarse en factores extralingüísticos como el contexto de una situación. Así, la omisión de un sujeto en las lenguas que la permiten depende de factores discursivos, y así concierne a más de una componente de la gramática.
Estas deliberaciones llevan a la Hipótesis de la Interfaz (Interface Hypothesis). Aunque esta designación no apareció antes del estudio de Sorace & Filiaci (2006), Rothman & Slabakova (2011: 568) afirman que la idea de interfaces es compatible con las primeras versiones de las teorías innatistas: la modularización de la facultad lingüística en varios componentes (sintaxis, semántica, fonología) que funcionan como sistemas singulares lógicamente necesita permitir una comunicación mutua entre estos componentes y, a la vez, entre los módulos lingüísticos y otros medios cognitivos. Las interfaces emplean esta función y permiten el intercambio de input y output entre los componentes.
Sorace (2004) postula que las interfaces producen inestabilidades en todas las situaciones plurilingües: en la adquisición bilingüe infantil (2L1), en la adquisición de segundas lenguas (L2) y en lenguas de herencia. Además, no necesariamente son atribuibles a una influencia por la lengua no-dominante sobre la otra.
Particularmente en referencia a las segundas lenguas, Sorace (2006) advierte que las inestabilidades observadas no necesitan corresponderse con una representación defectiva de la gramática meta. Con este argumento sigue a Clahsen & Felser (2006) que proponen que desviaciones entre la competencia de hablantes no-nativos y el habla nativa pueden justificarse con meras dificultades en el procesamiento computacional. Como el procesamiento en las interfaces resulta más costoso, es allí donde se manifiestan vulnerabilidades y fosilizaciones (Sorace 2006: 89). A diferencia que Clahsen & Felser (2006), sin embargo, la autora advierte que el acto de recurrir a procesamientos más simples que llevan al hablante no-nativo a producir una estructura desviada no es ineludible. Lo que diferencia los hablantes no-nativos de nivel avanzado de los hablantes nativos es que los primeros recurren a la estrategia aliviadora más a menudo y de manera más regular. También entre los hablantes nativos, sin embargo, el uso de procesos más simples es una opción que puede aplicarse en situaciones determinadas (Sorace 2006: 91).
Más tarde, Sorace (2011) admite, no obstante, que la hipótesis ha de modificarse subsecuentemente según nuevos datos obtenidos, ya que la diferenciación entre Sintaxis Estrecha e interfaces no es evidente. En concreto, después de revisar estudios más recientes, propone la diferenciación entre interfaces internas y externas. Mientras que las del primer tipo dependen únicamente de rasgos formales, las otras también se rigen por factores contextuales.
White (2011) y Montrul (2011), en cambio, critican la distinción interno/externo. Mientras que White (2011) afirma que en ambos casos pueden observarse problemas y éxitos, Montrul (2011) argumenta que la distinción misma no resulta muy útil. Al aducir lenguas asiáticas como el coreano, la autora postula que no puede afirmarse que la realización de artículos no dependa del discurso. Según Rothman & Slabakova (2011: 572), estas observaciones indican que las consecuencias de la Hipótesis de la Interfaz podrían tenerse que cambiar. La afirmación general de que fenómenos de la interfaz están conectados con un mayor coste computacional, sin embargo, sigue siendo válida.
Lo que resulta crucial para el contexto del apartado presente es la comprobación de que dificultades con las interfaces en el contexto de las segundas lenguas no implican un cierre de la GU (Sorace 2011: 25). Las observaciones únicamente demuestran que el procesamiento de todos los rasgos implicados resulta más costoso; la adquisición de los mismos, en cambio, no queda excluida. Además, Sorace (2011: 26) afirma que la opcionalidad residual se refiere al estadio último de la adquisición, y no puede aplicarse a fases intermedias. Es decir, la afirmación de que los fenómenos en las interfaces son más costosos se ha de entender de manera absoluta extensible a todas las fases de la adquisición. Por lo tanto, no resulta contradictoria con un observado progreso entre los aprendices.
Ayoun & Rothman (2013: 145), en cambio, afirman que la opcionalidad residual no es un resultado necesario de la dificultad que los aprendices experimentan con las interfaces. En cambio, es más probable que una actuación no-nativa sea consecuencia de un coste computacional demasiado alto en el procesamiento de los fenómenos de dichas interfaces. Se proponen, consiguientemente, pruebas online para verificar la validez de las hipótesis de Sorace.
En su Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos, Lardiere (2008, 2009) igualmente se pronuncia en contra de una fosilización y rechaza la idea de un cierre de partes de la GU. Según esta hipótesis, desviaciones del sistema meta que se revelan en el habla de los aprendices se deben a problemas superficiales que no demuestran representaciones fundamentalmente distintas de las nativas. Una variabilidad persistente en la interlengua de los aprendices no puede considerarse como contraejemplo de la fijación de cierto parámetro (Lardiere 2008:108). Particularmente, Lardiere argumenta en contra de dos principios de los que parte la Hipótesis de la Interpretabilidad: por una parte, critica la relevancia de la Interpretabilidad; por la otra parte, sostiene que una transferencia de la lengua materna tampoco necesita correlacionarse con una adquisición exitosa.
En lo que concierne a la interpretabilidad, Lardiere (2009: 214) establece una comparación con la fonología, basándose en los postulados de Brown (2000) y Rizzi (2005) según los cuales la percepción de ciertos sonidos se cede después de los primeros años vitales, ya que, durante la adquisición de la lengua materna, el niño elige a base de su experiencia una parte de todos los fonemas perceptibles eliminando u olvidando a la vez aquellos que resultan irrelevantes en su lengua. Es por eso que, a veces, las personas adultas no llegan a percibir todos los sonidos relevantes en pares mínimos de una lengua extranjera. Los rasgos no-interpretables, según esta perspectiva y siguiendo la Hipótesis de la Interpretabilidad, comparten esta característica de eliminarse u olvidarse si resultan irrelevantes en la L1. Lardiere (2009: 214), sin embargo, considera esta analogía errónea, puesto que una falta de percepción de cualquier rasgo morfosintáctico resulta altamente improbable.
Además, destaca que el término adquirible no se iguala a adquirido, ya que por factores del entorno el aprendiz puede o no llegar a la adquisición. La distinción entre rasgos interpretables y rasgos no-interpretables, de los cuales solo los primeros siguen siendo perceptibles o detectables en la edad adulta, carece por lo tanto de justificación. A esto, Lardiere añade que el concepto de diferenciar entre nuevos rasgos no-interpretables e interpretables es una contradicción con la supuesta uniformidad de rasgos interpretables (Lardiere 2008:110). Según la autora, esto significa que o bien las predicciones en cuanto a los rasgos interpretables resultan irrelevantes o bien no existe tal uniformidad.
Según la argumentación de la investigadora respecto a parámetros y rasgos, la Lingüística Teórica y la Lingüística Aplicada necesariamente se van a distinguir en varios puntos esenciales acerca de sus objetivos. Mientras que, siguiendo a Kayne (2005), solo la comparación entre dos lenguas o variedades cercanas que se diferencian en muy pocos rasgos puede contribuir a una teoría consolidada de microparámetros, el mismo par de lenguas resulta irrelevante en estudios de adquisición. Lardiere (2009: 188) aduce el ejemplo de angloparlantes que adquieren japonés como L2 con lo que resulta esencialmente necesario comparar dos lenguas bastante distanciadas entre sí. Esta comparación afecta tanto al lingüista que pretende concluir predicciones válidas como al aprendiz mismo que probablemente intenta solucionar los retos que se producen en la adquisición mediante los mecanismos proveídos por su propia lengua materna, especialmente respecto a la gramática:
“[…] it seems plausible to assume […] that learners will look for morpholexical correspondences in the L2 to those in their L1, presumably on the basis of semantic meaning or grammatical function” (Lardiere 2009: 191)
La verdadera problemática con la cual se ve enfrentado el aprendiz no es, entonces, la propia adquisición de los rasgos, sino la asignación de los mismos a elementos léxicos; es decir, el proceso que, según el marco teórico minimista, causa la variación (→2.6). Planteamientos como la Hipótesis de la Interpretabilidad, sin embargo, enfocan sobre todo la selección o la transferencia de los rasgos formales sin tratar en detalle su propia manifestación morfofonética.
Ilustrándolo, Lardiere aduce el ejemplo del rasgo [±pasado] (cf. Lardiere 2008:113) que no se muestra unitario al comparar distintas lenguas. Así, en inglés aparece en el verbo, donde el simple past puede interpretarse como perfectivo o irreal. Sin embargo, es posible que el presente (en su función de presente histórico) igualmente exprese un pasado. Otros elementos que los verbos no se ven alterados cuando la oración aparece en pasado. En irlandés, en cambio, hay conjunciones que llevan rasgos abiertos para codificar el pasado. Además, Lardiere (2008: 113) aduce el somalí, que utiliza marcajes de pasado en los sintagmas nominales.
A esta lista, es posible añadir un fenómeno del alemán, en el cual el uso de las conjunciones als y wenn asimismo depende del rasgo [±pasado], como se ve en (1):
| (1) | Als | er | im | Urlaub | war, | habe | ich | gekocht. |
| Cuando | él | en-el | vacación | estaba, | he | yo | cocinado. | |
| Cuando él estaba de vacaciones, cociné yo. | ||||||||
| (2) | Wenn | er | im | Urlaub | war, | habe | ich | gekocht |
| Cuando | él | en-el | vacación | estaba, | he | yo | cocinado. | |
| Siempre que él estaba de vacaciones, cocinaba yo. | ||||||||
| (3) | Wenn | er | im | Urlaub | ist, | koche | ich. |
| Cuando | él | en-el | vacación | está, | cocino | yo. | |
| Cuando él esté de vacaciones, cocinaré yo. | |||||||
| Si él está de vacaciones, cocino yo. | |||||||
Es decir, mientras que la conjunción temporal que en español se corresponde a cuando se traduce por als en contexto del pasado, la traducción es wenn al referirse al presente o futuro. Asimismo, el wenn desempeña el papel de la conjunción condicional si.
Ante este fondo, Lardiere (2008) ve demostrado que las diferencias interlingüísticas no se pueden explicar mediante el proceso de la selección de rasgos del inventario de la GU.
En conclusión, Lardiere (2008, 2009) argumenta a favor de mover el enfoque de la investigación hacia la competencia morfológica, dejando atrás la selección de rasgos sintácticos.
“Viewed in this light, the selection part of language acquisition seems easy; it’s the assembly part that’s difficult, especially if it is complicated by already having learned how features are organized and assembled in particular lexical items in one’s prior language(s).” (Lardiere 2008: 136)
En un estudio más reciente, Hwang & Lardiere (2013) aportan más evidencia a la Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos, usando un estudio sobre el uso de marcajes de plural producido por aprendices de habla inglesa que adquieren el coreano como segunda lengua. En este contexto, resumen la hipótesis en tres fases que se corresponden con pasos que necesita efectuar el aprendiz: al principio, los aprendices asumen que las configuraciones entre su L1 y la L2 se igualan, y producen una transferencia completa del ensamblaje de su sistema de partida. Así, los rasgos específicos de un elemento léxico o una forma gramatical concreta pueden resultar subespecificados en la interlengua, y así aparecer en contextos en los que la gramática de la L2 no los licenciaría. En la siguiente fase, paulatinamente el aprendiz efectúa unos cambios en la configuración por los cuales la hipótesis recibe su nombre –el ensamblaje original se altera de acuerdo con el input que reciben los aprendices–. Al final, el tercer paso se corresponde con una llegada al dominio completo del sistema meta, y este resulta posible, aunque el fenómeno en cuestión sea poco frecuente (Hwang & Lardiere 2013: 58).
La Figura 2 resume las predicciones de la hipótesis de manera gráfica. A diferencia de las hipótesis que enfocan la adquiribilidad y la inadquiribilidad de ciertos rasgos, se evidencia que la Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos se ocupa principalmente del proceso de la adquisición mismo. Dicho enfoque se manifiesta por las distintas fases que la figura ilustra.
Guijarro-Fuentes, Parafita Couto, Pérez-Tattam & Wildeboer (2016: 200-201) explican que la mayor diferencia entre la Hipótesis de la Interpretabilidad y la Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos consiste en el hecho de que, mientras que la primera postula la posibilidad de una adquisición incompleta cuando los sistemas de la L1 y de la L2 se diferencian de manera considerable (en este caso, en cuanto a los rasgos no-interpretables), la segunda meramente postula un proceso más arduo y lento (que no depende de la interpretabilidad de los rasgos). Aunque, de esta manera, se establece una clara diferencia en cuanto al último estadio de adquisición, en la práctica de investigación, una decisión entre la adecuación de una u otra hipótesis no siempre es obvia. Así, Guijarro-Fuentes et al. (2016: 225) concluyen, a partir de un estudio entre 27 aprendices neerlandeses de español como L2, que la cuestión final debe ser cuál de las hipótesis es la más adecuada. Distintas observaciones en estudios de adquisición pueden adscribirse tanto a problemas de adquirir rasgos formales, como a dificultades en ensamblar estos rasgos con los correspondientes significados. Observaciones muy similares nos acompañarán en el estudio empírico presentado en las secciones posteriores (→7-9). En el caso del estudio de Guijarro-Fuentes et al. (2016), la mayoría de los datos de los aprendices neerlandeses pudieron explicarse mediante la Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos. No obstante, en partes también la Hipótesis de la Interpretabilidad resultó adecuada.
Figura 2:
Ilustración de la Hipótesis del Reensamblaje de Rasgos
2.4 La dependencia de la teoría
Un punto en común dentro de las distintas propuestas e hipótesis dentro del marco generativista presentadas en las secciones precedentes es que presuponen un conocimiento profundo de los sistemas lingüísticos en cuestión por parte de los investigadores. Para poder revelar una transferencia de un sistema a otro es necesario poder detectarla no solamente en la superficie de las formas morfofonológicas, sino también resulta imprescindible saber cuáles son las categorías funcionales que entran en interacción. Asimismo, para probar la imposibilidad de adquirir cierta parte de la gramática, es necesario ser capaz de describir la índole de estas partes. Solo así se permite argumentar a favor de cierto defecto de la interlengua.
Schwartz & Sprouse (2000a, 2000b) advierten que en la mayoría de los estudios la interpretación de los resultados depende de la validez de la teoría subyacente al análisis lingüístico. En cuanto el marco teórico tenga que cambiarse, numerosos análisis se vuelven inútiles ya que instantáneamente carecen de fundamento. Para poder evitar esta pérdida de resultados, los investigadores tienen que ser conscientes de cuántas partes de sus descubrimientos se basan en la validez de actuales teorías generativistas y así poder construir un análisis que soporte un posible cambio en la teoría.
En el contexto de la adquisición de una L2, una diferenciación importante es la que separa la adquisición lingüística del aprendizaje general (ver arriba →2.3) La muestra del dominio de cierta construcción gramatical no es suficiente para postular la accesibilidad de la GU, ya que la misma construcción puede haberse derivado del input mediante procesos generales de aprendizaje. Es decir, aparte de una función efectiva de la GU, quedan varias otras habilidades cerebrales que podrían haber causado el dominio observado. Así, resulta un problema evidente de falsabilidad de todas las explicaciones alternativas.
Por otro lado, las desviaciones del sistema meta tampoco demuestran de manera inequívoca que la GU ya no fuera accesible. En este respecto, Schwartz & Sprouse (2000a: 181) comparan algunos estudios, que descubrieron que desviaciones originalmente utilizadas para argumentar en contra de la accesibilidad de la GU (cf. Clahsen & Muysken 1986, Klein 1993, 1995) asimismo hallan en el habla de niños durante el proceso de la adquisición de la L1 (cf. Dekydtspotter, Sprouse & Anderson 1998). Por lo tanto, los argumentos primeros quedan inválidos. ¿Cómo se puede, entonces, mostrar o bien la accesibilidad permanente o bien el cierre de la GU?
Asimismo, los autores resaltan la observación absurda hallada en algunos estudios que consiste en la aplicación de métodos proveídos por esta misma teoría o por estudios previos del campo para argumentar en contra de ella.
De acuerdo con estas observaciones, resulta necesario un método alternativo. Una propiedad de ciertos fenómenos lingüísticos bastante válida para argumentar a favor de la participación de (partes de) la GU, es la denominada pobreza del estímulo (Chomsky 1981, 1988, Schwartz & Sprouse 2000a). Este término se refiere a aquellas características del lenguaje que no se pueden evidenciar en el habla natural, ya que lógicamente necesitarían un input negativo que no existe en el lenguaje natural. Como los niños suelen ignorar correcciones por parte de los padres u otros adultos, sin que por eso fallen en adquirir el sistema completo, estos fenómenos son esenciales para apoyar la asunción sobre la existencia de la GU en la adquisición de la L1. En lo que concierne a la L2, los mismos fenómenos pueden usarse para investigar el posible cierre de la accesibilidad de la GU (Schwartz & Sprouse 2000a: 177), especialmente si estos no se enseñan en clase. Solo si se evidencia una adquisición de tales fenómenos en la interlengua de los aprendices, resulta válida una argumentación a favor de la permanente intervención de GU.
En este contexto, es importante destacar el carácter teórico de cualquier descripción generativista de las lenguas. Teniendo en cuenta los distintos cambios, sobre todo desde las ideas pre-minimistas hasta la versión actual de la teoría (cf. por ejemplo Chomsky 1981 frente a Chomsky 1995, 2001), no sorprende que en numerosos casos los datos que se recogieron en un estudio en los años 80 puedan reinterpretarse según versiones más recientes del generativismo. No puede excluirse que hallazgos más recientes y nueva evidencia requieran una ampliación de la teoría original (Schwartz & Sprouse 2000b: 158).
Para las investigaciones en la adquisición de una L2, estas observaciones tienen consecuencias en dos respectos: por un lado, unos datos que anteriormente se utilizaron para mostrar que la interlengua contiene construcciones no permitidas por la GU, posteriormente pueden resultar compatibles con nuevas teorías. Por otro lado, los datos que en estudios previos se analizaron como compatibles con la GU, podrían reinterpretarse de tal manera que estas construcciones efectivamente sean resultados de procesos de transferencia, puesto que dicho fenómeno igualmente está definido de acuerdo con las teorías lingüísticas más actuales.
Ante esta observación, Schwartz & Sprouse (2000b) proponen cambiar la metodología misma para eliminar, o al menos reducir, cualquier dependencia de posibles debilidades de la teoría que se aplica. Por un lado, queda la investigación en fenómenos de la pobreza del estímulo para poder concluir la adquisición de propiedades del sistema gramatical subyacente a la lengua. Pero, por otro lado, falta un método válido para analizar los datos que revelan desviaciones del sistema meta. Según la propuesta de Schwartz & Sprouse (2000b), conviene una comparación con una tercera lengua. Esto se ilustra a partir de un ejemplo de un estudio sobre un hablante turco que adquiere el orden de palabras en alemán (Schwartz & Sprouse 1994). En un estadio intermedio el hablante pasa por una fase en la que produce construcciones que contienen una inversión de sujeto y verbo solo cuando el sujeto es un pronombre. En frases sin sujetos pronominales, la misma inversión no se produce. Esta diferenciación entre sujetos pronominales y no-pronominales no forma parte ni del sistema de partida, el turco, ni tampoco en el sistema meta, el alemán. Es decir, el aprendiz parece desarrollar una estrategia sorprendente de la que no hay evidencia en ninguna de las dos lenguas implicadas. La única explicación lógica, por lo tanto, puede ser que el hablante dedujera estas construcciones directamente del input.
“In short, there is a poverty of stimulus problem here, in the sense that neither the L1 grammar nor the L2 surface patterns can account for a property of this Interlanguage system.” (Schwartz & Sprouse 2000b: 175)
Curiosamente, no obstante, hay lenguas naturales que sí se caracterizan por esta propiedad. Según Schwartz & Sprouse (1994, 2000b), un ejemplo en este respecto es el francés. Schwartz & Sprouse (200b: 175) argumentan que, como la teoría generativista en general tiene que poder explicar los fenómenos del francés, los mismos mecanismos pueden servir para explicar la gramática de una interlengua. De esta manera, por lo tanto, se evita una dependencia de una teoría sobre las características de la GU. Como el francés es una lengua natural, por definición tiene que estar dentro de los sistemas posibilitados por la GU, independientemente de cualesquier descubrimientos teóricos. Como las construcciones dentro de la interlengua resultan equivalentes a similares construcciones francesas, es lógico que igualmente tengan que estar permitidos por la GU.
Como estas observaciones y consideraciones teóricas sobre la dependencia de las hipótesis son esenciales en el campo de las propiedades del verbo, un punto importante de las siguientes secciones consiste en la descripción de las generalidades de los sistemas verbales lingüísticos. El verbo se mostrará especialmente apropiado e interesante para contrastar las debilidades y fuerzas de los distintos planteamientos presentados.
2.5 La variación paramétrica
La dependencia de las teorías vista en la sección 2.4 ilustra un punto importante que concierne al sistema temporal-aspectual del español. Se verá en las siguientes secciones qué problemas se producen a la hora de aplicar las hipótesis acerca de la adquisición de los rasgos a la adquisición de las formas del pasado en español. Esto concierne a la prevalencia de rasgos temporales o aspectuales. En referencia al futuro, se va a evidenciar que, aunque en menor medida, también se pueden hallar distintas explicaciones que determinan la alternancia entre la forma sintética y el futuro perifrástico.
Según Roberts (2014), la diferenciación entre los macro- y microparámetros no es un contraste nítido proveído por parte de la GU, sino un constructo para facilitar el aprendizaje, y así la adquisición, de la gramática de la lengua en cuestión. Esto explica también por qué en la bibliografía falta una definición precisa que aclare el límite entre los dos conceptos (Roberts 2014: 188-191). Lo único compartido es que los macroparámetros, en general, tienen un efecto mayor y hay menos de ellos. Sin desatender las observaciones que han causado la creación de los microparámetros, su modelo debe mantener la adecuación explicativa.
Según Roberts (2014), es precisamente el efecto de la pobreza del estímulo el que contradice a la creación de microparámetros estrictamente locales si estos se consideran como conceptos opuestos y alternativas a los macroparámetros. Es decir, los microparámetros, que aumentan el número de posibles gramáticas permitidas por la GU, no solamente complican la investigación lingüística teórica, sino que también representan una dificultad insuperable para el niño de adquirir la lengua en poco tiempo. Así, fallan en la explicación del problema lógico.
Para no prescindir de las ventajas que han traído las definiciones de los microparámetros (compárese Domínguez 2014), Roberts (2014) propone un modelo que posea una adecuación explicativa, implicando las ideas originales de macroparámetros con mayores efectos. La solución propuesta se inspira en la separación entre morfología y sintaxis. Se ha evidenciado que, en algunas lenguas, se presentan elementos que por una parte son clasificables como morfológicos, pero también llevan consigo efectos sintácticos mayores. La sintaxis se refiere a elementos más grandes, mientras que la morfología queda restringida a elementos mínimos. La diferencia está en la escala.
Igualmente, Roberts (2014) propone considerar los macroparámetros como acumulación de varios microparámetros. Esta acumulación no está definida a priori, ni tampoco resulta inseparable. Igual que hay fenómenos en los que no existen definiciones claras para distinguir la morfología de la sintaxis (en algunos contextos se prefiere el término morfosintaxis), tampoco existe un límite establecido entre la variación micro- y macroparamétrica. Esta definición tiene la ventaja de que una delimitación exacta se vuelve redundante. Igual que la distinción entre morfología y sintaxis, la diferencia entre micro- y macroparámetros se refiere a la escala sin que exista una delimitación nítida. El modelo toma la forma de jerarquías que guían la adquisición. Los macroparámetros se sitúan en el nivel superior, y en niveles inferiores se separan en más y más microparámetros.
Los macroparámetros, consiguientemente, se reducen a parámetros aparentes que facilitan el proceso de adquisición sin excluir una posible desviación de sus predicciones para adaptarse al input que recibe el hablante durante la adquisición. El proceso de la adquisición se esquematiza recorriendo la jerarquía desde arriba hacia abajo, empezando con los macroparámetros más generalizados hasta llegar a los microparámetros ligados a elementos léxicos singulares. Según Roberts (2014), el adquirente desciende la jerarquía hasta llegar al primer punto en el cual el input ya no causa ninguna contradicción con las opciones que presenta el parámetro. En este momento, el parámetro se fija, y un retroceso es imposible. Todo este proceso cumple dos requisitos esenciales para el minimalismo: la economía de rasgos y la generalización del input. La primera condición alude a la idea de economizar el proceso de la adquisición de modo que se prefieren aquellas representaciones gramaticales que hacen uso de menos rasgos. El segundo punto resume la tendencia a sobregeneralizar los rasgos percibidos hasta que se contradigan con el input.
Así, el modelo de Roberts (2014) cumple con ambos deseos teóricos: como se permite un descenso hasta el nivel más bajo de elementos léxicos singulares, incluye todas las gramáticas posibles. Simultáneamente consigue implicar el problema lógico de la adquisición: como, en algún momento determinado, los parámetros se fijan, se sobreentiende una generalización hacia fenómenos gramaticales no percibidos en el input. En lugar de plantear la oposición entre micro- y macroparámetros en la gramática misma, Roberts (2014:190) afirma que se trata una propiedad de optimación del aprendizaje que armoniza el input con las opciones provistas de la GU. Visto así, la función de la GU consiste en la suministración de los rasgos, pero no afecta a cómo cada lengua termina aplicándolos. Así, Roberts (2014) replica a la posición tomada por Chomsky (2008) y Domínguez (2014) según la cual hay una diferencia crucial entre las dos interfaces sintaxis/semántica y sintaxis/fonética (recuérdese →2.1.1).
Aplicado a la adquisición de segundas lenguas, este modelo tiene diversas implicaciones. Al asumir un efecto de la L1 (→2.1.2) de cuyo sistema parte el aprendiz; es decir, al adoptar un marco teórico que resalta la necesidad de refijar/resetear los parámetros, se deduce la tarea de adquisición siguiente: el aprendiz tiene que efectuar un retroceso hacia arriba en la jerarquía hasta encontrarse con la diferenciación más fundamental entre el sistema de la L1 y el de la L2. Así, cuanto más se diferencian los dos sistemas, tantos más niveles tiene que ascender el aprendiz. En el modelo, la transición entre aprendizaje y adquisición (una diferenciación importante para la adquisición de lenguas extranjeras por parte de alumnos instruidos →5.1.5) también resulta difusa. Mientras que la fijación de los parámetros sí es un proceso innato, tal y como se propuso en los orígenes del generativismo, la separación de las acumulaciones resulta más bien un proceso de aprendizaje, desencadenada por el input.
Ante este fondo, se va a considerar tanto la adquisición de los valores paramétricos que, evidentemente, diferencian el sistema aspectual español del sistema alemán como los distintos rasgos interpretables y no-interpretables necesarios para procesar los efectos aspectuales que se producen. Es decir, se combinarán elementos de los distintos modelos. Los detalles de esta combinación de elementos que considera la descripción exacta de los fenómenos implicados se describen en la sección →7.1. En el modelo de las jerarquías de parámetros (Roberts 2014), una diferencia mayor entre L1 y L2 provocaría una mayor dificultad para la refijación de los parámetros. Sin embargo, no puede rechazarse la idea de Lardiere (2008, 2009) de que un reensamblaje de los rasgos similares resulta un proceso necesario en la adquisición cuando se habla de la asignación entre formas y significados. Además, se considerarán elementos de la Hipótesis de la Interpretabilidad de tal manera que la adquisición de algún rasgo puede resultar más difícil que la adquisición de otro. Respecto a la interpretabilidad, sin embargo, se mostrará que aquí la dependencia de la teoría resulta más fuerte que en otros planteamientos generativistas, especialmente en lo que concierne al sistema verbal.
El objetivo del estudio empírico (→7-9) es demostrar que, por un lado, un aprendiz alemán del español como L2 empieza desde una posición más difícil que un aprendiz anglófono ya que las diferencias paramétricas entre su L1 y el español son mayores. Por otro lado, también se evidenciarán algunas similitudes que pueden explicarse a través de variaciones microparamétricas. Aquí, el modelo de Roberts (2014) resulta sorprendentemente apto: como el alemán no presenta ningún rasgo aspectual, es necesario refijar un parámetro bastante alto. Los aprendices anglófonos, en cambio, ya poseen una noción de aspecto.
Posteriormente a la fijación de parámetros, ambos grupos han de asignar los rasgos específicos a las distintas formas. Dado que, por las diferencias paramétricas, algunos rasgos resultan inadquiribles, los aprendices recurren a estrategias de aprendizaje desviadas del sistema meta (en el sentido de Hawkins & Hattori 2006) para compensar la inaccesibilidad de ciertas áreas gramaticales. En los resultados, resalta la diferencia en las estrategias usadas: los participantes anglófonos utilizan una estrategia que sí se basa en rasgos aspectuales (aunque sean del aspecto léxico), los alemanes se quedan en la superficie buscando lexemas particulares en los que basan su selección.
2.6 Asunciones sobre la variación: establecer el marco teórico
Después de haber presentado las generalidades y los puntos críticos de las diversas teorías, es necesaria una aclaración de las asunciones que se toman a continuación.
Los datos provenientes de los estudios en las secciones anteriores evidencian de manera muy clara que la hipótesis de la diferencia fundamental no puede verificarse. Consecuentemente, en lo siguiente será asumida una función esencial de procesos innatos específicos de la adquisición de lenguas (domain-specific) y, por lo tanto, en algún sentido, un acceso a la GU. Aquí, “en algún sentido” quiere decir que, de acuerdo con lo que ha revelado Lardiere (2009), el reensamblaje de rasgos se presenta como difícil, y una interferencia ejercida por el sistema de la L1 nunca podrá evitarse.
Siguiendo a Slabakova (2009), Ayoun & Rothman (2013) resaltan que, en lugar de plantear la cuestión de una existencia de diferencias fundamentales entre la adquisición de primeras y segundas lenguas, es necesario describir el proceso mismo de la adquisición. Solo esta descripción puede contribuir a una comprensión más profunda de los procesos implicados. Es esencial explicar cómo se reensamblan los rasgos, debido a qué factores el reensamblaje se ve dificultado, y si puede resultar imposible debido a inaccesibilidades parciales.
La explicación de la variación a partir de una oposición jerárquica entre micro- y macroparámetros (Roberts 2014) resulta particularmente relevante en este contexto. Es decir, si la L1 y la L2 en cuestión se diferencian solo a través de distintos microparámetros, la tarea del reensamblaje va a reducirse a pocos pasos. En cambio, una diferencia en cuanto a los macroparámetros requiere un reensamblaje más costoso. El aprendiz tendrá que retroceder toda la jerarquía hasta aquel punto en que se encuentre el macroparámetro responsable para la variación, disociarlo de su valor nativo, y asignar todos los rasgos subordinados a las formas correspondientes.
Las secciones siguientes se ocuparán del sistema verbal que afecta a varias interfaces entre sintaxis, semántica y pragmática, y –como se va a demostrar– que representa un área muy apta para examinar las distintas predicciones de las varias hipótesis presentadas.
Se partirá de la base de que sí se mantienen procesos específicos de la adquisición del lenguaje. Sin embargo, la comparación entre las distintas configuraciones de los rasgos en las dos lenguas implicadas (L1 y L2) va a ser fundamental para explicar distintos modelos de adquisición. Por esto, se eligen las lenguas alemán y español que, en lo que concierne al sistema verbal, representan configuraciones extremamente diferentes.
Para poder formular afirmaciones sobre la adquiribilidad de ciertos rasgos, y así concluir a favor o en contra de la accesibilidad de la GU, en primer lugar, se precisa una descripción detallada de los sistemas implicados. Concretamente, se mostrará que el español y el alemán se diferencian en un nivel macroparamétrico, ya que solo en la primera lengua existen marcajes del aspecto gramatical que interactúa con las nociones de los tiempos del pasado. Para poder adquirir una competencia del sistema meta, el hablante alemán necesita comprender e interiorizar el concepto del aspecto gramatical, lo que, a su vez, requiere la accesibilidad de dichos rasgos.
3 Un ejemplo de la adquisición de rasgos: Los sistemas temporal-aspectuales
3.1 Modelos temporal-aspectuales: definiciones generales y problemas
El verbo representa el núcleo del predicado de toda oración, y por lo tanto es esencial y central para cualquier ámbito al que concierne la lengua en cuestión. Codifica informaciones relevantes del evento o de la acción que se describe, y establece relaciones entre los diversos actuantes y entidades afectadas. Así, el adquiriente (tanto de primera como de segunda lengua) entra en contacto con esta categoría desde el principio, y le será difícil aplicar cualquier estrategia de evitación (Guijarro-Fuentes 2005a: 142). Esto es, resulta altamente complicado evitar el tema en sí, o sustituirlo por usos de paráfrasis o sinónimos (véase Faerch & Kasper 1980: 91). En otros fenómenos gramaticales, estrategias similares se atestan frecuentemente entre aprendices de segundas lenguas (Kleinmann 2006; consúltese también Cohen 2014, Williams & Burden 1997). Aparte de esta inmensa importancia que posee el verbo gracias a su función, resulta igual de inmensa la complejidad de los rasgos que lo constituyen. El verbo no solamente establece las relaciones, sino también especifica la acción efectuada según el tiempo, el aspecto y el modo, y aporta sus propios rasgos léxicos que resultan imprescindibles para comprender cualquier oración.
Centremos, en lo siguiente, la atención en las nociones de tiempo y aspecto. Especialmente en las clases de español como lengua extranjera, los tiempos del pasado (que dependen del contexto temporal-aspectual de manera crucial) se perciben como inherentemente difíciles y complicados (Comajoan 2014, Salaberry & Ayoun 2005, Salaberry 2008).
En esta sección, por consiguiente, el objetivo es la introducción al sistema verbal y la presentación de su complejidad inherente. Empezando con las generalidades y las definiciones de tiempo y aspecto, va a ser enfatizada, posteriormente, la descripción detallada del sistema verbal español y sus contrastes con otras lenguas, especialmente el alemán. Así, se va a crear una base sólida para presentar el estudio empírico sobre la adquisición de las formas verbales por parte de aprendices alemanes en comparación con hablantes de otras lenguas maternas.
A nivel teórico es muy importante diferenciar nítidamente entre los conceptos tiempo verbal, aspecto léxico y aspecto gramatical. Todos codifican informaciones que dependen del traspaso del tiempo real, pero se distinguen en cuanto a los elementos que enfocan: el tiempo gramatical se relaciona con factores externos, el aspecto gramatical depende del contexto interno de la oración concreta, y el aspecto léxico se define por elementos inherentes al verbo en sí. En la realidad lingüística y en la aplicación empírica, sin embargo, los tres conceptos no siempre resultan claramente separables porque pueden codificarse en la misma forma verbal. Especialmente en el contexto del español, los conceptos de tiempo y aspecto gramatical aparecen inseparablemente fusionados, lo que ilustra el siguiente ejemplo.
(4) Mariana leyó el libro entero.
Se evidencia que, en (4), el verbo leyó codifica varias informaciones de manera simultánea: entendemos que se trata de una acción de lectura, que el evento tuvo lugar en un pasado, y que la acción se realizó de manera completa (Zagona 2007). Contrasta, por lo tanto, con la siguiente frase:
(5) Mariana leía el libro entero.
En (5) no sabemos si la acción se llevó a cabo o no. Puede darse el caso de que se describa solamente la intención del sujeto (Mariana leía el libro entero, pero no lo consiguió), que se resalte la noción de que la acción está en trascurso (Mariana leía el libro entero cuando sonó el teléfono), o que es una costumbre (Mariana leía la biblia entera cada seis semanas).
3.2 Modelos con enfoque en la similitud entre tiempo y aspecto
Uno de los primeros modelos se encuentra en la obra de Reichenbach (1947). Partiendo de la observación de que las relaciones temporales pertenecen a una “rather complex structure” (Reichenbach 1947: 288), intenta definirlas a través de tres parámetros para simplificar el análisis. Estos tres parámetros se conocen bajo los términos point of speech (‘momento del habla’), point of event (‘momento del evento’) y point of reference (‘momento de referencia’) que suelen abreviarse mediante las siglas S, E y R, respectivamente (Reichenbach 1947: 288-290). ellos, pueden establecerse relaciones de anterioridad, simultaneidad, y posterioridad. Estas relaciones son binarias, por lo que, para conectar los tres parámetros, necesitan usarse dos de ellas por cada tiempo verbal –el simple past del inglés, por ejemplo, se describe por una simultaneidad entre E y R, donde R es anterior a S, mientras que, en el simple present, todos los puntos son simultáneos–. Dado que la anterioridad y la posterioridad representan funciones inversas, Reichenbach (1947: 297) demuestra que resultan trece combinaciones posibles.
Ante el hecho de que con este modelo se trata de uno de los primeros acercamientos a la descripción sistemática de los tiempos verbales, resulta obvio que presenta un par de problemas. Así, algunos de los tiempos se definen por varias combinaciones. Así, el futuro perfecto (anterior future, en la terminología de Reichenbach), se caracteriza por el punto de referencia R posterior a S y E. Estos, sin embargo, pueden ser simultáneos, S puede ser anterior a E, y E puede ser anterior a S. Como las relaciones que presentan forma y significado nunca resultan perfectas (Lardiere 2009 →2.3), esta variedad de posibilidades no necesariamente tiene que presentar una debilidad del sistema. No obstante, es un indicio de que depende altamente del sistema verbal inglés, lo que dificulta su aplicación a otras lenguas de forma más general.
De manera más crucial, se evidencia que el modelo no ofrece posiciones para todos los tiempos verbales. Reichenbach mismo reconoció este problema, al querer incluir el progresivo inglés en el sistema (I was seeing John. ‘Estaba viendo a John.’, Reichenbach 1947: 290). Su solución intentada es la sugerencia de que “[i]n some tenses, an additional indication is given concerning the time extension of the event” (Reichenbach 1947: 290). Al considerar otras lenguas, en cambio, se evidencia la falta de más casillas. Así, por ejemplo, el pretérito perfecto simple de las lenguas románicas (→4.1), que define una relación clara entre momento de habla y el evento sin establecer ningún punto de referencia, cae fuera del sistema. Haßler (2016:19) argumenta que, efectivamente, la oposición entre las formas castellanas vi y veía, que forma el tema central de las siguientes secciones (→4.2), no se ve reflejada en el sistema de Reichenbach.
Por estas razones, el modelo ha sido ampliado varias veces (véase p.ej. Giorgi & Pianesi 1997), pero también recibió fuertes críticas (Arche 2014a, 2014b, Carrasco Gutiérrez 2000: 2073, Fábregas 2015: 9). Los dos defectos esenciales consisten en el hecho de que no representa un análisis exhaustivo, y que no representa un acercamiento binario (González 2003: 11).
Klein (1992: 109), por ejemplo, critica que Reichenbach (1947) no aporta una definición exacta del momento de referencia, y presupone su existencia de forma intuitivamente dada. Klein (1992) argumenta, consiguientemente, que este parámetro resulta escasamente útil. En su modelo, descrito detalladamente en Klein (1994)1, pretende perfeccionar las ideas generales, e igualmente propone la combinación de tres parámetros. La diferencia más importante, en comparación con Reichenbach (1947), es que Klein (1992) argumenta que las dos relaciones que necesitan establecerse no son equiparables, sino una de ellas concierne al aspecto, y la otra al tiempo.
Propone los parámetros TU, TT y TSit. Mientras que TU (Time of Utterance) y TSit (Situation Time) igualan en la mayoría de los aspectos a los conceptos S y E de Reichenbach (1947), TT (Topic Time) es un concepto innovador. Otra diferencia fundamental es que Klein (1992) en vez de hablar de momentos puntuales, habla de manera explícita de intervalos. Únicamente el TU podría seguirse entendiendo como punto temporal, aunque en realidad también equivale a un intervalo de una longitud relativamente corta.2 La longitud de todos estos tres intervalos temporales es variable y puede extenderse a voluntad del hablante, de acuerdo con el contexto dado.
Con TT se refiere al tiempo sobre el cual se hace una afirmación; el concepto de TSit, en cambio, implica el intervalo temporal en el cual el evento tiene lugar. La diferencia se ilustra a partir del siguiente ejemplo, introducido como declaración ante un tribunal el día 3 de octubre de 1999:
(6) Jorge no puede haber sido. Jorge estaba en Heidelberg. Llegó allí el 27 de septiembre, y no ha salido de la ciudad desde entonces.3
En este ejemplo, se ve que el hablante eligió varios tiempos verbales, aunque todos los verbos aparecen en una forma del pasado. Las formas concretas no se han elegido de manera arbitraria: de los eventos a los que se refiere el enunciado, no todos se encuentran completamente antes del momento del habla. Así, por ejemplo, por el contexto se infiere que el estado Jorge está en Heidelberg se extiende hasta el momento del habla, y sigue siendo válido. Por esta razón, la frase citada mantendría su sentido, aunque el tiempo se cambiara por una forma del presente (Klein 1992: 109). De esta extensión durante la cual el evento se mantiene (TSit), el hablante elige un subintervalo propio (TT), que se sitúa completamente en el pasado. En este caso TT equivale al 27 de septiembre.
Klein (1992) sostiene que el tiempo verbal únicamente relaciona TU con TT, mientras que la relación entre TT y TSit se expresa mediante el aspecto. Entre TU y TSit, es decir, entre el momento del habla y el momento del evento, no existe ninguna conexión inmediata. Las relaciones aspectuales se definen de manera significativamente distinta de las temporales. El aspecto es imperfectivo cuando TSit incluye a TT en su totalidad. En cambio, cuando TT incluye a TSit, o alternativamente se solapan los intervalos, el aspecto es perfectivo. Además, Klein define el aspecto perfecto, que alude a constelaciones en las que TT está incluido en el intervalo posterior a TSit. Por último, en el caso en el cual TT está incluido en el intervalo anterior a TSit, Klein (1992: 113) lo llama aspecto progresivo.
El modelo no separa nítidamente el aspecto gramatical del aspecto léxico. En vez de ello, subdivide los predicados verbales en componentes finitos e infinitos. Mientras que el componente infinito concierne solamente al léxico, el finito se soluciona en la gramática. La parte finita, a su vez, igualmente está compuesta por una carga léxica y otra gramatical.
Klein (1992) resalta que en su teoría se ilustran relaciones abstractas y teóricas. Aunque son propiedades universales del lenguaje, las lenguas específicas pueden variar en cómo conectar una forma verbal concreta con estas relaciones abstractas (Klein 1992: 110). Las diferencias interlingüísticas que así resultan causan los problemas observados en hablantes de segundas lenguas (→5.1). En su argumentación, Klein (1992) se refiere sobre todo a las lenguas germánicas, y aduce ejemplos del inglés y del alemán.
3.3 Definiciones del aspecto léxico: los modelos de Vendler y Verkuyl
Puesto que el aspecto, al contrario que el tiempo, no se define en relación con el momento del habla, no representa una categoría deíctica (Comrie 1976: 5). Por esta razón, se trata de un fenómeno lingüístico que, consecuentemente, puede tener su realización tanto en la gramática como en el léxico. Mientras que el aspecto gramatical está sujeto a variaciones al comparar distintas lenguas, el aspecto léxico se corresponde con rasgos semánticos inherentes al predicado verbal, y por lo tanto es universal. Su determinación no depende de propiedades concretas de una lengua específica. Esto, sin embargo, no quiere decir que sea morfológicamente visible (Ruiz-Debbe 2005:2005).
Es decir, aunque se trata de una categoría universal, su opacidad dificulta su determinación. Consecuentemente, también se crearon distintos modelos y acercamientos.1 Una clasificación pionera de los sintagmas verbales se efectuó por Vendler (1957) a cuyas clases verbales pueden asignarse todos los verbos sin que aparezcan en una oración concreta. Aunque creadas en un contexto de la filosofía y no de la lingüística2, sus categorías representan una de las primeras clasificaciones sistemáticas, y quizás la más conocida. En ella se definen las cuatro categorías estados, actividades, realizaciones y logros.3
A través de un análisis de ejemplos concretos, contrasta varios verbos entre sí, argumentando que “the use of a verb may also suggest the particular way in which that verb presupposes and involves the notion of time” (Vendler 1957: 143). Así, por ejemplo, estados y logros se separan de actividades y realizaciones, de manera que verbos de las dos primeras categorías resultan incompatibles con el progresivo inglés. Actividades y realizaciones se diferencian en cuanto a las propiedades del inicio y del término de las acciones. Mientras que una realización conlleva un punto de término inherente que se define por la carga léxica, este es arbitrario en el caso de las actividades. Con esta distinción, Vendler (1957) diferencia predicados claramente definidos como to run a mile (‘correr una milla’) de predicados menos definidos como to run (‘correr’). En su argumentación, la proposición correspondiente de actividades es verdadera en cada subintervalo de su duración. En el caso de realizaciones, en cambio, la proposición depende de la totalidad de la duración, y es falsa en subintervalos propios.
Finalmente, Vendler (1957: 146) separa los estados de logros por la noción de la puntualidad. Mientras que los estados son continuos, los logros ocurren solo en un momento temporal concreto. Comrie (1976: 41-51) demuestra que estas pruebas corresponden a la determinación de tres rasgos semánticos: la puntualidad frente a la duratividad, la telicidad frente a la atelicidad, y la estatividad frente a la dinamicidad. La telicidad ocupa un papel esencial en las teorías sobre el aspecto; concierne al punto de culminación de la acción. Mientras que este es arbitrario en el caso de predicados atélicos, los predicados télicos los determinan de manera definida. En este contexto, Salaberry (2008: 50-54) argumenta que la determinación de la telicidad no siempre resulta obvia, sino que tiene que averiguarse mediante distintas pruebas. Una prueba común, encontrada entre otros en Salaberry (1999), es la respuesta a la siguiente prueba de entrañamiento (“entailment test”, Salaberry 1999: 160):
¿Si detengo la acción V antes de su terminación, he hecho V igualmente?
En el caso de que se conteste con sí, el predicado V es atélico. En caso contrario, es télico. Otras pruebas conciernen a la posibilidad de combinaciones con preposiciones como en y por (Klein 1992, Giorgi & Pianesi 2004).
Teniendo en cuenta los tres rasgos, la clasificación vendleriana puede traducirse de la siguiente manera: estados carecen de dinamicidad, telicidad y puntualidad. Las actividades son dinámicas, pero carecen de los otros dos rasgos. Las realizaciones son dinámicas y télicas, y los logros se caracterizan por cumplir todos los tres rasgos a la vez (véase Montrul 2004: 94). Vendler (1957) ofrece listas largas de ejemplos para subrayar la validez de su clasificación. Admite, sin embargo, que la asignación de algunos verbos puede resultar difícil por la existencia de lecturas desviadas.
En respuesta al modelo filosófico de Vendler, aplicando un punto de vista más lingüístico, Mourelatos (1981) quiere demostrar que las cuatro clases vendlerianas necesitan ser modificadas a través de una aplicación de conceptos lingüísticos más exactos. Por ejemplo, subraya la diferencia entre sustantivos contables e incontables que contribuyen de manera crucial a la diferenciación entre actividades y realizaciones.
Mourelatos (1981) critica algunas partes de la argumentación de Vendler, como por ejemplo la prueba del progresivo inglés que no parece una prueba adecuada en cuanto a logros4 (Mourelatos 1981: 193). Asimismo, no se muestra convencido de que las realizaciones no sean divisibles en partes más pequeñas, argumentando que “he was running a mile” también es verdadero en cada momento de la acción, e incluso aunque esta no se lleva a un término (ilustrando la paradoja imperfectiva, véase abajo). De manera más técnica, Gennari (2003) propone la siguiente formulación de la observación:
“A sentence Q(i) is stative iff it entails that Q is true at all instants within i. A sentence Q(i) is an accomplishment/achievement (or a telic event) iff it entails that Q is false at all subintervals of i (where i is the minimal interval at which the change of state takes place). Q(i) is an activity (or an atelic event) iff it entails that Q is true at all subintervals of i down to a certain limit of size.” (Gennari 2003: 48)
El último suplemento “down to a certain limit of size” debe entenderse de tal manera que excluya intervalos más pequeños para evitar que los estados constituyan un subconjunto de las actividades. En referencia al futuro, por ejemplo, hay que constatar que, al enunciar un predicado télico marcado con el futuro, se implica un valor de verdad positivo en un punto de tiempo posterior al punto de habla. Según la definición de la telicidad, no puede obtener un valor positivo en otro momento, con lo cual la afirmación es falsa durante el punto de habla (cf. Gennari 2003: 49). Consiguientemente, su verdad ha de interpretarse en relación con un intervalo temporal ampliado. Lo mismo vale para afirmaciones en el pasado.
Como último punto dentro de su crítica, cabe mencionar que Mourelatos (1981) aduce algunas oraciones que demuestran que no todos los verbos pueden clasificarse de manera unívoca en una de las clases sin considerar su función entera en la oración. Un ejemplo es ver (Mourelatos 1981: 200) cuyo significado, en un grado alto, depende del contexto. Por esta razón, Mourelatos (1981: 196) resalta que no debería hablarse de tipos de verbos sino de tipos de predicaciones. La afirmación de que, aparte de algunos usos desviados, todos los verbos pueden asignarse de manera inequívoca a una de las cuatro clases, por lo tanto, no concuerda con las realidades lingüísticas. Salaberry (1999) menciona que, en algunos casos, ni siquiera los expertos llegan a un acuerdo unánime en la determinación del contexto.
En conclusión, la clasificación introducida por Vendler (1957) representa un punto de partida muy adecuada para la descripción del aspecto léxico. Sin embargo, su aplicación no se da de manera evidente en todos los casos, y requiere algunas modificaciones severas para poder explicar todas las implicaciones aspectuales existentes. A pesar de estas observaciones acertadas, en general puede seguirse a Martínez Baztán (1994) que destaca el factor facilitador de la clasificación a la hora de analizar datos empíricos de la adquisición:
“Está clara su eficacia si pensamos que da respuesta al caos que normalmente aparece al analizar las producciones pasadoaspectuales de cualquier extranjero que no domine la lengua.” Martínez Baztán 1994: 35)
En un modelo refinado más reciente, Verkuyl (1999, 2002) pretende optimizar las clases de Vendler de manera puramente formal y computacional. La parte central de su planteamiento es el argumento de que, en vez de utilizar el término aspecto léxico, que sugiere una determinación en el lexicón y no en la oración, es preferente la consideración del sintagma VP como conjunto entero. Así, habla del aspecto predicacional que hace alusión al sintagma completo.
El aspecto predicacional se define como binario y de forma composicional. Es decir, puede presentar dos valores (terminativo y durativo, en la terminología de Verkuyl), y puede explicarse a partir de un análisis de sus elementos constituyentes. Una ventaja esencial del planteamiento de Verkuyl (1999) es su compatibilidad con los enfoques generativistas: de la misma manera que una oración sintácticamente puede analizarse de manera binaria, también es posible un análisis parecido del sintagma verbal en cuanto a su aspecto predicacional.
Según Verkuyl (2002), influyen dos rasgos atómicos que se sitúan en el verbo, en su complemento y en el sujeto de la oración. El verbo léxico está marcado por el rasgo [±ADDTO] que distingue entre estados (valor negativo) y procesos dinámicos (valor positivo). Los sintagmas nominales, a su vez, conllevan el rasgo [±SQA]. Aquí, el valor positivo indica que la cantidad de objetos denotados está determinada. Verkuyl (2002: 3) advierte, sin embargo, que su valor no se corresponde con la definitud del sintagma, sino que se trata de un rasgo enteramente semántico.
Según Verkuyl (2002), la determinación del aspecto predicacional se produce en dos pasos. En primer lugar, se produce el valor aspectual del sintagma VP por una combinación entre el verbo y su complemento, después de la cual el valor del vP5 viene determinado por la adición de un sujeto. En estos procesos, el punto central de su argumentación es el Principio Plus (Verkuyl 1999, resumido en Verkuyl 2002: 5) que dice que todos los elementos presentes en la frase necesitan llevar un rasgo positivo para que el evento se entienda como terminativo. Es decir, un único valor negativo convierte el evento a un evento durativo. La composición entre el verbo y su complemento determinan el valor del sintagma VP, que, en el segundo paso, actúa como unidad. El vP, entonces, contiene todos los rasgos aspectuales que resultan por la composición entre VP y el sujeto.
Aunque la sintaxis desempeña un papel importante contribuyendo a la interacción entre sujeto, complemento y verbo, en los procesos descritos se determina únicamente el aspecto interior de la frase atemporal (Verkuyl 2002: 3). El aspecto exterior, en cambio, se determina por el aspecto gramatical, una vez la flexión aparece.6 Es decir, igual que el tiempo verbal, se específica por morfemas gramaticales. Sin embargo, es importante resaltar que los rasgos del VP no igualan a los rasgos del verbo léxico. En este respecto, Verkuyl (2002) critica a Vendler (1957), que no efectúa una delimitación suficientemente nítida entre el aspecto verbal y el aspecto predicacional.
Ignorando este punto específico, sin embargo, sí se ofrece la posibilidad de comparar las distintas clasificaciones. Considerando los rasgos definidos por Comrie (1976) que se basan en las deliberaciones de Vendler (1957), se revela que el único concepto no integrado por Verkuyl es la particularidad de eventos puntuales; cruciales para separar realizaciones de logros. Verkuyl (2002) argumenta que esta diferenciación resulta problemática en la aplicación de ciertos contextos. Por ejemplo, sintagmas como descubrir tesoros valiosos claramente implican una duración. Igualmente, es posible alargar eventos percibidos como puntuales al combinarlos con el progresivo (estar llegando, estar ganando). Estas son pruebas de que el concepto de la puntualidad no puede mantenerse.
3.4 Definiciones del aspecto gramatical: el modelo de Comrie
Para los objetivos de las siguientes secciones, es esencial definir el aspecto gramatical de forma independiente del tiempo gramatical. Solo así se pueden explicar los contrastes que diferencian los sistemas verbales germánicos del español (→4.4.1). En este contexto, se ofrece el modelo de Comrie (1976). Adaptando la idea de que la relación entre el momento del habla y el evento mismo, Comrie (1976: 5) propone separar tiempo y aspecto a través de definiciones más rigurosas. Sostiene que tiempo es una categoría deíctica y externa a la situación, mientras que aspecto es interno a la situación. Se da el siguiente ejemplo:
(7) John was reading when I entered.
Juan leía cuando entré (ejemplo según Comrie 1976: 3).
En ambas lenguas, inglés y español, vemos que se usan dos formas verbales distintas, mientras que ambos eventos tienen lugar en el pasado. La diferencia, por lo tanto, es aspectual. Comrie (1976: 4) advierte, sin embargo, que a pesar de que es una categoría interna, el aspecto gramatical está sujeto a considerables variaciones. Consecuentemente, es preciso diferenciar entre aspecto léxico y gramatical. Cuando, en una descripción lingüística, se sostiene que una lengua dada no posee aspecto, esto necesariamente se refiere al aspecto gramatical, es decir, el aspecto no se codifica en la gramática de manera morfosintáctica. El aspecto léxico, como se ha mostrado, es universal.
Es frecuente que el aspecto gramatical y el tiempo no se marquen de manera analítica, sino que se fusionen en una única desinencia. Tal y como se ha visto en la introducción, el español combina el marcaje aspectual con las desinencias del tiempo del pasado. Además, es importante resaltar que una forma verbal puede tener varios usos o significados. En este caso, Comrie habla de un significado central o básico, y otros subsidiarios (Comrie 1976: 11).
A nivel teórico, Comrie (1976) define tres categorías de aspecto gramatical que coinciden con aquellas nombradas por Klein (1992, véase arriba): el aspecto perfectivo, el aspecto imperfectivo, y el aspecto perfecto. Un punto muy relevante para los argumentos de Comrie (1976) es la subjetividad del aspecto gramatical. En este contexto, aduce el siguiente ejemplo que demuestra que la misma acción puede presentarse tanto de forma perfectiva como imperfectiva:
(8) John read that book yesterday; while he was reading it, the postman came.
‘Juan leyó ese libro ayer; mientras lo leía, vino el cartero.’
(Comrie 1976: 4, traducción propia)
En (8), se evidencia la importancia de la perspectiva. Es decir, la perfectividad no alude ni a una duración corta, ni a una noción objetiva de delimitación, ya que los mismos eventos pueden ser narrados de manera imperfectiva. El ejemplo, además, demuestra que tampoco resulta adecuado hablar de eventos puntuales.
Ante estas ideas, Comrie (1976: 18) propone la metáfora de una burbuja en vez de un punto. Una burbuja, como objeto tridimensional, puede poseer una alta complejidad interna, sin que se imposibilite su percepción como objeto singular. La misma función emplea el aspecto perfectivo: presenta la acción en su totalidad, delimitada de otros eventos a través de límites perceptibles. Esto explica la propiedad “completado” que a menudo se menciona en el contexto del aspecto perfectivo. Este adjetivo, sin embargo, caracteriza más bien el aoristo en vez del aspecto perfectivo, ya que conlleva una noción de pasado. Su inadecuación resulta especialmente evidente al tomar en consideración aquellas lenguas cuyas gramáticas contienen un futuro perfectivo, como por ejemplo el ruso (Comrie 1976: 18). El adjetivo completado, consiguientemente, pone demasiado énfasis en el punto culminativo de la acción. Comrie menciona reservas parecidas en cuanto al rasgo de la resultatividad que enfoca el resultado de la acción. El aspecto perfectivo, en cambio, simultáneamente presenta todas las frases constituyentes de una acción; el inicio, las fases intermedias y el fin. Por esta razón, el autor argumenta que resulta más preferible el uso del término completo.
La oposición del perfectivo es el aspecto imperfectivo, que a su vez posee varias subclases: la habitualidad, la continuidad y la progresividad.
El aspecto habitual hace referencia a la descripción de una situación característica para un período temporal que no es accidental lo que aclara la diferencia a la iteratividad que, hasta pasar por cierto límite, es perfectiva (Comrie 1976: 28). La delimitación exacta, sin embargo, depende de factores subjetivos y se define de manera extralingüística (Comrie 1976: 27). La continuidad, según Comrie, se define como el aspecto imperfectivo no-habitual. Se subdivide en acciones progresivas y no-progresivas. La progresividad alude a una acción que enmarca un evento. La diferencia entre continuidad y progresividad puede demostrarse a partir de ejemplos que describen un estado continuo sin que este se considere habitual, ilustrado en (9).
(9) Juan sabía/*estaba sabiendo. (Comrie 1976: 34)
Consecuentemente, la progresividad es la combinación entre la lectura continua y predicados no-estativos. Comrie (1976: 35) advierte, sin embargo, que una comparación entre diversas lenguas (inglés, español, islandés, etc.) revela que las restricciones para el uso del progresivo no son universales (véase también italiano vs. español, →4.4.2). Es decir, el mero hecho de que algún que otro verbo pueda combinarse o no con la forma progresiva no puede ser prueba suficiente a favor o en contra de la estatividad. Un ejemplo revelador aducido por Comrie concierne a los verbos perceptivos, que en inglés no suelen combinarse con el progresivo1, mientras que esta combinación en las lenguas románicas resulta más habitual.
Particularmente relevante en el contexto de la adquisición del español como segunda lengua es la percepción del valor imperfectivo en aquellos casos no caracterizados por ser habituales ni progresivos (véase Domínguez et al. 2013, →5.1.3). Esta dificultad es compartida por algunas gramáticas tradicionales:
“Definitions of progressiveness found in some traditional grammars, along the lines of describing a situation in progress, often fail to bring out the difference between progressiveness and imperfectivity.” (Comrie 1976: 33)
Sin embargo, en realidad el uso del progresivo no entraña la ausencia del aspecto perfectivo, lo que se ilustra a través del siguiente ejemplo del español:
(10) Toda la tarde estuvieron entrando visitas. (según Comrie 1976: 22).
En la frase (10), se ve una combinación entre el perfectivo y el progresivo. Comrie (1976: 23) explica este uso como la presentación de varios actos de distintas fases percibidas como un único conjunto. La perfectividad y la imperfectividad, aunque contrastan, por lo tanto, no resultan complementarios.
Igualmente, pueden combinarse las distintas subclases entre sí:
(11) He used to be playing. (Comrie 1976: 30)
En (11), el uso de las formas verbales puede explicarse por tratarse de una iteración prolongada, mientras que la progresividad caracteriza cada una de las incidencias como progresivas. La comparación interlingüística, sin embargo, demuestra que la habitualidad y la continuidad pertenecen a un único concepto coherente cuyo enfoque está en la estructura interna. Por esta razón, se justifica la asunción del aspecto imperfectivo como unidad. Finalmente, Comrie (1976: 52) habla del aspecto perfecto. Anota que el perfecto es un caso particular, ya que no caracteriza la situación de manera interna, sino que destaca su relación con el presente. Por esta razón, también posee rasgos temporales y no se caracteriza de manera puramente aspectual.
Schwenter & Torres Cacoullos (2008: 4) argumentan que el aspecto perfecto y el perfectivo comparten varios rasgos en el sentido de que ambos conceptos conciernen al término de la acción: en el caso del perfecto, el enfoque está en el resultado; en el caso del perfectivo, importa la compleción. La diferencia yace en que el aspecto perfecto además expresa una delimitación frente a otros eventos pasados, y así no puede usarse para una narración de eventos secuenciados.
3.5 Interacciones entre distintos niveles: la ontología de Moens & Steedman
Aparte de que distintas lenguas fusionan las categorías en su morfología, también existen ciertos fenómenos gramaticales que causan una interacción semántica. En este contexto, Dowty (1979) compara las siguientes frases:
(12) John was drawing a circle.
(13) John was pushing a cart. (Ejemplos de Dowty 1979: 133)
En ambas frases, aparece el aspecto progresivo en un tiempo del pasado. La diferencia yace en el aspecto léxico: mientras el ejemplo (12) contiene una realización télica, el predicado de (13) consiste en una actividad, y consiguientemente es atélico. Una consecuencia directa de esta diferencia es la validez de posibles conclusiones que se resumen en (14) y (15).
(14) John drew a circle.
(15) John pushed a cart. (Ejemplos de Dowty 1979: 133)
Mientras que la verdad de (13) automáticamente entraña la verdad de (15), no puede decirse lo mismo sobre (12) y (14). La razón se encuentra en el aspecto gramatical. La perfectividad de (14) sugiere el término de la acción completa. Ya que la acción está caracterizada por un límite inherente, la imperfectividad de (12) deja abierta su alcance. En el caso de los predicados atélicos, en cambio, el punto terminal es arbitrario (cf. prueba de entrañamiento de Salaberry 1999, →3.3).
A partir de estos ejemplos, Dowty (1979) formula la paradoja imperfectiva:
“In other words, the problem is to give an account of how (1) [aquí reproducido como (12), T.D.] entails that John was engaged in a bringing-a-circle-into-existence activity but does not entail that he brought a circle into existence.” (Dowty 1979: 133)
Para explicar dicha diferencia, resulta particularmente adecuado el modelo temporal-aspectual de Moens & Steedman (1988) quienes definen una ontología combinatoria de todos los conceptos. Como se va a revelar, su modelo es especialmente relevante para algunos estudios de la adquisición de los tiempos del pasado en español, ya que destaca la noción de la estatividad frente a eventividad. Por ejemplo, se ha observado que, entre aprendices anglófonos de español como segunda lengua, es justamente este contraste el que puede explicar algunos modelos de adquisición (→5.1.3). En otro contexto, observaciones similares han causado que Bickerton (1981) postulase la diferenciación entre estados y eventos como concepto innato.
En su análisis, en contraste con Reichenbach (1947) o Klein (1992), Moens & Steedman (1988) enfatizan la interdependencia entre elementos gramaticales y elementos léxicos, resaltando así de manera crucial el papel del aspecto léxico. La influencia mutua entre el nivel léxico y la gramática, llamada coerción, es la razón por la cual los autores argumentan que un trato de las categorías sueltas es imposible. Los autores tienen razón en su observación de que un análisis aislado de ambos fenómenos resulta difícil considerando algunos casos especiales. La idea de que esta observación lleva automáticamente a la inseparabilidad de los conceptos teóricos, en cambio, no acaba de convencer.
La idea central del modelo concierne a la diferenciación entre estados frente a eventos. Mientras que los estados se consideran como espacios continuos, los eventos se caracterizan por una dinamicidad y permiten transiciones entre estos espacios. Por esta propiedad, pueden compararse en cuanto a la manera según la cual conectan el estado de fuente con un posible estado consecuente de la acción. Según Moens & Steedman (1988), los eventos caen en cuatro grupos que se definen a través de dos rasgos semánticos, [±atómico] y [±conseq]. El primero simboliza el concepto que tradicionalmente se entendió como puntualidad. Con una argumentación similar a Verkuyl (1999, 2002), los autores argumentan que los puntos, en el sentido matemático de la palabra, no representan un concepto apto para la definición de acciones del mundo real. La diferencia entre los dos modelos, sin embargo, consiste en que, mientras Verkuyl (2002) no concede ninguna relevancia a la distinción entre eventos puntuales y no-puntuales, Moens & Steedman (1988) solamente amplían el concepto, e introducen la idea de eventos atómicos que pueden parecer puntuales, aunque no lo sean, lo que define el primer rasgo. El segundo rasgo, [±conseq], concierne a la (no-) existencia de un estado consecuente. En el caso de [-conseq], el evento no causa ningún cambio de estado.
La coerción puede producirse por rasgos léxicos (así, tener hipo implica una iteración de varias acciones puntuales), pero más relevante es la inducción por parte de elementos gramaticales. Por ejemplo, el aspecto progresivo puede añadir el valor durativo a cualquier evento atómico, y el aspecto perfecto añade una culminación. Moens & Steedman (1988: 18) argumentan que las vías, por la cual se produce la coerción, están inequívocamente determinadas por la gramática de una lengua dada.
Otra coerción se observa con el perfecto. Este causa el enfoque del estado consecuente de un proceso. Por consiguiente, su argumento necesita poseer tal estado, y en caso de que no lo posea, se reinterpreta. Una consecuencia directa, visible en el sistema inglés, consiste en la observación de que este estado consecuente aún tiene que estar presente y ser perceptible. De esta manera, se sigue la estrecha relación con el momento de habla como se ilustra a partir del siguiente ejemplo:
(16) #They have married yesterday. (Moens & Steedman 1988: 19).
En (14), el estado consecuente consiste en estar casado. No obstante, el adverbio yesterday (‘ayer’) sugiere que pueda contrastarse este estado con otro que resultaría de un casamiento en otro día. Aunque las acciones de casarse ayer y casarse hace un año se distingan, no puede decirse lo mismo sobre el estado consecuente. Por esta razón, el perfecto en (14) falla en destacar dicho estado. Un contraste directo se halla en (15).
(17) They have married on Friday the 13th! (Moens & Steedman 1988: 19).
Desde la perspectiva de una persona supersticiosa, una boda en una fecha desafortunada efectivamente podría llevar a otro estado del matrimonio. Moens & Steedman (1988: 20) argumentan que las distintas lecturas del perfecto compuesto no se siguen de una supuesta ambigüedad de dicha forma, sino de la carga léxica del verbo en cuestión y de los otros elementos que constituyen la frase.
En conclusión, es preciso admitir que el aspecto léxico y el aspecto gramatical pueden influenciarse mutuamente. Sin embargo, esto no justifica la imposibilidad de una separación entre los dos conceptos teóricos, ya que la coerción puede interpretarse como reinterpretación posterior que tiene lugar en la Forma Lógica.
De hecho, solo la definición separada de ambos conceptos tiene la posibilidad de resolver la paradoja imperfectiva de Dowty (véase arriba). El aspecto gramatical puede modificar el aspecto léxico, y consecuentemente los dos niveles entran en interacción. Para explicar el entrañamiento contradictorio introducido por Dowty (1979), es particularmente relevante la interacción de factores pragmáticos. La modificación del aspecto léxico, sin embargo, no es posible si no parte de valores establecidos. Se trata de una reinterpretación en un nivel semántico, pero no puede decirse que existan dos lecturas inherentes del predicado (compárese Salaberry 2008: 34).
“The property of telicity is less flexible. Presenting a telic event as atelic changes the situation in an essential way. […] The reason that telicity is generally not open to aspectual choice is that humans see it as an essential property. Telicity is not, therefore, a property that can be shifted for purposes of emphasis and point of view.” (Smith 1991: 19)
Dicha afirmación está apoyada por hallazgos de la neurolingüística, donde se ha comprobado un procesamiento significativamente distinto entre predicados télicos y atélicos (véase Romagno et al. 2012). No obstante, a pesar de una modularización entre los distintos componentes lingüísticos, las interacciones en una interfaz no necesitan considerarse imposibles. La coerción como proceso en el que interactúa el aspecto léxico con el gramatical ocurre en la interfaz entre semántica y sintaxis (→2.1).
En general, una separación de los dos niveles se hace especialmente necesaria al considerar el sistema verbal español en el que todas las combinaciones posibles igualmente son existentes (→4.2). No se correlaciona ninguna clase verbal con ninguna clase gramatical de manera inequívoca, como se mostrará en las siguientes secciones. El modelo de Moens & Steedman (1988), además, falla en explicar algunas de las consecuencias directas de la telicidad, evidenciadas en los otros modelos. Así, resulta incompatible con las evidencias relevadas por Slobin (1985) por las cuales la diferenciación entre proceso y resultado deben ser nociones básicas e innatas. Observaciones similares pudieron ser confirmadas por evidencias neurolingüísticas (Romagno et al. 2012). El rechazo de la telicidad como concepto relevante, por lo tanto, es un elemento de la teoría que resulta demasiado alejado de los otros.
A continuación, conviene seguir con las categorías descritas por Verkuyl (2002) y Comrie (1976) que, aunque destacan la similitud entre los dos niveles aspectuales, siempre subrayan su independencia mutua. Antes de presentar el sistema verbal español en detalle, se expondrán las asunciones esenciales y la terminología correspondiente utilizada a continuación.
3.6 Terminología y conceptos usados a continuación
Como ha mostrado la vision general en los previos apartados, pueden encontrarse una multitud de definiciones distintas e igualmente diferencias enormes en la terminología en cuanto a la conceptualización de aspecto. Las grandes diferencias interlingüísticas, además, aumentan el grado de la complejidad de los conceptos. Es por lo tanto esencial especificar los conceptos y denominaciones que se utilizarán a continuación lo que ilustra la siguiente cita:
“As already indicated, in discussions of aspect, as opposed to many other areas of linguistics, there is no generally accepted terminology” (Comrie 1976: 11)
En lo que concierne al aspecto léxico, las categorías de Vendler (1957) representan el punto de partida para muchos estudios aplicados, aunque, como se ha visto, no resulten adecuados para describir la totalidad de los fenómenos existentes. La idea de que los verbos pueden clasificarse según su constituencia aspectual, sin embargo, se mantiene en todas las teorías.
En la mayoría de los estudios fuera del marco generativista sobre la adquisición del aspecto las categorías vendlerianas siguen representando la base para clasificar los verbos y predicados (→5.1.2). Otros estudios, sin embargo, demuestran que la reducción del número de clases puede facilitar el análisis de manera crucial. Salaberry (1999), por ejemplo, no subdivide las clases télicas en realizaciones y logros, rechazando la validez del concepto de la puntualidad. González (2013) argumenta a favor del planteamiento binario, siguiendo a Verkuyl (2002). De esta manera, no solo se simplifica la metodología de estudios empíricos cuyos instrumentos así dependen de menos factores, sino también puede establecerse una correlación más directa entre el aspecto léxico y la perfectividad que igualmente es binaria. Así, los datos pueden interpretarse a través de métodos estadísticos más fuertes y más válidos. Por las mismas razones, en la parte empírica también va a prevalecer el planteamiento binario.
A pesar de que los argumentos de Verkuyl (2002) en contra de los términos telicidad y aspecto léxico hayan resultado muy persuasivas, no necesariamente significan que no puedan respetarse las tradiciones terminológicas. Sobre todo, en el ámbito de los tiempos verbales, resulta común que las connotaciones de la terminología no equivalgan a los conceptos (→4.2.1). Por lo tanto, aunque precisa admitirse que la terminología empleada sugiere unas connotaciones que bajo ciertos contextos pueden resultar engañosas, a continuación, se seguirán utilizando las expresiones télico y átelico. Estos términos deben entenderse como etiquetas cuya definición depende de los conceptos presentados en las secciones previas sin que reflejen necesariamente lo que su etimología sugiere.1
De la misma manera, hablaremos del aspecto léxico, aunque la referencia implique la carga semántica del predicado en total. En general, no parece contradictorio que el término léxico aluda a más nociones que solo al verbo. La idea central, tanto en las ideas de Verkuyl (2002) como en las de Comrie (1976), que consiste en una disociación entre léxico y gramática, queda inafectada.
El aspecto gramatical se clasificará, sobre todo, según los tres conceptos de Comrie (1976): perfectividad, imperfectividad y el aspecto perfecto. Dado que el aspecto perfecto contrasta con el imperfecto, puede considerarse un caso especial del perfectivo. De Moens & Steedman (1988) se adoptará la expresión de la coerción, afirmando que sí hay posibles interacciones entre los distintos niveles. Estas interacciones, no obstante, no justifican una postulación de una supuesta inseparabilidad de los conceptos, sino que es una prueba de la existencia de fenómenos esenciales en la interfaz entre sintaxis y semántica, y por consiguiente un claro indicio de que los valores finales se interpretan en la Forma Lógica (→4.5).
| Aspecto léxico | Aspecto gramatical |
| noción semántica universal aplicado al sintagma entero, no solo al verbo léxico uso como sinónimo de aspecto predicacional y aktionsart subdivisión de manera binaria Predicado télico Sintagma verbal con un inicio y término inherente Equivalente al aspecto terminativo en la terminología de Verkuyl (2002) Englobando a las clases vendlerianas de realizaciones y logros Predicado atélico Sintagma verbal cuyo final es arbitrario Equivalente al aspecto durativo en la terminología de Verkuyl (2002) Englobando a las clases vendlerianas de estados y actividades | sujeto a variaciones interlingüísticas determinado por los medios morfosintácticos de una lengua dada subdivisión binaria, oposición más relevante concierne a la (im)perfectividad Aspecto perfectivo Presenta el evento en su totalidad Evento como objeto singular Visión desde fuera Caso especial: aspecto perfecto ⇒ estrecha relación con el presente Aspecto imperfectivo Acciones habituales o continuas Evento presentado en su progreso Visión desde dentro |
| Fenómenos de coerción Posibilidad de interacciones entre los dos niveles aspectuales Una forma morfosintáctica dada puede forzar una reinterpretación necesaria del aspecto léxico Esta influencia mutua tiene lugar en la Forma Lógica, la interfaz entre sintaxis y semántica | |
Tabla 1:
Terminología usada a continuación
4 La expresión del pasado en distintas lenguas
Las distintas posbilidades de cómo las categorías de tiempo y aspecto son integradas en las gramáticas llevan a una gran variación observable en las distintas lenguas (Dahl 1985). Cabe recordar que el concepto del aspecto como fenómeno lingüístico tiene su origen en las lenguas eslavas (Binnick 1991, Klein 2009, compárese →4.1). Estas lenguas, no obstante, se caracterizan por unas propiedades que las distinguen claramente de otros idiomas. Por ejemplo, el marcaje de la habitualidad y la perfectividad no se excluyen mutuamente (Comrie 1976: 31). En ruso, por ejemplo, el tiempo se marca con sufijos flexionales, mientras el aspecto se produce por la co-aparición de dos paradigmas separados de cada verbo, tradicionalmente clasificados como formas perfectivas e imperfectivas. Aspecto y tiempo, por lo tanto, representan conceptos nítidamente disociados1 (Borik et al. 2004: 22). También en cuanto al aspecto léxico, las lenguas eslavas funcionan de manera diferente –por ejemplo, no se observa una interdependencia entre la definitud de los determinantes y la telicidad (Díaz et al. 2008: 495, Slabakova 2001: 82).
Ante este fondo, no sorprende que el mismo término no se pueda aplicar de manera fácil o evidente a otros sistemas (recuérdese →4.2.2).
La función de esta sección es la de describir las notables diferencias tanto entre varias familias lingüísticas como dentro de las mismas. Por ejemplo, a pesar de que tanto las lenguas románicas como las germánicas pertenecen al grupo de las lenguas indoeuropeas, la manifestación concreta de la aspectualidad es muy distinta.
4.1 Generalidades de las lenguas románicas
Una propiedad compartida por todas las lenguas románicas es su diferenciación consistente entre dos formas competitivas de expresar el pasado. Adaptando una visión panrománica, pueden llamarse pretérito perfecto simple (esp. canté, it. cantai, fr. je chantai, pt. cantei) y pretérito imperfecto (esp. cantaba, it. cantavo, fr. je chantais, pt. cantava). Ambos pertenecen al grupo de los tiempos simples, donde se agrupan con el presente y el futuro sintético. De estos, solo el último es un invento románico, mientras que los tiempos del pasado simples descienden de manera directa de la lengua latina, en la que competían las formas CANTĀVI y CANTĀBAM.
Mientras que el imperfecto se usa para describir un plano inactual, el perfecto se caracteriza por su anterioridad en relación con el momento del habla (Coseriu 1976, Giorgi & Pianesi 1997). Debido a estas características, ambos tiempos verbales coinciden en su posibilidad de referirse al pasado. El imperfecto describe hábitos, acciones continuas y estados, y por lo tanto puede asociarse con el aspecto imperfectivo; el perfecto en cambio alude a eventos completados, y consiguientemente marca el aspecto perfectivo (Zagona 2007). Debido al hecho de que los términos del aspecto gramatical se originaron en el ámbito de las lenguas eslavas, sin embargo, su aplicación a las lenguas románicas no se presenta de manera evidente (Binnick 1991, Klein 2009: 52). En la sección 4.2.2 se ejemplificarán distintos modelos de explicación aplicados a la lengua española.
Según Coseriu (1976), la oposición entre los dos tiempos puede explicarse a través de distintas perspectivas: con el imperfecto, el hablante adopta una perspectiva paralela a la acción, y la contempla desde el interior en su progreso. El perfecto, en cambio, ilustra la perspectiva no-paralela, y ve la acción desde fuera en su compleción (Coseriu 1976: 94). Explicaciones similares se encuentran en obras de la Gramática Cognitiva (Doiz Bienzobas 2002, 2013, Jansen 2013, López García 2005).
Al contrario que la lengua latina, la mayoría de las lenguas románicas hoy en día también disponen de formas verbales compuestas para expresar una perspectiva secundaria de anterioridad (Coseriu 1976). En latín, el perfecto simple no solamente aludía a eventos completados y disociados del presente, sino también podía expresar acciones recientes y relevantes para el momento del habla (Penny 2010: 247). En la terminología de Comrie (1976), por lo tanto, la forma unía el aspecto perfectivo con el aspecto perfecto. Las lenguas románicas, en cambio, disponen de una forma compuesta para resaltar el aspecto perfecto de manera explícita (esp. he cantado, it. ho cantato, fr. j’ai chanté, pt. tenho cantado). Por la comparación entre las distintas lenguas, en las que se presentan diferencias tanto en referencia a su formación como a su uso (→4.4.2), resulta que el origen del perfecto compuesto ya se dio en el latín vulgar, donde el participio inicialmente funcionó meramente como adjetivo derivado de un verbo, y empezó a gramaticalizarse paulatinamente (Vincent 1982).
Aparte del aspecto perfectivo, imperfectivo y perfecto, algunas de las lenguas románicas también disponen de una perífrasis para marcar el progresivo (Bertinetto 2000). Formado por el verbo descendiente de latín STARE y el gerundio (esp. estoy cantando, it. sto cantando, pt. estou cantando), sirve para la expresión de una acción en progreso. El progresivo, por lo tanto, no es un tiempo del pasado por defecto, pero dado que puede combinarse con el imperfecto1, puede incluirse en el análisis de los tiempos del pasado. En comparación con los otros tiempos verbales mencionados aquí, sin embargo, su uso en las lenguas románicas no es obligatorio, sino que sirve para dar énfasis.2
En resumen, el hablante de una lengua románica tiene que marcar el aspecto de manera explícita cuando habla sobre el pasado. Mientras que solo en este contexto su marcaje es esencial y obligatorio, y por medio de la construcción con el gerundio, también puede marcarse el aspecto progresivo en el contexto de otros tiempos verbales.
La Tabla 2 resume las propiedades comunes de los tiempos del pasado románicos. No obstante, precisa resaltarse el hecho de que la tabla está sujeta a modificaciones posteriores, y, como se verá, las categorías no poseen límites tan nítidos como este análisis preliminar sugiere.
| Tiempos del pasado | Otros elementos aspectuales | ||
| Perfecto simple | Imperfecto | Perfecto compuesto | Progresivo |
| De latín CANTĀVI | de latín CANTĀBAM | de latín vulgar HABEŌ CANTĀTUM | de origen románico |
| aspecto perfectivo visto desde fuera evento completado | aspecto imperfectivo visto desde dentro acción en progreso o continuación | aspecto perfecto evento con estrecha relación con el presente | aspecto progresivo uso facultativo función enfática |
| esp. canté it. cantai fr. je chantai pt. cantei | esp. cantaba it. cantavo fr. je chantais pt. cantava | esp. he cantado it. ho cantato fr. j’ai chanté pt. tenho cantado | esp. estar cantando it. stare cantando pt. estar cantando |
Tabla 2:
Generalidades de los tiempos del pasado románicos – Análisis preliminar
En las siguientes secciones el enfoque girará hacia el sistema verbal español que, aparte de situarse en el centro del estudio empírico presentado en las secciones finales, sirve como ejemplificación del sistema panrománico que aparte de ligeras diferencias (→4.4.1) resulta relativamente homogéneo.
4.2 Los tiempos del pasado en español
4.2.1 Denominaciones y particularidades
En grosso modo similar a las demás lenguas románicas, el español diferencia entre dos niveles del pasado. Mientras que hábitos, acciones continuas y descripciones de estados aparecen con el imperfecto (cantaba), eventos singulares, ocurrencias puntuales y narraciones de sucesos delimitados y completados requieren las formas del pretérito perfecto. De este último, en español existen dos alternativas que se diferencian respecto al punto de referencia: el pretérito perfecto simple (canté), o indefinido en otras terminologías, que implica un término de las acciones sin relación con el momento del habla. El pretérito perfecto compuesto (he cantado), en cambio, sí presenta tal relación.1 Como se va a mostrar en los siguientes apartados esta relación puede ser de varios tipos y hay una gran diversidad dentro de las distintas variedades hispánicas. Además de estas tres formas básicas, el sistema verbal español dispone de la posibilidad de marcar el aspecto progresivo mediante la combinación entre una forma conjugada del verbo estar y el gerundio del verbo léxico (estuve/estaba/he estado cantando).
Gutiérrez Araus (1997) advierte que debido a la multitud de tradiciones lingüísticas es necesario aclarar la terminología, ya que la denominación de los tiempos verbales del español resulta igual de variada que la terminología lingüística en cuanto al estudio del aspecto verbal (→3.6).
“En el Esbozo de la RAE se propugna la conservación de los términos que no contradigan conceptos lingüísticos, a fin de respetar una tradición” (Gutiérrez Araus 1997:17).
De acuerdo con esta filosofía, a continuación, se procederá con las designaciones pretérito imperfecto, pretérito indefinido, pretérito perfecto, pretérito pluscuamperfecto y pretérito anterior. Estas etiquetas corresponden a las usadas en varias gramáticas y cursos para extranjeros (cf. Gómez Torrego 2007), y permiten la omisión de la palabra pretérito siempre que el contexto lo permite. El uso del término indefinido, que en realidad corresponde a un tiempo que es “cualquier cosa menos indefinido” (Gutiérrez Araus 1997:18), está justificado por la conveniencia de así poder usar la expresión perfecto de manera unívoca para referirse al perfecto compuesto.
Según la Real Academia Española, los tiempos verbales pueden clasificarse según su morfología en tiempos compuestos y tiempos simples, según su anclaje temporal en tiempos absolutos y tiempos relativos, y según su aspecto en tiempos perfectivos e imperfectivos (RAE 2009: 1675, §. 23.1g). Sin embargo, se admite que solo el primer criterio es objetivo, mientras que las “clasificaciones que se establecen atendiendo a los criterios 2 y 3 son polémicas” (RAE 2009: 1675-1676, §. 23.1g). La razón por dicha polémica yace en el hecho de una multitud de usos posibles que ofrecen los tiempos.
La RAE define el pretérito indefinido como tiempo deíctico con referencia al pasado con valor perfectivo. Su uso “implica, como se ha indicado, que han de suponerse los límites inicial y final del evento” (RAE 2009: 1737, §. 23.9c). Además, su uso suele ser de naturaleza icónica tal que el orden de los verbos en la frase corresponde a la cronología real. En ambas propiedades contrasta con el imperfecto. Es importante resaltar que es compatible con cualquier clase léxica, y no hay restricciones en cuanto al aspecto léxico. Según la RAE (2009: 1736, §. 23.9b) esto se debe a que el indefinido marca una delimitación externa, que se produce por el contexto de la oración, y no por el significado léxico de los verbos.
El indefinido, además, puede ser usado para enfocar “el inicio de la actividad, más que la actividad misma” (RAE 2009: 1738, §. 23.9f). Un ejemplo, en este contexto, es la frase (18a) que ilustra la lectura del indefinido como inicio de una acción atélica. Igualmente, sin embargo, se advierte que este significado no es necesario como se ilustra en (18b).
(18a) En cuanto habló, vimos que era sevillano.
(18b) En cuanto habló claro Pedro Juan, se encalabrinó por la Marta.
(ejemplos según RAE 2009: 1738)
Común a todos estos usos, es la noción de la delimitación y del pasado. La RAE (2009) especifica que, cuando el indefinido caracteriza estados, esta delimitación puede ser parcial o existencial. Con estas expresiones se refiere al hecho de que el estado descrito puede haber dejado de existir o por un cambio del estado o por una cesión de un argumento exterior que se caracterizó por dicho estado. En ambos casos, no obstante, es importante resaltar que el indefinido sigue siendo un tiempo del pasado, puesto que los estados ya no existen en el presente correspondiente.
En el caso del imperfecto, en cambio, no importan los límites de la acción (Gómez Torrego 2006: 443) por lo que este tiempo se caracteriza por su imperfectividad. Según la Nueva Gramática de la lengua española (RAE 2009: 1748-1767), la caracterización del imperfecto puede subdividirse en dos valores: por un lado, según sus rasgos aspectuales, y por otro lado según su función como copretérito. Cuál de las nociones subyace la otra es una cuestión teórica importante que es tema de la sección 4.2.2.
El valor imperfectivo, que generó la designación imperfecto utilizada también aquí, se deduce de los usos en los que el imperfecto expresa una duración indeterminada o una habitualidad (RAE 2009: 1755, §. 23.12a). Otros elementos lingüísticos como adverbios pueden contribuir a esta interpretación (RAE 2009: 1756, §. 23.12d). Así, en el ejemplo (19), el complemento adverbial cada mañana apoya la lectura habitual.
(19) Cada mañana salía a dar un paseo. (RAE 2009: 1756).
Los valores aspectuales se perciben particularmente al considerar que la combinación con predicados atélicos da lugar a una lectura de continuidad (RAE 2009: 1758, §. 23.12j) mientras que con predicados télicos la interpretación resulta progresiva (RAE 2009: 1762, §. 23.12t) o de conato (RAE 2009: 1759, §. 23.12n). La última propiedad hace referencia a un valor de intencionalidad ilustrado en ejemplo (20).
(20) Yo salía de casa en ese preciso momento. (RAE 2009: 1760, subr. en orig.)
En este caso, la forma salía equivale a ‘iba a salir’ o ‘me disponía a salir’ y enfoca la intención inmediata.
Dada su complejidad en cuanto a sus rasgos, el imperfecto posee una multitud de usos modales o desviados que integran la descripción de sueños o imaginaciones (RAE 2009: 1749, §. 23.11b) y la expresión de cortesía (RAE 2009: 1750, §. 23.11f). Además, puede emplearse como imperfecto lúdico en juegos infantiles para asignarse papeles entre los jugadores (RAE 2009: 1750, §. 23.11d).
Finalmente, otra función del imperfecto es un valor de ruptura (RAE 2009: 1761, §. 23.12p) que se utiliza en textos narrativos en combinación con predicados télicos. El así llamado imperfecto narrativo forma parte del lenguaje culto, y expresa una disociación de una acción específica al presentarla “como desenlace de otras introducidas secuencialmente” (RAE 2009: 1761).
Tanto el imperfecto y el indefinido son tiempos simples, y así formalmente contrastan con el perfecto compuesto. Este, que por su generación en el latín vulgar posee equivalencias en todas las lenguas románicas (→4.4.2), no presenta una imagen panhispánica homogénea, por lo que será tratado en más detalle en la sección sobre la variación (→4.2.3). La diferencia yace en la relación con el momento del habla: mientras que las acciones marcadas con el indefinido se presentan como completadas y enteramente disociadas del presente, el perfecto compuesto necesita interpretarse con un valor relativo. Este valor se sigue del hecho de que el auxiliar (el verbo haber) está conjugado en presente.
Un uso especial del indefinido seguido de su perfectividad y del marcaje de las fases iniciales de una acción es su combinación con los verbos estativos saber y conocer. En estos casos, nos hallamos ante una coerción en el sentido de Moens & Steedman (1988, →3.5). Así, la forma supo puede traducirse con “enterarse de algo, adquirir conocimiento de ello” (RAE 2009: 1739, §. 23.9j). Asimismo, el verbo conocer equivale a “tener conocimiento de algo” cuando se combina con un tiempo imperfectivo (tanto con el presente como con el imperfecto), y “entrar en contacto con alguien” cuando aparece en una forma perfectiva (RAE 2009: 1739, §. 23.9j).
En estos usos se evidencia también la similitud entre el perfecto (21) y el indefinido (22), mientras que ambos tiempos contrastan con el imperfecto (23).
(21) He sabido la noticia.
(22) Supe la noticia.
(23) Sabía la noticia.
Es, sin embargo, esencial advertir que las traducciones mencionadas son aproximaciones que no se corresponden de manera absoluta con el uso perfectivo con estos tiempos en todos sus usos (Palancar 2005). 2 Cuando se produce un efecto de coerción, el uso de las formas supo y conoció frente a sabía y conocía representa un caso claro del margen de la gramática. Mientras que puede considerarse que el contraste entre acciones puntuales únicas y costumbre habituales repetidas representa un uso del núcleo de la gramática, las interacciones entre los estados saber y conocer y el aspecto gramatical conciernen a la interfaz entre sintaxis y semántica.
Otro fenómeno parecido se trata en el estudio de Slabakova & Montrul (2008) quienes comentan el siguiente ejemplo en el cual también interfieren implicaturas pragmáticas:
(24) Los González vendían la casa pero nadie la compró.
(Slabakova & Montrul 2008: 463)
En (24) se combina, de manera no-prototípica, un predicado télico con el imperfecto. La segunda parte de la frase justifica la razón: el indefinido, en el mismo contexto, implicaría una conclusión de la acción, y consiguientemente resultaría contradictorio con la negación añadida. Solo el imperfecto, en cambio, deja abierta la conclusión de la acción, ya que “se oculta al oyente cualquier información relativa a sus límites” (RAE 2009: 1743, §. 23.10a). Por tanto, el imperfecto en combinación con un verbo télico elimina el entrañamiento de un término, y resulta compatible tanto con una culminación como con la interrupción de la realización (→3.5). El uso también representa una coerción especial en la que interactúan aspecto gramatical y léxico.
Como ha mostrado de Swart (1998, 2000), dichas interacciones entre los distintos niveles aspectuales que, de manera similar, se encuentran también en otras lenguas con un marcaje aspectual del imperfecto o progresivo son casos claros del fenómeno de la coerción. Las contradicciones que se producen a causa de la combinación entre la telicidad y la imperfectividad solo pueden resolverse al tener en cuenta todos los correspondientes rasgos pragmáticos, semánticos y gramaticales.
4.2.2 La oposición imperfecto-indefinido – ¿temporal o aspectual?
A primera vista, los tres tiempos parecen corresponder de manera biunívoca a los tres tipos del aspecto gramatical: imperfectivo, perfectivo y perfecto. No obstante, la alta multitud de distintas designaciones para los tiempos verbales no se debe únicamente a la independencia del desarrollo de varias gramáticas, sino también al hecho de que hay varios planteamientos sobre la naturaleza de los usos de las formas verbales. En general, pueden distinguirse dos posiciones contrarias: la asunción de la prevalencia del tiempo de la que se siguen las propiedades aspectuales como efecto, y la de la prevalencia del aspecto según la cual la aspectualidad es la propia causa de dichos efectos.
Siguiendo la tradición del gramático Andrés Bello que en su gramática favoreció los términos Pretérito y Copretérito sobre Perfecto e Imperfecto (cf. Bello 1847), algunos trabajos teóricos como el de Rojo (1990) defienden el punto de vista de que el sistema verbal español se deja caracterizar por rasgos puramente temporales, y por lo tanto deícticos.
Al presentar de manera cronológica varias etapas de la organización de los tiempos por parte de la Real Academia Española, Rojo (1990) argumenta que históricamente hubo varias confusiones entre los términos perfecto/imperfecto, terminado/no-terminado y absoluto/relativo. En cuanto a la aspectualidad, que en español está inseparablemente entretejida con la temporalidad, Rojo ve uno de los motivos de estas confusiones en el hecho de que varios términos se crearon en el contexto de otras lenguas como el griego cuyo sistema verbal no igualaba al latín del que el español heredó su gramática.
En la misma línea de investigación, Giorgi & Pianesi (1997) –al aportar en este caso ejemplos del italiano que corresponden a fenómenos equiparables en español y en otras lenguas románicas– sostienen que el imperfecto puede entenderse como un presente en el pasado (‘present-in-the past-reading’; Giorgi & Pianesi 1997: 174) e igualmente lo definen únicamente a partir de rasgos temporales.
En un artículo más reciente, Giorgi & Pianesi (2004) amplían estas deliberaciones, y propugnan la idea de que mientras el indefinido y el perfecto (a menudo, en su conjunto llamados “perfectivos) sí corresponden a la idea de terminatividad (cf. Giorgi & Pianesi 2004: 273), no es el caso que el imperfecto equivalga a acciones no-terminadas. Respecto a su aspectualidad, en cambio, las formas del imperfecto se muestran neutras, porque el evento puede haber sido llevado a término o no (cf. Giorgi & Pianesi 2004:274).
Aparte de la anterioridad, simultaneidad y la posterioridad, postulan también el anclaje como un rasgo importante para describir la función de los tiempos verbales. Así, el imperfecto que inherentemente está caracterizado por ser anafórico, necesita un punto referencial claro al que está ligado. Esta referencia puede establecerse mediante tópicos temporales (por los que el imperfecto se vuelve un pasado), por contextos modales (como un sueño, cf. Giorgi & Pianesi 2004:268) o a partir de verba dicendi en el estilo indirecto. Sin que se fije tal referencia, el imperfecto carece de interpretación.
(25) Ieri alle quattro Gianni studiava matematica.
(‘Ayer a las cuatro, Gianni estudiaba matemática.’)
(26) #Gianni studiava matematica.
(‘Gianni estudiaba matemática.’)
(Giorgi & Pianesi 2004:260/261)
El ejemplo (26) prueba que sin un tópico determinado (cf. Ayer a las cuatro en ej. (25)), el imperfecto no resulta adecuado. Además, los lingüistas enseñan que, al posponer la indicación del tiempo al verbo, tampoco se satisfacen las exigencias, con lo que el imperfecto se diferencia claramente de otros tiempos verbales en que no alteran su lectura por la posición de los complementos adverbiales.
Esta dependencia del orden de palabras se hace especialmente evidente al considerar las lecturas modales, en las que el imperfecto puede significar una expectación:
(27) Alle tre Mario prendeva il tè.
(28) Mario prendeva il tè alle tre. (Giorgi & Pianesi 2004: 275)
Únicamente en (27), el complemento adverbial puede establecer un contexto para que la lectura sea la de un tiempo continuo. En (28), en cambio, son disponibles solamente las lecturas de la expectación o de la costumbre. Aunque no fuera una contradicción que se cumplieran las expectativas, habitualmente este uso implica que en la frase siguiente habrá una nueva información que anula lo afirmado. La expectación, sin embargo, se encuentra en el pasado en ambos casos, con lo cual los investigadores siguen afirmando que se trata de un tiempo del pasado (cf. Giorgi & Pianesi 2004:264). El evento designado, en cambio, no se coacciona con ningún punto temporal concreto. La orientación que se establece entre la expectación y el evento, no obstante, está dirigida hacia el futuro. Tanto la orientación al futuro como las lecturas modales se dan únicamente con el imperfecto, y son imposibles con otros tiempos del pasado.
En todos los casos, se establece una referencia que de alguna manera se puede entender como pasada. El imperfecto se interpreta en relación con esta referencia, mientras que los demás tiempos se procesan siempre de acuerdo con el momento de habla.
“the imperfect is a present tense that is evaluated with respect not to the speakers’ (current) temporal coordinate, but to a past one” (Giorgi & Pianesi 2004:286).
Este planteamiento, por lo tanto, se encuentra en oposición de la postura de otros investigadores (Fábregas 2015, García Fernández 1999, Leonetti 2004) que replican que esta anaforicidad no es nada más que el mero efecto de la aspectualidad. Según ellos, esta es la verdadera característica que diferencia los tiempos verbales. Mientras que García Fernández (1999) aporta varios ejemplos que demuestran una interacción innegable entre el aspecto léxico inherente del predicado y la interpretación de las distintas formas verbales para resaltar la prominencia del aspecto, Leonetti (2004) ataca explícitamente la afirmación de que el imperfecto es inherentemente anafórico. Así, permuta justamente los papeles de causa y efecto, postulando que: “El IMP [=imperfecto, T.D.] es anafórico porque es imperfectivo” (Leonetti 2004: 481)
La interacción que existe entre la forma verbal y el cargo léxico del predicado, ejemplificada por García Fernández (1999), aporta justificaciones para propugnar la prominencia del aspecto:
(29) Juan nos contó que María estaba triste el día de su boda.
(30) Napoleón dijo que Ana Bolena era de Edimburgo.
(ejemplos según García Fernández 1999:177-178)
Aunque en (29) y (30), el imperfecto está usado en su función de ser el tiempo verbal más usual en el estilo indirecto, no se coaccionan las situaciones descritas con el momento marcado por el verbo introductorio. En ambos casos, los estados estar triste y ser de Edimburgo tuvieron lugar antes del momento coincidente con contó y dijo. Dada su atelicidad, no hace falta explicitar la anterioridad mediante el pluscuamperfecto.
Otro efecto se observa en la siguiente frase:
(31) *Ana Bolena era de Edimburgo cuando se casó con Enrique VIII.
(García Fernández 1999:179).
La agramaticalidad del ejemplo (31) demuestra que, aunque las dos acciones descritas se solapan y por lo tanto cumplen requisitos de la simultaneidad, la atelicidad impide ciertos usos del imperfecto.
Otro fenómeno detectable entre los dos niveles aspectuales es la coacción. En este caso, el uso de una forma verbal u otra afecta interpretación del predicado. Así, la interpretación de los predicados saber y conocer puede cambiar fuertemente al usar distintos tiempos verbales:
(32) Cuando María entró en la sala, todos supieron/sabían la noticia.
Usando el indefinido, la conjunción cuando conecta el momento de la entrada con la acción de llegar a saber la noticia, por lo que la frase recibe una interpretación causal. En el caso del imperfecto, en cambio, se describe un estado iniciado en una fase anterior.
La combinación entre sujetos genéricos o específicos con distintas formas verbales asimismo puede ejercer coacciones de la telicidad.
(33) Las manadas cruzaban el río en verano.
(34) En ese momento, escribía su carta de dimisión.
(ejemplos de Leonetti & Escandell-Vidal 2003:140)
Mientras que el sujeto específico de (34) no lleva a un cambio de la telicidad (y la situación puede ser claramente progresiva), la combinación entre sujeto genérico y el imperfecto en (33) coercen el verbo a una lectura atélica. Por lo tanto, la interpretación de la frase ha de ser iterativa (cf. Leonetti & Escandell-Vidal 2003).
Respondiendo a otros autores que siguen declarando estos fenómenos como efectos de rasgos meramente temporales, Leonetti (2004) critica que los planteamientos de la anaforicidad se basan en la escasa separación entre semántica y efectos interpretativos. Igual que Giorgi & Pianesi (2004), Leonetti afirma que el imperfecto precisa de una referencia clara para poder ser interpretado. Puede ser entendido como una parte de una imagen que necesita un marco claro para poder localizarla. Según su interpretación esto se debe a la pertenencia del imperfecto a los predicados de propiedades (cf. Leonetti 2004:489) y así se diferencia de los predicados de estadios representados por el indefinido (siguiendo a la tradición establecida por Carlson 1980, Kratzer 1995, y Diesing 1992).
Mientras que las propiedades se refieren a estados “claramente no delimitados y desprovistos de toda carga aspectual” (Leonetti 2004:490), los estadios están ligados a una situación específica. Visto así, el aspecto gramatical comparte rasgos esenciales con el aspecto léxico. Esta diferenciación puramente semántica no contiene rasgos deícticos, y, por lo tanto, los rasgos temporales como la simultaneidad son efectos causados por la aspectualidad. La interpretación insatisfactoria que aparece cuando una forma verbal imperfectiva aparece sin marco concreto o antecedente establecido resulta en el nivel pragmático. Este marco puede darse por el uso de adverbios u otros elementos lingüísticos presentes en la frase, pero también es posible que aparezca solamente de forma implícita. Esto se ejemplifica mediante las siguientes frases:
(35) Estaban a buen precio…
(36) Encendió un cigarrillo. La fiebre le daba al tabaco un gusto de miel. (ejemplos de Leonetti 2004:485)
Mientras en (35) una referencia posible podría ser una “mirada de desaprobación” (Leonetti 2004:485) de un amigo que implique una pregunta similar a “¿Por qué los compraste?”, en (36) la referencia ha de ser el acto de fumar. En ambos casos, estas referencias se infieren por el conocimiento del mundo compartido por los hablantes. Ideas parecidas son defendidas por seguidores de la Gramática Cognitiva (véase, por ejemplo, Doiz Bienzobas 2002, 2013, Jansen 2013, López García 2005): como el aspecto imperfectivo se corresponde a una visión ‘desde dentro’, solo al conocer el marco es posible interpretar la información. El aspecto perfectivo, en cambio, no necesita contexto.
El imperfecto “no contiene en su semántica ninguna orientación sobre cómo seleccionar el antecedente” (Leonetti 2004:502), con lo cual tal selección se efectúa en el nivel pragmático de acuerdo con el Principio de Relevancia (Leonetti 2004: 501, a base de Moeschler 1998). Así, Leonetti esboza paralelismos entre el imperfecto, los pronombres y los artículos indeterminados.
“La situación es perfectamente equiparable a la que surge al estudiar la interpretación de los pronombres: a veces estos carecen de antecedente lingüístico, pero son aceptables en el discurso” (Leonetti 2004:486).
En cuanto a los artículos indefinidos, existen dos tipos de lecturas posibles. En el caso de la interpretación fuerte, un sintagma como un estudiante corresponde a una lectura genérica o específica, mientras que la interpretación débil permite solamente una lectura existencial, inespecífica o cardinal. Solo en este último caso, se permite la combinación con propiedades como tener los ojos verdes o ser alto. Las lecturas fuertes, en cambio, únicamente pueden combinarse con estadios puntuales y específicos del tipo “me ha estado siguiendo” (ejemplos según Leonetti 2004:492). De esta manera se ve el paralelismo con el imperfecto que necesita una referencia concreta para recibir un significado igualmente concreto:
“una imagen parcial de algo que es parte de una entidad más compleja se interpreta satisfactoriamente cuando se es capaz de recuperar o inferir la información que ha quedado excluida por el enfoque y que constituye el fondo, el contexto, el soporte de la comprensión” (Leonetti 2004:494/95)
De esta manera, el pretérito indefinido corresponde a los artículos determinados, ya que sintagmas como el estudiante necesariamente son concretos. Con esta argumentación, Leonetti (2004) demuestra que la intuición de que el imperfecto se parece a los artículos y a los pronombres definidos (en la que se basan igualmente las afirmaciones sobre la anaforicidad) lleva justamente a la conclusión equivocada. Tanto las expresiones “se casaban” como “una estudiante” desencadenan preguntas como “¿en qué contexto?” y “¿cuál?”. Por otro lado, enunciados como “se casaron” y “la estudiante” tienen referentes ya establecidos: un momento especificado y una persona concreta.
Leonetti (2004) enlista algunos ejemplos más para demostrar que la necesidad del imperfecto por referirse a un marco bien definido:
(37) El tren salía a las ocho en punto.
(38) El partido empezaba a las 8,45.
(39) El tren disponía de todas las comodidades.
(40) El tren era cómodo y silencioso.
(Leonetti 2004: 497-500)
Mientras que en las frases (37) y (38) los predicados son télicos y puntuales, los ejemplos (39) y (40) contienen predicados atélicos. Solamente en los primeros casos, es posible que la frase obtenga una lectura modal de una previsión. En el caso de los verbos atélicos, en cambio, esta lectura resulta imposible. Es decir, Leonetti (2004) aporta ejemplos similares a Giorgi & Pianesi (2004), pero los explica de manera muy distinta. Recuérdese que en los ejemplos (27) y (28) se usaban únicamente eventos télicos.
Dado que el imperfecto, en ambos planteamientos, se contrasta con el indefinido, cabe plantear la cuestión de si puede entenderse como alternativa marcada. En la práctica, sin embargo, es difícil determinar cuál de ellos representa la forma marcada y cuál puede considerarse neutra o menos específica. Comrie (1976: 111) argumenta que esta dificultad se debe a los rasgos implicados en la oposición entre perfectividad e imperfectividad. Gutiérrez Araus (1997: 31), por ejemplo, afirma que, en la mayoría de las situaciones, el imperfecto puede sustituirse por el indefinido, pero no al revés. Eso es porque, mientras que el indefinido se define por ser un tiempo del pasado, el imperfecto es un tiempo del pasado que, además, está marcado por una simultaneidad.
Giorgi & Pianesi (2004), en cambio, defienden otro punto de vista: mientras que el indefinido marca la conclusión de una acción, el imperfecto permite ambas posibilidades. Según esta argumentación, únicamente el imperfecto resulta la opción adecuada, cuando una acción no se lleva a su término. Debería, por tanto, ser más fácil sustituir el indefinido por el imperfecto que viceversa. Dados los distintos usos modales del imperfecto, y la existencia de las varias implicaturas (→4.2.1), tal distinción tampoco parece adecuada.
Schwenter & Torres Cacoullos (2008: 2) argumentan que no deberían mezclarse los conceptos de marcaje y defecto. Mientras que la oposición entre marcado y no-marcado concierne al número de rasgos formales y semánticos, una forma por defecto es aquella que puede sustituir la otra. Tal diferencia se hace visible en el fenómeno del plural gramatical. Mientras que el singular, en muchas lenguas, no se marca de manera morfológica, y por lo tanto manifiesta la opción no-marcada, no puede usarse como forma por defecto cuando se hace referencia a un sintagma nominal en plural. La aparición del imperfecto o del indefinido, asimismo, no es aleatoria. En contraste a otros fenómenos gramaticales, sin embargo, depende de una multitud de rasgos de los cuales algunos se consideran subjetivos y altamente dependientes de la perspectiva del hablante. Esta dependencia se discute en la siguiente sección.
4.2.3 El funcionamiento gramatical frente a la perspectiva subjetiva
Dado que un intercambio entre indefinido e imperfecto, en muchos casos, no afecta el estado de la gramaticalidad de la oración, pueden diferenciarse dos factores generales que influyen en la competición entre dos o más formas verbales: por un lado, la variación lingüística y, por otro lado, la perspectiva subjetiva con la cual el hablante pretende expresar ideas concretas. Especialmente este último criterio es crucial a la hora de interpretar los datos de estudios empíricos.
En cuanto a la variación en el sistema verbal, un ejemplo bien conocido consiste en el uso del perfecto compuesto. Gutiérrez Araus (1997: 21) diferencia entre dos sistemas que, según la autora, se corresponden con las regiones geográficas de España e Hispanoamérica. En ambos sistemas, el perfecto puede emplear la función de un pasado continuativo-resultativo (una acción que sigue continuando en el presente). En comparación con el español europeo, no obstante, el uso del perfecto es bastante menos frecuente (Sánchez Lobato 1994). Solo en el español europeo peninsular el perfecto también tiene el valor del antepresente que tiene una relación estrecha con los complementos adverbiales que subrayan la relación entre el momento del habla y el evento (esta semana, este año y este siglo; Gutiérrez Araus 1997: 24). Propio del sistema americano, el perfecto también puede utilizarse con un valor enfatizador que puede usarse en narraciones o en artículos de prensa para sugerir una actualidad que afecta el oyente o lector (Gutiérrez Araus 1997: 25).
Gómez Torrego (2006: 441) advierte que la clasificación en dos sistemas representa una simplificación desacertada de los hechos, ya que también en España se encuentran regiones en las que la oposición entre perfecto e indefinido no se corresponde con la descrita. En Galicia, León, Asturias y en las Islas Canarias, por ejemplo, se observa una neutralización entre las dos formas verbales con una tendencia a favor del indefinido con ocaciones de ultracorrección (“*Ayer lo he pasado bien”, Gómez Torrego 2006: 440).
Asimismo, es importante resaltar que el español de Hispanoamérica tampoco puede tratarse como dialecto homogéneo, ya que, debido a su multitud de culturas y su extensión geográfica, presenta una alta variación interna (Alba 1992). En cuanto al uso del perfecto, cabe destacar que, mientras que en Argentina el indefinido es la forma preferida en el habla cotidiana, en México pueden observarse similitudes con el español de las Islas Canarias (Almeida 1987).
En este contexto, Schwenter & Torres Cacoullos (2008) postulan un cambio diacrónico general, observable en varias lenguas en las que la forma del perfecto compuesto se extiende hacia el aspecto perfectivo. Puesto que la relevancia actual está sujeta a nociones subjetivas, la extensión de los usos hodiernos a los contextos prehodiernos es una evolución predecible (Schwenter & Torres Cacoullos 2008: 3). Así, se observa que, en varias regiones de la Península Ibérica, el perfecto compuesto tiende a ser aceptado y usado por parte de los hablantes en contextos perfectivos en los que, debido a la presencia de un adverbio específico, la delimitación es evidente (Pérez Saldanya 2004).
Schwenter & Torres Cacoullos (2008) defienden, en base a estas observaciones, un planteamiento de gramaticalización que, en el mundo hispano, se encuentra en distintas fases. A partir de una base de datos recogidos entre hablantes nativos de España y México, concluyen que el perfecto del español europeo está en fases de gramaticalización posteriores a su equivalente latinoamericano.
Otra prueba de que los valores del perfecto compuesto se distinguen en las variedades se halla en las oraciones negativas. Schwenter & Torres Cacoullos (2008) afirman que, en el español mexicano, la negación del perfecto compuesto (como en jamás ha salido, Schwenter & Torres Cacoullos 2008: 5) deja abierta la posibilidad de un cambio futuro de la situación, la negación del indefinido es absoluta. Squartini & Bertinetto (2000: 412) argumentan que, como el perfecto compuesto en el español mexicano significa solapamiento con el momento del habla, no se entiende como un pasado reciente. Por esto, se imposibilitan los usos en (41) y (42).
(41) *Todavía no llegó.
(42) *Ya ha llegado. (Squartini & Bertinetto 2000: 412)
En estas observaciones concretas, consiguientemente, la variedad mexicana contrasta con el español europeo en el que dichas implicaciones no se presentan.
Pero la oposición más importante para las siguientes deliberaciones consiste en el contraste entre las formas del indefinido frente al imperfecto. En comparación con los usos del perfecto compuesto, la variación de este contraste es mucho más reducida. Rothman (2008: 86) incluso argumenta que no existe variación dialectal en absoluto acerca de este contraste. Aparte de algunas variedades de contacto que muestran peculiaridades notables (véase, por ejemplo, Rojas Sosa 2008 para la expresión de la evidencialidad en determinados sociolectos limeños), se encuentran muy pocos usos especiales que no concuerdan con las expresiones panhispánicas. Un ejemplo aquí sería el uso del indefinido, que puede expresar una interpretación anticipativa en algunos países. Esta función es tan común que también se enlista en la Nueva Gramática (RAE 2009: 1738, §. 23.9). Cabe mencionar que esta interpretación específica está reservada a los predicados télicos. En comparación con las otras variaciones dialectales, su uso resulta relativamente sorprendente ya que emplea el indefinido del pasado para hacer referencia a un futuro inminente:
(43) ¡Ya está, nos fuimos! (según RAE 2009: 1738)
En cuanto a la variación del imperfecto, Bertinetto (2000: 576) afirma que, en algunas variedades latinoamericanas, la forma progresiva se utiliza para expresar el aspecto imperfectivo en general, sin diferenciar entre continuidad y habitualidad. En estas variedades, el uso del imperfecto sin la forma progresiva, consiguientemente, resulta más reducido.
En resumen, la variación en lo que concierne al contraste entre perfectividad e imperfectividad resulta bastante delimitado. Por consiguiente, el verdadero reto para estudios empíricos se halla en el alto grado de subjetividad conectado con el aspecto gramatical. La selección de una u otra forma no es arbitraria ya que expresa un punto de perspectiva concreto. Salaberry advierte, no obstante, que, a pesar de esta función clara, la selección tampoco necesita resultar evidente.
“On the other hand, the choice to use one or the other inflectional ending is not necessarily deterministic: any given verbal predicate is embedded in a particular context that guides the choices made by native speakers.” (Salaberry 2008: 191-192)
Esto puede ilustrarse a partir de las siguientes dos frases, tomadas de González (2013):
(44) Jari bebió una limonada.
(45) Jari bebía una limonada. (ejemplos de González 2013: 162)
En ausencia de más factores contextuales, ambas frases resultan aceptables. La diferencia no consiste en su estado de gramaticalidad sino en la perspectiva que adopta el hablante. Mientras que en (44) el evento se presenta como completo y terminado, en (45) el hablante focaliza la estructura interna. Otro ejemplo lo aducen Goodin-Mayeda & Rothman (2007):
(46) Siempre que fuimos a esa tienda, compramos mucha porquería.
(47) Siempre que íbamos a esa tienda, comprábamos mucha porquería.
(ejemplos de Goodin-Mayeda & Rothman 2007: 136)
En (46), los eventos se presentan de manera accidental, en (47) nos hallamos ante un condicional contrafactual. Eso es, mientras que el imperfecto ilustra la relación consecutiva entre las dos acciones, el indefinido se usa para subrayar la ausencia de planificación. Goodin-Mayeda & Rothman (2007: 136) explican este hecho mediante dos traducciones distintas en inglés: la forma comprábamos en (47) se traduce simplemente como we bought, el indefinido en (46) se corresponde con we ended up buying. Crucialmente, la apariencia de otros elementos lingüísticos (como la del adverbio siempre) no anula o neutraliza la diferencia.
Estos razonamientos resultan obvios, considerando la función de la morfología verbal. En el contexto la morfología rica del español, el marcaje del aspecto gramatical sería redundante si ya fuera determinado de manera unívoca por otros elementos lingüísticos. Es, por eso, lógico que los morfemas aspectuales también aporten su contribución a la interpretación aspectual.
Salaberry (2008: 25) argumenta que el aspecto, como siempre indica una perspectiva que el hablante adopta, no puede disociarse de una subjetividad exhibida por las personas implicadas y por la situación. Incluso extiende este argumento hacia el aspecto léxico, concluyendo que por la subjetividad se explican las diferentes evaluaciones respecto a la telicidad (recuérdese →3.3). Haßler (2016: 217) advierte que subjetividad no debe de confundirse con arbitrariedad. El hablante solo puede efectuar sus selecciones dentro del espacio permitido por el contexto.
“The choice of grammatical aspect is not arbitrary. In Spanish, in particular, the use of either Preterite or Imperfect is not capricious.” (Salaberry 2008: 191)
Aunque la selección de la forma verbal depende de muchos factores contextuales y, de manera decisiva, de la perspectiva que el hablante elige adoptar, el uso de uno u otro tiempo verbal no es arbitrario. Dependiendo de todos los rasgos definidos por la oración y la conversación, la perspectiva puede ser más o menos delimitada. Con la selección de los tiempos, el hispanohablante nativo decide conscientemente emitir un mensaje determinado y enteramente especificado. La subjetividad restante, finalmente, también explica el límite complicado entre iteratividad y habitualidad (Salaberry 2008: 203). Mientras que el primer concepto pertenece a los contextos englobados por el aspecto perfectivo, la habitualidad es una noción específica de la imperfectividad. El número concreto de repeticiones que convierten una iteración en una costumbre, sin embargo, no está determinado por factores lingüísticos, sino que depende del contexto y la evaluación del hablante (compárese →3.4, →5.2.4).
De estos ejemplos se deduce que, claramente, la oposición entre el imperfecto e indefinido en español está sujeta a un alto grado de subjetividad que, aunque no es aleatoria ni arbitraria, depende de la perspectiva del hablante, del contexto específico y de la situación global en la que la oración está intercalada. Estas deliberaciones son particularmente relevantes en el contexto de tareas de producción que se usan en el aula de español como L2 o en estudios empíricos de lingüística (y afectan también el estudio empírico presentado al final →7.2). Dado que, como se ha demostrado, los demás elementos de la oración (complementos, adverbios, etc.) no determinan el aspecto gramatical de manera inequívoca, la interpretación de los datos de pruebas empíricas requiere una consideración de esta subjetividad implicada.
En conclusión, un hablante ha de comprender que el contexto que determina la (im)perfectividad no está fijado por factores meramente lingüísticos. A nivel gramatical, las formas verbales del imperfecto y el indefinido están ensamblados en conexión con el rasgo [±perfectivo]. Como se ha visto en las últimas secciones, el rasgo [-perfectivo] engloba a nociones de la progresividad, la continuidad y la imperfectividad, lo que un hablante nativo aprende durante la adquisición de su L1. Aunque este ensamblaje parece sencillo, por lo que un reensamblaje debería serlo también, los factores subjetivos dificultan la aprehensión del contexto, y es posible que la configuración exacta no se perciba. Para poder entender esta problemática, a continuación, se describirá en detalle el papel que desempeña la perfectividad en las lenguas germánicas, enfocando en especial el alemán y las diferencias que presenta frente al español. Estas diferencias causan dificultades en la adquisición que, después de una formalización más exacta de la gramática (→4.5) se discutirán en la sección 3.6.
4.3 La expresión del pasado en los sistemas germánicos
4.3.1 Generalidades de los sistemas germánicos y delimitaciones
Giorgi & Pianesi (1997) postulan que las lenguas germánicas y las lenguas románicas se diferencian en cuanto a los valores y rasgos temporal-aspectuales. Especialmente el aspecto gramatical, codificado en su propio sintagma sintáctico (→4.5), está sujeto a una diferencia paramétrica. Así, las lenguas germánicas no poseen un equivalente al imperfecto románico (Giorgi & Pianesi 1997: 181). Consiguientemente, los contrastes aspectuales que en español pueden expresarse con la morfología verbal necesitan explicitarse a través de otros elementos lingüísticos.
En lo que concierne a la gramática contrastiva entre las lenguas germánicas y románicas, resulta que son particularmente abundantes las comparaciones entre el sistema verbal español y el inglés (Domínguez et al. 2011, 2013, Guijarro-Fuentes 2004, 2005a, 2005b, Montrul 2004, Montrul & Slabakova 2003, Salaberry & Ayoun 2005, Slabakova & Montrul 2003, 2008, Rothman 2008, entre otros). Tal y como se ha evidenciado en la sección 3, la mayoría de los modelos temporal-aspectuales se basan en ejemplos del inglés, por lo que no sorprende que esta lengua sea el punto de partida para la mayoría de los estudios contrastivos. Al contrario que el español, el inglés únicamente posee un contraste aspectual básico (Salaberry & Ayoun 2005: 3). Mientras que el aspecto habitual puede explicitarse mediante construcciones con las perífrasis used to (‘soler’) y would más infinitivo, el marcaje del aspecto progresivo a través de la combinación entre una forma conjugada del verbo copulativo to be y un gerundio es obligatorio. Tanto Slabakova & Montrul (2003) como Domínguez et al. (2011) argumentan que la configuración de rasgos es considerablemente distinta al comparar las dos lenguas. Sin embargo, mientras que las primeras autoras sostienen que la diferencia yace en la habitualidad, las últimas resaltan la continuidad. Ambas nociones, en inglés, no pueden marcarse por el pasado progresivo, mientras que en español se explicitan por el imperfecto. Es decir, mientras que el español une las tres nociones imperfectivas (habitualidad, continuidad, progresividad) en una única forma, el inglés solo marca una de ellas.
Slabakova & Montrul (2003) sostienen que en la oposición entre el pretérito simple (simple past) y el pasado progresivo (past progressive), el elemento neutro es el primero. Esta afirmación se basa en la observación de que el pretérito adopta la lectura aspectual de manera directa del aspecto léxico; así, actividades y estados se interpretan de manera genérica (véase (48) y (49) que representan predicados atélicos) mientras que realizaciones y logros se entienden como episódicos (véase (50) y (51) que representan predicados télicos).
(48) Colin wrote travel books.
‘Colin escribía libros de viaje.’
(49) The room was yellow.
‘La sala era amarilla.’
(50) John ran a mile.
‘John corrió una milla.’
(51) John found a wallet.
‘John encontró un monedero.’
(ejemplos de Slabakova & Montrul 2003: 178, traducciones propias)
Como ya fue indicado por Moens & Steedman (1988), el progresivo, en cambio, enfatiza el estado preparatorio de un proceso (→3.5). Así, resalta el carácter dinámico de una situación o actividad lo que explica su combinación imposible con estados (Montrul 2004: 96, Vendler 1957, →3.3).
Además, el sistema verbal inglés está caracterizado por la existencia de un perfecto compuesto (present perfect) que destaca la relación estrecha con el momento del habla, y consiguientemente explicita el aspecto perfecto (Comrie 1976 →3.4, Klein 1994 →3.2). Giorgi & Pianesi (1997) muestran que el perfecto del inglés, mientras que contrasta con los tiempos compuestos del italiano y del francés, se parece al perfecto compuesto del español peninsular. Es decir, en ambas lenguas no puede efectuarse una sustitución del pretérito simple por el perfecto compuesto sin que esta lleve a una alteración completa del significado.
En resumen, el sistema verbal inglés ofrece tanto diferencias como similitudes en comparación con el sistema español. La falta del imperfecto ejemplifica la diferencia paramétrica existente entre las lenguas románicas y germánicas. Sin embargo, se ha demostrado que el inglés posee nociones básicas de aspecto gramatical, y por la presencia del progresivo y de perífrasis específicas para marcar la habitualidad, dispone de algunos mecanismos para explicitar nociones aspectuales de manera morfosintáctica explícita. En este punto, el inglés contrasta con el alemán. Es decir, aunque ambas lenguas pertenecen a la familia de las lenguas germánicas, no se igualan sus sistemas verbales.
4.3.2 Particularidades del alemán
Como el alemán también forma parte de las lenguas germánicas, asimismo se caracteriza por una diferencia paramétrica sólida en comparación con el español: igual que en otras lenguas germánicas, no existe la distinción morfológica entre la perfectividad y la imperfectividad. No obstante, el sistema germánico no resulta homogéneo, y algunas diferencias resultan evidentes (Schwenk 2012: 42). Para informar sobre una acción anterior al momento del habla, el alemán dispone básicamente de dos tiempos verbales del pasado principales: el Perfekt (ich habe gemacht ‘he hecho’) y el Präteritum1 (ich machte ‘hice’). Morfológicamente se asemejan al perfecto compuesto y al indefinido del español2, pero en su uso de hoy en día se distinguen vehementemente del castellano. Sin embargo, una revisión de la bibliografía demuestra que sobre las particularidades que representa el sistema alemán en relación con sus lenguas hermanas hay varios debates (véase Ebert 1996, Heinold 2015, Schwenk 2012, ten Cate 2004, Vater 2010, entre otros). Parcialmente, esto se debe a la similitud morfológica con los tiempos de otras lenguas indoeuropeas, en las que también existe un perfecto compuesto que históricamente es más nuevo que los pretéritos simples (Dahl 1985).
Desde un punto de vista normativo, parece haber un límite claro entre los dos tiempos verbales que aproximadamente se corresponde con los usos del perfecto compuesto en español y otras lenguas. Así, Heidolph et al. (1981: 508-509) afirman en Grundzüge einer deutschen Grammatik que los tiempos compuestos, entre ellos el Perfekt, se caracterizan por ser perfectivos, mientras que los tiempos simples (Präteritum y presente) son tiempos durativos. A continuación, se sugiere que el Präteritum es el único tiempo verbal que posee el rasgo [+pasado] de forma inherente, lo que impide su combinación en un contexto de simultaneidad o posterioridad en relación con el momento del habla. El Perfekt, en cambio, no posee ningún cargo temporal, sino que indica la compleción de una acción. Según estos autores, el uso del Perfekt como tiempo del pasado no es su significado prototípico sino meramente su uso más frecuente. Consecuentemente, no puede saberse cuándo la realización tuvo o va a tener lugar, sin que se establezca un contexto claro que defina el punto de referencia (compárese definiciones de Reichenbach 1947, →3.2).
Estas asunciones, en continuación, no se comparten aquí. Interesantes para el contexto de un estudio entre aprendices alemanes son las caracterizaciones de Riemer (2000) que, en su tesis doctoral, pone un enfoque en las diferencias entre el sistema alemán y el español para construir sobre ellas un estudio empírico (→5.3). A través de una revisión bibliográfica, Riemer (2000: 58-64) concluye que, solo en cuanto al Präteritum, los distintos gramáticos y lingüistas se ponen de acuerdo de que es un tiempo del pasado en el sentido de que designa un evento que objetivamente se posiciona anterior al momento del habla. Acerca del Perfekt, en cambio, existen diversos planteamientos contrarios que destacan o su aspecto resultativo y perfectivo (Brinkman 1971, Eisenberg 1986) o su función de informar sobre eventos del pasado (Ehrich 1992).
Defensores de la lingüística descriptiva como Vater (2010) y Schwenk (2012) no comparten estas definiciones normativas que, según estos autores, se basan meramente en la terminología. Esta sugiere que el significado por defecto del Präteritum (‘pretérito’) sea temporal, mientras que el del Perfekt (‘perfecto’) sea aspectual.3 Esta argumentación, que se basa en términos originalmente latinos, resulta inválida (Schwenk 2012: 39).
En realidad, el uso de las formas en la lengua coloquial y cotidiana no resulta tan regular, y se encuentran varias desviaciones de las predicciones que pueden derivarse de los contrastes expuestos en las gramáticas. Estas diferencias entre la normativa y la realidad lingüística complican la descripción del sistema alemán, e igualmente dificultan las descripciones de la gramática contrastiva, comparando alemán y español (véase DUDEN 2009: 507).
En su libro didáctico, Heinold (2015: 102-111) resume las afirmaciones principales de las distintas teorías lingüísticas sobre esta oposición en alemán. Llega a la conclusión de que, en la mayoría de los casos, representan formas verbales realmente intercambiables. Así, especialmente el Präteritum puede ser sustituido por el Perfekt, sobre todo en la lengua coloquial y hablada. En general, la oposición equivale más bien a una diferencia estilística, característica de variaciones diamésicas o diafásicas. Afirma que la función principal del Perfekt es informar (Heinold 2015: 100) mientras que el Präteritum sirve para narrar (Heinold 2015: 92).
Estas caracterizaciones se asemejan al modelo de Weinrich (2001)4, según el cual una función principal de los tiempos verbales es la diferenciación entre el mundo comentado (‘besprochene Welt’) y el mundo narrado5 (‘erzählte Welt’). Estos mundos representan distintas funciones discursivas para trasladar el conocimiento sobre acciones del pasado a un interlocutor (Weinrich 2001: 41). El autor argumenta que la propiedad de la relevancia, que subyace a este contraste, también se manifiesta en otras categorías gramaticales. Así, por ejemplo, la tripartición de las personas gramaticales igualmente está caracterizada por la relación de la oración con el hablante y el interlocutor (Weinrich 2001: 43). Pero también en el contexto de los sintagmas nominales, se encuentran elementos gramaticales –como los artículos y demostrativos (Weinrich 2001: 44)– que describen la distancia entre el sustantivo en cuestión y el hablante. Todos estos elementos en su conjunto, según el autor, ilustran la importancia que la noción de la relevancia y la distancia tiene para las conversaciones.
En cuanto a los tiempos verbales del alemán, Weinrich (2001: 82/83) argumenta que el marcaje de una acción con el Perfekt en vez del Präteritum sirve para trasladar el evento al mundo comentado, añadiéndole un valor de relevancia. Por esta razón, la designación Perfekt, en realidad, resulta absolutamente inadecuada (“die ungeeignetste aller denkbaren Bezeichnungen”, Weinrich 2001: 82). El Präteritum forma parte de otro plano discursivo, y se reserva para las narraciones. En resumen, la distinción entre las formas no es de índole semántica sino meramente estilística.
Una consecuencia directa de la asociación del Präteritum con el lenguaje formal y escrito es que las formas de la segunda persona gramatical son especialmente raras. Así, Heinold (2015: 91) afirma que la mayoría de los hablantes alemanes nativos expresan ciertos problemas al construir las formas du fraßt (de fressen ‘devorar’)/ gebarst (de gebären ‘dar a luz’)/ genossest (de genießen ‘disfrutar’)/ gossest (de gießen ‘regar’)/ littst (de leiden ‘sufrir’)/ rissest (de reißen ‘desgarrar’)/ soffst (de saufen ‘beber en exceso’)/ leitetest (de leiten ‘guiar’)/ bürstetest (de bürsten ‘cepillar’).
Aunque las causas no son del todo claras (Fischer 2015, Sapp 2009), ya a partir del año 1350 la oposición entre los tiempos empezó a debilitarse, dando lugar a un uso equiparable de ambas formas sin que se causara ninguna alteración semántica alrededor del año 1500 en los dialectos alemánicos. Después del año 1530, la frecuencia de las formas del Perfekt aumentó de manera repentina dando lugar a una sustitución completa (Sapp 2009: 420).
Rowley (1983: 166) indica que, en las zonas de Austria, Suiza y Baviera, la pérdida de las formas del Präteritum hasta concernía a los verbos sein (‘ser’/’estar’) y haben (‘tener’/’haber’). Yéndose más al norte, empiezan a percibirse las formas war (‘fue’), hatte (‘tuvo’/’hubo’), wollte (‘quiso’) y sollte (‘debió’). Respecto al alemán bajo, que se habla en el norte del país, Rowley (1983: 173) afirma que las formas del Präteritum de todos los verbos siguen vivas. En todos los lugares, sin embargo, la frecuencia de las formas sintéticas en la lengua hablada es baja, especialmente en cuanto a verbos poco frecuentes (Rowley 1983: 169).
Un dato muy curioso en este respecto es la apariencia del Doppelperfekt (DUDEN 2009: 514/515, §. 745-746). Este término, que podría traducirse por perfecto doble alude a la sustitución del pluscuamperfecto por una construcción particular que resulta difícilmente traducible a otras lenguas. 6 Igual que en español, el pluscuamperfecto alemán se forma por una combinación entre un auxiliar7 que aparece en pasado y el participio del verbo principal. La forma estándar es la aplicación del Präteritum al auxiliar, dando lugar a la construcción ejemplificada en (52).
(52) Ich hatte es vergessen.
‘Lo había olvidado.’
Igual que la forma hatte, cuando se utiliza en su función léxica (‘tuve’), está sujeta a un posible remplazo por la correspondiente forma del Perfekt, la misma sustitución también puede darse en la construcción del pluscuamperfecto. El resultado es la forma en (53).
(53) Ich habe es vergessen gehabt. (según DUDEN 2009: 514)
‘Lo he habido (=había) olvidado.’
Solo en unos pocos contextos, se impide la sustitución. Schwenk (2012: 42) afirma que estos casos conciernen a usos particulares del Perfekt que, en estas situaciones, no puede ser remplazado por la forma correspondiente del Präteritum (véase abajo). Consiguientemente, y distinto de lo que se vio en otros sistemas verbales, como en el del español o del inglés, es el tiempo compuesto el que se caracteriza por ser el tiempo del pasado por defecto. En comparación con el tiempo simple, tiene una neutralidad más alta.
Ehrich & Vater (1989) alegan un ejemplo (véase Heinold 2015: 105), en el que se ilustra el hecho de que el Perfekt sobre todo se refiere a la anterioridad del evento a un punto de referencia. Este punto de referencia (siguiendo a Reichenbach 1947) coincide con el momento del habla, mientras que entre este momento y el evento no existe una relación deíctica directa.
| (54) | Sie | bekommen | die | Ware, | wenn | Sie | bezahlt haben. |
| Usted | recibir.PRES | el | producto, | cuando | usted | pagar.PERF. | |
| ‘Recibirá el producto, cuando haya pagado.’ | |||||||
En casos como tales, el Perfekt mantiene su característica analítica: el auxiliar lleva los rasgos temporales, mientras que el participio conlleva el significado de compleción (cf. Klein 1994, Heinold 2015: 106-107)
La traducción al castellano, sin embargo, demuestra que este caso en efecto es un ejemplo de una acción futura. Es por eso que, aunque se expresa con el Perfekt, no puede incluirse en los tiempos del pasado. La función puede considerarse como resto de una evolución diacrónica (véase Fischer 2015, Öhl 2009).
En otros contextos, la competencia entre la forma compuesta y el Präteritum es evidente. En este punto, el alemán se distingue claramente de otras lenguas germánicas, especialmente del inglés (→4.4.3). Así, el DUDEN (2009: 507, §. 726) afirma que el uso del Perfekt como tiempo del pasado es el uso más habitual y más frecuente.
Una consecuencia directa de la competencia entre las dos formas es la intercambiabilidad libre de ellas, al menos en cuanto al significado semántico. En aquellos dialectos en los que ambas formas se mantienen, la oposición consiguientemente emplea una función distinta. Según el DUDEN (2009: 513, §. 743), un uso aumentado del Präteritum es característico para la lengua culta en la que forma la base de una narración. El uso del Perfekt se reserva para marcar una relevancia contextual, como por ejemplo en una frase introductoria de un artículo periodístico. En la lengua hablada cotidiana, en cambio, es el Perfekt que forma la base de un recuento del pasado (DUDEN 2009: 514, §. 744). Evidentemente, de ahí puede extenderse a textos escritos que se caracterizan por un estilo más coloquial.
En resumen, la oposición entre Perfekt y Präteritum concierne a varios rasgos extralingüísticos, como cuestiones de estilo, registro y el medio usado. Mientras que los dos tiempos pueden emplear funciones distintas (informe vs. narración), su intercambio no altera el significado. Puesto que el significado se mantiene, sin embargo, la oposición no puede ser aspectual. Por esta razón, se adaptará el planteamiento de que el sistema verbal del pasado en alemán no está caracterizado por nociones del aspecto gramatical. El siguiente ejemplo demuestra que, efectivamente, puede postularse una intercambiabilidad total de las dos formas en cuestión:
| (55) | Du | hast geschlagen | als | ich | nach | Hause | kam |
| Tú | dormir.PERF, | cuando | yo | a | casa | llegar.PRÄT |
| (56) | Du | schliefst, | als | ich | nach | Hause | gekommen bin. |
| Tú | dormir.PRÄT, | cuando | yo | a | casa | llegar.PERF |
| (57) | Du | schliefst, | als | ich | nach | Hause | kam. |
| Tú | dormir.PRÄT, | cuando | yo | a | casa | llegar.PRÄT. |
| (58) | Du | hast geschlagen, | als | ich | nach | Hause | gekommen bin. |
| Tú | dormir.PERF, | cuando | yo | a | casa | llegar.PERF |
Aunque las cuatro frases presentan distintas formas verbales, todas se corresponden con la misma traducción en castellano, verbalizada en (59):
(59) ‘Estabas dormido, cuando llegué a casa.’
De modo interesante, las formas más habituales de expresar la afirmación se encuentran en los ejemplos (55) y (58). Mientras que las dos formas compuestas en (58) se explican por la tendencia a usar el Perfekt en la lengua hablada, las formas en (55) resultan especialmente interesantes: ambos tiempos emplean las funciones inversas de sus supuestos significados prototípicos. Mientras que el acto de dormir es una acción continua y extensa, la llegada a casa es puntual. El ejemplo, por esta razón, se posiciona en oposición directa a las predicciones de las gramáticas normativas. La razón por la que, aparentemente, se prefiere el Präteritum para expresar la acción puntual, y el Perfekt para expresar la acción continua, de hecho, yace en las frecuencias de los verbos del ejemplo. Hasta en el lenguaje estándar solamente los verbos más frecuentes aparecen en Präteritum (Rowley 1983: 180). Heinold (2015: 90) enlista algunos pocos ejemplos: denken (‘pensar’), dürfen (‘poder’/’estar permitido’), geben (‘dar‘), haben (‘tener’), können (‘poder’), kommen (‘venir’), müssen (‘deber’/’tener que’), sagen (‘decir’), sein (‘ser’/’estar’), stehen(‘estar de pie’), werden (‘hacerse’), wissen (‘saber’), y wollen (‘querer’).
Finalmente, cabe preguntarse si el sistema verbal del alemán posee rasgos aspectuales en otros contextos. Y en efecto, actualmente se observa una extensión de una forma que se parece al progresivo neerlandés que, bajo contextos específicos sí puede marcar un aspecto formativo. Igual que en neerlandés, se forma a través de una construcción del verbo copulativo, la palabra am construida por una preposición y el artículo definido, y el infinitivo.
(60) Ich bin am Lesen.
Estoy en el leer.
‘Estoy leyendo’.
Conocido también bajo el término gerundio renano, a veces se asume que la forma está restringida a la región de Renania (Heinold 2015: 60), y así representa un fenómeno dialectal. No obstante, ha podido demostrarse que también existe en otras zonas dialectales, por lo que la denominación no es precisamente adecuada (Andersson 1989, Thiel 2008). En la lengua estándar, en cambio, (60) aún se considera agramatical por una gran parte de hablantes nativos, y está estigmatizada entre académicos (Thiel 2008).
En conclusión, puede afirmarse que el sistema verbal alemán es libre de nociones aspectuales, ya que ni distingue entre perfectividad e imperfectividad/progresividad ni marca el aspecto perfecto. Para explicitar cualquier noción aspectual, hace falta el uso de palabras léxicas como adverbios. Así, Heinold (2015) indica que el aspecto progresivo suele explicitarse por el adverbio gerade ‘de momento’ (Heinold 2015: 64), mientras que el aspecto habitual se entiende por immer ‘siempre’ o gewöhnlich ‘habitualmente’. Un marcaje morfológico, consecuentemente, se vuelve secundario o innecesario.
Aunque Thiel (2008: 5) argumenta que la generación actual del progresivo puede ser un indicio de que el sistema verbal alemán empieza a desarrollar una noción del aspecto imperfectivo, su gramaticalización presentemente no puede considerarse terminada. Andersson (2004), en este contexto, discute la cuestión de si el aspecto gramatical forma parte del sistema alemán en absoluto.
Las objeciones a la relevancia del concepto para el sistema alemán no son tan sencillamente impugnables. Heinold (2015: 68) afirma que una de las causas más evidentes para esta problemática es el hecho de que el término ‘aspect’ se generó en relación con una familia lingüística que solo comparte pocos rasgos con la lengua alemana: las lenguas eslavas (→4).
Especialmente en lo que concierne a la comparación entre español y alemán, para los siguientes apartados conviene adaptar la posición de Schwenk (2012: 37) que clasifica el alemán como Nichtaspektsprache (‘lengua no aspectual’ o ‘lengua sin aspecto’) y resalta la necesidad de hacer uso del léxico para la ilustración de contrastes aspectuales. Ante las explicaciones presentes, se ha demostrado que esta posición resulta adecuadamente plausible: la alternancia entre Perfekt y Präteritum no provoca un cambio de perspectiva ni del significado, y el progresivo no se percibe como elemento estándar.
Consecuentemente, los aprendices del estudio empírico en la que se centran las secciones 7-10 se caracterizan por una combinación lingüística que ilustra una diferencia paramétrica enorme. Esta diferencia tiene un efecto sobre la aplicación de las hipótesis de adquisición como va a ser mostrado en secciones posteriores (→4.5-4.6). Especialmente en el contexto de describir el reensamblaje de rasgos que se efectúa durante la adquisición de la L2, conviene aludir brevemente al proceso de ensamblaje en la adquisición de alemán como L1. En el caso del aspecto gramatical, este ensamblaje es particularmente sencillo. Ya que la diferencia entre las distintas nociones del aspecto gramatical no se marca a través de herramientas morfosintácticas, el ensamblaje puede entenderse como una fusión total de todos los rasgos aspectuales ([±perfectivo], [±progresivo], [±continuo]). Es decir, como las formas verbales del alemán solo marcan el tiempo y el modo, las nociones aspectuales pueden asignarse todas con la misma forma morfológica.
Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.