Kitabı oku: «La semana laboral de 4 horas»
Título original inglés: The 4-Hour Workweek, expanded and updated edition
© Timothy Ferriss, 2007, 2010.
The 4-Hour Workweek, expanded and updated edition de Timothy Ferriss, se ha negociado con Crown Publishers, un sello de The Crown Publishing Group, una división de Random House, Inc.
© de la traducción: María Rodríguez de Vera, 2008.
© de la ampliación de la traducción: Josep Escarré Reig, 2010
© de esta edición digital: RBA Libros, S.A., 2015.
Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
www.rbalibros.com
CÓDIGO SAP: OEBO482
ISBN: 9788416267217
Composición digital: Newcomlab, S.L.L.
Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Todos los derechos reservados.
Índice
Cita
Prefacio a la edición ampliada y revisada
Empecemos por el principio
Preguntas más habituales: Para los que dudan
Mi historia y por qué necesitas este libro
Cronología de una patología
Paso I: D de Definición
1. Advertencias y comparaciones: cómo patearse un millón de dólares en una noche
2. Reglas que cambian las reglas: todo lo comúnmente aceptado como cierto es falso
3. Esquivar balas: identificar miedos y sacudirse la parálisis
4. Reiniciar el equipo: ser poco razonable y totalmente directo
Paso II: E de Eliminación
5. El fin de la administración del tiempo: ilusiones e italianos
6. La dieta hipoinformativa: cultivar la ignorancia selectiva
7. Interrumpir las interrupciones y el arte de la negativa
Paso III: A de Automatización
8. Subcontratar tu vida: librarse del resto y una muestra de geoarbitraje
9. Ingresos en piloto automático I: busca tu musa
10. Ingresos en piloto automático II: prueba la musa
11. Ingresos en piloto automático III: MBA: Máster en Beneficios por Ausencia
Paso IV: L de Liberación
12. Acto de desaparición: cómo escaparse de la oficina
13. Siniestro total: cárgate tu trabajo
14. Minijubilaciones: abrazar la vida móvil
15. Llenar el vacío: sumar vida tras restar trabajo
16. Los 13 errores más garrafales del Nuevo Rico
El capítulo final: un correo electrónico que tienes que leer
Por último pero no menos importante
Lo mejor del blog
Vivir la semana laboral de 4 horas estudios, consejos y herramientas
Lecturas restringidas: los pocos que importan
CAPÍTULOS DE REGALO
AGRADECIMIENTOS
Notas
Para mis padres, Donald y Frances Ferriss, quienes enseñaron a un pequeño demonio que marchar al son de otra música estaba bien. Os quiero a los dos y os lo debo todo.
Ayuda a los profesores de tu zona:
El 10% de los derechos percibidos por el autor se donan a organizaciones educativas sin ánimo de lucro, como Donorschoose.org.
PREFACIO A LA EDICIÓN AMPLIADA Y REVISADA
La semana laboral de 4 horas fue rechazado por 26 de los 27 editores a los que fue enviado.
Después de haber vendido el libro, el presidente de una empresa de marketing que podía convertirse en un socio potencial, un importante librero, me mandó un correo electrónico con antiguos estudios estadísticos para dejarme claro que no sería un éxito de ventas.
Entonces hice algo que se me daba muy bien. Lo escribí pensando en dos de mis mejores amigos, hablándoles directamente y abordando sus problemas —problemas que yo había tenido hacía tiempo—, y me concentré en las opciones que normalmente me habían funcionado a mí.
Sin duda alguna, intenté establecer las condiciones para convertir el libro en un éxito inesperado, aunque no era muy probable que lo fuera.
El 2 de mayo de 2007 recibí una llamada al móvil de mi editora.
—Tim, figuras en la lista.
En Nueva York eran poco más de las cinco de la tarde y yo estaba exhausto. El libro había salido a la venta hacía cinco días y yo acababa de terminar una serie de más de veinte entrevistas radiofónicas seguidas que habían empezado a las seis de esa mañana. No quería hacer una gira con el libro; prefería «concentrar» las emisoras de radio en 48 horas.
—Te quiero, Heather, pero por favor, no $#%* conmigo.
—No, en serio, figuras en la lista. ¡Enhorabuena! ¡Eres un éxito de ventas del New York Times!
Me apoyé en la pared y me dejé caer hasta que me quedé sentado en el suelo. Cerré los ojos, sonreí y respiré profundamente. Las cosas estaban a punto de cambiar.
Todo estaba a punto de cambiar.
EL DISEÑO DE UN ESTILO DE VIDA, DE DUBAI A BERLÍN
A estas alturas, La semana laboral de 4 horas ha sido vendido para ser traducido a 35 idiomas distintos. Ha figurado en la lista de éxitos de ventas durante más de dos años y todos los meses es motivo de nuevas historias y descubrimientos. Desde la portada de The Economist al suplemento New York Times Style, desde las calles de Dubai a los cafés de Berlín, el diseño de un estilo de vida ha trascendido a todas las culturas y se ha convertido en un movimiento de alcance mundial. Las ideas originales del libro han sido desmontadas, mejoradas y probadas en entornos y en formas que yo nunca habría sido capaz de imaginar.
Entonces, ¿por qué una nueva edición si las cosas funcionan tan bien? Pues porque sé que pueden mejorar y porque faltaba un ingrediente: vosotros.
Esta edición ampliada y revisada ofrece más de 100 páginas con nuevos contenidos, incluidas las últimas y más innovadoras tecnologías, recursos y —lo más importante— historias reales que han sido un éxito, escogidas entre más de 400 páginas de casos enviados por los lectores.
¿Familias y estudiantes? ¿Gerentes y vagabundos profesionales? Escoge el que más te convenga. Seguro que hay alguien cuyo éxito puedes imitar. ¿Necesitas un modelo para abordar un negocio a distancia, quizás en Argentina? Esta vez, lo encontrarás aquí.
El blog de experimentos sobre cómo diseñar un estilo de vida (www.fourhourblog.com) fue lanzado al mismo tiempo que el libro, y al cabo de seis meses se convirtió en uno de los más populares del mundo, con más de 120 millones de visitas. Miles de lectores han compartido sus herramientas de trabajo y sus trucos, consiguiendo unos increíbles e inesperados resultados. El blog se ha convertido en el laboratorio que siempre había soñado, y os animo a sumaros a él.
La nueva sección «Lo mejor del blog» incluye algunos de los correos más populares de la página web, y en el propio blog también encontraréis recomendaciones de mucha gente, desde Warren Buffett (le localicé, y os explicaré cómo lo hice) hasta Josh Waitzkin, un genio del ajedrez. Es un campo de pruebas para quienes quieran conseguir mejores resultados en menos tiempo.
NO «REVISADA»
Que esta edición sea «revisada» no significa que el libro original ya no funcione. Las erratas y los pequeños errores han sido corregidos a lo largo de las más de 40 reediciones que se han publicado en Estados Unidos. Ésta es la revisión más exhaustiva, pero no por las razones que podríais creer.
Las cosas han cambiado de forma muy dramática desde abril de 2007. Los bancos quiebran, los fondos de pensiones se están evaporando y el desempleo aumenta a pasos agigantados. Tanto los que han leído el libro como los escépticos se preguntan lo mismo: ¿siguen funcionando los principios y las técnicas expuestos en el libro en un momento de recesión o depresión económica?
Por supuesto que sí.
En realidad, las preguntas que me planteé durante las lecturas previas, incluida la de: «¿En qué cambiarían tus prioridades y decisiones si nunca pudieras retirarte?» ya no son hipotéticas. Millones de personas han visto cómo sus ahorros perdían un 40% o más y ahora están buscando la opción C o D. ¿Pueden redistribuir su pensión para que su vida sea más asequible? ¿Pueden trasladarse unos cuantos meses al año a lugares como Costa Rica o Tailandia para multiplicar el rendimiento de su estilo de vida con sus menguados ahorros? ¿Vender sus servicios a empresas del Reino Unido para ganar más con una divisa más fuerte? La respuesta a todos ellos es, más que nunca, sí.
El concepto de diseño de un estilo de vida como sustituto de la planificación de una carrera es sensato. Es más flexible y permite probar diferentes estilos de vida sin comprometerse con un plan de pensiones a 10-20 años que puede fallar a causa de unas fluctuaciones del mercado que escapan a nuestro control. La gente está abierta a explorar otras alternativas (y es más indulgente con otros que hacen lo mismo), cuando la mayoría de las otras opciones —las que en otros tiempos eran «seguras»— han fracasado.
Cuando todo y todos fracasan, ¿cuál es el coste de un pequeño experimento realizado al margen de la norma? En muchas ocasiones, nada. Hagamos un salto en el tiempo hasta 2011. ¿Os preguntan en una entrevista de trabajo acerca de ese año sabático?
—Despedían a todo el mundo, y se me presentó una oportunidad única para poder viajar por todo el mundo. Fue algo increíble.
Como mucho, os preguntarán cómo podrían hacer lo mismo. Los guiones que contiene este libro siguen funcionando.
Facebook y LinkedIn aparecieron en la «depresión» punto com post-2000. Entre los bebés nacidos durante una recesión se encuentran también Monopoly, Apple, Cliff Bar, Scrabble, KFC, Domino’s Pizza, FedEx y Microsoft. No es una coincidencia, ya que las desaceleraciones económicas producen infraestructuras baratas, extraordinarios trabajadores por cuenta propia a precios de saldo y contratos publicitarios baratísimos..., cosas absolutamente imposibles cuando todo el mundo derrocha optimismo.
Tanto si se trata de tomarse un año sabático como de poner en marcha una idea para un negocio, rediseñar vuestra vida dentro de la bestia corporativa o llevar a cabo los sueños que siempre se dejan para «algún día», nunca ha habido un momento mejor para probar lo infrecuente.
¿Qué es lo peor que podría ocurrir?
Os animo a recordar esta a menudo olvidada pregunta cuando se empiezan a ver las infinitas posibilidades que existen fuera de esa comodidad habitual que suele rodearnos normalmente. Esta época de histeria colectiva puede ser vuestra gran oportunidad para experimentar.
Ha sido un honor compartir estos últimos dos años con lectores de todo el mundo, y espero que disfrutéis de esta nueva edición tanto como yo he disfrutado escribiéndola.
Soy y seguiré siendo vuestro humilde alumno.
Un abrazo fuerte,
TIM FERRISS
San Francisco (California), 21 de abril de 2009
EMPECEMOS POR EL PRINCIPIO
PREGUNTAS MÁS HABITUALES: PARA LOS QUE DUDAN
¿Es el diseño de vida algo hecho para ti? Seguramente sí. Aquí van algunas de las dudas y miedos que suelen invadir a quienes están pensándose dar el salto y unirse a la liga de los Nuevos Ricos.
¿Tengo que dejar mi trabajo? ¿Tiene que gustarme correr riesgos?
No a las dos cosas. Tanto para desaparecer de la oficina usando trucos mentales de Jedi como para diseñar negocios que financien tu modo de vida, siempre habrá un camino con el que te sientas cómodo. ¿Cómo consigue un empleado de una megaempresa norteamericana desaparecer un mes para explorar los tesoros ocultos de China y borrar sus huellas con ayuda de la tecnología? ¿Cómo se crea un negocio que funciona solo y genera 80.000 dólares al mes sin necesidad de gestión alguna? Aquí está todo.
¿Tengo que ser un veinteañero soltero?
De ninguna manera. Este libro es para cualquiera que esté harto de aplazar su vida y quiera vivirla a tope en vez de posponerla. Entre los casos que veremos hay un chico de veintiún años que conduce un Lamborghini y una madre soltera que recorrió el mundo durante cinco meses con dos niños. Si estás harto del manido menú de posibilidades de siempre y te sientes preparado para adentrarte en un mundo de opciones infinitas, este libro es para ti.
¿Tengo que viajar? Yo sólo quiero tener más tiempo.
No. Viajar es una opción más. El objetivo es crear libertad de tiempo y espacio para usarlos ambos cuando tú quieras.
¿Tengo que haber nacido rico?
No. Mis padres nunca han ganado más de 50.000 dólares al año entre los dos y yo llevo trabajando desde los 14. No soy Rockefeller y tampoco tienes que serlo tú.
¿Tengo que ser licenciado de una universidad prestigiosa?
No. La mayoría de las personas que pongo como ejemplo en este libro no fueron a las Harvard del mundo y algunos nunca terminaron sus estudios. Las instituciones académicas de renombre son fantásticas, pero existen beneficios por no proceder de ellas que suelen pasar desapercibidos. Los licenciados de facultades prestigiosas se ven succionados hacia puestos con jornadas de 80 horas semanales con sueldos astronómicos, además de aceptar como la única vida posible pasar entre 15 y 30 años en un trabajo hiperdeprimente. ¿Cómo lo sé yo? He vivido para contarlo. Este libro le da la vuelta a la tortilla.
MI HISTORIA Y POR QUÉ NECESITAS ESTE LIBRO
«Siempre que te descubras en el lado de la mayoría, es hora de detenerse a reflexionar.»
MARK TWAIN
«Todo aquel que no viva por encima de sus posibilidades sufre de falta de imaginación.»
OSCAR WILDE, dramaturgo y novelista irlandés
Las manos me estaban sudando otra vez.
Ahí estaba, con los ojos fijos en el suelo para que no me deslumbrasen los potentes focos del techo. Supuestamente era uno de los mejores del mundo, pero yo no acababa de asimilarlo.
Mi pareja, Alicia, iba pasando el peso del cuerpo de un pie a otro mientras esperábamos en la cola junto a nueve parejas más, todos seleccionados de entre más de 1.000 contrincantes de más de 29 países de cuatro continentes. Era el último día de las semifinales del Campeonato Mundial de Baile de Tango e íbamos a actuar por última vez delante de jueces, cámaras de televisión y una muchedumbre que nos vitoreaba. Las demás parejas llevaban una media de 15 años juntos. Para nosotros, ese momento era la culminación de cinco meses de practicar 6 horas diarias. ¡Nuestro público nos reclamaba!
—¿Cómo estás? —me preguntó, en su español claramente argentino, Alicia, una bailarina con muchas tablas.
—Estupendamente. Genial. Disfrutemos de la música. Olvídate de la gente; como si no estuvieran.
Eso no era del todo verdad. Era difícil siquiera imaginarse a 50.000 espectadores y coordinadores en La Rural, aunque sea el mayor pabellón de exposiciones de Buenos Aires. A través de la densa cortina de humo de cigarrillo, casi no se distinguía a la enorme masa que se removía sinuosamente en las gradas. Por todos lados se veía claramente el suelo, menos el espacio sagrado de 75 cm × 1 metro justo en el centro. Me estiré el traje a rayas mientras jugueteaba con mi pañuelo de seda azul hasta que se hizo evidente que era un manojo de nervios.
—¿Estás nervioso?
—No, no estoy nervioso. Es la emoción. Voy a divertirme y dejar que el resto fluya.
—Número 152: al escenario.
Nuestro acompañante había cumplido con su parte y ahora nos tocaba a nosotros. Le susurré a Alicia una broma nuestra al oído mientras subíamos a la plataforma de madera: «Tranquilo». Soltó una risa y, justo en ese momento, pensé para mí mismo: «¿Qué demonios estaría haciendo ahora mismo si no hubiese dejado mi trabajo en Estados Unidos hace más de un año?».
El pensamiento se desvaneció tan rápido como había surgido cuando el presentador se acercó al altavoz y el público estalló en aplausos al unísono:
—Pareja número 152, ¡¡¡Timothy Ferriss y Alicia Monti, Ciudad de Buenos Aires!!!
Era nuestro momento y yo estaba exultante.
Hoy en día me es difícil responder a la pregunta más básica que se hace en Estados Unidos y gracias a Dios que es así. Si no lo fuese, no estarías leyendo ahora mismo este libro.
—Bueno, ¿y a qué te dedicas?
Suponiendo que pudieras encontrarme (difícil), y dependiendo de cuándo me lo preguntaras (preferiría que no lo hicieras) podría estar corriendo en moto por Europa, buceando en una isla privada en Panamá, descansando debajo de una palmera entre clases de kickboxing en Tailandia o bailando tango en Buenos Aires. Lo mejor de todo es que no soy multimillonario ni me hace especial ilusión serlo.
Nunca me ha gustado responder a estas preguntas de cóctel porque son el reflejo de una epidemia que me alcanzó también a mí durante mucho tiempo: identificar qué haces con quién eres.
Si alguien me pregunta ahora qué hago con la sincera intención de saberlo, explico los misteriosos medios que sustentan mi forma de vida en muy pocas palabras. Soy camello.
Con eso normalmente se acaba la conversación. Además, sólo es verdad a medias. Tardaría demasiado en contar la verdad completa. ¿Cómo explicar que lo que hago con mi tiempo y lo que hago para ganar dinero son dos cosas completamente distintas? ¿Que trabajo menos de cuatro horas por semana y gano más al mes de lo que antes ganaba en un año?
Por primera vez, te voy a contar mi verdadera historia. Trata de una discreta subcultura de personas llamadas «Nuevos Ricos».
¿Qué hace un millonario residente en un iglú que el residente de un cubículo de oficina no hace? Regirse por una serie de reglas poco comunes.
¿Cómo consigue alguien que ha trabajado siempre para una empresa tecnológica escaparse para recorrer el mundo durante un mes sin que su jefe se dé cuenta? Se sirve de la tecnología para borrar sus huellas.
El dinero ya no se lleva. Los Nuevos Ricos (NR) dejan de aplazar su vida para crear formas de vida lujosas en el presente, sirviéndose de las divisas del Nuevo Rico: tiempo y movilidad. Esto es a la vez un arte y una ciencia que denominaremos diseño de vida (DV).
He pasado los últimos tres años viajando con quienes viven en mundos que actualmente no podemos imaginar. Deja de odiar la realidad. Yo te enseñaré a someterla a tu voluntad. Es más fácil de lo que parece.
Mi recorrido desde oficinista que pasaba media vida en el trabajo por cuatro duros a miembro de los NR es al mismo tiempo novelesco en muchos sentidos y —ahora que he descifrado el código— fácil de duplicar. Existe una receta.
La vida no tiene que ser tan dura. De verdad que no. La mayoría de la gente, mi yo pasado incluido, se ha dedicado durante demasiado tiempo a convencerse de que la vida tiene que ser difícil, resignados a pasar día tras día en una cárcel laboral mortalmente aburrida a cambio de fines de semana (a veces) relajantes y ocasionales días de vacaciones (pocas, no sea que te despidan).
La verdad, al menos la verdad que yo vivo y que voy a contar en este libro, es muy distinta. Aprovechar a tu favor las diferencias entre divisas, subcontratar tu vida o desaparecer. Voy a mostrarte cómo un pequeño grupo clandestino utiliza la prestidigitación económica para hacer lo que la mayoría considera imposible.
Si has cogido este libro, es muy probable que no quieras estar sentado delante de un ordenador hasta cumplir los 62. Tu sueño puede ser dejar de depender de un sueldo, hacer realidad tu fantasía de viajar, vagabundear por ahí mucho tiempo, batir récords mundiales o simplemente dar un giro de 180º a tu trayectoria profesional. Sea cual sea, este libro te ofrece todas las herramientas que necesitarás para hacerlo realidad aquí y ahora, en lugar de cuando llegue esa, a menudo, difícil de conseguir «jubilación». Existe una manera de obtener la recompensa a una vida de esforzado trabajo sin esperar hasta el final. ¿Cómo? Todo parte de una sencilla distinción que se le escapa a la mayoría, incluso a mí mismo durante 25 años.
La gente no quiere ser millonaria; lo que quiere es experimentar lo que cree que sólo los millones pueden proporcionarles. Los chalés junto a estaciones de esquí, los mayordomos y los viajes a destinos exóticos suelen estar solicitados. ¿Quizás untarte manteca de cacao en la barriga tumbado en una hamaca mientras escuchas las olas chocar rítmicamente contra la cubierta de tu bungalow de techo de paja? Suena bien.
La fantasía no es tener un millón de dólares en el banco. La fantasía es la vida de completa libertad que supuestamente comporta ese millón. La cuestión es: ¿cómo conseguir esa vida de millonario, de completa libertad, sin tener primero el millón de dólares?
En los últimos cinco años he dado respuesta a esa pregunta para mí, y este libro te la responderá a ti. Te enseñaré cómo he separado ingresos de tiempo para crear el estilo de vida ideal para mí, viajando por el mundo y disfrutando de lo mejor que este planeta puede ofrecer. ¿Cómo diablos pasé de trabajar 14 horas al día y ganar 40.000 dólares al año a hacer semanas de 4 horas y ganar 40.000 al mes?
Se entiende mejor si sabes dónde empezó todo. Por extraño que parezca, fue en una clase de futuros gestores bancarios de inversiones.
En 2002, Ed Zschau, mentor entre los mentores y antiguo profesor mío de Habilitación con Tecnología Punta en la Universidad de Princeton, me invitó a regresar para hablar a la misma clase sobre mis aventuras empresariales en el mundo real. Me quedé perplejo. Decamillonarios habían dado charlas a esos mismos alumnos y, aunque había montado una empresa de suplementos alimenticios para deportistas muy rentable, yo marchaba al son de una música bien distinta.
Sin embargo, durante los días que siguieron me di cuenta de que lo que a todo el mundo le interesaba era cómo levantar empresas grandes y exitosas, venderlas y luego pegarse la gran vida. Nada que objetar. La pregunta que nadie parecía hacer o responder era: ¿por qué hacer todo eso? ¿Cuál es el cuerno de oro que justifica pasar los mejores años de tu vida esperando a ser feliz cuando ya te quede poco para el final?
Las ponencias que terminé redactando, tituladas «Cómo ser camello para ganar dinero pasándotelo bien» partían de una premisa muy sencilla: replantearse los supuestos en los que se basa la ecuación vida-trabajo.
• ¿Cómo cambiarían tus decisiones si no existiese la jubilación?
• ¿Qué pasaría si pudieras probar cómo se siente esa recompensa por aplazar tu vida antes de trabajar 40 años para conseguirla mediante una minijubilación?
• ¿Realmente es necesario trabajar como un esclavo para vivir como un millonario?
Ni me imaginaba dónde me llevarían estas preguntas.
¿La inusual conclusión? Las reglas de sentido común del «mundo real» son una frágil colección de ilusiones reforzadas por la sociedad. Este libro te enseñará a detectar y a aprovechar las opciones que otros no ven.
¿Por qué este libro es diferente?
Primero, no voy a detenerme mucho en el problema. Voy a dar por sentado que estás hambriento de tiempo, que un temor sigiloso se apodera lentamente de ti o —aún peor— que llevas una existencia cómoda y tolerable haciendo algo que no te llena. Lo último es lo más habitual y lo más insidioso.
Segundo, este libro no trata de cómo ahorrar, y no voy a recomendarte que abandones tu copa de vino tinto diaria a cambio de un millón de dólares dentro de 50 años. Prefiero beberme el vino. No voy a pedirte que elijas entre pasarlo bien hoy y tener dinero en el futuro. Creo que se pueden tener las dos cosas. El objetivo es divertirse y ganar dinero.
Tercero, este libro no va de cómo encontrar el «trabajo de tus sueños». Voy a partir de que, para la mayoría, entre seis y siete mil millones, el trabajo perfecto es el que se tarda menos tiempo en acabar.
La amplia mayoría no encontrará nunca un trabajo que sea una fuente inagotable de realización personal, así que ése no es nuestro objetivo; es liberar tiempo y automatizar nuestros ingresos.
Empiezo todas las clases explicando la importancia fundamental de saber «llegar a tratos». El abecé del buen negociador es simple: la realidad es negociable. Aparte de las reglas que rigen la ciencia y el derecho, todas las normas pueden plegarse o romperse, sin que haya que faltar a la ética.
Así, el DEAL norteamericano (el trato) forma las siglas del proceso de convertirse en miembro de los Nuevos Ricos. Son pasos y estrategias capaces de producir resultados increíbles, tanto si trabajas por cuenta ajena como si eres emprendedor. ¿Se puede hacer todo lo que yo he hecho teniendo un jefe? No. ¿Puedes usar esos mismos principios para doblar tus ingresos, reducir las horas que trabajas a la mitad o, por lo menos, doblar lo que duran normalmente tus vacaciones? Sin lugar a dudas.
Aquí tienes el proceso que necesitas para reinventarte paso a paso:
D de Definición, para darle la vuelta al erróneo sentido común e introducir las reglas y objetivos de otro juego. Aquí se erradican supuestos frustrantes y se explican conceptos como riqueza relativa y eustrés.1 ¿Quiénes son los NR y cómo operan? Este apartado explica la receta general del diseño de vida —los fundamentos— antes de añadir los ingredientes.
E de Eliminación, para cargarte de una vez por todas la obsoleta noción de administración del tiempo. Se te muestra exactamente cómo usé las palabras de un economista italiano, a menudo olvidado, para transformar días de trabajo de 12 horas en jornadas de dos horas... en 48 horas. Multiplica tus resultados por hora por diez o más con técnicas de NR contrarias al sentido común, destinadas a cultivar la ignorancia selectiva, abrazar la dieta hipoinformativa y hacer caso omiso de lo accesorio. De este apartado se extrae el primero de los ingredientes del diseño de una vida de lujo: el tiempo.
A de Automatización, para poner la entrada de efectivo en piloto automático con ayuda del arbitraje geográfico, la externalización y de normas de no decisión. Desde cómo precisar el blanco a las costumbres de los NR megaexitosos: todo está aquí. En este apartado aparece el segundo ingrediente necesario para diseñar una vida de lujo: los ingresos.
L de Liberación es el manifiesto promovilidad para aquellos cuyo país es el mundo. Se presenta el concepto de las minijubilaciones, así como los medios para dirigir a distancia sin fallo alguno y escapar del jefe. Liberarse no es viajar a lo cutre, sino derribar para siempre los muros que te confinan a una única ubicación. En este apartado entra en escena el último ingrediente del diseño de una vida de lujo: la movilidad.
Quisiera apuntar aquí que a la mayoría de los jefes no les hace mucha ilusión que te pases una hora al día en la oficina, por lo que los trabajadores a sueldo deberán leer los pasos indicados por las siglas DEAL en el orden pensado para el emprendedor, pero llevarlos a la práctica en otro orden: DELA. Si decides seguir en tu trabajo actual, tendrás que conseguir liberarte de una ubicación fija antes de reducir tus horas en un 80%. Aunque no te hayas planteado nunca convertirte en emprendedor en el sentido moderno de la palabra, el proceso DEAL te convertirá en emprendedor en el sentido más puro del término, tal como fue acuñado en 1800 por el economista francés J. B. Say: alguien que traslada recursos económicos desde un ámbito donde producen menos a otro donde rindan más.
Para terminar, quiero decir que muchas de las cosas que recomiendo te parecerán imposibles y hasta contrarias al sentido común más elemental. Soy totalmente consciente. Decídete a probar estas ideas como un ejercicio de pensamiento lateral. Si lo intentas, verás lo profunda que es la madriguera del conejo, y nunca mirarás atrás.
Respira hondo y déjame mostrarte mi mundo. Y recuerda: tranquilo. Es hora de divertirse y dejar que el resto fluya.
TIM FERRISS
Tokio, Japón
29 de septiembre de 2006
CRONOLOGÍA DE UNA PATOLOGÍA
«Un experto es una persona que ha cometido todos los errores que pueden cometerse en un campo muy reducido.»
NIELS BOHR, médico danés ganador de un Premio Nobel
«De costumbre estaba loco, pero tenía momentos de lucidez donde era simplemente estúpido.»
HEINRICH HEINE, crítico y poeta alemán
Este libro te enseñará exactamente los mismos principios que yo he aplicado para convertirme en lo siguiente:
• Ponente invitado como experto en habilitación en la Universidad de Princeton.
• Primer norteamericano de la historia que detenta un récord Guinness mundial de tango.
• Asesor de entrenamiento de más de 30 deportistas con récords mundiales.
• Según la revista Wired, «El Mejor Promotor de Sí Mismo 2008».
• Campeón nacional en China de kickboxing.
• Cuquero a caballo (yabusame) en Nikko, Japón.
• Investigador y activista en materia de asilo político.
• Bailarín de breakdance en la MTV de Taiwán.
• Competidor de lanzamiento en Irlanda.
• Actor en una serie de TV de máxima audiencia emitida en China y Hong Kong.
Cómo llegué a ese punto es un poquito menos glamuroso:
1977 Nacido prematuro por 6 semanas. Me dan un 10% de posibilidades de sobrevivir.
La cosa es que sobrevivo y me pongo tan gordo que no puedo dar volteretas.
Un desequilibrio muscular en los ojos hace que cada uno mire por su lado. Mi madre me llama cariñosamente «mi atunito».
Hasta el momento, todo bien.
1983 Por poco suspendo la guardería porque me niego a aprender el alfabeto. Mi profesora se opone a explicarme por qué tengo que aprendérmelo y opta en su lugar por soltarme: «Porque soy la profesora; por eso». Le digo que eso es una chorrada y le pido que me deje en paz para poder concentrarme en dibujar tiburones. Me manda a la «mesa de los malos» y me hace comerme una pastilla de jabón. Inicio de mi desprecio por la autoridad.
1991 Mi primer trabajo. ¡Ay, qué recuerdos! Me contratan con el salario mínimo como fregachín en una heladería. Rápidamente me doy cuenta de que los métodos del jefe exigen hacer el doble de esfuerzo. Hago las cosas a mi manera, termino en una hora en lugar de en ocho y me paso el resto del tiempo leyendo revistas de kung-fu y practicando fuera patadas de karate. Me despiden en el plazo récord de tres días, con la frase de despedida: «Tal vez algún día aprendas a valorar el trabajo duro». Parece que el día aún no ha llegado.
1993 Me ofrezco voluntario para un intercambio de un año en Japón, donde la gente se mata de tanto trabajar —un fenómeno llamado karooshi— y se dice que quieren ser sintoístas al nacer, cristianos al casarse y budistas al morirse. Extraigo a modo de conclusión que la mayoría de la gente no tiene claro de qué va la vida. Una noche, tratando de pedir a la señora de la casa donde vivo que me despierte al día siguiente (okosu), le pido que me viole salvajemente (okasu). La dejo sumida en la confusión.
1996 Consigo colarme en Princeton, a pesar de puntuar en las pruebas de razonamiento crítico un 40% peor que la media y de que el asesor preuniversitario del instituto me aconseje ser más «realista». Pienso que se me da mal la realidad. Me licencio en neurociencias y luego me paso a Estudios de Asia Oriental para evitar poner tomas de impresora en cabezas de gatos.
1997 ¡Hora de hacerse millonario! Produzco un audiolibro llamado How I Beat the Luy League, empleando todo el dinero ganado en tres trabajos de verano en fabricar 500 cintas para vender exactamente ninguna. No dejaré a mi madre tirarlas a la basura hasta 2006, justo nueve años de negación más tarde. Ésas son las alegrías del exceso de confianza en uno mismo sin fundamento.
1998 Después de que cuatro lanzadores de peso le pateen la cabeza a un amigo, dejo de hacer de portero matón en las fiestas, el trabajo mejor pagado del campus, y monto un cursillo de lectura rápida. Empapelo el campus con cientos de horrendos carteles verde fosforito que rezan: «¡Triplica tu velocidad de lectura en 3 horas!». Los típicos alumnos de Princeton proceden a escribir «Y una mierda» en todos ellos. Vendo 32 plazas a 50 dólares cada una por el curso de 3 horas y 533 dólares por hora me convencen de que buscar un mercado antes de idear un producto es más inteligente que lo contrario. Dos meses después, estoy que me muero de aburrimiento de la lectura rápida y cierro el chiringuito. Detesto los servicios y necesito un producto que vender y ya.
Otoño de 1998 Una descomunal pelea con mi director de tesis y el pánico a convertirme en gestor bancario de inversiones me empujan a cometer suicidio académico e informar al secretario de que dejo la facultad hasta nueva orden. Mi padre está convencido de que nunca regresaré y yo estoy convencido de que mi vida se ha acabado. Mi madre piensa que no es para tanto y que no hace falta ponerse tan melodramático.
Primavera de 1999 En tres meses, acepto y dejo un trabajo seleccionando contenidos para cursos en Berlitz, la mayor editorial del mundo de material de aprendizaje de idiomas, y otro como analista en una consultoría especializada en asilo político. Naturalmente, después me voy a Taiwán para montar una cadena de gimnasios de la nada y las tríadas, la mafia china, me la cierran. Regreso a Estados Unidos derrotado y decidido a aprender kickboxing. Cuatro semanas después gano el campeonato nacional con el estilo más feo y menos ortodoxo jamás visto.
Otoño de 2000 Con mi confianza repuesta y la tesis completamente sin hacer, vuelvo a Princeton. Mi vida no se acaba y parece que el retraso de un año ha obrado en mi favor. Los veinteañeros ahora tienen habilidades portentosas. Un amigo mío vende una empresa por 450 millones y yo decido dirigirme al oeste, a la cálida California, para ganar mis miles de millones. A pesar de encontrarme en el mercado laboral con más movimiento de la historia del mundo, consigo permanecer en el paro durante tres meses tras haberme licenciado, hasta que me saco mi as de la manga y mando al consejero delegado de una empresa recién montada 32 correos electrónicos consecutivos. Termina por rendirse y me pone en ventas.
Primavera de 2001 TrueSAN Networks ha pasado de ser una don nadie de 15 personas a la «empresa de almacenamiento de datos de capital privado número uno» (¿cómo se mide eso?) con 150 empleados (¿qué es lo que hacen?). El recién nombrado director de ventas me ordena «empezar por la A» de la guía y facturar a golpe de llamada telefónica. Le pregunto con el mayor tacto posible por qué actuamos como retrasados mentales. Contestación: «Porque lo digo yo». Empezamos mal.
Otoño de 2001 Después de un año de jornadas de 12 horas, me entero de que soy la segunda persona que menos cobra en la empresa, después de la recepcionista. Me decanto por navegar por internet a lo bestia a tiempo completo. Una tarde que me había quedado sin vídeos obscenos que mandar, investigo si sería complicado empezar una empresa de suplementos dietéticos. Resulta que se puede externalizar todo, desde la fabricación hasta el diseño de los anuncios. Dos semanas y 5.000 dólares menos en mi tarjeta de crédito, tengo el primer lote fabricándose y una web colgada. Mejor, porque me echan a la calle exactamente una semana más tarde.
2002-2003 BrainQUICKEN LLC ha despegado y ahora gano más de 40.000 dólares al mes en lugar de 40.000 al año. El único problema es que quiero morirme porque ahora trabajo más de 12 horas al día 7 días por semana. Como que estoy acorralado. Me tomo una semana de «vacaciones» en Florencia, Italia, con mi familia y me paso 10 horas al día en un cibercafé tirándome de los pelos. Hay que joderse. Empiezo a enseñar a alumnos de Princeton cómo crear empresas «de éxito» (o sea, que den dinero).
Invierno de 2004 Ocurre lo imposible. Una empresa de producción de publirreportajes y un conglomerado israelí (¿qué?) se interesan por comprar mi niño, BrainQUICKEN. Simplifico, elimino y organizo la casa para hacerme prescindible.
Milagrosamente, BQ no se derrumba, pero ambos tratos sí. Vuelta a empezar. Poco después, ambas empresas tratan de copiar mi producto y pierden en ello millones de dólares.
Junio de 2004 Decido que, aunque mi empresa implosione, necesito escapar antes de convertirme en un clon de Howard Hughes. Le doy la vuelta a todo y —mochila al hombro— salgo para el aeropuerto JFK de Nueva York, donde compro el primer billete a Europa que encuentro. Aterrizo en Londres, desde donde tengo intención de continuar hacia España para quedarme cuatro semanas recargando las pilas antes de volver a las minas de sal. Empiezo a relajarme y sufro inmediatamente una crisis nerviosa la primera mañana.
Julio 2004-2005 Las cuatro semanas se convierten en ocho y decido quedarme en el extranjero indefinidamente para pasar un examen final en automatización y vida experimental, sin tocar el correo electrónico más que durante una hora los lunes por la mañana. En cuanto me quito de en medio, el embotellamiento que provoco desaparece y los beneficios aumentan un 40%. ¿Qué diablos haces cuando ya no tienes la excusa del trabajo para ser hiperactivo y evitar las grandes preguntas? Al parecer, quedarte petrificado de miedo y apretar bien el culo.
Septiembre de 2006 Regreso a Estados Unidos en un extraño estado de «oom» perpetuo tras destruir metódicamente todo lo que antes daba por sentado sobre lo que es o no posible hacer. «Cómo ser camello para ganar dinero pasándotelo bien» ha evolucionado hasta convertirse en una asignatura que enseña cómo diseñar tu vida ideal. El nuevo mensaje es sencillo: he visto la tierra prometida y traigo buenas noticias. Se puede tener todo.
PASO I: D DE DEFINICIÓN
«La realidad es una mera ilusión, aunque muy persistente.»
ALBERT EINSTEIN
1. ADVERTENCIAS Y COMPARACIONES: CÓMO PATEARSE UN MILLÓN DE DÓLARES EN UNA NOCHE
«Esos individuos poseen riquezas de la misma manera que decimos que “tienen fiebre”, cuando en realidad la fiebre nos posee a nosotros.»
SÉNECA (4 a.C.-65 d.C.)
«También pienso en esa clase aparentemente rica, aunque en realidad la más terriblemente empobrecida de todas, que ha acumulado escoria, pero no sabe cómo usarla, ni cómo deshacerse de ella, por lo que ha forjado sus propios grilletes de oro y plata.»
HENRY DAVID THOREAU (1817-1862)
Una de la madrugada, hora central estadounidense, 30.000 pies sobre Las vegas
Sus amigos, borrachos hasta el punto de hablar lenguas extranjeras, estaban dormidos. Éramos los únicos que quedábamos en primera clase. Extendió la mano para presentarse y un enorme —enorme de dibujos animados— anillo de diamantes apareció del aire cuando sus dedos cruzaron el haz de mi luz de lectura.
Mark era un magnate de los de verdad. En distintas épocas, había dirigido prácticamente todas las gasolineras, tiendas de 24 horas y casas de apuestas de Carolina del Sur. Confesó con una media sonrisa que, en un viaje normal a Sin City, él y sus guerreros de fin de semana podían perder entre medio y un millón de dólares por término medio. Cada uno. Precioso.
Se enderezó en su asiento a medida que la conversación fue derivando hacia mis viajes, pero yo estaba más interesado en su sorprendente habilidad para imprimir billetes.
—Y, de todos tus negocios, ¿cuál te ha gustado más?
No se lo pensó ni un segundo antes de contestar.
—Ninguno de ellos.
Me explicó que se había pasado más de 30 años con gente que le caía mal para comprar cosas que no necesitaba. La vida se había convertido en una sucesión de esposas trofeo —iba por el número de la suerte, el tres—, coches caros y otros motivos vacíos para presumir. Mark era un muerto viviente.
Así es exactamente como no queremos acabar.
Manzanas y naranjas: comparemos
Veamos dónde radica la diferencia. ¿Qué separa a los Nuevos Ricos, que se caracterizan por su abanico de opciones, de los aplazadores (A), los que lo guardan para el final para descubrir que la vida les ha dejado de lado?
La causa radica en el origen. Los Nuevos Ricos se distinguen de la masa en sus metas, que reflejan prioridades y filosofías de vida claramente diferenciadas.
Fíjate en cómo sutiles diferencias en la formulación de una frase cambian completamente las acciones necesarias para alcanzar metas que a primera vista parecen iguales. No se escucha sólo a los empresarios. Incluso la primera frase, como te explicaré más adelante, se da entre los empleados.
A: Trabajar para mí mismo.
NR: Que otros trabajen para ti.
A: Trabajar cuando tú quieras.
NR: No trabajar por trabajar, y hacer lo mínimo necesario para obtener resultados máximos («volumen mínimo eficaz»).
A: Jubilarme pronto o joven.
NR: Distribuir períodos de recuperación y aventura (minijubilaciones) periódicamente a lo largo de la vida y admitir que la meta no es la inactividad, sino hacer lo que te ilusiona.
A: Comprar todo lo que quieras tener.
NR: Hacer todo lo que quieras hacer y ser todo lo que quieras ser. Si esto implica adquirir algunas herramientas y artilugios, sea, pero serán siempre medios para conseguir un fin o una bonificación, pero no el objetivo en sí.
A: Ser el jefe en lugar del empleado; estar al mando.
NR: No ser el jefe ni el empleado, sino el dueño. Ser el propietario de los trenes y tener a otro que se ocupe de que salgan a tiempo.
A: Ganar un montón de dinero.
NR: Ganar un montón de dinero por razones específicas y sueños bien definidos que perseguir, plazos para hacerlos realidad y pasos que dar incluidos. ¿Para qué trabajas?
A: Tener más.
NR: Tener más calidad y menos trastos. Tener enormes reservas económicas pero saber que casi todos los deseos materiales son justificaciones para dedicar tiempo a las cosas que realmente no importan, como comprar cosas y prepararte para comprar cosas. ¿Te has pasado dos semanas regateando con el concesionario para conseguir finalmente tu nuevo Infiniti 10.000 dólares más barato? ¡Estupendo! ¿Tu vida tiene sentido? ¿Estás aportando algo útil a este mundo o te limitas a revolver papeles, golpear un teclado y volver a casa para vivir una existencia de embriaguez de fin de semana?
A: Lograr la gran recompensa final, ya sea salir a bolsa, vender, jubilarte u otro cuerno de oro cualquiera.
NR: Pensar a lo grande pero cuidando de que el dinero entre todos los días: liquidez primero, facturar toneladas de golpe después.
A: Libertad para no hacer lo que te disgusta.
NR: Libertad para no hacer lo que te disgusta, pero también libertad y determinación para luchar por tus sueños sin retroceder y trabajar por trabajar (TxT). Después de años de trabajo repetitivo, muchas veces tendrás que excavar hondo hasta encontrar lo que te apasiona, saber cuáles son tus sueños y revivir aficiones que hayas dejado atrofiar hasta casi extinguirse. El objetivo es eliminar lo malo, que sólo sirve para dejar un vacío, para buscar y vivir las mejores experiencias que el mundo puede ofrecer.
Saltar del tren equivocado
«El primer principio es no engañarte a ti mismo, y tú eres la persona más fácil de engañar.»
RICHARD P. FEYNMAN, físico ganador de un Premio Nobel
Basta ya. Se acabó la carrera de los ratoncillos campestres. La búsqueda de dinero a ciegas es una empresa descabellada.
He alquilado aviones privados para volar sobre los Andes; he catado muchos de los mejores vinos del mundo entre descensos por las mejores pistas de esquí y he vivido a cuerpo de rey, tumbado junto a la piscina infinita de una mansión privada.
Aquí va el secreto que rara vez desvelo: todo eso cuesta menos que el alquiler en Estados Unidos. Si puedes liberar tu tiempo y desvincularte de una ubicación, tu dinero valdrá automáticamente entre 3 y 10 veces más.
Esto no tiene nada que ver con los cambios de divisa. Ser rico en términos de dinero poseído y ser capaz de vivir como un millonario son en esencia dos cosas muy distintas.
El dinero se multiplica en valor práctico dependiendo de la cantidad de variables primarias que domines en tu vida: qué haces, cuándo lo haces, dónde lo haces y con quién lo haces. Yo llamo a esto el «multiplicador de libertad».
Según este criterio, el gestor de banca de inversiones que trabaja 80 horas por semana y gana 500.000 dólares al año es menos «poderoso» que el NR empleado por cuenta ajena que trabaja una cuarta parte de esas horas a cambio de 40.000 dólares, pero tiene libertad completa sobre cuándo, dónde y cómo vivir. Los 500.000 del primero quizá valgan menos de 40.000 y los 40.000 del segundo más de 500.000 cuando hacemos números y miramos el tipo de vida que su dinero costea a cada uno. Tener opciones —poder escoger— es el verdadero poder. Este libro trata de cómo ver y crear esas opciones con el menor esfuerzo y coste posible. El resultado es paradójico: puedes ganar dinero —mucho más dinero— haciendo la mitad de lo que haces ahora.
¿Quiénes son los NR?
• El empleado que reorganiza su horario y negocia un acuerdo para trabajar a distancia para lograr el 90% de los resultados en la décima parte del tiempo, lo que le libera para practicar esquí de fondo y hacer viajes en coche con su familia dos semanas al mes.
• La propietaria de negocio que elimina los clientes y proyectos menos rentables, subcontrata todas las tareas y viaja por el mundo en busca de documentos peculiares mientras trabaja a distancia en una web donde expone sus ilustraciones.
• El estudiante que escoge arriesgarlo todo —que es nada— para montar un servicio de alquiler de vídeo por internet que produce 5.000 dólares al mes de beneficios procedentes de un pequeño nicho de aficionados al HDTV, un proyecto menor que le lleva dos horas por semana y que le permite dedicarse a tiempo completo a la defensa de los derechos de los animales.
Las opciones son infinitas, pero todos los caminos empiezan dando el mismo paso: cambiando lo que das por supuesto.
Para unirte al movimiento tendrás que aprender un léxico nuevo y recalibrar la dirección con ayuda de una brújula que te guíe por un mundo fuera de lo corriente. Dar la vuelta a la responsabilidad y echar por la borda el concepto de «éxito», con todo lo que ello implica: las reglas han de cambiar.
Nuevos jugadores para un nuevo juego: global y sin restricciones
TURÍN, ITALIA
«La civilización tenía demasiadas normas para mí, así que me esforcé al máximo por reescribirlas.»
BILL COSBY
Al tiempo que rotaba 360º en el aire, el ruido ensordecedor se transformó en silencio. Dale Begg-Smith ejecutó la voltereta hacia atrás con una perfección absoluta —con los esquís cruzados en equis por encima de su cabeza— y aterrizó en los libros de récords tras deslizarse sobre la línea de meta.
Era el 16 de febrero de 2006 y ya era un magnate esquiador y medalla de oro olímpica en los Juegos de Invierno de Turín. Al contrario que otros atletas a tiempo completo, él nunca tendrá que volver a un trabajo sin futuro tras vivir su momento de gloria, ni recordará este día como la cúspide de la única pasión de su vida. Después de todo, sólo tenía 21 años y conducía un Lamborghini negro.
Nacido canadiense y con un talento, pudiera decirse, de manifestación tardía, Dale encontró su vocación, una empresa de informática en internet, a los 13 años. Por suerte, tenía a su lado un mentor y compañero más experimentado para guiarle: su hermano de 15 años, Jason. La empresa, creada para financiar sus sueños de subirse en lo más alto del podio olímpico, se convertiría, en tan sólo dos años, en la tercera compañía más grande del mundo de su sector.
Mientras los compañeros de equipo de Dale se lanzaban por las laderas practicando fuera de horas, él estaba muchas veces invitando a sake a clientes en Tokio. En un mundo regido por el «trabaja más, no con más cabeza», llegó a un punto en que sus entrenadores pensaron que estaba dedicando demasiado tiempo a sus negocios y demasiado poco a entrenar, a pesar de sus logros.
En lugar de elegir entre su negocio o su sueño, Dale decidió salirse por la tangente en ambas cosas, pasando de una u otra a las dos. No estaba dedicando demasiado tiempo a su negocio; él y su hermano estaban pasando demasiado tiempo con los canadienses.
En 2002 se mudó a la capital mundial del esquí, Australia, que tenía un equipo más pequeño, más flexible y un entrenador que era una leyenda.
Tres años después recibió la ciudadanía, se enfrentó cara a cara a sus antiguos compañeros y se convirtió en el tercer «australianito» de la historia en ganar un oro en las olimpiadas de invierno.
En la tierra de los walabíes y meca del surf, Dale está ahora hasta en los sellos de correos.
Literalmente. Justo al lado de la edición conmemorativa de Elvis Presley, se encuentran sellos con su cara. La fama tiene sus ventajas, igual que mirar más allá de las opciones que te presentan. Siempre puedes salirte por la tangente.
NUEVA CALEDONIA, SUR DEL OCÉANO PACÍFICO
«Cuando dices que vas a conformarte con ser segundo, eso es lo que la vida te da.»
JOHN F. KENNEDY
Hay personas que se pasan la vida convencidas de que, con ganar un poquito más, todos sus problemas se resolverían. Sus metas son objetivos que van variando arbitrariamente: 300.000 en el banco, 1.000.000 en la cartera, 100.000 al año en lugar de 50.000, etc. La meta de Julie era de lo más rudimentario: regresar con la misma cantidad de niños con la que había salido de casa.
Julie echó su asiento hacia atrás y dirigió la mirada al otro lado del pasillo, por encima de su marido, Marc, para contar, como había hecho miles de veces: uno, dos, tres. Hasta el momento, todo bien. En 12 horas estarían todos de vuelta en París, sanos y salvos. Eso siempre y cuando el avión de Nueva Caledonia aguantase, claro.
¿Nueva Caledonia?
Nueva Caledonia, escondida en los trópicos del mar de Coral, fue territorio francés. Allí Julie y Marc acababan de vender el velero con el que habían recorrido 15.000 millas alrededor del mundo. Recuperar la inversión inicial era parte del plan. Dicho y hecho; su viaje de exploradores por el mundo de 15 meses, desde los canales surcados por góndolas de Venecia a las costas tribales de la Polinesia, había costado entre 18.000 y 19.000 dólares. Menos que el alquiler y las baguettes en París.
La mayoría de la gente piensa que esto es imposible. También es verdad que la mayoría no sabe que más de 300 familias se hacen a la vela desde Francia todos los años con las mismas intenciones.
El viaje había sido un sueño durante casi dos décadas, relegado al último puesto al final de una lista de responsabilidades que no paraba de alargarse. Cada minuto surgían más razones para postergarlo.
Un día, Julie se dio cuenta de que, si no lo hacía ya, no lo haría nunca. Las racionalizaciones, legítimas o no, seguirían acumulándose, de forma que cada vez sería más difícil convencerse a sí misma de que la huida era posible.
Un año de preparativos y una prueba de 30 días con su marido, y se hicieron a la mar para llevar a cabo el viaje de su vida. Julie se dio cuenta en cuanto izaron el ancla de que, lejos de ser un motivo para no viajar y correr aventuras, los niños eran quizás el mejor motivo para hacer ambas cosas.
Antes del viaje, sus tres niños pequeños se peleaban como leones por cualquier nimiedad. Mientras se adaptaban a coexistir en un dormitorio flotante, aprendieron a ser pacientes, tanto por ellos mismos como en bien de la cordura de sus padres. Antes del viaje, los libros les llamaban tanto como caminar sobre brasas al rojo vivo.
Ante la alternativa de mirar a una pared en alta mar, los tres aprendieron a amar los libros. Sacarles del colegio durante un año y darles a conocer nuevos ambientes resultó ser la mejor de las inversiones en su educación.
Sentada ahora en el avión, Julie miraba las alas atravesar las nubes, pensando ya en sus planes para el futuro: buscar una casa en las montañas para esquiar todo el año y financiar el descenso de pistas y más viajes con los ingresos producidos por un cursillo de aparejos de vela.
Ahora que lo había hecho una vez, le había entrado el gusanillo.
DISEÑO DEL ESTILO DE VIDA
Ya estaba acostumbrado a conducir a través de la ciudad para recoger a mi hijo de la guardería y deslizarme por autopistas heladas intentando volver al trabajo con él a remolque para acabar mi trabajo. Mi minirretiro nos llevó a ambos a vivir e un internado alternativo en un bosque de Florida con un estanque de agua natural y con mucho sol, lleno de personal y niños con estilos de vida creativos. Es fácil encontrar escuelas alternativas que puedan acoger a tus hijos durante tu estancia. Estas escuelas a menudo son como ciudades muy acogedoras. Incluso puedes trabajar en la escuela donde disfrutarás de un entorno nuevo con tu hijo.
Tim,
Tu libro y blog me ha inspirado para dejar mi trabajo, escribir 2 e-books, hacer paracaidismo, cruzar Sudamérica con una mochila y hospedar una convención anual de los instructores de datos más importantes del mundo (mi primera aventura en el mundo de los negocios, lleva 3 años funcionando). ¿La mejor parte? Aún puedo comprarme una bebida. ¡Muchas gracias, hermano!
ANTHON
2. REGLAS QUE CAMBIAN LAS REGLAS: TODO LO COMÚNMENTE ACEPTADO COMO CIERTO ES FALSO
«No puedo dar una fórmula segura para tener éxito, pero te puedo ofrecer una fórmula para fracasar: intentar contentar siempre a todo el mundo.»
HERBERT BAYARD SWOPE, periodista norteamericano; primer ganador del Premio Pulitzer
«Todo lo comúnmente aceptado como cierto es falso.»
OSCAR WILDE, La importancia de llamarse Ernesto
Vencer en el juego, no jugarlo
En 1999, poco después de dejar mi segundo trabajo frustrante y comer bocadillitos de mantequilla de cacahuete para sentirme mejor, gané la medalla de oro en los Campeonatos Nacionales Chinos de kickboxing. No gané porque fuera muy bueno dando puñetazos y patadas. Ni por asomo. Eso parecía algo peligroso, teniendo en cuenta que lo hice porque me desafiaron y sólo me preparé durante un mes. Además, tengo una cabeza que parece un buque: un blanco fácil. Gané porque me leí las reglas y busqué vacíos legales que pudiesen beneficiarme. Encontré dos:
1. Se pesaba a los participantes la víspera del campeonato: utilizando técnicas de deshidratación que ahora enseño a levantadores de pesas, perdí 14 kilos en 18 horas, hasta que me pesaron (resultado: 82 kilos), y luego me hiperhidraté hasta volver a los 96 kilos y medio.2 Es difícil luchar contra alguien que pertenece a tres categorías de peso por encima de la tuya. Pobres chiquititos.
2. Había un detalle técnico en la letra pequeña: si un combatiente se caía de la plataforma elevada tres veces en una ronda, su oponente ganaba por incomparecencia del adversario. Decidí que este detalle sería mi única técnica y me limité a empujar a la gente hasta tirarla abajo. Como te puedes imaginar, al final los jueces no eran los chinos más felices del mundo.
¿Resultado? Gané todas mis peleas por fuera de combate técnico y me fui a casa con el campeonato nacional bajo el brazo, algo que el 99% de los participantes con entre 5 y 10 años de experiencia fueron incapaces de hacer.
Pero, ¿empujar a la gente fuera del ring no es cruzar los límites de la ética? En absoluto... No significa más que hacer algo que no es habitual y que está más allá de las normas. La distinción que importa es la que existe entre las normas oficiales y las autoimpuestas.
Fijaos en el siguiente ejemplo, sacado de la página web oficial del movimiento olímpico (www.olympic.org).
Los Juegos Olímpicos de 1968, celebrados en México D.F., supusieron el debut internacional de Dick Fosbury y de su célebre «estilo Fosbury», que revolucionó los saltos de altura. En aquella época, los saltadores [...] giraban la parte externa de los pies en el aire y por encima de la barra [se parecía a un salto de valla, y permitía aterrizar sobre los pies]. Con su técnica, Fosbury empezaba con una carrera hacia la barra a gran velocidad y luego saltaba con el pie derecho (o con la parte externa de éste); después, giraba el cuerpo y pasaba la cabeza por encima de la barra, de espaldas a ésta. Mientras los jueces internacionales negaban con la cabeza, incrédulos, el público quedó absolutamente cautivado por Fosbury y exclamó: «¡Olé!» cuando el atleta saltó la barra. Fosbury saltó 2,22 metros limpiamente y luego superó su récord personal, con 2,24 metros, consiguiendo la medalla de oro.
En 1980, 13 de los 16 finalistas olímpicos saltaron imitando el «estilo Fosbury».
Las técnicas rápidas para perder peso y de lanzamiento fuera de la plataforma son ahora parte integrante de las competiciones de sanshou. No fui yo el responsable; sólo lo vi como algo inevitable, como hicieron otros que comprobaron este enfoque. Ahora es algo habitual.
Los deportes evolucionan cuando se acaba con las costumbres sagradas, cuando se ponen a prueba supuestos elementales.
Y lo mismo ocurre con la vida y los estilos de vida.
Diferencias entre ir en contra de lo establecido y ser tonto
La mayoría de la gente camina por la calle con los pies. ¿Significa esto que camino con las manos? ¿Llevo los calzoncillos por fuera de los pantalones para ser diferente? Normalmente no. La cuestión es que caminar con los pies y mantener el tanga dentro de los pantalones me ha funcionado bien hasta ahora. No arreglo lo que no está roto.
Lo diferente es mejor cuando es más efectivo o más divertido. Si todo el mundo plantea o resuelve un problema de una determinada manera con resultados deficientes, es hora de preguntarse: ¿qué pasaría si hiciera lo contrario?
No sigas un modelo que no funcione. Si la receta es una porquería, no importa lo buen cocinero que seas.
Cuando me dedicaba a vender almacenamiento de datos, mi primer bolo tras salir de la facultad, me di cuenta de que, en mis llamadas comerciales, no conseguía hablar con la persona que buscaba casi nunca por una razón: los cancerberos. Si hacía las llamadas de 8 a 8:30 de la mañana y de 6 a 6:30 de la tarde, dedicando a ello una hora en total, me quitaba de encima a las secretarias y concertaba más del doble de citas que los directivos de ventas que llamaban de 9 a 5. En otras palabras, conseguía el doble de resultados invirtiendo 1/8 del tiempo.
De Japón a Mónaco, de madres solteras trotamundos a conductores de coches de carreras multimillonarios, las reglas básicas de los NR de éxito son sorprendentemente uniformes y predeciblemente divergentes de lo que hace el resto del mundo.
Las siguientes reglas son los diferenciadores fundamentales que deberás tener presentes mientras lees este libro.
1. La jubilación es un seguro por si ocurre lo peor.
Planear la jubilación es como hacerse un seguro de vida. Debería verse únicamente como una valla protectora frente a la peor situación posible: en este caso, quedarse físicamente incapaz de trabajar y necesitar una reserva de capital para sobrevivir.
Considerar la jubilación como la meta o redención final es erróneo, al menos por tres razones de peso:
a. Parte del supuesto de que no te gusta lo que vas a hacer durante los años de mayor capacidad física de tu vida.
Esta idea es inaceptable: nada justifica este sacrificio.
b. Tras la jubilación, la mayoría de la gente nunca podrá mantener un nivel de vida ni de cenas a base de perritos calientes. Incluso un millón es calderilla en un mundo en el que la jubilación entendida como hasta ahora puede durar 30 años y la inflación recorta tu capacidad adquisitiva un 2-4% anual. Las cuentas no salen.3 Los años dorados se convierten así en la vuelta a la clase media-baja. Un final agridulce.
c. Si las cuentas salen, significará que eres una máquina de trabajar ambiciosa. Si es así, ¿sabes qué? Una semana después de jubilarte, estarás tan aburrido que querrás hacerte el harakiri. Probablemente terminarás buscando otro trabajo o montando otra empresa. ¿A que ahora esperar empieza a perder sentido?
No estoy diciendo que no preveas lo peor: yo tengo planes de pensiones e inversiones para mi jubilación, sobre todo por cuestiones fiscales. Pero no te engañes: la meta no es la jubilación.
2. El interés y la energía son cíclicos.
Si te ofreciera 10.000.000 por trabajar 24 horas al día durante 15 años y luego jubilarte, ¿lo harías? Claro que no; no podrías. Es insostenible, exactamente igual que lo que la mayoría describe como carrera profesional: hacer lo mismo durante más de 8 horas al día hasta caer rendido o tener suficiente dinero para dejarlo para siempre.
¿Cómo si no mis amigos treintañeros parecen un cruce entre Donald Trump y Joan Rivers? Horroroso: envejecimiento prematuro fomentado por frapuccinos triples en vena y horarios de trabajo imposibles.
Alternar períodos de actividad y de descanso es necesario para sobrevivir, no digamos para crecer. La capacidad, el interés y la resistencia mental son como la luna: crecen y después menguan. Organízate en consecuencia.
Los NR aspiran a repartir «minijubilaciones» a lo largo de la vida, en lugar de acumular la recuperación y el disfrute para la quimera del retiro dorado. Trabajando sólo cuando eres más eficaz, serás más productivo y disfrutarás más de la vida. Es el ejemplo perfecto de cómo nadar y guardar la ropa.
Personalmente intento ahora pasar un mes en el extranjero o inmerso en el aprendizaje de algo (tango, lucha, lo que sea) por cada dos meses que dedico a proyectos de trabajo.
3. Hacer menos no es vagancia.
Hacer menos trabajo fútil para concentrarse en cosas de mayor importancia personal para uno NO es pereza. Esto nos resulta difícil de aceptar a la mayoría porque nuestra cultura recompensa el sacrificio personal en lugar de la productividad personal.
Pocos escogen (o pueden) medir los resultados de sus acciones y, por consiguiente, cuantificar su contribución en tiempo. Más tiempo equivale a mayor autovaloración y más refuerzo por parte de los superiores y de quienes te rodean. Los NR, a pesar de estar menos horas en la oficina, producen más resultados importantes que una docena de no NR juntos.
Definamos de nuevo «vagancia»: soportar una existencia de lo más normal, dejando que las circunstancias u otros decidan tu vida por ti, o amasar una fortuna mientras pasas por la vida como un espectador, desde la ventana de una oficina. El volumen de tu cuenta corriente no cambia esto, ni la cantidad de horas que fiches, contestando a correos triviales o resolviendo chorradas.
Concéntrate en ser productivo, no en estar ocupado.
4. Nunca es buen momento.
Una vez le pregunté a mi madre cómo decidió tener su primer hijo, el pequeño yo. Su respuesta fue sencilla: «Era algo que queríamos y decidimos que no tenía sentido retrasarlo. Nunca es buen momento para tener un bebé». Y así es.
Para la mayoría de las cosas importantes, el momento siempre es pésimo.
¿Estás esperando un buen momento para dejar tu trabajo? Las estrellas nunca se alinearán y los semáforos de la vida nunca se pondrán todos verdes al mismo tiempo. El universo no conspira contra ti, pero tampoco se volverá loco para apartarte obstáculos del camino. Las condiciones nunca serán las ideales. «Algún día» es una enfermedad que hará que te lleves tus sueños a la tumba. Hacer listas de pros y contras tampoco ayuda.
Si algo es importante para ti y quieres hacerlo «algún día», hazlo y corrige el rumbo mientras caminas.
5. Mejor pedir perdón que pedir permiso.
Si no va a destrozar a quienes te rodean, inténtalo y luego justifícate. La gente —ya sean padres, parejas o jefes— te niega cosas por razones emocionales que pueden llegar a aceptar cuando sean un hecho consumado. Si el daño potencial es moderado o reversible, no des a los demás la oportunidad de decirte que no. La mayoría de la gente se apresurará a detenerte antes de empezar, pero dudarán en meterse si ya te estás moviendo. Aprende a montar follones y a disculparte cuando la fastidies de verdad.
6. No te esfuerces por corregir tus debilidades; potencia tus fortalezas.
La mayoría somos buenos en unas cuantas cosas y desastrosamente malos en muchas otras. A mí se me da fenomenal idear productos y pensar cómo promocionarlos, pero fatal hacer todo lo que viene después.
Mi cuerpo está hecho para levantar objetos pesados y lanzarlos. Eso es todo. Hice caso omiso de esta verdad durante mucho tiempo. Probé a nadar y parecía un mono ahogándose. Probé el baloncesto y parecía un troglodita. Luego me hice luchador y despegué.
Es de lejos mucho más lucrativo y divertido aprovechar tus fortalezas en lugar de tratar de arreglar todos tus puntos débiles. Se trata de elegir entre multiplicar resultados ayudándote de tus fortalezas o incrementar el grado de mejora fortaleciendo debilidades para, como mucho, alcanzar un nivel mediocre. Concéntrate en utilizar con mayor destreza tus mejores armas en vez de repararte continuamente.
7. Las cosas llevadas al exceso se convierten en lo contrario. Es posible tener demasiado de algo bueno. En exceso, muchos empeños y posesiones adquieren las características de sus opuestos. De esta manera:
• Los pacifistas se convierten en militantes.
• Los que luchan por la paz, en tiranos.
• Las bendiciones se vuelven maldiciones.
• La ayuda se transforma en molestia.
• Y más en menos.4
Lo que quieres, en demasiada cantidad y demasiado a menudo se convierte en lo que no quieres. Esto es cierto de las posesiones e incluso del tiempo.
Por consiguiente, cuando hablamos de diseño de vida no nos interesa crear un exceso de tiempo ocioso, algo venenoso, sino utilizar el tiempo libre de forma positiva, es decir, sencillamente hacer lo que quieras frente a hacer lo que te sientes obligado a hacer.
8. El dinero por sí mismo no es la solución.
Mucho se podría decir del poder del dinero como moneda (yo mismo soy un gran fan), pero tener más no es la solución tan a menudo como se podría pensar. En parte, el problema es que somos vagos. «Si tuviera más dinero» es la manera más fácil de posponer realizar una autocrítica profunda que te lleve a tomar las decisiones necesarias para crear una vida de la que disfrutar: ahora y no después. Usar el dinero como cabeza de turco y dejar consumir toda tu energía en la rutina del trabajo hace que te niegues el tiempo para hacer algo más. «John, me gustaría quedarme a hablar del vacío enorme que siento en mi vida, la desolación que me da una patada en el estómago cada vez que enciendo el ordenador por la mañana, ¡pero tengo un montón de trabajo por hacer! Me esperan al menos 3 horas contestando correos sin importancia antes de llamar a los clientes potenciales que me dijeron ayer que nones. ¡Me voy corriendo!»
Mantente ocupado con la rutina de la rueda del dinero, finge que así se cura todo y crearás artificialmente una distracción constante que te impedirá ver que lo que haces no tiene ningún sentido. En el fondo sabrás que es una ilusión, pero con todo el mundo jugando a hacer que las cosas son así, es fácil olvidarse.
El problema va más allá del dinero.
9. Importan más los ingresos relativos que los absolutos.
Existe un debate abierto entre dietistas y nutricionistas acerca del valor de una caloría. ¿Es una caloría una caloría, igual que una rosa es una rosa? ¿Para perder grasa hay que gastar más calorías de las que se consumen y ya está o importa de dónde provengan esas calorías? Basándome en mi experiencia con deportistas de elite, me decanto por la segunda opción.
¿Qué ocurre con los ingresos? ¿Es un dólar siempre un dólar? Los Nuevos Ricos creen que no.
Miremos la cuestión como un problema de matemáticas de quinto de primaria. Dos muchachotes trabajadores se dirigen el uno hacia el otro. El muchachote A se mueve a un ritmo de 80 horas por semana y el muchachote B a 10 horas por semana.
Los dos ganan 50.000 dólares al año. ¿Quién será más rico cuando se crucen en mitad de la noche? Si contestaste que el B, has acertado y ésa es la diferencia entre ingresos absolutos y relativos.
Los ingresos absolutos se miden usando una variable sagrada e inalterable: el todopoderoso dólar en estado puro. Fulanita gana 100.000 dólares al año y, por lo tanto, es el doble de rica que Fulanito, que gana 50.000 al año.
Los ingresos relativos se calculan usando dos variables: el dólar y el tiempo, normalmente expresado en horas. El concepto «al año» es arbitrario, lo que hace muy fácil engañarse a uno mismo. Veamos cuál es la realidad. Fulanita gana 100.000 dólares al año, 2.000 cada una de las 50 semanas que trabaja al año, y cada semana trabaja 80 horas. Por tanto, Fulanita gana 25 dólares la hora.
Fulanito gana 50.000 dólares al año, 1.000 cada una de las 50 semanas que trabaja al año, pero trabaja 10 horas por semana, por lo que gana 100 dólares la hora. Considerando sus ingresos relativos, Fulanito es cuatro veces más rico.
Por supuesto, los ingresos relativos tienen que llegar al mínimo necesario para hacer realidad tus metas. Si gano 100 dólares por hora pero sólo trabajo una hora por semana, me va a resultar muy difícil vivir la vida loca. Suponiendo que mis ingresos absolutos totales son los que necesito para vivir la vida de mis sueños (no una cantidad arbitraria para quedar por encima de otros), los ingresos relativos son la verdadera medida de riqueza para los Nuevos Ricos.
Los inconformistas Nuevos Ricos más avezados ganan por lo menos 5.000 dólares por hora.
Recién salido de la facultad, empecé ganando 5. Con mi ayuda te parecerás más a ellos.
10. El distrés es malo, el eustrés es bueno.
Pocos bípedos amantes de la diversión lo saben, pero no todo el estrés es malo. Pues sí, los Nuevos Ricos no buscan eliminar todo el estrés. En absoluto. Existen dos clases distintas de estrés, tan diferentes entre ellas como la euforia y su raramente mencionada emoción opuesta, la disforia.
Por distrés se entiende un conjunto de estímulos dañinos que te debilitan, te restan confianza en ti mismo y fuerza para actuar. Ejemplos son la crítica destructiva, los jefes ofensivos y pegarte una guaya dando una curva. Este tipo de cosas hay que evitarlas.
Eustrés, por otro lado, es una palabra que la mayoría probablemente nunca haya escuchado. Eu-, el prefijo griego que significa «saludable», se usa en el mismo sentido en la palabra «euforia». Los ejemplos a seguir que nos impulsan a superar nuestras limitaciones, el entrenamiento físico gracias al que nos deshacemos de nuestros michelines y correr los riesgos que nos sacan de nuestra cómoda esfera de actuación son ejemplos de eustrés: estrés sano que constituye un estímulo para crecer.
Quienes evitan las críticas fracasan. Hay que evitar la crítica destructiva, no toda forma de crítica. De igual manera, no se puede avanzar sin eustrés, y cuanto más eustrés podamos crear o aplicar a nuestra vida, antes haremos nuestros sueños realidad.
El secreto es saber distinguir uno de otro.
Los Nuevos Ricos se esfuerzan tanto en eliminar el distrés como en producir eustrés.
P y A: PREGUNTAS Y ACCIONES
1. ¿De qué manera ser «realista» o «responsable» ha impedido que tengas la vida que quieres?
2. ¿De qué manera hacer lo que «debías» se ha traducido en experiencias insatisfactorias o arrepentimiento por no haber hecho otras cosas?
3. Fíjate en lo que haces actualmente y pregúntate: «¿Qué pasaría si hiciera lo contrario que los que me rodean? ¿Qué voy a sacrificar si continúo así durante 5, 10 o 20 años más?».
3. ESQUIVAR BALAS: IDENTIFICAR MIEDOS Y SACUDIRSE LA PARÁLISIS
«Muchos pasos en falso se han dado por quedarse quieto.»
en GALLETA DE LA FORTUNA
«Nombrado tu miedo debe ser antes de que desterrarlo puedas.»
YODA, de La guerra de las galaxias: El imperio contraataca
Río de Janeiro, Brasil
Seis metros y aproximándonos.
«¡Run! ¡Ruuuuuuuuuun!» Hans no hablaba portugués pero el significado estaba bastante claro: a toda leche. Con las zapatillas firmemente agarradas a la roca dentada, lanzó el pecho hacia adelante hacia 3.000 pies de nada.
Contuvo el aliento antes de dar el último paso y el pánico casi le dejó inconsciente. Su visión periférica se volvió borrosa, hasta concentrarse en un solo punto de luz, y luego... empezó a flotar. El azul celeste del horizonte entró de golpe en su campo visual inundándolo todo un instante después de darse cuenta de que la corriente de aire caliente ascendente le sujetaba, llenando la tela del parapente. El miedo se había quedado a su espalda, en la cima de la montaña, y miles de pies por encima del bosque tropical de un verde resplandeciente y de las prístinas playas blancas de Copacabana… Hans Keeling había visto la luz.
Eso fue un domingo.
El lunes, Hans volvió a su oficina en un bufete de abogados en Century City, sede de las empresas pijas de Los Ángeles, y se apresuró a entregar su aviso de dimisión con tres semanas de antelación. Llevaba casi cinco años enfrentándose al despertador atemorizado por el mismo pensamiento: ¿Tengo que hacer esto durante 40 o 45 años más?
Una vez había dormido debajo de la mesa de su oficina como castigo por no haber terminado un proyecto, para seguir con él al despertar por la mañana.
Esa misma mañana se prometió algo a sí mismo: dos veces más y me largo. Le asestaron el golpe número tres el día antes de marcharse de vacaciones a Brasil.
Todos nos hacemos este tipo de promesas, y el propio Hans ya lo había hecho antes, pero ahora las cosas eran diferentes. Él era diferente.
Mientras descendía lentamente hacia el suelo haciendo círculos, se había dado cuenta de algo: los riesgos no daban tanto miedo cuando te decidías a correrlos. Sus compañeros le dijeron lo que esperaba oír. Lo estaba echando todo por la borda. Era un abogado de camino hacia lo más alto: ¿qué diablos quería?
Hans no sabía exactamente lo que quería, pero por un momento lo había probado.
Por otro lado, sabía lo que le aburría mortalmente y estaba harto. Vivir como un muerto viviente, las cenas donde sus colegas de profesión comparaban coches, colocados con el chute del nuevo BMW que se habían comprado hasta que alguien apareciese con un Mercedes más caro, se habían acabado. Agua pasada.
Inmediatamente empezó a notar un extraño cambio: Hans se sintió por primera vez en mucho tiempo en paz consigo mismo y con lo que estaba haciendo. Siempre le habían aterrorizado las turbulencias en los aviones, como si fuera a morirse sin haber disfrutado de la vida, pero ahora podía atravesar la más violenta de las tormentas durmiendo como un angelito. Qué cosa más extraña.
Más de un año después, todavía le llegaban ofertas de trabajo espontáneas de bufetes, pero entonces ya había montado Nexus Surf,5 una empresa de surf de aventura de primera con sede en el paraíso tropical de Florianópolis, Brasil. Había conocido a la chica de sus sueños, una carioca con piel color caramelo llamada Tatiana, y se pasaba casi todo el tiempo relajándose a la sombra de las palmeras o proporcionándoles a sus clientes diversión como en su vida.
¿Esto es lo que le daba tanto miedo?
Ahora ve a menudo a su antiguo yo en los amargados y estresados profesionales con los que sale a galopar sobre las olas. Mientras esperan el oleaje, sus verdaderas emociones salen a la luz: «Dios, ¡ojalá pudiera hacer lo que tú!». Su respuesta es siempre la misma: «Puedes».
El sol poniente reflejado en la superficie del agua crea un escenario zen ideal para el mensaje que reconoce como cierto: hacer una pausa indefinida en el camino que estás siguiendo no es darse por vencido. Podría retomar la abogacía exactamente donde la dejó si quisiera, pero eso es lo último que le pasa por la cabeza.
Mientras reman hacia la orilla tras una sesión increíble, los clientes se dominan y recobran la compostura. Ponen un pie en la arena y la realidad les hinca los dientes. «Lo haría, pero no puedo tirarlo todo a la basura sin más.»
Hans no puede evitar reírse.
El poder del pesimismo: ¿cuál es tu pesadilla?
«Quizá la acción no traiga siempre consigo la felicidad, pero no hay felicidad sin acción.»
BENJAMIN DISRAELI, ex primer ministro británico
¿Hacerlo o no hacerlo? ¿Intentarlo o no intentarlo? La mayoría votaría que no, se consideren valientes o no. La incertidumbre y la posibilidad de fracasar son voces en las tinieblas que dan mucho miedo. Muchos prefieren la infelicidad a la incertidumbre. Durante años me marqué metas, tomé la resolución de cambiar de rumbo y no sirvió de nada. Era tan inseguro y estaba tan asustado como el resto del mundo.
La solución, realmente sencilla, vino a mí de forma accidental hace cuatro años. En esa época, tenía tanto dinero que no sabía qué hacer con él —ganaba 70.000 dólares o así al mes— y me sentía fatal, peor que nunca. No tenía tiempo y me estaba matando a trabajar.
Había empezado mi propia empresa, para darme cuenta después de que era casi imposible de vender.6 ¡Vaya! Me sentía atrapado y estúpido al mismo tiempo.
Tengo que ser capaz de solucionar esto, pensaba. ¿Por qué soy tan imbécil?
¿Por qué no consigo que esto funcione? ¡Concéntrate de una vez y deja de comportarte como un (insertar improperio)! ¿Qué me pasaba? La verdad era que no me pasaba nada, no era yo el que había llegado a su límite: había llegado al límite de mi modelo de negocio de la época. El problema no era el conductor, sino el vehículo.
Errores básicos cometidos en su infancia no me dejarían nunca venderla. Podía contratar a duendecillos y conectarme el cerebro a un superordenador: no serviría de nada. Mi hijito tenía graves taras de nacimiento. La cuestión se transformó en: ¿cómo me deshago de este Frankenstein y consigo que se autogestione? ¿Cómo soltarme de los tentáculos de la adicción al trabajo y del miedo de que todo se derrumbara si dejaba de hacer jornadas de 15 horas? ¿Cómo escapar de la cárcel que yo mismo había construido? Un viaje, pensé.
Un año sabático recorriendo el mundo.
Así que hice el viaje, ¿no? Bueno, ya llegaremos a eso. Primero, me pareció prudente regodearme en mi vergüenza, bochorno y enfado durante seis meses, al tiempo que le daba vueltas a un bucle infinito de razones por las que mi fantasía del viaje de escaqueo nunca funcionaría. Con seguridad, uno de mis períodos más productivos.
Luego, un día, inmerso en la dicha de imaginarme el sufrimiento que se me avecinaba, se me ocurrió una idea brillante. Sin duda fue el punto álgido de mi fase «no seas feliz, preocúpate»: ¿por qué no imaginar con pelos y señales la pesadilla, o sea, lo peor que podía pasarme si hacía ese viaje?
Bueno, el negocio podría irse a pique estando yo en el extranjero, eso seguro. Seguramente. Por accidente, un aviso enviado por el juez se perdería y me demandarían. Me cerrarían la empresa y el inventario se pudriría en las estanterías mientras me hurgaba entre los dedos de los pies solo y desgraciado en una fría playa de Irlanda. Me imaginaba llorando bajo la lluvia. Mi cuenta corriente se reduciría de golpe en un 80% y por supuesto mi coche y mi moto serían robados del garaje. Me imaginaba que alguien probablemente dejaría caer un escupitajo sobre mi cabeza desde un balcón mientras daba de comer sobras a un perro sarnoso, que después se pondría nervioso y me mordería en toda la cara. ¡Qué vida perra! ¡Oh, mundo cruel!
Definir tus miedos = vencer tus miedos
«Aparta varios días en los que te contentarás con el mínimo y más sencillo sustento, un solo plato y ropas toscas, mientras te dices: “¿Es esto lo que tanto temía?”»
SÉNECA
De pronto sucedió algo muy raro. En mi incansable búsqueda de cómo sentirme como una piltrafa, sin saber cómo empecé a ir marcha atrás. En cuanto acabé con el vago malestar y la ansiedad ambigua definiendo claramente mi pesadilla más temida, lo peor que podía pasar, ya no me preocupó tanto hacer el viaje. De repente, empecé a pensar en medidas sencillas que podría tomar para salvar los recursos que me quedasen y volver a ponerme en marcha si todas las desgracias vinieran juntas. Siempre podía poner copas durante un tiempo para pagar el alquiler si fuese necesario. Podría vender algunos muebles y comer menos fuera. Podría robar el dinero del bocadillo a los niños de la guardería que pasaban por delante de mi casa todas las mañanas. Las opciones eran muchas. Me di cuenta de que no sería tan difícil volver a donde estaba y mucho menos sobrevivir. Nada de lo que pudiera ocurrir me mataría, ni mucho menos. Meras piedrecitas en el zapato en el viaje de la vida.
Me di cuenta de que, en una escala del 1 al 10, siendo el 1 nada y el 10 algo que me cambiase la vida para siempre, la peor situación que había imaginado tendría unas consecuencias temporales del orden de 3 o 4. Creo que esto puede aplicarse a la mayoría de la gente y a casi todos los desastres del tipo «m**rda, estoy acabado».
No olvides que ésta es la pesadilla de esa catástrofe, que es una entre un millón.
Por otro lado, si conseguía hacer realidad la mejor situación imaginada, tendría fácilmente un efecto positivo permanente en mi vida del orden de 9 o 10.
En otras palabras, estaba arriesgando un improbable y temporal 3 o 4 por un permanente 9 o 10, y además podría recuperar la cárcel de adicto al trabajo de la que había escapado con un poco más de esfuerzo, si quería.
Así fue como llegué a una conclusión fundamental: el riesgo era prácticamente nulo; el potencial de cambiar mi vida de arriba abajo era enorme, y siempre podría retomar mi rumbo anterior sin más esfuerzo del que ya estaba haciendo.
Ahí fue cuando tomé la decisión de hacer el viaje y compré un billete de ida a Europa. Empecé a planear mis aventuras y a eliminar equipaje físico y psicológico. Ninguno de los desastres temidos sucedió y desde entonces mi vida ha sido casi un cuento de hadas. La empresa funcionó mejor que nunca, y yo prácticamente me olvidé de ella mientras financiaba mis viajes alrededor del mundo a todo trapo durante 15 meses.
Desenmascarar el miedo disfrazado de optimismo
«No hay diferencia entre un pesimista que dice: “Oh, es inútil, así que no te molestes en hacer nada” y un optimista que dice: “No te molestes en hacer nada, las cosas van a salir bien”. De cualquiera de las dos formas, no va a pasar nada.»
YVON CHOUINARD,7 fundador de la Patagonia
El miedo tiene muchas caras, y normalmente no lo llamamos por su nombre de pila. El miedo en sí da bastante miedo. La mayoría de los inteligentes del mundo entero lo disfraza de otra cosa: negación optimista.
Casi todos los que evitan dejar su trabajo acarician el pensamiento de que su día a día mejorará con el tiempo o cuando ganen más dinero. Esto parece válido y es una alucinación tentadora cuando tu trabajo es aburrido o desmotivador y no un puro infierno. El puro infierno te obliga a actuar, pero si la cosa no llega a tanto, se puede aguantar con una dosis suficiente de racionalización ingeniosa.
¿Sinceramente crees que mejorará o son sólo ilusiones y excusas para no hacer nada al respecto? Si confiases de verdad en que las cosas van a mejorar, ¿te estarías cuestionando así tu vida? Por lo general, no. Esto es miedo a lo desconocido disfrazado de optimismo.
¿Estás mejor que hace un año, un mes o una semana?
Si no es así, las cosas no se van a arreglar solas. Si te estás engañando a ti mismo, es hora de parar y planear cómo dar el salto. Descartando un final al estilo James Dean, tu vida va a ser LARGA. Tus ocho horas o más diarias durante 40 o 50 años de vida laboral es demasiado tiempo para esperar si nadie viene a rescatarte. Aproximadamente 500 meses de trabajo puro y duro.
¿Cuántos más te quedan por delante? Puede que sea hora de batirse en retirada.
Que alguien llame al maître, por favor
«Eso es confort. No es lujo. No me digas que eso lo da el dinero. El lujo que yo defiendo no tiene nada que ver con el dinero. No se compra. Es la recompensa de quienes no temen a la incomodidad.»
JEAN COCTEAU, poeta, novelista, agente de boxeadores y cineasta francés, de cuya obra surgió el término «surrealismo»
A veces uno parece tener el don de la oportunidad. Hay cientos de coches dando vueltas por un parking y alguien sale de un sitio a 300 metros de la entrada justo cuando tú estás a la altura de su parachoques. ¡Un milagro navideño!
Otras veces se dan cosas más bien inoportunas. El teléfono suena mientras estás haciendo el amor durante lo que parece media hora. El mensajero llega 10 minutos tarde. La falta de oportunidad puede provocar auténticos desastres.
Jean-Marc Hachey aterrizó en África Occidental como voluntario, con esperanzas sinceras de servir de ayuda. En ese sentido, fue más que oportuno.
Llegó a Ghana a principios de la década de 1980 en medio de un golpe de Estado, con la inflación por las nubes y justo a tiempo de pasar la peor sequía de la década. Por esas mismas razones, muchos considerarían que fue inoportuno desde un punto de vista de supervivencia más egoísta.
Tampoco se enteró del comunicado. El menú nacional había cambiado y lujos como el pan y el agua potable habían desaparecido del mapa. Sobreviviría durante cuatro meses a base de un mejunje hecho de maíz y espinacas con pinta de fango. No las típicas chuches para comer en el cine, precisamente.
«VAYA, ¡PUEDO SOBREVIVIR!»
Jean-Marc había atravesado el punto sin retorno, pero no le importaba.
Después de dos semanas adaptándose a desayunar, almorzar y cenar lo mismo (papilla al estilo de Ghana) ya no sentía deseos de escapar. Resultó que sus únicas necesidades eran un sustento de lo más básico y buenos amigos. Lo que desde fuera parecería un desastre supuso en realidad una epifanía de afirmación de la vida que jamás había experimentado. Lo peor no estaba tan mal. Para disfrutar de estar vivo no se necesitan chorradas estrambóticas, pero sí ser dueño de tu vida y darte cuenta de que la mayoría de las cosas no son tan serias como uno las hace parecer.
Hoy, a los 48 años, Jean-Marc vive en una preciosa casa en Ontario, pero podría vivir sin ella. Tiene dinero en el banco, pero si cayera en la pobreza mañana no le importaría. Algunos de sus recuerdos más preciados consisten aún en nada más que amigos y gachas. Está volcado en crear momentos especiales para él mismo y su familia y no le preocupa lo más mínimo jubilarse. Ya ha vivido 20 años de jubilación parcial con una salud perfecta.
No lo guardes todo para el final. Hay demasiadas razones para no hacerlo.
P y A: PREGUNTAS Y ACCIONES
«Soy un viejo y he conocido innumerables desdichas, pero la mayoría nunca sucedieron.»
MARK TWAIN
Si te inquieta pensar en dar el salto o simplemente lo estás posponiendo por miedo a lo desconocido, aquí tienes el antídoto. Anota las respuestas y recuerda que pensar mucho no será tan fructífero ni tan prolífico como sencillamente vomitarlo todo sobre el papel. Escribe de corrido y no revises lo escrito: buscamos cantidad, no calidad. Detente unos minutos en cada pregunta.
1. Define claramente tu peor pesadilla, lo más terrible que podría pasar si hicieras lo que estás pensando. ¿Qué dudas, miedos y «qué pasaría si» te surgen cuando piensas en hacer los grandes cambios que puedes —o necesitas— hacer? Imagínatelos hasta en el más ínfimo detalle. ¿Te morirías? ¿Qué gravedad tendrían las consecuencias permanentes, si las hubiera, en una escala del 1 al 10? ¿Serían permanentes? ¿Qué probabilidad crees que hay de que de verdad ocurran?
2. ¿Qué medidas podrías tomar para reparar los daños causados o enderezar las cosas, aunque fuese con efectos temporales? Es muy posible que sea más fácil de lo que te imaginas. ¿Cómo podrías volver a dominar la situación?
3. ¿Cuáles serían los resultados o beneficios, tanto temporales como permanentes, de lo que es más probable que ocurra? Ahora que tienes claro cuál sería esa pesadilla hecha realidad, ¿cuáles serían los resultados más probables o claramente positivos, tanto interiores (confianza en ti mismo, autoestima) como exteriores? ¿Qué repercusiones tendrían estas consecuencias más probables en una escala del 1 al 10? ¿Qué probabilidad tienes de conseguir resultados moderadamente buenos? ¿Hay gente menos inteligente que tú que haya conseguido hacer esto antes?
4. Si te despidiesen hoy de tu trabajo, ¿qué harías para seguir financiando tu vida? Ponte en esta situación y vuelve a contestar a las preguntas 1, 2 y 3. Si dejas tu trabajo para probar otras opciones, ¿cómo podrías retomar el mismo rumbo profesional si fuese absolutamente necesario?
5. ¿Qué estás retrasando por miedo? Normalmente, lo que nos da más miedo hacer es lo que más necesitamos hacer. Esa llamada telefónica, esa conversación, cualquier acción; el miedo al resultado desconocido nos impide hacer lo que necesitamos hacer. Decide qué es lo peor que puede pasar, acéptalo y hazlo. Voy a repetir algo que podrías tatuarte en la frente: Normalmente, lo que nos da más miedo hacer es lo que más necesitamos hacer. Una vez oí que el éxito de una persona en la vida se mide por la cantidad de conversaciones incómodas que está dispuesto a mantener. Decide hacer todos los días una cosa que te dé miedo. Adquirí este hábito intentando contactar con celebridades y personas de negocios famosas para pedirles consejo.
6. ¿Cuánto te está costando —en dinero y en desgaste físico y emocional— retrasar pasar a la acción? No valores únicamente las desventajas potenciales de hacer algo. Es igual de importante cuantificar el coste atroz de no hacerlo. Si no intentas hacer realidad lo que te ilusiona, ¿dónde estarás dentro de un año, cinco o diez?
¿Cómo te sentirás sabiendo que te dejaste aplastar por las circunstancias y permitiste que diez años más de tu finita vida transcurriesen haciendo algo que sabes que no te llena? Si pudieses teletransportarte 10 años hacia el futuro y supieras con una seguridad del 100% que te espera un camino sembrado de desilusión y arrepentimiento (y si definimos riesgo como «probabilidad de un resultado negativo irreversible»), no actuar es el mayor riesgo que existe.
7. ¿A qué estás esperando? Si no puedes contestar a esta pregunta sin recurrir al concepto anteriormente rechazado de que no es un buen momento, la respuesta está muy clara: estás asustado, como el resto del mundo.
Mide el coste de no actuar, date cuenta de que la mayoría de los errores son improbables y reparables y forja el hábito más importante de los que destacan sobre los demás y disfrutan haciéndolo: pasar a la acción.
4. REINICIAR EL EQUIPO: SER POCO RAZONABLE Y TOTALMENTE DIRECTO
«—¿Podría decirme qué camino debo tomar?
—Eso depende en gran medida de adónde quieras ir —dijo el gato.
—No me importa mucho... —respondió Alicia.
—Entonces no importa hacia dónde vayas.»
LEWIS CARROLL, Alicia en el país de las maravillas
«El hombre razonable se adapta al mundo; el irrazonable persiste en intentar adaptar el mundo a él. Por consiguiente, todo progreso depende del hombre irrazonable.»
GEORGE BERNARD SHAW, Máximas para revolucionarios
Primavera de 2005, Princeton, Nueva Jersey
Tuve que sobornarles. ¿Qué otras opciones tenía?
Formaron un círculo a mi alrededor y, aunque la formulaban de distintas maneras, la pregunta siempre era la misma: «¿Cuál es el desafío?». Todas las miradas estaban fijas en mí.
Mi clase en la Universidad de Princeton acababa de terminar, despertando ilusiones y entusiasmo. Al mismo tiempo, yo sabía que la mayoría de los estudiantes saldrían de allí y harían de inmediato lo contrario de lo que yo había predicado.
La mayoría acabaría currando 80 horas semanales llevando y trayendo cafés a cambio de un buen sueldo a menos que yo les demostrase que los principios de la clase podían aplicarse a la vida real.
Ahí es donde entra el desafío.
Ofrecí un billete de ida y vuelta a cualquier lugar del mundo a cualquiera que llevase a cabo un «desafío» indefinido de la forma más personal posible. Resultados y originalidad. Les dije que los interesados se reuniesen conmigo después de clase y allí estaban, casi 20 de una clase de 60.
La tarea estaba pensada para sondear los límites de su zona de comodidad, obligándoles a aplicar algunas de las tácticas que enseño. Era sencillísimo: contactar con tres personas a las que aparentemente fuese imposible llegar —Jennifer López, Bill Clinton, J. D. Salinger, me daba igual— y conseguir que al menos uno respondiese a tres preguntas.
De 20 estudiantes, todos ellos salivando por ganar un garbeo gratis por el mundo, ¿cuántos aceptaron el desafío?
Exacto... ninguno. Ni uno.
Hubo excusas de todo tipo: «No es tan fácil conseguir que alguien...», «Tengo un trabajo importante que terminar, y... », «Me encantaría, pero no puedo hacerlo...». Sin embargo, la razón de no hacerlo era una, aunque repetida con distintas palabras. Era un desafío difícil, quizás imposible, y los demás estudiantes les ganarían. Como todos sobrevaloraron a la competencia, ninguno apareció.
Según las reglas que yo había fijado, si alguien me hubiese enviado aunque fuese un papel con un párrafo ilegible, habría estado obligado a darle el premio. Este resultado me dejó a la vez fascinado y deprimido.
Al año siguiente las cosas fueron muy diferentes.
Conté lo ocurrido el curso anterior a modo de advertencia y 6 de 17 estudiantes finalizaron la misión en menos de 48 horas. ¿El segundo grupo era mejor? No. De hecho, en el primero había estudiantes más brillantes, pero no hicieron nada. Mucho lirili y poco lerele.
El segundo grupo se creyó a pies juntillas lo que les dije antes de empezar, que era…
Hacer lo insensato es más fácil que hacer lo sensato
Desde contactar con multimillonarios a confraternizar con celebridades —el segundo grupo de estudiantes hizo las dos cosas—… si crees que puedes hacerlo, lo harás.
Se está solo en la cima. El noventa y nueve por ciento de la gente de este mundo está convencida de que es incapaz de lograr grandes cosas, así que aspiran a ser mediocres. El grado de competencia para alcanzar metas «realistas» es, por tanto, feroz, lo que paradójicamente hace que conseguirlas exija más tiempo y más energía. Es más fácil reunir 10.000.000 que 1.000.000. Es más fácil ligar con la chica espectacular del bar que con las cinco guapas.
Si eres inseguro, ¿sabes qué? El resto del mundo también. No sobrevalores a la competencia y te minusvalores a ti. Eres mejor de lo que crees.
Las metas insensatas y poco razonables son más fáciles de conseguir por otra razón más.
Una meta enormemente grande supone un chute de adrenalina que te proporciona el aguante necesario para superar las inevitables dificultades y tribulaciones que acompañan a la consecución de cualquier meta. Las metas realistas, las encuadradas en el grado de ambición medio, no motivan y no te impulsarán más allá del primer o segundo problema, momento en el que tirarás la toalla. Si la recompensa potencial es mediocre o media, no te esforzarás. Yo saltaría montañas por un viaje en catamarán por las islas griegas, pero quizá no cambiase de cereal de desayuno por un fin de semana en Columbus, Ohio. Si me decanto por lo segundo porque es «realista», no tendré el entusiasmo suficiente para derribar el menor obstáculo para conseguirlo. Pensando en las cristalinas y límpidas aguas y el vino delicioso de Grecia, estoy preparado para batallar por un sueño que merece la pena ser soñado. Aunque la dificultad de consecución en una escala del 1 al 10 parece ser 10 y 2, respectivamente, es más probable que Columbus se quede por el camino.
La pesca es mejor donde hay menos pescadores y la inseguridad colectiva del mundo hace más fácil ganar por goleada si todos los demás quieren empatar. Es así: hay menos competencia para alcanzar grandes metas.
Hacer cosas grandes empieza por pedirlas correctamente.
¿Qué quieres? Antes que nada, que formules mejor la pregunta
La mayoría de la gente nunca sabrá lo que quiere. Yo no sé lo que quiero. Pero si me preguntas qué quiero hacer en los próximos cinco meses en cuanto a aprender idiomas, sí que lo sé.
El quid está en ser específico. «¿Qué quieres?» es demasiado vago para producir una respuesta con sentido y que te empuje a actuar. Olvídalo.
«¿Cuáles son tus objetivos?» se presta inevitablemente a confusión y conjeturas. Para reformular la pregunta, necesitamos dar un paso atrás y mirar la situación en su conjunto.
Supongamos que tenemos diez metas y las conseguimos: ¿cuál es el resultado buscado que hace que todo ese esfuerzo haya merecido la pena? La respuesta más habitual, que yo mismo habría apuntado hace cinco años: ser feliz. Ya no pienso que ésta sea la respuesta acertada. La felicidad puede comprarse con una botella de vino y se ha vuelto un término ambiguo de tanto usarlo. Hay una alternativa más precisa que refleja el que creo que es el objetivo real.
Te pido un poco más de paciencia. ¿Qué es lo contrario de la felicidad? ¿La tristeza? No.
Igual que el amor y el odio son dos caras de la misma moneda, la felicidad y la tristeza también lo son. Llorar de felicidad lo ilustra perfectamente.
Lo contrario del amor es la indiferencia, y lo contrario de la felicidad —y éste es el quid de la cuestión— es el aburrimiento.
Ilusión es el sinónimo llevado a la práctica de felicidad y es precisamente lo que deberías aspirar a conseguir. Es el curalotodo. Cuando te aconsejan que te dediques a tu «pasión» o a «lo que te haga feliz», en mi opinión se están refiriendo al mismo concepto: ilusión.
Lo que nos devuelve a donde partimos. La pregunta que debes hacerte no es «¿Qué quiero?» o «¿Cuáles son mis objetivos?», sino «¿Qué me hace ilusión?».
TDA del adulto: Trastorno Deficitario en Aventura
Entre el momento de acabar la facultad y el segundo trabajo, una matraquilla se cuela en tu diálogo interior. Sé realista y deja de aparentar que la vida es como las películas.
Si tienes cinco años y dices que quieres ser astronauta, tus padres te dicen que puedes ser lo que tú quieras. Es inofensivo, como contarle a un niño que existe Papá Noel. Si tienes 25 y anuncias que quieres montar un circo, la reacción es distinta. Pon los pies en el suelo, hazte abogado, contable o médico, ten niños y críalos para que repitan el ciclo.
Si consigues ignorar a quienes dudan de ti y empiezas tu propio negocio, por ejemplo, el TDA no desaparece. Eso sí, adopta otra forma.
Cuando empecé BrainQUICKEN LLC en 2001, lo hice con un objetivo claro en mente: ganar 1.000 dólares al día, ya estuviera dándome de cabezazos con el portátil o cortándome las uñas de los pies en la playa. Iba a ser una fuente automatizada de dinero. Si repasas mi cronología, es obvio que esto no ocurrió hasta que me vi forzado a ello por un fallo irrecuperable del sistema, a pesar de que el requisito ingresos se había cumplido. ¿Por qué? La meta era demasiado general. No había precisado actividades alternativas que sustituyesen al trabajo que me ocupaba antes.
Por consiguiente, seguí trabajando aunque ya no necesitase el dinero. Necesitaba sentirme productivo, y trabajar era mi único vehículo para conseguirlo.
Ésta es la razón por la que la mayoría trabaja hasta morir: «Trabajaré hasta que tenga X dólares y luego haré lo que quiera». Si no defines las actividades alternativas que constituyen «lo que quiera», la cifra X crecerá infinitamente para evitar la temible incertidumbre de ese vacío.
Entonces es cuando tanto empleados como emprendedores se convierten en gordos al volante de un BMW rojo.
El gordo al volante del bMW rojo descapotable
Ha habido varios momentos en mi vida —uno de ellos, justo antes de que me echaran de TrueSAN y justo antes de que huyese de Estados Unidos para no acabar entrando con una metralleta en un McDonald’s— en que me vi en el futuro como otro gordo al volante del BMW fruto de su crisis de mediana edad. No tuve más que mirar a quienes iban por el mismo camino que yo 15 o 20 años por delante, ya fuesen directores de ventas o emprendedores del mismo sector, y se me pusieron los pelos de punta.
La fobia era tan aguda y una metáfora tan perfecta de la suma de todos los miedos, que se convirtió en una forma de romper ciertas pautas de conducta entre mi colega emprendedor y diseñador vital Douglas Price y un servidor. Doug y yo hemos recorrido sendas paralelas durante casi cinco años, afrontando los mismos retos e inseguridades, por lo que hemos seguido de cerca el estado psicológico del otro. Parece que nuestras épocas de bajón se alternan, así que formamos un buen equipo.
Siempre que uno de los dos empieza a aspirar a logros más modestos, a perder la fe o a «aceptar la realidad», el otro interviene raudo por teléfono o correo electrónico como un padrino de Alcohólicos Anónimos: «Tío, ¿te estás convirtiendo en el gordo calvo del BMW rojo descapotable?». La visión es tan terrorífica que siempre volvemos al buen camino con nuestras prioridades claras en un segundo. Lo peor que podría pasarte no sería estrellarte y arruinarte, sino aceptar el aburrimiento terminal como estado tolerable indefinido.
Recuerda: el aburrimiento es el enemigo, no el «fracaso» en abstracto.
Corregir el rumbo: vuélvete insensato
Hay un proceso que yo he utilizado, y aún utilizo, para dar emoción a mi vida o corregir el rumbo cuando el gordo del BMW asoma su desagradable cabeza. De una forma u otra, es el mismo proceso que aplican los NR más admirables que he conocido en todo el mundo: el onirograma.
El onirograma se llama así porque consiste en poner plazos de consecución a lo que muchos considerarían sueños.
Se parece mucho a fijarse metas, aunque difiere de ello en varios aspectos fundamentales:
1. Las metas pasan de ser deseos ambiguos a pasos bien definidos.
2. Para ser eficaces, las metas no pueden ser realistas.
3. Pretende encontrar actividades que llenen el vacío que se crea al eliminar el trabajo. Vivir como un millonario exige hacer cosas interesantes, no sólo poseer cosas envidiables.
Ahora te toca pensar a lo grande.
Cómo conseguir hablar por teléfono con George bush padre o el gerente de Google
El artículo incluido a continuación, titulado «Fracasar mejor», escrito por Adam Gottesfeld, analiza cómo enseño a los estudiantes de Princeton a contactar con grandes directivos del mundo de los negocios o con celebridades de diversa índole. Debido a su extensión, he recortado algunos fragmentos.
La gente es muy aficionada a usar el dicho que reza «no es importante lo que sabes, sino a quién conoces» como excusa para no hacer nada, como si todo aquel que ha alcanzado el éxito hubiera nacido teniendo amigos muy poderosos.
Tonterías.
Aquí se demuestra cómo la gente normal construye redes fuera de lo normal.
Fracasar mejor
por ADAM GOTTESFELD
A la mayoría de los alumnos de Princeton les gusta postergar el momento de escribir los trabajos que les encarga un profesor. Ryan Marrinan, de Los Ángeles, no era una excepción. Sin embargo, mientras la mayoría de los estudiantes universitarios dedicaban su tiempo a actualizar sus perfiles de Facebook o a ver vídeos en YouTube, Marrinan hablaba de budismo soto zen por correo electrónico con Randy Komisar, un socio de la empresa Kleiner Perkins Caufield and Byers, y, también por correo electrónico, le preguntaba a Eric Schmidt, gerente de Google, cuál había sido el momento más feliz de su vida (respuesta de Schmidt: «Mañana»).
Antes de mandarle ese correo electrónico, Marrinan nunca había hablado con Komisar, y sólo había visto brevemente a Schmidt, que pertenecía al consejo de administración de Princeton, cuando asistió a una reunión académica de los miembros de dicho consejo celebrada en noviembre. Marrinan, que se definía a sí mismo como «un muchacho tímido por naturaleza», dijo que nunca se hubiera atrevido a mandar un correo electrónico a dos de los hombres más poderosos de Silicon Valley de no haber sido por Tim Ferriss, que dio una charla en la clase «Empresa y altas tecnologías» del profesor Ed Zschau. Ferriss desafió a Marrinan y a sus compañeros a contactar con famosos y gerentes de grandes empresas para conseguir las respuestas a lo que siempre habían deseado preguntarles.
Como incentivo extra, Ferriss prometió un billete de avión de ida y vuelta a cualquier lugar del mundo al estudiante que hablara con la persona más difícil de contactar y le planteara la pregunta más complicada.
«Creo que el éxito puede medirse según el número de conversaciones incómodas que estás dispuesto a mantener. Tengo la sensación de que si puedo ayudar a los estudiantes a superar el miedo al rechazo con correos electrónicos y llamadas telefónicas no solicitadas, eso les será útil siempre —dijo Ferris—. Es fácil venderse barato, pero cuando ves que tus compañeros de clase reciben respuestas de gente como [el ex presidente] George Bush o los gerentes de Disney, Comcast, Google o HP y de docenas de personas muy difíciles de contactar, eso te obliga a replantearte las limitaciones que tú mismo te has impuesto.» Ferriss instruye a los alumnos de «Empresa y altas tecnologías» cada semestre sobre cómo crear un punto de partida y diseñar un estilo de vida ideal.
«Participo en este concurso todos los días —afirma Ferriss—. Hago lo que hago siempre: si es posible, localizo una dirección de correo electrónico de alguien, a menudo a través de blogs personales poco conocidos; mando un mensaje de dos o tres párrafos en el que explico que conozco su trabajo y planteo una pregunta fácil de responder pero que le haga reflexionar acerca de su profesión o su filosofía de vida. El objetivo es iniciar un diálogo a fin de que puedan responder a futuros mensajes..., no para pedir ayuda. Eso sólo puede ocurrir después de al menos dos o tres intercambios de mensajes.»
Con la «puesta en práctica de la técnica de Tim Ferriss», como la llama él, Marrinan pudo establecer un vínculo con Komisar. En su primer correo electrónico comentaba que había leído uno de los artículos de Komisar publicados en la Harvard Business Review y que eso le impulsó a preguntarle: «¿Cuál ha sido el momento más feliz de su vida?». Después de que Komisar le respondiera con referencias al budismo tibetano, Marrinan dijo: «De la misma forma que no se puede explicar con palabras la verdadera felicidad, no tengo palabras para expresarle mi agradecimiento». Este correo electrónico incluía una traducción del francés hecha por el propio Marrinan de un poema de Taisen Deshimaru, antiguo maestro europeo de soto zen. Se había establecido una relación por correo electrónico, y Komisar incluso le mandó un mensaje a Marrinan unos días después con un vínculo de un artículo sobre la felicidad publicado en el New York Times.
Contactar con Schmidt era un desafío más grande. Para Marrinan, la parte más difícil fue conseguir la dirección de correo personal de Schmidt. Le mandó un mensaje a una profesora de Princeton solicitándosela, pero no obtuvo respuesta. Dos semanas después, volvió a mandarle otro mensaje a esa misma profesora, y defendió su solicitud diciéndole que ya conocía a Schmidt. La profesora no se la dio, pero Marrinan se negó a tirar la toalla. Le escribió un tercer mensaje: «¿Nunca hace excepciones?», le preguntó. Finalmente, la profesora cedió y le pasó la dirección de correo electrónico de Schmidt.
«Sé que algunos compañeros de clase prefirieron seguir la técnica de mandar correos de forma indiscriminada, y con cierto éxito, pero ése no es mi estilo —dijo Marrinan, explicando su perseverancia—. Me enfrento al rechazo con la insistencia, no apuntando en muchas direcciones. Mi máxima se la debo a Samuel Beckett, uno de mis héroes personales: “Lo has intentado. Has fracasado. No importa. Inténtalo de nuevo. Fracasa otra vez. Fracasa mejor”. No os creeríais lo que uno es capaz de conseguir al intentar lo imposible si tiene valor para fracasar mejor repetidamente.»
Nathan Kaplan, otro participante en el concurso, estaba muy orgulloso de la forma en que pudo contactar con el antiguo alcalde de Newark, Sharpe James. Teniendo en cuenta que había hecho una campaña para colaborar con Al Sharpton, en la página web www.fundrace.org figuraba la dirección del domicilio de James. Entonces, Kaplan escribió la dirección de James en un buscador de números de teléfono por direcciones y allí consiguió el del ex alcalde. Kaplan dejó un mensaje para James y unos días después pudo preguntarle cómo fue su educación cuando era un niño.
Ferriss se siente muy orgulloso del esfuerzo que los estudiantes han dedicado a este concurso. «La mayoría de la gente es capaz de hacer cosas absolutamente impresionantes —dijo—. A veces, lo único que necesitan es un empujoncito.»
P y A: PREGUNTAS Y ACCIONES
«El vacío existencial se manifiesta principalmente a través de un estado de aburrimiento.»
VIKTOR FRANKL, superviviente de Auschwitz, fundador de la logoterapia y autor de El hombre en busca de sentido
«La vida es demasiado corta para ser pequeña.»
BENJAMIN DISRAELI
Trazar tus onirogramas será divertido y también difícil. Si te cuesta mucho, es signo de que realmente necesitas hacerlos. Para ahorrar tiempo, recomiendo utilizar las calculadoras automáticas y formularios que encontrarás en www.fourhourblog.com.
Básate en la hoja de cálculo modelo de la página 90 para completar los siguientes pasos:
1. ¿Qué harías si no pudieses fracasar de ninguna manera?
¿Y si fueses diez veces más listo que el resto del mundo? Fija dos fechas futuras —una 6 meses hacia adelante y otra, 1 año— y escribe cinco cosas como máximo que sueñas con tener (pueden ser materiales o no: casa, coche, ropa, etc.), ser (un gran cocinero, conversador decente en chino, etc.) y hacer (visitar Tailandia, investigar tus orígenes en el extranjero, correr encima de un avestruz, etc.) en ese orden. Si te resulta difícil saber qué quieres en alguna categoría, como le ocurrirá a casi todo el mundo, piensa en cosas que detestas o temes en cada una y escribe lo contrario. No te pongas límites y no te preocupes pensando en cómo vas a conseguir lo que anotes. Por ahora eso no tiene importancia.
Es un ejercicio de antirrepresión.
Ten cuidado de no criticarte o engañarte a ti mismo. Si lo que quieres de verdad es un Ferrari, no escribas «acabar con el hambre en el mundo» porque te sientes culpable. El sueño de algunos será la fama; para otros, la fortuna o el prestigio. Todos tenemos vicios e inseguridades. Si hay algo que te haría sentirte más valioso, ponlo. Yo tengo una moto de carreras y aparte del hecho de que amo la velocidad, me hace sentir que soy guay cuando la monto. No hay nada de malo en ello. Escríbelo todo.
2. ¿Que te has quedado en blanco?
A pesar de echar infinitas pestes sobre los obstáculos que no les dejan avanzar, a la mayoría de gente le resulta muy difícil saber cuáles son los sueños concretos que se les está impidiendo realizar. El bloqueo aparece sobre todo en la categoría «hacer». Si éste es tu caso, hazte estas preguntas:
a. ¿Qué harías, en tu día a día, si tuvieras 100 millones de dólares en el banco?
b. ¿Con qué te levantarías ilusionado cada mañana para vivir un nuevo día?
No te apresures; piénsatelo unos minutos. Si sigues bloqueado, completa los cinco puntos de «hacer» con esto:
• Un lugar que visitar.
• Una cosa que quieras hacer antes de morirte (un recuer-
do para toda la vida).
• Una cosa que hacer todos los días.
• Una cosa que hacer todas las semanas.
• Una cosa que siempre hayas querido aprender.
3. ¿Qué tienes que hacer para «ser»?
Transforma cada «ser» en un «hacer» para poder llevarlo a la práctica. Identifica una acción que caracterice este estado de ser o una tarea que significaría que lo has logrado. Suele ser más fácil pensar en cosas que quieras «ser» antes, pero esta columna no es más que un almacén temporal de cosas para «hacer» más adelante. Algunos ejemplos:
• Gran cocinero, preparar la cena de Navidad sin ayuda.
• Conversador decente en chino, mantener una charla de
cinco minutos con un compañero de trabajo chino.
4. ¿Cuáles son los cuatro sueños que lo cambiarían todo?
Centrándote en el plazo de 6 meses, marca con un asterisco o señala de alguna forma los sueños más emocionantes o importantes de cada una de las columnas. Repite el proceso con el plazo de 1 año si así lo deseas.
5. Determina el coste de estos sueños y calcula tus IMO (Ingresos Mensuales Objetivo) para ambos plazos.
Si fuesen financiables, ¿cuánto costaría mensualmente cada uno de los cuatro sueños (alquiler, hipoteca, cuotas de un pago aplazado, etc.)? Empieza a pensar en tus ingresos y gastos en términos del dinero que entra cada mes —dólares que entran y dólares que salen— en lugar de en sumas totales. Las cosas a menudo cuestan muchísimo menos de lo que te esperas. Por ejemplo, un Lamborghini Gallardo Spyder, recién salido del concesionario a un precio de 260.000 dólares, puede conseguirse por 2.897,80 dólares al mes. Yo encontré mi coche preferido, un Aston Martin DB9 con 1.000 millas en eBay por 136.000, o sea, 2.003,10 al mes. ¿Qué tal suena un viaje alrededor del mundo (Los Ángeles, Tokio, Singapur, Bangkok, Delhi o Bombay, Londres, Frankfurt, Los Ángeles) por 1.399 dólares?


Para calcular algunos de estos costes, los Trucos y utensilios reseñados al final del Capítulo 14 serán de gran ayuda.
Para terminar, calcula tus Ingresos Mensuales Objetivo (IMO) para hacer realidad estos onirogramas. Así se hace: primero suma cada una de las columnas A, B y C, contando sólo los cuatro sueños que has seleccionado. El total de algunas será cero; no pasa nada. Luego añade tus gastos mensuales totales × 1,3 (el 1,3 equivale a tus gastos más un colchón del 30% en ahorros o simplemente por seguridad). Esta suma total es tu IMO y el objetivo que debes recordar durante el resto del libro. A mí me gusta dividir este IMO entre 30 para llegar a mi IDO (Ingresos Diarios Objetivo). Me es más fácil trabajar con un objetivo diario. Las calculadoras en línea de nuestra web complementaria harán todo el trabajo por ti, por lo que este paso es pan comido.
Es muy posible que la cifra resultante sea menor de lo que te esperabas y a menudo disminuye con el tiempo a medida que sustituyas cada vez más «tener» por «hacer» una vez en la vida. La movilidad fomenta esta tendencia.
Aunque el total te asuste, ni te inmutes. He ayudado a estudiantes a conseguir más de 10.000 dólares al mes de ingresos extras en tres meses.
6. Especifica tres pasos para cada uno de los cuatro sueños en el plazo de 6 meses y da el primero ya.
Yo no creo mucho en la planificación a largo plazo y en las metas lejanas. De hecho, hago onirogramas a 3 y a 6 meses.
Cálculo de un onirograma – Otra buena opción
Puede que haya una manera distinta de abordar los objetivos a un mes vista y los más específicos. Aplicaré tu ejemplo para el pago mensual de un Aston Martin, del sueldo de un mes de un ayudante personal y de un viaje a la costa de Croacia. Mientras que los dos primeros deberían incluirse en su totalidad en los ingresos mensuales previstos, el viaje debería dividirse entre el número de meses que transcurrirán entre ahora y el tiempo total del onirograma.
Esto es lo que correspondería a un onirograma de 6 meses:
Aston Martin = 2.003 al mes
Ayudante personal = 400 al mes
Viaje a Croacia = 934 en total, esto es, 934/6 al mes
Ahora, en el libro y en la hoja de cálculo tenemos (2.003 + 400 + 934) × 1,3 gastos mensuales = Ingresos Mensuales Objetivo (IMO).
Sin embargo, creo que debería ser (2.003 + 400 + 934/6 ) × 1,3 gastos mensuales = IMO.
O, en general: [Objetivos mensuales + (Objetivos específicos/Meses totales)] × 1,3 gastos mensuales = IMO.
JARED, presidente de SET Consulting
Las variables cambian demasiado y la distancia en el futuro se convierte en una excusa para retrasar pasar a la acción. Así pues, el objetivo de este ejercicio no es detallar cada paso de principio a fin, sino fijar la meta final, el medio necesario para alcanzarla (IMO, IDO) e ir cogiendo impulso dando esos cruciales primeros pasos. A partir de ese punto, es cuestión de liberar tiempo y generar el IMO, tema que trataremos en los siguientes capítulos.
Primero centrémonos en esos cruciales primeros pasos. Decide qué tres pasos darás para que cada sueño esté más cerca de convertirse en realidad.
Piensa en acciones —sencillas y bien definidas— que llevar a cabo ahora, mañana (antes de las 11 de la mañana) y al día siguiente (de nuevo, antes de las 11 de la mañana).
Cuando tengas tres pasos para cada uno de los cuatro objetivos, realiza las acciones de la columna «ahora». Ya. Todas deben ser lo suficientemente sencillas como para finalizarlas en cinco minutos como máximo. Si no, táchalas. Si es de noche y no puedes llamar a alguien, haz otras cosas, como enviar un correo electrónico y programa la llamada para primera hora de la mañana.
Si la fase siguiente es algún tipo de investigación, llama a alguien que sepa la respuesta en lugar de perder demasiado tiempo buscando en libros o en internet, lo que puede provocarte parálisis por exceso de análisis.
El mejor primer paso, lo que yo recomiendo hacer, es encontrar a alguien que haya hecho ya lo que tú quieres y pedirle que te cuente cómo lo hizo. No es difícil.
Otras opciones son concertar una reunión o una llamada con un entrenador, mentor o vendedor para ir tomando impulso. ¿Puedes programar una clase particular o comprometerte a asistir a una reunión que te avergüence cancelar? Utiliza la culpa a tu favor.
Mañana se convierte en nunca. No importa cuán pequeña sea la tarea, ¡da el primer paso ya!
RETO ANTICOMODIDAD
Las acciones más importantes nunca son cómodas.
Afortunadamente, es posible condicionarte a la incomodidad y vencerla. Yo me he entrenado para proponer soluciones en lugar de pedirlas, obtener las respuestas que deseo en lugar de reaccionar y ser asertivo sin quemar puentes. Para vivir de forma distinta al resto, necesitas practicar el hábito poco extendido de tomar decisiones, para ti y para los demás.
A partir de este capítulo, te conduciré a través de ejercicios progresivamente más incómodos, muy sencillos. Algunos te parecerán engañosamente fáciles e incluso irrelevantes (como el siguiente) hasta que los pruebas. Tómatelo como un juego y espera sentir nervios y sudor frío: de eso se trata. La mayoría de los ejercicios tienen que practicarse durante dos días. Anota el ejercicio del día en tu calendario para no olvidarlo y no trates de hacer frente a más de un reto anticomodidad a la vez.
Recuerda: existe una correlación directa entre una esfera de comodidad más amplia y conseguir lo que quieres.
Allá vamos.
Aprende a mirar fijamente a los ojos (2 días)
Mi amigo Michael Ellsberg inventó unas reuniones de solteros llamadas «Mírame a los ojos».
Es igual que las citas rápidas pero diferente en un aspecto fundamental: no se permite hablar. Consiste en mirar fijamente a los ojos de tu pareja durante tres minutos. Si vas a una de esas reuniones, te queda muy claro que la mayoría de la gente se siente incomodísima haciendo esto. Los próximos dos días, mira fijamente a los ojos de los demás —puede ser gente que te cruces por la calle o con quien estés hablando— hasta que ellos aparten la mirada. Consejos:
1. Concéntrate en un ojo y no olvides pestañear de vez en cuando para no parecer un psicópata o que te den de leches.
2. Mientras hables con alguien, mantén el contacto visual cuando tengas la palabra. Mientras escuchas es más fácil.
3. Practica con gente más mayor o más segura de sí misma que tú. Si un transeúnte te pregunta qué demonios miras, sonríe y dile «Lo siento, te he confundido con un viejo amigo».
PASO II: E DE ELIMINACIÓN
«No has de acumular, sino eliminar.
No se trata de aumentar cada día, sino de disminuir cada día. Cultivarse a uno mismo culmina siempre en la simplicidad.»
BRUCE LEE
5. EL FIN DE LA ADMINISTRACIÓN DEL TIEMPO: ILUSIONES E ITALIANOS
«La perfección no es no tener más que añadir, sino nada que eliminar.»
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY, pionero del vuelo postal internacional y autor de El Principito
«Es vano hacer con más lo que se puede hacer con menos.»
GUILLERMO DE OCKHAM (1300-1350), pensador al que se atribuye la «navaja de Ockham»
Sólo dos palabras sobre administración del tiempo: olvídate de ella.
En el más estricto de los sentidos, no deberías tratar de meter más cosas en tu día, intentando llenar cada segundo con una especie de baile de San Vito laboral. Tardé mucho tiempo en darme cuenta de esto. Antes me encantaba evaluar los resultados de lo que hacía por el volumen generado.
Estar ocupado suele ser un pretexto para evitar unas pocas acciones incómodas que son las que de verdad importan. Si quieres convencerte de que estas agobiadísimo, tus opciones son casi ilimitadas: puedes llamar a cientos de potenciales clientes que nunca se interesarán por lo que vendes, organizar tus contactos del Outlook, cruzar la oficina para pedir documentos que no necesitas, o trastabillar con tu BlackBerry unas cuantas horas cuando deberías estar estableciendo prioridades.
De hecho, si quieres ascender en la mayoría de las empresas estadounidenses, y partiendo de que nadie supervisa realmente lo que haces (seamos sinceros), limítate a corretear por la oficina con un móvil junto a la oreja y papeles en la mano. ¡Eso sí que es un empleado ocupado!
Que le asciendan. Desgraciadamente para los NR, comportarte así no te sacará de la oficina ni te pondrá en un avión rumbo a Brasil. Perro malo. Pégate con el periódico y corta el rollo.
Después de todo, hay una opción muchísimo mejor que hará algo más que aumentar tus resultados: los multiplicará varias veces. Puedes creértelo o no, pero no sólo es posible conseguir más haciendo menos; es obligatorio.
Bienvenido al mundo de la eliminación.
Cómo usar la productividad
Ahora que has decidido lo que quieres hacer con tu tiempo, tienes que liberar ese tiempo. El truco, claro está, es hacerlo conservando o aumentando tus ingresos.
La intención de este capítulo, y lo que experimentarás si sigues las instrucciones, es un aumento de tu productividad personal de entre un 100 y un 500%. Los principios son los mismos tanto para empleados como para emprendedores, pero el propósito de esta mayor productividad es completamente distinto.
Primero, el empleado. El empleado aumentará su productividad para desarrollar su capacidad de negociación con vistas a dos objetivos al mismo tiempo: aumentos de sueldo y un acuerdo de teletrabajo.
Recuerda que, como indiqué en el Capítulo 1 de este libro, el proceso general para convertirse en un nuevo rico es el D-E-A-L, en ese orden, pero que los empleados que deseen seguir siéndolo por el momento tienen que aplicar el proceso alternando las vocales: D-E-L-A. La razón tiene que ver con el entorno.
Necesitan liberarse del entorno de la oficina antes de trabajar 10 horas por semana, por ejemplo, porque en dicho entorno se espera de ti que te estés moviendo continuamente desde que entras hasta que sales. Aunque produzcas el doble de resultados que antes, si trabajas una cuarta parte de las horas que tus compañeros, tienes muchas papeletas para recibir una carta de despido. Aunque trabajes 10 horas por semana y produzcas el doble de resultados que la gente que trabaje 40, la exigencia colectiva será: «Trabaja 40 horas por semana y produce 8 veces esos resultados». Esto es el cuento de nunca acabar en el que no quieres entrar. De ahí que primero necesites liberarte.
Si eres asalariado, este capítulo te hará más valioso, de forma que a tu empresa le dolerá más despedirte que concederte un aumento y acceder a un acuerdo de teletrabajo. Ése es tu objetivo. Una vez consigas ese acuerdo, puedes trabajar menos horas sin interferencias burocráticas y usar el tiempo libre resultante para hacer realidad tus onirogramas.
Las metas del emprendedor son menos complejas, pues suele ser generalmente el beneficiario directo del aumento de beneficios. El objetivo es disminuir la cantidad de trabajo que realizas aumentando al mismo tiempo lo que ganas. Esto preparará el terreno para sustituirte con ayuda de la automatización, que a su vez posibilita la liberación.
Antes de emprender ambas sendas, debes definir algunos conceptos.
Ser eficaz frente a ser eficiente
Ser eficaz es hacer cosas que te acerquen a tus metas.
Ser eficiente es llevar a cabo una tarea determinada (independientemente de que sea importante o no) de la manera más económica posible. Ser eficiente sin pensar en la eficacia es el modo en que el universo funciona por defecto.
Yo consideraría al mejor vendedor a puerta fría eficiente —es decir, refinado y excelente vendiendo libros a puerta sin perder tiempo— pero completamente ineficaz. Vendería más utilizando un medio mejor, como el correo electrónico o los envíos directos.
Lo mismo ocurre con la persona que mira su correo 30 veces al día e inventa un elaborado sistema de reglas de carpetas y técnicas sofisticadas para asegurarse de que cada uno de esos pedos mentales se coloca en su sitio lo más deprisa posible. Yo era especialista en mantener ruedas girando con gran profesionalidad. Es eficientemente perverso, pero absolutamente ineficaz.
Aquí van algunas obviedades que no debes olvidar:
1. Hacer algo intrascendente bien no lo convierte en importante.
2. Exigir mucho tiempo no convierte una tarea en importante.
A partir de este momento, recuerda esto: lo que haces es infinitamente más importante que cómo lo haces. La eficiencia sigue importando, pero es inútil si no la aplicas a lo correcto.
Para averiguar de qué estamos hablando, tenemos que salir al jardín.
Pareto y su jardín: el 80/20 y liberarse de la futilidad
«Lo que puede medirse, puede manejarse.»
PETER DRUCKER, teórico en materia de gestión empresarial, autor de 31 libros y galardonado con la Medalla Presidencial de la Libertad
Hace cuatro años, un economista cambió mi vida para siempre. Es una pena que nunca tuviera la oportunidad de pagarle una cerveza. Mi querido Vilfredo murió hace casi 100 años.
Vilfredo Pareto fue un astuto y controvertido economistasociólogo que vivió entre 1848 y 1923. Ingeniero de formación, empezó su variopinta trayectoria profesional como administrador de minas de carbón, para más tarde suceder a Léon Walras como catedrático de Economía Política en la Universidad de Lausana, Suiza. En su obra fundamental, Cours d’economie politique, aparece una «ley» de distribución de los ingresos, poco estudiada por entonces, que más tarde llevaría su nombre: la «ley de Pareto» o «distribución de Pareto», en la última década también conocida como el «principio del 80/20».
La fórmula matemática que utilizó para demostrar una distribución extremadamente desequilibrada pero predecible de la riqueza en la sociedad —el 80% de la riqueza y los ingresos los producían y estaban en manos del 20% de la población— se aplica también en ámbitos distintos al económico. De hecho, puede encontrarse casi en cualquier parte. El 80% de los guisantes del jardín de Pareto salían del 20% de las vainas que había plantado, por ejemplo.
La ley de Pareto puede resumirse así: el 80% de la producción procede del 20% de los insumos. Otras maneras de formular esto mismo, dependiendo del contexto, pueden ser:
El 80% de las consecuencias se deriva del 20% de las causas.
El 80% de los resultados procede del 20% de los esfuerzos realizados y del tiempo invertido.
El 80% de los beneficios de una empresa proviene del 20% de sus productos y clientes.
El 80% del total de ganancias obtenidas en la Bolsa va a parar al 20% de los inversores y tiene su origen en el 20% de los valores de una cartera individual.
La lista es infinitamente larga y variada, y la proporción suele inclinarse aún más en una dirección: no es extraño encontrar 90/10, 95/5 o 99/1, pero lo mínimo que hay que buscar es 80/20.
Cuando me topé con la obra de Pareto una noche, llevaba matándome a trabajar como un esclavo 15 horas al día, siete días por semana, sintiéndome completamente abrumado y normalmente impotente. Me levantaba antes del amanecer para llamar al Reino Unido, ocuparme de Estados Unidos durante la jornada normal de 9 a 5 y después me quedaba hasta casi las 12 de la noche para telefonear a Japón y Nueva Zelanda. Estaba atrapado en un tren de mercancías desbocado y sin frenos, echando paletadas de carbón en la caldera por falta de algo mejor que hacer. Entre dejar que me diese un ataque o darle una oportunidad a las ideas de Pareto, decidí optar por lo segundo. A la mañana siguiente empecé a diseccionar mi vida personal y profesional mirando a través de dos lentes de aumento:
1. ¿Qué 20% de causas son responsables del 80% de mis problemas e infelicidad?
2. ¿Qué 20% de causas producen el 80% de mi felicidad y deseos cumplidos?
Durante todo el día puse a un lado todo lo aparentemente urgente y me dediqué a hacer el análisis más revelador e intenso en busca de la verdad que pude, haciéndome estas preguntas con relación a todo, desde mis amigos a mis clientes o la publicidad, pasando por lo que hacía para relajarme. No esperes descubrir que lo estás haciendo todo bien: a menudo, la verdad duele. El propósito es encontrar dónde están tus ineficiencias para eliminarlas y detectar tus fortalezas para multiplicarlas. En las 24 horas siguientes, tomé varias decisiones sencillas pero emocionalmente difíciles que cambiaron mi vida para siempre e hicieron posible la forma de vida de la que ahora disfruto.
La primera decisión que tomé es un ejemplo estupendo de lo rápido y contundente que puede ser el retorno sobre la inversión de esta liposucción analítica: no contacté más con el 95% de mis clientes y despedí al 2%, lo que me dejó con el 3% de los productores de mis ingresos para estudiarlos y conseguir otros similares.
De más de 120 mayoristas, solamente 5 estaban proporcionándome el 95% de mis ingresos. Estaba dedicando el 98% de mi tiempo a perseguir al resto, pues esos 5 hacían pedidos regulares sin ningún tipo de llamadas de seguimiento, persuasión o engatusamiento. En otras palabras, estaba trabajando porque sentía que tenía que hacer algo de 9 a 5. No me había dado cuenta de que trabajar todas las horas que van de 9 a 5 no es el objetivo, sino sencillamente la estructura horaria que la mayoría aplica, sea necesario o no. Había enfermado de gravedad de trabaja por trabaja (T×T), las siglas más detestadas del vocabulario de los NR.
Todos, y quiero decir el 100%, mis problemas y quejas procedían de esta mayoría improductiva, con la excepción de dos clientes grandes, expertos de categoría estratosférica en hacer negocios declarando incendios para que otro los apague. Puse a todos estos clientes improductivos en modo pasivo: si hacían pedidos, genial; que manden un fax. Si no, no iba a perseguirlos: ni llamadas, ni correos electrónicos, nada. Eso me dejó con dos clientes grandes de los que ocuparme, que eran tocapelotas profesionales, pero que en aquel entonces producían más o menos el 10% de la facturación.
Siempre vas a tener algunos de éstos, y es un apuro que ocasiona toda clase de problemas, entre ellos odio a uno mismo y depresión.
Hasta ese momento había aceptado su tiranía, sus insultos, sus peleas de días y sus diatribas como el coste inevitable de hacer negocio.
Haciendo el análisis 80/20 me di cuenta de que estas dos personas eran la fuente de casi toda la infelicidad e ira que sentía a lo largo del día, que normalmente se colaba en mi tiempo libre, desvelado por la noche, flagelándome, pensando lo típico: «Tendría que haberle dicho tres verdades a ese idiota». Al final llegué a una conclusión obvia: la ganancia económica no compensaba las repercusiones en mi autoestima y tranquilidad mental. No necesitaba el dinero por una razón específica; simplemente había dado por sentado que tenía que aguantarlo. El cliente siempre tiene razón, ¿no? Es lo que tiene hacer negocios, ¿no? ¡Qué coño!, no. No para un NR, en cualquier caso. Les despedí con cajas destempladas y lo disfruté. La primera conversación fue así:
Cliente: ¿Qué &#@$ pasa? Pedí dos cajas y han llegado dos días tarde. (Nota: Había enviado el pedido a la persona equivocada a través del medio incorrecto, pese a haberle recordado varias veces cómo hacerlo bien.) Sois el hatajo de idiotas más desorganizados con los que he trabajado. Tengo 20 años de experiencia en este ramo y esto es lo peor.
Cualquier NR (en este caso, yo): Voy a matarte. Ten mucho, mucho miedo.
Ojalá. Lo ensayé un millón de veces en el teatro de mi mente, pero la verdad es que fue más bien algo así: «Siento mucho oírlo. Ya sabe que llevo aguantando sus insultos hace un tiempo y desgraciadamente parece que no vamos a poder seguir trabajando juntos. Le sugiero que reflexione seriamente sobre cuál puede ser la causa de tanta infelicidad y enfado. En cualquier caso, le deseo lo mejor. Si desea hacer un pedido de producto, se lo serviremos encantados, pero sólo si puede comportarse sin blasfemar ni dirigirnos insultos innecesarios. Ya tiene nuestro número de fax. Mucha suerte y que tenga un buen día». [Click.] Hice esto una vez por teléfono y otra por correo electrónico. ¿Qué pasó?
Perdí uno de los clientes pero el otro hizo examen de conciencia y se limitó a enviar pedidos por fax, una vez y otra y otra. Problema resuelto, pérdida de ingresos mínima. En un momento era 10 veces más feliz.
Luego identifiqué los rasgos comunes de mis mejores cinco clientes y conseguí tres o cuatro compradores con el mismo perfil durante la semana siguiente. Recuerda: más clientes no significa automáticamente más entradas. Tener más clientes no es el objetivo y a menudo se traduce en un 90% más que limpiar y abrillantar y un raquítico aumento del 1-3% en lo facturado.
No te equivoques: el objetivo número uno es obtener el máximo de ingresos del mínimo esfuerzo necesario (y esto incluye el mínimo número de clientes). Dupliqué mis fortalezas, en este caso mis productores estrella, y me centré en aumentar el volumen y frecuencia de sus pedidos.
¿Resultado final? Pasé de perseguir y apaciguar a 120 clientes a recibir tranquilamente pedidos grandes de 8, libre de llamadas telefónicas suplicantes o arengas vía correo electrónico. Mis ingresos mensuales pasaron de 30.000 a 60.000 dólares en cuatro semanas y mis horas semanales disminuyeron inmediatamente de más de 80 a aproximadamente 15. Y lo que es más importante, me sentí feliz conmigo mismo, optimista y liberado por primera vez en más de dos años.
Durante las semanas que siguieron, apliqué el principio 80/20 a docenas de áreas, incluidas las siguientes:
1. Publicidad
Descubrí qué publicidad estaba generando el 80% o más de la facturación, extraje qué tenían en común y lo multipliqué, a la vez que eliminé el resto. Mi gasto en publicidad bajó más de un 70% y los ingresos derivados de la venta directa se duplicaron: de 15.000 a 25.000 dólares mensuales en 8 semanas. Se habrían multiplicado por dos inmediatamente si me hubiera anunciado en radio, periódicos o televisión en lugar de en revistas, donde los plazos de entrega son más largos.
2. Afiliados y socios para ventas por internet
Despedí a más de 250 afiliados con bajos resultados o los puse en espera para concentrarme en los dos afiliados que me estaban generando el 90% de mis ganancias. El tiempo que dedicaba a administración pasó de 5-10 horas por semana a 1 hora al mes. Los ingresos producidos por mis socios de venta electrónica aumentaron más de un 50% ese mismo mes.
Párate a pensar y recuerda esto: la mayoría de las cosas que hacemos no cambian nada.
Mantenerse ocupado es una forma de pereza: pensamiento perezoso y acciones indiscriminadas.
Sentirse abrumado suele ser tan improductivo como no hacer nada, y es mucho más desagradable. Ser selectivo —hacer menos— es el camino hacia la productividad. Céntrate en lo poco importante e ignora el resto.
Por supuesto, antes de que puedas separar el trigo de la paja y eliminar actividades en un entorno nuevo (ya sea un nuevo trabajo o un proyecto empresarial), tendrás que esforzarte para descubrir qué es lo que tiene más peso. Tíralo contra la pared para ver qué se queda pegado. Esto forma parte del proceso, aunque no debería llevarte más de un mes o dos.
Es fácil dejarse arrastrar por un aluvión de nimiedades; la clave para no agobiarse es tener siempre presente que carecer de tiempo es realmente carecer de prioridades. Tómate tiempo para detenerte a oler las rosas, o —como en este caso— a contar las vainas.
La ilusión de 9 a 5 y la ley de Parkinson
«Vi un banco que ponía “banca 24 horas”, pero yo no tengo tanto tiempo.»
STEVEN WRIGHT, cómico
Si trabajas por cuenta ajena, dedicar tiempo a hacer chorradas no es, hasta cierto punto, culpa tuya. No suele haber incentivo alguno para aprovechar bien el tiempo, salvo que te paguen a comisión. El mundo se ha puesto de acuerdo para revolver papeles de 9 de la mañana a 5 de la tarde y, dado que estás atrapado en la oficina cumpliendo tu pena en esas horas, estás obligado a inventarte actividades para llenarlas. El tiempo se pierde porque hay demasiado. Es comprensible. Ahora que tu nuevo objetivo es negociar un acuerdo de teletrabajo en lugar de limitarte a cobrar una nómina, es hora de cuestionar el statu quo y volverte eficaz.
Los mejores empleados son los que sacan el máximo partido de sus recursos.
Para el emprendedor, malgastar el tiempo es una cuestión de malos hábitos e imitación. En esta piedra también tropecé yo. La mayoría de los emprendedores fueron en su día empleados, por lo que proceden de la cultura de 9 a 5. Por consiguiente, adoptan el mismo horario, tanto si funcionan a las 9 de la mañana como si no o si necesitan 8 horas para ganar la cantidad de dinero que se han propuesto. Este horario es una convención social y un legado anacrónico de medir resultados empresariales por volumen. ¿Cómo es posible que toda la gente del mundo necesite exactamente 8 horas para hacer su trabajo? Es imposible. El horario de 9 a 5 es arbitrario.
No te hacen falta 8 horas al día para convertirte en millonario con todas las letras; ni para poseer los medios para vivir como tal. Ocho horas por semana suele ser demasiado, aunque no espero que todo el mundo me crea ahora.
Sé que seguramente te sentirás como yo me sentí durante mucho tiempo. El día no tiene suficientes horas.
Pero examinemos un par de cosas en las que probablemente estemos de acuerdo.
Como tenemos 8 horas que llenar, llenamos 8 horas. Si tuviésemos 15, llenaríamos 15. Si tenemos una emergencia y tenemos que salir del trabajo en 2 horas, pero tenemos cosas pendientes, milagrosamente logramos terminar esas tareas en 2 horas.
Esto tiene que ver con una ley de la que Ed Zschau me habló en la primavera de 2000.
Había llegado a clase nervioso e incapaz de concentrarme. En 24 horas debía entregar la tesina final de curso, que valía un 25% de la nota global del semestre. Una de las opciones, por la que yo me había decantado, era entrevistar a los directivos de una empresa de reciente creación y analizar en profundidad su modelo de negocio. Los poderes fácticos de la empresa habían decidido en el último minuto que no podía entrevistar a dos figuras clave ni hablar de ellos por cuestiones de confidencialidad y precauciones pre-OPA.
Mi gozo en un pozo. Me acerqué a Ed al terminar la clase para darle la mala noticia.
—Ed, creo que voy a necesitar que me alargues el plazo para darte la tesina.
Le expliqué la situación y Ed se sonrió antes de contestarme sin un atisbo de preocupación:
—Creo que saldrás de ésta. Los emprendedores son gente que consigue sacar cosas adelante, ¿no?
Veinticuatro horas más tarde, y un minuto antes del final del plazo, mientras su ayudante estaba echando la llave a la oficina, entregué mi tesina final de 30 páginas.
Era sobre otra empresa, que había encontrado, entrevistado y diseccionado en una intensa noche en blanco y suficiente cafeína como para que un equipo de atletismo olímpico entero quedase descalificado. Al final resultó uno de los mejores trabajos que redacté en los cuatro años de carrera y conseguí un sobresaliente.
Antes de irme el día anterior, Ed me había dado un consejo de despedida: la ley de Parkinson.
La ley de Parkinson reza que una tarea crecerá en importancia y complejidad (percibidas) en relación con el tiempo asignado para llevarla a cabo. Es la magia del fin inminente del plazo. Si te doy 24 horas para terminar un proyecto, el poco tiempo te forzará a concentrarte en la ejecución y no tendrás más remedio que hacer únicamente lo esencial. Nada más. Si te doy una semana para realizar la misma tarea, serán seis días de hacer montañas de un grano de arena. Si te doy dos meses, no lo quiera Dios, se convertirá en un monstruo mental. El producto final confeccionado en el plazo más corto será casi invariablemente de igual o mayor calidad porque tu concentración habrá sido mayor.
Esto nos plantea un fenómeno muy curioso. Existen dos métodos para aumentar la productividad que son iguales entre sí, pero dados la vuelta:
1. Limita tus tareas a las importantes, para trabajar menos tiempo (80/20).
2. Acorta el tiempo de trabajo para limitar tus tareas a las importantes (ley de Parkinson).
La mejor solución es usarlas juntas. Detecta cuáles son las pocas tareas fundamentales que te generan más ingresos y establece plazos claros y muy cortos para realizarlas.
Si no sabes cuáles son las tareas que van a propulsarte hacia adelante en tu negocio y fijas momentos de inicio y fin inamovibles, lo fútil se convertirá en importante. Incluso aunque sepas qué es lo esencial, sin plazos que te hagan concentrarte, las pequeñeces que te obliguen a hacer (o que te inventes, en el caso del emprendedor) se hincharán hasta consumir tu tiempo, hasta que llegue otra minucia a sustituirlas, haciendo que al final de la jornada no hayas terminado nada. ¿Cómo se explica si no que enviar un paquete por UPS, fijar unas cuantas reuniones y leer el correo electrónico consuma una jornada de 9 a 5 completa? No te sientas mal. Yo me pasé meses saltando de una interrupción a la siguiente, sintiendo que mi negocio me llevaba a mí en lugar de al contrario.
El principio 80/20 y la ley de Parkinson son las dos piedras angulares que recordaremos a lo largo de todo este apartado. Casi toda la información que te llega es inútil y el tiempo se pierde según la cantidad que se tiene del mismo.
Rendirse sin cargar pesados michelines y aumentar el tiempo libre empieza por reducir la ingestión excesiva. En el capítulo siguiente te contaré cuál es el desayuno de los verdaderos campeones: la dieta hipoinformativa.
Una docena de magdalenas y una pregunta
«El gusto por el ajetreo no es diligencia.»
SÉNECA
MOUNTAIN VIEW, CALIFORNIA
«El sábado es mi día libre», espeté al montón de desconocidos que me miraban fijamente, amigos de un amigo. Era verdad. ¿Tú puedes comer All-Bran y pollo todos los días de la semana? Yo tampoco. No seas criticón.
Entre la décima y la duodécima magdalena, me desplomé en el sofá para deleitarme en el subidón de azúcar hasta que el reloj dio la medianoche y me envió de vuelta a mi dieta de domingo a lunes, allá en Adultolandia. Había otro invitado a la fiesta sentado a mi lado en una silla, acariciando una copa de vino, no la duodécima, pero tampoco la primera. Empezamos a hablar.
Como siempre, me costó responder a la pregunta «¿A qué te dedicas?» y, como siempre, la respuesta dejó a alguien preguntándose si yo era un mentiroso patológico o un delincuente.
¿Cómo era posible dedicar tan poco tiempo a ganar dinero?
Una buena pregunta. De hecho, es LA pregunta con mayúsculas.
En casi todos los aspectos, Charney lo tenía todo. Estaba felizmente casado, con un hijo de dos años y otro que llegaría al cabo de tres meses. Se ganaba bien la vida trabajando como vendedor en una empresa de tecnología y, aunque quería ganar 500.000 dólares más al año, como todos, su economía estaba saneada.
También era agudo preguntando. Yo acababa de regresar de otro viaje al extranjero y andaba planeando otra aventura en Japón. Me volvió loca la cabeza durante dos horas con la misma cantinela: ¿cómo es posible dedicar tan poco tiempo a ganar dinero?
—Si te interesa, podemos hacer un experimento contigo. Te contaré cómo —le ofrecí.
Charney dijo que sí. Lo único que no tenía era tiempo.
Un correo electrónico y cinco semanas de práctica más tarde, Charney tenía buenas noticias. Había sacado adelante más cosas en la última semana que en las cuatro anteriores juntas. Lo había hecho tomándose libres los lunes y los viernes y pasando como mínimo 2 horas más al día con su familia. De 40 horas por semana había bajado a 18 produciendo cuatro veces más resultados.
¿Se había recluido en la cima de una montaña practicando kung-fu en secreto?
En absoluto. ¿Sería entonces un nuevo secreto de gestión japonés o mejor software?
Nein. Sólo le pedí que hiciera una cosita muy sencilla con constancia y sin decaer.
Al menos tres veces al día, a horas previamente programadas, tenía que hacerse la siguiente pregunta:
¿Estoy siendo productivo o solamente activo?
Charney captó la esencia de esto, poniéndolo en palabras menos abstractas:
¿Me estoy inventando cosas que hacer para no hacer lo importante?
Eliminó todas las actividades que utilizaba como distracciones y empezó a centrarse en mostrar resultados en lugar de aparentar dedicación. La dedicación suele ser trabajo sin sentido enmascarado. Sé despiadado. Elimina la grasa. Puedes comerte la magdalena y guardarla.
P y A: PREGUNTAS Y ACCIONES
«Te creas la sensación de estrés porque sientes que tienes que hacerlo. Tienes que hacerlo. Ya no siento esa necesidad.»
OPRAH WINFREY, actriz y presentadora de un programa de entrevistas, El programa de Oprah Winfrey
El secreto para tener más tiempo es hacer menos cosas; hay dos maneras de llegar a esa situación, que deben ponerse en práctica al mismo tiempo:
1) Escribe una lista de cosas que hacer.
2) Escribe una lista de cosas que no hacer.
Aquí van unos cuantos casos hipotéticos para ayudarnos a empezar:
1. Si tuvieras un ataque al corazón y te vieras obligado a trabajar dos horas al día, ¿qué harías?
No cinco horas, no cuatro, ni tres. Dos horas. No es adonde quiero que llegues, pero es un comienzo. Además, ya puedo oír tu mente murmurando: eso es absurdo. ¡Es imposible!
Lo sé, lo sé. Si te dijera que podrías sobrevivir durante meses, funcionando bastante bien, con cuatro horas de sueño por noche, ¿me creerías? Seguramente no. Sin embargo, millones de madres de recién nacidos lo hacen continuamente. Este ejercicio no es optativo. El médico te ha advertido, tras tu tercera operación a corazón abierto, que si no reduces tus horas de trabajo a dos al día durante los tres primeros meses del postoperatorio, te morirás. ¿Cómo lo harías?
2. Si tuvieras un segundo ataque al corazón y te vieras obligado a trabajar dos horas por semana, ¿qué harías?
3. Si te pusieran una pistola en la sien y tuvieses que dejar de hacer 4⁄5 de las actividades que ocupan tu tiempo, ¿cuáles eliminarías?
Simplificar exige ser despiadado. Si tuvieras que abandonar 4⁄5 de las actividades que consumen tu tiempo —correo electrónico, llamadas telefónicas, conversaciones, papeleo, reuniones, publicidad, clientes, proveedores, productos, servicios, etc.—, ¿qué eliminarías buscando que tus ingresos se redujeran lo mínimo? Si te haces esta pregunta aunque sea una vez al mes, puede mantenerte cuerdo y en el buen camino.
4. ¿Cuáles son las tres actividades que utilizo para llenar el tiempo y sentir que estoy siendo productivo?
Normalmente sirven para retrasar otras más importantes (que suelen resultar incómodas porque conllevan la posibilidad de fracasar o de ser rechazado).
Sé sincero contigo mismo. Todos caemos en esto alguna vez.
¿Cuáles son tus distracciones?
5. ¿Quién es el 20% de la gente responsable del 80% de tu placer y la que te impulsa hacia adelante, y quién el 20% causante del 80% de tus depresiones, enfados y dudas?
Identifica:
• Amigos positivos frente a amigos que te hacen perder el tiempo: ¿Quién te ayuda y quién te hace sufrir? ¿Cómo aumentas el tiempo que pasas con los primeros mientras disminuyes o prescindes del que pasas con los segundos?
• ¿Quiénes me provocan un estrés desproporcionado teniendo en cuenta el tiempo que paso con ellos? ¿Qué ocurrirá si simplemente dejo de relacionarme con esta gente? En este caso, conviene controlar los miedos.
• ¿Cuándo tengo la sensación de que me falta tiempo? ¿De qué obligaciones, ideas y gente puedo prescindir para solucionar este problema?
No hace falta una cifra exacta para darnos cuenta de que pasamos demasiado tiempo con gente que nos contamina con su pesimismo, su pereza y sus pocas expectativas con respecto a ellos mismos y al mundo. A menudo hay que desechar a determinados amigos o alejarse de algunos círculos sociales para vivir la vida que deseas. Eso no significa ser malo; significa ser práctico. La gente dañina no merece nuestro tiempo. Pensar de otra forma es ser masoquista.
La mejor manera de abordar una posible ruptura es sencilla: díselo abiertamente pero con tacto y explícales tus inquietudes. Si se muerden la lengua, tus conclusiones se habrán visto confirmadas. Prescinde de ellos como de una mala costumbre. Si te prometen que van a cambiar, aléjate de ellos durante al menos dos semanas para desarrollar otras influencias positivas y disminuir la dependencia psicológica. El siguiente período de prueba debería tener una duración determinada y basarse en un criterio de aprobado o suspenso.
Si este enfoque te resulta demasiado polémico, niégate simplemente a relacionarte con ellos con educación. Cuando te llamen, di que estás ocupado y ten preparado otro compromiso cuando quieran quedar contigo. Una vez hayas comprobado los cada vez mayores efectos benéficos que supone no relacionarte con esa gente, te resultará más fácil dejar de estar en contacto con ella.
No pienso mentir: es un asco. Duele como quitarse una astilla. Sin embargo, tú eres el promedio de las cinco personas con las que más te relacionas, de modo que no subestimes los efectos de tus amigos pesimistas, poco ambiciosos y desorganizados. Si no hay alguien que te haga ser más fuerte, ellos te convertirán en alguien más débil.
Quítate las astillas y te darás las gracias por ello.
6. Aprende a preguntarte: «Si esto fuera lo único que hiciera hoy, ¿me sentiría satisfecho de lo logrado en este día?».
No llegues nunca a la oficina o te sientes delante del ordenador sin una lista clara de prioridades. Terminarás leyendo correos electrónicos sin conexión alguna y te dejarás la mente hecha un lío para todo el día. Escribe tu lista de cosas que hacer mañana esta noche como máximo. No recomiendo utilizar el Outlook o listas de cosas pendientes informatizadas, porque en ellas se puede añadir un número infinito de puntos. Yo utilizo un folio normal doblado en tres hasta dejarlo en un tamaño de 6 × 10 cm, que cabe perfectamente en el bolsillo y te limita a unos cuantos temas.
No debería haber más de 2 asuntos cruciales para conseguir tus objetivos diarios. Nunca. Si de verdad tienen una gran importancia, es innecesario. Si te bloqueas intentando decidirte entre varios temas que te parecen fundamentales, como nos pasa a todos, examina cada uno por separado y pregúntate: «Si esto es lo único que hago hoy, ¿me sentiré satisfecho de lo logrado en este día?».
Para rebatir lo aparentemente urgente, pregúntate: «¿Qué pasaría si no hiciera esto?» y «¿Vale la pena retrasar lo importante para hacerlo?». Si no has terminado al menos una tarea importante a lo largo del día, no dediques la última hora de trabajo a devolver un DVD para no pagar 5 dólares por retrasarte. Haz la tarea importante y paga la multa de 5 dólares.
7. Pega un post-it en la pantalla del ordenador o programa un recordatorio de Outlook que te pregunte por lo menos tres veces al día: «¿Estoy inventándome cosas que hacer para evitar hacer las importantes?».
También utilizo un software libre de seguimiento de tiempo, llamado RescueTime (www.rescuetime.com) que me avisa cuando me paso del tiempo asignado en ciertos sitios web. Además resume el tiempo invertido en ellos y hace comparativas con las otras semanas.
8. No hagas varias cosas a la vez.
Voy a decirte algo que ya sabes. Intentar cepillarse los dientes, hablar por teléfono y contestar el correo electrónico a la vez no funciona. ¿Comer mientras buscas cosas en internet y charlas por el Messenger? Lo dicho.
Si estableces bien tus prioridades, no tendrás que hacer varias cosas al mismo tiempo. Estás sufriendo de urgencia por saltar de una cosa a otra sin acabar la primera; haces más para sentirte productivo, aunque la verdad es que terminas menos. Otra vez: deberías tener, como máximo, dos tareas u objetivos que cumplir por día. Hazlos uno después de otro, de principio a fin, sin distraerte. Si divides tu atención, sufrirás interrupciones con más frecuencia, te costará concentrarte, obtendrás peores resultados netos y el trabajo te resultará menos gratificante.
9. Aplica la ley de Parkinson a nivel micro y macro.
Ayúdate de la ley de Parkinson para sacar adelante más en menos tiempo. Acorta horarios y plazos para forzarte a concentrarte en hacer algo y evitar retrasarlo.
A nivel macro, semanal y diario, intenta salir de trabajar a las 4 de la tarde y tómate el lunes o el viernes (o ambos) libres. De esta manera te obligarás a priorizar y, posiblemente, a crearte una vida social. Si tienes a tu jefe ojo avizor, hablaremos de los entresijos de cómo huir de la oficina en próximos capítulos.
A nivel micro, en cada tarea, reduce los puntos de tu lista de cosas por hacer y establece plazos imposibles para obligarte a actuar de inmediato y a ignorar las pequeñeces.
Si estás haciendo el trabajo en línea o cerca de un ordenador en línea, http://e.ggtimer.com/ es un temporizador de cuenta atrás conveniente. Teclea justo el límite de tiempo deseado directamente en el campo de dirección URL y pulsa enter. La http:// a menudo puede ser omitida. Por ejemplo:
http://e.ggtimer.com/5minutes (o sólo «e.ggtimer.com/5min» en algunos navegadores)
http://e.ggtimer.com/1hora30minutos30segundos
http://e.ggtimer.com/30 (si pones sólo un número, lo asume como segundos)
RETO ANTICOMODIDAD
Aprende a proponer (2 días)
Deja de pedir opiniones y empieza a proponer soluciones. Empieza con cosas pequeñas. Si alguien va a preguntar, o pregunta: «¿Dónde comemos?», «¿Qué película vemos?», «¿Qué hacemos esta noche?» o cosas por el estilo, NO devuelvas la pelota diciendo: «Bueno, ¿qué quieres tú...?». Propón una solución. Deja el tira y afloja y toma una decisión. Practica esto en tu vida profesional y en la personal. Aquí van algunas frases que ayudan (mis preferidas son la primera y la última):
«¿Puedo hacer una sugerencia?».
«Propongo...»
«Me gustaría proponer...»
«Sugiero que... ¿Qué te parece?»
«Probemos... y, si no nos gusta, probamos otra cosa.»
DISEÑO DE UN ESTILO DE VIDA EN ACCIÓN
Soy músico y compré tu libro porque Derek Sivers lo recomendaba en CD Baby. Apliqué la ley de Pareto y me di cuenta de que el 78% de las descargas de internet procedían de sólo uno de mis CD y que el 55% del total de mis ingresos por esas descargas provenían de tan sólo cinco canciones; así pude ver qué era lo que buscaban mis fans y eso me llevó a incluirlas en mi página web. iTunes vende la canción y CD Baby me ingresa directamente el dinero en mi cuenta. La grabación se efectúa de forma totalmente automática. Desde hace algunos meses, puedo vivir de los ingresos de las descargas. Una vez haya acabado de pagar mis deudas, podría viajar, conseguir nuevos fans en todo el mundo y vivir de mis ciberingresos.
VÍCTOR JOHNSON
En cuanto a «externalizar» tu banco, cualquier empresa que deba recibir cheques debería considerar la opción de una caja de seguridad. Todos los bancos disponen de ellas. Los cheques llegan a un apartado de correos del banco, la entidad los comprueba, los ingresa y, siguiendo tus instrucciones, puede mandarte un archivo con todos los cheques que han sido depositados. Normalmente, esto puede hacerse con Excel o con otro tipo de archivo compatible con cualquier sistema contable, desde Excel a Quicken o SAP. Es muy rentable.
ANÓNIMO
6. LA DIETA HIPOINFORMATIVA: CULTIVAR LA IGNORANCIA SELECTIVA
«Lo que la información consume es bastante evidente: consume la atención de sus receptores. Así pues, la profusión de información produce una merma de atención, a la vez que crea la necesidad de dividir esa atención de manera eficiente entre una superabundancia de fuentes de información capaces de consumirla.»
HERBERT SIMON, laureado con el Premio Banco de Suecia en Economía en memoria de Alfred Nobel y ganador del Premio A.M. Turing, el «Nobel de la Informática»8
«Leer, después de una cierta edad, distrae demasiado a la mente de su actividad creativa. Cualquiera que lea demasiado y utilice poco su propio cerebro cae en hábitos de pereza mental.»
ALBERT EINSTEIN
Espero que estés sentado. Sácate ese sándwich de la boca para que no te atragantes. Tápale las orejas al niño. Te voy a contar algo que molesta a mucha gente.
Nunca veo las noticias y me he comprado un solo periódico en los últimos cinco años, en el aeropuerto de Stansted, en Londres, y solamente porque así me salía más barata una Pepsi Light.
Me gustaría declararme amish, pero la última vez que miré, no se podía beber Pepsi.
¡Qué obscenidad! ¿Y yo me llamo ciudadano informado y responsable?
¿Cómo me mantengo al día sobre lo que pasa en el mundo? Voy a contestar a eso enseguida, pero espera; hay más. Miro mi correo profesional más o menos una hora todos los lunes, pero nunca escucho mi buzón de voz cuando estoy en el extranjero. Jamás de los jamases.
¿Pero qué pasa si alguien tiene una emergencia? No pasa. Mis contactos saben que no atiendo emergencias, así que las emergencias por alguna razón no existen o no llegan hasta mí. Los problemas, por regla general, se resuelven solos o desaparecen si quitas de en medio el cuello de botella que tú ocasionas y otorgas a otros el poder para actuar.
Cultivar la ignorancia selectiva
«Hay muchas cosas que un hombre sabio deseará desconocer.»
RALPH WALDO EMERSON (1803-1882)
A partir de este momento, voy a proponerte que ejercites la extraordinaria habilidad de ser un ignorante selectivo. Quizás en el desconocimiento esté la felicidad; no lo sé, pero con seguridad resulta muy práctico. Es fundamental que aprendas a hacer caso omiso o a redirigir toda la información e interrupciones que sean irrelevantes, intrascendentes o que no sirvan para hacer algo. La mayoría son las tres cosas.
El primer paso consiste en elaborar y seguir una dieta hipoinformativa.
Igual que el hombre moderno consume demasiadas calorías y calorías sin valor nutritivo, los trabajadores del conocimiento tragan datos en exceso y procedentes de las fuentes erróneas.
El diseño de vida se basa en la acción masiva: en producir. Para producir más hay que consumir menos. Casi toda la información consume tu tiempo, es negativa, irrelevante de cara a tus objetivos y está fuera de tu radio de influencia. Te desafío a que repases lo que hayas leído o visto hoy y me digas que no era por lo menos dos de esas cuatro cosas.
Leo los titulares de la prensa mirando las máquinas de venta de periódicos por las que paso de camino al almuerzo todos los días y nada más. En cinco años, no he tenido ni un solo problema por ser un ignorante selectivo. Te da algo distinto que preguntar al resto de la población en vez de hablar del tiempo: «Dime, ¿qué hay de nuevo en el mundo?». Y si pasa algo importantísimo, oirás a los demás hablar de ello. Aplicando mi método de la chuleta para enterarme de lo que ocurre en el mundo, también retengo más que alguien que no ve el bosque por ir mirando los árboles, braceando en un mar de detalles que le son ajenos.
Por lo que respecta a información que pueda poner en práctica, consumo un máximo de un tercio de una revista especializada del sector (Response) y otra de negocios (Inc.) al mes, durante un total de aproximadamente cuatro horas. Ésas son todas mis lecturas destinadas a producir. Antes de irme a la cama leo novelas durante una hora para relajarme.
¿Cómo demonios consigo ser un ciudadano responsable? Voy a darte un ejemplo de cómo yo y otros NR vemos la información y cómo nos mantenemos informados. Aunque estaba por aquel entonces en Berlín, voté en las últimas elecciones presidenciales.9 Tomé mi decisión en unas horas. Primero mandé correos electrónicos a amigos universitarios residentes en Estados Unidos cuyos valores comparto y les pregunté a quién iban a votar y por qué. En segundo lugar, juzgo a la gente por sus acciones y no por sus palabras; así pues, pregunté a amigos berlineses, que ven las cosas con más perspectiva al no afectarles la propaganda de los medios estadounidenses, qué opinión les merecían los candidatos, teniendo en cuenta su comportamiento hasta la fecha. Para terminar, vi los debates presidenciales. Eso fue todo. Dejé que otros en quienes confiaba sintetizasen cientos de horas y miles de páginas impresas para mí.
Fue como tener docenas de ayudantes personales recabando información sin tener que pagarles ni un duro.
Éste es un ejemplo sencillo, pensarás, ¿pero qué pasa si tienes que aprender a hacer algo que tus amigos no han hecho nunca? Como, a ver, ¿vender un libro a la editorial más grande del mundo siendo escritor primerizo? Qué curioso que lo preguntes. Utilicé dos métodos:
1. Escogí un libro entre docenas de ellos, a partir de las opiniones de los lectores y de si los autores habían hecho lo que yo quería hacer. Si para la tarea en cuestión necesito pasos concretos («cómo...»), leo sólo relatos que cuentan «cómo lo hice» y autobiografías. Los especuladores y los «quiero y no puedo» no merecen mi tiempo.
2. Tras redactar preguntas específicas e inteligentes basándome en el libro, me puse en contacto con 10 de los escritores y agentes más importantes del mundo por vía telefónica y correo electrónico, con un índice de respuesta del 80%.
Sólo leí los capítulos del libro necesarios para dar los siguientes pasos inmediatos, lo que me llevó menos de dos horas. En crear una plantilla para el correo electrónico y un guión para las llamadas tardé aproximadamente cuatro horas, y enviar los correos y llamar me ocupó menos de una hora. Optar por el contacto personal es más eficaz y más eficiente que abalanzarse sobre esos bufés informativos de tragar hasta hartarte, además de proporcionarme alianzas y mentores de primera división que necesitaba para vender este libro. Redescubre el poder de una olvidada habilidad llamada «hablar». Funciona.
Otra vez, menos es más.
Cómo leer un 200% más rápido en 10 minutos
Habrá momentos en que, es cierto, tendrás que leer. Aquí van cuatro consejos muy sencillos que aminorarán el daño y aumentarán tu velocidad por lo menos un 200% en 10 minutos sin pérdida de comprensión.
1. Dos minutos: Subraya con un bolígrafo o el dedo cada línea mientras la lees lo más rápido que puedas. Leer es ir tomando con los ojos una serie de instantáneas a saltos (movimientos oculares llamados sacádicos) y el uso de una guía visual evita las regresiones.
2. Tres minutos: Empieza cada línea enfocando la tercera palabra empezando por la izquierda y termínala enfocando la tercera empezando por el final. De esta manera se utiliza la visión periférica que, si no, se malgasta en los márgenes. Por ejemplo, aunque tus puntos focales de inicio y fin en la siguiente línea sean las palabras en negrita, «leerás» la línea entera con un solo movimiento del ojo.
«Érase una vez, un adicto a la información que decidió desintoxicarse.»
Ve cada vez más hacia el centro desde ambos lados a medida que se haga más fácil.
3. Dos minutos: Cuando te sientas cómodo entrando tres o cuatro palabras por ambos lados, intenta enfocar sólo dos veces —o sea, hacer dos fijaciones— por línea en esas dos palabras-ancla.
4. Tres minutos: Practica leer demasiado deprisa como para comprender pero con buena técnica (las tres técnicas anteriores) cinco páginas y después pasa a una velocidad cómoda. Esto intensificará tu percepción y reajustará tu límite de velocidad, de forma muy parecida a comparar 80 km/h, que normalmente te parece rápido, con coger 130 en la autopista: a 80, la sensación es de cámara lenta.
Para calcular tu rapidez de lectura en palabras por minuto (ppm) —y así progresar— en un libro concreto, suma las palabras que hay en 10 líneas y divide el resultado entre diez para extraer la media de palabras por línea. Multiplica esa cifra por el número de líneas por página y obtendrás la media de palabras por página. Ahora es fácil. Si al empezar leías 1,25 páginas en un minuto a una media de 330 palabras por página, ahora son 412,5 palabras por minuto. Si después de practicar lees 3,5 páginas, son 1.155 palabras por minuto y entrarías en el 1% de los lectores más rápidos del mundo.
P y A: PREGUNTAS Y ACCIONES
«Aprender a ignorar cosas es un magnífico camino para llegar a la paz interior.»
ROBERT J. SAWYER, El cálculo de Dios
1. Empieza inmediatamente un ayuno informativo de una semana.
El mundo no se va a inmutar, mucho menos acabarse, si cortas el cordón umbilical de la información. Para darte cuenta, lo mejor es el método de la tirita; un tirón rápido: un ayuno informativo de una semana. La información se parece demasiado al helado para hacerlo de otra forma.
«Bueno, me comeré media cucharadita» es tan realista como «Voy a conectarme un minutito».
Si luego quieres volver a tu dieta de 15.000 calorías informativas a base de patatas fritas, muy bien, pero a partir de mañana y por lo menos durante cinco días completos, éstas son las reglas:
Nada de periódicos, revistas, audiolibros o radio que no sea música.
La música se permite a todas horas.
Nada de webs de noticias (cnn.com, marca.com, elmundo.es,10 etc.).
Nada de televisión, excepto una hora de visionado por placer todas las noches.
Nada de leer libros, excepto éste y una hora de novelas11 por placer antes de irme a la cama.
Nada de navegar por internet en el trabajo salvo que sea necesario para llevar a cabo una tarea para ese día. Necesario significa necesario, no que estaría bien saber.
La lectura innecesaria es el enemigo público número uno durante este ayuno de una semana.
¿Qué haces con todo ese tiempo que te sobra? Sustituye el periódico durante el desayuno por hablar con tu marido o tu mujer, acercarte más a tus hijos o aprender los principios de este libro. De 9 a 5 dedícate a realizar tus prioridades como dijimos en el capítulo anterior. Si te queda tiempo después de acabarlas, haz los ejercicios de este libro.
Recomendar este libro puede parecerte hipócrita, pero no lo es. La información contenida en estas páginas cumple las dos condiciones: es importante y debe ser aplicada de inmediato, no mañana ni pasado.
Todos los días, en la pausa para comer, no antes, métete tu chute de cinco minutos.
Pregunta a un compañero bien informado o al camarero: «¿Ha pasado algo importante en el mundo hoy? No he podido comprarme el periódico». Deja de hacerlo en cuanto te des cuenta de que la respuesta no va a afectar a tus actividades en lo más mínimo. Casi nadie se acuerda de lo que se pasó una o dos horas absorbiendo por la mañana.
Sé estricto contigo mismo. Yo puedo recetar la medicina, pero tienes que tomártela.
Descárgate el navegador Firefox (www.firefox.com) y utiliza Leechblock para bloquear totalmente algunas páginas que consideres deben ser bloqueadas por períodos determinados. Desde esa página (http://www.proginosko.com/ leechblock.html):
Puedes especificar hasta seis grupos de páginas que bloquear, con distintas horas y días para cada uno de ellos. Puedes bloquear sitios durante períodos preestablecidos (por ejemplo, entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde), después de un tiempo límite (por ejemplo, 10 minutos cada hora) o con una combinación de horas y tiempos límite (por ejemplo, 10 minutos cada hora entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde). También puedes establecer una contraseña para opciones avanzadas... ¡para relajarse en momentos de debilidad!
2. Adquiere el hábito de preguntarte: «¿voy a usar esta información en algo inmediato e importante?».
No es suficiente utilizarla para «algo»; tiene que ser inmediato e importante. Si no cumple estas dos condiciones, no la consumas. La información es inútil si no se aplica a algo importante o si se te olvida antes de que puedas hacerlo.
Antes tenía la costumbre de leer un libro o una web para prepararme para algo que iba a suceder semanas o meses en el futuro; al final tenía que releer el mismo material al acercarse el momento de actuar. Esto es tonto y redundante. Guíate por tu listita de cosas que hacer y rellena las lagunas informativas sobre la marcha.
Centrar el foco de atención en lo que Kathy Sierra denomina «información justo a tiempo» en lugar de «información sólo en caso de».
3. Practica el arte de no terminar.
Ésta es otra regla que tardé bastante tiempo en aprender. Empezar algo no justifica automáticamente terminarlo.
Si estás leyendo un artículo que es una bazofia, suéltalo y no vuelvas a cogerlo. Si vas a ver una película y es peor que The Matrix Revolutions, sal de ahí echando leches antes de que mueran más neuronas. Si estás lleno después de media bandeja de costillas, pon el maldito tenedor sobre el plato y no pidas postre.
Más no es mejor, y dejar algo a medias suele ser 10 veces mejor que terminarlo. Acostúmbrate a no terminar lo que sea aburrido o improductivo si un jefe no te lo pide.
RETO ANTICOMODIDAD
Pide números de teléfono (2 días)
Cuidando siempre de mantener el contacto visual, pídele el número de teléfono al menos a dos (cuanto más lo hagas, menos nervioso te pondrás) miembros atractivos del sexo opuesto cada día. Señoras: esto significa que ustedes también juegan. No importa si tienen 50 años o más. Recuerda que el verdadero objetivo no es conseguir los números, sino superar el miedo a pedirlos, así que no importa si te los dan o no. Si tienes pareja, di que estás recogiendo información para Greenpeace. Tíralos si los consigues.
Si quieres calentar motores rápido —mi método preferido para sentirme cómodo en poco tiempo—, vete a un centro comercial y proponte pedir el teléfono a tres personas en cinco minutos. Tienes mi permiso para variar el siguiente guión a tu gusto:
«Perdona. Ya sé que esto va a sonarte raro, pero si no te lo digo me voy a pegar de bofetadas lo que queda del día. He quedado con un amigo y llego tarde [o sea, tengo amigos, así que no soy un acosador], pero creo que eres realmente [increíblemente, para morirse de] guap@/atractiv@/impresionante. ¿Me das tu teléfono? Te prometo que no soy un psicópata. Si no te interesa, dame uno inventado».
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