Kitabı oku: «El universo de las energías renovables»

Yazı tipi:


El universo de las energías renovables

Primera edición, 2012

© 2012 Tomás Perales Benito

© MARCOMBO, S.A. 2012

Gran Via de les Corts Catalanes, 594

08007 Barcelona

www.marcombo.com

«Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra».

ISBN: 978-84-267-2041-2

PRÓLOGO

Conozco a Tomás Perales Benito desde principios de los años 80. En esos años ya destacaba como autor prolífico y minucioso de artículos técnicos que publicábamos en “Mundo Electrónico”, la revista que yo dirigía, y que entonces era la revista de referencia en el Sector Electrónico español –empresas y universidades–, y en el mundo hispanohablante, pues se exportaba a 53 países.

Desde entonces, Tomás Perales ha escrito varias decenas de libros técnicos sobre televisión, sonido, vídeo, energía solar, domótica y radio & televisión digitales. Pero su pasión por la divulgación le ha llevado más lejos, ya que también ha escrito poesía, novelas y narraciones diversas, pues a Tomás le gusta comentar y opinar sobre temas socioeconómicos y geopolíticos.

Tomás Perales es, en definitiva, un escritor vocacional, con ideas claras y una gran dosis de experiencia didáctica. Sus libros –y éste que el lector tiene entre sus manos, también-, son modelo de pedagogía.

El universo de las energías renovables es un tratado de las nuevas fuentes de energía, en el que el autor aborda todas las fuentes conocidas (eólica, fotovoltaica, térmica, hidráulica fluvial y del mar, geotérmica, biocarburantes, biomasa …). Habla sobre la generación, sus costes, potencia, rendimientos, instalaciones, mantenimiento …

Se trata de un libro sumamente completo y fácil de leer, en el que las fórmulas que contiene son únicamente las imprescindibles para entender mejor el texto. El autor tiene en cuenta todos los detalles en la valoración y rentabilidad de las distintas fuentes alternativas de energía, llegando a calcular, por ejemplo, la distancia ideal entre aerogeneradores, o la afectación de las sombras sobre los paneles solares, por citar sólo dos detalles. No voy a comentar los 14 capítulos y 4 anexos que enriquecen el libro porque el lector los tiene a continuación de estas líneas, en el índice general, y podrá comprobar la variedad y extensión de los temas tratados.

Termino resaltando que El universo de las energías renovables es un libro de suma utilidad para un amplio espectro de lectores: desde estudiantes de ciencias ambientales, a instaladores y técnicos de mantenimiento de sistemas de energías renovables. Me atrevo a sugerir que el libro de Tomás Perales es de lectura obligatoria para los responsables de medio ambiente de las distintas administraciones, particularmente para los secretarios de ayuntamiento y para los concejales a los que se les encomienda el cuidado del medio ambiente y la ecología, sin olvidarnos de los políticos estatales y los de las Comunidades Autonómicas, cuyos parlamentos tienen que legislar sobre esta materia, cada vez con mayor frecuencia.

El encarecimiento y la escasez de combustibles convencionales, y la controversia que suscita la energía nuclear, al tiempo que crece el interés por la conservación del medio ambiente y la sostenibilidad, hacen que El universo de las energías renovables sea un libro útil, oportuno, y para muchos, imprescindible.

Josep Mompín Poblet

ÍNDICE GENERAL

1. CAMBIO CLIMÁTICO: SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS

1.1 Introducción

1.2 Efecto invernadero

1.3 Reducción de la capa de ozono

1.4 Desarrollo y deterioro medioambiental

1.5 Protocolos

1.6 Lucha contra el cambio climático

1.7 Dependencia por los combustibles convencionales

2. CAPTURA Y APROVECHAMIENTO DEL CO2

2.1 Introducción

2.2 Captura, transporte y almacenamiento del CO2 (CAC)

2.3 Procedimientos de captura

2.4 Condiciones del almacenamiento

2.5 Aprovechamiento industrial

3. ENERGÍAS RENOVABLES: PROCEDIMIENTOS

3.1 Introducción

3.2 Energía primaria

3.3 Procedimientos

3.3.1 Eólico

3.3.2 Fotovoltaico

3.3.3 Sistema híbrido

3.3.4 Aspectos comunes entre fotovoltaica y eólica

3.3.5 Térmico

3.3.6 Hidráulico

3.3.7 Geotérmico

3.3.8 Chimeneas solares

3.3.9 Biocarburantes

3.3.10 Biomasa

3.3.11 Pilas de combustible

3.4 Tipos de instalaciones

3.5 Almacenamiento de energía

3.5.1 Electricidad

3.5.2 ACS

3.5.3 Depósitos de sales

3.6 El Código Técnico de la Edificación (CTE)

3.6.1 Aportación

3.6.2 Rendimiento

3.6.3 Zonas climáticas

3.6.4 Aportación mínima

3.6.5 Pérdidas en las instalaciones

3.6.6 Cálculo de la demanda de ACS

4. REPERCUSIONES ECONÓMICAS Y MEDIOAMBIENTALES

4.1 Introducción

4.2 Producción eléctrica

4.2.1 Primas a la generación de origen renovable

4.2.2 Consumo y planes para reducirlo

4.3 Efectos sobre la economía

4.3.1 Desarrollo tecnológico local

4.3.2 Creación de empleo

4.4 Efectos sobre el medio ambiente

4.5 Legislación

5. CONDICIONES FÍSICAS DE LA LUZ Y EL VIENTO

5.1 Introducción

5.2 Condiciones para los procedimientos fotovoltaicos y térmicos

5.2.1 Masa de aire

5.2.2 Irradiación

5.2.3 Horas pico de Sol

5.2.4 Mapas de irradiación

5.3 Recepción solar sobre superficies inclinadas

5.3.1 Variaciones estacionales de la irradiación

5.3.2 Posición de los receptores solares

5.3.3 Sombras sobre los receptores

5.4 Fundamentos de la energía eólica

5.4.1 Tipos de vientos

5.4.2 Determinación de la dirección y velocidad del viento

5.4.3 Conceptos relacionados con el aprovechamiento eólico

5.5 La potencia del viento

5.5.1 Energía cinética.

5.5.2 Potencia motriz

5.5.3 Coeficiente de Betz

5.5.4 Coeficiente de potencia

6. PROCEDIMIENTO FOTOVOLTAICO

6.1 Introducción

6.2 Configuraciones

6.2.1 Aisladas

6.2.2 Con conexión a red

6.3 Módulos fotovoltaicos

6.3.1 Antecedentes

6.3.2 Fundamentos

6.3.3 Los módulos fotovoltaicos y el efecto sombra.

6.3.4 Conexión de los módulos

6.3.5 Tipos de células

6.3.6 Concentración de la luz

6.4 Soportes para los módulos

6.5 Acumuladores

6.5.1 Tipos de baterías

6.5.2 Características

6.6 Reguladores de carga

6.6.1 Regulación en serie

6.6.2 Regulación en paralelo

6.6.3 Características eléctricas

6.7 Inversores

6.7.1 Clases de inversores

6.7.2 Tecnología

6.7.3 Características

6.8 Instalaciones industriales

7. PROCEDIMIENTO EÓLICO

7.1 Introducción

7.2 Evolución

7.3 Aerogeneradores de eje horizontal

7.3.1 Sistema de captación

7.3.2 Transmisión mecánica

7.3.3 Generación eléctrica

7.3.4 Sistema de orientación

7.3.5 Sistema de regulación de potencia

7.3.6 Sistema de refrigeración

7.3.7 Sistema de sustentación

7.4 Aerogeneradores de eje vertical

7.5 Instalaciones

7.5.1 Aisladas

7.5.2 Parques eólicos en tierra

7.5.3 Parques eólicos en el mar

7.6 Características

7.7 Instalaciones industriales

8. PROCEDIMIENTO TÉRMICO DE BAJA TEMPERATURA: ACS

8.1 Introducción

8.2 Circulación natural

8.3 Circulación forzada

8.4 Circuitos hidráulicos

8.5 Componentes

8.5.1 Captadores solares

8.5.2 Intercambiador térmico

8.5.3 Acumulador

8.6 Sistema de apoyo

8.7 Centrales de control

9. PROCEDIMIENTO TÉRMICO DE ALTA TEMPERATURA

9.1 Introducción

9.2 Sistemas de vapor

9.2.1 Cilindro-parabólico

9.2.2 De torre

9.2.3 Almacenamiento térmico

9.3 Sistema de disco

9.3.1 Concentradores

9.3.2 Motor Stirling

9.4 Seguidores solares

9.4.1 Un eje

9.4.2 Dos ejes

9.4.3 Información de las coordenadas

9.5 Sistema de chimenea

9.5.1 Principio físico

9.5.2 Perspectivas

9.6 Instalaciones industriales

10. PROCEDIMIENTO HIDRÁULICO Y MARINO

10.1 Introducción

10.2 Tipos de instalaciones

10.3 Turbinas

10.3.1 Pelton

10.3.2 Francis

10.3.3 Kaplan

10.4 Control de velocidad y generación eléctrica

10.5 Recursos en el mar

10.5.1 Mareomotriz

10.5.2 Mareomotérmica

10.5.3 Undimotriz

10.6 Instalaciones industriales

11. PROCEDIMIENTO GEOTÉRMICO

11.1 Introducción

11.2 Recursos geotérmicos

11.3 Aprovechamiento de los recursos

11.3.1 Recursos de alta temperatura

11.3.2 Recursos de media temperatura

11.3.3 Recursos de baja temperatura

11.3.4 Recursos de muy baja temperatura

12. HIDRÓGENO187

12.1 Introducción

12.2 Un desarrollo en tres actos

12.3 Generación de hidrógeno

12.3.1 Electrolizadores

12.3.2 Transporte y almacenamiento del hidrógeno

12.4 Pilas de combustible

12.4.1 Topologías

12.5 Áreas de aplicación

12.6 Instalaciones industriales

13. BIOMASA

13.1 Introducción

13.1.1 Repercusión medioambiental

13.1.2 Repercusión económica

13.2 Retorno a los viejos combustibles

13.3 Aprovechamiento energético

13.3.1 Combustión

13.3.2 Gasificación

13.3.3 Pirólisis

13.4 Instalaciones industriales

14. INSTRUMENTOS DE MEDIDA, ANÁLISIS Y GESTIÓN

14.1 Introducción

14.2 Control

14.3 Monitorización

14.4 Climatología

14.4.1 Pirheliómetro

14.4.2 Piranómetro

14.4.3 Anemómetro

14.4.4 Veleta

ANEXO I. GLOSARIO DE TÉRMINOS TÉCNICOS

ANEXO II. UNIDADES DE ENERGÍA

ANEXO III. WEBS DE INTERÉS

ANEXO IV. BIBLIOGRAFÍA

1. CAMBIO CLIMÁTICO: SITUACIÓN Y PERSPECTIVAS

1.1. Introducción

Desde el inicio de la era industrial, hace aproximadamente 150 años, la superficie terrestre ha aumentado su temperatura en 0,6 °C y la altura del mar ha crecido entre 10 y 12 centímetros. La geosfera (tierra, agua y aire) ha acusado la mano del hombre durante todo este tiempo, con repercusión directa en la biosfera (los seres vivos) y advierten a través de los análisis científicos que un incremento de la temperatura global superior a 2 °C tendría efectos irreversibles. Es el cambio climático, asociado finalmente, después de mucha controversia, a causas andropogénicas, que responde al quebranto de sus condiciones naturales con la falta de precipitaciones en unas zonas e inundaciones en otras, desastres que están afectando a la vida de millones de personas. Lo han provocado dos efectos que se intentan frenar poniendo en juego un variado racimo de soluciones tecnológicas: el de invernadero y el de la capa de ozono. A su efectividad se confía el mantenimiento de nuestras condiciones actuales de bienestar, a lo que llamamos el desarrollo sostenible.

1.2. Efecto invernadero

La captura de las radiaciones solares con fines de aprovechamiento energético en la agricultura y sus derivados mediante los inofensivos espacios acristalados, ha dado nombre a una pesadilla en el ser humano actual: el efecto invernadero. No obstante, el temor que provoca presenta intensidades desiguales sobre la diversidad de pueblos y sus condiciones de vida: con preocupación por la merma del bienestar conseguido en el mundo desarrollado y con estremecimiento por la falta de precipitaciones o la llegada de fuertes inundaciones en el pobre.

El equilibrio medioambiental anterior, solo roto en ocasiones muy distantes en el tiempo, ha sido quebrado peligrosamente a consecuencia de ese desarrollo del que disfruta una pequeña porción del conjunto de los seres humanos. Hoy ya se certifica sin albergar las dudas de los años pasados, que el calentamiento global del planeta está relacionado directamente con la actividad humana del mundo desarrollado, como demuestra el siguiente dato: si globalmente el calentamiento en el período indicado anteriormente ha sido de 0,6 °C, en Europa, una región fuertemente industrializada, el incremento registrado se eleva a 1 °C.

El efecto invernadero se refiere a la retención del calor derivado del Sol en la atmósfera a consecuencia de un cinturón de gases, por los que se les ha dado el nombre. Entre ellos se encuentra el dióxido de carbono, el óxido nitroso y el metano. Los gases de efecto invernadero (GEI) son trasparentes a las radiaciones de la luz solar y absorbentes a las del espectro de infrarrojos de la superficie terrestre. En consecuencia, parte de las radiaciones solares se reflejan en el cinturón, para incidir de nuevo en la superficie terrestre y elevar la temperatura.


Figura 1.1. Efecto invernadero a consecuencia del aumento del cinturón de gases, que devuelven a la superficie parte de la energía solar reflejada.

Hasta la irrupción del llamado desarrollo industrial, la naturaleza equilibraba las emisiones y mantenía el ecosistema. Pero desde entonces las concentraciones han aumentado en torno a un 30% y con ello, incluso el dióxido de carbono, imprescindible para la vida, se ha convertido en su mayor enemigo. La concentración de CO2, a consecuencia de la combustión de combustibles de origen fósil es la barrera que las naciones desarrolladas intentan derribar. Se cuantifican por partículas por millón (ppm) en la atmósfera. Si en el tiempo de referencia indicado la concentración era de 300 ppm, en el 2000 habían alcanzado la cifra de 380. Ahora, en el segundo decenio del nuevo siglo, se intenta que no sobrepasen la cantidad de 450, el límite impuesto. Pero conseguirlo supone el firme compromiso de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, para lo que se dispone de dos notables vías: reducir el consumo de combustibles de origen fósil por contribución de otras energías, como las renovables, y capturar y confinar el CO2 producido antes de su salida al ambiente. Ambos procedimiento son muy prometedores. El primero tiene actualmente un alto grado de desarrollo y el segundo claras perspectivas que llevan a considerar el dióxido a almacenar como materia industrial de muy diversos aprovechamientos.


Cambio climático Cambio del clima a consecuencia de la alteración de la composición de la atmósfera. Puede estar o no atribuida a la actividad humana.
Sistema climático El conjunto de la atmósfera, la hidrosfera, la biosfera y la geosfera, con sus alteraciones.
Gases de efecto invernadero (GEI) Formaciones gaseosas de condición natural o andropogenia que absorbe y reemiten radiación infrarroja.
Sumidero Proceso o actividad que absorbe gas de efecto invernadero de la atmósfera.
Fuente Proceso o actividad que libera gas de efecto invernadero en la atmósfera.

Cuadro 1.1. Glosario de términos básicos relacionados con el efecto invernadero.

1.3. Reducción de la capa de ozono

La capa de ozono actúa como un filtro de la energía solar, limitando la cantidad que penetra en la atmósfera. Reducirla supone aumentar la radiación que alcanza la superficie, aumentando en consecuencia la temperatura. Son responsables de los inmensos agujeros que se han producido en la capa los gases industriales fluorados.

El ozono no se emite directamente hacia la atmósfera como el resto de los gases de efecto invernadero, sino que se produce por reacción de los otros.

1.4. Desarrollo y deterioro medioambiental

En la década de los años setenta del siglo pasado comenzaron a intensificarse las voces que anunciaban el deterioro medioambiental motivado por la industrialización. El aumento de la temperatura del planeta anunciaba claramente que se había sobrepasado algún límite. Los polos también comenzaron a acusar el quebranto y los mares lo certificaban con el incremento de su nivel. Como en tantas ocasiones, ante cambios de envergadura, las voces y la replicas dieron lugar a abundantes debates acerca de si había o no culpable y su identidad.

Notables científicos dirigían sus miradas a los caprichos de la naturaleza, frente a los que denunciaban la mano del hombre. La polémica es ya historia y su identidad es bien conocida: el cinturón de gases que envuelve nuestra atmósfera, el que representa sin género de dudas la actividad humana al margen de los fenómenos naturales.

Para muchos expertos en cuestiones medioambientales, los gobiernos tardaron demasiado tiempo en intervenir en la polémica, que se suscitó en la Universidad por análisis de las condiciones de la atmósfera y en el entorno de los ecologistas por observación de sus efectos. En 1979 se produjo la Primera Cumbre Mundial sobre el Clima, en la que se intentó establecer la dimensión del problema. Un paso decisivo se produjo en 1988, cuando a propuesta de Malta, la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó una resolución que reclamaba a todos los países la puesta en marcha de mecanismos de protección del clima. Finalmente, en 1994, se concretó la creación de un foro de referencia permanente: el Convenio Marco de Naciones Unidas para el Cambio Climático, dedicado a organizar periódicamente encuentros intergubernamentales, aunque buena parte acaba en fracaso por las políticas locales de sus dirigentes, más preocupados por las encuestas que por los efectos medioambientales. Esta situación justifica algunas decisiones incomprensibles desde la razón, como la compra de derechos de emisión contaminante por parte de los ricos a los pobres.

1.5. Protocolos

En 1997 tuvo lugar el gran encuentro mundial de referencia para el cambio climático, en el que se pudo hablar con naturalidad para conocer sobradamente causas y efectos. Se produjo en Kyoto, la antigua capital imperial de Japón. El plan era establecer las condiciones mínimas que permitieran reducir las emisiones contaminantes. Se alcanzó el compromiso de reducirlas en un índice anual reducido que evitara grandes cambios. Fueron mecanismos de flexibilidad introducidos a consecuencia de la dificultad para ponerse de acuerdo. Se convino también que el esfuerzo de modificación de los procesos industriales lo llevaran a cabo sólo los países fuertemente industrializados. Aún así, algunos grandes países desarrollados, como los Estados Unidos, no aceptaron las condiciones, quedando fuera del acuerdo.

En el Protocolo de Kyoto se hizo referencia clara a los gases culpables directos del efecto invernadero, a los que se asignó su porcentaje de partículas:

Dióxido de carbono (CO2): 65%

Metano (CH4): 20%

Óxido nítrico (N2O): 6%

Estos tres gases citados son los principales causantes. Corresponden a gases que la naturaleza emite y regula, pero que se ha visto aumentada notablemente su concentración por las acciones industriales. El primero la ha aumentado a consecuencia de la combustión de productos basados en el carbono, como el petróleo, el gas o el carbón y el segundo por la reacción que tiene lugar entre el nitrógeno y el oxígeno del aire.

También se identificaron en Kyoto los gases causantes de la reducción de la capa de ozono. Corresponden a gases fluorados (CFC) procedentes de la industria. En los siguientes años comenzó su tendencia a la baja por modificación de los procesos fabriles que los generan.

Hidrofluorocarbonos (HFC)

Perflurocarbonatos (PFC)

Hexafluoruro de azufre (SF6)

El Protocolo de Kyoto, demasiado flexible a criterio de muchos, entró en vigor en febrero de 2005.


Figura 1.2. Gases principales causantes del efecto invernadero, según el Protocolo de Kyoto. Los firmantes se comprometieron a reducir las emisiones un 5,2% de promedio (en Europa fue del 8%), tomando como referencia los niveles de 1995.

1.6. Lucha contra el cambio climático

Los informes del Plan Intergubernamental para el Cambio Climático, de Naciones Unidas, aconsejan que se reduzcan las emisiones de gases de efecto invernadero en un 50% antes de 2050. Y para conseguirlo, sin causar grandes traumas a la industria, establece dos períodos: reducción del 25 al 40% antes del 2020 y el resto en el límite indicado.

El objetivo se ha fraccionado en cuatro grupos de acciones que implican fuertes actividades de desarrollo, tanto de las iniciativas públicas como de las privadas. Estos son:

Reducción de CO2

Limitación de las emisiones contaminantes por mejora de los procesos industriales y, especialmente, por la captura de los gases generados antes de lanzarlos al entorno.

Esta última acción y el consiguiente confinamiento en formaciones geológicas profundas es una de las que más beneficio se espera en los próximos años.


Figura 1.3. Dióxido de carbono en la atmósfera en partes por millón (ppm) desde que comenzaron los registros hasta el 2001. Desde entonces no ha hecho sino aumentar (Global Environment.)

Actuación sobre la capa de ozono

Limitación drástica de los gases industriales fluorados para evitar la ampliación de los agujeros abiertos en la capa de ozono.

Ahorro y eficiencia energética

Conjunto de medidas destinadas a reducir el consumo energético mediante dos acciones: evitar su despilfarro actual y mejorar el rendimiento de los receptores. Tres son los sectores destinatarios:

 Transporte. Mejorar la eficiencia de los vehículos a motor e incentivar el transporte por ferrocarril.

 Comercial y residencial. Concienciar a los ciudadanos para que ahorren energía, aumentar la eficiencia de los receptores y aislar térmicamente los espacios habitados.

 Industrial. Modificar sus procesos productivos para ahorrar energía.

Energías renovables

Aplicar todos los procesos industriales disponibles para obtener energía limpia. La luz solar, los vientos derivados de las diferencias de temperatura y los recursos fluviales han dado lugar a un conjunto de tecnologías capaces de proporcionar energía eléctrica y climatización sin el consumo de combustibles de origen fósil.

Se contempla también el cambio de las centrales de carbón por gas natural, lo que aumenta la eficiencia de un 20% a un 60%, independientemente de la reducción, que es considerable, de gases de efecto invernadero que tiene lugar, la puesta en marcha de procesos de cogeneración, que permiten producir electricidad y aprovechar el calor generado con fines climáticos, y la producción de biocombustibles, como el bioetanol, con los residuos urbanos y similares.

1.7. Dependencia por los combustibles convencionales

El abandono total de los combustibles de origen fósil aún no está al alcance de la mano. Las estimaciones apuntan a que hasta el año 2030 nuestra dependencia de ellos aún será alta; aproximadamente del 80%. Porque aunque las energías renovables, especialmente la eólica, aportan una fracción considerable del consumo de electricidad, a la que se sumará en los próximos años la prometedora termosolar, las grandes centrales eléctricas alimentadas con carbón o gas y el transporte nos esclavizan a ellos. Los coches alimentados con baterías eléctricas o hidrógeno, ambos en germen, pueden rebajar la cifra si se cumplen las expectativas que han despertado.


Figura 1.4. Consumo de energía primaria en el mundo en 2007 (Fundación Gas Natural).

2. CAPTURA Y APROVECHAMIENTO DEL CO2

2.1 Introducción

El dióxido de carbono (CO2), o anhídrido de carbono, es el gas de efecto invernadero al que se le supone una participación de hasta el 75% del quebranto medioambiental del planeta por el incremento de temperatura que ha provocado. En condiciones atmosféricas es un gas estable con más densidad que el aire (1,98 kg/m3). Es inodoro e incoloro, ligeramente ácido y no es inflamable. Está formado por moléculas de un átomo de carbono ligado a dos de oxígeno. Se encuentra en el ambiente con una concentración de aproximadamente el 0,03% y se renueva cada veinte años por efecto de la fotosíntesis, dando lugar al ciclo biológico del carbono, en el que se produce intercambio de CO2 entre los seres vivos y la atmósfera.


Figura 2.1. Emisiones de CO2 en España por sectores en 2008. (CIUDEN)

El carbono es un ingrediente esencial en el ciclo de la vida de animales y plantas en sus concentraciones naturales. Lo producen todos los organismos aeróbicos al oxidar carbohidratos, ácidos grasos y proteínas. Sin embargo, la actividad industrial y los cambios que se han derivado en consecuencia han aumentado sustancialmente la concentración en la atmósfera y convertido el antes inofensivo gas en un enemigo a derribar con celeridad.

El dióxido de carbono sobrante, el no generado por la naturaleza, lo producen las reacciones químicas que tienen lugar durante la combustión de productos de origen fósil, como el petróleo, gas o carbón, y también al quemar madera. Pero el gas de efecto invernadero a que da lugar la vida moderna puede ponérsele ahora coto mediante la captura y el confinamiento en formaciones geológicas profundas y de condición

hermética. Se espera mucho de este procedimiento que se está desarrollando actualmente en numerosos países.

2.2. Captura, transporte y almacenamiento del CO2 (CAC)

El novedoso proceso de reducción de las emisiones al espacio contempla tres etapas complejas para las que se están buscando soluciones que satisfagan la eficiencia y la seguridad. Son las siguientes:


Figura 2.2. Detalle gráfico simplificado de los procesos de captura en origen, transporte y confinamiento de CO2 (CIUDEN).

Captura

El CO2 sobrante producido como reacción química de la combustión puede ser capturado mediante alguno de los procedimientos desarrollados recientemente, entre los que destaca el que lo separa del conjunto de gases generados mediante absorción química, física o con membranas, cuyos detalles se dan en los siguientes apartados.

Transporte

El CO2 capturado en origen es trasladado hasta el lugar de confinamiento en la formación geológica seleccionada, lo que se lleva a cabo mediante tuberías soterradas si se encuentra próxima a la central generadora o bien mediante transporte por carretera, lo que exige condiciones severas de seguridad para las personas y los equipos.

Las tuberías empleadas son similares a las que se instalan para los gasoductos. El CO2 a trasladar se comprime en origen a presiones muy altas y alcanza el estado supercrítico. Si la distancia lo aconseja, se recurre a intercalar centros de compresión para mantener las condiciones iniciales. Este procedimiento presenta dos notables ventajas: caudal en tránsito muy elevado y la posibilidad de conexión con grandes depósitos, por ejemplo como puntos intermedios para el transporte por barco, otro de los medios de transporte que se contemplan.

El transporte por carretera, al que es preciso recurrir cuando no existen las infraestructuras necesarias o durante los tiempos de tránsito, se efectúa en cisternas de acero, a una temperatura y presión próximas a -20 °C y 20 atmósferas.

Almacenamiento

El confinamiento del CO2 nocivo puede hacerse en forma de gas, líquido o estado supercrítico, lo que se consigue estableciendo, mediante equipos auxiliares al proceso principal, la temperatura y la presión adecuadas a cada caso. Las condiciones del medio de almacenamiento o confinamiento en minas de carbón abandonadas, rocas basálticas, yacimientos de sal, etc. determinan el estado más conveniente del gas, tanto por razones de aprovechamiento futuro como por seguridad. Es de tener en cuenta que se contempla que, en un plazo no demasiado largo, el CO2 pueda ser empleado como materia prima para procesos industriales de muy diversa índole en la vida cotidiana.

La CAC es una tecnología considerada de transición hasta que se encuentre la forma de obtener energía sin la desmesurada cantidad de CO2 que generan los procedimientos actuales. Los confinamientos serán perpetuos, excepto si se encuentran alternativas viables, como se vislumbra, en los aspectos económicos, medioambientales y de seguridad para su empleo en la sociedad. Algunos estudios parecen asegurar que se obtendrán por conversión química, por ejemplo para producir combustibles.

La importancia de esta tecnología, de la que se espera que contribuya notablemente a la reducción de las emisiones contaminantes, ha aconsejado a un buen número de países a establecer las condiciones técnicas para llevar a cabo el proceso. España, en óptima posición en los aspectos tecnológicos y de proyectos en marcha de captura y confinamiento, cuenta desde diciembre de 2010 con un Real Decreto regulador.

Se han constituido numerosas organizaciones de apoyo a la CAC. En Europa existe una treintena, todas apoyadas por la Comisión Europea. Corresponden a entidades públicas y privadas formadas por industrias del sector energético y universidades con planes de desarrollo tecnológico en todos sus aspectos. De ellas cabe citar la de ámbito continental Zero Emissions Power (ZEP) fundada en 2005 y la española Plataforma Tecnológica Española del CO2 (PTECO2), que inició sus actividades en 2006 con el objetivo de que España pueda cumplir sus compromisos de reducción. En Estados Unidos, Japón y otros grandes países industriales también han surgido organismos que están dando un fuerte apoyo a la captura y confinamiento del CO2 sobrante.


Figura.2.3. Imagen de las instalaciones de la Ciudad de la Energía (CIUDEN), en el Bierzo, León (España), que incorpora entre sus actividades la investigación de la CAC.

2.3. Procedimientos de captura

Se han desarrollado recientemente diversos procedimientos tecnológicos para separar el CO2 de la corriente de gases que generan las combustiones de productos de origen fósil. Son procesos de una elevada envergadura técnica y costo considerable, pero que se están aplicando en diferentes países por los compromisos contraídos de reducción de las emisiones. Tres son los situados más en alza para el citado propósito de captura:

Posterior a la combustión

Conforme a su denominación, el CO2 se separa del resto de gases generados después de haberse producido la combustión. El gas contaminante se intercepta en algún punto del proceso industrial entre el sistema generador y el escape a la atmósfera. El procedimiento más empleado es el químico, que recurre a la absorción del CO2 con aminas (compuesto químico orgánico derivado del amoniaco) o bien con amoniaco enfriado, que también actúa como absorbente químico. Otro procedimiento, este físico, de menor empleo que el anterior, recurre a las membranas. De ambos procedimientos existen actualmente varias líneas de investigación.

Previo a la combustión

La separación se efectúa en combinación con el proceso de gasificación, creando para ello las condiciones adecuadas. Al gasificar el combustible empleado como materia prima con oxígeno se produce un gas de síntesis que contiene CO y N2 (monóxido de carbono e hidrógeno). Al monóxido se le hace reaccionar con agua para generar más H2 y CO2. El hidrógeno se aprovecha para el proceso energético del sistema y el CO2 se separa. Este procedimiento tiene la ventaja de que el CO2 se encuentra muy concentrado y con una elevada presión.

Oxígeno-gas

En este procedimiento se recurre a sustituir el aire que da lugar a la combustión por oxígeno. Se consigue así que la salida del proceso sea CO2 puro y agua, lo que facilita su captura. Como el procedimiento anterior, requiere la producción previa de oxígeno. De esta tecnología se espera mucho.


Figura 2.4. Diagramas simplificados de los distintos procesos de separación del CO2.

La elección de procedimiento no es gratuita; está relacionada directamente con el tipo de central, el combustible empleado (gas, petróleo, carbón, etc.) y aspectos medioambientales e industriales que permitan la introducción de los nuevos procedimientos de captura en sistemas ya implantados, algunos con muchos años de funcionamiento.

2.4. Condiciones del almacenamiento

Las condiciones ideales de confinamiento se obtienen en emplazamientos con rocas porosas y permeables. Otros medios de almacenamiento adecuados son las rocas con aguas salubres, yacimientos agotados de hidrocarburos y lechos de carbón.

Las formaciones geológicas destinadas deben reunir, además, tres condiciones: encontrarse a una profundidad mínima de 800 metros, que su capacidad coincida con la demanda durante el período especificado (a 800 metros, una tonelada de CO2 en estado supercrítico ocupa un volumen aproximado de 9 m3) y que permita el sellado en condiciones de seguridad para las personas y el ambiente.

2.5. Aprovechamiento industrial

Se espera que el CO2 separado de los procesos industriales o el confinado con anterioridad pueda ser empleado con provecho. Un elevado número de líneas de investigación están dando frutos para emplearlo en actividades tan diversas como la extinción de incendios, la limpieza en seco, aportación esta de valor incalculable, como disolvente, en la conservación de alimentos, en el tratamiento de aguas y para producir metanol. El gas empleado industrialmente, desde mediados del siglo XIX, para producir bebidas carbonatadas, puede dar otros frutos, incluida la conversión a sólidos para dar lugar a nuevos materiales. En nanotecnología ha comenzado a dar sus primeros pasos. El causante principal del deterioro medioambiental puede pasar de residuo a recurso.

3. ENERGÍAS RENOVABLES: PROCEDIMIENTOS

3.1. Introducción

Los recursos naturales derivados del Sol han dado lugar al surgimiento de un conjunto de tecnologías o procedimientos de utilización para la vida cotidiana. Algunos tienen orígenes remotos, como el calentamiento del agua con la energía solar. Otros, como el fotovoltaico, pertenecen a la segunda mitad del siglo pasado y su consecución tuvo un fin bien distinto del actual; proporcionar energía eléctrica a los ingenios espaciales. La luz solar, los vientos, la fuerza hidráulica, la energía geotérmica y la gasificación de biomasa, los compuestos orgánicos procedentes de los cultivos y de los residuos urbanos, se están empleando como energía primaria para obtener otras, como electricidad de uso cotidiano, agua caliente sanitaria, climatización y combustibles verdes sustitutos de los de origen fósil. Son las energías renovables, nombre tomado de su condición de renovación continua e inagotable. Con la limitación de las emisiones contaminantes consecuencia de la combustión de derivados del petróleo y el carbón, y el incremento de las instalaciones de origen renovable, se espera conseguir frenar el deterioro medioambiental.

En España, las energías renovables están aportando, a 2011, la energía eléctrica equivalente a la producida por las centrales nucleares; aproximadamente un 20%, siendo la mayoría de esa cantidad de procedencia eólica. Las nuevas instalaciones eólicas sustentadas en el mar y las recientes termosolares aumentarán sustancialmente esa cantidad, pero no contarán con capacidad suficiente para satisfacer completamente la demanda de electricidad, que no cesa de crecer. Las renovables están destinadas a aportar una fracción, aunque en continuo aumento, pero sin llegar a ser autosuficientes, al menos en el horizonte cercano. La idea de que el Sol vierte sobre la Tierra varios miles de veces la energía que consume en todas sus actividades, está muy lejos de poder ser aprovechada en su totalidad.

Los procedimientos técnicos de aprovechamiento de la energía solar no han surgido a consecuencia del calentamiento del planeta y del consiguiente deterioro ambiental. Pero si los han extendido a límites inimaginables en sus albores, que se remontan algunos a principios del siglo pasado. La electrónica de mediados del siglo XX aumentaría sus posibilidades y daría lugar a otros. La crisis del petróleo, en 1974, volvió todas las miradas hacia las tecnologías solares y, pocos años más tarde, con las primeras cumbres sobre el cambio climático, se iniciaron los planes para implantarlas.

Los dos procedimientos más antiguos, el eólico y el termosolar, vieron la luz entre 1910 y 1920. El primero para aportar electricidad en lugares remotos alejados de las líneas eléctricas y el segundo para estudiar las condiciones termodinámicas de los colectores y la transferencia de calor entre fluidos. La fotovoltaica nacería mucho más tarde, en plena efervescencia de los circuitos electrónicos, aunque se le asociaban pocas utilidades, considerando a la célula, el componente que le da sentido práctico, poco más que una curiosidad de laboratorio. Su aplicación en los primeros vuelos espaciales la sacó del anonimato.

Sin embargo, aunque no se consideraba la necesidad de tales tecnologías por la expansión de las líneas públicas de suministro eléctrico, que alcanzaron pronto hasta los lugares más remotos, y los efectos del consumo de combustibles fósiles aún no se habían advertido, su desarrollo no se abandonó. Las universidades continuaron calladamente, empeño al que se unieron más tarde organismos públicos relacionados con la investigación. Y cuando se tomó conciencia de la situación medioambiental, en la década de los ochenta del siglo pasado, la industria privada encontró todo lo necesario para poner manos a la obra y fabricar los componentes con los que configurar las instalaciones. Un buen ejemplo es la Plataforma Solar de Almería, un organismo público de desarrollo de energías renovables, con origen pionero en Europa, del que ha salido tanto tecnología como expertos para el sector privado.

3.2. Energía primaria

El concepto de renovable agrupa un conjunto de procedimientos tecnológicos alimentados con energía primaria de origen solar, la que se considera que se renueva continuamente por proceder del Sol. Sin embargo, a los procedimientos que cumplen completamente con la condición indicada se han agregado últimamente algunos que se podrían calificar sólo de generadores de energía limpia. Y se han incluido en el grupo más por su posibilidad de luchar contra el cambio climático que por sus condiciones físicas. Son renovables, conforme a la primera definición, los procedimientos que aprovechan la luz solar, el viento derivado directamente de esa radiación electromagnética, y los recursos hídricos, y procedimientos complementarios los restantes.

El cuadro 3.1 muestra un ejemplo de posibilidades de obtener otras energías limpias a partir de primaria de origen renovable bajo las condiciones indicadas.

Con la luz solar, la que se renueva cada día (se le supone al Sol una vida por delante de 5000 millones de años) se genera electricidad mediante los procedimientos fotovoltaico y térmico de alta temperatura y agua caliente sanitaria (ACS) con el térmico de baja temperatura. Se produce electricidad con la energía cinética contenida en los vientos, los cuales tienen su origen en el calentamiento desigual de la superficie terrestre, y también con las masas de agua en movimiento de mares y ríos; del primer recurso hídrico se aprovechan las olas y las corrientes y del segundo los embalses, que dan lugar a grandes chorros de agua en descenso. De la biomasa, la materia orgánica procedente de los cultivos, se obtienen combustibles para el transporte capaces de sustituir a los de origen fósil. También electricidad y gas con los residuos orgánicos que genera la sociedad.

Desafortunadamente, los residuos inorgánicos, como los plásticos, se resisten a su provecho, y parece que por mucho tiempo. La geotérmica, una propiedad natural ampliamente conocida, se encuentra ahora dando sus primeros pasos en buena parte de los países occidentales, y solo en varios, como Italia e Islandia, que disfrutan de condiciones excepcionales, llevan dando cuantiosos frutos desde las primeras décadas del siglo pasado. Extraer de la Tierra parte de su energía térmica, la que alberga desde hace millones de años, para llevarla a los espacios habitados con fines de climatización, es una nueva esperanza puesta en las renovables.


Forma de la energía obtenida Procedimiento de transformación Energía primaria
Electricidad FotovoltaicoTermosolar (solar térmica dealta temperatura) Luz solar
Eólico Viento
Gasificación/Pirólisis Biomasa
Metanización Residuos orgánicos
Geotérmico Calor de la Tierra
Oleaje/corrientes marinas Mares
Combustibles alternativos a los fósiles Producción de biodiesel y bioetanol Residuos orgánicos
Climatización Solar térmica de baja temperatura Luz solar

Cuadro 3.1. Formas de energía obtenidas a partir de primaria de origen renovable.

3.3. Procedimientos

Los procedimientos de aprovechamiento de los recursos limpios, como la luz solar, los vientos, los hidráulicos, el calor de la Tierra y la biomasa, están dando lugar a la implantación de instalaciones domésticas e industriales para obtener electricidad, agua caliente sanitaria, climatización en sus diferentes formas, y combustibles. Forman un conjunto denominado “mix” que aporta una fracción ya considerable del consumo total, y en continuo crecimiento.

Cada procedimiento tiene sus áreas de aplicación en función de los recursos energéticos del lugar. La irradiación solar propicia las instalaciones fotovoltaicas y las térmicas; los vientos, la eólica; los recursos fluviales, las hidráulicas; el acceso fácil al calor de la Tierra, las geotérmicas; y las áreas que pueden dedicar grandes extensiones a los cultivos, a las de biocombustibles.

Aprovechan los procedimientos renovables una variedad de situaciones que se extienden desde las necesidades de electricidad o climatización en lugares alejados de las redes de suministro hasta la venta de la producción a las compañías suministradoras. Las ayudas a la implantación, primero, y el cobro de primas por el solo hecho de ser energía limpia, ha dado lugar a incontables centrales basadas en los procedimientos fotovoltaico y eólico, y en últimos años el térmico de alta temperatura. En los siguientes apartados se presentan sus aspectos básicos, dejando para los capítulos específicos los técnicos de sus componentes, configuración y dimensionado.

3.3.1. Eólico

Los molinos de viento, los inspiradores de los aerogeneradores actuales, surgieron en Persia y alcanzaron Europa en el siglo XII. La inmensa fuerza cinética desprendida del viento pudo mover entonces las grandes piedras para moler el grano, como ahora los pesados generadores eléctricos. La energía eólica es la precursora de los grandes sistemas renovables, si se exceptúa el hidráulico.

La aplicación como procedimiento mecánico para extraer agua se pierde en los tiempos. Sin embargo, como máquina eólica generadora de electricidad se fija en 1888, cuando un ingeniero de Ohio, Estados Unidos, construyó uno con 144 palas y un diámetro de barrido de 17 metros, que fue capaz de generar una potencia eléctrica de 12 kW. Dinamarca le dio un impulsó considerable en los primeros años del siglo XX. Su desarrollo tecnológico no ha cesado en los dos aspectos fundamentales: que funcione con velocidades del viento cada vez más bajas, lo que aumenta las zonas en las que se puede aplicar, y la potencia eléctrica, situada, en 2010, en 5 MW.

Sus aplicaciones actuales se extienden desde las privadas para suministrar energía eléctrica a viviendas o granjas aisladas a las industriales destinada a la venta de la producción. Esta última aplicación corresponde a los denominados parques eólicos, tradicionalmente asentados en tierra y ahora, desde 2009 de forma generalizada, en las aguas litorales aprovechando sus vientos, más constantes y fuertes que en tierra.

La energía eólica es muy fuerte y sus máquinas en constante aumento de potencia. Pero presenta el inconveniente de la intermitencia de los vientos. Sus instalaciones industriales se enclavan en zonas conocidas por su capacidad eólica, pero los vientos no siempre están presentes, a diferencia de la luz para la fotovoltaica, aunque esta ofrece un rendimiento energético más bajo y precisa de espacios mucho más grandes. Como en casi todos los proyectos, se imponen soluciones de compromiso que satisfagan la mayor parte de las aspiraciones. Las instalaciones sobre el mar están dando resultados muy esperanzadores para cumplir el reto lanzado por la Unión Europea: que en 2050 las renovables suministren el 100% de la demanda de electricidad. Demasiado tiempo para la tecnología, que sorprende en cualquier momento con soluciones imprevisibles.

Para tan amplio espectro de usos, los aerogeneradores comerciales se han dividido en cinco segmentos. Responden a su potencia eléctrica, la que determina la aplicación, y a su configuración mecánica. Estos son:

 Micro: Hasta 250 W. Se emplean en embarcaciones de recreo, caravanas y similares.

 Mini: 250 - 1 kW. Alimentación de pequeñas viviendas, extracción de agua, etc.

 Pequeño: 1 kW - 50 kW. Sistemas de riego agrícola, etc.

 Media potencia: 50 kW - 750 kW. Alimentación de bloques de viviendas y venta de energía.

 Gran potencia:>750 kW Instalaciones industriales para venta de la energía generada.

El núcleo de estas máquinas eólicas es su generador eléctrico, que es movido directa o indirectamente por la energía cinética del viento. Está configurado como alternador trifásico por razones de rendimiento energético. En las versiones micro y mini se procede a rectificar la alterna en el interior del equipo, proporcionado así la corriente continua que demandan sus aplicaciones. Algunas versiones comerciales incluyen una unidad electrónica de regulación de carga para poder conectar la máquina directamente a una batería para almacenar energía eléctrica destinada a los tiempos sin viento o insuficiente para mover sus palas. El resto de las versiones proporcionan corriente alterna para su tratamiento externo, que puede ser la conversión a una nueva alterna con la tensión y frecuencia demandada o la adaptación a las líneas de suministro cuando la finalidad es la venta a las compañías suministradoras.


Figura 3.1. Aerogenerador mini de 400 W AIR-400.

En el año 2010, la potencia eólica instalada en Europa era de 75.125 MW, que corresponde al 9,5% del consumo. De ellos, más de la mitad se encontraban en Alemania, con 27.214 MW, seguido de España, con 20.676 MW.


Cuadro 3.2. Evolución de la energía eólica en España (AEE).

España cuenta con cerca de 400 parques eólicos, que se reparten 10.000 máquinas eólicas de elevada potencia (2,7 MW de media).


Figura 3.2. Parque eólico de tierra.

3.3.2. Fotovoltaico

Este procedimiento es uno de los grandes de las energías renovables. Tiene como base la célula fotovoltaica, semiconductor en forma de oblea encerrada en un soporte transparente por su cara activa que reacciona con la luz solar y genera una corriente eléctrica en correspondencia con la intensidad recibida.

Se desarrolló en 1953 en los laboratorios estadounidenses Bell (el del inventor del teléfono), después de un largo recorrido que se remonta a la primera mitad del siglo XIX, y se le dio el inconfundible nombre de batería solar. Las aplicaciones de las células se extienden desde los juguetes a una amplia variedad de los denominados módulos fotovoltaicos, en los que se entrelazan eléctricamente en serie, paralelo o serie-paralelo para conseguir las especificaciones de tensión y corriente exigidas. Emplean los citados módulos tanto las instalaciones de usuario como las huertas o centrales solares, instalaciones estas últimas con cientos o miles de unidades destinadas al aporte energético en grandes cantidades, con conexión con las líneas públicas de distribución.


Figura 3.3. Módulos fotovoltaicos para alimentar una vivienda unifamiliar.

La industria ha creado una amplia diversidad de módulos fotovoltaicos, basados en distintas tecnologías, para adaptarse a un amplio espectro de aplicaciones y de condiciones de la radiación solar.

Proporcionan corriente continua. La necesidad de alterna para las aplicaciones cotidianas se solventa mediante convertidores de continua a alterna, con los valores normalizados de las zonas a las que dar servicio.

El rendimiento energético del procedimiento fotovoltaico es bajo en relación a otros. Por ejemplo, el eólico o el termosolar presentan valores muy superiores. A ello se añade que requiere muchas más extensiones de terreno que estos. Sin embargo, no tiene la intermitencia del viento, lo que hace que sus instalaciones sean imprescindibles en las zonas que no disponen de líneas de distribución.

Diversos planes de investigación sobre nuevos materiales aseguran que en los próximos años se obtendrá un incremento notable en el rendimiento.


Figura 3.4. Montaje de una gran instalación fotovoltaica en Camerún (SOLENER).

En 2010, Europa contaba con una producción de energía eléctrica de origen fotovoltaico de 23.700 MW, lo que representaba el 1% de su consumo. De esa cantidad, España tenía instalados con unión a las redes de distribución 3.648 MW, que contribuyeron con un 3% a la demanda de energía eléctrica.


Cuadro 3.3. Evolución de la industria fotovoltaica europea en los últimos años.

3.3.3. Sistema híbrido

Hace algunos años comenzaron a promoverse las instalaciones híbridas eólico-fotovoltaicas. Su aplicación es privada, sin conexión con las redes públicas de suministro eléctrico. Su finalidad es aprovechar las dos condiciones que ofrece la radiación solar para contrarrestar sus condiciones intermitentes: la inconstante del viento y la periódica de la luz.

Durante el día se obtiene energía eléctrica con los módulos fotovoltaicos, y por la noche, sin que nada lo asegure, con las máquinas eólicas, debido a que la aparición del viento es más frecuente en esa franja horaria.

Sus instalaciones incorporan baterías para conseguir la autonomía de tiempo deseada. Sin embargo, con la incorporación de ambos procedimiento renovables se reduce notablemente la capacidad de acumulación para asegurar el suministro en el período establecido.

A las dos fuentes energéticas se regula su corriente de salida para constituir una línea común de suministro y carga de las baterías. Los niveles de voltaje de los aerogeneradores micro y mini están normalizados con los de los módulos fotovoltaicos para la misma aplicación.

3.3.4. Aspectos comunes entre fotovoltaica y eólica

Como se ha indicado en la introducción a los procedimientos eólico y fotovoltaico, las aplicaciones de ambas fuentes energéticas son muchas. No obstante, a efectos de ejemplificación, se han agrupado en tres grandes bloques, que son:

Servicios públicos remotos

Las necesidades de energía eléctrica en los lugares remotos, para equipos tales como los repetidores de las telecomunicaciones, señalización vial y aplicaciones similares encuentran una solución óptima en los módulos fotovoltaicos complementados con baterías para asegurar el suministro nocturno.

Viviendas y similares

Las viviendas y granjas rurales, primero, y los edificios de servicios públicos y privados, después, han recurrido a los aerogeneradores y a los módulos fotovoltaicos para obtener electricidad por muy diferentes motivos; como única posibilidad de abastecimiento energético los que se encuentran alejados de las redes de suministro y por razones medioambientales.

Las granjas, las viviendas de utilización ocasional, entre ellas las caravanas y similares, fueron los primeros espacios ocupados en encontrar la solución al alumbrado y a la alimentación de los equipos básicos en los módulos fotovoltaicos complementados con baterías. Los edificios, sin embargo, han comenzado a instalar estos generadores al amparo de las subvenciones y bajo criterios medioambientales, en ocasiones con justificación económica, cuando la aportación de energía limpia en detrimento de la convencional no necesita de otras que apoyen las inversiones.

Comienza, afortunadamente, a ser usual encontrar fachadas revestidas de módulos rígidos o flexibles, versión esta última que favorece las instalaciones, y las terrazas ocupadas por hileras de captadores de la radiación solar. La energía obtenida puede ser inyectada en la red de interior para participar al consumo con una fracción o bien para la venta a las compañías, dirigiéndose entonces a sus líneas de distribución. Las grandes terrazas de los edificios industriales están dando lugar a un comercio de alquiler de esos espacios para, contando con las primas a la producción y las subvenciones por la instalación, generar electricidad con fines netamente comerciales. España, junto con Alemania, está a la cabeza de la Unión Europea en tales iniciativas. Los acontecimientos derivados de la reciente crisis económica global, sin embargo, parecen desviar la atención a otras fuentes limpias, como la eólica marina y la termosolar.


Figura 3.5. Instalación híbrida eólica-fotovoltaica. En este ejemplo, los dos generadores eléctricos comparten soporte (SOLENER).

Venta de electricidad

Se ha adelantado en el punto anterior que la producción de electricidad en cantidades apreciables se inyecta en las redes de suministro público con fines comerciales. Las centrales solares o huertas fotovoltaicas son el mejor ejemplo de la generación industrial de electricidad de origen renovable.

3.3.5. Térmico

El procedimiento térmico es un medio de conversión directa de la radiación solar en calor aprovechable con facilidad. Recurre al calentamiento de un fluido en circulación por conductos expuestos al sol. Dispone de dos tipos de captadores, cuya elección depende de la temperatura a alcanzar: los basados en el efecto invernadero, lo que supone que la radiación solar entra pero no sale, salvo las pérdidas, y los que emplean espejos concentradores en diferentes formas. Los primeros dan lugar a las instalaciones denominadas de baja temperatura destinadas a proporcionar agua caliente sanitaria (ACS) y climatización, y los segundos a las de media y alta temperatura para generar electricidad en cantidades considerables y con conexión a las redes de distribución. En las termosolares, las del segundo grupo, está puesta actualmente la confianza para incrementar notablemente la producción energética de origen renovable.

Se han establecido tres franjas de temperatura a alcanzar por el fluido sometido a la acción solar, lo que dan lugar a las aplicaciones más diversas. Son:

Baja temperatura: < 90 °C

Media temperatura: 90 °C < T < 400 °C

Alta temperatura: > 400 °C

Como se ha indicado, la temperatura de trabajo a conseguir da lugar a dos grandes grupos de instalaciones con cometidos muy diferentes: el residencial y comercial con la baja temperatura asociada al agua caliente de servicio y el industrial con la media y alta para generar electricidad.

3.3.5.1. Baja temperatura: ACS

Los receptores solares de esta versión cuentan con dos tecnologías que los diferencian en sus aspectos físicos y de rendimiento energético: los colectores planos basados en el cuerpo negro, por cuyo interior circula el agua a calentar, y los tubos de vacío absorbedores, que trasfieren finalmente la energía térmica conseguía. Tienen en común que el agua caliente de servicio se almacena en grandes depósitos con elevada capacidad calorífica para mantenerla durante la noche. Las cubiertas de los edificios dan cuenta de las instalaciones que albergan, obligatorias en España desde 2006 para la edificación nueva (ver apartado 3.6). El agua caliente obtenida por ambos medios es sometida a control de temperatura mediante procedimientos electrónicos para ofrecer al menos cinco grandes bloques de aplicaciones.

ACS

Suministro de agua caliente sanitaria para todos los usos. La normativa que le afecta asegura las condiciones sanitarias adecuadas.


Figura 3.6. Colector solar y acumulador integrado sobre una cubierta (Salvador Escoda).

Suelo radiante

Un conjunto de tubos bajo los suelos, por los que transita el agua caliente procedente de los colectores solares, ofrece calefacción por radiación. Es una de las grandes aplicaciones de la térmica de baja temperatura. La instalación puede compartir el suministro de agua caliente con los usos sanitarios y de climatización.

Refrigeración

La incorporación a la instalación solar de una máquina de absorción permite obtener aire frío para climatización.

Calentamiento en piscinas

Corresponde a una de las últimas aplicaciones de importancia. El agua de las grandes piscinas, calentada tradicionalmente con calderas de gas, se puede calentar ahora con paneles térmicos de muy diferentes configuraciones (metal, caucho, etc.), a lo que se han añadido con rapidez las pequeñas piscinas individuales. Se consigue formando un circuito cerrado de agua desde el fondo de la piscina hasta las proximidades de su superficie, pasando por los paneles térmicos. Como en las aplicaciones de ACS y similares, un sistema electrónico asociado a sensores mantiene la temperatura del agua en los límites prefijados.


Figura 3.7. Colectores de caucho para calentar el agua de piscinas (Caucho Solar).

Industria

Se puede emplear este procedimiento en todos los procesos industriales que requieran agua u otro fluido caliente.

En 2008, Europa contaba con 4.626.000 m2 de paneles térmicos instalados, de los que 466.000, que representan una capacidad en términos térmicos de 19.982 MWth, se

encuentran en España. Con la implantación del Código Técnico de la Edificación (ver apartado 3.6) se espera un incremento muy notable. En términos de potencia térmica instalada, la media europea por cada 1.000 habitantes era, en 2009, de 32,6 kWth, cuando en España solo se alcanzaban 12 kWth. Algunos países han alcanzado valores más que notables. Es el caso de Austria, con 517 kWth, y Grecia, con 360 kWth, lo que pone de manifiesto que la energía térmica no es solo para las zonas cálidas, aunque en ellas se obtenga más rendimiento. En cuanto a la contribución de la energía térmica con el medio ambiente en términos de reducción de emisiones de CO2, el Plan de Energías Renovables en España 2005-2010, indica los siguientes valores por año y metro cuadrado de panel térmico expuesto al Sol en el centro de la península:

 0,22 toneladas si sustituye a gasóleo

 0,19 toneladas si sustituye a gas butano o propano

 0,17 toneladas si sustituye a gas natural

3.3.5.2. Media y alta temperatura: termosolares

El procedimiento termosolar, el ariete del momento contra el cambio climático, tuvo sus orígenes al poco de traspasar la primera década del siglo XX. El desierto de Mojave, en California, y las proximidades de El Cairo fueron testigos, entre 1911 y 1920, de instalaciones basadas en colectores cilindro-parabólicos. Se pretendía generar electricidad y también estudiar sus condiciones termodinámicas, que no se abandonaron desde entonces. El caudal de conocimientos conseguido está dado lugar a numerosas instalaciones industriales de 50 MW de energía eléctrica, potencia que se incrementará en los próximos años.

Es un procedimiento basado en la concentración de la radiación solar sobre un punto focal, por el que transita un fluido a calentar a media o alta temperatura. Un intercambiador térmico asociado al sistema, por el que también circula un caudal de agua corriente, permite obtener un flujo de vapor con suficiente presión para mover las grandes turbinas asociadas a generadores eléctricos de alta potencia, comportándose desde este punto de modo similar a las instalaciones convencionales alimentadas con gas, petróleo o carbón. Se han desarrollado tres procedimientos con desigual aplicación industrial en las centrales de este tipo, que son denominadas indistintamente termosolares y termoeléctricas. Estos son:

Colectores cilindro-parabólicos

Se dispone de un conjunto de colectores montados sobre un sistema electromecánico de seguimiento solar de un eje (acimut) para concentrar la radiación sobre su punto focal, en el que se encuentra dispuesto un tubo absorbedor recorrido por el fluido de trabajo, que puede ser agua tratada (media temperatura) o aceite sintético (alta temperatura). Es el procedimiento más empleado de los tres.


Figura 3.8. Colectores cilindro-parabólicos de una instalación termosolar (SOLAR ONE).

Torre

Procedimiento que recurre a un conjunto de helióstatos, también sobre seguidores solares, aunque estos de dos ejes (acimut y elevación), que proyectan la radiación solar sobre la parte superior de una torre. En tal localización se encuentra un receptor absorbedor recorrido por el fluido de trabajo que da lugar, a través del intercambiador térmico al vapor, el objetivo a cumplir. En este procedimiento se alcanzan temperaturas próximas a 800 °C.


Figura 3.9. Central de torre en la Plataforma Solar de Almería (CIEMAT).

Disco

Difiere sustancialmente de los dos anteriores. En este, la energía térmica de alta temperatura concentrada en el punto focal de un disco parabólico incide en la boca de un motor de combustión externa Stirling asociado directamente a un generador eléctrico. No hay vapor ni turbinas; la electricidad surge del conjunto situado en el punto focal del disco, el cual se encuentra montado sobre un seguidor solar de dos ejes, como el procedimiento anterior.


Figura 3.10. Discos parabólicos con motor Starling en su punto focal en la Plataforma Solar de Almería. Cada disco se encuentra montado en un carrusel para la orientación en los ejes de acimut y elevación. (CIEMAT).

La capacidad instalada en España, país de vanguardia en estas centrales termosolares, es de aproximadamente 1 GW en 2010. Las más abundantes son las basadas en los colectores cilindro-parabólicos, seguidas a distancia de las de torre. Las de disco, aunque con un futuro prometedor, en España se emplean para la formación e investigación.

3.3.6. Hidráulico

Los recursos hidráulicos han sido los primeros en producir electricidad. Las cataratas del Niágara, en la frontera entre Canadá y Estados Unidos, fueron precursoras de la electricidad en corriente alterna desarrollada por Nicola Tesla. El ingeniero croata, a las órdenes de Georges Westinhouse, construyó en 1896 la primera central de este tipo, sustituyendo los rudimentarios generadores de corriente continua.

Su finalidad: suministrar energía eléctrica a la población de Búfalo (Nueva York), a 30 km de distancia. Una estatua de bronce representando a Tesla recuerda lo que se consideró en su momento una epopeya tecnológica que, de paso, hizo fracasar a Edison, impulsor incondicional de la corriente continua.

Desde entonces, los cauces de los ríos en todo el planeta se vieron invadidos por centrales eléctricas hasta que se desarrollaron otros procedimientos, como las centrales térmicas alimentadas con carbón o gas. Pero a finales del siglo pasado se dio otro paso: el aprovechamiento de la energía del mar en sus diferentes manifestaciones. Ambas vías energéticas, de condición limpia, se presentan a continuación.

3.3.6.1. Fluvial

El procedimiento fluvial distingue sus instalaciones en razón a la potencia generada. Se denomina minihidráulicas a las que producen una cantidad inferior a 10 MW e hidráulicas a las de potencia superior. Los recursos fluviales son muy grandes. Sirva como ejemplo la central de Las Tres Gargantas, en China, que produce 85 mil millones de kW/h, la central mayor del mundo, a la que sigue la venezolana Simón Bolívar, con 10.000 MW. En España, la mayor se encuentra en Asturias, sobre el embalse Salime, y produce 128 MW. En Europa, la producción, durante 2009, fue de 42,2 TWh.


Figura 3.11. Central hidráulica de Loriguilla (Valencia). (IBERDROLA).

Dos son los medios de alimentación de las centrales fluviales: el agua fluyente, que corresponde a la capturada del caudal en circulación, y los embalses, en los que se aprovecha el desnivel, en algunos casos cuantioso, como el de la citada central china, cuya presa tiene una altura de 180 metros. El primer medio se emplea comúnmente para bajas potencias, recurriendo a turbinas Pelton y simulares, y el segundo a las centrales industriales, con conexión a las redes de suministro eléctrico.

3.3.6.2. Del mar

El potencial energético de los mares es inconmensurable. Solo esperaba el desarrollo de procedimientos técnicos de aplicación para sumarse a las energías renovables. Los que

están actualmente demostrando su eficacia y aportando fracciones de energía eléctrica en constante incremento son cuatro:

Mareomotriz

Procedimiento basado en el aprovechamiento del ciclo de ascenso y descenso del mar costero a consecuencia de la acción gravitatoria del Sol y la Luna. Durante la pleamar, el agua se retiene en diques para provocar una diferencia de altura que, al descender durante la bajamar, mueva los generadores eléctricos. La primera aplicación de importancia se llevó a cabo en el estuario del río Rance, en Francia, en 1967. Sus 24 generadores proporcionan 240 MW a Rennes, una ciudad próxima.


Figura 3.12. Dique sobre el río Rance (Francia) para provocar desnivel del agua y mover las turbinas generadoras de electricidad.

Energía de las corrientes

Se basa en el aprovechamiento de la energía cinética derivada de las corrientes marinas, tan abundantes y con tanta potencia. Sus instalaciones se asemejan a las de los parques eólicos, pero con las máquinas sumergidas en el agua. La corriente eléctrica producida se conduce mediante cables submarinos a la costa, desde la que se une con las líneas de distribución.

Maremotérmica

Se han desarrollado procedimientos para obtener energía térmica de la diferencia de temperatura que existe entre las aguas profundas y las de la superficie. Sus innovadoras instalaciones transforman esa energía térmica de condición natural, sin conversión previa, en eléctrica mediante un ciclo termodinámico (ciclo de Rankine), de tal modo que un foco de su proceso es el agua de la superficie y el otro el profundo. Para conseguir alguna efectividad se requiere un gradiente de térmico mínimo de 20 °C, lo que se consigue con facilidad, ya que solo depende de la profundidad del foco sumergido.

Undimotriz

Corresponde al movimiento de las olas a consecuencia del rozamiento del aire con la superficie marina. La oscilación vertical del agua que se produce puede desplazar en los sentidos ascendente y descendente los pistones de boyas en flotación, generando así electricidad. Es el procedimiento al que recurre la instalación de Santoña (Cantabria), cuyas 10 boyas se encuentran distribuidas en un área de 2.000 m2, a una milla de la costa.

La producción europea que aportaron entre todos los procedimientos marinos presentados fue, en 2009, de 245 MW. De esa cantidad, la mayor parte corresponde a la central de Rance. La explicación no es otra que el carácter experimental que tiene aún este procedimiento.

3.3.7. Geotérmico

La búsqueda continua de recursos energéticos de condición limpia está llevando en los últimos años a la aplicación de uno tan conocido como desaprovechado: el calor derivado de las distintas capas de la Tierra, las que se encuentran bajo nuestros pies. Algunos estudios geotérmicos arrojan una cantidad sorprendente de energía aprovechable: 4,2 × 1012 J.

Las áreas de aplicación que se han encontrado tienen relación directa con la temperatura que se puede conseguir en condiciones favorables de inversión económica y rendimiento energético. En consecuencia, se han establecido tres franjas que dan lugar a otros tantos grupos de aplicaciones.

Alta temperatura

Cuando la temperatura que se puede obtener del subsuelo supera los 150 °C, las aplicaciones se centran en la generación de electricidad por el procedimiento del vapor de agua a que da lugar, con el que se mueven las turbinas asociadas a los generadores. A esa temperatura, el vapor que se eleva a la superficie, a modo de géiser, presenta una elevada presión, condición ideal para el propósito. Los Estados Unidos tienen un buen número de centrales eléctricas con este recurso, a las que se están sumando las implantadas en otros países que han descubierto recientemente o despertado del letargo su potencial geotérmico.


Figura 3.13. Vapor a alta temperatura procedente del interior de la tierra. Se emplea en la central The Geysers, California (EE. UU.), para mover las turbinas y generar electricidad. (Pacific Gas and Electric).

Baja temperatura

Con valores de temperatura inferiores a 100 °C, se está procediendo comúnmente a conseguir calefacción y climatización mediante el concurso de bombas de calor. Su aplicación se encuentra situada en los sectores residencial y comercial.

Muy baja temperatura

Si la temperatura es inferior a 25 °C, solo se puede aplicar en climatización. Los hogares son los principales destinatarios del recurso.

3.3.8. Chimeneas solares

El procedimiento de chimenea solar está a medio camino entre la eólica y la térmica. Se basa en el efecto invernadero de una elevada superficie acristalada para crear en el interior una masa de aire más caliente que la del exterior. En el centro se dispone una chimenea y en su interior generadores eléctricos con palas al modo de los empleados en el procedimiento eólico. Se consigue así que el aire caliente, más liguero que el frío, se escape por la chimenea. La energía cinética del aire, cuya velocidad depende de la diferencia de temperatura con la del exterior y de la altura de la chimenea, mueva las palas para generar electricidad.

Es uno de los procedimientos de potencia más limpios por los escasos residuos que genera. Sin embargo es ahora, en los últimos años, cuando se está implantando. Uno de los proyectos más grandes llevados a cabo corresponde a la instalación de Mildura, en Australia, que con una chimenea de 1.000 metros de altura y 37 generadores en su interior, produce 200 MW de energía eléctrica.

La primera chimenea solar se instaló con carácter experimental en Manzanares (Ciudad Real), en 1980, fruto de un acuerdo de colaboración tecnológica entre organismos españoles y alemanes. Su invernadero, de dos metros de altura, tenía un diámetro de 240 metros, en cuyo centro se encontraba la chimenea, de 194 metros de altura. Producía 50 kW de energía eléctrica. Diez años después se desmanteló.


Figura 3.14. Chimenea solar experimental instalada en Manzanares, Ciudad Real, en 1980. De su experiencia se han derivado las actuales.

3.3.9. Biocarburantes

Tras minuciosas búsquedas se han encontrado procedimientos limpios para contrarrestar–aunque por el momento con una fracción pírrica, pero en aumento– el consumo de comestibles de origen fósil en los vehículos a motor. Sus procedimientos agregan el desarrollo agrícola de zonas de secano o con poca capacidad para el riego y la supresión de residuos, en ocasiones molestos para el medio ambiente. Dos son los que se están produciendo en centrales de reciente implantación, que se alimentan con residuos orgánicos de muy diversas procedencias y situaciones:

Bioetanol

Se obtiene de la materia vegetal, como el cereal, el maíz o la remolacha, a través de un proceso de fermentación y destilación. El producto conseguido permite mezclarlo con la gasolina y reducir con ello su consumo en una fracción que se encuentra en continuo crecimiento.


Figura 3.15. Central de producción de biodiesel de Escombreras, en las proximidades de Cartagena (Murcia).

Biodiesel

El biodiesel da un paso más con respecto al anterior al permitir alimentar directamente los motores diesel, sustituyendo completamente a los de origen fósil. Se obtiene este combustible de los aceites vegetales derivados de la colza y el girasol, entre otros, cuando son sometidos a un proceso de transesterificación y refino.

En 2009, se produjo biocombustible en cantidad equivalente, en términos energéticos, a 12,1 Ttep (toneladas equivalentes de petróleo), lo que supuso un 4% del consumo total, y fue empleado en el transporte por carretera.

A diferencia de otros procedimientos limpios, los biocombustibles no están libres de voces discordantes que niegan el ahorro conseguido en términos de emisiones nocivas. Si el producto final es limpio con el ambiente, se argumenta, los medios puestos en juego, entre ellos la producción agrícola y el transporte de los vegetales hasta las centrales, no lo son tanto por depender de combustibles convencionales.

3.3.10. Biomasa

La biomasa aprovecha la combustión de los residuos orgánicos para generar calor destinado a la climatización o vapor para producir electricidad. Presenta el añadido de mejorar el medioambiente al hacerlos desaparecer.

Los residuos que alimentan las calderas de biomasa proceden de una diversidad de origen vegetal. Se pueden considerar como principales los herbáceos, la paja del cereal, el tallo del maíz, la cáscara de la almendra, la pepita de la uva, el orujo de la oliva, los restos de la industria maderera y, naturalmente, los urbanos. El Plan de las Energías Renovables en España 2005-2010 contempla un potencial de 19 Mtep distribuido conforme al siguiente cuadro.


Origen del residuo Cantidad (Mtep)
Forestal 1,4
Agrícolas leñosos 1
Agrícolas herbáceos 7,9
Industriales 2,9
Cultivos energéticos 5,8
TOTAL 19 Mtep

Cuadro 3.4. Distribución del potencial de biomasa (IDAE).

La limpieza de los bosques y los residuos de la madera, junto con los vegetales en sus diferentes formas, dan lugar al combustible de biomasa, que se presenta comercialmente en forma de astillas de pequeño tamaño, polvo o en un producto industrial granulado al modo del pienso. El proceso industrial para obtenerlo se limita a la manipulación, la moltura, el secado y el envasado final, sin agregar compuestos.


Figura 3.16. Residuos de explotaciones forestales, de la industria de la madera o simulares empleados como combustible para las calderas de biomasa. (BIOMCASA).

3.3.11. Pilas de combustible

La pila de combustible es el componente que recibe hidrógeno y genera electricidad con capacidad para alimentar, por ejemplo, los motores eléctricos de los vehículos, su objetivo inmediato. En la era que se avecina de coches movidos con electricidad, el hidrógeno y la pila de combustible son los sustitutos de la batería con notables ventajas de peso, volumen y facilidad de carga. Conseguirlo es el objetivo de este procedimiento que, industrialmente, se encuentra en sus inicios, pero su futuro es muy prometedor.

El hidrógeno es un portador energético, no un recurso natural; es preciso producirlo a partir de un compuesto que lo contenga y de energía primaria.

Obtención de hidrógeno

El hidrógeno, tan abundante en la atmósfera, no se encuentra aislado, lo que implica el empleo de procesos de separación. Se puede obtener de combustibles de origen fósil, de la biomasa y del agua, proceso este último que necesita energía eléctrica, que puede ser de procedencia renovable, como la fotovoltaica. El gas natural y el agua son sus fuentes principales actualmente; se obtiene desde el combustible fósil a través de un proceso industrial, con el resultado de un aceptable grado de emisiones de CO2, y del agua mediante electrólisis. La elección de uno u otro procedimiento depende de la capacidad de producción deseada.

Para generarlo desde la fuente solar se recurre a un proceso fotovoltaico mediante semiconductores. Con él se provoca una reacción electroquímica, como la citada electrólisis del agua, que da lugar a la producción de oxígeno e hidrógeno. El oxígeno se libera y el hidrógeno alimenta el sistema; comúnmente una pila de combustible asociada a un motor eléctrico.


Figura 3.17. “Scooter” con pila de combustible. Incorpora dos botellas de hidrógeno para alimentar durante 45 km la pila de combustible que mueve su motor eléctrico. (AJUSA, Albacete).

Una de las grandes ventajas de empleo del hidrógeno como combustible es la facilidad que ofrece para su almacenamiento. Dado que es un gas, puede acumularse incluso durante largos períodos de tiempo y transportarse en estado natural o comprimido. Es limpio, seguro e inagotable. Aunque experimentalmente, ya lo emplean autobuses urbanos y hasta aviones ligeros.

3.4. Tipos de instalaciones

Los procedimientos renovables presentados dan lugar a una amplia variedad de instalaciones por tamaño y complejidad tecnológica. Las fuentes de energía térmica, como las de baja temperatura y la geotérmica, dan respuesta desde aplicaciones para un hogar a edificios residenciales de cualquier tipo. El tamaño de los captadores térmicos y de los medios de acumulación determina sus configuraciones. También las instalaciones generadoras de electricidad se dimensionan para satisfacer las demandas energéticas individuales o colectivas, pero estas dan lugar a dos tipologías bien diferenciadas, no tanto por la envergadura como por el destino de la energía obtenida. Estas son:

Aisladas

Corresponde a instalaciones dedicadas al suministro eléctrico sin conexión alguna con las redes de distribución. Emplean estas instalaciones los espacios habitados que se encuentran alejados de las líneas de las compañías productoras o bien, disponiendo de ellas, sus propietarios optan por las energías limpias. El primer supuesto dio lugar a principios del siglo pasado a las instalaciones eólicas en los ranchos norteamericanos y en los sistemas montañosos del norte y este de Europa.

Con conexión a la red

Obedece a una tipología de instalación en la que la electricidad conseguida con la energía solar se vierte en las redes de suministro. Sin embargo, manteniendo la condición indicada, sus aspectos dimensionales y de concepción, dan lugar a dos aplicaciones muy distintas:

Aportación de una fracción

La energía eléctrica conseguida se inyecta en la red privada del interior del espacio habitado destinatario, compartiéndola con la del suministro público. La finalidad no es otra que aportar una fracción que merme el consumo de la de origen convencional. Es un procedimiento del ámbito privado y de aplicación fácil para limitar la dependencia de los combustibles de origen fósil. La industria electrónica ha generado los medios para acomodar tal aporte energético a los hogares, comercios o industrias. La sensibilidad de la sociedad, sin embargo, se muestra remisa a su implantación con la excusa de la difícil recuperación económica del gasto ocasionado.

Inyección en las redes de distribución

Corresponde a las grandes instalaciones industriales. La energía producida, con valores situados comúnmente en media tensión, se inyecta en las redes generales de distribución a través de subestaciones de transformación y control. Esta energía se vende a las compañías suministradoras al precio del mercado, y sus promotores reciben de las administraciones, además, primas por su contribución al medio ambiente.

En la vertiente privada, estas instalaciones pueden corresponder a los procedimientos fotovoltaico, eólico o híbrido, y en la industrial, las que inyectan su energía en las redes generales de suministro, a los parques eólicos y a las huertas solares. Estas dos últimas instalaciones ocupan grandes extensiones y su aporte energético es muy considerable. Por ejemplo, el parque eólico de Higueruela, en la provincia de Albacete, puede producir 390.000 MW anuales. La energía suministrada por la línea común de los aerogeneradores tiene una tensión de 20 kV, que se eleva a 132 kV mediante una estación de transformación para su unión con las redes de distribución.

3.5. Almacenamiento de energía

Las instalaciones basadas en la incidencia directa de la radiación solar presentan el inconveniente de su inactividad durante las horas nocturnas. La repercusión depende de la aplicación; alta en las instalaciones aisladas, en las que no se puede recurrir a la energía convencional, y baja en las que tienen como destino las redes de suministro, las industriales que están destinadas a aportar una fracción al consumo total con fines entre medioambientales y económicos.

Se han desarrollado tres procedimientos de almacenamiento energético con muy desigual capacidad y condiciones: electricidad en corriente continua y agua caliente sanitaria, desafortunadamente en cantidades solo para aplicaciones privadas, y térmica de alta temperatura, esta sí para usos industriales.

3.5.1. Electricidad

La batería electroquímica en sus diferentes formas es el medio al que se recurre para almacenar la energía eléctrica producida por los módulos fotovoltaicos y los aerogeneradores. La normalización de las tensiones y el complemento de los reguladores de carga, dispositivos electrónicos de control del estado de las baterías, facilitan el proceso. Una diversidad de capacidades eléctricas permite garantizar la reserva energética para los tiempos sin luz o sin viento, pero siempre dentro de los límites de las instalaciones aisladas, de las aplicaciones privadas. Una aplicación típica es el almacenamiento durante los días sin actividad humana para los que sí la tengan. Se pueden encontrar baterías de 1.000 Ah o más y también disponerlas en paralelo para sumar su capacidad, lo que da respuesta a la aplicación indicada, pero no a las industriales por razones económicas.

3.5.2. ACS

Corresponde a otra aplicación típica: la acumulación de agua caliente sanitaria procedente de sistemas solares térmicos para su empleo durante la noche. El agua presenta una excelente capacidad calorífica (1 cal/g.°C, o expresado en forma de energía: 4,184 J/cal), y el calor conseguido por el líquido puede ser retenido en los llamados acumuladores, envolventes metálicos con componentes de aislamiento térmico para reducir las pérdidas. Cuando su propósito es el suministro en los entornos residencial o comercial, el agua se almacena a aproximadamente 60 °C.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.