Kitabı oku: «Guía práctica para descubrir la voluntad de Dios»
Guía práctica para descubrir la voluntad de Dios
Troy Fitzgerald

Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires, Rep. Argentina.
Índice de contenido
Tapa
Dedicado
Agradecimiento especial...
Introducción
Parte I: La búsqueda de la voluntad de Dios
Capítulo 1
Capítulo 2
Parte II: El descubrimiento de la voluntad de Dios
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Parte III: Realizar la voluntad de Dios
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Conclusión
Apéndice
Guía práctica para descubrir la voluntad de Dios
Troy Fitzgerald
Título del original: A Practical Guide to Discovering God’s Will, Pacific Press Publishing Association, Boise, ID, E.U.A., 2007.
Dirección: Pablo D. Ostuni
Traducción: Ethel D. Mangold de Steger
Diseño de tapa: Rosana Blasco
Diseño del interior: Marcelo Benítez
Libro de edición argentina
IMPRESO EN LA ARGENTINA
Printed in Argentina
Primera edición, e - Book
MMXXI
Es propiedad. Copyright de la edición en inglés © 2007 Pacific Press® Publishing Association, Nampa, Idaho, USA. Todos los derechos reservados. Esta edición en castellano se publica con permiso del dueño del Copyright.
© 2008, 2021 Asociación Casa Editora Sudamericana.
Queda hecho el depósito que marca la ley 11.723.
ISBN 978-987-798-358-6
| Fitzgerald, TroyGuía práctica para descubrir la voluntad de Dios / Troy Fitzgerald. - 1ª ed . - Florida : Asociación Casa Editora Sudamericana, 2021.Libro digital, EPUBArchivo digital: OnlineTraducción de: Ethel D. Mangold.ISBN 978-987-798-358-61. Crecimiento espiritual. I. Mangold, Ethel D., trad. II. Título.CDD 204.4 |
Publicado el 25 de febrero de 2021 por la Asociación Casa Editora Sudamericana (Gral. José de San Martín 4555, B1604CDG Florida Oeste, Buenos Aires).
Tel. (54-11) 5544-4848 (opción 1) / Fax (54) 0800-122-ACES (2237)
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Prohibida la reproducción total o parcial de esta publicación (texto, imágenes y diseño), su manipulación informática y transmisión ya sea electrónica, mecánica, por fotocopia u otros medios, sin permiso previo del editor.
Dedicado
A mis padres, Don y Helen Fitzgerald, por la manera en que se sostienen de la mano de Dios en los altibajos y oyen su voz en medio del ruido y del silencio.
Agradecimiento especial...
A Tim Lale y el resto del equipo de Pacific Press, quienes paciente y fielmente producen material de lectura inspirador.
A la gente joven de mi grupo juvenil que han crecido ante mis propios ojos. Me han enseñado muchas cosas acerca de descubrir la voluntad de Dios. ¡Ustedes son mis campeones de travesías!
A Karl Haffner, mi querido amigo y mentor. ¡Tú eres el Mehahsheerah del canal navegable!
A Leslie, Henning, John, y Debbie, mis compañeros de equipo pastoral en la Iglesia del Colegio Superior. Su devoción y su manera de vivir y servir han bendecido mi crecimiento y mi familia sin lugar a dudas.
A John Loor Jr., Jerry Nelson, Curtis Wright, Craig Heinrich y Ken Rogers por darme la oportunidad de servir. Han marcado mi vida de tantas buenas maneras.
A mi hermosa esposa, Julia, y a mis preciosos hijos, Cameron y Morgan; ¡son mi alegría!
Introducción
Principios básicos
Soy curioso acerca de las preguntas que arden en el interior de las personas. También soy igualmente sensible –y quizás demasiado sensible– a lo que a la gente no le importa. Puedes llamarlo inseguridad, o apuntarlo como algo faltante en mi niñez. La cuestión es que me cuesta digerir la idea de escribir acerca de cosas que a los demás les parecen insignificantes. Pero si hay una pregunta que se despierta en todos, tanto los creyentes como los que buscan la verdad, es la temática de descubrir la voluntad de Dios. Una y otra vez, escucho gente que pregunta: “¿Qué quiere Dios de mí, y cómo revelará su plan para mi vida?”
No suele ocurrir que las personas están “preocupadas” por un tema en especial, por lo que sugerir que todos están “pensando” o “preguntando” acerca de “una sola cosa” resulta dudoso. Sin embargo, cuando he mencionado el tema de “conocer la voluntad de Dios”, he descubierto que las personas están deseosas de escuchar acerca del mismo. El grupo de investigación Barna descubrió que alrededor de dos tercios de los americanos se encontraban enfrentando decisiones acerca de las cuales deseaban algún tipo de orientación de parte de Dios.1 Mi experiencia personal confirma la profundidad del deseo de conocer lo que Dios quiere de nuestras vidas.
El tema es especialmente apremiante para los jóvenes adultos porque realizan la mayoría de sus decisiones a largo plazo en el transcurso de unos pocos años estresantes. Aquí tenemos algunas de las pocas preguntas acerca de la voluntad de Dios que he recopilado de alumnos:
“¿Qué espera Dios de mí?”
“¿Por qué Dios hace que sea tan difícil [para nosotros] conocerlo?”
“¿Contiene la Biblia todo lo que necesito saber para tomar decisiones correctas?”
“¿Tiene Dios un plan específico para mi vida, o depende de mí?”
“¿Me hará feliz, exitoso y seguro el hacer la voluntad de Dios?”
“¿Cómo puedo determinar en qué desea Dios que me convierta?”
“¿Cómo sabré que la voluntad de Dios para mí es su voluntad y no la mía?”
“¿Cómo me revela Dios su voluntad?”
“¿Me incapacitarán mis malas decisiones del pasado para conocer y vivir la voluntad de Dios ahora y en el futuro?”
“¿Por qué no responde Dios mi oración pidiendo dirección en la vida cuando los demás parecieran tener puertas automáticas que se abren y cierran, ni que hablar de ventanas en perfecto estado cuando las puertas no están funcionando?”
Y mi pregunta favorita...
“¿Qué pasó con el Urim y el Tumim, esa chaqueta de ‘sí’ o ‘no’ que los sacerdotes utilizaban en la antigüedad? Me vendría bien una de esas en este momento (en un color neutro, por supuesto)”.
Sin embargo, descubrir la voluntad de Dios no es solamente una búsqueda de los jóvenes adultos. Le atañe a cualquier persona que esté buscando el aporte de Dios en cuanto a las decisiones más importantes. Comprender la forma en que nos guía es tan importante para aquellos que son, digámoslo así, jóvenes en el corazón como lo es para aquellos que son verdaderamente jóvenes. En cada etapa de la vida tomamos decisiones cruciales. Por lo tanto, si Dios tiene algo que decir, la mayoría de las personas que conozco quiere oírlo.
Cuando comencé a hablar sobre el tema de la voluntad de Dios para nuestra vida, la gente apareció de la nada para unirse a la polémica. El diluvio de comentarios y preguntas dejó en claro que el lenguaje impreciso y la descarga de clichés obtusos acerca de la dirección de Dios que solemos escuchar han vuelto ininteligibles algunos de los temas en cuestión. Por lo tanto, antes de comenzar esta travesía, debo dar a conocer los principios básicos que sostengo acerca de descubrir y vivir la voluntad de Dios.
Principio básico 1: Debe haber una voluntad... y por lo tanto un camino.
Jesús dijo: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan” (Mat. 7:13, 14). Isaías prometió: “Entonces tus oídos oirán a tus espaldas palabra que diga: Este es el camino, andad por él; y no echéis a la mano derecha, ni tampoco torzáis a la mano izquierda” (Isa. 30:21). David cantó ante Dios:
Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre (Sal. 16:11).
Y el hombre sabio que escribió el libro de Proverbios nos aconsejó que tuviéramos cuidado con nuestra propia sabiduría, diciendo: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Prov. 14:12). Evidentemente, si hay una voluntad, también debe haber un camino.
El profeta Jeremías afirmó esto al decir:
“Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma” (Jer. 6:16; énfasis añadido).
Sin embargo, este versículo de Jeremías contiene una línea más: “Mas dijeron: No andaremos”. En última instancia, el camino por el que andamos es nuestra propia decisión.
Hay muchos ejemplos de individuos cuyas vidas parecieran transcurrir por el paisaje sobre un sendero divino. Cuando considero la historia de vida de personas que han elegido seguir a Dios, me resulta cada vez más creíble que hay un Dios que tiene una voluntad y una manera de vivir en mente.
Principio básico 2: Dios ha comunicado su voluntad de una manera que podamos entenderla y saber cómo seguirla.
La comunicación con Dios es el punto de inflexión en nuestra relación con él. Tengo un amigo con el que me comunico periódicamente. Aunque nuestra interacción pueda ser frecuente, es cualquier cosa menos normal. Yo le envío correos electrónicos, y él me escribe con pluma, tinta y estampilla. No comprendo este fenómeno: ¡él tiene correo electrónico! (Es una de esas personas que se dedican a reenviar correos jocosos o generales a muchas personas). En una oportunidad recibí una nota colocada en una bolsa para el mareo del avión en el que se encontraba mi amigo. Él es raro y hasta un poco excéntrico, pero me responde; aunque nunca puedo estar seguro del método que utilizará para comunicarse. No sería raro que un día aparezca un pequeño avión sobrevolando mi casa dejando una estela de humo con las palabras: “Hola Troy, recibí tu correo electrónico. ¿Quieres jugar al golf mañana?”. El problema sería saber cuándo mirar el cielo.
¿Qué esperas ver u oír cuando le pides a Dios que te muestre su voluntad? ¿Un sueño? ¿Un sentimiento? ¿Una señal? ¿Cómo interpretarás una aparente respuesta negativa? ¿En qué forma te parece que vendrá la respuesta? Nuestras expectativas acerca de la dirección de Dios se encuentran en estrecha relación con que nuestra comunicación con él se esté llevando a cabo. Si esperamos su dirección, la misma no escapará de nosotros.
Dios no nos ha abandonado a juegos de adivinanza o enigmas misteriosos para abrirnos paso en la oscuridad. ¡Él es un comunicador por excelencia! Pero la comunicación solamente es efectiva si ambas partes prestan atención. Esto nos deja con la tarea de echar un vistazo a los procesos de comunicación elegidos por Dios; desde cómo se comunica hasta qué comunica. La promesa permanece igual para todos: “y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jeremías 29:13).
Descubrirás la voluntad de Dios para tu vida como resultado de la búsqueda deliberada y una vida heroica. No sucede por casualidad. Debes valorar la voluntad de Dios por encima de cualquier otra cosa. De cierto modo, la travesía te costará todo. Pero si crees que los planes que Dios tiene para ti son mejores que los propios, busca a Dios con todo tu corazón. Y recuerda, Dios es más persistente y más creativo de lo que tú y yo alguna vez podríamos llegar a ser. Ray Pritchard dijo: “Dios quiere que conozcas su voluntad más de lo que tú lo deseas, y por lo tanto él toma responsabilidad personal en asegurarse de que la descubras”.2 La comunicación involucra una conversación en la que ambas partes están escuchando. Aunque Dios toma la iniciativa al iniciar el proceso de comunicación, habrá tareas que tú deberás realizar para descubrir y hacer su voluntad.
Principio básico 3: Conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas tiene que ver más con conocer a Dios que con conocer el futuro.
Obtener la dirección de Dios rara vez implica una visión del futuro; tiene más que ver con tener una relación con Dios en el presente. En cierta ocasión, mientras buscaba un lugar llamado Chain Lakes en las afueras del Parque Nacional Yosemite, me perdí por los senderos de los leñadores. Detuve el vehículo en la banquina del camino polvoriento para pedir ayuda a un hombre que estaba atando los troncos a su camión. Le pregunté:
–¿Me encuentro en el camino correcto para ir a Chain Lakes, o hay uno mejor?
–No puedes llegar hasta allí desde aquí –contestó con un resoplido y una sonrisa de satisfacción.
No podía creer lo que me había dicho. Evidentemente este individuo miraba demasiada televisión. En mi mente una persona debería poder llegar a cualquier lugar desde cualquier parte. Después de todo, estábamos en los Estados Unidos.
Esperé unos momentos hasta que quedó claro que él no tenía ninguna intención de compartir su sentencia profética. Entonces lo presioné para que ampliara su respuesta:
–¿Por qué? ¿Cómo puede decir eso?
–Muchacho, sólo puedes llegar a Chain Lakes a pie o a caballo –respondió.
Tenía razón. Ni el camino en el que yo me encontraba ni ningún otro camino de esa montaña me llevaría al lugar llamado Chain Lakes. Iba a tener que hacer una caminata, una caminata de ocho kilómetros a través de las montañas, para llegar hasta allí.
Este principio se aplica a muchos aspectos de la vida. Los matrimonios fuertes no suceden por accidente. Las buenas calificaciones no encuentran su camino a un analítico a menos que estudies y hagas tu parte. No puedes llegar a ser bueno en los deportes sin entrenamiento, no importa cuán atlético seas. Ejecutar el violoncelo requiere práctica. Ahorrar dinero sucede cuando eliges privarte de algo que deseas. Los atajos y el camino fácil no existen en esta travesía. Tal como lo dijo el hombre, “no puedes llegar hasta allí desde aquí”. El camino angosto mencionado anteriormente es una caminata, una excursión a pie, un peregrinaje mano en mano con el mismo Jesús. No hay otra manera. Desear orientación sin el Guía es como buscar la sabiduría que te espera en el centro de una galleta de la fortuna. Conocer la voluntad de Dios tiene más que ver con conocer a Dios que con saber exactamente qué hacer en cada encrucijada de tu vida.
¿Pensando en desistir?
No solamente la Biblia nos comunica que hay una voluntad para nuestras vidas, sino que también siento la verdad de esta idea en forma intuitiva. Creo que una de las paradojas más alocadas del mundo posmoderno es que supuestamente nuestra experiencia debería ser la fuente de autoridad para decidir qué es real y correcto. Pero hemos aprendido que confiar únicamente en nuestra experiencia puede no ser sabio. Quizá nuestra experiencia nos ha defraudado cuando se trata de creer que Dios es bueno. Oraciones no contestadas. Tragedias. Silencio. Obstáculos. Personas malas. Cáncer. Abuso. Alienación. Si solamente nuestra experiencia determinara lo que creemos que es verdad, entonces no puedo imaginar cómo algunos pueden balbucear siquiera una oración a Dios.
Aquí nos encontramos con algo que es solamente teórico, pero me hace pensar: creo que mucha gente lucha más con preguntas acerca de quién es Dios y cómo es él que con la duda de si realmente Dios existe o no. Si Dios es tan bueno, ¿por qué ocurren tantas cosas malas? Si Dios está en el control, ¿por qué reina la maldad? Si Dios está tan cerca y es tan amante, ¿por qué siento como si hubiera un Gran Cañón entre nosotros? En momentos de desastre, los incrédulos a menudo sacuden sus puños hacia un Dios en el que no creen. Son carcomidos por el enojo hacia algo o alguien que debería haber evitado el desastre.
A veces, el silencio de Dios puede robarle la esperanza al buscador más insistente. Una relación personal con Dios puede echarse a perder fácilmente cuando buscamos pero no encontramos. La experiencia de intimidad con Dios en su totalidad pareciera ser demasiado irreal e inalcanzable. Desafortunadamente, nos resulta normal recibir una señal ocupada cuando buscamos la dirección de Dios en nuestras vidas. Para algunos, la falta de una respuesta inmediatamente suscita un rotundo “no me importa” o “no me interesa” o “no tengo tiempo para esto”, y dejamos de lado a Dios en la ecuación de nuestras vidas porque “evidentemente” él nos ha dejado a nosotros de lado.
A las personas les disgusta ser ignoradas más de lo que les disgusta ser odiadas. Odiar requiere un compromiso emocional hacia la otra persona. Ser indiferente administra la última cachetada en el rostro, prácticamente como diciendo: “no tienes importancia”. Supongo que algunos sienten como si no le importaran a Dios porque el Todopoderoso no les devuelve las llamadas. No hay orientación alguna. No hay dirección de su parte. Pero yo testifico que Dios no ha permanecido en silencio. Él es todo menos indiferente. Dios ha estado intentando llegar hasta nosotros con más insistencia de la que cualquiera de nosotros lo ha buscado a él. Lo más probable es que él está más interesado en nuestro futuro de lo que lo estamos nosotros. La esencia de la interacción de Dios con la humanidad es guiarnos a una relación significativa con él. Pero el mensaje puede perderse si no buscamos en los lugares correctos.
Guía práctica para descubrir la voluntad de Dios no pretende proveer fórmulas mágicas para escoger la universidad indicada ni consejos para lograr que Dios te diga con quién debes casarte. Aunque estoy siendo muy franco acerca de los principios que apuntalan este libro, también soy consciente de cuántas preguntas no contestadas tengo acerca de la forma en que Dios dirige nuestras vidas. Si hay algo de lo que estoy seguro es que soy una criatura en un viaje. De muchas maneras, este libro es una conversación. Aunque a veces parezca en parte una historia, en parte sermón, y en parte lucha personal, deseo que puedas relacionarte con las ideas de tal manera que sea beneficioso para ti. Mi oración es que esta conversación pueda quitar de en medio algunos conceptos equivocados acerca de la orientación de Dios y pueda profundizar nuestro compromiso de vivir cada día en los pasos del Salvador.
Puedes estar seguro de una cosa: hay un Dios que se preocupa, y él está preparado para responder inmediatamente a algunas de nuestras preguntas. Hay un Dios que siente profundamente nuestra vaciedad, y anhela llenarnos de significado y propósito. Hay un Dios que asevera ser capaz de darnos perspectiva en medio de nuestra confusión y consuelo en nuestro dolor. Hay un Dios que hará el bien según sus promesas. Dios nos conoce y nos busca. En realidad, él lo ha dicho de forma muy clara: “Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis. Entonces me invocaréis, y vendréis y oraréis a mí, y yo os oiré; y me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:11-13).
Con todo mi corazón, creo que Dios tiene una voluntad en la cual desea que vivamos. Creo que es posible conocer su voluntad para nuestra vida. Y creo que caminar confiadamente en la voluntad de Dios está al alcance de todo creyente.
1 Robert Jeffress, Hearing the Master’s Voice: The Comfort and Confidence of Knowing God’s Will (Colorado Springs, Colo.: WaterBrook Press, 2001), 17.
2 Ray Pritchard, The Road Best Traveled: Knowing God’s Will for Your Life (Wheaton, Ill.: Crossway Books, 1995), 18.
Parte I: La búsqueda de la voluntad de Dios
Capítulo 1
Cuestionando los mitos
Una vez que te salteas el primer ojal nunca logras terminar de abotonar correctamente.
Durante mi infancia, no solía usar camisas que debían ser abotonadas porque me frustraba cuando descubría que había abotonado chueca mi camisa. Había comenzado por colocar el botón equivocado en el primer ojal. Por eso prefiero las camisetas. Pero el principio de comenzar por los pequeños ajustes es uno que deberíamos aplicar al buscar la voluntad de Dios. Haremos uno de esos “ajustes” al revisar nuestras presuposiciones acerca de la forma en que Dios revela su voluntad a las personas.
Las presuposiciones son peligrosas. Moldean la manera en que vemos el mundo a nuestro alrededor. A veces, si nuestras presuposiciones son defectuosas, desequilibradas o desinformadas, pensamos cosas que simplemente no funcionan. E inclusive podemos llegar a defender ideas completamente irracionales.
Piensa en el programa de televisión Cámara oculta. El propósito del programa es lograr que cualquier persona al azar haga cosas absolutamente ridículas, capturadas por una cámara oculta para nuestro deleite. El programa es divertidísimo porque los actores consiguen que los participantes hagan las cosas más ridículas pero consideran el comportamiento de tal modo que los participantes son compelidos a realizar sus acciones de una forma natural y mecánica.
Por ejemplo, le podrían pedir a alguien que está caminando por una calle transitada que toque una bocina antigua de bicicleta (como las que usan los payasos) cada vez que alguien pasa a su lado sin mirar al participante. Sorprendentemente, el personal del programa encuentra que hay personas que están dispuestas a hacerlo. Y cada vez que un transeúnte inocente no hace contacto visual con la persona encargada de tocar la bocina el ruido molesto los asusta y obliga a hacer contacto visual, e incluso a veces los lleva a desarrollar una conversación animada. Aún más sorprendente es que cuanto más irracional el comportamiento de la víctima ingenua, más intenta defenderse. Esencialmente, lo anormal se vuelve normal simplemente por la repetición mecánica. Esto ilustra que siempre hay presuposiciones tácitas que orientan (o mal orientan) nuestro comportamiento.
Ya sea que nos guste o no, nuestras presuposiciones acerca de lo que es normal y esperado encuadran nuestra percepción de la forma en que Dios comunica su voluntad a los seres humanos. Y, tal como las personas de Cámara oculta, cuando la vida se complica, encontramos todo tipo de formas de defender nuestras presuposiciones acerca de la forma en que Dios obra. Por lo tanto, el primer paso para entender mejor la voluntad de Dios es ser claros en cuanto a nuestras presuposiciones sobre este tema. Sin una revisión meditada de nuestras propias presuposiciones corremos el riesgo de basar nuestras creencias acerca de la orientación de Dios en la casualidad, tal como el cachorro mencionado en la siguiente historia:
Una pareja trajo un cachorro a su hogar y le permitieron jugar en el patio. El cachorro encontró una ardilla bebé en un árbol, corrió a la base del mismo, se sentó, y comenzó a ladrar. Los ladridos asustaron a la pequeña ardilla, así que intentó saltar a una rama más alejada. Pero la pobre ardilla falló en su salto y cayó justo en la boca abierta del cachorro. Entonces, durante los siguientes quince años, el perro permaneció sentado en la base de aquel árbol y ladró, esperando que otra ardilla cayera del cielo en sus mandíbulas abiertas.
Al echar un vistazo a los mitos que surgen de nuestras presuposiciones acerca de la voluntad de Dios, es importante notar que cada mito tiene al menos una semilla de verdad. Si fuéramos a basar todas nuestras expectativas de descubrir el plan de Dios para nuestras vidas en un solo enfoque, seríamos como el perro sentado bajo el árbol esperando que una ardilla cayera milagrosamente en su boca. Examina los siguientes mitos, y considera lo que conoces acerca de la dirección de Dios, dejando lugar para lo que no conoces.
Mito 1: La voluntad de Dios es un misterio que necesitamos resolver
Cuando yo estaba estudiando en la universidad, un miembro de iglesia metió cien dolares en un sobre y me los envió por correo de forma anónima. Bueno, casi anónimamente. Durante el servicio religioso en la iglesia, preguntó desde el púlpito si había algo que queríamos agradecerle a Dios esa semana, y me miró fijamente. Al principio me sentí agradecido, pero cuanto más me miraba, más incómodamente sospechoso me volví. Continuó incentivando los agradecimientos de la congregación, pero siempre mirándome como si fuera a explotar de alegría en cualquier momento. Me sentí tan avergonzado que quería meterme gateando debajo del banco. Parecía como si estuviera intentando desesperadamente guardar un secreto pero al mismo tiempo gritarlo a todo el mundo.
Algunos argumentan que Dios conoce el secreto acerca de su plan para nuestra vida, pero que no puede decírnoslo. Piensan que depende de nosotros descubrir su plan a partir de algunas pistas misteriosas enviadas desde el cielo. Yo no lo creo así. Dios no deja dudas de lo que él sabe y lo que elige decirle al ser humano:
“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jer. 29:11).
“Que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero” (Isa. 46:10).
“Porque ciertamente hay fin, y tu esperanza no será cortada” (Proverbios 23:18).
“Esperanza hay también para tu porvenir, dice Jehová, y los hijos volverán a su propia tierra” (Jeremías 31:17).
“El consejo de Jehová permanecerá para siempre; los pensamientos de su corazón por todas las generaciones” (Salmos 33:11).
Yo no veo el plan de Dios como un rompecabezas. Él tiene un plan, y será puesto en marcha. Él tiene una voluntad para tu vida, y la declara, comunica, ordena y revela libremente a aquellos que están deseosos de conocerla.
Me da mucho trabajo ver las figuras en tres dimensiones. Otras personas las miran fijamente y la imagen emerge de forma clara y sin mucho dramatismo. Pero yo no. Las miro con los ojos entornados, parpadeo, busco, escudriño, imagino y esfuerzo por ver esas figuras con todo lo que tengo, pero nunca logro ver la imagen escondida entre las motas.
Un niño de cuarto grado asumió la responsabilidad de educarme en cuanto a figuras en tres dimensiones, y, ¡he aquí que mis ojos fueron abiertos! El primer truco que me enseñó fue comenzar por leer las instrucciones. Es impresionante cuánta información valiosa contienen las instrucciones bien especificadas. El próximo secreto era mirar fijamente y con paciencia la figura. No había estado mirando por suficiente tiempo la figura, esperando que emergiera la imagen escondida. Dicho y hecho, un pícaro alumno de cuarto grado tuvo éxito en entrenarme para ver la imagen claramente.
Conocer la voluntad de Dios, ¿es como ver la imagen escondida de las figuras tridimensionales? ¿Se esconde Dios detrás de la aparente realidad, jugando a las escondidas con la humanidad? Según las Escrituras, Dios ha dado a conocer su voluntad al mundo a través de su Palabra y a través de su Hijo. Escucha lo que dijo el autor de Hebreos: “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:1-3).
No creo que Dios esté jugando con nuestras vidas como si su voluntad fuera un acertijo a resolver o un rompecabezas por armar. Aunque descubrir su voluntad implica buscarla, no estamos buscando a un Dios que se está escondiendo.
Mito 2: Dios tiene un plan muy específico para nuestras vidas
–¿Qué pasa si este es el elegido? –suplicó Carly.
–¿Cuál de todos? –le respondí.
Aparentemente, el novio de Carly se estaba cambiando de universidad, y ella debía decidir si hacer el pase para acompañarlo a él o si romper el noviazgo y quedarse en casa. Ella lo amaba, lo cual era evidente. Pero su dilema actual la confundía, y esperaba que Dios tuviera algún tipo de orientación para ella.
–¿Quieres decir el único elegido? –insistí.
–¿Acaso no tiene Dios una pareja perfecta para nosotros? Quiero decir, estoy segura de que debe haber más de una persona con la cual yo podría casarme, ¿pero hay una persona en especial con la cual debería casarme?
¿Hay un plan maestro perfecto en el cielo que nos habilitaría, si solamente tomáramos las decisiones correctas, para experimentar una vida feliz? ¿Es el plan de Dios para nuestras vidas un juego de ajedrez en el que cada decisión determina el destino del jugador?
Esta idea parece absurda. Si la voluntad de Dios es un escenario de vida específico o un plan maestro proyectado minuto a minuto, experiencias detalladas, ¿qué ocurre entonces cuando tomo una decisión equivocada? ¿Quedo afuera del plan? ¿Desciendo a una pista inferior de vida en la que mi potencial podría estar bien pero no tan bien como podría haber estado si hubiera hecho otra elección? ¿Acaso puedo pasar del plan A al plan B, y luego al plan C, etc.? Si la voluntad de Dios para mí es una historia que ya ha sido escrita y que simplemente requiere que tome las decisiones correctas en la situación correcta, ¿cómo sabemos cómo y cuándo elegir apropiadamente? ¿Qué sucede si cometo un error? ¿Qué sucede si tengo un mal día?
J. I. Packer sostiene que la idea de que Dios tiene un plan específico y detallado para nuestra vida es una idea equivocada que puede compararse con viajar con un itinerario creado por un agente de viajes: “Siempre y cuando estés en el lugar apropiado en el momento indicado para abordar cada avión o tren u ómnibus o barco, todo irá bien. Pero si pierdes una de las conexiones planificadas con anticipación el itinerario quedará inutilizado. Un plan revisado solo puede ser inferior y ocupar el segundo lugar en relación con el original”.3
Si este mito ocupa un papel prominente hoy no debería sorprendernos que la frustración y el malestar inutilicen a las personas. Todo depende de descubrir el recorrido específico de Dios para ti. Si conseguir entender cómo descubrir ese trozo de información del tamaño del monte Everest no fuera suficiente para preocuparte, qué decir del hecho de que todavía debes tomar la decisión correcta, no de vez en cuando o algunas veces, sino siempre. Inicialmente, esta idea de un plan empaquetado podría parecer reconfortante, pero tomar esta rama de pensamiento y alejarse del tronco del árbol es directamente perjudicial para tu salud.
Jerry Sittser compara este modelo de entender la voluntad de Dios con un laberinto: “En este modelo, entonces, cuando se debe tomar una decisión, la vida repentinamente se convierte en un laberinto. Sólo hay una forma de salir. Todos los otros caminos terminan en un callejón sin salida, cada uno de ellos significa una mala elección [...]. Si elegimos correctamente experimentaremos su bendición y alcanzaremos el éxito y la felicidad. Si elegimos equivocadamente podríamos extraviarnos y perder la voluntad de Dios para nuestras vidas, permaneciendo perdidos para siempre en un laberinto incomprensible”.4
Una vez más, cuando le pides a la gente que cuestione la suposición de que un Dios amante y omnisapiente armaría un plan único ideal para que descubramos y elijamos, al final siempre se hace evidente la locura de un plan semejante. Uno de los conceptos más básicos que debemos comprender antes de cavar más hondo en el plan de Dios es que él puede ser omnisapiente siempre, pero al mismo tiempo puede ser completamente libre en dejar a los seres humanos elegir lo que les plazca. El hecho de que Dios conoce el futuro no significa que Dios elige y determina un curso de acción para nosotros. No quiero caer en el pensamiento de creer que conozco lo que Dios sabe y no sabe. Algunos teólogos, aunque bien intencionados, han buscado determinar lo que Dios sabe y lo que es incapaz de conocer basados en lo que ellos se imaginan. El problema es obvio: el conocimiento de Dios, su poder y habilidades están mucho más allá de nuestros límites de comprensión:
“Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos” (Isa. 55:8, 9)
El problema no es lo que Dios sabe o no sabe. Es cuán limitados estamos como seres finitos para comprenderlo. Yo no sé cuánto sabe Dios, y no estoy seguro si quiero ser el encargado de delinearlo, simplemente porque me cuesta mucho entenderlo.
Es cierto que Dios declara con anticipación algunos aspectos del destino de una persona. Le dijo a Abraham que sería el ancestro de aquél que habría de salvar el mundo:
“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición” (Gén. 12:2).
Moisés fue salvado milagrosamente en un canasto y fue criado con el entrenamiento de un rey a fin de prepararse para librar de la esclavitud al pueblo de Dios e introducirlo en la Tierra Prometida. No cabe duda de que Moisés fue elegido desde su nacimiento para un propósito específico en la vida. Luego de que Moisés había sido preparado por el desierto, Dios dijo: “Bien he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto [...]. te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel” (Éxo. 3:7, 10).
Cuando surgió la necesidad de un nuevo rey para Israel, Dios tenía un hombre en mente: “Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey” (1 Sam. 16:1). Luego de haber observado a todos los hermanos, el joven David fue traído ante el profeta, y el Señor le dijo a Samuel: “Levántate y úngelo, porque éste es” (vers. 12).
Ester, una mujer cuya vida es caracterizada por un momento especial de coraje, era la persona correcta en el lugar correcto en el momento correcto: “Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora has llegado al reino?” (Est. 4:14).
Aun antes de que Juan el Bautista fuera concebido, ya tenía un destino especial. Los detalles de su vida estaban claros en la mente de Dios, incluyendo su sexo, nombre, hábitos de alimentación, y por sobre todo, su misión en la vida:
“Tu mujer Elisabet te dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Juan. Y tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán de su nacimiento; porque será grande delante de Dios. No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre. Y hará que muchos de los hijos de Israel se conviertan al Señor Dios de ellos. E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos, y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto” (Luc. 1:13-17).
¿Personas especiales? ¡Sí! ¿Elegidos con un destino específico? Así pareciera. Pero si el salmista habla por todos nosotros, entonces lo que es cierto acerca de Juan, Ester, Moisés y Abraham lo es también para ti y para mí.
“Porque tú formaste mis entrañas;
Tú me hiciste en el vientre de mi madre.
Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
No fue encubierto de ti mi cuerpo,
Bien que en oculto fui formado,
Y entretejido en lo más profundo de la tierra.
Mi embrión vieron tus ojos,
Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas
Que fueron luego formadas,
Sin faltar una de ellas.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!” (Sal. 139:13-17).
¿Recuerdas a David, el rey elegido de Israel? Si nuestras decisiones determinan si estamos o no dentro del plan específico de Dios, cómo puede decirse lo siguiente acerca de David, quien llegó a ser un adúltero deliberadamente y un asesino: “Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: HE HALLADO A DAVID hijo de Isaí, VARÓN CONFORME A MI CORAZÓN, quien hará todo lo que yo quiero” (Hech. 13:22; énfasis añadido). Me imagino que ese pequeño tema con Betsabé y Urías no había sido escrito en el plano general. Sin embargo, el libro de Hechos registra que David fue un hombre que hizo “todo” lo que Dios quería.
Seguramente un teólogo teológicamente moderado como Pablo tendría un sesgo más realista en cuanto a la naturaleza específica de la voluntad de Dios. Sin embargo, escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado” (Efe. 1:3-6).
Desde nuestra perspectiva, Abraham, Moisés y David tomaron decisiones que deberían haber frustrado el gran diseño de Dios. Abraham renunció a su deber para con su esposa cuando los tiempos se pusieron difíciles. Moisés perdió la paciencia cuando las tensiones eran altas. David le robó la esposa a otro hombre luego de espiarla desde la terraza.
¿Cambia la voluntad de Dios como resultado de nuestras decisiones? Todas las decisiones tienen consecuencias. ¿Hasta qué punto las decisiones de los personajes mencionados, o las nuestras, afectan el objetivo último de Dios? Esto es lo que yo sé:
Dios tiene un plan para cada individuo.
Dios obra de tal manera que su plan pueda llevarse a cabo.
El plan de Dios permite que las personas escojan libremente.
Nuestras decisiones no necesariamente cambian el plan de Dios: solamente cambian nuestra posición con referencia al objetivo último de Dios. (Si elijo vivir fuera o completamente alejado de la voluntad de Dios, su propósito final no se ve frustrado; ver Job 42:1, 2).
Debido a que Dios no permitirá que su propósito final se vea frustrado, él nos orienta de muchas maneras, y sus métodos de revelación de su voluntad a menudo varían. Considera los métodos por los cuales Dios eligió guiar a distintas personas:
El santuario en el desierto.
Una nube y una columna de fuego.
La burra de Balaam.
Un sonido estridente de trompeta.
Un chaleco adornado con piedras preciosas que usaba el sumo sacerdote.
Un diluvio.
Ausencia de agua.
Fuego del cielo.
Un silbo apacible en la montaña.
Aguas divididas, victorias imposibles, milagros inconfundibles y eventos que parecieran decir a gritos: “Por esto sabrás que yo soy Dios”.
A veces Dios es muy específico en cuanto a lo que desea que hagamos. Otras veces acomoda su enfoque por causa de los fracasos de las personas. El divorcio nunca fue el plan de Dios, pero Jesús explicó que debido a que los corazones humanos han sido endurecidos, Dios ha permitido que los seres humanos se divorcien (ver Mat. 19:3-9). ¿Forma parte del plan último de Dios que las personas permanezcan fieles el uno al otro? ¿Llegará el día en que así suceda? A medida que la humanidad aprenda las lecciones de sus decisiones no tardará en descubrir la mejor forma de vivir como hijos del reino de Dios.
Creo que descubriremos que el plan de Dios, es decir su voluntad para nuestras vidas, podría implicar algo completamente diferente que el color del auto que manejas o la casa que elegiste para vivir o aún la empresa para la cual trabajas. Dios revela específicamente su voluntad. Hablaremos más al respecto más adelante en el libro.
Mito 3: Si Dios quiere comunicarse contigo te dará una señal
Khun Paot, una joven adolescente, escapó de la matanza de Khmer Rouge en Camboya luego de adentrarse en terreno peligroso con cien personas más que buscaban libertad. Obstruyendo el paso hacia la libertad había soldados comunistas, tinieblas y una jungla llena de espinas. La mayoría de los prófugos no tenían calzado para proteger sus pies ni luz para alumbrar el camino. La oscuridad dificultaba la travesía mientras cruzaban un valle entre medio de dos cadenas montañosas. Cuando la oscuridad de la noche no les permitió dar un paso más, centenares de luciérnagas se arremolinaron alrededor del grupo. Las luciérnagas proporcionaron suficiente luz como para que los miembros del grupo pudieran verse el uno al otro, pero más importante, luz para ver el camino. Más tarde, en el campo de refugiados, Khun Paot fue invitada a una reunión de cristianos. Señalando una figura de Jesús que colgaba de la pared, exclamó: “él es el que nos mostró el camino a Tailandia y a la libertad a la luz de las luciérnagas”.
Historias como estas suscitan una amplia gama de respuestas, desde asombro y ojos llorosos hasta la pausa desconfiada que se pregunta si el historiador tomó una clase extra sobre Predicación en vez de Introducción a la Ética. ¿Suceden realmente este tipo de cosas? ¿Interviene Dios en el tiempo y el espacio de nuestras vidas para comunicar, guiar y corregir el rumbo de nuestros pasos?
A veces, Dios elige interrumpir la rutina con manifestaciones relucientes de gloria o bombardeos dramáticos de su poder. Aunque la mayoría de las personas nunca llega a experimentar eventos como este, han sucedido y siguen sucediendo, y mi suposición es que volverán a suceder. Pero si siempre esperas que te suceda a ti, puede ser que te veas chasqueado. Una realidad duradera le da color a toda epifanía gloriosa; Dios interviene dramáticamente cuando menos lo esperas.
A menudo, una interrupción divina es una estratagema para atraer la atención. Cualquiera que desea que Dios escriba un mensaje en la pared de su comedor diario debería considerar la naturaleza y propósito de esos pequeños sucesos: advertencia, reprensión, corrección, instrucción, intimidación, juicio. (Piensa en Daniel 5). Ten cuidado con lo que pides. ¿Realmente deseas conocer lo que Dios ve en el futuro?
A través de toda la Biblia, vemos momentos en los que Dios le da a su pueblo claras evidencias sobrenaturales de su plan. El Nuevo Testamento de por sí contiene muchas instancias en las que Dios deja en claro cuál es su voluntad:
Los discípulos en el camino a Emaús
Felipe y el Etíope
Saulo en el camino a Damasco
Pablo y Silas en prisión
Estos eran momentos en los que Dios intervino; no metafóricamente, no figurativamente, sino inconfundiblemente. La razón por la cual debemos revisar este mito es que a veces pensamos que debido a que Dios lo ha hecho en el pasado, debe hacerlo de la misma manera, siempre. Cuando Dios sí elige hablar e intervenir en forma dramática, tiende a suceder cuando estamos por cometer un grave error o cuando él tiene un pedido único.
Si Dios puede comunicar su propósito de una manera mejor a través del fuego, entonces utiliza el fuego. Pero la experiencia de Elías es una lección importante de que Dios no siempre elige comunicarse con los seres humanos de la misma manera. Por norma, él pone las cosas un poco complicadas. A una montaña a la que Elías subió, Dios habló a través de fuego. Por lo tanto, Elías esperó en otra montaña. Pero la voz de Dios no estaba en el fuego, el viento, o el terremoto. En vez de eso, Dios eligió hablar en lo que la Biblia llama “un silbo apacible y delicado” (ver 1 Rey. 19:9-14). La palabra hebrea puede ser traducida como “calmo” o incluso “silencioso”. De cualquier forma, la idea es que Dios habló profundamente de una manera no tan dramática.
Algunas señalizaciones pueden distraer en vez de comunicar. Cuando visité Australia para dar una charla, observé un cartel que decía: “Iglesia Unida se reúne en Deception Bay [Bahía de la decepción]”. Pensé que era interesante. Pero aún más confuso era el cartel que vi colocado en la entrada de compra rápida para autos de un restaurante Taco Bell que decía: “Pase a través de la ventanilla”. No había considerado atravesar la ventanilla para conseguir una comida rápida y económica, pero podría ser una opción. A menudo me había preguntado por qué los obreros viales siempre parecen tan abatidos hasta que vi carteles que llenaban el costado de la carretera que decían: “Hombres trabajando despacio”. En otra ocasión me causó gracia un cartel que estaba fijado a una cerca en un parque industrial. El cartel decía: “No fumar residuos químicos peligrosos”.
El punto es que los carteles pueden comunicar mensajes que no estaban previstos. Que las personas operen bajo la presuposición de que Dios nos dará una señal cuando tenemos que tomar una decisión importante o cuando no sabemos qué hacer puede ser una de esas ideas incorrectas a las cuales nos aferramos.
Dirección de la intuición
El dicho: “lo que te diga tu corazón” no es solamente un dicho. Los antiguos consideraban que examinar los órganos internos de los seres vivos era un método aceptable de buscar una señal de los dioses. En el libro de Ezequiel tenemos un vistazo de los rituales paganos en busca de sabiduría: “Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Tú, hijo de hombre, traza dos caminos por donde venga la espada del rey de Babilonia [...] Porque el rey de Babilonia se ha detenido en una encrucijada, al principio de los dos caminos, para usar de adivinación; ha sacudido las saetas, consultó a sus ídolos, miró el hígado” (Eze. 21:18-21).
Bueno, eso es asqueroso. Pero el mundo pagano convirtió el determinar la voluntad de los dioses en una ciencia. Disparar una flecha al aire para descubrir hacia dónde ir es un método llamado rabdomancia. Los ídolos a los cuales las personas ofrecían sacrificios con el propósito de obtener favores o buscar consejo eran llamados terafin. Pero en la época de Ezequiel, el método elegido para buscar sabiduría celestial era observar el hígado de las ovejas. Bruce Waltke comenta este fenómeno: “Los paganos elaboraron todo tipo de tareas especiales para ayudarles a determinar la mente de Dios. Cada una de esas tareas incluía buscar alguna señal especial dada por los dioses. La más popular era la hepatoscopia, el estudio del hígado. Los paganos creían que la memoria y la inteligencia residían en el hígado, no en el cerebro, y crearon una serie de técnicas de estudio para leer el hígado. El hígado era el órgano más pesado, por lo tanto si Dios iba a revelar sus pensamientos al hombre lo haría a través del órgano más pesado y supuestamente más importante”.5
Muchas ovejas inocentes han sido sacrificadas en tiempo de guerra o incertidumbre con el propósito de descubrir el plan de Dios. Puedes reírte todo lo que quieras, pero se trataba de una práctica común.
El antiguo presupuesto de que Dios debe hablar a través de una señal es un poderoso apuntalamiento para el proceso de pensamiento de creyentes y no creyentes por igual. Daniel Schaeffer reflexiona al respecto: “Las señales pueden ser difíciles de comprender de a ratos. Pensamos que sabemos lo que significan, pero ¿qué sucede cuando resultan no significar lo que se pensaba? Somos seres conscientes de las señales, constantemente buscándolas para determinar qué hacer a continuación”.6 Piensa en la cantidad de veces que te has preguntado si un evento era una señal de Dios. Una llamada telefónica inesperada. Una visita inesperada. Un cheque en el buzón de correo. Una carta de aceptación. Una oferta de trabajo. Un acto de bondad al azar. Un diagnóstico de salud positivo.
Muchas preguntas surgen cuando se suscita una conversación acerca de los comunicados milagrosos del dedo de Dios. ¿Qué determina que una señal sea una señal? ¿Cómo puede una persona distinguir entre eventos sobrenaturales y coincidencias? Aún si Dios fuera a darte una señal de dirección, ¿cómo sabrías lo que significa? ¿Por qué Dios no te da una señal cada vez que estás confundido? ¿Acaso hay momentos en la vida que son más “dignos de una señal” que otros?
La realidad es que las señales pueden ser imponentes, pero no siempre son lo que parecen ser. Schaeffer lo ilustra de la siguiente manera:
“Durante la guerra, la logística de suministros en el escenario de la guerra del pacífico se vio complicada por el hecho de que los pilotos de los Estados Unidos tenían que viajar grandes distancias por encima del océano abierto. A menudo, los aviones de carga se veían obligados a realizar aterrizajes forzosos en islas remotas, algunas habitadas por nativos que nunca habían visto un avión de cerca, y mucho menos las cosas que los norteamericanos cargaban en los mismos: latas de comida, ropa, radios, medicamentos. Luego de la guerra, este fenómeno terminó. Pero la esperanza no. Surgió un tipo de religión llamado “culto al cargamento”. Los creyentes adoraban los grandes pájaros metálicos, aquellos que se estaban oxidando en la jungla, y aquellos que sobrevolaban por encima de ellos. Oraban pidiendo que los aviones se estrellaran y les confirieran su cargamento mágico sobre ellos. Nunca sucedió”.7
Si bien la Biblia contiene ejemplos de Dios dirigiendo a su pueblo a través de señales, ¿se trata de la excepción o la regla? Observa el propósito de las señales y milagros que encontramos a lo largo de toda la Biblia y pregúntate: “¿Cuál es el propósito de Dios en este evento?” Pablo explicó: “Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación. Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado” (1 Cor. 1:21-23, énfasis añadido). Según Pablo, Dios se interesa mayormente en ser conocido.
Algunos “creen” solamente cuando tiene sentido; otros “creen” porque se trata de un milagro. Pero no hay garantía alguna de que el conocimiento o inclusive una camionada de fuegos artificiales sobrenaturales hará que las personas respondan a Dios. Considera este principio aplicado en la parábola del rico y Lázaro. El hombre rico le ruega a Abraham que envíe a Lázaro a su familia para advertirles personalmente que eviten el aprieto en el que su estilo de vida egoísta lo ha metido. Pero Abraham le recuerda al rico que su familia tiene a “Moisés y los profetas” (la Palabra revelada de Dios) para considerar como guía en la vida. Insistiendo en el asunto aún más, el hombre rico le ruega a Abraham que envíe a alguien de entre los muertos, pues seguramente una forma representativa del más allá los convencería de vivir rectamente. Pero Abraham le recuerda sobriamente al hombre rico: “Si no oyen a Moisés y a los profetas, tampoco se persuadirán aunque alguno se levantare de los muertos” (Lucas 16:31).
Sin duda la lección es que la señal ya había sido dada en las páginas de la Palabra de Dios. Ni siquiera un fantasma de la ultratumba hará que cambien las personas. Steven Curtis Chapman escribió esta verdad en el canto “Waiting for Lightning” [Esperando al relámpago]. La canción dice:
La señal y la palabra
Dadas han sido
Y es por fe ahora
Que debemos ver, y prestar oído.
Luego el canto advierte: “Estás esperando oír truenos / Mientras él susurra suavemente tu nombre”.
Las señales y milagros son lugares peligrosos en los cuales colocar tu confianza por dos razones: En primer lugar, porque podemos sencillamente estar buscando “señales” que justifican lo que queremos. Y en segundo lugar, porque las agencias de Satanás pueden fabricar milagros que nos alejen de la Palabra revelada de Dios. Jesús les advirtió a sus discípulos: “Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mat. 24:24). Y refiriéndose a las agencias satánicas que engañarán al mundo durante los eventos finales de la historia de la tierra, Juan el revelador dijo que en su visión el representante de Satanás hace “grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia” (Apoc. 13:13, 14).
Buscar una señal es agotador. ¿Cuándo buscas? ¿Dónde y por cuánto tiempo? ¿En qué consiste un mensaje sobrenatural? Algunos dicen: “Sabrás cuando suceda”. Sinceramente, esa es la respuesta más insatisfactoria que haya escuchado alguna vez. En el mejor de los casos, tendemos a ser inconsistentes con lo que creemos que es verdad en nuestras vidas. En nuestros días, es sorprendente pasar de ser un escéptico acérrimo en un momento a ser una persona enfocada completamente en fenómenos y tontas señales al momento siguiente.
Un amigo mío, que por casualidad se auto-proclama ateo, apenas sobrevivió a un accidente automovilístico espantoso. Todos, desde la telefonista de emergencias hasta los agentes de seguros consideraban el hecho de que haya sobrevivido al accidente una evidencia de intervención divina. En el hospital, la primera declaración que me dirigió mi amigo fue: “¿crees que Dios está tratando de llamar mi atención?” Estaba sombrío y enseñable, dispuesto a abrirse a nuevas ideas –hasta que logró recuperarse. Entonces su testimonio cambió: en vez de pensar que Dios le había estado queriendo llamar la atención, atribuía su supervivencia a la efectividad de los airbag. Qué inconsistente.
Al buscar la voluntad de Dios para nuestras vidas, debemos reconocer que él puede elegir guiar a las personas a confiar en él a través de lo milagroso, o puede elegir no hacerlo. Jesús se cansó enseguida de intentar “demostrarse” a través de señales milagrosas que las personas demandaban persistentemente:
Entonces Jesús le dijo: Si no viereis señales y prodigios, no creeréis” (Juan 4:48).
“Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal. El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal; pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás” (Mat. 12:38, 39).
“Y los judíos respondieron y le dijeron: ¿Qué señal nos muestras, ya que haces esto? Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré” (Juan 2:18, 19).
Una vez más, si consideramos lo que sabemos de las Escrituras acerca de “señales y prodigios”, pareciera que las señales a menudo pueden distraer a las personas de lo que Dios ya ha declarado. Para ser justos, es notable que las señales a menudo ayudaron a algunas personas a creer que Jesús era digno de ser oído. (Ver, por ejemplo, Juan 2:23, 24; 10:40-42; Hech. 2:22, 23). Sin embargo, uno de los problemas de buscar señales es la tendencia a enfocarse en la señal solamente en vez de lo que la señal apunta. Uno de mis alumnos regresó de una visita a una iglesia que cree que el don espiritual de hablar en lenguas es una señal de que el Espíritu Santo mora en la persona. Los miembros de iglesia le preguntaron: “¿Has recibido el Espíritu?” La pregunta lo dejó perplejo porque era evidente que ellos consideraban “tener el Espíritu” y hablar en lenguas como constituyentes de un solo paquete. Cuán perturbador es cuando las personas enfatizan el obtener un don espiritual específico en vez del propósito del don.
Las Escrituras dejan en claro que Dios utiliza estos momentos milagrosos de comunicación para servir a su propósito. Él escoge cuándo se comunicará a través de señales y milagros. Si te hallas preguntándote a ti mismo si una rueda en llanta es una señal de Dios acerca de con quién debes casarte, deberías reconsiderar algunas de tus presuposiciones acerca de la manera en que Dios nos orienta. A veces, la rueda queda en llanta porque había un clavo en el camino. Con advertencias tan fuertes de parte de Cristo mismo acerca de la búsqueda de señales, es nuestro deber examinar cuán razonable es esperar que Dios prenda fuego un arbusto cada vez que necesitamos su dirección.
Recuerda:
Dios determina cuándo las señales y milagros son necesarios para que comprendamos y creamos en su voluntad.
Aunque Dios ha utilizado señales para demostrar su bondad y poder, claramente ha comunicado su voluntad de maneras tangibles y menos sensacionalistas con el propósito de fomentar nuestra fe en él.
Cuando ocurren intervenciones sobrenaturales, generalmente son inconfundibles y sirven al propósito de obtener la atención de alguien.
Jesús le resta importancia a las señales y prodigios, especialmente si ocupan el lugar de la obediencia a su Palabra.
Algunos de los caminos cercanos a mi casa tienen franjas resonantes8 que te advierten si te estás cruzando al carril equivocado o si te estás saliendo del asfalto. Pero no todos los caminos de mi ciudad tienen franjas resonantes. A veces, mantenerse en el camino significa mantener tus ojos abiertos y tus manos en el volante. Desafortunadamente, el asunto de ver la voluntad de Dios rara vez es perfectamente claro. Es importante notar que a pesar de que no podemos ver el camino a la perfección, todavía podemos ver suficientemente bien.
Mito 4: Dios te dio un cerebro, y espera que hagas de él la base de todas tus decisiones
Si el mundo moderno le ha brindado algo a la humanidad, es una opinión exagerada de su propia opinión. Lo llamamos la razón y pensamiento racional, pero si lo reduces a su elemento central encontrarás conjeturas “lógicas” o “científicas” acerca de lo que es bueno, correcto, real y significativo. Cuando amaneció la era de la razón en la humanidad, las personas cambiaron su pensamiento desde “Dios es la fuente y el centro de la experiencia humana”, a “Dios es periférico, y mis propias percepciones son lo que es real”. La mente humana, con su habilidad para razonar, inventó soluciones a algunos de nuestros problemas y descubrió respuestas a algunas de nuestras preguntas. Esto llegó a ser el centro de atención durante el periodo conocido como “el Iluminismo”.
Aunque el pensamiento humano llevó a muchos a alejarse de la idea de que Dios existe, a otros, que seguían siendo creyentes, les dio una fuerte percepción de que si Dios tiene un plan para nuestras vidas, la manera de descubrirlo es a través de decisiones correctas y sabiduría. Concluyeron que las interposiciones milagrosas simplemente no deben ser esperadas ni creídas.
Estos fundamentos de la era moderna aun están vivos y sanos hoy. Un estudio concluyó que alrededor del 60 por ciento de los entrevistados “están muy de acuerdo/creen que ‘cuando tomas una decisión importante, Dios quiere que tomes la mejor decisión posible basado en la evaluación lógica de todas tus opciones’. Otro 24 por ciento están ‘hasta cierto punto de acuerdo con esta idea’ ”.9
A lo largo de la historia de la humanidad, Dios ha esperado que las personas utilicen el cerebro que él les ha dado para discernir entre el bien y el mal y lo que es mejor de lo que no es nada bueno. Del mismo modo que la providencia y las señales pueden ser métodos de orientación de Dios, nuestras mentes también pueden serlo. Pero si dependes completamente de un solo método de comunicación, reduces las opciones de comunicación al igual que el cachorro que se sentó a esperar que las ardillas cayeran del árbol. Cuando determinas que oirás solamente de cierta manera, estás predeterminando la forma en que Dios puede hablarte.
Una de las formas de comunicación con la que puedes contar siempre de parte de Dios es a través de su Palabra. Una de las cualidades que las Escrituras le atribuyen a los habitantes de Berea es tener la iniciativa de probar las palabras de otras personas con la Palabra de Dios: “Y éstos eran más nobles que los que estaban en Tesalónica, pues recibieron la palabra con toda solicitud, escudriñando cada día las Escrituras para ver si estas cosas eran así” (Hech. 17:11).
La “solicitud” de los bereanos era un espíritu educable que estaba hambriento de verdad y dirección. Esto se encontraba en contraste con los líderes espirituales en los días de Cristo que conocían las Escrituras de principio a fin pero dejaron de conectar su conocimiento con la persona de Cristo, que se encontraba delante de ellos: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39, 40). ¿Cómo podían dejar de ver? Creo que el sabio lo plasmó muy bien cuando dijo: “Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte” (Prov. 14:12). La razón juega un papel en la comprensión de la voluntad de Dios. Pero hay momentos cuando todo el pensamiento centrado del mundo no puede facilitar el entender ni el hacer la voluntad de Dios:
Construir un arca cuando nadie ha visto jamás ni lluvia, ni un diluvio, o siquiera algo que se asemeje en lo más mínimo a un desastre natural
Reunir un ejército basado en el estilo de tomar agua de los soldados
Que un muchacho adolescente se enfrente a un gigante en batalla
Sacrificar sobre un altar al hijo a quien Dios envió para ser el padre de toda una nación
Sumergirse siete veces en el río para acabar con la enfermedad de la lepra
Siendo virgen, concebir un niño por el Espíritu Santo
En algún momento, simplemente tenemos que deshacernos del libro de la sabiduría humana porque la sabiduría de Dios desorienta la sabiduría humana. Dios puede guiar a aquellos que son educables del mismo modo que dirigió a Noé, Abraham, Moisés, David y María. En todas sus historias, nunca se trató de un caso de cerebro contra la dirección misteriosa de Dios sino una cooperación entre ambos. Considera a David por un momento. Cuando leemos en 1 Samuel 17:24 que los israelitas huyeron del desafío de Goliat con “gran temor”, resulta evidente que todos ellos habían hecho los cálculos y habían llegado a la misma conclusión: pelear contra Goliat no era sabio. Algo de muy fácil deducción. Pero, a veces, todos están equivocados. Lo que parece ser sabiduría humana puede ser un forma muy incierta de sabiduría.
En un experimento áulico, los maestros debían escribir varias palabras en el pizarrón. Luego debían señalar a una palabra y preguntar si estaba escrita correctamente, y los alumnos debían votar con sus dedos pulgares hacia arriba a favor o hacia abajo en contra. Sin embargo, antes de que iniciara la clase los maestros les habían pedido a todos los alumnos menos a uno que voten “No” a una palabra que estaba bien escrita en la última lista. En la mayoría de las aulas en las cuales se llevó a cabo este experimento los alumnos solitarios votaron con la mayoría a pesar de su intuición inicial.
David no iba a ser influenciado de la misma manera. No estaba escuchando solamente la información desplegada en el campo de batalla. También estaba escuchando la Voz a la cual le otorgaba autoridad. David midió las palabras de Saúl, el rey, Goliat, el gigante, y todos los hombres de Israel por lo que sabía que era verdad acerca de Dios.
Sin embargo, enfrentarse a Goliat no fue un salto irreflexivo de fe cuando consideras los encuentros que David había experimentado con leones y osos. Para algunos pudo haber parecido irreflexivo, pero imaginen cómo el Cielo habrá resonado de orgullo cuando David “corrió a la línea de batalla contra el filisteo” (1 Sam. 17:48). Al enfrentar a Goliat, David no tomó un comportamiento espiritual psicótico alocado. Más bien estaba escuchando una voz diferente: una voz que no puede ser oída con facilidad por la sabiduría convencional.
En la vida de David y la de muchos otros a lo largo de la historia, Dios a veces convierte la sabiduría humana en una maraña de confusión y nos motiva a todos a dejar un poco de espacio para que suceda lo inimaginable. Si bien hay momentos en los cuales Dios ha llamado a los seres humanos a confiar en su Palabra más que la sabiduría convencional, estos momentos casi nunca requieren que se suspenda el sentido de discernimiento. Los dos nunca parecen ser mutuamente excluyentes. Quizá la presuposición de que Dios quiere que usemos nuestro cerebro y tomar decisiones correctas no sea tan errada. Pero conociendo lo que sabemos sobre la humanidad, ¿podemos confiar plenamente en la sabiduría humana por sí sola?
Todo esto me recuerda una historia verídica, aunque trágica, de la Segunda Guerra Mundial. El Lady Be Good fue un bombardero tripulado por un equipo de aviadores veteranos y habilidosos en combate. Luego de su última misión exitosa, volvieron a casa durante la noche. Los instrumentos y otros dispositivos de navegación estuvieron a disposición de la tripulación para ayudarlos a llegar a destino. Pero habían volado por esta ruta tantas veces que apenas los consultaban.
Mientras el bombardero avanzaba a través de la noche, la tripulación no se daba cuenta que un fuerte viento de cola los estaba propulsando más rápido que lo normal. Se sorprendieron cuando los instrumentos les señalaron que era tiempo de aterrizar. Rehusando hacerle caso a la precisión de los indicadores, continuaron en medio de la noche, confiados en que aun faltaban muchos kilómetros por recorrer. Comenzaron a preocuparse cuando no podían ver las luces y señales que normalmente utilizaban para guiarlos en su travesía. Para cuando se dieron cuenta de que se habían pasado significativamente de su destino, su suministro de combustible estaba tan agotado que no lograron volver a la base aérea. El Lady Be Good fue encontrado varios días después en el desierto, mucho más allá de su destino. La tripulación por completo pereció, porque confiaron plenamente en su propia sabiduría.
Es posible estar seguro de algo que parece tan correcto pero termina siendo tan equivocado. Lo que sucedió en el aire a principios de la década de 1940 está sucediendo en principio cuando basamos nuestras decisiones enteramente en el poder del cerebro. Los cerebros pueden equivocarse.
¿Has considerado la cantidad de historias y escenarios que ocurrieron en las Escrituras que simplemente no eran lógicos, razonables ni racionales de acuerdo a la sabiduría humana? Fíjate la perspicacia que proviene de Dios para un hombre sabio:
“Bienaventurado el hombre que me escucha,
Velando a mis puertas cada día,
Aguardando a los postes de mis puertas” (Proverbios 8:34).
Escuchar, velar, aguardar a la misma puerta de Dios. Esta podría ser la sabiduría más sobresaliente a disposición sobre cómo ser dirigido por Dios.
¿Qué crees acerca de la forma en que Dios te comunicará su sabiduría? ¿Cuáles son tus expectativas? ¿Cuáles son los métodos que crees que utilizará? ¿En cuáles tiendes a confiar más? Comprender nuestras presuposiciones acerca de la voluntad de Dios y la manera en que él nos guía es un paso esencial para descubrir la voluntad de Dios y vivirla.
Aunque la voluntad de Dios puede parecer un misterio para nosotros o un rompecabezas lleno de piezas faltantes, Dios no juega a las escondidas con sus hijos. Él tiene un sueño para cada persona, y asevera conocer el futuro, pero también se preocupa por las personas cuando cometen errores al igual que en sus momentos de grandeza, y él los dirige hacia una buena vida.
¿Será que el plan perfecto de Dios se trata realmente de tomar la decisión correcta todo el tiempo? ¿Me descalifica del plan A una sola equivocación? ¿Es realmente su procedimiento normal de actuar el revelarse a sí mismo a través de señales y prodigios? Se me ocurren muchos momentos en los que estaba tan seguro de estar en lo correcto, pero mi sabiduría humana me falló. Por lo tanto, antes de avanzar mucho más, es hora de revisar nuestros presupuestos a sus puertas.
Preguntas para reflexionar
1. ¿Cuáles son algunos de los mitos o leyendas urbanas que suponías eran verdaderas?
2. De los mitos acerca de la voluntad de Dios presentados en este capítulo, ¿cuál crees que es más generalizado?
3. ¿De qué maneras la voluntad de Dios te ha parecido un rompecabezas?
4. Piensa en un momento de tu vida en el que percibiste que una decisión podía establecerte o alejarte de la voluntad de Dios.
5. ¿Hasta qué punto crees que Dios espera que las personas utilicen su cerebro para encontrar la voluntad de Dios para sus vidas? ¿Alguna vez has enfrentado el dilema en el que la “opción lógica” terminó no siendo la mejor opción?
6. ¿Has experimentado alguna vez lo que pensabas era una señal de Dios? ¿Cómo respondiste?
3 J. I. Parker, God’s Plan for You (Wheaton, Ill.: Crossway Books, 2001), 91.
4 Jerry Sittser, Discovering God’s Will (Grand Rapids, Mich.: Zondervan, 2000), 17.
5 Bruce Waltke, Knowing the Will of God for the Decisions in Life (Eugene, Ore.: Harvest House Publishers, 1998), 31.
6 Daniel Schaeffer, The Bush Won’t Burn and I’m All Out of Matches: How to Find God’s Will When You Have Looked Everywhere (Grand Rapids, Mich.: Discovery House Publishers, 1995), 8.
7 Ibíd., 7, 8.
8 franjas resonantes: Hileras acanaladas en alto relieve puestas sobre tramos designados en las carreteras, para alertar al conductor con resonancia y vibración física cuando el vehículo pasa sobre ellas.
9 Robert Jeffress, Hearing the Master’s Voice: The Comfort and Confidence of Knowing God’s Will (Colorado Springs, Colo.: WaterBrook Press, 2001), 211.
Capítulo 2
Principios rectores
La búsqueda humana por la voluntad de Dios puede ser comparada al drama de intentar encontrar la caja más eficiente en un supermercado. Allí me encuentro yo, examinando las compras de los que están pagando la cuenta para ver cuál fila avanzará con mayor rapidez. Concluyo que los carritos de supermercado en la caja número cuatro tienen menos artículos que los de cualquier otra fila, así que llevo mi carrito con alrededor de 18 artículos hasta allí. Entonces sucede: “Chequeo de precio en caja número cuatro”. El llamado suena una y otra vez, hasta que por fin aparece un empleado desde un pasillo y recibe instrucciones de ir a corroborar el precio de una lata de aceitunas en rodajas. La elección de la caja número cuatro ha resultado ser mala.
Rápidamente evalúo mis opciones, retiro mi carrito de la fila y me paso a la caja número seis. Pero otro comprador con un carro embarazado con comestibles se desliza a esa caja justo antes que yo. Miro hacia atrás para ver mi posición anterior en la línea cuatro que ahora ha sido tragada por compradores ansiosos que evitan mi mirada pero ostentan lo que parece ser una sonrisa maliciosa de placer porque mi infortunio se ha vuelto su agradable sorpresa.
Luego de examinar las filas posibles, escojo una prometedora. Para este entonces, la pequeña mujer de edad al frente de la fila exclama:
–Tengo un cupón para eso.
Entonces revisa una pila de cupones del tamaño de un mazo de cartas. Las personas que se encuentran delante de mí refunfuñan, pero repentinamente brota la esperanza gracias a un ángel vestido de cajera que toma mi carro y dice:
–Te voy a atender en la caja número siete.
Y este milagro del cielo guía mi carrito hasta la caja número siete, donde no hay otros clientes salvo la multitud frenética de personas alineándose detrás de mí. Coloco mis artículos en el mostrador y observo mientras ella los pasa por la máquina registradora rápidamente. Echo una mirada de reojo a los que antes sonreían desde la línea cuatro para ver en qué lugar me encuentro en la carrera, quiero decir proceso, y veo que estamos igualados. Entonces, con solamente seis artículos restantes, la registradora comienza a gorgotear y chisporrotear, y emite cinta con una línea roja atravesada.
–Oh, me he quedado sin cinta –exclama la cajera, y me mira como si padeciera un terrible dolor. Pero su simpatía es para sí misma, no para mí. Se queja:
–Esto siempre me sucede a mí –y me dan ganas de explotar y decir: “¿A ti? ¿Tienes alguna idea de lo que yo he tenido que pasar? Tuve un chequeo de precio, un corte en la fila, fui dejado fuera de otra fila, y estancado por la presidente de los coleccionistas de cupones. Y justo cuando creo que las cosas están mejorando, ¡te quedas sin cinta!” Y los que sonreían antes se pasean orgullosos a mi lado sin mirarme.
Esta historia me recuerda el enfoque que a menudo tomamos en nuestra búsqueda de la voluntad de Dios. Sabemos que existe una voluntad, y que debe haber un camino a seguir, pero cuando las complejidades de la vida hacen un cortocircuito en cada camino que elegimos, nos frustramos. Es más, no pareciera haber principios rectores que funcionen consistentemente. Oramos, pero no percibimos una respuesta directa. Damos un salto de fe, y aterrizamos con necesidad de ayuda. Obedecemos la Palabra de Dios, y somos mal entendidos. Pedimos consejos, y quedamos insatisfechos por la ayuda. Buscamos señales, y nos volvemos frustrados por la falta obvia de comunicación sobrenatural. Intentamos utilizar nuestro cerebro, pero hay demasiadas cosas acerca del futuro que no conocemos. Tomamos todas las decisiones correctas, pero así y todo se nos desfonda la vida.
He leído los libros que prescriben una receta para el éxito al mirar a Dios para que él dirija el camino. Ellos prometen, “siete pasos fáciles para saber qué hacer con tu vida”. “Cuatro puntos de referencia para determinar la voluntad de Dios”. No siempre estoy de acuerdo con que es bueno enumerar “la forma” de hacer algo, pero quiero compartir algunos proverbios que pueden ayudarnos en nuestra búsqueda. Estoy seguro de que hay más, pero estos proveerán un buen comienzo.
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