Kitabı oku: «Historia de la guerra del Peloponeso. Libros III-IV»

Yazı tipi:

BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 151


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por ESPERANZA RODRÍGUEZ MONESCILLO .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1991.

www.editorialgredos.com

PRIMERA EDICIÓN , 1991.

REF. GEBO259

ISBN 9788424931889.

LIBRO III

AÑOS CUARTO, QUINTO Y SEXTO DE LA GUERRA DEL PELOPONESO

SINOPSIS

1 -25 . CUARTO AÑO DE GUERRA (428-427 a. C.):

1 . Invasión del Ática.

2 -6 . Sublevación de Mitilene.

2 . Se precipita la revuelta.

3 . Atenas envía una flota contra Lesbos.

4 . Negociaciones. Mitilene envía delegaciones a Atenas y a Esparta.

5 . Se rompen las hostilidades.

6 . Compás de espera en Mitilene. Bloqueo de los puertos.

7 . Expedición de Asopio a Acarnania y Léucade.

8 -19 . Sublevación de Mitilene.

8 -15 . La embajada de Mitilene en Olimpia.

9 -14 . Discurso de los mitileneos en Olimpia.

15 . La Liga de los peloponesios acepta a los lesbios. Se prepara la invasión del Ática.

16 . Demostración de fuerza de la flota ateniense en el Peloponeso. Los peloponesios desisten de invadir el Ática.

17 . Los gastos bélicos de Atenas.

18 . Combates en Lesbos. Nueva expedición ateniense. Mitilene bloqueada.

19 . De nuevo sobre el esfuerzo económico. Impuesto extraordinario en Atenas y expedición recaudadora de Lisicles.

20 -24 . Evasión de Platea.

20 . Situación apurada de los sitiados y preparativos para la evasión.

21 . El muro de asedio de los peloponesios.

22 -23 . Relato de cómo se evadieron los plateos.

24 . Los evadidos logran refugiarse en Atenas.

25 . Sublevación de Mitilene.

25 . Saleto anuncia el apoyo de Esparta a Mitilene, que recobra la confianza. Fin del cuarto año de guerra.

26 -88 . QUINTO AÑO DE GUERRA (427-426 a. C.):

26 -35 . Sigue el problema de Mitilene: invasión del Ática; capitulación de Mitilene; la flota peloponesia de Álcidas y el ejército ateniense de Paques.

26 . Invasión del Ática.

27 . Apurada situación de Mitilene.

28 . Capitulación de Mitilene.

29 . Movimientos de la flota de Álcidas. Al este del Egeo.

30 . Discurso de Teutíaplo.

31 . Álcidas rechaza las sugerencias que se le hacen y decide retirarse.

32 . Álcidas fondea en Éfeso.

33 . Paques persigue a Álcidas hasta Patmos.

34 . Paques pone proa a Mitilene. Toma de Notio.

35 . Paques en Lesbos.

36 -50 . Debate sobre Mitilene.

36 . Deliberaciones en Atenas. La postura intransigente de Cleón.

37 -40 . Discurso de Cleón.

41 . La moderación de Diódoto.

42 -48 . Discurso de Diódoto.

49 . Triunfa la propuesta de Diódoto. Mitilene al borde de la matanza.

50 . La suerte de Lesbos.

51 . Ataque ateniense a Nisea.

52 -68 . El final de Platea.

52 . La rendición.

53 -59 . Discurso de los plateos.

60 -67 . Discurso de los tebanos.

68 . Destrucción de Platea.

69 -85 . Guerra civil en Corcira.

69 . Planes peloponesios respecto a Corcira.

70 . Facciones en lucha. El asesinato de Pitias.

71 -72 . Los adversarios de Pitias en el poder. Embajada a Atenas y combates en Corcira.

73 . Refuerzos para los dos partidos.

74 . Victoria del partido popular.

75 . Intervención de Nicóstrato. Temores de los oligarcas y recelo del partido popular. Deportación de los oligarcas.

76 . Llega la flota peloponesia.

77 . Confusión en Corcira. Se prepara la batalla naval.

78 . Batalla naval.

79 . Después de la batalla. Temor en Corcira. Desembarco peloponesio en Leucimna.

80 . Negociaciones con los oligarcas ante la amenaza de un ataque peloponesio. Llega una flota ateniense.

81 . Retirada peloponesia. Asesinatos y excesos en Corcira.

82 -84 . Consecuencias morales de la guerra civil.

85 . Los exiliados regresan a Corcira y controlan el país.

86 . La primera expedición a Sicilia.

87 . Rebrota la epidemia en Atenas. Terremotos en Grecia.

88 . Expedición ateniense contra las islas de Eolo.

89 -116 . SEXTO AÑO DE GUERRA (426-425 a. C.):

89 . Los terremotos impiden una invasión del Ática. Maremotos.

90 . Operaciones en Sicilia.

91 . Expediciones atenienses. Melos, Tanagra, Lócride.

92 . Fundación de Heraclea de Traquinia por los lacedemonios.

93 . Fracaso de la colonia.

94 -98 . Demóstenes en Léucade y en Etolia.

94 . Léucade devastada. Los mesenios persuaden a Demóstenes a marchar contra Etolia.

95 . Planes de Demóstenes. Expedición contra Etolia.

96 . Los etolios se reúnen para defender su país.

97 . Combates en torno a Egitio.

98 . Derrota ateniense.

99 . Operación ateniense en Sicilia.

100 -102 . Euríloco en Lócride y Naupacto.

100 . Petición de ayuda de los etolios. Esparta envía una expedición.

101 . Negociaciones con los locros.

102 . Marcha contra Naupacto. Toma de Molicrio. Demóstenes salva Naupacto. Euríloco se queda en Etolia.

103 . Operaciones en Sicilia.

104 . La purificación de Delos.

105 -114 . Expedición de Euríloco: fracaso de los peloponesios y ampraciotas.

105 . Movimientos de ampraciotas y acarnanios.

106 . Euríloco consigue contactar con los ampraciotas.

107 . Demóstenes frente a Euríloco. En orden de batalla.

108 . Victoria de los atenienses y acarnanios.

109 . Se negocia en secreto una retirada parcial de los vencidos.

110 . Preparativos de Demóstenes ante la llegada de tropas ampraciotas.

111 . Persecuciones y matanzas.

112 . Nueva victoria en Idómene. Masacre de ampraciotas.

113 . Las pérdidas de los ampraciotas.

114 . Reparto del botín. Paz y alianza de los acarnanios y anfiloquios con los ampraciotas.

115 . Operaciones atenienses en Sicilia.

116 . Erupción del Etna. Termina el sexto año de guerra.


CUARTO AÑO DE GUERRA

Invasión del Ática

En el verano siguiente 1 los peloponesios [1 ] y sus aliados, a la vez que se ponía en sazón el trigo 2 , hicieron una expedición contra el Ática; los mandaba Arquidamo, hijo de Zeuxidamo, rey de los lacedemonios 3 , y acampando se pusieron a devastar el país. Por donde era posible, tenían lugar, como de costumbre, algunos ataques de la caballería ateniense 4 , que impedían que el grueso de las tropas ligeras se alejara del campamento y asolara los alrededores de la ciudad. Permanecieron en el lugar el tiempo [2] que duraron sus víveres 5 , y luego se retiraron y se separaron volviendo cada contingente a su ciudad.

SUBLEVACIÓN DE MITILENE

Se precipita la revuelta

[2 ] Inmediatamente después de la invasión de los peloponesios 6 , toda Lesbos, salvo Metimna 7 , se sublevó contra los atenienses; ya habían querido hacerlo antes de la guerra 8 , pero los lacedemonios no los habían acogido; entonces, sin embargo, se vieron obligados a llevar a cabo 2 esta sublevación antes de lo que proyectaban. Aguardaban, en efecto, a que se llevara a término la obstrucción de los puertos 9 , la edificación de murallas y la construcción de naves, y a que llegará del Ponto todo lo que era necesario: arqueros, trigo y las otras cosas que habían enviado a buscar 10 . Pero los tenedios 11 , que mantenían diferencias [3] con ellos, los metimneos y, de los mismos mitileneos, algunos que actuaban por intereses privados 12 y de partido, y que eran próxenos de Atenas 13 , denunciaron a los atenienses el hecho de que intentaban anexionar 14 por la fuerza toda Lesbos a Mitilene y de que aceleraban todos los preparativos para la sublevación con la ayuda de los lacedemonios y de los beocios, que eran sus parientes 15 ; caso de no anticiparse 16 al momento, Atenas perdería Lesbos.

Atenas envía una flota contra Lesbos

[3 ] Los atenienses, por su parte, agobiados por la epidemia 17 y por la guerra, recién empezada 18 y ya en su apogeo, pensaban que era un asunto serio emprender también la guerra contra Lesbos, que tenía una flota y unas fuerzas intactas 19 , y al principio no prestaba oído a las acusaciones, dando más valor a su deseo de que no fueran ciertas; sin embargo, una vez que, a pesar de enviar embajadores, no lograron convencer a los mitileneos de poner fin a la unificación 20 y a los preparativos, se inquietaron y decidieron anticiparse. Enviaron de improviso cuarenta naves [2], que casualmente estaban preparadas para efectuar un crucero en torno al Peloponeso; Cleípides 21 , hijo de Dinias con otros dos estrategos, las mandaba. Se les había [3] informado, en efecto, de que fuera de la ciudad se celebraba una fiesta en honor de Apolo Maloeis 22 , en la que participaban los mitileneos en masa, y de que había esperanzas de caer sobre ellos de repente si se apresuraban. Y si la tentativa tenía éxito, tanto mejor; pero en caso contrario, darían a los mitileneos la orden de entregar las naves y derribar las murallas, y si no obedecían, significaría la guerra. Partieron, pues, estas naves; y los atenienses [4] se apoderaron de las diez trirremes de Mitilene que se encontraban en Atenas como auxiliares de acuerdo con el tratado de alianza 23 , y pusieron bajo custodia a sus tripulaciones [5]. Pero a los mitileneos les anunció la expedición un hombre que, habiendo pasado de Atenas a Eubea y tras dirigirse por tierra a Geresto 24 , fue a dar allí con un mercante que zarpaba y, encontrando un viento favorable, llegó a Mitilene dos días después de partir de Atenas 25 . [6] Los mitileneos no salieron, pues, para ir al templo de Maloeis, y montaron la guardia por todos lados en las murallas, y en los puertos, reforzando las partes sin terminar 26 .

Negociaciones. Mitilene envía delegaciones a Atenas y a Esparta

Cuando no mucho después llegaron [4 ] los atenienses con sus naves y vieron aquello, los estrategos comunicaron las órdenes recibidas y, al no obedecer los mitileneos, rompieron las hostilidades. Los mitileneos, sin estar preparados [2] y obligados súbitamente a entrar en guerra, hicieron una salida con sus naves a una corta distancia delante del puerto 27 , como para presentar batalla; pero, luego, perseguidos por las naves atenienses, entablaron al punto negociaciones con los estrategos con la intención de alejar por el momento aquellas naves, si era posible, mediante un acuerdo razonable. Los estrategos atenienses aceptaron [3] negociar porque tenían miedo, a su vez, de no estar en condiciones de sostener la guerra contra toda Lesbos. Así, [4] después de concertar una tregua, los mitileneos enviaron a Atenas a uno de sus acusadores 28 , que ya estaba arrepentido, juntamente con otros delegados, por si podían persuadir a los atenienses a que se retiraran las naves convenciéndolos de que ellos no iban a intentar ninguna revolución. Al mismo tiempo, sin embargo, también despacharon [5] embajadores a Esparta en una trirreme, burlando la vigilancia de la flota ateniense, que estaba fondeada en Malea 29 , al norte de la ciudad; pues no confiaban en que [6] tuvieran éxito sus negociaciones con los atenienses. Estos embajadores, tras una penosa travesía por alta mar 30 , llegaron a Esparta y se pusieron a gestionar para los mitileneos 31 que les fuera enviada una ayuda.

Se rompen las hostilidades

[5 ] Y como los embajadores que volvieron de Atenas regresaron sin haber obtenido nada, los mitileneos y el resto de Lesbos, salvo Metimna, entraron en guerra 32 ; los metimneos estaban al lado de los atenienses juntamente con los imbrios 33 , los lemnios 34 y unos pocos aliados más 35 . Los mitileneos hicieron [2] una salida en masa contra el campamento ateniense 36 , y se libró una batalla, en la que los mitileneos no tuvieron la peor parte; sin embargo, no acamparon en el sitio para pasar la noche ni confiaron en sus propias fuerzas, sino que se retiraron. A continuación permanecieron quietos, [3] porque sólo querían arriesgarse si les venía algún socorro del Peloponeso y contaban con otras fuerzas 37 ; les [4] habían llegado, en efecto, el laconio Meleas y el tebano Hermeondas 38 , que habían sido enviados antes de la sublevación, pero que, no habiendo podido adelantar a la expedición ateniense, entraron en puerto a escondidas más tarde, después de la batalla, en una trirreme, y exhortaron a enviar otra trirreme y unos embajadores juntamente con ellos; y los mitileneos los enviaron.

Compás de espera en Mitilene. Bloqueo de los puertos

[6 ] Entretanto los atenienses, muy animados a causa de la inactividad de los mitileneos, convocaron a sus aliados, que se presentaron tanto más deprisa 39 cuanto que no veían ninguna demostración de fuerza por parte de los lesbios; y, yendo a fondear al sur de la ciudad, fortificaron dos campamentos, a uno y otro lado de la ciudad, y establecieron [2] el bloqueo frente a los dos puertos 40 . Impedían así a los mitileneos el uso del mar, pero por tierra los mitileneos y los otros lesbios, que ya habían acudido en su ayuda, dominaban la mayor parte; los atenienses sólo tenían bajo su poder una zona no muy extensa en torno a los campamentos, y su base naval y mercado 41 era más bien Malea 42 . De este modo, pues, tenía lugar la guerra en torno a Mitilene 43 .

EXPEDICIÓN DE ASOPIO A ACARNANIA Y LÉUCADE

Por la misma época de este verano, los atenienses también [7 ] enviaron en torno al Peloponeso 44 treinta naves con Asopio, hijo de Formión, como estratego, puesto que los acarnanios habían pedido que les enviaran a un hijo o pariente de Formión como jefe 45 . Estas naves, a su paso, [2] saquearon las regiones costeras de Laconia. Luego Asopio [3] envió de nuevo a la patria la mayor parte de sus naves, y él mismo con doce llegó a Naupacto. A continuación, [4] después de movilizar a los acarnanios en masa, emprendió una expedición contra Eníadas 46 , y penetró con sus naves por el Aqueloo 47 mientras que el ejército de tierra devastaba [5] el país. Pero como no se le sometían los habitantes del lugar, licenció la infantería y, tras navegar hasta Léucade, efectuó un desembarco en Nérico 48 , donde, al retirarse, encontró la muerte él mismo con una parte de sus tropas a manos de gentes del país, que habían acudido en auxilio todos a una, y de unos pocos hombres de [6] la guarnición 49 . Más tarde los atenienses, que se habían retirado con sus naves 50 , recuperaron sus muertos de los leucadios en virtud de una tregua.

SUBLEVACIÓN DE MITILENE

La embajada de Mitilene en Olimpia

[8 ] Entretanto los embajadores de los mitileneos que habían sido enviados en la primera nave 51 , como los lacedemonios les dijeron que se presentaran en Olimpia 52 , a fin de que los otros aliados también pudieran deliberar después de escucharlos, llegaron a Olimpia. Era la Olimpíada en la que el rodio Dorieo obtuvo su segunda victoria 53 . Y [2] cuando, después de la fiesta, se entablaron negociaciones, hablaron de este modo:

Discurso de los mitileneos en Olimpia

«El uso establecido entre los [9 ] griegos, lacedemonios y aliados, lo conocemos: quienes acogen a los que en tiempo de guerra hacen defección y abandonan su anterior alianza, en cuanto que se benefician, los miran con complacencia, pero al considerar que son traidores respecto a sus amigos de antes, los menosprecian 54 . Y esta apreciación [2] no es injusta en el supuesto de que quienes hacen defección y aguellos de quienes se separan se encuentren, unos respecto a otros, en condiciones de igualdad por lo que se refiere a sus concepciones y a su buena disposición, y en una situación de equilibrio por lo que respecta a recursos y a potencia; en el caso, en suma, de que no haya ningún motivo razonable para la sublevación. Pero éste no era ciertamente el caso entre nosotros y los atenienses, y no debemos disminuir en el aprecio de nadie por suponer que, bien tratados en tiempo de paz, hacemos defección en una época de dificultades 55 .

[10 ] »En primer lugar dedicaremos unas palabras a la justicia y a la honradez, sobre todo porque solicitamos una alianza y sabemos que ni es firme una amistad entre particulares ni conduce a nada una unión entre ciudades, si las relaciones mutuas no van acompañadas de una honradez manifiesta y si su carácter no es por lo demás parecido; en la discrepancia de las concepciones se basan, en [2] efecto, las diferencias en las acciones. Entre nosotros y los atenienses la alianza se inició cuando vosotros os retirasteis de la guerra contra el Medo 56 , mientras que ellos permanecieron para llevar a término lo que quedaba por [3] hacer 57 . Sin embargo nos hicimos sus aliados no con miras a la sumisión de los griegos a los atenienses 58 , sino en beneficio de los griegos para conseguir su liberación de [4] los medos. Y en tanto que ejercieron el mando en pie de igualdad, los seguimos con entusiasmo; pero cuando los vimos aflojar en su enemistad contra los medos y afanarse en el sometimiento de los aliados, ya no estuvimos libres [5] de miedo. Los aliados, al ser incapaces de llegar a una unión para defenderse a causa del gran número de votos 59 , fueron sometidos, a excepción de nosotros y los quiotas 60 . Nosotros, que éramos sin duda autónomos y [6] libres nominalmente, participamos en las expediciones a su lado; pero con la experiencia de los ejemplos precedentes, el mando de los atenienses ya no nos inspiraba confianza. Era impensable, en efecto, que hubieran sometido a aquellos a los que habían ligado a su alianza juntamente con nosotros y que no intentaran hacer lo mismo con los que quedaban, si se les presentaba la ocasión.

»Si todos hubiéramos seguido siendo autónomos, nos [11 ] hubieran ofrecido una mayor seguridad de que no iban a subvertir el orden establecido; pero una situación de relación con nosotros en pie de igualdad, mientras tenían a los más bajo su poder, era natural que la soportaran con mayor dificultad, puesto que sólo se les igualaba nuestro país 61 , en tanto que la mayoría había cedido; y ello con mayor motivo, porque cuanto más poderosos se hacían ellos, más aislados quedábamos nosotros. El mutuo temor procedente de la igualdad de fuerzas 62 es la única garantía de una alianza; pues quien pretende efectuar una transgresión desiste por no poder atacar desde una posición de [2] superioridad. Se nos dejó autónomos no por otro motivo sino porque ellos, con miras al imperio, creían que el objetivo era alcanzable con el artificio de las palabras y con los recursos de la inteligencia 63 más que con los de la [3] fuerza. Por una parte, en efecto, nos utilizaban como prueba de que quienes eran iguales en voto 64 no participarían contra su voluntad 65 en una expedición a su lado, si los pueblos contra los que se dirigían no fueran responsables de alguna injusticia; y al mismo tiempo conducían primero 66 a los más fuertes contra los más débiles, dejando a aquéllos para el final, con la idea de encontrarlos más débiles una vez quitados de en medio los otros. Si, por el contrario, hubieran comenzado por nosotros, cuando todos los aliados aún contaban con sus propias fuerzas y con un país amigo en el que apoyarse, no hubieran impuesto su poder del mismo modo. Nuestra flota, además [4] les inspiraba un cierto respeto 67 , no fuera que llegara a una unión agregándose a vosotros o a algún otro y les supusiera un peligro. Y, asimismo, nos manteníamos a salvo [5] gracias a nuestra adulación al pueblo ateniense y a sus líderes sucesivos 68 . No confiábamos, sin embargo, en poder [6] mantener aquella situación mucho tiempo, a juzgar por los ejemplos de lo ocurrido a los otros, si esta guerra no hubiera estallado.

»¿Qué garantía suponía, pues, una situación de amistad [12 ] y libertad como ésta, en la que manteníamos relaciones unos con otros en contra de nuestros sentimientos y en la que ellos nos halagaban por temor en tiempo de guerra y nosotros hacíamos lo mismo con ellos en tiempo de paz? La lealtad que en los demás casos está garantizada más bien por el afecto, en el nuestro la hacía más segura el miedo 69 , y nos manteníamos en la alianza más por temor que por amistad; aquélla de las dos partes a quien la seguridad infundiera más pronto audacia, aquélla estaba destinada a ser también la primera en cometer una [2] transgresión 70 . En consecuencia, si alguien considera, debido a la demora de los atenienses en tomar medidas extraordinarias contra nosotros, que hemos obrado injustamente al anticiparnos en la sublevación sin esperar por nuestra parte a saber con certeza si alguna de aquellas medidas iba a ser realmente tomada, no examina la situación [3] correctamente. Porque si estuviésemos en condiciones de responder a sus asechanzas en pie de igualdad, sería preciso que por nuestra parte nos demorásemos del mismo modo en dirigirnos contra ellos 71 ; pero, al estar continuamente en sus manos la posibilidad de atacar, es preciso que esté en las nuestras la de anticiparnos en la defensa.

»Tales son, lacedemonios y aliados, las causas y motivos 72 [13 ] por los que nos hemos sublevado; son razones claras para que quien las escucha reconozca que actuamos con justicia, y suficientes para explicar nuestro espanto y nuestra búsqueda de alguna seguridad. Queríamos hacerlo hace ya tiempo, cuando, todavía en época de paz, os enviamos emisarios para tratar sobre nuestra sublevación, pero, al no acogernos vosotros, se fustró nuestro proyecto. Sin embargo, ahora, cuando nos invitaron los beocios 73 , aceptamos al punto su invitación, y pensamos separarnos en una doble secesión 74 : de los griegos, en la idea de no contribuir a causarles daños en unión de los atenienses y de colaborar por el contrario en su liberación, y de los atenienses, para anticiparnos en la acción 75 en lugar de [2] ser destruidos nosotros mismos por ellos más tarde. Nuestra sublevación, no obstante, se ha producido con excesiva precipitación e insuficiente preparación, razón de más para que nos acojáis como aliados y nos enviéis ayuda rápidamente a fin de que se vea que defendéis a quienes deben ser defendidos y que al mismo tiempo castigáis a vuestros [3] enemigos 76 . La ocasión se presenta como nunca hasta ahora; entre la epidemia y el gasto de dinero los atenienses están agotados, y en cuanto a sus naves, unas están de crucero en torno a vuestro territorio 77 y otras se [4] encuentran alineadas contra nosotros. No es probable, en consecuencia, que dispongan de una reserva de naves 78 , si este verano vosotros efectuáis una segunda invasión con la flota 79 y el ejército de tierra al mismo tiempo; en tal caso, o no rechazarán vuestro ataque por mar o se retirarán de nuestros dos países. Y que nadie piense que va a [5] afrontar un peligro propio por una tierra ajena 80 . A quien opina que Lesbos está lejos, la ayuda que le ofrecerá le resultará cercana. Porque la guerra no se desarrollará en el Ática, como algunos creen, sino en los sitios de donde el Ática obtiene sus recursos 81 . Sus ingresos en dinero [6] provienen de los aliados 82 , y todavía serán mayores si nos someten 83 ; pues nadie más se sublevará y nuestros recursos se unirán a los suyos, y nosotros sufriremos una suerte más terrible que aquellos que son esclavos de antes. Si, [7] por el contrario, nos auxiliáis con prontitud, conseguiréis la alianza de una ciudad que posee una gran flota, que es lo que más falta os hace, someteréis más fácilmente a los atenienses al separar hábilmente de ellos a sus aliados (pues todo el mundo se animará a pasarse a vosotros), y escaparéis a la acusación que se os hacía de no auxiliar a quienes se sublevan 84 . Y si os mostráis como liberadores 85 , tendréis más segura la victoria en esta guerra.

»Así que, por respeto a las esperanzas que los griegos [14 ] han puesto en vosotros y por respeto a Zeus Olímpico, en cuyo santuario estamos a modo de suplicantes 86 , defended a los mitileneos haciéndoos sus aliados; no nos abandonéis, pues nosotros, corriendo personalmente el riesgo de nuestra vida, haremos común a todos el beneficio que deriva del éxito; pero será todavía más común el daño si nosotros fracasamos al no haberos dejado persuadir. [2] Sed, pues, los hombres que los griegos esperan de vosotros y que nuestro miedo desea 87 .»

La Liga de los peloponesios acepta a los lesbios. Se prepara la invasión del Ática

[15 ] De este modo hablaron los mitileneos. Los lacedemonios y los aliados, después de escucharlos, aceptaron sus razones e hicieron aliados a los lesbios; en cuanto a la invasión del Ática, dijeron a los aliados 88 allí presentes que se dirigieran a toda prisa al Istmo con dos tercios de sus fuerzas 89 para llevarla a efecto, y ellos mismos llegaron los primeros y se pusieron a preparar en el Istmo ingenios para arrastrar naves 90 a fin de transportarlas de Corinto al mar que mira a Atenas y de atacar a la vez por mar y por tierra. Y mientras ellos [2] se dedicaban a estos preparativos con entusiasmo 91 , los aliados se reunían lentamente; estaban ocupados en la recolección de la cosecha 92 y con poco ánimo para emprender la expedición 93 .

Demostración de fuerza de la flota ateniense en el Peloponeso. Los peloponesios desisten de invadir el Ática

Los atenienses, por su parte, [16 ] comprendiendo que los preparativos del enemigo obedecían a la imputación de debilidad de que ellos eran objeto, con el propósito de demostrar que no se les juzgaba correctamente y que eran capaces por el contrario, sin mover su flota de Lesbos 94 , de rechazar fácilmente el ataque de la que procedía del Peloponeso, equiparon cien naves 95 , en las que se embarcaron ellos mismos —salvo los caballeros y los pentacosiomedimnos 96 — con los metecos 97 , y, tras levar anclas, efectuaron una demostración de fuerza a lo largo del Istmo y desembarcos en el Peloponeso, donde [2] les pareció oportuno. En vista de la envergadura del error de cálculo, los lacedemonios pensaron que las afirmaciones de los lesbios 98 no respondían a la realidad y, considerando que la situación era apurada, dado que a la vez que sus aliados no se presentaban llegaban noticias de que las treinta naves atenienses de crucero en torno al Peloponeso 99 devastaban el territorio de sus periecos 100 , se retiraron a su patria. Más tarde, sin embargo, se pusieron a [3] equipar una flota para enviar a Lesbos, exigiendo a las ciudades el apresto de un total de cuarenta naves 101 , y nombraron navarco a Álcidas 102 , que debía ir al frente de la expedición. Los atenienses, por su parte, se retiraron [4] con sus cien naves, una vez que vieron que también se retiraba el enemigo.

Los gastos bélicos de Atenas

Por el tiempo en que tenían lugar [17 ] estas operaciones navales 103 , el número de naves atenienses simultáneamente en servicio en esta zona y en otras partes 104 era de los más elevados 105 , aunque había un número semejante e incluso superior al principio [2] de la guerra 106 . Cien naves protegían 107 el Ática, Ubea y Salamina 108 , otras cien se encontraban en torno al Peloponeso 109 , y estaban además las que se hallaban junto a Potidea y en otros lugares 110 , de suerte que el total, en un solo verano, ascendía a doscientas cincuenta naves. Este [3] ta naves. Este esfuerzo, juntamente con el asedio de Potidea, fue lo que hizo gastar más dinero 111 . Porque los que montaban la guardia frente a Potidea eran hoplitas que recibían una soldada de dos dracmas 112 (una dracma por día para cada uno y otra para su asistente) 113 , y había tres mil hombres del primer contingente 114 , número que no disminuyó en el curso del asedio 115 , mil seiscientos llegados con Formión 116 , que partieron antes del fin; y todas las tripulaciones de las naves cobraban la misma soldada 117 . De este modo, pues, empezó a agotarse el dinero, [4] y éste fue el mayor número de naves que se llegó a equipar.

Combates en Lesbos. Nueva expedición ateniense. Mitilene bloqueada

En la misma época en que los [18 ] lacedemonios estaban en el Istmo, los mitileneos y sus tropas auxiliares 118 efectuaron una expedición por tierra contra Metimna 119 , en la esperanza de que les fuera entregada a traición. Tras lanzar una ofensiva contra la ciudad, dado que la operación no obtenía el éxito esperado, se retiraron hacia Antisa, Pirra y Éreso 120 , y, después de asegurar la situación en estas ciudades y de reforzar las murallas, regresaron [2] rápidamente a su patria. Tras esta retirada, los metimneos a su vez marcharon contra Antisa; pero se produjo una salida y, derrotados por los antiseos y sus tropas auxiliares, un gran número de metimneos encontró la muerte y los [3] restantes se retiraron a toda prisa. Al enterarse los atenienses de estos hechos, de que los mitileneos dominaban el país y de que sus propios soldados no eran suficientes para bloquearlos, enviaron, cuando el otoño ya estaba comenzando 121 , a Paques 122 , hijo de Epicuro, como estratego [4] al frente de mil hoplitas ciudadanos. Éstos, que efectuaron la travesía haciendo ellos mismos de remeros 123 , llegaron a Mitilene y la circunvalaron completamente con un solo muro 124 ; había fuertes construidos en algunas posiciones [5] con buenas defensas naturales. Así, Mitilene se encontró desde entonces fuertemente bloqueada por ambos lados, por tierra y por mar; y el invierno estaba en sus comienzos 125 .

De nuevo sobre el esfuerzo económico. Impuesto extraordinario en Atenas y expedición recaudadora de Lisicles

Necesitando los atenienses más [19 ] fondos para el asedio, pagaron ellos mismos —entonces por primera vez 126 — un impuesto extraordinario, que ascendía a doscientos talentos 127 , y enviaron además a los aliados doce naves recaudadoras 128 al mando de Lisicles 129 y de otros cuatro estrategos 130 . Lisiclides, en su misión de recaudación, [2] navegó por diversos lugares, pero, al internarse desde Miunte 131 , en Caria, a través de la llanura del Meandro hasta la colina de Sandio 132 , fue atacado por los carios y los aneitas 133 y pereció con muchos de sus hombres.

EVASIÓN DE PLATEA

Situación apurada de los sitiados y preparativos para la evasión

[20 ] Durante el mismo invierno, los plateos, que todavía estaban sitiados por los peloponesios y los beocios 134 , una vez que empezaron a sentirse agobiados por la falta de víveres y que no había ninguna esperanza de ayuda por parte de Atenas ni se vislumbraba ningún otro medio de salvación, elaboraron un plan de acuerdo con los atenienses asediados con ellos; se trataba al principio de efectuar una salida en masa 135 y de escalar los muros del enemigo si podían forzarlos; los instigadores de esta empresa fueron Teéneto, hijo de Tólmides, un adivino, y Eupómpides, hijo de Daímaco, que justamente era estratego 136 . Después, [2] la mitad, al considerar la magnitud del peligro, se echó atrás de una forma o de otra, y alrededor de doscientos veinte hombres persistieron como voluntarios para la salida, que se efectuó del modo siguiente: fabricaron [3] escalas de altura correspondiente 137 al muro de los enemigos; calcularon la medida por las hiladas de ladrilloś de una parte del muro situada frente a ellos que no estaba enjabelgada. Muchos contaban las hiladas a la vez y, aunque algunos habían de equivocarse, la mayoría debió hallar el número exacto, tanto más que repitieron la cuenta muchas veces y que, además, la distancia no era grande, sino que la parte del muro que les importaba era fácilmente observable 138 . De esta forma, pues, obtuvieron [4] exactamente la dimensión de las escalas, calculando la medida por el grosor de los ladrillos.

El muro de asedio de los peloponesios

La estructura del muro de los [21 ] peloponesios era como sigue: constituía una doble circunvalación con un muro mirando hacia Platea y otro dispuesto contra un posible ataque exterior desde Atenas 139 ; las dos circunvalaciones [2] distaban entre sí unos dieciséis pies 140 . Este espacio intermedio [de los dieciséis pies] estaba ocupado por los compartimentos destinados a los soldados que montaban la guardia, y era un conjunto de edificaciones adosadas 141 , de suerte que parecía un solo muro grueso, con almenas [3] a ambos lados. Cada diez almenas había grandes torres de la misma anchura que el muro, que llegaban tanto a la cara interior como a la exterior del mismo, de modo que no había paso por los lados de la torre, sino que se [4] pasaba por su parte central 142 . En las noches en que el tiempo era lluvioso, dejaban las almenas y hacían la guardia desde las torres, que estaban a escasa distancia 143 y tenían la parte superior cubierta. Tal era, pues, el muro desde donde se mantenía la vigilancia en torno a los plateos.

Relato de cómo se evadieron los plateos

Éstos, una vez que hubieron terminado [22 ] sus preparativos, aguardando una noche de mal tiempo con lluvia y viento, y además sin luna 144 , efectuaron la salida; iban al frente los mismos promotores de la empresa. En primer lugar atravesaron el foso 145 que los circundaba, y a continuación se acercaron al muro de los enemigos, sin que lo advirtieran los centinelas, que en la oscuridad no los veían ante sí ni tampoco los oían debido a que el fragor del viento apagaba el ruido que hacían los plateos al avanzar; éstos marchaban, además, manteniéndose a una gran [2] distancia para evitar que las armas se entrechocaran y dieran la alerta. Iban, en fin, pertrechados con armas ligeras y sólo llevaban calzado el pie izquierdo por precaución contra el barro 146 . Se acercaron, pues, a un lienzo del [3] muro entre dos torres, debajo de las almenas, sabiendo que éstas se encontraban desguarnecidas; los primeros en llegar fueron los que llevaban las escalas, y las arrimaron al muro; después comenzaron a subir doce hombres de infantería ligera, armados con puñal y coraza, a cuyo mando iba Ámeas 147 , hijo de Corebo, que fue el primero en subir; tras él subieron sus compañeros, seis por cada torre. Después seguían más hombres de infantería ligera, armados con jabalinas, a los que otros, detrás, les llevaban los escudos a fin de que los primeros avanzaran más fácilmente, y debían dárselos tan pronto como se encontraran conel [4] enemigo. Cuando un buen número estuvo arriba, los centinelas de las torres se dieron cuenta 148 , pues un plateo, al agarrarse a las almenas, había derribado una teja [5] que había hecho ruido al caer. En seguida se dio el grito de alarma y la guarnición acudió a toda prisa a lo alto del muro 149 . En medio de la oscuridad de la noche y de la tormenta, no se sabía dónde estaba el peligro, tanto más que al mismo tiempo los plateos que habían quedado en la ciudad 150 efectuaron una salida y atacaron el muro peloponesio por la parte opuesta a aquella que sus hombres estaban escalando, a fin de que el enemigo les prestara la menor atención posible. Así, los centinelas desconcertados, [6] permanecían en sus posiciones, y nadie se atrevía a dejar su puesto para intervenir; les resultaba imposible hacerse una idea de lo que ocurría. El grupo de trescientos, [7] cuya misión era acudir en auxilio en caso de necesidad 151 , marchó fuera del muro 152 en dirección a los gritos, y fueron alzadas antorchas mirando hacia Tebas para para señalar la presencia del enemigo. Pero los plateos de [8] la ciudad también levantaron encima de la muralla muchas antorchas, que habían preparado antes con este fin, para que las señales de fuego 153 resultaran confusas al enemigo de forma que, por pensar que se trataba de algo distinto de lo realmente ocurrido, no acudiera en auxilio antes de que sus hombres que estaban rompiendo el cerco hubieran logrado huir y ponerse a salvo.

Los plateos que entretanto estaban escalando el muro, [23 ] una vez que los primeros estuvieron arriba y que se apoderaron de las dos torres después de matar a sus centinelas, tomaron posiciones en los accesos de las torres y se cuidaron de que ningún socorro enemigo pasará por allí. Desde la parte alta del muro arrimaron escalas a las torres adonde hicieron subir un buen número de hombres. Así unos, desde las torres, disparando tanto desde arriba como desde abajo, mantenían alejados a los enemigos que acudían, en tanto que los otros, que constituían el grueso, arrimando numerosas escalas y arrancando las almenas, [2] franqueaban el lienzo entre las dos torres. A medida que cada hombre iba pasando se detenía al borde del foso 154 y desde allí disparaban flechas y dardos contra cualquier enemigo que acudiera a lo largo del muro para impedir [3] el paso. Una vez que todos hubieron pasado al otro lado, los de las torres bajaron los últimos, no sin dificultades, y llegaban al foso cuando los trescientos, que iban conantorchas, [4] cargaron contra ellos. Los plateos, que se hallaban al borde del foso, veían mejor a los enemigos desde la oscuridad, y disparaban flechas y dardos contra sus partes descubiertas, mientras que ellos mismos, dado que estaban en tinieblas, resultaban menos visibles a causa de las antorchas 155 , de suerte que hasta los últimos plateos estuvieron a tiempo de atravesar el foso, aunque no sin [5] dificultades ni sin lucha. Se había formado, en efecto, una capa de hielo que no era bastante firme para marchar por encima; era más bien agua nieve, como ocurre cuando sopla el apeliotes o el bóreas 156 ; y la noche, que debido a este viento había sido de nieve, había depositado en el foso mucha agua, agua que atravesaron apenas con la cabeza fuera. Su evasión, no obstante, resultó más fácil debido a la violencia del temporal.

Los evadidos logran refugiarse en Atenas

Partiendo del foso a toda prisa, [24 ] los plateos marcharon todos juntos por el camino que lleva a Tebas 157 , dejando a su derecha el santuario del héroe Andrócrates 158 . Pensaban que lo último que llegarían a sospechar los peloponesios sería que ellos hubieran tomado aquella dirección que les conducía hacia el enemigo; veían, además, que los peloponesios que los perseguían con antorchas tomaban el camino del Citerón y de Drioscéfalas 159 , que es el que lleva a Atenas. Así, a lo largo de seis o siete estadios, los plateos [2] marcharon por el camino de Tebas, pero después, dando la vuelta, caminaron en dirección a la montaña por el camino que lleva a Eritras e Hisias 160 y, adentrándose en los montes, lograron refugiarse en Atenas. De un número inicialmente superior llegaron doscientos doce hombres 161 ; algunos habían vuelto a la ciudad antes de escalar el muro, y un solo hombre, un arquero, había sido hecho prisionero [3] en el foso exterior. Entonces los peloponesios volvieron a sus posiciones, poniendo fin a su intervención. Los plateos de la ciudad no sabían nada de lo ocurrido y, al anunciarles los que habían vuelto que no había sobrevivido nadie, tan pronto como se hizo de día, enviaron un heraldo con el fin de concluir una tregua para levantar los cadáveres, pero cuando supieron la verdad renunciaron a ello. Así fue como los hombres de Platea rompieron el cerco y se salvaron 162 .

SUBLEVACIÓN DE MITILENE

Sálelo anuncia el apoyo de Esparla a Mitilene, que recobra la confianza. Fin del cuarto año de guerra

[25 ] Al final de este mismo invierno 163 , el lacedemonio Saleto 164 fue enviado por Esparta a Mitilene con una trirreme. Después de navegar hasta Pirra 165 , desde allí marchó a pie por un barranco 166 por el que se podía franquear el muro de circunvalación y, sin ser visto, entró en Mitilene. Anunció así a los proedros 167 que iba a tener lugar la invasión del Ática y que al mismo tiempo estarían en aguas de Mitilene las cuarenta naves 168 que debían prestarles ayuda, y que él mismo había sido enviado por delante para darles estas noticias y también para cuidarse de los restantes asuntos. Los mitileneos cobraron [2] confianza y sintieron una menor inclinación a llegar a un acuerdo con los atenienses. Así acabó este invierno, y con él acabó el cuarto año de esta guerra cuya historia escribió Tucídides.

QUINTO AÑO DE GUERRA

SIGUE EL PROBLEMA DE MITILENE : INVASIÓN DEL ÁTICA ; CAPITULACIÓN DE MLTILENE; LA FLOTA PELOPONESIA DE ÁLCIDAS Y EL EJÉRCITO ATENIENSE DE PAQUES

Invasión del Ática

[26 ] En el verano siguiente 169 los peloponesios, después de despachar las cuarenta [y dos] naves 170 rumbo a Mitilene bajo el mando de Áladas, que era su navarco 171 , invadieron el Ática juntamente con sus aliados, a fin de que los atenienses, hostigados en dos partes, estuvieran en peores condiciones para acudir en contra de estas naves que [2] se dirigían a Mitilene. En lugar de Pausanias, hijo de Plistoanacte, que era rey pero demasiado joven todavía, iba al frente de esta invasión Cleómenes, que era hermano de su padre 172 . En el Ática saquearon todo lo que había brotado [3] en las tierras devastadas anteriormente y cuanto se había salvado durante las invasiones precedentes 173 ; esta invasión fue, después de la segunda 174 , la más penosa para los atenienses, pues los peloponesios, siempre en espera [4] de recibir noticias de Lesbos sobre alguna acción de sus naves, que suponían que ya habrían concluido la travesía, recorrieron y devastaron la mayor parte del país. Pero como no acontecía nada de lo que aguardaban y se les habían agotado los víveres, se retiraron y se separaron, volviendo cada contingente a su propia ciudad.

Apurada situación de Mitilene

[27 ] Los mitileneos, entretanto, como las naves procedentes del Peloponeso no les llegaban 175 , sino que se retrasaban, y los víveres se les habían agotado 176 , se vieron forzados a llegar a un acuerdo con los atenienses por lo sigugente. [2] Saleto, al no contar ya ni él mismo con la llegada de las naves, proporcionó al pueblo, antes pertrechado con armas ligeras, el armamento hoplítico 177 , con la intención [3] de efectuar una salida contra los atenienses; pero los del pueblo, una vez que hubieron recibido las armas, ya no escucharon a sus jefes, sino que se reunieron en asambleas y exigieron a los aristócratas que sacaran sus víveres a la luz y los distribuyeran entre todos; en caso contrario, decían, ellos mismos se entenderían con los atenienses y entregarían la ciudad 178 .

Capitulación de Mitilene

Dándose cuenta los que tenían [28 ] el poder de que no estaban en condiciones de impedírselo y de que correrían un peligro si eran excluidos del acuerdo, concluyeron un pacto en común con Paques 179 y su ejército 180 bajo las condiciones siguientes: a los atenienses 181 les estaba permitido decidir a discreción sobre los mitileneos y éstos debían acoger al ejército en la ciudad; los mitileneos enviarían una embajada a Atenas para tratar sobre su suerte; y hasta su regreso Paques no apresaría ni reduciría a la esclavitud ni mataría a ningún mitileneo. Éste fue el [2] acuerdo; pero los mitileneos que más se habían distinguido en las negociaciones con los lacedemonios estaban muy asustados, y cuando entró el ejército no pudieron resistir y, a pesar de lo acordado, se sentaron como suplicantes junto a los altares; Paques les hizo levantar con la promesa de no causarles daño 182 y los puso bajo custodia en Ténedos 183 hasta que los atenienses tomaran una decisión. También envió unas trirremes a Antisa 184 y se apoderó [3] asimismo de esta ciudad, y tomó todas las medidas militares que le parecieron oportunas.

Movimientos de la flota de Álcidas. Al este del Egeo

[29 ] Entretanto los peloponesios de las cuarenta naves 185 , que debían presentarse en seguida, perdieron el tiempo incluso mientras navegaban en torno al Peloponeso y siguieron moviéndose lentamente durante el resto de la travesía, pasando inadvertidos a los atenienses de la ciudad hasta que estuvieron en Délos 186 ; y cuando desde allí arribaron a ícaro y Míconos 187 , recibieron las primeras noticias [2] de que Mitilene había sido tomada. Queriendo, sin embargo, obtener una información exacta desembarcaron en Émbato, en el territorio de Entras 188 ; habían pasado unos siete días desde que Mitilene había sido tomada cuando desembarcaron en Émbato. Al averiguar exactamente lo ocurrido, se pusieron a deliberar a la luz de la situación y Teutíaplo 189 , un eleo, les dijo lo siguiente 190 :

Discurso de Teutíaplo

«Álcidas y peloponesios que estais [30 ] aquí conmigo al frente de esta expedición, mi parecer es que zarpemos hacia Mitilene ahora mismo, antes de que sea descubierta nuestra presencia 191 . Según toda probabilidad, por parte de [2] unos hombres que han ocupado hace poco una ciudad, nos encontraremos con una vigilancia muy escasa, y esto sin duda alguna por mar, por donde ellos no esperan que pueda presentárseles un enemigo y donde sobre todo reside en estos momentos nuestra fuerza 192 ; y es probable, asimismo, que sus tropas de tierra estén dispersas por las casas sin ningún cuidado, puesto que se consideran vencedores. En consecuencia, si cayéramos sobre ellos repentinamente [3] y de noche, confío en que, con la ayuda de los de dentro —si es que queda algún partidario nuestro 193 —, nos haríamos dueños de la situación. Y no debemos retroceder [4] ante el peligro, pensando que en la guerra el factor sorpresa 194 no supone más que una situación de esta naturaleza, de tal manera que, si un general se guarda de ella por lo que a él respecta y sabe observarla en el enemigo para pasar al ataque, llega a obtener los más grandes éxitos.»

Álcidas rechaza las sugerencias que se le hacen y decide retirarse

[31 ] Con este breve parlamento no logró convencer a Álcidas. Por otra parte, algunos exiliados de Jonia y los lesbios que iban con la flota 195 le aconsejaban, dado que tenía miedo al peligro de aquella empresa, que ocupara alguna de las ciudades de Jonia o Cime de Eolia 196 , a fin de provocar la sublevación de Jonia contando con una ciudad como base de operaciones (y había esperanzas de éxito —decían— puesto que su llegada no era mirada con desagrado 197 ), y con el fin, asimismo, de sustraer a Atenas la que era su principal fuente de ingresos y de que se les convirtiera, además, si los atenienses los sometían a bloqueo, en causa de gastos; pensaban, por último, que persuadirían [2] a Pisutnes a combatir a su lado 198 . Pero Álcidas no aceptó tampoco este plan; su mayor preocupación, una vez que había llegado demasiado tarde para ayudar a Mitilene, era regresar cuanto antes al Peloponeso.

Álcidas fondea en Éfeso

Zarpando, pues, de Émbato se [32 ] puso a navegar a lo largo de la costa, y atracando en Mioneso, dominio de Teos 199 , hizo matar a la mayor parte de los prisioneros que había capturado durante la travesía 200 . Cuando fondeó [2] en Éfeso, llegaron unos embajadores de los samios de Anea 201 y le dijeron que no seguía un buen sistema para liberar Grecia 202 si eliminaba a hombres que no habían tomado las armas contra él ni eran sus enemigos, sino aliados de los atenienses por fuerza; y que si no dejaba de actuar de aquella manera, atraería a su amistad a pocos adversarios, mientras que tendría muchos más enemigos entre sus amigos. Álcidas se dejó persuadir y puso en libertad [3] a todos los quiotas que todavía tenía prisioneros, y a algunos otros; lo ocurrido era que las gentes no huían al ver sus naves 203 , sino que más bien se acercaban, creyendo que eran atenienses, y no esperaban en modo alguno que, dominando el mar los atenienses, naves peloponesias pasaran a Jonia.

Paques persigue a Áladas hasta Palmos

[33 ] Desde Éieso, Aladas se puso a navegar a toda prisa y se dio a la fuga; había sido visto, cuando todavía estaba fondeado en Claro 204 , por la Salaminia y la Páralos 205 , que justamente venían de Atenas, y por temor a la persecución se puso a navegar por alta mar con el propósito, por lo que de él dependía, de no tocar otra tierra que el [2] Peloponeso. A Paques y a los atenienses ya les había llegado información de Eritras, y entonces les venía de todas partes: al encontrarse Jonia sin fortificaciones 206 , era grande el temor de que los peloponesios, en su navegación a lo largo de la costa, atacaran las ciudades y las saquearan, aunque no tuvieran, a pesar de aquella circunstancia 207 , intención de quedarse. Y la Páralos y la Saiaminia, que habían visto a Álcidas en Claro, comunicaron directamente la noticia. Paques emprendió la persecución [3] a toda velocidad, y lo persiguió hasta la isla de Patmos 208 , pero luego, cuando se vio que Álcidas ya no estaba al alcance, se volvió. Dado que no había encontrado las naves enemigas en alta mar, consideró una suerte el hecho de que no hubieran sido sorprendidas en ningún lugar ni hubieran sido forzadas a establecer campamento, lo que hubiera acarreado a los atenienses la necesidad de vigilancia por tierra y de un bloqueo por mar 209 .

Paques pone proa a Mitilene. Toma de Notio

Navegando de regreso a lo largo [34 ] de la costa, tocó en Notio, puerto de Colofón 210 , donde se habían establecido los colofonios al ser tomada la ciudad del interior 211 por Itámanes 212 y sus bárbaros, que, a raíz de una discordia civil, habían sido llamados privadamente por un partido; y esta ciudad había sido tomada hacia la época en que se produjo la segunda invasión de los peloponesios en el [2] Ática 213 . Ahora bien, una vez en Notio, los que se habían refugiado y establecido en aquel lugar promovieron de nuevo disensiones; los de un bando consiguieron la ayuda de mercenarios arcadios 214 y de bárbaros de Pisutnes y los acantonaron con ellos en el sector fortificado 215 ; y también estaban a su lado y compartían la ciudadanía los colofonios partidarios de los medos 216 venidos de la ciudad del interior; los otros 217 , que habían escapado de los de la facción contraria y estaban en el exilio, consiguieron [3] entonces la ayuda de Paques. Éste invitó a Hipias 218 , comandante de los arcadios de la fortificación, a parlamentar, con la promesa de devolverlo sano y salvo detrás de la muralla si sus proposiciones no le agradaban; pero cuando Hipias salió a su encuentro, Paques lo puso bajo vigilancia sin encadenarlo; acto seguido, él mismo lanzó un ataque contra la fortaleza sin que lo esperaran sus defensores y la tomó, e hizo matar a los arcadios y a todos los bárbaros que estaban dentro; luego hizo entrar a Hipias, como había pactado, y una vez que estuvo en el interior, lo hizo apresar y asaetear. Paques devolvió [4] Notio a los colofonios, con exclusión de los que habían simpatizado con los medos 219 . Y más tarde los atenienses enviaron fundadores 220 para colonizar Notio según sus propias leyes, recogiendo a todos los colofonios de las ciudades en que pudieran hallarse.

Paques en Lesbos

Una vez llegado a Mitilene, Paques [35 ] sometió Pirra y Éreso 221 , y tras capturar al lacedemonio Saleto 222 en la ciudad, donde se había escondido, lo envió a Atenas, juntamente con los mitileneos que había transportado a Ténedos 223 y a algunos otros que consideraba implicados en la sublevación; envió también la mayor parte de su ejército [2] y, quedándose con las tropas restantes, tomó las medidas que le parecieron oportunas respecto a Mitilene y al resto de Lesbos.

DEBATE SOBRE MITILENE

Deliberaciones en Atenas. La postura intransigente de Cleón

[36 ] Cuando Saleto y los otros prisioneros llegaron, los atenienses mataron inmediatamente a Saleto 224 , a pesar de que, entre otras ofertas, les prometía hacer que los peloponesios se retirasen de Platea, que todavía estaba sitiada 225 . [2] Discutieron después sobre la suerte de los otros prisioneros, y, movidos por la ira, decidieron dar muerte no sólo a los presentes, sino también a todos los varones mitileneos mayores de edad, y reducir a la esclavitud a niños y mujeres 226 : les reprochaban, en general, su sublevación, que la hubieran hecho sin estar sometidos al imperio como los otros 227 , pero lo que de modo especial contribuía a su furor era el que las naves de los peloponesios se hubieran atrevido a aventurarse hasta Jonia para prestar ayuda a los mitileneos; colegían de ello que la sublevación no [3] se había gestado con escasa premeditación. Enviaron, pues, una trirreme a Paques para anunciarle su decisión, con la [4] orden de ejecutar inmediatamente a los mitileneos. Pero al día siguiente les sobrevino un cierto arrepentimiento, unido a la reflexión de que la resolución tomada, de aniquilar a una ciudad entera en lugar de a los culpables, era cruel y monstruosa 228 . Cuando los embajadores de [5] Mitilene que estaban en Atenas 229 y los atenienses que los apoyaban se dieron cuenta de ello, movieron a los magistrados 230 a abrir de nuevo el debate; y los convencieron más fácilmente porque también a ellos les resultaba evidente que la mayoría de los ciudadanos quería que se les diera una nueva oportunidad para deliberar. Se reunió en [6] seguida una asamblea, en la que se expresaron diversas opiniones por parte de varios oradores; y Cleón 231 , hijo de Cleéneto, que había hecho triunfar la anterior moción de dar muerte a los mitileneos, y que era en todos los aspectos el más violento de los ciudadanos y con mucho el que ejercía una mayor influencia sobre el pueblo 232 en aquel entonces, se adelantó de nuevo y habló de este modo 233 :

Discurso de Cleón

«Muchas veces ya en el pasado [37 ] he podido comprobar personalmente que una democracia es un régimen incapaz de ejercer el imperio sobre otros pueblos, pero nunca como ahora ante vuestro cambio de idea respecto a los mitileneos 234 . Debido a la ausencia de miedos e intrigas [2] entre vosotros 235 en vuestras relaciones cotidianas, procedéis de la misma manera respecto a vuestros aliados, y cuando os equivocáis persuadidos por sus razonamientos 236 o cedéis a la compasión, no pensáis que tales debilidades constituyen un peligro para vosotros y no os granjean la gratitud de vuestros aliados; y ello porque no consideráis que vuestro imperio es una tiranía 237 , y que se ejerce sobre pueblos que intrigan y que se someten de mala gana; estos pueblos no os obedecen por los favores que podéis hacerles con perjuicio propio, sino por la superioridad que alcanzáis gracias a vuestra fuerza más que [3] a su benevolencia 238 . Pero lo más grave de todo ocurrirá si ninguna de nuestras decisiones permanece firme y si no nos damos cuenta de que una ciudad con leyes peores, pero inmutables, es más fuerte que otra que las tiene buenas, pero sin autoridad 239 , de que la ignorancia unida a la mesura 240 es más ventajosa que el talento sin regla 241 , y de que los hombres más mediocres 242 por lo general gobiernan las ciudades mejor que los más inteligentes. Estos [4] últimos, en efecto, quieren parecer más sabios que las leyes 243 y salir siempre triunfantes en los debates públicos, porque piensan que no pueden mostrar su ingenio en ocasión más importante, y como consecuencia de tal actitud acarrean de ordinario la ruina de sus ciudades; quienes, por el contrario, desconfían de su propia inteligencia reconocen que son más ignorantes que las leyes y que están menos dotados para criticar los argumentos de un buen orador 244 y, al ser jueces imparciales más que litigantes, aciertan la mayor parte de las veces. De este modo, pues, [5] debemos actuar también nosotros 245 , sin dejarnos llevar por la elocuencia y la porfía dialéctica 246 , y no daros así a vosotros, el pueblo, consejos contrarios a nuestro sentir 247 .

»Yo, por tanto, me mantengo en mi opinión 248 , y me [38 ] asombro por la actitud de quienes han puesto de nuevo a discusión la cuestión de los mitileneos, ocasionando con ello una pérdida de tiempo, lo que redunda sobre todo en beneficio de los culpables (pues, en este caso, quien ha sufrido la injuria reacciona contra el que la ha cometido con una cólera más apagada 249 , mientras que la respuesta que sigue lo más cerca posible a la ofensa es la que mejor obtiene la satisfacción adecuada); y me pregunto también con asombro quién será el que se atreva a replicarme y pretenda demostrar que los crímenes de los mitileneos son ventajosos para nosotros y que, por el contrario, nuestras desgracias constituyen un daño para nuestros [2] aliados 250 . Y es evidente que el tal, confiando en su elocuencia, porfiará en oponerse a nuestro terminante parecer 251 procurando demostrar que la decisión no está tomada, o bien, seducido por el soborno, intentará burlaros poniendo especial empeño en el artificio del discurso 252 . Lo cierto es que, en porfías de este tipo, la ciudad concede los premios a los otros 253 , mientras que para sí misma se reserva los peligros. Pero los responsables sois vosotros, por celebrar inoportunamente tales certámenes, vosotros que soléis ser espectadores de discursos, pero oyentes de hechos 254 , que consideráis los hechos futuros a la luz de las bellas palabras, en las que basáis sus posibilidades, y los ya sucedidos a la luz de las críticas brillantemente expresadas 255 , dando menos crédito al acontecimiento que han presenciado vuestros ojos que al relato que habéis oído. No hay como vosotros para dejarse engañar por la novedad [5] 256 de una moción ni para negarse a seguir adelante con la que ya ha sido aprobada; sois esclavos de todo lo que es insólito y menospreciadores de la normalidad. Por [6] encima de todo cada uno de vosotros anhela poseer el don de la palabra, o, si no es así, que, en vuestra emulación 257 con estos oradores de lo insólito, no parezca que a la hora de seguirlos quedáis rezagados en ingenio, sino que sois capaces de anticiparos en el aplauso cuando dicen algo agudo; sois tan rápidos en captar anticipadamente lo que se dice como lentos en prever sus consecuencias 258 . Buscáis, por así decirlo, un mundo distinto de aquel en [7] que vivimos, sin tener una idea cabal de la realidad presente; en una palabra, estáis subyugados por el placer del oído y os parecéis a espectadores sentados delante de sofistas 259 más que a ciudadanos que deliberan sobre los intereses de su ciudad.

[39 ] »De estos errores yo intentaré apartaros, demostrándoos que los mitileneos son culpables de injusticiacontra [2] vosotros como ninguna otra ciudad lo ha sido. Porque yo 260 soy indulgente con quienes se han rebelado por no poder soportar vuestro imperio o forzados por nuestros enemigos; pero cuando han cometido una tal acción los habitantes de una isla provista de fortificaciones, que sólo podían temer a nuestros enemigos por mar —en un campo en que tampoco estaban sin defensa gracias a su escuadra de trirremes 261 — y que vivían autónomos y eran respetados por nosotros al máximo 262 , ¿qué otra cosa han hecho estas gentes sino urdir una agresión y promover la subversión más que lanzarse a una rebelión 263 (la rebelión, ciertamente, es propia de quienes han sufrido alguna violencia), y tratar de destruirnos poniéndose al lado de nuestros enemigos más acérrimos? Esto constituye, en realidad, un crimen más grave que si nos hubieran hecho la guerra [3] por su cuenta para aumentar su poder. No les han servido de ejemplo 264 las desgracias de otros pueblos, de cuantos ya han intentado apartarse de nosotros y han sido sometidos, ni su actual prosperidad ha sido causa de indecisión a la hora de tomar una senda peligrosa; se han vuelto, por el contrario, audaces ante el futuro y, abrigando esperanzas superiores a su poder pero inferiores a su ambición 265 , han emprendido la guerra con la determinación de anteponer la fuerza al derecho 266 ; porque en el momento en que han creído poder superarnos 267 nos han atacado sin haber sido objeto de ofensa. Suele ocurrir 268 que [4] aquellas ciudades a las que alcanza, plenamente y por poquísimo tiempo, una prosperidad inesperada se inclinan a la insolencia; pero, por lo general, los éxitos que acontecen a los hombres conforme a cálculo son más seguros que los que ocurren contra toda previsión y, por decirlo así, resulta más fácil rechazar la adversidad que conservar la felicidad. Los mitileneos, ya desde hace mucho tiempo, [5] no debían haber recibido de nosotros en ningún aspecto un trato diferente a los demás, y así no se hubieran insolentado hasta este punto; pues, en este caso como en otros, la naturaleza lleva al hombre a despreciar a quien lo trata con respeto y a reverenciar a quien lo hace sin concesiones [6] 269 . Sean, por tanto, castigados ahora 270 en la forma que su culpa merece, y no endoséis la responsabilidad a los aristócratas absolviendo al pueblo. Porque todos os 271 han atacado del mismo modo 272 , cuando les era posible pasarse a nuestro lado y estar ahora de nuevo establecidos en su ciudad 273 ; juzgaron, en cambio, más seguro compartir el riesgo con los aristócratas y colaboraron en la [7] rebelión. Pensad, además, en los aliados: si imponéis las mismas penas a los que se rebelan forzados por nuestros enemigos y a aquellos que lo hacen voluntariamente, ¿quién creéis que dejará de rebelarse con un mínimo de pretexto, toda vez que en caso de éxito obtendrá la liberación y en caso de fracaso no sufrirá ningún daño irreparable? [8] Nosotros, por el contrario, tendremos que exponer nuestras vidas y nuestro dinero frente a cada ciudad; y si la fortuna nos acompaña, después de ocupar una ciudad arruinada 274 , nos veremos privados de ahora en adelante del tributo futuro 275 , base de nuestra fuerza, mientras que, en caso de fracaso, añadiremos nuevos enemigos a los que ya tenemos, y el tiempo que ahora dedicamos a enfrentarnos a nuestros actuales adversarios, deberemos destinarlo a la guerra contra nuestros propios aliados 276 .

»No debemos, por consiguiente, dejarles abrigar ninguna [40 ] esperanza, ni fundada en la elocuencia ni adquirida con dinero 277 , de que obtendrán indulgencia so pretexto de que errar es humano. Porque los daños no los han causado involuntariamente, sino que su maquinación contra nosotros ha sido consciente; y sólo lo involuntario merece indulgencia 278 . Así pues, yo, igual ahora que al principio [2] 279 , peleo con empeño para que no volváis sobre vuestras decisiones anteriores y para que no cometáis un error bajo la influencia de los tres sentimientos más perniciosos para el imperio: la compasión, el placer de la elocuencia y la clemencia 280 . La piedad 281 , en efecto, es [3] justo que sea el pago que se dé a quienes están animados del mismo sentimiento, y no a gentes que no corresponderán con idéntica compasión y que, de necesidad, son siempre enemigos; en cuanto a los oradores 282 que os deleitan con su elocuencia, ya tendrán oportunidad de competir en otras ocasiones de menor trascendencia 283 , y no cuando la ciudad, por un breve momento de placer, pagará una dura pena 284 , mientras que ellos mismos en pago a su magnífica oratoria recibirán una recompensa igualmente magnífica 285 ; la clemencia, en fin, se otorga a quienes tienen la intención de seguir siendo amigos en el futuro, y no a aquellos cuya enemistad persiste igual que antes y [4] sin disminuir ni un ápice. Una cosa os digo en resumen: si me escucháis, tomaréis medidas justas respecto a los mitileneos a la vez que útiles para vosotros, pero si falláis de otro modo, vuestro veredicto no será de gracia hacia ellos 286 , sino más bien de condena para vosotros mismos. Porque si ellos han actuado correctamente al rebelarse, vosotros no deberíais ejercer el imperio. Y si, aun sin tener derecho, pretendéis ejercerlo a pesar de todo, es menester que los castiguéis, en vuestro propio interés e incluso contra la equidad 287 , o, en caso contrario, debéis renunciar al imperio y hacer el papel de hombres honestos lejos de todo peligro 288 . Determinaos a sancionarlos con [5] la misma pena 289 y a no mostraros, una vez que habéis escapado de sus intrigas, menos capaces de reacción 290 que quienes las han tramado; reflexionad sobre lo que ellos verosímilmente hubieran hecho si os hubieran vencido, tanto más cuanto que fueron ellos los primeros en cometer injusticia. En la mayoría de los casos, quienes hacen [6] mal a alguien sin ningún motivo prosiguen en su acción hasta aniquilarlo, recelando del peligro que supone la supervivencia del enemigo; porque quien ha sido víctima de una ofensa sin justificación, si logra escapar, es más peligroso que un enemigo en pie de igualdad 291 .

»No os traicionéis, pues, a vosotros mismos, sino que, [7] situándoos con el pensamiento lo más cerca posible del momento en que sufristeis el agravio y recordando cómo hubierais llegado a darlo todo por someterlos, pagadles ahora con la misma moneda 292 sin dejaros ablandar por el inmediato presente y sin olvidar el peligro que entonces pendía sobre vuestras cabezas. Castigadlos como se merecen [8] y dad a los otros aliados un ejemplo 293 claro de que la pena para quienes se rebelen será la muerte. Si comprenden esto, tendréis menor necesidad de descuidar a vuestros enemigos para combatir contra vuestros propios aliados 294 ».

La moderación de Diódoto

[41 ] Tal fue el discurso de Cleón. Después de él, Diódoto 295 , hijo de Éucrates, que en la asamblea precedente ya se había distinguido por su oposición a condenar a muerte a los mitileneos, se adelantó de nuevo y habló del modo siguiente:

Discurso de Diódoto

«No censuro a quienes han propuesto [42 ] de nuevo 296 el debate sobre la cuestión de los mitileneos, ni apruebo a los que se quejan de que se delibere repetidamente sobre asuntos de la máxima importancia; pero pienso que dos son las cosas más contrarias a una sabia decisión: la precipitación y la cólera; de ellas, una suele ir en compañía de la insensatez, y la otra de la falta de educación y la cortedad de entendimiento 297 . En cuanto a las palabras 298 , [2] el que se empeña en sostener que no son una guía para la acción, o es poco inteligente o está movido por algún interés personal 299 : poco inteligente si piensa que es posible por algún otro medio hacer conjeturas sobre hechos futuros e inciertos; y movido por algún interés si, queriendo persuadiros a una resolución vergonzosa, piensa que no sería capaz de hablar bien en defensa de una mala causa, pero espera poder desconcertar, mediante hábiles calumnias, a sus oponentes y al auditorio 300 . Y los más [3] peligrosos son los que empiezan por acusar al adversario de alarde oratorio al dictado del dinero 301 . Porque si lo inculparan de ignorancia, el orador que no lograra persuadir al auditorio se retiraría con una fama de hombre poco inteligente más que de corrompido; pero bajo una acusación de corrupción, aun el orador que consigue persuadir al auditorio resulta sospechoso, y el que no tiene éxito, además de la fama de escasa inteligencia, se le considera [4] corrompido. En esta situación la ciudad no resulta beneficiada 302 , porque se ve privada de consejeros a causa del miedo. El éxito la acompañaría en muchas más empresas si los ciudadanos a los que me refiero fueran incapaces de hablar 303 , pues en muchas menos ocasiones la [5] inducirían al error. Lo que en realidad hace falta es que el buen ciudadano, en lugar de intimidar a sus oponentes, muestre la superioridad de sus argumentos luchando con las mismas armas, y que la ciudad sensata no acreciente los honores a quien bien le aconseja, pero que tampoco le disminuya los que ya posee, y que no sólo, no penalice al defensor de una moción que no alcanza el éxito, sino [6] que ni siquiera lo deshonre 304 . De este modo será muy difícil que el orador que tenga éxito, con miras a una consideración todavía mayor, diga algo en contra de sus convicciones para complacer, y que el que no lo alcance trate de ganarse al pueblo con el mismo procedimiento, recurriendo también él a la adulación.

[43 ] »Nosotros hacemos justamente lo contrario. Es más, si se tiene siquiera la sospecha de que alguien actúa en provecho propio, aun en el caso de que dé los mejores consejos, lo vemos con malos ojos por esta infundada presunción de provecho personal y privamos a la ciudad de una indudable ganancia. Se ha establecido la costumbre [2] de que los buenos consejos dados con franqueza no resultan menos sospechosos que los malos, de suerte que se hace igualmente preciso que el orador que quiere hacer aprobar las peores propuestas seduzca al pueblo con el engaño y que el que da los mejores consejos se gane su confianza mintiendo 305 . A causa de estas argucias 306 , sólo [3] a nuestra ciudad 307 no se le puede prestar un servicio abiertamente y sin engaños, porque quien a las claras le ofrece un beneficio recibe como pago la sospecha de que de alguna forma oculta va a obtener ganancias. Es preciso, [4] sin embargo, ante cuestiones de la máxima importancia, e incluso en estas circunstancias, reconocer que nosotros os hablamos con una previsión que va algo más lejos que vuestras consideraciones a corto plazo, y ello tanto más cuanto que nosotros somos responsables de nuestra exhortación, mientras que vosotros no respondéis de la atención prestada a nuestro consejo 308 . Porque si tanto el [5] orador que logra la aprobación de su propuesta como el auditorio que la sigue se expusieran a los mismos daños 309 , vosotros decidiríais con mayor prudencia; ahora, en cambio, sucede que, cuando sufrís un revés, obedeciendo a la cólera del momento, tan sólo castigáis una opinión, la de quien os ha persuadido, y no vuestras propias opiniones, a pesar de que, siendo muchas, se han unido al error 310 .

[44 ] »Ahora bien, yo no he salido a hablar para oponerme a nadie en defensa de los mitileneos, ni tampoco para acusarlos. Porque nuestro debate, si somos sensatos, no versa sobre su culpabilidad, sino sobre la prudencia de nuestra [2] resolución 311 . Si demuestro que ellos son plenamente culpables, no por ello os animaré a matarlos, si no resulta ventajoso; y si es que merecen una cierta disculpa, tanto peor, si esta disculpa no pareciera un bien para la [3] ciudad 312 . Pienso que estamos deliberando más sobre el futuro que sobre el presente. Y en cuanto al argumento en que insiste especialmente Cleón, esto es, que nuestro interés para el porvenir, con miras a un menor número de rebeliones, estriba en que impongamos la pena de muerte, yo, insistiendo a mi vez en nuestra conveniencia para el [4] futuro, sostengo la opinión contraria. Y os pido que, a causa del artificio de su discurso 313 , no rechacéis lo que de útil se encierra en el mío. Al ser su discurso más justo desde la óptica de vuestra actual cólera contra los mitileneos, tal vez podrá atraeros; pero nosotros no estamos querellándonos contra ellos, como para que nos sean precisas razones de justicia, sino que deliberamos sobre ellos, para que nos reporten utilidad 314 .

»Lo cierto es que en las ciudades la pena de muerte [45 ] está establecida para muchos delitos 315 , incluso no iguales a éste, sino de menor gravedad; y, sin embargo, impulsados por la esperanza, los hombres se arriesgan, y nunca nadie ha tomado la senda del peligro 316 con la idea de que se condenaba a no triunfar en su proyecto. ¿Qué ciudad al [2] rebelarse ha intentado la empresa con recursos bélicos a su parecer inferiores, bien propios, bien procurados por la alianza con otras ciudades? La naturaleza ha dispuesto que [3] todo el mundo, tanto a nivel particular como público, cometa errores, y no hay ley capaz de impedirlo 317 , puesto que los hombres ya han recorrido toda la escala de penas agravándolas progresivamente 318 , por ver si sufrían menos daños de parte de los malhechores. Y es probable que en los tiempos antiguos las penas establecidas para los delitos más graves fueran más suaves 319 , pero al seguir habiendo transgresiones, con el tiempo, la mayor parte de las penas acabaron en la de muerte; y aún con ellas las transgresiones continúan 320 . Hay que encontrar, por tanto, algún [4] motivo de miedo más terrible que éste, o admitir que éste, al menos, no supone ningún obstáculo, sino que la pobreza, que azuzada por la necesidad inspira la audacia, la riqueza 321 , que con la desmesura y el orgullo engendra la ambición, y las otras situaciones de la vida sujetas a las pasiones humanas, en la medida en que están dominadas en cada caso por un impulso superior e irresistible, [5] arrastran al hombre hacia los peligros 322 . Y en todos los casos la esperanza y el deseo 323 —éste al frente y aquélla siguiendo, uno ideando el plan 324 y la otra sugiriendo el favor de la fortuna— provocan muchísimos daños y, al [6] ser invisibles tienen más fuerza que los peligros visibles. Y se agrega, en fin, la fortuna 325 , que no contribuye menos a exaltar los ánimos: a veces, en efecto, concede su favor inopinadamente e incita al hombre a arriesgarse, incluso en condiciones de inferioridad, y ello ocurre especialmente cuando se trata de ciudades, por cuanto que están en juego los más grandes intereses —la libertad y el dominio sobre otros 326 —y que, unido a la comunidad, cada individuo se valora a sí mismo sin razón alguna, en más de lo que [7] vale 327 . En una palabra, es imposible —y es de una gran ingenuidad quien lo imagina 328 —que la naturaleza humana, cuando se lanza con entusiasmo a una acción, sea disuadida por la fuerza de las leyes o por cualquier otra amenaza.

»Es preciso, por tanto 329 , no tomar una decisión equivocada [46 ] por confiar en la pena de muerte como si fuese una garantía, y no dejar sin esperanza a los rebeldes respecto a la posibilidad de cambiar de parecer y de cancelar la culpa en el más breve plazo posible. Tened en cuenta [2] que actualmente, si una ciudad que se ha rebelado comprende que no va a triunfar 330 , puede llegar a un acuerdo cuando todavía está en condiciones de indemnizarnos de los gastos de la guerra 331 y de pagar el tributo en el futuro; pero con el otro sistema, ¿qué ciudad, según vosotros 332 , no se preparará mejor que ahora y no soportará el asedio hasta el final 333 , si da lo mismo llegar a un acuerdo pronto que tarde? Y para nosotros, ¿cómo no va [3] a ser un perjuicio gastar nuestro dinero en el asedio por no poder concluir un acuerdo y, en caso de conquistarla, ocupar una ciudad arruinada 334 y vernos privados en adelante del tributo procedente de ella? ¡El tributo, que es [4] la base de nuestra fuerza frente al enemigo! 335 . En consecuencia, no debemos perjudicarnos a nosotros mismos por erigirnos en jueces severos de quienes han cometido una falta, sino que más bien hemos de ver cómo, mediante castigos moderados, podremos disponer en el futuro de ciudades poderosas en el aspecto económico; y no debemos hacer depender nuestra seguridad del rigor de las leyes, [5] sino de la previsión de nuestras actuaciones. Ahora, sin embargo, hacemos justamente lo contrario: si sometemos a un pueblo libre, incorporado por la fuerza a nuestro imperio, que, como es natural, se ha rebelado para conseguir su autonomía 336 , creemos que es necesario [6] escarmentarlo duramente 337 . Lo que hay que hacer, en cambio, no es castigar severamente a los pueblos libres cuando se rebelan, sino establecer un severa vigilancia 338 antes de que estalle la rebelión y tomar todas las precauciones necesarias para que la idea no se les venga a las mientes; y cuando se ha sofocado una rebelión, imputar la culpa al menor número posible de personas.

»Y a este respecto considerad vosotros mismos qué [47 ] gran error cometeríais en caso de dejaros persuadir por Cleón. Actualmente el pueblo os es favorable en todas [2] las ciudades 339 , y o no participa en las rebeliones de los aristócratas o, si se ve forzado a ello, al punto se convierte en enemigo de los rebeldes 340 , y vosotros entráis en guerra contando con la alianza de las masas populares de la ciudad que se os ha enfrentado. Pero si aniquiláis al [3] pueblo de Mitilene, que no participó en la rebelión y que cuando tuvo las armas en su poder os entregó espontáneamente la ciudad, primero cometeréis la injusticia de dar muerte a vuestros bienhechores y, en segundo lugar, ejecutaréis el más ferviente deseo de los poderosos: en cuanto muevan a las ciudades a rebelarse, al punto tendrán al pueblo como aliado, puesto que previamente vosotros les habréis hecho ver que está establecido el mismo castigo para los culpables y para los que no lo son. Aunque sean [4] culpables, debemos fingir que no lo son, a fin de que el único elemento que todavía es nuestro aliado no se convierta en enemigo. Y pienso que para el mantenimiento [5] del imperio es mucho más útil el hecho de que nosotros suframos de buen grado una injusticia que aniquilar con justicia a aquellos cuya destrucción no nos conviene. Y en cuanto a la idea de Cleón 341 respecto a la identificación de la justicia y la utilidad del castigo, no se revela como posible que en este caso coexistan.

[48 ] »Vosotros daos cuenta de que esta propuesta mía es la mejor, y sin hacer excesivas concesiones a la compasión y a la clemencia 342 —sentimientos por los que tampoco yo consiento que os dejéis seducir—, pero siguiendo mis consejos, acceded a lo que os propongo: juzgad con calma 343 a los mitileneos que nos envió Paques como culpables 344 , y a los demás dejadlos vivir en paz en su patria. [2] Es ésta una resolución buena para el futuro y temible, ya desde ahora, para nuestros enemigos; quien toma sus decisiones con prudencia es más fuerte frente a sus adversarios que aquel que, basándose en su fuerza, se lanza a la acción de forma insensata» 345 .

Triunfa la propuesta de Diódoto. Mitilene al borde de la matanza

Tal fue el discurso de Diódoto. [49 ] Y una vez que fueron defendidas estas mociones tan bien contrapuestas entre sí, los atenienses, a pesar de todo 346 , se encontraron en un conflicto de opiniones y quedaron casi igualados en la votación a mano alzada; pero venció la propuesta de Diódoto. En seguida despacharon otra trirreme, a toda prisa, [2] para no encontrar la cuidad ya destruida si llegaba primero la que había zarpado antes; y ésta llevaba aproximadamente un día y una noche de ventaja 347 . Como los [3] embajadores de Mitilene habían aprovisionado la nave de vino y harina de cebada 348 y habían prometido una gran recompensa si llegaban a tiempo, la velocidad de navegación fue tal que los hombres comían harina amasada con vino y aceite 349 sin dejar de remar, y a turnos algunos descabezaban un sueño mientras los otros remaban 350 . Y [4] como por fortuna 351 no sopló ningún viento contrario y la nave primera no navegaba con prisas hacia una misión desagradable 352 , mientras que la segunda se apresuraba del modo que hemos visto, aquélla llegó con la anticipación suficiente para que Paques pudiera leer el decreto y se dispusiera a ejecutar lo decidido, pero la segunda atracó a continuación de la otra e impidió la matanza. Tan cerca del peligro estuvo Mitilene.

La suerte de Lesbos

[50 ] Los otros hombres que Paques había enviado a Atenas como principales responsables de la rebelión 353 fueron ejecutados por los atenienses siguiendo el parecer de Cleón (eran poco más de mil 354 ); los atenienses derribaron, asimismo, las murallas de los mitileneos y se apoderaron [2] de sus naves 355 . Después de esto no fijaron un tributo a los lesbios, sino que, tras dividir el territorio, salvo el de Metimna, en tres mil lotes, reservaron trescientos para consagrarlos a los dioses 356 , y a los otros enviaron cíemeos 357 sacados a suerte entre ciudadanos atenienses 358 ; con éstos, los lesbios se comprometieron a pagar una suma de dos minas al año por cada lote 359 , y ellos mismos siguieron [3] trabajando la tierra 360 . Los atenienses también se apoderaron de todas las poblaciones del continente 361 sobre las que dominaban los mitileneos, y en adelante éstas estuvieron sometidas a los atenienses. Así se desarrollaron los sucesos de Lesbos 362 .

ATAQUE ATENIENSE A NISEA

[51 ] En el mismo verano, después de la conquista de Lesbos, los atenienses, al mando de Nicias 363 , hijo de Nicérato, hicieron una expedición contra la isla de Minoa 364 , que está situada delante de Mégara; los megareos, que habían construido en ella una torre, utilizaban la isla como fortaleza. Nicias quería que los atenienses ejercieran su vigilancia [2] desde allí, a menor distancia, y no desde Búdoro 365 y Salamina; respecto a los peloponesios, su intención era que desde allí 366 no pudieran efectuar salidas a escondidas lanzando incursiones de trirremes, como ya había ocurrido anteriormente 367 , y de piratas 368 ; y, al mismo tiempo, quería impedir cualquier entrada en el puerto de los megareos. Así, como primera medida, atacando desde [3] el mar con ingenios de asalto 369 , tomó dos torres prominentes en la costa del lado de Nisea 370 , con lo que dejó expedita para sus naves 371 la entrada en el canal entre la costa y la isla; a continuación protegió con una fortificación su posición por la parte que venía de tierra adentro 372 , por donde era posible, a través de un puente sobre marismas 373 , que llegara ayuda a la isla, que no [4] distaba mucho del continente 374 . Y una vez que sus hombres hubieron realizado esto en pocos días, también 375 dejó una fortificación con una guarnición en la isla, y luego se retiró con el grueso de sus fuerzas.

EL FINAL DE PLATEA

La rendición

Por la misma época de este verano, [52 ] también 376 ocurrió que los plateos, que ya no tenían víveres y no podían resistir el asedio, llegaron a un acuerdo con los peloponesios del modo siguiente. Éstos atacaban sus murallas y [2] ellos ya eran incapaces de defenderse. El comandante lacedemonio 377 , sin embargo, aunque se dio cuenta de su debilidad no quiso tomar la plaza por la fuerza (así le había sido ordenado por Esparta, a fin de que, si un día concluían un tratado de paz con los atenienses y se convenía que cada bando debía restituir las posiciones ocupadas en acciones de guerra, no tuviera que ser devuelta Platea por considerarse que se habían pasado voluntariamente a su lado); les envió, en cambio, un heraldo para decirles que, si querían entregar la ciudad voluntariamente a los lacedemonios y aceptarlos como jueces, castigarían a los culpables, pero a ninguno sin juicio. Esto es cuanto dijo el [3] heraldo, y ellos, que ya estaban en una situación de extrema debilidad, entregaron la ciudad. Los peloponesios suministraron alimento a los plateos durante unos días, hasta [4] que llegaron los cinco jueces enviados por Esparta. A su llegada, no se presentó ninguna acusación; después de convocar a los plateos, se limitaron a preguntarles si en la guerra presente habían prestado algún servicio a los [5] lacedemonios y a sus aliados. Los plateos contestaron, tras haber solicitado que se les dejara hablar más largamente y haber designado como portavoces a Astímaco, hijo de Asopolao, y a Lacón, hijo de Eimnesto, que era próxeno de los lacedemonios 378 . Éstos se adelantaron y hablaron de este modo:

Discurso de los plateos

[53 ] «Hemos procedido a la rendición de nuestra ciudad, lacedemonios, por confiar en vosotros y no pensar que íbamos a vernos sometidos a un juicio de este tipo, sino a uno más de acuerdo con las normas; y nunca habríamos aceptado comparecer ante otros jueces fuera de vosotros 379 , como hacemos ahora, porque creíamos que así [2] íbamos a obtener un mayor grado de justicia. Ahora, sin embargo, tememos que nos hemos equivocado en ambas apreciaciones; tenemos buenas razones, en efecto, para sospechar que va a ser un debate sobre la pena capital 380 y que vosotros no resultaréis jueces imparciales. Llegamos a esta conjetura por los siguientes indicios: no se ha formulado contra nosotros una acusación previa que exigiera una réplica (sino que hemos sido nosotros quienes hemos pedido la palabra) 381 , y vuestra pregunta es de tal concisión que contestar a ella con la verdad redunda en contra nuestra, mientras que la mentira tiene fácil refutación. Pero, [3] acosados como estamos por todos los lados 382 , nos vemos obligados —y ésta nos parece la solución más segura— a correr el riesgo de decir unas palabras 383 ; pues, en nuestra situación, el dejar de pronunciar estas palabras suscitaría la recriminación de que hubieran representado la salvación si hubieran sido pronunciadas. Y la persuasión [4] 384 supone para nosotros una dificultad adicional; porque, si no nos conociéramos unos a otros, iríamos aduciendo testimonios a nuestro favor en relación con hechos de los que no tuvierais conocimiento y sacaríamos provecho de ello; pero ahora todo será dicho ante personas informadas y lo que tememos no es que juzguéis de antemano que nuestros méritos 385 son inferiores a los vuestros y que hagáis una acusación de ello, sino que, por hacer un favor a otros 386 , nos encontremos ante una sentencia ya pronunciada.

»A pesar de todo, presentaremos las razones de justicia [54 ] que tenemos en nuestras diferencias con Tebas y en nuestras relaciones con vosotros y con los demás griegos; haremos así mención de los servicios prestados e intentaremos persuadiros.

[2] En contestación a vuestra concisa pregunta de si hemoshecho algún favor a los lacedemonios y a sus aliados durante esta guerra, os decimos, si nos lo preguntáis comoenemigos, que vosotros no habéis sufrido una ofensa alno haber sido objeto de nuestro buen trato, y, en casode considerarnos amigos, que sois más culpables vosotrosmismos, vosotros que habéis marchado contra nosotros. [3] En lo relativo al período de paz y a la guerra contra el Medo 387 , nuestra actuación ha sido honesta, puesto que ahora no hemos sido los primeros en romper la paz y entonces fuimos los únicos beocios que nos alineamos junto [4] a vosotros para combatir por la libertad de Grecia 388 . En efecto, aunque somos un pueblo continental, combatimos en la batalla naval de Artemisio 389 , y en la batalla que tuvo lugar en nuestro territorio 390 estuvimos al lado vuestro y de Pausanias; y en cualquier otro peligro que afrontaran los griegos durante aquel tiempo, nosotros participamos con un empeño superior a nuestras fuerzas 391 . Y a [5] vosotros en particular, lacedemonios, precisamente en aquellos días en que un pánico extremo se había apoderado de Esparta cuando, tras el terremoto, los hilotas sublevados se habían retirado a Itome 392 , os enviamos como socorro la tercera parte de nuestros ciudadanos; y estas cosas no está bien olvidarlas.

»Éste fue el comportamiento que en el pasado y en [55 ] los momentos más decisivos consideramos decoroso; luego nos hemos convertido en enemigos vuestros. Pero vosotros sois los culpables: al solicitar vuestra alianza 393 cuando los tebanos hicieron uso de la violencia contra nosotros, vosotros nos rechazasteis y nOs exhortasteis a dirigirnos a los atenienses argumentando que eran vecinos mientras que vosotros habitabais a gran distancia. En esta guerra, [2] sin embargo, no habéis sido objeto, ni por asomo, de ninguna inconveniencia de nuestra parte. Si no hemos querido [3] hacer defección de los atenienses al exhortarnos vosotros a ello 394 , no hemos obrado injustamente, pues ellos nos ayudaron contra los tebanos cuando vosotros os echabais atrás, y ya no era decente traicionarlos 395 , mayormente tratándose de gentes de quienes se habían recibido beneficios, a los que habíamos hecho aliados por voluntad propia y de cuya ciudadanía participábamos 396 ; lo justo era, por el contrario, acudir prontamente a sus órdenes. [4] Y en las empresas en que unos y otros acaudilláis a vuestros aliados, no son los que siguen los responsables 397 , si algo no se realiza convenientemente, sino quienes los conducen hacia objetivos incorrectos.

[56 ] »Los tebanos nos han hecho otras muchas injusticias, y la última, a raíz de la cual padecemos esta situación, [2] es bien conocida por vosotros. Querían apoderarse de nuestra ciudad en plena paz y, por añadidura, en un día de fiesta 398 , y nosotros hemos tomado represalias rectamente, según la ley por todos reconocida que considera lícito defenderse 399 de la agresión del enemigo, y no sería justo que ahora sufriéramos un daño por su culpa. Porque si [3] vosotros, además, aplicáis la justicia asociando vuestro interés del momento a su hostilidad 400 , no apareceréis como jueces imparciales de lo que es recto, sino más bien como servidores de la conveniencia. Sin embargo, si ahora [4] los tebanos os parecen útiles, mucho más lo fuimos nosotros y los demás griegos en el pasado, cuando os encontrabais en una situación más peligrosa. Ahora, en efecto, sois vosotros quienes atacáis a otros y resultáis temibles, pero en aquellas circunstancias críticas, cuando el bárbaro nos quería imponer la esclavitud a todos, los tebanos estaban a su lado. Es justo, por tanto, que como contrapeso [5] a nuestro error de ahora, si realmente se ha cometido algún error, consideréis nuestro ardor de entonces; comprobaréis que éste fue mayor que aquél y que se manifestó en unas circunstancias en que era raro que un pueblo griego 401 opusiera su valor a la potencia de Jerjes, y en que eran cubiertos de elogios quienes, en lugar de perseguir sus propios intereses en una situación de seguridad frente al ataque enemigo, preferían aventurarse a las más nobles empresas en medio de peligros. Nosotros, que estuvimos [6] entre éstos y que recibimos los más altos honores 402 , ahora, a causa del mismo comportamiento, tenemos miedo de ser aniquilados por haber preferido una alianza con los atenienses de acuerdo con la justicia a una [7] con vosotros con miras al provecho. Es preciso, sin embargo, demostrar que mantenéis el mismo criterio respecto a situaciones idénticas, y. considerar que vuestro interés no es otro que conservar una gratitud inquebrantable por el valor de vuestros buenos aliados y conjugar con ella vuestra presunta utilidad del momento.

[57 ] »Tened presente, además, que actualmente sois considerados como un modelo de honorabilidad 403 por la mayor parte de los griegos; pero si pronunciáis respecto a nosotros una sentencia en desacuerdo con la justiciary no pasará desapercibido este juicio que emitiréis, puesto que lo pronunciaréis vosotros, que sois un pueblo celebrado, respecto a nosotros, que tampoco somos merecedores de reproche 404 ), tened cuidado de que los griegos no aprueben que respecto a hombres de bien vosotros, todavía mejores, toméis una resolución indecorosa, y que el botín arrebatado a nosotros, bienhechores de Grecia, sea consagrado [2] en los templos comunes. Se considerará indignante que los lacedemonios devasten Platea y que, mientras que vuestros padres inscribieron el nombre de nuestra ciudad en el trípode de Delfos 405 a causa de su valor, vosotros la borréis por completo del mundo griego a causa de los tebanos. A este extremo de infortunio hemos llegado, nosotros [3] que sufrimos la destrucción al vencer los Medos 406 y que ahora ante vosotros, nuestros mejores amigos de antaño, perdemos nuestro pleito frente a los tebanos 407 , y nos hemos visto sometidos a las dos pruebas más terribles: antes, morir de hambre si no entregábamos la ciudad, y ahora, correr el riesgo de ser condenados a muerte 408 . Y hemos sido rechazados por todos, nosotros, los [4] plateos, que estuvimos prestos a defender la causa de los griegos con un ardor superior a nuestras fuerzas 409 y que ahora nos vemos solos y sin apoyo; ninguno de nuestros aliados de entonces nos ayuda, y en cuanto a vosotros, lacedemonios, nuestra única esperanza 410 , tenemos miedo de que no os mantegáis firmes 411 .

»Os pedimos, de todos modos, en nombre de los dioses [58 ] que presidieron un día nuestra alianza, y por el valor desplegado en la defensa de la causa de los griegos, que no seáis inflexibles 412 y que cambiéis de parecer si habéis sido persuadidos de algún modo por los tebanos; en un intercambio de atenciones, reclamadles el beneficio de no dar muerte a aquellos cuya muerte acarrea vuestro deshonor; ganaos un agradecimiento honesto y no vergonzoso 413 y, por dar satisfacción a otros, no os granjeéis vosotros [2] una mala fama en compensación. Lleva poco tiempo, en efecto, acabar con nuestras vidas, pero será más trabajoso hacer desaparecer la ignominia que derivará de ello. Porque, al castigarnos a nosotros, no castigaréis a enemigos, lo que sería natural, sino a amigos que se vieron [3] forzados a la guerra. En consecuencia, pronunciaréis una sentencia justa si garantizáis nuestras vidas y tenéis presente que habéis hecho prisioneros a unos hombres que se han entregado voluntariamente y tendiéndoos las manos 414 (y la ley de los griegos prohibe dar muerte a quienes proceden de este modo) y que, además, han sido [4] siempre vuestros bienhechores. Volved los ojos hacia las tumbas de vuestros padres 415 , muertos a manos de los medos y sepultados en nuestra tierra, a quienes hemos honrado públicamente cada año 416 con los vestidos 417 y las demás ofrendas rituales, con todos los frutos que da nuestra tierra, cuyas primicias les hemos dedicado como ofrendas de amigos y de una tierra amiga y como aliados a los que un día fueron sus compañeros de armas. Vosotros haríais todo lo contrario en caso de no fallar rectamente. Tened en cuenta lo siguiente: Pausanias 418 los enterró pensando [5] que los depositaba en una tierra amiga y entre hombres que también lo eran; pero si vosotros nos matáis y convertís en tebana la tierra platea, ¿qué otra cosa haréis sino abandonar a vuestros padres y parientes en tierra enemiga y en el país de sus asesinos 419 , privándoles de los honores que ahora reciben? Y con ello esclavizaréis la tierra en que fueron liberados los griegos, asolaréis los santuarios de los dioses a quienes invocaron para vencer a los medos 420 y privaréis de los sacrificios patrios a quienes los fundaron y erigieron 421 .

»No contribuye a vuestra gloria, lacedemonios, ni faltar [59 ] a las leyes comunes de los griegos y a vuestros antepasados, ni destruirnos a nosotros, vuestros bienhechores, a causa de una enemistad ajena y sin que vosotros mismos hayáis sufrido injusticia tie nuestra parte; vuestra fama exige, por el contrario, que nos perdonéis la vida y que se atenúe el rigor de vuestra decisión con la adopción de una sabia compasión 422 , considerando no sólo la suerte horrenda que sufriremos, sino también quiénes somos los que íbamos a padecerla y cuan inestable es la fortuna, que un día puede abatirse sobre cualquiera, aunque [2] no lo merezca. Por nuestra parte, como corresponde a nuestra condición y como la necesidad lo exige, os dirigimos nuestra súplica invocando a los dioses adorados en los mismos altares y comunes a todos los griegos, a fin de que os convenzan de lo que pedimos: recordando los juramentos que vuestros padres prestaron, para que no los echéis en olvido, acudimos como suplicantes a las tumbas de vuestros antepasados e imploramos a los muertos que no permitan que caigamos bajo el poder tebano ni que nosotros, sus mejores amigos, seamos entregados a sus peores enemigos 423 . Y os recordamos aquel día en que realizamos las más ilustres hazañas a su lado, precisamente ahora, en este día en que corremos el riesgo de sufrir la [3] suerte más terrible. Pero es necesario poner fin al discurso, aunque sea algo muy difícil para quienes se encuentran en una situación como la nuestra, porque con el fin del discurso se aproxima el peligro de muerte. Y ya para terminar proclamamos que no hemos entregado nuestra ciudad a los tebanos (antes hubiéramos preferido perecer con la muerte más infame, la acarreada por el hambre 424 ), sino que hemos capitulado ante vosotros y en vosotros hemos confiado; y es justo que, si no os convencemos, nos devolváis a nuestra situación de antes y permitáis que nosotros mismos elijamos el peligro que debamos afrontar. En fin, os rogamos encarecidamente, nosotros, los plateos, [4] un día los más ardientes defensores de la causa de los griegos, que no seamos entregados a los tebanos, nuestros peores enemigos, tras ser arrancados, a pesar de ser suplicantes, de vuestras manos, oh lacedemonios, y de vuestra protección; sed nuestros salvadores y, siendo los libertadores de los otros erieeos, no seáis nuestra perdición» 425 .

Discurso de los tebanos

Así hablaron los plateos. Entonees [60 ] los tebanos, temiendo que en vista de este discurso los lacedemonios hicieran alguna concesión, se adelantaron 426 y dijeron que ellos también querían tomar la palabra, puesto que, en contra de su parecer, se había concedido a los plateos pronunciar un discurso más extenso que una simple contestación a la pregunta. Y cuando les concedieron la palabra, hablaron de la forma siguiente:

«No hubiéramos pedido la palabra si los plateos, porsu [61 ] parte, hubieran contestado con brevedad a lo preguntado y no se hubieran vuelto contra nosotros para formular una acusación y presentar, a propósito de sí mismos, al margen de la cuestión planteada y sin que ni siquiera fueran acusados, una larga defensa y un elogio de hechos por los que nadie les había dirigido ningún reproche. Pero en estas circunstancias es preciso replicar a sus acusaciones y refutar sus argumentos, a fin de que no saquen partido ni de nuestra infamia ni de su gloria 427 y de que vosotros emitáis vuestro veredicto después de escuchar la verdad sobre ambas.

[2] »Nuestras diferencias con los plateos comenzaron de este modo: cuando, después de establecernos en el resto de Beoda 428 , nosotros fundamos Platea y otras plazas con ella, plazas que ocupamos expulsando a una población heterogénea 429 , los plateos no quisieron someterse a nuestra hegemonía 430 , como se había determinado al principio, sino que, al margen del resto de los beocios, transgredieron las tradiciones patrias 431 y, cuando se vieron forzados a obedecer, se pasaron a los atenienses, y con ellos nos han causado muchos daños, por los que también han recibido su merecido.

[62 ] »Dicen que, cuando los bárbaros vinieron contra Grecia, fueron los únicos entre los beocios que no colaboraron con los medos, y por esto sobre todo ellos se enorgullecen, [2] mientras que a nosotros nos injurian. Pero nosotros afirmamos que ellos no colaboraron con los medos porque tampoco lo hicieron los atenienses, y que, de modo semejante 432 , más tarde, cuando los atenienses se han movido contra los griegos, también han sido los únicos beocios que han colaborado con los atenienses 433 . Considerad, sin [3] embargo, en qué situación hemos actuado de este modo, tanto ellos como nosotros. Nuestra ciudad no se encontraba gobernada en aquel entonces ni por una oligarquía basada en la igualdad ante la ley 434 ni por una democracia, sino que, en el régimen que es más opuesto a la legalidad y al sistema de gobierno más sabio 435 y que es más próximo a una tiranía, el poder estaba sometido al arbitrio de unos pocos 436 . Y éstos, en la esperanza de alcanzar [4] un poder personal todavía mayor 437 si la causa del Medo triunfaba, contuvieron al pueblo por la fuerza y llamaron al bárbaro; así, pues, la ciudad en su conjunto no era dueña de sí misma cuando actuó de ese modo, y no es justo que se le dirijan reproches por errores que cometió cuando no estaba bajo el imperio de la ley 438 . En todo [5] caso, tras la retirada del Medo y la recuperación de nuestras leyes, lo que hay que considerar es si no es cierto que, cuando los atenienses más tarde atacaron el resto de Grecia e intentaron someter nuestro país y tenían ya bajo su poder la mayor parte gracias a las disensiones internas 439 , nosotros, con nuestra actuación al combatir en Coronea 440 y nuestra victoria sobre ellos, fuimos los libertadores de Beocia, y si no es cierto también que actualmente contribuimos con ardor a la liberación de los otros procurando caballos 441 y medios en mayor cantidad que los demás aliados.

[63 ] »Tal es, pues, nuestra defensa contra la acusación de colaborar con los medos; ahora intentaremos demostrar que vosotros, plateos, sois más culpables de injusticia contra los griegos y más merecedores de todos los castigos. [2] Os habéis convertido en aliados y conciudadanos 442 de los atenienses, según decís, para defenderos de nosotros. Hubierais debido entonces limitaros a conseguir su ayuda contra nosotros en lugar de marchar a su lado contra otros; y teníais la posibilidad de actuar de este modo si alguna vez erais conducidos por los atenienses contra vuestra voluntad, puesto que desde antes estaba concertada con los lacedemonios aquí presentes la alianza contra el Medo, en la que especialmente os escudáis 443 ; esta alianza resultaba suficiente para apartarnos de vosotros 444 y, lo que es más importante, para permitiros deliberar sin miedo. Pero lo cierto es que voluntariamente y sin que se os forzara habéis preferido el partido de los atenienses. Y afirmáis que hubiera sido vergonzoso traicionar a vuestros [3] bienhechores; pero era mucho más vergonzoso y más injusto traicionar a todos los griegos, a los que os unía un juramento, que a los atenienses solos, ya que unos querían esclavizar a Grecia, mientras que los otros pretendían liberarla 445 . Por otra parte, el agradecimiento con [4] que habéis correspondido a los atenienses no es proporcionado ni está exento de deshonor; pues habéis pedido su ayuda, según decís, porque erais objeto de injusticia, pero también os habéis convertido en sus cómplices para cometer injusticia contra otros. Y es, ciertamente, vergonzoso no corresponder con muestras de gratitud adecuadas, pero éste no es el caso cuando se contrae la deuda de gratitud de acuerdo con la justicia, en tanto que el pago se realiza para apoyar la injusticia 446 .

[64 ] »Así habéis dejado claro que entonces no fue en beneficio de los griegos por lo que fuisteis los únicos beocios que no colaborasteis con los medos, sino porque tampoco lo hicieron los atenienses, y vosotros queríais actuar de [2] acuerdo con un bando y enfrentaros al otro. Y ahora pretendéis sacar partido de la determinación que gracias a otros os ennobleció. Pero esto no es justo; dado que elegisteis el partido de los atenienses, continuad combatiendo a su lado, y no aleguéis que la alianza que antaño jurasteis [3] os debe salvar ahora. Porque vosotros la abandonasteis y, transgrediendo la fe jurada, preferisteis contribuir a esclavizar a los eginetas 447 , y a algunos otros que también la habían jurado con vosotros, a oponeros a ello; y eso no fue por una acción involuntaria, sino bajo leyes que aún ahora tenéis y sin que nadie os forzara, como ocurrió con nosotros. En fin, la última invitación que os hemos hecho antes del asedio, exhortándoos a seguir en paz y manteneros neutrales, no la habéis aceptado 448 . [4] ¿Quiénes, pues, podrían ser odiados por todos los griegos con más justicia que vosotros, que para su mal habéis hecho alarde de vuestra honorabilidad? 449 . Y en cuanto a los servicios que, según decís, prestasteis un día, ahora habéis demostrado que no tenían nada que ver con vosotros, mientras que lo que siempre ha deseado vuestra naturaleza se ha mostrado en su auténtica realidad: habéis marchado con los atenienses cuando han emprendido el [5] camino de la injusticia 450 . Esto es, pues, lo que manifestamos a propósito de nuestra colaboración involuntaria con los medos y de la vuestra, voluntaria, con los atenienses 451 .

»En cuanto a la última injusticia que decís haber sufrido [65 ] —el que nosotros violáramos las leyes al marchar contra vuestra ciudad en plena paz y en un día de fiesta 452 —tampoco consideramos que en este punto nuestra culpa sea mayor que la vuestra. Porque si es verdad que nosotros, [2] por propia iniciativa, hemos marchado contra vuestra ciudad y hemos combatido y devastado vuestro territorio como enemigos, somos culpables; pero si algunos de vuestros ciudadanos, los primeros por su riqueza y su cuna 453 , queriendo poner fin a vuestra alianza con una potencia extranjera y reconciliaros con la comunidad tradicional de todos los beocios 454 , nos han llamado libremente, ¿de qué somos culpables? Son los que conducen quienes violan las leyes, no los que siguen 455 . Pero, a nuestro juicio, ni ellos [3] ni nosotros somos culpables; ellos eran ciudadanos como vosotros y exponiendo más en el intento abrieron su propia muralla y nos introdujeron en su ciudad como amigos, no como enemigos; querían que los peores de entre vosotros no lo fueran más todavía y que los mejores tuvieran lo que merecían; pretendían imponer el buen sentido en vuestros espíritus 456 y no privaban a la ciudad de vuestras personas, sino que la llevaban a la unión con sus hermanos de raza; y no querían convertiros en enemigos de nadie, sino poneros en paz sin distinción con todo el mundo 457 .

[66 ] »Y he aquí la prueba de que no actuamos como enemigos: no cometimos injusticia contra nadie, y proclamamos que quienes quisieran gobernarse de acuerdo con las instituciones tradicionales de todos los beocios se unieran [2] a nosotros 458 . Y vosotros vinisteis de buen grado 459 y llegasteis a un convenio con nosotros; y en un primer momento permanecisteis tranquilos, pero luego, cuando os disteis cuenta de que éramos pocos, aun concediendo que hubiéramos dado la impresión de realizar una acción poco justificable 460 al entrar sin el consentimiento de vuestro pueblo 461 , no nos pagasteis con la misma moneda, es decir, evitando los actos de violencia y procurando persuadirnos con palabras a salir de la ciudad, sino que nos atacasteis violando el convenio; y no sentimos tanto dolor por aquellos que cayeron a vuestras manos en el combate (pues al menos sufrieron su destino de acuerdo con una cierta forma de ley) 462 como por aquellos que os tendían las manos 463 y que hicisteis prisioneros; nos prometisteis después que no les daríais muerte 464 , pero los destruísteis contra toda ley. ¿Cómo, pues, no calificar vuestra acción de monstruosa? Y así, después de cometer en poco tiempo [3] tres injusticias —la violación del acuerdo, la posterior muerte de los hombres y, finalmente, la falsedad de la promesa que nos hicisteis respecto a ellos afirmando que no los mataríais si no os causábamos daño en vuestros campos—, ¡sostenéis todavía que nosotros hemos violado las leyes y pretendéis no ser vosotros quienes debáis pagar las consecuencias! No, no será así, si estos jueces dictan [4] una sentencia recta; por todos estos crímenes vosotros seréis castigados.

»Con este fin, lacedemonios, hemos examinado con detalle [67 ] todos estos puntos, en interés vuestro y nuestro a la vez, para que vosotros sepáis que los condenaréis con justicia y para que quede claro que nosotros seremos vengados del modo más conforme a las leyes sacras. No os [2] ablandéis 465 escuchando sus méritos pasados 466 , si es que realmente existieron; estos méritos deben servir de auxilio para aquellos que han sido víctimas de la injusticia, pero para los que han cometido alguna infamia deben acarrear un doble castigo 467 , porque son culpables de un crimen en desacuerdo con lo que cabría esperar por su pasado 468 . Que no les valgan sus lamentos y peticiones de clemencia, ni sus invocaciones a las tumbas de vuestros padres y a su propio aislamiento 469 . Porque a nuestra vez nosotros [3] os podemos mostrar que ha sido mucho más terrible la suerte de nuestra juventud, asesinada por ellos; de sus padres, unos murieron en Coronea tratando de llevar a Beoda a vuestra alianza 470 , mientras que los otros, viejos que han quedado solos, con sus casas desiertas 471 , os dirigen una. súplica mucho más justa, la de que castiguéis a estos [4] asesinos. Son, además, más dignos de obtener clemencia los hombres que sufren una suerte inmerecida, mientras que los que la sufren justamente, como es el caso de éstos, son, [5] por el contrario, motivo de alegría 472 . Y de su actual aislamiento ellos mismos son los culpables, pues por propia voluntad han rechazado a los mejores aliados 473 . Han violado la ley sin haber recibido ninguna provocación de nuestra parte y tomando su decisión movidos por el odio más que por la justicia, y ahora no están dispuestos a sufrir el castigo que en justicia les corresponde; porque van a sufrir un castigo conforme a la ley, y no como gentes que tienden las manos después de una batalla 474 , como ellos dicen, sino porque por un convenio se [6] han entregado para someterse a juicio. Defended, pues, lacedemonios, la ley de los griegos 475 que ha sido violada por éstos, y a nosotros, víctimas de sus ilegalidades, correspondednos con un justo agradecimiento 476 por el ardor que en el pasado hemos demostrado; haced que por sus palabras no decaigamos en vuestro aprecio 477 y ofreced a los griegos una demostración ejemplar 478 de que no presidiréis debates de palabras, sino de hechos 479 ; cuando éstos son buenos, una breve relación es suficiente, mientras que cuando son culpables, los discursos adornados con bellas frases 480 les sirven de pantalla. Pero si los dirigentes, [7] como vosotros ahora, atendéis a lo esencial 481 para todo el mundo para tomar vuestras decisiones, se dejará de buscar hermosas palabras para encubrir acciones injustas.»

Destrucción de Platea

Así hablaron los tebanos; y los [68 ] jueces lacedemonios decidieron que lo correcto era atenerse a su pregunta, de si habían recibido de los plateos 482 algún servicio en esta guerra, porque, en primer lugar, siempre les habían pedido —así decían 483 —que no entraran en guerra, de acuerdo con el antiguo tratado concluido con Pausanias después de la guerra contra el Medo 484 , y porque posteriormente, antes del asedio, les habían propuesto ser neutrales según aquel tratado; así, como los plateos no habían aceptado, los lacedemonios, convencidos de la justicia de sus intenciones, se consideraban libres de los vínculos del tratado al haber sido perjudicados por los plateos; de nuevo, pues, haciéndoles comparecer uno a uno, les formularon la misma pregunta de si habían prestado algún servicio a los lacedemonios y a sus aliados durante esta guerra; y cuando contestaban negativamente, los conducían a la muerte, [2] sin hacer ninguna excepción. Dieron muerte a no menos de doscientos plateos y a veinticinco atenienses 485 que se habían quedado en la ciudad asediada; a las mujeres [3] las redujeron a la esclavitud 486 . En cuanto a la ciudad, [los tebanos] 487 , durante un año aproximadamente, la dieron para que habitaran en ella a unos megareos exiliados a consecuencia de luchas civiles 488 y a los plateos supervivientes que pensaban como ellos; pero después la demolieron completamente, y con las piedras de sus cimientos construyeron junto al templo de Hera 489 un albergue 490 de doscientos pies por cada lado, con habitaciones todo alrededor, tanto en la planta baja como en el piso superior; utilizaron los techos y las puertas de los plateos 491 , y, con el restante material, de bronce y de hierro, que encontraron dentro de las murallas, fabricaron camas que consagraron a Hera, diosa a la que también construyeron un templo de mármol de cien pies de largo. En cuanto a las tierras, las confiscaron y las arrendaron por un período de diez años, y fueron los tebanos quienes las ocuparon 492 . Prácticamente en todos los aspectos relativos a los plateos, [4] los lacedemonios se mostraron tan inflexibles a causa de los tebanos, porque pensaban que éstos les serían útiles en la guerra que entonces acababa de comenzar 493 . Tal [5] fue el fin de Platea, en el año noventa y tres a contar desde la fecha en que se hizo aliada de Atenas 494 .

GUERRA CIVIL EN CORCIRA

Planes peloponesios respecto a Corcira

[69 ] Entretanto, las cuarenta naves 495 de los peloponesios que habían ido en ayuda de los lesbios, y que, como vimos, habían huido por mar abierto perseguidas por los atenienses 496 , sorprendidas por un temporal en aguas de Creta, fueron llevadas desde allí, dispersas, hasta el Peloponeso, y en Cilene 497 se encontraron con trece trirremes de los leucadios y ampraciotas y con Brásidas, hijo de Télide, que había ido para actuar de consejero de Álcidas [2] 498 . Los lacedemonios, después de su fracaso de Lesbos, querían reforzar su flota y hacer vela contra Corcira, que era presa de luchas civiles, aprovechando la circunstancia de que sólo había doce naves atenienses en Naupacto 499 , y antes de que acudiese desde Atenas una flota más numerosa, a fin de llegar los primeros. Con esta intención, pues, Brásidas, y Álcidas hicieron sus preparativos.

Facciones en lucho. El asesinalo de Pitias

Los corcireos, en electo, eran [70 ] presa de las luchas civiles desde el regreso a la isla de los prisioneros 500 de las batallas navales que se dieron en la costa de Epidamno 501 , que habían sido soltados por los corintios 502 ; los habían liberado, al decir de ellos, gracias a una fianza de ochocientos talentos 503 entregada por sus próxenos 504 , pero en realidad porque se habían dejado persuadir a hacer pasar a Corcira al lado de los corintios. Así, estos hombres, poniéndose en contacto con cada uno de sus conciudadanos, se esforzaban por retirar a su ciudad de la [2] alianza ateniense. Y cuando llegaron una nave de Atenas y otra de Corinto con embajadores a bordo, se entablaron negociaciones, y los corcireos votaron a favor de seguir siendo aliados de Atenas de conformidad con el acuerdo 505 , a la vez que amigos de los peloponesios como ya [3] lo eran antes 506 . Por otra parte, los hombres que habían vuelto del cautiverio llevaron a juicio a Pitias, que era próxeno voluntario 507 de los atenienses y jefe del partido popular, bajo acusación de que intentaba someter Corcira [4] a los atenienses. Pero salió absuelto y, a su vez, llevó a juicio a los cinco más ricos de aquellos hombres, acusándolos de cortar rodrigones para sus viñas 508 en el recinto sagrado de Zeus y en el de Alcínoo 509 ; la multa que se imponía era de un «estater» 510 por cada rodrigón. Fueron [5] condenados a pagar y, ante la importancia de la multa, se sentaron en los templos como suplicantes a fin de llegar a un arreglo en los pagos 511 , pero Pitias, que justamente era miembro del Consejo, persuadió a sus colegas para que se aplicara la ley 512 . Entonces aquéllos 513 , una [6] vez que vieron que la ley les cerraba la salida y se enteraron al mismo tiempo de que Pitias, mientras todavía era miembro del Consejo, intentaba persuadir al pueblo a tener los mismos amigos y enemigos que los atenienses 514 , se reunieron con sus partidarios y, armados de puñales, irrumpieron de improviso en el Consejo y mataron a Pitias y a unos sesenta más, entre consejeros y ciudadanos particulares, mientras que algunos de los que compartían las ideas de Pitias, en escaso número, se refugiaron en la trirreme ateniense, que todavía se encontraba en el puerto.

Los adversarios de Pitias en el poder. Embajada a Atenas y combates en Corcira

[71 ] Una vez hecho esto, convocaron a los corcireos y les dijeron que aquélla era la mejor solución y que así sería mínimo el riesgo de verse sometidos a los atenienses; en adelante debían permanecer en paz 515 sin admitir a ninguno de los dos contendientes a no ser que se presentara con una sola nave; un número mayor debía ser considerado hostil. Cuando acabaron de [2] hablar, obligaron a que se sancionase su propuesta. También enviaron rápidamente embajadores a Atenas para que presentaran un informe sobre los acontecir entos de acuerdo con sus intereses 516 y para nersuadir a los que estaban exiliados allí a no emprender ninguna acción inconveniente, [72 ] a fin de evitar una reacción 517 . Pero cuando llegaron, los atenienses detuvieron a los embajadores 518 , acusándolos de incitación a la rebelión, y a todos aquellos a los que habían convencido, y los deportaron a Egina.

[2] Entretanto en Corcira, tras la llegada de una trirremecorintia 519 con embajadores lacedemonios, el partido queestaba en el poder atacó al pueblo y lo venció en el [3] combate. Pero al llegar la noche, el pueblo se refugió en la acrópolis 520 y en la parte alta de la ciudad, donde se concentró y tomó posiciones; también tenía en su poder el puerto de Huaico 521 . Sus adversarios ocuparon la zona del agora, donde vivía la mayor parte de ellos 522 , y el puerto contiguo, que mira al continente 523 .

Refuerzos para los dos partidos

[73 ] Al día siguiente se produjeron algunas escaramuzas, y los dos partidos enviaron a recorrer los campos para conseguir la ayuda de los esclavos 524 con la promesa de la libertad; la masa de los siervos se alineó al lado del partido popular, mientras que al otro bando le llegaron del continente ochocientos mercenarios 525 .

Victoria del partido popular

[74 ] Tras el intervalo de un día 526 , se reanudó el combate, y venció el pueblo gracias a la solidez de sus posiciones y por su superioridad numérica; y las mujeres colaboraron audazmente con los hombres, lanzando tejas desde las casas y aguantando el tumulto con un coraje impropio de [2] su sexo 527 . Al sobrevenir la derrota, al atardecer, los oligarcas, por miedo a que el pueblo atacase y al primer asalto se apoderase del arsenal 528 y los exterminase, prendieron fuego a las casas que rodeaban el ágora, incluyendo los bloques comunitarios 529 , a fin de impedir cualquier aproximación 530 ; y no respetaron ni sus propiedades ni las ajenas, de suerte que ardieron muchas mercancías y la ciudad corrió peligro de ser destruida por completo, cosa que hubiera ocurrido si se hubiera levantado un viento que hubiera impulsado las llamas hacia ella. Así pusieron [3] fin al combate, y, sin moverse en ninguno de los dos bandos, pasaron la noche en guardia; la nave corintia 531 , al haber vencido el partido popular, zarpó secretamente, y la mayor parte de los mercenarios fueron transportados a escondidas al continente.

Intervención de Nicóstrato. Temores de los oligarcas y recelo del partido popular. Deportación de los oligarcas

Al día siguiente, Nicóstrato 532 , [75 ] hijo de Diítrefes, estratego ateniense, llegó de Naupacto con un socorro de doce naves 533 y quinientos hoplitas mesenios; se puso a negociar un convenio y consiguió persuadir a las dos partes a concertarse para someter a juicio a los diez principales responsables (los cuales no se quedaron allí ni un minuto 534 ), mientras que los otros seguirían habitando en el lugar y concluirían un pacto entre sí y otro con los atenienses, que los comprometería a tener a los mismos [2] amigos y enemigos. Tras llevar a cabo estas negociaciones, Nicóstrato se disponía a hacerse a la mar; pero los dirigentes del partido popular lo persuadieron a que les dejara cinco de sus naves, con el fin de que sus adversarios se sintieran menos inclinados a moverse, mientras que ellos mismos equiparían otras tantas de las suyas y las enviarían [3] con él. Nicóstrato estuvo de acuerdo con la propuesta, y los dirigentes se pusieron a alistar a sus enemigos en la tripulación de las naves 535 . Pero éstos, temiendo ser enviados a Atenas, fueron a sentarse como suplicantes en [4] el santuario de los Dioscuros 536 . Nicóstrato trató de que se levantaran 537 y procuró tranquilizarlos; pero como no lograba convencerlos, los del partido popular tomaron las armas 538 con este motivo: en su opinión, aquéllos no proyectaban nada bueno a juzgar por su desconfianza respecto a embarcarse con Nicóstrato. Y requisaron las armas en las casas de sus enemigos, y hubieran dado muerte a algunos con los que se encontraron si Nicóstrato no lo hubiese impedido. Viendo lo que ocurría, los otros se sentaron [5] como suplicantes en el templo de Hera, y llegaron a ser no menos de cuatrocientos. Los del partido popular, temiendo que se produjera alguna reacción violenta del bando oligárquico, los persuadieron a levantarse 539 y los transportaron a la isla situada delante del templo de Hera 540 , y allí les hacían pasar los víveres.

Llega la flota peloponesia

[76 ] En este punto estaba la guerra civil cuando, en el cuarto o quinto día 541 después de la deportación de aquellos hombres a la isla, se presentaron, en número de cincuenta y tres 542 , las naves peloponesias de Cilene, lugar donde habían fondeado 543 después de su regreso de Jonia; las mandaba, como antes, Álcidas, y con él se había embarcado Brásidas en calidad de consejero 544 . Tras recalar en Síbota 545 , puerto del continente, al amanecer hicieron rumbo a Corcira.

Confusión en Corcira. Se prepara la batalla naval

[77 ] Los corcireos, en medio de una gran confusión y asustados por lo que ocurría en la ciudad y por el ataque naval, se pusieron a preparar sesenta naves, que inmediatamente enviaban contra el enemigo a medida que estaban equipadas, a pesar de que los atenienses les daban el consejo de dejarlos zarpar primero a ellos y seguirlos más [2] tarde con toda su flota al completo. Como las naves corcireas se aproximaban al enemigo separadamente, dos de ellas desertaron en seguida, mientras que en las otras las tropas embarcadas combatían entre sí, y no había ningún orden 546 en nada de lo que hacían. Viendo esta confusión, [3] los peloponesios se alinearon con veinte naves contra los corcireos y con las restantes contra las doce naves atenienses, dos de las cuales eran la Salaminia y la Páralos 547 .

Batalla naval

Los corcireos, atacando desordenadamente [78 ] y con pocas naves a la vez, se encontraban en dificultades por su lado; los atenienses, por su parte, temiendo la superioridad numérica del enemigo y la posibilidad de un movimiento envolvente, no atacaban ni al grueso ni al centro de la flota alineada contra ellos, pero se lanzaron contra un ala y hundieron una nave. Después, tras adoptar los peloponesios una formación en círculo, los atenienses se pusieron a navegar en torno a ellos intentando provocar la confusión. Dándose cuenta de ello aquellos que se estaban enfrentando [2] a los corcireos y temiendo que ocurriera como en Naupacto 548 , acudieron en socorro, y un vez reunidas todas las naves, lanzaron un ataque coordinado contra los atenienses. Entonces éstos comenzaron a retirarse ciando [3] 549 ; querían que las naves corcireas se pusieran a salvo primero con la mayor seguridad posible, mientras que ellos mismos se retiraban lentamente atrayendo hacia ellos el ataque de la formación enemiga. Así se desarrolló, pues, esta batalla naval, que terminó a la puesta del sol 550 .

Después de la batalla. Temor en Corara. Desembarco peloponesio en Leucimna

[79 ] En esta situación los corcireos, temiendo que el enemigo, considerándose vencedor, lanzase un ataque contra la ciudad con su flota o rescatase a los que habían sido deportados a la isla o tomase cualquier otra iniciativa peligrosa, trasladaron de nuevo al templo de Hera a los de la isla 551 y tomaron medidas para [2] defender la ciudad. Pero el enemigo, a pesar de la victoria naval, no se atrevió a atacar la ciudad, sino que optó por regresar, con trece naves capturadas a los corcireos, al punto del continente de donde se había hecho a la [3] mar. Al día siguiente, tampoco hicieron rumbo contra la ciudad, a pesar de la gran confusión y el pánico que reinaban entre los corcireos y a pesar de que Brásidas, según se dice 552 , así se lo aconsejaba a Álcidas; pero Brásidas no tenía el mismo mando 553 . Desembarcaron, en cambio, en el promontorio de Leucimna 554 y devastaron los campos.

Negociaciones con los oligarcas ante la amenaza de un ataque peloponesio. Llega una flota ateniense

Entretanto los corcireos del parso [80 ] tido popular, muy asustados ante la posibilidad de un ataque naval, entablaron negociaciones con los suplicantes y con los otros oligarcas a fin de salvar la ciudad, y persuadieron a algunos de ellos a embarcarse 555 ; consiguieron equipar, a pesar de todo, treinta naves, en espera del ataque. Pero los peloponesios, tras saquear el territorio [2] hasta el mediodía, se hicieron de nuevo a la mar, y al caer la noche los fuegos de señales 556 les anunciaron que desde Léucade se acercaban sesenta naves atenienses 557 , que los atenienses habían enviado al enterarse de la guerra civil 558 y de que las naves de Álcidas se disponían a zarpar rumbo a Corcira; las mandaba el estratego Eurimedonte 559 , hijo de Tucles.

Retirada peloponesia. Asesinatos y excesos en Corcira

[81 ] Los peloponesios, en consecuencia, se dirigieron inmediatamente hacia su patria, aquella misma noche y a toda prisa, navegando a lo largo de la costa; transportaron sus naves por el Istmo de Léucade 560 , a fin de no ser avistados [2] al doblar la isla, y se marcharon. Los corcireos, al darse cuenta de que las naves atenienses se aproximaban en tanto que las enemigas partían, tomando consigo a los mesenios 561 , que hasta entonces habían permanecido fuera de la ciudad, los hicieron entrar en ella; dieron orden a las naves que habían equipado de pasar al puerto de Huaico 562 y, mientras se efectuaba este traslado, mataron a todos los enemigos que cayeron en sus manos; también exterminaron, haciéndolos bajar de las naves, a todos aquellos a quienes habían persuadido a embarcarse; se presentaron luego en el templo de Hera, donde persuadieron a unos cincuenta suplicantes a someterse a un proceso y [3] los condenaron a todos a muerte. Cuando la mayoría de los suplicantes, que no se habían dejado persuadir, vieron lo que ocurría, se dieron muerte unos a otros allí mismo, en el santuario; algunos se colgaron de los árboles y otros [4] acabaron con sus vidas como pudo cada uno. Durante los siete días en que Eurimedonte, tras su llegada, permaneció en la isla con las sesenta naves, los corcireos asesinaron a aquellos de sus conciudadanos a los que consideraban enemigos; el cargo que les imputaban era de querer derrocar la democracia, pero también hubo quienes murieron víctimas de enemistades particulares, y otros, a causa del dinero que se les debía, perecieron a manos de sus deudores. La muerte se presentó en todas sus formas y, como [5] suele ocurrir en tales circunstancias, no hubo exceso que no se cometiera y se llegó más allá todavía 563 . Los padres mataron a sus hijos, los suplicantes fueron arrancados de los templos y asesinados en sus inmediaciones, e incluso hubo algunos que fueron emparedados 564 en el templo de Dioniso 565 y murieron allí.

Consecuencias morales de la guerra civil

A tales extremos de crueldad [82 ] llegó la guerra civil, y pareció más cruel todavía porque fué una de las primeras 566 ; pues más tarde todo el mundo griego, por así decir, fue presa de la agitación 567 , y por doquier las discordias civiles oponían a los jefes del partido popular, que querían llamar en su auxilio a los atenienses, y a los oligarcas, partidarios de los lacedemonios. En tiempos de paz no hubieran encontrado pretexto ni se hubieran atrevido 568 a solicitar su apoyo, pero, al estar en guerra y existir una alianza a disposición de ambas partes, tanto para quebranto de los contraríos como, a la vez, para beneficio propio, fácilmente se conseguía el envío de tropas en auxilio de [2] aquellos que querían efectuar un cambio político. Muchas calamidades se abatieron sobre las ciudades con motivo de las luchas civiles, calamidades que ocurren y que siempre ocurrirán mientras la naturaleza humana sea la misma 569 , pero que son más violentas o más benignas y diferentes en sus manifestaciones según las variaciones de las circunstancias que se presentan en cada caso. En tiempos de paz y prosperidad tanto las ciudades como los particulares tienen una mejor disposición de ánimo porque no se ven abocados a situaciones de imperiosa necesidad; pero la guerra, que arrebata el bienestar de la vida cotidiana 570 , es una maestra severa 571 y modela las inclinaciones de la mayoría de acuerdo con las circunstancias imperantes. Así [3] pues, la guerra civil se iba adueñando de las ciudades, y las que llegaban más tarde a aquel estadio, debido a la información sobre lo que había ocurrido en otros sitios, fueron mucho más lejos en la concepción de novedades tanto por el ingenio de las iniciativas como por lo inaudito de las represalias 572 . Cambiaron incluso el significado normal [4] de las palabras en relación con los hechos, para adecuarlas a su interpretación de los mismos 573 . La audacia irreflexiva pasó a ser considerada valor fundado en la lealtad al partido, la vacilación prudente 574 se consideró cobardía disfrazada, la moderación, máscara para encubrir la falta de hombría 575 , y la inteligencia capaz de entenderlo todo incapacidad total para la acción; la precipitación alocada se asoció a la condición viril, y el tomar precauciones con vistas a la seguridad se tuvo por un bonito pretexto para eludir el peligro. El irascible era siem [5] pre digno de confianza, pero su oponente resultaba sospechoso. Si uno urdía una intriga y tenía éxito, era inteligente, y todavía era más hábil aquel que detectaba una; pero quien tomaba medidas para que no hubiera ninguna necesidad de intrigas, pasaba por destructor de la unidad del partido 576 y por miedoso ante el adversario. En una palabra, era aplaudido quien adelantaba a otro en la ejecución del mal, e igualmente lo era el que impulsaba a [6] ejecutar el mal a quien no tenía intención de hacerlo. Más aún, los vínculos de sangre llegaron a ser más débiles que los del partido 577 , debido a la mejor disposición de los miembros de éste a una audacia sin reservas; porque estas asociaciones no se constituían de acuerdo con las leyes establecidas 578 con vistas al beneficio público, sino al margen del orden instituido y al servicio de la codicia. Y las garantías de recíproca fidelidad no se basaban tanto en la ley divina 579 cuanto en la transgresión perpetrada en [7] común. Las buenas propuestas de los adversarios eran aceptadas, si un partido tenía el poder, por precaución realista, no por nobleza de espíritu. Corresponder con la venganza era más deseable que evitar de antemano la ofensa. Y si alguna vez los juramentos sellaban una reconciliación, al ser pronunciados por ambos bandos para hacer frente a una situación de emergencia, tenían sólo valor de momento, dado que no contaban con más recursos; pero cuando se presentaba la ocasión, el primero que se armaba de valor, al ver indefenso al adversario, experimentaba mayor placer en la venganza por el hecho de violar la fe jurada que si hubiera atacado abiertamente; y en ello tomaba en cuenta no sólo su seguridad, sino también el hecho de que triunfando merced al engaño conseguía como trofeo la fama de inteligencia 580 . Y es que la mayor parte de los hombres aceptan más fácilmente el calificativo de listos cuando son unos canallas que el de candidos cuando son hombres de bien 581 ; de esto se avergüenzan mientras que de aquello se enorgullecen. La causa de todos [8] estos males era el deseo de poder inspirado por la codicia y la ambición; y de estas dos pasiones, cuando estallaban las rivalidades de partido, surgía el fanatismo 582 . Porque en las distintas ciudades los jefes de los partidos, recurriendo en ambos bandos a la seducción de los programas de acuerdo con su preferencia por la igualdad de derechos políticos para el pueblo 583 o por una aristocracia moderada, con el pretexto de servir a los intereses públicos, se granjeaban una recompensa para ellos mismos 584 ; y luchando con todos los medios para imponerse sobre sus contrarios, se atrevieron a las acciones más terribles y llegaron mucho más lejos en la ejecución de sus venganzas, dado que no las infligían de acuerdo con la justicia ni con el interés de la ciudad, sino según los límites que en cada caso fijaba la complacencia de uno de los dos bandos; y bien con una condena obtenida por un voto injusto, bien haciéndose con el poder por la fuerza, estaban prestos a dar satisfacción a la rivalidad del momento. De esta forma, ni unos ni otros se regían por moralidad alguna, sino que aquellos que, gracias a la seducción de sus palabras, conseguían llevar a término alguna empresa odiosa, veían acrecentado su renombre. Y los ciudadanos que estaban en una posición intermedia 585 eran víctimas de los dos partidos, bien porque no colaboraban en la lucha, bien por envidia de su supervivencia.

Así fue como la perversidad en todas sus formas se [83 ] instaló en el mundo griego a raíz de las luchas civiles, y la ingenuidad, con la que tanto tiene que ver la nobleza de espíritu, desapareció víctima del escarnio, mientras que el enfrentarse los unos contra los otros con espíritu de desconfianza pasó a primer plano; no había ningún medio [2] para reconciliar a los contendientes, ni palabras suficientemente seguras ni juramentos bastante terribles; unos y otros, cuando tenían el poder, se hacían a la idea de que no había esperanza de estabilidad y se cuidaban más de precaverse contra cualquier contingencia que de llegar a confiar en la situación. Y los espíritus más mediocres [3] triunfaban las más de las veces 586 ; porque por miedo a su propia limitación y a la inteligencia de los contrarios, temiendo a la vez resultar inferiores en los debates y ser superados en la iniciativa de las estratagemas por la mayor sutileza 587 de ingenio del enemigo, se lanzaban audazmente a la acción. Los otros, en cambio, arrogantemente confiados en que iban a prever a tiempo un posible ataque y no considerando necesario alcanzar con la acción lo que era posible asegurar con el ingenio, quedaban indefensos y eran destruidos más fácilmente.

[84 ] [Así 588 , pues, en Corcira se dieron por primera vez la mayor parte de estas barbaridades, con todos los crímenes que hombres gobernados con insolencia más que con moderación por dirigentes que les habían mostrado el camino de la venganza podían llegar a cometer como represalia; se dieron, asimismo, depravaciones que podían llegar a concebir contra toda justicia aquellos que deseaban librarse de su pobreza habitual, sobre todo cuando, movidos por las pasiones, ansiaban apoderarse de los bienes de sus vecinos; y atrocidades, en fin, que hombres que no actuaban por codicia, sino que se movían contra sus adversarios desde posiciones de igualdad, podían llegar a perpetrar, cruel e inexorablemente, al ser arrastrados por el desenfreno [2] de su cólera a los excesos más graves. La vida de la ciudad se vio trastornada en el curso de esta crisis, y la naturaleza humana, habituada ya a cometer injusticias a despecho de la legalidad, se impuso entonces sobre las leyes y encontró placer en demostrar que no era señora de su propia cólera, pero que era más fuerte que la justicia y enemiga de toda superioridad; pues, en caso contrario, en unas circunstancias en que la envidia no hubiera tenido una fuerza destructora, no se hubiera preferido la venganza a la observancia de las leyes sagradas, ni el provecho a evitar la injusticia. Los hombres, en efecto, cuando [3] se trata de vengarse de otros, no vacilan en abolir previamente las leyes comunes que se aplican en tales casos —leyes de las que depende la esperanza de salvarse que toda persona mantiene cuando le van mal las cosas—, sin permitir ningún tipo de vigencia por si un día, en una situación de peligro, se pudiera tener necesidad de alguna de ellas.]

Los exiliados regresan a Corcira y controlan el país

De este modo, pues, entonces [85 ] por primera vez 589 los corcireos de la ciudad 590 dieron rienda suelta a sus pasiones los unos contra los otros; y Eurimedonte y los atenienses partieron con sus naves. Más tarde los corcireos que estaban exiliados (habían logrado salvarse unos quinientos), apoderándose de las fortificaciones que había en el continente, consiguieron hacerse con el control del territorio perteneciente a su patria que estaba situado enfrente de Corcira 591 y, tomándolo como base, se dedicaron a efectuar incursiones de pillaje contra los habitantes de la isla, causándoles muchos daños, y una gran hambre se [3] declaró en la ciudad. Enviaron, asimismo, embajadores a Esparta y a Corinto para tratar sobre su regreso; pero, como no llegaron a ningún resultado, al cabo de un tiempo, tras procurarse barcos y mercenarios, pasaron a la isla; [4] eran unos seiscientos en total. Una vez allí, incendiaron sus barcos, a fin de no tener otra salida que la de hacerse con el control del país, y subieron al monte Istone 592 , donde construyeron un fuerte; luego empezaron a causar pérdidas a los de la ciudad y se fueron haciendo con el control del país 593 .

LA PRIMERA EXPEDICIÓN A SICILIA

[86 ] A fines del mismo verano 594 , los atenienses enviaron veinte naves a Sicilia al mando de los estrategos Laques, [2] hijo de Melanopo, y Caréades, hijo de Eufileto 595 . La razón era que los siracusanos y los leontinos 596 habían entrado en guerra unos contra otros. Eran aliadas de los siracusanos todas las ciudades dorias a excepción de Camarina 597 ; desde el mismo comienzo de la guerra se habían alineado en la alianza lacedemonia 598 , pero no habían llegado a intervenir en la contienda; al lado de los leontinos estaban las ciudades calcideas y Camarina; en Italia, los locros 599 eran aliados de los siracusanos, y Regio 600 , debido a su comunidad de raza 601 , de los leontinos. Así las cosas, los leontinos y sus aliados 602 enviaron [3] una embajada a Atenas 603 para persuadir a los atenienses, en virtud de su antigua alianza 604 y dado que eran jonios, a enviarles naves, pues estaban bloqueados por mar y por tierra por los siracusanos. Los atenienses se las [4] enviaron con el pretexto de su parentesco, pero en realidad porque querían impedir que llegara al Peloponeso el trigo de aquellas tierras y porque así harían un primer ensayo para ver si tenían posibilidades de hacerse dueños de la situación en Sicilia 605 . Se establecieron, pues, en Regio, [5] en Italia, y se pusieron a hacer la guerra 606 al lado de sus aliados. Y así acabó el verano.


REBROTA LA EPIDEMIA EN ATENAS . TERREMOTOS EN GRECIA

[87 ] En el invierno siguiente 607 , la epidemia azotó a Atenas por segunda vez; aunque en realidad nunca había cesado completamente, había tenido, sin embargo, algún [2] período de respiro. Esta segunda vez no duró menos de un año, mientras que la primera su duración había sido de dos años; así no hubo ninguna desgracia que abrumara a los atenienses con más violencia que ésta ni nada que [3] debilitara tan gravemente su poderío 608 . Murieron, en efecto, no menos de cuatro mil cuatrocientos hombres en las filas de los hoplitas 609 y no menos de trescientos entre los de caballería 610 , así como un número imposible de determinar entre el resto de la población 611 . También fue [4] en esta época cuando se produjeron los numerosos temblores de tierra en Atenas, Eubea, Beocia y, sobre todo, en Orcómeno de Beocia 612 .

EXPEDICIÓN ATENIENSE CONTRAS LAS ISLAS DE EOLO

En el mismo invierno 613 , los atenienses que estaban en [88 ] Sicilia y los reginos 614 hicieron una expedición con treinta naves 615 contra las islas llamadas de Eolo 616 ; este ataque era imposible en verano por la falta de agua 617 . Los [2] lipareos, que explotan estas islas, son colonos de Cnido 618 . Habitan en una de las islas, que no es grande y recibe el nombre de Lípara 619 ; salen de ella para ir a cultivar [3] las otras, Dídime, Estróngile y Hiera 620 . Las gentes del lugar creen que Hefesto tiene su fragua en Hiera, dado que de noche se la ve despedir gran cantidad de llamas, y de día, humo 621 . Estas islas sé encuentran enfrente del territorio de los sículos 622 y de los mesenios 623 y eran aliadas [4] de los siracusanos. Los atenienses devastaron aquellas tierras y, como su población no se les pasaba, se hicieron a la vela para regresar a Regio 624 . Y así acabó el invierno y con él acabó el quinto año de esta guerra cuya historia escribió Tucídides.

SEXTO AÑO DE GUERRA

LOS TERREMOTOS IMPIDEN UNA INVASIÓN DEL ÁTICA . MAREMOTOS

En el verano siguiente 625 , los peloponesios y sus aliados, [89 ] bajo el mando de Agis 626 , hijo de Arquidamo, rey de los lacedemonios, llegaron al Istmo con el propósito de invadir el Ática; pero debido a los numerosos terremotos que se produjeron 627 , se volvieron atrás y no hubo invasión 628 . Por esta misma época, continuando los terremotos, [2] en Orobias de Eubea 629 , el mar se retiró de lo que entonces era la costa y, levantando una gran ola, se lanzó sobre un sector de la ciudad y dejó bajo las aguas una parte en tanto que retrocedía en la otra; y así ahora es mar lo que antes era tierra firme. La ola aniquiló a todas las gentes que no pudieron correr lo bastante para [3] llegar a tiempo a los sitios elevados. También en Atalanta, la isla situada frente a la costa de los locros opuntios 630 , se produjo una inundación semejante, que destruyó parte del fuerte ateniense 631 y destrozó una de las dos naves [4] que estaban en seco. También se produjo un reflujo del mar en Peparetos 632 , pero sin inundación en este caso; y un terremoto derribó una parte de la muralla, el [5] pritaneo 633 y algunas casas. La causa de tales fenómenos es, según creo, que en el sitio donde el terremoto alcanza una mayor intensidad el mar, debido a esta circunstancia 634 , se aleja y luego, atraído súbitamente en sentido contrario, vuelve y provoca una inundación más violenta todavía; sin terremotos, tales cataclismos, a mi parecer, no tendrían lugar 635 .

OPERACIONES EN SICILIA

[90 ] En el.curso del mismo verano se desarrollaron diversas operaciones en Sicilia, en las que participaron, además de otros pueblos que intervenían según las circunstancias, los mismos siciliotas 636 , que se hacían la guerra entre sí, y los atenienses, que luchaban junto a sus aliados; recordaré tan sólo las acciones más dignas de mención 637 que al lado de los atenienses realizaron sus aliados o contra los atenienses sus adversarios. Tras la muerte en combate a [2] manos de los siracusanos del estratego ateniense Caréades 638 , Laques, desde entonces al mando de toda la flota, emprendió con sus aliados una expedición contra Milas, ciudad de los mesenios 639 . Se encontró con que dos tribus 640 mesenias estaban de guarnición en Milas y habían preparado una emboscada contra las tropas desembarcadas. Pero los atenienses y sus aliados pusieron en [3] fuga a los emboscados y mataron a muchos de ellos; luego asaltaron la fortaleza y obligaron a sus defensores a un acuerdo en virtud del cual debían rendir la acrópolis y marchar con ellos contra Mesene 641 . Después, cuando [4] los atenienses y sus aliados se dirigieron contra la ciudad, también se pasaron a ellos los mesenios, entregando rehenes y ofreciendo las demás garantías.

EXPEDICIONES ATENIENSES . MELOS , TANAGRA , LÓCRIDE

[91 ] En el mismo verano, los atenienses enviaron treinta naves en torno al Peloponeso al mando de Demóstenes 642 , hijo de Alcístenes, y de Proeles 643 , hijo de Teodoro, y sesenta con dos mil hoplitas a Melos 644 al mando de Nicias, [2] hijo de Nicérato 645 . Querían reducir a los melios, que, siendo isleños 646 , no estaban dispuestos a someterse a ellos ni a entrar en su alianza 647 . Sin embargo, como [3] no se rendían, a pesar de ser devastado su territorio, los atenienses zarparon de Melos e hicieron rumbo a Oropo, en la Graica 648 ; atracaron de noche, e inmediatamente los hoplitas desembarcaron y se pusieron en marcha hacia Tanagra 649 , en Beocia. Entretanto, los atenienses de la ciudad [4] con todas sus fuerzas, al mando de Hiponico 650 , hijo de Calías, y de Eurimedonte 651 , hijo de Tucles, a una señal convenida, se dirigieron por tierra al mismo sitio. Acampados aquel día en el territorio de Tanagra 652 lo [5] devastaron y pasaron allí la noche; y al día siguiente vencieron en una batalla a las tropas que habían salido de Tanagra a su encuentro y a algunos tebanos que habían acudido en auxilio; y después de apoderarse de las armas y de erigir un trofeo, se retiraron, unos hacia la ciudad y los otros a las naves. Nicias, navegando a lo largo de [6] la costa con estas sesenta naves, arrasó la zona marítima de Lócride 653 y regresó a su patria.

FUNDACIÓN DE HERACLEA DE TRAQUINIA POR LOS LACEDEMONIOS

[92 ] Por esta misma época 654 , los lacedemonios fundaron su colonia de Heraclea de Traquinia 655 con la idea siguiente. [2] El pueblo de los melieos 656 se divide en tres grupos: los paralios, los irieos y los traquinios 657 . De éstos, los traquinios, arruinados por la guerra contra los eteos 658 , sus vecinos, habían tenido, en un primer momento, la intención de unirse a los atenienses, pero luego, temiendo no poder contar con ellos, enviaron una delegación a Esparta, [3] eligiendo como embajador a Tisámeno 659 . En esta embajada también participaron enviados de la Dóride 660 , metrópoli de los lacedemonios, que iban con la misma petición; también ellos estaban arruinados por obra de los eteos. Los lacedemonios les prestaron atención y tomaron [4] la decisión de fundar la colonia con el propósito de defender a los traquinios y a los dorios; y al mismo tiempo, en relación con la guerra contra los atenienses, les parecía una excelente idea el establecimiento de la ciudad: allí se podría equipar una flota contra Eubea y reducir así la travesía, y sería, asimismo, una posición útil en el camino de la costa que conducía hacia Tracia 661 . Por todo ello, pues, estaban bien dispuestos para fundar aquella plaza. Así, como primera medida, consultaron al dios de Delfos [5] 662 , y luego, obtenida su aprobación, enviaron los colonos —espartiatas y periecos 663 —e invitaron a seguirles a todos los griegos que quisieran, exceptuando a los jonios, a los aqueos y a algunos otros pueblos 664 . Al frente de la expedición fueron tres fundadores lacedemonios, León, [6] Álcidas y Damagón 665 . Una vez establecidos, construyeron de nueva planta las fortificaciones de la ciudad 666 , que actualmente se llama Heraclea, situada a unos cuarenta estadios de las Termopilas y a veinte del mar 667 . También instalaron un arsenal y, para facilitar su defensa, fortificaron el lado de las Termópilas, por la parte misma del paso 668 .

FRACASO DE LA COLONIA

Al fundarse esta ciudad, los atenienses, primeramente, [93 ] se alarmaron creyendo que el principal motivo de su establecimiento era atacar Eubea 669 , dado que la travesía hasta Ceneo de Eubea era breve 670 . Luego, sin embargo, las cosas sucedieron de forma distinta a lo esperado, porque de aquella colonia no les vino ningún peligro 671 . La causa [2] de ello fue que los tesalios, que tenían la supremacía en aquellas regiones, y los pueblos 672 cuyo territorio era amenazado por la fundación, por temor a la vecindad de una gran potencia, fueron destruyendo en una guerra sin tregua a aquella población recientemente establecida, hasta agotarla completamente, a pesar de haber sido muy numerosa al principio 673 (pues todo el mundo, al ser una fundación lacedemonia, iba confiado, creyendo que la ciudad [3] era segura); sin embargo, los magistrados procedentes de la propia Esparta no fueron menos responsables del deterioro de la situación y de la despoblación, ya que asustaron a la mayoría con su gobierno duro y poco afortunado 674 , con lo que los pueblos vecinos pudieron imponerse más fácilmente sobre ellos 675 .

DEMÓSTENES EN LÉUCADE Y EN ETOLIA

Leúcade devastada. Los mesenios persuaden a Demóstenes a marchar contra Etolia

[94 ] En este mismo verano y por el mismo tiempo en que los atenienses estaban ocupados en Melos, los otros atenienses de las treinta naves que estaban de crucero en torno al Peloponeso 676 dieron muerte primero, en Elómeno de Léucade 677 , a unos soldados de la guarnición a quienes habían tendido una emboscada, y a continuación se dirigieron contra Léucade con fuerzas más numerosas, formadas por todos los acarnanios —que, con excepción de los eníadas 678 , se les habían unido en masa—, los zacintios, los cefalenios y quince naves de los corcireos 679 . Los [2] leucadios, a pesar de que era devastado su territorio, tanto el de fuera del Istmo como el de dentro, donde está la ciudad de Léucade y el templo de Apolo 680 , permanecían quietos, forzados a la inactividad por la superioridad numérica del enemigo; mientras, los acarnanios pedían a Demóstenes, el estratego ateniense, que bloqueara a los leucadios con un muro, pensando que fácilmente los reducirían por asedio y se librarían de una ciudad que siempre les era hostil. Pero, por aquel entonces, Demostenes [3] ya se había dejado convencer por los mesenios de que se le presentaba una magnífica ocasión, dado que se había reunido un ejército tan numeroso 681 , para atacar a los etolios 682 , que eran enemigos de Naupacto; si los vencía, fácilmente se someterían a los atenienses los otros [4] pueblos continentales de aquella región. Los etolios eran, en efecto, un pueblo grande y belicoso, pero, al habitar en aldeas sin fortificar, muy alejadas además unas de otras, y utilizar un armamento ligero 683 , los mesenios afirmaban que no sería difícil someterlos antes de que se organizara [5] una defensa conjunta. Exhortaban a Demóstenes a atacar a los apodotos en primer lugar, luego a los ofioneos y después de éstos a los euritanes 684 , que constituyen la parte más importante de los etolios, hablan una lengua muy difícil de entender y comen, según se dice, carne cruda 685 ; una vez conquistados éstos, los demás se rendirían fácilmente.

Planes de Demóstenes. Expedición contra Etolia

[95 ] Demóstenes se dejó persuadir para contentar a los mesenios, pero sobre todo porque creía que, con los aliados continentales y la ayuda de los etolios, podría, sin necesidad de fuerzas venidas de Atenas, marchar por tierra contra los beocios 686 , pasando por el territorio de los locros ozolos 687 en dirección a Citinio de Dóride 688 y dejando a la derecha el Parnaso 689 hasta bajar al país de los focenses 690 , que presumiblemente contribuirían con entusiasmo a la expedición en virtud de su amistad de siempre con los atenienses 691 , o, en caso contrario, podrían ser forzados a ello; y Beocia ya limita con el país de los focenses. Partió, pues, de Léucade con todo su ejercito, contra la voluntad de los acarnanios, y navegó a lo largo de la costa hasta Solio 692 . Como al comunicar su plan a los acarnanios [2] éstos no lo aprobaron a causa de su negativa a sitiar Léucade, marchó contra los etolios solamente con el resto del ejército, tropas de cefalenios, mesenios y zacintios y los trescientos soldados atenienses que iban a bordo de sus propias naves 693 (pues las quince naves de [3] los corcireos se habían retirado 694 ). La base de la que partía era Eneón de Lócride 695 . Estos locros ozolos eran aliados 696 , y con todas sus fuerzas debían reunirse con los atenienses en el interior del país; al ser vecinos de los etolios y tener un armamento semejante, su participación en la expedición se consideraba de gran utilidad, gracias a su experiencia en el modo de combatir de los etolios y a su conocimiento del lugar.

Los etolios se reúnen para defender su país

[96 ] Después de pernoctar con su ejército en el recinto sagrado de Zeus Ñemeo 697 , donde, según se dice, el poeta Hesíodo murió a manos de las gentes del lugar —suerte que un oráculo le había vaticinado que sufriría en Nemea 698 , —Demóstenes, al alba, levantó el campo y se puso en marcha hacia Etolia. El primer día tomó Potidania, [2] el segundo Crocilio y el tercero Tiquio 699 ; allí se detuvo y envió el botín a Eupalio de Lócride 700 ; tenía la idea de conquistar primero el resto del país para de esta forma marchar contra los ofioneos más tarde, una vez regresado a Naupacto, si aquéllos no querían llegar a un acuerdo 701 . Pero estos preparativos no pasaron desapercibidos a los [3] etolios, ni siquiera al principio, cuando todavía estaban en fase de proyecto; y una vez que el ejército hubo iniciado la invasión del país, todos se presentaron en defensa del mismo con importantes fuerzas, hasta el punto de que incluso acudieron los más alejados de los ofioneos, los bomieos y los calieos 702 , que se extienden hasta el golfo Melíaco 703 .

Combates en torno a Egitio

[97 ] Entretanto, los mesenios daban a Demóstenes el mismo consejo que al principio 704 ; insistiendo en que la conquista de los etolios era fácil, lo exhortaban a marchar cuanto antes contra sus poblados, sin esperar a que se reunieran y organizaran su resistencia; debía tratar de tomar cada [2] poblado que fuera encontrando en su camino. Persuadido por estos consejos y confiando en su buena suerte, dado que nada estaba en su contra, Demóstenes no esperó a los locros que debían acudir en su ayuda (pues estaba especialmente necesitado de tropas ligeras de lanzadores de jabalina 705 ), sino que marchó contra Egitio 706 y la tomó al primer asalto. Sus habitantes habían huido y se habían apostado en las colinas que dominaban la ciudad, que se encontraba en una región elevada a unos ochenta estadios del [3] mar 707 . Pero los etolios, que ya estaban allí en ayuda de Egitio, arremetieron contra los atenienses y sus aliados, bajando a la carrera de las colinas por todos lados, y los acribillaron a dardos; y cuando el ejército ateniense avanzaba contra ellos, retrocedían, pero volvían a la carga cuando los atenienses se replegaban; la batalla duró así mucho tiempo, entre persecuciones y retiradas, dos maniobras en las que los atenienses llevaban la peor parte 708 .

Derrota ateniense

De este modo, pues, mientras [98 ] sus arqueros tuvieron flechas y estuvieron en condiciones de usarlas, los atenienses resistieron, ya que los etolios, al ir armados con armas ligeras, eran rechazados por las flechas; pero cuando, tras la muerte de su jefe, los arqueros se dispersaron y los hombres se sintieron cansados de resistir durante tanto tiempo el mismo esfuerzo, mientras que los etolios los seguían hostigando y disparando, entonces volvieron la espalda y se dieron a la fuga y, cayendo en barrancos sin salida o en lugares que no conocían, encontraron la muerte; justamente había muerto su guía, el mesenio Cromón 709 . Los etolios, que eran veloces e iban con armas [2] ligeras 710 , no pararon de disparar y dieron muerte a muchos hombres en el mismo lugar donde en su fuga les daban alcance a la carrera; pero a la mayor parte, que habían errado el camino y se habían adentrado en la espesura de un bosque sin salida, prendiendo fuego al [3] bosque, los quemaron dentro de un cerco de llamas. El ejército ateniense conoció todas las formas de huida y de muerte; y a duras penas los supervivientes lograron ponerse a salvo llegando al mar y a Eneón de Lócride, de donde [4] habían partido. Las bajas fueron numerosas entre las tropas aliadas, y entre los mismos atenienses murieron unos ciento veinte hoplitas. Tan importante fue el número de estos caídos, y todos de la misma edad, los mejores hombres de la ciudad de Atenas que perecieron en el curso de esta guerra 711 ; también murió Proeles, el segundo [5] estratego. Tras rescatar a sus muertos de manos de los etolios en virtud de una tregua, los atenienses regresaron a Naupacto y más tarde se trasladaron a Atenas con sus naves. Demóstenes, sin embargo, se quedó por Naupacto y su comarca, pues temía a los atenienses después de lo que había ocurrido 712 .

OPERACIÓN ATENIENSE EN SICILIA

Por esta misma época, los atenienses que estaban en [99 ] aguas de Sicilia llegaron hasta Lócride 713 , y en el curso de un desembarco vencieron a los locros que habían salido a su encuentro y tomaron un fuerte de vigilancia 714 situado a orillas del río Álex 715 .

EURÍLOCO EN LÓCRIDE Y NAUPACTO

Petición de ayuda de los etolios. Esparta envía una expedición

[100 ] En el mismo verano, los etolios, que ya antes habían enviado 716 embajadores a Corinto y Esparta —el ofioneo Tólofo, el euritán Boríades y el apodoto Tisandro 717 , —lograron que les enviaran un ejército contra Naupacto como represalia por haber solicitado la intervención [2] ateniense. A comienzos del otoño 718 , los lacedemonios enviaron un cuerpo expedicionario de tres mil hoplitas aliados 719 . De ellos, quinientos procedían de Heraclea de Traquinia, entonces recién fundada 720 ; un espartiata, Euríloco, estaba al frente del ejército, y lo acompañaban Macario y Menedayo, también espartiatas 721 .

Negociaciones con los locros

Una vez reunidas las fuerzas expedicionarias [101 ] en Delfos, Euríloco entabló negociaciones con los locros ozolos, ya que el camino que conducía a Naupacto pasaba por su territorio y quería, además, apartarlos de la alianza con los atenienses. La principal colaboración entre los locros [2] se la prestaban los anfiseos 722 , asustados a causa de la hostilidad de los focenses; ellos fueron los primeros en dar rehenes y persuadieron a los otros, atemorizados ante el avance del ejército, a darlos igualmente 723 : en primer lugar convencieron a sus vecinos los mioneos 724 (por cuyo territorio la Lócride presenta dificultades enormes para una invasión), y luego a los hipnieos, mesapios, triteos, caleeos, tolofonios, isios y eanteos 725 . Todos estos pueblos participaron en la expedición. Los ojpeos 726 dieron rehenes, pero no se unieron a las tropas; y los hieos 727 no dieron rehenes hasta que no les tomaron una aldea que recibe el nombre de Polis 728 .

Marcha contra Naupacto. Toma de Molicrio. Demóstenes salva Naupacto. Euríloco se queda en Etolia

Una vez que todo estuvo listo [102 ] y que los rehenes fueron dejados bajo custodia en Citinio de Dónde 729 , Euríloco marchó con su ejército contra Naupacto a través del país de los locros, y en su avance les tomó Eneón y Eupalio 730 , ciudades que no se habían puesto de su parte. Llegados al territorio de Ñaupacto [2] 731 , en unión de los etolios, que ya habían acudido, se dedicaron a devastar los campos y tomaron el suburbio, que no estaba fortificado; avanzaron luego contra Molicrio 732 —que era colonia corintia, pero estaba sujeta a los atenienses— y la tomaron. El ateniense Demóstenes [3] (que tras el desastre de Etolia permanecía en la zona de Naupacto), informado a tiempo del avance del ejército y temiendo por la ciudad, se fue a ver a los acarnanios y, no sin dificultad a causa de su retirada de Léucade 733 , logró [4] persuadirlos a prestar ayuda a Naupacto. Enviaron con él en las naves 734 a mil hoplitas, que entraron en la plaza y la salvaron, pues existía el peligro de que, al ser grande la muralla 735 y pocos los defensores, no pudieran [5] resistir. Euríloco y los suyos, cuando se dieron cuenta de que aquellas tropas habían entrado en la ciudad y era imposible tomarla al asalto, se retiraron, pero no se dirigieron al Peloponeso, sino a la región que ahora se llama Eólide 736 , es decir, a Calidón, Pleurón 737 y otros lugares [6] de la zona, y también a Prosquio de Etolia 738 . Ello se debió a que se les habían presentado los ampraciotas 739 para persuadirlos a atacar con ellos Argos de Anfiloquia 740 , el resto de Anfiloquia y asimismo Acarnania; argumentaban que, si se apoderaban de estas regiones, todo el continente se convertiría en aliado de los lacedemonios 741 . Euríloco se dejó persuadir y, tras licenciar a los [7] etolios 742 , se quedó con su ejército por aquellas tierras, en espera de que los ampraciotas entraran en campaña y llegara el momento de prestarles ayuda en el territorio de Argos. Y así acabó el verano.

OPERACIONES EN SICILIA

En el invierno siguiente, los atenienses de Sicilia 743 emprendieron [103 ] una expedición en unión de sus aliados griegos y de todos los sículos que, tras haber estado por la fuerza bajo el poder de los siracusanos y haber sido sus aliados, se habían rebelado contra ellos y hacían la guerra al lado de los atenienses; se dirigieron contra la plaza sícula de Inesa 744 , cuya acrópolis estaba ocupada por los siracusanos, pero como no pudieron tomarla, se fueron. Durante [2] esta retirada, los siracusanos de la fortaleza atacaron a los aliados, que marchaban a la retaguardia de los atemenses, y con su arremetida pusieron en fuga a una parte [3] del ejército y causaron un buen número de bajas. Después de estos hechos, Laques 745 y sus atenienses efectuaron con su flota algunos desembarcos en Lócride, y a orillas del río Caicino 746 vencieron en una batalla a los locros que, en número de unos trescientos, habían salido a su encuentro a las órdenes de Próxeno, hijo de Capatón 747 ; y después de apoderarse de sus armas se retiraron.

LA PURIFICACIÓN DE DÉLOS

[104 ] También en este mismo invierno, los atenienses purificaron Délos 748 , en cumplimiento sin duda de un oráculo 749 . Anteriormente ya la había purificado el tirano Pisístrato, pero la purificación no fue total, sino sólo de la parte de la isla que se divisaba desde el santuario 750 ; en esta ocasión, en cambio, fue purificada toda la isla de la [2] forma siguiente. Levantaron todas las tumbas de los muertos que había en Délos 751 , y para el futuro decretaron la prohibición de morir y dar a luz en la isla; para hacerlo deberían trasladarse a Renea. Renea está a tan corta distancia de Délos 752 que Polícrates 753 , el tirano de Samos que durante algún tiempo tuvo la supremacía naval y ejerció su dominio sobre las demás islas, al hacerse también dueño de Renea, la consagró a Apolo Delio uniéndola a Délos con una cadena 754 . Y fue entonces, después de la purificación, cuando los atenienses celebraron por primera vez las fiestas pentetéricas 755 , las Delias. Ya en tiempos [3] antiguos tenía lugar en Délos una gran concentración de jonios y de habitantes de las islas vecinas; acudían para asistir a las fiestas con sus mujeres e hijos, como ahora van los jonios a las Efesias 756 , y se celebraban allí concursos atléticos y musicales, y las ciudades presentaban sus coros 757 . La mejor prueba de que esto era así la ofrece [4] Homero en los siguientes versos, pertenecientes a su Himno a Apolo 758 :

Más cuando tu corazón, Febo, en Délos mayormente se complace

es el momento en que con sus largas túnicas se reúnen los jonios

en compañía de sus vastagos y de sus esposas en tu calle;

entonces con el pugilato, la danza y los cantos

se acuerdan de ti y te deleitan cuando celebran los juegos.

[5] Que también había un certamen musical y que la gente acudía para concursar, lo prueba de nuevo Homero en los versos siguientes, pertenecientes al mismo Himno; después de celebrar el coro de las mujeres de Délos, termina su elogio con estos versos, en los que hace mención de sí mismo 759 :

Más ea, que Apolo y Ártemis con él sean propicios,

y a todas vosotras adiós. De mí, empero, acordaos

en el futuro, cuando un hombre de los que en la tierra viven,

al llegar aquí de otro país tras largo sufrimiento, os pregunte:

«Doncellas, ¿quién para vosotras, entre los aedos que aquí acuden,

es el más dulce y aquel que mayormente os complace?».

Responded entonces todas al unísono, y de mí decidle:

«Es un hombre ciego, y habita en la rocosa Quíos.»

Tal es el testimonio de Homero de que ya antiguamente [6] había en Délos una gran concentración y una gran fiesta; posteriormente los isleños y los atenienses siguieron enviando coros con ofrendas para los sacrificios, pero los juegos y la mayor parte de las otras celebraciones fueron suprimidos, probablemente a causa de la dificultad de los tiempos, y no reaparecieron hasta el momento al que nos hemos referido en que los atenienses restauraron los juegos introduciendo en ellos una carrera de carros, cosa que antes no existía 760 .

EXPEDICIÓN DE EURÍLOCO: FRACASO DE LOS PELOPONESIOS Y AMPRACIOTAS

Movimientos de ampraciotas y acarnanios

En el mismo invierno, los amios [105 ] praciotas, tal como habían prometido a Euríloco cuando consiguieron que se detuviera con su ejército 761 , marcharon contra Argos de Anfiloquia 762 con tres mil hoplitas; invadieron el territorio de Argos y se apoderaron de Olpas 763 , unaplaza sólidamente defendida situada sobre una colina cercana al mar, que los acarnanios habían fortificado en otro tiempo y que utilizaban como tribunal común 764 ; de la ciudad de Argos, que está situada en la costa, dista unos [2] veinticinco estadios 765 . Los acarnanios, unos acudieron en auxilio de Argos, mientras que otros acamparon en un lugar de Anfiloquia llamado Crenas 766 para vigilar a los peloponesios de Euríloco, a fin de que por allí no llegaran [3] a contactar con los ampraciotas sin ser vistos. Enviaron, asimismo, un mensaje a Demóstenes, que había sido estratego de los atenienses en la expedición contra Etolia 767 , para que se pusiera al frente de ellos, y otro mensaje a las veinte naves atenienses que se encontraban de crucero en torno al Peloponeso 768 a las órdenes de Aristóteles, hijo de Timócrates, y de Hierofonte, hijo de Antimnesto 769 . [4] Por su parte, los ampraciotas que se hallaban en Olpas también enviaron un mensajero a su ciudad para pedir que acudieran en su ayuda con todas las fuerzas 770 , por temor a que las fuerzas de Euríloco no pudieran abrirse paso a través de Acarnania y a verse en la necesidad de afrontar ellos solos el combate o, si optaban por retirarse, a encontrarse en una situación comprometida.

Euríloco consigue contactar con los ampraciotas

Entretanto los peloponesios de [106 ] Euríloco, cuando se enteraron de que los ampraciotas habían llegado a Olpas, levantaron el campo de Prosquio 771 y acudieron rápidamente en su ayuda; pasaron el Aqueloo 772 y avanzaron a través de Acarnania, que estaba sin defensores 773 a causa de la expedición de socorro enviada a Argos; a la derecha tenían la ciudad de Estrato 774 con su guarnición y a la izquierda el resto de Acarnania. Tras atravesar el territorio [2] de Estrato, avanzaron por el de Fitia 775 , luego a lo largo de la frontera de Medeón 776 , y posteriormente a través de Limnea 777 ; llegaron así a la tierra de los agreos 778 , que ya no formaba parte de Acarnania y que era un país [3] amigo. Una vez que hubieron ganado el monte Tíamo 779 , que pertenece a los agreos, lo franquearon y, ya de noche, bajaron al territorio de Argos; y logrando pasar sin ser vistos entre la ciudad de Argos y la guarnición de los acarnanios apostada en Crenas, se unieron a los ampraciotas de Olpas 780 .

Demóstenes frente a Euríloco. En orden de batalla

[107 ] Una vez reunidos, al amanecer, tomaron posiciones en un lugar llamado Metrópolis 781 y establecieron allí su campamento. No mucho después, los atenienses de las veinte naves se presentaron en él Golfo de Ampracia para ayudar a los argivos, y llegó también Demóstenes con doscientos hoplitas mesenios y sesenta arqueros atenienses 782 . Y mientras las naves bloqueaban por la parte del mar la colina de Olpas, los acarnanios y unos pocos anfiloquios (pues la mayor parte estaba retenida a la fuerza por los ampraciotas) 783 , una vez que ya se hubieron congregado en Argos, se prepararon a dar batalla al enemigo, y eligieron a Demóstenes, junto a sus propios generales, comandante [3] supremo de todo el ejército aliado. Demóstenes condujo sus fuerzas a un lugar próximo a Olpas y acampó allí; un gran barranco separaba los dos ejércitos 784 . Durante cinco d.’as estuvieron quietos, pero al sexto ambos bandos se situaron en orden de batalla. Y, dado que el ejército peloponesio era más numeroso y desbordaba sus líneas, Demóstenes, temiendo ser rodeado, emboscó en un sendero encajonado y cubierto de maleza a hoplitas y tropas ligeras, en un número de unos cuatrocientos hombres en total, para que en el mismo momento del encuentro salieran y sorprendieran por la espalda al enemigo, por la parte donde sobresalían sus líneas. Así que ambos bandos [4] hubieron concluido sus preparativos, llegaron a las manos 785 ; Demóstenes tenía el ala derecha con los mesenios y unos pocos atenienses 786 , mientras que el resto del frente estaba ocupado por los acarnanios, distribuidos en diversos contingentes, y por los lanzadores de jabalina anfiloquios que se encontraban allí. Los peloponesios y los ampraciotas estaban mezclados en sus líneas, con excepción de los mantineos 787 , que, todos juntos, se hallaban más bien en el ala izquierda, aunque sin ocupar su parte extrema; eran Euríloco y los suyos 788 quienes formaban la punta del ala izquierda, frente a los mesenios y a Demóstenes.

Victoria de los atenienses y acarnanios

[108 ] Luego que ya se hubo llegado a las manos y que los peloponesios desbordaron por el ala y comenzaron a rodear la derecha contraria, los acarnanios de la emboscada se les presentaron por la espalda y, lanzándose sobre ellos, los pusieron en fuga, de tal modo que no sólo no pudieron sostener la acometida 789 , sino que con su pánico provocaron la huida del grueso del ejército, porque cuando se vio el desastre de las tropas de Euríloco, que eran las mejores, cundió el miedo. Y fueron los mesenios, que se encontraban en aquel sector con Demóstenes, quienes llevaron [2] el peso de la acción. Entretanto, los ampraciotas y los hombres del ala derecha vencieron a las fuerzas situadas frente a ellos y las persiguieron en dirección a Argos; ellos son, sin duda, los mejores guerreros de aquellas [3] regiones 790 . Pero cuando a su regreso vieron que el grueso del ejército había sido vencido y que los otros acarnanios se les echaban encima, a duras penas se pusieron a salvo en Olpas; y fueron muchos los que murieron, ya que se precipitaron desordenadamente y sin ninguna disciplina, a excepción de los mantineos; éstos, al contrario, efectuaron la retirada más ordenada de todo el ejército. La batalla acabó al atardecer.

Se negocia en secreto una retirada parcial de los vencidos

Al día siguiente, dado que tanto [109 ] Euríloco como Macario 791 habían muerto, Menedayo asumió el mando, y no sabiendo, tras la gran derrota sufrida, de qué manera podría resistir el asedio si se quedaba —al estar bloqueado por tierra y también por mar por las naves atenienses 792 —ni cómo podría salvarse si se retiraba, entró en conversaciones con Demóstenes y los generales acarnanios 793 para negociar una tregua y la retirada y obtener, al mismo tiempo, permiso para recoger a sus muertos. Los vencedores [2] restituyeron los muertos y, por su parte, erigieron un trofeo y recogieron a sus propios caídos, que eran unos trescientos, pero no estipularon oficialmente la retirada para todo el ejército, sino que Demóstenes, de acuerdo con sus colegas acarnanios, hizo un pacto en secreto por el que autorizaba a retirarse rápidamente a los mantineos, a Menedayo y a los otros comandantes peloponesios y hombres más relevantes de su ejército 794 ; quería aislar a los ampraciotas y a la masa de mercenarios 795 , pero sobre todo deseaba desacreditar a los lacedemonios y a los peloponesios entre los griegos de aquella zona, presentándolos como traidores que habían antepuesto a todo su [3] propio interés. Fue así como los vencidos recogieron sus muertos y se pusieron a enterrarlos a toda prisa, según les fue posible, y aquellos a quienes se había concedido autorización para la retirada empezaron a planearla en secreto.

Preparativos de Demóstenes ante la llegada de tropas ampraciotas

[110 ] Entretanto, a Demóstenes y a los acarnanios les llegó la noticia de que los ampraciotas de la ciudad, en respuesta al primer mensaje de Olpas 796 , acudían en masa a través del territorio de los anfiloquios para socorrer a los de Olpas; querían unirse a las fuerzas de Olpas sin saber [2] nada de lo que había ocurrido. Demóstenes envió inmediatamente una parte de su ejército para tender emboscadas en los caminos y ocupar de antemano las posiciones estratégicas 797 , y al mismo tiempo se preparó para intervenir contra el enemigo con el resto del ejército.

Persecuciones y matanzas

[111 ] En esto los mantineos y los demás con quienes se había hecho el pacto salieron de la ciudad so pretexto de recoger hierbas 798 y leña y, con disimulo, se fueron alejando en pequeños grupos sin dejar naturalmente de recoger aquello que habían salido a buscar; pero cuando ya estuvieron bastante lejos de Olpas, apresuraron el paso. Los ampraciotas y los otros, [2] que, asimismo, se encontraban en grupos que habían salido con aquéllos 799 , cuando se dieron cuenta de que se iban, también ellos aceleraron el paso y se pusieron a marchar a la carrera con intención de darles alcance. Los acarnanios [3] creyeron en un primer momento que todos se iban indistintamente sin estar amparados por un acuerdo y se pusieron a perseguir a los peloponesios (se dio incluso el caso de que algunos generales acarnios, que intentaron impedir la persecución diciendo que se había hecho un pacto con aquéllos, fueron alcanzados por los disparos de alguno de sus hombres que se creía traicionado); luego, sin embargo, dejaron partir a los mantineos y a los peloponesios, pero mataron a los ampraciotas. Hubo muchas disputas [4] e inseguridad para distinguir si eran ampraciotas o peloponesios 800 . Mataron a unos doscientos y los otros se refugiaron en el territorio de los agreos, país limítrofe, y Salintio, rey de los agreos, que era amigo suyo, los acogió 801 .

Nueva victoria en Idómene. Masacre de ampraciotas

[112 ] Entretanto, los ampraciotas de la ciudad llegaron a Idómene 802 . Idómene está formada por dos elevadas colinas, la más alta de las cuales, entrada ya la noche, los hombres destacados del grueso del ejército y enviados delante por Demóstenes, sin ser vistos, pudieron ocuparla los primeros; pero los ampraciotas lograron subir primero a [2] la más pequeña y vivaquearon allí. Por su parte, Demóstenes se había puesto en marcha con el resto del ejército después de cenar 803 , tan pronto como se hizo de noche; él mismo, con la mitad de sus fuerzas, tomó la dirección del paso 804 , mientras que la otra mitad marchó a través [3] de los montes de Anfiloquia. Y al amanecer cayó sobre los ampraciotas, que todavía estaban acostados y no se habían enterado de lo sucedido, sino que creían más bien [4] que eran los suyos, pues Demóstenes había colocado a propósito a los mesenios al frente con la orden de que hablaran al acercarse al enemigo, ya que al expresarse en dialecto dorio 805 inspirarían confianza a los centinelas, siendo así que no podían ser distinguidos a la vista por ser todavía de noche. Así, pues, tan pronto como cayó [5] sobre el ejército ampraciota, sus hombres lo derrotaron aniquilando a la mayor parte en el acto, mientras que el resto se dio a la fuga a través de las montañas. Pero como [6] los caminos estaban tomados de antemano y, además, los anfiloquios conocían bien su país y eran tropas ligeras que luchaban contra hoplitas 806 , que no lo conocían y no sabían a dónde dirigirse, caían en barrancos y en las emboscadas que les habían sido tendidas y encontraban la muerte. Entre todas las formas de fuga a las que recurrieron, [7] algunos se dirigieron hacia el mar, que no se encontraba muy lejos, y cuando vieron las naves atenienses 807 que navegaban a lo largo de la costa en el mismo momento de la acción, nadaron hacia ellas, pensando, en medio del terror de aquellos instantes, que era mejor para ellos caer, si ello era preciso, a manos de los de las naves que ser aniquilados por los anfiloquios, que eran bárbaros y sus peores enemigos 808 . Así, después de un desastre de [8] tal magnitud, los ampraciotas, en pequeño número de muchos que eran, pudieron ponerse a salvo en su ciudad. Los acarnanios, después de despojar a los muertos y de levantar trofeos, regresaron a Argos.

Las pérdidas de los ampraciotas

Al día siguiente les llegó un heraldo [113 ] de los ampraciotas que, al marchar de Olpas, se habían refugiado en el país de los agreos; iba a pedir permiso para recoger los cadáveres de aquellos que habían encontrado la muerte después de la primera batalla, cuando habían salido de Olpas, sin estar amparados por un acuerdo, en unión de los mantineos y de aquellos a quienes beneficiaba el [2] pacto 809 . Cuando el heraldo vio las armas de los ampraciotas de la ciudad, se extrañó de su número, pues no tenía noticia del desastre y creía que eran las armas de sus camaradas [3]. Entonces alguien le preguntó de qué se extrañaba y cuántos de los suyos habían muerto, creyendo a su vez, el que hacía la pregunta, que el heraldo, venía de parte de los de Idómene. Él le contestó que unos [4] doscientos 810 . A lo que el que le preguntaba replicó: «Estas armas no parecen de doscientos hombres, sino de más de mil». «Entonces —contestó el heraldo— no son las armas de quienes combatían a nuestro lado.» Y el otro respondió: «Sí que lo son si sois vosotros quienes combatisteis ayer en Idómene». «Pero nosotros ayer no combatimos contra nadie; fue anteayer, durante la retirada.» «Pues con estos hombres nosotros combatimos ayer, cuando acudían en socorro vuestro desde la ciudad de los ampraciotas.» [5] Al oír el heraldo estas palabras y comprender que la expedición de socorro salida de la ciudad había sido aniquilada, rompió a gemir y, anonadado por la inmensidad de sus desgracias, se marchó al instante sin conseguir [6] nada y sin reclamar siquiera los muertos. Éste fue, sin duda, el peor desastre sobrevenido a una ciudad griega en tan pocos días en el curso de esta guerra 811 . Y no he consignado la cifra de muertos porque el número de víctimas que se da resulta increíble si se pone en relación con la importancia de la ciudad 812 . Estoy seguro, sin embargo, de que si los acarnanios y los anfiloquios, siguiendo el consejo de Demóstenes y los atenienses, hubieran querido conquistar Ampracia, la hubieran tomado al primer asalto; pero tuvieron miedo de que los atenienses, una vez en posesión de la plaza, fueran unos vecinos todavía más molestos 813 .

Reparto del botín. Paz y alianza de los acarnanios y anfiloquios con los ampraciotas

Después de estos hechos asignaron [114 ] la tercera parte del botín a los atenienses y el resto fue repartido entre las diversas ciudades. El lote de los atenienses fue capturado durante la travesía 814 , y lo que actualmente está depositado en los templos del Ática son las trescientas panoplias 815 reservadas a Demóstenes, con las que desembarcó en Atenas; y después del desastre de Etolia, su regreso, gracias a este éxito, resultó menos [2] preocupante 816 . Los atenienses de las veinte naves, por su parte, regresaron a Naupacto. Y los acarnanios y los anfiloquios, después de la partida de los atenienses y de Demóstenes, llegaron a un acuerdo con los ampraciotas y los peloponesios que se habían refugiado entre los agreos bajo la protección de Salintio 817 por el que les permitían retirarse de Eníadas, adonde se habían trasladado desde el país de [3] Salintio. Para el futuro los acarnanios y los anfiloquios concluyeron con los ampraciotas un tratado de paz y una alianza de cien años en los términos siguientes: los ampraciotas no marcharían al lado de los acarnanios contra los peloponesios ni los acarnanios al lado de los acarnanios contra los atenienses, pero se ayudarían mutuamente en la defensa de sus respectivos territorios; los ampraciotas devolverían todas las plazas y todos los rehenes de los anfiloquios que tenían en su poder y no acudirían en ayuda de Anactorio 818 , que era enemiga de los acarnanios 819 . [4] Con estos pactos pusieron fin a las hostilidades. Luego los corintios 820 enviaron a Ampracia una guarnición suya de unos trescientos hoplitas al mando de Jenoclidas, hijo de Euticles 821 ; estas fuerzas llegaron a su destino después de una penosa marcha a través del continente 822 . Así se desarrollaron los acontecimientos de Ampracia.

OPERACIONES ATENIENSES EN SICILIA

Durante este mismo invierno, los atenienses que estaban [115 ] ban en Sicilia efectuaron un desembarco en el territorio de Hímera 823 en combinación con los sículos, que desde el interior habían irrumpido contra las fronteras de Hímera; y también navegaron contra las islas de Eolo 824 . De [2] regreso a Regio, se encontraron con Pitodoro 825 , hijo de Isóloco, estratego ateniense enviado para relevar a Laques en el mando de la flota 826 . La razón era que los aliados [3] de Sicilia se habían trasladado a Atenas y habían persuadido a los atenienses a ayudarles con un mayor número de naves; argumentaban que los siracusanos los dominaban por tierra y que, si por mar se les mantenía de momento a raya con unas pocas naves 827 , se estaban preparando y [4] reunían una flota con la intención de no tolerarlo. Así los atenienses equiparon cuarenta naves para enviárselas, tanto porque pensaban que de este modo la guerra de Sicilia acabaría más rápidamente como porque querían ejercitar [5] su flota 828 . Habían despachado, pues, a Pitodoro, uno de los estrategos, con algunas naves, y se disponían a enviar a Sófocles, hijo de Sostrátides, y a Eurimedonte, hijo de [6] Tucles 829 , con el grueso de la flota. Y Pitodoro, una vez que ya se hubo hecho cargo del mando de las naves que tenía Laques, zarpó, a fines del invierno, contra el fuerte de los locros que ya antes había tomado Laques 830 ; pero fue vencido en una batalla por los locros y se retiró.

ERUPCIÓN DEL ETNA . TERMINA EL SEXTO AÑO DE GUERRA

[116 ] Hacia el comienzo de aquella primavera 831 , el torrente de lava encendida bajó del Etna 832 , como ya había sucedido anteriormente, y arrasó parte del territorio de los cataneos 833 , que habitan al pie del monte Etna, la montaña más alta de Sicilia. Se dice que esta erupción tuvo [2] lugar cincuenta años después de la precedente 834 , y que en total se han producido tres erupciones desde que Sicilia está habitada por los griegos 835 . Esto fue lo que ocurrió durante este invierno; y con él acabó el sexto año de esta guerra cuya historia escribió Tucídides.

Ücretsiz ön izlemeyi tamamladınız.