Kitabı oku: «Rutas de escape»

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Colección Investigaciones

Rutas de escape. Contra el conformismo digital en política, arte y educación

Primera edición impresa: abril, 2019

Primera edición digital: abril, 2020

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Fotografía de carátula: Verónica Crousse

Versión e-book 2020

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Lima - Perú

Esta publicación es resultado de una investigación auspiciada por el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima.

Impreso en el Perú

Se prohíbe la reproducción total o parcial de este libro, por cualquier medio, sin permiso expreso del Fondo Editorial.

ISBN 978-9972-45-520-9

Índice

Introducción

Capítulo 1. Sobre las relaciones entre capitalismo, cultura y tecnología

1. Spengler: la técnica y el declive de Occidente

2. Severino: la crítica al capitalismo y a su relación con la técnica

3. El problema del medio ambiente: exceso y sobreproducción

4. Las ciencias de la complejidad y el espíritu faustiano

5. La complejidad de las tecnologías de la información

6. Medios digitales, decrecimiento y epistemología

7. Medios digitales, decontaminación y estética del vacío

8. Medios digitales, sostenibilidad y caritas

9. Conclusiones

Referencias

Capítulo 2. Paisajes culturales tecnológicos y ecología cognitiva

1. Hacia el concepto de paisaje cultural tecnológico

2. Las dimensiones del paisaje cultural tecnológico: mente, medios y ciberespacio

3. Falacias en las teorías de la mediaesfera y de la inteligencia colectiva

4. Los mecanismos digitales del deterioro del paisaje cultural tecnológico

5. Consecuencias del deterioro del paisaje cultural tecnológico

6. La ecología del paisaje cultural tecnológico

7. Ecología cognitiva y medios digitales

8. Conclusiones

Referencias

Capítulo 3. Las paradojas cognitivas de las tecnologías de la información

1. Medios digitales, posmodernidad y nihilismo

2. Tecnologías digitales y sobreproducción cultural

3. Las estructuras de los medios digitales y sus problemas

4. Los efectos negativos del nihilismo tecnológico

5. Problemas digitales y soluciones filosóficas

6. Conclusiones

Referencias

Capítulo 4. El crepúsculo del arte y el fin de la creatividad

1. La creatividad y la crisis del arte

2. Aspectos de las teorías del fin del arte

3. La crisis de la creatividad en Bouvard y Pécuchet de Flaubert

4. La crisis de la creatividad y la solución faustiana: Mann

5. La poscreatividad o del sacrificio: Hesse

6. Críticas al pesimismo estético: los nuevos bárbaros de Baricco

7. Conclusiones

Referencias

Capítulo 5. Alcances y condiciones de factibilidad de la investigación artística

1. Dinámicas culturales posmodernas, arte e investigación

2. Metodologías y prácticas de la investigación en arte: cuatro escenarios

3. Imposturas intelectuales e investigación artística

4. Conceptos y etapas de las imposturas intelectuales en la obra de arte conceptual

5. El problema estético de la investigación artística

6. Conclusiones

Referencias

Capítulo 6. Aspectos estéticos y epistemológicos de la multimedia y de la interactividad

1. Tradición e innovación en los medios digitales

2. El caso de la multimedia

3. Interactividad y acción comunicativa

4. Límites y problemas de la interacción en los medios digitales

5. Conclusiones

Referencias

Capítulo 7. Humanidades, tecnociencia y reformas educativas

1. Políticas educativas, humanidades, tecnología y mercado

2. La defensa de la educación humanista y de la educación clásica

3. Las contradicciones de los argumentos a favor de la cultura clásica

4. El constructivismo cibernético y las humanidades

5. Críticas a la epistemología y a la pedagogía cibernética

6. Las humanidades y la tecnociencia

6.1 La evolución epistemológica: el saber commodity y la autopoiesis

6.2 La identidad cultural

6.3 Complejidad y tecnociencia

7. Las humanidades en los medios digitales

8. Las estructuras humanísticas de la computación

9. Conclusiones

Referencias

Capítulo 8. Los dilemas epistemológicos y tecnológicos del desarrollo

1. Investigación, mercado e innovación

2. Investigación, plagio y desarrollo

3. Las contradicciones epistemológicas del ciberespacio y del modelo neoliberal

3.1 Las trampas de la sociedad del conocimiento

3.2 Los monopolios

3.3 El ciberespacio y las características del saber digital

3.4 La interactividad y el mito de internet

3.5 El desarrollo, la epistemología y la pedagogía

3.6 La colonización tecnológica

4. Los medios digitales y el software como síntesis de teoría y práctica

4.1 El sesgo político de los medios digitales

4.2 La estructura cognitiva del software

5. Conclusiones

Referencias

Capítulo 9. Acerca del desencuentro entre medios digitales y principios pedagógicos

1. Pedagogías y medios digitales en la literatura científica

2. El constructivismo y sus limitaciones

3. El conectivismo y sus limitaciones

4. De los mitos del ciberespacio a los errores pedagógicos

5. Cuestiones técnicas acerca de las herramientas educativas digitales

6. Conclusiones

Referencias

Capítulo 10. Posmodernidad, globalización y Educación Virtual

1. El enfoque académico y político sobre la Educación Virtual

2. Reformas educativas y Educación Virtual

3. Educación Virtual y cultura posmoderna

4. La Educación Virtual y el mercado

5. Cuestiones pedagógicas adicionales

6. Educación Virtual, interactividad y realidad virtual

7. Conclusiones

Referencias

Introducción

Este libro reúne diez artículos escritos entre los años 2012 y 2017 con el fin de divulgar, en su momento, los resultados de varios proyectos de investigación que me fueron encargados por el Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima. Aunque elaborados en diferentes tiempos y circunstancias y desde diferentes perspectivas disciplinarias, estos trabajos constituyen un corpus de reflexión sobre los problemas de la educación y la investigación de cara a los cambios sociales y culturales en el mundo globalizado y, sobre todo, frente al desarrollo tecnológico.

Los medios digitales ocasionan efectos disruptores en la comunicación, en la creación artística y en la educación; sin embargo, todavía carecen de un adecuado análisis filosófico y lingüístico que, más allá de lo estadístico y lo anecdótico, dé cuenta de su real complejidad. Es difícil comprender y coordinar, desde el punto de vista epistemológico y pedagógico, los problemas filosóficos, estéticos, científicos y tecnológicos que enlazan a las redes, internet, el software, las interfaces y la realidad virtual con los problemas sociales, políticos y ambientales que caracterizan nuestra actualidad.

Además, el análisis de los medios digitales se apoya en teorías que muchas veces carecen de verificación y consistencia, y por esto ofrecen resultados incompletos y dispersos. En la literatura científica, por ejemplo, se presentan hipótesis acerca de las ventajas educativas de los medios digitales en términos de interactividad e intercambios de ideas y conocimientos, pero, ¿hemos verificado si las estructuras de los medios digitales cumplen los requisitos de libertad e igualdad que se les pide? También se afirma la necesidad de cerrar brechas digitales en el supuesto de que el saber digital es necesario para el desarrollo cultural y económico, pero, ¿en qué consiste el saber digital?, ¿qué competencias requiere realmente lo digital?, ¿qué relación se establece entre desarrollo, identidad cultural, medio ambiente y computación?

En realidad son preguntas que todavía no tienen respuestas y esta confusión limita las posibilidades de los medios digitales y amplifica sus efectos negativos. Así, solo recientemente han aparecido investigadores que comienzan a tomar conciencia del poder de algunos monopolios del ciberespacio y de cómo estos inhiben el surgimiento de nuevas alternativas educativas y empresariales. Y por las mismas razones es fácil percatarse de que las estrategias y los programas para cerrar la brecha digital consisten en la promoción del simple consumismo tecnológico o en brindar capacitaciones efímeras en el uso operativo de alguna aplicación comercial.

Estos problemas determinan los objetivos del presente trabajo. El primero es ofrecer una mirada sistematizada sobre las propiedades y los efectos disruptores de los medios digitales en la epistemología, en la pedagogía y en la creación artística. Y el segundo es brindar un conjunto de conceptos para contraponerse al difuso consumismo y “solucionismo” tecnológico difundido por los medios de comunicación y, lamentablemente, también por un gran número de investigadores. Vale reiterar que en la gran mayoría de la producción científica los medios digitales se estudian fundamentalmente con métodos cuantitativos y que se analizan sus diferentes aspectos de forma aislada, sin una perspectiva sistémica, con lo que se pierden de vista las relaciones estructurales entre humanidades, ciencias, teorías y prácticas que deberían fundamentar una auténtica cultura digital.

Sin embargo, la confluencia de los puntos de vista humanístico y tecnológico es imprescindible pues corresponde a la complejidad estructural de los medios digitales, y debe sustentar el análisis de los problemas y las hipótesis acerca de estos. Conseguir y aplicar esta visión integral de los medios digitales, precisamente la que intento aplicar en este trabajo, me ha costado años de docencia e investigación en filosofía de la tecnología. Y con los mismos criterios he seleccionado las referencias bibliográficas para el marco teórico que fundamenta los contenidos de los ensayos. Aquí reporto solo los más importantes, para que el lector tenga una idea del horizonte teórico en que el libro se ha elaborado. Desde el punto de vista filosófico, el lector encontrará temas de Barthes, Bergson, Deleuze, Spivak, Gadamer, Habermas, Heidegger, Severino y Vattimo. Desde la óptica de la filosofía de la tecnología, se topará con Baudrillard, Flusser, Lanier, Levy, Morozov, Raskin y Stallmann, y desde la estética y los nuevos medios estarán Benjamin, Costa, Eco y Manovich. En la lingüística se econtrará a Austin, Derrida y Ong, y en los temas sociales y medioambientales a Rifkin, Klein y Latouche. Por último, en la ciencia estarán presentes Bateson, Lakatos, Von Bertalanffy, Feyerabend, Kuhn y Maturana. En cuanto a los problemas tecnológicos, epistemológicos y pedagógicos desde su enfoque más técnico, he consultado la más reciente literatura científica indexada, cuyas referencias se indican puntualmente en cada uno de los ensayos.

Ahora bien, en los ensayos que componen el libro se intenta demostrar, por diferentes caminos, cuatro hipótesis que, en mi opinión, son esenciales para comprender los procesos digitales y aprovechar sus aristas filosóficas, estéticas, lingüísticas y pedagógicas. En primer lugar es esencial comprender por qué las humanidades son tan importantes para sobrevivir al devenir de los robots, de las inteligencias artificiales y, aunque parezca contradictorio, del mismo desarrollo tecnológico. En segundo lugar hay que aclarar que la esencia del medio digital es la integración de creación, producción y comunicación, lo que define su naturaleza de herramienta para hacer herramientas y, con esto, la orientación esencialmente creativa que debería tener la capacitación tecnológica. Desde el punto de vista de la pedagogía se tratará de explicar que la Educación Virtual (EV) no es todavía una alternativa educativa fiable porque sufre de los desencuentros existentes entre los límites de las teorías pedagógicas en boga y las ventajas o desventajas de los medios digitales. Desde las ciencias sociales se intentará comprobar que los modelos tecnológicos influyen en las posibilidades de éxito de los programas de desarrollo económico y cultural, y que esto demanda comprometer las ciencias de la computación con el medioambiente, la neocolonización, la globalización y la diversidad cultural.

Estas ideas e hipótesis se distribuyen en diez ensayos divididos en tres grupos temáticos. En el primer grupo se enfrentan cuestiones relativas al vínculo entre los principios filosóficos, metodológicos y aquellos de los medios digitales. Así, el capítulo 1, “Sobre las relaciones entre capitalismo, cultura y tecnología”, aborda los procesos tecnológicos en el contexto histórico y social con el objetivo de despejar algunos malentendidos entre estos tres conceptos. En el capítulo 2, “Paisajes culturales tecnológicos y ecología cognitiva”, se analizan las relaciones entre paisajes culturales, procesos cognitivos y medios digitales para diseñar una suerte de ecología tecnológica. En el capítulo 3, “Las paradojas cognitivas de las tecnologías de la información”, se identifican y se explican con mayor detalle las características de los medios digitales, de internet y de las redes sociales que comprometen las dimensiones comunicacionales y educativas de los paisajes culturales tecnológicos.

El segundo grupo temático trata la relación entre conocimiento, creatividad y medios digitales en los sentidos epistemológico, pedagógico y estético. En el capítulo 4, “El crepúsculo del arte y el fin de la creatividad”, se abordan, a través de las obras de Gustave Flaubert, Thomas Mann y Hermann Hesse, la posmodernidad, el arte y la creatividad con la finalidad de cuestionar la retórica y las utopías estéticas y pedagógicas de los medios digitales. En el capítulo 5, “Alcances y condiciones de factibilidad de la investigación artística”, se intenta precisar las condiciones de posibilidad de la investigación artística, tópico trascendente porque el arte, gracias a la multimedia, a la interactividad y a las simulaciones digitales, se ha convertido en una disciplina importante para la misma ciencia, merced al lenguaje digital y a la computación, en un proceso constitutivo de la práctica artística. El capítulo 6, “Aspectos estéticos y epistemológicos de la multimedia y de la interactividad”, analiza la interactividad y la multimedia desde el punto de vista estético, pues el arte, por su complejidad, revela aspectos fundamentales para la comprensión de los problemas y del potencial educativo y formativo del medio digital.

El tercer bloque de ensayos indaga la relación entre medios digitales, academia, mercado y pedagogía. En el capítulo 7, “Humanidades, tecnociencia y reformas educativas”, se demostrará la importancia de las humanidades en el desarrollo de la informática para rebatir el paradigma aplicativo y empresarial que mueve a los actuales proyectos de reformas educativas en el ámbito internacional. En el capítulo 8, “Los dilemas epistemológicos y tecnológicos del desarrollo”, se reflexiona sobre investigación, innovación, universidades y empresas, con el objetivo de mostrar la unión estructural entre la teoría y la práctica que caracteriza a las ciencias de la computación y al software. El capítulo 9, “Acerca del desencuentro entre medios digitales y principios pedagógicos”, aborda las difíciles relaciones entre constructivismo y conectivismo con las características de los medios digitales. Y el último capítulo, “Posmodernidad, globalización y Educación Virtual”, intenta una revisión general de la EV y de los MOOC (curso en línea masivo abierto por sus siglas en inglés) desde una perspectiva compleja, que capitaliza los resultados de los artículos anteriores.

Para terminar, expreso mi agradecimiento a colegas, colaboradores y amigos, y a todas las personas que han contribuido, directa o indirectamente, a culminar este trabajo. Agradezco al Instituto de Investigación Científica de la Universidad de Lima por la confianza puesta en mi labor investigadora y a José Ignacio López Soria y Javier Protzel por su valioso aporte y sus consejos, que han permitido subsanar muchas carencias de este trabajo. Finalmente, debo muchísimo a amigos y colegas, sobre todo a las conversaciones y discusiones con Jaime Bailón, compañero de aventuras en el todavía desconocido territorio que están perfilando los medios digitales.

Capítulo 1

Sobre las relaciones entre capitalismo, cultura y tecnología

Las dificultades sociales y políticas que preocupan a las sociedades globalizadas son señales del choque de principios filosóficos que, sobre todo en Occidente, evidencian la contradicción pendiente con el pluralismo y el relativismo característicos de la posmodernidad. Este verdadero estado de crisis se complica por los excesos del neoliberalismo, los problemas ecológicos, la influencia de la industria cultural y la aceleración de los avances tecnológicos.

Se trata de cuestiones aparentemente desvinculadas que comparten sus causas y fundamentos. Desde el punto de vista de la educación, el arte y la tecnología, este entramado se muestra en toda su complejidad. En este ensayo trataré de precisar sus aspectos analizando la crítica a la técnica de Spengler (2002) y sobre todo, la crítica al capitalismo de Emanuele Severino (2012)1, pues la obra de Severino, tras las huellas de Spengler, Heidegger y Habermas, logra explicar por qué el capitalismo, la técnica y la tradición (la cultura) entran necesariamente en conflicto y cuáles son los peligros de un futuro totalitarismo tecnológico. Entregarse a este destino implicaría sacrificar, como ya sucede, las tradiciones culturales, artísticas y religiosas, de donde nace la radical oposición del Islam y también el desencanto que hoy circula entre las ciencias humanas, incluyendo el arte, y, como ha señalado varias veces Mario Vargas Llosa (2012), la crisis de la alta cultura y de la educación depende esencialmente de estas dinámicas conflictivas.

Pero el futuro de la técnica y de la cultura no es tan oscuro e inevitable como teme Severino; sus problemas podrían presentar una oportunidad para la evolución de la educación, del arte e inclusive de los medios digitales, cuyos procesos están todavía anclados en los paradigmas del romanticismo y de la revolución industrial2.

Esta hipótesis se justificará, en primer lugar, mostrando la peculiar naturaleza de las tecnologías de la información, en modo especial lo que se refiere a los procesos interactivos y a la hipertextualidad, como, por ejemplo, los conceptos de “metaforma” de Johnson (1997) o de “interfaz cultural” de Manovich (2006)3. Las características de los nuevos medios permitirían repensar la tecnología en modo abierto, creativo, humanista y fundado en el respeto de las identidades y de las diferentes tradiciones culturales. Por otro lado, hay una cuestión que Severino (y en general la producción académica sobre la educación y la tecnología) no considera: que la urgencia de los temas ecológicos, la contaminación, el exceso y la saturación cultural rediseñan, paulatina pero consistentemente, el telos de la posmodernidad.

Mi objetivo en este momento es precisar los factores y el sistema de las cuestiones indicadas por Spengler y Severino, lo que servirá como una suerte de marco teórico para el análisis más detallado que el lector encontrará en en los siguientes capítulos. Para esto comenzaré resumiendo algunos tópicos de la relación entre técnica y decadencia de Spengler; en segundo lugar haré una síntesis de la reflexión de Severino sobre la relación entre capitalismo, técnica y nihilismo; luego, examinando ambas teorías en relación con la complejidad social y ecológica, y con base en las propiedades de los medios digitales, haré una crítica a Severino, lo que se justifica porque, como la mayoría de los filósofos, este en realidad no comprende lo que son realmente los medios digitales. Finalmente presentaré algunas alternativas al pesimismo del filósofo italiano al revisar, desde el punto de vista epistemológico, educativo y tecnológico, temas como el decrecimiento, el concepto de caritas de Vattimo, la justicia epistémica y la estética del vacío.

1. Spengler: la técnica y el declive de Occidente

La relación entre técnica, capitalismo y decadencia planteada por el filósofo alemán revela varios problemas subestimados por la posmodernidad, aunque varios acontecimientos recientes (véase el fanatismo islámico) deberían haber centrado su atención. Para comenzar, la razón principal de la crisis, según Spengler, es que Occidente ha elegido el pensamiento puramente técnico. Al olvidar las grandes cuestiones metafísicas que han alimentado la vida espiritual desde la Grecia antigua hasta la modernidad, se ha impuesto un modelo de vida que privilegia lo artificial (la ciudad, el lujo, los artefactos) sobre lo natural. Spengler llama a la actitud que está detrás de este modo de pensar y vivir el “espíritu faustiano”4. Se trata de un paradigma que se compone de tres principios: que la idea vale solamente como working hypothesis, es decir, que no debe ser verdadera sino útil; que el hombre crea su propio universo (el lema de Fausto: Deus sive Natura); y por último, que el desarrollo cultural es un lujo que está ligado al bienestar económico y a la técnica. Ahora bien, escribe Spengler, para el hombre faustiano cada conquista tecnológica es como una marca deportiva, un logro que sirve al ego y que vale por sí mismo. Entonces, el desarrollo tecnológico puede proceder sin tomar en cuenta sus efectos y consecuencias.

Por otro lado, lo que es más importante, la cesión del control a los procesos tecnológicos aleja al hombre de los saberes naturales y, poco a poco, establece una distancia enorme entre quien comprende la tecnología (el ingeniero) y quien no la comprende o simplemente la usa (el obrero o, en términos digitales, el usuario). La técnica, pues, es siempre más esotérica y distante del hombre común. Ya que este proceso de separación se acelera constantemente, el hombre faustiano termina sometido a la tecnología, lo que facilita la concentración del saber y la formación de los monopolios tecnológicos y económicos. Aceptar el dominio totalitario de la técnica implica renunciar a integrarse armoniosamente con el trabajo y con la naturaleza, precisamente lo que Spengler denomina tradición. Y Spengler, a continuación, supuso que la espiral tecnocrática saturaría la existencia del hombre a tal punto que este terminará deseando liberarse de ella5. La contradicción del hombre faustiano consiste en que la técnica destruye a la tradición, pero es la tradición la que da lugar a la técnica. En suma, no hay solución porque la enfermedad tecnocéntrica ha destruido su propia medicina6.

Hay otra explicación de la decadencia de Occidente en la teoría de Spengler que es necesario señalar porque permite ver (olvidando el lenguaje racista) el enlace entre la educación y las tecnologías de la información. Consiste en el hecho de que Occidente ha preparado su propia destrucción regalando su sabiduría técnica a las demás civilizaciones: “Los blancos la han ofrecido con benevolencia a todo el mundo…” (Spengler, 2002, p. 101). Además, y es el concepto realmente interesante:

Para la gente de color (incluyendo en este concepto a los rusos) la técnica faustiana no es en ningún caso una exigencia interior. Es solo el hombre faustiano que piensa, siente y vive en esta forma. Para él es una exigencia del espíritu […] para la gente de color, por lo contrario, no es más que un arma en contra de la cultura faustiana […]. (Spengler, 2002, p. 103)

En otras palabras, sucede que la “gente de color” puede superar técnicamente a los “blancos” occidentales y acabar con su telos tecnológico, primero porque no tiene los fundamentos clásicos que de alguna manera contrastan el pensar puramente técnico7; segundo, porque no han pasado a través de los procesos del Renacimiento y de la Ilustración, etapas que han construido los valores positivos de la técnica (el concepto de progreso, la democracia, la educación…).

Como es sabido, para Spengler la solución es trágica, faustiana: pararse frente a la destrucción aceptando lo inevitable, hundiéndose heroicamente como un capitán en su barco. Esta epifanía se pone en escena, con el complemento de argumentos anticapitalistas, también en Severino, como veremos en el siguiente apartado.

2. Severino: la crítica al capitalismo y a su relación con la técnica

El proyecto crítico de Severino se basa en el hecho de que el capitalismo está necesariamente fundado sobre la técnica, porque las máquinas pueden producir bienes para el mercado masivo y global y así incrementar el capital. Pero al mismo tiempo, para justificar sus productos, el capitalismo necesita generar situaciones de necesidad y escasez y así entra en conflicto con el progreso técnico y distorsiona su naturaleza, pues el fin de la técnica es eliminar la escasez. En otras palabras, el capitalismo sabotea su propio desarrollo tecnológico.

Los argumentos de Severino completan el concepto del espíritu faustiano de Spengler con otro factor: el derrumbe de la religión, de la filosofía y, en general, de las grandes narrativas (el nihilismo), lo que ha convertido a la técnica en el único destino del hombre occidental. En efecto, el nihilismo se impone necesariamente una vez que el ser humano se entrega a la técnica, pues esta, a través de sus aparatos (el consumo, los medios masivos, la moda, como afirmaba el situacionismo), produce un mundo materialista sin valores. Y el nihilismo completa la teoría de Spengler acerca de la causa del declive de Occidente (el error estratégico), porque su mismo devenir demuestra que la técnica destruye los valores tradicionales y que las culturas tecnificadas están perdiendo sus tradiciones (lo que incrementa, a su vez, el nihilismo).

Sobre esta base se explica el rechazo radical del islam al espíritu faustiano de la cultura occidental. Pero, argumenta Severino, la técnica es una razón absoluta, la metafísica misma, la única gran narrativa de la sociedad contemporánea y por esto los conflictos capitalismo-socialismo o cristianismo-islamismo, son en realidad de retaguardia, en el sentido de que están opacados por el dominio tecnológico. Resumiendo, para Severino el destino del hombre occidental es aceptar la técnica, pero este destino implica entrar en conflicto con el capitalismo y el nihilismo, y finalmente, levantar barreras a los procesos tecnológicos virtuosos que forman el verdadero progreso.

Se trata evidentemente de un punto de vista pesimista que, sin embargo, es posible refutar tomando en cuenta los retos culturales y sociales puestos por las problemáticas ambientales y la ola de la complejidad, con sus nuevas tendencias científicas, epistemológicas y tecnológicas, es decir, con su nueva visión de la técnica.

3. El problema del medio ambiente: exceso y sobreproducción

Comenzaré mostrando qué aspectos de las cuestiones ecológicas se vinculan de modo inesperado con la crítica al modelo de desarrollo capitalista de Severino, con la tecnología y con la cultura.

La sobreproducción, la saturación del mercado, la contaminación, el cambio climático y el agotamiento de los recursos son los efectos colaterales de la sociedad industrial. No solo los ambientalistas están de acuerdo con esto; sin embargo, pocos toman en cuenta que la contaminación y la saturación afectan también al dominio del pensamiento. Estos fenómenos tienen dos consecuencias: en primer lugar, que el consumo y los excesos materiales y conceptuales contribuyen a eliminar la tradición; en segundo lugar, que la sobreproducción y el agotamiento de los recursos producen la crisis creativa, la repetición, la búsqueda del efecto, del chisme y del escándalo que caracterizan a la cultura de masas, como siguiendo, a Debord, ha denunciado Vargas Llosa (2012).

Volviendo a la ecología, el punto es que ahora los problemas ecológicos implican mucho más que redimensionar el estilo de vida. Como señalan reiteradamente cada vez más autores, es necesario un cambio radical del telos de la posmodernidad, especialmente en lo que se refiere al capitalismo8. El resultado de esta dinámica es poner en discusión tanto las políticas económicas neoliberales cuanto la misma técnica, que en efecto, contrariamente a lo que afirma a Severino, ya está en camino hacia cambios positivos. Lo mismo sucede en el ámbito cognitivo, artístico y educativo.

4. Las ciencias de la complejidad y el espíritu faustiano

El segundo elemento necesario para corregir el análisis de Severino es la complejidad, con sus nuevos paradigmas sociales y, sobre todo, sus nuevas teorías científicas y filosóficas. Este conjunto de novedades se evidencia en teorías científicas como la teoría de sistemas, la teoría del caos, los fractales, la inteligencia artificial, las neurociencias y la misma ecología. Son conceptos que muestran un cambio en el paradigma ontológico que no acepta el espíritu faustiano basado en el dominio industrial de la naturaleza (incluyendo a los demás seres humanos), sino que busca un modelo fundado en la colaboración y la protección9. Otro aspecto nuevo de la complejidad es la prospección de una nueva ciencia fundada en la historia, en los sentimientos, en las emociones y en las relaciones sociales, que no excluye al ser humano con todos sus límites, diferencias y tradiciones. Y a pesar de ciertas dudas sobre sus principios y sus fundamentos (Horgan, 1996), la complejidad responde al cambio de telos que la sociedad contemporánea comienza a exigir.

Para nuestros objetivos, lo valioso de la complejidad se manifiesta de una doble manera que ni Spengler ni Severino hubieran podido imaginar. Primero, pensar la realidad como un sistema de procesos emergentes, donde cada acción se refleja sobre los demás elementos del sistema, y donde las decisiones no están tomadas desde arriba sino desde abajo. Segundo, el carácter sistémico de estos procesos emergentes muestra que, coordinando todos los aspectos y las dimensiones de la complejidad social y cultural contemporánea, es todavía posible convertir la técnica en aliada de la tradición de la cultura y del medio ambiente. A través de la filosofía, la educación y la estética será posible una tecnología que vigila la razón calculadora en un contexto colaborativo, generativo y regenerativo, que coincide con la tradición.

5. La complejidad de las tecnologías de la información

La crítica a la técnica faustiana de Spengler y Severino se puede reforzar considerando sus contradicciones con respecto al concepto de nihilismo del mismo Severino y las propiedades de los medios digitales.

El defecto de la lectura faustiana y nihilista de la técnica radica en su arquetipo metafísico, racionalista y reduccionista, mientras que el modelo que subyace a los medios digitales es propiamente posmoderno, complejo, abierto y emergente, lo que posibilita una alternativa, paradójicamente tecnológica, a la racionalidad absoluta del espíritu faustiano y del capitalismo. Esta posibilidad se explica por una serie de factores que voy a explicar enseguida:

a) El acoplamiento entre la tecnología digital y los principios científicos de la complejidad permite el diseño de algoritmos muy poderosos y la introducción de nuevos procesos productivos que están cambiando el paradigma económico y cultural, como el software libre y el fenómeno de los makers10. Se trata de nuevas tecnologías informáticas que generan nuevas realidades empresariales y mecanismos alternativos de mercado que podrían corregir las distorsiones del capitalismo observadas por Spengler y Severino.

b) La inmaterialidad del lenguaje numérico (los medios digitales no manejan objetos concretos, sino datos e informaciones) hace que los contenidos adquieran una dimensión flexible y abierta, con circulación y gestión líquidas y libres; en este sentido, anticapitalistas y antifaustianas.

c) Los enlaces hipertextuales y la interactividad propia de los medios digitales y del ciberespacio permiten el acceso y la producción compartidos y en tiempo real de saberes y aplicaciones. El ciberespacio está generando (paulatinamente, por los muchos problemas que hay que resolver) culturas y economías alternativas al capitalismo tradicional, basadas en la colaboración, en la libertad y en la “justicia epistémica” (Spivak, 1995)11.

d) La característica más relevante de la informática es que es una tecnología para hacer tecnología. Los lenguajes de programación son herramientas para hacer herramientas, pues el software genera otro software (por ejemplo, las apps) que a su vez permite diseñar soluciones en varios campos aplicativos. Por primera vez, todos pueden crear sus propias herramientas, lenguaje y recursos y, por lo menos en teoría, liberar el desarrollo tecnológico de la lógica capitalista12.

Sin embargo, no se debe olvidar que los medios y los lenguajes digitales pueden volverse más faustianos que las tecnologías analógicas del capitalismo industrial. Contrariamente a su naturaleza, lo digital es utilizado dentro un modelo epistemológico y económico que incrementa las diferencias entre aquellos que, al mando de sus procesos científicos y creativos, gozan de todas sus posibilidades, y los usuarios, que solo acceden a la capa aplicativa y por lo tanto quedan en un estado de carencia permanente. Es que hay algo en los medios digitales que detiene su libertad y su uso democrático: el saber tecnológico, salvo la capa aplicativa mediada por la interfaz, es ininteligible para el usuario normal porque está encriptado en ceros y unos, porque las herramientas digitales son cada vez más complejas y porque requieren de una creciente especialización y del dominio de una cantidad de conocimientos siempre mayor. Así, el saber y el poder tecnológico se concentran en monopolios mientras que a los usuarios se pasan los contenidos y los aspectos más triviales del consumo y de las relaciones sociales. En efecto, por lo menos en este sentido, la contradicción entre capitalismo y técnica que señala Severino es en cierta medida correcta. Es bajo este punto de vista que se vuelve necesario repensar la tecnología en sentido ecológico.

Como ya vimos, los problemas ecológicos son sobre todo culturales y sus batallas se ganan en términos de conciencia, de comunicación y de educación, así como rediseñando los medios digitales que los soportan tecnológicamente. Pero este no es el único enlace. Los medios digitales son parte de nuestro ecosistema, así que existe la necesidad de corregir su desarrollo. En relación con Spengler y Severino, aquí reinterpretamos las estrategias típicas de los ecologistas en términos digitales: el decrecimiento cognitivo, la descontaminación a través de la estética del vacío y la sostenibilidad mediante el paradigma generativo y el concepto de caritas.

6. Medios digitales, decrecimiento y epistemología

El decrecimiento es una estrategia propuesta por los ecologistas más radicales que rechaza cualquier hipótesis de desarrollo (inclusive sostenible) y postula, sencillamente, la reducción de la producción y del consumo, y el regreso a un estilo de vida con ritmos más naturales. El decrecimiento como proceso envuelve a todo el sistema social, económico y sobre todo cultural desde su complejidad. La sobreproducción y el consumismo están relacionados con los problemas culturales porque son parte de los procesos de manipulación y de persuasión del marketing y de la publicidad. La mediasfera y el ciberespacio, en este sentido, son ecosistemas cognitivos contaminados por informaciones inútiles y posverdades, lo que justifica construir el enlace, aparentemente arbitrario, entre ecología, cultura y tecnología, y explica por qué todo esto es esencial para cualquier nuevo paradigma educativo. La ecología puede enseñar muchas cosas a los medios digitales con base en cuatro elementos:

a) El modelo emergente. Significa que el cambio tendría que darse desde abajo hacia arriba, a través de la acción individual autoorganizada, porque los cambios impuestos desde arriba acaban en simulacros, porque los monopolios que los promueven (inclusive de buena fe) están comprometidos con el mismo sistema que pretenden corregir.

b) La importancia de la identidad cultural y de la tradición en tanto recupera hábitos, técnicas y soluciones naturales en el respeto de cada ecosistema (como el comercio justo o los productos a km 0) y de cada contexto histórico y social (como la justicia epistémica y la crítica al colonialismo tecnológico).

c) Un nuevo sentido de la democracia y de la justicia, porque la utopía del ciberespacio, al igual que la de la ecología, suponen la distribución de los recursos materiales y conceptuales.

d) La importancia de los medios de comunicación que aseguran el flujo de los recursos. Desde el punto de vista de la estética y de la educación, el decrecimiento cognitivo implica una revisión de los principios estéticos románticos que todavía dominan el arte y la comunicación contemporánea (incluyendo sus instituciones, como las galerías y los museos) y de varios paradigmas pedagógicos (conductismo, cognitivismo, constructivismo), que internet no ha logrado ni siquiera en una mínima parte debilitar. No es difícil darse cuenta, tanto en la educación como en el arte, de la resiliencia de contenidos faustianos, jerárquicos y “extractivos” típicos de la producción industrial.

7. Medios digitales, decontaminación y estética del vacío

En la filosofía del decrecimiento hay varios aspectos que podemos relacionar con el conocimiento y la comunicación: la reparación de la salud y la liberación del medio ambiente de la contaminación, de la antropización y de la cementificación; la recuperación y la reconversión de áreas industriales en áreas verdes o agrícolas, y el rediseño urbanístico13. En el dominio cognitivo, comunicacional y educativo, la contaminación consiste en la plétora de productos culturales banales e inútiles (y hasta reveladores de lo peor del ser humano, como sucede en las redes sociales) que están exasperando los comportamientos cultural y socialmente desviantes y contribuyendo a la destrucción de la tradición. Y hay otro aspecto negativo del exceso y de la contaminación cognitiva, no menos importante, que es la pérdida del sentido causada por la sobreproducción cultural: en un entorno saturado en el que todo está ya hecho (y varias veces), la caída de la atención y el agotamiento de la creatividad son inevitables. En la educación los efectos negativos de estas dinámicas son bien claros y documentados (Carr, 2010; Morozov, 2015; Oppenheimer, 2004), aunque también han sido cuidadosamente ocultados por la industria cultural y por los magnates de Silicon Valley.

Para los medios digitales, la recuperación y la descontaminación se pueden definir conceptualmente como una estética del vacío. El vacío es estético no tanto en el sentido del horror vacui, del abismo donde no hay nada, sino en el de algo predispuesto a recibir y a escuchar y que es, por lo tanto, proactivo (Pasqualotto, 2001)14. Esto implica liberar el espacio ambiental de la fantasmagoría de mensajes, del oversharing, de las nubes de datos; en suma, hacer una suerte de limpieza cognitiva; una idea que se confronta con los conceptos de “inaugurar” y de “hacer espacio” de Heidegger (2000b). Originalmente, en Heidegger hacer espacio (abrir nuevos recorridos creativos, nuevos lenguajes y nuevas posibilidades formales) es la función primordial del arte. Ahora bien, puesto que los territorios para explorar son cada vez más escasos, la creatividad se ha convertido en una actividad combinatoria automatizada. Entonces, hacer espacio significa en realidad “liberar espacio”.

8. Medios digitales, sostenibilidad y caritas

El decrecimiento y la decontaminación no quieren detener el progreso sino dar un giro diferente al desarrollo y apostar por un nuevo modelo económico, que (idealmente) podría sustituir al neoliberalismo. Se trataría, según Rifkin (2014), de un sistema híbrido que no se basa en el dinero y en el profit, sino en la distribución de materiales y servicios, en el trueque, en el intercambio y hasta en el don, lo que será posible gracias a los avances tecnológicos (por ejemplo, internet y la impresión 3D).

Estos conceptos y propuestas, traducidos al dominio digital y epistemológico, representan lo que ha sido denominado por Levy (1999) “inteligencia colectiva” y por Vattimo (2009) caritas. La caritas es una categoría teológica reinterpretada hermenéuticamente por Vattimo para elaborar su teoría de la verdad en el nihilismo posmoderno, lo que en el marco de las cuestiones planteadas por Spengler y Severino, aclara el enlace entre cultura, saber, medios tecnológicos y capitalismo. En la perspectiva filosófica de Vattimo, el concepto designa un proceso antimetafísico de construcción dialógica de la verdad que se realiza y se sustenta en la distribución de valores y en el bien que un proceso verdadero demuestra que puede hacer, no en dogmas impuestos por medio de la propaganda o la violencia. Por esto la caritas se relaciona estéticamente con el vacío (la propensión a escuchar y a recibir), epistemológicamente con modelos antitéticos a los que derivan del espíritu faustiano (la complejidad) y tecnológicamente, como argumenta Stallmann (2002), el gurú del software libre, con la colaboración y la distribución de los recursos (GNU, el copyleft, los hackers y el coding). De aquí nace su relevancia también en términos educativos.

9. Conclusiones

Volvemos entonces a las cuestiones iniciales. Spengler y Severino concluyen que las contradicciones entre capitalismo y técnica determinan la crisis de la cultura occidental, que no tiene alternativas entre la decadencia y la sumisión a la técnica. Sin embargo, en sus argumentos hay ciertas debilidades e inconsistencias que se deben a que ninguno de los dos autores ha tomado en cuenta algunos problemas muy importantes de la cultura contemporánea, como las obligaciones medioambientales, la complejidad cultural y científica y las peculiaridades de las tecnologías de la información. Pero son estos elementos los que permiten pensar un final diferente al enunciado por Spengler y Severino.

Las tecnologías de la información, en primer lugar, no tienen por qué estar necesariamente sometidas al paradigma faustiano porque, contrariamente a la tecnología industrial, son abstracciones lingüísticas, simbólicas y lógicas. Estas características permiten plantear la síntesis entre técnica y tradición (hasta, en una tradición presocrática, con el mito y el arte). En segundo lugar, el nihilismo no es una tabula rasa de criterios y valores, sino que puede ser entendido como el desarrollo creativo de una nueva tradición, híbrida y mestiza. En tercer lugar, el decrecimiento y otras soluciones ecológicas no solamente no interrumpen el desarrollo tecnológico sino que pueden encaminarlo hacia direcciones nuevas y originales. Las redes digitales gozan de algunas propiedades y particularidades —la interactividad, el poder generativo de sus lenguajes— que se acoplan perfectamente con el telos de un nuevo modelo de crecimiento-decrecimiento: el intercambio, la caritas y la justicia epistémica15.

Para terminar, de lo visto hasta ahora emergen tres indicaciones concretas que profundizaré en los siguientes capítulos. La primera es superar la lógica del consumismo típico de los gadgets digitales y las trampas del “solucionismo tecnológico”16 (que, como veremos, caracteriza a las reformas educativas); en otras palabras, entender el desarrollo tecnológico no como uso de aplicaciones informáticas impuestas por las grandes corporaciones informáticas (Google, Microsoft o similares), sino como investigación de tecnologías originales y autónomas.

La segunda es un correcto acercamiento a los medios digitales y la comprensión de sus estructuras, lo que permitiría planificar, con una visión a más largo plazo, los cambios de contenidos y las habilidades que se requieren en los escenarios laborales del futuro cercano, cuando contará cada vez más la creatividad, el problem solving, el autoaprendizaje y la flexibilidad.

La tercera es la recuperación de las disciplinas humanísticas que, con la ayuda de las ciencias de la complejidad, pueden dar soporte epistemológico y metodológico al desarrollo tecnológico, que necesita del razonamiento abstracto, de la cultura y de las ciencias básicas, hoy menospreciadas a favor de las habilidades prácticas que son efectivas solamente dentro los plazos muy cortos que dicta el mercado.

Referencias

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Heidegger, M. (2000b). L’ arte e lo spazio. Génova: il nuovo melangolo.

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Spengler, O. (2006). The decline of the West. Nueva York: Vintage Books.

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Vattimo, G. (1999). La fine della modernitá. Milán: Garzanti.

Vattimo, G. (2009). Addio alla veritá. Roma: Meltemi.

Capítulo 2

Paisajes culturales tecnológicos y ecología cognitiva

La sociedad contemporánea está pasando por una crisis económica, ecológica, social y cultural, articulada por problemas como el exceso de producción, la contaminación, el consumo de recursos no renovables y el crecimiento demográfico. La sobreproducción, la contaminación y el consumo tienen también una arista cultural, mediática y tecnológica, porque el mercado necesita la propaganda sostenida por la industria cultural y porque internet, los blogs y las redes sociales multiplican el palabreo, los pseudoconocimientos y las informaciones irrelevantes o innecesarias. Podríamos decir que los medios digitales, a través de los monopolios tecnológicos que controlan los capitales cognitivos, están modificando y contaminando el medio ambiente del mismo modo que la industria o los medios de transporte. De esta manera se define un sentido tecnológico del concepto de “paisaje cultural” (Ludeña, 1997, pp. 9-24) y una dimensión cognitiva de la contaminación.

Sin embargo, son pocos aquellos que reconocen la banalización de los contenidos y de la educación, así como la imposición de paisajes culturales alterados tecnológicamente por contenidos y culturas ajenas, principalmente de matriz anglosajona, lo que diseña nuevos procesos de colonización. En efecto, la filosofía, la pedagogía y el arte1 parecen no considerar esta situación con la importancia que merece; se ignoran los problemas y se consume como si nada estuviera pasando, o se cae en un estado de incertidumbre y de sensibilidad deprimida y nihilista característico de la posmodernidad, bajo la influencia de filósofos como Nietzsche, Adorno, Derrida, Vattimo y Baudrillard, entre otros. Y los expertos en tecnologías de la información, medios digitales e internet desconocen el problema o se amparan en una visión ambigua y contradictoria. Analizando la crítica a la tecnología de Spengler, Heidegger, McLuhan y, más recientemente, Morozov, se nota que se identifican los problemas correctamente, pero no se les da una solución porque hace falta una visión sistémica e interdisciplinaria para identificar las idiosincrasias propias de la tecnología digital, y para reconocer y aprovechar sus posibilidades. Por ejemplo, no sabemos qué hacer para solucionar uno de los fenómenos más complicados de la supuesta sociedad del conocimiento, es decir, la brecha entre quien sabe y quien no, entre quien crea el saber y quien simplemente lo consume.

Hay dos razones bien precisas para explicar esta dificultad: las diferentes capas operativas de los medios digitales, que conforman un enredo de procesos aplicativos, comunicación, ciencia y lenguaje, y la complejidad del paisaje cultural de la sociedad contemporànea, que por los medios digitales, se ha convertido en una suerte de organismo virtual cableado, interconectado en tiempo real y contaminado por los monopolios de las redes sociales, de los buscadores y de la realidad virtual.

El objetivo de este artículo es precisar, a través de los conceptos de paisaje cultural tecnológico y de ecología cognitiva, y en sentido humanista, filosófico y estético, las dimensiones de los problemas, lo que además requiere relacionar conceptos y problemas actualmente desvinculados, como las inconsistencias de la sociedad del conocimiento, la relación entre ecología de la mente y cultura y los vínculos entre medios digitales y neocolonización.

Para esto seguiremos este proceso: a) definir el paisaje cultural tecnológico; b) analizar las dimensiones del paisaje tecnológico a través de la relación entre ecología cognitiva y mente apoyándonos en Bateson, Vattimo y Levy; c) identificar los problemas del paisaje cultural tecnológico, como la ignorancia y el pseudoconocimiento que se difunden en la cultura globalizada; d) precisar en qué consiste la contaminación cultural y la neocolonización a través de la crítica postcolonial de Spivak. Por último, se propondrán posibles soluciones, estrategias ecológicas para las tecnologías de la información y propuestas para una ecología cognitiva.

1. Hacia el concepto de paisaje cultural tecnológico

El concepto original de paisaje cultural se define a partir de las interacciones entre naturaleza, ecología y cultura, en cuanto la cultura rediseña la relación hombre-naturaleza y, por lo tanto, el paisaje. Según lo que ha establecido la Unesco (2012), los paisajes culturales son bienes culturales producto de la acción humana y la naturaleza, que ilustran la evolución de la sociedad a lo largo del tiempo, bajo la influencia de restricciones físicas y de las posibilidades de su entorno natural y de las fuerzas sociales, económicas y culturales sucesivas, tanto externas como internas.

Ahora bien, el “paisaje cultural tecnológico” es una extensión del concepto original, que nace porque los medios digitales, a través de las simulaciones, la realidad virtual, las redes sociales, los robots y el internet de las cosas, son parte constitutiva de nuestro medio ambiente. En otras palabras, los medios digitales no se pueden considerar simples herramientas, sino partes de una realidad paralela que a veces sustituye a la realidad “real”, concreta y material.

Es por esto que los temas medioambientales se enlazan con los medios digitales y comparten las mismas problemáticas, como la sobreproducción y la contaminación. Por lo tanto, los paisajes culturales tecnológicos tienen determinadas ecologías y dinámicas socioculturales. Para diseñar sus confines es necesaria una aproximación menos convencional (sobre todo desde el punto de vista educativo) de lo que usualmente aplican los new media studies. Para aclarar todo esto me apoyaré en algunos tópicos de teoría la mente de Bateson (2000) y Maturana y Varela (1995, 1999), de la mediasfera de Vattimo (1999) y del ciberespacio de Levy (1999).

2. Las dimensiones del paisaje cultural tecnológico: mente, medios y ciberespacio

La idea más importante de Bateson es que los procesos naturales se desarrollan por interacciones sistémicas que tienen un definido carácter cognitivo y por lo tanto efectos culturales y epistemológicos. El carácter sistémico y ecológico de los procesos cognitivos es sustentado también por Maturana, aunque con mayor énfasis en las dimensiones autopoiéticas2. Bateson, además, advierte el peligro de los modelos cuantitativos típicos del homo economicus, porque contradicen el paradigma sistémico de la mente y, con esto, hacen imposible resolver los problemas de comunicación y de integración cultural. Por otro lado, el hombre no puede predecir o controlar todo; Bateson y Maturana, entonces, nos obligan a repensar categorías y jerarquías aceptadas acríticamente por el sentido común.

En ambos casos, en cuanto al paisaje cultural tecnológico y a su ecología se refiere, se entiende la mente como un ecosistema que no produce un saber metódico absolutamente confiable, puesto que la objetividad es un sistema regulatorio interno de la mente. Por ejemplo, habría que repensar los términos correcto, incorrecto, eficaz e ineficaz, pues estos adquieren valor por sus relaciones dentro un proceso sistémico, un contexto y un paisaje. Aquí la dimensión ecológica y paisajística se justifica porque lo que hace el hombre depende de un contexto determinado y porque sus actos pueden afectar a toda la naturaleza.

Ahora, las teorías de la sociedad transparente y de la mediasfera de Vattimo están en sintonía con todo esto porque son contextos sistémicos relacionados simbióticamente con los medios masivos. Es que los medios son como el sistema nervioso de la sociedad contemporánea, que construyen, muestran y trasparentan cualquier proceso biológico, social y cultural de forma autopoiética. La retroalimentación positiva entre los medios y el telos complejo y emergente de la posmodernidad se explican porque desde estos fenómenos nace un efecto positivo, pues el caos, el cambio y el ruido que produce la visibilidad mediática absoluta, posibilitan la emancipación y la liberación del sistema social de las autoridades dogmáticas y metafísicas, que dentro de este devenir se pierden o se disuelven. Así los medios masivos, más allá de la crítica que se puede hacer a su banalidad y a su carácter efímero, serían efectivamente la garantía de la pluralidad y de la libertad (la autopoiesis) de la sociedad transparente.

El último concepto importante para explicar el carácter sistémico del paisaje tecnológico es la inteligencia colectiva de Levy. Se trata de una inteligencia que surge de la colaboración y de las acciones concurrentes de los individuos con intereses comunes (como los seres vivos de una misma especie en la naturaleza), y que se manifiesta espontáneamente en el ciberespacio. En realidad, la hipótesis de Levy no es tan original, pues combina la teoría de la mente de Bateson y Maturana con la mediasfera de Vattimo, pero nos ayuda a encuadrar la inteligencia colectiva como proceso autopoiético dentro el paisaje cultural tecnológico, en tanto sus actores son, gracias a internet, a los hipertextos o a las nubes, autosuficientes, libres y autónomos para crear, producir, comunicar y compartir datos, saberes y herramientas.

Sin embargo, en las teorías de la mediasfera de Vattimo y de la inteligencia colectiva de Levy hay algunas contradicciones e hipótesis tecnológicas incorrectas que, para seguir en el análisis del paisaje cultural tecnológico, tenemos que discutir necesariamente.

3. Falacias en las teorías de la mediaesfera y de la inteligencia colectiva

El defecto principal de la teoría de la sociedad transparente y de la mediasfera está en dos cuestiones relacionadas con la autopoiesis y la complejidad, es decir, la supuesta autonomía, independencia y transparencia del sistema cognitivo tecnológicamente mediado por los medios digitales. En el mundo real la complejidad de la sociedad transparente, incluyendo la inteligencia colectiva, se reduce a una ilusión de interfaces y avatares.

Para comenzar, la mediasfera no es un sistema complejo emergente, como pretende Vattimo, sino un sistema cerrado y estático, sin autopoiesis, porque está teledirigido por la industria cultural. Entonces en la sociedad transparente, libertad, devenir y caos son generados artificialmente por los medios masivos y sus razones comerciales. En ambos contextos los procesos realmente significativos son siempre los mismos y no son efímeros, pues su lógica subyacente y sus algoritmos se mantienen en el tiempo, construyendo así una nueva metafísica (lo que explica el conformismo generalizado y la tendencia al monopolio del mercado digital).

En segundo lugar, en la mediasfera hay muy poca transparencia, pues los medios digitales son “cajas negras” (Flusser, 2007), aparatos que funcionan sin la necesidad y posibilidad de averiguar sobre sus mecanismos internos. Las aplicaciones digitales parecen transparentes al público porque cuentan con interfaces que facilitan su uso, pero los códigos están encriptados en forma binaria y por lo tanto no son accesibles. Inclusive en el caso del software open source, que proporciona al usuario no solamente el programa ejecutable sino los archivos del código (que se puede leer como un texto cualquiera), los medios digitales son transparentes para muy pocas personas.

En tercer lugar, los medios digitales, inclusive los interactivos, no ofrecen mayores cambios e innovaciones que los medios masivos como la televisión, sino todo lo contrario. Salvo excepciones, las aplicaciones digitales comerciales son intrínsecamente conservadoras, porque se basan en procesos que replican los saberes tradicionales3 de los medios analógicos, de los cuales son una simulación. Con esto, heredan también sus contradicciones, jerarquías y sistemas de poder, lo que quita solidez a los argumentos de la inteligencia colectiva.

Además, para la inteligencia colectiva, la disponibilidad de conocimientos constituye un problema que va más allá de los aspectos de orden técnico, pues depende de la limitada capacidad del cerebro humano para procesar grandes cantidades de información (que nacen de la sobreproducción y de la contaminación cognitiva). Como ha anotado Friedman (2003), un sistema de comunicación interactivo, como el que alimentaría a la inteligencia colectiva, supone que la creación de contenidos venga retroalimentada por todos con todos. Pero procesar la masa gigantesca de informaciones que se genera es imposible para cualquiera. Por lo tanto, en un sistema tan complejo, lo que más influye en la toma de decisiones y en la elaboración del conocimiento son, paradójicamente, las omisiones de los datos efectivamente conocidos.

4. Los mecanismos digitales del deterioro del paisaje cultural tecnológico

Las teorías de la sociedad transparente y de la inteligencia colectiva son interpretaciones de fenómenos de las sociedades contemporáneas que, como hemos visto, no reflejan las características reales de los procesos que pretenden explicar. Estas inconsistencias, que dependen de la lectura superficial de los medios digitales, son las mismas que generan el deterioro de los paisajes culturales tecnológicos, es decir, el exceso de informaciones con la difusión contagiosa de los pseudoconocimientos y la banalización de los contenidos, que determina la contaminación cognitiva y epistemológica del paisaje cultural en general. En este punto es necesario examinar estos fenómenos más detalladamente.

Con respecto al exceso del saber, fue Vannevar Bush (1945) quien por primera vez analizó sus aspectos, al verificar las dificultades que los científicos encontraban para registrar, relacionar y aprovechar la masa crítica de conocimiento que la ciencia comenzó a producir a partir de la Segunda Guerra Mundial. Para solucionar el problema de la gestión del saber, Bush propuso varias soluciones tecnológicas: el enlace, los criterios de navegación y los procesos hipertextuales. Sin embargo, hoy se presenta un fenómeno nuevo, pues los medios digitales, multiplicando exponencialmente la cantidad de datos disponibles, generan una nueva clase de informaciones, los datos sobre las relaciones entre datos y la necesidad de nuevas herramientas y métodos para manejarlos. Esto es lo que se conoce como tecnologías del big data: data warehouse, data mining, business intelligence, entre otros.

Pero el big data tiene dos problemas con importantes consecuencias. En primer lugar, mediante estas tecnologías no accedemos directamente a los datos, sino solo a sus mediaciones e interfaces, los metadata, que son precisamente interpretaciones y perspectivas sobre los datos, no datos reales4. Con el big data y los documentos hipertextuales en general, se delinea un nuevo dominio epistemológico con nuevas mediaciones y principios: la interfaz y los criterios de relación entre los conocimientos (los links). Ahora, es difícil decidir, como algunos teóricos afirman, si efectivamente los contenidos de este espacio (metadata, interfaces y links) constituyen un verdadero saber5.

Al respecto, un argumento crítico importante es la teoría del simulacro de Baudrillard (1978), porque permite sacar a la luz la retórica de la cultura masiva y sus mecanismos virtuales. El simulacro se genera por dos razones: cuando los contenidos informativos se sustentan solamente en la lógica de los medios (marketing, publicidad, industria cultural, interfaces, big data…) y cuando los procesos virtuales se convierten en algo más importante que la realidad, tanto en el sentido cuantitativo cuanto por el peso que tienen en la sociedad contemporánea6. Los simulacros pueden actuar y circular libremente dentro de los paisajes culturales tecnológicos, sea porque la cantidad y el carácter efímero de los productos impiden o vuelven innecesaria la reflexión, sea porque no hay posibilidad de tomar distancia crítica de los pseudoconocimientos.

Sin embargo, las dificultades de la teoría de la sociedad transparente y de la inteligencia colectiva, de la sobreproducción y de la banalización de los contenidos, no se deben solamente a los malentendidos acerca de los procesos digitales que acabamos de resaltar. En primer lugar, hay que agregar la cuestión epistemológica, cognitiva y tecnológica del concepto de efímero. En la teoría de la sociedad transparente se asume que la memoria es como un circuito que se vacía a voluntad. Pero los conceptos y las informaciones, a diferencia de los objetos materiales, dejan siempre rastros, aunque imperceptibles.

En segundo lugar, hay que deshacerse de la creencia en que los efectos de los procesos virtuales (como la realidad aumentada) son solamente virtuales, pues pueden afectar el cuerpo y las emociones y modificar permanentemente los hábitos personales y sociales.

En tercer lugar, hay que verificar las relaciones entre los mecanismos del mercado y de la mediasfera y las exigencias de la inteligencia colectiva. El sistema generado por el mercado y los medios en realidad mantiene al público en una escasez epistemológica permanente (es decir, de ignorancia), generada por la imposibilidad de estar al día con la evolución de los gadgets digitales y las nuevas versiones de sus aplicaciones7. Es un esquema de novedades ficticias y pseudoconocimientos, de los que nadie percibe ni las inconsistencias ni las trampas (los usuarios adquieren nuevos productos no tanto por sus ventajas reales, sino porque se les quita compatibilidad a los sistemas viejos), porque la atención se desvía aumentando la cantidad de productos y de pseudonovedades. Es la misma naturaleza adictiva y competitiva de los medios digitales lo que retroalimenta y multiplica los efectos de este mecanismo. La adicción se produce porque siempre es posible mejorar las funciones del software8, y la competividad se produce, por ejemplo, porque en las redes sociales o en los videojuegos hay siempre unos like o unos puntos más que ganar.

Quizás sea posible resumir las etapas y los procesos de deterioro del paisaje cultural tecnológico en este orden: a) el nihilismo, que ha quitado a la producción cultural y tecnológica el apoyo de los grandes relatos (religión, filosofía, ciencia) y por lo tanto, trascendencia y legitimidad para que pueda formular preguntas y respuestas significativas; b) la industria cultural y las modas, que aparentemente ayudan a liberarse de dogmas y opresiones metafísicas, pero en realidad insertan nuevas metafísicas materialistas y sobre todo ocultas; c) la mediasfera y el ciberespacio no construyen valores reales, sino simulacros al servicio de los medios y de la tecnología (son precisamente estos los que se constituyen como una nueva metafísica); e) los medios digitales, que ya constituyen el sistema linfático y nervioso de la sociedad contemporánea, tienen problemas estructurales que dificultan su análisis y gestión.

5. Consecuencias del deterioro del paisaje cultural tecnológico

Como he explicado anteriormente, los instrumentos más importantes dentro de cualquier estrategia ecológica son culturales, porque la economía, la ingeniería y la misma ecología, por sí solas, no son suficientemente sistémicas para resolver sus problemas. Sobre todo con respecto a los paisajes culturales tecnológicos y a sus ecosistemas cognitivos, es necesaria una coordinación interdisciplinaria que resuelva esta complejidad. Por otro lado, la capacidad crítica, la creatividad y la belleza, determinantes para una vida significativa, pueden construir y conservar un paisaje cultural de calidad si se garantiza su libertad y se mantienen los enlaces con las tradiciones. Las aristas históricas, sociales, religiosas y artísticas de los procesos sociales refuerzan el compromiso con el medio ambiente y, entonces, la identidad cultural del paisaje. Obviamente el paisaje cultural tecnológico se deteriora y se consume como el paisaje natural, y las tecnologías de la información son especialmente responsables porque producen, distribuyen y se consumen a mayor velocidad y en modo globalizado. Resultado: los medios digitales pueden generar mucho más banalidad e ignorancia que los medios masivos tradicionales y analógicos9.

Sin embargo, los efectos de todos estos procesos, como todos aquellos que operan en el dominio cognitivo (producción artística y educación entre otros), se manifiestan a largo plazo y, por lo tanto, son difíciles de reconocer y comprobar. En primer lugar, la acumulación de contenidos inútiles y la retórica de lo nuevo agotan los valores existentes y reducen los espacios del significado, consuman la fantasía y la imaginación. En segundo lugar, el alcance globalizado de los excesos de la industria cultural y de los monopolios digitales reduce la diversidad lingüística y, por ende, la riqueza multicultural.

Con respecto a la identidad cultural, el modelo de desarrollo tecnológico y las estrategias para reducir la brecha tecnológica son especialmente críticos. Para comenzar, el concepto de desarrollo en general es eurocéntrico, y en términos digitales, anglosajón; por lo tanto, está impregnado de un neocolonialismo solapado que niega libertad y especificidad local a las periferias tecnológicas, cuyos ciudadanos son subalternos mantenidos en estado de inferioridad cultural (Spivak, 1988). Ahora bien, los medios digitales tienen una historia suficientemente larga para que los paisajes culturales ya se encuentren deteriorados. En otras palabras, el paisaje cultural tecnológico globalizado ha comprometido las identidades locales y empobrecido su vocabulario simbólico.

En este sentido, como ha señalado Escobar (2005), las estrategias del posdesarrollo, como la conservación, la sostenibilidad y el decrecimiento, entendidas en sentido cultural, intentan cambiar las reglas de juego mediante una suerte de deconstrucción que revaloriza los fundamentos epistemológicos, las costumbres tradicionales y la creatividad de los sujetos considerados objetos del desarrollo.

6. La ecología del paisaje cultural tecnológico

¿En cuales dinámicas tecnológicas digitales es necesario intervenir para conservar y reconstruir los paisajes culturales tecnológicos en modo sostenible, con libertad e identidad? No cabe duda, me parece, acerca de la magnitud del alcance educativo de esta pregunta.

Una de las tareas debería ser la reconstrucción de los paisajes culturales comprometidos por la globalización tecnológica: conservar lo que todavía queda y sobre esto, reponer lo que se ha perdido. Como vimos, la contaminación del saber se produce porque los datos no tienen un valor intrínseco y forman un conjunto (el big data) que, en ausencia de criterios para establecer relaciones significativas, es disruptor y contaminante. Esto implica defender la trascendencia y la originalidad del conocimiento separando los datos y las informaciones basura. Por otro lado, la protección de la identidad cultural requiere garantías de libertad e igual disponibilidad de herramientas para interpretar y manipular las informaciones. Pero esto no significa distribuir laptops o conexiones a internet por todos lados, sino algo más estructural: abrir el acceso a las estructuras ocultas de las herramientas digitales y abandonar el consumismo tecnológico por estrategias más creativas. Es esta una tarea de la educación y debería convertirse en el norte del desarrollo tecnológico.

De todos modos, la recuperación del paisaje cultural tecnológico necesita el complemento de otra estrategia ecotecnológica que podríamos definir como restauración cognitiva, y, en términos de producción cultural, la aplicación de criterios de sostenibilidad. Como hemos visto, la sobreproducción y el ruido mediático hacen olvidar los valores filosóficos, éticos y sociales realmente importantes (incluso para la misma tecnología) y desperdician recursos cognitivos que, en mejores condiciones, serían aplicados significativamente. Abandonados a sí mismos y desprotegidos, los valores culturales se deterioran, pierden definición e impacto. El problema es que, a diferencia del paisaje natural, la restauración y la recuperación del patrimonio cultural son mucho más difíciles. En efecto, la mente no puede regresar, aunque sea lentamente, como la naturaleza, a su estado originario, porque la mente, siendo plástica, permite que los simulacros mediáticos y tecnológicos10 contaminen sus estructuras internas, como la memoria.

Con respecto a la sostenibilidad cultural, se trataría de verificar los efectos de los medios digitales a largo plazo. Por ejemplo, luchando contra lo efímero, revisando los lugares comunes de la posmodernidad acerca de la alta cultura, de las élites y de la educación y cuestionando el afán práctico y aplicativo de las reformas neoliberales. Tendremos ocasión más adelante de profundizar en estas últimas cuestiones.

7. Ecología cognitiva y medios digitales

La crisis cultural, educativa y artística actual, resultado del deterioro de los paisajes culturales, requiere intervenir directamente en las estructuras y en los fundamentos de los medios digitales. Es una cuestión propiamente técnica que, sin embargo, no puede prescindir de una importante dimensión filosófica, con lo cual se podría definir una suerte de weltanschauung ecodigital.

Hay varias prioridades que es necesario atender. En primer lugar, la revisión de la gestión del conocimiento en los procesos informáticos. Las TIC deben garantizar la libertad y la igualdad del conocimiento y de la disponibilidad de herramientas entre los usuarios y los sistemas informáticos (empresas, buscadores, software, etcétera). Como ha señalado Stallmann (2002), el software debe liberar el acceso a sus estructuras y a sus algoritmos, siguiendo el camino trazado por los hackers, el movimiento del software libre y del open source.

Sin embargo, esta solución no basta si no se resuelven las cuestiones educativas. El software, que es el verdadero y único medio propiamente digital, paralelamente a sus procesos “normales” (desde la programación hasta el uso del ejecutable final), genera siempre una experiencia cultural, comunicacional y creativa. El código en sí, en cuanto texto y literatura digital, se convierte en un medio de reflexión profunda11. Es por esto que el software y la programación deben convertirse en el tópico central del proceso educativo, que debe explicar y enseñar a utilizar sus múltiples capas operativas: algoritmos, datos, código fuente, funciones, ejecutables, interfaces (Roncoroni, 2014)12. Con respecto a la ecología de los paisajes culturales, nótese que el software no genera contaminación cognitiva porque no es un objeto material o cognitivo terminado y cerrado, sino una dinámica inmaterial, abierta y compartida que da calidad al paisaje cultural tecnológico.

Adicionalmente, hay que considerar el papel que juegan las interfaces. El diseño de las interfaces influye en la calidad del paisaje cultural tecnológico porque pueden abrir o cerrar las ventanas que dan acceso al patrimonio del código, es decir, opacar los procesos epistemológicos esenciales en todas las interacciones informáticas. Por esto su diseño debe alimentar un diálogo no solo funcional con el usuario, por ejemplo, incluyendo nuevas funciones de acceso a la información subyacente en cada aplicación.

Por último, los medios digitales deben restablecer una relación de calidad con el contexto de las personas reales, de la naturaleza y de los objetos materiales13. Pues es esta una condición necesaria para la conservación de la identidad cultural. Sin embargo, los gurús digitales forman un círculo de discursos esotéricos y autorreferenciales que siguen la lógica informática globalizada que no refleja problemas puntuales y exigencias locales. En el campo de la comunicación, de la educación y del arte, es posible y factible vincular el desarrollo tecnológico con los procesos analógicos y materiales típicos de cada paisaje cultural. Semejante relación debería plantearse comenzando desde la arquitectura del software, diseñando aplicaciones relacionadas algorítmicamente y simbólicamente con la realidad de cada cultura14.


La relación entre medios digitales y paisaje cultural también puede establecerse recuperando el contacto con la materia mediante procesos y herramientas analógicas para el desarrollo y el uso del software dentro los procesos educativos. Al respecto, hay que recordar que las aplicaciones digitales son, casi siempre, simulaciones de las técnicas tradicionales. Por ejemplo, la comprensión y el desarrollo de nuevos algoritmos para el diseño 3D sería imposible sin el apoyo del dibujo natural y el saber artesanal de las técnicas constructivas tradicionales, como se muestra en la figura 1. Lamentablemente, como ha señalado Pallasmaa (2012), la educación tecnológica está dejando atrás estas prácticas manuales esenciales.

8. Conclusiones

Los resultados de la discusión de los problemas de los paisajes culturales tecnológicos permiten algunas reflexiones, desde el punto de vista existencial, sobre los fines y los objetivos de la tecnología, de la industria cultural y de los negocios educativos. Se trata ciertamente de ideas que llevan a propuestas que no siguen la corriente del mercado y del consumismo tecnológico, pero esenciales si es que apuntamos a una sociedad desarrollada, pero justa y sostenible.

En primer lugar, hay que tomar una decisión, personal, institucional y política sobre si utilizar y enseñar la tecnología para la eficiencia o para la calidad de vida de las personas. La búsqueda de un modelo de vida más humano en varias partes del mundo ya ofrece ejemplos de alternativas viables15. Y los medios digitales pueden ser parte de este cambio. Pero el sistema de los avances tecnológicos recorta tiempos y distancias, desestima la cultura humanista y paraliza así una efectiva discusión sobre las futuras estrategias de la producción cultural, de la comunicación y de la educación.

Con respecto a la producción cultural y sobre todo artística, en el contexto de sobreproducción y contaminación que hemos examinado, habría que cuestionar el sentido de la creatividad. Por un lado la industria cultural es una secuencia de esquemas repetitivos, reciclajes y remakes, etcétera, y la sobreproducción y la contaminación cognitiva agotan las posibilidades lingüísticas y formales16. Por el otro, los medios digitales, no obstante que algunas de sus propiedades sean efectivamente revolucionarias, siguen operando sobre paradigmas, por así decirlo, analógicos, lo que esteriliza o banaliza su producción. El punto es que hay una sinergia entre estas dinámicas que en ausencia de una revisión crítica, lleva a los paisajes culturales a la entropía y a la banalidad absoluta.

Entonces la conservación del paisaje cultural requiere nuevos modelos de desarrollo y también una nueva economía de la creatividad, en base a auténticas necesidades individuales y sociales. Mirando hacia adelante, queda como tarea de la filosofía, de la estética y de la tecnología definir sus fundamentos, sus razones y sus herramientas.

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