Kitabı oku: «Antología palatina II. La guirnalda de Filipo.»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 321


Asesores para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por JOSÉ GUILLERMO MONTES CALA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2004.

www.editorialgredos.com

Este trabajo se incluye dentro del proyecto de investigación «Diccionario científico de la astrología griega y romana» (BFF 2001-1893).

REF. GEBO402

ISBN 9788424936983.

NOTA EDITORIAL

Este segundo volumen de la versión castellana de la Antología Palatina se publica veinticinco años después del primero, que fue traducido y prologado admirablemente por Manuel Fernández Galiano (BCG 7, 1978). Si esa Antología Palatina I ofrecía los poemas helenísticos antologizados en la llamada Guirnalda de Meleagro (y unos pocos más), la Antología Palatina II recoge los de la posterior Guirnalda de Filipo. Tanto uno como otro tomo presentan un rico conjunto de breves poemas que corresponden a una época precisa de la lírica griega. Uno y otro tienen, en este aspecto, una unidad propia, aunque resulta evidente, por otro lado, la relación y continuidad entre ambos, en su variada temática y sus reiterados tópicos epigramáticos.

El lector advertirá algunas divergencias en la presentación de esta versión frente a la de la Antología Palatina I. Mientras allí los epigramas están ordenados por la cronología de sus autores, según el criterio adoptado por Fernández Galiano, aquí se ha preferido la ordenación alfabética, por nombres de autor, más tradicional en las ediciones modernas. En este tomo los poemas figuran numerados consecutivamente, y no se recoge al lado, entre paréntesis, la numeración del antólogo anónimo del manuscrito palatino. A cambio, el traductor ha situado, al final del volumen, una tabla útil y precisa de correspondencias entre una y otra lista. Mientras que en el tomo primero se ofrecía después del nombre de cada poeta una escueta semblanza, aquí se ha preferido proporcionar esos datos en nota a pie de página y añadirle una selecta bibliografía. Las abundantísimas notas y referencias bibliográficas de este volumen se justifican por tratarse de una primera versión en nuestra lengua de textos de múltiples alusiones y ecos literarios. Ésta es la razón de que presente una amplia y erudita introducción, muy útil para la mejor comprensión de este género poético y sus reflejos en la tradición anterior y posterior.

Por otra parte, ésta no es una versión rítmica, según un fijo esquema acentual, como lo era la de Fernández Galiano, sino una traducción en prosa, muy fiel y muy bien anotada; pero aquí se ha conservado, en su presentación gráfica, la disposición de los versos originales.

Hemos tardado mucho, por más de un motivo, en editar esta continuación de la Antología Palatina . Pero la calidad del presente volumen acredita, pensamos, que la demora ha valido la pena.

CARLOS GARCÍA GUAL

INTRODUCCIÓN
LA GUIRNALDA DE FILIPO DE TESALÓNICA Y EL EPIGRAMA DE SU ÉPOCA

Probablemente en algún momento bajo el mandato del emperador Nerón (54-68 d. C.), Filipo de Tesalónica, un epigramatista griego que por aquel entonces residía en Roma, llevó a cabo la segunda gran recopilación de epigramas de la Antigüedad, la llamada Guirnalda o Corona de Filipo 1 . Tenía como modelo la colección de epigramas del sirio Meleagro de Gádara, que, introducida quizá en la capital del imperio de la mano del poeta Arquias, el famoso amigo de Cicerón, se había difundido en los círculos cultos alrededor del año 100 a. C. 2 . En ella Meleagro había recogido, según su criterio personal, los mejores epigramas de los más relevantes epigramatistas anteriores y contemporáneos suyos, añadiéndole sus propias composiciones. Probablemente existieron y se difundieron otras colecciones de epigramas antes de la de Meleagro 3 , pero ésta fue sin duda la primera de su magnitud e importancia, pues, según modernas reconstrucciones, contenía más de ochocientos poemas, obra de más de setenta epigramatistas 4 .

Filipo era además heredero de una larga tradición, pues la historia del epigrama no comienza con Meleagro y su Guirnalda , sino que se remonta a los albores de la literatura griega. De hecho, los primeros epigramas, los epigramas votivos y funerarios que se inscribieron en piedra o en cerámica, son casi contemporáneos de los poemas homéricos y, aunque pronto adquirieron características propias, en un principio compartían con ellos el metro —el hexámetro— e incluso la lengua, pues se escribieron utilizando los giros, epítetos y fórmulas propios de la lengua de la poesía épica, tal como la formuló Homero 5 .

Con todo, no fue hasta época helenística cuando el epigrama pasó definitivamente de la piedra al papel y se convirtió en un género literario más. De la mano de autores de la talla de Ánite, Leónidas, Posidipo, Asclepíades, Hédilo, Calímaco, Teócrito, Apolonio, Arato y otros muchos se consolidó como género literario, delimitándose de forma nítida los rasgos genéricos que ya se apuntaban desde los primeros epigramas: la brevedad, el carácter sintético y la variedad métrica, con predominio evidente del dístico elegíaco, y temática. Así, junto a los temas tradicionales —los epigramas votivos y funerarios— surgieron con fuerza el epigrama descriptivo, el epidíctico y el amatorio, categoría en la que hay que incluir desde lo sensual o sentimental a lo puramente erótico e incluso obsceno. También aparecerán los temas satíricos, que llegarán a su culminación ya en época imperial de la mano de Lucilio y Nicarco, en el ámbito griego, y de Marcial, en el latino.

En la época de Filipo —mediados del siglo I d. C.—, el epigrama, a pesar de haber vivido su época de máximo esplendor siglos atrás de la mano de los grandes epigramatistas helenísticos, cuya obra era bien conocida gracias a la labor pionera de Meleagro, seguía siendo ampliamente cultivado y, de hecho, era ya un género literario consolidado que había encontrado su hueco entre los géneros literarios mal llamados ‘menores’, junto con la elegía, con la que compartía como rasgo común su carácter eminentemente lúdico y su relación íntima con las celebraciones festivas y los simposios. El epigrama de esta época —y ésta es una de las diferencias fundamentales entre las dos Guirnaldas — nace y se desarrolla en los ambientes cultos de Roma, la capital cultural del momento. El contexto en el que se mueven los autores de la época de Filipo es ya el mundo romano y los epigramatistas escriben para un público que vive inmerso en la cultura romana 6 . Así, al menos Filodemo, Arquias, Antípatro de Tesalónica, Crinágoras, Automedonte, Boeto, Eveno, Talo, Pompeyo, Alfeo de Mitilene, Antífilo de Bizancio y el propio Filipo vivieron en Roma. Entre ellos, Antípatro y Crinágoras se relacionaron con las más altas instancias políticas de su época, el primero en el círculo de L. Calpurnio Pisón, procónsul de Macedonia, y el segundo con el mismísimo emperador Augusto, de quien el autor tardío latino Macrobio cuenta que solía rodearse de epigramatistas griegos 7 .

Eran muchas las nuevas voces que habían surgido y corrían el riesgo de perderse. Ante esta situación, Filipo recogió el testigo de Meleagro y seleccionó entre sus contemporáneos y antecesores no incluidos por el sirio en su Guirnalda los epigramatistas que él consideraba merecedores de formar parte de una nueva antología y a éstos les añadió, al igual que su predecesor, sus propias composiciones. El criterio que siguió a la hora de elegir a los contribuyentes de su antología nos es desconocido, pero el resultado fue una recopilación de epigramas de diferentes autores de distintas épocas, de diferente temática y de diferente calidad. Toda selección implica siempre una elección, pero también una renuncia, y no cabe duda de que mientras que algunos de los autores incluidos por Filipo en su Guirnalda quizá no merecen, por lo que conocemos de su obra, figurar en ésta ni en ninguna antología, con toda seguridad otros, cuya exclusión les ha significado el olvido, no fueron incluidos injustamente, bien por desconocimiento de su obra por parte del compilador, bien por desprecio de la calidad de sus epigramas o bien por desdén hacia su autor. La extensión, el número de epigramas y los contribuyentes de esta recopilación son difíciles de precisar, pues la Guirnalda de Filipo, tal como se difundió en su época, se nos ha perdido para siempre y una hipotética reconstrucción es tarea imposible. Lo único que podemos hacer, y es lo que hicieron A. S. F. Gow y D. L. Page, autores cuyo criterio de selección y texto seguimos en esta traducción 8 , es rastrear en el inmenso caudal de epigramas griegos en busca de aquellos que pudieron —cronológica y culturalmente— formar parte de la misma.

LOS AUTORES

Cronológicamente Filipo trabajó con la obra de autores que van desde Filodemo de Gádara (110-40/35 a. C.) hasta él mismo (alrededor del 60 d. C.), llegando a incluir más de cuarenta autores. Aunque es un tema muy debatido, parece que optó por una ordenación alfabética de los epigramas, agrupando todos los que comenzaban por la misma letra y disponiendo los grupos por orden alfabético. Se trata de un criterio de distribución original que nos ha permitido reconstruir hasta cierto punto los epigramas que realmente formaron parte de esta antología, pues es probable que pertenecieran a la Guirnalda de Filipo aquellos epigramas que en las fuentes manuscritas en las que han llegado hasta nosotros aparecen dispuestos siguiendo un orden alfabético 9 .

Con todo, además de él mismo, sólo tenemos seguridad absoluta de que formaban parte de la Guirnalda de Filipo los autores mencionados por él en su proemio, pues éste, a imitación de Meleagro, abrió su colección con un epigrama que cumple el papel de prefacio poético a toda la antología. En ambos epigramas-proemio, el de Meleagro y el de Filipo, se juega con la comparación entre la naturaleza de una recopilación de la obra de diversos epigramatistas y una corona de flores, de manera que la función del antólogo, tal como se refleja en la propia etimología del término (ánthe légein , ‘recolectar flores’) 10 , se asemeja imaginariamente a la del florista que entrelaza una guirnalda de flores, correspondiendo cada flor a un poeta. Frente a los cuarenta y siete autores que cita Meleagro, Filipo menciona tan sólo a trece epigramatistas —Antígono, Antípatro, Antífanes, Antífilo, Automedonte, Bianor, Crinágoras, Diodoro, Eveno, Filodemo, Gémino, Parmenión y Diodoro Zonas—, pero al final, al igual que ocurría en el proemio de Meleagro, se deja abierto el número de contribuyentes con un ambiguo hoi perissoí (‘los demás’) 11 .

Dentro de este grupo de poetas que no nombra habría que incluir veinticinco epigramatistas cuyas composiciones aparecen en secuencias alfabéticas que se remontan probablemente a la Guirnalda de Filipo 12 . Se trata de Adeo, Adeo de Mitilene, Antistio, Apolónides, Argentario, Baso, Boeto, Diocles, Diotimo, Emiliano, Epígono, Ericio, Escévola, Etrusco, Filipo, Heraclides, Honesto, Macedonio, Mecio, Mirino, Polemón, Quinto, Sabino, Secundo, Serapión y Talo. Es posible que a esta lista haya que añadir a Antimedonte, al que tradicional pero erróneamente se identifica con Automedonte 13 , además de cuatro epigramas anónimos insertados en mitad de alguna secuencia alfabética 14 .

Tenemos noticia, además, de una serie de autores que cronológicamente se sitúan en la franja de los epigramatistas incluidos por Filipo en su Guirnalda , pero para los que no tenemos pruebas de ningún tipo de que fueran incluidos por éste, por lo que la adscripción de estos poetas a la Antología de Filipo es dudosa, pero posible. Son Alfeo de Mitilene, Antonio de Argos, Arquias, Flaco, Glauco, Isidoro, Tulio Laurea, Mundo, Pinito, Polieno de Sardes, Julio Polieno y Pompeyo.

Se trata de un importante número de autores —cincuenta y tres en total— de naturaleza muy dispar, tanto en lo que respecta a su vida como por la calidad de sus composiciones, si bien hay que tener en cuenta que de muchos de ellos no podemos emitir un juicio crítico relevante al ser mínimo el testimonio que tenemos de su obra. Además, en una antología, por definición, sólo se recoge una selección de cada uno de los autores que se incluyen y, aunque es posible que la mayoría de los autores que hemos mencionado estuviera entre los que seleccionó Filipo, no podemos saber si los epigramas que conocemos de ellos son realmente los que incluyó el compilador de Tesalónica en su Guirnalda . Por si ello fuera poco, los epigramas que nos han llegado no son fruto sólo de la selección de Filipo, sino de la coincidencia en el criterio de selección de diversos antólogos muy distantes en el tiempo, pues van desde el propio Filipo hasta Constantino Céfalas y el anónimo copista del manuscrito palatino (siglo X ), por un lado, y Máximo Planudes (siglo XIV ), por otro 15 .

Un rasgo común a todos los epigramatistas mencionados es lo poco que sabemos de sus vidas. La mayoría no llamaron la atención ni de sus contemporáneos, ni de sus sucesores. Ni siquiera los eruditos tardíos les prestaron la misma atención que concedieron a los epigramatistas helenísticos 16 .

En la mayoría de los casos, salvo que se acepten las identificaciones con autores homónimos de su época, apenas tenemos el testimonio de los propios epigramas y éstos a menudo no aportan datos relevantes sobre su autor. La nómina de autores de los que únicamente sabemos su nombre y sus epigramas es muy extensa e incluso de muchos de ellos sólo conocemos su nombre y un único epigrama 17 . En ocasiones la carencia de datos es tal que incluso se duda de la existencia de determinados epigramatistas. Piénsese, por ejemplo, en Adeo de Mitilene, identificado con Adeo a secas; en Antimedonte de Cícico, a quien desde la editio princeps de J. Láscaris (Florencia, 1494) hasta la edición de A. S. F. Gow y D. L. Page (Cambridge, 1968) se le priva del único epigrama que le atribuyen de manera unánime las fuentes manuscritas por la extraordinaria rareza de su nombre y por su semejanza fónica con Automedonte, un autor más beneficiado por la transmisión manuscrita 18 ; piénsese en Apolonio de Esmirna, del que sólo se conoce un epigrama transmitido por Máximo Planudes y que se ha adscrito tradicionalmente a Apolónides 19 ; y en Quinto, cuya obra se atribuye a Mecio, denominado en una ocasión Mecio Quinto 20 .

Otras veces apenas nos es posible datar al autor por alguna referencia aislada en su obra o por algún dato externo fiable. Así ocurre con Baso, que escribió un epigrama —el 280— con motivo de la muerte de Germánico, acaecida en el año 19 a. C.; con Ericio, al que se data en la segunda mitad del siglo I a. C. gracias al epigr. 400 dedicado a Partenio, si admitimos que éste es el amigo de Virgilio y Cornelio Galo, y el epigr. 393 en el que se menciona a una mujer que fue hecha prisionera en la toma de Atenas en el año 86 a. C.; con Alfeo de Mitilene, quien en el epigrama 619 menciona a Antípatro de Tesalónica, por lo que la datación de éste funciona como término post quem ; y con Flaco, uno de cuyos epigramas fue traducido al latín, quizá por Germánico, por lo que tendríamos un terminus ante quem 21 . Y en el caso de Julio Polieno, autor de tres o cuatro epigramas descriptivos 22 , nos ha llegado un dato aislado de su vida, su posible exilio a Corcira, si es que es correcto interpretar con carácter autobiográfico la emocionada súplica que eleva a Zeus en epigr. 693.

De todos los epigramatistas incluidos por Filipo en su antología, la personalidad que más destaca es, sin duda, Filodemo de Gádara, un filósofo epicúreo que se movió en los ambientes cultos de la Roma del emperador Augusto, especialmente en el círculo de los Pisones, y que conoció a los grandes autores latinos del período áureo de su literatura. Es el único epigramatista de la Guirnalda de Filipo de quien conservamos una extensa obra en prosa de carácter filosófico a través de la cual nos es posible conocer la vigencia de las ideas epicúreas en Roma. Escribió sobre ética, política, religión, música e incluso retórica, a pesar de la conocida animadversión de los epicúreos hacia esta disciplina central en la educación de griegos y romanos. En lo que respecta a su obra poética, además de lo que de él nos ha llegado a través de la Antología Palatina y el manuscrito de Planudes, contamos con el valiosísimo testimonio de un papiro —Pap. Oxyrh . 3724— que contiene el comienzo de ciento setenta y cinco epigramas, de los que al menos veinticinco son de Filodemo y es probable que todos sean suyos 23 . Se trata, en definitiva, de una figura singular que destaca entre la abigarrada floresta de epigramatistas por el encanto de sus epigramas, más cercanos —no sólo cronológicamente, sino también en calidad y, sobre todo, en temática— a los de sus antecesores helenísticos que a los del resto de los autores de la Guirnalda de Filipo.

También en la Roma de finales del siglo I a. C. se desenvolvió la vida de Antípatro de Tesalónica, quien al mismo tiempo que dedica epigramas a grandes personalidades de su época —a L. Calpurnio Pisón, a C. César, el nieto de Augusto, y a Cotis, un rey de Tracia, entre muchos otros 24 —, acostumbra a presentarse a sí mismo, aunque puede que no sea más que un cliché literario, como prototipo de poeta pedigüeño y adulador.

En la misma época y ambiente se movió Crinágoras, uno de los epigramatistas que más fortuna ha tenido en lo que respecta a la transmisión manuscrita y para el que disponemos de más datos sobre su vida, pues no sólo cita a menudo acontecimientos históricos contemporáneos —el regreso de M. Claudio Marcelo, hijo de Gayo Claudio Marcelo y Octavia, de Cantabria hacia el 25 a. C., el embarazo de Antonia, la hija de Octavia, y esposa de Nerón Claudio Druso, y el acto heroico de Arrio 25 , entre otros—, sino que incluso lo menciona el geógrafo Estrabón y hay testimonios epigráficos 26 .

De época augústea es también Marco Argentario, quien, al igual que los anteriores, se movió en los ambientes cultos de Roma, si se acepta, como parece probable, su identificación con el rétor Argentario, citado en múltiples ocasiones por Séneca el Viejo 27 . Sus epigramas recuerdan a las mejores composiciones de sus modelos, los helenísticos Calimaco, Asclepíades y Posidipo, si bien en ocasiones supo añadir a sus epigramas, en palabras de R. G. M. Nisbet, «una ingeniosa crudeza digna del propio Marcial» 28 .

Es probable, por último, que alrededor de estas fechas también viviera en Roma Antífilo de Bizancio, uno de los epigramatistas más favorecidos por la transmisión manuscrita, aunque no en lo que respecta a datos sobre su vida, pues apenas sabemos que se movió en círculos aristocráticos y que probablemente era aficionado a los desplazamientos por mar.

A pesar de los pocos datos que tenemos de sus vidas, todos en conjunto dan testimonio de la vitalidad de la poesía griega en un momento en que ya empieza a vislumbrarse el predominio de la prosa que caracterizará la cultura libraria de la época imperial o grecorromana. Su relativamente elevado número es un testimonio más de la existencia de una importante vida cultural de habla griega en medio de un mundo dominado por el latín. Los autores de la Guirnalda de Filipo pertenecían sin duda a los numerosos círculos cultos grecoparlantes que había en la época de Filipo —recuérdese que ya se reconstruye un entorno cultural griego para, por ejemplo, el historiador y crítico literario griego Dionisio de Halicarnaso, al que se suele datar entre los años 60 a. C. y 10 d. C. 29 — y convivían y se entremezclaban con los romanos cultos sin ser nunca excluyentes, lo que les diferencia para bien de sus predecesores de época clásica. Se movían, sin duda, en un ambiente de simposios y reuniones literarias en las que tendrían su lugar manifestaciones literarias de todo tipo y, entre ellas, como no podía ser de otro modo, estarían los epigramas. Cualquier ocasión, ya sea la consagración de una ofrenda, una muerte repentina, un naufragio, una victoria militar, una pintura, una escultura, una historia de amor o sexo, les daba motivo para componer un epigrama e inmortalizar así el momento. Puede parecemos con razón que no todos los autores de epigramas de la Guirnalda de Filipo son merecedores de la posteridad que han tenido, pero, además del placer estético —sea poco o mucho— que sus epigramas nos puedan reportar, sí nos sirven de testigos de los gustos y las inquietudes de una época.

LOS TEMAS

A lo largo de su historia el epigrama ha servido de vehículo para recoger sentimientos de todo tipo: de dolor ante un fallecimiento, deseos de pervivencia más allá de la muerte o mero memorial de un difunto (epigramas funerarios), agradecimientos o súplicas a los dioses (epigramas votivos), descripciones más o menos minuciosas de obras de arte, ya sea esculturas, pinturas o construcciones de cierta envergadura como fuentes o puentes (epigramas descriptivos), invitaciones al disfrute de la vida y del banquete (epigramas simposíacos), hasta incluso el amor en sus más diversas manifestaciones, incluido el sexo (epigramas eróticos), y la sátira de situaciones, personas y tipos humanos (epigramas satíricos).

La Antología de Filipo es fiel reflejo de esta riqueza temática y a través de su lectura se vislumbra el amplio abanico de temas que tenían cabida en el epigrama. Con todo, abundan más unos temas que otros y si algo caracteriza a la selección de Filipo en lo que a la temática se refiere es la repetición hasta la saciedad de determinados tópicos que llegan a eclipsar con su reiterada presencia otros peor representados en la colección.

Hay mucho, además, de imitación de la tradición epigramática anterior, hasta el punto de que algunos epigramas no son sino recreaciones estilísticas de otros presentes en esta Antología o anteriores 30 . Y es que en la Antigüedad el concepto de imitación es un principio estético creativo tan aceptado como el de la propia invención u originalidad. Los autores se sentían herederos de una rica tradición y querían manifestarlo así. Ello es especialmente válido para el caso de los epigramas. Los epigramatistas se esfuerzan por presentar nuevas versiones de temas ya tratados, de forma que a menudo los mismos temas se repiten y prolongan en el tiempo. El mérito del artista, del escritor y en concreto del epigramatista, es dar con la clave de una nueva versión que supere a su modelo sin querer nunca suplantar a éste, pues la gracia o el encanto de una imitación es la comparación que permite entre, por decirlo metafóricamente, padre e hijo. Ya en la Antología de Meleagro quedaba patente este principio estilístico que, haciendo uso de terminología latina, se suele denominar imitatio cum variatione , pues muchas veces los autores no pretenden otra cosa que recrear temas o tópicos de diferentes formas, inspirándose en composiciones anteriores 31 .

En el caso de la Guirnalda de Filipo, el gusto por la imitación se detecta, sin ir más lejos, comparando los epigramas que sirven de proemio a las Guirnaldas de Meleagro —el modelo— y Filipo —la imitación 32 . De manera intencionada Filipo encabezó su colección con un epigrama que inmediatamente hace volver la mirada hacia su antecesora, la Guirnalda de Meleagro. Idéntico proceso hay que llevar a cabo en múltiples ocasiones.

Muchas veces la imitación sorprende con un giro expresivo novedoso o con un uso inusitado de un determinado cliché retórico. Así ocurre, por ejemplo, con el uso de los tópicos funerarios en epigramas no funerarios, con el tema del epitafio ficticio que se dirige al viandante con el deseo de que éste transmita un mensaje, o con los siempre ocurrentes epigramas dedicados a muertos en un naufragio. Especialmente productivo es —y esto no es exclusivo del epigrama, sino que se testimonia en todas las manifestaciones literarias de la Antigüedad clásica— el uso de la mitología en la epigramática: los amoríos de Zeus sirven una y otra vez de excusa para justificar las pasiones humanas, Dánae y su seducción se presenta como un reflejo de las relaciones hombre-mujer, y dioses y héroes bellos y fuertes por antonomasia, como Apolo, Heracles o Atlas, les sirven a los epigramatistas para describir plásticamente la naturaleza de excelsos atletas.

Otras veces la imitación no hace sino reincidir en lo mismo y no supone sino una mera y anodina repetición. Es el caso de la interminable serie de epigramas dedicada a describir la denominada vaca de Mirón, un tópico que arranca de Leónidas de Tarento y llega hasta Juliano el Egipcio 33 , el tema de la parturienta fallecida en el trance —manifestación literaria de una situación que no debía de ser inhabitual—, las recreaciones de la novia fallecida poco antes de la boda o de las muertes repentinas e inesperadas, o los epigramas, típicos de la Guirnalda de Filipo, en los que se lamenta la penosa situación de determinadas ciudades o islas antaño florecientes.

Entre los temas que siguen la senda iniciada por los epigramatistas helenísticos están los epigramas de tema religioso o ritual. Éstos son muy numerosos en la Guirnalda de Filipo, ya sea en forma de ofrendas a los dioses 34 , ya de súplica 35 o ambas a la vez 36 . En ocasiones es la propia ofrenda personificada la que habla y hace la súplica a favor del oferente (368). Se bromea incluso con la benevolencia de los dioses hacia quienes se hace la ofrenda (171), es el propio dios el que da instrucciones sobre cómo hacerla (391) o entabla un diálogo con el oferente (269). También se registran epigramas en los que se celebra la concesión de una súplica (180, 367, 461) o su denegación (675-677, 689) y en ocasiones las súplicas no se dirigen a los dioses, sino a benefactores del poeta (77) e incluso a realidades materiales como son, por ejemplo, una simples ramas que protegen del sol o un terremoto (55, 342).

Un tipo peculiar de ofrenda y súplica que merece consideración aparte es la que hace el joven a la hora de celebrar su paso a la edad adulta, ocasión en la que era tradicional realizar la ofrenda de un bucle de pelo y cuya conmemoración se convirtió pronto en un cliché literario de honda tradición en el epigrama griego y latino, así como en otros géneros (176, 221, 318-319) 37 .

También los ritos religiosos son tema de algunos epigramas, como en el epigrama 61, donde un ciego se cura milagrosamente tras iniciarse en los ritos de Deméter; el epigrama 194, donde se celebra a un prometedor director del tíaso de Dioniso; o el epigrama 226, donde Pan reclama sencillez en las ofrendas que se le hacen. Hay incluso epigramas en los que se recomienda una determinada práctica religiosa (344) o se invoca a un dios dedicándole un himno en toda regla (475).

De raíz helenística son también los epigramas funerarios ficticios, es decir, aquellos que no tienen ya nada que ver con la piedra que los vio nacer, sino que son recreaciones muy elaboradas que nunca fueron concebidas para ser inscritas en piedra 38 . La varietas temática que caracteriza este género se manifiesta especialmente en este tipo de epigramas, pues se dedican epitafios ficticios a parturientas fallecidas en el trance (178, 288, 380, 643), a novias que mueren poco antes de la boda (91, 100, 437, 576) 39 , a hermosas muchachas (323, 327), a jóvenes y niños (328, 354, 373-374, 440-441, 490, 577, 603), a héroes mitológicos (130, 645), a guerreros muertos en combate (131), a grandes estrategas, en especial a Temístocles (375, 378, 523, 623), a hombres valerosos (278), a atletas (137, 193), a un marido y su mujer (200), a un hombre perverso (349-350), a un adorador de Cibeles (519), a un molinero (439) y a esclavos (199, 324). Destacan especialmente los epitafios funerarios ficticios de escritores del pasado, una práctica que se remonta a los primeros epigramatistas helenísticos 40 . Así, se escriben epigramas funerarios para los líricos arcaicos —Alemán (87), Hiponacte (447) y Safo (687, 691)—, para los autores dramáticos —Esquilo (88, 377), Eurípides (287), Aristófanes (376) y Menandro (379)— y para otros autores, como Sócrates (152), Diógenes (153) y los oradores Antípatro (124) y Etio (491).

A veces el epigrama se centra no tanto en recordar al difunto, sino en recrear su muerte, como la de Hermocratea, dichosa madre de veintinueve hijos (142); la del bebé Hermonacte, que encontró la muerte por culpa de unas abejas (145); el suicidio de Aristides (143-144, 459) y la muerte del hijo de Aristipo, que fue alcanzado por un rayo tras escapar de un incendio (210). Y no sólo se escenifica el fallecimiento de hombres, sino también de animales, como el del perro Lampón (146), de unos ciervos (211), de un ave de corral (624), de un grajo (650), de una cigarra (651), de un delfín (451, 652), de un ratón (593) y de un cervatillo recién parido (692).

Son especialmente recurrentes los epigramas funerarios dedicados a náufragos 41 y a naufragios en general (54, 132, 306, 385, 595), pues, sin duda, al igual que en la vida de todo griego, el mar es una constante en la epigramática griega. En ocasiones se ensalza su poder, dejándose llevar por la admiración (27), o se advierte de sus peligros (90, 92, 108, 355). Otras, se maldice y se lamenta la invención de la navegación y se censura a su inventor, un tema tradicional en la literatura grecolatina (53, 109, 134, 369) 42 , o se compara con la vida de campo en beneficio de ésta última, aunque en ocasiones el gusto por el contraste hace que se elogie el mar frente a la tierra (353).

Abundan también los epigramas descriptivos, en especial los que se centran en la écfrasis de pinturas y esculturas 43 , llamando la atención el gusto por la descripción de miniaturas y de objetos extraños con alguna peculiaridad que los pone en el punto de mira del epigramatista(10, 39, 44, 261, 382, 589, 660).

Además de la descripción de obras de arte, es recurrente el elogio de los artistas, ya sea pintores y escultores o poetas. Así, se rememora a los grandes pintores y escultores de épocas pasadas, insistiéndose una y otra vez en resaltar la verosimilitud y el realismo de las obras de arte (160, 480, 492, 527). Lo mismo ocurre con los poetas, especialmente con el maestro de todos ellos, Homero (58, 469, 625). Con él se compara a Safo en el epigrama 149, y el siguiente, el epigrama 150, se dedica al heredero de su alma, a Estesícoro. Se le dedican, además, epigramas a Arquíloco (95), Píndaro (151), Sófocles (398, 669), Aristófanes (179), Calímaco (320), Menipo de Pírgamo (341) y Partenio (400). Dentro de los epigramas dedicados a autores del pasado destaca el famoso canon de las poetisas, un poema de Antípatro en el que se enumera a las, en su opinión, siete grandes mujeres poetas de la Antigüedad (94). Hay epigramas, además, de tema estrictamente literario, como el epigrama 154, dedicado al mimo, los epigramas 309 y 358, a actores cómicos, el 266, al estilo del orador Nicetes, el 404, a la oruga que devora los libros, el 405, en el que se conmemora la Ilíada , el 541, sobre el origen de los dramas satíricos, y el 584, donde se reivindica la brevedad como una característica esencial del epigrama. Otras veces el epigrama es como una carta de acompañamiento de la obra de un poeta, como ocurre con la poesía de Anacreonte en el epigrama 316.

También hay descripciones de situaciones concretas, algunas de ellas no testimoniadas en otra parte (32), otras llamativas 44 , detectándose en general un desmesurado gusto por la anécdota 45 , y muy especialmente por la anécdota macabra y las situaciones grotescas o irónicas. ¿Cómo justificar si no el epigrama 41, en el que se describe a un anciano sepulturero que murió al tropezar mientras transportaba un ataúd? ¿Y la historia del hijo que se ahoga por rescatar el ataúd de sus padres o del que se salva de morir ahogado gracias precisamente al cadáver de su padre (299, 452)? ¿O el caso de los bueyes que aran sobre un antiguo cementerio (46-47, 532, 683) y el de la mujer que da a luz tras un terremoto (48)? ¿Y qué decir del ciego y el cojo que se ayudan mutuamente (51, 448) o de la minuciosa descripción de un cadáver despedazado sobre la orilla (446) 46 ?

Menos frecuentes son los epigramas dedicados a describir situaciones mitológicas, como el destino de los hijos de Edipo tras su muerte (49), algunos episodios de la guerra de Troya (57, 187, 283), las desdichas de Níobe y sus hijos (97, 279), la historia de Arión y el delfín (301), el suicidio de Áyax (646), el desafío de Marsias (647), el sacrificio de Políxena (670), las leyendas de Tebas (458, 536), el nacimiento de las fuentes de Asopo y Pegaso (537), y el amor de Pan hacia Dafnis (612) 47 .

Otro de los grandes temas de origen helenístico es, cómo no, el amor. En la Guirnalda de Filipo no tiene la importancia que se testimonia en su predecesora, la colección de Meleagro 48 . Asclepíades, Calímaco, Posidipo y Hédilo, de acuerdo con las tendencias propias de la literatura erudita de su época, que osó introducir la descripción del sentimiento amoroso hasta en la épica 49 , hicieron del amor y sus manifestaciones el tema central de sus composiciones, una práctica imitada hasta la saciedad por Meleagro y los elegíacos latinos y, más tarde, ya a fines de la Antigüedad, por Pablo Silenciario, el último de los grandes epigramatistas eróticos. Si exceptuamos la figura tardohelenística de Filodemo de Gádara, el amor no parece ser el tema central de ninguno de los contribuyentes de la Guirnalda de Filipo. Lo primero que salta a la vista dentro de los epigramas que tratan temas amorosos es la escasez de epigramas que tratan el amor homosexual 50 . Por lo demás, siguen apareciendo los tópicos eróticos tradicionales como la erotodidaxis o magisterio de amor (11, 230, 236, 366, 494, 534, 628), las quejas del amante que no puede resistirse al amor (13), pues éste es invencible (261, 487, 598, 632), cualidad de Eros que hace que se destaquen las ocasiones en que éste se presenta encadenado (165, 359, 569) y que se le tema incluso mientras duerme (629, 678), aunque en ambos casos no se trate más que de la descripción de una representación escultórica. Son frecuentes también las escenas de seducción (36, 238-239, 264, 497, 507), el elogio del amor fácil (518), las descripciones de muchachas (descriptio pulchritudinis) (495, 501, 505), las metáforas del fuego de amor (flamma amoris) (34-35, 230, 311, 503, 504, 560, 569) y de la herida de amor (vulnus amoris) (34, 633), la comparación entre el amor y la navegación (65, 465), la descripción de los síntomas del amor (signa amoris) (34), el énfasis en el carácter instantáneo del enamoramiento o en su carácter ciego (307, 311), las paradojas del amor (410, 509, 591), la añoranza por el amante (310), los celos (187, 206, 562, 665), los juramentos por amor (sacramentum amoris) (563), el lamento por la llegada del amanecer y el fin de la noche de amor (82), el lamento o censura ante la impotencia del amante (265, 506 y 520) y la crítica de la avara puella o su variante homoerótica, el avarus puer (81, 126-128, 188, 227-229, 235, 276, 559, 561, 574-575), y de la chica o el chico desdeñoso e ingrato (365, 472, 498).

Con todo, lo que llama especialmente la atención en lo que se refiere al tema del amor es la presencia de obscenidades bastante subidas de tono, precursoras de la virulencia de autores posteriores como Rufino y Estratón, entre los griegos, y Marcial entre los latinos. A veces los autores se recrean en el contraste. Así ocurre, por ejemplo, en el epigrama 19, donde la dulzura de una estereotipada reflexión sobre la brevedad de la vida y la consiguiente invitación a su disfrute termina con términos obscenos directos (stýo y hē orchipédē) y un giro temático inesperado dentro de la más refinada tradición del aprosdóketon o pointe epigramática que después se convertirá en rasgo genérico de este tipo de composiciones. La presencia de obscenidades, ya directas, ya eufemísticas, es una de las características que más distinguen la Guirnalda de Filipo de la de Meleagro, en la que, con la excepción de algunos epigramas de Posidipo, Dioscórides y el propio Meleagro, éstas están prácticamente ausentes. Sorprenden por su crudeza los epigramas en los que se censura a los que practican el sexo oral y los dedicados al dios Príapo (175, 181, 195, 223, 263, 401, 488, 556).

Hay también epigramas de carácter didáctico. Su finalidad es pedagógica, pero la doctrina se transmite a través de la gracia y el encanto de un epigrama (517, 613, 694). Ello es especialmente cierto en los llamados epigramas gnómicos, es decir, aquellos que terminan con una sentencia o gnṓmē 51 . Es el caso del epigrama 17, en el que se critica al que roba a un pobre, simbolizado éste en un manzano de un solo fruto, y del 18, en el que se censura a un avaro que se lamenta de lo que otros gastan.

Otras veces los epigramas se convierten en meras advertencias y consejos, como cuando en el epigrama 172 se ejemplifica la necesidad de ser precavidos frente al invierno, o el epigrama 493, en el que se adoctrina sobre lo arriesgado que es prestar dinero, o bien la enseñanza es de carácter irónico, como cuando se aconseja la forma de vivir sin trabajar, ya sea casándote con una chica que le guste a los vecinos, ya con una vieja, si bien esto último puede ser objeto de remordimientos (585-586).

En ocasiones se ejemplifican doctrinas morales típicas del mundo griego, como la creencia de que el culpable siempre, tarde o temprano, recibe su castigo (22, 185), el inexorable paso del tiempo (273, 513), la imposibilidad de predecir el futuro (26), los peligros de desear lo que no se tiene (40), la conveniencia de vivir con moderación (284), los inconvenientes del matrimonio (257), la inutilidad de inquietarse por las cosas de la vida (325, 356), la necesidad de trabajar (367), la dureza de todo proceso de aprendizaje (539), la maldición que conlleva el ansia de oro (63), lo arriesgado de echarse a la mar (90, 353, 685), los peligros de beber en exceso (140, 542), lo estéril de lamentarse sin control (290), la necesidad de preocuparse cada uno de lo suyo (339) y la muerte como solución a todos los problemas (648). A menudo los poetas gustan de elogiar la vida sencilla (31, 96, 147, 514-516, 579, 613, 621, 682, 696) y a los que la practican, como el cínico Diógenes y sus seguidores (67-68, 173, 535, 644).

Mención aparte merecen los epigramas consagrados a ensalzar el valor y las hazañas de héroes y guerreros (330). En esta línea son numerosos los dedicados a espartanos, en especial a sus madres, una temática ya presente en la Guirnalda de Meleagro (60, 98, 164, 277, 282, 399, 462, 583).

Hay también epigramas estrictamente simposíacos, en los que destaca el tema de la invitación al disfrute de la vida (234, 250-253, 256, 274, 409), un tópico recurrente también en epigramas no simposíacos (590, 599) y que se remonta a los albores de la lírica griega 52 .

No todo en la Guirnalda de Filipo es continuidad con respecto a su antecesora la Guirnalda de Meleagro. Así, frente a la escasez de temas satíricos entre los epigramas de época helenística 53 , en la época de Filipo ya se testimonia con fuerza la sátira despiadada de realidades y tipos humanos, una anticipación de la tipología de epigramas característica de autores posteriores como Lucilio y Nicarco. Aparece la crítica de la vieja (73, 285, 573), de las mujeres feas (83), de las borrachas (177), de los adivinos y astrólogos (69, 80, 521), del avaro (20), de los arribistas (268), de los poco generosos (270), de los gorrones (271), de unos viejos mulos (272), y de los gramáticos y los críticos literarios puntillosos en exceso (21, 473-474) 54 .

Otra temática novedosa es la del elogio a los emperadores o gobernantes romanos o sus familiares 55 , un tópico que hunde sus raíces en la adulación de Filipo y Alejandro Magno (5-6, 43, 578) 56 . También encuentra un hueco entre los epigramas de la época de la Guirnalda de Filipo el elogio de Roma (25, 281 y 620) 57 . En la misma línea abundan, además, los elogios de islas y otras ciudades (30, 167-170, 326, 340, 558), si bien son especialmente recurrentes los epigramas en los que lo que se elogia es el pasado esplendoroso de lugares hoy asolados (103, 125, 302, 346, 539, 619, 626-627, 630, 690, 698) 58 .

Por último, otra innovación es la existencia de epigramas que, a modo de etiquetas, sirven para acompañar regalos (312-316).

Aunque la calidad de los epigramas no sea por lo general mucha y las más de las veces no destaque ni su tema —muchas veces absurdo a los ojos de un ciudadano del siglo XXI —, ni su factura, sí es cierto que su lectura nos retrotrae, como si de una máquina del tiempo se tratara, a un mundo cercano y lejano a la vez: los humanos convivían tête à tête con los dioses o al menos así lo representaban literariamente, les ofrendaban sus objetos más preciados y les pedían por sus necesidades más íntimas, reclamaban protección a los poderosos, a menudo mediante la adulación más servil, honraban a sus difuntos con sentidos epitafios, expresaban a través de la poesía sentimientos de todo tipo —amor, odio, deseos de venganza, maldiciones, en especial a la navegación y al mar…—, disfrutaban con el banquete, la bebida y el sexo y se deleitaban con la narración de las más variopintas anécdotas, algunas de ellas ciertamente macabras. Puede que fijándonos en el detalle la temática de los epigramas de Filipo no nos atraiga, especialmente si venimos de saborear la lozanía de los epigramas de la Guirnalda de Meleagro, pero en su conjunto ofrecen una imagen completa del epigrama griego como género literario, una vez pasado ya su momento de máximo apogeo.

LA MÉTRICA

Los primeros epigramas, aquellos que eran contemporáneos de los poemas homéricos, se escribieron en hexámetros, el metro característico de la poesía épica, pero ya desde el siglo VI a. C. tenemos testimonios de epigramas en los más variados metros.

Pronto, muy especialmente tras las Guerras Médicas (499-479 a. C.), cuando se multiplicaron las ocasiones propicias para escribir epigramas, ya conmemorativos de una victoria o de un difunto caído en batalla, ya acciones de gracia ante un triunfo militar, se impuso el uso del dístico elegíaco, probablemente por influjo de la elegía. Con ella el epigrama comparte la lengua, su capacidad de servir de vehículo para todo tipo de temas, el contexto en el que se desarrolla —el simposio— y, quizá, su origen, pues ambos entroncan de un modo u otro con lo funerario: el epigrama como inscripción sobre piedra conmemorativa de un difunto; la elegía, si atendemos a su controvertida etimología, como canto fúnebre de lamento.

No obstante, a pesar de la tendencia a generalizarse el epigrama como poema breve escrito en dísticos elegíacos, nunca dejaron de escribirse epigramas en otros metros, bien por la necesidad de mencionar nombres no adaptables a la métrica dactílica o, lo que es más frecuente, por virtuosismo 59 . Prueba de ello es que frente a la clasificación temática que caracteriza la distribución en quince libros del manuscrito palatino, uno —el XIII— recoge lo que tradicionalmente se denomina curiosidades métricas, es decir, epigramas que no son sino experimentos en esquemas métricos no usuales 60 .

En la época de Filipo llama la atención la generalización casi unánime del dístico elegíaco como metro propio del epigrama, una tendencia ya anticipada en la Guirnalda de Meleagro, donde, siempre según la hipotética reconstrucción de A. S. F. Gow y D. L. Page 61 , los epigramas en otros metros no llegan a la veintena. Así, en la Guirnalda de Filipo hasta un noventa y seis por ciento de los epigramas utilizan este esquema métrico.

Se imponen además los epigramas breves. Rara vez se superan los cuatro dísticos. Se testimonian tan sólo siete epigramas de cinco dísticos —poco más del uno por ciento 62 —, y sólo en una ocasión se alcanzan los siete dísticos y ello precisamente en un caso muy significativo, en el epigrama que sirve de proemio, por lo que la extensión no es sino un recurso expresivo más que contribuye a resaltar la singularidad de este epigrama, llamado a encabezar la antología 63 .

Tampoco son muy numerosos los epigramas de un solo dístico, pues apenas llegan a sesenta epigramas, aproximadamente un ocho y medio por ciento del total. Porcentualmente el mayor número de epigramas aquí traducidos se presenta en tres dísticos, pues se trata nada menos que de trescientos sesenta epigramas, un poco más del cincuenta y uno por ciento. Le siguen los epigramas de dos dísticos —ciento treinta y un epigramas, casi un diecinueve por ciento— y de cuatro —ciento doce epigramas, un dieciséis por ciento.

Se continúan escribiendo epigramas en otros metros, pero en proporción muy inferior a épocas anteriores. Entre los epigramas de esta antología, sólo veintisiete no adoptan como metro el dístico elegíaco 64 . Así, aparecen dos en endecasílabos 65 , uno en pentámetros dactílicos, un metro extraordinariamente raro fuera del dístico elegíaco 66 , veintitrés en trímetros yámbicos 67 y tan sólo uno en escazontes 68 .

LOS MANUSCRITOS

La Guirnalda de Filipo, al igual que la mayoría de los epigramas griegos que conocemos, nos ha llegado fundamentalmente a través de dos manuscritos. El primero de ellos, el más importante en lo que se refiere al número de epigramas que recoge, se conoce como Palatinus Heidelbergensis Graecus 23 69 y está datado en torno al siglo X . Básicamente consiste en una antología heterogénea de epigramas de autoría desconocida 70 . El otro es una recopilación de epigramas realizada por el polifacético monje bizantino Máximo Planudes. Se trata del manuscrito Marcianus Graecus 481, datado a comienzos del siglo XIV 71 . De él se hicieron múltiples copias que circularon por la Europa de los humanistas, copias que se utilizaron para las primeras ediciones, marginando al propio original autógrafo. Además eclipsaron completamente al manuscrito palatino que quedó en el olvido hasta que en 1606 o 1607 lo redescubrió C. Saumaise en la Biblioteca del Palatinado de Heidelberg 72 . Inmediatamente su calidad y el número de epigramas que contenía, muy superior a la entonces conocida como Antología Griega , que se basaba exclusivamente en la tradición planudea, despertaron el interés de los humanistas, pero su principal mérito —su extensión— se convirtió a su vez en su mayor defecto, pues a pesar de los repetidos intentos por editarlo y las continuas llamadas de atención de las voces más preclaras del momento, no conoció las prensas hasta principios del xix, fecha en que F. R. Jacobs editó por primera vez los epigramas griegos siguiendo la distribución temática en quince libros del manuscrito palatino, ordenación que se sigue unánimemente hoy día 73 . Muchos de los epigramas de la Antología de Planudes se recogen también en la recopilación anónima del siglo X . Tan sólo trescientos ochenta y ocho epigramas nos son conocidos exclusivamente por el manuscrito de Planudes y éstos tradicionalmente vienen editándose a modo de apéndice como libro XVI de la Antología Palatina .

Los epigramas de la Guirnalda de Filipo aparecen distribuidos indistintamente por diferentes libros de la hoy conocida como Antología Palatina . Ni el compilador del manuscrito palatino ni Máximo Planudes se detuvieron en precisar la fuente de la que tomaban los epigramas. Es probable que ambos manejaran extractos de las antologías originales y que entre sus fuentes directas no se encontrara ninguna de las dos Guirnaldas . Por ello, al igual que ocurre con la de Meleagro, la reconstrucción del contenido de la Antología de Filipo se basa en la hipótesis y el criterio de la probabilidad, si bien en este caso se cuenta con la inestimable ayuda de la ordenación alfabética que siguió Filipo en su recopilación de epigramas, pues en la tradición manuscrita, tal como nos ha llegado, llaman la atención series de epigramas de autores coetáneos o cercanos a la época de Filipo que siguen una disposición alfabética. Dichas secuencias proceden con toda probabilidad de la Guirnalda de Filipo 74 .

De los seiscientos ochenta y ocho epigramas que incluimos en esta traducción, quinientos tres se testimonian en las dos fuentes manuscritas principales —el manuscrito palatino y la Antología de Planudes—, ciento ochenta y cinco no los recogió Planudes 75 , y tan sólo cincuenta y seis epigramas de la Guirnalda de Filipo no se documentan en el manuscrito palatino y nos han llegado sólo gracias a la Antología de Planudes 76 . Algunos epigramas se testimonian dos y más veces en la misma fuente 77 .

Además, numerosos epigramas de los transmitidos en las dos fuentes manuscritas básicas se nos han conservado en antologías o colecciones de epigramas independientes denominadas genéricamente syllogae minores 78 . Su autoridad es comparable a la del manuscrito palatino y a la de la antología de Planudes.

Junto a éstas, otros manuscritos, los llamados apógrapha , preservan selecciones de epigramas copiados del manuscrito palatino por F. Guyet (Apógraphon Guietianum) , D. Ruhnken (Apógraphon Ruhnkenianum) , J. Gruter (Apógraphon Lipsiense) y J. Bouhier (Apógraphon codicis Buheriani) , humanistas que a menúdo anotaron con acierto el texto.

Son muchos además los epigramas citados en la Suda , un léxico griego del siglo X que a menudo ejemplifica los términos que recoge con citas extraídas de epigramas 79 . Su redactor utilizó probablemente algunas fuentes distintas de la de los dos manuscritos principales, pero rara vez ofrece variantes de interés.

Hay también algunos epigramas que, además de habérsenos transmitido por vía manuscrita, nos han llegado recogidos —íntegros o parcialmente, lo que es más frecuente—, en otros autores como Diógenes Laercio 80 y otras fuentes 81 .

Además de la vía manuscrita, nos han llegado epigramas de la época de Filipo por vía directa. Se trata de doce inscripciones en piedra atribuidas a Honesto, uno de los autores que Filipo incluyó probablemente en su Guirnalda 82 . Constituyen, sin duda, un valioso testimonio de la obra de uno de los poetas incluidos en dicha antología.

PERVIVENCIA

A pesar de que no se ha encontrado ningún papiro con extractos de la Guirnalda de Filipo semejantes a los que han aparecido de su antecesora la de Meleagro 83 , tenemos constancia de que fue muy leída en la Antigüedad. Su repercusión fue enorme, especialmente en la literatura latina, pues se publicó y difundió en los ambientes eruditos de Roma en el momento en que ésta había logrado alcanzar altas cotas de desarrollo.

Desde el principio, los poetas latinos vieron en la epigramática griega una importante fuente de inspiración para sus composiciones 84 . Autores de la talla de Catulo, Horacio, Propercio, Tibulo, Ovidio y, cómo no, Marcial, el epigramatista por excelencia del mundo antiguo, supieron aprovechar el enorme caudal de temas y la riqueza de juegos expresivos que le ofrecían los epigramas griegos, bien con imitaciones directas (como es el caso, por ejemplo, de Horacio, Propercio y Marcial), bien en busca de temas, motivos y expresivas imágenes como hizo Tibulo, quien es muy probable que nunca imitara expresamente ninguno de los epigramas de la Antología Palatina 85 .

Con todo, hay que señalar que de las dos Guirnaldas la huella de la de Meleagro es con mucho la más palpable entre los autores latinos y no sólo por inexcusables razones cronológicas, sino muy especialmente porque los latinos se sintieron atraídos y se identificaron con sus temas más que con los de los epigramas de la Guirnalda de Filipo 86 .

En la Antigüedad tardía ejerció un especial influjo en Ausonio, de quien se sospecha que pudo consultar directamente las Guirnaldas de Meleagro y Filipo 87 . Casi una cuarta parte de sus epigramas tiene como modelo un epigrama griego, si bien en alguna ocasión se nos ha perdido el original 88 .

La epigramática griega en general, y la obra de los epigramatistas de la Guirnalda de Filipo en particular, también sirvió de fuente de inspiración y modelo a prosistas griegos y latinos de épocas posteriores que recurrieron a ellos para ejemplificar algún punto de su narración 89 . Son muchos los epigramas recogidos a modo de ejemplo en obras en prosa de autores como Diodoro Sículo, Suetonio, Estrabón, Plutarco, Diógenes Laercio, Ateneo y de otros más tardíos como Clemente de Alejandría y Draconcio 90 .

Todavía a fines de la Antigüedad, Agatías de Mirina, el compilador de la última gran antología de epigramas de la Antigüedad, el llamado Ciclo de Agatías, pudo manejar un ejemplar de la Guirnalda de Filipo 91 . De hecho, junto con Homero y Nono, ambas Guirnaldas fueron muy populares en Constantinopla a mediados del siglo VI 92 .

Incluso en el siglo X es probable que Constantino Céfalas, erudito bizantino y protopapa de Constantinopla, dispusiera de ejemplares o copias fidedignas de ambas Guirnaldas , que manejó junto con extractos y antologías de diversa naturaleza 93 .

En el trabajo de Céfalas y en otras fuentes, pero no directamente en las Guirnaldas , se basaron probablemente el autor de la Suda 94 , donde se recogen hasta cuatrocientas cincuenta citas parciales y diecinueve epigramas íntegros 95 , el anónimo compilador del manuscrito palatino —ambos datados en el siglo X —, y Máximo Planudes, quien a alrededor del año 1301 llevó a cabo una selección de epigramas que se difundió rápidamente por toda Europa y que hizo que la epigramática griega encontrara su hábitat natural en el entorno de los humanistas del Renacimiento. Éstos, al igual que sus predecesores griegos y latinos en el cultivo del epigrama, siempre vieron en este tipo de composiciones un refugio en donde liberar sus ansias creadoras, considerándolo un divertimento, un juego, es decir, en cierto modo, un género menor 96 . La Antología Griega , que recogía exclusivamente la selección de Planudes, fue uno de los primeros libros griegos que conoció la imprenta. La editio princeps , obra de J. Láscaris, se remonta a 1494 97 . Fue, además, uno de los textos más veces reimpreso, en especial tras la aparición de la primera edición aldina, datada en 1503. Antes de 1614 llegó a editarse hasta doce veces: seis en Italia, tres en Francia y tres en Alemania 98 , lo que prueba su alta demanda y el interés que suscitaba en los ambientes eruditos. De hecho, los grandes humanistas de la época rivalizaban por traducir al latín, la lengua culta del momento, epigramas de la Antología Griega y sus traducciones, que se difundieron extraordinariamente por toda Europa a través de antologías o selecciones como las de Joannes Soter y Janus Cornarius 99 , actuaron de puente entre los epigramatistas griegos y sus colegas menos duchos en la lengua griega, siendo fuente de inspiración permanente para los poetas en lenguas vernáculas 100 .

En esta función desempeñaron un papel destacado los Adagia de Erasmo de Rotterdam (1467-1536), muchas veces revisados por su autor 101 , y Andrea Alciato (1492-1550), el fundador de la emblemática 102 . El primero incluyó dieciocho epigramas griegos con traducción latina en sus Adagia en la edición aldina de 1508 103 y fue aumentando su número en sucesivas ediciones hasta alcanzar los cuarenta y cinco epigramas griegos que se pueden leer en la edición de 1533. De éstos sólo cuatro corresponden a la época de Filipo. Se trata de los epigramas 267 (Automedonte), 522 (Filodemo), 578 (Parmenión) y 621 (Alfeo) 104 . En el caso de Alciato, la Antología de Planudes es, sin duda, la fuente principal de su Emblematum libellus , cuya editio princeps , según la datación más aceptada, salió de las prensas de H. Steyner en Augsburgo en 1531 105 . En lo que respecta a los epigramas de la época de la Guirnalda de Filipo, Alciato tradujo o adaptó los epigramas 56 (Antífílo), 92 (Antípatro), 110 (Antípatro), 261 (Marco Argentario), 303 (Bianor), 308 (Bianor), 336 (Crinágoras), 363 (Diocles), 406 (Eveno), 415 (Filipo), 417 (Filipo), 448 (Filipo), 523 (Gémino), 624 (Alfeo) y 653 (Arquias) 106 . La enorme difusión que tuvó la obra de Alciato —conoció más de doscientas ediciones y fue traducida a todas las lenguas cultas de Europa— fue muchas veces la vía de entrada de la epigramática griega en las literaturas vernáculas.

Al desarrollarse éstas, se percibe cómo la epigramática griega sigue ejerciendo su influjo, bien directamente, bien gracias a las traducciones latinas que proliferaron en el Renacimiento. Especialmente fructífera fue su influencia en Italia y Francia 107 . Así, en el caso de Italia, a modo de ejemplo, Benedetto Tagliacarne (aprox. 1480-1536) adaptó los epigramas 450 (Filipo) y 668 (Flaco) 108 , Filippo Alberti (1548-1612) el 503 (Filodemo) 109 , Bernardino Baldi (1553-1617) el 293 (Bianor) 110 y Luigi Groto (1541-1585) los epigramas 180 (Antípatro) y 448 (Filipo) 111 . Se trata en la mayoría de los casos de versiones muy fieles al original. Léase, como ejemplo, la última de las adaptaciones citadas:

CIECO E ZOPPO

Su gli homeri d’un cieco un zoppo ascende ,

così ’l cieco camina, il zoppo vede .

Il zoppo presta l’occhio, il cieco il piede ;

ciascun quel ch’ei non ha da l’altro prende .

Ciascun l’ufficio ben prestato rende ;

l’un mira e insegna, l’altro rege e incede .

La fatica del premio a par procede ;

quel che un non ha riceve, e quel che ha, spende .

Fan duo corpi imperfetti un corpo intero ,

poichè un col passo altrui qual cervo corre ,

vede un con l’occhio altrui come cervero ;

ciascun soccorso vien, mentre socorre .

Il zoppo mostra, il cieco fa il sentero .

Così per seminar ciascun può corre .

Este mismo tema, que ya había recreado Alciato en su emblema 160 (‘Mutuum auxilium’) 112 , servirá también de inspiración en el ámbito hispano a Quevedo y Gracián 113 .

No sólo se recrean los temas de los epigramas de la Guirnalda de Filipo en verso, sino que su influjo se detecta también en la prosa de la época. Es el caso de la octava novela de la novena década de los Hecatommithi (Monte Regale, 1565) de Giambattista Giraldi Cintio (1504-1573), que desarrolla el tema de los epigramas 672 y 673 (Flaco) con más de cuatro mil quinientas palabras 114 . Con todo, es probable que su fuente de inspiración directa fuera la traducción que de estos epigramas hizo Ausonio 115 .

Igual repercusión tuvieron los epigramas de la época de la Guirnalda de Filipo entre los franceses: entre muchos otros, el rey Francisco I (1494-1547) recreó los epigramas 450 (Filipo) y 668 (Flaco) 116 , Jean Doublet (aprox. 1528-1604) el 632 (Arquias) 117 y André Misogyne (1551), pseudónimo de un autor desconocido, el epigrama 267 (Automedonte) 118 . En algunos casos, se trate de meras traducciones. Léase, por ejemplo, la versión de Jean Doublet del epigrama 632 (Arquias):

Que vaut, Catin, cette fuite frivole?

Esse qu ’Amour ne te puisse attraper?

Tu es de pié, et ce Dieu vole :

comme penses-tu échaper?

En otros, la recreación es más libre, como en la adaptación del epigrama 267 (Automedonte), atribuida al llamado André Misogyne:

Qui ne doit rien est le plus heureux homme

qui puisse vivre en cest estat mortel ;

mais encor plus que luy heureux je nomme

qui ha vescu sans femme et est mort tel ,

car si malheur l’ha conduit à l’autel

par mariage avecques femmes joindre ,

lors je le dy des malheureux le moindre

quand Dieu permet qu ’il soit d’elle heritier ,

et aigre mort la vienne devant peindre

qu ’ilz ayent veu ensemble un moys entier’

En España, donde la obra de algún que otro comentarista de los epigramas griegos fue prohibida por la Inquisición, aunque por motivos bien distintos a su afición a la poesía epigramática 119 , su difusión topó con la escasa afición que había hacia las letras griegas 120 y, según algunos 121 , con la predilección hacia el paisano Marcial 122 . Con todo, se detecta su presencia ya sea en forma de recreaciones de epigramas completos, de traducciones más o menos fieles, o simplemente de temas típicos de la epigramática griega.

Ciñéndonos a los epigramas de la época de la Guirnalda de Filipo, entre las recreaciones de epigramas cabe citar un himno a Venus que Juan Boscán (1492-1542) pone en boca de Leandro en su Historia de Hero y Leandro , vv. 2628-2632:

¡Oh santa Venus que ’n el mar naciste ,

para valer a cuantos te siguiesen ,

ardiendo por amor, como yo ardo ,

vesm ’en la mar y vesme que te sigo ,

sin poderte seguir, si no me vales!

Es posible que la fuente de inspiración sea quizá el epigrama 508 (Filodemo) 123 .

Hay recreaciones de los epigramas 215 (Apolónides), 444 (Filipo) y AP IX 354 (Leónidas de Alejandría) en el soneto dieciséis de Garcilaso de la Vega (1498-1536), en el que se lamenta la muerte de su hermano, que, siendo soldado, murió víctima de una enfermedad en vez de en combate 124 :

No las franceses armas odïosas ,

en contra puestas del airado pecho ,

ni en los guardados muros con pertrecho

los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas ,

ni aquel fiero ruido contrahecho

de aquel para Júpiter fue hecho

por manos de Vulcano artificiosas ,

pudieron, aunque más yo me ofrecía

a los peligros de la dura guerra ,

quitar una hora sola de mi hado .

Mas infìción de aire en solo un día

me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado ,

Parténope, tan lejos de mi tierra

Por su parte, Diego Hurtado de Mendoza (1503-1576), que poseyó unos escolios de epigramas griegos y al que se atribuye la introducción en nuestra literatura de las primeras traducciones de epigramas de la Antología Planudea 125 , recreó al menos el epigr . 672 en su poema 110 (‘A la variedad de la fortuna’) 126 :

Un pobre desesperado ,

teniendo en poco su vida ,

como persona aburrida ,

al lazo se ha condenado ,

y donde iba a acometer

batalla tan de temer ,

halló un tesoro escondido

y, rico y arrepentido ,

tornó su lazo en placer .

Y el que le tenía encubierto ,

yendo a gozar de su oro ,

halló el lazo y no el tesoro .

¡Oh fortuna, éste es concierto!

Y con rabia y despecho ,

todo con ira deshecho ,

echó al cuello el lazo fuerte

y él mismo se dio la muerte

¡ved qué costa y qué provecho!

El mismo proceso creativo sigue Fray Luis de León (1527-1591) con respecto al epigr . 579 en los versos 71-80 de su «Canción de la vida solitaria» 127 :

A mí una pobrecilla

mesa, de amable paz bien abastada ,

me baste; y la vajilla

de fino oro labrada

sea de quien la mar no teme airada .

Y mientras miserablemente

se están los otros abrasando

con sed insaciable

del peligroso mando ,

tendido yo a la sombra esté cantando .

E igualmente Fernando de Herrera (1534-1597) recrea el epigr. 690 (Mundo) en su poema «Al desengaño», w. 52-54 128 :

Venció vencida Troya, i derribada

s ’alçó, i en su ruina se prostraron

los muros de Micenas estimada .

Más importante es la influencia de los epigramas griegos de la época de Filipo en la obra del genial Lope de Vega (1562-1635), el autor español del Renacimiento y el Siglo de Oro que, según la autorizada opinión de I. P. Rothberg, más a menudo refleja los temas de la Antología Griega . Así, por ejemplo, el epigr. 167 (Antípatro) le sirvió de inspiración para su soneto 6 129 :

Al sepulcro de Amor, que contra el filo

del tiempo hizo Artemisia vivir claro ,

a la torre bellísima de Faro ,

un tiempo de las naves luz y assilo ;

al templo efesio, de famoso estilo ,

al coloso del sol, único y raro ,

al muro, de Semíramis reparo ,

y a las altas pirámides del Nilo ;

en fin, a los milagros inauditos ,

a Júpiter olímpico y al templo ,

pirámides, coloso y mauseolo ,

y a quantos oy el mundo tiene escritos ,

en fama vence de mi fe el exemplo :

que es mayor maravilla mi amor solo .

Sin tener que interpretarlo como influencia directa, Lope de Vega recrea, además, infinidad de temas recurrentes en la Antología y en los epigramas de la época de Filipo, aunque no exclusivos: la mors immatura 130 , las interpelaciones al viandante que pasa junto a la tumba y a la tierra que cubre al difunto 131 , la sátira del astrólogo y la astrología 132 , el denuesto de la navegación y la maldición del primer marinero 133 , la añoranza del pasado esplendoroso 134 y el lamento por la muerte de una parturienta 135 , entre otros muchos.

Especialmente fecunda, aunque no comparable con su deuda hacia Marcial 136 , es la presencia de la epigramática griega en la obra de Francisco de Quevedo (1580-1645) 137 . Entre los epigramas de la Guirnalda de Filipo que le sirvieron de inspiración, bien directamente o, lo que es más probable, a través de traducciones 138 , se encuentran los epigramas 180 (Antípatro) y 448 (Filipo), que es el modelo de su poema «El ciego lleva a cuestas al tullido» 139 :

El ciego lleva a cuestas al tullido :

dígola maña, y caridad la niego ;

pues en ojos los pies le paga al ciego

el cojo, sólo para sí impedido .

El mundo en estos dos está entendido ,

si a discurrir en sus astucias llego :

pues yo te asisto a ti por tu talego ;

tú, en lo que sé, cobrar de mí has querido .

Si tú me das los pies, te doy los ojos :

todo este mundo es trueco interesado ,

y despojos se cambian por despojos .

Ciegos, con todos hablo escarmentado :

pues unos somos ciegos y otros cojos ,

ande el pie con el ojo remendado .

El mismo motivo lo recogió Baltasar Gracián (1601-1658) en su tratado El discreto , datado en el año 1646 140 :

Diligente e inteligente, emblema :

Dos hombres formó naturaleza, la desdicha los redujo a ninguno; la industria después hizo uno de los dos. Cegó aquél, encojó éste, y quedaron inútiles entrambos. Llegó el Arte, invocada de la necesidad, y dioles el remedio en el alternado socorro, en la recíproca dependencia. ‘Tú, ciego —le dijo— préstale los pies al cojo; y tú, cojo, préstale los ojos al ciego’. Ajustáronse, y quedaron remediados. Cogió en hombros el que tenía pies al que le daba ojos, y guiaba el que tenía ojos al que le daba los pies. Éste llamaba al otro su Atlante, y aquel a éste su cielo.

Ya en la segunda mitad del siglo XVII Agustín de Salazar y Torres (1642-1675) se inspira en el epigrama 261 (Argentario) 141 :

¿Qué miro? ¿En esta piedra dibujado

Amor? Es que, olvidando corazones ,

hace que el carro rijan los leones ,

su rabioso coraje domeñado .

Con duro azote su crueldad corrige

la diestra mano y la siniestra rige

las riendas poderosas .

No pueden ser las señas más hermosas ;

pero teme al rapaz y sus traiciones ,

porque, si así sujeta corazones ,

¿cómo será el rigor en los humanos?

Y también en 591 (Polemón) 142 :

Esto que llaman amar ,

mezcla o desata, oh amor ,

o no abrases a ninguno ,

o en la llama abrasa a dos .

Entre las muchas traducciones fieles de originales griegos de la Guirnalda de Filipo hay que destacar la que hizo el poeta Gutierre de Cetina (1520-1557) del epigr. 668 (Flaco) 143 :

Sobre las ondas del helado Ibero ,

incauto niño, y sin saber, corría ,

cuando el hielo, que fuerza no tenía ,

quebrando, se mostró crudo y severo .

El río, que veloce iba y ligero ,

con el tributo el cuerpo al mar envía :

la cabeza que el hielo sostenía

por memoria quedó de caso fiero .

La madre que buscando el niño andaba

por la ribera, viendo el rostro luego

asió dél y sacó lo que quedaba .

«¡Ay, cruel hado —dijo— extraño y ciego!

Pues de lo que parí no me tocaba

mas parte que ésta, ésta consuma el fuego» .

Este epigrama es probablemente el que gozó de más fama en el Renacimiento de toda la Guirnalda de Filipo. Conocemos una versión italiana, obra de Benedetto Tagliacarne (aprox. 1480-1536) 144 y otra francesa, atribuida a Francisco I de Francia (1494-1547) 145 , y lo citan, entre otros, los jesuitas Jacobo Pontano en sus Poeticae Institutiones (Ingolstadt, 1594), un manual usado en las escuelas y reeditado múltiples veces, y Antonio Rubio en su Poeticarum institutionum liber (México, 1605), de amplia difusión en América 146 . Es, además, uno de los escasísimos testimonios de la pervivencia de la Antología Palatina en la Edad Media en Occidente, pues una traducción latina de este epigrama atribuida a Germánico 147 , con ligeras modificaciones y sin el dístico final, que también está ausente en el original griego, aparece en una misiva enviada por Pablo el Diácono (ca . 720-800) a Pedro de Pisa, datable quizá hacia el año 783 148 . Muy probablemente la fuente directa de la traducción de Gutierre de Cetina y de las versiones italiana y francesa fue dicha versión latina.

Por otra parte, Juan de Arguijo (1567-1623), discípulo del célebre y buen conocedor de la epigramática griega Diego Hurtado de Mendoza, tradujo en un soneto el epigr. 682 (Isidoro) 149 :

En segura pobreza vive Eumelo

con dulce libertad, y le mantienen

las simples aves, que engañadas vienen

a los lazos y liga sin recelo .

Por mejor suerte no importuna al cielo ,

ni se muestra envidioso a la que tienen

los que con ansia de subir sostienen

en flacas alas el incierto vuelo .

Muerte tras luengos años no le espanta ,

ni la recibe con indigna queja ,

mas con sosiego grato y faz amiga .

Al fin muriendo con pobreza tanta ,

ricos juzga sus hijos, pues les deja

la libertad, las aves y la liga .

Extremadamente fiel al original griego es también la adaptación que hizo Luis Martín de la Plaza (1577-1625) del epigrama 670 (Flaco) 150 :

Cuando aplaca de Aquiles inhumano

Pirro el alma, con sangre que derrama

de Políxena, que a los dioses clama

y solicita su piedad en vano ,

Hécuba esparce del cabello cano

hebras al viento, y como fiera brama ;

y el alto Jove a la venganza llama

de agravio tal, con fulminante mano .

Mas por ver si con tierno sentimiento

se mueve a compasión el mozo altivo ,

en estas quejas el furor convierte :

‘¡Oh Aquiles!, de mi sangre aun hoy sediento

a mi Héctor la muerte diste, vivo ,

y muerto, a Políxena das la muerte! ’

Otros temas típicos de la epigramática griega aparecen aquí y allá, sin que haya que buscar una fuente única, ni se pueda hablar de influencia directa, sino que más bien es probable que se trate de una identidad de intereses de epigramatistas de diferentes épocas. Entre éstos, son recurrentes la descripción de Eros dormido 151 — aparece, por ejemplo, en la poesía de Francisco de Medrano (1576-1607) 152 : «Vi reposar al niño Amor dormido. / Las alas que tan alto lo han subido, / por no bajar, abandonado había…»—; la de Heracles subyugado por Amor 153 —léase a Juan de Arguijo, soneto 44, w. 12-14 154 : «Mas, ¿por qué ufano mis victorias cuento, / cautivo en prisión? ¡Cuánto más puedes / si me rendiste, oh bella Deyanira!»—, y el tema de Amor caracterizado como un insaciable arquero 155 , testimoniado, por ejemplo, en Quevedo 156 : «Pobre le tiene de flechas / la aljaba al Amor mi pecho, / y ya quita de mí mismo / las que me tira de nuevo». Y también Quevedo es autor de un divertido soneto, intitulado «Al señor de un convite, que le porfiaba comiese mucho», en el que recrea la máxima «nada en demasía», desarrollada también en el epigrama 621 (Alfeo) 157 .

Los testimonios expuestos reflejan, sin lugar a dudas, que los epigramas griegos, ya sea en versiones recreadas o en meras traducciones, ya sus temas y motivos, aparecen y reaparecen por todas partes, en todo tipo de manifestaciones literarias y en épocas muy distantes, pues sus autores trataron cuestiones de interés universal y, además, las más de las veces lo hicieron con singular encanto, por lo que no es de extrañar en absoluto la pervivencia de su obra más allá de los límites cronológicos de la Antigüedad Clásica. Los epigramas de la Guirnalda de Filipo y su época no son en esto, como hemos visto, una excepción.

NUESTRA TRADUCCIÓN

El objetivo de esta traducción no es otro que proporcionar la primera versión castellana de los epigramas de la Guirnalda de Filipo de Tesalónica. Se recogen aquellos de los que hay constancia de que fueron incluidos en ella, y también aquellos de los que no tenemos pruebas de dicha inclusión, pero que bien pudieron formar parte de la misma cultural y cronológicamente. Se trata de un conjunto de cerca de setecientos epigramas, con algo menos de cuatro mil versos, de cincuenta y tres autores muy diversos. Hasta ahora sólo se disponía de traducciones parciales al castellano 158 . Sí hay versiones íntegras en otras lenguas. Es el caso de la edición bilingüe de A. S. F. Gow y D. L. Page (Cambridge, 1968). Existen además traducciones íntegras de la Antología Palatina al inglés, alemán e italiano, y la versión francesa está a la espera de que salga el último volumen 159 .

Para la traducción he seguido el texto de la edición bilingüe de A. S. F. Gow y D. L. Page. Sigo además su criterio de inclusión o exclusión de epigramatistas en la Guirnalda de Filipo. Únicamente alteramos su disposición de los epigramas, siguiendo el orden alfabético del nombre de cada autor en español, no en inglés y con el objetivo de recrear, aunque sólo sea en este mínimo aspecto, la disposición del original e igualar la primera impresión del lector de aquélla y ésta, anteponemos a la primera posición el epigramaproemio que abría también la Guirnalda de Filipo, aunque ello suponga separar este epigrama del resto de la producción de Filipo. No incluimos la alusión que Horacio hace a Filodemo en sus Sátiras I 2, 119-122, recogida por A. S. F. Gow y D. L. Page entre la obra de Filodemo 160 , aunque excluyéndola de la numeración correlativa de los epigramas.

Por último, siguiendo la costumbre de los antiguos editores de textos poéticos breves, tradición que en el caso de la Antología Palatina remonta a uno de los copistas del manuscrito palatino que añadió a su antojo lemmata a cada epigrama, encabezamos cada epigrama con un título a modo de resumen de su contenido 161 .

NOTA TEXTUAL

Nos separamos del criterio de edición de A. S. F. Gow y D. L. Page en los siguientes pasajes:




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1 Para esta cronología, que, basándose en la identificación del emperador al que se alude en epigr. 28 (ANTÍFILO ) (= AP IX 178), 601 (TALO ) (= AP VI 235) y en la datación del epigr. 25 (ANTÍFILO ) (= AP VII 379), pospone la publicación de la Guirnalda varios lustros con respecto a la datación tradicional, léase CAMERON , págs. 56-65, y «The Garland of Philip», Greek Rom. Byz. Stud . 31 (1980), 43-62. Cf . antes MÜLLER , Die Epigramme des Antiphilos , pág. 14; W. PEEK , «Philippos», en PAULY -WISSOWA , XIX 2 (1938), col. 2340; K. HARTIGAN , The Poets and the Cities , 1979, págs. 108-109. Tradicionalmente, tomando como término de referencia la identificación del destinatario del epigr. 1 (FILIPO ) (= AP IV 2), se databa en torno al año 40 d. C. (cf . A. R. HILLSCHER , «Hominum litteratorum Graecorum ante Tíberii mortem in urbe Roma commoratorum historia critica», Jahrbuch für Klassische Philologie 18 [1892], 416-417; CICHORIUS , Römische Studien , págs. 341-365; GOW -PAGE , I, págs. xlvi-xlix).

2 Cf. A. A . DAY , The Origins of Latin Love-Elegy , Hildesheim, 1984 (= Oxford, 1938), pág. 104; CAMERON , págs. 49-56.

3 Sobre estas antologías, léase A. BARIGAZZI , «Sopra alcuni nuovi epigrammi ellenistici», Hermes 80 (1952), 494, n. 1; GOW -PAGE , Hellenistic Epigrams , I, pág. xvi; CAMERON , págs. 3-10, y específicamente F. PORDOMINGO , «Sur les premières anthologies d’épigrammes sur papyrus», en A. BÜLOW -JACOBSEN , ed., Proceedings of the 20th International Congress of Papyrologists. Copenhagen, 23-29 August. 1992 , Copenhague, Museum Tusculanum Press, 1994, págs. 326-331; K. J. GUTZWILLER , Poetic Garlands . págs. 15-46; L. ARGENTIERI , «Epigramma e libro. Morfologia delle raccolte epigrammatiche premeleagree», Zeitschr. Papyr. Epigr . 121 (1998), 1-20.

4 Para estos epigramas, consúltese la traducción de M. FERNÁNDEZ GALIANO , Antología Palatina I (Epigramas helenísticos) , Madrid, Gredos, 1978, la edición con comentario de GOW -PAGE , Hellenistic Epigrams , y las páginas que le dedica CAMERON (págs. 19-33 y 49-56). La mayoría de los epigramas incluidos por Meleagro han sido editados por PAGE en Epigrammata Graeca . Léase específicamente J. R. T. POLLARD , «The Garland of Meleagen», Greece & Rome 13 (1944), 89-90; K. J. GUTZWILLER , «Meleager: from Menippean to Epigrammatist», en M. A. HARDER et alii , eds., Genre in Hellenistic Poetry , Groninga, 1998, págs. 81-93; Poetic Garlands , págs. 276-322.

5 Los primeros testimonios —siempre en hexámetros— remontan al siglo VII a. C. Tenemos testimonios en otros metros desde el siglo VI a. C. Para estos primeros epigramas, cf . W. PEEK , Griechische Grabgedichte , Berlín, 1960; J. W. DAY , «Rituals in stone: Early Greek grave epigrams and monuments», Journ. Hell. Stud . 109 (1989), 16-28; U. ECKER , Grabmal und Epigram. Studien zur frühgriechischen Sepulkraldichtung , Stuttgart, 1990.

6 Léase LAURENS , «Martial et l’épigramme grecque…», Rev. Étud. Lat . 43 (1965), 318, y, específicamente, A. HILLSCHER , «Hominum litteratorum…», Jahrbuch für klassische Philologie 18 (1892), 353-444, y HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 10-28.

7 Cf. Saturnalia II 4.

8 Léase el apartado «Nuestra traducción» de esta introducción general.

9 Las principales secuencias alfabéticas que remontan a la Guirnalda de FILIPO son AP V 104-133, VI 88-108 y 227-261, VII 364-405 y 622-645, IX 215-312, 403-423 y 541-562, X 17-25, XI 23-46 y 318-327 (cf . GOW -PAGE , I, pág. XII ). Unas tablas completas que no ofrecen lugar a dudas pueden consultarse en R. WEISSHÄUPL , Die Grabgedichte , págs. 13-20. A pesar del testimonio de uno de los copistas del manuscrito palatino que afirma lo contrario, la Guirnalda de MELEAGRO no presentaba una ordenación alfabética de sus epigramas (cf . CAMERON , págs. 19-33). Léase una revisión de las diversas opiniones en GOW -PAGE , I, págs. XV -XVIII ).

10 El término no se testimonia antes del siglo II d. C., en referencia a la Antología de DIOGENIANO . ES posible que sea una invención de un lexicógrafo tardío (cf . CAMERON , págs. 5 y 84-90).

11 Cf. AP IV 1, 55-56 (= FERNÁNDEZ GALIANO 776) y epigr. 1, 13 (FILIPO ) (= AP IV 2).

12 Cf. supra .

13 Cf. infra .

14 Se trata de los epigramas 614-617.

15 Constantino Céfalas, autor de una gran antología de epigramas que se ha perdido pero que sirvió de base para las posteriores, que sí nos han llegado, ocupó un alto cargo eclesiástico en Constantinopla en torno al año 917. Sobre Planudes y el autor del manuscrito palatino, léase el apartado «Los manuscritos» de esta introducción general.

16 Para la biografía de los epigramatistas de la Guirnalda de Filipo, consúltense los correspondientes artículos en PAULY -WISSOWA y H. CANCIK , H. SCHNEIDER , eds., Der neue Pauly … y las líneas que le dedica a cada uno de ellos GOW -PAGE .

17 Así ocurre con Antígono de Caristo, cuya identificación con un escultor y escritor del mismo nombre es dudosa, con Boeto, Diotimo de Mileto, al que hay que diferenciar del autor helenístico del mismo nombre, siendo probable que alguno de los epigramas atribuidos a éste le correspondan realmente a él, con Epígono de Nicea, Mucio Escévola, que quizá sea el amigo de Cicerón de quien se conserva un pentámetro en latín o el Escévola citado por Plinio el Joven entre los hombres ilustres que escriben versos (cf. epist . V 3, 5), con Etrusco de Mesene, Serapión de Alejandría, Antonio de Argos, Mundo, Pinito, identificado con un gramático del mismo nombre, y con Polieno de Sardes, al que se relaciona con un orador e historiador citado en la Suda .

18 Cf . epigr. 75 (= AP XI 46).

19 Cf . epigr. 226 (= AP XVI 235).

20 Cf . epigr. 592 (= AP VI 230).

21 Se trata del epigr. 668 (= AP VII 542).

22 Se le atribuyen tres epigramas en el manuscrito palatino, pero es probable que haya que separar en dos uno de ellos (cf . epigr. 694 y 695).

23 Sobre las diferentes posturas, cf . CAMERON , págs. 379-387; SIDER , págs. 203-205. Lo editó P. PARSONS (Pap. Oxyrh . 54 [1987], 3724). Léase específicamente E. PUGLIA , «Considerazioni bibliologiche e testuali sulla raccolta di epigrammi di POxy 3724», en M. CAPASSO , S. PERNIGOTTI , eds., Studium atque Urbanitas. Miscellanea in onore di Sergio Daris , Le Galatina, Congedo Editare, 2001, págs. 357-380.

24 Cf ., por ejemplo, epigr. 76 (= AP IX 428), 105 (= AP XVI 184), 106 (= AP IX 93), 116 (= AP VI 335), 117 (= AP IX 552), 120 (= AP VI 249) y 123 (= AP XVI 75).

25 Cf . epigr. 319 (= AP VI 161), 321 (= AP VI 244) y 330 (= AP VII 741).

26 Cf. ESTRABÓN , XIII 2, 3, y, para los testimonios epigráficos, Gow-PAGE , II, págs. 211-212; LIGHTFOOT , págs. 155-156.

27 Cf ., por ejemplo, SÉNECA , Controversias I 5, 9; II 1, 23; 3, 17; 6, 11; y VII 1, 22; 2, 14; 7, 12.

28 Collected Papers on Latin Literature , Oxford, Oxford University Press, 1995, pág. 39 (la traducción es mía).

29 Para su entorno social, cf . W. R. ROBERTS , «The Literary Circle of Dionysius of Halicarnassus», Class. Rev . 14 (1900), 439-442; G. P. GOOLD , «A Greek Professorial Circle at Rome», Trans. Amer. Philol. Assoc . 92 (1961), 168-192; A. HURST , «Un critique grec dans la Rome d’Auguste: Denys d’Halicarnasse», Aufst. Nied. Röm. Welt II 30 (1982), 839-865. Léase, en general, W. S. ANDERSON , Pompey, his friends, and the literature of the first century B. C ., Berkeley, 1963.

30 En la traducción se han recogido sistemáticamente en nota a pie de página los epigramas y pasajes temáticamente relacionados con cada epigrama, bien como modelo, imitación o mero paralelo. La mayoría de las referencias aparecen recogidas ya en el excelente comentario de GOW -PAGE .

31 Léase W. LUDWIG , «Die Kunst der Variation im hellenistischen Liebesepigramm», en DIHLE , L’épigramme grecque , págs. 387-411; TARÁN , The Art of Variation ; LAUSBERG , L’abeille , págs. 65-96; M. FANTUZZI , R. HUNTER , Muse e modelli. La poesia ellenistica da Alessandro Magno ad Augusto , Roma-Bari, 2002, págs. 389-481.

32 Cf. AP IV 1 (MELEAGRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 776) y epigr. 1 (FILIPO ) (= AP IV 2).

33 Cf ., por ejemplo, AP IX 719 (LEÓNIDAS DE TARENTO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 172) y IX 793-798 (JULIANO EL EGIPCIO ). Léase GALÁN VIOQUE , págs. 389-393.

34 Cf . epigrs. 37-38, 43, 107, 114, 129, 192, 225, 243-244, 249, 317, 351, 388, 392, 397, 421, 423-427, 431-433, 435-436, 592, 605-606, 638-641.

35 Cf . epigrs. 34, 76, 115, 121, 190, 343, 508, 512, 566, 568, 570-571, 666, 689, 693, 695.

36 Cf . epigrs. 3, 85, 196-198, 362, 389, 416, 420, 422, 428-430, 434, 564-565, 594, 600, 607, 618, 622, 634-637, 656.

37 Léase TARÁN , «Eίσί τρίχες…», Journ. Hell. Stud . 105 (1985), 90-107; LAGUNA , págs. 309-310.

38 Léase L. SPINA , La forma breve del dolore. Ricerche sugli epigrammi funerari greci , Amsterdam, Hakkert, 2000.

39 Cf . el lamento por la muerte del novio, una variante inusual de este tópico, en epigr. 138 y 370.

40 Léase M. GABATHULER , Hellenistische Epigramme auf Dichter , Diss., Basilea, 1937.

41 Cf . epigrs. 72, 89-90, 133, 135-136, 193, 202-205, 209, 245-246, 275, 361, 363, 395, 438, 443, 445, 533, 555, 609, 642, 684-685, y léase GONZÁLEZ GONZÁLEZ , «Epitafios de náufragos…», Mem. Hist. Ant . 13-14 (1992-1993), 33-42; CAMPETELLA , «Gli epigrammi per i morti…», Ann. Facolt. Lett. Filos. Univ. Macer . 28 (1995), 47-86.

42 Cf . nota a epigr. 53.

43 Cf . epigrs. 4, 35, 70-71, 84, 86, 104, 159, 160-163, 165-166, 262, 308, 386, 402, 411-414, 476-485, 487, 492, 522, 527-531, 543-553, 572, 587-588, 629, 656-659, 661-664, 678-679, 681.

44 Léanse, por ejemplo, los epigramas 45, 52, 56, 59, 63, 93, 99, 407, 446, 453, 464, 667, 686.

45 Léanse los epigramas 289, 293-298, 300, 305, 390, 396, 466-467, 489, 582, 653-654, 672-673.

46 Dentro de esta línea hay que situar, entre otros, los epigramas 207 (un pescador que muere asfixiado al tragarse el fruto de su pesca), 214 y 293 (un cazador que muere al caerle encima su propia presa con la flecha clavada), 384 (un niño que mama de su madre muerta), 688 (un pescador a quien los peces devoraron las manos una vez muerto) y 668 (una madre que recupera sólo la cabeza de su hijo).

47 Para el papel del mito en el epigrama griego, léase H . CHASELON , Mythologische Studien zu spätgriechischen Epigrammsammlungen, besonders zur Anthologia Palatina , Diss., Múnich, 1957.

48 Léase al respecto LAURENS , «Martial et l’épigramme grecque…», Rev. Étud. Lat . 43 (1965), 321-322.

49 Cf . G. ZANKER , «The Love Theme in Apollonius Rhodius’Argonautica», Wien. Stud . 92 (1979), 52-75; G. GIANGRANDE , «La concepción del amor en Apolonio Rodio», en J. A. LÓPEZ FÉREZ , ed., La épica griega y su influencia en la literatura griega , Madrid, 1993, págs. 213-233.

50 Frente a cincuenta y tres epigramas tomados del libro V de la Antología Palatina (epigramas de amor heterosexual), se testimonian sólo diez del libro XII (epigramas de amor homosexual).

51 Léase J. LABARBE , «Les aspects gnomiques de l’epigramme grecque», en DIHLE , L ‘epigramme grecque , págs. 349-386.

52 Cf . nota a epigr. 19 (ANT ÍFANES ) (= AP X 100).

53 Léase J . BLOMQVIST , «The Development of the satirical epigram in the Hellenistic period», en M. A. HARDER et alii , eds., Genre in Hellenistic Poetry , Groninga, 1998, págs. 45-60.

54 Léase MAZZOLI , «Epigrammatici e grammatici…», Sandalion 20 (1997), 99-116.

55 Se trata de una temática de alta recurrencia (cf . epigrs. 23-24, 28, 122, 215-216, 218, 280, 319-321, 332-333, 335-338, 345, 365, 372, 415, 417-419, 444, 554, 601, 614 y 617). Destacan especialmente los epigramas que ANTÍPATRO le dedica a Pisón (cf . epigrs. 105-106 y 116-120).

56 Antes, cf ., por ejemplo, AP VI 115 (ANTÍPATRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 644), IX 518 (ALCEO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 534), XVI 6 (FILIPO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 558).

57 Léase sobre el tema W. GERNENTZ , Laudes Romae , Diss., Rostock, 1918.

58 Recuérdese el tópico de la poesía de ruinas, extendidísimo en el Barroco español. Léase al respecto J. LARA GARRIDO , «Notas sobre la poética de ruinas en el Barroco», Analecta Malacitana 3 (1980) 385-399; «El motivo de las ruinas en la poesía española de los siglos XVI y XVII (Funciones de un paradigma nacional: Sagunto)», Analecta Malacitana 6 (1983), 223-277; B. LÓPEZ BUENO , «Tópica literaria y realización textual: unas notas sobre la poesía española de las ruinas en el Siglo de Oro», en Templada lira 5. Estudios sobre la poesía del Siglo de Oro , Granada, 1990, págs. 75-97; M. RUIZ SÁNCHEZ , «Las ruinas deshabitadas: notas sobre la tradición elegíaca del tema de las ruinas en la poesía neolatina», Excerpta Philologica 9 (1999), 349-376. Léase especialmente la Canción a las ruinas de Itálica de RODRIGO CARO en la edición de J. PASCUAL BAREA , Rodrigo Caro. Poesía castellana y latina e inscripciones originales , Sevilla, 2000, págs. 125-137.

59 Léase D. L. PAGE , «Five Hellenistic Epitaphs in Mixed Metres», Wiener Studien 89 (1976), 165-176; M. L. WEST , Greek Metre , Oxford, 1996 (= 1982), págs. 150-151; R. KASSEL , «Die Phalaeceen des neuen hellenistischen Weihepigramms aus Pergamon», Zeitsch. Papyr. Epigr . 84 (1990), 299-300; CAMERON , pág. 13. Para la métrica de los epigramas de la Guirnalda de Filipo, cf ., específicamente, GOW -PAGE , I, págs. XXXVII -XLV .

60 Se trata de treinta y un epigramas en diversos metros. Es probable que se trate de una recopilación de epigramas tomada de un manual de métrica (cf . CAMERON , págs. 137-145).

61 Cf. Hellenistic Epigrams .

62 Se trata de los epigrs. 94, 129, 162-163, 639, 646 y 649.

63 En la Guirnalda de MELEAGRO , además del epigrama-proemio que alcanza los veintinueve dísticos, hay veinte epigramas de más de cinco dísticos.

64 Se trata de los epigramas 137, 183, 186, 204, 213, 349, 359, 425-427, 429, 433, 439, 447, 461, 465, 475, 477-479, 489, 492, 532, 621, 666, 683-684.

65 Cf . epigr. 137 y 621.

66 Cf . epigr. 475. Cf . también AP IX 485.

67 Cf . epigr. 183, 186, 213, 349, 359, 425-427, 429, 433, 439, 447, 461, 465, 477-479, 489, 492, 532, 666, 683-684.

68 Cf . epigr. 204.

69 De este manuscrito se desgajó indebidamente el hoy conocido como Cod. Gr. Suppl . 384 de la Biblioteca Nacional de Francia, que contiene los epigramas que van desde el IX 564 hasta el final del libro XV.

70 Sobre este manuscrito y la identidad de su copista, léase A. CAMERON , «Constantine the Rhodian and the Greek Anthology», Byzant. Forsch . 20 (1994), 261-267. Para su datación, cf . A. DILLER , «The Age of some early Greek Classical Manuscripts», Serta Turyniana (1974), 514-524; M. L. AGATI , «Note paleografiche all ‘Anthologia Palatina», Boll. Class. Lincei 3 (1984), 43-59. Las vicisitudes de este manuscrito de vital importancia han sido estudiadas en profundidad por R. AUBRETON («La tradition de l’Anthologie Palatine du XVIe au XVIIIe siècle, I. La tradition germano-néerlandaise», Rev. Hist. Text . 10 [1980], 1-53; «La tradition de l’Anthologie Palatine du XVIe au XVIIIe siècle, II. La tradition française», Rev. Hist. Text . 11 [1981], 1-46). Léase también HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 31-32, 263 y 392, y, especialmente, CAMERON , págs. 99-120. Existe una edición facsimilar en dos volúmenes a cargo de K. PREISENDANZ , Anthologia Palatina: codex Palatinus et codex Parisinus phototypice editi , 2 vols., Leiden, 1911.

71 Sobre la datación de este manuscrito, léase C. GALLAVOTTI , «Planudea», Bolletino del comitato per la preparazione dell’Edizione Nazionale dei Classici Greci e Latini , 1959, pág. 30; A. TURYN , Dated Greek Manuscripts , Londres-Chicago-Roma, 1972, págs. 91-92; E. MIONI , «L’Antologia Graeca da Massimo Planude a Marco Musuro», en Scritti in onore di Carlo Diano , Bolonia, 1975, pág. 266; CAMERON , págs. 75-77. Una descripción detallada puede encontrarse en A. M. ZANETTI , A. BONGIOVANNI , Graeca D. Marci Bibliotheca codicum mss ., Venecia, 1740, págs. 252-253.

72 Sobre este humanista y su relación con el manuscrito de la Antología Palatina, cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , págs. 180-186.

73 Se trata de su Anthologia Graeca ad fidem codicis olim Palatini nunc Parisini , Leipzig, 1813-1817, 3 vols. Antes habían consultado directamente el manuscrito palatino al menos Reiske, Brunck y, tras éste último, el propio Jacobs.

74 Sobre estas secuencias alfabéticas, cf. supra .

75 Se trata de los epigramas 1, 3, 7-8, 10-11, 16, 18, 23, 25, 31-33, 37-38, 44, 47-49, 65, 73, 83, 85, 98-99, 102-105, 107-108, 114-117, 122, 125, 128, 132, 138, 141-142, 157-158, 161, 172, 183, 188, 192-194, 197-198, 203-204, 208, 213, 220, 228-229, 232, 236, 239, 243, 247, 249, 255, 259, 264-265, 272-274, 279-280, 294, 297-298, 304-305, 311-318, 321-323, 327, 334, 338, 340-343, 346-349, 351-354, 358, 361, 364, 366, 368, 373, 376, 380-381, 388, 390, 392, 397, 400, 402, 404, 407, 419-420, 425, 427-428, 433-434, 439, 446, 467, 472, 475-476, 489, 497, 500, 502, 507, 509, 512, 514-516, 518, 520, 537, 558, 566, 568, 570-571, 576, 585-586, 592, 600-602, 604, 606, 608, 612, 614-615, 617-618, 628, 631, 639-641, 643, 652, 656, 659, 665, 669, 674-677 y 689.

76 Se trata de los epigramas 67-68, 70-71, 104-105, 123, 148, 151, 154, 162-166, 195, 223-226, 263, 308, 337, 345, 359, 360, 401, 413-414, 478-488, 522, 528-529, 531, 569, 587-588, 598, 629, 662-664, 678 y 681.

77 Es el caso de los epigramas 84, 319, 408 y 490 (dos veces en el manuscrito palatino), 247 (dos veces en el manuscrito palatino, una de ellas obra del corrector), 118 (dos veces en el manuscrito palatino y dos veces en la Antología de PLANUDES ), 66, 186, 200, 284, 289, 292, 296, 445, 470, 528, 682 (dos veces en la Antología de PLANUDES ) y 149 (tres veces en la recopilación de PLANUDES ).

78 Así, el epigrama 149 se testimonia en el códice Bodl. Lat. class. D 5 , 165, 267 y 628 en la Sylloge S , 186, 478 y 479 en la Sylloge Σπ , 188, 239 y 509, en el Appendix Barberinus-Vaticanus , 391, 405, 421, 580, 591 y 672 en la Sylloge E , y 4-5, 45, 58, 67-68, 70, 87-88, 94, 130, 149-150, 152-153, 162-163, 179, 191, 201, 241, 267, 287, 292, 320, 337, 375, 377-378, 398, 447, 469, 481-482, 483,-484, 528-529, 535, 578-579, 616, 621, 623, 625, 644-646, 648, 662, 672, 687, 691, en Matritensis 4562 (olim 24) . Sobre la naturaleza de estos manuscritos, cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 32-35, GOW -PAGE , Hellenistic epigrams , I, págs. XLI -XLIII .

79 Así ocurre con los epigramas 2-4, 13, 23-24, 37-38, 44-45, 68, 87-88, 92, 98, 107, 114, 116, 120, 129, 150, 153, 176-177, 186, 192, 196-199, 215, 244, 249, 277, 312, 314, 319, 351-352, 362, 368, 377, 380, 388, 392, 394, 397-399, 406, 415-416, 420-427, 429-437, 444, 489, 495-496, 501, 505, 519, 530, 535, 564-566, 570-571, 578, 594, 600, 602, 605-607, 622, 634-635, 638-640, 644, 646, 650-652, 666, 687, 697.

80 Cf . epigrs. 68 (en VI 78), 674 (en III 33).

81 Es el caso del epigrama 99 (cf . CLEMENTE DE ALEJANDRÍA , 4, pág. 592), 148 (cf . [PLUTARCO ] Vida de Homero 87, ALLEN ), 151 (cf . EUSTACIO , 1498, 36), 182 (cf . escolio a TEÓCRITO , VII 138), 61 (cf . DRACONCIO , metr . 84, 16), 320 (cf . escolio a ARISTÓFANES , Los caballeros 753), 406 (cf . Escolio a ARISTÓFANES , Plut . 1129 y SUETONIO , Domiciano XIV), 398 y 564 (cf . Zo-NARAS , Léxico [s. v .]), 621 (cf . DRACONCIO , metr . 33, 17).

82 Se trata de los epigramas 543 a 554 (cf . JAMOT , «Fouilles…», Bulletin de Correspondence Hellénique 26 (1902), 129-160.

83 Cf ., al menos, Pap. Oxyrh ., 662 y 324, y Berl. Klassikertext ., V 1, 75-76 (cf . CAMERON , págs. 11-12).

84 Léase, en general, HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 10-29; G. GIANGRANDE , «Sympotic literature and epigram», en DIHLE , L’épigramme grecque , págs. 91-177; «Los tópicos helenísticos en la elegía latina», Emerita 42 (1974), 1-36; LAGUNA , «La poesía epigramática griega…», en M. BRIOSO , F. J. GONZÁLEZ PONCE , eds., Actitudes literarias , págs. 93-121.

85 Cf. HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 15-16.

86 Su impronta se siente ya en los albores de la epigramática latina, en autores como Quinto Lutacio Cátulo, Valerio Edituo y Porcio Lícino. Léase LAURENS , L’abeille , págs. 159-181; G. LAGUNA , «La aportación de Q. Lutacio Cátulo a la lírica romana (epigr. 2)», Cuad. Filol. Class. (Lat.) 5 (1993), 55-63; «La poesía epigramática griega…», en M. BRIOSO , F. J. GONZÁLEZ PONCE , eds., Actitudes literarias , págs. 103-108.

87 Cf . P. SAKOLOWSKI , De anthologia Palatina quaestiones , Diss., Leipzig, 1893, pág. 67. Según CAMERON (pág. 81), es más probable que dispusiera de una selección de las antologías anteriores, la misma que manejó el autor o los autores de los coétaneos Epigrammata Bobiensia .

88 Léase F. STAHL , De Ausonianis studiis poetarum Graecorum , Diss., Kiel, 1886; F. MUNARI , «Ausonio e gli epigrammi greci», Stud. Ital. Filol. Class . 27-28 (1956), 308-314; PAGE , The Epigrams of Rufinus , págs. 19-21; F. BENEDETTI , La tecnica del vertere negli epigrammi di Ausonio , Florencia, 1980 (cf . reseña de A. TRAINA , Riv. Filol. Istr. Class . 110 [1982], 111-115); R. P. H. GREEN , The Works of Ausonius , Oxford, 1991, págs. 376-377; Ζ. RITOÓK , «Die Epigramm-Übersetzungen des Ausonius aus dem Griechischen», en J. IRMSCHER , ed., Die Literatur der Spätantike-polyethnisch und polyglottisch betrachtet , Amsterdam, Hakkert, 1997, págs. 103-107; y R. HERRERA MONTERO , «Venus armata . Ausonio traduce AP 16.174», Cuad. Filol. Class. (Lat.) 14(1998), 115-125.

89 Sobre este tema, cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 2-10, y ROTHBERG , págs. 34-47.

90 Cf. supra .

91 Léase A. MATTSON , Untersuchungen zur Epigrammsammlung des Agathias , Lund, 1942, págs. 21-22 y 75-76 (reproducido en TARÁN , The Greek Anthology) .

92 Cf . CAMERON , pág. 46.

93 Cf . CAMERON , págs. 121-122.

94 Especialmente significativo es que tanto Meleagro como Filipo carecen de entrada propia en el diccionario, a diferencia de, por ejemplo, Agatías (cf. Suda, s. v ., 112).

95 Una lista completa de estos diecinueve epigramas en HUTTON , The Greek Anthology in Italy , Ítaca, 1935, pág. 7. Para las citas de epigramas de la época de Filipo, cf. supra .

96 Léase HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 39-45; LAURENS , L’abeille , págs. 380-383.

97 Sobre este humanista, cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 114-121.

98 Cf . ROTHBERG , pág. 15.

99 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 273-286.

100 Cf. passim en HUTTON , The Greek Anthology in Italy y en The Greek Anthology in France . Léase específicamente M. CYTOWSKA , «Erasme traducteur de l’Anthologie grecque», Eos 67 (1979), 143-149; V. CALLAHAN , «Uses of the Planudean Anthology: Thomas More and Andrea Alciati», en R. SCHOECK , ed., Acta Conuentus Neo-latini Bononiensis. Proceedings of the Fourth International Congress of Neo-Latin Studies , Nueva York, 1985, págs. 399-412; A. CAMERON , «Sir Thomas More and the Greek Anthology», Florilegium Columbianum: Essays in Honor of Paul Oskar Kristeller , Ítaca, 1987, págs. 187-198.

101 En el resto de su obra, Erasmo apenas menciona los epigramas griegos (cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , pág. 217).

102 Léase ROTHBERG , págs. 48-69; HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 195-208; LAURENS , L’abeille , págs. 430-461, y, específicamente, A. SAUNDERS , «Alciati and the Greek Anthology», Journal of Medieval and Renaissance Studies 12 (1982), 1-18; J. UREÑA BRACERO , «Alciato, traductor de la Antología Planudea: criterios de selección», Anuario de Estudios Filológicos 20 (1997), 439-449.

103 En la primera edición de los Adagia , salida de las prensas parisinas en el 1500, no hay epigramas griegos.

104 Un listado completo en HUTTON , The Greek Anthology in France , pág. 216.

105 Cf . S. SEBASTIÁN , Alciato. Emblemas , Madrid, 1985, págs. 20-21.

106 Se trata respectivamente de los emblemas 90, 166, 159, 105, 111, 89, 42, 161, 179, 177, 176, 162, 133, 193 y 172.

107 Léase HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 45-54 y 291-442; The Greek Anthology in France , págs. 33-51 y 301-588. También se suele señalar su huella en la literatura inglesa (A. Pope, T. Gray y W. Wordsworth), alemana (J. W. von Goethe, Novalis, F. Hölderlin, N. N. Lenau y C. D. Heyne) y holandesa (C. Huygens) (cf . H. CANCIK , H. SCHNEIDER , eds., Der neue Pauly , I, pág. 737).

108 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , pág. 305.

109 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 335-336.

110 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , pág. 340.

111 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , pág. 329.

112 Cf . S. SEBASTIÁN , Alciato , págs. 202-203.

113 Cf. infra .

114 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , pág. 315. La misma anécdota la recrea LUDOVICO GUICCIARDINI (1521-1589) en sus Detti et Fatti Piacevoli et Gravi di Diversi Principi, Filosofi, et Cortigiani , Venecia, 1565, fol. 106r (cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 323-324). Para la pervivencia de este tema en las literaturas modernas, cf . O. WEINREICH , «Χρυσòν ἀνὴρ εὑρὼν ἔλιπεν βρόχον. Zu antiken Epigrammen und einer Fabel des Syntipas», Ann. Inst. Philol. Hist. Orient . 11 (1951), 417-467.

115 Cf . AUSONIO , Epigr . 23 GREEN .

116 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , págs. 307.

117 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , págs. 379-380.

118 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , pág. 326.

119 Es el caso del humanista luterano VICENTIUS OBSOPOEUS , cuyas In Graecorum epigrammatum libros quatuor Annotationes longe doctissimae , Basilea, 1540, fueron incluidas en los Indices expurgatorii publicados en Toledo y Valladolid en 1551 (cf . I. P. ROTHBERG , «Lope de Vega…», Romanische Forschungen 87, 2 [1975], 239-240). Se trata del primer comentario publicado sobre la Antología . Sobre este humanista (cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 286-289).

120 Léase al respecto el desolador panorama que pinta L. GIL FERNÁNDEZ , Panorama social del humanismo español (1500-1800) , 2.a ed., Madrid, 1997 (= Madrid, 1981). Cf . específicamente J. LÓPEZ RUEDA , Helenistas españoles del siglo XVI , Madrid, 1973.

121 Cf . MARASSO , «La Antología Griega…», Humanidades (La Plata) 24 (1934), 11.

122 Sobre la pervivencia de Marcial en España, cf . Β. SÁNCHEZ ALONSO , «Los satíricos latinos y la sátira de Quevedo», Rev. Filol. Esp . 11 (1924), 33-62 y 113-153; A. A. GIULIAN , Martial and the Epigram in Spain in the Sixteenth and Seventeenth Centuries , Filadelfia, 1930; F. SCHALK , «Quevedo’s Imitaciones de Marcial», Festschrift für H. Tiemann , Hamburgo, 1959, págs. 202-212; L. S. LERNER , «Martial and Quevedo: re-creation of satirical patterns», Antike und Abendl . 33 (1977), 122-142; E. SÁNCHEZ SALOR , «LOS epigramas de Marcial en Quevedo», en Serta gratulatoria in honorem Juan Régulo , La Laguna, 1985, págs. 643-662; V. CRISTÓBAL , «Marcial en la literatura española», en Actas del Simposio sobre Marco Valerio Marcial , Zaragoza, 1987, II, págs. 145-210; J. FERNÁNDEZ VALVERDE , «Fortuna de Marcial en España», en J. FERNÁNDEZ VALVERDE , A. RAMÍREZ DE VERGER , Marcial. Epigramas , Madrid, 1997, I, págs. 42-70.

123 Cf . ROTHBERG , págs. 80-81. Citamos por la edición de C. CLAVERÍA , Juan Boscán. Obra completa , Madrid, 1999, pág. 320.

124 Seguimos la edición de C. BURELL , Garcilaso de la Vega. Poesía castellana completa , Madrid, 1990, pág. 189 (cf . ROTHBERG , pág. 84).

125 Cf . ROTHBERG , pág. 19-20.

126 Cf . J. I. DIEZ FERNÁNDEZ , Diego Hurtado de Mendoza. Poesía completa , Barcelona, 1989, pág. 224, y léase, específicamente, pág. X y I. P. ROTHBERG , «Hurtado de Mendoza and the Greek Epigrams», Hispanic Review 26 (1958), 171-187; J. UREÑA BRACERO , «Diego Hurtado de Mendoza y las selecciones de la Antología Planudea», Florentia Iliberritana 10 (1999), 303-330, especialmente págs. 315-316 (debo esta referencia a G. LAGUNA ).

127 Cf . ROTHBERG , pág. 98. Cf . también HORACIO , Odas III 29, 14-16, y TIBULO , I 1, 37. Seguimos la edición de C. CUEVAS , Fray Luis de León. Poesías completas , Madrid, 2001, págs. 88-89.

128 Se trata de la elegía 9 en la edición de C. CUEVAS , Fernando de Herrera. Poesía castellana completa , Madrid, 1985, págs. 616-624. C. Cuevas remite como fuente de inspiración a HORACIO , Epístolas II 1, 156 (cf . pág. 618, n. 52) (cf . ROTHBERG , pág. 105).

129 Cf . PEDRAZA , I, págs. 197-198.

130 Cf . sonetos 122 (PEDRAZA , I, pág. 453) y 240 (PEDRAZA , I, pág. 337).

131 Cf . sonetos 236 (PEDRAZA , II, pág. 333) y 241 (PEDRAZA , II, pág. 339).

132 Cf . soneto 72 (PEDRAZA , I, págs. 345-346) y el poema 246 (PEDRAZA , II, pág. 343).

133 Cf . soneto 27 (PEDRAZA , I, pág. 245). Cf . también QUEVEDO , sonetos 89 (BLECUA , I, pág. 229), 112 (BLECUA , I, pág. 242), 134 (BLECUA , I, pág. 255-256).

134 Cf . soneto 29 (PEDRAZA , I, pág. 249) y 52 (PEDRAZA , I, pág. 297). El tema de la ciudad desolada le sirve al poeta para explicar su situación amorosa. Compárese este soneto con JUAN DE ARGUIJO , Sonetos 46 («A Troya desolada») y léase supra .

135 Cf . soneto 31 (PEDRAZA , I, pág. 253).

136 Cf . expresamente A. MARTÍNEZ ARANCÓN , Marcial-Quevedo , Madrid, 1975.

137 ROTHBERG (cf . «Lope de Vega…», pág. 240, n. 5 [cf . también su The Greek Anthology…]) señala en Quevedo la huella de los siguientes epigramas: V 58 (ARQUIAS ), 151 (MELEAGRO ), 152 (MELEAGRO ), VI 1 ([PLATÓN ]), IX 12 (LEÓNIDAS DE ALEJANDRÍA ), 34 (ANTÍFILO ), 108, 406 (ANTÍGONO ), XI 66 (ANTÍFILO ), 166, 198 (TEODORO ), 203, 405, 418 (TRAJANO ), XVI 14 (ZENODOTO ), 200 (MOSCO ), 306 (LEÓNIDAS DE TARENTO ) y 307 (LEÓNIDAS DE TARENTO ) [añádanse los epigramas 448 (FILIPO ) (= AP IX 1 1), 573 (MIRINO ) (= AP XI 67) y 586 (PARMENIÓN ) (= AP XI 65)]. De éstos, sólo los epigramas V 58 (ARQUIAS ) (= epigr. 631), IX 34 (ANTÍFILO ) (= epigr. 54), IX 108 (= epigr. 616), IX 406 (ANTÍGONO ) (= epigr. 74) y XI 66 (ANTÍFILO ) (= epigr. 73) corresponden a la Guirnalda de FILIPO .

138 Sobre los conocimientos de griego por parte de Quevedo, cf . S. BÉNICHOU -ROUBAUD , «Quevedo helenista: El Anacreón castellano», Nuev. Rev. Filol. Hisp . 14 (1960), 51-72.

139 Se trata del soneto núm. 560 (BLECUA , II, pág. 33-34). Recuérdese la versión italiana de este tema citada supra. Cf . J. G. FUCILLA , «Some imitations of Quevedo and some poems wrongly attributed to him», Romanic Review 21 (1930), 229; ROTHBERG , págs. 137-138; CROSBY , «Quevedo…», Romance Philology 19 (1966), 435, n. 2.

140 Cf . MARASSO , «La Antología Griega…», Humanidades (La Plata) 24 (1934), 15. Seguimos la edición de A. EGIDO , Baltasar Gracián, El Discreto , Madrid, 1997, págs. 326-327. Léase también su edición facímil de la editio princeps de Huesca 1646 (Zaragoza, 2001), págs. 394-396. Para Gracián y la Antología griega, léase específicamente I. P. ROTHBERG , «Covarrubias, Gracian and the Greek Anthology», Romanische Forschungen 87 (1975), 239-256.

141 Se trata del poema 13 en la edición de A. DE CASTRO , Poetas líricos de los siglos XVI y XVII , Madrid, 1951, II, pág. 217 (cf . ROTHBERG , págs. 157-158).

142 Es el poema 4 según la edición de A. DE CASTRO , Poetas líricos de los siglos XVI y XVII , Madrid, 1951, II, pág. 216 (cf . ROTHBERG , pág. 159).

143 Se trata del soneto 155 de la edición de B. LÓPEZ BUENO , Gutierre de Cetina. Sonetos y madrigales completos (Madrid, 1990), pág. 235 (cf . ROTHBERG , pág. 88). Recuérdese también la recreación que hizo FILIPO (cf . epigr. 450).

144 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , pág. 305.

145 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in France , pág. 307.

146 Cf . ROTHBERG , pág. 27.

147 Cf. Anthologia latina , 709, RIESE (= Poetae Latini Minores , IV 103, BAEHRENS ).

148 Cf . HUTTON , The Greek Anthology in Italy , págs. 28-29.

149 Se trata del soneto 59 según la edición de A. DE CASTRO , Poetas líricos de los siglos XVI y XVII , Madrid, 1966, I, pág. 401. Cf . MARASSO , «La Antología Griega…», Humanidades (La Plata) 24 (1923), 13-14, y ROTHBERG , pág. 114.

150 Cf . MARASSO , «La Antología Griega…», Humanidades (La Plata) 24 (1923), 14 (cita el texto según la edición de J. A. CALDERÓN , Segunda parte de las flores de poetas ilustres de España , Sevilla, 1896 [= 1611], pág. 122).

151 Cf . epigr. 629 (ALFEO ) y 678 (ALFEO ).

152 Cf . ROTHBERG , pág. 102.

153 Cf ., por ejemplo, epigr. 529 (GÉMINO ).

154 Cf . ROTHBERG , pág. 112. Cito según la edición de A. DE CASTRO , Poetas líricos de los siglos XVI y XVII , Madrid, 1966, I, pág. 400.

155 Cf . epigr. 631 (ARQUIAS ).

156 Cf . romance 424, versos 29-32 (BLECUA , I, pág. 606).

157 Cf . soneto 570 (BLECUA , II, pág. 39). Recuérdese especialmente el verso quinto: «Lo demasiado siempre fue veneno».

158 Véanse los trabajos de L. A. DE VILLENA , Estratón de Sardes. La Musa de los muchachos , Madrid, 1980 (traduce los epigramas 274, 364, 410, 509, 628, 674-677, 689); M. BRIOSO SÁNCHEZ , Antología de la poesía erótica de la Grecia antigua , Sevilla, El Carro de la Nieve, 1991 (incluye los epigramas 11, 34, 128, 232, 236, 276, 307, 310, 364, 366, 472, 534, 562-563, 628, 633, 665, 689); C. RODRÍGUEZ ALONSO , M. GONZÁLEZ GONZÁLEZ , Poemas de amor y muerte en la Antología Palatina , Madrid, Akal, 1999 (ofrece una traducción íntegra del libro V y una selección de epigramas del libro VII [incluye los epigramas 133, 200, 246, 288, 375-400, 405, 519, 555, 577, 608, 642-643, 645, 687]); A. LUQUE , Los dados de Eros. Antología de poesía erótica griega , 2.a ed., Madrid, 2001 (= 2000) (incluye los epigr. 232, 239, 310, 500, 502, 505, 510-511, 514, 518 y 520); y G. GALÁN VIOQUE , M. A. MÁRQUEZ GUERRERO , Epigramas eróticos griegos. Antología Palatina (Libros V y XII) , Madrid, 2001.

159 Se trata de las ediciones bilingües de PATON , BECKBY , PONTANI y WALTZ et alii (falta sólo el libro décimo [volumen 9 de la serie]).

160 Cf . GOW -PAGE , II, pág. 368 (FILODEMO , XXX).

161 Siguiendo también ancestrales costumbres, agradezco las sugerencias de los Dres. A. Ramírez de Verger, A. Pérez Jiménez, G. Laguna, J. F. Martos, F. Navarro, L. Rivero, y el buen trabajo del revisor de este volumen.

FILIPO DE TESALÓNICA 1
1
PROEMIO 2

Tras recolectar para ti flores del Helicón 3 , podar recién brotados

capullos de Pieria 4 , famosa por sus árboles,

y segar la espiga de libros recientes, he entrelazado

una Guirnalda semejante a la de Meleagro 5 .

[5] Y puesto que conoces la fama de los poetas de antaño 6 , noble Camilo 7 , lee también la poesía breve de los más recientes:

Antípatro 8 destacará en la guirnalda como una espiga, como el fruto de la hiedra

Crinágoras 9 , Antífilo 10 brillará como un racimo de uvas,

Tulio 11 como el meliloto, como la mejorana Filodemo 12 ,

el mirto es Parmenión 13 , como la rosa Antífanes 14 . [10]

Automedonte 15 es la hiedra, Zonas 16 el lirio, la encina Bianor 17 ,

Antígono 18 el olivo y Diodoro 19 la violeta.

Entrelaza también laurel para Eveno 20 , y compara a los demás 21

con las flores frescas que quieras.


1 No se sabe nada de su vida, ni por sus epigramas, ni por fuentes externas, salvo que gozó de patronazgo en la corte imperial (cf . epigr. 415 [= AP VI 236], 416 [= AP VI 240], 417 [= AP IX 285] y 429 [= IX 778]). Su principal mérito es ser el compilador de la llamada Guirnalda de FILIPO , pues la mayoría de sus epigramas son variaciones poco originales de temas convencionales. De los numerosos epigramas que se le adscriben en la tradición manuscrita, incluimos aquí sólo ochenta (cf ., además de epigr. 1, epigrs. 415-493), pues, siguiendo a GOW -PAGE (II, pág. 328), adscribimos AP VI 114 (= FERNÁNDEZ GALIANO , 574) a SAMIO ; IX 563 (= FERNÁNDEZ GALIANO , 186) a LEÓNIDAS DE TARENTO ; epigrs. 183 (= AP VII 692), 184 (= AP IX 266), 185 (= AP IX 269) y 191 (= AP VII 236) a ANTÍPATRO DE TESALÓNICA ; 213 (= AP IX 264) a APOLÓNIDES ; y 333 (= AP IX 562) a CRINÁGORAS . Entre sus epigramas, GOW -PAGE destacan por su calidad 468 (= AP IX 561) y 471 (= AP XI 33).

2 Compárese con AP IV 1 (MELEAGRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 776).

3 Monte en el suroeste de Beocia que estaba consagrado a las Musas. Como sede de las Musas se testimonia por primera vez en HESÍODO (cf. Teogonía 1-2, 31-32, 36-43, 104-115 y Trabajos y días 639).

4 Monte de Macedonia cercano al Olimpo y sede habitual de las Musas desde HESÍODO (cf. Teogonía 53-55 y Trabajos y días 1)

5 Se trata de Meleagro de Gádara, poeta autor de la primera gran antología de epigramas de la Antigüedad, la denominada Corona o Guirnalda de MELEAGRO . Se suele datar alrededor del año 100 a. C. y en ella recogió, junto con composiciones suyas, la obra de sus predecesores. Filipo se inspiró en él para su antología, imitando muy especialmente el poema con el que Meleagro abrió su colección, pues en él, al igual que en este epigrama, se juega con la imagen metafórica de la corona de flores (cf. AP IV 1 [MELEAGRO ] [= FERNÁNDEZ GALIANO , 776]).

6 Alusión a la Guirnalda de MELEAGRO DE GÁDARA .

7 Se ha identificado con L. Arruncio Camilo Escriboniano, cónsul en el año 32 junto con el padre del emperador Nerón, Gn. Domicio Ahenobarbo, y promotor de una revuelta contra el emperador Claudio en el año 42. Esta identificación —posible, pero no segura— es el principal argumento para la datación tradicional de la Guirnalda en torno al 40 d. C., pues Filipo nunca le hubiese dedicado su antología después del fracaso de la sublevación. Léase TÁCITO , Anales VI 1, XII 52; Historias I 89, II 75; SUETONIO , Claudio 13, 35; Otón 1; PLINIO , Epístolas III 16, 7; DIÓN CASIO , LV 23, 4; LVIII 17, 1 y LX 15. Cf . PAULY -WISSOWA , II 1 (1895), 1264 (P. v. ROHDEN ); GOW -PAGE , I, pág. xlix.

8 Antípatro de Tesalónica (poeta de la época augústea). Cf . epigrs. 76-191.

9 Crinágoras de Mitilene (poeta de la época augústea). Cf . epigrs. 310-360.

10 Antífilo de Bizancio (poeta de la época julio-claudia). Cf . epigrs. 23-73.

11 Tulio Gémino, identificado con C. Terencio Tulo Gémino, consul suffectus en el año 46 y legado de Mesia. Cf . PAULY -WISSOWA , VII A (1948), cols. 1312-1313 (GROAG ); CICHORIUS , Römische Studien , págs. 359-360; GOW -PAGE , pág. 295. Cf . epigrs. 523-531.

12 Filodemo de Gádara (aprox. 110-40/35 a. C.). Cf . epigrs. 494-522.

13 Parmenión de Macedonia (poeta de la época augústea). Cf . epigrs. 574-588.

14 Antífanes de Macedonia o Megalópolis (aprox. 30 d. C.). Cf . epigrs. 13-22.

15 Automedonte de Cícico (aprox. 10 d. C.). Cf . epigrs. 264-275.

16 Diodoro Zonas de Sardes (aprox. 85 a. C.). Cf . epigrs. 605-613.

17 Bianor de Bitinia (aprox. 20 d. C.). Cf . epigrs. 287-308.

18 Antígono de Caristos. Cf . epigr. 74.

19 Es probable que se refiera a Diodoro de Sardes, identificado con Diodoro el Joven, citado por ESTRABÓN (cf . XIII 4, 9), aunque puede que aluda a Diodoro de Tarso, también conocido como ‘el Gramático’. Los epigramas de uno y otro son difíciles de adscribir con seguridad (cf . GOW -PAGE , II, págs. 263-264). Cf . epigrs. 365-382.

20 Eveno el Gramático, a quien se adscribe el epigr. 404 (= AP IX 251) incluido en una secuencia alfabética de epigramas de la Guirnalda de Filipo. Es probable que en realidad haya más de un poeta con el mismo nombre en la Antología , si bien no es seguro que todos ellos fueran incluidos por Filipo en su Guirnalda. Cf . epigrs. 404-414.

21 Cf. AP IV 1, 55-56 (= FERNÁNDEZ GALIANO , 776).

ADEO 22
2
UNA JUBILACIÓN MERECIDA 23

A su buey de labor, que estaba agotado por el surco 24 y la vejez,

no lo llevó Alcón 25 al sangriento degüello [5]

por respeto a su trabajo: en alguna parte disfruta de abundantes

pastos, mugiendo libre ya del arado 26 .

3 27
DO UT DES 28

Esta oveja, Deméter que presides los surcos 29 , esta ternera sin

cuernos y esta torta redonda dentro de una cesta

te las consagra Cretón 30 , productos de una era en la que aventó

mucha gavilla y vio abundante cosecha,

a ti, la rica en grano. ¡Ojalá concedas que la finca de Cretón año tras [5]

año sea de buena cebada y rica en trigo!

4 31
UNA TUMBA ADECUADA

No te mató la canina raza 32 , Eurípides 33 , ni el deseo 34

de una mujer, ajeno como eres a la furtiva Cipris 35 ,

sino Hades 36 y la vejez, y yaces bajo la macedonia Aretusa 37 ,

honrado por la amistad de Arquelao 38 .

[5] Pero a éste no tengo por tu sepulcro, sino a las gradas de Baco 39

y los escenarios acostumbrados al coturno 40 .

5
UN REY SOBERBIO

Yo, Filipo 41 , que fui el primero que puse en pie de guerra Ematia 42 ,

yazco aquí cubierto por tierra de Egea 43 , tras cumplir hazañas

cual nunca antes rey alguno de los de antaño: si hay alguien se

puede vanagloriar más que yo, ése también es de mi sangre.

6
ALEJANDRO MAGNO, GRANDE INCLUSO MUERTO

Quienquiera que ensalce la tumba de Alejandro de Macedonia 44 ,

que diga que ambos continentes 45 son su memorial.

7
UNA AYUDA DEL OTRO MUNDO

Si pasas junto al héroe —se llama Filopregmón 46 —

que está enterrado 47 en una encrucijada frente a Potidea 48 ,

dile qué te traes entre manos 49 : al punto aquél

te mostrará su buena disposición para la acción 50 .

8 51
UN MACABRO RECUERDO

Peucestes 52 , firme desde su caballo, se enfrentó a un toro

que emergió del escalofriante soto de Dobero 53 :

el toro saltó inmenso como una roca, pero él le atravesó

su delicada sien con su lanza peonia, le arrancó

los dos cuernos de la cabeza y ahora siempre que bebe en ellos [5]

vino puro 〈se jacta de la muerte de su enemigo 54 〉.

9 55
UNA DIOSA PARA TODOS

A la pequeña Calatina 56 que se encontraba en apuros al dar a luz

unos cachorros, la Letoida 57 le facilitó un parto ligero:

no sólo escucha a las mujeres, sino que también

sabe Ártemis socorrer a las perras, sus compañeras de caza.

10
UN RETRATO MUY VERAZ

A mí, un berilo de la India, Trifón 58 me persuadió de que era Galena 59

y liberó mi melena con sus delicadas manos.

Mira también mis labios, que suavizan el húmedo mar,

y mis pechos, con los que hechizo los vientos 60 .

[5] Si la celosa piedra lo permitiese, como estoy en disposición de saltar,

inmediatamente me verías también nadando.

11
EROTODIDAXIS

Cuando veas a alguien guapo, pon manos a la obra: dile lo que

piensas y cógele sus testículos 61 con la mano bien abierta.

Pues si le dices ‘te respeto y serás para mí como un hermano’,

el pudor te cerrará el camino hacia la acción 62 .


22 Bajo este nombre se recogen en el manuscrito palatino once epigramas, dos de los cuales (2 y 9) aparecen también recogidos bajo su nombre en la Antología de PLANUDES , quien incluye además otro adscribiéndolo a Parmenión (epigr. 6 [cf . epigrs. 574-588]) y otros dos sin adscripción alguna (epigrs. 4 y 5). Como patria de origen ambas fuentes manuscritas —el manuscrito palatino y la Antología de Planudes— coinciden en asignarle Macedonia en epigr. 2 y Mitilene en epigr. 12. Puede que se trate en realidad de dos poetas, de los cuales es probable que el de Mitilene no pertenezca a la Guirnalda de Filipo, pues se testimonia en un contexto sin conexión con ella (siguiendo a GOW -PAGE , separamos del corpus de epigramas de ADEO . el epigr. 12 [= AP VII 305], adscrito a Adeo de Mitilene). Se detecta además cierta confusión gráfica entre Adaîos , la forma más común, y Addaîos , problema que GOW -PAGE solucionan reservando la forma con geminada para el de Mitilene (II, pág. 3). Se le ha identificado con el retórico Adeo al que se dirige con frecuencia SÉNECA EL VIEJO (cf ., por ejemplo, Controversias IX 1, 12), pero es dudoso, pues se trata de un nombre muy común, tanto en Macedonia, como en Mitilene.

23 Compárese con OVIDIO , Amores II 9, 19-21; Tristes IV 8, 17-24. Para WALTZ (III, pág. 119), es probable que este epigrama acompañara un exvoto en el que se retrataba un buey pastando (cf ., en contra GOW -PAGE , II, pág. 4).

24 El poeta juega con la anfibología de este término, pues propiamente alude desde HOMERO (Ilíada XIII 707) al surco que hace en la tierra el arado, pero se utiliza en metáfora en referencia a los surcos que deja en la piel el paso de los años, es decir, a las arrugas, indicio inequívoco de la vejez (cf . ESQUILO , Coéforos 25; EURÍPIDES , Heracles 164).

25 Personaje inidentificable, probablemente ficticio. Se trata de un nombre legendario (así se llamaba, por ejemplo, el padre del Argonauta Falero [cf . APOLONIO DE RODAS , I 97]) raro como nombre común (cf . BECHTEL , pág. 36; GOW -PAGE , II, pág. 4).

26 Según ELIANO (cf. Historias Varias V 14, 2), en Atenas estaba prohibido sacrificar los bueyes de labor. Esta costumbre la mencionan, entre otros, ARATO , Fenómenos 123; CICERÓN , Sobre la naturaleza de los dioses II 63, 159; VIRGILIO , Geórgicas II 536; COLUMELA , VI Prefacio (más datos en GOW -PAGE , II, págs. 3-4).

27 AP VII 740 (LEÓNIDAS ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 159) y TEÓCRITO , Idilios VII 155-157, son los modelos de este epigrama (cf . GOW -PAGE , II, pág. 4; RAIMONDI , «Adeo A.P . 6.258…», Appunti Romani di Filologia 1 [1999], 53-64).

28 Giro latino con el que se refleja la creencia ritual propia del mundo antiguo y de las religiones primitivas que consiste en ofrecer sacrificios y donativos con el propósito de obtener un beneficio en justa reciprocidad (cf . TOSI , págs. 605-606, § 1345).

29 Se la denomina así por ser la diosa griega de los cereales.

30 Nombre propio sólo testimoniado aquí, en HOMERO (cf. Ilíada V 542 y 549) y AP VII 740, 1 (LEÓNIDAS ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 159).

31 Último de una serie de nueve epigramas sobre el mismo tema (cf. AP VII 43 al 51). Sobre este epigrama, cf . BORTHWICK , «Emendations…», Class. Quart . 21 (1971), 426-436.

32 Cf. AP VII 44, 2 (IÓN ).

33 Se refiere al poeta trágico ateniense.

34 Seguimos aquí la interpretación de GOW -PAGE , II, págs. 5-6, frente a la de Waltz y Paton. Para el amor de Eurípides hacia una mujer casada como posible causa de su muerte el único paralelo es HERMESIANACTE , fr . VII 67-68.

35 Los amores ocultos, los que en caso de ser descubiertos pueden ser merecedores de un castigo severo. Cipris es un apelativo muy frecuente de Afrodita, la diosa del amor y del sexo.

36 Hades propiamente es el hermano de Zeus y Posidón al que le correspondió gobernar el mundo subterráneo, última morada de los difuntos. Habitualmente se utiliza en metonimia para designar su reino.

37 La zona situada entre la bahía del Estrimón —hoy conocida como bahía de Struma— y el lago Bolbe —el actual Buyuk-Betchnik. AMIANO MARCELINO (XXVII 4, 8) sitúa la tumba de Eurípides también allí. En la tradición epigramática se mencionan como sede de su tumba el monte de Pieria (AP VII 43, 1-2 [IÓN ]), la ciudad de Pela, cercana a Pieria (AP VII 44, 5-6 [IÓN ]) y, con carácter genérico, la región de Macedonia (AP VII 45, 1-2 [TUCÍDIDES ] y epigr. 287 [BIANOR ] [= AP VII 49, 1]).

38 Personaje desconocido. Se trata de un nombre propio común.

39 Apelativo de Dioniso, el dios del vino. Recuérdese que en Grecia los certámenes teatrales tenían un contenido altamente religioso, además de político, y, en concreto, se organizaban en el contexto de unas fiestas en honor de Dioniso.

40 Embadí es una conjetura acertada de Hermann que alude al conocido coturno o zapato de tacón alto con el que desde época romana se representaban las tragedias y que llegó a ser por sí solo símbolo de tragedia. El término propio es kóthornos .

41 Se trata de Filipo II de Macedonia (359-336 a. C.). Derrotó a los griegos en la batalla de Queronea (338 a. C.) e implantó su soberanía sobre el mundo heleno. Es el padre de Alejandro Magno, al que se alude sin nombrarlo en los versos 3-4.

42 Nombre homérico de la zona central de Macedonia (cf. Ilíada XIV 226). A veces se testimonia en referencia a toda la región (cf. AP VII 247.5 [ALCEO ] [= FERNÁNDEZ GALIANO , 537], VI 114, 6 [SAMIO ] [= FERNÁNDEZ GALIANO , 574], 116, 6 [SAMIO ] [= FERNÁNDEZ GALIANO , 573]).

43 Ciudad en el sureste de la península de Palene, donde se enterraba a los reyes de Macedonia. Se trata de la actual Vodena.

44 Se trata de Alejandro ΠΙ, rey de Macedonia, más conocido como Alejandro Magno (356-323 a. C.). Llevó a su pueblo, y con él la cultura griega, a su máxima expansión, llegando a convertir en provincias helénicas Egipto, Persia y Babilonia. La bibliografía sobre este personaje histórico, que llegó a convertirse en leyenda, es amplísima. Léase N. G. L. HAMMOND , Alexander the Great , Madrid, 1992 (= Londres, 1981) y la amena presentación de A. GUZMÁN GUERRA y F. J. GÓMEZ ESPELOSÍN , Alejandro Magno. De la historia al mito , Madrid, 1997.

45 Europa y Asia, sedes de sus principales conquistas. Recuérdese que bajo su mandato el mundo griego se expandió hacia oriente hasta la India.

46 Nombre propio sólo testimoniado aquí (cf . nota al verso 4).

47 Aceptamos la corrección de Saumaise (keímenos) . incorporada por Beckby, Waltz y Pontani, frente a la lectura del manuscrito (keímenon) . mantenida sin comentario por Gow-Page. Puede hacer referencia bien a una estatua suya o, lo que es más probable, a su cadáver.

48 Ciudad de Tracia.

49 Literalmente dice ‘dile a qué empresa diriges tus pasos’.

50 Se trata de un juego de palabras con el nombre del difunto que etimológicamente significa ‘el que ama la acción’ (philéō + prâgma) .

51 Compárese este epigrama con epigr. 392 (ERICIO ) (= AP VI 255); AP VI 115 (ANTÍPATRO DE SIDÓN ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 644) y ATENEO XI 476d. Según GOW -PAGE (II, págs. 9-10), es posible que aluda a un acontecimiento real y que se pretenda ridiculizar a un jactancioso mediante la presentación de una situación paródica.

52 Personaje desconocido. Es un nombre común (cf . BECHTEL , pág. 542). No debe identificarse con uno de los compañeros de Alejandro Magno.

53 Propiamente es una ciudad de la zona peonia del este de Macedonia. Se desconoce su localización exacta. Aquí hace referencia al municipio o entorno de dicha ciudad.

54 Se trata de un pasaje corrupto en el que ninguna de las conjeturas es satisfactoria, por lo que en la traducción recogemos el sentido que se reconstruye según el contexto (cf . GOW -PAGE , II, pág. 11).

55 Cf. epigrs. 99 (ANTÍPATRO ) (= AP IX 268) y 464 (FILIPO ) (= AP IX 311).

56 Nombre propio de una perra sólo testimoniado aquí.

57 Ártemis, hija de Leto y hermana de Apolo. Es una de las tres diosas vírgenes de la mitología griega (cf. Himno homérico V 7-33), patrona de la caza y protectora de las mujeres, especialmente en los momentos cruciales: el paso de doncella a mujer, los partos y la crianza de los hijos.

58 Nombre propio común. WALTZ (VIII, pág. 235 [con bibliografía]) apunta la posibilidad de identificarlo con el autor de una gema tallada conservada en el museo de Boston.

59 Esta advocación se puede aplicar a varias divinidades. Literalmente alude al buen tiempo y al mar en calma. En este caso es probable que se refiera a una Nereida o divinidad del mar (cf . HESÍODO , Teogonía 244).

60 Para el poder de persuasión de los pechos femeninos, cf . HOMERO , Ilíada XXII 79-89; EURÍPIDES , Andrómaca 629-630; ATENEO XIII 590e; ALCIFRÓN IV 4, 4; OVIDIO , Metamorfosis X 391-392; SÉNECA , Hércules en el Eta 925-926; ESTACIO , Tebaida VII 523-524 (cf . D. E. GERBER , «The female Breast in Greek Erotic Literature», Arethusa 11 [1978], 203-212; GALÁN VIOQUE , pág. 118).

61 Se trata del término médico específico. Cf . HIPÓCRATES , Aer . 4; cf . también HIPONACTE , fr . 92, 3; HERÓDOTO IV 109; EUBULO , fr . 63, 4. En la Antología , sólo aquí y en XII 240, 3 (ESTRATÓN ) (= GONZÁLEZ RINCÓN 78) (cf . epigr. 19, 6 [ANTÍFANES ] [= AP X 100]). Para la imagen, cf . EURÍPIDES , Cíclope 170-172.

62 Érgon se testimonia a menudo eufemísticamente, en referencia bien al acto sexual con carácter genérico, o bien, más específicamente, al papel del hombre en dicho acto; cf . HOMERO , Ilíada V 429; HESÍODO , Trabajos y días 521; Himno homérico a Afrodita 1; TEOGNIS 1064; ESQUILO , Agamenón 1207 (cf . I, OPELT , «Euphemismus», Reallexikon für Antike und Christentum VI [1966], pág. 950; M.a T. CASSANELLO , Lessico erotico della tragedia greca , Roma, 1993, 59; LIDDELL -SCOTT , s. v ., I 1 c.). Un uso similar se registra en latín con el término opus (cf. C . FR . FORBERG , Manual of Classical Erotology , Manchester, 1884, I, pág. 22 y II, pág. 48; P. PIERRUGUES , Glossarium eroticum linguae latinae , Berlín, 1908, pág. 359; K. PRESTON , Studies in the diction of the sermo amatorius in Roman comedy , Chicago, 1916, pág. 33; ADAMS , pág. 157; MONTERO CARTELLE , págs. 196-197; Oxford Latin Dictionary, s. v ., 1 d).

ADEO DE METILENE 63
12 64
UNA BARCA VERSÁTIL

El pescador Diotimo 65 , que en la mar confiaba en su barca

y en tierra la misma le daba cobijo a su pobreza,

no despertó de su sueño y se dirigió al implacable Hades,

llevando él mismo los remos de su propia nave.

Pues la que tenía como solaz de su vida, también le prestó al [5] anciano,

a su muerte, un último servicio como pira funeraria.


63 Poeta desconocido que a menudo se identifica con el anterior (cf . nota a Adeo). Es probable que Filipo no lo incluyera en su recopilación, pues el único epigrama que se le adscribe se testimonia en un contexto sin conexión alguna con su Guirnalda .

64 Se trata de un tema recurrente. Cf . epigr. 42 (ANTÍFILO ) (= AP IX 242); 50 (ANTÍFILO ) (= AP VII 635); 403 (ETRUSCO ) (= AP VII 381) y AP VII 585 (JULIANO ).

65 Personaje desconocido probablemente ficticio. Se trata de un nombre propio común.

ANTÍFANES 66
13
AFRODITA ES TU ALIADA

Citerea 67 misma soltóse de sus senos el ceñidor que suscita los deseos 68 ,

y a ti lo entregó, Ino 69 , para que lo tuvieras,

de forma que siempre pudieras subyugar con sus seductores filtros

a los hombres: todos los has usado contra mí solo 70 .

14
UN DESTINO INESPERADO

Un pastor vio en la orilla, arrastrado por terribles olas,

el errante casco de un barco zarandeado por el mar,

y le echó mano, pero éste arrastró a su salvador

al fondo del mar — ¡así de encolerizado estaba con todos! —

y el pastor tuvo la suerte de un náufrago. ¡Ay, por su culpa [5]

están sin él bosques y puertos!

15 71
UN PÁNICO MORTAL

A las puertas de la desafortunada alcoba de Pétale 72 ,

novia de amarga boda, no estuvo Himeneo 73 , sino Hades.

Cuando de miedo huía, sola y en la oscuridad, de la primera

unión de Cipris 74 , un pánico común a todas las doncellas 75 ,

[5] los implacables perros guardianes le dieron muerte y de la esposa

que esperábamos ver, de pronto tan sólo quedaron despojos.

16
UN LADRÓN DE POBRES

Me parecía que todavía estaba medio vivo, pues de mi rama

más alta había crecido una única manzana.

Esa bestia devoradora de la fruta de los árboles, el gusano de lomo

velloso, devoró malicioso incluso esa última.

[5] La envidia pone el ojo en lo que mucho abulta 76 , pero al que menudencias saquea un nombre mucho peor que ése debo darle.

17 77
UNA FUENTE SIN AGUA

Yo, que antes rebosaba con abundantes cascadas, soy ahora,

un mendigo de las Ninfas 78 incluso para obtener una gota:

un homicida lavó sus manos empapadas de sangre en mi corriente

y su mancha contaminó mis aguas.

Desde entonces mis hijas han huido del sol diciendo: ‘nosotras,

las Ninfas, nos mezclamos sólo con Baco, no con Ares 79 ’. [5]

18 80
ES UN MUERTO EN VIDA

Si alguien no disfruta con la música 81 de la flauta o con el dulce sonido

de las cuerdas o con el nectáreo Bromio 82 añejo

o con antorchas, jóvenes, coronas y ungüentos 83 , sino que, tras cenar frugalmente,

cuenta sus ganancias furtivas con avariciosas manos,

ése es un muerto para mí: yo paso de largo junto al cadáver que, roedor [5]

de lo que le rodea, se lamenta de lo que se comen gargantas ajenas.

19 84
CARPE DIEM

Para los hombres breve es todo el tiempo que, desdichados,

vivimos, aun cuando a todos nos espere la canosa vejez.

Y aún más lo es el de la plenitud. Así pues, mientras estemos en

la plenitud, vaya todo en sazón, música, amor, copas…

[5] Después llegará el invierno gravoso de la vejez 85 y ni por diez minas 86

se te empinará 87 : tal es la impotencia 88 que te aguarda.

20
POLVO SOMOS Y EN POLVO NOS CONVERTIREMOS

Te pasas el día haciendo cuentas, desgraciado, pero el tiempo, echándose sobre ti,

da a luz la canosa vejez como si de un hijo se tratara:

sin haberte emborrachado, ni ceñido flores en torno a tus sienes,

ni conocido los perfumes, ni a un lampiño muchachito 89 ,

morirás dejando tras de ti un testamento con grandes riquezas [5]

y llevándote, de muchos, un único óbolo 90 .

21 91
DESPRECIO DE LOS CRÍTICOS LITERARIOS

Puntillosa raza de filólogos, expurgadores de la musa

ajena, desdichadas polillas que andáis entre espinos,

azotes de lo grandioso, orgullosos de vuestra Erina 92 ,

fieros y áridos perritos falderos de Calímaco 93 ,

[5] plaga de poetas 94 , oscuridad para los jóvenes que empiezan,

perdeos, chinches de los elocuentes que mordéis a traición.

22 95
NO HAY ESCAPATORIA

Parricida, a ti, un hombre más salvaje que las fieras, todo el mundo te

detesta y por todas partes te aguarda la muerte:

si huyes por tierra, un lobo te acecha; si te subes a la copa

de un árbol, entre las ramas una serpiente te aterroriza.

[5] Lo intentas también por el Nilo 96 , pero en sus remolinos cría

el cocodrilo, la fiera más justa contra los impíos 97 .


66 Epigramatista mencionado por Filipo en su proemio, donde lo compara con la rosa (cf . epigr. 1, 10 [= AP VI 2]). Se le adscriben diez epigramas en el manuscrito palatino, ocho de los cuales los recogió también Planudes (no se testimonian los epigramas 16 [= AP IX 256] y 18 [= AP IX 409]), si bien dos aparecen sin adscripción alguna (19 [= AP X 100] y 22 [= AP XI 348]). Se le considera macedonio en el lemma del epigr. 13 (= AP VI 88), mientras que en epigr. 17 (= AP IX 258) se le asigna como ciudad de origen Megalópolis. Quizá bajo su nombre se oculte la obra de dos autores distintos, pero es imposible separar sus composiciones. Nada se sabe de este epigramatista y de su obra apenas se pueden extraer datos personales significativos. Tan sólo en epigr. 21 (= AP XI 322) se alinea junto a los que censuran a los críticos pedantes seguidores de CALIMACO (cf . GOW -PAGE , II, pág. 110)

67 Afrodita, la diosa del amor. Se la denomina así por ser Citera la primera tierra que pisó tras nacer en el mar (cf . HESÍODO , Teogonía 198).

68 El ceñidor de Afrodita era la sede de todos sus encantos (cf HOMERO , Ilíada XIV 214-217; ARISTÓTELES , Ética a Nicómaco 1149b15 y FILODEMO , Retórica II 289 SUDHAUS ). Léase C. BONNER , «Κεστòς ίμάς and the saltire of Aphrodite», Amer. Journ. Philol . 70 (1949), 1-6; C. A. FARAONE , «Aphrodite’s κεστός and apples for Atalanta: Aphrodisiacs in early Greek myth and ritual», Phoenix 44 (1990), 219-243.

69 Nombre de una mujer desconocida, probablemente ficticia. Es raro salvo en el mito (cf . epigr. 257, 2 [MARCO ARGENTARIO ] [= AP VII 384]). La escena de Afrodita cediendo el ceñidor es de raíz homérica (cf. Ilíada XIV 214-221).

70 Compárese con epigrs. 631 (ARQUIAS ) (= AP V 58); 633 (ARQUIAS ) (= AP V 98); y AP XII 45, 1-2 (POSIDIPO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 248; FERNÁNDEZ -GALIANO [E.], 5).

71 Se trata de un motivo recurrente. Cf . epigrs. 437 (FILIPO ) (= AP VII 186); 602 (TALO ) (= AP VII 188); y AP VII 182 (MELEAGRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 898); 711 (ANTÍPATRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 653); 712 (ERINA ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 389).

72 Nombre propio poco testimoniado; cf . ARISTÉNETO , I 25, 31; ALCIFRÓN , IV 8, 4 y 14, 2. Cf . también PROPERCIO , IV 7, 43 (cf . BECHTEL , pág. 596; GOW -PAGE , II, pág. 112).

73 Dios que preside el cortejo nupcial. Para su papel en el ritual del matrimonio, cf . V. MAGNIEN , «Le mariage chez les Grecs anciens», Antiq. Class . 5 (1936), 129.

74 Metonimia de carácter eufemístico habitual para referirse al acto sexual. Se trata de un uso recomendado incluso por QUINTILIANO (Instituciones de oratoria VIII 6, 24). Cf . MONTERO CARTELLE , págs. 126-127 y 199-202. Cipris, epíteto de Afrodita, es la diosa del amor y del sexo.

75 Se trata de un tópico; cf . CATULO , 62, 20-24; MARCIAL , IV 22, 1-3; XI 78, 6; SÉNECA , Controversias I 2, 22 (cf . KAY , pág. 234).

76 Expresión proverbial. Cf . SÓFOCLES , Á yax 157.

77 Compárese con epigr. 212 (APOLÓNIDES ) (= AP IX 257).

78 Divinidades de los ríos.

79 En la Antigüedad se tomaba el vino suavizado con agua (cf ., por ejemplo, K. M. D. DUNBABIN , «Wine and water at the Roman Convivium», Journ. Rom. Arch . 6 [1993], 116-141). Las Ninfas, Baco y Ares están aquí en metonimia por el agua, el vino y la guerra o la sangre, un recurso retórico habitual (cf . QUINTILIANO , Instituciones de oratoria VIII 6, 23-24; LAUSBERG , págs. 70-76, §§ 565-571).

80 Se trata de un tema recurrente. Compárese con AP XI 165-173; 289-290; 309 y 389; y léase BRECHT , págs. 77-84.

81 Aceptamos la conjetura de Reiske (mélos) incorporada por Beckby, Waltz y Pontani a su texto.

82 Apelativo de Dioniso, el dios del vino, aquí en metonimia por ‘vino’, un uso habitual.

83 Se trata de los elementos típicos del simposio desde época arcaica (cf . JENÓ -FANES, fr . 1). Cf . específicamente P. VON DER MÜLL , «II simposio greco», en M. VETTA , ed., Poesia e simposio nella Grecia Antica: guida storica e critica , Roma-Bari, 1983, págs. 5-28; O. MURRAY , ed., Sympotica: A Symposium on the Symposium , Oxford, 1990; W. J. SLATER , Dining in a Classical Context , Ann Arbor, 1991; O. MURRAY , M. TECUSAN , eds., In vino veritas , Londres, 1995, y A. CAMERON , Callimachus and his critics , Princeton, 1986, págs. 71-103.

84 La invitación al disfrute de la vida es un tópico tradicional en la literatura grecolatina (cf., v. gr ., HOMERO , Ilíada XXIV 128-132; SEMÓNIDES , fr . 1; MIMNERMO , fr 1; ALCEO ,frs . 38, 338, 347 y 367; TEOGNIS 873-884; 973-978; 1047-1048; ESQUILO , Persas 840-842; EURÍPIDES , Alcestis 779-780). En la Antología, cf . epigrs. 222 (APOLÓNIDES ) (= AP XI 25); AP XI 19 (RUFINO ); XI 62 (PÁLADAS ); XII 21 (ESTRATÓN ) (= GONZÁLEZ RINCÓN , 15) y 234 (ESTRATÓN ) (= GONZÁLEZ RINCÓN , 72). Cf . H. BARDON , «Carpe diem», Rev. Étud. Anc . 46 (1944), 345-355; A. TRAÍNA , «Semántica del carpe diem», Riv. Fil. Instr. Class . 101 (1973), 5-21; W. RACE , Classical genres and English poetry , Londres-Nueva York-Sidney, 1988, págs. 118-141; TOSI , págs. 272-274, §§ 577-578; V. CRISTÓBAL LÓPEZ , «Horacio y el carpe diem» , en R. CORTÉS TOVAR , J. C. FERNÁNDEZ CORTE , eds., Bimilenario de Horacio , Salamanca, 1994, págs. 171-189; «El tópico del carpe diem en las letras latinas», en Aspectos didácticos del latin, Zaragoza , 1994, págs. 225-268; M. Á. MÁRQUEZ GUERRERO , «Les variations du carpe diem dans Prop 2.15», Exemplaria I (1997), 201-204; J. Y. MALEUVRE , «Carpe diem quam minimum (Hor. Od . I 11)», Les Étud. Class . 66 1-2 (1998), 73-82.

85 Sobre el reflejo de las penalidades de la vejez en la epigramática griega, cf . BYL , «Les infirmités…», Rev. Étud. Grecq . 114 (2001), 439-455.

86 Moneda que se dividía en cien dracmas.

87 Término obsceno (cf . ARISTÓFANES , Lisístrata 598). Léase HENDERSON , pág. 35 y 154. Para la relación entre la vejez y la disminución del apetito sexual e incluso la impotencia, cf epigr. 264, 1-5 (AUTOMEDONTE ) (= AP V 129); 520 (FILODEMO ) (= AP XI 30) y AP V 220, 1-2 (AÜATÍAS ); XII 38, 2 (RIANO ) y 240, 1-4 (ESTRATÓN ). Cf . también EURÍPIDES , fr . 23 NAUCK . (cf . BYL , «Les infirmités physiques…», Rev. Étud. Grecq . 114 [2001], 449. Para la impotencia como tema literario, cf . nota a epigr. 265 (AUTOMEDONTE ) (= AP XI 29).

88 Se trata de un hápax (hē orchipédē). Cf. tò orchipédon , que, siempre en plural, significa ‘testículos’, en ARISTÓFANES , Los caballeros 772, Las aves 443 y Pluto 956, únicas apariciones de esta variante.

89 Para el uso de este verbo —gignṓskō — con connotaciones sexuales, cf . MENANDRO , fr . 558, 5; HERACLIDES , Pol . 64. Se trata fundamentalmente de un eufemismo propio de los textos cristianos (cf . Lxx, Génesis 4, 1; Mateo 1, 25). Cf . LIDDELL -SCOTT , s . v ., III.

90 Según las costumbres funerarias del mundo griego y romano, en el momento de enterrar a los difuntos se les ponía sobre la lengua un óbolo como pago al barquero Caronte. Él era el encargado de transbordar las almas a través de los pantanos del Aqueronte del mundo de los vivos al de los muertos. Compárese con AP XI 171, 7 (LUCILIO ) y XI 209, 3 (AMIANO ) y LUCIANO , Sobre el luto 10 (GOW -PAGE , II, pág. 114).

91 Compárese con epigr. 74 (ANTÍGONO ) (= AP IX 406); 95 (ANTÍPATRO ) (= AP XI 20); 473 (FILIPO ) (= AP XI 321); 474 (FILIPO ) (= AP XI 347). Cf . también MARCIAL , IX 68, 73, X 60, 62; XII 57 y XIV 120. Sobre la relación entre epigramatistas y gramáticos, cf . MAZZOLI , «Epigrammatici e grammatici…», Sandalion 20 (1997), 99-116.

92 Se admiraba mucho su poesía en esta época y debió de usarse como libro de texto en las escuelas. Es probable que circulara además un extenso comentario sobre su obra muy del gusto de los gramáticos pedantes a los que se desprecia en este epigrama (cf . GOW -PAGE , II, pág. 114). Sobre ERINA , cf . epigr. 94 (ANTÍPATRO ) (= AP IX 26).

93 Poeta de Cirene del siglo III a. C., prototipo de doctus poeta o poeta erudito helenístico. Fue bibliotecario de Alejandría y un autor muy prolífico. Escribió himnos, epilios, elegías, yambos, epigramas y obras en prosa de distinta naturaleza. En el siglo X se le consideraba autor de más de ochocientos libros.

94 Para esta descalificación, cf . LELLI , «La figura del rovo…», Riv. Cult. Class. Med . 38 (1996), 315-316.

95 Versificación de ESOPO , Fábulas 48 HALM (= 32 HAUSRATH ) (cf . GOW -PAGE , II, pág. 115).

96 Para la imagen del Nilo en la Antigüedad, cf . GALÁN VIOQUE , págs. 334-335.

97 Léase la descripción de HERÓDOTO II 68-69.

ANTÍFILO DE BIZANCIO 98
23
UN AMANTE OBSEQUIOSO

Escasa es mi fortuna, dueña mía 99 , pero te aseguro que éste que es tuyo de corazón 100

mira con desdén de la riqueza de muchos.

¡Venga! Acepta este vestido que se asemeja a la tornasolada

púrpura de una suave colcha de gruesa lana 101 ,

[5] estos rosados vellones y este perfume de nardo

custodiado en verde cristal para tu negro pelo,

de forma que la túnica envuelva tu cuerpo, las labores de la lana

prueben la valía de tus manos y la aromática fragancia inunde tus trenzas.

24 102
UN REGALO EXTRAORDINARIO

Una manzana soy todavía del verano pasado,

preservada fresca en suave 103 piel,

sin manchas, sin arrugas, igual de tersa que una recién brotada,

aún unida a ramas de hermosas hojas,

regalo exótico en época invernal. Pero para ti, mi reina 104 , [5]

incluso la fría nieve hace crecer frutos de esta clase.

25 105
UN GRAN PUERTO PARA UNA GRAN CIUDAD

‘Dime, Dicearquea 106 , por qué has arrojado al mar tan gran mole,

una que llega hasta la mitad del océano.

Las manos de los Cíclopes 107 fueron las que levantaron en el mar

estas murallas. ¿Hasta dónde soportaremos, tierra, tu violencia?’

[5] ‘Acojo expediciones de navíos de todo el mundo. Fíjate en Roma,

allí cerca, y piensa si mi puerto no está a su medida’.

26
NADIE PUEDE PREDECIR EL FUTURO

Estando ya muy cerca de mi patria dije ‘mañana

este fuerte viento adverso se calmará’.

Todavía no se habían cerrado mis labios, cuando el mar se hizo igual al Hades,

y aquellas palabras pronunciadas a la ligera me destruyeron.

[5] Guardaos siempre de decir ‘mañana’: ninguna menudencia

pasa desapercibida a Némesis, escrutadora de todo cuanto se dice 108 .

27
UN MAR REVUELTO

¡Mar del golfo de Eubea 109 que te remueves una y otra vez,

agua errante que fluyes contra tus propias corrientes,

qué gran caudal en orden de batalla hasta tres veces día y noche

envías, desleal, a los barcos como en préstamo!

Maravilla del universo, me sorprendo ante tu infinitud y no busco [5]

la razón de tu discordia: eso es uno de los misterios de la naturaleza.

28
NERÓN ES UN SOL PARA MÍ

Al igual que antaño del Sol 110 , ahora yo, Rodas, soy la isla del César

y me vanaglorio por igual del resplandor de ambos.

Cuando mi llama se estaba ya apagando una nueva me iluminó, Sol,

y Nerón 111 sobrepasó tu resplandor 112 .

[5] ¿Cómo puedo decir a quién debo más? Uno me sacó del mar,

el otro me rescató cuando ya estaba hundiéndome.

29 113
ADVERTENCIA A UN JACTANCIOSO DE CORTA VIDA

Turbulento torrente, ¿por qué levantas la cabeza tan alto,

borrando del suelo las huellas de las travesías?

Vas rebosante de lluvia, pero no llevas agua translúcida de las

Ninfas, sino la que has recogido de turbias nubes 114 .

[5] Te veré seco por efecto del sol, que sabe distinguir, entre las aguas

de los ríos, las auténticas de las espurias.

30 115
EL TAMAÑO NO LO ES TODO

La Terebintia 116 es de pocos viñedos, como isla pequeña que es,

pero toda llana y poco accidentada.

Éstas de al lado son grandes y extensas, pero escarpadas

en su mayor parte, siendo superiores sólo en eso 117 , en tamaño.

[5] Competimos en producción, no en longitud: a la fértil tierra

de Egipto no le interesan las arenas de Libia 118 .

31 119
ODA A LA VIDA SENCILLA

¡Ojalá tenga yo algún día un lecho en la popa, retumben sobre él

los toldos con el repiqueteo de las gotas de lluvia

y chisporrotee el fuego desde las piedras de molino,

con marmitas sobre ellas, y el hueco estrépito de las burbujas!

¡Ojalá pueda yo ver a un esclavo preparando la comida 120 , tenga una [5]

tabla horizontal del barco por mesa

y escuche sólo el ‘toma y daca’ 121 y los susurros del mar 122 ! Hace poco

me embargaba una dicha así, amante como soy de lo común.

32 123
UN AVE QUE ADOCTRINA MILITARMENTE A LOS ENEMIGOS

Calcedonia 124 castiga a la desdichada garza como si fuera su enemiga.

Por qué motivo a esta ave siempre se la llama la ‘traidora’,

te lo dirá Febo 125 : cierta vez que estaba amontonando su arenosa comida,

de pie sobre sus ligeras patas en una zona poco profunda del mar,

[5] los enemigos atacaron la ciudad desde la costa opuesta,

informados en el último momento de que el mar era vadeable 126 .

Disparadle, sí, al funesto pájaro, pues el traidor obtuvo de los atacantes

la pesada soldada de moluscos y ostras.

33 127
PETICIÓN DE UN VIENTO FAVORABLE

Dios del puerto, conductor de naves, envía tú,

bienaventurado, una dulce brisa (… 128 〉

hasta el reino de Tritón 129 . Tú que dominas los extremos de la costa,

protege la navegación hasta el oráculo pítico 130 .

Desde ahí, si es verdad que Febo se preocupa por todos los poetas 131 , [5]

navegaré seguro con el propicio Céfiro 132 .

34 133
LA FRUTA YA ESTÁ MADURA

Ya lo decía yo también antes, cuando los de Terina 134 eran aún

encantos pueriles: ‘consumirá a todos cuando se haga mayor 135 ’.

Ellos se burlaban del profeta. Mira, el momento al que entonces me

refería, helo aquí, mas yo tiempo ha que sentía la herida 136 .

[5] ¡ Ay! ¿Qué va a ser de mí? La miro, soy todo llamas; si me giro

tengo palpitaciones 137 , pero si le imploro, ‘soy virgen’ 138 . Estoy acabado.

35
DESCRIPCIÓN DE UN CUADRO DE ZEUS Y LEDA

El río es el Eurotas de Laconia 139 ; la que está desnuda,

Leda; el que se oculta tras la forma de cisne, el Cronida 140 .

Me inflamáis a mí, desdichado en amores. ¿En qué puedo transformarme?

En pájaro, pues si Zeus fue un cisne, yo seré una alondra 141 .

36 142
EL QUE LA SIGUE LA CONSIGUE

Encanto, espérame. ¿Qué lindo nombre tienes? ¿Dónde

te puedo ver? Te daré lo que pidas. ¿Es que no vas a hablarme?

¿Dónde vives? Enviaré a alguien a por ti. ¿Acaso hay alguien en tu vida?

¡Oh, soberbia! Adiós. ¿Ni siquiera vas a decirme adiós?

No voy a dejar de acosarte. Sé ablandar [5]

incluso a otras más ariscas que tú. Adiós… por ahora, mujer.

37 143
LA OFRENDA DE UN JUBILADO

Esta amenazante fusta de punta de hierro con la que dirigía a los

bueyes, esta alforja que acogía la medida del trigo que se iba

a sembrar, esta corva hoz, con que segaba la mies del sembrado,

este rastrillo de espino, mano de la cosecha,

y este perforado cedazo consagró a Deméter 144

[5] el labrador Parmis 145 al retirarse de sus fatigosas tareas.

38
AGRADECIMIENTO POR UN FELIZ VIAJE

A ti, diosa del camino 146 , Antífilo ha consagrado este gorro

que cubría su propia cabeza, símbolo de sus viajes 147 ,

pues tú fuiste receptiva a sus plegarias y tú fuiste benévola

en sus desplazamientos. Mi ofrenda no es grande, pero sí piadosa.

Que ningún codicioso caminante ponga su mano en mi donación: [5]

ni el más insignificante de los sacrilegios es seguro.

39 148
UN RELOJ DE AGUA

Este indicador, dividido en doce cuadrículas, de un sol sin rayos

que resuena tres veces a través de su boca sin lengua,

cuando, al deslizarse el agua por el estrecho caño, el aire

deja salir un soplo de largo alcance,

lo puso aquí Ateneo 149 para disfrute del pueblo, de forma que el sol [5]

siguiera brillando incluso entre las envidiosas nubes.

40 150
LA AVARICIA ROMPE EL SACO

Cierta vez que el boyero Borco 151 se acercó a un dulce panal de miel

abordando la escarpada roca con una cuerda,

le siguió uno de los perros que custodian el rebaño y mordió la frágil

cuerda que estaba manchada de la miel que iba cayendo:

se precipitó al Hades y pagó con su vida el extraer aquella miel [5]

que otros hombres no recolectaban.

41
IRONÍAS DE LA VIDA

El anciano Filón, mientras transportaba encorvado 152

un féretro para ganarse su salario diario,

dio un pequeño traspiés y murió. Pues estaba listo para el Hades

y sus canas era la excusa para reclamarlo:

[5] el viejo llevaba un ataúd para enterrar a otros,

pero lo transportaba sin darse cuenta para sí mismo.

42 153
MARINERO HASTA LA MUERTE

Glauco 154 , el guía de los que cruzan el estrecho

de Nesos, natural de las costas de Tasos 155 ,

diestro labrador del mar, que ni dormido

maneja el gobernalle con distraída mano,

[5] de incontables años, andrajo de la vida marinera, ni siquiera cuando iba

a morir abandonó la envejecida cubierta:

quemaron el armazón sobre él, para que el anciano

pudiera navegar hacia el Hades en su propia barca.

43 156
PLEGARIA A LA LANZA DE ALEJANDRO

Lanza de Alejandro 157 , la inscripción dice que él

te consagró a Ártemis como ofrenda después de una batalla,

arma de invencible brazo. ¡Oh bella pica,

que cuando se te blande el mar y la tierra ceden el paso!

Sé benévola, lanza intrépida: siempre que alguien te mire, [5]

sentirá miedo 158 acordándose de aquella poderosa mano.

44
CADA CUAL CON LO SUYO

¿Quién a mí, un ánfora modelada para Dioniso,

quién a mí, recipiente del néctar de Hadria 159 ,

me llenó de Deméter? 160 ¿Quién ha sido? ¿La envidia de Baco hacia

mí o la escasez de recipientes adecuados para el grano?

Ha ofendido a ambas divinidades: Baco ha sido despojado de sus [5]

bienes, Deméter no acepta a Embriaguez como compañera.

45 161
LA TUMBA DE PROTESILAO

Tesalio Protesilao 162 , muchos siglos te cantarán

por haber sido el primer caído por culpa de Troya.

Las Ninfas cubrieron por completo tu tumba

con ramas de olmos frente a la aborrecida Ilión 163 .

[5] Son árboles vengativos, y si alguna vez divisan las murallas

troyanas, se despojan del follaje marchito.

¡Cuánta cólera había en aquellos héroes, cuando parte de ella

sobrevive todavía en estas ramas sin vida!

46 164
TE PAGARÁN CON LA MISMA MONEDA

Labrador, ¿tan perdida está toda la gleba para el arado?

¿Ya hasta las tumbas pisotean tus bueyes y la reja del arado

se hinca entre cadáveres? ¿En qué te beneficias o cuánto trigo

es ése que obtendrás de la ceniza, no de la tierra?

No vivirás siempre: también sobre ti pondrá otro su arado, [5]

que comenzaste una siembra para todos tan perversa.

47 165
NO HAY DESCANSO

No porque al morir me faltaran honras fúnebres yazco aquí así,

un cadáver desnudo sobre un trigal.

Fui enterrado en su momento, pero ahora el arado de hierro

de un labrador me ha sacado de nuevo a la luz.

¿Quién afirmó que la muerte es liberación de males 166 , cuando, [5]

extranjero, ni siquiera la tumba es el último de mis sufrimientos?

48 167
UN PARTO INOPORTUNO

De un terremoto se me cayó la casa, pero mi alcoba quedó intacta,

con los muros sacudidos pero en pie.

Cuando estaba resguardada tras ellos me vinieron los funestos

dolores de parto y al seísmo le añadí un segundo motivo de pánico:

[5] Naturaleza en persona fue mi matrona y ahora ambos

vemos juntos sobre la tierra la luz del sol 168 .

49 169
NO TIENEN REMEDIO

A los hijos de Edipo 170 deberían haberles erigido la tumba

lo más lejos el uno del otro, pues para ellos ni siquiera el Hades

es el fin. Rechazaron incluso atravesar juntos el Aqueronte 171 :

el funesto Ares habita también entre los muertos.

[5] Mira la desigual llama de su pira: mientras arde,

de una llama salen dos enfrentadas.

50 172
UN COMPAÑERO FIEL

Jeroclides 173 tuvo un barco que envejeció con él y con él navegó,

compañero lo mismo de su vida que de su muerte,

colega fiel a la hora de pescar: ningún otro barco jamás

cruzó el mar más seguro que aquél.

De su trabajo vivió hasta alcanzar la vejez; luego, al morir, [5]

le sirvió de sepultura y lo transportó hasta el Hades.

51 174
UNA COLABORACIÓN PERFECTA

Ambos eran lisiados y vagabundos; uno había perdido los ojos,

el otro las piernas, y ambos se ayudaban mutuamente:

el ciego, llevando el peso del cojo sobre sus hombros,

recorría el sendero con ojos ajenos.

[5] Una única naturaleza les bastaba a los dos, pues unían

en un todo lo que le faltaba a cada uno.

52 175
UNA RECOMPENSA INESPERADA

Por las costeras marismas bogaba con sus escurridizos remos

un pulpo y Fedón lo vio.

Se apoderó de él con rapidez y se lo llevó a tierra, antes de entrelazar

firmemente en torno a sus brazos sus ocho tentáculos.

[5] Lo arrojó a un matorral junto a la madriguera de una cobarde liebre

y éste, enrollándose, entrelazó los pies del veloz animal:

el cazado cazó. Tú obtuviste una recompensa inesperada de ambos

medios, anciano, una presa de tierra firme, otra del mar.

53 176
MALDITA NAVEGACIÓN

¡Audacia, inventora de los barcos —tú descubriste las rutas del mar

y excitaste los corazones de los hombres con la promesa de beneficios—,

qué engañosa madera fabricaste! ¡Qué beneficio

proporcionaste a los hombres exponiéndolos a la muerte!

Realmente hubo una áurea raza de mortales 177 , si es verdad que al

mar se miraba desde tierra firme, de lejos, como al Hades.

54 178
UN DESTINO INESPERADO

A mí, que, mil veces maltratado por las olas del infinito mar,

varé tan sólo un momento junto a la costa,

me mató no el mar, motivo de espanto para los barcos, sino en tierra

Hefesto 179 . ¿Quién dirá que el océano es traicionero?

[5] En el momento en que fui construida, me perdí, y en la orilla yazco

reprochando a la costa lo que esperaba del mar.

55 180
BENDITAS RAMAS

Ramas que colgáis de alta encina, sombría altura bienvenida

para los hombres que se resguardan del ardiente calor,

ricas en follaje, más impenetrables que las tejas, refugio de palomas 181 ,

refugio de cigarras, ramas de mediodía,

[5] protegedme también a mí ahora que me recuesto

bajo vuestro follaje huyendo de los rayos del sol.

56 182
UN DESTINO INESPERADO

Un voraz y glotón ratón que merodeaba por la casa,

al divisar una ostra con sus conchas abiertas,

mordió la falsa carne de sus húmedas barbas

y al instante las conchas de la ostra se cerraron.

Se ajustó en medio de los dolores del ratón y éste, apresado en una cárcel sin salida, [5]

se encontró sin esperarlo con su propia muerte.

57 183
UNA VICTORIA VERGONZOSA

Mirad los diez años de asedio de Troya, contemplad el caballo

preñado del silencio bien pertrechado de armas de los dánaos 184 .

Lo construye Epeo 185 , Atenea ordena la obra

y toda Grecia se oculta bajo sus lomos.

Sí que tan gran ejército pereció en vano, si los Atridas 186 tenían el [5]

engaño por mejor para Ares 187 que el combate.

58 188
UN PAR DE OBRAS MAESTRAS

—Libros, ¿de quién sois? ¿Qué lleváis dentro? — Somos hijos

del Meónida 189 , conocedores de la historia de Ilión.

Uno de nosotros narra la cólera de Aquiles 190 , las hazañas de la mano

de Héctor 191 y las batallas de los diez años de guerra 192 ;

[5] el otro las penalidades de Odiseo 193 y las lágrimas

de la virtuosa Penélope 194 junto al lecho vacío 195 .

—Sed benévolos en compañía de las Musas, pues gracias a vuestros cantos

los siglos afirman que son once las Piérides 196 .

59 197
CADA UNO DEBE QUEDARSE EN SU SITIO

Tras alzar yo, una fiera, a un hombre, un ser marino a uno terrestre,

uno vivo a uno muerto, transporté su empapado cadáver

sobre mis lomos hasta la arena. ¿De qué me sirvió? Tras nadar

del mar a la tierra obtuve la muerte como pago por el porte.

Intercambiamos nuestro destino: su suelo me mató [5]

a mí, mi agua al que vino de la tierra.

60 198
HÉROE MÁS ALLÁ DE LA MUERTE

‘Jerjes 199 te ha concedido, Leónidas 200 , este manto púrpura

por respeto a las hazañas de tu valor.’ ‘No lo quiero.

Es una recompensa propia de traidores. Sea mi escudo

el que me cubra a mí y a mi cadáver. La riqueza no es mortaja para mí.’

[5] ‘Pero estás muerto. ¿Para qué un odio tan grande a los persas

incluso entre los muertos?’ ‘El ansia de libertad no muere.’

61
UN MILAGRO REVELADOR

Mi bastón me condujo al templo a mí, que desconocía

no sólo el ritual, sino también el sol.

Las diosas 201 me iniciaron en ambos y sé que en aquella noche

se me purificó también de la noche de mis ojos 202 :

[5] sin bastón caminé de vuelta hacia la ciudad proclamando los misterios

de Deméter con mis ojos más claramente que con mi lengua 203 .

62
HAY QUE RENOVARSE

Leñadores, dejad de servir a los barcos.

No es ya el pino, sino el cuero lo que surca las olas

y las traviesas de los navíos no son ya de bronce ni de hierro,

sino que el ajuste de las paredes se logra con cuerdas de lino.

Ahora los mismos barcos unas veces surcan el mar, otras la tierra, [5]

llevados en andas como un compacto cargamento terrestre 204 .

La Argo 205 fue cantada por nuestros antepasados, pero a Sabino 206

Palas le ha permitido construir una quilla más moderna 207 .

63 208
EL ORO ES TRAICIONERO

Un diminuto ratón ingirió una pesada cena —polvo de oro

no pasado por fuego, raspado por dientes de hierro, más fino

que las arenas de Libia— y su estómago, que todo él arrastraba,

convirtió al más veloz en el más lento. Lo capturaron,

[5] y le abrieron el vientre en canal y de su interior extrajeron el botín:

¡oro, también entre las bestias eres fuente de problemas 209 !

64 210
ELOGIO DE LA ABEJA

¡Oh, hermoso, natural fluir de abejas en el aire 211 ,

y compactas habitaciones no modeladas por manos humanas,

don gratuito para la vida de los hombres sin necesidad de azadón, ni buey, ni corva hoz,

[5] sino sólo de un pequeño cubo sobre el que la abeja hace brotar

una copiosa y dulce fuente de su pequeño cuerpo!

Adiós, vosotras que sois puras, seguid pastoreando en el cielo,

aladas obreras del celestial néctar.

65 212
UN PROSTÍBULO NÁUTICO

En el pasado yo era compañera de negocios de mi amo,

cuando reclutaba a la Cipris más vulgar.

De ahí que hiciera para mí esta quilla, para que me viera

Cipris a mí, la nacida de la tierra, perdiéndome mar adentro.

Tengo amorosos aparejos, tengo blanco [5]

algodón y ligeros cosméticos sobre mis tablas.

Marineros, —¡venga!— montaos todos en mi popa

sin miedo: sé llevar a muchos remeros 213 .

66 214
UN HIPERBÓLICO LLANTO

—Fuentes de agua corriente, ¿por qué habéis huido? ¿Dónde está vuestra agua?

¿Qué rayo de sol ha extinguido vuestras perennes corrientes?

—Las lágrimas derramadas por Agrícola 215 nos han agotado: todas

nuestras aguas se las ha bebido su sedienta ceniza.

67 216
POCO PUEDE SER MUCHO

Una alforja y un manto y pan amasado

con agua y un báculo para apoyarse al andar

y una copa de arcilla le bastan al cínico

para vivir 217 . E incluso 218 entre estas cosas hay algo superfluo:

[5] al ver a un boyero bebiendo del cuenco de sus manos

dijo: ‘¿para qué he cargado contigo, vasija, en vano?’

68 219
LA FAMA DE DIÓGENES

Incluso el bronce envejece con el tiempo, pero todo el tiempo del

mundo no hace que tu fama, Diógenes, decaiga,

ya que tú solo enseñaste a los mortales a bastarse a sí mismos

y a vivir de la forma más sencilla.

69 220
ES BUENO TENER UN DIOS POR CONSEJERO

La anciana Eubule, cuando deseaba algo de corazón, alzaba la piedra

que estuviera ante sus pies como si ésta fuera intérprete de Febo,

y la reconocía con sus manos: si quería que dijera no, era pesada;

si quería un sí, más ligera que los pétalos de las flores.

Hacía lo que le apetecía y si alguna vez se equivocaba, [5]

culpaba a Febo de la imprecisión de sus manos.

70 221
UN RETRATO DE MEDEA

Cuando la mano de Timómaco 222 pintaba a la funesta Medea 223 ,

zarandeada aquí y allá por los celos y por sus hijos,

asumió la inmensa tarea de retratar su carácter doble:

éste la mueve a cólera, pero aquél a compasión.

Ambos los reflejó en plenitud. Mira su retrato: hay amenazas [5]

en sus lágrimas, ira en su compasión.

‘La intención es lo que cuenta’ 224 , dijo un sabio: la sangre de sus hijos

era adecuada para Medea, pero no para la mano de Timómaco 225 .

71 226
DESCRIPCIÓN DE UN CUADRO DE PERSEO Y ANDRÓMEDA

El país es el de los etíopes; el de las sandalias aladas,

Perseo; la que está encadenada a la piedra, Andrómeda;

la cabeza degollada es la de la petrificadora Gorgona; el monstruo

marino, la prueba de amor; la locuaz dicha de una madre, la de Casiopea 227 .

Mientras ella libera de la roca sus pies, entumecidos por la inactividad, [5]

su pretendiente engalana a la novia, es su premio.

72 228
UN MAR COLÉRICO Y PERSISTENTE

A mí, una quilla de barco recién fabricada, me despedazó el vecino

mar cebándose conmigo incluso en tierra firme.

73 229
AUNQUE LA MONA SE VISTA DE SEDA…

Aunque estires la arrugada piel de tus muy ajadas

mejillas, maquilles tus ojos que carecen de pestañas,

tiñas de negro tus canas y cuelgues en torno a tus sienes

rizados y resplandecientes bucles postizos,

todo es inútil. Es ridículo si intentas hacer todavía más

[5] 〈***〉 230


98 No se sabe nada de este epigramatista salvo lo que nos dice en sus epigramas y éstos suelen ser recreaciones de temas tradicionales. Únicamente se puede afirmar que debía moverse en círculos aristocráticos y que estaba habituado a los desplazamientos por mar, pues hay epigramas en los que se dirige a señoras de clase social alta (epigr. 23 [= AP VI 250] y 24 [= AP VI 252]), un elogio del emperador que no tendría sentido si no pensase su autor que éste iba a llegar a conocerlo (epigr. 28 [= AP IX 178]), y múltiples composiciones en las que alude a diferentes viajes (cf ., entre otros, epigr. 29 [= AP IX 277], 31 [= AP IX 546], 16 [= AP VI 199], 33 [= AP X 17], 42 [= AP IX 242]) (GOW -PAGE , II, pág. 116). El étnico con el que se le conoce no se testimonia siempre, pero sí en un gran número de lemmata (veinticuatro veces en el manuscrito palatino y siete en la Antología de Planudes). FILIPO en su proemio lo compara con un racimo de uvas (epigr. 1, 8 [= AP IV 2]). Es uno de los epigramatistas de la Guirnalda de FILIPO más favorecidos por la transmisión manuscrita, pues se conservan adscritos a él nada menos que cincuenta y tres epigramas (el manuscrito palatino recoge cuarenta y nueve, de los que treinta y seis se testimonian también en la Antología de PLANUDES . El monje bizantino añade además cuatro no recogidos por el compilador del manuscrito palatino [epigrs. 67 (= AP XVI 333), 68 (= AP XVI 334), 70 (= AP XVI 136) y 71 (= AP XVI 147)]). Siguiendo a GOW -PAGE (II, pág. 115), de los epigramas con doble adscripción, asignamos AP IX 123 a Leónidas de Alejandría y epigr. 356 (= AP IX 439) a Crinágoras, por lo que le corresponden un total de cincuenta y un epigramas. MÜLLER (cf. Die Epigramme des Antiphilos , pág. 116, nota 2) le atribuye dos epigramas más, uno anónimo —IX 32— y otro adscrito tradicionalmente a Antípatro de Tesalónica —epigr. 158 (= AP IX 418)—, además de una inscripción de autor desconocido. Entre sus cualidades, GOW -PAGE (II, pág. 116) destacan su vocabulario, la ingenuidad de su expresión y la minuciosidad de sus descripciones de objetos de uso cotidiano y de sucesos extraños, destacando por su calidad los epigramas 29 (= AP IX 277); 31 (= & AP IX 546) y 55 (= AP IX 71).

99 Se ha propuesto como destinataria de este epigrama y del siguiente a Julia, la hija del emperador Augusto (cf . WALTZ , III, pág. 128, nota 1), aunque en contextos eróticos puede utilizarse en referencia a la amada terminología de este tipo con la que habitualmente se interpela a señoras de clase social superior (cf . nota a epigr. 24, 5 [ANTÍFILO ] [= AP VI 252]).

100 Este giro (tòn sòn apò kradíēs) que hoy día puede parecer popular sólo se testimonia aquí. Recuérdese que en el mundo griego las pasiones residen en el hígado o en la médula (cf . ARQUÍLOCO , fr . 193; APOLONIO DE RODAS , III 761-765).

101 Traduzco la conjetura de Küster aceptada por Beckby, Waltz y Pontani (cf ., en contra, GOW -PAGE , II, págs. 116-117: «The word is meaningless, and most of the conjectures… are too dull or too obscure or too far from the tradition»),

102 Compárese con epigr. 315 (CRINÁGORAS ) (= AP VI 345). Sobre este epigrama, cf . WHITE . «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9 (1992), 56-57.

103 Traducimos la conjetura de Jacobs y Hecker (mniàrōi) . aceptada por GOW -PAGE en su comentario (II, pág. 117) a partir de la lectura del manuscrito palatino (niàrōi) .

104 No es posible identificar a la destinataria de este epigrama. Este apelativo se utiliza para miembros de clase regia, aunque es posible interpretarlo en clave erótica en referencia a la amada, un uso habitual de este tipo de términos. En la Antología, cf . epigr. 23, 1 (ANTÍFILO ) (= AP VI 250); AP V 26, 2 (cf . WHITE , «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9 (1992), 57).

105 Compárese con epigr. 470 (FILIPO ) (= AP IX 708). Según M. GRIFFIN (cf. Nero, the End of a Dinasty , Londres, 1984, pág. 149) y CAMERON (págs. 60-61), ambos epigramas se escribieron alrededor del año 60, lo que les lleva a posponer la publicación de la Guirnalda de Filipo a la época de Nerón. Recuérdese que el tema de la censura de las grandes obras públicas, en la idea de que violentan la naturaleza, es tradicional en la Antigüedad y remonta a la diatriba cínica (cf . R. G. M. NISBET , M. HUBBARD , A Commentary on Horace: Odes, Book , II, Oxford, 1978, págs. 188-192; LAGUNA , pág. 219). Cf ., por ejemplo, HORACIO , Odas II 15, 1-5; III 1, 33-34; Arte poética 63-68; TIBULO , II 3, 45-46; SÉNECA , Controversias II 1, 13.

106 Antiguo nombre de Putéolos (actual Pozzouli). Allí se localizaba el puerto de Roma hasta que Ostia la remplazó a partir del año 42, fecha de comienzo de su construcción bajo las órdenes del emperador Claudio (cf . R MEIGGS , Roman Ostia , Oxford, University press, 19722 , págs. 54 ss.). Para una descripción, cf . K. LEHMANN -HARTLEBEN , Die antiken Hafenanlagen des Mittelmeeres , Leipzig, 1923, pág. 165.

107 Aunque se distinguen hasta tres clases de Cíclopes, con carácter genérico se les considera unos genios subalternos forjadores y artífices de las armas de los dioses. Habitaban en las islas eolias o en Sicilia, donde poseían una forja subterránea. Les caracteriza su descomunal fuerza y, en especial a los venidos de Licia, se les atribuye la construcción de todos los monumentos prehistóricos de Grecia. Son, por ejemplo, los legendarios constructores de las murallas de Tirinto y Micenas (cf . HELÁNICO , 88 J.; FERECIDES , 12, 35(a) J.; BAQUÍLIDES , X 77; EURÍPIDES , Heracles 944 y ESTRABÓN , VIII 6, 11).

108 Némesis es una divinidad que personifica la venganza divina. Con frecuencia es la encargada de castigar los crímenes y poner límite a la desmesura de los hombres.

109 Eubea es una extensa isla del mar Egeo situada a poca distancia de la Grecia continental, de la que la separa el llamado estrecho Euripo, famoso en la Antigüedad por sus turbulencias (cf . TITO LIVIO , Historia de Roma desde su fundación VI 10; SÉNECA , Hércules loco 377-378; Hércules en el Eta 779-782). Se suele mencionar en relación a este epigrama la leyenda, que carece de todo fundamento histórico, que contaba que Aristóteles se suicidó arrojándose a estas corrientes por no poder desvelar la causa de las turbulencias (cf . WALTZ , VII, pág. 29, nota 4, y léase PAULY -WISSOWA , VI [1907], cols. 1281-1283 [PHILIPPSON ], s. v . ‘Euripos’).

110 Propiamente se trata del dios Helio, un joven muy hermoso que recorría el cielo con su carro. Cuenta el mito que cuando los dioses se repartieron el mundo Helio estaba ausente, por lo que a su regreso esperó a que saliera a flote la isla de Rodas para reclamarla como suya (cf . PÍNDARO , Olímpicas VII 54-76).

111 Las interpretaciones divergen entre identificarlo con Tiberio o con el propio Nerón (emperador de Roma durante los años 54 a 68), siendo ésta última la postura defendida por MÜLLER (cf. Die Epigramme des Antiphilos , págs. 14-21) y GOW -PAGE (II, págs. 119-120) (a favor de Tiberio Claudio Nerón, cf . WALTZ , VII, pág. 71, nota 2). En concreto, el epigrama aludiría a la restauración de las libertades en Rodas por parte de Nerón en el año 53 (cf . TÁCITO , Anales XII 58). Esta referencia es la base fundamental para posponer la publicación de la Guirnalda de Filipo del año 40 a. C. a la época de Nerón (cf . CAMERON , págs. 56-65). Para los defensores de la datación tradicional este epigrama habría entrado en la Antología por una vía diferente de la Guirnalda de Filipo (GOW -PAGE , I, págs. XLVII-XLVIII).

112 Es un tópico de los encomios que la persona elogiada supera al sol o las estrellas desde SAFO , fr . 34; 96, 6-8. Cf . también PÍNDARO , Ístmicas 4, 23-24; BAQUÍLIDES , 9, 27-29; LUCRECIO , III 1044 (más referencias en R. G. M. NISBET , M. HUBBARD , A Commentary on Horace: Odes, Book I , Oxford, 1970, págs. 163-164).

113 Compárese con OVIDIO , Amores III 6.

114 Cf . CALÍMACO , Himno a Apolo 108-112 (cf . D. J. COFFTA , The influence of Callimachean aesthetics on the Satires and Odes of Horace , Lewiston, 2001, págs. 18-19 [debo esta referencia a G. Laguna]).

115 Compárese con epigr. 340 (CRINÁGORAS ) (= AP IX 555). El tema del elogio de una isla pequeña se remonta a HOMERO , Odisea IV 844-847.

116 Isla del grupo de las Principo, cerca de la Propóntide.

117 Traducimos el texto de Waltz que respeta la lectura unánime de la tradición manuscrita.

118 Imagen tradicional (cf . CATULO , 7, 3).

119 Para GOW -PAGE (II, pág. 121) éste es el epigrama más original y placentero de Antífilo. Para GIANGRANDE (cf . «Vierunddreissg…», Grazer Beitrage 7 [1978] 80-89; «Three epigrams…», Coroll. Lond . 8 [1981], 31-37) en este epigrama Antífilo se dirige a una prostituta, deseando hacer el amor con ella a pesar de haber tenido relaciones con ella hace poco (cf . OVIDIO , Amores I 5). El carácter insaciable de los que participan en un banquete es un tópico (cf . GIANGRANDE , «Catullus 67», Quad. Urb. Cult. Class . 9 [1970] 128-129).

120 Pasaje corrupto. Traducimos el texto de Waltz —adoptado también por Pontani—, basado en una conjetura de Schneider y las sugerencias de GOW -PAGE (II, pág. 122).

121 Expresión proverbial que alude a la vida sencilla y a la solidaridad entre los hombres (cf . EPICARMO , fr . 273 KAIBEL ; MENANDRO , Monost . 443 JAECKEL ). En la Antología se testimonia en contextos eróticos en epigr. 488 (FILIPO ) (= AP XVI 240, 6); y AP V 208, 2 (MELEAGRO ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 784); XII 204, 1 (ESTRATÓN ) (= GONZÁLEZ RINCÓN , 45).

122 GIANGRANDE (cf . «Three epigrams…», Coroll. Lond . 8 [1981], 32-35) ve aquí una alusión a la metáfora erótica por la que se compara el amor con la navegación (cf . nota a epigr. 65, 8 [ANTÍFILO ] [= AP IX 415]) y, partiendo de la falta de referencia al sexo en este epigrama, la relaciona con el contenido obsceno habitual de la expresión ‘toma y daca’ y con la conexión entre el término ‘susurro’ y el carácter secreto y misterioso del amor.

123 Sobre este epigrama, cf . WHITE , «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9 (1992), 57-58.

124 Ciudad de Bitinia, frente a Bizancio.

125 Apolo, el dios de las profecías. Recuérdese que tradicionalmente la garza era un ave portadora de buenos augurios (cf . D’ARCY THOMPSON , pág. 103; WHITE , «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9 [1992], 57-58).

126 No se conoce ninguna otra referencia a este episodio bélico. Es probable, como apunta PATON (III, pág. 307-307, n. 1), que se trate de una fábula etiológica por la que se justifica la mala fama que tenía la garza en Calcedonia.

127 Sobre este epigrama, cf . WHITE , «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9(1992), 58.

128 Pasaje corrupto. Ninguna de las conjeturas parece verosímil (cf . GOW -PAGE , II, pág. 124).

129 Dios marino, hijo de Posidón, identificado con alta mar y las profundidades marinas. Se utiliza aquí en metonimia por alta mar, o simplemente mar; cf. AP VII 550, 1 (LEÓNIDAS DE ALEJANDRÍA ); VI 65, 7 (PABLO SILENCIARIO ).

130 Seguimos aquí la interpretación de WHITE (cf . «Language and Style…», Mus. Phil. Lond . 9 [1992], 58), quien relaciona al destinatario de los versos primero y tercero y lo identifica con Apolo o con Príapo. La relación del segundo con los puertos es conocida (cf . epigr. 564, 1 [MECIO ] [= AP VI 33]). En cuanto al primero, White remite a epigrs. 115, 1 (ANTÍPATRO ) (= AP X 25); 592 (MECIO ) (= AP VI 230); y APOLONIO , II 927. El oráculo pítico es el más importante del mundo griego. A él acudían los griegos de todas partes para conocer lo que Apolo les vaticinaba a través de la Pitia, una sacerdotisa que entraba en trance cada vez que tenía que emitir un oráculo y cuyos vaticinios tenían la peculiaridad de presentarse en verso y ser de carácter enigmático. Entre la abundatísima bibliografía, léase especialmente J. E. FONTENROSE , Python, a Study of Delphic myth and its Origins , Berkeley, 1959; Delphic Oracle. Its Responses and Operations with a Catalogue of Responses , Berkeley, 1978.

131 Viento proverbialmente benévolo y placentero. Su soplo simboliza la llegada de la primavera (cf . epigr. 254, 4 [ARGENTARIO ] [= AP X 4], CATULO , 46, 3; ESTACIO , Silvas IV 5, 8 [más referencias en GALÁN VIOQUE , págs. 179-180]). La relación entre el Céfiro y la primavera se convirtió en un tópico (cf ., por ejemplo, el comienzo de la ‘Canción a la primavera’ de BARTOLOMÉ LEONARDO DE ARGENSOLA [1561-1631], vv. 1-2: ‘De los campos y mares se apodera / Céfiro…’ [ed. J. M. BLECUA , Bartolomé Leonardo de Argensola, Rimas , Madrid, 1974, I, pág. 11]).

132 Febo Apolo, corifeo mítico de las Musas, es el patrón de la poesía y los poetas.

133 Compárese con epigrs. 194 (ANTISTIO ) (= AP XI 40) y XII 14 (DIOSCÓRIDES ) (= FERNÁNDEZ GALIANO , 493; GALÁN VIOQUE , 3).

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