Kitabı oku: «Biografía literarias latinas»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 81

BIOGRAFÍAS

LITERARIAS LATINAS

SUETONIO•VALERIO PROBO•SERVIO•

FOCAS•VACCA•JERÓNIMO

INTRODUCCIONES POR

YOLANDA GARCÍA

TRADUCCIONES Y NOTAS DE

JOSÉ ABEAL LÓPEZ - PILAR ADRIO FERNÁNDEZ

M.A LUISA ANTÓN PRADO - JOSÉ CARBALLUDE

BLANCO - IRENE DOVAL REIJA - M.A JESÚS FREY

COLLAZO - YOLANDA GARCÍA LÓPEZ

M.A DOLORES GÓMEZ QUINTAS - AMELIA

PEDREIRO SERANTES - FERNANDO SANTAMARÍA

LOZANO


Asesor para la sección griega: SEBASTIÁN MARINER BIGORRA .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por MANUEL C. DÍAZ Y DÍAZ .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1985.

REF. GEBO199

ISBN 9788424930974 .

PRESENTACIÓN

Presentamos en este volumen todos los textos que han sobrevivido de la Antigüedad —poniendo a este término el límite convencional, y aquí en ciertos casos, conjetural, de la quinta centuria— encuadrables en el rótulo «Biografía literaria», bajo el que los antiguos sintieron algo muy definido que da unidad a piezas de espíritu tan diferente como son los De uiris illustribus de Suetonio y Jerónimo.

Al interés que por sí misma tiene siempre la visión global de un género y su desarrollo en el tiempo, se añade en este caso el de reunir unas fuentes constantemente referidas en las Historias de Literatura pagana o cristiana y que en ellas aparecen diseminadas en juego combinatorio con hipótesis modernas o testigos de otro cariz.

Tras la reunión, traducción y anotación de estas páginas hay una labor individual pero sobre todo un debate colectivo fielmente continuado durante los cursos de 1978 a 1981 por un grupo de alumnos de Filología Clásica de la Universidad de Santiago, en los Seminarios con que el Profesor Díaz y Díaz logró dar un provechoso y entretenido complemento a sus clases de textos latinos.

A él tenemos que agradecer la iniciativa, colaboración y más que nada los renuevos de entusiasmo que impulsaron el trabajo hasta darle remate.

Tal como se indica, todos los traductores han participado en mayor o menor grado en todos los puntos de la obra; sin embargo, las introducciones general y a cada escritor son obra de Yolanda García o han sido refundidas por ella; por lo demás, los autores con mayor responsabilidad para cada parte van indicados en el lugar correspondiente.

INTRODUCCIÓN GENERAL
El origen de la biografía literaria

Los primeros productos biográficos resultaron en Grecia en el s. IV de la fusión de una costumbre ancestral —cantar las hazañas de los héroes nacionales— con el desarrollo simultáneo del individualismo y la prosa. Paralelamente en Roma, el hábito autóctono que consistía en el elogio del miembro de la gens recien fallecido (laudatio funebris) por sus descendientes, fue impulsado más tarde por las técnicas del discurso dando lugar a la oratoria panegírica y a formaciones prosísticas como el Agrícola de Tácito o, en escala menor, el Atico de Nepote.

Pero la llamada biografía literaria, que es biografía de los hombres que ejercieron en el campo de la cultura, nace de un impulso más racionalista que la encomiástica, y no en balde por obra de Aristóteles y sus discípulos. Bajo el nuevo principio científico del empirismo deductivo, el Liceo se dedicó a la recopilación exhaustiva de datos en todos los ámbitos de la vida y la cultura, y a su sistematización en historias de las ciencias: para ello se ordenaban los hechos temporalmente, poniendo especial relieve en los «hallazgos» (eurḗmata) y en los «inventores» que señalaban el progreso en cada rama del saber. Para la historia de la literatura, Aristóteles mismo montó sobre las didascalias una armazón cronológica, y escribió una obra Acerca de los poetas (Perì poiētôn) que, por lo que dejan ver los fragmentos, tuvo también carácter historicista 1 . Seguramente él la concibió como base necesaria para su Poética . Del mismo modo que en la busca de leyes psicológicas y sociales para la Política y los escritos éticos, se observaron las conductas de los individuos y los hábitos de los pueblos, resultando lateralmente géneros literarios como el de las tipologías humanas, iniciado por los Caracteres éticos de Teofrasto, o los tratados Sobrė formas de vida (Perì bíon) , en los que personajes históricos (especialmente filósofos, representantes por antonomasia de un modus uiuendi) , o naciones enteras, servían para ejemplificar los bíoi teóricos según los matices que la ética, entendida como ars uitae , había cargado sobre el término. Sus conclusiones están en la base de la antigua biografía: los actos como reflejo del ser interior 2 .

Así quedan abiertos los dos cauces por los que fluye la biografía peripatética: el técnico-erudito y el moral, pero uno y otro entremezclados y enturbiados desde las primeras generaciones de discípulos por un signo que caracterizó la época, el gusto por lo novelesco y sensacionalista, y el predominio, en una literatura destinada a la divulgación, de los valores formales sobre la especulación abstracta 3 .

Aunque de los artífices de esta biografía sólo (salvo una excepción, v. pág. 12) conservamos citas en misceláneas y literatura biográfica tardía (Ateneo, Plutarco, Diógenes Laercio), éstas arrojan bastante luz sobre algunos de ellos, sobre las distintas corrientes y los rasgos comunes que las reunieron finalmente en un género. Así, ya sea defendiendo como Aristoxeno (hacia 375 a. C.) —el llamado padre de la biografía literaria— una postura ética concreta («la mejor forma de vida es la pitagórica»), ya sea en el acopio de datos histórico-literarios como Camaleon (350-281?), se escogen personajes remotos (Arquitas, Pitágoras, Platón, Homero, Hesíodo, Tespis, etc.), cuya fisonomía corría ya desfigurada por la leyenda en virtud de la paulatina atribución de sentencias, chrías , anécdotas…, y se pintan minucias de la personalidad y del carácter con más agrado que las peculiaridades intelectuales o artísticas. Ellos mismos contribuyen a engrosar el material tradicional con la invención idealizadora o la calumnia 4 en función de polémicas de escuela, o utilizando abusivamente los versos de los poetas y el chismorreo paródico de la Comedia Antigua como fuentes biográficas 5 . Por la misma época los historiadores —dentro o fuera del Peripatos— comienzan a aplicar el mismo tratamiento individualista, moralizante y escandaloso a sus personajes, con lo que una biografía política, surgida dentro de la historia, vino a confluir con la de poetas y filósofos.

A fines del s. III , algunos autores de bíoi , al parecer sólo por ese hecho, son apodados «el peripatético», y uno de ellos, Sátiro, incluye hombres de acción y de letras en una misma obra: ello significa el reconocimiento de un género con una forma y un enfoque determinados. Leo dedujo lo que pudieron ser éstos comparando los fragmentos de los antiguos con Plutarco, su presunto continuador; compartiría con ellos la prosa artística y amena y la intención edificante: no se trata de contar la vida y milagros de un personaje, sino de trazar el cuadro de su personalidad, teñida previamente de un cierto color moral. Por eso y según el postulado aristotélico de que el éthos sólo puede captarse en los modos «habituales» de conducta, para el biógrafo hechos históricos trascendentales son historia áchreston , relato inútil, mientras una anécdota pasajera, un chiste pueden ser reveladores 6 . Así quedaron excluidos de la biografía antigua el entorno social, el político y otros, telón de fondo que hoy parece tan esencial.

Con el hallazgo en 1912 del papiro de Oxirrinco 9 n.° 1176, se tuvo el primer documento directo de uno de estos escritores: un fragmento considerable del Bíos de Eurípides de Sátiro. La reconstrucción de Leo sólo tropezó en un punto llamativo, su carácter dialógico 7 . Pero nos interesa especialmente la subscriptio: Catálogo (anagraphḗ) de los bíoi de Sátiro , que evoca las fórmulas con que se citará la obra de Suetonio (cf. pág. 28): estamos probablemente ante una colección de vidas con engarce cronológico. La organización interna por campos culturales está más clara en algunos subtítulos («Médicos ilustres», «Los legisladores», etc.) de otro coetáneo, Hermipo de Esmirna, llamado por Jerónimo «el Peripatético» y por Ateneo «el Calimaqueo», o sea el discípulo de Calímaco: la lista de obras y el testamento que incorporó en sus Bíoi veremos que cuadran mejor con el segundo apodo 8 .

«De uiris illustribus»

Por esta misma época los filólogos alejandrinos habían desviado otra vez una parte del caudal biográfico de la literatura y la moral al terreno científico. El interés por restablecer los textos clásicos que se almacenaban confusos en la Biblioteca de Alejandría, condujo a grandes obras de sistematización: Calímaco escribe en 120 volúmenes Índices (Pinakes) de todos los que se distinguieron en cada sector de la cultura y de sus escritos , con el fin de catalogar las existencias distribuyendo por categorías los autores: poetas, filósofos, historiadores, oradores, gramáticos, médicos, músicos. Aunque obra en esencia bibliográfica, dejó sentada la clasificación que seguirán sus colaboradores en el terreno biográfico, así como el epígrafe englobador que deriva en el cliché Perì endóxón andrôn (de uiris illustribus) , y que se pudo aplicar desde entonces con exclusividad a los «varones que brillaron en las letras» 9 .

Aunque tales obras proliferaron, el único ejemplo clásico que deja distinguir su forma externa es el de Suetonio (v. pág. 29). No era nueva, como vimos, la presentación de biografías seriadas, pero sí el fin «filológico» para el que se utilizaron las investigaciones reunidas en esas obras de conjunto: la edición de textos. Según los exégetas antiguos requería ésta, junto al comentario, unos apuntes sobre la vida del autor para ayudar a la comprensión de su libro (v. pág. 167). En los manuscritos de los escolios, o en ediciones sin comentario, aparecen estos bosquejos con el título de Génos , o Génos kaì Bíos: proceden de sucesivas generaciones de gramáticos que fueron copiando, ya como anónimos, tanto las enarrationes como los bíoi de los primeros alejandrinos 10 . Es el mismo proceso por el que conservamos en Donato y Servio los fragmentos importantes del De poetis suetoniano, o las vidas de Tibulo y Plinio junto al texto desnudo. Al margen de esta biografía quedó el prodesse y el delectare , y prevaleció el docere: la información. Se consignan las variantes eruditas con intentos de resolución crítica, se pone el énfasis en la obra —no en el carácter— aunque en sus aspectos más externos: falsas atribuciones, cronología, etc. Calímaco mismo continúa la labor de Aristóteles con las didascalias. Ahora bien, la novedad en este campo corresponde a Eratóstenes (275-195), que utiliza los indicios históricos de los textos, diferencia los personajes homónimos 11 , fija el cómputo por Olimpíadas, etc. Sus progresos fueron desvirtuados por Apolodoro (s. II a. C.), culpable de muchos errores en la historia literaria con sus «sincronismos» 12 y la localización sistemática del acmé —cuyo uso establece— a los 40 años. Vemos, pues, cómo los nuevos métodos degeneran; pero es que además los alejandrinos operaron en gran medida sobre el material trasmitido, incluidas las fabulaciones, sólo que ahora todo ello envuelto en el estilo seco de la erudición y la crítica. Si admitimos la división formal entre Bíos peripatético y Bíos gramatical, la narración hilada de nacimiento a muerte se sustituye por una sucesión de epígrafes sueltos (non per tempora sed per species) 13 según este esquema-modelo (por la variedad en el orden y división del encasillado sería mejor hablar de apartados característicos):

1) el génos (antepasados, padre y circunstancias en torno al nacimiento);

2) infancia y juventud, destacando la educación, maestros, precocidad que delata al genio;

3) en el centro, la producción que, en un escritor, representa su floruit ;

4) personalidad, carácter, modo de vida, aspecto físico, relaciones con otros personajes famosos, y algún que otro hecho relevante, que se deshilvanan en breves apartados, sin intento de integrarlos en un cuadro armónico;

5) forma de muerte, testamento, tumba, fortuna en la posteridad (lo que no cerraba necesariamente la biografía).

La biografía literaria en Roma

Los latinos pusieron los ojos en su propia literatura —según cuenta Suetonio, v. pág. 41— a imitación de uno de estos filólogos griegos, Crates de Malos. A pesar de la simplificación del biógrafo, es un reflejo a posteriori de cómo se asimilaron los métodos de enseñanza helenísticos y, en consecuencia, del puesto privilegiado que tendría la literatura dentro de la cultura romana. Para la biografía supone entrar en Roma de la mano del «gramático», por el conducto de lo libresco y no de la estética ni de la ética. En el s. II a. C. había ya escritores y textos suficientemente antiguos para promover estudios históricos: el himno de los Salios, las XII Tablas, la cuestión cronológica de los orígenes con Livio Andronico, los apócrifos de Plauto, entre otros 14 .

Pero sólo en época de Cicerón, y en gran parte por obra suya, los latinos se vuelven hacia su pasado político y cultural con orgullo nacionalista que halla la mejor forma de expresarse, también dentro de la biografía, en la equiparación con los griegos. El afán por reconstruir el pasado de su patria usando los moldes tomados a Alejandría, sirve de presentación al polígrafo Varrón (116-27). Este, dentro de la literatura, trabaja en cronología teatral (De rebus scaenicis) y en las vidas de escritores: datos sobre Plauto, Ennio, Nevio aparecen en Gelio (XVII 21; 1 24.3) recogidos de su obra De poetis . En sus últimos años (v. GELIO III 10.17) concluyó una recopilación en 15 libros de 700 Semblanzas (Imagines) —incluidos retratos— de personajes ilustres de las dos naciones. Parece que además de la bibliografía griega, escudriñó archivos, didascalias, y sacó conclusiones de los mismos textos, por ejemplo en la exclusión de los pseudoplautinos 15 ; pero no está tan claro —como quiere Leo— que de este modo forjara «con buena intención» capítulos enteros de sus biografías 16 . Para los antiguos fue un investigador modelo; hoy, en las noticias sobre autores arcaicos, es norma remitir a él como la fuente más probable de los eruditos posteriores, en concreto de Suetonio.

En Nepote (ca. 99-24) tenemos el primer testimonio del título De uiris illustribus ; en él se repite la agrupación de los dos pueblos 17 y la intención de sýnkrisis 18 , y, como en las Imagines de Varrón, se alinean generales y reyes junto a historiadores, poetas y, tal vez, oradores. No sólo por ello se aleja de la línea de investigación alejandrina representada por el De poetis varroniano; es que además Nepote trabaja, si puede, con material ya elaborado: compendios de la literatura Perì endóxōn andrōn , panegíricos, o biografías amplias que abrevia para el artículo correspondiente de la obra general. El resultado, en función de la fuente, es una gran desigualdad en el tamaño, estructura y tono de las vidas 19 . Nepote se dirige a un público profano, no a un grupo de eruditos, al que intenta recrear con historietas e instruir con moralejas, para el que romaniza, con flagrantes anacronismos, las instituciones extranjeras. En parte evoca lo que serán las Vidas paralelas de Plutarco, pero con una gran diferencia de nivel artístico en la forma y de fiabilidad en el fondo 20 .

En el prefacio a su De uiris Jerónimo (v. pág. 219) menciona también como predecesores del género a Santra (gramático del tiempo de Cicerón) y a Higino (liberto de Augusto). Ahora bien, los fragmentos biográficos del primero —que muestran un enfoque erudito y crítico, y se refieren todos a literatos— se reducen prácticamente 21 a las citas que de él hace Suetonio; y los del segundo, aunque bajo el rótulo tradicional, o similares (v. GELIO , I 14 y Asc. PED . pág. 12), contienen sólo materiales novelescos y anticuarios, pero nada que se refiera a biografías literarias 22 .

Durante el reinado de Tiberio decae el interés por la literatura del pasado, y cuando Probo —ya en edad neroniana— se pone a desempolvar «libros viejos» (v. pág. 61), resulta a sus contemporáneos de la Urbe un extravagante. Sus estudios se centraron en la restauración filológica y gramatical, pero, siguiendo el hábito editorial de los alejandrinos, es posible que antepusiera a los textos el bosquejo biográfico 23 . Hay que esperar, no obstante, al s. II d. C. para que Suetonio revitalice la historia literaria (o sea, la biografía literaria) como tal, y aguardar otras dos centurias para la cristianización del género de los De uiris illustribus en manos de S. Jerónimo.

Notas de crítica literaria antigua

En los textos que se ofrecen al lector en este volumen se emiten con frecuencia juicios de valor sobre autores y su producción.

La crítica se hace de los autores en función de sus obras, y de las obras en función de los autores. Abundan, por tanto, verbos, sustantivos y adjetivos pertenecientes a una terminología técnica bastante precisa.

Los criterios se basan en las exigencias retóricas de la escuela (elegantia «selección» y «claridad», perspicuitas «transparencia»), y no siempre coinciden con los actuales. Se han intentado resolver los problemas de traducción que ello ocasiona, dando, siempre que el contexto lo permita, la misma versión al mismo término. Parece oportuno, pues, brindar unas indicaciones sobre esta problemática; llamamos la atención sobre los términos más importantes y las esferas en que se sitúan.

El objeto de estas notas, con que hemos considerado necesario completar la parte general de nuestra introducción, es ayudar a la comprensión de estos textos y facilitar la lectura de otros análogos. Para mayor claridad se señalan, a veces, las equivalencias o valores más frecuentes, en forma selectiva.

Tenemos, por un lado, verbos alusivos a la actividad que desarrolla el escritor. Merecen destacarse en primer lugar términos genéricos: componere, elaborare, formare , a los que corresponden metafóricamente ludere , propiamente «hacer ensayos»; fingere «modelar»; cudere «forjar»; y con notas más precisas: ornare, emendare, corrigere . Asimismo, a los distintos géneros se refieren términos específicos: a la épica canere , y metafóricamente tonare ; a la poesía, modulare, flectere «plegar versos a la melodía», uiere «trenzar»; a la historia, texere ; a la oratoria corresponde también una serie propia: accusare, coarguere y contradicere «contraargumentar». Por último, dentro de las actividades del gramático vemos aparecer: interpretare, praelegere «comentar», adnotare y distinguere «puntuar».

Para designar la obra se emplean a menudo también términos genéricos o específicos. Entre aquéllos aparecen con frecuencia: opusculum, scriptum, textus, liber/libellus, tomus, uolumen ; específicos son, por ejemplo: fabula «tragedia, comedia», ecloga, satira, sermones , que Suetonio usa con el sentido general de «composición poética»; tractatus, commentarius , etc.

Los elementos constituyentes de la obra se describen, naturalmente, como res (frente a uerba y su campo), materia, argumentum .

La valoración crítica propiamente dicha, iudicium , se ejerce fundamentalmente mediante adjetivos (esporádicamente en correlación con sustantivos y adverbios). Referidos a la obra se establece una distinción entre rasgos positivos, uirtutes , y rasgos negativos, uitia . Como criterios se aducen: el cuidado en la ejecución: accuratus, limatus , frente a mendosus ; la concisión: breuis , frente a longus, prolixus, superfluus ; la claridad: apertus, clarus, nitidus, proprius , frente a latens, obscurus, sordidus .

Si a la claridad se añade la pureza de lenguaje (latinitas, puritas) , la obra es elegans . A la abundancia de elementos exornativos hacen referencia: florens, uarius . Su exceso se convierte en defecto: adfectatio (cacozelia) . Al plano fónico corresponden: sonorus, iucundus, dulcis , frente a durus y acerbus .

Si la conformación de la obra responde a su objetivo es utilis . La calificación global de la producción literaria abarca, como es sabido, tres categorías: el tono elevado, marcado con grandis, augustus, illustris, solemnis, sublimis , y en Suetonio, además, coturnatus y fortis . Cuando este tono no se logra, aunque se pretenda, hallamos tumidus, tumens, inflatus y hordearius «de cebada», esto es, «inflado como el pan de cebada» (Gramm ., 26). El tono medio se califica de mediocris . El tono llano es subtilis, tenuis, exilis .

Tomando en cuenta todos los elementos se llega, por un lado a la valoración conjunta de la obra como pulcher, egregius, insignis, praecipuus, praeclarus , o por el contrario leuis, uilis . Y por otro, a establecer un juicio global sobre el autor, pues se trata de una crítica literaria que tiene como base la historia literaria. Encontramos estas series: por su calidad eximius, egregius, insignis ; en cuanto a su natural (ingenium): acer, ardens, feruens, uehemens, dicax ; por lo que hace a su formación: doctus, eruditus , o bien, indoctus, ineruditus , así como sciens, scholasticus , o bien, rudis ; en cuanto a su dominio del lenguaje: eloquens, facundus, disertus . Finalmente en cuanto a la fama: celeber, clarus, illustris , o por el contrario ignobilis , lo que viene a constituir el resumen final del juicio crítico.

1 Sería la primera obra (aunque hay un título anterior Sobre poetas y músicos de Glauco de Regio) con dos marcas que serán características del género: el tratamiento colectivo y la ordenación cronológica.

2 El nacimiento de la biografía peripatética en el contacto de la investigación analítica sobre el individuo y la historia de las ciencias, es la tesis de F. LEO , Die griechisch-römischen Biographie nach ihrer literarischen Form, Leipzig, 1901, que sentó las bases de los acercamientos posteriores al tema (citaremos en lo sucesivo: LEO , Die griechisch…) .

3 Sobre la temprana defección del espíritu aristotélico v. la justificación legendaria en PLUTARCO , Sila 26 y ESTRABÓN 13, 54; F. WEHRLI , Die Schule des Aristoteles X, Basilea, 1959, pág. 95 ss. (citada a partir de aquí WEHRLI , Die Schule…) .

4 ARISTOX . Fragm . 25-30, 33 (WEHRLI , Die Schule… II, 1945).

5 V. el origen de las leyendas de Safo, Simónides, Lasos en LEO , Die griechisch…, 105 y ss. y WEHRLI , Die Schule… IX y X.

6 Cf. PLUTARCO , Alejandro 1, Nicias 1.1, Galba 2.3; ya Nepote conocía «por la escuela» que el Bíos estaba regido por leyes de composición y fondo distintas a las de la Historia, v. Prólogo y Pelópidas 1, 1.

7 V. A. GUDEMAN , «Satyrus», Pauly-Wissowa II A 1 (1921), col. 229 ss. Los interlocutores se limitan a engarzar (en un estilo muy cuidado) anécdotas, dichos, etc. apelando como única fuente a su memoria («dicen»…) y buscando —sin ningún afán crítico— confirmación en los versos del trágico y de la Comedia (citados profusamente); acompañan reflexiones morales, o filosóficas; del escritor como tal, sólo sus innovaciones escénicas y su método de trabajo.

8 También el título general Vidas de los que brillaron en la cultura; pero el tratamiento, ameno y plagado de falsedades, lo acerca a los peripatéticos.

9 Según revelan series de títulos complementarios: Hazañas de reyes y Vidas de hombres ilustres (contiene la Crónica de Apolodoro), Vid. de hom. ilust . y Sucesión de filósofos (obras de Jasón el alejandrino); este último responde a la forma peculiar que también ahora adoptan las colecciones de filósofos por obra de Sotión (y deriva en ejemplares como el de Diógenes Laercio); se diferencia de los De uir. illustr . por el engarce (diadochḗ = sucesión legítima) de maestros y discípulos que va ensartando los esbozos biográficos.

10 GELIO , XIII 2.1 y XV 20.

11 Precedente del género que cultivó a mitad del s. I a. C. Demetrio de Magnesia, por mediación del cual la lista de homónimos se hizo apartado corriente en las biografías (cf. pág. 82).

12 Se trata de coordinar fechas de varios personajes entre sí y (o) con efemérides históricas; muy famoso es el de los trágicos griegos con la batalla de Salamina: véase F. JACOBY , Fragm. Gr. Hist . 244, 35 y coment. Cf. págs. 86 y 153.

13 Cf. pág. 33.

14 Sobre los dos primeros y Plauto trabajó Elio Estilón (v. página 42); sobre historia y cronología teatral, Accio (Didascalia y Pragmatica); a la tercera cuestión se refieren los trocaicos de P. Licinio (GELIO , XVII 21, 45), que también trató coetáneos (v. pág. 76), y queda un canon de comediógrafos en el De poetis de Volcacio Sedígito (v. página 81): la forma versificada y el tono de sátira política en los dos últimos son, sin embargo, rasgos romanos a relacionar con la obra coetánea de Lucilio.

15 V. GELIO , III 3, 1-2.

16 Por ejemplo, para los inicios de Plauto en una tahona halla la clave en la locución arcaica molae trusatiles que Varrón habría leído en una de las comedias citadas por GELIO , III 3, 14 (pasaje donde apoya toda su tesis): «Varrón y muchos otros dejaron escrito que Plauto había compuesto el Saturion y el Addictus en un molino. Pues ocurrió que, después de perder todo el dinero que había ganado como actor, tuvo que buscar medio de vida y se colocó con un panadero para hacer girar los molinos que llama trusatiles (de mano)»; cf. pág. 106.

17 Cada sección reunía un libro de griegos y otro de romanos. Los «bárbaros» (Aníbal, Damastes, etc.) parece que fueron añadidos en la segunda edición.

18 Véase el epílogo del libro sobre los generales no romanos único conservado junto a las vidas sueltas de Ático y Catón el Viejo (tratados como historiadores).

19 Véase LEO , Die griechisch… cap. 10 y Edna JENKINSON , Latin Biography, Nueva York, 1967, págs. 6 y sigs.

20 Lugares de contenido y forma que son meras recetas retóricas en E. NORDEN , Die antike Kunstprosa I, 5.a ed., Stuttgart, 1958, páginas 205 y sigs.

21 Sólo en QUINT ., XII 10, 16, hay otra cita con la opinión de Santra sobre el origen de la división aticistas/asiánicos, apta para figurar en el apartado sobre oratoria, dentro de un De uiris illustribus .

22 Véase pág. 57; en Servio y Gelio hay referencias a un comentario sobre Virgilio.

23 Véanse págs. 147 y sigs.

SUETONIO

Introducción, traducción y notas de M.a LUISA ANTÓN PRADO , M.a JESÚS FREY COLLAZO , YOLANDA GARCÍA LÓPEZ e IRENE DOVAL REIJA .

INTRODUCCIÓN
Datos biográficos

La dudosa autenticidad de las biografías que conservamos a nombre de Probo y su escasa representaciÓn son los motivos por los que iniciamos con Suetonio nuestra colección, aunque este escritor sea posterior en el tiempo a aquél. Suetonio representa, además, el apogeo de la biografía latina y, dentro del campo que nos ocupa, su prioridad es tan clara que una recopilación de vidas literarias antiguas coincide prácticamente con la restauración de su obra De uiris illustribus.

Paradójicamente, de su autor —Gayo Suetonio Tranquilo— sólo tenemos noticias dispersas. Algunas alusiones personales en los Césares nos dicen que su padre ofició de tribuno angusticlavo en el bando de Otón (Ot. 10) —pertenecía por tanto al orden ecuestre—, y que su familia, originaria de no se sabe qué parte del imperio 1 , estaba establecida en Roma cuando él era un jovenzuelo (Dom. 12); por ésta y otra referencia en Nerón 57, se ha deducido su nacimiento en torno al 70 d. C. 2 . Un par de recuerdos de su primera juventud, tal vez de su propio aprendizaje con los gramáticos, nos dejó en el De uiris (v. págs. 45 y 105).

Uniendo retazos de las cartas de Plinio el Joven —amigo íntimo suyo—, se puede forjar una cierta imagen de su personalidad y actividades entre el 90-112. Sabemos por ellas que Suetonio actuó en cierta ocasión en el foro (la ep. I 18 es respuesta a sus intentos de retrasar, por temor a sueños de mal agüero, una defensa); pero si realmente estaba intentando hacer carrera en la abogacía, pronto debió abandonarla, ya que el año 97 Plinio utilizaba su influencia (ep. I 24) para obtener a precio razonable un retiro campestre donde el scholasticus pudiera dedicarse a sus estudios (término que parece emplear en el sentido de «hombre de letras», erudito, y no en los también posibles de grammaticus o rhetor) 3 . En todo caso, hacia el 101, Suetonio renuncia a la vida pública al declinar en un pariente el tribunado militar que iniciaba el cursus honorum de un eques (ep. III 8); y aún el 111 tiene Plinio que valerse de su posición para mejorar la del amigo, obteniendo de Trajano en su favor el ius trium liberorum 4 (ep. X 94). En la corte imperial encontramos a Suetonio —tras el vacío que sigue a la muerte del epistológrafo en 113— desempeñando los puestos más importantes de la entonces floreciente burocracia estatal: a studiis, a bibliothecis y ab epistulis 5 , según la inscripción hallada en 1952 en Hipona la Real (Argelia) dedicada a Suetonius Tranquillus 6 . Cualquiera de estos cargos pudo permitir su acceso a los archivos imperiales, fuente —según la opinión más general— de la mayoría de los documentos trascritos en los Césares. Sobre esta base se ha fechado dicha obra (al menos la primera parte) entre el 119-121, período que duró su estancia en palacio, si ésta coincidió, como es muy probable, con la prefectura de Septicio Claro, su protector, destinatario de Las vidas de los Césares 7 (y también del epistolario de Plinio), cuya destitución, junto con la del mismo Suetonio, entonces encargado de la correspondencia imperial, atribuye la Historia Augusta (ESPART . I 11, 3) a no haber guardado la debida etiqueta con la emperatriz Sabina (¿?). Nada más sabemos a partir de esa fecha, pero los críticos tienden a situar su muerte bastantes años después juzgando por la cantidad de escritos que llegó a rematar y su morosidad para editarlos 8 .

Un largo catálogo ofrece Suidas, que aún se ha de completar con citas de otros autores 9 . Aunque la mayoría se reducen hoy a poco más que el título, sirven como panorámica reveladora de los intereses y modo de trabajar de Suetonio. Los temas son muy heterogéneos, enfocados desde el punto de vista del anticuario («origen y evolución de…» los juegos, el vestido, el calendario), o del gramático (diferencias entre sinónimos, signos diacríticos); a veces combinados unos y otros en misceláneas (De rebus uariis, Prata) y enlazando casi siempre con tradiciones, incluso títulos alejandrinos; además, Suetonio investiga sobre el mundo griego y redacta en su lengua algunos libros. Aunque original, su obra marca, sin embargo, el tránsito hacia una decadencia: ese gusto por lo helénico, por la reconstrucción arqueológica, por las rarezas más dispares y el detalle personal y escabroso, es tendencia de la época 10 —simbolizada por el propio Adriano, «el pequeño griego»— que acabará sustituyendo al final de la centuria, y en las siguientes, la literatura creativa por compendios y florilegios librescos, la historia política por las vidas de los emperadores 11 . Dentro de este marco se adaptaba perfectamente lo biográfico (que Suetonio ya debió explotar en los tratados perdidos Sobre heteras famosas y Sobre los reyes), y por tanto la historia literaria tal como Grecia la había entendido, y la había trasladado Varrón a Roma: una enciclopedia erudita de vidas de escritores.

«De uiris illustribus»

Bajo ese doble influjo aparece el De uiris illustribus entre el 106 y 113 según la hipótesis de Roth, basada en el supuesto de que el autor excluyó por norma los personajes vivos 12 . Menos verificable aún es su identificación con la obra que, ya en el 105, Plinio había anunciado «en sonoros endecasílabos», y que Suetonio no se decide a publicar (v. Ep. V 10). Pero se admite generalmente lo que subyace a esta sugerencia, a saber, que el De uiris precedió en el tiempo a los Césares, donde el esquema biográfico está más y mejor desarrollado, y que, si se excluyen éstos, fue la empresa suetoniana de mayor envergadura.

A. RECONSTRUCCIÓN
1. Título

El título se fijó contrastando alusiones y subscriptiones antiguas 13 , y el membrete consagrado en el género (cf. pág. 13). a la idea que del mismo se hacían los antiguos responde también, según vimos, la definición como catalogus, stemma, enumeratio, esto es, biografías en serie sin más engarce que la cronología, clasificadas por áreas culturales. podemos deducir la organización de cada libro por el único que nos ha llegado por vía directa y casi completo: los gramáticos y rétores ilustres. se abre con una nómina de los representantes que van a ser biografiados, sigue una introducción histórica sobre el origen y primeros pasos de la disciplina en roma, y finalmente se engarzan las semblanzas particulares por el orden del índice inicial. no se puede demostrar que ésta era la estructura de los demás libros, pero los editores han trabajado sobre esa hipótesis, por otra parte muy verosímil, al reagrupar los restantes jirones. tampoco es seguro el número de libros ni los personajes que abarcaban. en este punto, contamos con dos clases de apoyos:

a) Un gran número de noticias breves que s. jerónimo diseminó en su traducción de la crónica de eusebio para ilustrar la literatura latina, tomando (v. págs. 127 y sig.) —cuando no se limita a la fecha— una frase, o empalmando varias dispersas en el de uiris. no siempre es significativo el contenido de estas notas, pero nos proporcionan al menos un cuadro de conjunto, pues al lado del nombre del personaje se consigna casi siempre su encuadre literario, seguramente conforme a su lugar en el de uiris. por esta vía se pueden establecer los apartados de poetas, oradores, historiadores, filósofos, gramáticos y rétores 14 .

b) Algunas vidas más o menos extensas que se han trasmitido junto a los escolios, o las ediciones, de ciertos autores: los poetas terencio, horacio, virgilio, lucano y tibulo, plinio el viejo tratado como historiador, y el orador pasieno; más dudoso es el fragmento sobre séneca (v. pág. 135), aunque serviría para confirmar la existencia de un capítulo sobre filósofos muy mal representado por el cronógrafo.

2. Poetas

Junto a las cinco vidas antes mencionadas se extraen de la crónica jeronimiana noticias de 33 personajes que van desde l. andronico a persio y lucano, cerrándose, por tanto, en la misma época en que se sitúa el nacimiento de suetonio. contrastando este límite, y la ausencia de autores importantes como estacio y marcial (de juvenal hay una vida antigua, pero no suetoniana, v. pág. 199), surgió la hipótesis de que, o bien suetonio prescindió de los coetáneos vivos, y de los que murieron antes de publicarse el trabajo, o bien no quiso, como en los césares, sobrepasar el reinado de domiciano. ambas posibilidades chocan con la presencia de quintiliano y julio tirón entre los rétores 15 . a pesar de la sistemática recogida de poetas por parte de s. jerónimo, no se pueden descartar, como demostró la aparición de la vida de tibulo, los vacíos fortuitos, ni las lagunas reales: chocantes sobremanera son las ausencias de afranio y de propercio, corroborada en parte esta última por el silencio de la tradición posterior. la selección de suetonio parece más bien guiada por el interés «subjetivo» de sus materiales que por la exhaustividad enciclopédica; por ello es arriesgada la elaboración de cualquier índice, como lo es la del prefacio. un fragmento, que todos los editores desde casaubon (s. XVI ) han colocado en este lugar, es la explicación sobre el origen de la poesía que isidoro (etim. viii 7, 1-2) dice explícitamente haber tomado de suetonio. siguen a éste unas divagaciones etimológicas cuya fuente —varrón— está bien documentada (v. el mismo isidoro en el lugar mentado y VARRÒN , De ling. lat. VII 36, pág. 323, así como SERVIO , Eneid. III 433). Pero es probable que, siendo los tratados varronianos De poetis y De poematibus las autoridades más seguras, manejadas por Suetonio para este proemio, se fijara (como otras veces, véase la Introducción a los Gramáticos) en el aspecto lingüístico de los orígenes; de ahí que, siguiendo a Rostagni, ofrezcamos el párrafo completo. Prescindimos, sin embargo, del extenso capítulo del libro 3 de la Ars de Diomedes, incorporado por ciertas razones por Reifferscheid en su reconstrucción 16 .

A la introducción siguen las biografías que, a la falta de mayor certeza, suelen ordenarse temporalmente. En algunos escritores se rastrea una agrupación por géneros, pero hoy no se cree fuera éste el principio organizativo general.

3. Oradores. Historiadores. Filósofos

Poco se puede decir de la parte introductoria a estos libros: sólo algunos rétores y filósofos griegos (pero con influencia en el área cultural latina) recogidos por Jerónimo, y en un caso por el escoliasta de Juvenal, dejan suponer que, en la oratoria y en la filosofía, se resaltaba, como en la gramática, el influjo heleno (v. año 33 a. C. en la Crónica).

El registro de oradores e historiadores se inicia en S. Jerónimo por la misma época, con Cicerón y Salustio respectivamente. Se ha imputado a la mano del cronógrafo, mucho menos exhaustiva en estos capítulos (15 oradores y sólo 5 historiadores), pero no deja de llamar la atención la coincidencia con el criterio de Quintiliano (otras veces reflejado por Suetonio, v. n. 248) al abrir el catálogo de autores recomendables para la escuela. La misma admiración por el clasicismo, y desdén por lo arcaico y arcaizante, refleja en varios lugares Suetonio 17 : en ellos se basa la afirmación de Reifferscheid de que los proemios resumían la historia de ambas disciplinas hasta empalmar con esos dos nombres (sobre las biografías de Crispo Pasieno y Plinio v. págs. 115 y 123).

No abrimos para los filósofos un capítulo especial, quedando relegados al apéndice de la Crónica (v. años 116, 45 y 28 a. C., 66 y 79 d. C.). Reifferscheid fue el primero en editarlos aparte, junto al párrafo sobre la vida de Séneca procedente de los escolios a Juvenal, por ser éstos los trasmisores de la vida de Pasieno y la nota sobre Iseo (v. Crónica a. 66 d. C. y n. 324). Este escaso material sólo nos enseña que Varrón era tratado como filósofo, relegado de su puesto más natural entre los gramáticos, quizá por no haber ejercitado la docencia, que constituye el criterio establecido como básico al comienzo de dicho tratado. También es llamativo el tinte común —pitagórico-estoico— de los personajes seleccionados, dato a partir del cual Reifferscheid quiso deducir simpatías personales de Suetonio 18 .

4. Gramáticos y Rétores

Separado del resto ya en fecha antigua, como muestra la tradición manuscrita (v. pág. 39), formaba una especie de apéndice al De uiris, según el criterio de Reifferscheid que cierra con él la reconstrucción de la obra 19 . Su unidad primitiva parece asegurada por el título e índice conjuntos que encabezan algunos códices, e internamente por la introducción a la retórica que se amolda a un inicio de capítulo mejor que al de un libro. Esta segunda parte está truncada a partir de Albucio Silo y faltan, según la nómina inicial, las reseñas de once rétores, siete de ellos con un breve apunte en la Crónica (v. pág. 69). El contenido se centra más en la actividad docente (métodos de enseñanza, o alumnos destacados) que en la creadora, limitada por lo general a la mención de algunos títulos; pero, sobre todo, rige el azar en las noticias novedosas o llamativas que Suetonio pudo reunir.

B. ESTRUCTURA

Responde al esquematismo de la biografía gramatical que hemos descrito (v. pág. 15): acumulación de material por rúbricas 20 , sin conexiones internas, y progresión temporal que se rompe en los primeros párrafos, una vez descrito el origen y primeros años del escritor. para esta división per species (que suetonio traslada a la biografía política con los césares), leo 21 vio el eslabón en algunos biógrafos griegos que hicieron uso de la técnica del encomio consistente en adecuar hechos y anécdotas del elogiado a una serie de virtudes, y encabezar con éstas, a modo de lemas, cada tirada de sucesos que las ejemplificaban. sin salir de roma, patrones similares se revelan ya —según stuart 22 — en los epitafios de los escipiones y en la praxis de cualquier gramático, habituado a organizar a base de clasificaciones y subdivisiones. en todo caso, la conciencia y el desarrollo de este método son mucho más claros en los césares: aquí se hacen explícitas y se multiplican las fórmulas de la partitio 23 , en contraste con el de uiris, donde hay sólo esbozos de estructuración, muy desiguales. las diferencias de un libro, o de un autor, a otro están en función de su importancia y de lo que la tradición daba de sí. el esquema se reduce al mínimo en numerosos artículos de los gramáticos y rétores (faltan por norma los años de nacimiento y muerte, nombre y oficio de los padres, etc.), o simplemente no existe 24 ; una suma de anécdotas sustituye a los epígrafes corrientes (cf. gramat. 30). no siempre es el motivo la escasez de información; vemos, por ejemplo, en el capítulo citado, cómo suetonio ha resumido un relato de séneca el viejo. es el mismo comportamiento que se da en los césares respecto a tácito: se pasa por alto o se compendia «lo sabido», aun a costa de eliminar lo esencial.

C. ENFOQUE . FUENTES . INTERÉS

Este, como otros defectos achacables a Suetonio, son fruto de una tradición biográfica que nunca pretendió competir con géneros literarios como lo era la Historiografía, y que se amolda más bien al concepto de erudición, sobre el que trabajaba el gramático antiguo. No vamos a encontrar en el De uiris reflexiones profundas o generalizadoras sobre el devenir literario; tampoco hay un intento de reconstruir la personalidad de los escritores (vedada a priori por esa estructura analítica). El mismo plano ocupan, en un cuadro sin perspectiva, las minucias cotidianas de un personaje y su obra; sirva de ejemplo el proemio de los Gramáticos, donde ya antes de entrar en las biografías se interrumpe la visión histórica para dar cuenta de un apodo, o de la gota de un gramático. Veremos, sin embargo, a Suetonio escudriñar todo tipo de fuentes, y si es verdad que —a diferencia de un historiador— acepta con complacencia el chismorreo escabroso, la historia trivial, acompañados del característico «se dice», al mismo tiempo, sin los prejuicios estilísticos de aquél, puede acotar «verbalmente» 25 documentos fidedignos muy diversos (cartas, testamentos, inscripciones, edictos…), fragmentos literarios —incluidos los del protagonista—, o estudios anteriores cuyos autores cita bastante a menudo, teniendo en cuenta los hábitos de los antiguos en este punto. De este modo Suetonio se alza por encima de la figura del mero refundidor, e inaugura una sana costumbre que seguirán hombres como Gelio o Macrobio. Para el estudioso moderno resulta una fuente objetiva, y con mucha frecuencia única, de multitud de datos.

La forma de presentarlos es acumulativa, aun en caso de informaciones contradictorias; excepcionalmente las contrasta y toma partido. De ahí que sea difícil descubrir por ejemplo sus propias ideas literarias (no obstante, véanse págs. 31 y 105).

Ese carácter impersonal forma con el contenido erudito y la estructura gramatical un conjunto coherente que viene subrayado por un estilo sin preciosismos ni pretensiones: períodos breves y claros normalmente —aunque monótonos—, en función de lo que se cuenta y no del lucimiento retórico. En este aspecto se acerca más al pasado que al futuro decadente cuyo tránsito simboliza.

D. FORTUNA . EDICIONES

Mientras los Césares instauraron una moda en la historiografía, el De uiris illustribus, acotado por anticuarios y desgajado por escoliastas, quedó —como obra de conjunto— aislado en la tradición pagana; consecuencia de ello y prueba de su interés es la oscuridad que envuelve a la mayoría de los autores latinos del período que sigue al historiado por Suetonio.

No obstante, la imitación cristiana de S. Jerónimo aseguró una larga vida al género y conservó durante la Edad Media el recuerdo del modelo (véase pág. 219), que se hizo de nuevo realidad en el s. xv con el hallazgo de los Gramáticos, y la incorporación paulatina de las piezas sueltas (véase pág. 128). Menudearon desde entonces las ediciones del tratado recuperado y también de la vida extensa junto a los escolios o textos del autor correspondiente.

El primer intento importante de reunirlos —incluidas algunas notas de la Crónica de Jerónimo— fue obra de I. CASAUBON , Génova, 1595; 2.a ed. París, 1610. Apenas hubo aportaciones hasta las reconstrucciones en época moderna de L. ROTH , Suetonius 2, Leipzig (Teubner), 1858; A. REIFFERSCHEID , Suetonii Tranquilli praeter Caesarum libros reliquiae, Leipzig, 1860; y, limitada al apartado «poetas», A. ROSTAGNI , Suetonio De Poetis e Biografi minori, Turín, 1944, ediciones que hemos utilizado para las vidas extensas de poetas, oradores e historiadores, y en la selección de fragmentos. Para texto y fechas del Cronicón seguimos a R. HELM , Die Chronik des Hieronymus, Berlín, 1956; y a G. BRUGNOLI , C. Suetonius I, De grammaticis et rhetoribus, Leipzig (Teubner), 1972 (= 1960) en los Gramáticos y Rétores.

En cada apartado o vida señalamos las versiones más antiguas o alguna reciente de interés. Son especialmente numerosas las de Virgilio, que cuenta con un tipo de publicación específica, en las colecciones de Vitae uergilianae (véase pág. 85).

No encontramos registro de ninguna traducción española antigua de conjunto o al menos del De Grammaticis. Existe una actual (sin las noticias de S. Jerónimo), poco matizada, dentro del volumen Biógrafos y panegiristas latinos, Madrid (Aguilar), 1969, debido a un grupo de traductores dirigidos por V. J. Herrero.

E. PRESENTACIÓN

1. Los dos tipos de fuentes: en vez de intercalarlas, hemos optado por aislar en cada capítulo los datos de S. Jerónimo y las biografías en sí. Introducimos éstas con una nota histórica y valorativa del texto, y reorganizamos aquéllos en la cronología general de la Crónica por medio de un apéndice (véase págs. 130 ss.) que permite ampliar la perspectiva del De uiris y dar una imagen más clara de la obra de Jerónimo.

2. Fechas del «Cronicón»: van situadas —según los criterios apuntados en pág. 129— al comienzo de cada fragmento, sin especificar a qué punto del informe se refiere. Si hay duda, damos en nota las opiniones al respecto.

3. Suplementos: también en nota se incluyen, para suplir las magras referencias del cronógrafo, algunos párrafos de autores que es seguro que utilizaron el De uiris; Gelio, en especial, coincide varias veces con extractos de la Crónica (v. Poet. 7, 12, y Oradores 1) o con Suetonio directamente (cf. Gramáticos 25).

NOTA BIBLIOGRÁFICA

I. Encuadre de Suetonio en la Biografía Antigua y estudios generales de su obra:

E. CIZEK , Structures et Idéologie dans les Vies des Douze Césars de Suétone, París, 1977 (con bibliografía reciente).

F. DELLA CORTE , Suetonio, eques Romanus, 2.a ed., Florencia, 1967.

F. LEO , Die griechisch-römische Biographie nach ihrer literarischen Form, Leipzig, 1901.

A. MACÉ , Essai sur Suétone, París, 1900.

W. STEIDLE , Sueton und die antike Biographie, 2.a ed., Munich, 1963.

D. R. STUART , Epochs of Greek and Roman Biography, Berkeley, 1928.

G. B. TOWNEND (y otros), Latin Biography, Nueva York, 1967.

II. «De Viris Illustribus»:

V. D’ ANTÒ , «Sviste e errori nei dati cronologici di Suetonio e di altri biografi minori», Annali Facoltà Lettere Università Cagliari, 6 (1957).

G. BRUGNOLI , «Suetoniana I: De Grammaticis et rhetoribus», Annali Fac. Univ. Cagliari, 28 (1960), 337-61; ibid., «Il titolo di viris illustribus», 363-80.

K. BÜCHNER , «Vergilius», Pauly-Wissowa VIII A (1958), cols. 1022 ss.

The Classical World Bibliography of Vergil, Nueva York-Londres, 1978, págs. 24, 61 y 148 (bibliog. sobre las vidas virgilianas, de 1940 a 1973; algunos artículos posteriores en pág. 84 n. 186).

E. FRAENKEL , Horace, 2.a ed., Oxford, 1959, cap. I.

G. FUNAIOLI , «Suetonius», Pauly-Wissowa IV Al (1931), cols. 598-612.

—, Grammaticae Romanae Fragmenta, Stuttgart, 1969 (= Leipzig, 1907).

G. KORTGE , In Suetonii de vir. illust. inquisitionum capita tria, Halle, 1899.

H. MALCOVATI , Oratorum Romanorum Fragmenta, vol. 3.°, Turín, 1930.

W. MOREL , Fragmenta Poetarum Latinorum, 2.a ed., Stuttgart, 1963 (= 1927).

H. NAUMANN , «Lücken und Einfügungen in den Dichter-Viten Suetons», Wiener Studien, 13 (1979), 151-65.

E. PARATORE , Sulla vita Tibulli e le vitae vergilianae, Roma, 1947.

—, Una nuova riconstruzione del ‘De Poetis’ di Suetonio, 2.a ed., Bari, 1950.

H. PETER , Historicorum Romanorum Reliquiae, Stuttgart, 1967 (= 1906, vol. 2).

A. REIFFERSCHEID , ed. cit., págs. 363-425.

F. RITSCHL , «Suetonius. De viris illustribus». Apéndice en Parerga Plautus und Terentius, Leipzig, 1845, págs. 609 y sigs.

A. ROSTAGNI , ed. cit. (introducciones y abundantes notas).

L. ROTH , ed. cit., págs. L-XCI.

L. HELM , Hieronymuszusätze in Eusebius Chronik und ihr Wert für die Literaturgeschichte, Leipzig, 1929.

1 Se han propuesto: Roma misma (A. MACÉ , Essai sur Suétone, París, 1900, pág. 33), África (Hippo Regia) o la Galia Cisalpina (R. SYME , Tacitus, pág. 780).

2 Frente al 75/77 de Mommsen, hoy se acepta esta hipótesis de A. Macé, con un margen 69/72, según el valor que se da al adulescentulus y adulescens de esos pasajes, referidos al año 88 y a la última época de Domiciano respectivamente.

3 Así opinan H. AILLOUD , ed., Césares en Budé, 1931, pág. 5 y G. FUNAIOLI , «Suetonius», Pauly-Wissowa IV A 1 (1931), col. 595; «gramático» significa para MACÉ , Essai…, pág. 55 y G. B. TOWNEND , «Suetonius and his influence», Latin Biography, pág. 79.

4 Según la Lex Papia Poppaea (de Augusto) se otorgaban exenciones y privilegios (por ej. prioridad en las magistraturas) a los padres con tres o más hijos: situación que no es la de Suetonio, y de ahí la mediación de Plinio.

5 Poco documentado el primero, ¿encargado de los archivos? (Ailloud), ¿asesor del césar en materia literaria? (Syme); supervisor de las bibliotecas públicas, el segundo, y del nutrido personal que despachaba la correspondencia y demás documentos imperiales, el tercero (el de más categoría y único confirmado por otra fuente; v. infra).

6 Ed. Compt. Rendus Académ. Inscript., París, 1952, 79. Contiene otras titulaciones poco claras, de carácter sacerdotal al parecer.

7 Según JOHANNES LYDUS , De magistratibus… II 6.

8 In edendo haesitator según PLINIO , Epíst. V 10. Aduciendo Tito 10, 2, Syme sugiere como término post quem el 130.

9 Para la reconstrucción y organización del corpus ver SCHANZ -HOSIUS , Geschichte der römischen Literatur III, 3.a ed., Munich, 1905, págs. 58 y sigs.; G. FUNAIOLI , Pauly-Wissowa, cols. 597 sigs. y las eds. de Roth y Reifferscheid.

10 Véase R. SYME , Tacitus…, págs. 502-3, con bibliografía sobre otras modas significativas: la ciencia fisonómica, las reliquias arqueológicas del Lacio primitivo; sobre las preferencias literarias de Adriano v. Hist. Augusta, ESPART . I 16, 6.

11 Los Césares de Suetonio tuvieron numerosos imitadores en los siglos sucesivos (Mario Máximo, la Historia Augusta), mientras que el primer historiador que retoma a Tácito (Amiano Marcelino) pertenece ya al s. IV .

12 Ed. ROTH , págs. 77-8: el 105/6 es la fecha extrema de los personajes tratados (muerte de Julio Tirón, v. pág. 70); el 113, la muerte de Plinio el Joven que, según muestra la confusión de S. Jerónimo (pág. 136), no era incluido.

13 Véanse pág. 123 y pág. 219; además JERÒN ., Epíst. 47.3: «escribí un libro sobre los varones ilustres [de uir. illus. ] tomando como modelo a Suetonio», y SUIDAS , «guirnalda (stemma) de personajes insignes de Roma». En contra, ver G. BRUGNOLI , «Suetoniana II», Annali Facoltà Lettere Univ. Cagliari 28 (1966), 363-80.

14 La mención aislada de un jurisconsulto y un médico es base muy débil para tenerlos en cuenta (v. Crónica, 44 y 32 a. C.), aunque para ambos hay precedentes en el género.

15 El criterio pudo diferir de un libro a otro; otra posibilidad es la publicación por entregas y no en bloque: véase la ed. ROSTAGNI , páginas XI y XXI .

16 Sobre el rechazo (hoy general), véase G. FUNAIOLI , Pauly-Wissowa, cols. 601 sigs.

17 Gramát. 10, y Augusto 86; simpatía por Cicerón revela su panfleto (citado por Suidas) en defensa del ideario político de aquél, frente a los ataques de Dídimo de Alejandría (80-10 a. C.).

18 Ed., págs. 407-8, en concreto por la secta de los Sextios, promotores en el s. I a. C. de un movimiento ecléctico: estoicos en su ética, pitagóricos en su modo de vida y en su interés por las ciencias naturales; muy admirados por Séneca, el que menos se ciñe a la etiqueta.

19 Nosotros abrimos con él la serie, optando por el valor del material conservado.

20 Un esquema de los epígrafes de cada vida y de sus recurrencias en F. LEO , Die griechisch…, cap. 2.

21 F. LEO , Die griechisch…, págs. 67 sigs. y 133 sigs.

22 D. R. STUART , Epochs of Greek and Roman Biography, Berkeley. 1928.

23 G. B. TOWNEND , Latin Biography, págs. 84 sigs.

24 Pero ver E. CIZEK , «Structure du De Grammat. et Rhet.», Rev. Étud. Latin. 52 (1974), 303-17.

25 En medida superior a cualquier prosista anterior conocido; véase lo que dice B. G. T., Hermes 87 (1960), 98-99.

GRAMÁTICOS Y RÉTORES
NOTICIA INTRODUCTORIA

Aparte del Cronicón de S. Jerónimo, sólo en Gelio (XV 11), entre los antiguos, se reconoce un eco de este tratado; el silencio es absoluto durante la Edad Media. Proliferan, sin embargo, las alusiones a lo largo del siglo xv, después del hallazgo en un monasterio germánico (según unos, Hersfeld; según otros, Fulda) de un códice que contenía, junto a los Gramáticos y Rétores de Suetonio, las obras menores de Tácito 26 .

En la subscriptio del cod. Leiden XVIII, J. Polentano dejó constancia, hacia 1460, del traslado de aquel texto a Roma por mediación de Enoc de Ascoli, legado del papa Nicolás V, en el año 1455 (cf. pág. 128). Nada más sabemos categóricamente de este manuscrito si no es que fue copiado y recopiado por los humanistas italianos, ya sobre el original o, como quiere Reifferscheid, sobre un apógrafo elaborado por Enoc in situ. Unas 21 copias, todas del s. xv (además de las ediciones impresas desde 1471), forman la tradición del De grammaticis, tradición llamativa por las numerosas corruptelas y la variedad de lecciones en un texto que se fijó por la misma época y sobre el mismo arquetipo, que serán de achacar al mal estado del Hersfeldensis (fechado conjeturalmente en el siglo IX ), portador ya a su vez de variantes, o retocado por las lucubraciones de distintos renacentistas.

En este capítulo seguimos la edición de G. BRUGNOLI , C. Suetonius. De Grammaticis et rhetoribus, Leipzig (Teubner), 1972 (= 1960). Muy útil es la de F. DELLA CORTE , Suetonio. Grammatici e retori, 3.a ed. rinovata, Turín, 1968 (con texto, traducción italiana, abundantes notas y bibliografía).

Ambos editores estudian la tradición manuscrita, revisando nuevos materiales y sanando algunas cruces. No obstante, los manuscritos esenciales siguen siendo: Vatic. Ottoboniano lat. 1455 (O), Viena lat. 711 (W), Nápoles 4.C.21 (N), Wolfenbüttel 93 (C), Vatic. lat. 1518 (I), Vatic. lat. 1862 (V), y Leiden XVIII (L).

ÍNDICE DE CAPÍTULOS


GRAMÁTICOS :RÉTORES :
Elio Preconino.Plocio Galo.
Sevio Nicanor.Lucio Voltacilio Piluto.
Aurelio Opilo.Marco Epidio.
Marco Antonio Gnifón.Sexto Clodio.
Marco Pompilio Andronico.Gayo Albucio Silo.
Lucio Orbilio.Lucio Cestio Pío.
Lucio Ateyo Filólogo.Marco Porcio Latrón.
Publio Valerio Catón.Quinto Curcio Rufo.
Cornelio Epicado.Lucio Valerio Primano.
Curcio Nicia.Verginio Flavo.
Leneo.Lucio Estacio Úrsulo.
Quinto Cecilio.Publio Clodio Quirinal.
Marco Verrio Flaco.Marco Antonio Liberal.
Lucio Crasicio.Sexto Julio Gabiniano.
Escribonio Afrodisio.Marco Fabio Quintiliano.
Gayo Julio Higino.Julio Tirón.
Gayo Meliso.
Marco Pomponio Marcelo.
Quinto Remio Palemón.
Valerio Probo.

LA GRAMÁTICA

1. La gramática en Roma, antiguamente, no era objeto de estudio ni disfrutaba del menor prestigio, situación debida, sin duda, a la incultura y a las tensiones bélicas de la ciudad, que no disponía de tiempo para el cultivo de las disciplinas liberales. También los comienzos de la gramática fueron modestos, pues los profesores más antiguos, que eran al mismo tiempo poetas y semigriegos 27 , no comentaban más que autores griegos, o explicaban lo que ellos mismos habían compuesto en latín. Me refiero a Livio y a Ennio, de quienes es sabido que impartían sus enseñanzas en ambas lenguas, en su patria y fuera de ella. Algunos autores nos dicen que este mismo Ennio había publicado dos libros, uno Sobre las letras y las sílabas, y otro Sobre los metros, pero con razón argumenta Lucio Cota 28 que estas obras no son del poeta, sino de un Ennio posterior, autor también de unos libros sobre la ciencia de los augurios.

2. Así pues, en mi opinión, el primero que introdujo el estudio de la gramática en Roma fue Crates de Malos, contemporáneo de Aristarco 29 . Había sido enviado ante el Senado por el rey Atalo 30 entre la segunda y la tercera Guerra Púnica, a poco de la muerte de Ennio 31 . Por la zona del Palatino se cayó en una alcantarilla, rompiéndose una pierna. Durante todo el tiempo de su embajada y recuperación, dio gran número de conferencias y disertó con frecuencia, constituyendo para los latinos un modelo que imitar. Sin embargo, la imitación quedó reducida a revisar con detalle poemas todavía poco difundidos, de amigos fallecidos o de algún otro autor que contase con su estima, y a leer y comentar tales obras para hacerlas conocidas del gran público. Así, Gayo Octavio Lampadio dividió en siete libros la Guerra Púnica de Nevio, escrita en un solo volumen sin ninguna división; más tarde, Quinto Vargunteyo recitaba los Anales de Ennio ante una gran concurrencia en días determinados; lo mismo hacían Lelio Arquelao y Vetio Filócomo con las sátiras de su amigo Lucilio, que Pompeyo Leneo proclama haber leído con Arquelao, y Valerio Catón con Filócomo 32 .

3. Sentaron las bases y desarrollaron en todas sus partes la gramática Lucio Elio, de Lanuvio, y su yerno Servio Clodio, caballeros romanos de amplia y variada actividad en el campo intelectual y en el político. Elio tuvo dos sobrenombres: se le llamaba Praeconinus, porque su padre había hecho de pregonero, y Stilo 33 , porque solía escribirles los discursos a personajes distinguidos. Fue tan partidario de la aristocracia que acompañó al exilio a Metelo Numídico 34 .

Servio, por haber sustraído a su suegro con malas artes un libro de éste aún inédito, se vio desdeñado, y tuvo que abandonar la ciudad lleno de vergüenza y de hastío. Cayó luego enfermo de gota e, incapaz de soportarla, se aplicó en los pies un veneno, y los dejó tan insensibles que vivía con esa parte del cuerpo como muerta 35 .

Posteriormente, el reconocimiento y la atención a esta ciencia fueron aumentando cada vez más, hasta el punto de que ni siquiera los hombres más ilustres dejaron de escribir algo sobre ella, y en alguna época —según se cuenta— hubo en Roma más de veinte escuelas muy concurridas. Los gramáticos llegaron a ser tan estimados y sus precios tan altos que, como es bien sabido, a Lutacio de Dafnis —a quien Levio Meliso 36 , jugando irónicamente con su nombre, llamó «Agasma (El niño prodigio) 37 de Pan»— lo compró Quinto Cátulo 38 por 700.000 sestercios, y a poco le concedió la libertad. Igualmente Eficio Calvino, un caballero romano muy rico, contrató por 40.000 sestercios al año a Lucio Apuleyo para que diera clases en Huesca. Pues había llegado la gramática a provincias, y algunos de los profesores más conocidos impartieron sus enseñanzas fuera de Roma, especialmente en la Galia Togata 39 , entre ellos Octavio Teucro, Sescenio Yaco y Opio Cares 40 . Este ejerció hasta sus últimos años, cuando ya no podía ni andar ni ver.

4. Se impuso la denominación de «gramático», al modo griego, pero en un principio se llamaron «letrados» 41 . Cornelio Nepote, en un libro en que distingue al letrado del erudito, dice: «por lo común se llama ‘letrados’ a quienes pueden hablar o escribir sobre algún tema con profundidad, agudeza y conocimiento de causa; pero propiamente se debe dar este nombre a los intérpretes de poetas, que los griegos designan con el nombre de ‘gramáticos’». Mesala Corvino demuestra en una epístola suya que también se les llama litteratores 42 , al decir que «él no tenía nada que ver con Furio Bibáculo, ni tampoco con Ticida o con el litterator Catón» (alude sin duda a Valerio Catón, muy conocido como poeta y como gramático) 43 . Algunos críticos hacen una distinción entre litteratus y litterator análoga a la que establecen los griegos entre grammaticus y grammatista, considerando al primero perfectamente documentado en la materia, y al segundo de forma más mediocre. Esta opinión la confirma también con ejemplos Orbilio: «en tiempo de nuestros antepasados —dice—, cuando se ponía a la venta un esclavo, no se le solía poner título 44 , salvo raras excepciones, de litteratus sino de litterator, dando a entender que no había consumado, sino tan sólo iniciado, sus estudios».

Los gramáticos antiguos enseñaban también retórica, y de muchos de ellos se conservan comentarios sobre ambas materias. En mi opinión, siguiendo esta costumbre, los gramáticos posteriores, aunque ya eran dos profesiones distintas, mantuvieron, e incluso introdujeron, algunos tipos de ejercicios preparatorios de la elocuencia, tales como problemas, paráfrasis, alocuciones, etiologías 45 y otros similares, con la finalidad de que, cuando los niños pasasen a los maestros de retórica, no estuviesen totalmente ayunos en la materia. Observo que estos métodos ya se han abandonado, por la indiferencia de algunos alumnos y su juventud, pues no creo que sea por desdén. Cuando yo era niño recuerdo que uno de estos profesores llamado Princeps solía cada dos días hacer declamaciones, y cada dos días mantener debates; algunos días por la mañana daba disertaciones, y por la tarde dejaba la cátedra y declamaba. También oí decir que, en época de nuestros padres, algunos habían pasado directamente al foro desde la escuela del gramático, y se habían llegado a contar entre los más sobresalientes abogados.

5. Profesores ilustres, de los que yo al menos puedo dar alguna información, fueron los siguientes:

Sevio Nicanor, el primero que con la enseñanza llegó a alcanzar fama y estima. Además de unos comentarios, la mayoría de los cuales sin embargo se dice que le fueron robados, escribió una sátira en donde indica que era liberto y tenía dos sobrenombres, con estos versos:

Sevio Nicanor, liberto de Marco, lo negará;

Sevio (Nicanor Potho, también Marco), lo explicará 46 .

Algunos autores cuentan que debido a cierta difamación se retiró a Cerdeña y allí murió.

6. Aurelio Opilo, liberto de un epicúreo, enseñó primero filosofía, luego retórica y por último gramática. Disolvió su escuela para seguir, en su destierro a Asia Menor, a Rutilio Rufo 47 . Permaneció con él en Esmirna hasta edad avanzada, y allí escribió algunos libros sobre materias variadas. De entre ellos nueve forman una sola obra, y él mismo explica por qué: «Como entiendo que los escritores y los poetas están bajo el patronazgo de las Musas, no cae fuera de lugar hacer y titular estos libros de acuerdo con el número y el nombre de aquellas diosas». Observo que, en la mayoría de los catálogos y títulos 48 , su sobrenombre se consigna con una sola l, pero él mismo lo escribe con dos en el acróstico del libro titulado Pinax («Indice»).

7. Marco Antonio Gnifón, natural de la Galia, era hijo de padres libres, pero fue abandonado. El que lo crió le concedió la libertad y se ocupó de su educación —en Alejandría, y en opinión de algunos autores, como compañero de Dionisio Escitobraquión 49 , cosa a la que yo doy poco crédito porque la cronología no concuerda del todo—. Se dice que era un hombre de gran talento, de extraordinaria memoria y tan buen conocedor del griego como del latín. Tenía además un carácter afable y bondadoso, nunca había fijado precio a sus clases, obteniendo con ello mayores beneficios gracias a la generosidad de sus discípulos. Dio clases primero en casa del divino Julio, cuando éste era todavía un. niño, después en la suya propia. Enseñó también retórica, y explicaba todos los días las reglas de la elocuencia, pero declamaba sólo los días de mercado 50 . Se dice que a su escuela asistieron hombres ilustres, entre ellos Marco Cicerón, mientras desempeñaba el cargo de pretor 51 . Escribió muchas obras, aunque no alcanzó los 50 años; sin embargo, Ateyo Filólogo cuenta que «dejó sólo dos libros sobre la lengua latina pues las restantes obras que se le atribuyen son de sus discípulos y no de él, aunque en ellas se encuentra algunas veces su propio nombre, ATHOC » 52 .

8. Marco Pompilio Andronico, natural de Siria, tenía fama, debido a su pasión por la secta de Epicuro, de ser bastante abandonado en la profesión de gramático y poco capacitado para dirigir una escuela. Así pues, viendo que en Roma se le ponía detrás no sólo de Antonio Gnifón, sino también de otros gramáticos inferiores, se marchó a Cumas; allí llevó una vida tranquila y escribió muchas obras. Su extrema pobreza y necesidad le obligaron a vender por 16.000 sestercios su obra principal Refutaciones a los Anales de Ennio. Orbilio dice que recobró estos libros cuando estaban arrinconados, y se ocupó de que circulasen con el nombre de su autor.

9. (Lucio) Orbilio Pupilo, de Benevento, quedó abandonado por la muerte de sus padres, asesinados ambos el mismo día por unos enemigos suyos. Primero ejerció de alguacil al servicio de los magistrados, luego prestó servicio militar en Macedonia, en un comienzo como corniculario 53 , después en la caballería. Finalizado éste, reanudó sus estudios a los que ya desde niño se había dedicado con bastante aplicación. Enseñó durante mucho tiempo en su patria, hasta que por fin, a los 50 años, marchó a Roma, en el consulado de Cicerón 54 ; allí obtuvo con la docencia más gloria que provecho, pues, siendo ya muy anciano, confiesa en uno de sus escritos: «soy pobre y vivo en un desván». Publicó también un libro titulado Perì alogías («Sobre una conducta irracional») 55 , donde se queja de las ofensas que los profesores sufren por la indiferencia y ambición de los padres. Tenía un carácter violento no sólo contra sus rivales 56 , a los que zahería a la mínima oportunidad, sino también con sus discípulos; así lo ponen de manifiesto Horacio llamándole «amigo de pegar» 57 y Domicio Marso 58 al escribir:

A algunos les sacudió Orbilio con la vara y el látigo.

Tampoco escaparon a sus ataques personajes importantes. Cuando era todavía desconocido, fue a prestar declaración en un juicio muy concurrido; allí Varrón 59 , abogado de la parte contraria, le preguntó a qué se dedicaba y qué profesión ejercía; él respondió que transportaba a los jorobados desde el sol a la sombra, aludiendo a que Murena era jorobado 60 . Vivió hasta casi los cien años, perdida la memoria hacía tiempo, como muestra este verso de Bibáculo:

¿Dónde está Orbilio, ese memorial desmemoriado?

Una estatua suya de mármol puede verse en Benevento, a la izquierda del Capitolio; lo representa sentado y cubierto con el pallium 61 , con una estantería de libros a cada lado. Dejó un hijo, Orbilio, que fue también profesor de gramática.

10. (Lucio) Ateyo Filólogo, hijo de un liberto, nació en Atenas. Capitón Ateyo, conocido jurisconsulto, dice que «fue entre los gramáticos maestro de retórica; entre los maestros de retórica, gramático». También Asinio Polión 62 , en el libro en que critica las obras de Salustio por estar excesivamente recargadas de arcaísmos, cuenta lo siguiente: «En esto contó en especial con la ayuda de un tal Ateyo Pretextato, famoso gramático latino, más tarde oyente y maestro de declamación, que finalmente se dio a sí mismo el nombre de Filólogo». El propio Ateyo, en una carta a Lelio Hermas, dice que había hecho grandes progresos en las letras griegas y algunos en las latinas, que había sido alumno de Antonio Gnifón y su sucesor en la enseñanza. Le contaba además que había dado lecciones a muchos jóvenes distinguidos, entre ellos a los hermanos Apio y Pulcro Claudio 63 , a quienes acompañó a su provincia. Tomó el sobrenombre de Filólogo, según parece, porque, al igual que Eratóstenes 64 , el primero que reclamó para sí tal sobrenombre, se consideraba con amplios conocimientos en diversas materias. Esto queda bien patente en sus comentarios, aunque se conservan muy pocos; sin embargo, hace alusión a la gran cantidad de ellos en otra carta al mismo Hermas en que le dice: «No olvides recomendar a otros mi Hyle 65 que, como sabes, he reunido en 800 libros con materiales de todo tipo». Después mantuvo una estrecha amistad con Gayo Salustio y, al morir éste, con Asinio Polión. Cuando estos dos empezaron a escribir sus libros de historia, Ateyo proporcionó al primero un compendio de historias de Roma para que las seleccionase según su criterio personal; al segundo, unas normas sobre cómo escribir. Por esto me sorprende mucho más que Asinio haya creído que Ateyo reunía palabras arcaicas y figuras para Salustio, cuando sabía que a él le había recomendado más que nada utilizar la expresión conocida, corriente en Roma y ajustada a su sentido, evitando sobre todo la oscuridad de Salustio y su audacia en las metáforas.

11. Publio Valerio Catón, según se sabe por algunos testimonios, fue liberto galo de un tal Burseno. Él mismo, en un librito titulado Indignatio, afirma que nació de padres libres y se quedó huérfano siendo menor de edad, por lo que fue más fácilmente despojado de su patrimonio en los atropellos del período silano. Tuvo muchos e ilustres discípulos, y alcanzó reputación de profesor muy competente, sobre todo para quienes se sentían atraídos por la poesía, como se desprende justamente de estos versos:

Catón, el gramático, sirena latina,

el único que elige y hace poetas.

Además de cartillas sobre Gramática, escribió poemas; de ellos han sido especialmente bien acogidos Lydia y Diana. Ticida 66 menciona el primero:

Lidia, el libro predilecto de los sabios;

Cinna 67 , el segundo:

Viva por siglos la Dictina 68 de nuestro Catón.

Alcanzó los límites de la vejez pero en la mayor pobreza, casi en la indigencia, cobijado en miserable chabola, después que su villa de Túsculo 69 pasó a manos de sus acreedores, como atestigua Bibáculo:

Si, por ventura, alguien ve la casa de Catón,

las vigas pintadas de minio,

y los huertecillos que Príapo guarda,

asombrado discurre con qué doctrinas

alcanzó tanto saber

un hombre a quien tres colletas,

media libra de trigo, un par de redrojos

a una teja colgados,

nutren casi hasta el fin de su vejez.

Y todavía:

Lo que en Túsculo, Galo, ha poco tenía Catón,

por toda la ciudad su acreedor lo iba vendiendo.

Pasmado quedé: un maestro sin par,

gramático eminente, magnífico poeta,

capaz de solventar todo tipo de preguntas,

tenía su dificultad: librarse de una letra 70 .

¡Ahí se te va el corazón de un Zenódoto 71 ,

la pasión de un Crates!

12. Cornelio Epicado, liberto del dictador Lucio Cornelio Sila y heraldo al servicio del colegio sacerdotal de los augures, fue también muy del agrado de Fausto, el hijo de Sila, por lo que jamás dejó de presentarse como liberto de ambos.

Completó el último libro de las Memorias de Sila que éste había dejado sin terminar 72 .

13. Estaberio, de nombre Eros, natural de Tracia 73 , fue comprado en el mercado de esclavos y manumitido después gracias a su dedicación a las letras. Fue maestro, entre otros, de Bruto y Casio.

Algunos autores cuentan que fue tal su generosidad, que en tiempos de Sila se encargó, desinteresadamente y sin paga, de educar a los hijos de los proscritos.

14. Curcio Nicia vivió a la sombra de Gneo Pompeyo y Gayo Memio 74 , hasta que, traicionado por la esposa del primero, a la que había entregado unos billetes de Memio con propuestas deshonestas, incurrió en el enojo de Pompeyo, que le prohibió la entrada a la casa.

Fue también íntimo de Cicerón; en la carta que éste envía a Dolabela 75 leemos lo siguiente sobre Nicia: «Nada ocurre en Roma que crea pueda interesarte, a menos que quieras saber que actúo como juez entre nuestro amigo Nicia y Vidio: el uno presenta un recibo 76 en dos líneas de Nicia, el otro, todo un Aristarco 77 , las marca con un obelo. Mi misión es, como la de un crítico antiguo, juzgar si son del poeta o espurias».

También en una carta a Ático: «En cuanto a lo que escribes de Nicia, si me encontrara en condiciones de poder disfrutar de su humanidad, me gustaría tenerlo conmigo antes que a nadie, pero para mí la provincia supone soledad y retiro. Además ya conoces la flojedad, la poca resistencia y la manera de cuidarse de nuestro Nicia. En resumen, ¿por qué habría de molestarlo, si él no me puede resultar agradable? De todos modos me agrada su buena voluntad 78 ». Incluso Santra 79 emite juicio favorable sobre sus libros acerca de Lucilio.

15. Leneo fue liberto de Pompeyo Magno, al que siguió en casi todas sus campañas. Tras su muerte y la de sus hijos, se ganó la vida dando clases; enseñaba en Las Carinas, junto al templo de Tellus 80 , barrio en el que había estado la casa de Pompeyo. Se mantuvo, además, tan apegado al recuerdo de su amo que fustigó con una sátira singularmente cruda a Salustio por haber escrito que Pompeyo era «hombre de semblante honesto, pero de natural insolente»; Leneo llamó al historiador «libertino, tragaldabas, fanfarrón, crápula, mal engendro tú y tus libros», y además «buscón analfabeto de arcaísmos catonianos 81 ». Se cuenta que siendo aún niño, se arrancó furtivamente los grilletes y buscó refugio en su patria, que estudió como hombre libre las artes liberales hasta dominarlas, y que después entregó al amo el dinero de su rescate, pero que recibió la manumisión gratuitamente por su talento y conocimientos.

16. Quinto Cecilio Epirota, nacido en Túsculo, fue liberto de Ático, caballero romano al que Cicerón dirigió algunas cartas. A raíz de unas clases impartidas a la hija de su patrón, casada con Marco Agripa 82 , se hizo sospechoso respecto a la muchacha, y fue alejado de la casa; se marchó con Cornelio Galo con quien vivió en la mayor intimidad. Precisamente fue uno de los hechos, entre otras acusaciones muy graves, que Augusto echó en cara a Galo. Después de la condena y muerte de Galo, abrió una escuela, con la particularidad de que daba lección a pocos alumnos y sólo adolescentes, nunca a ninguno que vistiese la pretexta 83 , a menos que no pudiese negarle sus servicios al padre.

Se dice que fue el primero capaz de improvisar un discurso en perfecto latín y el primero también en iniciar el comentario de Virgilio y otros poetas noveles 84 , como señalan estos versos de Domicio Marso:

Epirota, crianderilla de poetas en ciernes.

17. Verrio Flaco, hijo de libertos, se hizo especialmente famoso por su forma de enseñar. Y así para ejercitar el ingenio de sus discípulos, solía enfrentar entre sí a los de una misma edad, poniéndoles ante los ojos no sólo el tema a desarrollar, sino también la recompensa que se llevaría el ganador: ésta consistía en algún libro antiguo, de edición bella o rara. Por este motivo el mismo Augusto lo eligió como preceptor de sus nietos, y Flaco se trasladó al Palatino con toda su escuela, con la condición de no tomar en adelante más discípulos a su cargo. Daba las clases en el atrio de la casa de Catulo, que por entonces formaba parte del Palatino, y percibía cien mil sestercios al año. Murió de edad avanzada en tiempos de Tiberio 85 .

Cuenta con una estatua en Preneste 86 , en la parte alta del Foro, cerca del pórtico circular donde había dado a conocer los fastos que había ordenado y grabado en el mármol de las paredes 87 .

18. Lucio Crasicio era tarentino por sus antepasados, de la clase de los libertos, y apodado Pasicles, nombre que luego cambió por el de Pansa. Inicialmente se dedicó al teatro, y durante ese tiempo cooperó con los mimógrafos. Después enseñó en un porche 88 , hasta que con la publicación de su comentario a la Zmyrna 89 se hizo tan famoso que llegaron a escribirse de él estos versos:

A Crasicio y no a otro ha tenido a bien Zmyrna confiarse;

dejad, ignorantes, de rondarla en amores;

sólo a Crasicio se unirá de grado —ha dicho —,

que él solo ha conocido sus honduras.

Después (…) de haber pasado ya por sus manos muchos y nobles discípulos, como Iulo Antonio 90 , hijo del triunviro, y a pesar de que llegó a comparársele con Verrio Flaco, disolvió de pronto su escuela e ingresó en la secta del filósofo Quinto Sextio 91 .

19. Escribonio Afrodisio, esclavo y discípulo de Orbilio, fue comprado y manumitido por Escribonia, hija de Libón, que había sido la primera mujer de Augusto. Enseñó en la misma época que Verrio, y escribió contra sus libros sobre ortografía 92 una réplica donde también fustigaba sus aficiones y conducta.

20. Gayo Julio Higino, liberto de Augusto y español de nacimiento (algunos creen que era de Alejandría y que César lo llevó a Roma de niño, después de haber conquistado aquella ciudad) 93 , fue entusiasta oyente e imitador del gramático griego Cornelio Alejandro 94 , a quien por sus conocimientos de la antigüedad muchos llamaban Polihístor y algunos «Historia». Dirigió la Biblioteca Palatina 95 , sin por ello dejar de enseñar a numerosísimos alumnos. Fue un gran amigo del poeta Ovidio y de Clodio Licino 96 , excónsul e historiador, que dice: «Higino murió muy pobre y se sustentó, durante su vida, gracias a mi generosidad». Liberto suyo fue Julio Modesto 97 , que siguió los pasos de su dueño en estudios y doctrina.

21. Gayo Meliso 98 , natural de Espoleto, nació libre, pero fue abandonado por desavenencias entre sus padres. Recibió, sin embargo, una educación muy completa gracias a la preocupación y solicitud de su padre adoptivo, y fue regalado a Mecenas como gramático. Al ver que le era grato y que le acogía como amigo, aunque su madre lo reclamaba, permaneció en su situación de esclavo, y antepuso esta condición a su verdadero origen; por esto recibió en seguida la libertad, e incluso se ganó el afecto de Augusto que le encargó la tarea de ordenar las bibliotecas del Pórtico de Octavia 99 . Él mismo nos dice esto: «A la edad de 60 años decidí componer unos libritos de Bagatelas», que circulan ahora con el título de Juegos ; llegó a completar 150, a los que añadió luego otros de cariz diferente. Inventó también un nuevo tipo de comedias togatas que llamó «trabeatas» 100 .

22. Marco Pomponio Marcelo, pedantísimo puntualizador de la lengua latina, en uno de los juicios en que intervino —pues a veces defendía pleitos— se obstinó en demostrar que su adversario había cometido solecismo, hasta el punto de que Casio Severo interpeló a los jueces y pidió un aplazamiento para que su cliente se buscara también un gramático: «Mi cliente no cree que la discusión con su adversario sea a partir de ahora sobre derecho, sino sobre el solecismo». Este mismo se permitió criticar una palabra de un discurso de Tiberio; cuando Ateyo Capitón afirmó: «Esto es buen latín, y si no lo fuese desde este mismo momento lo sería», le respondió: «Se engaña Capitón; tú, César, puedes conceder la ciudadanía romana a una persona, pero no a una palabra». Asinio Galo nos muestra, con este epigrama dedicado a él, que en otro tiempo había sido boxeador:

Quien «cabeza a la izquierda » aprendió, nos enseña un

lenguaje rebuscado;

aunque no tiene cabeza 101 , mejor dicho, la tiene de

boxeador.

23. Quinto Remio Palemón nació en Vicenza 102 . Esclavo de una mujer, aprendió primero, según dicen, el oficio de tejedor, y más adelante empezó a conocer las letras mientras acompañaba a la escuela al hijo de su ama. Manumitido luego, enseñó en Roma y llegó a ocupar el primer puesto entre los gramáticos, aunque su reputación estaba manchada con toda suerte de vicios, y Tiberio primero, y después Claudio, habían proclamado en público que a nadie menos que a él debería confiarse la educación de niños o jóvenes. Pero se ganaba a la gente con su memoria, y sobre todo con su facilidad de palabra; incluso improvisaba poemas, y es verdad que escribió en metros variados y poco frecuentes. Su arrogancia llegó al extremo de llamar «cerdo» a Varrón, y de decir cosas tales como: «conmigo nacieron y han de morir las letras»; «mi nombre no está en las Bucólicas de casualidad, pues Virgilio presintió la existencia, algún día, de un tal Palemón, juez de todos los poetas y poemas» 103 . Se gloriaba incluso de que unos ladrones, en cierta ocasión, lo habían respetado gracias a la fama de su nombre. Tan amigo era del lujo que se bañaba varias veces al día y no le bastaban para sus gastos los cuatrocientos mil sestercios anuales que recibía de la escuela, y no mucho menos que obtenía de su patrimonio, del que cuidaba con muchísimo celo, pues estaba al frente de unos talleres de vestidos para la venta, y cultivaba los campos con tal acierto, que una viña plantada por su propia mano sabemos que producía una enorme cantidad de uvas 104 . Pero sobre todo era tal su ardor sexual para con las mujeres que llegaba a mancillar su propia boca. Cuentan que se hizo famoso por la frase bastante graciosa de uno que en una aglomeración, por más que lo intentó, no pudo evitar sus lengüeteos: ¿«Quieres, maestro, lamer de arriba abajo siempre al que ves con prisa?».

24. Marco Valerio Probo, natural de Berito 105 , aspiró durante mucho tiempo al centurionazgo, hasta que por cansancio se dedicó al estudio. Había leído algunos viejos libros en su provincia, con su maestro de primeras letras: perseveraba aún allí el recuerdo de los antiguos y no estaba completamente borrado como en Roma. Volvió, pues, a interesarse por ellos con gran afán, y deseó conocer otros más; y aunque se dio cuenta de que todos los despreciaban y de que servían más de vergüenza que de gloria o provecho para quienes los leían, no continuó menos en su propósito. Así pues, se preocupó de corregir, puntuar y poner notas a multitud de copias que reunió 106 , no dedicándose a ningún otro aspecto de la gramática. No tuvo tanto discípulos como unos cuantos seguidores: nunca, en efecto, se dedicó a la enseñanza como para recibir el título de maestro; solía recibir por las tardes a uno o dos, como mucho a tres o cuatro, y recostado, en medio de conversaciones largas, triviales, leía algo, y aun esto rara vez. Publicó unos cuantos trabajillos breves sobre algunos problemas de poca consideración. Dejó, sin embargo, un florilegio nada despreciable de observaciones sobre la lengua antigua.

LA RETÓRICA

25. La retórica, exactamente como la gramática, entró tarde en nuestro país, y aun con más dificultad, pues consta que muchas veces hasta su ejercicio estuvo prohibido. Para que nadie tenga duda sobre ello recogeré un viejo senadoconsulto 107 y un edicto de los censores:

El año del consulado de Gayo Fannio Estrabón y Marco Valerio Mesala 108 , el pretor Marco Pomponio presentó una propuesta al Senado. En los debates sobre filósofos y maestros de retórica se resolvió que el pretor Marco Pomponio cuidara y procurara que, de acuerdo con los intereses del Estado y su propia fidelidad al cargo, no se les permitiera vivir en Roma.

Sobre estos mismos personajes, pasado el tiempo, los censores Gneo Domicio Enobarbo y Lucio Licinio Craso promulgaron 109 el siguiente edicto:

Se nos ha dado aviso de que hay quienes han fundado un nuevo tipo de disciplina y que a ellos acuden nuestros jóvenes para aprender; se han dado a sí mismos el nombre de «maestros de retórica latinos». Con ellos la gente joven gasta sus días en balde. Nuestros antepasados decidieron qué deberían sus hijos aprender y qué escuelas frecuentar; estas novedades que se practican fuera de las costumbres y principios de nuestros antepasados ni nos agradan ni nos parecen correctas. Por eso creemos nuestro deber indicar a todos aquellos que tienen estas escuelas y a los que acostumbran a reunirse en ellas, que no nos parecen bien.

Poco a poco la retórica fue apareciendo útil y honorable y muchos la utilizaron para su defensa y gloria. Cicerón declamó, incluso en griego, hasta el tiempo de su pretura; ya en su vejez continuó haciéndolo en latín, y en compañía de los futuros cónsules Hirtio y Pansa, a quienes llamaba discípulos suyos y alumnos creciditos 110 .

De Pompeyo contaron algunos historiadores que en tiempo de la guerra civil, con el fin de contradecir más fácilmente a Gayo Curión, un joven que defendía con gran desenvoltura 111 la causa de César, había adoptado la costumbre de declamar. De Marco Antonio, y de Augusto, que ni siquiera en la guerra de Módena 112 prescindieron de tal costumbre. El emperador Nerón declamó en el primer año de su mandato, y también en público dos veces antes. La mayoría de los oradores incluso publicaron sus declamaciones 113 .

Así que prendió un gran interés entre la gente, afluyeron numerosos profesores y entendidos, y tanta pujanza tuvo que hubo quienes desde una ínfima situación llegaron a la categoría de senadores y a las más altas dignidades. El método de enseñanza no fue siempre único para todos ni constante para cada cual, ya que cada uno ejercitó a sus discípulos de distintos modos: los acostumbraban a exponer sus discursos muy claramente de unas y otras maneras valiéndose de toda clase de figuras, ejemplos, y fábulas; a desarrollar sus narraciones unas veces con brevedad y concisión, otras con amplitud y riqueza de detalles; en ocasiones traducían obras griegas, y alababan o vituperaban a hombres famosos; ciertas instituciones de la vida cotidiana las mostraban como útiles y necesarias, o como dañinas y superfluas; con frecuencia se dedicaban a confirmar o destruir leyendas, ejercicio que los griegos llaman anaskeuḗ y cataskeuḗ («refutación» y «confirmación»).

Poco a poco fueron pasando de moda estas prácticas 114 , y se llegó a la controversia. Las antiguas controversias, o se desarrollaban a partir de relatos históricos, como ocurre también ahora, o a partir de un hecho real acaecido recientemente. Solía darse incluso el nombre del lugar donde hubiera sucedido; así están recogidas y publicadas, y no estará de más citar literalmente una o dos a modo de ejemplo:

En tiempo de verano unos jóvenes de Roma se dirigían a Ostia. Cuando entraron en la playa fueron hacia unos pescadores que faenaban con la red y convinieron con ellos en cuánto comprarían la captura. Pagaron. Esperaron largo tiempo hasta que sacaron las redes. Al fin sacadas, no apareció ningún pez sino una cesta de oro cerrada. Entonces los compradores dicen que el botín es suyo y los pescadores que de ellos.

Al desembarcar un mercader su cargamento de esclavos en Brindis impuso la bula y la toga pretexta 115 a un muchachito bien parecido y de buen precio, por temor a los aduaneros. Con facilidad pasó el engaño. Al llegar a Roma el asunto es descubierto. Se reclama la libertad para el muchacho porque la había recibido por voluntad de su amo.

Antiguamente los griegos llamaban a esto sintaxis («exposición», «argumentación»); luego se las llamó controversias («debates»), tanto si eran fingidas como legales.

Maestros ilustres y de quienes quede algún recuerdo, difícilmente se encontrarán otros que los que voy a mencionar.

26. Lucio Plotio Galo 116 . Dice Cicerón de él en una carta 117 a Marco Titinio: «Todavía recuerdo que, aún niños nosotros, un tal Plotio había empezado a dar las primeras lecciones en lengua latina; los más entusiastas entraron en competición para trabajar junto a él, y a mí me dolía no tener esta oportunidad; me retenía, por otra parte, la autoridad de los hombres más cultos que todavía creían más provechosas, para cultivar la inteligencia, las prácticas en lengua griega». De éste mismo —pues vivió muchos años— reveló Marco Celio en su defensa contra un cargo de violencia, que «había escrito el discurso de su acusador, Atratino» 118 , y sin decir su nombre lo llama en son de burla «rétor hinchado como el pan de cebada», pues es inflado, pero de poco peso y burdo.

27. Lucio Voltacilio Piluto 119 se dice que fue esclavo —mejor dicho, uno de aquellos que antiguamente amarraban a una cadena como porteros—, hasta que, por su talento natural y afán por la literatura, recibió la libertad y colaboró con su patrón en la composición de las acusaciones. Luego fue profesor de retórica y enseñó a Gneo Pompeyo Magno, cuyas hazañas, y las de su padre, expuso en varios libros. Según Cornelio Nepote «fue el primero de los libertos que intentó escribir historia en una época en que solía ser escrita por hombres de la mejor posición».

28. Marco Epidio, famoso por sus chantajes, abrió una escuela de retórica y enseñó entre otros a Marco Antonio y Augusto. Estos, en cierta ocasión, echaron en cara a Gayo Canutio el hecho de que en la administración del Estado simpatizaba demasiado con el partido del excónsul Isáurico 120 ; Canutio les respondió que prefería ser discípulo de Isáurico que de un chantajista como Epidio. Este Epidio proclamaba ser descendiente de Gayo Epidio Nucerino, de quien cuentan que cayó en una fuente del río Sarno, y poco después reapareció con una cornamenta de oro 121 ; luego se perdió de vista, por lo que fue divinizado.

29. Sexto Clodio, siciliano, fue profesor de retórica latina y griega. Miope y mordaz, solía decir que había agotado los dos ojos en su amistad con Marco Antonio el triunviro 122 . De Fulvia, la mujer de este último, cuyo labio inferior era más grueso que el otro, dijo que tentaba la punta de su pluma 123 . Y esto no desagradaba a Antonio, sino al contrario. Incluso luego, siendo éste cónsul, le hizo un gran regalo, cosa que Cicerón le vitupera en las Filípicas 124 :

tienes a tu lado a un payaso al que tú y los eruditos que te rodean habéis nombrado maestro de retórica, y a quien permites hablar sobre ti lo que se le antoja; es un hombre desde luego ingenioso, pero el tema se presta tratándose de hacer chistes sobre ti y los tuyos…; sin embargo, ¡de qué manera se ha premiado a un maestro de retórica!, ¡prestad atención, senadores, y enteraos de los golpes que recibe el Estado!: dos mil yugadas del campo Leontino has regalado al maestro de retórica Sexto Clodio, libres de impuestos para colmo, y tanta generosidad te ha servido sólo para tener la cabeza hueca.

30. Gayo Albucio Silo era de Novara 125 . Mientras desempeñaba el cargo de edil en esta ciudad, en el trascurso de un juicio, lo arrojaron del tribunal, arrastrándolo por los pies los mismos contra los que estaba declamando. Indignado, corrió a las puertas de la ciudad, y de allí a Roma. Se le recibió en casa del orador Planco que tenía la costumbre, cuando iba a declamar, de buscar a alguien que hablara antes de él. Albucio asumió este papel, y lo ejecutó con tanto acierto que Planco enmudeció, y no se atrevió a entrar en competición. Famoso por esto, fundó su propio auditorio; acostumbraba a empezar sentado los debates previstos, pero la excitación le hacía levantarse y acabarlos en pie. El estilo de sus declamaciones variaba mucho: a veces era suntuoso y lleno de adornos, otras, para no parecer constantemente un académico, conciso y pedestre, cuando no llegaba al vocabulario callejero 126 . También tomó parte en pleitos, pocos y sólo los muy importantes, con el único objeto de hacer la peroratio 127 . Más tarde abandonó el Foro, en parte por vergüenza y en parte por miedo: pues en una causa ante los centunviros 128 ofreció a su adversario, al que acusaba de haber obrado impíamente con sus padres, el derecho al juramento, pero con este lenguaje figurado: «Jura por los restos de tu padre y de tu madre que yacen insepultos», y otras cosas por el estilo; éste aceptó la condición, y al no objetar nada los jueces, acabó su intervención muy humillado. Otra vez, en el caso de la matanza de Milán, cuando estaba defendiendo al acusado ante el procónsul Lucio Pisón, tanto se enfadó al reprimir los «lictores» 129 las excesivas manifestaciones de adhesión que, después de lamentar la situación de Italia porque había vuelto a su antiguo estado de provincia, invocó a Marco Bruto, cuya estatua estaba a la vista, como autor y protector de las leyes y la libertad. A raíz de esto poco faltó para que recibiera un castigo. Ya viejo, volvió a Novara a causa de un tumor; allí reunió al pueblo, y en un largo discurso a modo de arenga explicó las causas por las que decidía abandonar la vida; después se dejó morir de hambre.

FRAGMENTOS

(extraídos de la «Crónica» de S. Jerónimo 130 )

26 Brugnoli (ed., págs. VII-XVII ) recoge toda la documentación sobre este hallazgo, en el que se vuelve a creer tras años de escepticismo.

27 Livio Andronico provenía de Tarento; cerca estaba Rudias, la patria de Ennio, dentro, por tanto, del área cultural de la Magna Grecia.

28 Se le ha intentado identificar con Lucio Aurelio Cota, cónsul en el 65, o con Lucio Aurunculeyo Cota, legado de César en las Galias. De este otro Ennio nada más sabemos.

29 Directores respectivamente, de las Escuelas de Pérgamo y de Alejandría en el s. II a. C., los dos centros principales de estudios filológicos y gramaticales, enfrentados en la polémica ‘anomalistas/analogistas’ que repercutiría en los lingüistas latinos.

30 Rey de Pérgamo (220-138 a. C.).

31 169 a. C.; cf. pág. 107.

32 Sobre Catón y Leneo, ver caps. 11 y 15. De sus maestros ésta es la única noticia segura. Para Vargunteyo, n. 106.

33 Para el primer apodo, «pregonero» = praeconium, cf. PLINIO , Hist. Nat. XXXIII 29; stilus era el punzón que se empleaba para escribir sobre las tablillas enceradas; la misma noticia en CIC ., Brutus, 56. Cf. pág. 16 n. 14.

34 Miembro de una de las familias más ilustres de Roma, desterrado en el 100 a. C. por negarse a jurar acatamiento a la Ley Agraria del tribuno Lucio Apuleyo Saturnino.

35 PLINIO , Hist. Nat. XXV 7, 24 menciona a Varrón como fuente, al describir de forma similar la enfermedad de Clodio.

36 Identificado hipotéticamente con Levio (inicios s. i a. C.), autor de poesía amorosa (los Erotopaegnia) con técnica y temática alejandrinas.

37 Conjetura de Baumg-Crusius (ed. 1816-18) que alterna en las ediciones con la de Toup, Agapema = «adoración», «cariñito de»… Lo asimila al pastor siciliano, luego semidiós, Dafnis: joven de gran belleza amado por Pan, de quien aprendió el arte de la música tan hábilmente que se convirtió en el inventor del género bucólico.

38 Q. Lutacio Cátulo (¿150?-87 a. C.), representante de la aristocracia filohelénica que sucedió a los Escipiones. Un par de epigramas suyos al estilo griego los recoge Gelio (XIX 9), y otros gramáticos citan alguna obra histórica y erudita.

39 La Galia Romana o Cisalpina, al norte de Italia, entre los Apeninos y los Alpes, zona muy pronto y muy hondamente romanizada.

40 Nada sabemos del primero: hay referencias al segundo en los índices de Plinio el Viejo; y citas gramaticales en Festo (pags. 183 y 274) de Opio (tal vez el autor del Sobre los árboles silvestres que acota Macrobio).

41 A la par que el sistema escolar, los latinos trasvasaron el término (grammaticus) que designaba al profesor de segunda enseñanza. Su misión esencial era la explicación de textos literarios. Así se entiende mejor la adopción, que propone Nepote, del vocablo autóctono litteratus «hombre de letras», con la misma formación semántica que el calco griego (gramma = littera = letra).

42 Aplicado propiamente, según el griego grammatistḗs, al maestro de primeras letras, aunque el apelativo corriente para él era primus magister o magister ludi.

43 Todos relacionados con el movimiento neotérico (v. cap. 11).

44 Titulus, cartel que portaban los esclavos expuestos a la venta, pregonando sus habilidades e indicando el precio.

45 Por paraphrasis se entendía la reproducción libre de un texto; los demás aluden a la elaboración de discursos o secciones de un discurso fingido, ya en boca de un personaje conocido (allocutio), haciendo hincapié en la pintura de su carácter (ethiologia), ya bajo apariencia de controversia legal (problema).

46 Verso muy deteriorado, de sentido oscuro.

47 Político e historiador, cónsul en 105 a. C.; su condena el año 94 por un cargo de concusión fue fruto de los manejos políticos de Mario.

48 Titulus se llamaba al marbete, de pergamino o vitela, que colgaba de la varilla (umbilicus) en donde estaba enrollado el uolumen. En él constaba el nombre del autor y el título de la obra.

49 Gramático y novelista alejandrino. Vive en el s. II o I a. C., pero no conocemos la cronología exacta, por lo que resulta imposible verificar esta noticia.

50 La traducción literal es «cada nueve días» (nundinis), intervalo entre los días de mercado.

51 66 a. C. Cf. pág. 63.

52 Según corrección de Della Corte (los mss. ut hoc / hic ), que supone subyace un vocablo griego. A pesar de Ateyo, en MACROBIO (III 12, 8) y Esc. Bern. (a Georg. II 119) se acota un comentario de Gnifón a los Anales de Ennio.

53 Cornicularius era el soldado que, agregado a un centurión o tribuno, y valiéndose de un cuerno (cornu), trasmitía las órdenes al resto del ejército.

54 63 a. C.

55 Conjetura de Turnebus (1604); Brugnoli supone Perì álgeos («Sobre el dolor»), libro desaparecido.

56 En latín antisophistas: así se decía de los gramáticos que defendían doctrinas opuestas. No eran raros —según parece por QUINT . XI 3, 126 y SUET . Tiberio, 11— los ataques mutuos, o incluso los insultos en público.

57 Plagosus dice el texto repitiendo la expresión de HORACIO , Epíst. II 1, 70.

58 Poeta elegíaco (54-4 a. C.) del que sólo conservamos este epigrama y los que se leen en las vidas de Tibulo, Bavio y Epirota.

59 Varrón Murena, cuñado de Mecenas, cónsul con Augusto en el 23, contra el que, más tarde, tomó parte en una conspiración. Fue ejecutado por ello en tiempo de Tiberio.

60 Cf. MACROBIO , II 6, 3-4: «Había salido Orbilio a testificar contra el reo. Para confundirlo Galba (el jorobado de esta versión), simulando no conocer su profesión, le pregunta: ‘¿De qué ejerces?’ y él ‘Me dedico a frotar al sol jorobados’». Sobre las posibles connotaciones eróticas de gibberosus (jorobado) v. J. F. KILLEEN , Wiener Studien 3 (1969), 233 sigs.

61 El manto griego, atuendo típico de filósofos y maestros.

62 El conocido político, orador (v. pág. 120) e historiador; Gelio (X 26, 1) recoge, de una «Epístola a Planco», otras censuras suyas a Salustio.

63 Publio Clodio Pulcro, el enemigo de Cicerón y promotor de su destierro, y su hermano mayor Apio Claudio Pulcro, cónsul en el 54 y autor de un tratado sobre disciplina de los augurios.

64 Sucesor de Apolonio de Rodas en la dirección de la Biblioteca de Alejandría; v. pág. 14.

65 Como el latín silua («madera», «bosque»), designaba metafóricamente la obra miscelánea. Éste, y un par de títulos más, es todo lo que se conserva de Ateyo.

66 Poeta neotérico, autor (v. APULEYO , Apolonio 10) de poemas eróticos. Sólo conocemos éste y otro breve fragmento a su nombre.

67 Otro de los neotéricos, discípulo de Valerio Catón y amigo de Catulo (CATULO , 10). Véase cap. 18.

68 Uno de los nombres de Diana como diosa de la caza (díktyon = «red»). Ninguna de las obras se conserva.

69 Municipio del Lacio, famoso por las numerosas quintas de recreo que nobles y potentados romanos construyeron allí.

70 Juego con dos significados de nomen: «pagaré» (por figurar el «nombre» del deudor) y «nombre» como parte de la oración gramatical. Expedire nomen equivale a «librarse de un pagaré», y, en términos escolares, a terminar el estudio del nombre para pasar al verbo. Traducimos nomen por «letra» para reproducir de algún modo el equívoco.

71 Filólogo helenístico (s. IV a. C.), primer director de la escuela de Alejandría.

72 No quedan restos de los 22 libros que formaban las Memorias, pero fueron muy utilizados por historiadores posteriores.

73 Texto muy inseguro; seguimos la conjetura de Brugnoli.

74 Pompeyo el triunviro (106-48 a. C.); a Gayo Memio (muerto antes del 46) se le recuerda como orador, mecenas de los neotéricos (véase CATULO , 10.13), destinatario del poema de Lucrecio y, como político, seguidor de Pompeyo, al que abandonó pasándose al partido cesariano.

75 Yerno de Cicerón. La cita corresponde a Ad Fam. IX 10, 1, por donde se completan algunas omisiones de los mss.

76 Jugando con el término expensum que significa «recibo» y «observación crítica», Cicerón presenta un pleito mercantil bajo la forma de un debate entre filólogos sobre un texto literario.

77 Director de la Biblioteca de Alejandría hacia el 153 a. C. Su nombre aparece en muchas ocasiones para simbolizar al crítico riguroso (v. CIC ., Ad At. I 14, 3; HOR ., Ars 450). El obelo —signo en forma de guión— se utilizó, a partir de Zenodoto, para marcar las líneas espurias.

78 CIC ., Ad At. XII 26, 2.

79 Véase pág. 18. Nada se conserva de los libros de Nicia.

80 Las Carinas: barrio de Roma, así llamado por los techos de las casas que imitaban la quilla (carina) de un barco. El templo de Tellus («Tierra»), antigua deidad romana, fue construido sobre el Esquilino en el 268 a. C.

81 Quintiliano (VIII 3, 29) reproduce un epigrama burlesco sobre Salustio que evoca verbalmente el último denuesto.

82 Amigo y brazo derecho de Augusto (64/3-12 a. C.); después de Atica (a la que alude el texto) casó con una sobrina del emperador y luego con su hija Julia.

83 Toga blanca con una franja púrpura que vestían los romanos de la nobleza hasta los 16 ó 17 años.

84 Poetae noui; por lo general se da a noui el sentido que traducimos con «noveles», pero puede haber una alusión más concreta a los poetas neotéricos; Epirota habría incluido entonces en programa la lírica de estilo alejandrino y, dentro de ella, las Bucólicas. A la misma ambigüedad se presta tenerulum («en ciernes»), aplicable a la edad («tiernos») y evocador de aquel tipo de poesía.

85 Véase Crónica, 8 a. C. (pág. 134), donde S. Jerónimo deduce por su cuenta el acmé.

86 Ciudad del Lacio, a unos 40 Km. al este de Roma. Hoy Palestrina.

87 Se conserva en ruinas parte de la piedra grabada (Corp. Inscr. Latin. I2 ). En los Fastos, que servían a cada ciudad de calendario, se consignaban guerras, festividades, prodigios, augurios; sobre esta base, los días eran «lícitos» (fasti) o no (nefasti) para llevar a cabo asuntos públicos y legales; antes de sistematizaciones como la de Verrio, ya se publicaban periódicamente. Véase n. 92 y restos de su obra en FUNAIOLI , Gram. Rom. Fragm., págs. 511-23.

88 En latín pergula, balconada o porche cubierto donde solían impartirse las clases.

89 Era un epyllion (poema épico breve), al estilo del 64 de Catulo, sobre el mito de Mirra y Cyniras. Cf FILARGIRIO , BUC. 9, 35: «Cinna redactó la Smyrna y pasados 9 años la publicó; por eso dicen que Horacio aludía a él en la Ars con aquello de ‘hay que seguir moldeando hasta el noveno año’. Era tan intrincado el poema que algunos gramáticos de la época se hicieron famosos por el hecho de comentarlo».

90 Segundo hijo de Marco Antonio y Fulvia. Autor de un poema épico perdido: Diomedeia. Horacio le dedica la Oda IV 2. Muere el 2 a. C.

91 Tal vez el mismo que el escritor botánico y médico Sexto Niger. Sobre su secta véase n. 18.

92 Véase cap. 17; probablemente Verrio trataba cuestiones ortográficas en su gran diccionario De uerborum significatu, la primera obra lexicográfica escrita en latín. Hoy conocemos su esqueleto por el epítome de Paulo-Festo.

93 47 a. C.; véase Crónica, 9 a. C. y pág. 18.

94 Alejandro de Mileto, gramático, autor de vastas compilaciones eruditas, llegó a Roma como prisionero de la guerra de Mitrídates; al ser libertado por Sila, adoptó su nombre, Cornelio; dejó la capital hacia el año 40 a. C.

95 Una de las dos bibliotecas públicas construidas por Augusto, adosada al templo de Apolo en el Palatino.

96 Casi con certeza el autor de las Gestas Romanas que cita Livio (XXIX 22); cónsul suffectus el 4 a. C.

97 Fragmentos de una enciclopedia erudita en Gelio, de un Sobre las festividades en Macrobio; también exégeta reputado, si es el crítico en MARCIAL , X 21.

98 Véase pág. 133 (Crónica, 4 a. C.); Vida de Virgilio, pág. 88.

99 Augusto mandó alzar esta biblioteca en el Campo de Marte, dentro del rectángulo que limitaban las columnas del Pórtico de Octavia, obra también suya. Cf. n. 95.

100 Comedia de ambiente romano (como la togata) en la que, a juzgar por el nombre, era protagonista la clase de los «caballeros» (que vestían la trabea, túnica con franjas horizontales de púrpura). Tuvo una existencia muy efímera y no quedan restos. Tampoco quedan de esos Juegos que Suetonio conocía.

101 Juego de palabras con los significados de os: el físico, «cara», y el figurado, «talento» (cf. cast. «tener cabeza»), con lo que se da a entender que su mente estaba tan magullada como sus facciones de púgil. Sobre el autor del chiste véase pág. 121.

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