Kitabı oku: «Mercados y bienestar»



Mercados y bienestar : ensayos en memoria de Homero Cuevas / José Félix Cataño [y otros] ; Jorge Iván González, Mauricio Pérez Salazar (editores). – Bogotá : Universidad Externado de Colombia. 2019.
273 páginas : gráficos ; 24 cm.
Incluye referencias bibliográficas.
ISBN: 9789587902709
1. Smith, Adam, 1723-1790 -- Pensamiento económico 2. Marx, Karl, 1818-1883 -- Pensamiento económico 3. Teoría económica – Historia 4. Distribución (Teoría económica) – Colombia -- 1969-2010 5. Mercado laboral – Colombia – 2013-2015 I. González, Jorge Iván, 1953- , editor II. Pérez Salazar, Mauricio, editor III. Universidad Externado de Colombia IV. Título
330.09SCDD 21
Catalogación en la fuente -- Universidad Externado de Colombia. Biblioteca. EAP.
Diciembre de 2019
ISBN 978-958-790-270-9
©2019, JORGE IVÁN GONZÁLEZ Y MAURICIO PÉREZ SALAZAR (EDITORES)
©2019, UNIVERSIDAD EXTERNADO DE COLOMBIA
Calle 12 n.º 1-17 Este, Bogotá
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Primera edición: diciembre de 2019
Diseño de cubierta: Departamento de Publicaciones
Corrección de estilo: Néstor Clavijo
Composición: Álvaro Rodríguez
Impresión y encuadernación: Xpress Estudio Gráfico y Digital S.A.S. - Xpress Kimpres
Tiraje de 1 a 1000 ejemplares
Prohibida la reproducción o cita impresa o electrónica total o parcial de esta obra sin autorización expresa y por escrito del Departamento de Publicaciones de la Universidad Externado de Colombia. Las opiniones expresadas en esta obra son responsabilidad de los autores.
Diseño epub:
Hipertexto – Netizen Digital Solutions
| JORGE IVÁN GONZÁLEZ | NICOLÁS A. ROJAS PARDO |
| JOSÉ FÉLIX CATAÑO | ANDERSON TAMI |
| FEDERICO CORREDOR | LUIS EDUARDO SANDOVAL |
| MIGUEL ÁNGEL CASTILLO-REINA | LAURA CAROLINA RIAÑO |
| GERMÁN RAÚL CHAPARRO | RAFAEL ANDRÉS BARRERA |
| HOMERO CUEVAS |
CONTENIDO
RELEYENDO A HOMERO CUEVAS
Jorge Iván González
CAPÍTULO PRIMERO LA DUALIDAD DE ENFOQUES EN LA ECONOMÍA DE MARX. LO QUE NO PUDE EXPONERLE AL PROFESOR CUEVAS
José Félix Cataño
CAPÍTULO SEGUNDO LA ENSEÑANZA DE LA ECONOMÍA: POLÍTICA, IDEOLOGÍA Y MERCADO
Federico Corredor y Miguel Ángel Castillo-Reina
CAPÍTULO TERCERO ADAM SMITH Y LA METÁFORA DE LA GRAVITACIÓN
Germán Raúl Chaparro
CAPÍTULO CUARTO EL EFECTO DEL CAMBIO TÉCNICO EN LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO FACTORIAL EN COLOMBIA 1969-2010
Nicolás A. Rojas Pardo
CAPÍTULO QUINTO DETERMINANTES DE LA ASISTENCIA AL SISTEMA EDUCATIVO NO OBLIGATORIO Y LA PARTICIPACIÓN LABORAL EN COLOMBIA 2013 Y 2015
Anderson Tami
CAPÍTULO SEXTO CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA DE FAMILIAS Y HOGARES EN COLOMBIA
Luis Eduardo Sandoval, Laura Carolina Riaño y Rafael Andrés Barrera
CAPÍTULO SÉPTIMO DESEMPLEO Y POLÍTICA ECONÓMICA EN COLOMBIA
Homero Cuevas
NOTAS AL PIE
JORGE IVÁN GONZÁLEZ*
Releyendo a Homero Cuevas
PRESENTACIÓN GENERAL
La obra de Cuevas es muy amplia. En este libro apenas se tocan algunos de los aspectos que él estudió. Una de sus pasiones fue la solución del problema de la transformación de valores a precios (Cuevas, 1984a, 1986a). También se preocupó por entender asuntos como la pertinencia de la mercancía patrón sraffiana (Cuevas, 1984b, 1985)1, el sistema de precios, la renta y el funcionamiento de los mercados (Cuevas, 1980, 1986a, 1986c, 1995, 1999, 2000a, 2001a, 2003a, 2007a), la sustitución de técnicas (Cuevas, 1994, 2000a), la elección colectiva (Cuevas, 1998), la familia (Cuevas, 2000b), la política económica, el crecimiento y el empleo (Cuevas, 1971, 2003b), la producción cafetera (Cuevas, 1990), las implicaciones de la autonomía de la banca central (Cuevas, 2001d), el capital humano (Cuevas, 1996), la industria (Cuevas, 1986b), los empresarios (Cuevas, 2006, 2007b), la relación entre el derecho y la economía (Cuevas, 2002a), la enseñanza de la economía (Cuevas, 1993, 2001b, 2002b) y el comercio internacional (Cuevas, 2001f, 2011, 2015).
Esta diversidad de temas es la mejor expresión de la mirada comprehensiva que tuvo Cuevas de la teoría económica. En la discusión sobre la transformación de valores a precios calificó, sin modestia, su solución como la “transformación correcta”. Y se vanagloriaba porque había asumido con éxito el reto planteado por Engels hace más de un siglo, después de la muerte de Marx y antes de la edición final del tercer tomo de El capital. Por aquellos días, Engels invitó a los economistas a anticiparse a la solución del problema de la transformación que se encontraría en el tercer tomo2. Las interpretaciones continúan siendo diversas, y el debate que no pierde actualidad tiene momentos de mayor intensidad. La preocupación teórica subyacente es fundamental. Se trata de comprender la función del dinero como medida del valor, una preocupación que ya era explícita en la caracterización de la moneda que propuso Aristóteles. El dinero tiene tres funciones: medida del valor, medio de cambio e instrumento para atesorar. La transformación de valor a precios toca la primera de estas funciones. La economía no marxista, sobre todo en la segunda mitad del siglo XX, centró su atención en el análisis de la moneda como medio de cambio, dejando de lado las otras dos funciones.
En el campo de la elección colectiva, después del trabajo de Arrow (1951) la discusión ha seguido dos caminos. Uno, que sigue centrando la atención en la lógica inherente a los teoremas de imposibilidad, y es la opción escogida por Sen (1979). La otra línea de la reflexión les da relevancia a los procesos propios de la votación y de los diversos mecanismos que permiten resolver de la mejor manera posible los problemas inherentes a la regla de decisión por mayoría. Es la alternativa de la llamada elección pública, que tuvo como punto de partida la respuesta de Buchanan y Tullock (1962) al texto de Arrow (1951). En Proceso político y bienestar, Cuevas (1998) claramente muestra su preferencia por el camino de Buchanan y Tullock. La economía institucional ofrece un adecuado soporte analítico para estas discusiones sobre los sistemas de votación. Cuevas encuentra en el institucionalismo una forma de conjugar los elementos teóricos básicos con las relaciones contextuales que imponen condiciones y que obligan a introducir metodologías de análisis que dejen de lado el simplismo del ceteris paribus. Según los institucionalistas, como según Keynes, las convenciones son necesarias para mitigar la incertidumbre del futuro.
A partir de su lectura de Smith, Cuevas logra una excelente formulación del problema de la elección colectiva:
En efecto, concluye Smith que ninguna sociedad puede ser próspera ni feliz si la mayor parte de sus miembros es pobre y miserable; y que es “apenas equitativo” que los trabajadores directos “tengan una parte del producto de su propio trabajo” que les permita vivir “tolerablemente bien”. Pero resulta que el sistema competitivo, sobre todo en condiciones como las conocidas por Smith, queda abierto a fallas en este sentido (bienestar y justicia distributiva). La actitud de Smith frente a esta falla fue paradójica. El máximo defensor de la libertad competitiva clama por la necesidad de justicia. (Cuevas, 1986a, p. 31).
Este párrafo sintetiza muy bien diversas preocupaciones de Cuevas. Primero, su respeto a la lectura de autores. Segundo, su reconocimiento de las virtudes del mercado. Tercero, su convicción de que las bondades intrínsecas de la división del trabajo y de las dinámicas del mercado no resuelven los problemas fundamentales relacionados con la felicidad, la calidad de vida y el bienestar. Cuarto, su insistencia en que las dificultades del mercado tienen que ver no solo con la solución de aspectos complejos como la justicia, sino también con la incapacidad de dar cuenta de inconsistencias intrínsecas al proceso económico, como la incompatibilidad entre el precio natural y el precio de mercado.
Cuevas siempre creyó en la relevancia de la articulación del derecho con la economía y en la necesidad de indagar por las características del espíritu empresarial. La firma no es una caja negra, porque las decisiones que se toman en su interior están determinadas por los misterios del espíritu empresarial. Fue, como los grades economistas clásicos, un admirador de la audacia del empresario que se ve obligado a tomar decisiones en medio de la incertidumbre frente al futuro.
Subrayó la importancia de la teoría y, con razón, advertía sobre el mal uso que se hace con frecuencia de herramientas como la matemática y la econometría. Sin un marco teórico adecuado, decía, los análisis empíricos pierden sentido y no contribuyen al avance de la disciplina y, mucho menos, al mejoramiento de la calidad de vida de las personas. En sus análisis se observa un afán por caracterizar el pensamiento clásico diferenciándolo del neoclásico. Esta búsqueda de taxonomías, útil en el debate entre escuelas, tiene el inconveniente de reducir el alcance analítico de cada pensador. Y como las sutilezas abundan y los enfoques sobre temas diversos son heterogéneos, la frontera entre escuelas se difumina. Esta es una de las razones que dificulta el seguimiento de su debate con Cataño.
En este libro, a propósito del pensamiento de Homero Cuevas, se presentan capítulos sobre temas diversos: la teoría de Marx, la enseñanza de la economía, la gravitación de los precios de mercado alrededor del precio natural, el cambio técnico, el sistema educativo y la evolución de la estructura de la familia. De una u otra manera, estos temas fueron abordados por Cuevas en diversos momentos de su vida.
I. LA DUALIDAD DE LOS ENFOQUES EN LA TEORÍA DE MARX. EL DINERO Y LA RELACIÓN ENTRE EL TRABAJO CONCRETO Y EL TRABAJO ABSTRACTO
Es este capítulo Cataño retoma algunas de las reflexiones de su larga polémica con Cuevas3. Uno de los aspectos central del debate Cuevas-Cataño fue la caracterización de los elementos constitutivos de la economía clásica, y su diferencia con el modelo neoclásico. Cataño (2003) critica el capítulo IV de La Economía Clásica en Renovación (Cuevas, 2001a), titulado “Selección Endógena de Técnicas”.
Piensa Cataño que el ejercicio analítico realizado por Cuevas no fue exitoso. Primero, porque no logra precisar las características de la economía clásica y, segundo, porque se deja obnubilar por los aportes de la renta diferencial de Ricardo. Cuevas cree, de manera equivocada, que Ricardo les ayuda a los neoclásicos a resolver los problemas inherentes a las rentas diferenciales y a la sustitución de técnicas. Y, además, está convencido de que gracias a Keynes, habría alguna alternativa para entender la relación de la moneda con el valor y con la equivalencia de los precios relativos. De acuerdo con Cataño (2003, p. 18), “[...] el verdadero resultado [de Cuevas (2001a)] es hacer difícil la identificación sobre lo que es un modelo clásico y, en consecuencia, permitir su absorción por el modelo neoclásico de precios, actualmente dominante”. Cataño considera que la exposición de Cuevas es “abigarrada y compleja”, y entonces “la ordena” con el fin de poder precisar qué es el modelo clásico y en seguida mostrar las diferencias con el neoclásico. Cataño concluye diciendo que Cuevas no logra explicar el significado del valor trabajo ni en Ricardo ni en Marx.
En efecto, Cuevas (2000a) contrasta las visiones clásica y neoclásica sobre la influencia que tienen los precios de los factores en el cambio técnico. Y reconoce que la diferencia entre ambas escuelas siempre ha sido confusa porque depende de la manera como se defina lo clásico. Discute la clasificación que Marx y Keynes, cada uno a su manera, hacen de los clásicos. Muestra que estas aproximaciones son ambiguas. Buscando superar estas limitaciones, trata de clarificar el significado y los alcances de lo que se podría llamar clásico y su especificidad frente a lo neoclásico. Cuevas considera que el modelo neoclásico alcanzó un nivel elevado de formalización con los trabajos de Hahn (1982, 1985). El avance en la modelación ha sido posible gracias a la incorporación de elementos ricardianos tan importantes como la renta diferencial. En un tono optimista, Cuevas concluye que las soluciones clásicas, como la de Ricardo, han contribuido a la búsqueda neoclásica de una teoría general. Cataño (2003) no está de acuerdo con esta mirada porque, sencillamente, Cuevas nunca entendió la esencia del pensamiento clásico.
En el texto que se incluye en este libro, Cataño comienza retomando una frase de Cuevas (2003a) respondiéndole:
Sobre este punto [la teoría del valor trabajo], la crítica de Cataño (2003) peca por defecto, pues mi versión es no solo distinta, sino opuesta a la de Ricardo y Marx. Y no podría ser de otra manera porque Ricardo, a pesar de su genialidad y de contar con la impecable versión macroeconómica de Smith, optó por unos insostenibles malabares microeconómicos ensamblados en los precios de unos pocos bushells de trigo y unas onzas de oro. Los cuales fueron sustituidos por unas pocas levitas y unas varas de lienzo en la versión de Marx, cuando decidió seguir a Ricardo en sus malabares suicidas. Desenredar esto le tomó a la comunidad académica casi dos siglos y le ocasionó a la teoría clásica del valor un injusto desprestigio. (Cuevas, 2003a, p. 50).
Cuando Cuevas se acerca a Marx, dice Cataño, lo hace como un teórico de los precios relativos —como Ricardo, Sraffa y, en general, los autores neoclásicos—. Desde esta mirada, el dinero no es necesario para determinar los precios, porque ya se han definido en términos relativos. El dinero aparece después, en una segunda instancia. Tanto Ricardo como Marx, dice Cuevas, hacen malabares en el espacio de los precios relativos. En su opinión, la realidad monetaria se deriva de los precios relativos y, entonces, es necesario hacer una integración del dinero, mediante precios relativos, a la teoría del valor.
Cataño considera que Marx no construye su teoría del dinero de esta manera. No comienza con los precios relativos, sino con una dimensión absoluta, que puede estar representada en trabajo social o en dinero. Y a partir de allí deriva los precios relativos. Cuevas no se percata de que en Marx primero están los valores absolutos de los bienes y después los precios relativos. Insiste Cataño en que Marx no busca, y no tiene que buscar, una medida de valores relativos.
Una vez que ha establecido este postulado fundamental, Cataño discute el significado que tienen los valores absolutos en la perspectiva de Marx. Y pone en evidencia sus ambigüedades. A veces parece que asociara los valores absolutos al trabajo social, y en otras ocasiones relaciona los valores absolutos a las magnitudes monetarias. Así que Marx se mueve entre las dos posiciones: a veces parece privilegiar el trabajo social (homogéneo) y a veces le da prioridad al dinero.
En la lectura de Marx, continúa Cataño, los autores se dividen entre las dos opciones señaladas. Algunos ponen el énfasis en la relación entre el valor absoluto y el trabajo social. Esta posición la rechaza Cataño, que considera más adecuado centrar la atención en el vínculo entre los valores absolutos y el dinero. En su opinión, la tesis marxista que asocia el valor absoluto al trabajo social no sirve para explicar ni el mundo comercial ni el capitalismo. Por esta razón Cataño rescata al dinero, asociándolo al valor absoluto. No existe, por tanto, un mundo real separado del mundo monetario. Todos los mundos económicos son monetarios. La distinción entre lo “real” y “monetario” solo es posible, concluye Cataño, cuando la explicación económica prioriza los precios relativos. Según Keynes, Benetti y Cartelier, el dinero sería la única realidad económica y, por ende, no tiene sentido la dicotomía real-monetario.
En el desarrollo de su argumentación, Cataño trae a colación la discusión planteada por Marx sobre el trabajo concreto y el trabajo abstracto. Este debate sobre los alcances de la teoría de Marx es importante porque obliga a reflexionar sobre la naturaleza del capital y los orígenes de la explotación. La lectura que hace Cataño se nutre directamente de El capital (Marx, 1867).
Cataño muestra que según Marx los precios relativos se entienden a partir “de la concepción de unos precios absolutos en términos de trabajo general o de dinero. Es decir, afirma la tesis de que los ‘valores’ preceden los ‘valores de cambio’”. El punto de partida es el valor absoluto y no los precios relativos. La realidad de la producción y las condiciones materiales que hacen posible la elaboración de la mercancía son anteriores a las relaciones mercantiles, y los equivalentes definidos en el mercado son expresiones de la materialidad del proceso productivo y de las relaciones de subordinación que allí ocurren.
La teoría de Marx, afirma Cataño, permite explicar dos tipos de economía monetaria. Una, simplemente comercial, que se desarrolla entre agentes de la misma jerarquía, con el mismo estatus. Y la otra, que se presenta en la sociedad capitalista y que se lleva a cabo entre agentes disímiles, pertenecientes a clases diferentes.
Cataño introduce la diferencia entre el valor como unidades de trabajo abstracto y el valor como cantidad de dinero. Y opta por el segundo camino. Para entender el significado del trabajo abstracto, es necesario partir de la concepción que tiene Marx del intercambio en una economía descentralizada capitalista. Esta acción de comparar y de comprar y vender es posible gracias a la existencia de una magnitud inmanente, que es la sustancia del valor de las mercancías.
Esta interacción se comprende gracias a la distinción entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto. Este último se refiere a la “magnitud social que permite la conmensurabilidad económica, y en tal sentido constituiría la esfera social del bien”. El trabajo abstracto es “la sustancia social de la mercancía”. El hecho de que todos los bienes sean portadores de valores le da sentido a la relación M-D-M, mercancía-dinero-mercancía. Las mercancías se pueden cambiar por dinero porque son encarnaciones de trabajo, y la ley de equivalencia es fruto de la “identidad entre la cantidad de trabajo abstracto que se cede y el que se recibe”.
Recuerda Cataño que la gran incertidumbre del empresario es el “salto mortal de la mercancía”, que como se define en el capítulo tercero de El capital, es el proceso que convierte el trabajo privado en trabajo socialmente aceptado. Para el productor es fundamental que su mercancía sea reconocida en el mercado. El trabajo privado se puede convertir en cuotas del trabajo social, señala Marx, gracias al papel que cumple el dinero como mercancía que facilita el intercambio. En palabras de Cataño:
[…] el intercambio socializa lo que en una primera instancia es privado, pero este privado debe recibir una expresión inicial en dinero, y en tal sentido la mercancía es en un principio una encarnación de dinero (no de trabajo social) y, en seguida, tras el intercambio efectivo, lo privado se ha socializado cuando se entrega a su productor unidades monetarias, por definición representantes sociales del valor.
El dinero es la expresión del trabajo abstracto. Pero esta relación, sostiene Cataño, es confusa en la presentación de Marx. De acuerdo con Cataño, la dimensión del valor “precede lógicamente a la existencia del dinero”. Una mercancía puede cumplir la función de mercancía moneda solo en virtud de la existencia de un trabajo abstracto. Por tanto, la secuencia M-D-M tendría que ser reformulada en otros términos que reflejen el proceso de circulación monetaria. La aproximación adecuada sería D-M-D. Esta mirada permite entender el proceso capitalista de generación de plusvalía, y permite captar mejor la relación entre el valor absoluto y el dinero. La relación simplificada hace explícito el circuito monetario D-D´, que le permite a Marx mostrar dos aspectos centrales. Primero, el objetivo del capitalismo no es la producción de los bienes por sí mismos, sino la búsqueda de la riqueza abstracta. Se trata de que en el proceso el dinero final D´ sea superior al dinero inicial D. Segundo, la producción tiene que tomar la forma de gasto monetario, para que el dinero inicial permita comprar los bienes de producción y pagarles a los obreros. En la sociedad capitalista el gasto monetario es absolutamente necesario para que haya producción. Esta situación no se presenta en el mundo mercantil simple porque los bienes resultan de la actividad del propio trabajador.
Yendo más allá de la argumentación de Cataño, la discusión que es relevante en su contenido, no necesariamente lo es en sus conclusiones4. El trabajo concreto se refiere a la materialidad específica del bien. El trabajo abstracto tiene que ver con la valoración monetaria y corresponde a un criterio general, por fuera de las características específicas de cada proceso productivo. La relación entre el trabajo concreto y el trabajo abstracto podría leerse con la lente estrecha de la dicotomía clásica, que busca una simetría entre los mundos monetario y real. Pero esta visión es muy simplista. En la perspectiva de Marx, hay una relación directa entre estas dos formas de trabajo, que corresponden a relaciones complejas que van mucho más allá del intercambio, que es el objeto de estudio de la dicotomía clásica. Según Marx, el trabajo incorpora relaciones de explotación que no se pueden observar en el proceso de compra y venta de mercancías.
Cuando el punto de partida es la búsqueda de una teoría objetiva del valor, la dualidad entre trabajo concreto y trabajo abstracto lleva a hacerse la pregunta por la gravitación de los precios de mercado alrededor de un precio natural. Con la lógica de la teoría objetiva, es indispensable buscar un ancla. Aun los autores que han defendido una aproximación subjetiva al valor se han preocupado por anclar las relaciones monetarias. Esta necesidad se ha acentuado en los últimos años, sobre todo a partir de las dos guerras. En el siglo XIX la inflación no era una preocupación central de la teoría. Al observar las series largas de Piketty (2014) se comprueba que entre 1700 y 1913 la inflación anual a duras penas llegó al 1%. El aumento de los precios comenzó a ser una preocupación después de la Primera Guerra5. En estas condiciones de bajísima inflación es factible introducir la reflexión sobre la dicotomía clásica, que postula una relación simétrica entre los mundos real y monetario. Es razonable suponer, entonces, la existencia de una correspondencia entre trabajo concreto y abstracto. La moneda es, de alguna manera, la expresión del trabajo abstracto.
Con el paso del tiempo el desarrollo de los sistemas financieros ha llevado a un distanciamiento cada vez mayor entre los mundos monetario y real (Davidson, 1978). A medida que estas situaciones se van presentando, la pregunta por la naturaleza del dinero es más urgente. La progresiva autonomía del dinero y de los procesos financieros lleva a dudar de la correspondencia entre trabajo concreto y trabajo abstracto. Las preocupaciones de Marx responden a las características de una sociedad en la que existía una relación estrecha entre la moneda y las dinámicas reales.
La preocupación de Cataño por el papel de la moneda y su relación con el valor absoluto se vuelve especialmente compleja cuando la distancia entre los activos financieros y el mundo real se va ampliando. En las circunstancias actuales la pregunta por el vínculo entre la moneda y el trabajo abstracto puede ir perdiendo sentido. Y, como afirma Cuevas, el acento de la reflexión se ha dirigido a un campo de naturaleza keynesiana. Quizás por fuera de las preocupaciones de Cataño, en las sociedades contemporáneas habría que indagar de manera especial por las causas de la creciente autonomía del dinero.
II. CONTINÚA LA DISCUSIÓN SOBRE LA ENSEÑANZA DE LA ECONOMÍA
En el breve artículo “La economía como disciplina y profesión” (Cuevas 2001b), se preocupó de manera directa por la enseñanza de la economía y por su naturaleza, como disciplina y profesión6. Cuevas aborda cuatro temas: la teoría pura, el uso de matemáticas, la econometría y el análisis institucional. La absolutización de alguna de estas dimensiones termina en miradas parciales, que no contribuyen al conocimiento de la complejidad de los hechos económicos. Cuevas insistió en que la enseñanza debía ser amplia e interdisciplinar. Estas premisas garantizan que la formación ofrezca elementos críticos que permitan entender que con frecuencia “lo correcto” está directamente relacionado con el poder. La enseñanza de la disciplina no puede hacer abstracción de estas lógicas jerárquicas en las que se impone, de manera más o menos arbitraria, el significado de “lo correcto”.
Cuevas comienza analizando la relación entre la teoría y la investigación concreta, y termina mostrando que los avances en la economía institucional obligan a eliminar la condición del ceteris paribus, ya que el contexto es relevante y siempre modifica las interacciones causales. Critica la absolutización de las matemáticas: “[…] luce triste el espectáculo de una matemática del péndulo del siglo XVIII, con la ingenua pretensión de poder demostrar la malevolencia inmanente de la política económica y la superioridad de las reglas sobre la discrecionalidad” (Cuevas, 2001b, p. 253).
Desde joven, Cuevas (1971) alerta sobre la importancia de entender los métodos cuantitativos y la econometría desde una mirada amplia, y siempre con una perspectiva histórica7. Desde hace más de un siglo dentro de la economía convencional ha habido mucha discusión sobre el uso de las matemáticas. Según Marshall (1898), siempre fue claro que la economía debería prestarle especial atención a la biología, que debería ser su principal disciplina auxiliar, ya que tiene presente el cambio permanente. Samuelson (1947) aceptó la relevancia de la dinámica, pero la congeló de manera magistral gracias al llamado principio de correspondencia, que considera al estado estacionario una modalidad de la dinámica. Hicks (1973, 1985) nunca estuvo de acuerdo con el principio de correspondencia. Piensa que la física mecánica utilizada por Samuelson es completamente inapropiada para entender la complejidad de los análisis intertemporales.
Corredor y Castillo-Reina comienzan afirmando que el propósito último de la economía es esencialmente altruista. Se trata de la búsqueda del bien común. En la definición de los criterios que determinan la formación del economista se conjugan criterios políticos, ideológicos y de mercado, que pueden ir en contra del ideal altruista. De acuerdo con Corredor y Castillo-Reina, siguiendo ideas básicas de Cuevas, la enseñanza de la disciplina debe ser plural. Además, la formación teórica debe ofrecer criterios que permitan mejorar el bien-estar de la población. Piensan Corredor y Castillo-Reina que “una enseñanza plural puede establecerse en la medida que distintas alternativas educativas administren sus recursos de forma estratégica, es decir, aumenten su poder y se posicionen en el mercado”.
Además del artículo sobre la enseñanza de la economía (Cuevas, 2001b), Corredor y Castillo-Reina se refieren a Introducción a la economía (Cuevas, 1993), que se ha convertido en un libro de texto de numerosas facultades de Economía del país8. Cuevas leyó a los autores y trató de entender la lógica de su análisis en cada momento del tiempo. Este ejercicio juicioso es, en sí mismo, una invitación a los profesores y estudiantes para que aborden directamente a los autores. El libro de texto y la taxonomía simplista han impedido que la enseñanza de la disciplina lleve al estudiante a comprender la complejidad de los problemas que han tratado de sistematizar los diferentes pensadores. La lectura de autores, sostenía Cuevas, exige disciplina y rigurosidad.
Cuevas expone de maneras diversas. Mientras que Valor y sistema de precios (Cuevas, 1986a) es un relato histórico del camino que la teoría ha seguido en la búsqueda de la “transformación correcta”, en otros textos, como Teorías económicas del mercado (Cuevas, 2007a) y Fundamentos de la economía de mercado (Cuevas, 2001c), la presentación es axiomática, y algunos párrafos suponen un conocimiento previo que solo poseen los estudiosos. La axiomática de Cuevas es una invitación a la rigurosidad, pero esta opción dificulta la pedagogía. Los argumentos axiomáticos son autocontenidos y cada uno de los párrafos es una invitación a considerar los diversos asuntos desde una visión integral.
La aproximación de Cuevas se diferencia del libro de texto en varios aspectos. Primero, el libro de texto aborda los problemas de manera muy parcial. No suele presentar las relaciones entre los temas. La distinción micro- y macro- ha creado falsas taxonomías. Cada uno de los axiomas propuestos por Cuevas pretende ser comprehensivo. En Cuevas (2001c) se abordan, de manera simultánea, enfoques micro- y macro-. Segundo, el libro de texto propone fórmulas simplificadoras que usualmente se alejan del pensamiento original del autor. El afán del libro de texto por la presentación pedagógica termina distorsionando. Cuevas, por el contrario, trata de transmitir las ideas básicas de los pensadores. Tercero, la estructura del texto de Cuevas no sigue los parámetros ni las taxonomías convencionales.
Recuerdan Corredor y Castillo-Reina que la obra de Cuevas es extensa e incluye temas diversos. Y esta variedad de temas le permitía tener una visión de conjunto. Con razón afirman que la obra de Cuevas “es una manifestación abiertamente contraria a la enseñanza restringida, y junto con sus clases, una invitación a conocer la economía como un universo”.
De manera equivocada algunos pedagogos consideran que el estudiante debe recibir postulados básicos y sencillos. Cuevas no está de acuerdo con este tipo de percepción. Todo lo contrario. Frente a un mismo problema el estudiante requiere conocer enfoques diversos, de tal forma que pueda entender las complejidades intrínsecas, dejando de lado la pretensión ingenua de encontrar soluciones fáciles.
Aceptando la intencionalidad de Cuevas, Corredor y Castillo-Reina se extrañan, con justa razón, de que la enseñanza de la historia del pensamiento económico sea “una rareza en estos días, al dejar a los estudiantes con una vaga idea que les induce a pensar que el progreso en la disciplina es algo lineal y aditivo”.
Aunque la enseñanza en las facultades de Economía sigue siendo muy homogénea, apegada a los libros de texto de las grandes editoriales, se están abriendo espacios alternativos como el Curriculum Open Access Resources in Economics (CORE). Este manual on-line, desarrollado por más de setenta economistas de todo el mundo, busca que la enseñanza dialogue más de cerca con los problemas reales. En criterio de Corredor y Castillo-Reina, estas iniciativas son positivas y cada vez tienen más acogida.
En la enseñanza de la economía se crea una tensión inevitable entre lo que demanda el mercado y el desarrollo en los estudiantes de un espíritu crítico. De acuerdo con Corredor y Castillo-Reina, no hay duda de que la atención al “mercado laboral favorece la obediencia sobre el pensamiento crítico”. El mercado, afirman de manera enfática, “no necesita profesionales críticos, necesita técnicos obedientes”. Y las facultades de Economía terminan sometidas a los dictámenes del mercado. La tecnocracia económica, que adquirió prestigio en la escala social, sobre todo a partir de los años ochenta, ha ido creando un saber y quehacer profesional que es incompatible con el conocimiento crítico. Los estudiantes de las escuelas de economía quieren ser como los tecnócratas de renombre y presionan por una enseñanza que no se atreve a poner en tela de juicio el orden existente. En las condiciones actuales, “lo que se enseña en economía no está determinado por criterios que guían la producción del conocimiento en la ciencia, sino por criterios ideológicos, políticos y de mercado”.
La formación plural es una condición absolutamente necesaria para avanzar hacia un conocimiento integral y crítico. Corredor y Castillo-Reina terminan su ensayo recordando un mensaje de Chang (2003, 2013): hay múltiples maneras de conceptualizar la economía, y ninguna puede declararse superior a otras ni puede captar la complejidad del mundo real ni sirve para explicarlo todo. El debate sobre la enseñanza ha sido activo y recurrente. Y no obstante los énfasis, todavía no se le da suficiente relevancia a la lectura de autores.
III. ADAM SMITH Y LA METÁFORA DE LA GRAVITACIÓN
En Fundamentos de la economía de mercado se parte de la siguiente afirmación: “La ley de gravedad de los mercados se expresa en el equilibrio” (Cuevas, 2001c, pp. 49-50). El equilibrio es un punto de referencia: “En realidad, ningún mercado permanece en equilibrio. Pero la importancia del concepto no depende de eso, sino de su actuación como centro de gravedad y, por lo tanto, de su capacidad predictiva sobre las tendencias de los precios y la asignación de recursos” (Cuevas, 2001c, p. 49). Y de manera más explícita:
Con su sistema de precios naturales, a los cuales también denominó centros de gravedad, Smith inauguró una ciencia sobre las leyes objetivas que rigen los mercados. Quizá, su modestia le impidió expresarlo de manera frontal. Pero ello sugiere que si Newton descubrió la ley de la gravedad para la naturaleza, Smith la descubrió para los mercados. Entonces, el precio natural es la descripción de la ley espontánea que regula el precio en el mercado. (Cuevas, 2007a, p. 65).
El equilibrio como parámetro de referencia parece inevitable, tanto en el mundo de la física como en el de la economía. El principio de correspondencia de Samuelson (1947) se convirtió en un postulado central de la discusión sobre la estática y la dinámica. Hay correspondencia cuando una situación dinámica, en la que las fuerzas se contrarrestan, se asemeja a las condiciones propias de la estática. El estado estacionario, que es intrínsecamente dinámico, se asemeja a la estática. Cuando el análisis se realiza en condiciones de estado estacionario es posible aplicar los teoremas propios de la estática. Y, concluye Samuelson, los principios económicos que son validados para la estática también lo son para la dinámica en una situación de estado estacionario.
En el pensamiento clásico se supone la existencia de un precio natural que actúa como referente final del precio de mercado (Smith, 1776). Sin una fuerza gravitacional los procesos económicos pierden el ancla, y los valores nominales terminan distanciándose de las cantidades reales. Según Smith (1776), recuerda Chaparro, “el precio natural es, por así decirlo, el precio central, alrededor del cual gravitan continuamente los precios de todas las mercancías”. Se preocupa por explicar las razones que impiden que el precio del mercado se aleje de su precio natural.
Chaparro explica a los estudiantes el proceso de convergencia del precio de mercado alrededor del precio natural mediante ejercicios realizados en el aula de clase. El punto de partida fue propuesto por Holt (1996)[9]. Según Chaparro, el objetivo del ejercicio es que los estudiantes “descubran el modelo de oferta y demanda por sí mismos” y, además, que comprueben que “incluso en mercados con pocos compradores y vendedores, un mercado competitivo es capaz de producir resultados eficientes”.
Chaparro, como Cuevas y Smith, también se pregunta por la forma como converge el precio de mercado en el precio natural. El precio natural (p) estaría compuesto de renta (r), salarios (s) y beneficios (b), así que p = r + s + b. El precio natural depende de los costos de producción de largo plazo, de manera que debe permitir la remuneración razonable de los diferentes agentes, dadas las condiciones de riqueza y desarrollo de la sociedad.
Independientemente de estos resultados prácticos, que son interesantes en sí mismos, queda la pregunta sobre la existencia de un precio natural y sobre el significado de la convergencia. Estas reflexiones llevan, de nuevo, desde la perspectiva de Marx, al análisis sobre la teoría del valor y la transformación de los valores a precios. Y desde la mirada de Sraffa (1960), que apasionaba a Cuevas, habría que indagar si existe un ancla —la “mercancía patrón”— que sirva de referencia para todas las transacciones10.
IV. EL CAMBIO TÉCNICO Y LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO FACTORIAL
La relación entre los precios relativos y la composición factorial aún es objeto de debate. Cuevas (2000a, 2001a, 2001e) muestra la forma como clásicos y neoclásicos han asumido el análisis de la relación entre la variación en el precio de los factores y el cambio técnico. Subraya la poca evidencia de la causalidad entre el precio del factor y la relación tecnológica. Sobre todo, en el caso del capital. La tasa de interés puede estar determinada por el equilibrio entre el ahorro y la inversión, sin que guarde ninguna relación con el costo del capital. La forma como el precio del factor se relaciona con la intensidad del capital todavía es objeto de análisis. Cuevas (2001a, p. 22) establece la diferencia entre dos procesos, que pueden ser complementarios y simultáneos. El primero es la elección de la industria incipiente, y el segundo es la escogencia de la técnica de producción dentro de cada industria.
Para el pensamiento clásico siempre fue claro que la relación factorial tenía impactos sobre la distribución del ingreso y de la riqueza. Rojas indaga por el vínculo entre el cambio técnico y la distribución del ingreso. A partir de las matrices insumo-producto se pregunta si hubo cambio técnico y examina su impacto sobre la distribución del ingreso. Comienza definiendo las características del cambio técnico y la diferencia entre el “neutral” y el “no neutral”.
En Valor y sistema de precios, Cuevas (1986a) insiste en que no es posible comprender el desarrollo de la economía capitalista “sin establecer las leyes que regulan la distribución del ingreso”. El origen estructural de la distribución se debe buscar en la “estructura básica” de la sociedad, que determina la distribución entre salarios, ganancias y rentas. Este es el ingreso factorial, que resulta de las dinámicas de la economía, y no incorpora los efectos de la política fiscal, entendida como la conjunción de impuestos y subsidios.
En la mayoría de las sociedades la distribución factorial del ingreso es muy desigual porque el mercado tiende a polarizarse. Gracias a que en los países desarrollados la política fiscal es progresiva (impuestos para los ricos y subsidios para los pobres), el Gini se reduce de manera considerable. En Bélgica, por ejemplo, pasa de 0,50 a 0,24. Este cambio muestra que la política fiscal es de carácter progresivo. En Colombia el Gini antes y después —de impuestos y de subsidios— prácticamente no se mueve y permanece en niveles relativamente elevados, cercanos al 0,6. Ello significa que entre nosotros la política fiscal no es capaz de modificar la distribución factorial del ingreso.
Rojas recuerda el significado que Harrod (1961) le atribuye al cambio técnico neutral. Desde la perspectiva de la distribución del ingreso, es neutral cuando deja “invariable la distribución del producto nacional entre el trabajo (en el más amplio sentido) y el capital”. Observa que, en Colombia, entre 1969 y 2000, no hubo cambio técnico neutral porque empeoró la participación del salario y la distribución del ingreso se deterioró.
Rojas diferencia tres efectos del cambio técnico: el tecnológico (ET), el distributivo (ED) y el de interacción (EI). Afirma:
[…] un cambio en el sistema de precios obliga a otro cambio en el pago de factores y el modo de utilización de los insumos, hecho que se representa en el EI y mide el cambio originado sobre el sistema de precios producto de la simultaneidad de ambos efectos.
Esta relación entre el precio del factor y la intensidad del capital es puesta en duda por Cuevas (2001a). En su presentación de lo que llama el modelo “clásico ampliado”, o el modelo “neoclásico general”, la tasa de interés no está determinada por la productividad marginal del capital, sino por el equilibrio entre el ahorro y la inversión.
Rojas observa que, en el largo plazo, en Colombia la relación inversa entre la tasa de salario y la tasa de ganancia se mantiene constante. El cambio técnico, concluye, ha tenido “un efecto de empeoramiento de la distribución del ingreso”. La participación de los salarios ha caído, y la brecha entre el capital y el trabajo se ha agudizado.
En general, confirma que desde mediados del siglo XX la economía colombiana no ha logrado mantener una dinámica continua de acumulación. Y, además, se ha vuelto más inestable. La apertura económica aumentó la volatilidad.
V. LA PARTICIPACIÓN LABORAL Y LA ASISTENCIA AL SISTEMA EDUCATIVO
El capítulo de Tami es un resumen de su tesis de maestría (Tami, 2017). La comprensión del funcionamiento del mercado laboral fue una de las primeras preocupaciones de Cuevas. Su tesis de grado, Desempleo y política económica en Colombia (Cuevas, 1971), examina las características del mercado laboral y discute el margen de maniobra de la política económica. De acuerdo con Cuevas, el desempleo es el “problema central de nuestra economía”, y allí está la síntesis de “toda la problemática socioeconómica del país”.
Tami recuerda que en aquellos años las aproximaciones al mercado laboral eran muy generales. Con el paso del tiempo, y gracias a la mayor disponibilidad de información, las discusiones se han concretado y los problemas que se discuten son más específicos. A partir de los ochenta, cuando se acentúa la discusión alrededor de la teoría de Marx, la aproximación de Cuevas pone en primer plano aspectos como la determinación del valor por medio del trabajo incorporado, la sustitución de técnicas y los cambios en las relaciones factoriales, la transformación de valores a precios, la existencia de una mercancía patrón, la función del salario como estabilizador, etc. Veinte años después, en la década del dos mil, Cuevas precisa sus reflexiones y trata de mirar lo que sucede dentro de la familia en un marco institucional (Cuevas, 2000b).
Tami examina los determinantes socioeconómicos de la situación de un joven entre los 15 y los 25 años que no estudia ni participa en el mercado laboral (NENP). Este escenario es diferente del de las personas que no estudian y que no trabajan porque no encuentran empleo (NINI). El objeto de estudio de Tami corresponde a la primera de estas cuatro alternativas en las que se puede encontrar un joven: 1) que no esté estudiando en educación media ni superior y que tampoco participe en el mercado laboral (NENP); 2) que solamente esté estudiando; 3) que únicamente esté participando en el mercado del trabajo; 4) que estudie y, además, que esté participando en el mercado laboral.
La investigación de Tami es novedosa por tres razones. Primera, porque analiza de manera simultánea las decisiones educativas y las que tienen que ver con el mercado laboral. Segunda, porque utiliza los datos de la Encuesta de la Transición de la Escuela al Trabajo (ETET), que fue realizada por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE) en el 2015 en las trece principales ciudades del país. Gracias a esta encuesta es posible conocer el nivel educativo de los padres, el número de hijos del joven y su experiencia laboral. Tercera, porque incorpora reflexiones sobre el capital social que son novedosas en este tipo de estudio.
Los datos correspondientes a los NENP muestran que su proporción aumenta con la edad y, además, que predominan los jóvenes de familias que están situadas en el quintil más bajo de ingresos. La indagación de Tami es relevante porque cuando el hogar es pobre sería más lógico que el joven estuviera en una situación NINI, más que en una NENP. Para entender las razones de los NENP. Tami propone dos hipótesis relacionadas. La primera es el embarazo juvenil, y la segunda tiene que ver con el papel de la mujer en el hogar. Entre las familias pobres el embarazo adolescente suele ser más alto que entre los hogares de altos recursos. Y las mujeres jóvenes, que están embarazadas o comienzan a ser madres, no van al mercado laboral.
De manera general, para todas las poblaciones tener hijos o vivir en pareja implica mayor probabilidad de ser NENP. Estar casado aumenta esta probabilidad, pero solo en el caso de los jóvenes vulnerables. Entre las familias pobres, el capital social es más débil, y ello incide en la menor tasa de participación.
Tami examina otras variables que podrían ser relevantes para explicar la situación de los NENP. como la educación de los padres. Descarta esta y otras variables, y resume los factores explicativos en las condiciones económicas del hogar y en el género del joven. Hace ejercicios que permitan captar la incidencia específica del nivel socioeconómico y del género. Entre los jóvenes hombres, la probabilidad de estar en situación NENP es mayor en los hogares de altos ingresos. Y cuando se agrupan los jóvenes por quintiles de ingreso, las mujeres tienen una probabilidad mayor de formar parte de los NENP.
Tami concluye: “el entorno socioeconómico en el que se desenvuelve un individuo y su familia determina su asistencia (y no asistencia) educativa y su participación (y no participación) en el mercado laboral”.
Reconoce que el estudio apenas es un primer paso porque quedan sin responder interrogantes que son relevantes. Uno tiene que ver con la diferencia de comportamiento según los rangos de edad. En los hogares del quintil 1, que son los de bajos ingresos, los más jóvenes tienden a participar más en el mercado laboral que los menos jóvenes. Otra pregunta tiene que ver con el papel que cumplen los subsidios como incentivos para el embarazo adolescente11 o para permanecer por fuera del mercado laboral. Cabría indagar, además, si son los jóvenes, o si son sus padres, los que deciden continuar en el sistema educativo12.
VI. LOS CAMBIOS EN LA ESTRUCTURA DE LAS FAMILIAS
Desde su mirada integral, Cuevas (2000b, 2007a) examina la aproximación de la teoría económica al estudio del afecto y la familia. Los acercamientos de Cuevas a esta temática se enmarcan en su progresiva asimilación de los debates de la economía institucional.
Sandoval, Riaño y Barrera comienzan con una breve presentación de la forma como Cuevas concibe el tema de la familia, y subrayan su enfoque interdisciplinar. Después muestran que la familia está cambiando de forma permanente. No solo en términos demográficos, sino en sus valores y en el papel que se le asigna a la mujer. Y, finalmente, acentúan la evolución que ha tenido el tamaño y la estructura de familias en Colombia. Los cambios tienen que ser explicados no solo por razones económicas, sino que también tienen relación con aspectos sociales y geográficos.
Cuevas (2000b) retoma a Ovidio (43 a. C.) en El Arte de amar, y subraya la relación estrecha que existe entre las decisiones humanas y los aspectos económicos. Después de esta mención a Ovidio, hace un seguimiento cuidadoso a la forma como algunos autores han abordado el tema de la familia. Y esta aproximación se enmarca en un contexto global, en el que necesariamente se consideran los factores demográficos. Describe, de manera dramática, la visión que tenían los autores clásicos de los ciclos de muerte y vida de los niños. En los siglos XVIII y XIX la esperanza de vida era muy baja, cercana a los 30 años. En aquellas circunstancias el ciclo económico era determinante de las tasas demográficas. El desempleo y la falta de ingresos se reflejaban de manera directa en una mortalidad infantil más alta.
Adam Smith (1776) estudió en la Riqueza de las naciones los determinantes del stock de bebés. Concluyó que, en su ciega sabiduría, el mercado corregía déficits o excedentes sin hacer sutiles distinciones con las patatas o las coles. La oferta y la demanda laborales terminaban arbitrando la situación, y el aumento o la disminución de los magros salarios se encargaban del resto, a través de sus brutales impactos sobre la nutrición, las comodidades y la morbilidad de la gran masa pobre de la población. De cada diez niños, cinco podían morir, y en las regiones más míseras hasta siete, antes de cumplir quince años (Cuevas, 2000b, p. 13).
Cuevas advierte que la aproximación económica es “cruda” porque es realista. Pasa revista a varios autores: Malthus, Sade, Fourier, Mill, Masoch, Engels, Veblen, Pareto, Boulding, Hirsch, Friedman, North, Tullock, McKenzie, Becker, Dawkins, Posner, Pollack, Bergstrom. De diversa manera, todos ellos ponen en evidencia la relación entre el amor, el sexo y el mercado.
Gracias a la lectura de estos autores, continúan Sandoval, Riaño y Barrera, es posible “considerar la economía no como la ciencia de la escasez, sino como la ciencia de los incentivos en que el comportamiento humano está determinado por la frustración y por los costos”. Y desde esta mirada adquieren relevancia el tamaño de la familia, las interacciones entre sus miembros —“simpatía intensa” en los términos de Smith—, las creencias, la cultura, la capacidad económica, etc.
Después de estas consideraciones generales, los autores examinan lo que ha pasado con las familias colombianas. Es evidente: la disminución del número de hijos por pareja, el aumento de uniones libres y de separaciones, el crecimiento de los hogares monoparentales y unipersonales, la convivencia de parejas sin hijos. Estos cambios son significativos y tienen implicaciones en todos los ámbitos de la vida social. Las tendencias generales se diferencian por nivel socioeconómico. Por ejemplo, en Colombia un 22% de los hogares de ingreso alto no tienen hijos. La relación es de 11% en los hogares de menor ingreso. Es un reto entender la forma como se decide dentro de la familia. Estos procesos siguen siendo una caja negra (Sen, 1981). En Colombia la transición demográfica fue contundente en los años cincuenta y sesenta.
Sandoval, Riaño y Barrera estiman los determinantes de la demanda de hijos. Las variables independientes son: las características sociodemográficas del hogar y del individuo, los factores geográficos y el comportamiento del mercado laboral. Los autores concluyen que “los cambios en el tamaño de la familia y de la composición de los hogares no es homogénea, es cambiante en el tiempo y se encuentra relacionada con el espacio”. El menor número de hijos está directamente relacionado con la mayor educación de la mujer, el nivel socioeconómico, el uso de anticonceptivos y la proximidad a las grandes ciudades. Cuando la unión es formal el número de hijos es relativamente mayor. El desempleo se manifiesta en menor número de hijos.
A partir de estos y otros hallazgos, hacen recomendaciones de política pública, dándole énfasis a la educación. Hay una clara relación entre la capacidad humana, que se adquiere mediante la educación, y la regulación de la natalidad. En un texto que se ha convertido en un clásico, Drèze y Sen (1986) comparan las políticas demográficas de India y China. Mientras que en India se ha optado por la educación y por la creación de incentivos adecuados, que permitan reducir la tasa de natalidad, en China el control ha respondido a políticas públicas de corte autoritario. Entre las medidas más radicales destaca la prohibición de tener más de un hijo13.
VII. DESEMPLEO Y POLÍTICA ECONÓMICA EN COLOMBIA
La tesis de grado de Cuevas (1971), Desempleo y política económica en Colombia, fue realizada en la Universidad Nacional y dirigida por Salvador Contreras. En la introducción hace comentarios pertinentes sobre el método en economía. Considera que el desempleo es la síntesis de los problemas socioeconómicos de la sociedad. Hace un diagnóstico de la situación del mercado laboral, señala las dificultades del campo y muestra su relación con las dinámicas urbanas. Examina la relación entre la industrialización y el desempleo. Insiste en la importancia de la distribución del ingreso. En este ejercicio analítico, Cuevas utiliza algunas categorías de Marx, sin que su análisis sea marxista. En esta publicación se incluyó el prefacio y la introducción de este texto inédito.
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CAPÍTULO PRIMERO
JOSÉ FÉLIX CATAÑO*
La dualidad de enfoques en la economía de Marx. Lo que no pude exponerle al profesor Cuevas
RESUMEN
Marx propone una teoría del valor absoluto para entender la relación mercantil y una relación salarial para entender la ganancia capitalista, a diferencia de la ortodoxia neoclásica, la cual propone una teoría de los precios para entender los valores de cualquier relación económica. En este capítulo se muestra, en primer lugar, la dualidad analítica implícita en los textos de Marx sobre cuál es contenido de ese valor, que unas veces se trata de “trabajo general” y otras veces es simplemente cuotas de “dinero”; en segundo lugar, se muestra que cada una de estos enfoques no logra en los escritos de Marx tener una formulación completa para constituir una teoría coherente de los temas tratados y que ambas sufren de insuficiencias e incoherencias que deben ser corregidas, en especial sobre la naturaleza del dinero y el estatus especial de la relación salarial; en tercer lugar, podemos aseverar que el enfoque del valor-trabajo no es pertinente para plantear una buena teoría económica alternativa a la teoría neoclásica hoy dominante y que la esperanza se desplaza a un enfoque monetario en el que los circuitos monetarios permiten una teoría coherente tanto del comercio como de la economía capitalista.
Palabras clave: teoría económica marxista; teoría del valor; enfoque monetario.
Clasificación JEL: B13; B14; B24.
ABSTRACT
Understanding profits in a capitalistic economy implies to understand market relationships, which were analyzed by Marx through a labor theory of value. Firstly, this chapter shows that within Marx’s books there is a contradiction in the use of the concept “value”. Sometimes it means “human labor in general” but in other books it means “money”; secondly, this chapter shows that labor theory of value explained by Marx is not complete because of incongruences in the value concept; thirdly, this research establishes that at present the labor theory of value is not a convenient approach to propose a good economic theory different from neoclassical, because an alternative economic theory needs a monetary circuit which relates theory of trade and the explanation of capitalistic economy.
Keywords: Marxian economic theory; Value theory; Labor theory of value; Monetary economic approach.
JEL Codes: B13, B14, B24.
INTRODUCCIÓN
Cuevas (2003) propuso esta sentencia:
Mi versión [del fundamento de la teoría económica] es no solo distinta sino opuesta a la de Ricardo y Marx. Y no podría ser de otra manera porque Ricardo, a pesar de su genialidad y de contar con la impecable versión macro-económica de Smith, optó por unos insostenibles malabares micro-económicos ensamblados en los precios de unos pocos bushells de trigo y unas onzas de oro. Los cuales fueron sustituidos por unas pocas levitas y unas varas de lienzo en la versión de Marx, cuando decidió seguir a Ricardo en sus malabares suicidas [...]. Claro está, mi versión sigue a las de Smith y Keynes. (p. 50).
Esta tesis significa, por un lado, hacer de Marx un seguidor de Ricardo en la teoría de los precios relativos y, en segundo lugar, señalar a estos autores como teóricos extraviados al no resolver bien esa teoría al no encontrar la correcta medida de los precios relativos en unidades de trabajo, algo presuntamente sugerido por Smith y luego por Keynes. Ya pudimos mostrar en Cataño (2013) nuestras divergencias con tal apreciación, porque hace depender la teoría clásica de los precios de una teoría keynesiana inexistente antes del siglo XX y niega la ruptura teórica que promueve el economista alemán respecto a la teoría clásica de los precios relativos, construida por fuera del dinero. A pesar de algunas proposiciones alternativas, no pudimos presentarle a Cuevas, antes de su triste desaparición física, una exposición completa de nuestra visión sobre la teoría de Marx, aquella que sostiene que los precios relativos deben entenderse a partir de unos valores absolutos en función de trabajo general o de dinero, y no como en las teorías de los precios neoclásicas y clásicas, en las que los valores absolutos son impensables. Es decir, la tesis novedosa de Marx es que los valores absolutos preceden, en lógica, a los precios relativos. Ahora queremos aprovechar esta oportunidad de hacer el esfuerzo de exponer mejor que antes nuestra interpretación de la teoría básica de Marx tal como nos gustaría presentársela hoy a Homero Cuevas, de tal manera que las divergencias de apreciación aparecerán más nítidamente. En resumen, lo que está en juego en la discusión es el contenido de la teoría económica de Marx.
Marx es el pensador que propone una crítica al capitalismo y al pensamiento económico, es decir, una crítica tanto a lo que es el sistema como a la forma en que se piensa, tal como se desprende de su proyecto de crítica de la economía política. Mostraremos, en primer lugar, que dentro de esta crítica existe un enfoque central que distingue a Marx de las otras teorías de los precios, tanto ricardiana y neoclásica, esto es, la tesis de que los bienes mercantiles poseen una dualidad, por una parte, una forma natural, y por otra una forma social, en la que esta es presentada como si los bienes fueran encarnaciones de dinero que expresan una magnitud oculta que sería el trabajo social. Sin embargo, argumentaremos que la lectura crítica de la exposición de Marx concluye que trabajo social y dinero son en realidad dos maneras alternativas de concebir esta forma social de los productos y mostraremos entonces los contenidos de cada uno de ellos. En un segundo momento, mostraremos los problemas analíticos o insuficiencias en cada uno de estos enfoques en los textos de Marx, que muestran contradicciones o vacíos que deben ser llenados; en tercer lugar, mostraremos cómo la teoría del capitalismo de Marx es expuesta siguiendo la idea de que el trabajo general constituye el contenido del valor y por ello se enfrenta a la dificultad de diferenciar la economía propiamente capitalista de la comercial por medio de la incorporación de la relación salarial como relación comercial y por la explicación de la plusvalía a partir de las propiedades de un bien, la fuerza de trabajo; y para finalizar, indicaremos cómo los dos enfoques del valor intrínseco han encontrado un desarrollo posterior en la historia de la teoría marxista.
I. LOS TEMAS O PROBLEMAS ECONÓMICOS ESTUDIADOS POR LA TEORÍA BÁSICA DE MARX
A. LAS RELACIONES COMERCIALES ENTRE PRODUCTORES DE BIENES
El punto de partida de Marx parece simple: todas las sociedades han transformado la naturaleza para obtener bienes que satisfacen necesidades, y en todas ellas el trabajo es en primera instancia la actividad humana para realizar esa producción. Desde el punto de vista material, la pluralidad de bienes expresa una pluralidad de trabajos, una diversidad de oficios y de capacidades, es decir, una división del trabajo. Sin embargo, no hay producción humana en una forma natural semejante a cómo los animales viven y se reproducen cazando otros seres vivos para mantenerse. Por el contrario, parece claro que toda sociedad funciona a partir de reglas colectivas en las cuales se sitúan los individuos en una división de actividades y ponen en acción un sistema de relaciones para armonizar esas actividades, y en este sentido los hombres siempre están revestidos de rasgos dados por la colectividad:
El hombre es, en el sentido más literal, un animal político, no solamente un animal social, sino un animal que solo puede individualizarse en la sociedad. La producción por parte de un individuo aislado, fuera de la sociedad [...] no es menos absurda que la idea de un desarrollo del lenguaje sin individuos que vivan juntos y que hablen entre sí. (Marx, 1971, p. 4).
Por tanto, toda división del trabajo incorpora una forma social de relaciones entre los individuos productores que allí participan, y sus actividades constituyen de una manera u otra el trabajo social. Ahora bien, el objeto analítico inicial de Marx en economía es la representación de las relaciones propias de una división del trabajo en la cual los productores actúan en forma descentralizada y privada, y por ende, aquella donde el intercambio mercantil genera el carácter social de los trabajos:
Si los objetos para el uso se convierten en mercancías, ello se debe únicamente a que son productos de trabajos privados ejercidos independientemente los unos de los otros. El complejo de estos trabajos privados es lo que constituye el trabajo social global. Como los productores no entran en contacto social hasta que intercambian los productos de su trabajo, los atributos específicamente sociales de esos trabajos privados no se manifiestan sino en el marco de dicho intercambio. O, en otras palabras: de hecho, los trabajos privados no alcanzan realidad como partes del trabajo social en su conjunto, sino por medio de relaciones que el intercambio establece entre los productos del trabajo y, a través de los mismos, entre los productores. (Marx, 1975, p. 89)[1].
Además, el estatus igual de los agentes es una premisa de esta economía de intercambios:
En la medida en que la mercancía o el trabajo están determinados meramente como valor de cambio, y la relación por la cual las diferentes mercancías se vinculan entre sí se presenta solo como intercambio de estos valores de cambio, como su equiparación, los individuos o sujetos entre los cuales transcurre ese proceso se determinan sencillamente como intercambiantes. No existe absolutamente ninguna diferencia entre ellos, en cuanto a la determinación formal [...]. Cada sujeto es un intercambiante, esto es, tiene con el otro la misma relación social que este tiene con aquel. Considerado como sujeto del intercambio, su relación es pues la de igualdad. (Marx, 1971, pp. 13-26 y 152-153).
De aquí rescatamos: 1) la división del trabajo comercial es diferente de cualquier otra división por el hecho de que la actividad privada solo se vuelve social gracias a relaciones mercantiles entre los productores; 2) el estatus igualitario de los agentes es una premisa de las relaciones entre ellos.
B. EL DINERO COMO MEDIACIÓN MERCANTIL ENTRE AGENTES ECONÓMICOS DESCENTRALIZADOS
De acuerdo con Marx, a diferencia de otros tipos de relación entre las personas, la relación mercantil incorpora una mediación particular:
[En las relaciones de comercio] se ha extinguido toda particularidad de la relación entre ambos [individuos] y así mismo todas las condiciones políticas, patriarcales y de otra índole que surgen de la particularidad de la relación. Ambos se comportan recíprocamente como personas sociales en abstracto que solo representan, una para la otra, el valor de cambio en cuanto tal. El dinero se ha convertido en el único nexus rerum [nexo de las cosas] entre ellos, en dinero sans frase [sin rodeos]. (Marx, 1980a, p. 124)[2].
Así se señala que en la economía de mercancías el dinero hace la verdadera mediación entre los comerciantes productores de mercancías, algo diferente de otras mediaciones utilizadas en otro tipo de sociedades, tales como lazos familiares y tribales o las directivas de planes centralizadores. Es decir, la mediación que utiliza cosas es en verdad una mediación por el dinero.
C. LA NUEVA DEPENDENCIA SOCIAL DE LOS INDIVIDUOS
Como el individuo privado produce para otros, una división social del trabajo de manera descentralizada, existe un proceso de intercambio comercial entre ellos, lo cual determina una dependencia del productor respecto a las decisiones de los otros:
Por otra parte, empero, [el productor] ha producido valor de cambio, un producto que solo se convierte en producto para sí mismo luego de pasar por determinado proceso social [...]. La independencia de la producción individual se complementa de esta suerte con una dependencia social, que encuentra su correspondiente expresión en la división del trabajo. (Marx, 1980a, p. 167).
Por tanto, la suerte de los individuos comerciantes no depende solo de sus decisiones, sino de las relaciones económicas decididas por otros, con los demás, las cuales se realizan, no directamente, sino por medio de las transacciones monetarias en los mercados.
D. EL CAPITALISMO COMO ECONOMÍA COMERCIAL Y SALARIAL
La economía capitalista es la de empresarios y obreros asalariados cuyo fin es producir ganancias económicas por medio de la producción de bienes vendidos en los mercados. Marx quiere mostrar que esta economía capitalista es diferente de la comercial, aquella en la que la igualdad de estatus es una de sus premisas, puesto que la capitalista tiene como base una división de clases (heterogeneidad de estatus de los sujetos), y por eso denuncia explícitamente la pretensión de representarla como una economía comercial ampliada, tal como la encuentra en las ideas de Bastiat:
Esta economía [la de Bastiat] encuentra en todas partes la igualdad y la libertad del intercambio de valores de cambio, determinado de manera simple, y lo reduce todo a pueriles abstracciones [...]. En esta economía, por ejemplo, la relación entre el capital e interés se reduce al intercambio de valores de cambio [...]. De este modo, todas las categorías económicas se convierten en más y más nombres para la misma relación de siempre, y esta burda incapacidad de captar las diferencias reales termina por ser la presentación del common sense puro […]. Las “armonías económicas” del señor Bastiat significan que solo existe una relación económica, la cual adopta diversos nombres […]. A título de ejemplo: el salario es el pago de un servicio que un individuo presta a otro […]. El beneficio también es el pago por un servicio que un individuo presta a otro. Por consiguiente, el salario y el beneficio son idénticos, y es una primera confusión idiomática que llamemos a uno pago de salario y al otro beneficio3. (Marx, 1971, vol. 1, p. 187) [bastardilla del texto].
En resumen, la teoría económica básica de Marx quiere explicar dos economías monetarias: la primera, simplemente comercial, entre agentes del mismo estatus, y la segunda, la capitalista, la que además de relaciones de intercambio introduce las relaciones de clases (de desigualdad) generadora de plusvalía en un marco de diferencias de estatus económico entre empresarios capitalistas y asalariados.
II. LAS EXPLICACIONES MARXISTAS DEL FUNCIONAMIENTO DE LA ECONOMÍA MERCANTIL
El principio básico del enfoque propuesto por Marx para hablar de la economía mercantil o de la mercancía es la dualidad heredada de la economía clásica entre los conceptos de valor de uso y el de valor de cambio, pero cambiando el significado del segundo término, en el sentido de hacerlo depender de un valor previo al valor de cambio. El texto siguiente es claro:
Cuando hablamos de la mercancía como materialización del trabajo —en el sentido del valor de cambio— nos referimos a una existencia puramente figurada, es decir, una existencia puramente social de la mercancía, que nada tiene que ver con su realidad corpórea; nos la representamos como una determinada cantidad de trabajo social o de dinero. (Marx, 1980a, p. 155).
Esto significa que la mercancía debe definirse como un objeto donde se reúnen dos aspectos, uno material y otro social. Respecto al aspecto material, no existe dificultad; se trata de las propiedades físicas del objeto producido que lo definen como un objeto material diferente de los otros y útil para satisfacer determinadas necesidades de consumo, las cuales Marx siempre va a considerar como dadas4. Por el contrario, el componente social de la mercancía, el que está definido por el concepto renovado de valor de cambio, es el que es difícil de precisar, ya que se ha prestado a confusión. Marx al comienzo de El capital nos dice que los valores de cambio o precios de las mercancías se presentan en algunos economistas anteriores a él como algo relativo y contingente, “como relación cuantitativa, proporción en que se intercambia valor de uso de una clase por valor de uso de otra clase, una relación que se modifica continuamente según el tiempo y lugar” (Marx, 1975, p. 45). Vemos aquí, primero, una mención a los precios como proporción entre bienes, a sus precios relativos; segundo, se refiere al carácter contingente entendiendo que “el valor de cambio inmanente, intrínseco a la mercancía sería una contradictio in adiecto” (Marx, 1975 p. 45). Marx piensa que aceptar la relación contingente entre mercancías haría pensar que no habría magnitud inmanente de valor regulatoria, sino precios (proporciones) accidentalmente puestos por los mercados a causa de circunstancias transitorias. Contra esta visión insistirá entonces en que el tratamiento del valor intrínseco es la manera con la que se debe explicar que los bienes generados en una economía descentralizada (producción privada) no tengan las mismas propiedades que los bienes en una economía no mercantil5. La búsqueda o la clarificación de esta magnitud inmanente (lo que va muchas veces se denominará sustancia del valor de las mercancías o valores absolutos) nos parece ser el centro y la originalidad de la reflexión económica inicial de Marx6.
Si bien el texto arriba citado parece afirmar que cantidad de trabajo o dinero son sinónimos como expresiones del componente social de las mercancías, el llamado valor intrínseco, una lectura crítica de las exposiciones marxistas de la economía simple permite establecer que allí encontramos en realidad dos enfoques distintos, aunque entrelazados en la exposición de Marx: el enfoque del valor absoluto como unidades de trabajo abstracto y el enfoque del valor absoluto como cantidades de dinero.
A. PRIMER ENFOQUE: EL VALOR ABSOLUTO COMO UNIDADES DE TRABAJO ABSTRACTO
En este primer enfoque las mercancías se presentan como portadores de trabajo abstracto que circulan en los mercados. Los componentes del enfoque del valor absoluto como trabajo abstracto son los siguientes.
1. EL PROCESO DE TRANSACCIONES COMERCIALES ES UNA CIRCULACIÓN DE VALOR
Si cada bien encarna una cuota de trabajo social, la economía comercial simple se describe como un proceso de circulación de una masa de valor económico creado en la generación de las mercancías de tal forma que el circuito mercancía-dinero- mercancía (M-D-M) parece ser la forma general del proceso para cada uno de los productores:
El mismo valor de cambio […] se mantiene en manos del mismo poseedor de mercancías, primero bajo la figura de su mercancía, luego bajo la figura del dinero en que esta se transforma, y por último, de la mercancía en la que ese dinero se convierte. Este cambio de forma no entraña modificación alguna en la magnitud de valor […]. Por tanto, en la medida en que la circulación de la mercancía no trae consigo que un cambio formal de su valor, trae consigo […] un intercambio de equivalentes. (Marx, 1975, p. 193).
Según esto, negociando bienes como mercancías lo que se hace es mover el valor de un agente a otro mediante el intercambio de bienes que portan valores equivalentes. Al presuponer el valor absoluto de esta manera, el dinero sería aquí mero intermediario para la circulación de los valores dados desde la producción, de tal forma que en una relación de intercambio se interpreta que se paga dinero porque la mercancía es también una encarnación de valor. Notemos además que aquí se identifica que la ley de la equivalencia, la ley del vínculo económico comercial, reposa en la igualdad de los valores transados: “La igualdad de lo que cada uno da y recibe es aquí [en el intercambio] un momento expreso del mismo” (Marx, 1971, vol. 3, p. 175).
2. UNA CONCEPCIÓN DE LA PRODUCCIÓN DE LAS MERCANCÍAS
Marx propone inicialmente (no para el capitalismo) que los bienes útiles son producidos por el trabajo directo de sus propietarios: “Si ponemos a un lado el valor de uso del cuerpo de las mercancías, únicamente les restará una propiedad: la de ser productos del trabajo” (Marx, 1975, vol. 1, p. 46). Con esta visión, la producción se separa del intercambio en el sentido de que no son necesarias relaciones comerciales para producir mercancías y también que el conjunto de productos tiene como aspecto común ser generados por la actividad laboral de sus propietarios.
3. UNA CONCEPCIÓN DEL CONTENIDO DEL ESPACIO DEL VALOR ABSOLUTO
El espacio del valor (el aspecto social del bien o valor absoluto intrínseco) se identifica con la existencia de unidades de trabajo abstracto en cada bien: “Un valor de uso o un bien [...] solo tiene valor porque en él está objetivado o materializado trabajo abstractamente humano” (Marx, 1975, vol. 1, p. 47). Con este trabajo abstractamente humano se obtendría la conmensurabilidad económica de las mercancías: “Las mercancías que contienen iguales cantidades de trabajo o que se pueden producir en el mismo tiempo de trabajo tienen la misma magnitud de valor” (Marx, 1975, vol. 1, p. 49).
Por tanto, la mercancía se piensa como referida a una dualidad en el carácter de los trabajos; el trabajo concreto se refiere a la actividad concreta que la genera, mientras que el trabajo abstracto se refiere a la magnitud común y social entre los bienes, aquello que por ser homogéneo permite la conmensurabilidad económica entre bienes diferentes, y en tal sentido constituiría la esfera social de asociada a los bienes. Esta dualidad de los espacios del valor es la que define la existencia de la mercancía, una vez como cosa y la otra como cuota de algo social:
Ese producto [en cuanto valor] ya no es una mesa o casa o hilo […]. Todas sus propiedades sensibles se han esfumado. Ya tampoco es un producto del trabajo del ebanista o del albañil o del hilandero o de cualquier otro trabajo productivo determinado. Con el carácter útil de los productos del trabajo se desvanece el carácter útil de los trabajos representados en ellos, por ende, se desvanecen también las diversas formas concretas de esos trabajos; estos dejan de distinguirse, reduciéndose en su totalidad a trabajo humano indiferenciado, a trabajo abstractamente humano. (Marx, 1975, vol. 1, p. 47).
4. UNA CONCEPCIÓN DE LA DIFERENCIA ENTRE EL TRABAJO CONCRETO Y EL TRABAJO ABSTRACTO
Marx escribe: “Esas cosas [los productos del trabajo] tan solo nos hacen presente que en su producción se empleó fuerza humana de trabajo, se acumuló trabajo humano. En cuanto cristalizaciones de esa sustancia social común a ellas, son valores” (Marx, 1975, vol. 1, p. 47). Y también:
(El trabajo general) es como si toda la fuerza de trabajo de la sociedad [...] representase para estos efectos una inmensa fuerza de trabajo [...]. Lo que subsiste del trabajo (tras hacer abstracción de su carácter útil) [...] es el ser un gasto de fuerza de trabajo humano, gasto de cerebro, músculo, nervio, mano, etc., humanos y en este sentido uno y otro son trabajo humano. (Marx, 1975, vol. 1, p. 54).
En resumen: el trabajo abstracto, el contenido del valor absoluto de los bienes, es una característica o propiedad de estos en cuanto que en ellos se incorporó una cantidad de trabajo abstracto, entendiendo por este una cualidad intrínseca de los trabajos concretos, un aspecto general de estos, en tanto que cualquier trabajo productivo reúne una característica común: es una cuota de gastos de energía humana7.
5. UNA CONCEPCIÓN DEL DINERO
Al postularse que el trabajo abstracto es el verdadero “contenido” del valor, el carácter social de la mercancía, se descarta que el dinero lo sea: “el valor y la magnitud del valor no derivan de su forma de expresión [en dinero] en cuanto valores de cambio” (Marx, 1975, vol. 1, p. 74). Esta posición hace que el dinero quede relegado a ser una entidad secundaria respecto al trabajo abstracto: “En cuanto medida del valor, el dinero es la forma de manifestación necesaria de la medida del valor inmanente a las mercancías […]” (Marx, 1975, vol. 1, p. 115). Al afirmar esto, se piensa que el trabajo mismo es inmanente como sustancia del valor, pero no se expresa en sus propias unidades (horas de trabajo), sino en unidades de dinero; este va entonces a concebirse como el lenguaje común para la manifestación social de los valores previamente postulados, y así se subraya la preeminencia del trabajo abstracto sobre la magnitud monetaria misma.
6. UNA CONCEPCIÓN DE LA “GÉNESIS” DEL DINERO
Si el valor de las mercancías se explica por la actividad productiva de los productores, y el dinero es la expresión necesaria del valor inmanente, ¿cómo se explica la presencia del dinero en el espacio de los valores de cambio? La repuesta es afirmar que el dinero es el objeto que representa para los productores las cuotas del trabajo social, y este se genera en el seno de la división del trabajo mercantil, gracias al proceso de exclusión del seno de las mercancías de una de ellas, con el fin de representar en la cantidad de un bien material, por ejemplo, un gramo de oro, el trabajo abstracto contenido en todas las mercancías. Esta génesis está desarrollada en la secuencia de las Formas de valor en el capítulo I de El capital, donde se afirma que los productores se acuerdan “por instinto” en colocar una mercancía particular como la mercancía dinero y excluir a las otras de este papel. “El dinero no nace de una convención, así como tampoco nace de una convención el Estado. Nace naturalmente del cambio y en el cambio es su producto” (Marx, 1971, vol. 1, p. 93). El punto importante es darse cuenta de que en esta versión del valor el Estado, como soberanía política, no participa de la génesis del dinero, pues ella es puesta como un mero resultado del mismo mundo mercantil, como si los agentes productores lograran, por instinto, un acuerdo sobre la representación del valor en un bien también producido en la división del trabajo.
En resumen: si la división de los trabajos genera bienes para ser cambiados, esta producción pone de inmediato los bienes en el espacio de los trabajos abstractos (o sociales), y como tales estos bienes van a ser portadores de valores absolutos, los cuales, mediante una mercancía dineraria que sirve de expresión y de intermediario de los valores dados, van a ser los sustentos de una circulación de trabajos abstractos que puede resumirse en la fórmula M-D-M, mercancía-dinero-mercancía. En este enfoque, las transacciones comerciales se representan como unas circulaciones de los valores dados, con lo cual se obtienen dos corolarios: 1) las mercancías se cambian por dinero porque ellas son encarnaciones de trabajos; 2) la ley de equivalencia en los intercambios se hace aparecer en la identidad entre la cantidad de trabajos abstractos que se cede y el que se recibe.
B. SEGUNDO ENFOQUE: EL VALOR ABSOLUTO ES UNA CANTIDAD DE DINERO
En este segundo enfoque la economía comercial simple se describe como el proceso de socialización de la diversidad de trabajos privados, en cuanto reciben una valoración monetaria en los mercados. Los componentes del segundo enfoque, en el que el dinero es en realidad la verdadera “sustancia” del valor absoluto, son los siguientes:
1. UNA CONCEPCIÓN DE LA PRODUCCIÓN A PARTIR DEL TRABAJO PRIVADO DESCENTRALIZADO
La mercancía es valor de cambio en la medida en que en ella se ha incorporado cierto tiempo de trabajo […]. Sin embargo, tal como es en forma inmediata, es solo el tiempo de trabajo individual materializado en un contenido particular, pero no tiempo de trabajo general. Por consiguiente, no es valor de cambio, sino que debe devenir tal. (Marx, 1980a, p. 26)[8].
Esto indica que la actividad que genera la mercancía no es de inmediato trabajo general o abstracto, sino que se trata meramente de trabajo o actividad privada, y en este sentido, el trabajo abstracto, ahora en el sentido de trabajo socializado o social que sirve de contenido del valor, es un resultado y no una premisa de la existencia de la mercancía.
2. LA DUALIDAD DEL TRABAJO NO ES ENTRE TRABAJO CONCRETO Y TRABAJO ABSTRACTO, SINO ENTRE TRABAJO PRIVADO Y TRABAJO SOCIALIZADO
El tiempo de trabajo social solo existe, por así decirlo, en forma latente en estas mercancías, y solo se revela en el proceso de intercambio. No se parte del trabajo de los individuos en calidad de trabajo comunitario, sino a la inversa, de trabajos particulares de individuos privados, los cuales solo en el proceso de intercambio y por supresión del carácter originario se revelan como trabajo social general (Marx, 1980a, p. 29).
Ahora el trabajo social no es ni una característica común —una generalidad entre los trabajos concretos— ni el punto de partida de la explicación del mundo social de la mercancía, sino el resultado del intercambio con otros agentes. Los trabajos inicialmente son privados porque son descentralizados, y el problema que se plantea ya no es la circulación de un valor dado, sino explicar cómo unos trabajos privados se socializan por medio de las transacciones de mercado. Por ende, M-D-M no es ahora una circulación del valor dado en la producción, sino que, a lo sumo, puede representar la circulación de un trabajo privado, donde M es solo trabajo privado 1 que se cambia por dinero (la única encarnación del valor), y este dinero adquiere otro trabajo privado, un trabajo privado 2 señalado por la segunda M.
3. LA NECESIDAD DE LAS NOCIONES DE “PRECIO IDEAL” Y “PRECIO EFECTIVO”
El trabajo [en la producción de mercancías] es trabajo del individuo privado, representado en un determinado producto. Sin embargo, en cuanto valor, el producto tiene que ser materialización del trabajo social y, como tal, directamente convertible de un valor de uso en cualquier otro. Por tanto, el trabajo privado debe representarse directamente como lo contrario a él [...]. Solamente mediante su enajenación se representa realmente el trabajo individual como lo contrario de él. Mientras este dinero sirve de medida y de expresión del valor de la mercancía en el precio, obtiene la mercancía esta representación. Solamente por medio de la conversión real en dinero, por medio de la venta, adquiere la mercancía esta su expresión adecuada en cuanto valor de cambio. La primera transmutación es un proceso meramente teórico, la segunda es el proceso real. (Marx, 1980b, vol. 3, p. 120)[9].
El precio ideal es la expresión monetaria inicial del trabajo privado, el que aspira a volverse social. El precio efectivo se genera en el intercambio una vez que se han realizado las transacciones, y es la expresión objetiva de que el trabajo privado se ha socializado. Por tanto, en este enfoque las mercancías tienen dos precios monetarios en su existencia mercantil, un precio monetario ex ante al mercado y un precio monetario ex post a él.
4. LA VENTA COMERCIAL ES UN SALTO MORTAL DE LA MERCANCÍA
De la reconocida tensión entre lo privado y lo social se deriva que existe un riesgo comercial para el productor, ya que no todo trabajo privado se vuelve necesariamente social. Esto es la idea contenida en la expresión poética salto mortal de la mercancía del capítulo III de El capital:
El salto que el valor mercantil da desde el cuerpo de la mercancía al del oro [dinero] es el “salto mortale” de la mercancía. Si fracasa, lo que se verá chasqueada10 [frustrada] no será la mercancía sino su poseedor. La división social del trabajo hace que el trabajo del poseedor sea tan unilateral como multilaterales sean sus necesidades [...]. La mercancía es quizás el producto de una nueva modalidad de trabajo, la cual pretende satisfacer una necesidad recién surgida o crear, por su propia iniciativa, una nueva [...]. Hoy el producto satisface una necesidad social. Tal vez mañana lo desplace, total o parcialmente, un tipo similar de producto. Aunque el trabajo es también, como el de nuestro tejedor, un eslabón patentado de la división social de trabajo, ello en modo alguno basta para garantizar el valor de uso precisamente de sus 20 varas de lienzo. Si los tejedores que compiten con él ya han saturado las necesidades sociales de lienzo —que como todo lo demás tiene su medida—, el producto de nuestro amigo se volverá excesivo, superfluo y por tanto inútil. (Marx, 1975, p. 129)[11].
Encontramos entonces que el salto mortal de la mercancía es el concepto central del segundo enfoque, dado que indica que no toda actividad privada, aunque sea necesario expresarla en dinero, es de inmediato social y que, por tanto, lo que sucede en el mercado es el mismo proceso económico de éxito o fracaso en la socialización de las actividades productivas privadas.
5. EL DINERO ES LA MEDIACIÓN FUNDAMENTAL PARA QUE LO PRIVADO SE CONVIERTA EN SOCIAL
En efecto, en los Elementos Marx había escrito:
Querer transformar el trabajo del individuo en general (o sea también su producto) inmediatamente en dinero, en valor de cambio realizado, significa determinarlo inmediatamente como trabajo general […]. El trabajo, sobre la base de los valores de cambio, supone precisamente que ni el trabajo del individuo ni su producto sean inmediatamente universales y que este último obtenga su forma universal solo a través de una mediación objetiva, a través de un dinero distinto a él. (Marx, 1971, vol. 1, p. 100).
Ahora se tiene claramente que el dinero representa la magnitud social donde se insertan los distintos trabajos privados componentes de la división social de los productores. Al insertarse en el espacio del dinero, el mercado es la red de pagos monetarios y no de la circulación de trabajos abstractos.
En resumen: la visión que Marx permite en este segundo enfoque es que, en un mundo descentralizado, los trabajos privados que producen objetos mercantiles no son de inmediato cuotas de trabajo social, porque su actividad es precisamente privada y descentralizada; esta actividad solo deviene social por medio del intercambio, al cambiarse por una mercancía especial que encarna el valor mercantil en general, la mercancía monetaria. Las actividades privadas están entonces mediadas por la presencia de un objeto social, válido y reconocido por todos, las unidades monetarias; es decir, frente a lo privado el aspecto social del bien es el dinero, idea contenida en la noción de precio ideal. Ahora bien, la complicación viene de que para poder entrar en el proceso de intercambio las mercancías privadas deben recibir un precio ideal, una expresión monetaria de lo privado antes que este se vuelva social y, al mismo tiempo, cuando la mercancía privada se convierte en dinero, en el intercambio, el trabajo privado se vuelve efectivamente social. En estos términos, el intercambio socializa lo que en una primera instancia es privado, pero este privado debe recibir una expresión inicial en dinero, y en tal sentido la mercancía es en un principio una encarnación de dinero (no de trabajo social) y, en seguida, tras el intercambio efectivo, lo privado se ha socializado cuando se entrega a su productor unidades monetarias, por definición representantes sociales del valor. Así llegamos a la idea de que la mercancía es inicialmente una encarnación de dinero, pero es la transacción mercantil la que da el valor económico socialmente aceptado y no un presunto contenido previo inmanente, una cuota de trabajo abstracto.
III. PROBLEMAS ANALÍTICOS EN LOS DOS ENFOQUES DEL VALOR ABSOLUTO
En verdad, Marx expuso estos dos enfoques como si fueran aspectos de una misma concepción de la economía comercial, ya que reduce el dinero al papel de expresar los trabajos abstractos y convierte la circulación monetaria a una circulación de trabajos abstractos; de ahí que no sea extraño que su exposición aparezca incoherente o confusa, porque a veces el dinero tiene la primacía y otras veces se la otorga al trabajo. En realidad, son enfoques diferentes, y cuando los separamos vemos que en lugar de confusión lo que encontramos son vacíos o una formulación incompleta. Veamos esto con más detalle.
A. PROBLEMAS DE LA CONCEPCIÓN DEL VALOR COMO TRABAJO ABSTRACTO
1. LA DESAPARICIÓN DE LA DISTINCIÓN ENTRE LO PRIVADO Y LO SOCIAL
Si en toda producción mercantil todo trabajo abstracto no es más que una cualidad de los trabajos concretos, la economía mercantil no se representa en forma diferente de una economía planificada, centralizada, aquella en la cual no debería hablarse de mercancías, sino de solo productos. La observación crítica viene del mismo Marx, tal como está planteada en la primera redacción del primer capítulo de El capital: “Si ese trabajo [de los productos] fuera directamente social, esto es, trabajo colectivo, los productos adquirirían el carácter directamente social de un producto colectivo para sus productores, pero no el carácter de mercancías unos para otros” (Marx, 1975, vol. 3, p. 1003). Esta crítica se reitera respecto a la visión de los socialistas utópicos, como el socialista Gray:
Pero si Gray supone que el tiempo de trabajo contenido en las mercancías es inmediatamente social, está suponiendo que es tiempo de trabajo comunitario o trabajo de individuos directamente asociados. Así de hecho, una mercancía específica como el oro y la plata no podría enfrentarse a las otras mercancías como encarnación del trabajo general, el valor de cambio no se convertiría en precio, pero el valor de uso no se convertiría en valor de cambio, el producto no se convertiría en mercancía, y de este modo quedaría abolido el propio fundamento de la producción burguesa. […] Toda mercancía es directamente dinero. Esta era la teoría de Gray […]. (Marx, 1971, p. 70)[12].
Es decir, en este caso, una idea de división del trabajo mercantil en la que se piensa que la actividad que la genera es de inmediato trabajo abstracto tendría la misma representación que la pertinente para una división planificada del trabajo, con lo cual se pierde la especificidad del mundo comercial, la existencia de los trabajos inicialmente privados.
2. LA INEXISTENCIA DE UNA VERDADERA GÉNESIS MERCANTIL DEL DINERO
Si la dimensión del valor precede lógicamente a la existencia del dinero, la génesis del dinero no es correcta ya que es imposible mostrar que las mercancías generan la mercancía monetaria a partir del supuesto único de las mercancías individuales. En efecto, Marx había planteado respecto a la relación entre mercancías y dinero lo siguiente:
De lo que aquí se trata es de llevar a cabo una tarea que la economía burguesa ni siquiera intentó, a saber, dilucidar la génesis de esa forma dineraria, siguiendo para ello el desarrollo de la expresión del valor contenida en la relación de valor existente entre las mercancías: desde su forma más simple y opaca hasta la deslumbrante forma de dinero. (Marx, 1975, vol. I, p. 59).
Esto significa que Marx, suponiendo el valor de las mercancías, intenta al final del capítulo I de El capital deducir la separación de una mercancía como equivalente monetario de las otras siguiendo la secuencia de las formas del valor (I a IV), donde el momento crucial se lograría a partir de la inversión de la forma II para generar la forma III. Sin embargo, una crítica de Benetti (1991) se aplica aquí, la cual nos permitimos resumir. En la forma I (entre dos mercancías) no existe dinero porque no se trata un dinero para todos, sino accidentalmente para una mercancía; en la forma II, según el mismo Marx, tampoco existe dinero porque cada mercancía particular es dinero, y esta pluralidad de dineros niega la unidad y unicidad del representante o equivalente general de los valores. Por tanto, si se invierte realmente la forma II, se tienen otra vez múltiples dineros y no se logra la forma III deseada por Marx, aquella donde debe existir solo un representante del valor, el equivalente general. En realidad, como lo demuestra Benetti, Marx no genera la forma III invirtiendo la forma II, sino que invierte apenas una parte de esa forma, aquella en la cual el lienzo ya es postulado como el único dinero. No se invierte la forma II para hacer aparecer el dinero, sino que se invierte porque allí el dinero ya estaba. Y si el lienzo es ya el dinero en la forma II, es también el dinero en la forma I, la inicial. Marx entonces no puede deducir de un mundo de solo mercancías sin dinero un mundo de mercancías con dinero, sino que está obligado a suponer desde la forma I la existencia del dinero, la representación de lo social frente a lo privado. En conclusión, la lógica hace ver que la teoría de Marx fracasa en deducir el dinero suponiendo el valor como realidad independiente de su representación monetaria. Por estas razones, Benetti concluye que dinero y división comercial del trabajo son dos categorías inseparables y simultáneas para la teoría corregida de la mercancía de Marx13.
3. M-D-M NO ES EL CICLO ADECUADO PARA LA REPRESENTACIÓN DEL PROCESO ECONÓMICO DE LOS PRODUCTORES COMERCIANTES
Tres razones nos pueden convencer de lo anterior. Primero: considerar que las mercancías solo se producen con trabajo es una idea muy inadecuada para representar la producción de mercancías, puesto que hace creer que para producir un bien en el cual se ha especializado el productor, también allí se producen sus medios de producción de tal manera que esta se puede hacer sin intercambios previos. Segundo, si cada mercancía se toma como algo que posee un valor previo y dado antes del intercambio, la circulación del valor incorporado no permite integrar en el análisis al trabajo privado y descentralizado, pues lo supone de inmediato como social y así se impide hablar de la sanción mercantil o el “salto mortal” de la mercancía, sobre la incertidumbre en la actividad del productor de mercancías. Tercero: con este esquema no podría entenderse cómo entra en el sistema comercial el dinero que debe comprar las mercancías. En efecto, si la división del trabajo es entre productores de mercancías, todos ellos entonces producen bienes particulares desplegando su trabajo, y como para todos ellos las ventas preceden a las compras, ninguno tiene dinero para comprarles los bienes a los otros productores. Marx se da cuenta de este problema e intenta resolverlo diciendo que el productor de oro, cuando se supone que esta mercancía es la dineraria, “tiene que ingresar por algún punto cualquier del mercado [y que este punto] está en su fuente de producción, donde, como producto directo del trabajo, se intercambia por otro producto laboral de valor idéntico” (Marx, 1975, vol. I, p. 133), es decir, que el productor de oro compra sin vender, mientras los otros productores compran tras vender. La condición lógica de esta solución es que el productor de oro posea el privilegio de conocer los contenidos de los valores de las mercancías normales como si poseyera una contabilidad centralizada de los contenidos trabajo de cada una de las mercancías de tal manera que pudiera hacer los intercambios iniciales entrando el dinero a la circulación para la posterior realización de las compras de los otros agentes. Otra vez, tal idea implica la hipótesis de una estructura centralizadora y omnisciente previa al mercado que conozca, como un dios omnipotente, la situación social de la división del trabajo, algo que podría remitir a una institución central y no al productor de oro descentralizado. En resumen, M-D-M debe rechazarse como dispositivo adecuado para explicar las transacciones comerciales porque no puede representar el proceso de un mundo descentralizado de mercancías, sino un mundo previamente ya centralizado donde el dinero es pasivo y solo sirve para mover lo que ya previamente está socialmente determinado.
4. INEXISTENCIA DE LA DESCENTRALIZACIÓN DE LA MERCANCÍA
Marx planteó (véase capítulo I de El capital) que solo en la economía descentralizada (distinta de la de Robinson Crusoe, de la economía patriarcal o de la economía planificada de una economía socialista) se tendría un sistema en el cual la relación social entre los hombres se convierte en relación entre cosas, entre oro monetario y bienes. De acuerdo con Marx, precisamente la cosificación de las relaciones (en realidad, su monetización) reemplaza otras mediaciones directas, tales como las relaciones personales, la servidumbre o el plan central del socialismo. Las relaciones sociales propias entre cosas es la relación de los bienes con el dinero en una determinada proporción, los precios efectivos de una economía de intercambios. Ahora bien, si en la explicación de la mercancía suponemos que su valor absoluto está dado por los trabajos incorporados, la contabilización centralizada del trabajo contenido en cada bien sería la verdadera mediación de la economía comercial que haría superflua la intervención mediadora del dinero. De esta manera, M-D-M resulta ser la representación de una economía planificada en la que el dinero hace circular lo que fuera de él se ha determinado como ya algo social. Es este resultado que ya Marx había encontrado en sus borradores:
El carácter colectivo de la producción convertiría el producto desde un principio en un producto colectivo, universal […]. Sobre la base de los valores de cambio, el trabajo es puesto como trabajo general solo mediante el cambio. Sobre esta base [colectiva] el trabajo sería puesto como tal anteriormente al cambio; o sea, el cambio de productos no sería en general el médium que mediaría la participación la participación del individuo en la producción general. Es claro que tiene que haber una mediación. En el primer caso, que deriva de la producción autónoma de los individuos —aunque estas producciones autónomas se determinen y se modifiquen post festum a través de sus relaciones recíprocas—, la mediación tiene lugar a través del cambio de las mercancías, del dinero, que son todas expresiones de una única y misma relación. En el segundo caso es mediado el supuesto mismo; o sea, está presupuesta una producción colectiva […] [Aquí] el trabajo del individuo es puesto desde el inicio como trabajo social. (Marx, 1971, vol. I, p. 100).
El resultado es patente: el enfoque del valor como trabajo abstracto generado en la producción, donde la circulación de este valor se propone bajo el célebre esquema M-D-M, no logra representar las características básicas de la economía comercial, la descentralización, objeto inicial del análisis del autor de El capital. A lo sumo sería la representación de una circulación de valores en una economía centralista o planificada.
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