Kitabı oku: «Tratados hipocráticos IV»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 114

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por M.a DOLORES LARA NAVA .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid. España, 1988.
www.editorialgredos.com
REF. GEBO227
ISBN 9788424931568.
INTRODUCCIÓN
Lo escuela cnidia
En el anterior volumen de la B. C. G. dedicado a los Tratados Hipocráticos se aplazaba el comentario a la cuestión de la escuela cnidia al primer volumen que contuviese tratados netamente cnidios 1 . Tomamos aquí el testigo de este tema, aunque no sea fácil, como veremos, decidir si la ginecología hipocrática fue o no producción de la denominada escuela cnidia.
Tradicionalmente se han distinguido dos grandes escuelas médicas dentro del CH , la de los asclepíadas de Cos y la de Cnido, tomando como apoyo a tal distinción la referencia que hace Galeno, en su Comentario al libro IV de las Epidemias , a esos médicos cnidios. A partir de ahí se han buscado menciones textuales, se han clasificado los tratados por escuelas y se han estudiado las diferencias y características que identificaban cada una de las dos escuelas.
La primera dificultad para un acuerdo entre los estudiosos data de hace bastante tiempo y se refiere a las obras que se adscriben a la escuela cnidia. Ilberg 2 consideraba cnidios los tratados Sobre las enfermedades I-IV, Afecciones internas, Afecciones, Semanas, Generación, Naturaleza del niño y todos los ginecológicos. Mientras que Edelstein 3 pensaba que eran Sobre las enfermedades II, Afecciones internas y Sobre la dieta en las enfermedades agudas . Lonie 4 incluye además de estos dos Sobre las enfermedades I y III, y Afecciones . Bourgey 5 y Joly 6 los restringen a Sobre las enfermedades II y Afecciones internas .
Se suele pensar que la escuela cnidia es un estrato más antiguo que la de Cos en la evolución médica griega y en la cronología de sus autores. A mediados del s. VI a. C., el asclepíada Califonte, padre del también médico Demócedes, viajó de Cnido a la ciudad suritálica de Crotona. También tenemos noticias de otros médicos cnidios posteriores como Eurifonte (el posible autor de las Sentencias cnidias ), Heródico y Ctesias. Del mismo modo sabemos de los contactos entre esta escuela y el círculo pitagórico y de ciertas nociones que heredaba de la cultura oriental. También se la considera más conservadora en sus postulados, pues se trata de un mundo cerrado a la innovación y que es regido por el imperativo de la tradición.
Parece que la evolución de la escuela tiene su origen en la redacción de las Sentencias cnidias , de las cuales solamente Galeno y Sorano nos transmiten alguna información, no muy clara por cierto. Tenemos también un fragmento de ellas en el Comentario de Galeno al libro VI de las Epidemias , aunque casi todo lo que conocemos de la estructura de esta obra proviene de otro tratado hipocrático: Sobre la dieta en las enfermedades agudas , donde se entabla una polémica contra lo que los filólogos e historiadores de la medicina han llamado la otra escuela. La crítica está en tres niveles:
— El exploratorio, porque el médico cnidio recaba su información sobre la enfermedad casi exclusivamente por lo que le dice el enfermo.
— El nosotáxico, dada la tendencia a multiplicar el número de presentaciones o variedades de una misma enfermedad.
— El terapéutico, por la limitación de los remedios, que se reducen a purgantes, leche y suero lácteo.
A ello habría que añadir la semejanza estructural que podría identificar a todos aquellos tratados que dependieran de las Sentencias . Y aquí topamos de nuevo con la falta de acuerdo en el establecimiento de esa forma expositiva. Por ejemplo, Jouanna 7 ve articulado este esquema de la siguiente forma: el título de la enfermedad, a la cabeza, va seguido de los síntomas en cortas proporciones unidas por kaí , sigue con el tratamiento que empieza con un toûton , para acumular prescripciones en infinitivo o imperativo tercera persona, por último una frase lapidaria sobre el pronóstico. Ilberg 8 , Jurk 9 y Grensemann 10 piensan que la estructura es: síntomas - prognosis - terapia; y Lonie 11 : síntomas - etiología - terapia. Ante esta disparidad de opinión, Kollesch 12 piensa que el único punto en común es el par sintomatología - terapia, que se da en todos los escritos cnidios excepto en Sobre las enfermedades II 1-11 (considerados como una redacción independiente dentro de este tratado), y por tanto no tiene valor basar las características de una escuela en un esquema de dos miembros.
A pesar de que no haya bases firmes para reconstruir las Sentencias cnidias , y por tanto sea imposible analizar los tratados hipocráticos a partir de ellas, se han realizado valiosos trabajos de análisis formal, estilístico y lingüístico para apreciar la evolución dentro de un mismo tratado o de un grupo de tratados 13 . Toda esta actividad filológica ha ido añadiendo características a los tratados cnidios, de forma que podemos aventurar una pintura, inevitablemente imperfecta, de esta escuela:
a) La nosografía tiende, como acusaba el autor de Sobre la dieta en las enfermedades agudas , a la multiplicación de las variedades de un padecimiento, y pueden contarse siete enfermedades de la bilis, doce de vejiga y cuatro de riñones; o en Mul . II 14 , cinco leucorreas, nueve desplazamientos y ocho endurecimientos de la matriz, y tres metritis. Esto denunciaba un sistema a priori en el que la descripción de la escuela domina sobre la observación de la realidad del paciente.
b) Un relativo empirismo en la exploración da paso con frecuencia a una conclusión patogénica un tanto disparatada y en exceso localista. De nuevo aquí la rigidez de la escuela y la fuerza de la tradición imperan sobre la originalidad o la personalidad del médico, produciendo un anquilosamiento de la imaginación científica, según opinan algunos. Sin embargo, Jouanna postula una evolución interna de la escuela cnidia, un lento desarrollo que se manifiesta ya en las dos ediciones de las Sentencias —según se deduce de lo transmitido por el autor del Sobre la dieta en las enfermedades agudas —, y que inserta vestigios de evolución en los cuadros de la tradición.
c) Tradicionalmente se les ha achacado que en las indicaciones terapéuticas se ve un empleo abusivo de los purgantes y una falta de preocupación por el peligro que pueda acarrear ese exceso de purga —más adelante veremos que no siempre es así—. También se receta muy frecuentemente suero lácteo y leche de vaca, cabra o asna, en especial en Sobre las enfermedades II y Afecciones internas; así como productos extraños que parecen responder más a prácticas de medicina popular. Otro aspecto terapéutico peculiar es la rudeza mecánica de muchas de sus prácticas, de la que es ejemplo claro la denominada sucusión de la paciente, consistente en sacudidas violentas en la cama o colgada de los pies en una escalera para reintegrar el útero a su lugar, tal y como nos lo describen Mul . II 144, Steril . 36 [248] 15 , y Nat. Mul . 5, pasajes que se corresponden con bastante fidelidad entre sí.
d) Indicios del pensamiento fisiopatológico de la escuela cnidia nos los proporcionan los testimonios de Eurifonte y Heródico (conservados en el Anonymus Londinensis ) y varias interpretaciones etiológicas de las enfermedades que se contienen en los escritos cnidios del CH . De todo ello los estudiosos dedujeron una concepción médica de dos humores (bilis y pituita) que proceden de los residuos de la alimentación en su actuación sobre distintos lugares del organismo. Hay en estos humores otro elemento de contraste con la escuela de Cos, en la que se defiende la existencia de cuatro humores: la sangre, la pituita, la bilis amarilla y la bilis negra. Esta teoría, que ve dos humores en los tratados cnidios, ha sido revisada por Robert Joly 16 , quien analiza a fondo el problema para reducir las diferencias entre las escuelas y llegar a la conclusión de que también hay cuatro humores en los tratados cnidios, a saber, bilis, pituita, sangre y agua. La mención de la sangre es bastante frecuente, y como humor se transforma o corrompe en otros humores. Mientras el agua aparece en un plano de neutralidad nosológica, la bilis o la pituita pueden ser agentes de distintos síntomas, que denotan enfermedades muy diversas (polivalencia causal). La bilis negra es mencionada en los tratados cnidios escasamente y se puede considerar simplemente una variedad de bilis. A ello hay que sumar que la etiología humoral fundada en la bilis y la pituita es común a las dos escuelas y responde a un fondo antiguo anterior a Hipócrates.
En la fisiología, al margen de la teoría humoral, se puede observar una tendencia a explicar los fenómenos y procesos del cuerpo humano por la física del recipiente, esto es, recurriendo a procesos mecánicos de la vida cotidiana: la relación entre contenido y continente en una vasija o un pellejo, los vasos comunicantes, etc.
e) Por último existe, como señala Laín Entralgo 17 , una taxonomía zoológica peculiar de Cnido, que se aprecia en los tratados Afecciones y Afecciones internas en las indicaciones de índole dietética que contienen.
Frente a una tal escuela, estaría el hipocratismo stricto sensu , encarnado por la escuela coica, que se ocuparía más de una patografía que de una nosografía, de cada caso concreto más que del esquema paradigmático, y que no cae en la enumeración distintiva de las variedades de enfermedades. Se apropia la invención del diagnóstico y tiene unos tratamientos más suaves y cautelosos en su indicación.
Sin embargo, hace ya unos años se han alzado voces competentes que ponen en entredicho ese dualismo y argumentan profusamente contra la propia existencia de la denominada escuela cnidia.
El punto de partida de esta reacción está en el trabajo de W. D. Smith sobre las menciones de Galeno en las que se solía basar la existencia histórica de la escuela cnidia, argumentando que Galeno sabía que Cos y Cnido no distaban mucho entre sí, que había intercambio entre ellas y que no sabía nada acerca de la oposición de las escuelas. Del mismo modo hace un estudio de vocabulario sobre la mención del tratado Sobre la dieta en las enfermedades agudas de los «médicos cnidios», concluyendo que de la expresión «autores antiguos» (hoi archaĩoi synégrapsan ) no puede deducirse la anterior. Para él la teoría de las escuelas no es más que una hipótesis de trabajo. Tanto Cos como Cnido beben unas fuentes antiguas comunes y se alimentan de un mismo fondo de conceptos y prácticas médicas, y ambas se separan en ocasiones de ese fondo, con una u otra dirección, por vías más o menos críticas.
En 1975 Fr. Kudlien publicó un trabajo en el cual aportaba nuevos datos que reforzaban las cautelas propuestas por Smith. Las diferencias en doctrinas médicas se pueden explicar por la crítica y los influjos distintos que reciben todos los autores cuyos conocimientos parten del mismo fondo antiguo. Sólo se podría hablar de escuelas en el sentido de que los distintos médicos tenían discípulos, pero no en el plano doctrinal.
Posteriormente Vincenzo Di Benedetto, en una colaboración presentada en el Congreso Hipocrático de París, afirmaba que esa dualidad no tenía base documental y constituía un elemento de perturbación en el intento de una recta comprensión de los textos del CH 18 . De nuevo analiza las menciones de Galeno, e incorpora el estudio de lo que referente a Cnido se contiene en los textos de Rufo (médico de los ss. I-II d. C., en su obra De medicamentis purgantibus ) y Teopompo (historiador fragmentario del s. IV a. C., FGH 115, fr. 103), para pasar por último a las evidencias internas del CH , en el que no halla ningún testimonio que hable de una contraposición o siquiera de una distinción entre las dos escuelas. Hace una revisión de todos los pasajes en los que se basaba la distinción entre escuelas, sin dejar de tratar el problema de la teoría humoral, para concluir que la realidad del CH contiene una variedad mucho más compleja de posiciones de médicos con personalidad que desarrollaron su actividad de la segunda mitad del siglo V a los primeros decenios del IV a. C., tras un período de predominio de la medicina de Cos y Cnido, que se nos documenta en las obras más antiguas del Corpus . Sólo liberados de la rigidez de clasificación en dos escuelas podemos apreciar esta diversidad, y comprobar las influencias de la medicina egipcia y persa en escritos antiguos, o las relaciones entre la filosofía y la medicina en médicos individuales, cuya presencia se refleja formalmente en el uso de la primera persona al exponer sus principios metódicos.
Por último deberemos responder a la cuestión de si la ginecología hipocrática pertenece o no a la escuela cnidia. Quienes primero lo afirmaron de este modo fueron los editores del siglo XIX (Littré y Ermerins), después fue Bourgey quien lo mantuvo, aunque considerándolos más recientes que lo que suponía Littré. En realidad el proceso apropiado para saber si una obra es de la escuela cnidia sería ver si responde a las particularidades de las Sentencias cnidias , tal como podemos deducirlas de un capítulo modelo que se nos conserva en Sobre las enfermedades II 68. Ésta ha sido la metodología de H. Grensemann, y en el apartado siguiente veremos los frutos que ha dado.
La ginecología hipocrática
SU LUGAR EN LA HISTORIA DE LA MEDICINA .— Para conocer el puesto que corresponde a la ginecología hipocrática en la historia de la medicina tendríamos que remontarnos a la tradición médica egipcia y oriental; pero dentro de la medicina griega, son los tratados hipocráticos denominados ginecológicos los primeros dedicados a la mujer. Tratan en especial de la patología y no tanto de la anatomía y fisiología, que más tarde serán el objeto de tratados biológicos junto con los problemas de la reproducción, la embriogénesis o la herencia. En buena medida son base de la biología aristotélica en la Historia animalium donde las materias anatómica y fisiológica son más originales y pueden encontrarse también en De partibus animalium y en el De generatione animalium . Estas obras del CH representan un esfuerzo por comprender una patología hasta el momento desconocida y de alcanzar la dignidad científica que estaba ausente por la falta de tradición literaria; a pesar de las tradiciones populares, de la medicina casi mágica y supersticiosa de la que se pueden hallar rastros claros en estos textos.
Posteriormente, la escuela alejandrina contó en los siglos IV y III a. C. con eminentes ginecólogos como Herófilo y Erasístrato. Después en Roma los encargados de mantener viva la tradición de esta disciplina serán los médicos pertenecientes a la escuela metódica, Tésalo y Temisón, y especialmente Sorano con sus cuatro libros De gynaeciis y su estudio De semine . Tampoco está ausente esta materia en la magna obra galénica, aunque no con tratados específicos 19 , sino repartida en tratados de distinto género: De usu partium, De compositione medicamentorum secundum locos, De locis affectis , y en especial en De semine, De septimestri partu, De foetus formatione libellus, De uteri dissectione .
SU LUGAR EN EL CH.— El problema de la posición que ocupan los tratados ginecológicos en el CH no carece de polémica, y sin embargo parece claro que son herederos de una vieja tradición no escrita (o al menos no conservada para nosotros), quizá iniciada con Eurifonte, y que no serían posteriores al siglo IV a. C. Dentro de la periodización del CH que hace Laín Entralgo 20 , pertenecerían a la segunda fase llamada fundacional (segunda mitad del s. v, primeros lustros del siglo IV a. C.), después de la arcaica o inicial y antes de la de autoafirmación reflexiva y crítica (s. IV a. C.). Estos tratados están emparentados por estilo y contenido con los que podríamos denominar pediátricos y embriológicos, y es en éstos en los que se ven mejor las influencias itálicas y sicilianas, en cuanto a estilo, y los préstamos egipcios en la terapéutica. Para Di Benedetto 21 , los estratos más antiguos de Mul . I, II y Steril . constituirán, junto con Enfermedades II y III, y Afecciones internas , el grupo de tratados técnico-terapéuticos, caracterizados por su organización en secciones que se dedican a una enfermedad cada una, con referencia a la sintomatología, la terapia, el pronóstico y eventualmente la etiología, por medio de esquemas constantes.
Nuestros tratados se encuentran en la tradición de las Sentencias cnidias , como puede deducirse especialmente del esquema expositivo que aparece con frecuencia en sus capítulos, que coincide con el que se encuentra en el estrato A de Enfermedades II 22 .
1) La enfermedad se presenta en una subordinada introducida por ḗn ; 2) la parte principal, en la que se describen los síntomas con un vocabulario recurrente; 3) unas breves indicaciones sobre el pronóstico, introducidas por un demostrativo, en asíndeton; 4) tratamiento, introducido por asíndeton con hokótan hõde échei ; las prescripciones suelen ir en infinitivo si se dirigen al médico y en tercera persona del imperativo si van dirigidas al enfermo; 5) la descripción acaba con una frase sobre la gravedad y el desenlace de la enfermedad. Ejemplo claro de esta estructura podría ser Nat. Mul . 12.
Sin embargo, Jouanna no utiliza los textos ginecológicos para establecer la evolución de la escuela cnidia por los grandes trastornos que han sufrido a lo largo de la transmisión, lo cual ha producido la imbricación de las redacciones más antiguas con las más recientes.
LA AUTORÍA .— Ha sido H. Grensemann quien ha abordado este tema de la mezcla de estratos en la obra ginecológica del CH . Siguiendo el método de estudio analítico que L. Bourgey oponía al sintético a la hora de acercarse a Hipócrates 23 , rastrea a partir de los esquemas expositivos y de estudios sintácticos y léxicos los distintos estratos de estas obras.
Los tratados ginecológicos poseen una problemática muy concreta: la relación de los tratados entre sí, la cuestión de si Mul . I, II y Steril . son un solo libro como pensaba Littré 24 o cada uno constituye una unidad con su propio autor, si Nat. Mul . se escribió a partir de los otros tres, ya que no aporta ningún material nuevo, o la comentada adscripción a la escuela cnidia.
La expresión más primitiva de la medicina que heredan estos tratados se remonta a las Sentencias cnidias , con su temática organizada en sintomatología, terapéutica y prognosis. Es precisamente esto lo que subyace en el llamado por Grensemann «estrato A», a él se remiten los testimonios de la ginecología cnidia, con una peculiaridad diferenciadora: se puede encontrar una cierta indicación etiológica colocada entre los síntomas y la terapia. Este estrato lo podemos encontrar fundamentalmente en Mul . II (casi todos sus capítulos), y con el predominio de los siguientes temas: los trastornos de la menstruación (Mul . II 112-122), traslocaciones uterinas (Mul . II 123-152), afecciones uterinas (Mul . II 154-184). También puede encontrarse en Mul . I 37, 50-60, 63-65 25 .
El «estrato B» es el más difícil de reconocer, según Grensemann, dado que la estructura de los capítulos es parecida a la del estrato anterior, porque utiliza material procedente de él. Su terapéutica subraya el hecho que ha de atenderse a todo el cuerpo de un enfermo y no sólo de forma local. También lo caracterizan algunos rasgos léxicos: es más frecuente hystérai que mētrai , usa epimḗnia y no katamḗnia . Frente al «estrato C» hay más referencias a la díaita . La ordenación de los capítulos debe hacerse en torno a los siguientes temas: alteraciones en la menstruación (Mul . II 110-111, 115, 116), traslocaciones uterinas (Mul . II 133, 137-8), trastornos en la facilidad de concepción (Mul . I 10-17), tratamiento de ulceraciones (Mul . I 66), medidas preventivas en obstetricia (Mul . I 68-70) 26 .
El llamado «autor C» supone un estrato más reciente y no muestra las peculiaridades que contiene el «estrato A» (entroncado con el antiguo fondo de las Sentencias cnidias ), y en la estructura expositiva falta la referencia a la terapia y se enfatiza lo fisiológico-etio-lógico. Se podría decir que se limita a la sintomatología adornada con cuestiones fisiológicas. La reconstrucción de este estrato habría que hacerla a partir de Mul . I y II 27 ; de Steril . sólo el capítulo 213 podría adscribirse a este autor. Parece que el «autor C» sería quien escribió también Sobre la generación, Sobre la naturaleza del niño, Sobre las enfermedades IV; a pesar de que en éstos está presente la teoría de los cuatro humores y en aquél falta el sanguíneo. También R. Joly propone esta autoría común de los tratados embriológico-pediátricos con la ginecología (la totalidad de las obras, para este autor), apoyándose precisamente en su estudio del sistema humoral en Sobre las enfermedades IV 28 . El «autor C» no está en relación sólo con la escuela cnidia, sino también con la de Cos, en lo que se refiere a la temática, y con el área médica occidental.
La mezcla de estratos es evidente en las referencias internas a otra obras, como en Mul . I 73: «...ya lo he dicho en la parte que se ocupa de la naturaleza del niño», o al propio texto, en cuanto a medicamentos: «...con el preparado de heces de vino» (uso del artículo determinado, Mul . I 63), fármaco que había descrito en el cap. 57; o cuando anticipa la referencia a unos pesarios para abrir el orificio del útero en Mul . II 115. Estos ejemplos muestran a un tiempo que hay un autor que se remite a sí mismo y que éste se entremezcla con otros estratos. A pesar de que en algunos puntos la teoría de Gresemann pueda parecer poco sólida y algunos argumentos resulten equívocos por su diversa interpretación, se considera su obra como de gran valor, por lo que supone de análisis exhaustivo que nos permite un mayor conocimiento de nuestros tratados 29 .
En cuanto a la relación de Nat. Mul . con el resto de la ginecología, salvo los capítulos 1 y 54 de ese tratado, se limitan al «estrato A» y no a los «C» y «B». H. Trapp dedica una buena parte de la introducción a su edición de Nat. Mul . 30 a estas relaciones y proporciona un correlato exhaustivo de los capítulos que se repiten (págs. 28-30).
A pesar de que también se consideran ginecológicos los tratados menores —en extensión— que se traducen en este volumen, suelen quedar fuera de las consideraciones de aquellos filólogos que abordan estos problemas. Virg . es un tratado del que se nos ha conservado muy poco, y probablemente fuera el de cronología más temprana. La evidencia de una redacción anterior a al menos uno de los estratos de Mul . viene dada por la cita de Virg . dos veces en Mul . I 2 y 41, aunque ninguno de los pasajes referidos se nos ha conservado.
Foet. Exsect . no tiene gran interés en cuanto a su contenido, puesto que no aporta nada que no se haya dicho ya en Mul . Lo único que puede llamar la atención son las diferencias que se detectan entre este texto y sus paralelos en Mul .: en el proceso de extracción de un feto muerto con procedimientos quirúrgicos, y en la práctica de la sucusión en el lecho de la paciente.
Superf . es en realidad un compendio de temática diversa, procedente en su mayor parte de Mul . y Steril . La superfetación es una anomalía ginecológica, que se produce cuando sobreviene la formación de un nuevo feto en una mujer ya embarazada (curiosamente Littré en su «argument» de Superf . se dedica a informar de casos paralelos contemporáneos suyos sacados de gacetas médicas, págs. 472-475).
La mujer en los tratados ginecológicos
REACCIÓN ANTE LA ENFERMEDAD .— En primer lugar hay que notar que la concepción anatómica femenina de estos tratados no es homogénea en cuanto al conocimiento de la realidad física. Los genitales externos son conocidos correctamente y con gran precisión, al contrario que la anatomía interna que considera el cuerpo como un gran espacio que relaciona todos los orificios (Mul . I 41) y donde los órganos se mueven con una cìerta libertad, en relaciones de compensación para un equilibrio interno (Mul . I 61).
Respecto a la obtención de la información sobre la paciente se ha especulado con la existencia de intermediarias entre ésta y el médico, una especie de comadronas, que quizá existieron, pero de las que no es fácil hallar evidencias en el CH (tan sólo en Mul . I 68 se las menciona con el término iētreúousa , y en Mul . I 21 podría suponerse tal colaboración). Algunas veces se pide a la enferma que se palpe ella misma, Mul . II 146 y 163. En otros momentos es el propio médico el que realiza la palpación vaginal y uterina (Mul . I 20, 60), pero en otro lugar, aun pudiendo hacerlo él, se confía en lo que se note la mujer observándose a sí misma: «Si después de todo esto se pregunta a la enferma y responde que el orificio del útero está duro y siente dolor en él...» (Mul . II 119). No sólo se confía en la vista y en el tacto para el reconocimiento de la enferma, a veces interviene el olfato (como cuando se refiere a un menstruo maloliente), o el gusto (flujo salado en Mul . I 16).
En contra del remedio localista que a veces se aprecia y se ha criticado a estos tratados, en muchos pasajes se puede apreciar una atención a todo el cuerpo, considerando la peculiaridad de la paciente: «...salvo en el caso de que [...] esté en la constitución innata de la mujer» (Mul . I 17), no aislando la enfermedad sino contando casi con una «historia clínica»: «...tomar en consideración todo el cuadro de la mujer» (Mul . I 17 y 66), «cuando se presenten trastornos repentinos, conviene acometer el mal yendo más hacia arriba, al cuerpo de la paciente en su totalidad» (Mul . II 138), y atendiendo al fortalecimiento de todo el cuerpo como solución a la enfermedad (Mul . I 12), incluso recomendando engordar (Mul . I 63). También se atiende al entorno climático y meteorológico de la paciente, aunque ésta sea una característica que ha solido asignarse a la escuela de Cos (Mul . I 11 y II 111, 118).
El grupo más numeroso de soluciones a las enfermedades son los remedios y aplicaciones locales, con una variedad digna de mención. La mayoría de las recetas son pesarios consistentes en la fabricación de un elemento que se introduzca en la vagina, tallado en forma de supositorio o a base de lino o lana impregnados de alguna sustancia; también se utilizan unos bastoncitos de plomo de diversos grosores, en especial en casos de cerrazón del orificio uterino. Otras consisten en lavados locales, baños de asiento o inmersión completa con diversas sustancias diluidas. En otro grupo hay que distinguir los baños de vapor de las fumigaciones; aunque en ambos se canaliza el aire al interior de la vagina por medio de una pajita o se aspira por la nariz como vahos, los baños proceden del vapor de distintas sustancias en líquido en ebullición, y las fumigaciones se generan por el humo de productos que arden. Frecuentes, pero no tan numerosas como se podría creer, son las pócimas o medicamentos por vía oral en cuya composición suelen entrar la leche, la miel, y especialmente el vino, que se convierte casi en el excipiente de cualquier fármaco. Hay algún remedio un tanto brutal, como las sacudidas o sucusión (Mul . I 68), que suscitó polémica incluso dentro del propio CH .
Los productos que se utilizan para la preparación de todos estos medicamentos están detallados en los índices de este volumen y de su identificación se habla en las notas a la traducción. Pero nuestros médicos hipocráticos se refieren también a ellos por sus propiedades, y así se nos habla de sustancias emolientes (Mul . I 12, 16, 37, 64, 74), aromáticas (Mul I 13, 16, 58), agrias, por oposición a emolientes (Mul . I 18, 64), colagogas (Mul . I 26), depurativas (Mul . I 37), astringentes (Mul . I 49, 57, 64), purgantes (Mul . I 57, 59, 63) o acres (Mul . I 67), aunque no siempre nos indiquen qué productos concretos responden a cada propiedad. La procedencia de los elementos constitutivos de los fármacos es variada, los hay de origen animal (grasa, carne, huesos, cuerno, leche...), de origen vegetal (aprovechando frutos, hojas, raíces, semillas, aceites...), mineral (menos frecuente) y humano (leche materna, orina...). También en la selección de ingredientes curativos se observan reminiscencias de medicina popular mágica, aunque en una proporción menor de lo que parece a simple vista. Así, frente a la fricción de la cabeza con orina, o los excrementos de rata en pesario, tenemos, por ejemplo, el escarabajo triguero o cantárida que posee realmente una sustancia (cantaridina) de uso medicinal.
Las cantidades que deben utilizarse son expresadas por medio de recipientes que corresponden a cantidades fijas, como es habitual en el mundo clásico, pero se omiten las proporciones de los distintos elementos de un compuesto (a excepción de una mención en Mul . I 63). Si un producto no es fácil de encontrar se proporcionan alternativas con similares propiedades: «aceite de ganso, y si no de otro animal, pero que sea de ave» (Mul . I 66).
En algunos remedios de curación se atiende a un estadio de la enfermedad y a su posible recrudecimiento, en caso de no ser eficaz el primer tratamiento: «si pese a este régimen el flujo no cesa, sino que sale en menor cantidad e irrita mucho, hay que cambiar el régimen» (Mul . I 66). En otros casos se recomienda cautela, porque hay productos muy peligrosos, sobre todo administrados a un cuerpo débil: «si esto no limpia la matriz, aplicar algún tiempo, reflexionándolo mucho, el pesario de escarabajos de buey» (Mul . II 157).
Hay además un interés por la higiene para resolver problemas patológicos, en especial cuando se trata de úlceras, como en Mul . I 63-67. También se debe observar que no todas las prescripciones son de fármacos, y en algunos momentos se recomienda una dieta alimenticia concreta, como la dieta seca de Mul . I 66, o dietas prolijamente explicadas (Mul . I 66 y II 115). En pasajes como Mul . I 11 se pueden hallar indicaciones que atañen al tipo de vida de la paciente en su conjunto.
ALGUNOS DATOS SOCIOLÓGICOS .— De la relación médicopaciente, según se presenta en los tratados ginecológicos, se pueden deducir algunos rasgos de carácter social que pueden resultar de interés. En la indagación de los síntomas el médico suele topar con la vergüenza de la enferma y su reserva al hablar de su cuerpo y sus padecimientos, de ello se quejan los autores de estas obras en varias ocasiones (v. gr., Mul . I 62). Sin embargo, topan con otra dificultad, quizá mayor por ser más peligrosa, que se deriva de la autocuración de algunas mujeres, basándose en intuiciones personales o consejos de cura popular casi mágica, con gran riesgo de su salud, al errar las prescripciones (Mul . I 67).
Se requiere la colaboración de la paciente, no sólo para una palpación de reconocimiento, como veíamos antes, sino para que se observe a sí misma en un proceso de fumigación, por ejemplo, y comprobar si se va obteniendo o no el resultado que se pretende. Aunque estos textos suelen ir dirigidos al médico, se encuentran explicaciones que parecen ir destinadas a la paciente (o que se desarrollan más para que el médico proporcione luego esa explicación), como cuando indica con detalle cómo debe ponerse la paciente un pesario de laboriosa preparación (Mul . I 84).
VISIÓN DE LA MUJER .— La medicina griega posee con los tratados ginecológicos una sección científica dedicada a la mujer, pero no desarrolla paralelamente una «andrología». La ginecología se presenta como una ciencia del cuerpo femenino, sin que exista el correlato masculino. Sólo hay un pasaje en el que explícitamente se opone la enfermedad de la mujer a la del hombre y es en los siguientes términos: «También ocurre que los médicos se equivocan por no informarse con exactitud del motivo de una enfermedad concreta y tratarla como enfermedad masculina (tà andrikà nosḗmata )..., pues el tratamiento de las enfermedades femeninas (tõn gynaikeíōn nosēmátōn ) difiere mucho de las masculinas (tõn andrṓōn )», en Mul . I 62. Sin embargo, aquí los términos masculinos no están con el significado estricto de «hombre», sino como un término no marcado que indica la generalidad del «ser humano» 31 , las enfermedades que padecen todos por oposición a las que debido a su fisiología son exclusivas de la mujer. De aquí Paola Manuli extrae ciertas conclusiones gratuitas 32 : la patología de la mujer es tratada específicamente por ser considerada un sexo inferior, por oposición al ideal del cuerpo del hombre adulto, con derivaciones morales y sociales. Sencillamente, hay una patología femenina porque de ella depende la procreación, importante en cualquier cultura, y está expuesta a alteraciones concretas que requieren un tratamiento específico. De hecho, la especialización en ginecología, frente a una medicina general del cuerpo humano, la tenemos igualmente establecida en la medicina actual.
A partir de estos razonamientos, P. Manuli aplica una suerte de análisis feminista del siglo XX a los textos hipocráticos, con una descontextualización que a veces se ha pasado por alto. Por ello nos parece oportuno salir al paso de estos argumentos que parecen ser aceptados sin mayor esfuerzo. Se opone la ciencia sexual a una ars erótica, que se echa de menos, cuando en realidad no es extraño que se ignoren implicaciones de erotismo en un tratado médico de patología ginecológica. Con todo, nuestros textos se preocupan de las positivas circunstancias del acto sexual, y por ello insisten en que el hombre debe estar sobrio en ese momento (Steril . 6, 8); y se reconoce un placer de la mujer, un orgasmo que, según el «autor C», no es tan intenso como el del hombre, pero sí más prolongado (Sobre la generación , 4).
También insiste esta estudiosa en que la mujer está considerada con la sola función de procrear, con la función social de salvaguardar la continuidad de los polĩtai . No es que neguemos que en la sociedad griega clásica esto fuera así 33 , pero en ningún pasaje de la ginecología hipocrática puede hallarse nada que nos permita afirmarlo. Más bien al contrario, hay una total asepsia ante implicaciones de tipo social y moral. Por una parte, los textos se ocupan de la normalidad del embarazo y del parto, porque la función del médico hipocrático, tal y como él mismo se juzga, es evitar el dolor y conseguir que los órganos funcionen como deben, según su natural. Consideran la anomalía del aborto (porque el aborto no provocado es una anomalía) y de la esterilidad en la que acababan muchas enfermedades hoy erradicadas (también la esterilidad es patológica, se desee o no). Por otra parte, sí se mencionan abortivos —aunque se señale que no es el objeto de su estudio—, se intentan determinar los días fértiles e infértiles de la mujer (Mul . I 11, 17) —con evidentes fines anticonceptivos— y se recomienda a una viuda el embarazo y a una virgen cohabitar con un hombre (Mul . I 127), no como imposición del macho en una sociedad deseosa de nuevos miembros, sino como un método de equilibrio de la salud, por encima de premisas civiles contractuales (en caso contrario, recomendaría el matrimonio). Lo podemos entender mejor en palabras de nuestros médicos: «...y les ocurre sobre todo a las mujeres mayores que son vírgenes y a las mujeres que pese a ser jóvenes han quedado viudas y especialmente a las mujeres sin hijos y a las estériles, porque no están sometidas a partos; y es que no sufren la purificación loquial...» (Mul . I 127). Y está fuera de duda que el embarazo y el parto provocan en la mujer suficientes cambios de tipo físico y en algunos casos de restablecimiento de un equilibrio, como para apoyar estas afirmaciones.
Del hecho de que la ginecología griega se dedique casi exclusivamente a la patología no puede deducirse que las funciones naturales de la mujer se consideren un male femminile , porque en ese caso se trataría también la menstruación como enfermedad, y no es así, sólo se estudia en sus alteraciones y no en su curso normal.
En lo que se refiere a las terapias, y a la frecuente recomendación del acto sexual, no hay que ver de nuevo al médico-macho con su medicina fálica. Los pesarios uterinos no son una vera e propria terapia fallica , sino un remedio de uso tópico; de la misma manera que la actividad sexual es un medio de equilibrio físico y psíquico —quién lo negaría hoy día— y nuestros médicos saben que puede ser beneficioso para algunas enfermedades, del mismo modo que lo consideran peligroso en otras (Superf . 13). La mayor frecuencia de esta receta se puede considerar una limitación en los conocimientos del saber médico hipocrático (como lo es la ausencia de conocimientos sobre las hormonas o del sistema nervioso), pero no el sustento de una postura vital especialmente machista.
Acerca de la teoría de P. Manuli, que sostiene que el alma de la mujer es en realidad su matriz 34 , y que se trata de un alma irracional, una suerte de divinidad a la que se hacen ofrendas con las fumigaciones que receta el médico —teniendo los órganos femeninos como un thymiatḗrion sacro—, no vamos a oponernos con refutación alguna, porque esa ingeniosa teoría no se puede sostener en absoluto con pasaje alguno de los textos hipocráticos.
Estilo y contenido de los tratados
Los problemas de estilo y estructura están muy ligados a la finalidad de la obra y al destinatario de la misma. Parece claro que nos encontramos en estos tratados ante un manual de ginecología para uso de los médicos. Aunque en algunos casos parezca que se dirige a la paciente, lo más corriente es que las indicaciones vayan dirigidas al médico, quien a su vez habrá de transmitirlas a la enferma. De forma explícita se dice en muchos pasajes: «cuando te encuentres con un enfermo así» (Mul . I 63), o «si el médico se encuentra con un caso de éstos» (Mul . I 65 y II 113).
Pero esto no implica una postura rígida, impuesta por nuestros textos al médico que los consulte; más bién al contrario, pueden hallarse claras muestras de libertad de decisión para el médico, como cuando prescribe un tratamiento «en caso de que al médico le parezca oportuno» (Mul . II 119). Tampoco existe un proselitismo de escuela que exija una adhesión fiel y un convencimiento casi comercial a un tratamiento; el único objetivo de la obra es guiar al médico en su tarea, permitiendo la opinión y hasta la investigación en nuevas soluciones. En caso contrario, no reconocería la inutilidad comprobada —y bastante frecuente— de algunos tratamientos que, sin embargo, expone para abrir caminos en la búsqueda de respuestas más eficaces a un padecimiento (es el caso del final del capítulo 129 de Mul . II).
Se pueden encontrar expresiones de teoría médica general, que parecen responder a esa dependencia más o menos directa de una escuela, como el comienzo del capítulo 17 de Mul . I: «Conviene que, tras examinar la potencia de las enfermedades y determinar de forma conveniente las causas que las producen, nos conduzcamos en lo demás de este modo y sometamos a tratamiento a las distintas regiones del cuerpo.» Por otra parte, los tratados ginecológicos no son ajenos a ciertas polémicas médicas que se manifiestan, por ejemplo, en la acusación de que algunos médicos tratan la ulceración de la matriz como si fuera hidropesía (Mul . I 65), o cuando las maneras que tienen algunos de afrontar una enfermedad son desechadas y se proponen alternativas con pretensión de mayor eficacia (Mul . I 62-63 y II 114).
Cierto es que se mantienen por lo general en un plano de generalidad y tipificación de las enfermedades o anomalías frente a un desarrollo normal, y que sólo en un pasaje se nos menciona un caso clínico concreto, el de la paciente Fróntide (Mul . I 40), aquejada de dolor en los genitales por una obstrucción. Se aprovecha este ejemplo concreto para mostrar la eficacia de un tratamiento contra la retención del flujo loquial.
El estudio de cada enfermedad tiene una estructura formal muy variada. La presentación más completa parte de los síntomas de la enfermedad; la evolución de esos síntomas deja paso a una breve nota etiológica y se concluye con el tratamiento (un ejemplo muy claro de esto es Mul . II 113, sobre el flujo rojo). Aunque es muy frecuente este esquema, hay otros pasajes en el que está totalmente ausente. Otro elemento constitutivo de la estructura del contenido, y no presente en la forma anterior, es el diagnóstico final, la valoración de la enfermedad y las posibilidades de curación (prógnōsis ). Se encuentra por doquier la expresión: «si se le somete a tratamiento sanará [...] si no, morirá». Lo cierto es que la frecuencia de expresiones como ésta —y de otras que ven el mismo desenlace fatal, incluso con tratamiento— da a la valoración de la medicina ginecológica un tono un poco pesimista, proporcionado por los propios tratados que la exponen.
La unidad básica estructural no siempre es el capítulo tal y como aparece en la edición de Littré y que se mantiene en la presente traducción. A veces, hay un cambio de orden del esquema que mencionábamos arriba: se da una pequeña noticia de los síntomas al comienzo y se propone un tratamiento; ya en el capítulo siguiente, se vuelve sobre los síntomas brevemente, se trata la etiología y se completa el tratamiento con nuevas indicaciones (véanse Mul . II 114-115).
En general, el estilo es muy repetitivo e insistente en sus expresiones. Es muy frecuente leer frases como ésta: «en las purgaciones se debe administrar un medicamento que libere la bilis si [la paciente] es biliosa, y si es pituitosa, el que libere la pituita» (Mul . II 126-130), repetidas a lo largo de varios capítulos, cada vez que se menciona una nueva purgación. Este estilo hace, en ocasiones, que el texto resulte confuso, provoque una cierta perplejidad y obligue a la relectura: «Algunas mujeres abortan por comer o beber algún alimento agrio o amargo contraviniendo su costumbre, la causa es que el feto es todavía muy pequeño, pues si a un feto le ocurre algo fuera de lo normal cuando es todavía pequeño, muere lo mismo que si la mujer come o bebe alimentos que revuelven violentamente el vientre, mientras el embrión es aún pequeño, pues la matriz se ve afectada por el flujo intestinal» (Mul . I 25).
Este estilo repetitivo se hace extensivo a las fórmulas que introducen y despiden las distintas partes de una estructura formal en cualquiera de sus variedades, como si se debiera responder a una ficha y estas repeticiones permitieran no olvidar ningún apartado. Todo ello articulado en una sintaxis muy sencilla.
En cuanto a la articulación del contenido en un nivel superior (el tratado), es difícil apreciar una estructura jerarquizada de los temas. El comienzo de Mul . I no contiene una presentación ni un planteamiento del tema, es un inicio in medias res . No ocurre así con el comienzo de Nat. Mul ., donde el capítulo primero presenta una de las escasas menciones de la divinidad que se da en todo el CH , en su exposición programática, antes de abordar el primer tema: la hidropesía de la matriz. Ensayaremos un análisis del contenido según nos han llegado en forma de tratados, conscientes de que no supone una aproximación a la intención expositiva del autor, sino al resultado de una compilación que nos ha legado la tradición. En el apéndice puede verse un sumario aproximado al que nos referiremos aquí.
Dentro del conjunto aparentemente confuso del contenido de Mul . I pueden apreciarse diversas agrupaciones temáticas: los problemas que pueden rodear el período menstrual (1-9), todo aquello que puede dificultar la concepción y que no permite conseguir el embarazo (10-24), enfermedades que se pueden padecer durante el embarazo (25-32), un breve apartado sobre el parto (33-34), lo relativo al puerperio (35-56) 35 , otros problemas ginecológicos al margen del embarazo y el puerperio, a pesar de tener reglas normales (57-67), trastornos relativos al embarazo (68-77) 36 . El capítulo 78 inaugura un apartado misceláneo donde cabe casi todo, con una especial atención a remedios polivalentes y al exceso de humores. Desde el capítulo 92 al final, nos encontramos ante unos textos que son claramente ajenos a la ginecología, razón por la cual ya Littré en su edición los considera fuera de lugar (pertenecientes a un recetario anunciado por la palabra que encabeza el apartado: Nótha ). Aparte de esta evidencia temática, nosotros propondríamos argumentos internos para secluir estos capítulos de la primera redacción. Nos referimos a las diferencias apreciables en la farmacología: productos que apenas se usaban hasta aquí son recomendados con mayor frecuencia, caso de la sandáraca, o aparecen por vez primera —para luego ser mencionados rara vez— el yeso, el alcionio, la calaminta o el cacris. Otros son de uso exclusivo en estos capítulos: la sangre de dragón (cinabrio), la albahaca o la herrumbre; productos que se habían recetado ya, aparecen aquí con una especificación única de estos pasajes: el sésamo blanco, la bilis de cabra, el agua de grasa o la savia de vid. En general, puede observarse un aumento del porcentaje de productos minerales en comparación con el resto de los textos del propio tratado y de otros. Se encuentran términos extraños al tratado como el medicamento negro y el remedio seco (104); y se dan indicaciones ausentes en el resto de los tratados, por ejemplo, especificar el uso de un recipiente de cobre (92, 102, 105), e incluso que éste sea de color rojo (103 y 104).
En Mul . II podemos apreciar una mayor unidad en los temas, aunque también haya desajustes. Comienza con los problemas relativos al flujo y sus posibles variedades patológicas (110-122), luego dedica un considerable espacio a los desplazamientos internos y prolapsaciones de la matriz (123-153) 37 , continúa con un bloque variado de problemas relativos a la matriz: su irritación, endurecimiento y cerrazón (154-164), coágulos, inflamaciones (165-171), diversas patologías concretas —erisipela, hidropesía, exceso de aire— (172-184) 38 . Hay un conjunto de capítulos a continuación que tienen el mismo problema de localización que veíamos en el final del libro I, su temática es más cosmética que ginecológica, aunque no se separa tanto en la temática como lo hacían los capítulos 92 a 109. Sin embargo, nos volvemos a encontrar con la peculiaridad de la farmacología que contienen: productos exclusivos de estos capítulos, como el ratón o la cabeza de liebre, el altramuz, el mastuerzo, la pimpinela espinosa, la piedra pómez, el litargirio y la tierra detersiva; otros productos ya recomendados están aquí con características privativas de estos apartados: la clara de huevo, el aceite de acacia, la raíz seca de pepino silvestre, las hojas de hiedra, el berro silvestre o la cáscara de ajo. También aquí hay un predominio de productos no vegetales, en este caso de procedencia animal (además de los mencionados, excremento de paloma e hígado de toro). Haremos notar, por último, que hay algunos productos que aparecen en estos capítulos y en los finales de Mul . I, estando ausentes en el resto de los tratados: el cacris, el alcionio y la calaminta. Volviendo al esquema general del tratado, vemos que al final insiste con temas ya expuestos ampliamente: los flujos (192-199) y los problemas y padecimientos en la matriz (202-212) 39 .
En Steril . nos encontramos con unas palabras introductorias, a diferencia de lo que ocurría en los dos anteriores, que avisan del propósito del autor —quien afirma ser el mismo de los otros dos tratados— de centrarse aquí en los problemas relativos a la esterilidad. El primer capítulo es introductorio sobre el concepto y problemas generales de la esterilidad, y le siguen otros dedicados al diagnóstico de embarazo y a un detalle de diagnóstico prenatal (2-4). Un gran grupo (caps. 5-20) trata de la esterilidad propiamente dicha, hablando primero de la concepción, con un recetario para propiciarla (5-9), y analizando los problemas relativos a la esterilidad y sus posibles soluciones. Los cuatro capítulos siguientes (21-24), no pertenecen realmente a la temática del libro y todos ellos tienen paralelos en los dos anteriores. Entre los capítulos 25 y 30 se habla de problemas de embarazos que no son llevados a término, con una digresión en el capítulo 27 que amplía, por asociación de ideas, un detalle mencionado en el anterior. Por último, los capítulos que restan hasta el 37 son una amalgama de pequeños detalles inconexos. Ya vimos en los tratados anteriores cómo al final se van incorporando capítulos de la más diversa temática, aunque en este caso ninguno escapa al área ginecológica.
Dentro de los tratados breves destacan por la mínima extensión de lo que se nos ha conservado Virg . y Foet. Exsect . El primero comienza con una consideración casi filosófica sobre el saber médico, y pasa después a comentar las características de la mujer virgen, más expuesta a trastornos físicos y psíquicos, con descripción de estados de histeria. El segundo no responde realmente en su contenido al título que lleva, pues sólo el primer capítulo trata de la intervención quirúrgica para extraer un feto muerto; sin embargo, en el capítulo segundo se habla de un parto con presentación lateral del niño, en el tercero de loquios que se anticipan al parto, en el cuarto de la práctica de la sucusión o sacudimiento de la paciente, y por último se refiere a la prolapsación externa de la matriz. El tratado que lleva como título Sobre la superfetación , no responde en realidad al contenido que anuncia, porque sobre el embarazo múltiple y el parto múltiple sólo se habla en los caps. 1 y 14. El resto está dedicado a partos problemáticos (caps. 2-13, 17) con especial atención a los que se dan con feto muerto, al establecimiento de las condiciones físicas y circunstancias apropiadas para conseguir el embarazo (caps. 25, 26, 29, 30) con la consideración del embarazo como estado ideal de la mujer (cap. 24), la regulación del menstruo (caps. 22, 23, 33, 34, 40, 43), y diversas supersticiones en torno al embarazo (caps. 18, 19, 31), como los antojos (18), elección del sexo del hijo (31), e incluso una prueba del embarazo (16). En cuanto al tipo de capítulo, tienen una dimensión media y variable, hasta llegar al 35, donde se precipitan en capítulos brevísimos con mayor mezcla de temas.
Sobre la naturaleza de la mujer es un tratado misceláneo, con tal diversidad de temáticas entremezcladas que renunciamos a exponer un sumario que debería saltar de capítulo en capítulo hasta llegar al 109 final. Sin embargo, sí se puede observar la recurrencia en asuntos de manera constante por todo el tratado, así los desplazamientos de la matriz, en esa curiosa concepción hipocrática de la matriz movible por un cuerpo casi hueco (caps. 3, 6, 8, 14, 25, 30, 38, 43, 44, 47-49, 54, 58, 62, 73, 75, 79, 85, 87; y 4-5, 81, prolapsación). Otro tema es la cerrazón o abertura del orificio uterino (7, 13, 21, 24, 28, 29, 39, 45, 72), y otro las afecciones de la matriz, su ulceración o inflamación (10-11, 33, 34, 36, 37, 41, 42, 50, 55, 57, 60, 65, 66, 78, 80, 83, 84, 89, 92, 108, y en concreto sobre las aftas: 60, 86 y 100). Junto a estos grandes temas hay referencias al aborto (17, 19, 91), a remedios para obtención del embarazo (53, 94, 106, 107, 109), al menstruo o los problemas puerperales (51, 52, 56, 63, 76). Al final del tratado encontramos varios capítulos con su propio rótulo identificativo que presentan remedios agrupados no por su utilidad, como acostumbran estas obras, sino por su modo de actuación: cataplasmas (cap. 102), fumigaciones (103), irrigaciones (104), fomentos (105), etc.
Vocabulario ginecológico
También resulta reiterativo y sencillo el vocabulario, excepción hecha de los productos empleados para el complejo recetario, en especial las plantas 40 . Tan sólo reseñaremos aquí los términos anatómicos y el vocabulario especial de la ginecología, que no resulta tan variado como podría pensarse:
— De la anatomía femenina, los genitales (tà aidoĩa ) son, del interior al exterior: matriz/útero (mḗtrē o hystérē ), el cuello del útero (ho auchḗn ), la boca del útero (= orificio de la matriz) (tò stóma/ho stómachos ), la vulva (tò aidoĩon ), y los labios (tà cheílea ). La menstruación es denominada tà epimḗnia o tà katamḗnia .
— La mujer que no padece esterilidad (áphoros eĩnai / gínesthai ) puede quedar embarazada (tíktein, kyískesthai, xyllabeĩn en gastrí, en gastrí échein / lambánein ). El acto sexual, que tanto recomiendan nuestros tratados como terapéutica, tiene muy variadas denominaciones (mísgetai he gynḕ tõi andrí, misgoménē andrí, lagneúomai, andrì xýneimi, syngínomai ). Para el esperma se utiliza el término tò spérma , o bien he gonḗ ). En relación con el estado de embarazo se utilizan los siguientes términos: placenta/corion chórion ; el cordón umbilical (ho omfalós ) une al feto/embrión (émbryon , o kyómenon al que también se le denomina con la perífrasis tò en tẽisi mḗtrēisin eṓn , o simplemente como tò paidíon ).
— Si no se produce un aborto (diaphthorḗ, phtheírō tò paidíon, trōsmós ) y el embarazo es llevado a término, éste culmina con el parto (ho tókos ), al que seguirán los flujos loquiales (he lochíē kátharsis o simplemente tà lóchia ).
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JOSÉ ANTONIO OCHOA ANADÓN

1 Concretamente nos emplazaba para desarrollar este tema J. M. LUCAS en la pág. 125, nota 12 de la introducción al tratado Sobre las afecciones , vol. III de Tratados Hipocráticos (B. C. G., número 91), Madrid, 1986.
2 «Die Ärzteschule von Knidos», pág. 4 y sigs. (Para las referencias completas de las obras citadas remitimos a la bibliografía del final de la introducción.)
3 En las páginas 154 y sigs. de su obra Perì aérōn und die Sammlung der hippokratischen Schriften , Berlín, 1931.
4 «The cnidian treatises of the CH », pág. 3.
5 Observation et expérience ..., pág. 50 y sigs.
6 Le niveau ..., pág. 31.
7 Hippocrate ..., págs. 22 y 87.
8 En la misma pág. 4 de la ob, cit .
9 En Ramenta Hippocratea , pág. 43,
10 Knidische Medizin , 1975, pág. 54.
11 En la pág. 9 de su trabajo mencionado.
12 En su contribución a las Actas de Mons , 1978, págs. 114-115.
13 Es el caso de las obras mencionadas de JOUANNA y GRENSEMANN , modelos indiscutibles en esta tarea.
14 Los tratados traducidos en el presente volumen se citarán abreviados según el sistema tradicional que parte del título latino, es decir, Enfermedades de las mujeres I y II (Mul . I y II), Sobre las mujeres estériles (Steril.), Sobre las vírgenes (Virg.), Sobre la superfetación (Superf.), Sobre la excisión del feto (Foet. Exsect. ) y Sobre la naturaleza de la mujer (Nat. Mul. ).
15 Los pasajes del tratado Steril . llevan, en nuestras menciones, una doble numeración: la suya independiente, que comienza con el capítulo 1, y la de Littré, que continúa la de Mul . II, considerando este tratado como el libro III de las Enfermedades de las mujeres .
16 En su artículo «Le système cnidien des humeurs».
17 La medicina ..., pág. 410.
18 Él mismo y otros autores han vuelto sobre el tema para puntualizarlo —véase para ello la bibliografía que cierra nuestra introducción—, sin que haya habido después una reacción que se enfrentara a esta postura.
19 El De gynaeciis galénico, recuperado en el siglo XIV , es de dudosa atribución.
20 Págs. 393-395, ob. cit .
21 Ver Il medico ..., pág. 5.
22 Sobre ello J. JOUANNA , Hippocrate ..., págs. 155-159.
23 Este autor pensaba que a pesar de las repeticiones de una obra en otra, de las ideas que están multiplicadas bajo formas diferentes, y de las polémicas como la de la sucusión, se puede considerar como un todo con unidad original (ob. cit ., págs. 24-27). Con similares argumentos vuelve a afirmarlo en las págs. 168-169, nota 5.
24 Véanse las págs. 6-7 de la introducción a la edición Des maladies des femmes (vol. VII).
25 Knidische Medizin , págs. 131-135.
26 Ibidem , págs. 115-128.
27 Grensemann hace una reconstrucción del estrato «c» en las páginas 98-101.
28 «Le système cnidien..., págs. 123-24.
29 Así lo reconoce V. DI BENEDETTO , Il medico ..., en la nota 10 a su capítulo 1, con la salvedad de la tesis de GRENSEMANN de que el autor de la parte más significativa del «estrato A» fuera Eurifonte (en las págs. 201-202 de la ob. cit .).
30 H. TRAPP , Die hippokratische Schrift «De Natura Muliebri». Ausgabe und textkritischer Kommentar , tesis, Hamburgo, 1967, págs. 24-41.
31 Si hubiera utilizado el término anthrṓpōn (que realmente lleva la carga semántica del genérico «humano») podría entenderse que las mujeres quedaban excluidas de esa calificación humana, por oposición. Es esa dificultad para hacer notar que hay enfermedades exclusivamente femeninas la que lleva a ambigüedades.
32 Páginas 151-152 de su trabajo «Donne mascoline, femmine sterili...».
33 Se trata de otro problema, con un balance seguramente distinto, en el que no vamos a entrar.
34 Ob. cit ., pág. 157.
35 No siempre se puede apreciar unidad temática en estas agrupaciones, y así, los caps. 47 y 56 se apartan de los problemas puerperales.
36 También aquí hay capítulos que no se ajustan al encabezamiento que proponemos. El 72 vuelve sobre algo ya tratado, y el 74 parece anticipar el recetario variado que seguirá a este grupo.
37 Sin tratar de asuntos muy distintos, no están totalmente acordes con el resto del grupo los caps. 133, 146 y 148.
38 Este apartado, un poco más heterogéneo, acaba hablando de tumores en la matriz (182-184), y tiene un capítulo sobre la mola, el 178, que ocuparía un lugar más apropiado en el apartado de embriología del tratado Mul . I, como una alteración, como falso embarazo. También el 181 tendría cabida más justamente en el tratado anterior.
39 Con un par de capítulos entre medias (200-201) dedicados a la sofocación. El capítulo final del libro atiende a un problema de genitales externos, no vinculado totalmente al resto de los capítulos.
40 Para ello remitimos al lector al uso de los índices del presente volumen y de las notas que intentan aclarar los problemas que plantea este vocabulario tan específico.
NOTA TEXTUAL
Los tratados de la ginecología hipocrática están obviamente incluidos en las ediciones de la obra completa del Corpus , de ellas la editio princeps es la Aldina Omnia Opera Hippocratis... in aedibus Aldi et Andreas Asulani soceri , Venecia, 1526. De todas las ediciones completas, la más utilizada, y la que nosotros seguimos para todos los tratados excepto para Nat. Mul ., es la edición de E. LITTRÉ , Oeuvres complètes d’Hippocrate , París, 1839-61, que contiene los tratados ginecológicos en el volumen VIII, París, 1853 (págs. 10-519). Para Nat. Mul , seguimos la edición de H. TRAPP , Die hippokratische Schrift «De Natura Muliebri». Ausgabe und textkritischer Kommentar , Hamburgo, 1967. Contemporánea a la labor de Littré es la edición de F. Z. ERMERINS , Hippocratis et aliorum medicorum veterum reliquiae , Utrecht, 1862 (la ginecología está en el vol. II, págs. 527-905).
En cuanto a ediciones y traducciones anteriores de los tratados ginecológicos podemos citar:
Para Mul ., la edición de M. DE LA CORDE , Basilea, 1586, y su comentario y traducción en París, 1585; la edición de J. THEVART , París, 1643 (que incluye también Virg.) . De reciente aparición es M. E. VÁZQUEZ BUJÁN , El «De Mulierum affectibus » del Corpus Hippocraticum. Estudio y edición crítica de la antigua traducción latina , Santiago de Compostela, 1986.
Para Steril ., la edición de M. F. CALVO , en París, 1526; CHR . G. GRUNNER , Dissertatio de causa sterilitatis in sexu sequiori ex doctrina Hippocratis veterumque medicorum , Halle, 1770.
Para Virg ., la edición con comentario de M. DE LA CORDE , París, 1574; los comentarios de G. B. DONATI bajo el título Rei medicae studio stipendia sex ..., Francfort, 1591, contienen en el vol. V, págs. 213-241, la edición y comentario de Virg . (de él mismo hay otra edición y traducción latina en Luca, 1582); la traducción francesa de F. M. DE MIRABEAU , París, 1645 (edit. de nuevo en París, 1668).
Para Superf ., C.-D. LINEAU , Die Hippokratische Schrift «De Superfetatione». Ausgabe und kritische Bemerkungen , Kiel, 1963.
Para Nat. Mul ., la edición de M. F. CALVO , París, 1526; y la mencionada de H. TRAPP . La traducción al castellano de T. SALLENT en el volumen La medicina hipocrática , Madrid, 1876, págs. 331-406. Excepto esta traducción, no conocemos que exista otra de estos tratados al castellano, anterior a la que el lector tiene en sus manos.
En cuanto a los manuscritos, el más antiguo que contiene los tratados ginecológicos es el Vindobonensis graecus med . IV, del siglo X ; comparten con él los puestos más altos de la tradición de estas obras el Marcianus gr . 269 (s. XI ) y el Vaticanus gr . 276 (s. XII ); no entramos aquí en los problemas de la transmisión de estos textos, extremadamente compleja por la cantidad de manuscritos tardíos, de los siglos XIV , XV y XVI .
Dado que las variantes textuales que se pudieran reflejar en la traducción son pocas, remitimos a nota a pie de página para los comentarios críticos.
Ya que hemos considerado interesante ampliar las notas con algunos datos sobre las plantas, que tan importante puesto ocupan dentro de los remedios ginecológicos, mencionamos también aquí la bibliografía utilizada al respecto: J. FORTES FORTES , Los fitónimos griegos. (Estudio de lingüística y paleobotánica) , tesis doctoral inédita, Barcelona, 1980; J. ANDRÉ , Lexique des termes de botanique en latin , París, 1956, y, del mismo autor, Notes de lexicographie botanique grecque , París, 1956; A. CARNOY , Dictionnaire étimologique des noms grecques de plantes , París, 1959, y P. FONT QUERT , Plantas medicinales. El Dioscórides renovado , 9.a ed., Barcelona, 1985.
Para la terminología botánica y médica en general, el Dictionnaire étymologique de la langue grecque , París, 1968-1980, de P. CHANTRAINE , y Recherches sur le vocabulaire médical du grecque ancien , París, 1961, de N. VAN BROCK . En cuanto a la información médica ginecológica, nos servimos fundamentalmente de las obras de R. M. WYNN , Obstetricia y ginecología , Barcelona, 1977, y de H. TOURRIS , R. HENRION , M. DELECOUR , Manual ilustrado de ginecología y obstetricia , Barcelona, 1979.
LOURDES SANZ MINGOTE
SOBRE LAS ENFERMEDADES DE LAS MUJERES I
(Perì gynaikeíōn pr ton)

SOBRE LAS ENFERMEDADES DE LAS MUJERES
(Mul . I)
En lo referente a las enfermedades de las mujeres, [1 ] digo que una que no ha dado a luz hijo alguno padece trastornos menstruales más agudos y frecuentes que la que ha tenido hijos. En efecto, cuando una mujer da a luz, sus venas se hacen más adaptables al flujo menstrual y lo que hace que sus venas sean más adaptables es la liberación del flujo loquial y el desgarro del cuerpo. Se dilatan, sobre todo, las partes cercanas al bajo vientre y a las mamas, y también el resto del cuerpo. El porqué de esto lo he dicho en La naturaleza del niño que va a nacer 1 . Al dilatarse el cuerpo, por necesidad las venas se ensanchan más y se hacen más adaptables al flujo menstrual. También la matriz se ensancha más al haber descendido por ella la criatura sometiéndola a violencia y esfuerzo.
Siendo así las cosas, una mujer libera con menos esfuerzo su flujo menstrual si ha conocido los loquios. Y si a la mujer que ya ha dado a luz le sobreviniera alguna afección tal que no pudiera eliminar el menstruo, superará con más facilidad la dolencia que si fuera nulípara; y es porque su matriz está acostumbrada a llenarse y su cuerpo es favorable a ello, por haber estado embarazada. Y, al mismo tiempo, en su cuerpo se ha producido una dilatación mayor para que circule la sangre una vez que ha parido, pues el cuerpo ha sufrido un desgarro y la sangre, por estar en un espacio más amplio, circula con menos dificultad, a no ser que las venas estén llenas en exceso y muy dilatadas.
Cuando una mujer no ha dado nunca a luz y su cuerpo no está habituado, al sobrevenir la plétora, éste es más resistente, más firme y más denso que si hubiera experimentado el flujo loquial. La matriz está más cerrada, el flujo menstrual corre con más trabajo y se producen más dolencias que obstaculizan la menstruación cuando nunca ha parido.
Y así es como también antes he expresado mi opinión respecto a que la mujer tiene más floja y más blanda la carne que el hombre y, por suceder esto, el cuerpo de la mujer elimina del vientre más cantidad de humor y más rápidamente que el del hombre 2 . Es lo mismo que si se ponen en agua o en un lugar húmedo durante dos días y dos noches lana limpia y una prenda muy compacta que abulte lo mismo en peso que la lana; cuando se retiren, se encontrará al ponerlas en la balanza que la lana es mucho más pesada que la prenda. La razón por la que esto es así es que siempre se evapora más el líquido que está en un recipiente de boca ancha, y la lana por ser suelta y blanda recibirá más de ese líquido evaporado; mientras que la prenda, por ser compacta y rellena, está suficientemente llena y no recibe más líquido evaporado.
Así también la mujer, como es de una naturaleza más blanda, arrastra hacia el cuerpo el humor procedente de su vientre más rápidamente y en mayor cantidad que el hombre. A ella, puesto que es de carne más floja, cuando el cuerpo se le llena de sangre, si no la elimina de él, le sobrevienen padecimientos al haberse saturado y calentado sus carnes, pues la sangre de la mujer es más caliente y su naturaleza más caliente que la del hombre. Sin embargo, si la plenitud que se ha producido se evacúa, no tienen lugar ni el padecimiento ni el calentamiento causados por la sangre.
El hombre, por ser de carne más compacta que la mujer, no se satura de sangre tanto que si no libera una cantidad de ésta todos los meses, se pone enfermo. Absorbe cuanto es necesario para la alimentación de su cuerpo y éste, como no es blando, no se dilata ni se calienta en exceso por causa de la plétora, como le ocurre a la mujer. Contribuye a esto en gran medida, en el caso del hombre, el hecho de que se fatiga más que la mujer y su fatiga hace que se consuma parte del líquido.
Así pues, cuando a una mujer que no ha dado nunca [2 ] a luz se le retira el flujo menstrual y no puede encontrar este camino para salir afuera, le sobreviene una enfermedad. Esto ocurre si el orificio del útero está cerrado o desviado, o si alguna de las partes genitales está contraída; y, si alguna de estas cosas se diera, el flujo menstrual no podría encontrar salida hasta que la matriz no volviese a su naturaleza auténtica. Esto les ocurre sobre todo a aquellas mujeres que tienen el útero con orificio estrecho o el cuello de éste situado delante de las partes genitales 3 . Si sucede una de estas dos cosas: que la mujer no haya tenido relaciones sexuales con un hombre o que el vientre se vacíe por causa de alguna enfermedad más de lo conveniente, la matriz se desplaza. Efectivamente, no tiene humedad por sí misma al no haberse realizado el acto sexual y tiene un espacio amplio por haberse vaciado el vientre, de tal manera que se desplaza por estar más seca y ligera de peso de lo que sería oportuno. Hay veces en las que, estando desplazada, el orificio está vuelto hacia adelante, puesto que el cuello está situado delante de las partes genitales. Pero si está la matriz húmeda por el coito y el vientre no está vacío, no se desvía con facilidad.
Así que esta es la causa por la que la matriz se cierra: el no tener relaciones sexuales la mujer 4 . Al cabo de tres meses ésta mejorará si logra eliminar el flujo menstrual antes retenido. Si no es así, le ocurrirá lo siguiente: sufrirá sofocos de vez en cuando e igualmente tendrá fiebre, temblores y dolor en la región lumbar. Esto es lo que le sucederá al cabo de ese período de tres meses, si no le viene la menstruación. Si en un período de cuatro meses no le ha venido, y no logra la evacuación de esa sangre anterior, todas las afecciones que se dan en el período anterior se agudizan más, sobre todo en los días de la regla, para después disminuir y parecer que la afectada no tiene nada. Sin embargo, a estos signos se añadirán también los siguientes: orinará muy espeso de vez en cuando y su vientre estará más duro e hinchado que antes, tendrá dentera y perderá el apetito y el sueño. Esto es lo que le ocurrirá al cuarto mes de no tener la menstruación. Si se cuida, en este período puede sanar. En el quinto mes, si la regla no baja en abundancia, la afección será todavía más violenta y a los seis meses ya será incurable y se verá aquejada con más virulencia por los signos anteriores, a los cuales se añadirán éstos: estará alterada y se moverá de un lado a otro de tanto en tanto, sufrirá lipotimias, vomitará pituita y le acometerá una terrible sed al estar el vientre ardiendo a causa de la sobreabundancia de sangre de la matriz. Cuando se le toque sentirá dolor, sobre todo en el abdomen. De vez en cuando tendrá fiebre alta y la matriz dejará escapar ruidos a causa de la agitación de la sangre en su interior y por no poder ésta salir del útero. El vientre no evacuará con normalidad y la vejiga no eliminará la orina al haber caído la matriz sobre la boca del estómago, que está cubierto de nervios, y hacer presión sobre el vientre. La mujer siente dolor en la espina dorsal y en toda la espalda. Su lengua se traba y se le queda imposibilitada para hablar. Se producen lipotimias, hay a quienes también afonía. Siente como mordiscos en la boca del estómago y vomita bilis amarilla. Su respiración es entrecortada, se siente ansiosa, está agitada e inflamada.
Al producirse el desplazamiento y absorber la vejiga la parte fina de la sangre de la matriz, entonces la orina baja rojiza y la mujer sufre dolores en el resto del cuerpo, especialmente en el cuello, la espina dorsal, la región lumbar y las ingles. Y cuando ha llegado a esto, su vientre se hincha, sus piernas se inflaman más de lo conveniente, lo mismo que las rodillas y los pies, y la muerte es inminente. En relación con esta paciente, ésta es la forma en que fallece a los seis meses de la supresión de la regla 5 .
También sucede lo siguiente: algunas mujeres, cuando tienen una cantidad abundante de flujo menstrual retenido en su matriz durante dos meses, llega éste al pulmón después de la retención, y sufren todos aquellos síntomas descritos en el caso de la tisis, no siendo capaces de sobrevivir.
Esto es lo que les ocurre a otras cuando la regla se les retrasa durante un período de dos o tres meses: que les viene purulenta. Ocurre cuando se consumen en fiebre. Si hay regla purulenta, los síntomas son éstos: se ve aquejada de fuertes dolores y sacudidas en el abdomen, no soporta el tacto y si va a ponerse mejor, la menstruación irrumpe en sus partes genitales y fluyen pus y sangre. Esta supuración fétida dura siete, ocho o nueve días. En el período anterior padecerá del modo antes descrito. Si se produce la evacuación, lo mejor es que no haya úlceras; y si quedan, hará falta más tratamiento para que no se humedezcan y despidan mal olor. La mujer se volverá estéril, aunque haya sanado, si las llagas de la matriz se hacen grandes.
Si el flujo menstrual purulento no se esparce por las partes genitales, sucede que irrumpirá en la parte superior de la ingle, por el costado, sin tumefacción por haberse consumido el pus; y por allí salen las materias purulentas fétidas. Si sucede esto, la mujer no sobrevive y, si lo hace, quedará estéril. Así que, a partir de entonces, por ahí encontrará el flujo menstrual camino para salir al exterior del útero, pues su orificio ha ido a parar a esta región.
A algunas mujeres les sucede lo siguiente cuando se les retira la regla durantes dos y tres o más meses y va a parar al costado, pero sin purulencia: que se forma un tumor acéfalo, grande y rojizo en la región de la ingle. Muchos médicos que no saben en ese momento en qué consiste practican una incisión y con ello ponen a la mujer en peligro. Esta especie de tumor se forma de este modo: la carne se nutre de sangre, al haber tomado contacto el orificio del útero con el costado, se llena de ella y crece al haberse hinchado de sangre. A veces, si se ha desviado el orificio del útero, y va a parar a la parte baja de los genitales y por ellos fluye la regla, la excrecencia que crece en el costado remite, pues descarga la secreción en la matriz y ésta a su vez descarga hacia afuera. Pero si no se vuelve hacia las partes genitales, se produce supuración hacia la región del costado y por esa vía sale el flujo menstrual, conllevando los peligros mencionados en el caso anterior. La supuración junto con el flujo se convierten también en vómito y en algunas mujeres en un absceso en las asentaderas, como ya he dicho en Las enfermedades de las vírgenes 6 . Aparecen los mismos síntomas y padecimientos que los indicados en esta obra. Pero la menstruación no sigue tanto este camino en el caso de las mujeres que han tenido relaciones sexuales como en el de las vírgenes 7 .
[3 ] Cuando se retira la regla, se produce dolor en el bajo vientre, parece que hubiesen colocado un peso y hay un terrible dolor en la región lumbar y los costados. Si se retira por completo la regla por causa de una enfermedad, o si viene espesa, viscosa y pegajosa, conviene primero evacuar el vientre por arriba y por abajo; después colocar en la matriz un pesario gracias al cual ésta se libere de la sangre 8 , dejar transcurrir un rato y administrar un purgante, que haga eliminar ese flujo. Que la enferma beba también hinojo marino 9 en vino de rama de pino. Si no le baja el flujo menstrual, padecerá como si estuviese embarazada y sentirá dolor al realizar el acto sexual como si tuviera algo en esa zona. Sentirá un peso en el vientre y éste se hinchará. Tendrá los mismos antojos que una mujer embarazada. Sentirá opresión en la boca del estómago cuando hayan pasado cincuenta días. De vez en cuando sufrirá dolores en el vientre, en la región del ombligo, en el cuello, las ingles y la región lumbar.
Cuando hayan transcurrido dos o tres meses, a veces todo el flujo menstrual hace irrupción abundante en las partes genitales. La materia expulsada parece como pedacitos de carne, igual que en el caso del aborto, y es negra. Hay mujeres a las que incluso se les forman úlceras en la matriz y será, en ese caso, necesario someterlas a tratamiento. A otras muchas les ocurre que parecen estar embarazadas de seis meses o algo menos, el vientre se les hincha y en todo lo demás tendrán los mismos síntomas que una embarazada. A otras, en el quinto o sexto mes el flujo purulento les hará irrupción en la parte superior de las ingles, abriéndose paso por allí. También hay algunas a las que les saldrán llagas en la matriz; corren el riesgo de morir y, si sobreviven, quedan estériles. En otros casos, la regla hace irrupción en la región genital y por allí fluye corrompida y purulenta; por ello, salen úlceras en la matriz. Hay peligro y conviene, para que las llagas no se hagan crónicas, aplicar tratamiento. También en este caso se produce esterilidad, aunque sane la mujer. Pero si la menstruación interrumpida durante seis meses no le viniera, tendrá todos aquellos síntomas que tiene una mujer que nunca ha dado a luz y cuyos menstruos no pueden encontrar salida. Si la tratan sanará y si no, después de resistir hasta ocho meses, morirá. A muchas les sucede que si los menstruos les bajan con pituita, fluyen durante mucho tiempo y en menos cantidad que en las mujeres sanas. Se pondrán sanas, si se las trata convenientemente.
[4 ] Si a una mujer le viene la regla, pero en menor cantidad que lo normal, la causa es que el orificio del útero está algo desviado de las partes genitales o un poco cerrado, de manera que con ello no se impide el flujo, pero se obstruyen las vías que hacen salir a éste de la matriz. Cuando el flujo llega a la matriz, al oprimir la sangre continuadamente el orificio de aquélla, avanza muy poco a poco 10 . Luego de haber transcurrido los días en que la regla suele liberarse y de permanecer retenida la sangre que ha quedado en la matriz, y después de que sucesivos menstruos no hayan arrastrado esa sangre retenida, sino que el que baja vaya recargándola, le sucederá a la mujer que los primeros meses, dos o tres, no notará mucho esto; pero cuantos más meses pasen más sufrirá, no podrá quedarse embarazada mientras esté así y se verá afectada por una ligera elevación de temperatura, sobre todo en los días en que la regla suele liberarse. Tampoco será raro que en el tiempo que transcurre entre una regla y la siguiente tenga fiebre, escalofríos y opresión en la boca del estómago, ni que vomite en abundancia todos los días. De vez en cuando se quejará de dolores en una u otra parte de su cuerpo, sobre todo en la región lumbar, la espina dorsal y las ingles y también en las articulaciones de los brazos y las piernas. Estos dolores no se producen a la vez, sino unas veces unos y otras otros, según el lugar donde ejerza la presión la sangre segregada que no puede estar en la matriz. En aquel lugar del cuerpo en el que ésta se fija, se produce hinchazón y un violento espasmo en las articulaciones del cuerpo; de los síntomas señalados le aparecen unos unas veces, otros otras.
Si se trata convenientemente este tipo de enfermedad, sanará; pero si no, si dura siete meses o se hace crónica, acaba por causar la muerte, la invalidez o la incapacidad de algún miembro, pues la sangre, allí donde llega, se coagula en torno a los nervios por causa del frío y del ayuno. Esta enfermedad se da sobre todo en las mujeres no casadas. Pero si estos trastornos mencionados o los que se van a mencionar los sufre una mujer que ha dado a luz, son más largos y menos dolorosos. Los síntomas de la enfermedad y su resultado son los mismos para la mujer que conoce los loquios y para la que no los conoce, si no se las trata. Si se quiere que no aparezcan los trastornos, hay que aplicar enseguida tratamiento.
Si la regla baja con más abundancia y densidad de [5 ] lo normal, la causa está en una predisposición natural del cuerpo al flujo y en el emplazamiento del orificio del útero cerca de la vulva 11 . Por esta razón, si la mujer realiza frecuentemente el acto sexual y después de esto hace una comida copiosa, la regla, bajándole en abundancia, al fluir toda de golpe ensancha más el orificio del útero al hacer fuerza y si además de esto no se produce un vaciamiento de los vasos y, por el contrario, la mujer come más, el orificio del útero se ensancha y el cuerpo se predispone a los flujos de la matriz por comer ella bien, sentir deseos y realizar el acto sexual. Los flujos vendrán en abundancia y perderá el color mientras esté así. Si al final le sobreviene algún trastorno o alguna afección de las que consumen el cuerpo, la matriz, como es normal, seguirá con el orificio ensanchado y el cuerpo se hará propenso a los flujos de esa parte; seguidamente tendrá fiebre, inapetencia, intranquilidad y se pondrá delgada y débil a consecuencia del flujo menstrual. Se verá aquejada de dolores en la región lumbar y con el tiempo, si no se la trata, todos los males se le acrecentarán a intervalos. Correrá el peligro de quedarse estéril o de morir, si le sobreviene algún otro mal, consumida por la duración de la enfermedad.
[6 ] La regla baja más densa y abundante en los días centrales, mientras que al comienzo y al final lo hace en menos cantidad y más fluida. Si la mujer está sana, la cantidad de flujo menstrual eliminado es de dos cótilas áticas 12 más o menos, y ello durante dos o tres días. Si la duración es mayor o menor que este período, ello es insano y produce esterilidad 13 .
Es conveniente emitir un juicio fijándose en el cuerpo de la mujer y preguntarle teniendo en cuenta hechos anteriores si su flujo es insano o no, pues si dura menos o más días o es menos o más abundante de lo normal, es insano, a no ser que la propia naturaleza de la mujer sea enfermiza, o propensa a la esterilidad, en cuyo caso, si el flujo se cambia en sano, mejor.
La sangre que fluye parece la de una víctima sacrificial y se coagula enseguida si la mujer está sana. Las mujeres a las que por naturaleza la regla les dura más de cuatro días y les fluye en cantidad son delgadas y sus fetos son también delgados y débiles. Aquellas a las que les dura menos de tres días o les viene poco abundante son gordas, con buen color y aspecto masculino, y no desean ser madres ni llegan a concebir.
Si se presentan sofocos de repente, ello ocurre sobre [7 ] todo en el caso de las que no tienen relaciones sexuales y de las mujeres ya maduras, más que en el de las jóvenes. La causa es que su matriz está más suelta, y se debe a lo siguiente: al estar los vasos más vacíos y haber más esfuerzo de lo normal, la matriz, consumida por la fatiga, se desplaza, pues está vacía y más suelta. Tiene espacio suficiente para el desplazamiento por estar el vientre vacío. Cuando la matriz se ha desplazado se proyecta hacia el hígado y, colocándose junto a él, va a topar con los hipocondrios 14 ; se mueve y va hacia arriba al encuentro del fluido, pues por efecto del esfuerzo, se ha secado más de lo conveniente. El hígado está lleno de fluido y cuando la matriz se proyecta hacia él, se producen sofocos de repente al entorpecer la vía respiratoria que hay en la región del vientre. Hay veces que, a la par que se proyecta la matriz hacia el hígado hay un descenso de pituita desde la cabeza en dirección a los hipocondrios, que es cuando se produce la sofocación 15 . Otras veces, cuando desciende la pituita, la matriz vuelve a su posición retirándose del hígado, y cesa el sofoco, y vuelve a su posición arrastrando consigo humor y siendo más pesada. Al volver a su emplazamiento originario, la matriz dejar oír un murmullo. Puede suceder que después del retorno el vientre se ponga más húmedo que antes, pues ya la cabeza libera pituita hacia esa zona.
Cuando la matriz está junto al hígado y los hipocondrios y causa los sofocos, la parte blanca de los ojos se vuelve hacia arriba, se siente frío y algunas mujeres, incluso, se ponen lívidas y les rechinan los dientes, afluye saliva a la boca y llegan a parecer poseídas por la enfermedad de Heracles 16 . Si la matriz queda un tiempo junto al hígado y los hipocondrios, la mujer se asfixia. Otras veces, cuando sus vasos se vacían y además ella está fatigada, la matriz se desplaza, va a parar a la boca de la vejiga y provoca estranguria 17 . No padece ningún otro trastorno y sana rápidamente si se somete a tratamiento y a veces hasta espontáneamente. En algunas ocasiones, por la fatiga y el ayuno, la matriz se desplaza hacia la región lumbar y las caderas y produce dolores.
Cuando la mujer tiene el cuerpo en malas condiciones [8 ] de salud y tiene reglas biliosas, ello se sabe por los siguientes síntomas: las reglas son de color negro intenso y a veces brillante, bajan muy poco a poco y no se coagulan con rapidez. El semen de las dos personas, el hombre y la mujer 18 , se debilita y ella no puede concebir. Al comienzo de la enfermedad, la regla dura los días acostumbrados y no más. Pero al transcurrir los meses la purificación dura más días y es menos abundante cada uno de ellos; sobrevienen fiebres erráticas agudas con escalofríos, inapetencia temporal y opresión en la boca del estómago. Los padecimientos se agudizan más cuando se aproxima la fecha de la menstruación. Después de haber tenido la regla, hay una mejoría respecto al período anterior, pero luego se recae otra vez en lo mismo. Si se la trata, sanará; pero si no es así y transcurre el tiempo, los síntomas antedichos se agravarán más y padecerá dolores ya en la región del vientre que está debajo del ombligo, ya en la región inguinal, en la lumbar, en la de las caderas o en el cuello, y le sobrevendrán fuertes sofocos, oscurecimiento visual y vértigo, ya que la liberación del flujo se produce hacia arriba y sube.
Si, en efecto, el cuerpo está en malas condiciones de salud, la mujer tiene menos cantidad de flujo menstrual, y a aquella que tenga el cuerpo lleno le baja más cantidad 19 . En el primer caso, si las reglas biliosas no bajan, se producen desvanecimientos, inapetencia de vez en cuando, agitación, insomnio, eructos frecuentes, falta de ganas de andar y desánimo, y parece como si la enferma no viera y sintiera temor. Si se somete a tratamiento, se recuperará de todo esto. Pero si transcurre el tiempo, se pondrá todavía peor. Se encontraría mejor si le sobreviniera un vómito bilioso 20 , se le removiera el vientre de una manera no violenta y evacuase bilis, o si tuviera una hemorragia no violenta por esa zona, pues si alguna de estas cosas se produce con violencia en un cuerpo ya consumido, la mujer correrá peligro. Mientras que si parte de la bilis o todo el humor perjudicial se eliminan con suavidad, se curará. Si la enferma no se somete a tratamiento ni se produce ninguna de estas cosas, morirá. Pero en la mayoría de los casos sucede que esta enfermedad provoca una evacuación biliosa. En caso de producirse la evacuación, los signos aparentes son escasos al principio, aunque cada día van aumentando. Si transcurre tiempo, la mayoría de las veces la enfermedad se agudiza, la matriz se irrita por la eliminación de la bilis y se ulcera. También en este punto sana sometiéndose a tratamiento si la evacuación cesa. Pero si la matriz se inflama por las úlceras, la enfermedad se hace todavía más aguda; en la propia matriz se producirán materias malolientes y purulentas que saldrán siempre con el aspecto del ícor proveniente de las materias carnosas 21 . Los síntomas serán los mencionados antes, pero con mayor intensidad, y las úlceras todavía más crueles; pueden llegar a causar la muerte. Incluso si se somete a tratamiento, la mujer quedará estéril por causa de las cicatrices.
Si una mujer tiene el cuerpo en malas condiciones [9 ] de salud y es de naturaleza pituitosa, sus menstruos bajarán llenos de pituita. Se puede conocer que sus reglas son pituitosas por lo siguiente: parecen membranosas, se extienden como telas de araña y tienen un color blanquecino.
Esto es lo que ocurre si su cuerpo y su cabeza están llenos de pituita y ésta no es eliminada ni por la nariz, ni por el ano, ni por la uretra, sino que sale afuera en el período de la menstruación y en la agitación de sangre que se produce con la liberación de la regla. En esta situación, los síntomas no se perciben en dos o tres meses, pero cuando ha transcurrido más tiempo, si la paciente no se somete a tratamiento, irán en aumento, se verá atacada por una fiebre errática, sentirá inapetencia de vez en cuando y molestias en el cardias. Todo ello se agravará en las proximidades de la regla. Cuando ésta baje, los síntomas disminuirán en relación con el período anterior, para volver después a lo mismo. Si no se somete a tratamiento y transcurre el tiempo, todo desembocará en los mismos padecimientos que se producen en el caso de las reglas biliosas, hasta que se le detenga el flujo. A esto seguirá la aparición de un flujo pituitoso o lo que voy a decir un poco más tarde. En el caso de que sobrevenga esto por añadidura, todos los días saldrá ese flujo, a veces más abundante, a veces menos, a veces parecerá agua de cebada, otras veces ícor . Contendrá muchos coágulos de sangre, corroerá la tierra como el vinagre, irritará cualquier parte de la enferma que toque y ulcerará la matriz. Llegando hasta este punto, los padecimientos son los mismos que en el caso de la enferma anterior, pero se verá menos aquejada de dolores de cabeza y sus úlceras no tendrán tan mal aspecto, ni serán grandes, ni purulentas, ni malolientes como le ocurre a la otra. Sus síntomas serán menores. Si se somete a tratamiento, sana, incluso estando avanzada la enfermedad; no muere, pero en ese estado no puede ser fértil.
[10 ] Conviene preguntar a todas las mujeres que cohabitan con sus maridos y no pueden quedarse embarazadas si les vienen las reglas o no y si el esperma se elimina inmediatamente, al siguiente día, al tercero, al sexto o a la semana 22 . Si en efecto la paciente dice que el esperma lo elimina inmediatamente después del coito, es que el cuello del útero no está recto sino desviado y no acoge en él al esperma. Si la paciente dice que expulsa el esperma al segundo o tercer día del coito, la causa es que la matriz está humeda y el esperma queda empapado. Si expulsa el semen al sexto día o a la semana, éste se pudre y sale podrido. En el caso de que el semen no se retenga desde el principio, hay que tratar primero el cuello del útero para que quede en posición recta; en el caso de que en los días segundo o tercero se expulse el esperma empapado, hay que tratar la matriz y la cabeza; y en el caso de que éste salga podrido, el tratamiento debe ser preocuparse de todo el cuerpo y curar la matriz y su cuello, porque está saturado de humedad. Cada uno de estos casos hay que distinguirlo por esos síntomas.
Determínese del siguiente modo qué tipo de purga [11 ] es necesaria: cuando sea el momento de la regla, se pliega un trapo de un palmo de longitud y se extiende sobre una capa fina de ceniza. Colocarlo después de manera que el flujo caiga sobre él. Háganse, por separado cada uno, dos tampones, uno para el día y otro para la noche; el del día ha de lavarse al día siguiente y el de la noche, cuando haya estado colocado un día y una noche con esa capa de ceniza. Después del lavado se examinará en qué se ha convertido el paño una vez secado al sol, o mejor en un lugar oscuro. Si es la pituita la que provoca el obstáculo, el paño aparecerá manchado de pituita; si lo que provoca el obstáculo son la saturación de sal y la bilis, aquél aparecerá rojo y algo amoratado.
Tras haber visto esto y haberlo sometido a un examen minucioso, se reconocerá todo el cuerpo para ver si pareciera apropiado o no hacer una purificación abundante teniendo en cuenta el color, la edad, la fuerza, la estación y el tipo de régimen que lleva la mujer. El tratamiento que se ocupa de todo el cuerpo también se ocupa del útero y su cuello. Si éste está cerrado, hay que abrirlo; si está desviado, hay que enderezarlo; si está húmedo, hay que secarlo; y con todo lo demás, hay que obrar según su contrario.
Para casi todos los casos la mayor parte del tratamiento es el mismo, excepto cuando se trata de hacer bajar los menstruos, pues a las que les vienen las reglas no es necesario hacérselas bajar, sino solamente eliminarles aquello que de nocivo tengan dentro, sea pituitoso, membranoso, bilioso, linfático, delgado, blanco, de tipo coágulo, o negro, carbonoso, oscuro, agrio, salobre, turbio o purulento. Todas estas causas deben ser eliminadas, pues impiden el poder concebir.
Todos los menstruos que son pituitosos y membranosos implican que la mujer es carnosa, que su boca está húmeda en exceso y que su saliva es abundante y pegajosa, y si ella prueba el vinagre u otra cosa agria, la saliva de su boca será más líquida e insípida. Con todo lo que coma o beba tendrá molestias. Su vientre se inflamará y se verá aquejada de náuseas y gran agitación. De su cabeza desciende ese flujo, que se mezcla con todo y provoca mucha humedad. La parte inferior de los ojos tendrá un aspecto amoratado e hinchado.
Conviene que todas las enfermas de este tipo tomen baños de vapor, vomiten frecuentemente tanto en ayunas como después de haber comido y aligeren la parte inferior del vientre con fármacos muy suaves que en modo alguno produzcan bilis; no se hará más que una comida al día y mucho ejercicio; su alimentación será de tipo seco y con muy poca bebida, siempre de vino puro. El vientre se vigila mejor si está vacío.
Conviene también que la matriz se purifique con la adición de fármacos que no irriten, si la enferma no responde al anterior régimen, y que se administren los baños de vapor siempre antes de las purgas, primero con agua de hinojo 23 y después con sustancias balsámicas 24 . Se prescribe que se tomen los baños de vapor y se apliquen pesarios de modo que todo se haya llevado a cabo de la manera apropiada en el momento en que aparezca la regla. Y así, si ésta es limpia, pura y abundante en sangre, la mujer puede acostarse con su marido en los primeros días de la menstruación, o más bien en los últimos, y mejor en éstos que cuando ya haya acabado. Cuando vaya a acostarse con su marido, que se haga fumigaciones 25 con algún bálsamo astringente.
La fumigación se ha de realizar por medio de un cesto y una caña, después de haber vertido el preparado médico sobre brasas calientes. Una vez vertida la medicina, cubrir esto con el cesto y la caña y realizar la fumigación sentándose la enferma encima. Cuando haga falta que se fumigue, utilizará un tubo de plomo de manera que pueda recibir la fumigación con el cuello del útero abierto. Después, cuando el humo de la fumigación ascienda, se ha de utilizar otra vez el tubo de plomo, ya en el lecho; luego se retira y se pueden tener relaciones sexuales. Si el semen del hombre no aparece, que extienda las piernas, las cruce y se quede quieta.
Es necesario que ese día la mujer guarde ayuno, excepto, si así lo quiere, de ciceón 26 sin sal y con agua, que conviene que beba cuando vaya a hacerse las fumigaciones. Si tras el coito retiene el semen durante el día de después y éste no sale hasta el siguiente, no debe probar alimentos ni se dará baños, y beberá harina de cebada 27 sin sal y con agua dos o tres veces al día. Deberá continuar este régimen seis o mejor siete días si el semen del hombre no se elimina tras el coito. No se bañará en todo este tiempo y guardará reposo y si desea pasear, que lo haga en un terreno liso y llano, sin acercarse a terrenos con cuestas hacia arriba o hacia abajo. Si concibe, que se recueste en sitio blando y guarde este régimen de vida durante treinta días; absténgase de tomar baños y, si los necesita, que se lave con poca agua y no muy caliente; no debe mojarse la cabeza. Como cereales tomará pan y pasta de cebada, si lo desea; de carnes, la de paloma y similares; de pescados, todos los que estriñan el vientre; que no pruebe verduras agrias y que tome vino puro. Las carnes estarán asadas mejor que cocidas, tanto la de animales domésticos como la de caza.
Así conviene que actúe la mujer, si queda embarazada. [12 ] Si no queda embarazada, sino que el semen del hombre desaparece al segundo o tercer día por causa del exceso de humedad, es evidente que su matriz es demasiado húmeda. Así pues, se debe poner remedio a esa humedad del modo aconsejado hasta que se vuelva seco el útero y, cuando parezca estarlo, el mejor remedio es éste: aplicar un medicamento emoliente tanto por detrás como por delante para que recupere su naturaleza; entonces, que vuelva a tener relaciones con su marido cuando la regla no sea muy abundante sino escasa y de buen color, y cuando se sienta excitada. También debe sentirse excitación sexual los otros días del ciclo, si la matriz está en buenas condiciones. Cuando en estos días mencionados la mujer realiza el acto sexual, y la matriz está en buena posición y retiene el semen del hombre diez o doce días, que ya no tenga relación con su marido.
Pero si, aun estando la matriz en buen estado, no concibe —cosa que en efecto les sucede a muchas— ello es porque, pese a ser sana, está débil a consecuencia de alguna dolencia o de los purgantes o del exceso de fumigaciones y no va a poder retener el semen hasta que no vuelva a la normalidad y esté fortalecida.
Esta es la forma por la que se reconocen estos casos: cuando la mujer elimina el semen, lo hará al segundo día del coito, al tercero o incluso algo más tarde y será denso y grumoso como moco, a no ser que exista algún mal y el semen se escape debido a una enfermedad ajena al útero. Así pues, cuando surjan estos problemas, se debe suprimir el tratamiento de la matriz y prestar atención al resto del cuerpo para que, al tiempo que se ponga firme, esté también moderadamente lleno: pocos baños y muchos ejercicios no violentos, y quedan prohibidos los alimentos amargos y salados. Conviene que se provoque vómitos los días anteriores a aquellos en que habitualmente viene la regla. Que guarde dieta de nuevo y que cumpla el resto de las prescripciones que se han dado. Y éste es el tratamiento en estos casos.
Las mujeres a las que se les va el esperma del hombre [13 ] nada más haber realizado el acto sexual, tienen la causa de su problema en el cuello del útero 28 , que es necesario tratar del siguiente modo: si el orificio está muy cerrado, hay que abrirlo por medio de bastoncitos de madera de pino y sondas de plomo 29 , hacer fumigaciones con sustancias emolientes 30 , como el hinojo, y purgar con pesarios que adelgacen la matriz y hagan que se coloque en posición recta. Después de las purgas y fumigaciones conviene realizar irrigaciones con fármacos de cualidades contrarias a las de la causa del problema.
En el caso de las mujeres que tienen el cuello desviado y vuelto hacia la cadera, cosa que sucede y que puede impedir que el útero retenga el semen; cada vez que ocurra esto, hay que fumigar con sustancias aromáticas 31 . Después de la fumigación, palpando ligeramente con el dedo, la mujer apartará el cuello del útero de la cadera y cuando ya se haya apartado hay que enderezarlo con bastoncillos de madera de pino y sondas de plomo del modo antedicho. Una vez que la matriz está en posición recta y abierta, debe purgarse con pesarios emolientes y hacer todo lo demás según se ha prescrito.
Si la matriz está más abierta de lo que conviene, necesita una purga y luego irrigaciones y fumigaciones.
En el caso de que esté más baja de lo normal, hay que provocar vómitos y hacer fumigaciones con sustancias fétidas hasta que vuelva a su posición; además, hay que seguir la dieta prescrita.
Cuando el orificio es grasiento y grueso y por eso no es posible la concepción, la mujer ha de tomar en ayunas mostaza 32 cocida y vino 33 puro, y se pondrá un pesario de nitro rojo 34 , comino 35 y resina 36 ; lo mejor es ponerlo en un trozo de lienzo o mezclar nitro con mirra 37 , resina, comino y perfume blanco 38 , o quemar cuernos 39 de ciervo y mezclar a ello el doble de harina de cebada cruda, bebiendo la mezcla en vino durante cuatro días. Si no hay mejoría, que cueza puerros 40 y tome un baño de asiento 41 con el cocimiento, o bien que triture haya 42 y haga un pesario; que tome ajos 43 recientes, beba hidromiel 44 y vomite.
A aquellas mujeres a las que no les baja el semen [14 ] del hombre, se les pudre y causa mal. En ese caso, hay que administrar el fruto del armuelle 45 salvaje, o su jugo con miel, o comino en forma de electuario 46 .
Cuando las reglas son malolientes y no hay concepción, [15 ] mezclar el armuelle y grasa de ganso y aplicarlo como pesario.
En el caso de aquellas mujeres a las que el semen [16 ] del hombre les fluye podrido al sexto o séptimo día, la causa está en un aflujo de dos humores: bilis y humor salado 47 . El tratamiento ha de ser para estos casos a base de eléboro 48 , escamonea 49 y quebrantapiedras 50 , pues hacen evacuar por arriba y por abajo 51 la pituita y la bilis, y hacen expulsar los aires.
Antes de las purgas, conviene realizar fumigaciones con sustancias aromáticas. Una vez que se hayan realizado las fumigaciones, se hará una purga con pesarios del mismo modo que en el caso anterior, y después de fumigaciones y purgas se deben utilizar sustancias emolientes, por ejemplo, un pesario con mercurial 52 , con artemisia 53 , anémona 54 , eléboro blanco o eléboro negro. En lo que se refiere a los medicamentos hay que obrar así, y en cuanto a la dieta hay que examinar el cuerpo de la mujer en su conjunto y determinar si parece muy seco o muy carnoso. Si parece bastante seco, convienen los baños frecuentes y todos los alimentos cocidos, pescados o carnes; el vino mezclado con agua; las verduras cocidas y, además, toda clase de grasas y dulces, pues todos estos alimentos provocan bastante humedad, tanto en la matriz como en el resto del cuerpo. Si el cuerpo, por el contrario, es muy húmedo, a la matriz no le conviene ninguna de estas cosas, sino las contrarias: no se debe tocar la matriz ni irrigarla de nuevo, ni fumigarla, pues suele bajar el flujo a la parte excitada. Si la matriz se ha humedecido más de lo normal conviene secarla y fumigarla y si fluye a ella materia biliosa, hay que administrar un producto que evacúe la bilis. Si el flujo es salado, se dará leche de burra 55 , vino y los otros remedios protectores.
[17 ] Conviene que, tras examinar la potencia de las enfermedades y determinar de forma conveniente las causas que las producen, nos conduzcamos en lo demás de este modo y sometamos a tratamiento a las distintas regiones del cuerpo.
En el caso de aquellas mujeres que por causa del orificio uterino no pueden quedarse embarazadas, hay que poner el cuello de sus úteros en posición adecuada de forma que quede visible 56 . Y en las que la causa sea la humedad, hay que controlarla, para que no sea un impedimento y tomar en consideración todo el cuadro general de la mujer para ver si parece que hay conmoción en todo el cuerpo, en la matriz o en ambos sitios 57 .
Se debe tratar la matriz de modo que no esté ni muy húmeda ni muy seca. La que está muy seca hay que tratarla a base de humedad, con tanto fluido como seca esté ella, de manera que se ponga más grasa que magra. Por el contrario, a la que está en exceso llena de fluido y húmeda hay que secarla procurando que conserve humedad y no esté demasiado seca, pues el exceso de una y otra debe rehuirse por completo.
No puede haber embarazo si hay humedad o sequedad, salvo en el caso de que alguna de estas dos cualidades esté en la constitución innata de la mujer. Puede tener relaciones sexuales con su marido cuando haya salido con éxito del tratamiento y debe hacerlo cuando cesan o cuando van a comenzar las reglas, especialmente cuando cesan 58 . Es en esos días en particular cuando hay que probar si puede quedarse embarazada, pues son los días decisivos. Si no concibe enseguida y todo lo demás funciona bien, no hay obstáculo para que tenga relaciones sexuales en los otros días, ya que el tratamiento le provocará excitación y las venas se dilatarán y si el semen del hombre confluye directamente con el de la mujer, ésta concebirá 59 . Hay mujeres en las que esto se cumple más tarde o más temprano. Y con esto queda dicho todo lo relacionado con este caso.
[18 ] Si la boca del útero está demasiado húmeda, no puede arrastrar hacia arriba el semen. Se deben emplear pesarios con sustancias agrias. En efecto, el orificio, al irritarse e inflamarse se suele poner duro y éste es un caso parecido, en buena medida, al de la formación de un callo. Por eso, lo mejor es aplicar pesarios con sustancias agrias, porque estas sustancias irritantes, por ser adelgazantes y calientes, hacen que la dureza se disuelva 60 . Si ésta se disuelve, empléense sustancias emolientes para curar, y también aquellas que no irriten.
[19 ] Si la mujer tarda mucho en concebir aunque tenga la regla, triturar alumbre 61 el tercer o cuarto día, disolverlo en esencia y derramando la mezcla en un trozo de lana aplicarla como pesario. Que lo tenga así tres días; al cuarto, se hierve en aceite bilis seca de buey 62 , se empapa en unas hilas y se aplica como pesario conservándolo durantes tres días; al cuarto día se retira y se puede tener relaciones con el marido.
Si la mujer no retiene el semen pese a que las reglas [20 ] le vienen normalmente, la causa es que hay una membrana delante, aunque puede estar provocado también por otras causas. Si se toca el obstáculo con el dedo, se reconocerá. Hay que hacer un pesario de resina y flor de cobre 63 , disolverlo en miel e impregnar una venda a la que se atará un hilo del extremo y todo ello se introducirá lo más dentro posible. Después de retirarlo, cocer mirto 64 en vino y lavarse con el vino tibio. Lo mejor es acabar de quitar la membrana.
Hay algunas mujeres que conciben fácilmente, pero [21 ] no pueden llevar a término su embarazo y sus fetos mueren al tercer o cuarto mes, sin que haya habido violencia ni se haya ingerido algún alimento nocivo. En el caso de estas mujeres la causa es una de las que he dicho, y sobre todo el que la matriz deja escapar algo de lo que hace que el embrión crezca. El vientre se revuelve y sobrevienen debilidad, fiebre fuerte y desgana en el momento en el que se produce el aborto. También es causante de esto el que la matriz esté lisa, bien por naturaleza, bien porque se hayan producido úlceras en ella. Si es lisa, hay veces que las membranas que recubren el feto se separan cuando éste comienza a moverse porque sostienen con menos fuerza de lo normal a la matriz debido a su estado liso 65 .
Se pueden reconocer estas causas al preguntar con exactitud en relación con todo esto. En lo que respecta a ese estado liso, haría falta que otra mujer tocase el útero de la afectada cuando estuviese vacío, pues de otro modo no es diáfano el reconocimiento. Si a las mujeres a las que les sucede esto les viene la regla, baja compacta. Hay algunas entre todas éstas que consiguen llevar a término el embarazo. Con cuidados, hay esperanzas de poder llegar al parto.
Y esto es lo que hay en relación con este problema.
[22 ] Si se quiere hacer que una mujer que no ha podido tener hijos los tenga, conviene examinar sus menstruos y ver si son pituitosos o biliosos. Se sabrá del siguiente modo: cuando venga la regla, se extiende arena lisa y seca, y al sol se vierte sangre menstrual sobre ella y se deja secar; si la regla es biliosa, al secarse en la arena la sangre se volverá de color amarillento; si es pituitosa, parecerá mucosidad. Sean los menstruos biliosos o pituitosos hay que purgar el vientre por arriba o por abajo 66 según convenga y luego purgar la matriz.
Si se quiere hacer concebir, administrar siete semillas [23 ] de hiedra 67 , o hacer que la mujer beba cada mes hojas de hiedra maceradas en vino añejo cuando cese la regla. También se puede cocer en vino puro oloroso una granada 68 , hacer un pesario y dejarlo puesto hasta el mediodía; o moler fino alumbre egipcio, atarlo a un trozo de lana y aplicarlo como pesario hasta la puesta de sol, retirarlo después y que se lave con vino oloroso. Hay que hacer esto cuando cese la regla.
También esto es cierto: las mujeres que acaban de [24 ] tener la regla y tienen deseos, conciben fácilmente; su semen se hace fuerte, si tienen relaciones con sus maridos en el momento oportuno y el semen del hombre se mezcla con el suyo fácilmente; si predomina aquél, es así como se produce la unión. Es entonces especialmente, cuando el orificio del útero se abre, se dilata después de la regla y las venas arrastran el esperma, mientras que en momentos anteriores el orificio está más cerrado y las venas, llenas de sangre, no arrastran el esperma como en el caso anterior.
Si el semen de la mujer baja limpio y sin interrupción, ella no deseará tener relaciones con su marido, ni quedará embarazada; sentirá dolor en la región lumbar, leve fiebre, debilidad y desmayo. A veces lo que ocurre es que la matriz no está en su posición. Si el flujo está provocado por una sobreabundancia, lo mejor es dejarlo bajar. Y si lo que ocurre es que la matriz se ha descolgado, hay que seguir una dieta de harina de trigo 69 , carne de cerdo o de paloma, vino puro y todas las bebidas que se van a prescribir contra el flujo.
[25 ] Ahora me voy a referir a las enfermedades de las embarazadas. Digo que si a la embarazada de dos, tres o más meses le sobrevienen pérdidas cada mes, por fuerza se queda delgada y débil. Hay veces que también le sobreviene fiebre en los días próximos a la aparición de la regla y después. Una vez que le haya bajado, su aspecto es de palidez, aunque le baje en poca cantidad. En estos casos la matriz está más abierta de lo que conviene y deja escapar algo de lo que hace que el embrión crezca. Efectivamente, cuando la mujer queda embarazada, la sangre procedente de todo el cuerpo fluye a la matriz en poca cantidad, se coloca en círculo en torno a lo que está dentro y lo hace crecer. Pero si la matriz está más abierta de lo que conviene, deja escapar algo de sangre todos los meses del modo en que normalmente fluye y lo que hay en el interior de la matriz se pone delgado y débil 70 .
Si la mujer se somete a tratamiento, el feto mejora y la propia mujer sana. Si no se somete a tratamiento, el feto perecerá y la mujer correrá el riesgo de tener una enfermedad crónica en caso de que después del aborto la sangre le fluya más de lo conveniente como consecuencia de la excesiva abertura del útero.
Hay peligro si una mujer embarazada tiene la cabeza pituitosa y la pituita baja agria hasta el vientre fluyendo hasta él desde la cabeza. Le sobreviene a la mujer una fiebre ligera; a algunas, palpitaciones débiles, que van disminuyendo y luego aumentando hasta hacerse agudas. Si también tiene inapetencia y falta de fuerzas, hay peligro de que el embrión perezca en breve tiempo y ella misma puede morir después del aborto, si no es sometida a tratamiento por estar el vientre suelto y ser necesario sujetarlo.
Hay otros muchos peligros a los cuales pueden sucumbir los fetos, a saber: si la mujer embarazada está enferma y débil, si levanta con esfuerzo un peso, si recibe un golpe, si salta, si sufre inapetencia y desmayos, si come demasiado o demasiado poco, si padece terrores o sobresaltos, si da gritos o si tiene deseos desmedidos. También son causas de aborto la alimentación y el exceso de sangre, e incluso la propia matriz por naturaleza contiene aires que pueden causarlo cuando tiende a ser ventosa, densa, inconsistente, grande, pequeña u otras cosas semejantes.
Cuando una mujer embarazada sufre del vientre o de la región lumbar, hay que temer que se expulse el feto como consecuencia de la rotura de las membranas que lo rodean.
Algunas mujeres abortan por comer o beber, contraviniendo su costumbre, algún alimento agrio o amargo cuando el feto es todavía muy pequeño, pues si a un feto le ocurre algo fuera de lo normal cuando es todavía pequeño, muere lo mismo que si la mujer come o bebe alimentos que revuelven violentamente el vientre mientras el embrión es aún pequeño, pues la matriz se ve afectada por el flujo intestinal.
Del mismo modo, si la mujer se agota más de lo conveniente, si su vientre se obstruye o se inflama, el feto perece a consecuencia del calor que produce la fatiga o de la opresión del vientre, pues con mucha frecuencia por ser pequeños son débiles. Pero también se malogran fetos grandes y no hay que extrañarse de que las mujeres aborten espontáneamente. Se necesitan precaución y mucha pericia para sacar adelante a la criatura, alimentarla hasta el final en la matriz y traerla al mundo en el parto.
Cuando una mujer embarazada tiene el cuerpo en [26 ] malas condiciones de salud, es biliosa y se fatiga fácilmente, tiene fiebre de vez en cuando, gusto amargo en la boca, la lengua amarillenta, los ojos ictéricos, las uñas biliosas, la orina agria y, sobre todo, si tiene fiebre, después del parto le sucederá que sus loquios serán biliosos y la criatura débil; tiene los loquios o biliosos o muy negros, con gran producción de grasa, eliminación dificultosa y coagulación lenta. Al principio las molestias serán soportables, pero después se recrudecerán y la purificación se producirá en cantidad menor de lo que conviene. En efecto, si el cuerpo está en malas condiciones de salud, los loquios le fluirán en menor cantidad y con más esfuerzo, los trastornos serán exactamente los mismos que en el caso de la mujer que tiene reglas biliosas, pero la enfermedad durará menos tiempo, aunque los peligros serán los mismos, al igual que los síntomas y evoluciones. Así pues, tendrá vómitos biliosos, evacuaciones de vientre y ulceraciones en la matriz. Conviene tener mucha precaución cuando esto ocurra para evitar que la enferma muera o quede estéril. Si no ocurren esas cosas y la mujer no es tratada, sino que sus loquios se cortan, perece por lo general al trigésimo primer día.
Que beba un medicamento colagogo 71 . El anís 72 ayuda, y también aquello que favorezca la orina. Es necesario vomitar, provocar sudores y purificar el vientre con una tisana 73 de agua de cebada o miel y con huevos y agua de malva 74 .
[27 ] En el caso de aquellas embarazadas a las que en el séptimo u octavo mes repentinamente, el volumen de las mamas y el vientre les disminuye, los pechos se les secan y la leche no aparece, se puede decir que el niño está muerto o que si vive, es débil.
[28 ] En el de aquellas embarazadas a las que les viene la regla se produce aborto, si los menstruos son abundantes y de mal olor. Puede ser que el niño sea de naturaleza enfermiza.
[29 ] Si la embarazada es pituitosa, padece dolores de cabeza y fiebre de vez en cuando, la pituita se le concentra en la cabeza y siente pesadez y frío; luego se extiende aquélla por el cuerpo y las venas, cuando la cabeza está llena. La piel cobra un color semejante al del plomo, la enferma vomita pituita, su lengua y su orina son blancas, las materias que expulsa de su vientre son frías y muy blancas, y se ve afectada por dificultad para moverse. Después del parto, eliminará flujo loquial pituitoso, que parecerá membranoso y contendrá algo semejante a telas de araña extendidas. Los trastornos serán los mismos que los que tiene una mujer cuyos menstruos son pituitosos. El período de la enfermedad es menor, pero los peligros, síntomas y evoluciones son los mismos, pues le sobrevendrán vómitos de pituita y trastornos semejantes, si su duración se prolonga.
Por consiguiente, los loquios y los menstruos pituitosos se comportan de la misma manera, pero los trastornos de los loquios duran menos que los de los menstruos y en el caso de que la purificación loquial se retrase y no haga aparición, sobreviene la muerte a los cuarenta y cinco días. Si la purificación loquial baja pituitosa, será de menor cantidad que en el caso de las mujeres sanas. Con tratamiento, la enferma se curará pero padecerá aerofagia desde el comienzo de la enfermedad hasta su curación, pues es una enfermedad difícil.
Conviene dar a la enferma un medicamento que haga expulsar la pituita y que beba leche de cabra cocida con miel. Si no se logra efecto alguno, probar con berro 75 , cártamo 76 , cnéoro 77 , polipodio 78 , suero 79 , aquellos alimentos que contengan sales y todo lo que hace bajar y salir la pituita.
[30 ] Si una mujer embarazada tiene el bazo afectado por los trastornos descritos en el caso de las reglas que bajan acuosas y pituitosas 80 , sus loquios fluirán acuosos, unas veces abundantes, otras escasos, otras como si fuera agua que resultara de lavar unas carnes sanguinolentas, otras algo densos, y no se coagulan.
Los trastornos son los mismos que en el caso de flujos menstruales acuosos, con los mismos riesgos y evoluciones de la enfermedad, pues la materia eliminada será acuosa; o bien, no tendrá lugar la purificación y el flujo desembocará en la región del vientre, las piernas, el pecho o alguna otra parte. La enferma correrá los mismos peligros que en el caso antedicho.
Si una mujer embarazada padece hinchazón, administrarle [31 ] la mayor cantidad posible de simiente de ortiga 81 , miel y vino oloroso rebajado como bebida dos veces al día.
Si la embarazada padece de bilis, darle tisana de agua de cebada, espolvoreándole encima el fruto del zumaque rojo 82 o el de la morera 83 debe tomarlo frío y se restablecerá.
[32 ] En el caso de que tenga sofocos una mujer encinta, la causa de ello está en el cansancio y el ayuno: la matriz se calienta por la fatiga, y el aporte de líquido para el feto es menor, pues la madre tiene el vientre más vacío de lo conveniente; el feto se orienta hacia el hígado y los hipocondrios, al estar éstos más llenos de fluido, y causa sofocación violenta y repentina. En efecto, la transpiración a través del vientre se ve interrumpida y a la mujer le sobreviene una incapacidad para hablar, la parte blanca de los ojos se le vuelve hacia arriba y surgen todos los trastornos que se han mencionado al hablar de la mujer que sufre sofocos en la matriz. A la embarazada le sobreviene el sofoco y al mismo tiempo le baja la pituita hasta los hipocondrios, pues el cuerpo no es capaz de realizar el arrastre que supone la respiración.
Si a la par que la pituita baja, desciende también el feto a su lugar, arrastrando consigo el fluido y precipitado a consecuencia de la pituita, la mujer sana. Las tripas le suenan porque el feto se coloca en su posición y el vientre se le vuelve húmedo la mayor parte del tiempo. En caso de que el feto no se coloque enseguida en su posición, ya se ve afectado por dos problemas: la pituita que baja de la cabeza y lo oprime y enfría al estar encima, y el estar en una zona desacostumbrada. Correría peligro, en efecto, si no se suministraran enseguida los cuidados convenientes, pues la mujer sufriría sofocos.
Y así están las cosas en esta materia.
[33 ] Si a la embarazada le llega el tiempo de dar a luz, siente dolores y no puede parir pese a haber transcurrido mucho tiempo, por lo general, la causa está en que la criatura se presenta completamente de costado o con los pies por delante, cuando debe presentarse de cabeza. El caso es el mismo que el de introducir un hueso de alguna fruta en un lécito de boca estrecha y no poder sacarlo bien de lado. De igual forma, el feto constituye un grave problema para la mujer cuando se presenta de lado, pues no puede salir. También representa un problema grave si sale por los pies; con frecuencia mueren las madres, o las criaturas, o ambos. Asimismo, hay otra razón por la cual la criatura no puede salir con facilidad, a saber, cuando está muerta, está afectada de parálisis o son gemelos 84 .
Cuando una mujer se queda embarazada, se pone [34 ] totalmente pálida; la causa está en que de su cuerpo está constantemente afluyendo hacia el feto la parte pura de su sangre y le hace crecer; al ser menor la cantidad de sangre en el cuerpo, por fuerza la mujer se vuelve pálida, tiene ganas de probar alimentos raros, por menos de nada siente náuseas y se pone bastante débil porque la sangre disminuye.
En mi opinión, la mujer que está para dar a luz emite una respiración frecuente y, cuando comienza a producirse la purificación, el vientre está hinchado y caliente al tacto. La respiración es especialmente frecuente cuando el parto está ya próximo, y es entonces cuando la región lumbar sufre más, pues es dañada por el feto. En todo el intervalo que va del parto al postparto, tendrá molestias en el cardias de tanto en tanto, pues el vientre y, sobre todo, la matriz se contraen en torno al feto.
Si después de parir, el útero se llena de aire, que cubra con ceniza un hígado de oveja o cabra y después lo cueza, lo tome y, si no hay ningún obstáculo, beba vino añejo puro durante cuatro días, siempre que haya transcurrido cierto tiempo después del parto.
Si se resiente de la región lumbar, que beba eneldo 85 y comino etíope y se lave con agua caliente, y si le viene fatiga respiratoria, administrar una cantidad de azufre 86 semejante al tamaño de un haba y lo mismo de cardamomo 87 , ruda 88 y comino etíope; triturar todo ello y disolverlo en vino, darlo a beber muchas veces y en ayunas. Que guarde ayuno.
Si la purificación del parto es abundante, la matriz se contrae junto con la vejiga y el intestino, y no se retienen ni excrementos ni orina, que son eliminados. Así pues, hay que dar huevos, y para comer pan cocido sobre brasas y todo lo demás que ya se ha prescrito.
Si en el parto la mujer está seca y no se humedece, que beba aceite, que se moje las partes con aceite caliente y agua de malva y que se unte con cerato líquido 89 y se vierta grasa de ganso con aceite.
Si no pudiera parir, tómese resina, comino o corteza de pino 90 y servirse de ello en fumigación. Todas las inflamaciones que se producen en la matriz durante el parto o después del parto no deben ser tratadas con productos astringentes, como hacen los médicos. Como medicamentos óptimos deben emplearse el comino etíope, más o menos unos tres dedos, de anís y séseli 91 cinco o seis y de raíz de peonía 92 o su semilla media querámide 93 . Administrar todo esto en vino blanco de fino olor y, sobre todo, en ayunas; o bien raíz de pastinaca 94 etíope, séseli o raíz de peonía del mismo modo que en el caso anterior. También pueden administrarse los frutos del apio caballar 95 y de la pastinaca etíope en la forma antes prescrita, o raíz de hinojo marino o cuatro óbolos 96 áticos de comino etíope, o pimienta 97 , anís, pastinaca, saúco 98 y raíz de peonía. Triturar todo esto en vino y darlo a beber. También dos o tres ramitas de mirtídano 99 , comino etíope y raíz de peonía, o por el mismo procedimiento, grano de lino del que toman los niños que tosen, junto con una yema de huevo cocido y sésamo 100 tostado.
Cuando una recién parida tiene llagas en las partes genitales triturar almendras y médula de buey, cocerlo en agua, añadir un poco de harina, untar con ello las partes genitales y lavar con agua de bayas de mirto.
[35 ] Ahora voy a hablar de los loquios y de lo que ocurre después del parto. Cuando una mujer no elimina los loquios o no le viene la regla y su matriz está dura, padece dolores en la región lumbar y siente fuertes molestias en los costados, las ingles, muslos y pies; el vientre se hincha y le corren escalofríos por el cuerpo. De todos estos trastornos resultan unas fiebres agudas. Cuando una mujer con estos síntomas no tiene fiebre, se le deben prescribir baños, untarle la cabeza con aceite vegetal, cocer malva o verter aceite de Chipre en agua, y tomar unos baños de asiento para aliviar. En todas estas enfermedades en las que los baños de vapor hacen bien, lo mejor es ungirse luego con aceite. Por el contrario, si la enferma tiene fiebre, debe abstenerse de los baños. Debe realizar baños de vapor y aplicar fomentos en el bajo vientre y la región lumbar, dar a beber medicamentos adecuados para la matriz, y a la mezcla añadir huevos de sepia o castóreo 101 ; después de esto, darle para que coma harina cocida con ruda o agua de cebada.
[36 ] Cuando en el parto una mujer no expulsa, en la cantidad que debiera, el líquido junto con la criatura, sino que lo expulsa en cantidad menor, y si en su cabeza tiene el líquido arrastrado por el calor durante el parto y poco antes, la parturienta se verá aquejada de dolor de cabeza. Si ese líquido desciende en gran cantidad al vientre, una vez que se ha puesto en movimiento, lo revolverá sin avanzar más. Hay que tener cuidado de que después de esto no le ataque al cuerpo por añadidura una diarrea, cuando ya está en condiciones desfavorables, y que ello haga sufrir a la enferma. Si estas materias, bajando de la cabeza, se convierten en purgación loquial y se expulsan en abundancia, la enferma mejora. Cuando la cantidad es mayor de lo que conviene, hay que someterla a tratamiento, y si desemboca en el vientre, la salida es más fácil para el niño. Por el contrario, cuando la purgación le baja a la mujer en cantidad escasa, ello supone un dolor violento en la región lumbar y en la que rodea a las partes genitales. Se hinchan éstas, los muslos arden, de la boca y la nariz fluye pituita mezclada con agua, la cabeza duele, tiene fiebre y escalofríos, suda, siente dentera, desfallecimiento, su vientre y su vejiga se repliegan, los ojos se desorbitan y la visión se oscurece.
Cuando a una mujer que acaba de dar a luz le vienen los loquios, le vienen con dificultad, pues la matriz está inflamada y su orificio cerrado. Y es que después de que la criatura ha efectuado su salida, la abertura del genital se curva. Cuando ocurra esto, la purgación no bajará, y si no le baja, acabará por tener fiebre, escalofríos y el vientre hinchado. Cuando alguien la toque sentirá dolor en todo el cuerpo, sobre todo si se le toca el vientre. Igualmente se producen molestias en el cardias de vez en cuando y dolor en la región lumbar. Hay desgana, insomnio y picores. Después, al quinto o sexto día, hay veces que se revuelve el vientre y se eliminan heces negras de muy mal olor y a veces hasta orina semejante a la del burro. Al eliminar estas materias, la enferma parecerá sentirse mejor y si se la somete rápidamente a tratamiento, sanará. Pero como no sea así, correrá el peligro de que se le presente una diarrea violenta y le desaparezcan los loquios.
Si el vientre no se le remueve y la purgación no le baja espontáneamente, si tampoco se le aplican enseguida los remedios que convienen y el tiempo transcurre, todo lo que acabo de decir acentuará más su virulencia y, además, corre el peligro de ponerse lívida como plomo e hidrópica, el ombligo le saldrá hacia afuera empujado por la matriz y será más oscuro que las partes circundantes. Cuando se presentan todos estos síntomas, las enfermas no logran sobrevivir y unas mueren más pronto, otras más tarde, según sea el estado de su cuerpo y de su enfermedad, pero no sobrepasan los veintiún días. Esto es lo que ocurre generalmente.
Si la purgación irrumpe, bien por efecto de los medicamentos o espontáneamente —cosa que también puede suceder— y si la matriz hace que su orificio se abra, obligada por la abundancia de sangre que fluye de repente, las materias expulsadas son fétidas, purulentas y a veces incluso oscuras. Con ello se pone mejor y, sometida a tratamiento, se recupera. Al corromperse los loquios se producen llagas en la matriz, y, cuando esto ocurre, se necesita más tratamiento para que las llagas no se hagan más grandes ni se gangrenen. Hay peligro de muerte o de esterilidad. Cuando hay llagas, éstos son los síntomas: cuando fluye la purgación, parece como si espinas atravesaran la matriz y el vientre se ve afectado de calentura. Y éstos son los trastornos que suelen atacar a la enferma: cuando se la toca ligeramente, siente dolor en la región inferior del ombligo, como si se tocara una llaga limpia llena de nervios; seguidamente, se ve atacada de vez en cuando por violentos dolores en la matriz y por fiebre, a veces leve al tacto; de vez en cuando, también los loquios fluyen con bastante mal aspecto, purulentos y malolientes.
He aquí los síntomas que se producen cuando hay llagas en la matriz y se necesita bastante tratamiento. Todos éstos son los resultados de la enfermedad.
Si la purificación loquial baja durante los tres o cuatro primeros días y después desaparece de repente, la mujer sufre los mismos trastornos que en el caso anterior, aunque menores. Y si la enfermedad se desplaza, evolucionará en el mismo sentido, pero será lenta y más leve que la anterior. Con una dieta adecuada la mujer sanará, si se la trata inmediatamente.
Así son las cosas en lo relativo a esta enfermedad.
Si después del parto la mujer no elimina sus loquios, [37 ] el vientre se hincha y también el bazo y las piernas; se le presentan fiebre y escalofríos y se ve atacada por dolores en la región lumbar y a veces también en las vísceras. Siente frío y tiene fiebre y palpitaciones leves, aunque a veces fuertes; éstas ora aumentan, ora disminuyen. Hasta aquí los trastornos y la situación al principio de la enfermedad. Al cabo del tiempo los párpados inferiores de los ojos se ponen rojos. Cuando ocurra esto, administrar alimentos ligeros, y si hay agitación interna, que beba un medicamento purgante: en caso de que la enferma sea biliosa, algo para eliminar la bilis; en caso de que sea pituitosa, algo para liberar la pituita.
Después de esto, conviene fumigar la matriz con productos aromáticos y por el día aplicar un pesario con una sustancia emoliente. Si el cuello del útero está duro, hay que fumigar todos los días y aplicar en pesario sustancias emolientes; a continuación, lavar con agua caliente y poner los plomos 102 . Seguidamente, se atan en un trapo unos granos de sal y mirra y se coloca en un trozo de lana resina cocida, a ello se mezclan sustancias aromáticas —la misma cantidad de cada una— y se hace un pesario semejante a una pequeña agalla de roble 103 . Aplicar un día y una noche y, después de dejar transcurrir tres días, realizar una fumigación con las mismas sustancias.
También se puede aplicar un pesario pelando granos cnidios y de pimienta en una cantidad de dos medidas líquidas; se trituran fino y a ello se añade aceite egipcio blanco y la mejor miel; se hace un emplasto en lana y se enrolla en una pluma aplicándolo un día y una noche. Cuando parezca que la purgación ya se ha terminado, lo mejor es dejar ya el tratamiento. Pero si parece que aún hay que eliminar flujo, dejar transcurrir dos días y aplicar de nuevo un día y una noche el pesario añadiéndole calabaza 104 . Después, disolver aceite de almendras amargas 105 y aceite de rosa 106 muy oloroso junto con grasa de ciervo y aplicarlo en lana durante un día; lavar con abundante agua caliente de la manera que le resulte más cómoda a la paciente. Limpiar inmediatamente las partes afectadas con sustancias depurativas y agua caliente y untar el cuello del útero con grasa de ganso, mirra y resina tibia, aplicando un fomento. Al día siguiente deben hacerse irrigaciones vaginales con vino y aceite de narciso, y si no hay aceite de narciso 107 , con vino sólo. Procurar que todo esto esté preparado un día antes de la regla. Cuando venga la menstruación, los tres primeros días triturar espodio negro chipriota 108 , echar encima granos de sal y envolverlo en lana; hacer que retenga esto dentro del cuerpo algún tiempo y que beba en ayunas vino puro oloroso.
En el momento en que cese la menstruación, que se aplique un pesario con poleo 109 durante el día y que tenga relaciones con su marido; si se queda embarazada, se pondrá bien. Que coma durante la purgación. Además de esto, es útil cocer mercurial y mezclar puerros, ajos, col 110 y semillas de granada y beber el jugo. Por lo demás, es preferible que se alimente de pescados en vez de carne y que se abstenga de dulces y comidas aceitosas. Que beba constantemente en ayunas el preparado de pino, hasta que se produzca la purgación y que lo beba sobre todo durante la regla.
[38 ] Si a la mujer le fluyen los loquios en cantidad algo menor de lo necesario por tener la matriz el orificio estrecho y desviado, o por estar los genitales muy cerrados a causa de la inflamación, se le presentan fiebre aguda y molestias en el cardias. Todo el cuerpo lo tiene dolorido, tiene convulsiones y el dolor se le localiza en las articulaciones de brazos y piernas y en la región lumbar. Siente molestias en la zona del cuello, la espina dorsal y las ingles y algunas de las partes del cuerpo se vuelven inertes. Seguidamente le sobreviene una ligera calentura y un temblor claramente manifiesto; tiene vómitos de pituita agrios y penetrantes.
Y eso es lo que ocurre en este caso. Si se somete a tratamiento, logrará sanar; pero si no es así, quedará coja o incapacitada de algunas partes del cuerpo. Este trastorno no provoca la total esterilidad.
Si la matriz está ulcerada y los loquios no aparecen, como conviene, la afectada tendrá todo tipo de trastornos. Cuando las úlceras no son muy grandes, con un tratamiento rápido se curan. Conviene aplicar con cuidado el tratamiento de las úlceras de la matriz, pues está en una cavidad blanda, sensible, llena de nervios y con muchas relaciones simpáticas como, por ejemplo, con el bregma, el cardias y la inteligencia, las úlceras crecen, se ponen malas y no se dejan cicatrizar.
En caso de que la matriz tuviera su orificio estrecho y no se abriera para dar paso al flujo loquial, se inflamara y no se pusiera remedio enseguida, todos los trastornos se le presentarán con mayor intensidad y se añadirán un mal olor e hinchazón del orificio de salida.
Si no se inflama la matriz, saldrá espontáneamente una materia coagulada de mal olor y aspecto amoratado o negro, y la mujer expulsará los loquios. A veces no salen, lo cual se convierte en señal de que para la enferma la muerte se aproxima, a no ser que rápidamente se le practique una flebotomía 111 o se le ablande el vientre, en cuyo caso lo mejor es preparar una lavativa y si tiene facilidad para vomitar también provocarle vómitos. Igualmente es muy bueno que orine y sude. El momento mejor para estos remedios es cuando sean necesarios 112 .
[39 ] Si la mujer después del parto elimina algo más de flujo loquial del que conviene, pues esto puede suceder en el caso de que a la matriz se le ensanche su orificio, y algunas de las venas que se hallan en la parte inferior de la misma se desgarren por el esfuerzo realizado en la salida de la criatura, se verá atacada por una ligera fiebre, calor por todo el cuerpo y a veces también escalofríos y desgana; tendrá asco a todo, adelgazará y se pondrá débil, pálida, hinchada e inapetente. Si algo come o bebe no lo digerirá. También pueden perder su continencia el vientre y la vejiga, y aumentar los escalofríos. Así son las cosas en el caso de este trastorno.
[40 ] Cuando a una mujer que acaba de dar a luz se le obstruye alguno de los genitales —y yo he visto esto cuando se ulcera el orificio de aquéllos—, una vez que se ulceran, pues, a causa del esfuerzo realizado en el parto en la salida del niño, se produce algo parecido a un afta 113 que se hincha mucho; los labios de la vulva por efecto de la inflamación se juntan uno con otro y se pegan los dos por estar ulcerados. Se produce un contacto y sale una excrecencia parecida a una seta que mantiene unidos los dos labios por causa de la supresión del flujo loquial. Si la purificación se presentase, las úlceras no tendrían aspecto de hongos, sino que en ese caso destilarían un flujo y aumentarían por salir una excrecencia carnosa extraña. Así pues, hay que curar estas llagas como las que se producen en otras partes del cuerpo y conseguir su cicatrización; la superficie debe quedar lisa y de color uniforme.
Fróntide se vio afectada por todo lo que sufren las mujeres que no liberan los flujos loquiales. Además, se le localizó un dolor en las partes genitales y al tacto ella llegó a notar que estaban obstruidas y lo dijo. Sometida a tratamiento, le vinieron los loquios y volvió a estar sana y a ser fértil. Si no hubiera sido sometida a tratamiento y no hubieran hecho irrupción los loquios espontáneamente, la úlcera se habría hecho más grande y, sin el tratamiento, se habría dado el peligro de que las llagas se convirtieran en cancerosas.
En caso de que a las mujeres se les desplace la purificación [41 ] loquial a la cabeza, el pecho y el pulmón, pues también esto puede suceder, mueren muchas veces enseguida si los loquios se les retienen; pero si les viene flujo en abundancia por la boca o por la nariz, sanan.
Cuando el trastorno dura algo más de lo normal, la mujer sufrirá lo que se ha expuesto al hablar de las enfermedades de la mujer virgen a la que los primeros menstruos se le dirigen hacia arriba 114 . De cualquier modo, la mujer que no es virgen sobrevive más tiempo que la virgen y los padecimientos son más débiles en su caso, hasta que el pulmón se pone purulento. Si la purificación loquial no se realiza por la boca, sino que sigue su trayectoria hacia arriba, los loquios se le retirarán y no le bajarán, como es natural que ocurra, y se verá aquejada de tos y ahogos. Al estar el pulmón lleno de sangre, se resentirán mucho el costado y la región dorsal. Cuando tosa, la tos será seca y a veces escupirá materia espumosa. Con el tiempo, aparece saliva ligeramente negra y turbia, y la región pectoral tendrá más calor que el resto del cuerpo por haberla calentado la sangre. La mujer siente fiebre y el vientre se le estriñe. Sufre de desgana, insomnio y ascos, y no sobrevive, sino que muere a los veintiún días la mayoría de las veces.
En caso de que la purgación loquial, al dirigirse hacia arriba, no salga por la boca ni se vuelva hacia el pulmón, cambiará de dirección a la cara, que se pondrá muy roja. La enferma sentirá pesadez en la cabeza, y no le será posible moverla sin sentir dolores. Los ojos tendrán una apariencia muy roja y saldrá de ellos una pequeña cantidad de sangre. A algunas mujeres también les saldrá sangre de la nariz y cuando ésta se presente, entonces la enfermedad tendrá una duración más larga. Por causa de esta afección, los oídos no son capaces de oír con claridad, hay cardialgia, facilidad para eructar y para desvariar, y extravíos de tipo maniático. A algunas se les perturban los ojos, poniéndoseles bizcos. Sufren todos los demás trastornos que han sido comentados en el caso de que la purgación loquial se oriente hacia el pulmón 115 , sólo que no se produce tos ni expectoraciones de aquel tipo e, igualmente, tampoco dolores en la región dorsal.
Si se somete a tratamiento a estas enfermas, sanan, aunque no son muchas las esperanzas de curación. Y si efectivamente se curan, en general les queda incapacidad visual o auditiva.
Este es el desenlace de esta enfermedad.
Si después del parto ataca a la enferma una diarrea [42 ] y no puede aquélla retener en el estómago los alimentos, triturar una uva pasa con el interior de una granada dulce, diluir en vino tinto rallando queso de cabra y esparciendo por encima harina de trigo tostada, y darlo a tomar bien mezclado.
Si después del parto hay vómitos de sangre, eso es [43 ] que el tejido hepático está dañado. A los vómitos acompaña un dolor en las vísceras y el cardias es atacado por espasmos. Conviene lavar a la enferma con abundante agua caliente, aplicarle los fomentos que más aguante y darle a beber durante cinco o siete días leche de burra y, después de esto, en ayunas leche de vaca negra 116 durante cuarenta días, si ella lo tolera. Por la tarde, darle a beber sésamo triturado. Esta enfermedad es peligrosa.
Ya he explicado al hablar de la naturaleza del niño 117 [44 ] cómo se produce la leche durante el parto y lo demás es prácticamente igual a lo que expliqué allí.
Si la leche se retira, triturar puerros, mezclar el triturado con agua y darlo a beber. Que la paciente se lave con agua caliente y coma puerros y col. Además, hay que hacer un cocimiento de hojas de codeso 118 y administrar el jugo. Que beba también el fruto del hinojo y sus raíces y, cociendo a la vez cebada y manteca, dárselas a beber después de haberlas enfriado. Son buenos por igual el hinojo silvestre, el apio caballar y el codeso. Todo esto junto hace producir mucha leche y la aumenta [lo mismo que la leche de] las cabras de Esciro 119 y, sobre todo, su queso. También es bueno el cocimiento de salvia 120 , y añadiendo a él el jugo de bayas de enebro 121 o de cedro 122 con vino, que lo beba. A los otros productos, que les eche aceite de oliva y los tome así. Que se abstenga de tomar alimentos amargos, salados y ácidos, además de toda verdura cruda. Es bueno el berro bebido con vino, pues hace liberar la leche. Que la paciente se lave con agua caliente y beba apotermo 123 . Dar también a beber el fruto del sauzgatillo 124 con vino. Hace producir abundante leche el jugo de acelga 125 , el de sésamo sin lavar y el de cebada de tres meses: se echan los ingredientes en un almirez y se tritura todo, se separa el jugo por medio de un trozo de tela a modo de colador, se mezcla con miel o amamélides 126 y después se da a beber con vino tinto.
Una vez que una mujer ha dado a luz y ha superado [45 ] las secundinas, lo mejor es administrar aquello que mejor provoque la expulsión de los loquios: ajos cocidos o asados en vino o aceite, junto con pulpos o sepias 127 pequeñas a la brasa —el que se quiera de estos—. Que beba castóreo o nardo 128 y también ruda en vino tinto dulce, que se puede tomar en ayunas o sin vino, y si éste no es dulce, lo mejor es añadir miel. Puede tomar col cocida junto con ruda y mercurial y alguna de las semillas adecuadas para la matriz.
Si los loquios fluyen coagulados y causan dolor en el bajo vientre, suministrar puerros cocidos, tanto los silvestres como los cultivados. Todo debe aliñarse con aceite.
La paciente debe bañarse cada tres días si la época es cálida, pues el frío es nocivo en estos casos. Después del baño debe ungirse. Es mejor no abusar del agua caliente.
Si después del parto no sobrevienen inmediatamente [46 ] las secundinas, se producen dolores en el bajo vientre y en los costados, así como escalofríos y fiebre. Si la purificación tiene lugar, la paciente sana; pero en la mayoría de los casos el flujo se corrompe y se libera al sexto o séptimo día e incluso después. En este caso conviene suministrar los medicamentos sobre los que voy a escribir y conviene también que contenga la respiración. Lo mejor de todo es la hierba artemisia, el díctamo 129 y la flor del alhelí 130 . También el jugo del silfio 131 es muy beneficioso, bebido en agua y echando una cantidad similar a la de un haba griega 132 . Si no se pueden expulsar las secundinas, guardar ayuno y después triturar hojas de sauzgatillo en vino y, añadiendo miel y aceite, templarlo; administrar una cótila y se producirá la expulsión.
Cuando la placenta queda retenida en la matriz, es porque el cordón umbilical se ha roto por algún esfuerzo o ha sido cortado por la comadrona, equivocadamente, antes de la expulsión de la placenta fuera de la matriz. Entonces el útero reconduce el flujo hacia arriba, pues es resbaladizo y húmedo, y lo retiene dentro de sí. La placenta comienza en el cordón umbilical y éste es el último que sale de la matriz, pues si saliera antes, a la criatura no le llegaría a través de él el alimento, ya que está suspendida de él 133 .
[47 ] Cuando a una mujer encinta se le muere el feto con uno o dos meses y no puede expulsarlo, si está delgada, conviene entonces purgar su cuerpo y hacerla engordar, pues el feto corrompido no sale hasta que la matriz no sea fuerte y consistente.
[48 ] Cuando a la recién parida la placenta se le retiene y el orificio del útero no es muy ancho, los loquios fluyen en menor cantidad de lo normal y el vientre se pone duro e inflamado, se produce un enfriamiento y sobrevienen fiebre aguda y dolor por todo el cuerpo, sobre todo en la región de debajo del ombligo. La matriz se siente pesada y se produce una sensación semejante a cuando el feto se mueve.
Una vez sometida a tratamiento, expulsa rápidamente la placenta corrompida y se pone sana.
Si tras el parto la matriz se hubiera ulcerado, tratarla [49 ] con flor de rosa. Que se purgue también con sustancias astringentes. Si se ulcera el cuello del útero y se inflama, mezclar mirra, grasa de ganso, cera blanca 134 e incienso con pelos tomados de la parte inferior del vientre de una liebre, hacer un pesario con lana y aplicarlo.
Cuando después del parto se inflama la matriz, una [50 ] fiebre ligera se apodera del cuerpo y la vista se oscurece. La calentura no abadona en ningún momento al vientre, la enferma tiene sed y sufre dolores en las caderas. El bajo vientre se hincha mucho y la tripa se suelta. Las heces son de mal aspecto y olor. La fiebre se intensifica más y se producen desgana y dolor en el bregma. La boca del estómago no puede tirar de alimentos líquidos ni sólidos y es incapaz de digerir 135 . Si no reciben tratamiento inmediato, la mayoría mueren y la causa está en el vientre. Cocer entonces hojas lo más tiernas posibles de saúco con harina basta de trigo de primavera 136 y que lo tome ligeramente tibio. Suministrar hidromiel y vino con agua y poner cataplasmas refrigerantes sobre el abdomen, tratando de que coma lo menos posible. Contener el flujo del vientre y aplicar remedios a la cabeza y cataplasmas en el hipocondrio.
[51 ] Bebidas para el mal de matriz: si después del parto se producen dolores, ya se sientan en las posaderas o en otra parte, dar a beber el fruto del enebro, o semilla de lino 137 u ortiga, después de triturarlos. Si hay dolor después del parto, dar a beber resina de terebinto 138 , miel y vino tibio. En el caso de que la matriz se inflame, estos remedios también lo impedirán. Si es la región de la matriz la que está dolorida, triturar hojas tiernas de almendro amargo 139 y de olivo 140 , comino, el fruto o las hojas del laurel 141 , anís, erísimo 142 , orégano 143 y nitro; mezclarlos tras triturarlos fino y hacer un pesario para la matriz.
Cuando hay dolor e inflamación de la matriz, triturar pétalos de rosa, cinamomo 144 y casia 145 , todo junto y fino; añadir aceite de almendras amargas y hacer pastillas del tamaño de una dracma 146 . Calentar una vasija nueva de arcilla, y hacer sentarse a la enferma encima y cubrirla con mantos, haciendo una fumigación en la matriz. Esto calmará los dolores.
[52 ] Cuando la matriz sufre tras el parto, se produce una ligera fiebre pero por dentro el bajo vientre está ardiente y a veces se inflama hacia la zona de la cadera. Se siente dolor en la región hipoventral y en los flancos y las deposiciones son de tipo bilioso y fétido.
Si no se contiene al vientre, al punto sobreviene la muerte. Así pues, cuando sucede esto, conviene enfriar el vientre procurando evitar los escalofríos. Que beba la enferma, en caso de que la diarrea no ceda, el preparado de cebada, o bien que ingiera pan o harina. Para tomar, también, el jugo de una granada vinosa mezclada con agua, a la que se añadirá puré de lentejas 147 . Todo esto se pone a cocer y se le mezclan lentejas, comino, sal, aceite y vinagre 148 . Administrar esta papilla fría, lo mismo que el puré de lentejas ácido. Que beba vino de Pramnio 149 concentrado. Conviene que se abstenga de ingerir otros alimentos hasta que la fiebre haya remitido. Cuando parezca apropiado, que se bañe, y si está débil, que beba flor de harina de cebada —si está bastante débil, que la beba en agua fría. Cuando la fiebre haya cedido, añadir alimentos ligeros, que no muevan el vientre. Esta enfermedad es aguda y mortal.
Si la matriz se le inflama a una recién parida, el vientre [53 ] arde y se pone grande, y se fija una sofocación en la zona de los hipocondrios. Cuando ocurra esto, aplicar cataplasmas de musgo marino 150 del que se pone como cebo a los peces: picarlo en un mortero y añadir harina de cebada cruda, cenizas de sarmiento 151 y lino tostado; moler todo esto y añadir a la mezcla vinagre y aceite haciendo una especie de poción espesa. Hay que cocerlo hasta que quede como manteca y aplicarlo como cataplasma lo más caliente posible. Si es necesario, que tome baños de asiento.
Si la matriz se le inflama a una recién parida, se le [54 ] hincha y, durante el período en que se producen los loquios, éstos se deslizan casi sin ser percibidos; esto ocurre cuando se han condensado por el frío. Por eso, si se han enfriado, hay que calentarlos, y si son ardientes y el frío remite, hay que hacer un pesario de cualidades opuestas a la inflamación, lavar, fumigar y administrar los fármacos sobre los que escribiré. Que aspire vapor por la boca y las fosas nasales 152 .
[55 ] Si el útero sufre sofocación, cocer lentejas con vinagre, sal y abundante orégano y que haga vahos. Que coma mercurial e ingiera harina fina en el jugo del mercurial.
[56 ] Cuando sobrevenga un parto demasiado pronto, antes de que se produzcan los dolores, dar los medicamentos que calman el dolor de matriz y hacer que ingiera la paciente alimentos laxantes. Si el vientre se calienta, administrar lavativas lo más pronto posible.
[57 ] Si la matriz se llena de pituita, dentro se producen gases y la menstruación baja en menor cantidad, de color blanco y pituitosa. La sangre es de consistencia delgada, pura y llena de membranas. Hay casos en los que hay desarreglo: aparece tres veces al mes, la mujer no quiere tener relaciones con su marido a causa de la humedad, no desea tenerlas y adelgaza. Se producen dolores en el bajo vientre, en la región lumbar y las ingles. Si el flujo irrita y ulcera los labios de la matriz, se puede decir que éste será de larga duración. Si fluye en abundancia, darle a la paciente para que vomite cocimiento de lentejas y eléboro. Luego hacer instilaciones 153 en la nariz y administrar un medicamento purgante. Que se abstenga de alimentos amargos y si siente peso, frío y entumecimiento, darle leche y vino oloroso; que beba en ayunas corazoncillo 154 , grano de lino y salvia en vino oloroso rebajado. Hacer lavados de matriz con el preparado de posos de vino 155 y si la matriz no está ulcerada, suspender el tratamiento dos o tres días, seguidamente hacer el lavado con grano cnidio 156 y luego administrar astringentes.
Si hay ulceración, lavar con la decocción de mirto y laurel y ungir con la preparación de flor de plata 157 . La enfermedad es peligrosa y pocas escapan.
Cuando los cotiledones están saturados de pituita, las [58 ] reglas son menos abundantes y si la mujer se queda embarazada, aborta cuando el feto ha cobrado un poco de fuerza, pues no logra desarrollarse sino que se desprende. Se puede saber por lo siguiente: la mujer nota humedad, el flujo es viscoso y pegajoso como la materia que baja del vientre y no produce picor; durante la regla, una vez que cesa la expulsión de sangre, una mucosidad baja de la matriz durante dos o tres días y se sienten escalofríos y un calor no muy fuerte pero que no cesa.
Purgarla con el agua de higos sin madurar 158 y con aquellos remedios que sirven para liberar el líquido, haciéndolo dos y hasta tres veces. Cuando se haya purificado, servirse después de astringentes y aplicar en forma de pesario sustancias emolientes por cuyo efecto se libere pituita. Fumigar la matriz con el preparado de laurel y purgar con el de vinagre. Una vez que haya cesado la regla, fumigar con sustancias aromáticas. Después, conviene que guarde ayuno, que se abstenga de bañarse y que tenga relaciones con su marido. Debe tomar alimentos y vino en pequeñas cantidades, conservar el calor, envolverse las piernas con pieles de cordero y ungirse con aceite.
[59 ] Si se produce hidropesía en la matriz, las reglas son de menor cantidad, dolorosas y se retiran antes de tiempo. El bajo vientre se inflama, los pechos están duros en vez de blandos, la leche es mala y parece como si la enferma estuviese embarazada. La hidropesía se reconoce por esos signos. Pero también se refleja en la boca del útero, pues al tacto parece delgada y húmeda. También se ve atacada la enferma por escalofríos y fiebre. Conforme el tiempo transcurre se produce dolor en el bajo vientre, en las caderas, costados e ingles.
Esta enfermedad está producida por un aborto y por otras causas, como por ejemplo el retirarse la regla. Hay que lavar con abundante agua caliente y aplicar fomentos, si la enferma tiene dolor. Cuando éste cesa, conviene que beba un medicamento evacuante y que haga fumigaciones en la matriz con excremento de vaca 159 . Después, poner el pesario hecho con escarabajo triguero 160 y dejar transcurrir dos o tres días, y si recobra fuerzas, lavar con aceite de almendras amargas. Cuando el vientre quede vacío, haya cesado la fiebre y la regla afluya como es normal, que se acueste con su marido, que conserve estos pesarios y que beba, dejando un día entre medias, corteza de hinojo marino, cinco granos negros de peonía y el fruto del saúco con vino y en ayunas. Que coma también la mayor cantidad posible de mercurial y ajos crudos o cocidos. Como inductores del sueño, que se sirva de alimentos como los pulpos y otras sustancias blandas, productos marinos mejor que carnes. Si da a luz, sana.
Cuando se produce hidropesía en la matriz, las reglas [60 ] son de menor cantidad, peores y a intervalos más largos. La mujer queda embarazada durante dos meses o poco más. El vientre se hincha y también el pubis, las piernas y la región lumbar. Una vez que ha transcurrido bastante tiempo del embarazo, el feto muere, es expulsado y con él sale al exterior el agua. En la mayoría de los casos las mujeres mueren: la sangre se corrompe y se vuelven hidrópicas. Que esta enferma beba leche y jugo de adormideras 161 hasta que el feto se mueva. Pero, incluso antes de esto, la mayoría de las veces el feto muere, sobreviene el aborto y la matriz expulsa el flujo de sangre y agua. Estos trastornos se producen no más por un esfuerzo que por otras causas.
Se reconoce que hay hidropesía en lo siguiente: si al tocar con el dedo se siente la boca de la matriz delgada y saturada de humedad. Si esta enferma no expulsa al feto desde el principio sino a los dos meses y padece ahogo, el bajo vientre se hincha y al tacto duele como si hubiera una herida. Se ve aquejada por fuerte fiebre, dentera y un terrible dolor en los genitales. El dolor es agudo y violento en el bajo vientre, la región lumbar y los costados. Cuando se llega a esta situación, hay que lavar a la enferma con agua caliente, si hay dolor, y aplicar fomentos probando con aquello que más soporte. Dar un medicamento evacuante. Dejar transcurrir el tiempo que sea para ella conveniente, poner una lavativa, hacer fumigaciones y aplicar a la boca del útero un pesario de ciclamen 162 en un trozo de tela, humedeciéndolo con miel. También raspar ciprés 163 , mojar con agua y aplicar un pesario de una manera parecida, pero hacerlo durante menos tiempo y a intervalos más largos. Cuanto más tiempo se deje, pica e irrita. Hacer una sonda de estaño y colocársela a la paciente dentro; se puede obrar del mismo modo con el dedo. Darle a beber las bebidas que más tolere y hacer que tenga relaciones con su marido en las ocasiones más propicias, pues si recibe el semen y queda embarazada, se purga con los loquios y con ellos elimina las sustancias anteriores que quedaban. Así es como se pone sana.
Si una mujer cae enferma de hidropesía por estar [61 ] el bazo lleno de agua y por ser grande, éste se vuelve hidrópico por este trastorno tan pronto como sobreviene una fiebre que no abandona a la enferma. Le invade una sed muy fuerte, bebe y no vomita nada, pues el líquido es expulsado en la orina después de pasar por la vejiga y el resto lo atrae el bazo hacia sí desde el vientre, ya que el bazo es fláccido, esponjoso y está situado en la región del vientre 164 . Si, estando así las cosas, no sudase, ni le destilase la vejiga, ni se le soltase el vientre, el bazo se le distendería por efecto del líquido y sobre todo si éste es agua. Si alguien palpa el bazo, está blando como el pulmón y hay veces que rebota.
Distendido y saturado, desagua en el cuerpo por medio de las venas y sobre todo en el epiplón 165 , en la región que está alrededor del vientre y en las piernas, pues en el cuerpo las regiones se suministran unas a otras cuando una tiene más de lo conveniente y no puede retenerlo. Por esto siempre sobreviene hidropesía cuando el bazo, que es por naturaleza fláccido y de tejido poco consistente, se ha acostumbrado a atraer líquido hacia sí. Hay veces en que el comienzo de la enfermedad es uno de éstos, pero sin fiebre: cuando se fija calentura en el vientre por efecto de la pituita que baja hasta él y la enferma no puede contener su sed, o cuando ni la vejiga ni el vientre evacúan orina y heces como es normal y la enferma no sigue una dieta adecuada. Una vez que está formada la hidropesía, la menstruación se presenta de repente y en cantidad abundante o también escasa; es a veces como agua procedente de cuando alguien lava carne sanguinolenta, a veces poco consistente y no se coagula. La enferma sufre ahogo antes de que aparezca la regla y dolor en el bazo, sobre todo cuando ingiere algo dulce; y el vientre se le distiende y se pone grande. Si come más de lo acostumbrado, padece dolor en el vientre. Algunas veces duele la región lumbar y sobreviene fiebre de cuando en cuando. Cuando viene la regla, parece que en comparación con antes se encuentra mejor, pero después vuelve a los mismos síntomas. Si se la trata como conviene, se cura; si no, aparece el flujo y durante todo el tiempo, sin interrupción, le bajará poco a poco una sustancia semejante al ícor , en cuyo caso necesita mayor cuidado. Si no aparece el flujo, sino que la matriz, distendida por las afecciones anteriores no deja paso a la menstruación, el vientre se pone grande y se le fija un peso tal que parece que estuviera embarazada y parece sentir como si el niño se moviera en su vientre, por estar la matriz llena de agua y por moverse el agua y agitarse de vez en cuando en la matriz como en un odre. Al tacto duele la región subumbilical. Las clavículas, el tórax, la cara y los ojos adelgazan, los pechos se relajan y hay veces en que el vientre y las piernas se llenan de agua; otras veces sólo una de estas dos partes se llena. Si son las dos las que se llenan, a la enferma no le queda esperanza alguna de sobrevivir y si es una de las dos, las esperanzas son pocas, y ello si es sometida a tratamiento y no está demasiado agotada. Esta enfermedad es larga.
Todos estos trastornos se presentan sobre todo en [62 ] el caso de las nulíparas, pero muchas veces también en el de las que han dado a luz. Son peligrosos, como se ha dicho, y en la mayoría de los casos agudos, violentos y difíciles de captar por la siguiente razón: las mujeres tienen enfermedades propias y a veces ellas ni siquiera saben qué les pasa hasta que no experimentan las enfermedades provenientes de las reglas y se van haciendo viejas. En ese caso, la necesidad y el tiempo les enseña la causa de las afecciones. A veces, a las que no conocen la causa de su trastorno las afecciones les llegan a resultar incurables ya antes de que el médico haya podido aprender correctamente de boca de la enferma el mal por el que se ve aquejada. En efecto, se avergüenzan de contarlo aunque lo sepan y por inexperiencia y desconocimiento les parece vergonzoso.
También ocurre que los médicos se equivocan por no informarse con exactitud del motivo de una enfermedad concreta y tratarla como enfermedad masculina. Ya he visto a muchas morir por ese tipo de afecciones. Sin embargo, conviene inquirir enseguida y con exactitud la razón, pues el tratamiento de las enfermedades femeninas difiere mucho del de las masculinas.
Si la matriz se ha ulcerado, libera sangre y pus, y [63 ] hay un fuerte olor. La mujer se ve atacada por un dolor agudo en las caderas, ingles y en el bajo vientre. El dolor va subiendo hacia arriba hasta la cintura, los costados y omóplatos; a veces llega incluso a las clavículas y es irritante. La cabeza duele mucho y hay desvaríos. Con el tiempo, la enferma se hincha toda y se ve atacada de astenia, desmayo, fiebre ligera y escalofríos. Se hinchan sobre todo las piernas.
La enfermedad ataca después de un aborto a la mujer a la que, después de haber perdido a la criatura corrompida dentro, no le vienen los flujos loquiales y cuyo cuello del útero arde. También ataca después de los flujos, y si en ellos fluyen sustancias que son agrias y biliosas, éstas se irritan. Cuando el médico se encuentre con una paciente así, en cuanto aparezcan los dolores, que lave con abundante agua caliente y aplique fomentos donde se localice el dolor. Si los dolores están arriba y la mujer es fuerte, hacer una fumigación completa y dar a beber un medicamento evacuante. Si lo permite la época del año, cocer suero y dárselo a beber durante cinco días, si la enferma es capaz. En caso de que no haya suero, cocer leche de burra y darla a beber durante tres o cuatro días. Después de la cura de leche 166 , se hará que se recobre con agua y alimentos apropiados: carne tierna de cordero joven, aves, acelgas y calabaza. Que se abstenga de alimentos salados y agrios, de cualquier pescado, carne de cerdo, vaca y cabra, y que coma pan.
Si tiene desmayos, si no tiene fuerza y se estremece, que tome puré. Hay algunos médicos que a las que padecen dolores de cabeza les recomiendan beber leche, porque se trata de dolores de cabeza; otros recomiendan agua por las lipotimias. Yo pienso lo contrario: si doliera la cabeza y hubiera desvaríos, el agua es apropiada; cuando hay irritación y sensación acre, es buena la leche. Si al médico le parece que la enferma tiene fuerzas, que prepare una lavativa para la matriz, primero con el preparado de posos de vino, y, después de esto, que deje pasar tres o cuatro días y haga el lavado uterino con el preparado de agua de col tibia; que deje de nuevo tres días y haga el lavado con el preparado de mantequilla 167 . Si, después de estos tratamientos, la matriz se cura, irrigarla con el preparado de granada. Untar sobre la úlcera flor de plata con agalla de roble, mirra, incienso 168 , el fruto del acanto egipcio 169 , la flor de vid silvestre, crisócole 170 , limaduras de cobre, serrín de loto 171 , azafrán 172 y alumbre egipcio quemado. Que haya una cantidad igual de cada uno de estos elementos, pero hacer que el alumbre, la agalla de roble y el azafrán constituyan la mitad de todo el preparado. Triturar y mezclar todo bien fino y diluir en vino blanco dulce. Después, cocer hasta que tenga el espesor de la miel. Dar para untar con este preparado dos veces al día, después de que la mujer se haya lavado con agua tibia en la que hay que cocer jara 173 y salvia. Una vez que le parezca al médico que después de este tratamiento está mejor, que le haga beber en prevención durante un día leche hervida de cabra y después de vaca del mismo modo que en el caso anterior.
Tras la cura de leche, hacerla engordar lo más posible con alimentos y procurar que quede embarazada, pues se curará. La mayoría de las veces las enfermas escapan a esta enfermedad y quedan estériles, aunque no tanto las de mayor edad. Después de los medicamentos purgantes darle a la enferma a beber semilla de lino tostada, sésamo, simiente de ortiga y raíz negra de peonía mezclados con vino tinto oloroso.
Cuando la matriz se ulcera, expulsa sangre, pus e [64 ] ícor . En efecto, al haberse corrompido, se produce una enfermedad en ella. El bajo vientre se hincha y la enferma adelgaza; al tacto se resiente de dolor como si hubiera una herida. La enferma tiene fiebre y dentera y un dolor agudo e intenso en los genitales, en el pubis, en el bajo vientre, en la cintura y en las caderas.
Esta enfermedad se presenta sobre todo después del parto, cuando alguna materia desgarrada se corrompe dentro de la matriz, y después de un aborto; también espontáneamente. Si el médico se encuentra con un caso de éstos, hay que lavar con abundante agua caliente y allí donde esté localizado el dolor aplicar fomentos y una esponja mojada en agua caliente. Que la paciente haga una irrigación evitando las sustancias agrias y astringentes. Se añadirán sustancias emolientes del modo en que al médico le parezca que es adecuado. Moler grano de lino y de saúco mezclados con miel, y fabricar con ellos un medicamento para utilizarlo de este modo: que el médico se lave con agua caliente, coja una esponja o un trozo blando de lana, lo sumerja en agua caliente y limpie los genitales y las úlceras. Después, sumergiendo la esponja o el trozo de lana en vino puro, que haga con ella lo mismo. Efectuar seguidamente unciones con el medicamento preparado antes cuantas veces le parezca al médico conveniente, y mezclar con él después resina y manteca de cerdo 174 y hacer que se lo unte con el dedo varias veces al día y por la noche. Tras esto, tostar grano de lino, triturarlo y tamizarlo, triturar adormidera blanca 175 en harina y tamizarla, cocer queso de cabra, extraerle el suero y el salitre y mezclarle mantequilla y flor de harina de cebada. Después, hacer porciones iguales del medicamento, del queso y de la harina y dárselos a beber en ayunas al alba, mezclando vino seco rebajado. Por la tarde administrarlos mezclando también ciceón espeso. Dar a beber alguno de los preparados destinados a las mujeres, el que mejor admita.
Mientras fluya sangre abundante y haya fuertes dolores que ceden por poco tiempo, conviene hacer eso. Pero cuando la úlcera sea menor y la enferma se vea atacada por dolores leves y a largos intervalos de tiempo, hay que hacer que beba los medicamentos por cuyo efecto se purgaría la parte inferior en vez de la superior 176 , dejando transcurrir todo el tiempo que se juzgue necesario. Fumigar con sustancias suaves, haciendo sentar encima a la enferma, según se juzgue oportuno en cada momento. Si la paciente hace esto, se cura. Esta enfermedad es lenta y mortal y pocas escapan a ella.
[65 ] En caso de que la ulceración sea fuerte, se liberarán sangre y pus, y se producirá un olor fuerte. Cuando el dolor acomete, en general sobreviene un flujo con las mismas características que si se tratara del parto. Conforme transcurre el tiempo, piernas y pies se hinchan y los médicos suelen orientar su tratamiento como si se tratara de hidropesía, pero no es tal.
Si un médico se encuentra con un caso de éstos, conviene que lave primero con agua caliente, aplique fomentos y haga una irrigación con sustancias amargas, emolientes y astringentes, mezclándolas con agua y vino. Cocer bistorta 177 y policnemo 178 con miel. Sumergir después un trozo de lana en el cocimiento y untar las partes genitales; untarlas también con resina, miel y aceite de cerdo 179 . Darle a beber en ayunas la semilla del lino y de sésamo tostadas y a ello se incorporarán queso de vaca, de cabra y harina de cebada en vino. Por la tarde administrar este preparado añadiendo abundante miel. Mientras dure la liberación de sangre y haya fuertes dolores que apenas remiten un poco, hacer eso. Pero cuando la sangre baje en menor cantidad y los dolores sean más leves y a intervalos más largos, darle a beber a la enferma un evacuante y dejar transcurrir un rato. Si se hace esto, se curará pero ya no será fértil.
Todas las úlceras que se producen en la matriz a [66 ] causa de un aborto o por otra razón, conviene curarlas prestando atención a todo el cuerpo y siguiendo el tratamiento que se juzgue necesario, ya le parezca al médico que la enferma debe ser tratada en todo su cuerpo o sólo en la parte afectada. Y es de la siguiente forma como se reconoce si el origen de las úlceras está en la matriz misma: de una parte, en las úlceras de la matriz el flujo resulta purulento y consistente; de otra, si las úlceras no están en la matriz, el flujo es poco consistente y del aspecto del ícor . Así pues, todos los flujos que son poco consistentes deben tratarse con un purgante para la parte superior y para la inferior —primero para la superior. Si después de la purga el flujo es menor y baja con más facilidad, dejar transcurrir tiempo y administrar de nuevo un purgante en igual forma. Después de la purga, hay que prescribirle a la enferma un régimen tal que con él esté lo más seca posible. El régimen será que el médico le mande fumigaciones por todo el cuerpo cada tres o cuatro días y que inmediatamente después de las fumigaciones vomite. Después de los vómitos y las fumigaciones, conviene prescribir la supresión de baños, la restricción de bebida y un régimen a base de pan; ninguna bebida salvo el vino tinto puro y nada de verdura. En el momento en que se vaya a provocar los vómitos, entonces conviene que ingiera abundantes verduras amargas y toda clase de cereales y de alimentos que le apetezcan. Que se llene de vino rebajado en agua y que se lave después de las fumigaciones con abundante agua caliente.
Éste es el tratamiento para flujos de esta clase. Es mejor purgar las dos zonas y sobre todo vomitar y purgar por arriba; también es muy eficaz la dieta seca y la abstinencia de baños.
Conviene tratar la matriz del modo que sigue: primero fumigar con agua de cocimiento de hojas de saúco. Tras la fumigación, hacer un lavado con ungüento hecho con posos de vino. Si hay gangrena en las úlceras y flujo maloliente, con ungüento apenas rebajado, y si no, con ungüento más mezclado con agua. Después de los posos de vino, hacer el lavado con agua y en el agua hervir mirto, laurel y salvia, y tras esto, la irrigación se hará con vino blanco puro tibio. Cuando la paciente sienta comezón por las irrigaciones, entonces ya estarán limpias las úlceras. Así pues, conviene hacer lavativas con posos de vino bastante rebajados en agua y con vino tinto. Después del vino, derretir grasa reciente de cerdo y mezclarle aceite de ganso, si lo hay, y si no de otra cosa, pero especialmente de ave. Si sigue sin conseguirse un aceite de ave, entonces utilizar aceite viejo, hacer una lavativa con él tibio, y después irrigar otras lavativas con vino.
En cuanto al cuello del útero, tanto si está ulcerado como si no, aplicar un pesario con hilas empapadas en sustancias emolientes. Si al estar aplicadas causan calor, mandar a la enferma que se las quite y que se lave con la misma agua tibia con la que se hizo las lavativas.
Si pese a este régimen el flujo no cesa, sino que sólo sale en menor cantidad e irrita mucho, y si la materia que fluye es bilis con salitre y no sólo se ulceran las partes interiores sino también las exteriores, hay que cambiar el régimen y humedecer todo el cuerpo, para que el flujo sea lo más acuoso y lo menos irritante posible, a base de muchos baños de agua caliente. Que tome polenta 180 , todas la verduras cocidas con grasa y todo tipo de pescados cartilaginosos cocidos con cebolla y cilantro 181 en salsa con grasa; que tome todas las carnes cocidas, salvo las de vaca y cabra y cociéndolas bien en eneldo e hinojo; también vino de color miel, amarillento, mezclado con agua y en abundancia, y que se sirva de la cura de leche con vino dulce. En lo demás, por lo que se refiere a las irrigaciones, actuar según las indicaciones aconsejadas.
Éste es, hoy por hoy, el tratamiento para tal clase de trastornos. En cuanto a los flujos purulentos y compactos, no es necesario purgar todo el cuerpo, sino sólo prescribir irrigaciones y concentrar todo el tratamiento en ellas. Irrigar del mismo modo, con los mismos preparados que se han mencionado antes. Serán indicados también otros tipos de irrigación.
Tratamiento de las úlceras: si hay úlceras, aplicar un pesario con grasa fresca de ciervo y enseguida hacer una irrigación con vino cocido y mejor con cerusa 182 y con aceite de narciso. Que la enferma se sirva de alimentos lo más blandos posible y no amargos. Si las úlceras no están limpias, van extendiéndose y atacan a las regiones más próximas; hay que limpiarlas, hacer que se produzca carne nueva y convertir esta carne en cicatriz, ya que estas úlceras se abren con facilidad y no son malignas; lavar también abundantemente.
[67 ] Cuando la mujer, a causa de un aborto, tiene una herida grande o cuando la matriz se le ha ulcerado a causa de pesarios con sustancias acres —pues así actúan muchas veces las mujeres al intentar curarse por sí mismas 183 —, y cuando el feto ha muerto y la mujer no expulsa los loquios, sino que la matriz se inflama mucho, está cerrada y no es capaz de dejar salir el flujo, a no ser junto con el feto, la enferma, si es tratada rápidamente, se cura pero queda estéril. Y aunque los loquios irrumpan espontáneamente y las úlceras se curen, aun así quedará estéril. Y si le vienen los loquios pero las úlceras no son tratadas, hay peligro de que se corrompan. Si la purificación loquial le viene cuando está agotada, muere.
En caso de que, en el parto, la matriz se ulcere por no haber salido el niño tal y como sería lo normal, los trastornos serán los mismos que en el caso de aquella a la que se le ulcera la matriz por un aborto. La enfermedad tiene las mismas evoluciones y los mismos resultados, ya sea que la matriz se ulcere por un aborto o por ese tipo de parto. En caso de que los loquios hagan acto de presencia en su totalidad, los trastornos serán menores y, si las úlceras no son grandes y reciben tratamiento, la enferma se cura rápidamente. Conviene prestar atención al tratamiento cuanto antes en el caso de que las úlceras estén en el interior de la matriz, pues al estar en una zona blanda crecen y enseguida se corrompen. Estas úlceras deben tratarse del mismo modo que las del resto del cuerpo: hay que suprimir su inflamación, limpiarlas de arriba abajo, restaurarlas con carne nueva y hacer que cicatricen. Prescribir a la enferma agua —y no vino— y alimentos suaves en poca cantidad.
En caso de que en un aborto no se pueda producir [68 ] la expulsión por ser el feto demasiado grande todo él o alguno de sus miembros, o por venir de lado y sin fuerza pese a ser pequeño, en tales casos, si todo transcurre según lo normal, hay que administrar alguno de los fármacos de los que voy a hablar y bañar antes con abundante agua caliente. Si el feto, queriendo salir, no sale con facilidad aun estando en posición natural, en tales casos aplicar algo que haga estornudar, por ejemplo, pinzar la nariz o ir a estornudar y cerrar la boca para que el estornudo sea lo más fuerte posible. También se puede probar con las sacudidas, sirviéndose de ellas de este modo: coger una cama alta y sólida y, después de prepararla, acostar a la mujer boca arriba; el pecho, las axilas y los brazos sujetos al lecho y ceñidos con una cinta o un cinturón ancho y blando. Doblarle las piernas juntas y sujetarle los tobillos. Cuando el médico la haya preparado, que disponga un haz de leña flexible, o algo que se le parezca, de tal manera que el lecho al ser lanzado contra el suelo no lo toque con las patas que están a la cabecera. Ordenar a la mujer que se agarre al lecho con las manos y tener éste elevado en la parte de la cabecera de manera que quede en pendiente hacia los pies, pero procurando que la enferma no pueda precipitarse hacia adelante. Cuando esto esté hecho y el lecho esté elevado, colocar la leña debajo de las patas traseras y alinear el aparejo lo más posible para que las patas no toquen el suelo al ser lanzado el lecho y para que coincidan con el haz de leña. Un hombre mantendrá elevada a un lado y a otro cada una de las patas de la cama, de manera que el lecho caiga perpendicularmente en forma recta y regular, y sin que haya rotura alguna. Se debe realizar la sacudida a la mujer sobre todo coincidiendo con el dolor de la expulsión. Si se produce ésta, hay que parar enseguida, pero si no, sacudirla a intervalos y balancearla teniéndola sobre el lecho 184 .
Así pues, esto se hace así cuando la expulsión se presenta en posición recta y conforme a lo natural. Conviene untar previamente con cerato humedecido. Para todos estos trastornos de la región del útero, lo mejor es este tratamiento y también los fomentos con agua de malva, la alholva 185 y sobre todo el jugo de la decocción de trigo. Es conveniente para la enferma darse baños de vapor en las asentaderas hasta las ingles y en los genitales, tomar baños de asiento sobre todo cuando los dolores del parto son agobiantes, y no tener ninguna otra cosa en mente. Que la comadrona abra suavemente el cuello del útero y lo haga con cuidado, y que tire del cordón umbilical al mismo tiempo que del feto.
En el caso de que el feto se pliegue en dos y quede [69 ] detenido en la boca de la matriz, tanto si está vivo como si está muerto, hay que empujarle hacia adelante y darle de nuevo la vuelta atrás, de tal manera que, como es natural, salga de cabeza. Cuando se desea empujar al feto o darle la vuelta, conviene hacer acostar a la mujer boca arriba y colocarle algo blando bajo la zona de las caderas; también bajo las patas del lecho conviene poner algo, de manera que las patas de la cama que están en la parte de los pies estén mucho más altas. Que las caderas estén más altas que la cabeza y que no haya ninguna almohada bajo la cabeza. Estos son los preparativos que hay que realizar. Cuando se haya empujado al feto y éste haya dado la vuelta de un lado y de otro, se colocan en posición normal el lecho y las caderas, quitando lo que se ha puesto bajo las patas del lecho —piedras— y lo que se ha colocado bajo las caderas. Colocar luego una almohada bajo la cabeza. Y así es como se solucionan estos casos.
Cuando los fetos vivos presentan fuera un brazo, una pierna o ambas, hay que hacer lo siguiente: tan pronto como aparezcan fuera, empujarlos hacia adentro de la manera ya dicha y darles la vuelta sobre la cabeza para ponerlos en su camino de salida. Los fetos que se han replegado doblándose hacia el costado o la cadera durante el parto, hay que enderezarlos y darles la vuelta. Que la paciente tome un baño de asiento en agua caliente hasta que la zona esté reblandecida.
[70 ] En el caso de los fetos muertos que presentan fuera una pierna o una mano, lo mejor es, si es posible, empujarlos hacia adentro y darles la vuelta sobre la cabeza. Si no es posible y sobreviene hinchazón, hay que operar de esta forma: practicar una incisión en la cabeza con un bisturí y aplastarla con el compresor 186 para que no cause molestias; tirar de los huesos con el recogedor de huesos y con el gancho de cirujano, aplicándolo a la clavícula para sujetarlo, arrastrar al feto, no de golpe, sino poco a poco, aflojando y tirando con fuerza otra vez. Cuando se haya tirado de él hacia afuera y esté de espaldas, cortarle los dos brazos por las articulaciones de los hombros. Cuando se hayan sacado estas partes, si puede salir el feto, extraerlo con resolución. Pero si no responde, cortar todo el pecho hasta la garganta procurando no cortar por el vientre y no dejar ninguna víscera del feto al descubierto, pues pueden salir el estómago, los intestinos y las heces fecales. Si saliera alguna de estas vísceras, la operación se hace ya más complicada. Aplastar las costillas y juntar los omoplatos y, después de hacer esto, el resto del feto saldrá con más facilidad, a no ser que el vientre esté ya hinchado. Si ocurre tal eventualidad, lo mejor es perforar el vientre del feto suavemente, pues saldrá sólo aire y así avanzará más fácilmente.
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