Kitabı oku: «Tratados hipocráticos VI. Enfermedades.»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 143

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por LOURDES MARTÍN VÁZQUEZ y ALICIA ESTEBAN SANTOS .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 81, Madrid, 1990.
www.editorialgredos.com
Las traducciones, introducciones y notas han sido llevadas a cabo por ASSELA ALAMILLO SANZ (Enfermedades I, II, III) y M.a DOLORES LARA NAVA (Afecciones internas).
REF. GEBO253
ISBN 9788424931827.
INTRODUCCIÓN
Los libros de «Enfermedades» y el «Corpus Hippocraticum»
Sabido es que lo que conocemos con el nombre de Corpus Hippocraticum consiste en un conjunto muy heterogéneo de escritos de tema médico que diversas circunstancias históricas, mal conocidas, llevaron a que en un momento dado aparecieran formando parte de una misma colección 1 . Desde muy antiguo se trata de poner orden en esta amalgama de escritos de muy diversa naturaleza y, aunque se ha introducido mucha luz en la llamada «cuestión hipocrática», la verdad es que hay muy pocas afirmaciones que no sean objeto de polémica en los estudios actuales sobre el Corpus . Una de esas verdades incuestionables es que los escritos no son la obra de un solo autor y, desde luego, que tampoco pertenecen a una misma época. Otra verdad evidente es que ni siquiera como obras literarias, que teóricamente hubieran podido adscribirse a un «género científico», pueden considerarse unitariamente. En este sentido la colección se compone de tratados con una cuidada ejecución literaria; de otros, que son meras colecciones de notas mal redactadas; otros, puras historias clínicas; otros, que parecerían libros de texto para estudiantes; y otros, en fin, muy oscuros y, aparentemente, escritos sólo para iniciados.
De los tratados que presentamos en este volumen con el nombre genérico de Enfermedades se puede decir que tienen las suficientes cosas en común como para poderlos adscribir a una misma escuela, y si no se quiere hablar de escuela, como parece ser la tendencia actual, al menos es evidente que todos ellos responden a un área común en cuanto a la práctica de la medicina. De las once clases en que dividió el Corpus , Littré sitúa nuestros escritos —Sobre las enfermedades I, II, III (en adelante Morb. I, II, III) y Sobre las afecciones internas (Int.) — en la cuarta clase, junto a Úlceras; Fístulas; Hemorroides; Enfermedad Sagrada; Sobre los aires, aguas, lugares; Lugares en el hombre; Sobre el arte; Sobre la dieta; Afecciones; El parto de siete meses y El parto de ocho meses , según un criterio de clasificación que le lleva a entender este grupo como «escritos que, desprovistos de testimonios suficientes para ser atribuidos a Hipócrates, llevan sin embargo el sello de la escuela de Cos, y deben ser considerados como obras de discípulos que le han sucedido muy próximos a él» 2 .
El tratado Sobre las afecciones internas no es citado por Erotiano y fue claramente negado como de Hipócrates por Galeno, que ya conoce el libro con variados títulos 3 . Fue atribuido por Foes, en el s. XVI , a Eurifonte, médico cnidio. De otra parte, los escritos trasmitidos por la antigüedad, dentro del CH , con el nombre de Sobre las enfermedades son en realidad cuatro, pero el hecho es que nunca fueron admitidos por los críticos antiguos con el orden I, II, III, IV, sino que este último pertenece manifiestamente a otra clase distinta de tratados 4 . Erotiano señala sólo dos libros Perì noúson que en nuestras ediciones se llaman II y III. En las ediciones antiguas era frecuente la confusión entre los diferentes libros de las Enfermedades, Afecciones internas y Afecciones 5 . Incluso hablan de un Primer libro menor de las Enfermedades que no parece responder a ninguno de los conservados. En suma, hay cinco libros de Enfermedades citados por Galeno: responden a nuestros Morb. I, II, III e Int ., más uno perdido. De ninguno de ellos Erotiano y Galeno admiten que sea de Hipócrates. De Morb. II ya Galeno piensa que puede atribuirse a un autor de Cnido, por comparación de algún pasaje de este escrito con un fragmento de Eurifonte al que se le atribuían en la antigüedad las Sentencias Cnidias 6 . El tercer libro no puede separarse de Morb. II . No hay rastro en Galeno de referencias al libro que más tarde se llamó Morb. IV y que actualmente no se duda de que forma grupo con los escritos Sobre la generación, Naturaleza del niño , etc.
La escuela cnidia
Fue Ilberg 7 quien realmente comenzó las investigaciones en profundidad sobre una escuela cnidia hipotéticamente representada en el Corpus por un grupo de tratados entre los que básicamente se encuentran los que en este volumen se traducen. Ilberg siguió la pista de varios tratados de la colección que tanto en forma, como en contenido, mostraban grandes paralelismos y semejanzas, y tratando de dar explicación a tales afinidades, logró reunir una serie de argumentos que probaban que algunos escritos podían remontar, en último término, a un modelo común: dicho modelo constituiría, en su opinion, la obra fundamental de la escuela cnidia 8 . Así, las aludidas Sentencias Cnidias (= Sent. Cn.) , obra médica no conservada, a la que hace referencia ya un escrito antiguo del Corpus, Régimen de las enfermedades agudas ( = Acut.) , y de las que Galeno y Rufo de Éfeso han conservado fragmentos, se convirtió en el punto de referencia obligado para todo aquel que se decantaba por una distinción entre escritos de Cnido y escritos de Cos.
Pero los estudios sobre los tratados cnidios empiezan a cobrar auge con la monografía de Jouanna 9 en la que se intenta hacer una reconstrucción de la escuela y en la que, partiendo de algunas redacciones paralelas, en especial la que se detecta en la primera parte de Morb. II , el autor aborda un análisis en profundidad de los tratados Morb. I, II, III, Int. y Afecciones (=Aff.) llegando, incluso, a poder ofrecer una cronología relativa de dichos escritos. En opinión de Jouanna hubo una evolución dentro de la escuela a partir de las Sent. Cn . que debió de ser el modelo para los demás tratados: un primer estadio estaría en la doble redacción que se encuentra en los caps. 12 y ss. de Morb. II 10 , a la que seguirían la primera parte de esa misma obra y el tratado Int ., siendo Morb. III, I , y Aff ., en este orden, la etapa más reciente de la escuela. Por su parte y cronológicamente al mismo tiempo, Grensemann 11 hace también un estudio muy importante sobre los tratados cnidios, tratando de reconstruir igualmente la etapa más antigua de la escuela, pero su punto de partida está en el otro grupo grande de escritos cnidios: los ginecológicos 12 . También se ocupa de Morb. II, III , y de Int ., pero no tiene en cuenta ni a Morb. I , ni a Aff .
A partir de los autores hasta ahora mencionados son muchos los estudios de detalle que han ido surgiendo sobre los escritos de la escuela cnidia; sin embargo, lo más llamativo es lo rápidamente que surgieron las voces contrarias a una escuela de Cnido. Es más, fue ya en 1973, antes de publicarse la tesis de Jouanna, cuando por primera vez alguien habló claramente de lo absurdo de la distinción de escuelas en el Corpus . El punto de partida para este nuevo enfoque de la cuestión lo supone W. Smith, que en un importante artículo pone de relieve el hecho de que ni en un solo tratado del Corpus puede encontrarse reflejo de una oposición entre escuelas, y que tampoco hay una rivalidad doctrinal 13 . Inmediatamente se fueron sucediendo los argumentos que apoyaban esta opinión y pronto se dedicó una tesis a esta investigación, la de A. Thivel 14 , quien pone en evidencia que numerosas nociones básicas médicas son comunes a las dos escuelas; que no hay divergencias doctrinales profundas y que lo único que hay son, de una parte, discusiones sobre puntos particulares, y de otra, influencias recíprocas. En su opinión, los tratados cnidios pertenecen a una época más antigua y, por tanto, lo que cabe es hablar de dos períodos, uno reciente y otro más antiguo, al que pertenecerían los tratados Sobre las enfermedades I, II, III y Sobre las afecciones internas . Pueden, por tanto, situarse en la segunda mitad del s. V a. C. Pero, entre tanto, al hilo de estas polémicas en las que se ven envueltos estos cuatro tratados a propósito de una escuela cnidia, actualmente cada vez son más numerosos los estudios que se les van dedicando, habiendo dejado de ser los escritos olvidados del Corpus .
Características generales de los escritos
Un punto de vista interesante desde el que considerar este grupo de escritos lo ofreció en su día Bourgey 15 , quien definió los tres tipos de medicina representados en el Corpus como: a) medicina racional y positiva, la de aquellos tratados más directamente relacionados con Hipócrates, y más conocidos como de la escuela de Cos; b) medicina empírica, la de los escritos relacionados con Cnido, y c) medicina teórica o especulativa, la de aquellos escritos que apoyan sus doctrinas médicas en teorías filosóficas. Los escritos del segundo grupo, e. e., los cnidios, se caracterizarían, según Joly, por «ser esclavos de los hechos, sin intentar jamás sobrepasarlos» 16 . Hoy día es frecuente verlos caracterizados como tratados de carácter técnico-terapéuticos.
Pero veamos los tratados en sí mismos y señalemos los elementos comunes más relevantes en este grupo de escritos. En primer lugar, cabe definirlos como tratados de patología de las enfermedades internas: prácticamente cada uno de los escritos está estructurado en capítulos que se ocupan uno a uno de distintos tipos de enfermedades. Podrían describirse como escritos que hacen nosografía. Según el autor de Acut ., en Sent. Cn . existía la tendencia a subdividir las enfermedades, característica que puede verse reflejada en un escrito como Int ., que describe cuatro enfermedades del riñón, tres tétanos, cuatro ictericias y tres tisis 17 . Por los fragmentos sabemos que el orden de exposición de las enfermedades en la obra canónica, Sent. Cn ., era el conocido como a capite ad calcem , y ese mismo es el orden seguido por los tratados de las Enfermedades : cabeza, pulmones, costados, abdomen, riñón, hígado, bazo, vejiga. A un nivel formal, los tratados llevan una exposición pormenorizada de las enfermedades una a una, y siguiendo un esquema muy preciso: etiología, síntomas, pronóstico, terapéutica. Cada escrito individualmente puede desarrollar más una parte que otra, o puede, incluso, faltar alguna de las partes canónicas o estar en diferente orden, pero ese esquema puede decirse que es bastante representativo de este grupo de escritos. En términos generales la parte pronóstica es mínima, suele reducirse a una vaga apreciación sobre la gravedad de la enfermedad, o sobre su desaparición o sobre posibles recidivas. Sigue en poca importancia la parte dedicada a la etiología que también a veces se resuelve con una simple frase indicando la causa sin más explicaciones o, incluso, puede estar ausente como es el caso de Morb. II 12 ss. o el de Morb. III . La segunda en importancia es la semiología con unas descripciones de síntomas muy esquematizadas. En cuanto a la terapéutica, ocupa sin ninguna duda un lugar preferente por ser claramente la parte con más desarrollo en todos los escritos.
La terapia que presentan nuestros escritos consiste en unas pormenorizadas reglas de tratamiento, aparentemente muy estereotipadas y que no parecen tener siempre en cuenta la individualidad del enfermo descrito y su situación concreta. A este respecto hay también una severa crítica hecha por el autor de Acut . al uso y abuso de las prescripciones de suero, leche y muy especialmente de los purgantes y evacuantes (por arriba, por abajo). En efecto, son muy frecuentes esas prescripciones en nuestros escritos de las Enfermedades , sin embargo la terapia que presentan en su conjunto consiste, sobre todo, en detalladas recomendaciones de dieta alimenticia y régimen de vida en general (paseos, ejercicios, descansos, relaciones sexuales, baños, lavados, etc.). Además de eso, los médicos cnidios practicaban la infusión en el pulmón, y con frecuencia recurrían a las sangrías, las cauterizaciones y las flebotomías. También en la exposición forma se da un esquema bastante fijo: se suele empezar por el tratamiento de medicación, para seguir luego con la dieta. El orden de la dieta es igualmente regular: alimentos (cereales, platos cocinados) y bebidas (vino más o menos aguado, infusiones), paseos y ejercicio físico, baños y, ocasionalmente, exposición al sol, relaciones sexuales, etc. Respecto a la intervención quirúrgica se debe decir que recurrían a ella sólo como remedio alternativo si los anteriores no daban el resultado esperado.
En opinión de Jouanna, la semiología es la parte que constituye el núcleo más fielmente conservado por los tratados derivados de Sent. Cn . y es ella la que más los une: entre los varios tratados se detectan muchas redacciones paralelas en los pasajes dedicados a la exposición del cuadro sintomático 18 . A juicio del autor hipocrático de Acut ., los autores de Sent. Cn . es en la descripción de síntomas en lo que estuvieron más acertados 19 . Estas descripciones son a veces muy detalladas, otras mucho menos, incluso hasta llegar a ser prácticamente una lista enumerativa de síntomas. En aquellos que ofrecen más detalles se suelen encontrar comparaciones del tipo «como cuando un perro jadea en verano ...», «duro como una piedra» o «amarillo como la piel de granada», etc. Formalmente se caracteriza esta parte por iniciarse con el demostrativo singular para referirse al enfermo, por el empleo de las frases cortas enlazadas con kaí y por la ausencia del uso de la primera persona de los verbos de opinión, del tipo egò dè dokéo, nomízo , etc.
La etiología de las enfermedades no es una parte siempre desarrollada en los libros de las Enfermedades 20 , y allí donde aparece —especialmente es Int . el escrito donde más lo hace—, no suele ir acompañada de explicaciones ni razonamientos. En los tratados cnidios, salvo la excepción que supone la primera parte de Morb. I (caps. 1-10), no hay planteamientos teóricos generales sobre cuestiones de medicina. Y verdaderamente esta sí es una gran diferencia con aquel otro grupo de escritos, los de Cos, tan dados a las generalizaciones y al razonamiento de las afirmaciones que hacen. Ello puede significar, y eso lo han señalado muchos autores, que, mientras en los de Cos se ve la personalidad individual del médico que habla, en estos escritos cnidios no hay teorías mantenidas por individuos, sino un fondo de doctrina elaborada en común por miembros de una escuela y probablemente consignada en una obra de base técnica que quizá pudiera ser las Sentencias Cnidias . En términos generales puede decirse de nuestros tratados que es por eso mismo también por lo que muestran una total ausencia de polémica o contestación (aunque haya alguna excepción), y eso al lado de un fuerte dogmatismo. Sin embargo, aunque sin formulación teórica, sí que cabe hablar de doctrinas que subyacen a las distintas etiologías de las enfermedades expuestas en los escritos: la de la influencia de las estaciones, la de la cocción, la de la relación entre alimentación y ejercicio físico, la de los días críticos, etc.; y a este respecto referirse a la teoría humoral es un lugar obligado en los escritos Sobre las Enfermedades . Se afirma que la escuela de Cnido no conocía más que dos humores, bilis y flegma, frente a la de Cos que conocía cuatro, sangre, flegma, bilis negra y bilis amarilla 21 . No obstante, y aunque ese esquema binario supuestamente cnidio, bilis/flegma, se presenta de una manera expresa en Aff. 1 y en Morb. I 2 , cabe notar que, de hecho, en estos mismos escritos se recurre a veces al ikmás , a lo hygrón , a la sangre (que puede transformarse en pus si se sale de sus vasos) e incluso a la bilis negra, para explicar la causa de alguna afección. En realidad los cnidios admitían, como los de Cos, cuatro humores, si bien no por entender que la bilis negra fuera un humor diferente de la bilis amarilla, como así era en Cos, sino por considerar el agua como humor capaz de provocar la enfermedad. De los cuatro, bilis y flegma son ampliamente privilegiados a nivel nosológico 22 ; el agua, en cambio, es de gran neutralidad, aparece poco y se ha dudado en considerarla un humor específico. Por ello es, probablemente, por lo que tan gran predominio de bilis y flegma acabó por ser característico de la escuela cnidia 23 . En cuanto al lugar que ocupa en el esquema expositivo este apartado de la etiología no es el mismo en todos los escritos; mientras que Int . y Morb . I lo dan entre la mención de la enfermedad y la semiología, los demás lo dan después de los síntomas.
En suma, que los cuatro ingredientes de un escrito típicamente cnidio serían por orden de importancia: terapia, síntomas, causas, pronóstico. De ellos el más privilegiado es la terapia, seguido de la semiología. En todo el CH nunca se dan totalmente explícitas las relaciones entre causa > síntomas > cura; eso se dará posteriormente en el período alejandrino, en las discusiones entre médicos empíricos y médicos dogmáticos. Lo que el Corpus refleja es otra situación. De una parte, tratados en los que se da más relevancia a la relación causa > síntomas que son los más positivos y científicos (cf. Pronóstico ), es decir, escuela de Cos. De otra, tratados que reflejan una medicina más pragmática, e. e., la del médico practicante, la de aquellos a los que interesa la relación síntomas> tratamiento por la necesidad de localizar una enfermedad y poder curarla. Esta situación es la que vemos reflejada básicamente en nuestros tratados. La relativa indiferencia mostrada por nuestros médicos cnidios hacia la etiología, y a favor de las muy detalladas terapias, apunta hacia un momento de la medìcina en el que todavía el médico confiaba plenamente en los remedios tradicionales y ya bien experimentados, como parecía serlo el método antiguo de purgación del elemento hostil, principio básico del tratamiento en los escritos cnidios. Indudablemente al irse desarrollando otros sistemas fisiológicos, la etiología tendería a modificar los tratamientos tradicionales e iría encontrando otros métodos terapéuticos. Así se llegó a la medicina dietética. Los mismos cnidios la fueron adoptando a medida que iban teniendo teorías fisiológicas, y eso vamos a verlo más en unos que en otros 24 .
DOLORES LARA NAVA

1 Para las cuestiones generales sobre el Corpus , así como más en concreto para toda la problemática que rodea a la llamada «cuestión hipocrática», remito a la «Introducción general» hecha por C. GARCÍA GUAL en Tratados hipocráticos I , (B.C.G. 63), Madrid, 1983, págs. 9-61.
2 E. LITTRÉ , Oeuvres complètes d’Hippocrate , París, 1839, vol. I, págs. 352 ss.
3 Cf. infra en la «Introducción» al tratado.
4 De hecho un único manuscrito, el M, da la serie completa (I, II, III y IV ).
5 Éste ya traducido en la B.C.G. por J. M. LUCAS en Tratados hipocráticos III , Madrid, 1986, págs. 117-177. Gran parte de la problemática que se refiere a la escuela cnidia y más concretamente a las relaciones de los demás escritos con Aff . puede verse en su «Introducción», págs. 119-139.
6 El fragmento que se ha puesto en relación con Morb. II 68, es el atribuido a Eurifonte y trasmitido por GALENO a propósito de la enfermedad lívida en sus Comm. Epid. VI Hp . 14 en CMG V 10, 2, 2, pág. 55. El médico Eurifonte (V a. C.), probablemente anterior a Hipócrates, es a Cnido lo que Hipócrates es a Cos. Ya desde la Antigüedad pasaba por ser el fundador de la escuela cnidia y el autor de la obra llamada Sentencias Cnidias , cf. GALENO , CMG V 10, 2, 2, pág. 54.
7 J. ILBERG , “Die medizinische Schrift «Über die Siebenzahl» und die Schule von Knidos” en Griechische Studien Hermann Lipsius zum sechsigsten Geburtstag dargebracht , Leipzig, 1894, págs. 22-39; y «Die Aerzteschule von Knidos» en Berichte über Verhandlungen der saechsischen Akad. der Wiss ., Philol.-Hist. Klasse, 76, 3, 1924, 1-26.
8 Ilberg atribuyó a la escuela cnidia, además de Morb. I, II, III e Int ., los tratados Sobre las afecciones, Sobre las semanas y todos los ginecológicos y pediátricos.
9 J. JOUANNA , Hippocrate. Pour une archéologie de l’école de Cnide , París, 1974. Esta obra supone ya un hito en los estudios sobre la escuela cnidia. Anterior a ella es el importante artículo de I. M. LONIE , «The cnidian treatises of the Corpus Hippocraticum» , en CQ 59 (1965), 1-30, en el que se hace un análisis serio de estos escritos y se ponen de relieve algunas de las relaciones existentes entre ellos.
10 El hecho de que los once primeros parágrafos del escrito Morb. II se encontraran repetidos en los capítulos 12-31 de la misma obra había sido ya observado por LITTRÉ (VII 5-6), para el que ello era un exponente de las mutilaciones y desórdenes de todo tipo que había sufrido la colección hipocrática desde época muy antigua, anterior al período alejandrino. Ilberg, por su parte, interpretó que esa segunda redacción, más completa sobre todo en la terapéutica, era posterior a la primera y que ello suponía estar en el verdadero rastro de las Sent. Cn . de las que el autor de Acut ., cap. 1, nos dejó dicho que había ya una reedición a su alcance: hoī syngrápsantes tàs Knidías kaleoménas gnṓmas ... hoī méntoi hýsteron epidiaskeuásantes .
11 H. GRENSEMANN , Knidische Medizin . Teil I: Die Testimonien zur altesten Knidischen Lehre und Analysen Knidischer Schriften im Corpus Hippocraticum , Berlín, 1975.
12 Además de Grensemann, para más bibliografía y un estado de la cuestión de este grupo de escritos, cf. la «Introducción» de J. A. OCHOA en LOURDES SANZ , Tratados hipocráticos IV , Madrid, 1988, págs. 7-41.
13 W. SMITH , «Galen on Coan versus Cnidians», Bull. Hist. Med . 47 (1973), 569-585. El mismo punto de vista decididamente negativo lo mantuvo posteriormente también F. KUDLIEN , Bemerkungen zu W. D. Smith’s these über die Knidische Arzteschule en el Coloquio de Mons, Univ. Mons, 1975, 95-103, quien aportó nuevos elementos.
14 A. THIVEL , Cnide et Cos? Essai sur les doctrines médicales dans la Collection hippocratique , París, 1977. Tampoco para V. di Benedetto tiene razón de ser la distinción entre escuelas, y piensa que, sin negar de ninguna manera la diversidad interna del Corpus , no hay dentro de él una base documental seria que permita hacer esa distinción, cf. V. DI BENEDETTO , «Cos e Cnido», en Hippocratica , París, 1980, págs. 97-111.
15 En Observation et expérience chez les médecins de la Collection hippocratique , París, 1953, págs. 41 y ss.
16 En su Hippocrate. Médecine grecque , París, 1964, pág. 15.
17 El comentario realizado por el autor de Acut . en el cap. 1 a la obra Sentencias Cnidias es uno de los puntales de la argumentación que sostiene la distinción de escuelas dentro del Corpus . El escrito Acut . es tenido como uno de los máximos representantes de la escuela de Cos, sin embargo para un eminente hipocratista, L. EDELSTEIN , cf. Perì aérōn und die Sammlung der hippokratischen Schriften , Berlín, 1931, págs. 154 ss., la aceptación del principio de división en enfermedades por parte del autor de Acut . es un argumento para su afirmación de que este escrito perteneció a la escuela cnidia.
18 Pensemos que precisamente es por la comparación entre los síntomas de la enfermedad llamada lívida, de un fragmento de Eurifonte citado por Galeno, cf. n. 6 de esta Introducción, con los mismos del cap. 68 de Morb. II , por donde empieza el poner en relación todo este grupo de escritos cnidios; cf. JOUANNA , pág. 493 y s.
19 Así lo dice Acut .: hopoîa men páschousin hoi kámnontes en hekástoisi tōn nosemátōn orthôs égrapsan . También a este autor le parecían bien los pronósticos de Sent. Cn.: orthôs égrapsan ... hopoîos énia apébainen , cf. Acut . cap. 1.
20 El hecho de que Morb. II 12 ss. no traiga etiología es, según JOUANNA , índice de su mayor antigüedad respecto al resto de Morb. II y de Int ., cf. págs. 225 ss. Opina este autor que el desarrollo de una etiología fue una innovación de Int .
21 Esta afirmación parte de C. FREDRICH , Hippokratische Untersuchungen , Berlín, 1899, pág. 38, y desde entonces muchos estudiosos la han asumido.
22 Ya antes de Hipócrates, Anaxágoras decía que la bilis era un humor morbífico.
23 Cf. R. JOLY , «Le sistème cnidien des humeurs», en La collection hippocratique et son rôle dans l’histoire de la médecine , Actas del Coloquio de Estrasburgo, Leiden, 1975, págs. 107-127.
24 Las reflexiones más interesantes sobre el tema de la etiología y la teoría fisiológica en los escritos cnidios me han parecido las de I. M. LONIE en el artículo ya citado en la nota 9. Véase también R. BONCOMPAGNI , «Le cause delle malattie in Affezioni Interne», en Stud. Clas. Or . 19-20 (1970-71), 76-84.
SOBRE LAS ENFERMEDADES
I, II y III
(Perì noúson)
SOBRE LAS ENFERMEDADES I
Este tratado es conocido bajo este título desde muy antiguo. R. Wittern, en su exhaustivo y minucioso estudio sobre él que citamos al final, en las páginas LX-LXIII admite la posibilidad de que el glosista Bachio de Tanagra, del s. II a. C., ya lo conociera bajo este título de Enfermedades I .
También desde la antigüedad se discutió si era un título apropiado o no. Galeno, en el s. II después de Cristo, en su Glosario Hipocrático (XLX, 76) dice que el título del tratado es incorrecto y erróneo y propone el de Perì empúon (Sobre los empiemas), que es la enfermedad más ampliamente descrita en la 2.ª parte de la obra. No obstante, continuó siendo conocido por el título de Enfermedades I , lo cual podría inducir al lector a creer que es el primer tratado de una serie en correlación con los otros del mismo título. No es así, sin embargo; estamos ante una obra con entidad propia.
Los 34 capítulos de Enfermedades I , pueden ser divididos en dos partes claramente diferenciadas entre sí.
La primera parte abarca los diez primeros capítulos, que constituyen un interesante apartado, y ofrece una visión amplia y general sobre el arte de la medicina, con consideraciones que ya Littré estimaba válidas para todos los tiempos. En cuanto a su temática, el autor hace reflexiones de carácter general sore la ciencia médica. El primer capítulo tal vez suscite la esperanza en los lectores de que va a establecer las bases para una discusión sofística en defensa de unos argumentos, pero lo cierto es que el resto del tratado no sigue en esa línea. En el 2.° capítulo reflexiona sobre las causas de las enfermedades; en el 3.°, sobre las consecuencias que éstas producen en los pacientes; en el 4.°, sobre las secuelas que dejan; en el 5.°, sobre la oportunidad e inoportunidad en su tratamiento; en el 6.°, sobre los aciertos y fallos de los médicos; en el 7.°, sobre lo que les ocurre espontáneamente a los enfermos, sin el concurso del médico; en el 8.° se trata del papel que juega el azar en el tratamiento de las enfermedades; en el 9.°, de la improvisación, y en el 10.°, de la habilidad manual de los médicos.
Tras una abrupta transición empieza en el cap. 11 la 2.ª parte, que tiene unos objetivos distintos y a la que podemos calificar de técnica. Describe enfermedades particulares, sus causas y, en parte, sus síntomas. Del capítulo 11 al 15 inclusive trata de los empiemas de pulmón, en el capítulo 17 trata del empiema de la cavidad inferior, y el capítulo 21, de empiemas producidos por heridas, con carácter general. En el capítulo 18 trata de la erisipela en el pulmón. Los capítulos 19 y 20 tratan de tumores. Los capítulos 16 y 22 tratan temas generales y no enfermedades concretas. El capítulo 23 trata de la fiebre; el 24, del escalofrío y sus causas; el 25, del sudor y sus causas. Del capítulo 26 al final se tratan las siguientes enfermedades agudas: pleuritis, perineumonía, causón y frenitis.
En cuanto al asunto de la unidad entre las dos partes del tratado ha sido objeto de debate a lo largo del tiempo por los especialistas. F. Z. ERMERINS en Hippocratis et aliorum medicorum veterum reliquiae , Trajecti al Rhenum, 1859, 1864, págs. LV-XXI, considera que la primera parte era el añadido de un sofista, por tanto negaba la unidad de la obra. También lo niega Fuchs (II, 377). En cambio Littré, Wittern (ob. cit ., pág. LXXI ss.) y J. Jouanna (Hippocrate. Pour une archéologie de l’école de Cnide , París, 1974, págs. 306-360), admiten un solo autor del tratado a pesar de las diferencias de las partes.
En lo que se refiere a la adscripción de este tratado a una determinada escuela, no parece tarea fácil y ha sido también muy estudiado y discutido. Si atendemos al tono del pensamiento, está ligado a las concepciones de la Escuela de Cos. Pero también parece evidente que la 2.ª parte depende de las Sentencias Cnidias , al igual que los demás escritos cnidios de este volumen, si bien en menor medida que ellos. Esta es la tesis de Jouanna en la obra y páginas citadas. Esto nos da pie a concluir que el horizonte cultural de los médicos cnidios era muy amplio, que tomaban temas del pensamiento coico y que participaban de la experiencia sofística.
Observamos el siguiente esquema de exposición de las enfermedades: al principio y brevemente presentación de la misma a la que sigue la parte esencial: la etiología. Es tan importante en este tratado la parte etiológica y explicativa que integra en ella la descripción de la enfermedad. A menudo siguen unas indicaciones sobre el pronóstico que también están impregnadas de etiología. Con ello se da fin al capítulo y por tanto está ausente la terapéutica (salvo algún consejo aislado como en los capítulos 14, 19 y 28).
Podemos hacer dos observaciones en cuanto a la composición, una es que algunos capítulos de la segunda parte y, especialmente, los capítulos 16 y 22 completos tienen digresiones de carácter general más cercanas a los argumentos de la primera parte y sin correspondencia en otros tratados. La otra es que el autor, en lugar de englobar en un todo seguido los aspectos diferentes de una misma enfermedad, a partir del capítulo 26 describe primero las enfermedades y luego vuelve sobre cada una de ellas en el mismo orden para expresar las causas de la muerte.
Este tratado se aparta de los otros escritos cnidios en que no sigue claramente el principio a capite ad calcem , más que en los capítulos que tratan de los empiemas.
En cuanto al estilo, la redacción es cuidada y clara. Utiliza conjunciones como nexo de unión entre oraciones, hecho que también encontramos en Enfermedades III , pero no en los demás tratados cnidios donde se utiliza la yuxtaposición.
La edición que he seguido para la traducción es la de R. WITTERN , Die hippokratische Schrift. De morbis I. Ausgabe, Uebersetzung und Erläuterungen , Hildesheim-Nueva York, 1974.

En lo que se refiere al ejercicio de la medicina, aquel [1 ] que quiera interrogar rectamente y responder cuando sea interrogado y replicar con acierto 1 , debe tomar en consideración lo siguiente: en primer lugar de dónde les vienen todas las enfermedades a los hombres; a continuación (debe saber) qué clase de enfermedades —cuando se presentan— son por imperativo propio largas o cortas, mortales o no mortales, o si dejan una parte del cuerpo mutilado o no; y cuáles —cuando sobrevienen— no dan seguridad de si pueden resultar males o bienes de ellas; y qué clase de enfermedades en qué otras se transforman; y qué cosas practican con éxito los médicos en el tratamiento de los enfermos y qué de bueno o de malo experimentan los enfermos en sus dolencias; y qué cosas, por conjetura, son dichas o puestas en práctica por el médico en relación con el enfermo o bien por el enfermo en relación con el médico; qué cosas se hacen y dicen con precisión en nuestra disciplina y las que son correctas en ella y las que no lo son; y lo que es principio, fin, mitad 2 o cualquier otro concepto semejante establecido cuya existencia en este arte se puede asegurar o no; y lo pequeño y lo importante, lo que abunda y lo escaso; y lo que en medicina es todo y lo que es uno 3 ; y lo que es factible tenerlo en cuenta, comentarlo, observarlo y llevarlo a la práctica; y lo que no lo es, ni tenerlo en cuenta, ni comentarlo, ni observarlo, ni llevarlo a la práctica.
(Debe considerar también) lo que en medicina es la habilidad y la falta de habilidad y lo que es la oportunidad y la inoportunidad y, en lo que se refiere a las otras artes, a cuáles se parece y a cuáles no se parece en nada.
Y respecto al cuerpo, (que considere) lo que es frío o caliente, fuerte o débil, compacto o suelto, húmedo o seco y cúantas cosas de mucho se convierten en poco, sea para peor, sea para mejor; y lo que pasa de buena o mala manera o lenta o rápidamente o apropiada o no apropiadamente; y también qué mal, cuando se ha producido como consecuencia de otro, es causa de un bien y qué mal surge forzosamente a continuación de otro mal.
Estos son los puntos que, bien pensados, se deben observar con atención en las conversaciones profesionales. A quien cometa equivocación al hablar, al preguntar o contestar, tanto si dice que es de poca importancia lo que es de mucha o que es pequeño lo que es grande, como si dice que es realizable lo que es irrealizable o cualquier otra equivocación en sus palabras, es preciso refutarle en la correspondiente contestación observando mis indicaciones.
Todas nuestras enfermedades se originan a partir de la [2 ] bilis y del flegma en cuanto a las causas internas 4 , y en cuanto a las causas externas, por las fatigas, las heridas, el excesivo calor y el excesivo frío 5 .
La bilis y el flegma nacen juntamente con las personas y existen permanentemente en el cuerpo en mayor o menor medida 6 . Pero provocan las enfermedades, que resultan unas, de los alimentos y bebidas y otras, del exceso de calor y de frío.
[3 ] Cada vez que se producen, éstas son forzosamente las consecuencias de que se produzcan 7 : en el caso de las heridas, quedan cojos los que las han recibido en tendones 8 gruesos y en las cabezas de los músculos, principalmente en las de los muslos 9 . La muerte se presenta si uno es herido en el cerebro o en la médula espinal, en el vientre 10 o en el hígado, en el diafragma o en la vejiga, en una vena por la que corre sangre 11 o en el corazón. No se llegan a morir si uno está herido en sitios en los que no se encuentran estas partes del cuerpo o están muy lejos de ellas.
De las enfermedades es forzoso que produzcan la muerte, cuando se presentan, las siguientes: tisis 12 , hidropesía bajo la carne 13 ; cuando una perineumonía 14 o causón 15 atacan a una mujer embarazada o cuando se le presenta una pleuritis 16 o «frenitis» 17 o una erisipela 18 en el útero.
Son dudosas en cuanto al desenlace, si producen la muerte o no, las siguientes enfermedades: perineumonía, causón, pleuritis, «frenitis», amigdalitis 19 , inflamación de la úvula 20 , esplenitis 21 , nefritis, hepatitis, disentería y en la mujer el flujo de sangre.
Las enfermedades que vienen a continuación no son mortales, si no sufren alguna complicación: dolores articulares 22 , melancolía 23 , podagra 24 , ciática 25 , tenesmo 26 , fiebres cuartanas, tercianas 27 , estranguria 28 , oftalmía, artritis, lepra 29 y liquen 30 .
Pero quedan mutilados por ellas: impedidos 31 de pies y de manos, incapaces de emitir sonidos y paralizados por causa de la bilis negra; cojos por causa de las coxalgias; con la vista y el oído dañados por causa de la solidificación del flegma.
Inevitablemente han de ser de larga duración las siguientes enfermedades: un tipo de tisis 32 , disentería, podagra, dolores articulares, leucoflegmasía 33 , ciática, estranguria, nefritis en las personas de edad, flujo de sangre en las mujeres, hemorroides y fístulas.
Causón, «frenitis», perineumonía, amigdalitis, inflamación de la úvula y pleuritis hacen pronto crisis.
Las siguientes enfermedades degeneran: de pleuritis a causón y de «frenitis» a perineumonía. En cambio de la perineumonía no podría resultar causón. El tenesmo va a dar en disentería y de la disentería sobreviene la lientería 34 . A su vez, de la lientería se llega a la hidropesía, a la que también se llega a partir de la leucoflegmasía, así como de la esplenitis. De la perineumonía y de la pleuritis se aboca a empiema 35 pulmonar.
Es inevitable que sobrevengan las siguientes secuelas como [4 ] consecuencia de otros males, a saber: si se tiene un escalofrío, le aparece fiebre; si se rompe un nervio (n. 8), es seguro que no se vuelve a unir y además se produce una fuerte inflamación; si es el cerebro el conmocionado y se daña al ser golpeado, es inevitable que al punto se quede sin voz, y no vea, ni oiga 36 ; si resulta herido, es inevitable que le sobrevenga fiebre y vómito de bilis y que quede paralizado en alguna parte del cuerpo y que muera 37 . En el caso de que el epiplon 38 salga hacia afuera, es forzoso que, desprendido, se pudra 39 . Y si se vierte sangre en el pecho procedente de una herida o de una vena, aquélla necesariamente se convierte en pus.
[5 ] Los momentos oportunos, por decirlo de una sola vez, son en esta disciplina muchos y variados, lo mismo que las enfermedades y padecimientos y sus correspondientes tratamientos.
Hay momentos oportunos, los más agudos son aquellos en los que se debe prestar alguna ayuda a los que están sin conocimiento o a los que no pueden orinar o defecar o a los que se ahogan; o bien se debe asistir a una mujer que está pariendo o que está abortando o en otros casos semejantes. Estos son los momentos oportunos agudos y no sirven (si la ayuda viene) un poco más tarde, pues la mayoría mueren al poco tiempo. Sin embargo, la oportunidad existe cuando la persona experimenta alguna de esta situaciones: la ayuda que se le pueda prestar antes de abandonar el alma, se le habrá prestado con oportunidad. Este momento oportuno se da más o menos también en otras enfermedades; en efecto, siempre que alguien presta una ayuda, se ha prestado oportunamente.
Hay algunas enfermedades y heridas que no conducen a la muerte, pero son de consideración 40 y en ellas hacen presencia los dolores 41 , y, si uno aplica rectamente los cuidados, son susceptibles de curarse, pero a éstas no les son definitivas las ayudas prestadas por el médico cuando se las presten, ya que, aun no estando presente el médico hubieran cesado igualmente.
Existe otro tipo de enfermedades en las que la oportunidad está en ser tratadas al comienzo del día, no importa si muy temprano o un poco después. Hay otras enfermedades en las que la oportunidad está en ser tratadas una vez al día, pero no hace al caso en qué momento de él; otras en que cada tres o cuatro días; otras en que una vez al mes y otras cada tres meses (es indiferente si al comienzo o al final del tercero). Tales son los momentos oportunos en algunas enfermedades y no requieren ninguna otra precisión más que ésta.
La inoportunidad se refleja en los casos siguientes: cuando lo que debe ser tratado por la mañana temprano, se trata al mediodía, se está tratando inoportunamente. Es a destiempo porque, a causa de no haberse tratado en su momento, (la enfermedad) toma fuerza para un empeoramiento. Las cosas que (deben ser tratadas) inmediatamente, si se tratan al mediodía o por la tarde o por la noche, están tratadas a destiempo. Igualmente, si requieren ser tratadas en primavera, pero se hace en invierno, o si lo requieren en invierno y se tratan en verano; o si se retrasa lo que es preciso tratar enseguida, o bien si se trata enseguida lo que se debe retrasar, en todos los casos se está tratando con inoportunidad.
En nuestra disciplina se actúa correcta o incorrectamente [6 ] en los siguientes casos: no es correcto que, tratándose de una enfermedad se diga que es otra; que siendo de importancia, se diga que es leve; que siendo leve, se diga que es importante; si un enfermo va a sobrevivir, afirmar que no sobrevivirá, y si va a morir decir que no morirá; no reconocer que uno tiene un empiema o no reconocer cuándo una enfermedad importante se está desarrollando en el cuerpo; y si se requiere un medicamento, no conocer cuál es el que se necesita; y no curar del todo lo que es posible y en cambio lo que es imposible, decir que se curará completamente.
Por tanto en esos casos se falla en el terreno del conocimiento teórico, pero también hay fallos de habilidad manual 42 en los casos siguientes: no reconocer que existe pus en una herida o en un absceso y no reconocer las roturas y luxaciones; no reconocer, aun explorando con una sonda en la cabeza 43 , si el hueso está roto ni, en el intento de meter una sonda en la vejiga, lograrlo con éxito. Y no reconocer si hay una piedra en la vejiga, ni reconocer la existencia de pus al sacudir 44 ; y en quedarse corto en profundidad o en extensión al sajar o cauterizar, y también en cauterizar y sajar lo que no es necesario. Estas son manifestaciones de errores.
En cuanto a los logros está el reconocer las enfermedades no sólo cuáles son sino también de dónde proceden, así como las que son largas y las que son cortas, las que son mortales y las no mortales, las que se transforman en otras, las que son progresivas o las que se atenúan, las que son de importancia y las que no la tienen; además (es un logro) curar las enfermedades curables con un tratamiento y saber las que no son curables, por qué no son curables y prestar ayuda, a base de cuidados, a los que las sufren valiéndose de un tratamiento que conduzca a la curación.
En cuanto a la aplicación de remedios a los que están enfermos, es necesario observar del siguiente modo lo que está bien y lo que no: si uno humedece lo que hay que secar o seca lo que es preciso humedecer, o bien en los casos en que es necesario engordar, no suministrar aquello con lo que necesariamente se engorda, o en los casos en los que es preciso adelgazar, no adelgazarle; o lo que se debe enfriar, no enfriarlo; o lo que hay que calentar, no calentarlo; o lo que debe dejarse pudrir 45 , no dejarlo y de la misma manera el resto de las cosas.
Lo que les ocurre a los hombres espontáneamente durante [7 ] las enfermedades, tanto bueno como malo, es lo siguiente: cuando se está febril y con bilis; si la bilis está esparcida hacia afuera, es bueno, pues al estar desparramada y esparcida bajo la piel no sólo es más fácil soportar para el que lo padece, sino también más fácil de tratar para el médico. Sin embargo, si tras estar desparramada y esparcida, se adhiere a una sola parte del cuerpo, sea cual sea, es malo.
Que se le altere el vientre al que padece una pleuritis o una perineumonía o al que tiene un empiema, es malo 46 . El estreñimiento en el que está con fiebre o está herido es malo. En el caso del hidrópico y del que padece esplenitis y del que tiene leucoflegmasia 47 , es bueno, en cambio, que tenga muy suelto el vientre.
Es malo que una erisipela, extendida por fuera, pase al interior; por el contrario, si está extendida por dentro es bueno que salga fuera 48 . Para el que tiene una fuerte diarrea es bueno que se le produzca un vómito por arriba 49 . Para la mujer que vomita sangre, la irrupción de la menstruación es buena 50 ; para la que padece a causa del flujo, es bueno que se le desvíe a la nariz o a la boca. Para la mujer que, a consecuencia de un parto, está afectada por un espasmo 51 , es bueno que sobrevenga fiebre. Asimismo es bueno que se presente fiebre cuando se tiene tétanos y espasmo 52 .
Suceden o no suceden tales hechos no por ignorancia o por sabiduría de los médicos, sino de modo espontáneo y por casualidad; y una vez sucedidos, benefician o perjudican; y si no han sucedido, benefician o perjudican, por la misma razón.
Por azar ocasionan los médicos en su tratamiento los [8 ] siguientes beneficios: cuando administran un purgante para arriba, limpian perfectamente por arriba y por abajo. Y cuando administran a una mujer un purgante de bilis o de flegma para abajo, provocan reglas que no se producían. Y al dar un purgante para abajo a quien tienen un bazo purulento, para limpiarlo de bilis y de flegma, le purifican por abajo del pus procedente del bazo y le liberan de la enfermedad.
Y cuando dan un purgante a quien padece una litiasis, hacen avanzar la piedra, por la fuerza del purgante, hacia la uretra de modo que se expulsa al orinar.
Y al que tiene pus en un absceso en la cavidad torácica, si, no sabiendo que lo tiene, le han dado un purgante para arriba que le purifica del flegma, a consecuencia de ello vomita el pus y se cura. Y cuando tratan a uno que, por causa de un purgante, vomita en exceso, al movérsele el vientre de forma espontánea, le curan del vómito.
Al contrario, pueden causar por mala suerte los siguientes perjuicios: al administrar para arriba un purgante de bilis y flegma, producen la rotura de una vena en el pecho por efecto del vómito y, a pesar de no tener antes ningún dolor perceptible en el pecho, se origina así una enfermedad.
Y si a una mujer embarazada se le da un purgante para arriba, al movérsele el vientre, eso le produce un aborto 53 . Al tratar a uno que padece un empiema, por desatarle el vientre se le puede matar. Si al tratar unos ojos y al aplicarles un ungüento, sobrevienen dolores más agudos, puede suceder que se desgarren los ojos y se queden ciegos y acusen al médico porque hizo tal aplicación. Y si a una mujer que está pariendo, el médico le administra algún remedio para el dolor de tripa y le va mal o incluso muere, el médico es culpable.
En suma que cuantas desgracias sobrevienen necesariamente en el transcurso de enfermedades y heridas a resultas de otras desgracias, se las imputan al médico, una vez sobrevenidas, y no se dan cuenta de la necesidad de que inevitablemente sobrevengan.
Y si (el médico) visita a alguien que tiene fiebre o que tiene una herida y, tras prescribirle algo, no le alivia enseguida, sino que al día siguiente se encuentra peor, inculpan al médico. Pero si le ayuda, no le alaban en la misma proporción, pues creen que eso es lo que le tenía que pasar.
Que las heridas se inflaman y que existen enfermedades en las que se producen dolores, no creen que estas cosas les tengan que suceder a ellos ni que otras semejantes deban sucederles; a saber, que un tendón (n. 8), si se ha partido, no vuelva a unirse, ni tampoco la vejiga, ni un intestino —siempre que se trate del delgado—, ni una vena por la que circule sangre (n. 11) ni la parte fina de la mejilla, ni la piel de los genitales 54 .
[9 ] No existe un principio demostrado del tratamiento médico que con razón sea principio de la disciplina en su conjunto; ni tampoco un segundo punto, ni un medio, ni un final. Más bien comenzamos nuestro oficio unas veces hablando, otras actuando y terminamos de la misma manera. Ni cuando hablamos empezamos con las mismas palabras, ni siquiera si nos referimos a lo mismo, y no terminamos con las mismas palabras.
Y cuando actuamos pasa lo mismo: ni empezamos con las mismas acciones, ni tampoco terminamos en lo mismo.
La destreza de la mano se muestra en lo siguiente: [10 ] cuando uno saja o cauteriza sin cortar o quemar nervio ni vena alguna; y si cauteriza un empiema, acertar al pus y al sajarlo que suceda lo mismo; y componer bien las fracturas; y restituir con éxito a su sitio natural la parte del cuerpo que se haya salido de él; y encajar con fuerza lo que sea preciso y, al asirlo, oprimir lo necesario, y (lo que deba ser cogido) con suavidad, cogerlo y, una vez asido, no oprimir; en la colocación de una venda oblicuamente, no hacerlo en línea recta, ni oprimir lo que no se debe; y al palpar la parte que se palpe, no ocasionar un dolor innecesario.
En esto consiste la destreza de la mano. Mientras que el hecho de coger con los dedos en posición elegante o con buena o mala forma, o con dedos largos o cortos, o el hecho de hacer un bonito vendaje o vendajes de todas clases, no se tiene en cuenta en medicina en lo que se refiere a habilidad de la mano sino que es cosa aparte 55 .
[11 ] Cuantos tienen un empiema en el pulmón, o en el pecho o en el vientre, o cuantos tienen abscesos sea en la cavidad del pecho, sea en la del vientre, sea en el pulmón, o cuantos tienen heridas en su interior o cuantos vomitan o expectoran sangre, o cuantos tienen algún dolor sea en el pecho, sea en la parte de detrás 56 , tienen todas estas afecciones debido unas —las que radican en el cuerpo— a la bilis y al flegma; otras, las del exterior, debido al aire al mezclarse con el calor natural y especialmente debido a fatigas y heridas 57 .
[12 ] Cuantos tienen un empiema en el pulmón, lo tienen por las siguientes causas: si alguien afectado por una perineumonía, no se queda purificado en los días críticos sino que quedan en el pulmón pus y flegma, se le convierte en empiema.
Y si rápidamente se le aplica un tratamiento, escapa a la enfermedad las más de las veces. Pero si se despreocupa, muere, y muere por lo siguiente: cuando el flegma se enquista en el pulmón y se pudre, el pulmón se ulcera y se llena de pus y ya ni atrae hacia sí ninguna parte apreciable de alimento, ni se purifica de nada procedente de él mismo por arriba, sino que (el enfermo) se ahoga y respira cada vez peor y resuella al respirar y respira, en consecuencia, por la parte alta del pecho; finalmente es obstruido por la materia expectorable 58 , y muere.
Se produce un empiema si desde la cabeza fluye flegma [13 ] hacia el pulmón. Al principio no se percibe el descenso en la mayoría de los casos; ocasiona una ligera tos; la saliva es un poco más amarga 59 de lo que acostumbra y algunas veces se produce una ligera fiebre. Pero cuando pasa el tiempo, el pulmón se pone áspero y se ulcera en el interior por el flegma que se enquista en él y que se pudre dentro, y no sólo se ocasiona pesadez en el pecho sino también un agudo dolor, tanto por delante como por detrás, y el cuerpo está sometido a calores muy fuertes. El pulmón, por efecto de la calentura, atrae hacia sí el flegma del cuerpo en su totalidad y principalmente de la cabeza; la cabeza, por su parte, una vez caliente, (atrae) el del cuerpo; cuando (el flegma) se ha corrompido, (el enfermo) expectora más espeso. A medida que el tiempo transcurre, lo que expectora es puro pus y las fiebres son cada vez más altas y la tos es continuada y fuerte y la falta de alimento le debilita. Finalmente el vientre se descompone, y se descompone por causa del flegma. Pues el flegma desciende de la cabeza.
El enfermo, cuando llega a esta situación, muere y ciertamente muere, como se ha dicho en las líneas precedentes, por haberse convertido el pulmón en algo supurante y putrefacto o porque el vientre se le ha descompuesto.
[14 ] En el pulmón se forma un empiema también por las siguientes causas: cuando alguna de las venitas que pasan por él se rompe —se puede romper por esfuerzos-, y cuando se rompe, la venita suelta sangre, más cantidad si es más gruesa y menos si es más delgada. Arroja enseguida una parte de la sangre pero la otra, a no ser que la vena se comprima, se derrama en el pulmón y en él se corrompe. Y cuando se ha corrompido, el enfermo arroja pus que, en el trascurso del tiempo, unas veces es pus puro, otras veces pus mezclado con sangre y otras veces es sangre. Y si la venita está demasiado llena, tira su propio excedente de sangre completamente, mientras que es arrojado el pus espeso por efecto del flegma que se ha acumulado y se ha podrido.
Este enfermo, si es atendido al comienzo de la enfermedad antes de que por la vena circule sangre en cantidad (n. 11) o se afloje 60 mucho y antes de que él se haya debilitado y necesite guardar cama, y antes de que la cabeza empieze a consumirse y el resto del cuerpo a agotarse, queda sano 61 . Pero si no es atendido y se ve afectado por estos síntomas, de manera que padece todos o la mayoría de ellos, entonces muere. Y muere éste o por las mismas causas que he nombrado anteriormente o por un abundante vómito de sangre muchas veces repetido.
Si la venita no se rompe por completo y lo que se produce en ella es una convulsión 62 , se origina la mayor parte de las veces una especie de variz 63 que enseguida, cuando se ha formado, ocasiona un dolor ligero y una tos seca. Pero si dura tiempo y no se ha atendido, suelta sangre, primero en poca cantidad y negruzca, pero después más abundante y más pura, y sufre entonces el enfermo los síntomas que ya se han dicho anteriormente.
A este tipo de enfermos, siempre que se les tome desde el principio para tratarlos, conviene abrirles las venas de los brazos y darles una dieta por la que se queden lo más secos y exangües posible.
Esto mismo les acontecerá también a las venitas del costado, las que en el interior están rozando la superficie. Pues ciertamente, cuando ellas sufren, se vuelven varicosas y salientes en su interior. Y si uno se despreocupa, padece lo siguiente: estallan, arrojan sangre de ellas y algunas veces incluso la vomitan y se les convierte en un empiema y las más de las veces sucumben, precisamente por eso. Pero si son tratados desde el principio de la enfermedad, de nuevo las venas se ponen en su sitio y vuelven a estar lisas.
Por esas causas se forma un empiema en el pulmón y tienen padecimientos como consecuencia de él y de este modo mueren.
[15 ] El empiema se forma en la cavidad torácica de diversas maneras: en efecto, cuando se desliza el flegma en cantidad abundante desde la cabeza hasta la cavidad torácica, se pudre y se convierte en pus. Se pudre cuando está expandido sobre el diafragma y tarda en pudrirse veintidós días más o menos. En ese caso se practica la sucusión y el pus produce un ruido de chapoteo (n. 44) al venir a adherirse a las paredes del pecho. Cuando (el enfermo) es cauterizado o se le practica un corte antes de que el pus envejezca, queda sano la mayor parte de las veces.
Se produce también un empiema en la cavidad torácica como consecuencia de pleuritis cuando ésta es fuerte y cuando ni se pudre ni se expectora en los días críticos, sino que el costado se ulcera por causa del flegma y la bilis que se han fijado en él. También cuando se produce una úlcera, se desprende de ella pus y, por efecto del calor atrae hacia sí el flegma de los lugares de su entorno; y cuando ése se pudre, es expectorado como pus. A veces también desde las venitas brota sangre hacia la herida y una vez corrompida se convierte en pus. Si este enfermo recibe enseguida tratamiento, sana la mayor parte de las veces, pero si no es atendido, muere.
También se produce un empiema si se fija en el costado y se pudre flegma que fluye desde la cabeza. En efecto, entonces el costado generalmente se calienta y el enfermo experimenta lo mismo que cuando tiene un empiema como consecuencia de una pleuritis.
Asimismo se origina (el empiema) cuando a causa de un esfuerzo físico o de resultas de la gimnasia o de alguna otra manera se produce una rotura 64 o por delante o por detrás, y ésta se produce de forma que no se arroja sangre enseguida, sino que tiene lugar en la carne una distensión (n. 62) y la carne convulsionada atrae hacia sí un poco de líquido y se pone amoratada; de momento (el paciente) no se da cuenta de lo que le pasa porque tiene vigor y buena salud e incluso, si se apercibe, no le da importancia. Pero, cuando le ocurre que adelgaza, atacado por fiebres o por las bebidas o por relación carnal o por algún otro motivo, la carne afectada se deseca ligeramente y se calienta, atrae hacia ella el líquido procedente de las venas y carnes de su alrededor. Y a medida que lo atrae, se va hinchando e inflamando; al principio ocasiona un ligero dolor y una tos débil y seca; después a medida que lo atrae más hacia sí, da lugar a un dolor más fuerte y a una tos más seguida. Y expectora primero con aspecto purulento, algunas veces también negruzco y sanguinolento. Y en tanto que el tiempo transcurre, lo atrae hacia sí más y más, y se corrompe. Y la parte de la carne misma, que al principio se había amoratado, se convierte toda ella en una llaga y provoca un fuerte dolor, fiebre, abundante y frecuente tos; el paciente expectora una sustancia que es puro pus. Y si el pus se mantiene mucho tiempo en la cavidad, todo el cuerpo es calentado por él, principalmente las partes más cercanas. Una vez que el cuerpo está caliente, la humedad se evapora: una parte de ella afluye desde arriba, sobre todo a la cavidad superior, y se convierte en pus, además del que ya existía; la otra parte fluye a la cavidad inferior y algunas veces el vientre se altera por su causa y por ello ocasiona la muerte de la persona.
En efecto, los alimentos que entran al cuerpo, pasan sin ser digeridos 65 y por tanto el cuerpo no se aprovecha de ellos. La purificación de la parte alta por el esputo no es fácil porque la cavidad abdominal está caliente y arrastra todo hacia sí para abajo. El enfermo se ahoga por efecto de la materia expectorable y respira con dificultad por no estar purgado, además está muy débil por la diarrea y las más de las veces sucumbe.
En esta clase de enfermedades es sobre todo la cabeza la que propicia este flujo porque es cóncava y está situada en lo alto 66 ; pues cuando (la cabeza) se calienta por causa de la cavidad abdominal, atrae hacia sí procedente del cuerpo la parte más fina del flegma; y una vez que se ha agrupado en ella, la suelta de nuevo, en cantidad y espesa y, como ha sido dicho, una parte desciende hacia la cavidad torácica y la otra hacia la abdominal. Así pues, tan pronto como la cabeza empieza a manar y el resto del cuerpo a consumirse, (los enfermos) ya no sobreviven fácilmente, ni aunque hayan sido cauterizados. En efecto, las sustancias malignas que llegan con el pus prevalecen sobre las que se desprenden, al tiempo que las carnes son corrompidas por las sustancias malignas más que alimentadas (por los alimentos) que les entran.
De los que sobrellevan enfermedades de las mismas características [16 ] y producidas por estas causas, algunos perecen en poco tiempo, otros arrastran la enfermedad mucho tiempo. Pues un cuerpo es diferente de otro y una edad de otra y un padecimiento de otro 67 [y una estación de otra, en la que se está enfermo] 68 . Y unos son más sufridos en sus enfermedades mientras que otros son totalmente incapaces de soportar cualquier sufrimiento.
Y por tanto no es posible saber con precisión ni acertar al decir el período de tiempo en el que morirán si será mucho o si poco; pues este tiempo la mayoría de las veces no tiene la precisión que algunos dicen y ni siquiera se cumple esto mismo, ya que también difiere un año de otro y una estación de otra. Pero si uno quiere tener acerca de ellos unos conocimientos exactos y una exposición acertada, tendrá que saber que en toda estación mueren, se salvan y padecen lo que tienen que padecer 69 .
Se produce un empiema en la cavidad inferior, sobre [17 ] todo cuando flegma o bilis se concentran en abundancia entre la carne y la piel; también se origina por distensiones 70 ; y cuando una pequeña vena distendida revienta, la sangre expandida se pudre y se convierte en pus; pero si la carne se convulsiona o sufre una contusión, atrae hacia sí sangre de las venitas de su entorno y ésta se pudre y se convierte en pus.
Si se nota por fuera y el pus sale, sanan estos enfermos. Pero si revienta espontáneamente en el interior, mueren.
El pus que se ha esparcido no podría desarrollarse en la cavidad abdominal, como he dicho que se desarrolla en la torácica, antes bien, como he expuesto, se desarrolla en membranas y en abscesos. Y si da señales en el interior, es difícil reconocerlo, pues no es posible hacerlo practicando la sucusión (n. 44). Se reconoce principalmente por el dolor, allí donde esté, y, si se aplica un fomento con arcilla o con algún otro procedimiento semejante, se seca en poco tiempo.
[18 ] La erisipela 71 se forma en el pulmón cuando éste se deseca en exceso. Se produce tal sequedad por el calor, por fiebres, por fatiga y por incontinencia. Y cuando está así desecado, atrae la sangre hacia sí, sobre todo y en mayor medida, de las venas grandes, pues éstas están más cerca y apoyadas sobre él. Pero también atrae la de las demás que están en su entorno y la parte más tenue y más débil 72 .
Una vez que ha sido atraída, provoca, en consecuencia, una fiebre aguda, tos seca, plétora en el pecho y un dolor intenso por delante y por detrás, pero sobre todo a lo largo de la espina dorsal, puesto que las venas grandes están calientes. Y se les producen vómitos, unas veces sanguinolentos, otras lívidos; vomitan también flegma y bilis y sufren frecuentes desfallecimientos, pero los sufren por causa del desplazamiento de la sangre repentinamente producido 73 . Principalmente se dan estos signos cuando en el pulmón se produce una erisipela y la presencia de la fiebre es continua.
Cuando en este (enfermo), en el plazo de dos, tres o a lo sumo cuatro días, tiene lugar una dispersión y una metástasis del interior al exterior, sana la mayor parte de las veces. Pero si no se produce la dispersión y el desplazamiento, se pudre dentro y se forma un empiema y muere; y muere al poco tiempo porque el pulmón está lleno por completo de pus y pútrido. Y si, ya extendida por fuera, la erisipela se torna al interior y alcanza al pulmón, ninguna esperanza habrá de que este enfermo se cure; pues, cuando el pulmón, que ya estaba seco de antemano, la atrae hacia sí 74 , no se podría producir un desplazamiento sino que debido al calor y a la desecación, no recibe desde ese instante nada y no se descarga de nada por arriba, y precisamente por esto sucumbe.
[19 ] Un tumor 75 se forma en el pulmón de la siguiente manera: cuando se acumulan flegma o bilis, se pudren y, mientras aún están bastante crudos, ocasionan un ligero dolor y una tos seca. Cuando están maduros, en cambio, sobreviene un dolor agudo por delante y por detrás y se ven afectados de calenturas y de fuerte tos.
Y si madura y estalla muy pronto y el pus se abre paso hacia arriba, es expectorado por completo y la cavidad en la que estaba el pus se deshace y se seca, (el enfermo) sana por completo.
En el caso de que estalle muy pronto y que madure y se purifique por arriba, pero no pueda secarse (la cavidad) por completo sino que el tumor mismo suelte su propio pus 76 y el flegma, fluyendo desde la cabeza y desde el resto del cuerpo hacia el tumor, no sólo se pudra, sino que también se convierta en pus y se expectore, en este caso está perdido; y muere por tener el vientre suelto o por las causas que he expuesto antes. Mientras él sigue conversando y razonando en todos los asuntos igual que antes, se deseca y expira y se le cierran todas las venitas de su cuerpo porque la sangre que hay en ellas ha sido consumida por las fiebres y en ocasiones también por la larga duración del tiempo y por la gravedad de la enfermedad, también por los males inherentes a la enfermedad y por los que acaban añadiéndose a ellos.
Si durante mucho tiempo no puede producirse el estallido ni espontáneamente ni por medio de purgantes, el enfermo, debilitado, se consume por los fuertes dolores, por la falta de la alimentación, por la tos y por las fiebres, y la mayor parte de las veces muere.
Si el pus estalla cuando el enfermo está ya debilitado y encamado, ni aun así se repone, antes bien, perece del mismo modo.
Si estalla y madura muy pronto y, una vez maduro, se expande en su mayor parte por el diafragma, parece encontrarse mejor enseguida. Y a medida que avanza el tiempo, si logra arrojarlo todo y la cavidad, en la que está el pus, se deshace y se seca, queda sano. En cambio, si pasa bastante más tiempo y él mismo está más débil y no puede expectorar, pero se le practica una cauterización o una incisión y el pus sale hacia afuera, en un primer momento también parece estar así algo mejor, pero al pasar el tiempo muere por las mismas causas que ya han sido expuestas en el primer caso.
[20 ] En el costado 77 sobrevienen tumores por causa del flegma y de la bilis por la misma razón que la del pulmón: se producen de resultas de esfuerzos cuando alguna de las venas pequeñas, distendida, se rompe o bien se distiende, pero no se rompe por completo, sino que se produce en ella una distensión (n. 62). Así pues, si hay una rotura inmediata, la sangre rebosada de la venita se pudre y se convierte en pus. Pero, si se produce en la venita una distensión, esto al principio produce dolores y palpitaciones, después, al pasar el tiempo, la vena desprende la sangre hacia la carne y una vez que se ha podrido en la carne, se convierte en pus.
De manera análoga también la carne, si está muy dañada, atrae más sangre hacia sí de las venas (más) cercanas y la convierte en pus al instante. Mientras que si está menos dañada, la atrae y la convierte en pus más lentamente.
En algunas personas cuando las convulsiones que se producen en la carne o en las venas son débiles, no se produce pus sino que se producen dolores duraderos que se llaman también rupturas (n. 64).
Y el tipo de cosas que se producen en la carne, se producen de la siguiente manera: cuando la carne sufre algún daño, sea por una convulsión o por un golpe o por cualquier otro padecimiento, se vuelve, como dije antes, lívida, pero lívida no a causa de una sangre pura, sino fluida, aguada y en poca cantidad (n. 73). También cuando (la carne) se seca excesivamente, más de lo acostumbrado, se calienta y ocasiona dolor y atrae hacia sí la humedad de las venas y carnes que la rodean. Y cuando (la carne) está humedecida en exceso y esta humedad por su parte está calentada sobremanera por efectos de la propia carne, se esparce por todo el cuerpo, tal cual ha sido atraída, y se esparce más hacia las venas que a la carne. Pues las venas atraen más que las carnes, a pesar de que las carnes también atraen 78 .
Y cuando confluye con la gran cantidad de humedad del cuerpo la pequeña cantidad que viene de la carne, resulta imperceptible y no es doloroso y a la larga se vuelve sana en lugar de estar alterada.
Pero si la carne se calienta aún más y atrae mayor cantidad de humedad, ocasiona dolor; y en cualquier parte del cuerpo a donde se dirija desde ella y se fije, produce un agudo dolor y algunos creen que la ruptura se les ha trasladado de sitio. Pero esto no es posible porque una herida no puede desplazarse y las lesiones que nos ocupan son muy parecidas a una herida. Antes bien, la humedad procedente de la carne se pone en movimiento a través de las venitas. Cuando se ha calentado, se ha espesado y se ha hecho más abundante, produce dolor, hasta que se asimila a la restante humedad en ligereza y en frialdad 79 .
Lo que concierne a lo que tiene lugar en las venas: la propia vena, a pesar de que ha sufrido una convulsión, permanece en su sitio; pero una vez que la ha sufrido —la convulsión se produce por una tensión y una violencia—, se forma una especie de variz (n. 64). Entonces se calienta y arrastra hacia sí un fluido húmedo. Este fluido procede de bilis y de flegma. Y cuando se mezclan la sangre y la humedad que procede de la carne, la sangre, allí donde la vena ha sido convulsionada, se espesa mucho más de lo que es en su estado natural y se vuelve más enferma, más estancada, y más abundante (n. 73). Y cuando es más abundante, el excedente, en efecto, se traslada a donde quiere el azar y ocasiona un terrible dolor, de tal modo que algunos creen que la ruptura se les ha desplazado. Y si acontece que se desplazó hacia el hombro, origina en el brazo pesadez, embotamiento y flojedad. Y si presiona sobre la vena que se dirige hacia el hombro y hacia la espalda, el dolor cesa al momento, las más de las veces.
Los desgarramientos tienen su origen en esfuerzos, caídas y golpes y si se levanta un peso excesivo, así como en carreras, en la lucha de competición y en todas las demás actividades de este estilo.
[21 ] Los que tienen un empiema de resultas de heridas, si han sido heridos muy profundamente por una lanza, un puñal, o un arco, mientras la herida tenga a lo largo del orificio originario respiración hacia el exterior, por allí introduce hacia sí el frío y también por allí despide de ella el calor y por allí se limpia de pus y de cualquier otra cosa.
Y si se cura a la vez lo de dentro y lo de fuera, sana completamente. Mientras que si lo de fuera está curado y lo de dentro no lo está, entonces se forma un empiema 80 . Y si se cura a la vez lo de dentro y lo de fuera, pero la cicatriz que se forma en el interior es débil, áspera y azulada, en ocasiones se abre de nuevo y se forma un empiema. Se abre también si (la persona) se esfuerza demasiado en algún aspecto y si adelgaza y si se adhieren flegma o bilis a la cicatriz y si, afectado por otra enfermedad, adelgaza.
Cuando se forma una llaga, sea de este modo, sea porque lo del exterior se ha cicatrizado antes que lo del interior, ocasiona un agudo dolor, tos y fiebre. Y la llaga misma atrae hacia sí el frío por ser grande y bastante caliente; ella exhala de sí misma el calor y es limpiada de pus durante más tiempo y además es intratable 81 y sana mucho más lentamente y algunas veces ni siquiera sana; pues la carne de la llaga llega a cocer por el calor del cuerpo y se humedece en exceso de manera que no puede ni secarse ni reproducir carne nueva ni sanarse sino que, al pasar el tiempo, <el enfermo> acaba sufriendo los mismos síntomas que se han dicho anteriormente.
Y si se da el caso de que es herida alguna de las venitas 82 de las de mayor grosor y la sangre fluye hacia adentro y allí se pudre, se produce un empiema. Y si este pus es extraído en su totalidad y la vena dañada se cierra y la llaga sana por dentro y por fuera, <el enfermo> llega a estar completamente curado. Pero si la llaga no puede cicatrizarse ni la vena cerrarse, antes bien, de vez en cuando 83 suelta sangre y es vomitada enseguida o expectorada o también se pudre y es expectorada en forma de pus, entonces <el enfermo>, por regla general, sucumbe o inmediatamente, en un vómito de sangre, o algún tiempo después, afectado por los síntomas que ya antes han sido dichos.
Con frecuencia los que son heridos en una de las pequeñas venas interiores bien por causa de heridas, o de esfuerzos o debido al ejercicio físico o a alguna otra razón, más tarde, cuando la venita está compuesta y parece estar sana, se les rompe de nuevo; y se rompe por las mismas causas que antes. Y cuando se rompe de nuevo, se produce una hemorragia y mueren enseguida por vómitos continuos de abundante sangre, o bien arrojan de vez en cuando sangre pura, pero expectorando a lo largo del día pus espeso y en cantidad, por esto precisamente mueren de la misma manera, o parecida, a como ha sido descrito en las otras enfermedades.
[22 ] Entre los que tienen estas enfermedades y otras semejantes hay diferencia, respecto a la mayor facilidad o dificultad de curación según sea hombre o mujer, más joven o viejo, una mujer joven o una de edad madura y además de esto según la estación del año en la que se cae enfermo y según que se caiga enfermo después de tal enfermedad y no después de tal otra. Difiere también un padecimiento de otro, en mayor o menor medida, y una encarnadura de otra encarnadura 84 y un tratamiento de otro tratamiento.
De la misma manera que existen estas diferencias, es forzoso que las haya también en cuanto a la duración y así, para unos es más larga mientras que para otros más corta; y que les lleve a la muerte o no y que las enfermedades para unos sean permanentes y de importancia y para otros, en cambio, sean de menor importancia y de corta duración; y que a unos les duren hasta la vejez y con ellos mueran, en tanto que a otros les llevan a la muerte en poco tiempo.
Y los que de muy jóvenes sufren alguno de los padecimientos, que se ha dicho tienen su origen en los esfuerzos, los sufren en mayor medida y más intensamente y les ocasionan más dolores que a los demás, y se les manifiestan enseguida, de tal modo que o expectoran sangre o la vomitan; y ocurre también que estos hechos les pasan inadvertidos, debido a la buena forma física de su cuerpo.
Los ancianos por su parte los padecen menos veces y, cuando los padecen, los padecen más debilmente —porque ellos son más débiles 85 — y les prestan mayor atención y se preocupan más de sus padecimientos. Así pues, en un principio, se presentan fundamentalmente menos en los ancianos que en los jóvenes; y cuando se presentan, son más benignas en el anciano y más fuertes en el joven.
En el joven, puesto que su cuerpo tiene tensión y sequedad y carne compacta y muy fuerte y que está bien adherida a los huesos y puesto que sobre ella la piel está tirante, cuando hace un esfuerzo mayor del acostumbrado, en mayor grado y repentino, se producen fuertes convulsiones y numerosas y variadas roturas de las venas y de las carnes. De estos accidentes, unos se hacen evidentes al momento, pero otros salen a la luz mucho tiempo después.
En los ancianos, en cambio, no existe ninguna fuerte tensión y sus carnes caen fláccidas alrededor de los huesos, y la piel alrededor de las carnes y la carne misma está blanda y sin fuerza. No podría, por tanto, padecer algo semejante al joven y, en el caso de que le suceda, los padecimientos son ligeros y enseguida se manifiestan. Por lo tanto, en la primera fase de los padecimientos los jóvenes se salvan más difícilmente que los ancianos.
Cuando la enfermedad es manifiesta y expectoran pus, sangre o ambas cosas, los que son jóvenes, por tener un cuerpo bien tenso y turgente, no pueden purificarse suficientemente del pus que procede de las úlceras que tienen en el pecho; en efecto, no sólo el pulmón, al estar demasiado grueso, no lo empuja con fuerza hacia los bronquios 86 , sino que los bronquios, por ser delgados y estrechos, no reciben el pus, a no ser en poca cantidad y espaciadamente, de manera que es forzoso que el pus se acumule y espese en el tórax y sobre las úlceras.
En el que ya no es joven, por el contrario, el pulmón es más delgado y más hueco y los bronquios son más anchos, de tal modo que el pus no permance mucho tiempo en la cavidad y sobre las úlceras y, lo que pueda producirse, forzosamente es recogido y elevado todo él hacia arriba por el pulmón, en dirección a los bronquios, y enseguida es expectorado.
Por tanto, en el que es más joven, puesto que los padecimientos son más fuertes y no se produce la correspondiente purificación de la sustancia expectorable, se les presentan acusados y frecuentes procesos febriles y hacen su aparición intensos dolores, tanto en el mismo sitio del padecimiento como en el resto del cuerpo, debido a que las venitas están tensas y cargadas de sangre. Y cuando éstas se calientan por sí mismas, los dolores surgen por el cuerpo, unas veces por una parte, otras por otra; y estos enfermos fallecen por regla general, en poco tiempo.
En cambio en los más ancianos, como sus padecimientos son más débiles y se purifican de ellos por expectoración, los procesos febriles son más suaves y menos frecuentes, y tienen dolores, sí, pero son suaves. A decir verdad los ancianos no se libran totalmente de semejantes afecciones, sino que con ellas se van consumiendo durante mucho tiempo, y unas veces expectoran pus, otras sangre y otras ninguna de las dos cosas; y al final <estos padecimientos> les acompañan hasta la muerte. Mueren principalmente de este modo: cuando alguna enfermedad semejante a la que tienen, se apodera de ellos, al tener también ésta, la enfermedad que tenían se hace más fuerte y por ello precisamente mueren en la mayoría de los casos. Las enfermedades que sobre todo provocan estos efectos son la pleuritis y la perineumonía.
[23 ] La fiebre tiene su origen en lo siguiente: cuando la bilis o el flegma se calientan, todo el resto del cuerpo se calienta por obra de ellos y a esto se llama fiebre. Y se calientan la bilis y el flegma por causas internas de un lado, por los alimentos y las bebidas —a partir de las cuales precisamente (el cuerpo) también es alimentado y crece— y por causas externas de otro, por las fatigas y heridas y tanto por exceso de calor como por exceso de frío; se calientan también por la vista y por el oído, pero las menos de las veces.
[24 ] El escalofrío en las enfermedades se ocasiona, por una parte, a causa de los vientos del exterior, del agua, de la temperatura fresca de la noche y de otras causas semejantes y, por otra parte, se ocasiona a causa de los alimentos que ingerimos y de las bebidas. Pero cobra especial intensidad, cuando se mezclan bilis o flegma con la sangre en el mismo sitio, ya una de las dos, ya bien las dos; es más fuerte, sin embargo, si es el flegma el que se mezcla. En efecto, el flegma es lo más frío del cuerpo humano, mientras que la sangre es lo más caliente y la bilis es también más fría que la sangre. Cuando éstas se mezclan con la sangre —o ambas o una de las dos—, hacen que la sangre se solidifique no completamente, por supuesto, pues el hombre no podría vivir si la sangre se volviera muchas veces más espesa y fría de lo que es en su estado normal (n. 73).
Una vez enfriada la sangre, es forzoso que también todo el resto del cuerpo se enfríe y, cuando se produce una cosa tal, se le da el nombre, si se produce fuertemente, de gran escalofrío y estremecimiento. Pues, en efecto, las venas, contraídas y replegadas sobre ellas mismas, mientras está sólida la sangre, contraen el cuerpo y le hacentemblar. Si la condensación de la sangre se produce en grado menor, a esto se le llama escalofrío, temblor al grado más débil 87 .
El hecho de que, después del escalofrío, forzosamente aparezca fiebre en mayor o menor intensidad tiene la siguiente explicación: cuando la sangre se vuelve a calentar y recobra fuerza y vuelve de nuevo a su propia naturaleza, calienta a la vez la parte del flegma y de la bilis que se había mezclado con la sangre, y la sangre misma se vuelve mucho más caliente que lo que está de ordinario. En este caso, cuando estos (humores) están calientes, es forzoso que sobrevenga fiebre por causa del excesivo calentamiento que alcanza la sangre después del escalofrío.
El sudor se produce por lo siguiente 88 : en los casos en [25 ] que las enfermedades hacen crisis en los días decisivos y que la fiebre remite, la parte más fina del flegma y de la bilis que se encuentran en el cuerpo se funde y se separa; una parte sale fuera del cuerpo mientras que la otra se queda en el interior. La parte que se ha debilitado por el calor se convierte en vapor y se escapa fuera mezclada con el aire.
Estos hechos ciertamente son así y por estas causas se produce el sudor. El hecho de que haya uno caliente y otro frío (es por lo que sigue): el caliente se segrega a partir de una afección maligna muy caliente, consumida, atenuada, débil y no demasiado extendida; y necesariamente es segregado bastante caliente del cuerpo. El frío, por su parte, segregado a partir de una afección de más consideración, que aún queda y está todavía en pleno vigor y no está podrida ni atenuada ni consumida, sale más frío, más espeso y con peor olor.
Esto es manifiesto en lo siguiente: los que desprenden un sudor frío padecen en su mayoría largas enfermedades, por estar aún con vigor la dolencia que ha quedado en su cuerpo. Los que desprenden un sudor caliente se ven más pronto libres de las enfermedades 89 .
[26 ] Pleuritis (n. 16) y perineumonía (n. 14) se producen de la siguiente manera. Primero la pleuritis. Cuando uno toma en demasía muchas bebidas fuertes, todo el cuerpo se calienta y se humedece por efecto del vino, pero especialmente se calientan y humedecen la bilis y el flegma. Pues bien, una vez puestos estos humores en movimiento y humedecidos, cuando sucede que (el paciente) se pone a temblar —esté bebido o esté sobrio—, es el costado, por ser la parte del cuerpo que por naturaleza está más desguarnecida de carne y por no tener nada que le oponga resistencia por dentro, sino una cavidad, el que acusa sobre todo el escalofrío. Y cuando sufre el escalofrío y se enfría, la carne que tiene sobre el costado y las venitas se encogen y contraen. Y cuanta bilis o flegma hay en la carne misma o en las venitas que la recorren, la mayor parte de ella o toda es segregada, mientras es empujada hacia adentro buscando el calor, ya que fuera la carne está compacta; se fija en el costado y ocasiona un fuerte dolor y se calienta y, por efecto del calor, atrae hacia sí flegma y bilis, procedentes de las venas cercanas y de las carnes. De esta manera se produce.
Cuando lo que se ha fijado en el costado se pudre y es expectorado, los enfermos sanan. Pero si al principio se fija mucha cantidad en el costado y se le adhiere además otra sustancia, perecen enseguida al no estar en condiciones de expectorar por la gran cantidad de materia expectorable (n. 58), o bien se les forma un empiema, y en ese caso unos mueren y otros se libran; esto se manifiesta en siete, nueve, once o catorce días 90 .
(La pleuritis) produce dolor en los hombros, en la clavícula y en las axilas por los siguiente: la vena llamada esplénica 91 va desde el bazo al costado y desde el costado hasta el hombro y brazo izquierdos; la vena hepática, el mismo recorrido por el lado derecho. Cuando la parte de esta (vena) que recorre el costado se contrae por el escalofrío y la sangre que contiene se estremece 92 , se extiende hasta la axila, la clavícula y el hombro y provoca una contracción y dolor. Por este mismo motivo se calientan también las zonas de alrededor de la espalda, debido al flegma y a la bilis pegadas al costado.
Provoca (la pleuritis) algunas veces también dolor en las zonas que están debajo del costado. Y frecuentemente, si el dolor se vuelve hacia las partes bajas, se extiende hasta la vejiga a través de las venitas y se orina abundantemente y con aspecto bilioso. Se considera al escalofrío como causante y principio de esta enfermedad.
[27 ] En cuanto a la perineumonía: cuando, puestos en movimiento y humedecidos el flegma y la bilis, los atrae el pulmón hacia sí, a causa del calor, desde las zonas cercanas, añadiéndolos a los que ya están en él, calienta todo el cuerpo y produce dolor especialmente en la espalda y en los costados (n. 16), en los hombros y en la columna vertebral, porque absorbe de estas zonas hacia sí la mayor parte de humedad y las seca y las calienta en exceso. Cuando se ha producido la atracción hacia él mismo y la bilis y el flegma se asientan en el pulmón, se pudren 93 y son expectorados 94 .
Y si lo podrido es expectorado en los días críticos, sobreviven. Pero si (los pulmones) reciben lo que le llegó en un principio y además les suceden más cosas, y no se consigue la expectoración ni la maduración debido a la gran cantidad de impurezas que le han llegado, los enfermos generalmente mueren. Y si se mantienen hasta veintidós días y cede la fiebre y durante este tiempo no se expectora, se produce en todos los casos un empiema y especialmente entre los que tienen la pleuritis y la perineumonía más fuertes.
[28 ] También se producen pleuritis y perineumonía sin expectoración, ambas procedentes de la misma causa, de la sequedad. Y desecan tanto las cosas calientes, cuando calientan en exceso, como las cosas frías cuando enfrían en exceso. Ciertamente, el costado y las venitas que hay en el costado mismo se solidifican y se contraen, y cuanta bilis o flegma hay en él se endurece por la sequedad y ocasiona dolor y, como consecuencia del dolor, fiebre.
Conviene hacer una incisión 95 en la vena del brazo, en la llamada esplenitis o en la hepatitis, según en cuál de los dos lados se localice la enfermedad. De esta manera el dolor del costado y de las demás zonas se hace más suave. Pues la vena arroja fuera la mayor parte de la bilis y de flegma que contiene junto con la sangre, al estar la sangre misma enferma. Y lo que procede de la carne, se disuelve con ayuda de medicamentos bebidos y de fomentos calientes aplicados en el exterior, de modo que la enfermedad queda esparcida por la totalidad del cuerpo. A esta enfermedad se le llama pleuritis sin expectoración.
Es perineumonía cuando el pulmón, también él, se ha secado en exceso. Cuanto contiene de bilis o de flegma, ni lo pudre fácilmente ni lo echa por arriba como esputo (n. 59). Cuanto hay en él de humedad, ya proceda de una bebida, ya de un caldo hervido o de las zonas cercanas, toda la consume por exceso de sequedad y calor.
A éste (enfermo) le conviene tomar bebidas por medio de las cuales se humedezca el pulmón y le haga expectorar. Pues si no expectora, el pulmón se pone duro y se seca por completo y causa la muerte de la persona.
[29 ] El causón (n. 15) ataca preferentemente a los biliosos, pero ataca también a los flegmáticos 96 y los ataca del modo siguiente: cuando la bilis se pone en movimiento a lo largo del cuerpo y sucede que las venas y la sangre atraen la bilis —y atraen de las carnes y del vientre la mayor parte de bilis que antes había en ellas—, la sangre, por ser de naturaleza lo más caliente que hay en el cuerpo, cuando es sobrecalentada por la bilis procedente de las carnes y del vientre, además de la que ya había, calienta a su vez todo el resto del cuerpo. Y las partes de dentro no pueden secarse del todo a causa de la abundante humedad; y si se secan, la persona muere. En cambio las partes que corresponden a las extremidades del cuerpo, puesto que son secas por naturaleza, se desecan del todo y queman la mayor parte de su propio líquido. De ahí que si quisieras tocarlas, las encontrarías frías y secas. Por eso los que están afectados por causón por dentro se queman por la fiebre, mientras que por fuera están fríos, y su lengua y su garganta están ásperas y secas a causa del calor del aliento interno.
En cuanto a la bilis que se encuentra en el vientre o en la vejiga, la que está en el vientre es a veces evacuada por abajo con trastornos, pero la mayor parte de las veces es vomitada en los primeros cuatro o cinco días. Y es vomitada por lo siguiente: cuando la cavidad torácica se calienta en exceso, la atrae hacia sí y se produce el vómito. Por esta misma razón muchas veces también las enfermedades se transforman de un causón y una pleuritis en una perineumonía. En efecto, cuando la cavidad torácica está excesivamente caliente, atrae (la bilis) hacia sí y el pulmón la recibe y se produce una perineumonía. Y en la mayor parte de los casos (los enfermos) mueren, porque están ya débiles y, al sobrevenir otra nueva enfermedad, no son capaces de resistir los días (necesarios) hasta que la materia expectorable esté madura.
En el pulmón, sino que en la mayoría de los casos mueren antes por debilidad. Pero algunos sobreviven.
Por lo que se refiere a la bilis que afluye a la vejiga, es evacuada en forma de orina espesa; espesa debido al flegma y a la bilis. Depone excrementos de aspecto bilioso, cuando defeca, por estar completamente quemado lo que el vientre contiene 97 .
La «frenitis» 98 consiste en lo siguiente: la sangre aporta [30 ] en el hombre la parte mayor de la inteligencia; hay quien dice que toda entera. Así pues, cuando la bilis puesta en movimiento se introduce en las venas 99 y en la sangre, entonces pone en movimiento a la sangre y la hace serosa, privándole de su consistencia y de su movimiento habitual (n. 73), y la calienta 100 . Una vez calentada, calienta también a todo el resto del cuerpo y la persona delira y no está en posesión de sí misma debido a la intensidad de la fiebre y a la serosidad de la sangre y a su movimiento, que no transcurre de la forma acostumbrada.
Se parecen los que están afectados por la frenitis a los melancólicos (n. 23) sobre todo en lo que concierne al delirio. En efecto, los melancólicos adquieren la enfermedad cuando se corrompe la sangre por efecto de la bilis y del flegma, y empiezan a delirar y algunos incluso enloquecen. En la frenitis es lo mismo. La locura y el delirio se producen en tanto menor grado, cuanto precisamente la bilis es más débil.
[31 ] En la pleuritis y en la perineumonía se expectora materia sanguinolenta y lívida por lo siguiente: en un principio (los enfermos) no expectoran en su mayoría ni de una ni de otra manera, ni lívido ni sanguinolento. Pero hay que tomar conciencia de que la enfermedad es seria cuando empiezan a arrojar el esputo un poco espeso, y de que la purificación empieza sobre todo entonces.
Se expectora por una dilatación de las venas, de las que hay en el costado en el caso de la pleuritis y de las que hay en el pulmón en el de la perineumonía (y atrae el calor hacia sí) 101 . Y si el que tiene la enfermedad tiene ruptura interna y está débil, desde el primer día arroja, juntamente con esputo, sangre y materia sanguinolenta y lívida. Y lo lívido se forma a partir de la sangre, si se mezcla un poco con mucho esputo y no es arrojada enseguida, sino que permanece semipodrida y debilitada en el cuerpo.
Se mueren a partir de una pleuresía cuando en un [32 ] principio se fijan al costado flegma y bilis en una gran cantidad, mientras que otra gran cantidad, procedente también del resto del cuerpo, afluye además y (el enfermo) no logra ni expectorar por la gran cantidad de éstos, ni que se pudran, antes bien, los bronquios se llenan por el flegma y el pus que hay en ellos. Entonces respira con estertor y agitadamente, y sólo desde la parte más alta del pecho, y finalmente se obstruye totalmente y muere. De este mismo modo también se mueren a partir de una perineumonía.
Los que mueren por causón, todos mueren por sequedad. [33 ] Primeramente se les secan las extremidades, pies y manos y después las partes que están bastante secas. Y cuando lo húmedo del cuerpo está enteramente consumido y desecado, la sangre se coagula completamente y se enfría; el resto del cuerpo se deseca y (el enfermo) muere así.
A causa de la frenitis se mueren de la siguiente manera: [34 ] durante la enfermedad deliran todo el tiempo, por estar la sangre corrompida y no moverse en el movimiento acostumbrado (n. 73) y, puesto que están perturbados, no aceptan nada de las cosas que se les ofrece, que sea digno de tener en cuenta, y, con el paso del tiempo se debilitan y adelgazan por efecto de la fiebre y de que no entra nada en el cuerpo. Primeramente, adelgazan las zonas de las extremidades y se enfrían, pero después también las partes más cercanas. El frío, la fiebre y los padecimientos se desencadenan por lo siguiente: cuando la sangre en las venas es enfriada por el flegma, se desplaza de sitio y se comprime, acumulada unas veces en un sitio otras en otro, y tiembla. Finalmente todas las partes se enfrían y el paciente muere.

1 Los médicos de la antigua Grecia realizaban justas retóricas como un elemento necesario para el desarrollo de su profesión. Practicaban, pues, el arte de la discusión tanto como la terapia propiamente dicha. El término empleado aquí es antilégein , tomado del campo de la sofística. Parece que el autor quiere poner las bases para una discusión sofística en defensa de unos argumentos, pero lo cierto es que no continúa con este tono en el resto del tratado.
2 Esta misma expresión, aunque más claramente referida a la práctica terapéutica, aparece en el escrito Sobre la Decencia (Decent.) 9, a modo de definición del tratamiento de la medicina.
3 Pasaje de difícil interpretación que ha sido objeto de correcciones. Littré acepta Kaì hóti hápan estìn en autê hèn, kaì hóti hèn pánta , creando una oposición entre los dos términos y traduce «que, dans la medicine, tout est un et qu’un est tout». Ermerins acepta Kaì hóti estì en autê hèn, kaì hó ti pánta . R. Wittern en el texto que seguimos da la misma interpretación: Kaì hó ti hápan estìn en autê kaì hó ti hèn .
4 En los mismos términos se expresa el autor de Aff . 1 acerca de las causas internas. En el capítulo 23 de este tratado vuelve a hablar de este mismo tema.
5 El manuscrito M seguido por Littré añade como causas externas de las enfermedades las palabras kaì toû xēroû hyperxēraínontos y una mano tardía añade en el ms. M3 Kaí toû higroû hyperygraínontos , dos causas que también están reconocidas en Aff . No son aceptadas en el texto de R. Wittern porque el término xerón no vuelve a aparecer más y el término hygrón aparece sólo en la segunda parte del tratado y refiriéndose a la humedad que contiene el cuerpo, acepción muy diferente a la que tendría —en caso de aceptarse en este contexto— como causa externa, al lado de términos como thermón y psychrón . Tampoco se citan estas causas en el párrafo siguiente, ni en el capítulo 11 ni en el 23, donde nuevamente enumera los factores que causan las enfermedades. Parece, pues, que la lección del ms. M resulta de incorporar una glosa al texto.
6 La bilis y el flegma son los dos humores más mencionados en los tratados hipocráticos. Para unos, su presencia es permanente y para otros, es accidental. Según este tratado, se encuentran desde el principio y son permanentes en el cuerpo. Si hay exceso o falta de ellos por las variaciones climáticas o por los alimentos surgen las enfermedades.
7 Pasaje de difícil interpretación. Reproduzco literalmente la frase: anánke dè tà toiáde échei hóste gínesthai, hótan gínetai . La misma idea de «necesidad» es expresada en el capítulo 8. El autor ve una clara diferencia entre una anánke propia de todas las enfermedades que las hace evolucionar en un determinado sentido y otra específica que afecta a cada enfermedad en particular. Sobre este tema veáse P. LAÍN ENTRALGO , La Medicina Hipocrática , págs. 227-30.
8 El término neûra se traduce por «tendones» porque la diferencia entre nervios, tendones, ligamentos y tejidos musculares no se conoce hasta la escuela de Alejandría. Véase a este respecto F. SOLMSEN , «Greek philosophy and the discovery of the Nerves», Mus. Helv . 18 (1961), 150-197.
9 Esta misma afirmación casi literal aparece en Prenociones de Cos (Coac.) , 498. El tema también se trata en Predicciones (Prorrh.) II 12.
10 Koilíe está suprimido en algunos mss. De los textos paralelos sólo Aforismos (Aph.) VI 12, lo recoge, mientras que Coac . 499 y Prorrh . II 12, también textos paralelos, no lo tienen.
11 Phlébs haimórroos es un término de significación dudosa. Habla de ello M. P. DUMINIL , «Le sang, les vaisseaux, le coeur», págs. 26, 28. Los médicos oponían las venas que contenían sangre a otros productos que contenían líquidos orgánicos, como orina o esperma, a los que también llamaban phlébes . La vena haimórroos puede ser una arteria o vena gruesa que podía producir una fuerte hemorragia. Esto parecen corroborarlo otros pasajes de este tratado, así el capítulo 8, el 14 y el 21, en los que se emplea indistintamente vena haimórroos y vena gruesa para designar una vena por donde la sangre circula en abundancia y con tanta fuerza que es difícil contener la hemorragia. También pueden corroborar este sentido dos pasajes literarios en los que aparece el mismo término o derivado. Así en ESQUILO , fr . 23 , leemos: soí d’ouk énesti kíkys oud’ haimórrytoi phlébes , «para ti no existe energía ni conductos por donde la sangre corra». en SÓFOCLES , Filocteles , versos 824 y 25, leemos: «mélainá t’ ákrou tis parérrogen podòs haimorragès phlébs» , palabras dichas por Neoptólemo que observa a Filoctetes en una de sus crisis: «se ha reventado una vena que chorrea oscura sangre» . Esta distinción entre phlébs y phlébs haimórroos era ya conocida por Alcmeón quien, según AËTIUS .24, A 18, D-K, explicaba el sueño por la retirada de sangre en las venas «sanguíneas». Confróntese a este respecto CH. R. S. HARRIS . The Heart and the Vascular System in Ancient Greek Medicine. From Alcmaeon to Galen , Oxford, Clarendon Press, 1973.
12 Hago la traducción más literal posible del nombre de las enfermedades, sin pretender aplicarles un término de la nosología actual con que pudieran ser identificadas. La denominación de phthísis corresponde, por su contenido, al antiguo uso de la palabra tuberculosis, que no sólo designa las tisis pulmonares sino también otras enfermedades clínicamente parecidas. Era una de las enfermedades que más mortalidad producía.
13 Hyposarkídios . Esta descripción puede corresponder al síntoma más que a la enfermedad, denominada hoy día anasarca, que es un estado generalizado de edema y de hidropesía.
14 Para la compleja sintomatología que el término peripleumoníe comprende, veáse G. PREISER , Peripneumonie in den Schriften der knidischen Arzteschule , en Medizingeschichte in unsere Zeit , Stuttgart, 1971, págs. 31-35. El cuadro de la enfermedad se corresponde con el que se manifiesta en las actuales neumonías especialmente las lobulares.
15 El caûsón se caracteriza sobre todo por fiebre ardiente (de ahí su nombre, kaúo «quemar», que les debía parecer a los antiguos el síntoma característico por excelencia de la enfermedad). Otros síntomas son la sed, sequedad de lengua, orina oscura, entorpecimiento y delirio. Es problemático identificarla exactamente pues los síntomas que presenta son los mismos que los de otras muchas enfermedades con fiebre alta. Parece corresponderse con una afección del sistema nervioso central y del canal intestinal en enfermedades agudas infecciosas. En el Diccionario de uso del español de M. MOLINER aparece el término de causón definido como «fiebre fuerte, pasajera y sin consecuencias».
16 Pleurîtis . Por este nombre se entiende una enfermedad infecciosa en la región lateral que transcribo por pleuritis. Con este término, sin embargo, designamos actualmente una inflamación en la pleura, y hemos de recordar a este respecto que en los tratados del CH aún no está definido anatómicamente el concepto de pleura.
17 Por frenîtis entendemos literalmente una infección del diafragma. El nombre se debe a que lo más llamativo de esta enfermedad es la pérdida de la razón, que en la antigüedad se localizaba en las phrénes . Aunque más tarde fueron aceptadas otras partes del cuerpo como asiento del pensamiento, se conserva el antiguo nombre. Se trata de una enfermedad aguda con alta mortalidad, caracterizada por locura, delirio, mirada extraviada, fiebre y pérdida de peso (veáse los capítulos 30 y 34). Con el cuadro que presenta la enfermedad se corresponden algunas formas de encefalitis sin que con ello se agoten las posibilidades de identificación en el diagnóstico moderno.
18 La erisipela no tiene la significación moderna específica, sino que designa en general una afección difusa y purulenta. La erisipela en útero, de la que aquí trata, es probablemente una forma de metritis, cf. Aph . VI 30 y 34.
19 Kynánchē es el término griego utilizado para designar varias enfermedades de la garganta. Ya en la Antigüedad hubo discusiones sobre su significación exacta y las distintas clases. Así CELSO . Medicina IV 7; y CELIO AUREL , Morb. acut . III 1-4, según los cuales esta palabra designa una afección de la garganta que está caracterizada por dificultades para tragar y respirar.
20 El término griego staphylḗ designa una afección no definida del velo del paladar y se denomina así porque la campanilla o úvula tiene aspecto de un grano de uva. Su significado es poco claro. También se utilizó para denominar la úvula sana, como vemos por la etimología.
21 Splēnîtis . Con este término se alude probablemente a una hinchazón del bazo, enfermedad muy extendida en las zonas griegas infectadas de malaria.
22 El término griego kédmata es de difícil interpretación. GALENO , Hipp. epid. comm . V 22, y en Gloss. Hipp . 19, 111, lo aplica únicamente a las afecciones de las extremidades inferiores, sobre todo a la articulación de la cadera. En términos generales podemos considerar que se refiere a afecciones artríticas.
23 Con la palabra melancholíē se designaba una enfermedad somática que llevaba consigo alteraciones de la psique. No se corresponde con ningún cuadro de enfermedad moderna. El uso de esta denominación no presupone la aceptación del flegma negro como un humor especial del cuerpo. En el capítulo 30, la melancholíē tiene lugar por una modificación patológica de la sangre causada por el flegma. A partir de algunos escritos tardíos del CH se puede también deducir que la causa de la melancholíē es una superabundancia de flegma negro.
24 Podágrē . Es la localización de la afección gotosa en el pie.
25 El término ischiás responde al concepto de ciática, sobre todo la neuralgia del nervio isquiádico.
26 El tenesmo, anal o rectal, es una sensación de dolor que provoca la necesidad de defecar que resulta falsa.
27 Tritaîos , se refiere a fiebres intermitentes como las que aparecen sobre todo en la malaria.
28 La estranguria es la micción dificultosa y además dolorosa. Por falsa derivación ha dado el término popular de angurria, empleado sobre todo en Andalucía con la misma acepción, así como estangurria.
29 Léprē . No se trata de la lepra en el sentido moderno del término, sino de una enfermedad de la piel, no mortal, que produce escamas pero que no mutila. Tal vez se corresponda con la psoriasis. La enfermedad actual de lepra se denominaba en la antigüedad elephantíasis .
30 Con el término leichḗn se desginaban antiguamente a un número considerable de erupciones cutáneas no mortales.
31 Las palabras apóplēktos y paraplḗx designan parálisis que se presentan súbitamente. El primero se utiliza normalmente para designar la incapacidad de movimientos de todas las extremidades. Lo identificamos con el término apoplejía.
32 En griego phthóē es una forma de tisis que tiene su punto de partida en un absceso, según las Definiciones médicae de PSEUDO GALENO , XIX 419. K. DEICHGRÄBER , Zur Milchtherapie, der Hippokrafiker , Stuttgart, 1971, pág. 50, ve en esta palabra únicamente el término cnidio para designar la tisis.
33 Phlégma leukón . Aquí se trata probablemente de una inflamación de las extremidades con edema y coloración de la piel. La traducción que doy es la transcripción literal del término griego. Littré traduce tambien «leucophlegmasie», y R. Wittern, «weissen Schleimkrankheit». LÓPEZ FÉREZ , Aph . VII 29, Tratados Hipocráticos I, traduce «inflamación blanca» y aclara en la nota 190 que responde a la leucoflegmasía o anasarca. E. GARCÍA NOVO . Coac . XXVI, 472, traduce por «flema blanca» e igualmente aclara en la nota 157 el término griego y explica que literalmente indica tener «flema blanca» y que responde al significado de «sufrir hidropesía». Cf. nota 13.
34 La lientería es una diarrea que se distingue de la disentería en que los alimentos se expulsan sin digerir y sin dolores. Véase Sobre las afecciones, Aff . 24, que trata de ella.
35 El término émpyos , un adjetivo, va a ser traducido generalmente por el sustantivo empiema. El término griego empýema , en cambio, no aparece nunca en este tratado. Sobre esta enfermedad véase LAÍN ENTRALGO , La Medicina hipocrática , ediciones de la Revista de Occidente, Madrid, 1970, pág. 284.
36 Cf. Coac . 489 y Aph . VII 58.
37 Cf. Coac . 490 y Aph . VI 50.
38 El epiplon es el repliegue que la membrana peritoneal forma entre una víscera intrabdominal y la contigua; mantiene en su posición a los intestinos. Otros términos sinónimos son: redaño, omento, mesanterio y el más popular, entresijo. Cf. Aph . VI 58.
39 Cf. Coac . 492.
40 El adjetivo kaírià empleado en el texto para acompañar al sustantivo nosḗmata admite diversas interpretaciones. El pasaje no resulta claro; de ahí que Littré suprima la negación ouk (que precede al verbo árkousi) que aparece en todos los mss. en un intento de clarificar el contexto. Creemos que la clave está en la significación del verbo arkéo como «ser definitivo». Véase a este respecto LAÍN ENTRALGO . ob. cit ., pág. 230.
41 Notaremos a lo largo de los tres tratados la concepción que se tenía del dolor como algo personificado. Los dolores se presentan, se apoderan de los enfermos, etc. Los enfermos escapan al dolor o bien son apresados por él, etc. No siempre la traducción permite recoger este sentido tan claro aunque se ha intentado.
42 Cheirourgíē , habilidad para trabajar con las manos. Véase LAÍN ENTRALGO , ob. cit , pág. 349, en donde se refiere concretamente al autor de este tratado y lo cita como «uno de los tratadistas hipocráticos en que con más claridad se manifiesta la mentalidad quirúrgica» aludiendo a este pasaje.
43 Para conocer más sobre este método, véase «Sobre las heridas en la cabeza», VC , 10.
44 Primera alusión al empleo de la sucusión hipocrática. Este método, detalladamente descrito en Morb . II 47, consistía en tomar al enfermo por los hombros, sacudirlo y aplicar la oreja contra el pecho para escuchar el ruido de chapoteo que produce el líquido, pus o agua, en el interior y hacer así el diagnóstico. Esta práctica de la auscultación directa fue olvidada hasta principios del s. XIX . Véase LAÍN ENTRALGO , ob. cit ., págs. 241-2. Véase también L. BOURGEY . Observation et expérience chez les médecins de la collection hippocratique , París, 1953, págs. 59-69.
45 El término griego sḗpein , lo mismo que el sustantivo sḗpsis , tomados del lenguaje vulgar, han adquirido un sentido técnico que indica un proceso de maduración patológica de un humor. Generalmente lo traducimos por putrefacción o corrupción. En determinados pasajes de CH: Aff . 24, Sobre la Anatomía (Anat.) 1, Sobre la Dieta (Vict.) 62, y en este mismo tratado en el capítulo 15 un término formado por esta raíz, ásepta , estas palabras se refieren a una fase de la transformación de los alimentos en el intestino. Según LAÍN ENTRALGO . ob. cit ., pág. 206, designa «la alteración corruptora de los residuos de la alimentación dentro de la parte excrementicia del tubo digestivo».
46 Cf. Aph . VI 16.
47 Cf. Aph . VII 29.
48 Cf. Coac . 360 y Aph . VI 25.
49 Cf. Aph . VI 15.
50 Cf. Aph . V 32.
51 Traduzco literalmente el término spasmoû por espasmo, pero hago notar la dificultad para fijar su correcta significación, ya que los contextos en los que aparece no lo aclaran suficientemente. Recuérdese que, hasta época alejandrina, no era conocido el papel de los músculos en el movimiento del cuerpo. Posiblemente se trate de espasmos clónicos o producidos por el tétanos.
52 Cf. Coac . 348 y Aph . IV 57.
53 Cf. Aph . V 34.
54 Cf. Coac . 493, 4, y Aph . VI 19 y 24.
55 La idea de hacer las cosas propias de la práctica médica con precisión y exactitud tiene gran importancia en el CH a juzgar por las muchas veces que se expresa en los diferentes tratados. Así las mismas ideas aparecen en Sobre la dieta en enfermedades agudas (Acut.) 4, en Fracturas (Fract.) 1 y Articulaciones (Art.) 4.
56 Siguiendo la edición de R. Wittern en la que las palabras en tô nṓto están entre corchetes, no lo recojo en la traducción por considerarlo una glosa.
57 Hemos de poner este capítulo en relación con el 2 y con el 23, a los que remito. Es la primera y única vez que en este tratado se cita ho èer , el aire, como causa de enfermedades.
58 Sabemos que en el CH no aparece una diferencia conceptual de los términos saliva y esputo y que son designados ambos con las palabras síalon o ptýalon indistintamente, sin que nos quede claro si hay que entenderlas como sinónimos o si presentaban diferencias fisiológicas que nosotros no consideramos. Las dos hacen referencia a una sustancia líquida y lisa, por lo general. Al lado de estas dos palabras se encuentra también el CH el término ptýsma que hace referencia, en cambio, a una sustancia grumosa y viscosa y que es la que aquí aparece.
59 Es la única vez que el adjetivo pikrós se refiere a síalon en el CH pero esto no es suficiente motivo para aceptar la lección del ms. Ɵ, micróteron .
60 El excesivo líquido que circula en un momento dado por la vena, ensancha el paso y afloja las paredes de aquella.
61 El término griego es exántēs . Es un antiguo término médico atestiguado sólo en algunos tratados cnidios, Morb . III 3 y Sobre las enfermedades de las mujeres (Mul.) I 45. No aparece, en cambio, en Morb . II ni en Afecciones Internas (Int.) . Aparte de los tratados cnidios, encontramos este término una sola vez en Epidemias (Epid.) V 43 y fuera del CH aparece una vez en PLATÓN , Fedro 244, «la locura ... consiguió los ritos purificatorios e iniciaciones con los que hizo libre de culpa en el presente y en el futuro al que tiene parte de ella» (traducción de L. GIL FERNÁNDEZ . Ed. del Instituto de Estudios Políticos, 1957). Ahí el adjetivo tiene un sentido religioso y va seguida la traducción de una amplia nota a pie de página. El ms. Ɵ lo ha sustituido por la glosa hygiés que acepta Ermerins. JOUANNA por su parte cree que este término sí puede remontarse al vocabulario más antiguo de la escuela de Cnido; véase Hippocrate. Pour une archéologie de l’école de Cnide , París, 1964, Ed. Belles Lettres, pág. 316, nota 3.
62 La palabra griega es spadṓn , que no hay que entenderla como una contracción espasmódica sino como un estado prolongado de distensión. En este tratado siempre hay que entenderlo en este sentido, refiriéndose tanto a las modificaciones de las venas, capítulos 17 y 20, como a modificación de la carne, cap. 15. Va siempre en singular. Cuando el autor habla de dilataciones o convulsiones de las venas o de la carne en plural, se sirve del término spásmata . Por tanto podemos considerar sinónimos los términos spadṓn y spásma .
63 Kirsós . Traduzco variz, pero puede también pensarse que se refiere a un aneurisma, ya que en los tratados más antiguos del CH no era conocida la diferencia entre venas y arterias.
64 Ragê es el término griego. El concepto de ruptura es uno de los que desempeñan un papel más importante en los escritos del CH . Se refiere a un desgarro interno. Véase LAÍN ENTRALGO . ob. cit ., pág. 208.
65 El término griego es ásepta , que se traduce así por tratarse de alimentos pero dentro del sentido que aclaro en la nota 45.
66 Remito al capítulo 22 de «Sobre la Medicina Antigua (VM) donde se razona extensamente por qué la cabeza atrae y absorbe el líquido.
67 Esto responde a la idea hipocrática de que en medicina no existen enfermedades sino enfermos. Cf. la misma idea en Sobre los flatos (Flat.) 6.
68 Dejo entre corchetes, siguiendo a R. WITTERN . la expresión kaì hṓrē hṓrēs, en hê àn noséōsi que LITTRÉ ya suprimió. Unas líneas más abajo se vuelve a repetir la expresión kaì hṓrē hṓrēs detrás de kaì étos éteos , que es donde realmente resulta adecuada. En este contexto no lo es, pues no expresa una diferencia de carácter individual como las tres anteriores. La frase de relativo que le sigue la traduce Littré en el segundo pasaje porque —aclara— sólo allí tiene sentido. Wittern supone que podría haber sido transcrita del cap. 22 he hṓrē toû éteos en hê àn noséōsi . POTTER , en la más reciente edición de la Loeb, 1988, la acepta.
69 Cf. Aph . III 19.
70 El término spasmós no puede tener la misma significación que se le daba en el cap. 7 (véase nota 51). Aquí está utilizado en el sentido de spásmata y traduzco «distensiones». E. GARCÍA NOVO en Coac . 418 traduce por «rupturas», sentido que también se ajustaría a este contexto.
71 Esta erisipela, como la que se cita en el cap. 3 (véase nota 18), no tiene la significación que tiene en la medicina moderna sino que designa, en general, una afección purulenta y difusa en algún otro órgano interno. A este respecto, cf. el libro de W. BROSCH , Die Entwicklung des Ansichten über das Erisipel im Laufe der Jahrtausende , Dusseldorf, 1941.
72 La sangre, además de calor y humedad, tiene fluidez y parece que no es homogénea. Contiene una parte fluida o ligera y otra pesada, espesa o viscosa, y cada parte actúa diferenciadamente por influencia de las enfermedades. Aquí el autor sostiene que la parte más fluida es también la más débil. En otros tratados la parte más fluida se considera la mejor, como en Mul . I 57. Véase M. P. DUMINIL , ob. cit ., págs. 217-18.
73 Este es un ejemplo junto con Morb. II 3, en que se hace notar la precipitación de la velocidad de la sangre frente a su estado normal de fluidez lenta y ordenada. Los médicos hipocráticos no sabían que el movimiento fuera circular. Para ellos el movimiento era normal cuando en la sangre había equilibrio entre calor y frío. Si no lo había, el movimiento se alteraba, acelerándose, si había excesivo calor, y retardándose si había excesivo frío. Lo mismo puede decirse acerca de la composición de la sangre; la ignoraban en la medida que se conoce actualmente pero tenían claro cuál era su estado normal, ya que practicaban la flebotomía y la observaban. Más adelante, el tratado alude a la cantidad y a la composición. Antes del final de este mismo capítulo, dice el autor que se vuelve espesa y estancada.
74 Sobreentiéndase la sangre, según R. Wittern.
75 El término griego es phŷma que en el capítulo 6 he traducido por absceso, su significación más general. Aquí, sin embargo, parece más correcta la significación de tumor.
76 La construcción sintáctica es poco clara. Por ello en la edición Frobeniana de Cornarius se conjeturó la prótasis, oléthrion toûto , «El caso es funesto». detrás de pýon . Littré, como la mayor parte de los editores, acepta esta conjetura y da la siguiente traducción: «... mais si la tumeur fournit par elle-même le pus, le cas est funeste; car le phlegme affluant ...».
77 En dè tô pleurô . R. Wittern traduce literalmente del griego: «am Pleuron ...» y explica en nota que en los escritos del CH hay que entender este término como no definido aún anatómicamente y que designa la «pared lateral interna». Cf. la nota 16. Yo traduzco «costado» para darle este valor amplio.
78 En este capítulo vemos cómo la carne y las venas se disputan los líquidos orgánicos, aunque los atraen más las venas.
79 Debemos remitirnos a la lectura del capítulo 19 de Sobre la Ciencia Médica (Off.) , así como al capítulo 4 de Naturaleza del hombre (Nat. Hom.) , donde ampliamente se explica esta asimilación de los principios básicos del hombre.
80 Cf. Coac . 422.
81 La palabra prosaniēton que aparece destacada entre dos cruces (+) en la edición de R. Wittern presenta un problema de crítica textual ampliamente tratado por esta autora. Es la lección del ms. Ɵ y es un hapax. Yo he preferido aceptar la traducción literal de los dos elementos de que se compone la palabra, siguiendo en ello a Wittern que traduce «zusätzlich unbehandelbar». Littré, sin embargo, acepta otra lección, la del manuscrito M, y es la palabra prosiētreúetai , a la que hace seguir dià pleíonos y que proporciona otra interpretación diferente, con una significación opuesta. Traduce «le traitement se prolonge ...». Wittern le objeta que en Morb. I sólo se emplea el término therapeúein , y sólo dos veces el de iásthai , para expresar el concepto de «curar» o tratar. Potter sigue a Wittern, pero sin cruces filológicas. Traduce «con tendencia a hacerse incurable».
82 Se emplea el diminutivo phlébion en claro contraste con el complemento que le sigue, «de las de mayor grosor», lo cual indica que al menos en este contexto, no tiene relevancia significativa la diferencia entre phlébs y phlébion .
83 La expresión állote kaì állote es frecuente en los tratados cnidios y se encuentra muchas veces en Morb. II . No aparece, en cambio, en los tratados coicos. Véase JOUANNA , Archéologie de l’école de Cnide , pág. 316, nota 2. En este mismo capítulo, véase infra .
84 El término griego es chrṓs , piel o cuero, literalmente.
85 Esta oposición de ancianos y jóvenes la emplea también el autor de Aph . en I 14, aunque allí el motivo lo da el calor del cuerpo.
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