Kitabı oku: «Kamasutra (texto completo, con índice activo)»

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Vatsiaiana

Kama-sutra

(texto completo, con índice activo)

e-artnow, 2021

EAN 4064066448455

Índice

I. Parte general

I. Sumario del tratado

II. Consecución de los tres fines de la vida

III. Exposición del saber

IV. La vida del hombre elegante

V. Examen de los amantes, de los amigos y de la función de los intermediarios

II. Sobre el sexo

I. Descripción del placer según el tamaño, la duración y el temperamento

II. Formas de abrazar

III. Formas de besar

IV. Formas de arañar

V. Formas de morder

VI. Variedad de las posiciones sexuales

VII. Utilización de golpes. Cómo recurrir a los gemidos apropiados

VIII. El amor como el hombre. Las iniciativas del hombre durante la unión

IX. Sexo oral

X. Inicio y final del sexo

III. Relaciones con las doncellas

I. Bodas y matrimonios

II. Cómo inspirar confianza a las doncellas

III. Cómo dirigirse a una jovencita

IV. El cortejo que hace el hombre por su cuenta

V. Distintas formas de contraer matrimonio

IV. Mujeres casadas

I. El comportamiento de una mujer cuando es esposa única

II. El comportamiento de una mujer cuando hay otras esposas

V. Las esposas de otro

I. Descripción de la índole de mujer y hombre, y los motivos de rechazo

II. Formas de conocerla mejor

III. Comprobación de los sentimientos

IV. Las funciones de la intermediaria

V. La vida sexual de los poderosos

VI. La vida de las mujeres del harén

VI. Sobre las cortesanas

I. Amigos, amantes aconsejables y amantes desaconsejables

II. Complacer al amante

III. Formas de ganar dinero

IV. Volver con un antiguo amante

V. Las distintas clases de beneficios

VI. Cálculo de ganancias y pérdidas, consecuencias y dudas. Clases de cortesanas

VII. Cómo seducir

I. Cómo atraer la fortuna en el amor

II. Cómo reavivar la pasión agotada

I. Parte general

Índice

I. Sumario del tratado

Índice

Reconózcanse los méritos de la Ley Sagrada, de lo Útil y del Amor, pues de esto habla el tratado; y reconózcanse también los méritos de los maestros que han expuesto estas doctrinas, por la relación que tienen con este tratado.

Efectivamente, al principio, Prayapati, después de haber creado a los seres vivos, propuso en cien mil capítulos las normas para conseguir los tres fines de la vida, normas que son, para las criaturas, el fundamento de su existencia. Más tarde, Manu Svayambhuva acotó una parte, la que se refiere a la Ley Sagrada; Brhaspasti separó la que hace referencia a lo Útil, y Nandin, siervo de Mahadeva, expuso por separado el tratado sobre el Amor en mil capítulos.

Luego Svetaketu, hijo de Uddalaka, abrevió este tratado a quinientos capítulos; y, a su vez, Babhravya, de Pañcala, resumió la obra en ciento cincuenta capítulos, divididos en siete secciones: parte general; la unión erótica; las relaciones con las doncellas; las mujeres casadas; las esposas de otro; la prostituci6n; y, por último, las doctrinas secretas.

De este resumen, Dattaka trató por separado la sexta sección, dedicada a las cortesanas, a petición de las cortesanas de Pataliputra. Carayana, siguiendo su ejemplo, expuso en obra separada la parte general; Suvarnanabha, la parte sobre la unión erótica; Ghotakamukha, la de las relaciones con las doncellas; Gonardiya, la de las mujeres casadas; Gonikaputra, la de las esposas de otro; y Kucumara, las doctrinas secretas.

Y así, escrita trozo a trozo por muchos maestros, la obra de Babhravya ha caído casi en desuso; llegados a este punto, ya que las secciones del tratado elaboradas por Dattaka y otros autores son trabajos fragmentarios, y el texto de Babhravya es difícil de estudiar por su extensión, se compuso este Kamasutra, resumiendo toda la materia en un pequeño libro.

Este es el elenco de las panes y de sus apartados.

Sumario del tratado. Consecución de los tres fines de la vida. Exposición del saber. La vida del hombre elegante. Examen de los amantes, de los amigos y de la función de los intermediarios. Es la Primera Parte, general; son cinco apartados.

Descripción del placer según las medidas, la duración y el temperamento; distintas clases de amor. Análisis de los abrazos. Las variedades del beso. Distintas formas de arañar. Reglas para morder; usos locales. Distintas maneras de acostarse; uniones extraordinarias. Uso de golpes; cómo recurrir a gemidos apropiados. El amor como el hombre; las iniciativas del hombre durante la unión. El amor con la boca. Inicio y final de la unión; las distintas clases de unión; las disputas de amor. Es la Segunda Parte, sobre la unión erótica; son diez capítulos, diecisiete apartados.

Normas para pedir en matrimonio; comprobación de las relaciones. Cómo inspirar confianza a las doncellas. Cómo dirigirse a una jovencita; actitudes y expresiones. Cortejo de un hombre sin intermediarios; la conquista del hombre elegido; lo que saca una doncella del cortejo. Distintas formas de contraer matrimonio. Es la Tercera Parte, sobre las relaciones con las doncellas; son cinco capítulos, nueve apartados.

El comportamiento de una mujer cuando es esposa única; conducta durante los viajes del marido. Cómo se debe comportar la esposa más anciana con las otras mujeres; cómo debe actuar la más joven; la viuda que se ha vuelto a casar; la esposa caída en desgracia; la vida en el harén; las relaciones de un hombre con muchas esposas. Es la Cuarta Parte, sobre las mujeres casadas; son dos capítulos, ocho apartados.

Descripción de la índole de mujer y hombre, y los motivos de rechazo; los hombres que tienen éxito con las mujeres; mujeres que se pueden conquistar sin esfuerzo. Formas para conocerla mejor; los cortejos. Examen de la disposición de ánimo. Las funciones de la intermediaria. Las aventuras amorosas de los señores. El comportamiento de las mujeres del harén; cómo custodiar a las esposas. Es la Quinta Parte, sobre las esposas de otro; son seis capítulos, diez apartados.

Examen de los amigos, de los hombres con los que hay que tratar o no, y de las razones para establecer una relación; cómo atraer al posible cliente. Cómo se complace a un amante. Métodos para sacar dinero; cómo reconocer al hombre desenamorado; cómo descartar a un amante. La reconciliación con un amante ya disfrutado. Distintos tipos de ventajas. Ganancias y pérdidas: examen de las consecuencias y de las dudas, y las distintas categorías de cortesanas. Es la Sexta Parte, sobre la cortesanía; son seis capítulos, doce apartados.

Cómo hacerse atractivas; cómo subyugar; los estimulantes de la virilidad. Cómo despertar el deseo que se apaga; cómo engordar el pene; prácticas particulares. Es la Séptima Parte, sobre las doctrinas secretas; son dos capítulos, seis apartados.

De esta forma tenemos treinta y seis capítulos, sesenta y cuatro apartados, siete partes, mil doscientas cincuenta estrofas. Sumario del tratado.

Después del sumario, se expone

la doctrina pormenorizadamente;

pues a los sabios les resulta agradable

tanto el planteamiento conciso como el detallado.

II. Consecución de los tres fines de la vida

Índice

El hombre, cuya vida puede alcanzar cien años, debe distribuir su tiempo y dedicarse a los tres fines de la vida, subordinados entre sí, y de tal forma que uno no perjudique a otro. De niño procure adquirir cultura y aspectos análogos de lo Útil; se entregue al Amor durante la juventud, y, en la vejez, a la Ley Sagrada y a la Liberación. O, dada la incertidumbre de la vida, puede dedicarse a cada uno de estos, cuando tenga oportunidad. El periodo juvenil de estudios, sin embargo, debería durar hasta terminar la instrucción.

Actuar conforme a la Ley Sagrada consiste en fomentar, según las doctrinas, algunos actos, como los sacrificios a los dioses, que no se cumplen por necesidad, ya que no pertenecen a este mundo y no se perciben las ventajas; y en descartar, siempre según las doctrinas, actos como alimentarse de carne, que se suelen realizar, pues pertenecen a este mundo y se perciben los resultados. La Ley Sagrada se puede aprender en los textos de la Revelación y estando en contacto con personas expertas.

Lo Útil es procurarse cultura, tierras, oro, ganado, enseres, amigos y cosas parecidas, y aumentar lo que ya se ha obtenido. Se puede aprender del comportamiento de los funcionarios, de quienes conocen las normas profesionales y de los comerciantes.

El Amor es actuar de forma que resulte agradable al oído, tacto, vista, gusto y olfato, cada uno en su ámbito, todo controlado por la mente unida al alma. Pero, en concreto, el Amor es la sensación adecuada de esta última, rebosante de la alegría que brota de la conciencia, y rica en resultados, relacionada con un contacto especial. Esto se puede aprender en el Kamasutra y frecuentando gente de mundo.

Cuando la Ley Sagrada, lo Útil y el Amor entran en conflicto, lo que precede es siempre más importante. Lo Útil, sin embargo, es lo más importante para un soberano, porque en ello se funda el curso regular del mundo; y también para una cortesana. Así se consiguen los tres fines de la vida.

Alguien puede objetar: si la Ley Sagrada no pertenece a este mundo, es conveniente la existencia de un tratado que la exponga; y esta observación vale también para lo Útil, dado que, para triunfar, se necesita un método, y este se consigue con un manual. Pero el Amor, por el hecho de que se efectúa espontáneamente hasta en los animales, por ser una cosa innata, no necesita un tratado; es la opinión de algunos expertos.

Sin embargo, como depende de la unión erótica de un hombre y una mujer, exige un método, que se consigue con el Kamasutra, dice Vatsyayana. Entre los animales, por el contrario, la vida sexual no necesita métodos, porque las hembras no se mantienen escondidas; el apareamiento tiene lugar, hasta la satisfacción, durante el periodo de celo, y las uniones no se acompañan de reflexión alguna.

Otros sostienen que no se deben realizar las acciones recomendadas por la Ley Sagrada, pues solo en el futuro producen resultados, por otra parte inciertos. ¿Quién, si no es tonto, daría a otro lo que tiene en la mano? Es preferible un pichón hoy que un pavo real mañana; mejor una moneda de oro segura que un collar de oro incierto; es la opinión de los materialistas.

Vatsyayana sostiene, por el contrario, que se deben realizar las obras previstas por la Ley Sagrada, pues las escrituras no pueden suscitar dudas; vemos que los sortilegios y los exorcismos tienen éxito a veces; las constelaciones, la luna, el sol y el conjunto de los planetas parecen actuar en beneficio del mundo, como si razonaran; además, el curso regular del mundo está determinado por la observancia de las normas sobre las clases sociales y sobre los estadios de la vida; y es evidente que la simiente que tenemos en la mano se tira en función de la cosecha futura.

Incluso para algunos no conviene realizar acciones relacionadas con lo Útil. Pues los beneficios, incluso perseguidos con gran esfuerzo, no se consiguen nunca; o, se pueden presentar, sin que se uno los busque. Dado que todo es obra del destino, este en realidad lleva a los hombres a la riqueza o a la pobreza, al éxito o al fracaso, a la felicidad o a la aflicción. El destino ha trasformado a Bali en Indra, el destino lo ha destronado; siempre el destino lo volverá a colocar en su pedestal. Es lo que sostienen los fatalistas.

Un método, por el contrario, es el fundamento de toda actividad, pues esta presupone el esfuerzo del hombre. Dado que hasta el beneficio más seguro depende de algún factor, un hombre inactivo no puede ser afortunado. Es la opinión de Vatsyayana.

Para algunos, por último, no se deben llevar a cabo acciones relacionadas con el Amor, pues se enfrentan con la Ley Sagrada y con lo Útil, que son las cosas más importantes, y, por tanto, con las personas honestas; inducen a un hombre a tener contactos con gente indigna, a iniciativas perversas, a la impureza, y comprometen su futuro. Provocan, además, negligencia, ligereza, desconfianza y exclusión por parte de los demás. Se oye hablar de muchos esclavos del Amor, que han tenido un final horrible, junto con los de su entorno; así Dandakya, rey de los Bhoja, que por amor violó a la hija de un brahmán, terminó arruinado con su estirpe y con su reino. Y baste pensar en el rey de los dioses con Ahalya, en el poderosísimo Kicaka con Draupadi, en Ravana con Sita, y en muchos otros, que vivieron más tarde: esclavos del Amor, como puede verse, gravemente castigados. Es lo que sostienen los defensores de lo Útil.

En realidad, las acciones relacionadas con el Amor tienen la misma naturaleza que la comida, ya que contribuyen al sostenimiento del cuerpo; y son fruto de la Ley Sagrada y de lo Útil. Pero conviene aprender cómo evitar las consecuencias negativas. Efectivamente, no se dejan de poner las ollas en el fuego porque haya monjes mendicantes; ni se renuncia a sembrar cebada porque haya cervatillos. Es la opinión de Vatsyayana.

Valgan unas estrofas sobre el particular:

Un hombre que se dedique, como hemos dicho, a lo Útil, al Amor y a la Ley Sagrada consigue la felicidad sin espinas, infinita, tanto aquí abajo como en el otro mundo. Los sabios se ocupan de las acciones en las que no hay dudas sobre las consecuencias, y en las que se encuentra una satisfacción sin ocasionar perjuicio alguno a lo Útil. Se tome la iniciativa que resulte eficaz para realizar los tres fines de la vida, o al menos dos, o incluso uno; pero no conseguir uno, perjudicando a los dos que quedan.

III. Exposición del saber

Índice

Un hombre debería estudiar el Kamasutra y las ciencias complementarias sin robar tiempo al estudio de la Ley Sagrada y de lo Útil y de las ciencias auxiliares. Una mujer debería dedicarse a ese estudio antes de la juventud, y, una vez casada, dependiendo de la opinión del marido.

Algunos sabios mantienen que, partiendo de la premisa que las mujeres no entienden los textos científicos, es inútil intentar instruirlas en este libro. Pero, si ellas entienden el aspecto práctico, es porque este se basa en un tratado; es lo que piensa Vatsyayana. Y no solo en este, sino en todos los campos solo algunos conocen los textos científicos, y, sin embargo, la práctica les afecta a todos; y, aunque sea de una forma remota, siempre hay un tratado en el origen de la práctica. Existe la gramática, pero, incluso sin ser gramáticos, los que realizan los sacrificios, utilizan uha durante los ritos. Existe la astrología, pero incluso quien no la conoce lleva a buen fin compromisos en los días propicios. Lo mismo que los pastores de caballos y elefantes saben cuidarlos, aunque no hayan estudiado los tratados. Por el hecho de que existe un soberano, los pueblos, aunque estén alejados de él, no se saltan los límites impuestos por la ley; así están las cosas.

En realidad, hay, incluso cortesanas, hijas de reyes o de altos dignatarios, que han ocupado su inteligencia con este tratado. Por eso una mujer debería aprender de forma reservada, a través de una persona de confianza, los aspectos prácticos, el tratado o al menos una parte del mismo. Cuando es doncella debe estudiar, en secreto y a solas, las sesenta y cuatro artes que se aplican con el ejercicio. En otros casos, pueden ser maestras de la doncella: la hija de su nodriza, que ha crecido con ella, y que ya se ha unido a un hombre; o una amiga de las mismas características, con la que pueda hablar sin ningún peligro, y una tía materna que tenga la misma edad que ella; una vieja esclava de total confianza, que ocupe el lugar de esta última, o una monja mendicante a la que ya se conozca de antes, y una hermana, si puede confiar en ella.

Las sesenta y cuatro ciencias complementarias del Kamasutra, que forman sus ramas secundarias, son:

canto; música instrumental; danza; pintura; recortar distintivos [decorativos para la frente]; crear varias líneas ornamentales con arroz y flores; colocar flores; colorear los dientes, la ropa y el cuerpo; incrustar gemas en el suelo; preparar la cama; hacer música con agua; rociar con agua [como juego]; realizar trucos que sorprendan; trenzar collares de varias maneras; hacer diademas y coronitas; realizar el aseo personal; distintas formas de adornar las orejas; preparar los perfumes; disponer adornos; artes de magia; los remedios de Kucumara; destrezas con las manos; cocinar distintos tipos de verduras, sopas y alimentos sólidos; preparar bebidas, zumos, condimentos y licores; los trabajos de sastrería y tejido; el juego de hilos; tocar música con el laúd y el tambor; resolver acertijos; el juego de las estrofas; pronunciar trabalenguas; recitar trozos de libros; conocer las obras teatrales y los cuentos; completar de memoria estrofas de poesías; distintos modos de trenzar cintas y juncos; trabajos de alfarero; carpintería; arquitectura; saber distinguir la plata y las piedras preciosas; metalurgia; conocer el color y los lugares de origen de las piedras preciosas; saber aplicar las doctrinas sobre el cuidado de los árboles; preparar peleas de carneros, gallos y perdices; enseñar a hablar a papagayos y estorninos; ser expertos en dar friegas, masajes y peinar; comunicar con el lenguaje de las manos; conocer los distintos lenguajes convencionales; hablar en dialecto; interpretación de los oráculos celestes; descifrar los presagios; el alfabeto de los diagramas místicos; la técnica de la memorización; saber recitar un texto en tertulia; componer poesías mentalmente; saber de diccionarios; conocer la métrica; tener claras las normas poéticas; conseguir fingir ser otro; disfrazarse con ropa; distintos juegos de azar; el juego de los dados; conocer los juguetes de los niños; ser expertos en las ciencias de las buenas maneras, de la estrategia y del ejercicio físico.

Las sesenta y cuatro artes de Babhravya son distintas; expondremos su utilización, con un argumento tras otro, en la sección dedicada a la unión erótica, ya que el amor consiste en estas.

Una cortesana, que destaque en estas, y tenga buen carácter, belleza y cualidades, consigue el título de cortesana y un puesto en la asamblea pública. El soberano siempre la respeta, los hombres superiores la alaban, se le desea, es digna de recibir visitas, y se le toma como modelo. La princesa o la hija de un alto dignatario que conozca estas artes somete a su esposo, aunque en el harén haya mil mujeres. Por este motivo, aunque el esposo esté lejos, o haya caído en terrible desgracia, una mujer puede vivir bien con estas ciencias hasta en un país extranjero. Un hombre experto en estas artes, dicharachero y seductor, aunque sea un desconocido, consigue con facilidad el corazón de las mujeres. El éxito en el amor se consigue cuando se aprenden estas artes; pero conviene utilizarlas o no, teniendo en cuenta el lugar y el momento.

IV. La vida del hombre elegante

Índice

Después de terminar los estudios y convertirse en cabeza de familia, gracias al patrimonio acumulado con donaciones, victorias militares, comercio o un estipendio, o recibido por herencia, ya ganado o heredado, un hombre debe llevar vida de elegante. Viva en una capital, en una ciudad, en un barrio o en un importante centro, donde está la gente de bien; también puede hacerlo en otro sitio, según sus medios de subsistencia. Aquí se haga construir una casa cerca del agua, que tenga un jardín con árboles, un patio distinto para los trabajos y dos habitaciones.

En la habitación exterior ponga una cama blanda, almohadas en los dos extremos, flexible en el centro y con una colcha blanca, y un pequeño sofá adicional. Junto a la cabecera de la cama, un asiento de paja [para cumplir las devociones a los dioses] y una banqueta. Encima de esta, sobras de la noche, ungüento y una guirnalda, un cestito de cera de abejas, un estuche de perfume, cortezas de limón y hojas de betel. Una escupidera en el suelo.

En la habitación habrá un laúd colgado, una mesa de dibujo, un estuche de pinturas, un libro y guirnaldas de amarantos amarillos. No lejos de la cama, en el suelo, un asiento redondo, en el que se pueda apoyar la cabeza; una mesa para los dados y una mesita de juego.

Fuera de la habitación, jaulas de pájaros domesticados; a un lado, un sitio para hilar, para los trabajos de carpintería y otros entretenimientos. En el jardín arbolado, un columpio bien mullido, a la sombra, y un poyo de tierra dura [bajo una glorieta de enredaderas, y por esto] lleno de flores. Es la disposición de la casa.

El hombre elegante se levante a buena hora y procure cumplir con sus obligaciones: se cepille los dientes, se dé una dosis moderada de ungüento, de incienso y se ponga una guirnalda; se pase la cera de abejas y el lápiz [por los labios], se mire en el espejo y tome betel para perfumar la boca; luego inicie sus ocupaciones.

Báñese todos los días; cada dos, friegas; cada tres, se pase la concha de jibia [en las piernas, desde las rodillas para abajo]; cada cuatro, se afeite; cada cinco o diez [según el método], se depile [las partes íntimas], sin excepciones; y, a diario, se quite el sudor de las axilas tapadas.

Coma por la mañana y por la tarde; por la mañana y por la noche, opina Carayana. Tras el desayuno, puede dedicarse a enseñar a hablar a papagayos y estorninos; monte peleas de perdices, gallos y carneros, y pasatiempos artísticos. Se ocupe de lo relacionado con el pithamarda, el vita y el vidusaka, luego, un breve descanso. Por la tarde, después de realizar el aseo personal, se dedique a juegos de tertulia, y, por la noche, a los espectáculos musicales. Al terminar, con los amigos, en la habitación bien acomodada y rebosante de incienso perfumado, espere en la cama a las mujeres en visita amorosa, mande a intermediarias o vaya personalmente en su búsqueda. Reciba en compañía de los amigos a las huéspedes con palabras aduladoras y con gestos corteses; se preocupe personalmente de que estén guapas las que, al venir a hacerle una visita con mal tiempo, por la lluvia se han desarreglado; o se encarguen los amigos; luego procure que a todas se les colme de atenciones. Son las distintas ocupaciones del día y de la noche.

Además, debería organizar procesiones, promover encuentros en su círculo de conocidos, libaciones, excursiones al campo y juegos de sociedad. El día de la quincena o del mes, que ya todos conocen, den una fiesta con hombres encargados de la misma en el templo de Sarasvati. Actores forasteros ofrecezcan un espectáculo, y, al día siguiente, reciban el agasajo y la compensación pactada. Luego, según los deseos, se les puede volver a ver actuar o se les despide; en caso de ausencia por desgracias o festejos, [los actores extranjeros y los encargados] se sustituyen. Los huéspedes que hayan intervenido reciban aplauso y ayuda. Son los distintos deberes de sociedad. El mismo planteamiento vale para las distintas procesiones, con sus normas pertinentes, de cada una de las divinidades.

La “tertulia” tiene lugar cuando hombres de cultura, inteligencia, carácter, posibilidades económicas y edades parecidas se reúnen con sus cortesanas en casa de una de estas mujeres, en un salón, o en la morada de uno de ellos. Intercambien opiniones sobre poesía y arte. Se rinda homenaje a los que son brillantes y queridos por la gente, y se invite a los que son muy estimados.

Ténganse las fiestas de forma alternativa: una vez en casa de uno, otra en casa de otro. Y los elegantes inviten a las cortesanas a beber, luego beban ellos madhu, maireya y asava con aperitivos: salados, a base de fruta, verduras y hortalizas, amargos, picantes y agrios. Esto mismo sirve para las excursiones. Ellos irán a caballo por la mañana temprano, elegantemente vestidos, en compañía de cortesanas y seguidos de criados. Coman y pasen el tiempo con peleas de gallos, perdices y carneros, con juegos, espectáculos y actividades lúdicas; por la tarde, al volver a casa, traigan recuerdos de la visita a ese parque. Con esto queda expuesto cómo se pueden divertir con el agua, durante la estación calurosa, cuando se prepare para bañarse un sitio en el que no haya animales.

Diversiones de sociedad: la noche de los yaksa, vigilia de Kaumudi, la fiesta de primavera; coger mangos, comer granos tostados, degustar fibras de loto; juego de las hojas verdes, tirar agua con pajitas, imitar con muñecos, el juego del único árbol de salmali; día de la cebada; día de la litera; fiesta del dios Amor; coger flores de artemisa; carnaval; hacer coronas de asoka, recogiendo flores; juego de los ramos de mango, romper cañas de azúcar, peleas con flores de kadamba. Los elegantes participen en estos y otros pasatiempos, universales y locales, distinguiéndose de la gente común. Si uno está solo, se comporta en función de sus riquezas; así queda ilustrada también la conducta de la cortesana y de la enamorada con las amigas y con los elegantes.

Un pithamarda es un hombre sin patrimonio, solo; sus propiedades son una silla portátil, una concha de jibia y ungüento; viene de un país respetado, experto en las artes y, cuando las enseña, tiene éxito tanto en la tertulia como en las actividades a que se dedican las cortesanas.

Por el contrario, un vita es el hombre que ha disipado sus bienes, es del lugar, posee buenas cualidades, tiene mujer y es muy estimado en el ambiente de las cortesanas y en las tertulias, y de ahí saca para vivir. Por el contrario, es un vidusaka, un bufón el que tiene una cultura limitada, le gusta hacer reír y goza de confianza.

Para las cortesanas y para los hombres elegantes son los ministros encargados de la paz y de la guerra. Vale también este planteamiento para las monjas mendicantes, las rasuradas, las mujeres de costumbres ligeras y las viejas cortesanas, que conocen las artes.

El que vive en un pueblo debe despertar el interés de sus familiares inteligentes y curiosos, describiendo la vida de los hombres elegantes y suscitando en ellos el deseo, y compórtese exactamente igual; promoviendo las tertulias, alegrando a la gente, yendo a visitarla, prestando su ayuda a las obras emprendidas y haciendo favores. Es la vida del hombre elegante.

Valgan unas estrofas sobre el particular:

Quien con lenguaje ni demasiado refinado ni demasiado popular mantiene la conversación en las tertulias puede gozar de alta estima entre la gente. El hombre precavido no debe pisar una tertulia que todos aborrecen, entregada a desórdenes, pues solo pretende perjudicar a los demás. El hombre sabio triunfa en el mundo, si frecuenta una tertulia que satisface a la gente y se ocupa simplemente de entretener.

V. Examen de los amantes, de los amigos y de la función de los intermediarios

Índice

El amor dirigido a una mujer que no ha tenido otro hombre, en paridad de rango dentro de las cuatro clases sociales y según las escrituras, da hijos, confiere honor y corresponde a los usos del mundo. Lo opuesto, y prohibido, es el amor con mujeres de clase superior y casadas con otro. El amor con mujeres de clase inferior, no expulsadas de la sociedad, con cortesanas y con viudas que se han vuelto a casar no se prescribe ni se prohíbe, pues solo vale para el placer. En este ámbito, las amantes son de tres tipos: doncella, viuda que se ha vuelto a casar y cortesana.

Teniendo en cuenta otros motivos, también es una posible cuarta amante la mujer casada con otro, dice Gonikaputra. Este caso se da cuando un hombre piensa: “Se trata de una mujer sin escrúpulos. Seguramente, de alguna forma, ha puesto en entredicho varias veces su buena conducta; unirse a ella es igual que unirse a una cortesana, no supone una trasgresión de la Ley Sagrada, aunque sea de clase social superior”. “Se trata de una viuda que se ha vuelto a casar; ya ha pertenecido a un hombre, ha sido poseída [por algún otro]; la situación no suscita duda alguna”.

O en caso de que el hombre establezca: “Esta ejerce una fuerte presión sobre el marido, un gran señor con muy buenas relaciones con mi enemigo; si se hace íntima mía, alejaré, por afecto, a su esposo de ese individuo”. “Hará cambiar la opinión de su marido, que me es hostil, tiene poder y pretende causarme perjuicios”. “A través de ella ganaré a un amigo [al marido], y gracias a él sabré quién está conmigo y quién en contra o podré hacer algo que resulta difícil”. “Conseguida la intimidad con ella, mataré a su marido y obtendré el poder que este tiene”.

O también: “Frecuentarla no supone ningún riesgo y trae ventajas; para mí, que soy pobre, no tengo medios de subsistencia. Así me apoderaré sin esfuerzo de sus extraordinarias riquezas”. “Ella conoce mis puntos débiles, y está muy enamorada de mí; si la rechazo, me arruinará divulgando mis debilidades”. “Me acusará de un delito no cometido, creíble y difícil de rechazar, por lo que podré acabar en la ruina”. “Indispondrá contra mí a su poderoso y dócil esposo, y lo llevará a alinearse con todos los que me odian; o hará ella misma causa común con ellos”. “Su marido ha violado mi harén, y por esto le pagaré corrompiendo a sus esposas”. “Por encargo del soberano lograré matar a un enemigo suyo, que está escondido en su entorno.

O por último: “Otra mujer, a la que quiero, se acuesta con ella. A través de ella la puedo conseguir”. “Ella me proporcionará una doncella, inalcanzable por cualquier otro medio, que está sometida a ella, rica y guapa”. “Mi enemigo se ha hecho íntimo de su esposo; a través de su mujer le haré probar una poción envenenada”. Por estos y otros motivos parecidos se puede seducir a la esposa de otro hombre. Y por ese motivo el adulterio no solo se ha de realizar por pasión. Son distintas razones para unirse a la esposa de otro.

Por idénticos motivos es un quinto tipo de amante, según Carayana, una viuda ligada a un alto funcionario o al rey, o relacionada parcialmente con ellos, a otra a la que se confían responsabilidades. Para Suvarnanabha, un sexto tipo es una monja mendicante con las mismas características. Ghotakamukha opina que una séptima categoría corresponde a la hija de una cortesana o a una sierva aún vírgenes. Es un octavo tipo, para Gonardiya, la joven de buena familia que ha superado la infancia, ya que con ella se procede de forma distinta.

Sin embargo, dado que el fin no difiere, también estas amantes están incluidas en las que hemos nombrado con anterioridad; por esto, Vatsyayana opina que las categorías de amantes son solo la doncella, la viuda que se ha vuelto a casar, la cortesana y la esposa de otro. Algunos enumeran como quinta categoría a los eunucos, como algo distinto.

El hombre amante conocido por todos es de un solo tipo; un segundo tipo es el secreto, que consigue algo particular. En función de los méritos o por falta de los mismos, se puede reconocer si es excelente, medio o ínfimo. Expondremos cualidades y defectos de los amantes hombre y mujer en la sección de las cortesanas.

Estas son las mujeres a las que no hay que frecuentar nunca: a una leprosa; a una loca; a una expulsada de la sociedad; a la que revela secretos; a la que expresa sus ganas en público; a la que casi ha superado la juventud; a la que es demasiado blanca, o demasiado negra; a la que huele mal; a una ligada por parentesco; a una amiga; a una monja, y a las esposas de los familiares, de los amigos, de los sabios brahmanes o del rey.

Los discípulos de Babhravya opinan que se pueden mantener relaciones con cualquier mujer que haya tenido cinco hombres; Gonikaputra dice que a excepción de las esposas de los familiares, de los amigos, de doctos brahmanes o del rey.

Es un amigo el hombre con el que jugamos de niños; el que está vinculado por un favor; el que tiene igual carácter e inclinaciones; un compañero de estudios; quien conoce los puntos débiles y los secretos, o al que se le conozcan, y el hijo de la nodriza, crecido con él.

Un amigo perfecto es el hereditario, cuyo bisabuelo era ya amigo de su bisabuelo; el que mantiene la palabra, que no es un veleta, dócil, constante, de carácter no codicioso, que no se deja influenciar y no divulga las decisiones.

Son amigos: el lavandero, el barbero, el florista, el droguero, el tabernero, el monje mendicante, el pastor de vacas, el vendedor de betel, el joyero, el pithamarda, el vita, el vidusaka, y otros parecidos. Los hombres elegantes deben ser amigos hasta de sus esposas, dice Vatsyayana.

Realiza las funciones de intermediario el amigo común de los amantes, sincero con ambos, y sobre todo el que goza de total confianza de la enamorada. Las dotes del intermediario son: destreza, audacia, capacidad de comprender actitudes y expresiones, ausencia de desorientación, conocimiento de los puntos débiles de los demás, que impone autoridad, dotes para engañar, conocimiento del lugar y del tiempo oportunos, rapidez de reflejos a inmediata comprensión, acompañada de un sabio recurso a estratagemas.

Una estrofa sobre el particular:

Un hombre dueño de sí, con muchos amigos a inteligente, que conoce el carácter y distingue el tiempo y el lugar, conquista sin hacer grandes esfuerzos incluso a la mujer más difícil de conseguir.

II. Sobre el sexo

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I. Descripción del placer según el tamaño, la duración y el temperamento

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Los distintos tipos de amante masculino, en relación con el órgano sexual, son liebre, toro, caballo. La amante, por el contrario, puede ser cierva, yegua o mujer elefante. En este ámbito, cuando la relación tiene lugar a la par, se dan tres uniones iguales. En caso contrario, existen seis desiguales.

Entre las desiguales, si la preponderancia es del hombre, cuando la relación se efectúa entre categorías contiguas, son posibles dos uniones altas. No contigua, existe una sola unión superior. Si la preponderancia es de la mujer, por el contrario, entre categorías contiguas, se dan dos uniones bajas, y, no contigua, una unión inferior. Entre estas, las uniones iguales son las mejores; las peores, las marcadas por el comparativo. Las otras son moderadamente buenas. Incluso en una situación media, una unión definida “alta” es preferible a una definida “baja”. Son las nueve uniones según las medidas.

Quien, en el momento de los abrazos, está desganado, tiene poca virilidad y no aguanta los azotes cariñosos es un hombre de pasión débil. En antítesis con esto hay amantes de pasión moderada o ardiente; y lo mismo vale para la enamorada. También en esto, como respecto a las medidas, los tipos de unión son nueve.

En relación con la duración, los amantes pueden ser veloces, medios o lentos. Hay diversidad de opiniones respecto a la mujer. Hay quien sostiene que ella no consigue la satisfacción igual que el hombre, sino que su deseo viene aplacado de forma continuada por el macho. Este deseo produce, si viene acompañado de la alegría de la conciencia, un placer distinto, en el que la mujer tiene el conocimiento del deleite. Por otra parte, ni siquiera el placer del hombre pertenece a las categorías definibles por un acto cognoscitivo; y no basta informarse: “¿Cómo es tu placer?” Entonces, uno podría objetar: ¿Cómo se puede entender [que el placer de la mujer es distinto]? Porque el hombre, llegado al orgasmo, se para, según sus deseos, sin preocuparse de la mujer; ella, sin embargo, no se comporta igual. Es lo que afirma Svetaketu.

Se puede rebatir: cuando el enamorado lo prolonga mucho, las mujeres quedan satisfechas; mientras que, si es veloz, sin reparar en que ellas hayan conseguido la satisfacción, estas se irritan. Todo esto indica que ellas han conseguido, o no, la satisfacción. No es un planteamiento válido, pues la simple satisfacción del deseo se aprecia, si dura mucho. Y como subsiste la duda, la objeción no demuestra nada. [Svetaketu concluye:]

En la unión, el hombre acalla el deseo de la mujer; si va acompañado de conciencia, se llama satisfacción.

Para otros, la joven consigue la satisfacción de forma continuada, desde el inicio; el hombre, por el contrario, solo al final. Esto parece lógico; efectivamente, si ella no consiguiese el deleite, no tendría lugar la concepción. Es la opinión de los discípulos de Babhravya.

Ni siquiera el hecho de que [las mujeres queden satisfechas por los amantes que lo prolongan mucho, ni al revés], basta para disipar las dudas. Se podría rebatir: si las mujeres alcanzan el placer de forma continuada, no es normal que al inicio se sientan indiferentes y sin muchas ganas; luego, gradualmente, se vuelvan apasionadas sin preocuparse del cuerpo, y al final deseen parar.

Esto no quiere decir, en realidad, nada. Para el torno del alfarero, o para la peonza, el hecho de girar es algo constante, parece normal que, cuando uno de estos objetos gira, al principio sea lento, y luego, gradualmente, alcance el máximo de velocidad. En cuanto al deseo de parar, tiene lugar porque se ha terminado el semen. Por este motivo, no hay una objeción contundente. [Para los discípulos de Babhravya, las cosas están así:]

Los hombres gozan al final del amor, y las mujeres en continuidad; el deseo de pararse surge porque se ha terminado el semen.

Basándonos en esto, [Vatsyayana opina que] la manifestación de placer de la mujer hay que juzgarla igual a la del hombre: ¿Cómo podría haber una diferencia de resultados, si la especie [humana] es la misma, y los dos buscan lo mismo? ¿Quizá por la diversidad de instrumentos y de conciencia? ¿Pero cómo? La diversidad de instrumentos es por naturaleza: el hombre es la parte activa, la mujer la parte pasiva. El agente realiza una función, la parte pasiva obtiene otra; o sea, dada la diversidad de instrumentos, hay también por naturaleza una diferencia de conciencia. El hombre queda satisfecho, cuando piensa: “Yo la conquisto”; y la mujer queda satisfecha, al pensar: “Me ha poseído”. Es la opinión de Vatsyayana.

Se podría objetar: dada la diversidad de instrumentos, ¿no debería darse también una diferencia de resultados? La diversidad de instrumentos está fundada en la desigualdad de características: agente y parte pasiva; pero la diferencia de resultados, sin base lógica, sería algo impropio, ya que no existe diversidad de especie.

Llegados a este punto, se podría objetar: los que obran juntos realizan una sola cosa; pero los dos amantes cumplen por separado su fin. Por esto, el planteamiento no es correcto. Es evidente que se consigue más de una meta a la vez, como en el choque de dos carneros, cuando rompen uno contra otro dos frutos de kapittha, o en la pelea entre dos luchadores. Si se objeta que aquí no hay disparidad entre los agentes, la respuesta es que en nuestro caso ni siquiera la diversidad es esencial; se ha dicho antes que la diferencia de instrumentos es así por naturaleza. Lo que nos lleva a la conclusión de que los dos amantes alcanzan también igual satisfacción. [Concluye Vatsyayana]:

Ya que la especie no es distinta, el esposo y la esposa buscan el mismo placer; por esto hay que acariciar a la mujer para que ella sea la primera en alcanzar el deleite.

Demostrada la igualdad, hay, como en el caso de las medidas, nueve tipos de unión según la duración, y, basados en esta, también según el temperamento.

Los sinónimos de “orgasmo” son: placer, deleite, amor, satisfacción, pasión, eyacular, cumplir. Los sinónimos de “hacer el amor” son: relación sexual, unión, tabú, acostarse, éxtasis. Como cada una de las uniones producidas por la medida, duración y temperamento es de nueve tipos, resulta imposible, cuando estos se mezclan, indicar los distintos modos del amor, son amplísimos. En cada uno, dice Vatsyayana, se deben usar con criterio las iniciativas eróticas.

Durante la primera unión el hombre es ardiente y veloz, al contrario que en las sucesivas. La mujer, sin embargo, es al revés, hasta que se termina el semen. Se suele decir que el hombre agota el semen antes que la mujer.

Por el hecho de ser tiernas, gracias a las caricias y por naturaleza; las mujeres llegan al placer de prisa, así lo han establecido los maestros. Hasta aquí los sabios han expuesto la doctrina de la unión: para enseñar a los menos preparados, pasemos ahora a una descripción detallada.

Distintas clases de amor

Los expertos en los tratados dicen que el amor es de cuatro tipos: por práctica y por conciencia, por convencimiento y por sensualidad. El amor que nace de una percepción, y tiene como característica la reiteración, hay que considerarlo amor “por práctica”, como sucede con la caza o actividades parecidas. El amor por acciones nunca antes realizadas, que no se basa en objetos sensoriales, sino que nace de una idea, será amor “por conciencia”. Esto se reconoce en el amor con la boca de los eunucos o de las mujeres, y en las distintas iniciativas como besos y otras cosas parecidas. Quien conoce los tratados llama amor hecho “por convencimiento”, si piensa: “¡Es eso realmente!”, cuando la causa del afecto es otra. El amor evidente, conocido por todos, es el que descansa en los objetos de los sentidos, porque da los frutos más importantes: de este adquieren significado también los otros. Una vez examinados según el tratado estos tipos de amor definidos, se pondrán en práctica de la forma adecuada, basándose en cómo se nos presentan.

II. Formas de abrazar

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La parte sobre la unión erótica se denomina “sesenta y cuatro”, porque hay sesenta y cuatro apartados. La opinión de algunos maestros es que con “sesenta y cuatro” se indica un tratado sobre el amor como este. O, dado que las artes son sesenta y cuatro, y estas forman una rama de la unión erótica, el conjunto de las artes se denomina “sesenta y cuatro”. Algunos sostienen que, como también las diez secciones que forman el Rigveda se llaman así, y también en este caso subsiste una relación con el término “diez”, a la vez que una conexión con Pañcala, los expertos del Rigveda utilizan esta denominación a título honorífico.

Para los discípulos de Babhravya la unión tiene ocho aspectos: abrazos, besos, arañazos, mordiscos, maneras de acostarse, emitir gemidos, tomar la parte del hombre y el amor con la boca; y cada uno de estos tiene ocho variedades distintas, por eso existen ocho grupos de ocho, que hacen sesenta y cuatro. Sin embargo, parece evidente que algunos de estos ocho grupos de variedades tienen [como veremos] un menor número de formas, al mismo tiempo que otros tienen más; además, entran en este ámbito también otros agrupamientos, como pegar, gritar, las iniciativas del hombre, las uniones extraordinarias y otros más; por este motivo, la opinión de Vatsyayana es que “sesenta y cuatro” es una forma de expresarse, como se habla del árbol “sietehojas” o del arroz “cincocolores”.

O sea, para dos amantes que aún no se han unido existen cuatro tipos de abrazos, que sirven para mostrar los signos del amor: el abrazo que roza, que traspasa, que frota y que aprieta. En cada caso ya se indica la forma de actuar con el término utilizado como definición.

Cuando la mujer que pretendemos amar se presenta ante nosotros, si el hombre da un paso adelante con cualquier pretexto, y toca su cuerpo, se tiene el abrazo “que roza”. Cuando el hombre que se debe conquistar está de pie o sentado en un lugar apartado, y la enamorada, al recoger algo, lo aprieta con fuerza con su seno, y él la agarra, abrazándola, es el abrazo “que traspasa”. Ambos tienen lugar cuando todavía los dos no han hablado mucho entre ellos.

Si en la oscuridad, entre la gente o en un sitio solitario, caminan despacio y sus cuerpos se restriegan uno contra otro durante un corto espacio de tiempo, se tiene el abrazo “que frota”. El mismo, cuando se aprieta fuerte contra una pared o columna, trabándose, se convierte en abrazo “que aprieta”. Estos dos tienen lugar entre los que conocen recíprocamente su estado de ánimo.

Enredarse en la liana, escalar el árbol, sésamo y arroz, leche y agua son los cuatro abrazos en el momento de la unión. La mujer, acercándose como una liana a un árbol sala, hace que la cara del hombre se incline para besarle; o, levantado ella la cara, pegada a él, entre ligeros gemidos, se queda un rato contemplándolo tiernamente: es el “enredarse en la liana”. En caso de que la mujer apoye un pie en el pie del amante y ponga el otro en el muslo, y con este se ciñe, echa un brazo por su espalda y con el otro le hace inclinar los hombros, y gimiendo y arrullando, poco a poco, quiere trepar para besarlo, se tiene el “escalar el árbol”. Estos dos abrazos se realizan estando de pie.

Una vez acostados, los amantes se abrazan muy fuerte, entrecruzando los muslos y los brazos, casi en una lucha: es el “sésamo y arroz”. Ciegos de pasión, sin preocuparse si se hacen daño, como si quisieran entrar uno en la otra, mientras ella está sentada en sus rodillas, ante él, o están encima de la cama: es el “leche y agua”. Estos dos abrazos tienen lugar en el momento de la pasión.

Hasta aquí se han expuesto las distintas formas de abrazo según Babhravya. Sin embargo, Suvarnanabha enumera aún cuatro tipos de abrazo con una sola parte del cuerpo.

Si un amante aprieta con todas sus fuerzas, haciendo con sus muslos una traba, sobre uno o sobre los dos muslos del otro, se tiene el “abrazo con los muslos”.

Con el vientre apretando el vientre, la mujer, mientras sacude su larga cabellera, sube por el hombre, para arañar, morder, pegar y besar: es el “abrazo del vientre”.

Con los senos cruzando por su pecho, descansa todo el peso: es el “abrazo con el seno”.

Unida boca con boca, los ojos con los ojos, golpea la frente contra la frente: es el “adorno de la frente”.

Algunos consideran que incluso el masaje es un tipo de abrazo, ya que tiene lugar un contacto. Vatsyayana no está de acuerdo, pues el masaje se produce en un momento distinto, es divergente en el fin y no es una acción común de los dos amantes.

A los hombres que preguntan o quieren conocer, incluso a los que exponen toda la doctrina de los abrazos les nace el deseo del amor. También otros abrazos, que no hemos considerado, pero que atizan la pasión, hay que utilizarlos con diligencia, pues conducen a la unión. El ámbito de los tratados llega hasta que los hombres empiezan a excitarse; una vez puesta en movimiento la rueda del placer, ya no vale ni libro ni orden fijo.

III. Formas de besar

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No hay un orden establecido para los besos, arañazos y mordiscos, ya que se dan en momentos de excitación. Se recurre a los mismos, generalmente, antes de la unión, mientras a los golpes y gemidos durante el desarrollo de la misma. Vatsyayana sostiene, por el contrario, que todo se puede hacer en cualquier momento, ya que la pasión no conoce deferencias. Durante la primera unión conviene valerse de los mismos, con una mujer que ya sienta confianza, no demasiado abiertamente y en forma alternativa; en las siguientes, se practiquen con mucho ardor y en grupos particulares, para inflamar el deseo.

Se besa la frente, la cabellera, las mejillas, los ojos, el pecho, los senos, los labios y la boca; en Lata también la ingle, los sobacos y la zona por debajo del ombligo. A causa de la excitación, y por las costumbres locales, hay muchos otros sitios, pero no todas las personas tienen que recurrir a los mismos; es la opinión de Vatsyuyana.

Los besos de la doncella son tres: comedido, palpitante, que toca. Si esta, casi obligada, posa su boca en la boca del otro, pero sin hacer ningún movimiento, se tiene el beso “comedido”. Cuando, todavía un poco avergonzada, desea coger el labio inferior del amante, que este ha insinuado en su boca, y hace vibrar su labio inferior, pero no lo consigue, es el beso “palpitante”. Si apenas aprieta, con los ojos cerrados y tapando con las manos los ojos del enamorado, y lo toca con la punta de la lengua, es el beso “que toca”.

El resto de los besos son de cuatro clases: de frente, de soslayo, vago y apretado. Hay además un quinto modo de beso “apretado”: cuando se sujeta entre dos dedos el labio inferior del amante, y se le presiona con los labios abiertos en forma de copa, sin usar los dientes.

En tales circunstancias se puede iniciar un juego, que consiste en esto: gana el primero que bese el labio inferior del otro. Cuando pierde la mujer, esta debe, con lágrimas, mover las manos, rechazar, morder, soltarse y, en caso de ser mantenida a la fuerza, discutir; proponga una nueva apuesta y, vencida de nuevo, se enfade aún más. Cuando el enamorado esté demasiado confiado o distraído, que ella agarre su labio y, sujetándolo con los dientes, impida que se le escape; entonces se ría, grite, amenace, brinque, pida testimonios y dance; y, agarrándolo del pelo, con la cara donde las cejas ondulan de risa y los ojos tiemblan, haga una serie de comentarios. Es la disputa de amor durante el juego del beso.

El mismo planteamiento también vale para las disputas durante los juegos de arañazos, mordiscos y golpes. A estas disputas solo recurren los amantes ardientes, ya que les caen bien.

Si mientras la enamorada besa al hombre, le aprieta el labio superior, se tiene el “beso del labio superior”. Cuando se besa agarrando con los labios, en una especie de traba, los labios del otro, es el beso “en forma de copa”, que se ofrece a una mujer o a un hombre en el que aún no han aparecido los signos de la pubertad. Y en este, si el hombre toca con la lengua los dientes, el paladar o la lengua de ella, se tiene la “disputa de la lengua”. Y esto también vale cuando la boca y los dientes se agarran y se ofrecen con fuerza [o sea, las “disputas” de la boca y de los dientes].

En otras partes del cuerpo el beso puede ser, según el lugar, comedido, apretado, curvilíneo y delicado. Son los distintos tipos de beso.

Si la mujer, contemplando la cara del amante adormecido, lo besa como desea, es el beso “que enciende la pasión”.

Cuando un enamorado está descuidado, o está discutiendo, o distraído con alguna otra cosa o querría dormir, el beso para quitarle el sueño [y otras causas de frialdad] se llama “que distrae”.

Si él llega tarde por la noche y besa a gusto a la enamorada, que duerme en la cama, es el beso “que despierta”. Por tanto, en caso de que la mujer desee sondear los sentimientos del amante, puede fingir que duerme, después de haberse enterado de la hora de su llegada.

Besar en un espejo, en una pared o en el agua la imagen reflejada de la amada es un gesto que vale para revelar el estado de ánimo. Cuando se besa a un niño, una pintura o una estatua, se tiene el beso “transferido”, y lo mismo vale para el abrazo. Algo parecido tiene lugar cuando por la noche, durante un espectáculo o entre familiares, el hombre, que está junto a la amada, le besa los dedos de la mano o, si está echado, los dedos del pie. Cuando, por último, una mujer que da masajes, para mostrar al hombre su estado de ánimo, coloca el rostro en sus muslos, como si estuviera vencida por el sueño y sin ningún tipo de deseo, y se los besa, y también el pulgar de los pies, son besos “que cortejan”.

Intercámbiense todas las acciones, un golpe con otro golpe, y por el mismo motivo un beso con otro beso.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
27 şubat 2026
Hacim:
150 s.
ISBN:
4064066448455
Yayıncı:
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