Kitabı oku: «Crisis ecológica»

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CRISIS ECOLÓGICA

UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA

AUTORIDADES


RectorIng. Rodolfo Gallo Cornejo
Vicerrectora AcadémicaMg. Prof. Lilian Constanza Diedrich
Vicerrector AdministrativoDr. Darío Eugenio Arias
Vicerrector de FomaciónPbro. Dr. Cristian Arnaldo Gallardo
Vicerrector de Investigación y DesarrolloDr. Federico Colombo Speroni
Director General del Sistema de Educación a distanciaIng. Lic. Daniel Torres Jiménez
Secretaria GeneralLic. Silvia Milagro Álvarez

INSTITUTO PARA LA INTEGRACIÓN DEL SABER «SAN ALBERTO MAGNO» IPIS - UCASAL


DirectoraLic. Verónica Figueroa Clérici

EDITORIAL EUCASA


DirectoraLic. Rosanna Caramella
EdiciónProf. Soledad Martínez Saravia
ComercializaciónLic. Mariana Remaggi

CRISIS ECOLÓGICA
Aportes para una ecología integral

VERÓNICA FIGUEROA CLÉRICI

Compiladora

EUCASA

EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA

SALTA - ARGENTINA

Crisis ecológica / Claudio Ramírez... [et al.] ; compilado por Veronica Figueroa

Clerici. - 1a ed . - Salta : Universidad Católica de Salta. Eucasa, 2020.

Libro digital, EPUB - (EUCASA - Identidad)

Archivo Digital: descarga y online

ISBN 978-950-623-209-2

1. Ecología. 2. Cuidado del Medio Ambiente. I. Ramírez, Claudio. II. Figueroa Clerici, Veronica, comp.

CDD 577.076

Para citar este libro:

Figueroa Clérici, V. (Comp.) (2020). Crisis ecológica. Aportes para una ecología integral. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta).

Para citar una parte:

Ramírez, C. (2020) «La relación entre teología y ecología a partir de la Laudato Si’»; en: Figueroa Clérici, V. (Comp.) (2020). Crisis ecológica. Aportes para una ecología integral. Salta: EUCASA (Ediciones Universidad Católica de Salta).


© 2020, por EUCASA (EDICIONES UNIVERSIDAD CATÓLICA DE SALTA)

Colección: EUCASA Identidad / Ecología

Resolución Rectoral: 442/2020

Imagen de tapa: Laudato Si’. Óleo 20 x 30. María Edit Nallim.

Domicilio editorial: Campus Universitario Castañares - 4400 Salta, Argentina

Web: www.ucasal.edu.ar/eucasa

Tel./fax: (54-387) 426 8607

e-mail: eucasa@ucasal.edu.ar

Depósito Ley 11.723

ISBN: 978-950-623-209-2

Digitalización: Proyecto451

Este libro no puede ser reproducido total o parcialmente, sin autorización escrita del editor.

Índice de contenido

Portadilla

Presentación

A modo de Introducción

La relación entre teología y ecología a partir de la Laudato Si’.

San Francisco de Asís y la Carta Encíclica Laudato Si’

La Encíclica Laudato Si’, sulla cura della casa comune

El cambio climático y la economía: algunos enfoques y evidencias

Una mirada a la Ecología Integral desde las Ciencias Naturales

Ecología y Teología

Reflexiones sobre la crisis socio-ambiental: aportes de Trabajo Social

Desarrollo humano integral: El cuidado de la vida frágil

Los días contados

Contaminación del arroyo El Codito en la ciudad de Gral. Güemes (prov. de Salta)

El llamado del comunicador social a cuidar la Casa Común: La responsabilidad ineludible de la comunicación social en el cuidado del ambiente y la ecología

Presentación
Cristian A. Gallardo (1)

“Una Universidad Católica participa en la misión evangelizadora de la Iglesia y para el desarrollo de la cultura cristiana y el progreso… Sin embargo, es importante precisar que las universidades católicas participan de la misión evangelizadora con una modalidad específica, es decir están orientadas a propiciar el diálogo entre la fe y la razón, demostrando que así como la fe requiere el intelecto, así la fe lo ilumina” (2). Con estas palabras el Prefecto de la Congregación para la Educación Católica, Card. Giuseppe Versaldi, recordaba la misión e identidad de la labor universitaria en estos tiempos.

Bajo este horizonte, desde la línea editorial EUCASA Identidad, queremos ofrecer nuestro aporte como Universidad Católica de Salta, a través de diferentes reflexiones que constribuyan a presentar la propuesta de un humanismo cristiano, centrado en la dignidad del hombre —imagen de Dios—, comprometidos con el diálogo profundo frente a las problemáticas contemporáneas y ofreciendo una mirada integral e interdiciplinar que contribuya a la transformación positiva de la cultura.

El libro que presentamos, Crisis ecológica. Aportes para una ecología integral, compilado por la Lic. Verónica Figueroa, es fruto de la recepción de la Encíclica papal Laudato Si’ en nuestra Universidad. Busca ser una contribución al diálogo interdisciplinar en pro de la búsqueda de propuestas humanizantes y humanizadoras para el cuidado de nuestra Casa Común.

Es nuestro deseo que la lectura de las distintas reflexiones provoque en nosotros una auténtica mirada y compromiso renovado con la realidad que nos circunda. Hacemos nuestras las palabras de Papa Francisco: “Si los desiertos exteriores se multiplican en el mundo porque se han extendido los desiertos interiores, la crisis ecológica es un llamado a una profunda conversión interior… una conversión ecológica que implica dejar brotar todas las consecuencias de su encuentro con Jesucristo en las relaciones con el mundo que los rodea. Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni en un aspecto secundario de la experiencia cristiana” (3).

1. Sacerdote diocesano. Doctor en Teología. Vicerrector de Formación de la Universidad Católica de Salta.

2. Versaldi, G. (2017). La educación católica en una sociedad pluralista. Buenos Aires, Ágape, p. 72.

3. Francisco, Laudato Si’, n° 217.

A modo de Introducción
Verónica Figueroa Clerici (4)

Podría decirse que el “concepto clave” de la Encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco (2015) es el de “ecología integral” (Scannone, 2017). En efecto, ante la situación de emergencia planetaria que claramente diagnostica el primer capítulo del documento, es preciso entrar en diálogo hacia respuestas integrales. Se requieren diversos aportes, pues no hay un solo camino de solución… (LS 60). Los graves problemas ecológicos a los que nos enfrentamos requieren medidas tecnocientíficas, educativas y políticas, y una revolución cultural y espiritual que propicie el cambio.

El deterioro ambiental y el deterioro social y ético están profundamente unidos y afectan de un modo especial a los más débiles del planeta, afirma Francisco y nos propone, con alegría y esperanza, el paradigma de una ecología integral, que constituye un auténtico desafío ético, educativo y cultural. ([LS 48; 137] Donini, 2017)

Este desafío interpela a la educación de manera particular, ya que “los problemas del mundo no pueden analizarse ni explicarse de forma aislada” pues “todo está conectado” (LS 138). Francisco plantea una perspectiva sistémica, que cuestiona el modelo de universidad de saberes fragmentados, con un alto nivel de especialización y dispersión. Así se corre el riesgo del aislamiento y de perder de vista la complejidad e interrelación de los problemas (LS 201). La mirada integral que promueve el Papa sospecha también de la universidad gerencialista, evaluada en términos de eficiencia y productividad, basada exclusivamente en un paradigma tecnocientífico.

Es así que la encíclica Laudato Si’ resulta una ocasión para que la universidad replantee su misión y visión, y recupere una mirada integradora. Estructurándose en torno a las preguntas fundamentales por el sentido, buscará comprender el mundo y podrá advertir los efectos de las transformaciones que operen en él, para hacerse cargo de ellos (Donini, 2017).

Además, el estilo magisterial de Francisco abre el juego al debate, ya que estimula el intercambio de ideas, a veces no sin un enfrentamiento fructífero a la hora de interpretar expresiones ambiguas que pretenden, justamente, provocar la reflexión (Hoevel, 2016). Este análisis es propio también del campo universitario, en particular de su línea investigativa, que el Papa estimula permanentemente. “Es una cuestión ambiental de carácter complejo, por lo cual su tratamiento exige una mirada integral de todos sus aspectos, y esto requeriría al menos un mayor esfuerzo para financiar diversas líneas de investigación libre e interdisciplinaria que puedan aportar nueva luz” (LS 135).

Esta publicación quiere sumar un aporte a la actividad reflexiva, confrontativa e interdisciplinar, integrando los distintos saberes, para la búsqueda común de soluciones en diversos campos, que nos ayude a religarnos con la naturaleza, con nosotros mismos, con los demás y con Dios.

Estructura del libro

Dado que los artículos aquí reunidos surgen de ponencias en instancias académicas y jornadas realizadas en la Universidad, hemos utilizado un criterio cronológico para su secuenciación, marcando el ritmo en tres compases: Un primer grupo de tres artículos referidos particularmente al diálogo entre teología e historia, luego cinco artículos de encuentro interdisciplinar, en los que la filosofía/teología interpela y es interpelada por tres áreas disciplinares: economía, biología y trabajo social. Por último, tres ensayos de alumnos que expresan la recepción de la encíclica Laudato Si’ en ámbitos particulares.

Abre el primer ciclo de artículos Claudio Ramírez con la clase inaugural de la carrera de Formación Teológica. Analizando cuestiones metodológicas, asume el tema ecológico como un signo de los tiempos, señalando la necesidad de un abordaje inductivo para la comprensión global e integral de dicho problema. En pleno cambio de paradigma cultural, es lo que sucede en la historia —aquí el deterioro ambiental— lo que interpela a la teología de la creación para revisar su expresión en clave antropológica relacional.

Los dos siguientes artículos se enmarcan en una Jornada Académica sobre la Crisis Ecológica: “Hermana Tierra y Realidad Latinoamericana”. Carlos Rioja presenta las fuentes franciscanas que inspiran a Francisco en la redacción de Laudato Si´, en particular el “Cántico de las criaturas”, que acentúa el vínculo fraterno del ser humano con todo lo creado. Advierte que “no debe llevarnos a formas de sentimentalismo y devoción mal entendida” ya que no sería coherente una acción en favor de especies en extinción si “no se pone el mismo empeño en erradicar las situaciones de injusticia que contribuyen a la destrucción del ser humano en sus diversas dimensiones”. Es necesario desarrollar una “ecología humana” para propiciar desde allí una nueva relación con la naturaleza.

El tercer artículo de esta publicación corresponde a una exposición a cargo de Mercedes Puló, especializada en filosofía de la cultura, quien analiza —en perspectiva histórica— el contexto latinoamericano del cual somos parte. Entiende que es necesario definir la vida y la evolución para comprender el tema ecológico. Así, se remonta a la vida prehispánica, a los pueblos que expresaron su arraigo a la naturaleza reconociéndose, con conciencia mítica, como “creaturas” dependientes de un “creador”. Al abordar la actualidad de los pueblos andinos, analiza críticamente la relación de gobiernos y organismos con estos pueblos, que llegan a veces a cosificarlos, convirtiéndolos en objetos de estudio. Será necesario, insinúa, una nueva utopía de la vida donde no sean los relatos extranjeros los constitutivos de la realidad latinoamericana, sino que esta pueda expresar fielmente su realidad y su espíritu. Estos pueblos fueron, desde sus raíces —afirma—, “un ejemplo sobresaliente del manejo de recursos naturales (…) pioneros del desarrollo social sustentable”.

El segundo grupo de artículos que presentamos se enmarca en una segunda Jornada sobre la Crisis Ecológica realizada en UCASAL. El objetivo de aquel encuentro fue poner en juego la capacidad de diálogo y ensayar una conversación interdisciplinar que nos permita buscar juntos caminos operativos para el cuidado de la casa común.

Una de las perspectivas para una ecología integral es la económica. La economía se desarrolla a menudo desinteresándose de la sostenibilidad ecológica de largo plazo de los proyectos en los que se embarca. Ello se da no solo desde el punto de vista de la economía concreta o de las prácticas económicas, sino incluso desde la economía reflexionada o teoría, lo que es mucho más grave. La mayor parte de los modelos económicos ignoran la restricción ecológica al crecimiento. Se plantea como objetivo primordial el crecimiento, pero no se reflexiona sobre sus condiciones. Del otro lado, el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de la ONU ha venido mostrando la altísima correlación entre el uso de energías fósiles y el aumento de las temperaturas medias en el planeta. Ello puede dar lugar incluso a una pérdida de riqueza y de productividad debido a la necesidad de hacer frente a una vida con mayores restricciones, si no se toman medidas a tiempo.

La presentación de Octavio Groppa aborda, desde una perspectiva económica, la inquietante realidad del cambio climático, señalando su carácter antropogénico. Expone tres enfoques desde los cuales se estudia en las últimas décadas este problema en el campo de la economía: costo-beneficio, bienes comunes y economía ecológica, fuente que dio lugar a la corriente de desarrollo sostenible y que se distingue de la llamada “economía ambiental”. Sin ignorar que hay diversas voces que han puesto en cuestión el origen humano del cambio climático (los llamados “negacionistas”), ofrece evidencias que determinan que la fuente del aumento de dióxido de carbono en la atmósfera (el causante del cambio climático) no es de origen natural, sino producto de la quema de combustibles fósiles. Para revertir esta situación, concluye, no es suficiente mejorar la eficiencia energética (moderando el aumento en la emisión de gases, ya sea a través de políticas de regulación o de impuestos al carbono, o a través de la promoción de tecnologías limpias). No se debe actuar solo sobre la oferta, sino también sobre la demanda, mediante políticas educativas, modificando las pautas de consumo.

El cambio climático, con el aumento de las temperaturas medias, arrastra otros problemas, como la desertificación de zonas antes fértiles, el derretimiento de glaciares —fuente importantísima de agua dulce—, el aumento de las precipitaciones y consecuentes inundaciones, la acidificación de los océanos y la pérdida de biodiversidad terrestre y marina. Sobre este último punto expone Federico Colombo señalando el valor de la singularidad de cada ser vivo, la belleza de la originalidad y diversidad que los vuelve irrepetibles. Refiere al mismo tiempo la fascinación de comprender la sucesión de hechos necesarios para que tenga curso un proceso biológico y, más aún, la compleja interacción de estos procesos para conformar un organismo o una comunidad ecológica. Frente a esto, la extinción de una especie es de lamentar, y aunque la variabilidad ambiental es un hecho natural, es necesario preguntarse de qué manera la mano humana la resguarda o amenaza. Lo cuestionable, en todo caso, es la aceleración de este proceso, producto de patrones consumistas de producción. El autor analiza la necesidad de trocar los sistemas de gestión basados en bienes y servicios a sistemas de gestión de mecanismos y procesos ambientales permitiendo que aquellos bienes estén disponibles para todos, inter e intrageneracionalmente.

Con esta problemática dialoga Lucio Florio, señalando, en primer lugar, que la situación ecológica demanda un tratamiento epistemológicamente serio debido a la magnitud del problema. “El requerimiento de racionalidad fuerte a las ciencias del ambiente —dice Florio— se conjuga con una también fuerte racionalidad de la fe”. De esta forma vincula ecología y teología, señalando el surgimiento de ecoteologías o teologías de la ecología, como también la incumbencia del tema para la teología de la creación, la propia cristología y la soteriología. Efectivamente, el ser humano se debate entre la posibilidad de dañar irremediablemente su hábitat —condicionando de este modo el final de la economía salvífica— o de retomar su lugar de administrador y cocreador, orientando el proceso ecológico hacia una instancia de plenitud y no de destrucción.

La evolución de la biósfera en su conjunto está sufriendo un momento inesperadamente dramático, debido a la acción antrópica potenciada por el desarrollo de la tecnología en los últimos siglos. Esto pone en riesgo la misma vida humana. Sin embargo, el grado de sufrimiento de las consecuencias de esta catástrofe no es parejo entre los grupos humanos. Las poblaciones pobres tienen, una vez más, una capacidad de acción defensiva mucho más limitada que quienes cuentan con recursos económicos y de conocimiento. Del otro lado, quienes carecen de una educación para afrontar la situación desconocen también los efectos y riesgos de muchas conductas naturalizadas. La cuestión ecológica requiere asimismo de una ecología social.

En este marco, Ana Soria puntea algunos aportes de Trabajo Social, advirtiendo el escaso interés que esta temática ha suscitado en la definición de la agenda pública en América Latina. Recorriendo algunos datos regionales, y de Salta en particular, reclama acciones de consenso efectivo que reúnan a técnicos y expertos. El trabajador social colaborará con la intervención en espacios microsociales, para promover el cambio, la cohesión social y el fortalecimiento de los sujetos.

Luis Scozzina completa el abordaje socioecológico, haciendo hincapié en el cuidado de la vida frágil, promoviendo un desarrollo humano integral y aplicando el principio del bien común. La preocupación —el cuidado— por el otro, señala Scozzina, es una dimensión antropológica constitutiva del ser humano, no se trata de una “elección” añadida, sino de una condición, un modo de ser humano ineludible para su realización. La mirada hacia lo más frágil constituye una interpelación para reconocer cómo deberíamos orientar nuestro poder, no solo en el ámbito económico y social, sino también educativo y cultural.

Este itinerario reflexivo se completa con tres ensayos de alumnos de UCASAL en el marco del concurso “Apasionados por el cuidado del mundo”. Conscientes de la necesidad de un programa educativo que instale el tema y ayude a tomar conciencia de la urgencia de la situación, el Vicerrectorado de Formación propuso la lectura y reflexión de la encíclica Laudato Si’ en el marco de las cátedras de Filosofía, Teología, Ética y Doctrina Social de la Iglesia en cada una de las carreras presenciales. Los tres trabajos premiados han puesto en diálogo la realidad ecológica crítica con el aporte original de la carrera a la que sus autores pertenecen. Estanislao Goñalons, alumno de Relaciones Internacionales, se ocupó del drama de los “refugiados ambientales”, es decir, de aquellos individuos obligados a migrar por cuestiones ambientales (ya sean peligros naturales o provocados por la actividad humana). Diego Terroba, estudiante de Economía, plantea la problemática de la contaminación del arroyo “El Codito” situado en la ciudad de General Güemes (Salta). Por último, María Lorena Celedón reflexiona sobre la responsabilidad ineludible de la comunicación social en el cuidado del ambiente y la ecología, desde la Escuela de Formación y Perfeccionamiento Docente.

La crisis ecológica en la que nos hallamos inmersos no es un problema solo del sistema productivo o de grupos humanos particulares, sino de cada uno de nosotros. Es también nuestra conducta cotidiana la que coadyuva a crear un mundo más vivible o no. Hace falta, entonces, un programa educativo, campañas de concientización, desde las escuelas hasta los lugares de trabajo, capacitaciones e información diseminada a través de los medios de comunicación, para poder mostrar la urgencia de la situación y la importancia del cuidado de los recursos energéticos, naturales, relacionales y vitales. Ello debe poner en cuestión un modelo de consumo que no solo genera desigualdad porque no es generalizable, sino que es insostenible desde el punto de vista ecológico. Esperamos que esta publicación sea una contribución para ello, que se extienda a todo el ámbito universitario para amplificar la rica experiencia de intercambio que ha significado estas ponencias, como así también alentar otros encuentros personales y comunitarios que agrandan la confianza en un trabajo común.

Bibliografía

Cambours de Donini, A. (2017). “Los desafíos que plantea Laudato Si’ a la universidad contemporánea” en: Grupo Farrell, Laudato Si’. Lecturas desde América Latina, Ciccus, Buenos Aires, 179-191.

Francisco (2015). Encíclica Laudato Si’, Vaticana, Roma.

Hoevel, C. (2016). “Laudato Si’: preguntas, polémicas y caminos de interpretación” en: Gómez de Mier, E., Alabanza gozosa y labor cuidadosa por nuestro común hogar, Docencia, Buenos Aires, 397-424.

Scannone, J. C. (2017). “Experiencias de salvación comunitaria” según Laudato Si’ (LS 149) en: Grupo Farrell, Laudato Si’. Lecturas desde América Latina, Ciccus, Buenos Aires, 33-45.

4. Directora del Instituto para la Integración del Saber (IPIS) de la Universidad Católica de Salta.

vfigueroa@ucasal.edu.ar

La relación entre teología y ecología a partir de la Laudato Si’ .
Claudio Ramírez (5)
Introducción

Este trabajo quiere proponer un análisis de la Encíclica del Papa Francisco Laudato Si’ sobre la cuestión ecológica, como punto de llegada y como punto de partida de la relación entre teología y ecología, a partir del paradigma de la teología de la historia, que, como dice Bruno Forte, parte “del mensaje cristiano —con el anuncio inaudito del Dios que hizo suya la muerte, asumiendo hasta el fondo la ‘cruz de la historia’ por amor al mundo— y arroja algo de luz sobre la pregunta de sentido: del corazón mismo de la ‘buena nueva’ nace la posibilidad de una ‘teología de la historia’” (Forte, 1995). En este sentido, Bruno Forte nos invita a pensar en el paradigma de la teología de la historia a partir de tres verdades evangélicas: primero que Dios actúa en la historia; segundo, que ese mismo actuar de Dios en la historia le da el sentido pleno a la historia; y tercero, que acción de Dios y sentido de la historia son los fundamentos para pensar en una teología de la historia.

La historia contemporánea, entonces, está marcando un desafío que se lee en clave de crisis ecológica, es por esto que el Papa Francisco llama a “reconocer la grandeza, la urgencia y la hermosura del desafío que se nos presenta” (LS 15). El desafío histórico es una crisis global que compromete el futuro de toda la humanidad y afirma el Papa: “cómo es posible que se pretenda construir un futuro mejor sin pensar en la crisis del ambiente y en los sufrimientos de los excluidos.” (LS 13)

El presente histórico plantea rotundamente la novedad ecológica para el pensamiento teológico, no sólo a la teología moral, de la cual se puede deducir actos moralmente ecológicos, sino también una teología cristológica, hacia un Cristo cósmico y pobre; una teología eclesiológica que haga pensar una comunidad biodiversa, liberadora y de una fuerte opción por los excluidos; y de una pneumatología que santifique la relación geohumana, tierra y hombre, a partir de la sabiduría de los pueblos.

Por otro lado, este trabajo lee la encíclica Laudato Si’ a través de las coordenadas de punto de llegada y punto de partida, y en ellas la cuestión del método, y es así que sutilmente se analiza como punto de llegada el método de la teología deductiva, que termina siendo insuficiente para abordar en su totalidad el problema ecológico. Se pasa así al método inductivo como punto de partida, para una comprensión integral y global de dicho problema. Ya que la teología actual tiene la tarea de auscultar los signos de los tiempos, provocando una novedad en la forma de pensar del creyente, es decir, “la fe a partir de la situación humana del tiempo.” (Silva, 2013)

1. Punto de llegada: de una teología de la creación a una ecoteología de la liberación
1.a) La crisis ecológica y una crítica a la teología

Si bien el concepto de ecología data de fines del siglo XIX, la toma de conciencia de la crisis ecológica se da a fines de la década del 60. Al respecto de esto el informe de 1969 de la UNESCO decía:

Estamos haciendo inhabitable el planeta y al año siguiente se reúne la Conferencia de Gobiernos Europeos en Estrasburgo, cuyo énfasis sobre la conservación de la naturaleza está dividido en cuatro tercias: Efectos de la urbanización, efectos de la industrialización, consecuencias de la explotación agrícola y aspecto social del desastre. Ese mismo año comienza a celebrarse el día de la tierra en los Estados Unidos con una aceptación masiva de dicho suceso. (Saavedra, 2013)

En 1967 “Lynn White Jr. en la revista Science escribió sobre ‘las raíces históricas de nuestra crisis ecológica’. Allí propone que los ambientalistas rompan con la herencia judía-cristiana, cultura culpada por la destrucción de la naturaleza” (Barros, 2013). La crítica basa su argumento en que:

la religión judía y cristiana llevaron muy en serio el antropocentrismo exagerado de la Biblia, según el cual Dios creó al ser humano como “Señor de la creación” con la orden de subyugar la naturaleza y domarla a su placer. Y la Biblia afirma todavía que el humano es, entre todos los seres, el único creado “a imagen de Dios”; el único a ser considerado “semejante a Dios” (Cf. Gn 1, 28; Sl 8). Esta concepción bíblica dio soporte para el ser humano a explotar la tierra y destruirla, al revés de relacionarse con ella amorosamente. (Barros, 2013)

Ante esta crítica, la teología tardó en responder, pero lo hizo a partir de corrientes claramente marcadas en la Encíclica. De este modo, se puede decir que la Laudato Si’ responde a esta crítica desde una teología de la creación fuertemente antropológica, cristológica y de la novedad trinitaria que asume, y, por otra parte, desde la teología latinoamericana de la opción por los pobres, la cual desarrollará una línea de pensamiento ecoteológico de liberación.

1.b) La respuesta, Teología de la Creación desde una antropología relacional

La teología de la creación, con teólogos de una línea más conservadora, realiza una respuesta siguiendo una metodología deductiva. El método teológico deductivo es aquel “que procede dando la primacía al esfuerzo por explicitar, siguiendo una vía analítica y deductiva, las conclusiones que pueden establecerse [de la problemática ecológica] a partir de cuanto enseña la fe de la Iglesia” (Belda, 2006). En este sentido, el capítulo II de la Encíclica que se titula “El Evangelio de la Creación” en el punto primero afirma que la fe de la Iglesia ofrece una luz al problema de la crisis ecológica, y dice: “…quiero mostrar desde el comienzo cómo las convicciones de fe ofrecen a los cristianos, y en parte también a otros creyentes, grandes motivaciones para el cuidado de la naturaleza y de los hermanos y hermanas más frágiles” (LS 64).

Es en la Revelación, es decir en las Sagradas Escrituras, que la fe de la Iglesia encuentra su sentido y su respuesta a los acontecimientos de la historia. Es así que la mayoría de los teólogos, sobre todo en los años 80, comienzan a responder al problema ecológico a partir de la Teología de la Creación, iniciando sus análisis a través de la exégesis de los relatos bíblicos de la creación. Se ha de tener en cuenta que los primeros estudios sobre la creación comenzaron desde la antropología teológica en los años 70, estimulados por la novedad de los documentos del Concilio Vaticano II (6).

Siguiendo esta línea teológica, la Laudato Si’, en el capítulo II ya mencionado, afirma que los relatos bíblicos y, en especial, los relatos de la creación del Génesis portan una sabiduría de la existencia relacional del hombre:

Estas narraciones sugieren que la existencia humana se basa en tres relaciones fundamentales estrechamente conectadas: la relación con Dios, con el prójimo y con la tierra. Según la Biblia las tres relaciones vitales se han roto, no sólo externamente, sino también dentro de nosotros. Esta ruptura es el pecado. (LS 66)

El Papa Francisco advierte en la Encíclica que la situación de pecado es la que desnaturalizó el mandato de dominar la tierra, que es un mandato de hablarla y cuidarla, y por esto afirma que “hoy debemos rechazar con fuerzas que del hecho de ser creados a imagen de Dios y del mandato de dominar la tierra se deduzca un dominio absoluto sobre las demás criaturas” (LS 67).

Es clara, entonces, la idea de que la situación del hombre en la creación no es de un dominio absoluto, sino que, al contrario, es, según su ser, plenamente relacional. En otras palabras, se trata de decir que el hombre está llamado a dialogar con las realidades creadas, siendo él también un oyente de la palabra en la cual puede transmitir la bondad de la Palabra de Dios a la bondad de la creación. La plenitud de la transmisión de la bondad de Dios a la creación se da en la persona de Jesucristo, es por esto que a la línea de la teología de la creación no le basta la antropología, sino que ella debe de ser iluminada desde la persona de Jesucristo el cual trajo al hombre y a la creación la redención. En este sentido, el teólogo español Antonio Sayés dice:

El tratado de Teología de la Creación es el correlato del de Dios Trino y de la Cristología: a un Dios que se da al hombre en Cristo para elevarlo a la dignidad de hijo y salvarlo del pecado y de la muerte corresponde un tratado sobre el hombre capaz de acoger la llamada de Dios a la filiación divina y a la salvación. (Sayés, 2002)

1.c) Teología de la Creación desde la Cristología

En este punto el Papa Francisco recupera con cierta novedad una cristología cósmica que despierta la conciencia de un Dios que envuelve todo, como dice Pierre Theilhard de Chardin parafraseando a San Pablo: “Dios que ha hecho al Hombre para que este le encuentre, —Dios, a quien intentamos aprehender a través del tanteo de nuestras vidas— este Dios se halla tan extendido y es tan tangible como una atmósfera que nos bañara. Por todas partes Él nos envuelve, como el propio Mundo” (Theilard de Chardin, 2008). Asimismo, el Papa Francisco dice: “… la seguridad de que Cristo ha asumido en sí este mundo material y ahora, resucitado, habita en lo íntimo de cada ser, rodeándolo con su cariño y penetrándolo con su luz” (LS 221).

Se ha de aclarar que la propuesta del Cristo cósmico no determina el ser de Dios como el ser del mundo, al estilo de un panteísmo, sino que determina el estar de Dios (panenteísmo) en el mundo, en toda la creación. En este sentido, se puede decir que la teología del Cristo Cósmico es una teología de contemplación, por esto el teólogo Torralba Roselló dirá:

El Cristo cósmico está latente en todo, pero no siempre las cosas se nos manifiestan de manera transparente para intuirlo. En el secreto fondo de cada ser, de cada forma de vida, por pequeña y minúscula que sea, habita el Cristo interior, pero el ser humano, dotado de un oído especial —el oído del espíritu— puede auscultar su llamada y ser consciente de ella, darse cuenta de que ese Cristo interior es también el Cristo cósmico, que ese Tú que me habla es la fuente de todo lo que es real. (Torralba Roselló, 2013)

Por otro lado, el Padre Theilhard de Chardin, “en su doble calidad de sacerdote y hombre de ciencia” (Cardenal, 2011), quien en los años 30 postuló la tesis del Cristo cósmico a partir de la teoría de la evolución, advierte que la relación cristológica con la creación no queda reducida a la redención, sino que engloba la Creación, la Encarnación y la Redención:

Ya no es sólo la evolución biológica que descubrió Darwin, sino la evolución de todo el universo que comenzó con el Big Bang y acabará en la eternidad. En un universo estático, que es como era concebido hasta hace poco, la creación, la encarnación y la redención parecían como actos separados de Dios. En el universo moderno, que es un todo evolutivo, los tres actos son uno solo. Para Dios crear es unirse, y por lo tanto encarnarse, y por lo tanto también sufrir, que es redimir. Los tres misterios, Creación, Encarnación y Redención, son tres aspectos de un mismo proceso: nuestra unión con Dios. (Cardenal, 2011)

En este mismo sentido el Papa Francisco dice: “El fin de la marcha del universo está en la plenitud de Dios, que ya ha sido alcanzada por Cristo resucitado, eje de la maduración universal” (LS 83).

De este modo, Theilhard de Chardin entiende el proceso evolutivo en grados en que la vida se fue desarrollando. Al primer grado lo llama de “biosfera”, que es aquel en el cual la tierra (geosfera) es cubierta por las plantas y animales, y en un segundo grado aparece la conciencia humana a la cual denomina “noosfera”, de tal manera que “la tierra ‘adquiere una nueva piel’ y ‘encuentra su alma’” (Denis, 2006). Pero este proceso de evolución va a tener, como él lo llama, un “punto omega”, y este no será otro que la revelación cristiana de Jesucristo, de tal forma que el cosmos todo “adopta entonces la forma del logo encarnado” (Denis, 2006).

Ahora bien, la profundidad de este proceso solamente se puede llegar a comprender desde una reflexión ulterior, que dé sentido al arco de reflexión que parte desde una cosmogénesis a una cristogénesis (toda la creación se cristifica); este punto ulterior sería la reflexión Trinitaria, en donde pueda entenderse que el Padre ama la creación (cosmogénesis) y envía a su Hijo para redimirla (cristogénesis) en la fuerza del Espíritu que hace todo nuevo.

1.d) La teología de la creación desde la novedad trinitaria

La teología de la creación quizás no profundizó en claves trinitarias la misma creación, pero en la Encíclica, el Santo Padre recupera la relación entre trinidad y creación a partir de la teología franciscana de San Buenaventura, en la que la contemplación de las criaturas es contemplación trinitaria:

El santo franciscano nos enseña que toda criatura lleva en sí una estructura propiamente trinitaria, tan real que podría ser espontáneamente contemplada si la mirada del ser humano no fuera limitada, oscura y frágil. Así nos indica el desafío de tratar de leer la realidad en clave trinitaria. (LS 239)

Es así que la contemplación trinitaria de la creación tiene que ver con la comunidad universal que entra en comunión entre sí y con Dios:

Dios es la suma fuente y la suma fecundidad, es el primero que se expande en Trinidad. El ser de Dios en cuanto a unidad consiste en estar en comunidad. Esa comunión se abre hacia afuera, y toda la creación es el desbordamiento de vida trinitaria de Dios, que invita a todas las criaturas a participar de esa comunión. (Merino, 1999)

Por esto el Papa Francisco dirá: “Todo está conectado y eso nos invita a madurar una espiritualidad de la solidaridad global que brota del misterio de la Trinidad” (LS 240).

2. Punto de llegada de la teología latinoamericana

Las reflexiones de la teología de la creación carecen de un profundo análisis histórico que informe una conciencia ecológica, teológica e integral, que profundice las dimensiones humanas y sociales de la crisis ecológica:

Dado que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial, propongo que nos detengamos ahora a pensar en los distintos aspectos de una ecología integral, que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales. (LS 137)

Para este fin, el Santo Padre cosecha la experiencia teológica latinoamericana de la liberación en su vertiente ecoteológica. El método de esta corriente de reflexión teológica se va a basar en el método inductivo:

Estamos frente a un método no deductivo, sino inductivo. Ya no se deducen consecuencias partiendo de unos principios abstractos, sino que se comienza por observar la realidad en la que se llega a descubrir, con la ayuda de esas enseñanzas, unas potencialidades evangélicas transformadoras. (Iriarte, 1985)

Para entender la perspectiva ecoteológica de la liberación es necesario que nos introduzcamos en tres potencialidades evangélicas transformadoras desde la cuestión ecológica: la primera es el fundamento epistemológico del lugar del pobre como lugar teológico y ahora ecológico; la segunda, una ética planetaria, y la tercera, la fraternidad universal. Ha de aclararse que el primer potencial evangélico marca un límite entre el punto de llegada y el punto de partida, acentuando así el desarrollo del método inductivo, por esto se han de analizar los otros dos potenciales enunciados como el punto de partida.

2.a) El lugar del pobre

El pensamiento ecoteológico de la liberación no tuvo, en un principio, una buena recepción en el pensamiento de teólogos latinoamericanos por considerar que el análisis ecoteológico se separaba del método de la Teología de la liberación y, por ende, de la opción por los pobres:

En el círculo de amigos, Leonardo Boff se lamentó que hasta hoy este tema de la ecología no fue profundamente asumido por la teología y mismo por la teología de la liberación. El pretexto o disculpa de que en esta nueva investigación la cuestión de la opción por los pobres es menos explícita, en el fondo, no parece justa. (Barros, 2013)

La novedad de la ecoteología, como también lo fue de la teología de la liberación, sigue siendo el lugar teológico del pobre. “Por lugar de los pobres entendemos su causa, su existencia sacrificada, su lucha, sus intereses por la vida, el trabajo, la dignidad y el placer […] El lugar de los pobres nos descubre nuevamente el evangelio como buena noticia, y a Jesucristo como liberador de las opresiones” (Boff, 1989). Pero desde el lugar ecológico, el pobre más empobrecido es la tierra, por esto el Papa Francisco afirma que “entre los pobres más abandonados y maltratados, está nuestra oprimida y devastada tierra, que ‘gime y sufre dolores de parto’ (Rm 8,22)” (LS 2).

El lugar del pobre se convierte en memoria peligrosa de Jesús que interviene en la historia contra la injusticia y la violencia que reina en nuestro mundo. La injusticia y la violencia del mundo se manifiestan en el cuerpo de los más pobres, por eso dice el Papa citando a la Conferencia Episcopal Boliviana: “Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre” (LS 48).

La reflexión teológica de la creación, de la cristología, de la Trinidad y la conciencia del pobre en la teología latinoamericana, sobre el cuestionamiento histórico del problema ecológico, se ha de pensar que son un punto de llegada en el análisis de la cuestión en la encíclica Laudato Si’. Pero a la vez, son un punto de inflexión que abre a nuevas formas de pensar, no teóricas, sino prácticas: la relación equilibrada entre hombre-hombre (pobre), hombre-naturaleza y hombre-Dios. Es el momento entonces, de reflexionar sobre el punto de partida, es decir, sobre la actitud a la cual estamos llamados todos para proteger la “casa común”.

3. Punto de partida: la ética planetaria y la fraternidad universal

En el 2001 el teólogo brasileño Leonardo Boff escribía un libro titulado Ética planetaria desde el Gran Sur, en el que subrayaba la palabra “Gran” para “hacer expresa la voz de la población humana que no solo proviene del sur pobre y excluido, sino del sur que hoy en día, también está dentro del Norte y hacernos un planteamiento ético para dar respuestas a la problemática global” (López-Alzate, 2013). Por esto el Papa Francisco traduce la ética en términos de equidad entre el norte rico y el sur pobre que paga las consecuencias del deterioro del medio ambiente:

La inequidad no afecta sólo a individuos, sino a países enteros, y obliga a pensar en una ética de las relaciones internacionales. Porque hay una verdadera “deuda ecológica”, particularmente entre el Norte y el Sur, relacionada con desequilibrios comerciales con consecuencias en el ámbito ecológico, así como con el uso desproporcionado de los recursos naturales llevado a cabo históricamente por algunos países. (LS 51)

La ética planetaria se genera a través de tres principios esenciales, no solamente para las relaciones humanas-ambientales, sino que son también esenciales para la propia vida y tienen que ver con los Derechos Humanos. Estos son: el cuidado, la responsabilidad y la solidaridad.

El cuidado es un principio que se basa en el amor y en el cariño. Uno cuida lo que ama y lo que ama es lo más cuidado, por esto la ética planetaria va contra una ética del descuido que es antropocéntrica, utilitarista y consumista. En este sentido el Papa Francisco dice: “El descuido en el empeño de cultivar y mantener una relación adecuada con el vecino, hacia el cual tengo el deber del cuidado y de la custodia, destruye mi relación interior conmigo mismo, con los demás, con Dios y con la tierra” (LS 70).

La ética de la responsabilidad nos pone frente a un “otro” que nos interpela y nos interroga con su sola presencia haciéndonos responsables de las consecuencias sobre nuestros actos, que impactan de alguna forma en ese otro, por esto en la Encíclica se advierte que “cuando la persona humana es considerada sólo un ser más entre otros, que procede de los juegos del azar o de un determinismo físico, ‘se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad’” (LS 118). Por esto, la ética de la responsabilidad tiene que ser una responsabilidad ilimitada, es decir, una conciencia que no se detenga en los límites de las imposibilidades. Para superar las imposibilidades hay que pensar en acciones concretas a partir de las virtudes, en especial de la hospitalidad, de la tolerancia y del compartir.

La solidaridad tiene que ver con el bien común, por esto la tierra es el mayor bien común que debe ser compartido solidariamente.

En las condiciones actuales de la sociedad mundial, donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos, el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres. (LS 158)

Ahora bien, se ha llegado al momento de profundizar el último eje de este punto de partida que es la fraternidad universal. Este último eje no sólo tiene una dimensión social, sino también religiosa, dado que:

La fraternidad es una creencia: una sabia mezcla de conocimiento y fe en la que se implica el hombre entero. La conocemos en la medida en que creemos en ella; y puesto que la fe tiene dos movimientos: el del asentimiento y el de la adhesión, sólo es posible saber qué es la fraternidad si vivimos fraternalmente con el otro hombre, con el otro naturaleza y con el Otro Dios. (Calvo Orcal, 2009)

Podemos decir que la fraternidad es un movimiento del Espíritu que relaciona todo con todo en el amor, por esto en la encíclica afirma que:

El amor fraterno sólo puede ser gratuito, nunca puede ser un pago por lo que otro realice ni un anticipo por lo que esperamos que haga. Por eso es posible amar a los enemigos. Esta misma gratuidad nos lleva a amar y aceptar el viento, el sol o las nubes, aunque no se sometan a nuestro control. Por eso podemos hablar de una fraternidad universal. (LS 228)

Las potencialidades evangélicas de este punto de partida son potencialidades liberadoras que se dan en el proceso histórico salvífico y, por lo tanto, son más complejas de lo que hemos desarrollado, ya que tienen su vinculación con lo social, cultural, político y económico. La crisis ecológica nos despierta para nombrar a las realidades de la naturaleza como hermanos; esta es la profundidad de la espiritualidad franciscana, en definitiva, la espiritualidad de la Laudato Si’ y la praxis más liberadora que nos propone vivir, ahora sí, el magisterio de la Iglesia.

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Yaş sınırı:
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Litres'teki yayın tarihi:
19 mart 2025
Hacim:
177 s. 12 illüstrasyon
ISBN:
9789506232092
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