Kitabı oku: «Mujeres que vistieron de hombre»
Vicenta Márquez de la Plata
MUJERES QUE VISTIERON
DE HOMBRE

Mujeres que vistieron de hombre
© Vicenta Mª Márquez de la Plata, 2021
© De esta edición. Ediciones Casiopea
ISBN: 978-84-123188-1-4
Imagen de cubiertas: Juana de Arco, Dante Gabriel Rossetti.
Diseño de cubierta: Anuska Romero
Maquetación: CaryCar Servicios Editoriales
Impreso en España
Reservados todos los derechos
Índice
Prólogo
Elena de Céspedes (1546 - ¿?) SUS ORÍGENES: SUS POSIBLES PADRES. SU HIJO: PADRE SUS VARIOS TRABAJOS Y OFICIOS VESTIDA DE HOMBRE: MOZO DE LABRANZA Y SOLDADO. OTRA VEZ SOLDADO ELENO/A, “ZIRUJANO” Y SANGRADOR ELENA/O DE CÉSPEDES PIDE CASARSE CON MARÍA DEL CAÑO. DIFICULTADES OTRA MUJER EN SU PASADO LA DENUNCIA ACEPTACION DEL EXTRAÑO/A ELENA/O DE CÉSPEDES. EL SANTO OFICIO ELENA/O DE CÉSPEDES LA PRIMERA CIRUJANA DE LA HISTORIA. LA PRAGMÁTCA DE LOS REYES CATÓLICOS DE 1451. EL PROTOMEDICATO. IMPORTANCIA DE SU TITULACIÓN BIBLIOGRAFÍA DE ELENA DE CÉSPEDES
Isabel Barreto de Mendaña (1567?-1620) ANTECEDENTES. LA REDONDEZ DEL MUNDO, MAGALLANES, ELCANO ORÍGENES DE DOÑA ISABEL BARRETO EL DESCUBRIMIENTO Y LA PÉRDIDA DE LAS ISLAS SALOMÓN. BODA DE DOÑA ISABEL BARRETO Y ÁLVARO DE MENDAÑA. EL VIAJE DE ISABEL BARRETO DE MENDAÑA LAS ISLAS MARQUESAS Y LA PRIMERA GUERRA DEL PACÍFICO. MUERTE DE ÁLVARO DE MENDAÑA. NACE UNA ALMIRANTA. DOÑA ISABEL A LA CAÑA. UN MAREMOTO Y UNA OLA GIGANTE UN CONATO DE MOTÍN Y UN AJUSTICIADO ALGUNAS AVENTURAS DE ISABEL DE MENDAÑA Y SU TRIPULACIÓN LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE. NO HAY AGUA NI COMIDA. EN TIERRAS DE VILLALOBOS. UN CURIOSO SUCESO. NAVEGANDO HACIA FILIPINAS UN SEGUNDO MATRIMONIO. OTRA VEZ A LA MAR. BIBLIOGRAFÍA ISABEL BARRETO DE MENDAÑA
Catalina Erauso Pérez (1592 – 1635) ORÍGENES. LA NIÑA NOVICIA. SU VIDA EN EL CONVENTO LA HUÍDA EL VIAJE A ULTRAMAR. EN ULTRAMAR CATALINA BUSCA TRABAJO EN LAS INDIAS. PRIMEROS DUELOS. EL SOLDADO CATALINA, O MEJOR DICHO, ALONSO DÍAZ Y RAMÍREZ DE GUZMÁN. EL ALFÉREZ DÍAZ Y RAMÍREZ DE GUZMÁN. OTROS DESAFÍOS Y OTROS MUERTOS EL SACRILEGIO EL NAUFRAGIO MUERTE DEL NUEVO CID LOS SUCESOS DE GUAMANGA LO QUE SUCEDIÓ EN LIMA. DE NUEVO EN ESPAÑA. ELVIAJE A ROMA. EL PAPA Y LOS CARDENALES DE VUELTA EN LAS INDIAS EL FIN DE CATALINA ERAUSO BIBLIOGRAFÍA DE CATALINA ERAUSO, “LA MONJA ALFÉREZ”
Doña Concepción Arenal (1820 - 1893) ORÍGENES Y EDUCACIÓN DE DOÑ CONCEPCIÓN ARENAL LA EDUCACION DE A MUJER EN EL SIGLO XIX Y SU DESARROLLO LA UNIVERSIDAD, ESCRITORA, MATRIMONIO Y SEGUNDAS NUPCIAS. OBRA DE CONCEPCION ARENAL DOÑA CONCEPCION ARENAL, PENSADORA Y CREYENTE SU OBRA CONTRA LA INJUSTICIA SOCIAL BIBLIOGRAFÍA DE DOÑA CONCEPCIÓN ARENAL
Hannah Snell (1723-1792) SUS ORÍGENES. MATRIMONIO Y PRIMEROS AÑOS BIBLIOGRAFÍA HANNAH SNELL
Miss Margaret Ann Bulkley (1795 - 1865) EN EL EJERCICIO DE SU CARRERA: DESTINO EN EL EJÉRCITO MEDIDAS SANITARIAS LOS ASCENSOS. SU ENCUENTRO CON FLORENCE NIGHTINGALE, “LA DAMA DE LA LÁMPARA” UN SECRETO BIEN GUARDADO. RETIRO Y MUERTE ESCÁNDALO EN EL EJÉRCITO BRITÁNICO
Jeanne Baret (1740-1807) NACIMIENTO Y ORÍGENES. FRANCIA EN EL SIGLO XVIII, ALGUNAS NOCIONES. DE NUEVO JEANNE BARET. CARLOS LINNEO EL VIAJE SU FIN BIBLIOGRAFÍA JEANNE BARET
Mary Lacy (1740 - ¿?) PRMERAS ENSEÑANZAS. TRAVESURAS ADOLESCENCIA LA HUIDA WILLIAM CHANDLER MARINERO A LA MAR UNA ENFERMEDAD EXPERIENCIA EN BARCOS Y SITIOS I160 APRENDIZ DE CARPINTERO MARY LACY ES DESCUBIERTA. TERMINA SU APRENDIZAJE. EL CARPINTERO. TRABAJO, AVENTURAS Y DESVENTURAS MARY LACY MUJER CASADA BIBLIOGRAFÍA MARY LACY
Prólogo
El libro que presenta Vicenta Mª Márquez de la Plata sigue la estela delos otros libros biográficos publicados por la autora. Mujeres que por una u otra razón se han desmarcado de los convencionalismos de su tiempo o puestas ante determinadas condiciones y avatares, han destacado por su bien hacer, su inteligencia o su originalidad.
Las biografías que se presentan aquí tienen como denominador común el hecho de haber vestido como un hombre o incluso haberse hecho pasar por hombres por diferentes causas. Deseo de libertad, de elección vital, de aventuras o de gestión, que hizo a nuestras protagonistas plantearse la necesidad de vestir de manera diferente a como lo hacían las mujeres de su época. De este modo escapaban aunque solo fuera en su interior y temporalmente, a los límites que se imponían a las mujeres. Al vestirse como un hombre, podían sentirse como un hombre, disfrazadas de hombre asumían en parte la personalidad de un hombre. Así Isabel Barreto de Mendaña se torna en su marido fallecido al vestir sus ropas y actúa como almirante o Catalina Erauso en soldado de fortuna. Todavía hoy día quedan vestigios de este proceder, por ejemplo entre las burneshas de Albania, donde una mujer se viste de hombre y asume los derechos, y también las obligaciones, de un varón, convirtiéndose de hecho en un hombre ante esa sociedad, siendo este travestismo aceptado como natural en su entorno.
Márquez de la Plata no solo ha documentado las biografías de las mujeres que presenta, sino que yendo más allá, ha incorporado a ellas las posibles condiciones que las hicieron vestir de varón. Desde las aventuras de Elena de Céspedes y sus múltiples facetas, hasta la bien conocida vida de Concepción Arenal, la autora intenta explicar el porqué de ese travestismo, que propició que estas mujeres pudieran dedicarse a los oficios que realmente les interesaban y en los que, además, destacaron. Así Jeanne Baret, enrolada en la expedición científica de Commerson y cuya colección botánica, extraordinaria, fue estudiada por los botánicos europeos, o James Barry quien como cirujano desarrolló métodos pioneros de higiene en la armada británica.
Alguna de ellas nunca fue descubierta como mujer más que su muerte, tal y como sucedió con Margaret Ann Bulkley que siempre fue conocida en vida como James Barry o cuando en trance de muerte lo confiesan, como la monja alférez.
Además de esto, Márquez de la Plata ofrece un panorama histórico muy bien documentado, de las características de la época en que a cada una de sus protagonistas le tocó vivir, desplegando ante nuestros ojos un vívido mosaico de situaciones económicas, sociales y políticas que hace aún más interesante a las mujeres biografiadas.
Las biografías de estas extraordinarias mujeres son fascinantes y cualquiera de ellas junto con otras que se hicieron pasar por hombres, configuran un universo paralelo femenino cuando para poder ser libre, una mujer tenía que vestirse de hombre.
Este anhelo de libertad, de capacidad de elección, refleja la situación en la cual a lo largo de la historia las mujeres se han visto condicionadas por su sexo a un papel de género impuesto que no desean. En sociedades actuales, como en Arabía Saudí, cada vez más adolescentes deciden vestirse de hombre como modo de evitar las restricciones impuestas a las mujeres en esa sociedad, como forma de rebeldía pero también como un modo de acceder a un modo de vida limitado por su sexo, sin acceso al trabajo o incluso acceder a los médicos si no se lo autoriza su dueño varón en un país donde se ha considerado un logro feminista el poder conducir un coche. Las biografías que se nos presentan de manera amena y fácil de leer. propician una reflexión sobre el papel que las mujeres hemos asumido a lo largo de los siglos y que nos demuestran que, a veces y a ojos miopes, el hábito hace al monje.
Doctora María Elisa Calle Purón.
Profesora de la Universidad Complutense de Madrid.
Elena de Céspedes (1546 - ¿?)
La primera mujer cirujano con autorización del Protomedicato Médico de El Escorial
SUS ORÍGENES: SUS POSIBLES PADRES. SU HIJO:
Según los documentos que se guardan en custodia del Archivo Histórico Nacional1, declara Elena que nació en Alhama de Granada, que su madre se llamaba Francisca Medina, que esta fue esclava de Benito Medina, la razón de apellidarse Medina sería que la esclava Francisca tomó el nombre de familia del tal Benito, su amo.
Interrogada por la Inquisición en 1587, declara: mi nombre es Eleno de Céspedes, nací en Alhama y tengo cuarenta y uno o cuarenta y dos años. Si hacemos una simple resta tenemos que había nacido hacia 1546.
Se ha dicho que Elena de Céspedes era hija natural de Francisca y del mencionado Benito y esto lo hallamos repetido en varios autores. Quizá es que se han copiado el dato unos a otros pues en las declaraciones que Elena de Céspedes hace ante la inquisición y al ser preguntada por su genealogía, declaró en la manera siguiente:
PADRE
Pero hernandez vecino de alama que es labrador y tiene un molino y su madre se llama francisca de medina
Así ella establece, bajo juramento, el nombre de su padre, un tal Pero (Pedro) Hernández, del que añade que era labrador y que tenía un molino.
Es más creíble que el tal Pedro comprase a Francisca, propiedad de Benito Medina, y se casara con ella; y medios no le faltarían pues ser dueño de un molino era una posición envidiable. ¿Fue acaso Elena verdaderamente hija de Benito Medina, y Pero Hernández la crio como su hija? Tampoco podemos asegurarlo ni negarlo, pues a lo que parece estuvo en casa de Benito Medina hasta los ocho años, lo que se aviene mal con ser hija de Pero Hernández. Tal vez Pero Hernández la reconoció como hija para legalizar su nacimiento. Todo son conjeturas.
A los dieciséis años se casó, o mejor, la casaron, con un albañil de Jaén de nombre Cristóbal de Lombardo, del cual tuvo un hijo, al que luego abandonaría en Sevilla. Ante el Tribunal de la herética parvedad, un testigo, bajo juramento declara que Elena: se casó y velo en alama con este y hizo vida marital con este (Cristóbal Lombardo) como tal mujer y del tuvo un hijo que se llamó también Christobal que no sabe esta si es bivo porque lo dejo en Sevilla en casa de Marco Antonio que era extrangero y bive en aquella ciudad y tiene en arrendamiento un horno
No había transcurrido un año desde la boda de Elena de Céspedes con Christóbal Lombardo cuando el marido desapareció de su vida dejándola sola; en todo caso ella creía que su marido había muerto a poco de abandonarla y fue quizá la situación de una joven de dieciséis años con un hijo, viuda, y en una ciudad extraña, lo que hizo que no afrontase su papel de madre y renunciase al niño, Christóbal, del que no se vuelve a saber nada, excepto que fue entregado a un tal Marco Antonio, extranjero. ¿Cómo sirviente? ¿Cómo hijo adoptivo? No lo dice, y para nuestra historia nos basta con que no se quedó con el hijo y que era ella mujer, tal y como afirmaba la Inquisición.
SUS VARIOS TRABAJOS Y OFICIOS
Uno de los primeros trabajos desempeñados por Elena es un trabajo doméstico en casa de la hija de su amo. No sabemos porque cesó en este trabajo, sí que regresó a Alhama y entonces pasó al servicio de la mujer de Benito Medina, esta señora se llamaba Elena de Céspedes y de ella tomó el nombre con el que figura en toda su historia, seguramente la joven le tomó afecto y por ello, al hablar de su nombre dice... se llamaba Elena de Cespedes (y que) ...en cuya contemplacion (en su honor) hacia ella se hacia llamar esta asi.
Fallecida la señora a la que servía pasó a vivir en Alhama. Libre del servicio en casa de los Medina, aprendió el oficio de "calcetera", que es parecido al de tejedora, oficio que luego también ejerció, como veremos pronto.
En esta ocupación de calcetera ella recuerda que ...tuvo un maestro que se llamaba castillo y mientras tanto vivía en casa de sus padres, si es que Pero Hernández lo era. Es entonces cuando la casaron, según ella, con Christóbal Lombardo.
Su vida marital fue breve pues ella relata que convivió con Christóbal Lombardo unos tres meses poco más o menos. ...y porquesta se llevava mal con él se ausento y se fue, quedando esta preñada y estuvo en Alama en casa de Gaspar de Belmar... No sabemos la razón por la cual la joven no se refugió en casa de sus padres. ¿Acaso el escándalo de su separación les hizo distanciarse? No se nos ocurre otra explicación. Como quiera que fuese, en esa casa de Gaspar de Belmar se quedó, quizá en calidad de sirvienta, unos dos años. Por entonces murió su madre Francisca, y Elena abandonó Alhama
Por lo que vamos conociendo de su historia, Elena era de natural inquieto y no se conformó con vivir una vida tranquila y humilde. Habiendo abandonado al hijo que le estorbaba y muerta su madre, se trasladó a Granada, la ciudad importante más cercana a la suya y capital de la región.
Probablemente ya por entonces sabía leer pues al Santo Oficio apunta que se colocó en casa del Racionero de la parroquia de San Miguel …que despues fue Tesorero Real de la Capilla de Granada… Allí continuó ejerciendo el oficio de tejedora o calcetera. A los seis meses de estar en casa del Racionero se mudó a casa de Alonso Martínez Trompeta que vivía en la calle de los Gomeles, de donde nuevamente se fue al cabo de unos seis meses, lapso de tiempo que parece el máximo que ella resistía en la misma casa...y porque no hallava que tejer començo a haçer offiçio de sastre ... y se entretuvo desta manera en Granada como un año o poco mas... a tenemos a Elena primero de doméstica, luego de calcetera o tejedora y por último de sastre
Elena de Céspedes era inquieta así que no resistió más tiempo en Granada y se mudó, esta vez no de casa, si no de ciudad, y fuese a Sanlúcar de Barrameda y allí ...hizo offiçio de sastre calçetero publicamente y hallaba bien en que ganar de comer.
VESTIDA DE HOMBRE: MOZO DE LABRANZA Y SOLDADO.
En Sanlúcar residió un año y medio poco más o menos y llevada de su sed de cambio y aventura, una vez más mudó de ciudad y esta vez viajó a Jerez de la Frontera ...e hizo el mismo offiçio de calcetero y sastra y allí riñó con un rufian que se llamaba heredia y porque esta le tiro un puñal la prendieron y quando salio de la carcel por amenazas que le habia hecho el dicho heredia y otros rufianes sus compañeros … esta determino de andar en avito de ombre y dejo el de muger, que hasta alli siempre trujo... He aquí la historia, contada por Elena de Céspedes, de cómo empezó a vestirse de varón, andar en ávito e hombre si es que el pretexto es verdad.
Vestida ya como hombre, por temor a Heredia o por su curiosidad de siempre, abandonó Sanlúcar y se mudó a Arcos en donde se asentó de momento. Allí empezó a trabajar ya como varón pues ella dice que se ajustó, ni siquiera como calcetera o tejedora, como hasta entonces, si no como ...moço de labranza.
En 1587 ella confiesa ante la Inquisición, que por entonces se hacía llamar simplemente "Cespedes" sin decir ...ni Pedro ni Eleno ni Juan. Al parecer el amo con el que se ajustó como labrador le pagaba poco y Elena le abandonó al mes de estar con él ...porque le dava treynta yseys reales y pan sin otra cosa y por esto le dexe...
Si bien Elena parece haber sido inquieta no parece haber rehuido el trabajo pues siempre que cambia de lugar enseguida la hallamos trabajando en lo que sea. Aunque hubiese de cambiar de oficio tantas veces como fuese necesario, ella estaba pronta a buscarse la vida; así que después de haber abandonado al amo que le pagaba treynta y seys reales se puso a trabajar en casa de Francisco López, del cual nos dice que era muy vocinglero... y con él trabajó de pastor, pero esta vez duró menos que las otras veces, y permaneció sólo quince días en tal oficio, pero no por su gusto si no porque terminó con sus huesos en la cárcel. No queda nada claro el motivo de tal prisión, quizá se le perdió algún animal al mozo de labranza o pastor.
Estando en Arcos sucedió por casualidad que un tal Licenciado Venegas, natural de Alhama, habiendo oído que un vecino de Alhama estaba en la cárcel, tuvo curiosidad por saber quién era el tal; fuese a la cárcel y al verle reconoció a Elena de Céspedes, vecina de su villa, y así se lo dijo al Corregidor ...y la solto y asentó a esta con juan nuñez.
Juan Núñez era un clérigo, vecino de esa ciudad de Arcos y que ejercía como cura de la parroquia de Santa María. Al buscarle el trabajo con el sacerdote, el Corregidor le conminó a que vistiese de mujer y abandonase el traje de hombre con el que habitualmente venía vistiéndose. Debemos recordar que el vestirse con ropas no apropiadas a cada sexo, se consideraba algo más que una extravagancia: un delito. Elena de Céspedes recuerda bien como hubo de abandonar sus ropas masculinas: ...y porque el corregidor savia que esta hera muger la mando se pusiese en su abito y esta se puso un faldellin como muger.
Una vez más Elena permaneció unos seis o siete meses en su trabajo en casa del cura de Santa María ...y de allí se despidió esta por enojo que hubo con el dicho cura porque entonces se comenzaron a levantar los moriscos de granada2 (y) esta se determino de hir a la guerra... Lo que sucedía es que nuestra Elena no se hallaba a gusto como sirvienta en casa de un tranquilo cura de pueblo y su espíritu aventurero le hacía añorar la libertad de hir donde quisiere y vestir de hombre como era su elección. Además, sabemos que, compaginando su trabajo de sirvienta, Elena sedujo a la hermana del cura, (¿era esto el enojo que hubo con el dicho cura?) una mujer llamada Francisca o Franca Núñez, y quién sabe si por esa razón una huida era lo más práctico en ese momento. Como quiera que sea, vestida de varón podía aspirar a muchas más aventuras y desde luego disfrutaría de más libertad que vestida de doncella.
Podría disponer de sí misma sin tener que guardar la compostura que se esperaba de una mujer. Viajar a pie o a caballo, beber, jugar a los naipes, tratar de tú a tú a los hombres que hallase en su camino, preguntar, dormir en las posadas o al raso y no temer por si misma y el acoso de galanes indeseados. La quietud de una parroquia era un mundo demasiado estrecho. Inclusive la guerra se le antojaba mejor que la tranquilidad pausada de una feligresía de pueblo… para lo qual bolvio a dejar el avito de muger y se puso otra vez el avito de hombre llamándose llamandose siempre Cespedes y asento por soldado en la compañía de don Luis Ponce de León.
Con la dicha Compañía estuvo durante todo el tiempo que duró la campaña y al finalizarse esta volvió a Arcos con sus camaradas. Seguramente, aunque había vuelto a Arcos, nadie relacionaba al veterano Céspedes con la sirvienta Elena, así que como quiera que fuese, reconocida o no, abrió un taller de sastre en Arcos ...començo esta a hacer publicamente officio de sastre en avito de hombre…y se examino de sastre en Jerez de la frontera.
Ya tenemos a la habilidosa Elena con otro oficio: además de "calcetera" y tejedora, ahora se examinó de sastre para poder ejercer sin ser acusada de intrusismo pues los gremios velaban por el interés de sus asociados y no permitían que se ejerciese públicamente un oficio sin contar con la autorización pertinente tras un examen en forma. Otra cosa es que la gente practicase oficios a nivel casero, nadie podía evitar que alguna persona cosiese prendas a los vecinos o familiares, o que sin ningún conocimiento alguien sacase una muela a un abuelo, pero establecerse públicamente necesitaba un refrendo y ella nos dice que se examinó - y es de creer que aprobó - como sastre de profesión en Jerez de la Frontera. Es de suponer que por lo que pudiese pasar ella se examinó como mujer pues Elena relata que en el título que le expidieron ponía "sastra" y no "sastre"
OTRA VEZ SOLDADO
Pero su alma inquieta no podía aguantar ni siquiera la modesta prosperidad de un taller de sastre y habiéndose reanudado las hostilidades con los moriscos, un vecino le hizo una buena oferta para que fuese a la guerra en su lugar ...mandaron quintar los vezinos de Arcos para hir a la dicha guerra de granada y a esta se lo pago bien un vezino de los quintados y fue a la guerra por el segunda vez... No debió de volver la primera vez muy escarmentada de la guerra pues por una paga se decidió regresar como soldado una segunda vez en un breve lapso de tiempo. Quizá el embriagador sentimiento de peligro y de camaradería era el verdadero pago y aliciente para ir a la guerra. Esta vez dice que fue en la Compañía del duque de Arcos3, aunque en realidad se refiere al mismo don Luis Ponce de León, II duque de Arcos. Nuevos peligros, nuevos camaradas, nuevas aventuras. A ella le parecía espléndido. Es de suponer que su personalidad femenina, que tan pocas satisfacciones le había proporcionado, iba quedando cada vez más lejana y que apreciaba más y más el ser hombre, vivir como tal, comportarse como tal y en fin serlo.
Como tal "hombre" de armas vivió tres años, los que duró la guerra, la cual podemos dar por terminada en 1570, Elena tenía unos veinticinco años, estaba en la flor de la vida. Acabada la campaña se volvió a Arcos a retomar su oficio de sastre, pero suponemos que no encontró en ello gran satisfacción pues en esa ciudad duró un año y se mudó a Marchena, en donde estuvo otros dos años, también ejerciendo el oficio de sastre. Otro año en Vélez Málaga, de nuevo como sastre... hasta que riño alli con un Regidor ... tornó entonces a Alhama y allí también ... tuvo tienda de sastre donde estuvo como un año y de alli se fue a archidona y de alli a osuna donde estubo (cosa) de un año teniendo tienda de sastre como en todas las demás partes lo hacia y de alli se vino a la Corte.
Se nota que habiendo visto gran número de ciudades pensó que el mejor lugar para su espíritu inquieto era la Villa y Corte, en donde abundaban las aventuras y las oportunidades, máxime que ya sabía que con su oficio de sastre se podía ganar la vida en cualquier sitio. En 1587, cuando ella depone su testimonio ante la Inquisición, declara que había llegado a la Corte hacía unos doce años, es decir que llegó hacia 1575, con unos treinta años de edad.
ELENO/A, “ZIRUJANO” Y SANGRADOR
En esta ciudad le sucedió algo importante en su vida...tomó amistad con un balenciano Zirujano y (este) le llevo a su casa por guesped y començo a dar esta liciones de curar y como esta aprendio bien dentro de pocos dias curaba también (tan bien) como el dicho zirujano y como esta vio que aquel officio le era de provecho dejo de lado el officio de sastre y comenzo a husar del de cirujia y estaba en el hospital de la Corte asistiendo y praticando en el como tres años al cabo de los quales fue esta al escurial (El Escorial) a curar a obregon quera un criado de su magestad... He aquí el resumen de como Elena de Céspedes dejó su oficio de coser telas para coser pacientes.
Aprendió a curar, primero de su mentor, del cual desgraciadamente no sabemos el nombre, y luego, seguramente porque encontró su vocación, trabajó para aprender con la práctica en un hospital de la Corte en donde según confiesa estuvo tres años. Seguramente tenía lo que hoy llamamos "buena mano" para su oficio, sino no se comprende que fuera llamada a El Escorial a curar a un criado de Felipe II. Desde entonces parece que se animó a curar públicamente y así lo dice … y començo a curar publicamente y anduvo esta por aquellos lugares de la serrania curando mas de dos años.
Ya dijimos que los gremios velaban muy de cerca para que personas sin los títulos pertinentes no hicieran competencia desleal a los profesionales y alguien pensó que este cirujano no tenía el diploma correspondiente y lo denuncio: …y alli la acusaron porque curaba sin ser examinada y se vino a la corte en donde se examino y saco dos titulos para poder sangrar y purgar y para cirujia y en la Corte estuvo esta curando mucho tiempo hasta que la llamaron a Cuenca...-
Nuestra Elena/o, ni corta ni perezosa, cuando fue acusada de intrusismo tomó los exámenes pertinentes y sacó, como ella dice dos títulos, con lo que podía dedicarse con toda tranquilidad a este su nuevo oficio, en el que ya llevaba practicando, al menos, cinco años. En el lugar de Cuenca estuvo casi un año de donde paso a Laguarda, …en donde hiço asiento y estuvo en su officio de zurujano yendo y viniendo en este tiempo a la Corte muchas vezes y por una pesadumbre que tubo ... se fue con una compañia que paso por alli curando a los soldados que hiban heridos de la Compañia de don Andres pastor y llego con ellos hasta pinto y de alli se vino a valdemoro a donde estubo como dos años ...
Así paso algún tiempo y al parecer Elena enfermó y estuvo alojada en casa de un tal Francisco del Caño, el cual, andando el tiempo vino a ser su suegro ...y cayendo enfermo… fue Guesped del dicho francisco del caño su suegro desta y le regalara alli mucho y se aficiono a maría del caño hija del dicho francisco del caño y ella de esta y la pidio (a) esta por muger a sus padres y ellos dixenron que si estava de dios quello se haria.
ELENA/O DE CÉSPEDES PIDE CASARSE CON MARÍA DEL CAÑO. DIFICULTADES
Así es como empezamos a saber de la tal María del Caño, con la que luego casó y cuyo matrimonio fue piedra de escándalo para la Inquisición en donde ...dixo que como esta pidio por muger a la dicha maria del caño y le dieron buena respuesta fue a madrid a donde pidio licencia al vicario para poder casarse y le diesen para hacer las amonestaciones y el vicario viendo a esta sin barba y limpia la dixo que si hera capon y esta respondio que no que la mirasen y berian como no hera para lo qual llebaron a esta a una casa alli cerca y tres hombres o quatro miraron a esta por delante y porque nunca esta consintio que la mirasen por detras porque no biesen la naturaleza desta de muger. Estas consideraciones las pone de su puño y letra el secretario de la Inquisición, y no sabemos si son palabras de Elena o añadidos del Inquisidor. Viene así textualmente en el documento.
Continuando con la historia …los dichos hombres dijeron habiendo visto a esta que hera hombre y que no hera capon y el dicho vicario dio licencia a esta para que se amonestase… Volvió nuestra Elena de Madrid y se llegó al cura de Ciempozuelos para que se publicasen las amonestaciones. Tras tantas dificultades se ve que su firme intención era casarse con María del Caño.
OTRA MUJER EN SU PASADO
Todo parecía ir según el plan de Elena (o Eleno) de Céspedes cuando al ser publicadas las dichas amonestaciones, apareció, con gran disgusto de Elena, suponemos, una mujer que se oponía a esa boda. Dijo llamarse Isabel Ortiz y más tarde se supo que era viuda. Declaró que vivía en Madrid junto a la iglesia de San Francisco y que tenía dos hijos; la tal Isabel Ortiz reclamó a Elena (Eleno) de Céspedes por marido y argumentó que Eleno no podía casarse con otra pues a ella, Isabel, le había dado palabra de matrimonio con anterioridad.
El inquisidor, al escribir de su puño y letra las declaraciones, siempre se refiere a Elena con el género femenino, mientras que Elena se refiere a ella misma como del género masculino, lo que más de una vez hace el escrito casi ininteligible pues es difícil saber quién habla o a quién se refiere lo escrito por el continuo cambio de género. En todo caso la decidida, o quizá burlada, Isabel...vino delante del vicario de madrid… y manifestó que además había otros impedimentos y que era cosa pública y conocida que Elena de Céspedes ...hera macho y embra ...
Elena de Céspedes hubo de volver de nuevo al vicario de Madrid y entonces éste decidió que esta vez viesen a Céspedes dos médicos de renombre en la Corte y dijo que provería en justicia. Naturalmente, Elena ya no podía parar la maquinaria de la justicia y en cumpymiento del dicho auto solicitó que los que quisieran mirar a esta fueran de Toledo pues era demasiado conocida en Madrid ...y porque era muy conocida en Madrid se vino a Toledo y pidio al vicario que si la habia de mirar que la mirasen aqui... Creemos que no es este el lugar para anotar lo que los médicos dijeron bástenos saber que en principio le declararon como varón apto para convivir con mujer.
No habiendo hallado contradicción en el dictamen de los médicos, el vicario autorizó que se publicasen los nombres de los que deseaban contraer matrimonio y al fin se velaron y casaron "Eleno" de Céspedes y María del Caño, cosa que hicieron en la villa de Yepes. Hacía más o menos veinte años que Elena de Céspedes había casado con su primer cónyuge: el albañil Cristóbal Lombardo.
LA DENUNCIA
En Yepes vivieron algo más de un año ...haçiendo vida maridable... es decir como marido y mujer haciendo vida marital públicamente. Aparentemente por razones profesionales, el matrimonio se fue de Yepes más o menos por navidad con destino a Ocaña, allí fue reconocida por un compañero de armas, el inquisidor lo dice así: ... por navidad por no aver Zurujano en Ocaña se fue esta a vivir alli y el alcalde mayor que se llama ortega lo fue a ver a hucles (Uclés) y escrivio al gobernador que oyel (que hoy, él, que había sido auditor etc.) que siendo el auditor del campo en la guerra de Granada había conocido a esta y que decian que hera muger y otros decian que era macho y hembra y con esta carta el dicho governador abra (hará) un mes que prendio a esta y de ally la an traydo presa a este santo officio. He aquí como la tranquila vida de "Eleno" de Céspedes y de su mujer María del Caño se vio violentamente interrumpida por que el tal Ortega reconoció en el "Zurujano" de Ocaña al soldado Céspedes, del cual se decía, ya por entonces, que era hombre y mujer al tiempo. La murmuración subió de tono finalmente los rumores se hicieron incontenibles y el Santo Oficio, que hasta entonces había hecho caso omiso, hubo de intervenir por si se había hecho burla del sacramento del matrimonio.
ACEPTACION DEL EXTRAÑO/A ELENA/O DE CÉSPEDES. EL SANTO OFICIO
Como podemos ver el hecho de ser considerado como hombre-mujer en sus tiempos de soldado, sastre o “cirijano”, no trajo ninguna consecuencia adversa para ella/el. Por el contrario, parece que todos aceptaban tácitamente esta particularidad sin que fuera por ello molestada/o. Quizá podamos ver en esta circunstancia una tolerancia y aceptación que nos parece hasta moderna. Todo se echó a perder cuando Elena/Eleno insistió en contraer matrimonio canónico con María del Caño. Ello sí produjo escándalo al punto que el primero que la reconoció como posible mujer la delató y ello terminó con Elena/o, presa y enviada al Santo Oficio.
Las estancias oficiales no podían cerrar los ojos voluntariamente a un atropello a las normas vigentes. Otra cosa era hacerse el distraído ante un hecho que no tocaba a nadie ni iba de frente contra las normas comúnmente aceptadas. El pueblo común suele murmurar, pero no pasa de allí, distinto es el caso de las autoridades que se supone deben velar por la estricta observancia de la ley y el mantenimiento de lo que entonces se consideraba como buenas costumbres y normas morales inquebrantables. Cuando las instancias oficiales se mueven en cualquier dirección, detrás se mueve también una enorme maquinaria, la del estado, que puesto en marcha es imparable. Probablemente si María del Caño y "Eleno" de Céspedes hubiesen convivido sin hacer ostentación de vida maridable nada habría sucedido, el "pecado" era el escándalo de convivir, como matrimonio, dos mujeres.
Si de puertas afuera hubieran sido dos amigas que vivían en la misma casa, nada habría pasado. Pero ello tampoco era posible pues Elena ya había tomado la personalidad de Eleno y era "cirujano" y no "cirujana", y como tal zurujano se ganaba la vida; ahora, por más que se hubiese prendado de María del Caño, no podía dar marcha atrás y convivir con ella sin casarse. Quizás debían de haber sido más sagaces y entonces María podría haber pasado por sirvienta o ama de llaves en casa del cirujano, tal y como hacían algunos curas que tenían un ama que en realidad era su mujer. La gente hacía la vista gorda siempre que no se rompiesen abiertamente las reglas pues estas son el armazón de la sociedad, y se admite una tal ruptura como normal, la sociedad colapsa. Pero las cosas eran como eran, la situación había estallado por donde menos se lo esperaban.
Es probable que Céspedes tuviera algunas características de ambos sexos, y creemos que aun siendo mujer, ella prefería ser hombre, al extremo que llegó a creérselo ella misma. En una palabra, que llegó a ser un hombre atrapado en un cuerpo de mujer.
ELENA/O DE CÉSPEDES LA PRIMERA CIRUJANA DE LA HISTORIA. LA PRAGMÁTCA DE LOS REYES CATÓLICOS DE 1451.
No debemos pasar por alto por el interés que suscita la condición sexual de Elena/o el que ella fue la primera cirujana en la historia, cirujana debidamente titulada, no sólo en España es también posible que lo sea en toda Europa.
Cuando la Inquisición acusa a Elena de haber realizado prácticas en contra de la moral e inclusive del pecado nefando, reconoce que ella es cirujana titulada. A mayor abundamiento el fiscal no dice que es cirujano, si no cirujana. Y es que en realidad aunque fuese mujer podía ser "zurujana" pues ya desde la Pragmática de los Reyes Católicos, emitida el 25 de Octubre de 1491, se regulaba el oficio del Alcalde Examinador Mayor, que era quien en el siglo XV estaba encargado de los exámenes de los físicos (médicos), boticarios y cirujanos .. e de aquí en adelante para toda nuestra vida seades muestro alcalde examinador mayor de todos nuestros reinos e señorios de todos los físicos e cirujanos e boticarios e ensalmadores4 e especieros, ansi hombres como mujeres, cristianos, judios e moros de cualquier estado e condicion que sean. Así, que aunque no conozcamos ningún otro caso de mujer alguna que haya sido cirujana titulada antes de Elena de Cespedes, ella, aun como mujer podía ser legalmente cirujana pues lo podían ser ansi hombres como mujeres... Con Felipe II se regula el oficio de “examinador” atribuyéndolo al Protomedicato, en todo caso tampoco con Felipe II no se especificó luego que las mujeres no pudiesen ser cirujanas.
Repasemos cómo y cuándo nuestra Elena llegó, legalmente, a ser cirujano. Aunque brevemente ya lo adelantamos recordemos la génesis de su titulación. Nos referiremos una vez más al año de 1587, única fecha que tenemos con certeza por ser la del juicio de Elena de Céspedes, en ese año ella dice que llegó a la Corte hacia unos doce años, es decir que había llegado hacia 1575, y por los datos que de ella tenemos colegimos que tenía entonces unos treinta años de edad. Ella relata ante los Inquisidores que allí ...tomó amistad con un balenciano Zirujano y (este) le llevo a su casa por guesped y començo a dar esta liciones de curar y como esta aprendio bien dentro de pocos dias curaba tambien como el dicho zirujano y como esta vio que aquel officio le era de provecho dejo de lado el officio de sastre y comenzo a husar del de cirujia y estaba en el hospital de la Corte...
Aprendió a curar, primero de su maestro del cual desgraciadamente no menciona el nombre, quizá para no comprometerlo ante la Inquisición, y más tarde continuó haciéndolo ya sola. Debió de agradarle el nuevo oficio pues se buscó trabajo en un hospital donde estuvo otros tres años practicando su arte. Ya tenemos a Elena de Céspedes con seis años de experiencia en el arte de la cirugía. Seguramente tenía lo que hoy llamamos "buena mano" para su oficio, por lo que fue llamada a curar a un criado de Felipe II, de nombre Obregón, como ya vimos antes, en su residencia de El Escorial. Este pequeño triunfo parece que la animó sobremanera y ella relata que desde ese día ...y començo a curar publicamente y anduvo esta por aquellos lugares de la serrania curando mas de dos años…
Ya tenemos a Elena de Céspedes con ocho años de experiencia, curando por la serrania como ella dice sin especificar lugar o sitio. Sin embargo, algo le faltaba, un título oficial que respaldara su saber y la autorizara debidamente a ejercer públicamente su oficio. Debía de agradarle el trabajo de cirujano pues no era quehacer que precisamente proporcionara grandes ganancias a los que lo ejercían, más bien un modesto pasar. Recordemos en este lugar el modestísimo vivir de don Rodrigo Cervantes, padre de nuestro don Miguel de Cervantes Saavedra, cirujano famoso por otras razones que su habilidad como tal, que llevó a su familia de un lado a otro, siempre perseguido por los acreedores y por cuya pobreza sus hijas y sobrina se dedicaron a menesteres que mejor es no recordar. Don Rodrigo, sin embargo, era un cirujano de cuota es decir sin título alguno.
En algún momento nuestra Elena de Céspedes fue denunciada por intrusismo. (O deberíamos decir "denunciado", pues por entonces ya trabajaba travestida y figurando para todo como hombre). Ella, seguramente, no quería ser cirujano de cuota que era tanto como decir practicón, si no que aspiraba a lo más alto en su profesión, y como lo había hecho otras veces con otros oficios, se apresuró en tomar sus exámenes
..comenzó a curar publicamente ...por aquellos lugares de la serrania curando mas de dos años y alli la acusaron porque curaba sin ser examinada y se vino a la Corte a donde se examino y saco dos titulos para poder sangrar y purgar y para zurujia y en la corte estuvo esta curando mucho tiempo...
En el tiempo que a Elena le tocó vivir, la medicina apenas empezaba a estar albergada en las universidades; pero al tiempo, estas titulaciones de nivel universitario convivían con otras no menos legales que otorgaba el Protomedicato. En términos modernos podemos decir que había unos títulos que provenían de la teoría y otros de la práctica, aunque para asegurar la idoneidad del candidato a médico, aun para aquellos que habían estudiado en la Universidad, se necesitaba el visto bueno del tribunal del Protomedicato. También debemos distinguir, al menos teóricamente, la práctica de la medicina de la práctica de la cirugía. No era lo mismo ser médico que ser cirujano, estos últimos recibían siempre su título del Protomedicato y en principio estos estudios no fueron albergados en el Universidad.
EL PROTOMEDICATO. IMPORTANCIA DE SU TITULACIÓN
Para nuestro propósito de escribir una sucinta biografía de Elena de Céspedes es de importancia el saber cuánto peso específico tenía su titulación como cirujano, expedida por el Protomedicato,5 ya que según todos los datos que tenemos, ella fue la primera mujer – no sólo en España, si no en Europa – que tuvo tal calificación. ¿Era un título oficial? ¿Era importante contar con tal título? ¿Estaba autorizado por la Cámara Real? A pesar de que los Archivos del Protomedicato fueron quemados durante la guerra civil6, aun hemos podido reunir las siguientes evidencias:
El doctor D. Miguel Parrilla Hermida, General Inspector Médico de Sanidad Militar, en la XVII Sesión Científica celebrada en Madrid el 29 de noviembre de 1977 tuvo una brillante disertación sobre el protomedicato antecedentes y organismos herederos de tal institución, comunicación que él modestamente llamó “Apuntes Históricos”. Dada la escasez de datos veraces sobre el asunto, citaremos sus hallazgos ya que carecemos de otras fuentes históricas.
El Real Protomedicato era una institución que venía de antiguo. Fue un organismo centralizado cuya razón de ser fue velar por la salud pública y que a partir del siglo XVI, el siglo que nos interesa, tuvo como misión:
A) Cuando los candidatos a ser médicos o cirujanos terminaban sus estudios y/o prácticas en las diferentes escuelas o universidades, el Real Protomedicato controlaba los supuestos conocimientos de estos profesionales mediante un examen realizado ante un tribunal independiente, este tribunal estaba formado por individuos que pertenecían al dicho Protomedicato.
B) Velaba por que no hubiese intrusismo en la profesión, tanto para defender al paciente como al cirujano o médico de esta injusta y desleal competencia. Cualquier supuesto acto de intrusismo se podía denunciar ante el Protomedicato y éste habría de tomar cartas en el asunto. También tenía facultades para penalizar las faltas cometidas. En relación a los médicos y cirujanos se encargaba de la administración de justicia para corregir y evitar, si fuese posible, los excesos de estos facultativos.
C) Estaba bajo su vigilancia y responsabilidad la prevención y estudio de las, entonces, frecuentes epidemias.
D) Como los derechos de examen y otros derechos producían unas cantidades de dinero, el Protomedicato administraba estas en cuanto a su recaudación y administración de los fondos logrados, así como lo obtenido por las penas pecuniarias (multas o indemnizaciones etc.) que se imponían a algunos infractores.
En el siglo XVI la medicina7 empezaba a encontrar su lugar en las universidades, no obstante, se contaban más de treinta escuelas médicas, casi todas de origen pontificio. Muchos médicos actuales opinan que estas últimas eran poco fiables pues se dictaban enseñanzas de tipo memorístico sin material clínico y aun así se expedían títulos de bachilleres, licenciados y doctores; de físicos y médicos puros, cirujanos latinistas8 y cirujanos romancistas, algebristas9, tallistas (expertos en sacar piedras de la vejiga por vía perineal) y otros. Esta multiplicidad de títulos y certificados fue la causa de que estableciese la obligatoriedad de exámenes ante médicos y quirúrgicos ajenos a las universidades, tras los cuales, los examinadores, que podían ser nombrados por el Rey, extendían el certificado correspondiente a los candidatos que se habían examinado ante ellos. Con este título o carta de autorización podían ejercer legalmente y en ningún caso podrían ya ser considerados como intrusos. Estos exámenes, añade el doctor Parrilla Hermida, eran "una defensa contra la deficiente formación de los profesionales y constan ya en el Fuero Real de España, decretado por Alfonso II de León.". En el último cuarto del siglo XV ya están los “tribunales examinadores” totalmente formados por físicos (médicos) como se observa en la Pragmática de los Reyes Católicos de 25 de Octubre de 1475. El primer Protomédico del que tenemos testimonio lo hallamos en 1526, en que Carlos V da ese nombre por Real Cédula al doctor Martín de Santa Clara.
Pero en realidad el Real Protomedicato, que es el que nos interesa a nosotros, comienza con Felipe II, monarca ordenancista, que aunque empezó a reinar en 1566 ya por ausencias de su padre en realidad lo hacía desde 1543.
¿Cuándo se examinó nuestra Elena de Céspedes? Ya que los documentos han desaparecido sólo podemos hacer un cálculo aproximado. Si ella había llegado a la Corte en 1575, donde conoció al cirujano que la inició en su arte y declara a la Inquisición que estuvo al menos ocho años practicando su arte hasta que fue denunciada, eso nos hace llegar al año 1583, unos cuatro o cinco años antes de que la detuviera el Santo Oficio. Toda vez que cuando fue detenida tenía unos cuarenta y uno o cuarenta y dos años sacó su diploma con unos treinta y cinco o treinta y seis años poco más o menos. Desde luego para entonces ya existía el Real Protomedicato pues cuando en 1562 se produce el accidente del Príncipe Carlos, que a punto estuvo de costarle la vida, el Rey envía enseguida al Diego Olivares, su Protomédico.
El tribunal examinador constaba del protomédico y de tres examinadores para que todos juntos, y no uno sin otro, entiendan, conozcan y provean ...todas las cosas que podían despachar los Protomédicos...no entrarán a examinar mas que (a) médicos, cirujanos y boticarios. Los médicos no podían ser examinados como cirujanos a menos que hubiesen practicado al menos un año en una Universidad aprobada.
En lo que a los cirujanos se refiere tenían que presentar información de haber practicado cuatro años cumplidos en alguna ciudad, villa, lugar u hospital con médico o cirujano graduado por alguna de las Universidades aprobadas; con los cirujanos, además, se efectuaba un examen teórico y otro práctico … haciendo asimismo los dos examinadores nombrados que el cirujano ponga las manos, ligue y desligue y aplique las medicinas a las heridas... A ningún médico o cirujano se le podía dar licencia para curar sólo enfermedades limitadas o particulares, aunque a los algebristas y hernistas se les podía dar licencia para curar sólo cataratas, tiña, carúnculas etc.
No queremos extendernos más en este asunto del tribunal del Real Promedicato y la importancia de haber pasado unos exámenes ante ese tribunal que examinaba también a los médicos salidos de la Universidad para convalidar sus títulos. Elena de Céspedes debió haber tenido una inteligencia fuera de lo común pues sin haber tenido maestro de sus primeras letras - al menos que se sepa - también dominaba el latín, y entre sus pertenencias, bastante modestas por otro lado, se contaban libros de medicina de incalculable valor, entre ellos un ejemplar del libro de Vesalio. Ella se examinó en Madrid (El Escorial) y aprobó sus exámenes y no contenta con el de cirujano también se examinó de sangrador conforme al espíritu de los tiempos, que consideraba las sangrías como un elemento de tratamiento y curación.
Por último, el tribunal del Protomedicato se formalizó mediante una disposición de Felipe II, que, como hemos ya dicho, era un monarca sumamente ordenancista, pero en todo caso el sistema ya funcionaba antes y don Felipe lo que hizo fue regular, sancionar y delimitar sus funciones y atribuciones en 1588. No seguimos, pero esperamos haber dado la importancia que tenía el título de nuestra zurujana. En su tiempo era una verdadera cirujana, con todo el saber que entonces se tenía
FIN DE UNA LARGA Y COMPLICADA HISTORIA.CONCLUSIONES DEL SANTO OFICIO EN EL CASO DE ELENA DE CÉSPEDES PETICIONES DEL FISCAL.
Dejamos a Elena de Céspedes enfrentada al Tribunal de la Herética Parvedad (la Inquisición) por haberse casado por la iglesia con otra mujer: María del Caño. Ambas partes, acusadores y acusada, presentaron médicos-testigos que habían certificado, sucesivamente, que Eleno era hombre (los que la examinaron para casarse con María del Caño) y que Elena era mujer: los que la examinaron por parte de la Inquisición. Los primeros, no deseando contradecir a los de los inquisidores arguyeron que fueron engañados por artes brujeriles o diabólicas. Otra nueva acusación podía surgir de esta opinión: brujería.
La esposa, María del Caño, por su parte, declaró que su marido la satisfacía como esposo y que era varón. Desde luego a esta María del Caño no le convenía declarar que ambas eran mujeres y que convivían como marido y mujer, sobre todo después de haberse casado por la iglesia. Pocos datos sacaron los Inquisidores de María del Caño, y es natural que así fuese pues, aunque difícilmente podía alegar que ella creía que Eleno era hombre, si aceptaba saber que no lo era, el caso recaería sobre ella con la misma fuerza que sobre el "marido", por otro lado si ambas eran, como sostienen algunos, homosexuales, lo último que le convenía a María del Caño era aceptarlo o reconocerlo aunque fuese indirectamente.
De lo que luego sucedió A María no hemos podido averiguar nada. ¿Fue también encausada? No lo sabemos, tampoco hemos seguido su caso. Ella siempre sostuvo que Eleno de Céspedes era un hombre, que como tal le trató y que nunca observó falta en el que le hiciese pensar que no era hombre. El misterio continúa insoluble, al menos si confiábamos en el testimonio de su "esposa" para solventarlo.
Finalmente, el licenciado Soto Cameno, fiscal del Santo Ofico concluyo que:
3…. parezco y acuso ....... a elena de
4. çespedes e por otro nombre se ha llamado eleno de çes-
5. pedes tejedora sastre calzetera soldado y zuru-
6 jana natural de la ciudad de Alama residente en
7. ocaña presa en las carçeles desta Inquisicion y aqui pres-
8. sente por hereje appostata de nuestra fe catholica
9. y ley evangelica e al menos por muy sospechosa
10. de serlo excomulgada perjura muger que sien-
11. te mal de los sacramentos y en espeçial del matri-
12 monio y en oprobio y menosprecio del como enbau-
13. cadora enbustidera con ynbençiones y enbelecos
14 a hecho y cometido lo siguiente
1) 15. primeramente Abiendo la susodicha nacido y sien-
16. do muger esclava adulta y a contenplaçion de su
17. Ama le pusieron y se llamo de su nombre y en su serbiçio
18. aprendio esta a tejer y teniendo hedad de tomar
19. se caso y velo con Xbal. (Cristobal) lombardo albañil
20. vº (vecino) de jaen con el qual hizo vida maridable y durante
21. pario y tiene un hijo del dicho
22. su marido.
2) 23. Yten siendo Ama de un clerigo aprendio el officio
24. de calcetero y en otra casa de sastre y husando los dichos
25. officios diçe y confiesa aver reñido con un rufian
26 y (por) amenazas que la hizieron se determino de andar
27. en abito de hombre y dexar el de muger como en
28 efecto lo hizo y en el dicho habito de honbre fue labra-
29. dor / pastor / sastre / calcetero / soldado y zurujano
30. y en el discurso de su vida dexo tomo y mudo el
31 abito de honbre y de muger muchas veçes en dife-
32. rentes tiempos lugares y ocasiones.
3) 33. Yten. instigada del demonio Añadiendo delito
34. a delito no sabiendo con certidumbre ser muer-
35. to su marido en el dicho abito de honbre diçiendo
36. serlo trato y procuro casarse con una donçella
37. y con falsa relacion y probança hizo aberiguaçion
38. que era honbre y no muger y para lo probar de
39. mas que es de presumir que soborno (a) los testigos me-
40. dicos zurujanos y matronas que en su fabor presen-
41. to y lo hiçieron con cautelosa maliçia no consin-
42. tio que la mirasen por detras porque no la biesen su
43. natural de muger y por sus enbustes y en bolvi-
44. mientos juraron ser un honbre y tener los requisi-
45. tos neçesarios para poderse casar y engendrar
4) 46. Yten con la dicha falsa apariencia y ynformaçion
47. con nobre y abito de honbre en oprobio del
48. matrimonio se caso y velo in face eclesie con la di-
49. cha donçella (con la que) que abia tenido amores
5) 50. Yten con sus enbelecos y ynbençiones a pretendi-
51. dido y querido dar a entender que hera hermafro-
52. dito y que tenia dos naturas una de hombre y otra
53. de muger y que como honbre a tratado y comuni-
54. cado carnalmente con muchas mugeres y que por no
55. andar con tantas se abia casado con una
6) 56. Yten en juizio negando y encubriendo la vedad
57. o sea perjurar ante otros justiçias y tribunales
58. y especialmente ante (nosotros?) porque entre otras
59. cosas siendo preguntada si esta a tenido minbro
60. viril para poder tener acceso carnal con mugeres
61. debajo del juramento que abia fecho dixo que si
62. y preguntandole si le tenia agora respondio que
63. no que se abia caydo por çierta enfermedad
64. y flaqueza de cimiento
7) 65. Yten demas y allende de lo susodicho es de presu-
66. mir a hecho dicho y consentido otras muchas co-
67. sas mas y menos graves y las a visto haçer y deçir
68. a otras personas que calla sabia y mali-
69. çiosamente porque no venga a notiçia de nosotros
70. de que les protesto Acusar cada y quando que a mi de
71. recho convenga
72. por raçon de todo lo qual a caydo e yncurrido
73. En muchas y muy graves penas en derecho
74. previstas (e) ynstituidas con todos los que cometen semejan-
75. tes delitos
76. porque açeptando como açepto sus confesiones en
77. lo que por mi haçer y no en mas (palabra ilegible) la mande
78. condenar en todas las susodichas penas
79. Otrosi pido neçesario sea puesta a quistion
80. de tormento el qual le sea dado y repetido tantas
81. veçes quantas veçes hubiere lugar de derecho
82. sobre la yntençion etc. y en todo pido cumplimiento
83. de justiçia y testimonio etc y juro a dios que esta acu-
84. saçion no la pongo de maliçia.
firmado y rubricado: el licençiado soto camena.
Naturalmente el papel del fiscal es el de acusador, pero finalmente el tribunal no se adhirió a sus tesis. Para cerrar la historia de esta sorprendente vida, digamos que habiendo fallado la Inquisición no hay noticias de que los doscientos azotes se aplicaran jamás, a Elena, sí que fue a cumplir su pena o castigo a un hospital de donde el director pidió que se la llevasen cuanto antes pues era tal la fama de Elena de Céspedes y de su caso que los "pacientes" acudían de todas partes sólo por verla, impidiendo el normal desenvolvimiento de sus funciones. Atendiendo a esta súplica se la trasladó a uno lejano y recóndito en donde ya se pierde la pista de su existencia. Sin duda esta extraña mujer continuó con su vida como ella la entendía, aunque fuese a escondidas.
Por último, digamos al lector curioso, que aunque el fiscal del proceso recomendó que fuese puesta al tormento, jamás llegó a aplicársele. Si bien la inquisición fue una institución terrible, a veces era más sensata de lo que cabe esperar.
BIBLIOGRAFÍA DE ELENA DE CÉSPEDES
Archivo Histórico Nacional. Inquisición, legajo 234. Documento 24.
Archivo General de Simancas. Pragmática de los Reyes Católicos de 1477 a los alcaldes y examinadores "en todos nuestros reynos e señorios"Loc. cit. numero 1. Diversos de Castilla, leg. 1, número 54.
Archivo General de Simancas. Registro General del Sello, f. 179.
GRANJEL, Luis S. RETABLO HISTÓRICO DE LA UROLOGÍA ESPAÑOLA. Real Academia de Medicina de Salamanca. 1986
LÓPEZ Terrada, M.L.; BUJÍA, J.; et al. LOS ESTUDIOS HISTORICOMEDICOS SOBRE EL TRIBUNAL DEL PROTOMEDICATO Y LAS PROFESIONES Y OCUPACIONES SANITARIAS DURANTE LA MONARQUÍA HISPANICA DURANTE LOS SIGLOS XVI AL XVII. Dynamis. Acta Hispanica ad Medicinae Scentiarum Historiam Illustrandam. 1996
MUÑOZ GARRIDO. EJERCICIO LEGAL DE LA MEDICINA EN ESPAÑA. (Siglos XV al XVIII) Pag. 19. Salamanca. 1969
SARRIÓN MOYA, Adelina. MUJERES HETERODOXAS ANTE LA INQUISICIÓN. Alianza Editorial 2003
VALVERDE, J.L. ORIGEN DEL TRIBUNAL DEL PROTOMEDICATO. Granada 1972
VALVERDE, J.L; SÁNCHEZ L; VINUESA F. CONTROVERSIAS JURISDICCIONALES DEL PROTOMEDICATO CASTELLANO. (Universidad Complutense) Revista Médica ASCLEPIO 1979 Madrid.
Isabel Barreto de Mendaña (1567?-1620)
La primera mujer Almirante, Adelantada de las Islas de la Mar Océano. Gobernadora. Descubridora y Aventurera.
ANTECEDENTES. LA REDONDEZ DEL MUNDO, MAGALLANES, ELCANO
Mientras Cristóbal Colón llegaba por la ruta occidental a lo que él creía ser la India, los portugueses seguían por la ruta de Magallanes buscando la Terra Incógnita aquella que el alejandrino Ptolomeo supuso que se extendería al sur de África y llegaría hasta el Quersoneso10, y probablemente más allá.
La llegada simultánea de los españoles y portugueses a la isla de Nueva Guinea alimentó la esperanza de que esta tierra formase parte insular del continente buscado. Mientras los portugueses se dedicaron a explorar y explotar las “Islas del Maluco”11y establecer relaciones con chinos y japoneses, la acción española fue representada por Magallanes que aportaba una novedad: éste aseguraba conocer un paso de comunicación entre el Atlántico y el Pacífico. Cisneros aprobó el proyecto y el 22 de marzo de 1518 se firmaban en Valladolid las capitulaciones que otorgaban el permiso a Magallanes para navegar por el oeste y tomar posesión de las Molucas. Aceptada su propuesta partieron de Sevilla el 10 de agosto de 1519, acompañando a Magallanes en la aventura Ruy Faleiro como capitán de la armada, el italiano Pigafetta como cronista y Elcano como maestre de la Concepción.
En marzo de 1521, con escasez de víveres y problemas con el escorbuto, arribaron a unas islas que llamaron de los Ladrones -posteriormente se denominarán Marianas- donde se abastecieron y fueron objeto de robos, de ahí el nombre. El siguiente destino serán las islas de San Lorenzo -las Filipinas- donde los indígenas acogieron a los navegantes de manera cordial y les facilitaron numerosas provisiones. Magallanes partió hacia Leyte y Cebú, donde consiguió que el rey se convirtiera al cristianismo. Como bien sabemos, Magallanes no completó con vida su periplo (que hubo de ser completado por Elcano), pero las Filipinas entraron en la Corona de España como las tierras más alejadas de la Península. Entre estas y España quedaba muchas tierras por descubrir y conquistar.
Había una verdadera efervescencia descubridora y todo parecía posible, de ahí que Álvaro de Mendaña buscara, como tantos otros, tierras todavía por encontrar por el camino del Pacífico porque la redondez de la tierra les hacía suponer que podían llegar a ellas tanto por el este como por el oeste, y más partiendo desde el Perú, desde donde calculaban, y no sin razón, que estarían más cerca que partiendo desde la Península Ibérica.
Mendaña, efectivamente, descubrió las islas Salomón y a su muerte, su esposa y viuda, doña Isabel Barreto, emprendió la tarea de recuperar las islas que él había descubierto: las Salomón. Esta es la increíble historia de una mujer intrépida y aventurara, la única Almiranta y Adelantada de los Mares del Sur.
ORÍGENES DE DOÑA ISABEL BARRETO
No se sabe con seguridad la fecha del nacimiento de doña Isabel ni el nombre de su madre, y, hasta que aparezcan nuevos documentos que nos aclaren algo más sus orígenes, nos conformaremos con saber que nació en Pontevedra en el último tercio del siglo XVI. Según la mayoría de sus estudiosos Isabel pertenecía a la nobleza gallega y sabía no sólo leer y escribir, si no que había estudiado latín. Dado que el latín era la lengua de la ciencia desde el Renacimiento, y cuando decimos ciencia incluimos también la cosmografía, la geografía y los libros sobre navegación y descubrimientos, el dominio del latín le abría las puertas y el acceso a saberes que de otro modo hubieran sido un arcano hermético para ella.
Es voz común que su padre había sido gobernador de las Indias Portuguesas, de donde podemos bien colegir que él poseería libros que hablasen de tierras recién descubiertas y de lugares lejanos. Podemos suponer, sin arriesgarnos a errar, que fue en esos libros, y en casa de su padre, en donde ella empezaría leer crónicas sobre el mar y los navegantes.
De su padre, Francisco Barreto12, sabemos que casó y que muy pronto tuvo descendencia, al punto de que a los ocho años de casado ya tenía ocho hijos, de los cuales siete eran varones y una mujer: nuestra Isabel. Seguramente el matrimonio tuvo más tarde aún algunos hijos más porque al menos tres hermanos y otras dos hermanas viajaron al Perú más adelante. Ella recibió las aguas bautismales en Pontevedra y pasó al Nuevo Mundo al parecer en el séquito de una noble dama, doña Teresa de Castro, esposa del Virrey García Hurtado de Mendoza. Según las noticias que tenemos también viajaron con ella sus hermanos Diego y Lorenzo y más tarde llegó su hermana Marina.
Suponiendo que ella, como dicen, hubiese nacido hacia el último tercio del siglo XVI, podemos calcular que hubiese venido al mundo más o menos en 1567 (unos años arriba o abajo) pues según sus pocos biógrafos llegó con su familia a Lima alrededor del año 1585 cuando aún no tenía veinte años.
Durante algún tiempo su progenitor, como ya apuntamos, había sido gobernador en las llamadas Indias Portuguesas por lo que, además de haber leído libros de su padre, Isabel estaba familiarizada con los navegantes, los altos cargos y las aventuras que narrarían al gobernador los que venían de su tierra hasta tan lejano lugar. Quién sabe si después de escuchar estos relatos de labios de los que lo habían vivido en primera persona, y de haber leído historias sobre sitios lejanos, ella soñó con ser varón para poder embarcarse como tantos otros aventureros y descubrir El Dorado o aquellas islas que se suponía situadas en las antípodas donde los hombres caminaban, según se decía, con la cabeza debajo del brazo. En esos años todo era posible. Sobre todo si se era varón, pero soñar podía hacerlo también una doncella.
De ella cuentan que era hermosa sobre todo para los cánones de entonces: era rubia y de ojos azules, como hoy mismo tantas mujeres gallegas con sangre celta. Era muy joven todavía cuando conoció en Lima a un aventurero que captó su imaginación: un hombre famoso y con una estela de héroe y aventurero: don Álvaro de Mendaña de Neyra13 (1542?-1595), corría el año 1586 y Álvaro de Mendaña ya no era un mocito, si bien su cuerpo era juvenil y fuerte y su salud parecía a toda prueba. Tenía don Álvaro cuarenta y tantos años y ella unos veinte, pero ello no fue óbice para que entre ambos surgiera una atracción invencible. Sin duda el maduro caballero vería en ella reverdecer todas sus ilusiones y ella encontraría en él al prototipo del aventurero valiente con que había soñado, una especie de caballero andante de los mares. Era la época de los Palmerines y de los Amadises, y de Pizarro y Cortés, héroes de la realidad y de la ficción y Álvaro de Mendaña no les iba a la zaga.
Sin duda alguna, don Álvaro relataría una y otra vez a la bella Isabel la prodigiosa historia de las Islas Salomón, de las cuales él era el descubridor. Como la historia de las susodichas Islas y su descubrimiento marcaron el destino de Isabel Barreto, luego de Mendaña, más vale que nosotros hagamos partícipes al lector de tan fabuloso y asombroso relato. Todo había sucedido años atrás.
EL DESCUBRIMIENTO Y LA PÉRDIDA DE LAS ISLAS SALOMÓN.
La primera expedición de Álvaro de Mendaña había sido patrocinada por su tío el Licenciado Lope García de Castro14, Presidente de la Audiencia de Lima y Gobernador del Perú. Habiendo este oído hablar de la existencia de un Continente Australis conforme a los datos e informes que había dado el célebre marino don Pedro Sarmiento, decidió enviar una expedición de descubrimiento al Pacífico al mando su sobrino15. Esta primera expedición de Álvaro de Mendaña representa el mayor esfuerzo español por investigar que encerraba la inmensidad de la masa de agua de los Mares del Sur.
Costó el apresto para este viaje sesenta mil pesos, diez mil puso el mismo Mendaña, o quizá su tío, que le protegía y tenía más capacidad económica.
La partida, que constaba de dos navíos y ciento cincuenta hombres, salió del Callao el 19 de noviembre de 1567 y arribó de vuelta en Santiago de Colima (México) dos años más tarde. Los navíos se llamaban, “Los Reyes”, la nao capitana de doscientas toneladas y la “Todos Los Santos”, la nao almirante de ciento cuarenta. Entre los hombres de la tripulación se hallaba Pedro Ortega, maese de campo; Hernando Gallego, piloto jefe; Francisco de Gálvez, vicario castrense; Gómez Hernando Catoira, contador naval; y los capitanes Hernando Enríquez y Pedro Sarmiento de Gamboa, ilustre marino y cosmógrafo.
Como dijimos se hicieron a la mar el 19 de noviembre de 1567. Soñaban con éxitos, fama, quizá oro, o al menos cargos relevantes si descubrían tierras importantes. Casi dos meses después de haber zarpado del Callao, el 10 de enero (otros documentos dicen el 15) de 1568, y a mil cuatrocientas leguas de Lima descubrieron una isla que llamaron Nombre de Jesús, pequeña, poblada de gente amulatada, según escribió el propio Mendaña. Actualmente no se ha podido identificar con seguridad que lugar fue, quizá fuera una isla en las Ellice, (según Landín) hoy Tuvalu o quizá fuese Niue (según Carlos prieto). Después de ésta, ciento sesenta leguas más lejos según Gallego y ciento ochenta según Mendaña, aparecieron los bajos coralinos de la Candelaria, era el 1 de febrero de 1586, (habiendo superado Onton Java, la mayor laguna de las Salomón, con mil cuatrocientos kilómetros cuadrados). Llamaron a este rompiente Candelaria porque llegaron a este lugar en la víspera de esa festividad. Estos bajos se conocen hoy en día como Roncador, pórtico de las Islas Salomón.
Durante el viaje habían cambiado de rumbo varias veces, lo que impidió descubrir la Isla de Australia, aunque se cruzaron con ella.
Casi tres meses después de la salida del Callao, el 7 de febrero ( o el 9 según otros) de 1568, se toparon con otra isla a la que bautizaron con el nombre de Santa Isabel, dicen que porque ella era la patrona de la expedición, aunque algunos se confunden y dicen que fue en honor de Isabel, su esposa (cosa imposible pues aun habían de pasar 20 años para que la conociese), nosotros creemos que más bien se puso ese nombre en honor del madre del marino cuyo nombre era este mismo: Isabel de Castro. La Santa Isabel fue la primera isla de las Salomón en que se asentó una expedición española y la primera isla de los Mares del Sur que recibió una visita de importancia de parte de los europeos. Está Santa Isabel en medio de veintinueve mil kilómetros cuadrados de tierras esparcidas en una inmensidad marítima de casi un millón y medio de kilómetros cuadrados. Hoy se reconocen novecientas noventa y nueve islas entre islas y atolones y se encuentran ochenta y tres grupos étnicos que hablan ochenta y seis lenguas.
Nuestro Álvaro de Mendaña describe algunos fenómenos que observaron en esas latitudes: una luminaria lucía en el firmamento en pleno día, ello fue interpretado como la Estrella de Belén de los españoles una estrella muy clara y resplandeciente que parecía por derecho de la gavia16 mayor de la nao, este lucero les marcó un refugio tras su tormentoso viaje a través del Pacífico. Estando allí presenciaron un derrumbe de parte de una isla, que produjo gran terremoto y ruido.
Por fin se produjo un contacto entre los españoles y los isleños, puede decirse que fue un “contacto musical” pues Mendaña contaba que ellos, los españoles, tocaron una guitarra y un tambor y los nativos una concha a manera de trompa y otro (instrumento) compuesto de muchas cañas cortadas en disminución. Mendaña fue el primer descubridor de un paraíso en los Mares del Sur. Como los navegantes eran católicos devotos erigieron una cruz y el franciscano Gálvez entonó un Vexilla regis prodeunt. Era la primera vez que se escuchaba el latín en esa parte del mundo. Pronto Mendaña estableció una buena amistad con un cacique local, tauriqui o jauriqui, que se llamaba Bile Banara. Ambos aprendieron palabras de los respectivos idiomas y llegaron a sostener alguna conversación. En su diario escribió: los indios tienen buena lengua, pronuncian nuestros vocablos tan bien como nosotros y a uno se le dijo el credo en romance y lo pronunció tan claro como si fuese español.
La isla en que se hallaban tenía de largo unos trescientos kilómetros y el descubridor ordenó explorar tanto la isla como el archipiélago que la rodeaba, misión harto ardua por cierto pues era desconocida la extensión de una y otro y podía esperarse cualquier cosa. Hacia el interior envió a su maese de campo Pedro Ortega y al capitán Pedro Sarmiento. Diremos que aun hoy en día existe en la memoria, si no histórica al menos mitológica, entre los nativos de esas tierras el recuerdo de unos salvajes blancos que visitaron la isla en tiempos del cacique Bile Banara. Algunos nativos que fuman en pipa relatan que esa costumbre la aprendieron de esos blancos.
Descubrió y luego anotó en sus memorias que los nativos comen una rayz en lugar de pan. Pero no todo fue tan angelical, ni todos los caciques como Bile Banara. En el extremo de poniente de la isla fue “obsequiado” por otro cacique con una “cena de gala” en la que el plato principal era una pierna de algo que el explorador reconoció como de un muchacho. Mendaña relata que el cacique le dijo, suponemos que invitándole a iniciar el ágape: Naleha, naleha que entendieron por: comerlo, comerlo.
Mendaña, horrorizado del menú, mandó hacer un hoyo y enterrar la cena, luego, usando lo que había aprendido con Bile Banara le habló lo mejor que supo y pudo a su amable anfitrión: lo que supo decir fue Teo naleha narra, que quiere decir, “yo no lo como”. Teo es “no”, narra es “yo” y naleha es “una comida de rango”, precisamente antropofagia. Los nativos se avergonzaron por alguna razón y hoy día la palabra naleha es tabú y está desterrada del lenguaje.
Para cortar nuestro relato Mendaña intentó hacer amistad con los nativos a los que prohibió violentar. Nada de asesinatos ni violaciones ni robos. Él deseaba dejar una buena impresión para, quizá, en un segundo viaje, encontrar pueblos amigos. Inclusive se sabe que el bueno de Bile Banara le trajo como delicado presente tres mujeres jóvenes de unos veinticinco años, y que Mendaña rehusó el ofrecimiento. Poco se recuerda entre los nativos de la llamada Santa Isabel del paso de estos españoles, pero entre los pocos recuerdos no hay ninguno contra Mendaña ni contra su conducta o la de alguno de sus hombres.
Cumpliendo el con el oficio de descubridor Mendaña se preocupó de la exploración geográfica del archipiélago. Mientras tanto, con la cooperación de Gallego, ordenó construir un bergantín que habría de llamarse “Santiago,” de treinta toneladas. Sería la primera vez que en esa parte del mundo se construía un bergantín. Tal hicieron y luego el mismo piloto Hernando Gallego, en compañía del maese de campo Pedro de Ortega, tras costear la Santa Isabel con el “Santiago” avistaron la isla de Ramos (Malaita) y otras muchas entre las que destaca Guadalcanal. Mientras estos hombres se dedicaban a explorar los alrededores, Mendaña continuaba cultivando su amistad con Bile Banara, llegando a dominar bastante de su idioma, igual que el nativo hacía con el castellano. Llegaron a hablar del Creador del cielo, la tierra y el mar, en su idioma la colana, el cielo; caba, la tierra y fina el mar. Bile apuntó con su dedo a la colana, al cielo, y dijo cayboco caba que quiere decir “El Señor de la Tierra”, es decir Dios. Así pues, el cielo (o en el cielo) estaba (o era) Dios mismo. Simple como pueda parecer a nuestra sofisticación occidental, esta conversación es el germen de una teología y encierra una lingüística de alcance metafísico y de intercambio filosófico entre un nativo de los mares del Sur y un europeo del Renacimiento. Era el principio de una abstraccion filosófica sobre el fin último del hombre y su Hacedor.
Los exploradores enviados por Mendaña en el “Santiago” volvieron con un relato que parecía tan asombroso que Mendaña cometió el error de abandonar Santa Isabel y dirigirse a las otras tierras que tan maravillosas eran en los relatos de Gallego y Ortega.
Tan pronto llegaron a Guadalcanal (isla Gumbata para sus pobladores) el 9 de mayo de 1568, se acercaron a tierra y plantaron una cruz, entonces aparecieron los nativos que los atacaron con flechas, los arcabuceros se defendieron matando a dos de ellos. Mendaña mandó embarcar a sus gentes. La visita había empezado mal. Y desde entonces las cosas, efectivamente, no fueron bien, y tras sufrir una terrible derrota a manos de los guerreros y viendo que no podrían hacer ninguna fundación por mucho que se lo propusiesen por no poder defenderla a largo plazo, ni tampoco establecer ningún contacto amistoso con gente tan belicosa (y quizá antropófagos) volvieron a iniciaron el camino de regreso hacia el Perú.17 Atrás quedaba el sueño de las Islas Salomón18, y del gran viaje que les había de tornar ricos y famosos.
Al fin no todos los nativos fueron como Bile Banara, el único que se había mostrado amistoso; el resto de los nativos eran salvajes, belicosos y antropófagos y habían terminado por expulsarles del territorio. En cuanto al lugar exacto en que estaban las islas, parece que o bien las anotaciones y cálculos no eran exactos o que el secreto de su localización geográfica lo guardaba dentro de sí el mismo descubridor, como veremos más adelante.
De vuelta en Lima el don Álvaro no hace sino pensar en volver a las Islas Salomón, quizá pensaba que podía hacer algún asentamiento contando con la buena voluntad de Bile Banara o algún cacique como él. Pero todo fueron dificultades, entre las que no eran las menores las de índole económica. No era fácil poner otros barcos en marcha, llenarlos hombres, armas y vituallas y hallar marinería dispuesta a afrontar el mar proceloso máxime después de que había extendido la voz de que las islas descubiertas estaban habitadas por antropófagos. En el Perú, en ese mismo año de 1569, su pariente abandonaba su cargo y regresaba a España, con lo que él quedaba sin protector y sí con muchos envidiosos. Mendaña sufrió toda clase de insidias, inclusive de parte de aquellos que le habían acompañado. Le achacaban gruesos errores de navegación y mala dirección de la expedición. El capitán Pedro Sarmiento se atribuía la paternidad del descubrimiento y decía que Mendaña sólo había sido un enchufado de su pariente García de Castro, y que éste, aprovechando la tesitura de que había sido Virrey (Interino) del Perú, por esa razón había favorecido a su sobrino sin esperar la opinión del “verdadero” Virrey que vendría de España.
Durante cinco años se estudiaron los documentos y testimonios del viaje a las Salomón y finalmente Mendaña fue merecedor de que lo recibiese Felipe II el Escorial, el cual después de oírle, le otorgó una capitulación para volver a las Salomón, adelantando, eso sí, de su bolsillo, una fianza de diez mil ducados. Con esto, Álvaro de Mendaña, quedó prácticamente arruinado.
A partir de su regreso de las Salomón las cosas no le habían salido bien19, y no fue hasta 1595 cuando pudo salir en su segundo viaje. Pero muchas cosas habían sucedido desde que volvió de aquellas islas hasta ese año e 1595.
BODA DE DOÑA ISABEL BARRETO Y ÁLVARO DE MENDAÑA.
Probablemente don Álvaro no hubiese podido reanudar sus viajes si no hubiese sido por que se cruzó en su camino Isabel Barreto y por otra serie de circunstancia que vinieron a allanarle el camino.
El nuevo Virrey del Perú era don García Hurtado de Mendoza20 y Álvaro de Mendaña esperaba, confiaba, que éste le fuese más favorable que el Virrey Francisco Álvarez de Toledo, que siempre patrocinó a las empresas de Sarmiento de Gamboa en preferencia a las suyas, con lo que su capitulación se había transformado en papel mojado.
La virreina era doña Teresa de Castro, en el séquito de dicha señora vino una damita joven, no tenía aun veinte años. Nadie lo sabía aun, pero era dueña de un espíritu aventurero y una voluntad de hierro, a más de ansias de aventura. Su nombre era Isabel Barreto.
Al llegar a Lima, sin duda, todo le sería nuevo, el mismo clima seco de Lima sería una novedad para alguien acostumbrado a las lluvias de Galicia. Los indios en nada se parecen a las personas que ella ha estado acostumbrada a ver. Los aventureros abundan por todas partes y ellos cuentan historias inverosímiles. Los conquistadores y descubridores son fanfarrones y jactanciosos y a veces, inclusive, lo que cuentan de sí mismos, es verdad. Isabel, lectora empedernida de libros de caballerías y de otros no menos fantasiosos, está maravillada. La aventura la rodea y ella quisiera tomar parte en alguna digna de contarse, pero es una dama, y sólo tiene unos diecisiete o dieciocho años. Seguramente tenía encanto personal pues la virreina la aprecia mucho y le agrada su compañía, es sabido que ella logra captarse el aprecio de los virreyes y que a su alrededor se forma un grupo selecto de amigos de los Mendoza, que los distinguen con su estima y consideración y todos ansían acercarse a este círculo que roza el poder pues la cercanía del poder engendra poder.
El virrey tiene algo más de cincuenta años pero en sus años mozos ha sido un notabilísimo guerrero y gran aventurero; recordando sus propias empresas, oye con agrado las historias que Mendaña le relata de sus peripecias y andanzas como descubridor de las Islas Salomón. El navegante le muestra el documento que le expidiera Felipe II en el Escorial. No le ha servido para nada que le nombrara Almirante y Adelantado de las Islas de la Mar Océana. Dejamos aquí la historia y volvemos con doña Isabel Barreto.
Ella en las reuniones con los virreyes ha tenido ocasión de hablar con Mendaña, él ha doblado el cabo de los cuarenta años y ella no tiene aún veinte, pero algo les atrae mutuamente y terminan por pedir permiso a los virreyes para contraer matrimonio. Los señores virreyes no tienen nada que objetar. Ella es de noble familia y él un famoso descubridor de unas tierras lejanas denominadas Islas Salomón. ¿No podría ser esa tierra la famosa terra incógnita? O la terra ignota… Aquella de las antípodas. Así que en 1586 ambos se casaron y con la amistad y el patronazgo de los virreyes gozaron y disfrutaron con cuanto brillaba en la corte limeña. El nuevo matrimonio era parte de esa corte brillante y heroica, donde se soñaba con El Dorado y aquella otra Tierra de la Eterna Juventud, que había perseguido Ponce de León en tierras del Norte, sin haberlas hallado. Beatriz y Álvaro eran seres inquietos y mientras Álvaro relataba a su esposa sus aventuras ella soñaba con vivir algo semejante.
EL VIAJE DE ISABEL BARRETO DE MENDAÑA
Dicen sus biógrafos que fue gracias a Isabel que el virrey se interesó en los planes de Mendaña pero quizá es demasiado decir, en todo caso es seguro que ella apoyaría los deseos de su nuevo marido. Como quiera que fuese, García Hurtado de Mendoza se interesó lo bastante en el proyecto como para poner el dinero necesario para lanzar la expedición hacia aquellas Islas Salomón.
Esta vez Mendaña partiría del Perú con cuatro navíos, el galeón, “San Gerónimo” con desplazamiento de 200 o 300 toneladas, que iría como nave capitana con don Álvaro al frente de ella; la “Santa Ysabel”, con desplazamiento para otras 200 o 300 toneladas, nave almirante, al mando de Lope de Vega, cuñado de Mendaña;21 la galeota “San Felipe”, de 30 o 40 toneladas, capitaneada por Felipe Corzo, que también era el dueño de la misma; y la fragata “Santa Catalina” de otras 30 o 40 toneladas, mandada por su propietario, el teniente Alonso de Leyva. Con la partida, en la nave Capitana, iba también Pedro Fernández de Quirós22 como Piloto Mayor, un portugués que compartía los sueños de Mendaña. No debemos olvidar que con la expedición viajaba un hombre de los llamados de acción, Pedro Marino Manrique, con el cargo de comandante de la tropa, el maese de campo, el cual, constantemente, intentó resolver todos los problemas que surgieron por medio de las armas, llevando al grupo a situaciones límite.
El estudioso Luis Pancorbo nos dice que mientras se organizaba la expedición había una cierta tirantez entre los cónyuges. Dice Pancorbo que el esposo, a pesar de la ayuda que Isabel le había prestado para convencer a los virreyes, no deseaba llevar a su joven consorte, mientras ella, que siempre había pensado en ir, no aceptaba un no por respuesta a sus peticiones. Además, argüía el avezado navegante, la marinería jamás aceptaría una mujer a bordo pues ello – supuestamente – traía mala suerte. No todos están de acuerdo con esta suposición, pues Fernando de Cambra, en su LA RICAHEMBRA CAPITANA23, asegura que fue el mismo Pedro Fernández de Quirós24, luego enemigo jurado de Beatriz Barreto de Mendaña, quien cortó el nudo gordiano afirmando, que sería mejor que ella viniese puesto que tanto había contribuido a organizar la empresa y que además la marinería no se opondría pues él defendería su presencia. Es de hacer notar que era voz común que el Adelantado, en realidad, no quería dejar atrás a su atractiva esposa, ella estaba en lo más florido de su vida y él tenía ya cincuenta y cuatro años. Y otra cosa, dijo el de Quirós, ella no estaría sola, toda vez que se llevarían otras señoras para repoblar las Salomón.
Creemos firmemente que estas elucubraciones sobre la conveniencia o no de incluir a doña Isabel son fantasías pues ella ayudó desde el principio a organizar una expedición a las Islas Salomón que se iba a quedar allí por lo que era imprescindible que ella viajase con su marido, que sería el fundador de la nueva ciudad.
Todo parecía salir a la perfección. Con el matrimonio Mendaña-Barreto viajaban dos hermanos de Isabel: Diego y Lorenzo y una hermana, Mariana. En realidad era una asociación familiar, de la cual Mendaña, creía, él era la cabeza visible y el que tenía la máxima autoridad, aunque en realidad la que lleva la voz cantante era Isabel, y si no ya se verá según se desarrolle la historia.
Todo se preparó para viajar hasta los lugares lejanos en donde se hallaban las Islas Salomón, no solamente se partía con cuatro naves, si no con trescientas setenta personas, entre ellas doscientos ochenta soldados.25 Un grupo nutrido de mujeres se embarcaron para repoblar los territorios, con la esperanza de que, en la larga singladura, las que no eran ya casadas antes de partir, hallarían pareja entre los navegantes y se casarían por el camino. Se llevaban aperos, semillas, esquejes de árboles frutales y todo lo necesario para quedarse definitivamente, o al menos hacer una verdadera fundación de alguna ciudad o puerto de mar. También se embarcaron parejas de ganado que pensaban aclimatar en las islas. Una verdadera Arca de Noé. La idea era de largas miras: plantar a España definitivamente en los Mares del Sur. Isabel nunca vería las estrellas brillar más en el firmamento, por fin viviría las aventuras y hazañas con que siempre había soñado.
Hacía ya veinticinco años que Álvaro de Mendaña había surcado los mares y hallado las Islas Salomón, y de alguna manera también las había perdido puesto que jamás había vuelto ni comunicado a nadie la situación exacta de ellas, ahora partía a recobrar lo que sentía era suyo, pues esta vez haría valer la Capitulación que le otorgaba derechos sobre las tierras descubiertas y sobre las fundaciones que hiciera en nombre de la Corona. Su mujer compartía sus sueños.
Salieron del Callao el 9 de abril de 1595, e hicieron una escala en Paita, de donde partieron el 16 de junio. Lo que parecía empezar tan bien y con tanta abundancia, se torció enseguida. El primer día de navegación constataron que una de las naves, la “San Felipe”, hacía aguas y al parecer decidió volver a puerto. En todo caso no se sabe si volvió o se hundió pues no se volvió a saber de ella. Cinco días más tarde desapareció otra, la de Alonso de Leyva, la “Santa Catalina”, ¿acaso vio que el viaje era imposible para una nave tan pequeña y decidió abandonar la idea? Nada se sabe, el caso es que ésta también se desvaneció. De modo que quedaron en la aventura un galeón y una carabela: las naves capitana y almirante. Con las naves que se hundieron, se perdieron parte de la tripulación, las vituallas y el cargamento de aperos, semillas y árboles. Amén de algunas mujeres, pero como eran las naves más pequeñas el daño no fue irreparable y el resto de la partida decidió continuar. Lo sucedido era mal augurio para el comienzo de una exploración tan bien pensada, pero en todo caso, la capitana y la almirante, bajo el mando de Mendaña y su cuñado, pusieron proa al Oeste y se lanzaron a la mar abierta. La ruta diaria la iba marcando el Adelantado según los datos que trajese de su primer viaje, datos que no compartía con nadie.
El entusiasmo de doña Isabel no tenía límites y pronto abandono por imposibles los trajes de brocado y terciopelo para vestir más acorde con la nueva circunstancia. Los nervios de los expedicionarios parecían templados. Creían que el Capitán de la “San Gerónimo” sabía bien a donde les llevaba, no era como si se hubiesen lanzado a lo desconocido. Creían firmemente, vista la carga que llevaban, que la ruta era segura y el final cierto. La idea de llevar señoras para que buscasen pareja durante el camino, parecía haber sido un acierto. A pesar de los hombres y mujeres que habían perdido al zarpar, se habían celebrado no menos de quince casamientos. Esta insólita circunstancia, nunca vista antes, tenía a los hombres de buen humor. Además se creían ya en posesión de ricas tierras en un lugar en donde había fruta y agua en abundancia y en donde los nativos eran amistosos y recibían bien a los españoles. Sin duda Mendaña les había contado la historia del cacique Bile Banara y no la de los antropófagos que les habían obligado a abandonar las islas a fuerza de flechazos.
LAS ISLAS MARQUESAS Y LA PRIMERA GUERRA DEL PACÍFICO.
A más de mil leguas de su lugar de partida hicieron un descubrimiento sensacional: Era el 21 de julio de 1595, después de más de tres meses desde que salieran del Callao, divisaron tierra firme. Había un conjunto de islas a las que, en honor a la virreina, marquesa de Cañete, bautizaron como Islas Marquesas de Mendoza. Primero alcanzaron una isla a la que llamaron Santa Magdalena (Fatu Hiwa). Era hermoso el espectáculo en sí, los navíos españoles meciéndose en las blandas aguas cerca de una isla que parecía caída del paraíso, también era bella la visión de más de cuatrocientas indios casi blancos que remaban en sus canoas pretendiendo abordar los barcos españoles, seguramente llevados de la curiosidad. Pero el Almirante, por si acaso, avisó a su gente que no les dejaran abordar sus naves en grupos nutridos, pero sí permitió, como señal de paz y amistad que subiesen algunos nativos, a estos obsequió con una camisa y un sombrero que causaron el regocijo y la hilaridad de los nativos, éstos a su vez le presentaron cocos, plátanos y cierta casta de nueces. Los españoles se bajaron las medias para comparar el color de su piel con el de los indígenas y ello les causó gran admiración, a su vez los visitantes según fueron cobrado confianza bailaron y cantaron y se pusieron pesados y tanta novedad parece que los sacó de sus casillas. Por fin Mendaña hubo de ordenar que se disparasen salvas para decidir a los invitados a abandonar el barco ya que no querían de ningún modo. Ellos se espantaron y reaccionaron a la defensiva, un soldado le cortó la mano a un nativo… y así empezó la primera guerra de España contra la Polinesia. Las cosas se enconaron. Al ver a uno de los suyos herido, los marquesanos tocaron caracolas bélicas y los de las canoas enviaron una lluvia de flechas y de piedras. Los españoles decidieron defenderse, pero resultó que la pólvora se había humedecido durante la travesía y hubo algún revuelo mientras se buscaba una remesa seca, por fin un pelotazo le dio en la frente a un anciano guerrero y éste cayó muerto, luego cayeron otros seis o siete marquesanos. Se había hallado pólvora seca. Por fin los españoles se hicieron a la mar dejando atrás media docena de víctimas, todo había empezado bien y había evolucionado de la peor forma posible. No era esto lo que deseaba Mendaña. Tras este incidente abandonaron esa isla y hallaron, y bautizaron, más islas Marquesas: Dominica (Hiva Oa); Santa Cristina (Tahuata); San Pedro (Moho Tani). Pero no hallaban las suspiradas Islas Salomón, la tripulación empezó a sospechar que el rumbo era incierto y rumoreaban que el Adelantado estaba perdido. Todavía se topan con San Bernardo (Islas Cook), el 20 de agosto de 1595 y con La Solitaria (Nilakita, Tuvalu) el 29 de agosto.
El malestar crecía por momentos. En algún momento hicieron una fundación en Uta, pero de allí los desalojaron a flechazos, luego hallaron un lugar que les pareció adecuado, que llamaron la Bahía Graciosa en Santa Cruz (al occidente de Lata, hoy capital), aquí Mendaña hizo amistad con el jefe Malope, que le recordaba al bueno de Bile Banara. Se intercambiaron abrazos y regalos, cocos por parte de Malope y una camisa, cuentas y un cortaúñas de parte de Mendaña. Todo parecía ir sobre ruedan cuando un día al ir a por agua un batel26 los españoles sufrieron una emboscada y tres remeros fueron muertos a flechazos por los nativos. Pedro Marino Manrique, que no estaba de acuerdo con los métodos pacíficos de Mendaña, vio su ocasión y salió al frente de treinta hombres y mató a cinco isleños. Las cosas empezaron a ir mal. Se fundó la iglesia de San Simeón el Justo, donde se decía misa diariamente, pero todo esto no impedía que un día si y otro también entre los nativos y los españoles hubiese escaramuzas. Mendaña le reprochó a Marino su carácter violento y sus métodos expeditivos, este le contestó de todo lo que sucede tiene la culpa vuestra merced, que da oídos a los chismosos. A los marineros no hay que darles alas ni escucharles. Azuzados por el Maese de Campo, Marino, la tropa presionaba a Mendaña para que los llevara al menos hasta Manila. Quirós apoyaba a Mendaña. La situación era cada día más tensa. Un día el Maese y el Adelantado intercambiaron puñetazos.
Al ver esto, doña Isabel le dijo a su marido:
-Señor, matadlo o hacedlo matar. ¿Qué más queréis, pues os ha venido a las manos? Si vos no lo hacéis, yo lo mataré con este machete.
Y le enseño uno que tenía escondido. Mendaña y su mujer planearon que fuese su cuñado Lorenzo, ayudado por otros tres soldados, el que matase a Marino tan pronto se diese la oportunidad. Esta se dio pronto pues el belicoso Marino hizo una intentona de matar al jefe Malope. Esto fue la gota que colmó el vaso de Mendaña. Encabezando un grupo de leales bajó a tierra a buscar a Pedro Marino Manrique. Le acompañaba el hermano de Isabel, Lorenzo Barreto, al grito de ¡Viva el rey, mueran los traidores! acabaron con la vida de Marino, aunque no fue ninguno delos dos el que matara al Maese de Campo, fue Juan Antonio de la Roca el que al fin le dio de puñaladas le dio dos puñaladas, una en la boca y otras dos en los pechos. Ay, ay, exclamó Marino viéndose morir, dejadme confesar pero lo remataron en el suelo. Pero eso no acabó allí y fue un todos contra todos. Se desató una lucha campal, a dos les cortaron la cabeza se las pusieron en picas. Los supervivientes se repartieron lo que contenían los baúles de los muertos. Por fin se acabó la refriega y todo pareció volver a su cauce, pero no era así. Los soldados partidarios de Marino, por vengarlo, fueron a buscar a Malope. Uno le descargó un arcabuzazo en la sien. Otro le dio un hachazo en la cabeza y así murió el único gran amigo que pudo tener Mendaña en Santa Cruz, y aunque se ajustició a los matadores de Malope, ello no volvió a la vida al cacique.
Pero con la muerte del revoltoso marino, las cosas no mejoraron. Unos y otros le iban con cuentos y chismes al Adelantado y se rumoreaba que éste había olvidado donde estaban realmente las Salomón, o lo que es peor, que en realidad nunca lo había sabido. Cundía el cansancio, la impotencia y el desengaño. Con negros presentimientos levaron anclas y se hicieron a la mar.
MUERTE DE ÁLVARO DE MENDAÑA. NACE UNA ALMIRANTA.
Tras partir de las Marquesas la salud del Adelantado, que hasta entonces parecía de hierro, empezó a resentirse. Quizá había adquirido alguna enfermedad tropical, como la malaria u otra parecida. Tenía fiebre por la tarde que le subía por la noche, padecía de temblores y escalofríos, la angustia y el malestar y la propia fiebre le impedían conciliar el sueño y así a la mañana siguiente aunque la fiebre le bajase, estaba tan quebrantado que no podía dirigir la expedición. La gente estaba aterrada, sólo él conocía, si de verdad se acordaba, donde estaban las Salomón. Sin él estarían perdidos en la inmensidad del océano sin saber a dónde ir. Mendaña iba empeorando por días y a pesar de que Isabel le velaba, no había mejoría, se veía a las claras que iba a morir.
A los diez días, en un momento en que la enfermedad y la fiebre le otorgaron un momento de lucidez, llamó a su Piloto Mayor, Fernández de Quirós y a otros testigo y renunció al mando el cual confirió en tiempo y forma legales a su esposa doña Isabel,27 que vino así en ser legítimamente la primera Almiranta y Adelantada de las Islas de a Mar Océana, así como Capitana de la “San Gerónimo" y Gobernadora de los lugares que se fundasen. Seguidamente, como era buen cristiano, hizo pública confesión de sus pecados y falleció el 17 de octubre (en alguna documentación figura el 18) del año de 1595.
Isabel tenía veintiocho años o veintinueve años, la única experiencia marítima, excepto por el viaje que había hecho desde España hasta el Perú, era la de los dos o tres meses que llevaba embarcada con su marido. Suponemos que ella, aunque fuese por entretenerse, habría adquirido alguna experiencia en la maniobrabilidad de la nave, si no no se puede explicar todo lo que sucedió luego.
Tan pronto como su marido falleció, Isabel, aguantando la pena y el miedo, tomo las primeras decisiones. Hizo coser el cuerpo de Álvaro de Mendaña en unas lonas y decidió que no habría de ser arrojado al mar como se acostumbra en esos casos, si no que se habrían de acercar a alguna de las islas y enterrar cristianamente el cuerpo del Adelantado. El mar estaba infestado de tiburones y la idea de que estos devorasen a su esposo le era aborrecible. Ella deseaba que la tierra, piadosa, cubriese al bueno de Mendaña y que alguien rezase un responso por su alma. Además, pensaba, así podrían algún día volver y recuperar sus restos, si estaba de Dios que sobreviviesen a la aventura. Una vez que cosieron al Adelantado en las lonas, mandó Isabel buscar tablazón y hacer una caja para él, luego habrían de acercarse a la isla más cercana para terminar el rito funeral. Estaba en una bahía en donde se habían resguardado. Llovía de manera inmisericorde, pero aun así remaron hasta la isla para enterrar a su difunto capitán. Su esposa insistió y ellos obedecieron, cavaro una fosa en la tierra reblandecida por la lluvia, y luego de rezar unas oraciones por el difunto volvieron al barco.
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