Kitabı oku: «Equilibrio verde»
YOSSI SHEFFI con EDGAR BLANCO
Equilibrio verde
Cuándo incorporar la sostenibilidad en los negocios
(Y cuándo no)

Sheffi, Yossi
Equilibrio verde : cuándo incorporar la sostenibilidad en los negocios, y cuando no / Yossi Sheffi ; Edgar Blanco ; editado por David Andrés Hidalgo Carvajal. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2019.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
Traducción de: Lili Mendoza.
ISBN 978-987-3887-78-9
1. Medio Ambiente. 2. Conservación de Recursos. I. Blanco, Edgar II. Hidalgo Carvajal, David Andrés , ed. III. Mendoza, Lili, trad. IV. Título.
CDD 658.1
Esta edición se realiza con acuerdo de los editores en inglés,
© 2019 Massachusetts Institute of Technology All rights reserved.
ISBN de la edición original: 978-0-262-03772-3
© TEMAS Grupo Editorial SRL. 2018
Cerrito 136 Piso 3º A, Buenos Aires, Argentina
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ISBN: 978-987-3887-78-9
1ra. edición, febrero de 2019
Traducción: Lili Mendoza
Revisión Técnica: David Andrés Hidalgo Carvajal
Revisión Lingüística: Rodolfo de Gracia Reynaldo
Coordinación: Roberto Pérez-Franco
Comité TEMAS Grupo Editorial
Dirección: Jorge Scarfi
Coordinación general: Julieta Codugnello
Supervisión general: Betiana Cabutti
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La editorial agradece al MIT la gentileza de permitirnos hacer uso de la portada original y al Autor la confianza en su tercer libro traducido al español.
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.
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Prefacio
En este libro ofrezco un enfoque pragmático acerca de cómo ocurre, cuándo y hasta qué punto el hecho de que los negocios, de todos y muy distintos tamaños, están abordando la sostenibilidad ambiental. Al igual que mis libros anteriores, los orígenes de este se encuentran en extensas entrevistas con cientos de ejecutivos de decenas de empresas. El objetivo no fue argumentar en favor o en contra de la sostenibilidad, sino tal vez entender qué hacían estos ejecutivos en lo que respecta al tema. Los muchos ejemplos presentados en este libro fueron seleccionados para ilustrar los diversos retos, soluciones e implicaciones de la sostenibilidad como un potencial objetivo de los negocios, en competencia con los muchos otros objetivos de negocios que enfrentan los gerentes. En vez de recetar un plan de acción específico, estos ejemplos permiten a los gerentes de negocios sacar sus propias conclusiones sobre lo que podría o no funcionar en su contexto específico y cuán lejos tiene sentido adentrarse en la sostenibilidad.
Este libro presenta una perspectiva por completo agnóstica con respecto al cambio climático, ya que podría considerarse irrelevante si –a nivel personal– los ejecutivos de negocios aceptan o rechazan los argumentos de los ambientalistas acerca del “reto de nuestra era,” o si creen que es un fraude. Las empresas, en su calidad de entidades que conectan oferta y demanda alrededor del mundo, tienen muchas partes interesadas en las comunidades donde operan, las cuales están enfocadas en las ganancias corporativas, generación de empleos, crecimiento empresarial y sostenibilidad. Los méritos comerciales de la sostenibilidad se basan en que, incluso los más escépticos miembros del C-Suite con respecto al cambio climático, enfrentan el costo de recursos naturales, problemas de relaciones públicas, cargas regulatorias y un segmento de consumidores ecológicos. Por lo tanto, este libro presenta tres principales razones de negocio para los esfuerzos de sostenibilidad corporativa: Reducción de costos, reducción de riesgo y consecución de crecimiento. Estos tres fundamentos apuntalan las dificultades de las empresas por cerrar la brecha entre las limitaciones conflictivas impuestas y el deseo expreso de clientes, competidores, empleados, vecinos, inversionistas, activistas, gobiernos locales y entes reguladores.
La intención de este libro es describir e ilustrar las muchas opciones que enfrentan las empresas; sus esfuerzos a lo largo de la cadena de abastecimiento; las herramientas que utilizan para evaluar el impacto de esos esfuerzos, tanto ambientales como financieros, y los conflictos y colaboraciones multifacéticas entre empresas, organizaciones no gubernamentales (ONG) y agencias gubernamentales. Todas estas opciones deben considerarse en el contexto de los otros objetivos de la empresa, como son los beneficios, la calidad de los productos y servicios, la gestión de riesgo, entre otros. El libro explora iniciativas efectivas y otras excesivas, derrochadoras incluso, a la vez que resalta las dificultades de contabilizar el ciclo de vida completo de productos y procesos a lo largo de la cadena de abastecimiento, "de la cuna a la tumba".
Más que cualquiera de mis libros anteriores, la gestación de esta obra ha sido larga y ardua, debido a las muchas y profundas lagunas desentrañadas por esta investigación. Nuestro equipo de investigación descubrió que un sinnúmero de empresas afirmaba perseguir una variedad de iniciativas de sostenibilidad. Por supuesto, cuando un equipo del MIT entrevistó a los ejecutivos de distintas empresas, algunos admitieron sin reparo cuestiones como “Realmente no nos importa —solo hacemos el mínimo exigido por nuestros clientes o reguladores— y publicamos alguna nota al respecto para mantener a raya a las ONG…”. Sin embargo, sí escuchamos algunas opiniones francas, incluida la de un ejecutivo de cadena de abastecimiento de un fabricante líder, quien declaró: “Haremos lo que exigen los clientes y nada más”. Curiosamente, dos años después, ese mismo ejecutivo solicitó que no se le citara en el libro, ya que la empresa estaba empezando a cambiar su postura. Otro equipo de ejecutivos de otra empresa estableció de forma categórica: “Si reduce los costos lo haremos, de lo contrario, no”.
La larga gestación de este libro nos permitió observar que cada vez más empresas (aunque ciertamente no todas) están prestando atención a la sostenibilidad ambiental y hacen algo para promoverla. Se comprometieron a lograr, y con frecuencia los alcanzaron, objetivos específicos de reducción del impacto ambiental a través de una miríada de iniciativas dirigidas a todas las etapas del ciclo de vida del producto. Estas acciones fueron cuidadosamente analizadas y constituyen la mayor parte de la discusión que presenta este libro sobre cómo las empresas implementan prácticas sostenibles.
Al mismo tiempo, los periodistas ambientales y las ONG denunciaban los muchos ejemplos restantes de contaminación, pérdida de hábitats y aumento de los niveles de CO2. Aunque es fácil denigrar a las empresas como íconos del capitalismo despiadado, la imagen es muy diferente cuando se “camina en los zapatos” de los ejecutivos corporativos. Mantener a una empresa viva y creciendo no es una simple cuestión de satisfacer la demanda de ganancias de Wall Street. Una empresa de éxito ofrece algo que sus clientes quieren o necesitan a la vez que les proporciona empleo y dan sustento a comunidades enteras. Por ejemplo, Walmart —la tan criticada corporación multinacional— emplea de forma directa a más de dos millones de personas y sustenta de forma indirecta a otros millones más. Su eficiencia le permite vender a "precios bajos todos los días" al tercio de la población estadounidense que visita sus tiendas cada semana, y a los muchos otros que compran en línea. Por sí sola, la empresa implementó mejoras a la sostenibilidad de muchos productos y a escala nacional. Lo más difícil de entender es por qué las empresas buscaron la sostenibilidad en la forma en que lo hicieron.
La brecha entre los prometedores comunicados de prensa que emiten las empresas que celebran la protección del medio ambiente, y los oscuros pronósticos de fatalidad planetaria de los ambientalistas, refleja una realidad más compleja. La sostenibilidad está íntimamente relacionada con las cadenas de abastecimiento, esas complejas estructuras económicas creadas por las empresas que utilizan el abastecimiento global de recursos naturales para satisfacer la demanda de consumo alrededor del mundo.
Las causas de esta brecha inician en el lado del consumidor. Aunque una serie de encuestas demuestra que la mayoría de los consumidores dicen querer productos sostenibles, la data de ventas demuestra que sólo un pequeño porcentaje está realmente dispuesto a pagar más por productos sostenibles. Esta brecha entre "decir" y "pagar" pone a las compañías en una posición difícil. Y esa posición la dificultan aún más activistas, periodistas y entes reguladores que también exigen (u ordenan) la sostenibilidad de las empresas a la vez que intentan castigar a los transgresores.
El lado de la oferta agrava esta brecha. La mayoría de las empresas operan dentro del vasto abismo entre las sensibilidades ambientales de los consumidores occidentales y las prioridades económicas de las naciones en vías de desarrollo que suministran gran parte de los recursos naturales, minerales y energéticos que se consumen en el mundo desarrollado. En el mundo en desarrollo (al igual que en gran parte del mundo occidental), el énfasis está en los medios de subsistencia y la economía, en lugar de la sostenibilidad. Las empresas violan rutinariamente las leyes de sus propios países, a veces con el "entendimiento" implícito de las autoridades en nombre de la generación de empleos. Así, las empresas enfrentan requisitos aparentemente incompatibles con la rendición de cuentas de sostenibilidad, costos y empleo. La mayoría de los estudios de casos presentados en este libro ilustran cómo las empresas intentan sortear estas limitaciones y demandas.
Este libro no aborda de manera específica el impacto social de las cadenas de abastecimiento, como el trabajo infantil, paga justa, el bienestar comunitario o cuestiones de justicia social. No obstante, muchas de las razones y herramientas para abordar los desafíos ambientales en las cadenas de abastecimiento también aplican a los problemas sociales. Muchas empresas agrupan sus iniciativas ambientales y sociales bajo el título general de "responsabilidad social corporativa" o bajo una definición más amplia de sostenibilidad.
Cadenas de abastecimiento en la mira
El capítulo 1 presenta casos de estudio de la creciente influencia que ejercen las ONG, las regulaciones gubernamentales, demandas legales (incluidas las acciones legales retroactivas) y la creciente preocupación de clientes, empleados e inversionistas por el impacto ambiental. Estas fuerzas externas, centradas en la sostenibilidad, crean incentivos económicos para iniciativas medioambientales de las corporaciones. Por lo tanto, en lugar de debatir si la respuesta al cambio climático es un deber ético o no, este capítulo ofrece una sinopsis de la amplia gama de iniciativas de sostenibilidad que pueden justificarse utilizando tan solo fundamentos comerciales cuya motivación son las ganancias. En particular, el capítulo describe los méritos de las prácticas sostenibles en términos de reducción de costos, reducción de riesgo y crecimiento de la empresa. El capítulo también ubica la sostenibilidad en el contexto de los objetivos y desafíos competitivos que enfrenta cualquier compañía. Incluso si la sostenibilidad es una prioridad, nunca es la única.
El capítulo 2 identifica las cadenas de abastecimiento de productos. Estas cadenas juegan un papel crucial en la sostenibilidad ya que los impactos ambientales de muchos tipos de productos se encuentran ampliamente dispersos en la red de empresas que convierten las materias primas en productos acabados y los comercializan. A la par de la cadena de empresas que fabrican un producto encontramos las etapas del ciclo de vida de un producto. El capítulo describe el impacto que resulta del recorrido de un producto desde la cuna hasta la tumba. Examino la sostenibilidad desde una perspectiva de la cadena de abastecimiento porque la gran mayoría de los impactos y riesgos ambientales (y las posibles mejoras asociadas) se encuentran fuera de las cuatro paredes de la mayoría de las empresas: En sus redes globales de proveedores o en las acciones de los clientes aguas abajo de la cadena de abastecimiento.
El capítulo 3 examina la evaluación del ciclo de vida (ECV), una metodología para calcular el impacto ambiental total de un producto. Los ejemplos ilustran las complejidades de contabilizar los impactos ambientales de la cadena de abastecimiento, así como también la posibilidad de un análisis efectivo de los "puntos críticos". El capítulo también aborda la evaluación de materialidad, que desempeña un papel crucial al permitir que las empresas tomen decisiones comerciales sensatas sobre qué impactos abordar.
Iniciativas de sostenibilidad funcional
Gran parte del libro explora cómo los subconjuntos específicos de gerentes de manufactura, adquisición, distribución, transporte, diseño, mercadeo y alta gerencia buscan iniciativas de sostenibilidad dentro de sus dominios particulares. Las amplias dimensiones de la sostenibilidad ambiental (incluidos los gases de efecto invernadero, energía, agua, toxinas, desechos y reciclaje), combinadas con múltiples oportunidades para disminuir el impacto en las diversas partes del ciclo de vida, implican que las empresas tienen un gran número de posibles vías para mejorar la sostenibilidad en lugar de una única iniciativa que lo abarca todo. Esto lleva a las empresas a implementar muchas iniciativas diferentes y a distribuir sus esfuerzos en toda la organización y la cadena de abastecimiento.
El capítulo 4 comienza con las mejoras de sostenibilidad que ocurren dentro de las cuatro paredes de la organización, principalmente en la manufactura de productos. Estas mejoras se centran en la reducción de la huella de carbono, consumo de agua y las emisiones tóxicas de las fábricas. Muchas de las iniciativas reducen costos y el impacto ambiental. El capítulo sienta las bases para los tipos de iniciativas que las compañías de proveedores y clientes también podrían adoptar con el fin de reducir su propia contribución al impacto.
El capítulo 5 lleva la sostenibilidad a la cadena de abastecimiento corriente arriba; para la mayoría de los productos, la generalidad de los impactos ambientales y los riesgos para la reputación se extienden a través de la extensa red de proveedores de la compañía. El capítulo analiza de qué manera empresas como IKEA y Starbucks administran redes de proveedores profundas para reducir el riesgo de daños a la reputación. El capítulo explora qué hacen las empresas en condiciones desafiantes, como cuando los productos agrícolas y minerales se producen en países donde los estándares ambientales son laxos e incluso las compañías más grandes tienen poca influencia.
El capítulo 6 pasa a los temas de transporte y la distribución, y a los impactos ambientales muy visibles de mover materiales y productos en todo el mundo. Los ejemplos en el capítulo muestran cómo las empresas pueden hacer reducciones significativas en las emisiones de gases de efecto invernadero a través de la gestión del transporte y la eficiencia de vehículos y combustibles. El capítulo también considera los problemas medioambientales locales inherentes a las operaciones concentradas de la cadena de abastecimiento, como lo son los grandes puertos marítimos.
El capítulo 7 sigue el ciclo de vida del producto (y la cadena de empresas) hasta el final de la vida útil del producto y más. Cubre una variedad de medidas, desde el reciclaje posterior al consumo hasta las mejoras de sostenibilidad al final de la vida útil. Estas medidas enfatizan la reducción de costos, la recuperación de valor, las huellas diferenciales (de materiales reciclados versus materiales primarios) y la compleja economía del reciclaje. El capítulo concluye con ejemplos de compañías o industrias que están comenzando a “cerrar el ciclo”.
El capítulo 8 profundiza en el diseño del producto y los cambios de ingeniería que pueden afectar marcadamente el impacto ambiental a lo largo de todo el ciclo de vida del producto. En particular, examina el impacto ambiental durante el uso de un producto, una fase que normalmente domina el impacto total de los bienes que consumen energía, combustible o agua. El capítulo también cubre el diseño de envases y diseño para reciclaje.
El capítulo 9 analiza el etiquetado en relación con la sostenibilidad, los informes anuales de responsabilidad social corporativa y otras comunicaciones de mercadeo. Debido a que el comportamiento de los consumidores, las evaluaciones de los ambientalistas, la supervisión de los gobiernos y los análisis de riesgo de los inversionistas desempeñan un papel clave en las motivaciones de sostenibilidad de las empresas, la comunicación con estos grupos es esencial para cosechar los beneficios de estas iniciativas. El capítulo describe qué tipos de comunicación pueden ser productivos o contraproducentes, según la naturaleza de las afirmaciones que realiza la empresa.
Mientras que los capítulos 4 a 9 se centran en los subconjuntos de la sostenibilidad desde la perspectiva más limitada de las áreas de negocio funcionales, el capítulo 10 abarca los problemas más amplios de gestión de la introducción y coordinación de iniciativas de sostenibilidad en toda la organización. El capítulo aborda cuestiones de gestión, incluida la evaluación de iniciativas, cultura, parámetros, incentivos y la colaboración con las ONG.
Los comprometidos
Los capítulos posteriores cambian el enfoque de las grandes compañías que se están moviendo hacia la sostenibilidad, a aquellas empresas (a menudo más pequeñas) que siempre la han priorizado explícitamente y la venden específicamente a los consumidores que la valoran y están dispuestos a pagar un mayor precio por ella. El capítulo 11 presenta estudios de caso detallados de tres compañías “profundamente verdes”: Dr. Bronner’s Magic Soaps, Patagonia, y Seventh Generation. Estas compañías ejemplifican posibles prácticas corporativas futuras, de convertirse la sostenibilidad un atributo más preciado, y demuestran cómo las empresas impulsadas por la misión pueden, y de hecho es así, ejercer presión regulatoria y competitiva sobre las principales empresas.
El capítulo 12 examina la brecha entre las grandes empresas impulsadas por los accionistas y sus contrapartes impulsadas por la misión ecológica. Aunque las empresas profundamente verdes que se describen en el capítulo 11 han tenido éxito financiero, su impacto ambiental es insignificante en comparación con las compañías mucho más grandes que dominan el comercio y las estanterías minoristas. Entonces, ¿por qué hay compañías verdes y grandes compañías, pero solo unas pocas grandes compañías verdes? El capítulo 12 explora los desafíos fundamentales de la réplica de prácticas profundamente verdes en una escala mayor.
El capítulo final investiga más a fondo el equilibrio entre el desempeño financiero y el ambiental. Aunque la mayor parte del libro ofrece ejemplos que son tanto sostenibles como rentables, las compañías inevitablemente agotan esta fruta fácil y deben tomar decisiones aparentemente más difíciles que ponen a competir una dimensión de desempeño contra otra. Aun así, el capítulo demuestra que las empresas cuentan con opciones para romper barreras hacia el exterior y continuar ofreciendo mayor sostenibilidad sin disminuir el rendimiento financiero (o aumentar el rendimiento financiero sin disminuir la sostenibilidad).
El minucioso análisis de las cadenas de abastecimiento mundiales revela que la sostenibilidad no es simple asunto de “ganancias versus planeta”, sino un tema más sutil de personas versus personas, en el que las personas en busca de trabajos y bienes de bajo costo enfrentan a las personas que desean un medio ambiente prístino. A quienes preocupa cómo alimentar a sus familias a futuro, entrarán en conflicto con aquellos preocupados por futuros desastres ambientales. Estos individuos, tan distintos y de diversas naciones, provenientes de diversas clases socio-económicas y sistemas de valores variados, no tomarán las mismas decisiones en cuanto a qué compran, qué ofrecen y cómo se sienten con respecto a la confluencia de problemas ambientales y económicos. El desafío para las empresas radica en el hecho de que deben zanjar estas dos perspectivas tremendamente distintas sobre el mundo y el medio ambiente. Este libro tiene como objetivo ayudar a las empresas —atrapadas en medio de este debate en virtud de sus operaciones globales— a satisfacer las motivaciones en conflicto para alcanzar tanto crecimiento económico como sostenibilidad ambiental.
Agradecimientos
Al igual que mis otros libros, este trabajo se basa, en gran medida, en investigaciones primarias, incluyendo entrevistas a ejecutivos de empresas y ONG alrededor del mundo. Como resultado, debo un sentido agradecimiento a quienes compartieron su tiempo y experiencia con el equipo de investigación, poniéndonos en la dirección correcta. Sin ellos, este libro no hubiera sido posible. La lista completa de personas que ayudaron con este esfuerzo se brinda al final del libro.
Asistieron a esta tarea, de forma directa, los principales miembros del equipo de investigación: La Dra. Alexis Bateman (que ahora reside en California), quien realizó muchas de las entrevistas; y el Dr. Anthony Craig (ahora profesor en la Universidad Estatal de Iowa), cuya disertación incluye el estudio de caso del banano descrito en el capítulo 3.
La contribución de Andrea y Dana Meyer, de Working Knowledge, a la investigación y redacción de este libro ha sido invaluable. Las numerosas horas de arduas discusiones con Dana ayudaron a dar forma al libro a la par que exploraba las preocupaciones ambientales y económicas aquí presentadas, mientras Andrea se aseguró de que la redacción funcionara. La edición también fue diseñada por Calais Harding en el MIT.
Finalmente, gracias a mi esposa a lo largo de 49 años (¡guau!): Anat. No imagino pasar las últimas cinco décadas de mi vida con una mejor compañera.
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Crecientes presiones
Warren Buffett dijo: “Se necesitan 20 años para construir una reputación y cinco minutos para arruinarla”.1 Una sola e indeleble imagen, como la de un pequeño niño paquistaní cosiendo un balón de fútbol Nike por la paga de 6 centavos por hora,2 puede cambiar la opinión pública de la noche a la mañana. La imagen, publicada en la portada de la revista Life en 1996, resultó en una campaña de “Boicoteemos a Nike”, y la empresa perdió más de la mitad de su capitalización bursátil el siguiente año.3 A Nike le tomó seis años de evidentes esfuerzos de responsabilidad social corporativa para recuperar el valor perdido.
Estas campañas para denunciar y vilipendiar el impacto ambiental (y social) de las corporaciones son lideradas por las muchas organizaciones no gubernamentales (ONG) que engendró el movimiento ecologista. Ejemplos de ellas son la World Wildlife Fund (1961), Greenpeace (1971), Rainforest Action Network (1985) y Conservation International (1987). Estas ONG, e innumerables personas, creen en la fragilidad potencial del medio ambiente —y ven la potencial fragilidad de las marcas corporativas como un medio de presionar a las empresas al cambio.
“Cuando Greenpeace echa mano a su caja de herramientas, tiende a encontrar una sola y es un mazo”, dijo Scott Poynton, fundador de The Forest Trust, “y tiende a golpear a la gente en la cabeza... Pero funciona, en el sentido de que da inicio al proceso de cambio”. Y añadió: “Siempre digo que la gente no cambia a menos que se sientan incómodas. Entonces, mi punto de vista en cuanto a Greenpeace es que son serios agentes de lo incómodo”.4
Agentes de lo incómodo
En Haxby Road, en la ciudad británica de York, en 1932, la fábrica de Rowntree reverberó con el sonido de 500 voces de mujeres cantando My Girl's a Yorkshire Girl.5 La fábrica pertenecía al chocolatero Seebohm Rowntree, y sus trabajadores —de las que un 65 por ciento eran mujeres— cantaban mientras trabajaban. Las voces de las mujeres sonaban al unísono mientras el rico chocolate con leche fluía de grandes toneles para caer en correas de transporte repletas de bombones. Rowntree permitió que cantaran —en realidad lo alentó— basándose en los hallazgos recientes de los psicólogos industriales, que afirmaban que la música en el lugar de trabajo mejoraba la productividad, atención y la interacción del equipo.6 Con ese fin, Rowntree también instituyó buzones de sugerencias para los empleados. Una de las sugerencias que recibió fue que la empresa fabricara "una barra de chocolate que un hombre pudiera llevar al trabajo en su portaviandas". Para fabricar una barra de chocolate que fuera más asequible a la clase trabajadora, Rowntree usó obleas largas y delgadas bañadas en chocolate, reduciendo costos al utilizar menos chocolate pero conservando el tamaño de la barra de chocolate tradicional.7 Introducido como "Galleta de Chocolate de Rowntree" en 1935, la oblea de cuatro tabletas; en 1937 agregó a sus empaques y anuncios la frase "apodado KitKat".
Cuando la agencia publicitaria J. Walter Thomson creó el primer anuncio televisivo de KitKat en 1957, esta se centró en la idea del sonido que hace al partirse una barra de chocolate, combinándola con anuncios anteriores que promocionaban a KitKat como "el mejor acompañante de una taza de té".8De allí surgió el eslogan: "Toma un descanso, come un KitKat", que la marca utiliza desde entonces hasta nuestros días. El tema musical del anuncio, creado en 1986, "Gimme a Break", se implantó rápida y firmemente en la mente de los consumidores, hasta tal punto que un estudio realizado en 2003 reveló que aún se encuentra entre las tonadas más pegajosas del mundo, de la clase que es difícil sacarse de la mente.9 En 1988, Nestlé S.A. adquirió Rowntree, justo cuando era el cuarto mayor fabricante de chocolate del mundo.10Para el año 2013, Nestlé había invertido más de £200 millones en el negocio de Rowntree, convirtiendo a la fábrica de York no sólo en una de las más grandes y exitosas confiterías del mundo, sino también la sede global de investigación de confites de Nestlé.11 En 2010, Guinness World Records certificó a KitKat como la marca más global del mundo, vendida en más países que ninguna otra ese año.12
Componente menor, enorme dolor
El 17 de marzo de 2010, Greenpeace lanzó a internet un video parodia del comercial de KitKat.13, 14 De una duración de 60 segundos, el video inicia con un oficinista aburrido, insertando documentos en una trituradora de papel. Enseguida la pantalla cambia a un fondo rojo con el texto, “¿Un descanso?” A continuación, el oficinista abre el envoltorio de la barra de KitKat pero, en lugar de chocolate, se encuentra con un dedo de orangután completo con mechones de pelo color naranja. Dos compañeros de trabajo observan aterrados mientras el hombre muerde el dedo y sangre le escurre por las comisuras de los labios para caer sobre el teclado de su ordenador.
El video urgía al público a “dar un descanso a los orangutanes” e “impedir que Nestlé compre aceite de palma a proveedores que destruyen selvas tropicales”.15 El video termina con un orangután en un árbol, seguido de una imagen de un solo árbol en un campo talado, símbolo de la deforestación infligida para dar paso a las plantaciones de aceite de palma. Para la campaña en Facebook, Greenpeace modificó el nombre de la marca a “Killer” (asesino, en inglés) en lugar de “KitKat”. Greenpeace utilizó el poder de las redes sociales en un ataque rápido y de amplio alcance. En cuestión de semanas, 1.5 millones de personas vieron el video en YouTube.16 “Las campañas en línea de Greenpeace… son parte coordinación, otras oportunidad y, de mayor importancia, dependen del apoyo del público (por medio de redes sociales)”, dijo Laura Kenyon, especialista en mercadeo y promoción en línea para Greenpeace Internacional.
Nestlé primero intentó controlar el daño hecho a la marca KitKat exigiendo a YouTube remover el video por violación de derechos de propiedad intelectual y marcas registradas.17 Sin embargo, el intento de censura simplemente atrajo más vistas y una avalancha de correos de consumidores exigiendo que la empresa cambiara sus prácticas de abastecimiento de aceite de palma.18 La empresa fue expuesta en buycott.com, un sitio de red y aplicación móvil que ayuda a los consumidores a “organizar su consumo diario de forma que refleje sus principios”.19 Más de 20.000 miembros se sumaron al boicot contra Nestlé.
El ataque sorprendió a Nestlé, según relata Poynton, no sólo por su dureza gráfica, sino también porque la empresa pensaba que ya estaba resolviendo el problema. La empresa había adoptado una política de “no deforestación” para su abastecimiento directo de aceite de palma, comprometiéndose a que el aceite de palma “no proviniera de áreas devastadas de su vegetación natural a partir de noviembre de 2005”.20 En 2009, la empresa incluso se unió a la Mesa Redonda para Aceite de Palma Sostenible (RSPO por sus siglas en inglés),21 un grupo de colaboración de la industria formado en 200422 para convertir el aceite de palma en un mercado de materia prima sostenible.23
José López, a cargo de la manufactura de Nestlé en aquel entonces, expresó frustración ante la campaña, señalando que “habría que ‘mirar en un microscopio’ para encontrar el aceite de palma en una barra”.24 Más allá, Nestlé no producía aceite de palma ni poseía plantaciones cercanas a hábitats de orangutanes, ni siquiera había ordenado la tala de selvas tropicales para incrementar la producción de aceite de palma. Pero uno de sus proveedores, sí. El capítulo 5 ahonda en los intentos de Nestlé por resolver el problema cancelando los contratos de ese proveedor y por qué esa acción inicial falló. “Estas cancelaciones no dieron un verdadero descanso a las selvas tropicales”, acotó Greenpeace.25 Sosteniendo la presión, los activistas, vestidos de orangután, se apostaron afuera de la sede de Nestlé en Frankfurt, Alemania. Otros activistas irrumpieron en la reunión anual de Nestlé ese mismo año, llegando a desplegar una pancarta adentro del recinto donde se celebró la reunión.26
A pesar de que se desconoce públicamente el impacto de la campaña en las ventas de KitKat, la empresa sí accedió a las exigencias de Greenpeace de identificar y eliminar de su cadena de abastecimiento cualquier proveedor vinculado a la deforestación en tan solo ocho semanas.27
Eliminado desde la fuente
Mientras Greenpeace intentaba afectar la demanda de productos Nestlé, las organizaciones no gubernamentales también dirigen sus ataques al abastecimiento. En India, varios grupos comunitarios acusaron a Coca-Cola Company y sus subsidiarias de agotar y contaminar las fuentes de agua locales.28 Tuvieron lugar varias protestas, algunas de hasta 2.000 personas gritando consignas en la entrada de una planta embotelladora en Plachimada en 2002.29 En 2003, la Corte Suprema del estado hindú de Kerala, ordenó a la empresa el cierre de sus pozos de agua, forzando a Coca-Cola a cerrar la planta. En agosto de 2005, dos meses después que Coca-Cola re-abrió la planta bajo una nueva licencia, los activistas protestaron una vez más en la entrada, dejando cuatro heridos y 43 arrestos.30
Hasta 2017, la planta continuaba cerrada. En febrero de 2011, la Asamblea de Kerala aprobó la creación de la Ley de Asistencia y Tribunal de Presentación de Quejas y Reclamos para las Víctimas de Coca-Cola en Plachimada. La ley empoderó a un tribunal a decidir una demanda de $48 millones contra la empresa por presunta degradación ambiental y de tierras, y por la contaminación de aguas a causa de la sobreexplotación de aguas subterráneas. En 2014 se ordenó el cierre de una segunda planta en India—la planta Mehdiganj, en el estado de Uttar Pradesh— por orden de la Junta de Control de Contaminación de la localidad.31
Se necesita un pueblo
En la primavera de 1969, residentes de Woburn, Massachusetts, un pequeño poblado 12 millas al norte de Boston, presentaron una petición ante el alcalde, atestiguando que el agua de los pozos municipales G y H eran “nada potables, de agua dura y con un fuerte sabor químico”.32 Los residentes exigían el cierre de los pozos.33 No se ejecutó ninguna acción hasta 1979, cuando el Departamento de Ingeniería de Calidad Ambiental encontró que los dos pozos contenían altos e inaceptables niveles de “posibles cancerígenos” según definición de la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA por sus siglas en inglés).34 Anne Anderson, cuyo hijo murió de leucemia, descubrió que otros seis niños murieron de leucemia a pocas cuadras de su casa. Ambos hechos, por su ocurrencia en tiempo y distancia, tenían una probabilidad de 1 en 100 de suceder, según el Centro para el Control de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC por sus siglas en inglés).35 Anderson con su pastor, el reverendo Bruce Young, y 20 otros formaron un grupo y contrataron al abogado Jan Schlichtmann para demandar a W. R. Grace y Compañía y a la empresa Beatrice Foods, las empresas presuntamente responsables por la contaminación de las aguas subterráneas.36
El caso se cubrió durante casi dos décadas en medios publicitarios. En 1986, el programa televisivo 60 minutes lo expuso bajo el título “¿Qué mató a Jimmy Anderson?”37. El libro basado en hechos reales “A Civil Action” (“Una acción civil”, en América Latina y “Acción Civil” en España), publicado en 1996, permaneció por más de dos años en la lista de los mejor vendidos38 para convertirse en 1998 en un filme protagonizado por John Travolta como Schlichtmann junto al legendario actor Roberto Duvall. El proceso legal se extendió por nueve años luego de su inicio39 y se finalizó con un acuerdo de pago de indemnización fuera de la corte por $8 millones.40 Además, la EPA de los Estados Unidos, basada en el trabajo de Schlichtmann, puso en efecto medidas coercitivas en contra de las empresas, forzándolas a pagar $69.5 millones en costos de saneamiento.41
Como bien demuestra este ejemplo, el activismo de las ONG y el activismo comunitario se nutren mutuamente, con las ONG tratando de fomentar acción comunitaria y la acción comunitaria atrayendo la atención de las ONG. Para el año 2000 se contaban más de 6,000 organizaciones nacionales y regionales de movimientos ambientales en los Estados Unidos, además de 20,000 organizaciones locales.42 Las ONG y la acción comunitaria, por su parte, pueden llevar a regulaciones más estrictas (ver la sección “Mayores restricciones regulatorias”). El caso Woburn motivó a Massachusetts a aprobar su propia legislación de “Superfund”, para forzar a los propietarios de tierras a sanear los vertederos de desechos tóxicos y establecer un registro estatal de incidencias de cáncer con el fin de asistir en la detección de concentraciones agrupadas de cánceres causados por la contaminación.43
Si no puedes avergonzarlos, demándalos
Minnesota Power provee de electricidad a 145.000 clientes en el noreste de Minnesota, incluyendo algunos de los clientes industriales más grandes del país, mayormente fábricas de papel.44 En 2004, la empresa dependía casi de forma exclusiva del carbón para proveer energía eléctrica y, en 2005, empezó a invertir millones de dólares en la reducción de emisiones y mejorar la eficiencia de las plantas que utilizan carbón. Sin embargo, en 2008, la EPA de los Estados Unidos citó a Minnesota Power por violaciones a la Ley de Aire Limpio. La empresa respondió que las instancias en que excedió los límites establecidos eran parte de los proyectos de mantenimiento y, por lo tanto, no estaban sujetos a dichos requisitos. La EPA y la empresa continuaron su intercambio de argumentos legales por seis años.
La frustración del Sierra Club aumentaba como resultado de las lentas negociaciones entre el gobierno y Minnesota Power.45 La ONG se lanzó de lleno a analizar data pública obtenida por el gobierno, consistente de 3.5 millones de puntos de emisión a lo largo de cinco años y encontró 12.774 anomalías en las lecturas46 de opacidad.47En marzo de 2014, el Sierra Club amenazó a Minnesota Power con acciones legales,48 alegando que la empresa había violado la Ley de Aire Limpio al exceder los límites de emisiones de material particulado. Según Michelle Rosier, gerente de organización de la campaña del Sierra Club, “Estas serias violaciones invitan a cuestionar si Minnesota Power está dispuesta o capacitada para operar sus plantas dentro de las regulaciones nacionales de seguridad para la salud pública”.49
Minnesota Power no disputó la data, sino que, en vez de ello, señaló que sus plantas operaban dentro de los límites permitidos el 99.7 por ciento de las veces.50 Más allá, la opacidad no siempre es indicativo de la emisión de ningún contaminante, ya que la opacidad “puede estar basada en el clima —si se libera vapor caliente en aire frío se va a obtener un mayor índice de opacidad—”, dijo Pat Mullen, vicepresidente de Mercadeo y Comunicaciones corporativas de la empresa.51 Hasta el Gobierno concordó: “Este tipo de monitoreo es muy complejo y sólo porque las anomalías se reportan no necesariamente indican que hay violaciones”, expresó Katie Koelfgen, gerente de Agencia de Control de Contaminación de Minnesota (MPCA por sus siglas en inglés), sección de Cumplimiento para aire y tierra.52
A pesar de la fragilidad del caso Sierra Club, cuatro meses más tarde, Minnesota Power llegó a un acuerdo monetario afuera de Corte con la EPA, accediendo a pagar $1.4 millones en multas civiles y a gastar más de $500 millones en controles de emisión.53 Al Rudeck, vicepresidente de Estrategia y Planeación de Minnesota Power, explicó el acuerdo alcanzado: “Desde una perspectiva de reputación, nunca es fácil ver tu nombre en los periódicos, de esta forma. Estamos muy orgullosos de nuestra responsabilidad ambiental. Es un trago amargo en términos de tener que llegar a un acuerdo afuera de Corte, pero sentimos que era lo mejor para nuestros accionistas”.54A pesar de que los ambientalistas aclamaron los $500 millones en mejorías obligatorias, el acuerdo incluyó con los $350 millones que Minnesota Power ya invertía desde 2005. “Muchas de las medidas de control de emisiones fueron implementadas durante las discusiones entabladas a lo largo de seis años con la Citación por Infracción [de la EPA]”, declaró la empresa en un comunicado de prensa.55 El Sierra Club utilizó una táctica similar contra dos empresas de servicios básicos en Wisconsin en 2012 y 2013, ganando acuerdos por la suma de $1.1 billón en mejorías ambientales y $3.4 millones en multas sobre las utilidades.56
Las ONG han emprendido un sinnúmero de acciones legales en contra de empresas desde DuPont hasta Shell, a las que le han costado millones de dólares.57 58 Los grupos afectados y las ONG pueden utilizar las demandas legales para recobrar daños compensatorios y sanciones. Más allá, algunas ONG utilizan estas demandas y sus acuerdos para sufragar más acciones legales.59 “Históricamente, ha habido un incremento en las demandas ciudadanas cuando existe un atraso en el cumplimiento”, dijo Matthew Morrison, abogado ambiental de Washington, DC, y exasesor de la EPA.60
Campañas sostenidas
Las campañas de las ONG contra las empresas pueden durar años. La campaña en contra de los bajos salarios dados por los proveedores de Nike en Asia61 involucró a varias ONG y medios de comunicación y duró más de una década.62 La campaña Victoria's Dirty Secret (El Sucio Secreto de Victoria) de ForestEthics en contra de las políticas de adquisición de papel de Victoria's Secret para sus catálogos de productos63 duró dos años y a ella se sumaron las organizaciones CampusActivism.org, Voice for Animals, Portland Independent Media Center, Treehugger y muchas otras.64 La campaña terminó solo cuando la empresa accedió a utilizar más papel reciclado en sus catálogos.
La moraleja de estas historias es que las empresas en la mira no pueden esperar a que las campañas se "queden sin combustible". Cuando las organizaciones activistas deciden emprender una campaña contra una corporación, generalmente recaudan fondos y se preparan para una larga batalla. Según Robert Beer, exdirector del programa SmartWood de Rainforest Alliance, “[las ONG] tienen diferentes técnicas, pero tienen masa crítica. Tienen fondos, fondos para una causa en particular, y son bastante sofisticados en términos de entender cómo utilizar las herramientas a su disposición. Creo que a menudo las empresas no aprecian cuán sofisticadas son. Y luego se lanzan a una tormenta de fuego”.65
Más aún, las campañas usualmente se intensifican con el tiempo, a medida que otros grupos se suman a la cruzada. Y tampoco los activistas se detienen cuando logran su objetivo declarado. En su búsqueda de una verdadera sostenibilidad, sus “metas” siguen moviéndose y los obstáculos para las empresas van en ascenso. “Luego de que gran número de las principales empresas de electrónica del mundo se enfrentaran al desafío de eliminar gradualmente sus peores sustancias peligrosas, ahora los retamos a mejorar sus fuentes de minerales y administrar mejor la energía utilizada a lo largo de la cadena de abastecimiento”, dijo el activista de Greenpeace, Tom Dowall.66
Cuando se involucran las partes interesadas
Los activistas externos no son los únicos interesados que motivan a las empresas a considerar iniciativas de gestión ambiental. A diferencia de las ONG, las partes económicas interesadas de una empresa están directamente alineadas con los intereses financieros de la empresa: consumidores, distribuidores, minoristas, empleados y accionistas se benefician del éxito de la empresa y corren riesgos si la empresa fracasa o es afectada. Esta alineación natural puede hacer que los argumentos de sostenibilidad de los grupos de interés económicos de la empresa sean más persuasivos a los ojos de los gerentes corporativos que los argumentos a lo externo de la empresa. Algunos de estos expertos pueden creer que la amenaza de ataques de las ONG, cambios regulatorios (ver la sección “Restricciones regulatorias crecientes”), o las reacciones del consumidor como resultado de daños ambientales (ver la sección “La vulnerabilidad está en manos del titular de la marca”) podrían obstaculizar el éxito de la empresa.
Consumidores: Una minoría verde en un mar de apatía
Encuestas realizadas por grupos ambientalistas y otros revelan que más de la mitad de los consumidores a nivel mundial67 y casi la mitad en los Estados Unidos68 afirman que pagarían más por productos sostenibles. Sin embargo, en 2012, Robert McDonald, CEO de Procter and Gamble en ese momento, sugirió que solo el 15 por ciento de los consumidores estaba realmente dispuesto a pagar más—y solo un poco más—por productos ambientalmente sostenibles.69 Como bien sugirió un comentarista70: "Los vendedores verdes lo saben desde hace mucho. En las encuestas, los consumidores dirán de forma consistente que están dispuestos a pagar más por productos social y ambientalmente superiores. Pero a solas en el pasillo del almacén son tan solo ellos y su billetera; rara vez desembolsan más por "lo verde”.71 Un estudio de 2014 del Consejo Europeo de Información Alimentaria confirmó esta aseveración al concluir que, a pesar de que los consumidores entienden la sostenibilidad, esta comprensión todavía no se traduce en cambios en su selección de alimentos.72
Pese a que una agencia de marketing social informó que el 91 por ciento de los consumidores globales afirman que sería probable cambiarse de marcas a otras asociadas a una buena causa, considerados su precio y calidad,73 a menudo no lo hacen en la práctica por cuatro posibles razones: Primera, los consumidores pueden no considerar que otros productos son comparables, y otros criterios de compra (ej., el costo, las características y el rendimiento de un producto, o la ubicación y el servicio del minorista) a menudo son más importantes que los problemas ambientales. Segunda, los consumidores se enfrentan a costos o riesgos al cambiarse a una nueva marca o minorista con los que no están familiarizados, especialmente en el caso de productos complejos. Tercera, en un mundo ocupado, saturado de medios de comunicación, los consumidores pueden desconocer una campaña de una ONG en particular. Finalmente, algunos consumidores pueden ser "pasajeros gratuitos": defienden los boicots con la esperanza de que otros participen, mientras continúan comprando a la misma empresa o marca de siempre.74 De hecho, luego de crecer rápidamente a lo largo de 2010, las ventas de productos ecológicos para limpieza del hogar y productos de lavandería disminuyeron a una tasa anual compuesta del 2 por ciento entre 2010 y 2014.75
Aunque los consumidores convencionales no estaban comprando productos ecológicos en volumen, las encuestas revelaron que los millennials (aquellos individuos nacidos en las décadas del 80 y 90 del siglo XX) podrían estar más dispuestos a pagar por productos sostenibles que los consumidores de mayor edad.76 "No vemos esto como una tendencia que desaparecerá. Una mayor expectativa de parte de los clientes es una parte permanente del futuro", dijo Mike Duke, presidente y director ejecutivo de Walmart en 2009 en declaraciones oficiales.77 Sin embargo, hasta que las cifras de ventas de los minoristas corroboren los datos arrojados por las encuestas de los ambientalistas, las empresas podrían mostrarse reacias a invertir en cambios a gran escala o incurrir en mayores costos de operación para ofrecer productos ambientalmente sostenibles.
La cambiante demanda de los consumidores
Hasta el año 2009, Ralph Lauren, el fabricante de ropa de lujo, pasó inadvertido al tipo de campañas de bochorno público emprendidas contra Nike y otros fabricantes de prendas de vestir. Aun así, ese año la empresa recibió presión en cuestión de sostenibilidad cuando uno de sus clientes, la cadena de tiendas minoristas Kohl's, solicitó a todos sus proveedores un cuadro de mando de sostenibilidad. Kohl's tenía preguntas específicas sobre los impactos ambientales, lo que requirió que Ralph Lauren realizara su primera auditoría ambiental interna. Las exigencias del minorista no terminaron allí. Cada año, Kohl's hacía preguntas cada vez más complejas y detalladas en su cuadro de mando. Como resultado, Ralph Lauren hizo más estricta su auditoría interna para satisfacer esas exigencias.78
A partir de 2013, Kohl's evaluó trimestralmente las prácticas de sostenibilidad y las mejoras de sus 300 principales proveedores y sostuvo una mesa redonda anual con sus proveedores para discutir prácticas responsables.79Kohl's alentó a sus proveedores a preguntar a sus propios proveedores sobre tales prácticas. “Tenemos un grupo considerable que ahora pregunta a sus propios proveedores sobre sostenibilidad. Aquí es donde queríamos llegar”, dijo John Fojut, vicepresidente de sostenibilidad corporativa de Kohl's Corporation.80
Las exigencias de Kohl's a sus proveedores surgen de sus preocupaciones sobre el comportamiento del consumidor. “En lugar de reaccionar y adaptarnos a las prioridades de otra persona—como fue el caso cuando algunas empresas se sorprendieron ante la creciente ola de preocupación de los consumidores por la responsabilidad social—[todos estamos descubriendo qué es lo mejor] adelantarnos y unir esfuerzos para acordar qué es importante y qué progreso queremos alcanzar”, dijo Fojut.
Los guardianes desde lo interno
Las Niñas Exploradoras de América (Scout Girls of America) y sus famosas galletas fueron expuestas a escrutinio a fines de 2007 por dos de su propia tropa.81 A principios de ese mismo año, Rhiannon Tomtishen, de 11 años, y Madison Vorva, de 12, investigaban orangutanes para ganar el Premio Bronce para su tropa cuando tropezaron con el vínculo entre la pérdida de hábitat de los orangutanes y el incremento de plantaciones de aceite de palma. Luego de eliminar el consumo de aceite de palma en sus propias dietas, se horrorizaron al descubrir que el aceite de palma es el segundo ingrediente más común en las galletas de las Niñas Exploradoras, que estaban a punto de comenzar a vender.82
Las niñas iniciaron una campaña de cinco años, a la que llamaron "Proyecto Orangs" para concienciar sobre el problema.83 Su campaña, sin embargo, encontró resistencia por parte de Amanda Hawmaker de Girls Scouts USA, quien estaba a cargo de la venta de galletas. Hawmaker argumentó que el aceite de palma es necesario para conservar el sabor, evitar que las galletas se desmoronen y retrasar el deterioro de las galletas. Los cambios a la receta podrían poner en riesgo las ventas, que a su vez podría poner en peligro todos los campamentos, excursiones y obras benéficas financiadas, gracias a la venta de galletas.84
A pesar de la resistencia inicial, las niñas alcanzaron cierto avance luego de varios años de campaña. En el otoño de 2011, Girl Scouts USA se comprometió a comprar certificados de Green Palm (ver capítulo 5) para 2012 y a obtener aceite de palma sostenible para 2015. Reconociendo el papel que jugaron las niñas en la campaña, Hawmaker indicó: "No son nuestros consumidores quienes nos impulsan a tomar esta decisión o quienes expresaron preocupación con respecto al tema".85 El ejemplo de las Niñas Exploradoras demuestra que incluso las organizaciones con una imagen sana, que las ONG dudarían en convertir en blanco de sus acciones, son vulnerables —como en este caso, a las campañas de sus propios miembros—.
Los denunciantes como Mark Felt (Watergate),86 David Weber (Comisión de Bolsa y Valores de EE. UU.),87 y Cheryl Eckard (GlaxoSmithKline),88 son tres de los muchos informantes que, a lo largo de los años, han expuesto lo que consideraban prácticas no éticas o criminales dentro de sus propias organizaciones. Así, mientras algunos ataques provienen de organizaciones externas, existen riesgos que pueden acechar desde las propias filas de la organización, sin distinción de rango, si los empleados creen que el comportamiento de su propia organización es censurable.
Reclutando la próxima generación de trabajadores
La alta prevalencia de una conciencia ambiental entre las generaciones más jóvenes89 significa que la reputación ambiental de una empresa puede afectar su capacidad para reclutar personal. "Sabemos que hace una gran diferencia en la contratación cuando salimos a reclutar en las universidades. La gente pregunta sobre sostenibilidad, y nuestros agentes de reclutamiento de hecho les cuentan sobre nuestros empaques, así que sí resulta ser atractivo”, dijo Oliver Campbell, director de compras en Dell.90 Un estudio de la Universidad de Rutgers sobre las prioridades de los trabajadores encontró que casi la mitad de los estudiantes universitarios (45 por ciento) encuestados en 2012 indicó que renunciaría a un salario más alto en un 15 por ciento en favor de un trabajo “que busca hacer una diferencia social o ambiental en el mundo”.91 Naturalmente, tales respuestas a encuestas pueden o no correlacionarse con el comportamiento real, pero podrían ser un indicador.
Cuando los accionistas apuestan por lo verde
La selva de concreto que es Nueva York podrá encontrarse muy lejos de las verdaderas selvas de Malasia e Indonesia, pero el contralor del Estado de Nueva York, Thomas DiNapoli, ha liderado una campaña en nombre del Fondo Común de Jubilación del Estado de Nueva York dirigida a cambiar las actividades de abastecimiento de aceite de palma de las empresas con el fin reducir la deforestación. En 2013, DiNapoli presentó una resolución para los accionistas requiriendo que Dunkin’ Donuts abordara los problemas ambientales asociados a la producción de aceite de palma. Posteriormente retiró la resolución cuando Dunkin’ Donuts acordó mejores informes, abastecimiento sostenible, el cumplimiento de los proveedores y respaldar una moratoria sobre la deforestación.92 DiNapoli obtuvo concesiones similares de Sara Lee Corporation en 2010 y de JM Smucker Company en 2013. "El valor para los accionistas incrementa cuando las empresas toman medidas para abordar los riesgos asociados con las prácticas ambientales que promueven el cambio climático", dijo.93
El Fondo Común de Jubilación del Estado de Nueva York se encuentra entre el creciente número de inversores institucionales preocupados por cuestiones ambientales o sociales. Algunas de estas instituciones, como los inversores afiliados a las ONG e instituciones religiosas están presionando por la protección del medio ambiente por razones éticas (“hacer el bien”). Otros podrían estar motivados por preocupaciones financieras (como la reducción de los riesgos percibidos y los costos de las prácticas de negocios insostenibles).
Como mínimo, estos inversores buscan una mejor divulgación de los riesgos potenciales que acechan en las cadenas de abastecimiento de las empresas; los cinco principales tipos de propuestas ambientales motivadas por las intervenciones de activistas requieren de rendición de informes.94El CDP (anteriormente el Proyecto de Divulgación de Carbono, por sus siglas en inglés), que representa a 822 inversionistas institucionales con $95 billones en activos bajo su administración, indujo a miles de empresas públicas a revelar sus impactos de carbono, agua y desechos, y reportar sus esfuerzos para reducir estos impactos95 (vea el capítulo 3). Un análisis de 700 empresas durante un período de cinco años encontró que el riesgo ambiental percibido por las empresas se veía más afectado por las resoluciones ambientales de los accionistas que por los ataques de las ONG96, aunque no está claro cuántas de las acciones de estos inversores fueron motivadas por las acciones de las ONG.
Crecientes restricciones regulatorias
Desde el nacimiento de la nación estadounidense en 1776 hasta 1963, se aprobó un total de cinco leyes de protección ambiental. En los siguientes 40 años se promulgaron 27 nuevas leyes ambientales de importancia, con un número que sobrepasa las 51 si se incluyen leyes de salud y seguridad ocupacional que restringen las actividades corporativas97. Más allá de acelerar la promulgación de nuevas leyes, las leyes existentes se han vuelto más estrictas. Por ejemplo, el límite de emisiones de los automóviles de pasajeros en los Estados Unidos se redujo de 3,1 gramos de óxido de nitrógeno por milla en 1975 a 0,07 gramos en 2004, una reducción del 98% .98
Requisitos regulatorios
A partir de 2016, la mayoría de los gobiernos en el mundo desarrollado ha introducido y hecho más estrictas las regulaciones sobre las actividades corporativas. Muchas de estas regulaciones se aplican a contaminantes específicos del aire, agua y desechos sólidos. Los informes sobre el cambio climático provocado por la acción humana han motivado a los gobiernos a empezar a regular las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de una amplia gama de fuentes. Los GEI incluyen CO2 proveniente de la quema de combustibles fósiles, además de gran cantidad de otros gases como el metano, óxido nitroso (de fertilizantes), refrigerantes y otros gases con algún efecto CO2 equivalente (CO2e) que impiden la fuga de calor hacia la atmósfera. En 2007, la Corte Suprema de los EE. UU. dictaminó que las emisiones que causan el cambio climático están sujetas a las regulaciones de la EPA bajo la Ley de Aire Limpio, mientras se queda a la espera de hallazgos científicos que demuestren que las emisiones de GEI ponen en peligro la salud y el bienestar público.99 El “hallazgo de peligro”100 emitido por la EPA en 2009 estableció exactamente eso y dio lugar a nuevas regulaciones de emisiones para plantas de energía, plantas industriales y automóviles.101
La tendencia a una mayor regulación, como es evidente en los países desarrollados, también podría echar raíces en las naciones en vías de desarrollo. La creciente clase media de estos países exige cada vez más aire, agua y alimentos limpios, así como la preservación del medio ambiente natural, lo que lleva a más regulaciones y políticas de cumplimiento mucho más estrictas. En abril de 2014, China inició la lucha contra su severo problema de contaminación, instaurando algunos de los mayores cambios a sus políticas en 25 años.102 Incluso se especuló que el gobierno chino podría gravar con impuestos la gasolina para financiar automóviles eléctricos.103 Las regulaciones, sin embargo, varían ampliamente en alcance, rigor y costos asociados.
Los requisitos regulatorios van desde demandas de divulgación, requisitos “suaves”, mecanismos de mercado para inducir a las empresas a actuar, hasta estrictas leyes de “Debes hacer” que afectan la manera en que las empresas gestionan la sostenibilidad (ver el capítulo 10). Las regulaciones ambientales pueden, incluso, aplicarse de forma retroactiva.
Los pecados de los padres
En la década de 1940, Hooker Chemicals and Plastics recibió permiso de Niágara Power and Development Company para verter desechos industriales en un canal nunca terminado en las Cataratas del Niágara, Nueva York. Utilizando prácticas legales aceptadas durante esa época, Hooker drenó el canal, lo recubrió con arcilla pesada104 y, entre los años 1940 y 1950, vertió más de 21,000 toneladas de desechos químicos en él.105Hooker selló el vertedero con más arcilla y tierra. En 1953, la Junta de Educación de las Cataratas del Niágara compró el terreno por $1. Hooker reveló la presencia de los desechos tóxicos a la Junta de Educación e incluyó una explícita cláusula de indemnización en las escrituras del terreno.106
A pesar de conocer lo que había en el terreno, la Junta de Educación de las Cataratas del Niágara construyó una escuela primaria en una parte de la propiedad y vendió otros lotes para desarrollo residencial. La construcción removió parte del sello de arcilla y rompió las paredes de arcilla de la fosa de desechos. En la década de 1960, los residentes empezaron a quejarse de olores y residuos, especialmente cuando los niveles de agua subían por efecto de las lluvias.107 El vecindario también experimentó explosiones causadas por la filtración de sustancias químicas en patios traseros y piscinas. Love Canal (El Canal del Amor), llamado así por su primer promotor en 1892, se convertiría en uno de los desastres ambientales más infames de los EE. UU.
A fines de la década de 1970, las pruebas realizadas en Love Canal revelaron la presencia de un brebaje infernal de materiales tóxicos tanto en el suelo, como en el agua de las bombas de sumidero en sótanos, en el aire de las casas y en arroyos en la cercanía. Casi 200 familias en las inmediaciones fueron evacuadas. Estudios posteriores revelaron altas tasas de abortos espontáneos, defectos de nacimiento, enfermedades mentales y diversas enfermedades entre los residentes de Love Canal, especialmente aquellos que residían en las áreas más húmedas del proyecto residencial.108 Eventualmente, el gobierno acordó evacuar a un total de 950 familias que vivían en y alrededor del antiguo vertedero, así como limpiar el sitio.
Love Canal y otros sitios similares desencadenaron la aprobación de la Ley de Respuesta Ambiental Integral, Compensación y Responsabilidad (CERCLA) de 1980 (también conocida como “Superfund”).109 La ley asignó a la EPA obligar a las partes responsables a realizar, pagar o reembolsar al gobierno por la limpieza de los vertederos.110 Los residentes de Love Canal, el estado de Nueva York y el gobierno federal presentaron demandas contra Occidental Petroleum, que había comprado Hooker Chemical en 1968, 15 años después de que Hooker vendiera al gobierno un vertedero permitido y debidamente divulgado.
Muchos juristas arguyen que los principales responsables fueron la Junta de Educación y la Ciudad de Cataratas del Niágara, quienes no actuaron con la debida precaución.111 Más allá, la principal defensa de Occidental Chemical fue indicar que era incorrecto evaluar las acciones de Hooker en los años 1940 y 1950 con base en el conocimiento que ahora se tenía sobre químicos tóxicos. Los abogados indicaron que las técnicas de desecho de Hooker eran "de vanguardia" en aquel entonces.112 “No se puede juzgar la conducta de las personas hace 40 años, cuando la mitad de ellas se han ido y no pueden explicar nada, según los estándares de hoy en día”, dijo Thomas H. Truitt, el abogado principal de la empresa.113
Curiosamente, CERCLA parece una ley retroactiva o ex post facto que la Constitución de EE. UU. prohíbe expresamente.114 Varios casos judiciales han evaluado la constitucionalidad de los aspectos retroactivos de CERCLA, como Estados Unidos vs. Olin (1997)115 y Estados Unidos vs. Monsanto (1988).116 Los tribunales estadounidenses eludieron el debate al constatar que “el estatuto no es un castigo, sino una obligación de reembolso, lo que significa que el estatuto no es retroactivo y, por lo tanto, no inconstitucional”.117 Sin embargo, la Corte Suprema de los EE.UU. dictaminó que la ley Superfund no anula o invalida la ley estatal si un estado ha establecido un estatuto de exclusión. Los estatutos de exclusión (que tienen plazos más estrictos que los plazos de prescripción) prohíben las acciones legales contra una parte después de transcurrido un período de tiempo específico estipulado por el estado.118 A partir de 2015, CERCLA continúa aplicándose a los llamados terrenos industriales abandonados, que fueron contaminados por su uso industrial en el pasado. En total, Occidental Petroleum pagó acuerdos fuera de Corte por un total de $249 millones.119 120 Entre 1990 y 2015, la EPA recaudó más de $6 mil millones de múltiples corporaciones para financiar esfuerzos de limpieza en curso y futuros.121
Otras leyes tienen aspectos retroactivos similares, si bien con algunas salvedades. La Directiva RAEE (Residuos de Aparatos Eléctricos y Electrónicos, WEEE por sus siglas en inglés) de la Unión Europea responsabiliza de forma individual a los productores de una industria por los productos ya terminados cuya fabricación fue posterior a la introducción de la directriz; y les responsabiliza de forma colectiva por los productos terminados cuya fabricación precede a la introducción de los RAEE.122 Tanto CERCLA como RAEE demuestran que mantenerse dentro del margen de la ley no siempre indemniza a una empresa de responsabilidades futuras cuando se descubren los impactos o, lo que es más importante, cuando se promulgan futuras leyes.
El profeta hebreo Ezequiel arguyó: "El hijo no pagará por la iniquidad del padre".123 Sin embargo, estos ejemplos demuestran que las corporaciones pueden heredar la responsabilidad por los daños que causaron sus predecesores. Por otra parte, incluso cuando las empresas actúan dentro de los márgenes de las leyes existentes, no hay forma de indemnizarlas contra responsabilidades futuras. Estos dos problemas crean un riesgo legal único y de final abierto.
La vulnerabilidad está en manos del titular de la marca
En marzo de 2017, una botella de dos litros de Coca-Cola se vendió por $1.59 en un supermercado Stop & Shop, el doble del precio de la propia marca privada del minorista.124 Aunque la fórmula o los ingredientes de Coca-Cola pueden justificar algún alza en el precio, gran parte de ese precio más alto surge de la confianza y buena voluntad que los clientes sienten por la marca Coca-Cola. La marca Coca-Cola contribuyó con cerca de $23.5 mil millones a los ingresos de la empresa en 2013, lo que pone el valor de la marca en aproximadamente $54.9 mil millones, según la revista Forbes.125 BusinessWeek estimó que la reputación de marca contribuye con más del 50 por ciento de la capitalización bursátil de Coca-Cola, Disney, Apple y McDonald's, entre otros.126 Internamente, muchas de estas empresas estiman el valor de sus marcas en cifras significativamente más altas.127 La fragilidad de la confianza y la buena voluntad que el público deposita en estas empresas les hacen vulnerables.
Abundan los ejemplos de empresas cuyo valor ha caído en picada debido a la pérdida de confianza de los consumidores en la marca. El 17 de septiembre de 2015, la canciller alemana, Angela Merkel, fue fotografiada con altos funcionarios de Volkswagen en la inauguración del salón del automóvil de Frankfurt. Al día siguiente, la EPA de los EE. UU. emitió un aviso de violación a VW por reportes engañosos sobre sus emisiones; el valor de mercado de la empresa cayó rápidamente en un 45 por ciento.128 Aunque los entes reguladores de la UE pueden haber manipulado las condiciones de prueba de emisiones de vehículos para favorecer las finanzas de los fabricantes nacionales sobre los niveles de contaminación urbana de la UE, el uso de tales atajos puede convertirse en la soga al cuello del fabricante si el haber “hecho trampa” genera indignación.129
Cuando el fabricante de juguetes RC2 retiró del mercado su icónico juego de trenes "Thomas and Friends" debido al contenido de plomo en la pintura, su valor de mercado se redujo a la mitad. Un padre de familia escribió: "Perdí toda la confianza que tuve en su empresa. No quiero ningún reemplazo. Quiero un reembolso. Han puesto en peligro a mis hijos”.130
Posiciones arriesgadas: empresas orientadas al consumidor
A las 9:45 p.m. del 20 de abril de 2010, un obturador de explosiones suministrado por Cameron International sufrió una falla en un pozo de petróleo submarino ubicado en el Golfo de México. En ese mismo momento, un empleado de la empresa Halliburton tomaba su café mientras fumaba un cigarrillo en la plataforma sobre el pozo, descuidando el monitoreo del pozo.131 132El petróleo y gas a alta presión subieron por las tuberías, explotando al alcanzar la plataforma de perforación, que era propiedad de la empresa Transocean, que la operaba.
La explosión mató a 11 trabajadores, lesionó a 17, quemó el océano circundante e inició una saga televisada de 85 días en la que más de 200 millones de galones de petróleo se vertieron en el Golfo de México ante los ojos del mundo entero. El petróleo contaminó miles de kilómetros de playas, pantanos y frágiles ecosistemas desde Texas hasta Florida, causando daños ambientales cuya magnitud aún no se comprende.133 Tanto pescadores y camaroneros, así como empresas turísticas sufrieron millones de dólares en pérdidas de negocios e impacto en la comunidad.
El pozo era propiedad conjunta de MOEX Offshore, Andarko Petroleum y British Petroleum (BP). Sin embargo, BP era el propietario mayoritario del pozo, el gerente general del proyecto y la más conocida de las empresas asociadas con el desastre al estar en contacto directo con los consumidores a través de sus puntos de venta. Aunque Deepwater Horizon era el nombre del buque de Transocean, el nombre se convirtió en sinónimo de BP y de este desastre ambiental. A menudo se pasa por alto en esta saga, que BP no fue el único causante del desastre de Deepwater Horizon.
Ninguna decisión ni empresa en particular causaron la explosión, de acuerdo con un análisis realizado por MIT.134 Transocean, por ejemplo, proporcionó una plataforma muy mal mantenida y una tripulación que optó por desactivar las precauciones básicas de seguridad. Halliburton brindó una mala orientación y luego trató de ocultar su culpabilidad. Cameron suministró el fallido dispositivo antiexplosión. Los líderes de BP sí se equivocaron al querer ahorrar tiempo y dinero, en lugar de garantizar la seguridad.
Es posible que nunca se conozcan los verdaderos costos ambientales y económicos del desastre, pero evidentemente le costó mucho a BP. En 2012, la empresa acordó pagar $4.5 mil millones en sanciones, incluyendo $1.26 mil millones en sanciones penales, como parte de una declaración de culpabilidad.135 Como resultado, la EPA de EE. UU. prohibió a la empresa licitar y obtener contratos del gobierno de los EE. UU. "hasta que la empresa pueda proporcionar a la EPA evidencia suficiente de que cumple con los estándares comerciales federales".136 El acuerdo monetario al que llegó BP costó a la empresa $18.7 mil millones.137
Es probable que la imagen pública de BP tarde mucho tiempo en recuperarse por completo. Luego del desastre, el precio de sus acciones cayó desde su precio más alto de $60.57 por acción cinco días antes de la explosión, al precio más bajo de los últimos 14 años: $27.02 dos meses después de la explosión. Para 2014, el precio de las acciones de la empresa rondaba los $40, para hundirse aún más, a $30 en 2017. Los propietarios de estaciones de servicio de BP en los Estados Unidos sopesaron si cambiar el nombre de la marca les ayudaría a recuperar las ventas perdidas (según los informes, entre un 10 y 40 por ciento).138
Los proveedores de BP, por otro lado, no sufrieron la misma disminución en el valor de mercado. Cameron, Halliburton, Transocean, MOEX Offshore y Andarko solo fueron afectados con golpes financieros de corto plazo. De hecho, las acciones de Halliburton subieron hasta fines de 2010139 y, en octubre de 2013, sus acciones alcanzaron un precio casi 50 por ciento más alto que su precio máximo antes del accidente. Los consumidores no pueden boicotear directamente a Halliburton o Transocean. Las empresas que operan en el mundo de empresa a empresa (B2B) operan “tras bambalinas” y fuera del ojo público. Incluso más que los consumidores individuales, los clientes corporativos toman decisiones de compras con base en el costo, calidad, capacidad y otros factores operativos fundamentales. Las prácticas ambientales de muchos proveedores B2B tienden a cumplir con el cumplimiento normativo mínimo y los requisitos explícitos de sus clientes, “pero nada más”, como declaró un ejecutivo B2B durante una entrevista de 2015 con el MIT.
Las marcas son vulnerables y las ONG lo saben
Las ONG pueden dañar la imagen de marca de las empresas orientadas al consumidor, ya que, a diferencia de los clientes corporativos, los consumidores tienden a ser más emotivos y se movilizan más fácilmente a través de los medios populares y las campañas de activistas. No es sorprendente, entonces, que el 81 por ciento de los cerca de 1.000 ejecutivos de cadena de abastecimiento encuestados en 2014 citaron las preocupaciones de imagen de marca como una motivación para invertir en responsabilidad social y ambiental corporativa.140 Una razón clave para la acción proactiva en la prevención de ataques es la velocidad con la que los atacantes pueden movilizarse y perjudicar una marca antes de que la empresa pueda reaccionar.
“En la Era de la Información, los clientes tienen más acceso a la información”, dijo Robert Grosshandler, fundador de iGive.com.141 “Son más educados. Ya no desconocen cómo se procesa su comida o cómo se fabrican sus iPods. Y, debido a cosas como las redes sociales, las personas de ideas afines se encuentran más fácilmente, tienen voz y producen cambios. Hay un nivel de transparencia que antes no existía”. 142
Ataques como estos también respaldan los objetivos de las ONG de atraer donaciones cuando el blanco son empresas de alto perfil. Sin embargo, por cada campaña famosa en contra de Nike o Nestlé que afecte el comportamiento de la empresa, existen cientos de otras campañas de las que nadie jamás había escuchado, que a pocos importa y que tienen casi ningún impacto en el comportamiento de compra o en las donaciones hechas a ONG. Esta puede ser la razón por la que organizaciones activistas como Greenpeace recurren a irrumpir, de forma física y sensacionalista, eventos corporativos en un esfuerzo por obtener más publicidad. Dada la naturaleza caprichosa de los medios, siempre existe la posibilidad de que una campaña hasta ahora ignorada se vuelva viral, resultado en atención mediática generalizada, nuevas regulaciones o activismo de los inversores.
¿Dentro de mí, sobre mí o en mi entorno?
En una conferencia de 2008 en Sustainable Brands Conference, Bill Morrissey, vicepresidente de sostenibilidad ambiental en Clorox, señaló que para los consumidores “mi entorno” es más importante que “el medio ambiente”.143 Y en la categoría “mi entorno”, los consumidores podrían llegar a considerar si el producto va "dentro de mí", "sobre mí" o "en mi entorno". Las empresas que fabrican productos alimenticios se enfrentan a mayor escrutinio por parte de los consumidores que las empresas que fabrican, por ejemplo, cosméticos y productos de higiene personal. Esto puede explicar, por ejemplo, el reciente crecimiento de las ventas de alimentos orgánicos y "naturales" en los Estados Unidos, que, aunque todavía es una pequeña fracción de las ventas totales de alimentos,144 fue más que el triple entre 2004 y 2014, llegando a $39 mil millones. Y las empresas de productos "sobre mí", a su vez, son más vulnerables que las empresas que fabrican productos menos personales, como por ejemplo, suministros de oficina.
Las percepciones del consumidor relacionadas a preocupaciones más distantes del "medio ambiente" dependen de la empatía. Las ONG saben que un animal tierno y peludito vende mejor la causa ambiental que una lagartija escamosa. La deforestación causada por el desarrollo de plantaciones de aceite de palma amenaza a miles de especies únicas de plantas, insectos y animales en las selvas tropicales de Indonesia,145 pero Greenpeace eligió al orangután para personificar esa amenaza. Y el símbolo del World Wildlife Fund es un adorable panda y no el pez caracol (Percina tanasi), un pez en peligro de extinción.
Ser o no ser (¿y cuánto cuesta?)
Los ejemplos en este capítulo muestran que las motivaciones detrás de la capacidad de respuesta ambiental de las empresas varían. Las distintas empresas operan en diferentes niveles de la cadena de abastecimiento, tratan con diversos segmentos de consumidores, enfrentan vulnerabilidades dispares ante los ataques activistas y están sujetas a diversas exposiciones regulatorias. Este libro examina el papel de la sostenibilidad en los negocios, centrándose en la gestión de la cadena de abastecimiento ya que, como se demuestra a lo largo del libro, la sostenibilidad ambiental es un problema de gestión de la cadena de abastecimiento. La Encuesta Global de Cadenas de Abastecimiento de PricewaterhouseCooper de 2013 reveló que dos tercios de los ejecutivos de la cadena de abastecimiento creen que la sostenibilidad desempeñará un papel cada vez más importante en la gestión de la cadena de abastecimiento global.146 Pero, ¿cuál es esa función?
Aunque muchas empresas propugnan la sostenibilidad como una alta prioridad, esa alta prioridad compite con otras altas prioridades, como lo son la calidad, costo, servicio, la innovación y el crecimiento.
El lado oscuro de la forja
En lo alto de la Escarpa de Darling, en los bosques de eucaliptos al oeste de Perth, varias capas de la distintiva tierra roja de Australia cubren otras capas de minerales a base de aluminio conocidos como bauxita. En 1961, Alcoa firmó una serie de acuerdos gubernamentales a 50 años (abarcando más de 7.000 kilómetros cuadrados) para comercializar estos depósitos de bauxita.147 La empresa luego construyó una cadena de abastecimiento completa en Australia para manejar la extracción, refinación, fundición y procesamiento de ese aluminio. En febrero de 2016, Alcoa celebró la extracción de mil millones de toneladas métricas de bauxita en Australia Occidental. Sin embargo, ese prodigioso volumen de producción vino con una huella ambiental significativa que se extiende a través de todas las fases de la producción de aluminio. La mina Huntly de Alcoa, la segunda más grande del mundo,148 es una red ramificada de cortes mineros, y anchos y polvorientos caminos de conexión que abarcan cientos de kilómetros cuadrados.149 Cada año, Alcoa tala otras 600 hectáreas de selva y despoja la capa superior del suelo y la sobrecapa. Luego, revienta la capa de roca de cobertura para alcanzar y excavar la capa subyacente de bauxita. Gigantes volquetes, de dos pisos de altura, transportan carga de hasta 190 toneladas de mineral a una instalación central de triturado de rocas. Hasta 1.7 toneladas por segundo del mineral triturado recorren 23.4 kilómetros de cinta transportadora hasta la refinería.
La siguiente parada de la bauxita de Alcoa es visible desde el espacio como una enorme llaga roja en las llanuras que yacen entre la Escarpa Cariñosa y el océano Índico y que, de otro modo, serían verdes. La Refinería de Alúmina Pinjarra mezcla la bauxita bruta con una solución cáustica caliente para sintetizar químicamente y extraer óxido de aluminio (alúmina) del mineral.150 Durante el proceso de múltiples etapas, cuatro toneladas de bauxita se convierten en dos toneladas de polvo de alúmina blanca que eventualmente se funden para convertirse en una tonelada de aluminio. Millones de toneladas de residuos de vibrante color rojo descansan en vastos campos de contención que abarcan un área de casi 3 kilómetros por 3 kilómetros. Sin embargo, la alúmina, que tiene la misma estructura molecular que el zafiro, no es aluminio.
En son de broma, los comerciantes de metales llaman al aluminio "electricidad coagulada”. La fundición de aluminio típica tiene cientos de enormes recipientes, cada uno con cientos de miles de amperios de electricidad fluyendo en una mezcla de alúmina y fundente de criolita hirviendo a 1.800 °F. El costo de toda esa electricidad es tan alto que a los fabricantes de aluminio a menudo les resulta más barato transportar millones de toneladas de alúmina a fuentes donde la energía es más económica que fundir el aluminio cerca de la fuente de bauxita. Uno de los acuerdos a 50 años de Alcoa fue para campos de carbón en el sureste de Australia, cerca de Melbourne. Alcoa construyó la fundidora de Port Henry próxima a estas fuentes de energía de bajo costo. Esto incluyó una mina a cielo abierto de lignito cerca de la ciudad costera de Anglesea. A medida que el volumen de producción de aluminio de Alcoa crecía, la empresa construyó una planta de energía a carbón en el sitio de la mina de carbón Anglesea, que posteriormente proporcionó el 40 por ciento de la demanda de energía para la fundidora de Port Henry.
Además de la huella de Alcoa en las tierras alrededor de la mina de bauxita, de la refinería de alúmina y otras relacionadas con la producción de energía, como la de carbón Anglesea, la demanda de calor, energía y combustible de Alcoa libera millones de toneladas de gases de efecto invernadero y otros contaminantes en el aire. El carbón, y especialmente el lignito, deja una huella de carbono más alta que la mayoría de los combustibles fósiles. Además, el altísimo contenido de azufre del carbón de Anglesea convirtió a la planta de energía en el tercer emisor de azufre más grande de Australia.151
Más allá de los impactos de la energía y el transporte, Alcoa no puede evitar la emisión de gases de efecto invernadero. Incluso si la empresa cambia todas sus refinerías, fundidoras y transporte a fuentes neutras en carbono (incluidos, por ejemplo, hidroeléctricas, geotérmicas, biocombustibles o energía solar), la forja de aluminio aún libera más de 1,65 toneladas de dióxido de carbono por tonelada de aluminio, ya que el proceso electrolítico consume los grandes ánodos de carbono necesarios para conducir electricidad a la mezcla fundida de alúmina.152 Además, las reacciones químicas entre los ánodos de carbono y los compuestos de fluoruro en la criolita crean perfluorocarbonos (PFC). Aunque los datos de encuestas sugieren que muchas fundiciones producen solo una fracción de kilogramo de PFC por tonelada de alúmina, estos PFC particulares son 6.500 a 9.200 veces más potentes que el CO2 como gas de efecto invernadero.153 154
La otra cara de la moneda
“Ya que somos una industria de extracción, la sostenibilidad debe ser el eje y centro de la agenda”, dijo Kevin Anton, primer director de sostenibilidad de Alcoa.155 Esto se manifiesta en tres categorías de iniciativas en la empresa. Primero, Alcoa ha trabajado para mejorar su huella de carbono, su eficiencia energética, eficiencia del agua y emisiones de PFC. Cerca del 40 por ciento del costo del aluminio es electricidad consumida por la fundición.156
Entre 2005 y 2015, Alcoa mejoró su eficiencia de producción en 4.2 por ciento, ahorrando dinero y reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero de la empresa en un 25.9 por ciento.157 En 2011, la empresa ejecutó 650 iniciativas para reducir el consumo energético y las emisiones, llevando a un ahorro de costos de $100 millones, además de cumplir con sus objetivos de GEI. Las emisiones de PFC ocurren cuando la concentración de alúmina en un recipiente disminuye y la electro-química de la reacción pasa de hacer aluminio a reacciones perjudiciales entre el ánodo de carbono y los compuestos de fluoruro en la mezcla. Un mejor control del proceso del llamado efecto ánodo ayuda a Alcoa a ahorrar dinero y reducir sus emisiones. Todas estas actividades, que ahorran dinero y reducen el impacto ambiental, se conocen como iniciativas de eco-eficiencia.
Segundo, al alcanzar el hito de mil millones de toneladas métricas excavadas, el presidente de Alcoa Mining, Garret Dixon, dijo: "Estamos muy orgullosos de este logro y también de nuestro largo e internacionalmente reconocido programa de rehabilitación de tierras, una de las partes más críticas del proceso de minería que ve restaurados los ecosistemas de las selvas de Jarrah (un tipo de eucalipto) australiano".158 La cronología de la historia de la minería en Australia, publicada por Alcoa, recalca las décadas y evolución de los esfuerzos de la empresa, abarcando docenas de mitigaciones, logros y premios ambientales.159La empresa ha encontrado técnicas para preparar, reestructurar y sembrar los pozos mineros con el fin de mejorar la salud de los bosques recién replantados. Ha desarrollado un programa de sincronización estacional de nuevas actividades mineras y el cuidadoso traslado de las tierras superficiales que remueve (y las semillas nativas que contienen) de nuevos sitios de excavación a antiguos sitios con el fin de rehabilitarlos. Estas actividades, que mitigan el daño ambiental, pueden ser de ayuda en la prevención de ataques a manos de las ONG, el rechazo comunitario y restricciones regulatorias, ejemplos de lo que se conoce como iniciativas de gestión de eco-riegos.
Tercero, Alcoa destaca y comercializa los beneficios ambientales del uso del aluminio (que pesa un tercio del peso del acero) a sus clientes industriales. Por ejemplo, Alcoa vende varias aleaciones de aluminio a los fabricantes de vehículos como una alternativa ambientalmente superior al acero, ya que cada reducción del 10 por ciento en el peso del vehículo mejora la eficiencia del combustible en un 8 por ciento.160 La empresa también promociona el potencial de reciclaje del aluminio, que ayuda a disminuir los desechos al final de la vida útil del producto y, al mismo tiempo, amortiza el impacto ambiental de la producción primaria de Alcoa a lo largo de una vida útil más prolongada y de múltiples productos.161 Estas actividades, que se dirigen a segmentos de clientes “verdes”, se conocen como iniciativas de eco-segmentación.
Prioridades
Sin embargo, a pesar de todos los esfuerzos de Alcoa por mitigar el impacto ambiental, la empresa tiene que obtener ganancias suficientes y crecer para seguir siendo un negocio viable. Y debido a que el aluminio es una materia prima global, Alcoa debe continuar siendo competitiva en términos de costos, lo que significa el uso de energía más barata, como el lignito australiano, como parte de su estrategia. El mismo año (2010) que Alcoa reportó estatus de “luz verde” en sus esfuerzos por reducir las emisiones de CO2,162 la empresa firmó un acuerdo a largo plazo con un productor australiano para obtener electricidad a bajo costo a base de lignito, escandalizando a los ambientalistas. “Si las centrales eléctricas como Loy Yang siguen operando en 2036, todo habrá terminado para el ambiente”, dijo el director de campaña (y actual CEO) de la empresa Environment Victoria, Mark Wakeham.163 Al mismo tiempo, el presidente del consejo de Victoria, John Brumby, comentó que el acuerdo “Asegura empleos para los victorianos”.164 Esta declaración ejemplifica una de las profundas tensiones que enfrenta el movimiento ambientalista: La industria no solo proporciona bienes de los que dependen los consumidores, también genera empleos de los que dependen las comunidades.
En general, Alcoa se ve a sí mismo como uno de los “buenos” y cita muchos premios relacionados con la sostenibilidad, como su permanencia por 15 años consecutivos en el Dow Jones Sustainability Index (DJSI) de empresas reconocidas por su responsabilidad corporativa y sostenibilidad.165 La empresa respalda el Acuerdo sobre Cambio Climático de París166 y se contaba entre las 13 empresas reconocidas (incluidas Apple, Walmart, GM, Coca-Cola y UPS) que firmaron el compromiso climático del presidente Barack Obama de abordar los problemas ambientales en sus respectivas industrias.167 “Si el producto no existiera, tal vez no tendríamos el derecho de operar”, dijo Anton, de Alcoa. “Pero manufacturamos productos que hacen un mundo mejor y que nos ayudan a establecer nuestra licencia social para operar”.168
La carrera de obstáculos de los negocios
El ejemplo de Alcoa, al igual que otros presentados en este libro, demuestra que, para ser viables, las empresas deben superar tres obstáculos fundamentales. El primero es el mercado. Alcoa tiene que ser competitiva y atraer un volumen suficiente de ventas entre sus clientes objetivo. Esto significa ofrecer productos y servicios que los clientes querrían comprar, a un precio que estos clientes estén dispuestos a pagar, con una estructura de costos que permita a la empresa obtener ganancias suficientes.
El segundo obstáculo es la visible línea reglamentaria, definida como el límite claramente demarcado entre las acciones legales e ilegales en todas las geografías en las que Alcoa tiene proveedores, instalaciones o clientes. Para evitar la censura del gobierno, las empresas deben cumplir con cada una de las innumerables reglas y regulaciones que a menudo rigen todos los aspectos de sus negocios.
El tercer y no tan claro obstáculo es conservar su "licencia social para operar".169 En otras palabras, además de observar todas las leyes que existen por escrito en un lugar, las empresas deben adherirse a las normas sociales no escritas de las comunidades locales, aun cuando dichas normas no siempre son claras o bien definidas y se encuentran en constante cambio. Las protestas contra las operaciones actuales y el rechazo al establecimiento de nuevas instalaciones pueden provenir de comunidades, ONG y otros grupos activistas, y pueden generar impactos comerciales, como la pérdida de ventas, limitación a corto plazo del crecimiento, resoluciones de los inversionistas y regulaciones que podrían limitar las oportunidades de la empresa a largo plazo.
Ricitos de oro y los tres abordajes tolerables de la sostenibilidad
John Fojut, de Kohl's Corporation, descubrió que los proveedores de esta cadena minorista pertenecen a tres diferentes categorías de pensamiento sobre la sostenibilidad. “Consideran [la sostenibilidad] como parte de sus valores centrales, o lo ven como algo que les da una ventaja competitiva o simplemente lo ven como algo que deben cumplir”, indicó.170
Para las empresas con un núcleo de valores "verdes” como Seventh Generation, Patagonia o Dr. Bronner’s (ver capítulo 11), la sostenibilidad ambiental y el desempeño financiero se alinean de forma natural, porque sus clientes objetivo están dispuestos a pagar más por productos fabricados de manera responsable o incluso, en algunos casos, están dispuestos a aceptar productos de rendimiento inferior por apoyar la causa.
En contraste, para la mayoría de las empresas convencionales, esta estrategia puede ser “demasiado ecológica”, ya que se encuentran ante clientes con diferentes prioridades en el balance de costo y rendimiento del producto y los impactos ambientales; o tienen inversionistas que no están dispuestos a sacrificar el desempeño financiero por el bien del desempeño ambiental. Estas empresas deben determinar si deben o no adherirse a iniciativas medioambientales, sopesando los recursos y la atención general frente a otros factores que reclaman su atención (que incluyen, por ejemplo, innovación de producto, beneficios para los empleados, comercialización y expansión) y cómo hacerlo. Como resultado, la mayoría de estas empresas se enfoca en iniciativas ambientales que están alineadas con los objetivos de desempeño de sus accionistas, tales como incrementar ganancias, mitigar riesgos o ganar participación de mercado.
Sostenibilidad a escala
Las grandes empresas como Walmart, Unilever, Nike, IKEA, Toyota y Starbucks se enfrentan a importantes desafíos a la hora de implementar la sostenibilidad a gran escala. Walmart, por ejemplo, participa activamente en la promoción de prácticas de pesca sostenible. Un informe de la Universidad de Stanford predijo el colapso de las fuentes de pescado y mariscos silvestres para el año 2050 de no implementarse cambios en las prácticas pesqueras.171 En 2006, con el fin de garantizar la sostenibilidad de su cadena de abastecimiento de productos marinos, Walmart se comprometió a que, para el año 2011, sólo compraría mariscos certificados por el Consejo de Protección Marina (MSC por sus siglas en inglés). Sin embargo, Walmart pronto descubrió que su negocio de mariscos estimado en $750 millones anuales excedía ampliamente la capacidad global de los proveedores de mariscos con certificación del MSC. Aun así, la empresa no quiso restringir su volumen de ventas de productos marinos porque, de hacerlo, simplemente cedería participación de mercado a otros minoristas menos sostenibles, un resultado que no serviría ni a los intereses de Walmart ni a la industria pesquera.
La empresa transigió su objetivo trazado para el año 2011 y adquirió mariscos de pesqueras no pertenecientes a MSC. Al mismo tiempo, el minorista alentó a estos proveedores no certificados a participar en Proyectos de Mejora de la Industria Pesquera (FIP por sus siglas en inglés),172 con la intención de reducir la sobrepesca y orientar a esos proveedores hacia las pautas del MSC. Pero el progreso ha sido lento. Un estudio de Science encontró problemas en dos de cada tres FIP en el mundo en vías de desarrollo y, sin embargo, uno de los autores del estudio acotó: "No queremos que los minoristas den marcha atrás a sus compromisos: estos son pasos positivos".173
Walmart trabajó con The Sustainability Consortium (TSC por sus siglas en inglés) e invitó a otros importantes compradores de productos del mar, representantes de proveedores, grupos ambientalistas y académicos a establecer un grupo de ocho principios para los programas de certificación alternativa para productos marinos, conocidos como Gestión de Pesqueros Responsables (RFM por sus siglas en inglés).174 "Cuando la industria pesquera de Alaska quiso alejarse del MSC y acogerse al programa RFM, respetamos su derecho a tomar esa decisión, pero [ellos] aún deben respetar nuestra decisión de adquirir productos marinos de una manera sostenible", dijo Jeff Rice, director de sostenibilidad para Walmart. Estos debates entre pragmatismo e ideología habrían deleitado a Voltaire, el filósofo francés, quien citó el proverbio italiano il meglio è l'inimico del bene: "Lo perfecto es enemigo de lo bueno".
El Santo Grial: mayor crecimiento económico, menor impacto ambiental
Paul Polman, CEO de Unilever, prometió lo siguiente: "Nuestro nuevo modelo de negocios desacoplará el crecimiento del impacto ambiental. Duplicaremos nuestro tamaño, pero reduciremos nuestro efecto general en el medio ambiente. Los consumidores lo piden, pero los gobiernos son incapaces de hacerlo. Es necesario para la sociedad y da brío a nuestra gente, reduce los costos y aumenta la innovación".175 Mientras que las simples mejoras de eficiencia exigen un menor consumo de recursos y menos emisiones por unidad de producto o por dólar de ventas, el verdadero crecimiento sostenible requiere una reducción absoluta de los impactos al medio ambiente en todos los procesos y cartera de productos de la empresa mientras esta crece.
El doble papel que juegan las cadenas de abastecimiento de las empresas en crear crecimiento económico (incluido el empleo) e impacto ambiental pone de manifiesto una falacia de la lucha de "ganancias versus planeta" que promueven los activistas ambientales. La narrativa de los ambientalistas ignora el papel de las empresas y sus cadenas de abastecimiento tanto en el empleo de personas como en brindar una mejor calidad de vida a la humanidad, especialmente a los miles de millones de personas que aún no gozan de la abundancia que la industria moderna puede ofrecer.
Durante los esfuerzos de Walmart para comprar mariscos más sostenibles, Greenpeace afirmó que Walmart no hacía lo suficiente,176 mientras que los pescadores de Alaska y funcionarios estatales se quejaron de que Walmart les exigía demasiado.177 Por lo tanto, el conflicto real no es "ganancias versus planeta" sino más bien "(Algunas) personas versus (otras) personas". Ahí radica el desafío. Incluso las empresas más responsables con el medio ambiente deben gestionar sus cadenas de abastecimiento para satisfacer una creciente demanda y proporcionar puestos de trabajo en el proceso. Los siguientes capítulos examinan cómo las empresas han abordado las muchas prioridades opuestas que defienden sus accionistas, empleados, clientes y comunidades de forma que puedan crear un balance entre la sostenibilidad ambiental y un crecimiento rentable. Algunas iniciativas ambientales se llevan a cabo porque se alinean con los objetivos económicos de la empresa. Por lo tanto, las iniciativas eco-eficientes, es decir, aquellas que reducen costos, se emprenden cuando su rendimiento financiero supera la tasa-obstáculo de la empresa. Las iniciativas de eco-riesgo —aquellas que reducen el riesgo de ataques comunitarios, regulatorios, mediáticos o de ONG— pueden justificarse de la misma forma en que se justifican otros costos administrativos de riesgo y seguros. Finalmente, la eco-segmentación —las iniciativas que ofrecen nuevos productos ecológicos a los segmentos de mercado dispuestos a pagar por ellos— se justifican como oportunidades de crecimiento o como opciones reales para garantizar que la empresa no se vea afectada por futuros cambios a la demanda o nuevas regulaciones.
Algunas empresas relativamente pequeñas, por lo general privadas, van más allá de estas consideraciones y se dedican a la sostenibilidad ambiental, vendiendo a un segmento del mercado dispuesto a pagar un precio más alto o incluso sacrificar calidad para comprar un producto sostenible. Este libro describe varias de estas organizaciones , ya que pueden ofrecer información valiosa sobre las prácticas futuras de las principales empresas, si ese futuro trae consigo regulaciones más estrictas o cambios en las preferencias de los clientes.
A lo largo de este libro se analizan los desafíos comerciales creados por las presiones ambientales en una era de crecientes presiones económicas enraizadas tanto en la competencia como en la incertidumbre. Las empresas necesitan formas de evaluar, seleccionar y gestionar inversiones a largo plazo en sostenibilidad, a la vez que administran sus oportunidades de crecimiento y sus desafíos a corto plazo como la compresión de márgenes, el estancamiento de ingresos, la impredecibilidad política e innumerables presiones comerciales inmediatas.
2
La estructura de las cadenas de abastecimiento
El ataque de Greenpeace contra Nestlé por el uso de aceite de palma en las barras de chocolate KitKat resalta una característica casi universal de las empresas modernas: la gran dependencia de las empresas en una larga cadena de abastecimiento que contiene redes extensas de proveedores de materias primas, ingredientes refinados, partes y subconjuntos. El término cadena de abastecimiento se refiere a una cadena figurativa y lineal de empresas que extraen materias primas, las refinan, fabrican y ensamblan en productos terminados que entregan a los clientes o distribuyen a minoristas llegando eventualmente a los hogares de los consumidores. También incluye una amplia gama de intermediarios y proveedores de servicios que trasladan y almacenan el material, además de administrar el dinero e información que ello involucra.
En el caso de Nestlé, la empresa compra aceite de palma a un distribuidor, que a su vez lo compra a un refinador. Este a su vez adquiere aceite de palma crudo de un molino, el cual se abastece de fruta de palma a un intermediario, el cual a su vez la compra a una plantación. Las plantaciones que, potencialmente, podrían crear impactos ambientales se encuentran en las profundidades de las cadenas de abastecimiento del aceite de palma.
La imagen de una nítida cadena de empresas es una burda sobresimplificación de lo que ocurre en la realidad. Las cadenas de abastecimiento son en realidad redes que se ramifican en muchas direcciones e incluyen los muchos proveedores principales de cualquier ingrediente dado y los muchos clientes posteriores que dependen de ese mismo ingrediente. Por ejemplo, 40 por ciento del aceite de palma en Indonesia proviene de pequeñas granjas.1 Cientos de miles de productores de fruta de palma de todos los tamaños envían camiones de fruta de palma a molinos de aceite de palma que extraen tanto el aceite rojo de palma como el aceite amarillo de la semilla de palma. Luego, las refinerías de aceite de palma eliminan las impurezas (desgomado, blanqueado y deodorización) y separa los diferentes componentes de ácidos grasos presentes en el aceite crudo para su uso en diversas aplicaciones. La Asociación de Refinadores de Aceite de Palma de Malasia define 14 diferentes productos estándares derivados del aceite de palma.2 Los diversos productos refinados del aceite de palma luego van a los fabricantes de ingredientes que producen aceites y grasas comestibles, aceites saponificados para jabón, aceites esterificados para biodiesel y docenas de otros productos derivados.
En cada etapa, los intermediarios pueden agregar y combinar diferentes fuentes de abastecimiento, acumular inventarios a la espera de compradores, vender porciones de sus inventarios o transportar cantidades a granel a puntos remotos de demanda. El aceite entrante se deposita en enormes tanques a granel, mezclándose con el aceite de lotes anteriores antes de ser despachado al siguiente nivel de la cadena de abastecimiento. En cada etapa, la ubicación de la plantación original de aceite de palma se vuelve cada vez menos localizable, ya que se mezclan aceites que provienen de múltiples plantaciones. Para cuando el aceite de palma llega a Nestlé, casi cualquiera plantación de aceite de palma en el mundo puede haber contribuido a ese lote en particular. La complejidad de la cadena de abastecimiento del aceite de palma fue una de las razones clave por las que Nestlé tuvo problemas para responder de manera efectiva al ataque de Greenpeace.
Aparte de ello, tan solo el producto KitKat enumera 15 ingredientes en su etiqueta,3 lo que significa que Nestlé tiene muchas y muy distintas cadenas de abastecimiento que suministran chocolate, harina de trigo, leche y subproductos lácteos, mantecas vegetales y otros ingredientes menores. Además, la grasa vegetal contenida en una barra KitKat puede incluir cualquiera de los siete tipos diferentes de grasa: semilla de palma, fruta de palma, carité, illipe, semilla de mango, kokum gurgi o sal. Incluso las envolturas de plástico y las cajas de cartón utilizadas para envasar el snack provienen de las respectivas cadenas de abastecimiento que se remontan a los pozos de petróleo y los bosques.
Casi todos los productos tienen una compleja red interconectada de proveedores que abarca a los mineros, productores, proveedores, plantas de fabricación, transporte, almacenes, distribución, minoristas y la gran cantidad de empresas de apoyo involucradas en el diseño, adquisición, fabricación, almacenamiento, envío, venta, seguimiento, pagos, aduanas y servicio de bienes. Muchas otras materias primas (por ejemplo, combustibles fósiles, productos de madera, minerales de conflicto, fibras naturales, granos, té, café y cacao) se agregan de muchas fuentes a medida que se compran, procesan y venden en los mercados mundiales. En el caso de los fabricantes de jabón, la cadena de abastecimiento es aún más opaca. El lauril sulfato de sodio, ingrediente de limpieza de uso común en jabones, champú y pasta de dientes, puede ser fabricado con aceite de semilla de palma, aceite de coco, petróleo u otra gran variedad de aceites.4 De esta forma, los compradores de estos y otros ingredientes similares pueden desconocer si el ingrediente fue fabricado con el muy polémico aceite de palma, el no tan polémico aceite de coco, con petróleo y su gigante huella de carbono, o un aceite completamente distinto.
A pesar de la simplificación extrema, la noción de una cadena de abastecimiento ayuda a los negocios a pensar en dos formas acerca de la administración y sostenibilidad. La primera, refleja la progresión general de materia prima a producto terminado, lo que ocurre con huellas e impacto ambiental acumulativos a lo largo de la cadena, ya que hay mayor manipulación de las materias primas, por más personas y en más lugares. Segundo, recalca la idea de que los proveedores son una fuente de materiales y piezas para los fabricantes que manufacturan productos y los entregan a sus clientes. A ese nivel, la red es similar a una cadena en que los proveedores pueden tener a su vez más proveedores hacia arriba de la cadena de abastecimiento y los clientes pueden tener más clientes, más clientes hacia abajo de la cadena de abastecimiento. (La perspectiva de proveedores “aguas arriba de la cadena” y clientes “aguas abajo de la cadena” yace en la dirección, casi como la corriente de un río, en que fluyen materias primas, piezas y mercancías.) Cada uno de estos niveles de empresas dentro de la cadena de abastecimiento contribuye al total del impacto ambiental del producto o servicio que se entrega al consumidor final.
Para ayudar a las firmas a diseñar sus procesos internos de negocio a lo largo y ancho de diferentes productos, geografías y redes, el Consejo de Cadenas de Abastecimiento (SCC por sus siglas en inglés) desarrolló el modelo de Referencia Operativa de Cadenas de Abastecimiento (SCOR por sus siglas en inglés). El modelo, en su 11a. versión en 2013, clasifica actividades dentro de cada cadena de abastecimiento en uno de seis procesos de alto nivel (o “nivel-1”): Planear, Abastecer, Hacer, Entregar, Devolver, Facilitar.5 6
Planear y Facilitar cubren todas las tareas de la administración de negocios y los otros cuatro procesos de alto nivel. Abastecer se refiere al proceso de adquirir los materiales y piezas aguas arriba de la cadena de abastecimiento que van a crear un producto terminado. Hacer es el proceso de manufactura de convertir los materiales adquiridos en productos terminados. Entregar cubre las actividades aguas abajo de la cadena de abastecimiento como almacenaje, distribución y transporte para despachar las órdenes de los clientes. Devolver incluye los procesos de gestión de productos defectuosos, reparaciones y productos no deseados.
Hacer un producto, tener impacto
Mucho del impacto ambiental de cualquier producto depende tanto de los materiales de los que está hecho y de cómo está hecho. El proceso de “Hacer” es el paso en que los componentes que constituyen un producto se transforman en productos terminados por medio de una serie de operaciones de manufactura.
Explotando el BOM
Imagine una turbina eólica pequeña, de juguete, la versión infantil de las gigantes turbinas eólicas que fabrica la empresa Siemens, que hoy en día parecen brotar en los paisajes de muchos países. El primer paso para entender el impacto de hacer este juguete es analizar su Lista de Materiales (Bill of Materials, BOM), que enumera todos los componentes y las cantidades requeridas de estos para fabricar una unidad de producto. El BOM también incluye información sobre cómo se relacionan los componentes entre sí, en términos de componentes y subcomponentes. La figura 2.1 ilustra un mapa de proceso de 15 pasos con los 15 componentes enumerados en el BOM del juguete y sus respectivos procesos de manufactura, necesarios para fabricar el juguete. Cada componente enumerado en el BOM se produce utilizando materiales, energía y agua; el proceso también puede involucrar desechos y emisiones, generando así un impacto ambiental. Los propios procesos de manufactura con los que la empresa fabrica y ensambla los componentes para hacer un producto terminado son parte del impacto total acumulado a lo largo de la cadena de abastecimiento.
FIGURA 2.1 Turbina eólica de juguete y su Lista de Materiales (BOM)

Esta turbina eólica de juguete tiene tres componentes principales: Los componentes de las aspas, los componentes de la góndola (la porción superior que conecta la torre con las aspas) y los componentes de la torre. Los trabajadores empiezan manufacturando las tres aspas de madera (Parte 1), que primero cortan en el tamaño adecuado (Proceso 1) y luego dan forma (Proceso 2) usando moldes (Parte 2). Dan forma al buje del motor (Parte 3) y combinan el buje, aspas y el eje (Parte 4) para completar el ensamble de la hélice. Un segundo grupo de trabajadores arma el componente de la góndola formando la caja de cambios plástica (Parte 5), taladran los hoyos de montaje en el generador (Parte 6) y acoplan las piezas. Luego unen el componente de aspas y góndola (Parte 7) para crear el componente total de la carcasa (Parte 8).
Mientras tanto, un tercer grupo de trabajadores construye una diminuta torre para el juguete cortando placas de acero (Parte 9), soldándolas a la torre (Parte 10) y aplicando una capa de pintura metálica (Parte 11). Sueldan la carcasa superior al extremo superior de la torre para terminar el juguete (Parte 12). Por último, utilizan tres tornillos (Parte 14) para sujetar el juguete a su base (Parte 13). Una última capa de pintura protectora (Parte 15) da toque final al juguete terminado cuya calidad verificarán los inspectores.
Materiales indirectos y sus impactos
En teoría, el BOM enumera todas las piezas y materiales comprados a los proveedores o elaborados dentro de la fábrica que van al producto final. Sin embargo, los BOM omiten muchos de los materiales consumibles que se consumen o manipulan durante el proceso de manufactura de un producto. Estos materiales indirectos incluyen una gama de insumos de manufactura tales como lubricantes, solventes, limpiadores, filtros y otros materiales que yacen en la oscuridad del armario de la fábrica y que se utilizan en la manufactura de productos, incluso si los productos no se fabrican de esos insumos.
Desde una perspectiva ambiental, las dos grandes categorías de materiales no enumeradas en un BOM son energía y agua. Los procesos de fabricación consumen electricidad en la operación de maquinarias, iluminación, calefacción y refrigeración. Algunos procesos consumen combustible, como el gas de acetileno utilizado para cortar con sopletes las piezas de la torre de la turbina, gas natural para generar agua caliente o propano para operar los montacargas de la fábrica. La fábrica podría utilizar muchos galones de agua para lavar las piezas, tratarlas químicamente o enfriar los procesos industriales.
De esta forma, el BOM sólo brinda una instancia parcial para calcular el impacto ambiental de la fabricación. A pesar de que especifica de forma implícita una unidad del producto terminado, no documenta otros productos que resultan de la fabricación. Cada ítem del BOM, al igual que los materiales indirectos, puede implicar la emisión de gases de efecto invernadero (GEI), aguas residuales y otros derivados. Algunos pasos del proceso de fabricación, tales como pintar y adherir, pueden emitir vapores tóxicos o que contribuyen a la contaminación del aire.
¿Lo hiciste desde cero?
En la década de 1920, la planta River Rouge, de Ford, era famosa por poseer y administrar la producción automotriz en su totalidad. Por un extremo de las enormes instalaciones de la fábrica entraban las materias primas, extraídas directamente de la tierra, y por el otro, salían automóviles terminados. La empresa era propietaria de minas de hierro, canteras de piedra caliza, minas de carbón, plantaciones de caucho y bosques. Ford poseía una flota de barcazas y un ferrocarril para transportar materiales de sus minas hacia su planta. La empresa traía su mineral de hierro, piedra caliza y carbón a River Rouge para fundirlas en su propio hierro y acero. Ford trajo arena para fabricar vidrio y caucho para fabricar los neumáticos. Incluso, Ford tuvo su propia planta eléctrica in situ para abastecer de energía a su fábrica y a sus 100.000 trabajadores. La estrategia de Ford en la década de 1920 se conoce como integración vertical, en la que una empresa se esfuerza por poseer muchas o todas las fases de producción (y a veces la logística y otros servicios) a través de su cadena de abastecimiento. De haber sido el ambiente una consideración de peso en la era de River Rouge, Ford hubiese podido documentar los impactos de todo su proceso, incluyendo las 5.500 toneladas de carbón que quemaba a diario, o los 538 millones de galones de agua que utilizaba a diario.7 8 9
Lo opuesto a la integración vertical es la tercerización, el uso de proveedores externos para abastecerse de piezas y servicios, incluso aquellas que la empresa produjo en algún momento y que tiene los recursos para obtener y sabe cómo fabricarlas. A pesar de que el objetivo planteado por Ford para River Rouge era la autosuficiencia, la fábrica todavía dependía en no menos de 6.000 proveedores externos para muchos de los materiales especializados, componentes e insumos.10 A veces Ford recurría a la tercerización con el fin de aumentar su propia capacidad de producción. Por ejemplo, Ford fue pionera en el uso de semillas de soja para la fabricación de productos industriales: Para 1935, 60 libras de semillas de soja iban a la pintura y plástico de las molduras de cada auto de la marca Ford. Eventualmente, la empresa llegó a poseer 60.000 acres de sembradíos de semilla de soja, pero estos sembradíos solo ofrecían una fracción de todas las semillas de soja requeridas. Así, Ford compró el granel de esta materia prima a productores externos.11
Décadas más tarde, Ford se alejó de la integración vertical, tercerizando cada vez más la producción de materias primas y componentes intermedios a proveedores externos. La mayor razón para tercerizar es obtener los componentes y materiales más competitivos posibles de proveedores especializados, con economías de escala y conocimiento especializado de sus respectivas industrias. Por ejemplo, los fabricantes de automóviles derivaron sus divisiones de manufactura de componentes internos, como Ford Visteon y GM Delphi, con la intención de hacerlas más competitivas y tener mejor escala en caso de ser expuestos a las fuerzas del mercado, vendiendo piezas a otras empresas.
Al albor del siglo XXI, la tercerización se ha convertido en la norma, ya que la mayoría de las empresas están enfocadas en sus “competencias centrales” y tercerizan otras funciones. Aun así, algunas empresas tercerizan menos que otras. Por ejemplo, Samsung fabrica muchas de las piezas, tales como procesadores, chips de memorias, chips de cámaras y pantallas,12que se utilizan en los televisores, teléfonos celulares y productos computarizados que ensambla. Cisco, en contraste, no fabrica ninguna de las piezas que conforman sus productos. De hecho, Cisco, al igual que muchas otras firmas de tecnología como Apple y Microsoft, además de empresas de ropa como Christian Dior y Nike, tercerizan virtualmente el 100 por ciento de su manufactura y luego compran los productos terminados en su empaque para venta al detal a los contratistas fabricantes. Estas empresas altamente tercerizadas típicamente solo manejan el diseño, mercadeo, ventas y gestión de la cadena de abastecimiento de sus productos.
La tercerización brinda la ventaja de mayor flexibilidad en la selección de proveedores para satisfacer los siempre cambiantes requisitos de volumen y tecnología, pero también trae consigo una desventaja, que las empresas tienen menor visibilidad y menos control de los procesos que emprenden esos proveedores (y, a su vez, los proveedores del proveedor). Los impactos ambientales de la manufactura tercerizada yacen en manos de los proveedores.
El criterio tradicional que utiliza la mayoría de las empresas al escoger sus proveedores incluye: (i) la calidad de la pieza, materiales o servicios y el compromiso de innovación del proveedor; (ii) el precio completo (“aterrizado”) de los ítems o servicios; (iii) la capacidad del proveedor de brindar el volumen requerido por la empresa; y (iv) el tiempo de entrega de la orden y la capacidad de respuesta del proveedor.
Como se demuestra en el capítulo 1, sin embargo, las deficientes prácticas ambientales de un proveedor pueden tener un impacto negativo en la empresa. Consecuentemente, las empresas han empezado a evaluar las prácticas ambientales de los proveedores o prohibir ciertas prácticas (ver el capítulo 5). Aun así, la gestión de los impactos ambientales de los proveedores puede ser complicado, ya que los proveedores, a su vez, tienen sus propios proveedores y esos a su vez los suyos, y así sucesivamente aguas arriba de la cadena de abastecimiento. En muchos casos, y no solo para las marcas de alta tecnología, la parte más significativa de los impactos ambientales sucede en las profundidades de la cadena de abastecimiento en las minas, granjas y yacimientos de petróleo que producen las materias primas.
Considere la fuente
A menos que el fabricante de turbinas eólicas de juguete esté verticalmente integrado, cada componente del juguete habrá venido de uno o más proveedores con sus respectivos impactos ambientales. Por ejemplo, la madera para las aspas puede provenir de un bosque sostenible o de la tala ilegal de bosques ancestrales. El acero de la torre puede ser reciclado (bajo impacto) o acero virgen hecho de mineral hierro (alto impacto). Según estos proveedores realizan sus propios procesos de abastecimiento, manufactura y entrega de sus componentes, incurren en impactos ambientales que se acumulan hasta llegar al producto terminado. Algunos proveedores pueden encontrarse en regiones que dependen de generadores a carbón mientras otros dependen de energía hidroeléctrica, afectado así la huella de carbono de la electricidad que utiliza dicho proveedor. La ubicación física de los proveedores también podría afectar los patrones de uso de las tierras, disponibilidad de agua y regímenes legales.
Redes de varios niveles de proveedores
En contraste con la sencilla turbina eólica de juguete y sus 15 componentes, una turbina eólica de tamaño completo, de la marca Siemens AG, contiene más de 8.000 piezas13 que provienen de fabricantes que operan en por lo menos seis industrias diferentes en 177 países.14 La sola construcción de las aspas de las turbinas Siemens requiere de 50 a 60 proveedores y cuatro a cinco pasos principales.15 La manufactura de turbinas eólicas depende de cadenas de abastecimiento que entregan una amplia gama de metales, polímeros y otros materiales, además de componentes electromecánicos, eléctricos, semiconductores y otros tipos de piezas. Las turbinas incluso contienen productos agrícolas: el ligero centro de cada una de las masivas aspas está hecho de madera de balsa crecida en plantaciones.
Los 400 proveedores que transportan partes directamente a la división de turbinas de Siemens se conocen como proveedores de Nivel 1. Siemens selecciona todos sus proveedores de Nivel 1 y negocia contratos con ellos. Estos contratos formalizan las especificaciones de los componentes, términos de entrega, facturación y términos de pago, multas, provisiones de propiedad intelectual, obligaciones de documentación y reporte, códigos de conducta, entre otros.
Los proveedores de Nivel 1 son, por lo general, organizaciones de gran o mediano tamaño. Por ejemplo, uno de los proveedores de Nivel 1 de Siemens es Weidmüller, una empresa de 160 años que produce y vende cerca de €630 millones de euros anuales en componentes eléctricos y electrónicos.16 Weidmüller, por sí solo, entrega más de tres billones de piezas cada año a sus 24.000 clientes, incluyendo Siemens. El proveedor opera siete plantas de producción con 4.600 empleados alrededor del mundo.17
Cada una de las piezas de Weidmüller también tiene su propio BOM. Al igual que Siemens, Weidmüller también tiene una red de proveedores de Nivel 1, con contratos que indican las especificaciones de producto y calidad, términos de pago, propiedad intelectual y códigos de conducta. Los proveedores de Nivel 1 de Weidmüller se nombran como proveedores de Nivel 2 de Siemens, indicando la gran distancia comercial entre los proveedores directos de Siemens y Weidmüller. En el caso de las turbinas eólicas de Siemens, los 400 proveedores de Nivel 1 tienen 3.000 proveedores que son de Nivel 2 para Siemens.18 Los proveedores directos de los proveedores de Nivel 2 de Siemens son los proveedores Nivel 3 de Siemens. Para los productos tan complejos como las turbinas eólicas de Siemens, puede haber proveedores de Nivel 4, Nivel 5, Nivel 6 e incluso más, antes de llegar al nivel de las materias primas que se extraen de minas, yacimientos de petróleo, granjas y océanos. Según la distancia de la cadena de abastecimiento, que se extiende desde el fabricante original de los equipos hasta los niveles de proveedores más profundos, las empresas típicamente ni siquiera conocen la identidad de esos proveedores a mayor nivel de profundidad o los países de origen de las materias primas.
Más allá, Siemens también produce muchos otros productos que van desde la automatización de fábricas, tecnología de construcción y equipos médicos hasta productos de consumo. En total, la empresa emplea a 370.000 individuos y realiza negocios en 190 países alrededor del mundo.19 Sus múltiples cadenas de abastecimiento a lo largo de todos sus productos abarcan más de 90.000 proveedores de Nivel 1 y un sinnúmero de proveedores de niveles profundos.20
Según las empresas, su oferta de productos y BOM crecen en tamaño y complejidad, no es poco común que un proveedor sea de Nivel 1 y Nivel 2 para el mismo fabricante, a veces sin que ni uno ni otro lo sepa. Además, las grandes empresas en una misma industria a menudo se compran y venden unas a otras, haciendo las veces de proveedores y clientes los unos para los otros. Por ejemplo, Siemens puede comprar productos industriales a un proveedor cuya fábrica utiliza producto de automatización de fábricas de Siemens. Estas relaciones ocultas en los niveles más profundos de la cadena de abastecimiento usualmente no causan problemas, hasta que sucede un desastre.
Llanto en lo profundo
El 24 de abril de 2013, los medios noticiosos se vieron saturados de imágenes de horror mientras 1.100 cuerpos eran extraídos de los escombros del colapso de una maquila en Rana Plaza, Bangladesh.21 Muhammad Yunus, bangladesí ganador del Premio Nobel, escribió que el desastre era “un símbolo de nuestro fallo como nación”.22 Rana Plaza no fue un incidente aislado. Seis meses antes del desastre, un incendio en otra maquila, propiedad de Tazreen Fashions, mató a 112 trabajadores.23 Estas catástrofes en Bangladesh dan un rostro humano trágico a las deplorables condiciones que existen en las profundidades de las cadenas de abastecimiento tercerizadas de algunas empresas.
A la par de la macabra búsqueda de los cuerpos sepultados bajo los escombros de Rana Plaza, se buscaban las empresas occidentales detrás de las órdenes de ropa fabricadas en la maquila destruida en el derrumbe. La mayoría de las empresas negó utilizar proveedores que operasen en instalaciones de estructura insegura, estructuralmente comprometidas y en que los trabajadores eran forzados a laborar, a pesar de haber aparecido grandes fisuras en las paredes el día anterior. Pese a esas negaciones, los rescatistas encontraron, entre los escombros, prendas de vestir encargadas por grandes cadenas minoristas como J.C. Penney y Walmart.
J.C. Penney, por su parte, declaró que la empresa no tenía relación directa con ninguno de los inquilinos del edificio. Sin embargo, Daphne Ávila, vocera de J.C. Penney, admitió que la empresa no “tenía visibilidad de los proveedores de sus marcas nacionales asociadas”, y que ese problema le prevenía en cuanto a saber más acerca de dónde se fabricaban las prendas de vestir. “Esto es algo en lo que estamos trabajando actualmente”, añadió.24
En contraste, Walmart creía tener visibilidad y control de su cadena de abastecimiento. Walmart había terminado su relación con el proveedor canadiense de jeans Fame Jeans luego de descubrir evidencia de que el proveedor había encargado pantalones a una de las maquilas de Rana Plaza en 2012, en violación de las políticas de Walmart. Un vocero de Walmart indicó que “Este proveedor, Fame Jeans, nos había dicho que no había producción previa en Rana Plaza... nuestros proveedores tienen la obligación de revelar todas las fábricas que producen mercancías Walmart”.25De igual forma, en el caso del incendio en la fábrica Tazreen, Walmart había prohibido la inclusión de Tazreen Fashions en su lista de proveedores autorizados luego que auditores contratados por Walmart inspeccionaron la fábrica y declararon a Tazreen como “de alto riesgo”.26 Sin embargo, uno de los otros proveedores autorizados de Walmart sub-contrató a otro proveedor autorizado y ese subcontratista a su vez pasó trabajo a Tazreen.27Walmart terminó su relación con ese otro proveedor también.
En última instancia, las empresas de marcas como Benetton, Mango, Bonmarché, Primark, The Children’s Place, entre otras, admitieron su actual o pasado uso de proveedores que operaban en el edificio colapsado.28Tampoco la seguridad de los trabajadores fue la única preocupación social en Bangladesh. Al enterarse de que el salario mínimo en Bangladesh era $40 al mes, el papa Francisco dijo: “Esto se llama mano de obra esclava”.29
Ingredientes para un desastre
A mediados de 2007, luego de que otro fabricante de juguetes retirara sus productos del mercado, los agentes reguladores celebraron el control de proveedores de Mattel Inc. “Hay empresas que cumplen con sus obligaciones tanto con el gobierno como con consumidores, y esta es una de ellas”, dijo la vocera de la Comisión de Seguridad de Productos de Consumo del gobierno de los EE.UU., Julie Vallese, refiriéndose a Mattel.30Pero incluso si la empresa adopta medidas para controlar a sus proveedores de niveles profundos, las cadenas de abastecimiento son de naturaleza dinámica, poniendo en riesgo el factor de cumplimento.
A principios de julio de 2007, las pruebas realizadas por un minorista europeo revelaron la existencia de niveles prohibidos de plomo en la pintura y revestimientos de algunos juguetes de la marca Mattel. Esta inmediatamente paró la producción de juguetes, investigó la causa, confirmó el problema y anunció que retiraría del mercado cerca de un millón de juguetes de 83 variedades a principios de agosto de 2007.31 Pruebas posteriores encontraron otros juguetes contaminados con plomo, lo que forzó a Mattel a retirar del mercado otro millón de juguetes en el otoño de ese año.32 La empresa también pagó una multa de $2.3 millones por violar las prohibiciones federales de pintura a base de plomo.33 De mayor importancia, el incidente manchó la marca a ojos de los consumidores y los medios de comunicación, causando una caída de 25 por ciento del valor de sus acciones durante la peor parte del retiro del mercado.34
La falla ocurrió en las profundidades de la cadena de abastecimiento de Mattel. Un viejo proveedor de pintura de la empresa encargada del contrato de manufactura en China se quedó corto al no poder dotar los colorantes que se utilizan en la pintura; sin embargo, encontró rápidamente un proveedor de emergencia vía Internet y utilizó esa fuente no autorizada con base en certificaciones fraudulentas de que el colorante era libre de plomo. El proveedor de pintura no sometió a pruebas los nuevos colorantes, ya que realizar las pruebas habría atrasado la producción. Los trabajadores, sin embargo, notaron que la nueva pintura olía distinta a la fórmula original.35 “Esta es una planta proveedora con la que hemos trabajado por 15 años; no es alguien que acaba de empezar a fabricar juguetes para nosotros”, dijo en una entrevista Robert A. Eckert, CEO de Mattel. “Entienden nuestras regulaciones, nuestro programa y algo salió mal. Eso duele”.36
De cómo unas papas tóxicas dañaron la leche
La estructura profunda e interconectada de las cadenas de abastecimiento pueden llevar a incidentes de contaminación diseminada. En octubre de 2004, una prueba rutinaria aplicada a leche extraída en una granja holandesa reveló altos niveles de dioxina, un peligroso químico de estricta regulación. La dioxina es considerada de tal toxicidad que un solo gramo es suficiente para contaminar 14 millones de litros de leche por encima de los límites de seguridad establecidos por la Unión Europea.37
Inicialmente, las autoridades sospecharon de un horno fallido. Un incendio puede ser causante de estas sustancias, pero una investigación posterior finalmente reveló la causa correcta y distante: el alimento del ganado.38 Específicamente, la investigación reveló que, en agosto de 2004, la planta de procesamiento de papas de McCain Food Limited, en Holanda, había recibido un cargamento de arcilla marga proveniente de una mina de arcilla en Alemania. Ni la empresa de arcilla ni la de procesamiento de papas sabían que la arcilla estaba contaminada con dioxina, lo que a menudo sucede de forma natural en algunos tipos de arcilla. La planta de McCain aguó la arcilla para separar las papas de baja calidad (que flotan en mezcla de arcilla) de aquellas de alta calidad. Irónicamente, la razón por la que McCain empezó a usar arcilla en la separación de papas fue la prohibición del proceso anterior, en el cual se utilizaba agua salada, por razones ambientales.39 Afortunadamente, la dioxina no contaminó las papas procesadas, que luego se utilizaron para fabricar papas fritas y otros abrebocas. Desafortunadamente, la dioxina sí contaminó las cáscaras de las papas, que luego fueron procesadas como alimento para ganado.
Si la mayoría de las empresas tienen muchos proveedores, la mayoría de los proveedores también tienen muchos clientes. Con muy buena suerte, la reglamentación de trazabilidad en alimentos de la Unión Europea incluye una provisión de “dos pasos hacia adelante y uno hacia atrás” para todas las empresas de alimentos para consumo humano y alimento para animales.40 Las autoridades rastrearon las cáscaras contaminadas destinadas a varios procesadores de alimentos para animales en Holanda, Bélgica, Francia y Alemania, y luego rastrearon el alimento contaminado cuyas destinatarias eran más de 200 granjas.41 La rápida detección y rastreo en ambas direcciones previno que la leche contaminada con dioxina llegara a los consumidores.42 Aun así, detectar la contaminación post facto era pobre consuelo para los granjeros, quienes se vieron forzados a botar la leche y sacrificar animales.
La ubicación es todo
Muchas de las materias primas agrícolas como el aceite de palma, banano, café y cacao solo crecen bajo condiciones específicas en un limitado número de países. Otras materias primas agrícolas (ej., granos, semilla de soja, algodón, ganado y madera) tienen un rango geográfico más amplio, pero todavía dependen de un suministro adecuado de agua y fertilizantes locales. De igual forma, muchos minerales de importancia económica, como las tierras raras, los metales del grupo de platino, tántalo y grafito solo se encuentran en un limitado número de lugares.43 Muchas de estas regiones enfrentan grandes tensiones sociales y económicas entre preservar tierras por su vida silvestre y biodiversidad, por un lado, o desarrollar la tierra para la producción, como por ejemplo agricultura o minería, por el otro. De esta forma, el punto inicial de muchas cadenas de abastecimiento, los productores de materias primas, tienen un fuerte amarre con la geografía.
En contraste, los negocios aguas abajo de la cadena de abastecimiento tienen mayor libertad de escoger la ubicación geográfica de sus operaciones de manufactura y distribución. Las empresas pueden optar por ubicar sus instalaciones de producción cerca de fuentes de materia prima (ej., una fundidora cerca de una mina); cerca de fuentes de mano de obra (ej., regiones de bajo costo o de alta destreza); cerca de centros de demanda (ej., grandes centros de población); en una locación de conglomerado industrial (cercana de fabricantes similares); o en una ubicación influenciada por el gobierno (ej., por asuntos de incentivos y regulaciones). A pesar de que las empresas toman estas decisiones ya sea por razones económicas (ej., costos de tierra, mano de obra, materiales locales y transporte) o por razones estratégicas (ej., para la apertura de nuevos mercados o crear economías de escala), las decisiones también tienen efectos ambientales.
Los países varían grandemente en su nivel de compromiso con la protección del ambiente, lo que puede repercutir de forma favorable o desfavorable en empresas con operaciones o proveedores en dichas naciones. El Índice de Rendimiento Ambiental44 es una medida independiente de la sostenibilidad ambiental a nivel de país. Fue creada por el Centro de Leyes y Políticas Ambientales de la Universidad de Yale y el Centro para la Red Internacional de Información Científica Terrestre de la Universidad de Columbia, en colaboración con el Foro Económico Mundial. El índice mide tanto la protección de la salud humana como la protección del ecosistema. La primera considera los impactos cuantificables a la salud, calidad de aire, pureza del agua y sanidad. La última considera los impactos de la huella de carbono, agricultura, bosques, agua, pesqueras y biodiversidad.45 Los 20 indicadores del índice incluyen tanto factores regulatorios (ej., regulaciones de pesticidas y protección del hábitat) y los resultados ambientales (ej., cambios en la cubierta de los bosques y calidad del aire). Los organizadores del índice clasifican los países y brindan información de tendencias a diez años. El reporte de 201646 clasificó a Finlandia en la primera posición, seguida de Islandia y Suecia y, en 26° lugar, los Estados Unidos; Alemania en la posición 30 y China relegada al lugar 109.
Entrega: las huellas de una travesía
Una sola pieza, tal como el aspa de 75 metros de largo de una turbina eólica de Siemens, puede viajar miles, incluso décimas de miles de millas en su travesía de materia prima hasta la instalación. Las aspas comienzan como árboles de balsa de 15 a 30 metros de altura en Ecuador, plantados entre cuatro a seis años antes.47 Luego de cortada, la madera es procesada en varios pasos. Debe cortarse, ranurarse, embaldosarse, ensamblarse en forma de aspa y luego recubrirse con capas de mallas o redes plásticas. Eventualmente, la madera llega a una de las cuatro plantas de aspas de Siemens en Europa, India o Tailandia. El aspa semiterminada puede hacer otro viaje a España, Finlandia o los Estados Unidos, dependiendo de la ubicación del cliente final, capacidad de manufactura y duración del proyecto. Finalmente, el aspa terminada se transporta al sitio donde será instalada, que puede ser casi en cualquiera parte del mundo.
Mientras que las primeras partes de la travesía pueden utilizar camiones estándares, vagones y contenedores de carga, los últimos pasos del viaje dependen de un transporte más especializado. Cada aspa lista para instalación puede extenderse hasta 75 metros (246 pies).48 La carga, descarga y transporte de las aspas individuales es un reto logístico que requiere grúas, herramientas pesadas y camiones especializados que ponen a prueba los límites del trasporte terrestre.49 En cada paso de la travesía, un tanque se llena de combustible, este se quema en un motor, y gases de efecto invernadero (GEI) y otras emisiones salen de un tubo de escape.
Rodolfo, el reno de la nariz emisora de GEI
En el alboroto que precede a la Navidad, un fabricante de juguetes puede experimentar un alza en la demanda si su turbina eólica en miniatura se convierte en el juguete más deseado de la temporada. Estos pedidos de último minuto significan que el fabricante debe ordenar, súbitamente, más piezas a sus proveedores, recibir esas piezas, fabricar más juguetes y despacharlos a las tiendas antes de Navidad. Si el fabricante de juguetes y sus proveedores tienen suficiente preaviso, podrán utilizar transporte de carga marítima o trasporte por ferrocarril para entregar sus mercancías de forma eficiente a todas partes del mundo o en todo el país. Los pedidos de último minuto, sin embargo, generan todo un torbellino de actividades de almacenamiento y transporte. Si el tiempo es escaso, el fabricante optará por trasporte aéreo cuando los juguetes “absoluta y positivamente tienen que arribar al día siguiente” (como declara la consigna de FedEx).
La rápida caída de los costos de las comunicaciones y la creciente eficiencia del sector logístico facilitan el comercio global y la operación de largas cadenas de abastecimiento. Por lo general, el transporte vinculado a actividades comerciales es responsable por más del 7 por ciento de todas las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) del mundo.50 Sin embargo, la totalidad del transporte podría ser no tanto un indicador del impacto ambiental, sino de cómo se transportan las mercancías. Por ejemplo, el transporte aéreo de carga emite más de 100 veces los GEI (en gramos por tonelada-milla) que el transporte marítimo de carga.51 Se necesita la misma cantidad de combustible para transportar 150 toneladas de carga por vía aérea, a una distancia de 5.000 millas, a 570 millas por hora, igual que para empujar 48.000 toneladas de carga marítima a la misma distancia, en una nueva nave de carga a 22 millas por hora.52
Retorno: La pesada huella de las millas vacías
A pesar de que es fácil llevar un conteo del combustible consumido por un vehículo al realizar una entrega, esto puede representar solo una mitad de la huella de carbono debido a la necesidad de reposicionar el traslado. Si un camión se desplaza desde un proveedor hasta un fabricante con una carga completa, pero regresa vacío a las instalaciones del proveedor, la huella de carbono es casi el doble de lo que emitiría un viaje de una vía debido a estas “millas vacías”.
Las empresas pueden reducir tanto el costo como la huella de una entrega buscando lo que se conoce como “carga de retorno,” en la que un vehículo retorna a su origen o a otra ubicación a retirar carga, mientras transporta carga que genera ganancias. En este caso, las emisiones del retorno se contabilizan como parte del cargamento de retorno.
El patrón general del flujo de carga hace que las millas vacías sean casi inevitables. En la mayoría de los casos, más toneladas de materiales son transportados desde minas y granjas que hacia minas y granjas. De igual forma, en la mayoría de los puntos de venta al detal, los camiones arriban cargados de mercancías y parten vacíos. Más aún, en algunos casos el peso total del flujo de entrada y salida de una región en particular es balanceado, pero los modos utilizados no. Por ejemplo, a pesar de que muchos productos son despachados al sur de la Florida por medio de camiones, la mayor parte de la carga con destino al norte de Florida (ya sea productos agrícolas de Florida o importaciones provenientes del Puerto de Miami) se transporta en ferrocarril. El resultado son millas vacías para los camiones que retornan al norte y movimiento de contendedores vacíos en los ferrocarriles que viajan hacia el sur. El capítulo 7 explora en detalle esta problemática.
Movimientos de dinero e información
A la vez que los materiales fluyen hacia abajo de la cadena de abastecimiento, el dinero generalmente fluye hacia arriba de la cadena cuando los consumidores pagan al minorista, este, al distribuidor; el distribuidor, al fabricante; el fabricante, a sus proveedores y así sucesivamente hasta los trabajadores de la fábrica, granjeros o mineros. Este flujo de dinero, y su equidad y consistencia, contribuyen al bienestar de los trabajadores que yacen en el corazón de todas las cadenas de abastecimiento. El movimiento de Comercio Justo busca asegurar que todos los trabajadores, especialmente aquellos en países en vías de desarrollo, reciban parte de la bonanza de la economía global moderna.53 El movimiento propugna mejores estándares sociales y ambientales a través de mayores salarios para los trabajadores y productores agrícolas por su trabajo y alimentos. Otro flujo clave de la cadena de abastecimiento es la información, en la forma de pronósticos, órdenes de compra, notificaciones de transporte de carga, facturas y otra data operativa y de negocios. La información fluye en ambas direcciones para coordinar actividades a lo largo de la cadena de abastecimiento. Como se demuestra en los capítulos 3, 5 y 9, este flujo de información juega un importante papel en la medición y gestión de la sostenibilidad ambiental.
Los gerentes a cargo de la cadena de abastecimiento se esfuerzan por tener visibilidad operativa y estratégica. La visibilidad operativa incluye saber dónde están las piezas y productos a lo largo de su tránsito por la cadena de abastecimiento o si reposan a la espera en forma de inventarios en bodegas. Los gerentes utilizan esta data para detectar problemas operativos, administrar la ejecución de planes y manejar las fluctuaciones de abastecimiento y demanda. La visibilidad estratégica incluye el conocimiento sobre la capacidad a varios años y hojas de ruta tecnológicas de la base de abastecimiento. Se utiliza para tomar decisiones a largo plazo sobre productos, servicios y la red de abastecimiento.
En contraste, la sostenibilidad requiere de visibilidad ambiental, entender a todos los proveedores, incluyendo a los de nivel profundo, quienes están involucrados en proveer las mercancías y servicios necesarios para fabricar un producto, además del impacto ambiental de los productos y servicios provistos. Las compañías utilizan la visibilidad ambiental para evaluar (ver capítulo 3) y gestionar los impactos.
La visibilidad ambiental también facilita la transparencia, que es la habilidad de demostrar a terceros, incluyendo a las empresas aguas abajo de la cadena de abastecimiento, entes certificadores, ONG, gobiernos, consumidores orientados a la sostenibilidad e inversionistas, cómo la empresa está gestionando los impactos ambientales y riesgo. Transparencia significa que las empresas y consumidores pueden acceder a información relevante a lo largo de la cadena de abastecimiento y saber quién fabrica y maneja los productos y piezas, y cómo son manufacturadas, almacenadas, transportadas y manejadas.
Consumidores y más
Incluso los automóviles más eficientes pueden emitir tres veces más carbono durante su ciclo de vida al salir de la fábrica que lo emitido durante su fabricación.54 Muchos tipos de productos tienen un impacto ambiental significativo durante la fase de uso de su ciclo de vida. La fase de uso consiste de todas las actividades y procesos del cliente asociadas al uso de los productos y servicios de una empresa. La más obvia de ellas es el consumo energético de productos como los automóviles, enseres domésticos, equipos de calefacción, ventilación y refrigeración, y ordenadores. Los no tan obvios son productos como el champú, detergentes y limpiadores que implican el uso de agua caliente y consumen tanto energía como agua, además de contaminar el agua con aditivos. El capítulo 8 analiza esto con más detalle.
Las etiquetas de muchos productos de uso doméstico (tales como pinturas, adhesivos y limpiadores fuertes) advierten “Utilícese en un área bien ventilada”. Los mismos ingredientes que permiten el alto rendimiento de estos productos también pueden contaminar el aire y perjudicar a quienes los utilizan, ya que despiden gases químicos volátiles y corrosivos. Otras advertencias similares incluyen las de ingesta accidental o contacto con la piel y ojos.
El modelo SCOR para cadenas de abastecimiento se enfoca en las actividades dentro del control directo de una empresa, tales como abastecimiento, manufactura y entrega de turbinas eólicas, automóviles o champú. Como tal, este modelo carece de un importante componente que es crucial en la evaluación y gestión de la sostenibilidad: La fase de uso. A pesar de que estas parecen estar “fuera del rango” de SCOR, sí tienen un impacto ambiental, y la empresa que fabrica estos productos puede afectar ese impacto por medio del diseño y servicio que dan a sus productos, al igual que por medio de mensajes y actividades de mercadeo.55
Mantenimiento: cadenas de abastecimiento de reparación y servicio
El mantenimiento es una de las razones por las que el papel de Siemens y su impacto ambiental no terminan con la instalación final de la turbina eólica. Siemens puede extender una garantía de cinco años para la turbina o pactar un contrato de servicio de diez o quince años. Para cumplir con las garantías y contratos de servicio, muchas piezas deben estar a rápida disposición para reparar una turbina dañada o rota. En 2013, el Dr. Amd Hirschberg, gerente de la cadena de abastecimiento de turbinas de Siemens, calculó que cerca de 9.000 turbinas Siemens de 2.3-megavatios se encontraban en reparación en todo el mundo y tenían piezas en inventario para atender cada una de ellas.56 La empresa mantiene cerca de 25.000 piezas diferentes para dar servicio a varios modelos de turbinas, manteniendo en inventario cerca de 1.500 unidades de cada pieza.
Fabricar, almacenar y transportar estas piezas también es parte del reto de la gestión de la cadena de abastecimiento y de calcular la huella de carbono de la turbina eólica: Una evaluación ambiental completa requiere trazar cientos de pasos adicionales a lo largo de la cadena de abastecimiento luego de que el producto haya sido entregado. Es interesante que algunas empresas hayan cambiado sus modelos de negocio de vender productos a “dar servicio” a su oferta.57 En vez de vender un producto al consumidor, la empresa brinda las funciones del producto como un servicio. Por ejemplo, Michelín ofrece a las empresas de transporte terrestre un servicio de “pago por millas” para sus neumáticos.58 Es decir, una empresa de transporte terrestre puede comprar 100.000 millas de uso de neumáticos para un camión. Michelín va más allá de entregar neumáticos: También instala, mantiene, reemplaza y recicla neumáticos, garantizando que estos siempre estén en buena condición de uso. Tal clase de acuerdos proveen más negocio a Michelín y, al mismo tiempo, reducen el riesgo de transporte de la empresa al convertir costos fijos en costos variables. Este modelo de negocios también reduce la huella ambiental del transporte terrestre, ya que los neumáticos en buena condición e inflados correctamente, mantenidos en óptimas condiciones por el fabricante, tienen un ciclo de vida más largo y menos fricción en movimiento, lo que se traduce en un menor consumo de combustible y menos reemplazos de neumáticos.
Tales acuerdos mejoran la alineación entre fabricantes y clientes, ya que los fabricantes tienen grandes incentivos para construir productos confiables (que llevan a los beneficios ambientales de un menor número de reemplazos), al igual que una menor necesidad de mantenimiento. Las empresas que han adoptado modelos de negocio similares incluyen Xerox, a través de su servicio de administración de imprenta,59 los motores para aviones Rolls Royce, a través de su solución TotalCare,60 y tantas otras.61
Devolución: la cadena de abastecimiento inversa
En el modelo SCOR, el proceso de devolución es el último paso operativo para la empresa e incluye procedimientos para identificar productos averiados, decidir sobre la disposición de empaque, autorizar y programar las devoluciones de producto, programar la recepción de las devoluciones, recibir las devoluciones, disponer de las devoluciones y verificar y pagar a todas las partes involucradas. Estos procesos requieren de una “logística inversa”, el movimiento de mercancías en sentido opuesto a la usual cadena proveedor-fabricante-minorista-consumidor. El principio legal y ambiental de extensión de responsabilidad del fabricante (ERF)62 expande de forma potencial el volumen de procesos de devolución de las empresas. Bajo este principio, el fabricante de un producto tiene el deber social, y a veces legal, de manejar el desecho de todos los productos que fabrica, a perpetuidad.
Las directrices de ERF en la Unión Europea, por ejemplo, abarcan empaques, baterías, vehículos y equipos eléctricos y electrónicos. Los procesos de devolución incluyen más que el movimiento de mercancías desde el consumidor de vuelta a la empresa o al proveedor contratado por la empresa para el manejo de productos al final de su ciclo de vida. También lleva a nuevas actividades de Abastecer, Hacer y Entregar si la empresa reequipa y revende los productos usados que aún pueden utilizarse, o deconstruye el producto para extraer materiales valiosos (o peligrosos) que son reciclados, desintoxicados o descartados de alguna forma sostenible. El capítulo 7 ahonda en estas actividades de la cadena de abastecimiento inversa.
Planear y gestionar cadenas de abastecimiento
Los cuatro procesos operativos de la cadena de abastecimiento en el modelo SCOR son Abastecer, Hacer, Entregar y Devolver. Los procesos de Planeación y Facilitación, por sí solos, tienen un impacto ambiental insignificante, pero estos procesos pueden ser las herramientas más importantes en términos de la sostenibilidad de muchas cadenas de abastecimiento. Planear y Facilitar gestionan el rendimiento de los procesos operativos que consumen recursos e impactan el ambiente.
Estos procesos de planeación incluyen decisiones sobre cómo un producto debe abastecerse, fabricarse, entregarse y devolverse. Esto significa que hay que escoger el diseño, materiales y características de una mercancía manufacturada; identificar proveedores y proveedores de servicio y comunicar las expectativas. El proceso de facilitación incluye el establecimiento de reglas de negocio, indicadores de rendimiento, políticas de inventario, procesos de regulación de cumplimiento y evaluación de riesgo para alinearse con los planes estratégicos del negocio. Determina la estructura general de la cadena de abastecimiento en términos de geografía, mercados, transporte y estrategias de distribución.
Cinco atributos de rendimiento de negocios para la cadena de abastecimiento
Además de los procesos, el modelo SCOR reconoce cinco atributos de rendimiento de alto nivel: costo, uso del activo, capacidad de respuesta, confiabilidad y agilidad.63 Los dos primeros son atributos internos, mientras que los otros son mediciones de cara al cliente.
Los minoristas de bajo costo, tales como Walmart, enfatizan precios bajos todos los días a través de la eficiencia de costos. Para lograrla, la empresa minimiza sus costos variables y se asegura de que su abastecimiento, entrega, operaciones en tiendas y otras actividades relacionadas a la cadena de abastecimiento se ejecuten eficientemente. Otras empresas enfatizan el uso de los activos. Por ejemplo, las aerolíneas de bajo costo también enfatizan costos bajos, pero lo hacen maximizando la utilización de su activo más caro: sus aviones. Utilizan bajos costos para asegurar gran carga de pasajeros y enfatizan una rápida recuperación de costos con el fin de maximizar el tiempo de ganancia de ingresos de la nave (minimizando el tiempo que están en la pista). Muchos fabricantes utilizan principios robustos o justo-a-tiempo, siguiendo el modelo del Sistema de Producción Toyota, esforzándose por minimizar sus inventarios, reduciendo así el capital amarrado a ese inventario.
Las últimas tres mediciones son de cara al cliente y miden diversas dimensiones del servicio. Primero, la capacidad de respuesta mide la dimensión de tiempo del servicio; cuán rápido la empresa puede producir y despachar la orden de un cliente. Amazon, por ejemplo, está superando los límites de la capacidad de respuesta al consumidor con servicios de entrega en una hora en algunas ciudades por medio del posicionamiento de inventarios en la cercanía de los centros de población y trabajando con servicios de entrega urbana y mensajería (además de utilizar sus propios vehículos).64 De forma similar, los puntos de venta de comida rápida a menudo preparan los alimentos antes de recibir una orden, anticipando los pedidos de los clientes para poder servir rápidamente las comidas hechas al llegar los clientes.
Segundo, la confiabilidad mide la certeza de los productos y su entrega. Los fabricantes de equipos médicos observan rigurosos procesos de control de calidad, a menudo almacenan grandes cantidades de inventario y garantizan entregas a tiempo para que ningún paciente se quede sin el tratamiento esencial o reciba un producto incorrecto o defectuoso.
Tercero, la flexibilidad mide la habilidad de una empresa para manejar grandes cambios en el volumen o variedad de productos. Siguiendo lo dicho por Leon C. Megginson parafraseando a Charles Darwin: “No es la más fuerte de las especies la que sobrevive, ni la más inteligente. Es la que mejor se adapta al cambio”.65 Dichas empresas a menudo evitan almacenar inventarios o activos que pueden convertirse en obsoletos o que pueden restringir la habilidad de la empresa de atender una demanda volátil. En vez de ello, estas empresas cultivan un diverso portafolio de alianzas de tercerización, quienes pueden producir tanto o tan poco como necesite la empresa.
Medición del impacto ambiental de la cadena de abastecimiento
La gestión de la sostenibilidad requiere de mediciones adicionales para la cadena de abastecimiento con el fin de contabilizar el impacto ambiental adentro y más allá de la empresa; más específico, los impactos de las operaciones de la cadena de abastecimiento, incluyendo el uso y descarte del producto. Para este fin, muchas empresas miden, administran y reportan mejorías en varios tipos de impacto ambiental como parte, o además de, medir y reportar parámetros financieros.
Para apoyar estos esfuerzos, la 11a versión del modelo SCOR66 incluye un “GreenSCOR” (SCORVerde) en su sección de “Aplicaciones Especiales”. GreenSCOR comprende un juego de mediciones ambientales que pueden cuantificarse en niveles de subprocesos y sumarse al esquema planear-abastecer-hacer-entregar-devolver-facilitar del modelo. GreenSCOR contabiliza la huella de carbono, emisiones y reciclaje asociados a cada uno de sus procesos de nivel 1 utilizando parámetros para:67
emisiones de carbono (toneladas de CO2e)
emisión de contaminantes del aire (toneladas, por contaminante)
desechos líquidos generados (galones)
desechos sólidos generados (toneladas)
desechos reciclados (porcentaje de todos los desechos)
Los parámetros GreenSCOR, sin embargo, solo miden una faceta del impacto ambiental; solo contabilizan aquello que sale de los procesos de la cadena de abastecimiento y que tienen un impacto ambiental. La versión de GreenSCOR, contenida en la 11a versión de SCOR, ignora los impactos del consumo de recursos escasos o no renovables. De esta forma, un conjunto más completo de parámetros de impacto relacionados a SCOR debe incluir tanto emisiones como consumo. Las mediciones para determinar la huella del consumo de las cadenas de abastecimiento deben incluir:
consumo de minerales (toneladas, por material)
consumo de productos naturales (toneladas, por naturaleza de producto)68
uso neto de agua en el reciclaje (galones)
huella terrestre (acres)
materiales consumidos en reciclaje (porcentaje de todos los materiales)
Naturalmente, tanto los impactos de emisiones y consumo pueden ponderarse por su carga ambiental relativa y manejarse contra tolerancias específicas de una regulación o de licencia-social-de-operación. GreenSCOR sugiere que las empresas pueden rastrear emisiones de COx, NOx, SOx, compuestos orgánicos volátiles (VOCs por sus siglas en inglés) y emisiones particuladas, que son los principales tipos de emisiones que la EPA de los EE.UU. registra y regula. El impacto de las mediciones de consumo, tales como de uso de agua y tierras, puede evaluarse en relación con el nivel local de escasez de agua o cuán sensible es el hábitat local, respectivamente.
Mediciones del impacto total o cambio significativo
Estas mediciones de emisión y consumo pueden expresarse como cantidades totales a lo largo de la cadena de abastecimiento o modificarse para medir progreso en objetivos específicos de sostenibilidad. Muchas empresas normalizan su impacto ambiental total sobre el volumen total de producción, de forma que el progreso pueda demostrarse incluso cuando el negocio crece. Por ejemplo, AB InBev, la cervecería más grande del mundo, mide su huella de agua en términos del número de litros de agua que se requieren para hacer un litro de cerveza y trabaja en mejorar la eficiencia del uso del agua en todas sus operaciones de fabricación y embotellado. Coca-Cola utiliza una medida similar. El minorista británico Marks & Spencer escogió medir su huella de carbono de transporte en términos de carbono por tienda. Esta medición adiciona los muchos factores que afectan su huella de carbono, tales como cambios en el comportamiento del conductor, disminución de movimientos de carga, reemplazo de vehículos ineficientes y el uso de combustibles de bajo impacto.69
Las empresas bajo ataque o que temen ataques por sus transgresiones ambientales percibidas, tales como el uso de aceite de palma no sostenible, crean mediciones y objetivos que miden la cantidad de aceite de palma sostenible que están comprando con la meta de utilizarlo y cumplir con la norma al 100 por ciento en una fecha determinada. Los objetivos ambiciosos, como el de Unilever de duplicar sus ventas a la vez que reduce su impacto, también requieren que se midan los logros en términos parcos. Por ejemplo, Unilever mide su progreso en lo que respecta a emisiones de desperdicios sólidos no solo en términos de tonelaje total enviado a vertederos o desperdicio por unidad de producto, sino en términos del porcentaje de sus fábricas que han alcanzado la meta de “cero desperdicios al vertedero”. Esto crea una competencia entre las fábricas y una “carrera hacia la cima” entre los gerentes de las fábricas. Los patrones de consumo y emisión suceden en cada fase de la cadena de abastecimiento. Al revelar qué le pasa al ambiente en su nombre, las empresas pueden empezar a decidir si abordar estos impactos y cómo.
3
Evaluación de impacto
En 2012, Los Amigos de la Tierra, una ONG ambientalista norteamericana, atacó a varias de las más grandes empresas de electrónica, entre ellas Apple y Samsung, por la minería de estaño en la isla de Bangka, en Indonesia.1 Bangka, junto a una isla hermana y el lecho marino circundante, proveen casi un tercio del suministro mundial de estaño.2 La ONG demostró cómo el suave y maleable metal tiene una mala reputación por el daño que causa al ambiente. “Grandes extensiones de tierra son despojadas de su arena dorada, las imágenes se asemejan a las enviadas a la Tierra desde Marte...” proclamó un artículo publicado por la revista Bloomberg en agosto de 2012.3 Además, los mineros ilegales que buscaban estaño mar adentro, construyeron miles de chozas flotantes, operadas por bombas de diesel para dragar el mineral de estaño del lecho marino. La industria minera de la isla ha contaminado ríos y perjudicado 65 por ciento de las selvas del área y 70 por ciento de sus arrecifes de coral.4 Las poco seguras condiciones de trabajo, falta de agua potable y daños causados a repositorios pesqueros de cientos de años han levantado en armas a las comunidades de la isla.
La cadena de abastecimiento del estaño es, literalmente, un crisol, debido a la opaca red de fundidores, corredores y miríada de intermediarios involucrados en el mercado global del estaño. Nadie sabe si el estaño contenido en un teléfono inteligente de Apple o Samsung en particular, o en cualquier otro producto electrónico, proviene o no de Bangka. Para Apple y muchas otras empresas que tercerizan la manufactura de productos electrónicos a fabricantes contratistas, las minas de estaño están, por lo menos, a cinco niveles de profundidad en la cadena de abastecimiento y, sin embargo, las ONG como Amigos de la Tierra responsabilizan a estas empresas. La soldadura a base de estaño conecta los componentes eléctricos a los paneles de circuito en virtualmente todos los productos electrónicos del planeta, y ese hecho conecta a los fabricantes de productos electrónicos a los proveedores de insumos para soldadura, refinadores de estaño, fundidores de estaño y minas de todo el mundo.
Ya que las ONG responsabilizan a las empresas de marca no solo por sus propias acciones, sino por las acciones de todos sus proveedores, la sostenibilidad ambiental es un problema primordial de la cadena de abastecimiento. “Apple ha comenzado a reconocer que los problemas de la cadena de abastecimiento comienzan mucho antes de las fábricas; el próximo paso debería ser la extensión del escrutinio a otras materias primas que utilizan en sus productos y empaques”, dijo Julian Kirby, de Amigos de la Tierra.5 El estaño en la electrónica no es el único problema de sostenibilidad a nivel profundo que atormenta a grandes franjas de la economía. El ataque de Greenpeace a Nestlé con motivo de las prácticas de cultivo del aceite de palma (ver capítulo 1) afecta de igual forma a otras empresas de alimentos, cosméticos y limpiadores que dependen de los aceites naturales. La tala ilegal impacta potencialmente a todas las cadenas de abastecimiento que manejan maderas, cartón o papel; esencialmente todos los productos que requieren un empaque.
Las empresas bajo ataque a menudo consideran tales acciones activistas como injustas e infundadas, ya que por lo general las empresas no están vinculadas a los proveedores de nivel profundo que causan las infracciones e incluso pueden desconocer quiénes son. Aun así, la peor parte de la huella de carbono de muchos fabricantes de hecho está hacia arriba de su cadena de abastecimiento: Los procesos de sus proveedores, proveedores de proveedores y así sucesivamente. Por ejemplo, la huella de carbono de las operaciones internas de fabricantes de marca que manufacturan productos de consumo no-esenciales (tales como ropa, automóviles, electrodomésticos, productos de entretenimiento, entre otros)6 es solo el 5 por ciento de la huella de carbono total de estos productos, según CDP.7 En consecuencia, entender y determinar los impactos ambientales causados en nombre de una empresa o producto requiere de una evaluación de toda la cadena de abastecimiento, “de la cuna a la tumba”.
Evaluación de la huella: la cáscara de banana
La banana es el artículo alimenticio de compra más frecuente en Estados Unidos.8 También es popular en el resto del mundo: En 2013, más de 17 millones de toneladas de banana se exportaron alrededor del mundo.9
La huella de carbono de la banana parece fácil de evaluar, considerando que la banana tiene una sola “pieza”, no requiere de ensamblaje y viene en su propio “empaque”. Más aún, la banana aparenta tener una cadena de abastecimiento sencilla y con pocos proveedores de fácil identificación. Cuatro de los cinco principales exportadores de banana se aglomeran en las regiones cálidas y húmedas de Centro y Sudamérica. Ecuador encabeza la lista, seguido de Costa Rica, Colombia y Guatemala. En 2011, estos cuatro países, de forma colectiva, suministraron el 57 por ciento de las exportaciones de banana del mundo.10
Cuando los investigadores del Centro de Transporte y Logística de MIT (CTL por sus siglas en inglés) evaluaron las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) de la cadena de abastecimiento de la banana, encontraron que este sencillo producto oculta un buen número de complejos problemas. CTL se asoció a Chiquita Brands International Inc. y supermercados Shaw’s por varios años para explorar y calcular, en detalle, la totalidad de la huella de carbono de la banana promedio, desde las plantaciones de Chiquita hasta el pasillo de frutas y vegetales de Shaw’s.11 La investigación documentó cada actividad de la cadena de abastecimiento que generó gases de efecto invernadero y calculó sus emisiones en CO2e (CO2 equivalente).12 Y resultó que la banana no es el producto tan natural que creían, sino un producto manufacturado debido a la variedad de procesos involucrados en su cultivo y travesía hacia los anaqueles del minorista. Estas actividades incluyen diversos procesos de producción, aplicación de químicos y transporte.
Cómo hacer banana
Originalmente nativo del sureste de Asia, la banana y su cultivo se ha difundido a muchas áreas tropicales, como las plantaciones costarricenses de Chiquita, las cuales fueron objeto del estudio realizado por MIT. La naturaleza provee los tres ingredientes principales para hacer bananos: dióxido de carbono, agua y luz solar. La planta de la banana extrae dióxido de carbono del aire y agua del suelo según crece. Al madurar, cada planta de banana florece y produce un racimo de 50 a 150 bananas que penden del tallo. Al comer una banana rica en energía y metabolizarlo, la gente devuelve a la atmósfera el CO2 absorbido. A primera vista, este ciclo natural del carbono hace ver a la banana como un producto neutro en carbono. Pero toma más que aire, agua y luz solar para hacer bananas, y toma muchísimo más para transportarlas a quienes las consumen. El cultivo de la banana requiere de otros insumos como fertilizantes, además de grandes cantidades de materia orgánica y nutrientes, tales como nitrógeno y potasio, además de productos para el control de plagas. Por ejemplo, los productores de Costa Rica utilizan bolsas insecticidas traslúcidas, de color azul, para proteger la fruta de la miríada de insectos y plagas que los arruina, según maduran.
¡Racimos de seis pies, siete pies, ocho pies!
Cuando un racimo de banana alcanza el estado perfecto de desarrollo, todavía verde, pero acercándose a la madurez, los trabajadores de la plantación lo cortan y trasladan a la estación de separación. Para transportar las bananas adentro de la plantación, los trabajadores las cuelgan en un riel de metal y manualmente halan una larga fila de racimos a lo largo del campo. En las estaciones de separación de la plantación, los trabajadores parten manualmente los racimos en racimos más pequeños, del tamaño que vemos en los supermercados. Luego se inspecciona la apariencia del racimo y se separan por tamaños. Cualquiera fruta con imperfecciones externas se separa para procesarla en productos tales como el puré de banana. Los trabajadores limpian el resto de la fruta en grandes tanques de agua y luego transportan los racimos a las estaciones de empaque. Los empacadores colocan las bananas clasificadas, que ya han pasado la inspección de calidad, en cajas de 40 libras de capacidad y las apilan 48 cajas sobre cada pallet.
Al completarse la fase de producción agrícola, solo se ha emitido un promedio de 4.8 kg13 de CO2e (menos de un tercio del total de la huella de carbono) por caja de banana. El alto nivel de mano de obra manual en la plantación implica que los vehículos de la finca tienen un consumo moderado de electricidad y combustible. Estas operaciones de la plantación añaden solo 0.3 kg de CO2e a la huella de carbono de una caja de bananas. La producción de químicos utilizados en la finca, tales como abono y pesticidas, emiten 2.6 kg de CO2e. Los abonos a base de nitrógeno también pueden generar emisiones de óxido nitroso, un gas 300 veces más potente que el CO2, que es un gas de efecto invernadero.14 A pesar de que solo unos cuantos gramos de N2O escapan de cada caja, estos equivalen a 0.8 kg de CO2e. La fabricación de las bolsas plásticas pesticidas y las cajas de cartón añaden otro 1.1 kg de CO2e, para un total de 4.8 kg de CO2e por cada caja de 18 kg de banana. Pero allí no termina la travesía de la banana, lo que significa que la contabilización de la huella de carbono no está completa.
Venga, señor, a contar sus bananas
Al final de la línea de producción, los trabajadores cargan los pallets de una tonelada en camiones que los transportan en dirección este, a Puerto Moín, en la costa caribeña de Limón, Costa Rica. Para prevenir la maduración prematura de la fruta, Chiquita refrigera sus bananas en algunas partes del viaje. Los viajes desde la plantación que demoren más de dos horas de la finca al puerto requieren camiones refrigerados. Los viajes de dos horas o menos no necesitan refrigeración, así que evaluar la huella de carbono requiere contabilizar ambos tipos de viaje, por separado, ya que generan diferentes cantidades de GEI tanto del consumo de combustible como de las emisiones de GEI que resultan de la fuga de los refrigerantes. En promedio, el viaje de la finca al puerto añade otros 0.8 kg de CO2e. Una vez que las bananas arriban al puerto, los trabajadores las cargan en contenedores de carga refrigerados. Los gases refrigerantes que se utilizan para enfriar las bananas durante la travesía añaden 0.9 kg de CO2e. Cada contenedor de 40 pies contiene 20 pallets, más de 38.000 libras de banana o 960 cajas. Después, los contenedores repletos de banana se colocan con grúas en navíos pequeños y rápidos. Las operaciones portuarias añaden 0.3 kg de CO2e.
Al momento de realizarse el proyecto de investigación de MIT, Chiquita utilizaba naves dedicadas de carga marítima, la “Gran Flota Blanca”, con el fin de garantizar a los clientes la frescura del producto.15 Los navíos más pequeños que utiliza Chiquita consumen más combustible por tonelada de carga trasportada que las naves grandes. Además, los barcos de Chiquita, de forma rutinaria, solo van parcialmente llenos en el viaje de retorno (la travesía de regreso hacia el sur).16 A pesar de los costos adicionales, la necesidad de frescura dicta la velocidad que se requiere del sistema marítimo.
En promedio, el transporte marítimo de la banana hacia Estados Unidos añadió 3.6 kg de CO2e, más que ninguna otra actividad de la cadena de abastecimiento. En general, el transporte y manejo entre la finca y los puertos norteamericanos fue responsable de casi otro tercio de la huella total de carbono del banano, o 5.6 km de CO2e por caja. En promedio, para cuando las bananas llegan a un puerto norteamericano, ya han acumulado 10.4 kg de CO2e. Y, sin embargo, el viaje aún no termina.
Esta banana está en su punto de entrega
En un puerto norteamericano, los contenedores de banana se descargan del barco y se transportan a uno de los centros de distribución refrigerada de Chiquita. En el centro de distribución, los trabajadores apilan los pallets de fruta en cuartos de maduración sellados, los cuales almacenan aproximadamente la carga de un camión, cada uno. El típico centro de distribución incluye media docena de tales cuartos, cada uno con diferentes etapas de maduración. Poco antes de transportar la fruta a los minoristas, Chiquita inyecta cerca de ¼ de gas etileno en el cuarto para reiniciar el proceso de maduración. Chiquita controla con precisión el número de días que debe exponerse la fruta al gas etileno, variando entre dos a cinco días para alcanzar una de las tres tonalidades de verde/amarillo requeridas por sus clientes minoristas: totalmente verdes, verdes o amarillos. En algunos casos, Chiquita transporta la fruta sin madurar y los minoristas ponen las bananas en los cuartos de maduración de sus propios centros de distribución.
Cuando las bananas alcanzan la tonalidad que desea el minorista, este reparte la fruta a sus tiendas. Por ejemplo, todos los días, en el centro de distribución de Shaw’s para el área centro de Boston, ubicado en Methuen, Massachusetts, miles de cajas de banana se cargan en camiones junto con otros productos perecederos con destino a los supermercados Shaw’s. En total, más de un millón de cajas de banana pasan por el centro de distribución cada año.
El transporte de puertos a la red de distribución y de allí a los puntos de venta al detal añade un promedio de 2.0 kg de CO2e a la huella de carbón de la travesía de la banana. Otras emisiones adicionales provienen de las operaciones de los puertos norteamericanos, centros de maduración y centros de distribución que añaden otro 1.5 kg de CO2e. Las actividades en los puntos de venta al detal, donde los consumidores compran el producto, añaden otros 2.3 kg de CO2e. Desechar el plástico y cartón necesarios para proteger el producto agregan los 1.2 kg de CO2e finales. En total, el impacto de carbono final de la caja promedio de 18 kg de banana con destino a Estados Unidos está cerca de los 17 kg17 de CO2e. Esta es la huella promedio de la banana hasta el estante de la tienda.
Un resumen de las cifras
Transportar una caja de banana al otro lado del mundo, desde la plantación hasta su punto de venta al detal, es responsable de casi 40 por ciento de su impacto ambiental.
FIGURA 3.1 | Análisis de la huella de carbono de una caja de banana vendida en Estados Unidos.

Fuente: A. Craig. “Midiendo la Eficiencia de la Cadena de Abastecimiento: Una referencia para la Etiqueta del Carbono”. Diss., Massachusetts Institute of Technology, 2012.
Entre los otros procesos que ocasionan impacto están los químicos, tales como fertilizantes y pesticidas, procesos que suceden en las grandes plantas de producción, lejos de las plantaciones de banana de Chiquita. La figura 3.1 muestra la huella acumulada de carbono de la caja promedio de banano marca Chiquita que se vende en Estados Unidos, dividida en sus componentes principales.
Fuera de alcance
Finalmente, por abarcador que haya sido el análisis realizado por MIT, el estudio limitó el alcance de la recolección de data a los actores principales con el fin de asegurar su manejo. Aun así, los investigadores identificaron 56 materiales y procesos principales a lo largo de 16 fases importantes de la cadena de abastecimiento necesaria para cultivar bananas y entregarlas de la plantación al consumidor. La cadena de abastecimiento de la banana es parte de una red comercial e industrial global que suministra abonos, agua, energía, vehículos, empaques y una amplia gama de otros ingredientes necesarios para cultivar, cosechar y transportar el banana. El impacto de carbono de esta fruta también inicia antes de su cultivo en una plantación: Inicia en las fábricas de fertilizantes, bosques, pulperías, minas de carbón y plantas eléctricas.
Utilizando software especializado para Life Cycle Assessment (Análisis del Ciclo de Vida - ACV),18 diseñado para calcular los impactos ambientales [ver la sección “Análisis del Ciclo de Vida (con Parálisis)”], los 56 materiales y procesos originales enumerados en la fase de recolección de datos, crecieron hasta incluir más de 1.500 actividades de la cadena de abastecimiento que abarca todo el planeta y que son todas necesarias para producir y entregar las bananas. El software ayudó a los investigadores a detectar la contribución de cada uno de estos procesos y materiales de la cadena de abastecimiento que, al final, resultan en la huella de carbono final de la banana y que, a cambio, revela la verdadera complejidad de la cadena de abastecimiento, incluso del más sencillo de los productos.
Aun con el uso del software, el análisis excluyó un número de artículos menores, tales como la emblemática calcomanía azul que Chiquita adhiere a las bananas o las bolsas plásticas o de papel que utilizan los consumidores para llevarlas a casa. No incluye la contribución del banano a los GEI emitidos por los carros que utilizaron los consumidores para transportarse a la tienda, de ida y vuelta. No incluye la huella de ninguna electricidad utilizada por el consumidor para licuar la banana y convertirlo en daiquiri u hornearla al hacer pan, y no incluye la huella de emisiones de metano que resulta de la descomposición de la fruta descartada o sus cáscaras. A pesar de que puede argumentarse que estas huellas, en su mayoría posteriores a la venta al detal, están más allá del control de Chiquita y Shaw’s, eso no impide que las ONG, al igual que los gobiernos, responsabilicen a las empresas por crear productos que pueden ser utilizados de forma irresponsable o que tienen un alto impacto durante su uso o descarte. Los capítulos 7, 8 y 9 sopesan las oportunidades que representan para las empresas el rediseño de sus operaciones, productos o mensajes al mercado con el fin de reducir impactos en estas etapas finales del ciclo de vida del producto.
La huella varía
Como mencioné en las secciones anteriores, es difícil encontrar un producto cuya aparente simplicidad sea mayor que la de la banana. Aun así, calcular la huella de carbono de hasta el producto más “simple” es asunto complicado, debido a las variaciones temporales y geográficas de la cadena de abastecimiento subyacente. El cálculo de 17 kg de CO2e es la huella de carbono promedio de una caja de banano cultivado por Chiquita en Costa Rica y vendida en Estados Unidos.
FIGURA 3.2 | Huella de carbono de una caja de banana vendida en Estados Unidos.

Fuente: A. Craig. “Midiendo la Eficiencia de la Cadena de Abastecimiento: Una Referencia para la Etiqueta del Carbono.” Diss., Massachusetts Institute of Technology, 2012.
En realidad, cada caja de banana tiene una huella de carbono muy distinta, dependiendo de en qué parte Estados Unidos o del mundo, se vendió. Por ejemplo, la banana que se vende en los supermercados de Nueva Orleans, cerca del puerto más próximo al punto de exportación costarricense, tiene una huella de carbono de casi 14 kg de CO2e por caja. La banana que se vende en Seattle, cuya travesía marítima es más larga, tiene una menor utilización en el viaje de retorno y está a mayor distancia terrestre (1,100+ millas) del centro de distribución más cercano, tiene una huella de carbono de 21 kg de CO2e por caja. La figura 3.2 ilustra la variación en la huella de carbono de la banana producida por Chiquita, dependiendo de la ubicación del puerto doméstico de entrada, centros de distribución y clientes minoristas a lo largo y ancho de Estados Unidos. Los círculos concéntricos representan las distancias de manejo por carretera hasta los centros de distribución y las otras delimitaciones ilustran las áreas de servicio de los diferentes centros de distribución.
Las huellas de las operaciones globales de Chiquita varían significativamente a lo largo y ancho de su red. La empresa maneja cientos de plantaciones y emplea seis servicios de transporte de carga marítima (navieras), que descargan banana en cinco puertos de Estados Unidos y ocho en Europa. La empresa también opera nueve centros de distribución en Estados Unidos y once en Europa, desde los cuales abastece de banana a cientos de cadenas minoristas que distribuyen la fruta a miles de puntos de venta al detal.
El problema de la banana es el agua
El carbono no es la única huella que preocupa. Chiquita evaluó la huella de agua de su propia producción de banana en un estudio análogo al de la huella de carbono.19 El análisis de Chiquita incluyó cálculos separados de los volúmenes de tres categorías de agua. “Agua verde” es el agua de lluvia que cae de forma natural sobre las tierras de Chiquita. En contraste, “agua azul” es agua dulce extraída de la superficie o aguas subterráneas provenientes de lagos, ríos y acueductos. El uso de agua verde se considera, por lo general, más sostenible que el agua azul, a pesar de que el consumo de agua verde de una empresa inevitablemente reduce la cantidad de agua azul disponible para otros usuarios hacia abajo de la fuente de agua. Por último, “agua gris” son aguas residuales o de desecho que salen a desagües que podrían contaminar las fuentes de agua azul o que requieren ser tratadas de alguna forma. Los tres tipos de huella del agua afectan a los usuarios que se encuentran más abajo de la corriente, tales como granjas, industrias y ciudades, además de humedales y estuarios.
Al igual que la huella de carbono de la banana, su huella de agua varía significativamente dependiendo de la ubicación: de 440 a 632 litros por kilogramo de banana (53 a 76 galones por libra). Las plantaciones ubicadas en Costa Rica y Panamá utilizan menos agua y solo utilizan agua verde. Aquellas ubicadas en Honduras y Guatemala requieren más agua y dependen del agua azul por medio de sistemas de riego. El agua que se utiliza en las plantaciones es responsable del 94 al 99 por ciento del total de la huella del agua, un patrón para nada inusual en la producción agrícola. El resto de la huella proviene del agua utilizada en los procesos de lavado y refrigeración de la banana. Esta cifra también varía entre 1.6 y 35.6 litros por kilogramo de banana, dependiendo del diseño del sistema de lavado y la adopción de recirculación y reutilización del agua de lavado. Chiquita también observó que la huella del agua varía de forma impredecible en función de las precipitaciones, calor, humedad y rendimiento del cultivo.20
Huella interna versus huella externa
A pesar de que Chiquita es propietaria de la mayoría de su cadena de abastecimiento, sus operaciones son responsables de menos de la mitad de la huella de carbono del banano. De hecho, esta cifra es relativamente alta, debido a que la cadena de abastecimiento de Chiquita es “poco profunda” (solo incluye dos niveles básicos) y está bajo control directo de la empresa. Para muchas empresas y muchas cadenas de abastecimiento, los proveedores y clientes a lo largo de la cadena contribuyen, en promedio, tres veces más a la huella de carbono de un producto que las propias operaciones de la empresa.21 Como se mencionó en el capítulo 2, esta relación es significativamente mayor para empresas como Cisco, Apple, Microsoft y la mayoría de las empresas de ropa y calzado, quienes tercerizan gran parte de sus actividades de manufactura y transporte. También, como se indicó en la introducción de este capítulo, en la industria de los productos no-esenciales de consumo la huella externa de la empresa es 19 veces más grande, en promedio, que la huella interna de la empresa.22 La huella de carbono y otros impactos ambientales son verdaderos atributos de las cadenas de abastecimiento.
El Protocolo de Gases de Efecto Invernadero23 para la evaluación y reporte de las huellas de carbono formaliza esta noción de huellas internas y externas de una empresa como un conjunto de tres alcances. Las emisiones de carbono de Alcance 1 son aquellas generadas por fuentes de propiedad o directamente controladas por la empresa. Algunos ejemplos son los hornos, calderas, plantas eléctricas in situ, combustibles que consumen los vehículos de la empresa y emisiones de GEI que no son CO2, tales como los refrigerantes, N2O proveniente de fertilizantes y compuestos orgánicos volátiles emitidos por los activos de la empresa. El Alcance 2 incluye las emisiones indirectas de carbono que surgen de la compra de electricidad, calefacción o vapor que la empresa utiliza de forma directa. Estos dependen de la intensidad de emisión de carbono de la red de suministro eléctrico y otras fuentes de energía de terceros.
El Alcance 3 comprende todo lo que no sea parte de las operaciones propias de la empresa, como por ejemplo, la producción de materiales y piezas adquiridas y los servicios provistos por proveedores externos (como el transporte en vehículos que no son propiedad de la empresa). Esta categoría también incluye el uso que les da el cliente y su descarte.24 Incluye las secciones hacia arriba y hacia abajo de toda la cadena de abastecimiento, incluyendo el fin del ciclo de vida. Además, el Alcance 3 incluye la huella de carbono de los bienes capitales, tales como los equipos de la fábrica de la empresa, edificios de oficinas y vehículos que nos son fabricados por la empresa. También incluye artículos como los viajes de negocio, transporte de los empleados, franquicias y la huella de carbono de las inversiones en el balance general de la empresa (ej., participación cruzada en otras empresas). El protocolo define 15 categorías de emisiones dentro del Alcance 3 con el fin de facilitar las evaluaciones comparativas y la creación de reportes entre empresas.
Note que las definiciones de estos tres alcances del Protocolo de Gases de Efecto Invernadero no se basan en una perspectiva de la cadena de abastecimiento. En particular, tales perspectivas podrían segregar los impactos hacia arriba de la cadena, de los impactos hacia abajo de la cadena. De hecho, estos se presentan entremezclados en el Alcance 3. Más aún, un ángulo de la cadena de abastecimiento separaría los impactos de costos variables de los impactos de costos fijos, pero el Protocolo también entremezcla los impactos de los gastos capitales internos de la empresa en el Alcance 3. Es decir, el Protocolo hace del Alcance 3 una categoría de barrido generalizado que dificulta a los clientes de una empresa comprender cuáles de los impactos de la empresa son imputables a ese cliente.
Análisis del ciclo de vida (con parálisis)
El análisis de la huella de carbono del banano es un ejemplo de un ACV, que es una evaluación sistemática de todo lo que ingresa y sale de los procesos de abastecimiento, manufactura, entrega, uso y devolución o descarte de un producto. Muchos consumidores, empresas y legisladores se preguntan cuál es el impacto ambiental de sus preferencias: “¿Es mejor comprar un artículo producido localmente que otro transportado desde muy lejos?” (Ver el capítulo 5.) “¿Es mejor utilizar las bolsitas reutilizables que el tradicional empaque de botella plástica de los productos líquidos?” (Ver el capítulo 8.) Las complejidades del análisis de la huella de la banana demuestran que estas simples preguntas, e intuiciones simplistas, pueden llevar fácilmente a falsas conclusiones. Solo un análisis sistemático de la cadena de abastecimiento del producto podrá, al final, llevar a la decisión correcta.
Los ACV típicamente se enfocan en una sola categoría de impacto ambiental (como las emisiones de carbono, consumo de agua o uso de tierras) como un preludio al entendimiento o mitigación de ese impacto en particular.
En el contexto del cambio climático, los ACV más comunes calculan la huella de carbono de un producto. Los ACV ganaron popularidad durante la crisis energética de la década de 1970 y durante el período de acrecentado interés por el medio ambiente que siguió a la década de 1980.
Un ACV difiere de la gestión del Ciclo de Vida de un Producto (PLM por sus siglas en inglés)25 en varios sentidos. Los ACV competen al material e insumos ambientales de entrada y salida de una sola unidad o una cantidad específica de un producto. El alcance de un ACV abarca la materia prima, piezas, una unidad del producto terminado y uso que le da el consumidor hasta llegar al descarte de la unidad que se analiza. En contraste, el PLM concierne por lo general a la programación y gestión de un producto, modelo o unidad de mantenimiento de inventario (SKU por sus siglas en inglés). El alcance del PLM abarca la conceptualización de la Investigación y Diseño (R&D), ingeniería de diseño, manufactura de fábrica, servicio y eventual obsolescencia de ese tipo de producto.
El camino hacia el análisis de la huella de Tesco
En 1919 Jack Cohen empezó a vender alimentos desde un pequeño puesto en el East End de Londres.26 Cinco años más tarde, fundó Tesco, tomando las primeras tres iniciales de su proveedor de té T. E. Stockwell (el té fue el primer producto de su propia marca) y las primeras dos iniciales de su apellido. Tesco ascendió a la cima de los minoristas británicos enfocándose en sus clientes con innovaciones como los esquemas de lealtad (las tarjetas “escudo verde”) y utilizando data de los hábitos de compra de sus consumidores para adaptarse de forma temprana a las tendencias de consumo.27 La cadena creció de forma orgánica y a través de adquisiciones, convirtiéndose en el minorista más grande del Reino Unido y el tercero más grande del mundo.
Sin embargo, 2006 no fue un buen año para el minorista. Ese año la empresa fue implicada en dos escándalos concernientes al trato de sus trabajadores en las fábricas de Bangladesh,28 incluyendo el uso de mano de obra infantil.29 Más aún, cuando el Consejo Nacional de Consumidores evaluó las ocho principales cadenas de supermercados del Reino Unido en 2006, con base en su cuidado del medio ambiente,30 Tesco recibió una calificación general de “D”, “D” en transporte, “C” en desperdicios y “C” en cultivos sostenibles. Temeroso de la reacción negativa de los consumidores, Tesco corrió a responder.
En 2007, justo mientras el reporte del cuarto panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) declaró que era “inequívoco” que el clima del planeta se hacía más cálido, el CEO de Tesco, Sir Terry Leahy conmocionó a los medios de comunicación al anunciar su plan de buscar o desarrollar una etiqueta de huella de carbono con base en el ACV para las emisiones GEI de cada uno de los 50.000 a 70.000 productos vendidos por Tesco. “Muy a menudo, en lo que respecta a problemas como la sostenibilidad, se ha representado a Tesco como parte del problema”, declaró Leahy en un comunicado dirigido a grupos de interés.31 “Esto no puede ser más errado. Cuando se desea alcanzar y empoderar a muchos, Tesco es gran parte de la solución, no del problema”, añadió Leahy.32
Los consumidores tienen una nueva necesidad, argumentó. Desean vivir de forma sostenible, incluyendo tomar decisiones de comprar más conscientes. La información sobre la huella de carbono con base en el ACV en las etiquetas de Tesco motivaría a los consumidores a reducir su huella de carbono al seleccionar productos con una menor huella. “Nuestro papel como negocio es brindarles información y los medios para alcanzar este cambio”, dijo Leahy.33
Para esas fechas, Walmart entró en una alianza estratégica con el Fondo de Defensa Ambiental (EDF por sus siglas en inglés) para evaluar la huella de carbono en la cadena de abastecimiento de clases enteras de sus productos. Durante una reunión realizada en la oficina central de la empresa en Bentonville, Arkansas, frente a una audiencia de 1.500 proveedores, empleados y líderes de sostenibilidad, el presidente y CEO de Walmart, Mike Duke, anunció un plan para desarrollar un “índice mundial de sostenibilidad”.34Duke reflejó el entusiasmo de Leahy al describir un plan para documentar no solo la huella de carbono de cada producto de sus más de 100.000 proveedores, sino también evaluar productos por su consumo de recursos naturales, eficiencia material y su impacto en la gente y sus comunidades.
Ambos anuncios dejaron atónito al comentarista ambiental de The Guardian, George Monbiot, quien preguntó días después del anuncio de Leahy “si Tesco y Walmart son amigos del planeta ¿le queda algún enemigo?”35 Ambas firmas, acotó en esa misma columna publicada en 2007, se estaban acogiendo a “estándares más altos de lo que ningún gobierno se atrevería a auto-imponerse”. Fiel a su palabra, Tesco diseñó para sus etiquetas un logo en la forma de un pie, de color negro, con una cifra que informaba a los consumidores sobre la huella de carbono del producto, de manera que los consumidores pudieran ver, simple y directamente, el impacto ambiental de los productos que decidían comprar.

Los consumidores entonces podían comparar esos productos y, de desearlo, comprar el que hubiese puesto menos carbono en la atmósfera. Podrían cambiarse fácilmente de una marca de leche a otra o, a lo mejor, abandonar su lata de pepitas de marañón cultivadas en la India en favor de un producto Cadbury fabricado más cerca de sus hogares con una menor huella de carbono. Más allá, los fabricantes podrían observar las preferencias de los consumidores por productos “más verdes” y esforzarse por reducir su propia huella de carbono, llevando a una competencia entre los fabricantes para ser más sostenibles, lo que da como resultado una reducción de las emisiones de carbono en toda la industria. Además, los consumidores podrían correr a las tiendas Tesco, reconociendo a la empresa como líder en la oferta de opciones responsables con el ambiente.
Mientras tanto, CarbonTrust se posicionó para introducir su propio servicio de evaluación de la huella de carbono. La ONG británica inició operaciones en 2001 con el principal objetivo de asistir a las empresas en el cálculo y entendimiento de sus huellas de carbono.36 En marzo de 2007, a pocas semanas del anuncio de Leahy, CarbonTrust añadió una etiqueta de certificación de carbono a su portafolio de oferta.37
Considerando la proximidad de los anuncios y similares objetivos, tenía sentido para Tesco trabajar con la CarbonTrust, según Martin Barrow, director de registro de huella de Carbon Trust. Tesco y Carbon Trust pactaron iniciar etiquetando un grupo de casi 100 productos. La meta creció a 500, “y entonces la intención fue creciendo lentamente”, dijo Barrow.38
Las huellas requieren caminar
Para asignar una cifra a la etiqueta de huella de cada producto, Carbon Trust desarrolló y utilizó un estándar ACV denominado PAS 2050,39 que requiere una meticulosa investigación de todo el ciclo de vida de un producto.40 El manual del PAS 2050 ilustra el proceso de evaluación con un ejemplo simplificado de un croissant. A pesar de que fue diseñado para ayudar a las empresas a entender los procesos involucrados, el ejemplo solo demostró cuán complejo y arduo puede ser el proceso.
El ejemplo del croissant incluyó un diagrama de flujo multicolor con 25 procesos interconectados que representan las entradas, salidas, conversiones, almacenaje, transporte y descarte,41 detalles tales como la posibilidad de que los consumidores calentaran o congelaran el panecillo luego de comprarlo, al igual que el carbono producido por el empaque durante su transporte y al descomponerse en un vertedero. Cada una de las 25 casillas del diagrama requería de extensa investigación y recolección de data.
Más allá, el texto acompañante admitía que el diagrama simplificado omitía por completo la mantequilla, uno de los ingredientes claves en la fabricación de este pan hojaldrado, y uno de los mayores contribuyentes a la huella de carbono del producto. Incluir la mantequilla, indicaba el manual, requería contabilizar la huella de carbono de la fábrica de la mantequilla, la granja de lácteos que producía la leche, los pastizales que alimentaron las vacas, además de los procesos asociados de transporte, manejo y almacenamiento.42 Esas vacas podían estar en el Reino Unido o algún otro país, añadiendo tanto a los costos de transporte como a distintas prácticas operativas de la industria de lácteos. Más aún, la huella podría variar durante el año si las vacas pastan en campos cercanos durante el verano, pero luego es necesario trasportar pasto en camiones para alimentarlas durante el invierno.
En resumen, Tesco y Carbon Trust acordaron crear una hoja de ruta para toda la cadena de abastecimiento de cada uno de los productos de sus tiendas y recabar data de cada proveedor dentro de esas cadenas de abastecimiento. Estas cadenas no se limitaban a los proveedores de Nivel 1 de Tesco, con quienes la empresa tiene contacto a diario. Tesco también necesitaba entrevistar y recopilar información de los proveedores en los niveles más profundos de la cadena. Helen Fleming, directora de cambio climático para Tesco, declaró a la publicación The Grocer que tomó “un mínimo de varios meses de trabajo” para calcular la cifra que pondrían en cada una de las etiquetas de huella negra.43
Primero un lote, luego un problema
El primer lote de productos con etiquetas de carbono aterrizó en los anaqueles de Tesco en agosto de 2009, no sin poca fanfarria.44 Los empleados del supermercado destacaron las etiquetas instalando exhibidores especiales, perpendiculares a las góndolas, que saltaban a la vista. Eso, combinado con la promoción mediática usual, resaltó los esfuerzos de Tesco por sus consumidores. Mientras tanto, un equipo de colaboración conformado por empleados de Tesco y asesores de Carbon Trust trabajaron tras bambalinas para preparar la próxima ronda de etiquetas de carbono.
En apariencia, el plan era simple, pero alcanzable. Una grande y poderosa cadena minorista con considerable control sobre su mercado se asoció con una respetable ONG para establecer un plan de etiquetado que creía importar a sus clientes. Existía un marco de referencia para el proyecto y Tesco parecía tener la voluntad de llevarlo a término. Sin embargo, en retrospectiva, el plan se articuló en algo de ilusión optimista.
El número de productos etiquetados con su huella en los anaqueles de Tesco nunca incrementó, como se había estipulado. Leahy, quien fue CEO de Tesco desde 1997, renunció a su cargo en marzo de 2011.45Tesco canceló su programa de huella de carbono un año después, luego de etiquetar tan solo 500 productos.46 La cadena alcanzó un paso de escasos 125 productos por año.47 A ese ritmo, la empresa habría necesitado más de siete siglos para etiquetar los 90.000 SKUs en sus tiendas.48 Y esto es suponiendo que, por supuesto, Tesco no haría cambios a sus líneas de productos y que sus proveedores no cambiarían los ingredientes o procesos de manufactura de ninguno de los productos etiquetados durante esos siglos.
El programa de Walmart tampoco tuvo mejor suerte. Al mismo tiempo que el programa de etiquetado de Tesco se desmoronaba, el proyecto de etiquetado de Walmart tuvo una muerte silenciosa. Por ejemplo, en 2014, la página corporativa de Walmart sobre su índice de sostenibilidad no hace referencia alguna al etiquetado de sus productos ni al respecto de su impacto ambiental. En vez de ello, habla de “desarrollar un estándar sostenible para los productos” en cooperación con el Consorcio para la Sostenibilidad. Es interesante que, a pesar del fracaso del esfuerzo de Tesco, su imagen como ambientalista mejoró. A la par del lanzamiento de su iniciativa de etiqueta en 2009, Carbon Trust premió a la cadena minorista con el galardón Estándar de Carbon Trust.49 Al entregar el premio, Carbon Trust acotó que Tesco había alcanzado un progreso significativo en la reducción de su “intensidad de carbono”. El plan de ACV de Tesco fracasó porque la empresa subestimó gravemente el esfuerzo que requiere cada ACV y sobrestimó la respuesta de los consumidores, otros minoristas y los fabricantes de productos. En un intento por explicar la falla, Fleming dijo en una entrevista publicada en The Grocer en 2012:50 “Esperábamos que otros minoristas corrieran a hacer lo mismo, dándole una masa crítica, pero no fue así”. Tesco abrigó esperanzas de cambiar el comportamiento de sus consumidores de forma que motivara a otros minoristas a etiquetar sus productos. Los consumidores, sin embargo, no compraron los productos etiquetados en mayor cantidad que los no etiquetados.
Como bien demuestra el ejemplo de Chiquita, un ACV exacto del impacto ambiental de cada producto requiere grandes cantidades de data y extenso análisis. Los cálculos del costo de una sola evaluación de huella varían entre $10.000 y $60.000 por producto,51 52 cosa poco práctica, a menos que la tecnología de ACV y recolección de data se abarate o se sumen otros actores.
De críticos del carbono a calumniadores de etiquetas
Otros pensaron que las etiquetas de Tesco no eran lo suficientemente buenas, demostrando una vez más que il meglio è l’inimico del bene: “Lo perfecto es enemigo de lo bueno” (ver Capítulo 1). Los ambientalistas presentaron dos objeciones. La primera, la metodología PAS 2050 utilizada por Carbon Trust excluye varias categorías mayores de la huella. “Ninguna de las maquinarias utilizadas en la fabricación de una camiseta son consideradas [en el PAS 2050], pero esta maquinaria puede tener una enorme huella de carbono. La eficiencia de la maquinaria se toma en consideración, pero el impacto de producir y mantenerla, no”, dijo el Dr. John Barrett, del Instituto Ambiental de Estocolmo en la Universidad de York, Reino Unido.53La segunda, “una huella de carbono baja en un producto no significa que el producto es enteramente amigable con el medio ambiente. Pueden existir otros problemas que tienen que ver con el producto, como la deforestación, uso de agua e impacto social”, dijo el activista de Amigos de la Tierra, Richard Hines.54
“Más grande que una caja de pan...” 55
Las empresas pueden evaluar su huella aproximada sin incurrir en los costos excesivos de localizar cada uno de los ingredientes a lo largo de cada eslabón de la cadena de abastecimiento. Un abordaje más pragmático, si bien menos riguroso, puede ser de utilidad en revelar “los puntos críticos” (ej., ingredientes, ubicaciones, productos o procesos) de mayor impacto ambiental. Estas son las áreas en las que las iniciativas de mitigación podrían hacer una gran diferencia o donde la empresa es más vulnerable a un ataque por su impacto ambiental. Algunas técnicas arrojan estimados de la huella de carbono que, mientras no son lo suficientemente precisos para diferenciar, digamos, dos marcas de leche, sí pueden identificar los puntos críticos más grandes, facilitando así acciones más pragmáticas.
Acelerando la evaluación: Puntos críticos en la lista de materiales
“¿Cuánto contribuye su vaso de jugo de naranja de todas las mañanas al calentamiento global?” preguntó un artículo del New York Times en enero de 2009, haciendo referencia a un estudio publicado a principios de ese año.56 PepsiCo, en asociación con el Instituto para la Tierra en la Universidad de Columbia, investigó la huella ambiental de 20 productos de jugo de naranja de la línea Tropicana Pure Premium de PepsiCo. El estudio concluyó que el típico cartón de jugo de naranja Tropicana Pure Premium vendido en Estados Unidos era responsable de una huella de carbono de 1.7 kg.57 Treinta y cinco por ciento de ese impacto, el más grande punto crítico, provenía del fertilizante utilizado en el cultivo de las naranjas.58
El estudio del jugo de naranja fue tan exitoso que los ejecutivos de PepsiCo quisieron repetirlo para todos los productos de su empresa.59 En vez de intentar un ACV detallado, sin embargo, Columbia y PepsiCo se unieron nuevamente para crear un abordaje “rápido” de ACV que balanceara lo minucioso del ACV completo con la velocidad y costo requeridos por PepsiCo. La técnica empieza por la lista de materiales (BOM) de cada producto, 1.137 productos en el caso de PepsiCo, que se extraen del sistema de planeación de recursos empresariales (ERP) de la compañía. Luego se cotejan los datos de los materiales contra los factores de emisiones conocidos para los materiales y procesos, para llenar una estructura estándar de data de cálculo de los factores de emisión. La estructura de datos también incluye un estimado de la precisión del factor de emisión para cada material y proceso. Para los materiales y procesos cuyos factores de emisión no son tan evidentes, el equipo desarrolló un modelo “genérico” para calcular el impacto de carbono con base en atributos tales como precio,60 peso, densidad y tipo. Ya que los cálculos “genéricos” incluidos en el sistema no son tan exactos como los cálculos con base en data específica, los analistas podrían realizar otras evaluaciones cuando es probable que un material “genérico” contribuyese de forma significativa a la huella de carbono final del producto. Es decir, la empresa podría invertir esfuerzos en precisión si la precisión significa hacer una diferencia en el cálculo total de la huella.
Este procedimiento de cálculo rápido de la huella de carbono permitió a PepsiCo identificar sus “puntos críticos” de carbono en todo su portafolio ya que, según el equipo del Instituto para la Tierra, “el abordaje reduce de forma dramática el número de entradas manuales requeridas, hasta casi 1.000 veces”. Otro beneficio del sistema es que cualquier actualización de la base central de datos de emisiones de cualquier insumo, ya sea la huella de carbono del azúcar u optar por botellas de plástico ligero, se extiende a todos los productos que utilizan ese material.
Las aplicaciones de software especializado también pueden acelerar las evaluaciones de la huella. Aplicaciones como la SimaPro61 y GaBi62vienen pre-programadas con bases de datos como Ecoinvent63 que extraen estudios de ACV existentes de múltiples fuentes. A pesar de que tales programas de ACV facilitan tales reflexiones, las aplicaciones dependen de conjuntos de data general que no son específicos a los procesos, empresas o ubicaciones de los proveedores analizados. Esto incrementa el margen de error, pero todavía puede ser una opción en la toma de decisiones informadas, especialmente en términos de decisiones de “orden de magnitud”.
Pese a que el cálculo rápido de la huella ahorra tiempo y esfuerzo al realizar el análisis y, en consecuencia, facilita el análisis en todo el espectro del portafolio de productos, aún requiere de considerable conocimiento técnico, tiempo y esfuerzo para su desarrollo. Otros abordajes requieren incluso de menos experticia, dependiendo de información de más fácil acceso dentro de la organización: flujos de dinero.
Siga el dinero
Ocean Spray, el productor de jugos embotellados y bocadillos a base de frutas con sede en Massachusetts, evaluó todas las emisiones de su cadena de abastecimiento utilizando una variante del ACV llamada evaluación del ciclo de vida de ingreso y salida económica (EIO-LCA por sus siglas en inglés).64 EIO-LCA provee una alternativa a la clase de arduos ACV utilizados en los ejemplos de la banana y Tesco. EIO-LCA requiere menor cantidad de datos pero, en muchas formas, puede ser incluso más complejo.65
EIO-LCA se basa en la obra del economista ganador del Premio Nobel, Wassily Leontief, quien dividió la economía en sectores e identificó la dependencia entre varios sectores utilizando información comercial.66 Por ejemplo, una caja de bananas Chiquita requiere de un conjunto de insumos tales como químicos en la plantación, cartón para las cajas, camiones para el transporte y muchos otros materiales, cada uno provenientes de sus respectivos sectores o industrias. Esos insumos, a su vez, tienen sus propios insumos, tales como el acero y electricidad necesarios para fabricar los camiones y que provienen de otros sectores. Por lo tanto, cada sector industrial se puede caracterizar por las cantidades relativas de bienes que compra como insumos de otros sectores. Estas relaciones crean una maraña de interdependencias, ya que se encuentran hacia arriba de la cadena de abastecimiento. Los fabricantes de camiones, por ejemplo, pueden comprar acero para hacer los camiones y los fabricantes de acero pueden comprar camiones para transportar su acero. Leontief desarrolló un modelo matemático de entrada-salida económica que contabiliza cómo un dólar de salida producido por un sector depende de las fracciones de dólares de entrada de cada uno de los otros sectores de la economía, en todo el recorrido hacia arriba de la cadena de abastecimiento.
EIO-LCA expande la obra de Leontief utilizando data de impacto ambiental a nivel de sectores. Esta información ambiental se combina con el modelo EIO original de Leontief para calcular el impacto ambiental por dólar gastado en cada sector de la economía. La Universidad Carnegie Mellon ofrece una versión gratuita, en línea, del modelo EIO-LCA para uso no comercial, además de licencias de uso de la data subyacente y métodos.67
Para Ocean Spray, el uso de EIO-LCA significó que podía calcular la huella de carbono de todo el recorrido aguas arriba de su cadena de abastecimiento tan solo utilizando las transacciones financieras registradas en su sistema de ERP. Trabajando a la par con los investigadores de MIT, Ocean Spray recabó data de todas sus transacciones financieras por un año.68Incluyendo más de 400.000 transacciones con proveedores, cada uno de ellos categorizado y emparejado con uno de los 500 sectores económicos representados en el modelo EIO-LCA. La data del sector y valor por dólar de las transacciones fueron suficientes para arrojar un cálculo aproximado de la huella de carbono de todas sus actividades hacia arriba de la cadena de abastecimiento.
EIO-LCA puede ser más comprehensivo que el tradicional ACV utilizado por Tesco y Chiquita por tres razones. La primera, automáticamente agrega los impactos ambientales que yacen en las profundidades de la cadena de abastecimiento y que un ACV podría omitir por falta de visibilidad, como por ejemplo, si un proveedor rehúsa responder a la solicitud de data relacionada al ACV. Segunda, al utilizar data del ERP, no solo data del BOM, abarca más impactos de la empresa, tales como materiales indirectos o actividades generales. Y por último, el uso de data de costos, en vez de data sobre las cantidades de material, también implica que el EIO-LCA incluye la huella de los equipos capitales, asumiendo que el costo de ese equipo capital está amortizado en los precios de los proveedores y proveedores de servicio.
Sin embargo, el EIO-LCA es menos preciso que un análisis ACV profundo, en que la data de entrada-salida económica solo identifica interacciones agregadas entre sectores industriales y asume que todos los productos de un sector dado tienen el mismo impacto ambiental por dólar de costo. Por ejemplo, al diésel de combustible fósil y al biodiesel se les puede asignar el mismo impacto por dólar si ambos se consideran provenientes de un sector “de combustible”. Se necesita crear nuevos sectores que reflejen materiales de relación muy cercanos, pero que tienen impactos por dólar significativamente distintos. Otra carencia del método EIO-LCA es que excluye actividades hacia abajo de la cadena, tales como el uso que da el consumidor al producto y descarte.
Para obtener una evaluación más completa, Ocean Spray combinó su abordaje EIO-LCA con un ACV tradicional, con base en procesos, para analizar sus propias operaciones y actividades hacia abajo de la cadena de abastecimiento, tales como distribución, uso y descarte. Ocean Spray concluyó que 71 por ciento del total de sus emisiones prevenían de productos comprados e insumos (en otras palabras, de la parte superior de su cadena de abastecimiento), en consistencia con los promedios de la industria. Otro 17 por ciento provino de las emisiones aguas abajo de la cadena relacionadas a la distribución, uso y descarte de los productos que vende Ocean Spray. Solo 11 por ciento provino de las propias operaciones de Ocean Spray.
Al igual que el abordaje simplificado descrito en la sección anterior, EIO-LCA puede ayudar a identificar procesos que crean tensión ambiental significativa y que pueden estudiarse más a fondo para encontrar mejoras. Este abordaje combinado a menudo se le conoce como ACV híbrido. Utiliza el más rápido y comprehensivo EIO-LCA para una proyección inicial69 y luego recurre a un estudio más detallado de las áreas de alto impacto por medio de un ACV estándar con base en procesos, tales como los ejecutados por MIT (en las bananas Chiquita) o en los esfuerzos de Tesco.
ACV en tiempo real
Los ACV tempranos, tales como los ejemplos de Chiquita y Tesco, toman meses para ejecutarse, lo cual limitó su utilidad y viabilidad financiera. Estos ACV costaron mucho y, para la fecha en que se complementaron, ya eran obsoletos. “Existen soluciones que no permiten la integración de las mediciones de la huella de carbono a los sistemas operativos de IT a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, para todos y cada uno de los productos”, dijo Jean-Marc Lagoutte, CIO de Danone.70 Al mismo tiempo, la creciente cantidad de data relacionada al ACV (análisis publicados, bases de datos de proveedores de sostenibilidad y divulgaciones CDP) han aumentado la disponibilidad de data de impacto ambiental que puede utilizarse en los ACV.
Danone, el proveedor de software SAP y expertos externos desarrollaron un sistema de software que toma los BOM y data transaccional del ERP, data de encuestas de proveedores y data de factores de emisiones de diversas fuentes71 para calcular de forma rápida y (relativamente) barata el ACV de extremo-a-extremo de los productos Danone. Las empresas no detallan la metodología específica que utilizaron (que, podemos suponer, involucra simplificaciones similares a las del EIO-LCA o el “ACV Rápido” de PepsiCo) o su precisión (la cual se desconoce).72
Cada una de las unidades de negocios por país de Danone tiene un encargado de los temas que conciernen al carbono y quien es responsable, en parte, de realizar este ACV dos veces al año. Utilizando este sistema, Danone ha evaluado las huellas de extremo-a-extremo de 35.000 de los productos que representan el 70 por ciento de las ganancias de la empresa.73“Al hacer de este análisis parte de nuestra infraestructura de IT, obtenemos conocimientos valiosos para la toma de decisiones; se convierte en catalizador de cambio en nuestra empresa como un todo”, dijo Myriam Cohen-Welgryn, vicepresidente de Danone Nature.74A pesar de que el uso de aproximados previene el cálculo preciso del nivel absoluto de emisiones, SAP indica que la herramienta es una forma de “resaltar tendencias y ordenar por rango las actividades que generan emisiones y las huellas de proveedores con el fin de ayudarles a identificar oportunidades de mejora”.75
Stonyfield Farm Inc., una subsidiaria de Danone, encontró un nuevo uso para su sistema: Analizar a diario los cambios en el ACV de los productos de yogur de la empresa.76 Con este sistema, Stonyfield afirma que puede calcular automáticamente la huella de extremo-a-extremo de las órdenes individuales. “Ahora podemos obtener un entendimiento inmediato del impacto climático de cada uno de los ingredientes en nuestros productos según se manufacturan, lo cual nos permite tanto reaccionar rápidamente para reducir el impacto y ajustar nuestro abordaje como producir un yogur de bajo impacto de forma continua”, dijo Wood Turner, vicepresidente de innovación de sostenibilidad de Stonyfield.77 Sin embargo, no queda claro si la precisión del método permite una evaluación tan exacta.
Recolectando data vía encuestas a proveedores
En 2012, la empresa francesa de cosméticos L’Oréal prometió que para 2020 reduciría sus desechos sólidos y uso de agua, al igual que la totalidad de su huella de carbono en un 60 por ciento en relación con sus cifras de 2005.78 Para lograrlo, la empresa necesitaba entender tanto el impacto de sus propias operaciones como el de sus proveedores, lo cual requirió de un abordaje uniforme en la recolección y evaluación de data concerniente a esos impactos. “Utilizamos una tarjeta de calificaciones, y esa tarjeta fue desarrollada por L’Oréal y CDP”, dijo Miguel Castellanos, director de salud ambiental y seguridad de la empresa.79
CDP es una organización sin fines de lucro con sede en el Reino Unido y fundada en el año 2000 con un simple objetivo: Pedir a las empresas más grandes del mundo que revelen sus emisiones de carbono y compartan las acciones que toman para mitigar este impacto.80 En 2002, cuando CDP envió su primer cuestionario, 221 de las 500 empresas contactadas contestaron la encuesta.81 Para 2015, la participación creció a 4.500 empresas, representando más del 50 por ciento de la capitalización de mercado de las 30 bolsas de valores más grandes del mundo.82 Parte del incremento se debió a que los inversionistas institucionales exigieron a las empresas responder el cuestionario de CDP. En 2014, más de 767 inversionistas institucionales, representando más de $92 billones de activos,83 estuvieron detrás de las solicitudes de información de la CDP.
L’Oréal fue una de las primeras empresas en responder y, en 2008, decidió ir más allá. Se unió al programa de cadenas de abastecimiento de CDP para motivar a sus proveedores, quienes podrían no ser empresas grandes o públicas y, por ende, fuera del alcance de la CDP, a reportar sus emisiones. Para el año 2013, indicó Castellanos, la empresa envió cuestionarios siguiendo los parámetros de CDP a 173 de sus proveedores y 152 de ellos respondieron.84 Ese mismo año, la empresa envió una nueva tarjeta de calificaciones L’Oréal/CDP para investigar el uso de agua de 17 de los proveedores de la empresa; 15 de ellos respondieron.
Utilizar el sistema estandarizado de reportes de CDP permite a los proveedores brindar la misma información, en el mismo formato, a todos sus clientes.85 El comprehensivo cuestionario de CDP en 2014, de 17 páginas, sobre el cambio climático incluye 86 preguntas que abarcan la gestión, estrategia, política y comunicación de los riesgos del cambio climático, personalizado para dirigir la encuesta a múltiples clientes y actores. Además, con el fin de asegurar que todos los encuestados calculen sus GEI de forma consistente, el cuestionario de CDP apalanca otro nivel de estandarización: El Protocolo de Gases de Efecto Invernadero mencionado en este capítulo.
Evaluación en las fases de uso y post-uso
Un arquitecto que diseña un edificio energéticamente eficiente tiene muchas opciones de materiales estructurales, ventanas, aislamiento, iluminación y accesorios que le ayudarán a minimizar el uso de energía y, por lo tanto, la huella de carbono del edificio al ser utilizado por sus ocupantes. En muchas categorías de producto, unas cuantas mediciones simples brindan un buen estimado de esa huella durante la fase de uso. Con la iluminación, por ejemplo, la potencia en vatios de los productos competidores con la misma luminosidad brinda un excelente estimado de la huella de carbono: Las opciones con mayores voltios consumen más electricidad lo cual, en la mayoría de los lugares, implica un mayor uso de combustibles fósiles.
Evaluar la huella de los sistemas de secado de manos en el baño es más difícil que evaluar la iluminación, debido a lo heterogéneo de las opciones tales como toallas de papel desechables, rollos de toallas de algodón reutilizables, secadoras de aire caliente, Xlerator de la empresa Excel y Airblade de Dyson (Ver figura 3.3). Las primeras dos opciones no utilizan electricidad en el baño, pero sí requieren de despachos de materiales desechables o reutilizables. La siguiente opción es la consabida secadora de manos de aire caliente, la cual fue incluida entre las opciones como una referencia familiar. Las últimas dos opciones tienen consumos de vatios similares, que hace optar por ellas, un asunto no tan obvio sin un cuidadoso análisis.
FIGURA 3.3 | Secadoras de manos comparadas en el estudio de LCA de MIT.

Evaluando la huella de secarse las manos
Dyson, el fabricante de Airblade, creía que su producto era superior a las otras cuatro opciones en términos de la huella de carbono de todo su ciclo de vida. Para justificar esta aseveración, la empresa comisionó al Laboratorio de Sistemas de Materiales de MIT la realización de una evaluación cuidadosa e independiente de la huella de la manufactura, servicio y uso de Airblade y los cuatro otros sistemas comunes de secado de manos. En 2011, MIT publicó su evaluación, titulada “Análisis del Ciclo de Vida de los Sistemas de Secado de Manos”.86 Como resultado del estudio, The Guardian proclamó en noviembre de 2011: “Toallas de papel son la forma menos eco-amigable de secarse las manos.”87
Esta evaluación inició con una serie de preguntas importantes: ¿Qué constituye el uso?; ¿cómo los consumidores usan cada producto?; ¿cuál es el impacto de cada uso?; y ¿cuál es la cantidad total de uso? Evaluar la fase de uso puede ser difícil. Por ejemplo, mientras la huella hacia arriba de la cadena de abastecimiento involucra cientos o miles de proveedores, el extremo hacia abajo de la cadena podría abarcar cientos de millones de consumidores.
Primero, los investigadores definieron la unidad de uso como “un par de manos ya secas”. Pero esto conllevó a la pregunta ¿qué constituye “secas”? NSF International, una organización de estándares independientes, define manos “secas” como aquellas que contienen menos de 0.1 g de humedad residual en un entorno a temperatura ambiente.88
A continuación, los investigadores tuvieron que calcular cómo la gente utiliza cada uno de los cinco métodos de secado de manos. Utilizando una variedad de data de estudios anteriores, los investigadores determinaron que el usuario promedio de baños utiliza dos toallas de papel o una toalla de algodón para secarse las manos. Las secadoras eléctricas de aire caliente toman 31 segundos en evaporar el agua de las manos de los usuarios. Tanto Xlerator y como Airblade utilizan una ráfaga de aire a alta velocidad para remover las gotas de agua de las manos de los usuarios. A diferencia del Xlerator, la Airblade dirige su ráfaga de aire a 400 millas por hora a través de capas angostas o aspas. El poco convencional diseño requiere que los usuarios lleven las manos hacia arriba, entre las aspas. La secadora de manos Xlerator requirió de 20 segundos, mientras que la Airblade, de solo 12 segundos para secar un par de manos; una mejoría considerable sobre otras secadoras de mano eléctricas.
Para comparar de forma justa las diferentes opciones, los investigadores tuvieron que calcular una dimensión de uso adicional: ¿Cuántos pares de manos secaría cada método durante su vida útil? Los investigadores usaron la garantía de cinco años, típica de las secadoras de manos eléctricas, como la duración de vida aproximada de estos productos y durante la cual una secadora puede utilizarse 350.000 veces.89 Con esa aproximación de uso establecida, el próximo paso fue medir los insumos de cada método y sus impactos ambientales: En el caso de las secadoras de mano, esto significó elaborar una detallada lista de todos los materiales utilizados para fabricar y operar las máquinas; desde el metal, plástico y adhesivos hasta los componentes electrónicos y empaques en que se transportan las máquinas.
Cada método tenía diferentes problemas en la huella de su uso. Las toallas de papel requieren una fuente constante de papel, que podría incluir algo de contenido reciclado, y también necesitan de un cesto de basura y una bolsa plástica diaria para protegerlo. Los rollos de toallas de algodón duran un promedio de 103 usos antes de ser reemplazadas. Tanto para las toallas reutilizables como para las desechables, el combustible consumido durante la entrega de las toallas es responsable de una gran parte del impacto ambiental. Por sí misma la máquina Airblade, con su robusta construcción y electrónica de avanzada, tuvo una alta emisión inicial de carbono durante su proceso de manufactura en comparación con la simple caja metálica del dispensador de toallas de papel.
Para los tres tipos de secadoras de mano eléctricas, la mayor parte de su huella de carbono provino de la electricidad consumida durante su uso (más de 91 por ciento en el caso de la Airblade90). Es aquí donde, como predijo Dyson, su producto superó a todos los demás. No solo la Dyson Airblade extrajo electricidad por menos tiempo que sus competidores, también extrajo menos electricidad cuando está encendida. La Airblade consumió 1.400 vatios91 durante su ráfaga de 12 segundos. El Xlerator extrajo 1.500 vatios por 21 segundos más 1.5 segundos de desaceleración de las aspas a media capacidad. La secadora de manos tradicional extrajo 2.300 vatios durante su ciclo de 31 segundos, casi cinco veces más que el total utilizado por la Airblade.
Por último, el estudio encontró que la Airblade sí tenía el promedio más bajo de impacto de carbono. El estudio encontró que la huella de carbono por uso del modelo con carcasa plástica fue de tan solo 4.19 g CO2e; el modelo con carcasa de aluminio generó escasamente un poco más: 4.44 g por uso. El Xlerator tuvo una huella de carbono de 7.85 g por uso. Los rollos de toallas de algodón generaron 10.2 g por uso; las toallas de papel generaron 14.6 g por uso; y las secadoras eléctricas tradicionales generaron 17.2 g por uso.
Al igual que con el ACV de la banana, las cifras aproximadas no cuentan toda la historia. En teoría, la clasificación por rango de estas opciones puede ser muy distinta si los valores numéricos (ej., la huella de carbono de la electricidad, tiempo que toma secarse las manos, número de manos secadas a lo largo de la vida del aparato) fueran distintos. Para poner a prueba esta posibilidad, los investigadores también realizaron un análisis de sensibilidad utilizando una simulación Monte Carlo que comparó los sistemas de secado de manos en un amplio rango de escenarios. Encontraron que la Airblade es ambientalmente superior que el Xlerator en 86 por ciento de los escenarios y mejor que cualquier otro de los tres sistemas de secado en 98 por ciento o más de los escenarios simulados.
Como en el caso del proyecto de etiquetado de la huella de carbono de Tesco, el ACV de las secadoras de manos requirió de considerable esfuerzo. El equipo de investigación llegó a esta y otras conclusiones relacionadas luego de un estudio que tomó casi 10 meses-hombre. El reporte fue sometido a una revisión crítica por un grupo de expertos externos, cuya retro-alimentación fue incorporada en el reporte final. El reporte final de la evaluación consistió de 113 páginas, con 42 diagramas, 48 tablas, un apéndice de 40 páginas y 3 páginas de referencias. Dyson insistió en que se realizara una evaluación exhaustiva; aseverar vehementemente una sostenibilidad superior puede atraer alegaciones de imparcialidad o “lavado verde” de parte de ambientalistas escépticos (Ver capítulo 9). Dyson “quiso que el reporte fuera a prueba de bala”, dijo Jeremy Gregory, uno de los autores del reporte.92
El producto envenenado: evaluando la toxicidad
El policarbonato es un polímero termoplástico transparente inventado en 1898, si bien no fue comercializado hasta 1953. Es preciado por su fortaleza y resistencia casi irrompible y su resistencia al calor y la llama. Como resultado, el policarbonato es una opción más segura que el vidrio y otros plásticos, haciéndolo ideal para su uso en una amplia gama de productos, desde biberones hasta discos de Blu-ray.93 Cerca de un billón de kilogramos de policarbonato se producen anualmente. A pesar de que no es probable que el policarbonato se quiebre y cause daño físico a los usuarios de estos productos, no está claro si el plástico puede causarles daños químicos. El policarbonato puede contener trazas de bisfenol A (BPA) provenientes de su proceso de manufactura y que puede liberar ese BPA según envejece el plástico o es expuesto al calor, limpiadores y otras sustancias. El BPA también se encuentra en muchos otros productos, tales como resinas epóxicas utilizadas en las latas para alimentos y en muchas variedades de papel tal como el que utilizan los recibos de cajas registradoras.
El BPA es un químico muy controversial, ya que en el cuerpo humano actúa como la hormona femenina: estrógeno. De esta forma, tiene el potencial de afectar el desarrollo de los órganos reproductivos en fetos, bebés y niños; afecta el rendimiento reproductivo de hombres y mujeres adultos y afecta la progresión de algunos tipos de cáncer. Ha sido catalogado como un disruptivo endocrino.94 Investigaciones demuestran que las personas que manejan estas clases de productos (ej., cajeros de tiendas al por menor) acumulan niveles detectables de BPA en su sangre.95 96
Varios gobiernos, incluyendo el de Estados Unidos y la Unión Europea, han impuesto ciertas restricciones en los productos vinculados a los alimentos, si bien no han prohibido su uso completamente. Por ejemplo, el BPA ha sido prohibido en la fabricación de biberones y tacitas sorbedoras para bebés (en Estados Unidos, la Unión Europea y muchos otros países en la región).97 Aun así, los grupos activistas en pro de los consumidores como el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales y el Grupo de Investigación para el Interés Público de Estados Unidos, piensan que estas regulaciones no han sido suficientes y están presionando a las empresas a cesar por completo el uso de BPA.
El BPA es solo uno de los muchos ejemplos de químicos de uso común y, sin embargo, controversial. Cada industria tiene su propia sopa de letras de químicos que despiertan las inquietudes de entes reguladores y ONG.98 Estos materiales potencialmente tóxicos en la cadena de abastecimiento pueden afectar la salud de plantas, animales y personas. Las toxinas incluyen emisiones liberadas al aire (ej., mercurio proveniente de plantas que queman carbón, partículas emitidas por camiones de motor diésel y emisiones de sulfuro provenientes de buques de carga marina), aguas servidas (ej., limpiadores, contaminantes del agua de lavado, solventes, ingredientes que causan eutrofia y la escorrentía de pesticidas) y desechos sólidos (ej., electrónicos, metales y plásticos).
Estableciendo metas: de evaluación a compromiso
Evaluar los impactos ambientales de una empresa sirve para propósitos muy diferentes. L’Oréal utilizó su evaluación para definir los parámetros de referencia de sus metas y luego medir el progreso contra esos parámetros. PepsiCo utilizó la evaluación para identificar “puntos críticos”, esas áreas en las actividades de la empresa, ubicaciones de su cadena de abastecimiento o productos que tienen impactos ambientales particularmente grandes, con el fin de priorizar sus esfuerzos de mejora. Tesco utilizó la evaluación para crear transparencia con respecto a la huella de carbono de forma que los consumidores pudieran tomar decisiones sostenibles. Dyson utilizó las evaluaciones para aseverar de forma inequívoca la sostenibilidad de su producto ante el mercado. Así, las evaluaciones asisten una combinación de mejoras (Capítulos 4 al 8), gestión de esfuerzos de sostenibilidad (Capítulo 10) y como mensaje con respecto a la sostenibilidad de la empresa (Capítulo 9). Implícita en estos usos de la evaluación está la suposición de que los impactos cuantificados importan.
Materialidad: ¿a quién le importa?
Por ser la empresa de químicos más grande del mundo, BASF SE tiene impactos ambientales significativos, de múltiples clases y en ubicaciones muy distintas. Con el fin de mejorar la sostenibilidad de forma más efectiva, BASF necesita saber qué aspectos de la sostenibilidad importan más, tanto a la empresa como a sus varias partes interesadas. Para responder esta pregunta, la empresa realiza una evaluación anual de materialidad.99 A través de una serie de talleres y entrevistas, la empresa redujo una larga lista de impactos potenciales a 38 temas. A continuación, entrevistaron a 350 partes interesadas alrededor del mundo y a 90 expertos externos. La empresa recopiló data con base en la relevancia para BASF y sus partes interesadas externas de los 38 temas, como se demuestra en la figura 3.4100
FIGURA 3.4 | Evaluación de materialidad de BASF

Diferentes empresas se preocupan por diferentes tipos de impacto ambiental que existen a lo largo de su cadena de abastecimiento. Empresas como Apple, Tesco y Chiquita se enfocan en su huella de carbono; Coca-Cola, AB InBev y Nestlé se preocupan por su consumo de agua, especialmente en regiones propensas a sequías; y muchas empresas que usan productos agrícolas consideran los impactos del uso de tierras, tales como las que resultan de los cultivos de aceite de palma, algodón o café. Chicken of the Sea, proveedor líder de mariscos de Norteamérica, utiliza evaluaciones de actores internos versus externos y que toman en consideración 15 temas. Cada tema fue categorizado en un rango entre −10 y +10 en términos de materialidad, llevando a una gráfica similar a la presentada en la figura 3.5. Una evaluación de materialidad ayuda a la empresa a enfocarse en problemas importantes y a establecer metas significativas que importan a la empresa o sus partes interesadas.
FIGURA 3.5 | Evaluación de materialidad de Chicken of the Sea.

Por los números, para los números
En la evaluación de materialidad de BASF (Figura 3.4), el problema de mayor orden tanto para la empresa como para sus partes externas interesadas fue el consumo o eficiencia energética. Así, uno de los enfoques principales de la sostenibilidad de BASF son las metas de eco-eficiencia, reducir la cantidad de recursos consumidos tanto para ahorrar dinero como para recortar el impacto ambiental. Esto incluye metas 2020 para mejorar la eficiencia energética del proceso de producción en un 35 por ciento y reducir las emisiones de GEI por tonelada métrica de venta en un 40 por ciento en contraste con la base de 2002.
Una empresa puede definir múltiples objetivos numéricos de reducción para abordar sus respectivos impactos ambientales y componentes de costos. Por ejemplo, en 2013, el fabricante de juguetes Hasbro Inc. definió cuatro metas numéricas para alcanzar en 2020, todas medidas con respecto a una línea base de 2012. Las cuatro metas fueron: Disminuir las emisiones de GEI de Alcance 1 y Alcance 2 de las instalaciones propias u operadas por la empresa en un 20 por ciento; disminuir el consumo de energía en las instalaciones propias u operadas por la empresa en un 25 por ciento; cortar el consumo de agua de instalaciones propias u operadas por la empresa en un 15 por ciento y reducir la cantidad de desperdicios que van al vertedero en instalaciones propias u operadas por la empresa en un 50 por ciento.101Una meta ambiental bien definida incluye alguna dimensión de sostenibilidad (ej., huella de carbono), un alcance o nivel (ej., instalaciones propias u operativas de la empresa), un valor meta (ej., una reducción del 20 por ciento en comparación con una base o cifra de referencia) y un período (ej., de 2012 a 2020). En algunos casos, las metas ambientales podrían definir un objetivo de eficiencia en vez de una reducción total. Por ejemplo, como se mencionó en el capítulo 2, AB InBev y Coca-Cola definen sus metas de sostenibilidad del agua en términos de eficiencia del uso de agua, el número de litros de agua necesarios para producir un litro de cerveza102 o soda,103respectivamente.
Las metas absolutas reducen riesgos
Otros temas o problemas contemplados en la evaluación de materialidad pueden ser de gran preocupación para los actores externos, pero ser de beneficio limitado para la empresa. No obstante, los riesgos de perturbación de la reputación, demanda u oferta como resultado de las acciones de ONG, regulaciones, rechazo comunitario o boicot de los consumidores podrían motivar a la empresa a incurrir en mayores costos con el fin de mitigar y manejar estos riesgos. Las metas e iniciativas de mitigación de eco-riesgos a menudo incluyen codificar, implementar y hacer cumplir restricciones en contra de actividades que puedan atraer la atención de las ONG y los medios de comunicación, tales como la deforestación, desecho de materiales tóxicos y contaminación por sustancias no favorables. Estas iniciativas también pueden incluir cambios al diseño con el fin de eliminar toxinas conocidas o sospechosas y que están asociadas a los insumos, manufactura, uso o descarte de un producto.
Estos riesgos ambientales a menudo llevan a las empresas a comprometerse a una meta absoluta, ejecutable en un período específico, tal como el compromiso de Chicken of the Sea de ofrecer atún que no perjudica a los delfines, la meta de Campbell de eliminar el BPA de las cubiertas interiores de sus latas de sopa,104 o el anuncio de McDonald’s de cambiarse a pollo criado sin antibióticos.105 Coca-Cola está comprometida a reemplazar cada gota de agua que utiliza. Otras empresas, como Walmart,106P&G107 y General Motors108 tiene metas de “cero desperdicios”. En vez de intentar explicar el concepto básico de riesgo y convencer a los consumidores, ONG o entes reguladores de que algún nivel de una sustancia tóxica o actividad dañina al ambiente es aceptable, estas empresas prometen eliminar por completo el polémico insumo, producto o actividad.
Con el fin de medir el progreso hacia una meta absoluta, las empresas típicamente evalúan el porcentaje de productos vendidos o porcentaje de instalaciones que han alcanzado la meta en cuestión.
Materialidad a un Segmento
Una evaluación de materialidad puede llevar a una empresa a darse cuenta de que a un subconjunto del mercado le importan mucho algunos atributos en particular y que está dispuesto a preferir o pagar más por productos que ofrecen estos atributos. Por ejemplo, la evaluación de BASF (Figura 3.4) descubrió el interés de sus otros actores en temas como el control de la contaminación, materiales renovables con base biológica y la sostenibilidad agrícola. Todos son temas que BASF podría atender a través de líneas específicas de productos e innovaciones. El resultado son iniciativas de eco-segmentación en las cuales la empresa diseña y vende productos con uno o más atributos relacionados a la sostenibilidad, tales como ser eficiente en uso de energía, libre de toxinas, cultivado de forma sostenible, orgánico o empacado con materiales con base biológica o reciclados. El mayor costo de estos productos está típicamente sufragado a través de precios premium que los clientes del sector verde están dispuestos a pagar.
Otras empresas utilizan iniciativas de eco-segmentación como parte de su gestión de riesgos a largo plazo. La oferta del detergente Tide Coldwater y los pañales Pampers Cruiser, ambas marcas del gigante P&G, permite a la empresa entender la tecnología y el mercado asociado a los productos verdes. Este conocimiento pone a la empresa en posición de reaccionar rápidamente cuando las preferencias de los consumidores cambian o cuando las regulaciones exigen tales productos.
Obteniendo la certificación
“Si no hay cambios fundamentales en la agricultura y pesca, no tendremos un negocio en que valga la pena estar dentro de una a dos décadas”, dijo Antony Burgmans, presidente de Unilever. “Sin pescado no hay croquetas”, añadió.109 Lúgubres pronósticos del estado de los recursos marinos llevaron a Unilever a asociarse con la organización de conservación global Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF por sus siglas en inglés) en 1996 con el fin de crear el Consejo de Protección Marina (MSC por sus siglas en inglés), el primer ente certificador de mariscos sostenibles.110
Tanto la mitigación de eco-riesgos y las iniciativas de eco-segmentación pueden involucrar una certificación que provee evidencia independiente de las acciones de una empresa o de los atributos de un producto (Ver el capítulo 9 para más información sobre certificaciones y etiquetas).
Mientras que los impactos ambientales, tales como la huella de carbono, uso del agua y energía, son fácilmente medidos y manejados a través de reducciones numéricas en las cantidades de consumo o emisiones, algunas categorías de impacto tienen grandes elementos no-cuantificables. Para muchas categorías de productos agrícolas, naturales y alimenticios, cómo un recurso se extrae podría importar más que la cantidad en la que ese recurso se extrae. Así, la meta podría codificarse no como una cantidad que se debe reducir, sino un complejo conjunto de prácticas o indicadores de rendimiento a implementarse.
Por ejemplo, la certificación MSC requiere de una puntuación lo suficientemente alta en 31 indicadores de rendimiento relacionados a un nivel de sostenibilidad de pesca de las especies de pescado objeto de la certificación, prevención de daño ambiental a otras especies de mariscos y hábitats marinos, y gestión de pesca.111 Las certificaciones para cultivos agrícolas, tales como aceite de palma, algodón, café, cacao, carne de res y productos forestales incluyen prácticas relacionadas con el uso de tierras, uso de agua, pesticidas, fertilizantes, cultivo y manejo de desperdicios. Estas certificaciones tienen como propósito asegurar la productividad a futuro de las tierras de cultivo, bosques y océanos.
Bucle de retroalimentación: Evaluaciones, metas y mejoras
Por medio de un vistazo profundo, el flujo hacia arriba y hacia abajo de una cadena de abastecimiento de un producto, incluyendo las fases de uso por el consumidor y final de vida del producto, una empresa puede evaluar dónde es más grande su impacto ambiental (y dónde es más vulnerable a las acusaciones de impacto ambiental excesivo). Tales evaluaciones pueden resaltar oportunidades para reducir el impacto ambiental de una empresa o vender productos que ofrecen atributos de sostenibilidad. Unilever determinó que su huella de carbono está dividida de manera muy irregular a lo largo de la cadena de abastecimiento y ciclo de vida de sus productos. En promedio, la huella de un producto Unilever proviene en 29 por ciento de su materia prima, 2 por ciento de manufactura, 2 por ciento de logística, 5 por ciento de la venta al detal, 62 por ciento del uso que le da el consumidor y menos de 1 por ciento del descarte del producto.112Tales evaluaciones ayudan a una empresa a determinar las ubicaciones y magnitudes de sus impactos ambientales, permitiéndole diseñar iniciativas significativas de sostenibilidad.
La evaluación y definición de metas son los primeros pasos de la travesía ambiental de una empresa. Las iniciativas de sostenibilidad pueden tomar lugar en cualquiera y todas las fases de la cadena de abastecimiento de una empresa. Estas actividades se discuten en los capítulos siguientes utilizando los cuatro procesos operativos del esquema del modelo SCOR de abastecerse, hacer, entregar y devolver, así como también el diseño del producto. Las reevaluaciones periódicas, como el ACV de Danone dos veces al año, monitorean el progreso hacia el logro de las metas de la empresa para los propósitos de gestión, divulgación y mercadeo.
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Hacer más y usar menos
Como bien escribió el doctor inglés Sir Thomas Browne en 1642, “La caridad empieza por casa”.1 Igualmente, la sostenibilidad también empieza por casa, y muchas empresas miran hacia adentro y enfocan sus iniciativas de sostenibilidad en la mejoría. “Desarrollar e implementar prácticas de manufactura sostenible es una parte esencial de hacer negocios hoy en día”, dijo Michael Darr, gerente de planta de neumáticos para vehículos de pasajeros y camiones ligeros de Bridgestone en Wilson, Carolina del Norte.2
En la mayoría de los casos, estos esfuerzos iniciales se alinean con las metas económicas de la empresa. Así, las mejoras al proceso de “hacer” son a menudo motivadas por consideraciones de eco-eficiencia, incluyendo la reducción en el uso (y por lo tanto el costo) de energía, agua y otros insumos. Estas y otras iniciativas también podrían ser motivadas por consideraciones de eco-riesgo, tales como reducir o eliminar toxinas en los productos o emisiones, que podrían crear responsabilidades de alto costo para la empresa o invitar a la crítica y ataques de las ONG. Este capítulo enfatiza las mejoras de sostenibilidad en los procesos de fabricación de los productos ya existentes de una empresa, en vez de cambios a los productos en sí (Ver capítulo 8), cambios a las materias primas y piezas (Ver capítulo 5) o cambios al proceso de descarte (ver Capítulo 7).
De domar la llama a repudiarla
Un voraz incendio puede ser o un terror descontrolado que consume lo que encuentra a su paso o una confortante fuente de luz y calor para alegrar una fría noche de invierno. Hace casi medio millón de años, la humanidad domó el fuego para potenciar este proceso químico en un creciente número de aplicaciones.3 Siglos de innovación han explotado el milagro del fuego en calderas, moviendo pistones y haciendo girar las turbinas de los motores de avión jet y plantas eléctricas. El descubrimiento de abundantes combustibles fósiles, tales como el carbón, petróleo y gas natural, abarató la energía y la hizo abundante, lo cual propulsó el mundo moderno de la industria y el transporte.
A la vez que las torres de perforación penetraban la tierra para extraer el oro negro, así también se elevaron hasta el cielo chimeneas industriales, chimeneas y tubos de escape. Las emisiones de los radiantes fuegos de las primeras industrias desplegaron su mortaja oscura sobre el paisaje y dieron inicio a una ola de leyes ambientales luego de la Revolución Industrial. En respuesta a la regulación, los ingenieros diseñaron sistemas de combustión más eficientes que aseguraran que más combustibles se convirtieran en calor útil. También añadieron una serie de accesorios a los sistemas de escape, tales como los convertidores catalíticos, precipitadores de ceniza y depuradores para remover más contaminantes de los escapes.
No obstante, para todo el control que ha ejercido la humanidad sobre esta poderosa reacción natural entre aire y combustible, ha fallado en contener el más básico derivado de la combustión: dióxido de carbono. A diario, casi 100 millones de toneladas de dióxido de carbono fluyen hacia la atmósfera, provenientes de los combustibles fósiles de vehículos, fábricas, plantas eléctricas y otras fuentes.4 Esas emisiones han excedido la capacidad actual de la vegetación y otros procesos geoquímicos naturales que absorben el exceso de CO2, resultando en un incremento del 27 por ciento del dióxido de carbono atmosférico entre 1960 y 2016.5 La mayoría de los científicos (ciertamente no todos) creen que estas emisiones han sido y serán responsables de cambios climáticos significantes que podrían poner en peligro la viabilidad de la agricultura y los ecosistemas.
Las cadenas de abastecimiento juegan un papel importante en la acumulación de CO2 en la atmósfera a través del consumo energético tanto de la manufactura como del transporte. En Estados Unidos, las aplicaciones industriales consumen casi un tercio de toda la energía. Alrededor del mundo, la industria consume la mitad de toda la energía. Por esta razón, muchas iniciativas verdes para la cadena de abastecimiento se enfocan en mejorar la eficiencia energética y reducir la intensidad de carbono de sus fuentes de energía. Bajo el Protocolo de Gases de Efecto Invernadero6 descrito en el capítulo 3, estas son, en gran medida, mejoras a las emisiones de Alcance 1 y Alcance 2. De acuerdo con el Departamento de Energía de EE.UU., “la eficiencia energética es una de las formas más fáciles y costo-efectivas de combatir el cambio climático, limpiar el aire que respiramos, mejorar la competitividad de nuestros negocios y reducir los costos de la energía para los consumidores”.7
Cuatro pasos para una menor huella
En 2006, Siemens inició la implementación de un abordaje, “muy alemán”,8 de cuatro pasos para la eficiencia energética interna. Los procesos comienzan con la selección de un área de mejora, continúan con una “inspección de salud energética”, luego un análisis del uso de energía, y termina con la implementación de un contrato de mejora de rendimiento entre esa planta Siemens y la sede corporativa de Siemens.9 Este ciclo de evaluación y mejora es, en gran medida, una iniciativa de eco-eficiencia.
En una de sus fábricas en Bavaria, Siemens instaló nuevos equipos y procesos energéticamente eficientes por la suma de €1.9 millones. El programa recortó el uso energético de la fábrica en un 20 por ciento y redujo las emisiones de carbono en más de 2.700 toneladas métricas CO2 por año.10Por supuesto, una reducción de 2.700 toneladas métricas en una fábrica es insignificante en comparación con las 2.737.000 toneladas métricas de CO2 que Siemens emitió en 201311 y es infinitesimal en comparación con la meta global de 36.000.000.000 toneladas métricas de emisiones de carbono provenientes de combustibles fósiles para el año 2013.12 La iniciativa no hace nada por mitigar las emisiones de los decenas de miles de proveedores de Siemens. Y Siemens tiene miles de clientes empresariales que utilizan los productos en formas que emiten aún más carbono. Sin embargo, la mejoría en la fábrica de Bavaria fue solo una de cientos de iniciativas implementadas por Siemens.
Por ejemplo, en su fábrica de Newcastle, Siemens definió 13 iniciativas individuales en tres categorías: extensión de la automatización existente en sus edificios, modernización de tecnologías de medición y control del sistema de calefacción, e instalación de iluminación eficiente en energía. Siemens implementó su proceso de ahorro energético de cuatro pasos en sus 298 plantas principales de producción y manufactura alrededor del mundo. Como resultado, entre 2010 y 2014, la empresa mejoró su eficiencia energética general en un 11 por ciento y su eficiencia de CO2 (salida por unidad de CO2 emitida) en un 20 por ciento.13
Estos ejemplos demuestran que la sostenibilidad es un proceso de amplia implementación, no una solución puntual milagrosa; reducir los impactos ambientales requiere de múltiples puntos de intervención. En otras palabras, como bien saben los golfistas, “no se llega al Green de un solo golpe”. Tal es el caso de muchos de los ejemplos planteados en este libro, los cuales ejemplifican las clases de iniciativas adoptadas por las empresas en vez de documentar todas y cada una de las iniciativas.
Más allá, muchos de estos cambios menores son eco-eficientes y tienen, por lo tanto, una justificación financiera, ya que cumplen con los límites del retorno sobre la inversión de las empresas. La iniciativa bávara se pagó por sí sola en cuatro años y medio con un pronóstico de ahorro anual de casi €700.000.14 Las mejoras realizadas en Newcastle entregaron una tasa interna de retorno (TIR) del 27 por ciento.15 Además, cada modesta historia de éxito (y su efecto acumulativo en la reducción de impactos) contribuye a la mitigación de eco-riesgo al demostrar un progreso continuo.
En 2006, un estudio realizado por el Departamento de Energía de EE.UU., (DOE por sus siglas en inglés), que involucró 200 evaluaciones de ahorro energético de los sistemas a vapor o procesos de calefacción que utilizan los fabricantes, encontró que la empresa promedio en este estudio podía ahorrar $2.4 millones anuales solo en gas natural si implementan mejores prácticas en la gestión energética o hacer mejoras modestas a sus sistemas.16 Las empresas interesadas en un rendimiento energético superior pueden aspirar a una certificación ISO 50001, que es un estándar internacional que especifica los requisitos de gestión de sistemas energéticos industriales.17 DOE asevera que las empresas que alcanzan tanto la certificación ISO 50001 como la certificación de Rendimiento Energético Superior (SEP por sus siglas en inglés) de DOE, típicamente ahorran 10 por ciento de sus costos de energía a los 18 meses de la implementación de SEP.18 Por supuesto, tales estudios no ponen a prueba cada mejora ambiental contra otras posibles inversiones que las empresas podrían hacer o la tasa de barrera de inversión utilizada por cada empresa.
Más allá de hacer mejoras a la eficiencia de cada proceso industrial, las empresas deben perseguir soluciones más sistemáticas.
Cogeneración, coproducción y Verbund
Visite cualquiera fábrica y verá tuberías, ductos y conductos de todos los tamaños por los que circulan agua helada, agua caliente, vapor, gas natural y electricidad. Los procesos de manufactura a menudo requieren varios ciclos de calentamiento y enfriamiento de los ingredientes, productos intermedios y productos terminados. Mucha de la energía de una fábrica se consume en obtener y mantener la temperatura adecuada para todos estos procesos industriales. Aun así, muchos de estos procesos duplican los esfuerzos, con un solo sistema consumiendo energía para enfriar materiales calientes mientras otro sistema consume energía para calentar materiales fríos. Más allá, las torres de enfriamiento y las tinas de enfriamiento de las plantas de energía eléctrica ofrecen evidencia gráfica del calor “desperdiciado” que se genera al operar todos estos sistemas industriales de calentamiento y enfriamiento.
Con el fin de reducir el desperdicio sistemático de energía, Unilever gastó cerca de €28 millones en un programa de cogeneración en Europa. La cogeneración, también conocida como calor y energía combinada (CHP, por sus siglas en inglés), es la coubicación intencional de sistemas de generación eléctrica y sistemas de manufactura que requieren calor. Con la cogeneración, Unilever captura más del total de la energía latente en el combustible que una planta eléctrica tradicional y previene la necesidad de utilizar calderas separadas. El programa tenía sentido ambiental y económico: prevenía la emisión de 60.000 toneladas de CO2 y ahorraba €10 millones al año.19 En general, la cogeneración puede ser de 20 a 60 por ciento más eficiente que las plantas eléctricas estándar.20 “Así que, básicamente, tenemos una generación energética mucho más limpia y que ahorra dinero”, dijo Tony Dunnage, gerente de ingeniería ambiental grupal de Unilever.21
BASF, el gigante productor de químicos de Alemania, extendió el principio eco-eficiente detrás de la cogeneración a otros procesos de manufactura que producen derivados en cantidades significantes, tales como lo que encontramos en las industrias de productos químicos y agrícolas. BASF utiliza una práctica de eco-eficiencia holística de gestión de productos y derivados en toda la planta, a la cual llama verbund, una palabra alemana que significa “combinado,” “vinculado” o “agrupado”. La más grande de las seis plantas verbund de BASF está ubicada junto a la sede de la empresa en Ludwigshafen, Alemania. La planta integra 160 instalaciones de producción interconectadas por 2750 km de tuberías en un campus de 10 kilómetros cuadrados. “En nuestros sitios verbund, plantas de producción, los flujos de energía y desechos, logística e infraestructura de las instalaciones están todos integrados”, afirma BASF en uno de sus sitios de red.22 La estrategia ahorra a BASF más de €300 millones al año.
La cogeneración y verbund aprovechan una cadena de abastecimiento más compleja que las etapas lineares demostradas por un típico diagrama SCOR. Las plantas verbund son una malla en la cual cada paso de manufactura podría consumir múltiples unidades de materiales de insumo (ej., varias materias primas y agua caliente) y producir múltiples salidas (ej., el producto concebido, valiosos derivados y agua fría). Dentro de esta red o malla, un químico derivado de una de las plantas de producción puede proveer a la siguiente planta un ingrediente clave, mientras que la segunda planta produce el calor derivado que da energía a la primera planta. Con verbund, cada unidad de producción es, potencialmente, proveedor y cliente de cada una de las otras unidades de producción. Esta visión holística también se encuentra en la economía circular: un concepto de sostenibilidad tomado de las ciencias ecológicas en las cuales los materiales fluyen en el ambiente en un ciclo continuo (ver Capítulo 7).23
La cogeneración y verbund deben ser de gran escala y abordaje para ser costo-eficientes. Una planta química más pequeña y especializada típicamente produce derivados en volúmenes demasiado bajos para ser económicamente viables para la venta o futuro refinamiento, así que típicamente estos derivados se utilizan como combustible o se desechan. Sin embargo, al integrar múltiples plantas de producción de gran tamaño que se alimentan unas a otras con sus derivados, el volumen de los derivados es suficientemente grande para justificar su almacenamiento y procesamiento a futuro, reduciendo los costos de pasos subsiguientes de manufactura y recortando los costos de desechar los derivados. Aún, incluso el más eficiente de los sistemas necesita energía para impulsar estos procesos de manufactura, lo cual trae a colación el problema de minimizar la intensidad de carbono de estas fuentes de energía.
La respuesta flota en el viento (y brilla en el cielo)
Desde 2016, los vientos que soplan a lo ancho de las áridas planicies centrales de México han ayudado a General Motors a construir sus automóviles. La empresa firmó un acuerdo con Enel Green Power para construir una granja eólica de 34 megavatios para abastecer a cuatro de las fábricas de GM en México. La nueva granja eólica cubre cerca del 3 por ciento de las necesidades energéticas de la empresa en Norteamérica y reduce la huella de carbono de GM en casi 40.000 toneladas anuales.24 “También hay un buen caso de negocio [ya que] los precios de la energía tradicional [en México] son casi un tercio más altos que en Estados Unidos”, dijo Rob Threlkeld, gerente global de energía renovable de GM.25 Además de los beneficios ambientales, GM ahorrará cerca de $2 millones anuales de la tarifa de electricidad de México.26 “Utilizar más energía renovable para operar nuestras plantas nos ayuda a reducir costos, minimizar riesgo y dejar una menor huella de carbono”, dijo Jim DeLuca, vicepresidente ejecutivo de manufactura global de GM.27
Nuevamente, mientras una reducción semejante es trivial (la manufactura y ensamblaje de automóviles constituye solo el 4 por ciento del valor del ciclo de vida completo del consumo energético y emisiones de carbono de un vehículo), es tan solo un esfuerzo de las muchas y potenciales tecnologías de energía renovable que el fabricante de autos está sometiendo a prueba. Por ejemplo, dos de las plantas de GM en Ohio tienen paneles solares de varios megavatios en sus azoteas. “A menudo no se piensa en el Medio Oeste cuando se trata de ubicaciones ideales para lo solar, pero menores costos y una mayor tasa de los servicios básicos han hecho de lugares como Lordstown y Toledo ubicaciones óptimas para expandir el uso de energía solar de GM”, dijo Threlkeld.28 GM espera obtener un 12 por ciento de su energía total de fuentes renovables.29 En general, GM aseveró haber alcanzado una reducción del 14 por ciento de la intensidad de carbono entre 2010 y 2015.30 No obstante, algunas empresas tienen la mira puesta en utilizar renovables en un 100 por ciento.
Apple utiliza una clase de producto de pantalla plana para abastecer de energía a otra clase de producto de pantalla plana. Por un lado, cada año Apple compra cientos de millones de panales de pantalla iluminada para sus iPhones, iPads y iMacs.31 Por otro lado, en 2015, la empresa prometió invertir $848 millones en paneles solares de absorción de luz con el “Proyecto Solar de California Flats”32 de la empresa First Solar. El compromiso es parte de $3 billones en inversiones que hace Apple en instalaciones solares en California y Arizona.33 Estos paneles solares alimentarán los centros de data de Apple, de alto consumo energético, que la empresa utiliza para colmar las pantallas de sus usuarios con aplicaciones, mapas, vídeos, mensajes y otra data.
Apple ha perseguido de forma muy agresiva las fuentes renovables, con la intensión de alcanzar la meta de operaciones utilizan energía renovable al 100 por ciento. En 2010, Apple adquirió el 16 por ciento de la energía para sus instalaciones corporativas, de venta al detal y centros de data de fuentes renovables. Al igual que GM, Apple ha recurrido a una gran variedad de fuentes renovables, incluyendo fuentes solares, eólicas, microhídricas, células de combustible de biogás y geotérmicas.34 Solo cuatro años más tarde, el porcentaje de uso de fuentes renovables en las operaciones mundiales de Apple ha incrementado a un 87 por ciento.35
Hasta Greenpeace ha reconocido a Apple por su progreso hacia el uso al 100 por ciento de energía limpia. La ONG calificó a Apple con A’s en las cuatro dimensiones de calificación de Greenpeace: energía, transparencia, compromiso energético y ubicación de plantas, eficiencia energética y mitigación, y utilización y fomento de energía renovable.36 “Una cosa es hablar de operaciones que utilizan 100 por ciento energía renovable, pero es otra muy distinta cumplir con ese compromiso con la celeridad e integridad que Apple ha demostrado en los últimos dos años”, dijo el analista ejecutivo del sector de IT de Greenpeace, Gary Cook.37
De basura a descapotables
El olor a putrefacción de un vertedero o una planta de tratamiento de aguas servidas también puede ser el olor de una oportunidad para reducir la intensidad de carbono por medio del uso de biocombustibles. Muchas empresas convierten los desperdicios de biomasa (ej., desperdicios sólidos, desperdicio agrícola, desechos de papel y madera) en metano que puede utilizarse como combustible. A pesar de que BMW de EE.UU., en Spartanburg, Carolina del Sur, no produce suficiente biomasa durante la producción de automóviles, la fábrica de autos está ubicada cerca de un gran vertedero municipal. La basura en descomposición despide metano y muchos otros gases fétidos. En 1999, BMW decidió cosechar este gas para propulsar las operaciones de alto consumo energético de la planta. El taller de pintura de BMW, el mayor consumidor de energía de la fábrica, utiliza gas natural para calentar el aire de la cámara de rociado, para los hornos de curado de pintura, un oxidante térmico regenerativo (un dispositivo de control de la contaminación que incinera los vapores de pintura) y la caldera de su centro de energía.
El proyecto requirió de varias inversiones capitales en equipos y modificaciones. Primero, el fabricante de autos construyó una tubería de 12 pulgadas, con longitud de 9.5 millas, que va desde el vertedero hasta la fábrica. Este ducto conduce el gas según se van descomponiendo en el vertedero. Puesto que los gases de vertedero no son metano únicamente, tienen un valor de calentamiento menor que el gas natural de combustibles fósiles. Para acomodar el mayor volumen de gas necesario para proveer la cantidad de energía requerida, el proyecto debía realizar cambios en muchos de los sistemas de la planta, tales como tuberías más grandes, mezcladores de boquilla, tubos de encendido y ventiladores. BMW también añadió sistemas de control para cambiar fácilmente de gases de vertedero a gas natural, según fuera necesario.
Desde 2006, BMW en Spartanburg ha obtenido 63 por ciento de su energía de gases de vertedero. Al principio, BMW justificó el proyecto con base en un retorno de los ahorros anticipados en menos de tres años. Los ahorros reales exceden los cálculos originales. El proyecto también reduce las emisiones de carbono de BMW en unas 17.000 toneladas de CO2 anualmente. Además de los ahorros, la Agencia para la Protección del Ambiente de EE.UU. dio a BMW el Premio de Liderazgo de Energía Verde en 2013.38 39 Para BMW, el metano fue una solución; para otras empresas, sin embargo, el metano puede ser un problema.
Las huellas del ganado
Cuando la empresa StonyField Farm, fabricante de yogur orgánico, realizó su primer LCA en 1990, se espantó al descubrir que la mayor fuente del carbono de la empresa no provenía del consumo de combustible de sus camiones ni del uso energético de sus fábricas. En vez de ello, los adorados bovinos que convierten el pasto y granos orgánicos en saludable leche para StonyField, eructan vastas cantidades de metano entérico como un derivado de la digestión microbiana de material vegetal dentro de cada vaca. El metano es un potente gas de efecto invernadero y tiene 30 veces la capacidad de conservación de calor a largo plazo que el CO2. En promedio, una vaca emite suficiente metano para igualar la huella del auto familiar promedio.
Muchos productores de leche están al tanto de este punto crítico crucial, y algunos están tomando medidas para mitigarlo. Lácteos Orgánicos Aurora, por ejemplo, empezó a adquirir tierras para cultivar los pastos para su ganado.40 Esto daba a la empresa control sobre el tipo y calidad de alimento necesarios para mantener sus estándares orgánicos al igual que control sobre sus costos. El alimento tiene un impacto directo en la cantidad de emisiones entéricas de las vacas. Estas emisiones son responsables del 78 por ciento de las emisiones de GEI de la empresa.41 Aurora también adquirió capacidades de procesamiento de leche, reemplazando a terceros. Además de reducir la huella de carbono, el control a lo largo de la cadena de abastecimiento da a la empresa “la mayor trazabilidad, estándares más consistentes y la más alta calidad disponible”.42
Reduciendo el efecto invernadero de los gases refrigerantes
Mantener la leche y otros alimentos fríos en un cálido día de verano oculta un impacto ambiental que va más allá del obvio consumo energético. Es irónico que los gases más populares y “seguros” que permiten que los refrigeradores enfríen por arte de magia sean problemáticos para el ambiente. Por gran parte del siglo XX, los sistemas de refrigeración dependieron de clorofluorocarbonos (CFC), ya que estos gases eran de consumo energético eficiente, inflamables y tenían menor toxicidad que los primeros refrigerantes como el amoniaco.
El problema empieza cuando los refrigerantes CFC inevitablemente escapan a la atmósfera durante la instalación, mantenimiento, reparación, descarte e incluso durante las operaciones debido a sellos vencidos o dañados en el equipo. La misma inercia de los CFC que les hace tan preciados a la refrigeración y muchas otras aplicaciones de consumo, comerciales e industriales, significa que pueden permanecer en la atmósfera por más de 100 años.43 Según los CFC se descomponen lentamente en lo más alto de la atmósfera, van liberando cloro que ataca la capa de ozono que protege la superficie de la Tierra de niveles dañinos de radiación ultravioleta.44
A finales del siglo XX, los gobiernos y ambientalistas reconocieron que hidrocarburos clorados y bromados, incluyendo los CFC, estaban destruyendo la capa de ozono de la atmósfera terrestre. El Protocolo de Montreal de 1989, con mediación de las Naciones Unidas, considerado el tratado ambiental más exitoso hasta la fecha, exigía la regulación mundial de un amplio espectro de sustancias que agotan la capa de ozono, incluyendo los CFC.45 Gobiernos alrededor del mundo establecieron regulaciones que terminaron con la manufactura de CFC de forma progresiva y el uso de equipos que dependían de los CFC. En respuesta, muchas empresas adoptaron los hidrofluorocarbonos (HFC) como una alternativa químicamente similar y segura para la capa de ozono.
Desafortunadamente, los CFC, e incluso los HFC, crean otro problema ambiental; una sola tonelada de fuga de HFC puede impactar el cambio climático tanto como 14.000 toneladas de CO2.46 A pesar de que los HFC ciertamente son mejores para la capa de ozono, siguen siendo un potente gas de efecto invernadero. Así fue como los activistas comenzaron a exigir la eliminación de los HFC.47
En el año 2000, Greenpeace dirigió su atención hacia Coca-Cola con respecto a su uso de HFC en las máquinas de expendio de sodas y unidades de refrigeración de sus puntos de ventas al detal.48 La refrigeración es responsable del 40 por ciento de la huella de carbono de Coca-Cola.49Greenpeace hizo una parodia de los emblemáticos anuncios con osos polares de la marca, en la que muestra a los osos flotando entre icebergs derretidos y añadiendo en la tipografía distintiva de la marca Coca-Cola el mensaje “Disfruta el cambio climático”.50 La ONG se dirigió específicamente a Coca-Cola por su patrocinio de los Juegos Olímpicos de Sydney en el año 2000, que eran supuestamente eco-amigables.
Coca-Cola inició pruebas con otras tecnologías y lanzó su primera máquina libre de HFC en 2002,51 pero su solución parecía contraintuitiva a primera vista. De hecho, Coca-Cola utilizó CO2 como refrigerante. “Hablamos de combatir fuego contra fuego”, dijo Bryan Jacob, director de energía y protección climática de Coca-Cola. “En la aplicación correcta, el CO2 puede ser una solución al cambio climático”, añadió.52 El dióxido de carbono es una alternativa natural, no flamable, relativamente no tóxica, comparativamente menos cara, de fácil disponibilidad y elimina 99 por ciento de las emisiones directas. Al utilizar CO2 que, de otra forma habría sido liberado en la atmósfera, Coca-Cola secuestra los gases de efecto invernadero por la duración de su permanencia en el sistema de refrigeración. De hecho, en un documento que enumera la creciente amenaza de los HFC, la misma Greenpeace recomienda el uso de CO2 como un reemplazo natural de los HFC.53
Para 2014, Coca-Cola había instalado un millón de unidades libres de HFC en todo el mundo, con Europa y Japón liderando el mercado de instalaciones.54 “A lo largo de década pasada hemos invertido más de $100 millones para hacer nuestras neveras mejores para el ambiente”, dijo Jeff Seabright, vicepresidente de ambiente y agua de The Coca-Cola Company.55 “Hemos hecho de la refrigeración sostenible el pilar de nuestros esfuerzos de protección climática y gestión energética”, añadió. Aun así, Coca-Cola y sus embotelladoras asociadas tienen cerca de 10 millones de neveras y máquinas de expendio que utilizan HFC alrededor del mundo.56 El 15 de octubre de 2016, cerca de 200 países se reunieron en Kigali, la capital de Ruanda, para crear una enmienda al Protocolo de Montreal que redujera el uso de HFC.57
Si no puede reducirlos, compénselos
Algunos impactos son casi inevitables. Durante el despegue, un Airbus A380 traga casi tres galones de combustible para jet por segundo.58 Alzar en vuelo una nave que pesa 859.000 libras consume una prodigiosa cantidad de combustible fósil. A pesar de que las aerolíneas están mejorando la eficiencia de combustible de sus flotas por medio de nuevos aviones, mejores motores y mejorías operativas, estas mejoras son, en el mejor de los casos, muy modestas. La física del flujo de aire, así como los límites de ingeniería en el diseño del fuselaje y del motor, previenen mayores reducciones en el consumo de combustible de los aviones.
Si una empresa no puede eliminar sus propias emisiones de GEI a través de una mejor tecnología o mejor gestión, puede “tercerizar” la reducción de emisiones comprando “compensaciones de carbono” que pagan a terceros para reducir sus emisiones o secuestrar CO2 en algún otro lugar, compensando así sus propias emisiones. Las agencias de certificación de compensación de carbono utilizan el dinero que recolectan de empresas para crear proyectos, alrededor del mundo, que absorben o reducen el carbono, tales como sembrar árboles en África o financiar un proyecto hidroeléctrico en Brasil.59 La reducción de las emisiones de carbono logradas por estos proyectos se transfieren a las organizaciones que pagan por ellas y que pueden declararse como compensación de sus propias emisiones.
Las compensaciones de carbono se convirtieron en parte integral del Protocolo de Kioto de 1997 sobre el cambio climático a través mecanismos autodenominados de desarrollo limpio.60 Si las regulaciones gubernamentales o compromisos públicos requieren de una reducción de las emisiones de carbono, pero obstáculos tecnológicos o económicos impiden su cumplimiento directo, entonces las compensaciones de carbono brindan a los negocios una forma viable de cumplir. El efecto neto del uso de compensaciones es una reducción del total de carbono que se libera a la atmósfera a un menor costo para la economía de lo que se requeriría para que una empresa lo hiciera de forma directa. Las compensaciones de carbono ayudan a balancear las presiones de costo versus las presiones ambientales. Si resulta muy costoso para una empresa reducir su propia huella de carbono por medio de cambios a sus procesos, maquinaria o materiales, la empresa, de hecho, paga a terceros para lograr la reducción de carbono correspondiente a un precio menor y en otro lugar.
Algunas empresas ofrecen compensaciones a sus clientes como un servicio para su segmento de clientes “verdes”. UPS, por ejemplo, ofrece envíos de “carbono neutro”. La empresa calcula el impacto de carbono de cada entrega y da al consumidor la opción de pagar un cargo de compensación. La empresa que vende la compensación luego utiliza ese ingreso para sufragar proyectos de reducción de carbono tales como reforestación y tratamiento de aguas servidas.61 De forma similar, las aerolíneas como Lufthansa, Air France y United Airlines, entre otras, ofrecen a sus pasajeros la compra de compensaciones de carbono.62
A pesar de su buena intención, los créditos de carbono y compensaciones han sido criticados por permitir a quienes contaminan la compra de una imagen de aparente sostenibilidad sin alcanzarla realmente. Pagar para limpiar la casa de alguien más no es lo mismo que limpiar su propia casa, repiten los críticos. La empresa de eco-vacaciones Responsible Travel empezó a ofrecer paquetes de compensación a sus clientes en 2002. En 2009 canceló el programa porque, dijo la empresa, las compensaciones pueden hacer que los clientes se sientan virtuosos mientras se dedican a actividades inherentemente destructivas tales como volar en jet privado o hacer una gira en helicóptero. “El mensaje era «No te preocupes, puedes compensar las emisiones»”, dijo el director de Responsible Travel, Justin Francis al New York Times. “Pero realmente no tienes que ver Sydney desde el aire ¿o sí? Y puedes viajar en una aerolínea comercial”.63
A pesar de sus imperfecciones, los proyectos de compensación de carbono pueden tener efectos positivos. De acuerdo con la ONG británica Climatecare.org, la empresa británica de seguros Aviva Plc compensó sus emisiones de carbono y mejoró la vida de 200.000 personas en Kenia e India, dándoles tecnologías que les permiten quemar menos combustible al cocinar sus alimentos o purificar agua.64 Según la ONG estadounidense Conservation International, los proyectos de siembra de árboles creados con fondos provenientes de la compensación de carbono tienen una cascada de efectos positivos más allá de la reducción de carbono. “Estos incluyen el mantenimiento y regulación de las fuentes de agua, la prevención de la erosión de los suelos, protección de polinizadores naturales y la provisión de importantes productos no madereros de los bosques”.65
Una voz para el balbuceante arroyo
¿Qué puede ser un recurso natural más universal que agua pura y cristalina? Cae naturalmente del cielo, se empoza en los suelos, se acumula en la profundidad de los acuíferos y fluye constante en los ríos en su travesía al mar donde se evapora e inicia el ciclo nuevamente. Tan abundante como aparenta, el agua es mucho más escasa de lo que se cree. A pesar de que 71 por ciento de la superficie de la Tierra está cubierta de agua, 97.5 por ciento de ella es agua salada y corrosiva, inservible para beber, para uso agrícola o para la mayoría de los procesos industriales. Más allá, más de dos tercios del remanente de agua dulce está congelada en los casquetes polares, glaciares y hielos perennes.66 De acuerdo con un reporte de la Organización Mundial de la Salud publicado en 2016, 663 millones de personas carecían de agua potable en 2015 y medio millón de personas mueren cada año como resultado de la ingesta de agua contaminada.67
La paradoja del agua es no tener precio, en ambos sentidos del término: es esencial para la vida y aun así, es a menudo considerada un recurso sin precio ya que los usuarios en muchos lugares pueden extraerla o encausarla en cantidades ilimitadas, de forma legal, de lagos, ríos y acuíferos. Según Christopher Gasson, editorial que publica Global Water Intelligence, “Antes el agua era tratada como una materia prima libre”, pero esa noción está cambiando.
“El agua es para Coca-Cola lo que la energía limpia es para BP... Necesitamos manejar este problema o este nos manejará a nosotros”, dijo Jess Seabright, vicepresidente de recursos ambientales y agua de Coca-Cola Corporation.68 Gasson añadió: “El costo marginal del agua está aumentado en todo el mundo. Ahora, las empresas entienden que puede dañar su marca, su credibilidad, su calificación de crédito y sus costos de seguros. Eso aplica tanto para un fabricante de chips para ordenadores como para una empresa alimenticia, de generación eléctrica o una empresa petroquímica”.69
La ubicación de la responsabilidad del agua
A diferencia de las emisiones de GEI, las cuales crean impactos globales sin importar dónde se generen las emisiones, la escasez del agua (o su abundancia) es un problema local o regional. Por ejemplo, Brasil es el hogar del Amazonas, la selva y río más grandes del mundo, que ha sido llamado la “Arabia Saudita del agua”. Aun así, a 1.000 km hacia el sur de esta gigantesca fuente de agua, los 20 millones de personas que viven en el área metropolitana de São Paulo y 40 por ciento de la producción industrial de Brasil enfrentan una crisis de escasez de agua.70 De igual forma, en India, el agua ha sido un tema de contención social, económica y política ya que los indios, quienes representan el 20 por ciento de la población mundial, solo tienen 4 por ciento de todas las fuentes renovables de agua potable.71 Los sembradíos y gente en las regiones calientes y secas necesitan más agua que quienes viven en climas más templados.
Las muchas maneras de reducir el agua
Muchas empresas como Coca-Cola, AB InBev y Nestlé miden y manejan la eficiencia del agua, lo cual es la relación entre el “agua utilizada” y el “producto utilizado”. Considerando que una empresa como Coca-Cola fabrica bebidas embotelladas, de ninguna forma puede utilizar menos de un litro de agua por litro de bebida producida, así que dirige su mirada a otras áreas de consumo de agua dentro de sus procesos y plantas de producción. Reducir la huella del agua del sirope y plantas embotelladoras es una parte clave de esa estrategia. Por ejemplo, la empresa encontró significativas oportunidades de mejora de la eficiencia en los procesos de limpieza de las botellas y la fábrica. Desarrolló un nuevo diseño de la boquilla rociadora que limpia las botellas con menos agua.72 La empresa también implementó sistemas de enjuague con aire para remover la mayor cantidad de agua sucia o jabonosa de las botellas por medio de ráfagas de aire muy similares a las utilizadas en las secadoras de manos de alta tecnología.73
De igual forma, la eficiencia del agua es el enfoque de los esfuerzos de protección del agua de AB InBev. En 2002, la empresa necesitó 6.48 litros de agua para fabricar cada litro de bebida.74 Luego implementó una amplia gama de iniciativas de ahorro de agua en sus cervecerías, tales como controlar las pérdidas por evaporación en el proceso de malteado, condensando el vapor de desecho y reutilizando las aguas servidas tratadas en la limpieza de la planta y en otros usos no relacionados al producto.75 Para finales de 2014, AB InBev alcanzó una relación de 3.2 litros por litro, lo cual implica que la empresa podría producir el doble de la cerveza que produce de una cantidad de agua dada.
“Nos vamos a quedar sin agua mucho antes de que nos quedemos sin petróleo”, dijo Peter Brabeck, presidente de Nestlé en una entrevista dada al Financial Times.76 Casi 38 por ciento de las fábricas de Nestlé están ubicadas en regiones bajo estrés hídrico,77 un hecho que ha motivado a la empresa a crear cerca de 500 proyectos de conservación de agua desde agosto de 2013. Estas iniciativas han reducido el consumo de agua en toda la empresa en un 10 por ciento, de 3.29 m³ por tonelada métrica de producto en 2010 a 2.89 m³ por tonelada métrica de producto en 2012.78 Muchos de estos esfuerzos se enfocaron en 31 instalaciones de producción de alta prioridad, localizadas en áreas de gran estrés hídrico o que representan una porción significativa de las extracciones de agua de Nestlé.79
Ordeñar leche para evaporar el estrés hídrico
A diferencia de la energía, el agua es más bien un préstamo y no un consumo de los procesos industriales. Por ejemplo, en México, Nestlé construyó una nueva planta “Cero Agua” para manufacturar leche evaporada y otros productos lácteos. La fábrica inicia con leche de vaca que, por lo general, consiste de 88 por ciento de agua. Al condensar el vapor que emana de la leche según se evapora y recobrar el agua, la planta puede recolectar 1.6 millones de litros de agua diarios. El agua recobrada es luego utilizada dos veces. La primera en la limpieza de las máquinas de evaporación. Luego se recolecta una vez más, se purifica y recicla una segunda vez para utilizarse en otras actividades de limpieza en la planta o para regar el césped. El proceso de recobro del agua y reciclaje elimina la necesidad de extraer las escasas aguas subterráneas del área.80 También ilustra que el agua puede ser un activo de uso repetido en vez de un artículo de consumo único.
De forma similar, la fábrica de confites Nestlé La Penilla, ubicada en una España bajo gran estrés hídrico, era un punto crítico de uso de agua. La planta utilizaba 72 metros cúbicos de agua (o 72 toneladas métricas) por tonelada métrica de producto, más de 20 veces el consumo de agua del promedio total de la empresa. Nestlé invirtió un (1) millón de euros (€) en múltiples proyectos, tales como la instalación de un sistema de refrigeración de círculo cerrado con tres torres de enfriamiento nuevas para el reciclaje de agua. La empresa también mejoró la regulación del agua que fluye hacia los evaporadores de leche con el fin mejorar el aspirado de los equipos. Por último, el entrenamiento también fue provechoso. “Al principio, cambiar los hábitos de los operadores fue un reto, ya que estaban acostumbrados a trabajar de forma específica”, explicó Ramón Montserrat, director de ingeniería y servicios de empaque para la región ibérica. Como resultado de la nueva tecnología, de mejores procesos y de un nuevo entrenamiento del personal, la fábrica redujo su consumo de agua en un 60 por ciento sin afectar la eficiencia energética ni las emisiones de GEI.81
Coca-Cola también redujo su uso de agua por medio de la reutilización del agua de lavado. Por ejemplo, el agua de lavado puede utilizarse para limpiar las cajas y pisos.82 El agua de lavado que se recupera se trata cuidadosamente utilizando tecnologías existentes que incluyen el tratamiento biológico en un bio-reactor de membrana, ultra-filtración, ósmosis inversa, ozonificación y desinfección ultravioleta.83 Otras medidas para la reducción del uso de agua incluyen mejoras a los sistemas de enfriamiento a base de agua, reparación más rápida de las fugas de agua y reemplazo de lubricantes húmedos con lubricantes secos o semisecos.84
De calidad y cantidad
La calidad del agua de entrada también afecta la eficiencia del agua en algunos procesos. En la división de Pizza de la fábrica de Nestlé USA, ubicada en Little Chute, Wisconsin, el agua de suministro municipal era dura y alcalina. La empresa tenía que vaciar grandes cantidades de agua a través de su sistema de enfriamiento para evitar la acumulación de depósitos minerales que menoscaban su eficiencia energética. En 2012, para abordar el problema, la empresa invirtió en un sistema de pretratamiento de agua y un nuevo sistema de control para sus cuatro condensadores principales de refrigeración a base de amoniaco. Según Nestlé, estos sistemas ahorran 7.4 millones de galones de agua al año y reducen la eliminación de aguas servidas.85Tal como sucedió, el bajo costo del agua municipal en Wisconsin significó que el esfuerzo ahorró unos escasos $50.000 del agua que no tuvo que comprarse y cargos de desagüe.
El proyecto de la División de Pizza fue solo uno de 489 proyectos de ahorro de agua implementados por Nestlé ese mismo año y que ahorraron, de forma colectiva, 1.7 billones de galones de agua, contribuyendo a una reducción del 4.5 por ciento la extracción total de Nestlé ese año.86 “Una de nuestras metas de sostenibilidad aquí en Nestlé es seguir mejorando la eficiencia hídrica en todas nuestras operaciones y reducir el agua que extraemos”, dijo Louis Miller, supervisor de servicios básicos de la División de Pizza de Nestlé en Little Chute. Estas iniciativas de ahorro de agua ayudan a la empresa a manejar los riesgos de la marca y de la licencia social de operación de la empresa.
Lo que pasa en la Cervecería no se queda en la Cervecería
Las mejoras internas de eficiencia hídrica de AB InBev no abordan el mayor punto crítico de la huella de agua del ciclo de vida de la cerveza: además de los 3.2 litros de agua que usa la cervecería para hacer cada litro de cerveza, el cultivo de la cebada consume un promedio de 298 litros de agua por litro de cerveza.87 A pesar de que el 85 por ciento de estos litros son de agua verde, la empresa está colaborando con agricultores para mejorar el uso del agua (Ver capítulo 5). A la vez, AB InBev trabaja a nivel interno en mejorar sus eficiencias de producción que, de forma indirecta, pero significativa, afectan el consumo agrícola del agua por litro de cerveza. La empresa trabaja para reducir las denominadas pérdidas de extracción, que son el porcentaje de azúcares fermentables que quedan al terminar el proceso de producción.
Las pérdidas de extracción significan que la cervecería debe comprar granos con una mayor huella de agua para producir un determinado volumen de cerveza. En 2002, las pérdidas de extracción de AB InBev fueron casi 8 por ciento, que es lo mismo que decir que la empresa tuvo que comprar 8 por ciento más grano que el límite teórico de eficiencia de la producción.88
La compañía comparó las pérdidas de extracción junto con cientos de otros indicadores clave de rendimiento en 130 plantas de AB InBev y utilizó las mejores prácticas de las plantas líderes para establecer objetivos de rendimiento y mejoras para las plantas rezagadas.89 Para el año 2013, la empresa había reducido estas pérdidas a un 3 por ciento,90 lo cual representa una reducción del ciclo de vida del uso del agua de 15 litros por litro de cerveza. Este ejemplo ilustra que a veces un punto crítico en una parte de la cadena de abastecimiento (ej., agua de regadíos en el cultivo de cebada) puede mitigarse en otra parte de la cadena de abastecimiento (ej., la cervecería que mejora el rendimiento de producto de la cebada obtenida).
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