Kitabı oku: «En el primer siglo de la Inquisición española»

Yazı tipi:

EN EL PRIMER SIGLO DE LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA

FUENTES DOCUMENTALES, PROCEDIMIENTOS DE ANÁLISIS, EXPERIENCIAS DE INVESTIGACIÓN

EN EL PRIMER SIGLO DE LA INQUISICIÓN ESPAÑOLA

FUENTES DOCUMENTALES, PROCEDIMIENTOS DE ANÁLISIS, EXPERIENCIAS DE INVESTIGACIÓN

José Mª Cruselles Gómez (coordinador)

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA

Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, de ninguna forma ni por ningún medio, sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso de la editorial. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

© Del texto, los autores, 2013

© De esta edición: Publicacions de la Universitat de València, 2013

Publicacions de la Universitat de València

http://puv.uv.es

publicacions@uv.es

Ilustración de la cubierta: Pedro Berruguete, Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán Maquetación y diseño de cubierta: JPM Ediciones

ISBN: 978-84-370-9226-3

ÍNDICE

SIGLAS

ABREVIATURAS

PRESENTACIÓN

Rafael NARBONA VIZCAÍNO: La incorporación de los conversos a la gestión hacendística de la ciudad de Valencia (1391-1427)

Manuel RUZAFA GARCÍA: Mudéjares, conversos e Inquisición en la Valencia del siglo XV

Pablo PÉREZ GARCÍA: La inquisición y el libro antes de la Inquisición: el procesamiento de Fr. Pedro de Osma

Isabel MONTES ROMERO-CAMACHO: Fuentes para el estudio de la inquisición y los conversos sevillanos. Estado de la cuestión y perspectivas de la investigación

Juan Carlos PÉREZ GARCÍA: Los conversos de Cuenca. Inquisición y mesianismo

José BORDES GARCÉA: Los primeros edictos de gracia de la Inquisición valenciana (1482-1489)

Juan ANTONIO BARRIO BARRIO: Prácticas y procedimientos jurídicos e institucionales de la inquisición real de Valencia. Los edictos y las testificaciones a finales del siglo XV

Miguel JIMÉNEZ MONTESERÍN: Algunas precisiones acerca del apartado «Ley de Moisés» en el Edicto de fe de la Inquisición española

José Mª CRUSELLES GÓMEZ: La primera contabilidad inquisitorial. El fondo del Archivo del Reino de Valencia (1482-1527)

Bernardo TOMÁS BOTELLA: En los orígenes de la hacienda inquisitorial valenciana: la inspección de las cuentas del receptor Joan Ram Escrivà (1482-1487)

Patricia BANERES: Prosopografía de los conversos valencianos en el tránsito de los siglos XV-XVI. La problemática de las fuentes inquisitoriales

Enrique CRUSELLES GÓMEZ: Historias de vida en la persecución inquisitorial: la familia Roís en Valencia, 1417-1519

Béatrice PEREZ: «Maldades y tiranías de sus oficiales» versus «falsa religión simulada y mal vivir». Conflictividad social en torno a la Inquisición naciente

Séverine VALIENTE: Las relaciones de la élite municipal conquense con el tribunal del Santo Oficio en el siglo XVI

Borja FRANCO LLOPIS y Byron Ellsworth haMann: Un curioso caso de destrucción de estampas en Valencia: Diego de Sevilla y las insignias de la passion

María del Pilar RÁBADE OBRADÓ: Límites y posibilidades de investigación sobre los procesos en los orígenes de la inquisición española

Rafael BENÍTEZ SÁNCHEZ-BLANCO: El reo y los inquisidores: un juego de estrategias

Rafael CARRASCO: Cuantificar las causas de fe

Anita GONZÁLEZ-RAYMOND: Las relaciones de causas del tribunal de la Inquisición de Sicilia: otra mirada, otras perspectivas

Bernardo J. LÓPEZ BELINCHÓN: Procesos y complicidades. El uso de las fuentes inquisitoriales en la reconstrucción de grupos conversos en el siglo XVII

María Luisa PEDRÓS CIURANA: El tribunal de la Inquisición de Valencia y los procesos por delitos de superstición en el siglo XVIII. La problemática en torno a la documentación

BIBLIOGRAFÍA

SIGLAS


ACAArchivo de la Corona de Aragón (Barcelona)
ACCArchivo de la Catedral de Cuenca
ACSArchivo de la Catedral de Sevilla
ADCArchivo Diocesano de Cuenca
AGSArchivo General de Simancas
AHNArchivo Histórico Nacional (Madrid)
AHPCArchivo Histórico Provincial de Cuenca
AHPMArchivo Histórico de Protocolos de Madrid
AHPSArchivo Histórico Provincial de Sevilla
AHUVArchivo Histórico de la Universidad de Valencia
AMCArchivo Municipal de Cuenca
AMVArchivo Municipal de Valencia
APPVArchivo de Protocolos del Colegio de Corpus Christi (Patriarca) de Valencia
ARVArchivo del Reino de Valencia
BNEBiblioteca Nacional de España (Madrid)

ABREVIATURAS


cap./caps.capítulo/s
cit.citado/a
coord./coords.coordinador/es
d.dineros
dir./dirs.director/es
doc./docs.documento/s
ed./eds.editor/es
exp./exps.expediente/s
f./ff.folio/s
lib.Libro
leg./legs.legajo/s
ms.manuscrito
n.nota
no/nosnúmero/s
p./pp.página/s
ref.referencia
s.sueldos
s.f.sin foliación
ss.siguientes
t.tomo
tit.Título
trad.traducción
vvuelto
vol./vols.volumen/volúmenes

PRESENTACIÓN1

Hace algo más de cinco años, un grupo de profesores e investigadores del Departamento de Historia Medieval de la Universidad de Valencia, decidió emprender un proyecto, entonces poco definido todavía, a partir de la experiencia cobrada a lo largo de más de dos décadas de investigación sobre la sociedad urbana tardomedieval, y de su común interés por las circunstancias económicas, sociales y políticas que, a finales del siglo XV y en el concreto caso valenciano, rodearon la transición desde el viejo modelo del municipalismo oligárquico a otro de cariz autoritario y regalista, presidido por la figura poderosa e inquietante de Fernando II de Aragón. Los libros de dos modernistas valencianos, Ernest Belenguer y Ricardo García Cárcel,2 que conocíamos bien desde nuestros días de estudiantes, habían ido dejando con el tiempo un poso de preguntas superpuestas acerca del sentido de unos cambios en las relaciones de poder cuyo resultado más llamativo era el incremento de la violencia institucional, y su criatura más conspicua la «nueva» Inquisición, instrumento de un renovado celo católico tras el cual no podíamos dejar de ver la sombra alargada del terror político.3 El convencimiento de que cualquier solución pasaba por el regreso a los orígenes de ese problema histórico que es la Inquisición, nos decidió a emprender, desde perspectivas diferentes aunque siempre entrecruzadas, una tarea que ha tenido continuidad y que ahora comienza a rendir los primeros frutos.

La decisión de ocuparnos de los orígenes del problema inquisitorial suponía un doble retorno, tanto cronológico como, en términos más amplios, heurístico. Debíamos centrar nuestras pesquisas en la primera época de la acción inquisitorial, y ante todo en aquel «primer tiempo» que Jean-Pierre Dedieu veía extenderse entre 1483 y 1525, y cuyas características (antijudaísmo descarnado, extrema violencia) no eran exclusivos del tribunal de Toledo que él había investigado, sino del conjunto de los que actuaron durante ese periodo. También la acción represiva de las distintas sedes había evolucionado, en su opinión, según pautas similares: un elevado número de víctimas hasta los primeros años del siglo XVI, luego un estancamiento de los resultados hasta la década de los años veinte, cuando una reactivación de las persecuciones señalaba el comienzo de un «segundo tiempo» en el devenir de la institución. Lo que había cambiado no eran tanto los procedimientos administrativos y judiciales, heredados de la etapa anterior, como la identidad prioritaria de las víctimas. Los tribunales más activos eran ahora los que podían dedicar mayor atención a los moriscos; los demás, ante la evidencia de que ni los casos de luteranismo ni las acciones contra el propio Santo Oficio bastaban para justificar su propia existencia, se revolvieron contra los cristianos viejos, interesándose vivamente por delitos que hasta entonces no habían merecido mucha atención: proposiciones heréticas, palabras «escandalosas», blasfemias, bigamia, brujería, en la Corona de Aragón también la sodomía y el bestialismo. Dedieu alarga esta segunda etapa hasta las primeras décadas del siglo XVII, estableciendo en su parte final, iniciada a partir de 1555-1560, una fuerte caída del número de víctimas que asocia a una importante transformación, ahora sí, del procedimiento inquisitorial, que en sus propias palabras, se hizo más sereno, matizado y cuidadoso.4

En definitiva, durante ese siglo prolongado que mediaría entre 1480 y 1600, la Inquisición evolucionó desde aquel organismo inicial poco articulado formalmente aunque muy dinámico, cuya capacidad de adaptación a las condiciones locales corría pareja a la violencia feroz de sus procedimientos, a su absoluta decisión de prevalecer frente a toda resistencia, hasta convertirse en una institución al borde mismo de la madurez, cuyos métodos se habían suavizado porque ya no se ponía en cuestión su existencia ni la legitimidad del control que ejercía sobre la sociedad. Por el camino fueron quedando las víctimas, sobre todo las dos grandes minorías religiosas, judíos y musulmanes, a los que la conversión al cristianismo, voluntaria o forzosa, dejó a los pies de los caballos; pero también esa concepción medieval de la autonomía política que hacía del foralismo un escudo frente a las injerencias de la monarquía. Ambos aspectos del problema inquisitorial, que podemos calificar respectivamente como social y político, estaban muy presentes en nuestras preocupaciones a la hora de emprender aquel proyecto de investigación común. Era necesario redefinir el perfil social de las «minorías» conversas que se habían visto atrapadas en el ojo de un torbellino político de causalidad imprecisa, pero que pronto superó toda su capacidad de resistencia con graves consecuencias para haciendas y vidas. Era necesario, asimismo, comprender mejor las condiciones de ese enfrentamiento entre el monarca y las oligarquías locales ‒¿todas? ¿una parte de ellas? ¿qué parte?‒ que se situaba en los orígenes mismos del problema histórico que pretendíamos abordar. En uno y otro ámbito, los archivos valencianos ofrecían múltiples posibilidades, y en este punto juzgábamos necesario un segundo retorno a los orígenes, en este caso a los de la propia investigación histórica, es decir, a las fuentes documentales.

Nuestro proyecto pasaba por reconstruir la presencia de los conversos en los distintos ámbitos de la sociabilidad urbana, profundizar en las consecuencias de la agresión inquisitorial tanto sobre las personas como sobre las instituciones políticas; para ello contábamos con importantes fondos archivísticos: desde la documentación municipal a la inquisitorial, pasando por la cancillería regia y los registros notariales. Era preciso que de nuevo nos preguntáramos sobre las fuentes documentales y las maneras más adecuadas de proceder con ellas. El estudio de los primeros tiempos de la Inquisición, y particularmente de ese periodo originario que media entre 1478 y 1525, adolece de una particular penuria informativa. Aquella primera documentación inquisitorial, fruto en su día de un proceso de producción administrativa aún poco sistemático, sufrió después, y de manera particularmente grave, eso que llamamos «los estragos del tiempo» como expresión metafórica de la incuria, el desinterés y el abandono. Sin embargo, queda todavía muchísimo material por analizar, clasificar, sistematizar, incluso por descubrir. Los archivos inquisitoriales no han dicho sus últimas palabras, y si depuramos nuestros procedimientos de análisis, reformulamos nuestras preguntas, esas palabras pueden ser gloriosas. Está, además, la «otra» documentación: notarial, municipal, cancilleresca, unos fondos que por lo que toca a este problema sólo han sido explotados parcialmente, y acerca de cuyos usos y utilidades conviene seguir reflexionando.

Las jornadas celebradas en Valencia entre los días 16 y 19 de noviembre de 2011 con el mismo título de este volumen, fueron planteadas originalmente como colofón del proyecto de investigación «Redes de sociabilidad judeoconversa y actuación inquisitorial en la Corona de Aragón en el siglo XV » (HAR2008-02650), iniciado en 2009 merced a la subvención del Ministerio de Ciencia e Innovación, que en sus planteamientos y resultados guardaba continuidad con el proyecto «Los judeoconversos valencianos a finales del siglo XV. Familia, redes de sociabilidad y comportamiento económico» (GV/2007/071), financiado por la Generalidad Valenciana y desarrollado durante el bienio 2007-2008. Nuestro objetivo era poner en relación nuestro trabajo con otros proyectos y experiencias de investigación procedentes tanto del campo del medievalismo como del modernismo, contactos e intercambios que se remontaban al origen mismo del proyecto. Desde el primer momento hemos contado con los consejos, el interés y la generosa colaboración del profesor Pablo Pérez y de los compañeros del Departamento de Historia Moderna de la Universidad de Valencia, así como de los amigos de la Universidad de Montpellier y muy particularmente del profesor Rafael Carrasco, sin cuya ayuda este libro no habría visto la luz; también con el respaldo y el cotidiano auxilio del personal del Archivo del Reino de Valencia y de su director, Francisco Torres. Vaya por delante todo nuestro agradecimiento con ellos.

La iniciativa de la que este libro es fruto último, pudo materializarse gracias a las ayudas obtenidas tanto del Ministerio de Ciencia e Innovación como del Vicerrectorado de Investigación de la Universidad de Valencia, sin olvidar en ningún caso el apoyo financiero y la hospitalidad ofrecida por la Facultad de Geografía e Historia y por el propio Departamento de Historia Medieval de dicha Universidad, a cuyos responsables también queremos expresar aquí un agradecimiento que cabe hacer extensible a los gestores de los servicios de publicaciones de las universidades de Valencia y Montpellier, cuya cooperación ha hecho posible editar este volumen.

Quiero expresar mi particular deuda de gratitud con Elisa Palacios, secretaria del Departamento de Historia Medieval, sin cuya generosa eficiencia y buenos oficios todo esto habría sido mucho más complicado de lo que en efecto ha sido. Por último, y también a título personal, vaya mi agradecimiento con quienes forman o han formado parte del equipo de investigación, y con quienes han colaborado de una u otra manera en las tareas del proyecto: Rafael Narbona, Manuel Ruzafa, Enrique Cruselles, José Bordes, Bernardo Tomás, Juan Antonio Barrio, María Luz Rodrigo y Enrique Díes. A todos nos une una larga amistad y una devoción común por la Historia que es el motor primero e imprescindible de este proyecto y de los que en el futuro podamos desarrollar.

JMC

1 La edición de este volumen forma parte de los resultados del proyecto titulado «Congreso Internacional En el primer siglo de la Inquisición española: fuentes documentales, métodos de análisis y experiencias de investigación» (HAR2011-13274-E), subvencionado por el Ministerio de Ciencia e Innovación dentro del subprograma de acciones complementarias a proyectos de investigación fundamental no orientada.

2 Ernest BELENGUER CEBRIÁ, València en la crisi del segle XV, Barcelona, Edicions 62, 1976; Ricardo garcía cárcel, Orígenes de la Inquisición española. El tribunal de Valencia, 1478-1530, Barcelona, Península, 1976.

3 Enrique CRUSELLES GÓMEZ, «‘Todo es cerrazón y noche’. La sociedad urbana valenciana en la encrucijada a los tiempos modernos», Revista d’Història Medieval, 3, 1992, pp. 117-142; Rafael NARBONA VIZCAÍNO y Enrique CRUSELLES GÓMEZ, «Espacios económicos y sociedad política en la Valencia del siglo XV », Revista d’Història Medieval, 9, 1998, pp. 193-214.

4 DEDIEU, Jean-Pierre, «Los cuatro tiempos de la Inquisición», en B. Bennassar, Inquisición española, poder político y control social, Barcelona, Crítica, 1981, pp. 15-39.

LA INCORPORACIÓN DE LOS CONVERSOS A LA GESTIÓN HACENDÍSTICA DE LA CIUDAD DE VALENCIA (1391-1427)1

Rafael Narbona Vizcaíno

Universitat de València

Entre el momento en que se produjo el asalto de la judería de Valencia y aquel en que desapareció cualquier indicación o apelativo de identidad dirigido hacia los conversos de judío, he observado un fenómeno general y claro de inserción progresiva de una elite del grupo neófito dentro de los más notables círculos de la sociedad urbana valenciana. Las directrices regias, la normativa municipal y la pastoral eclesiástica, velaron simultáneamente por la acogida de los conversos en la ampliada comunidad cristiana, sin que podamos encontrar pruebas fehacientes de discriminación social, ni de exclusión de las corporaciones profesionales, hasta mediados del siglo XV y, aún entonces, sólo de manera excepcional. Las circunstancias cambiaron a partir de 1477, cuando la integración en las prácticas económicas era plena y, además, cuando la incorporación de una elite conversa, bien definida en la gestión ciudadana y en la red de relaciones sociales en el seno de la sociedad urbana, era casi completa.2

Un elemento significativo de la expresa voluntad de inmersión de los cristianos nuevos, se observa en su inmediato avecindamiento. De ese modo se hacían reconocer públicamente, ante el gobierno municipal, como personas especialmente predispuestas a participar de los privilegios de la vecindad y, sobre todo, a asumir un nuevo papel en la vida social. Mediante ese acto y documento público de avecindamiento, se materializaba y se registraba la voluntad de pertenencia explícita a la comunidad cívica, poniendo en entredicho la tradicional exclusión con la que la historiografía ha caracterizado al grupo. Mediante un juramento específico, los interesados se comprometían no ya a fijar su residencia –que en muchos casos ya lo estaba anteriormente–, sino a reconocer e incluirse con su nueva condición cristiana bajo la jurisdicción ciudadana y, con ello, a beneficiarse del amplio conjunto de privilegios que gozaban los vecinos.

Entre 1391 y 1405, cuarenta y cuatro neófitos se avecindaron en Valencia, y otros ocho entre 1410 y 1419, lo que hace un total de cincuenta y dos para el conjunto del período, y deja constancia no sólo de la temprana voluntad de integración en la sociedad cristiana, sino también la benemérita vocación de acogida que demostraba el gobierno municipal al otorgarles explícitamente la legítima carta de ciudadanía.3 Entre los cristianos nuevos avecindados destacan ocho sederos, diez mercaderes y las más diversas profesiones menestrales, todos los cuales indicaban su residencia, que no siempre radicaba en la antigua judería. En ciertos casos, los nuevos vecinos presentaban como fiadores tanto a conversos de supuesta calidad moral, como a cristianos viejos, a modo de avales, que eran reconocidos por el municipio como responsables de sus conciudadanos y compadres. No obstante, no podemos considerar que los anotados fueran los únicos avecindados, ya que los fiadores que se presentaron para garantizar aquellos empadronamientos –parientes y amigos– no estaban registrados previamente como vecinos, sino reconocidos como tales, de hecho, y sin precedente documental alguno. Al menos para dieciséis avalistas no se explicita el calificativo de «converso» o «neófito» y, en ciertos casos, pueden ser identificados sin duda alguna como cristianos viejos. Por otra parte, personas con idéntico nombre que los conversos avecindados poco después del asalto de la judería, las encontramos entre los consellers d’oficis i mesters de Valencia, tanto antes como después de la nefasta efeméride, reconociéndose con oficios afines a los declarados anteriormente. La posible incorporación de esos mismos conversos a las asociaciones profesionales a principios de siglo no resultaría extraña, tan evidente al menos como su propio interés por demostrarse a sí mismos y a sus conciudadanos el manifiesto proyecto de participar de los derechos y obligaciones de la comunidad urbana, sobre todo, porque el acto de avecindamiento nunca fue obligatorio, sino un documento público que acreditaba el interés personal de los individuos para hacerse reconocer y respetar.

Para el período inmediatamente posterior al estudiado por Leopoldo Piles y Mª Desamparados Cabanes, he consultado los dos únicos registros supervivientes, que recogen los avecindamientos de 1478-1489 y 1495-1503, respectivamente.4 En ellos se consigna con precisión la identidad y el lugar de procedencia del recién domiciliado (Teruel, Toledo, Sevilla, en muchos casos), y en ninguna de esas cartas o asientos se calificó con la condición de converso a ninguno de los inmigrantes, ni tampoco a sus fiadores, dando la impresión de que en el ámbito valenciano ese apelativo, o el de neófito, constituía ya entonces una tipificación olvidada, remota, que había dejado de existir en las fuentes administrativas municipales, vigorizada tan sólo en el último cuarto del siglo XV, gracias a Fernando el Católico y a la actuación de la Inquisición. También conviene subrayar que durante ese período, el gobierno ciudadano, como antaño, no exigió credenciales de cristiano viejo o pruebas de limpieza de sangre, limitándose a requerir una carta de desavecindamiento del lugar de origen, junto con el compromiso personal de residencia y el aval de un vecino con domicilio reconocido.

CONVERSOS AVECINDADOS Y SUS FIADORES5





Con estos datos parece incontrovertible la voluntad de aceptación de las instituciones y de los líderes naturales de la sociedad urbana, sin que se produjeran rechazos o resistencias, lo que permite entender también la rápida incorporación de las elites conversas a la actividad pública en la asamblea concejil, y también corporativa, a través de las asociaciones profesionales, así como su integración en las redes mercantiles y de negocios del Mediterráneo occidental. Esta reconocida vecindad, y el ejercicio de los derechos de la ciudadanía, se demostraron correlativos al creciente protagonismo que adquirieron los conversos en la esfera de los negocios públicos. Incluso cabría pensar que al menos una elite de familias conversas no sólo fue aceptada, sino empujada por el patriciado urbano a participar en el sistema financiero y fiscal del municipio, con lo cual los munícipes lograron inyectar mayor fluidez y liquidez a las arcas públicas. Algunos personajes llaman poderosamente la atención en los registros de la clavería local a principios del siglo XV, porque siendo conversos y estando en el ejercicio de su profesión, fueron reconocidos de forma explícita conciudadanos de Valencia y, como tales, participaron de las subvenciones institucionales previstas por los Jurados para arrendar algunos ramos de los impuestos indirectos; para abastecer los silos de grano mediante subvenciones públicas; y para comprar títulos censales emitidos por la hacienda municipal. Es decir, los conversos encontraron las puertas abiertas para participar en los negocios públicos de la ciudad desde el primer momento.