Kitabı oku: «La transición de la prensa»

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LA TRANSICIÓN DE LA PRENSA

EL COMPORTAMIENTO POLÍTICO

DE DIARIOS Y PERIODISTAS

LA TRANSICIÓN DE LA PRENSA

EL COMPORTAMIENTO POLÍTICO

DE DIARIOS Y PERIODISTAS

Jaume Guillamet (ed.)

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© De los textos: los autores, 2018

© De esta edición: Universitat de Valéncia, 2018

Coordinación editorial: Maite Simon

Maquetación: Inmaculada Mesa

Corrección: Pau Viciano

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

ISBN: 978-84-9134-339-4

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

I. EL CAMBIO VIGILADO

1. El cambio vigilado Jaume Guillamet y Christopher D. Tulloch

II. LOS DIARIOS

1. La apuesta monárquica de La Vanguardia Marcel Mauri i de los Ríos y Anna Nogué Regàs

2. El neofranquismo de ABC Jaume Guillamet

3. La independencia de Informaciones Ruth Rodríguez-Martínez

4. El centrismo católico de Ya Christopher D. Tulloch

5. De franquistas a reformistas: Arriba y Pueblo Jezabel Martínez Fábregas

6. El franquismo intransigente y golpista de El Alcázar Francesc Salgado

7. La mirada catalanista de Avui Marcel Mauri i de los Ríos y David Caminada

8. La influencia de El País Josep Maria Sanmartí

9. La libertad de Diario 16 Rita Luis y Carles Pont Sorribes

10. La distancia vasca de Deia y Egin David Caminada

III. PERIODISTAS Y POLÍTICOS

1. Un ejercicio colectivo de memoria profesional Carles Pont Sorribes, Rita Luis y Josep Maria Sanmartí

2. Cuatro miradas sobre un proyecto compartido Josep Maria Sanmartí, David Caminada y Christopher D. Tulloch

3. Tres reflexiones Francesc Salgado

EPÍLOGO: LÍMITES Y EXCESOS DEL «PARLAMENTO DE PAPEL»

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ANTROPONÍMICO

ÍNDICE DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

ÍNDICE ONOMÁSTICO GENERAL

INTRODUCCIÓN

El 22 de noviembre de 1975, día en que Juan Carlos de Borbón juró como rey ante las Cortes, dos semanarios de amplia difusión permanecían suspendidos por una orden administrativa. Uno de ellos –Mundo– pudo reaparecer pronto, gracias al posterior indulto concedido por el Gobierno, mientras que el otro –Triunfo– tuvo que cumplir por completo los cuatro meses de sanción. El título del artículo que la motivó seguía vigente: «¿Estamos preparados para el cambio?».

Salvo algunas excepciones, la prensa diaria continuaba llena de homenajes y evocaciones a la figura y obra del Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Francisco Franco Bahamonde, fallecido el día 20, a punto de cumplir 83 años. Con pocas excepciones también, la prensa diaria había sido objeto de un menor número de sanciones administrativas previstas por la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 de las que sufrió la prensa semanal, gracias al acuerdo tácito que el interés mutuo inspiró al Gobierno y a las empresas editoras de diarios.

Al primero no le convenía mostrar las insuficiencias de la libertad de prensa establecida y limitada sucesivamente en los dos primeros artículos de la ley. A las segundas, les convenía aún menos afrontar los riesgos sobre todo económicos de las pérdidas derivadas por eventuales multas, expedientes y procesos judiciales pero, sobre todo, por los secuestros de ediciones completas que el Gobierno se reservaba como actuación preventiva.

Los secuestros de ABC –en julio de 1966, por un artículo de reivindicación de la monarquía tradicional1– y de Madrid –en mayo de 1968, por un editorial sugiriendo la retirada del general Franco, tomando ejemplo de la efectuada por el general Charles De Gaulle como presidente de la República francesa2 – habían quedado como casos señalados y aislados. Ambos eran anteriores al nombramiento por las Cortes del joven Príncipe de España como sucesor a la Jefatura del Estado a título de rey, en julio de 1969.

Habitualmente, Gobierno y diarios se valían de una fórmula preventiva conocida también como «censura telefónica», por la que se sugerían cambios en las ediciones durante la media hora preceptiva de depósito previo de ejemplares en las oficinas del Ministerio de Información y Turismo, ignorando aquellos que ya hubieran comenzado la distribución. En casos más agudos, la policía podía proceder a su recogida en los quioscos.

Ese acuerdo tácito no libró a los editores de diarios de otras intervenciones del Gobierno, que afectaron a algunas iniciativas renovadoras en el marco de las luchas internas entre las familias políticas del régimen. Así, el vespertino El Alcázar, adquirido a la Hermandad de Defensores del Alcázar de Toledo por una empresa cercana al Opus Dei, fue devuelto a sus fundadores con base en supuestas irregularidades administrativas en septiembre de 1968 (Rodríguez Virgili, 2006), siendo ministro Manuel Fraga Iribarne, que puso también dificultades a Nuevo Diario, matutino de la misma editora. En cambio, otro diario autorizado con el nombre de Nivel, fue prohibido por su sucesor Alfredo Sánchez Bella tras la publicación del primer número, el 31 de diciembre de 1969. También por irregularidades administrativas, se procedió en 1971 al cierre del citado Madrid (Barrera, 1995) y de los semanarios como Presència de Gerona y El Maresme de Mataró (Guillamet, 1996: 120-123).

La liberalización parcial que había significado en 1966 la llamada ley Fraga –tras veintiocho años de vigencia de la ley de inspiración fascista dictada apenas dos años después del inicio de la Guerra Civil, en marzo de 1938– no comportó grandes cambios en la estructura de la prensa diaria. Muy pocos periódicos habían sobrevivido al alzamiento militar en las zonas controladas desde el principio por los rebeldes y muchos menos habían sido autorizados a reaparecer en las demás.

Excepto los del Movimiento –diarios únicos en la mayoría de provincias, creados con la expropiación de la antigua prensa republicana– casi ningún diario nuevo fue autorizado antes de 1966 y muy pocos lo fueron después. Entre las pocas excepciones están el vespertino barcelonés Tele/eXprés, fundado en 1964 por el industrial y banquero Jaime Castell Lastortras, cercano a la familia Franco, el procurador en Cortes Juan Antonio Samaranch y el director de la Agencia Efe Carlos Sentís, así como Diario de Lérida, 1966, órgano diocesano del obispo Aurelio del Pino, confesor de Carmen Polo de Franco (Guillamet, 2004).

La Vanguardia Española en Barcelona y abc en Madrid, el primero en difusión y el segundo en influencia, son los dos principales diarios que se publican en España en 1975, ambos de tradición monárquica como revelan los títulos nobiliarios de sus editores, el conde de Godó y el marqués de Luca de Tena. La mayoría de diarios en provincias dependen de los gobernadores civiles y jefes provinciales del Movimiento. Su órgano de cabecera en Madrid, aunque de baja difusión, es el falangista Arriba, fundado en 1934 por José Antonio Primo de Rivera, cuyos editoriales y artículos son reproducidos habitualmente en los demás, que en las principales ciudades apenas pueden competir con los viejos diarios conservadores.

El católico Ya encabeza una pequeña cadena de cuatro diarios episcopales. Pueblo, órgano de los sindicatos oficiales, es el líder de la prensa vespertina, entre la que El Alcázar alimenta la nostalgia de los viejos franquistas e Informaciones trata de acercarse al lector joven y crítico. Como sucede con el veterano Diario de Barcelona y el joven Tele/eXprés en la capital catalana, donde el carlista El Correo Catalán, convertido al catalanismo, vio frenado en 1966 el proyecto de un vespertino en catalán que había de llamarse Migdia (Mediodía). La transformación de un singular Diario Femenino aparecido en 1967 en Mundo Diario, atento a la conflictividad obrera y estudiantil, es otra muestra del proceloso control del Gobierno, al que la Ley Fraga reserva toda autorización. Otra muestra de las maniobras de poder fue la adquisición por un hijo del alcalde José María de Porcioles del veterano vespertino El Noticiero Universal que había destacado por la crítica de la gestión municipal.

Esa es la muestra más visible de la prensa diaria que despide con alabanzas al Caudillo de España y ofrece el apoyo debido al joven rey Juan Carlos que le sucede. Es la prensa diaria cuyo papel destacado en el proceso de cambio ha sido destacado en la numerosa bibliografía existente sobre la Transición, protagonista de lo que de forma imprecisa y quizá algo abusiva se ha llamado el «parlamento de papel». La historiografía ha coincidido en el papel dinamizador de la ley Fraga como única medida liberalizadora del régimen, que había favorecido un cierto debate público al margen de las Cortes y otras instituciones del régimen, siempre que no pusiera en cuestión la naturaleza política de este (Barrera, 1995b; Fuentes-Fernández Sebastián, 1997; Sáiz-Seoane, 2007). En adelante, los partidos políticos de la oposición comienzan a aparecer en sus páginas como protagonistas inevitables de un cambio impreciso sobre cuyo alcance deseable se establece el verdadero debate.

La aparición de dos significativos diarios nuevos en la primavera de 1976 –Avui (Hoy), en catalán, catalanista y fruto de una capitalización popular, el 23 de abril; El País, independiente, plural en su accionariado y con vocación de diario de referencia, el 4 de mayo– solemnizan el cambio político. El 18 de octubre, el vespertino Diario 16 sigue abriendo el compás, así como el nacionalista vasco Deia (Llamada) en vísperas electorales, 10 de junio de 1977 en Bilbao, y el radical Egin (Hacer), 9 de septiembre en Hernani, ambos con un uso parcial de la lengua vasca.

El comportamiento político de la prensa diaria en la Transición ha sido objeto de diversos análisis y consideraciones en la bibliografía política e historiográfica y algunos de los periódicos citados lo han sido con cierto detenimiento en monografías específicas (García Escudero, 1985; Olmos, 2002; Huertas, 2006; Nogué Barrera, 2006; Seoane-Sueiro, 2006). Con todo, sigue siendo un tema abierto a la investigación, sobre el que los autores de este libro se proponen avanzar con nuevas aportaciones.

El comportamiento políticos de periódicos y periodistas es el objeto de este libro, resultado de un proyecto de investigación competitivo financiando por el Ministerio de Economía y Conocimiento,3 llevado a cabo por los autores, cuyos resultados han sido presentados también en diversos congresos nacionales e internacionales y en artículos en revistas científicas. Son dos análisis complementarios que requieren planteamientos y metodologías diferentes. Para el comportamiento de los diarios, se ha procedido al estudio de los artículos editoriales y otros de interés especial para fijar la posición de cada rotativo de una selección entre las principales cabeceras, atendiendo a la importancia de su difusión y de su significado político. Para el comportamiento de los periodistas, se ha optado por un trabajo menos exhaustivo y estrictamente cualitativo, recogiendo datos e opiniones obtenidas a través de tres actividades distintitas: grupos de discusión (focus group), entrevistas en profundidad y seminarios de investigación.

En cuanto a los diarios, la investigación se ha llevado a cabo sobre un total de doce, divididos en dos grupos: siete diarios que ya se publicaban bajo la dictadura publicados y cinco diarios nacidos durante la Transición. Entre los siete anteriores al relevo en la Jefatura del Estado, se han seleccionado los siguientes:

– Los dos diarios de mayor difusión e influencia –La Vanguardia Española (1881) de Barcelona y ABC (1905) de Madrid–, ambos de tradición monárquica y editados por empresas familiares.

– El diario Ya (1935-1996) de Madrid como cabecera de la cadena de diarios de Editorial Católica, dependiente del Episcopado.

– El vespertino Informaciones (1922-1983) de Madrid como órgano independiente abierto a los sectores críticos con el régimen de Franco.

– El diario del franquismo recalcitrante, El Alcázar (1936-1988), editado en Madrid por la Confederación Nacional de Excombatientes de la Guerra Civil fundada en 1974.

– Los dos principales diarios de la cadena del Movimiento, ambos de Madrid: Arriba como cabecera informativa y editorial de la cadena (1939-1979); Pueblo (1940-1984) como órgano de los sindicatos oficiales y vespertino de mayor difusión.

En cuanto a los cinco diarios aparecidos en los años 1976 y 1977, se trata de los siguientes:

– Avui (1976-2011), diario en catalán y catalanista de capitalización popular, aparecido en Barcelona el 23 de abril de 1976.

– El País (1976) y Diario 16 (1976-2001), diarios independientes aparecidos el 4 de mayo y el 18 de octubre en Madrid.

– Deia (1977) y Egin (1977-1998), diarios próximos al Partido Nacionalista Vasco y a la organización terrorista Eta respectivamente, aparecidos en Bilbao y Rentería el 10 de junio y el 9 de septiembre de 1977.

En cuanto a los periodistas, se ha procedido a una investigación cualitativa para conocer los cambios en las formas de trabajo correlativos al cambio político, las posiciones políticas existentes en las redacciones, las actitudes adoptadas por los periodistas más destacados y las relaciones entre periodistas y políticos, que todas las referencias presentan como de colaboración y complicidad. Esta parte de la investigación se ha llevado a cabo por medio de tres tipos de actividades:

a) Celebración de tres grupos de discusión anónima (focus group) en los que han participados un total de quince periodistas de distintos periódicos, agrupados por tres criterios: redactores de la prensa oficial y franquista; redactores de diarios provenientes de la dictadura; y redactores de diarios creados durante la Transición.

b) Realización de entrevistas en profundidad con algunos periodistas y políticos destacados durante la Transición.

c) Celebración de seminarios de investigación sobre el papel respectivo de periodistas y políticos, en cada uno de los cuales han participado tres personalidades destacadas, miembros del equipo de investigación y cuatro académicos especializados.

El libro se estructura de manera acorde con los objetos de la investigación, de manera se abre con un primer capítulo sobre las condiciones legales y políticas en que trabaja la prensa durante la Transición («El cambio vigilado»), al que siguen dos partes dedicadas respectivamente al comportamiento político de los diarios y de los periodistas.

La parte dedicada a «Los diarios» contiene diez capítulos en los que se analiza el comportamiento político de los doce diarios mencionados, con la particularidad que Arriba y Pueblo son tratados en un mismo capítulo, así como los dos diarios nacionalistas vascos. Hay también algunas particularidades en el ámbito temporal del análisis de cada uno de ellos. El período principal de estudio son los primeros dieciocho meses de la Transición, entre la muerte de Franco y las primeras elecciones, donde se ponen de relieve los posicionamientos respectivos ante el legado de Franco, la figura del rey, los gobiernos sucesivos de Arias y Suárez, la reforma política y la campaña electoral. El calendario respectivo de publicación hace que sólo en los diarios ya existentes pueda completarse esa perspectiva, mientras que Avui y El País sólo conocen la parte final del gobierno Arias y Diario 16 aparece cuando el de Suárez ya ha dado los primeros pasos.

El comportamiento de todos ellos hasta la celebración de las elecciones y el tratamiento que dan a los actos de gobierno y a las propuestas de la oposición es la materia esencial de nuestro análisis. El año y medio posterior hasta que se aprueba la Constitución es objeto de una atención más tenue, dada la mayor coincidencia de posicionamientos, con el único caso de El Alcázar, cuyo protagonismo en la oposición a la democracia y la invocación al golpismo requieren tratamiento más extenso. En el caso de los vascos Deia y Egin, aparecidos respectivamente una semana antes y diez semanas después de las elecciones, su comportamiento político después de estas es muy relevante por las posiciones de abstención y negativa en el voto a la Constitución defendidas por las fuerzas nacionalistas a las que están vinculados uno y otro diario.

La parte destinada a «Periodistas y políticos» ofrece tres capítulos que tratan del comportamiento político de los periodistas y a sus relaciones con los partidos y dirigentes políticos, aunque de menor exhaustividad y alcance que los resultados obtenidos del estudio de los diarios. En primer lugar, un ejercicio colectivo y anónimo de memoria profesional a cargo de los quince periodistas, participantes en la citadas tres sesiones de grupos de discusión, que formaron parte de las redacciones de varios de los diarios analizados. El segundo capítulo recoge los resultados de cuatro entrevistas en profundidad a políticos y periodistas, mientras que en el tercero de reproducen las reflexiones efectuadas por otros tres periodistas participantes en un seminario de investigación. Aunque menos exhaustivos que los de la parte dedicada a los diarios, los resultados del proyecto ofrecidos en esta segunda dedicada a las relaciones entre periodistas y políticos ofrecen datos y reflexiones de gran interés.

El libro se completa con un epílogo en el que se establecen unas conclusiones sumarias y se propone una interpretación sobre los límites y excesos del llamado «parlamento de papel» en lo que atañe al papel de la prensa diaria durante la Transición.


Durante el proceso de preparación editorial de este libro, ha fallecido súbitamente uno de los autores, a causa de una afección cardíaca. Josep Maria Sanmartí Roset (Barcelona 1945 – Madrid 2017) fue durante veinte años corresponsal político del diario Avui en Madrid y más tarde se incorporó a la docencia e investigación universitarias. Siendo profesor de periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid se incorporó al equipo del Grup de Recerca en Periodisme de la Universitat Pompeu Fabra para la realización del proyecto de investigación sobre el papel de la prensa diaria durante la Transición, cuyos resultados se exponen en este volumen. Los compañeros, que no olvidaremos el gozo de su amistad y bonhomía, queremos destacar la valiosa colaboración de ese excelente investigador, que ha sabido poner al servicio del conocimiento la experiencia vivida como periodista durante el período objeto de estudio. Los lectores podrán apreciarlo en los capítulos que llevan su firma.

1. Luis María Ansón: «La Monarquía de todos», ABC, 21 de julio de 1966.

2. «Retirarse a tiempo: No al general De Gaulle», Madrid, 30 de mayo de 1968.

3. «El papel de la prensa diaria en la Transición. Cobertura informativa y comportamiento político de periódicos y periodistas», CSO 2012 36774. Investigador principal: Jaume Guillamet. Equipo de investigación: Marcel Mauri, Carles Pont, Ruth Rodríguez, Francesc Salgado, Christopher Tulloch, David Caminada, Rita Luis y Anna Nogué (Universitat Pompeu Fabra), José María Sanmartí (Universidad Carlos III) y Jezabel Martínez (Universidad de Sevilla).

I.

EL CAMBIO VIGILADO

1. EL CAMBIO VIGILADO

Jaume Guillamet Christopher D. Tulloch

En el primer gobierno del rey –segundo presidido por Carlos Arias Navarro, que se aferró al nombramiento por cinco años hecho por Franco en enero de 1974–, el Ministerio de Información y Turismo fue confiado al diplomático Adolfo Martín-Gamero y González-Posada, nieto de académicos. Para la Dirección General de Coordinación Informativa, se nombró al veterano periodista Carlos Sentís, hasta el momento director de Radio Barcelona y presidente de la Asociación de la Prensa de esta ciudad.

El resultado más visible de la nueva orientación política fue la aparición de dos nuevos diarios –Avui, 23 de abril de 1976 en Barcelona, y El País, 4 de mayo, en Madrid–, cuya autorización fue saludada como símbolo de la nueva época que se abría. El permiso otorgado al primer diario en catalán de la postguerra, a finales de enero de 1976, se ha atribuido personalmente a la gestión de Sentís, formado en la prensa catalanista de los años 1930, y su salida a la calle se aceleró por temor de sus editores, vinculados a la oposición catalana, a una eventual marcha atrás del gobierno (Cadena, 2004). En el caso de El País, la autorización había sido concedida el mes de septiembre anterior a una empresa entre cuyos promotores figuraban Manuel Fraga Iribarne, que en el momento de su aparición es vicepresidente político y ministro de Gobernación, y José María de Areilza, que es ministro de Asuntos Exteriores. Su publicación fue resultado de un proceso más largo y meditado de preparación (Seoane y Sueiro, 2006).

La aparición de una primera tanda de nuevos diarios se completó este mismo año con Diario 16, el 18 de octubre, promovido por los editores del semanario Cambio 16, vinculados a la oposición antifranquista, y un vespertino de vocación popular sensacionalista, Catalunya Express, el 14 de diciembre, en Barcelona, perteneciente al grupo editor del semanario Mundo y de Mundo Diario. En vísperas de las primeras elecciones democráticas, aparecería en Bilbao Deia, 8 de junio de 1977, órgano oficioso del Partido Nacionalista Vasco, y el 29 de septiembre de ese mismo año en Hernani Egin, portavoz de la izquierda abertzale vasca.

En todos los casos, las autorizaciones de esos nuevos periódicos y otros más, antes y después de las elecciones, se llevaron a cabo siguiendo lo establecido por la Ley de Prensa e Imprenta aprobada en abril de 1966, por iniciativa del entonces ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, con las preceptivas autorización e inscripción en el Registro Oficial de Empresas Periodísticas. Hasta el 1 de abril de 1977 no procedería el gobierno presidido por Adolfo Suárez, nueve meses después de su constitución, a la derogación de los artículos 2 y 69 relativos a las limitaciones a la libertad de prensa y las sanciones relativas a su infracción. En lo demás, dicho texto legal seguiría vigente hasta que la aprobación de la Constitución, el 6 de diciembre de 1978, anulara automáticamente la mayor parte de su articulado.

Las limitaciones establecidas por el artículo 2 a la libertad de prensa, proclamada en el artículo 1, eran las siguientes:

el respeto a la verdad y a la moral; el acatamiento a la Ley de Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales; las exigencias de la defensa Nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y la paz exterior; el debido respeto a las Instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa; la independencia de los Tribunales, y la salvaguardia de la intimidad y del honor personal y familiar.

Según el artículo 39 de la ley, la responsabilidad de cualquier infracción recaía en el director del periódico, con independencia de las responsabilidades de orden penal o civil que puedan recaer sobre otras personas.

El nuevo equipo ministerial de Martín-Gamero anunció una única medida liberalizadora cual fue la desaparición de la censura cinematográfica (30-1-1976),1 a la vez que el propósito de regulación expresa por el Consejo de Ministros de las publicaciones de carácter erótico (1-2-1976).

LA VIGENCIA DE LA LEY DE PRENSA

El cambio más apreciable en la aplicación de la Ley de Prensa durante los primeros gobiernos de la Monarquía fue el final de la arbitrariedad con que los gobiernos de Franco la habían interpretado. Así, no había habido respuesta administrativa a las solicitudes sucesivas de Avui como semanario en 1967, ni como diario en junio y noviembre de 1975, hasta la llegada como director general de Carlos Sentís en enero de 1976. A partir de este año, se daría trámite ordinario a las solicitudes de inscripción y autorización de diarios y revistas, sin las demoras arbitrarias del período anterior, de las que los citados ejemplos no son los únicos casos.

La primera solicitud de inscripción de El País en el Registro Oficial de Empresas Periodísticas, en junio de 1972, no recibió trámite hasta marzo de 1975. Los informes político-sociales sobre los accionistas de las nuevas publicaciones que acompañan los respectivos expedientes conservados2 hablan de las «ideas monárquicojuanistas» de Darío Valcárcel, del «peligro» que representa el catedrático de Química de la Universidad de Málaga, Vicente Iranzo, de la «simpatía con el régimen» de Joaquín Muñoz Peirats o de la desafección en «una línea liberal-izquierdista» de Julián Marías, entre los accionistas de El País. De manera similar, ideas separatistas, socialistas y comunistas fueron atribuidas en los expedientes administrativos a los principales promotores de Avui – Jaume Vilalta, Josep Lluís Virós, Jordi Maluquer, Josep Espar, Ramón Fuster y Josep Maria Cadena.

Dentro de la normalidad en la aplicación de la Ley de Prensa, se continuó practicando la instrucción de expedientes sancionadores relativos al artículo 2. Al día siguiente de la muerte de Franco, 21 de noviembre de 1975, se había abierto expediente administrativo por presunta infracción del artículo 2 al semanario Doblón. Unos días más tarde se procedía al secuestro del primer número de diciembre de Cambio 16 por un editorial que la revista consideraba de «claro apoyo al mensaje de la Corona», según lo explicado en la segunda edición. El indulto general otorgado el día 25, tras la jura del rey Juan Carlos I como sucesor de Franco, fue la primera muestra del continuismo que caracterizó el gobierno de Arias, no sólo por la negativa a la concesión de una amnistía general, sino porque contuvo excepciones, como la ya citada en el capítulo introductorio de este libro, relativo al semanario Triunfo, suspendido durante cuatro meses por un artículo titulado «No estamos preparados para el cambio».

El indulto benefició, en cambio, a los directores de los Diario de Barcelona, Ya de Madrid y La Región de Orense, como responsables administrativos de infracciones del artículo 2, así como permitió el levantamiento de una suspensión de cuatro meses al semanario Mundo. El periodista Josep María Huertas Clavería fue indultado de la condena a dos años de prisión impuesta el 26 de agosto de 1975 por la jurisdicción militar a causa del reportaje costumbrista «Vida erótica subterránea», publicado el 7 de junio en Tele/eXprés, que contenía una breve alusión a viudas de militares que habrían regentado casas de citas. No lo fue, en cambio, de la acusación de colaboración con ETA de que fue objeto a principios del mismo mes (Semir y otros, 1978). El caso fue traspasado de la jurisdicción militar al Tribunal de Orden Público, en marzo de 1976, lo que permitió su puesta en libertad el 14 de abril. Se benefició de la amnistía de 30 de julio de 1976, propuesta al rey por el gobierno Suárez.

Las sanciones gubernamentales por infracciones del artículo 2 no se interrumpieron tras la jura del rey ni tras la formación del gobierno. Así, se impusieron multas a los directores de los diarios El Correo de Andalucía de Sevilla (28-11-1975), Heraldo de Aragón de Zaragoza (31-11-1975), La Tarde de Santa Cruz de Tenerife y Diario de Barcelona (22-4-1976) y del semanario Esfuerzo Común de Zaragoza (31-11-1975), además de sendas suspensiones de cuatro meses, por presuntas faltas contra la moral a las revistas El Papus y Papillón de Barcelona (9-3-1976). Aunque en las últimas semanas de 1975 se sobreseyeron cuatro expedientes administrativos a Diario de Mallorca y Mundo Diario por presuntas infracciones del artículo 2 (9-12-1975, 13-12-1975 y 27-12-1975), se ratificó un secuestro del semanario en catalán Canigó (3-12-1976) en relación con el consejo de guerra que había condenado a muerte, en septiembre, al militante de ETA Juan Paredes Manot (Txiqui).

Durante los tres primeros meses de 1976, se sucedieron hasta trece secuestros por el artículo 2 en el apartado de faltas a la moral de Matarratos, Papillón, El Papus, Fotogramas y Muchas Gracias de Barcelona y El Pope de Vigo (28-1-1976, 31-1-1976, 10-2-1976, 12-2-1976, 24-2-1976, 25-2-1976, 2-3-1976, 9-3-1976, 11-3-1976 y 26-3-1976). Tras su aparición en mayo de 1976, el semanario Interviú fue objeto de un primer expediente por el mismo motivo. Pero también sufrieron secuestros semanarios de información general como Sábado Gráfico (26-5-1976 y 3-7-1976) y Gaceta Ilustrada (3-6-1976).

Una modalidad intermedia de actuación administrativa fueron los retrasos forzados en la publicación de revistas semanales, tras cambiar contenidos detectados como presuntamente delictivos durante el depósito previo. Hubo, al menos, cuatro casos durante el gobierno Arias que afectaron a Guadiana (22-4-1976), Destino (6-5-1976), Canigó (7-5-1976) y Cuadernos para el Diálogo (2-6-1976). Los directores de Diario de Barcelona, El Correo Catalán y Avui fueron expedientados por el hecho de publicar el itinerario de la llamada Marxa de la Llibertat, organizada por la organización católica Pax Christi, «sirviendo de convocatoria para la misma» (7-6-1976).

El indicio más grave de resistencia al cambio fue el propósito no consumado del gobierno Arias de secuestrar la edición de 7-13 de junio de Cambio 16 y suspender por cuatro meses la publicación del semanario. La causa: una viñeta en la que Juan Carlos I aparecía bailando a la manera de Fred Astaire sobre el sky-line de Manhattan, a propósito del discurso ante el Congreso de los Estados Unidos en que el rey se comprometió nítidamente a traer la democracia a España. El nerviosismo de Carlos Arias y Manuel Fraga Iribarne ante el comportamiento de la prensa había ido creciendo –«ABC está prudente, el Ya reticente, la prensa de Barcelona, impertinente»–, hasta el punto de que el ministro de Gobernación habría amenazado con aplicar la ley de orden público y meter en la cárcel a los periodistas, como se había hecho con Huertas Clavería (Areilza, 1977: 151, 162, 195-197).

Por estas fechas, se llegó incluso a abrir expediente administrativo contra la traducción al castellano de artículos críticos con el gobierno como el caso de la publicación Prenoticias cuyo director fue sancionado por haber traducido del artículo «Pleasing no one» publicado en Newsweek (10-5-1976) una frase que dice «Arias Navarro anunció su esperado programa de reformas y consiguió no satisfacer a casi nadie».

En julio de 1976, el nombramiento del segundo gobierno de la Monarquía, bajo la presidencia de Adolfo Suárez, ofreció pronto indicios de una aceleración del cambio político tras el escaso avance producido hasta el momento, con la concesión de una amnistía general, de la que se exceptuaron los delitos de sangre y relacionados con el terrorismo. Por las mismas fechas, el nuevo ministro de Información y Turismo, Andrés Reguera Guajardo, abogado del Estado y procurador en Cortes por el Tercio Familiar de Segovia, anunció la inscripción en el Registro Oficial de Periodistas de los profesionales depurados tras la Guerra Civil (28-7-1976) y reconoció el papel de la prensa en los avances de la sociedad española. Sin embargo, hay constancia de que dicho ministro mantuvo la costumbre de presionar a los editores. Está documentada la ejercida sobre el conde de Godó, que era procurador en Cortes por designación de Franco, en relación con la línea editorial de Tele/eXprés y que culminó en la dimisión de Pere Oriol Costa como director (Ibáñez Escofet, 1990: 330-331).

Sin plantear todavía la revisión de la Ley de Prensa, se establecieron de facto las tres limitaciones a la libertad informativa –el respeto a la Monarquía, a las Fuerzas Armadas y a la unidad nacional– que se consagrarían en la reforma de abril siguiente (7-9-1976). A pesar de ello, el Gobierno acordó la declaración de «materia reservada» para los documentos destinados al Consejo de Ministros (4-9-1976) y se evidenció el mantenimiento de las viejas prácticas en el retraso forzado de la aparición de Guadiana, tras retirar una entrevista en la que un dirigente disidente de Falange criticaba a Franco (2-9-1976).

La evolución de la política informativa se evidenció, en vísperas del referéndum de la reforma política, en una conferencia del ministro Reguera sobre la importancia de la libertad de prensa y la contribución de esta en «acelerar y estimular el cambio» y la creación de un clima de «convivencia democrática pacífica y ordenada» (3-12-1976). El anuncio de una próxima modificación de la Ley de Prensa en un almuerzo con directores (4-2-1976) precedió en dos meses la decisión del Gobierno, que compensó la derogación del artículo 2 con el establecimiento de la crítica a la Corona, el Ejército y la unidad nacional, como únicas limitaciones a la libertad de expresión, «tres temas quedan al margen de toda conciencia política» en palabras del ministro (5-4-1976). A pesar de ello, se procedió a la declarar «materia reservada» las noticias y comentarios sobre el asesinato del despacho de abogados laboralistas de Madrid de 24 de enero de 1977, medida sólo levantada mes y medio más tarde (15-3-1977).

La derogación del artículo 2 dejó abierto el debate político, hasta el momento restringido a los límites de las leyes del Movimiento Nacional. Pero, además de la protección dispensada por el decreto a la Corona, el Ejército y la unidad nacional, el decreto de 1 de abril de 1977 establecía una legislación protectora ante eventuales delitos de injuria y calumnia destinada al período electoral, conocida como ley anti-libelo. Cabe añadir que significados procuradores aliancistas, como el presidente del Consejo de Dirección de ABC, Torcuato Luca de Tena, criticaron severamente la modificación de la Ley de Prensa, dictada por el Gobierno sin pasar por las Cortes (15-4-1977).

«La mejor Ley de Prensa es la que no existe», proclamó en la euforia del momento el ministro Reguera, pero la ley de 1966 siguió vigente. Así, el Partido Comunista de España hubo de solicitar la inscripción en el Registro Oficial de Empresas Periodísticas para su órgano Mundo Obrero (7-6-1977), como hubieron de seguir haciendo los nuevos periódicos en adelante. Dicho registro, que no fue finalmente derogado por ley hasta la ley 29/84 de 1984, permitía, entre otras cosas, la inspección de las cuentas de las empresas. El resto del articulado de la ley mantenía la «consulta voluntaria» previa a publicar un editorial considerado delicado, el depósito previo de un ejemplar en las dependencias ministeriales y la inclusión obligatoria de notas de rectificación. En las mismas fechas, el diario nacionalista vasco Deia tuvo que aplazar unos días su aparición en espera de la firma de la autorización preceptiva por el ministro de Información y Turismo (5-6-1977). Aún en enero de 1978, se continuó observando la obligación del depósito previo de ejemplares, por lo cuya infracción fueron expedientados los directores de Catalunya Express, Jaume Serrats, y TeleXpres, Miguel Ángel Bastenier.3

El número de expedientes administrativos abiertos a lo largo de 1976 fue más bajo que la media de los años anteriores –66 sobre la media de 127 entre 1966-19754–, pero no dejó de ser una cifra elevada, que ascendió a 97 en 1977. En los nueve meses de vigencia del artículo 2 durante el gobierno Suárez, predominaron los expedientes debidos a cuestiones morales y eróticas, de forma que Interviú acumularía siete en siete meses. Casi la mitad de los expedientes incoados en 1977 fueron debidos a esta causa, con revistas reincidentes como los diez expedientes a Personas y los cinco a Fotogramas, pero no faltaron los casos de diarios de información general como Diario 16, Diario de las Palmas, Diario de Castilla y El Alcázar. El desacuerdo con la decisión del ministro de sancionar a este diario franquista por un artículo sobre «El día de las Fuerzas Armadas» causó la dimisión del director general de Régimen Jurídico de la Prensa, José Luis Fernández (20-5-1977).

La restricción establecida sobre el Ejército facilitó los secuestros de Sábado Gráfico a propósito de jefes militares del Ejército del Aire relacionados con el caso de la compañía aeronáutica estadounidense Lockheed (9-9-1976). La información sobre el escándalo de sobornos motivó la apertura por el Ejército del Aire de una causa militar por daños al honor de oficiales generales, además de una petición de disculpas por parte del periódico (9/10/16-9-1976) y la retirada de dos páginas del semanario Mundo (16-9-1976).

Otros casos significativos del uso sancionador de la Ley de Prensa reformada fueron varios secuestros de semanarios: Cambio 16 por criticar autoridades judiciales responsables de interpretar la amnistía (15-9-1976); Diario 16 por un artículo de Gregorio Morán sobre un complot militar (24-5-1977) y por un artículo de Francisco Cerecedo sobre Manuel Fraga (12-6-1977); Sábado Gráfico por un presunto delito de injurias en la sección «Ruido ibérico» de Lorenzo Contreras (12-6-1977); y la revista mensual Siesta, por varias caricaturas y un artículo sobre «Franco o la pasión de mandar» (22-12-1976). Es de señalar que quien fuera promotor de la Ley de Prensa, Manuel Fraga, fue el primero en acogerse a la llamada ley anti-libelo por el citado artículo en Diario 16, durante su campaña electoral como líder de Alianza Popular.

Siguiendo las viejas prácticas, la revista eclesial Vida Nueva tuvo que aparecer con dos páginas recortadas por críticas a las fuerzas de orden público (14-10-1976) y la franquista Fuerza Nueva hubo de suprimir una portada sobre la Corona (13-1-1977). El director de Destino, Baltasar Porcel, fue expedientado por un artículo criticando unas declaraciones de Suárez que cuestionaba la idoneidad del catalán como lengua de uso científico (16-10-1976). El semanario Don Balón fue expedientado por una portada en la que aparecía Johan Cruyff «crucificado» (22-2-1977). La persecución del erotismo y la pornografía, por la que Bazaar fue objeto del primer secuestro tras la reforma de la ley (15-4-1977), produjo el cierre definitivo de Papillon, en aplicación del artículo 29 (18-2-1977). De la misma forma, se continuó sancionando a publicaciones que excedieran la finalidad temática declarada en la solicitud de autorización, como lo fue revista cultural Ozono por tratar temas como la amnistía, la homosexualidad y el trotskismo (22-2-1977).

REPRESIÓN GUBERNATIVA Y POLICIAL

La represión gubernativa y policial del ejercicio profesional de los periodistas se fijó en los primeros meses en los corresponsales extranjeros, que habían acudido en gran número a cubrir los inicios del postfranquismo. (Tulloch, 2016). En los días que siguieron a la jura del rey, se ordenó el cierre del Centro Internacional de Prensa de Madrid, donde debía dar una conferencia Felipe González, líder del aún clandestino Partido Socialista Obrero Español (27-11-1975) y se adoptaron severas medidas de seguridad en la sala de autoridades del aeropuerto de Barajas tras unos incidentes de cámaras y fotógrafos franceses con la policía (28-11-1975).

La prensa internacional quedaba fuera del alcance de la aplicación de la Ley de Prensa, pero hacía tiempo que el Gobierno se había acostumbrado a impedir la distribución de los periódicos extranjeros cuando llevaban alguna noticia o artículo especialmente crítico. Tras la jura del rey, la persecución policial de corresponsales extranjeros está documentada con diversos testimonios, con episodios de golpes, rotura y confiscación de cámaras en las manifestaciones de los domingos 1 y 8 de febrero de 1976 en Barcelona a la francesa Lain Keler y al estadounidense Alexis Hint (Chislett, 2011; Guillamet, 2016: 68) y los franceses Alain Gaston Robert y Jean Michel Rillon en la manifestación obrera aún prohibida del 1 de mayo en Madrid.

Los problemas gubernativos y policiales de los periodistas españoles, en ocasión de la cobertura de manifestaciones no autorizadas y de otros actos públicos fueron una constante hasta junio de 1977 y motivaron protestas frecuentes de las asociaciones de la Prensa ante las autoridades en Santa Cruz de Tenerife (5-12-1975), Bilbao (6-12-1975), Madrid (12-12-1975), Oviedo (20-1-1976), Santiago de Compostela (1-4-1976) y La Coruña (4-5-1976).

Otros casos son la detención y paso a disposición de la jurisdicción militar de José María Torre Cervigón de La Voz de Galicia con motivo de una manifestación y denuncia por insolencia con la Policía Armada (12-3-1976); la detención de Rodrigo Vázquez-Prada y de un fotógrafo de Informaciones con motivo de un intento de manifestación de periodistas en Madrid, el 29 de marzo, en solidaridad con el director de Doblón, José Antonio Martínez Soler, víctima de una agresión de la extrema derecha; o la detención y procesamiento de Luis Lázaro por presunta propaganda ilegal, con imposición de una fianza de 30.000 pesetas. A VázquezPrada, vocal de la Asociación de la Prensa de Madrid, se le impuso una multa de 100.000 pesetas por su actitud en dicho conato de manifestación de periodistas que había sido prohibida (1-4-1976), en contraste con la autorizada en Barcelona el 18 de marzo en petición de libertad para Huertas Clavería.

La imposición de sanciones pecuniarias a periodistas por infracción del artículo 2 fue frecuente durante el gobierno Arias: multas de 25.000 y 50.000 pesetas a José María Requena Barrera, director de El Correo de Andalucía de Sevilla, y a la empresa Editorial Sevillana, por una entrevista al presidente de la Unión de Trabajadores de Dinamarca (28-11-1975); multas de 50.000 y 100.000 pesetas al director y a la empresa de Heraldo de Aragón de Zaragoza, por el artículo «El triste oficio de censor» (30-11-1975); multas de 50.000 pesetas a María del Camino Raquel Fernández Gago, directora de la revista Esfuerzo Común de Zaragoza y de 100.000 al editor Ildefonso Sánchez Romero por el artículo «De nuevo el 98», atentatorio contra la unidad nacional (30-11-1975); multa de 100.000 pesetas al diario La Tarde de Santa Cruz de Tenerife por una entrevista a Ramón Tamames (2-1-1976): multa de 250.000 pesetas a El Papus y Papillón, además de ser suspendidas durante cuatro meses (9-3-1976); multa de 100.000 pesetas a Josep Pernau, director de Diario de Barcelona, por una esquela de Oriol Solé, muerto por la Guardia Civil tras una fuga de presos de ETA y MIL de la cárcel de Segovia (22-4-1976).

Las incidencias gubernativas no cesaron durante el gobierno de Suárez, período en el que destacan dos suspensiones de actos públicos: la presentación de la revista El Cárabo (17-10-1976) y una rueda de prensa de Comisiones Obreras sobre el atentado contra los abogados laboralistas de Atocha (16-3-1977). Hubo también varias actuaciones policiales: una denuncia de la Guardia Civil contra la revista Garata de San Sebastián (8-12-1976), un registro de la Guardia Civil al amparo de la legislación antiterrorista en el domicilio del director de El País, Juan Luis Cebrián (8-2-1977) (Cebrián, 2016: 234-239) y las detenciones de José Antonio Gaciño de El Ideal Gallego (15-2-1977) y de Gregorio Morán de Diario 16 (24-5-1977).

ANTE LOS TRIBUNALES

De forma paralela, periódicos y periodistas fueron objeto de acciones judiciales ante las jurisdicciones civil y militar, con frecuentes comparecencias de los directores de periódicos ante distintos juzgados para responder a exhortos del Tribunal de Orden Público. El director de Tele/eXprés ha dejado constancia de haber tenido que cumplimentar al menos diez visitas a sedes judiciales (Costa, 2014), mientras que el de El País ha explicado que, en menos de un año, se abrieron cuarenta expedientes administrativos contra el diario y dieciséis procedimientos judiciales contra su director (Cebrián, 2016: 248-249).

Sin entrar en los numerosos casos de «escándalo público» por temas morales y eróticos, ni reiterar los ya citados, he aquí algunos ejemplos significativos en los tribunales civiles: querella del fiscal contra la revista satírica deportiva Barrabás de Barcelona (23-1-1976); comparecencia del director de Cambio 16 por un editorial sobre el gobierno y una información sobre ETA (31-1-1976) y del director y seis redactores de Doblón por un artículo sobre Arias (17-3-1976); querella del alcalde de Burgos contra un comentarista de Arriba (5-2-1976); declaraciones de redactores de Sábado Gráfico y la agencia Pyresa por lesiones causadas por la policía en una manifestación en Madrid y traslado a la jurisdicción militar (18-2-1976); declaraciones de los directores de Sábado Gráfico y Triunfo por diversos artículos (1/3-4-1976) y del corresponsal en Barcelona de Noticias Obreras, por un artículo sobre la muerte de un trabajador (10-4-1976); querella de la fiscalía y del Ayuntamiento de Valencia contra Ajoblanco por supuestos artículos vejatorios del pueblo valenciano (27-3-1976 y 27-4-1976), a la que siguió el boicot de la Agrupación Sindical de Vendedores de Prensa de Valencia a la venta de la revista (17-4-1976); condena de Antonio Guerra Gil por ofensas al Movimiento Nacional en Diario de Barcelona (4-5-1976); declaración de Antonio Gala por un artículo en Sábado Gráfico (12-5-1976) y nuevo procesamiento por comentar aspectos del artículo anterior (4-7-1976); declaración de los directores de ABC y El Correo de Andalucía de Sevilla por informaciones sobre un anteproyecto de estatuto de autonomía de Andalucía (15-5-1976); declaración de una redactora de Cambio 16 en Bilbao por artículos sobre supuestos malos tratos a detenidos (26-6-1976); declaraciones del director de Ciudadano, por un artículos sobre métodos anticonceptivos y homosexuales (3/4-7-1976); y procesamiento, después archivado, contra el director y el redactor jefe del semanario Posible de Madrid por un artículo contra el procesamiento instado por el ex ministro falangista José Antonio Girón de Velasco (12-6-1976, 4-7-1976).

Los episodios judiciales relacionados con periodistas continuaron tras el nombramiento del gobierno Suárez, con una mayor variedad de casos: querella de recaudador municipal de Madrid contra el director y un colaborador del diario Pueblo por un artículo sobre las agencias ejecutivas municipales (5-8-1976); demanda de dos concejales de Alboraia (Valencia) contra el corresponsal de Levante por unas críticas a un plan de pavimentación en un pleno municipal (9-9-1976); demanda del Ayuntamiento de Segovia contra periodistas por críticas a la construcción de un embalse (16-9-1976); ingreso en prisión del corresponsal en Badalona de El Correo Catalán por una noticia sobre malos tratos a dos detenidos por error (7/8-10-1976) y de una periodista La Jaula por un artículo sobre la Magistratura de Trabajo (28-11-1976); declaraciones del director y un colaborador de El Alcázar (9-11-1976) y del director y el subdirector de El Correo de Andalucía (14-11-1976).

A querellas de origen político, como una contra Posible por un reportaje sobre la Internacional Fascista (4-12-1976) y otra contra Diario 16 por no desmentir la vinculación a CEDADE del presunto asesino del estudiante Arturo Ruiz (30-3-1977), se añaden otras que ya eran propias de los nuevos tiempos. Destaca la querella que el abogado y dirigente de la Junta Democrática de España, Antonio García Trevijano presentó contra cuatro directores de Blanco y Negro, Cambio 16, Diario 16, Guadiana y cinco redactores de Interviú, El País, Posible, Pueblo, Telva y anuncios de querella contra Día 32 y Destino, por informaciones sobre su actuación como abogado en Guinea Ecuatorial (16-11-1976), así como la que presentó contra García Trevijano el corresponsal de Le Monde José Antonio Novais (17-11-1976 y 1-12-1976), o el periodista Vicente Talón, relacionado con la extrema derecha, contra el director de Cambio 16 (22-3-1977).

Hubo un caso de escándalo público que tuvo los máximos efectos. Francisco Sáiz González, director de Personas, con tres de siete sumarios aún pendientes, fue inhabilitado para el cargo por 19 años, condenado a diez meses de arresto mayor y suspendido de ejercicio profesional por un año por el Tribunal de Ética Profesional del Ministerio de Información y Turismo (20-1-1977).

Hubo diversos casos de comparecencia de periodistas ante la jurisdicción militar, aparte del caso Huertas Clavería: procesamiento de Rodrigo Vázquez-Prada de Nuevo Diario por negarse a revelar los nombres de los asistentes a una rueda de prensa de la clandestina Unión Militar Democrática del 22 de diciembre de 1975 en Madrid (11-2-1976), con posterior condena por desobediencia grave (27-4-1976); procesamiento del corresponsal en Barcelona del semanario católico Noticias Obreras (10-4-1976) y declaración de dos periodistas de Sábado Gráfico por denuncia de malos tratos y lesiones contra la Policía Armada (14-5-1976). Durante el gobierno Suárez, continuaron las actuaciones abiertas en la jurisdicción militar contra el director de Sábado Gráfico por los presuntos implicados en el escándalo de la compañía aeronáutica norteamericana Lockheed (10-9-1976, 22-9-1976, 28-9-1976, 27-11-1976, 1-12-1976 y 13-1-1977).

Entre las restantes, destaca el ingreso en prisión de Mirentxu Purroy, directora de Punto y Hora de Pamplona, por una acusación de injurias al Ejército (29-12-1976 y 11-1-1977), el sobreseimiento de una causa contra Antonio Izquierdo de El Alcázar por un artículo sobre las Fuerzas Armadas (21-1-1977), el procesamiento del director del mismo diario por incitación a la rebelión (24-5-1977) y un nuevo proceso contra Sábado Gráfico por un artículo sobre el libro del primo del Caudillo, Francisco Franco Salgado-Araujo (5-2-1977). Además de instar la actuación de los tribunales, la autoridad militar emitió ocasionales desmentidos como los movimientos de tropas comentados en el artículo citado de Gregorio Morán en Diario 16 (24-6-1977) o las noticias de ese mismo diario sobre diferencias del capitán general de Cataluña en relación con la participación blindados y motorizados en Día de las Fuerzas Armadas (4-6-1977).

AGRESIONES EXTREMISTAS

Periódicos y periodistas tuvieron que hacer frente a las agresiones, en algunos casos mortales, de grupos de extrema derecha y extrema izquierda, como sucedió con otros colectivos como libreros, abogados y militantes políticos, en una oleada de violencia iniciada en los meses anteriores al relevo de la Jefatura del Estado.

En los primeros meses del gobierno Arias, destacó el caso de secuestro y tortura de José Antonio Martínez Soler, director del semanario Doblón por un grupo de extrema derecha (6-3-1976) (Martínez Soler, 2009). En los meses anteriores había habido destrozos en la sede del semanario Guadiana, también en Madrid (23-12-1975), una agresión al corresponsal de Mundo Diario en Sabadell (2-1-1976), amenazas a los periodistas de Línea y La Verdad de Murcia (7-2-1976) y un paquete bomba enviado a Cambio 16 (6-3-1976), además de una amenaza de extrema izquierda contra La Prensa, vespertino del Movimiento de Barcelona (27-2-1976). En las semanas siguientes, se registró una agresión a un fotógrafo de Cuadernos para el Diálogo (30-3-1976), nuevas amenazas de muerte a Martínez Soler, junto a Vázquez-Prada y a José María Requena, director de El Correo de Andalucía (1-4-1976) y otra amenaza al corresponsal de Mundo Diario en Gerona (11-4-1976).

No disminuyeron las amenazas y agresiones tras el nombramiento del gobierno Suárez: amenazas de un comando nazi contra los directores José Ángel Ezcurra de Triunfo y Álvaro de la Iglesia de La Codorniz (3-7-1976); asalto y robo a Torneo de Sevilla que acabó cerrando por daños (15-7-1976, 23-8-1976, 8-9-1976); amenaza neofascistas a Soledad Gallego-Díaz y José Luis Martínez de Cuadernos para el Diálogo (6-8-1976); coacciones a periodistas en Santa Cruz de Tenerife y Lérida (1-9-1976, 5-9-1976 y 9-9-1976); amenazas y daños de la extrema izquierda (GRAPO) contra La Voz de España de San Sebastián (8-9-1976) y El Ideal Gallego de La Coruña (16-12-1976) y de extrema derecha contra periodistas de Posible, Cambio 16, Cuadernos para el Diálogo, Le Monde, Opinión (16-11-1976), En Punta (23-11-1976) y El Correo de Andalucía (29-12-1976). En los primeros meses de 1977, hubo noticias de amenazas ultras contra periodistas de Barcelona (6-2-1977) y ataques con bolas de plomo contra Diario de Barcelona (30-3-1977 y 2-4-1977).

Ya celebradas las elecciones en junio de 1977 y constituido el primer parlamento democrático se produjeron los casos con mayor repercusión que fueron las bombas de la extrema derecha contra El Papus en Barcelona, el 20 de septiembre, y El País, en Madrid, el 30 de octubre de 1978, que costaron la vida a los respectivos conserjes. En 28 de junio de este año, ETA asesinó al periodista José María Portell, director de Hoja del Lunes de Bilbao. José Antonio Novais, por entonces corresponsal también de La Repubblica, fue apuñalado por los Guerrilleros de Cristo Rey en un bar de Madrid, el 9 de diciembre de 1977.

EL CAMBIO PROFESIONAL

El protagonismo informativo de las asociaciones de la Prensa, en apoyo de periodistas en apuros, de peticiones de amnistía, de elecciones libres y de libertad de expresión, además de reivindicaciones corporativas, fue uno de los elementos más visibles del cambio profesional. Estas entidades de afiliación obligatoria para los periodistas titulados por la Escuela Oficial de Periodismo, los únicos autorizados a ejercer la profesión, habían iniciado su propia transición corporativa, de forma que algunos periodistas antifranquistas se habían incorporado a las juntas directivas, incluidas las de Madrid y Barcelona.

El caso más visible es que el propio director general de Coordinación Informativa, Carlos Sentís, había propiciado la renovación de la Asociación de la Prensa de Barcelona de acuerdo con el Grup Democràtic de Periodistes (Roglan, 1993) y como presidente gestionó el apoyo a Huertas Clavería con motivo de la detención y consejo de guerra al que fue sometido en verano de 1975. Un ejemplo opuesto sería la querella por injurias presentada por el presidente de la Asociación de la Prensa de Sevilla, Celestino Fernández Ortiz, contra Antonio Guerra Gil y José Antonio Garmendia Gil, periodista y director de la revista Campo, por el relato negativo que se hizo en esta revista de su intervención ante la detención del primero de los citados (20-1-1976).

La intensidad del número de noticias sobre protestas y reivindicaciones corporativas fue muy alta bajo el gobierno Arias, de las que ofrecemos algunos ejemplos. En las primeras semanas tras la muerte de Franco, la Asociación de la Prensa de Santa Cruz de Tenerife se quejó del mal trato de palabra y obra por un inspector de policía a un periodista en una manifestación (5-12-1975), los diarios de Bilbao protestaron por la detención de un redactor y dos colaboradores de El Correo Español-El Pueblo Vasco en una manifestación de mujeres y niños (6-12-1975), y un grupo de 170 periodistas de Barcelona pidieron al rey una amnistía general que incluyera a periodistas, publicaciones y sanciones administrativas, tras la limitación del indulto (9-12-1975).

La Junta General de la Asociación de la Prensa de Madrid condenó las agresiones a periodistas, el incremento de dificultades a la labor informativa y las sanciones administrativas a periódicos y periodistas (12-12-1975); una asamblea de periodistas y colaboradores de Barcelona pidió la supresión del artículo 2 de la Ley de Prensa, así como el reconocimiento de la cláusula de conciencia, el secreto profesional y la autorización de las lenguas regionales, además la supresión de las jurisdicciones especiales y la concesión de la amnistía (13-12-1975); la Federación Nacional de Asociaciones de la Prensa pidió el más amplio indulto para las penas y sanciones de prensa y periodistas y la protección de los periodistas ante los incidentes frecuentes (20-12-1975); un grupo de 31 redactores de ABC pidió amnistía general y reconocimiento de los derechos democráticos (24-12-1975); un grupo de periodistas de Las Palmas de Gran Canaria pidió la amnistía política y sindical y para la prensa (26-12-1975); y redactores de Pyresa, la agencia del Movimiento, pidieron amnistía y protección de la libertad de expresión (14-1-1976).

Las noticias de este cariz siguieron siendo numerosas hasta el cese del gobierno Arias. Hubo nuevas protestas, peticiones y reivindicaciones a propósito de hechos y cuestiones ya reseñados y otros de las asociaciones de Oviedo (20-1-1976), Madrid (25-1-1976), Valencia (14-2-1976), San Sebastián (18-2-1976), Vitoria (19-2-1976) o Barcelona (20-2-1976 y 7-8-1976), redactores de Pueblo (7-3-1976) y las asociaciones de la Prensa de Madrid (10-3-1976), Santiago de Compostela (1-4-1976) y La Coruña (4-5-1976). Un caso especial fue el rechazo por la Asociación de la Prensa de Vitoria de la versión oficial de los sucesos del 3 de marzo en la catedral de San Francisco de esta ciudad, que costaron la vida a cinco trabajadores en huelga y heridas graves a más de un centenar (11-3-1976). En la Asociación de la Prensa de Badajoz, se produjo la dimisión del director y subdirector de Hoja del Lunes a propósito de la polémica por las dificultades del semanario Sorprendentemente tras publicar un artículo sobre la Guerra Civil en la provincia (28-12-1976).

Las tensiones profesionales más fuertes se produjeron en Madrid, donde una asamblea general extraordinaria de la Asociación de la Prensa llegó a aprobar la realización de una huelga de periodistas en defensa del derecho al secreto profesional en solidaridad con el vocal de la Asociación de la Prensa de Madrid, Rodrigo Váz quez-Prada, por el procesamiento militar ya citado por negarse a revelar sus fuentes (26-2-1976), una «huelga rota» (Fernández Lera, 1976; Bustamante, Roma y otros, 1977) que no evitó la salida de ningún diario ni revista, incluida la Hoja del Lunes de la propia asociación.

El cambio profesional favorecido por la incorporación a las redacciones de jóvenes periodistas nacidos tras el final de la Guerra Civil, había coincidido con la apertura informativa de la Ley de Prensa pero había tardado en visualizarse en las asociaciones de la prensa, que en muchas provincias estaban controladas por directivos de la Prensa del Movimiento. El horizonte reformista abierto por el gobierno Suárez y la inmediata concesión de la amnistía política en verano de 1976 planteó la necesidad de reformar a su vez la Cadena de Prensa del Movimiento, titular del único periódico diario de la mayoría de provincias, aunque superada por algunos diarios tradicionales de empresa en las ciudades más importantes.

La gestión de Adolfo Suárez como ministro secretario general del Movimiento bajo la presidencia de Arias no había estado exenta de tensiones internas. En Arriba, el diario de cabecera que había fundado José Antonio Primo de Rivera en 1934 como portavoz de Falange Española, el relevo de Cristóbal Páez por Alejandro Armesto en marzo de 1976, favoreció una evolución paulatina en línea con la reforma política. Más compleja fue la adaptación de Pueblo, el vespertino de la Organización Sindical que había dirigido Emilio Romero desde 1952 y fue desplazado a la dirección general de la Cadena Prensa del Movimiento. Su sucesor Luis Ángel de la Viuda fue cesado en dos meses por el ministro de Relaciones Sindicales, Rodolfo Martín Villa, que nombró a Juan Fernández Figueroa, substituido en julio de por José Ramón Alonso, ya bajo el gobierno Suárez.

Hay dos ejemplos opuestos de la evolución en ambas redacciones. En Arriba, la querella de 27 redactores contra Antonio Gibello por un artículo de 26 de enero en que denunciaba como «intolerable atentado» la retirada de una fotografía de José Antonio Primo de Rivera en la redacción del diario (2/12-6-1976). En Pueblo, las dimisiones de José Luis Alcocer, Ángel Gómez Escorial y Carlos Luis Álvarez, Cándido, en disconformidad con la publicación de un editorial crítico con unas palabras del director general de Coordinación Informativa, Carlos Sentís, desligando el futuro de la Monarquía del legado de Franco (28-4-1976 y 30-4-1976). Una señal distinta de las tensiones de esos meses es la no publicación de El Diario Vasco, La Voz de España y Unidad en señal de duelo por la muerte de dos miembros de ETA por acuerdo de los trabajadores de los tres diarios, el segundo y tercero pertenecientes a la cadena del Movimiento (12-3-1977).

Con la disolución de la estructura del Movimiento Nacional, decretada el mismo día 1 de abril de 1977 en que el Gobierno reformó la Ley de Prensa, se cumplían 38 años, día por día, del parte final de la Guerra Civil, fecha celebrada hasta dos años antes como el Día de la Victoria. Al cabo de cuatro semanas, todos los periódicos de la cadena suprimieron los símbolos del yugo y las flechas de sus cabeceras (23-4-1977), al día siguiente de la constitución del nuevo organismo de Medios de Comunicación Social del Estado (22-4-1977). En los primeros meses del gobierno Suárez, los trabajadores ya habían pedido al Gobierno seguridades sobre el futuro de estos periódicos (28-9-1976, 8-10-1976) con la consiguiente respuesta tranquilizadora del ministro y sus colaboradores (7-4-1977, 12-4-1977, 16-4-1977). La Unión General de Trabajadores renunció a reclamar la propiedad de Pueblo, nacido sobre la incautación de su antiguo órgano Claridad, a cambio que se asegurase la continuación del vespertino público (26-4-1977), aunque un grupo de treinta redactores denunciaron la «sovietización» del diario (28-4-1977). La CNT, en cambio, ocupó por unas horas en Barcelona la sede conjunta de Solidaridad Nacional y La Prensa, en reclamación de su antiguo órgano Solidaridad Obrera (7-6-1977), mientras que sus trabajadores pidieron la continuidad de ambos como diarios públicos (9-6-1977).

De cara a las elecciones, la candidatura de Suárez al frente de Unión de Centro Democrático dispuso de un apoyo amplio en la cadena reconvertida al servicio del Estado, si bien en sus páginas se fue advirtiendo una creciente variedad de posiciones en contraste con el monolitismo franquista que la había caracterizado. El cambio profesional experimentado en la prensa privada de las principales ciudades y reflejada en la conflictiva aplicación de la Ley de Prensa para un número creciente de publicaciones, así como en la renovación de las asociaciones de la prensa, acabó reflejándose también en el seno de los antiguos periódicos oficiales, a pesar de lo reducido de la mayoría de redacciones y su menor permeabilidad a las nuevas incorporaciones. El personal del matutino Solidaridad Nacional y del vespertino La Prensa se sumó a la huelga de prensa declarada en Barcelona el 22 de abril de 1977 en reivindicación de una paga lineal de 50.000 pesetas –superior al sueldo mensual de un redactor– de la que sólo quedaron al margen La Vanguardia Española y dos deportivos (23-4-1977 a 1-5-1977).

En ocasión de dicha huelga, se publicó en Barcelona durante seis días consecutivo el periódico Premsa en lluita, editado por el Sindicat de Treballadors de Premsa de Barcelona, creado en febrero, paralelamente a la constitución de las secciones de prensa de los principales sindicatos reconocidos legalmente el mismo abril. Como en julio de 1975, La Vanguardia Española y los diarios deportivos no se sumaron a la huelga, lo que sí harían el 22 de septiembre de 1977 en protesta solidaria ante el atentado terrorista mortal contra la redacción de El Papus.

Por las mismas fechas, el Gobierno trataba de evitar la reaparición del diario Madrid, después que el Tribunal Supremo anulase la suspensión ordenada en 1972 por el gobierno aún presidido por el mismo Franco, y condenase a la Administración a pagar daños y perjuicios a la empresa editora, que anunció inmediatamente su propósito de reaparición a primeros de año (14-10-1976 y 27-10-1976). El recurso presentado no se vio hasta la víspera de las elecciones y fue en vano (7-6-1977 y 8-7-1977). Sin embargo, Madrid no llegó reaparecer, a pesar de los anuncios sucesivos de sus antiguos editor y director Rafael Calvo Serer y Antonio Fontán (9-10-1976; 6-2-1977).

En ese contexto contradictorio de estreno escalonado de la libertad y sujeción a vigilancias y amenazas diversas, decrecientes en número aunque no en importancia y que se prolongarían aún tras las elecciones primeras elecciones e, incluso, tras la aprobación de la Constitución, se produjo la transición de la prensa del franquismo a la democracia. Diarios y revistas tendrían un papel relevante en ese singular proceso de cambio político, al que muchos de ellos no sobrevivirían.

1. Para los hechos citados en este capítulo, se utilizan indistintamente como fuente la documentación consultada en el Archivo General de la Administración y las noticias publicadas en la sección de noticias «Prensa» del diario ABC de Madrid en las fechas referidas, que utilizamos como principalreferencia informativa. Aunque pudieran haber algunas ausencias, dicha fuente nos ha parecido la más indicada como muestra de lo acaecido durante todo el período al que nos referimos.

2. Archivo General de la Administración. Signatura 9.01.01 Grupo de Fondos Presidencia del Gobierno. Dirección General Medios de Comunicación Social. Número de Registro General 837-839. Tomos I-V.

3. AGA, Ministerio de Cultura, Dirección General de Régimen Jurídico de la Prensa, Sección de Actuaciones, Expedientes 1 y 2/1978.

4. El número total de expedientes incoados entre 1965 y 1975 fue de 1.270 (Sánchez ArandaBarrera, 1992: 415).

II.

LOS DIARIOS

1. LA APUESTA MONÁRQUICA DE LA VANGUARDIA

Marcel Mauri i de los Ríos Anna Nogué Regàs

Quizás por la perspectiva histórica de ser uno de los periódicos decanos de la prensa catalana y española con casi cien años de historia (superado, eso sí, por el también catalán Diario de Barcelona, fundado casi un siglo antes, en 1792); o quizás por su capacidad demostrada durante decenios de saberse adaptar a las circunstancias políticas de cada momento, pero lo cierto es que La Vanguardia Española afrontó los años clave de transición con la tranquilidad de ser, juntamente con el ABC, el único periódico en España que superaba los 200.000 ejemplares de venta diaria.

Fundado en 1881 por los hermanos Carlos y Bartolomé Godó, La Vanguardia había conseguido un hito ciertamente complicado: ser el periódico de más difusión en Cataluña (y uno de los principales de España) durante la Segunda República, durante el franquismo y también durante la Transición. En el verano de 1936, el comité de trabajadores (controlado por la CNT) se había apoderado de la empresa para luego (enero de 1938) convertirse en el periódico del gobierno de la República (Guillamet, 1994: 156) cuando el presidente Juan Negrín se traslade a Barcelona. Terminada la guerra, la familia Godó recuperó el control.

La capacidad del rotativo catalán de adaptarse rápidamente a las circunstancias políticas de cada momento se puso de manifiesto ya desde el inicio del franquismo. El 27 de enero de 1939, el día después a la entrada de las tropas franquistas en Barcelona, no se publicaron la mayoría de periódicos en Barcelona;1 pero sí que se puso en circulación una edición especial de La Vanguardia saludando a Franco y poniéndose a su servicio. Desde el 28 de enero de 1939, pasaba a llamarse La Vanguardia Española y recuperaba la enumeración de justo antes del inicio de la Guerra Civil, como si esos tres años no hubieran existido.

Fue el periodista Manuel Aznar el encargado de poner en marcha el nuevo proyecto, teniendo como subdirector a Josep Pla. Entre los dos intentarán mantener un cierto tono periodístico a pesar de las circunstancias políticas adversas (Fabre, 1987: 41). Aunque será el único diario que no verá interrumpida su continuidad, sólo cuatro meses más tarde el nuevo régimen ya impondrá un director cercano al falangismo y totalmente afín al régimen, Luis Martínez de Galinsoga, en disposición a la facultad del Gobierno de escoger el director tal y como establecía la ley de prensa de 1938. Con este nuevo director, el diario perderá toda independencia y se convertirá en un medio de propaganda más cercano a un boletín de partido que no a un periódico de información (Fabre, 1987: 41).

Durante todo el franquismo, La Vanguardia Española seguirá siendo el diario más vendido. Autoritario y anticatalanista, Galinsoga nunca se integrará en la sociedad catalana e incluso llegará a protagonizar un polémico episodio en el que insultó a los catalanes, un hecho que le acabará comportando su salida del diario, en 1960. El periodista Xavier de Echarri lo sustituirá e intentará una tímida apertura. Pero la apertura más significativa se producirá en 1969 con la llegada a la dirección del hasta entonces subdirector Horacio Sáenz Guerrero que dará entrada en el diario colaboradores de talante liberal como Baltasar Porcel, Ramon Trias Fargas, Joan Fuster, Terenci Moix, José Ferrater Mora y Salvador Pániker (Nogué y Barrera, 2002: 435-436).

La entrada en 1970 del hijo de Carlos Godó Valls, Javier Godó, en la empresa también conllevará aires nuevos en el diario. El actual conde de Godó verá la necesidad de presionar a su padre, de ideas conservadoras y profundamente franquista, para permitir la adecuación del medio a las nuevas realidades. A la vez que exhortará al director a no tener miedo y soltarse en sus ideas democráticas. Todo ello con la voluntad que La Vanguardia Española no quedara desfasada (Nogué y Barrera, 2002: 442-443).

Estos cambios permitirán que el diario encare los últimos años del franquismo y el inicio de la Transición con la voluntad de recuperar su identidad histórica de periódico liberal, conservador y, aunque siempre diligente con la autoridad del momento, independiente. Pero a la vez, La Vanguardia Española consolidará la apuesta por abrir sus páginas a opiniones bien distintas, a menudo alejadas de los propios postulados. Todo ello ayudará a configurar un estado de opinión que se convertirá en un referente indiscutible en la construcción del relato político del momento.

Pero ante todo, seguirá siendo un periódico monárquico. Ya en el momento de su fundación, como órgano del monárquico Partido Liberal fusionista de Sagasta, el rotativo catalán defiende la institución. Un apoyo que se verá recompensado por el rey Alfonso XIII con el título de conde otorgado en 1916 a su propietario, Ramon Godó Lallana. Y que seguirá durante el franquismo cuando el subdirector del periódico, Santiago Nadal, formará parte del Consejo Privado de don Juan de Borbón, mientras que Carlos Godó Valls, segundo conde de Godó, es procurador en Cortes por designación directa del Jefe del Estado, desde 1958.2

La Vanguardia Española también afrontará el tránsito de la dictadura a la democracia con moderación, hecho que explica por ejemplo que el periódico no secundara alguna de las huelgas que la prensa de Barcelona realizó durante esos años3 o que hasta casi tres años después de la muerte de Franco no eliminara el adjetivo «española» de la cabecera.4 Sáenz Guerrero será el encargado de dirigir el diario durante todo el proceso de transición. En 1982 le sustituirá Lluís Foix y un año más tarde Francesc Noy tomará el relevo hasta 1987. Pero no será hasta la llegada de Juan Tapia, en 1987 (año en el que Javier Godó tomará el relevo de su padre como editor) que La Vanguardia emprenderá una renovación en profundidad que comportará un cambio de imagen radical y una apertura informativa, a partir de 1989.

ANTE LA MUERTE DE FRANCO

En el momento de la muerte de Franco, La Vanguardia Española con 220.217 ejemplares vendidos era el líder no solo en Cataluña sino también en España, según los datos de OJD. El rotativo catalán expresará a través de sus artículos y editoriales el dolor y el reconocimiento a la figura del dictador. Pero sabrá sumar a estos sentimientos una cautelosa mirada de esperanza hacia un futuro de apertura política.

Esta prudencia queda ejemplificada en el hecho que el periódico barcelonés no publique ningún editorial5 ni opinión firmada en ninguna de las ediciones especiales que aparecen el 20 de noviembre de 1975. Ante la incertidumbre, calma. El día siguiente, el conde de Godó publica la primera entrada firmada que aborda la cuestión a través de la cual se muestra orgulloso de haber formado parte de la España de Franco.6 Sin ser formalmente un editorial, es especialmente indicativo sobre la opinión del periódico al ir firmado por el editor.

El mismo día 21, el editorial pone de manifiesto la emoción por la muerte de Franco, así como la esperanza de paz y unidad y el deseo de incorporarse a Europa.7 En el texto se refiere al mensaje póstumo de Franco y destaca «la invitación a rodear al Rey de afecto y lealtad, de apoyo y colaboración». Pero el periódico catalán va más allá y deja sobre la mesa una declaración de intenciones: «Los españoles estamos hoy (...) deseosos de incorporarnos cada vez más plenamente al mundo europeo, al ámbito de la civilización occidental que sabemos es el nuestro y al que quedemos contribuir». No hay otra referencia editorial a la muerte de Franco: inmediatamente se centra a opinar sobre el papel del rey y el futuro político de España.

LA FIGURA DEL REY

En los primeros compases de la transición, las páginas de opinión de La Vanguardia Española destacarán por su pluralidad y equilibrio, hecho que compensará una línea editorial más próxima a las formaciones de centro y conservadoras y muy atenta tanto a la situación económica como a la integración de España en la Comunidad Económica Europea y al reconocimiento de las singularidades de Cataluña.

Pero sobretodo, y fiel a su tradición monárquica, el periódico se alineará con Juan Carlos I desde el primer momento: dos días después de la muerte de Franco, destaca de su discurso la voluntad de renovación, la promesa de libertad y de participación dentro de un «orden justo».8 Pone de relieve el «esfuerzo por tender un puente entre el pasado y el porvenir» y su «vehemente deseo» de ser «por encima de todo partidismo, fiel mantenedor del orden, de la ley, de la coherencia nacional, en una España moderna, plural, libre y democrática».

A su modo de ver, la presencia de representantes extranjeros en su coronación demuestra que la figura de Juan Carlos «no solo ha sido acogido con esperanza en España sino también fuera de ella».9 A partir de ahí, La Vanguardia Española presiona para que se haga efectiva la «redistribución del poder». El periódico indica que «es evidente que en la persona del presidente [Arias] se reconoce una opción por la continuidad».10 En este sentido recuerda la esperanza de cambio que transmitió el primer mensaje del rey y lamenta que «Los primeros pasos de la monarquía parecen mostrar que, si se ha producido un amplio movimiento de esperanza, no se advierte, por ahora, signo alguno de redistribución del poder». Recuerda que en su mensaje póstumo, Franco no menciona otros herederos que el pueblo y el rey: «Cabe ahora desear que sean, efectivamente, el pueblo y el Rey los que recojan la herencia», concluye.

EL GOBIERNO DE ARIAS

Con el paso de las semanas, el periódico de los Godó profesará en sendos editoriales apoyo al gobierno de Arias Navarro pero le pedirá cambios y apertura. Para La Vanguardia Española el objetivo político del gobierno de Arias debe ser la participación11 y con fragmentos de artículos de Fraga, Areilza y Garrigues trazan en un editorial el deseo hacia un cambio de régimen.12 Según el periódico, el Gobierno ha ido incorporando «un tono y una actitud» que están en consonancia con el mensaje del rey, más que unos propósitos concretos o un programa.13 Afirma que «parece apuntar a una reforma cauta» y destaca como uno de los puntos más concretos e interesantes «la afirmación de que la unidad de España será potenciada por el reconocimiento institucional de todas sus regiones y, en general, de las autonomías locales», cuestión que el periódico catalán abordará con preocupación en distintos editoriales.14 En este sentido, el periódico se muestra partidario de tirar adelante la descentralización administrativa, pues Cataluña cuenta con el peso de su historia y su cultura.15

Ha pasado poco más de un mes desde la muerte de Franco y en este breve periodo de tiempo la línea editorial de La Vanguardia Española ya ha abandonado por completo los elogios a Franco para reclamar la democratización de España. De forma reiterada pone de manifiesto la necesidad de avanzar hacia la democracia, sobre todo con la aprobación de leyes.16 «Vamos a una España democrática», concluye. Es por ello que se insistirá en la necesidad de marcar un calendario claro de actuaciones «para evitar impaciencias al mismo tiempo que se evitan dilaciones».17

El diario de los Godó aboga por avanzar en la creación de partidos políticos. En este sentido, pone de manifiesto la «incógnita» que supone que el propio Arias haga referencia a una democracia «española» y advierte que este adjetivo no puede ser sinónimo de la democracia «orgánica» de antaño.18 Asimismo, es el momento oportuno para poner las bases para entrar en Europa: «La expectación internacional es grande; las posibilidades de influir, por consiguiente, deben aprovecharse», indica.

Ante el conflicto social que empieza en enero de 1976 con huelgas en distintas ciudades y manifestaciones por la amnistía y la autonomía los dos primeros domingos de febrero en Barcelona, La Vanguardia Española destaca que hace falta paz y orden público para que avance el proceso.19 Pone de relieve que sólo los grupos ultra minoritarios tienen necesidad de salir a la calle para provocar agitación y así hacerse oír. Por ello desea «el orden en la calle y la política que dé la fuerza que le corresponde a esa opinión mayoritaria que no gusta de manifestarse de forma agitada y, menos, violenta». Desde el periódico, se advierte del riesgo de caer en manos de quienes no desean la democracia.20

A lo largo de estos primeros meses de transición, desde La Vanguardia Española se dispensará un apoyo moderado a la gestión de Arias aunque se podrá leer una crítica tanto a su política económica como a su acercamiento al búnker. Por lo que la dimisión del presidente, el 1 de julio de 1976, no causa una gran sorpresa. Expresan su confianza en que ante la aceptación de la dimisión, el rey «haya pensado, más que en el pasado, en el presente y en el futuro».21 El periódico se pregunta, de forma retórica, si ahora es el momento de dar ahora el paso que no se pudo dar meses atrás. A la espera de la terna, La Vanguardia Española pone sobre el papel sus requerimientos: un gobierno «sin condicionamientos personales o lastres históricos que impidan una acción decidida y coherente», «que tenga la confianza del Rey y también que tenga la confianza del pueblo».22

Un inusual (por duro) editorial de La Vanguardia española del 6 de julio23 pone de manifiesto las dudas que la elección de Suárez como presidente generan en el rotativo catalán. Se cuestiona la capacidad del político para llevar a España hacia la democracia. En este mismo editorial se indicará que no se trata de un simple cambio de gobierno, sino de una crisis que todavía es más profunda al constatar que nombres como Fraga o Areilza no participarán del nuevo ejecutivo. En su opinión, «Lo que importa (...) es que el nuevo Gobierno no aleje de la vista las prometidas elecciones». Porque recuerda que «mientras no haya elecciones, nadie puede pretender representar a nadie».24 Pero ante las dudas, en los editoriales y artículos de opinión pesará más la confianza depositada en el rey.

Una de las medidas más esperadas, y que el nuevo Gobierno no tarda en aplicar, es la amnistía «no total pero si realmente amplia» (como indica un editorial de La Vanguardia Española) que el consejo de ministros del 30 de julio de 1976 concede a los condenados por delitos políticos y de opinión. Este periódico ya había pedido al nuevo presidente en distintos editoriales25 que tomase esta medida por lo que celebrará con entusiasmo esta decisión que responde a «una petición extendidísima en el país» y que ha de «ser la puerta a la reconciliación entre los españoles».26

LA REFORMA POLÍTICA

La administración Suárez se plantea su primer gran reto solo cinco meses después de haber constituido el gobierno: el presidente convoca un referéndum el 15 de diciembre de 1976 para ratificar la Ley para la Reforma Política. La Vanguardia Española insta a los españoles a participar en un referéndum que ha de llevar la democracia a España pero que advierten que en ningún caso es «sustitutivo de unas elecciones» que deben celebrarse. La sintonía que el diario catalán ha ido tejiendo con Suárez en estos meses se observa en este mismo editorial cuando confiesan que «A nadie habrá de sorprender que (...) el discurso del señor Suárez nos haya gustado».27

Y sin pronunciarse abiertamente por ninguna de las opciones posibles, la apuesta de La Vanguardia Española por el sí será evidente: «Decir sí es decir: con reservas o sin ellas sobre modos y maneras, queremos pronto elecciones generales». De hecho, se presentará el «no» y la «abstención» como caras de una misma moneda de todos aquellos que no quieren avanzar de forma clara hacia la democracia28 y se cubrirán de forma completa actos y declaraciones de los favorables al sí. La clara victoria del sí es interpretada como una clara apuesta por la democracia, las elecciones libres y también como el fin de las opciones rupturistas. El periódico alaba la gestión de Suárez que «ha sabido llegar a ese momento histórico con espíritu de consenso y sin provocar antagonismos» y le apremia a proseguir el camino trazado.29

EL SANGRIENTO ENERO DE 1977

Durante la semana sangrienta de final de enero de 1977, La Vanguardia Española pedirá «serenidad y decisión de todos aquellos que creen que nuestro país es merecedor de un puesto entre los más evolucionados».30 De la lectura de las noticias se desprende una voluntad de sacar cualquier responsabilidad al gobierno español ante la situación al considerar que se encuentra presionado por los violentos y la izquierda.

La muerte del estudiante Enrique Ruiz García, el día 23, por Guerrilleros de Cristo Rey en una manifestación por la amnistía en Madrid es atribuida al clima de violencia perpetrado por «organizaciones extremistas dispuestas a perturbar la paz social» para parar el proceso hacia la democracia.31 Pero ante la muerte por la policía de la estudiante María Luz Nájera en una manifestación de protesta, al día siguiente, sí que se criticará implícitamente a los responsables políticos de la seguridad por permitir el clima de violencia creado.

Más dura será la condena por el asesinato de cinco personas en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras, un hecho que será calificado como el más grave ocurrido en los últimos tiempos. En este mismo editorial32 se acusa a «agitadores extranjeros» de estar detrás de los actos terroristas y lamenta de nuevo que el Gobierno no esté investigando a fondo lo ocurrido, una acusación que se repetirá en otros editoriales.33 La escalada de tensión parece no tener fin cuando dos días después, el 28 de enero, el GRAPO mata a dos policías y un guardia civil en Madrid con lo que se suman 10 muertos en una semana.

Ante esta situación, La Vanguardia Española aplaudirá las medidas tomadas por el Gobierno. El diario de Godó hace hincapié en la necesidad de requisar armas y prohibir manifestaciones si es necesario, si bien al día siguiente lamentará que se hayan recortado derechos a los ciudadanos y dudará de algunas de las medidas tomadas.34 Las dudas sobre la capacidad del Gobierno para controlar la situación se disipan completamente después del discurso que Suárez realiza el 29 de enero.35

Superadas las dudas con el gobierno Suárez, La Vanguardia Española elogia las decisiones que se han ido tomando como la disolución del Movimiento Nacional (organismo que tilda de «anacrónico»)36 el día siguiente del desmantelamiento de su estructura administrativa. O la supresión del artículo 2 de la Ley de Prensa e Imprenta.37 De esta forma, también aprueba la decisión ministerial de legalizar el Partido Comunista de España porque sitúa España como «un país más en el mundo democrático de Occidente»38 aunque advierte a los comunistas que, de no seguir las reglas del juego, podrán recibir las oportunas sanciones.

El 16 de abril, La Vanguardia Española publica un contundente editorial (seguramente, el más duro de toda la Transición en este periódico) en el que recuerda, después de las dimisiones y movimientos en el Ejército como repulsa a la legalización, que «es incompatible declararse monárquico y leal a la Corona y alentar corrientes susceptibles de abocar en movimientos sediciosos».39

LAS PRIMERAS ELECCIONES

Los casi doce meses que Suárez lleva como presidente han generado una actitud de confianza en La Vanguardia Española. Pero el periódico procurará tener una posición neutral (y plural) ante la contienda de 15 de junio de 1977, primeras elecciones democráticas en 41 años, y sus preocupaciones se centran en reclamar propuestas a los partidos para salir de la situación de crisis económica40 y en recordar que las elecciones no son el final del trayecto sino que queda un largo camino para recorrer.41

El prestigio, ventas e influencia del periódico explican la voluntad de la mayoría de las fuerzas políticas que concurren en las elecciones de poder expresarse a través de las páginas de opinión de este rotativo. Este espacio es uno de los más plurales y heterogéneos de los que se publican en la prensa barcelonesa lo que provocará que, a menudo, la línea oficial del medio (que expresa un apoyo a los partidos de centro y moderados y no explicita ninguna simpatía concreta para el autonomismo) tenga diferencias significativas con los postulados que defienden los articulistas. Así, durante la campaña de las elecciones del 15 de junio, la presencia de opinadores partidarios de opciones autonomistas (como Néstor Luján, Miquel Coll i Alentorn, Josep M. Vallès, Josep Faulí o el socialista Joan Raventós) es mayoritaria.

Transcurrida la campaña, el periódico de Godó hará un elogio generalizado a todos los partidos por su comportamiento y ejemplaridad.42 Y aquí termina su neutralidad porque esta visión se complementa con sendos editoriales de alabanza a la obra realizada por el gobierno Suárez, que calificará de «sorprendente»43 por sus avances políticos y de «gesta».44 Y aunque manifiesta que no es su misión pedir el voto para ninguna opción, sí que reclama que se opte por partidos moderados y de centro, en clara alusión a la UCD.

Ante el resultado de las elecciones, que ganan Suárez y UCD (166 diputados), seguidos de González y el PSOE (118 diputados), y a mayor distancia por Carrillo y el PCE (19 diputados) y, sólo en cuarto lugar, Fraga y Alianza Popular (16 diputados), La Vanguardia Española45 elogiará al ganador y señalará la gran responsabilidad que asume ante el país. En el periódico catalán se leen los resultados como una muestra de cambio generacional protagonizado por Suárez y Felipe González y recuerdan que la mayoría ha optado por la moderación. Además, en el caso catalán, aplauden que hayan ganado los partidos que reclaman el Estatut y la Generalitat.

TARRADELLAS Y LA GENERALITAT

Durante los meses de julio a octubre de 1977 la política catalana estuvo dominada por las negociaciones tendentes a la recuperación de la Generalitat como institución de autogobierno. Los tres momentos cumbres fueron la multitudinaria Diada del 11 de septiembre, el decreto del restablecimiento de la Generalitat dos semanas más tarde y el retorno de su presidente, Josep Tarradellas, ya avanzado octubre. En todos estos acontecimientos, La Vanguardia dedicó expresivas portadas y titulares a ensalzarlos: «El 11 de septiembre de la esperanza»,46 «Más de un millón de gargantas y una sola voz: ¡Autonomía»,47«Josep Tarradellas, president de la Generalitat restaurada»,48 «El Presidente de la Generalitat vuelve a Cataluña»,49 «Ciutadans de Catalunya: Ja sóc aquí!».50 Un gran despliegue gráfico acompañó a todas estas ediciones, junto a una amplia cobertura informativa y artículos de colaboradores. Por primera vez primera desde la muerte de Franco, aparecieron en sus editoriales duras expresiones como «cuarenta años de ocultación de la realidad catalana»,51 «la opresión», «pernicioso y abusivo absolutismo centralista», «dictadura centralista», «cuarenta años de persecución incivil», etc.

La llamada a la unidad de acción en pro de la consecución del objetivo común de la restauración de la Generalitat fue un continuo leit motiv del periódico. Por eso apoyó la idea, finalmente no llevada a cabo, de formar un grupo parlamentario catalán propio en las Cortes52 y estimuló frecuentemente la eliminación de las discrepancias entre Tarradellas y los parlamentarios catalanes al considerarlas como perjudiciales para los intereses comunes de Cataluña.53 Otro elemento condicionante que La Vanguardia siempre llamó a respetar, en línea tanto con el gobierno Suárez como con el pensamiento de Tarradellas, fue el encaje de la Generalitat con el ordenamiento jurídico-constitucional «mediante fórmulas transitorias y respetuosas con la legalidad vigente».54 Una legalidad que, aunque se preveía también transitoria, debía servir para satisfacer las aspiraciones catalanas.

El restablecimiento de la Generalitat fue visto por La Vanguardia, desde una amplia perspectiva conciliadora, como «un pacto entre la Corona y la Historia»: entre un Borbón sucesor de aquel que promulgara el Decreto de Nueva Planta y el representante de la realidad catalana, destacando el papel del rey Juan Carlos como impulsor de este reconocimiento, en línea con el Gobierno. El retorno de Tarradellas a Barcelona, vía Madrid, significó una nueva catarata de elogios hacia su persona por parte de La Vanguardia, hasta afirmar que con el restablecimiento de la Generalitat «se ha eliminado un agravio histórico», después de atravesar «un largo silencio, un penoso desierto».55

CONSTITUCIÓN Y ESTATUT

1978 fue, principalmente, el año de la Constitución. La Vanguardia se sumó a la tesis comúnmente compartida de que «la tan discutible fórmula del consenso ha permitido realmente quebrar la dramática dicotomía de las dos Españas implacablemente enfrentadas». Como la mayoría de periódicos españoles, destacó el hecho de que era una Constitución «sin vencedores ni vencidos».56 En el fondo, latía la percepción de la superación de la división que supusieron la Guerra Civil y el franquismo a través del camino de la reconciliación. El diario dirigido por Sáenz Guerrero se mostró partidario del voto afirmativo en el referéndum del 6 de diciembre. Desde una interesada perspectiva catalana, La Vanguardia veía que «el proyecto constitucional es también una propuesta para resolver el contencioso histórico entre un antiguo país y una monarquía española que, casi desde su misma aparición como tal, no acertó a asumir –respetándola– la identidad colectiva de este pueblo».57

El día posterior a la celebración de la consulta popular, la portada del periódico titulaba: «España ya es un Estado de Derecho». Tras aludir a las dificultades habidas en todo el proceso, volvía a insistir en que no se trataba de una conclusión sino de «un punto y aparte, pues queda por materializarse una muy amplia tarea legislativa que incumbe al Parlamento». De ahí el significativo e intencionado título del editorial: «Manos a la obra».58 Lo que más preocupó a La Vanguardia fue el relativamente elevado índice de abstención, situado en torno al 32 por ciento y que fue más acusado en el País Vasco debido a la postura abstencionista propugnada por el PNV.

La Generalitat presidida por Tarradellas seguía siendo provisional y preautonó-mica, a la espera del marco constitucional donde debía encontrar cobijo. A comienzos de noviembre se llegó a un acuerdo de borrador de Estatut entre los distintos partidos, que La Vanguardia recibió «con la emoción debida», «sin análisis ni crítica».

El president Tarradellas siguió siendo un punto de referencia prácticamente indiscutible para La Vanguardia. Al editorializar sobre el primer año de gobierno preautonómico al frente de la restaurada Generalitat, la primera y más sobresaliente virtud que le atribuyó era «el inmenso valor de la autoridad moral para ponerse al frente de un pueblo». Los elogios, similares a los que dedicó al rey Juan Carlos, contenían expresiones como las siguientes: «es un ejemplo de dignidad y de seriedad, de respeto y de entrega. Su vida la ha convertido en una ofrenda permanente a Cataluña». En una lectura histórica de su regreso, el diario señalaba que «volvió con dos legitimidades: la del Parlamento catalán, cuyos restos salvados de la hecatombe le eligieron en la diáspora como sucesor de Macià y Companys, y la de la Corona, que también había vuelto a España con la bandera de la democracia después de tantos años de autocracia». El final del editorial, en tono casi lapidario, afirmaba tajante: «Sí, nos atrevemos a decir que sin Tarradellas no estaría Cataluña donde está».59

Uno de los rasgos característicos del estilo Vanguardia, como era el reconocimiento de los poderes constituidos y de su labor, le permitió pasar con cierta naturalidad del franquismo a la democracia, máxime cuando el cambio político e institucional se hizo desde la legalidad y no mediante rupturas de tipo revolucionario a las que el periódico era alérgico por principios.

LAS ELECCIONES GENERALES Y MUNICIPALES DE 1979

Las elecciones generales del 1 de marzo de 1979 fueron precedidas por una batería de editoriales bajo el antetítulo común «Ante las elecciones», donde se exponían «algunos de los problemas que tiene planteado el país».60 Como ya hiciera en los anteriores comicios, La Vanguardia no tomaba postura concreta por unas opciones políticas u otras, pero recomendaba vivamente la participación y mostraba a la vez su carácter liberal y defensor de la economía de mercado.

Su reticencia hacia los planteamientos marxistas o comunistas era entonces aún clara. Ante la estrategia de presión social y movilizaciones callejeras decididas por las ejecutivas del PSOE y del PCE, señalaba que «pese a todas las duras lecciones de la historia, nuestras izquierdas siguen creyendo que el recurso coactivo de las manifestaciones de masas es válido para oponerlo a la voluntad democrática de la mayoría».61 Y al analizar las distintas combinaciones posibles de gobierno tras la mayoría simple alcanzada por el partido de Suárez, afirmó tajante que «de lo que no seríamos partidarios es de una solución a la italiana: gobierno de UCD con los votos benévolos –que tarde o temprano se pagan– del Partido Comunista».62

También se refirió al notable incremento del voto nacionalista, no sólo en Cataluña y el País Vasco sino también en Andalucía, Canarias y Galicia. En términos generales, afirmaba que «el despertar nacionalista de los diversos pueblos de España constituye una novedad y un riesgo», si bien canalizable si se lograba entender su significado, e implícitamente se decantaba por un tratamiento distinto de las autonomías con mayor contenido histórico.

Las elecciones municipales del 3 de abril fueron vistas por La Vanguardia como «un triunfo socialista en Barcelona y en el resto del país catalán, seguido de magníficos resultados para Convergència y Unió y logros menores para UCD y PSUC». Los pactos entre socialistas y comunistas para gobernar muchos municipios en España despertó ciertos recelos en La Vanguardia. En su discurso latía el deseo de que el PSOE abandonara sus ambigüedades ideológicas y se decantara por mayores dosis de moderantismo y de pragmatismo. Por todo ello vio positivamente el primer discurso del alcalde socialista de Barcelona, Narcís Serra, afirmando que «el cambio se ha producido con suavidad y elegancia», y con un programa con el que «se puede dormir tranquilo».63

Meses después, el Congreso extraordinario del PSOE del mes de septiembre significó el retorno triunfal de Felipe González y las cuestiones ideológicas acerca del marxismo quedaron relegadas. El periódico opinó que «la gran victoria de este congreso socialista la han obtenido la racionalidad y el sentido de la oportunidad política». Concluía además, en apoyo de sus posturas, que «los intereses de España, de la democracia, y aun del electorado socialista, constituyen algo demasiado importante como para ponerlo en riesgo con la obstinación de una ortodoxia marxista entronizada como dogma inapelable».64

LAS AUTONOMÍAS CATALANA Y VASCA

Entre finales de 1979 y comienzos de 1980 Cataluña y Euskadi aprobaron sus Estatutos de Autonomía y eligieron sus respectivos parlamentos. La Vanguardia se mostró disconforme con las prisas que, después de las dos convocatorias electorales de marzo y abril de 1979, mostraron algunos partidos políticos por alcanzar plenamente cuanto antes el autogobierno, máxime cuando desde la Generalitat se estaba negociando el texto del Estatut con Madrid. Por eso criticó duramente una manifestación convocada por los partidos socialista y comunista, y a la que luego se unieron CDC y ERC, bajo el lema «Volem l’Estatut, ara!».

La postura del periódico respecto al Estatut fue decididamente positiva. Tras ser aprobado por amplia mayoría, y pensando ya en el futuro inmediato, La Vanguardia escribió que lo importante era su desarrollo:

Las funciones de autogobierno que han quedado imprecisas en el texto estatutario habrán de ganarse palmo a palmo. Simultáneamente, tendremos que ir demostrando que el poder autonómico es más eficaz que el del Estado y se tratará de una obra que no admite improvisaciones.65

Las elecciones al Parlament, el 20 de marzo de 1980, fueron el siguiente paso del proceso de devolución autonómica. Como en anteriores ocasiones, realzó el papel desempeñado por la Generalitat «bajo la experta y autorizada gestión del señor Tarradellas»,66 y pidió una amplia participación popular porque «nos jugamos la calidad del gobierno autonómico y esto ya es suficiente para que se movilicen conciencias y voluntades».67

La sorpresa de los resultados de los comicios se reflejó en el titular de portada del día 21: «Giro electoral: Jordi Pujol, vencedor». En una valoración de urgencia realizada en esa misma página se hablaba de que «la pérdida de la hegemonía por parte de los socialistas obliga a reconsiderar todo un esquema político derivado de las elecciones celebradas hasta ahora».68 El editorial portaba un título que equivalía a toda una interpretación: «Victoria de la Cataluña reflexiva». Como explicó un día después, «se ha impuesto el voto cívico, el voto reflexivo, el voto catalán sin adjetivos», que se decantó mayoritariamente hacia CiU, sobre todo, y en menor medida hacia Erc. El «cambio notable» del electorado fue satisfactoriamente visto por La Vanguardia, que lo explicaba así: «La resurrección del catalanismo como primera fuerza política entronca con la historia y se convierte en factor de fuerza y equilibrio de la etapa autonómica».69

Otros dos factores señalados por el periódico como favorecedores de la victoria nacionalista fueron el perjuicio, más que el beneficio, que la presencia de Suárez y González ocasionaron a centristas y socialistas, y el liderazgo sobresaliente de Jordi Pujol en las filas de CiU. A este último dedicaba unos extensos elogios, los más encendidos aparecidos en un editorial de La Vanguardia hasta ese momento:

En Jordi Pujol habrán visto [los electores] no sólo el veterano luchador de la clandestinidad y el demócrata de toda la vida, sino también un líder político con vocación y temple de estadista, de una muy completa formación intelectual y con una experiencia singularísima en la vida activa, tanto en la esfera de la economía como de la cultura. O sea, un hombre muy representativo de la Cataluña de nuestro tiempo, digno de suceder a los espléndidos adalides que a través de la historia ha dado esta tierra hasta el propio Tarradella.70

Una vez más, por tanto, el apoyo a los poderes constituidos o en vísperas de serlo aparecía como seña de identidad de la actitud política del periódico.

Este rasgo se pudo apreciar nuevamente en sus comentarios editoriales en torno a la investidura de Pujol. Su discurso fue calificado como «serio, claro, realista, responsable y profundamente catalán», y propio de un político que con «su larga actividad pública (...) ha cristalizado en un hombre preparado y capaz». Señaló además que «la opinión pública ha acogido muy bien el discurso de Jordi Pujol, por su sobria intensidad y por su honrado realismo».71 A la implícita satisfacción del periódico por el modo como Pujol había conseguido la investidura, con el beneplácito de UCD y de ERC, el editorial concluía al final con más claridad aún: «Diríamos que Cataluña acertó en las elecciones del 20 de marzo».72

La Vanguardia reflejó el clima de incertidumbre en que se iba a celebrar el referéndum del Estatuto en el País Vasco. La relativamente alta participación popular, próxima al 60%, fue considerada como «un grave revés para Herri Batasuna y quienes apoyaban su postura», pero al mismo tiempo advertía que «la recuperación de los derechos históricos de Euzkadi no significa que todos los problemas se resuelvan». Su actitud puede catalogarse, por tanto, como de un optimismo cauteloso.

El siguiente paso dado fueron las elecciones al Parlamento vasco, celebradas un par de semanas antes que las catalanas. Conocidos los resultados, llamó la atención sobre la posición de HB como segunda fuerza electoral tras el PNV y por delante de UCD y PSOE, y se permitió aconsejar al gobierno Suárez que aplicara con generosidad el Estatuto de Guernica para «en el futuro realzar su imagen».73

DEL 23-F A LA VICTORIA SOCIALISTA DE 1982

Las tensiones políticas derivadas sobre todo del terrorismo en el País Vasco venían a alimentar las conspiraciones de algunos sectores, sobre todo militares. El teniente coronel Tejero, que precisamente ya había participado la «operación Galaxia» fue quien la tarde del 23 de febrero de 1981 asaltó el Congreso de los Diputados con fuerzas de la Guardia Civil, propiciando el efectivo secuestro de los poderes ejecutivo y legislativo. Como en casi todos los medios de comunicación, escritos o audiovisuales, La Vanguardia vivió aquellas horas con gran intensidad y con una incertidumbre inicial que, según fue pasando el tiempo, se convirtió en una práctica seguridad del fracaso del golpe.

La edición se cerró justo después del mensaje televisado del rey. El editorial de La Vanguardia, claramente definitorio de su postura, se titulaba «Desafío a la legalidad». Escrito por Jaime Arias con las prisas del momento y con la situación del Congreso aún sin resolver, se ponía al lado del monarca y del pueblo español, «nada dispuesto a que una fracción minúscula de las Fuerzas Armadas fuerce un golpe de Estado que destruya las todavía débiles bases del régimen político, libre y democrático, que los propios españoles se han dado a sí mismos». Ahondando en la misma idea, señalaba que «ningún español sensato, y todavía somos mayoría, quiere caer nuevamente en la terrible condenación de la discordia civil». Y terminaba expresando su seguridad de que «el Jefe del Estado congregará en su torno a las asistencias necesarias para que todo lo sucedido no pase de un mal recuerdo».74

Ya con un cierto sosiego tras lo ocurrido, el 25 de febrero La Vanguardia publicó un editorial más profundo y pensado. Comenzaba calificando la acción golpista como «el intento de quemar del todo la libertad de los españoles» y «una forma inverosímil de humillar las instituciones democráticas y a sus hombres legítimamente representativos». Más adelante aconsejaba «estar alerta, en evitación de futuras posibles tentaciones», y animaba por ello a recobrar un espíritu de unidad de los políticos más responsables en torno a la Corona. Como otra lección de lo sucedido, y con cierto pesar no exento de realismo, afirmaba que «está visto que la transición no ha terminado». Sin embargo, también quiso extraer consecuencias positivas, que enumeraba:

un rey que sabe estar siempre en su sitio; que sabe desempeñar ejemplarmente su papel de Capitán General; unos Ejércitos que responden; un pueblo maduro; una clase política que, al fin, parece comprender que hay que saber entenderse en lo esencial y dejar las diferencias para tiempos mejores.75

Por tradición política, La Vanguardia nunca fue cercana a los postulados ideológicos o principios socialistas y, en general, de los partidos de izquierda. Dentro de esa reticencia en los fundamentos e incluso en el modelo de sociedad preconizado, el diario de los Godó dejó la puerta abierta a un socialismo moderado, no marxista, que respetara la iniciativa privada. A medida que las perspectivas electorales de la UCD fueron decreciendo, y en especial desde la holgada mayoría absoluta conseguida por el PSOE en las autonómicas andaluzas, este partido fue objeto de un mayor seguimiento editorial.

Avanzado el mes de junio, La Vanguardia tomaba postura clara a favor de la alternancia política, que previsiblemente inclinaría la balanza hacia el PSOE en las próximas elecciones generales. Incluso reconocía que

su paso por las responsabilidades gubernativas puede servir para agilizar mecanismos anquilosados, para desentumecer articulaciones perezosas y aun para aportar modernidad a algunos aspectos caducos de la administración.76

A la altura del verano de 1982, La Vanguardia trató con cierta asiduidad la cuestión de las alianzas necesarias para lograr, en las cada vez más próximas elecciones, mayorías estables que facilitaran la gobernabilidad del país. De ahí que se decantara por un futuro gobierno de coalición.77 Apenas una semana después, afirmaba que si el PSOE no alcanzaba mayoría, «poco habrá de faltarle», y de ahí deducía que «lo que le faltará es encontrar un grupo político que no sea el comunista y que le permita gobernar».78 Una vez más, el anticomunismo de La Vanguardia se hacía patente, y buscaba en alguna de las formaciones de centro la posible bisagra moderadora de un hipotético PSOE ganador sin mayoría absoluta.

La segunda edición de La Vanguardia del viernes 29 de octubre de 1982, tirada a las cuatro de la madrugada, mostraba un titular a toda plana que decía «Felipe, presidente», junto con una gran fotografía del líder socialista. Y destacaba entre comillas una frase suya: «Quien gana, más que un partido concreto, es la democracia y el pueblo español».79 El primer comentario editorial de urgencia, bajo el título «España se ha volcado», destacaba el alto nivel de participación que demostraba cómo «una campaña apasionada y apasionante ha logrado movilizar la opinión pública». También hacía referencia, por supuesto, a la victoria socialista por holgada mayoría absoluta, posibilitada por la alta participación de votantes que mostraron «el deseo de dar a un socialismo crecientemente moderado su oportunidad histórica de gobierno». Señalaba que el voto útil había favorecido, sobre todo, a la opción socialista en la izquierda y a AP en la derecha, mientras en Cataluña el equilibrio había sido mayor. De Felipe González hacía hincapié en que «siempre se ha mostrado inclinado a ofrecer fórmulas europeas de socialismo democrático».

A partir de entonces, y hasta la investidura de González y la formación de su primer gabinete, La Vanguardia destacó gráficamente en varias portadas la normalidad con que el proceso de cambio se estaba desarrollando. «Continuidad en el cambio», «El cambio se acelera», «Normalidad democrática», «Primer Gobierno socialista de la Monarquía» fueron algunos de los titulares de esas portadas llamadas a provocar un efecto tranquilizador en los ánimos de los lectores.80 Un sesgo similar tuvieron, en su conjunto, las posiciones editoriales del periódico, que también apremiaban a González a gobernar cuanto antes y a abreviar los plazos del inevitable período de transitoriedad entre el gobierno en funciones y el próximo en ciernes.81 En otro orden de cosas, y dado que los resultados de los comicios no se ajustaron a los deseos de La Vanguardia de contar con un panorama político más equilibrado y plural, esta tuvo que admitir que también podía existir un «bipartidismo eficaz», como demostraban algunos países del Norte europeo.82

La sesión parlamentaria de investidura de Felipe González ocupó el centro de atención nacional a finales del mes de noviembre y comienzos de diciembre. Previamente tuvo lugar la constitución de las nuevas Cortes, ante las que el rey pronunció su tradicional discurso de la Corona. Al comentarlo, La Vanguardia –que calificaba, además, las relaciones entre el rey y González como «excelentes»– valoraba positivamente la Monarquía como símbolo de continuidad institucional, al servicio de las opciones que el pueblo escogiera para su gobierno, y por cuya virtud «el Estado permanece, gobiernen centristas, socialistas o conservadores».

1. A parte de La Vanguardia, el 27 de enero de 1939 aparecieron ediciones especiales de El Día Gráfico, El Correo Catalán y la Hoja del Lunes.

2. Existen otros ejemplos de esta ideología monárquica: en 1986 el Grupo Godó crea la Fundación Conde de Barcelona que presididrá el propio rey. Y en julio de 2008, Juan Carlos I otorgó a Javier de Godó Muntañola, tercer conde de Godó, la máxima distinción nobiliaria como Grande de España.

3. La Vanguardia Española no se sumará a la huelga de julio de 1975 contra la detención del periodista Josep M. Huertas ni a la de abril de 1977 en la que se pedía una cuarta paga extra, entre otras (Guillamet, 1966: 159).

4. El 15 de agosto de 1978 vuelve a llamarse La Vanguardia.

5. Cabe señalar que, si bien en esos años la publicación de editoriales no era una práctica regular en la mayoría de periódicos, La Vanguardia española era el único rotativo catalán que cada día publicaba uno.

6. Carlos Godó: «Una obra extraordinaria que ha cambiado radicalmente a España», La Vanguardia Española, 21 de noviembre de 1976.

7. «Con emoción, con esperanza», La Vanguardia Española, 21 de noviembre de 1975.

8. «Al servicio del pueblo», La Vanguardia Española, 23 de noviembre de 1975.

9. «La España europea», La Vanguardia Española, 27 de noviembre de 1975.

10. «La herencia», La Vanguardia Española, 9 de diciembre de 1975.

11. «De ahora en adelante», La Vanguardia Española, 5 de diciembre de 1975.

12. «Manos a la obra», La Vanguardia Española, 13 de diciembre de 1975.

13. «Un proceso de evolución», La Vanguardia Española, 16 de diciembre de 1975.

14. «Las iniciativas regionales», La Vanguardia Española, 28 de febrero de 1976.

15. «Diputaciones y mancomunidad», La Vanguardia Española, 28 de febrero de 1976.

16. «Con paso decidido», La Vanguardia Española, 1-2 enero de 1976.

17. «El calendario», La Vanguardia Española, 4 de enero de 1976.

18. «Coexistencia política interna», La Vanguardia Española, 6 de enero de 1976.

19. «Un amplio consenso», La Vanguardia Española, 28 de febrero de 1976.

20. «Una solución de pacto», La Vanguardia Española, 29 de febrero de 1976.

21. «Los datos», La Vanguardia Española, 2 de julio de 1976.

22. «El gobierno que necesitamos», La Vanguardia Española, 3 de julio de 1976.

23. «El alcance de una crisis», La Vanguardia Española, 6 de julio de 1976.

24. «Un gobierno gestor», La Vanguardia Española, 8 de julio de 1976.

25. «La lógica de la amnistía», La Vanguardia Española, 13 de julio de 1976 y «La lógica de la reconciliación», La Vanguardia Española, 18 de julio de 1976.

26. «Amnistía, sí», La Vanguardia Española, 31 de julio de 1976.

27. «Ustedes tienen la palabra», La Vanguardia Española, 15 de diciembre de 1976.

28. «Las respuestas a un referéndum», La Vanguardia Española, 14 de diciembre de 1976.

29. «El futuro ha comenzado», La Vanguardia Española, 16 de diciembre de 1976.

30. «Frente a la espiral de la violencia», La Vanguardia Española, 25 de enero de 1977.

31. «Frente a la espiral de la violencia», La Vanguardia Española, 25 de enero de 1977.

32. «Se equivocan de país», La Vanguardia Española, 26 de enero de 1977.

33. «Demasiadas armas», La Vanguardia Española, 27 de enero de 1977 y «De las sombras a la luz», La Vanguardia Española, 29 de enero de 1977.

34. «De las sombras a la luz», La Vanguardia Española, 29 de enero de 1977.

35. «No dejarse intimidar», La Vanguardia Española, 30 de enero de 1977.

36. «Estaba previsto», La Vanguardia Española, 3 de abril de 1977.

37. «El fin del artículo segundo», La Vanguardia Española, 3 de abril de 1977.

38. «Dentro de la ley», La Vanguardia Española, 10 de abril de 1977.

39. «Manda el rey», La Vanguardia Española, 16 de abril de 1977.

40. «Incertidumbre, economía y elecciones», La Vanguardia Española, 2 de junio de 1977.

41. «El largo camino», La Vanguardia Española, 15 de junio de 1977.

42. «Fin del trayecto», La Vanguardia Española, 11 de junio de 1977.

43. «Fin del trayecto», La Vanguardia Española, 11 de junio de 1977.

44. «Areilza-Suárez», La Vanguardia Española, 12 de junio de 1977.

45. «Ruptura generacional», La Vanguardia Española, 17 de junio de 1977.

46. «El 11 de septiembre de la esperanza», La Vanguardia Española, 11 de septiembre de 1977.

47. «Más de un millón de gargantas y una sola voz: ¡Autonomía!», La Vanguardia Española, 13 de septiembre de1977.

48. «Josep Tarradellas, president de la Generalitat restaurada», La Vanguardia Española, 30 de septiembre de 1977.

49. «El Presidente de la Generalitat vuelve a Cataluña», La Vanguardia Española, 23 de octubre de 1977.

50. «Ciutadans de Catalunya: Ja sóc aquí»», La Vanguardia Española, 25 de octubre de 1977.

51. «El 11 de septiembre de la esperanza», La Vanguardia Española, 11 de septiembre de 1977.

52. «Un buen programa», La Vanguardia Española, 10 de julio de 1977.

53. «Tarradellas y los parlamentarios», La Vanguardia Española, 31 de julio de 1977; «Presidir, sin exclusiones», La Vanguardia Española, 4 de octubre de 1977.

54. «Tarradellas y los parlamentarios», La Vanguardia Española, 31 de julio de 1977.

55. «El ejemplo de la Generalitat», La Vanguardia Española, 25 de octubre de 1977.

56. «De todos y para todos», La Vanguardia, 1 de noviembre de 1978.

57. «Tres hipótesis», La Vanguardia, 5 de diciembre de 1978.

58. «Manos a la obra», La Vanguardia, 7 de diciembre de 1978.

59. «Tarradellas: un año después», La Vanguardia, 24 de octubre de 1978.

60. «Ante las elecciones. La hora de los programas», La Vanguardia, 8 de febrero de 1978. Con el mencionado antetítulo se publicaron un total de quince editoriales a lo largo del mes de febrero.

61. «Estrategia peligrosa», La Vanguardia, 12 de marzo de 1979.

62. «Nuevo Gobierno: combinaciones posibles», La Vanguardia, 4 de marzo de 1979.

63. «Ayuntamientos nuevos», La Vanguardia, 20 de abril de 1979.

64. «La libertad, por delante», La Vanguardia, 2 de octubre de 1979.

65. «Puerta abierta al futuro», La Vanguardia, 26 de octubre de 1979.

66. «El peso de Cataluña», La Vanguardia, 18 de marzo de 1980.

67. «El futuro se construye con el voto», La Vanguardia, 20 de marzo de 1980.

68. «Victoria de la Cataluña reflexiva», La Vanguardia, 21 de marzo de 1980.

69. «Ahora viene lo más difícil», La Vanguardia, 22 de marzo de 1980.

70. «Victoria de la Cataluña reflexiva», La Vanguardia, 21 de marzo de 1980.

71. «Su responsabilidad y nuestra esperanza», La Vanguardia, 23 de abril de 1980.

72. «Capítulo para la esperanza», La Vanguardia, 25 de abril de 1980.

73. «La democracia y sus circunstancias», La Vanguardia, 21 de mayo de 1980.

74. «La autoridad del Estado, lo primero», La Vanguardia, 25 de febrero de 1981.

75. «Gobierno y temas de Estado», La Vanguardia, 26 de febrero de 1981.

76. «La alternancia en el poder», La Vanguardia, 23 de junio de 1982.

77. «Sin mayoría no habrá gobierno», La Vanguardia, 9 de julio de 1982.

78. «Dos posibilidades», La Vanguardia, 17 de julio de 1982.

79. La Vanguardia, 29 de octubre de 1982 (2.a edición).

80. La Vanguardia, 30 de octubre de 1982; 24 de noviembre de 1982; 28 de noviembre de 1982; 4 de diciembre de 1982.

81. «Gobernar, pronto», La Vanguardia, 15 de noviembre de 1982.

82. «Preparando los cien primeros días», La Vanguardia, 30 de octubre de 1982.

2. EL NEOFRANQUISMO DE ABC

Jaume Guillamet

La orientación neofranquista de ABC durante la Transición ofrece un sorprendente contraste con su trayectoria histórica en defensa de la Monarquía, que en el pasado le había causado graves conflictos con la Segunda República y, en menor grado, con el mismo régimen de Franco.1 El 22 de julio 1969, el director Torcuato Luca de Tena Brunet, en su calidad de procurador en Cortes por designación directa, se había abstenido en la votación del príncipe Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a título de rey, por fidelidad a su padre y titular de la Monarquía, Juan de Borbón. Sin embargo, en los últimos meses de vida del Caudillo se produjo un viraje derechista que llevó al diario a la defensa editorial del franquismo y de su legado (Olmos, 2002: 525-584). La publicación de unas declaraciones censuradas de Juan de Borbón, el 25 de febrero de 1975, tras el secuestro previo de la edición dos días antes, causó las críticas de numerosos monárquicos, además de molestar al heredero de la Corona.2 Durante la Transición, abc aparece como uno de los diarios con más dificultades de adaptación, cuyo apoyo a las reformas convive con el recelo ante «un establecimiento demasiado rápido y rotundo de una democracia total» (Zugasti, 2007: 349-350).

La evolución de abc no puede desligarse de los conflictos internos relacionados con la etapa de Torcuato Luca de Tena Brunet, director entre 1962 y 1975, cuando cesa voluntariamente en marzo, dos meses después del fallecimiento de su padre Juan Ignacio Luca de Tena. De este recibe el título de marqués, otorgado por Alfonso XIII3 al abuelo y fundador Torcuato Luca de Tena y Álvarez-Ossorio, el mismo año 1929 en que creó la edición de Sevilla, su ciudad natal. Le sucede, asimismo en la presidencia de la Junta de Fundadores4 y del Consejo de Dirección, entre cuyas facultades figura la orientación de la línea editorial. El ejercicio de la dirección por el tercer Luca de Tena había producido desavenencias familiares y empresariales. Su padre le había cedido en 1967 la presidencia de la empresa editora Prensa Española S. A., pero en 1968, el consejo de administración había tratado de substituirle como director por su hermano menor Guillermo Luca de Tena, que en 1972 le sucedió en la presidencia.

Los problemas económicos derivados del descenso de la tirada5 y de la publicidad, acumulado desde 1970, y el fracaso del semanario ABC de las Américas suscitaron rumores sobre la posible venta del periódico (Olmos, 2002: 513-521; Pérez Mateos, 2002: 497-511). Por otra parte, la preparación del nuevo diario El País –aparecido el 4 de mayo de 1976, entre cuyos promotores figuran destacados colaboradores del diario monárquico como Manuel Fraga Iribarne y José María de Areilza– evidenciaba las limitaciones de ABC como plataforma de la derecha (Fuentes-Fernández Sebastián, 1997: 322-323).

El nombramiento como director de José Luis Cebrián Boné, que lo había sido con éxito del vespertino El Alcázar, en la época en que fue editado por una empresa próxima al Opus Dei (Rodríguez Virgili, 2005), no evitó la baja continuada de difusión, a pesar de las novedades informativas y la incorporación de jóvenes redactores como Pedro J. Ramírez y Pilar Urbano. La continuidad del marqués de Luca de Tena al frente de la línea editorial, en colaboración con el abogado José María Ruiz Gallardón, secretario del Consejo de Dirección y principal comentarista político, acentuó las discrepancias con su hermano Guillermo y el cuñado de ambos Nemesio Fernández-Cuesta Illana, que había sido ministro de Comercio en el primer gobierno de Arias Navarro.

El protagonismo de Torcuato Luca de Tena en la fundación de Alianza Popular, junto a Fraga y otros exministros –es el primero de un centenar de firmantes del programa político–,6 su posterior candidatura a senador por Madrid en las primeras elecciones libres del 15 de junio de 1977 y la utilización del diario en su favor (Guillamet, 2016) crearon un clima de fuerte tensión, así como malestar en la redacción (Ramírez, 1991: 130-131). Ruiz Gallardón, que fue candidato a diputado por Madrid y mantuvo, en línea con los editoriales, una dura crítica a la candidatura de Adolfo Suárez al frente de la Unión de Centro Democrático, se valió de su posición en el diario para replicar en un mismo número a un artículo del centrista y también colaborador Juan Manuel Fanjul Sedeño (Lorenzo, 1983: 254). En esas circunstancias, el descontento y la preocupación por la independencia de ABC habrían sido expresados también por el padre del rey en una cena en Lausana a la que asistía Guillermo Luca de Tena (Olmos, 2002: 545-549). Probablemente se deba a ello, la solemne expresión de lealtad a la Corona expresada en una declaración de la Junta de Fundadores publicada de forma destacada en las páginas de opinión.7 Pocos días antes del inicio de la campaña electoral, Torcuato Luca de Tena renunció temporalmente a la presidencia de la Junta de Fundadores y Consejo de Dirección y, por tanto, a la dirección de la línea editorial.8

El pésimo resultado de AP en las elecciones –cuarto partido en número de votos y diputados– reforzó la posición del hermano menor y presidente del consejo de administración, ya que ninguno de los dos candidatos de la casa ganó el escaño, como tampoco Fernández-Cuesta, aspirante a senador en Madrid por UCD. Guillermo Luca de Tena, que fue nombrado senador por designación real,9 asumió en octubre de 1977 la dirección del diario. Suprimió el Consejo de Dirección, redujo la colaboración de su hermano Torcuato y de Ruiz Gallardón y creó un Consejo de Redacción del que nombró vicepresidente a Pedro de Lorenzo. Incorporó como cronista parlamentario a Jaime Campmany, procedente del diario falangista Arriba, y promocionó como corresponsal político a Pedro J. Ramírez, en la que podría considerarse «una apertura liberal» del diario (Olmos, 2002: 551-570).

El comportamiento político de ABC en línea con el continuismo de las instituciones franquistas y la adopción de una reforma evolutiva fiel al legado de Franco ha podido comprobarse con el estudio de la línea editorial mantenida durante el año y medio que transcurre desde la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, hasta las primeras elecciones libres. Sus rasgos fundamentales son el pleno apoyo al gobierno de Carlos Arias Navarro, hasta julio de 1976, y un apoyo más tibio y no exento de críticas al gobierno de Adolfo Suárez. Ese cambio de actitud coincide con la oposición interna liderada por Manuel Fraga Iribarne –el hombre fuerte del gobierno anterior como ministro de Gobernación y vicepresidente para Asuntos Políticos–, quien, en septiembre del mismo año, funda Alianza Popular con otros exministros de Franco y de Arias y reúne inicialmente a 183 procuradores en Cortes, casi un tercio de los 531, a los que ha de corresponder la aprobación de las leyes de reforma del régimen.

Esta línea editorial continuista se corresponde, por otra parte, con el enfoque de la información política que, hasta la aprobación por las Cortes de la Ley de Reforma Política el 19 de noviembre de 1976 y su ratificación popular en el referéndum del 15 de diciembre, se mantiene estrictamente en el marco de las instituciones franquistas, prestando escasa atención a los partidos surgidos del antifranquismo. En el horizonte electoral posterior, la apertura informativa presenta claras restricciones en cuanto a la consideración de las actividades y expresión de las opciones socialistas y comunistas, así como nacionalistas catalanas y vascas.

Esta inclinación de ABC por una reforma continuadora del legado de Franco comporta una desconsideración del papel del rey Juan Carlos, que queda subordinado a la preeminencia de las Cortes y del Consejo del Reino, de acuerdo con las limitadas atribuciones otorgadas por la Ley Orgánica del Estado de 1966 al jefe del Estado que sucediera al Caudillo. En los editoriales no se reconoce al nuevo monarca más que un papel de representación institucional, mientras que las referencias a su padre se limitan al agradecimiento por la renuncia a sus derechos dinásticos, que no se produce hasta mayo de 1977, tras la convocatoria de las primeras elecciones libres.10

La publicación de artículos editoriales no es usual en la prensa de la época, excepto en algunos grandes diarios. ABC publica diariamente una media de tres o cuatro páginas de opinión, al inicio de la edición, cuyo formato tradicional es el menor de la prensa española, equivalente a un folio actual en tamaño DIN a-4. Dicha sección de opinión consta habitualmente de uno o dos editoriales, en algunos casos incluso tres, a los que siguen artículos diversos de colaboración y secciones fijas, entre las cuales la viñeta humorística de Mingote. La mirada del veterano y respetado dibujante dista mucho del continuismo editorial, con una crítica reiterada del legado franquista y la introducción de elementos simbólicos muy explícitos de su rechazo a la candidatura de Fraga y Alianza Popular (Guillamet, 2015). Otra mirada crítica fue la de la columna «Ayer y hoy» de Cándido (Carlos Luis Álvarez), cuyo regreso, en junio de 1976, al diario en que se había formado, podría atribuirse al interés de Nemesio Fernández-Cuesta (Cándido, 1995: 297-298). El «Apunte político» de José María Ruiz Gallardón adquiere un papel predominante en estas páginas de opinión, sin muchas variaciones en la nómina de colaboradores. Se mantienen las rúbricas personales «Planetario» de Lorenzo López Sancho y «Al día» de Argos (Julián Cortés Cabanillas), esta segunda sobre la actualidad política, en cuyos comentarios no se advierten críticas al Gobierno ni las Cortes.

EL LEGADO DE FRANCO Y EL CONTINUISMO DE ARIAS

El tributo a la memoria de Franco se mantiene por mucho tiempo en las páginas de ABC. El elogio a la persona y obra política y militar es muy intenso en los días posteriores a la muerte del Jefe del Estado y los artículos necrológicos y laudatorios de ex ministros y otras personalidades del régimen siguen publicándose en semanas sucesivas. También se ensalza a Franco en colaboraciones especiales en las páginas ilustradas de huecograbado como una serie de artículos sobre la entrevista Hitler-Franco en Hendaya, escritos por el que fuera ministro de Asuntos Exteriores, Ramón Serrano Súñer, cuñado del Caudillo, o el avance de algunos capítulos del libro de José María Pemán «Mis encuentros con Franco».

El equilibrio aparente entre el número editoriales dedicados a Franco y al rey Juan Carlos en las primeros días del cambio en la Jefatura del Estado no esconde el mensaje de fondo: el elogio del pasado y del legado de Franco son la base de la confianza en el futuro.11 Un mensaje recurrente en otras ocasiones que adquiere de nuevo solemnidad en sendos editoriales conmemorativos con motivo de cumplirse seis meses y un año de su desaparición. En este, que coincide con la aprobación de la reforma por las Cortes, el legado de Franco es reivindicado como un «patrimonio histórico común».12 La invocación del legado del Caudillo también sirve para rechazar el voto negativo en el referéndum de la reforma política,13 así como ensalzar los valores que inspiran Alianza Popular.14 Esa posición editorial es rubricada a menudo por Torcuato Luca de Tena en su sección «La rosa y la espada», como ante la publicación del libro Mis conversaciones privadas con Franco de su primo y colaborador, el teniente general Francisco Franco Salgado-Araujo, al que reprocha falta de «licitud moral» por desvelar conversaciones privadas.15 Aún vísperas electorales, Luca de Tena defiende a los neofranquistas ante quienes les piden «manifestaciones de deslealtad hacia un hombre al que quiera Dios que no tengamos que llorarle en el futuro».16

En el apoyo general de la prensa a la confirmación de Carlos Arias como presidente del Gobierno, ABC valora la continuidad de su gestión desde el 3 de enero de 1974, en que fue nombrado por Franco, en substitución del almirante Luis Carrero Blanco, asesinado por ETA. El discurso del 12 de febrero de 1974 habría sido «el más alto y generoso riesgo» de apertura del régimen y sus dos primeros años «los de mayor aceleración histórica de la España de la postguerra».17 Entre los sucesivos editoriales destinados a glosar la confirmación de Arias,18 la composición del gobierno,19 las líneas principales de su declaración programática hacia «la reforma y el perfeccionamiento institucionales»,20 ABC muestra la satisfacción por la presencia destacada en el gabinete de cuatro colaboradores de sus páginas de opinión: Manuel Fraga Iribarne, vicepresidente y ministro de Gobernación, José María de Areilza, Asuntos Exteriores, Antonio Garrigues Díaz-Cañabate, Justicia, y Alfonso Osorio en Presidencia.21 El elogio al presidente se redobla tras unas declaraciones a Newsweek: la adecuación política de la cambiante realidad española, escribe ABC,22 sería «capaz de romper la muñeca a cualquier otro timonel menos experto y preparado».

En su deriva continuista, el diario monárquico considera que el acceso al trono de Juan Carlos de Borbón significa solamente un cambio en la forma de estado, pero no en la de gobierno.23 La dirección del país corresponde al Gobierno y las Cortes, sin olvidar la función institucional de las Fuerzas Armadas, porque «con Franco o con el Rey, el Ejército es el mismo».24 La idea de mantener al rey fuera del juego político, reiterada a propósito de una propuesta de pacto nacional para la reforma formulada por Areilza,25 que es el ministro que el diario asocia más con la Monarquía,26 equivale de hecho a la neutralización de su papel como Jefe del Estado, bien distinto al desempeñado por Franco. Como sucede al alabar el papel de Juan Carlos I como «el mejor embajador de España»,27 a propósito de los viajes realizados al extranjero.

Hay que situar en esta línea continuista la defensa del protagonismo de las Cortes y del Consejo Nacional del Movimiento28 en la apertura política del régimen. En ella, la agrupación de los procuradores en «grupos parlamentarios» habría de ser la base a partir de la cual articular la oposición, de forma que hubiera partidos «antes en las Cortes que en la calle».29 En un apoyo de algunas enmiendas del Consejo Nacional del Movimiento al proyecto de ley de Reforma Política, Luca de Tena30 defiende su conversión en el futuro Senado o cámara alta. Se trataría de una apertura fundamentada en remotos precedentes: así se remite a unos artículos poco desarrollados del Fuero de los Españoles de 1945 el origen de los proyectos de ley de reunión, asociación y la consiguiente reforma del Código Penal enviados a la cámara en marzo de 1976.31 En esa revitalización de las instituciones franquistas, correspondería al Consejo del Reino colaborar con el rey Juan Carlos a fin de que sus decisiones alcancen «la prudencia deseable».32 En la pervivencia de las instituciones franquistas, ABC defiende la inserción de esta «institución muy original y peculiar española» en la «Europa de las coronas».33

El apoyo de ABC al gobierno Arias es reiterado a cada paso. El primer discurso del presidente ante el Consejo Nacional del Movimiento es un «gran documento de un momento excepcional»34 en el paso de «un sistema de adhesión personal» a «un sistema de participación institucional». Es incluso preventivo. Ante una eventual insatisfacción por su próximo discurso ante las Cortes, el día 28, advierte que no debe cundir la desesperanza ya que «más importantes que las palabras son los hechos, que necesitan tiempo para consumarse».35

En el segundo aniversario del 12 de febrero, ABC celebra la constitución de la Comisión Mixta Gobierno-Consejo Nacional del Movimiento como el «primer paso hacia la reforma»,36 aun admitiendo que el proyecto de ley de asociaciones no habría de reducir estas a los límites del Movimiento.37 Se trata, por tanto, de conjugar la continuación de las instituciones franquistas con una desactivación de los aspectos doctrinales falangistas, de forma que los Principios del Movimiento dejen de considerarse inalterables.38

La reforma del franquismo parece encauzada tras un nuevo discurso de Arias, esta vez en Televisión Española,39 del que ABC aprueba lo claro y rotundo del mensaje sobre rumbos y metas,40 con los proyectos de ley sobre reunión y asociación enviados ya a las Cortes, a los que han de seguir una Ley de Sucesión de la Corona, una Ley Constitutiva de las Cortes con sus dos cámaras y una nueva Ley Orgánica del Estado.41 Con todo, Torcuato Luca de Tena42 no deja de proponer «cautelas constitucionales» como la elección parcial y escalonada de las cámaras y evitar la dependencia «total» del ejecutivo respecto del legislativo, así como mecanismos electorales para reforzar la representación electoral de las provincias rurales frente a las urbanas y más densamente pobladas.

Tras la aprobación en junio de la Ley de Asociación Política como el avance más claro hacia la democracia,43 ABC no ve gravedad en el aplazamiento de la reforma correlativa del Código Penal, la misma tarde del 9 de junio.44 Para la crítica de las actitudes obstruccionistas,45 el diario acude por una vez a la autoridad del rey, tras el éxito internacional de su discurso ante el Congreso de los Estados Unidos del 2 de junio, en el que obtuvo una clara «superación de prejuicios sobre el proyecto democrático español».46 Aun así, no le reconoce la iniciativa ni el mérito de la reforma. La idea de continuidad con el franquismo queda subrayada de nuevo en la despedida tributada a Arias,47 tras forzar Juan Carlos su dimisión, el 1 de julio de 1976. ABC rinde testimonio de admiración por la obra de este presidente del Gobierno, que le ha merecido más elogios que críticas y «ha tenido un papel importante en la apertura política del franquismo y en el inicio de la reforma». Un elogio que Luca de Tena redondea generosamente en su sección personal48 y en una novela que publica este mismo año (Luca de Tena, 1976).

Entre los miembros del gobierno Arias, el vicepresidente para Asuntos del Interior y ministro de Gobernación ha merecido atención especial en los editoriales de ABC. La política de orden público de Manuel Fraga recibe un apoyo categórico,49 tras unos primeros meses de fuerte conflictividad, en los que destacan las huelgas de servicios públicos de enero en Madrid y Barcelona y las grandes manifestaciones por la amnistía y la autonomía de los dos primeros domingos de febrero en la capital catalana. Ninguna crítica al Gobierno ni a la actuación de la policía formula el diario tras los graves sucesos de la huelga general de Vitoria de 3 de marzo, con el resultado de cinco muertos y más de un centenar de heridos.50

TUTELA Y OPOSICIÓN AL GOBIERNO SUÁREZ

ABC esboza una actitud de tutela ante el gobierno encabezado por Adolfo Suárez, el primero nombrado libremente por el rey Juan Carlos. A partir de la fundación de Alianza Popular, en septiembre del mismo año, adopta el tono propio de una oposición leal, en la línea apuntada ya sobre la oposición naciente en las propias Cortes. Lo que se valora de este político joven y ajeno a la Guerra Civil51 es su reciente y «brillantísima defensa» en las Cortes del proyecto de ley de asociación, como ministro secretario general del Movimiento, que ya había destacado en su momento.52 Como le había apoyado53 para ocupar una vacante en el Consejo Nacional del Movimiento, a la que también aspiraba Cristóbal Martínez-Bordiu, marqués de Villaverde y yerno de Franco, dentro de las plazas de designación conocidas como «los 40 de Ayete»,54 de cuya pervivencia el diario se mostró crítico.

El nuevo gobierno puede ser considerado «casi» como el primero de la Monarquía, por su desvinculación cronológica del pasado. ABC glosa el mensaje real al nuevo gabinete de «obrar sin miedo»,55 aunque Suárez no responda al perfil que debiera reunir el nuevo presidente,56 a diferencia de Fraga y Areilza.57 Aunque a ese gobierno sin grandes líderes, le señala una función neutral ante las opciones políticas de «gobierno árbitro,58 mientras reserva nuevas oportunidades a los aquellos, especialmente a Fraga.59

La vocación de tutela y condicionamiento se aprecia con mayor nitidez en la recomendación general de prudencia que hace Torcuato Luca de Tena,60 al sugerir a Suárez que tome consulta y asesoramiento del Consejo del Reino, de los líderes de los grupos parlamentarios de las Cortes y miembros de la «oposición dialogante». Sin entusiasmo se acoge el primer mensaje del presidente por televisión y lo apremia a impulsar la reforma y ejercer la autoridad ante las huelgas y movilizaciones políticas de la oposición. Le exige, incluso, no hacer cambios de director general hacia abajo y le recrimina que no lo cumpla.61

El cambio de vara de medir se hace más patente con la aprobación de la reforma del Código Penal, que Arias no pudo sacar adelante ante la mirada benevolente del diario. Ahora reprocha a Suárez la obtención de una mayoría más estrecha de votos que la ley de asociación como un «duro golpe» al Gobierno, inédito en la historia de las Cortes.62 Se confirma con la prevención con que acoge la primera medida importante, cual es el anuncio de una amnistía que excluye los delitos de terrorismo, a la que se había negado rotundamente el gobierno Arias.63 Satisfecho con el indulto del inicio de reinado y tras haber desacreditado las peticiones y manifestaciones de la oposición reprimidas por la policía, ABC la ve como «la más amplia amnistía que cabía imaginar», condena a quienes no la aceptan por insuficiente y pide a los amnistiados que condenen las bombas de extrema izquierda en esos días explotan en sedes judiciales.

Ante este gobierno, ABC proclama64 la gran novedad política de que pueda haber una oposición leal, procedente el gobierno anterior y del franquismo.65 El temor es que si el Gobierno no actúa con decisión, acabe habiendo «ruptura» y le recomienda cautela al anunciar contactos con la oposición democrática que luego resultan estériles.66 El tono es menos negativo con esta, pero se excluye los comunistas que continúan siendo objeto de editoriales de rechazo.67 En una recapitulación de sus propias opiniones sobre la oposición expresadas a lo largo de 42 editoriales,68 ABC concluye que esta ha de ser leal, no ha de pretender aún desplazar al Gobierno y ha de apoyar una reforma escalonada.

La idea de continuidad con el franquismo reaparece de forma nítida la víspera de la presentación del proyecto de reforma política en tvE, el 10 de septiembre, con el elogio de Suárez como ejemplo de «coherencia política»69 desde el discurso que pronunciara como vicesecretario general del Movimiento, en marzo de 1974, en desarrollo del llamado espíritu del 12 de febrero enunciado por Arias. La intervención del presidente ha sido realista, pragmática y sencilla,70 pero ante unas elecciones que el Gobierno debe limitarse a preparar,71 la preocupación del diario reside en la adopción del sistema proporcional en la asignación de escaños, del que se muestra poco partidario.

Es muy significativo que en esas mismas fechas Manuel Fraga Iribarne reaparezca en la «tercera» de ABC con una serie de siete largos artículos72 en los que sienta los principios básicos de la acción política de Alianza Popular, la organización fundada como una la federación de las asociaciones encabezadas por otros cinco ex ministros de Franco –Fernández de la Mora, Silva Muñoz, López Rodó, Martínez Esteruelas y Licinio de la Fuente–, así como Enrique Thomas de Carranza, los llamados «siete magníficos». Ese regreso tiene mucho que ver con el disgusto por las críticas recibidas por El País, diario a cuya creación contribuyó y que se ha decantado por apoyar a José María de Areilza (Seoane-Sueiro, 2004: 135-137). A pesar de un incidente por un editorial,73 al que responden en carta conjunta los ex ministros74 y que se resuelve con otro editorial conciliador,75 el apoyo a la nueva formación aparece de manera clara. Con la presentación en público de Alianza Popular se subraya la importancia de la reunión de esas personalidades franquistas y de derechas, «palabras que no deshonran», con el papel dirigente de Fraga.76

En línea con el partido neofranquista, ABC apoya77 el máximo protagonismo de consejeros nacionales del Movimiento y procuradores en Cortes en el trámite parlamentario de la ley de reforma, contra el criterio del presidente Torcuato Fernández-Miranda que acaba imponiendo la aprobación de la ley por medio de una única votación sobre todo el articulado. Torcuato Luca de Tena, esta vez como procurador en Cortes, reprocha que se haya impedido la modificación del proyecto por la cámara en la última intervención del pleno «brillante, honesta y enormemente arriesgada» (Silva Muñoz, 1993: 352), a la que el diario da el máximo protagonismo de la sesión.78 La aprobación mayoritaria de la reforma –425 sí, 59 no, 13 abstenciones y 34 ausentes–, significa para ABC79 la legalización de la concordia, entendida como un día histórico en que «los vencedores de la Guerra Civil tienden un puente a los derrotados». A los elogios preceptivos dedicados al rey, al Gobierno y a las Cortes, se añade la atribución de un papel protagonista de Alianza Popular.

ABC resta mérito y margen de maniobra al Gobierno tras el resultado abrumador del referéndum del 15 de diciembre –77,9% votos, 94,5% sí, 2,4% no– en cuyo apoyo a la participación y votación afirmativa ha dedicado cinco editoriales,80 así como otros dos publicados el mismo día de la votación.81 La alta participación y aprobación es un triunfo de todos, ya que los votos han sido para la democracia, no para el Gobierno.82 Este ha sido legitimado para emprender el diálogo necesario con la oposición, que ha de ser preferentemente con la derecha democrática y la izquierda democrática, pero en ningún caso con «la desprestigiada Coordinación Democrática».83

La forma de referirse a la oposición antifranquista tiende a mezclarla indiscriminadamente con el comunismo y el terrorismo. Así, para descalificar la abstención preconizada en el referéndum se llega a evocar el atentado de ETA en una cafetería de la calle del Correo, en Madrid, cercana a la Dirección General de Seguridad, que causó trece muertos y decenas de heridos, el 13 de septiembre de 1974. En el mismo sentido, tras los secuestros del presidente del Consejo de Estado, Antonio María Oriol y Urquijo, y del presidente del Tribunal Supremo de Justicia Militar, Emilio Villaescusa, se relaciona al GRAPO con el PCE, aunque no sean «carrillistas».84 En su campaña contra el comunismo, ABC sitúa el secuestro en el marco de la estrategia de Santiago Carrillo, afirmación que provoca una polémica con el recién nacido Diario 16.85

La campaña contra la legalización del PCE se intensifica a raíz de la detención, en vísperas de Navidad,86 del secretario general, que vivía clandestinamente en Madrid y había hecho una rueda de prensa a favor de la abstención. Cuando Carrillo queda en libertad provisional, el diario recuerda87 el peso histórico que su figura representa para gran parte de la opinión y la responsabilidad, de la que no queda exonerado, por los delitos de sangre cometidos en 1936, en relación con lo que llama «genocidio de Paracuellos».88 Cuando la policía resuelve los secuestros, coincidiendo con la muerte de otro policía en Barcelona, ABC89 sigue apuntando vinculaciones entre el de Oriol en vísperas del referéndum con la propuesta de abstención de Carrillo.

EENDURECIMIENTO ELECTORAL

En el horizonte electoral, ABC establece90 su posición política en el rechazo del fascismo y del marxismo, como extremos de la oferta de partidos. El rechazo de los extremos se focaliza, en realidad, en una campaña sistemática contra la legalización del Partido Comunista de España, que se convierte también en una crítica creciente a Suárez, con un tono de mayor dureza a partir de su presentación como candidato al frente de la coalición Unión de Centro Democrático,91 formalizada el 3 de mayo de 1977.

El rechazo a la extrema derecha, en cambio, no se traduce en una crítica contra estos sectores, ni ante los actos terroristas de grupos de este signo, ni de la represión policial que en ocasiones produce muertes de manifestantes. Así sucede durante la semana sangrienta de final de enero de 1977, en que ABC sigue señalando a los «agentes de la subversión», sin hacerlo directamente a la extrema derecha. Se mantiene la crítica a quienes promueven manifestaciones ilegales, como máximo se habla de «accidente en las medidas disuasorias».92 No se hace alusión directa a los cinco asesinatos perpetrados en un despacho de abogados laboralistas de Comisiones Obreras y se rechaza, en una réplica a El País, que haya pruebas de la existencia de una Internacional Fascista frente a las que sí existen sobre la Internacional Comunista. A la vez que se suma a un editorial conjunto de los diarios de Madrid, en que se condena esa cadena de violencia y muertes y se pide firmeza al Gobierno y unión a la oposición, expresa en otro su apoyo a las Fuerzas de Orden Público.93

La crítica contra el partido comunista se mantiene, pese a elogiar el restablecimiento de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética,94 y se denuncia como un desafío la cumbre eurocomunista de inicios de marzo, a la que asisten los dirigentes francés e italiano, Georges Marchais y Enrico Berlinguer.95 ABC considera que su celebración es una injerencia y una «clara presión» sobre el Tribunal Supremo, que ha de decidir sobre la procedencia de autorizar la inscripción del PCE en el registro de partidos, insistiendo aún en el carácter comunista de los miembros del GRAPO, «aunque no sean carrillistas». La campaña96 se mantiene incluso después de que el Gobierno proceda a dicha inscripción, «gravísima decisión y error» que lleva al diario a respaldar la declaración de disgusto del Consejo Superior del Ejército. ABC se alinea con el ultraderechista El Alcázar al no subscribir un nuevo editorial conjunto publicado el 16 de abril con el título «No frustrar una esperanza».97

La remisión a las elecciones que confía en que den la victoria a los partidos surgidos del franquismo, es la actitud común del diario ante otras cuestiones. Por ejemplo, las relacionados con las «nacionalidades», término utilizado por la oposición y que rechaza de plano,98 las peticiones de autonomía por una asamblea de ayuntamientos vascos o los criterios para la institucionalización de las regiones.99 La «intangible unidad de España» es invocada a propósito de la autorización del uso de la ikurriña vasca, que no significa ni su oficialización ni la «marginación de la bandera española».100

Al posicionamiento editorial se añade una aparición más frecuente de la sección personal de Torcuato Luca de Tena, ya conocida su vinculación a Alianza Popular. En una línea argumental de creciente dureza e intransigencia, que incluye la vindicación de la victoria de la Guerra Civil frente a acciones criminales atribuidas únicamente a la izquierda,101 defiende la pena de muerte en un artículo sobre la dejación de autoridad.102 En su rechazo a la legalización del PCE como una «imposición por decreto de amnesia colectiva», invoca de nuevo la victoria de la Guerra Civil, «que no está en juego, ni se puso en juego en el referéndum» y que «el Gobierno no debe olvidar».103 Reprocha al presidente Suárez la supresión de la estructura administrativa del Movimiento, cuyo legado defiende el diario,104 así como la retirada del yugo y las flechas, frente a la tolerancia gubernamental de la proliferación de banderas rojas comunistas. Interpela, incluso, a quienes «siguen permaneciendo en el Gobierno o en otros altos cargos del Estado» y acusa al Gobierno de haber actuado contra la legalidad.105

Son los mismos argumentos que Torcuato Luca de Tena expone en su escrito de dimisión como procurador en Cortes y la entrevista que lo acompaña,106 en los que acusa al Gobierno de «profundo desprecio» a esta cámara por la modificación directa de algunas leyes. De haberse dejado para las nuevas Cortes electas la derogación del artículo 2 de la Ley de Prensa,107 dictada por real decreto el 1 de abril, las elecciones hubieran debido celebrarse bajo las mismas restricciones a la libertad de prensa establecidas en 1966. De la modificada ley de asociaciones, reprocha la no exigencia de acatamiento a las Leyes Fundamentales que, en su opinión, deja «desprotegida la Monarquía y desmantelado el Estado». Esa defensa cerrada de la legalidad franquista tendrá un colofón en la solicitud hecha por ABC de que las Cortes puedan celebrar una sesión solemne de despedida.108

Una vez convertido en candidato de la improvisada Unión de Centro Democrático, Suárez se convierte en el blanco directo y personal de la crítica del marqués de Luca de Tena, después que ABC lo acepte solo como un hecho consumado, tras expresar el criterio contrario en diversas ocasiones.109 En la sección «La rosa y la espada», se denuncia la degradación alarmante de la autoridad ante «el radical desprecio a la prudencia y la temeraria abdicación de la memoria histórica» del Gobierno.110 La ampliación de la amnistía para vaciar las cárceles antes de las elecciones, que beneficia a los condenados por delitos de terrorismo excluidos en julio pasado es rechazada con la máxima dureza.111 Se acusa a Suárez de ceder y claudicar ante el terrorismo, ya que entre los beneficiarios de excarcelación y extrañamiento se hallan los condenados por el asesinato de Carrero Blanco, en 1973, el autor material de la muerte del jefe policial en el País Vasco Melitón Manzanas, en 1969, y los condenados a muerte por el proceso de Burgos, en 1970, entre otros, así como los acusados por el atentado calle del Correo y los asesinatos recientes de Ángel Berazadi y Juan María de Araluce. Se advierte la confianza de Torcuato Luca de Tena en la victoria electoral de Alianza Popular por su apreciación de la poca importancia que otorga al hecho de que Suárez «obtenga o deje de obtener un escaño». Estas críticas no sólo se mantienen hasta las vísperas electorales, con referencias reiteradas de desmantelar la autoridad y alentar el terrorismo y evocaciones de la Guerra Civil,112 sino que reaparecen incluso tras las elecciones.113

A pesar de la renuncia temporal a la presidencia de la Junta de Fundadores de Prensa Española y del Consejo de Dirección, el diario presta una cobertura especial a la actividad política de Torcuato Luca de Tena, que renueva sus elogios a Carlos Arias Navarro, en una emocionada bienvenida en su regreso a la escena política, como compañero en la candidatura al Senado por Alianza Popular.114 No sólo le prodiga elogios fuera de lo común como «una de las conciencias más limpias del momento de la transición»,115 sino que proclama además entre ambos la «comunidad de ideales entre hombres que comulgan en unos mismos principios y están dispuestos a defender a España y a la Monarquía bajo unas mismas banderas».

En línea con la preocupación de este partido por la ventaja que pueda sacar el Gobierno, ABC reclama la regulación del comportamiento electoral de TVE y la Prensa del Movimiento y apoya la petición de Fraga de un debate televisado con Suárez.116 En las páginas de opinión, se ofrece tribuna habitual a colaboradores y candidatos de UCD, como Pío Cabanillas y Juan Manuel Fanjul, pero muy poco a los de otros partidos y en ningún caso a los de la izquierda. En las tertulias electorales celebradas en la redacción durante la campaña no es invitado a participar ningún representante comunista.

La invocación de la independencia como diario y de la libertad de sus miembros ante las elecciones, en ocasión del 72 aniversario de su fundación,117 es reiterada el mismo día de las elecciones en la justificación que hace ABC de su petición de voto para los candidatos de Alianza Popular y Unión del Centro Democrático,118 candidaturas que comparten con el diario una misma «concepción de vida». En la expresión posterior de satisfacción por la victoria de la UCD de Suárez (166 diputados),119 se evita una mención directa de la Alianza Popular y de Fraga (16 diputados), aunque se aprecia que ha habido claros errores de planteamiento en las «opciones consideradas como conservadoras» que han sido vencidas. ABC, que ha alentado «opciones claramente diferenciadas que tenían su base en un terreno similar de moderación y de seriedad», reconoce que «ha triunfado la más abierta al futuro». No hay ahora ninguna expresión descalificadora para el Partido Comunista y Carrillo (19 diputados), al que sitúa con Alianza Popular, como las importantes minorías que flanquean por las alas a los dos partidos principales. Encuentra un motivo de satisfacción en el bipartidismo naciente entre UCD y el PSOE de Felipe González (118 diputados), sin el distanciamiento ni el enfrentamiento de 1936, ya que no son las derechas ni las izquierdas clásicas.

EL PAPEL DEL REY Y EL APOYO A SUÁREZ

El cambio de tono advertido en los primeros editoriales tras la jornada electoral se confirma con los sucesivos nombramientos de Guillermo Luca de Tena como senador de designación real y director de ABC. Muy pronto aparecen las referencias al papel del rey, ausentes en toda la etapa anterior. Con el bipartidismo surgido de esas elecciones, que han sido una «oportunidad brindada al país desde la Corona», los segundos partidos son minorías que «carecen de fuerza y de escaños para erigirse siquiera en mediadores». La crítica a Alianza Popular es evidente, aunque no explícita: «La España de 1977, la España del Rey, una España ya democrática, no se siente especialmente obligada por el pasado». En otra ocasión, ABC destaca como dicho partido ha sufrido el influjo de «la desbordante personalidad de algunos de sus siete líderes iniciales», escorada hacia «zonas de derecha dura».120

A partir de ese momento, la línea editorial de ABC solo se apartará del apoyo al Gobierno en cuestiones secundarias, excepto en lo tocante al terrorismo, pero aun en ese caso hará extensiva a los otros partidos parlamentarios la crítica por la poca energía en la respuesta a los atentados mortales crecientes de ETA durante 1978. Ante el reconocimiento provisional de la Generalitat de Catalunya y el retorno del exilio del presidente Josep Tarradellas, ABC aprueba el hecho en sí pero reprocha que el Gobierno haya actuado por decreto sin pasar la decisión por las Cortes.121 Reticente antes al reconocimiento de las regiones, se declara ahora regionalista y celebra la «alegría de Cataluña» que es importante para «España entera». El diario reproduce en positivo antiguos recelos: combinar la autonomía con la unidad «intocable» y asegurar la solidaridad entre todas las regiones. Este restablecimiento renueva y refuerza la «concepción de la unidad española en el marco de la Monarquía y bajo la suprema orientación de la Corona». El anciano presidente republicano es juzgado como «un ejemplo de esa simbiosis de sentimiento y pragmatismo que componen el talante catalán».

El cambio en la línea editorial se ve también a propósito de la amnistía general aprobada por abrumadora mayoría el Congreso de los Diputados y en el Senado, en octubre. En un tono muy distinto al de las ocasiones anteriores, la subscribe ABC como un «borrón y cuenta nueva», que «delimita el final de un afán de revancha y el inicio de un tiempo de comprensión y de suma de esfuerzos y afanes para el logro de una atmósfera nacional plenamente compartida y democrática».122 Incluso en las semanas de verano de 1978 de intensa violencia de ETA, sin dejar de apoyar a las Fuerzas de Orden Público y exigir al Gobierno mayor resolución y contundencia, los editoriales de ABC incluyen la crítica de algunas actuaciones policiales en la plaza de toros de Pamplona y las calles de Rentería.123 Y en su rechazo de los nostálgicos que en una manifestación del segundo aniversario sin Franco reclaman la vuelta al pasado, ABC habla con distancia del franquismo como «una etapa compleja», «con muchos más aciertos de los que borbotan sus enemigos y más defectos de los que reconocen sus apologistas».124

Ese camino es el de la Constitución, cuya aprobación en las Cortes marca «un día histórico»125 y, en la víspera de cuyo referéndum, ABC afirma el papel decisorio del rey que «con generosidad y riesgo ceñidamente proporcionales a la significación histórica de la Monarquía, había adelantado su voluntad integradora».126 En el análisis del 33% de abstención, diez puntos más alta que en las elecciones generales, el diario127 subraya el notorio esfuerzo propagandístico de UCD, PSOE y PC (sic), lo que significa un reproche tácito a ap, cuyos parlamentarios se han repartido entre el sí, el no y la abstención. El resultado que más satisface al diario es que con el refrendo popular de la Constitución «comienza de pleno derecho –o recomienza, si hacemos un lícito empalme histórico– la Monarquía parlamentaria».128 Lejos de las veleidades neofranquistas con que se recibió a Juan Carlos I de Borbón tres años antes, ahora ABC pone «por encima de toda discusión» que ha sido el rey, «en esos años de transición, el motor principal del cambio político, el decidido impulsor de un desarrollo democrático que adopta, constitucionalmente, la Monarquía parlamentaria “como forma política del Estado español”».

El alineamiento de ABC con la posición del Gobierno y UCD se hace patente ante las segundas elecciones a Cortes Generales, marzo de 1979, así como las elecciones locales, abril de 1979, la aprobación de los estatutos de autonomía del País Vasco y Cataluña, diciembre de 1979, y las elecciones a los parlamentos vasco y catalán, marzo de 1980. También en la condena del intento de golpe de estado de 23 de febrero de 1981, con la excepción de la edición de Sevilla, que se mostró contemporizadora con la trama civil y militar que lo promovió. Dicho apoyo se mantuvo tras la dimisión de Adolfo Suárez, en enero de este año, y su substitución por Leopoldo Calvo-Sotelo en la presidencia del Gobierno y por Landelino Lavilla como candidato en las elecciones de octubre de 1982, que dieron la victoria al PSOE de Felipe González.

Los cuatro años largos de dirección de Guillermo Luca de Tena, substituido en enero de 1983 por Luis María Anson, tuvieron el correlato de las dificultades económicas crecientes y un intercambio de favores con el Gobierno sobre el que se ha conocido alguna documentación (Santos, 2015: 37-50). Aunque no faltaron episodios como unas declaraciones golpistas del capitán general de Valencia, Jaime Milans del Bosch, el 23 de septiembre de 1979, o, unas semanas más tarde, la publicación de una portada nostálgica, en el cuarto aniversario de la muerte de Franco, en lo que el biógrafo del diario ha calificado como «una de cal y otra de arena» (Olmos, 2002: 558-570).

1. El 10 de mayo de 1931 el Gobierno de la República suspendió la publicación de ABC y se incautó del edificio, durante 25 días, después que el d, el 21 de julio, estradomprenta de 1966, de Tena a franquista en la lía 5 se hubiera publicado una larga entrevista con el rey Alfonso XIII, exiliado voluntariamente desde el 14 de abril. Tras la aprobación de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, la publicación del artículo «La monarquía de todos», el 21 de julio fue motivo de secuestro de la edición, la apertura de un expediente administrativo y el alejamiento temporal de España de su autor, Luis María Anson. Dos meses más tarde, el Tribunal de Orden Público estimó que no se había incurrido en ningún delito (Iglesias, 1980: 421-422).

2. Dos meses más tarde, el Tribunal Supremo anuló el secuestro y se publicó el texto íntegro de la entrevista el 12 de mayo. En diciembre, se reconoció a la empresa editora el derecho a ser indemnizada por los perjuicios económicos causados por el secuestro (Iglesias, 1980: 425 y 504).

3. En línea con la tradición británica de distinguir con títulos nobiliarios a los editores de los principales diarios, Alfonso XII había otorgado en 1875 el de marqués de Casa Brusi a Antonio Brusi Ferrer, editor de Diario de Barcelona, y en 1916, Alfonso XIII el de conde a Ramón Godó Lallana, editor de La Vanguardia de Barcelona.

4. La Junta de Fundadores es un órgano previsto en el artículo 20 de la Ley de Prensa e Imprenta de 1966, cuya creación se reserva a la decisión voluntaria de las empresas periodísticas. Bajo la presidencia de Torcuato Luca de Tena y Brunet, la Junta de Fundadores de ABC está formada por Benito Pico y Pico de Coaña, vicepresidente, Guillermo Luca de Tena y Brunet, presidente del consejo de administración, Fernando Luca de Tena e Ita, expresidente del consejo de administración y Andrés Fagalde y Luca de Tena, administrador de Prensa Española S.A.

5. La difusión de ABC de Madrid en 1975 es de 186.000 ejemplares –inferior a la de La Vanguardia Española de Barcelona, que es de 211.736 en 1976 (Nogué y Barrera, 2006: 246)– y desciende hasta 136.000 en 1977, según los datos de OJD. Es el diario de más difusión de los editados en la capital de España, el de mayor influencia política y desde su fundación en 1905 se ha caracterizado por la fidelidad a la Monarquía de la familia Luca de Tena, propietaria del diario y del semanario Blanco y Negro (1891-2005).

6. ABC, 7 de enero de 1977.

7. En este texto se proclama «la inconmovible lealtad de las publicaciones de esta casa a la Corona, por considerar la Monarquía esencial en la constitución del Estado español por ser ella quien mejor puede amparar en nuestra Patria la licitud de las diversas opciones políticas y la diversidad de las peculiaridades regionales dentro de la unidad indestructible de la Patria, que ella misma encarna, representa y favorece». «La Junta de Fundadores de Prensa Española dice:», ABC, 21 de abril de 1977. Las otras publicaciones a que se refiere la nota son el diario ABC de Sevilla y el semanario Blanco y Negro.

8. ABC, 7 de mayo de 1977.

9. La Ley de Reforma Política de 1976 reservó al rey Juan Carlos el nombramiento directo de 41 senadores, figura que desapareció de la definitiva composición del Senado establecida por la Constitución.

10. «Sobre todo España», ABC, 14 de mayo de 1977.

11. «Miremos adelante», ABC, 21 de noviembre de 1975.

12. «Patrimonio histórico común» y «Franco», ABC, 20 de mayo y 20 de noviembre de 1976.

13. «No al no», ABC, 5 de diciembre de 1976.

14. «El congreso de Alianza Popular», ABC, 9 de marzo de 1977.

15. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: El gato de Sr. Ossorio y el libro apócrifo del Sr. Franco Salgado», ABC, 10 de noviembre de 1976.

16. «100 españoles para la democracia. ¿Quién es quién? Torcuato Luca de Tena y Brunet», ABC, 19 de abril de 1977.

17. «Los dos años de Arias», ABC, 3 de enero de 1976.

18. «La confirmación del presidente», ABC, 6 de diciembre de 1975.

19. «El primer gobierno del Rey», ABC, 12 de diciembre de 1976.

20. «El breve discurso del presidente Arias», «En tono a la declaración del Gobierno (I): Hacia la reforma y el perfeccionamiento institucionales», «En torno a la declaración del Gobierno (II): El Ejército, uno de los pilares del orden institucional», «En torno a la declaración del Gobierno (III): El marco de la economía de mercado», «En torno a la declaración del Gobierno (IV): Unidad nacional y regionalismo» y «En torno a la declaración del Gobierno (y V): Invitación a la ciudadanía», ABC, 14, 16, 17, 18 y 20 de diciembre de 1975.

21. «Cuatro ministros colaboradores de la Tercera de opinión», ABC, 14 de diciembre de 1975.

22. «Proceso de normalización», ABC, 6 de enero de 1976.

23. «La Monarquía y el Gobierno», ABC, 15 de enero de 1976.

24. «Más allá de las opciones políticas», ABC, 11 de febrero de 1976.

25. «Invitación al Pacto Nacional», ABC, 13 de mayo de 1976.

26. «Inserción europea de la Monarquía española», ABC, 21 de marzo de 1976.

27. «Primer año de reinado: El mejor embajador de España», ABC, 23 de noviembre de 1976.

28. «Síntoma alentador en las Cortes» y «Grupos parlamentarios», ABC, 6 y 7 de febrero de 1976; «La participación del pueblo», ABC, 20 de enero de 1976.

29. «Articular la oposición», ABC, 19 de febrero de 1976.

30. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: ... Y ahora le toca a las Cortes», ABC, 21 de octubre de1976.

31. «En el camino de la reforma democrática (I): La modificación del Código Penal», «En el camino de la reforma democrática (II): Los límites de la reforma del Código Penal», «En el camino de la reforma democrática (III): Legalizar la oposición» y «El proyecto de ley de asociaciones políticas: invitación al pluralismo», ABC, 20, 21, 23 y 24 de marzo de 1976.

32. «El Rey su Consejo», ABC, 3 de marzo de 1976.

33. «Inserción europea de la Monarquía española», ABC, 21 de marzo de 1976.

34. «La participación del pueblo», ABC, 20 de enero de 1976.

35. «El alcance de un discurso», ABC, 24 de enero de 1976.

36. «Primer paso hacia la reforma: otro doce de febrero», ABC, 12 de febrero de 1976.

37. «Derecho de asociación y garantías legales», ABC, 6 de marzo de 1976.

38. «Una política nueva», ABC, 26 de mayo de 1976.

39. «Sin esperar milagros», ABC, 28 de abril de 1976.

40. «Rumbo, metas y calendario de la política española», ABC, 29 de abril de 1976.

41. «Nueva edad política» y «Un paso adelante», ABC, 7 y 9 de mayo de 1976.

42. Torcuato Luca de Tena: «Las cautelas constitucionales» y «La rosa y la espada: La prudencia en la política y los cambios de rasante», ABC, 12 de mayo y 2 de julio de 1976.

43. «Avance trabajoso hacia la democracia», ABC, 10 de junio de 1976.

44. «No es posible volver atrás», ABC, 11 de junio de 1976.

45. «Es preciso acelerar la reforma», ABC, 15 de junio de 1976.

46. «Con toda autoridad», ABC, 3 de junio de 1976.

47. «En la dimisión de Carlos Arias», ABC, 3 de julio de 1976.

48. Torcuato Luca de Tena: «Adiós, señor presidente», ABC, 3 de julio de 1976.

49. «Los perfiles de la democracia», ABC, 13 de febrero de 1976.

50. «Tragedia y lección en Vitoria», «El camino de la reforma», «Serenar el país», «Una voz serena», «Capitalizar el país» y «Preguntas», ABC, 4 y 6, 7 y 9 de marzo de 1976.

51. «El nuevo presidente del Gobierno» y «Perfil político: un hombre integrador», ABC, 4 de julio de 1976.

52. «Avance trabajoso hacia la democracia», ABC, 10 de junio de 1976.

53. «Hoy, importante jornada política» y «Votación significativa», ABC, 25 y 26 de mayo de 1976.

54. Consejeros nombrados directamente por Franco, cuya designación se llevó a cabo por primera vez en 1961 en el Palacio de Ayete de San Sebastián. Tras sus fallecimientos, las vacantes fueron ocupadas por elección en el seno del Consejo Nacional del Movimiento.

55. «Las palabras del Rey en el Consejo de Ministros: Llegada de una nueva generación», ABC, 10 de julio de 1976.

56. «El ejercicio activo de la presidencia», ABC, 3 de marzo de 1976.

57. «Ministros y partidos políticos», ABC, 26 de junio de 1976.

58. «Fraga y Areilza» y «La lealtad como naturaleza política», ABC, 6 y 9 de julio de 1976.

59. «La lealtad como naturaleza política», ABC, 9 de julio de 1976.

60. Torcuato Luca de Tena: «El nuevo gobierno y sus responsabilidades frente a la “evolución de la continuidad”», ABC, 6 de julio de 1976.

61. «La imprescindible continuidad administrativa» y «Moderación en los relevos», ABC, 9 y 27 de julio de 1976.

62. «Clarificación de ambigüedades», ABC, 15 de julio de 1976.

63. «Amnistía y manifestaciones», «Un tema a todos los niveles», «Impresión de urgencia: la declaración del Gobierno», «Amnistía para la reconciliación», «Meta: la reconciliación nacional» y «Amnistía y pasado», ABC, 11, 13, 17, 18 y 31 de julio, 5 y 7 de agosto de 1976.

64. «La oposición leal, posible y necesaria», ABC, 5 de agosto de 1976.

65. «Gobierno y oposición», «Oposición y obstrucción», ABC, 18, 21 de agosto de 1976.

66. «Los contactos Gobierno-oposición: negociar con cautela y seriedad», ABC, 5 de septiembre de 1976.

67. «Clarificación de ambigüedades», «Historia de una falsificación: Italia, España y el Eurocomunismo», «Razones de una campaña», «Política de mano tendida», «Superioridad democrática», ABC, 15 y 30 de julio, 4, 17 y 29 de agosto de 1976.

68. «Desde el 20 de noviembre, fecha de la muerte de Franco: Lo que ha dicho ABC sobre la oposición», ABC, 4 de septiembre de 1976.

69. «Ante la alocución televisada del presidente Suárez: una trayectoria coherente», ABC, 9 de septiembre de 1976.

70. «La intervención del presidente Suárez en TVE. Realista, pragmático y sencillo», ABC, 11 de septiembre de 1976.

71. «Proyecto acertado, pero mejorable», «Hacia la plenitud del Estado de Derecho» y «Error subsanado», ABC, 12, 16 y 19 de septiembre de 1976.

72. Manuel Fraga Iribarne: «I. El país a secas», «II. El país histórico», «III. El país real», «IV. El país legal», «V. El país ideal», «VI. El país posible» y «VII. El país futuro», ABC, 10, 17, 22 y 29 de septiembre, 5, 15 y 22 de octubre de 1976. En todos los casos, los artículos exceden en media página la extensión habitual de la página 3 del cuaderno ilustrado.

73. «Lo que pide la “gran coalición”» y «Bajo el signo de las alianzas», ABC, 22 y 25 de septiembre de 1976. El motivo de la discrepancia es la alusión al peligro de una dicotomía de Frente Nacional y Frente Popular que el diario matiza en el sentido de su preferencia por los grandes partidos pero no de frentes únicos y ofrece su apoyo crítico al proyecto.

74. «Carta», ABC, 26 de septiembre de 1976.

75. «Un editorial y una réplica», ABC, 28 de septiembre de 1976.

76. «Un estilo político abierto», ABC, 23 de octubre de 1976.

77. «Mejorar la reforma», «Neutralidad y urgencia matizada» y «Retoque al procedimiento de urgencia», «Ante el pleno de las Cortes: que se voten antes las enmiendas», «Ante el pleno de las Cortes», «El tema de las votaciones» e «Incomprensible», ABC, 9, 16 y 21 de octubre, 12, 16, 17 y 18 de noviembre de 1976.

78. Información sobre la sesión de Cortes, ABC, 18 de noviembre de 1976, pp. 3, 6-12.

79. «La legalización de la concordia», ABC, 19 de noviembre de 1976.

80. «Ante el próximo referéndum», «La abstención, triste postura democrática», «El derecho a participar y la abstención», «El doble juego», «Entre el no y la abstención», ABC, 24 y 27 de noviembre, 9, 10 y 14 de diciembre de 1976.

81. «Construir el futuro» y «Razones para votar sí», ABC, 15 de diciembre de 1975.

82. «Una gran respuesta del pueblo» y «Un resultado que no deja lugar a dudas», ABC, 16 y 17 de diciembre de 1976.

83. «Derecha e izquierda democráticas», ABC, 23 de diciembre de 1976.

84. «Gratitud a las Fuerzas del Orden», «Una gran insidia al descubierto» y «Humildad y realismo», ABC, 12 y 13 de febrero de 1977.

85. «Por esta vez, respondemos», ABC, 14 de diciembre de 1976.

86. «En manos de la justicia», ABC, 24 de diciembre de 1976.

87. «La libertad bajo fianza de Carrillo», ABC, 31 de diciembre de 1976.

88. «La verdad sin odio», ABC, 16 de enero de 1977. Se acusa a Carrillo, a la sazón consejero de Seguridad de la Junta de Defensa de Madrid, de haber tenido conocimiento y no haber hecho nada para evitar del asesinato masivo de presos de Carabanchel ante la amenaza de toma de Madrid por los militares sublevados, entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936.

89. «Gratitud a las Fuerzas del Orden», «Una gran insidia al descubierto» y «Humildad y realismo», ABC, 12 y 13 de febrero de 1977.

90. «Postura independiente de ABC ante los partidos políticos: Y ahora las elecciones», «Máxima claridad para la ley electoral», «1977, año de elecciones», «Negociar con las fuerzas democráticas», «Diálogos en Presidencia», ABC, 19 y 30 de diciembre de 1976, 9 y 12 de enero de 1977.

91. «Dos aspectos del mensaje del presidente» y «Suárez y la legalización del PCE», ABC, 4 y 5 de mayo de 1977.

92. «Otro aldabonazo», «Las manifestaciones ilegales y sus trágicas consecuencias», «La necesaria superación de un momento difícil» y «Lo que se sabe de la Triple A», ABC, 25, 26 y 27 de enero de 1977.

93. «Servidores del orden» y «Por la unidad de todos», ABC, 29 de enero de 1977.

94. «Las relaciones España-URSS: Deshielo necesario», ABC, 10 de febrero de 1977.

95. «La “cumbre” eurocomunista: Una clara presión», «Puntualización necesaria» y «El comunicado eurocomunista», ABC, 2 y 4 de marzo de 1977.

96. «El expediente sobre el partido comunista», «La legalización del Partido Comunista. Las razones de nuestra discrepancia», «Los valores intocables» y «¿Somos tontos los españoles?», ABC, 2, 10 y 14 de abril y 1 de junio de 1977.

97. «Primer objetivo: La distensión», ABC, 17 de abril de 1977.

98. «“Nacionalidades”, no», ABC, 31 de marzo de 1977.

99. «Es necesario encontrar una solución: Ante la “cumbre” de Echarri-Aranaz» y «Los tres planos del problema regional», ABC, 16 y 23 de enero de 1977.

100. «La intangible unidad de España», ABC, 21 de enero de 1977.

101. «¿Amnistía?», «Ante la legalización del máximo enemigo de la libertad», «La represión internacional del comunismo», «Una frase terrible», «Contradicciones del eurocomunismo», «Escalada de exigencias» y «Conducta antidemocrática», ABC, 30 de enero de 1977, 1, 2, 3, 5, 6 y 22 de febrero de 1977.

102. Torcuato Luca de Tena: «La dejación de autoridad y la máxima pena a la luz de la ciencia y la teología moral», ABC, 2 de febrero de 1977.

103. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: Imposición por decreto de amnesia colectiva», ABC, 13 de abril de 1977.

104. «Adiós al Movimiento», ABC, 3 de abril de 1977.

105. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: Gobierno, comunismo y legalidad», ABC, 16 de abril de 1977.

106. ABC, 15 de abril de 1977.

107. Como procurador en Cortes por designación directa de Franco, Torcuato Luca de Tena y Brunet había tenido una participación destacada en la Comisión de Información y Turismo en la que se debatió el proyecto de la Ley de Prensa e Imprenta en 1966 (Iglesias, 1980: 421).

108. «Un ruego atendido: El portavoz de Presidencia», ABC, 28 de mayo de 1977.

109. «Ironías y consecuencia», «Un futuro que convendría romper», «Suárez, presidente y candidato», «La incógnita Suárez», «El ecléctico Suárez», «Suárez debió despejar la incógnita» y «Después del éxito de su viaje: Expectación ante el mensaje de Suárez», ABC, 26 y 27 de marzo, 5, 20 y 24 de abril, 1 y 5 de mayo de 1977.

110. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: ¡Que el penalti lo tire el árbitro!» y «La rosa y la espada: Con la ley en la mano: Suárez inelegible», ABC, 30 de marzo de 1977 y 1 de mayo de 1977.

111. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: Delincuencia, condescendencia e impunidad», ABC, 25 de mayo de 1977.

112. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: El sueño de una noche de primavera», ABC, 12 de junio de 1977.

113. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: Meditaciones postelectorales», ABC, 18 de junio de 1977.

114. Torcuato Luca de Tena: «La rosa y la espada: Bienvenido señor ex presidente», ABC, 14 de mayo de 1977.

115. «100 españoles para la democracia. ¿Quién es quién? Torcuato Luca de Tena y Brunet», ABC, 19 de abril de 1977.

116. «Urge regular la campaña electoral en Televisión» y «El juego político de la televisión», ABC, 29 de abril y 6 de mayo de 1977.

117. «Nuestra historia» y «La Junta de Fundadores de Prensa Española dice:», ABC, 21 de abril de 1977.

118. «Votar una concepción de vida», ABC, 15 de junio de 1976.

119. «Tras las elecciones generales: La gran responsabilidad» y «El bipartidismo», ABC, 17 y 19 de junio de 1977.

120. «Ante la derecha democrática», ABC, 19 de noviembre de 1978.

121. «Después de la “Diada”», «Ante el restablecimiento de la Generalitat provisional» y «La alegría de Cataluña», ABC, 13 y 30 de septiembre y 20 de octubre de 1977.

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