Kitabı oku: «La transición de la prensa»

Yazı tipi:

LA TRANSICIÓN DE LA PRENSA

EL COMPORTAMIENTO POLÍTICO

DE DIARIOS Y PERIODISTAS

LA TRANSICIÓN DE LA PRENSA

EL COMPORTAMIENTO POLÍTICO

DE DIARIOS Y PERIODISTAS

Jaume Guillamet (ed.)

UNIVERSITAT DE VALÈNCIA


Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, ya sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso previo de la editorial.

© De los textos: los autores, 2018

© De esta edición: Universitat de Valéncia, 2018

Coordinación editorial: Maite Simon

Maquetación: Inmaculada Mesa

Corrección: Pau Viciano

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

ISBN: 978-84-9134-339-4

ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

I. EL CAMBIO VIGILADO

1. El cambio vigilado Jaume Guillamet y Christopher D. Tulloch

II. LOS DIARIOS

1. La apuesta monárquica de La Vanguardia Marcel Mauri i de los Ríos y Anna Nogué Regàs

2. El neofranquismo de ABC Jaume Guillamet

3. La independencia de Informaciones Ruth Rodríguez-Martínez

4. El centrismo católico de Ya Christopher D. Tulloch

5. De franquistas a reformistas: Arriba y Pueblo Jezabel Martínez Fábregas

6. El franquismo intransigente y golpista de El Alcázar Francesc Salgado

7. La mirada catalanista de Avui Marcel Mauri i de los Ríos y David Caminada

8. La influencia de El País Josep Maria Sanmartí

9. La libertad de Diario 16 Rita Luis y Carles Pont Sorribes

10. La distancia vasca de Deia y Egin David Caminada

III. PERIODISTAS Y POLÍTICOS

1. Un ejercicio colectivo de memoria profesional Carles Pont Sorribes, Rita Luis y Josep Maria Sanmartí

2. Cuatro miradas sobre un proyecto compartido Josep Maria Sanmartí, David Caminada y Christopher D. Tulloch

3. Tres reflexiones Francesc Salgado

EPÍLOGO: LÍMITES Y EXCESOS DEL «PARLAMENTO DE PAPEL»

BIBLIOGRAFÍA

ÍNDICE ANTROPONÍMICO

ÍNDICE DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

ÍNDICE ONOMÁSTICO GENERAL

INTRODUCCIÓN

El 22 de noviembre de 1975, día en que Juan Carlos de Borbón juró como rey ante las Cortes, dos semanarios de amplia difusión permanecían suspendidos por una orden administrativa. Uno de ellos –Mundo– pudo reaparecer pronto, gracias al posterior indulto concedido por el Gobierno, mientras que el otro –Triunfo– tuvo que cumplir por completo los cuatro meses de sanción. El título del artículo que la motivó seguía vigente: «¿Estamos preparados para el cambio?».

Salvo algunas excepciones, la prensa diaria continuaba llena de homenajes y evocaciones a la figura y obra del Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Francisco Franco Bahamonde, fallecido el día 20, a punto de cumplir 83 años. Con pocas excepciones también, la prensa diaria había sido objeto de un menor número de sanciones administrativas previstas por la Ley de Prensa e Imprenta de 1966 de las que sufrió la prensa semanal, gracias al acuerdo tácito que el interés mutuo inspiró al Gobierno y a las empresas editoras de diarios.

Al primero no le convenía mostrar las insuficiencias de la libertad de prensa establecida y limitada sucesivamente en los dos primeros artículos de la ley. A las segundas, les convenía aún menos afrontar los riesgos sobre todo económicos de las pérdidas derivadas por eventuales multas, expedientes y procesos judiciales pero, sobre todo, por los secuestros de ediciones completas que el Gobierno se reservaba como actuación preventiva.

Los secuestros de ABC –en julio de 1966, por un artículo de reivindicación de la monarquía tradicional1– y de Madrid –en mayo de 1968, por un editorial sugiriendo la retirada del general Franco, tomando ejemplo de la efectuada por el general Charles De Gaulle como presidente de la República francesa2 – habían quedado como casos señalados y aislados. Ambos eran anteriores al nombramiento por las Cortes del joven Príncipe de España como sucesor a la Jefatura del Estado a título de rey, en julio de 1969.

Habitualmente, Gobierno y diarios se valían de una fórmula preventiva conocida también como «censura telefónica», por la que se sugerían cambios en las ediciones durante la media hora preceptiva de depósito previo de ejemplares en las oficinas del Ministerio de Información y Turismo, ignorando aquellos que ya hubieran comenzado la distribución. En casos más agudos, la policía podía proceder a su recogida en los quioscos.

Ese acuerdo tácito no libró a los editores de diarios de otras intervenciones del Gobierno, que afectaron a algunas iniciativas renovadoras en el marco de las luchas internas entre las familias políticas del régimen. Así, el vespertino El Alcázar, adquirido a la Hermandad de Defensores del Alcázar de Toledo por una empresa cercana al Opus Dei, fue devuelto a sus fundadores con base en supuestas irregularidades administrativas en septiembre de 1968 (Rodríguez Virgili, 2006), siendo ministro Manuel Fraga Iribarne, que puso también dificultades a Nuevo Diario, matutino de la misma editora. En cambio, otro diario autorizado con el nombre de Nivel, fue prohibido por su sucesor Alfredo Sánchez Bella tras la publicación del primer número, el 31 de diciembre de 1969. También por irregularidades administrativas, se procedió en 1971 al cierre del citado Madrid (Barrera, 1995) y de los semanarios como Presència de Gerona y El Maresme de Mataró (Guillamet, 1996: 120-123).

La liberalización parcial que había significado en 1966 la llamada ley Fraga –tras veintiocho años de vigencia de la ley de inspiración fascista dictada apenas dos años después del inicio de la Guerra Civil, en marzo de 1938– no comportó grandes cambios en la estructura de la prensa diaria. Muy pocos periódicos habían sobrevivido al alzamiento militar en las zonas controladas desde el principio por los rebeldes y muchos menos habían sido autorizados a reaparecer en las demás.

Excepto los del Movimiento –diarios únicos en la mayoría de provincias, creados con la expropiación de la antigua prensa republicana– casi ningún diario nuevo fue autorizado antes de 1966 y muy pocos lo fueron después. Entre las pocas excepciones están el vespertino barcelonés Tele/eXprés, fundado en 1964 por el industrial y banquero Jaime Castell Lastortras, cercano a la familia Franco, el procurador en Cortes Juan Antonio Samaranch y el director de la Agencia Efe Carlos Sentís, así como Diario de Lérida, 1966, órgano diocesano del obispo Aurelio del Pino, confesor de Carmen Polo de Franco (Guillamet, 2004).

La Vanguardia Española en Barcelona y abc en Madrid, el primero en difusión y el segundo en influencia, son los dos principales diarios que se publican en España en 1975, ambos de tradición monárquica como revelan los títulos nobiliarios de sus editores, el conde de Godó y el marqués de Luca de Tena. La mayoría de diarios en provincias dependen de los gobernadores civiles y jefes provinciales del Movimiento. Su órgano de cabecera en Madrid, aunque de baja difusión, es el falangista Arriba, fundado en 1934 por José Antonio Primo de Rivera, cuyos editoriales y artículos son reproducidos habitualmente en los demás, que en las principales ciudades apenas pueden competir con los viejos diarios conservadores.

El católico Ya encabeza una pequeña cadena de cuatro diarios episcopales. Pueblo, órgano de los sindicatos oficiales, es el líder de la prensa vespertina, entre la que El Alcázar alimenta la nostalgia de los viejos franquistas e Informaciones trata de acercarse al lector joven y crítico. Como sucede con el veterano Diario de Barcelona y el joven Tele/eXprés en la capital catalana, donde el carlista El Correo Catalán, convertido al catalanismo, vio frenado en 1966 el proyecto de un vespertino en catalán que había de llamarse Migdia (Mediodía). La transformación de un singular Diario Femenino aparecido en 1967 en Mundo Diario, atento a la conflictividad obrera y estudiantil, es otra muestra del proceloso control del Gobierno, al que la Ley Fraga reserva toda autorización. Otra muestra de las maniobras de poder fue la adquisición por un hijo del alcalde José María de Porcioles del veterano vespertino El Noticiero Universal que había destacado por la crítica de la gestión municipal.

Esa es la muestra más visible de la prensa diaria que despide con alabanzas al Caudillo de España y ofrece el apoyo debido al joven rey Juan Carlos que le sucede. Es la prensa diaria cuyo papel destacado en el proceso de cambio ha sido destacado en la numerosa bibliografía existente sobre la Transición, protagonista de lo que de forma imprecisa y quizá algo abusiva se ha llamado el «parlamento de papel». La historiografía ha coincidido en el papel dinamizador de la ley Fraga como única medida liberalizadora del régimen, que había favorecido un cierto debate público al margen de las Cortes y otras instituciones del régimen, siempre que no pusiera en cuestión la naturaleza política de este (Barrera, 1995b; Fuentes-Fernández Sebastián, 1997; Sáiz-Seoane, 2007). En adelante, los partidos políticos de la oposición comienzan a aparecer en sus páginas como protagonistas inevitables de un cambio impreciso sobre cuyo alcance deseable se establece el verdadero debate.

La aparición de dos significativos diarios nuevos en la primavera de 1976 –Avui (Hoy), en catalán, catalanista y fruto de una capitalización popular, el 23 de abril; El País, independiente, plural en su accionariado y con vocación de diario de referencia, el 4 de mayo– solemnizan el cambio político. El 18 de octubre, el vespertino Diario 16 sigue abriendo el compás, así como el nacionalista vasco Deia (Llamada) en vísperas electorales, 10 de junio de 1977 en Bilbao, y el radical Egin (Hacer), 9 de septiembre en Hernani, ambos con un uso parcial de la lengua vasca.

El comportamiento político de la prensa diaria en la Transición ha sido objeto de diversos análisis y consideraciones en la bibliografía política e historiográfica y algunos de los periódicos citados lo han sido con cierto detenimiento en monografías específicas (García Escudero, 1985; Olmos, 2002; Huertas, 2006; Nogué Barrera, 2006; Seoane-Sueiro, 2006). Con todo, sigue siendo un tema abierto a la investigación, sobre el que los autores de este libro se proponen avanzar con nuevas aportaciones.

El comportamiento políticos de periódicos y periodistas es el objeto de este libro, resultado de un proyecto de investigación competitivo financiando por el Ministerio de Economía y Conocimiento,3 llevado a cabo por los autores, cuyos resultados han sido presentados también en diversos congresos nacionales e internacionales y en artículos en revistas científicas. Son dos análisis complementarios que requieren planteamientos y metodologías diferentes. Para el comportamiento de los diarios, se ha procedido al estudio de los artículos editoriales y otros de interés especial para fijar la posición de cada rotativo de una selección entre las principales cabeceras, atendiendo a la importancia de su difusión y de su significado político. Para el comportamiento de los periodistas, se ha optado por un trabajo menos exhaustivo y estrictamente cualitativo, recogiendo datos e opiniones obtenidas a través de tres actividades distintitas: grupos de discusión (focus group), entrevistas en profundidad y seminarios de investigación.

En cuanto a los diarios, la investigación se ha llevado a cabo sobre un total de doce, divididos en dos grupos: siete diarios que ya se publicaban bajo la dictadura publicados y cinco diarios nacidos durante la Transición. Entre los siete anteriores al relevo en la Jefatura del Estado, se han seleccionado los siguientes:

– Los dos diarios de mayor difusión e influencia –La Vanguardia Española (1881) de Barcelona y ABC (1905) de Madrid–, ambos de tradición monárquica y editados por empresas familiares.

– El diario Ya (1935-1996) de Madrid como cabecera de la cadena de diarios de Editorial Católica, dependiente del Episcopado.

– El vespertino Informaciones (1922-1983) de Madrid como órgano independiente abierto a los sectores críticos con el régimen de Franco.

– El diario del franquismo recalcitrante, El Alcázar (1936-1988), editado en Madrid por la Confederación Nacional de Excombatientes de la Guerra Civil fundada en 1974.

– Los dos principales diarios de la cadena del Movimiento, ambos de Madrid: Arriba como cabecera informativa y editorial de la cadena (1939-1979); Pueblo (1940-1984) como órgano de los sindicatos oficiales y vespertino de mayor difusión.

En cuanto a los cinco diarios aparecidos en los años 1976 y 1977, se trata de los siguientes:

Avui (1976-2011), diario en catalán y catalanista de capitalización popular, aparecido en Barcelona el 23 de abril de 1976.

El País (1976) y Diario 16 (1976-2001), diarios independientes aparecidos el 4 de mayo y el 18 de octubre en Madrid.

Deia (1977) y Egin (1977-1998), diarios próximos al Partido Nacionalista Vasco y a la organización terrorista Eta respectivamente, aparecidos en Bilbao y Rentería el 10 de junio y el 9 de septiembre de 1977.

En cuanto a los periodistas, se ha procedido a una investigación cualitativa para conocer los cambios en las formas de trabajo correlativos al cambio político, las posiciones políticas existentes en las redacciones, las actitudes adoptadas por los periodistas más destacados y las relaciones entre periodistas y políticos, que todas las referencias presentan como de colaboración y complicidad. Esta parte de la investigación se ha llevado a cabo por medio de tres tipos de actividades:

a) Celebración de tres grupos de discusión anónima (focus group) en los que han participados un total de quince periodistas de distintos periódicos, agrupados por tres criterios: redactores de la prensa oficial y franquista; redactores de diarios provenientes de la dictadura; y redactores de diarios creados durante la Transición.

b) Realización de entrevistas en profundidad con algunos periodistas y políticos destacados durante la Transición.

c) Celebración de seminarios de investigación sobre el papel respectivo de periodistas y políticos, en cada uno de los cuales han participado tres personalidades destacadas, miembros del equipo de investigación y cuatro académicos especializados.

El libro se estructura de manera acorde con los objetos de la investigación, de manera se abre con un primer capítulo sobre las condiciones legales y políticas en que trabaja la prensa durante la Transición («El cambio vigilado»), al que siguen dos partes dedicadas respectivamente al comportamiento político de los diarios y de los periodistas.

La parte dedicada a «Los diarios» contiene diez capítulos en los que se analiza el comportamiento político de los doce diarios mencionados, con la particularidad que Arriba y Pueblo son tratados en un mismo capítulo, así como los dos diarios nacionalistas vascos. Hay también algunas particularidades en el ámbito temporal del análisis de cada uno de ellos. El período principal de estudio son los primeros dieciocho meses de la Transición, entre la muerte de Franco y las primeras elecciones, donde se ponen de relieve los posicionamientos respectivos ante el legado de Franco, la figura del rey, los gobiernos sucesivos de Arias y Suárez, la reforma política y la campaña electoral. El calendario respectivo de publicación hace que sólo en los diarios ya existentes pueda completarse esa perspectiva, mientras que Avui y El País sólo conocen la parte final del gobierno Arias y Diario 16 aparece cuando el de Suárez ya ha dado los primeros pasos.

El comportamiento de todos ellos hasta la celebración de las elecciones y el tratamiento que dan a los actos de gobierno y a las propuestas de la oposición es la materia esencial de nuestro análisis. El año y medio posterior hasta que se aprueba la Constitución es objeto de una atención más tenue, dada la mayor coincidencia de posicionamientos, con el único caso de El Alcázar, cuyo protagonismo en la oposición a la democracia y la invocación al golpismo requieren tratamiento más extenso. En el caso de los vascos Deia y Egin, aparecidos respectivamente una semana antes y diez semanas después de las elecciones, su comportamiento político después de estas es muy relevante por las posiciones de abstención y negativa en el voto a la Constitución defendidas por las fuerzas nacionalistas a las que están vinculados uno y otro diario.

La parte destinada a «Periodistas y políticos» ofrece tres capítulos que tratan del comportamiento político de los periodistas y a sus relaciones con los partidos y dirigentes políticos, aunque de menor exhaustividad y alcance que los resultados obtenidos del estudio de los diarios. En primer lugar, un ejercicio colectivo y anónimo de memoria profesional a cargo de los quince periodistas, participantes en la citadas tres sesiones de grupos de discusión, que formaron parte de las redacciones de varios de los diarios analizados. El segundo capítulo recoge los resultados de cuatro entrevistas en profundidad a políticos y periodistas, mientras que en el tercero de reproducen las reflexiones efectuadas por otros tres periodistas participantes en un seminario de investigación. Aunque menos exhaustivos que los de la parte dedicada a los diarios, los resultados del proyecto ofrecidos en esta segunda dedicada a las relaciones entre periodistas y políticos ofrecen datos y reflexiones de gran interés.

El libro se completa con un epílogo en el que se establecen unas conclusiones sumarias y se propone una interpretación sobre los límites y excesos del llamado «parlamento de papel» en lo que atañe al papel de la prensa diaria durante la Transición.


Durante el proceso de preparación editorial de este libro, ha fallecido súbitamente uno de los autores, a causa de una afección cardíaca. Josep Maria Sanmartí Roset (Barcelona 1945 – Madrid 2017) fue durante veinte años corresponsal político del diario Avui en Madrid y más tarde se incorporó a la docencia e investigación universitarias. Siendo profesor de periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid se incorporó al equipo del Grup de Recerca en Periodisme de la Universitat Pompeu Fabra para la realización del proyecto de investigación sobre el papel de la prensa diaria durante la Transición, cuyos resultados se exponen en este volumen. Los compañeros, que no olvidaremos el gozo de su amistad y bonhomía, queremos destacar la valiosa colaboración de ese excelente investigador, que ha sabido poner al servicio del conocimiento la experiencia vivida como periodista durante el período objeto de estudio. Los lectores podrán apreciarlo en los capítulos que llevan su firma.

1. Luis María Ansón: «La Monarquía de todos», ABC, 21 de julio de 1966.

2. «Retirarse a tiempo: No al general De Gaulle», Madrid, 30 de mayo de 1968.

3. «El papel de la prensa diaria en la Transición. Cobertura informativa y comportamiento político de periódicos y periodistas», CSO 2012 36774. Investigador principal: Jaume Guillamet. Equipo de investigación: Marcel Mauri, Carles Pont, Ruth Rodríguez, Francesc Salgado, Christopher Tulloch, David Caminada, Rita Luis y Anna Nogué (Universitat Pompeu Fabra), José María Sanmartí (Universidad Carlos III) y Jezabel Martínez (Universidad de Sevilla).

I.

EL CAMBIO VIGILADO

1. EL CAMBIO VIGILADO

Jaume Guillamet Christopher D. Tulloch

En el primer gobierno del rey –segundo presidido por Carlos Arias Navarro, que se aferró al nombramiento por cinco años hecho por Franco en enero de 1974–, el Ministerio de Información y Turismo fue confiado al diplomático Adolfo Martín-Gamero y González-Posada, nieto de académicos. Para la Dirección General de Coordinación Informativa, se nombró al veterano periodista Carlos Sentís, hasta el momento director de Radio Barcelona y presidente de la Asociación de la Prensa de esta ciudad.

El resultado más visible de la nueva orientación política fue la aparición de dos nuevos diarios –Avui, 23 de abril de 1976 en Barcelona, y El País, 4 de mayo, en Madrid–, cuya autorización fue saludada como símbolo de la nueva época que se abría. El permiso otorgado al primer diario en catalán de la postguerra, a finales de enero de 1976, se ha atribuido personalmente a la gestión de Sentís, formado en la prensa catalanista de los años 1930, y su salida a la calle se aceleró por temor de sus editores, vinculados a la oposición catalana, a una eventual marcha atrás del gobierno (Cadena, 2004). En el caso de El País, la autorización había sido concedida el mes de septiembre anterior a una empresa entre cuyos promotores figuraban Manuel Fraga Iribarne, que en el momento de su aparición es vicepresidente político y ministro de Gobernación, y José María de Areilza, que es ministro de Asuntos Exteriores. Su publicación fue resultado de un proceso más largo y meditado de preparación (Seoane y Sueiro, 2006).

La aparición de una primera tanda de nuevos diarios se completó este mismo año con Diario 16, el 18 de octubre, promovido por los editores del semanario Cambio 16, vinculados a la oposición antifranquista, y un vespertino de vocación popular sensacionalista, Catalunya Express, el 14 de diciembre, en Barcelona, perteneciente al grupo editor del semanario Mundo y de Mundo Diario. En vísperas de las primeras elecciones democráticas, aparecería en Bilbao Deia, 8 de junio de 1977, órgano oficioso del Partido Nacionalista Vasco, y el 29 de septiembre de ese mismo año en Hernani Egin, portavoz de la izquierda abertzale vasca.

En todos los casos, las autorizaciones de esos nuevos periódicos y otros más, antes y después de las elecciones, se llevaron a cabo siguiendo lo establecido por la Ley de Prensa e Imprenta aprobada en abril de 1966, por iniciativa del entonces ministro de Información y Turismo Manuel Fraga Iribarne, con las preceptivas autorización e inscripción en el Registro Oficial de Empresas Periodísticas. Hasta el 1 de abril de 1977 no procedería el gobierno presidido por Adolfo Suárez, nueve meses después de su constitución, a la derogación de los artículos 2 y 69 relativos a las limitaciones a la libertad de prensa y las sanciones relativas a su infracción. En lo demás, dicho texto legal seguiría vigente hasta que la aprobación de la Constitución, el 6 de diciembre de 1978, anulara automáticamente la mayor parte de su articulado.

Las limitaciones establecidas por el artículo 2 a la libertad de prensa, proclamada en el artículo 1, eran las siguientes:

el respeto a la verdad y a la moral; el acatamiento a la Ley de Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales; las exigencias de la defensa Nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y la paz exterior; el debido respeto a las Instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa; la independencia de los Tribunales, y la salvaguardia de la intimidad y del honor personal y familiar.

Según el artículo 39 de la ley, la responsabilidad de cualquier infracción recaía en el director del periódico, con independencia de las responsabilidades de orden penal o civil que puedan recaer sobre otras personas.

El nuevo equipo ministerial de Martín-Gamero anunció una única medida liberalizadora cual fue la desaparición de la censura cinematográfica (30-1-1976),1 a la vez que el propósito de regulación expresa por el Consejo de Ministros de las publicaciones de carácter erótico (1-2-1976).

LA VIGENCIA DE LA LEY DE PRENSA

El cambio más apreciable en la aplicación de la Ley de Prensa durante los primeros gobiernos de la Monarquía fue el final de la arbitrariedad con que los gobiernos de Franco la habían interpretado. Así, no había habido respuesta administrativa a las solicitudes sucesivas de Avui como semanario en 1967, ni como diario en junio y noviembre de 1975, hasta la llegada como director general de Carlos Sentís en enero de 1976. A partir de este año, se daría trámite ordinario a las solicitudes de inscripción y autorización de diarios y revistas, sin las demoras arbitrarias del período anterior, de las que los citados ejemplos no son los únicos casos.

La primera solicitud de inscripción de El País en el Registro Oficial de Empresas Periodísticas, en junio de 1972, no recibió trámite hasta marzo de 1975. Los informes político-sociales sobre los accionistas de las nuevas publicaciones que acompañan los respectivos expedientes conservados2 hablan de las «ideas monárquicojuanistas» de Darío Valcárcel, del «peligro» que representa el catedrático de Química de la Universidad de Málaga, Vicente Iranzo, de la «simpatía con el régimen» de Joaquín Muñoz Peirats o de la desafección en «una línea liberal-izquierdista» de Julián Marías, entre los accionistas de El País. De manera similar, ideas separatistas, socialistas y comunistas fueron atribuidas en los expedientes administrativos a los principales promotores de Avui – Jaume Vilalta, Josep Lluís Virós, Jordi Maluquer, Josep Espar, Ramón Fuster y Josep Maria Cadena.

Dentro de la normalidad en la aplicación de la Ley de Prensa, se continuó practicando la instrucción de expedientes sancionadores relativos al artículo 2. Al día siguiente de la muerte de Franco, 21 de noviembre de 1975, se había abierto expediente administrativo por presunta infracción del artículo 2 al semanario Doblón. Unos días más tarde se procedía al secuestro del primer número de diciembre de Cambio 16 por un editorial que la revista consideraba de «claro apoyo al mensaje de la Corona», según lo explicado en la segunda edición. El indulto general otorgado el día 25, tras la jura del rey Juan Carlos I como sucesor de Franco, fue la primera muestra del continuismo que caracterizó el gobierno de Arias, no sólo por la negativa a la concesión de una amnistía general, sino porque contuvo excepciones, como la ya citada en el capítulo introductorio de este libro, relativo al semanario Triunfo, suspendido durante cuatro meses por un artículo titulado «No estamos preparados para el cambio».

El indulto benefició, en cambio, a los directores de los Diario de Barcelona, Ya de Madrid y La Región de Orense, como responsables administrativos de infracciones del artículo 2, así como permitió el levantamiento de una suspensión de cuatro meses al semanario Mundo. El periodista Josep María Huertas Clavería fue indultado de la condena a dos años de prisión impuesta el 26 de agosto de 1975 por la jurisdicción militar a causa del reportaje costumbrista «Vida erótica subterránea», publicado el 7 de junio en Tele/eXprés, que contenía una breve alusión a viudas de militares que habrían regentado casas de citas. No lo fue, en cambio, de la acusación de colaboración con ETA de que fue objeto a principios del mismo mes (Semir y otros, 1978). El caso fue traspasado de la jurisdicción militar al Tribunal de Orden Público, en marzo de 1976, lo que permitió su puesta en libertad el 14 de abril. Se benefició de la amnistía de 30 de julio de 1976, propuesta al rey por el gobierno Suárez.

Las sanciones gubernamentales por infracciones del artículo 2 no se interrumpieron tras la jura del rey ni tras la formación del gobierno. Así, se impusieron multas a los directores de los diarios El Correo de Andalucía de Sevilla (28-11-1975), Heraldo de Aragón de Zaragoza (31-11-1975), La Tarde de Santa Cruz de Tenerife y Diario de Barcelona (22-4-1976) y del semanario Esfuerzo Común de Zaragoza (31-11-1975), además de sendas suspensiones de cuatro meses, por presuntas faltas contra la moral a las revistas El Papus y Papillón de Barcelona (9-3-1976). Aunque en las últimas semanas de 1975 se sobreseyeron cuatro expedientes administrativos a Diario de Mallorca y Mundo Diario por presuntas infracciones del artículo 2 (9-12-1975, 13-12-1975 y 27-12-1975), se ratificó un secuestro del semanario en catalán Canigó (3-12-1976) en relación con el consejo de guerra que había condenado a muerte, en septiembre, al militante de ETA Juan Paredes Manot (Txiqui).

Durante los tres primeros meses de 1976, se sucedieron hasta trece secuestros por el artículo 2 en el apartado de faltas a la moral de Matarratos, Papillón, El Papus, Fotogramas y Muchas Gracias de Barcelona y El Pope de Vigo (28-1-1976, 31-1-1976, 10-2-1976, 12-2-1976, 24-2-1976, 25-2-1976, 2-3-1976, 9-3-1976, 11-3-1976 y 26-3-1976). Tras su aparición en mayo de 1976, el semanario Interviú fue objeto de un primer expediente por el mismo motivo. Pero también sufrieron secuestros semanarios de información general como Sábado Gráfico (26-5-1976 y 3-7-1976) y Gaceta Ilustrada (3-6-1976).

Una modalidad intermedia de actuación administrativa fueron los retrasos forzados en la publicación de revistas semanales, tras cambiar contenidos detectados como presuntamente delictivos durante el depósito previo. Hubo, al menos, cuatro casos durante el gobierno Arias que afectaron a Guadiana (22-4-1976), Destino (6-5-1976), Canigó (7-5-1976) y Cuadernos para el Diálogo (2-6-1976). Los directores de Diario de Barcelona, El Correo Catalán y Avui fueron expedientados por el hecho de publicar el itinerario de la llamada Marxa de la Llibertat, organizada por la organización católica Pax Christi, «sirviendo de convocatoria para la misma» (7-6-1976).

El indicio más grave de resistencia al cambio fue el propósito no consumado del gobierno Arias de secuestrar la edición de 7-13 de junio de Cambio 16 y suspender por cuatro meses la publicación del semanario. La causa: una viñeta en la que Juan Carlos I aparecía bailando a la manera de Fred Astaire sobre el sky-line de Manhattan, a propósito del discurso ante el Congreso de los Estados Unidos en que el rey se comprometió nítidamente a traer la democracia a España. El nerviosismo de Carlos Arias y Manuel Fraga Iribarne ante el comportamiento de la prensa había ido creciendo –«ABC está prudente, el Ya reticente, la prensa de Barcelona, impertinente»–, hasta el punto de que el ministro de Gobernación habría amenazado con aplicar la ley de orden público y meter en la cárcel a los periodistas, como se había hecho con Huertas Clavería (Areilza, 1977: 151, 162, 195-197).

₺671,94