Kitabı oku: «Identificación, nombre propio y síntoma»

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OSVALDO ARRIBAS, ANDRÉS BARBAROSCH, VERÓNICA COHEN, MARÍA GABRIELA CORREIA, DIEGO FERNÁNDEZ, HELGA FERNÁNDEZ, NORBERTO FERREYRA, ALICIA HARTMANN, ADRIANA HERCMAN, JORGE LINIETSKY, STELLA MARIS NIETO, CAROLA OÑATE MUÑOZ, CLARA SALZ, NOEMÍ SIROTA

Identificación, nombre propio y síntoma

Una lectura del Seminario IX


Editorial Autores de Argentina

Identificación, nombre propio y síntoma : una lectura del seminario IX / Osvaldo

Arribas ... [et al.]. - 1a ed . - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Autores de

Argentina, 2020.

Libro digital, EPUB

Archivo Digital: online

ISBN 978-987-87-0676-4

1. Psicoanálisis. I. Arribas, Osvaldo.

CDD 150.195

Editorial Autores de Argentina

www.autoresdeargentina.com

Mail: info@autoresdeargentina.com

Diseño de portada: Justo Echeverría

Diseño de maquetado: Maximiliano Nuttini

Dirección de proyecto e-book: María Gabriela Correia.

Edición y revisión general a cargo de María Gabriela Correia y Verónica Cohen.

Colaboró en la revisión: Alexandra Belnicoff.

Queda hecho el depósito que establece la LEY 11.723

Impreso en Argentina – Printed in Argentina

Índice

Nota a esta edición

Prólogo . Osvaldo Arribas

La estructura de la identificación de sujeto: privación, frustración, castración . Jorge Linietsky/Stella Maris Nieto

La marca, la identificación, la fobia . Diego Fernández/Carola Oñate Muñoz

La identificación en el fantasma: síntoma . Helga Fernández / Adriana Hercman

La letra, la identificación, el nombre . Norberto Ferreyra/Noemí Sirota

De la identificación a la apropiación del nombre . Andrés Barbarosch/Alicia Hartmann

La función del olvido y el nombre propio. De la identidad a la identificación . Verónica Cohen/Clara Salz

Nominación, nombre propio y sujeto . Osvaldo Arribas / María Gabriela Correia

Nota a esta edición

A través del espacio virtual, tenemos el agrado de hacerles llegar la primera publicación en formato de e-book del Curso Intensivo Anual que se dictó en 2018. En él, participamos destacados analistas, todos miembros de la Escuela Freudiana de la Argentina.

Es este un trabajo que fue realizándose con otros, tanto en lo que concierne a la publicación en sí misma, vale decir: la corrección, compaginación, elección de la tipografía y todo lo relativo al cuidado de la edición, como también al contenido de las clases, me refiero a la elección de la bibliografía, la interlocución entre los enseñantes y los interrogantes emergentes en cada reunión de trabajo. Ese intercambio deja traslucir un estilo de transmisión en el que el inconsciente juega su juego. Es por ello por lo que preferimos publicar no solamente lo producido por cada enseñante, sino que además, como es nuestra costumbre, incluimos el texto de la discusión con los asistentes. Porque no hay trabajo ni avance posible en el discurso del psicoanálisis si no es movidos por las preguntas, las dudas, los interrogantes, los puntos de vista diferentes, o mejor dicho, la resonancia que lo dicho tiene para cada quien, la enunciación que desliza de un enunciado, la posibilidad del señalamiento de un lapsus, un error, o un fallido, un tropiezo en el lenguaje que solo puede acontecer y cobra un valor cuando hay otro allí escuchando. Y aunque este no sea el lugar para interpretarlo, nos permite simplemente leerlo y darle entonces un lugar.

La decisión de publicar en formato de e-book nos posibilita trascender no solo las barreras geográficas, sino contemplar además nuevos hábitos de lectura propiciados por las nuevas generaciones de analistas y por los no tan nóveles que hemos incorporado esta modalidad, que ya es de uso corriente en estos tiempos que nos toca transitar. Fuimos motivados por el deseo de dejar testimonio de una porción de nuestro recorrido con otros, por lo que decidimos que este libro tome vuelo para quedarse revoloteando en la nube, en el espacio virtual.

Este e-book va dirigido a aquellos lectores que pretenden formarse en el discurso del psicoanálisis. Esperamos que encuentren en nuestra enseñanza la posibilidad de interrogar su práctica cada vez y un punto de anclaje para trazar luego, supervisión y análisis mediante, el estilo peculiar de cada quien que se autoriza como analista. Es hablando como analizante que el analista puede tomar el compromiso de la enseñanza y la transmisión, es decir, atravesado por su propio inconsciente. Al hacer la enseñanza de barrera al saber, este se descompleta y nos permite, a nosotros, que practicamos el psicoanálisis, tomar la dimensión de cómo estamos implicados en lo que decimos y en un discurso.

“... Enseñantes, pues, fueron ustedes para mí...1”, dice Lacan dirigiéndose a su auditorio en una contundente crítica a cualquier modo que se precie de ser llamado enseñanza, si no se considera que “... es donde está el S sujeto barrado que se encuentra el enseñante, lo que no implica que lo haya siempre en el Sujeto barrado...”.

Esperemos que estas letras que hoy emprenden su vuelo les permitan a ustedes, en algún momento, hacerlos tropezar con el deseo de enseñante, también, alguna vez.

María Gabriela Correia. Abril de 2020.

Responsable de la Secretaría de Publicaciones

1 J. Lacan: Alocución sobre la enseñanza. Otros escritos. Ed. Paidós.

Prólogo

La Secretaría de Publicaciones reunió en este e-book 14 clases dictadas en el Curso Intensivo Anual correspondiente a 2018 por varios miembros de la Escuela Freudiana de la Argentina, con el título general de “Identificación, nombre propio y síntoma”, mediante el cual se nombraban los principales ejes que vertebraron el trabajo.

Las dos primeras clases las dieron Jorge Linietsky y Stella Maris Nieto, con el título “La estructura de la identificación de sujeto: privación, frustración, castración”, ambas clases estuvieron referidas especialmente a lo que se pone en juego en la constitución del sujeto respecto del rasgo unario, a lo que significa su entrada en la cuenta, como contado y como “contador”, como quien cuenta, se cuenta y se descuenta, respecto de una falta que es estructurante. No hay sujeto sin la entrada del significante en lo real y el agujero que implica. Y de lo que se trata en este punto es de la identificación constitutiva del sujeto, no de las sucesivas identificaciones que vienen después.

Luego siguieron Diego Fernández y Carola Oñate Muñoz, que tomaron la articulación relativa a “La marca, la identificación, la fobia”. La marca de la que se trata no es otra que la marca de un deseo, un deseo que, de no estar marcado a su vez, desata la fobia como una estrategia propia del sujeto destinada a defenderse y permitirle sostener su “propio” deseo, su marca, frente a la inmensidad de un deseo materno que, sin marcas que lo definan, puede asfixiarlo.

Por su parte, Helga Fernández y Adriana Hercman se enfocaron en “La identificación en el fantasma: síntoma”, es decir, en la relación del síntoma con la identificación sostenida en el fantasma. Cuando se produce la identificación el sujeto cuenta y descuenta, y lo que descuenta lo descuenta para contarse como Uno, pero lo descontado retorna y se hace contar como falla en la cuenta, como un resto incontable en el síntoma.

Norberto Ferreyra y Noemí Sirota trabajaron “La letra, la identificación, el nombre”. Siempre hay una falla en el proceso de identificación, una falla propia de la estructura, una falla en el movimiento de representación que siempre deja un resto. Esa falla se traducirá luego en la falta que el sujeto habrá de elaborar. La identificación no es la alienación, o al menos, no es la alienación sin la separación. La identificación es necesaria para que uno le hable a otro, a su semejante, desde un lugar discriminado en el que se sostenga, aunque claro que no sin síntomas de un plus, un resto, dado que el resto y el otro presentifican la inminencia del goce.

¿Y el nombre? ¿El nombre nos identifica? ¿O acaso “El nombre es lo que puede nombrar con éxito el fracaso de la identificación”?

Andrés Barbarosch y Alicia Hartmann encararon la cuestión que va “De la identificación a la apropiación del nombre”, lo cual significa una discriminación entre ambos términos, que no son sinónimos ni se implican mutuamente, pues identificación no implica, necesariamente, apropiación. Sin esa discriminación de los términos no se podría decir que el neurótico es un “sin nombre”, alguien que ofrece su castración al goce del Otro, que sacrifica su propia existencia para garantizar la del Otro, y que por eso no se apropia del nombre y lo ofrece al goce del Otro. Recién en el análisis pueda quizás encontrar una posición subjetiva que le haga valer, para él y para los otros, su propio nombre.

Verónica Cohen y Clara Salz tomaron la línea que se sigue de “La función del olvido y el nombre propio. De la identidad a la identificación”. El nombre cumple la función de nombrar, y el sujeto lo adopta, adopta su nombre, se identifica a ese nombre con el que el otro lo identifica, o bien, a veces, sucede que lo rechaza, ya sea total o parcialmente. Se da el caso de que algunos adoptan su primer nombre y rechazan el segundo, o viceversa, pero apropiarse del nombre es la marca del paso a otra cosa, y es un pasaje necesario que va de la alienación a la separación. El nombre propio es extraño y familiar, viene del Otro y queda en cuestión hasta que el sujeto puede hacer algo con él.

¿Por qué los nombres propios serían más apropiados para el olvido que cualquier otra palabra? Uno puede olvidar un sustantivo y sustituirlo por otro, una palabra por otra palabra similar, pero cuando se trata del nombre propio no se lo puede sustituir por cualquier otro, el nombre propio es insustituible, por eso su olvido es siempre notorio, indisimulable. No hay metonimia que alcance para sustituir la metáfora del nombre.

Y en este “libro”, por último, tenemos las dos últimas clases que dictaron el que suscribe estas líneas, Osvaldo Arribas, y María Gabriela Correia, que se ocuparon de hacer algunas puntuaciones acerca de la articulación “Nominación, nombre propio y sujeto”.

El nombre propio es una inscripción, una marca, que pierde el sentido para consolidarse como tal, como marca, como letra, como escritura, como nombre. Pero sabemos que el nombre propio del enunciado no alcanza a nombrar el sujeto de la enunciación, es decir, al que habla con y en esos enunciados, pero pretende hacerlo, pretende nombrarlo, busca suturar ese agujero entre enunciado y enunciación, ese mismo agujero que se abre o se deja ver, se hace notorio, salta a la vista, cuando se produce el olvido de un nombre propio. La interpretación es una lectura en transferencia de ese acontecimiento, un descifrado del cifrado del inconsciente. Una lectura que distingue las operaciones que significan traducir, transcribir y transliterar.

La “conjetura de Lacan” dice que es porque algo se lee, en lo que se escucha, que hay escritura. Es decir, se escribe, se puede escribir, porque algo fue escuchado, en el nudo de los tres registros anudados por la función del significante del Nombre del Padre. Sin la inscripción de este significante primordial no hay inscripción de ese vacío, de esa falta que permite la sustitución y el funcionamiento de la metáfora.

Esta breve puntuación de las clases, a guisa de prólogo, se hizo tomando expresiones y articulaciones presentadas en cada una de ellas, y solo pretende despertar interés e incitar a la lectura. Esperamos que las trabajen y las disfruten. Una cosa no quita la otra.

Osvaldo Arribas

Abril de 2020.

La estructura de la identificación de sujeto: privación, frustración, castración

Jorge Linietsky/Stella Maris Nieto

Jorge Linietsky

Me ha tocado hacer la apertura del Curso Intensivo de este año. El Curso Intensivo ya es un espacio instituido, consolidado en la Escuela. Todos los años que damos el Curso Intensivo, de él luego salen libros que se han publicado, se venden aquí en la Escuela, y son muy, muy aprovechables. Algunos temas son tan importantes que constituyen libros de referencia.

Entonces, esto en primer lugar, para mí es un honor abrir el Curso Intensivo. En ese sentido quiero no solo agradecer, sino felicitar a la iniciativa de nuestra secretaria de Enseñanza, Marta Nardi, felicitarla por la idea, el armado y la organización de este Curso, y también a los corresponsables de la Secretaría de Enseñanza: María Gabriela Correia, Patricia Mora, Gabriela Odena, Marta Rodríguez, Juana Sak y Perla Wasserman. Muy agradecido por todo, por el trabajo de organización, esto hay que organizarlo, hay que armar la temática, y requiere un trabajo importante de la Secretaría de Enseñanza.

El título de hoy parte de algo que se llama “la identificación de sujeto”. Yo me voy a limitar a hablar solo de eso, de la identificación de sujeto.

Es un tema que ya hemos trabajado años atrás en la Escuela y es un tema tan importante que siempre hay que estar retomando estas cuestiones. En la Escuela es muy habitual, en los espacios de Enseñanza, el modo en que podemos volver una y otra vez desde distintas perspectivas, desde distintos ángulos, sobre temas que han sido trabajados ya previamente.

El título, en primer lugar, habla de la identificación. Pero recorta muy bien la identificación “de” sujeto; no “del” sujeto. Hablar de identificación no se confunde con hablar de las identificaciones. Esto es una primera aclaración que necesitamos hacer. El plural de las identificaciones puede situarse, por ejemplo, en el capítulo VII de Psicología de las masas. Freud enumera una serie de identificaciones diversas, la identificación primaria, las del Yo, las del Ideal del Yo, las identificaciones histéricas en el síntoma histérico, la identificación melancólica. También podemos incluir las identificaciones de las fantasías, o podemos decir, ya con Lacan, la identificación del objeto a, objeto del fantasma.

Todas estas son identificaciones, identificaciones inconscientes que tienen que ser dilucidadas en el trabajo del análisis. Muy bien. Pero cuando hablamos de la identificación, en singular, no hablamos de las identificaciones, estamos en otro campo. Se podría dar lugar a un equívoco si nosotros pensamos que la identificación está dicha, nombrada, en forma genérica; estaría bien dicho decir que Freud en Psicología de las masas en el capítulo VII se ocupa del campo de la identificación. Estaría bien, es la identificación genéricamente.

El tema es que no se trata de esto, la identificación no la estamos planteando genéricamente porque sería equivalente a las identificaciones. Cuando se habla de la identificación en singular y en particular el título de esta clase: “La identificación de sujeto”, esto solo se recorta, se reserva, hablar así, para la identificación que hace al sujeto, como una identificación constitutiva del sujeto, no del yo. Esta identificación de sujeto es el ancla, el amarre mismo del sujeto. Esta identificación constitutiva del sujeto, su soporte, su materia prima, ¿de qué está hecha? Esta identificación de sujeto está hecha de rasgo unario.

Es la dimensión, es una otra dimensión, es la dimensión del sujeto en la cuenta. El sujeto como contado y el sujeto como contador. Es el sujeto contado como un Uno, no como uno, como un Uno. Este tema del rasgo unario del sujeto contado como un Uno es poco creíble dado que todos creemos, porque somos lacanianos, en el significante, en el lenguaje, en la palabra, Función y campo de la palabra y del lenguaje, función de la palabra campo del lenguaje. Y estamos habituados los analistas, lo dice así Lacan en la primera clase del seminario de la identificación (no las identificaciones). Todo lo que estoy desarrollando es sobre la base del Seminario IX: La identificación, y sobre el final, voy a desarrollar, del Seminario VIII: La transferencia, donde Lacan realiza la introducción de este operador del rasgo unario.

Lacan dice en La identificación que los analistas estamos habituados, lo dice así, y a mí me creó un equívoco por varios años:

“Para los analistas toda identificación es una identificación significante”.

Entonces yo entendí, muchos años atrás, no hace poco, hace muchos años atrás yo creía esto, que para los analistas toda identificación es identificación de significantes, y esto lo seguí escuchando en los colegas, toda identificación es identificación de significante, y entonces esto se sostuvo. Esto quiere decir que no había advertido cómo Lacan presentaba la identificación de sujeto, no me avivé, ¿estás avivado? Vieron cuando se decía “¿estás avivado?”, bueno, esta la entendí mal. Es así, Lacan dice que para avanzar es necesario “malentenderme”. Yo he recorrido muchas veces, varias veces, el malentender y seguramente lo sigo haciendo y seguiré haciendo. En la lectura hay pasos que tienen que ser gastados, recorridos, y esto quiere decir que necesitan del malentendido para avanzar. “El deseo es el deseo del Otro”. Con esa fórmula... la vas a malentender.

Entonces, “toda identificación es identificación al significante”. Bueno, no, esto es lo que vamos a hablar hoy. Esta identificación al rasgo unario es una identificación insituable. Porque la identificación de significante, al significante, es situable, es a tal significante que va a articularse en el decir del analizante. Eso es situable. Esta del rasgo es insituable. Pero hay algo en común entre la identificación al significante y la identificación al rasgo unario: ambas son localizables en el campo de la enunciación. La identificación al significante va a ser leída siempre en el campo de la enunciación por el hecho de que se hable. Muy bien. El campo de la enunciación, dice Lacan, siempre concierne al deseo, a la estructura del deseo. Es eso lo que se tramita en la enunciación. No quieran buscar en la enunciación conceptos de la filosofía, de la religión. La enunciación solo se ocupa, dice Lacan en el Seminario XI: Los cuatro conceptos fundamentales para el psicoanálisis, “es el deseo lo que está en juego”.

Pero la función de la cuenta también juega en la enunciación. La enunciación es la enunciación inconsciente, uno habla y no sabe lo que dice. Ahí tenemos el campo de la enunciación. La función de la cuenta también puede ser leída en el campo de la enunciación de otra manera, en otra dimensión. Quiere decir que el sujeto ignora la función de la cuenta.

¿De dónde parte Lacan para tomar este término de rasgo unario? Parte del capítulo VII de Psicología de las masas, titulado “La identificación”, en donde Freud habla de la Einziger zug. La Einziger zug es un rasgo ein, ein en alemán es uno.

El punto es el ein, es uno. Lo que Freud indica es un rasgo uno, único. Viene de ahí. Entonces, ¿dónde opera el rasgo único? Él lo ubica fundamentalmente en la identificación histérica, como opera el rasgo freudiano, esto quiere decir que es un rasgo significante. ¿Por qué es un rasgo único? Porque la histérica se identifica no a la persona total del otro, sino a un rasgo único. Eso es Einziger zug.

Fíjense cómo opera, de paso vemos alguna punta sobre la identificación histérica. Tomemos la epidemia de las internadas. Voy a hacer un cuadrito simple:


Hay una histérica, a la que llamo en este cuadro “histérica cero”, que no nos interesa porque no es ahí donde estudiamos la histeria. El síntoma histérico lo vamos a estudiar en la histérica 1 y en la histérica 2. Por eso puse sujeto barrado, en ese campo. La histérica 0 está en el campo del Otro para cada una de las otras, por eso no nos interesa, porque está en el campo del Otro. Entonces, la histérica 0 recibe una carta de despecho, y entonces, desmayo. Entonces se desmaya, y las otras empiezan a desmayarse. ¿Por qué se desmayan? Freud dice que es porque hay una comunidad con la 0 en el deseo inconsciente. Quiere decir que de lo que se trata es por qué estamos hablando del Einziger zug freudiano. Me detengo en esto porque tenemos que ubicar la diferencia con el rasgo unario de Lacan. En este caso este síntoma se trata de que la histérica 0 va al campo del Otro de cada una, de la 1 y la 2, y entonces, ella produce un significante que es el desmayo. El desmayo es un significante que articula una falta, pone el desmayo al deseo en posición de objeto. La histérica, como ha clivado la demanda respecto del deseo, busca el deseo en el campo del Otro. En la vida demanda, quiere ser elegida, preferida, única, cree que eso es lo que desea, ser amada, ser especial. Cree que eso es el deseo, pero esa es la demanda. El deseo está rechazado, pero es buscado en el campo del Otro como un objeto. El desmayo recorta un objeto que es una falta para estas histéricas. Entonces, se identifican al rasgo unario. Este rasgo unario freudiano porque es el significante de esa falta. Entonces, ¿qué es el significante de la falta? Ustedes ya lo saben, se llama phi mayúscula , falo simbólico. Este significante es el significante del deseo, es el significante que recorta y articula el deseo en el campo del Otro. Entonces, se identifican al falo como significante en el desmayo, y han situado en el inconsciente, es decir, en el síntoma, al deseo mismo; es torpe. Es jodido en la histeria porque no vienen al deseo, el deseo queda articulado en el síntoma. Bueno, acá tenemos una identificación al significante fálico que Freud lo llama Einziger zug. Pero es una identificación de significante.

Muy bien, vamos a leerlo desde el rasgo unario de Lacan. Las histéricas 1 y 2 han encontrado un Uno en el campo del Otro, un rasgo unario, pero lacaniano, esta función de la cuenta. Eso recorta un Uno, pero ustedes van a decir: “¿No es el significante fálico?”. Sí, es el rasgo unario de Lacan soporte del significante fálico. Cuando es recortado un significante del campo del Otro está la función de Lacan del rasgo unario. Han recortado un Uno que permite una identificación de sujeto en el síntoma.

Son dos Uno distintos, una cosa es el Uno en la función significante y otra cosa es el Uno en la función de la cuenta. Contar un Uno y eso ya da un soporte al sujeto como cuenta, a la identificación de sujeto que no es lo mismo que decir la identificación al deseo del Otro. Estamos en otro plano.

El rasgo unario ya no indica en Lacan el carácter de único (freudiano), sino el carácter de “un uno” contable, de un uno unario, de la unariedad, no de la unicidad.

Esta es la primera distinción que establezco respecto del rasgo unario como identificación de sujeto, y la identificación de significante.

Juanito. El significante caballo que él encuentra en el campo del Otro como significante es el significante fálico, es el significante de la falta. El objeto fobígeno es el significante fálico, por eso Lacan dice que la fobia es un deseo prevenido, tiene la estructura del deseo como deseo prevenido porque anticipa la falta. Y si vos querés anticipar la falta tenés que ir a morir al significante fálico. El desmayo presenta que hay una falta en el campo del Otro en la histérica 0. Muy bien, Juanito recorta el significante fálico en el caballo. ¿Por qué es el significante fálico? El caballo es potencia, es un pene gigante, es el padre, dice Freud. No. El caballo es un caballo que se cae. Es otra cosa. Ven que ahí hay una inconsistencia que el significante caballo aísla y recorta muy bien en la fobia.

Entonces, Juanito recorta el significante fálico, pero nosotros podemos decir que el significante fálico es una suplencia del nombre del padre que realiza una metáfora, la metáfora fóbica, que hace que la fobia sea un poema. Lacan llama a la fobia un poema porque hay una metáfora, es una suplencia del padre.

Entonces, ¿cómo es?, ¿es una suplencia del padre y es el significante fálico? Sí, es muy complejo el estatuto, la estofa del significante fóbico. Pero podemos decir, de vuelta, que Juanito recorta un Uno, encuentra un Uno en el significante caballo. Ese Uno es otra cosa que el significante fálico y que la suplencia del significante del padre. Es un Uno al cual el sujeto se identifica como un Uno, en el plano de la cuenta. Por eso Lacan dice que el rasgo unario es el soporte del significante. Es el soporte del significante porque cada significante es un Uno. Como cada significante es un Uno, tenemos a Anna, el caballo. ¿Se acuerdan de las fórmulas de Lacan del Seminario IV? Cada significante es un Uno.

Si el sujeto no viene a la operación estructurante del rasgo unario no entra la dimensión del significante, estamos en el autismo, ¿se ve? Esto quiere decir que poder contar significantes, los significantes son unos, la operación del rasgo unario es constituyente porque sitúa para el sujeto la dimensión de la cuenta, contarse, contar significantes.

Muy bien. Esta estructura del rasgo unario como identificación de sujeto es el trazo de estructura más simple. Lacan dice así: se mantiene absolutamente despersonalizado de toda estructura subjetiva. Está claro. Está despersonalizado de toda estructura subjetiva. No quiere decir nada, está despersonalizado. Dice así: deshabitado de toda variación que lo supere. Interesante. Por ejemplo: no es sustituible por otro rasgo unario, es la función más simple de un uno, de un uno contable. No entra en la metonimia, abre la posibilidad de la metonimia. En la metonimia hay unos, hay significantes que juegan y ponen en juego un uno en cada significante. Esto es simple porque el significante es más complejo. El significante tiene una batería de significantes, está en cadena, se llama “la batería significante”, la cadena significante. Las operaciones metafóricas son el cruce de dos cadenas significantes. Esto es más simple, es la cuenta del uno. Este trazo —esto es fundamental— está presente o falta. Entonces, esto abre dos estructuras, podríamos llamarlas clínicas, la estructura en donde falta y la estructura en donde está presente. Es simple, él dice que está despersonalizado, está deshabitado de toda variación que lo supere. Sí, es simple, pero hay dos estructuras. El problema con el rasgo unario es que esté presente, que esté en función, o no esté presente. Abre dos estructuras a las que Lacan les pone un nombre, dos posiciones del sujeto: “la posición kafkiana” y “la posición pascaliana”. Esta es una clínica novedosa que abre Lacan en el Seminario IX: La identificación y nos abre otro plano para la escucha que la escucha del significante.

Por ejemplo: las situaciones de emergencia, ustedes reciben situaciones de emergencia o momentos en donde la estructura se pone grave. Tienen pacientes en que de repente todo está mal: melancolización, reacciones catastróficas, así lo llama Lacan en el Seminario X: La angustia, situaciones de estar a la deriva, crisis violentas, pasaje al acto. Estamos en situaciones de emergencia. Esto es muy importante. La emergencia hay que abordarla con esta clínica. Las primeras operaciones requieren que podamos leer si el sujeto está en la posición kafkiana, seguramente. Quiere decir que el rasgo unario no está presente, no puede contarse, no puede situarse. Cuando la función de la cuenta no está operante eso hace a la emergencia. Está en la posición kafkiana. Entonces, la operación sobre la emergencia es con el rasgo unario, no es la interpretación del significante. O, en todo caso, uno puede utilizar la operación del significante para atraer al sujeto a la función de la cuenta. Cuando el sujeto viene a la identificación de sujeto, si no está en función, es la posición kafkiana, la identificación de sujeto. Si ustedes quieren ponerla en juego, va a aparecer la dimensión de la cuenta del sujeto, ¿dónde? En la enunciación.

Entonces, la cuenta del sujeto no es la consciencia de sí. Introduce la posibilidad de la lectura ahora que ha advenido la función de la cuenta. Entonces, eso va a orientar el discurso. Si el analista puede articular la función de identificación de sujeto, esto quiere decir, puede sostener proteger la institución de eso, no la interpretación, la institución de la posición de la identificación de sujeto. En ese punto eso va a orientar en el discurso del analizante.

Vamos a decir que eso va a volver a traer al sujeto a la dimensión del deseo. Para traer al sujeto de la posición kafkiana a la dimensión del deseo eso depende de la operación sobre el rasgo unario. Esto quiere decir que el analista esté atento a la función de la cuenta, que advierta que falta la cuenta. Por ejemplo, cuando falta la cuenta pueden pasar estas cosas que han visto. ¿Qué hace? Se cortan los brazos, se queman los brazos con cigarrillos y entonces esa marca reestablece torpemente lo que está faltando en otro lugar que es la función de la cuenta. Está faltando la identificación de sujeto.

¿Cómo se instituye, se funda, esta estructura de la cuenta? Esta identificación constituyente de sujeto es un punto de amarre del sujeto. Se trata de esa cosa tonta, una cuenta, que se cuente. Sí, pero la cuenta introduce un corte. Que no es el corte del significante, es el corte de la cuenta. Si el sujeto está en la posición kafkiana y hay una operación por donde adviene a la posición pascaliana, que quiere decir la apuesta de Pascal, que es la apuesta del significante, la entrada en el trabajo analítico, la constitución del sujeto supuesto saber. Todo eso es pascaliano, es la posición pascaliana del sujeto, pero tiene como soporte la identificación de sujeto.

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314 s. 24 illüstrasyon
ISBN:
9789878706764
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