Kitabı oku: «Innovación por dentro»
Alfredo Calvelo
Innovación por dentro
Análisis de innovaciones disruptivas en la industria de los alimentos

Calvelo, Alfredo
Innovación por dentro : análisis de innovaciones disruptivas en la industria de los alimentos / Alfredo Calvelo. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2020.
Libro digital, Amazon Kindle
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ISBN 978-987-8387-11-6
1. Innovaciones. 2. Estrategias. I. Título.
CDD 658.4063
© Alfredo Calvelo, 2020
© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2020.
Cerrito 136 Piso 3°A.
Ciudad Autónoma de Buenos Aires
C1010AAD. República Argentina
Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336
www.editorialtemas.com www.editorialtemasdigital.com
ISBN 978-987-8387-11-6
1ra. edición, agosto de 2020
Comité TEMAS Grupo Editorial
Dirección: Jorge Scarfi
Coordinación general: Julieta Codugnello
Supervisión general: Betiana Cabutti
Diseño editorial: Caterina Tabbia
Conversión a formato digital: Libresque
Diseño de cubierta: María Inés Nethol
Corrección general: Julieta Berardo
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.

ALFREDO CALVELO
(Buenos Aires, 1940), es Doctor en Ciencias Químicas de la Universidad de La Plata. Su carrera profesional se desarrolló en dos etapas: una dedicada a la docencia e investigación científica y otra, posterior, al desarrollo de productos y procesos.
En la primera etapa fue Profesor de la Universidad Nacional de La Plata durante 18 años. Durante ese tiempo también se desempeñó en la Carrera del Investigador Científico del CONICET y tiene numerosos trabajos de investigación sobre ciencia y tecnología de los alimentos publicados en revistas internacionales.
Fue organizador y luego director durante 12 años del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA) dependiente de la Universidad de La Plata, el CONICET y la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires.
En su segunda etapa, a partir de 1986, se dedicó al desarrollo de nuevos productos y procesos en la industria alimentaria desempeñándose durante casi 20 años como Gerente de Investigación y Desarrollo en Molinos Rio de la Plata donde participó en el desarrollo de más de 400 productos lanzados al mercado por esa Empresa.
Actualmente es Asesor de Desarrollo y Calidad en La Cumbre San Luis S.A. (Hileret), Profesor en el Master Internacional en Tecnología de los Alimentos (MITA) Facultad de Agronomía UBA - Universidad de Parma (Italia) y Miembro Titular de la Academia Nacional de Ciencias Exactas Físicas y Naturales (ANCEFN).
Prólogo
En general, mucha gente tiende a interpretar la innovación como algo mágico, como un acto de inspiración, y si bien esto último es en parte cierto, no todo es tan etéreo. Por el contrario, para que se produzca el acto inspirativo, es necesario disponer en la mente, muchos elementos que solo se adquieren trabajando duramente. Thomas Edison, uno de los inventores más prolíficos, decía que el genio era 1% de inspiración y 99% de transpiración, lo que Pablo Picasso confirmaba afirmando que la inspiración existe, pero es bueno que cuando llegue, uno se encuentre trabajando.
El poder desenganchar la innovación, al menos en gran parte, de la inspiración, es después de todo una buena noticia, ya que entonces la hace menos dependiente de la genialidad de unos pocos y más accesible a todo el resto. Hoy en día se concibe la creatividad como una habilidad desarrollable.
Sin embargo, una vez aceptado que hay que trabajar duro y permanentemente, resta un problema por resolver: establecer el camino, la metodología, el estilo de pensamiento que conduzca primero a ideas novedosas y luego a innovaciones exitosas.
La idea de este libro se remonta a la década de los 70´s cuando en la televisión argentina pasaban una Serie producida por la BBC denominada Connections. El presentador era James Burke, un historiador de ciencia y en cada episodio se presentaba la historia de un invento exitoso, describiendo las invenciones y descubrimientos previos, a veces fortuitos y a veces direccionados, que se habían concatenado para confluir finalmente en la innovación. Esa serie me parecía mágica, porque lograba destacar las circunstancias que debían darse a lo largo del tiempo para que finalmente saltara la idea disruptiva, la innovación brillante, que abría la puerta hacia un mundo distinto.
Con el tiempo, e inmerso en mis tareas de investigador del CONICET, de esa Serie solo me quedó un resabio, una sensación en algún lugar de mi mente, de que en las historias de las grandes innovaciones, debía haber alguna clave oculta capaz de revelar una suerte de procedimiento sistemático para la generación de las mismas.
Paralelamente, siempre me interesaron las curiosidades que guardan las historias y mitos sobre los alimentos. Desde la salsa Golf inventada en 1925 por Federico Leloir en el Golf Club de Mar del Plata, hasta la muerte de Sir Francis Bacon en 1626, por una neumonía que se pescó experimentando, en pleno invierno, la congelación de un pollo rellenándolo con nieve del porch de su casa.
Más tarde, ya trabajando en Molinos Rio de la Plata como Gerente de Investigación y Desarrollo, viví durante muchos años la práctica del desarrollo de nuevos productos, con las inevitables presiones que generan los desafíos de llegar en tiempo y forma.
Después de un tiempo, apareció la oportunidad de transmitir la experiencia acumulada y estructure la Cátedra de “Desarrollo de Productos” en la Facultad de Ciencias Agrarias de la UCA. Eso me obligó a sistematizar mis experiencias en la industria y a leer mucho y multidisciplinariamente, para integrar los diversos conceptos incluidos en el desarrollo de productos. Dicté la materia por varios años, luego continué haciéndolo 8 años más en la Maestría en Ciencia e Higiene de los Alimentos de la Universidad Nacional de La Plata y actualmente soy Profesor del Master Internacional en Tecnología de los Alimentos (MITA) de la Universidad de Buenos Aires donde dicto “Proceso de Desarrollo de Alimentos Funcionales”.
Sin embargo, hace un par de años, preparando una conferencia plenaria para el XVI Congreso Argentino de Ciencia y Tecnología de los Alimentos (CYTAL), misteriosamente, a través de alguna insólita asociación mental, se vinculó aquel resabio de Connections, con mis historias sobre alimentos, y mis Cursos sobre Desarrollo de Productos. Pensé que tal vez valía la pena analizar las grandes innovaciones disruptivas de la industria alimentaria e intentar destacar puntos comunes que permitieran sugerir caminos para llegar a la innovación.
Este libro es el resultado de vincular aquella magia que me maravilló en mis años jóvenes con mis años de experiencia empresarial y docente en el desarrollo de nuevos productos.
La historia está plagada de creaciones brillantes, producto de mentes geniales, y el análisis de las mismas ha permitido establecer algunas pautas y procedimientos, que no solo ayudan a generar nuevas ideas, sino que aumentan la probabilidad de que sean exitosas.
A tal efecto, el análisis de innovaciones, en una especie de proceso de disección, la detección de los elementos que las componen y el papel que juegan, permite muchas veces individualizar cuáles han sido los determinantes de su éxito.
Felizmente, la literatura abunda en historias de innovaciones exitosas, con sus dificultades iniciales y el impacto que finalmente tuvieron sobre la sociedad. Por el contrario y como es lógico, hay menos información histórica sobre innovaciones que potencialmente pudieron ser y nunca fueron (en general, son pocos los que se toman la tarea de documentar fracasos).
Este libro intenta deducir algunas conclusiones sobre las condiciones que requieren las innovaciones para ser exitosas analizando innovaciones disruptivas en la industria alimentaria y determinando cuáles fueron los condicionantes que las impulsaron.
Los primeros dos capítulos están dedicados a introducir al lector en aspectos inherentes a la creatividad. No es propósito de este libro ahondar en este tema que ha sido extensamente tratado en la bibliografía. El objetivo perseguido en los mismos es establecer un lenguaje común y algunos conceptos que faciliten un tratamiento más ágil de la innovación que es el tema específico a tratar en los capítulos siguientes.
Al respecto, en el Capítulo 1 (Cerebro y Mente), se describe someramente el funcionamiento del cerebro desde el punto de vista cognitivo y en especial las funciones que se ejecutan tanto en el consciente como en el inconsciente vinculadas a la generación de ideas.
Por su parte, el Capítulo 2 (Creatividad y Generación de Ideas) se enfoca directamente en la relación mente – creatividad, a efectos de comprender algunas características propias de los procesos creativos, como por ejemplo la aparición de insights y a la vez generar las bases de estilos de pensamiento y actitudes propicias para la generación de nuevas ideas.
En el Capítulo 3 (Innovación) se ingresa específicamente en el tema de la innovación, describiéndose sus distintas expresiones y características. Este capítulo apuntala la estructura del resto del libro, ya que los Capítulos 4 a 10 describen ejemplos de distintos tipos de innovaciones exitosas y trascendentes en la industria de alimentos.
Los casos fueron seleccionados tratando de cubrir los distintos rubros susceptibles de ser objeto de innovaciones: procesos, productos, materias primas, packaging, equipamiento, comercialización y organización empresarial.
Así, el Capítulo 4 (Innovación en Procesos) trata los orígenes del proceso de pasteurización, que entre otras cosas, terminó perfilando la actual industria de alimentos enlatados.
El Capítulo 5 (Innovación en Productos) está dedicado a casos de desarrollo de nuevos productos y describe la llegada al mercado de algunos productos disruptivos como los jugos en polvo, las papas Pringles y la margarina.
Por su parte, el Capítulo 6 (Innovación en Materias Primas) trata de dos innovaciones disruptivas, como la soja transgénica y el glifosato, un herbicida específico, que confluyeron a posibilitar la implementación de una técnica de producción de materias primas altamente efectiva como es la siembra directa.
El Capítulo 7 (Innovación en Packaging), describe la historia de la creación del envase de Tetra Pack y el desarrollo de la tecnología de envasado aséptico, considerada una de las más importantes innovaciones del siglo XX en el campo de envasado de alimentos.
En el Capítulo 8 (Innovación en Equipamiento) se relata la historia del desarrollo, y lanzamiento al mercado del horno de microondas, así como de las adaptaciones realizadas por la industria para su adopción por parte de los consumidores hasta convertirlo en un artefacto común en las cocinas modernas.
El Capítulo 9 (Innovación en Comercialización), describe una forma innovativa de agrupamiento de pequeños productores de miel a efectos de alcanzar volúmenes suficientes como para participar en mercados internacionales, convirtiendo a la Argentina en el tercer exportador mundial de miel, detrás de China y Turquía. También incluye la historia del franchising, otra innovación disruptiva en comercialización.
Finalizando con los tipos de innovación, en el Capítulo 10 (Innovación Organizacional) se presenta el caso McDonald's, que describe la forma en que una innovación organizacional disruptiva, derivó en un exitoso negocio, a la vez que cambió la forma de comer de una buena parte del mundo. También se trata la aparición de los supermercados, otra innovación organizacional que revolucionó los hábitos de compra de los consumidores.
En el Capítulo 11 (Más sobre Innovaciones), se vuelve sobre el concepto de innovación para analizar los mecanismos que las generan así como las características comunes que surgen de los casos descriptos en los Capítulos 4 a 10 destacando los acontecimientos claves, muchas veces fortuitos, que derivaron en que esas innovaciones resultaran exitosas.
Finalmente, el Capítulo 12 (La Innovación en la Industria Alimentaria Moderna) trata sobre la concepción de la innovación en la industria moderna, donde las empresas no pueden dejar libradas a hechos fortuitos las oportunidades de innovación tan críticas para su crecimiento. Al respecto se describen algunas de las nuevas técnicas utilizadas para indagar las necesidades y deseos de los consumidores, así como los procesos sistemáticos y formales utilizados para el lanzamiento de nuevos productos. El capítulo concluye con algunas consideraciones sobre las actitudes de las empresas modernas ante las innovaciones disruptivas.
Agradecimientos
Un libro publicado es algo de inspiración, mucha paciencia y duro trabajo por parte del autor, más la ayuda de mucha gente. Por eso, cuando uno escribe un libro, además de aprender a comunicar y a escribir, tiene que aprender a pedir, algo que a no todos nos resulta fácil. Sin embargo, no hay alternativa, ya que muchos tienen que ayudar para que se concrete el proyecto, apoyando, alentando, leyendo, sugiriendo, conectando, creyendo, confiando y muchísimos gerundios más.
A todos los que respondieron a mis pedidos, mi mayor agradecimiento, porque aportaron generosamente, el bien más escaso de esta época, su propio tiempo. En este sentido, quiero mencionar especialmente a Alfredo Arturi por sus valiosas observaciones sobre los temas de neurociencia y a Jorge Kaplan por su generosa disposición a leer los primeros manuscritos. Sus oportunos comentarios mejoraron significativamente la versión final.
Un especial reconocimiento para Alejandro Melamed, que con la experiencia de tener varios libros publicados, me facilitó contactos y me transmitió parte de su inagotable optimismo. Sus palabras de aliento en los momentos precisos resultaron determinantes para la publicación de este libro.
También quiero agradecer el apoyo y la confianza incondicional manifestada por la Fundación de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, particularmente en la persona del Lic. Alessandro Piovesana, Director de Gestión del Master en Tecnología de los Alimentos FAUBA−Università di Parma.
Mi agradecimiento para Jorge Scarfi y todo su equipo de Editorial Temas, por la calidez, el optimismo y la profesionalidad que pusieron al servicio de este proyecto editorial y una mención especial para María Inés Nethol que interpretó el contenido de este libro en un atractivo diseño de tapa.
Finalmente toda mi gratitud para mi esposa, por su paciencia y comprensión para aceptar silenciosamente mi dedicación a la escritura de este libro, resignando muchos momentos de mutua compañía.
CAPÍTULO 1
Cerebro y mente
Funcionamiento del cerebro
Nuestra actividad mental es el producto de la interacción de cerca de 100.000 millones de neuronas capaces de transmitir transitoriamente impulsos eléctricos de unas a otras en billones de combinaciones posibles.
En 1906, Santiago Ramón y Cajal recibió el Premio Nobel de Medicina por demostrar que las neuronas no están en contacto permanente, sino que se conectan transitoriamente para formar secuencias neurales constituidas por miles de neuronas que en un instante dado se encienden según un patrón determinado.
Cada una de esas secuencias neurales, a lo largo de la cual circula un impulso eléctrico, constituye un trozo de información.
Nuestro cerebro conforma así una red de neuronas propensas a conectarse transitoriamente con sus vecinas, para transmitir información que será distinta según el patrón de conexiones utilizado.
Cada experiencia nueva, cada conocimiento incorporado, cada emoción, se traduce en una nueva secuencia neural. Esto sucede continuamente desde que nacemos.
A la fantástica característica de interconexión de esa “red” neuronal, se agrega otra con connotaciones aún más extraordinarias: el disparo de una secuencia neural deja una huella, o engrama, en las neuronas involucradas de manera tal que, al acceder posteriormente a algún punto de la misma, es posible reproducirla nuevamente en su totalidad. Este mecanismo es el que nos permite memorizar información, para recuperarla más adelante, con solo invocar algún punto de la secuencia neural a efectos de que se dispare nuevamente.
Obsérvese que la información en la memoria está implícita en el engrama de la secuencia neural y solo se hace explícita cuando se dispara nuevamente, producto de una evocación.
Cuantas más veces se utiliza una determinada secuencia, más profundo es el engrama y más fácilmente se reproduce (más accesible y duradero es el recuerdo). Este comportamiento, también, es lo que nos permite “aprender” por repetición. Paralelamente, aquellas secuencias que no se usan se vuelven más débiles con el tiempo.
Otra característica extraordinaria de estas “redes” cerebrales es que el disparo simultáneo de dos secuencias neurales tiende a asociarlas entre sí, de modo que, en el futuro, la activación de cualquiera de ellas puede derivar en la activación de la otra.
Esta capacidad asociativa permite incorporar a la secuencia original otras secuencias ya existentes u otras que están incorporándose, complementándola y enriqueciéndola. Se van formando así bloques de información cada vez más complejos (bloques constructivos de la cognición), que algunos autores han denominado esquemas (Piaget, 1972; Rumelhart, 1981).
Un esquema es, entonces, una secuencia repetible de actividad neural. Es cualquier concepto, idea, pensamiento o imagen que puede repetirse en su forma original cuando algún estímulo determina su aparición. Los esquemas representan el conocimiento a todos los niveles, desde ideologías y verdades culturales hasta la noción de lo que constituye una oración apropiada en nuestro idioma, y forman parte de la llamada memoria de largo plazo, alojada en nuestro inconsciente.
A través de este mecanismo es como se genera la inmensa diversidad de pensamientos que posee nuestro cerebro, la posibilidad de aprendizaje a lo largo del tiempo por incorporación de nueva información a los circuitos establecidos y el “pensamiento creativo”, ya que le permite asociar información dispersa, conectarla de una manera novedosa y generar ideas que nunca antes se habían tenido.
Como consecuencia del mecanismo de asociación, nuestro cerebro está cambiando continuamente en función de las vivencias que tenemos. Por tanto, como se verá más adelante, la información recuperada desde la memoria no es necesariamente igual a la registrada originariamente.
Funcionalmente, nuestro cerebro opera bajo dos modalidades:
• mente consciente,
• mente inconsciente.
Cada una de ellas tiene características y funciones distintas, pero están profundamente interrelacionadas, de manera que logran una maravillosa complementación.
Se estima que alrededor del 80% de la actividad cerebral está fuera de nuestra consciencia.
Ambas tienen capacidad de almacenamiento de información, pero también poseen fantásticas capacidades para su procesamiento (cognición). Al respecto, el consciente dispone de la llamada memoria de corto plazo, a la vez que el inconsciente aloja la memoria de largo plazo.
Mente consciente
Su principal función es el procesamiento de información. Posee, en la memoria de corto plazo, una capacidad de almacenamiento limitada (Miller, 1956), aunque suficiente para retener transitoriamente la información que procesa.
Mantener la información durante el procesamiento requiere un repaso constante, lo que significa un importante esfuerzo de atención para mantenerla en foco. Al respecto, cuando la atención se dirige hacia otro tema, la información en la memoria de corto plazo se pierde en pocos segundos. Así, si alguien nos da su número de teléfono y, al agendarlo en el celular, escribimos primero el nombre, al querer registrar el número, casi seguro deberemos preguntarlo nuevamente. La atención puesta en escribir el nombre ha “pisado” el almacenamiento previo del número en nuestra memoria de corto plazo.
De todas formas, para compensar esa limitación, la parte importante de la información procesada va pasando a la memoria de largo plazo del inconsciente a los efectos de un almacenamiento más duradero, ya que, como se verá, esta tiene una capacidad casi ilimitada.
La importante actividad cognitiva que desarrolla nuestra mente consciente se le atribuye a la llamada memoria de trabajo (working memory), que incluye la memoria de corto plazo y que se cree localizada en los lóbulos prefrontales ubicados detrás de la frente.
Para el procesamiento de la información, la memoria de trabajo la mantiene en una especie de buffer, comparándola, fraccionándola, asociándola, etc., a la vez que la ordena en el espacio-tiempo, mientras maneja símbolos y reglas complejas. Eso le permite generar ideas, tomar decisiones y resolver problemas, entre otras funciones cognitivas.
Para ejecutar esas funciones, la memoria de trabajo no solo procesa información exterior (percepciones que llegan a través de nuestros sentidos), sino que también es capaz de recuperar y procesar parte de la existente en nuestro inconsciente.
Nuestra experiencia consciente inmediata del aquí y ahora es posible por el continuo procesamiento de información en la memoria de trabajo. Es en ella donde se mantiene la información leída al comienzo de esta frase, de manera que siga teniendo sentido al final de la misma.
La concepción sobre la forma en que la información se procesa en nuestro cerebro ha ido evolucionando a través del tiempo y aún es objeto de algunas discrepancias. Sin embargo, a los efectos del tema que nos ocupa, resultará suficiente adoptar un esquema de funcionamiento simplificado como el de la figura 1.1, que permite visualizar algunas de las interacciones entre el consciente y el inconsciente.
Así, en esta figura se muestra el ingreso de información a la memoria de trabajo: la exterior (a), captada por nuestros sentidos, que llega como percepción; y la interior (b), que recupera de la memoria de largo plazo del inconsciente. Una vez procesada la información, cabe la posibilidad de que resulte una respuesta consciente (d). Paralelamente, mientras procesa la información, parte se va almacenando en la memoria de largo plazo (c).

FIGURA 1.1: Manejo de la información entre el consciente y el inconsciente. (a) percepción sensorial, (b) recuperación desde la memoria de largo plazo, (c) almacenamiento en la memoria de largo plazo, (d) respuesta consciente, (e) respuesta inconsciente
Así es como aprendemos, vinculando la nueva información percibida con los esquemas existentes en nuestra memoria de largo plazo y volviendo a almacenar esquemas más completos, más precisos, más sofisticados, resultantes de la integración del conocimiento viejo con el nuevo incorporado.
La forma en que nuestro conocimiento se va enriqueciendo a lo largo de nuestra vida es a través de la revisión, integración y adición de esquemas a nuestro archivo inconsciente, que se modifica permanentemente (Baron, 1996; Lahey, 1999). El conjunto total de esquemas de que disponemos para interpretar el mundo sería, en cierto modo, nuestro modelo personal de la realidad.
Debido a la baja capacidad de la memoria de corto plazo, la memoria de trabajo (nuestra conciencia) realiza las tareas en serie (una detrás de otra), manipulando percepciones con esquemas provenientes de la memoria de largo plazo, que recupera de a uno por vez, redireccionando la atención.
Mente inconsciente
Aunque también realiza funciones cognitivas, se acepta que su principal actividad es la de almacenar información a través de la memoria de largo plazo.
La memoria de largo plazo permite almacenar gran cantidad de información de manera organizada (disponible en forma de esquemas) y por largos períodos.
Como ya se mencionó, la información, está implícitamente almacenada en millones de neuronas desconectadas entre sí (aunque engramadas), y se hace explícita cuando la activación de una de ellas dispara un impulso eléctrico a través de toda la secuencia. Eso significa que los esquemas se reconstruyen cada vez que los evocamos, a través de secuencias neurales que involucran el encendido de una enorme cantidad de neuronas.
Nuestra memoria de largo plazo, con su estructura de esquemas en permanente cambio, es el pilar de lo que somos. Allí están almacenados los acontecimientos de nuestra vida (memoria episódica), nuestro conocimiento sobre el mundo (memoria semántica) y nuestras habilidades motoras (memoria procedimental). Sobre esa estructura se organiza nuestra respuesta al medio.
Como ya se ha mencionado, el consciente recupera continuamente esa información a los efectos de su procesamiento.
Cuando se requiere transferir al consciente información contenida en un esquema (recuperación), la atención cita un “punto de entrada” para la identificación y activación del mismo (recuperación controlada). Una vez activado, el propio esquema determina cuáles otros esquemas asociados serán explorados por la secuencia neural.
El punto de entrada puede ser el título (inicio de la secuencia) o una parte intermedia de la misma que se halle codificada. Así, por ejemplo, el título de una película (El padrino) puede evocar todas sus secuencias, pero también el recuerdo de una secuencia o un dato puede evocar el título del film (“¿Cuál era el título de esa película donde Marlon Brando personificaba a un mafioso llamado Vito Corleone?”).
Una vez encontrado un punto de entrada, la secuencia neural retorna completa, junto con otras secuencias que podrían estar asociadas (figura 1.2).
La mayoría de las veces, la incapacidad de recordar (olvido) no es debido a que se ha borrado la información, sino a que no se encuentran los puntos de entrada apropiados.
Las tareas de recuperación no solo se realizan en forma controlada lo que requiere la atención del consciente, sino que también pueden ser automáticas, a cargo del inconsciente (recuerdos que aparecen sin que los invoquemos).

Figura 1.2: Recuperación desde la memoria de largo plazo
El inconsciente también despliega funciones cognitivas. A continuación se mencionarán algunas de ellas.
La percepción
En base a la estructura de esquemas, la percepción permite darle significado (formas, objetos, sonidos, olores, escenas, etc.) a la información sensorial que captan nuestros sentidos. Funciona a nivel inconsciente, sin esfuerzo cognitivo alguno, utilizando reglas que pueden ser innatas o adquiridas.
Las rutinas automáticas
Cuando ciertas tareas se repiten reforzando las secuencias neurales intervinientes, el inconsciente “aprende”, toma el control cognitivo y comienza a ejecutarlas sin intervención de la conciencia, liberándola para que ponga foco en otros objetivos. A tal efecto, actúa en paralelo, a gran velocidad y manejando gran cantidad de información.
Esa ruta –(e) en la figura 1.1– es la que facilita la realización de actividades simultáneas con la que ocupa nuestra atención en un determinado momento. Es así que conducimos un automóvil a la vez que hablamos con nuestro acompañante o escuchamos la radio, mientras que nuestro inconsciente, con un mínimo esfuerzo de atención, controla los movimientos del volante para mantenernos en el límite del carril.
Todas esas actividades automáticas, realizadas al margen de nuestra conciencia, son las que nos evitan planificar dónde poner el pie para dar el próximo paso, cuánta presión ejercer sobre el picaporte de la puerta o qué palabra decir a continuación de otra. El inconsciente se encarga de ello y nos libera el consciente para planificar más ampliamente dónde queremos ir, qué puerta abrir y qué queremos decir.
Obviamente que el aprendizaje de estas rutinas, hasta que se hacen automáticas, exige la concurrencia de la conciencia. Así, cuando uno aprende a andar en bicicleta, debe prestar atención consciente al cuerpo y a la bicicleta hasta que, al cabo de un tiempo, la actividad motora se transforma en algo automático e inconsciente.
Vivimos gran parte de nuestra vida en forma automática. Solo tenemos que planificar cuando nos desviamos de la rutina. En ese caso, será necesario redireccionar nuestra atención, aunque, como consecuencia del procesamiento en serie de la memoria de trabajo, durante esa tarea deberán desatenderse otros asuntos.
El fenómeno de incubación
Otro caso en que el inconsciente también parece desplegar funciones cognitivas está vinculado con la generación de ideas. Así, en tareas de resolución de problemas controladas por el consciente, puede alcanzarse un momento en que no aparece ninguna solución satisfactoria, por lo que la atención, fatigada, abandona la búsqueda del objetivo y se relaja.
En tales casos, si existe motivación para resolver el problema, suele suceder que el inconsciente continúa la búsqueda bajo su propio control, dando comienzo a la llamada etapa de incubación, donde el consciente está aparentemente ajeno al problema y que genera los conocidos fenómenos de iluminación o insight (Bachrach, 2013).
Se cree que, bajo esas circunstancias, el inconsciente continúa procesando información en la memoria de largo plazo, en base a simples asociaciones al azar (Dietrich, 2004, 2015), operando en paralelo y a gran velocidad (Csikszentmihalyi, 1998), hasta encontrar una solución que satisfaga los criterios de aceptación impuestos por el problema.
Cuando esto sucede, traslada el resultado al consciente, donde aparece repentinamente como una iluminación o insight. Este es el mecanismo interviniente cuando, algunas veces, nos acostamos a dormir con un problema no resuelto y nos despertamos repentinamente en mitad de la noche entreviendo la solución. En el capítulo 2, que trata sobre creatividad y generación de ideas, se desarrollará este tema con más detalle.
CAPÍTULO 2
Creatividad y generación de ideas
Creatividad: definiciones
La creatividad puede encuadrarse como una actividad cognitiva de solución de problemas, con la particularidad de que el resultado debe ser novedoso.
Si bien existen numerosos y variados intentos por definir la creatividad, puede describirse aceptablemente como “la generación de nuevas ideas y/o nuevas combinaciones de ideas existentes, la capacidad de encontrar relaciones entre aspectos que antes no se relacionaban a través de un nuevo esquema de pensamiento”.
Desde un enfoque interesante, también se ha definido la creatividad como “sacar de nuestro cerebro algo que nunca fue almacenado en su interior”. Sin embargo, como nada sale de la nada, resulta obvio que lo que se obtiene debe generarse a partir de los conocimientos y las experiencias almacenados en la memoria previamente al acto creativo.
Facilita interpretar este comportamiento recordar que la información que llega a través de nuestros sentidos o la que elaboramos en nuestra memoria de trabajo se almacena en la memoria de largo plazo, formando bloques (esquemas) que quedan “estructurados” para su posterior uso. Se trata de grupos de neuronas no conectadas, pero susceptibles de conectarse a través de una secuencia neuronal cuando son activadas a través de un estímulo.
En otras palabras, la información almacenada en el cerebro se halla implícitamente presente en forma de esquemas y la memoria se reconstruye cada vez que la evocamos, encendiendo una enorme cantidad de secuencias neurales asociadas.
Sin embargo, no siempre la información almacenada en la memoria de largo plazo retorna exactamente como se la memorizó por primera vez, sino que regresa afectada por lo vivido desde el momento de su registro (nuevos esquemas asociados) y por interferencias incorporadas al momento de la evocación.
El pensamiento creativo es consecuencia del mecanismo descripto. Justamente, el hecho de que la información esté fraccionada y deba ser reconstruida es lo que permite que, bajo determinadas circunstancias, ciertas interferencias asociativas generen combinaciones inesperadas y pensamientos que nunca antes se tuvieron.
Esa característica permite llegar más lejos de lo que se sabe. En otras palabras, “sabemos” más cosas que las que explícitamente hemos aprendido y surgen a partir de nuevas combinaciones durante la reconstrucción de la información implícita.
Creatividad: algunas características
A pesar de que mucha gente piensa que la creatividad es una actividad para elegidos, existe múltiple evidencia de que es una habilidad que puede adquirirse, y que es más una cuestión de actitud y de metodología.
Se han hecho intentos de vincular creatividad con inteligencia, pero la correlación encontrada ha sido débil. Lo que se tiene claro es que existe un umbral mínimo de inteligencia para poder ser creativo. Por encima de ese umbral, un mayor cociente intelectual no predice una mayor creatividad.
Se estima, en cambio, que la creatividad puede desarrollarse y que está más vinculada a un estilo de pensamiento. Especialmente, con procesos de desestructuración de esquemas, seguidos por una reasociación de los mismos en una forma distinta y más eficaz. Algunos autores han llamado a esto pensamiento divergente (Hellman, 2016).
Sin embargo, esa forma de pensamiento es antinatural porque la evolución, al priorizar nuestra supervivencia, ha desarrollado un mecanismo de estructuración de esquemas que contienen respuestas exitosas a situaciones establecidas. De esa manera, enfrentados a una circunstancia similar, esta se puede resolver rápidamente y con un mínimo consumo energético, accediendo a la red de esquemas previamente almacenada. La habilidad de crear modelos mentales o esquemas, que se utilizan una y otra vez sin cuestionar su validez, nos ha permitido sobrevivir a lo largo de nuestra evolución.
Esa tendencia natural a mantener los modelos establecidos y a no desafiarlos, si bien es buena para la supervivencia, conspira contra la creatividad, que se basa en generar soluciones novedosas, encontrando caminos neuronales nuevos, poco o nada transitados, y combinaciones nunca antes pensadas.
El pensamiento creativo requiere romper con el statu quo aceptado (ideas, creencias, prácticas, productos, etc.) y pasar a considerar nuevas combinaciones sin restricciones limitantes. Para hacerlo, hacen falta actitudes y técnicas que incentiven la baja adaptabilidad de nuestros procesos mentales para el pensamiento creativo. Algunas de ellas se describirán más adelante.
Fases del proceso de generación de ideas
El proceso suele considerarse integrado por las siguientes fases:
• motivación,
• preparación,
• manipulación o generación de ideas,
• incubación,
• iluminación,
• evaluación y selección,
• elaboración.
Motivación
Todo acto creativo se destina a resolver un problema; por ejemplo: escribir un libro, pintar un cuadro, desarrollar un producto, buscar un nuevo proceso o enfrentar una dificultad gerencial.
La motivación consiste en percibir algo como problema y tener la voluntad y decisión para iniciar el proceso creativo en pos de su resolución.
En general, la gente creativa muestra una especial sensibilidad a los problemas, lo que se ha denominado motivación intrínseca (motivación para involucrarse voluntariamente en una actividad porque se la percibe interesante o placentera o desafiante). También se requiere que tengan una cierta obsesión por alcanzar el resultado, lo que muchas veces los lleva a persistir tercamente a pesar de reiterados fracasos.
El acto creativo requiere motivación. Dicho de otro modo: “quien no tiene preguntas no encuentra respuestas”.
Preparación
Las ideas creativas no surgen mágicamente de manera espontánea. Ya se ha visto que, más bien, son el fruto de una cadena de asociaciones y conexiones que se producen sobre la información almacenada en nuestra mente. Por tanto, ser creativo requiere poseer conocimiento y habilidad. Un conocimiento específico del tema es un prerrequisito para la creatividad.
La etapa de preparación comprende la incorporación de conocimientos y habilidades que permitan establecer más tarde asociaciones novedosas. No se trata solo de acumular información relevante sobre el tema, sino también de percibir rutas de ataque al problema. Es una etapa de análisis, en la que se busca información, se plantea el problema, se observan las carencias y se evalúan las barreras, a la vez que se establecen criterios de aceptabilidad para la solución.
El planteo del problema es una parte sensible del proceso creativo. Muchas veces, la dificultad en encontrar respuestas satisfactorias radica en que no se están haciendo las preguntas adecuadas. Ensayar planteos alternativos del problema amplía notoriamente la posibilidad de hallar respuestas satisfactorias. Al respecto, pueden utilizarse algunas técnicas, como reformularlos con otras palabras, extenderlos, reducirlos, etc.
En el ámbito científico, un intenso período de preparación resulta una condición necesaria para la generación de ideas y soluciones creativas.
Sin embargo, la historia de la ciencia revela que en no pocas ocasiones, los grandes descubrimientos fueron producto de felices coincidencias. A pesar de ello, es bueno tener en cuenta que para que la percepción de un determinado fenómeno derive en un descubrimiento, ha de haber una mirada preparada que le preste atención.
El descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming es un buen ejemplo, en el que una mente preparada y alerta alcanza a detectar una anomalía que deriva en el hallazgo.
Tras finalizar la Primera Guerra Mundial, el Dr. Alexander Fleming trabajaba en el St. Mary's Medical School de la Universidad de Londres, buscando sustancias antibacterianas que no dañaran los tejidos animales. Al parecer, Fleming era poco ordenado y a fines de julio de 1928, antes de irse de vacaciones por un par de semanas, se olvidó sobre el microscopio varias placas inoculadas con una bacteria patógena, el Staphylococcus aureus. Cuando regresó de sus vacaciones, Fleming observó que en algunas de sus placas había crecido moho. Al disponerse a tirarlas, notó algo extraño en una de ellas: el moho azul verdoso formado parecía haber destruido la bacteria que había estado creciendo en la placa. La observación microscópica le mostró que las colonias de estafilococos más cercanas al hongo estaban muertas, mientras que las más lejanas se habían reproducido normalmente. Inmediatamente, dedujo que el hongo en cuestión, conocido como Penicillium notatum, había liberado alguna sustancia bactericida que había afectado a las bacterias. Fleming bautizó a esa sustancia como penicilina.
El descubrimiento de Fleming tuvo una buena cuota de azar. No solo por el desorden de su laboratorio, que motivó la contaminación de sus cultivos con el hongo, sino porque durante su ausencia, en Londres, hubo bajas temperaturas al principio, que motivaron el crecimiento del hongo (crece entre 15 y 20 ºC), seguidas por días de alta temperatura que permitieron el crecimiento de la bacteria (crece a temperaturas entre 30 y 37 ºC). Esto posibilitó el crecimiento de colonias de ambos microorganismos en la misma placa.
Sin embargo, independientemente de la suerte, cabe destacar que la mente alerta de Fleming al advertir la anormalidad, así como su conocimiento y experiencia para interpretar el fenómeno, resultaron claves para el descubrimiento, lo que confirma la importancia de la preparación en el pensamiento creativo. Aquí se aplica plenamente la frase de Louis Pasteur “En el mundo de la observación, la suerte solo favorece a la mente preparada”.
Para finalizar la historia, cabe mencionar que Fleming fracasó en sus intentos de purificar la penicilina, por lo que quedó olvidada durante diez años, hasta que Howard Florey y Ernst Chain, del Oxford Institute of Pathology, se interesaron en su efecto bactericida y lo lograron. Los tres recibieron el Premio Nobel de Fisiología y Medicina por este descubrimiento en 1945.
Manipulación o generación de ideas
Esta es la etapa clave del proceso creativo. Se parte del planteo del problema y el establecimiento de los requisitos que debe cumplir la solución.
A partir de allí, se pone en marcha lo que se conoce como modo deliberado de generación de ideas, caracterizado por ser intencional, esforzado y en serie. Es impulsado por la actividad de la corteza prefrontal (memoria de trabajo), con la atención focalizada en cualquier estímulo exterior relacionado con el problema y con una permanente búsqueda de información afín en el inconsciente.
Para esta última función, la corteza prefrontal dispone de una “máquina de búsqueda”, activada por la atención, que genera puntos de entrada en la memoria de largo plazo, explora esquemas relevantes a la tarea en realización y los almacena temporalmente para su procesamiento en el buffer de la memoria de trabajo.
El procesamiento involucra fraccionar, analizar, sintetizar e integrar la información recibida, generando nuevos esquemas, hasta encontrar aquellas soluciones que satisfagan los requisitos impuestos en el planteo del problema.
Sin embargo, se estima que el procesamiento deliberado está condicionado por la estructura de esquemas preexistentes en nuestra mente inconsciente, ya que la atención solo buscará puntos de entrada que esa estructura considere afines al problema y desechará el resto.
A esa estructura de esquemas condicionantes de la búsqueda Margaret Boden (2004, 2013) la denominó espacio conceptual. Un espacio conceptual es un dominio en nuestra memoria de largo plazo, susceptible de ser explorado, dentro del cual se ha registrado información y se respetan una serie de reglas que terminan marcando estilos de pensamiento. Estas reglas, generalmente impuestas por el entorno, pueden ser: teorías en ciencia, formas de escribir prosa o poesía, estilos en escultura, pintura o música o modas en vestimenta. En otras palabras, cualquier forma disciplinada de pensar que sea familiar y valiosa para un cierto grupo social.
A pesar de la existencia de esos condicionantes dentro de un espacio conceptual, son posibles infinidad de ideas, de las cuales es muy probable que solo algunas pocas ya hayan sido pensadas, por lo que es un campo fértil para la creatividad.
Como ejemplos de espacios conceptuales, cabe mencionar la teoría de la relatividad, los movimientos del ajedrez, la química de los hidrocarburos o la armonía en la música.
Resumiendo: el modo deliberado permite al pensador dirigir sus capacidades cerebrales hacia un determinado problema, pero requiere que la solución creativa se encuentre dentro de los límites del espacio conceptual predeterminado por la estructura de esquemas preexistente. A este tipo de búsqueda Boden la denominó manipulación exploratoria.
La manipulación exploratoria recorre las estructuras de un dado espacio conceptual, respondiendo a las reglas o convenciones del mismo, para generar, a través de asociaciones, nuevas estructuras cuyas posibilidades siempre estuvieron allí, pero que no fueron explicitadas hasta ese momento.
Obviamente, los resultados estarán condicionados por el espacio conceptual. Así, en el espacio conceptual de la física, nuestras búsquedas van a desechar, seguramente, todas las soluciones que violen los principios de conservación de la masa y la energía.
En otras palabras, el conocimiento pasado dificulta el hallazgo de soluciones excesivamente originales, al desechar aquellas alternativas que violan la concepción existente sobre el problema.
Resulta obvio que también han de existir soluciones fuera del espacio conceptual establecido por el conjunto de esquemas de que disponemos en un determinado momento y que seguramente han de ser extremadamente disruptivas. La búsqueda de las mismas involucra una previa transformación del espacio conceptual ampliándolo o alterando las reglas que lo rigen. Este tipo de búsqueda es denominada por Boden como manipulación transformacional.
Con la manipulación transformacional, surgen resultados sorprendentes porque, aparentemente, esas ideas no existían en el marco exploratorio original. En otras palabras, al alterar alguna dimensión definitoria del espacio conceptual, pueden pensarse cosas nuevas, que no solo no se han pensado antes, sino que en el espacio conceptual previo nunca podrían haberse pensado.
Por ejemplo, imaginemos alterar la regla del ajedrez que dice que los peones no pueden saltar sobre otras piezas. El resultado posibilitaría jugar partidas de ajedrez que antes eran literalmente imposibles.
El cambio en el espacio conceptual puede originarse internamente, a través de una idea disruptiva, o externamente, por ejemplo, al aparecer nueva evidencia científica.
Un ejemplo de cambio del espacio conceptual por efecto de una idea disruptiva es el advenimiento del cubismo de la mano de Pablo Picasso en 1907. Este movimiento pictórico rompió con la perspectiva renacentista, que utilizaba un solo punto de fuga, e introdujo múltiples puntos de fuga, además de planos facetados, lo que derivó en novedosas representaciones abstractas.
Como ejemplo de una ruptura de paradigmas por aparición de nueva evidencia científica, cabe mencionar la teoría de la evolución, enunciada por Charles Darwin en 1859, resultado de las observaciones realizadas durante su viaje alrededor del mundo en el HMS Beagle.
En general, las soluciones obtenidas vía creatividad transformacional son, inicialmente, incomprendidas, lo que no es extraño, ya que, por definición, implican romper/ignorar reglas culturales establecidas. Se trata de un fenómeno poco frecuente, pero cuando ocurre, suele disparar saltos cuánticos en la concepción de una disciplina.
En realidad, gran parte de los artistas y científicos pasan la mayor parte de su tiempo inmersos en un único espacio conceptual y, por tanto, involucrados en procesos de manipulación exploratoria. Esporádicamente, alguien logra cambiar ese marco a través de una idea transformacional (un nuevo estilo o una nueva teoría) y la exploración de ese espacio novedoso genera un nuevo y largo período de creatividad exploratoria.
Así, si buscáramos compuestos entre carbono e hidrógeno admitiendo que el carbono puede formar cadenas lineales, con simples, dobles y triples ligaduras, conformaríamos el espacio conceptual de los hidrocarburos alifáticos no cíclicos y su exploración sería una manipulación exploratoria.
Esta era la situación en la química de los hidrocarburos hasta 1865, en que August Kekulé, un químico orgánico alemán, solo pudo explicar la composición química del benceno, a través de una manipulación transformacional, aceptando que el carbono, a diferencia de todas las moléculas orgánicas conocidas hasta entonces, en las que solo formaba cadenas lineales, podía formar en el benceno un anillo cerrado de seis átomos. Creó así un nuevo espacio conceptual, el de los hidrocarburos cíclicos, susceptible de ser mapeado exploratoriamente, para estructurar por ejemplo la química de los compuestos aromáticos.
Seguramente, a posteriori, alguien se preguntó hasta qué punto algunos anillos podrían contener cinco átomos en vez de seis o si podrían incluir átomos de otros elementos, lo que generó nuevos cambios transformacionales y nuevas categorías de compuestos orgánicos.
Incubación
Durante la resolución de problemas, es normal abordar cada nuevo desafío explorando conscientemente, mediante el modo deliberado, las sendas bien trotadas de nuestro espacio de soluciones. En muchos casos, esta vía resulta eficaz y ensayando en serie, una idea tras otra, suele alcanzarse una solución creativa en relativamente corto tiempo.
Sin embargo, si la solución está localizada más allá del espacio de soluciones que nos marca nuestra estructura de esquemas, el modo deliberado suele no funcionar y solo conduce a cuellos de botella y mucha frustración al reiterar los intentos.
Se alcanza así un momento (impasse) en que se decide abandonar la búsqueda y dirigir la atención a otro tema o simplemente desenfocarla. Sin embargo, si la motivación para resolver el problema es fuerte, la información de “problema no resuelto” se mantiene en el inconsciente, por lo que este toma el control y continúa buscando en base a simples leyes de asociación al azar (Dietrich, 2004, 2015), pasando del modo de procesamiento deliberado al llamado modo espontáneo, donde la memoria de trabajo está prácticamente ajena a la búsqueda.
Ha comenzado lo que más adelante identificaremos como fase de incubación, que activa un cambio profundo en la forma en que se procesa esa tarea, ya que ahora se produce sin esfuerzo atencional consciente.
En el modo espontáneo, las búsquedas en la memoria de largo plazo dejan de ser direccionales: se encienden azarosamente secuencias neuronales y se van asociando.
Al producirse al azar, las búsquedas espontáneas quedan liberadas de los paradigmas mentales preconcebidos para ganar en creatividad, ya que el espacio conceptual comprende ahora toda la información disponible y se explora sin reglas o límites.
Además, no se ven restringidas por la limitada velocidad de la memoria de trabajo, ya que las búsquedas por el inconsciente son en paralelo, muy veloces y sin esfuerzo cognitivo aparente.
Durante el período de incubación, la persona, aunque mentalmente ausente, está activa en el problema, ya que en el inconsciente, se están produciendo una gran cantidad de conexiones inusitadas. Algunas pueden ser poco racionales (como suele suceder poco antes de dormirnos), pero cada tanto pueden aparecer ideas creativas, que difícilmente hubiéramos tenido en una situación de atención plena.
De todas maneras, aunque la búsqueda no siga líneas racionales, el modo de procesamiento espontáneo es capaz de asociar información disponible en el inconsciente, proyectar sus consecuencias a efectos de su selección y retornar en algún momento una solución a la conciencia en forma de una iluminación repentina o insight.
Cuanto más relajada esté la mente y menor sea la ansiedad, mayor es el número de asociaciones novedosas en el inconsciente y mayor la probabilidad de insights. Al respecto, tanto en el arte como en la ciencia, abundan los casos en que se describe el proceso creativo como producto de un estado mental caracterizado por una atención desenfocada.
Iluminación
En la etapa de iluminación es donde las ideas aparecen en la conciencia, ya como piezas del todo o como el todo mismo.
Cuando derivan de un período de incubación, aparecen abruptamente en el momento menos esperado como un insight. Es el “¡Ajá!” o el “¡Eureka!”. En estos casos, la iluminación ocurre en períodos muy breves, con un tremendo flujo de puntos de vista.
Si bien se trata de una leyenda, es muy común tomar como ejemplo de iluminación el caso de Arquímedes y la corona de oro. En el siglo III a. C., el rey Hierón II, que gobernaba Siracusa, encargó a un orfebre diseñar y confeccionar una corona de oro, para lo cual le entregó un lingote de oro puro. Cuando recibió la corona, el rey quedó satisfecho con el resultado, pero ante comentarios desfavorables sobre la honradez del artesano, y a pesar de que la corona pesaba lo mismo que el lingote entregado, alimentó la sospecha de que podría haberlo engañado sustituyendo parte del oro por algún otro metal más barato, como la plata. El rey Hierón hizo llamar a Arquímedes, uno de los más famosos sabios y matemáticos de la época, que por aquel entonces vivía en Siracusa, y le pidió que resolviera su duda sin dañar la corona.
Arquímedes tenía claro que debía calcular la densidad de la corona, para así averiguar si se trataba de oro puro, pero aunque conocía el peso, le faltaba conocer el volumen, algo muy difícil de calcular en un objeto con una forma tan complicada. Pasó largo tiempo pensando obsesivamente en el problema hasta que un día, mientras tomaba un baño en una tina, Arquímedes se percató de que el agua subía y se derramaba cuando él se sumergía. La asociación fue inmediata; si sumergía la corona en el agua y medía la cantidad de agua desplazada, podría conocer su volumen, calcular su densidad y compararla con la del oro. Según la leyenda, fue tal la excitación que le produjo el descubrimiento que salió del baño desnudo hacia el palacio de Hierón gritando “¡Eureka! ¡Eureka!” (“¡Lo encontré! ¡Lo encontré!”).
Más allá de la veracidad de la leyenda, en ella se ejemplifican claramente las etapas de incubación e iluminación. No en vano, la iluminación aparece en una bañera, un ambiente relajado, si los hay, como para desenfocar la atención y tener insights creativos. Para no dejar inconclusa la historia, vale la pena aclarar que para desgracia del artesano, la corona resultó no ser de oro puro.
Otro caso similar de un insight creativo es la caída de la manzana que inspiró a Isaac Newton en su teoría de la gravitación universal mientras se hallaba descansando en el jardín de su casa.
Los teóricos cognitivos creen que cuando el sistema atencional frontal se debilita y la mente sigue asociando esquemas al azar en el inconsciente, la información reconstruida suele acceder a la conciencia, por breves tiempos, en forma de pensamientos erráticos y poco firmes.
Justamente por ser poco firmes, son susceptibles de sufrir interferencias asociativas, que eventualmente pueden fortificarlos. Las interferencias pueden ser externas (una percepción inesperada) o internas (una asociación con un esquema fuera del espacio conceptual). El resultado son combinaciones inesperadas entre esquemas (pensamientos creativos) que permiten llegar más lejos de lo que se sabe y acceder a la conciencia, esta vez con más fuerza.
Así, ante la aparición de un estímulo inesperado, por ejemplo un derrame en la bañera de Arquímedes o la caída de una manzana frente a Newton, el circuito perceptual interfiere en la búsqueda de soluciones instalada en el inconsciente haciendo factible que alguna de ellas pueda asignarle significado a la percepción recibida. Este mecanismo podría fortalecer una solución, hasta ese momento débil, y permitirle su acceso, ahora firmemente, a la memoria de trabajo como un insight creativo.
Cabe consignar que si el mismo estímulo hubiese accedido durante el modo deliberado, cuando la memoria de trabajo manipulaba una solución firme que no le asignaba significado a ese evento, tal vez habría sido descartado por irrelevante.
Una vez accedidas a la conciencia, tanto las ideas provenientes de una manipulación deliberada como los insights surgidos de un proceso espontáneo, comparten un camino final común de evaluación, selección y elaboración en la memoria de trabajo del consciente.
Evaluación y selección
Una vez que se ha generado una combinación novedosa, requiere ser evaluada desde todos los ángulos, en la corteza prefrontal.
Es el momento de confrontar conscientemente la idea con los criterios de aceptabilidad previamente establecidos y comprobar si es viable.
Las ideas raramente están suficientemente pulidas, por lo que esta etapa es esencial para complementar y perfeccionar la idea original.
Frecuentemente, después de una iluminación y su correspondiente evaluación, suelen surgir nuevas ideas alternativas que muchas veces funcionan aún mejor que la original.
El proceso también comprende una selección en caso de que existan varias alternativas.
Elaboración
Esta etapa es la que suele llevar más tiempo y la que representa el trabajo más duro. Thomas Alva Edison decía que la creatividad consiste en 1 % de inspiración y 99 % de transpiración. Efectivamente, antes de encontrar un filamento adecuado para su lámpara incandescente, ensayó cientos de materiales a lo largo de muchos años.
La elaboración consiste en añadir nuevos elementos a las ideas obtenidas, a efectos de hacerlas más viables y útiles.
Durante esta etapa, surgen, con seguridad, nuevos problemas que interrumpen el desarrollo y que pueden llegar a requerir una repetición de las fases de manipulación, incubación e iluminación. A través de la etapa de elaboración, es frecuente que la idea inicial vaya incorporando toda una serie de elementos, algunos ya existentes y otros nuevos, que lo integran en la función que va a desempeñar. De esta manera, el objeto creativo final, además de la idea inicial, termina incluyendo un importante número de ideas complementarias, que en muchos casos llegan a resultar condicionantes del éxito de la creación.
Este proceso de elaboración suele llevar tiempo; no solo en las invenciones, como en el caso de los filamentos de Edison, sino también, y sobre todo, en el ámbito de las teorías científicas, donde el objeto creativo final suele ser producto de muchos insights transcurridos a lo largo de toda una vida de investigación y experimentación.
Así, por ejemplo, entre 1831 y 1836, Darwin costeó Sudamérica con el Beagle, describiendo la vida vegetal y animal, algo un tanto rutinario, pero la información reunida le permitió establecer una deducción creativa: la conexión entre rasgos físicos concretos y el medio ambiente particular. Estas observaciones lo llevaron más tarde al concepto de adaptación diferencial (otro aporte de creatividad). Solo después de mucho tiempo y muchas observaciones detalladas, llegó a la idea creativa de la selección natural, para finalmente explotar creativamente al establecer el brillante concepto de la evolución de las especies en 1859 (veintiocho años después de iniciar su viaje en el Beagle).
Actitudes y técnicas para incentivar la creatividad
Desde que nacemos, nuestras percepciones, experiencias, ideas, creencias y conclusiones, quedan registradas en la memoria de largo plazo, parte del inconsciente, en forma de esquemas. Acorde lo requieren las circunstancias, nuestra conciencia busca y trae parte de esa información, la conecta, la procesa y forma nuevos esquemas, que, una vez usados, vuelven a almacenarse en la memoria de largo plazo.
Las ideas son combinaciones de esa información almacenada en nuestro inconsciente, y la creatividad consiste en encontrar nuevas formas de asociar esos elementos.
Sin embargo, ya se ha mencionado que priorizando la supervivencia, la evolución favoreció la formación de esquemas cada vez más complejos que se utilizan una y otra vez sin cuestionar su validez. Para ello, nuestro inconsciente tiene una preferencia de flujo por las secuencias neurales más utilizadas. Dicho de otro modo, el pensamiento siempre tiende a tomar por la “calle” más transitada.
Desafortunadamente, este mecanismo, tan beneficioso para la supervivencia, no es bueno para la creatividad porque tomar la calle más transitada conduce siempre a la misma y obvia solución. Al decir de Albert Einstein, “Si siempre se piensa en la forma que siempre se pensó, se obtendrá lo que siempre se obtuvo: las mismas mismas viejas ideas”.
El pensamiento creativo necesita desestructurar los esquemas y reestructurarlos en una forma más eficaz. Requiere encontrar secuencias neurales poco transitadas (calles laterales, atajos, etc.) que conduzcan a soluciones distintas y novedosas.
Alterar las formas naturales de pensamiento requiere auxiliarse con actitudes y técnicas que incentiven la baja adaptabilidad de nuestros procesos mentales para el pensamiento creativo.
Al respecto, se han propuesto numerosas técnicas que resultan eficaces a la hora de generar ideas (Silverstein et al., 2009). Si bien no es el objetivo de este libro profundizar en este tema, sobre el cual hay profusa literatura, se describirán someramente solo algunas actitudes y técnicas que facilitan el pensamiento creativo, destacando, cuando es posible, la característica cognitiva en que se basan.
Actitudes para el pensamiento creativo
A continuación se enumeran algunas de las actitudes que derivan en el pensamiento creativo –muchas forman parte de lo que Edward De Bono (1969, 1991), uno de los pioneros en el desarrollo del pensamiento creativo, llamó pensamiento lateral–.
Motivación intrínseca
Es una actitud proactiva y constructiva ante la tarea creativa. A diferencia de la motivación extrínseca –que responde a incentivos externos a la tarea y al individuo (expectativa social, recompensa, etc.)–, la motivación intrínseca se alimenta de los incentivos propios de la tarea (grado de dificultad, desafío implícito, etc.) y de características del propio individuo (sensibilidad para detectar diferencias, paciencia y tenacidad para ensayar numerosas alternativas, insistencia ante el fracaso, etc.).
Fraccionamiento
El objetivo del fraccionamiento es romper con la estructura de esquemas dominantes que impulsa el pensamiento lógico por las grandes avenidas e impide acceder a los atajos que conducen a las ideas diferentes. Esa ruptura de esquemas es el punto de partida para luego reestructurar la información en alternativas novedosas.
Cabe aquí aclarar que no se trata de dividir analíticamente el problema en sus partes naturales. Por el contrario, el pensamiento creativo propone dividirlo con criterios dispares y artificiales, ya que lo que se busca es un efecto disgregador y reordenador. Un fraccionamiento en componentes naturales es probable que se reagrupe en la forma original y conduzca a soluciones ya conocidas.
La actitud suele consistir en limitar el análisis a algunos aspectos del problema, en vez de operar con todo el conjunto, y en evitar el desglose analítico.
Búsqueda de alternativas
Consiste en tener el convencimiento de que siempre hay más soluciones de las que se dispone en ese momento.
Es muy común, en el pensamiento normal, que la búsqueda de alternativas se interrumpa cuando se llega a un enfoque satisfactorio. En el pensamiento creativo, sin dejar de reconocer la calidad de un enfoque satisfactorio, se recomienda continuar buscando enfoques alternativos, por cuanto el número de asociaciones posibles entre los esquemas disponibles es enorme y sería poco probable que la primera solución que encontramos sea necesariamente la mejor.
Justamente, la fluencia de ideas (capacidad para generar gran número de ideas) es considerada una de las características distintivas del pensamiento creativo.
Obviamente, deberá ponerse un límite para evitar ingresar en una situación de inacción. En términos generales, se recomienda continuar la búsqueda hasta alcanzar un mínimo de tres a cinco alternativas.
Cierta vez le preguntaron a Einstein cuál era la diferencia entre él y una persona normal. Einstein dijo que si se le pedía a una persona normal que buscara una aguja en un pajar, dejaría de hacerlo una vez que la encontrara, mientras que él desagregaría todo el pajar buscando todas las agujas posibles.
Aplazamiento de juicios
El pensamiento creativo recomienda no valorar ni la utilidad práctica ni la solidez lógica de las ideas durante el proceso de generación. Solo se permite la evaluación con juicio crítico después de haberlo terminado y de haber acumulado un cierto número de ideas.
La base de esta regla es que la generación de las primeras ideas no se considera un fin en sí mismo, sino una vía para desestructurar los esquemas dominantes. Se aprovecha así la inercia de la desestructuración lograda con la primera idea para seguir generando otras; efecto que se perdería si se evaluara una por una.
Se estima que el aplazamiento de juicios, al permitir que las ideas –aunque sean erróneas– sobrevivan más tiempo, permite inducir otras ideas potencialmente correctas. Además, ideas que habrían sido rechazadas en un contexto de valoración rígido podrían resultar luego viables en una eventual revisión de los límites de aceptabilidad de las soluciones.
Finalmente, en el trabajo en grupos, el aplazamiento de juicios incentiva la propuesta de ideas que, en un ambiente crítico, los participantes hubieran omitido.
Revisión de supuestos
Es una actitud vinculada a la flexibilidad mental, otra característica distintiva del pensamiento creativo, consistente en la capacidad de producir ideas distintas, ruptura de paradigmas y/o propensión a reorganizar el problema existente.
Ya se ha visto que el bagaje de esquemas presente en nuestra memoria de largo plazo genera reglas o supuestos que condicionan nuestro pensamiento constituyendo un espacio conceptual.
El problema para el pensamiento creativo es que, una vez establecido un espacio conceptual, es probable que todas las rutas de pensamiento conflictivas con el mismo sean automáticamente ignoradas.
Sin embargo, muchas de esas reglas o suposiciones fueron adoptadas en algún momento como verdades y aceptadas de allí en adelante sin discusión, por lo que son susceptibles de ser analizadas y reestructuradas o eliminadas a efectos de extender transformacionalmente el espacio conceptual.
La actitud a utilizar requiere detectar las limitaciones que dificultan la solución y determinar cuáles son las reglas o supuestos que las avalan, a efectos de considerar la posibilidad de modificarlas o eliminarlas y así acceder a la solución del problema. Cabe aquí agregar que muchas veces los supuestos son implícitos.
Romper reglas no es fácil. Son demasiado vitales para nuestra comprensión del mundo y, por ende, nuestro respeto por ellas es tan grande que dificulta hacerlo.
Así, cuando Edward Morley y Albert Michelson demostraron experimentalmente que la velocidad de la luz era constante independientemente de la velocidad con que se moviera la fuente, toda una generación de científicos fracasó tratando de explicar el fenómeno porque cientos de años antes, Newton había decretado que el tiempo era absoluto. En cambio, Einstein no tuvo miramientos en romper con la regla del tiempo absoluto, aceptando que podía transcurrir más rápido o más lento según el marco de referencia. Eso cambió completamente el problema y lo posicionó en la senda que revolucionó el mundo con su teoría de la relatividad.
Diversidad de pensamiento
Ya se ha visto que nada sale de la nada. Cualquier idea creativa surge de nuevas asociaciones entre la información disponible en nuestra mente e incorporada a lo largo de nuestra vida. Por tanto, cuanto más diverso haya sido nuestro aprendizaje, mayor es la posibilidad de que aparezcan asociaciones novedosas que deriven en soluciones creativas.
Dicho de otro modo, la diversidad de espacios conceptuales disponibles incrementa la posibilidad de asociaciones originales. Así, por ejemplo, una persona que pasó gran parte de su vida enfrascada en las ciencias duras estará fuertemente condicionada por ese espacio conceptual dominante. Tal vez podría generar ideas más originales si además hubiera incursionado en el arte, la sociología u otras ciencias blandas. La diversidad de pensamiento es así otra característica distintiva del pensamiento creativo.
Cross fertilization
Otra forma de lograr diversidad de pensamiento es promover la generación de ideas integrando equipos conformados por participantes con espacios conceptuales diversos. Es así que la posibilidad de pensar en equipo (lo que se llama cross fertilization) es una modalidad creativa altamente eficaz por su aporte a la diversidad. Involucra una interacción formal entre mentes distintas, de modo que los enfoques diferentes acerca de un tema actúen como disparadores externos para cambiar los patrones establecidos en cada una de las mentes participantes. Lo que está establecido en una mente puede ser novedoso para otra.
De esta forma, las ideas de uno disparan ideas en otro y el circuito se realimenta hasta que, producto del aporte de todos, alguien integra y resume una solución más creativa que el aporte de las partes. Este fenómeno es la base del brainstorming, o tormenta de ideas, una técnica que se verá más adelante, muy empleada en el proceso de desarrollo de nuevos productos.
Técnicas para el pensamiento creativo
Uso de analogías
Una gran proporción del pensamiento creativo gira alrededor del uso de analogías.
Una analogía involucra la búsqueda de semejanzas entre dos sistemas distintos que guardan un cierto paralelismo. Se basa en la inferencia de que si en dos sistemas coinciden dos o más cosas, hay una cierta probabilidad de que existan más coincidencias.
De esta forma, las características y comportamientos del sistema análogo pueden inducir ideas que luego, con el patrón de semejanzas establecido, son traducidas al sistema problema.
La técnica consiste en relacionar el espacio conceptual del problema en estudio con el espacio conceptual de la analogía y explorar este último, transfiriendo luego los hallazgos al problema original. Obviamente, consta de tres fases: búsqueda de la analogía, resolución del problema en el campo análogo y adaptación al problema en cuestión. En la figura 2.1 se esquematiza el mecanismo.

Figura 2.1: Etapas del uso de analogías para la resolución de problemas
Estimulación al azar
Una de las técnicas más eficaces para alcanzar un pensamiento desestructurado consiste en cambiar el “punto de entrada” (el primer foco de atención) a la secuencia neural.
Cuando se encara un problema con una búsqueda deliberada, normalmente se selecciona el punto de entrada más obvio. Sin embargo, ya se ha mencionado que esa “obviedad” está condicionada por los esquemas establecidos afines al problema, por lo que posiblemente conduzca siempre a la misma solución. Resulta así necesario desestructurar el pensamiento, ensayando otros puntos de entrada que puedan conducir a soluciones distintas.
Esto puede realizarse ingresando un estímulo al azar y vincularlo conscientemente con el problema a resolver. De esta forma, la conexión con el problema se logra desde una secuencia neural diferente: la del estímulo seleccionado al azar; se evita así el punto de entrada natural al problema, y el pensamiento fluye por una ruta distinta con más probabilidades de arribar a una solución no obvia.
En la figura 2.2 se esquematiza este mecanismo. Como ya se ha mencionado, el pensamiento tiende a fluir por la ruta más transitada, por lo que al focalizar la atención sobre el punto de entrada más obvio, conduce a la solución más obvia (línea llena), obviando la bifurcación que lleva a la solución creativa.
Si, en cambio, se busca un punto de entrada distinto, cabe la posibilidad de evitar la solución obvia y llegar a la solución creativa por otra ruta poco transitada. Una vez alcanzada la solución creativa, suele ser fácil invertir el razonamiento y vincularla con el punto de entrada obvio, reforzando la conexión entre ambas rutas. Es muy probable que de allí en más, pueda llegarse sin problemas a la solución creativa, aun partiendo del punto de entrada más obvio.

Figura 2.2: Cambio en el “punto de entrada”
Cuanto menor sea la relación entre la palabra u objeto elegido como estímulo y el problema que se quiere resolver, menor será la probabilidad de que el pensamiento caiga en el punto de entrada natural del problema y más sorprendentes serán las asociaciones que surjan.
Se han propuesto diversas técnicas para estimular esos pensamientos previos a la conexión con el problema en cuestión. Así, puede utilizarse un objeto cualquiera o una imagen o un sustantivo buscado al azar en un libro o diccionario, y evaluar sus características, sus componentes, su funcionalidad, etc. En general, la técnica involucra encolumnar dichos elementos y luego asociar cada uno de ellos con el problema en cuestión.
TABLA 2.1
| Campo análogo: Rosedal | Campo real: alimento para bebés |
| Pétalos suaves | Papilla lisa |
| Con muchas variedades | Variedad de sabores |
| De gran colorido | Envase muy colorido |
| Lugar público | Campaña sobre alimentación del bebé |
| Denota placidez | El rótulo debe trasuntar placidez y confianza |
En la tabla 2.1 se presenta un ejemplo donde la palabra estímulo es rosedal y se utilizan algunas de sus características para generar ideas relativas al lanzamiento de un alimento para bebés.
Cabe consignar que además de la selección de un punto de entrada distinto, la técnica actúa a través de dos vías adicionales:
Al forzar dos áreas de atención en paralelo, se provoca el disparo simultáneo y la asociación de las secuencias neurales del estímulo y del problema induciendo una reestructuración de esquemas.
Al trasladar características del objeto estímulo al problema, se establecen analogías.
Técnica SCAMPER
Otra técnica para desestructurar esquemas y volver a asociarlos en formas novedosas es la propuesta por Alex Osborn en 1953 y perfeccionada por Bob Eberlee en 1971. Al respecto, sugirieron una lista de verbos manipulativos, que derivó en la técnica conocida como SCAMPER por las iniciales de los verbos incluidos.
S – Sustituya (cambiar partes, lugares, procedimientos, gente, conceptos)
C – Combine (mezclar características, productos, procesos)
A – Adapte (adaptar procesos, acoplar objetos)
M – Modifique (modificar, agrandar, achicar, exagerar)
P – Proponga otros usos (usar de otros modos o en otras circunstancias)
E – Elimine (simplificar, reducir o quitar componentes, preservar lo crítico)
R – Reordene, revierta (reordenar, invertir el proceso y/o producto)
Los verbos manipulativos otorgan movilidad al problema y obligan a realizar un fraccionamiento y reordenamiento de los elementos que lo componen.
La técnica resulta particularmente útil cuando se trata de idear productos y/o servicios, ya que permite inducir modificaciones en sus características.
Así, por ejemplo, tomando la R (reordene, revierta), pueden obtenerse ideas creativas invirtiendo el problema o la situación real en un sentido u otro, de arriba abajo, de adentro hacia afuera, del final al principio, etc.
Esto genera un reordenamiento forzado de la información. Una vez realizada la inversión, se explora la nueva situación creada y se desarrollan nuevas ideas, enfoques y posibles soluciones.
De Bono (1991) ejemplifica este mecanismo con la célebre fábula de Esopo, en la que el nivel del agua en una vasija de boca estrecha estaba demasiado bajo para que un pájaro pudiera llegar hasta ella con su pico y beberla. El ave empezó a imaginar medios para extraer el agua de la vasija, sin llegar a ninguna solución satisfactoria. Luego invirtió el enfoque y en vez de intentar sacar el agua de la vasija, comenzó a introducir piedritas, para hacer subir el nivel del agua y beberla. En este caso, la inversión directa condujo a la solución, ya que en vez de moverse hacia el agua, el pájaro logró que el agua se moviera hacia él.
Otro ejemplo de inversión es la visión que tuvo Henry Ford para el ensamblado de los automóviles. En vez de mover las autopartes hacia el vehículo, movió el vehículo hacia las autopartes, implementando así en 1913, la línea de montaje para la fabricación del Ford T.
No siempre la simple inversión soluciona el problema, pero puede servir de punto de partida para conferir una nueva dirección al pensamiento.
Brainstorming
El brainstorming fue desarrollado entre los cuarenta y los cincuenta por Alex Osborn (el mismo que propuso la técnica SCAMPER). Se basa en lo que hemos llamado cross fertilization, donde el número de ideas que surgen del trabajo en grupo es mayor que el de la suma de los individuos aislados.
Para ello, se convoca a un grupo de personas con formación diversa para una sesión creativa, buscando interacción formal entre mentes distintas, de manera tal que lo establecido en una pueda ser novedoso para otra. Así, las ideas de uno disparan otras en los demás y el circuito se realimenta hasta integrar una idea mejor que el aporte de las partes.
El requisito de diversidad en el grupo de participantes es clave, ya que si todos ellos tuvieran formaciones y vivencias similares, difícilmente habría multiplicidad de criterios. La presencia de personas con distintas extracciones asegura contar con amplios espacios conceptuales y así extender la posibilidad de generar más alternativas.
Una sesión de brainstorming consta de tres partes:
Fase de preparación (puesta al día sobre el tema a analizar),
Fase divergente (exploración, apertura, libre asociación, fluencia de ideas),
Fase convergente (evaluación, juicio, selección, enfoque, disciplina).
Fase de preparación
Consiste en proveer información al grupo de participantes de la sesión. La información mínima a proveer debe incluir, obviamente, la descripción del problema a resolver, las restricciones del mismo y los requisitos de aceptabilidad de la solución.
Ya se mencionó que la formación de ideas creativas es consecuencia de nuevas asociaciones basadas en la información almacenada en la memoria de largo plazo. Consecuentemente, a la hora de generar ideas fructíferas, será importante disponer de una cierta cantidad de información afín al problema que se intenta resolver. Sería inocente creer que ideas brillantes y novedosas podrían ser generadas imprevistamente a partir de un grupo de siete a diez personas que, sin ninguna preparación, se reúne por alrededor de una hora.
Por consiguiente, la fase de preparación deberá aportar un mínimo de información adicional sobre la temática del problema. La cantidad y profundidad de dicha información requiere un óptimo. Si es poca, la probabilidad de generar nuevas asociaciones útiles será baja, pero si es excesiva, se corre el peligro de condicionar la originalidad de las respuestas.
Es por ello que la información aportada en la fase de preparación deberá ser cuidadosamente seleccionada, evitando el manejo de esquemas altamente integrados y por ende difíciles de desestructurar. Al respecto, se ha dicho que “La calidad de las ideas creativas depende de la calidad de la preparación con que abordamos el tema”.
Una vez concluida la fase de preparación, el grupo puede continuar con las fases siguientes.
Fase divergente
En esta fase, los miembros del grupo aportan, durante un tiempo previamente estipulado, el mayor número posible de ideas sobre el tema establecido. Para la fase divergente, Osborn desarrolló cuatro reglas básicas:
1 Juicio diferido: el juzgamiento de las ideas debe ser postergado para el final (obsérvese que esta regla concuerda con la actitud de aplazamiento de juicios ya vista).
2 La improvisación es bienvenida: cuanto más salvaje es la idea, mejor.
3 Cantidad más que calidad: cuanto mayor es el número de ideas, más posibilidad hay de encontrar soluciones ganadoras (coincide con la actitud de búsqueda de alternativas).
4 Buscar la combinación y la mejora: además de contribuir con ideas propias, los participantes deben perfeccionar las ideas de los otros o, eventualmente, unir dos o más ideas para generar una nueva.
Las ideas generadas por los integrantes del grupo se registran mediante una frase en un rotafolio o pizarrón.
La fase de divergencia suele durar entre veinte y cuarenta minutos, y es cerrada por el coordinador. Generalmente, surgen de estas sesiones entre treinta y cincuenta ideas, que deberán depurarse en el proceso posterior, de convergencia.
Fase convergente
La fase convergente puede realizarse a continuación de la divergente, aunque es también común aplazarla para el día siguiente, a efectos de dejar un tiempo para un eventual proceso de incubación.
A pesar de que solo se han popularizado las consignas que caracterizan la fase divergente del brainstorming, también la fase convergente requiere algunas reglas:
definición de los criterios de aceptación para las ideas,
agrupamiento por afinidad,
fortalecimiento (superar las debilidades, hacerlas más prácticas y atractivas),
evaluación y selección.
De las treinta a cincuenta ideas, suelen quedar dos o tres ganadoras, o “ideas fuerza”, que obviamente requerirán el aporte de muchos más elementos antes de convertirse en un concepto (una idea comercializable) o en una innovación. Pero este aspecto se ampliará en el próximo capítulo 3, dedicado a la innovación, y particularmente, en el capítulo 12, que describe las etapas del proceso de desarrollo de productos en las empresas modernas.
CAPÍTULO 3
Innovación
Innovación
El concepto de innovación fue introducido por primera vez por Joseph Alois Schumpeter, un destacado economista y sociólogo austríaco, que en 1925 fue profesor en Bonn y que a partir de 1932 se instaló en Estados Unidos para ejercer en la universidad de Harvard hasta su muerte en 1950.
Una de las principales obras de Schumpeter es Teoría del desarrollo económico, que publicó en 1911 y donde por primera vez usa el concepto de innovación. Sin embargo, la palabra innovación recién toma connotación global en 1934, cuando la segunda edición del libro, publicada en alemán en 1926, es traducida al inglés (Schumpeter, 1934). En esa obra, postula que el progreso económico, dentro del capitalismo, no tiene un crecimiento sostenido y regular, sino que se desarrolla con alteraciones periódicas, generadas por emprendedores, que causan desequilibrios en el mercado y logran ventajas competitivas respecto del resto.
A esa voluntad de transformar las condiciones existentes, superar obstáculos y crear cosas nuevas Schumpeter la llamó innovación y la definió como: “Nuevas combinaciones de los factores de producción que modifican profundamente el sistema productivo existente antes de la innovación”.
Al respecto, identificó como innovaciones a la creación de nuevos bienes o nueva calidad de un bien existente, el desarrollo de nuevos métodos de producción o comercialización, la obtención de nuevas fuentes de materias primas o insumos, la apertura de nuevos mercados y la implementación de una nueva forma de organización empresarial.
En su teoría, también predice que los liderazgos logrados por los emprendedores son temporalmente limitados, ya que la difusión del conocimiento, la imitación de la innovación, el vencimiento de las patentes, etc., hacen que el resto del mercado reaccione y que tarde o temprano la ventaja competitiva sea neutralizada.
Como consecuencia de estos fenómenos, el mercado se ve afectado por ciclos sucesivos de divergencia y convergencia.
La divergencia aparece cuando alguien detecta necesidades, manifestadas o no por los consumidores, y genera una innovación que le otorga el liderazgo del mercado.
Apenas instalada la innovación, la competencia reacciona e intenta neutralizar las ventajas competitivas, por lo que se inicia un ciclo de convergencia, donde la diferenciación del líder es cada vez menor. Al final del mismo, todos presentan ofertas relativamente similares y las diferenciaciones se establecen a través de acciones competitivas poco disruptivas: precios, promociones, publicidad, distribución, etc.
Sin embargo, esta situación no dura eternamente, ya que siempre vuelve a aparecer alguien con una nueva innovación, para recomenzar el juego divergencia/convergencia que derivó en la afirmación de Schumpeter “La innovación dinamiza la economía”. En la figura 3.1 se esquematiza el mecanismo descripto.

FIGURA 3.1: Ciclos de divergencia/convergencia impulsados por la innovación
En algunos casos, la reacción de los players establecidos en el mercado llega a pasar los límites del fair play, con intentos de prohibir o denostar el nuevo producto entrante. Un ejemplo es el de la introducción de la margarina en América. La industria láctea la consideró una amenaza para el negocio de la manteca y reaccionó agresivamente, tratando de impedir por todos los medios la introducción y expansión del producto. Así, en Estados Unidos lograron prohibir por un cierto tiempo su fabricación, importación y comercialización. Tras la apelación, la prohibición fue considerada inconstitucional, pero aun así, lograron imponer un impuesto a su fabricación y venta que duró cerca de ochenta años. En otros países, como Canadá, se prohibió su fabricación, importación y venta por alrededor de sesenta años. Esta historia se considerará en detalle en el capítulo 5.
Algo similar ha ocurrido y sigue ocurriendo con los edulcorantes intensivos. Cada vez que aparece uno nuevo, obviamente aprobado por el Comité de Expertos en Aditivos Alimentarios (Joint Expert Committee on Food Additives - JECFA), dependiente de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la web se llena de “pseudo investigaciones científicas” que alertan sobre supuestos aspectos perjudiciales para la salud del nuevo producto con el fin de demonizarlo.
Como puede verse, el concepto de innovación de Schumpeter se nutre en lo económico y, por tanto, no solo está limitado a nuevos productos, procesos o servicios, sino que también comprende formas de comercialización y organización empresarial.
En relación con los conceptos discutidos en el capítulo 2, podría decirse resumidamente que la innovación es “creatividad comercializada” y que en general debe:
ser algo nuevo, creado, útil,
ser puesto en práctica,
producir dinero.
Como puede verse, una innovación incluye dos conceptos: novedad y valor, por lo que podría considerarse que innovar involucra transformar nuevas ideas en valor.
Ello lleva a distinguir entre una idea creativa, una invención y una innovación.
Según se ha visto en el capítulo 2, generar ideas creativas involucra encontrar combinaciones novedosas entre distintos elementos ya disponibles en nuestra mente.
A su vez, inventar es la capacidad de concretar esas ideas en un producto, proceso o servicio real, tangible y patentable. Un invento es la implementación de una idea, algo novedoso y útil que antes no existía. Sin embargo, no es necesariamente una innovación. No es raro que inventos excelentes, novedosos y hasta patentados no lleguen nunca al mercado o si lo hacen, no sean exitosos.
Innovar involucra crear e implementar algo novedoso y útil, colocarlo en el mercado y que el cliente esté dispuesto a pagar por ello. Debe impactar en el mercado.
Resumidamente, acorde a la concepción de Schumpeter, para transformarse en una innovación, un invento debe comercializarse y, lo más importante, debe ser exitoso.
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