Kitabı oku: «El uso de la puntuación en español»

Alicia María Zorrilla
El uso de la puntuación
en español

| Zorrilla, Alicia MaríaEl uso de la puntuación en español / Alicia María Zorrilla. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Libros del Zorzal, 2022.Libro digital, EPUBArchivo Digital: descarga y onlineISBN 978-987-599-839-11. Lingüística. I. Título.CDD 465 |
Diseño de tapa: Osvaldo Gallese
© 2021. Libros del Zorzal
Buenos Aires, Argentina
<www.delzorzal.com>
© 2016. Alicia María Zorrilla
Comentarios y sugerencias: info@delzorzal.com.ar
Queda prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, por cualquier medio o procedimiento, sin la autorización previa de la editorial o de los titulares de los derechos.
Impreso en Argentina / Printed in Argentina
Hecho el depósito que marca la ley 11723
Índice
Prólogo | 5
La puntuación | 10
El punto | 12
La coma | 25
El punto y coma | 64
Los dos puntos | 69
Los puntos suspensivos | 82
Los signos de interrogación y de exclamación | 89
Los paréntesis | 98
Los corchetes | 109
Las comillas | 118
La raya | 134
Las dos rayas o la doble raya | 144
El guion | 146
La diéresis o crema | 155
La barra | 156
La barra doble | 162
La doble barra vertical o pleca doble | 163
La llave | 165
El asterisco | 167
El apóstrofo | 171
El párrafo | 174
El calderón | 176
La puntuación, paralenguaje emocional | 177
Bibliografía | 190
Prólogo
Bien vale que cada día nos unamos para hablar de las palabras, para indagar sus inmensos espacios y trasladarnos a través de todos sus tiempos. Una palabra no guarda un solo significado; una palabra posee muchos seres comprometidos con la vida y con otras vidas que fueron y que son. Sale al aire plena y se hace aire —la página recoge ese aire—, y crece hasta las orillas de quien la recibe para sellar un pacto de soledad, pues la palabra pertenece a todos, pero cuántas veces cada uno habla en silencio con ella y se convierte en necesario cómplice de ese silencio. La máscara tiembla y cae, y la palabra pare al hombre verdadero para que se vacíe en presentes infinitos, para que se haga raíz con sus raíces, para que crezca realmente libre en ese instante único de feliz contemplación.
La gran obra de Cervantes lo corrobora, pues es, sin duda, una reflexión abierta sobre la escritura y sobre la reescritura. Cada oración predice que la palabra debe esculpir la memoria de los hechos: «¡Válame Dios, y quién será aquel que buenamente pueda contar ahora la rabia que entró en el corazón de nuestro manchego, viéndose parar de aquella manera!»1. ¿Quién será aquel que buenamente pueda contar…?
Don Quijote es lector convencido y apasionado; defiende lo que ha leído y reconoce que esa literatura ha hecho posible el nacimiento de otro hombre, el que sueña hacia adentro y hacia fuera, con todo el cuerpo y en voz alta: «… lea estos libros y verá cómo le destierran la melancolía que tuviere y le mejoran la condición, si acaso la tiene mala. De mí sé decir que después que soy caballero andante soy valiente, comedido, liberal, bien criado, generoso, cortés, atrevido, blando, paciente, sufridor de trabajos, de prisiones, de encantos…»2. Las palabras son los molinos emblemáticos y los gigantes que lo enardecen y lo vencen. Don Quijote descubre, pues, en ellas la metáfora de la vida, un cruce infinito de senderos que ondulan hacia lo desconocido, hacia lo dulcemente desconocido.
Mientras el ávido lector goza de las aventuras del gallardo caballero, escribe, cuenta y se cuenta nuevamente la historia, y son otras las palabras que la imaginación le dicta y que anclan en su tiempo para construir puentes espirituales entre las de ayer y las de su hoy, que no serán las de para siempre. Como Cervantes, se siente padrastro de la obra y no padre o autor. Crea y hasta recrea lo que ha creado porque al penetrar en sí mismo, se derrama en la historia y es parte de ella tantas veces cuantas la lee. Las palabras no se estancan, no son piedras arrumbadas en ninguna parte, no fenecen de la vida. Por eso, Cervantes lo exime de acatar las suyas: «… y sabes lo que comúnmente se dice, que “debajo de mi manto, al rey mato”, todo lo cual te exenta y hace libre de todo respeto y obligación, y, así, puedes decir de la historia todo aquello que te pareciere, sin temor que te calumnien por el mal ni te premien por el bien que dijeres de ella»3. El libro sale a la luz para decir y dice para que cada lector diga, para que se comprometa con la escritura de esa «leyenda seca como un esparto, ajena de invención, menguada de estilo, pobre de conceptos y falta de toda erudición y doctrina»4, como reza el «Prólogo» cervantino. Con gran ironía, define mediante antítesis el generoso contenido, la inmortal aventura. De esa parodia, surge también el consejo para escribir con decoro, para comunicar con diafanidad, con limpieza, para organizar bien la trama. El supuesto amigo del futuro autor, «gracioso y bien entendido», le dice: «… procurar a la llana, con palabras significantes, honestas y bien colocadas, salga vuestra oración y período sonoro y festivo, pintando en todo lo que alcanzáredes y fuere posible vuestra intención, dando a entender vuestros conceptos sin intrincarlos y escurecerlos»5. Y agrega: «… llevad la mira puesta a derribar la máquina mal fundada de estos caballerescos libros, aborrecidos de tantos y alabados de muchos más; que si esto alcanzásedes, no habríades alcanzado poco»6. Y no habrá alcanzado poco porque escribir bien es un inmenso acto de amor sin condiciones que se hace visible en la consagración del equilibrio y de la armonía del texto. Es guiar al que nos lee y acompañar al que nos escucha, y es también gozar de un estado de beatitud inefable y transformativo. Tal vez, la beatitud que sintió Cervantes cuando escribió su Don Quijote, enamorado de la palabra, porque la vio mujer y tan bella como el silencio del sol; acaso, la que vibró en don Quijote cuando leyó entusiasmado sus «falsos, mentirosos, dañadores e inútiles»7 libros de caballerías porque quería ser artífice de otra vida y fundar otros nombres, y vivir, morir y resucitar para vivir, morir y resucitar otras tantas veces; quizá, la que asombrados presentimos alguna vez cuando caminamos tras la voluntad de Rocinante para deslumbrarnos con otras aventuras porque el lenguaje se hacía transparencia, y esta, símbolo de la verdad que sostiene: «Salió en esto don Quijote, armado de todos sus pertrechos, con el yelmo, aunque abollado, de Mambrino en la cabeza, embrazado de su rodela y arrimado a su tronco o lanzón»8. Las palabras cervantinas no traducen un alma, es el alma quien se hace palabras, quien se vacía en palabras, para que la tierna belleza de sus personajes no cese, y sea realidad su poética escritura, esa escritura sin tiempos que nos devuelve con nostalgia los de su autor y los del que abandonó todos sus sentidos a los pensamientos caballerescos para que sus magníficas obras quedaran escritas «en el libro de la fama por todos los venideros siglos»9. Y aquí, sin tomar reposo, don Quijote nos detiene: «—No más: cesen mis alabanzas […], porque soy enemigo de todo género de adulación; y aunque ésta no lo sea, todavía ofenden mis castas orejas semejantes pláticas»10.
Con el recuerdo de este inolvidable manchego —el que sin ser, sigue siendo— y en honor de su célebre creador, nos adentraremos en una nueva aventura: la de saber puntuar, la de entender el significado de cada signo de puntuación, la de concienciar —como bien dice José Antonio Millán— que puntuar «es un arte, un reto: una necesidad. Su dificultad más grande proviene de que exige un desdoblamiento: el que puntúa debe ponerse en el lugar del que va a leer, sin abandonar el lugar del que está escribiendo. Y tener en cuenta al otro (que horas o décadas después vendrá sobre nuestro texto) siempre supone un esfuerzo…»11. Trataremos, pues, de que ese esfuerzo sea fructífero, y de que el uso de comas, comillas, guiones, rayas, puntos suspensivos, paréntesis o corchetes orienten nuestras palabras para que no se salgan un punto de la verdad.
Alicia María Zorrilla
La puntuación
¿Qué es la puntuación?
Puntuar significa ‘colocar adecuadamente los signos ortográficos para distinguir el valor prosódico de las palabras y el sentido de las oraciones y de cada uno de sus miembros’. Aunque muchas veces la puntuación es subjetiva (puntuación estilística), no deben dejarse a un lado las normas correspondientes (puntuación gramatical).
Puntuación es la acción y el efecto de puntuar, y también, el conjunto de los signos que sirven para puntuar.
Signos de puntuación

Signos auxiliares de puntuación

El punto
La palabra punto deriva del latín punctum, ‘punzada, picadura, punto’. Desde el punto de vista lingüístico, el punto es la mayor pausa sintáctica. Debe colocarse cuando lo que se ha escrito tiene sentido completo, y puede redactarse otro período sin que se dude acerca de la comprensión del anterior.
Su uso lingüístico y no lingüístico
1. Señala el fin de la oración y de su figura tonal:
La obra literaria no es, si mi opinión parece cierta, un fruto más o menos aberrante del tronco lingüístico común, sino un lenguaje aparte, sobre cuya independencia no puede engañarnos el hecho de que comparta muchos caracteres léxicos y gramaticales con los demás frutos del mismo árbol12.
2. Separa oraciones:
El rostro se le disolvió. Le bulleron todas las materias del cuerpo físico, todas las esencias del cuerpo espiritual. Brazos y piernas parecían los del Inca José Gabriel Condorcanqui cuando lo descoyuntaban los cuatro caballos centrífugos. En el furor de las contorsiones perdió los zapatos y se le abrió la ropa como una vaina madura13.
3. Delimita párrafos:
En Castilla hay muchas lagunas cenagosas donde juegan los niños, como Juan y sus amigos, a lanzar a modo de flechas varitas de junco o de mimbre que el agua recibe y luego vomita entre inocentes apuestas de ver quién tuvo más fuerzas, quién llegó más lejos.
Parece que Juan apunta a la distancia desde el principio: tendrá que mojarse si quiere recuperar su mimbre. Es el ganador, pero al avanzar pierde el equilibrio y la espesura del barro lo atrapa fácilmente: mientras más lucha por salir más grande es la huella hacia lo hondo. Asustados, sus compañeros de juego piden ayuda mientras Juan, extrañamente quieto, contempla la imagen de una Señora que le ofrece el socorro de su mano limpia y él no se la quiere dar por no ensuciársela14.
4. Cierra las abreviaturas15; indica que un grupo de letras funciona como abreviatura de una palabra: cap. (capítulo), ed. (edición), pdo. (pasado).
Las abreviaturas terminadas en alguna letra volada deben tener punto antes de esta: art.° (artículo), Prof.ª (profesora), V.° B.° (visto bueno). Exime de punto los símbolos relativos a pesas y medidas: m, cm, l, dg, t16.
5. Forma parte de la i y de la j minúsculas (nunca de las mayúsculas).
6. Con la coma, forma el punto y coma (;).
7. Con otro punto, forma los dos puntos (:).
8. Con otro punto, ambos a la misma altura, la diéresis o crema17: antigüedad.
9. Forma parte de los signos —de apertura y de cierre— de interrogación y de exclamación: ¡Viva! ¿Cuándo regresará tu padre? Por eso, detrás de estos no ha de colocarse otro punto.
10. Tres puntos seguidos constituyen los puntos suspensivos. Si una oración termina con una abreviatura y puntos suspensivos, se colocarán los cuatro puntos: ¿Llamará el Dr....?
11. Tres puntos seguidos, dentro de corchetes, los puntos encorchetados:
Cada uno de los barrios de la ciudad ha tenido, […], su librería representativa, grande o diminuta, pero siempre con un sello propio y original18.
12. En los índices, aparecen varios seguidos; son los puntos conductores, que unen, generalmente, un concepto con un número:
EL VERBO ..................................................... 1
EL SUSTANTIVO .......................................... 8
EL ADJETIVO ................................................ 12
13. Varios puntos seguidos indican la omisión de uno o de más párrafos en una cita directa:
Los hombres de la cultura barroca muestran una obsesiva preocupación por el tiempo. Cuenta en todas las manifestaciones de la vida, como hemos dicho; aparece en cualquier cosa de que se escribe. Se subraya en todas las cosas su ingrediente de temporalidad. Shakespeare y Quevedo apenas dejan de pensar en el tema, o mejor, todo lo piensan en relación con él. En alguna dependencia con ello se ha podido decir que es la época de esplendor del arte de la relojería. Aunque, a nuestro entender, si puede afirmarse esto del siglo xvii, lo es ante todo en cuanto época moderna, heredera de la cultura urbana y burguesa del Renacimiento, sin dejar por ello de ser cierto que en ese punto coinciden los dos aspectos de la centuria: su condición de modernidad es un factor de la mentalidad barroca.
......................................................................................................................
De ahí la preocupación del Barroco por el tema de las ruinas. En ellas pretende encontrar el testimonio de un tiempo, respondiendo a la incipiente conciencia histórica que trata de abrirse paso. En tal sentido, el escritor barroco cultiva la arqueología, al modo de un Rodrigo Caro19.
14. Detrás del número, letra o palabra que encabeza cada parte en una enumeración o en una serie de artículos:

15. Si las horas se expresan con números, se separan de los minutos con punto, pues los minutos no son decimales, sino sexagesimales: 3.45; 18.30. También pueden usarse dos puntos en textos científico-técnicos: 3:45; 18:30.
16. Las edades de las personas (años y meses) llevan punto, pues los meses no son decimales, sino duodecimales: 7.6 (siete años y seis meses).
17. Para separar los enteros de los decimales: 30.25 (en español, se recomienda el uso de la coma: 30,25).
18. Para separar día, mes y año: 25.5.2005. También pueden expresarse con guion (25-5-2005) y con barra (25/5/2005).
19. Después de comillas, paréntesis o corchetes de cierre, raya de cierre y número voladito:
Llegó asustada, pero feliz. (Nadie la había seguido esta vez).
(Y si no aprueba...).
Sus palabras fueron precisas: «¡No la veré más!».
«Lo malo nunca lo es de repente» (Alonso de Ercilla).
La palabra viento se pronuncia [biento].
«La suerte de un pueblo depende del estado de su gramática. No hay gran nación sin propiedad de lenguaje»20.
¿Dónde viven las termitas u hormigas blancas?2.
No crea que...3.
«¡Cuánta sed de justicia!»4.
—¡No lo trates así! —dijo Emanuel—. ¿Quieres que se vaya?
20. Cuando la dirección electrónica o la de una ciberpágina ocupan el final de la oración:
La dirección electrónica de la institución es la siguiente: info@gmail.com.
Busca el origen de los volcanes en esta ciberpágina: <http://www.monografias.com/trabajos94/sobre-volcanes/sobre-volcanes.shtml>.
21. Para separar en sílabas una palabra (no se dejan espacios): pá.ja.ro.
22. Como signo multiplicador en Matemática: 1209 • 312 = 377 208
23. Para separar títulos de subtítulos:
Confieso que he vivido. Memorias, de Pablo Neruda
Omisión del punto
1. En los títulos de libros o de capítulos, centrados o marginados, en tapas y portadas; en subtítulos, etiquetas, rótulos, eslóganes:
Todo verdor perecerá
Patagonia: paraíso de la Argentina
Tus mejores vacaciones
2. Tras el nombre del autor o tras el título de la obra, en tapas, portadas, prólogos, firmas de cartas, salvo que vayan a renglón seguido:
Miguel de Cervantes Saavedra
El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha
3. En los textos que aparecen al pie de un cuadro, lámina, grabado, fotografía periodística, etcétera. Por ejemplo, si el título de un cuadro es Ciudad en otoño, no se le agregará ningún punto. Si el texto es extenso, conviene cerrarlo con un punto. Si el texto es extenso (dos o más líneas), conviene cerrarlo con un punto, sobre todo, si hay puntuación interna.
4. Las dedicatorias, que aparecen al principio de un libro, no llevan punto, excepto que el texto sea extenso:
A mis abuelos
A mis padres, a mis hermanos, a mi esposa, a mis hijos, a mis amigos y a todos los que colaboraron para que este libro viera la luz.
5. Cuando un número de cuatro cifras indica un año: 2015.
6. No se usa en otros números de cuatro cifras: $ 9680.
7. De acuerdo con la normativa internacional, cuando la cantidad posee más de cuatro cifras, se deja un espacio fino en el lugar del punto: 45 760; 125 500; 1 234 987. En la Argentina, por razones de seguridad, puede usarse el punto en textos contables.
8. En la I y en la J (solo las minúsculas deben llevar punto).
9. En las siglas: ONU; SADIO.
10. En los números de códigos postales, apartados de correos, versos, páginas, años, domicilios, artículos, leyes, decretos:
Código Postal 28456
verso 12345
página 1267
año 2005
Avenida del Libertador 12458
Ley 12987
En años (de cinco dígitos) anteriores a Cristo: 40710 a. C.
Adviértase que, en estos ejemplos, no se deja espacio entre los números.
11. Después de los signos de interrogación y de exclamación de cierre. Son incorrectos, pues, los puntos que cierran estas oraciones:
*¿Cuándo viajarás a la provincia de Tucumán?.
*¡Qué bien vives!.
12. Cuando la oración termina con una abreviatura:
Enseñó los signos de puntuación, el uso de las mayúsculas, las reglas de acentuación, las preposiciones, etc.
El punto de la abreviatura cierra también la oración.
13. Después de los tres puntos suspensivos, no se colocará un cuarto punto, salvo que se interpongan comillas o un número voladito
14. Después del paréntesis de cierre en una cita a pie de ejemplo:
Cuando me iba pensé en ti:
en la mirada de tu ojo triste
y en el temblor de tu ojo alegre;
porque cada pupila es la mitad de tu alma
y tu alma llora y ríe alternativamente
y nos dice que sí, que no, que sí,
y para cada instante tiene
una lágrima dulce y una lágrima amarga.
(Horacio Armani: «La doble imagen», fragmento)
15. En los índices, después del título de cada tema.
16. Después de direcciones electrónicas o de direcciones de ciberpáginas cuando estas constituyen el único texto en una línea:
La dirección de correo electrónico es la siguiente:
escuelasuperior@gmail.com
17. En índices temáticos, después del nombre del tema:
adjetivo 10
sustantivo 15
verbo 23
Sí, pueden usarse los dos puntos:
adjetivo: 10
apodos: 115
— Escritura de los: 116
sustantivo: 15
Punto y seguido o punto seguido
El punto y seguido o punto seguido es el que se usa cuando termina un período, y el texto continua inmediatamente después de él, en el mismo renglón o al principio del renglón siguiente, sin sangría. El espacio que sigue a este punto debe ser igual a los restantes de la misma línea.
El punto y seguido separa oraciones que poseen continuidad temática, es decir, que se relacionan por su contenido dentro de un párrafo:
Estoy sentado junto a la alcantarilla aguardando a que salgan las ranas. Anoche, mientras estábamos cenando, comenzaron a armar el gran alboroto y no pararon de cantar hasta que amaneció. Mi madrina también dice eso: que la gritería de las ranas le espantó el sueño. Y ahora ella bien quisiera dormir. Por eso me mandó a que me sentara aquí, junto a la alcantarilla,
y me pusiera con una tabla en la mano para que cuanta rana saliera a pegar de brincos afuera, la apalcuachara a tablazos…
Las ranas son verdes de todo a todo, menos en la panza. Los sapos son negros.
También los ojos de mi madrina son negros. Las ranas son buenas para hacer de comer con ellas. Los sapos no se comen; pero yo me los he comido también, aunque no se coman, y saben igual que las ranas21.
Punto y aparte, punto aparte o punto acápite22
Según el Diccionario académico, el punto y aparte es el que se pone cuando termina un párrafo, y el texto continúa en otro renglón más entrado que los demás de la página. Implica una pausa mayor que el punto y seguido.
Su uso
1. Para separar oraciones de distinto contenido:
Y allá se tropezó con Barbarita, una tarde, cuando de remontada por el Arauca con un cargamento de víveres para La Barquerena, el bongo de Eustaquio atracó en el paso del Bramador, donde él estaba dirigiendo la tirada de un ganado.
Una tormenta llanera, que se prepara y desencadena en obra de instantes, no se desarrolla, sin embargo, con la violencia con que se desataron en el corazón de la mestiza los apetitos reprimidos por el odio; pero éste subsistía y ella no lo ocultaba23.
2. Para delimitar párrafos:
Al leer el texto del Quijote, nos llama especialmente la atención un conjunto de palabras y frases que comprendemos, pero que no se ajustan a nuestros hábitos lingüísticos actuales, bien por su forma gramatical, bien por su significado o simplemente por su ortografía.
También nos chocan otras palabras y algunas frases que ya no se entienden sin una explicación particular. No debe creerse sencillamente que todos esos rasgos sean solo propios de Cervantes. Por ello, al menos podemos preguntarnos qué usos cervantinos estaban en perfecta sintonía con los de la mayoría de los escritores contemporáneos suyos; cuáles miraban más al pasado, cuáles se proyectaban al futuro; qué otros, de entre los que asoman a su texto, están corrompidos por impresores o correctores, cuáles corresponden realmente a sus hábitos, sin duda relativamente heterogéneos por formación, quizá poco académica, por vivencias variadas a lo largo del tiempo y de la geografía; cuáles, por fin, son difíciles de explicar.
Es diáfano que Cervantes está preocupado continuamente por la explotación estilística de la lengua. Sin embargo, desde el punto de vista histórico, hay que advertir que la del Quijote corresponde sustancialmente a la de la época en que vivió su autor, la segunda mitad del siglo XVI
y el principio del siglo XVII. Por ello, en el Quijote compiten formas lingüísticas tradicionales con otras más modernas, como en tantos textos y autores de entonces24.
3. Cuando se enfocan distintos aspectos de un mismo tema:
Manuel consultaba con frecuencia su reloj de oro, inquieto y pensativo.
Los punteros marcaban la hora, y tomando su sombrero salió con paso acelerado25.
Su uso exige que, antes de comenzar una nueva oración, se deje, en el renglón siguiente, un espacio en blanco llamado sangría.
Punto final
El punto final es el que acaba una obra, un escrito o una división importante del texto (parte o capítulo)26. Indica que lo expresado no necesita de otras palabras para completar su sentido. Recordemos el final de El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha:
Para mí sola nació don Quijote, y yo para él: él supo obrar, y yo escribir, solos los dos somos para en uno, a despecho y pesar del escritor fingido y tordesillesco, que se atrevió, o se ha de atrever a escribir con pluma de avestruz grosera y mal deliñada las hazañas de mi valeroso caballero, porque no es carga de sus hombros, ni asunto de su resfriado ingenio, a quien advertirás, si acaso llegas a conocerle, que deje reposar en la sepultura los cansados y ya podridos huesos de don Quijote, y no le quiera llevar contra todos los fueros de la muerte a Castilla la Vieja, haciéndole salir de la fuesa, donde real y verdaderamente yace tendido de largo a largo, imposibilitado de hacer tercera jornada y salida nueva: que para hacer burla de tantas como hicieron tantos andantes caballeros, bastan las dos que él hizo tan a gusto y beneplácito de las gentes a cuya noticia llegaron, así en estos, como en los extraños reinos: y con esto cumplirás con tu cristiana profesión, aconsejando bien a quien mal te quiere, y yo quedaré satisfecho y ufano de haber sido el primero que gozó el fruto de sus escritos enteramente, como deseaba, pues no ha sido otro mi deseo que poner en aborrecimiento de los hombres las fingidas y disparatadas historias de los libros de caballerías, que por las de mi verdadero don Quijote van ya tropezando, y han de caer del todo sin duda alguna. Vale27.
Cuando se utiliza, por ejemplo, para separar fragmentos dentro de un capítulo, como sucede en la novela actual, debe dejarse un espacio en blanco equivalente a dos o tres renglones:
Los violines chocaron contra los cristales: la alegría, la renuncia. La alegría de esa mueca forzada debajo de los ojos claros y brillantes. Él tomó el sombrero de una silla. Caminó hacia la puerta del apartamento. Se detuvo con la mano sobre la perilla. Miró hacia atrás.
Laura acurrucada, con los cojines entre los brazos, de espaldas a él. Salió. Cerró la puerta con cuidado.
Yo despierto otra vez, pero esta vez con un grito: alguien me ha clavado un puñal largo y frío en el estómago; alguien desde fuera: yo no puedo atentar contra mi propia vida de esta manera: hay alguien, hay otro que me ha clavado un acero en las entrañas: alargo los brazos, hago un esfuerzo para levantarme y ya están allí las manos, los brazos ajenos sujetándome, pidiendo calma, diciendo que debo permanecer quieto…28.
La coma
La palabra coma29 proviene del griego y significa ‘corte, parte de un período’. De acuerdo con la nueva edición de la Ortografía de la lengua española, se origina en el sistema de puntuación grecolatino, en la subdistinctio (.), que indicaba una pausa breve durante la lectura en voz alta y separaba unidades menores que la oración, llamadas incisos o comas. En el siglo xv, Antonio de Nebrija usó los dos puntos (:) con la misma función. Su forma proviene de la vírgula (/), signo primero oblicuo y después curvo (,), que se empleó «desde el Renacimiento para separar elementos de una enumeración o para encerrar expresiones parentéticas»30.
Es el signo de puntuación que señala la división de los sintagmas más breves dentro de la oración. Por lo tanto, expresa pausa breve. Separa ideas que tienen entre sí una relación de analogía.
Su uso
1. La coma se usa para destacar elementos intercalados en la oración, como el vocativo, la aposición explicativa, el adjetivo explicativo, la cláusula absoluta31, la interjección, locuciones y conectores (es decir, en fin, por último, por consiguiente, sin embargo, no obstante, además, mejor dicho, en síntesis, entre tanto, de ese modo, a saber, al menos, así y todo, en tal caso, en cualquier caso, en general, por tanto, por lo tanto, por ejemplo, en realidad, pues, o sea, entonces, en resumen, en pocas palabras, es más, más aún, en definitiva, por fin, en consecuencia, en efecto, aun así, por supuesto). Se llama coma de inserción o de incrustación.
El vocativo
El vocativo se coloca entre comas si aparece en medio de la oración; seguido de coma, si va al principio; o precedido de coma, si va al final.
«¡Papá, quiero esto!», «Papá, quiero aquello!», «Papá, tengo ganas de tener agua de luna», y el padre salía dulcemente empujado por el ronco encanto tiránico de la vocecita32.
—Siempre, Sancho, lo he oído decir, que el hacer bien a villanos es echar agua en la mar33.
¿Debo llorar, Margarita Weild?34.
Florencia, ciudad con nombre de mujer, ¿es tu espíritu esta luz finísima, esta diáfana atmósfera que acaricia los mármoles y las piedras sin tiempo?35.
Los conectores discursivos36 incrustados
Mi único temor, es claro, era que la boda no llegara a tiempo37.
Vemos, por ejemplo, que al pasar el Congo al primer plano de la actualidad, nuestros periódicos llaman indistintamente congoleses o congoleños a los naturales de aquel país, y, quizás, uno de los gentilicios prevalezca con el tiempo38.
Gerson, a veces, te llevaba a la calle sin pedir permiso39.
Perdón, pues40, perdón por traer al acervo común lo que menos se precia en estos tiempos41.
Más ejemplos:
Juan es japonés, o sea, pertenece a la raza amarilla.
La protagonista, o42 el personaje principal de la obra, es Ofelia.
Ha querido mentirnos, esto es, obligarnos a que hiciéramos lo que él decía.
Te pedimos paciencia, es decir, que sepas esperarnos.
Recorrió varios países, a saber: Italia, Alemania, Suecia, Noruega y Grecia.
Reconozco, por un lado, que nos hemos equivocado y, por otro lado43, no justifico sus desplantes.
Entienden, por una parte, que tener dinero no significa ser feliz, pero, por otra parte, corren tras el dinero.
Ustedes saben que la situación del país es pésima, pues bien, hagamos algo.
Ya se enteraron de lo que sucedió ayer; ahora bien, díganme qué haremos.
Explicaré, en primer lugar, las características de la fauna patagónica.
Sabrá, en fin, que nunca mucho costó poco.
Y dijo, por último, que publicaría otra novela en noviembre.
Traigan, además, pan, queso y mermeladas.
Nunca hace nada y, encima44, duerme la siesta para descansar.
Trataron el tema profundamente, con todo, fueron muy criticados.
Trataron el tema profundamente, no obstante, fueron muy criticados.
Trataron el tema profundamente, sin embargo, fueron criticados.
Rosita parecía, no obstante45 sus años, una niña.
Dígale, en tal caso, que me llame.
No le diré lo que pienso, al contrario, trataré de que usted lo descubra.
No le diré lo que pienso, por el contrario, trataré de que usted lo descubra.