Kitabı oku: «Trabajo social para tiempos convulsos»

Yazı tipi:


Colección: Desarrollo Territorial, 23

Director de la colección: Joan Romero

Cátedra de Geografía Humana. Universitat de València


Consejo editorial:
Nacima Baron École d’Urbanisme de Paris
Dolores Brandis Universidad Complutense de Madrid
Gemma Cànoves Universidad Autónoma de Barcelona
Inmaculada Caravaca Universidad de Sevilla
Josefina Cruz Villalón Universidad de Sevilla
Carmen Delgado Universidad de Cantabria
Josefina Gómez Mendoza Universidad Autónoma de Madrid
Francesco Indovina Istituto Universitario di Architettura di Venezia
Oriol Nel·lo Universidad Autónoma de Barcelona
Andrés Pedreño Universidad de Alicante
Rafael Mata Universidad Autónoma de Madrid
Carme Miralles Universidad Autónoma de Barcelona
Ricardo Méndez CSIC
Joaquim Oliveira Director de Política Regional y Urbana de la OCDE
José Alberto Rio Fernandes Universidade do Porto
Andrés Rodríguez-Posse London School of Economics
Julia Salom Universitat de València Estudi General
Joao Seixas Universidade Nova de Lisboa

Esta publicación no puede ser reproducida, ni total ni parcialmente, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperación de información, de ninguna forma ni por ningún medio, sea fotomecánico, fotoquímico, electrónico, por fotocopia o por cualquier otro, sin el permiso de la editorial. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

© Del texto: los autores, 2020

© De la presente edición: Publicacions de la Universitat de València, 2020

Publicacions de la Universitat de València

puv.uv.es

publicacions@uv.es

Coordinación editorial: Amparo Jesús-María Romero

Corrección: Communico

Maquetación: Inmaculada Mesa

Diseño de la cubierta: Celso Hernández de la Figuera

ISBN: 978-84-9134-741-5

Edición digital

Contenidos

Siglas y acrónimos

Lista de ilustraciones

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN. Cómo ubicarse en tiempos convulsos

CAPÍTULO 1. Buscando una nueva senda en momentos volátiles

1. Otras esferas para la práctica social

2. La práctica clínica, territorio para la construcción de conocimiento

3. El trabajo social comunitario y la seducción de las prácticas narrativas con colectivos

4. Puntos de encuentro entre la práctica narrativa y el trabajo social feminista

CAPÍTULO 2. Los cimientos de un nuevo andamiaje en trabajo social.

1. La contribución de la posmodernidad y el posestructuralismo a la práctica narrativa

CAPÍTULO 3. Los principios de la práctica narrativa

1. Contexto histórico, relato de inconformistas

2. Pensamiento filosófico

3. Conceptos básicos

4. Líneas que orientan la práctica narrativa

5. Postura profesional

6. Aspectos políticos

7. La convalidación de los principios

CAPÍTULO 4. Dibujando los escenarios de verificación

1. Perimetrando los espacios

2. Las entidades objeto de verificación

CAPÍTULO 5. El andamiaje del proceso de estudio

1. Diseño de investigación

2. Gestión del diseño, el armazón necesario

CAPÍTULO 6. Datos, resultados obtenidos y discusión

1. Resultados, análisis de los datos y discurso de los grupos de discusión

2. Resultados, análisis de los datos y opiniones de los/as encuestados/as

3. Resultados, análisis de los datos y discusión del discurso de los/as entrevistados/as

CAPÍTULO 7. Asomándonos al futuro

1. Evaluación de la experiencia

2. Cómo co-construir el nuevo modelo

CAPÍTULO 8. Reflexiones finales

Referencias bibliográficas

Siglas y acrónimos


AETEN Asociación Española de Terapia Narrativa
FITS Federación Internacional de Trabajo Social
IIDL Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local
NASW Asociación nacional de trabajadores sociales estadounidenses
ONG Organización No Gubernamental
PN Práctica narrativa

Lista de ilustraciones

Figura 1. Características de los profesionales posmodernos

Figura 2. Bases del trabajo con familias

Figura 3. Objetivos del trabajo social comunitario según autores

Figura 4. Ideas y principios que dan sentido a las prácticas narrativas con comunidades

Figura 5. Relatos de doble historia

Figura 6. Aspectos relevantes de la práctica narrativa con comunidades

Figura 7. Características de los contradocumentos

Figura 8. Tendencias del trabajo social feminista

Figura 9. Fuentes de la práctica narrativa

Figura 10. Visión de la práctica según el paradigma: moderno/ posmoderno

Figura 11. Elementos de la posmodernidad que asume la práctica narrativa

Figura 12. Supuestos básicos del construccionismo social

Figura 13. Ciclo de debilitamiento progresivo

Figura 14. La ruptura del ciclo de debilitamiento

Figura 15. Ejes básicos del construccionismo social

Figura 16. Clasificación de los conocimientos subyugados

Figura 17. Orientación sobre el ejercicio de la práctica posestructuralista

Figura 18. La influencia del poder para fines de la práctica

Figura 19. Propiedades del pensamiento dialéctico

Figura 20. Proceso de la metáfora antropológica

Figura 21. Experiencias vividas relatada/no relatada

Figura 22. Tipología de los acontecimientos extraordinarios

Figura 23. Tipos de deconstrucción

Figura 24. Tipos de representación de la realidad desde la «teoría del andamiaje»

Figura 25. Conceptos básicos en la gestión de la práctica narrativa

Figura 26. Líneas que orientan la práctica narrativa

Figura 27. Funciones que activa la narrativa en la práctica

Figura 28. Dimensiones políticas entre las personas y sus problemas

Figura 29. Ventajas y desventajas de los contextos asistenciales

Figura 30. Dimensiones de la intervención comunitaria

Figura 31. Fases en la obtención de información

Figura 32. Fundamentos de la elección de la población encuestada

Figura 33. Criterios de selección de los informantes

Figura 34. Secuencia de entrevista/conversación de externalización

Gráfico 1. Crisis diversas

Gráfico 2. Sentimientos de culpa, de miedo, de celos

Gráfico 3. Historias dominantes saturadas por problemas en la casa

Gráfico 4. Definición del problema que les afecta: específica y conductual

Gráfico 5. Media de acontecimientos extraordinarios en el último año de vida de los clientes

Gráfico 6. Frecuencia de las excepciones de la historia dominante del cliente o sus habilidades en la resolución de conflicto

Gráfico 7. Red de relaciones interconectadas

Gráfico 8. Promedio de personas que componen las redes interconectadas

Gráfico 9. Identificación de sí mismos, primera opción

Gráfico 10. Identificación de sí mismos, segunda opción

Gráfico 11. Identificación de sí mismos, tercera opción

Gráfico 12. Las instituciones de servicios sociales están constituidas por «verdades normalizadoras»

Gráfico 13. Las verdades se valoran como absolutas entre los clientes

Gráfico 14. Técnicas empleadas en la organización, primera opción

Gráfico 15. Juicios normalizadores o de valor sobre los clientes en el centro de trabajo

Gráfico 16. Orientaciones en la intervención profesional

Gráfico 17. Tipos de práctica, primera opción

Gráfico 18. Tipos de práctica, segunda opción

Gráfico 19. Tipos de práctica, tercera opción

Gráfico 20. Definición de una situación-problema del cliente

Gráfico 21. Defectos de los profesionales de la acción social, primera opción

Gráfico 22. Defectos de los profesionales de la acción social, segunda opción

Gráfico 23. Defectos de los profesionales de la acción social, tercera opción

Tabla 1. Diferencias en las prácticas tradicionales y posestructuralistas

Tabla 2. Representantes de las distintas corrientes en terapia familiar

Tabla 3. Áreas de competencia del trabajador social clínico

Tabla 4. Consejos técnicos de Mary E. Richmond para los trabajadores sociales

Tabla 5. La práctica posestructuralista y factores de cambio

Tabla 6. Distinción entre el poder tradicional y el poder moderno

Tabla 7. Tabla de analogías, establecida por White

Tabla 8. La postura del profesional como relación

Tabla 9. Entidades de procedencia de los/as encuestados/as, en porcentaje

Tabla 10. Ámbito de procedencia de los/as encuestados/as, en porcentaje

Tabla 11. Profesión de los/as encuestados/as, en porcentaje

Tabla 12. Vínculos del contexto sociopolítico con los problemas sociales

Tabla 13. Fortalezas y debilidades de la supervisión y de la co-vi-sión

Tabla 14. Efectos de las conversaciones de internalización/externalización

Prólogo

Mis queridos colegas, la profesora Amparo Martí Trotonda y el profesor José Vicente Pérez Cosín me comentaron hace ya algún tiempo que estaban trabajando en un libro que trataba sobre las prácticas narrativas en Trabajo Social. Al hablar con ellos en la antesala de los actos académicos que hemos compartido en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universitat de València, me trasladaron su intención de solicitarme prologar el texto. Les agradezco sobremanera la oportunidad que me ofrecen del praefatio, es decir, de darme la palabra primero, por delante de su obra, con el objetivo de introducir el texto y a sus autores. Pensaba yo, equivocadamente, que como hacía tiempo de aquella primera solicitud habrían ya desistido del intento o habría caído en el olvido; pero no, nada más lejos de la realidad. La profesora Amparo Martí me llamó hace un par de días para recordarme vivamente la conversación que mantuvimos y relatarme los hechos de mi compromiso. Y la verdad es que hago este relato con sumo placer, a modo de la figura que en el teatro griego exponía ex ante el contexto y las bases de la historia que iba a dar comienzo.

Conozco bien la trayectoria de ambos autores, pues he compartido con ellos prácticamente la totalidad de mi vida académica y, por consiguiente, el ingente esfuerzo que han tenido que hacer en el desarrollo de su carrera académica y científica. De las muchas conversaciones amables y distendidas con la profesora Amparo Martí, cuando todavía estábamos en los primeros despachos de la Facultad de Derecho (la recuerdo siempre de pie hablando, apoyada sobre el marco de la puerta de su despacho), he podido entender lo que para ella ha supuesto erigirse en académica procediendo de la profesión de trabajadora social. Y no me cabe duda de que lo ha hecho muy bien y que este libro es un hecho que atestigua su éxito en este recorrido. El logro de este proceso ha sido que los contenidos académicos que las profesionales de trabajo social han ido adquiriendo para desarrollar su carrera académica se cimentaban sobre una base potentísima de compromiso (responsabilidad) social, de engagement por lo público y por los derechos sociales; sin lugar a dudas una promesa, una obligación como principio de conducta personal para resolver, solucionar y viabilizar problemas de «los otros». Es curioso porque esta actitud profesional, con una base ideológica progresista, se ha transformado hoy día en un requerimiento pragmático de las empresas para seleccionar a su personal más apto, pero el término se denomina ahora (perdón por el anglicismo) trouble shooter. La profesora Martí Trotonda es ahora doctora, ha escalado en la carrera académica con paso lento pero seguro (como ella dice), si bien es cierto que me resulta placentero y reconfortante saber que todavía mantiene en su esencia la frescura de aquellos valores personales que han guiado siempre su vida.

Pero todo llega en esta vida, y entonces aterrizó entre nosotros de lleno la posmodernidad (también para el trabajo social), un concepto a mi entender excesivamente abusivo y al que muchos se refieren pero que nadie sabe muy bien cómo definir; es decir, aparecen la relatividad de las perspectivas, el triunfo de la estética, de la autorreferencia, de la subjetividad interpretativa, la customización y contingencia de las necesidades et alteri. Y en trabajo social, pero también en otras disciplinas y ámbitos socioculturales y económicos, se abren nuevos espacios epistemológicos y metodológicos que, aunque ya estaban vivos a finales del siglo XX, son ahora instrumentalmente adaptativos al Zeitgeist, y al mismo tiempo van a ser capaces de otorgar sentido epistemológico al trabajo social, así como dignidad y respeto a los ciudadanos sujetos de los procesos de intervención social. Las prácticas narrativas se ajustan perfectamente a este nuevo marco; por un lado posibilitan tractorar conocimiento en trabajo social a través de la investigación cualitativa, y por otro orientan epistemológicamente la profesión y la disciplina en un contexto donde el oficio de la trabajadora social está perdiendo su sustancial identidad social, para proyectarla hacia corrientes humanistas cuya finalidad sigue siendo el compromiso con el progreso y el cambio social. Al reflexionar humana, racional y emocionalmente se puede dotar de nuevo de dignidad al proceso de cambio social, siquiera caso a caso, e incrementar así la legitimidad de la profesión y por ende de la propia disciplina en la academia.

Creo sinceramente que el profesor Pérez Cosín ha sido una persona que ha virado valiente y convenientemente hacia esta línea interpretativa que acabo de exponer, y ha orientado así a muchos de sus pupilos. También él bebió de los principios inspiradores de la práctica del trabajo social y, afortunadamente, poco a poco, ha ido construyendo su propio relato académico, ganando espacios de libertad, independencia e identidad personal, para su propio bien pero también para los demás. Desde mi punto de vista, ambos profesores narran con este trabajo científico su propio tránsito vital desde el compromiso autodidacta del trabajo social hacia la academia, y se reencuentran de nuevo consigo mismos, con su propia madurez profesional, por el propio hecho de hallar significados a lo que se ha dicho y hecho en un determinado espacio-tiempo de sus vidas. Es entonces cuando los actores vuelven a comulgar con su pasado, lo abrazan, queriendo seguir siendo testigos del compromiso de otras y dotando de nuevo de autoestima a la propia disciplina y al propio proceso vital de sus vidas.

Estoy altamente satisfecho al contemplar vuestro éxito y el gran trabajo que encierra este libro; sé lo que cuesta y no me cabe ninguna duda de que aporta su granito de arena a esas amplias playas desiertas de la investigación, donde las ásperas rocas no siempre han dejado que las suaves olas horadaran angostos vericuetos ciertos (rigurosos) de investigación, en un área de conocimiento tan necesitada de orgullo y autoestima científica como la de trabajo social y los servicios sociales.

Os agradezco vuestra aportación, porque sabéis que para mí la vida consiste en hacer con diligencia, arriesgar y equivocarse, pero seguir haciendo, con generosidad y con ambición, hacer proyectos necesariamente colectivos, para ser mejores y dar lo mejor de tu propia naturaleza cada día, desterrando la mediocridad y perfidia en un mundo donde ya nadie dice la verdad.

JORGE GARCÉS-FERRER

Catedrático de Trabajo Social y Servicios Sociales

Bruselas, 9 de octubre de 2020

Introducción

Cómo ubicarse en tiempos convulsos

Este libro expresa un proceso vivido, a modo de transición por parte de algunas trabajadoras sociales, en la última década en nuestro país. Hemos emprendido un camino de tránsito desde posiciones modernas y postulados positivistas a posturas posmodernas, posestructuralistas con propuestas de prácticas constructivistas y construccionistas. Este giro metodológico no es producto de la casualidad, sino la consecuencia de varios procesos que incitaron necesariamente un cambio.

Si reparamos en la transición epistemológica basta con analizar los últimos veinte años de la práctica de las trabajadoras sociales para, tal vez, hallar respuestas a esta metamorfosis que se está produciendo en el trabajo social. La función principal de nuestra profesión hay que encontrarla en los servicios sociales de Acción Social, con un alto nivel de responsabilidad en la gestión de las organizaciones sociales. Sin ser exhaustivos reparemos en ese periodo de la vida de los servicios sociales, de los profesionales que en ellos habitan y de sus consultantes. Veamos qué ha ocurrido para que se suscite dicha transformación.

De qué acontecimientos hablamos: económicos, sociales, jurídicos, laborales, etc. Comenzamos nuestro relato por lo que ocurría a finales de 2008 en nuestro país. Nos acostamos una noche creyendo que éramos ricos y nos despertamos sabiendo que éramos pobres. De repente nos vimos inmersos en una crisis larvada durante año y nos pilló a todos a contrapié. Ante la magnitud de esta crisis la Unión Europea tomó el rumbo de afrontarla desde una propuesta económica neoliberal, teniendo como base los recortes de los estados del bienestar, reduciendo drásticamente los déficits financieros y en consecuencia el dinero que permitía a los gobiernos mantener parte de los gastos sociales en sus países.

Mientras esto perjudicaba gravemente a los ciudadanos, se promovió por otro lado el rescate a las entidades financieras que habían sido bastante responsables de dicha crisis con sus planes de expansión de la economía, desde la irresponsabilidad de la barra libre. Esta situación llevó a los ciudadanos de los distintos países a la pérdida de trabajo, el déficit de la sanidad, de la educación, de los servicios sociales, el abandono de la vivienda, la precariedad laboral, la vuelta de los mayores a casa, el retraso de escolarización de los niños, etc. Cada día nos levantamos con algo nuevo, con alguna pérdida más de derechos, lo que derivó en una crisis social de magnitudes todavía hoy no suficientemente evaluadas.

Esta crisis social sorprendió a muchas trabajadoras sociales, se sintieron totalmente desubicadas, no solo por la novedad de la situación y su gravedad sino también porque esto se unía a la situación que hacía ya algunos años se venía denunciando acerca del malestar existente en los servicios sociales.

Por una parte, los clientes mostraban una desafección creciente hacia las instituciones que les prestaban ayuda, unida a una notable asimilación ligada también a la ausencia de mejoría en sus vidas. Todo los conducía a una animadversión creciente de los consultantes respecto de las organizaciones y de quien las representaban.

Por otra parte, existía el malestar de los profesionales de los servicios sociales, que se preguntaban qué ocurría en el periodo anterior a la crisis. Pues también les invadía hacía tiempo la ansiedad, el síndrome de Burnout y otros muchos daños emocionales, ya que de verse reconocidos como agentes de cambio en otros tiempos ahora se encontraban desprestigiados, no valorados por los usuarios y totalmente maniatados, envueltos en una trama de formularios, solicitudes, protocolos, estadísticas, atenciones marcadas y dirigidas por las instituciones, tanto en tiempos de dedicación como en los contenidos del trabajo que debían realizar.

¿Cuál era el escenario profesional que se advertía ante la maraña de la burocracia? Lo que Foucault (2000) llama espacios de control, un cierto grado de acomodación por parte de las trabajadoras sociales y un pasotismo de los usuarios. La resultante era ver como progresivamente se iban instalando, a ambos lados de la acción social, el desasosiego, la ansiedad, la agitación, etc. Por supuesto, no todos los profesionales, ni tampoco todos los usuarios, pero en general sí se percibía un aire enrarecido que estaba impregnando las instituciones del estado de bienestar y que tenía una deriva muy importante para la práctica profesional de los trabajadores sociales que les llevaba hacia un progresivo debilitamiento como técnicos de la acción social.

Los efectos de todo esto es que nos encontramos con un panorama desolador, pero lo importante es responder las siguientes cuestiones: ¿cómo afrontar estos nuevos escenarios de pobreza?, ¿cómo se planteó su gestión la población, y los profesionales de la acción social?, ¿qué hacer en estos nuevos tiempos VICA?,1 ¿cómo volver a tiempos RUPT,2 si es que hay que volver?

Descubrimos con admiración la adquisición de la mayoría de edad de nuestros clientes/usuarios,3 que ya no requieren de alguien que los tutele sino que saben conquistar su espacio. Los consultantes de los servicios sociales comenzaron a movilizarse en todo el Estado, por todos los rincones del país hay asambleas con propuestas de cómo, si no atajar la crisis –ya que excede sus posibilidades–, mejorar sus vidas. Son tiempos volátiles pero se asumen con fuerza: aparecen las mareas blancas, los jubilados pidiendo una mejor vida, las mujeres reclamando su sitio, etc. Dejan de ser pasivos y comienzan a desarrollar lo que los profesionales narrativos indican como de la agencia personal, el fortalecimiento de su nuevo relato, dejan de ser perdedores para ser actores de un relato de resistencia de afrontamiento de su realidad desde la esperanza, más orientado a la acción que a la descripción que hacen otros de sus vidas.

En este proceso, ¿dónde se sitúan las profesionales del trabajo social? Al acercarnos a las trabajadoras sociales observamos que, por un lado, hay un colectivo de profesionales que se han adaptado a esta situación, de alejamiento de los usuarios, pero hay otras muchas que son muy críticas y rechazan el inmovilismo buscando alternativas que las sitúen nuevamente cerca de las personas, próximas a su sufrimiento, deseando colaborar con ellos, y saben que para este tiempo nuevo necesitan otros marcos de referencia. Es ahí donde nuestro relato comienza, donde veremos cómo comienza a surgir el debate, cómo aparecen vías nuevas de intervención para recuperar no solo la autoestima profesional, que también, sino sobre todo nuestro papel como dinamizadores de cambios sociales. A partir de estos nuevos posicionamientos veremos cómo evoluciona un camino hacia la ruptura epistemológica, cómo se adopta un cambio de paradigma que implica volver a estar al lado de las personas, donde ellas sean el centro de nuestra práctica, donde esta se muestre en términos de oportunidades y donde nuestro rol sea el de un habilitador de sus capacidades.

Con estos presupuestos, los trabajadores sociales debemos actuar, intervenir, no quedarnos en la descripción de los acontecimientos o como meros gestores de recursos. Siguiendo a De Robertis (1988) en nuestra práctica, hablar de intervención equivale a querer actuar, intervenir en un asunto quiere decir tomar parte voluntariamente, hacer de mediador, interponer su autoridad. Lo que nos hace poner de relieve la voluntad consciente de modificar, por su acción, la situación del ciudadano.

Ahora es el momento de entender por práctica en trabajo social la visión que hizo la Federación Internacional de Trabajadores Sociales y la Asociación Internacional de Escuelas de Trabajo Social (AIETS) en el año 2014 que presentó una nueva definición del trabajo social a nivel internacional, revisando los nuevos marcos de referencia del trabajo de los profesionales, analizando los nuevos retos a los que se enfrentan y teniendo como prioritario el trabajo con las personas que llegan a consulta. Así, teniendo en cuenta estas premisas, se habla de que:4

El Trabajo Social es una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo local, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son fundamentales para el trabajo social. Respaldada por las teorías del trabajo social, las ciencias sociales, las humanidades y los conocimientos indígenas, el trabajo social involucra a las personas y las estructuras para hacer frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar (FITS y AIETS, 2014: 1).

En España las trabajadoras sociales comienzan a hacer suya esta definición, que va más allá de una mera conceptualización, para pasar a ser unos principios inspiradores de nuestra práctica. Teniendo en cuenta estas conjeturas, queda claro que los trabajadores sociales apuestan por no quedarse al margen de la situación de sus clientes, que, para intervenir y promover el cambio y el desarrollo local, la cohesión social, etc. debemos utilizar procedimientos estructurados –métodos– que permitan conseguir nuestros objetivos. Cuando los tiempos cambian se hace necesario ajustarse a la realidad social que es variada, compleja y difícil de comprender.

En ese proceso de cuestionamiento comenzaron a abrirse paso algunas preguntas, como dónde buscar alternativas: ¿hay alternativas? Y si las hay ¿son viables en nuestro contexto político-social? Aquí situamos el inicio del debate profesional, por nuestra parte hemos recogido a través de un estudio distintos momentos del proceso de reflexión de los diferentes agentes sociales implicados en la acción social, haciendo especial hincapié en los trabajadores sociales, como principales actores del desarrollo del estado del bienestar en nuestro país y objeto principal de nuestra deliberación en el texto.

Analizamos algunos aspectos de la acción profesional y cómo las prácticas alternativas se hacen viables desde los nuevos postulados. Examinamos de qué manera los trabajadores sociales están orientando su trabajo.

Ofrecemos el análisis construccionista y posestructuralista de la viabilidad de esas prácticas en contextos públicos, base fundamental del desarrollo de nuestro estado del bienestar. En concreto, el estudio se centra en las prácticas narrativas, por ser un enfoque de prácticas posmodernas, en el paradigma de la complejidad, que ofrece al trabajo social una base sólida para construir un nuevo modelo de intervención social, siendo esta una alternativa metodológica muy valorada por los profesionales. Desde este paradigma se plantean distintas opciones, prestando especial atención a la analogía del texto y al pensamiento de Foucault sobre el ejercicio del poder (1988), cuestión esta que representa la base principal del inicio de la reflexión por parte de los profesionales de la acción social. Por lo tanto, esta vía parece dar muchas claves a los interrogantes que se vienen produciendo en el contexto profesional.

De este cambio de pensamiento se destaca una postura que parte de la atribución del profesional como un observador objetivo de sus clientes, que posee un conocimiento técnico sobre la naturaleza humana o sobre las dificultades del usuario. De este modo se marca una jerarquía, pues el profesional «sabe más» que el cliente, lo que genera todo un contexto del déficit, en el que las intervenciones modernas parten generalmente de un diagnóstico que determina la intervención que se ha de seguir y sus objetivos. El profesional, desde este punto de vista, es el único que sabe qué pasos seguir y diseña las intervenciones o estrategias para lograr las metas, por lo general propuestas por él. Por supuesto, es el profesional quien decide cuándo terminar la intervención, salvo cuando las personas dejan de acudir a las citas. Aquí, en el paradigma de la racionalidad moderna, la intervención que en general se tiene es una visión basada en una cadena de ciertos supuestos o conceptos fundamentales, es decir, en la existencia de una realidad separada del observador, susceptible de ser conocida de manera objetiva.