Kitabı oku: «¿Qué me pasa?»

¿Qué me pasa?
Pequeñas grandes pérdidas de la vida
Anji Carmelo

Junio de 2014
1ª Edición: junio 2014
© 2014 – Anji Carmelo
© Portada: Ana Gratacós
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ISBN para la edición en papel: 978-84-96516-93-9
ISBN para la edición en ebook: 978-84-96516-94-6
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Índice
Introducción
Reconociendo las pérdidas
¿Por qué?
Dependencia del exterior
Cambio
Crecimiento, estrés, distress y eustress
Frenar o facilitar el cambio
Actitudes positivas
¿Poder o no poder?
Actitudes ante el dolor
Antídotos, herramientas y capacidad para superar
Educar en el cambio
Pérdidas en la primera fase de la vida
Nacimiento
Niñez
Adolescencia
Universidad y preparación para la vida adulta
Pérdidas significativas en la fase adulta
La ruptura de una pareja
Rupturas familiares
Duelo por la enfermedad crónica o terminal de la pareja o un familiar
El duelo de la persona que está viviendo una enfermedad crónica o terminal
El duelo de los nuevos residentes (inmigración)
El duelo por la pérdida de una parte del cuerpo o una facultad
Pérdida de ideales, pérdida de identidad
Pérdida de motivación (el sentido de la vida y de lo que hacemos en ella)
Pérdida de vitalidad y algunas ayudas
El duelo de lo que no se ha podido tener
Las pérdidas económicas
Las pérdidas de estatus
Pérdidas por adicción
Pérdidas estresantes
Pérdidas a causa de ganancias importantes
Pérdida de amigos
Pérdida de la sexualidad
Pérdidas irrevocables
Factores que dificultan aún más
Elisabeth Kübler Ross y los cuerpos físico, emocional, mental y espiritual
El cuerpo mental
El cuerpo emocional
El cuerpo físico
El cuerpo espiritual
Un poco de historia
Autoestima y positividad
¿Ser o hacer y tener?
Las herramientas que ayudan en los cambios
Vejez, jubilación, finales.
Oportunidad
ANEXO I Inmigración,
La autora
Otras obras publicadas en esta Colección
Introducción
Quiero con este libro ofrecer mi apoyo a los que están pasando por duelos que aunque altamente dolorosos no suelen ser reconocidos ni correspondidos tanto por la sociedad como por las personas cercanas y familiares.
Son pérdidas, cambios, separaciones que desmontan tanto que pueden llevar a periodos de mucho desconcierto y desajustes difícilmente identificables. Momentos de no saber qué está pasando, con pocas ganas de vivir y la incapacidad de seguir siendo, la persona fuerte y capaz de antes.
Toda pérdida conlleva duelo y aunque estas no siempre tienen la contundente permanencia que acompaña las pérdidas por muerte, sí van a producir desajustes, dolor y problemas reales que dificultarán seguir con la vida tal cual había sido.
Separaciones, despidos, cambios de residencia, enfermedades, envejecimiento y muchas más situaciones nos ponen ante desafíos importantes que nos pueden trastocar. Siempre he pensado que comprender lo que nos pasa ayuda a vivirlo de una forma menos dañina y dura. Espero con este libro significar esas otras pérdidas que también importan, identificarlas y encontrar la forma mejor de vivirlas, transformar y seguir con nuestras vidas mejorados y enriquecidos.
Somos muy capaces y casi siempre hemos podido superar y salir de situaciones difíciles, más fuertes, con más recursos, más sabiduría y con una experiencia mayor que no sólo nos libera del derrumbe y el dolor sino que además nos permite inspirar y acompañar a los que lo están pasando mal.
Como veremos, algunas pérdidas aparentemente menos importantes que los duelos por la muerte de un ser querido, pueden también ser muy difíciles de vivir y transformar. Un ejemplo son las separaciones sin mutuo acuerdo, cuando la persona que aún quiere, piensa que puede haber una vuelta atrás. La siempre posible reconciliación, hará más duro ese periodo de total desmonte e incertidumbre. La contundencia de las situaciones verdaderamente difíciles, como una muerte, aunque altamente complicadas, no dan lugar a falsas esperanzas que pueden descolocar y crear con su continuado estrés, un desgaste que hace más arduo seguir, enfrentar y superar.
Con este libro, pretendo ayudar destacando y describiendo estas pérdidas, ya que saber exactamente lo que está pasando permite una comprensión mayor que facilita vivirlas mejor para todos los involucrados.
Las llamo las pequeñas grandes pérdidas y conllevan un dolor mucho más fuerte de lo que aparentemente parece al principio. La muerte de un ser querido es lo peor que nos puede pasar, pero además, a menudo suele estar acompañada de un número importante de otras pérdidas. Saber, prepara y permite poner remedio.
Cualquier privación puede dar lugar a desajustes mayores, síndromes de abstinencia y todos los inconvenientes que están cuando perdemos a un ser querido. El apoyo que puede ser necesario, normalmente va a ser mínimo o incluso ausente. Muchas veces esa persona ni sabe que está pasando por una situación de total abatimiento, posiblemente en un estado de desorientación importante y sin todo lo que va a necesitar para hacer frente a su realidad para poder vivirla de la manera menos perjudicial posible.
Espero que este libro os ayude a ser más fuertes y a tener las herramientas que despierten vuestra sabiduría innata, minimicen vuestro dolor y potencien vuestro saber hacer para que podáis no sólo salir fortalecidos sino también pudiendo ayudar a los que os acompañan y necesitan de vuestro apoyo.
Anji Carmelo
Reconociendo las pérdidas
Nuestra vida es propulsada por cambios y todo cambio tarde o temprano va a causar pérdidas y desbarajustes. Crecer significa abrirse a lo nuevo para conocerlo y conquistarlo, mejorar y ser cada vez más capaces. Quizás uno de los frenos que puede encontrar todo ser que está encaminado hacia su crecimiento como ser autónomo y decisivo es el miedo. Pero... miedo a qué? De pequeños nos paraliza casi todo lo que no conocemos. A medida que maduramos, vamos adquiriendo experiencia y ampliando conocimiento, seguridad y capacidades, pero posible e inconscientemente nos queden miedos y estos no nos van a permitir una actitud abierta. Pero... miedo a qué? Podría ser al dolor? Yo creo que sí. Y al fracaso? Yo creo que también.
Tememos doler porque creemos que no vamos a poder con ello y eso es uno de los autoengaños mayores que nos está impidiendo conocer nuestras verdaderas capacidades. Hoy en el siglo XXI, que por otro lado, está en plena expansión ayudando a abrir mentes y corazones, seguimos limitándonos a lo familiar y fácil, por si acaso no podemos estar a la altura.
Por primera vez en la historia del ser humano en este planeta, tenemos a nuestro alcance unas oportunidades que jamás se habían imaginado. La realidad es que literalmente todo o casi todo está siendo posible, pero aún muchos no nos hemos enterado.
Nos encontramos a las puertas de una expansión anteriormente impensable y nos estamos dejando limitar por una visión que mayoritariamente sigue frenada por lo conocido y fácil. No nos estamos permitiendo descubrir lo diferente. Las fronteras que no nos dejan acercarnos a lo nuevo y “peligroso” están siendo reforzadas por la necesidad de una visión clara y segura. Pero lo que nos es ya muy familiar, tiene que abrirse a lo desconocido que está a un paso y que está lleno de promesa y posibilidades. Pero, solemos rechazar lo nuevo. No por el desconocimiento que conlleva sino por el miedo de que no vamos a poder con ello.
Hay mucho que tenemos que descubrir y lo principal es el hecho de que siempre vamos a poder con lo que la vida nos trae. Pero igual de importante es tener la capacidad de soltar todo aquello que nos está manteniendo en el “correcto” caminar sobre una superficie lisa y segura, libre de todo peligro, para abrirnos a lo nuevo, distinto y prometedor.
Erróneamente pensamos que tenemos que mantenernos dentro de unos límites. Como también que sobrepasarse puede ser un error irrevocable. Y además, preferimos apostar por lo seguro y no alejarnos del camino conocido ya que arriesgarnos demasiado puede poner en peligro lo cómodo haciendo que la construcción sólida y familiar que había sido nuestra vida se desmonte en una cascada de posibilidades desconocidas e inquietantes.
¿Qué podría ser lo prohibido? ¿El cambio? ¿Cuál es el peligro? Rebasar los límites de lo seguro. No debemos, porque quién sabe lo que vamos a tener que desmontar. Pero lo desconocido siempre va a destapar capacidades que están esperando ser descubiertas. Y esto es enriquecimiento puro. Afortunadamente empezamos a darnos cuenta que podemos cada vez más y de pronto vamos a querer más.
Somos conquistadores. Hemos llegado hasta aquí superando nuestros condicionamientos de siglos, pero nos está frenando el miedo a perder lo que hemos logrado, que muchas veces ya está necesitando renovación y cambio.
Hemos conquistado lo inseguro, mejorado lo correcto, superado lo conocido para crear esta explosión de vida que había sido impensable. Ahora podemos seguir conquistando y adentrándonos en lo que aún está por descubrir, pero, algunos de pronto hemos puesto los frenos y hemos escogido descansar y acomodarnos.
¿Por qué?
Una de las defensas más eficaces ante cualquier peligro es el miedo. Pero a pesar de ello hemos llegado bastante lejos. Si nos hubiésemos dejado vivir por los miedos estaríamos aun yendo a pie sin atrevernos a encarar los peligros que nos han descubierto maneras de ser más adecuadas y necesarias. Hemos obviado el peligro y nos hemos superado una y otra vez y finalmente en el siglo pasado nos atrevimos a retar el tirón de la gravedad y volamos. A partir de allí y en muy poco tiempo sobrepasamos la velocidad del sonido y en un futuro no tan lejano nos desintegraremos para aparecer reintegrados en lugares a millones de kilómetros de aquí en galaxias que ahora aún no podemos ni ver.
Es evidente que somos conquistadores de miedos y eso nos coloca en un momento de nuestras vidas en donde vamos a poder dar un salto de gigante y dejar a un lado nuestra incapacidad para encararnos, reconocernos y “volar”.
Encarar nuestros miedos no jugándonos la vida sino arriesgándonos para ¡vivir de verdad! ¿Cómo? ¿A qué viene este atrevimiento? Estábamos en terreno seguro hablando de conquistas que nos llevarían a otros planetas o más allá aún de nuestro sistema solar. ¿Qué tiene que ver “vivir de verdad” con toda una conquista del espacio sideral?
Pues sí, vamos a tener que atrevernos a vivir más y mejor. Y posiblemente el atrevimiento mayor sea la conquista y la transformación del dolor.
Para comprender nuestra fuerza y capacidad de enfrentar y superar vamos a ver como neutralizamos el dolor a través de la “Espiral de crecimiento” que se acelera con cada pérdida. Vida es cambio, no hay duda, pero cada cambio significa pérdidas y las pérdidas nos catapultan a un estado de negación. inseguridad y rechazo que lleva al estancamiento. Si nos dejamos nos atrapa y salir va a parecer casi imposible, aunque todos salimos tarde o temprano.
Este estado además de potenciar aún más el dolor ya que mantiene sin poder reaccionar y poner remedio, obstaculiza el buen funcionamiento del día a día. Además, el dolor que en un principio es emocional y mental puede si no se transforma llegar a ser también físico.
Hemos comprobado una y otra vez que lo que más nos desmonta son las pérdidas. No nos gusta perder y el hecho de que algo que teníamos desaparezca es equivalente a un expolio que nos deja sin aquello que muchas veces va a ser valorado aún más porque ya no se tiene. Rechazamos y tememos perder. Pero, toda nueva y buscada situación suele tener como consecuencia el dejar atrás aquello que ya no va a tener cabida en esa nueva fase de nuestra vida. Por ejemplo, nos enamoramos... Lógicamente soltaremos y cambiaremos todo lo que va a impedir un desarrollo óptimo de lo que de pronto se ha convertido en lo más importante para nosotros. Evidentemente en este caso todo será natural y fácil, aunque tengamos que eliminar o dar menos importancia a situaciones o personas que anteriormente habían sido imprescindibles.
Cuando el cambio no es tan placentero pero aún querido, buscado y necesario, los ajustes costarán más y tener que dejar actividades y situaciones que anteriormente parecían imprescindibles, posiblemente cause incomodidad, síndromes de abstinencia muchas veces inconscientes y un echar de menos reconocido o no.
Pero, cuando el cambio es impuesto y conlleva pérdidas de cosas que formaban parte de nuestra vida, y que eran importantes e imprescindibles, el desmonte puede ser total. Entonces podemos entrar en una rabia no expresada ya que suele estar potenciada por la frustración y la impotencia.
Esta combinación de sentimientos anula tanto que finalmente va a ser primordial actuar para cambiar incluso nuestra manera de ser e intentar encontrar nuevas capacidades que rescaten de esa situación aparentemente insalvable y que nos proporcionen soluciones.
Cuando esto ocurre, el total desmonte en algún momento se convertirá en la puerta a ese cambio necesario que aportará nueva vida, inspiración, más capacidades y crecimiento. Este es uno de muchos importantes pasos que damos a lo largo de nuestras experiencias de superación. A través de ello conseguimos que el exterior tenga cada vez menos importancia.
Mucho del dolor de la pérdida viene de pensar y sentir que lo que nos rodea es nuestro, incluso cuando se trata de los demás. Las personas no nos pertenecen, pero tampoco nada de lo que hemos conseguido u obtenido. Si nuestra vida no nos pertenece en el sentido de que no controlamos vida y muerte, entonces mucho menos todo lo demás. Esto nos coloca en una situación mayoritariamente extraña e incómoda. No poder controlar o dominar, nos confiere una vulnerabilidad total porque nuestra perspectiva es de fuera hacia adentro y esto nos coloca en un estado en el que acabamos sintiendo y afirmando que “Todo lo que pasa tiene poder sobre mi.”
Pero si cambiamos esa frase por: “Sólo yo tengo poder sobre mi pase lo que pase”. Nuestra vida se transforma y de una manera expansiva descubrimos que dejamos de ser vulnerables. Esta actitud no sólo nos permite recuperar nuestro poder esencial y totalmente autentico sino que también nos coloca en el espiral del crecimiento. Desde allí podemos vivir las pérdidas y también las ganancias que pueden desmontarnos, de una forma buena para nosotros y nuestro entorno. Entonces, desaparece la amenaza de que no vamos a tener lo que va a hacer falta para poder con todo lo que podría pasar.
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