Kitabı oku: «El libro de Enoc»
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España
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Contenido
Cubierta
Créditos
Pasajes
Prefacio
Introducción
Capítulo I
Capítulo II
Capítulo III
Capítulo IV
Capítulo V
Libro de los ángeles y ascensión de Enoc
Capítulo VI
Capítulo VII
Capítulo VIII
Capítulo IX
Capítulo X
Capítulo XI
Capítulo XII
Capítulo XIII
Capítulo XIV
Capítulo XV
Capítulo XVI
Capítulo XVII
Capítulo XVIII
Capítulo XIX
Capítulo XX
Capítulo XXI
Capítulo XXII
Capítulo XXIII
Capítulo XXIV
Capítulo XXV
Capítulo XXVI
Capítulo XXVII
Capítulo XXVIII
Capítulo XXIX
Capítulo XXX
Capítulo XXXI
Capítulo XXXII
Capítulo XXXIII
Capítulo XXXIV
Capítulo XXXV
Capítulo XXXVI
Libro de las Parábolas
Capítulo XXXVII
Primera parábola
Capítulo XXXVIII
Capítulo XXXIX
Capítulo XL
Capítulo XLI
Capítulo XLII
Capítulo XLIII
Capítulo XLIV
Segunda parábola
Capítulo XLV
Capítulo XLVI
Capítulo XLVII
Capítulo XLVIII
Capítulo XLIX
Capítulo L
Capítulo LI
Capítulo LII
Capítulo LIII
Capítulo LIV
Capítulo LV
Capítulo LVI
Capítulo LVII
Tercera parábola
Capítulo LVIII
Capítulo LIX
Capítulo LX
Capítulo LXI
Capítulo LXII
Capítulo LXIII
Capítulo LXIV
Capítulo LXV
Capítulo LXVI
Capítulo LXVII
Capítulo LXVIII
Capítulo LXIX
Capítulo LXX
Capítulo LXXI
Libro del movimiento de las Luminarias Celestiales (astronómico)
Capítulo LXXII
Capítulo LXXIII
Capítulo LXXIV
Capítulo LXXV
Capítulo LXXVI
Capítulo LXXVII
Capítulo LXXVIII
Capítulo LXXIX
Capítulo LXXX
Capítulo LXXXI
Capítulo LXXXII
Libro de los Sueños Primer sueño de Enoc
Capítulo LXXXIII
Capítulo LXXXIV
Segundo sueño de Enoc. Historia del mundo
Capítulo LXXXV
Capítulo LXXXVI
Capítulo LXXXVII
Capítulo LXXXVIII
Capítulo LXXXIX
Capítulo XC
Libro de las Semanas (carta de Eoc)
Capítulo XCI
Capítulo XCII
Capítulo XCIII
Capítulo XCIV
Capítulo XCV
Capítulo XCVI
Capítulo XCVII
Capítulo XCIX
Capítulo XCIX
Capítulo C
Capítulo CI
Capítulo CII
Capítulo CIII
Capítulo CIV
Capítulo CV
Fragmento del Libro de Noé
Capítulo CVI
Capítulo CVII
Capítulo CVIII
Vivió Jared ciento sesenta y dos años, y engendró a Enoc. Y después que engendró a Enoc, ochocientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Jared novecientos sesenta y dos años; y murió. Vivió Enoc sesenta y cinco años, y engendró a Matusalén. Y caminó Enoc con Dios, después de engendrar a Matusalén, trescientos años, y engendró hijos e hijas. Y fueron todos los días de Enoc trescientos sesenta y cinco años. Caminó, pues, Enoc con Dios, y desapareció, pues se lo llevó Dios.
Génesis 5, 18-24
Por su fe, fue Enoc transportado, a fin de que no viera la muerte. Y nunca se le halló, pues Dios se lo había llevado consigo. Y antes de haber sido transportado, tuvo testimonio de haber agradado a Dios.
Hebreos 11, 5
De éstos también profetizó Enoc, el séptimo desde Adán, diciendo: «He aquí que llega el Señor con decenas de millares de sus santos, para juzgar a todos, y condenar a los malvados de entre ellos por sus malvadas obras hechas con maldad, y por todas las malas acciones y las malas palabras que han hecho y hablado en contra Suya».
Judas 1, 14-15
Prefacio
En los textos bíblicos, la primera noticia que tenemos de Enoc nos la da el Génesis (5, 18-24) pero deja más preguntas que respuestas. La Epístola a los Hebreos (11, 5) nos da la respuesta y el Evangelio de Judas nada menos que cita a Enoc. ¿Cómo pudo conocer Judas las palabras de Enoc, si éstas no figuran en la Biblia? La respuesta, por supuesto, es El libro de Enoc. Pero ¿qué es El libro de Enoc? ¿De dónde procede?
Se trata de un texto apocalíptico, cosmogónico y, sin duda, uno de los apócrifos más apasionantes que nos ha legado la antigüedad. El misterio del Seol, morada de las almas de los muertos, la caída de los ángeles y su relación con las hijas de los hombres, los gigantes, así como numerosos temas que los textos bíblicos sólo tocan de pasada aparecen tratados en El libro de Enoc con una gran precisión y claridad. Pero más que una sola obra, se trata de una recopilación de siete libros distintos, cuyo contenido es principalmente simbólico, con insinuaciones de misterios astronómicos y cósmicos, referentes a la historia de las especies humanas y de sus primitivos conceptos teogónicos. Se halla poblado de personajes enigmáticos como Uriel y otros «ángeles», a los que hoy llamaríamos «extraterrestres». Parece ser que en los albores de la historia humana —e incluso antes— nuestra especie fue influenciada por seres venidos del cosmos. El rastro de estas influencias es evidente en muchas cosmogonías y mitologías antiguas. Su autor vaticinó con admirable exactitud las enseñanzas de Jesús Nazareno, y la leyenda semítica de la triunfal vuelta del Hijo del hombre. También aborda el sobrenatural dominio de los elementos, mediante la acción de ángeles que presiden sobre los vientos, el mar, el granizo, la escarcha, el rocío, el relámpago y el trueno.
Escrito varios siglos antes de nuestra era, El libro de Enoc fue considerado por los cristianos de los primeros tiempos como parte de las Sagradas Escrituras. Los escritos de los llamados «Padres de la Iglesia» se encuentran repletos de referencias a este misterioso libro. La Epístola de Bernabé lo cita varias veces. Justino mártir, Ireneo, Orígenes y Clemente de Alejandría lo mencionan igualmente. Tertuliano (160-230) incluso lo llama «Sagrada Escritura» y la Iglesia etíope lo incluyó en su canon oficial. Fue un texto muy conocido y leído durante los tres primeros siglos de nuestra era, aunque posteriormente fue desacreditado en el Concilio de Laodicea (364). A partir de ese momento, prohibida ya su lectura por las autoridades eclesiásticas, dejó gradualmente de circular.
Después de haber permanecido olvidado durante muchos siglos, la época de la reforma protestante vivió un gran interés por El libro de Enoc. A finales del siglo XIII abundaron los rumores acerca de algún ejemplar descubierto, e incluso aparecieron varios libros que pretendían ser El ibro de Enoc, pero en todos los casos se trató de falsificaciones.
La recuperación moderna de El libro de Enoc se debe al explorador James Bruce, quien en 1773, tras permanecer seis años en Abisinia, volvió a Inglaterra con tres ejemplares etíopes del libro tantos siglos perdido. La primera traducción inglesa se publicó en 1821. Más tarde, a principios del siglo XX, se descubrieron algunos fragmentos del texto en griego y, finalmente, en los Rollos del Mar Muerto aparecieron siete ejemplares en lengua aramea, aunque todos ellos incompletos.
Se cree que El libro de Enoc fue escrito unos trescientos años antes de la era cristiana por algún erudito de raza semítica, quien, creyéndose inspirado por Dios, tomó el nombre del patriarca antediluviano para difundir, entre otras interesantes informaciones y predicciones, sus entusiastas vaticinios acerca del futuro Mesías. El libro de Enoc está dividido en cinco partes principales; de ellas, la llamada «Libro de las Parábolas» es la que más ha inquietado a los estudiosos, pues menciona la figura del «Mesías», «el Justo» y «el hijo del hombre». En los evangelios canónicos aparecen más de noventa expresiones y frases diversas que, en opinión de los eruditos, están basadas en El libro de Enoc.
Introducción
Capítulo I
BENDICIÓN A LOS ELEGIDOS
1. Palabras de bendición con las que Enoc bendijo a los elegidos y a los justos que vivirán en el día de la aflicción, en el que serán rechazados todos los malvados e impíos, mientras los justos serán salvados.
2. Enoc, hombre justo cuyos ojos fueron abiertos por el Señor, tomó la palabra y dijo: «Me ha sido revelada la visión del Santo de los cielos y he oído las palabras de los Guardianes; las escuché y he aprendido todo de ellos y he comprendido que no hablo para esta generación, sino para una generación todavía lejana, que está por venir.
3. »Es a causa de los elegidos por lo que hablo y a causa de ellos pronuncio mi parábola: el Santo Grande y Único vendrá desde su morada.
4. »El Dios eterno andará sobre la tierra, aparecerá con su gran ejército sobre el monte Sinaí y surgirá en la fuerza de su poder desde lo alto de los cielos.
5. »Y todos los Guardianes temblarán y un gran temblor sacudirá hasta los más remotos confines de la tierra.
6. »Las altas montañas se resquebrajarán y se derrumbarán, y las colinas se aplanarán y se fundirán, como la cera ante la llama.
7. »Y la tierra se escindirá y todo lo que está sobre la tierra perecerá, y tendrá lugar un juicio sobre todos los seres y todas las cosas.
8. »Pero el Señor hará la paz con los justos y protegerá a los elegidos, y sobre ellos reposará la clemencia y todos ellos serán de Dios y serán dichosos y benditos, y para ellos brillará la luz de Dios.
9. »Él viene, con gran número de santos para ejercer el juicio, y aniquilará a los impíos, y castigará a todo lo que es carne, por todo lo que han hecho y cometido contra Él los pecadores y los impíos».
Capítulo II
LAS OBRAS DEL CIELO
1. «Observad todas las cosas que ocurren en el cielo, cómo las luminarias del cielo no cambian su ruta en las posiciones de sus luces, y cómo todas nacen y se ponen, ordenadas cada una según su estación, y no desobedecen su orden.
2. »Mirad la tierra y prestad atención a sus obras, desde el principio hasta el fin, ved cómo ninguna obra de Dios sobre la tierra cambia, y todas son visibles para vosotros.
3. »Ved las señales del verano y las señales del invierno, cómo la tierra entera se llena de agua y las nubes rocían la lluvia sobre ella».
Capítulo III
LOS ÁRBOLES
1. «Observad y ved cómo todos los árboles se secan y cae todo su follaje; excepto catorce árboles cuyo follaje permanece y que esperan con todas sus hojas viejas hasta que vengan nuevas tras dos o tres años».
Capítulo IV
EL VERANO
1. «Y observad también las señales del verano, cómo en su primera parte el sol quema y rescalda, y entonces buscáis sombra sobre la superficie ardiente de la tierra y refugio del ardor del sol, sin encontrar forma de marchar ni por el suelo y ni por las rocas, a causa del calor».
Capítulo V
LA SABIDURÍA DE LOS ELEGIDOS
1. «Observad y ved todos los árboles, ved cómo se cubren del verdor de las hojas y tienen frutos, comprended bien todo y sabed cómo el Dios vivo, el que vive eternamente, ha hecho todas esas cosas para vosotros.
2. »Cómo todas sus obras prosiguen de año en año hasta siempre y todas le obedecen sin alteraciones y todo pasa como Dios lo ha establecido.
3. »Y ved cómo los mares y los ríos de igual forma cumplen el concierto de su obra.
4. »Sin embargo, vosotros cambiáis sus tareas y no cumplís su palabra. La habéis transgredido y habéis ultrajado su grandeza con palabras altaneras e hirientes de vuestra boca impura. Duros de corazón, ¡no habrá paz para vosotros!
5. »Por ello maldeciréis vuestros días y los años de vuestra vida se perderán; pero (los años de vuestra perdición) se multiplicarán en una eterna maldición; y no habrá misericordia para vosotros.
6. »En esos días vuestros nombres significarán maldición eterna para todos los justos, y en vosotros serán malditos todos los malditos y por vosotros jurarán todos los pecadores y malvados.
7. »Para los elegidos habrá luz, alegría y paz y heredarán la tierra, pero para vosotros, impíos, habrá maldición.
8. »Y entonces la sabiduría se dará a los elegidos y vivirán todos, y no pecarán más ni por olvido ni por orgullo, más bien al contrario, los sabios se humillarán.
9. »No transgredirán más ni pecarán el resto de su vida, ni morirán por el castigo o por la ira divina, sino que completarán el número de los días de su vida. Su vida será aumentada en paz y sus años de regocijo serán multiplicados en eterna alegría y paz».
Libro de los ángeles
y ascensión de Enoc
Capítulo VI
CAÍDA Y JURAMENTO DE LOS HIJOS DEL CIELO
1. Sucedió que en aquellos días se multiplicaron los hijos de los hombres, y les nacieron hijas hermosas y bonitas.
2. Y los ángeles, hijos del cielo, las vieron y las desearon, y se dijeron unos a otros: «Vayamos y escojamos mujeres de entre las hijas de los hombres y engendremos hijos».
3. Entonces Semyaza, que era su jefe, les dijo: «Temo que no queráis realmente llevar a cabo esta acción y sea yo el único responsable de un gran pecado».
4. Pero ellos le respondieron: «Hagamos todos un juramento y comprometámonos todos bajo un anatema a no retroceder en este proyecto hasta ejecutarlo realmente».
5. Entonces todos juraron unidos y se comprometieron al respecto los unos con los otros, bajo un anatema.
6. Y eran en total doscientos los que descendieron sobre la cima del monte que llamaron «Hermon», porque sobre él habían jurado y se habían comprometido mutuamente bajo anatema.
7. Éstos son los nombres de sus jefes: Semyaza, quien era el principal, y en orden con relación a él, Arakib, Aramiel, Kokabiel, Tamiel, Ramiel, Daniel, Ezequiel, Baraqiel, Aael, Armaros, Batariel, Ananiel, Zaqile, Samsapeel, Satariel, Touriel, Yomeyal y Arazeyal.
8. Éstos son los jefes de decena.
Capítulo VII
LOS GIGANTES
1. Éstos y todos los demás tomaron para sí mujeres y cada uno escogió entre todas y comenzaron a tener relaciones con ellas, a enseñarles los encantos y los encantamientos, y el arte de cortar las raíces y la ciencia de las plantas.
2. Y ellas quedaron embarazadas de ellos y parieron gigantes de unos tres mil codos de altura que nacieron sobre la tierra y crecieron.
3. Y devoraban el fruto del trabajo de todos los hijos de los hombres hasta que los humanos ya no lograban alimentarlos.
4. Entonces, los gigantes se volvieron contra los humanos para matarlos y devorarlos;
5. y empezaron a pecar contra todos los pájaros del cielo y contra todas las bestias de la tierra, contra los reptiles y contra los peces del mar, y se devoraban los unos la carne de los otros y bebían sangre.
6. Entonces la tierra acusó a los impíos por todo lo que se había hecho en ella.
Capítulo VIII
AZAZEL
1. Y Azazel enseñó a los hombres a fabricar espadas de hierro y corazas de cobre, y les mostró cómo se extrae y se trabaja el oro hasta dejarlo listo, y en lo que respecta a la plata, a repujarla para hacer brazaletes y otros adornos. A las mujeres les enseñó sobre el antimonio, el maquillaje de los ojos, las piedras preciosas y las tinturas.
2. Y la impiedad fue grande y general; ellos fornicaron y erraron, y hubo gran corrupción.
3. Amiziras instruyó a los encantadores y los cortadores de raíces, Armaros enseñó a romper los hechizos, Baraqiel instruyó a los astrólogos, Kokabiel enseñó los presagios, Tamiel el significado del aspecto de las estrellas y Asdariel el curso de la luna. Y todos revelaron secretos a sus esposas.
4. Y en (su) aniquilación los hombres gritaron, y su clamor subió al cielo.
Capítulo IX
MIGUEL, URIEL, RAFAEL Y GABRIEL
1. Entonces Miguel, Uriel, Rafael y Gabriel observaron la tierra desde el santuario de los cielos y vieron mucha sangre derramada sobre la tierra y que estaba toda llena de la injusticia y de la violencia que se cometía sobre ella.
2. Y dijéronse el uno al otro: «El grito y el lamento por la destrucción de los hijos de la tierra sube hasta las puertas del cielo».
3. Ahora es a vosotros, santos del cielo, a quienes se lamentan las almas de los hombres; ellos dicen: «Llevad nuestra causa ante el Altísimo».
4. Y Rafael, Miguel, Uriel y Gabriel dijeron al Señor del mundo: «Tú eres nuestro gran Señor, el Señor del mundo, el Dios de dioses, el Señor de señores y el Rey de reyes; los cielos son el trono de tu gloria por todas las generaciones que existen desde siempre; toda la tierra es el escabel ante ti para siempre, y tu nombre es grande, santo y bendito por toda la eternidad.
5. »Eres tú quien todo lo ha creado y en ti reside el poder sobre todas las cosas; todo es descubierto en toda su desnudez ante ti; tú lo ves todo y nada se te puede esconder.
6. »Tú has visto lo que ha hecho Azazel, cómo ha enseñado toda injusticia sobre la tierra y ha revelado los secretos eternos que se cumplen en los cielos;
7. »y lo que ha enseñado a los humanos Semyaza, al que tú habías dado la facultad de gobernar sobre sus compañeros.
8. »Ellos han ido hacia las hijas de los hombres y se han acostado con ellas, y se han profanado a sí mismos descubriéndoles todo pecado.
9. »Luego estas mujeres han puesto gigantes en el mundo, por lo que la tierra entera se ha llenado de injusticia.
10. »Y ahora, he aquí que las almas de los que están muertos gritan y se lamentan hasta las puertas del cielo, y su gemido ha subido y no puede salir ante la injusticia que se comete en la tierra.
11. »Pero tú que conoces todas las cosas antes de que sucedan, tú que sabes aquello, tú los toleras y no nos dices qué debemos hacerles al observar eso».
Capítulo X
PROFECÍAS SOBRE EL DILUVIO,
SOBRE AZAZEL Y SEMYAZA
1. Entonces el Altísimo, Grande y Santo habló y envió a Uriel al hijo de Lamec.
2. Y le dijo: «Ve hacia Noé y dile en mi nombre: ‘‘Escóndete’’, y revélale la consumación que viene, pues la tierra entera va a perecer, un diluvio va a venir sobre toda la tierra y todo lo que se encuentre sobre ella perecerá.
3. »Enséñale lo que debe hacer para preservar su alma para la vida y escapar definitivamente, pues por él será sembrada una planta y serán establecidas todas las generaciones».
4. Y, además, el Señor le dijo a Rafael: «Encadena a Azazel de pies y manos, arrójalo en las tinieblas, abre el desierto que está en Dudael y arrójalo en él;
5. »echa sobre él piedras ásperas y cortantes, cúbrelo de tinieblas, déjalo allí eternamente sin que pueda ver la luz,
6. »y en el gran día del Juicio, que sea arrojado al fuego.
7. »Después, sana la tierra que los ángeles han corrompido y anuncia su curación, a fin de que se sanen de la plaga y que todos los hijos de los hombres no se pierdan debido al misterio que los Guardianes descubrieron y han enseñado a sus hijos.
8. »Toda la tierra ha sido corrompida por medio de las obras que fueron enseñadas por Azazel, impútale entonces todo pecado».
9. Y el Señor dijo a Gabriel: «Procede contra los bastardos y réprobos hijos de la fornicación, haz desaparecer a los hijos de los Guardianes de entre los humanos y hazlos entrar en una guerra de destrucción, pues no habrá para ellos muchos días.
10. »Ninguna petición en su favor será concedida, pues esperan vivir una vida eterna y cada uno de ellos vivirá quinientos años».
11. Y a Miguel le dijo el Señor: «Ve y anuncia a Semyaza y a todos sus cómplices que se unieron con mujeres y se contaminaron con ellas en su impureza
12. »que sus hijos perecerán y ellos verán la destrucción de sus seres queridos. Encadénalos durante setenta generaciones en los valles de la tierra hasta el gran día de su juicio.
13. »En esos días se los llevará al abismo de fuego, a los tormentos y al encierro en la prisión eterna.
14. »Todo el que sea condenado estará perdido de ahí en adelante y será encadenado con ellos hasta la destrucción de su generación. Y en la época del juicio que yo juzgaré, perecerán por todas las generaciones.
15. »Destruye todos los espíritus de los bastardos y de los hijos de los Guardianes porque han hecho obrar mal a los humanos.
16. »Destruye la opresión de la faz de la tierra, haz perecer toda obra de impiedad y haz que aparezca la planta de justicia; ella será una bendición y las obras de los justos serán sembradas en alegría para siempre.
17. »En ese tiempo todos los justos se salvarán y vivirán hasta que engendren millares. Todos los días de vuestra juventud y vuestra vejez se completarán en paz.
18. »Entonces toda la tierra será cultivada en justicia y toda ella será plantada de árboles y llena de bendición.
19. »Todos los árboles de la tierra que deseen serán plantados en ella y se sembrarán allí viñas, y cada una de ellas producirá mil jarras de vino y cada semilla producirá mil medidas por una, y una medida de aceitunas producirá diez lagares de aceite.
20. »Y limpia tú la tierra de toda opresión, de toda violencia, de todo pecado, de toda impiedad y de toda maldad que ocurre en ella, y hazlos desaparecer de la tierra.
21. »Y todos los hijos de los hombres llegarán a ser justos y todas las naciones me adorarán, se dirigirán en oración a mí y me alabarán.
22. »Y la tierra estará pura de toda corrupción, de todo pecado, de todo castigo y de todo dolor; y yo no enviaré más (estas plagas) sobre la tierra hasta las generaciones de las generaciones y hasta la eternidad».