Kitabı oku: «Neoliberalizando la naturaleza»

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Siglo XXI / Ciencias sociales

Arturo Villavicencio

Neoliberalizando la naturaleza

El capitalismo y la crisis ecológica

El neoliberalismo tiene un mantra, «El mercado lo soluciona todo», y encuentra en cualquier pretexto, incluso en una tragedia de escala mundial, una oportunidad de expansión y reproducción sistémica. La contaminación y el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático y la destrucción del medio ambiente, se resuelve, para el siempre hambriento capitalismo, a través de una aplicación adecuada de mecanismos de mercado bajo la promesa de que estos pueden engendrar al mismo tiempo crecimiento económico y sostenibilidad ecológica: perfecta y única solución. Este falaz discurso, altamente disciplinario, tecnocrático y racionalista, ha ido copando los espacios académicos y de opinión, y ha sido incorporado en las políticas públicas, instrumentalizado por los organismos internacionales y asimilado por los movimientos ambientalistas.

Arturo Villavicencio, cuya labor investigadora en energía, ambiente y cambio climático fue galardonada con el Premio Nobel de la Paz, nos invita a la reflexión sobre la relación entre la naturaleza y capitalismo con una crítica de las políticas neoliberales y su estrategia de mercantilización.

Arturo Villavicencio obtuvo maestrías en Matemáticas (Universidad de Moscú) y en Economía de la Energía (Universidad de Grenoble). Trabajó como investigador senior en el Laboratorio Nacional Risø de Dinamarca en temas de energía, ambiente y cambio climático. Fue miembro del Comité Técnico del Mecanismo de Desarrollo Limpio y del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, con el cual obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2007. Actualmente es profesor de la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador.

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RAG

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La presente obra es una coedición entre la Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador, y Siglo XXI de España Editores.

© Arturo Villavicencio Vivar, 2020

© Siglo XXI de España Editores, S. A., 2020


Sector Foresta, 128760 Tres CantosMadrid - EspañaTel.: 918 061 996Fax: 918 044 028www.sigloxxieditores.comISBN: 978-84-323-2021-7Universidad Andina Simón Bolívar, Sede EcuadorToledo N22-80Apartado postal: 17-12-569 Quito, EcuadorTels: (593 2) 322 8085, 299 3600 Fax: (593 2) 322 8426www.uasb.edu.ecuasb@uasb.edu.ec

PRESENTACIÓN

La Tierra está contaminada no porque los seres humanos sean una categoría de animales especialmente sucios o porque seamos muchos. La culpa está en la sociedad humana, en la manera en que la sociedad ha elegido aprovechar, distribuir y usar la riqueza de los recursos del planeta extraídos por el trabajo humano. Una vez que los orígenes sociales de la crisis se aclaren podemos empezar a diseñar las acciones apropiadas para resolverla (Commoner, 1971).

El presente trabajo es una contribución al debate sobre las implicaciones sociales y ambientales del proyecto neoliberal de mercantilización de la naturaleza. Este debate se presenta como una tarea urgente ante la constatación que un conjunto de agendas am­bien­tales, promovidas por grupos particulares de interés, ha encontrado eco y es impuesto en un mundo de diversidad, lleno de valores e intereses en conflicto en el que complejos y heterogéneos sectores sociales, los movimientos ecologistas y la academia en particular, parecen estar dominados por un conjunto relativamente estrecho de valores, ideas y agendas. Lo que llama la atención es que este proceso ocurre sin el concurso de la fuerza sino a través de aquel fenómeno al que Gramsci llamó la «fabricación del consentimiento» para referirse a un periodo histórico determinado en el que grupos que comparten intereses particulares convergen en la formación de una clase dominante distinta, cuyas ideas y perspectivas penetran la comprensión del mundo de la sociedad entera. Nuestro momento actual está dominado por aquella visión del mundo bajo la cual la histórica contradicción ecológica del capitalismo puede ser resuelta vía una aplicación adecuada de mecanismos de mercado bajo la promesa que estos pueden engendrar al mismo tiempo crecimiento económico y sostenibilidad ecológica.

La naturaleza hegemónica de estas posiciones y el contexto ideológico del cual emergen presentan el mayor obstáculo para una discusión plural y reflexiva de los más apremiantes problemas socio-ambientales. Las relaciones destructivas-extractivas del capitalismo con la naturaleza son improbables de ser cuestionadas a menos que nosotros seamos capaces de entender la contradicción fundamental del capitalismo entre la necesidad de expandirse exponencialmente y la capacidad de los ecosistemas de absorber el estrés y las perturbaciones ocasionadas por el crecimiento. En este contexto emerge un discurso altamente disciplinario, tecnocrático y racio­na­lista que ha ido copando los espacios de la academia al mismo tiempo que es incorporado en las políticas públicas, instrumentalizado por los organismos internacionales y asimilado por los movimientos ambientalistas.

El interés de un análisis y cuestionamiento a las políticas de neoliberalización de la naturaleza y su estrategia de creación de mercados a su alrededor es doble. En primer lugar, este análisis provee un volumen de evidencia necesaria para proporcionar a los devotos de esas políticas una pausa para la reflexión. Es necesario confrontar a los abogados de la neoliberalización de la naturaleza y a sus acólitos con una crítica de su proyecto sustentada en una reflexión razona­da. Una inmensa cantidad de tiempo, energía y recursos es utilizada por la academia en la creación de nuevos cuerpos de investigación y no se puede asumir que la simple existencia de hallazgos o evidencias sea suficiente para alterar las ideas y prácticas que la investigación evalúa o cuestiona. Segundo, una crítica sustentada nos aleja del riesgo del dogmatismo a quienes instintivamente nos oponemos a aquellas políticas y nos permite mantener una crítica honesta y optimista del proyecto neoliberal.

El presente trabajo está destinado a tres audiencias. En primer lugar, a los estudiantes, quienes encontrarán en la exposición nuevas perspectivas para entender y analizar las complejas interrelaciones entre la sociedad y el mundo biofísico. Estamos seguros que algunos de los temas expuestos abrirán espacios de inspiración y cuestionamiento para sus trabajos de investigación y contribuirán a enriquecer su comprensión de los serios problemas ambientales que confronta nuestra sociedad. También está destinado a los investigadores y docentes universitarios, quienes podrán encontrar en el texto elementos que permitan enriquecer las mallas curriculares de disciplinas afines a los temas aquí tratados y así romper o equilibrar una visión hegemónica que peligrosamente tiende a copar los espacios de las aulas. Una tercera audiencia es aquella de las personas que frente a la preocupante degradación de la naturaleza adoptan una actitud de compromiso y activismo y para quienes los temas aquí discutidos son una invitación a explorar herramientas críticas que les permitan fortalecer y ampliar su militancia. De todas maneras, sea cual fuese la utilidad de este trabajo, los lectores y lectoras estarán de acuerdo en que cuestionar es una forma de aprender.

Quito, julio de 2019

INTRODUCCIÓN

Un léxico nuevo ha aparecido: la naturaleza ya no es la naturaleza, es el «capital natural». Los procesos naturales se han convertido en «servicios ambientales» como si ellos existiesen solamente para nuestro servicio. Colinas, bosques, vertientes son ahora la «infraestructura verde», mientras que la biodiversidad y refugios naturales son «activos naturales». A todos ellos se les asignará un precio y todos ellos serán intercambiables en el mercado… Así mismo, los terratenientes son ahora proveedores de servicios ambientales como si ellos hubiesen creado la lluvia, los ríos, las colinas y la vida salvaje. Ellos recibirán un pago por estos servicios ya sea de los gobiernos o de los usuarios[1].

En la publicación colectiva ¿Está agotado el periodo petrolero en el Ecuador?, coeditada por la Universidad Andina Simón Bolívar, puede leerse el párrafo siguiente:

La provisión de servicios ecosistémicos puede ser entendida en términos del valor de un bien capital natural, en forma análoga al valor de un bien financiero y a un flujo de valor que está disponible a lo largo del tiempo, a partir de ese bien; también a un flujo de ingresos, tal como la generación de la renta por un periodo. Un bien puede ser un bosque, y su flujo de valor sería el valor anual de los servicios disponibles a lo largo del tiempo, como la tasa de secuestro de carbón, servicios de filtración de agua o rendimiento agrícola… (Briceño, Flores, Kocian y Batker, 2017: 187).

En una importante reunión de la comunidad financiera internacional llevada a cabo en Londres, uno de sus miembros destacados se expresaba en los siguientes términos[2]:

Dejando de lado el inmensurable valor de que ofrecen nuestras selvas tropicales en su función de conservación de diversidad y agua, estamos en presencia de una inmensa oportunidad de negocio… Bajo una estimación de 610 billones de toneladas de CO2 capturadas por nuestras selvas tropicales, una vasta oportunidad de un negocio de 18 trillones de dólares se presenta ante nosotros… Está cada vez más claro que la solución a este problema está dentro del sistema de libre mercado. Muchas estructuras y mecanismos requieren ser creados, pero debería ser nuestro apetito por esos mercados el que obligue nuestro apoyo político para ellos[3].

De una manera cruda, aunque bastante clara, estas citas sintetizan todo el proyecto de neoliberalización de la naturaleza que penetra a nivel global, ronda círculos empresariales, políticos y ambientales y peligrosamente está contagiando a la academia. Aquí encontramos los ingredientes que alimentan todo ese proceso de escalada de mercantilización de la naturaleza: creación de mercados, capital natural, bien financiero, flujo de ingresos; es decir, un proceso que busca transformar las relaciones biofísicas-sociales-culturales en mercancías para ser vendidas o compradas por aquellos con suficiente dinero (Castree, 2010: 1731). Como señala R. Norgaard (2010), hemos experimentado más de tres décadas de fundamentalismo de mercado libre durante las cuales la comprensión pública ha sido reducida a una ideología de mercados referenciados, mientras las instituciones oficiales han sido denigradas y sus presupuestos reducidos. A lo largo de este periodo los mercados han sido guiados y regulados más por fuerzas internas y sus mitos que por instituciones democráticas y argumentos razonados. Este pensamiento se ha ido gradualmente deslizando hacia la naturaleza y los ecosistemas, en particular, como simples proveedores de servicios cuya conservación, en nombre de la eficiencia económica, exige un pago.

Bajo el discurso hegemónico de crisis y catástrofes ambientales, se proclaman nuevas estrategias y modalidades de conservación de la naturaleza que se presentan bajo la promesa de inyectar nuevos tipos de recursos para la conservación, especialmente de la biodiversidad, en aquellas partes pobres del mundo donde los estados no disponen de los recursos y la capacidad para una efectiva protección de sus ecosistemas. Pero la conservación neoliberal promete mucho más. Ella promete fortalecer la democracia y la participación mediante el desmantelamiento de las estructuras y prácticas restrictivas del Estado. Ella promete la protección de las comunidades locales garantizándoles sus derechos de propiedad y ayudándolas a entrar en el negocio de la conservación. Ella promete la promoción de prácticas verdes en los negocios, demostrando que las estrategias verdes también producen ganancias. Finalmente, ella promete promover una conciencia ambiental entre los consumidores occidentales alentándolos a apreciar la naturaleza a través de un contacto directo con ella (Igoe y Brockington, 2007; Fairhead, Leach y Scoones, 2013; McAfee, 1999).

Estas promesas son difíciles de resistir. En el fondo de estas ofertas tentadoras hay una que es aún más atractiva: una solución simple a problemas complejos y difíciles. Las áreas protegidas, parques nacionales y reservas naturales están ahora destinadas a la provisión de servicios ambientales que permitan compensar los efectos destructivos de la realización del capital y al mismo tiempo promover la difusión de beneficios económicos de las actividades derivadas de su conservación. La metáfora de Grandia sintetiza agudamente esta promesa: se nos ofrece un mundo en el que es posible «disfrutar el pastel de la conservación y saborear también el postre del desarrollo» (2007: 480). En este mundo, la naturaleza es protegida mediante la inversión y el consumo y la conservación puede ser alcanzada sin preocuparse de las profundas y sistémicas desigualdades y las relaciones de poder hábilmente entretejidas en los problemas ambientales locales, regionales y globales de la actualidad.

Cualesquiera que fueran los impactos de la conservación neoliberal, el punto importante radica en que sus políticas no benefician automáticamente a las comunidades locales ni al ambiente. Se puede aceptar que el neoliberalismo abre nuevos espacios de manera que puede perjudicar o beneficiar al ambiente; puede presentar oportunidades o un lastre a las poblaciones locales. Mientras resulta importante entender las condiciones bajo las cuales estos efectos se manifiestan, es igualmente importante tener en cuenta que tales beneficios no son una consecuencia intencionada del neoliberalismo. El neoliberalismo es una cuestión acerca de la restructuración del mundo para facilitar la difusión del mercado libre a nivel global. Los propo­nentes del neoliberalismo mantienen que esto beneficiara a los pueblos locales, a los países y, por supuesto, al ambiente. Una abrumadora mayoría de estudios demuestran que esta no es una hipótesis válida (Harvey, 2003; Igoe y Brockington, 2007).

La pregunta acerca de si la conservación neoliberal realmente beneficia a la naturaleza, a los campesinos y a las comunidades es un problema de valores que deben ser debatidos y negociados desde un nivel local hasta en los fórums de las organizaciones ambientalistas transnacionales; pasando, por supuesto, por los gobiernos locales y nacionales y organizaciones de la sociedad civil. Pero estas negociaciones y debates jamás podrán ser efectivos en la medida en que tienen lugar en un contexto de un discurso difuso que sostiene que los mercados libres y la mercantilización de la naturaleza produce resultados que benefician a todos sin compromisos o costos sociales y ecológicos (Igoe y Brockington, 2007). Lamenta­ble­mente, el capital no puede cambiar la manera en que manipula la naturaleza: en forma de mercancías sometidas a derechos de propiedad privada. Como sostiene D. Harvey (2014), cuestionar esto sería cuestionar el motor económico del capitalismo y negar la aplicación de la racionalidad del capital en la vida social. Esta es la razón por cual «si el movimiento ambientalista quiere ir más allá de políticas cosméticas, necesariamente debe ser anticapitalista» (p. 249). Agrega este autor que el movimiento ambientalista, en alianza con otros movimientos, puede representar una seria amenaza a la repro­ducción del capital. Sin embargo, el «ambientalismo», por una serie de razones, ha tomado otra dirección. No deja de sorprender cómo un movimiento complejo y heterogéneo parece ser dominado por un conjunto relativamente estrecho de valores, ideas y agendas. A menudo prefiere ignorar la ecología construida por el capital y enfocarse en temas separados de la dinámica central del capital. «Cuestionar un vertedero de desechos aquí o el rescate de una especie amenazada o la reconstitución de un hábitat allá, no son temas fata­les para la reproducción del capital» (p. 250). En nuestro contexto local, resulta preocupante constatar que el discurso sobre ambiente, economía y sociedad ha quedado atrapado en una constelación ideologizante de categorías binarias como extractivismo frente a neo­extractivismo, conservación frente a desarrollo, buen vivir frente a «mal vivir». Son estas dicotomías simplificadoras las que impiden despojar al discurso de su ropaje contradictorio entre retórica y realidad. Esperamos que el presente trabajo contribuya a desvelar estos sesgos ideológicos.

Contexto y alcance

Usamos a lo largo del presente trabajo el término «neoliberalismo» de una manera específica: una ideología política que apunta a someter los temas sociales, políticos y ecológicos a la dinámica del capitalismo de mercado. En este sentido, el proyecto de conservación neoliberal de la naturaleza consiste en un conjunto de ideologías y prácticas que parten de la premisa de que la naturaleza puede ser «salvada» únicamente a través de la sumisión al capital y su subsecuente revaluación en términos capitalistas (Buscher, Sullivan, Neves, Igoe y Brockington, 2012; Castree, 2010; Norgaard, 2010).

Tradicionalmente, los análisis y críticas del proyecto neoliberal han centrado la atención en las reformas de programas gubernamentales de orden social, en políticas de apertura al comercio, la privatización de servicios públicos, la flexibilidad laboral y políticas monetarias y de control de la inflación. Escasa atención se había prestado al mundo biofísico, en particular, al nexo entre neoliberalismo, por un lado, los cambios ambientales, la gobernabilidad ambiental y las políticas ambientales, por otro. Sin embargo, desde hace ya más de una década esta situación ha cambiado. Bajo la inspiración de los clásicos trabajos de Marx, Polanyi y Gramsci y las más recientes reflexiones de pensadores neomarxistas (J. O’Connor, D. Harvey, T. Benton, N. Castree, J. Peck, N. Smith, B. Foster, entre otros) se ha producido una verdadera explosión de estudios, análisis y reflexión sobre el fenómeno de neoliberalización de la naturaleza, las políticas de conservación y sus implicaciones de orden social, económico y ecológico.

A lo largo de los últimos 30 años, en diferentes partes del mundo se ha constatado que una variedad de fenómenos biofísicos ha sido sometida al pensamiento y prácticas neoliberales. Algunos ejem­plos: el sistema de cuotas de pesca establecido en el Pacífico Norte como una forma de mercantilización y confinamiento de los recursos pesqueros, las concesiones mineras a inversionistas extranjeros en innumerables países en desarrollo, la privatización y mercantilización del abastecimiento de agua, la privatización de bosques y venta de sus servicios ecológicos, los intentos de mercantilización del material genético de plantas, animales e insectos, la incorporación de pueblos y áreas al negocio ecoturístico y, por supuesto, los mercados creados alrededor de los mecanismos de mitigación compensatoria en los que la mercancía CO2 es el ejemplo más evidente. Se trata de una variedad de procesos distribuidos en el espacio y el tiempo y no simplemente de un fenómeno estático y homogéneo llamado a operar de manera uniforme. Por consiguiente, no se puede perder de vista que el neoliberalismo comprende una variedad de diferentes, pero interconectadas, neoliberalizaciones (Peck y Tickell, 2002) organizadas en una variedad de escalas que deben ser entendidas como procesos abiertos, en constante evolución, y no como un estado final (Castree, 2008; Larner, 2003).

El presente trabajo, analiza la neoliberalización de la naturaleza desde perspectivas diferentes que convergen en la exploración de las siguientes preguntas:

i) ¿Cuáles son las principales razones por las que fenómenos no-humanos, cualitativamente diferentes, están siendo sometidos a procesos de privatización, mercantilización y comercialización en diferentes partes del mundo?

ii) ¿Cuáles son los procesos y mecanismos a través de los que la naturaleza es neoliberalizada? En otros términos, ¿cómo opera la neoliberalización en la práctica?

iii) ¿Cuáles son los efectos de la neoliberalización sobre pueblos y comunidades afectadas y sobre la naturaleza misma?

Los argumentos y el material aquí presentados se sustentan en ideas y conceptos provenientes de diversos campos disciplinarios. Los diferentes capítulos pretenden integrar un conjunto de ideas dispersas y fragmentadas en una red de conceptos y criterios, ninguno más importante que el otro, pero todos mutuamente consistentes, usando el lenguaje apropiado para describir y analizar diferentes aspectos de las complejas interacciones entre ambiente y sociedad. En un contexto transdisciplinario, el presente trabajo parte del hecho de que los límites disciplinarios son constructos académicos irrelevantes fuera de la universidad y que, por consiguiente, es el pro­blema estudiado el que determina el conjunto de conceptos y herramientas de análisis en lugar de lo contrario (Daly y Farley, 2004; García, 2006).

En este contexto, este estudio intenta analizar el proceso de neoliberalización de la naturaleza en varios niveles que se superponen y entrecruzan a lo largo de la exposición. En un primer nivel de abstracción se identifican procedimientos y mecanismos comunes que, de alguna manera, operan en situaciones diferentes. La creación de regímenes de propiedad en la provisión de bienes y servicios ambientales, la mercantilización de la naturaleza a través de la creación de mercancías ficticias y su comercialización en mercados artificialmente construidos, la regulación y desregulación del Estado para favorecer el funcionamiento de dichos mercados, son los rasgos distintivos del proyecto neoliberal de conservación de la naturaleza. A un nivel inferior de abstracción se enfocan modalidades específicas a través de las cuales la naturaleza es neoliberalizada y que son comunes a subconjuntos particulares de casos. Estos subconjuntos pueden ser agrupados, por ejemplo, en sectores económicos o diferentes clases de ambientes/recursos involucrados. Las diferentes categorías de servicios ambientales, incluidos el ecoturismo y la bioprospección, los mercados del carbono, la mitigación compensatoria y la financiarización de servicios ecosistémicos, son algunos de los mecanismos y herramientas para la apertura de nuevos espacios de inversión, comercio y especulación que se requiere para operacionalizar las oportunidades de acumulación que ofrecen la crisis ambiental y el discurso de conservación de la naturaleza. Finalmente, a un nivel empírico, simplemente se puede entender la neoliberalización de la naturaleza, sobre la base de caso por caso, en su especificidad y complejidad. Un examen preliminar de algunos esquemas de pago por servicios ambientales en el Ecuador y la aparición de nuevas formas de gobernanza ambiental, la experiencia de la Iniciativa Yasuní, la valoración de la Amazonía por los servicios ambientales que provee, la visión de la naturaleza como una reserva de recursos comercializables, son algunos ejemplos concretos de realización del proyecto neoliberal. El análisis de ninguna manera pretende ser exhaustivo; al contrario, señala insuficiencias y abre interrogantes para trabajos futuros de análisis e investigación.

Tres tesis subyacen el tratamiento y discusión de todos estos temas. En primer lugar, que todo el proceso de mercantilización de la naturaleza debe ser entendido en un contexto más amplio que lo engloba, como es la crisis de acumulación que afecta al sistema capitalista. Como señalan muchos autores (Foster y McChesney, 2009; Castree, 2010; Harvey, 2016; Streeck, 2016; Wallerstein, Collins, Mann, Derluguian y Calhoun, 2013; O’Connor, 2001), los capitalistas, al persistir en su esfuerzo por aumentar su capital (la fuerza productiva de la sociedad) más rápido que lo garantizado por el poder de consumo de la sociedad, llevan al sistema económico a confrontar una insuficiencia de demanda efectiva y de este modo, las barreras al consumo conducen eventualmente a barreras en la inversión. Esta tendencia a la sobre acumulación, dominante en el capitalismo monopolístico, disminuye sus tasas de rentabilidad y da lugar al espectro de una recesión de largo plazo. En estas circunstancias, la financiarización es el recurso disponible para contrarrestar el estancamiento de la economía. Ante la imposibilidad de encontrar una salida en la economía real para el creciente excedente, el capital (vía corporaciones o inversionistas individuales) vierte el exceso en la especulación financiera. Sin embargo, las burbujas financieras que se forman no han sido suficientes para contrarrestar la crisis; de ahí la necesidad de buscar nuevos espacios de acumulación, siendo la naturaleza, probablemente el último de ellos (Foster y McChesney, 2009: 6-13).

Lo que es diferente en la actualidad es que ahora nos encontramos en un punto de inflexión en el crecimiento exponencial de la actividad capitalista (Wallerstein, Collins, Mann, Derluguian y Calhoun, 2013; Streeck, 2016). Esto tiene un impacto exponencial sobre los niveles de estrés ambiental en la ecología del capital que impone una intensa presión en mercantilizar, privatizar e incorporar, cada vez más, aspectos del mundo biofísico en los circuitos del capital. Hay constataciones inequívocas de una creciente expansión cancerosa y degradación de la calidad del ecosistema del capital (Castree, 2011). Entonces se puede entender dos cosas: primero, la importancia para el capital de adoptar un discurso ambientalista como el fundamento legítimo para los grandes negocios ambientales del futuro. Así, él puede dominar los discursos ecológicos, definir la naturaleza en sus propios términos y buscar el manejo de la contradicción capital-naturaleza en su amplio interés de clase. Segundo, mientras mayor es el dominio del capital en las diferentes formaciones sociales que constituyen el mundo del capitalismo, mayores son las reglas de las relaciones metabólicas con la naturaleza que dominan el discurso público y las políticas (Foster, 2000).

La segunda tesis, sostiene que las acciones que involucran el ambiente y, en general, las políticas ambientales, tienen costos y beneficios que afectan de manera desigual a los agentes sociales. Estas consecuencias deben ser entendidas no como efectos puntuales y fortuitos, sino como persistentes y repetitivos: «una estructura de resultados que produce ganadores a expensas de perdedores» (Robbins, 2012: 87). De ahí que el presente trabajo enfatice el papel del poder, el conocimiento y el discurso en la construcción de los problemas ambientales y en las soluciones que se proponen. Esto explica el cuestionamiento persistente de la discusión a las ortodoxias convencionales, altamente simplificadoras, codificadas en narrativas que prácticamente se han convertido en un nuevo paradigma de las interacciones naturaleza-sociedad. Evidentemente que la perspectiva aquí adoptada corresponde a aquella de la ecología política, un enfoque interdisciplinario para comprender la dinámica y complejidad del significado, usos y manejo de los recursos naturales en un contexto de conflictos, relaciones de poder y desigualdad (Sanjay y Saarinen, 2016).

Por último, se insiste a lo largo del texto en cómo el discurso sobre el ambiente ha quedado atrapado en una lógica economicista según la cual la solución a los problemas de degradación de la naturaleza requiere de la internalización de los efectos negativos de las actividades económicas sobre el ambiente. De acuerdo a la ortodoxia neoliberal, esto se consigue mediante la asignación de precios a varios aspectos de la naturaleza, sobre la base de mercados construidos alrededor de un análisis costo-beneficio determinado por la disposición a pagar por su conservación o la disposición a aceptar una compensación por su pérdida. Es así como los problemas de ambiente y sociedad han quedado bloqueados en una jerga monística, utilitaria y económica que, en un exceso de arrogancia, asume que la naturaleza puede ser manejada al antojo del capital; que la naturaleza es externa y puede ser codificada, cuantificada para servir al crecimiento económico, al desarrollo social o cualquier otro «loable objetivo» (Moore, 2015: 3). Este discurso es acompañado de una visión de la naturaleza como algo antinatural. Esta es construida «como un objeto amenazado, frágil y enfermizo que tiene que ser manejado y cuidado, solamente viable gracias a la intervención de la ciencia, la protección y los linderos [y su mercantilización]. Como ocurría con los lunáticos y pordioseros de Foucault, la reclusión no es pasiva; tampoco es estéril. La reclusión tienen el doble propósito del escrutinio y la rehabilitación» (Vallejo, 2003: 50). El primero es necesario para optimizar su explotación; el segundo, sencillamen­te porque el capital ha descubierto una fuente de ganancias en su restauración y conservación.

Contenido

El presente trabajo está organizado en seis capítulos que intentan entretejer diversos aspectos del fenómeno de neoliberalización de la naturaleza dentro de una perspectiva interdisciplinaria. Los capítulos incluidos tienen como denominador común la preocupación de entender las implicaciones del proyecto neoliberal en las políticas públicas ambientales. Cada capítulo tiene su coherencia interna y es autónomo en términos del tema tratado, enfoque conceptual, método de análisis y estudios de casos expuestos. Sin embargo, algunos temas y conceptos son inevitablemente de carácter transversal y se los puede ver como puentes para entrelazar conceptos y dar cierta unidad a todo el trabajo. Esto explica el traslape de algunos temas a lo largo del texto. Su eliminación hubiera destruido la integridad de los capítulos y exigido su unificación en una monografía, lo que hubiera excedido los objetivos del estudio y el tiempo disponible para su realización.