Kitabı oku: «Banquete de los eruditos. Libros VI-VII»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 349


Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por PALOMA ORTIZ GARCÍA .

© EDITORIAL GREDOS, S. A.

Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO427

ISBN 9788424937232.

NOTA PREVIA
1. ACTUALIZACIÓN BIBLIOGRÁFICA

Desde la aparición de la traducción de los libros I-V del Banquete de los eruditos , la bibliografía sobre Ateneo de Náucratis se ha visto incrementada con la aparición de varias traducciones totales o parciales a diversas lenguas modernas, algunas monografías y el importante volumen colectivo editado por D. BRAUND y J. WILKINS , Athenaeus and his World (Éxeter, 2000).

Consignamos a continuación las principales novedades bibliográficas por apartados. Puede consultarse así mismo una bibliografía digital de Ateneo periódicamente actualizada en la página web: www.uniovi.es/lnoriega/Ateneo.html

a) Traducciones

CL . FRIEDRICH , TH . NOTHERS , Athenaios, Das Gelehrtenmahl , 3 vols., Stuttgart, 1998-2000.

E. CAVALLINI , Ateneo di Naucrati, Il banchetto dei sapienti. Libro XIII Sulle donne , Bolonia, 1998.

L. CITELLI , M. L. GAMBATO (coords.), Ateneo. I Deipnosofisti. I dotti a banchetto (primera trad. ital. comentada según proyecto de L. CANFORA . Introd. de CH . JACOB . Trad, y comentarios a cargo de R. CHERUBINA [libr. IX 1-31, Χ, XI], L. CITELLI [libr. IV, XIV], M. L. GAMBATO [libr. I, XII, XIII], E. GRESELIN [com. libr. III], A. MARCHIORI [libr. II, V, VII, VIII], A. RI MEDIO [libr. VI, IX 32-80, XV], M. F. SALVAGNO [trad. libr. III]. Revisión del texto griego a partir de la edición de Kaibel y bibliografía, en colaboración con G. PIRAS , L. CITELLI . Revisión general y elaboración del Repertorio de autores y pasajes citados, G. Russo. Búsqueda iconográfica y notas a las ilustraciones, G. ADORNATO [vol. I-III]. Notas a las ilustraciones del vol. IV, M. LOSACCO ), 3 vols. (I-III, trad.; IV, texto griego), Roma, 2001.

b) Transmisión y estructura

G. ARNOTT , «Athenaeus and the Epitome: Texts, Manuscripts and Early Editions», en D. BRAUND y J. WILKINS , Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 41-52.

A. L. DI LELLO -FINUOLI , «Ateneo e Stobeo alla Biblioteca Vaticana: tracce di codici perduti», Boll. della Badia Greca di Grottaferrata 53 n.s. (1999), págs. 13-55.

—, Per la storia del testo di Ateneo, Misc. Bibl. Apost. Vatic . VII, Ciudad del Vaticano, 2000.

L. RODRÍGUEZ -NORIEGA GUILLÉN , «Are the Fifteen Books of the Deipnosophistae an Excerpt?», en D. BRAUND , J. WILKINS , Athenaeus and his World …, págs. 244-255.

— «La reconstrucción del comienzo del Banquete de los eruditos a la luz de Ateneo V 186 E», en J. M. NIETO IBÁÑEZ (coord.), Lógos Hellenikós. Homenaje al Profesor Gaspar Morocho Gayo , vol. I, León, 2000, págs. 395-403.

J. WILKINS , «Dialogue and Comedy. The Structure of the Deipnosophistae», en D. BRAUND , J. WILKINS , Athenaeus and his World …, págs. 23-37

c) Fuentes de Ateneo

Los estudios citados a continuación están todos recogidos en la obra colectiva D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000:

K. ARAFAT , «The recalcitrant mass. Athenaeus and Pausanias», págs. 191-202.

E. BOWIE , «Athenaeus’ knowledge of early Greek elegiac and iambic poetry», págs. 124-135.

M. BROGGIATO , «Athenaeus, Crates and Attic glosses: A problem of attribution», págs. 364-371.

A. DALBY , «Lynceus and the Anecdotists», págs. 372-394.

J. DAVIES , «Athenaeus’ use of public documents», págs. 203-217.

D. GOUREVITCH , «Hicesius’ fish and chips: a plea for an edition of the fragments and testimonies of the perì hýlēs» , págs. 483-491.

C. JACOB , «Athenaeus the librarian», págs. 85-110.

CH . PELLING , «Fun with fragments. Athenaeus and the historians», págs. 171-190.

K. SIDWELL , «Athenaeus, Lucian and fifth-century comedy», págs. 136-152.

E. VILLARI , «Aristoxenus in Athenaeus», págs. 445-454.

F. WALBANK , «Athenaeus and Polybius», págs. 161-169.

G. ZECCHINI , «Harpocration and Athenaeus. Historiographical relationships», págs. 153-160.

d) Alimentación y medicina

R. BROCK , «Athenaeus on Greek wine», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 455-465.

J.-N. CORVISIER , «Athenaeus, medicine and demography», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 492-502.

R. FLEMMING , «The physicians at the Feast: the place of Medical Knowledge at Athenaeus’ dinner-table», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 476-482.

M. J. GARCÍA SOLER , El arte de comer en la Grecia antigua , Madrid, 2001.

R. STONEMAN , «You are what you eat: diet and Philosophical diaita in Athenaeus’ Deipnosophistae », en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 413-422.

e) Pensamiento

L. ROMERI , «The logódeipnon : Athenaeus between Banquet and Anti-Banquet», en D. BRAUND , J. WILKINS (eds.), Athenaeus and his World , Éxeter, 2000, págs. 256-271.

—, Philosophes entre mots et mets. Plutarque, Lucien et Athénée autour de la table , Grenoble, 2002.

M. TRAPP , «Plato in the Deipnosophistae , en D. BRAUND -J. WIL KINS (eds.), Athenaeus and his World …, págs. 353-363.

2. NOTA TEXTUAL

Se reseñan a continuación los puntos en los que nuestra traducción se aparta de la edición de Kaibel en los libros VI-VII de la obra.




3. EDICIONES DE TEXTOS FRAGMENTARIOS CITADAS EN ABREVIATURA


ALGE. DIEHL , Anthologia Lyrica Graeca , Leipzig, 1925.
Coll. Alex .J. U. POWELL , Collectanea Alexandrina , Oxford, 1925 (1970).
CPGE. L. VON LEUTSCH - F. G. SCHNEIDEWIN , Corpus Paroemiographorum Graecorum, 2 vols., Gotinga, 1839-1851 (Hildesheim, 1958).
DSAF. WEHRLI , Die Schule des Aristoteles. Texte und Kommentar , 10 vols. y 2 supls., Basel-Stuttgart, 1944-1978.
Epicarmo fr. R-NL. RODRÍGUEZ -NORIEGA GUILLÉN , Epicarmo de Siracusa. Testimonios y fragmentos , Oviedo, 1996.
FGrHJ. JACOBY , Die Fragmente der Griechischen Historiker , Berlín-Leiden, 1923-1998.
FHGC. MÜLLER - TH . MÜLLER , Fragmenta Historicorum Graecorum , 5 vols., París, 1841-1870.
FGED. L. PAGE , Further Greek Epigrams , Cambridge, 1981.
HEA. S. GOW , D. L. PAGE , The Greek Anthology. Hellenistic Epigrams, 2 vols., Cambridge, 1965.
IEGM. L. WEST , Iambi et Elegi Graeci, 2 vols., Oxford, 1971-1972 (1989).
PCGR. KASSEL - C. AUSTIN , Poetae Comici Graeci , Berlín, 1983 (IV), 1984 (III 2), 1986 (V), 1989 (VII), 1991 (II), 1995 (VIII), 1998 (VI 2), 2001 (I).
PMGD. L. PAGE , Poetae Melici Graeci , Oxford, 1962 (1967).
PMGrFM. DAVIES , Poetarum Melicorum Graecorum Fragmenta , Oxford, 1991.
Suppl. Hell .H. LLOYD -JONES - P. PARSONS , Supplementum Hellenisticum , Berlín, 1983.
SVFJ. VON ARNIM , Stoicorum Veterum Fragmenta , 3 vols., Leipzig, 1903-1924 (Stuttgart, 1968).
TGFA. NAUCK , Tragicorum Graecorum Fragmenta , Leipzig, 1889, reeditado con un suplemento de B. SNELL , Hildesheim, 1964.
TrGFTragicorum Graecorum Fragmenta , Gotinga: vol. I, B. SNELL , Fragmenta Tragicorum Minorum , 1971; vol. II, R. KANNICHT , B. SNELL , Fragmenta adespota , 1981; vol. IV, S. RADT R. KANNICHT , Fragmenta Sophoclis , 1976.

4. SIGNOS DIACRÍTICOS


***Laguna en el texto.
<>Texto suplido por el editor o el traductor.
[…]Texto corrupto imposible de reconstruir.
Texto corrupto para el que se da una traducción conjetural.

LIBRO VI 1

Conversación entre Ateneo y Timócrates

Puesto que me reclamas una y otra [222 A] vez cuando me encuentras, amigo Timócrates, lo que se dijo en el banquete de los eruditos, pensando que descubríamos alguna cosa novedosa, te recordaremos las palabras de Antífanes en su Poema , de este modo [PCG II, fr. 189]:

Bienaventurada composición es la tragedia

por todo, si es cierto que, para empezar, los argumentos

son bien conocidos por los espectadores ,

antes incluso de que nadie hable, de tal manera que sólo que sugerir [B]

tiene el poeta. Pues si nombro a Edipo, ***

todo lo demás ya lo saben: su padre era Layo ,

la madre, Yocasta; quiénes sus hijas, sus hijos ,

qué va a padecer él, qué ha hecho. Si a su vez

se cita a Alcmeón 2 , también sus hijos

todos se han mencionado ya, y que, enloquecido, mató

a su madre. Mas, irritándose, Adrasto,. 3 al punto

llegará y de nuevo se irá ***

Después, cuando nada pueden decir ya ,

[C] sino que se han quedado totalmente sin recursos en los sucesos trágicos ,

alzan, como si de un dedo se tratase 4 , la máquina 5 ,

y para los espectadores es suficiente .

[223 A] Nosotros 6 , en cambio, no contamos con eso, sino que todo hay

que inventarlo: nombres nuevos ***

***, y luego †lo que se ha tramado†

antes, la situación actual, el desenlace ,

el preludio. Y si omite uno solo de estos elementos

un Cremes cualquiera, o un Fidón 7 , se le abuchea ..

A Peleo, en cambio, le está permitido hacerlo, y a Teucro 8 .

Dífilo, por su parte, en Los guardianes del olivar [PCG V, fr. 29]:

¡Oh tú, que vigilas y posees

el emplazamiento carísimo a los dioses del santuario de Braurón ,

doncella hija de Leto y Zeus que sometes con el arco! 9 [B]

Así hablan los trágicos 10 , que son los únicos

que tienen licencia para decir cualquier cosa y hacerla .

Timocles el comediógrafo, hablando de que por muchas razones es útil para la vida la tragedia, dice, en Las mujeres en las Dionisias [PCG VII, fr. 6]:

Amigo mío, escucha, si algo he de decirte 11 .

El hombre es una criatura penosa por naturaleza,

y muchas congojas comporta en sí la vida;

así que discurrió estos consuelos

para sus preocupaciones; pues la mente, olvidada de las propias, [C]

y fascinada ante el padecimiento ajeno,

se va del teatro complacida y edificada a la vez.

En efecto, respecto a los trágicos, fíjate en primer lugar, por favor,

en cómo le reportan provecho a todo el mundo. Pues el que es pobre.

cuando se entera de que Télefo se volvió

más miserable que él 12 , sobrelleva ya la pobreza con más facilidad.

El que está enfermo, a su vez. ve a Alcmeón 13 en medio de la locura.

Que uno padece de oftalmia: ciegos son los hijos de Fineo 14 ;

[D] que a alguien se le ha muerto un hijo: Níobe 15 lo deja consolado;

que uno es cojo: ve a Filoctetes 16 ;

que un anciano es desafortunado; observa a Eneo 17 .

En efecto, al darse cuenta de que todas las mayores desgracias

que se pueden padecer les han ocurrido a otros.

personalmente sobrelleva sus propias desdichas con más facilidad 18 .

Pues bien, también nosotros, Timócrates, te devolvemos, que no te damos, los despojos de los «eruditos del banquete», según dice el orador de Cotoce 19 ridiculizando a Demóstenes, el cual, cuando Filipo se disponía a entregarles el [E] Haloneso a los atenienses, les aconsejó que no lo aceptaran «si se lo daba pero no se lo devolvía» 20 . De eso precisamente se burla, haciendo un juego de palabras, Antífanes, en La pollita , de este modo [PCG II, fr. 167]:

A— El amo, a su vez, toda la herencia de su padre

la recobró según la cobró . B— Se hubiera complacido

si hubiese oído esta expresión Demóstenes .

Alexis, por su parte, en El soldado [PCG II, fr. 212]:

A— Ten esto

de vuelta . B— ¿Y qué es esto? A— El niño que cogí yo

de vuestra casa; vengo a devolverlo otra vez .

B— ¿ Cómo, no estabas decidido a criarlo? A— Pero es que no [F]

es nuestro . B— Ni nuestro . A— Pero a mí me lo habéis dado

vosotros . B— Nada de que te lo hemos dado . A— ¿Entonces qué?

B— Te lo hemos devuelto . A— ¿Lo que a mí no me corresponde quedarme?

Y en Los hermanos [PCG II, fr. 7]:

A— ¿Pero les he dado yo algo a ésas? Dime .

B— No, pero sí se lo has devuelto, habiendo recibido una fianza de su parte .

[224 A] Anáxilas, a su vez, en La hombría de bien [PCG II, fr. 8]:

A— También voy a dar las viejas 21 . B— ¡Por la tierra! ¡Tú no es que

las vayas a dar, es que las vas a devolver! A— Y he aquí que salgo llevándolas .

Timocles, por su parte, en Los héroes [PCG VII, fr. 12]:

A— Así que ahora me mandas que dé a conocer cualquier cosa, menos

tus cualidades . B— Exactamente . A— Lo haré por ti .

Y, para empezar, dejará Demóstenes de estar

irritado contigo . B— ¿Quién? A— †Ese Briareo 22

que se come las catapultas y las lanzas ,

[B] un individuo que odia las palabras y nunca jamás

ha proferido antítesis alguna, sino que parece un Ares 23 .

Así pues, de acuerdo con los poetas mencionados, también nosotros daremos cuenta de los acontecimientos que siguieron a los relatados anteriormente, «devolviendo, y no dando» lo que sigue.

Continuación del relato del banquete

Pues bien, se nos acercaron a continuación unos esclavos trayendo una enorme cantidad de pescados marinos y lacustres en fuentes de plata, de manera que nos quedamos asombrados en medio de aquella riqueza y magnificencia; pues poco le faltó para comprar hasta las Nereidas. Uno de los parásitos y [C] aduladores 24 afirmó incluso que Poseidón le enviaba a nuestro particular Neptunio 25 sus peces, pero no por intermedio de quienes en Roma venden el pescado adulterado, sino que había traído unos de Ancio, otros, de Taracina y de las islas del Ponto que están justo en frente, otros, de Pirgos (se trata de una ciudad tirrena 26 ).

Los pescaderos griegos

Y es que los pescaderos de Roma no se quedan muy atrás de los que en otro tiempo fueron caricaturizados a lo largo del Ática. Sobre ellos dice Antífanes, en Los muchachos [PCG II, fr. 164]:

Yo hasta ahora creía que las Gorgonas

eran una leyenda 27 . Pero cada vez que voy

[D] al mercado, me convenzo de su existencia. Pues al mirar allí

a los pescaderos, me quedo de piedra al instante .

De manera que por fuerza tengo que hablarles

con la cara vuelta hacia otro lado, porque si veo de qué tarmaño

es el pescado que tasan tan caro, me quedo tieso seguro .

Anfis, a su vez, en El vagabundo [PCG II, fr. 30]:

Es mil veces más fácil acercarse a los generales ,

que le juzguen a uno digno de consideración

y obtener respuesta a lo que se les pregunta, que

a los malditos pescaderos en la plaza .

[E] Si alguien coge alguna mercancía de las que están expuestas

y les pregunta, 〈el hombre〉 se agacha y, como Télefo ,

primero calla 28 —y eso sí que con razón;

porque todos son unos asesinos, en una palabra—

y, como si no estuviese prestando atención y no hubiera oído nada ,

se dedica a majar un pulpo. Al otro se le hinchan las narices ***

*** y entonces, sin pronunciar enteras

las palabras, sino comiéndose alguna sílaba, 〈responde〉 «’atro

óbolos ’erían». «¿Y el espetón?» 29 « ’cho ’bolos» .

¡Tales son las cosas que tiene que escuchar el que les compra algo!

Alexis, en El enfermo de glaucoma [PCG II, fr. 16]: [F]

Cuando veo a los generales con las cejas

enarcadas, pienso que lo que hacen es indignante ,

mas en absoluto me asombro de que quienes han sido objeto de especial honor

por parte de la ciudad sean un poco más engreídos que el resto .

Pero es que cuando veo a los pescaderos, que mueran de la peor muerte ,

mirando hacia abajo, pero con las cejas

en lo alto de la coronilla, me dan sofocos .

Y si les preguntas: «¿A cuánto vendes los espetones

si llevo dos?», «A diez óbolos», te dice .

«Caro. ¿Aceptarías ocho?» «Si me compras el otro» . [225 A]

«Amigo mío, toma y no te burles». «¿Por ese precio? ¡Pasa de largo!»

¿No es eso más amargo que la hiel?

Dífilo, en El ajetreado [PCG V, fr. 67]:

Creía yo al principio que los pescaderos

atenienses eran los únicos mezquinos .

Pero, según parece, este gremio, como es propio de fieras ,

es insidioso por naturaleza y en todas partes .

Pues bien, he aquí uno que se ha pasado de la raya :

se deja melena, para empezar, por promesa al dios ,

según dice; pero desde luego no es por eso, sino porque está [B] marcado a hierro ,

y la lleva como pantalla por delante de la frente .

Éste te responde, si le preguntas «¿A cuánto

la lubina?», «A diez óbolos», y no añade de qué acuñación .

Luego, si le pagas el dinero ,

te reclama que sea moneda eginética. Pero si él tiene

que darte el vuelto, encima te da moneda ática ,

pues de una y otra tiene cambio 30 .

[C] Jenarco, en La púrpura , dice [PCG VII, fr. 7]:

Los poetas son vana charlatanería, pues nada

novedoso inventan, sino que da vueltas

cada uno de ellos a los mismos temas arriba y abajo .

En cambio, no hay ningún gremio más sapientísimo

que el de los pescaderos, ni más impío .

En efecto, como ya no tienen permiso para

rociar 〈la mercancía〉 31 , sino que eso está prohibido por la ley ,

uno, individuo aborrecible para los dioses en grado sumo ,

al ver que el pescado se le secaba, organizó

[D] una pelea entre ellos, adrede, sin duda alguna .

Hubo golpes y, tras hacer como que había recibido una herida mortal ,

cae al suelo. Y, fingiendo estar sin sentido ,

yacía entre el pescado. Mas alguien grita :

«¡Agua, 〈agua〉!» Alza al punto una vasija

uno de sus compañeros de oficio y vierte encima justo de él

un poquito, y sobre el pescado todo lo demás :

dirías, en efecto, que lo acababan de pescar .

Que venden el pescado incluso muerto y podrido lo señala Antífanes, en Los adúlteros , con estas palabras [PCG II, fr. 159]:

[E] No existe ningún animal más desdichado

que los peces, pues no les basta con morir

cuando los pescan y, devorados a continuación ,

recibir al punto sepultura; los desgraciados, tras ser entregados

a los pescaderos, que mueran de mala muerte ,

se pudren, yaciendo rancios dos días

o tres. Y si finalmente encuentran un comprador

ciego, le conceden el sepelio de los muertos 32 .

Y tras llevarlos a casa los tira *** ,

ateniéndose a la prueba del olor en su nariz .

Y en El filotebano dice [PCG II, fr. 217]: [F]

¿No es terrible que si alguien por casualidad

compra pescado fresco, converse con nosotros

con el ceño fruncido y aspecto sombrío 33 ,

y que si, en cambio, está totalmente putrefacto, bromee y ría?

En efecto, deberían hacer todo lo contrario :

el uno, reír, y el otro, lamentarse profundamente .

Que además lo venden carísimo lo dice Alexis, en La asamblea de las Termópilas [PCG II, fr. 204]:

A — ¡Sí, por Atenea! Aunque yo estoy asombrado [226 A]

de cómo es que entonces los pescaderos no son todos

millonarios, dado que cobran tributos propios de reyes .

B — ¿〈Tributos〉 sólo? ¿Pues no diezman

las haciendas cuando se establecen en las ciudades ,

y las agotan enteras día tras día?

Y en La caldera dice el mismo poeta [PCG II, fr. 130]:

No ha habido mejor legislador que el millonario

Aristonico 34 ***.

En efecto, ahora mismo va a promulgar una ley :

que aquél de los pescaderos que, en el acto de vender pescado

[B] a alguien, tras haberlo tasado, lo entregue por menos

del precio que había dicho, sea inmediatamente llevado

a la cárcel; a fin de que, asustados ,

se contenten con el precio justo, o a la tarde

se lo lleven todo podrido a casa .

Y entonces el enviado, vieja, viejo o muchacho ,

todos comprarán como debe ser .

Y siguiendo adelante dice [PCG II, fr. 131]:

No ha existido desde Solón 35 ningún legislador

mejor que Aristonico. En efecto, ha promulgado todas

[C] las restantes, que son muchas, y además de todo tipo ,

y ahora presenta una nueva ley

de oro: que no vendan ya sentados

los pescaderos, sino siempre de pie .

Luego, para el año próximo, afirma que va a proponer que lo hagan colgados ,

y así despacharán más rápido a los clientes ,

vendiendo desde una máquina 36 , como los dioses .

Pone de manifiesto también su grosería, y además su misantropía, Antífanes, en El que odia al malvado , parangonándolos con los más depravados en su género de vida, con [D] estas palabras [PCG II, fr. 157]:

A— ¿Luego no son de veras sumamente sabios los escitas ,

que a los bebés, tan pronto nacen ,

les dan de beber leche de yegua y vaca?

B— ¡Por Zeus! No llevan a su casa maldicientes amas de cría ,

y además pedagogos 37 , mayor 〈*** que ellos

***〉 38 . A— 〈Despuésde las ayas, ¡por Zeus!

Ésas les llevan ventaja . B— Detrás, ¡por Zeus! ,

de los que mendigan para la Diosa Madre, pues éste es, con mucho, el gremio

más infame 39 . A— Si es que, ¡por Zeus!, no [E]

se quiere mencionar a los pescaderos .

*** B— Después de los banqueros; pues no hay ninguna casta

más depravada que ésa .

De modo no poco convincente también Dífilo, en El comerciante , dice así respecto a que venden carísimo el pescado [PCG V, fr. 32]:

Jamás pensé ver el pescado tan caro .

¡Poseidón!, si te hicieras con un décimo

de su precio cada día ,

serías el más rico de los dioses con mucho .

[F] Y, sin embargo, si uno de ésos 40 me sonriera ,

le daría, aun lamentándome, cuanto me pidiera .

Un congrio, como Príamo hizo con Héctor ,

lo compraba pagando tanto como pesase 41 .

Alexis, por su parte, en La griega [PCG II, fr. 76]:

Siempre, tanto vivas como muertas, son

nuestras enemigas las criaturas del mar .

En efecto, si se va a pique un barco y después, como suele suceder ,

atrapan a uno que va nadando, al instante lo tienen ya digerido .

[227 A] Y cuando ellas a su vez son capturadas por los pescadores ,

hasta muertas machacan a quienes las compran ,

pues se venden al precio de nuestras haciendas ,

y el cliente se marcha a continuación hecho un pordiosero .

Menciona por su nombre al pescadero Hermeo, el egipcio, Arquipo, en Los peces , de esta manera [PCG II, fr. 23]:

Un egipcio es el más infame vendedor de pescado ,

Hermeo, que por la fuerza despelleja lijas y cazones, y los vende

y las lubinas las destripa, según nos cuentan.

También Alexis, en La heredera 42 [PCG II, fr. 78, 7], menciona [B] a un pescadero llamado Mición.

Sobre los pescadores

Pues bien, con razón los pescadores están así mismo muy orgullosos de su oficio, más que los mejores generales. Por ejemplo, presenta a uno de ellos Anaxándrides, en Odiseo , diciendo lo siguiente sobre el arte de la pesca [PCG II, fr. 34]:

La hermosa obra de los pintores

es objeto de admiración colgada en los cuadros 43 ,

pero la nuestra es arrebatada solemnemente del plato ,

y desaparece al punto de la sartén .

Porque, ¿en virtud de qué otro arte, tú, noble amigo , [C]

se abrasan las bocas de los jóvenes, o

es tal la riña de dedos 44 ,

o el sofoco si no se puede devorar a toda prisa?

Pues, ¿no es el único que crea las relaciones

el mercado bien surtido de pescado? ¿Y cuál de los mortales cena en compañía

si ha cogido turrados unos corvallos baratos

o una anchoa? Y a un lozano muchachito ,

¿con qué encantamientos o con qué argumentos se lo conquista , [D]

dímelo, si se suprime el arte de los pescadores? Pues éste subyuga

seduciendo con la figura cocida de los peces 45 ,

al conducir bajo los cuerpos mismos la puerta del almuerzo ,

y fuerza a su naturaleza a reclinarse sin pagar el escote 46 .

Compradores pródigos

Con respecto a quienes son demasiado caprichosos al comprar dice esto Alexis, en La heredera [PCG II, fr. 78]:

Quien compra, siendo pobre, mucho pescado

[E] y, apurado para lo demás, para eso tiene medios ,

de noche ése deja desnudos a todos

los que se encuentra; en consecuencia, cada vez que alguien resulta despojado, tiene que

acecharlo ya desde el amanecer en la plaza del pescado .

Y al primero que ve 47 pobre y joven

comprándole anguilas a Mición ,

lo detiene y lo lleva a la cárcel .

Dífilo, por su parte, en El comerciante , afirma que hay incluso una ley en Corinto en estos términos [PCG V, fr. 31]:

A— Esta es la norma, noble amigo, aquí

en Corinto: si vemos a alguien que compra siempre pescado

[F] con esplendidez, le preguntamos de qué

vive y a qué se dedica. Y si posee una hacienda

cuyos ingresos sufragan los gastos ,

le dejamos gozar en adelante de ese género de vida .

Mas si resulta que gasta por encima de su fortuna ,

le prohibimos que lo vuelva a hacer más .

Y a quien no obedece, le ponen una multa .

Y si, pese a no tener nada en absoluto, vive lujosamente ,

se lo entregan al verdugo . B— ¡Por Heracles!

A—Es que no es posible que ése viva sin delito alguno , [228 A]

¿comprendes?, sino que por fuerza tiene

o que robar ropa de noche, o que perforar muros 48 ,

o que ser cómplice de algunos de los que lo hacen ,

o que actuar como sicofanta 49 en el ágora, o que prestar

falso testimonio. Estamos quedando limpios de tal ralea .

B— ¡Y con razón, por Zeus! Pero, ¿qué tiene que ver eso conmigo?

A— Te vemos comprando a diario

no con mesura, noble amigo, sino con prodigalidad .

No es posible, por tu culpa, conseguir algo parecido a un pez . [B]

Tienes a nuestra ciudad congregada en la plaza de la verdura :

nos peleamos por los apios, como en los Juegos Ístmicos 50 .

Ha entrado una liebre: al momento te has hecho con ella .

Y en cuanto a una perdiz o un zorzal, ¡por Zeus!, por vuestra culpa

ya no se los puede ver ni volando ;

y el vino de importación lo has hecho encarecerse mucho .

Considera conveniente que se imponga esta costumbre también en Atenas Sófilo, en Androcles [PCG VII, fr. 2], pidiendo que sean elegidos por el Consejo dos o tres [C] inspectores del pescado 51 . Linceo de Samos 52 escribió incluso un Manual de compra en el mercado , dedicado a uno que no sabe comprar [fr. 19 Dalby], donde le enseña qué les debe decir a esos asesinos de los pescaderos, para que en adelante compre lo que desee a buen precio, y además sin problemas.

Intervención de Ulpiano

Después de esto, Ulpiano, habiendo hecho acopio, una vez más, de los puntos espinosos de lo que se había dicho, preguntó si podríamos demostrar que empleaban vajilla de plata en los banquetes los antiguos, y si pínax (fuente) es palabra griega. Efectivamente, Homero dice en La Odisea [XVI 49]:

También fuentes de carne les sirvió el porquerizo .

[D] Aristófanes de Bizancio 53 afirma [pág. 202 Slater] que servir en fuentes las viandas es costumbre más moderna, ignorando que en otros versos ha dicho así mismo el poeta [Od . I 141]

El trinchante ofreció y sirvió fuentes de carne .

“Mas quiero preguntar también si algunas personas estaban en posesión de gran cantidad de esclavos, lo mismo que nuestros contemporáneos, y si se dice tḗganon (sartén) y no sólo tágēnon , para que no nos lo bebamos o comamos todo como los que por su estómago son llamados parásitos y aduladores”.

«Pínax», «tḗganon» y derivados

Le respondió Emiliano: “Por lo que se refiere a la palabra pínax , tienes [E] el utensilio mencionado también 54 en los Turio-persas de Metágenes el cómico [PCG VII, fr. 8]. En cuanto al término tḗganon (sartén), noble amigo, lo emplea Ferécrates, en Bagatelas , de este modo [PCG VII, fr. 109]:

Y andaba diciendo que había comido pescaditos de una sartén .

Y en Los persas , el mismo autor [PCG VII, fr. 133]:

Sentarme junto a las sartenes y prender fuego a la carricera 55 por debajo .

Filónides, por su parte, en Los coturnos [PCG VII, fr. 2, 1]: [F]

Recibir con rayas marinas y sartenes .

Y de nuevo [id., fr. 2, 2]:

Olfateando ella las sartenes .

Eubulo, a su vez, en Ortanes [PCG V, fr. 75, 7-8] 56 :

Mas el soplillo despierta a las perras guardianas de Hefesto ,

excitándolas con el cálido olor de la sartén .

Y otra vez [PCG V, fr. 75, 1-2]:

Toda mujer hermosa

enamorada viene con frecuencia, y tambiénlos muchachitos

criados junto a las sartenes

[229 A] Y en Los Titanes [PCG V, fr. 108]:

Y, tras sonreírme ,

la cazuela borbotea con extranjera cháchara ,

y salta el pescado en mitad de las sartenes .

En cuanto al verbo 57 , lo menciona Frínico, en Los tragediógrafos [PCG VII, fr. 60]: