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Kitabı oku: «Legends, Tales and Poems», sayfa 13

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III

—Buenas noches, mi señora doña Baltasara; ¿también usarced[1] viene esta noche á la Misa del Gallo? Por mi parte tenía hecha intención de irla á oir á la parroquia; pero lo que sucede… ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente.[2] Y eso que, si he de decir la verdad, desde que murió maese Pérez, parece que me echan una losa sobre el corazón cuando entro en Santa Inés… ¡Pobrecito! ¡Era un santo!… Yo de mí se decir, que conservo un pedazo de su jubón como una reliquia, y lo merece… pues en Dios y en mi ánima, que si el señor arzobispo tomara mano en ello, es seguro que nuestros nietos le verían en los altares.[3] … Mas ¡cómo ha de ser!… Á muertos y á idos, no hay amigos.[4] … Ahora lo que priva es la novedad… ya me entiende usarced. ¡Qué! ¿No sabe nada de lo que pasa? Verdad que nosotras nos parecemos en eso; de nuestra casita á la iglesia, y de la iglesia á nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice ó déjase de decir… sólo que yo, así… al vuelo… una palabra de acá, otra de acullá… sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al corriente de algunas novedades.... Pues, sí señor; parece cosa hecha que el organista de San Román,[5] aquel bisojo, que siempre está echando pestes de los otros organistas; aquel perdulariote, que más parece jifero de la puerta de la Carne[6] que maestro de solfa, va á tocar esta Noche-Buena en lugar de maese Pérez. Ya sabrá usarced, porque esto lo ha sabido todo el mundo y es cosa pública en Sevilla, que nadie quería comprometerse á hacerlo. Ni aun su hija que es profesora, y después de la muerte de su padre entró en el convento de novicia. Y era natural: acostumbrados á oir aquellas maravillas, cualquiera otra cosa había de parecernos mala, por más que quisieran evitarse las comparaciones. Pues cuando ya la comunidad habrá decidido que, en honor del difunto y como muestra de respeto á su memoria, permanecería callado el órgano en esta noche, háte aqui que se presenta nuestro hombre, diciendo que él se atreve á tocarlo.... No hay nada más atrevido que la ignorancia.... Cierto que la culpa no es suya, sino de los que le consienten esta profanación… pero, así va el mundo… y digo, no es cosa la gente que acude…[7] cualquiera diría que nada ha cambiado desde un año á otro. Los mismos personajes, el mismo lujo, los mismos empellones en la puerta, la misma animación en el atrio, la misma multitud en el templo… ¡Ay, si levantara la cabeza el muerto! se volvía[8] á morir por no oir su órgano tocado por manos semejantes. Lo que tiene que,[9] si es verdad lo que me han dicho las gentes del barrio, le preparan una buena al intruso. Cuando llegue el momento de poner la mano sobre las teclas, va á comenzar una algarabía de sonajas, panderos, y zambombas, que no haya más que oir… pero ¡calle! ya entra en la iglesia el heroe de la función. ¡Jesús, qué ropilla de colorines, qué gorguera de cañutos, qué aires de personaje! Vamos, vamos, qué ya hace rato que llego el arzobispo, y va á comenzar la misa… vamos, que me parece que esta noche va á darnos que contar para muchos días.

[Footnote 1: usarced. Contraction of vues(tr)a merced, 'your grace.']

[Footnote 2: ¿Dónde va Vicente? Donde va la gente. See vocabulary. Note the two senses in which the adverb of place, donde, is used.]

[Footnote 3: en los altares. That is to say canonized.]

[Footnote 4: Á muertos y á idos, no hay amigos = 'The dead and departed have no friends (or are soon forgotten)'.]

[Footnote 5: San Román. A church, originally a mosque, situated in the northern part of Seville, on the Plaza de San Román. It was reconstructed by D. Pedro I. Its façade is very plain, the chief decorative features being an ogival doorway in the center and a window of similar form to the right. It contains some fine statuary by Montañés. The fifteenth-century painter Juan Sánchez de Castro is buried here.]

[Footnote 6: la puerta de la Carne. One of the ancient gates of Seville, situated in the north wall near the Matadero ('slaughter-house'). Hence its name. It was once called the Puerta Judía. But little remains now of the old walls of Seville, which had a circumference of upwards of ten miles, and were pierced by fifteen gates and strengthened by one hundred and sixty-six towers.]

[Footnote 7: no es cosa la gente que acude = 'the crowd in attendance is not small' or 'what a lot of persons have come!' The expression no es cosa is used familiarly in the sense of es mucha.]

[Footnote 8: volvía. A Common use of the imperfect indicative instead of the conditional.]

[Footnote 9: Lo que tiene que = 'the fact is.']

Esto diciendo la buena mujer, que ya conocen nuestros lectores por sus exabruptos de locuacidad, penetró en Santa Inés, abriéndose según costumbre, un camino entre la multitud á fuerza de empellones y codazos.

Ya se habiá dado principio á la ceremonia.

El templo estaba tan brillante como el año anterior.

El nuevo organista, después de atravesar por en medio de los fieles que ocupaban las naves para ir á besar el anillo del prelado, había subido á la tribuna, donde tocaba unos tras otros los registros del órgano; con una gravedad tan afectada como ridícula.

Entre la gente menuda que se apiñaba á los pies de la iglesia, se oía un rumor sordo y confuso, cierto presagio de que la tempestad comenzaba á fraguarse y no tardaría mucho en dejarse sentir.

–Es un truhán, que por no hacer nada bien, ni aún mira á derechas, decían los unos.

–Es un ignorantón, que después de haber puesto el órgano de su parroquia peor que una carraca, viene á profanar el de maese Pérez, decían los otros.

Y mientras éste se desembarazaba del capote para prepararse á darle de firme á su pandero, y aquél apercibía sus sonajas, y todos se disponían á hacer bulla á más y mejor, solo alguno que otro se aventuraba á defender tibiamente al extraño personaje, cuyo porte orgulloso y pedantesco hacía tan notable contraposición con la modesta apariencia y la afable bondad del difunto maese Pérez.

Al fin llego el esperado momento, el momento solemne en que el sacerdote, despues de inclinarse y murmurar algunas palabras santas, tomó la Hostia en sus manos.... Las campanillas repicaron, semejando su repique una lluvia de notas de cristal; se elevaron las diáfanas ondas del incienso, y sonó el organo.

Una estruendosa algarabía llenó los ámbitos de la iglesia en aquel instante y ahogó su primer acorde.

Zampoñas, gaitas, sonajas, panderos, todos los instrumentos del populacho, alzaron sus discordantes voces á la vez; pero la confusión y el estrépito sólo duró algunos segundos. Todos a la vez como habían comenzado, enmudecieron de pronto.

El segundo acorde, amplio, valiente, magnífico, se sostenía aún brotando de los tubos de metal del organo, como una cascada de armonía inagotable y sonora.

Cantos celestes como los que acarician 'los oídos en los momentos de éxtasis; cantos que percibe el espíritu y no los puede repetir el labio; notas sueltas de una melodía lejana, que suenan á intervalos, traídas en las ráfagas del viento, rumor de hojas que se besan en los árboles con un murmullo semejante al de la lluvia, trinos de alondras que se levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida á las nubes; estruendo sin nombre, imponente como los rugidos de una tempestad; coro de serafines sin ritmos ni cadencia, ignota música del cielo que sólo la imaginación comprende; hímnos alados, que parecían remontarse al trono del Señor como una tromba de luz y de sonidos… todo lo expresaban las cien voces del órgano, con más pujanza, con más misteriosa poesía, con más fantástico color que los habían expresado nunca .....

Cuando el organista bajó de la tribuna, la muchedumbre que se agolpo á la escalera fué tanta, y tanto su afán por verle y admirarle, que el asistente temiendo, no sin razón, que le ahogaran entre todos, mando á algunos de sus ministriles para que, vara en mano, le fueran abriendo camino hasta llegar al altar mayor, donde el prelado le esperaba.

–Ya véis, le dijo este último cuando le trajeron á su presencia; vengo desde mi palacio aquí sólo por escucharos. ¿Seréis tan cruel como maese Pérez, que nunca quiso excusarme el viaje, tocando la Noche-Buena en la Misa de la catedral?

–El año que viene, respondió el organista, prometo daros gusto, pues por todo el oro de la tierra no volvería á tocar este órgano.

–¿Y por qué? interrumpió el prelado.

–Porque… añadió el organista, procurando dominar la emoción que se revelaba en la palidez de su rostro; porque es viejo y malo, y no puede expresar todo lo que se quiere. El arzobispo se retiró, seguido de sus familiares. Unas tras otras, las literas de los señores fueron desfilando y perdiéndose en las revueltas[1] de las calles vecinas; los grupos del atrio se disolvieron, dispersándose los fieles en distintas direcciones; y ya la demandadera se disponía á cerrar las puertas de la entrada del atrio, cuando se divisaban aún dos mujeres que, después de persignarse y murmurar una oración ante el retablo del arco de San Felipe,[2] prosiguieron su camino, internándose en el callejón de las Duenas.[3]

[Footnote 1: revueltas= 'turns.' The streets of Seville are many of them crooked like those of Toledo and other Moorish cities in Spain.]

[Footnote 2: San Felipe. See p.95, note 4.]

[Footnote 3: el callejón de las Duenas. See p.98, note 1.]

—¿Qué quiere usarced? mi señora doña Baltasara, decía la una, yo soy de este genial. Cada loco con su tema.... Me lo habían de asegurar capuchinos[1] descalzos y no lo creería del todo.... Ese hombre no puede haber tocado lo que acabamos de escuchar.... Si yo lo he oído mil veces en San Bartolomé,[2] que era su parroquia, y de donde tuvo que echarle el senor cura por malo, y era cosa de taparse los oídos con algodones.... Y luego, si no hay más que mirarle al rostro, que según dicen, es el espejo del alma.... Yo me acuerdo, pobrecito, como si lo estuviera viendo, me acuerdo de la cara de maese Pérez, cuando en semejante noche como ésta bajaba de la tribuna, después de haber suspendido al auditorio con sus primores.... ¡Qué sonrisa tan bondadosa, qué color tan animado!… Era viejo y parecía un ángel… no que éste ha bajado las escaleras á trompicones, como si le ladrase un perro en la meseta, y con un color de difunto y unas… Vamos, mi señora doña Baltasara, créame usarced, y créame con todas veras… yo sospecho que aquí hay busilis....

[Footnote 1: capuchinos= 'Capuchins.' An order of mendicant friars founded in 1528 by Matteo di Bassi, and named from the pointed capouch or cowl that distinguishes their dress. Honesty, as well as poverty and humility, is supposed to be one of their crowning virtues.]

[Footnote 2: San Bartolomé. The church of St. Bartholomew is situated on the Plaza de San Bartolomé in the northeastern part of the city. It was built on the site of a Jewish synagogue, after the expulsion of the Jews by the Christian kings of Spain. Its present architecture is Doric and dates only from the eighteenth century.]

Comentando las últimas palabras, las dos mujeres doblaban la esquina del callejón y desaparecían.

Creemos inútil decir á nuestros lectores quién era una de ellas.

IV

Había transcurrido un año más. La abadesa del convento de Santa Inés y la hija de maese Pérez hablaban en voz baja, medio ocultas entre las sombras del coro de la iglesia. El esquilón llamaba á voz herida á los fieles desde la torre, y alguna que otra rara persona atravesaba el atrio silencioso y desierto esta vez, y después de tomar el agua bendita en la puerta, escogiá un puesto en un rincón de las naves, donde unos cuantos vecinos del barrio esperaban tranquilamente que comenzara la Misa del Gallo.

–Ya lo véis, decía la superiora, vuestro temor es sobremanera pueril; nadie hay en el templo; toda Sevilla acude en tropel á la catedral esta noche, Tocad vos el órgano y tocadle sin desconfianza de ninguna clase; estaremos en comunidad… pero… proseguís callando sin que cesen vuestros suspiros. ¿Qué os pasa? ¿Qué tenéis?

–Tengo… miedo, exclamó la joven con un acento profundamente conmovido.

–¡Miedo! ¿de qué?

–No sé… de una cosa sobrenatural.... Anoche, mirad, yo os había oído decir que teníais empeño en que tocase el órgano en la Misa, y ufana con esta distinción pensé arreglar sus registros y templarle,[1] á fin de que hoy os sorprendiese… Vine al coro… sola… abrí la puerta que conduce á la tribuna.... En el reloj de la catedral sonaba en aquel momento una hora… no sé cuál.... Pero las campanadas eran tristísimas y muchas… muchas… estuvieron sonando todo el tiempo que yo permanecí como clavada en el dintel y aquel tiempo me pareció un siglo.

[Footnote 1: templarle. See p. 66, note 1.]

La iglesia estaba desierta y obscura.... Allá lejos, en el fondo, brillaba como una estrella perdida en el cielo de la noche, una luz moribunda, la luz de la lámpara que arde en el altar mayor.... Á sus reflejos debilísimos, que sólo contribuían á hacer más visible todo el profundo horror de las sombras, ví… le ví, madre, no lo dudéis, ví un hombre que en silencio y vuelto de espaldas hacia el sitio en que yo estaba, recorría con una mano las teclas del órgano, mientras tocaba con la otra á sus registros… y el órgano sonaba; pero sonaba de una manera indescriptible. Cada una de sus notas parecía un sollozo ahogado dentro del tubo de metal, que vibraba con el aire comprimido en su hueco, y reproducía el tono sordo, casi imperceptible, pero justo.

Y el reloj, de la catedral continuaba dando la hora, y el hombre aquel proseguía recorriendo las teclas. Yo oía hasta su respiración.

El horror habia helado la sangre de mis venas; sentía en mi cuerpo como un frío glacial, y en mis sienes fuego.... Entonces quise gritar, pero no pude. El hombre aquel había vuelto la cara y me había mirado… digo mal, no me había mirado, porque era ciego.... ¡Era mi padre!

–¡Bah! hermana, desechad esas fantasías con que el enemigo malo[1] procura turbar las imaginaciones débiles.... Rezad un Pater Noster[2] y un Ave Maria[3] al arcángel San Miguel,[4] jefe de las milicias celestiales, para que os asista contra los malos espíritus. Llevad al cuello un escapulario tocado en la reliquia de San Pacomio,[5] abogado contra las tentaciones, y marchad, marchad á ocupar la tribuna del órgano; la Misa va á comenzar y ya esperan con impaciencia los fieles.... Vuestro padre está en el cielo, y desde allí, antes que á daros sustos, bajará á inspirar á su hija en esta ceremonia solemne para el objeto de tan especial devoción.

[Footnote 1: el enemigo malo. That is to say, the devil.]

[Footnote 2: Pater Noster. See p. 33, note 1.]

[Footnote 3: Ave Maria. "A form of devotion used in the Church of Rome, comprising the salutation addressed by the angel Gabriel to the Blessed Virgin Mary. (Luke i. 28.) The words Ave Maria are the first two, in Latin, of the form as it appears in the manuals of the Roman Church, thus: ' Hail Mary (Ave Maria), full of grace, the Lord is with thee, etc.' To which is appended the following petition: 'Holy Mary, mother of God, pray for us sinners now, and in the hour of our death. Amen.'… It was not used before the Hours, until the sixteenth century, in Romish offices." Hook's Church Dict., London, 1887, p. 72. Some say earlier.]

[Footnote 4: San Miguel = 'St. Michael.' "An archangel mentioned in the Bible. He is regarded as the leader of the whole host of angels… He is spoken of five times in the Bible, always [or to be more exact usually as fighting] John mentions him as fighting at the head of the angels against the dragon and his host." Century Dict.]

[Footnote 5: San Pacomio = 'St. Pachomius.' "Born probably in Lower Egypt, about 292: died about 349. One of the founders of monasticism. He established a monastery on the island of Tabenna in the Nile, and was the first thus to collect the monks under one roof and establish strict rules of government for the community." Century Diet.]

La priora fué á ocupar su sillón en el coro en medio de la comunidad. La hija de maese Pérez abrió con mano temblorosa la puerta de la tribuna para sentarse en el banquillo del órgano, y comenzó la Misa.

Comenzó la Misa, y prosiguió sin que ocurriese nada de notable hasta que llegó la consagración.[1] En aquel momento sonó el órgano, y al mismo tiempo que el órgano un grito de la hija de maese Pérez....

[Footnote 1: consagración = 'consecration.' "The form of words by which the bread and wine in the Mass are changed into Christ's body and blood." Addis and Arnold, Catholic Diet, London, 1884, p. 216. See also p. 101, note 2.]

La superiora, las monjas y algunos de los fieles corrieron á la tribuna.

–¡Miradle, miradle! decía la joven fijando sus desencajados ojos en el banquillo, de donde se había levantado asombrada para agarrarse con sus manos convulsas al barandal de la tribuna.

Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. El órgano estaba solo, y no obstante, el órgano seguía sonando … sonando como sólo los arcángeles podrían imitarlo en sus raptos de místico alborozo...............

–¡No os lo dije yo una y mil veces, mi señora doña Baltasara, no os lo dije yo!… ¡Aquí hay busilis!… Oidlo; qué, ¿no estuvísteis anoche en la Misa del Gallo? Pero, en fin ya sabréis lo que paso. En toda Sevilla no se habla de otra cosa.... El señor arzobispo está hecho, y con razón, una furia.... Haber dejado de asistir á Santa Inés; no haber podido presenciar el portento… ¿y para qué? para oir una cencerrada; porque personas que lo oyeron dicen que lo que hizo el dichoso organista de San Bartolomé en la catedral no fué otra cosa.... Si lo decía yo. Eso no puede haberlo tocado el bisojo, mentira … aqui hay busilis, y el busilis era, en efecto, el alma de maese Pérez.

LA CRUZ DEL DIABLO

Que lo creas ó no, me importa bien poco. Mi abuelo se lo narró á mi padre; mi padre me lo ha referido á mí, y yo te lo cuento ahora, siquiera no sea mas que por pasar el rato.[1]

***

[Footnote 1: por pasar el rato = 'to while away the time.']

I

El crepúsculo comenzaba á extender sus ligeras alas de vapor sobre las pintorescas orillas del Segre,[1] cuando después de una fatigosa jornada llegamos á Bellver,[2] término de nuestro viaje.

[Footnote 1: Segre. A river of the province of Lérida in northern Spain. It rises in the Pyrenees, and joins the Ebro twenty-two miles southwest of Lérida. Its chief tributary is the Cinca. Length about 250 miles. See Century Diet.]

[Footnote 2: Bellver. A little town of some 650 inhabitants, situated in the valley of the Segre, in the diocese of Urgel, province of Lérida, Spain. Its situation is very picturesque. It contains an ancient castle.]

Bellver es una pequeña población situada á la falda de una colina, por detrás de la cual se ven elevarse, como las gradas de un colosal anfiteatro de granito, las empinadas y nebulosas crestas de los Pirineos.[1]

[Footnote 1: Pirineos = 'Pyrenees.' A mountain range which separates France from Spain, and extends from the Bay of Biscay to the Mediterranean. The highest points are about 11,000 feet. A visit to the Eastern Pyrenees from the Spanish side is much more difficult than from France, as both traveling and hotel accommodations are sadly lacking.]

Los blancos caseríos que la rodean, salpicados aquí y allá sobre una ondulante sábana de verdura, parecen á lo lejos un bando de palomas que han abatido su vuelo para apagar su sed en las aguas de la ribera.

Una pelada roca, á cuyos pies tuercen éstas su curso, y sobre cuya cima se notan aún remotos vestigios de construcción, señala la antigua línea divisoria entre el condado de Urgel[1] y el más importante de sus feudos.

[Footnote 1: el condado de Urgel = 'the earldom (or county) of Urgel.' The town of this name (2800 inhabitants) is situated on the Segre, seventy-four miles northwest of Barcelona, in the province of Lérida, Spain. It has been the see of a bishop since 840, and possesses a Gothic cathedral. The earldom was of considerable importance in the fourteenth century, Count Jaime (James) de Urgel (d. 1433) being a most dangerous claimant of the crown of Aragon.]

Á la derecha del tortuoso sendero que conduce á este punto, remontando la corriente del río, y siguiendo sus curvas y frondosas márgenes, se encuentra una cruz.

El asta y los brazos son de hierro; la redonda base en que se apoya, de mármol, y la escalinata que á ella conduce, de obscuros y mal unidos fragmentos de sillería.

La destructora acción de los años, que ha cubierto de orín el metal, ha roto y carcomido la piedra de este monumento, entre cuyas hendiduras crecen algunas plantas trepadoras que suben enredándose hasta coronarlo, mientras una vieja y corpulenta encina le sirve de dosel.

Yo había adelantado algunos minutos á mis compañeros de viaje, y deteniendo mi escuálida cabalgadura, contemplaba en silencio aquella cruz, muda y sencilla expresión de las creencias y la piedad de otros siglos.

Un mundo de ideas se agolpo á mi imaginación en aquel instante. Ideas ligerísimas, sin forma determinada, que unían entre sí, como un invisible hilo de luz, la profunda soledad de aquellos lugares, el alto silencio de la naciente noche y la vaga melancolía de mi espíritu.

Impulsado de un pensamiento religioso, espontáneo é indefinible, eché maquinalmente pie á tierra, me descubrí, y comencé á buscar en el fondo de mi memoria una de aquellas oraciones que me enseñaron cuando niño; una de aquellas oraciones que, cuando más tarde se escapan involuntarias de nuestros labios, parece que aligeran el pecho oprimido, y semejantes á las lágrimas, alivian el dolor, que también toma estas formas para evaporarse.

Ya había comenzado á murmurarla, cuando de improviso sentí que me sacudían con violencia por los hombros.

Volví la cara: un hombre estaba al lado mío.

Era uno de nuestros guías, natural del país, el cual, con una indescriptible expresión de terror pintada en el rostro, pugnaba por arrastrarme consigo y cubrir mi cabeza con el fieltro que aún tenía en mis manos.

Mi primera mirada, mitad de asombro, mitad de cólera, equivalía á una interrogación enérgica, aunque muda.

El pobre hombre, sin cejar en su empeño de alejarme de aquel sitio, contestó á ella con estas palabras, que entonces no pude comprender, pero en las que había un acento de verdad que me sobrecogió:—¡Por la memoria de su madre! ¡Por lo más sagrado que tenga en el mundo, señorito, cúbrase usted la cabeza, y aléjese más que de prisa de esta cruz! ¡Tan desesperado está usted, que no bastándole la ayuda de Dios, recurre á la del demonio!

Yo permanecí un rato mirandole en silencio. Francamente, creí que estaba loco, pero él prosiguió con igual vehemencia:

–Usted busca la frontera; pues bien, si delante de esa cruz le pide usted al cielo que le preste ayuda, las cumbres de los monies vecinos se levantarán en una sola noche hasta las estrellas invisibles, sólo porque no encontremos la raya en toda nuestra vida.

Yo no pude menos de sonreir.

–¿Se burla usted?… ¿cree acaso que esa es una cruz santa como la del porche de nuestra iglesia?…

–¿Quien lo duda?

–Pues se engaña usted de medio á medio, porque esa cruz, salvo lo que tiene de Dios, está maldita… esa cruz pertenece á un espíritu maligno, y por eso la llaman La cruz del diablo.

–¡La cruz del diablo! repetí cediendo á sus instancias, sin darme cuenta á mí mismo del involuntario temor que comenzó á apoderarse de mi espíritu, y que me rechazaba como una fuerza desconocida de aquel lugar; ¡la cruz del diablo! ¡Nunca ha herido mi imaginación una amalgama más disparatada de dos ideas tan absolutamente enemigas!… ¡Una cruz… y del diablo!!! ¡Vaya, vaya! Fuerza sera que en llegando á la población me expliques este monstruoso absurdo.

Durante este corto diálogo, nuestros camaradas, que habían picado sus cabalgaduras, se nos reunieron al pie de la cruz; yo les expliqué en breves palabras lo que acababa de suceder; monté nuevamente en mi rocín, y las campanas de la parroquia llamaban lentamente á la oración, cuando nos apeamos en lo más escondido y lóbrego de los paradores de Bellver.

Yaş sınırı:
12+
Litres'teki yayın tarihi:
21 temmuz 2018
Hacim:
410 s. 1 illüstrasyon
Telif hakkı:
Public Domain