Kitabı oku: «El Vel»
La violencia no es un tema que se recorta y se separa de la experiencia humana. Ya sea con versiones más crueles o más sutiles, transgresoras, ilegales o socialmente aceptadas, en diferentes ámbitos privados o públicos, aparecen fenómenos de violencia. La clave es articular este fenómeno con los determinantes inconscientes que ponen al sujeto en esta escena social.
En este libro se agrupan algunos trabajos sobre dos temas ampliamente trabajados en el VEL: La violencia de género y el racismo. Ambos comparten una lógica en común: “el odio al goce del Otro”. Pero al mismo tiempo tienen expresiones muy distintas. La diferencia se establece entre un hecho que se desarrolla en el ámbito privado, generalmente entre dos personas por un lado y los fenómenos que requieren de una lógica colectiva o de “masa" por el otro.
El VEL, Violencia, estudios lacanianos se inició en 2008 como departamento de investigación del ICdeBA y desde entonces viene trabajando el concepto de violencia porque, a pesar de no ser un término psicoanalítico, se impone por la importancia social y la diversidad de expresiones que tiene en nuestros días.
Sobre los autores:
Graciela Ruiz: licenciada en Psicología. A.M.E. Analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana, miembro de la A.M.P. Asociación Mundial de Psicoanálisis, docente del ICdeBA (Instituto Clínico de Buenos Aires), docente del IOM 2, Instituto Oscar Masotta. Actualmente directora del CID Tucumán, Responsable del VEL, Violencia Estudios Lacanianos, departamento de investigación sobre violencia perteneciente al CicBA del ICdeBa.
Ernesto Derezensky: licenciado en Psicología. A.M.E. Analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana, miembro de la A.M.P. Asociación Mundial de Psicoanálisis, docente del ICdeBA (Instituto Clínico de Buenos Aires), docente del IOM 2, Instituto Oscar Masotta. Actualmente director del CID San Luis, Responsable del VEL, Violencia Estudios Lacanianos, departamento de investigación sobre violencia perteneciente al CicBA del ICdeBa.
Marcelo Marotta: licenciado en Psicología. A.M.E. Analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana, miembro de la A.M.P. Asociación Mundial de Psicoanálisis, docente del ICdeBA (Instituto Clínico de Buenos Aires), docente del IOM 2, Instituto Oscar Masotta. Actualmente miembro de la dirección ejecutiva del IOM 2 y director del CID Bahía Blanca, Responsable del VEL, Violencia Estudios Lacanianos, departamento de investigación sobre violencia perteneciente al CicBA del ICdeBa. Docente de la Maestría en Teoría y Clínica psicoanalítica, materia: "La violencia, síntoma social de la época: impasses-respuestas", Universidad Nacional de General San Martín.
Carlos Dante García: licenciado en Psicología. A.M.E. Analista miembro de la Escuela de Orientación Lacaniana y miembro de la A.M.P. Asociación Mundial de Psicoanálisis. Codirector del Departamento de Estudios Psicoanalíticos sobre la Violencia (VEL) del ICDEBA (Instituto Clínico de Buenos Aires).
El Vel
Violencia Estudios Lacanianos
Ernesto Derezensky, Carlos Dante García, Marcelo Marotta y Graciela Ruiz
Niño Oscuro
Ediciones
El Vel : Violencia. Estudios lacanianos / Ernesto Derezensky... [et al.].- 1a ed.-
Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Maria Celia Dosio, 2020.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-86-6207-7
1. Psicoanálisis. I. Derezensky, Ernesto.
CDD 150.195
Título: El Vel. Violencia, Estudios Lacanianos
Autores: Ernesto Derezensky, Carlos Dante García, Marcelo Marotta y Graciela Ruiz
Editorial: Niño Oscuro Ediciones
Diseño de tapa: Alejandro Levacov
Ilustración de tapa: Ambrosía, serie Patronos, Sabine Pigalle
Fecha de publicación: septiembre 2020
Prólogo
Graciela Ruiz
La violencia, como tema, parece un concepto amplio e impreciso. Fue Carlos García quien nos compartió, inicialmente, su interés en trabajarlo. Estábamos en la costa, en un breve viaje que compartimos con Marcelo Marotta, Ernesto Derezensky y yo. Hacía frío y recuerdo que hizo enormes esfuerzos argumentativos para convencernos de intentar dar ese paso: comenzar a investigar el tema de la violencia desde el psicoanálisis. ¿Cómo abordarlo? No teníamos la menor idea. Hoy resulta evidente la importancia del tema. En ese momento también lo era. Quizás la dificultad no pasaba por el tema en sí sino porque la decisión implicaba salir del dispositivo analítico clásico y aventurarse a trabajar en el terreno del psicoanálisis aplicado.
A partir del año 2000 esa inquietud que surgió en nuestro grupo fue tomando forma institucional. Nuestro trabajo en común tenía una larga historia que se consolidó en el Seminario diurno de la Escuela de la Orientación Lacaniana dictado por Jorge Chamorro.
Las cosas se aclaran cuando uno entiende que se trata de empezar por el principio y sobre todo cuando uno sabe cuál es el principio. El trabajo se inició con el recorrido por los textos freudianos y lacanianos que aportaban alguna luz al tema. Así que de una manera un poco ampulosa e imprecisa abordamos lo que llamamos en ese momento “Introducción a los fundamentos freudianos de la violencia” e “Introducción a los fundamentos lacanianos de la violencia” y por último “Introducción a las escenas tradicionales y actuales de la violencia” Ampliamos nuestra mira para consultar a autores con perspectivas diferentes: filosóficas, sociológicas, antropológicas e históricas.
Nos organizamos en grupos de trabajo con colegas de la EOL. 1 Hicimos reuniones en grupos pequeños y ampliados. En diciembre de 2004 se elevó una propuesta de trabajo para lograr el reconocimiento del Ateneo de Estudios sobre la Violencia y así comenzó a funcionar el Ateneo con el asesoramiento de Eric Laurent y Jorge Chamorro.
En el 2008 se inicia el VEL, Violencia Estudios Lacanianos, como Departamento de investigación del ICdeBA2. Rápidamente nos dimos cuenta que el tema de la violencia –que no es un concepto psicoanalítico– se nos imponía tanto por la importancia social como por la diversidad de expresiones que tiene el fenómeno. La deriva de las clasificaciones de la violencia nos mostraba lo fallido en su abordaje. Como dice Eric Laurent, nunca se llega a estabilizar el objeto que se trata de captar, cuando no se anuda el síntoma con el inconsciente3. Las clasificaciones de la violencia se multiplicaban en otro tanto de especialistas, interpretaciones e intervenciones. En el año 2009, realizamos la Primera Jornada con el título “Violencia, problemas e intervenciones.”
Y como “el psicoanálisis aplicado es un diálogo con el discurso del amo”4, empezamos nuestro diálogo con el discurso del amo actual. Las expresiones del discurso amo son muy fáciles de obtener. Estamos sumergidos en él. Empezamos comentando las noticias sobre hechos violentos así como también la intervención del derecho y sus impasses. Nos interesamos por las manifestaciones sociales como respuestas a hechos violentos. Examinamos cómo aparecía la violencia en nuestros consultorios, en las expresiones culturales, cine, teatro y literatura.
La violencia no es un tema que se recorta y se separa de la experiencia humana. Ya sea con versiones más crueles o más sutiles, transgresoras, ilegales o socialmente aceptadas, en diferentes ámbitos privados o públicos, aparecen fenómenos de violencia. La clave es articular este fenómeno con los determinantes inconscientes que ponen al sujeto en esta escena social.
En este libro se agrupan algunos trabajos sobre dos temas ampliamente trabajados en el VEL: La violencia de género y el racismo. Ambos comparten una lógica en común: “el odio al goce del Otro”. Pero al mismo tiempo tienen expresiones muy distintas. La diferencia se establece entre un hecho que se desarrolla en el ámbito privado, generalmente entre dos personas por un lado y los fenómenos que requieren de una lógica colectiva o de “masa" por el otro.
En el primer apartado puede leerse una recensión bastante exhaustiva de la obra de Lacan sobre los momentos en los cuales su articulación está referida al fenómeno de violencia muy pocas veces en forma explícita. No hace falta decir la palabra “violencia” para saber que eso está ahí potencialmente. La doctrina del goce resulta crucial cuando se trabaja el tema de la pasión5, del acting out, del pasaje al acto, de la tensión agresiva producida por la rivalidad imaginaria, de la locura yoica, del ejercicio pulsional, de la pulsión de muerte, de la necesidad de autocastigo, de la crueldad del superyó, del estrago, del odio al diferente. También sobrevuelan potencialmente hechos de violencia en los casos en los cuales la forclusión expone al sujeto a padecimientos insoportables supuestamente originados en la intención del otro. El acto psicótico puede tener la forma autopunitiva, melancólica o de agresión al otro.
La “violencia de género” es un significante amo exitoso que nos obliga a detenernos para ver qué hay debajo de ese gran manto. La perspectiva de género es tan amplia en su extensión que invita a discriminar la singularidad de los sujetos en cuestión. Este acercamiento en búsqueda de la singularidad del sujeto hace que cada caso se inscriba en la clase solo después del análisis, sin prejuicios ni saberes previos. En el 2015 con este tema se realizó una Jornada cuyo título era “Machismo, Feminismo, el género en cuestión.”6 Abordamos el problema del racismo como fenómeno de “masa” contando con los discursos. No hay racismo sin discurso porque éste impone el orden de los puestos simbólicos que es el verdadero resorte de la llamada “raza”. El puesto de los Amos y de los otros.
En enero de 2017, muere nuestro amigo y colega Carlos García cuyo empuje constante y lucidez siempre estuvieron presentes en nuestros años de trabajo en común. La posibilidad de esta publicación exigió recortar los temas y reducir el número de los autores. Nuestro próximo libro se abrirá al tratamiento de otras problemáticas ligadas a la violencia e incluirá la rica producción de los colegas que nos acompañan a quienes agradecemos su presencia y colaboración. En la actualidad al grupo originario se sumaron Gustavo Kroitor, Patricia Sawicke y Ernesto Rizzo.
EL FENÓMENO DE LA VIOLENCIA
La violencia lacaniana
Marcelo Marotta
La violencia es recurrente en Lacan.
A lo largo de su enseñanza puede utilizar esta noción tanto para expresar el matiz de una conducta como la particularidad de un mecanismo o un dato de la estructura. Son pocas las ocasiones en las cuales Lacan la define de un modo explícito. Más adelante las señalaremos.
La violencia siempre parece manifestarse por fuera de la articulación significante. En la época anterior al inicio de su enseñanza propiamente dicha, donde aún no despliega la noción del significante, la violencia queda ligada al registro imaginario. Lo mismo sucede en la etapa estructuralista, donde la ubica en el eje a-a´del esquema Lambda. Aunque promediando esta época, al considerarla como un dato de estructura, también se la puede identificar con la impronta del significante constituyendo al sujeto. Finalmente, en el último tramo de la enseñanza acentúa su aspecto real.
Ya que se presenta en nuestra experiencia como un engranaje de la “máquina original que pone en ella en escena al sujeto”7 o también como una respuesta posible de éste ante la marca que lo determina, conviene aislar lo que la violencia aporta como dato de estructura de lo que manifiesta como fenómeno.
La mayor cantidad de referencias –que son más de medio centenar– pertenecen a los trabajos del período pre-estructuralista y a los de la enseñanza clásica de Lacan. Lo demás, en especial luego de la primera mitad de los años ´60, son nociones que podemos homologar a la violencia y a las que he preferido calificar como “variaciones de la violencia”, es decir, como otras formas en las cuales ésta se puede presentar.
La violencia en el período pre-estructuralista
Los primeros aportes los encontramos en el “caso Aimée” de su tesis De la psicosis paranoica en sus relaciones con la personalidad de 1932. Quizás el más relevante sea el que la enmarca en el mecanismo del pasaje al acto, cuando la enferma “lleva a cabo el acto fatal de violencia contra una persona inocente, en la cual hay que ver el símbolo del “enemigo interior”, de la enfermedad misma de la personalidad”8.
Luego en el trabajo sobre la familia de 1938, la violencia ya no aparecerá como en la tesis aportando el tono de una conducta o la especificidad de un mecanismo, sino que va a participar como un elemento de la estructura, tal como se lo puede comprobar cuando considera que los complejos desempeñan “un papel de “organizadores” en el desarrollo psíquico”9 o cuando ubica la función de la violencia en el complejo de la intrusión que revela la estructura de los celos colaborando en la génesis de la sociabilidad. Allí el sujeto, presa de los celos ante el amamantamiento de su hermano, se identifica con “el otro, objeto de la violencia”10, vinculada con una agresividad que domina la economía afectiva.
Pero la referencia más significativa de este período la encontramos en el Escrito de 1948 “La agresividad en Psicoanálisis”. Allí afirma que las “violencias propiamente dichas” son tan raras en la experiencia analítica “como lo implican la coyuntura de emergencia que ha llevado al enfermo al médico, y su transformación, aceptada por el primero, en una convención de diálogo”11. En este contexto las manifestaciones violentas, abordadas desde la experiencia, se diferencian de la agresividad entendida como intención de agresión y como imagen de dislocación corporal.
Esta sutil diferencia, como veremos más adelante, vuelve a aparecer en otros tramos de la enseñanza, y sugiere que por violencia propiamente dicha debemos entender aquella que encuentra un modo de descarga por fuera de la dimensión del diálogo, mientras que la agresividad puede sostenerse en las distintas modulaciones discursivas que implica esa convención.
Más allá de ello conviene subrayar, tal como lo señaló Jacques-Alain Miller, que ya en los primeros párrafos del texto Lacan explicita su interés por intentar convertir a la agresividad en un concepto de uso científico, “para establecer una dimensión de la experiencia en la que hechos objetivados puedan considerarse como variables suyas”12.
Estos hechos objetivados son las reacciones agresivas que Lacan recopila en la primera parte del Escrito, dedicado a este aspecto fenomenológico. Luego, a partir de la Tesis IV, da el salto hacia la metapsicología para considerar a estos hechos objetivados fundados sobre una tendencia a la agresividad que es propiamente libidinal. Así podrá considerar toda una serie ordenada de reacciones agresivas como variables de la libido.
Se trata aquí de la libido negativa, que es la manera con la cual, en este texto, aborda la pulsión de muerte desde el registro imaginario y de la agresión que se produce a nivel del estadio del espejo. A partir de este estadio el hombre, dividido por el semejante, se siente agredido o agresor con respecto al otro y con respecto a sí mismo. Desde esta perspectiva el fundamento de la agresividad será la identificación narcisista y la estructura paranoica del yo.
La época estructuralista y algunas definiciones
Cuando la palabra dimite…
Ya iniciada la enseñanza propiamente dicha de Lacan, en el Seminario 1, ocupándose de la clínica, plantea que el análisis se orienta a ser sólo violencia implícita cuando reduce al otro a la función del yo del sujeto para analizar sus resistencias, degradando así el proceso de la palabra.
Retoma y completa estas consideraciones en el Escrito de 1954 “Introducción al comentario de Jean Hyppolite…”. En él vuelve a criticar el análisis de las resistencias donde la operación del analista derrapa de la vía simbólica que debe seguir, abandonando el camino de la palabra y tomando por los desvíos imaginarios en los que se produce toda suerte de descargas agresivas por parte del sujeto, como una manifiesta reacción defensiva.
En ese contexto se plantea una pregunta: “¿No sabemos acaso que en los confines donde la palabra dimite empieza el dominio de la violencia, y que reina ya allí, incluso sin que se la provoque?”13
Así es cómo a partir de la experiencia clínica se esboza una definición de violencia como lo que surge cuando dimite la palabra. Esto nos conduce a una opción.
O la violencia o la palabra
Si hacemos un salto de 1954 a 1958, nos encontramos con lo que considero es la más clara definición de violencia de toda la enseñanza de Lacan. Remito al lector a la página 468 del Seminario 5.
Más allá de que en este seminario presenta el grafo del deseo, podemos ubicar a la violencia en el eje a-a´ del esquema Lambda. Al definirla propone que toda “relación interhumana” puede estar determinada por una opción: “o la violencia o la palabra”.
Aquí conviene recordar que Lacan no se refiere al acceso a la pura y simple palabra sino a “la estructura de la palabra, es decir, a una articulación significante”14. Subrayo este punto porque quizás resulte interesante decidir si esta opción se mantiene como válida a todo lo largo de la enseñanza de Lacan, sobretodo cuando haga la distinción entre "significante articulado", que excluiría la violencia, y "significante aislado" que podría ejercer violencia al recaer sobre el sujeto.
Lo cierto es que lo esencial de la agresión, que es la violencia al menos en el plano humano, no se reprime y puede manifestarse, o desencadenarse, burlando la articulación significante que jamás podrá capturarla. Para decirlo de un modo simple: alguien puede reprimir la idea de asesinar a otro, pero puede expresar la misma violencia que alimentaba esa idea con un maltrato constante ejercido por el resto de sus días.
Constatamos que ahora vuelve a surgir lo que ya señalé más arriba cuando en el Escrito de “La agresividad…” diferenciaba entre la agresividad (como intención agresiva sostenida en un discurso) y “violencia propiamente dicha” (excediendo la convención del diálogo). En el Seminario 5, siguiendo los criterios de esa época, plantea que “lo que corresponde a la agresividad llega a ser simbolizado y captado en el mecanismo de la represión”15, razón por la cual es analizable e incluso interpretable, mientras que no parece suceder lo mismo con la “violencia propiamente dicha”.
A partir de estas consideraciones podemos preguntarnos por los vínculos entre violencia y síntoma analítico, o las posibilidades del psicoanálisis para su tratamiento, pero esto es algo que amerita abordarse en otro trabajo.
La violencia lacaniana y la hegeliana
Desde un principio Lacan vincula el tema de la violencia con algunos postulados hegelianos.
En su Escrito de 1946 “Acerca de la causalidad psíquica” trata la noción de “alma bella” que Hegel describe en la Fenomenología del Espíritu luego de tratar lo que denomina “La indeterminabilidad de la convicción” y “El lenguaje de la convicción” en el apartado sobre “La universalidad de la buena conciencia”.
Lacan se referirá al "alma bella" luego de trabajar lo que denomina “el desconocimiento esencial de la locura”. Un desconocimiento que se revela cuando el loco se subleva e intenta imponer la ley de su corazón a lo que se le presenta como el desorden del mundo, desconociendo que este desorden es la manifestación misma de su propio ser.
En ese contexto ubica a la violencia como un intento de romper el círculo en el cual el ser del sujeto se encuentra encerrado, desconociendo que “al asestar su golpe contra lo que se le presenta como desorden, se golpea a sí mismo por vía del rebote social”16. Desde esta perspectiva podemos evocar al paranoico que al producir el acto violento contra el objeto de su persecución puede terminar sancionado con un castigo de orden penal. Lacan agregará entonces que “tal es la fórmula general de la locura que encontramos en Hegel”17 . Más adelante concluirá señalando un rasgo de la locura en aquel sujeto que “no reconoce en su bella alma que también él contribuye al desorden contra el cual se subleva.”18
Pero no sólo se trata de la estructura del desconocimiento paranoico, sino también de una metáfora perfecta del yo como instancia de desconocimiento. Constatamos el origen de esta función de desconocimiento del yo en el mismo momento en el cual éste se constituye. Se trata de esa identificación primera del estadio del espejo, cuando el niño reconoce su imagen en el espejo como una unidad (una totalidad que incluye su propio cuerpo y el mundo que lo rodea) que resulta discordante con su incoordinación motriz propia de los meses neonatales que acusan los datos de una prematuración específica del nacimiento en el hombre.
Con esa matriz luego se desplegará “la dialéctica de la identificación con el otro”19 que podrá adquirir un rasgo agresivo en la disputa por un lugar que sólo uno podrá ocupar. En este doble movimiento –de identificación y disputa– encontramos las razones por las cuales la agresión puede tomar como objeto al propio yo (alienado en el otro), lo que explicaría no sólo la llamada “paranoia de autopunición”, sino también el suicidio.
Son nociones que podemos extraer de sus Escritos “El estadio del espejo…” de 1949 y también de “La agresividad en psicoanálisis” de 1948. En este texto Lacan reconocerá en Hegel el haber dado la teoría de la función de la agresividad en la ontología humana. Ella se manifiesta en el conflicto del Amo y del Esclavo de donde se “deduce todo el progreso subjetivo y objetivo de nuestra historia, haciendo surgir de esas crisis las síntesis que representan las formas más elevadas del estatuto de la persona en Occidente…”20
Así es como promueve el reconocimiento del hombre por el hombre dado en ese conflicto donde la satisfacción del deseo de uno se hace posible mediatizado por el deseo y el trabajo del otro.
Si bien las consideraciones de este período parecen bastante correlativas a las de Hegel, es evidente que aporta sus propios matices ya desde los primeros planteos. De algún modo, se aleja de Hegel para acercarse a Freud, concluyendo su texto sobre la agresividad con el desgarramiento original del hombre, “por el cual puede decirse que a cada instante constituye su mundo por medio de su suicidio, y del que Freud tuvo la audacia de formular la experiencia psicológica (…) como instinto de muerte”21.
Estas referencias, tomadas de las clases de Alexandre Kojève, también dominan gran parte de la etapa clásica de la enseñanza lacaniana, donde lo imaginario abandona su lugar para dar una primacía a lo simbólico.
Por ejemplo en “Subversión del sujeto y dialéctica del deseo…” vuelve a considerar la perspectiva agresiva que descompone el equilibrio del semejante con el semejante en una relación de Amo y Esclavo, recordando además que “es preciso que el vencido no perezca para que se convierta en esclavo. Dicho de otra manera, el pacto es siempre previo a la violencia antes de perpetuarla”22, señala así que lo simbólico domina ese imaginario donde se expresa la violencia.
A fines de 1962 dictando la segunda clase del Seminario 10 de “La angustia” señala algo más, al diferenciar el “deseo de deseo en el sentido hegeliano” del “deseo de deseo en el sentido lacaniano”23.
En el primero ubica a la violencia como la única mediación que queda en el reconocimiento mutuo de las conciencias. Allí donde soy reconocido como Selbstbewusstsein, soy reconocido como objeto, algo difícil de soportar, provocando la lucha por el puro prestigio, donde utilizo la violencia, para decidir entre las dos conciencias. Es en este plano donde mi deseo se ve concernido y donde el Otro es pura conciencia.
Mientras que en el “deseo de deseo en el sentido lacaniano”, el Otro está como inconsciencia constituida y es en el plano de lo que le falta, sin que lo sepa, donde estoy concernido en cuanto a un deseo al cual no tengo acceso. De tal modo que el Otro ni me reconoce ni me desconoce, simplemente me pone en cuestión al interrogarme “en la raíz misma de mi propio deseo como (a), como causa de dicho deseo y no como objeto”.
Jacques-Alain Miller supo percibir cómo en este Seminario Lacan objeta la dialéctica hegeliana al dar lugar a la presencia de ese resto absoluto que no se presta a la Aufhebung y que sólo se capta por la angustia. Esa es la respuesta a lo que él mismo desarrolla “sobre Hegel y el deseo del Otro, y respecto de lo cual toma distancia”24.
Distancia que parece acentuarse de aquí en adelante, mientras que las referencias directas a la violencia son más escasas.
Así en el Seminario 11, cuando trata el tema de la alienación, vuelve a señalar ese alejamiento, e incluso lo explicita cuando Green le adjudica ser “hijo de Hegel” respondiendo que más bien habría que pensar un “Lacan contra Hegel”25.
Promediando la década del ´60, entonces, comienzan a aparecer nociones que, como dijimos, podemos identificar como “variaciones de la violencia”.