Kitabı oku: «Sindicalismo Combativo»

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Índice de contenido

Sindicalismo combativo

Presentación

Capítulo I

Un poco de historia

Clase trabajadora y clase capitalista

Cuatro grandes mentiras a desterrar

Capítulo II

El modelo sindical

La génesis del modelo actual

Las características

Vientos de cambio

Independencia, democracia e integración proporcional

El peso cultural del viejo modelo

El modelo sindical que proponemos

Capítulo III

Herraientas legales

1. Orden y articulación de las normas

2. El derecho colectivo

3. La representación de los trabajadores en el lugar de trabajo

4. La huelga.

Capítulo IV

Herraientas gremiales

¿Qué entendemos por relación de fuerzas?

La lucha por los intereses y la legalidad

Las diferencias entre el ámbito privado y el público

La delegada o delegado debe ir hacia las y los trabajadores

Problemas individuales y colectivos

El conflicto gremial

Cómo organizar la pelea desde el llano

La autoorganización y la vanguardia

Cómo actuar cuando se tiene un rol dirigente

La democracia como garante de la masividad y la unidad en la lucha

Las asambleas como instancia de deliberación y resolución de la lucha

Los comités de huelga o lucha (elección de representantes en la propia lucha)

Relación de fuerzas externas (el problema del sustituismo)

La negociación con la patronal

¿Cómo evaluar la relación de fuerzas?

Desarrollar la negociación con conflicto

El riesgo de no salir a tiempo del conflicto

La necesidad de la coordinación

Imágenes

Sindicalismo combativo

Conceptos y herramientas

Guillermo Pacagnini, César Latorre, Vaneza López



Pacagnini, Guillermo

Sindicalismo combativo : conceptos y herramientas

Guillermo Pacagnini ; César Latorre ; Vanesa Paola López. - 1a ed . -

Ciudad Autónoma de Buenos Aires La Montaña, 2019.

104 p. ; 17 x 12 cm.

ISBN 978-987-47672-7-1

1. Lucha Sindical. I. Latorre, César II. López, Vanesa Paola III. Título

CDD 335.82

Copyright © 2019. La Montaña

Belgrano 615, 3o J (C.P. 1067) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina

Tel.: (54 11) 4343-9902

edicionessocialistas@gmail.com

ISBN 978-987-47672-7-1

Hecho el depósito que marca la ley 11.723

Impreso en Argentina

No se permite la reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler,

la transmisión o la transformación de este libro, en cualquier forma

o por cualquier medio, sea electrónico o mecánico, mediante fotocopias,

digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito del editor.

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Presentación

Este texto nació al calor de una serie de cursos y talleres que realizamos desde ANCLA (Agrupación Nacional Clasista Antiburocrática), la corriente sindical del MST, para delegadas y delegados. Su aporte nos motivó a extenderlo a dirigentes, militantes y activistas de varias de nuestras agrupaciones de trabajadores y trabajadoras: estatales, docentes, de la salud pública, de la sanidad privada, del neumático, ferroviarios, telefónicos y de otros gremios industriales y de servicios. Esta es una primera sistematización de las principales conclusiones. Viene a cubrir una necesidad: aportar conceptos y herramientas para la actividad sindical en el lugar de trabajo, el sindicato y el ámbito laboral en general. Un material para la formación y la capacitación, y también para la consulta.

No se trata de un “manual del delegado” como los ya editados por algunos colectivos sindicales y políticos que aportan lo suyo a la hora de informar acerca de procedimientos y cuestiones legales. Es un compendio de conceptos políticos básicos, para nosotros un marco de referencia del sindicalismo clasista, y de herramientas que configuran una guía para la acción gremial. Por ello, a diferencia de algunos “manuales”, no es un cúmulo de recetas, sino de propuestas y disparadores para la reflexión, el debate y la acción. Propone cómo utilizar los resquicios legales pero no es leguleyo, sabiendo que éstos están completamente subordinados a la decisión democrática de los trabajadores y no a la inversa. No tiene como punto de referencia lo establecido por “usos y costumbres”, sino el derecho a la autodeterminación de la clase trabajadora. Y tiene como objetivo formar y capacitar en el sindicalismo clasista, en la práctica de un nuevo modelo sindical democrático y en la unidad de la pelea sindical y política para la liberación de la clase obrera.

Presentamos una primera edición sujeta a prueba. Seguramente vendrán nuevas y enriquecidas. Porque se trata de una elaboración colectiva, de compañeras y compañeros de las agrupaciones sindicales que integran ANCLA, que sin dudas continuará y colectará nuevos aportes. Sindicalismo combativo comienza con un brevísimo marco sobre la verdadera génesis del movimiento obrero, ubica la formación sindical en el método marxista, para luego abordar el modelo sindical que proponemos, el programa de transición para el desarrollo de una nueva dirección sindical clasista. Sobre esa argamasa, desarrolla herramientas legales y gremiales de uso cotidiano. Esperamos que sean de utilidad para fortalecer el desarrollo del naciente activismo antiburocrático y los nuevos y nuevas dirigentes clasistas, que están ganando terreno al calor de la lucha de clases y configuran la materia prima para un proceso de recambio sindical que vino para quedarse.

Escribimos este texto con plena confianza en la clase obrera, que sigue peleando siempre. Y con la humilde pretensión de que las páginas siguientes aporten en el camino de asumir el doble desafío de forjar una dirección sindical y política para transformar el país y el mundo.

Los autores

Febrero 2019

Capítulo I
Un poco de historia

No pretendemos realizar siquiera una síntesis de la frondosa historia del movimiento obrero argentino. Para ello hay muy buenos textos. Simplemente elegimos algunos de los aspectos que hacen a la esencia de la clase trabajadora, útiles para nuestros cursos de capacitación sindical. Aspectos polémicos, puntos de referencia, que fueron bastardeados y hasta negados por la burguesía y sus socios de la burocracia en la historia oficial.


Clase trabajadora y clase capitalista

Hace aproximadamente dos siglos el mundo cambió formidablemente. La Revolución Francesa a fines del siglo XVIII y la Revolución Industrial a mediados del siglo XVIII lo transformaron, dando nacimiento al sistema capitalista bajo la dominación de la clase de los patrones: la burguesía. Esta transformación fue dejando atrás el feudalismo. Sobre las ruinas del modo de producción feudal se desarrolló el modo de producción capitalista y la división de clase fundamental se comenzó a desarrollar. La burguesía había encabezado las revoluciones necesarias para quitarle el poder a los nobles. Pero inmediatamente después de tomarlo, reprimió salvajemente cualquier rebelión en su contra. La otrora clase revolucionaria se convertía en reaccionaria.

Dos siglos atrás el país más industrializado de entonces, Inglaterra, explicitaba el antagonismo entre los trabajadores y los patrones. Ciudades hacinadas, jornadas de trabajo de 16 y hasta 18 horas, condiciones laborales deplorables, contrastaban hondamente con las fabulosas riquezas que acumulaba la burguesía. En ese contexto, muchas voces se alzaron para criticar las diferencias que generaba el nuevo modo de producción capitalista. Una de ellas se elevó por encima de todas: era la voz conjunta de Marx y Engels, que daban nacimiento al llamado socialismo científico. Ellos dieron una explicación profunda del sistema capitalista. Demostraron sus inevitables contradicciones. También marcaron los trazos gruesos de una sociedad en la que sería posible terminar con la explotación de una clase social por otra. Y así dotaron a la clase trabajadora de un armazón teórico y una guía para la acción, esencial para su lucha contra el capital.

A partir de 1914 las contradicciones del propio sistema capitalista que habían sido la piedra angular de la crítica marxista llevaron a la Iª Guerra Mundial. Los saldos de dicha guerra en destrucción y aniquilación de vidas humanas fueron inéditos. El capitalismo mostraba de lo que era capaz. Como contracara de esa Guerra, la victoriosa Revolución de Octubre en Rusia demostraba que la lucha por el poder por parte de las y los trabajadores no era una utopía.

Desde 1914 en adelante, con distintos vaivenes, el capitalismo demostró que de lo único que es capaz es de profundizar cada día más las diferencias a costa de hambre, miseria, muerte, depredación de la naturaleza, cercenamiento de las libertades democráticas y nos lleva a la barbarie.

Las enseñanzas de la Revolución Rusa, el Octubre de 1917, tanto como los demás procesos revolucionarios triunfantes, demostraron que la revolución socialista debe ser mundial o, si no se extiende, está condenada a burocratizarse dentro de las fronteras de su país teniendo como consecuencia el fracaso. También, que el socialismo solo puede ser tal si en él existe plena democracia para el pueblo trabajador.

La caída del Muro de Berlín en los años ’90 tuvo diversas consecuencias. Significó la liquidación a escala mundial del pérfido aparato estalinista que venía desde años atrás ejerciendo de agente de la restauración capitalista en los estados obreros. Las y los trabajadores movilizados fueron capaces de derribarlo, pero al no dotarse de una dirección revolucionaria la restauración capitalista se fue consolidando. Desaparecía así el modelo del “socialismo real”, una verdadera deformación que había abandonado y enterrado los postulados de Octubre de 1917. Pero el imperialismo, usufructuando las secuelas de la revolución traicionada, desató una verdadera campaña golpeando sobre la conciencia de millones con una consigna: “el socialismo fracasó”. Intentaron distintas recetas para ponerle un nuevo rostro al capitalismo. Pero no lo lograron. No hubo “tercera vía” ni populismos que no terminaran en nuevas crisis. Y hoy el que se derrumba es el muro capitalista.

En la etapa actual, el sistema capitalista no puede otorgar ninguna concesión duradera y está en una crisis global que degrada al ser humano, destruye la naturaleza y pone en riesgo la vida en el planeta. Se pone al rojo vivo la opción histórica socialismo o barbarie. Al mismo tiempo, debemos decir que si el capitalismo sobrevive es sólo por la falta de una dirección revolucionaria y a partir de la explotación cada día más intensa de la clase trabajadora. Y que los tiempos que se viven configuran condiciones objetivas favorables, una gran oportunidad para avanzar en construir esa dirección.

En este marco histórico muy escueto se desarrolla el movimiento obrero argentino. Sobre su historia es preciso refutar cuatro mentiras que se implantaron sobre la conciencia de la clase obrera argentina.

Cuatro grandes mentiras a desterrar

Hay una historia oficial de la génesis y el desarrollo de nuestra clase obrera. Es la que escribieron algunos voceros de la burguesía, la que imponen las patronales, la que difunden los gobiernos y transmite la burocracia sindical. Un verdadero fraude histórico que, así como niega la lucha de clases y educa en la conciliación, pretendiendo hacernos creer que hay patrones buenos y malos, también tergiversa los orígenes y el carácter de nuestra clase para hacerlos funcionales a los intereses de los de arriba.

Hay cuatro mentiras principales que se gestaron en los albores del peronismo y el desarrollo de la burocracia. Hay otras, pero queremos centrarnos muy sintéticamente en éstas, porque son las que hay que desterrar a la hora de abrir camino hacia el sindicalismo clasista.

1. “La clase obrera argentina es diferente a las demás del mundo”

Nos han querido explicar que nuestra clase no ha sido internacionalista, que es adherente a la doctrina social de la Iglesia Católica, que tiene un carácter exclusivamente nacional. La prueba sería que, a diferencia de otros países, aquí no se canta La Internacional en los actos de las centrales obreras.

La realidad es muy distinta. Nuestra clase en sus inicios, a fines del siglo XIX, ha sido internacionalista y de origen marxista. Justamente en su formación tiene la marca genética de las corrientes inmigratorias que le dieron origen, con una transmisión fundamental de la experiencia de la clase obrera europea, la más avanzada de aquella época, con un bagaje político y de organización de décadas. Del marxismo alemán, de los comuneros franceses y su tradición socialista, del anarquismo italiano. Nuestro sindicalismo nació internacionalista y bajo la influencia de la Iª y de la IIª Internacional. De la Iª Internacional (Asociación Internacional de los Trabajadores, AIT), que era un frente único de sindicatos, partidos y cooperativas obreras, recibimos el legado de La Internacional, el himno mundial de los trabajadores, que se cantaba habitualmente en nuestro país. Hay evidencias que, en la sede de la primera sociedad de resistencia en Río Gallegos, embrión de sindicato, flameó la bandera roja. Las primeras “secciones” referenciadas en la AIT estaban organizadas por su idioma de origen: francés, alemán, italiano. Raimundo Wilmart, un militante de origen belga, fue representante de las agrupaciones argentinas en el Congreso de La Haya de 1872.

En el seno de estas agrupaciones fundacionales se dieron los primeros debates entre los límites de la lucha económica y la necesidad de una lucha política para liberar a las y los trabajadores. Los primeros y célebres debates entre marxistas socialistas, propugnando la organización de los trabajadores, versus las concepciones anti-organizativas de los anarquistas. Estaba internalizada en los luchadores de esa época la convicción de que la emancipación de los trabajadores será obra de los trabajadores mismos, la necesidad de la independencia de clase y de la solidaridad internacional. Un obrero alemán, por caso, era considerado un hermano de clase y enemigo de toda patronal incluso argentina.

Por supuesto, si algo quisieron borrar de esta memoria histórica fue que el proceso no se quedó en los debates y se pasó a la práctica. Hacia fines de siglo hubo acciones internacionalistas como las movilizaciones de oposición a la guerra con Chile, de solidaridad con la huelga de los obreros ingleses y la lucha obrera en Italia.

De la IIª Internacional y las organizaciones referenciadas nos queda la convocatoria a luchas y las primeras huelgas por la jornada de 8 horas. En 1890 se celebró por primera vez el 1º de Mayo: pese a las diferencias, hubo un acto unitario de socialistas y anarquistas. Asimismo fue masivo el acto de repudio a la ejecución en EE.UU. de los activistas italianos Sacco y Vanzetti en 1927, repudio que reflejó el arraigo del internacionalismo proletario.

Por último, esta mentira de la clase obrera nacional se completa con la falsedad de su raigambre en la doctrina social de la Iglesia. Las raíces históricas demuestran lo contrario. El sindicalismo naciente fue clasista y se forjó combatiendo y derrotando los intentos de institucionalizar sindicatos cristianos que fomentaban la conciliación de clases, impulsados por el cura Federico Grote, también inmigrante. Vocero del socialcristianismo, enfrentó las huelgas activamente y se apoyó en la naciente Unión Industrial. Pero no pudo derrotar al movimiento obrero y su carácter clasista: la FORA1 y sus sindicatos se fortalecieron y terminaron reclutando a la base obrera que inicialmente se había organizado en los círculos de obreros católicos. Grote terminó colaborando en poner en pie al Partido Demócrata Cristiano. Luego, la Iglesia cambió de tácticas para combatir las “ideas foráneas y ateas”: empezó a actuar de manera encubierta y a través de la burocracia sindical.

2.“La clase obrera organizada nació con el peronismo”

Es la segunda gran mentira del fraude histórico. La clase no fue siempre peronista ni “los sindicatos son de Perón”. Ahora vemos un peronismo fragmentado, sin la base social orgánica de antaño, y una burocracia decadente. Son los efectos de la crisis histórica y estructural del peronismo. Pero el peronismo tuvo una fuerza tremenda y hegemónica en la dirección del movimiento obrero por más de cuatro décadas y su correa de transmisión dentro de la clase, la burocracia sindical, ha sido una losa que se fue resquebrajando pero que todavía controla los aparatos sindicales. Ella fue una de las principales divulgadoras de la falacia de que la clase nació con el peronismo y su estrategia fue cortar la memoria histórica.

Pero la historia real fue otra. Nuestra clase no nació con un pensamiento monolítico: había en su seno libertad de tendencias y opiniones, en las primeras federaciones interactuaban diferentes posiciones, pero siempre con un común denominador: la independencia de clase. Defendían el carácter clasista de la organización sindical.

El peronismo fue altamente contradictorio como fenómeno, sobre todo durante el primer gobierno en que había una economía superavitaria que permitió concesiones de todo tipo y con la lucha se arrancaron muchas e importantes conquistas, entre ellas organizativas como las comisiones internas. Pero a la vez, la contracara de esas conquistas fue la estatización de los sindicatos, la acelerada burocratización de sus dirigentes, con crecientes privilegios dirigidos a cortar esa experiencia clasista e internacionalista acumulada desde principios de siglo y mutarla por la colaboración de clases, el movimiento policlasista y el carácter nacional del movimiento obrero. Una muestra de ello es que el 1° de Mayo, de ser el día internacional de lucha de las y los trabajadores, pasó a llamarse la “fiesta del trabajo”: una oda a la colaboración de clases.

De la mano de la crisis del PJ y la burocracia hoy de nuevo se plantea volver a esas fuentes; a la libertad sindical, la independencia de clase, la democracia de base y también la recuperación de sus símbolos.

3.“Siempre imperó el actual modelo sindical”

Otro supuesto legado del peronismo fue que siempre imperó el modelo del unicato, verticalista y monolítico. La realidad se ha encargado de derribar la consigna que “hay una sola CGT”. Ella es una síntesis del modelo sindical burocrático que se transformó en un cáncer cultural a erradicar. La reforma de los estatutos de la CGT, el estatuto del Partido Justicialista, la ley de asociaciones sindicales y la reforma constitucional de 1949 fueron la expresión jurídica de la subordinación política de la central obrera al Estado capitalista, facultado así para regimentar la vida de la misma.

Hoy ese modelo está cuestionado. Los nuevos luchadores reivindican la autonomía, la democracia sindical y la unidad en la diversidad. Pero para poner en pie un nuevo modelo sindical, como luego ampliaremos en el Capítulo II, hay que combatir a la burocracia y también a sus doctrinas.

El proceso de recambio sindical tiene dos caras: una fenomenal crisis de la burocracia y el surgimiento de nuevos activistas y dirigentes de base. El panorama comienza a parecerse al de inicios del siglo pasado, donde había libertad sindical, autoorganización democrática y autodeterminación de las y los trabajadores. La existencia actual de miles de nuevos delegados y delegadas, organismos sindicales recuperados, nuevos sindicatos fundados y hasta varias centrales obreras, hacen crujir al unicato y la autodeterminación cobra fuerza. Porque la historia de la organización de nuestra clase ha sido de fusiones y divisiones en la búsqueda de una dirección que la libere del yugo explotador. Hoy transitamos una nueva y favorable etapa en ese camino. Y postulamos un programa de transición para que se desarrolle esa nueva dirección clasista: el modelo democrático y combativo que proponemos en el capítulo siguiente.

4.“El sindicalismo y la política van por separado, la política es para los políticos”

La cuarta mentira es que el sindicalismo y la política van por separado. Se reedita un viejo debate de los primeros tiempos de la clase obrera que parecía superado: las y los trabajadores deben limitarse a la lucha económica en los sindicatos. Pero fue más allá que ese legítimo debate entre distintas tendencias obreras. El peronismo también colocó que habría “una sola ideología”. Incluso en los estatutos reformulados de los sindicatos “de Perón” explicitaban que no se hace política en los sindicatos.

El justicialismo, al ser una corriente policlasista, necesitó armar una división de estas dos esferas, creando una falsa conciencia a los fines de poder subordinar al movimiento obrero a direcciones políticas burguesas.

Esta división entre trabajadores que se organizan sindicalmente y políticos se dedicaran a la política “favoreciendo a las clase trabajadora” tenía, y tiene, el objetivo de contener a los trabajadores y trabajadoras en las demandas económicas para que no trasciendan el cerco del sindicalismo.

Esta política por parte del peronismo tuvo manifestaciones inequívocas en el estatuto del PJ, en la reforma de la Constitución de 1949, en la ley de asociaciones sindicales y en los ataques que recibieron los dirigentes sindicales que se aventuraron a saltar ese cerco.

Sin embargo, una vez más, la verdadera historia del movimiento obrero es otra. Todos los fenómenos sindicales siempre estuvieron signados por fenómenos políticos que fueron los que determinaron el rumbo histórico.

Y esto es así en todo el mundo. Como escribía Trotsky en 1930: “…los hechos demuestran que no existe en ningún lado sindicatos políticamente ‘independientes’. Nunca los hubo. La experiencia y la teoría nos dicen que nunca los habrá. En los Estados Unidos los aparatos sindicales están directamente ligados a la plana mayor de la industria y a los partidos burgueses. En Inglaterra antes apoyaban generalmente a los liberales, ahora forman la base material del partido Laborista. En Alemania marchan bajo la bandera de la socialdemocracia. En la República Soviética su dirección corresponde a los bolcheviques. En Francia una de las organizaciones sindicales sigue a los socialistas y otra a los comunistas. En Finlandia se dividieron hace muy poco, unos van hacia la socialdemocracia y otros hacia el comunismo. Así en todas partes.”2

Nuestro país no fue la excepción. La dirección sindical siempre estuvo ligada a los fenómenos políticos. Fue anarquista, socialista y anarco-sindicalista; luego comunista y socialista, y desde 1945 ligada al peronismo. Con el inicio de la crisis histórica del peronismo en los ’70 quedó planteada la posibilidad de un nuevo recambio. El proceso clasista y combativo de los ’70 abortó por ser dirigido por la guerrilla y el peronismo de izquierda y esa vanguardia terminó aplastada por la dictadura genocida.

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