Kitabı oku: «Equinoterapia»

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Terapias

asistidas

con

caballos


Proyecto y realización: Editorial Paidotribo

Dirección editorial: María Fernanda Canal

Textos: Cristina Cañadas Guerrero

Corrección: Roser Pérez

Diseño gráfico de la obra: Toni Inglès

Ilustraciones: Myriam Ferrón

Fotografías: Nos i Soto, Thinkstock

Maquetación: Estudi Toni Inglès

Primera edición

© 2018 Editorial Paidotribo

Les Guixeres

C/ de la Energía, 19-21

08915 Badalona (España)

Tel: 93 323 33 11 - Fax: 93 453 50 33

http://www.paidotribo.com

E-mail: paidotribo@paidotribo.com

Derechos exclusivos de edición

para todo el mundo

ISBN: 978-84-9910-466-9

ISBN EPUB: 978-84-9910-741-7

IBIC: VXH, WNGH


Presentación

A lo largo de la historia, los animales han acompañado a los humanos durante las diferentes etapas de la vida desempeñando diversas e importantes funciones. Al principio, el caballo era perseguido solo como fuente de alimento, pero con el tiempo dejó de ser un animal de presa, empezó a domesticarse y a utilizarse para distintos fines: como medio de transporte de personas y de mercancías, en las tareas agrícolas, como compañero en la batalla, etc. Poco a poco, las nuevas tecnologías han ido desbancando al caballo en muchas tareas, de modo que ahora el principal papel que ocupa en nuestras vidas es el de un animal de compañía con quien compartir una afición o un deporte.

En las últimas décadas, hemos abierto un capítulo más en la relación con el caballo, estableciendo un estrecho vínculo emocional con este animal y beneficiándonos, una vez más, de sus cualidades físicas y su gran sensibilidad. Aprovechamos sus grandes dimensiones, su pelaje, su movimiento y su lectura de la comunicación corporal para mejorar la calidad de vida de nuestros jinetes en los diferentes ámbitos. Estos beneficios los alcanzamos gracias a la relación directa que establecemos con el animal, lo cual incluye las tareas de cuidado y mantenimiento, los paseos sobre su lomo y la implicación y el seguimiento de un equipo multidisciplinar que acompaña al binomio jinete-caballo en todo el proceso.

Hemos dividido las terapias asistidas con caballos en tres grandes tipologías, y en ellas nos hemos centrado: hipoterapia, equitación adaptada y equitación social-terapéutica. Pensamos que por medio de ellas es posible cubrir las necesidades de nuestros jinetes y satisfacer sus intereses, teniendo en cuenta en todo momento sus capacidades y habilidades. Cada tipología se asocia a un trabajo específico, pero en momentos puntuales todas ellas pueden estar estrechamente ligadas si el equipo multidisciplinar lo considera necesario. El trabajo terapéutico se centra en la relación de la persona con el caballo. Pretendemos crear un vínculo afectivo entre ambos, pues esto le reportará a la persona beneficios de manera integral. A nosotros nos permite trabajar y reforzar el físico de nuestros jinetes mediante, por ejemplo, el movimiento rítmico del animal. La interacción con el caballo nos aporta nuevas sensaciones y conocimientos donde van a aflorar diferentes emociones; trataremos de reconocerlas, expresarlas y controlarlas compartiéndolas con nuestros compañeros, profesionales y familiares. Todo este trabajo global va a permitir a nuestros jinetes sentirse realizados y comprometidos con su nuevo amigo, el caballo. Estas y otras experiencias se relatan en el capítulo dedicado a los casos prácticos; allí, ofrecemos ejemplos reales de los diferentes trabajos que podemos desarrollar pie a tierra y sobre el caballo a partir de unos objetivos terapéuticos propuestos específicamente para cada jinete.

Por último, este libro recoge mi experiencia personal en el trabajo terapéutico con los caballos. Esta ha sido la motivación principal para dar a conocer los beneficios integrales que proporcionan las terapias con estos animales. Mostramos en él, capítulo a capítulo, los distintos enfoques y metodologías utilizados con el fin de que estos conocimientos y experiencias sirvan también a otros profesionales para el mejor desempeño de su labor, así como a los jinetes y a sus familias.


Sumario

EL CABALLO

Historia

Por qué el caballo

Aspectos físicos

Movimiento

Psicología del caballo 24

El lenguaje del caballo

El caballo como terapeuta

Equipo de trabajo

TIPOLOGÍAS

Hipoterapia

Equitación adaptada

Equitación social-terapéutica

BENEFICIOS

Beneficios para el jinete

Atención temprana y estimulación precoz

PLAN DE TRABAJO

Plan de diagnóstico66

Plan de actuación

Plan de evaluación

Esquema de la sesión

CASOS PRÁCTICOS

Conceptos básicos

Parálisis cerebral

TEA (autismo, síndrome de Asperger, TGD-NO)

Epilepsia (síndrome de Dravet)

Trastornos genéticos(síndrome de Williams, síndrome de X frágil)

Trastorno por déficit de atención con hiperactividad(TDAH)

Bibliografía


El caballo

El caballo ha acompañado al hombre a lo largo de toda su historia. Al principio, para el hombre prehistórico representaba solo una pieza de caza que servía como fuente de alimento, aunque difícil de abatir debido a su velocidad de galope. Con el tiempo, los grupos humanos se hicieron sedentarios y crearon cercados donde estabulaban las manadas salvajes; de esta manera, les era más fácil obtener alimento. No tardaron mucho en percatarse de que las cualidades de este cuadrúpedo lo hacían idóneo como elemento de trabajo, de modo que lo domesticaron y empezaron a utilizarlo como medio de transporte de personas y materiales, así como en tareas ganaderas y agrícolas, donde seleccionaban a los ejemplares de complexión fuerte y pesada para arar los campos, etc.

El ser humano también ha entrenado y empleado durante milenios al caballo para la guerra, tanto en batallas como en combates individuales, por lo que se estimaba como un bien muy valioso. En la actualidad, el caballo se ha convertido en un compañero de ocio, muy apreciado para dar paseos, realizar ejercicios de doma, salto, enganche, en pruebas de resistencia y velocidad, y desde hace algunas décadas compite en diferentes disciplinas deportivas olímpicas.

Hasta que no hayas amado a un animal, una parte de tu alma permanecerá dormida.

Anatole France


Historia

El caballo es un animal de presa que ve al humano como un depredador natural. Sin embargo, la relación equino-humano, tan antigua como el hombre mismo y muchas veces sometida a presión por los avatares de la evolución, ha cambiado radicalmente. Hoy en día, el equino considera al hombre un compañero, un líder. El caballo se ha convertido en un elemento de nuestro ocio y tiempo libre, y con él compartimos actividades de carácter lúdico, deportivo o bien rehabilitadoras, como son las terapias con caballos.


El caballo ha acompañado al ser humano a lo largo de toda la historia, sirviéndole primero como alimento y, con el tiempo, como compañero de batallas, medio de transporte e incluso objeto de poder.

Los primeros indicios de que la relación del hombre con el caballo reportaba beneficios terapéuticos se remontan al año 460 a.C. en que Hipócrates hablaba del “saludable ritmo del caballo”, pues ayudaba a curar diferentes dolencias y mejoraba el tono muscular. Pero a lo largo de la historia encontramos muchas otras referencias a los beneficios físicos y emocionales que proporciona la práctica de la equitación. Veamos algunas de ellas.

En los años 124-40 a.C. Asclepiades de Prusia estudió los beneficios de esta práctica con pacientes que padecían epilepsia o algún tipo de parálisis.

Mucho tiempo después, en 1569, Merkurialis, en su obra El arte de la gimnasia, destaca la importancia de la equitación no solo como medio de rehabilitación físico sino también como modo de prevención, y precisa que su práctica proporciona, además, beneficios sensitivos.

En 1782, Joseph C. Tissot estudió los efectos que tenía el movimiento del caballo en el jinete, y dio a conocer sus contraindicaciones.


Gracias a un equipo interdisciplinar formado por grandes profesionales, se inició un trabajo de rehabilitación terapéutica con caballos que es reconocido por las instituciones oficiales del ámbito ecuestre.

En 1875, el neurólogo francés C. Chassaignac relataba cómo el movimiento del caballo mejoraba el control muscular, el equilibrio y el movimiento de las articulaciones de sus pacientes, y aseguraba que ello resultaba también beneficioso para quienes sufrían algún tipo de trastorno neurológico.

A principios del siglo XX, en 1901, Agnes Hunt fundó el primer hospital ortopédico de Oswestry, en Reino Unido, en el cual se llevaban a cabo sesiones de ejercicios con caballos para ayudar a la recuperación de los pacientes. Unos años después, en 1917, la fisioterapeuta Olive Sands decidió llevar sus caballos al Hospital de Oxford para que colaborasen en la rehabilitación de los soldados heridos en la Primera Guerra Mundial. El programa de rehabilitación obtuvo un gran éxito y reconocimiento, y como consecuencia de ello se creó el primer grupo de equinoterapia del Hospital de Oxford.

No obstante, el momento culminante en que fueron plenamente visibles para todo el mundo los beneficios que aporta la práctica de la equitación al ser humano, se produjo durante la celebración de los juegos olímpicos de Helsinki, en 1952. Lis Hartel, amazona danesa afectada de poliomielitis a los 23 años, durante su embarazo, participó en los juegos, ayudada por su fisioterapeuta noruega Elspet Bodker, que también era una excelente jinete. Quedó patente que si bien Lis Hartel no consiguió nunca recuperar la movilidad completa de sus piernas, sí que, gradualmente, había ido recuperando la movilidad de la mayoría de sus músculos gracias al trabajo sobre el caballo siguiendo las directrices de su fisioterapeuta. En 1952, obtuvo la medalla de plata en la modalidad de Doma Clásica y cuatro años después logró la de plata en los Juegos Olímpicos de Melbourne. Su actuación despertó gran curiosidad en profesionales del ámbito de la medicina y la equitación, tanto que pronto empezaron a crearse centros de equinoterapia en el Reino Unido y el resto de Europa. La propia Elspet Bodker, ante los resultados obtenidos con Lis Hartel, decidió enfocar su trabajo en la recuperación de personas con poliomielitis, a quienes enseñó a montar a caballo, ejercicios básicos de doma y otras técnicas desarrolladas por fisioterapeutas clínicos.

A partir de los años sesenta del pasado siglo, en Europa se empiezan a aplicar terapias en las que participa el caballo como complemento de la fisioterapia tradicional, contando para ello con equipos multidisciplinares que garantizan el bienestar del jinete en todo momento. Al mismo tiempo, se fundan asociaciones en Estados Unidos, Reino Unido y otras partes de Europa que ofrecen una formación específica y las directrices de trabajo, todo lo cual consolida las terapias asistidas con caballos como medio rehabilitador integral de la persona. En 1969 se funda NARHA, North American Riding for the Handicapped Association, hoy conocida como PATH Intl, que cuenta con más de 850 centros miembros en todo el mundo. También en el mismo año se funda la RDA, Riding for the Disabled Association, a la que pertenecen más de 500 grupos, repartidos en 45 países en todos los continentes.


Liz Hartel junto a su caballo Jubilée, participó en las olimpiadas de Melbourne, en 1956, en las que consiguió la medalla de plata en doma clásica.


Por qué el caballo

Por su naturaleza sociable, el ser humano está constantemente en relación con su mismo grupo de iguales, así como con los animales y con el medio. Si nos centramos en la relación con los animales, reparamos en que estos nos han acompañado a lo largo de nuestra evolución, y con ello también ha evolucionado nuestra manera de comunicarnos y de establecer vínculos con ellos. El hombre ha cambiado la visión ancestral que tenía de los animales en su globalidad, y ha aprendido a establecer vínculos emocionales y afectivos con aquellas especies que “colaboran” con él, hasta el punto de considerarlos un miembro más de la familia. Este vínculo beneficia a los humanos en muchos aspectos psicológicos y emocionales, ya que aumenta su autoestima y su seguridad, además de ganar un compañero de vida.


Berta abraza cariñosamente a su caballo, muestra del vínculo que existe entre ellos y que le permite sentirse confiada y segura junto a él.

Actualmente, se llevan a cabo en todo el mundo diferentes terapias con animales que han demostrado ser muy beneficiosas para la salud integral de las personas. Algunas de ellas son las terapias asistidas con perros, la delfinoterapia y las terapias con caballos. En ellas se ensalzan las magníficas cualidades de estos animales como medio rehabilitador.

En las terapias asistidas con caballos hay diferentes aspectos que nos explican el porqué del caballo como medio rehabilitador, entre ellos destacan las dimensiones del animal, su movimientvimiento acompasado y multidireccional, la temperatura corporal que irradia a las piernas del jinete, el vínculo emocional que se establece entre ambos, la comunicación sensitiva y el entorno facilitador.

Dimensiones

El caballo, a diferencia de otros animales que intervienen en terapias (delfines, perros…), tiene unas dimensiones grandes que nos permiten subir a él y desplazarnos de un sitio a otro posicionados en su dorso. Al principio, la experiencia de estar cerca o sobre el equino puede despertar en el jinete nuevas situaciones de miedo, inseguridad, exceso de alegría o enfado, entre otras; sin embargo, al expresar las emociones, el terapeuta puede llevar a cabo un trabajo personalizado, al ritmo de cada jinete, de modo que este aprenda a reconocer sus propias limitaciones y a controlarlas en la medida de lo posible.


Sergi se acerca con su caminador al caballo y lo saluda antes de empezar la sesión. El caballo permanece quieto mientras recibe las caricias de su jinete.

Movimiento

Cuando el caballo se desplaza al paso, transmite una media de 90-120 estímulos por minuto a la pelvis del jinete. Este movimiento que estimula su parte física consigue también relajar toda su musculatura, la que está en contacto con el animal, y el resto del cuerpo con el vaivén. El paso del caballo se define como un movimiento rítmico, tridimensional y rotativo que produce una estimulación en la musculatura del jinete casi idéntica a la que produce una persona cuando camina. Proporciona beneficios a nivel neuromuscular y sensorial, y mejora y refuerza el tono del tronco y de la pelvis.

Entorno

Habitualmente, los centros de equitación se encuentran retirados de los centros urbanos, y rodeados de otros animales y de naturaleza. Estos aspectos alejan a los jinetes de su entorno habitual y les ofrecen un amplio abanico de estímulos sensoriales.

Calor

La temperatura corporal del caballo es de 38 oC. Este calor que desprende el animal se transmite al jinete en todos los momentos en que está en contacto con él: el cepillado, acariciado o la monta; en estas situaciones, la trasmisión de calor corporal permite relajar la musculatura y, a la vez, estimula los sentidos. En este trabajo de relajación y estimulación, los resultados se obtienen de manera inconsciente, sin que el jinete repare en ello.

Vínculo emocional

Tras su domesticación, el caballo se convirtió en un animal dependiente del hombre; este lo utiliza a cambio de garantizar su sustento, y eso hace que el animal vea al hombre como fuente de alimento y de seguridad, no ya como un depredador. Lo considera un líder y, por lo tanto, se establece un vínculo espontáneo caballohombre. El humano le proporciona seguridad, estabilidad emocional, y con ello aumenta su autoestima y su capacidad de afecto hacia los demás, su empatía. Por su parte, el terapeuta trabaja con ambos para que el animal le sirva de nexo de unión con el jinete, y así poder ayudarlo.

Comunicación

Como animal herbívoro que es, el caballo se comunica con su entorno de manera primaria, con su cuerpo principalmente. El ser humano ha desarrollado un mecanismo de comunicación mucho más complejo, pero si la situación lo requiere, puede simplificarlo hasta el extremo de hacerlo similar a la comunicación animal. Por este motivo, los terapeutas deben enseñar a sus jinetes a conocer e interpretar cuanto antes el lenguaje del caballo, pues ello redundará en un buen entendimiento mutuo. En algunos casos, los jinetes también tendrán que comunicarse mediante sonidos, gestos, miradas, o medios de comunicaciones alternativos como el lenguaje de signos, los plafones y las imágenes.

Sensibilidad

Todo animal depredado desarrolla una sensibilidad especial hacia su entorno. Una sensibilidad que también usan con los humanos para conocer con qué objetivo nos acercamos a ellos: con ganas de comérnoslos, con miedo, con respeto o simplemente con naturalidad. Cuando se trabaja con personas con diversidad funcional, esta sensibilidad constituye un gran aliado. Con el caballo el trabajo es recíproco, pues este ve más allá de lo físico y es un magnífico ayudante en la sesión. Como contrapartida, exigirá que poco a poco el jinete aprenda a controlar sus sentimientos y emociones mediante ejercicios de respiración y relajación corporal.


Aspectos físicos

En las terapias asistidas con caballos, el animal tiene un gran protagonismo como medio rehabilitador, de modo que es muy importante que los integrantes del equipo de trabajo cuenten con amplios conocimientos sobre el caballo en diferentes ámbitos: físico, psicológico y comunicativo. Esto garantizará el bienestar de los jinetes y que el caballo se encuentre en óptimas condiciones durante toda la sesión, así como su correcta preparación para desempeñar su función.

El tamaño de un caballo varía dependiendo de su raza. Para medir su altura total se toma como referencia el casco de las manos hasta la cruz, es decir, el punto donde se une el cuello con la espalda. En el Reino Unido, se considera caballo cuando su medida es 1,45 m o superior; en caso de que esta cifra sea inferior, se considera poni, aunque estas medidas varían de un país a otro. En las terapias con caballos se utilizan ponis y caballos, en función de los objetivos consensuados para cada jinete.


La elección de un caballo o un poni para las sesiones se hará en función del plan de trabajo del jinete.

El casco

Las extremidades del caballo se caracterizan por finalizar en una única falange, la cual se halla protegida por el casco. Este constituye una parte muy importante del animal, ya que soporta y amortigua el peso de toda su masa corporal. Su crecimiento y el aspecto físico así como la forma y las rugosidades que presenta dependen de factores externos, principalmente: la alimentación, el tipo y frecuencia de trabajo, la humedad o sequedad a la que esté expuesto en su establo, si va herrado o descalzo. El casco, al igual que las uñas de los humanos, informa de una mala alimentación del animal, lo cual se refleja en forma de pequeños arcos en relieve en la muralla o pared así como grietas.

Estructura del casco

El casco es el final de las extremidades del caballo, y su función es proteger la estructura ósea del único de dedo de las manos y los pies del animal. La protección de esta falange está compuesta por ligamentos, músculos y un sistema circulatorio que preservan la irrigación de sangre, permiten el movimiento y mantienen la temperatura corporal. Su estructura interna y externa está compuesta por diferentes tejidos laminares y tubulares.

Si miramos el caballo de frente o de perfil, observamos una gran uña al final de sus extremidades, conocida como pared o muralla. Se podría equiparar a la uña humana y se halla compuesta de un tejido córneo que se encarga de proteger la parte interna del casco, de una consistencia firme y dura. En la parte superior de la muralla, rodeándola, se encuentra la banda coronaria; esta segrega un barniz que nutre e hidrata la muralla para conservar su resistencia y permitirle adaptarse a las características del entorno.


Si miramos el casco desde una visión palmar, descubrimos la suela, y junto a ella los talones; las ranilla y la palma están constituidas por un tejido córneo más flexible que amortigua cada pisada del animal.

Suela o palma: es la parte que se halla en contacto con el suelo. Está unida con la muralla por la llamada línea blanca, que indica el cambio de tejido de la muralla a la suela. De forma semilunar, en ella encontramos los talones y la ranilla.

Talones: ubicados en la parte posterior del casco, conviene que preserven una altura y un equilibrio adecuados para no sobrecargar los tendones flexores.

Ranilla: su forma en V se compone de una almohadilla blanda y flexible que absorbe los impactos de las pisadas. Estas almohadillas plantares efectúan un continuo masaje que mejora la circulación del casco, evitando que se atrofien sus estructuras internas.

El herraje

El casco del caballo crece continuamente, a razón de 1 cm al mes, aproximadamente. Dependiendo del ejercicio que realice, así como del terreno por el que se mueva, se valorará la posibilidad del herraje, que se lleva a cabo cada 5 o 6 semanas. La herradura se utiliza para evitar el desgaste desmesurado del casco, ya que en ocasiones la pared se desgasta demasiado y llega a la parte sensible, lo cual provoca una cojera o una lesión; también puede que no se consuma lo suficiente, y entonces forzará los tendones. La decisión de herrar o no al caballo debe tomarla el entrenador del animal o bien puede consultarse con el herrero. En ocasiones, el herraje tiene una función ortopédica y ayuda al caballo a corregir posibles desequilibrios que le hacen “perder el aplomo”, y a recuperarse de una lesión.


La herradura debe adaptarse a la medida y forma del casco del caballo. Para ello, el herrador la somete a altas temperaturas y la moldea a golpe de martillo hasta darle la forma necesaria.


Los sentidos

Los equinos tienen un fuerte instinto de huida que les hace estar permanentemente alerta por miedo a ser presa de un depredador. No obstante, esta sensibilidad hacia la huida ha ido despareciendo tras su domesticación, y con la vida en cautividad se ha ido atrofiando. Poco a poco, los humanos han domado a los caballos según sus necesidades, y para ello primero han tenido que observarlos y comprender su lenguaje a fin de trabajar de manera óptima con ellos. Especialmente en las terapias con caballos, este entendimiento mutuo y preparación son esenciales para trabajar en condiciones seguras. A tal efecto, el caballo utilizará sus agudos sentidos para detectar el peligro y, llegado el caso, lo pondrá de manifiesto mediante señales corporales o sonidos.


El caballo observa atentamente algún estímulo que lo hace permanecer en alerta. La dirección de su cabeza y de sus orejas nos aporta información sobre la localización de ese estímulo.

Vista

Al igual que la mayoría de los herbívoros, los equinos tienen los ojos situados a ambos lados de la cabeza, lo cual les proporciona un radio de visión muy amplio que abarca los laterales. Puede pastar y, al mismo tiempo, observar todo aquello que ocurre a su alrededor, y aunque esta posición ocular deja dos puntos muertos, el caballo lo soluciona moviendo la cabeza.


El campo de visión del caballo es mucho más amplio que el de los humanos. Esta gran panorámica le permite controlar todo aquello que ocurre a su alrededor mientras pasta, se desplaza, bebe…


Cuando el caballo siente miedo o curiosidad hacia algo nuevo activa todos sus sentidos: sus ollares se abren ampliamente, sus orejas, erguidas, se inclinan hacia el estímulo, sus ojos miran con gran atención y su cuerpo se tensa, como preparado para emprender una rápida huida.

Olfato

El olfato es su carta de presentación. Cuando los caballos se encuentran se acercan y se oliesquean mutuamente el morro; a partir de ese momento, serán grandes compañeros o simplemente se ignorarán. Sus grandes ollares les permiten reconocer olores familiares, detectar dónde está la comida, y les ayuda a percibir el peligro como la presencia de algo desconocido que pueda representar una amenaza. Los sementales, gracias al olfato, reconocen a grandes distancias qué yeguas están en celo. Cuando el caballo se siente amenazado alza su cabeza y abre enormemente sus ollares, aspirando con fuerza en busca de información que le ayude a localizar dónde se encuentra la amenaza.

Oído

Las orejas de los caballos tienen dos grandes funciones: recibir los estímulos auditivos y expresar cómo se sienten. Tienen una movilidad de 180 grados que les permite orientarse hacia los estímulos de su entorno; su nivel auditivo es muy superior al de los humanos

Sus orejas son unas grandes comunicadoras: indican claramente si nos están atendiendo o no, si están enfadados, despistados, concentrados… También indican de dónde procede el estímulo que le asusta, le hace estar en alerta o simplemente le interesa. Esta información es muy importante para el resto de la manada, y también para los humanos.

Tacto

El caballo es un animal muy sensible, ya que desde el momento en que nace su madre le proporciona todo tipo de estímulos mediante el contacto físico. Todo su cuerpo está preparado para captar los estímulos, desde los pelos de su hocico, en la barbilla, que le ayudan a conocer la distancia de los objetos, hasta los pliegues de su piel. De la misma manera, también está preparado para reaccionar ante ellos. Valga como muestra el leve temblor que advertimos en su piel cuando se le posa encima una mosca.


Esta unión maternofilial entre la yegua y su potrillo es muy parecida a la de los humanos. Las yeguas se encargan de alimentarlos, protegerlos y aportarles todos los estímulos que necesita para su día a día.

Pelajes y características identificativas

El color del pelaje es otro de los aspectos característicos de los caballos. En términos ecuestres hablamos de capas y marcas distintivas que permiten a los jinetes reconocerlos y diferenciarlos de otros caballos o ponis, aun antes que por su raza o sexo.

La capa hace referencia al tono general de su pelaje, ya que el color de su piel es, por lo general, oscuro excepto en los caballos albinos, que es rosado. Existen diferentes capas, algunas de ellas son el resultado de las modificaciones genéticas introducidas por el hombre a lo largo de la historia. Estos conocimientos genéticos nos han permitido saber, a priori, cómo será la capa del potro y buscar la mejor combinación de genes para conseguir capas más inusuales, como las del palomino y los albinos.

Las marcas son los pequeños detalles que encontramos en zonas específicas del cuerpo del caballo, por ejemplo en la cara y las extremidades. La marca o marcas, junto con su capa, facilitan el reconocimiento e identidad del animal. Estas marcas identitarias están presentes al nacer y no desaparecen a lo largo de su vida. Normalmente, tienen una tonalidad blanca o cremosa, y alrededor de ellas la piel del animal suele ser rosada.


La raya de mulo es una línea de pelo de color negro que va desde la cruz hasta la cola.



El cordón corrido es una línea de pelo blanca que atraviesa la cara del caballo desde la frente hasta el hocico.


Algunos caballos presentan una pequeña marca de pelo blanco en la frente, llamada estrella o lucero.


Cuando un caballo tiene marcas blancas en sus patas, nos referimos a él como “caballo calzado”.

Anatomía

Los sistemas óseo y muscular del caballo garantizan su sustentación y su locomoción, además de proporcionar protección a sus órganos internos y partes blandas. Su morfología dependerá en gran medida de su raza, que lo hará más apto para unos usos que para otros. Si sus condiciones físicas y psicológicas son óptimas, es probable que llegue a ser un buen atleta, aunque previamente es importante proporcionarle un entrenamiento correcto y adecuado a sus cualidades y posibles vías de trabajo. Dependiendo del destino que el jinete quiera para su caballo, buscará ejemplares con unas características u otras.

El esqueleto de los caballos lo componen entre 196 y 201 huesos, conectados entre sí por la articulaciones, las cuales están formadas por cartílagos y protegidas por ligamentos.

La musculatura se encarga de generar energía mediante la contracción y extensión de los músculos. Se desarrolla mediante el ejercicio físico, por lo tanto, podemos modificarla con el entrenamiento, aunque para ello es muy importante llevar a cabo un trabajo adecuado que garantice un buen desarrollo muscular. La musculatura de un animal ofrece mucha información acerca del tipo de trabajo que realiza habitualmente y de la corrección, o no, de este.

El esqueleto

Columna vertebral. Como todo animal cuadrúpedo, la columna del caballo se encuentra paralela al suelo. Esta posición y su manera de moverse reparten de manera similar la presión en las diferentes partes de la columna. Las vértebras cervicales del caballo son de grandes dimensiones, y le permiten comer del suelo, estirar el cuello hacia arriba y moverse hacia los lados. De cada una de las vértebras torácicas sale un par de costillas; 8 pares de costillas, llamadas esternales, conectan y se apoyan en el esternón, otros 10 pares no se apoyan en él, son las llamadas asternales. En el humano, la columna vertebral se encuentra en posición vertical con respecto al suelo, lo cual crea una gran presión en las lumbares, al tiempo que libera a las cervicales. Las vértebras cervicales del hombre son más pequeñas que las del caballo.

Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
23 ekim 2025
Hacim:
355 s. 310 illüstrasyon
ISBN:
9788499107417
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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