Kitabı oku: «Biblioteca histórica. Libros XV-XVII»

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B.C.G., las traducciones de este volumen han sido revisadas por ASSELA ALAMILLO SANZ .
© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2011.
López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.
www.editorialgredos.com
Primera edición: enero de 2012
Las traducciones y notas han sido llevadas a cabo por J. J. Torres Esbarranch (Libro XV) (†) y J. M. Guzmán Hermida (Libros XVI-XVII).
REF.: GEBO468
ISBN: 9788424937652
LIBRO XV
SINOPSIS
Índice antiguo del libro XV.
1.
Prólogo.
2.
Preparativos bélicos de Artajerjes y de Evágoras de Chipre.
3.
Derrota de Evágoras en la batalla naval de Citio.
4.
Los persas asedian Salamina y Evágoras huye a Egipto.
5.
Esparta pone sitio a Mantinea.
6.
Críticas de Filóxeno a los versos de Dionisio.
7.
Episodio de Platón y Dionisio. Fracaso poético del tirano.
8.
Fracaso de Evágoras en su regreso a Chipre. Orontes acusa a Tiribazo ante Artajerjes.
9.
Orontes acuerda la paz con Evágoras. La rebelión de Glos; alianzas con Acoris y con Esparta frente a Artajerjes.
10.
Absolución de Tiribazo.
11.
Artajerjes y los jueces. Honor a Tiribazo e infamia sobre Orontes.
12.
Los espartanos toman Mantinea.
13.
Guerra entre ilirios, apoyados por Dionisio, y molosos, auxiliados por Esparta. Fundaciones de Faros y Liso. Construcciones de Dionisio en Siracusa.
14.
Enfrentamiento de griegos e ilirios en Faros. Expedición de Dionisio contra Etruria.
15.
Guerra entre Dionisio y Cartago, aliada de los italiotas. Victoria siracusana de Cabala.
16.
La alternancia de la Fortuna. Victoria cartaginesa de Cronio.
17.
Muerte de Leptines y debacle del ejército de Dionisio, obligado a pactar con los cartagineses.
18.
Muerte de Glos. Fundación de Leuce y estratagema de los clazo-menios.
19.
Conflicto entre Amintas de Macedonia y Olinto. Política intervencionista de Esparta. Diferencias entre Agesípolis y Agesilao.
20.
El espartiata Fébidas somete a los tebanos. Eudámidas marcha contra Olinto.
21.
Derrota espartana frente a Olinto y muerte de Teleutias.
22.
Esparta envía a Agesípolis contra Olinto.
23.
Muerte de Agesípolis. Polibíadas conquista Olinto. Hegemonía de Esparta.
24.
Los cartagineses restablecen a los hiponiatas. Peste en Cartago. Sublevación de los libios y Cerdeña.
25.
Tebas se subleva contra la guarnición espartana y pide ayuda a Atenas.
26.
Atenas envía a Demofonte en apoyo de los tebanos.
27.
Capitulación de la guarnición espartana de Tebas. Los romanos envían una colonia a Cerdeña.
28.
Preparación de la segunda liga naval ateniense.
29.
Enfrentamiento entre Persia y Egipto e intervención de Cabrias. Ataque al Pireo y ruptura de la paz de Antálcidas. Se constituye la segunda liga ateniense.
30.
Adhesiones a la liga ateniense. Apoyo de Eubea, a excepción de Histiea. Intervención de Esparta contra la tiranía de Neógenes. Expedición de Cabrias.
31.
Esparta se organiza para la guerra y confía el mando a Agesilao.
32.
Agesilao invade Beocia y devasta el territorio.
33.
Agesilao se retira sin tentar a la fortuna. Talento militar de Cabrias. Infructuoso ataque tebano a Tespias. Muerte heroica de Fébidas.
34.
Éxito tebano ante una nueva expedición de Agesilao. La batalla naval de Naxos.
35.
Éxito de Cabrias: primera victoria naval ateniense después de la guerra del Peloponeso.
36.
Abdera atacada por los tribalos y defendida por Cabrias. Acciones y fama de Timoteo.
37.
Los tebanos vencen a los lacedemonios en Orcómeno. El historiador Hernias de Metimna.
38.
Paz general, autonomía y retirada de las guarniciones de las ciudades griegas. Oposición de Tebas y entendimiento entre Atenas y Esparta.
39.
Confianza y aspiraciones de los tebanos. Excelencia de sus jefes. La figura de Epaminondas.
40.
Discordias civiles en el Peloponeso.
41.
Expedición persa contra Egipto al mando de Farnabazo e Ifícrates.
42.
Fortificación de las bocas del Nilo. Victoria persa en la boca Mendesia.
43.
Diferencias entre Farnabazo e Ifícrates y fracaso de la expedición persa a Egipto.
44.
Inventiva de Ifícrates.
45.
Ruptura de la paz. Intervenciones de Atenas y Esparta. El caso de Zacinto.
46.
Rebelión oligárquica en Corcira e intervención de Esparta y Atenas. Tebas castiga a Platea y a Tespias.
47.
Esparta y Atenas intervienen en Corcira. Timoteo en Tracia. Victoria del ateniense Ctesicles en Corcira. Asesinato de Evágoras de Chipre. Guerra entre Roma y Preneste.
48.
Seísmos en el Peloponeso. Destrucción de Hélice y Bura.
49.
La catástrofe de Hélice y Bura y su atribución a Poseidón.
50.
Presagio respecto al fin de la hegemonía de Esparta, que se prepara contra Tebas.
51.
Esparta envía a Cleómbroto a una guerra teóricamente fácil contra Tebas.
52.
Ante la amenaza espartana, Tebas confía la dirección de la guerra a Epaminondas, que reacciona ante unos augurios desfavorables y acampa en Coronea.
53.
Avance de Cleómbroto hasta Leuctra. Ingenio de Epaminondas, cuyo criterio prevalece.
54.
Vaticinios respecto a Leuctra. En orden de batalla.
55.
Batalla de Leuctra. Nueva táctica de Epaminondas. Muerte de Cleómbroto.
56.
Derrota espartana. La gloria de Epaminondas.
57.
Expedición de Tebas contra Orcómeno. Progresos de Jasón de Feras. El escitalismo de Argos.
58.
Reflexión sobre la revolución de Argos.
59.
La Confederación Arcadia y la guerra civil de Tegea.
60.
Jasón al frente de Tesalia. Tres muertes coincidentes: Amintas, Agesípolis y Jasón. Las historias de Duris de Samos.
61.
Tesalia: tiranía de Alejandro de Feras. Los Alévadas piden ayuda a Alejandro II de Macedonia.
62.
Esparta derrotada en Orcómeno por los arcadios, que piden ayuda a los beocios. Expedición contra Esparta.
63.
Primera invasión tebana del Peloponeso. Esparta pide ayuda a Atenas.
64.
El ejército invasor, dividido en cuatro columnas, llega a Selasia e irrumpe en Laconia.
65.
Epaminondas ataca Esparta, saquea Laconia y regresa a Arcadia. Preparativos lacedemonios.
66.
Epaminondas funda Mesene. Resumen de la historia de los mesenios.
67.
Alianza entre Atenas y Esparta. Éxito arcadio en Laconia. Primera intervención de Pelópidas en Tesalia.
68.
Segunda invasión tebana del Peloponeso.
69.
Los tebanos atacan diversas ciudades y, en Corinto, son rechazados por Cabrias.
70.
Refuerzos de Dionisio a los lacedemonios. La misión de Filisco. Tiranía de Eufrón en Sición.
71.
Asesinato de Alejandro II de Macedonia. Pelópidas apresado por Alejandro de Feras. Epaminondas salva al ejército tebano enviado a Tesalia.
72.
El proceso de Epaminondas. La «guerra sin lágrimas». Fundación de Megalópolis.
73.
Ataque siracusano a la zona cartaginesa y revés en el puerto de los ericinos. Muerte de Dionisio I.
74.
Victoria de Dionisio en las Leneas y profecía sobre su muerte. Le sucede Dionisio el Joven.
75.
Anarquía en Roma. Masacre de Escotusa. Tercera invasión tebana del Peloponeso y expedición beocia a Tesalia. Ayuda de Atenas a Fliunte.
76.
Disputa por Oropo. Prosperidad de Cos. La paz del 366/365. Hombres ilustres de la época.
77.
Estalla la guerra entre Arcadia y Élide. En Macedonia, Perdicas III asesina y sucede a Ptolomeo de Aloro.
78.
Pisa y Arcadia frente a Élide por la celebración de las Olimpíadas. Epaminondas y la hegemonía marítima.
79.
Epaminondas a Rodas, Quíos y Bizancio. Elogio de Epaminondas. Destrucción de Orcómeno.
80.
Expedición beocia contra Alejandro de Feras. Eclipse de sol y muerte de Pelópidas. Derrota de Alejandro.
81.
Encomio de Pelópidas. Clearco, tirano de Heraclea Póntica. Acciones del ateniense Timoteo.
82.
Discordia entre Mantinea y Tegea, que pide ayuda a Tebas. Cuarta invasión del Peloponeso.
83.
Epaminondas levanta el asedio de Esparta.
84.
Se prepara la batalla de Mantinea.
85.
La batalla de Mantinea. El encuentro de la caballería.
86.
La batalla de la infantería. Enfentamiento de beocios y lacedemonios.
87.
Desenlace de la batalla y muerte de Epaminondas.
88.
Encomio de Epaminondas.
89.
La paz general del 362/361. Noticias cronográficas: Jenofonte, Anaxímenes de Lámpsaco, Filisto.
90.
La revuelta de los sátrapas: levantamiento de la costa de Asia y de Egipto contra Persia.
91.
La revuelta va hacia el fracaso: traición de Orontes; Datames traicionado.
92.
Egipto: Traición de Reomitres. Preparativos de guerra. Taco, destronado por Nectanebo II, huye a Persia.
93.
Muerte de Artajerjes II; le sucede Artajerjes III Oco. Ayuda de Agesilao a Nectanebo II. Muerte de Agesilao.
94.
El conflicto de Megalópolis. Intervención del tebano Pámenes. La obra del historiador Atanas.
95.
Naves corsarias de Alejandro de Feras atacan las Cícladas y Peparetos. Actuaciones negativas de Leóstenes y de Cares. Los historiadores Dionisodoro y Anaxis. Fin del libro XV de Diodoro.
EL CONTENIDO DEL LIBRO XV DE DIODORO ES EL SIGUIENTE 1 :
Cómo los persas combatieron contra Evágoras en Chipre (2-4; 8-9).
Cómo los lacedemonios, contrariamente a los acuerdos comunes, desterraron a los mantineos de su patria (5; 12).:
Acerca de las obras de Dionisio el Tirano (6-7).
Acerca de la detención de Tiribazo y su liberación (8, 10-11).
Acerca de la muerte de Glos y la condena de Orontes (11-18).
Cómo Amintas y los lacedemonios combatieron contra los olintios (19, 21-23).
Cómo los lacedemonios se apoderaron de la Cadmea (20).
Cómo esclavizaron a las ciudades griegas en contra de los acuerdos (23).
Colonización de la isla de Faros en el Adriático (13).
Expedición de Dionisio contra Tirrenia y saqueo del templo (14).
Expedición de Dionisio contra los cartagineses y victoria y derrota (15-17).
Cómo los tebanos recobraron la Cadmea (25-27).
Cómo los cartagineses estuvieron en peligro afectados por la peste (24).
Acerca de la guerra beocia y de los sucesos que en ella tienen lugar (28-35).
Campaña de los tribados contra Abdera (36).
Campaña de los persas contra Egipto (41-43).
Cómo los tebanos, después de vencer a los lacedemonios en la famosa batalla de Leuctra, reivindican la hegemonía sobre los griegos (50-56).
Los logros de los tebanos en sus ataques al Peloponeso (62-66, 69, 75, 82-88).
Acerca del liderazgo de Ifícrates y de sus invenciones en el arte de la guerra (44).
Campaña de los lacedemonios contra Corcira (46-47).
Acerca del seísmo y la inundación que tuvieron lugar en el Peloponeso y de la antorcha que apareció en el cielo (48-50).
Cómo ocurrió entre los argivos una gran matanza que fue llamada escitalismo (57-58).
Acerca de Jasón, tirano de Tebas, y de sus sucesores (57,60, 80, 95).
El sinecismo de Mesenia por los tebanos (66-67).
La campaña de los beocios contra Tesalia (67).
1 Cada libro de la Biblioteca Histórica se nos ha transmitido precedido de una sucinta relación de contenidos a modo de índice. Cf. DIODORO DE SICILIA , Biblioteca histórica. Libros I-III [intr., trad. y notas de F. Parreu], BCG 294, Madrid, Gredos, 2001, pág. 41.
Prólogo
A lo largo de toda nuestra obra hemos mantenido la costumbre, característica de la historia, de expresarnos con libertad, y de hacer el justo elogio de los hombres de bien por sus bellas acciones y dirigir, por el contrario, el merecido reproche [1 ] a los malos cada vez que han incurrido en falta. Pensamos que de esta manera, por el deseo de una fama inmortal, incitamos a acometer las más bellas empresas a aquellos que poseen una natural nobleza de ánimo, mientras que a los que tienen una disposición contraria los disuadimos de su inclinación al mal por el miedo a los reproches consiguientes 2 . Por ello, ya que [2] en nuestro relato hemos llegado a la época en la que la inesperada derrota de Leuctra 3 sumió a los lacedemonios en una gran desventura y en la que el segundo fracaso de Mantinea 4 les hizo perder, contra toda expectativa, la hegemonía sobre los griegos, creemos que es preciso atenernos al planteamiento de nuestra obra y dirigir a los lacedemonios la censura que merecen 5 .
[3] ¿Quién, en efecto, no consideraría dignos de crítica a aquellos que, habiendo heredado de sus antepasados una hegemonía asentada sobre las bases más sólidas y conservada, gracias al mérito de estos antepasados, durante más de quinientos años 6 , la vieron aniquilada —tal es el caso de los lacedemonios de entonces— 7 a causa de su propia insensatez? Y esto no es difícil de explicar, ya que las generaciones precedentes adquirieron una gloria excepcional al precio de muchos esfuerzos y peligrosos combates y tratando a los pueblos sometidos con moderación y humanidad, pero sus descendientes, por el contrario, con sus actos de violencia y su vejación a los aliados, emprendiendo guerras injustas y arrogantes contra los griegos, perdieron lógicamente su imperio a causa de [4] su política insensata. Porque el odio de aquellos que habían sido víctimas de sus injusticias encontró en sus desgracias la ocasión de vengarse de los que antes los habían oprimido y sobre ellos, invictos desde el tiempo de sus antepasados, se abatió el profundo desprecio que, como es natural, inspiran quienes arruinan la gloriosa [5] herencia de sus predecesores. Por esta razón los tebanos, que anteriormente, durante muchas generaciones, habían estado sometidos a su poder, entonces, contra toda expectativa, vencieron a los lacedemonios y obtuvieron la hegemonía sobre los griegos, y los lacedemonios, tras la pérdida de su hegemonía, ya no pudieron recuperar jamás la preeminencia de sus antepasados.
[6] Nosotros, una vez que hemos manifestado claramente nuestra censura hacia ellos, retomaremos el hilo de nuestra historia, después de definir los límites temporales de este relato 8 . El libro precedente, el decimocuarto de nuestra obra 9 , ha concluido con el sometimiento de los reginos por Dionisio y la toma de Roma por los gálatas 10 , que ocurrió un año antes de la expedición persa a Chipre contra el rey Evágoras. Iniciaremos este libro con esta guerra y lo terminaremos en el año que precedió a la subida al trono de Filipo, hijo de Amintas 11 .
386-385 a. C. Preparativos bélicos de Artajerjes y de Evágoras de Chipre
Cuando Mistíquides 12 era arconte [2 ] en Atenas, los romanos designaron, en lugar de los cónsules, tres tribunos militares, Marco Furio, Gayo y Emilio 13 . Este año, Artajerjes, el rey de los persas, emprendió una expedición contra Evágoras, el rey de Chipre 14 . Durante mucho tiempo estuvo ocupado en los preparativos de esta guerra y reunió un importante número de fuerzas terrestres y navales. El ejército de tierra contaba con más de trescientos mil hombres, comprendidos los de caballería, y [2] equipó más de trescientas trirremes. Confió el mando de las fuerzas de tierra a su yerno Orontes 15 , y el de la flota, a Tiribazo, un hombre que gozaba de alta consideración entre los persas. Estos comandantes tomaron el mando de sus fuerzas en Focea 16 y Cime, se reunieron en Cilicia y, después de pasar a Chipre, dirigieron con energía las operaciones militares.
[3] Evágoras, por su parte, concluyó una alianza con Acoris, rey de los egipcios 17 , que era enemigo de los persas, y recibió de él un ejército considerable, y de Hecatomno 18 , soberano de Caria, que en secreto colaboraba con él, obtuvo una importante suma de dinero destinada al mantenimiento de las tropas mercenarias; e indujo igualmente a participar en la guerra contra Persia a otros que secretamente o de manera declarada eran hostiles a [4] los persas. Era señor de casi todas las ciudades de Chipre, y de Tiro y de algunas otras en Fenicia. Tenía noventa trirremes, de las cuales veinte eran de Tiro y setenta de Chipre, seis mil soldados propios y un número mucho mayor enviado por sus aliados 19 . Además de éstos, había reclutado muchos mercenarios, ya que disponía de dinero en abundancia. También el rey de los árabes 20 le envió un buen número de soldados e hicieron lo mismo algunos otros sobre cuya fidelidad sospechaba el rey de los persas.
Derrota de Evágoras en la batalla naval de Citio
Al contar con efectivos tan importantes, [3 ] Evágoras comenzó las hostilidades con toda confianza. En primer lugar, con sus numerosas naves corsarias, tendió emboscadas a los transportes de víveres de los enemigos, hundió a parte de ellos, bloqueó a otros y apresó a algunos. Por esta razón, al no atreverse los barcos mercantes a transportar grano a Chipre y encontrarse tantas tropas concentradas en la isla, en seguida el ejército de los persas empezó a padecer la falta de víveres. Esta situación de carestía [2] derivó en una revuelta; los mercenarios de los persas se abalanzaron sobre sus jefes y mataron a algunos, con lo que hicieron que la confusión y la rebelión se adueñaran del campamento. Los generales persas y el comandante de la flota, llamado Glos 21 , [3] a duras penas sofocaron la revuelta. Se hicieron a la mar con toda la escuadra, trajeron de Cilicia una gran cantidad de víveres y procuraron una gran abundancia de vituallas al ejército. En cuanto a Evágoras, el rey Acoris le había hecho transportar desde Egipto una cantidad suficiente de grano y le había enviado dinero y todos [4] los demás recursos necesarios. Evágoras por su parte, dándose cuenta de la inferioridad notable de sus fuerzas navales, equipó otras sesenta naves e hizo que Acoris le enviara cincuenta desde Egipto, de modo que tenía a su disposición un total de doscientas trirremes. Las dotó de armamento para el combate con la intención de aterrar al enemigo y las preparó con continuas maniobras y ejercicios con vistas a la batalla naval. Así, cuando la flota del Rey navegaba a lo largo de la costa rumbo a Citio 22 , hizo rumbo de improviso contra ella con sus naves en perfecta formación y [5] consiguió una notable ventaja sobre los persas. Se lanzó, en efecto, con sus naves en formación de batalla sobre navíos en desorden y, combatiendo con hombres preparados para ello contra otros que no esperaban el ataque, rápidamente, en el primer encuentro, obtuvo una ventaja que presagiaba la victoria; abordando con sus trirremes en formación cerrada a naves dispersas [6] y desordenadas, echó a pique algunas y apresó otras. Sin embargo, al resistir valerosamente el navarco Glos y los otros comandantes de los persas, se entabló una violenta batalla naval, en la que Evágoras llevó ventaja inicialmente, pero después, cuando Glos se dirigió contra él con toda su potencia y combatiendo valientemente, Evágoras se vio obligado a emprender la fuga con sus barcos después de haber perdido un gran número de trirremes.
Los persas asedian Salamina y Evágoras huye a Egipto
[4 ] Después de su victoria en la bata lla naval, los persas reunieron sus fuerzas terrestres y navales en la ciudad de Citio. Desde esta base organizaron el asedio a Salamina y la sitiaron por [2] tierra y por mar. Tiribazo, después de la batalla naval, había pasado a Cilicia, desde donde se había dirigido a la corte del Rey; le anunció la victoria y regresó con dos mil talentos para continuar la guerra. Antes del combate naval, Evágoras, al derrotar en tierra a una parte de la infantería enemiga a la que se había enfrentado junto al mar, había cobrado confianza en el futuro, pero, cuando se vio vencido en la batalla naval y encerrado en una ciudad asediada, cayó en el desánimo. Decidido, [3] sin embargo, a proseguir la guerra, dejó a su hijo Pnitágoras 23 al frente de todas las tropas de Chipre y él logró burlar la vigilancia enemiga zarpando de noche de Salamina con diez trirremes. Se trasladó a Egipto, donde se encontró con el rey y le exhortó a continuar la guerra con toda decisión y a tener presente que la lucha contra los persas era de interés común.
Los persas asedian Salamina y Evágoras huye a Egipto
En el tiempo en que estos hechos [5 ] tenían lugar, los lacedemonios decidieron emprender una expedición contra Mantinea, sin tener en cuenta los acuerdos precedentes 24 . Los motivos fueron los siguientes. Estaba vigente entonces entre los griegos la paz general llamada de Antálcidas, por la cual todas las ciudades se habían liberado de las guarniciones y habían obtenido el reconocimiento de la autonomía 25 ; pero los lacedemonios, con su natural ansia de poder y su inclinación a la guerra, no soportaban esta paz, considerándola una pesada carga; añoraban el dominio que en el pasado habían ejercido sobre Grecia y aguardaban con impaciencia [2] un cambio de la situación. Así pues, de inmediato se pusieron a agitar las ciudades y, por medio de sus partidarios, provocaron desórdenes en ellas, algunas de las cuales les dieron pretextos plausibles para esta agitación. En efecto, una vez que habían recuperado la autonomía, exigían responsabilidades a aquellos que habían estado en el poder durante la hegemonía de los lacedemonios 26 ; y ante la severidad de los procesos, debida al deseo de venganza del pueblo, y a las numerosas condenas al exilio, los lacedemonios se erigieron en protectores de la facción vencida.
[3] Acogiendo a los exiliados y devolviéndolos a su patria por la fuerza de las armas 27 , sojuzgaron primero a las ciudades más débiles, y a continuación, en acciones de guerra, sometieron también a las más importantes, sin respetar ni siquiera dos años los acuerdos de paz general. Y viendo que la ciudad de los mantineos, una población vecina, sobresalía por el gran número de hombres valerosos, sospecharon que gracias a la paz tenía un crecimiento inquietante y se afanaron por humillar el orgullo de [4] aquellos hombres. Por eso, como primera medida, enviaron embajadores a Mantinea con la orden de derribar las murallas 28 y de que todos los habitantes se trasladaran a los cinco antiguos pueblos de los que hacía tiempo habían partido para fundar conjuntamente la ciudad de Mantinea 29 ; y dado que nadie hizo caso de la orden, los lacedemonios enviaron un ejército y pusieron sitio a la ciudad. Entonces, los mantineos enviaron embajadores [5] a Atenas para solicitar su ayuda, pero los atenienses decidieron no violar el tratado de paz general; Mantinea, sin embargo, sostuvo el asedio con sus propias fuerzas y se defendió valerosamente frente al enemigo. Y de este modo se iniciaron nuevas guerras en Grecia.
Críticas de Filóxeno a los versos de Dionisio
En Sicilia, Dionisio, el tirano de [6 ] los siracusanos, libre ya de guerras contra los cartagineses, gozaba de una paz total y de mucho tiempo libre. Por esta razón se dedicó con mucho empeño a escribir versos; invitó a su corte a los más afamados en esta actividad, los distinguió sobremanera y se sirvió de ellos como maestros y revisores de sus poemas 30 . Envanecido por los halagos que estos hombres le dirigían en correspondencia a sus atenciones, se ufanaba mucho más de sus poemas que de los éxitos conseguidos en la guerra. Entre los poetas que vivieron [2] en su corte se encontraba Filóxeno 31 , el autor de ditirambos, que gozaba de una gran reputación por sus composiciones poéticas. Un día, en el simposio en que habían sido leídos unos deplorables poemas del tirano 32 , se le preguntó qué opinión le merecían los poemas. Filóxeno respondió con absoluta franqueza y el tirano, ofendido por sus palabras y acusándolo de que le denigraba por envidia, ordenó a sus guardias que lo condujeran [3] inmediatamente a las Latomías 33 . Al día siguiente, al rogarle los amigos que concediera el perdón a Filóxeno, el tirano se reconcilió con él e invitó de nuevo al simposio a las mismas personas. Después de beber durante un tiempo, Dionisio empezó a jactarse de nuevo de sus poemas y, tras recitar algunos versos que le parecían particularmente logrados, preguntó a Filóxeno: «¿Qué piensas tú de estos versos?». Entonces Filóxeno, sin contestar a la pregunta, llamó a los guardias de Dionisio [4] y les dijo que lo volvieran a llevar a las Latomías 34 . En esta ocasión. Dionisio sonrió ante aquella salida y soportó la franqueza, ya que la gracia había atenuado la crítica. Poco después, cuando tanto sus amigos como Dionisio le pidieron que renunciara a su franqueza intempestiva, Filóxeno hizo una extraña promesa. Dijo que en sus respuestas respetaría la verdad y obtendría a la vez la aprobación de Dionisio, y no faltó a su [5] palabra. En efecto, un día en el que el tirano, tras recitar unos versos que expresaban sufrimientos dignos de conmiseración, le preguntó: «¿Qué piensas tú de estos versos?», él le contestó: «Patéticos», y con esta respuesta ambigua mantuvo su doble promesa. Porque Dionisio entendió «patéticos» en el sentido de «conmovedores y llenos de sentimiento», como ocurre en los éxitos de los buenos poetas, por lo que tomó la respuesta como un elogio; pero los demás, captando el verdadero sentido de la palabra, comprendieron que «patéticos» se refería al desacierto del poema.
Episodio de Platón y Dionisio. Fracaso poético del tirano.
Un episodio semejante ocurrió [7 ] asimismo al filósofo Platón. Dionisio lo invitó a su corte y al principio lo tuvo en la más alta consideración, viendo que se expresaba con la libertad propia de la filosofía; pero después, contrariado por alguna de sus afirmaciones, se enemistó completamente con él y lo hizo llevar al mercado y vender como esclavo por veinte minas 35 . Pero los filósofos se pusieron de acuerdo para rescatarlo y lo devolvieron a Grecia, después de darle la amistosa advertencia de que el sabio debe frecuentar a los tiranos lo menos posible o tratarlos del modo más obsequioso posible 36 .
Dionisio, que no renunciaba a su pasión por la poesía, envió [2] a las fiestas de Olimpia 37 a los actores de mejor voz para declamar con acompañamiento musical sus poemas ante la muchedumbre. Estos actores impresionaron primero a los espectadores por la belleza de sus voces, pero a continuación, cuando se prestó atención a los versos en sí mismos, fueron objeto de desprecio y suscitaron muchas carcajadas. Cuando Dionisio se enteró [3] de que sus versos habían sido menospreciados, cayó en un estado de extrema tristeza; su pena se fue acrecentando de día en día y la locura se apoderó de su espíritu; decía que todos sus amigos lo envidiaban y abrigaba la sospecha de que conspiraban contra él. Finalmente llegó a tal grado de tristeza y de demencia que hizo matar a muchos amigos con falsas acusaciones y mandó a otros muchos al exilio; entre estos últimos estuvieron Filisto y su propio hermano Leptines 38 , hombres de extraordinario valor que le habían prestado muchos servicios importantes en la [4] guerra. Éstos se refugiaron en Turios, en Italia, y fueron acogidos con una gran consideración por los italiotas; luego, a petición de Dionisio, se reconciliaron con él, regresaron a Siracusa 39 y recuperaron el favor del que antes disfrutaban; y Leptines se casó con la hija de Dionisio. Éstos fueron, pues, los hechos de aquel año.