Kitabı oku: «Combatir las alergias»
DRA. ANNA CISTERÓ
COMBATIR
LAS ALERGIAS

© Anna Cisteró, 2019.
© RBA Revistas, S.L., 2019.
© de esta edición: RBA Libros, S.A., 2019.
Avda. Diagonal, 189 - 08018 Barcelona.
rbalibros.com
Primera edición: abril de 2019.
REF.: OBDO481
ISBN: 978-84-9187-412-6
Coordinadora de la colección: Laura González Bosquet.
Edición de textos: Marta Sevilla.
EL TALLER DEL LLIBRE, S.L. • REALIZACIÓN DE LA VERSIÓN DIGITAL
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INTRODUCCIÓN
Estornudos, picores, ojos rojos... Los molestos síntomas de las alergias son conocidos por todos. Afortunadamente, en la mayoría de los casos son pasajeros y fáciles de combatir, pero en ocasiones pueden convertirse en un problema más grave que nos impide llevar una vida normal. Es ante esa circunstancia cuando los alergólogos tenemos que actuar.
El mundo de las alergias es fascinante, y aún nos queda mucho por saber de ellas. El alergólogo es como un detective que tiene que descubrir quién es el criminal. Averiguar qué le produce una alergia a un paciente a veces es una tarea de investigación casi policial. A diferencia de lo que ocurre con otras enfermedades, en las que los síntomas pueden facilitar el diagnóstico y la causa, con las alergias el camino es muy diferente. Para averiguar qué le produce alergia a una persona tenemos que investigar en su entorno, su casa, sus hábitos de vida, su alimentación e incluso su trabajo.
Las enfermedades alérgicas se consideran enfermedades crónicas, ya que afectan a la calidad de vida durante largos períodos de tiempo. Pueden afectar uno o varios órganos y ser muy diferentes en cuanto a intensidad entre una persona y otra. Muchas de ellas se describirán en este libro, de modo que el lector pueda obtener una información clara y concisa para determinar si puede padecer una alergia, cuándo acudir al médico y qué esperar de los tratamientos que nos ofrece la alergología actual.
La alergia es la causa de enfermedades tan frecuentes como algunos tipos de conjuntivitis, muchas rinitis, el asma y afecciones digestivas y cutáneas.
Afortunadamente, la mayoría de las alergias no acostumbran a ser graves, pero sí pueden ser muy molestas e impedir a quienes las padecen llevar una vida normal.
LA IMPORTANCIA DE LAS ENFERMEDADES ALÉRGICAS EN NUESTRA SOCIEDAD
Año tras año, aumenta la incidencia de enfermedades alérgicas en nuestra sociedad. Actualmente se calcula que entre un 30 y un 40% de la población se ve afectada por algún tipo de reacción alérgica a lo largo del año. La mayoría son personas jóvenes y niños, lo cual hace temer a los especialistas que en un futuro próximo la prevalencia de trastornos relacionados con las alergias será aún más elevada.
Aunque desconocemos qué factores favorecen exactamente este incremento de enfermedades alérgicas, el aumento de la contaminación atmosférica y la temperatura, debido al cambio climático, parecen ser la clave. Es cada vez mayor la correlación entre las alergias relacionadas con el polen, la presencia de insectos y los hongos. Otras patologías como la alergia a fármacos y alimentos también van en aumento y se tratarán en esta obra.
La alergia es una de las primeras enfermedades de cuyo conocimiento hay constancia escrita. ¿Quieres saber cuándo se describió por primera vez?
UN POCO DE HISTORIA
Existen escritos de la antigua Grecia y la literatura médica tradicional china que ya mencionan casos de alergia. En Egipto, el faraón Menes, de Menfis, parece que falleció debido a una picadura de avispa en el año 2640 antes de Cristo. El emperador romano Augusto tenía problemas respiratorios en primavera, y decía sentirse «acatarrado», además de sufrir picores en la piel. Aunque los médicos de aquella época no entendían aún el fenómeno de la alergia, es evidente que este famoso personaje se veía afectado por el polen.
Los primeros estudios científicos sobre alergias no se llevaron a cabo hasta el siglo XIX, cuando John Bostock describió lo que hasta hace pocos años llamábamos «fiebre del heno» o Fever estivalis, la típica alergia primaveral. A partir de ese momento se empezaron a desarrollar los test de alergias y las vacunas.
Las alergias debidas a la inhalación del polen son todavía uno de los trastornos más frecuentes en todo el mundo.
TRABAJO DE DETECTIVES
La diferencia entre las alergias y otras enfermedades es que no siempre afectan del mismo modo a todas las personas. Sí que hay una serie de síntomas comunes que nos sirven a los alergólogos para sospechar que existe una causa, un alérgeno, que está enfermando a nuestro paciente, pero son muchas las pesquisas que tenemos que hacer antes de descubrir exactamente cuál es el origen de la enfermedad.
Como si lleváramos a cabo una labor detectivesca, estamos obligados a realizar un trabajo de investigación exhaustivo que va desde entrevistar a la persona afectada y preguntarle sobre todos los detalles de su vida cotidiana, hasta hacer una inspección en su casa o su lugar de trabajo para encontrar pruebas. Estos indicios, junto con los análisis clínicos y los test, nos servirán para desenmascarar al alérgeno causante de la enfermedad. Una vez identificado, podremos actuar para «detenerlo».
Este es uno de los aspectos más fascinantes de nuestro trabajo, en el que ningún caso es igual que otro. Asimismo, la satisfacción de ayudar a los pacientes a superar su alergia tampoco es comparable a ninguna otra sensación.
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¿QUÉ ES LA ALERGIA?
La alergia es una reacción «equivocada» del sistema inmunitario ante una sustancia que no es dañina por sí misma, como, por ejemplo, el polen de las plantas, algunos alimentos o los ácaros del polvo. Para la mayoría de las personas estas sustancias no son perjudiciales, pero el sistema inmunitario de los alérgicos las identifica como una «amenaza» y se produce una respuesta «errónea».
Cuando una persona entra en contacto con una sustancia a la que es alérgica, se crea una reacción exagerada. La sustancia que provoca alergia se llama «alérgeno».
La reacción alérgica empieza cuando el alérgeno, por ejemplo, el polen, entra en el cuerpo, generalmente en contacto con las mucosas (de nariz, bronquios, estómago...). El sistema inmunitario reacciona produciendo anticuerpos, las células que combaten una enfermedad. Cuando el alérgeno y el anticuerpo entran en contacto, las células empiezan a liberar una serie de sustancias, entre ellas la histamina. Estas sustancias llegan a los órganos y los inflaman. La inflamación puede afectar diferentes partes del cuerpo, produciendo los síntomas que todos conocemos: aumento de la mucosidad, estornudos, picores, tos, ahogo...
Los síntomas más comunes asociados a las alergias son:
Estornudos, picor y obstrucción nasal.
Tos, dificultad para respirar, ruidos parecidos a silbidos, bronquitis.
Sinusitis, mucosidad excesiva, dolor de cabeza.
Urticaria y erupciones cutáneas más o menos intensas.
Hinchazón facial total o parcial.
Picor en los ojos, los oídos, la boca y la garganta.
Náuseas, vómitos o diarrea.
Para tratar una alergia el primer paso es identificar las posibles causas del problema. Diagnosticar una alergia no siempre es fácil ya que los síntomas a menudo se parecen a los de otras enfermedades. Si crees que padeces alergia a alguna sustancia, haz una lista de tus síntomas, dónde estabas cuando empezaste a sentirlos y con qué te parece que se relacionan. Al médico le servirá de gran ayuda para determinar si es necesario que te visite un especialista. A continuación, detallamos una serie de preguntas que puedes contestar para ayudar al médico a que establezca su diagnóstico lo más rápido posible:
¿Los síntomas se producen a una hora determinada del día?
¿Solo tienes los síntomas en una o varias épocas del año?
¿Te encuentras peor durante el día o durante la noche?
¿Los síntomas aparecen dentro o fuera de casa?
¿Aparecen los síntomas cuando estás en compañía de animales?
¿Crees que hay algún alimento o bebida que causa tus síntomas?
¿Las molestias aparecen siempre en relación con haber estado previamente en contacto con alguna sustancia que sospechas que te produce alergia? ¿O solo algunas veces?
¿Los síntomas desaparecen cuando estás de vacaciones?
Si sospechas que padeces una alergia, tu médico te pedirá que apuntes cuándo y dónde aparece la reacción, cada vez que tengas síntomas. También te recomendará que evites exponerte a la sustancia que sospechas que te produce alergia siempre que sea posible. Los síntomas pueden tratarse con medicamentos e inmunoterapia, que describiremos más adelante.
¿QUÉ DIFERENCIA HAY ENTRE ALERGIA Y ATOPIA?
Como hemos visto, una alergia es una reacción a una sustancia. Una persona atópica es alguien que tiene predisposición a desarrollar alergias a lo largo de toda su vida. Puede ser por razones hereditarias. De pequeños suelen tener alergia al huevo o la leche, más adelante a la fruta, más tarde pueden desarrollar alergia al polen y, en algunos casos, a medicamentos. A menudo acaban desarrollando asma. Este desarrollo de diferentes alergias a medida que pasan los años se conoce como «marcha atópica».
Un alérgico no siempre ha tenido atopia. Si tienes una alergia a una sustancia, no tienes por qué desarrollar alergia a otras. En cambio, las personas que sufren atopia sí tienen esta predisposición.
La atopia puede manifestarse de diferentes formas. Cuando se produce una reacción en la piel, con inflamación y picor, se llama «dermatitis atópica». Si la reacción aparece en el sistema respiratorio, puede manifestarse en forma de asma bronquial o rinitis alérgica, muchas veces asociada esta última a una conjuntivitis.
Las personas atópicas, al tener un sistema inmunológico hipersensible, pueden reaccionar fácilmente ante determinadas sustancias. La alergia y la atopia no son lo mismo, pero una persona atópica predispuesta genéticamente tiene más posibilidades de padecer una alergia, aunque la combinación de los factores hereditarios y la contaminación, entre otros, parecen ser la razón de que haya cada vez más personas con este problema.
CÓMO SE PRODUCE UNA REACCIÓN ALÉRGICA
El sistema inmunitario está formado por un conjunto de órganos, tejidos, células y moléculas producidas por esas células. Los órganos que forman parte del sistema inmunitario se llaman «linfoides». Entre ellos encontramos los siguientes:
Las adenoides. También conocidas como «vegetaciones».
Las amígdalas palatinas.
El timo.
El apéndice.
La médula ósea.
El bazo.
Los ganglios linfáticos.
Las placas de Peyer del intestino.
Los vasos linfáticos.
Las mucosas del sistema digestivo, respiratorio, genital y urinario.
Fuente: adaptado a partir de una imagen de Mundo Natural. |
Todos estos órganos contribuyen a la producción de las células más importantes del sistema inmunitario: los linfocitos.
La función del sistema inmunitario es la de proteger el organismo ante amenazas externas. Esto se lleva a cabo a través de dos procesos: el reconocimiento y la defensa.
Reconocimiento: el sistema inmunitario trabaja constantemente para reconocer todo aquello que es propio del organismo, como los tejidos y las células, y no actuar frente a ellos, diferenciando lo que es extraño a él y que pudiera perjudicarlo.
Defensa: ataca tanto las agresiones externas producidas por bacterias y virus como las que proceden del interior, como las células degeneradas o tumorales.
Además, el sistema inmune tiene capacidad de «recordar» antiguos ataques. Esto se llama «memoria inmunológica». Puede reconocer fácilmente una amenaza que ya ha combatido en el pasado y para la que generó anticuerpos, de modo que la respuesta es mucho más eficaz y rápida porque lo «recuerda». Si los anticuerpos se crearon para defenderse contra enfermedades, ya está protegido ante ellas. Si los anticuerpos fueron de tipo alérgico, la reacción será alérgica.
El sistema inmunitario funciona sin descanso, las 24 horas del día, tanto cuando estamos despiertos como dormidos. Está vigilante para asegurar nuestra supervivencia en un entorno con posibles amenazas de virus, bacterias, hongos, parásitos... Sin embargo, puede dejar de funcionar correctamente. Esto ocurre cuando una persona desarrolla un anticuerpo contra una sustancia que para la mayoría de la gente no es una amenaza. Es entonces cuando aparece la enfermedad alérgica.
Como hemos visto, la primera función del sistema inmunitario es identificar todo aquello que es ajeno a nuestro organismo diferenciando entre lo que puede dañarlo y lo que no. La mayoría de las sustancias de nuestro entorno no son una amenaza: el polen que respiramos, la leche que bebemos o los tejidos con los que nos vestimos no tienen por qué hacernos daño. Pero a veces el sistema inmunitario se ve alterado y confunde esas sustancias inocuas con una amenaza.
Las alergias pueden producir reacciones prácticamente en cualquier lugar del cuerpo, aunque suelen ser más frecuentes en la piel y en el sistema respiratorio, ya que son las zonas que están más en contacto con el exterior.
¿LAS ALERGIAS SON IGUALES PARA TODOS?
El tipo y la gravedad de los síntomas alérgicos varían dependiendo del tipo de alergia y de persona, así como del órgano u órganos afectados. No todas las alergias afectan de igual manera a cada persona, aunque lo que la produzca sea la misma sustancia. Por este motivo es muy difícil diagnosticar una alergia a través solo de la observación. Se precisa una historia clínica exhaustiva, exploración del paciente y realizar test cutáneos, una analítica sanguínea y dieta selectiva si se cree necesario.
La primera vez que tenemos una reacción alérgica suele ser muy suave: picor en la boca, sensación de labios hinchados. Si continuamos exponiéndonos al alérgeno, la reacción será cada vez más molesta y puede repetirse con igual intensidad o llegar a ser grave en más o menos tiempo. Por este motivo es muy importante detectarla lo antes posible y empezar el tratamiento antes de que nuestro organismo desarrolle una mayor sensibilidad al alérgeno.
La mayoría de las reacciones alérgicas son inmediatas: se producen entre 15 y 30 minutos después de entrar en contacto con la sustancia que nuestro organismo identifica como una amenaza. En ocasiones puede ocurrir horas después (hasta 3 horas), por un alimento o medicamento.
La anafilaxia es una reacción alérgica repentina y grave que ocurre a los pocos minutos de la exposición. Cuanto más inmediata, más grave. Muchos pacientes se quejan de picor en las palmas de las manos y a veces de los pies y es un signo premonitorio de reacción anafiláctica. En este caso es imprescindible una atención médica inmediata.
¿ES FRECUENTE LA ALERGIA?
La OMS ha llegado a clasificar las enfermedades alérgicas entre las seis patologías más frecuentes del mundo. Se estima que pueden afectar al 20% de la población mundial y resultan más afectados los países desarrollados e industrializados que el resto. En nuestro medio se calcula que una de cada cuatro personas puede padecer un tipo de trastorno alérgico a lo largo de su vida. Las alergias son cada vez más frecuentes. Tal como demuestran los estudios internacionales, entre 1997 y 2011 las alergias respiratorias y cutáneas aumentaron de forma espectacular entre los niños. Según las estimaciones realizadas por alergólogos en nuestro país, las tres patologías por las que se consulta con mayor frecuencia son: rinitis alérgica (54%), asma (23%) y alergia a medicamentos (17%).
En los últimos años, los casos de alergia han ido aumentando progresivamente. Entre 1920 y la actualidad, la incidencia de alergias se ha incrementado en un 400%. También son cada vez más los alérgenos que se añaden a la lista de sustancias que pueden provocar reacciones alérgicas.
La contaminación por CO2 y el efecto invernadero han incrementado de forma importante la concentración de polen. A mayor exposición, más probabilidad de desarrollar alergia a esta sustancia y el aumento de utilización de los motores diésel se ha relacionado con la vehiculización de los granos de polen suspendidos en el aire transportados por estas moléculas. Una serie de estudios demostraron que el polen contaminado tiene un potencial alergénico un 20% mayor que el polen no contaminado.
Son varias las teorías sobre por qué están aumentando las alergias. Aquí hablaremos de tres: la predisposición genética, la higiene y el cambio climático.
LA PREDISPOSICIÓN GENÉTICA
La mayoría de los pacientes que sufren una alergia tienen una predisposición genética. Si alguno de tus padres es alérgico, tienes más posibilidades de padecer alergia en una proporción del 25% en comparación con una persona que no tiene antecedentes familiares. Si los dos padres son alérgicos, se ha estimado en un 50% según algunos autores y en algunos estudios se ha estipulado hasta el 70%, pero la realidad es que en la mayoría de los casos estos valores no se cumplen, hecho que ha llevado a postular el papel protagonista del medio ambiente. La atopia, que, como hemos visto, es la predisposición para padecer alergias, se hereda, pero no siempre se manifiesta: necesita algo más para ello, como la contaminación o algunas características y situaciones ambientales y personales que aún no conocemos.
LA TEORÍA DE LA HIGIENE
Esta es una de las hipótesis que más fuerza están tomando para explicar el crecimiento de las alergias en todo el mundo. La Academia Americana de Asma Alérgica e Inmunología afirma que vivir en entornos muy limpios, en los que se utilizan desinfectantes y antibióticos, hace que los niños no se expongan a gérmenes que pueden enseñar a su sistema inmunológico a diferenciar entre sustancias nocivas y sustancias inocuas.
Esta teoría fue explicada por primera vez a finales de los años ochenta por David P. Strachan, profesor de epidemiología. Hoy en día hay diversos estudios que apoyan esta hipótesis, que explicaría por qué aumentan las alergias en los países desarrollados, donde sin duda la sanidad, la calidad del agua y la higiene son mejores que en los países en vías de desarrollo, en los que paradójicamente hay menos alergias.
EL CAMBIO CLIMÁTICO
Aunque existe mucha controversia en torno a este tema, algunos estudios sugieren que el cambio climático podría ser en parte responsable del aumento de las alergias. El calentamiento global hace que las plantas se desarrollen más rápido de lo normal y produzcan más polen. El calor también favorece la presencia de hongos en el aire.
La polución y una mayor contaminación ambiental parecen ser las causantes del aumento de los ataques de asma alérgica en las ciudades, víctimas del «efecto invernadero»; con el aumento del agujero de la capa de ozono disminuye la capa protectora de los rayos. La rinitis alérgica, por ejemplo, producida por ciertos pólenes, dura en la actualidad tres semanas más que hace dos décadas. También están apareciendo nuevos alérgenos, es decir, sustancias que no causaban alergia y ahora sí lo hacen, debido a factores meteorológicos (como el aumento de la temperatura), que influyen alterando los niveles de contaminación y aumentando la cantidad de aeroalérgenos suspendidos en el aire.
En resumen, cada vez son más las personas que padecen alergias y sus consecuencias sobre la salud. Evitar la exposición a los alérgenos cada vez es más difícil, aunque podemos limitarla haciendo algunos cambios en nuestra alimentación y estilo de vida. La inmunoterapia con alérgenos a los que uno sabe que es alérgico, y de la que hablaremos más adelante, es una de las técnicas más efectivas a la hora de «reeducar» al organismo para que «aprenda» a volver a tolerar los alérgenos.
¿QUÉ NOS HACE SUSCEPTIBLES A SUFRIR ALERGIAS?
Es difícil comprender por qué unas personas son sensibles a ciertas sustancias y otras no. Además de los factores hereditarios, una de las causas de la alergia es el mayor tiempo que estamos expuestos a una sustancia, y la cantidad de esa sustancia que se pone en contacto con nuestro organismo.
Por ejemplo, pensemos en una persona que es susceptible de padecer alergia al moho porque tiene una base atópica, aunque nunca ha tenido síntomas de alergia. Vive sola en un apartamento y un día decide compartirlo. Su nuevo compañero de piso es un amante de las plantas, y llena la casa de macetas. También trae consigo un colchón viejo y un humidificador, porque no le gusta tener la piel reseca. El propietario del apartamento empieza a estornudar y toser. ¿Qué ha pasado? Durante años ha sido capaz de soportar con normalidad la exposición a algunas esporas de moho, pero cuando la cantidad de esporas aumenta, el sistema inmune va creando anticuerpos específicos (IgE) frente al moho. Esto significa que se está sensibilizando para finalmente un día empezar a presentar síntomas de rinitis y asma. Se ha hecho alérgico a las esporas del moho.
La madre no solo transfiere el 50% de sus genes al niño, sino que además es responsable del ambiente del bebé durante los primeros meses. Parece ser que el nacimiento por cesárea produce un aumento de la posibilidad de padecer alergia. El tabaquismo pasivo durante o después del embarazo es un factor de riesgo para el desarrollo de atopia.
El estrés psicológico está asociado a una mayor respuesta a los alérgenos y niveles más altos de IgE en los dos primeros años de vida.
El lugar donde vivimos también influye en la evolución de la alergia. Imagina que vives en el campo, en una casa rural rodeada de árboles; en estas condiciones es posible que padezcas síntomas de alergia a los ácaros durante la mayor parte del año. No tiene que ser grave, pero sí bastante molesto. Si, por el contrario, vives en una ciudad, probablemente tus ataques de asma sean mucho más fuertes y repentinos, aunque duren menos tiempo, solo en las épocas de ácaros.
¿A QUÉ EDAD APARECE LA ALERGIA?
En la actualidad, las alergias aparecen cada vez en un rango de edad más amplio. Niños de seis años y personas mayores de sesenta años pueden mostrar los primeros signos de alergia. Dentro de ese margen, aparece a cualquier edad. Ahora bien, estos datos no son tan exactos, puesto que depende del tipo de alergia. Así, la alergia alimentaria aparece antes de los seis años (leche, huevo, pescado e incluso frutos secos, especialmente la nuez). En general, cada vez aparecen más alergias repartidas en edades más tempranas y en mayores de sesenta años.
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PARTÍCULAS EN EL AIRE QUE PUEDEN PRODUCIR ALERGIA
Un alérgeno es una sustancia (generalmente una proteína) capaz de provocar alergia. Son sustancias inofensivas para las personas no alérgicas y tienen la propiedad de generar una respuesta inmunológica. También se conocen como «antígenos». El alérgeno es capaz de provocar la formación de un tipo especial de anticuerpos: la inmunoglobulina E (IgE). Como ya hemos explicado, al unirse el antígeno a esta IgE, se desencadena la reacción alérgica.
Cualquier cosa puede ser un alérgeno. La frecuencia depende de cada región y país. También, en el caso de los alérgenos alimentarios, del consumo habitual. Los alérgenos más habituales, por orden de importancia, son:
Pólenes.
Ácaros del polvo.
Alimentos de procedencia animal (leche, huevo, pescados).
Pelo de animales (gato, perro, caballo, hámster).
Alimentos de origen vegetal (frutas, verduras).
Hongos (esporas de Alternaria).
Hay otros agentes menos frecuentes y en los que la respuesta IgE no siempre se ha podido demostrar, como ocurre con algunos insectos (excepto abejas y avispas), algunos medicamentos (a excepción de las penicilinas) y cosméticos.
La lista de alérgenos es muy larga. Por eso es importante realizar una buena historia clínica y los test de alergia (pruebas cutáneas) para determinar cuál de ellos es la causa de nuestra alergia.
La alergia se desarrolla con el paso del tiempo, no es algo que nazca con nosotros. Guarda relación con todo aquello con lo que el paciente contacta durante su vida cotidiana. Por ejemplo, es habitual tener alergia a los gatos, pero no a los elefantes, ya que el contacto con los felinos es algo normal para muchas personas. Una persona que trabajara en un zoo, en cambio, sí que podría desarrollar una alergia a los elefantes.
La exposición a los alérgenos a los que una persona es alérgica es la causa de trastornos como el asma, la rinitis, la urticaria y otras reacciones alérgicas. Por ello, determinar el alérgeno causante de estas afecciones y evitar el contacto con él es la forma más efectiva de conseguir que la alergia deje de desarrollarse, evitando que se convierta en una enfermedad grave.
Si los síntomas de alergia se presentan en casa, el primer alérgeno que hay que considerar son los enemigos microscópicos de los que hablaremos a continuación.
LOS ÁCAROS DEL POLVO
Los ácaros son organismos microscópicos de unas 100 a 300 micras que viven en nuestros hogares. Prefieren los ambientes cálidos y húmedos. Se alimentan de las escamas de piel muerta que se acumulan sobre todo en la cama (colchón, almohadas, sábanas, mantas, edredones); también se alimentan de esporas de hongos, fragmentos de insectos y vegetales que pueden encontrar en muebles, alfombras, libros o peluches; los ácaros se acumulan y reproducen si no los molestamos, es decir, si no limpiamos. Los residuos (heces) que dejan los ácaros son la principal fuente de alérgenos que producen las reacciones alérgicas. Por tanto, cuantos más ácaros, más residuos.
Se trata del alérgeno más común en zonas costeras. Además, pueden hacer que los síntomas de las personas con asma se agudicen. La mejor forma de evitar la presencia de ácaros en el hogar es tomar ciertas precauciones.
Camas. Es preferible utilizar muebles de cama de madera o de metal, no tapizados. Si eres alérgico, no duermas nunca en el sofá ni en camas plegables. Si tienes un niño con alergia o asma que duerme en una litera, es mejor que lo haga en la cama de arriba.
Colchones y somieres. Cubre todos los colchones y somieres con fundas protectoras (son de material sin poros o de un tamaño inferior al del ácaro) para evitar que el polvo se introduzca en sus fibras. También es conveniente cubrir las cremalleras con cinta aislante. Si los ácaros no pueden salir a alimentarse, no se reproducen y mueren.
Ropa de cama. Lava cada semana las sábanas, mantas y almohadas en agua caliente (entre 50 y 60 oC) para eliminar los ácaros.
Suelos. Elimina alfombras y moquetas siempre que sea posible. Si no, pasa la aspiradora cada día. De todos modos, los suelos de madera, terrazo o cerámica son mucho más recomendables. Hay que fregar el suelo al menos dos veces a la semana.
Utiliza un deshumidificador para evitar que la humedad sea superior al 50%.
Juguetes y peluches. Compra juguetes que puedan lavarse en la lavadora. No los pongas nunca en la cama y lávalos al menos una vez al mes. Evita los peluches.
A mi entender lo importante es que los objetos no estén quietos. Si los mueves y juegas con ellos, no van a acumular polvo, porque los ácaros no quieren ser molestados.
Ventilar la casa cada día preferentemente por la mañana y en las horas de sol.
Limpiar la casa regularmente con aspirador preferentemente.
La alergia a los ácaros puede producir estornudos, picor nasal, mucosidad nasal de tipo acuoso, congestión nasal, lagrimeo, picor de garganta, tos seca y ahogo. Las épocas del año de mayor incidencia de alergias por ácaros son el otoño, principio del invierno y primavera, ya que es cuando ventanas y puertas están cerradas y los ácaros se reproducen con mayor intensidad. Una casa puede parecer limpia, pero si no se ventila las partículas de polvo estarán en el aire.
POLEN
El polen produce inicialmente rinitis y conjuntivitis, es decir: estornudos, congestión y picor nasal y ocular. Si la exposición alergénica es alta (según las zonas), puede producir tos, picor de garganta y asma. Dependiendo del tipo de polen, la incidencia puede variar a lo largo del año. La mejor forma de evitar el contacto con el polen es mantener las ventanas cerradas en casa y utilizar aire acondicionado con filtros tanto en casa como en el coche.
El polen que produce alergia procede de las plantas (árboles, arbustos y hierbas). El tamaño del polen es muy pequeño y se encuentra suspendido en el aire. El viento puede hacer que los pólenes pequeños recorran grandes distancias, como el del olivo. Las flores no producen alergia, puesto que el polen de las flores no vuela sino que es transportado por los insectos. He visto pacientes que tenían alergia al polen de flores, pero las tenían cerca (dentro de casa o en el jardín). Es importante comunicar al médico el tipo de plantas que tengas en casa o en la terraza. Una buena opción es enseñarle una foto.
Cuando la cantidad de polen es muy elevada, si eres alérgico tienes más probabilidades de padecer reacciones alérgicas. El clima seco y ventoso favorece el aumento de polen en el aire, mientras que este se reduce cuando llueve, porque las partículas se depositan en el suelo. La principal causa de polinosis en España es por el polen de las gramíneas; en zonas costeras, Parietaria, y en otras zonas, como Andalucía, el olivo.
EL POLEN, EL ALÉRGENO MÁS FRECUENTE
La cantidad de concentración de polen es el indicador que nos advierte de cuál será la incidencia de alergias cada año. La concentración de polen puede variar mucho de un año a otro, ya que depende fundamentalmente de factores climáticos. Esta información es muy valiosa tanto para el alergólogo como para el paciente, ya que conociendo la cantidad que existe aquel día, puede prever la aparición de los síntomas, bien tomando medidas concretas como medicamentos (antihistamínicos), bien evitando salir a la calle en horas de máxima polinización y viento, bien protegiéndose en casa no abriendo ventanas, etcétera.
Cuando los síntomas de alergia aparecen por primera vez hay que saber distinguirlos de los de un simple resfriado. Asimismo, es fundamental que la persona que se enfrenta a una alergia sepa distinguir sus síntomas de los de un simple resfriado. El siguiente cuadro puede servir de ayuda para diferenciarlos.
| ¿CÓMO DIFERENCIAR UNA ALERGIA DE UN RESFRIADO? | ||
| SÍNTOMAS | ALERGIA | RESFRIADO |
| Los síntomas aparecen | De repente | Progresivamente |
| Los episodios duran | Poco, a veces unas horas | Entre 7 y 10 días |
| Lo que más molesta | Picor y estornudos | Mucosidad espesa |
| Los estornudos seguidos | Más de cinco | Menos de cinco |
| La nariz se tapa | Alternando con los dos lados | Solo de un lado o ambos a la vez |
| La mucosidad es de color | Transparente | Amarilla |
| En los ojos se nota | Lagrimeo | Congestión |
¿EN QUÉ ÉPOCA DEL AÑO SON MÁS FRECUENTES LAS ALERGIAS AL POLEN?
La llegada del buen tiempo, las actividades al aire libre, pasar más tiempo fuera que dentro de casa... La primavera invita a salir, pero también es la época del año en que, al subir las temperaturas, el polen de los árboles se activa y los alérgicos empiezan a notar los primeros síntomas.
Pero no solo en primavera estamos expuestos al polen. Existen herramientas muy prácticas para saber qué plantas están en floración en cada época del año. Si tu médico ha determinado a través de los test de alergia el tipo de polen al que eres sensible, este calendario puede servir de ayuda para prevenir los síntomas.
Polen de ciprés
Se activa a finales de enero y dura hasta principios de marzo. Los síntomas más frecuentes asociados a este tipo de polen son la rinitis, la conjuntivitis y el asma en menor proporción.
Polen de plátano
Las pequeñas florecillas voladoras que se desprenden de su fruto empiezan a aparecer a mitad de marzo y duran hasta finales de abril.
Gramíneas y olivo
Desde principios de mayo hasta finales de junio. De todos modos, las altas temperaturas hacen que cada vez aparezca el polen más temprano.
Capitanas (chenopodiáceas)
De mayo a octubre. Se trata de un polen habitual en zonas secas, y suele afectar especialmente a la provincia de Zaragoza, el sudeste y el centro peninsular.
Alternaria
No es exactamente un polen, sino un hongo (esporas) presente en el aire que empieza a notarse en primavera-verano, aunque puede aparecer en otras épocas del año según las condiciones climáticas, calor, lluvia, etcétera.
Los calendarios polínicos elaborados por la Sociedad Española de Alergología evidencian los períodos de producción de polen de cada especie, que pueden variar dependiendo del lugar geográfico (www.seaic.org). Esta información permite a los pacientes estar preparados ante la llegada del polen, saber cuándo deben tomar su medicación y planificar sus viajes o vacaciones eligiendo destinos en los que no exista el polen al que son alérgicos. En la web de la Sociedad Española de Alergología www.polenes.com esta información se actualiza regularmente.


HONGOS
Producen irritación ocular, estornudos, congestión nasal importante, picor de garganta y dificultad respiratoria. Su mayor incidencia se produce a finales de la primavera e inicio del verano (sobre todo por Alternaria); otras especies a finales del verano y principios del otoño, incluso invierno (Aspergillus). El moho aparece en zonas húmedas, por eso el alérgeno es más activo en los meses de lluvia. Puede aparecer tanto fuera como dentro de la casa, en este último caso si no se trata podemos tener síntomas durante todo el año. Si tu casa tiene humedades o ha tenido escapes de agua, es posible que los mohos estén presentes permanentemente.
Los hongos provocan alergia por medio de sus esporas, que pueden encontrarse en las superficies húmedas en forma de manchas verdes (en paredes), blancas o negras (bañeras, duchas). Las esporas que se desprenden flotan en el aire como el polen. Si eres alérgico al moho, deberías vigilar si tienes manchas de moho en casa. Recuerdo un caso con asma en el que las pruebas de alergia dieron positivas para hongos y al preguntarle al paciente si tenía manchas de humedad en su casa, me dijo que no; en la visita posterior me comunicó que, al retirar la cama que daba pared con pared con el baño, había observado un gran número de manchas de color negro. Estas eran la causa de su alergia.
El moho vive en cualquier lugar (suelo, plantas, madera acumulada y hojas secas). En el interior de casa puede hallarse en sótanos, cuartos de baño, neveras y ventanas. Las esporas pueden encontrarse en el aire (Alternaria, Cladosporium) tanto en días secos como húmedos. El asma por Alternaria suele ser más grave.
Las frutas y verduras conservadas en la nevera durante días tienen hongos en su superficie (una pelusilla blanca-verdosa).
EPITELIOS DE ANIMALES
Pueden producir picor de ojos, hinchazón de los párpados, tos, dificultad para respirar, congestión nasal e incluso urticaria. El alérgeno es difícil de controlar si estamos en contacto con animales durante todo el año. Los gatos son los que más provocan alergia en nuestro medio, ya que el alérgeno que desprenden es muy potente y permanece hasta seis meses en la casa, una vez retirado el animal del hogar. En menor proporción causan alergia los perros y los caballos.
La piel de animales (principalmente perros, gatos y caballos) desprende unas partículas más pequeñas (5 micras) que las de los ácaros. Estas partículas son células que contienen a su vez otras sustancias (moléculas) procedentes del animal. Flotan en el aire, y al respirarlas pueden provocar una reacción alérgica (asma y/o rinitis). Lo que causa la alergia es la piel (epitelio) muerta o «caspa» del animal que se desprende, no el pelo. El tipo de pelo de cada animal no tiene nada que ver con su capacidad de producir alergia, son las células cutáneas que se desprenden.
Los síntomas más habituales cuando se padece alergia a una especie determinada de animal suelen ser estornudos, mucosidad transparente, hinchazón facial (sobre todo de párpados), congestión nasal, tos, dolor en el pecho, dificultad para respirar, picor en los ojos y urticaria.
Si crees tener alergia a los animales, evita estar en su compañía. Si tienes una mascota, toma medidas para no permanecer en contacto con ella. Los espráis nasales, los antihistamínicos y los broncodilatadores pueden aliviar tus síntomas, así como la inmunoterapia (vacunas para la alergia). Pero siempre debes consultar a tu médico si sospechas que padeces este tipo de alergia para que lleve a cabo un estudio.
Alergia a perros y gatos
Si empiezas a moquear y lagrimear o estornudas y tienes sibilancias en el pecho después de jugar con un perro o un gato, seguramente eres alérgico. Los síntomas de la alergia a los animales domésticos te seguirán molestando aunque no estés en casa.
Los gatos y los perros producen multitud de alérgenos, presentes no solo en la piel sino también en la saliva y la orina, independientemente de su tipo de pelo, su especie o su sexo. Los ácaros y el polen que podrían haberse acumulado en el pelo también podrían ser causa de alergias. La caspa del gato es casi microscópica, por eso se mantiene mucho más tiempo en el aire que la de otros tipos de animales (hasta seis meses).
La mejor forma de sobrellevar la alergia a los perros o los gatos es evitar todo tipo de contacto con estos animales. Si tienes uno en casa, seguramente ha llegado el momento de buscarle otro hogar. El ejemplo que voy a describir a continuación es bastante frecuente. Un joven vive en casa de sus padres, que tienen un gato. Debido a sus estudios, debe trasladarse a otro país durante unos meses. Cuando regresa aparecen síntomas de alergia, a veces muy importantes. Esto es debido a que mientras estaba en casa el contacto era constante (pero se pudo sensibilizar). Su organismo descansó al separarse del gato, pero al volver a reencontrarlo su sistema inmunitario «recordó» y activó los anticuerpos alérgicos frente al pelo del felino. Entonces apareció la reacción alérgica.
Si la opción de sacar el gato de casa no es posible, deberás tomar algunas precauciones a pesar de que no siempre son efectivas:
No dejes entrar al animal en tu dormitorio y permítele estar solamente en algunas habitaciones de tu casa.
No acaricies, abraces ni beses al animal. Si lo haces, lávate las manos inmediatamente con agua y jabón.
Los purificadores de aire con filtros HEPA pueden reducir la cantidad de alérgenos en una habitación.
Utiliza regularmente el aspirador para limpiar tu casa.
Baña a tu perro o tu gato al menos una vez a la semana.
Existen unos espráis que disminuyen la cantidad de alérgeno que desprenden esos animales; pregunta al veterinario.
En caso de que no mejores con las recomendaciones descritas y decidas sacar a tu mascota de casa, debes tener en cuenta que lavando toda la ropa, incluidas cortinas y fundas del sofá, la cantidad de alérgenos tardará unos seis meses en volver a niveles normales. Pregunta a tu alergólogo si puedes beneficiarte de una vacuna (inmunoterapia).
Aunque se dice que los caniches, el perro de aguas portugués y algunos terrier son «hipoalergénicos», no existe ninguna evidencia científica (aún no hay estudios) que lo confirme.
Hay pacientes a los que cuando les preguntamos si tienen animales en casa, solo piensan en gato y perro, pero todos los animales pueden dar alergia. Recuerdo varios casos. En un primer momento me dijeron que no tenían animales y después resultó que tenían otras mascotas (chinchilla, iguana, hámster, conejo) y al rehacer el estudio con estos extractos, resultaron ser la causa de su alergia.
También hemos encontrado casos de asma y rinitis alérgica por otros animales, como ratas (de laboratorio) y cucarachas, aunque son menos frecuentes que los anteriormente descritos.
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ALIMENTOS QUE PUEDEN PRODUCIR ALERGIA
Cada vez son más comunes las alergias a los alimentos. Se calcula que afectan a alrededor de un 5% de los adultos y un 8% de los niños. Aunque cualquier alimento es susceptible de causar alergia, los principales alimentos que se consideran alérgenos son solo ocho.
A menudo confundimos intolerancia con alergia. Las intolerancias no son alergias, porque no tienen que ver con el sistema inmunitario. Las verdaderas alergias alimentarias pueden clasificarse en dos grupos: las que producen anticuerpos IgE y las que producen otro tipo de anticuerpos. Si la alergia pertenece al segundo grupo, es decir, que no produce anticuerpos IgE, el sistema inmunitario utilizará otros métodos para luchar contra la supuesta «amenaza».
El 90% de las alergias alimentarias son causadas por uno de estos ocho alimentos:
Origen animal:
Leche de vaca (alérgenos: caseína, alfa-lactoalbúmina y beta-lactoglobulina, sobre todo en los niños).
Huevos (alérgenos de clara y yema).
Pescado (alérgeno: parvalbúmina).
Mariscos: crustáceos y moluscos (alérgeno: tropomiosina, sobre todo en los adultos).
Origen vegetal:
Cacahuetes.
Frutos secos (nueces, almendras, piñones, avellanas...).
Soja.
Trigo y otros cereales con gluten, como la avena, la cebada y el centeno.
Dentro de los alérgenos causantes de alergias alimentarias de origen vegetal, destacan:
Las semillas de trigo (proteínas de reserva).
Legumbres (lentejas, garbanzos, judías), cereales (arroz, pasta), frutos secos (nueces, almendras...), todas ellas dentro del grupo de las proteínas de defensa.
Alimentos que contienen profilina: melocotón, ciruela, plátano, lichi, naranja, sandía, manzana, melón, pepino, apio, cacahuete, soja, tomate y zanahoria.
Alimentos que contienen oleosina, como el aceite de oliva o las almendras.
Sin embargo, cualquier sustancia, y por lo tanto cualquier alimento, es potencialmente un alérgeno. Los síntomas pueden aparecer pocos minutos después de estar en contacto con el alimento o unas horas más tarde. Los síntomas leves son difíciles de vincular con un alimento determinado. Estos son los más frecuentes:
Picor y enrojecimiento de la piel, urticaria.
Mucosidad, estornudos o tos.
Picor y enrojecimiento en los ojos.
Picor y sabor extraño en la boca, lengua, paladar o dentro del oído (síndrome de alergia oral, SAO).
Malestar digestivo, cólicos, vómitos o diarrea.
El SAO es la aparición de picor en el paladar, la faringe o el interior del oído. La mayoría de los adultos no le da importancia y simplemente deja de tomar el alimento que le produce la reacción. No lo explican espontáneamente y se descubre al preguntarles.
A los niños puede resultarles más difícil explicar lo que les pasa, y es posible que lo intenten describir con sus palabras: «Me pica la lengua», «Me pesa la lengua», «Tengo algo en la garganta». Si la voz se vuelve ronca y aparece tos o dicen cosas incongruentes, hay que llamar inmediatamente a urgencias.
Los cacahuetes, frutos secos, pescado, marisco y moluscos son los que pueden causar reacciones más graves, con afectación de todo el organismo en pocos minutos. La anafilaxia puede aparecer al comer cantidades ínfimas del alimento, aunque solo sean trazas.
Si te ocurre esto, telefonea a urgencias. Si ya te ha sucedido antes y el médico te ha prescrito adrenalina autoinyectable, es el momento de utilizarla.
LECHE DE VACA
La alergia a la leche de vaca suele ser más frecuente en los bebés y los niños pequeños, sobre todo si se ven expuestos a la proteína de la leche de vaca (PLV) antes de los seis meses de edad. Por eso se recomienda preferentemente la leche materna o las fórmulas para lactantes durante el primer año. Es mucho menos frecuente en adultos.
La alergia a la leche de vaca puede producirse por anticuerpos IgE o por otras vías, pero la del primer tipo es la más peligrosa. En este caso, la alergia se manifiesta entre 5 y 30 minutos después de ingerir la leche. Los síntomas más frecuentes son erupciones cutáneas, urticaria, vómitos, tos y, en casos extremos, una reacción grave (anafilaxia). Las reacciones graves se asocian a la alergia a la caseína (componente de la leche), que es de mal pronóstico. Los niños en edad de crecimiento que sufren este tipo de alergia deben ser vigilados a fin de evitar problemas. Los especialistas tratamos estos casos con un proceso de desensibilización a la leche, que en mi opinión debe intentarse siempre que exista este y cuanto antes mejor, si se dispone de instalaciones adecuadas dentro del marco hospitalario.
Las alergias a la leche no producidas por IgE se manifiestan principalmente en el sistema digestivo, produciendo vómitos, diarrea o incluso estreñimiento y distensión abdominal, como causa de la inflamación de la pared intestinal. Este tipo de alergias no producidas por IgE son muy difíciles de diagnosticar, ya que los síntomas podrían confundirse con los de una intolerancia, pero son más espectaculares, ya que las diarreas y vómitos pueden llegar a producir una pérdida de líquidos importante. Aparecen generalmente a partir de las 3 horas de la ingesta.
Si te han diagnosticado alergia a la leche, debes evitar tomarla tanto directamente como los alimentos que puedan contenerla en pequeñas cantidades:
Leche y leche en polvo.
Queso de cualquier tipo.
Mantequilla.
Margarina.
Yogur.
Nata.
Helados.
Chocolates en general.
Las madres de bebés lactantes con alergia también deben dejar de consumir leche de vaca y todos los alimentos que la contengan. Para los bebés que toman biberón, el pediatra os recomendará fórmulas que no contengan leche de vaca.
Los niños con alergia a la leche de vaca (PLV) pueden tener asociadas otras alergias alimentarias, por ejemplo al huevo. Es frecuente la presencia también de dermatitis atópica (57%) y asma alérgica (del 69-80%) según el rango de edad.
HUEVOS
La alergia a los huevos es la segunda causa de alergia alimentaria más común entre los niños. De todos modos, la mayoría de los que padecen esta alergia la superan: a los doce meses, un 16%; a los veinticuatro meses el 28% y el 52% a los tres años. Pero como la posibilidad de desensibilización con ingesta de huevo elaborado es muy efectiva, ¿por qué esperar?
Los síntomas de la alergia al huevo suelen ser:
Molestias digestivas, dolor de estómago.
Reacciones cutáneas, como erupciones o urticaria.
Problemas respiratorios: tos y dificultad respiratoria.
En casos muy extremos (y muy raras veces), anafilaxia.
Curiosamente, es posible ser alérgico a la clara de huevo y no a la yema, y viceversa. Esto es debido a que las proteínas de la clara y la yema son diferentes. La alergia a la clara de huevo es la más frecuente y puede llegar a ser más grave (tiene un mayor nivel de proteínas).
Al igual que ocurre con el resto de las alergias, el tratamiento empieza por evitar entrar en contacto con este alimento. Sin embargo, a diferencia de lo que ocurre con la leche, muchos alérgicos al huevo pueden tolerar comer alimentos que lo contienen, como galletas o bizcochos, pero aconsejamos no hacer probaturas en casa y sin vigilancia médica. La introducción de productos con huevo debe hacerse en la consulta médica, porque existen protocolos de introducción de las proteínas del huevo muy eficaces. Siempre deberás seguir las indicaciones del alergólogo, que valorará el grado de alergia mediante pruebas cutáneas y de sangre.
FRUTOS SECOS
Es un tipo de alergia muy común que afecta alrededor del 1% de la población, dependiendo de si consideramos la edad adulta o infantil. Los frutos secos que producen alergia con mayor frecuencia son, aunque depende también del consumo de cada país y zona geográfica:
Anacardos y pistachos.
Almendras.
Nueces (de nogal, Brasil, pacana, macadamia).
Avellanas.
Pipas de girasol y calabaza.
Las personas con alergia a los frutos secos deben evitar completamente comer el alimento y los productos que lo contengan, leer con atención el etiquetado de los alimentos manufacturados y tener en cuenta la utilización en salsas, ensaladas y pastelería que los contengan o que se hayan elaborado a partir de ellos, como mantequillas y aceites. Además, aunque la reacción alérgica haya sido a un solo fruto seco, es importante saber si puedes tener también alergia a otros frutos secos. Hemos atendido a pacientes que no comen frutos secos ni muchos alimentos que los pueden contener y, tras estudiarlos, podemos ampliar su dieta. Siempre debe hacerse el estudio pertinente ya que existen alergias cruzadas (posibilidad de tener alergia a algunos frutos secos, pero no a todos).
Ahora bien, en algunos casos, sobre todo en niños, es mucho más sencillo eliminar de la dieta totalmente los frutos secos que uno solo, ya que el control exhaustivo en las comidas en las escuelas y fuera de casa es muy difícil.
Las alergias a frutos secos pueden ser leves (picor de boca, rinitis) o producir síntomas más graves con urticaria, dolor abdominal e hipotensión, pero en su versión más extrema son las causantes del 50% de las muertes por anafilaxia. Por eso es muy importante ser cauteloso con los alimentos que ingieres si tienes este tipo de alergia. Debes llevar siempre contigo un autoinyector de adrenalina, que puede salvarte la vida en caso de sufrir una reacción alérgica grave. La adrenalina es una hormona secretada por el propio organismo que estimula de forma natural la respuesta de «lucha o huida» cuando estamos estresados. Actualmente disponemos de estos autoinyectores de fácil administración y entrenamos a los pacientes en su uso para que no tengan ningún problema si en algún momento sufren síntomas de alergia grave. La acción es inmediata y, aparte de un pequeño temblor pasajero (que dura 1-2 minutos), no tiene ningún efecto indeseable importante. Debes preguntar a tu alergólogo si es necesario que te la prescriba. La administración de la adrenalina soluciona los síntomas de la alergia grave.
CACAHUETES
Los cacahuetes merecen un capítulo aparte del de los frutos secos debido a que se trata de un alérgeno altamente peligroso, sobre todo en países anglosajones. Además, el cacahuete es en realidad una legumbre, y no un fruto seco. De todos modos, las personas alérgicas a los cacahuetes suelen serlo también a algunos frutos secos, aunque, en nuestra experiencia, se asocia más a otras leguminosas, ya que en nuestro país el consumo de legumbres es muy elevado y ocupa el quinto lugar de los alimentos implicados en alergia a alimentos en niños. La alergia a los cacahuetes se diagnostica, al igual que en otros casos en que se sospecha alergia, combinando el historial del paciente, pruebas cutáneas (prick test) análisis de sangre y dieta de eliminación.
Hoy en día, el único tratamiento efectivo es eliminar los cacahuetes de la dieta, así como cualquier alimento que pueda contenerlos. Las diversas intentonas de desensibilización con cacahuetes en los países anglosajones no han tenido éxito hasta ahora; tenemos conocimiento de que hay otros estudios en marcha con mejores expectativas. En España, como es un alimento fácil de evitar, aún se desconoce la utilidad de la inmunoterapia. La técnica siempre deberá llevarse a cabo bajo supervisión médica.
CRUSTÁCEOS Y MOLUSCOS
La alergia a los crustáceos incluye principalmente los siguientes alimentos:
Crustáceos: gambas, langostinos, langosta, cangrejos...
Cefalópodos: calamares, pulpo, sepia...
Bivalvos: vieiras, almejas, berberechos, caracoles de mar, navajas, mejillones...
La causante principal de la alergia a los crustáceos es una proteína llamada «tropomiosina». Los síntomas pueden ser muy parecidos a los de cualquier otra alergia, aunque también pueden parecerse mucho a los de una infección vírica o bacteriana, ya que suele causar vómitos, diarrea y dolor de estómago.
Lamentablemente, es un tipo de alergia que no suele desaparecer, por lo que las personas que la sufren deben eliminar los crustáceos de su dieta durante toda su vida. Incluso el olor del marisco cocinándose puede producir una reacción alérgica en quienes la padecen, algo que sus familiares deben tener muy en cuenta. Recuerdo un caso de una paciente que presentaba rinitis, ahogo y vómitos cuando entraba en su casa y que relacionaba con los ácaros del polvo. Pudimos demostrar que coincidía con la inhalación de vapores de gambas cocinadas en uno de los pisos de su edificio.
TRIGO
Las proteínas presentes en el trigo son las causantes de este tipo de alergia. Principalmente afecta a los niños (papillas de cereales), que suelen superarla alrededor de los diez años de edad. Al igual que otras alergias, sus síntomas suelen ser trastornos digestivos, hinchazón, vómitos, urticaria, erupciones cutáneas y, en casos muy extremos, anafilaxia.
Suele confundirse con la enfermedad celíaca y la sensibilidad al gluten, que pueden producir síntomas similares. Sin embargo, una verdadera alergia al trigo produce una respuesta inmediata del sistema inmunitario (por IgE) a alguna de las proteínas que contiene. A diferencia de la enfermedad celíaca o la intolerancia al gluten, la alergia al trigo puede ser grave y es una de las causas de anafilaxia relacionada con el esfuerzo sobre todo en adultos jóvenes. Los alérgicos al trigo deben evitar ingerirlo en cualquiera de sus formas, pero pueden tolerar el gluten que se halla en otros cereales. El diagnóstico se realiza principalmente por pruebas cutáneas y determinación en sangre de IgE específica a una de las proteínas del trigo.
El único tratamiento posible es evitar tomar trigo o cualquier alimento que lo contenga, a excepción de aquellos casos en que la alergia al trigo se limita a una proteína llamada «omega-5-gliadina». Estos pacientes pueden tener una reacción anafiláctica con el esfuerzo si antes han comido algún alimento con trigo. Una historia minuciosa delata que solo les ocurre después de comer algún tipo de pasta (espaguetis, macarrones, pizza) hecha con de harina de trigo. En cambio, toleran estos alimentos si no hacen esfuerzo.
También hay que destacar que existen algunos productos no alimentarios elaborados con harinas, como es el caso de algunos cosméticos.
SOJA
La soja es una leguminosa y afecta sobre todo a los niños menores de tres años. La alergia a la soja es producida por una proteína presente en esta legumbre. La mayoría de los niños superan la alergia al crecer. Al ser una leguminosa, los pacientes pueden presentar reacciones con otras leguminosas como lentejas o guisantes.
Los síntomas van desde picor en la lengua y mucosidad hasta urticaria, asma o dificultad para respirar. En casos muy raros puede producir anafilaxia. Curiosamente, algunos bebés alérgicos a la leche de vaca también lo son a la leche de soja.
La soja, la leche de soja y la salsa de soja pueden producir reacciones alérgicas. Además, la soja es un alimento presente en muchos alimentos procesados, por lo que siempre hay que leer la etiqueta con la información nutricional para descartar cualquier riesgo.
PESCADO
La alergia al pescado es bastante común y afecta al 2% de la población adulta. A diferencia de otras alergias, puede aparecer a cualquier edad.
Al igual que la alergia a los crustáceos, puede producir una reacción muy grave. Los síntomas más comunes son los vómitos y la diarrea, pero en algunos casos puede aparecer anafilaxis. Por eso, las personas que padecen este tipo de alergias siempre deben llevar inyecciones de adrenalina por si ingieren pescado accidentalmente.
El pescado y los crustáceos no tienen el mismo tipo de proteínas. Por eso una persona puede ser alérgica al pescado, pero no al marisco, y viceversa. En estos casos necesitamos realizar el estudio para conocer qué pescados están implicados y si el paciente tolera mariscos. Es importante el seguimiento de estos pacientes para volver a introducir el alimento en el momento apropiado, pero una de las dificultades que presentan es que les cuesta aceptar el sabor del pescado si llevan años sin consumirlo. Ahora bien, siempre debe hacerse bajo vigilancia médica.
OTROS ALIMENTOS
Acabamos de describir los ocho alimentos que pueden producir alergias con mayor frecuencia, pero hay muchos más y cada vez encontramos mayor número de alimentos que eran impensables hace unos años. Como:
Semillas de lino, sésamo, anís y mostaza.
Frutas: melocotón, manzana, cerezas, plátano, aguacate, kiwi.
Vegetales: lechuga, apio, ajo.
Manzanilla.
Especias.
Las LTP son unas proteínas de defensa que encontramos en el reino vegetal. Su función es la de proteger a los vegetales ya sea evitando situaciones de estrés como el frío o la salinidad o la acción de bacterias. Por ese motivo, estas proteínas se sitúan en la capa externa de los vegetales (hojas, piel, cáscara) provocando, por ejemplo, que en el caso de las frutas la piel sea hasta siete veces más alergénica que la pulpa. Podemos encontrar LTP en:
Frutas: melocotón, albaricoque, cereza, manzana, ciruela, fresa, pera, uva, limón, naranja, mandarina, plátano, kiwi, frambuesa, mora y granada.
Hortalizas: col, coliflor, brócoli, repollo, espárrago, lechuga, tomate, zanahoria, apio, perejil y nabo.
Cereales: maíz, trigo, cebada...
Frutos secos: almendra, avellana, castaña, pipas de girasol y nuez.
Legumbres: lentejas, judías, cacahuetes, soja y habas.
Semillas y especias: mostaza, lino, azafrán e hinojo.
Los alimentos LTP que producen alergia de forma más frecuente son:
A partir de los cinco años:
Frutas frescas (sobre todo melocotón y otras frutas de la familia de las rosáceas, como manzana, pera, cereza, albaricoque, ciruela, nectarina y fresa).
En los adultos varía según el área geográfica, las costumbres alimentarias y la aerobiología de la zona. Puede estar tanto en frutas como en verduras.
Los síntomas aparecen generalmente en los primeros 30-60 minutos después de comer, inhalar o tocar el alimento que nos produce alergia. Pueden verse afectados uno o varios órganos: piel (enrojecimiento en la piel, urticaria, picor, labios o párpados hinchados), aparato digestivo (dificultad al tragar, vómitos o diarrea) y aparato respiratorio (estornudos, dificultad para respirar, tos). Las reacciones localizadas en la mucosa oral y faríngea con prurito local se conocen como «síndrome de alergia oral» (SAO), más común en adultos con alergia a vegetales.
Si tienes alguno de estos síntomas después de comer, acude a tu médico. El alergólogo realizará las pruebas y análisis necesarios para detectar la alergia y eliminar ese alimento de tu dieta.
Cuando se produzca una reacción, es importante recordar qué hemos comido en las últimas horas para decírselo al médico. Los test de alergia son en general poco efectivos si se realizan a ciegas y a veces pueden confundirnos, por eso es tan importante que facilites al doctor toda la información que puedas recordar.
Ten en cuenta que el problema con los alimentos es que las pruebas cutáneas pueden dar falsos positivos por ser muy sensibles y a menudo un resultado positivo aislado puede que no signifique que sea ese alimento realmente el que nos causa una alergia. Un resultado negativo tampoco lo puede descartar del todo, puesto que algunos alimentos pueden estar manipulados. Recuerdo un caso de una paciente alérgica al látex que presentaba en algunas ocasiones una reacción alérgica a la lechuga cuando la comía en restaurantes. Resultó ser que manipulaban los ingredientes de la ensalada con guantes de látex (por asepsia).
En otra ocasión, recuerdo que una paciente presentó síntomas de alergia después de ingerir una ensalada, cuando había dicho previamente que era alérgica a las nueces. Se comió la ensalada y al cabo de 10 minutos desarrolló una reacción con picor en las palmas de las manos, tos y dificultad respiratoria. Se autoadministró un preparado de adrenalina y al preguntar posteriormente qué había en la ensalada, le contestaron: «Las nueces las hemos quitado». Las nueces habían estado en contacto con el resto de los ingredientes de aquella ensalada. Esto fue suficiente para provocar la reacción alérgica.
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Fuente: adaptado a partir de una imagen de Mundo Natural.