Kitabı oku: «Obras Completas - Edward Bach»

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La obra del Dr. Edward Bach nos ofrece una herramienta terapéutica, un sistema curativo y una doctrina sobre salud, enfermedad, sanación y evolución, cuyos fundamentos se encuentran enlazados en tradiciones alquímicas, gnósticas, budistas e hinduistas.

Seguir cronológicamente el recorrido que Bach va haciendo, mientras construye su propuesta y descubre sus esencias, revela la naturaleza de la existencia de un hombre que dedicó su vida a ayudar a los que “sufren y padecen”.

Esta nueva edición de las Obras Completas del Dr. Edward Bach incluye cartas, notas y textos inéditos. Al mismo tiempo, el acompañamiento de escritos de colaboradores cercanos permite dar una mejor luz a varios de sus aportes.

Finalmente, los excelentes comentarios de los compiladores, así como el cuidado en la edición y presentación del libro, hacen que éste adquiera un valor de referencia para todos aquellos que dedican su vocación de ayuda con esencias florales.


Edward Bach nacía el 24 de septiembre de 1886, en Moseley, cerca de Birmingham. Creador de la Terapia Floral. Formado como médico y cirujano, orientó su interés por la Bacteriología, en ese tiempo la precursora de la actual Inmunología. Luego de un tiempo incursionó por la Homeopatía donde llegó a ser un importante investigador al reconvertir sus descubrimientos sobre bacterias intestinales en remedios homeopáticos. Hacia fines de los años treinta del siglo pasado, y como fruto de sus indagaciones clínicas, abandona los tratamientos que llevaba a cabo en esa época y dedica sus esfuerzos a la construcción de una Nueva Medicina. Ésta se sustentaba en una doctrina espiritual sobre la enfermedad, la salud y la curación, y en un grupo de esencias terapéuticas preparadas a partir del rocío de ciertas flores que poseen propiedades sanadoras. Sus libros configuran un claro aporte a la comprensión del dolor y el malestar de los seres humanos y la recuperación de importantes tradiciones del arte de curar, como la Alquimia Médica. En 1936, Bach fallece dejando un importante legado para la humanidad.

Edward Bach

Obras completas Compiladas y comentadas por Eduardo H. Grecco, Lluís Juan Bautista y Luis Jiménez


Índice

  Cubierta

  Contratapa

  Biografía del autor

  Portada

  Introducción

  Textos preflorales

  1920. La relación de la terapia de vacunas con la homeopatía La relación de la terapia de vacunas con la homeopatía Acerca del psora

  1924. La toxemia intestinal y su relación con el cáncer La toxemia intestinal y su relación con el cáncer Toxemia intestinal y alimentación

  1925. Malignidad Reseña. La enfermedad crónica, una hipótesis de trabajo El problema de la malignidad26

  1927. El problema de la enfermedad crónica El problema de la enfermedad crónica Nosodes

  Textos florales

  Enero de 1928 a febrero de 1929 El redescubrimiento de la psora Debate Nota editorial. Los nosodes de Bach Un método eficaz de preparación de vacunas Reseña. La medicina del futuro Nosodes intestinales Indicaciones para los nosodes intestinales Algunos nuevos remedios y nuevas aplicaciones

  Abril de 1930 a febrero de 1931 Dos puntos esenciales más Una explicación de la causa real y la curación de la enfermedad Reseña. Notas sobre los nuevos remedios Reseña. Los nuevos remedios del Dr. Bach Algunas consideraciones fundamentales sobre la enfermedad y la curación Correspondencia Agrimonia eupatoria

  Febrero de 1931 a abril de 1933 Ustedes causan su propio sufrimiento Clematis Erecta Flora Correspondencia Reseña. Cúrate a ti mismo Correspondencia Reseña. Cúrate a ti mismo Verbena officinalis Correspondencia Cichorium Intybus Libérate a ti mismo Quemaduras debidas a una descarga eléctrica Reseña. Libérate a ti mismo Correspondencia Reseña.Los remedios del Doctor Bach Los doce grandes remedios Reseña. Notas sobre los doce remedios del Dr. Bach Los Doce Curadores Publicaciones varias en Heal Thyself Los doce remedios del doctor Bach desde el punto de vista de un profano “Los doce grandes remedios” del Dr. Bach Correspondencia

  Abril de 1933 a junio de 1935 Texto escrito en Marlow, Bucks, 22 de abril de 1933 Mis doce remedios Experiencias con los remedios de Bach Correspondencia La historia de Centaury por sí misma La historia de Clematis por sí misma Los Doce Curadores y Los Cuatro Ayudantes Correspondencia Algunas curaciones con los remedios de Bach Correspondencia Reseña. Los Doce Curadores y Los Cuatro Ayudantes Correspondencia Texto escrito el 13 de diciembre de 1933 Reseña. Los Doce Curadores Correspondencia Un sencillo sistema completo de tratamiento con hierbas Correspondencia Los Doce Curadores y los Siete Ayudantes Correspondencia La historia del roble (Oak), [1934] Una historia del zodíaco [1934] La historia de los viajeros [1934] Reseña. Nº 1. Los Doce Curadores y Los Siete Ayudantes Reseña. Nº 2. Los Doce Curadores y Los Siete Ayudantes Los Doce Curadores y Los Siete Ayudantes Los Doce Curadores Correspondencia

  Julio de 1935 a mayo de 1936 Correspondencia Texto escrito en Sotwell, 18 de julio de 1935 Texto escrito en Sotwell, 4 de agosto de 1935 El poni blanco. Historia de un caso Correspondencia Seamos nosotros mismos Walnut (1º de enero de 1935) Correspondencia Texto escrito el 21 de mayo de 1936 Cuatro Casos

  Julio a diciembre de 1936 Correspondencia Los Doce Curadores y Otros Remedios Texto escrito en septiembre de 1936 Correspondencia Conferencia de Wallingford (24 de septiembre de 1936) Correspondencia Conferencia masónica (Octubre de 1936) Correspondencia Introducción a “Los Doce Curadores y otros Remedios” Correspondencia Una apelación a mis colegas de la profesión médica El perrito negro Correspondencia Correspondencia

  Apéndice 1. Reconstrucciones

  Apéndice 2. Escritos de colaboradores Los remedios del Dr. Edward Bach Remedios florales de Bach

  Créditos

  Otros títulos de esta editorial

Introducción

Nuestro médico está dentro de nosotros, y todo lo que necesitamos se halla dentro de nuestra naturaleza.

PARACELSO

En sus manos se encuentra esta nueva versión de las Obras Completas de Edward Bach. Hasta donde sabemos, ésta es la primera vez que se reúne y publica la totalidad de los textos, documentos y cartas del creador de la Terapia Floral encontrados hasta el momento. Sin embargo, han sido excluidas de esta edición las cartas entre Bach y su editor Charles Daniel referidas a liquidación de derechos de autor, envío y recepción de libros así como otros comentarios vinculados con contratos. Las mismas pueden encontrarse publicadas en el libro Edward Bach y Charles Daniel. Nacimiento y fundación de la la Terapia Floral.1

La traducción al castellano, a partir de las versiones originales en inglés, estuvo alentada por el principio de ceñir el estilo a la precisión conceptual del autor. Fidelidad al texto que no supone “literalidad mecánica” sino, por el contrario, comprometido intento de reflejar el espíritu de un mensaje a la par que respeto por la forma en el cual éste fue plasmado de modo inicial.

Bach no era un gran escritor. Poseía un estilo directo y claro, cercano al arte de la cirugía: zanja con precisión milimétrica, no se detiene en detalles secundarios ni se regodea en movimientos estériles, avanza de la superficie a lo interior, no mira atrás, corrige sin justificarse, cierra con firmeza lo que abre y deja que el resto sea tarea para el lector.

En ocasiones, sus términos demandan cierta puntuación para que su sentido corresponda a lo que Bach deseaba expresar y, aunque su manera de escribir es abierta y sencilla, era médico y tenía una gran formación en otros campos, de modo que su lenguaje está teñido por estas circunstancias. De manera que sus textos, a pesar de la claridad que en general muestran, admiten varios niveles de comprensión e incluyen, como una constante, alusiones o referencias a corpus filosóficos, terapéuticos y espirituales, no siempre muy evidentes. Esto es mucho más palpable en los escritos ulteriores a 1928, si bien no está ausente en los anteriores.

La tarea de reunir los textos de Bach como fueron publicados en su momento, sin tomar en consideración mutilaciones, agregados y modificaciones consumados con posterioridad a su muerte –a diferencia de lo ocurrido con sus libros Los Doce Curadores y otros remedios y Libérate a ti mismo– supuso, en primer lugar, una cuidadosa labor de exégesis, y en segundo la restitución, en caso de ser necesario, de la forma primigenia que ellos ofrecían, siempre y cuando tales cambios no obedecieran a un mandato explícito de Bach, como se verifica en el caso de la Introducción de Los Doce Curadores y otros remedios. Y si bien es cierto que Bach fue un hombre de dos siglos, ya que pensaba como uno del siglo XXI, pero se encontraba confinado a escribir como uno de su tiempo, esto no habilita la transliteración de sus letras en pro de una interpretación que se profesa como más ajustada a la enunciación bachiana, pero que en realidad conduce, de modo probable, a una real deformación de su discurso.

Por una razón práctica, la totalidad de los documentos que integran estas Obras Completas, se circunscriben a textos y publicaciones florales, y documentos de todo tipo relacionados con esta materia, fechados desde 1928 hasta la muerte del doctor Edward Bach.2 Los mismos se presentan divididos en dos etapas. La primera de ellas incluye una época de transición de 1928 hasta la escritura en 1930 de Cúrate a ti mismo, mientras que la segunda se extiende desde ese momento hasta la finalización de la vida de Bach y momentos cercanos vinculados con este hecho. Se incluyen en este volumen una serie de artículos y conferencias de personas cercanas a la labor de Edward Bach, que creemos permiten comprender, de un modo más pleno, su obra floral.

Además se agregan notas, artículos y cartas de sus colaboradores inmediatos, datados en vida del Dr. Bach, o a posteriori de su desaparición física, que permiten ilustrar o aclarar cuestiones acerca de sus afanes, y también certificados, comentarios aparecidos en medios sobre sus libros y otros documentos que esclarecer puntos diversos de la historia, de la vida y la obra de Bach.

Cuando se consideró necesario hacerlo, junto a los textos de Bach y sus colaboradores hemos contextuado histórica y geográficamente estas producciones, para darles un horizonte y la continuidad de un recorrido que pudiera perderse sin estas observaciones. A medida que va desarrollando su descubrimiento y escribiendo sobre ello, Bach realiza un viaje material que no es casual ni carente de significado. Intentar unir, entonces, el trazado personal (su vida), con sus hallazgos (su obra) y con su itinerario (en cierta medida semejante a un éxodo) constituye una propuesta que nos conduce a alcanzar una imagen más completa de su legado.

En este sentido, nuestra mirada es más cercana a la labor de un arqueólogo que a la de un historiador. El primero, se acerca a la realidad dejando de lado las apariencias, y tomando en consideración lo que las personas hacen, a diferencia del segundo, que centra su trabajo en torno a lo que ellas han decidido contar de sí mismas. Y, en esta perspectiva, el arte clínico es más parecido al del arqueólogo que al del historiador: intenta percibir tras lo manifiesto el orden implícito que guía las conductas humanas, cree en los haceres más que en los decires, y comprende los decires como testimonios.

La obra de Bach es verbo, acción creativa, y, como tal, la consideramos y valoramos. La consecuencia natural de esta estima nos conduce a presentarla tal como aparece y en su totalidad, sin variaciones, recreaciones o amputaciones. Tener esta visión de conjunto permite descubrir puntos de inflexión, huecos, saltos conceptuales y senderos que Bach exploró pero en los cuales, por alguna razón, no siguió avanzando; direcciones de investigación que desecha sin dar explicación alguna, tal vez, alentado por aquella frase de Jesús que Lucas narra en 9:62: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Es interesante cómo suceden las cosas, siguiendo un cierto orden que supera el perceptivo y material y hace cierta la frase de Pascal: “La suprema adquisición de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan”. Y aquí hay un ejemplo: Bach imaginaba su trabajo de ese modo, como un montañista que mira hacia adelante; en una carta del 1º de enero de 1931, Charles Daniel, quien sería su editor, dice: “Estamos completamente seguros de que no lamentaremos estar vinculados con sus libros. Luego de poner las manos en el arado no miraremos atrás”.

Hemos escuchado y leído comentarios acerca del “joven Bach”, así como atribuir a cierta inmadurez de su pensamiento todo lo que precede a sus textos finales. Esto nos parece un juicio aventurado, pues en sus escritos previos se aprecia mucha riqueza doctrinaria y terapéutica, que ilumina los posteriores. En todo investigador existe un eslabonamiento de pasos sucesivos en la vía de indagación que transita, sin que ello suponga continuidad, pero que se le hace necesario recorrer antes de alcanzar el punto de discernimiento al cual desea arribar. De todos modos, la mejor manera de decidir sobre esto es leer la integridad de su obra para poder apreciarla desde la propia visión individual.

Por nuestra parte, nos parece que haber logrado esta publicación, con la generosa colaboración de Ediciones Continente, ha dado sentido a todo lo que venimos hilvanado a través de años de búsqueda, descubrimientos, enseñanza y reflexión. Es necesario ahora dejar que el movimiento que esto inicia recorra su propio camino y fructifique allí donde corresponda dar sus primicias.

Hemos evitado la tentación de dar cuenta de la historia de Bach, así como de la coyuntura filosófica, científica y médica que le tocó vivir, y a partir de la cual construyó su propuesta. Y si bien tal perspectiva resulte significativa como manera de enmarcar una enseñanza, nos parece preferible presentar aquí la letra de Bach, con la mayor desnudez posible, para que ella resalte sobre cualquier otra cosa. Para, entonces, poder decir, como el salmista: “Tu Nombre y tu memoria son el anhelo de nuestra alma” (Isaías, 26,8). A lo cual cabe sumar, a nombre y memoria, palabra.

Al terminar de recopilar esta obra el maestro Lluís Juan Bautista se despidió de nosotros hacia un lugar de descanso mejor y merecido. Su muerte le impidió ver publicado éste, su último encargo de amor hacia la labor del doctor Bach. Con él la Terapia Floral guarda una deuda de gratitud muy significativa.

Nos ha correspondido a nosotros continuar y finalizar con esta labor, iniciada en conjunto, en un proyecto de trabajo compartido hace años con Lluís Juan Bautista, y contamos, para ello, con la colaboración de la maestra Laura Rabago Mejía, quien revisó la versión original y sugirió una serie de aportes a la traducción que se incorporaron al texto final.

EDUARDO H. GRECCO - LUIS JIMÉNEZ

1 Eduardo H. Grecco, Lluís Juan Bautista y Luis Jiménez, Ed. Continente, Buenos Aires, 2012.

2 Esto forma el tronco central de los textos aquí incluidos, aunque se agregan algunos previos a esta fecha con la finalidad de dar cuenta del recorrido de pensamiento de Bach hacia las esencias florales.

Textos preflorales

La razón de la inclusión aquí de algunos artículos y conferencias del doctor Edward Bach que tratan sobre temas homeopáticos y de investigación clínica bacteriológica se debe a que, por su naturaleza, brindan información importante del recorrido intelectual que va realizando, paso a paso, hacia el descubrimiento final de la Terapia Floral. Los mismos han sido comentados y se les agregan notas aclaratorias con la finalidad de que su lectura resulte más significativa para quienes no poseen una formación específica en estos temas.

1920 La relación de la terapia de vacunas con la homeopatía

Bach estaba viviendo en esa época un profunda transición personal y profesional. Había ingresado a la masonería y transitaba hacia la homeopatía, no tanto porque su motivación fuese hacerse practicante de esta profesión, sino más bien, por el hecho de que veía en esta medicina una herramienta para replantear sus intereses sobre la inmunología, las razones del enfermar y del curar y, en especial, reformular la metodología de preparación de sus vacunas intestinales. En ese tiempo, justamente, Bach dicta una importante conferencia sobre el tema.

CONTEXTO Y COMENTARIOS

“La relación de la terapia de vacunas con la homeopatía” es, entonces, el título de un relato presentado por Bach en abril de 1920 en la Sociedad Homeopática de Londres y luego publicado en el British Homoeopathic Journal (Periódico Británico de Homeopatía). Es interesante destacar que Bach había ingresado al mundo homeopático sólo un año antes, lo cual era poco tiempo como para tener un aval riguroso sobre el tema en el cual se explaya: las vacunas desde una concepción homeopática. Si bien Bach tenía por entonces una considerable experiencia con vacunas como recurso terapéutico, es a partir de su contacto con la homeopatía que el modo como las preparaba y el uso de las mismas cambia radicalmente, y nos referimos a esta nueva manera de elaborarlas y administrarlas al señalar la limitada práctica de que disponía en 1920.

En marzo de 1919 Bach comienza a trabajar en el Hospital Homeopático de Londres como jefe del laboratorio de análisis clínicos. Más puntualmente, su cargo era de bacteriólogo y patólogo. Allí lee, por primera vez, el Organon de Medicina de Hahnemann que le produce un singular impacto intelectual y que, a la par de abrirle horizontes, le confirma algunas de sus propias ideas sobre la salud, la enfermedad y el arte de curar. A partir de allí, por una serie de deducciones, llega a la conclusión de que en la toxemia intestinal (tema en el cual trabajaba desde hacía años) la causa (el veneno producido por bacterias que se encuentran en el intestino) era equivalente a la psora de Hahnemann. Con esta certeza inició una nueva fase en sus investigaciones, preparando vacunas con una metodología homeopática, vacunas que prueba en pacientes, esta vez por vía oral, repitiendo las dosis sólo en caso de que los efectos de la anterior hubieran desaparecido. Los resultados obtenidos fueron muy alentadores. Aquí también se nota la influencia de la técnica prescriptiva homeopática, que permitió a Bach resolver algunos de los problemas que se le presentaban en la aplicación de las vacunas con la modalidad médica alopática de ese momento.

Sin embargo, el método de preparación de vacunas se asemeja al homeopático sólo en cuanto a la dilución a escalas decimales, pero no a la potenciación propiamente dicha, que consiste en el sacudimiento de la dilución determinada cantidad de veces, estipulada por Hahnemann.

Tal era el marco que tenía en mente el público asistente a esta conferencia y ese panorama muestra las dificultades que Bach debía enfrentar para transmitir sus convicciones, en donde sin renunciar a su propio trabajo lo pudiera integrar en este nuevo campo para él, en el cual se internaba; en parte, a esa situación particular puede estar aludiendo Bach en el último párrafo de la conferencia.

El texto es también muy interesante para comprender las perspectivas con las que Bach pensaba en esa época, y cómo iba cambiando su paradigma en torno de la medicina, aunque aún se encontraba muy lejos de la Terapia Floral.


LA RELACIÓN DE LA TERAPIA DE VACUNAS CON LA HOMEOPATÍA

Señor presidente:

¿Me permite, a modo de introducción, decirle cuán orgulloso estoy de haber sido invitado a leer esta ponencia ante vuestra Sociedad? Aunque comparativamente joven, he estudiado medicina alopática durante trece años y la he estado practicando en uno de los más importantes hospitales de Londres durante siete años, antes de ser designado miembro de esta institución,3 en marzo pasado, de manera que he tenido la hermosa oportunidad de estudiar la medicina alopática en sus diferentes posibilidades. Me es imposible referirles cuánto me ha impresionado la ciencia de la homeopatía y los resultados que ha logrado.

Como he tenido la oportunidad de ser testigo de los resultados e incluso he trabajado con algunos de los más destacados médicos de la antigua escuela, y como he podido ver lo suficiente en medicina para comprender su valor, y con la suficiente experiencia para convertirme en un escéptico de todo, puedo brindar mi ofrenda alopática ante el altar de vuestra ciencia diciendo que ustedes obtienen curas no soñadas por la profesión médica en general; que una gran cantidad de casos considerados casi sin esperanza por los alópatas se ubican entre vuestros más brillantes éxitos; que sus resultados son tales que ningún otro hospital en Londres podría intentar igualar, y finalmente que faltan palabras para describir la maravilla y el genio de Hahnemann, un gigante de la medicina a quien no se ha podido, hasta ahora, igualar.

Parece increíble que un solo hombre, hace cien años, en épocas oscuras de la medicina, haya podido descubrir no sólo la hasta ese momento inconcebible ciencia del remedio semejante, sino el poder de la dosis potenciada y, además, el método perfecto de administrar las dosis.4

Parece igualmente increíble que cualquier médico científico pueda leer el Organon de Hahnemann sin comprender que está leyendo la obra de un gran maestro. La observación sagaz de los hechos, el registro exacto de los resultados y las deducciones magistralmente obtenidas allí a partir de, deducciones que hoy ha vuelto a descubrir la ciencia, después de un siglo de trabajo, habrían hecho del Organon un libro extraordinario si hubiese sido escrito en esta época.5

Esta noche deseo discutir la relación de las vacunas con la homeopatía. Antes de comenzar me gustaría mencionar dos cuestiones. Primero, de ninguna manera deseo hacer comparación alguna entre la terapia homeopática y la de vacunas. Mi único deseo es mostrar que las vacunas son una rama moderna de la ciencia médica extraordinariamente acabada y muy relacionada con vuestros propios métodos, y que de acuerdo con los buenos resultados obtenidos podría ser de valiosa consideración como una confirmación moderna de las verdades de la homeopatía.

Segundo, no deseo juzgar las vacunas por la opinión general de cómo se usan hoy en día. Hablando a grandes rasgos, son un fracaso desesperanzador comparado con lo que deberían realmente ser, y esto se debe a varias causas. Quienes preparan las vacunas carecen del conocimiento suficiente con respecto a los métodos correctos para hacerlo, y el resultado entonces es un producto muy inferior a lo deseable. Tomemos como ejemplo las vacunas comerciales, desarrolladas por grandes empresas a gran escala, comenzando de lo que se conoce como subcultivos, que son organismos criados primaria y directamente a partir de la lesión patológica sobre un medio de cultivo, luego vueltos a criar en otro medio de cultivo, a menudo varias veces en sucesión, siendo el objetivo, por supuesto, obtener un mayor rendimiento. Un tubo de organismos puede provenir de París o de los Estados Unidos y ser sembrado en cientos más, hasta que los organismos hayan sido tan maltratados por esos métodos antinaturales, que los organismos de los últimos cultivos difícilmente podrían reconocerse como parecidos a los del primer cultivo. De esta manera se han alterado mucho, no en la forma, sino en cuanto a las posibilidades virulentas y posibilidades patológicas.

Ahora, el experto sabe que los cultivos primarios solos –que son los cultivos criados a partir del material patológico– son de óptimo valor. Lo mencionado, sumado a otros grandes errores, reduce enormemente la eficacia de las vacunas que se suministran al mercado médico. Entonces, nuevamente, el médico que usa las vacunas a menudo no sabe nada de las leyes e indicaciones de la terapia de vacunas. Él obtiene una dosis a partir de un farmacéutico o un bacteriólogo, con un mínimo de indicaciones, y ciegamente aplica las dosis que harían a un experto enloquecer; repite la dosis equivocada, ya sea demasiado tarde o demasiado temprano y, por decir lo menos, obtiene un resultado muy pobre, e incluso, a veces, habría sido mejor para los pacientes que las vacunas nunca hubiesen sido inventadas. Si ustedes consideran que las vacunas requieren de mucho cuidado y experto manejo, y mientras exista tal desesperanzada confusión al respecto, los resultados obtenidos continuarán generando serias dudas en la profesión con respecto a su valor. Es como si sugirieran entregar arsénico a un médico alópata sin brindarle mayores instrucciones sobre su uso.

El parecido de la terapia de vacunas con la homeopatía es muy estrecho, tanto que surge otra pregunta: ¿no son idénticas? Deseo discutir la semejanza según los siguientes enunciados:

1) La naturaleza de la sustancia usada.

2) La dosis.

3) Isopáticas u homeopáticas.

4) La necesidad de un remedio semejante.

5) Los tipos de remedios.

6) Los métodos de uso.

Naturaleza del remedio

Los remedios homeopáticos son de tres tipos:

1) Venenos de animales e insectos6

2) Jugos vegetales

3) Sustancias inorgánicas y sus sales

Tomemos el primero. Los venenos de animales e insectos consisten prácticamente en sustancias tóxicas que derivan de la proteína, generalmente separada en sus derivados más altos. Son albumosas y proteosas. Hoy sabemos que tales substancias son extremadamente parecidas o idénticas a las toxinas de las bacterias. Sería químicamente imposible distinguir entre el veneno proteoso de la serpiente y la toxina de la difteria. Estos venenos pueden dar cuenta de la anafilaxis, y cuando se los administra adecuadamente pueden causar la muerte más rápidamente que la estricnina o el ácido prúsico. Observamos entonces que esta clase de remedios es extraordinariamente cercana o idéntica a las toxinas de las bacterias.

La segunda clase corresponde a los jugos vegetales. Aquí también debemos hacer una reflexión. Las bacterias son proteínas por naturaleza, además de proteínas vegetales, de modo que nuevamente debe haber una relación estrecha entre los jugos vegetales y las vacunas. No es inconcebible que el remedio de un caso particular pueda ser la droga que más estrechamente corresponde a la toxina causante de la enfermedad y, en cierta manera, neutraliza el veneno o estimula el cuerpo para superar sus efectos. El tercer grupo es más difícil de distribuir o clasificar.

Mientras que varios elementos –como el sodio, el potasio, el carbono, etc.– están representados en la proteína bacteriana, hay otros como el zinc o el plomo que nunca entran en la composición de las vacunas. Incluso aquí la discrepancia puede no ser tanta como parece a simple vista, porque elementos, tales como el fósforo presente en la proteína, puede representar a su grupo, incluyendo el arsénico y el antimonio. Por tanto, con excepción de la relativamente pequeña cantidad incluida en el grupo 3, se percibe de inmediato un parecido incluso en los compuestos de los remedios y las vacunas.

La dosis

Se ha probado que las vacunas tienen un efecto beneficioso cuando son potenciadas;7 esto se aplica no sólo a vacunas autógenas que se preparan para casos especiales, sino también para remedios concentrados (stock remedies) tales como el influenzinum, el medorrhinum, la tuberculina, etc. Así como éstas son usadas en tamaño de dosis homeopáticas, del mismo modo las vacunas pueden efectuar la cura en tales dosis similares. En las vacunas administradas en la forma usual por jeringa hipodérmica la dosis es mayor, pero incluso en estos casos la cantidad total es muy pequeña. Por ejemplo, el peso total del colibacilo, dado usualmente como una dosis inicial, seria alrededor de 1/200.000 mgm, que correspondería aproximadamente a la potencia 7 u 8x del arsénico. Nuevamente, por el método de preparación de vacunas es imposible evitar potenciarlas hasta un cierto punto, y, como acabo de decir, hasta alrededor de 7 u 8x,8 de manera que la potenciación juega un cierto papel. Se observa otra semejanza en que la dosis perfecta varía enormemente en los distintos casos. Un caso de septicemia, por ejemplo, puede reaccionar perfectamente a una dosis de 5 milésimas o 10 milésimas de estreptococos, otro caso similar en otros aspectos, requiriendo 20, 30 milésimas o más. También en enfermedades crónicas los pacientes reaccionan marcadamente a 1 milésima de sus organismos intestinales, incluso de manera notable, otros necesitaron 10 o 20 milésimas para dar igual respuesta.

Homeopática o isopática

Todavía queda por resolver a cuál de las vacunas referidas anteriormente pertenece.

1) De ninguna manera son ciertamente isopáticas9 porque en su preparación perdieron ciertas características de su estado original; los organismos son incapaces de reproducirse o de reproducir toxinas, etcétera.

2) Los organismos en una vacuna están tan cambiados que son incapaces de producir la enfermedad que causaban originalmente, aunque como remedios homeopáticos provocar ciertos síntomas. No importa cuánta vacuna tifoidea se le administre a un individuo, ello no ocasionaría la enfermedad, aunque podría ocasionar dolor de cabeza, dolor de espaldas y temperatura a partir de una dosis relativamente pequeña.

3) Nuevamente, los organismos muy estrechamente aliados al germen causante de una enfermedad particular pueden ser beneficiosos cuando son usados como vacuna. De esta manera, cualquier variedad del gran número de estreptococos es beneficiosa en una infección producida con un estreptococo específico. Tanto, que el stock de cepas casi siempre se usa en casos graves, aunque las diferentes variedades tienen caracteres diferentes, como puede mostrarse en su tamaño, forma y su fermentación cuando se probaron en azúcares diferentes. Nuevamente, la inmunización con organismos tifoideos produce una cierta resistencia a la paratifoidea y otros bacilos estrechamente afines, y la sangre de los pacientes, que han tenido tifoidea o que han sido inoculados contra ella, aglutinará los sueros de los bacilos de la disentería o paratifoidea.

La necesidad del remedio semejante

En la terapia de vacunas, como en la homeopatía, el remedio debe ser semejante.10 Sería inútil usar un estreptococo para curar una tifoidea, o un estafilococo para la disentería; la vacuna debe contener gérmenes idénticos o muy estrechamente ligados al organismo causante.

El resultado de una dosis

Aquí vemos la más sorprendente analogía entre los grupos de remedios.

1) La reacción a una dosis es enormemente mayor en pacientes susceptibles que en pacientes no susceptibles. Si una dosis medicinal potenciada de sepia se administra a un individuo normal, no sucede prácticamente nada, pero en un paciente que sufre de síntomas de sepia (sepsis) la misma dosis tendrá una influencia profunda. En el caso de las vacunas, un individuo normal puede tolerar una dosis de 100 milésimas de estreptococos con poca o ninguna molestia; pero si a un paciente que sufre de neumonía estreptococica se le administrara una dosis similar, tendría una reacción violenta, que en muchos casos sería fatal. En la tifoidea, 500 o 1.000 milésimas de bacilos se administran al individuo normal como dosis preventiva, pero al tratar a un paciente con la enfermedad, se usaría una centésima o una milésima.11

2) En la enfermedad también se sostiene nuestra comparación. Los resultados de una dosis de vacuna son: si la dosis es muy pequeña no sucede nada, o una leve mejoría; si la dosis es perfecta, la mejoría es completa; si es levemente grande, se manifiesta un pequeño agravamiento y después una mejoría; si es muy grande, el agravamiento continúa. Si un centenar de casos de neumonía recibieran una primera dosis de vacuna en la forma habitual, en algunos la temperatura bajaría a lo normal en seis u ocho horas, la dosis perfecta para esos casos; en otros habría un leve aumento y luego disminuiría; en algunos sólo un pequeño descenso en la temperatura y en otros no se manifestarían cambios.

En la terapia de vacunas sabemos que cualquiera de las secuencias anteriores depende del tamaño de la dosis, y todo lo que debemos hacer es encontrar la cantidad perfecta; no hay duda del remedio equivocado cuando la vacuna se prepara a partir del paciente o se ha identificado el organismo. Cualquiera de esos resultados puede seguir a una dosis homeopática. En las vacunas tenemos una importante señal que ayuda materialmente a juzgar la exactitud de una dosis; concretamente, la reacción local, que es la hiperemia que se produce en el lugar de la inoculación, y que si es perfecta es más o menos del tamaño de una moneda de media corona. Habitualmente, una reacción local menor que ésta significa una sobredosis; si es mayor, lo inverso. Esta reacción local también sirve para determinar el tiempo de espera para repetir la dosis, porque siempre y cuando la reacción local continúe siendo visible puede darse por sentado que la dosis todavía está funcionando. En casos agudos cualquier aumento de temperatura se asociará con la desaparición de la hiperemia local.

Una de las mayores dificultades en las vacunas es estimar la dosis inicial, porque la medida necesaria para dar el resultado perfecto varía ampliamente según los casos. Por lo tanto, siempre es sabio administrar una dosis que provoque poco efecto, a fin de evitar cualquier reacción severa, ya que no conocemos ningún antídoto. Siempre es más fácil repetir una dosis mayor si después de algunas horas la dosis primaria parece ser demasiado pequeña, que superar los efectos de una sobredosis.

Métodos de uso

Al respecto, nuevamente las leyes son idénticas, y si todos los bacteriólogos hubiesen adherido estrechamente a las reglas establecidas por Hahnemann, las vacunas serían infinitamente más beneficiosas que las administradas en la actualidad con la frecuencia, por algún método rutinario, de una vez a la semana o cada diez días. ¡Es una lástima! La guía para repetir la dosis de vacuna es: “Nunca repetir hasta que haya certeza que ha cesado la mejoría, o después de diez o doce horas o más en casos graves, o después de semanas o meses en la enfermedad crónica”. Es por ignorar este principio fundamental que más de un médico ha renunciado a la vacuna por considerarla inútil.

El médico que repite una vacuna de la neumonía mientras está bajando la temperatura como resultado de la primera dosis, no sólo está en riesgo de perder todo el valor de la dosis número uno, sino que a menudo corre riesgo la vida del paciente. En la enfermedad crónica, más de un caso promisorio que ha comenzado a mejorar definitivamente, ha arruinado toda posibilidad por una repetición precipitada. Entonces, nuevamente, en casos graves, si es necesario repetir la dosis, se las puede suministrar cada ocho horas o más, mientras que en casos crónicos, deben transcurrir semanas o meses antes de que pueda llevarse a cabo una repetición en forma segura.

Tipos de remedios

Existen dos tipos distintos de vacunas: agudas y crónicas. En las enfermedades agudas el organismo necesario para la cura es el germen particular hallado en la lesión local causante de la enfermedad. Así, en una neumonía el esputo provee el germen correcto; en la cistitis, la orina; en los abscesos el pus, etc., y la inoculación de la vacuna, hecha a partir de la fuente, efectuará la cura siempre que el caso no haya avanzado mucho.

En la enfermedad crónica es totalmente diferente; en esos casos no sólo nos estamos manejando con lesiones locales, de cualquier tipo, sino además con una profunda causa subyacente que conduce al individuo susceptible a una enfermedad prolongada. Esta causa se halla en un veneno crónico a partir de varios organismos que viven en el tracto intestinal, de modo que en la enfermedad la finalidad es librar al individuo de los organismos intestinales y sus toxinas. Es sorprendente, en casos antiguos, que después de que dichas toxinas han sido eliminadas con una vacuna, desaparece la enfermedad crónica y se aclaran completamente las lesiones locales que permanecían por diez o más años. Cuánto se parece esto a los tipos de remedios homeopáticos.

La toxemia intestinal bacteriana es más interesante e importante. Si se examinan las heces de los individuos que sufren la enfermedad, se encuentran ciertos organismos que pueden considerarse anormales, y a partir de varios síntomas del paciente es posible predecir en cierta medida qué tipo de organismo se aislaría. Así, los individuos que padecen de temores inusuales –tales como miedo al fuego, a las alturas, a las multitudes, al tráfico– tienen casi invariablemente un organismo del grupo de los bacilos paratifoideos. La persona muy tensa, nerviosa, con expresión ansiosa, a menudo de mirada fija, con frecuencia tiene un bacilo del grupo proteus. El paciente que a simple vista parece estar en perfecto estado de salud y tiene alguna enfermedad crónica seria, como tuberculosis, a menudo tiene organismos del tipo coli mutable. La gente que se golpea y sangra fácilmente por lo general posee un tipo de germen de la disentería, etc. Si se aplicara una vacuna del organismo aislado, a partir de uno de estos pacientes, los resultados serían típicamente homeopáticos, como se define a continuación.

Luego de la dosis sigue un período de latencia de cuatro horas a seis o siete días. Más tarde se manifiesta la reacción o agravamiento de todos los síntomas presentes en el paciente, durante doce horas y hasta cuatro o cinco días, o a veces más. A esto sigue la mejoría de todos los síntomas, comenzando con los últimos en aparecer durante la enfermedad, aunque durante este período los síntomas más antiguos en la historia del caso, que pueden haber estado latentes durante un largo tiempo, pueden manifestarse y finalmente desaparecer. En los casos de artritis reumatoide y neuritis, he visto en varias oportunidades aparecer dolores durante este período en el que los pacientes señalan no haberlos padecido desde la niñez. Tales síntomas me permiten señalarle al paciente con confianza que estamos al alcance de una cura completa.12

Tomemos como ejemplo la epilepsia. Después de la primera dosis, aunque se la administre en un momento que, según la experiencia previa, no se ha anticipado ningún ataque, comúnmente se produce un ataque correspondiente al agravamiento o, como lo llamamos, una reacción. Ésta va seguida de un intervalo más largo que el habitual para que el paciente esté libre de ataques, y la segunda dosis no se administra hasta que tenga lugar un ataque o una amenaza de ataque.

También existen puntos en común en relación con el agravamiento entre las vacunas y los remedios.13 Ante la aplicación de una vacuna la reacción ideal es breve. En general, ninguna reacción significa que no hay respuesta y tampoco un valor curativo; una reacción prolongada siempre se entiende como un caso de difícil naturaleza. Desconozco vuestra opinión acerca del siguiente punto, pero después de administrar las vacunas yo en lo personal siempre prefiero tener un corto agravamiento que una mejoría instantánea, ya que, salvo algunas excepciones, creo que la cura en el caso anterior es más completa.

La toxemia intestinal corresponde de la manera más sorprendente a la psora14 de Hahnemann. Toda esa maravillosa lista de síntomas, tales como fatiga, pérdida de apetito, palidez, pérdida de energía, tics nerviosos que describe, están presentes en un individuo que no está enfermo, según el sentido general, y quien al ir al médico resultaría que está neurótico y que sólo necesita un cambio de aire, pues está sano físicamente. Podemos probar que esos síntomas, que realmente son precursores y pertenecen al comienzo de la enfermedad, se deben a este veneno crónico del intestino; cuando se elimina el veneno el paciente supera rápidamente todos los síntomas menores. Además, en cuanto a la enfermedad misma, si esta toxemia subyacente se puede eliminar, no hay necesidad de tónicos, estimulantes o descanso; siempre y cuando la enfermedad no esté muy avanzada, la naturaleza, liberada del veneno, podrá pronto erradicar todas las lesiones.

En casos de enfermedad crónica es sorprendente cómo, después de dos o tres dosis de una vacuna obtenida a partir de un organismo simple del intestino, mejora la condición general y el paciente se restablece. He visto un caso de psoriasis, con una permanencia de siete años, desaparecer después de dos dosis, y en una epilepsia de siete años que tenía ataques todos los meses, continuar por más de doce meses libre de ataques como resultado de una inoculación. Este tipo de vacunas son las que corresponden más estrechamente a vuestras drogas antipsóricas de larga acción. En la enfermedad grave por supuesto se necesita un remedio antipsórico, pero, como ustedes saben, el paciente tiene que ser salvado del estado grave por medio de vacunas de rápida acción, que son las vacunas hechas a partir de la lesión local, y luego puede dársele atención a las vacunas de larga acción como precaución ante una infección posterior. Sería bastante inútil dar una de esas vacunas tóxicas intestinales en la neumonía, por ejemplo, porque el paciente probablemente estaría muerto mucho antes de que pudiera observarse el beneficio de la vacuna. Pero, habiendo salvado a vuestro paciente por medio de una inoculación de pneumococos o estreptococos, hechos a partir del esputo, después de la convalecencia es importante encontrar el organismo intestinal y administrar las dosis que elevarán la resistencia general contra la enfermedad en todas sus formas. De esta manera he intentado señalarles la extraordinaria similitud de la rama más moderna de la ciencia médica con las enseñanzas de la homeopatía: en la composición, en la medida de la dosis, en el resultado de una dosis, en los métodos de uso, en los tipos de remedios. A través de todo lo que vemos existen muchas características en común.

La ciencia aún puede progresar más. Se puede probar que los remedios de nuestra escuela corresponden en formas todavía desconocidas a los distintos venenos del cuerpo enfermo; se puede demostrar que el remedio particular para un cierto conjunto de síntomas es el que corresponde más estrechamente a la toxina o veneno causante de tales síntomas; puede incluso demostrarse en el tiempo de qué manera actúan los remedios y de cómo son capaces de neutralizar o estimular el cuerpo para neutralizar los venenos.

Mientras tanto, debería entenderse que la ciencia de una forma totalmente diferente está confirmando los principios de la homeopatía. Deberíamos honrar a Hahnemann por haberse anticipado a la ciencia por más de un siglo.

Hoy, la actitud de la profesión médica en general es la de observar la homeopatía. Pero, como seguramente pronto ocurrirá, cuando se reconozca y aprecie en general que toda la investigación moderna en manos de los alópatas está demostrando y orientándose hacia las leyes de Hahnemann, entonces la homeopatía será reconocida como la ciencia maravillosa que es.

Que todos los miembros de vuestra Sociedad puedan sentirse orgullosos de estar entre los pioneros; sentirse seguros que no se desviarán ni un ápice de las leyes fundamentales de su gran fundador. Porque la ciencia les está probando en detalle el remedio semejante, la dosis única, el peligro de la repetición apresurada.

Habrá una lucha entre la homeopatía antigua y la nueva; veamos que la antigua reciba su parte del crédito, que su estandarte sea mantenido en alto y, fieles a sus enseñanzas, la nueva sea sumergida en el flujo de la ciencia que simplemente es el resultado del trabajo de Hahnemann.


Nota aclaratoria

ACERCA DEL PSORA

Dr. Franco Rossomando

Las supresiones físicas y las represiones psíquicas dan como resultado un estado de intoxicación psicofísica que se manifiesta en los siguientes síntomas que hemos ordenado, para su descripción, en dos grandes grupos: físicos y psíquicos.

a) Físicos. En general muchos trastornos dermatológicos: herpes, erupciones, sarpullidos, prurito, eczema, hongos, etc.

Al nacer traemos, por herencia, un potencial defensivo, que se traduce como hiperreactividad. Cada cambio dinámico crónico de los ancestros se va acumulando y se trasmite a los descendientes. Ese temple hiperreactivo-defensivo es similar a un estado de alarma, irritación o excitación de la energía vital, que no se manifiesta de por sí sino a través de los estímulos del medio. Al estado larvado y silencioso de hiperreactividad Hahnemann lo llama psora latente; su curso progresa en silencio y pueden pasar varios años antes de que se manifieste como signo evidente. Dentro de los factores de más peso que afectan a la psora encontramos los psíquicos, los cambios climáticos, la alimentación inadecuada, las vacunaciones. Éstos y otros factores excitan el tono vital de una manera que en sólo un momento aparece como síntoma.

De modo resumido podemos decir que el miasma psórico es funcional y su modo de expresión es a través de las vías de eliminación fisiológica normales. Sus síntomas son, entonces, funcionales y de naturaleza exonerativa, es decir, tienden a descargarse en la superficie, siguiendo la trayectoria de la energía vital.

Todas las enfermedades latentes, que aparecen cuando hay trasgresiones, son de naturaleza psórica. Por ejemplo, un trastorno hepático que se desencadena luego de una comida pesada. También es psórica aquella persona que se enoja y se le pasa enseguida o el asmático que se agrava con el frío. Del mismo modo son de naturaleza psórica las alergias estacionales, alimenticias, etcétera.

La fuerza hiperexitada del psora se agrava ante cualquier estímulo externo: sol, calor, día, movimiento. Los cinco sentidos se encuentran hipersensibilizados, hay mayor desgaste metabólico, por lo que el organismo debe aumentar sus necesidades fisiológicas y metabólicas: comer más. Más alimentos de más calorías como dulces, grasas, manteca, fritos o condimentos.

El mayor metabolismo genera calor, éste evapora la humedad y produce sequedad. De este modo la piel se seca y pierde calor rápidamente, representando la causa del prurito.

Las eliminaciones tienden a mejorar al paciente: transpiración, diarreas, vómitos, llanto, flujo menstrual. En cambio, el proceso previo genera aumento de síntomas.

b) Psíquicos. Hipersensibilidad general, a los estímulos físicos, auditivos, visuales, táctiles, olfativos, afectivos, etcétera.

Incertidumbre respecto al futuro, de la propia salud, de los afectos de los demás con respecto a sí mismo, inestabilidad emocional y duda acerca de salud, dinero y amor, responsabilidades futuras, situaciones desconocidas. El problema del paciente psórico es tratar de adaptarse excesivamente al mundo que lo rodea.

Se desalienta fácilmente frente a las dificultades. Existe en estos pacientes una necesidad de hacer las cosas en forma apurada, con ansiedad. Su sensación permanente es la de que el tiempo pasa rápidamente. Las empresas a largo plazo o las de envergadura generan dudas acerca de la propia capacidad para llevarlas a cabo con éxito.

Otros síntomas psóricos en la esfera psíquica son: anticipación permanente del futuro, miedos de causa conocida, aprensiones, temor por los demás, de ser observado, timidez, falta de una clara orientación en la vida, duda vocacional, falta de arraigo, insatisfacción consigo mismo, necesidad de cambios continuos, trastornos de atención, concentración y memoria debidos a la ansiedad y al rápido flujo de pensamientos.

La inestabilidad emocional genera en estos pacientes una necesidad de cambiar constantemente de situaciones en todas las esferas de su vida, ya que la estabilidad y la permanencia produce en ellos una sensación de agobio y rutina. Estas conductas tienen sus raíces en la naturaleza fóbica de su estructura psicológica, de tal modo que todo lo que sea rutinario equivale a una circunstancia de encierro de la cual desean salir de modo presuroso a fin de evitar el sentimiento de ansiedad y angustia que esto les genera.

Es interesante agregar a este comentario del doctor Rossomando uno del doctor Leon Vannier, contemporáneo de Bach: “La psora de Hahnemann, lepra bíblica o carcoma medieval, representa un legado toxímico perpetuado por generaciones, que se continúa por la formación de familias, aumentando en unas y disminuyendo en otras por la acción agregada de sangres a la vez antagónicas y simpáticas, armónicas y contrarias. La psora es la marca profunda de la herencia, la que no evidencia, aquella cuya señal aparente no lleva el ser vivo, pero que aparece por intermitencias en el curso de una vida, en la forma de exudaciones o alternancias morbosas”.

3 Se refiere a la Sociedad Homeopática de Londres, que lo había aceptado como miembro. (Nota de los comps.)

4 Aquí Bach alude a tres pilares de la medicina homeopática: la ley de lo semejante, la potenciación de los remedios y el concepto de dosis que en notas a pie de página, más adelante, se explican. (Nota de los comps.)

5 El Organon de la Medicina Racional fue el libro de Hahnemann publicado por primera vez en el año 1810, que Bach leyó a su ingreso en el Hospital Homeopático de Londres, en su versión inglesa traducida y comentada por el doctor William Boericke, un entusiasta homeópata que también trabajaba con las sales de W. H. Schüssler, tema sobre el cual escribió Los doce remedios de los tejidos (1902). (Nota de los comps.)

6 En esta categoría pueden incluirse ciertos remedios que están preparados con productos patológicos como la tuberculina de Koch (T.K., Medorrhinum, (producto patológico de la gonorrea), Carcinosinum (del tumor canceroso), Siphyilinum (de la sífilis), Influenzinum (de la gripe). Más abajo Bach los menciona en el rubro de las vacunas. (Nota de los comps.)

7 Hahnemann descubrió que trabajando con la misma sustancia tóxica pero diluida aumentaba su poder. A medida que ejercía una mayor dilución y la sucusionaba, la acción terapéutica aumentaba. De modo que en base a esta experiencia estableció un proceso de preparación de remedios consistente en la realización dos operaciones sucesivas: dilución y dinamización. Este último paso consiste en agitar vigorosamente la dilución para liberar los principios activos de la sustancia en cuestión. A esa agitación vigorosa, tomando el frasco que contiene la sustancia diluida, con el puño cerrado y golpeándolo cien veces –en las diluciones centesimales– contra una superficie dura y elástica (como un libro de tapa dura), lo cual provoca una gran agitación molecular que produce la dinamización, se denomina sucusión). En las farmacias homeopáticas actuales, se sigue utilizando este sistema para preparar remedios homeopáticos hasta la potencia 30c, recién después se comienza a utilizar el dinamizador homeopático para potencias homeopáticas más elevadas (200c, 1000c, 10.000c, 50.000c, etc.). El dinamizador es un aparato mecánico que realiza la dilución en la dosis deseada y la sucusión agitando la sustancia diluida y reproduciendo la misma fuerza del golpe del puño contra una superficie dura y elástica, que es el requisito solicitado por Hahnemann.

Así, por ejemplo, si se quiere preparar un remedio a la 10 centesimal se toma una gota de la tintura y se diluye en 99 gotas de solución alcoholizada y, posteriormente, se lo agita y de ese modo obtenemos la 1ª centesimal. De esta solución se saca una gota y se vuelve a mezclar con otras 99 de solución alcoholizada y se agita y así se obtiene la 2ª centesimal. Esta operación se repite de forma idéntica hasta llegar a la 10ª. Estos principios de preparación de los remedios ya habían sido estudiados por el alquimista Basilio de Valetín que en su libro El carro triunfal del antimonio (1610) en donde se refiere al método de sucusión y dilución. Este maestro escribió varios libros vinculados con temas alquímicos y dada la naturaleza se su enseñanza puede considerarse un antecedente de la técnica de preparación homeopática y floral. (Nota de los comps.)

8 Esto equivale a 8 decimal que es una forma de preparación homeopática distinta de la centesimal con el mismo proceso descrito en la nota 4 pero con una base de 10 en lugar de 100. (Nota de los comps.)

9 Por isopática se entiende la preparación de un autonosode obtenido a partir de sustancias de la enfermedad en curso del propio enfermo. (Nota de los comps.)

10 La ley de lo semejante es un principio clave de la homeopatía pero que puede encontrarse ya en autores como Alcmeon de Crotono, Hipócrates o Paracelso. Como tal, en la homeopatía se plantea como ley general la curación por lo semejante mediante el uso de “un medicamento capaz de producir por sí mismo una afección semejante a la que se pretende curar” (Hahnemann). Años más tarde, Bach critica este principio por insuficiente, especialmente en su conferencia “Ustedes causan su propio sufrimiento”, en febrero de 1931 en Southport, ante un auditorio de médicos homeópatas. Allí expresa textualmente que no es repeliendo un error con otro error, sino reemplazando el error por lo correcto; lo bueno reemplazando lo malo, la luz reenlazando la oscuridad. Otro texto donde Bach avanza sobre la necesidad de superar el principio de curación por lo semejante es “Algunas consideraciones fundamentales sobre la enfermedad y la curación” (1930). (Nota de los comps.)

11 Bach se refiere a la reacción a una dosis en función de la susceptibilidad y la disposición del organismo. El primer concepto alude a la capacidad de las personas de recibir modificaciones o impresiones en su energía vital a causa de agentes externos, y el segundo a la forma singular e individual de ser afectado que cada quien tiene en función de una particular predisposición. Por otra parte, por reacción debe entenderse la puesta en marcha de los mecanismos de curación del organismo que siempre se acompaña de bienestar general. (Nota de los comps.)

12 Es interesante notar que Bach, en ese momento, ya está pensando los diagnósticos relacionando tipo de bacterias con conductas, es decir, que está suponiendo lo que afirmará más tarde: que se puede descubrir la naturaleza de la enfermedad de una persona observando sus manifestaciones. Y lo va remitir a la cuestión de la signatura y a establecer conexiones entre las marcas identificatorias de las personas y las de las plantas. En este terreno la influencia de Goethe es importante. (Nota de los comps.)

13 En homeopatía se entiende por agravamiento la exaltación de los síntomas que sufre el paciente, provocada por varias causas, tales como el grado de homeopaticidad con el remedio semejante, la homeopaticidad parcial de un remedio similar, grado de lesionalidad del organismo, dinamización incorrecta, dosis incorrecta o repetición incorrecta. (Nota de los comps.)

14 Con este concepto entramos de lleno en la cuestión de la predisposición miasmática, tema muy caro al pensamiento de Hahnemann. Para aclarar este punto puede consultarse al final de este artículo la nota aclaratoria del doctor Franco Rossomando. (Nota de los comps.)

1924 La toxemia intestinal y su relación con el cáncer

CONTEXTO Y COMENTARIOS

En 1922 Bach renuncia a su cargo en el Hospital Homeopático de Londres. Las causas fueron varias, pero el motivo central fue que el volumen de trabajo en ese lugar era tan alto que no le dejaba tiempo para sus propias investigaciones, ya que además atendía su consultorio en Harley Street y mantenía un despacho en Nottingham Place donde recibía pacientes de escasos recursos sin percibir honorarios. Por ese entonces tenía 36 años y muchos colegas habían comenzado a llamarlo el segundo Hahnemann, por sus aportes a la ciencia homeopática. Este cambio lo llevó a instalar un laboratorio en Park Crescent, Portland Place, donde preparaba personalmente sus vacunas, enseñaba a médicos extranjeros que querían aprender sus métodos terapéuticos y daba consultas.

Durante 1923 Bach experimentó con toda una serie de herramientas curativas sin que ninguna lo convenciera especialmente de sus bondades, y paralelamente estudió los efectos de la dieta sobre la salud y la enfermedad. Muy posiblemente en este tema exploró los aportes de la ayurveda. Bach recomendaba comer crudo, frutas, nueces, cereales, vegetales, y consumir mucha agua para ayudar a la limpieza de las toxinas intestinales. Justamente en su trabajo “La toxemia intestinal y su relación con el cáncer” aborda el tema de la combinación de dieta y vacunas como herramientas curativas, aunque está centrado casi totalmente en la sana alimentación. Esta conferencia, que luego apareció publicada en el British Homoeopathic Journal, fue su presentación en el Congreso Homeopático Británico que se realizó en la ciudad de Londres en octubre de 1924.

Uno de los temas abordados en esta disertación es el del terreno necesario para que la enfermedad se manifieste, es decir, la cuestión de la predisposición y el miasma. La enfermedad no tiene una causa cercana o inmediata sino que es un resultado, y va precedida por un cuadro cuyos síntomas varían de acuerdo con el terreno sobre el cual evolucionan. Sobre esta idea volverá en otros trabajos. También es necesario prestar atención a la afirmación de Bach acerca de que “Nuestro objetivo no es curar el cáncer, nuestra meta es prevenirlo”, que se enlaza con una propuesta de medicina natural que se remonta al menos hasta Hipócrates, una idea que relanza en sus escritos florales.

Hemos agregado una nota aclaratoria sobre la la toxemia intestinal, la alimentación y el cáncer, que ilustra, en función de los desarrollos científicos actuales, el valor de los aportes de Bach en este trabajo.


LA TOXEMIA INTESTINAL Y SU RELACIÓN CON EL CÁNCER

Ésta es una ponencia acerca de la toxemia intestinal,15 en su relación con las enfermedades, sin dejar de lado las malignas, y espero que los puntos que voy a exponer no sólo sean de vuestro interés sino merecedores de vuestra consideración.

La toxemia intestinal no es un tema nuevo. Durante los últimos cien años se ha trabajado mucho en ella, tanto médica como quirúrgicamente, en un esfuerzo por contrarrestar sus efectos dañinos. Al volver a los primeros días de nuestra profesión médica hallamos tratamientos y drogas que tenían como objetivo, como único y principal propósito, la limpieza del intestino. Pero a medida que se reconoce la importancia de este estado y se trabaja más en ello, nos vemos más capacitados para comprender los detalles de su naturaleza y las condiciones más exactas que lleva a manifestar sus efectos perjudiciales.

Recién ahora se están empezando a comprender los poderosos efectos y de largo alcance de la toxemia intestinal. Aún debemos comprender sus daños a gran escala en la civilización, los daños más difíciles de entender debido a su naturaleza silenciosa.

La profesión médica todavía debe valorar la segura y constante disminución de la resistencia, la predisposición a la enfermedad y los beneficios cada vez mayores que se logran con su eliminación, en la gran mayoría de los casos.

En principio, la causa de esta anormalidad es esencialmente la dieta, y segundo, la infección que es capaz de producirse sólo debido a la alimentación incorrecta. En esta ponencia intentaré dar a ustedes algunas razones prácticas y científicas, y mostrarles qué importante es el rol que juegan en la mayoría de las enfermedades; y las causas que predisponen al cáncer no son la excepción.

El alimento es el combustible de la máquina humana que provee la necesidad de cada célula diminuta de la más maravillosa de todas las máquinas, el cuerpo humano. Pero, como demostraré, si el combustible es deficiente en cuanto a sus características necesarias, no sólo se convierte en una fuente de energía disminuida, sino que también aumenta las posibilidades de producción de venenos y sustancias dañinas fatales para el perfecto funcionamiento del individuo.

Hemos tenido maniáticos fundamentalistas y teóricos en toda época debatiendo acerca de los diferentes valores de los distintos alimentos, y cualquiera que se desvíe de la costumbre de su sociedad en particular es considerado un excéntrico. Espero relatarles hoy el inicio de la investigación, cuyos posteriores avances demostrarán con precisión la dieta correcta y normal para el ser humano.

No podemos negar que la dieta civilizada es radicalmente incorrecta, y está lejos de todo razonamiento suponer que nuestros actuales métodos de cocción y tratamiento general del alimento son en cierta forma compatibles con las leyes de la naturaleza.

En primer lugar, la toxemia intestinal debe su origen a errores en la dieta, y segundo, a la infección que sólo puede producirse cuando las condiciones del intestino son anormales. Esta condición está presente en la mayoría, sino en todos, los individuos que viven de la dieta que ingerimos. Los síntomas no pueden manifestar su presencia durante meses, años o hasta una edad avanzada porque la enfermedad depende enormemente de la resistencia del individuo a los venenos, aunque en cierta medida a la variedad de los organismos relacionados con la toxemia.

La dieta anormal puede comenzar con el nacimiento, como en el caso de la alimentación artificial, pero más habitualmente al concluir los primeros meses de vida.

Considerado a partir de un natural punto de vista histórico, la especie humana estaba indudablemente destinada a vivir de las frutas y productos de naturaleza vegetal de los trópicos, y posiblemente de la carne de los animales pequeños. Pero si el hombre estaba destinado a ser vegetariano o carnívoro, una cosa es cierta: nuestra actual cocción, almacenamiento y manipulación de los alimentos no fueron considerados en el orden universal de las cosas. Veremos que un contenido anormal en el intestino comienza en nosotros tempranamente y continúa a través de la vida.

Posiblemente, si se diera una dieta normal desde el nacimiento, los organismos anormales en los intestinos no se volverían residentes permanentes, aunque en general se hallan presentes.

Presento esta ponencia por tres razones:

a) Gran cantidad de enfermedades crónicas pueden tratarse con éxito siguiendo este parámetro.

b) El beneficio obtenido se debe a una mejoría general en la salud y no al tratamiento específico.

c) El 25% de los casos de cáncer avanzado definitivamente inoperables, tratados con tales métodos muestran una mejoría temporal y alivio de los síntomas, y por lo general disfrutan de un bienestar por más tiempo. Si el 25% de los casos avanzados de cáncer muestra una mínima señal de beneficio, y es posible pedir más que eso, concluimos que esta línea de pensamiento y de experimento merece continuar con las investigaciones.

A continuación consideraremos estos puntos en forma detallada y daremos una reseña de los resultados.

La deficiencia de la comida natural puede deberse a:

1) ausencia de productos esenciales necesarios para la salud, tales como vitaminas y otros,

2) falta de sustancias esenciales para el contenido bacteriano de los intestinos para asegurar la limpieza, y

3) presencia de sustancias a partir de las cuales, las toxinas pueden formarse fácilmente.

1) La deficiencia de las vitaminas y de las sustancias necesarias para la salud es tan aceptada y ha sido tan probada que no es necesario discutirlas en detalle. Al recordar casos sorprendentes, como el raquitismo y el escorbuto,16 e incluso cuando se haya llevado a cabo mayor investigación, probablemente se mostrará que las deficiencias menores que se extienden por un largo período tienen un serio efecto en el metabolismo general.

2) Para mantener los intestinos limpios se necesitan ciertos organismos que sólo pueden existir cuando se administra el alimento adecuado. Las bacterias de limpieza del intestino son los bacilos del ácido láctico,17 porque en la medida en que son producidos previenen la putrefacción y producen excretas comparativamente estériles y saludables. Para este proceso el almidón es esencial, porque es necesario tener azúcares, o azúcares y almidón, en el intestino ciego (cecal), para llevar a cabo este proceso.

La dieta promedio contiene una deficiencia de almidón. A mayor cocción más se reduce la pequeña cantidad presente hasta hacerse inútil, causando rupturas en la cápsula de celulosa y una hidrólisis18 parcial de los carbohidratos, de manera que el intestino ciego carece totalmente de azúcar, a partir de la cual puede ser drenada la reacción ácida.

3) Hay un exceso de proteína de carne a partir de la cual pueden producirse muy fácilmente venenos de naturaleza tóxica.

La comparación de las heces entre los que viven con una dieta promedio y los que consumen una gran cantidad de alimentos crudos ha sido muy interesante y sorprendente. El color promedio es marrón oscuro, cuando debería ser marrón claro. El aroma promedio es el que se describe como fecal, y no debería de existir olor, como mucho un leve aroma a leche agria. La reacción promedio según la describen los libros de texto es alcalina, mientras que debería ser fuertemente ácida al tornasol.

Químicamente están ausentes la mayoría de los cuerpos putrefactos, como el escatol y el indol, y finalmente, el contenido bacteriano difiere enormemente en ambos.19 Los especímenes comunes se componen en la mayoría de los casos de los colibacilos, estreptococos, bacilos portadores de esporas y bacterias anormales, las que describiré más adelante, mientras que los únicos organismos hallados en deposiciones saludables son el ácido láctico y los colibacilos.20

Sería suficiente este gran contraste para convencer a cualquiera sobre las ventajas que brinda una dieta adecuada y el beneficio que representa para el individuo la ausencia de todo el material habitual en descomposición. Sin embargo, hay algo más, porque en los intestinos sanos que he descrito no es fácil la presencia de bacterias anormales, las que no pueden producir toxinas con facilidad. Por el contrario, el medio alcalino, como se entiende desde hace muchos años en la totalidad de los laboratorios, es un excelente caldo de cultivo para la mayoría de las bacterias patógenas, y en el que sólo ellas son capaces de producir toxinas.21

Además, el organismo natural limpiador del intestino, los bacilos del ácido láctico, prácticamente se extinguen cuando el contenido del cecal es alcalino.

Consideremos ahora las bacterias anormales, responsables en general de la toxemia. Dichos organismos se hallan casi universalmente en la civilización. Son los bacilos del tipo gramnegativo que no fermentan la lactosa. Hemos descrito en detalle una extensa variedad de ellos, pero el número de las diferentes formas es tan grande que es imposible clasificarlos todos; por el momento es suficiente agruparlos. No son patógenos en el sentido vulgar de la palabra, en cuanto no producen la enfermedad, aunque pueden ocasionalmente ser causantes de las condiciones locales de los intestinos. No obstante, el peligro reside en su acción continuada y prolongada, y las toxinas que se producen lentamente a través de la vida gradual e insidiosamente disminuyen la vitalidad del individuo y aumentan la susceptibilidad tanto a enfermedades agudas como crónicas. Según la virulencia de la toxemia, e igualmente importante según la resistencia del huésped, será el número de años necesarios antes de que se manifiesten los síntomas. En la mayoría de los casos el ser humano se infecta a edad temprana, y es tan común hallar tales organismos –no sólo en el adulto sino también en los niños– que podrían ser considerados, como en algunos laboratorios, habitantes más o menos normales, si no fuera por los sorprendentes resultados obtenidos en el tratamiento de la enfermedad crónica con su eliminación.

Una vez que han logrado entrar en el cuerpo, parecen vivir en la región de la vesícula biliar y de los conductos biliares, y los estadounidenses han demostrado esto ampliamente al obtenerlas en un alto porcentaje de casos pasando una sonda a través de la boca y el estómago hacia el duodeno.

El tratamiento para eliminar la toxemia intestinal se basa en dos puntos: por un lado, la dieta debería evitar el mayor contenido de material productor de toxinas posible y ser lo más adecuada para el desarrollo de la bacteria limpiadora y la inhibición de organismos anormales; por otro, eliminar del paciente las bacterias que desarrollan toxinas. La dieta consiste en suprimir todas las formas de carne cocida, lo que produce fácilmente los venenos, y mantener al paciente casi exclusivamente a base de una dieta de verduras, frutas frescas, frutas secas y cereales.

Esta simple práctica reduce enormemente la cantidad de toxinas producidas en los intestinos. Si se continúa por un período largo, se tiende a eliminar las bacterias patógenas; desafortunadamente, en la mayoría de los casos este proceso requiere de muchos años para completarse, porque las toxinas parecen afirmarse probablemente en la vesícula biliar y en los conductos biliares, exactamente de la misma forma que sucede con los portadores tifoideos, como se ha comprobado en muchas oportunidades.

Por lo tanto, la eliminación de dichos organismos no es fácil. Los antisépticos intestinales han permitido resultados beneficiosos durante un tiempo, aunque no en forma permanente.

La dieta correcta, como lo he explicado, es un proceso muy largo. La terapia de vacunas parece dar mejores resultados. Para este fin, las vacunas deben darse con mucha precaución, debido a que han tenido un profundo efecto en el sistema, y a menos que se den de una manera científica pueden hacer daño.

Después de la dosis –la mínima posible para que dé resultado– todos los síntomas deberían agravarse; en condiciones ideales durarán uno o dos días, pero en casos más severos pueden extenderse a un mes.

Luego comenzaría la mejora y a medida que se prolongue y se produzca el restablecimiento, incluso si fuera por un año, no debería administrarse ninguna dosis posterior. Siguiendo este método, incluso en casos severos de enfermedad crónica, es extraordinario cómo unas pocas dosis pueden lograr una curación.

Les he presentado en líneas generales las condiciones de un intestino tóxico. La diferencia entre las excretas promedio y las heces sanas y limpias de la dieta natural, sin putrefacción ni olor, obviamente debe tener una gran influencia en el individuo. Además, la flora que se observe deberá ser completamente diferente y convincente. Pero para poder apreciar la importancia de la eliminación de la condición tóxica es necesario, como lo hemos hecho en los últimos años, observar muchos casos tratados de esta forma y los sorprendentes resultados obtenidos con ello.

Esta condición no es el real desencadenante de la enfermedad, sino que su acción insidiosa, extendida por meses o años, disminuye la vitalidad y resistencia del individuo, permitiendo la posibilidad de infección debido a la presencia de la verdadera causa provocadora. Eliminar esta condición permite al cuerpo luchar en forma más eficaz y sorprendente, incluso en casos de enfermedad avanzada. El bacilo de la tuberculosis es aceptado en general como causa de la tisis, sin embargo, el descubrimiento de ese germen ha ayudado poco en la lucha contra la enfermedad, excepto en la protección contra la infección.

No podemos considerar al bacilo de la tuberculosis peligroso por sí solo, salvo en condiciones de vitalidad disminuida, y en la mayoría de los casos de tisis se ha obtenido un gran beneficio, incluso después que la enfermedad está bien establecida, por medio de la eliminación de la toxemia subyacente.22 De igual manera, esto se aplica a una gran cantidad de enfermedades crónicas. El tratamiento general mejora el estado del paciente y el individuo entonces se cura de la condición local. Uno de los métodos más seguros de aumentar la resistencia y de provocar una mejoría general es limpiando los intestinos y aliviando el cuerpo de los venenos tan comunes en ella.

Les interesará saber que a partir de los experimentos desarrollados, muchos de los remedios con una acción más profunda tienen un buen efecto sobre las bacterias anormales a las que me referí, demostrando que dan un resultado similar al de una inyección de vacuna.

Se ha podido comprobar ampliamente el beneficio que esto representa para la enfermedad crónica, y a lo largo de los años muchos médicos lo han observado y puesto en práctica, como para que no queden dudas sobre ello.

Seguidamente hablaremos de la enfermedad maligna.

Existe una tendencia en todos los laboratorios del mundo a sospechar cada vez más de la dieta como una causa que predispone al cáncer. Se han probado muchas y variadas modificaciones en la comida, en algunos casos con resultados claramente favorables. Mi propia experiencia durante los últimos ocho años, en los casos que he tenido la oportunidad de aplicar el tratamiento, sin llegar a manifestarse una simple cura, un 25% de los casos avanzados, y mayoritariamente muy avanzados, recibieron un beneficio temporal y definitivo.

Nuestro objetivo no es curar el cáncer, nuestra meta es prevenirlo.23 Y si la eliminación de la toxemia intestinal puede mejorar incluso los casos más avanzados, ¿cuánto más podría prevenir su ausencia a través de la vida la aparición de esta temible enfermedad? La mayoría de los casos tratados han estado en sus últimas etapas, y también en muchos ha sido imposible llevar a cabo una dieta por razones económicas cuando se relacionaban con instituciones. Por lo tanto, si uno considerara el porcentaje de beneficio, solamente en los casos privados sería mucho mayor.

Daré algunos ejemplos de los mejores resultados obtenidos, nada milagroso, pero deben recordar que todos son casos terminales, y que la consistencia de los resultados ha sido, lejos, la más estable para hacer posible algún tipo de coincidencia.

Caso 1. Señora F. C., edad 37, marzo, 1923. Se le extirparon los senos hace dos años. Condición actual: tumor en ambos pulmones e hígado. Efusión en ambas pleuras. El esternón marcadamente prominente, vómitos continuos, pulsaciones 130, respiraciones 32. Primera dosis, 16 de marzo: marcado beneficio después de veinticuatro horas; la mejoría general continuó durante tres semanas. Segunda dosis, 5 de abril: mejoría más marcada; el paciente puede levantarse. Continúa la mejoría, y después de unas pocas semanas el paciente lleva una vida casi normal. La respiración y el pulso llegan a ser normales y el fluido disminuye. Ningún aumento en el tamaño del tumor. Tercera dosis, 15 de junio: firme mejoría durante junio, julio, agosto y septiembre. La paciente estuvo moderadamente bien hasta mediados de diciembre; enfermó repentinamente el 27 de diciembre y murió el 28.

Caso 2. Señor J. B., edad 63, abogado. Carcinoma en la vesícula biliar e hígado. Diciembre de 1919, paciente con mucho dolor y angustia. Gran tamaño del hígado. Se necesita morfina para el dolor. Primera dosis: diciembre. Alivio del dolor dentro de las cuarenta y ocho horas. Mejoría general que continuó durante las siguientes tres semanas. Luego de un mes el paciente se levantó, se recuperó y reanudó sus actividades que continuó hasta julio. Durante ese tiempo el tumor disminuyó levemente en tamaño, pero el dolor y la angustia desaparecieron por completo. Se administraron dos dosis. En agosto el paciente enfermó repentinamente de una aparente falla cardíaca, y murió en tres semanas.

Caso 3. Señor W. S., edad 72. Carcinoma en la lengua. La lengua había sido extirpada y tenía un extenso crecimiento en la base de la boca y de las glándulas del cuello. Dolor considerable y frecuentes hemorragias pequeñas de la boca. Primera dosis: 7 de noviembre. El dolor y las hemorragias cesan veinticuatro horas después de la dosis. El tumor se vuelve más definido. Se aplicaron otras dosis el 14 de diciembre, el 29 de enero y el 18 de febrero. No hay más dolor ni hemorragia. El tumor permanece estacionario hasta febrero, cuando comienza a crecer levemente. El paciente muere repentinamente el 1 de marzo.

Caso 4. Señora M. R., edad 66. Carcinoma avanzado del cuello uterino. Hemorragia considerable y dolor. Primera dosis: 25 de octubre. La hemorragia y el dolor cesaron hasta diciembre. Segunda dosis: 9 de diciembre. Mejoró la condición general. Hemorragia leve el 15 de enero. Se suministra la tercera dosis. Mejoría general en ascenso hasta mayo. No se siente muy bien. Cuarta dosis: 5 de junio. La paciente aún vive y está levemente mejor.

Caso 5. Señora E. M., edad 62. Carcinoma avanzado del cuello uterino. Reposo absoluto. Dolor considerable y angustia. Se administran sedantes. Primera dosis: 15 de febrero. Mejoría considerable. Después de una semana la paciente pudo levantarse. Se proporciona la segunda dosis en marzo y la tercera en junio. La condición de la paciente aún es muy buena; ella puede levantarse y ayudar en las tareas de sala del hospital.

Podríamos seguir citando casos similares indefinidamente y ésos son el resultado promedio de los que respondieron bien: dolor disminuido, con frecuencia completamente ausente y una mejoría de todos los síntomas, con una mayor o menor reducción del tumor; el paciente se siente más cómodo y por lo general cuando llega el fin es repentino o después de una breve recaída.

Los puntos fundamentales que deseo precisar son:

1) Que la dieta civilizada es contranatural, deficiente en cuanto a las propiedades necesarias para la salud, y también para asegurar que se pueda mantener los intestinos en estado limpio.

2) Que las condiciones que se originan en el intestino como resultado de esto permiten una flora anormal, la ausencia de organismos purificadores y la presencia de bacterias productoras de toxinas, con el resultado de que las heces son molestas y peligrosas.

3) Que la eliminación de esta condición, y limpieza del intestino, causa la mejoría más notable en la salud general, y habitualmente también en la mayoría de las enfermedades crónicas, sin ningún tratamiento específico.

4) Y finalmente, a partir del trabajo realizado, parece haber esperanza de que este remedio tan simple pudiera disminuir la incidencia de la enfermedad maligna, e incluso ser útil, cuando esté más cuidadosamente desarrollado, en el tratamiento de la enfermedad cuando se ha establecido.

El envenenamiento intestinal ya no es la aparición indefinida del pasado, cuando se suponía que la estasis24 era la causa principal. Ahora conocemos la dieta necesaria para eliminar los alimentos a partir de los cuales las toxinas se forman más fácilmente, y las bacterias involucradas en su producción.

La toxemia no depende tanto de la estasis como del contenido del intestino; si no hay venenos, incluso cuando existe la estasis, no puede haber absorción natural; pero si las heces son fétidas, sin importar cuán rápidamente pasen habrá una cierta absorción en el torrente sanguíneo.

En general, cuando la condición del contenido intestinal se vuelve limpia, existe tal mejoría en el tono muscular y en la salud en general, que cesa el estreñimiento.


Nota aclaratoria

TOXEMIA INTESTINAL Y ALIMENTACIÓN

Durante las últimas décadas se han realizado numerosas investigaciones en el área de la nutrición que confirman apreciaciones sostenidas por especialistas de la medicina natural durante siglos, enseñanzas que Bach retoma en el trabajo precedente y propone como parte de una terapéutica preventiva y curativa.

En qué medida las enseñanzas de Rudolf Steiner sobre este tópico pudieron haber influido sobre Bach es materia de discusión, pero vale la pena recordar la concordancia de perspectivas. Sin embargo, tal como hemos apuntado al inicio de esta nota, se trata de una concepción sobre la alimentación correcta que posee una extensa tradición.

Así, por ejemplo, los esenios –comunidad que vivió desde unos 300 años antes de cristo en los alrededores del Mar Muerto– tenían conocimientos de agricultura, suelos y clima y daban mucha importancia al uso de alimentos crudos. En uno de los manuscritos del Mar Muerto, encontrados en 1947, se lee lo siguiente: “Pero yo os digo, no matéis ni a los hombres, ni a los animales, ni la comida que va a vuestra boca. Ya que si vosotros os nutrís con alimentos vivos, éstos os vivificarán, pero si matáis vuestro alimento, el alimento muerto os matará. Pues si la vida viene solamente de lo vivo y de lo muerto sale siempre sólo muerte… vivid solamente del fuego de la vida, y no preparéis vuestros alimentos con el fuego de la muerte que mata vuestros alimentos, vuestros cuerpos y vuestra alma. Y vuestros cuerpos se convierten en lo que coméis, así como vuestra alma en lo que pensáis. Por ello no comáis todo lo que el fuego, el hielo y agua haya destruido, porque la comida quemada, helada o descompuesta quemará, helará y descompondrá también vuestro cuerpo”.

La tradición de los esenios fue recogida por san Jerónimo quien, en el año 385, dirigió en Jerusalén un monasterio basado en los principios esenios. La enseñanza de san Jerónimo inspiró e influyó en san Benito, quien fundó numerosos monasterios. Basta con leer la regla que estableció para la vida monástica para comprender la permanencia del mensaje esenio, que luego continuará con san Francisco de Asís y que llega a Bach de la mano de varios pensadores previos y contemporáneos a él.

De manera independiente a esta historia, ¿qué ocurre cuando se cocinan los alimentos ¿Qué le sucede al cuerpo si se come comida cocida? ¿Qué relación hay entre este hecho y la toxemia intestinal? ¿Qué vinculación existe con este tipo alimentación y el cáncer?

El pasaje de lo crudo a lo cocido, como lo señala Claude Lévi-Strauss, señala en el hombre el paso de la naturaleza a la cultura, que con todos los beneficios que esto representa no por eso deja de lado las condiciones que impone, contrarias a las tendencias naturales de satisfacción del ser humano y de su organismo, con el fin de alcanzar esta meta evolutiva.

1. Qué produce la cocción de los alimentos

Al cocinar un alimento suceden muchas cosas importantes en su estructura; lo primero es que disminuye o desaparece su fuerza vital. De esta manera el alimento vivo se transforma en algo inerte y en lugar de comer vida se come algo carente de energía. Pero, por otra parte, la estructura bioquímica y la composición nutricional del alimento se modifican significativamente. Las moléculas se deforman y degradan, y el alimento se arruina de diversos modos. Así, por ejemplo, cuando se cuecen los vegetales la fibra se convierte en un ingrediente suave y pasivo, que pierde su carácter de cepillado y su calidad de limpieza magnética en el intestino.

Por otra parte, los nutrientes –vitaminas, minerales, aminoácidos, oligoelementos– se dañan, alteran y desaparecen en diverso grado de acuerdo con la temperatura, el método y el tiempo de cocción usados. De este modo el 50% de las proteínas se cuajan, y una parte importante pierde su valor nutricional. Las altas temperaturas también crean una alteración estructural en las proteínas y estas proteínas modificadas participan en la generación de ciertos problemas de salud, así como en la aceleración del proceso de envejecimiento. La interrelación de los nutrientes propios de cada alimento se altera con respecto a su composición natural sinérgica. En la carne, por ejemplo, la cocción destruye más vitamina B6 que metionina y facilita la acumulación de homocistina, que es aterogénica, e inicia la formación de radicales libres, fomentando los problemas cardíacos en las personas.

En otro orden, la cocción disminuye el contenido de agua del alimento; la estructura natural del agua también se altera, se crean sustancias tóxicas y “productos secundarios”, y cuanto mayor es la temperatura de cocción, más toxinas se generan. Freír y asar produce muchas toxinas; cocinar grasas, y especialmente proteínas, da lugar a la formación de diversas sustancias cancerígenas y mutagénicas, y multitud de radicales libres.

2. Toxemia intestinal y cáncer

Otros efectos de la cocción se suman a los anteriores, relacionados directamente con la gestación de la toxemia intestinal.

El calor produce un movimiento de las moléculas que colisionan, y las repetidas colisiones dan lugar a la creación de uniones divalentes y nuevas moléculas. En una papa asada, existen unas 450 sustancias secundarias de todo tipo. Se origina entonces material de desecho nuevo, que el organismo no sabe o no puede procesar, con un efecto de obstrucción acumulativo en el cuerpo y que resulta una carga para sus procesos eliminativos.

Hay que recordar que todas las enzimas presentes en el alimento crudo se destruyen a bajas temperaturas (a partir de los 40ºC) y que estas enzimas alimentarias son necesarias para alcanzar una adecuada digestión, ya que colaboran de modo natural en la digestión y se vuelven activas tan pronto comienza la ingesta. La consecuencia de todo este proceso es que comer alimentos sin enzimas obliga a un trabajo adicional del páncreas y de otros órganos. Con el tiempo, este requerimiento produce un agotamiento en los órganos.

En resumen, la digestión de alimentos cocidos roba valiosas enzimas metabólicas necesarias para digerirlos, y consume mucha más energía que digerir alimentos crudos. En general, los alimentos crudos se digieren tanto más fácilmente que pasan por el tracto digestivo en la mitad o hasta un tercio del tiempo requerido por los alimentos cocidos.

Luego de ingerir comida cocida, células blancas van hacia el tracto digestivo dejando al resto del cuerpo más vulnerable por la baja de las fuerzas defensivas. Desde el punto de vista del sistema inmunológico, comer comidas cocidas implica para el cuerpo una invasión de sustancias extrañas y ajenas (tóxicas). Al mismo tiempo se acumulan corpúsculos blancos en la sangre y un cambio en las proporciones relativas de las diferentes células de la sangre (leucocitosis digestiva).

En relación al trabajo de Bach, la población natural de flora intestinal benéfica resulta dominada por bacterias putrefactivas, lo que provoca una disfunción colónica, facilitando la absorción de toxinas desde el intestino. A esto se lo llama disbacteria, disbiosis o toxemia intestinal (toxicosis).

Desde el punto de vista de los efectos de este fenómeno se puede señalar que:

1) se crea una acumulación de placa mucoide en los intestinos (capa gruesa de una sustancia parecida al alquitrán, resultado de mucho tiempo de alimentos cocidos no digeridos, no eliminados, que se pudren en los intestinos. Los almidones y las grasas cocidas en particular son los principales culpables de la constipación y la congestión y bloqueo de los intestinos);

2) esto conduce a una acumulación general de toxinas y material de desecho en muchas partes del cuerpo, incluyendo el interior de células individuales. Algunos de estos desechos y desperdicios, las lipofuseínas, se acumulan en la piel y en el sistema nervioso, incluido el cerebro;

3) se produce una malnutrición celular porque los alimentos cocidos tienen menos nutrientes, además de tener sustancias tóxicas y de desecho, y las células individuales no reciben suficientes nutrientes;

4) se genera cierta tendencia a la obesidad. Como las células no reciben suficientes nutrientes están siempre hambrientas y por lo tanto demandan más comida. Es menos probable que los alimentos cocidos se metabolicen adecuadamente, lo que también colabora en el exceso de peso;

5) de tanto en tanto el cuerpo experimenta crisis de eliminación (también llamadas purificaciones o crisis de curación) cuando las toxinas se liberan a través de la piel o son enviadas al torrente sanguíneo para ser eliminadas por el hígado, los riñones y otros órganos. Los síntomas pueden incluir dolores de cabeza, fiebre, náuseas, vómitos, resfríos, bronquitis, sinusitis, neumonía, diarrea, etc.;

6) el cuerpo puede llegar a estar tan tóxico que todo tipo de partículas causan crisis de desintoxicación, las “alergias”;

7) el sistema inmunitario, al tener que ocuparse de invasiones masivas diarias de toxinas y sustancias secundarias tóxicas, eventualmente resulta sobrepasado y debilitado. Esto es un factor principal del proceso de envejecimiento;

8) parte del material de desecho se acumula en las arterias y las bloquea, lo que lleva a alta presión arterial, arterioesclerosis, accidentes cerebrovasculares, etc.;

9) los desechos, toxinas y sustancias mutagénicas y cancerígenas que se acumulan dentro de las células, y el ataque diario de excesivas cantidades de radicales libres pueden provocar que algunas células se vuelvan cancerosas;

10) en general, el proceso de envejecimiento natural se acelera con los alimentos cocidos. Las personas que cambian a una dieta de alimentos crudos con frecuencia se vuelven biológica y visiblemente más jóvenes.

La medicina natural conoce y utiliza la higiene intestinal desde siempre. En la Antigüedad se recomendaban enemas con ese fin. La diferencia con la hidroterapia de colon es que ésta tiene una acción que alcanza a limpiar la totalidad del intestino grueso, lo cual no puede lograrse con la enema clásica. Por otra parte, la hidroterapia de colon se recomienda como medida preventiva para gran cantidad de enfermedades que comienzan a gestarse en esta zona corporal y está especialmente indicada como prevención del cáncer de colon.

No puede aseverarse que todas estas ideas eran conocidas por Bach, pero sí que él tenía una percepción muy clara de la acción negativa sobre el organismo humano que provoca el modo usual de alimentación de nuestra civilización, y cómo participa en la gestación de la enfermedad crónica. Al respecto, expresaba: “La eliminación de esta condición permite al cuerpo luchar en forma más eficiente y sorprendente incluso en casos de enfermedad avanzada”. Lo que al parecer aún no está totalmente en la conciencia de Bach es la vinculación existente entre la toxemia y las emociones, si bien ya había habido formulado algunas observaciones al respecto. El tema de la alimentación permanece como un pilar de la estrategia terapéutica de Bach hasta el final de sus días, si bien a partir de 1928, al menos, ya comienza a considerar que así como existe una toxemia intestinal hay una toxicidad emocional que se encuentra en la raíz de la enfermedad.

15 Estado morboso producido por la presencia de toxinas, fruto inicial en este caso de una alimentación equivocada, que da lugar al crecimiento de bacterias patológicas en el intestino. Véase nota aclaratoria a continuación del texto de Bach. (Nota de los comps.)

16 El raquitismo es una enfermedad ósea metabólica sufrida en la infancia y causada por deficiencia de vitamina D. La misma afección en los adultos se llama osteomalacia. El escorbuto es el déficit de vitamina C (ácido ascórbico). Con mayor investigación probablemente se mostrará que las deficiencias menores que se extienden por un largo período tienen un serio efecto metabólico general. (Nota de los comps.)

17 Los bacilos son bacterias en forma de bastoncillos. El ácido láctico es un compuesto monobásico del cual se conocen tres formas: sarcoláctico, que se encuentra en los músculos; levoláctico, generado por fermentación de la glucosa, la lactosa y otros azúcares a causa de la acción del micrococcus freudenreichii, y etiledenláctico, que se halla en la leche agria, el estómago y en ciertos alimentos fermentados. Los bacilos del ácido láctico o lactobacillus son un género de bacterias baciliformes grampositivas que producen ácido láctico, sustancia que da lugar a la formación de otros productos de fermentación y que previenen la putrefacción intestinal. (Nota de los comps.)

18 Descomposición por acción del agua. (Nota de los comps.)

19 El escatol es una amina (componente del grupo de compuestos químicos formados a partir del amoníaco, por reemplazo de uno o más átomos de hidrógenos con radicales orgánicos) cristalina de las heces humanas producidas por la descomposición de las proteínas en el intestino y por descarboxilación (remoción del grupo carboxilo de una molécula) del aminoácido triptófano (aminoácido esencial de la nutrición, existente en las proteínas, de los cuales se libera por digestión tríptica). Por su parte, el indol es un compuesto que se obtiene del índigo, del metabolismo del triptófano, de cultivos bacterianos, en especial de los espirilos del cólera. Se encuentra en grandes cantidades en la orina y en el intestino cuando existe obstrucción intestinal. (Nota de los comps.)

20 Colibacilos o escherichia coli. (Nota de los comps.)

21 La acidez y la alcalinidad son valores relativos que se miden en término de pH (potencial hidrogénico) utilizando una escala que va del = (máxima acidez) a 14 (máxima alcalinidad), siendo 7 el valor pH neutro. El pH normal de la sangre en un ser humano es de 7,356, es decir, levemente alcalino. La alcalinidad de la sangre es una condición necesaria para que la hemoglobina pueda captar oxígeno y trasportarlo a las células. Por el contrario, la acidificación de la misma dificulta o impide este mecanismo. A la inversa de lo que ocurre en la sangre, tal como lo señala Bach, la materia fecal posee un pH más ácido a fin de evitar la proliferación de bacterias gramnegativas responsables de la toxemia intestinal por él señalada. (Nota de los comps.)

22 Bach toca aquí un punto que podríamos resumir en el hecho de que la enfermedad no es primaria sino siempre un resultado, que la intoxicación precede a la enfermedad. Sin embargo, en su desarrollo teórico la comprensión de la enfermedad crónica no se limita a la búsqueda de una causa, sino que va advirtiendo que el origen de cualquier malestar es muy lejano y fruto de un tejido de circunstancias mediante las cuales un organismo prepara de un modo lento y progresivo la enfermedad. Un médico homeópata contemporáneo de Bach, L. Vannier, se pregunta si no es posible pensar que a veces, sino a menudo, el individuo hace él mismo su enfermedad, sin intervención microbiana, como consecuencia de una ruptura de su equilibrio después de inquietudes prolongadas o tristeza profunda. Y prosigue: “Toda enfermedad aguda o crónica, es preparada, condicionada por un conjunto de circunstancias dependientes, indudablemente, del ambiente y del medio, pero también, y sobre todo, del individuo mismo, en el cual el orden, el ritmo, el equilibrio, el dinamismo psíquico y el físico se trastornan brusca o progresivamente. Tal estado de la enfermedad puede conocerse, estudiarse y precisarse. Por supuesto que es posible tratarlo y suspender de modo definitivo su evolución, de ningún modo fatal, con un tratamiento apropiado. Pero es necesario que la mente médica adopte una nueva orientación en sus investigaciones. El laboratorio ha de ser desplazado por la clínica, con la condición de que ésta sea observación y no sólo examen, que se enfoque al estudio de lo real y no al análisis de lo aparente. Las enfermedades no se deben a un agente microbiano, no parece tampoco como resultado de la generación espontánea. Su causa es profunda, y debemos ejercitar nuestra mente para buscarla, entreverla y juzgarla. Crónicas o agudas, las enfermedades son preparadas, y tal preparación es función de dos elementos: gérmenes trasmitidos hereditariamente y el individuo mismo. Recibimos de nuestros padres, mejor dicho de nuestros ancestros, la mumia (Paracelso), miasmas (Hahnemann), toxinas (Pasteur); en suma, substancias indefinidas que siempre serán, para el conocedor del provenir, la incógnita de su ecuación biológica. Muchas de estas ideas son las que, años más tarde, Bach retoma en sus formulaciones, aun antes de llegar al descubrimiento de la Terapia Floral. (Nota de los comps.)

23 El objetivo preventivo en el trabajo médico es central en la concepción de Bach (La prevención es mejor que…), preocupación que se entronca en la mejor tradición hipocrática, la medicina unan, espagiria y homeopática. (Nota de los comps.)

24 Estancamiento de líquidos en cualquier parte del cuerpo. (Nota de los comps.)

1925 Malignidad

En el órgano de prensa de la Sociedad Homeopática Británica se publica un comentario sobre un libro que el doctor Bach escribiera en coautoría con el doctor C. E. Wheeler. Más adelante, en este mismo volumen, se encuentra una conferencia de Bach sobre el mismo tema, que resume la propuesta de la obra. Pero la siguiente reseña da una imagen de la valoración que el libro tuvo en su momento.

Reseña

LA ENFERMEDAD CRÓNICA, UNA HIPÓTESIS DE TRABAJO. Por E. Bach, M.B., D.P.H. y C. E. Wheeler, M.D., B.S., B.Sc. Londres, H. K. Lewis & Co., Ltd. 192525

En nuestra opinión, es el libro más importante publicado acerca de la escuela homeopática durante muchos años. Es el resultado de diez años de trabajo de investigación de los autores, los cuales, al colaborar en los campos patológico y clínico, proporcionan un ejemplo sorprendente de la fecundidad de dicha cooperación. Su trabajo mejora la visión de la enfermedad crónica que está teniendo una amplia aceptación, es decir que su causa debe buscarse en un envenenamiento sistémico desde algún foco de invasión bacteriana y que en una gran mayoría de casos se encuentra situado en el tracto digestivo.

También respalda otra opinión que está ganando terreno: que el motivo de la implicación del tracto intestinal en un número tan elevado de casos debe buscarse en la naturaleza de la comida que ingerimos normalmente, lo cual conduce a un estado alcalino del contenido de los intestinos, y de ese modo favorece la multiplicación de organismos patógenos cuyos venenos pasan al sistema a través de una permeabilidad más o menos aumentada de la pared intestinal. Estas opiniones hacen que estén de acuerdo con los reformadores de la alimentación partidarios de una dieta a base de frutas, verduras, frutos secos y productos lácteos, que al favorecer la acción de los bacilos acidolácticos, inducen un estado ácido del contenido intestinal que es adverso para el crecimiento de organismos patógenos.

Los organismos patógenos que los autores han descubierto como una causa potente de la enfermedad crónica son organismos gramnegativos que pertenecen al grupo colitifoideo (excluyendo las variedades tifoide, paratifoide y disentérica) que no es fermentador de lactosa. Este grupo es muy grande e incluye diversas variedades, la mayoría de las cuales han sido descartadas por los bacteriólogos por no considerarlas patógenas; pero los autores han descubierto que poseen gran importancia como causa de la toxemia crónica, aunque puedan producir únicamente síntomas locales insignificantes.

Además, a veces se encuentran miembros de los bacilos del grupo colitifoideo del tipo proteus, especialmente en casos de epilepsia, tartamudeo y “ataques de nervios”.

Dado que cuando un tracto está completamente infectado por organismos patógenos casi nunca, o nunca, se limpia únicamente mediante la dieta y debido a que los antisépticos locales, además de ser posiblemente perjudiciales, son ineficaces porque los bacilos han ganado una fortaleza en la vesícula biliar o en otro lugar, es necesario recurrir a medidas directamente antibacterianas, es decir, a las vacunas. Se proporciona un apéndice sobre la preparación y la administración de las vacunas y se insiste especialmente en la importancia del método de administración correcto. Los autores dicen: “No se obtendrán resultados a menos que se siga con exactitud la técnica de administración; ésta consiste esencialmente en permitir que cada dosis desarrolle una reacción favorable y no repetir una inyección mientras continúe la mejoría, aunque el período de espera dure semanas o meses”. Esto concuerda con las instrucciones de Hahnemann sobre la repetición de la dosis en enfermedades crónicas y sugiere que los remedios y las vacunas actúan del mismo modo. Los resultados que los autores han obtenido son sorprendentemente buenos. Se trataron quinientos casos consecutivamente, los cuales incluían enfermedad crónica de la piel, reumatismo crónico, gota, lumbago, artritis reumatoide, ciática, neuritis, epilepsia, migraña crónica, neurastenia, histeria, compulsión maníaca, enfermedad de Graves, debilidad general, gastritis crónica, colitis crónica, estreñimiento, colecistitis, catarro crónico de las vías respiratorias superiores, asma, bronquitis crónica, además de treinta y dos casos de enfermedad maligna y algunas que otras dolencias crónicas. De estos casos, en un 14,3% los resultados se han clasificado como excelentes, en un 66,1% como buenos, en un 14,7% como moderados y tan sólo en un 4,9% como un fracaso. La valoración es estricta, y la mayoría de personas clasificaría los casos buenos como excelentes y los casos moderados como buenos. Los autores concluyen con mucha modestia que estas estadísticas son suficientemente buenas como para “fomentar la esperanza de que cada vez que se encuentra un organismo intestinal en una enfermedad crónica (y esto sucede prácticamente siempre si se realiza la búsqueda debida), vale la pena probar una vacuna hecha a partir de éste, ya que es muy posible que sea al menos uno de los factores decisivos para producir la recuperación o una mejoría notable”.

Respecto a los treinta y dos casos de cáncer, los autores informan de que el 60% experimentó un alivio de los síntomas y una mejoría general en un grado evidente. La mayoría fueron capaces de pasar varios meses o más sin dolor, y a menudo pudieron seguir con su vida normal. No se incluyó ningún caso operable y se consideró cada caso una vez empezado el tratamiento como incurable. Hasta el momento no se ha obtenido ninguna cura.

Generalmente la muerte se producía de repente después de una breve recaída. Los resultados se clasifican como el 12% muy buenos, el 50% buenos, el 28% con alivio y el 10% sin ningún beneficio.

Una observación efectuada sobre el efecto del tratamiento con vacunas es que, al igual que en la mejoría clínica, al principio se produce un gran aumento del número de organismos patógenos en las heces, seguido de un descenso gradual y a veces su desaparición final. Otra observación es que es comparativamente poco frecuente encontrar más de un tipo de bacilo anormal en el mismo paciente. Si se diera este caso, se añadirían ambas variedades a la vacuna.

Se plantea una cuestión interesante en cuanto a si es posible que la presencia de toxemia no actúe en todos los casos como un estimulante mental, y los autores afirman que han “conocido como mínimo un caso en el que una persona con una ocupación intelectual experimentó una considerable disminución de sus capacidades creativas, en coincidencia con una respuesta favorable al tratamiento con vacunas”. Creemos que esto es muy probable y se confirma mediante la analogía de la capacidad mental aparentemente aumentada de algunos genios cuando están bajo la influencia del alcohol; se podrían aportar ejemplos de la historia además de la observación personal de muchos de nosotros. Los autores admiten que su opinión de que la enfermedad crónica está causada por un bacilo gramnegativo no fermentador de lactosa en los intestinos se basa en los resultados clínicos, resultados del tratamiento con una vacuna creada a partir de este tipo de bacilos que se encuentran en los casos tratados. Ellos creen que sus resultados son suficientemente buenos y numerosos como para justificar su conclusión, más aún porque coincide con la acción específica generalmente conocida del tratamiento mediante vacunas. Creemos que nadie que lea este trabajo se sentirá inclinado a poner esto en duda.

Un apéndice contiene sugerencias para una dieta diaria sin carne, y se destaca el valor de la fruta, la verdura y los frutos secos crudos. Estamos orgullosos de que este libro haya sido escrito por miembros de nuestra Sociedad; está bien organizado, es fácil de leer y manejar, y tiene una buena relación calidad/precio (7s. 6d.); debería leerlo todo el mundo y además debería inducirnos a continuar el trabajo en las líneas de los autores.

El problema de la malignidad26

La importante sugerencia del doctor A. E. Barclay acerca de lo que él denomina la existencia de un factor X en enfermedades malignas es de profundo interés para nosotros, ya que hemos trabajado en este asunto durante varios años. Nuestros resultados hasta la fecha se han plasmado en un libro27 publicado recientemente. Nos basta decir que estamos convencidos –en lo que creemos es una clara evidencia– de que las enfermedades infecciosas crónicas y la consecuente toxemia de organismos del tipo que no fermentan la lactosa juegan un papel muy significativo en la causa del cáncer. No dudamos de que haya otros factores: la dieta, por ejemplo, influencia esas infecciones de una manera muy marcada, pero la toxemia es de vital importancia. Las correspondientes vacunas dadas en intervalos adecuados (se necesitan largas pausas entre las dosis) aportan destacados efectos en un amplio porcentaje de casos de enfermedades infecciosas.

Suyos atentamente,

EDWARD BACH - CHARLES E. WHEELER

25 The British Homoeopathic Journal, Vol. XV, 1925 (pp. 520-522).

26 The Lancet, Vol. 206, Ed. 5314, 4 de julio de 1925 (p. 42).

27 Chronic Disease: a Working Hypothesis. Londres, H. K. Lewis.

1927 El problema de la enfermedad crónica

CONTEXTO Y COMENTARIOS

Bach publica en 1925 el libro La enfermedad crónica: una hipótesis de trabajo, en colaboración con el doctor Charles. E. Wheeler (destacado médico australiano y maestro de la homeopatía), quien lo había ayudado en sus investigaciones y que no guarda ninguna relación con Frances Thomas Wheeler (1877-1960), amigo y colaborador de Bach en su trabajo con los remedios florales. El libro citado es la base sobre la cual Bach organiza la ponencia que presenta en el Congreso Homeopático Internacional de 1927, realizado en Londres.

La preocupación de Bach por la enfermedad crónica no era nueva, pero desde hacía unos años, con la incorporación de las concepciones homeopáticas, disponía de una nueva manera de pensar el problema. Es dable imaginar que su concepto de enfermedad crónica es afín a las afirmaciones de Hahnemann acerca de que: “Las verdaderas enfermedades crónicas naturales son aquellas que surgen de un miasma crónico y que cuando se las abandona a sí mismas y no son combatidas por el empleo de remedios que les son específicos, van siempre en aumento y empeoran a pesar del mejor régimen mental y corporal y atormentan al paciente hasta el final de su existencia con sufrimientos siempre en aumento”.

En el marco de la tradición de la medicina natural Bach pensaba que la enfermedad no es algo primario sino el resultado de una serie de procesos y que, en tal sentido, el terreno tiene un valor primordial. Esto implica que la enfermedad no posee una causa cercana, que aguda o crónica siempre es preparada, siempre va precedida de un estado cuyas manifestaciones varían según el terreno. En este punto Bach estima que la toxemia es el equivalente a la condición miasmática hahnemaniana, y que si bien la dieta es una herramienta importante, preventiva y terapéutica, en ocasiones se necesita recurrir a otros instrumentos terapéuticos como los nosodes, y no sólo para acelerar los procesos de curación.

Esta idea de equivalencia entre miasma y toxicidad era sostenida en la época de Bach por varios homeópatas. Un ejemplo de ello fue el doctor Leon Vannier; en un artículo publicado en la revista francesa de homeopatía, en 1925, manifestaba en esta dirección que: “La toxina precede al microbio, el tuberculínico al tuberculoso” y afirmaba que lo que Hahnemann llamaba miasmas hoy podríamos llamarlo toxina. ¿Leyó Bach los trabajos de Vannier? Es probable, pero también puede tratarse de una concurrencia del espíritu de época que en diferentes lugares se asomaba de modos similares.

Un remedio al que se refiere en esta conferencia son los nosodes bacterianos en sus dos formas de preparación: autógenas y polivalentes. Estos remedios, que ya tenían una larga tradición en la medicina y la homeopatía, están preparados en base a material de la enfermedad, en este caso cultivos bacterianos. De modo específico, los nosodes que propone Bach para el tratamiento de la enfermedad crónica son fármacos hechos de acuerdo con una metodología homeopática (cultivos bacterianos diluidos y potenciados progresivamente).

En el tiempo de este trabajo, si bien Bach ya había advertido la relación entre ciertas conductas y estados de ánimo y cada uno de los tipos bacterianos, seguía diagnosticando esencialmente en base a análisis clínicos.

Al final del texto de Bach hemos incluido un comentario aclaratorio sobre los nosodes. Recomendamos tener en cuenta también las notas realizadas en los dos artículos anteriores en relación a la dinámica y vida del proceso metabólico digestivo y la alimentación y las vacunas.


EL PROBLEMA DE LA ENFERMEDAD CRÓNICA

Conferencia del Dr. Edward Bach en el Congreso Homeopático de Londres de 1927

Con los primeros registros de la historia médica, podemos probar que lo que conocemos hoy como toxemia intestinal era ya consciente o inconscientemente reconocido, según se comprueba por las drogas y remedios usados por los antiguos médicos, muchos de los cuales eran laxantes y estimulantes del hígado, y por ende, en su efecto, limpiadores intestinales.28 A través de las épocas la ciencia médica ha intentado similares esfuerzos con diferentes métodos, e incluso hoy gran parte del tratamiento moderno que se lleva a cabo por medio de dietas, drogas e incluso cirugía, está basado en conceptos similares.29

El tubo digestivo necesariamente debe ser de máxima importancia. Su área superficial es mayor que la superficie dérmica de nuestro cuerpo. Además, tiene el poder de absorber toda sustancia con la que se lo baña, una propiedad que no posee nuestra superficie externa en ningún grado similar. Ustedes pueden sentarse en un baño de cianuro de potasio sin efectos nocivos, pero una pequeña cantidad de esta sustancia podría ser fatal en el estómago; pueden bañarse en agua plagada de tifus, difteria u otros bacilos sin dañarse, pero si una cantidad microscópica entrara a la boca el resultado podría ser grave o fatal.

El contenido del tracto intestinal es el fluido en el que vivimos, del que obtenemos nuestro fluido y nuestro alimento, para nosotros se parece al agua en la que se mueve la ameba unicelular. Es esencial que esté puro y contenga lo necesario para la vida y libre de cualquier sustancia que, si es absorbida, pudiera ser dañina para el cuerpo y contra lo que no hay un mecanismo de protección.

Con seguridad, una de las maravillas de la Naturaleza es que haya podido manejar tal diversidad de contenido intestinal, así como con las diferentes razas que han probado sus poderes de adaptación. Consideren la variedad de dietas de los diferentes países, piensen en la composición ampliamente diversa del contenido intestinal como resultado, y aun así las razas –hablando en general– sobreviven. Hasta ahora el castigo no es la muerte, sino la enfermedad; ni es la extinción, sino la simple degeneración.

Es muy probable que la raza humana, en su origen, haya intentado vivir de materia cruda, los frutos y el alimento de los trópicos, y así el conducto digestivo humano se adaptó [evolucionó] para funcionar con esa dieta. Sin embargo, los descendientes emigraron a climas templados y muchas naciones viven hoy casi completamente del alimento cocido, alterando de este modo por completo el contenido intestinal. Y aun así la raza sobrevive. Pero la humanidad no escapa por completo. Puede vivir pero sufre, padece cientos de enfermedades provenientes de un menor estándar de salud y fuerza, así como de pérdida de la vitalidad física.

Es improbable que la naturaleza humana, aunque quisiera, pudiese volver sobre sus pasos y retornar a una condición primitiva; incluso si ese fuera el resultado final, no nos preocupa. Nos interesan los incontables millones de seres de esta, nuestra era, y la era del futuro cercano, que exigirán vivir como lo hacemos hoy, e indudablemente claman por salud y alivio para su sufrimiento. Debemos responder a las necesidades actuales, no quedarnos de brazos cruzados esperando un futuro ideal.

Cuando una raza vive de alimentación no natural, el contenido intestinal cambia química, física y bacteriológicamente. Todos estos factores importan pero en aquellos pueblos a los que nos referimos, el cambio bacteriológico importa más.

Los caracteres químicos y físicos pueden producirse en cierta forma dentro de un rango normal, por medio de una dieta no muy alejada de la que sigue la civilización, si a esta le agregamos frutas, ensaladas y otros alimentos crudos. Por tales medios puede remediarse la variación extrema, tanto en la condición química como física, dentro de los límites de las dietas que no son incompatibles con los alimentos que en la actualidad podemos tener en el hogar y restaurantes. Es posible almorzar y cenar diariamente en muchos restaurantes y seleccionar una determinada comida que conservará el intestino razonablemente limpio sin por ello ser considerados perturbados mentales o fundamentalistas. Pero aunque esto pudiera lograrse, no significa que por sí solo sea suficiente para curar la enfermedad.

Puede serlo en algunos casos, pero donde ha habido una infección por largo tiempo o donde la misma está profundamente asentada, el elemento bacteriano resistirá de todos modos po r un largo período a la mejoría en el contenido intestinal, y se deben crear otros métodos para apurar su eliminación; de ahí la importancia fundamental de la eliminación bacteriana a diferencia del estado químico y físico anormal, debido a lo complejo de su corrección.

¿Se les ha ocurrido pensar alguna vez en la diferencia que existe entre el contenido del intestino grueso de un individuo que vive de alimentos crudos y otro cuya subsistencia se basa en alimentos cocidos?

En el último caso, como lo encontramos en la gente civilizada, el contenido es de un olor fétido, de color oscuro y de reacción alcalina; contiene muchos productos de putrefacción tales como el indol, y el contenido bacteriano está compuesto de colibacilos, estreptococos y organismos portadores de esporas. Comparemos esto con el individuo sano que se alimenta de comida cruda.

El contenido del intestino grueso es inodoro, de color claro, de reacción ácida libre de productos putrefactos, y el contenido bacteriano presenta bacilos de ácido láctico junto con colibacilos. Este contraste es en sí mismo un motivo para reflexionar seriamente.

En muchos casos puede obtenerse la curación sin alterar incluso una dieta poco natural, donde no existe una alimentación posible que pudiera dar un benefico, aunque no niego que la combinación (entre los alimentos naturales y los que no lo son) podría dar un mejor y más duradero resultado.

El punto esencial en relación con una dieta adecuada está en que mientras sean satisfechas las necesidades del cuerpo, se deberá mantener la reacción del intestino grueso levemente ácida en lugar de alcalina, como es mucho más común en la civilización occidental. La acidez depende del crecimiento del lactobacilo ácido y este organismo, una vez más, requiere de la presencia de almidón para asegurar su multiplicación. Las formas comunes de almidón se convierten en azúcar mucho antes de llegar al colon, pero la avena cruda, o mejor aún las nueces molidas, son medios convenientes para suministrar almidón que permanece mucho tiempo sin convertirse en azúcar en la parte superior del intestino.

No estoy seguro de que se haya probado que esta clase de bacterias –tema de esta ponencia– sea la causa de la enfermedad. Puede ser el resultado, pero sostengo que el grupo de organismos al que me referiré es persistente en los pacientes asociados a la enfermedad crónica. Por medio del uso de preparados hechos a partir de las mismas bacterias tenemos un arma más poderosa en la lucha contra todo tipo de enfermedad crónica.

Una vez más me refiero a estos organismos, indicadores de la posible enfermedad o presente, cualquiera sea el momento en que se los halle, y que pueden encontrarse en la gran mayoría de nuestros compatriotas. Podría preguntarse por qué, si son tan mortales, la enfermedad no siempre se puede demostrar. La respuesta es que su virulencia inmediata es pequeña, y los cuerpos que comienzan con un grado aceptable de buena salud pueden enfrentar sus toxinas durante años sin inconvenientes aparentes. Pero a medida que la vida avanza, con sus múltiples presiones, la tensión de mantener alejados a estos organismos, o posiblemente las condiciones que los originan, se comienza a expresar y de inmediato se presenta una brecha en las defensas y la enfermedad entonces se manifiesta. Esto se debe a un quiebre que normalmente se posterga hasta una edad mediana, cuando comienza la siguiente generación. La resistencia a estos organismos no tiene un poder muy activo porque a menudo se cree que la naturaleza, si bien es cuidadosa con la clase, es descuidada con la vida individual. De igual modo, el largo período de latencia de la tuberculosis llevó a creer durante muchos años que no era infecciosa.

Los gérmenes de los que hablo son los bacilos gramnegativos del gran grupo colitifoideo. El punto importante es que son incapaces de fermentar la lactosa, algo que los distingue de los propios colibacilos.

No son patógenos en el sentido común, como los de la tifoidea, la disentería o los bacilos paratifoideos, y en el pasado no se les dio mayormente importancia. No son idénticos pero se hallan estrechamente relacionados con estos organismos y pertenecen a su clase.

Su número es enorme, probablemente infinito. Es posible investigar cientos de ellos sin obtener dos cepas idénticas.

Sin embargo podemos agruparlos, aun cuando sea una clasificación relativamente rudimentaria; se debe comprender que cada grupo contiene una gran cantidad de variedades que difieren unas de otras por algún ínfimo detalle.

Para la finalidad de este trabajo, los bacilos que no fermentan la lactosa han sido reunidos en uno de los seis grupos:

• Disentería

• Gaertner

• Alcalígenos fecales

• Morgan

• Proteus

• Coli mutabile

Están agrupados según sus poderes de fermentación de ciertos azúcares, y sólo se han usado algunos azúcares para mantener un pequeño número de grupos. Si se usa una vacuna autógena para el tratamiento no importa la definición exacta del organismo y la polivalente arroja un espectro muy amplio y contiene muchos representantes de cada clase.

Por lo tanto, estos bacilos en su mayoría se consideran inofensivos, pero son realmente el indicio y, si se utilizan apropiadamente, el medio de cura de la enfermedad crónica.

La evidencia clínica del poder de curar está muy bien establecida como para dejar dudas, aunque el laboratorio está acumulando experiencia de naturaleza no clínica que muestra la relación entre estos organismos y la enfermedad.

A través del examen diario de las heces de un paciente, registrando el porcentaje de organismos presentes en forma de gráfico, es posible mostrar la relación entre la condición del paciente y el porcentaje hallado.

Por porcentaje me refiero a la relación entre organismos anormales que no fermentan la lactosa y el número de colibacilos presentes. En general, se considera normal cuando sólo el coli está presente, pero esos bacilos anormales pueden hallarse en cualquier porcentaje, de 1 a 100 del total de las colonias obtenidas.

A partir de la alteración en el porcentaje durante el tratamiento puede obtenerse aproximadamente todo lo favorable que puede responder un paciente.

Como regla general los organismos hallados se mantienen fieles al tipo para cualquier caso dado. Es decir, un tipo Gaertner no parece cambiar a un tipo Morgan o a un Proteus.

Si se analizan a diario las heces de un paciente y se registra en un gráfico el porcentaje de los bacilos anormales, se verá que no están presentes de manera uniforme, sino que se manifiestan en ciclos. Quizá durante cierto tiempo las muestras están libres de bacilos y luego aparecen, se elevan rápidamente en cantidad, permanecen en el punto más alto durante un intervalo, y luego disminuyen hasta desaparecer.

Los períodos libres de bacilos, los de la fase en que se manifiestan y el porcentaje máximo por ellos alcanzado varían en casos diferentes, pero la condición clínica del paciente mantiene cierta relación con la curva de los organismos presentes en los especímenes.

Esta relación no está lo suficientemente desarrollada como para establecer leyes claras, ya que existe más de un tipo de curvas; pero puedo asegurarles que hay una relación definida entre las condiciones clínicas y el porcentaje bacteriano. Como ejemplo de ello, obtenemos un mejor resultado después del tratamiento con vacunas cuando existe una corta fase negativa seguida de una fase más alta y más prolongada que la que corresponde a la rutina habitual del paciente. En general, aquellos casos donde hay poca o ninguna modificación de su tipo habitual, por supuesto no lo hacen tan bien.

Aún queda mucho por hacer en esta línea, lo que nos llevará a un resultado provechoso.

Es extraordinario lo rápido que puede alterarse el contenido bacteriano. Tal vez después de semanas de análisis negativo, dentro de las treinta y seis horas los especímenes pueden contener el cien por ciento de los bacilos anormales.

Aún se desconoce qué sucede para que se produzca este resultado. Si estos organismos matan a los colibacilos normales, si el colibacilo se transforma en tipo anormal, si lo que cambia es la condición del contenido intestinal o si es el propio paciente quien causa este cambio. Esto nos lleva a continuar en la investigación, y cuando se resuelva el problema habremos hecho un gran avance hacia el conocimiento de la causa de la enfermedad.

Pero cualquiera sea la explicación ya está establecido que el porcentaje de los bacilos en los especímenes tiene una relación directa con la condición del paciente en sus fases variadas desde un punto de vista clínico.

Otra característica curiosa es la estabilidad de un tipo particular de bacilo en un sujeto dado, el cual ya he mencionado. Por varios años, sin importar la frecuencia de los exámenes o la condición o enfermedad del paciente, el tipo particular se mantuvo fiel. Además, es extraño encontrar más de un tipo en el mismo caso, aunque esto puede suceder en un pequeño porcentaje.

Ciertos síntomas se manifiestan con mayor frecuencia en un tipo que en otro, y es probable que al realizar posteriores observaciones se encuentre una estrecha relación entre los síntomas específicos de una enfermedad y los tipos definidos de estos organismos. Si son la causa o el resultado, se asocian con la enfermedad crónica y podemos obtener un gran beneficio a través del uso de la vacuna desarrollada a partir de ellos. Ciertamente esto ha sido probado de manera concluyente durante los últimos doce años.

Me he referido al hecho de que la evidencia clínica del valor de este método de tratamiento es suficiente para que no queden dudas. Tal afirmación debe justificarse. Cientos y miles de pacientes han sido tratados con este método por una considerable cantidad de médicos, tanto con preparaciones hipodérmicas como potenciadas. El 80% de esos pacientes ha mostrado mejoría (para mencionar un número moderado); sólo algunos han manifestado poco beneficio, la mayoría con un alivio muy definido, muchos con resultados brillantes, y alrededor de un 10% prácticamente milagrosos.

No es sino con años de experiencia y experimentación y con la observación de miles de casos que hago esta afirmación ante ustedes; no sin la cooperación, observación y experiencia de los médicos de las Islas Británicas que respaldarán esta evidencia.

Los pacientes pueden ser tratados con vacunas de estos organismos, aplicadas con inyección hipodérmica, como se ha hecho hasta ahora durante una considerable cantidad de años. Esto no nos preocupa hoy, pero para mayores detalles puedo sugerirles ilustrarse con nuestro libro Chronic Disease [Enfermedad crónica].

El punto que deseo destacar es que mediante los preparados potenciados a partir de organismos muertos se obtuvieron buenos resultados, y tanto yo como otros creemos que serán aún mejores.

Durante siete años, y exhaustivamente en los últimos dos, tanto homeópatas como alópatas han utilizado estos preparados, y algunos alópatas han descartado el uso de la jeringa. Estas potencias pueden ser de dos tipos: autógenas y polivalentes. Deseo aclarar muy bien este punto.

Una preparación autógena es desarrollada a partir del bacilo de un paciente en particular, que es potenciada y utilizada en ese paciente.

Una preparación polivalente implica recolectar organismos de algunos cientos de pacientes, mezclarlos y potenciarlos en su totalidad. Esta preparación es de la que les he hablado en una ocasión anterior como un nosode que había que tener en consideración.

La autógena es sólo para el uso del sujeto del cual fue preparado o tal vez para algún paciente que tenga una infección idéntica. Por otra parte, la polivalente se prepara con el fin de cubrir tantos casos como sea posible. Antes de llegar a conclusiones definitivas debemos obtener los resultados de dos experiencias más. Sin embargo, eso no es lo más importante, porque si la autógena tuviera que mostrar un porcentaje superior de buenos resultados, la variedad polivalente es tan exitosa como para ser un nosode digno de consideración, como un nosode adicional para el conocimiento médico homeopático. Además, los resultados obtenidos por cualquiera que lo pruebe serían lo suficientemente buenos (y puedo decirlo en confianza) que si fallaran probablemente se animarían por lo menos a probar con la autógena, y así la experiencia comparativa acumulada sería suficiente como para poder sacar conclusiones.

Actualmente, se está trabajando sobre el tema, pero pasará un tiempo antes de poder exponer una declaración definitiva. Se espera que por medio de pruebas variadas sea posible establecer si la polivalente, la autógena o una mezcla de las dos o tres cepas serán la forma perfecta de administración para un paciente en particular.

Es necesario que los demore por un momento para que esta ponencia pueda estar completa, para darles los detalles técnicos exactos de la preparación a fin de que cualquier bacteriólogo competente pueda preparar las potencias.

Las heces se analizan en un agar ribípelo de Mac Conkey incubadas dieciséis horas. Luego de este período los organismos crecen como colonias rojas o blancas. Si fermentan la lactosa con la producción de ácido, ese ácido reacciona sobre el rojo neutro del medio, originando una colonia roja; si son no fermentadores de lactosa no se forma ningún ácido, ni actúan sobre el rojo neutro y las colonias crecen blancas. De ahí que sólo interesen las colonias que después de la incubación son de color blanco.

Los cultivos hechos a partir de colonias blancas, que rechazan las de color, en líquido de desecho agar, incubado durante quince horas sumado a las reacciones del azúcar, determinaron agrupar los organismos.

Un cultivo se lavó en 2 cc de agua destilada.

Sellado y calentado a 60ºC durante treinta minutos.

Triturado con lactosa, el total en 9 o 99 g de lactosa.

Esto produce la primera potencia decimal o la primera potencia centesimal, según la cantidad de lactosa utilizada. Las potencias superiores se hacen por trituración superior a la 6ª C o a la 12ª x, y de ahí en adelante con los medios usuales de fluidos.

Se necesita especial cuidado al esterilizar todos los aparatos usados, para liberarlos de una potencia previa. El calor seco de por lo menos 140°C durante 15 minutos es probablemente más efectivo que el vapor o el calor húmedo.

El nosode polivalente se obtiene por medio de los cultivos recolectados de varios cientos de casos, colocándolos en una botella estéril a medida que se van obteniendo. Cuando se ha obtenido la cantidad suficiente de un total de 1 cc se potencia bien mezclada y se la agita como se señaló anteriormente.

Hasta donde llega mi conocimiento no existe nada en este nosode contrario a las leyes de Hahnemann, y creo que como remedio único es más completo que cualquier otro nosode único que se conozca.

Éste es un vínculo entre las escuelas de homeopatía y alopatía, descubierto por un miembro de la vanguardia alópata que halló que estaba en línea con los principios homeopáticos. Por lo tanto, les presento este nosode como un remedio digno de ser incluido en su farmacopea.

Es especialmente útil como un remedio básico en los casos en que fracasa la respuesta a las drogas comunes o donde no se indica ningún remedio en particular, aunque su uso no necesita restringirse solamente a tales casos.

Aún hay mucho trabajo por hacer, los experimentos que se están realizando intentan hallar si estos organismos son la causa o el efecto de la condición del paciente.

Este nosode se está probando en los Estados Unidos y en Alemania, y en este país los alópatas lo están utilizando en un número considerablemente mayor que los homeópatas. Algunos alópatas que durante años habían tenido buenos resultados con la variedad hipodérmica de la vacuna, han desechado por completo la jeringa a favor de la potencia.

Creo que el uso correcto de este nosode es considerarlo como un remedio básico, y no tengo dudas de que los resultados más brillantes se obtendrán cuando esté seguido de un tratamiento homeopático, ajustando los síntomas al remedio apropiado.

El nosode es capaz de eliminar en mayor o menor grado un problema básico realmente profundo. Por así decirlo, purifica a los pacientes y tiende a limpiarlos por completo hasta que muestran claramente un síntoma similar y los vuelve mucho más receptivos a sus remedios. Entonces, aunque han sido brillantes los resultados obtenidos por los alópatas, en vuestras manos deberán ser mucho mejores.

Apelo a ustedes a que prueben el nosode, úsenlo en aquellos casos donde ha fracasado otro tratamiento y en situaciones donde un remedio no es claramente indicado. Puedo decirles que con seguridad sólo tienen que hacer la prueba y comprobarán su gran valor.

No estoy poniendo demasiado énfasis en el preparado autógeno porque sé que el polivalente como nosode les atraerá más. En caso de administrar vacunas en forma hipodérmica, es casi esencial tener un autógeno para obtener los mejores resultados; aquí el 95% de los pacientes reacciona mucho mejor a su propia vacuna y sólo cerca de un 5% responde más definidamente a la polivalente, pero en el caso de esta variedad potenciada es muy pronto para hacer algún tipo de afirmación. Tal es el éxito del polivalente que me inclino a pensar que en algunos es mejor que el autógeno, y en la mayoría de los casos es igualmente bueno, aunque probablemente siempre habrá ciertos casos en los que sólo responde a un nosode personal preparado a partir de sus propios organismos.

El nosode, el remedio preparado a partir del material de la enfermedad, precedió a la bacteriología y a la vacuna, pero la relación desde la última hasta la primera es obvia. A su escuela, a ustedes, pioneros en el uso clínico de la enfermedad que cura la enfermedad, ofrezco un remedio que creo es poderoso contra la más profunda de todas las enfermedades, la toxemia crónica, la que el genio de Hahnemann adivinó y bautizó. Si creo poder aclarar más su naturaleza de lo que fue posible para él, no tomo ni una pizca de su gloria; más bien, creo estar confirmando y extendiendo su trabajo, y así le estaría rindiendo el único homenaje que hubiese deseado.


Nota aclaratoria

NOSODES

Los nosodes son remedios preparados con componentes corporales, productos metabólicos, microorganismos previamente esterilizados. Sin embargo, este proceso no hace perder al preparado la información proteica del microorganismo, pero sí, en cambio, patogenicidad.

Hoy día la nosodoterapia es un campo acreditado y mucho de ella se ubica dentro de la medicina biológica y, de un modo preciso, en el territorio de la homotoxicología. Su base clínica y teórica guarda una vinculación directa con la inmunología.

Del todo separado de la terminología que usa Bach, modernamente se habla de preparaciones isopáticas cuando los medicamentos se refieren a preparados a partir de la propia secreción patológica del paciente. Es decir, es un producto generado a partir del propio paciente. Los nosodes, en cambio, se elaboran a partir de otro enfermo (heteronosode). De modo que cuando en homotoxicología se habla de isobáticos se están refiriendo a los nosodes autógenos de Bach.

Ahora bien, la idea de tratar las enfermedades con productos patológicos es muy antigua, y por lo menos puede fecharse en 1638 cuando Robert Fludd, un profesor de anatomía, aconsejaba la utilización de la flema de los tuberculosos para el tratamiento de los tísicos. Por su parte en la homeopatía, Hering en 1831 había recomendado curar la viruela y la rabia usando su propio veneno dinamizado, y dos años más tarde dio a conocer un remedio (Lyssin) preparado con la saliva de un perro rabioso. Podríamos seguir citando antecedentes, pero lo cierto es que existe una larga tradición en la homeopatía en relación con los nosodes y su uso en la clínica.

En la época de Bach existía una preocupación por la enfermedad crónica, y muchos homeópatas habían dedicado esfuerzos a su comprensión y al uso de nosodes para tratarlas. En general, el consenso en esa época, en términos prescriptivos, era que el nosode se usase cuando el remedio homeopático administrado previamente ya había producido su efecto o detuviera su acción a causa de la presencia de un factor miasmático. Para destrabar la situación se requería, entonces, la ingesta de un nosode. Por otra parte, el nosode no es un simillimum universal ni un reemplazo para un remedio semejante, y es posible que algunos homeópatas contemporáneos de Bach teniendo en cuenta este comentario mantuvieran una actitud crítica a la forma en que él proponía su uso. Esto explica que en varios textos presentados, ante colectivos de médicos homeópatas, Bach justifica reiteradamente el carácter homeopático de los nosodes.

28 Esta técnica, conocida como drenaje, es un instrumento terapéutico utilizado desde los albores de la medicina con el objeto de asegurar la eliminación regular de las toxinas que dañan y perjudican el organismo de una persona. (Nota de los comps.)

29 El conjunto de órganos (hígado, riñones, intestino grueso, piel, sistema linfático y aparato respiratorio) responsables de la limpieza del cuerpo es denominado “sistema emuntorial”. Es decisivo que todos los integrantes de este sistema hagan su trabajo de limpieza de un modo simultáneo e integrado, ya que el mal funcionamiento de uno de ellos recargara en el mayor esfuerzo del resto. Por ejemplo, cuando esto ocurre la piel suele necesitar drenar el exceso de toxinas que no drenan adecuadamente el hígado, el riñón o el intestino grueso, exonerando a través de la superficie cutánea como granos, eczemas, acné, etc. Otro tanto ocurre con los pulmones, que para eliminar toxinas produce mucosidad. Esto muestra como la enfermedad es en realidad una maravillosa respuesta de la capacidad adaptativa de nuestro organismo en el intento de mantener el equilibrio para hacer frente a las innumerables agresiones que el individuo sufre tanto del medio ambiente como de sí mismo. (Nota de los comps.)

Textos florales

¿Quieres saber quién eres? No preguntes y actúa. La acción te definirá.

THOMAS JEFFERSON

Intenta no ser una persona de éxito, mejor sé alguien de valor.

ALBERT EINSTEIN

Este volumen incluye en orden cronológico todos los textos de los que se tiene noticia desde poco antes de que el doctor Edward Bach nombrara por primera vez una flor, en 1928. También se incluyen algunos otros textos anteriores a ese año que permiten comprender la evolución de su pensamiento, desde la bacteriología hasta su obra final, pasando por la homeopatía.

La recopilación abarca los escritos de Bach, así como también los de algunos de sus ayudantes más cercanos que abordan temas relacionados con el ámbito de los remedios florales.

La procedencia de las fuentes es diversa. Algunos textos se han rescatado de las primeras ediciones de Edward Bach, adquiridos en librerías especializadas en libros antiguos, o de consultas efectuadas en bibliotecas de diversos países; otros, como gran parte de la hemeroteca, provienen de la gentileza de personas que nos la facilitaron; unos pocos proceden de la búsqueda constante a través de internet; algunos más, fruto de una que otra publicación en inglés que hemos podido rastrear de diferentes fuentes, y una buena parte del descubrimiento y recuperación del Archivo Daniel, donde se hallaban cartas y documentos de Bach. Este archivo, con comentarios y aclaraciones, fue publicado en septiembre de 2011.30

Es curioso tomar conciencia de que la mayoría de los escritos y documentos de Bach no se encuentran reunidos, sino que, por el contrario, están dispersos en múltiples lugares.

Más allá del descubrimiento de lo que hoy conocemos como Terapia Floral, quizás el acontecimiento biográfico más significativo del período que abarca este volumen sea el acto simbólico de Bach de cerrar su laboratorio y consultorio en Londres y partir hacia Gales, en un viaje donde intentaba hallar respuestas a sus búsquedas. Hoy sabemos que no cortó totalmente los lazos con Londres, y es probable que fuera a ver a su hija, amigos y, en ocasiones, a trabajar. Lo cierto es que parece haber elegido el entorno de la campiña, con sus pequeños poblados, cercanos a los lugares adecuados para llevar adelante su investigación, e incluso, con mayor aislamiento.

Al final de este volumen se agregan varios apéndices. El primero –Reconstrucciones– incluye una serie de documentos vinculados con la editorial Daniel, en vida del doctor Bach, como los contratos; otros, posteriores a su muerte, algunos de significativa importancia.

El segundo –Escritos de colaboradores– contiene escritos de Nora Weeks y otras personas cercanas al trabajo de Bach, que permiten una mayor comprensión de algunos aspectos de su enseñanza.

30 Eduardo H. Grecco, Lluís Juan Bautista y Luis Jiménez. Edward Bach y Charles W. Daniel. Nacimiento y fundación de la terapia floral. Documentos inéditos, contextuados, anotados y comentados, Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011.

Enero de 1928 a febrero de 1929

En esa época el doctor Edward Bach se encontraba residiendo en la ciudad de Londres y dirigía su laboratorio de nosodes31 intestinales en Park Crescent, a la vez que atendía pacientes en Harley Street. No es posible determinar los procesos personales y profesionales que lo llevaron al cambio, pero sí vislumbrar en lo que sigue una progresiva ruptura de Bach con la concepción tanto médica como homeopática, que ya se manifiesta en su conferencia “La medicina del futuro” (véase más adelante). En algunos de los primeros escritos del doctor Bach que integran estas Obras Completas hemos incluido una presentación y comentarios aclaratorios para facilitar la lectura de los mismos y darles un contexto adecuado.

CONTEXTO Y COMENTARIOS SOBRE “EL REDESCUBRIMIENTO DE LA PSORA”

El día 1º de noviembre de 1928 Bach pronuncia una conferencia en la Sociedad Homeopática Británica en la ciudad de Londres, “The rediscovery of Psora” (El redescubrimiento de la psora), publicada con el mismo nombre en enero de 1929, en el British Homoeopathic Journal.

Hay en ella muchas apreciaciones para reflexionar, pero tal vez la más trascendente es la propuesta de reemplazar nosodes por hierbas, y el hecho de que el principal escollo para concretarla reside en la polaridad que invisten una vez potenciadas. “Los remedios de las praderas y de la naturaleza, cuando se potencian, son de polaridad positiva, mientras que los que han sido asociados con la enfermedad son del tipo inverso, y en la actualidad esta polaridad inversa parece ser muy esencial en los resultados obtenidos de nosodes bacterianos. Quizás en una fecha próxima pueda descubrirse una nueva forma de potenciación capaz de revertir la polaridad de los elementos simples y de las plantas, pero hasta que llegue ese momento no tenemos alternativa.” (Edward Bach)

Un mes antes de esta conferencia, a fines de septiembre, Bach había encontrado en Gales los dos primeros remedios (Impatiens y Mimulus), y un poco más tarde descubre Clematis, aunque aún no los preparaba por el método floral. Vale la pena recordar que en esa época Bach también comienza a desarrollar una clasificación de la personalidad, estructurada en doce tipos, la cual le sirve de guía para buscar entre las plantas de la naturaleza las adecuadas para preparar los remedios para cada uno de los tipos.

Otro concepto que comienza a desplegarse es el de la enfermedad como desarmonía y conflicto. “La ciencia está demostrando que la vida es armonía –un estado de estar a tono– y que la enfermedad es disonancia o una condición cuando una parte del todo no está vibrando al unísono.” Esta idea es retomada por Bach de muchas maneras en textos posteriores, y en especial la enfermedad es entendida como una discordancia entre el alma y la personalidad. Del mismo modo hay que destacar el aval que Bach da, desde la bacteriología, al concepto de enfermedad única.

Pero lo central de la comprensión del texto es, tal vez, poder dar razón al título de la misma. ¿Por qué Bach habla de redescubrimiento? ¿Qué es lo que cree redescubrir? La lectura de su discurso da suficientes respuestas a estas preguntas, pero vale la pena adelantar algunas ideas al respecto.

El redescubrimiento de la psora se refiere a lo siguiente: Hahnemann no contaba en su época con los medios necesarios para los descubrimientos que Pasteur realizó posteriormente, en especial en lo que concierne a la existencia de las bacterias. Sin embargo, intuyó la existencia de las mismas al relacionar coherentemente una cantidad de signos y síntomas que en gran medida son las manifestaciones clínicas de aquellas, y que agrupó bajo la denominación de miasma.

Con este término se designaba, por lo general, a las emanaciones nocivas de los pantanos o de sustancias en descomposición. Hasta el descubrimiento de los microbios se les atribuía el origen de las enfermedades contagiosas y epidémicas.

Es decir que el miasma es, para Hahnemann, una condición patológica crónica que constituye el “caldo de cultivo” para el desarrollo de las enfermedades. A esta condición miasmática preexistente, que constituye una alteración del dinamismo de la energía vital, Hahnemann la denominó psora.

Con el descubrimiento de las bacterias, la psora pudo ser explicada a partir de una condición toxémica del intestino causada por aquellas. A esto se refiere Bach cuando habla del “redescubrimiento de la psora”.

Cabe agregar que cuando Hahnemann menciona psora se refiere a la condición de enfermedad crónica que ésta reviste, preexistiendo a la aparición de posteriores trastornos, a los que denominó enfermedades agudas, las cuales no deben ser tratadas sino en función de la psora preexistente, de acuerdo a cómo se manifieste en cada caso particular.

El debate posterior a la exposición de Bach cobra un particular significado, no tanto por los contenidos sino por quienes fueron los participantes del mismo: la crema y nata de la maestría homeopática del Reino Unido.


EL REDESCUBRIMIENTO DE LA PSORA32

Por Edward Bach, M.B., B.S., M.R.C.S., L.R.C.P., D.P.H.33

El objetivo de este artículo es continuar la discusión sobre los problemas que les presentó el doctor Dishington34 en su última reunión, acerca de determinados nosodes preparados a partir de organismos anómalos del intestino, problemas que han sido expuestos en diferentes ocasiones durante los últimos ocho años. Deseo describir el desarrollo, la evolución de estos nosodes y los procesos de pensamiento, razonamiento y métodos que los han llevado al lugar que ocupan actualmente.35

Para poder obtener el estado efectivo actual de estos nosodes fue necesario tener en cuenta tres principios fundamentales: 1) el descubrimiento del grupo de bacilos que constituyeron su base; 2) el valor de las leyes de Hahnemann36 en cuanto a la repetición en la aplicación de las dosis, y 3) el hecho de que los nosodes fueran efectivos en un estado potencializado.

En 1912 se reconoció que en el contenido intestinal, tanto de personas aparentemente sanas como de personas enfermas, se encontraba una clase de bacilos que hasta ese momento no se habían considerado importantes, pero que luego se comprobó su asociación con enfermedades crónicas.

Estos organismos eran de los distintos tipos de bacilos, que no fermentan la lactosa, pertenecientes al extenso grupo colitifoideo, muy próximos a los tifoideos, disentéricos y paratifoideos, aunque no ocasionaban ninguna enfermedad aguda y, de hecho, sin asociarse a ningún estado mórbido específico. Al no existir dicha relación, en el pasado no se los consideró importantes y fueron ignorados por los médicos clínicos y bacteriólogos.

Debido a la frecuencia y al alto porcentaje en que estos bacilos se encontraban presentes en casos en los cuales no se pudieron aislar otros organismos anómalos o patógenos, se decidió utilizarlos en vacunas para ver si se obtenía algún beneficio en casos de enfermedad crónica, comprobándose que, a pesar de no ser patógenos en el sentido corriente de la palabra, se lograban grandes beneficios al usarlos como agente terapéutico.

Se evidenció que con esas vacunas se podía producir un leve empeoramiento de todos los síntomas en un caso crónico, y que en circunstancias favorables seguía una mejoría definitiva. Se registraron algunos casos con buenos resultados, pero el porcentaje era relativamente bajo debido al hecho de que las inyecciones se aplicaban con demasiada frecuencia y a intervalos regulares, como por ejemplo una semana o diez días, con consecuencias de sobredosis o interferencias en el inicio de la reacción benéfica.

Actualmente, algunos bacteriólogos y un considerable número de médicos clínicos pueden atestiguar la indudable conexión que existe entre estos organismos y los trastornos crónicos, y entre ellos y la toxemia intestinal con sus consecuentes resultados mórbidos, de manera que ya no quedan dudas sobre esta relación. Cientos de médicos lo han demostrado a partir de los resultados clínicos obtenidos mediante el uso de preparados con estos organismos, y la evidencia es concluyente. También se han cotejado pruebas de laboratorio para demostrar la estrecha conexión entre estos grupos de organismos y la enfermedad.

Si cultivamos muestras de un paciente diariamente durante un período considerable, descubriremos que estos organismos anómalos, que son el tema de este artículo, no están presentes de forma continua y constante, sino que en algunas fases negativas que están completamente ausentes y en otras fases positivas se hallan presentes en proporciones variables. Además, el número total de estos organismos durante las fases positivas varía día con día.

Si empezamos un cultivo durante una fase negativa, al cabo de un tiempo van apareciendo poco a poco en las muestras, aumentan de manera constante cada día hasta que alcanzan el máximo y luego vuelven a disminuir hasta que estos cuerpos desaparecen.

Tanto el porcentaje máximo como la duración de las fases positivas y negativas pueden variar considerablemente en diferentes personas, aunque el hecho interesante es que la salud del individuo, ya sea en la enfermedad o en un estado aparentemente saludable, varía directamente con estas fases.

Comúnmente, en casos de enfermedad crónica los síntomas son peores hacia el final de la fase negativa y se alivian cuando hay una producción de organismos anómalos; en términos generales, cuanto más grande es la producción más beneficio obtiene el paciente. En individuos aparentemente sanos llega a ocurrir que están por debajo del estándar normal y de su forma habitual, generalmente en el mismo período del ciclo. Boyd y Paterson demostraron en Glasgow más puntos de la relación entre estos estados y la condición del paciente.37

El efecto de una vacuna normalmente consiste en causar una mayor y prolongada producción de organismos anormales en beneficio del paciente. El seguimiento diario da cuenta del estado de los pacientes y su progreso, y es importante para escoger el momento adecuado para la repetición de las dosis. Desde el punto de vista clínico y de laboratorio, se aprecia que estos grupos de organismos tienen una clara relación con la enfermedad crónica. El siguiente paso –el descubrimiento de que las dosis no deberían ser administradas a intervalos regulares, sino de acuerdo con la respuesta del paciente– llegó de inmediato: en los laboratorios del Hospital Escuela de la Universidad, al tratar casos de neumonía con vacunas se descubrió que se obtenían mejores resultados cuando las dosis se administraban en función de cómo reaccionaba el paciente a la inyección, y que si después de una dosis el pulso y la temperatura disminuían, los resultados eran mucho más satisfactorios si no se aplicaba ningún tratamiento ulterior, siempre y cuando la mejoría continuase, repitiendo el tratamiento sólo si el pulso y la temperatura tendían a aumentar nuevamente. Las curas se producían más rápidamente y con un mayor porcentaje de resultados exitosos, y se necesitaron considerablemente menos dosis de la vacuna.38

Al comprender esto, como es lógico, se intentó el mismo método con casos febriles agudos y otra vez se manifestaron resultados altamente beneficiosos. Cuando esto estuvo definitivamente establecido, el equipo de trabajo estimó que esta ley que parecía funcionar con las enfermedades agudas podría aplicarse para casos crónicos. Las conclusiones fueron incluso mejores de lo previsto.

En los casos crónicos se dejaba transcurrir un intervalo mínimo de tres semanas antes de repetir una dosis, dado que a veces la mejoría no se manifestaba antes de ese período. Si al cabo de tres semanas se observaba alivio, no se repetía la dosis hasta que la enfermedad se hubiera vuelto estacionaria o se produjera una tendencia a una recaída. Siguiendo esta línea, se descubrió que el período de mejoría en los distintos casos variaba entre dos y tres semanas, e intervalos mayores, que en muy pocos casos podían llegar hasta doce meses, y que se obtenían mejores resultados porcentuales cuando durante esa fase se interrumpía la administración de la dosis, aún cuando la dosis que debía haberse tomado era mucho más reducida. Este método tuvo tanto éxito, que se ha mantenido hasta la actualidad.

Se llega así a dos conclusiones:

1) que este grupo concreto de bacilos no patógenos del intestino, que no fermentan la lactosa, se asociaba de manera indudable con enfermedades crónicas;

2) que las vacunas elaboradas con ellos resultaban agentes curativos muy valiosos si se administraban según las leyes de Hahnemann, estudiando a la vez la respuesta del paciente, y no, como se había hecho hasta entonces, a intervalos regulares.

Fue en esta etapa, al llegar a su hospital como bacteriólogo, que fui introducido a la ciencia de la homeopatía. Al leer el “Organon” de Hahnemann por primera vez, uno se percataba de inmediato de que el trabajo de la escuela moderna de inmunología fue simplemente el redescubrimiento, a través de un método diferente, de hechos que él había reconocido un siglo antes, y que en combinación con algunos de los principios médicos homeopáticos, podían ser aplicados a varios grupos de bacilos y a preparados obtenidos de ellos, potenciándolos de la misma manera que se hace con un remedio homeopático. Se tardó muy poco en demostrar que los nosodes preparados de este modo eran de un gran valor terapéutico y que las investigaciones posteriores a lo largo de ocho años, durante los cuales se trataron centenares de casos, justificaban sobradamente las expectativas iniciales. Actualmente, estos nosodes no solo se utilizan en Inglaterra, sino también en mayor medida en Alemania y América, y en menor medida en Francia, Holanda y Suiza.

Visto desde el punto de vista homeopático, el primer hecho a considerar es si estos preparados obran de acuerdo con las leyes de Hahnemann y si son una ampliación de su trabajo. Muchos creemos que es así, pues como fundador de la homeopatía en más de un caso utilizó el producto mórbido de la enfermedad como base de un remedio y existen muy pocas dudas de que si él hubiese estado en condiciones de aislar estos organismos, los hubiera utilizado. Además, aún no podemos asegurar que estos organismos sean la causa, el resultado o un intento de curar la enfermedad. A lo sumo, puede decirse que existe una asociación, pero todavía es imposible determinar la naturaleza exacta. No es improbable que estos bacilos sean una variación del Bacillus coli, y éste deba considerarse más o menos como un habitante normal del intestino a partir de su universal presencia en nuestra civilización moderna, no sólo en personas, sino también en animales, pájaros, etc.,. Los experimentos tienden a indicar que durante los grandes cambios fundamentales en el cuerpo, la flora intestinal se puede alterar, como si intentara mantenerse en armonía, por ello no es imposible que estos grupos de bacilos sean los B. coli normales alterados para cumplir ciertas necesidades concretas, forzados a hacerlo a causa del estado alterado del huésped y que cuando las bacterias se encuentran en este estado, indudablemente constituyen valiosos agentes terapéuticos si se potencializan. La ciencia tiende a mostrarnos que la vida es un estado de armonía, y que la enfermedad es desarmonía o un estado de discordia en el cual una parte del todo no vibra al unísono.

Es interesante mencionar que se utiliza la lactosa para diferenciar estos organismos. La lactosa se distingue del resto de los azúcares en que es un producto animal, mientras que los otros son vegetales. Investigaciones recientes indican que para que un fermento pueda actuar sobre una sustancia debe ser capaz de vibrar en armonía con el peso atómico de la sustancia que debe fermentarse. Por lo tanto, esto significa que los organismos capaces de fermentar la lactosa son capaces de vibrar en armonía con el tejido animal, mientras que los que no son capaces de hacerlo son igualmente incapaces de estar en armonía con sustancias que no sean de tipo vegetal.

Si esta teoría logra resistir el paso del tiempo, nos hará avanzar considerablemente en el camino hacia la comprensión de las cosas de naturaleza fundamental, evidenciando que disponemos de un método para diferenciar los organismos beneficiosos de los que son nocivos para el hombre. Precisamente, cuando resultan perjudiciales decidimos potencializar estos productos y utilizarlos como agentes terapéuticos para la cura de la enfermedad. Naturalmente, en el resto de puntos los nosodes son idénticos a los remedios homeopáticos, y su preparación está exactamente de acuerdo con las leyes de la materia médica.39

Nadie que haya estudiado la toxemia intestinal en cualquier grado puede pasar por alto la similitud entre esta y la enfermedad básica descrita por Hahnemann como “psora”.40 Hoy no entraré en detalle al respecto, porque sé que el doctor Gordon, de Edimburgo, les expondrá con detenimiento esta similitud, para indicar las indudables pruebas de la naturaleza de la toxemia intestinal denominada psora.

Hahnemann enfatiza mucho la imposibilidad de tener más de una enfermedad a la vez. Esto se ha observado en la investigación de la flora intestinal; es sorprendente que sólo en los casos más raros se encuentre más de un tipo de organismo anómalo presente en un individuo, otro hecho que confirma la teoría de que ambos estados son idénticos.

A pesar de que sólo se presente un tipo de organismo durante un período particular, éste se puede modificar mediante una vacuna o nosode, o la administración de un remedio, lo cual indica que el tipo de organismo depende del estado del paciente, y que su naturaleza varía en función del terreno donde debe vivir. Por lo general, en personas que no han sido tratadas con métodos homeopáticos, el organismo permanece mucho más constante a su tipo durante un período prolongado.

El siguiente punto a destacar es hasta qué grado la escuela alopática está adoptando métodos homeopáticos. Esto es completamente aparte del trabajo al que me he referido esta tarde acerca de los nosodes, utilizados por un gran número de alópatas en diferentes partes del mundo, quienes han sido debidamente instruidos en los respectivos principios de repetición, de modo que no es esperable que se produzcan daños al respecto.

Otra escuela también ha trabajado de manera independiente la administración de vacunas orales, y actualmente las utiliza a gran escala en potencias bajas por vía oral. Por el momento, estos profesionales –con representación a nivel mundial– no han utilizado disoluciones mayores a 4x.

En los últimos años Besredka41 y otros han llevado a cabo una vasta tarea y han demostrado la eficacia de la administración de vacunas por vía oral, tanto como profiláctico contra la enfermedad como cura de la misma.

Gran cantidad de experimentos ha demostrado que se pueden inmunizar los animales contra organismos vivos a los cuales son muy susceptibles mediante unas pocas dosis por vía oral de una emulsión inerte de las mismas bacterias. Asimismo, los resultados de pruebas realizadas en las tropas son muy esperanzadores acerca de la posibilidad de que los mismos preparados puedan proteger contra la infección tifoidea, disentería, etc., para la sociedad en general. Es así que como profilaxis o tratamiento, la vacuna oral se está convirtiendo en una práctica común. Algunas firmas, no sólo locales sino a una mayor escala en Europa continental, han iniciado la fabricación de estos preparados en grandes cantidades.

Las suspensiones no se potencializan en el exacto sentido de la palabra, sino que debido al tamaño diminuto de la bacteria, la cantidad total presente es en realidad muy pequeña, y probablemente corresponde a 2x o 3x de un remedio homeopático; de ahí que sean tan próximos a vuestras potencias. Este trabajo, que crece y se extiende con rapidez, desde luego procede por completo de la escuela alopática y no tiene ninguna conexión con la homeopatía. Se ha desarrollado de forma muy independiente en los laboratorios científicos de la vieja escuela. De forma inconsciente, se vuelve a descubrir la obra de Hahnemann y se ha preparado una gran cantidad de remedios, aunque sólo en potencias bajas. La vieja escuela está intentando crear una materia médica completa, utilizando como base los distintos tipos de organismos, de los que naturalmente existen numerosas variedades.

Como ejemplo, presentamos una cita del boletín trimestral de una de nuestras principales firmas:

El terapeuta que utiliza las vacunas afirma que en una gran variedad de casos el uso de vacunas mediante una inyección subcutánea es beneficioso. Sin embargo, debemos admitir que existen muchos estados en los que la administración de una vacuna mediante una inyección está contraindicada. Los casos de fiebre aguda y los pacientes nerviosos que son hipersensibles pueden mencionarse como los ejemplos más importantes. No es ampliamente conocido que, en infecciones por estafilococos y estreptococos, las vacunas administradas en forma oral, como un medicamento corriente, son igual o quizás más efectivas que las administradas mediante inyecciones. Las visitas frecuentes para las inyecciones son innecesarias ya que el paciente puede tomar las vacunas orales en su casa en el horario indicado por el médico. En el tratamiento de forúnculos y ántrax se han obtenido algunos éxitos sorprendentes.

Otro aspecto importante a considerar por los homeópatas es algo que Hahnemann había comprendido muy bien: el estado incompleto de la materia médica y el hecho de que no pudiera abarcar todas las enfermedades existentes. Además, él se dio cuenta de que podían surgir enfermedades nuevas debido a las circunstancias cambiantes de la civilización, y que deberían buscarse nuevos remedios. Una vez más, su talento le permitió comprender que en la Naturaleza podían encontrarse infinidad de remedios apropiados para las enfermedades que pudieran surgir.

Las siguientes citas del “Organon” muestran la percepción de Hahnemann acerca de la necesidad de encontrar más remedios y del trabajo que deberían realizar sus seguidores para mejorar los descubrimientos originales para seguirle el paso a la enfermedad en sus características siempre variables:

Dado que el número de medicamentos con acción positiva comprobada es escaso, algunas veces sucede que sólo una parte de los síntomas de la enfermedad se encuentran en el registro de síntomas de medicamento más adecuado. Consecuentemente, debe emplearse este remedio incompleto contra la enfermedad a falta de uno completo. (párr. 133)

Si el medicamento que se elige en primer lugar corresponde realmente a la enfermedad de forma completa, debe curarla. Pero, si debido al número insuficiente de medicamentos totalmente probados y a la consiguiente restricción de nuestra elección, el medicamento seleccionado no es exactamente homeopático, entonces surgirán nuevos síntomas que a su vez indicarán el camino hacia el siguiente remedio que probablemente resultará útil (párr. 184).

Realmente conocemos sólo unos cuantos medicamentos de acción positiva probada y nos permiten descubrir un remedio para cada uno de los innumerables casos de enfermedad.

Cuando miles de observadores precisos e infatigables, en lugar de uno como hasta ahora, hayan trabajado en el descubrimiento de estos primeros elementos de una materia médica racional, ¡qué gran incidencia tendrá esto en todo el ámbito del ilimitado reino de la enfermedad! Entonces ya no se ridiculizará el arte de la medicina al considerarlo como un arte de conjetura carente de todo fundamento (párr. 122).

El reconocimiento de las enormes posibilidades en la variedad de la enfermedad se ilustra en los párrafos siguientes:

Cada epidemia o enfermedad colectiva esporádica debe considerarse y tratarse como un desorden individual, sin un nombre o definición específica, que nunca se había producido antes exactamente como en este caso, en esta persona y en estas circunstancias, y que nunca puede volverse a presentar en forma idéntica en el mundo (párr. 60).

Cada epidemia difiere de cualquier otra, a excepción de unas cuantas que están causadas por un miasma42 concreto e inalterable. Además, incluso cada caso de epidemia y enfermedad esporádica difiere de cualquier otro, exceptuando únicamente los que pertenecen a una de las enfermedades colectivas endémicas de otro lugar. Por lo tanto, el médico juzgará cada caso de enfermedad de acuerdo con sus características individuales. Cuando haya investigado sus características individuales y haya observado todos sus indicios y síntomas (ya que éstos existen para ser observados), tratará el caso de acuerdo con su individualidad (es decir, de acuerdo con el grupo concreto de síntomas que presente), con un remedio individual adecuado (párr. 48).

El último punto que deseo destacar es que Hahnemann también vislumbró la inagotable cantidad de remedios que se podían obtener con sólo empeñarse en ello. Vuelvo a citarlo:

Por otro lado, las fuerzas productoras de la enfermedad, denominadas “fármacos” o “medicamentos”, se pueden utilizar con fines curativos con una facilidad infinitamente mayor, con mucha más seguridad y con un rango de elección casi ilimitado; podemos dar a la contraenfermedad asi despertada (que debe eliminar la enfermedad natural que somos llamados a curar) una resistencia y una duración, porque el tamaño y el peso de la dosis está a nuestras órdenes; y puesto que cada medicamento difiere de cualquier otro y posee un amplio rango de acción, tenemos en la gran multitud de fármacos un número ilimitado de enfermedades artificiales a nuestra disposición, que podemos oponer con una elección decisiva al curso natural de las enfermedades y dolencias de la humanidad, y por consiguiente eliminar y extinguir los desórdenes naturales de una manera rápida y segura por medio de enfermedades muy similares producidas artificialmente (párr. 37).

Sin duda, en el futuro estos nosodes desempeñarán un papel preponderante en el tratamiento de la enfermedad, y si son esencialmente homeopáticos deberán distribuirse al mundo a través de los canales homeopáticos por dos motivos: primero, cualquier ampliación del trabajo de Hahnemann debería añadirse al suyo existente, en respeto natural a su talento, y segundo, más importante aún, estos nosodes sólo tendrán plenos resultados si se combinan con otro tratamiento homeopático. No debemos olvidar que probablemente estos nosodes representan solo un espectro de la enfermedad –el que Hahnemann incluyó con el nombre de psora– y que como tal, una parte de su acción está limitada y restringida a una determinada fase del tratamiento de la enfermedad, y no se puede esperar que bajo estas condiciones cubra todo su espectro. Por lo tanto, el prescriptor exitoso también debe disponer de los otros remedios que actualmente se encuentran en la farmacopea o que es posible que se añadan a ella en el futuro, para estar disponibles en en uno o más casos. Y si bien la escuela alopática está bien dispuesta a aceptar los nosodes –o, como los denominan, vacunas orales de bacterias–, de todas las formas limita la nueva farmacopea a esta parte de remedios y no obtendrá el beneficio de los cien años de experiencia de toda la diversidad de hierbas y remedios naturales tan ampliamente probados por la escuela homeopática.

Los nosodes se pueden considerar como inmensas fuerzas limpiadoras que mejoran el estado de un paciente, y que en ciertos casos realizan una cura completa, en otros casos purifican la condición general del paciente, quien antes no respondía y ahora se beneficia notablemente con otros remedios. Una vez más, el factor fundamental en la utilización de este tratamiento, es repetir con sumo cuidado las dosis de acuerdo con la respuesta del paciente, una ley con la que todos los homeópatas están familiarizados pero que los alópatas tardarán bastante tiempo en apreciar. Si estos nosodes se lanzan a la profesión a través del mundo alopático, su posibilidad de tener éxito es muy pequeña en comparación con lo que podría ser si se efectuara a través de los canales homeopáticos debido a la falta de una materia médica completa, por un lado, y la ley de la repetición correcta de las dosis –por el momento relativamente desconocida–, por el otro.

Los resultados prácticos de estos preparados han resultado tan notorios, que la cantidad de alópatas que ya los utilizan es mayor que el listado de homeópatas que existen en el Registro de Inglaterra; algunos han descartado totalmente la jeringa y el antiguo método hipodérmico para el uso del nosode, y se vislumbra un eventual peligro en el futuro si esta práctica se extiende demasiado sin el control de una autoridad, ya que sólo debería ser utilizada por quienes hayan recibido una formación específica.

La existencia de la homeopatía en este país depende hasta cierto punto de su capacidad de curar los casos en los que la alopatía ha fallado y la posesión de estos preparados permite que el alópata que los utiliza correctamente pueda competir en mayor medida que antes. Pueden estar seguros de que si la vieja escuela adopta este trabajo y se descubre el intervalo correcto entre las dosis, afirmará que es un descubrimiento enteramente suyo. El doctor Paterson, de Glasgow, uno de sus patólogos, trabajó con estos nosodes, se dedica a prepararlos y en la actualidad realiza otras investigaciones sobre el tema, de modo que ustedes, los homeópatas, prosiguen desde el interior mismo de la investigación el trabajo sobre los nosodes.

En conclusión, deseo mencionar los párrafos finales del artículo de abril de 1920 al que he hecho referencia:

Por el momento debería reconocerse que la ciencia está confirmando los principios de la homeopatía de manera totalmente diferente. Todos los honores de haberse anticipado a la ciencia más de un siglo deberían recaer en Hahnemann.

La actitud actual de la profesión médica en general es de respeto hacia la homeopatía; pero cuando se reconozca y aprecie de forma general la evidencia de que toda la investigación moderna conduce rápidamente a la dirección de las leyes de Hahnemann, la homeopatía será entonces reconocida como la magnífica ciencia que es.

Todos los miembros de vuestra Sociedad deberían mostrarse orgullosos de estar entre los pioneros; dejad que se vea que no se desvían ni lo más mínimo de las leyes fundamentales de su gran fundador. Porque la ciencia está demostrando en detalle el remedio similar, la dosis única y el peligro de una repetición apresurada.

Va a ser una lucha entre la antigua homeopatía y la nueva; encarguémonos de que la antigua reciba su parte del mérito, de que su estándar se mantenga alto y de que, fiel a sus enseñanzas, no se sumerjan en la corriente de la ciencia que meramente sigue el curso de Hahnemann.

Si fuera posible, desearía poder presentarles siete hierbas43 en lugar de siete grupos de bacterias, ya que parece existir cierta reticencia en la mente de muchos a utilizar algo asociado con la enfermedad en el tratamiento de estados patológicos. Posiblemente se trate de una visión de miras estrechas y en esta época nos sentimos inclinados a preservar la medicina perfectamente pura y nos hemos decantado un poco hacia el extremo opuesto, tal vez como reacción a las prácticas de la Edad Media y a la experimentación en animales actual. Además, puede ser que los organismos que se utilizan sean beneficiosos para la humanidad en lugar de perjudiciales.

Estamos realizando todo el esfuerzo posible para sustituir el nosode de bacterias por plantas; de hecho, hemos encontrado la correspondencia casi exacta de algunos de ellos; por ejemplo, el ornithogalum44 tiene vibraciones muy similares a las del grupo de Morgan45 y hemos descubierto un alga con la mayoría de las propiedades del tipo disentería. Pero aún falta algo que nos tiene en jaque en el esfuerzo de evitar el uso de los nosodes de bacterias. Este punto vital es la polaridad. Los remedios del campo y de la naturaleza, cuando se potencian tienen una polaridad positiva, mientras que los remedios asociados con la enfermedad son del tipo contrario; al parecer es esta polaridad inversa lo que resulta tan esencial en los resultados que se obtienen mediante los nosodes de bacterias. Quizás en un futuro se descubra una nueva forma de potencialización, que será capaz de invertir la polaridad de los elementos simples y las plantas, pero hasta entonces no tenemos otra alternativa.

El efecto beneficioso de estos nosodes ahora es aceptado internacionalmente y el beneficio que se obtiene día a día en la lucha contra la enfermedad es a gran escala, por lo que no parece que este beneficio deba ser negado a la humanidad hasta el momento en que encontremos un método concreto de combatir la psora de Hahnemann por medios que se ajusten a la mentalidad más exigente. Es infinitamen te más importante el hecho de que este trabajo debería ser reconocido como una continuación del trabajo de Hahnemann y, aunque no sea perfecto en sí mismo, puede conducir a descubrimientos posteriores. Su crecimiento y desarrollo debería ser vigilado y dirigido desde la escuela homeopática y tampoco debería permitirse su uso de manera abusiva por parte de aquellos que no comprenden los principios fundamentales sobre los que se establece.


Debate

El doctor C. E. Wheeler dijo que la Sociedad, bajo la dirección del presidente, obraba con acierto al dedicar un tiempo de esta sesión a debatir a fondo si este trabajo debía considerarse o no como una confirmación de los principios de Hahnemann.

Si el doctor Bach tenía razón, entonces quedaba claro que existían agentes de una naturaleza muy determinada relacionados con la psora y que los homeópatas no eran las únicas personas que tenían acceso a ellos. Ese es el punto que él quería destacar, dejando otros aspectos del tema a los conferenciantes posteriores. El asunto era importante desde el punto de vista de la posición de la homeopatía. Hasta entonces la profesión no homeopática había intentado reprobar la utilización de la homeopatía en el tratamiento de condiciones agudas en el trabajo de la salud pública.

Las enfermedades agudas se estaban controlando mucho más que antes y los homeópatas no tenían tantas oportunidades de mostrar que ellos podían curar mucho mejor estos casos (por ejemplo, la fiebre tifoidea y otras condiciones agudas), puesto que estos casos no se presentaban. La prevención era mejor que la cura y el pensamiento de la profesión no homeopática estaba centrado en la línea de la prevención. Por el hecho de poseer los medios para tratar el caso individual, era menos probable que los homeópatas se concentrasen en métodos de prevención, pero la escuela ortodoxa había seguido de forma natural esta dirección.

En los remedios mencionados por el doctor Bach, los miembros de la profesión no homeopática tenían muchas posibilidades de encontrar métodos apropiados para curar y finalmente para prevenir las enfermedades agudas, además de las crónicas, y a menos que los homeópatas fueran capaces de intervenir en este asunto, era muy probable que quedaran arrinconados y perdieran la ventaja de haber sido los primeros en este campo.

Era imposible escuchar la ponencia del doctor Bach y no darse cuenta de que este trabajo se había llevado a cabo desde el principio independientemente de cualquier conocimiento de homeopatía. Lo que antes habían hecho los homeópatas, ahora lo hacían otros y si no desarrollaban el uso adecuado de esta arma específica, a menos que estuvieran preparados para ocupar su lugar y reclamarlo debidamente, existía el peligro de ser dejados de lado y de que no pudieran hacer su contribución a la ciencia médica; contribución que procedía del hecho de tener cien años de experiencia en la aplicación de esta regla concreta, mientras que la profesión no homeopática sólo la aplicaría a una rama y sin el conocimiento que brinda la experiencia. Por lo tanto, en la Sociedad no debería haber dudas sobre lo que podríamos denominar lejanía. Todo lo que se hiciera en la Sociedad debería basarse en la experimentación, agrupando los resultados, para poder ver la ubicación de los remedios y su relación con el resto de la materia médica. Era muy posible proporcionar una patogénesis detallada de todos estos nosodes concretos, de modo que estos remedios se pudieran prescribir según los síntomas de los descubrimientos patológicos, para ayudar a muchos que parecían tener miedo al laboratorio de análisis clínicos. Había otro punto relacionado con este discurso a favor de una experimentación extensiva.

Las prescripciones homeopáticas, tanto si tenían éxito como si no lo tenían, por regla general profundizaban más en el caso tratado que las prescripciones que normalmente proporcionaban los alópatas. Si un remedio homeopático era mínimamente similar (o tenía alguna semejanza), por lo general afectaría a la enfermedad mejorándola o empeorándola. Normalmente era más difícil obtener resultados con estos nosodes en un caso tratado sin éxito por un homeópata que en un caso tratado por alópatas. Debemos recordar que los casos en que los homeópatas probarían estos nosodes serían los casos en los que hasta la fecha no hubieran sido exitosos y para los que no encontraban ningún remedio, pero al tratarse de casos en los cuales se habían esforzado por encontrar un remedio, no debían decepcionarse si al principio el resultado no era tan rápido como deseaban. Cuanto más se prescribía sin éxito, más difícil resultaba prescribir con éxito. Estos nuevos nosodes sin duda figuraban entre los remedios de acción más efectiva con los que se contaba.

El doctor Weir dijo que sabía muy poco sobre el tema que se discutía, pero que entendía que el doctor Wheeler mencionaba que si un paciente había sido tratado erróneamente con medicinas homeopáticas, era mucho menos probable que estos nosodes resultaran útiles. Si esto fuera así, debería considerarse a sí mismo como uno de los peores prescriptores, pues había utilizado este método varias veces y sólo había obtenido un único resultado beneficioso. Esto podría deberse a que existían reglas para el juego en todo, y si uno no cumplía las reglas no podía esperar tener éxito. El hecho de que lo hubiera intentado sin éxito no implicaba una crítica al método.

El doctor Bach y el doctor Wheeler no tenían nada que temer por parte de los homeópatas en cuanto al uso de remedios patológicos. Por su parte, él lo utilizaría todo y estaba dispuesto a dejarse guiar. Esperaba descubrir algo que hiciera que algunos de estos casos complejos fueran más fáciles de tratar mediante el uso del nosode. ¿Hasta qué punto este método iba a sustituir el tratamiento homeopático acostumbrado, vigente durante cien años? Quienes utilizaban la terapia de vacunas habituales se dividían en dos grupos: los que optaban por administrar una única dosis y esperar, y los que preferían repetirla con frecuencia.

El doctor Weir manifestó que ese día se produjo un hecho lamentable. Le trajeron a la consulta una niña con supuración de oído, que había estado bajo el cuidado de uno de los mejores bacteriólogos y a quien le administraran una dosis de vacuna cada sábado, y una dosis de hierro tres veces a la semana. La madre, una mujer inteligente, dijo que al principio, y hasta cierto punto, el tratamiento parecía útil, pero al cabo de un mes dejó de serlo, por lo que pidió cesar el tratamiento; sin embargo, el profesional decidió continuar. En este caso, el principio de dosis de Hahnemann era de gran valor.

El doctor Weir esperaba que se realizara un listado de síntomas como guía hacia un remedio, eliminando la necesidad del examen de heces frecuente. En ese punto surgiría la dificultad; los pacientes se opondrían a la preparación frecuente de placas de defecaciones, tanto por la molestia como por el gasto. Seguramente Hahnemann hubiera sido uno de los primeros en impulsar el estudio de estos nuevos métodos. En conclusión, el doctor Weir agradeció a las personas que trabajaban en este campo por lo realizado y por lo que estaban haciendo. Era consciente del aporte del doctor Bach, así como del gran trabajo de los doctores Dishington y Paterson. No debían pensar que sus colegas eran hostiles, desagradecidos o hipercríticos.

El doctor Goldsbrough dijo que muchos detalles técnicos en este tipo de tratamiento eran difíciles de asimilar por parte de quienes trabajaban en líneas diferentes, y considerando que incidía en la falta de respuestas en la discusión.

Deseaba hacer algunas preguntas al doctor Bach. Durante la velada clínica de junio, él (el conferenciante) expuso un caso de psoriasis complicada con eritema y mastitis. Era un caso muy interesante y al principio temió que la paciente desarrollara una enfermedad maligna en el pecho. La hinchazón desapareció con la fitolaca y a continuación la paciente presentó un eritema agudo en todo el cuerpo. Inicialmente la psoriasis desapareció, pero luego volvió a presentarse. La discusión de junio lo llevó a pensar que podía encontrar ayuda en la línea de trabajo del doctor Bach y el doctor Wheeler. Envió dos especímenes al laboratorio del hospital para descubrir si había algún organismo anormal a partir del cual se pudiera preparar una vacuna. En cada uno de los casos el informe indicó que no se había aislado ningún organismo. No envió un tercer espécimen, ¿debería haberlo hecho? La paciente aparentaba estar bien de salud, pero aún tenía psoriasis.

Parecía ser un caso crucial, no como prueba del principio sino para saber si debía aplicarse en esta oportunidad. El consejo del doctor Bach sobre el tema sería valioso. El doctor Bach había dicho que el organismo era un lactobacilo no fermentado. ¿Por qué se proporcionaba esa prueba concreta del organismo? ¿Era debido a la polaridad de la lactosa o a la polaridad que el doctor Bach pretendía descubrir en el nosode resultante? En relación con el punto mencionado, ¿por qué era una emulsión de la bacteria la preparación a partir de la cual se había creado el nosode? ¿Debía entenderse que la emulsión tenía la misma actividad que el bacilo? Era una pregunta pertinente para examinar y discutir. El doctor Goldsbrough mencionó que ya había argumentado en contra del doctor Hughes respecto al significado de la palabra “psora” de Hahnemann. Se la asociaba con erupción y picor, pero él rebatía ese punto y luego investigar en la biblioteca del Colegio de Cirujanos había llegado a la conclusión de que el concepto de Hahnemann era mucho más amplio que suprimir una erupción con picor, pero siempre relacionado con una irritación cutánea general. ¿Debía pensarse siempre en una erupción reprimida en los casos en que el nosode iba a ser beneficioso?

Otro punto era que lógicamente el método propugnado era bastante descabellado en comparación con el tratamiento homeopático usual, y el doctor Goldsbrough consideraba muy importante la sugerencia del doctor Wheeler acerca de la diferencia. Por lo tanto, era necesario obtener una orientación clara.

El doctor Wheeler sugirió que sería aconsejable que el doctor Bach respondiera a esas preguntas antes de proseguir con la discusión.

El doctor Bach, en respuesta a la pregunta del doctor Weir sobre hasta qué punto estos nosodes podían reemplazar el tratamiento homeopático, dijo que no podían sustituirlo en absoluto; simplemente se añadían a los remedios antipsóricos. No había ninguna sustitución. Personalmente, él no creía que ningún caso se hubiese curado por completo únicamente con estos nosodes, por muy buenos que fueran los resultados; era necesaria además la influencia perfeccionadora del tratamiento homeopático. Se trataba de siete aspectos de la psora, siete remedios y siete nosodes aplicables al tratamiento de los síntomas psóricos. Tan pronto como se resolviera la sintomatología (y entonces no sería necesaria ninguna prueba bacteriológica), estaba seguro de que los nosodes encontrarían más apoyo. Sería un trabajo que duraría meses, pero él creía que el doctor Dishington con sus colaboradores de Escocia tendrían muy bien solucionados los propósitos y capacidades de los siete nosodes antipsóricos en un futuro próximo.

En referencia a las preguntas del doctor Goldsbrough sobre dos pruebas que resultaron negativas, el doctor Bach dijo que eso no era raro, puesto que la fase negativa podía durar dos o tres semanas, sobre todo si el paciente no estaba en buena forma. A veces se prolongaba duraba hasta tres o cuatro meses. El momento apropiado para realizar la prueba era cuando el paciente estaba en buena forma.

En primer lugar el bacteriólogo eligió la lactosa debido al descubrimiento de que ninguno de los organismos patógenos podía fermentar lactosa y a que se había elegido el azúcar como medio de contraste. Hasta donde se sabía, una emulsión de bacilos actuaba de forma muy similar a las bacterias. No parecía alterarse demasiado en la primera emulsión, pero en cuanto se empezaba a potencializar, la situación cambiaba completamente.

El doctor Bach dijo que en lo referente a la contención de la erupción cutánea, creía que en casi todos los casos de psora en algún momento debía haberse presentado una erupción cutánea. Personalmente, nada le complacía más en un caso crónico que ver repetirse una erupción cutánea. Con respecto a que los principios de este método se apartaban de la homeopatía, él no lo creía así. En el pasado se habían utilizado varias formas de gérmenes como, por ejemplo, tubérculos, estreptococos y muchos otros, y utilizando los descubrimientos recientes y convirtiéndolos en una vacuna, no consideraba que se estuviera desviando del principio de la homeopatía.

El doctor Dishington esperaba que el tiempo le permitiera decir todo lo que tenía en mente. Si pudiera explicar su experiencia, sería capaz de convencer al mundo. Quería destacar un punto importante. Por primera vez en la historia de la medicina, la escuela ortodoxa predominante comenzaba a tratar enfermedades crónicas con éxito utilizando nosodes. La cantidad de personas que lo hacían en el presente representaba el doble de la cantidad de homeópatas, y eso suponía una advertencia. La escuela homeopática existía y se había mantenido a pesar de todos los prejuicios debido a la gran disparidad entre los resultados homeopáticos en la enfermedad crónica y los de la vieja escuela. La vieja escuela simplemente no obtenía ningún resultado; la nueva escuela de medicina ortodoxa futura iba a tratar las enfermedades crónicas con un alto grado de éxito y lo haría bajo el prestigio de la ortodoxia. Estaba en manos de los homeópatas enfrentarse a la situación y avanzar realmente y guiar ese movimiento; de lo contrario, se quedarían estancados.

En la actualidad estos nosodes se están probando; la patogénesis de siete grupos diferentes estaba emergiendo de una forma admirable. Una y otra vez los homeópatas podían prescribir para el paciente sin ningún examen bacteriológico, y se obtenían mejores resultados, los cuales actuaban en profundidad y con una reacción curativa prolongada.

Como había mencionado el doctor Wheeler, los nosodes autógenos no lograban tanto éxito si el paciente había recibido mucho tratamiento homeopático. Si se administraba un remedio similar a un paciente, se producía una reacción general en la economía vital y el intestino empezaba a cambiar la flora. Por lo tanto, si se realizaba un examen de las heces del paciente, probablemente se vería que se estaba produciendo una mutación; el organismo producía cambios porque el paciente estaba cambiado. Para elegir un caso era absolutamente esencial realizar un diagnóstico preciso para estar seguro de que se trataba únicamente de psora. Si contenía psora y sycosis,46 el nosode de psora no funcionaría.

El doctor Dishington planteó que administraba un nosode nueve veces sin examinar las heces por cada una con el examen, y que obtenía resultados satisfactorios. Con referencia a los comentarios del doctor Goldsbrough, el agente causal de la enfermedad debe ser un asunto de gran interés para los médicos y aún mayor para los homeópatas.

Hahnemann concibió que el picor común que se presentaba por lo general, asociado frecuentemente con síntomas crónicos si se reprimía, debía contener en sí mismo algo de la naturaleza de la enfermedad. Él potenció la ampolla con picor y nos proporcionó el remedio psorinum. Entendía que si se podía verificar así qué se relacionaba con la causa de la enfermedad, probarlo y potenciarlo, podría obtenerse un remedio para la enfermedad.

El doctor Bach dijo que en los casos psóricos, cuando el paciente mejoraba después de habérsele administrado una vacuna autógena o una dosis del nosode; a continuación entraba en una fase negativa de mejoría prolongada durante la cual no aparecía ningún bacilo no fermentador de lactosa en las heces. Considerando esto y los síntomas observados y registrados, se presentaba una imagen de la patogénesis del grupo que constituía una guía activa para la selección del nosode.

Leyendo sobre la “psora” de Hahnemann, resultaba interesante la asociación entre los síntomas intestinales y la erupción cutánea. Durante en su período de práctica, el doctor Dishington había advertido, una estrecha asociación entre la erupción cutánea y los síntomas de algún problema en el colon, sobre todo en los niños. Lo cierto es que podía afirmar que desde que utilizaba los nosodes basándose estrictamente en el principio homeopático, se habían producido más erupciones cutáneas que antes.

Algo destacable en el hospital de Glasgow era que entre el 80 y el 90 por ciento de casos tratados con estos nosodes durante seis a ocho semanas se había producido una erupción cutánea marcada. Los niños entraban con una piel bonita y limpia, pero estaban enfermos, débiles. Se les administró un nosode basándose únicamente en la sintomatología y se obtuvo una respuesta vital evidente, los síntomas reaparecían en el orden inverso, la piel estallaba. En un lapso más breve que lo habitual se produjo una reacción que se mantuvo (una reacción mucho más fuerte de lo que se obtendría con un remedio similar). El graphites era un remedio común conocido por todos. Se trataba de un remedio antipsórico profundo y fuerte con muchos síntomas gastrointestinales. Era la descripción del nosode dysentery co.

El doctor Dishington dijo que el doctor Bach confirmaría que dysentery co., aparecía mucho en los casos en que el trabajo básico del estómago precedía a una úlcera gástrica. Había tenido varios casos en los cuales no se logró una reacción manifiesta de nat. carb., pero sí de dysentery co. Lo curioso era que durante muchos años había estado tratando con éxito muchos casos de este tipo pero había obtenido síntomas recurrentes. Al aplicar el nosode había tratado con éxito muchos casos de este tipo, pero con síntomas recurrentes. Al aplicar el nosode registró un rápido aumento de la vitalidad del paciente con erupción cutánea muy grave. Dysentery co. obtuvo una erupción cutánea igual de virulenta y grave que graphites. En un caso, la erupción se presentó en todo el cuerpo; luego desapareció y el paciente se ha mantenido perfectamente bien desde entonces.

La experiencia sirvió para demostrar que los nosodes son remedios antipsóricos potentes, pero que no desplazarían a ningún remedio que se hubiera probado. Simplemente denota que la capacidad de curar enfermedades había aumentado.

El doctor Dishington está convencido de que todos estarían muy agradecidos al doctor Bach por plantear este tema y haber proporcionado un estudio exhaustivo del aspecto bacteriológico acerca de cómo había llegado a sus conclusiones, siempre guiándose por el talento de Hahnemann. Debía reconocerse la generosidad del doctor Bach y su deseo de dar todo el mérito a Hahnemann. Él explicaba lo que Hahnemann había concebido y sistematizado. A medida que el trabajo avanzaba, sería ampliamente recompensado.

El doctor Rorke preguntó si se habían potencializado las heces completas. El doctor Bach lo negó, puesto que no era científico y probablemente no resultaría útil.

El doctor Rorke dijo que él no podía decir si era científico o no, pero que se había hecho lo mismo con todos los nosodes utilizados hasta el presente. Por ejemplo, el nosode tuberculinum era una potenciación de una glándula tuberculosa, no de un cultivo de bacilos de tubérculo. Y como el doctor Paterson les había dicho que los cultivos más recientes producían las potencias más potentes, le parecía que valía la pena intentar crear las potencias a partir de la misma defecación.

El doctor Tyler preguntó al doctor Bach si había pensado alguna vez en capturar insectos que producen picor y cultivarlos para ver si eran un huésped intermediario.

El doctor Dishington dijo que deseaba ampliar la respuesta del doctor Bach al doctor Rorke. El tuberculinum era una preparación realizada a partir de un bacilo obtenido de un foco determinado del cuerpo. Podríamos decir lo mismo del medorrhinum. En estos casos el injerto se obtenía no sólo del cuerpo, sino también de una parte enferma del huésped. En todos los nosodes de Bach, la naturaleza de los bacilos contenía algo del huésped. Si hubiera sido posible obtener una parte del tejido enfermo (que en realidad no existía porque se eliminaba del intestino), hubiera sido útil, pero no era necesario.

El doctor Rorke consideraba que utilizar la defecación sería un paso más próximo. El doctor Dishington no estaba de acuerdo. Al potencializar, esa parte expresaba la enfermedad y no el tejido normal que se iba a potencializar. Esto hacía que se mantuviera el error dinámico en el paciente.

El doctor F. Bodman hizo referencia al trabajo de Cronin Lowe sobre “cultivos selectivos patógenos”. Realizó cultivos de especímenes de heces en un medio que contenía sangre del paciente y así obtuvo una flora diferente; la sangre inhibía el crecimiento de las bacterias que no eran patógenas en ese paciente concreto, las cuales hubieran florecido en el medio de cultivo corriente

El doctor John Paterson (Glasgow), como estudiante y practicante de la medicina ortodoxa, expresa su gran interés en todo lo relacionado con la bacteriología, y que la semejanza entre los principios de la terapia con vacunas y la homeopatía lo habían inducido a estudiar y finalmente a practicar la medicina no ortodoxa. En algún momento no consideró útil continuar en el laboratorio, pero luego de diez años de práctica homeopática había reanudado su tarea con una nueva perspectiva. Gracias a la amabilidad del doctor Bach pudo ejercitarse en el laboratorio de Londres y aprender la técnica peculiar de ese trabajo. Desde entonces, había examinado en Glasgow alrededor de 5.000 especímenes de heces. Podía corroborar los descubrimientos descritos por el doctor Bach en su ponencia, pero quería añadir algunos comentarios como bacteriólogo y homeópata. Revisando la literatura sobre el tema, encontró que mientras todos estaban de acuerdo en la importancia de la toxemia intestinal, existía un total desacuerdo sobre el tema de la flora intestinal. Varios bacteriólogos podían examinar el mismo espécimen, según sus propios métodos, y probablemente cada uno de ellos informaría acerca de un organismo diferente. Ese trabajo tenía poco valor para la medicina clínica.

Les recordó que Mechnikoff primero utilizó un bacilo (B. bulgaricus) como agente curativo en la toxemia intestinal. En la actualidad la escuela de medicina moderna dirigía la atención hacia el uso de B. Acidophilus. Hizo referencia al trabajo de Reggter y Cheplin del Sheffield Laboratory of Bacteriology, de la Universidad de Yale, y también a un artículo del British Medical Journal, del 29 de septiembre de 1928, escrito por escrito por A. Cruickshank, de Aberdeen.

A partir de sus trabajos, se deducía que el B. bulgaricus en emulsión tenía poco valor clínico, puesto que no podía sobrevivir en el intestino. Morfológicamente, el B. acidophilus era similar al B. bulgaricus, pero podía existir en el intestino, y era valioso como agente terapéutico. Quisiera mencionar que habían obtenido dos puntos importantes: primero, la importancia de proporcionar la emulsión en un medio adecuado para su crecimiento (generalmente un medio lácteo) en el intestino, y segundo, que los mejores resultados se obtenían si el bacilo se aislaba realmente de las heces para proporcionar el cultivo correcto. La administración continua de dosis considerables de determinados azúcares también producían un cambio en la flora, pero en todos los casos la interrupción del tratamiento causaba un retorno inmediato a la flora original. Se había llevado a cabo un gran trabajo de laboratorio con escasas pruebas clínicas acerca de su valor.

Comparándolo con el trabajo del doctor Bach, encontró que los organismos se obtenían de su terreno natural, el intestino, el método de cultivo se había estandarizado con sumo cuidado, y que a partir de reacciones del azúcar era posible una clasificación. Además, se podían asociar los organismos, identificados de esta manera con el cuadro clínico determinado (las fases de la psora) reconocido en la homeopatía. Posteriormente demostraría cómo un nosode a partir de estos organismos modificaba de forma sorprendente la flora intestinal y sin ninguna ayuda artificial de azúcares en la dieta.

También podía proporcionar numerosos resultados clínicos a partir de la utilización de nosodes. Variando el medio de cultivo podían obtenerse varios tipos de organismos, pero él sugería que el método de Bach –que mantenía el medio constante y siguiendo una técnica rigurosa– proporcionaba variaciones debido al carácter del terreno (el intestino) del cual procedían, pudiéndose realizar una clasificación de terrenos. Sus conclusiones sobre el trabajo efectuado hasta entonces indicaban que estas bacterias eran un reflejo del terreno del cual procedían, y que llevaban parte de la energía dinámica del huésped. Las emulsiones de estos organismos, cuando se potencializaban, tenían más energía dinámica en proporción con cualquiera de las potencias usuales de los remedios. Clínicamente esto se confirmaba mediante la acción larga y profunda de una dosis única de un nosode. Había notado que con una dosis única de Dysentery Co. 30 se obtenía una mejoría de forma continuada durante varios meses, sin necesidad de repetir. Asimismo, cualquier empeoramiento era agudo, duraba mucho y era difícil de interrumpir. Lo único que encontraba útil en estos casos era otro nosode en una dosis única. Era importante aislar e identificar el organismo lo antes posible después de obtener el cultivo a partir del huésped, si se quería obtener una potencia autogénica. Había observado que la administración de cualquier remedio potencializado podía alterar la flora intestinal. La vacuna potencializada a veces provocaba cambios sorprendentes, en el porcentaje o en el cambio de tipo. En general, esto no sucedía hasta unas tres semanas después de la dosis y podía mantenerse durante muchas semanas, reduciéndose gradualmente el porcentaje hasta hacerse negativo. El homeópata debía recordar este hecho cuando consideraba prescribir después de un nosode. El bacteriólogo necesitaba saber que en apariencia no se producían cambios después de una dosis de vacuna sin potencializar con el método usual de la jeringa hipodérmica.

El hecho de no poder reconocer el efecto de las potencias había significado para él una gran frustración cuando comenzó a usar nosodes después de una placa positiva correcta. Había obtenido los cultivos durante una fase debido a la acción de un remedio anterior. Era incorrecto prescribir durante estas fases y debía avisar a sus colegas que dejaran suficiente tiempo para que los remedios hubieran dejado de actuar antes de enviar especímenes de pacientes para obtener un cultivo. Si alguna fase persistía podía ser necesario introducir un nosode, pero para obtener un resultado correcto era mejor retomar el caso más adelante y volver a examinar las heces. Se podían observar los cambios clínicos, que correspondían al cambio en el tipo de organismo.

Estaba de acuerdo con el doctor Bach en que, en términos generales, la obtención de una placa 100% positiva después del tratamiento era un buen indicio, pero él añadiría que siempre y cuando el porcentaje se redujera gradualmente durante unas cuantas semanas, como máximo, o el tipo cambiara. Este cambio de tipo normalmente se producía cuando el porcentaje bajara hasta entre un 1% y un 5%, o después de una fase negativa corta. En malignidad había encontrado con frecuencia placas cien por ciento positivas antes del tratamiento (homeopático), y cuando el porcentaje se había mantenido después de administrar el nosode, el caso no llegaba a buen término en corto tiempo. Por otra parte, una disminución del porcentaje, después del nosode, iba acompañada por una mejoría clínica, o la sensación de bienestar, por parte de paciente. La homeopatía siempre había considerado que la constitución o terreno tenía una importancia primordial y si alguien releía su Manual de bacteriología, obtendría una nueva visión de las posibilidades de los descubrimientos en el laboratorio y su aplicación a las enfermedades crónicas. Pensaba que el trabajo del doctor Bach tenía un valor extraordinario, y era de especial interés para los miembros de esta Sociedad ya que proporcionaba la verdad de la Doctrina de la Homeopatía.


Nota editorial
Los nosodes de Bach47

El trabajo del doctor Bach sobre las pruebas y los efectos de la flora microscópica intestinal más activa es conocido por nuestros lectores. El doctor Wheeler nos informa que los Nosodes que se crean a partir de ella, bajo las instrucciones del doctor Bach, ahora pueden obtenerse a los precios habituales de los remedios homeopáticos en el local de los señores Nelson, Duke Street 73, Grosvenor Square, W.I. Hemos sugerido al doctor Wheeler que estos nosodes individuales se describan del mismo modo que los artículos del Diccionario de Materia Médica. Él nos dice que este material aún no se encuentra listo, pero espera que lo esté en unos meses. El doctor Dishington trabaja con ellos y ha obtenido algunos resultados excelentes. El doctor Wheeler añade la interesante información de que en el Emanómetro, el nosode Morgan es muy parecido a Ornithogalum y es muy valioso para problemas gástricos y duodenales.


CONTEXTO Y COMENTARIOS SOBRE “UN MÉTODO EFICAZ DE PREPARACIÓN DE VACUNAS PARA LA ADMINISTRACIÓN ORAL”

En esta época Bach ya está plenamente comprometido con la aventura floral, y seguramente este artículo, escrito en 1929, representa terminar de vaciar los cajones en torno a una actividad que ya ha dejado atrás. A pocos meses de la aparición de este trabajo Bach parte de Londres para dedicarse de lleno a la tarea de su nuevo camino de investigación.

Si bien el contenido de esta nota, publicada en Medical World en enero 1930, está muy centrado en cuestiones técnicas de la preparación y uso de las vacunas por administración oral –cuya modalidad es para Bach ventajosa por sobre la inyectable, por varios motivos– presenta dos tópicos que merecen destacarse y que apuntan a otras cuestiones.

En el primero Bach retoma la idea de la relación entre enfermedad crónica y bacterias intestinales como factor predisponente de la enfermedad, que prosigue en la línea de lo expuesto en artículos anteriores bajo el concepto de toxemia intestinal. El segundo es de naturaleza más prometedora: Bach afirma que no es necesario ningún análisis clínico y que se puede llegar a diagnosticar y prescribir ateniéndose exclusivamente a la sintomatología del paciente.

Podremos apreciar en los primeros textos florales de Bach cómo los diferentes aspectos prescriptivos tienen una estrecha analogía con la forma en que planteaba el uso de las vacunas.


Un método eficaz de preparación de vacunas para la administración oral48

Dr. Edward Bach

Durante los últimos diez años se ha investigado a fondo un nuevo método de preparación de vacunas de vía de administración oral, se ha utilizado ampliamente y sin lugar a dudas ha demostrado tener un gran valor terapéutico en casos de enfermedades crónicas. Muchos médicos de las Islas Británicas, Estados Unidos, Alemania, Francia y otros países pueden atestiguar el valor de este método de modo que no cabe la menor duda de que se ha aportado un agente terapéutico importante a la materia médica de nuestra ciencia.

Las ventajas de la administración oral de las vacunas son tan evidentes que cualquier avance en esta dirección naturalmente debe ser bien recibido por los médicos y otros profesionales de la salud. En primer lugar, uno de los grandes inconvenientes de las inyecciones es la necesidad de usar un antiséptico, una sustancia que todos desearíamos evitar introducir en los tejidos. En segundo lugar, muchísimos pacientes tienen un claro antagonismo hacia las inyecciones y, por lo tanto, no pueden disfrutar de los beneficios de esta forma de tratamiento; sin embargo, no suelen tener ninguna objeción cuando el preparado se administra oralmente. En tercer lugar, el dolor y la hinchazón de la reacción local se evitan por completo y, en la mayoría de casos, la reacción general es notablemente menor, algo de considerable importancia para las personas con poca vitalidad o de edad avanzada. En cuarto lugar, el peligro de sepsis o de infección accidental, si bien es poco frecuente, se elimina por completo. En quinto lugar, estos preparados son mucho menos costosos y su utilización se puede extender a personas que no pueden permitirse el costo de una vacuna hipodérmica autógena.

Hasta el momento, aunque se ha llevado a cabo trabajos sobre las enfermedades agudas con resultados prometedores, la atención se centra principalmente en los tipos de enfermedades crónicas en los cuales la toxemia intestinal haya sido la causa –en parte o por completo– y se han investigado centenares de casos. La relación con la enfermedad crónica de los organismos no fermentadores de lactosa que se encuentran en el contenido intestinal se ha establecido de un forma tan definitiva y ha sido aceptada tan universalmente por los bacteriólogos que no es necesario añadir más comentarios sobre este punto. La aceptación se basa en dos cosas: en primer lugar, estos organismos desempeñan un papel importante en la predisposición del paciente a las enfermedades crónicas, prácticamente de todos los tipos; en segundo lugar, las vacunas de estos bacilos son agentes terapéuticos valiosos y su utilización ha originado grandes beneficios. Baste decir que un gran número de enfermedades, que antes se consideraban sin remedio, ahora tienen curación.

El número de variedades de estos bacilos no fermentadores de lactosa es elevado (sin duda pueden ser miles, si se examinan de forma detallada según las reacciones a los azúcares, etc.), pero, en cualquier caso, desde el punto de vista de la administración terapéutica de las vacunas orales, actualmente basta con dividirlos en siete grupos principales, clasificados según sus reacciones a cuatro azúcares, como puede verse en la siguiente tabla:


GlucosaLactosaSacarosaDulcita
Faecalis alkaligenesAlcalina---
Tipo DisenteríaÁcida---
Tipo MorganÁcida y gas---
Tipo GaertnerÁcida y gas--Ácida y gas
Tipo ProteusÁcida y gas-Ácida y gas-
Coli mutabileÁcida y gasÁcida y gas tardía--
Tipo Nº 7Ácida y gas-Ácida y gasÁcida y gas

Existen dos requisitos para el tratamiento: 1) una investigación bacteriológica para averiguar si el paciente tiene una infección de uno de los tipos de organismos anteriores, y 2) una vacuna autógena o la vacuna polivalente del grupo específico al que pertenece el organismo que causa la infección.

Para determinar si existe una infección intestinal, las heces del paciente se colocan en una placa del modo habitual, utilizando el agar McConkey, que contiene lactosa, peptonas, sales biliares y el colorante rojo neutro. Si hay colonias blancas presentes, éstas se extraen y se realizan cultivos, que se prueban con los cuatros azúcares, como se muestra en la tabla anterior, para averiguar a cuál de los siete grupos pertenecen. Debe tenerse en cuenta que estos organismos anormales no están presentes de forma constante y que hay fases positivas y negativas, exactamente igual que en el caso de los portadores tifoideos, de modo que con frecuencia es necesario realizar exámenes diarios hasta obtener un resultado positivo. Por regla general bastan tres o cuatro exámenes, pero en ocasiones es necesario continuar durante unas semanas, aunque más de tres es poco común.

El método de preparación es el siguiente: un organismo incubado durante 18 horas en el agar se lava en 2 cc de agua destilada y la emulsión se elimina del modo habitual en baño maría a 60ºC, excepto que basta con 30 minutos, en lugar de la hora habitual. Se añade 1 cc de esta emulsión a 99 gramos de lactosa en un mortero y la mezcla se muele enérgicamente durante veinte minutos. El polvo resultante es la primera potencia de la vacuna. A continuación, se añade 1 gramo de este polvo a 99 gramos de lactosa y se muele de forma similar durante veinte minutos: así se obtiene la segunda potencia. Luego se añade 1 gramo de este polvo a 99 gramos de lactosa y se muele del mismo modo para obtener la tercera potencia, después se añade 1 gramo a 99 cc de agua destilada y se agita enérgicamente en un frasco; así se obtiene la cuarta potencia. El proceso se continúa añadiendo 1 cc de esta mezcla a 99 cc de agua destilada y de nuevo se agita bien; se repite lo mismo todas las veces, repitiendo la dilución y la sucusión49 (puede utilizarse la mitad o una cuarta parte de estas cantidades, en caso de considerlo más conveniente, siempre y cuando se mantenga la proporción.) Las potencias que se utilizan con mayor frecuencia son la doce y la treinta.

Para la preparación de una vacuna polivalente es necesario obtener un gran número de cultivos del grupo específico, hasta acumular como mínimo cien, mezclarlos minuciosamente y, a continuación, tomar 1 cc de la mezcla y tratarla como se ha indicado previamente. De este modo se puede obtener una vacuna potente de cada uno de los siete grupos de cepa pura.

Método de dosificación

Se ha descubierto que en personas mayores y personas debilitadas, o en casos en que no sea deseable una reacción fuerte, es mejor empezar con una dosis de potencia doce, pero en personas más vigorosas es bastante seguro empezar con la potencia treinta. La dosis consiste en 3 o 4 gotas del frasco de concentrado añadidas a 1 oz (30 mililitros) de agua; debe administrarse en dos mitades durante un intervalo de cuatro horas, preferiblemente antes de comer. Es esencial esperar el resultado, dejando que transcurran como mínimo tres semanas antes de concluir que no se ha obtenido algún beneficio. En caso de mejoría, por pequeña que sea, no debe administrarse ninguna otra dosis, bajo ninguna circunstancia, mientras exista el más mínimo progreso –aunque esto pueda significar esperar semanas o meses– y sólo repetir la dosis cuando el estado pase a ser definitivamente estacionario o exista una tendencia a una recaída.

Casos ilustrativos

Caso 1. Srta. N. G., edad 35. Epilepsia. Los ataques empezaron a los seis años, con un promedio de uno a la semana. Madre epiléptica; padre alcohólico. El examen bacteriológico de las heces indicó un 20% de un bacilo anormal del tipo Morgan.

28 de octubre de 1927. Primera dosis de la potencia doce. Se obtuvo una mejoría. Sin indicios de ningún problema durante un período de casi seis semanas, cuando tuvo lugar un ataque muy leve.

7 de diciembre de 1927. Se repite la dosis.

6 de febrero de 1928. Un ataque muy leve. Se administra la tercera dosis.

El caso todavía está bajo observación. En total, han sido necesarias doce dosis durante casi dos años, la última administrada en mayo de 1929. Se han producido cinco ataques claros durante este período, el último de ellos el 21 de noviembre de 1928. Durante 1929, los síntomas más graves fueron un ligero vértigo y depresión en cuatro ocasiones.

Caso 2. Sr. J. L., edad 44. Colitis crónica desde hace cinco años; heces blandas, frecuentes con gran intensificación de mucosidad, con ataques de diarrea cada dos o tres semanas. Debilidad general con una depresión marcada y dolores de cabeza frecuentes. El examen bacteriológico de las heces indicó un 90% de un bacilo anormal del tipo Proteus.

22 de junio de 1928. Se administró la primera dosis de potencia treinta. Mejoría rápida y marcada, con la desaparición de todos los síntomas a finales de julio. El paciente siguió bien hasta marzo de 1929, cuando se produjo una leve reaparición de los síntomas. Se repitió la dosis, de nuevo con una mejoría rápida, que se ha mantenido.

Caso 3. Sr. C. J., edad 50. Crisis nerviosa debido a exceso de trabajo y a estrés en los negocios; depresión marcada e imposibilidad de concentración, en aumento de forma continuada durante un año; dispepsia nerviosa, dolor y flatulencia después de las comidas. El examen bacteriológico de las heces indicó un 5% de un bacilo anormal del tipo Morgan.

8 de agosto de 1927. Primera dosis de potencia treinta. Mejoría constante y a mediados de agosto el paciente era capaz de retomar las responsabilidades más ligeras. El progreso continuó y a mediados de septiembre el paciente consideraba que estaba inusualmente bien.

1º de octubre de 1927. No hubo más progreso, por lo tanto se administró una segunda dosis. Continuó la mejoría y el estado era mejor que en muchos años.

Debido a unas leves recaídas se administraron cuatro dosis más durante los ocho meses siguientes, la última el 22 de junio de 1928. Desde entonces no ha sido necesario ningún tratamiento.

Caso 4. Sra. B., edad 62. Dolores de cabeza fuertes y otros síntomas de enfermedad renal crónica. Presión sanguínea 232.

El examen de orina indicó presencia de albúmina y cilindros.

El examen bacteriológico de las heces indicó un 10% de un bacilo anormal del tipo faecalis alkaligenes.

3 de enero de 1928. Primera dosis de potencia doce. Mejoría general. Dolores de cabeza menos frecuentes y fuertes. La presión sanguínea bajó hasta 209. La cantidad de albúmina disminuyó.

4 de febrero de 1928. Se administró una segunda dosis, puesto que el estado parecía estacionario.

Se administraron tres dosis más en 1928 y dos en 1929. Los dolores de cabeza casi han desaparecido por completo desde abril de 1928 y la salud general ha sido buena, la presión sanguínea se ha mantenido alrededor de 200 y el porcentaje de albúmina bajo.

Caso 5. Sra. C., edad. 44. Dolores de cabeza muy fuertes durante ocho años, una vez al mes, siendo necesario al menos un día en cama.

El examen bacteriológico de las heces indicó un 2% de un bacilo anormal del tipo Morgan.

14 de enero de 1928. Primera dosis de la potencia treinta.

No se produjo ningún ataque en febrero.

8 de marzo de 1928. Un ataque leve hizo necesaria una segunda dosis.

Desde entonces se han administrado seis dosis más, la última el 19 de abril de 1929. Durante los últimos doce meses los ataques han sido muy leves y ahora prácticamente han cesado.

Resultará fácil observar que las grandes ventajas de este método de administración son aplicables no sólo a los pacientes, sino también a los médicos, ya que una vez obtenidos los preparados correctos de la vacuna polivalente, prácticamente son inagotables. Por ello el costo es reducido y cualquier practicante puede llevar a cabo la administración fácilmente. El único requisito preliminar es un examen bacteriológico para determinar el tipo de organismo infeccioso.

Actualmente tantos médicos pueden garantizar la eficacia de estos preparados, que se elimina cualquier duda sobre su valor. Hasta el momento, las vacunas hipodérmicas de estos bacilos anormales han aumentado considerablemente nuestro poder de curación en casos de enfermedades crónicas y ahora disponemos de un método de tratamiento más simple pero igualmente eficaz, que se puede extender a las personas con aversión a las jeringas.

El espacio impide, en un artículo como este, cualquier discusión sobre las propiedades físicas de estos preparados, pero el trabajo de los médicos modernos tiende a mostrar que se liberan ciertas propiedades y que existen sustancias muy activas en estas diluciones.

Este trabajo está siendo elaborado adicionalmente por el doctor T. M. Dishington de Glasgow, quien ha dedicado varios años a investigar sobre este tema y esperamos que en breve pueda publicar los síntomas propios de cada grupo de organismos, de modo que la prescripción podrá basarse en la sintomatología, sin necesidad del laboratorio.

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580 s. 17 illüstrasyon
ISBN:
9789507546631
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