Kitabı oku: «Vergel de perfectísimas flores»



El presente trabajo se ha realizado bajo el amparo del Proyecto de Investigación La Catedral Barroca. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVII, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (HAR2016-74907-R).
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© Del texto: Emilio Callado Estela, 2020
© De esta edición: Universitat de València, 2020
© De la ilustración de la cubierta:
Coordinación editorial: Maite Simón
Maquetación: Inmaculada Mesa
Cubierta:
Ilustración: Eduardo González Gallinas, Estigmatización de Santa Catalina de Siena, 1862, óleo sobre lienzo, 214 × 134 cm, Museo Nacional del Prado
Diseño: Celso Hernández de la Figuera
Corrección: Iván García Esteve
ISBN: 978-84-9134-602-9
Edición digital
Alphonso Esponera magistro collegae amico fratri dicatum
ÍNDICE
PRÓLOGO, Ángela Atienza López
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE
1. LA AVENTURA FUNDACIONAL DE SOR INÉS DEL ESPÍRITU SANTO
2. EN CARCAIXENT Y DE CORPUS CHRISTI
3. FRAY JOSÉ AGRAMUNT
4. VERGEL DE PERFECTÍSIMAS FLORES
5. LAS MADRES AGUSTINA DE SAN NICOLÁS Y HERMENEGILDA DE SAN BERNARDO
6. CRISIS, CONFLICTOS Y GUERRAS
SEGUNDA PARTE
1. EL PARAYSO DE DIOS. IDEA DEL RELIGIOSÍSSIMO MONASTERIO DE SEÑORAS DOMINICAS DE LA REAL VILLA DE CARCAXENTE, DE FRAY JOSÉ AGRAMUNT
2. CATÁLOGO DE RELIGIOSAS DEL CONVENTO DE CORPUS CHRISTI DE CARCAIXENT (1654-1984)
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
1. FUENTES MANUSCRITAS
2. FUENTES IMPRESAS
3. BIBLIOGRAFÍA
ÍNDICE ONOMÁSTICO DE RELIGIOSAS DOMINICAS
ÍNDICE ONOMÁSTICO Y TOPONÍMICO GENERAL
PRÓLOGO
«La última entrega de mi trilogía monjil dominicana…». Tales eran las palabras utilizadas por Emilio Callado Estela para referirse a este libro cuando me proponía prologarlo. Seguramente aquellos que siguen con interés sus investigaciones y conocen bien la perseverante búsqueda de documentación histórica y la extraordinaria capacidad de trabajo de la que hace gala nuestro autor coincidirán conmigo en pensar que esta es, efectivamente, «la última entrega». Pero que lo sea de «una trilogía» entra en el terreno de la duda razonable, porque es muy posible que la obra que el lector tiene en sus manos sea el postrero episodio de lo que quizá pueda llegar a ser «una serie» de estudios sobre los conventos de monjas dominicas establecidos en territorio valenciano. Aún quedan otras comunidades religiosas blanquinegras fundadas en esta geografía durante la Edad Moderna y muy probablemente el profesor Callado recupere, antes o después, fuentes inéditas y desconocidas sobre ellas que le permitan ofrecer nuevos trabajos y seguir ampliando los conocimientos sobre la historia de la Iglesia valentina, campo de investigación del que es indiscutible especialista y en el que acumula una obra extraordinariamente copiosa, abierta también al análisis del mundo religioso femenino, como su trayectoria muestra y esta nueva publicación reafirma.
En 2014 aparecía el libro que titulaba Mujeres en clausura. El convento de Santa María Magdalena de Valencia. Al año siguiente nos ofrecía el segundo trabajo de esta índole, con el título de El Paraíso que no fue. El convento de Nuestra Señora de Belén. La aportación que ahora presentamos sigue la estela formal de las dos anteriores. En los tres casos Emilio Callado nos brinda los tesoros documentales que ha logrado descubrir, acompañados de un estudio preliminar que siempre es detallista, preciso y riguroso y en el que despliega el producto de ese seguimiento incansable de datos e información útil para su investigación que le caracteriza.
Este convento de Corpus Christi de Carcaixent tiene un interés especial. Nuestro autor destaca su «carácter modesto», perfil que podemos pensar que tuvo un número importante de claustros femeninos que se fueron estableciendo por el territorio español durante los siglos modernos y que –seguramente debido a esta misma caracterización, como comunidades «modestas»– han dejado menos rastro documental que el relativo a otros monasterios y cenobios de identidad más aristocrática y oligárquica y filiación de mayor relevancia; comunidades que han recibido una atención historiográfica más amplia. Y es que las dominicas carcagentinas se encuadraron en sectores sociales menos pudientes, más humildes, con sus cuentas acompasadas con esta realidad. Aquellas religiosas no estuvieron en condiciones de dedicar su jornada en exclusiva a la contemplación y a la oración. La habitual economía rentista de los conventos femeninos no era suficiente y debieron trabajar para su propio sustento, ocupándose, por ejemplo, de la manufactura sedera, para lo que contaban con un telar del que salían tejidos de seda; confeccionaban también medias de hilo; y fabricaban perfumes para las celebraciones solemnes en las iglesias. Nos situamos en un escenario de actividad laboral desarrollada por las monjas todavía poco conocido y que reclama mayor atención por parte de los historiadores.
El libro que prologamos y la documentación que el profesor Callado saca ahora a la luz ofrece –como en las obras anteriores– un rico caleidoscopio de proyectos, acciones, vivencias, empeños, preocupaciones… de las mujeres que formaron parte de la comunidad religiosa que centra su estudio, empezando por sor Inés del Espíritu Santo, en el siglo Sisternes de Oblites, una monja clave ya en la historia del convento de Santa María Magdalena de Valencia y protagonista en la empresa fundadora de Carcaixent. Nuestro autor sigue sus pasos en un capítulo que refleja los problemas de observancia en el mundo religioso femenino, una problemática que fue percibida, vivida y respondida también desde dentro de ese mismo universo femenino. Porque, efectivamente, muchas monjas pusieron su empeño en buscar y encontrar soluciones. Algunas, como sor María Fe Capdevila, intentando apoyarse en las autoridades, pero tomando ella la iniciativa. Otras, como la propia sor Inés, optando por partir de cero y levantar nuevas fundaciones conventuales en las que edificar y asentar el desarrollo de una vida religiosa comprometida con la observancia. De ninguna manera puede sostenerse ya en el actual panorama historiográfico la idea de que las iniciativas de reforma únicamente vinieron de arriba, de los superiores masculinos, y que aquellas mujeres permanecieron pasivas e inertes ante los problemas que afectaban a la observancia religiosa de sus comunidades y de las órdenes en las que habían profesado. Por supuesto, tampoco cabe seguir pensando que la respuesta de las monjas a las exigencias de reforma fue únicamente la de la reacción airada y la resistencia obstinada. La hubo, sin duda, hubo réplicas y oposiciones que plantearon argumentos, justificaciones y formas que la investigación histórica está sacando a la luz. Pero también se dieron respuestas en términos de movilización e iniciativa reformista desde dentro de ese mismo mundo conventual femenino. Y seguramente este nervio reformista, esta búsqueda de soluciones desarrollada e impulsada por las propias religiosas fue más amplio y tuvo mayor presencia de la que hasta aquí historiadores e historiadoras hemos considerado. Ciertamente, se trata de intervenciones que tuvieron un radio de acción limitado al marco interno de sus claustros y/o una proyección restringida en el ámbito de lo local. Las madres Capdevila o del Espíritu Santo no fueron Teresa de Jesús o Mariana de San José, ni tuvieron la trascendencia histórica que ellas tuvieron, reformadoras de sus órdenes religiosas. Pero sus acciones, su celo reformista y renovador seguramente ejemplifiquen las preocupaciones y las acciones de muchas otras religiosas, comunes, que también se movilizaron o lo intentaron con los mismos objetivos e idénticas aspiraciones. Acciones que, en todo caso, es necesario recuperar e incorporar a la historia del rico e inquieto mundo espiritual y religioso de aquellos siglos. No tengo ninguna duda de que el enfoque interpretativo renovado de la Contrarreforma exige hoy incorporar e integrar a las mujeres y sus acciones en su historia y en su construcción, también más allá de las célebres fundadoras y reformadoras.
El estudio de Emilio Callado y la documentación que ofrece nos permite ver, igualmente, cómo se tejieron y convergieron voluntades y aspiraciones de mujeres en torno a la nueva fundación conventual. La figura de doña Sabina Sisternes de Oblites –tía de sor Inés– apunta un perfil característico, como ejemplo de tantas viudas que decidieron profesar en un convento, pero que también decidieron no renunciar a todo ni abandonar los negocios del siglo por completo. Doña Sabina, efectivamente, optó por encarar los años de su viudedad como religiosa, aunque no resistió la tentación de reservar para sí misma el patronato de aquel claustro ni se privó de dejar establecido –y bien establecido– el orden sucesorio que había de observarse en dicho patronato; lo hizo con gran detalle. Tiene mucho interés, además, contrastar la realidad que ofrece esta información que tenemos sobre ella y su comportamiento con la imagen ejemplar de la sor Sabina que el manuscrito de fray José Agramunt editado por nuestro autor nos presenta. Las fronteras entre lo sacro y lo mundano eran realmente muy porosas.
El trazo hagiográfico es, sin duda, el que domina el contenido del citado manuscrito, dedicado a presentar la semblanza biográfica de religiosas destacadas de la comunidad carcagentina; cada una identificada con las propiedades de una flor. Y casi todas, como ya hemos avanzado, de extracción social humilde. Destaca el profesor Callado a dos de ellas, sor Agustina de San Nicolás y sor Hermenegilda de San Bernardo. Despliega el texto los rasgos y atributos estereotipados y repetidos que caracterizan e identifican este tipo de literatura hagiográfica tan común en la época. Pero también el escrito contiene notas que individualizan a las biografiadas o que particularizan la realidad de la comunidad cuya historia se refleja; contienen trazos de realidad y de mundo cotidiano que es preciso saber ver y leer. Solo pondré un ejemplo de los muchos que me han llamado la atención. Conmueve un poco el relato de la muerte de estas dos monjas que reciben la atención preferente del padre Agramunt por su fama de santidad, porque lo que se plasma son unas muertes que concitaron la afluencia de la población local, como muchas otras en aquellos tiempos. Claro que lo que se refleja en estas líneas es también una «muerte pobre». Así, cuando falleció sor Agustina: «Pedían unos con instancia algunas florecitas de las que adornaban el cadáver. Anelavan muchos alguna cosilla de su uso. Pero avía muerto tan pobre que huvo nada o muy poco que repartir».
El relato de lo acontecido en el óbito de sor Hermenegilda de San Bernardo resulta del mismo tenor:
Toda la villa se honrrava de tener tan santa religiosa depositada en este convento. Pero todos los particulares, y quanto mayores, más deseavan tener alguna reliquia para su consuelo. Nos molestavan pidiendo algunos recuerdos para su mayor veneración. Y como de la pobreza de tan pobre religiosa era poco lo que se podía sacar, era común el desconsuelo de verse privados de su devoto deseo. A algunos de los principales no se les pudo negar alguna memoria. Otros pedían una florecita de manos de las que adornaban su virgíneo cadáver y se yvan más contentos que si llevasen un gran tesoro. Y todos pedían les tocasen los Rosarios al venerable cuerpo. Y assí todos quedaron contentos.
En efecto, tocan algo la sensibilidad estos relatos que lo que retratan es, como digo, una «muerte pobre», de una monja pobre, en una comunidad pobre, en el seno de una sociedad también pobre.
He insistido en alguna ocasión –y quisiera volver a hacerlo– en que no puede descalificarse sin más la utilidad de estos textos como materiales para el conocimiento histórico. Se trata de productos culturales, construcciones culturales, y como tales dicen igualmente mucho de la época; son «testigos» de un tiempo, espejos de sus ideas y convicciones, de sus intereses, de sus representaciones y concepciones y de sus formas de ver…
Libros como el de Emilio Callado, en fin, nos brindan mucho. Recuperan y ponen al alcance de todos un patrimonio histórico escrito, inédito y de difícil acceso, que siempre es valioso, que nos facilita ir directamente al documento y que abre la posibilidad de abordar lecturas singulares. Su importancia se redobla si pensamos además que ello permite seguir enriqueciendo el mundo de los registros y fuentes que alumbran la historia de las mujeres.
Logroño, junio de 2019
ÁNGELA ATIENZA LÓPEZ
Catedrática de Historia Moderna
Universidad de La Rioja
INTRODUCCIÓN
Como antes en otros países, hace ya varias décadas que las órdenes religiosas en España se han convertido en objeto de investigación, análisis e interpretación por parte de una nueva historiografía alejada de cualquier tono hagiográfico y lenguaje clerical.1 Hasta el punto de constituir en la actualidad uno de los capítulos más y mejor atendidos por los investigadores, al menos para la Edad Moderna.2 Claro que no todas las religiones ni lugares se han beneficiado por igual de esta tendencia. Por ejemplo, los dominicos en general y la provincia de Aragón particularmente continúan sin suscitar suficiente interés entre la comunidad científica, amén de algunas obras colectivas sin continuidad por ahora.3 Podría decirse, pues, que ninguno de los grandes establecimientos dominicanos de la antigua Corona de Aragón cuenta con estudios específicos sobre su pasado. Entre los masculinos constituye una excepción el de Santa Catalina de Siena de Barcelona, protagonista de una reciente tesis doctoral.4 No es mejor el panorama de los claustros femeninos, al margen del protagonismo adquirido por las mujeres en el proceso de renovación temática y metodológica experimentado por la historia, cuyo impacto ha sido y continúa siendo relevante en las investigaciones sobre el clero regular.5
En este último sentido, resulta especialmente relevante el caso valenciano. De los muchos conventos monjiles aquí fundados por la Orden de Predicadores poco se sabe, más allá de los datos consignados en los estudios de carácter general que tratan de pasada aspectos de la vida monacal, a menudo desde una perspectiva bien artística, bien económica;6 o en las propias crónicas blanquinegras, de las que la obra clásica del padre Francisco Diago constituye el mejor exponente.7 Bastante han tenido que ver en ello las vicisitudes padecidas por estos establecimientos, a raíz tanto de la desamortización eclesiástica y la desaparición de no pocas comunidades religiosas como de la posterior guerra de 1936. Unas y otras motivaron la dispersión de su documentación histórica, azarosamente repartida entre los principales archivos del Estado, cuando no supuso su irreparable pérdida.8
De casi milagrosa, pues, debería calificarse la reconstrucción histórica llevada a cabo en los últimos tiempos con respecto a los tres cenobios que las dominicas regentaron en la capital del Turia. Ciertamente, el convento de Santa María Magdalena, decano de todos ellos, había tenido la fortuna de ser historiado ya con anterioridad a la debacle documental de los siglos XIX y XX, aunque solo en parte y con criterios alejados todavía de cualquier rigor científico.9 Todavía tardaría en llegar la monografía que, acorde a los nuevos criterios historiográficos y a partir de su Libro antiguo de la fundación, privilegio y yngresios de religiosas, con información comprendida entre la erección conventual posterior a la Reconquista cristiana y el año 1824, le dedicamos hace ahora un lustro.10

V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del gran patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, Valencia, 1725.
Desde una óptica más tradicional y con documentación harto fragmentaria, Adolfo Robles Sierra se había ocupado antes de Santa Catalina de Siena, convento levantado en la postrera década del Cuatrocientos, todavía activo –a diferencia de las otras comunidades–, aunque fuera de su emplazamiento original.11

Fachada del antiguo convento de Santa Catalina de Siena.
Y, finalmente, se encuentra el convento de Nuestra Señora de Belén, echado a andar mediada ya la decimoséptima centuria, de corta vida y desconocido prácticamente hasta la aparición de nuestro estudio al respecto, para el cual volvería a contarse con el correspondiente libro de fundación, bajo la inspiración de sus primeras religiosas.12

Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén de Valencia. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Hoy estamos en condiciones de completar esta trilogía con un cuarto claustro establecido en el levante peninsular por las hijas de Santo Domingo, más o menos coetáneo al último de los citados y con idéntica fundadora, no otra que sor Inés Sisternes de Oblites, ilustre entre todas las hermanas de hábito de su generación. Se trata del convento de Corpus Christi de Carcaixent, a unas leguas tan solo de Valencia y, a pesar de ello, en el olvido desde la reciente extinción de su comunidad.13
Quizá la ubicación geográfica del establecimiento en cuestión, fuera del área metropolitana, así como su carácter modesto, en comparación a los más opulentos del cap i casal, refugio tantas veces para hijas de nobles y oligarquías ciudadanas, podrían explicar este silencio historiográfico, al que igualmente han contribuido las carencias documentales antes aludidas, todavía mayores aquí. Apenas unas páginas le dedicó Francisco Fogués Juan, en su ya clásica Historia de Carcagente. Compendio geográfico-histórico de esta ciudad, publicada en 1934.14 Solo el cronista local Bernat Darás Mahiques –a través de los registros parroquiales– ha podido ofrecer algunos datos a propósito de las monjas que, entre 1654 y su marcha de la localidad, habitaron entre aquellos muros durante más de tres siglos.15
La historia del cenobio, en fin, estaba por escribir. Y así habría continuado probablemente de no dar con el relato oficial de su fundación y primera generación de habitadoras fallecidas en opinión de santidad, compuesto a comienzos del Setecientos por el dominico fray José Agramunt, confesor de la comunidad. Hablamos de El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente, conservado de manera excepcional en el actual Archivo del Convento de la Inmaculada Concepción de Torrent, pese a creerse perdido para siempre durante mucho tiempo. Semejante hallazgo recomendaba su preservación, análisis y divulgación tras su edición. Esta es la que ahora se presenta, con un estudio preliminar sobre el establecimiento que lo inspiró y un catálogo final de las mujeres protagonistas de aquel pasado ignoto.

J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Para ello se ha recurrido a otras fuentes documentales secundarias, partiendo de las diferentes biografías de la madre fundadora. También de los datos sobre las monjas que la acompañaron en esta empresa, recogidos en los libros de sus respectivas comunidades de origen y destino final.16 Se han utilizado del mismo modo los asientos de la serie Consejo de Aragón. Secretaría de Valencia del Archivo de la Corona de Aragón.17 Y, por supuesto, el Archivo Histórico Parroquial de Carcaixent, con su fondo Corpus Christi, podría decirse que inédito.18 De carácter eminentemente económico –y, por tanto, alejados del objeto de nuestro análisis– son los legajos transferidos al Estado durante la exclaustración y desamortización decimonónica, conservados en el Archivo del Reino de Valencia.19
Pero nada habría sido posible sin la concurrencia de algunas personas cuyos nombres deben ser recordados. Sor María Pilar Marco, priora en su día del convento de la Inmaculada Concepción de Torrent, puso a disposición del abajo firmante cuanta documentación manuscrita custodiaba esta comunidad. Por su parte, Francesc Torres se encargó de facilitar nuestras investigaciones en el Archivo del Reino de Valencia. No menos atento y generoso fue el ya citado Bernat Darás. Porque, además de abrirnos las puertas del Archivo Parroquial de Carcaixent bajo su cuidado, compartió con nosotros investigaciones propias sobre las dominicas de Corpus Christi todavía no publicadas y fundamentales para completar el repertorio monjil al que arriba se aludía. En la edición documental contamos con la colaboración incondicional de Pilar Valor. Lo prologó quien mejor podía hacerlo, Ángela Atienza. La Universitat de València tuvo a bien acogerlo en su colección editorial. Y a Alfonso Esponera, maestro, colega, amigo y hermano, se lo dedico, que bien lo tiene merecido…
Valencia, mayo de 2019
1. T. Egido: «Historiografía del clero regular en la España Moderna», en A. Cortés Peña y M. L. López-Guadalupe Muñoz (eds.): La Iglesia española en la Edad Moderna. Balance historiográfico y perspectivas, Madrid, 2007, pp. 22-23. También M. de Pazzis Pi Corrales, D. Pérez Baltasar, V. León Sanz y D. García Hernán: «Las órdenes religiosas en la España Moderna: dimensiones de la investigación histórica», en Iglesia y sociedad en el Antiguo Régimen, Las Palmas de Gran Canaria, 1994, tomo I, pp. 205-252.
2. E. Martínez Ruiz (dir.): El peso de la Iglesia. Cuatro siglos de órdenes religiosas en España, Madrid, 2004.
3. R. M.ª Alabrús Iglesias (coord.): Tradición y modernidad. El pensamiento de los dominicos en la Corona de Aragón en los siglos XVII y XVIII, Madrid, 2011; La memoria escrita de los dominicos, Sant Cugat, 2012; y La vida y la sociabilidad de los dominicos, Sant Cugat, 2013.
4. A. López Ribao: Religión, cultura y política de la orden de Predicadores en la Cataluña Moderna. El convento de Santa Catalina, Virgen y Mártir de Barcelona en el siglo XVIII (tesis doctoral inédita), Universitat Autònoma de Barcelona.
5. Un repaso sobre el estado de la cuestión de los claustros femeninos, en la España Moderna y para las distintas órdenes religiosas se encuentra en M. Reder Gadow: «Las voces silenciosas de los claustros de clausura», Cuadernos de Historia Moderna, 25, 2000, pp. 279-338. Posteriores son las aportaciones recogidas en F. J. Campos y Fernández de Sevilla (coords.): La clausura femenina en España, San Lorenzo del Escorial, 2004, y La clausura femenina en el Mundo Hispánico: una fidelidad secular, San Lorenzo del Escorial, 2011; M.ª I. Viforcos Marinas (coord.): Historias compartidas. Religiosidad y reclusión femenina en España, Portugal y América, siglos XV-XIX, León, 2000, y Fundadores, fundaciones y espacios de vida conventual: nuevas aportaciones al monacato femenino, León, 2005, este último junto a M.ª D. Campos Sánchez-Bordona; y A. Atienza López: «El mundo de las monjas y de los claustros femeninos en la Edad Moderna. Perspectivas recientes y algunos retos», en E. Serrano Martín (ed.): De la Tierra al Cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna, Zaragoza, 2013, vol. I, pp. 96-97. De reciente aparición es el estudio de A. Atienza López (ed.): Mujeres entre el claustro y el siglo. Autoridad y poder en el mundo religioso femeninos, siglos XVI-XVII, Madrid, 2018.
6. C. Sarthou Carreres: Monasterios valencianos: su historia y su arte, Valencia, 1943, y M.ª D. Cabanes Pecourt: Los monasterios valencianos. Su economía en el siglo XV (2 vols.), Valencia, 1974.
7. F. Diago: Historia de la Provincia de Aragón de la orden de Predicadores, desde su origen y principio hasta el año de mil y seyscientos, Barcelona, 1599.
8. J. Cortés y V. Pons: «Geografia dels monestirs valencians en la Baixa Edat Mitjana», en Santes, monges i fetilleres. Espiritualitat femenina medieval, Valencia, 1991, p. 77.
9. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del gran patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, Valencia, 1725.
10. E. Callado Estela: Mujeres en clausura. El convento de Santa María Magdalena de Valencia, Valencia, 2014. Hace tiempo que las crónicas fundacionales femeninas fueron puestas en valor no solo para la construcción de la historia de conventos y órdenes religiosas, sino también como textos historiográficos y literarios en sí mismos. J. Muriel: Cultura femenina novohispana, México, 1982, pp. 44-100; S. Evangelisti: Memoria di antiche madri. I generi della storiografia monástica femminile in Italia (sec. XVI-XVIII), Madrid, 1992; C. Woodfrord: Nuns as historian in Early Modern Germany, Oxford, 2002; K. J. P. Lowe: Nun’s Chronicles and convent culture in Renaissence and Counter-Reformation Italy, Cambridge; A. Lavrin: Brides of Crist. Convent life in colonial Mexico, Stanford, 2008; M. L. Coolahan: Women, writing and language in Early Modern Ireland, Oxford, 2010; etcétera. Para el caso peninsular véase N. Baranda Leturio: «Fundación y memoria en las capuchinas españolas de la Edad Moderna», en G. Zarri y N. Baranda Leturio (coords.): Memoria e communità femminili. Spagna e Italia, secc. XV-XVII, Florencia, 2011, pp. 169-185.
11. A. Robles Sierra: Real monasterio de Santa Catalina de Siena. Proyección y fidelidad, Valencia, 1992.
12. Entre ellas sor Vicenta Castell, «muger adornada de toda la variedad de las virtudes y de una verdad inalterable», que había venido al mundo en el año 1646, en la localidad castellonense de Vistabella, desde donde se trasladaría a Valencia para ingresar en este convento y profesar en él, con el nombre de sor Vicenta María del Espíritu Santo, en marzo de 1670, ejerciendo desde entonces diferentes responsabilidades de gobierno. V. Ximeno: Escritores del reyno de Valencia, Valencia, 1749, tomo II, p. 156. Dejó escritos un par de opúsculos: De la entrada del magistrado de la ciudad con sus médicos en el monasterio de Santa María de Belén por setiembre del año 1698 y Vidas de las monjas que resplandecieron en virtud desde la fundación del monasterio hasta 1700. C. Fuentes: «Escritoras en la historia de la provincia dominicana de Aragón», Teología Espiritual, 136-137, 2002, pp. 65-66; y M.ª A. Herrero Herrero: Lletraferides modernes. Catàleg de les escriptores valencianes dels segles XVI-XVII, Alicante, 2009, pp. 57-58, y «Les modernes religioses valencianes: entrebancs d’una recerca textual», Scripta. Revista Internacional de Literatura i Cultura Medieval i Moderna, 1, 2013, p. 275. Ambos escritos –junto al citado libro fundacional– fueron editados en E. Callado Estela: El Paraíso que no fue. El convento de Nuestra Señora de Belén de Valencia, Valencia, 2015. No puede dejar de mencionarse para el tema N. Baranda Leturio y M.ª C. Marín Pina (eds.): Letras en la celda. Cultura escrita de los conventos femeninos en la España Moderna, Madrid, 2014. De reciente aparición es el estudio de M. Marcos Sánchez: «Escritura de la memoria, escritura del alma. A propósito de la escritura conventual femenina», en M.ª L. Sánchez Hernández (ed.): Mujeres en la corte de los Austrias. Una red social, cultural, religiosa y política, Madrid, 2019, pp. 537-569.
13. Por ello, ya le dedicamos unas brevísimas notas en E. Callado Estela: «Vergel de perfectísimas flores. Las dominicas valencianas de Carcaixent según fray José Agramunt», Scripta. Revista de Literatura i Cultura Medieval i Moderna, 8, 2016, pp. 224-232.
14. Citada en adelante por su reedición de 2000.
15. Decesos sobre todo. Más bautismos y confirmaciones en los casos de las religiosas oriundas del lugar, consignados todos en los Quinque Libri. B. Darás Mahiques: «El monestir de Corpus Christi (Les Dominiques)». Disponible en línea: <http://antoniosabater mira.golbered.com/categoria.asp?idcat=21> (consultado: 02/06/2018), y «Les monges dominiques del monestir de Corpus Christi de Carcaixent (segles XVII-XX)», en Sant Bonifaci Màrtir, patró de Carcaixent, Sueca, 2004, s. p.
16. Fundamentalmente Santa María Magdalena, ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena de Valencia, y Nuestra Señora de Belén, ACICT, Fondo Belén. Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén de Valencia.
17. ACA, Consejo de Aragón, Legs. 690, 875, 896 y 922.
18. AHPC, Conventos, Corpus Christi, Leg. 32.3.2.
19. ARV, Clero, Lib. 204, Libro mayor de cuenta y razón del convento de Corpus Christi años 1690-1737; Lib. 437, Colecta de los arrendamientos y cartas de gracia del convento de Corpus Christi; Lib. 450, Libro racional de misas del convento de Corpus Christi años 1776-1835; Lib. 490, Colecta corriente de las rentas del convento de Corpus Christi; Lib. 497, Colecta de arrendamientos de tierra del convento de Corpus Christi año 1813; Lib. 502, Libro colecta de las rentas para el uso del procurador del convento de Corpus Christi años 1775-1784; Lib. 503, Libro colecta del convento de Corpus Christi años 1738-1753; Lib. 512, Colecta del convento de Corpus Christi año 1748; Lib. 734, Libro racional de las misas que tiene obligación de celebrar el convento de Corpus Christi año 1654; Lib. 929, Títulos de censales del convento de Corpus Christi años 1666-1765; Lib. 978, Contra colecta hecha en el convento de Corpus Christi año 1758; Lib. 983, Colecta de arrendadores del convento de Corpus Christi años 1784-1824; Lib. 1203, Libro de títulos y censales del convento de Corpus Christi año 1665; Lib. 1542, Libro 4º de recibo (1785-1795). Libro 4º de gasto (1755-1795); Lib. 1703, Libro mayor del convento de Corpus Christi años 1654-1690; Lib. 1758, Libro mayor de gastos y recibos del convento de Corpus Christi años 1796-1829; Lib. 2155, Colecta de rentas y censos del convento de Corpus Christi años 1712-1730; Lib. 2156, Colecta sobre censales del convento de Corpus Christi años 1689-1698; Lib. 2198, Libro de cuenta y razón del convento de Corpus Christi años 1737-1766; Lib. 2462, Libro de cuentas de las rentas y censos del convento de Corpus Christi años 1698-1710; Lib. 2463, Libro de cuentas y colectas del convento de Corpus Christi años 1738-1748; y Lib. 3565, Libro de colecta del convento de Corpus Christi años 1804-1820.
Todo el libro es un delicioso jardín de fragantes bellezas, un ameno Parayso de florecientes virtudes, un agraziado vergel de perfectíssimas flores, que sirviendo de glorioso ornato a la dominicana religión es deleytoso recreo del Cordero Imaculado Jesús, que entre puras candidezes apacienta su hermosura.
J. AGRAMUNT
El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente
PRIMERA PARTE
Capítulo 1
LA AVENTURA FUNDACIONAL DE SOR INÉS DEL ESPÍRITU SANTO
La historia del convento de Corpus Christi de Carcaixent está unida a la de su alma mater, sor Inés del Espíritu Santo, en el siglo Sisternes de Oblites, la dominica valenciana más ilustre de todos los tiempos, consagrada a la observancia regular, en plena Contrarreforma, y conocida para la posteridad por su intensa actividad fundacional a ella vinculada, origen de otros importantes establecimientos religiosos. Hasta el punto de no entenderse el claustro que ahora nos ocupa sin atender antes a la vida y obra de la susodicha, sobre las que conviene detenerse con detalle. Lo hicieron ya algunos coetáneos, interesados en preservar su memoria para la posteridad con la vista puesta muy probablemente en los altares.
El primero, un dominico murciano de la casa de los Vélez. Su nombre era fray Francisco Faxardo, fraile profeso en el convento de Predicadores de Valencia, de donde se había trasladado a San Esteban de Salamanca para cursar Artes y Teología, disciplina esta última en la que obtendría el magisterio poco antes de condecorársele con el título de regente de la Minerva romana.1 A su regreso a la capital del Turia tuvo una notable proyección académica a través de las aulas del Estudi General, en las que regentó una cátedra de Teología.2 Se ocupó igualmente de la conciencia de señoras y religiosas, como la madre Sisternes de Oblites, su más distinguida devota y a la que dedicó dieciséis cuadernos en folio que nunca vieron la luz.3
Tampoco llegarían a imprimirse las páginas que sobre sor Inés compuso otro de sus confesores. Nos referimos al padre Juan Bautista Catalá, de la Compañía de Jesús, doctor en Teología y catedrático de las universidades de Gandia y Valencia, que también había permanecido una temporada en la Corte de los papas –al servicio en este caso del duque del Infantado– antes de dedicarse por entero a la predicación y al confesionario, frecuentado durante un largo tiempo por nuestra monja.4

Sor Inés Sisternes del Espíritu Santo. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Idéntica suerte corrió la semblanza que el hermano de la susodicha, don Jerónimo Sisternes de Oblites, encargó al trinitario fray José Rodríguez a partir de algunos retazos autobiográficos atribuidos a la propia religiosa. El mismo autor nos lo cuenta:
[…] llegamos a escribir veinte pliegos, aprobados ya por nuestro arcediano Juan Bautista Ballester. Y aviendo de entrar a lo más arduo de la historia, que era la vida interior de la venerable madre, teniendo en ello poco que hazer, pues toda estava escrita de su mano, murió dicho padre maestro Sisternes, en cuyo poder paravan los originales, y no los hallamos, con que quedó informe, y aún deforme, la relación de la vida. Escriviola tres vezes la religiosa, de orden de sus padres espirituales, y por su humildad, cada una de las tres vezes, la quemó. Mandáronselo quarta vez y resignose, y estos originales fueron los desaparecidos. De todo entregué un resumen, que otros dixeran elogio, a don Pablo Sisternes de Oblites,5 natural de Valencia, primo hermano de la venerable madre, cavallero de la orden de Santiago, paje que avía sido del rey nuestro señor Felipe IV, que día 27 de noviembre 1671 me le pidió para imbiar a un religioso dominico que en Roma estava escriviendo una crónica de los religiosos y religiosas insignes en virtud de toda su orden.6
Parece que de todos estos papeles –más la reseña del obispo fray Domenico Maria Marquese, incluida en el Sacro Diario Domenicano–7 se valió el padre Vicente Beaumont de Navarra, dominico del convento de Predicadores de Valencia, donde había leído un tiempo Artes y Teología, para historiar a sor Inés ya en el siglo XVIII.8 La excusa: su conocido Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del Gran Patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. De las 320 páginas que consta la obra, dedicó la mitad a loar las maravillas de la religiosa –bajo el epígrafe Vida de la admirable virgen sor Inés Sisternes, fundadora de los tres observantíssimos monasterios de Corpus Christi de Villareal, de Carcaxente y de Nuestra Señora de Belén de Valencia– para tratar de remover su beatificación.9
De esa misma época o quizá algo anteriores en el tiempo son un par de apuntes biográficos localizados en la Biblioteca Universitaria de Valencia, procedentes de la antigua librería del convento de Predicadores. De los primeros, anónimos aunque de autoría dominicana sin lugar a dudas, podemos decir que se centran básicamente en la etapa villarealense de su protagonista.10 Los segundos, de similares características a los anteriores, llevan por título Relación de la vida y virtudes de la venerable madre sor Inés del Espíritu Santo, en el siglo Sisternes, religiosa en el convento de Santa María Madalena de la ciudad de Valencia.11
Además de estos opúsculos, todavía conocería la madre Sisternes una última biografía a comienzos de la pasada centuria. Lástima que fuera demasiado fiel todavía a la hagiografía tradicional, sin mácula alguna en la trayectoria de la religiosa y siempre a la mayor gloria de la Orden de Predicadores. A cargo del dominico fray Luis G. Sempere, fue publicada en 1903, según su prólogo,
[…] para edificación de los fieles, aumento de la devoción que ya desde antiguo se viene teniendo a esta venerable santa, especialmente en Valencia y su reino, y para con lo que se recoja con la venta de este libro ayudar a sufragar los gastos que ocasione la continuación en Roma del proceso de su beatificación, que se terminó en Valencia hace pocos meses.12
Podría decirse, en consecuencia, que la vida de nuestra protagonista resulta bastante conocida. Y así es, al menos en sus rasgos más generales y sobre todo desde la publicación de un moderno estudio biográfico a propósito de ella, del que las líneas que siguen constituyendo una apretada síntesis, si bien actualizada con nuevas informaciones.13
Inés vino al mundo en el seno de un linaje de rancio abolengo, fruto a su vez de dos estirpes nobiliarias cuyos destinos se habían unido en el Medievo: los Sisternes, de origen catalán, y los Oblites, navarros, llegados ambos a Valencia en el siglo XIII con el rey Jaime I y al servicio de la corona desde entonces.14 Especialmente célebres durante la época moderna serían los miembros de la familia vinculados en su mayoría a la Orden militar de Nuestra Montesa.15 Pero sobre todo lo fueron aquellos miembros dedicados a la administración de justicia, donde desempeñaron cargos de primer rango, en la Real Audiencia local o en sus homónimas de Mallorca y Cerdeña.16
CUADRO I
Primera generación de la familia Sisternes

Fuente: L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, p. 90.
CUADRO II
Segunda generación de la familia Sisternes

Fuente: L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, p. 90.
Algo más modesto sería el caso de don Felipe Sisternes y Gómez de la Torre, casado con doña Jerónima Gisbert, aristocrático apellido catalanoaragonés. Tres vástagos tuvo tal matrimonio. El primogénito y varón, Jerónimo; Ángela, la mediana, nacida en 1610; y de quien ahora se habla, veinticuatro meses menor y bautizada el día 21 de enero –festividad de la Virgen y Mártir que le daría el nombre– en la iglesia parroquial de Santo Tomás Apóstol de Valencia.17
Los pequeños perdieron a su padre en octubre del mismo año 1612, por lo que quedaron a cargo de su madre. Ni una década sobreviviría esta al pater familias. Fueron acogidos entonces por una prima hermana del difunto don Felipe, la pía doña Sabina, personaje decisivo en toda esta historia. Era hija de don Marco Antonio Sisternes de Oblites y doña Esperanza Centoll, y hermana, por tanto, de don Melchor Sisternes de Oblites y Centoll, señor de Benillup y regente del Consejo de Aragón.18 En 1620 había contraído nupcias a los veintidós años de edad.19 Y lo hizo con su primo don Vicente Descals, asesor del portant-veus de general governador de Valencia.20 Hasta diez vástagos llegarían a atribuirse a este matrimonio.21 Aunque solo alcanzaron la edad madura don Ramón, don Marco Antonio y doña Aldonza.22
Con estos tres muchachos y su madre, pues, se criaron nuestros huérfanos, en una plácida existencia sin sobresaltos reservada a los jóvenes de tal clase y condición.23 Hasta que la vocación religiosa irrumpiera en su vida. Muy tempranamente en el caso de Inés, que a decir de sus biógrafos:
Desde su niñez fue su vida más que un ensayo de la perfección, pues apenas llegava a discernir la razón ya la encontravan retirada en los desvanes de casa hincadas las rodillas en oración fervorosa que tenía por muchas horas. Aprendió a leer con gran brevedad y consumía lo restante del tiempo que la permitían las pueriles tareas, en que se imponen las niñas, en leer libros espirituales, con cuya doctrina conservava el calor de la devoción que el Divino Espíritu avía introducido en su alma. Las diversiones de su niñez eran formar altarcicos y encender luzes, combidando a sus hermanos a cantar a Dios alabanças, que eran los rudimentos y oraciones con que instruyen los padres al despuntar la razón a sus hijuelos. Desde niña gustó mucho del retiro y la oración, y como ésta se fervoriza con los rigores de la mortificación, desde entonces se familiarizó Inés con ella.24
También a sus dos hermanos deparaba el destino una vida consagrada. Jerónimo ingresó con el nombre de fray Onofre en el convento de Nuestra Señora del Remedio de Valencia;25 fue catedrático de Filosofía del Estudi General y superior de diferentes cenobios, visitador y vicario provincial de la Orden de la Santísima Trinidad.26 Méritos que acabarían incluyendo su nombre en las ternas episcopales de diócesis como Orihuela.27
Entretanto, doña Sabina Sisternes de Oblites y Centoll había buscado acomodo para sus sobrinas en otra religión, en absoluto ajena a la familia. No lo era la Orden de Predicadores, desde que un antepasado había apadrinado a san Vicente Ferrer.28 Inés y Ángela se incorporarían así a las filas dominicanas. Pero no en un convento cualquiera, sino en el de Santa María Magdalena, el más antiguo entre los femeninos levantado en Valencia después de la Reconquista y bajo patrocinio de la Casa Real de Aragón.29

Detalle del convento de Santa María Magdalena de Valencia. Plano de T. V. Tosca.
Emplazados en la partida de Na Rovella, aquellos muros mantenían intacto el linajudo marchamo estandarte de sus casi cuatro siglos de historia.30 Nobleza local y oligarquía ciudadana seguían confiando a las monjas magdalenas la educación de sus hijas. Entre los siete y los trece años de edad solían estas, en calidad de educandas, traspasar por vez primera el dintel conventual –con la preceptiva autorización de las autoridades provinciales dominicanas– para su cristiana formación, que podía derivar en una vocación consagrada definitiva.31 Las hermanas Sisternes de Oblites lo harían el 4 de mayo de 1623 durante el priorato de la madre Jerónima de Borja, como se deduce de los registros de Santa María Magdalena.32
En los mismos papeles se recoge que, decididas ambas muchachas a vestir el hábito blanquinegro, mutarían su condición por la de novicias a comienzos de 1628, incorporándose desde entonces al ritmo de vida comunitario cuyas jornadas andaban fraccionadas –según el modelo regular ideal– por el ritmo que marcaban los tiempos de oración, repartidos a lo largo de las veinticuatro horas. En concreto, las dominicas debían levantarse a medianoche para el canto de maitines. En voz alta, recitaba alguna un punto de meditación para el ejercicio de la oración mental durante treinta minutos. A las dos de la madrugada regresaban a sus celdas. Nuevamente en pie a las cinco, rezaban prima con un esquema similar al ya apuntado, más la misa y la comunión cuando así estuviese dispuesto. El resto del día se distribuían las otras horas canónicas intercaladas por tiempo de lectura en voz alta; comida en el refectorio sobre las once y media; después acción de gracias en el coro, algo de recreo, Rosario en torno a las cinco, vísperas, silencio, a las ocho cena y recogida después del rezo de completas. Todo ello regido por el capítulo regular, presidido por la priora de turno y celebrado periódicamente para garantizar el correcto funcionamiento interno de la comunidad.33
Un año de probación les quedaba todavía por delante a Inés y Ángela para «estudiar las constituciones [de la Orden] e imponerse en todas las obligaciones que tal estado lleva consigo», antes de ser admitidas plenamente entre las hijas del patriarca de Caleruega.34 Ello ocurriría doce meses después, con la aprobación del consejo y capítulo del convento. El 23 de enero renunciaban al mundo y hacían solemne profesión ante la superiora sor marquesa Vives de Cañamás.35 Nuestra protagonista lo hizo con diecisiete años de edad, el nombre de Inés del Espíritu Santo y las siguientes palabras:
Yo, sor Inés del Espíritu Santo, Sisternes de Oblites y Gisbert, hago profesión y prometo obediencia a Dios y a la bienaventurada Virgen María y al bienaventurado padre santo Domingo y a vos, reverenda madre sor Marquesa Vives de Cañamás, priora de este convento de Santa María Magdalena de Valencia, en lugar del reverendísimo padre fray Serafín Sicco, Maestro General de la Orden de los hermanos Predicadores, y sus sucesores, según la regla de San Agustín y las constituciones de las religiosas, cuya dirección y cuyo gobierno están encomendados a dicha orden, que seré obediente a vuestras reverencias y a las demás prioras, vuestras sucesoras, hasta la muerte.36
Monja profesa ya, quedó la madre Inés bajo la dirección espiritual de fray Antonio Ferrer, del convento franciscano descalzo de San Juan de la Ribera, en breve fallecido y a quien habrían de suceder el jesuita Juan Bautista Catalá y los dominicos fray Baltasar Roca y fray Francisco Faxardo. Estos pudieron ser los primeros en saber de los desvelos e inquietudes causados en el ánimo de la religiosa por la laxitud en el cumplimiento de la regla entre sus hermanas de hábito de Santa María Magdalena, reticentes aún a la reforma auspiciada por la Iglesia y la corona desde los albores de la modernidad.37
Debe recordarse en tal sentido que este convento no había constituido una excepción al relajamiento que la crisis bajomedieval supuso para las religiones en general y la de Santo Domingo en particular.38 Es más, durante la denominada claustra –un modo de entender la regla dominicana alejado de los postulados que la habían caracterizado desde sus orígenes y evidenciado en la supresión de la pobreza común, la proliferación de situaciones privilegiadas, la posibilidad de vivir fuera de los claustros o la larga permanencia de los superiores en sus cargos–, las magdalenas llegarían a sustraerse de la jurisdicción del maestro general de Predicadores para someterse a la mitra valentina por espacio de más de una centuria. Desde mediados del Quinientos el cenobio había recuperado su estatus anterior de la mano de una pléyade de jóvenes monjas vinculadas a san Luis Bertrán y comprometidas con la observancia.39 Por supuesto, bajo el amparo de las autoridades blanquinegras y la reforma auspiciada por Trento, en cuyo punto de mira estuvieron las monjas en general.40
Hasta tres nuevos cenobios fieles a la regla –en Calatayud,41 Orihuela42 y Perpignan–43 deberían sus orígenes a tales mujeres, que como las madres Bernardina Palafox44 y Magdalena Pons45 participaron de la febril expansión conventual que colmaría de claustros la monarquía hispánica.46
A comienzos del siglo XVII, sin embargo, la vida observante seguía sin imponerse por completo entre las dominicas de Na Rovella. Su tendencia hacia el diocesano y la desvinculación del gobierno de la Orden encontró un motivo más en las reservas de la comunidad a las directrices y ordenaciones del papa Clemente VIII en materia de reforma religiosa, recogidas por los sucesivos capítulos generales dominicanos en lo referente a la obligatoriedad en el aprendizaje de la escritura y la lectura por parte de las monjas, la edad mínima de las niñas acogidas en los conventos, etcétera.47 Y ni siquiera la intervención directa de los provinciales de Aragón había conseguido doblegar a las magdalenas valencianas, inmersas en toda suerte de cuitas poco acordes con su estado.48
Así lo denunció a la corona en 1631 la entonces maestra de novicias sor María Fe Capdevila.49 Según esta, la renovación del cenobio distaba mucho de ser una realidad. No solo por la actitud de algunas religiosas, sino debido también a la complicidad de sus influyentes parientes. Hasta tal extremo había llegado esta situación que el virrey marqués de los Vélez acababa de tomar cartas en el asunto:
[…] aviendo sido el conbento muy religioso y de grande obserbancia, de haños a esta parte es un escándalo por descuydo de los prelados y por culpa de algunas religiosas no tan recatadas en tratar con demasía con personas seglares de mal exemplo, de que por ser algunos dellos casados y llebando mal sus mugeres ha havido muchos ruidos, tanto que, en la Real Audiencia, se han dado memoriales en agravio de dichas religiosas, y el gobernador, en la bacante, se bio obligado a procurar remedio, y el virrey, con celo de lo mismo, desde que entró en Valencia, lo procura por todos caminos, cometiendo al oidor don Pedro Sans bisitasse el dicho conbento haciendo mandatos, con penas de quinientos ducados a algunos seglares.50
Las medidas del lugarteniente general no habían dado resultado, aseguraba la madre Capdevila, «porque las monxas, unas por interés, otras por amistad, y las preladas, por lo mismo y otros fines particulares, las favorecen». De ahí que por orden del noble hubiera vuelto a personarse en el cenobio un oidor de la Audiencia, que
[…] alló a Bautista León parlando y le llebó a la cárcel, donde está por inobediente al mandato, con que y otras cosas se ha hecho patente lo que se mormuraba públicamente de que los seglares entran y escalan el conbento y otras cosas indignas, aún de mugeres ruynes, por estarse los seglares todo el día, todos los días, con sus monxas, cosa de tanto incombeniente.51
De tales trances fue testigo directo la madre Inés del Espíritu Santo, que sumida en la desazón por su contemplación tendría allá por 1637 la primera de las revelaciones a ella atribuida por quienes le trataron:
Estaba en maytines una noche con el resto de la comunidad y diola un profundo rapto, que ella por su humildad llama sueño, aunque breve. Representósele un coro de religiosas mucho más elevado del que ella estaba. Reparó quedaba inundado aquel sitio con singular claridad y resplandor, como si fuese un Cielo, y los hábitos de ellas cándidos y lucidos. Llenose de inefable gozo su corazón al ver aquellas religiosas cuyos hábitos no eran cortados al modo del que ella vestía, sino con más austeridad, pero con notable resplandor y hermosura. Volvió en sí admirada de lo que había visto, pero entonces no le dio a entender Dios lo que aquello significaba.52
Más pronto que tarde comprendería la religiosa el significado de aquella visión, convenciéndose de la necesidad de levantar un nuevo convento que, sin dispensas ni concesiones, recuperase los rigores de la regla primitiva, cuya observancia dejaba bastante que desear en Santa María Magdalena, conforme se ha dicho. En palabras de fray Vicente Beaumont de Navarra:
Como vivía tan sedienta de penas y en el exemplar de su santíssimo patriarca leía tan remontada santidad que se pautó sobre una rigidíssima observancia de sus santas leyes y constituciones, realzada con los exercicios heroycos y continuos de admirables virtudes, anduvo premeditando mucho tiempo si sería possible resucitar aquel primer espíritu. Para examinar la divina voluntad en cosa de tan gran peso, como era lo que ideava de eregir un nuevo monasterio, en que sin dispensación alguna se observasse el rigor de las leyes de su santa religión, aplicose más de lleno a la oración y penitencia, encomendando a otras religiosas de singular virtud ofreciessen a Dios sus oraciones.53
Conforme a lo habitual en estos casos, sor Inés presentó primero el proyecto a su confesor fray Francisco Faxardo, pronto «corifeo y principal motor de esta fundación». Seguidamente, embarcaba en él a su hermana y a la joven madre Juliana de la Santísima Trinidad.54 Las tres se procurarían una cuarta monja de mayor edad y reputación, sor Luisa Aguilera.55 Por su parte, el padre Onofre Sisternes de Oblites empleó cuantos contactos poseía en la capital para procurar financiación a la empresa, patrocinada al final por distintos bienhechores. Como doña Ana Bou, que cedió para ello parte de sus posesiones poco antes de abandonar ella misma el siglo para enclaustrarse en el nuevo convento.56 Con la mitad de su fortuna contribuiría también el doctor Juan Trullench, colegial perpetuo del Real Colegio Seminario de Corpus Christi de Valencia, siempre y cuando las futuras instalaciones quedaran bajo la advocación de Cristo Sacramentado y se levantaran en Vila-real, su localidad natal.57
Contra esta última posibilidad se pronunciaron algunos otros benefactores, partidarios de llevar el establecimiento hasta Xèrica. A tales contradicciones se referirían los cronistas dominicanos de manera lacónica:
No logró el Demonio sus designios, que fue embarazar este nuevo presidio de espirituales amazonas, que avía de ser freno a sus diabólicas tiranías; aunque atravesó mil contradiciones y disturbios, con los que, y otros pretextos, se avía desvanecido que se fundara el convento en la villa de Xèrica, donde avía para ello algunos legados.58
Las autoridades provinciales de la orden zanjaron la polémica decretando el asentamiento en Vila-real.59 Aquí surgirían otros tantos obstáculos. Primero, a la hora de dar con el emplazamiento adecuado. Los enormes dispendios ocasionados por la habilitación de los espacios escogidos vendrían después. Y, por último, la jurisdicción sobre el establecimiento. Más generosas en detalles se muestran esta vez las crónicas de la Orden:
Abraçaronle con mucho gusto la villa, clero y todos, y deseavan hazer elección de una iglesia que llamavan la cofradía de Santiago; y ofreciéndose algunos reparos que embaraçaron la suerte de esta expedición, la resolvieron en la Casa de los Cucalones, llamado vulgarmente en dicha villa El Palacio. Compró todo su sitio el doctor Trullench, [que entre lo que gastó en comprar las cassas y lo que dio de ornamentos y otras halajas para convento, yglesia y altares passaron de 6 mil ducados, y de que, aún no bien satisfecha su gran piedad, hizo donación de toda su hazienda a dicho convento]; si bien, por aver estado inhabitable mucho tiempo padecían ruyna todos sus compartimentos, y para reedificarlo y disponerlo en forma de iglesia y convento gastó gran cantidad de dinero el padre maestro Faxardo. En esta reedificación y disposición huvo más dificultades que en los ajustes de la fundación entre la villa y el clero. Y los de éste no fueron pocos y mesclados con muchas pesadumbres nacidas de pretender con vivas ansias que aquel nuevo convento estuviere sugeto al ordinario, pues no avía allí convento de religiosos de la orden. Y para convencer que esse cuidado no era molestia para la religión, ni perjuizio para las religiosas, se ofrecieron quiebras de calidad, y para soldarlas se vio en riesgo la execución.60
Desde el 6 de febrero de 1639 y bajo patronato municipal finalmente, permanecería en esta localidad sor Inés del Espíritu Santo para dar forma a su convento en colaboración con su hermana Ángela y las madres Juliana Ximeno y Luisa Aguilera, esta última como priora de la nueva fundación. Renunció así nuestra biografiada al gobierno conventual para ocuparse de las novicias que empezaban a llegar. Un oficio a su medida a tenor de las constituciones de la Orden, para las cuales debía recaer tal cometido en monja «muy religiosa, prudente y sabia, zeladora de la observancia regular y que su vida sea un vivo espejo de virtud de la qual aprendan las novicias a ser otras tales».61

Fachada del antiguo convento de Corpus Christi de Vila-real.
Como maestra de novicias, pues, instruiría sor Inés personalmente a las jóvenes aspirantes en la vida religiosa, la oración, la lectura o la escritura, garantizando de este modo una escrupulo sa selección de la incipiente comunidad de Corpus Christi de Vilareal, en la que pronto se integrarían dos beatas de la Tercera Orden dominicana y una sobrina del doctor Juan Trullench.62
Entretanto, la rehabilitación de los edificios experimentó importantes avances.63 Fundamentalmente gracias a las limosnas recaudadas por el primer vicario o procurador del cenobio, a quien conforme a la tradición establecida por santo Domingo correspondía tanto su jusrisdicción espiritual como temporal. Este era fray Francisco Faxardo, que llamado a Roma por el nuevo embajador español en aquella corte –su sobrino, el marqués de los Vélez– continuaría favoreciendo desde allí la fábrica y ornato conventual,
[…] con ricos dones de ornamentos de telas preziosas matizadas de labores primorosas, cálizes, láminas, turíbulo, palia, custodia, viril y muchas y grandes reliquias, y sin esto más de dos mil ducados en dinero entre diferentes limosnas que uno y otro avía recogido del señor embaxador […] y otros príncipes de Roma.64
Todo ello posibilitó en poco tiempo que la madre Inés del Espíritu Santo y sus monjas hicieran de este establecimiento un baluarte observante. Véanse las estrictas prácticas en el vestido, el ayuno, la oración, el silencio o el aislamiento del exterior, recopiladas por fray Luis G. Sempere a partir de una antigua relación manuscrita:
[…] las religiosas visten ropa de lana al interior y al exterior; el hábito es de estameña muy blanca, pero de más baja calidad, más basta y de menos valor que la generalmente usada en la mayoría de los conventos de la orden. Se ayuna desde el 14 de septiembre hasta el día de Resurrección, fuera de los domingos. También se ayuna todos los viernes del año, los días de Témporas y Rogaciones y las vigilias de san Juan Bautista, san Pedro, Santiago, nuestro padre santo Domingo, san Lorenzo Mártir, Asunción de Nuestra Señora, san Bartolomé y Natividad de la Santísima Virgen. La comida es siempre de vigilia, sin comer nunca carne ni viandas guisadas con ella, fuera de las religiosas enfermas y en la enfermería. Los maytines se rezan a medianoche. Todos los días se tienen dos horas de oración mental en común. El silencio es rigurosísimo, la abstracción del mundo extremada, hasta el punto de no haber en todo el convento sino un solo torno para todo el servicio de la casa, inclusive el de la sacristía, y un solo locutorio pobrísimo y pequeño. Las religiosas únicamente reciben visitas tres o cuatro veses al año, sin admitirse más, aunque sean de su familia, fuera del caso de grave necesidad, urgencia o servicio del Señor.65

Claustro del antiguo convento de Corpus Christi de Vila-real.
El perfeccionamiento de tales costumbres guiaría los pasos de este convento como poco durante los tres lustros en que su fundadora formó parte de él. Porque, cumplidos ya los cuarenta años, se la llevaría de allí otra revelación. Cuentan sus hermanas de hábito que
Estando […] un día en oración en el convento de Villareal la reveló [Dios] ser de su gusto fundara otro convento en que plantasse la misma observancia, de la que avía de ser exemplar y norma, cuyos buelos siguirían muchos espíritus de su agrado. Manifestole avía de ser en la villa de Carcaxente, noble población de este reyno, y que su poder abriría camino a tan alta empressa.66
Comenzaba así la segunda estación en el periplo fundacional de sor Inés del Espíritu Santo, con las vistas puestas en la población de Carcaixent, a unas leguas tan solo de Alzira, cuyo monasterio de San Bernardo Mártir regía por entonces su hermano fray Onofre, cuyo parecer debió de pesar mucho en este episodio. La implicación verdaderamente decisiva, sin embargo, sería de su tía doña Sabina Sisternes de Oblites y Centoll, sin la concurrencia económica de la cual quizá jamás se habría materializado el proyecto.
1. BUV, Ms. 149, J. Agramunt: [El Palacio Real de la sabiduría. Idea del convento de Predicadores de Valencia] Tomo tercero en que se trata de los obispos, prelados, inquisidores, confessores de reyes, cathedráticos y escritores hijos de este real convento, pp. 155 y 318. De su fallecimiento en 1672 se hicieron eco las Acta capituli provincialis celebrati Caesaraugustae, in regali Praedicatorum conventu, die 14 aprilis, anni 1674, Zaragoza, 1674, p. 24. También las crónicas conventuales, en alguna de las cuales se incluiría su biografía. BUV, Ms. 158, D. Alegre: Historia de las cosas más notables del convento de Predicadores de Valencia, 1672.
2. A. Felipo Orts: La Universidad de Valencia durante el siglo XVII (1611-1707), Valencia, 1991, p. 324.
3. Nada dicen de tal escrito ni de su autor los más conocidos repertorios bibliográficos valencianos. Solo algunos de sus biógrafos, como V. Beaumont de Navarra en su tantas veces citada obra.
4. V. Ximeno, op. cit., pp. 80-81. Véase en cualquier caso M. A. Pasqual: Vida del venerable padre Juan Bautista Catalá, religioso de la Compañía de Jesús, Valencia, 1679. También nota 40 del siguiente capítulo. Otros detalles en la nota 2 del capítulo 5.
5. Debe de referirse a don Pablo Sisternes de Oblites Pellicer, hijo de don Melchor Sisternes de Oblites y Centoll y doña Casilda Pellicer, casado con doña Isidora Pertusa y fallecido en 1683. Véase nota 16 de este mismo capítulo.
6. J. Rodríguez: Biblioteca valentina, Valencia, 1747, p. 118.
7. «[…] tomando las noticias, como él afirma, de una relación auténtica que embiaron del convento de Belén al [Maestro] General Rocabertí». V. Ximeno, op. cit., tomo II, p. 52. La posterior edición española, aparecida en 1747 con el título Sacro Diario dominicano en el qual se contiene una breve insinuación de las vidas de los santos, beatos y venerables de la orden de Predicadores para cada día del año, con alguna reflexión y oración, estuvo a cargo del valenciano fray Francisco Vidal.
8. El religioso de Xàtiva, graduado en Filosofía por el Estudi General valentino y examinador sinodal de la diócesis de Teruel, «predicava con aplauso y era tenido por sugeto benemérito de los empleos de la Provincia». Ninguno de tales oficios obtuvo, sin embargo, debido a su muerte prematura en 1728. BUV, Ms. 933, J. Teixidor: Necrologio de este real convento de Predicadores de Valencia. Devidas memorias a sus hijos nativos con extensión en los más ilustres recogidas de monumentos antiguos y fidedignos. Tomo 4. Contiene los difuntos desde el año 1478 hasta 1775, p. 333. De su pasión por el arte y la historia dan buena cuenta –además de su crónica magdaleniense– una Breve y devota descripción de la gloriosa celda del padre san Luis Bertrán, acreditada con singulares prodigios y favores celestiales, venerada en el real convento de Predicadores de Valencia, Valencia, 1722, o la Carta dirigida a mossén Miguel Pujalte, recomendándole el cuidado y asistencia de sor Beatriz Ana Ruiz, de la tercera Orden de san Agustín, fechada en Orihuela el año 1711 y aparecida inserta en la vida que, sobre esta venerable religiosa, debemos al maestro fray Thomás Pérez. V. Ximeno, op. cit., tomo II, pp. 50 y 214-215. También V. Pascual y Beltrán: Játiva biográfica, Valencia, 1931, vol. II, pp. 85-86.
9. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 215-320. Más breve es la anónima Vida de la venerable madre sor Inés del Espíritu Santo, antes Sisternes de Oblites, fundadora de este convento de Nuestra Señora de Belén y de Villareal y Carcaxente, basada en la anterior y conservada en ACICT, Fondo Belén. Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén…, ff. 61-96.
10. Así se constata en el propio índice: «1. De su nacimiento y niñez. 2. Toma nuestro santo hábito en el monasterio de Madalenas. 3. Virtudes en que ya professa se exercitó. 4. Aparatos para la primer[a] fundación, que fue el monasterio de Villareal. 5. Sale de Valencia la venerable madre sor Ynés con sus compañeras y habita en su nuevo monasterio de Villareal. 6. De lo que obró en Villareal y algunas mercedes que Dios le hizo». BUV, Ms. 852 (19) Vida de sor Inés del Espíritu Santo…, s. p.
11. BUV, Ms. 852 (20) Relación de la vida y virtudes de la venerable madre sor Inés del Espíritu Santo…, s. f.
12. L. G. Sempere: Vida de la venerable madre sor Inés de Sisternes, dominica, Almería, 1903, p. II. Un resumen de esta biografía se encuentra en «Venerable madre Inés de Sisternes y Oblites», en Historias de fidelidad, Valencia, 1983, vol. I, pp. 455-492.
13. E. Callado Estela: «Sor Inés Sisternes de Oblites o la observancia dominicana en el siglo XVII», en E. Callado Estela (coord.): Valencianos en la Historia de la Iglesia IV, Valencia, 2014, pp. 123-182.
14. P. M. Orts: «Sisternes», en Gran Enciclopedia de la Región Valenciana, tomo XI, Valencia, 1972, p. 38, y J. Hinojosa Montalvo: Diccionario de Historia Medieval del reino de Valencia, Valencia, 2002, tomo IV, p. 189. Referencias a los Sisternes y Oblites en F. Diago: Anales del reyno de Valencia, Valencia, 1613, lib. 7, cap. 65, y J. Zurita: Anales de la Corona de Aragón, Zaragoza, 1669, lib. 3, caps. 51 y 84, y lib. 4, caps. 2 y 84.
15. J. Cerdá Ballester: Los caballeros y religiosos de la Orden de Montesa en tiempos de los Austrias (1592-1700), Madrid, 2019, pp. 155 y ss.
16. T. Canet Aparisi: La Magistratura valenciana (ss. XVI-XVII), Valencia, 1990, p. 264; V. Graullera Sanz: Juristas valencianos del siglo XVII, Valencia, 2003, pp. 332-335; y L. Gómez Orts: «Aproximación socio-biográfica a una familia de juristas valencianos: los Sisternes», Estudis. Revista de Historia Moderna, 37, 2011, pp. 511-527. De esta última autora véase también La saga jurídica de los Sisternes. Historia y patrimonio (siglos XVI-XVII), Valencia, 2016.
17. Quien así lo afirma sostuvo para hacerlo no el correspondiente libro de bautismos –perdido probablemente en un incendio– sino «una nota oficiosa en que don Juan Bautista Llopiz, presbítero, archivero de la expresada parroquia, trasladó con fecha 18 de noviembre de 1886 del índice [de aquel registro], que dice así: Nom de pares Felip». L. G. Sempere, op. cit., p. 4.
18. Con anterioridad, había sido asesor de la gobernación de Valencia para las causas criminales, abogado fiscal de la Audiencia, juez de corte, oidor de las causas civiles y regente. Ejerció también como examinador de Leyes y Cánones del Estudi General. L. Gómez Orts: «Administrar y juzgar desde la Cancillería de un reino. La gestión del regente valenciano Melchor Sisternes de Oblites (1629-1632)», en M. J. Pérez Álvarez y A. Martín García (eds.): Culturas políticas en el Mundo Hispánico, León, 2012, pp. 1567-1579. Sabemos que su hija doña Teresa acabaría vistiendo el hábito blanquinegro en 1698, en el convento de Nuestra Señora de Belén, fundado –como se dirá– por su prima sor Inés Sisternes de Oblites. Entre sus muros viviría con existencia ejemplar hasta su muerte, acaecida el 25 de junio de 1698. ACICT, Fondo Belén. Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén…, ff. 81-201.
19. El 14 de junio y según las cartas matrimoniales suscritas ante el notario Juan Domingo Reyner. ARV, Real Audiencia, Procesos, III Parte, 3092, f. 1.
20. Al tiempo procurador del influyente veneciano Andrés Ynles, «secretari de la embaxada de sa magestat en la señoria de Venècia». Cit. L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, p. 19.
21. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [X] Sor Sabina del Santíssimo Sacramento, que dotó a la fundación de este santo monasterio. Clavel, f. 21. Igualmente véase V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 245.
22. L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, p. 20.
23. Los propios interesados así lo depondrían años después, asegurando el varón «conèxer molt bé als dits dona Savina y Visent Sisternes de Oblites […], en la casa dels quals s’és criat ell testimoni». ARV, Real Audiencia, Procesos, III Parte, 3092, f. 104.
24. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 220.
25. Consta así en las ápocas firmadas por él mismo durante los años 1662 y 1663 en relación con la celebración de algunas misas por varios difuntos en el convento de Nuestra Señora del Remedio. AHPC, Varia, Leg. 32.4.40 Ápoca celebración de misas por el alma de Patricio Pablo, y 32.4.44, Ápoca celebración de misas por el alma de Esperanza Rubio.
26. A. Felipo Orts: La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 381.
27. No obstante, fallecería el 16 de mayo de 1671 sin haber ceñido jamás mitra alguna y «sin dexar impresso, de mucho que avía leído y predicado y escrito de Matemáticas, a cuyo estudio fue inclinadíssimo, si no un Sermón panegyrico de nuestros gloriosos patriarcas san Juan de Mata y san Félix de Valois, en Valencia, por Silvestre Esparsa, 1600». J. Rodríguez, op. cit., p. 128, y A. Felipo Orts: La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 381.
28. Don Romeu de Oblites, jurado en cap de la ciudad. J. Teixidor: Vida de San Vicente Ferrer, apóstol de Europa, Valencia, 1999, vol. I, p. 41.
29. M. de Cruilles: Guía urbana de Valencia antigua y moderna, Valencia, 1875, vol. I, p. 362; M.ª D. Cabanes Pecourt, op. cit., vol. I, p. 115; V. Pons y J. Cortés, op. cit., p. 81.
30. E. Callado Estela: Mujeres en clausura…, pp. 31 y ss.
31. En Valencia, en los conventos dominicanos y en todas partes. M. Barrio Gozalo: El clero en la España Moderna, Córdoba, 2010, pp. 425-426.
32. ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena…, f. 48bis.
33. La aplicación de este modelo teórico de vida a las dominicas se encuentra en A. Esponera Cerdán: Las dominicas de Albarracín. 337 años de fidelidad y presencia en la ciudad, Albarracín, 1998, pp. 40-44.
34. El texto completo latino de las Constitutiones sororum fratrum Praedicatorum de 1259 puede consultarse en formato CD en Constitutiones et acta capitulorum generalium ordinis fratrum Praedicatorum 1232-2001, Berlín, 2002. Una edición de estas –traducidas al castellano y manejadas en este trabajo– se encuentra en Regla de nuestro padre san Agustín, águila de los doctores, manual y espejo espiritual de sus hijas por la línea recta de nuestro gran padre santo Domingo y herederas legítimas del espíritu de ambos santíssimos patriarchas y las constituciones de nuestro padre santo Domingo. Propónelo de nuevo a las hijas de tales padres el maestro fray Thomás de Espinosa, del orden de Predicadores, el año de 1677 y se reimprime a esmero de la madre soror Manuela Santa Ana, actual priora de este monasterio de Nuestra Madre Santa Rosa de Lima, Lima, 1757. Remitimos en cualquier caso a P. Raffin: «Brève histoire des constitutions des moniales de l’Ordre des Prêcheurs», Mémoire Dominicaine, 13, 1998, pp. 118-119.
35. Que lo era desde el 24 de abril de 1646. Había hecho profesión religiosa en este mismo convento en diciembre del año 1592. El 25 de julio de 1665 falleció. ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena… Religioses y dots de aquelles, f. 40bis.
36. Cit. L. G. Sempere, op. cit., pp. 14-15, a partir de la copia de un antiguo manuscrito hoy desaparecido.
37. E. Callado Estela: «Mujeres, reforma y resistencia. Las dominicas valencianas de Santa María Magdalena en los siglos XVI y XVII », en R. M.ª Alabrús Iglesias (ed.): La vida cotidiana y la sociabilidad…, pp. 117-132.
38. Véase sobre el tema V. Beltrán de Heredia: Historia de la reforma de la provincia de España (1450-1550), Roma, 1939, pp. 185-217, y Las corrientes de espiritualidad entre los dominicos de Castilla durante la primera mitad del siglo XVI, Salamanca, 1941; J. M.ª Garganta: «Los dominicos de la provincia de Aragón en la historia de la espiritualidad (siglos XIV-XVII)», Teología espiritual, 1, 1957, pp. 98-121; y A. Robles Sierra: «La reforma entre los dominicos de Valencia en el siglo XVI», en Corrientes espirituales en la Valencia del siglo XVI (1550-1600), Valencia, 1983, pp. 183-210.
39. Sor Mónica Antist, sor Catalina de Castro, sor Esperanza y Bernardina Palafox o sor Magdalena Pons, por citar algunos ejemplos. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 106 y ss.
40. J. M.ª Garganta: «Apuntes sobre el momento tridentino de la provincia de Aragón», en Atti del Il Concilio di Trento e la reforma tridentina, Roma, 1965, vol. II, pp. 643-646; A. Esponera Cerdán: «El Concilio de Trento y las monjas dominicas del real monasterio de Santa Catalina de Siena de Valencia», en IV Jornada de Historia de la orden dominicana en Argentina. Historia, escritura, arte y espiritualidad, s. l., s. p., 2009; y A. Atienza López: «Movilización y activismo desde los claustros postridentinos. La participación de las monjas en la proyección de la Contrarreforma», Historia Social, 91, 2018, pp. 105-130.
41. Aprobado por el capítulo general de Lisboa, celebrado en 1618, con las siguientes palabras: «Acceptamus conventum monialium Calataiubii, fundatum a perillustri don Iosepho de Palafox, catholici regis capellaneo et ecclesiae Caesaraugustanae canonico, cum pactis et conditionibus inter ipsum et Provinciam Aragoniae initis, admittentes eundem dominum fundatorem, tamquam ordinis nostri singularem benefactorem, in vita pariter et in morte ad participationem omnium bonorum spiritualium totius Ordinis nostri», «Acta capituli generalis Ulyssipone in conventu Sancti Dominici Ordinis Praedicatorum celebrati in festo Sanctissimae Pentecostes III iunii anno Domini MDCXVIII», en M. B. Reichert: Monumenta Ordinis Praedicatorum historica. Acta capitulorum generalium VI, Roma, 1902, p. 305. De ello se haría eco el provincial valentino de 1621. Acta capituli provincialis celebrati Valentiae in regio conventu Praedicatorum prima mensis maii anno MDCXXI, Valencia, 1621, p. 19.
42. En las actas del capítulo provincial dominicano reunido en 1606 puede leerse la aceptación de esta nueva fundación religiosa femenina: «Acceptamus prioratum etiam conventus monialium Sanctae Luciae civitatis Oriolae», Acta capituli provincialis Valentiae in conventu Praedicatorum celebrati die quintadecima mensis aprilis anni 1606, Valencia, 1606, p. 16. Nada de ella se dice, sin embargo, en los posteriores capítulos generales de la Orden de 1609 y 1611.
43. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 182, 194-195 y 200-201.
44. Cuarta hija del virrey de Cerdeña de este apellido, en 1575 había vestido el hábito religioso, profesando al año siguiente. ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena…, ff. 37vbis-38bis. A su muerte, acaecida a finales de 1621, se organizaron unos sonados funerales. J. Vallejo: Sermón fúnebre predicado en las honras de la madre sor Bernardina de Palafox, Zaragoza, 1622. De ella se hizo eco el capítulo general de Milán reunido un año después: «In eodem monasterio obiit soror Bernardina de Palafox, ipsius monasterii fundatrix, quae nunquam lecto nisi aegra cubavit; quod semel induit, nunquam mutavit indumentum, suis manibus saepius pro necessitate refectum; sacram eucharistiam singulis diebus sanctae Catharinae Senensis exemplo sumebat, tandem gloriosissime obiit», «Acta capituli generalis mediolani in conventu Sancti Eustorgii Ordinis Praedicatorum celebrati in festo sanctissimae Pentecostes XV maii anno Domini MDCXXII», en M. B. Reichert: Monumenta Ordinis Praedicatorum. Acta capitulorum generalium VI, Roma, 1903, p. 352.
45. Hija del regente del Consejo de Aragón don Martín Pons de Castellví, había llegado con catorce años de edad al convento de las magdalenas, donde profesó en 1567 y vistió el hábito doce meses después. ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena…, f. 37bis.
46. A. Atienza López: Tiempos de conventos. Una historia social de las fundaciones en la España moderna, Madrid, 2008, pp. 32-42.
47. A. Esponera Cerdán: «El Concilio de Trento y las monjas dominicas del real monasterio de Santa Catalina de Siena de Valencia», en IV Jornada de Historia de la orden dominicana en Argentina. Historia, escritura, arte y espiritualidad, s. l., 2009, pp. 6-7.
48. E. Callado Estela: Mujeres en clausura…, pp. 77 y ss. La situación descrita no supondría una excepción dentro del panorama conventual femenino hispánico, donde la resistencia a la reforma tridentina siguió al día todavía a lo largo del siglo XVII e incluso del Setecientos. A. Atienza López: «Las grietas de la clausura tridentina. Polémicas y limitaciones de las políticas de encerramiento de las monjas… todavía con Felipe V», Hispania, 248, 2014, pp. 807-834; «Autoridad moral y resistencia ejemplar. La defensa del orden y la soberanía en los claustros femeninos», en A. Atienza López (ed.): Mujeres entre el claustro y el siglo…, pp. 103-123; «Los límites de la obediencia en el mundo conventual femenino de la Edad Moderna: polémicas de clausura en la Corona de Aragón, siglo XVII», Studia Historica. Historia Moderna, 40, 2018, pp. 125-157; y «Mujeres y hombres de Iglesia. Orden y desorden en torno a la imposición de la clausura tridentina», en E. Serrano Martín y J. Pérez Gascón (coords.): Poder, sociedad, religión y tolerancia en el Mundo Hispánico, de Fernando el Católico al siglo XVIII, Zaragoza, 2018, vol. I, pp. 241-270.
49. «Tomó el ábito a 10 de decienbre 160[4], ciendo priora la madre sor Margarita Gamir. Traxo de dote seyscientas libras y más ciento libras para pita[n]sa y zera. Yzo profeción a 6 de junio 1605 […], siendo priora la madre sor Ysabel Estanya». ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena…, f. 42vbis. Confirmada como priora el 20 de marzo de 1640, volvería a ejercer como superiora durante un segundo mandato, iniciado el 26 de abril de 1649 y prolongado tres años más por dispensa apostólica, ibíd., ff. 44v-46. Ya fallecida, en el capítulo provincial de 1665 podría leerse el siguiente elogio fúnebre: «In conventu Sanctae Mariae Magdalenae Valentiae, obiit soror Mariae Capdevila, quae 63 annis quibus habitum induit, laneis semper usa est, super nudo tabulato cubabat. Magistrae novitiarum, et priorissae officia, ambos novennio exercens, zelo religionis excelluit, ieuniis, et orationi assiduat vestibus usa vilibus nova laceris commutabat, suarum rerum largitrix liberalissima, que tandem jeiuniis penitentiis, et infirmitatibus fracta, sancto fine quievit», Acta capituli provincialis celebrati Barchinonae in conventu Praedicatorum Sanctae Catharinae Martyris die 25 aprilis 1665, Barcelona, s. a., p. 20.
50. ACA, Consejo de Aragón, Leg. 875, doc. 116.
51. Ibíd.
52. L. G. Sempere, op. cit., p. 13. En los últimos tiempos se ha inaugurado una interesante línea de investigación histórica en torno a estas y otras manifestaciones proféticas y visionarias. A modo de ejemplo, véase A. Atienza: «Monjas examinadas. Visiones y política de sor Magdalena de la Trinidad, s. XVII», en M. Caffiero, M. P. Donato y G. Fiume (eds.): Donne, Pottere, Religione. Studi per Sara Cabibbo, Milán, 2017, pp. 123-136, y L. M. Pérez Pérez: «Cien mordazas en la boca. Profetismo femenino en el siglo XVIII a través de los jesuitas expulsos», en I. Fernández Arrillaga (coord.): Al margen y calladas: mujeres en la Modernidad, Alicante, 2016, pp. 101-123; y R. M.ª Alabrús Iglesias: «El discurs eclesiàstic davant el món visionari femení en els segles XVI i XVII», Scripta. Revista Internacional de Literatura i Cultura Medieval i Moderna, 8, 2016, pp. 287-300.
53. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 235-236.
54. En el siglo Ximeno Dolz y nacida en Morella, «a 10 de ma[i]g entrà relixosa sor sor [sic] Juliana Gimeno, de edat de digüit anys […] a[n]y 1623». ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena…, f. 48bis. Una breve reseña biográfica en ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [I] Sor Juliana de la Santíssima Trinidad. Fundadora. Violeta, ff. 8-10.
55. Ninguna religiosa de este nombre y apellido figura en los registros conventuales consultados. A ella se refieren, sin embargo, V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 236, y L. G. Sempere, op. cit., p. 171, para quienes habría vestido el hábito blanquinegro el año 1612 en Santa María Magdalena, donde fallecería en agosto de 1642 tras haber ejercido como priora en el convento de Corpus Christi de Vila-real.
56. Diferentes donaciones efectuaría también al convento de Predicadores. BUV, Ms. 158, D. Alegre: Historia de las cosas más notables del convento de Predicadores de Valencia, año 1666.
57. Se había doctorado en Teología en la Universidad de Valencia en el año 1608. Dos décadas más tarde opositaba sin suerte a una cátedra pavordía. A. Felipo Orts: La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 388. Protagonizó una intensa carrera literaria, de la que dan testimonio títulos como Bullae Sanctae Cruciatae expositio, Confessariis omnibus, etiam in locis ubi ipsa non contenditur, valde utilis et necessaria, Valencia, 1626; De obligatione asistendi, et tamendi in choro, ut quisque sua obligationi satisfacere possit, et distributiones mereatur accipere, Valencia, 1633; Opus morale in decem decalogi, et quinque Ecclesiae praecepta, Valencia, 1640; Praxis sacramentorum, Valencia, 1646; y Tractatus de iure parochi, sive parochiali, et de vicario perpetuo, ac temporali, Valencia, 1647. V. Ximeno, op. cit., tomo I, p. 354.
58. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 237-238.
59. Con autorización firmada por el vicario provincial fray Acacio March de Velasco, hijo de ilustre linaje valenciano, catedrático de Filosofía del Estudi General y prior del convento de Predicadores. En 1660 se convirtió en obispo de Orihuela, donde falleció un lustro después. C. Fuentes: Escritores dominicos del reino de Valencia, Valencia, 1930, pp. 188-190, y G. Vidal Tur: Un obispado español. El de Orihuela-Alicante, Alicante, 1961, vol. I, pp. 274 y ss.
60. BUV, Ms. 852 (19), Vida de sor Inés del Espíritu Santo…, p. 704.
61. Regla de nuestro padre san Agustín…, capítulo III. Del oficio de la maestra de novicias, pp. 52-62. La profesora Atienza ha llamado la atención sobre la amplitud del texto dedicado por la referida constitución a un empleo conventual de vital importancia, porque a través del noviciado no solo se enseñaban y aprendían las pautas de comportamiento debidas para la inserción en la comunidad, sino que constituía un proceso de socialización e inmersión en los valores de cualquier orden religiosa, además de un proceso de aprendizaje e interiorización de las pautas y valores asociados de forma más genérica al estado religioso femenino. A. Atienza López: «Autoridad y poder en los claustros femeninos de la Edad Moderna. Las prioras dominicas vistas desde los textos normativos y ceremoniales», en R. M.ª Alabrús Iglesias (ed.): La vida cotidiana y la sociabilidad de los dominicos…, p. 59.
62. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, pp. 237-238.
63. Según los relatos decimonónicos, «ocupando todas las casas que existían en la manzana entera y aislada que hay entre los lindes por norte calle Mayor, sur la de los Desamparados, levante callejón de la casa capitular y por poniente la calle [de] salida a Burriana, cuya afirmación atestiguan los arcos señalados sobre las paredes exteriores de dicho convento tapiadas que formaban entrada a otras tantas casas, entre los que se divisan sacando frente a la calle Mayor tres o cuatro en la salida a Burriana. Es el edificio grande y despejado, mide de superficie 3.138 metros cuadrados, la obra válida y de buena construcción. Es fama de que posee un jardín y otros patios en el centro. La iglesia es hermosa, de orden corintio, de una nave, con buenos altares dorados y la sacristía despejada, pero todo con escasa luz; tiene un buen órgano y en sus retablos se ven algunos cuadros regulares, a pesar que por su oscuridad no puede clasificarse a qué escuela pertenecen». Apuntes históricos de Villareal, 1879, pp. 493-494; L. Nebot Climent: Apuntes históricos de Villareal, 1880, pp. 166-167; y P. Martí Cercós: Apuntes históricos de Villareal, 1893, vol. I, s. p. Los tres conservados manuscritos se encuentran en el Archivo Municipal de Vila-real.
64. BUV, Ms. 852 (19), Vida de sor Inés del Espíritu Santo…, p. 704.
65. Cit. L. G. Sempere, op. cit., pp. 46-47.
66. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 246.
Capítulo 2
EN CARCAIXENT Y DE CORPUS CHRISTI
En los últimos años la vida había golpeado duramente a doña Sabina Sisternes de Oblites y Centoll. Primero fue la muerte de su esposo don Vicente Descals.1 Y poco después la desaparición sin descendencia de sus dos hijos varones, don Ramón y don Marco Antonio, caballero de Montesa, cuyo hábito recaería en su cuñado don Salvador Pardo, doctor del Real Consejo Criminal y marido de doña Aldonza, ahora única heredera de su madre.2 En ausencia también de prole, esta falleció allá por 1652.3 Sola doña Sabina, halló consuelo en sus sobrinos huérfanos, a quienes décadas atrás había dado techo. Especialmente en la más joven de todos, sor Inés del Espíritu Santo. Con ella mantuvo a partir de entonces una intensa correspondencia epistolar a través de la cual supo de los nuevos planes fundacionales de la religiosa, en los que esta –omitiendo por ahora posible ubicaciones– trató de implicarla, según fray Vicente Beaumont de Navarra:
Después de muchos días la avisó que era voluntad de Dios que, de sus bienes, se fundasse un convento de religiosas en un hospital, porque las almas de muchos que estavan allí enterrados y padecían gravíssimas penas en [el] Purgatorio avían de ser aliviadas por los sufragios que en él ofrecerían a Dios sus esposas; y assí, que se tuviesse por afortunada de ser escogida para piedra sillar de tan noble y piadosa fábrica.4
Sor Inés del Espíritu Santo. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
La propuesta sorprendió a la viuda, que dudando tanto de la viabilidad del proyecto como de la capacidad de su familiar para dirigirlo, consultó el caso con otro sobrino, el canónigo de la seo valentina don José Pujasons y Sisternes.5 Este conocía de sobra la fama de su común pariente, con quien había tenido varias experiencias personales dignas de todo crédito:
Estando yo en Madrid –relató a su tía– tenía unas penas interiores que me llevavan muy turbado y no las avía comunicado a nayde, quando recebí una carta suya en que me las refería todas con la mayor puntualidad y me dava documentos para portarme en tales aflicciones. Esto conocí lo sabía por revelación, pues estava yo en Madrid tan distante de su comunicación y sin averla escrito a ella ni comunicado con nayde lo referido. En otras ocasiones que la he tratado tengo observadas muchas cosas admirables y muy sobrenaturales. Y assí, no dude vuesa merced que en ella habla el Espíritu Santo.6
Doña Sabina quedó convencida con semejante confesión, prometiendo su apoyo a la madre Espíritu Santo para levantar un nuevo convento femenino en el que pasar el resto de sus días como «piedra fundamental y primaria de este Paraíso de Dios».7 Ella misma le buscaría emplazamiento en Valencia lo suficientemente espacioso para albergar una comunidad monjil y junto al osario donde reposaban las víctimas de la última peste que entre 1648 y 1649 había diezmado aquella urbe.8 Sor Inés descartó de lleno esta posibilidad, aclarando que «la voluntad de Dios por entonces no elegía aquel sitio, sino otro en Carcaxente».9
Desde luego, la idea de abandonar la capital del reino con destino a un lugar del que nada conocía entusiasmaba poco a doña Sabina, que pese a todo transigió con los deseos de su sobrina.10 De las gestiones para materializarlo se ocuparían fray Onofre Sisternes Oblites, don José Pujasons y Sisternes y el padre Francisco Faxardo, de vuelta de Roma este último y tan diestro en el asunto que en breve obtuvo las preceptivas licencias de la corona y el entonces arzobispo fray Pedro de Urbina.11 También la autorización de los jurados del lugar, primero para establecerse en una casa donación de la carcagentina doña Úrsula Casanoves, al lado del camino de Alzira.12 Y después –dadas las estrecheces del solar– en el contiguo hospital y cementerio de peregrinos de la localidad, a cambio de habilitarse un espacio al mismo objeto comprado a la parroquia antes de cederse a los munícipes para su gestión.13
Los trámites no estarían exentos de las habituales dificultades. Pudieron deberse a la oposición generalizada de la época con respecto al asentamiento de nuevos establecimientos religiosos en plena crisis económica.14 Porque en el término existían ya el monasterio agustino de Nuestra Señora de Aigües Vives, reedificado después de la Reconquista, y el convento de San Francisco, de reciente erección. En otro sentido, sin embargo, apuntan los historiadores locales. Según estos, la cofradía del Rosario que debía albergar el convento en proyecto –conforme a lo establecido por antiguas disposiciones pontificias– estuvo en el origen de su rechazo:
A tal fundación se opuso, en un principio, la villa ante el temor de que desapareciera de la parroquia la cofradía del Rosario, que por aquel entonces se hallaba en un estado muy floreciente. Pero habiéndose acordado que dicha cofradía sería respetada en el punto donde radicaba, además de que la comunidad se obligaría a admitir perpetuamente dos religiosas de coro, con dote de 400 libras, se desvaneció toda dificultad y la obra comenzó en 1653.15
Silencio absoluto a este respecto guarda el padre Agramunt, que como el resto de crónicas de la Orden pasarían de puntillas sobre ello, despachándose con explicaciones del siguiente tenor:
[…] el Demonio, que presentía la guerra a muerte que se le iba a hacer en Cargagente por las esposas del Crucificado, sugestionó a muchos vecinos de esta villa para que, obstinadamente, impidieran la ida allí de las religiosas dominicas […]. [Pero] los alborotos ocasionados por los hijos de las Tinieblas fueron apaciguados con facilidad y todos los ánimos quedaron quietos, calmados y contentos16
Como quiera que fuese, entrado el año 1654, el provincial de Aragón fray Francisco Crespí de Valldaura17 daba vía libre a sor Inés del Espíritu Santo para trasladarse hasta Carcaixent e iniciar la fundación, dejando a su discreción la designación de cuantas religiosas estimase oportunas para ayudarse en ello.18

Carcaixent antic.
Los datos conocidos a propósito de esta elección son escasos. Como superiora del nuevo claustro se impuso el nombre de la madre Juliana de la Santísima Trinidad, que desde Santa María Magdalena había acompañado a sor Inés en su primera estación fundacional y de quien se tenía «ya larga experiencia era consumada en las más ilustres virtudes y en la expedición de los negocios que para tales empressas se ofrecían siempre».19 Dos monjas más de Vila-real se sumaron a la empresa. De conocida vida ejemplar una, la madre Potenciana de la Concepción. Y entre las primeras en vestir el hábito en aquel cenobio, la madre Teresa de San Vicente Ferrer, con solo treinta y dos años de edad «pero en ellos peinava muchas canas».20 Para sí reservaría sor Inés otra vez el cuidado de las novicias, reclutándolas a partir del método a continuación resumido:
Ella haciendo, digámoslo así, selección discreta, escogía las que el Espíritu Santo le revelaba para dedicarles mayor cuidado. Las imponía con celo en todo cuanto se refiere a la vida espiritual y las instruía, como consumada maestra, en las más altas máximas de la perfección cristiana. Se esmeraba muy en particular enseñando a todas el método de la santa meditación, según las prácticas de la orden y los maestros en la materia, los bienaventurados Enrique Susón y san Vicente Ferrer y los venerables Taulero y Granada. Y sobre todo procuraba, con gran prudencia, enfervorizarlas en las tres vías del espíritu, según la capacidad de cada religiosa, haciéndolas amar y practicar las mortificaciones de los sentidos, los ayunos y más que todo la observancia regular, base de toda virtud en las almas religiosas.21
Por entonces tenía ya advocación el nuevo convento, llamado también de Corpus Christi para recordar la permanente presencia entre sus muros de Cristo Sacramentado.22 A él se encomendarían las fundadoras antes de partir hacia Carcaixent en el mes de abril. El lunes 13, festividad de san Vicente Ferrer, arribaban a aquella localidad en compañía de un pequeño séquito salido a su encuentro. Si hubo recepción oficial, ni rastro de ella quedó en las fuentes consultadas. Las monjas se limitaron a asistir a las vísperas solemnes celebradas con motivo de la efeméride vicentina, así como a la posterior procesión. Lo contarían tiempo después a fray José Agramunt:
Asistieron aquella tarde las venerables fundadoras a las vísperas solemnes en la parroquia y a la processión que en esta villa se haze al Ángel del Apocalypsi san Vizente, a quien professan suma entrañable devoción. Y concluidas las funciones, acompañaron con processión a las dichas señoras asta su encierro, que estava ya dispuesto y adornado con las riquíssimas alhajas de una suma pobreza.23
Finalizadas tales ceremonias, las religiosas fueron conducidas por las autoridades locales, el clero parroquial y algunos vecinos hasta el lugar que había de albergarlas en lo sucesivo y del que tomaron posesión a través de un sencillo acto.24
Bastante más tendría que esperar la nueva comunidad para contar con una fábrica conventual en condiciones, utilizando de momento como iglesia la del antiguo hospital de peregrinos. Allí se ofició una primera misa inaugural cantada el día 14 de abril, coincidiendo con la primera toma de hábito en la persona de Josefa Oliver, de dieciocho años de edad y procedente de Vinarós.25 A ella seguirían otras tantas muchachas –procedentes en su mayoría de Carcaixent y poblaciones próximas– atraídas por la fama y el modelo religioso de la incipiente fundación para profesar como monjas de coro, y por tanto con votos de pobreza, castidad y obediencia y obligación de acudir al rezo coral de las horas canónicas, el oficio de la Virgen y la oración mental; o de la obediencia, es decir, con idénticos votos pero sin deber de asistir a las plegarias comunitarias y ocupadas más en las labores domésticas.26

Fachada del antiguo convento de Corpus Christi de Carcaixent.
Desde el principio y bajo la autoridad de la madre sor Juliana de la Santísima Trinidad estuvo el convento comprometido con la observancia, al igual que el de Vila-real y a juzgar por el testimonio de alguno de sus confesores:
Aquí se guardan las constituciones de la Orden con la mayor puntualidad. La assistencia en el coro es admirable, siendo los maytines a medianoche indeficientes y las demás horas canónicas a su tiempo con la más plausible devoción. El retiro que se professa no cabe en ponderación, pues negadas a los ojos del mundo, cada una es una Sara, que velado el rostro sólo al Divino Esposo se descubre. No hablaré de los exercicios voluntarios, por no ofender la gran modestia de tan venerables señoras, que emulándose unas a otras sagradamente las virtudes, estudian con humilde santa ambición exederse en perfección, rigores y penitencia.27
Quiso el destino, sin embargo, que la priora falleciera repentinamente antes de concluir su mandato, dejando huérfanas a sus hermanas de hábito el 23 de enero de 1657.28 La elección de su sucesora por parte de las monjas recayó con el primer escrutinio en la madre Inés del Espíritu Santo, que rehusó aceptar el oficio. Solo la mediación de fray Francisco Faxardo, confesor, vicario y procurador provisional de la comunidad, pudo convencerla de lo contrario. Contaría en el subpriorato con la ayuda de sor Juana del Rosario, recién incorporada desde el monasterio de Santa Ana de Murcia.29
La mudanza en el gobierno cenobial coincidiría el 4 de octubre de aquel mismo año con la profesión religiosa de doña Sabina Sisternes de Oblites y Centoll, allí retirada en virtud de un breve especial del nuncio apostólico Camilo Massimi, antes de vestir solemnemente el hábito de santo Domingo como sor Sabina del Santísimo Sacramento el 20 de agosto de 1656.30 Entre ambas fechas, la otrora esposa de don Vicente Descals dispondría su última voluntad ante el notario Francisco Gisbert. En ella –revocado cualquier testamento o codicilo anterior– se reservó el patronato de la fundación. Una vez fallecida, se entregaría a su sobrino don Pablo, hijo del regente del Consejo de Aragón don Melchor Sisternes de Oblites:
[…] me reserve lo dit dret de patronat de dit convent y vull tenir aquell durant los dies de ma vida natural y aprés obté meu y que yo naturalment sia morta, vull y és ma voluntat succeïxca en dit patronat y sia patró don Pau Sisternes de Oblites, cavaller de l’hàbit de Sant Jaume de la espasa, mon nebot, fill de don Melchior Sisternes de Oblites, cavaller de l’hàbit de Nostra Señora de Montesa y Sant Jordi de Alfama y regent del Sacro Supremo Real Consell de Aragó, mon germà, y els fills descendents de aquéll, preferint lo mascle a la fembra y que sia sempre lo major.31
Faltando la descendencia al citado heredero o renunciando sus hijos a tal legado, pasaría a manos del hermano de este, don Juan, caballero también de la Orden de Montesa. En caso de frustrarse esta última opción, el beneficiario sería otro sobrino de la benefactora, don Melchor, hijo de don Vicente Sisternes de Oblites. Si tampoco ello era posible, se transmitiría la manda a don Marco Antonio, don Plácido y don Luis Pujasons, sucesores de doña Francisca Sisternes de Oblites, hermana de doña Sabina. Don Juan y don Gaspar Descals serían las dos últimas alternativas contempladas por la testadora de malograrse todas las demás.32

Autógrafo de sor Sabina del Santísimo Sacramento.
Como heredero universal de sus bienes, la madre Santísimo Sacramento instituyó al propio convento de Corpus Christi de Carcaixent, con las siguientes condiciones. Primeramente, todos los meses del año y a perpetuidad se celebrarían por su alma y la de los suyos cuatro misas rezadas con responsos, «la una del Santíssim Sacrament, l’altra de la Passió de Crist y l’altra de la Santíssima Trinitat». En segundo término y todavía más importante, la comunidad de religiosas adquiriría el compromiso de admitir a una pariente de sor Sabina –con 400 libras solo por dote y vestuario– como monja de coro, práctica frecuente de vinculación por parte de patronos y fundadores orientada a tratar de garantizar vías de influencia directa sobre los claustros femeninos a través de la reserva de plazas y las familiares allí instaladas.33 En este caso, deberían seguirse las siguientes instrucciones una vez fallecida doña Paula Pujasons, sobrina de la madre Santísimo Sacramento y recientemente profesa:
[…] que entrant una no puixa entrar-ne altra que no falte aquélla que haurà entrat per parenta ab quatre-centes lliures de dot y vestuaris; y lo mateix se guarde de allí avant en les demés que auran de entrar y ab tal que sempre que succeïxca lo cas de haver de entrar dita religiosa parenta sia preferida per haver de entrar en dit convent aquélla que serà més propinqua parenta meua. Y si n’agués dos o tres o més que volguesen entrar parentes meues a en mateix grau, en dit cas lo patró que per temps serà de dit convent y lo dit convent hajen de fer elecció y entrar aquélla que dits patró y convent valdran y eligiran. Y en cas que lo dit convent y comunitat de aquell y dit patró que serà de aquell no concordassen en la persona que ha de entrar y pendre lo hàbit de religiosa, sinó que estiguesen discordes, en tal cas prevaleixca y se haja de seguir el vot de dita comunitat de dit convent y la que li pareixera adaquella sia la que haja de entrar y entre y no la que voldrà y dirà dit patró. Y que este pacte y condició no tinga efecte sinó aprés de la mort de sor Paula Pujasons y de la Mare de Déu, neboda meua, religiosa profesa de dit convent.34
El 5 de octubre de 1657 aceptaba la herencia en nombre del convento su nuevo vicario fray José Martínez.35 Él sería el encargado de velar por la consolidación de este claustro observante en comunión con su priora sor Inés del Espíritu Santo, que redobló las exigencias a las monjas con más penitencias y mortificaciones, compatibilizadas con el trabajo manual para garantizar el sustento de todas, porque era
[…] esta comunidad muy pobre en un principio, ya que había de dedicar-se para atender a su sustento a la industria de la seda, a la fabricación de tejidos para lo que tenían un telar, a la confección de medias de hilo y fabricar perfumes, de los que se usaban en las iglesias con motivo de las solemnidades.36
En tal tesitura, contó la superiora con el consejo de su tía, la madre Sabina del Santísimo Sacramento,37 así como de su hermano fray Onofre, pronto ministro del convento de Nuestra Señora del Remedio de Valencia, desde donde seguiría en estrecho contacto con ella.38 No en vano, el religioso se contó entre sus más íntimos confidentes en momentos delicados que a punto estuvieron de hacerle arrojar la toalla, no tanto por la dinámica conventual propiamente dicha como por la relajación de la grey extramuros. Así lo refieren los cronistas de la Orden sin ahondar mucho más:
Remedio fue no corto a la villa de Carcaxente sor Inés, destilando medicina sus oraciones, rendidos los braços para cubrirla de las severidades del Cielo. Clamaron a las puertas de la divina justicia los pecados de dicha villa, que no eran pocos y muchos escandalosos; y determinó Dios aterrarla con el amago y corregirla con el castigo. Tuvo de ello revelación la venerable madre y comunicando con su hermano le dixo: Ha que Dios está muy enojado con los vezinos de Carcaxente por sus gravíssimos pecados y temo les ha de embiar un gran castigo.39
Por eso escribió sor Inés al jesuita Juan Bautista Catalá –además de confesor, auténtico maestro de las misiones populares– para que predicara la salvación a los vecinos de Carcaixent en aras de su conversión.40 Demasiado tarde, puesto que la ira divina se le adelantaría en forma de tempestad, según la versión oficial de los hechos:
Un negro nubarrón se cernió sobre todo el pueblo de Carcagente y su campiña llevando el espanto y terror a los ánimos de todos y seguidamente, como de improviso, cayeron de las nubes rayos, piedras y una lluvia torrencial, aumentando el pánico de los vecinos el horrísono y no interrumpido estampido de la tronada más importante que allí se había conocido. Tanta era la furia con que el Cielo parecía venirse abajo que muchos creyeron que había llegado la hora suprema de ser aniquilado aquel pueblo.41
Cuantiosos fueron los daños materiales ocasionados por la tormenta. El cenobio perdió la cosecha entera de uvas y otros frutos que crecían en su huerto. Aunque peor parte se llevaría la población, con campos literalmente arrasados y casas y edificios destejados, cuando no destruidos. A más de 30.000 ducados ascendieron las pérdidas en todo el término municipal.42
Ya entonces la priora preparaba su inminente marcha del lugar. Determinación relacionada por los cronistas de la Orden de Predicadores con otra revelación de la religiosa, conforme a la cual Cristo le habría ordenado regresar a Santa María Magdalena de Valencia, cuyas monjas andaban algo más revueltas de lo acostumbrado y necesitadas de hermanas ejemplares que hicieran prevalecer de una vez por todas la reforma en su claustro. La madre Espíritu Santo se resistió aun así a abandonar Carcaixent, temerosa de las repercusiones que ello podía acarrear a la joven comunidad monjil. De este modo lo participó a su confesor:
[…] representándole que su ausencia sería no solo de gran desconsuelo para sus hijas sino de ruina al monasterio, que por tener solos nueve años de fundación estaba muy en los principios.43

Fachada del antiguo convento de Nuestra Señora de Belén de Valencia.
Harían falta nuevas manifestaciones divinas para convencer a sor Inés de lo contrario. «Buélvete, hija, que por mi cuenta corre ya este Cielo», se cuenta que volvió a instarle el Altísimo, esta vez con el refrendo del padre Juan Bautista Catalá, que daría por buena la revelación, y el permiso de fray Francisco Faxardo, algo reacio en principio al traslado de la religiosa, producido finalmente en marzo de 1664. Como maestra de novicias del cenobio magdaleniense trabajó con éxito durante los tres años siguientes.44 Esto le valdría el espaldarazo de las autoridades de la Orden de Predicadores para fundar una última comunidad en la propia Valencia, de nuevo bajo la más estricta observancia de la regla y llamada esta vez de Nuestra Señora de Belén.45 Tiempo le faltó para consolidarla, por cuanto aquejada de una breve indisposición falleció en opinión de santidad el 29 de diciembre de 1668.46
Lápida sepulcral de sor Inés Sisternes de Oblites. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Le sobreviviría su tía sor Sabina del Santísimo Sacramento, a quien había dejado la tutela del convento de Corpus Christi de Carcaixent. De hecho, tras ocupar esta los oficios de procuradora, portera y tornera, terminó siendo elegida priora, muy a su pesar a todas luces. Hasta el extremo de lograr la absolución por parte de las autoridades de la Orden. «Dos meses governó el convento con gran satisfación y observancia –anotó fray José Agramunt– al cabo de los quales le dio una enfermedad de ardientes calenturas y dolores, que la llevó a los extremos de la vida». Murió el día de Navidad de 1672.47
CUADRO III Primeras prioras del convento de Corpus Christi de Carcaixent
| 1. Sor Juliana de la Santísima Trinidad |
| 2. Sor Inés del Espítitu Santo |
| 3. Sor Sabina del Santísimo Sacramento |
| 4. Sor Potenciana de la Concepción |
| 5. Sor Eufrasia de San Francisco |
| 6. Sor Teresa de San Vicente Ferrer |
Fuente: ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente…
Alrededor de una decena de mujeres componían en aquella fecha el claustro carcagentino,48 y ciertamente con algunas dificultades económicas redobladas.49 Tantas que –junto a otras penurias– habrían justificado a comienzos de 1681 una petición formal de la comunidad a la corona para mudarse a Xàtiva, con el visto bueno del provincial fray Juan Francisco de Hurtado.50 Del siguiente modo resumió esta solicitud el Consejo de Aragón:
La priora y religiosas del combento de Corpus Christi de la Orden de santo Domingo de la villa de Carcaxente, reyno de Valencia, dice[n] que se fundó dicho combento y abrá poco más o menos de doce años y an muerto en este tiempo y enfermado muchas religiosas procedido de ser el sitio enfermo y añadirse a esto la aspereza de su instituto por profesar recolección. Y tanvién por haverse deteriorado las rentas y caudal de dicho combento, por cuias consideraciones les a sido preciso recurrir a sus prelados y a las personas debotas para mudar de sitio. Y haviendo hallado en Margarita y Luisa Salbador, vezinas de la çiudad de Xàtiva, la deboçión de querer comprar sitio y dar hasta en cantidad de veinte y çinco mil ducados de aquella moneda para que se traslade el dicho combento de Corpus Christi a la dicha ciudad de Xàtiva con calidad de que sean admitidas las suplicantes en dicho combento luego que se aya echo la traslazión. Y reconociendo el provincial y conssejo [de provincia] el beneficio que se le sigue, assí en la salud como en la combeniençia de Nuestro Señor, a concedido la lizencia.51
La decisión de Carlos II quedó supeditada al informe encargado al arzobispo de Valencia fray Juan Tomás de Rocabertí, antiguo provincial de Aragón y maestro general de la Orden de Predicadores y en breve inquisidor general de la monarquía.52 Nadie mejor que él, pues, para valorar el asunto, como hizo en julio de aquel mismo año para consternación de los interesados, cuyas razones contradijo en su totalidad tras visitar personalmente Carcaixent:
He hallado muy diferentes noticias de las que informan a vuestra magestad, pues dicho convento ha veynte y seys años que está fundado en aquella villa, y no doze como refieren. El parage por sí es muy sano y de las mejores aguas y temple que tiene el reyno. Y el sitio del convento no es desacomodado, ni han muerto más religiosas que ocho desde que se fundó y de essas algunas por ser ancianas […]. Las rentas no solo no se hallan deterioradas, antes según una relaçión de qüentas que me han mostrado personas muy de la casa están de aumento, sin responder censo alguno ni otra deuda. Y la yglesia y sacristía tienen quanto ha menester para su decencia y culto divino. La promessa que se les ofrece no se funda en más estabilidad que en la que puede influyr la mudable voluntad de dos menores, que la una se halla en dicho convento aún dentro del tiempo de elegir el estado y le faltan seys años para la professión, haviéndose de esperar también la aprobación de los tutores, de quienes no ay certeza lo concedan, antes se presume lo contrario. La aspereza del instituto habrán de professarla igualmente en Xàtiva y el parage no es más saludable tampoco. Hállase dicha ciudad con otro convento de la misma Orden y siendo ciudad corta y haviendo otras comunidades se reconoze el inconveniente que puede tener para las limosnas y socorro de todos. Ni es de menos reparo el desconsuelo grande que ha de tener la villa de que se le prive de un santuario tan útil para el bien público y de tanta edificación espiritual para el exemplo, cediendo también en perjuyzio del testador, que quiso socorrer aquella villa con las oraciones de dicha casa.53
Cualquier duda que el monarca pudiera albergar todavía quedaría disipada con las denuncias que las religiones afectadas por el hipotético traslado continuaban haciéndole llegar. Por ellas conocemos los planes de los dominicos para ocupar las instalaciones de sus hermanas de hábito, razón última del proyecto en cuestión según el provincial de San Juan Bautista de los franciscanos descalzos, pues
[…] ha llegado a su noticia que las religiosas dominicas que están en la villa de Carcagente […] quieren haçer tránsito de su convento a la çiudad de Xàtiva, lo qual es en perjuicio de la dicha provincia, y prinçipalmente de los conventos que tiene en la dicha ciudad de Xàtiva y villa de Carcagente, pues el dicho tránsito de las religiosas es a fin de que entren en el convento que dexaren las religiosas de su misma orden como lo han hecho en otros casos semexantes […]. Todo lo qual no solo cede en grave daño de los dichos conventos, sino también de los dichos lugares, pues siendo el de Carcagente tan corto, que apenas puede sustentar el dicho convento de religiosos franciscos, será para él de grave inconveniente y perjuicio que entren nuevamente otros religiosos mendicantes en el dicho lugar y para éste de grande carga hallarse con otro nuevo convento que sustentar, los quales incombenientes se hallan en la ciudad de Xàtiva por tener assimismo convento en ella la dicha provinçia y sobrarle a ésta para sus vecinos con los que tiene fundados, sin añadirse otro más.54
No volvió a saberse más del traslado propuesto por el convento de Corpus Christi, envuelto para entonces en un pleito entablado con algunos familiares de sor Sabina del Santísimo Sacramento. En concreto, el hijo de su hermano don Melchor, don Juan Sisternes de Oblites, quien ya había cuestionado la legalidad del testamento donde la religiosa instituyó a la comunidad como heredera universal de cuantos bienes poseía, alegando que tal documento vulneraba sus derechos a la herencia de su tía, al menos a aquellas cantidades correspondientes al legado de don Marco Antonio, padre de esta y abuelo del litigante, su principal beneficiario. Y más concretamente –en virtud de los fueros II y III de la rúbrica Soluto matrimonii– dos terceras partes de las 4.000 libras recibidas por aquella en concepto de dote matrimonial a raíz de su enlace con don Vicente Descals.55
A la última voluntad de sor Sabina se aferrarían ahora las dominicas para defender sus intereses ante los tribunales, por donde desfilaron –entre otros testigos– fray Onofre Sisternes de Oblites y fray Francisco Faxardo, intentando probar la legitimidad del cenobio para «adquirir los béns que pronunch recahuen en la herència de la dita doña Sabina Sisternes plenament».56 Estos argumentos fueron invalidados por la parte contraria, de la que transcurrido el tiempo se hizo cargo don Gaspar Bou Penarroja y Sisternes, señor de Benillup, Senija, Benimallull y Tormos.57 Varias sentencias opuestas a las religiosas jalonarían un largo litigio extinguido a principios de la nueva centuria, en que los últimos familiares de la benefactora se salieron con la suya.58
Sin embargo, nada de ello impediría la finalización de la fábrica conventual. No de su iglesia, cuya inauguración en febrero de 1692 puso fin a casi cuatro décadas de culto provisional, primero en el templo del antiguo hospital de peregrinos, y después en una improvisada capilla.59 De la octava festiva celebrada con tal motivo, a cuenta de munícipes, clero parroquial, comunidad de religiosas y otros colectivos y particulares, se ha conservado su programa:
Primer en 3 de febrer dobla de la dedicació del temple de les monges ab prosesó general per la vila. Fan-la selebrar los señors jurats. Predicà el letor fray Àngel Cortés, de Sant Joan de [la] Ribera.
Ittem, en 4 de febrer dobla de la dedicació del temple de les monges. Fan-la selebrar lo reverent clero. Digué la missa lo doctor Thomàs Almenara, de Énguera. Predicà el dotor Llàser, vicario el Palomar.
Ittem, en 5 de febrer dobla de la dedicació del temple de les monges. Ferenla los religiosos descalsos del convent de Sant Francés. Predicà el letor Muñoz, de Sant Juan de [la] Ribera.
Ittem, en 6 de febrer dobla de la dedicació del temple de les monges. Fan-la selebrar lo doctor Joseph Albelda, retor, y Agostí Gibert, doctor en Drets. Digué la missa frey Benet Medes. Predicà el letor Gisbert, de lo convent de Sant Domingo.
Ittem, en 7 de febrer dobla de la dedicació del temple de les monges. Fanla selebrar mosén Pere Rubio y mosén Bernat Gomis. Predicà el lector Serdà, de la Orde de Sant Juan de [la] Ribera.
Ittem, en 8 de febrer dobla la dedicació del temple de les monges. Fan-la celebrar Pere Garrigues, notari, y sos compañeros. Digué la missa frey Matias Gisbert. Predicà frey Benet Medes, de Montesa.
Ittem, en 9 de febrer dobla la dedicació del temple de les monges. Ferenla selebrar uns devots incògnits. Predicà lo reverendo padre […], de la Orde de Sant Agostí.
Ittem, a 10 de febrer cap de la huitava dobla de la dedicació del temple de les monges. Feren-la selebrar la priora y les monges de dit convent. Predicà el doctor Gaspar Choengo.60
Al pintor Francisco Ribalta atribuiría Marco Antonio de Orellana –y antes Antonio Palomino– los lienzos exhibidos desde entonces en el altar mayor del templo, procedentes casi con toda probabilidad del convento de Predicadores de Valencia y dedicados a los misterios del Santo Rosario.61 Igualmente colgarían ya en aquellos muros otras importantes piezas artísticas objeto de devoción por parte de los fieles. Entre ellas, un par de óleos de la Virgen Negrica y el Ecce Homo, ambos muy relacionados con la madre fundadora. Pudo formar parte el primero del patrimonio familiar traído por esta hasta Carcaixent. El segundo era copia del realizado por Juan de Juanes, ante el cual sor Inés del Espíritu Santo habría tenido sus pretendidos diálogos con Cristo.62
Consolidado, pues, quedaba este claustro forjado en el ejemplo de su primera generación de monjas. Heroicas plantas –diría el padre Beaumont de Navarra– con «semilla abundante para que naciessen otras de igual grandeza».63 Motivo de sobra para dedicárseles una biografía colectiva para la posteridad por parte del nuevo confesor de la comunidad, fray José Agramunt.

Retablo mayor del antiguo convento de Corpus Christi de Carcaixent.
1. En un pleito con varios acreedores sustanciado en mayo de 1644, constaría ya la citada como viuda de don Vicente y heredera de su suegro don Gaspar Sisternes, casado con doña Vicenta Descals. ARV, Real Audiencia, Procesos, I Parte. Letra S, 3568. Más detalles en L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, p. 19.
2. ACV, Leg. 651, f. 157v.
3. Precisamente aquel año doña Sabina Sisternes de Oblites solicitaba al Consejo de Aragón que «la pensión que se concedió para uno de sus hijos pueda gozarla ella por habérsele muerto todos». ACA, Consejo de Aragón, Leg. 896, doc. 201.
4. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 246.
5. Hijo con toda probabilidad de don Vicente Pujasons y doña Francisca Sisternes de Oblites y Centoll, había pasado a formar parte del cabildo metropolitano en 1642 para ocupar el canonicato vaco por la muerte de don Francisco Sorell. Gozó de cierta influencia entre los prebendados de la catedral, quienes confiaron en él como vicario general de la sede vacante en 1649. E. Callado Estela: Tiempos de incienso y pólvora. El arzobispo fray Pedro de Urbina, Valencia, 2011. En la seo permanecería hasta la fecha de su muerte, acaecida el 16 de noviembre de 1653, ACV. Ms. 691, Llibre de possessions de l’arquebisbat, dignitats y canonicats de València, 1535-1740, ff. 112 y 120v.
6. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María…, p. 247.
7. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [X] Sor Sabina del Santíssimo Sacramento…, f. 20v.
8. F. Gavaldá : Memoria de los sucesos particulares de Valencia y su reino en los años mil seiscientos quarenta y siete y quarenta y ocho, tiempo de peste, Valencia, 1651.
9. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 247.
10. BUV, Ms. 852 (20), Relación de la vida y virtudes de la venerable madre sor Inés del Espíritu Santo…, s. f.
11. L. G. Sempere, op. cit., p. 57.
12. F. Fogués Juan, op. cit., pp. 112-113.
13. AHPC, Conventos. Corpus Chisti, Leg. 32.3.9 Venta otorgada por el clero de la villa de Carcaxente en favor de doña Sabina Sisternes, vesina de la ciudad de Valencia en 1654, y Leg. 32.3.13 Ápoca de la compra de una casa del reverendo clero situada en la calle de san Cristóbal. Por otros autorizados testimonios se sabe que «los justicias y jurados de la villa de Carcagente deseaban hacer un convento de religiosas, pues ya tenían el de los padres franciscanos descalzos; y al que quisiese hacerlo daban una porción de terreno […]. Sabedora de todo sor Inés Cisternes, religiosa dominica del convento de las magdalenas de Valencia, dio comienzo a las gestiones para la fundación y pasó a la villa de Carcagente e indagó todo lo necesario. En breve tiempo sacó todas las licencias para poder hacer la fundación». P. Sucias Aparicio: «Notas útiles para la historia del reino de Valencia», en F. Torres Faus (ed.): Carcaixent. Sant Bonifaci Màrtir, 1994.
14. E. Callado Estela: «Un testimonio inédito contra la expansión conventual en la España de Felipe III», Studia Philologica Valentina, 15, 2013, pp. 149-168, y M. Colmeiro: Historia de la economía política española, Madrid, 1988, vol. II, p. 40.
15. F. Fogués Juan, op. cit., pp. 77-78.
16. L. G. Sempere, op. cit., p. 57.
17. De la saga regnícola del mismo apellido, el padre Crespí había sido con anterioridad prior del convento de Predicadores del cap i casal. En 1654 ingresaba en el episcopado como obispo de Vic. Falleció en esta sede en 1662, a los sesenta años de edad. E. Callado Estela: «Dominico, prior y obispo. Apuntes para una biografía de fray Francisco Crespí de Valldaura (1602-1662)», Anales Valentinos, 66, 2007, pp. 305-319, y «Una familia valenciana en el gobierno de la Monarquía Católica. Los Crespí de Valldaura y Brizuela», en J. Martínez Millán, F. Labrador Arroyo y F. M. Valido-Viegas de Paula-Soares (dirs.): ¿ Decadencia o reconfiguración? Las Monarquías de España y Portugal en el cambio de siglo (1640-1724), Madrid, 2017, pp. 115-138.
18. L. G. Sempere, op. cit., pp. 57-58.
19. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 312.
20. De vocación tardía, valenciana de nacimiento y en el siglo Teresa Ribera, había optado por la vida consagrada superados ya los veinticinco años y apadrinada por fray Francisco Faxardo. En Carcaixent desempeñaría diferentes oficios, siendo maestra de novicias y tres veces priora. Murió el 28 de agosto de 1675. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [XI] Sor Theresa de San Vicente Ferrer, otra de las fundadoras, ff. 23-25.
21. L. G. Sempere, op. cit., p. 80.
22. Ibíd., p. 60.
23. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… Fundación, f. 2.
24. L. G. Sempere, op. cit., p. 60.
25. Profesaría como monja de obediencia el 25 de abril del siguiente año con el nombre de sor Josefa de Cristo. Tiempo después mutó a religiosa de coro, una vez comprobadas sus capacidades intelectuales para hacerlo, «pues viendo las madres que el exercicio del coro avía algo adestrado en el leer a sor Josepha y que podía rezar medianamente, aviendo consultado el punto con el padre maestro fray Francisco Faxardo, director de este convento, le dieron el velo negro». Falleció el 31 de mayo de 1670. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [VIII] Sor Josepha de Christo, ff. 18v-19v.
26. Véase el catálogo de religiosas del convento de Corpus Christi de Carcaixent incluido al final de este trabajo.
27. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… Fundación, f. 3.
28. Ibíd., [I] Sor Juliana de la Santíssima Trinidad…, f. 9v. Retrasa la fecha del óbito hasta 1660 V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 252. Nada aclara la nota necrológica incluida en el capítulo provincial de aquel mismo año, donde puede leerse: «In monasterio Corporis Christi oppidi de Carcaxent obiit soror Iuliana Sanctissimae Trinitatis, ardentissimae regularis observantiae zelo praedita, quo idem monasterium post alterum Villae Regalis, indefesso labore et non sine speciali industria a Deo sibi concessa fundavit», Acta capituli provincialis celebrati Valentiae in regio Praedicatorum conventu die 21 aprilis 1657, Valencia, 1657, f. 8v.
29. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 248. A propósito de las superioras dominicas, se echan en falta estudios de conjunto similares a los últimos aparecidos para otras órdenes, como los de R. Loreto López: «Las abadesas virtuosas y poderosas en el mundo colonial novohispano», y F. Muñoz Sánchez: «La figura de la abadesa a través de las crónicas franciscanas españolas», ambos en A. Atienza López (ed.): Mujeres entre el claustro y el siglo…, pp. 249-266 y 267-286, respectivamente. Constituye una excepción el ya citado trabajo de A. Atienza López: «Autoridad y poder en los claustros femeninos de la Edad Moderna. Las prioras dominicas…», pp. 51-72.
30. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [X] Sor Sabina del Santíssimo Sacramento…, f. 21.
31. ARV, Manaments y Empares, Año 1679, Libro 1.
32. Ibíd.
33. A. Atienza López y J. L. Betrán Moya: «Religiosos y religiosas. Lazos e intereses de familia en el seno del clero regular en el mundo hispánico en la Edad Moderna», en O. Rey Castelao y P. Cowen (eds.): Familias en el Viejo y el Nuevo Mundo, La Plata, 2017, p. 220.
34. ARV, Manaments y Empares, Año 1679, Libro 1. Sor Paula Pujasons o de la Madre de Dios aparece documentada en 1667 en AHPC, Conventos. Corpus Chisti, Leg. 32.3.2 Àpoca fermada per la priora y moges del convent de Corpus Chriti de la vila de Carcaxent al licenciado Aurelio Albelda, prevere canonge de la seu de València.
35. «Natural de Valencia. Professó a 25 de deziembre 1690 [en el convento de Predicadores de Valencia]. Buen religioso, modesto y quieto. Murió tísico y ético a 22 de enero 1697». BUV, Ms. 933, J. Teixidor: Necrologio…, p. 93.
36. F. Fogués Juan, op. cit., pp. 79-80. Penurias económicas en las que insistirían otras voces, pues durante los primeros prioratos «hallávase el convento con algunas necessidades […]. Avíase acabado el azeyte y no se allava con dinero para comprarle». ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [XI] Sor Theresa de San Vicente Ferrer, otra de las fundadoras, f. 23v.
37. La importancia en el seno de la clausura de los vínculos entre tías y sobrinas fue puesta de relieve por I. Poutrin: Le voile et la plume. Autobiographie et saintité féminine dans l’Espagne Moderne, Madrid, 1995, pp. 34, 42, 84…
38. En aquellas fechas se había integrado ya el religioso en la Escuela de Cristo de Valencia, donde ejerció diferentes cargos –el de obediencia entre ellos– hasta su fallecimiento en 1671. ADV, Escuela de Cristo. Libro mayor de gobierno 1, f. 300. Más detalles en J. A. Monzó Climent: La Escuela de Cristo de Valencia. Historia y documentación (tesis doctoral inédita), Valencia, Universitat de València, 2016.
39. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 255.
40. A este ministerio venía dedicándose el padre Catalá «con una sed ardentíssima de la salvación de las almas» y «colmadíssimos frutos» en todo el Reino de Valencia, Aragón, Cataluña y Murcia. En el ejercicio de ello halló la muerte en 1678. V. Ximeno, op. cit., tomo II, p. 81. Sobre las misiones en general durante esta época, véase F. L. Rico Callado: Misiones populares en España entre el Barroco y la Ilustración, Valencia, 2006.
41. L. G. Sempere, op. cit., p. 68.
42. La estimación es de V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 256. No parece clara la fecha exacta de la catástrofe. Ninguno de los episodios consignados por los historiadores locales coincide con esta, teniendo lugar la más próxima en 1672. F. Fogués Juan, op. cit., p. 82.
43. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 259.
44. L. G. Sempere, op. cit., p. 80.
45. ACICT, Fondo Belén. Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén…, ff. 1-8.
46. Así lo recogen las actas del capítulo provincial de Aragón reunido aquel mismo año: «In conventu Sanctae Mariae de Bethlem, cum magna sanctitatis fama diem clausit extremum venerabile mater soror Agnes a Spritu, ex nobile familia Cisternes de Oblites, quae una cum habitu quem in conventu Sanctae Mariae Magdalenae eiusdem civitatis suscepit, sancti patri Dominici spiritum hausit. Regularis observantiae acerrima promotrix, et vivum exemplar. A die professionis, vigilis, ieuniis, ciliciis, aliisque aperrimis exercitiis carnem spiritui servire cogebat. Abstinentia rara, carnium odorem vix ferre poterat. Per viginti septem annos variis afflicta morbis, ardentissimis etiam febribus, sine intermissione laborans, internam animi tranquilitatem inter tot acerbissimos dolores inconcusam, ipsa vultus hilaritate, ac eloquii suavitate ostendebat. Ad arctioris vitae formam aspirans tres conventus, nempe Corporis Christi de Villareal, Corporis Christi de Carcaxent, et Sanctae Mariae de Bethlem civitatis Valentiae, in quibus constitutiones nostrae adamusim observarentur omni ferme humana ope destituta, multis etiam obsistentibus, procellis invictissima devictis constantia, non sine peculiari Dei auxilio fundavit. Ibi soli Deo vaccans contemplationi expansis velis intenta, sorores, quibus, vel novitiarum magistra, vel priorisa praefecta erat ad omnem verbo, et exemplo sanctimoniam efformabat. Spiritualis vitae singularis institutrix, coelestes consolationes, quibus huiusmodi abundare solent profundissima humilitate, alto silentio conticuit, praesertim ubi aliquis evulgationi aditus patebat. Ab omnibus tum saecularibus, tum ecclesiaticis dynastis, tum etiam regularibus viri magno semper habita. Tandem fruendi sponso desiderio, magis quam febribus exaestuans, sororibus licet obortis lachrimis tantae Matris solatio destitui destentibus, hymnos Spiritus Sancti concinentibus altissimae contemplationi intenta, multis post se relictis religiosae institutionis inmortalibus monumentis a vivis excessit die 31 decembris 1668, cuius funeri innumerabilis concursus affluit, cunctis ambientibus aliqua vestium parte donari», Acta capituli provincialis celebrati Valentiae in regali conventu Praedicatorum die 11 maii anno 1669, Valencia, 1669, pp. 25-26. Lo propio haría poco después el capítulo general de la Orden de 1670: «In Sanctae Mariae de Belen Valentiae monialium sacro coenobio diem clausit extremum mater soror Agnés a Spiritu Sancto ex nobili familia Cisternes de Oblites. Haec a primo limine sui ingressus perfectionis metae inhiavit, asperrimis cuiusque generis supra religionis votum arreptis, nec umquam intermissis tyrociniis. Arctioris observantiae foecunda parens, profecto non sine peculiari Dei manu humanis destituta opibus, mundo obsistente, tres ordinis fundavit conventus, Corporis Christi de Villareal, Corporis Christi de Carcaxent et Sanctae Mariae de Bethlehem. In iis soli Deo vacans, nunc novitiorum magistra, nunc priorissa, iuvenculas Deo sacras ad omnem verbo et exemplo sanctimoniam efformavit, salutis propriae, aliarum spiritualis profectus anxia, corpoream curam posthabuit. Hinc septem ultra viginti annos, subiecta morbis febribusque interdum ardore summo correpta, inter acerbissimos dolores nihil de tranquillitate remisit, nihil de hilaritate, de eloquii suavitate ablegavit. Celandarum virtutum studiosa, tegere patientiae documenta nequivit: at ex humilitatis silentio altius erumpunt laudes et plausus, quos apud dynastas et viros exceptione omni maiores vel invita promeruit. Dies decembris ultima anni 1668 fuit illi vitae huius suprema, in qua, pie creditur, ad coeli gaudia evolasse. Et quidem de lacrymarum valle sororibus circumquaque flentibus, sed hymnos Sanctus Spiritus concinentibus, ut morienti esset febrili in aestu temperies, sibi ipsis in fletu solatium. Catervatim ruit populus ad iusta funeris, de vestimentorum reliquiis devote cupidus», en M. B. Reichert: Monumenta Ordinis Praedicatorum. Acta capitulorum generalium VIII Roma, 1903, p. 124.
47. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente… [X] Sor Sabina del Santíssimo Sacramento…, f. 22v. Como en el caso de sor Inés, los elogios fúnebres hacia su persona se hicieron hueco en las actas del capítulo provincial celebrado dos años más tarde: «In conventu monialium Corporis Christi de Carcaxent, extremum diem claussit, tamquam sancta opinata ( nam sanctam duxit vitam ) reverenda mater sor Sabina de Sanctissimo Sacramento, quae in saeculo vocata domina doña Sabina Sisternes de Oblites, iam sexagenaria, et orbata filiis mundum fugiens, et calcans; suis bonis, et sumptibus praedictum monasterium, ad sanctitatis hortulum fervida fundavit: et ut esset in illo vellut vitis abudans, et planta faecundissima, ordinis induit habitum, floruitque, et pululavit magna exempla virtutum, pacientiae, humilitatis, obedientiae, et orationis. Alens virtutes omnes ad charitatis ubera tota in Deo inflamata: et propter Christum fugiens honores temporales rapta ad praelaturam anxiabatur de morte, et moriens quaerens vitam, fe ix fuit nata Deo ipsa die, qua Deus natus fuit propter illam», Acta capituli provincialis celebrati Caesaraugustae, in regali Praedicatorum conventu, die 14 aprilis, anni 1674, Zaragoza, 1674, pp. 20-21.
48. Cifra proporcionada por la visita ad limina Apostolorum del año 1675, según la cual Carcaixent contaba con «quadringentas et triginta domos et comunicantes personas mille quadringentas et quadraginta. Beneficia sexdecim […]. Monasterium etiam unum Ordinis sancti Francisci cum viginti fratribus. Aliud monasterium monialum dominicanae Ordinis habet decem moniales». ASV, S. Congr. Concilii, Relationes ad limina. Valentin. 848.ª 1675. M.ª M. Cárcel Ortí (ed.): Relaciones sobre el estado de las diócesis valencianas. Valencia, Valencia, 1989, pp. 999-1000.
49. Véanse los diferentes registros documentales conservados en AHPC, Conventos. Corpus Chisti, por orden cronológico, Leg. 32.3.3 Carregament de censal de 2000 lliures fermat per Joan Amador, ciutadà, en nom de síndich de la vila de Carcaxent en favor del convent (1668?); Leg. 32.3.4 Copia de la escritura de venta de un censo capital de 2.000 libras otorgada por Juan Amador, en nombre de síndico procurador general del Consejo y Ayuntamiento de esta villa, en favor del convento de Corpus Christi (1668); y Leg. 32.3.6 Albarán de les monges (1679); y Leg. 32.3.7 Àpoca feta y fermada per la priora en favor de mosén Vicent del Port (1680).
50. ACA, Consejo de Aragón, Leg. 922, docs. 80/2-80/3.
51. Ibíd., doc. 80/3.
52. Véase nota 53 del capítulo siguiente.
53. ACA, Consejo de Aragón, Leg. 922, doc. 80/1.
54. Ibíd., doc. 80/4.
55. ARV, Real Audiencia. Procesos. III Parte, 3092, s. f. También AHN, Nobleza. Almodóvar, C 26, D 21. Fuera de la demanda quedaban otras rentas de la religiosa adquiridas también por vía paterna, entre ellas 11.000 libras por la venta de una casa heredada en el centro de Valencia y 1.000 más en censos sobre la localidad de la Vila-Joiosa. L. Gómez Orts: La saga jurídica de los Sisternes…, pp. 71-75.
56. La propia corona así lo acabaría entendiendo mediante la concesión de un primer privilegio de amortización a las monjas por valor de 8.000 libras, cuyo gasto afrontarían en 1673 «venent proprietats de dit convent en preu y valor de huit-centes lliures». AHPC, Conventos. Corpus Chisti, Leg. 32.3.5. Copia de la escritura de venta de 800 libras parte del censo capital de 2.000 libras otorgada por el convento y religiosas de Corpus Christi, orden de santo Domingo, de esta villa en favor de Francisco Osset, presbítero. Otro privilegio de amortización se les otorgaría en 1699. ACA, Consejo de Aragón, Leg. 690, doc. 156.
57. El 9 de mayo de 1688. ARV, Real Audiencia. Procesos, III Parte, 3092, f. 274.
58. Los veredictos de 1682, 1693 y 1700 en ibíd., ff. 265-267, 340-345 y 492-500.
59. F. Fogués Juan, op. cit., p. 78.
60. AHPCA, Leg. 23.86.0, Llibre racional 1692, f. 372.
61. «Prosigue Palomino diciendo estar el reyno de Valencia lleno de pinturas de Ribalta y que hay en la iglesia de la villa Carcaxente, pero le faltó expresar en qué iglesia. Y no habiéndolas hallado en la parroquia, entiendo que huvo de querer decir en la de las monjas, en la qual las del retablo mayor son, o al menos se califican ser, de Ribalta y muy preciosas. Su titular es el Corpus Christi y con el resto están distribuidos los quince misterios del Rosario, siendo de reparar en el quinto de los gozosos el anacronismo de hallarse allí uno que está con sus anteojos muy observativo mirando al Niño en el templo, como declara los misterios de la ley, quando aún pasaron algunos centenares de años hasta la invención de los anteojos. Sin que me oponga el reparo de que, quando se fundó dicho convento, que fue en el año 1654, ya había fallecido más de 20 años antes los Ribaltas, porque se me informó esse retablo ya estaba construido y se pasó aí de el convento de Santo Domingo de Valencia. Es también de Ribalta, en la misma iglesia de las monjas, el quadro de Nuestra Señora del Rosario, el qual sirvió en el retablo principal no desde que se fundó aquel convento de religiosas dominicas en el dicho año 1654, sino desde que después, por el año 1688, se renovó o engrandeció el crucero del convento de Santo Domingo de Valencia y su capilla del Rosario, donde en 1 de febrero de 1631 se colocó y servía esse retablo, que quitado por pequeño se hizo otro nuevo con pintura de Gaspar de la Huerta, y se trasladó el otro antiguo a dicho convento de Carcaxente, que lo compró por 200 libras». M. A. de Orellana: Biografía pictórica valentina o vida de los pintores, arquitectos, escultores y grabadores valencianos, Madrid, 1930, p. 108. Cit. B. Darás Mahiques: «El monestir de Corpus Christi…», s. p. Se refieren igualmente a este retablo J. Sanchis Sivera: Nomenclátor geográfico-eclesiástico de los pueblos de la diócesis de Valencia, 1922, p. 175, y E. Tormo: Guía de Levante, Valencia, 1923, p. 203, para quien la autoría sería del pintor Espinosa. Por el contrario, a Gregorio Bausa, discípulo ribaltesco, se la adjudica N. Ayala Mallory en su edición de las Vidas de Antonio Palomino, Madrid, 1986, p. 108; y al artista Pablo Porta, D. F. Darby: Francisco Ribalta and his School, Cambridge, 1938, p. 191.
62. B. Darás Mahiques: «El monestir de Corpus Christi…», s. p.
63. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena…, p. 261.
Capítulo 3
FRAY JOSÉ AGRAMUNT
Fray José Agramunt había nacido en Valencia el 12 de noviembre de 1657.1 Su temprana vocación religiosa le llevó a vestir el hábito de santo Domingo en el convento de Predicadores de la misma ciudad con fecha 19 de septiembre de 1672, haciendo solemne profesión el 21 de noviembre del año siguiente. Estudió Artes, Teología y Hebreo. Esta última materia la empezaría a enseñar a novicios y frailes dentro de los planes de formación establecidos por la Orden dominicana, todavía con relativo protagonismo para las lenguas.2 En ello anduvo hasta que en 1691 acompañó a Mallorca a su nuevo virrey, don José de Castellví y Alagón, marqués de Villatorcas, como confesor personal y maestro de su numerosa prole.3
La carrera académica del religioso proseguiría en aquella isla más allá de su principal ocupación y el desempeño de otros oficios eclesiásticos, como el de examinador sinodal.4 Le bastaron unos meses para hacerse con una primera cátedra de Hebreo instituida en la universidad insular por sus autoridades.5 Ocuparía con posterioridad una segunda de Filosofía, en 1695 y coincidiendo con su reconocimiento como presentado por parte del maestro general de la Orden fray Antonino Cloche;6 finalmente obtuvo otra de Teología un trienio más tarde.7
Todo hace pensar que, antes de concluir la centuria, fray José habría regresado definitivamente a la península.8 Desde Valencia se trasladó hasta la población vecina de Carcaixent, de cuyo convento de Corpus Christi se ocupó espiritualmente durante un tiempo.9 Poco después le sorprendía el estallido de la guerra de Sucesión, que interrumpió el normal desenvolvimiento de la vida dominicana, como el de la clerecía autóctona en general, fracturada igual que el resto de la sociedad. Mientras el sector más amplio de los seculares se mostró copartícipe de las aspiraciones populares desde los primeros momentos del conflicto, tomando parte activa a favor del austracismo, Felipe V contó con importantes partidarios entre la jerarquía. En lo que respecta a las órdenes religiosas, la división de pareceres resultó todavía más evidente. La Compañía de Jesús, junto con algunos monasterios femeninos de raigambre aristocrática, apoyó abiertamente la causa borbónica. Por el contrario, la incesante actividad proaustríaca de otras religiones –capuchinos, franciscanos, carmelitas, mínimos o agustinos– constituiría la primera manifestación pública contra el monarca francés, por cuanto contribuirían, además de forma decisiva, a la sublevación del reino.10
Los hijos del patriarca de Caleruega estuvieron supuestamente de este último lado. Ya en 1702 el virrey de Valencia, don Antonio Domingo de Mendoza Caamaño y Sotomayor, marqués de Villagarcía, había apercibido al provincial de Aragón, fray José Jacinto Chia, para que atara más cortos a los frailes en su proselitismo habsbúrgico: «[…] le advertí generalmente –escribió el noble a la corte– concluyéndole que esto era tirar ya la pieza de leva para que su magestad obrase con rigor lo que no avían bastado las persuasiones».11
No parece aun así que los dominicos depusieran semejante actitud. Desde luego no algunos. Por ejemplo, a finales de 1707, las autoridades borbónicas registraban el convento de Predicadores, y
en la celda del lector Luis Alexandre y presentado hallaron dos pistolas y un retrato del señor Archiduque; y en un cuadernito del padre Joseph Giner hallaron notas contra el señor Felipe V y a favor del archiduque.
Nueve religiosos, además de los dos principales implicados, fueron expulsados a Castilla, donde permanecieron un par de años.12
Entretanto, otros frailes de la misma comunidad empezaron a regresar del exilio al que les había conducido su filoborbonismo. Entre ellos fray José Agramunt, cuya abierta simpatía por el nieto de Luis XIV había acabado durante el dominio austracista de la capital valentina con su reclusión en la celda conventual y un breve destierro posterior. Ahora vería recompensado tanto quebranto. Primero con su nombramiento como predicador real el 16 de febrero de 1708.13 Un año y cuatro días después se le reconocía el grado de catedrático de Hebreo del Estudi general,14 interinamente y en sustitución del padre Vicente Blanes, hermano de hábito que hacía poco había fallecido.15 La plaza en propiedad no salió a concurso hasta el 27 de diciembre de 1721, realizando entonces fray José el correspondiente examen. Con esta fecha registraron los asientos universitarios que
[…] leyó este opositor la hora que le tocó a los veinte y quatro de la Sagrada Biblia Hebrea, del capítulo veinte y dos de Josué, que empieza en hebreo az y querah y en latín et advocavit, y se acaba vengam y en latín et filii etiam, que fue el primero que eligió de los tres que se le picaron en presencia del señor rector, syndico, procurador general, abogados y pavordres.16
Se impondría en la oposición finalmente el religioso mínimo de origen francés fray Alexandro Brehón,17 pese a lo cual, «en atención a las prendas y desempeño del padre Agramunt en el concurso, le nombraron cathedrático extraordinario de Lengua Santa con 25 libras de salario al año».18
En la cátedra y el púlpito, pues, con aplaudidas predicaciones durante las Cuaresmas de aquel tiempo, ocuparía fray José el resto de sus días. Así le sorprendió la muerte el 12 de enero de 1732, a los setenta y cinco años de edad y en el convento de Predicadores de Valencia. Dejaba un considerable legado escrito de amplia temática, relacionado con su labor docente y homilética, como no podía ser de otro modo, pero también con la querencia del religioso por el misterio del Rosario, tan propiamente dominicano, y la historia de la Orden, que había cultivado de manera especial a mayor gloria de esta.
Efectivamente, el padre Agramunt debutó de manera muy temprana en el mundo literario. Según el bibliófilo fray José Rodríguez, con tan solo trece años había traducido al castellano una composición del italiano Giovanni Battista Carcelli, que Benito Macé publicaría en Valencia el año 1670 con el título El Astrólogo a la moda, «juguete de ingenio para adivinar lo que uno ha pensado o quiere comer».19 Ningún ejemplar de este opúsculo llegó a los anaqueles de las bibliotecas conventuales de santo Domingo.20 Hasta el extremo de ser cuestionada su existencia por algunos autores.21 Al contrario, sí conservarían sus hermanos de hábito durante mucho tiempo varios cuadernos de apuntes que el religioso habría compuesto en 1680 –todavía diácono– bajo el epígrafe Brevis enodatio Gramaticen Sacrosantae linguae Hebraicae.22
Otras notas manuscritas de nuestro dominico parecen ser posteriores, con elogios varios a santo Tomás de Aquino recopilados entre personalidades de toda ralea. Monarcas como Carlos I de Anjou (1226-†1285) o Juan II de Castilla (1405-†1454); Roberto Bellarmino (1545-†1621 ) y varios cardenales más; obispos de la talla de Stephanus Parisiensis (1123-†1141) o Johanes Antonius Campanus (1429-†1477); y nobles, particularmente don Manuel Pimentel y Herrera, quinto conde de Benavente, virrey de Valencia y Nápoles (1576-†1621).23 Ya en Mallorca, el propio fray José Agramunt brindaría su propia dedicatoria al Aquinate en el Sermón del cíngulo del Angélico maestro santo Thomás de Aquino en las célebres fiestas que por la erección de la cofadría de la Milicia Angélica le consagró el real convento de Santo Domingo de aquel lugar, a cargo de un fraile capuchino, editado en Barcelona por Rafael Figueró en 1697 y que «discurre por los 4 ríos del Paraíso sobre los mismos assuntos del sermón».24
Un año antes, también en Mallorca, había pronunciado el religioso una homilía –titulada Los tres estados de el sol. Discurso panegírico– con ocasión de las fiestas celebradas en la localidad de Alcúdia durante el traslado a su nueva capilla de la imagen del Santísimo Cristo allí venerada y que el impresor insular Miguel Capó publicó junto a las alocuciones de los demás oradores sagrados participantes.25
Con todo, era otra devoción la que más suscitaba el interés del padre Agramunt. Hablamos del Santísimo Rosario, entre cuyos apologetas más activos de la época se encontró. Conviene recordar que, si bien el salterio de María o Rosario no había tenido en sus orígenes un decisivo y exclusivo influjo dominicano, desde finales del Quinientos empezó a constituirse en un signo referencial e identitario de la Orden, ocupando a partir de entonces un lugar preferente en sus predicaciones mediante la explicación de sus misterios. No resulta casual, pues, que en la posterior consolidación del movimiento confraternal en torno a tal rezo –reforzado por Trento y la victoria cristiana en Lepanto– jugaran un papel determinante los hijos de santo Domingo, ya porque la mayoría de cofradías residían en sus conventos, ya porque estas debían contar con su aprobación, a partir del modelo establecido en la Minerva romana. La plena universalización y popularización de esta devoción, sin embargo, llegaría algo más tarde, al menos en el ámbito hispánico y con el Rosario público o callejero surgido alrededor del clima misional barroco de las postrimerías del Seiscientos, que iría superando el exclusivismo de la Orden de Predicadores. Al principio, merced a la difusión de este misterio también por parte de otros regulares. Y posteriormente, con la creación de hermandades diocesanas independientes de las cofradías dominicanas.26
En tal contexto deben situarse las obras de fray José Agramunt que ahora interesan. Empezando por la Devoción del Santíssimo Rosario y modo de contemplar sus mysterios, con ejemplos y favores que la Virgen ha hecho a sus devotos y las estaciones de la Via Crucis con otras devociones, manual destinado a los practicantes rosarianos cuyo éxito editorial estaría detrás de sucesivas ediciones desde su aparición en Barcelona en el año 1689, a cargo del impresor Rafael Figueró.27 También para que «fácil pueda encontrar el devoto la mayor suavidad en las oraciones del Santíssimo Rosario y en la meditación de sus divinos misterios», fue la posterior Flor y fruto del más sagrado rosal. Divídese en tres partes. En la primera, se ponen las flores y rosas del Santíssimo Rosario con las meditaciones de sus divinos misterios. En la segunda, se ponen los frutos de las grandes indulgencias que gozan sus cofadres, confirmadas por la santidad de Inocencio XI, en su bula de 31 de julio 1679, con notas a cada capítulo. En la tercera, se ponen algunas qüestiones morales y curiosas para cabal inteligencia de esta obra. Esta obra se imprimió en Mallorca en 1694 gracias al empeño de Miguel Capó, con la dedicatoria a don Juan Basilio de Castellví y Coloma, primogénito del virrey de aquel lugar marqués de Villatorcas y futuro portant-veus de general governador de Valencia.28 A este último se referiría su autor al comienzo del libro con las siguientes palabras:
Solo diré lo que todos saben, el entrañable amor que vuestra señoría tiene a la soberana Virgen del Rosario, cuya angélica devoción ha heredado vuestra señoría gloriosamente de sus mayores, aprendiendo los más realçados cultos de tan Divina Señora. En repetidas públicas funciones hemos visto al illustríssimo señor marqués padre de vuestra señoría ser atlante de tan Divino Cielo.29

J. Agramunt: Flor y fruto del más Sagrado Rosal, Valencia, 1724.
Tres décadas tardaría en ver la luz la segunda edición de esta obra. Lo hizo en la imprenta valentina de Antonio Ballé.30 Y ya no dedicada a don Juan Basilio de Castellví y Coloma, cuyo apoyo a la causa austracista durante la guerra de Sucesión le había llevado a abandonar la península en compañía del archiduque Carlos, sino a su hermano menor don José, canónigo y arcediano de San Felipe en la catedral de Valencia.31 Así diría la nueva dedicatoria compuesta por el padre Agramunt:
Este breve ceñido ramillete, cuyas suaves flores, cuyos deliciosos frutos, por serlo del Rosario de la Gran Reyna de los orbes, María, llenarán de fragancia y gusto el dorado noble reyno de Mallorca, donde lo saqué a la luz los años passados. Fue con tan común agrado recibido que en pocos meses se despachó por varias partes la copiosa impresión que de él se hizo. Han sido muchas las instancias para que lo repitieran en los moldes; y venido de aquellas y convencido de mi estado, lo hago, quitando del primero muchas hojas, mucho ornato de varia devota erudición y añadiendo en éste abundancia de frutos de curiosa importante dotrina. Poco afán le ha costado a mi cuidado el buscar mecenas a quien dedicar la obra, porque estando vuestra señoría muy presente en mi memoria está siempre muy dentro de mi voluntad y es el primer acreedor de mis desvelos, no solo por la propensión singular de mi afecto, sí más por lo preciso de mi grande obligación.32
El mismo año 1724 accedía al solio pontificio el dominico fray Vicenzo Maria Orsini con el nombre de Benedicto XIII, quien además de conceder nuevas indulgencias a las cofradías del Rosario introdujo su festividad en el Breviario romano.33 Esta fue la excusa para que fray José alumbrara otra entrega editorial sobre el asunto, según él mismo,
Para fomentar estos cultos y aumentar la devoción del Rosario de la Gran Reyna en todo el mundo ha concedido nuestro santísimo padre las indulgencias contenidas en los siguientes decretos que, para la común inteligencia, pongo en romance, ciñéndolos por el nivel y estilo del sumario de la bula inocenciana de la que trato en mi libro. Todos estos breves, decretos y bulas quedan revistos y passados por el Supremo Consejo de la Santa Cruzada, cuya bula han de tener en España los fieles para ganar sus indulgencias.34
Dos partes contarían estos Nuevos frutos del Rosario. Solo la primera llegó a imprimirse, con las gracias apostólicas concedidas durante el trienio inaugural del nuevo pontificado.35 Inédita quedó la segunda y las indulgencias comprendidas entre 1727 y 1729.36
Claro que si de cofradías se trataba, existían también las de san Raimundo de Peñafort, a menudo albergadas en establecimientos religiosos dominicanos desde la canonización del susodicho a comienzos de la centuria.37 De la valenciana, sita en el convento de Predicadores, fue su prior el mismísimo padre Agramunt. Él personalmente se encargaría de dar a la imprenta de Jaime de Bordazar en 1702 las Constituciones de la hermandad de San Raymundo de Peñafort. Ni más ni menos que veinticinco ordenaciones dirigidas a tal confraternidad, a propósito de la cantidad y calidad de sus miembros, caja de depósito, aniversarios y rezos, etcétera.
Tan importante como estas devociones fue para fray José la preservación de la memoria dominicana, sobre la que hacía tiempo venían insistiendo las autoridades de la Orden.38 No en vano, los frailes de Valencia contaban con una tradición secular en el cultivo de la historia blanquinegra local.39 De hecho, el padre Francisco Diago40 podría considerarse el precursor de la escuela historiográfica consolidada entre los muros del convento de Predicadores durante el Siglo de las Luces bajo la influencia de fray Jacinto Segura y su Norte Crítico, introductores –junto a otros escritores y obras– del criticismo histórico en el levante peninsular.41 Los padres José Teixidor, Luis Galiana y Bartolomé Ribelles seguirían esta estela durante las siguientes generaciones.42 Y antes que ellos, en pleno tardobarroco, nuestro autor.43 Primeramente con sus vidas de santos, beatos y otros venerables hermanos de hábito, muy en boga todavía el género hagiográfico.44
En ello se había estrenado fray José Agramunt allá por 1679. Era entonces un joven subdiácono entusiasmado con la figura del recientemente canonizado san Luis Bertrán, objeto de interés por parte de los cronistas dominicanos desde su fallecimiento en olor de multitudes hacía algo menos de un siglo.45 Fue así como compuso una Vita sanctissimi Ludovici Bertrandi, valentina confessoris Sacri Ordinis Praedicatorum, jamás editada y de momento perdida.46
Tampoco se llegaría a publicar su Compendio de la vida y virtudes del venerable padre maestro fray Joseph Bono, hijo del real convento de Predicadores de Valencia, calificador, consultor y juez ordinario de la Santa Inquisición, regente de los estudios y examinador synodal apostólico, etcétera.47 El manuscrito original todavía se conserva, aunque sin prólogo ni introducción. Por él sabemos de la impresión que la muerte de su protagonista en 1725 ocasionó al padre Agramunt:
Quedó asta las 25 horas el cadáver […] muy flexible y ecclesiásticamente fragante, de que mandó recebir auto público el procurador general de la ciudad, como también del infinito concurso, que no le podían impedir las muchas guardas de soldados. Todos le hazían tocar los Rosarios y en ellos quedava el olor aromático. Assistieron al entierro toda la nobleza, algunos canónigos, cathedráticos, ecclesiásticos, me pareze avía más de 300. Enterráronle casi desnudo, pues a porfía le cortaron los cilicios. El mayor assalto fue dentro de la sepultura por los cavalleros, que se baxaron asta arrancarle todos los cabellos de la cabeza. Fuit sepulchrum eius gloriosum. No puedo escribir sin lágrimas viendo quánto le ha honrrado Dios a este humilde siervo suyo. Y a este convento. La Ciudad ha imbiado recado al convento para que le vistan de nuevo y se haga una arca fuerte para depositarle, todo a sus costas de la Ciudad. Yo estoy ocupado, averiguando varias cosas para escribir en mis libros.48
Fray José Agramunt se apresuró a escribir la biografía del difunto, a la que una vez finalizada buscó patrocinador en la persona del duque de San Pietro in Galatina don Francisco María Spínola, bajo la dirección espiritual del padre Bono durante años. Lástima que el fallecimiento del noble en la corte, así como el extravío de la copia de este manuscrito, terminaran frustrando su edición.49
La situación descrita volvería a repetirse con El Palacio Real de la Sabiduría. Idea del convento de Predicadores de Valencia, inédito también y elaborado por el dominico para disgusto de algunos hermanos de hábito como fray José Teixidor, quien dejó anotado sobre esta obra de carácter histórico:

J. Agramunt: El palacio Real de la Sabiduría. Biblioteca Universitat de València.
A los que leyeren los manuscritos de Agramunt prevengo sea con cautela, porque aunque su intención fue recta se dejó llevar nimiamente del afecto de llenar este real convento de gloria que él imaginó como si las verdaderas que tiene no fueran superabundantes para hacerle celebérrimo, como lo es en todo el orbe […].50
Hasta siete tomos pudo contar la composición.51 Del primero, sobre los hijos de este convento ilustres en virtud y letras, solo ha llegado hasta nosotros su portada impresa.52 No así del segundo, que dedicado a santo Domingo de Guzmán se ocuparía básicamente de la biografía de uno de tales religiosos que lo había sido todo dentro y fuera de la Orden, fray Juan Tomás de Rocabertí.53 El tercero, bajo el patrocinio de san Vicente Ferrer, haría lo propio con otros obispos, confesores y catedráticos.54 Hubo un cuarto de varia hoy extraviado.55 Los tres restantes, sobre la Guerra de Sucesión, fueron destruidos –probablemente muerto ya su autor– a instancias de un fraile anónimo en ellos injuriado por su adhesión a la causa austracista. Lo cuenta el padre Teixidor:
Como en este tomo 5 tratava de las guerras i él fue un tan afecto a Felipe V, ensangrentó la pluma hablando de los que sirvieron el partido austríaco. Uno de los religiosos de este convento, de genio muy ardiente, tuvo la paciencia de entresacar en dos pliegos de papeles todos los dicterios y proposiciones denigrativas que contra muchas personas de distinguido mérito se encontravan en el dicho tomo. Hecho el extracto, díxole al prior del convento que eran delatables al Santo Oficio y las delataría si no quemavan tal libro. Halleme presente al requerimiento, al que respondió el prior: Iudex iubet ut crementior. Dije yo entonces: No me parece necessaria tan grave pena y bastaría que essas proposiciones se borren de forma que no puedan leerse, pues assí lo estila el Santo Oficio, dexando intacto lo mucho, curioso y útil que escrivió Agramunt en él. Pero el querellante, que estava muy sentido de lo que avía contra su persona escrito, tomó la justicia de sus manos [y] destrozó todo el tomo, dexando solo algunos quadernos […]. Lo mismo hizo de otro tomo que Agramunt escrivió dividido en dos partes. En la una escrivió un larguíssimo catálogo de religiosos vivos, notando en ella el día, mes y año de su ingresso, professión y patria. En la 2ª otro de los difuntos. A este tomo llamava su autor el Chambergo, por estar jaspeado de tinta el corte de las hojas de los difuntos, como de vermellón las que contenían los religiosos vivos. De este tomo, pues, el querellante susodicho cortó todos los difuntos de tiempos de las susodichas guerras, porque a los que avían seguido el partido austríaco puso la nota: Este fue grandíssimo maulet, etcétera.56
Muchos menos problemas acarreó a fray José Agramunt su otra gran historia conventual, de similar título a la anterior, pero con distintas protagonistas: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente.
1. Su mejor biógrafo se encuentra en BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, pp. 340-345. Seguido casi literalmente –y con graves errores de interpretación– por C. Fuentes: Escritores…, Valencia, 1930, pp. 21-26. También V. Ximeno, op. cit., tomo II, pp. 234-235.
2. A. Cortabarria Beitia: «El estudio de las lenguas en la Orden dominicana», Estudios filosóficos, 24, 1970, pp. 79-127 y 359-392.
3. A propósito de este linaje, véanse los trabajos de A. Felipo Orts: «La ascensión social de los Cervelló: de barones de Oropesa a condes de Cervelló y Grandes de España», Estudis, 28, 2002, pp. 241-262; «El testament del marqués de Villatorcas i la disputa del comte de Cervelló per l’herència paterna. Una altra conseqüència de l’exili austriacista», Aguaits, 24-25, 2007, pp. 97-121; El conde de Cervelló y el Consejo de Italia, Valencia, 2007; «Los desposorios del gobernador don Basilio de Castellví (1604-1672). Estrategia matrimonial y problemática dotal», Saitabi, 60-61, 2010-2011, pp. 237-254; y «Anotaciones sobre la conformación del patrimonio de don José de Castellví, marqués de Villatorcas (1653-1722)», Saitabi, 59, 2009, pp. 171-190.
4. V. Ximeno, op. cit., tomo II, p. 234.
5. El 7 de mayo de 1792. R. Ramis Barceló y A. Cassanyes Roig: «Los graduados en Artes y Filosofía en la Universidad Luliana y Literaria de Mallorca I: (1692-1750)», Tiempos Modernos, 28, 2014, p. 8.
6. «El reverendísimo Cloche, general, le nombró de presentado de gracia con su patente, firmada en Roma a 13 de febrero de 1695, que por ciertos motivos no admitió y renunció humildemente en manos del mismo padre reverendísimo». Fray Antonino lo intentaría años después, «y le hizo presentado del número […] con su patente de 29 de junio 1706». BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, p. 340.
7. El 12 de mayo de 1698. Ibíd.
8. Lo había hecho ya con anterioridad de manera intermitente. La última vez en mayo de 1697, solicitando a los responsables académicos mallorquines dejar la cátedra y trasladarse a Xàtiva para impartir allí un curso de Artes.
9. ACICT, Fondo Corpus Christi de Carcaixent. J. Agramunt: Historia del monasterio de Corpus Christi de Carcaxente…, f. 1.
10. C. Pérez Aparicio: «El clero valenciano a principios del siglo XVIII: la cuestión sucesoria», en Estudios de Historia de Valencia, Valencia, 1978, pp. 251-252.
11. Ibíd., p. 261.
12. Biblioteca Valenciana [=BV]. Ms. 159. I. Planes: Sucessos fatales de esta ciudad y reyno de Valencia o puntual diario de lo sucedido en los años de 1705, 1706 y 1707. Tomo I, f. 231. Trae igualmente la no ticia J. V. Ortí y Mayor: El Diario (1700-1715). Estudio y edición V. J. Escartí, Valencia, 2007, p. 250.
13. Ya lo era también de la Orden desde el 25 de mayo de 1701, entonces con patente firmada en Nápoles por el maestro general Cloche. BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, p. 340.
14. Es decir, el 20 de febrero de 1709. Ibíd.
15. A. Felipo Orts: La Universidad de Valencia durante el siglo XVII…, p. 308.
16. AUV, Libro 470, Oposiciones a cátedra 1720 a 1751, f. 53v.
17. Era exactamente «lector jubilado y asistente general por la nación de Francia en la religión de mínimos de san Francisco de Paula». Ibíd., f. 54. Confirma su toma de posesión S. Albiñana Huerta: Universidad e Ilustración. Valencia en la época de Carlos III, Valencia, 1988, p. 182.
18. BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, f. 341.
19. J. Rodríguez, op. cit., p. 202.
20. «No ay exemplar de esta obra en la librería [del convento de Predicadores]», anotó su mejor conocedor. BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, p. 342.
21. V. Ximeno, op. cit., tomo II, p. 235.
22. BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, p. 343.
23. BUV, Ms. 821 (55). J. Agramunt: Elogia varia Divi Thomae Aquinatis collecta.
24. A cargo este de fray Francisco de Mallorca. BUV, Ms. 933. J. Teixidor: Necrologio…, p. 343. Pese a los esfuerzos, ningún ejemplar ha sido localizado. Sí otra homilía de un tal Raimundo Llinas con igual título e impresa un año antes en Mallorca por Melchor Guasp.
25. Sermones que se predicaron en los días 25, 26 y 28 de julio del año 1697 en las solemnes fiestas que celebró la fidelíssima ciudad de Alcúdia en la translación de su prodigiosa imagen del Santo Christo a la suntuosa capilla nueva, Mallorca, 1697.
26. La bibliografía sobre el tema resulta inabarcable. De especial interés por su carácter reciente son C. Lozano Ruiz (coord.): Actas I Encuentro Nacional de Cofradías del Rosario, Valladolid, 2015, y J. Barrado Barquilla y C. J. Romero Mensaque: Actas del Congreso del Rosario en conmemoración del centenario de las apariciones de Fátima, 2018. También los trabajos individuales del citado J. Romero Mensaque: «El fenómeno de los Rosarios públicos en España durante la Época Moderna. Estado actual de la cuestión», Revista de Humanidades UNED Sevilla, 19, 2012, pp. 87-115; «La universalización de la devoción del Rosario y sus cofradías en España. De Trento a Lepanto», Angelicum, 90, 2013, pp. 217-246; y «Los comienzos del fenómeno rosariano en la España Moderna. La etapa fundacional (siglos XV y XVI)», Hispania Sacra, LXVI, 2014, pp. 243-278.
27. En 1690 el libro volvía a pasar por las prensas, en este caso de Lorenzo Mesnier y en Valencia. Otras dos ediciones más tuvieron lugar en la misma capital en 1695 y 1696, por parte de Diego de la Vega y Vicente Cabrera, respectivamente. Habría una última, publicada esta vez en Barcelona por Juan Baersa en 1710.
28. A. Felipo Orts: «El testament del marqués de Villatorcas…», pp. 101-102.
29. J. Agramunt: Flor y fruto del más sagrado rosal…, 1694, dedicatoria, s. p.
30. Con un título algo distinto, Flor y fruto del más sagrado rosal. Divídese en tres partes. La primera contiene las flores y rosas del Santíssimo Rosario con las meditaciones de sus divinos misterios. La segunda ofrece los frutos de las grandes indulgencias que gozan sus cofadres, confirmadas por la santidad de Inocencio XI en su bula de 31 de julio 1679, con notas a cada capítulo. La tercera resuelve algunas qüestiones ansiosas para cabal inteligencia de esta obra muy añadidas por su autor; y un contenido «tan añadido que parece y puede reputarse por obra diversa». V. Ximeno, op. cit., tomo II, p. 234.
31. A. Felipo Orts: «El canónigo don José de Castellví y Coloma (1677-1739). Entre el ministerio eclesiástico y la defensa del patrimonio familiar», en E. Callado Estela (ed.): La Catedral Ilustrada 1. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVIII, Valencia, 2013, pp. 127-154.
32. J. Agramunt: Flor y fruto del más sagrado rosal…, 1724, dedicatoria, s. p.
33. P. Mansilla: Sumario de las indulgencias concedidas a la cofradia del Santísuimo Rosario contenidas en el que dio a luz el muy reverendo padre maestro fray Antonio Garcés y reducidas a método más breve, dispuesto, ordenado y añadido con una compendiosa exhortación a esta devoción, con instrucción competente en lo que es necesario saber y hacer para ganar las indulgencias y también con unas devotas breves meditaciones sobre los quince misterios del Rosario, Salamanca, 1826, pp. 539 y ss.
34. Véase la nota siguiente.
35. J. Agramunt: Nuevos frutos del Rosario. Indulgencias y otras gracias concedidas por nuestro santíssimo padre Benedicto XIII en los tres primeros años de su glorioso pontificado. Adicción con notas y reflexiones al libro intitulado Flor y fruto del más sagrado rosal, Valencia, s. a., por Antonio Ballé. Con el siguiente índice: «Capítulo I. Confirmación y extensión de todas las indulgencias del Santíssimo Rosario, con notas y reflexiones. Capítulo II. Indulgencias para los que rezan a Nuestra Señora devotamente su Santo Rosario. Capítulo III. Indulgencias perpetuas para los que hizieren oración arrodillados a los toques de las Ave María. Capítulo IV. Todos los altares de las iglesias de la Orden de Predicadores son privilegiados, celebrando en ellos solo los religiosos dominicos. Capítulo V. Privilegios perpetuos para las procesiones del Rosario del primer domingo de octubre, mensales, etcétera. Capítulo VI. Rezo canónico nuevo del Santíssimo Rosario, liciones propias, oración y missa para el primer domingo de octubre. Capítulo VII. Santos de la Orden. Capítulo VIII. Nuevas indulgencias por la canonización de nuestra santa Inés. Capítulo IX. Glorias de las dos excelentíssimas casas Ursino y Guzmana. Constitución X. Afecto de su santidad a la religión y al ábito de Predicadores. Capítulo XI. El Rosario en verso».
36. BUV, Ms. 852 (23). J. Agramunt: Nuevos frutos del Rosario. Parte segunda. Indulgencias y otras gracias concedidas por nuestro santíssimo padre Benedicto XIII en el segundo trienio, que contiene los años quarto, quinto y sexto de su glorioso pontificado. Su contenido: «Capítulo I. Nueva praxi y modo de fundar las cofadrías de el Santíssimo Rosario. Capítulo II. Los cofadres del Santíssimo Rosario y otros en ciertos días pueden ser absueltos por confessores dominicos de casos reservados, etcétera. Capítulo III. Diario de las grandes indulgencias que por el discurso del año se ganan en Roma que también logran los cofadres del Santíssimo Rosario visitando cinco altares. Capítulo IV. Constitución emanada para todos los predicadores de la palabra divina y remitida a todos los nuncios apostólicos, arçobispos y obispos de todo el orbe católico. Capítulo V. Cardenales que ha creado nuestro santíssimo padre».
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