Kitabı oku: «Vergel de perfectísimas flores»



El presente trabajo se ha realizado bajo el amparo del Proyecto de Investigación La Catedral Barroca. Iglesia, sociedad y cultura en la Valencia del siglo XVII, financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (HAR2016-74907-R).
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© Del texto: Emilio Callado Estela, 2020
© De esta edición: Universitat de València, 2020
© De la ilustración de la cubierta:
Coordinación editorial: Maite Simón
Maquetación: Inmaculada Mesa
Cubierta:
Ilustración: Eduardo González Gallinas, Estigmatización de Santa Catalina de Siena, 1862, óleo sobre lienzo, 214 × 134 cm, Museo Nacional del Prado
Diseño: Celso Hernández de la Figuera
Corrección: Iván García Esteve
ISBN: 978-84-9134-602-9
Edición digital
Alphonso Esponera magistro collegae amico fratri dicatum
ÍNDICE
PRÓLOGO, Ángela Atienza López
INTRODUCCIÓN
PRIMERA PARTE
1. LA AVENTURA FUNDACIONAL DE SOR INÉS DEL ESPÍRITU SANTO
2. EN CARCAIXENT Y DE CORPUS CHRISTI
3. FRAY JOSÉ AGRAMUNT
4. VERGEL DE PERFECTÍSIMAS FLORES
5. LAS MADRES AGUSTINA DE SAN NICOLÁS Y HERMENEGILDA DE SAN BERNARDO
6. CRISIS, CONFLICTOS Y GUERRAS
SEGUNDA PARTE
1. EL PARAYSO DE DIOS. IDEA DEL RELIGIOSÍSSIMO MONASTERIO DE SEÑORAS DOMINICAS DE LA REAL VILLA DE CARCAXENTE, DE FRAY JOSÉ AGRAMUNT
2. CATÁLOGO DE RELIGIOSAS DEL CONVENTO DE CORPUS CHRISTI DE CARCAIXENT (1654-1984)
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
1. FUENTES MANUSCRITAS
2. FUENTES IMPRESAS
3. BIBLIOGRAFÍA
ÍNDICE ONOMÁSTICO DE RELIGIOSAS DOMINICAS
ÍNDICE ONOMÁSTICO Y TOPONÍMICO GENERAL
PRÓLOGO
«La última entrega de mi trilogía monjil dominicana…». Tales eran las palabras utilizadas por Emilio Callado Estela para referirse a este libro cuando me proponía prologarlo. Seguramente aquellos que siguen con interés sus investigaciones y conocen bien la perseverante búsqueda de documentación histórica y la extraordinaria capacidad de trabajo de la que hace gala nuestro autor coincidirán conmigo en pensar que esta es, efectivamente, «la última entrega». Pero que lo sea de «una trilogía» entra en el terreno de la duda razonable, porque es muy posible que la obra que el lector tiene en sus manos sea el postrero episodio de lo que quizá pueda llegar a ser «una serie» de estudios sobre los conventos de monjas dominicas establecidos en territorio valenciano. Aún quedan otras comunidades religiosas blanquinegras fundadas en esta geografía durante la Edad Moderna y muy probablemente el profesor Callado recupere, antes o después, fuentes inéditas y desconocidas sobre ellas que le permitan ofrecer nuevos trabajos y seguir ampliando los conocimientos sobre la historia de la Iglesia valentina, campo de investigación del que es indiscutible especialista y en el que acumula una obra extraordinariamente copiosa, abierta también al análisis del mundo religioso femenino, como su trayectoria muestra y esta nueva publicación reafirma.
En 2014 aparecía el libro que titulaba Mujeres en clausura. El convento de Santa María Magdalena de Valencia. Al año siguiente nos ofrecía el segundo trabajo de esta índole, con el título de El Paraíso que no fue. El convento de Nuestra Señora de Belén. La aportación que ahora presentamos sigue la estela formal de las dos anteriores. En los tres casos Emilio Callado nos brinda los tesoros documentales que ha logrado descubrir, acompañados de un estudio preliminar que siempre es detallista, preciso y riguroso y en el que despliega el producto de ese seguimiento incansable de datos e información útil para su investigación que le caracteriza.
Este convento de Corpus Christi de Carcaixent tiene un interés especial. Nuestro autor destaca su «carácter modesto», perfil que podemos pensar que tuvo un número importante de claustros femeninos que se fueron estableciendo por el territorio español durante los siglos modernos y que –seguramente debido a esta misma caracterización, como comunidades «modestas»– han dejado menos rastro documental que el relativo a otros monasterios y cenobios de identidad más aristocrática y oligárquica y filiación de mayor relevancia; comunidades que han recibido una atención historiográfica más amplia. Y es que las dominicas carcagentinas se encuadraron en sectores sociales menos pudientes, más humildes, con sus cuentas acompasadas con esta realidad. Aquellas religiosas no estuvieron en condiciones de dedicar su jornada en exclusiva a la contemplación y a la oración. La habitual economía rentista de los conventos femeninos no era suficiente y debieron trabajar para su propio sustento, ocupándose, por ejemplo, de la manufactura sedera, para lo que contaban con un telar del que salían tejidos de seda; confeccionaban también medias de hilo; y fabricaban perfumes para las celebraciones solemnes en las iglesias. Nos situamos en un escenario de actividad laboral desarrollada por las monjas todavía poco conocido y que reclama mayor atención por parte de los historiadores.
El libro que prologamos y la documentación que el profesor Callado saca ahora a la luz ofrece –como en las obras anteriores– un rico caleidoscopio de proyectos, acciones, vivencias, empeños, preocupaciones… de las mujeres que formaron parte de la comunidad religiosa que centra su estudio, empezando por sor Inés del Espíritu Santo, en el siglo Sisternes de Oblites, una monja clave ya en la historia del convento de Santa María Magdalena de Valencia y protagonista en la empresa fundadora de Carcaixent. Nuestro autor sigue sus pasos en un capítulo que refleja los problemas de observancia en el mundo religioso femenino, una problemática que fue percibida, vivida y respondida también desde dentro de ese mismo universo femenino. Porque, efectivamente, muchas monjas pusieron su empeño en buscar y encontrar soluciones. Algunas, como sor María Fe Capdevila, intentando apoyarse en las autoridades, pero tomando ella la iniciativa. Otras, como la propia sor Inés, optando por partir de cero y levantar nuevas fundaciones conventuales en las que edificar y asentar el desarrollo de una vida religiosa comprometida con la observancia. De ninguna manera puede sostenerse ya en el actual panorama historiográfico la idea de que las iniciativas de reforma únicamente vinieron de arriba, de los superiores masculinos, y que aquellas mujeres permanecieron pasivas e inertes ante los problemas que afectaban a la observancia religiosa de sus comunidades y de las órdenes en las que habían profesado. Por supuesto, tampoco cabe seguir pensando que la respuesta de las monjas a las exigencias de reforma fue únicamente la de la reacción airada y la resistencia obstinada. La hubo, sin duda, hubo réplicas y oposiciones que plantearon argumentos, justificaciones y formas que la investigación histórica está sacando a la luz. Pero también se dieron respuestas en términos de movilización e iniciativa reformista desde dentro de ese mismo mundo conventual femenino. Y seguramente este nervio reformista, esta búsqueda de soluciones desarrollada e impulsada por las propias religiosas fue más amplio y tuvo mayor presencia de la que hasta aquí historiadores e historiadoras hemos considerado. Ciertamente, se trata de intervenciones que tuvieron un radio de acción limitado al marco interno de sus claustros y/o una proyección restringida en el ámbito de lo local. Las madres Capdevila o del Espíritu Santo no fueron Teresa de Jesús o Mariana de San José, ni tuvieron la trascendencia histórica que ellas tuvieron, reformadoras de sus órdenes religiosas. Pero sus acciones, su celo reformista y renovador seguramente ejemplifiquen las preocupaciones y las acciones de muchas otras religiosas, comunes, que también se movilizaron o lo intentaron con los mismos objetivos e idénticas aspiraciones. Acciones que, en todo caso, es necesario recuperar e incorporar a la historia del rico e inquieto mundo espiritual y religioso de aquellos siglos. No tengo ninguna duda de que el enfoque interpretativo renovado de la Contrarreforma exige hoy incorporar e integrar a las mujeres y sus acciones en su historia y en su construcción, también más allá de las célebres fundadoras y reformadoras.
El estudio de Emilio Callado y la documentación que ofrece nos permite ver, igualmente, cómo se tejieron y convergieron voluntades y aspiraciones de mujeres en torno a la nueva fundación conventual. La figura de doña Sabina Sisternes de Oblites –tía de sor Inés– apunta un perfil característico, como ejemplo de tantas viudas que decidieron profesar en un convento, pero que también decidieron no renunciar a todo ni abandonar los negocios del siglo por completo. Doña Sabina, efectivamente, optó por encarar los años de su viudedad como religiosa, aunque no resistió la tentación de reservar para sí misma el patronato de aquel claustro ni se privó de dejar establecido –y bien establecido– el orden sucesorio que había de observarse en dicho patronato; lo hizo con gran detalle. Tiene mucho interés, además, contrastar la realidad que ofrece esta información que tenemos sobre ella y su comportamiento con la imagen ejemplar de la sor Sabina que el manuscrito de fray José Agramunt editado por nuestro autor nos presenta. Las fronteras entre lo sacro y lo mundano eran realmente muy porosas.
El trazo hagiográfico es, sin duda, el que domina el contenido del citado manuscrito, dedicado a presentar la semblanza biográfica de religiosas destacadas de la comunidad carcagentina; cada una identificada con las propiedades de una flor. Y casi todas, como ya hemos avanzado, de extracción social humilde. Destaca el profesor Callado a dos de ellas, sor Agustina de San Nicolás y sor Hermenegilda de San Bernardo. Despliega el texto los rasgos y atributos estereotipados y repetidos que caracterizan e identifican este tipo de literatura hagiográfica tan común en la época. Pero también el escrito contiene notas que individualizan a las biografiadas o que particularizan la realidad de la comunidad cuya historia se refleja; contienen trazos de realidad y de mundo cotidiano que es preciso saber ver y leer. Solo pondré un ejemplo de los muchos que me han llamado la atención. Conmueve un poco el relato de la muerte de estas dos monjas que reciben la atención preferente del padre Agramunt por su fama de santidad, porque lo que se plasma son unas muertes que concitaron la afluencia de la población local, como muchas otras en aquellos tiempos. Claro que lo que se refleja en estas líneas es también una «muerte pobre». Así, cuando falleció sor Agustina: «Pedían unos con instancia algunas florecitas de las que adornaban el cadáver. Anelavan muchos alguna cosilla de su uso. Pero avía muerto tan pobre que huvo nada o muy poco que repartir».
El relato de lo acontecido en el óbito de sor Hermenegilda de San Bernardo resulta del mismo tenor:
Toda la villa se honrrava de tener tan santa religiosa depositada en este convento. Pero todos los particulares, y quanto mayores, más deseavan tener alguna reliquia para su consuelo. Nos molestavan pidiendo algunos recuerdos para su mayor veneración. Y como de la pobreza de tan pobre religiosa era poco lo que se podía sacar, era común el desconsuelo de verse privados de su devoto deseo. A algunos de los principales no se les pudo negar alguna memoria. Otros pedían una florecita de manos de las que adornaban su virgíneo cadáver y se yvan más contentos que si llevasen un gran tesoro. Y todos pedían les tocasen los Rosarios al venerable cuerpo. Y assí todos quedaron contentos.
En efecto, tocan algo la sensibilidad estos relatos que lo que retratan es, como digo, una «muerte pobre», de una monja pobre, en una comunidad pobre, en el seno de una sociedad también pobre.
He insistido en alguna ocasión –y quisiera volver a hacerlo– en que no puede descalificarse sin más la utilidad de estos textos como materiales para el conocimiento histórico. Se trata de productos culturales, construcciones culturales, y como tales dicen igualmente mucho de la época; son «testigos» de un tiempo, espejos de sus ideas y convicciones, de sus intereses, de sus representaciones y concepciones y de sus formas de ver…
Libros como el de Emilio Callado, en fin, nos brindan mucho. Recuperan y ponen al alcance de todos un patrimonio histórico escrito, inédito y de difícil acceso, que siempre es valioso, que nos facilita ir directamente al documento y que abre la posibilidad de abordar lecturas singulares. Su importancia se redobla si pensamos además que ello permite seguir enriqueciendo el mundo de los registros y fuentes que alumbran la historia de las mujeres.
Logroño, junio de 2019
ÁNGELA ATIENZA LÓPEZ
Catedrática de Historia Moderna
Universidad de La Rioja
INTRODUCCIÓN
Como antes en otros países, hace ya varias décadas que las órdenes religiosas en España se han convertido en objeto de investigación, análisis e interpretación por parte de una nueva historiografía alejada de cualquier tono hagiográfico y lenguaje clerical.1 Hasta el punto de constituir en la actualidad uno de los capítulos más y mejor atendidos por los investigadores, al menos para la Edad Moderna.2 Claro que no todas las religiones ni lugares se han beneficiado por igual de esta tendencia. Por ejemplo, los dominicos en general y la provincia de Aragón particularmente continúan sin suscitar suficiente interés entre la comunidad científica, amén de algunas obras colectivas sin continuidad por ahora.3 Podría decirse, pues, que ninguno de los grandes establecimientos dominicanos de la antigua Corona de Aragón cuenta con estudios específicos sobre su pasado. Entre los masculinos constituye una excepción el de Santa Catalina de Siena de Barcelona, protagonista de una reciente tesis doctoral.4 No es mejor el panorama de los claustros femeninos, al margen del protagonismo adquirido por las mujeres en el proceso de renovación temática y metodológica experimentado por la historia, cuyo impacto ha sido y continúa siendo relevante en las investigaciones sobre el clero regular.5
En este último sentido, resulta especialmente relevante el caso valenciano. De los muchos conventos monjiles aquí fundados por la Orden de Predicadores poco se sabe, más allá de los datos consignados en los estudios de carácter general que tratan de pasada aspectos de la vida monacal, a menudo desde una perspectiva bien artística, bien económica;6 o en las propias crónicas blanquinegras, de las que la obra clásica del padre Francisco Diago constituye el mejor exponente.7 Bastante han tenido que ver en ello las vicisitudes padecidas por estos establecimientos, a raíz tanto de la desamortización eclesiástica y la desaparición de no pocas comunidades religiosas como de la posterior guerra de 1936. Unas y otras motivaron la dispersión de su documentación histórica, azarosamente repartida entre los principales archivos del Estado, cuando no supuso su irreparable pérdida.8
De casi milagrosa, pues, debería calificarse la reconstrucción histórica llevada a cabo en los últimos tiempos con respecto a los tres cenobios que las dominicas regentaron en la capital del Turia. Ciertamente, el convento de Santa María Magdalena, decano de todos ellos, había tenido la fortuna de ser historiado ya con anterioridad a la debacle documental de los siglos XIX y XX, aunque solo en parte y con criterios alejados todavía de cualquier rigor científico.9 Todavía tardaría en llegar la monografía que, acorde a los nuevos criterios historiográficos y a partir de su Libro antiguo de la fundación, privilegio y yngresios de religiosas, con información comprendida entre la erección conventual posterior a la Reconquista cristiana y el año 1824, le dedicamos hace ahora un lustro.10

V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del gran patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, Valencia, 1725.
Desde una óptica más tradicional y con documentación harto fragmentaria, Adolfo Robles Sierra se había ocupado antes de Santa Catalina de Siena, convento levantado en la postrera década del Cuatrocientos, todavía activo –a diferencia de las otras comunidades–, aunque fuera de su emplazamiento original.11

Fachada del antiguo convento de Santa Catalina de Siena.
Y, finalmente, se encuentra el convento de Nuestra Señora de Belén, echado a andar mediada ya la decimoséptima centuria, de corta vida y desconocido prácticamente hasta la aparición de nuestro estudio al respecto, para el cual volvería a contarse con el correspondiente libro de fundación, bajo la inspiración de sus primeras religiosas.12

Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén de Valencia. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Hoy estamos en condiciones de completar esta trilogía con un cuarto claustro establecido en el levante peninsular por las hijas de Santo Domingo, más o menos coetáneo al último de los citados y con idéntica fundadora, no otra que sor Inés Sisternes de Oblites, ilustre entre todas las hermanas de hábito de su generación. Se trata del convento de Corpus Christi de Carcaixent, a unas leguas tan solo de Valencia y, a pesar de ello, en el olvido desde la reciente extinción de su comunidad.13
Quizá la ubicación geográfica del establecimiento en cuestión, fuera del área metropolitana, así como su carácter modesto, en comparación a los más opulentos del cap i casal, refugio tantas veces para hijas de nobles y oligarquías ciudadanas, podrían explicar este silencio historiográfico, al que igualmente han contribuido las carencias documentales antes aludidas, todavía mayores aquí. Apenas unas páginas le dedicó Francisco Fogués Juan, en su ya clásica Historia de Carcagente. Compendio geográfico-histórico de esta ciudad, publicada en 1934.14 Solo el cronista local Bernat Darás Mahiques –a través de los registros parroquiales– ha podido ofrecer algunos datos a propósito de las monjas que, entre 1654 y su marcha de la localidad, habitaron entre aquellos muros durante más de tres siglos.15
La historia del cenobio, en fin, estaba por escribir. Y así habría continuado probablemente de no dar con el relato oficial de su fundación y primera generación de habitadoras fallecidas en opinión de santidad, compuesto a comienzos del Setecientos por el dominico fray José Agramunt, confesor de la comunidad. Hablamos de El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente, conservado de manera excepcional en el actual Archivo del Convento de la Inmaculada Concepción de Torrent, pese a creerse perdido para siempre durante mucho tiempo. Semejante hallazgo recomendaba su preservación, análisis y divulgación tras su edición. Esta es la que ahora se presenta, con un estudio preliminar sobre el establecimiento que lo inspiró y un catálogo final de las mujeres protagonistas de aquel pasado ignoto.

J. Agramunt: El Parayso de Dios. Idea del religiosíssimo monasterio de señoras dominicas de la real villa de Carcaxente. Convento de la Inmaculada Concepción. Torrent.
Para ello se ha recurrido a otras fuentes documentales secundarias, partiendo de las diferentes biografías de la madre fundadora. También de los datos sobre las monjas que la acompañaron en esta empresa, recogidos en los libros de sus respectivas comunidades de origen y destino final.16 Se han utilizado del mismo modo los asientos de la serie Consejo de Aragón. Secretaría de Valencia del Archivo de la Corona de Aragón.17 Y, por supuesto, el Archivo Histórico Parroquial de Carcaixent, con su fondo Corpus Christi, podría decirse que inédito.18 De carácter eminentemente económico –y, por tanto, alejados del objeto de nuestro análisis– son los legajos transferidos al Estado durante la exclaustración y desamortización decimonónica, conservados en el Archivo del Reino de Valencia.19
Pero nada habría sido posible sin la concurrencia de algunas personas cuyos nombres deben ser recordados. Sor María Pilar Marco, priora en su día del convento de la Inmaculada Concepción de Torrent, puso a disposición del abajo firmante cuanta documentación manuscrita custodiaba esta comunidad. Por su parte, Francesc Torres se encargó de facilitar nuestras investigaciones en el Archivo del Reino de Valencia. No menos atento y generoso fue el ya citado Bernat Darás. Porque, además de abrirnos las puertas del Archivo Parroquial de Carcaixent bajo su cuidado, compartió con nosotros investigaciones propias sobre las dominicas de Corpus Christi todavía no publicadas y fundamentales para completar el repertorio monjil al que arriba se aludía. En la edición documental contamos con la colaboración incondicional de Pilar Valor. Lo prologó quien mejor podía hacerlo, Ángela Atienza. La Universitat de València tuvo a bien acogerlo en su colección editorial. Y a Alfonso Esponera, maestro, colega, amigo y hermano, se lo dedico, que bien lo tiene merecido…
Valencia, mayo de 2019
1. T. Egido: «Historiografía del clero regular en la España Moderna», en A. Cortés Peña y M. L. López-Guadalupe Muñoz (eds.): La Iglesia española en la Edad Moderna. Balance historiográfico y perspectivas, Madrid, 2007, pp. 22-23. También M. de Pazzis Pi Corrales, D. Pérez Baltasar, V. León Sanz y D. García Hernán: «Las órdenes religiosas en la España Moderna: dimensiones de la investigación histórica», en Iglesia y sociedad en el Antiguo Régimen, Las Palmas de Gran Canaria, 1994, tomo I, pp. 205-252.
2. E. Martínez Ruiz (dir.): El peso de la Iglesia. Cuatro siglos de órdenes religiosas en España, Madrid, 2004.
3. R. M.ª Alabrús Iglesias (coord.): Tradición y modernidad. El pensamiento de los dominicos en la Corona de Aragón en los siglos XVII y XVIII, Madrid, 2011; La memoria escrita de los dominicos, Sant Cugat, 2012; y La vida y la sociabilidad de los dominicos, Sant Cugat, 2013.
4. A. López Ribao: Religión, cultura y política de la orden de Predicadores en la Cataluña Moderna. El convento de Santa Catalina, Virgen y Mártir de Barcelona en el siglo XVIII (tesis doctoral inédita), Universitat Autònoma de Barcelona.
5. Un repaso sobre el estado de la cuestión de los claustros femeninos, en la España Moderna y para las distintas órdenes religiosas se encuentra en M. Reder Gadow: «Las voces silenciosas de los claustros de clausura», Cuadernos de Historia Moderna, 25, 2000, pp. 279-338. Posteriores son las aportaciones recogidas en F. J. Campos y Fernández de Sevilla (coords.): La clausura femenina en España, San Lorenzo del Escorial, 2004, y La clausura femenina en el Mundo Hispánico: una fidelidad secular, San Lorenzo del Escorial, 2011; M.ª I. Viforcos Marinas (coord.): Historias compartidas. Religiosidad y reclusión femenina en España, Portugal y América, siglos XV-XIX, León, 2000, y Fundadores, fundaciones y espacios de vida conventual: nuevas aportaciones al monacato femenino, León, 2005, este último junto a M.ª D. Campos Sánchez-Bordona; y A. Atienza López: «El mundo de las monjas y de los claustros femeninos en la Edad Moderna. Perspectivas recientes y algunos retos», en E. Serrano Martín (ed.): De la Tierra al Cielo. Líneas recientes de investigación en Historia Moderna, Zaragoza, 2013, vol. I, pp. 96-97. De reciente aparición es el estudio de A. Atienza López (ed.): Mujeres entre el claustro y el siglo. Autoridad y poder en el mundo religioso femeninos, siglos XVI-XVII, Madrid, 2018.
6. C. Sarthou Carreres: Monasterios valencianos: su historia y su arte, Valencia, 1943, y M.ª D. Cabanes Pecourt: Los monasterios valencianos. Su economía en el siglo XV (2 vols.), Valencia, 1974.
7. F. Diago: Historia de la Provincia de Aragón de la orden de Predicadores, desde su origen y principio hasta el año de mil y seyscientos, Barcelona, 1599.
8. J. Cortés y V. Pons: «Geografia dels monestirs valencians en la Baixa Edat Mitjana», en Santes, monges i fetilleres. Espiritualitat femenina medieval, Valencia, 1991, p. 77.
9. V. Beaumont de Navarra: Compendio histórico del real convento de Santa María Madalena de religiosas del gran patriarca santo Domingo de la ciudad de Valencia. Ilustrado con las noticias de heroicas virtudes de algunas de sus hijas más insignes, Valencia, 1725.
10. E. Callado Estela: Mujeres en clausura. El convento de Santa María Magdalena de Valencia, Valencia, 2014. Hace tiempo que las crónicas fundacionales femeninas fueron puestas en valor no solo para la construcción de la historia de conventos y órdenes religiosas, sino también como textos historiográficos y literarios en sí mismos. J. Muriel: Cultura femenina novohispana, México, 1982, pp. 44-100; S. Evangelisti: Memoria di antiche madri. I generi della storiografia monástica femminile in Italia (sec. XVI-XVIII), Madrid, 1992; C. Woodfrord: Nuns as historian in Early Modern Germany, Oxford, 2002; K. J. P. Lowe: Nun’s Chronicles and convent culture in Renaissence and Counter-Reformation Italy, Cambridge; A. Lavrin: Brides of Crist. Convent life in colonial Mexico, Stanford, 2008; M. L. Coolahan: Women, writing and language in Early Modern Ireland, Oxford, 2010; etcétera. Para el caso peninsular véase N. Baranda Leturio: «Fundación y memoria en las capuchinas españolas de la Edad Moderna», en G. Zarri y N. Baranda Leturio (coords.): Memoria e communità femminili. Spagna e Italia, secc. XV-XVII, Florencia, 2011, pp. 169-185.
11. A. Robles Sierra: Real monasterio de Santa Catalina de Siena. Proyección y fidelidad, Valencia, 1992.
12. Entre ellas sor Vicenta Castell, «muger adornada de toda la variedad de las virtudes y de una verdad inalterable», que había venido al mundo en el año 1646, en la localidad castellonense de Vistabella, desde donde se trasladaría a Valencia para ingresar en este convento y profesar en él, con el nombre de sor Vicenta María del Espíritu Santo, en marzo de 1670, ejerciendo desde entonces diferentes responsabilidades de gobierno. V. Ximeno: Escritores del reyno de Valencia, Valencia, 1749, tomo II, p. 156. Dejó escritos un par de opúsculos: De la entrada del magistrado de la ciudad con sus médicos en el monasterio de Santa María de Belén por setiembre del año 1698 y Vidas de las monjas que resplandecieron en virtud desde la fundación del monasterio hasta 1700. C. Fuentes: «Escritoras en la historia de la provincia dominicana de Aragón», Teología Espiritual, 136-137, 2002, pp. 65-66; y M.ª A. Herrero Herrero: Lletraferides modernes. Catàleg de les escriptores valencianes dels segles XVI-XVII, Alicante, 2009, pp. 57-58, y «Les modernes religioses valencianes: entrebancs d’una recerca textual», Scripta. Revista Internacional de Literatura i Cultura Medieval i Moderna, 1, 2013, p. 275. Ambos escritos –junto al citado libro fundacional– fueron editados en E. Callado Estela: El Paraíso que no fue. El convento de Nuestra Señora de Belén de Valencia, Valencia, 2015. No puede dejar de mencionarse para el tema N. Baranda Leturio y M.ª C. Marín Pina (eds.): Letras en la celda. Cultura escrita de los conventos femeninos en la España Moderna, Madrid, 2014. De reciente aparición es el estudio de M. Marcos Sánchez: «Escritura de la memoria, escritura del alma. A propósito de la escritura conventual femenina», en M.ª L. Sánchez Hernández (ed.): Mujeres en la corte de los Austrias. Una red social, cultural, religiosa y política, Madrid, 2019, pp. 537-569.
13. Por ello, ya le dedicamos unas brevísimas notas en E. Callado Estela: «Vergel de perfectísimas flores. Las dominicas valencianas de Carcaixent según fray José Agramunt», Scripta. Revista de Literatura i Cultura Medieval i Moderna, 8, 2016, pp. 224-232.
14. Citada en adelante por su reedición de 2000.
15. Decesos sobre todo. Más bautismos y confirmaciones en los casos de las religiosas oriundas del lugar, consignados todos en los Quinque Libri. B. Darás Mahiques: «El monestir de Corpus Christi (Les Dominiques)». Disponible en línea: <http://antoniosabater mira.golbered.com/categoria.asp?idcat=21> (consultado: 02/06/2018), y «Les monges dominiques del monestir de Corpus Christi de Carcaixent (segles XVII-XX)», en Sant Bonifaci Màrtir, patró de Carcaixent, Sueca, 2004, s. p.
16. Fundamentalmente Santa María Magdalena, ACSCS, Fondo Magdalenas. Libro antiguo de la fundación y privilegios del convento de Santa María Magdalena de Valencia, y Nuestra Señora de Belén, ACICT, Fondo Belén. Libro de fundación del monasterio de Nuestra Señora de Belén de Valencia.
17. ACA, Consejo de Aragón, Legs. 690, 875, 896 y 922.
18. AHPC, Conventos, Corpus Christi, Leg. 32.3.2.
19. ARV, Clero, Lib. 204, Libro mayor de cuenta y razón del convento de Corpus Christi años 1690-1737; Lib. 437, Colecta de los arrendamientos y cartas de gracia del convento de Corpus Christi; Lib. 450, Libro racional de misas del convento de Corpus Christi años 1776-1835; Lib. 490, Colecta corriente de las rentas del convento de Corpus Christi; Lib. 497, Colecta de arrendamientos de tierra del convento de Corpus Christi año 1813; Lib. 502, Libro colecta de las rentas para el uso del procurador del convento de Corpus Christi años 1775-1784; Lib. 503, Libro colecta del convento de Corpus Christi años 1738-1753; Lib. 512, Colecta del convento de Corpus Christi año 1748; Lib. 734, Libro racional de las misas que tiene obligación de celebrar el convento de Corpus Christi año 1654; Lib. 929, Títulos de censales del convento de Corpus Christi años 1666-1765; Lib. 978, Contra colecta hecha en el convento de Corpus Christi año 1758; Lib. 983, Colecta de arrendadores del convento de Corpus Christi años 1784-1824; Lib. 1203, Libro de títulos y censales del convento de Corpus Christi año 1665; Lib. 1542, Libro 4º de recibo (1785-1795). Libro 4º de gasto (1755-1795); Lib. 1703, Libro mayor del convento de Corpus Christi años 1654-1690; Lib. 1758, Libro mayor de gastos y recibos del convento de Corpus Christi años 1796-1829; Lib. 2155, Colecta de rentas y censos del convento de Corpus Christi años 1712-1730; Lib. 2156, Colecta sobre censales del convento de Corpus Christi años 1689-1698; Lib. 2198, Libro de cuenta y razón del convento de Corpus Christi años 1737-1766; Lib. 2462, Libro de cuentas de las rentas y censos del convento de Corpus Christi años 1698-1710; Lib. 2463, Libro de cuentas y colectas del convento de Corpus Christi años 1738-1748; y Lib. 3565, Libro de colecta del convento de Corpus Christi años 1804-1820.