Kitabı oku: «Geografía. Libros I-II»
BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 159

Asesor para la sección griega: CARLOS GARCÍA GUAL .
Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por CONCEPCIÓN SERRANO AYBAR .
© EDITORIAL GREDOS, S. A.
Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 1991.
www.editorialgredos.com
J. L. GARCÍA RAMÓN ha llevado a cabo la Introducción a los Libros I y II, y la traducción y notas de los Libros I y II 1; J. García Blanco ha realizado la Introducción General y la traducción y notas del libro II 2-5.
PRIMERA EDICIÓN , 1991.
REF. GEBO267
ISBN 9788424931964.
INTRODUCCIÓN GENERAL
I
VIDA DE ESTRABÓN 1
Todo lo que sabemos sobre Estrabón proviene de su propia Geografía . Su fecha de nacimiento más probable es 63-2 a. C., según la datación de ciertos sucesos de 64-3 o posteriores, mediante expresiones como kath’ hēmâs o kath’ hēm n , «en nuestra época» (XII 5, 1; XIV 5, 18; X 2, 13), comparados con otros aludidos como mikròn prò hēm n , «poco antes de nuestra época» (XVI 2, 29, y VIII 7, 5, datados en 67-6; XII 3, 46, de 64 a. C.) 2 .
Nació en Amasía del Ponto, ciudad y plaza fuerte a un tiempo, situada en el valle del río Iris, de cuya belleza se hace eco así como de su glorioso pasado, que atestiguan los palacios y tumbas de los antiguos reyes del Ponto que en ella residieron (XII 3, 39). Esto marcó profundamente la personalidad de Estrabón como lo prueban las numerosas referencias a ese reino y a la intervención de varios antepasados suyos en la política de aquel tiempo. Más adelante volveremos sobre ello; baste aquí señalar que la derrota final de Mitrídates por Pompeyo selló la conquista romana, y que la familia de Estrabón debió de sufrir notables pérdidas y tuvo que emigrar.
1. Maestros
Al joven Estrabón, en todo caso, lo encontramos en Nisa del Meandro, en Caria, estudiando gramática y retórica con Aristodemo de Nisa (XIV 1, 48). Este Aristodemo —hijo de Menécrates, que fue discípulo a su vez del famoso filólogo Aristarco— había educado a los hijos de Pompeyo y ejerció la enseñanza también en Rodas y, al parecer, era pariente del estoico Posidonio, que tanta influencia ejerció sobre nuestro autor 3 .
Es probable, pero no seguro, que viajase por primera vez a Roma antes del 44 a. C., pues afirma que «vio», aunque no dice dónde, a P. Servilio Isáurico que murió ese año, y que sin duda pudo haber viajado por Asia Menor, donde tendría relaciones, pues fue procónsul de Cilida en 78-5 4 . Como apoyo de esa pretendida estancia en Roma se aduce también la noticia de que fue discípulo de Jenarco de Seleucia en Cilicia, aunque Estrabón tampoco dice dónde (XIV 5, 4); Jenarco vivió poco en su patria, residió en Atenas y Alejandría, donde fue amigo de Ario Dídimo, y, finalmente, se estableció como profesor en Roma, donde consiguió el aprecio del propio Augusto y murió viejo. Estrabón no estuvo en Atenas, pero sí en Alejandría y pudo escucharlo allí lo mismo que en Roma 5 .
Al igual que el anterior, también peripatético fue otro maestro de Estrabón, Tiranión 6 de Amiso en el Ponto (XII 3, 16), que educó a los hijos de Cicerón, Marco y Quinto. Tiranión fue discípulo de Dionisio Tracio en Rodas, ca . 90 a. C.; de allí volvió a su tierra y Lúculo lo llevó a Italia en el 71-0, residiendo en Roma desde el 67, donde quizá lo escuchó hacia el 30 a. C. 7 . La actividad peripatética de Tiranión se ejerció en Roma, entre otras cosas, en su aplicación a la biblioteca de Aristóteles y Teofrasto que Sila se trajo de Atenas tras el saqueo de la ciudad en el 84, y que estaba bajo la custodia de Apelicón (XIII 1, 54). Otros dos rasgos de Tiranión resultan reveladores porque también los encontramos en Estrabón: por un lado, lo mismo que su maestro Dionisio Tracio, escribió sobre Homero; por otro, Cicerón (Ad Att . II 6, 7) nos dice que era una autoridad en geografía.
Quizás por medio de Tiranión, o de Jenarco, conoció al filósofo Boeto de Sidón, con el que estudió el aristotelismo, según declara (XVI 2, 24); tampoco nos dice ni dónde ni cuándo.
Como se ve, sus maestros son todos griegos de Asia Menor y aristotélicos.
2. Viajes
En primer lugar, seguramente en su juventud pero no sólo entonces, viajó por numerosos lugares de Asia Menor, cuyo conocimiento directo parece desprenderse de varios pasajes 8 : visitó Comana en el Antitauro (XII 2, 3); en Cataonia ha visto los cañones que forma el río Píramo al atravesar el Tauro (XII 2, 4); ya mencionamos que residió en Nisa del Meandro (XIV 1, 43-6) y, cerca de allí, visitó Trales (XIV 1, 42) y Acaraca (XIV 1, 44), así como Hierápolis del Meandro (XIII 4, 14), Magnesia del Meandro (XIV, 1, 41) y Mazaca en Capadocia, de la que da abundantes datos (XII 2, 7 ss.). W. Aly supone también un viaje por mar desde Tarso a Éfeso con escala en Rodas, dado su buen conocimiento de las costas de Cilicia (XIV 5, 4-7). En todo caso, es seguro que visitó Éfeso (XIV 1, 23) y Tarso (XIV 5, 12), al igual que Rodas (XIV 2, 5) y Cos (XIV 2, 19).
En Creta visitó a su tío abuelo, el viejo Estratarcas (X 4, 10) y estuvo también en Corinto en el año 29 a. C. —donde se encontraba Augusto de vuelta a Roma para celebrar el triunfo de Accio— y en la isla de Giaros en las Cíclades (X 5, 3); nos habla de la restauración romana de Corinto y de su subida al Acrocorinto, desde donde divisó Cleonas, en el camino de Corinto a Argos (VIII 6, 21), la legendaria Cleonas «bien construida», mencionando, como buen amante de Homero, un verso de Ilíada (II 570).
En Roma estuvo sin duda en varias ocasiones. Ya hemos comentado una posible estancia antes del 44. Es seguro que estuvo antes del 31, pues contempló el templo de Ceres antes del incendio de ese año en que se perdió el retrato de Dioniso realizado por Aristides (VIII 6, 23; Dión Casio, L 10); quizás hacia el 35, según Honigmann, pues vio en el anfiteatro la muerte del siciliano Seluro. Poco después del 31 también estuvo en Roma, pues se refiere al citado incendio como algo reciente y quizás su paso por Corinto en compañía de Augusto en el 29 era una escala en su viaje a Roma. Allí vio a los altísimos britanos (IV 5, 2), que quizás formaban parte de la delegación que presentó su sumisión a Augusto el 7 a. C. 9 . Finalmente, estuvo en Roma al menos después del 14 d. C., según se desprende de su descripción de la tumba de Augusto (V 3, 8). Pero nada sabemos de la duración de estas diversas estancias.
En alguna de ellas aprovechó para visitar varias regiones de Italia. Probablemente recorrió la Vía Apia desde Brindisi hasta la capital (V 3, 6, y VI 3, 7); desde Populonio contempló las costas, según dice, de Cerdeña, Córcega y Elba (V 2, 6), aunque no parece que llegara a pisarlas. Por el sur, atravesó la Campania hasta Nápoles (V 4, 7-8); probablemente también visitó Capri, pasó por el Estrecho de Mesina y llegó hasta el pie del Etna 10 .
Su descripción de la costa cirenaica (XVII 3, 20) debe de ser fruto de un viaje marítimo de Italia a Egipto. En Alejandría permaneció largo tiempo (II 3, 5). Sin duda trabajó en el Museo y su comentario sobre la gran biblioteca de que disponía Eratóstenes y que alababa Hiparco (II 1, 5), unido a su silencio sobre ella al hablar del Museo (XVII 1, 8), parece un testimonio indirecto del incendio que se habría producido en el 47. Su experiencia en Egipto aparece en numerosos comentarios. Emprendió un viaje por el Nilo en el año 25-4 (XI 11, 5, y XVII 1, 24), en compañía de su amigo el prefecto Elio Galo, viaje que ya entonces estaba de moda, pues también lo realizaron Germánico y Balbilo 11 ; en él visitó Heliópolis (XVII 1, 29), Menfis (XVII 1, 31) y las Pirámides (XVII 1, 34), Tebas (XVII 1, 46), Siene y File (XVII 1, 50) y llegó hasta los confines de Etiopía (II 5, 12).
Cuando Augusto fue a Samos el 20 a. C., todavía estaba Estrabón en Egipto (XV 1, 45 y 73). Menciona el templo de César en Alejandría, consagrado el 10 a. C. (XVII 1, 9). De allí quizás pasó a Roma, como indicamos anteriormente. Y no es posible indicar nada concreto sobre sus últimos años. Ignoramos si fijó su residencia en Roma o en Nápoles o si regresó a su patria, que todo ello se ha sugerido 12 .
Sólo sabemos que en la Geografía hay bastantes referencias a acontecimientos de los años 18-9 d. C. (IV 6, 9; XII 1, 4; XII 3, 29; XVI 2, 3). Su muerte fue posterior a 23 d. C., fecha en que murió Juba II, rey de Maurusia, hecho que menciona tres veces (XVII 3, 7 y 9 y 25), por lo que debió de morir nonagenario.
II
LA ÉPOCA 13
A) DEL REINO DEL PONTO A AUGUSTO
Estrabón es contemporáneo de Augusto, al que sobrevivirá unos diez años. Su nacimiento coincide además con el fin de la independencia del Reino del Ponto. Su infancia y juventud transcurrieron en medio de las sucesivas guerras civiles de Pompeyo y César, de Antonio y Octavio. Y a partir de Accio, vivió bajo la paz de Augusto para acabar sus días en el reinado de Tiberio. Todos estos acontecimientos, probablemente hasta Accio, los trató Estrabón en sus Comentarios históricos , que, en gran medida, trataban los sucesos de Asia y su enfrentamiento con Roma. Numerosas noticias de esta época se encuentran esparcidas por su Geografía , al hilo de sus observaciones sobre distintas regiones o personajes. Para comodidad del lector las recordaremos aquí brevemente, teniendo en cuenta sobre todo su eco en nuestro autor. Aunque en muchos de estos pasajes Estrabón utiliza diversas fuentes, la responsabilidad de la selección es obviamente suya. Y en cuanto a su punto de vista, no se olvide que toda la Geografía fue escrita después de Accio y probablemente, en gran parte, en los primeros años del reinado de Tiberio.
1. Reino del Ponto
El Reino del Ponto fue fundado por Mitrídates I 14 (XII 3, 41) al final del siglo IV y permaneció siempre independiente de las grandes monarquías helenísticas. En principio fue de pequeña extensión, con su capital en Amasía, la patria de nuestro autor, hasta mediados del siglo II , en que Farnaces I conquistó el importante puerto de Sinope (XII 3, 11), al que trasladó la capital. Este rey acariciaba ya la idea de extender el Reino por todo el Mar Negro, lo que conseguirán en gran medida sus sucesores, sobre todo Mitrídates V Evérgetes, al final de dicho siglo, y Mitrídates VI Éupator, que reinó de 120 a 63 y extendió su influencia al Oeste por Paflagonia y Bitinia, al Sur por Capadocia, al Este por Armenia y Cólquide y al Norte hasta el lago Meótide (Mar de Azov), lo que permitió a los geógrafos, como señala Estrabón (I 2, 1), el mejor conocimiento de estas alejadas regiones.
Pero todo ello no se hizo sin grandes convulsiones, no sólo políticas sino también sociales, que comenzaron con el levantamiento de Aristonico en el Reino de Pérgamo y su masiva liberación de esclavos en 132-129, con la promesa de fundar un nuevo Estado, Heliópolis o «Ciudad del Sol», basado en la justicia (XIV 1, 38).
Mitrídates V ayudó a Roma en la represión de la rebelión; poco antes, en el 136, Roma había aplastado otra rebelión semejante en Sicilia, acaudillada por Eunus de Apamea (VI 2, 6). Y las dificultades irán en aumento con los comienzos de la piratería fenicia y cilicia, que será utilizada por Mitrídates Éupator contra Roma (XIV 5, 2); Side, en Panfilia, fue un centro importante de piratas y mercaderes de esclavos (XIV 3, 2), mercado que compartía con Delos (XIV 5, 2) y del que Estrabón sabía sin duda mucho más de lo que dice, pues el propio Ponto, junto a Bitinia y Capadocia, procuraron durante los siglos II -I un fuerte suministro de esclavos. Por ello, episodios como el de Aristonico preocupaban a la nobleza griega dominante más que la amenaza romana: tras la guerra de Aristonico, el Reino de Pérgamo pasó a manos romanas.
Pero si Mitrídates V pudo ensanchar sus dominios por el Ponto con el permiso de Roma, la política más ambiciosa de su sucesor le llevó a la confrontación directa. Mitrídates VI Éupator, que había nacido y se había criado en Sinope (XII 3, 11), extendió su influencia por toda el Asia griega, intentando no ya la consolidación de un reino póntico sino restaurar una potencia helenística capaz de oponerse a Roma. Sus territorios se extendieron en el sur del Ponto desde Cólquide, de donde obtuvo la mayoría de sus recursos navales (XI 2, 18), Pequeña Armenia, Farnacia, Trapezunte y algunas zonas de Paflagonia hasta Heraclea, construyendo en la zona oriental, que le cedió Antípatro, 75 fuertes, en los que depositó la mayoría de sus tesoros (XII 3, 1-2, 9 y 28). En el norte del Ponto, en la Meótide, sus generales Neoptólemo y Diofanto vencieron a los roxolanos (II 1, 16; VII 3, 17-8), atacó a los escitas y, por regalo de Parisades, se hizo dueño del Bósforo Cimerio (VII 4, 3-4), cuya capital era Panticapeo. Los griegos de la zona se le someten felices de que les defienda de escitas y otros bárbaros. La enorme riqueza de esta región le suministró un tributo de 180.000 medimnos de grano y 2.000 talentos de plata (VII 4, 6). Así, aupado en sus riquezas y primeros éxitos, proclamándose campeón del helenismo, Mitrídates alcanzó pronto una fama inmensa. Ya en 102-1 en la isla de Delos se construye un santuario en el que se rendirán honores a Posidón, los Cabiros y al héroe Mitrídates identificado con Dioniso.
Mitrídates también encontró apoyo en Grecia, sobre todo en Atenas, donde colaboró para instalar al tirano Aristión (IX 1, 20) y sus incursiones, pese a que Bitinia le cerraba el paso por el Bósforo (XII 3, 2), alcanzaron Delos, que fue saqueada en el 88. Sin embargo, no todos los griegos le ayudaron, pues medidas como la cancelación de deudas y la liberación masiva de esclavos, que participaron en una matanza de romanos en algunas ciudades, alarmaron a muchos aristócratas griegros. Hubo revueltas y luchas intestinas: su general Diodoro ejecutó a consejeros de la ciudad de Adramicio (XIII 1, 66) y el propio Mitrídates al atacar Sardes absolvió a Diodoro Zonas, que había sido acusado de levantar ciudades en su contra (XIII 4, 9). Venció a Nicomedes III de Bitinia, aliado de Roma, y en el apogeo de su poder manda sus ejércitos a Grecia, consiguiendo la alianza de Atenas.
Ante la rebelión de buena parte de Grecia contra Roma, la intervención de Sila supondrá, en el 86, la derrota de Mitrídates en la Queronea beocia (IX 2, 37) y el saqueo de Atenas, en el 84. La paz de esta primera guerra la firmaron Sila y Mitrídates el 85 en Dárdano de Tróade (XIII 1, 28). Pero poco después, Lúculo, cónsul en 74, continuó la guerra contra Mitrídates. El rey armenio Tigranes, aliado e hijo adoptivo de Mitrídates, había despoblado la Cilicia llana llevándose a sus moradores a Tigranocerta, la nueva capital, con el afán de convertirla en una ciudad griega, y había asediado largo tiempo sin éxito Antioquía: en el 69, Lúculo lo expulsó de Siria y Fenicia (XI 14, 15). Lúculo se alió con el regente de Capadocia, regalándole la fortaleza de Tomisa (XII 2, 1); en el 73, ayudó a Cícico, llave de los estrechos del Ponto, contra el asedio de Mitrídates, quien sufrió grandes pérdidas y estuvo a punto de ser capturado (XII 8, 11) y, finalmente, adentrándose en el Reino del Ponto, asedió Amiso (XII 3, 14) y capturó Sinope (XII 3, 11), de donde se llevó la esfera de Bilaro y la estatua de Autólico, el legendario fundador; asimismo, despojó de su colosal Apolo a Apolonia Póntica, para llevarlo al Capitolio (VII 6, 1). Heraclea Póntica sufrió la misma suerte que Sinope y Amiso y así Lúculo dejó a Mitrídates a la defensiva, aunque sus éxitos no se repitieron con los piratas, que de nuevo asolaron Delos en el 69 acabando con su floreciente comercio.
En Danala de Galacia, Lúculo traspasó sus poderes a Pompeyo (XII 5, 2), que inició la ofensiva final contra los piratas y Mitrídates en el 67 (XI 1, 6; XI 8, 4; XII 3, 1). Tras acabar con los primeros, estableció a algunos de ellos en Dime de Acaya y a otros en Solos de Cilicia (VIII 7, 5), a la que rebautizó como Pompeyópolis (XIV 3, 3). Expulsó definitivamente a Tigranes de Siria, proclamando a Antioquía ciudad libre (XVI 2, 8), y limpió de bandidos la zona montañosa de Siria (XVI 2, 18); venció a Hircano y Aristobulo, hijos del rey Alejandro de Judea, y tomó Jerusalén (XVI 2, 40). En Capadocia Póntica destruyó la fortaleza de Sagilio y mandó obstruir las fuentes de las montañas para que no cobijasen bandidos (XII 3, 38). A continuación invadió el Ponto (XII 3, 1), la Pequeña Armenia y la Cólquide, obligando a Mitrídates a una difícil huida por el territorio de los belicosos heníocos, zigos y aqueos, desde el Fasis, en la Cólquide, durante 4.000 estadios, hasta refugiarse en Panticapeo, en el Bósforo Cimerio (XII 3, 28), donde moriría poco después.
De las actividades administrativas de Mitrídates, Estrabón sólo menciona cómo aumentó el recinto sagrado del templo de Ártemis en Éfeso, que servía de asilo (XIV 1, 23), y cómo embelleció Amiso con templos (XII 3, 14). Sobre su vida privada se decía que Adobogion, madre de Mitrídates de Pérgamo, el amigo de César, fue su mujer y de ahí el nombre del hijo (XII 4, 3); los intentos de inventarse una estirpe haciéndose pasar por hijo de Mitrídates debieron de ser frecuentes pues Arquelao, que casó con la reina de Egipto, Berenice, también pretendía ser su hijo (XVII 1, 11).
Con la muerte de Mitrídates Éupator terminaron las veleidades griegas de independencia de Roma. Los aristócratas partidarios de entenderse con la nueva potencia, que ya existían antes, se aprestaron a cantar las loas del vencedor. Teófanes de Mitilene y el estoico Posidonio convirtieron a Pompeyo en el héroe de sus historias. Y no todo eran alabanzas huecas: su agradecimiento a Roma por haberles salvado de una conmoción social, como fue la liberación de esclavos, y de las actividades de piratas y bandidos era sincera; ahora las cosas volvían a su sitio. La familia de la reina del Ponto, Pitodoris, a quien tanto ensalza Estrabón (XIV 1, 42), nos ofrece un ejemplo perfecto del arte de marear: su abuelo Queremón había sido enemigo de Mitrídates y partidario de Roma y el resultado fue que su padre Pitodoro, gracias a su amistad con Pompeyo, tenía una fortuna de más de 2.000 talentos.
Estrabón nos cuenta cómo su propia familia participó de forma destacada en estos acontecimientos. El bisabuelo de su madre, Dorilao el Táctico, fue amigo de Mitrídates V y se encargaba del reclutamiento de mercenarios, lo que le llevaba a frecuentar Grecia, Tracia y Creta; en una de sus estancias en la isla dirigió a los habitantes de Cnoso en una disputa con los de Gortina y su éxito le procuró grandes honores. Al enterarse de que Mitrídates V había sido asesinado (120 a. C.) en Sinope, en una conjura de sus íntimos, y que el trono había pasado a la viuda y a su hijo, que sólo tenía entonces once años, decidió instalarse definitivamente en Cnoso; allí, de una tal Estérope, tuvo dos hijos, Lagetas y Estratarcas, y una hija. Estrabón pudo visitar todavía en Creta al viejo Estratarcas. Pero, políticamente, el más importante de la familia fue Dorilao el joven, sobrino del Dorilao establecido en Creta. Se educó con Mitrídates VI y cuando éste tomó el poder otorgó a su camarada todos los honores: jefe de su guardia personal, comandante en jefe de su ejército y consejero son algunos de los títulos que aparecen atribuidos a Dorilao en el citado Heroon de Delos; Estrabón menciona que le procuró el sacerdocio de Comana y le ofreció el regreso de los familiares exiliados en Cnoso: el viejo Dorilao ya había muerto, pero su hijo Lagetas regresó a su patria con su hermana, la abuela materna de Estrabón. Sin embargo, poco duró la fortuna de la familia pues Dorilao traicionó a su amigo el rey y fue ejecutado, arrastrando consigo, como confiesa Estrabón, la ruina del resto de la familia (X 4, 10).
Por su parte, la abuela materna de Estrabón casó con el hermano de Moafernes, amigo también de Mitrídates, que le nombró gobernador de Cólquide, y que, a diferencia de Dorilao, fue fiel a su rey (XI 2, 18; XII 3, 33); pero el hermano de Moafernes, el abuelo materno de Estrabón, para vengar la muerte de su primo Tibio y del hijo de éste por Mitrídates, se puso de acuerdo con Lúculo al que entregó quince ciudadelas, aunque la prometida recompensa no la cumplió su sucesor en la dirección de la guerra, Pompeyo (XII 3, 33).
El resultado final fue la ruina relativa de la intrigante familia de Estrabón y, desde luego, de su ciudad natal Amasía, que perdió su pasado esplendor y que ofrecía a los ojos de Estrabón un lamentable paisaje de fortalezas en ruinas y tierras abandonadas por doquier (XII 3, 39).