Kitabı oku: «Diario de un reconocimiento de la guardia y fortines»
Félix de Azara
Diario de un reconocimiento de la guardia y fortines

Publicado por Good Press, 2022
EAN 4057664187468
Índice
DIARIO
RECONOCIMIENTO
GUARDIAS Y FORTINES,
GUARNECEN LA LINEA DE LA FRONTERA
BUENOS-AIRES,
PARA ENSANCHARLA;
D. FELIX DE AZARA,
CAPITAN DE NAVIO DE LA REAL ARMADA.
PROEMIO
AL
DIARIO DE AZARA.
Nota
RECONOCIMIENTO DE LA FRONTERA.
DIARIO
Índice
DE UN
RECONOCIMIENTO
Índice
DE LAS
GUARDIAS Y FORTINES,
Índice
QUE
GUARNECEN LA LINEA DE LA FRONTERA
Índice
DE
BUENOS-AIRES,
Índice
PARA ENSANCHARLA;
Índice
POR
D. FELIX DE AZARA,
Índice
CAPITAN DE NAVIO DE LA REAL ARMADA.
Índice
Primera Edicion.
BUENOS-AIRES.
IMPRENTA DEL ESTADO.
1837.
PROEMIO
Índice
AL
Índice
DIARIO DE AZARA.
Índice
Este cuaderno, que contiene uno de los tantos proyectos que se han formado para la seguridad de nuestros campos, recuerda tambien uno de los importantes trabajos de D. Felix de Azara en estas provincias.
El virey Melo, testigo del celo de este inteligente oficial en el Paraguay, aprovechó su inaccion en Buenos Aires para encargarle el reconocimiento de nuestra frontera. La proximidad el arrojo de los bárbaros mantenian á los pocos moradores del campo en una alarma continua; y se trataba menos de entanchar nuestro territorio, que defender la vida de sus habitantes. Hasta entonces, y mucho despues, el que presidia el vasto vireinato de Buenos Aires mandaba obsequiar á los caciques para que no le hostilizasen, y era general el deseo de salir de un estado tan degradante. Los hacendados y el Cabildo habian representado al Rey la necesidad de avanzar y proteger las poblaciones: muchas cédulas habian llegado de España con la aprobacion de estos planes, y destinando fondos para realizarlos; pero nunca faltaban pretextos para eludirlas, y la obra de nuestra frontera habia tenido la misma suerte que la famosa acequia imperial de Aragon, en que se empezó á trabajar dos siglos despues que fué proyectada.—
Esta vez no se echó mano de agrimensores, como se hizo en tiempo de Vertiz, sino que se libró el problema á la consideracion de geógrafos experimentados, como Cerviño, Insiarte y Azara, á los que fueron asociados Quintana y Pinazo, que sin ser facultativos, tenian un conocimiento práctico del terreno.
Bajo estos auspicios salió la expedicion de Buenos Aires, y se dirigió al fuerte de Melincué, desde donde bajó hasta la isla Postrera, recorriendo una línea, marcada por el Salado, y comprendida entre los 33° 42' 24'', y los 36° 5' 30'' de latitud austral.
En el informe, con que Azara acompañó el diario de este reconocimiento, espuso al Virey los defectos que habia notado en el sistema de defensa de la frontera, y los principios que le habian guiado en el plan que él proponia para enmendarlos. Si no fuera intempestivo cualquier exámen de estas ideas, que por la extension progresiva de nuestros límites han dejado de ser aplicables, probariamos que son cuando menos problemáticas las ventajas de establecer fuertes á igual distancia entre sí, y en la misma direccion; ó, (para valernos de las palabras del autor) que no adelanten notablemente unos de otros.[1] Y sin embargo, tan penetrado estaba Azara de la utilidad de esta disposicion simétrica, que, "por sugetarse mas á estas condiciones, no aprovechó muchas veces de sitios excelentes, y acaso mejores que los electos."[2]
Mas cuerdo fué el consejo que dió de apoderarse de la isla de Choelechel, cuyos resultados favorables calculó con bastante acierto: aunque se equivocase en la influencia que debia egercer esta ocupacion sobre el comercio de las provincias interiores, fundámdose en la union del Diamante con el Rio Negro. Pero este error, del que no era fácil precaverse en aquella época, nada quita al mérito del reconocimiento cientifico que hizo de nuestra frontera.
Los encargados de esta comision adoptaron el método que habian empleado en la demarcacion de límites, sugetando la parte gráfica y descriptiva del terreno á las observaciones astronómicas. De este modo determinaron muchos puntos, en que se apoyaron despues los trabajos geodésicos de esta provincia. ¿Y qué otra cosa puede hacerse mientras no se logre medir una base, y envolver el terreno en un véseau de triángulos?
Asara era demasiado ilustrado para desconocer que la mejor defensa de un país es la que estriba en su poblacion, y por lo mismo insiste en la necesidad de fomentarla. Su opinion era que se preferieran las colónias militares, á que debian servir de plantel los cuerpos de blandengues.
En la enumeracion de los abusos que prevalecian entonces, cita como un hecho muy obvio la enagenacion que hacia el Estado de 30 á 40 leguas cuadradas por ochenta pesos:[3] y Viana agrega, en un papel que por su analogia hemos agregado al diario de Azara, que solo á la familia de los Ezeisa se les agració con noventa y seis leguas de superficie![4]
Entretanto ninguno de estos feudatarios hacia el menor esfuerzo para poner la provincia al abrigo de las incursiones de los salvages, á las que mas bien favorecian estas grandes extensiones de terreno, que se quedaban baldias por la incuria de sus poseedores. El desprecio con que se miraban antes las propiedades rurales, y el empeño que se tuvo despues en monopolizarlas, contribuyeron igualmente á mantener la provincia en el mayor abatimiento.
Hasta el año de 1740, no solo la campaña, sino la misma ciudad de Buenos Aires estuvo á merced de los indios. Los Gobernadores Ortiz de Rosas, y Andonaegui fueron los primeros que se ocuparon en contenerlos: pero tan menguados eran sus medios de defensa, que continuaron las invasiones en todo el siglo pasado, hasta que se adoptó el arbitrio de entenderse con los caciques, á quienes los Vireyes recibian con agasajo, y con su trage de etiqueta.
Tal era el estado de nuestras relaciones con los bárbaros, cuando se llamo a Azara; y no es estrano que su plan se resienta de la debilidad en que se hallaba constituido el poder que lo empleaba.
Algunos trozos de este diario aparecieron en 1822 con el título de "Noticias relativas á la parte hidraúlica," en los números 3 y 5 del Registro Estadístico que se empezó á publicar en Buenos Aires; haciendo alteraciones y supresiones en el texto, y hasta silenciando el nombre del autor. Con igual libertad se usó del informe de Azara, de donde se sacaron párrafos enteros para redactar otro artículo,[5] que se insertó en el número 2 de la Abeja Argentina ...! Hubieramos prescindido de apuntar estos hechos si no hubiesemos tenido que justificar el epígrafe de primera edición, con que encabezamos este documento.
Buenos-Aires, Octubre de 1837.
PEDRO DE ANGELIS.
Nota
Índice
[1] Pág. 37 del Diario.
[2] Ibid.
[3] Pág. 41.
[4] Pág. 45.
[5] História de nuestra frontera interior.
RECONOCIMIENTO DE LA FRONTERA.
Índice
Oficio del Señor D. Pedro Melo de Portugal, Virey de Buenos Aires.
Señor:—
En el expediente formado sobre la meditada formacion de poblaciones en esta frontera, y adelantamiento de fuertes que convenga con este motivo, he resuelto por decreto de 20 del corriente lo siguiente:—
Reflexionando maduramente cuanto me expresan los diputados hacendados de esta banda del Rio de la Plata, con lo informado por el Ilustre Cabildo de esta capital, á quien tuve por conveniente oir en la materia, ademas de varias noticias adquiridas de algunos cortos expedientes que existian en mi secretaria, y he traido á la vista, resultando de todos las continuas instancias de los vecinos, Cabildos, Gefes militares y practicos de la frontera, para sugetar las repetidas hostilidades de los indios bárbaros de ellas, a quienes no ha bastado á contener el buen trato, agasajo, ni las fuerzas puestas en los parages que por entonces se tuvieron por mas convenientes, en cuyo particular trabajaron con tanto esmero mis antecesores: conviniendo tambien todos unánimente en el beneficio que resultaria de formarse poblaciones, que al mismo tiempo de sujetar con mas seguridad á estos indios, proporcionaban riquezas incalculables al Estado y real hacienda, lográndose principalmente por este medio la conversion de muchos indios; teniéndolas aprobadas S. M. en 10 de Julio de 1753, 9 de Febrero de 1774, 17 de Marzo de 1777 y 28 do Febrero de 1778, franqueando con generosa y liberal mano sus caudales para tan importante y util establecimiento, sin que haya permitido su egecucion sólida y permanente la escasez de fondos, y otras infinitas atenciones del real servicio, de que, algo desembarazado en el dia el ramo de guerra, proporciona se verifiquen tan ventajosas ideas, como con juicio, prudencia é ilustracion propone el Cabíldo y su Síndico: deseando que la religion, el estado, esta provincia y el comercio no carescan de los saludables y benéficos efectos, indicados generalmente por todos los prácticos é inteligentes; uniendo al mismo tiempo la seguridad en lo sucesivo, y el acierto en la eleccion de parages mas proporcionados á todos los respectos que demanda un establecimiento de esta consideracion, en que se deben combinar muchas atenciones, que, aunque diversas, conspiran á un fin: procédase á hacer un prolijo reconocimiento de toda la frontera y sitios mas adecuados, á fundar las poblaciones segun lo mandado por S. M., á cuyo fin comisiono, con todas las facultades respectivas, al Capitan de Navio de la Real Armada, D. Felix de Azara, en calidad de Comandante General de esta expedicion, á que deberán acompañarle el Comandante de Frontera D. Nicolas de la Quintana, el Maestre de Campo D. Manuel Pinaso, el Teniente de Dragones D. Carlos Perez, cien hombres del cuerpo de blandengues, con ocho oficiales, veinte pardos milicianos, y los baqueanos intérpretes y peones precisos. Y nombro por ingeniero geógrafo á D. Pedro Cerviño, y por piloto al primero de la Real Armada, D. Juan Insiarte, á cuyos dos facultativos se asignarán á su tiempo las competentes ayudas de costas: quienes formarán un diario exacto desde su salida hasta su regreso, levantando los planos necesarios de aquellos terrenos donde crean conveniente colocar las poblaciones, con proporcion á pastos, aguadas, leña, avenidas de los indios, situacion material para su ventilacion, dominacion de la campaña y demás atenciones con que se debe proceder: como de aquellos fuertes que paresca con este motivo deber adelantar para seguridad general y comunicacion que deben tener unos con otros: disponiendo, si no hubiese otro inconveniente, que las poblaciones estén en medio, de fuerte á fuerte, para poder reconocer el campo con mas prontitud y menos trabajo. A cuyo efecto tomarán todas las luces necesarias del Comandante de Frontera, Maestre de Campo, y Sargentos Mayores antiguos y de juicio; pudiendo tener presente el expediente obrado en el año de 78 y 79 con este objeto: formando al mismo tiempo un cálculo de lo que podrá costar cada obra de por sí, con distincion y separacion, pudiéndose hacer las murallas de adobes ó de palisada si el terreno lo facilitase; y teniéndose presente cuanta economia se pueda, atendido el costo que se vá á emprender y demas precisas urgencias del ramo; considerando que las poblaciones no deben ser dilatadas: á cuyo efecto las cuadras tendrán solo cien varas; informando si de lo que se adelanten estas y los fuertes, podrá resultar acaso el que los indios se recelen de irlos á estrechar. A cuyo efecto se librarán por mi Secretaría las correspondientes órdenes, avisándose igualmente al Cabildo esta resolucion: todo lo que se hará con la mayor brevedad, aprovechando la presente estacion, pero sin precipitar los reconocimientos; y sin perjuicio de esto, para instruir el expediente con todos los demas conocimientos. Fórmese por las cajas reales un estado exacto del ramo de guerra, con distincion de lo producido en esta capital y su jurisdiccion, del que se recoge en Montevideo; el que verificado, pase al Tribunal de Cuentas y Sr. Fiscal, para que expongan lo que tengan por conveniente, reservándome ir dando providencias oportunas en todos los puntos incidentes y progresivos, basta dar cuenta á S. M. en el estado que lo requiera.
En su consecuencia me pasará V. S. relacion con presencia de las adjuntas, formadas por el Comandante de Frontera y Maestro de Campo citados, de los bagages, comestibles, municiones y demas que se considere preciso para la presente expedicion de reconocimiento, á que por ahora se dirige V. S. con la comitiva y tropa que se expresa, y referirá V. S. en ella el número de baqueanos, intérpretes y peones, á fin de que, con el consiguiente presupuesto, pueda proceder á su apronto y sucesiva salida, que verificará V. S. sin retardo. En la inteligencia de que doy aviso de sus respectivos nombramientos á los indios que quedan mencionados, y espero del celo y dedicacion de V. S. á los interesantes fines del servicio, los esmeros que me he prometido en el desempeño de esta importante comision que he puesto á su cargo.
Dios guarde á V. S. muchos años. Buenos Aires, 29 de Febrero de 1796.
PEDRO MELO DE PORTUGAL.
Al Señor D. Felix de Azara, Capitan de Navio.
Plazas que componian la expedicion.
D. Felix de Asara, Capitan de Navio de la Real Armada, Comandante General de la expedicion.
D. Nicolas de la Quintana, Comandante de la Frontera.
D. Manuel Pinaso, Maestre de Campo.
D. Juan Francisco Echague, Capitan agregado á Buenos Aires.
D. Carlos Belgrano Perez, Teniente de Dragones.
D. Pedro Cerviño, Ingeniero de la expedicion.
D. Juan Insiarte, primer piloto de la Real Armada.
D. Antonio Alonso, Capellan.
D. Blas Pedrosa, lenguaraz.
D. Eusebio Caraballo, baqueano.
2 Oficiales de blandengues.
100 soldados de dicho cuerpo.
20 pardos milicianos.
20 peones.
16 criados.
——
168
Viveres.
200 cabezas de ganado.
20 quintales de galleta.
5 tercios de yerba
3½ quintales de tabaco.
3½ idem de sal.
1 carretada de leña.
Municiones y pertrechos.
2000 cartuchos de carabina.
500 de pistola.
150 piedras de chispa de carabina.
220 idem de pistola.
2 esmeriles con sus trapantes y utensilios.
24 cartuchos de esmeril.
1 pedazo de macho para dar fuego á los esmeriles.
14 tiendas cañoneras completas.
6 azadas encavadas.
2 picos idem.
2 achas idem.
4 palas idem.
1 azuela.
1 escoplo.
1 linterna de talco.
24 estacas de madera fuerte, largas una vara, gruesas dos pulgadas, para mojones.
1 caja de capilla.
5 carretas con los bueyes correspondientes.
3 carretillas de caballos.
2 ejes.
4 rayos y dos camas.
1 carricoche.
48 caballos para las tres carretillas.
30 idem escogidos para montar los oficiales.
70 idem para sus criados y peones.
Regalos para los infieles.
1 barril de riño de España.
2 de aguardiente.
2 tercios de yerba.