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Kitabı oku: «Estudios históricos del reinado de Felipe II», sayfa 8

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RELACIÓN

breve y verdadera de la jornada de los Gelves, desde el día que arribó el armada turquesca hasta quel fuerte fué tomado por los turcos, sacada de italiano en español. 39

Estando la Excelencia del Duque de Medinaceli, Virrey de Sicilia y Capitán general de la empresa de Berbería, de día en día para embarcarse, habiendo ganado á los Gelves con grandísima reputación y en gran servicio de Dios y de Su Majestad Católica, y hechas todas las provisiones y expediciones necesarias para el fuerte y para la guardia dél, habiendo señalado 2.000 infantes escogidos entre italianos, franceses y españoles, y algunos alemanes, y por su Gobernador á Miguel de Barahona, el cual había sido Maestre de campo de un tercio de españoles, y queriendo Su Excelencia con el resto de los señores y capitanes y soldados irse á Sicilia para proveer las otras fuerzas más necesarias y de más importancia, y para tal efecto se había ya embarcado gran parte del ejército, y todavía se embarcaban, sino que, por desgracia y mala ventura, los soldados se revolvieron con los moros en el Zoco y hobieron una gran cuestión, la cual fué causa que la embarcación se suspendió por tres ó cuatro días, de lo cual Su Excelencia estaba con gran pesar; mas todo lo remedió con su prudencia é hizo que fuese adelante la dicha embarcación.

Á los 10 de mayo, á hora de Vísperas, llegó Fray Copones, inviado por el gran Maestre en una fragata con la nueva que la armada turquesca había estado en el Gozo, que pluguiera á Dios que tal nueva no llegara, que ciertamente fué causa de la perdición que sucedió al armada de los cristianos, que otramente, todos estaban seguros y firmes, y jamás acaeciera semejante desgracia; y según esta nueva, todos hacían cuenta que dentro de dos días á lo más largo la armada turquesca parecería, y así Su Excelencia hizo toda la diligencia posible para embarcarse aquella noche con todo el resto, y no fué posible hasta el día, porque los alemanes le daban gran pesadumbre y trabajo, que no estaban aún determinados de quedar en el fuerte, ni se habían podido acordar; y entendiendo ellos que Su Excelencia quería ir á hablar con el señor Juan Andrea Doria á las galeras, para dar la mejor expedición que acordasen, los sobredichos alemanes tomaron la palabra á Su Excelencia que sin ellos no se fuese, y fué fuerza que Su Excelencia se lo prometiese y la cumpliese después, cosa por cierto muy conviniente y de gran valor, que un Príncipe cumpla aquello que promete, mayormente no habiendo sospecha de contrario suceso; y así Su Excelencia se embarcó y fué á donde estaba el señor Joan Andrea Doria, dejando en tierra á Alvaro de Sande para que diese órdenes en las cosas que fuesen menester, el cual dicen que se echó en la cama á reposar.

Vuelto que fué Su Excelencia en tierra, poco antes del día, dió orden de aquello que se había de hacer, y entonces se tornó á embarcar en un esquife, él y D. Alvaro, para irse á la galera Condesa, del Príncipe, que para este efecto los esperaba, porque el señor Joan Andrea, Capitán general del armada imperial, se había hecho á lo largo para descubrir la mar, y había llevado consigo el resto de las galeras y enviado todos los esquifes á tierra para embarcar la infantería y otros señores del Consejo y Capitanes que habían quedado con Su Excelencia en la orilla.

Volviendo los dichos esquifes cargados de soldados y otras gentes, fué descubierta la armada turquesca, y como los mismos turcos dicen, con poca satisfacción y contentamiento de haber sido vista del armada de cristianos, y luego se pusieron á hacer consejo, con muestras de temor, para tomar mejor acuerdo, creyendo que la armada cristiana quisiese combatir, porque ellos no tenían orden del gran Turco de irla á buscar, sino de ir á darle socorro á Trípol, y dudando asimismo que las galeras de España estuviesen allí, de las cuales especialmente tenían gran miedo, y decían que, por estar en Micina las dichas galeras de España el año antes de la dicha impresa, las galeras turquescas no pasaron más adelante de la Belona, y así entonces estaban con esta sospecha, y en este medio no hacían otro que preguntar unos á otros si las dichas galeras estaban allí, y D. Juan de Mendoza, su General, con ellas. En este punto la armada de cristianos se levó con la mayor desorden que jamás se ha visto y se puso en huída, y se rompió ella misma de suyo.

Viendo el Bajá una cosa tan vergonzosa, hizo vela y comenzó á seguir la armada de cristianos, y toda la desbarató sin pelear, y Su Excelencia, que á esta sazón se hallaba en la mar con un esquife, con D. Alvaro de Sande, en que se iba á embarcar, viendo que la armada turquesca daba caza á la cristiana, con el mismo esquife se tornó en tierra, y así hicieron todos los otros señores capitanes y soldados que pudieron hacer lo semejante, cosa de gran compasión, de ver el señor Juan Andrea Doria embestido con su galera en tierra, la cual encalló, y todos fueron presos, y él se fué con su esquife al fuerte.

Parte de las otras galeras se perdieron por haber encallado; parte se retiraron cerca del fuerte, á un tiro de cañón. Estas fueron siete galeras y cuatro galeotas; del resto se perdieron de 28 hasta 30 galeras de cristianos, entre las cuales se perdió la Capitana de Sicilia, donde se halló D. Gastón de la Cerda, hijo segundo de Su Excelencia, y D. Berenguer de Requesens, Capitán general de las dichas galeras de Sicilia; D. Juan de Cardona, su yerno, y otros muchos gentiles-hombres de casa de Su Excelencia, y una señora dueña, la cual tenía cargo de tener cuenta del dicho D. Gastón, y por este efecto se hallaron en la dicha jornada sus personas y sus galeras y sus hijos.

Perdióse también la Capitana del Papa con su General, el señor Flaminio Ursino, el cual fué vendido por 150 cupros, que son tres escudos, estando herido. Murió de ahí á cuarenta días. Se perdieron asimismo la Capitana de Terranova y la Capitana de Monacho, todas, como Dios sabe, ruinmente, con gran número de Capitanes y de soldados y gentiles-hombres particulares.

La una parte de las galeras turquescas quedó cercana al fuerte, y las otras fueron siguiendo á las naos y galeras de cristianos que huían, y tomaron hasta ocho ó nueve naos. El galeón de Cigala peleó bien, y el Bajá con su galera y otras 17 le combatía, y á todas hizo tenerse á largo: lo semejante hicieron dos naos arragocesas que se defendieron valientemente. Las galeras de Malta, con las de Scipión de Oria y Cigala, se salvaron, y viendo los turcos que no las podían alcanzar, se tornaron á los Gelves á juntarse con su armada, y como arribaron, el Bajá hizo hacer grande alegría y salva, y tres días arreo hicieron lo mismo, dando gracias á Dios y á su Mahoma por haber alcanzado la victoria contra cristianos.

Después desta desgracia, habiendo estado Su Excelencia dos días en el fuerte y dado orden de lo que se había de hacer, fué muy apretado é importunado del Consejo, que continuamente le protestaba que se fuese á Sicilia á proveer lo que era necesario en tal coyuntura. Siendo Su Excelencia forzado hacer lo que era más conveniente al servicio de Su Majestad, se hubo de partir, hablando con los hombres de cargo muy amorosamente y esforzándoles con prometerles que procuraría con todas sus fuerzas de volver con socorro muy presto. Otro tanto hizo el señor Juan Andrea de Oria, y se embarcaron en 11 fragatas, con otros señores del Consejo y alguna otra gente particular, y se fueron de noche y pasaron junto al armada turquesca, con más peligro que aquéllos que quedaron en el fuerte. Llegaron á salvamento por la gracia de Dios.

Quedó en el fuerte por su Lugarteniente el señor D. Alvaro de Sande, Coronel de la infantería española, y así habiendo quedado con él todos los capitanes y soldados muy alegres y contentos por hallarse en semejante empresa contra los infieles enemigos de Jesucristo, y esperando la victoria con el ayuda de Dios, y de cobrar lo perdido.

Viendo D. Alvaro que había tanto número de gente, deseaba mucho poder enviar á Sicilia 2 ó 3.000 hombres en aquellas galeras que allí estaban metidas en aquel canal, y había crecido mucho el número de la gente entre mozos de soldados, marineros y otros soldados que escaparon á nado y estaban sin armas y desnudos; y no pudiéndose hallar otro remedio, se hizo lo mejor que se pudo, teniendo por entendido que tenellos allí era la destruición del mundo dellos y de sí mismos.

Como el Bajá con toda su armada se puso al derredor del fuerte esperando la venida de Dragut, el cual llegó con 16 galeras y galeotas de Trípol, y trajo 2.000 hombres, entre turcos y renegados y moros, y su artillería y municiones y vituallas, y en llegando se comenzaron á desembarcar, dos millas lejos del fuerte, hacia Poniente, con gran desorden, y así estuvieron dos días, hasta que se acabó de desembarcar todo lo que habían de sacar en tierra, en esto el Sr. D. Alvaro ha perdido gran ocasión, por no hacer lo que todos los capitanes y soldados deseaban, que eran de parecer de salir á pelear con ellos, porque ciertamente los rompían.

En este medio el fuerte se reparaba, porque aún no estaba acabado de fortificar, y los turcos comenzaron á marchar al frente; y viendo esto el Sr. D. Alvaro, hizo parlamento á todos los capitanes, esforzándolos y dando orden cómo se habían de hacer las guardias, y fué de esta manera.

De fuera, en la campaña, al pozo del agua, que estaba un tiro de cañón lejos del fuerte, hacia la parte del Zoco donde los moros hacían el mercado, pasó una compañía de arcabuceros para hacer la guardia hasta la marina, que ni más ni menos tenía su socorro cuando hobiese arma. A la banda de Poniente, hacia el campo de los turcos, estaba otra compañía; á ésta le tocaba la guardia por orden del Sargento mayor, con su socorro también, como los otros. Esta compañía se ponía cerca de una mezquita de moros, y poco lejos della se ponían las centinelas hasta la marina. En el foso del fuerte estaban de guardia de día y de noche 1.500 soldados de todas nasciones, y de aquellos viejos que habían venido de Piamonte. El resto todo estaba dentro del fuerte, cada uno en su guardia, y todos esperando á los enemigos con gran regocijo.

El segundo alojamiento que los turcos hicieron fué por derecho de la dicha mezquita, de la parte de Poniente hacia el palmar, donde los turcos se reparaban por miedo de la artillería del fuerte, que les hacía gran daño, y desde allí iban el Bajá y Dragut con gente de pie y de caballo á reconocer el fuerte y el alojamiento que tenían los nuestros, y continuamente se hacían buenas escaramuzas con gran daño de los turcos.

Al último de mayo, estando al pozo del agua el capitán Juan Osorio con su compañía de arcabuceros, que tenía 120 soldados con que hacía la guardia allí, y á la parte de Levante cerca de la casa de Dragut hasta la marina, estaba el capitán Galarza con su compañía de 150 arcabuceros. A la vuelta de Poniente, á la parte del campo de los turcos, acerca de la mezquita que se ha dicho, estaba el capitán D. Juan de Castilla con su compañía de coseletes, que tenía hasta 70 ú 80 soldados, y recelándose el dicho capitán D. Juan que podía ser roto de la parte de la marina, de los caballos, envió 12 soldados del cuerpo de guardia, con su cabo de escuadra, que estuviesen en la dicha mezquita, porque allí descubrían á todas partes, y dióles orden que avisasen siempre de lo que viesen hacer á los turcos; y si los apretasen mucho, que escaramuzando se retirasen con buena orden hacia donde él quedaba, que con el resto de su compañía saldrían á dalles socorro.

Los turcos aquel día estaban determinados de hacer algún efecto, por el trato y concierto que tuvieron dentro del fuerte, y esperaban la señal que les habían prometido de quemar la pólvora del castillo; y no saliendo esto en efecto, determinaron de ir á ganar el agua y acometer de todas partes á los nuestros, porque estaban puestos á punto para hacello, y así, por estar más cercana aquella guardia de Poniente que las otras, enviaron hasta 300 ó 400 turcos á la vuelta de la dicha mezquita, los cuales rompieron el cuerpo de la guardia que allí estaba de los 12 soldados, y ellos escaramuzando se retiraron á la vuelta del fuerte, no aguardando la orden de su Capitán porque la carga fué muy grande y no pudieron volver como los habían mandado. Viendo el dicho D. Joan de Castilla que éstos sus soldados volvían las espaldas, salió fuera con el resto de su compañía é hizo rostro á los turcos y trabó la escaramuza con ellos y mataron algunos de los turcos, y de sus soldados pocos fueron heridos; y viendo los turcos el daño que rescebían, se retiraron á la vuelta de su campo, y ansí el dicho Capitán recogió á los dichos sus soldados sin perder ninguno. Allegándole en esto socorro del fuerte, dieron carga sobre los enemigos; y viendo esto los turcos, salió todo el campo fuera, á pie y á caballo, por todas partes, con determinación de romper todas las tres guardias que estaban fuera en campaña, y así ganaron este día el pozo del agua.

El dicho capitán D. Joan de Castilla, con los otros que le vinieron á socorrer, recibieron la carga de los enemigos, y escaramuzando valientemente, como se hacía por todos cabos alrededor del fuerte, se retiraron más debajo del artillería, y allí se entretuvieron hasta la noche, matando muchos turcos, y vinieron á las manos á pica y espada con ellos. Los turcos eran tantos de número, que ganaron el sitio donde estaba el capitán Juan Osorio, el cual se retiraba escaramuzando la vuelta del fuerte, y llegó á socorrelle el capitán D. Jerónimo de Sande con su compañía de arcabuceros; mas tornando á cargar los turcos, ganaron por fuerza el primer sitio del pozo, y viendo D. Alvaro de Sande trabada la escaramuza tan bravamente, que siempre crecían los turcos con algunos moros que venían con ellos, dió orden á los dos Capitanes que se retirasen á la vuelta del fuerte, y lo mismo puso el capitán Galarza, el cual escaramuzaba en la posta de su guardia sin haberse retirado, porque allende del socorro que le había llegado, el sitio era aparejado para poderse defender. Entonces se retiraron escaramuzando hacia el fuerte, y así los turcos pusieron su campo desde aquella guardia hasta la otra de Poniente y ganaron el pozo de Su Excelencia; y luego los turcos arbolaron más de 480 banderetas y gallardetes, y comenzaron á hacer las trincheras, aunque la mayor parte hallaron hechas, porque los cristianos las hicieron como llegaron en aquel lugar donde se hizo el fuerte para su defensa y repararse de los moros de la isla, y así las habían desamparado de la parte que el gran comendador Tigeres, General de las galeras de la Religión, con todos sus Caballeros de San Juan, que eran bien 300 ó 400 y más de 1.000 napolitanos de los bravos, todos arcabuceros, con sus morriones y plumas, y el resto del campo de los cristianos, parte se había embarcado y parte se retiraron en el fuerte, de modo que no tuvieron tiempo de deshacer sus trincheras viejas, y por eso los turcos hallaron esta comodidad y aparejo; y como las rehicieron, luego á la hora plantaron ocho piezas de artillería gruesas á la parte de la casa de Dragut, y comenzaron á batir el castillo, creyendo que echarían á perder toda la munición y vituallas, y la cisterna del agua que eran dentro del castillo; mas el coronel D. Alvaro de Sande hizo cortar las murallas del castillo y terraplenarlo y puso encima artillería, con la cual hacían gran daño; mas por aquélla de fuera les fué quitada, porque tiraron más de 3.000 pelotas de cañón; pero las municiones y vituallas estaban bien guardadas y reparadas y debajo de tierra, tanto que en esto los turcos no hobieron el intento de su desiño ni de la traición que tenían concertada dentro el fuerte de quemar la pólvora y atosigar el agua de la cisterna y otros tratos, hasta enclavar la artillería, como se hizo, aunque había buena guardia del resto. Todo se descubrió y ahorcaron de los pies más de 50 hombres.

Viendo los turcos que todos sus desiños les salían en vano, comenzaron á desmayar y á perder la esperanza que tenían de ganar el fuerte, y el Bajá se quiso levantar de sobre él é irse con Dios, y estaba descontento de Dragut porque le había hecho desembarcar la gente, y los jenízaros estaban medio amotinados contra él porque mataban dellos cada día; y viendo Dragut tan enojado el Bajá y á los jenízaros y soldados que estaban mal contentos y se quejaban dél, les dijo que tuviesen buen ánimo y se sufriesen porque él había hecho las cisternas que estaban en el castillo y sabía bien cuánta agua podía caber dentro dellas y cuánto tiempo podía durar, y que sin pelear ni dar el asalto ni perder un hombre más, quería tomar el fuerte y prender á los cristianos en menos de quince días, y cuando no, que el gran Turco le hiciese cortar la cabeza.

Con estas palabras y otras tales entretenían al Bajá, que en ninguna manera se quería entretener más allí, porque los cristianos desharían su armada, y estaba á gran peligro; y si como entonces se entendía de los mismos renegados, si 25 ó 30 galeras de cristianos bien en orden parecían, no solamente bastaban á dar socorro al fuerte, mas cobraban todo lo que se había perdido, con mucha honra, y desto tenía gran temor el Bajá, por tener toda su gente en tierra, así los soldados como la chusma, y así sus galeras como las que tomaron á los cristianos estaban todas desarmadas, que no tenían 50 hombres por galera, y tenían los remos y timones en la mar, temiendo que los esclavos cristianos se alzasen con las galeras, y así los cristianos perdieron en esto una gran ocasión, que á lo menos debían parecer y hacer muestra que eran vivos, que tocando solamente una arma en la mar, bastaba para hacer embarcar el Bajá con todos sus turcos, sin esperar más, y por lo menos el fuerte era socorrido y quedaba libre, porque los cristianos podían salir fuera á tomar agua y otros refrescos, y á deshacer las trincheras y reparos de los turcos. Allende desto, el Bajá estaba con gran recelo y duda de detenerse allí, y se quería embarcar, porque había entendido que dentro del fuerte los cristianos hacían agua dulce del agua de la mar, sacándola por alambiques, como en efecto era verdad que se hacía, mas no bastaba para dar recaudo á todos los cristianos, y así Dragut deshacía todas estas cosas diciendo que los españoles eran mañosos y cautelosos, y que daban á entender que hacían esta agua, mas que no era verdad, ni menos podía ser, y así hacía detener al Bajá, según se entendía dentro del fuerte por vía de un renegado, el cual venía muchas veces de noche á hablar con D. Alvaro, y le traía avisos de todo cuanto se hacía en el campo, y esto también se entendía por pólizas que otros renegados tiraban con las flechas y caían dentro del fuerte, y éstos no osaban venirse á él, dudando de la falta que después hobo del agua, que al fin habían de venir á perderse y que á ellos les harían pedazos.

En este medio, viendo los turcos que no les salían los ardides que probaban por tierra, acordaron una noche dar el asalto á las galeras y galeotas de cristianos que estaban cerca del fuerte retiradas, y combatiendo, las hallaron que estaban bien á recaudo, porque tenían muy buena guardia de soldados viejos de todas naciones, y el Coronel D. Alvaro, con los esquifes que estaban en tierra, luego á la hora les envió socorro con el capitán D. Juan de Castilla, y así los turcos se retiraron, con gran daño dentrambas partes de heridos, porque las galeras, cuando les fueron á dar el combate, se hallaron con las tiendas puestas; mas tenían lejos, un tiro de piedra, una cadena de árboles y entenas para que no se les pudiese llegar barca ninguna sin que se sintiese, y esto les hizo gran provecho.

De ahí á pocos días se fueron cuatro galeotas á la vuelta de Sicilia, con orden de llevar gran parte de la gente inútil del fuerte; mas ellas hicieron lo que les pareció que era más á su provecho y ganancia: las tres fueron á salvamento; la una vino á poder de los turcos. Las otras siete galeras que quedaron fueron combatidas otra vez á una hora de día, á tiempo que el agua iba menguando, porque allí, entre día y noche, crece y mengua el agua dos veces; y así por la parte de tierra las dieron combate 3 ó 4.000 turcos y moros, y el resto de su campo quedaba en las trincheras, dudando de aquello que podía fácilmente acaecer, como los capitanes y soldados querían tomallos en medio, que los otros estaban en la mar combatiendo con las galeras y con el socorro que había salido del fuerte, que ciertamente era una hermosa cosa de ver combatir los cristianos con los turcos dentro del agua hasta la cinta, y por habérseles mojado la pólvora dentro de los frascos no se podían aprovechar de los arcabuces, y así peleaban con las espadas y picas, y fueron muertos y heridos muchos turcos, porque el artillería del fuerte y mosquetes y arcabucería, allende de la que tiraban de las galeras, los tomaba por través y les hacía gran daño, y así se retiraron los turcos con gran pérdida, y de los cristianos hobo pocos heridos, entre los cuales dieron un arcabuzazo en una pierna al Maestre de campo Miguel de Barahona, porque él había salido fuera con el socorro, y de ahí á pocos días murió de la herida.

La mañana de Pascua de Espíritu Santo, el coronel D. Alvaro de Sande dió orden al Maestre de campo de los italianos, Hierónimo de Piantanido, milanés, que con los capitanes Galarza y Carlos de Haro, que habían de llevar sus compañías, él tomase hasta cumplimiento de 600 hombres, entre españoles é italianos, de la mejor gente que tenía, y fuese á acometer las trincheras de los turcos y procurasen de enclavar la artillería, y que para este efecto hallarían en compaña á Estéfano, coronel de los alemanes, y al capitán Olivera con su compañía de españoles, los cuales tenían 400 coseletes entre alemanes y españoles, que les harían espaldas para cuando se hubiesen de retirar, no hallando ocasión para pasar adelante; y con esta orden, los dichos Maese de campo y Capitanes salieron dos horas antes del día y acometieron á los turcos, los cuales estaban en arma, porque habían sentido el ruido; mas no obstante esto los acometieron, hicieron volver las espaldas y mataron muchos dellos, entre los cuales fué muerto el Agá de los jenízaros por mano de un alférez español que se llamaba Nuncibay, que era alférez del capitán Galarza y un muy valiente soldado, y jamás quiso tomalle por prisionero, sino matalle, y ansí siguiendo la victoria llegaron hasta la artillería y enclavaron parte della; y viendo los turcos que eran tan pocos los cristianos que les habían acometido, tornaron á rehacerse y encomenzaron á dalles la carga, de manera que siendo tan poco número de soldados, les fué forzado retirarse escaramuzando y recibiendo la carga de lo mejor que podían, hasta el lugar donde estaba el coronel Estéfano con los 400 coseletes, que para este efecto aguardaban allí.

Como los turcos vieron aquel cuerpo de guardia en aquella parte, no osaron pasar adelante, y los cristianos, no teniendo otra orden, se volvieron todos al fuerte, y al retirarse mataron al capitán Carlos de Haro y al alférez Nuncibay, porque la escaramuza fué muy trabada; y si este día, por lo que se vió, salieran 2.000 infantes, como los capitanes y soldados lo deseaban y decían públicamente, desbarataban todo el campo de los turcos, y así lo decían ellos mismos, y la jornada fuera acabada; pero D. Alvaro de Sande nunca quiso ni tuvo por bien de hacello, movido por ciertos respetos que á él le parescieron.

Hecha que fué esta facción, los capitanes y todos los soldados viejos de todas las naciones que allí se hallaron, deseaban cada día ir á combatir con los turcos, teniendo por cierta y segura la victoria con la ayuda de Dios, y todos pedían esta impresa; mas D. Alvaro no solamente no quiso otorgársela, mas los hizo retirar de tal suerte que jamás consintió en ninguna manera que se saliese fuera á escaramuzar con ellos. Hizo retirar á toda la guardia que tenía en el foso y metella dentro el fuerte, dejando guardia ordinaria de día y de noche en el dicho foso y en la gruta donde se sacaba alguna poca de agua, y de esto estaban muy desdeñados y con gran pesar todos, porque encomenzaban á pasarlo mal de sed y enfermaban muchos y se morían, y los heridos no podían ser bien curados, de manera que cada día venían á faltar y á ser menos, y los turcos se aumentaban y se acercaban más al fuerte con sus trincheras, mudando la artillería en más partes; y por hacer más daño dentro el fuerte, como cada hora se hacía, comenzaron á hacer ciertos garitones á modo de plataformas, tan altos como los caballeros del fuerte, y aun algo más levantados, donde ponían escopeteros que mataron muchas gentes dentro, porque descubrían á los que estaban en el fuerte hasta los pies, y estaban tan cerca que la artillería no les podía hacer daño.

Entonces los soldados, queriendo hacer por la parte dentro reparos para quitar estos garitones en la artillería, D. Alvaro les decía que los dejasen hacer, que él los quería que se acercasen más, y así no quiso dar orden de otro recaudo ninguno, tanto que los turcos, poco á poco, fueron ganando hasta dentro el foso donde estaba la gruta del agua salada, sobre la cual se hizo grande estrago de una parte y otra, hasta que se perdió del todo, porque de los traveses de los caballeros no podían defender nada el foso y los turcos podían estar seguros en él á su placer; y teniendo este aparejo y buena ocasión, comenzaron á cavar los bastiones á medio día sin estorbo ni embarazo ninguno, si no era algunas veces que arrojándoles fuegos artificiales quemaron muchos dellos y los hicieron apartar. En lo demás no recibían otra pesadumbre ni daño, porque estaban tan arrimados al fuerte, que si no era con gran desventaja de los cristianos, no se les podía hacer daño, y por esto no podían salir fuera á estorbarles que no cavasen, é ya desto no se daban mucho, deseando venir á las manos, y por esto tampoco reparaban las baterías40, que eran de 70 ú 80 pasos y más, y tan llanas que podían entrar por ellas carros cargados. La una de ellas era dentro del caballero de Su Excelencia y la otra en el caballero del señor Andrea Gonzaga, y con todo esto los turcos aún no osaban dar el asalto.

Antes de noche se retiraban á sus trincheras y desamparaban el foso y las baterías, y de día muchas veces arremetían con gran furia y voces, tirando piedras y escopetazos, y muchos dellos llevaban picas de las que tomaron en las galeras de los cristianos, y se mostraban encima de la batería todos descubiertos, y asimismo los cristianos, y se combatían de manera que los turcos jamás podían pasar adelante ni ganar palmo de tierra, que siempre los hacían volver y retirarse con daño.

En esta sazón los cristianos comenzaban ya á pasallo tan mal en todas cosas y á padecer tanto, que no se puede decir ni creer, porque había mes y medio que no tenían agua, si no es dos cuartuchos y medio de ración al día á cada soldado, y otro tanto de agua á cada Capitán, y esta agua era repartida de esta manera: una parte de agua de la cisterna y otra agua salada y la tercera parte de la que se sacaba por alambiques y alquitaras, y así toda mezclada se daba por ración, como se ha dicho.

Este ingenio de sacar agua de la mar lambicada, lo hizo un siciliano, hombre de buen juicio y entendimiento, y era buena agua y delicada. A las mujeres que se hallaron allí, se les daba un cuartucho de ración, y á los mozos medio, y á muchos otros no les daban nada; y viéndose morir de sed muchos dellos, se huían al campo de los turcos, que fueron más de 700 personas, entre los cuales se iban también soldados de todas las naciones, y algunos dellos, que eran de confianza, que los ponían á la guardia fuera, en el foso, y también de dentro el fuerte se huyeron algunos dejando la guardia, y hobo otros que se echaban de noche por la muralla y se fueron á los turcos.

Viendo D. Alvaro este gran desorden, hizo echar bando que cualquiera que matase uno destos que se iban al campo de los turcos, le diesen seis escudos, y así mataron algunos, y así no se huían tantos, y acaeció alguna vez que yendo á matar á los que se iban huyendo desta manera, los que iban tras ellos con sus armas para matallos, se huían también y se pasaban á los turcos, y había muchos que deseaban esta ocasión para huirse; y como los turcos vieron que los cristianos mataban aquéllos que se pasaban á su campo, en saliendo alguno, venían prestamente á defenderle, y al que tomaban á la hora le vendían, y ningún día había que entre día y noche que así de las galeras como del fuerte no se huyesen de 25 hasta 30 hombres, y destos, porque los turcos tenían relación cada hora de lo que se hacía de dentro del fuerte y en las galeras, y habían de mar y tierra aviso de todo, y la causa porque se huían era porque no les bastaba el agua que les daban, y porque era salada y les ponía más sed, y eran forzados de escoger este partido de irse con gran peligro de su vida á beber del agua de la gruta, la cual asimismo era salada, mas tan fresca, que con todo eso bebían hasta hartarse; mas pocos de éstos escapaban, y tenían por menos mal éstos ser captivos, que verse morir sin tener otro remedio, y no había día que por falta del agua de los enfermos y heridos no muriesen 25 ó 30 personas, y vinieron á comer los asnos y los caballos de una compañía que allí quedó, de la cual era capitán Bernardo de Quirós, y asimismo comieron los camellos que habían tomado á los moros, y una gallina se vendía por siete escudos, y no se hallaba, para los enfermos y heridos, y un cuartucho de agua de la cisterna se vendía, vez había, por medio escudo ó uno de oro.

Algunos soldados, en lugar de alquitaras, lambicaban el agua en los morriones y la vendían escondidamente por aquello que querían, porque la orden del Sr. D. Alvaro era que no se pudiese vender más de dos reales el cuartucho: será esta medida poco menos de cuartillo y medio de azumbre de Castilla.

Las medicinas para los enfermos y heridos estaban asimismo estragadas y corrompidas, así por el calor que allí hacía, como por ser viejas y haber venido por mar, y aquéllas que se habían de hacer de nuevo el agua salada las estragaba, y la tela y el lienzo con que se curaban los heridos se lavaba con esta agua, y por esta causa se morían, por poca herida que tuviesen, que no escapaba de ciento, uno, y habiendo de hacer pan fresco de la harina que tenían, era necesario hacerlo con la misma agua salada, y asimismo para guisar cualquiera cosa, así en potaje como de otra manera, y por esto lo pasaban muy mal, aunque tenían provisión de legumbres y arroz.

39.Biblioteca de Marina, Colección Navarrete, T-4, núm. 13.
40.Brechas.
Yaş sınırı:
12+
Litres'teki yayın tarihi:
27 eylül 2017
Hacim:
380 s. 1 illüstrasyon
Telif hakkı:
Public Domain