Kitabı oku: «In situ. El cáncer como injusticia social»

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IN SITU
EL CÁNCER COMO INJUSTICIA SOCIAL

Es la unidad esencial entre la vida biológica íntima y la vida social colectiva la que esconde la ciencia reduccionista y es, en cambio, el principio fundamental que se perfila en investigaciones como esta. He ahí el valor de esta exploración in situ de todo lo que sucede en la hermosa y también triste provincia de Entre Ríos, territorio donde una riqueza natural de fertilidad rebosante, con los suelos más productivos del planeta y la mayor disponibilidad de recursos hídricos termina convertido en escenario del cáncer y de otras derivaciones emparentadas, por obra y gracia de un sistema productivo voraz y miope, peligroso, en definitiva, para la vida humana y de los ecosistemas.

Este estudio es un esfuerzo de avanzada que se apoya en una concepción crítica del conocimiento epidemiológico, pero sin encaramarse en una torre de marfil elitista, sino entrelazándose con la perspectiva, la experiencia y la sabiduría popular que es, en definitiva, la sabiduría y experiencia de las víctimas. Por eso decimos que con esta exploración se amplía el horizonte de conocimiento sobre lo que verdaderamente sucede en Entre Ríos. Es, en definitiva, para la Argentina, un eslabón de una ciencia epidemiológica que se ha puesto a rodar junto con el “ángel de la bicicleta”. Es una toma de posta que recrea la voz de Claudio “Pocho” Lepratti, porque con ella podemos decir ahora: “No contaminen, no destruyan, no nos amenacen, pues aquí hay solo un pueblo llano y profundo, con sus pibes, que está viviendo y trabajando por ese otro mundo posible”.

Jaime Breilh

Natalia Luxardo es investigadora del Conicet en el Área Salud y Población del Instituto Gino Germani. Profesora en la carrera de Trabajo Social de la Universidad de Buenos Aires. Se dedica al desarrollo de investigaciones transdiciplinarias y colaborativas en los territorios, desde escalas de la indagación micro y centrada en poblaciones estigmatizadas y en contextos de vulnerabilidad y exclusión. Su línea de trabajo desde las últimas décadas versa sobre diferentes dimensiones relativas a las inequidades sociales, especialmente en salud.

Fernando Sassetti es bioingeniero (Universidad nacional de Entre Ríos). Magíster en Gestión de Sistemas y Servicios de Salud (Universidad Nacional de Rosario) y doctor en Ingeniería (Universidad Nacional del Litoral). Es docente adjunto de “Organización de los Sistemas de Salud” de la carrera de Bioingenieria en la Facultad de Ingeniería (UNER). Participa como investigador en diversos proyectos liderados por Natalia Luxardo vinculados con el abordaje del cáncer en Argentina.

NATALIA LUXARDO - FERNANDO SASSETTI

editores

IN SITU

EL CÁNCER COMO INJUSTICIA SOCIAL

Leandro Alva - Javier Billordo - Leila Passerino - Teresita Calzia - Ingrid Spessotti - Carlos Scotta - Julio César Bello - Marcel Kolvenbach - Giuliana Sanabria - Nélida Arnaldi - Daiana Retamar - Marcela Belardo - Mariana Bordes - Nicolás Rodríguez - Eugenia Wright - Mariano Treacy Miriam Correa - Priscila Pesoa - Nadia Lemos - Griselda Alzugaray - Norma Yacumini - Cristian Albornoz - Juana Albornoz - Nicolás Berberich - Cristian Cabrera - Carina Cabrera - Micaela Garcilano - Oscar Riquelme - Soledad Zapata - Luciana Sanabria - Stella Maris Ibarra - Guillermo Macias - Johana Barrio - Griselda Facello - Liliana Telatin - Paola Weinzettel - Cecilia Palermo - Francisco López - Moira O’Shee Birkinfield - Alejandro Noboa -Mariana Schmidt - Christine Holmberg y más...


Índice

  Cubierta

  Acerca de este libro

  Portada

  Agradecimientos

  Prefacio. El “ángel de la bicicleta” avanza en la salud colectiva, por Jaime Breilh

  Prólogo. Pluralismo, para investigar un fenómeno complejo, por Claudio Martyniuk

  Introducción, por Natalia Luxardo y Fernando Sassetti

  Primera parte. Situando el campo de discusión Desigualdades e inequidades en salud pública y colectiva, por Natalia Luxardo, Leila Passerino, Fernando Sassetti y Francisco J. López Modelos para medir y monitorear las desigualdades en salud, por Natalia Luxardo, Leila Passerino, Fernando Sasseti, Candela Heredia, Cecilia Palermo, Javier Billordo, Eugenia Brage, Leandro Alva, Teresita Calzia y Francisco J. López Virchow and Social Medicine: A Trail of Thoughts, por Christine Holmberg Inequidades y cáncer, por Natalia Luxardo

  Segunda parte. Definiendo una estrategia Pañuelos en palomas: microabordaje territorial de desigualdades sociales de la salud en/con comunidades estructuralmente vulnerables, por Natalia Luxardo Saberes locales en abordajes territoriales: sociología participativa, antropología colaborativa y trabajo social con comunidades, por Alejandro Noboa, Natalia Luxardo y Eryka Torrejón Recortes territoriales de las áreas del estudio, por Eugenia Wright

  Tercera parte. Modos de vida y reproducción social en periferias urbanas Los determinantes sociales de la salud en la etapa neoliberal: un abordaje de las desigualdades desde la economía política, por Mariano Treacy Ganar –y perder– la vida trabajando la basura, por Natalia Luxardo, Fernando Sassetti y Julio César Bello Mi historia de vida y la de mis compañeros jornaleros, por Julio César Bello, Cristian Enrique Albornoz, Oscar Alberto Riquelme, Cristian Gonzalo Cabrera y Nicolás Berberich

  Cuarta parte. Vulnerabilidades y fortalezas de los territorios Pensar-preguntar en el territorio: promoción de la salud, determinaciones y derechos, por Leila M. Passerino, Fernando Sassetti y Teresita Calzia Jóvenes bajo fuego: adolescencia en riesgo desde todos los frentes, por Natalia Luxardo, Carlos Scotta, Teresita Calzia, Fernando Sassetti y Javier Billordo Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario José Daniel Rodríguez: una experiencia en el abordaje integral preventivo y comunitario, por Javier Billordo, Grisela Facello, Daniela Jimena Vera, Pamela Rougier, María Moggia, Martín A. Serur y Fernando Sassetti Somos el CAAC, por Nélida Arnaldi, Giuliana Sanabria, Micaela Garcilano, Juana Albornoz, Andrea Olivera, Stella Maris Ibarra, Johana Barrio, Luciana Sanabria, Carina Cabrera, Brenda Velásquez, Paola Weinzettel, Griselda Facello, Soledad Zapata, Alicia Jacob, Guadalupe Jacob Las chicas de la copa de leche, por Nadia Lemos, Miriam Correa, Norma Yacumine, Priscila Pesoa, Daiana Retamar y Griselda Alzugaray

  Quinta parte. Procesos de deterioro/fragilización y de protección en comunidades periurbanas, rurales y semirrurales Una grieta en el barrio de los pescadores, por Natalia Luxardo e Ingrid Spessotti La salud, la enfermedad y la atención en parajes rurales: una lectura en primera persona como enfermero comunitario, por Leandro Alva Cuidados, enfermería y cultura en Aldea Brasilera: experiencias en cáncer, relaciones y desafíos para la práctica sanitaria, por Leila Martina Passerino y Leandro Alva

  Sexta Parte. Entre amenazas y determinaciones: desafíos en estudios del cáncer y su relación con el medio ambiente Centinelas comunitarios: de anécdotas de territorios a la construcción de datos epidemiológicos en ámbitos rurales y semirrurales, por Natalia Luxardo y Leandro Alva Agrotóxicos, ambiente y salud en la provincia de Entre Ríos, por Mariana Schmidt, Melina Tobías, Gabriela Merlinsky, Virginia Toledo López y Ezequiel Grinberg

  Séptima parte. El sistema de salud como foco Primer nivel de atención de la salud: caracterización de los efectores participantes, por Fernando Sassetti, Ingrid Spessotti, Noelia Pausich y Liliana Telatin La organización del trabajo sanitario como dimensión de la inequidad en salud: un análisis desde la perspectiva de los profesionales de la salud, por Mariana Bordes, Fernando Sassetti, Leandro Alva y Javier Billordo

  Octava parte. Sistemas de información en salud en el primer nivel para achicar la brecha Sistemas de información en salud para el control del cáncer, por Fernando Sassetti, Cecilia Palermo y Natalia Luxardo Los sistemas de información en salud para la prevención del cáncer en el primer nivel de atención de la salud, por Fernando Sassetti, Cecilia Palermo y Natalia Luxardo La bioingeniería al servicio de las necesidades del sistema de salud local, por Fernando Sassetti, Natalia Luxardo, Carlos Scotta e Ingrid Spessotti

  Novena parte. Epidemiología del cáncer Aspectos epidemiológicos del cáncer: el cáncer en Diamante, por Guillermo Macías El tamizaje masivo como política de salud pública: antecedentes, polémicas, y un estudio de caso en la provincia de Entre Ríos, por Marcela Belardo, Javier Billordo y Fernando Sassetti

  Décima parte. Fisuras en políticas de tamizaje: lo que la salud pública no está mirando Revisión de estudios sobre fracasos en las estrategias de prevención del cáncer: fatalismo y tamizajes, por Natalia Luxardo y Diego J. Luxardo “Porque no quise”: descifrando qué hay detrás de los rechazos o discontinuidades en los tamizajes de cuello de útero, por Natalia Luxardo

  Undécima parte. Imágenes, sonidos y otras estéticas como puente hacia las comunidades El papel del cine documental en proyectos de investigación social: desafíos éticos y propuestas para el ejercicio de reflexividad, por Marcel Kolvenbach y Soledad Fernández Bouzo Agua dulce, proyecto audiovisual: prácticas artísticas contemporáneas en territorio, por Nicolás Rodríguez

  Cierre Algunas reflexiones: visibilizar, persuadir, persistir en escenarios de sindemia, por Natalia Luxardo y Julio César Bello

  Créditos

Agradecimientos

Al Instituto Nacional del Cáncer, que fue el principal financiador, por apostar a este tipo de proyectos de ciencias sociales interdisciplinarias. A las universidades nacionales, porque sin su apoyo esta investigación no hubiera sido posible. A la Universidad de Buenos Aires, Facultad de Ciencias Sociales (carrera de Trabajo Social) y a la Secretaría de Ciencia y Técnica porque, gracias a sus financiamientos parciales, pudimos “encender motores” y mantenernos a flote cuando nadie más nos apoyaba. A la Universidad Nacional de Entre Ríos, Facultad de Ingeniería, por el impulso que otorga a este tipo de proyectos conectados con las necesidades concretas locales y por el soporte logístico durante todo el proceso. Además, agradecemos a otras universidades nacionales que fueron el respaldo para investigadores que participaron: Universidad Nacional de Rafaela (UNRAF), Universidad Nacional de Mar del Plata (UNMDP). Agradecemos a Diego Campana, Carolina Mera, Gabriel Gentile, Alejandra Morales, Pablo López y todas las personas de las universidades involucradas que nos apoyaron.

A los centros e institutos de investigación. Al Conicet, por su apuesta a una ciencia autónoma y comprometida con las realidades de su país, especialmente a Mario Pecheny y a los colegas evaluadores que entienden que “menos publicaciones” en determinados períodos no implican “menos trabajo” sino otro tipo de trabajo. Al Instituto Gino Germani y a su director, Martín Inzué, por involucrarse desde el primer día con esta propuesta y respaldarnos en todo lo que hicimos. Al CIT-Rafaela (Conicet).

Al Ministerio de Salud de la provincia Entre Ríos, a la directora del Primer Nivel de Atención, doctora Norma Hernández (2018), a la Dirección de Epidemiologia (director: doctor Diego Garcilazo), a los referentes de Sala de Situación, Enrique Fernández y Jorge Weber, y al Comité de Bioética (bioingeniera Patricia Benzi).

A cada uno de los centros de salud que participaron, porque apostaron a conocer(se), objetivar sus prácticas y “sacudir pilotos automáticos”, buscando crecer en una mejor salud pública. Al personal sanitario, porque sin ellos la investigación no se podría haber realizado y porque creemos que cualquier cambio solo podrá realizarse involucrando a todas las partes, especialmente la que está en el día a día de los territorios.

A la Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario José Daniel Rodríguez, a la que vimos nacer en el segundo año de la investigación y fuimos testigos de cómo un vivero abandonado en un barrio puede transformarse en un espacio de pertenencia comunitaria y de construcción de proyectos.

A Jaime Breilh y Eduardo Menéndez, porque este libro intenta ser un reconocimiento especial para ellos, por sus más de cinco décadas ininterrumpidas mostrándonos otros caminos posibles para transitar en la búsqueda de una salud con mayor justicia en nuestra región; agradecemos sus propuestas, que no solamente nos inspiran para seguir por su agudeza teórica y epistemológica sino por esa cercanía generosa y solidaria de los verdaderamente grandes. Agradecemos asimismo a Carolina Morales Borrero de la Universidad Nacional de Colombia.

A los investigadores colaboradores que se sumaron con entusiasmo y sus experticias, siendo paciente con los tiempos largos. A Claudio Martyniuk, por ayudarnos a pensar caminos epistemológicos menos transitados. A Julio César Bello, Moira O’Shee Birkinfield, Marcela Belardo, Mariana Bordes, Guillermo Macías, Eugenia Wright, Mariano Treacy, Alejandro Noboa, Eryka Torrejón, Marcel Kolvenbach, Nico Rodríguez, Alejandro Noboa, Francisco López, Diego Luxardo, Mariana Schmidt, Melina Tobías, Gabriela Merlinsky, Christine Holmberg. Estamos sumamente agradecidos con las colaboraciones que surgieron desde las comunidades de Paraná y Diamante. Ellas son el corazón de este proyecto y esperamos que también de los que vendrán. A las familias de los barrios Balvi, San Martín, Antártida Argentina, Mosconi, Anacleto Medina, Gaucho Rivero, San Jorge, Santa Rita, Padre Kolbe, San Francisco, Barrio Mercantil por recibirnos tantas veces con tan ricas meriendas y unas tortas fritas imposibles de intentar repetir. A las chicas y mujeres del CAAC: Griselda, Neli, Giuli, Charo, Stela, Daiana, Nadia, Miru, Mica, Yuli, Norma, Sole, Luciana, Carina, Johana y otras. A todos los jornaleros del CAAC que formaron parte activamente en trayectos de esta investigación: Julio, Cristian A., Oscar, Cristian C., Nicolás. Un especial agradecimiento a don Raúl Olmos. A Jorge López, su esposa Estela, su cuñada María, y la familia de mujeres tan solidarias que nos salvaron con los tererés en los pesados días de verano. Un agradecimiento a todos los pescadores y sus familias del Puerto Viejo y el barrio Urquiza (Diamante) que nos mostraron el Paraná desde otra cara. A Elsa, Jorge, Silvina y René, entre otras familias de Aldea Brasilera que participaron.

A Karina Ramacciotti, Alejandro Capriati, Ana Clara Camarotti, Diego Escolar y Pablo Wright por tener siempre la mejor predisposición a ayudarnos con lecturas y sugerencias en capítulos específicos. A los colegas que leyeron capítulos y brindaron soporte incondicional durante todo el proceso: Guido Korman, Mercedes Saizar y Mercedes Sarudiansky.

A Nancy Krieger, porque sus producciones para abordar las inequidades son verdaderas brújulas que planteamos como desafíos para seguir a largo plazo; gracias por el aliento para llegar a puerto.

A Mark Parascandola (NCI), por el tiempo que se tomó en ver los adelantos, comentar los mails y por el entusiasmo que tuvo con lo que estábamos haciendo durante estos cuatro años. Le agradecemos haber podido conocer otros marcos para pensar más a corto plazo lo que sucede y puede servir para implementar en instituciones sanitarias; también a Sudha Sivaram y Cynthia Vinson. A la plataforma Ecancer, por el interés en este tipo de investigaciones sobre desigualdades sociales en cáncer.

A la red de antropólogas médicas abocadas al cáncer y temas afines, principalmente a Lenore Manderson, Linda Bennet, Carolyn Sargent y Belinda Spagnoletti por sus agudas y meticulosas observaciones tan enriquecedoras. También agradecemos a Ignacia Arteaga por ayudar a construir puentes epistémicos entre regiones. A Mariano Perelman, Holly Mathews, Katia Lerner, Waleska Aureliano, Sahra Gibbon, Nancy Burke, Rachel Aisengart Menezes, Silvia Hirsch y Ana Domínguez Mon.

A la carrera de Trabajo Social, principalmente a Andrea Echeverría y Fernando Grosso y a todos los grandes referentes del trabajo en el territorio y con comunidades, principalmente a la querida Adriana Clemente. A las colegas de España, Belén Lorente Molina y Teresa Gijón, por los caminos comunes que vamos transitando a través de los años.

A la Editorial Biblos, Javier Riera, Mónica Urrestarazu y Silvina Varela por la seriedad y la confianza después de tantos años en los que nunca fallan, que permiten que las espaldas del equipo empiecen a sentirse más livianas cuando entran en acción con sus revisiones y sus “ojos de águila” para identificar nuestros errores.

Por último, un gran agradecimiento a la licenciada Marisa Factorovich, por serenar dragones… sin apagar el fuego.

PREFACIO
El “ángel de la bicicleta” avanza en la salud colectiva

Jaime Breilh*

La vida planetaria se encuentra colgando de un hilo. El siglo XXI es la expresión paradójica de un contraste hiriente entre la mayor disponibilidad de recursos económicos y científico-tecnológicos que haya jamás dispuesto la humanidad, por una parte, pero por otra la global insatisfacción de necesidades y derechos sociales y culturales. El incontenible avance de una violenta inequidad y de una civilización individualista centrada en el consumo ha hecho crecer modos de vivir malsanos, espacios peligrosos, contaminados, y grandes colectividades vulnerables.

A contracorriente con los discursos políticos de un supuesto progreso, la economía neoliberal, con su fe absoluta en la optimización productiva y en el papel del mercado como el distribuidor óptimo, se ha construido sobre la base de una distribución injusta de la riqueza, desmantelando los controles sociales sobre las corporaciones y el papel regulador del Estado sobre las grandes empresas. Nuestros pueblos, su gente llana, viven así inmersos en el reino de la codicia, donde se reproduce, en mil formas, el divorcio radical de la civilización actual con la democracia, el vivir saludable y la dignidad.

La salud colectiva y su brazo diagnóstico la epidemiología crítica surgieron hacia fines de la década de 1970 como una reacción de la academia y los movimientos sociales a esa economía de la muerte y su alienante civilización. Se plantearon como una contraherramienta para defender y repensar los modos de vivir, y para esclarecer las profundas amenazas que se han cernido siempre sobre las colectividades en campos y ciudades. Son una herramienta válida para repensar los fundamentos conceptuales y las bases culturales de la prevención y la promoción de la salud; son instrumentos para luchar por la vida en una civilización que la amenaza permanentemente.

La escalada incontenible de corporaciones multinacionales, que secuestran los territorios para instalar el extractivismo, produce efectos muchas veces irreversibles sobre la vida y la naturaleza, reduciendo cada vez más los espacios para el bienestar y la vida. La aceleración del proceso acumulación/concentración/exclusión implica el recrudecimiento de territorios urbanos y rurales de transformación malsana de los modos de vivir y deterioro creciente de los ecosistemas.

Los apetitos de una minoría sedienta por seguir acumulando y creciendo inconteniblemente han construido el mundo de los absurdos. Así, por ejemplo, más allá del discurso verde de las agroindustrias y de la minería, la verdad es que para estas megaempresas la biodiversidad es mal negocio, pues su renta diferencial crece sobre la base de la monotonía de los suelos, la monopolización de la tierra y la aplicación de un paquete tecnológico que contiene agrotóxicos e implica usos malsanos de las tecnologías. La supremacía de los grandes sobre las pequeñas economías campesinas familiares no solo saca del juego a quienes producen los alimentos para el mercado interno sino que cierra las posibilidades de impulsar la agroecología. Del mismo modo, otro mal negocio para los grandes es la equidad y la existencia de un pacto social, pues el sistema lucra de la desigualdad con una miopía irrefrenable. Al extractivismo petrolero-minero se ha sumado el extractivismo agrícola, y ahora incluso el extractivismo cibernético, que ha convertido nuestra vida íntima en una preciada mercancía que se genera en las redes y plataformas del cibernegocio en negocios cuyas contabilidades alcanzan niveles de lucro diario escalofriantes.

Como lo demuestran estudios recientes sobre la desigualdad, durante todo el siglo XX se ha expandido la brecha entre el crecimiento de la renta del capital privado respecto de todos los ingresos percibidos más el valor de la producción, con lo cual se están devorando las oportunidades de este siglo y del futuro.1 Es en este marco de realidad donde nos toca “hacer ciencia” y decidir sobre cuál es la investigación efectiva y ética. Es también en ese marco donde se proyecta este brevísimo comentario sobre esta valiosa obra, In situ: el cáncer como injusticia social.

En correspondencia con lo dicho, una primera y fundamental característica del estudio es su firme posicionamiento en una mirada crítica, integral, sobre la determinación social del cáncer, perspectiva que para consolidarse requirió un trabajo interdisciplinario, centrado además en la experiencia y dinámica social de las colectividades amenazadas. Como lo hemos explicado en otra parte, el cáncer es una expresión, en el organismo de las personas, de condiciones persistentes en el modo de vivir típico de algunas clases sociales en territorios definidos. Dichos patrones estructurados del modo de trabajar, de consumir, de construir nuestra identidad y formas de espiritualidad, de forjar organización y soportes colectivos y, finalmente, de tener relaciones metabólicas con la naturaleza determinan patrones de exposición y vulnerabilidad específicos, a lo largo de la vida de los colectivos. De ese modo, se generan condiciones que terminan expresándose en los cuerpos y en la salud mental de las personas.

Los modos de vivir, como mediadores de una sociedad de contradicciones, condicionan el juego dialéctico entre procesos saludables, que nos protegen, y otros procesos malsanos, que nos dañan. Una operación que se da en territorios concretos como los de la provincia argentina de Entre Ríos. Justamente la obra trabaja la dialéctica destructora del modo de consumir, de trabajar, de respirar y de comer rodeados de agrotóxicos o de residuos de la minería o de desechos del consumo urbano. Lo hace para explicar que en esos territorios del capital es donde se produce la determinación social de las neoplasias, las cuales pasan a constituir un tipo permanente de embodiment o encarnación de la vida social. Y es en ese juego dialéctico entre lo colectivo y lo individual, entre lo protector y lo destructivo, donde a los miembros de ciertas clases les toca vivir. Las clases subalternas lo hacen inmersas en abultados y violentos procesos destructivos, con escasas e insuficientes protecciones que generan la fisiopatología del cáncer y la inestabilidad genética correspondiente. Es el encuentro patogénico entre las relaciones sociales y los procesos fisiológicos y genéticos de los cuerpos. Es en este movimiento donde se rompe la estabilidad genética en los tejidos y terminan trastornándose los procesos energéticos y las reacciones bioquímicas que alteran las proteínas catalizadoras y las reacciones enzimáticas de la reproducción e inmunidad celular. El caldo de cultivo de las alteraciones metaplásicas se acumula en los modos de vivir más agresivos y expuestos, y con el tiempo terminan convertidas en cadenas genéticas promotoras o terminator que dislocan la reproducción celular trastrocándose en formas neoplásicas.

Es esta unidad esencial entre la vida biológica íntima y la vida social colectiva la que esconde la ciencia reduccionista, y es el principio fundamental que en cambio se perfila en investigaciones como la que estamos comentando. He ahí el valor de esta exploración in situ de todo lo que sucede en la hermosa y también triste provincia de Entre Ríos, territorio donde una riqueza natural de fertilidad rebosante, con los suelos más productivos del planeta y la mayor disponibilidad de recursos hídricos, termina convertido en escenario del cáncer y de otras derivaciones emparentadas, por obra y gracia de un sistema productivo voraz y miope, peligroso, en definitiva, para la vida humana y de los ecosistemas.

Una segunda e importante característica del estudio es su carácter interdisciplinario y su filosofía intercultural. Un significativo esfuerzo científico colectivo e interinstitucional cuyos principales actores han sido dos universidades, la Universidad de Buenos Aires (Facultad de Ciencias Sociales) y la Universidad Nacional de Entre Ríos (Facultad de Ingeniería); dos centros de investigación científica, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y el Instituto Gino Germani; el Ministerio de Salud de la provincia de Entre Ríos (a través de los centros de salud de Diamante y Paraná) y, fundamentalmente, la organización social territorial Casa de Atención y Acompañamiento Comunitario José Daniel Rodríguez.

El presente comentario busca destacar no solo la trascendencia de la obra para el conocimiento de una compleja problemática, sino también resaltar el espíritu intercultural y solidario con que fue elaborada. Un esfuerzo de avanzada que se apoya en una concepción crítica del conocimiento epidemiológico, pero sin encaramarse en una torre de marfil elitista, sino entrelazándose con la perspectiva, la experiencia y la sabiduría popular que es, en definitiva, la sabiduría y experiencia de las víctimas. Por eso decimos que con esta exploración se amplía el horizonte de conocimiento sobre lo que verdaderamente sucede en Entre Ríos. Es, en definitiva, para la Argentina, un eslabón de una ciencia epidemiológica que se ha puesto a rodar junto con el “ángel de la bicicleta”. Es una toma de posta que recrea la voz de Claudio “Pocho” Lepratti, porque con ella podemos decir ahora: “No contaminen, no destruyan, no nos amenacen, pues aquí hay solo un pueblo llano y profundo, con sus pibes, que está viviendo y trabajando por ese otro mundo posible”.

Tumbaco (Ecuador), 18 de marzo de 2020

* Jaime Breilh, Md. MSc. PhD. Exrector de la Universidad Andina Simón Bolívar, sede Ecuador. Director del Centro de Investigación y Evaluación de la Salud Colectiva (CILAB-Salud).

1. T. Piketty, El capital en el siglo XXI, Bogotá, FCE, 2015.

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