Kitabı oku: «Fundamentos físicos de la protección radiológica en odontología»
FUNDAMENTOS FÍSICOS DE LA PROTECCIÓN RADIOLÓGICA EN ODONTOLOGÍA
F. Dalmases • C. Romero
con la colaboración de
J.M. Almerich
UNIVERSITAT DE VALÈNCIA
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© Del texto: los autores, 2016
© De esta edición: Universitat de València, 2016
Maquetación y diseño de cubierta: los autores
ISBN: 978-84-9134-032-4
A nuestro entrañable amigo Bartolomé Ballester Moll, sin cuyo apoyo constante no hubiéramos podido salir adelante en ésta ni, sobre todo, en otras muchas circunstancias.
Paco y Carmina
AGRADECIMIENTOS
Los autores deseamos expresar la más profunda gratitud a los profesores Diego Burgos (Universidad de Granada) y Juan Carlos Mateos (Universidad de Sevilla). Con absoluta generosidad pusieron a nuestra disposición tanto su experiencia como los elementos de trabajo de sus cursos docentes en el campo de la radioprotección, que resultaron insustituibles para 'arrancar' en esta Universitat de València el proyecto en la misma línea. De nuestro buen amigo el profesor Eliseo Vañó (Universidad Complutense) siempre recibimos adecuada respuesta a todas las dudas que le planteamos, como era de esperar dado el afecto entre nosotros y su excepcional categoría profesional en la especialidad. Por lo demás, y respecto a la ayuda orientadora de toda índole recibida del profesor Bartolomé Ballester, creemos da adecuada síntesis la dedicatoria de la obra.
También fue muy importante el apoyo institucional recibido en su momento del profesor Antonio Ariño, entonces Vicerrector de Estudios y Organización Académica, para implantar en nuestra universidad, ya hace diez años, la asignatura de Protección Radiológica en el currículum de los estudios de Odontología con los requisitos de homologación establecidos por el Consejo de Seguridad Nuclear.
Asimismo queremos agradecer las observaciones y críticas de todos esos pacientes alumnos que nos han sobrellevado a lo largo de estos años. Gracias a ellos hemos podido perfilar muchos matices pedagógicos de este libro.
El profesor Vicente Martínez Sanjuán, con quien compartimos la impartición de la asignatura, siempre nos ha proporcionado un asesoramiento completo y efectivo. Respecto a nuestras compañeras de Biofísica y Física Médica las profesoras Rosa Cibrián y Rosario Salvador recordar que, aún no habiendo participado directamente en este proyecto en odontología, con ellas siempre ha sido una constante el intercambio de ideas y la ayuda incondicional a lo largo de nuestra vida universitaria.
Gracias, por último, a Dª Moni Albarañez, secretaria de la Fundación Lluís Alcanyís, por su amable atención y soporte en la edición de la obra.
PRÓLOGO
Sin duda la odontología es uno de los campos biomédicos donde los rayos X se han convertido en una herramienta diagnóstica fundamental e insustituible. Por lo que también se ha ido haciendo absolutamente necesario el conocimiento de los riesgos, hoy bien delimitados a nivel científico, que comporta el uso de tal tipo de radiación biológicamente ionizante a nivel personal y ambiental.
La reducción de tales riesgos a niveles razonables y admisibles, objetivo esencial de la Protección Radiológica (PR), se ha convertido así en pieza fundamental y obligada dentro de la formación del odontólogo, como desde hace ya tiempo se viene estableciendo en las directivas comunitarias (Directiva EURATOM 97/43, artículo 7).
Ahora bien, la mayoría de aspectos sobre los que descansa la PR son esencialmente físicos y, por ello, no siempre muy bien comprendidos por el estudiante con su formación previa. Razón por la cual el objetivo primordial de este texto es fundamentar los conceptos apropiados para abordar la PR, de forma coherente y a nivel ya universitario.
Nos hemos orientado, para ello, en el abundante material pedagógico elaborado por el Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), máximo organismo español competente en materia de seguridad nuclear y PR, dentro de sus cursos formativos exigidos en el funcionamiento de instalaciones de rayos X, particularmente en el ámbito dental.
Al inicio de cada capítulo siempre se proporciona una Guía para su estudio, y al final del mismo, algunas cuestiones de autoevaluación, planteadas al estilo y nivel establecidos por el CSN en sus cursos de capacitación, con sus respuestas correctas al final del libro. Así mismo se aportan tras cada capítulo referencias bibliográficas seleccionadas para aclarar o completar la visión de los conceptos desarrollados, inidicando en su caso los apartados de estudio pertinentes: se ha procurado limitarlas en torno a 40 para el conjunto de los capítulos, a fines de acceso y manejabilidad. En un anexo final se tratan los aspectos específicos relativos a la práctica en el gabinete odontológico.
De todos modos, y para no renunciar al espíritu universitario de este texto, hemos incluído algunas ampliaciones complementarias que permiten mejorar la perspectiva de ciertos temas. En algunos casos, incluso aprovechamos para repasar o afianzar conceptos previos, cuya comprensión clara resulta indispensable para entender los desarrollos posteriores sin tener que recurrir a la atormentadora 'memorización', casi siempre baldía por sí sola en cuanto a sus efectos prácticos a medio plazo. Tales complementos se presentan en letra pequeña y con su título en subrayado, de forma que pueda prescindirse de ellos en el desarrollo principal de cada capítulo, y aparecen referenciados al final del Indice. Y, por favor, no se asuste el lector con la extensión del primero de estos 'añadidos', acerca del descubrimiento del núcleo y la estructura del átomo, porque bien merece unos minutos de lectura somera el recordar uno de los más colosales esfuerzos del pensamiento científico que condujo, en poco más de treinta años, a todo un nuevo paradigma acerca de la constitución de la materia. A fin de cuentas, y como reza la máxima o aforismo o del estudiante, "la letra pequeña no va para el examen"…
En definitiva, confiamos antes que nada en satisfacer la inquietud científica que siempre debe suscitar cualquier estudio y contribuir así a facilitar la formación universitaria de los odontólogos, por lo demás muy cuidada y completa en los planes de estudio actuales, con vistas a su futuro ejercicio profesional.
ÍNDICE
Capítulo 1. Estructura atómica
1.1 Introducción
1.2 Composición del átomo
Corteza electrónica y núcleo
Estructura de la corteza electrónica
1.3 Masa y energía. Unidades
Unidad de masa atómica
Electronvolt
1.4 Nomenclatura nuclear
Núclidos: notación
Isótopos
1.5 Fuerzas nucleares
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 2. Radiación electromagnética
2.1 Introducción
2.2 Propagación de la energía
2.3 Propiedades esenciales de las ondas
Periodo, frecuencia y longitud de onda
Ecuación de propagación
2.4 Ondas electromagnéticas
Doble naturaleza de la radiación
El espectro electromagnético
2.5 Radiaciones biológicamente ionizantes
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 3. Origen y propiedades de los rayos X
3.1 Introducción
3.2 Naturaleza y propiedades de los rayos X
3.3 Producción de los rayos X
El generador de rayos X
Radiación de frenado (“bremsstrahlung”)
Rayos X característicos
3.4 El espectro de rayos X
Espectro continuo
Espectro característico
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 4. Interacción de la radiación con la materia
4.1 Introducción
4.2 Mecanismos de la interacción de los rayos X
Electrones ‘libres’ y ‘ligados’
Efecto fotoeléctrico
Efecto Compton
Parámetros de los que depende la interacción
4.3 Interacción de los electrones con la materia
Carácter indirectamente ionizante de los rayos X
Características de la interacción
4.4 Atenuación de la radiación X
Intensidad de la radiación
Absorción, dispersión y atenuación de un haz de fotones
4.5 Ley de atenuación exponencial
Condiciones de ‘buena geometría’
Coeficiente de atenuación lineal
Expresión de la ley de atenuación exponencial
Espesor de semirreducción
4.6 Ley del inverso del cuadrado de la distancia
Atenuación geométrica
Expresión de la ley del inverso del cuadrado de la distancia
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 5. Dosimetría de la radiación en radiodiagnóstico
5.1 Introducción
5.2 Transferencia lineal de energía (LET)
5.3 Magnitudes dosimétricas
Exposición
Dosis absorbida
Kerma
5.4 Magnitudes de protección radiológica
Dosis equivalente
Dosis efectiva
5.5 Magnitudes del paciente radiológico
Dosis integral
Dosis a la entrada y Dosis a la entrada del paciente
Dosis en órganos
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 6. Detección y medida de la radiación: Aspectos generales
6.1 Introducción
6.2 Detección de la radiación: tipos de detectores
Concepto de detector de radiación
Tipos de detectores
6.3 Principios básicos de la detección
Detectores de ionización gaseosa
Detectores de semiconductor (o de estado sólido)
Película fotográfica
Dosímetros químicos
Detectores de centelleo
Dosímetros termoluminiscentes (TLD)
Dosímetros fotoluminiscentes
Detectores Cerenkov
Calorímetros
6.4 Propiedades de los detectores
Cualidades fundamentales
Otras características
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 7. Detección en radiodiagnóstico I. Detectores de ionización gaseosa
7.1 Introducción
7.2 Conducción eléctrica en gases
7.3 Cámaras de ionización
Cámaras planas y cilíndricas
Corriente de saturación: cámara de corriente
Cámara de impulsos
7.4 Contador proporcional
Amplificación de carga en el gas (efecto Townsend)
Respuesta del detector en función de su tensión de trabajo
Características de funcionamiento del contador proporcional
7.5 Contador Geiger-Müller (G-M)
Características de funcionamiento
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 8. Detección en radiodiagnóstico II. Detectores de semiconductor y TLD
8.1 Introducción
8.2 Detector de semiconductor (o estado sólido)
Bandas de energía en los sólidos
Semiconductores puros o intrínsecos
Semiconductores por impurezas (extrínsecos)
Unión p-n: diodo de unión
Principio de funcionamiento del detector
8.3 Dosímetro de termoluminiscencia (TLD)
Principio de funcionamiento
Características y ventajas
8.4 Detección en dosimetría radiodiagnóstica
8.5 Detectores utilizados en radiodiagnóstico dental
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Capítulo 9. Criterios generales de la Protección radiológica
9.1 Introducción: necesidad de la protección radiológica
9.2 Concepto de Protección radiológica
9.3 Principios fundamentales de la Protección radiológica
Principio de justificación
Principio de optimización
Principio de limitación de dosis
9.4 Límites de dosis individuales
9.5 Medidas básicas de la Protección radiológica
9.6 Organismos competentes en Protección radiológica
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
ANEXO. Protección radiológica Operacional en el gabinete odontológico
A.1 Introducción
A.2 Protección radiológica Operacional
Clasificación de los trabajadores expuestos
Prevención de la exposición
Evaluación de la exposición
Vigilancia sanitaria de los trabajadores expuestos
Inspección y sanciones
Blindajes
A.3 Protección radiológica Operacional en la clínica dental
Tipos de exploraciones
Diseño de las instalaciones
Organización y control
Consideraciones particulares de la Protección radiológica en exposiciones médicas
Bibliografía de apoyo
Cuestiones de autoevaluación
Apéndice 1. Respuestas a las cuestiones de autoevaluación
Apéndice 2. Prefijos métricos y símbolos matemáticos
Apéndice 3. Constantes físicas y numéricas
Apéndice 4. Abreviaturas utilizadas
Índice analítico
Relación de Complementos incorporados en el texto
Capítulo 1
Descubrimiento del núcleo y la estructura del átomo
Defecto de masa y energía de enlace
Radiactividad
Capítulo 2
Deducción de la ecuación de propagación de una onda sinusoidal
Capítulo 3
El espectrógrafo de rayos X
Deducción de la ley de Duane-Hunt
Capítulo 4
Poderes de frenado
Deducción de la ley de atenuación exponencial
Capítulo 5
Proporcionalidad entre la tasa de exposición y la intensidad del haz
Equivalente de dosis y factores de calidad Q
Magnitudes operacionales de protección radiológica
Capítulo 6
Principio de funcionamiento de la película fotográfica
Características técnicas adicionales de los contadores
Capítulo 7
Conceptos básicos de la conducción eléctrica
Proporcionalidad de la intensidad de la corriente de saturación con respecto a la intensidad de la radiación o la tasa de dosis absorbida
Utilización de la cámara de aire estándar
Curva de respuesta característica de un contador Geiger
1 ESTRUCTURA ATÓMICA
Guía de estudio
Introducción
Composición del átomo
• Corteza electrónica y núcleo
- Propiedades
- Número másico
• Estructura de la corteza electrónica
- Órbitas y orbitales
- Energías del electrón ligado
- Estados fundamental y excitados
Masa y energía. Unidades
• Unidad de masa atómica
• Electronvolt
Nomenclatura nuclear
• Núclidos: notación
• Isótopos
Fuerzas nucleares
1.1 INTRODUCCIÓN
Los rayos X siempre ejercen una acción ionizante sobre cualquier material biológico, por lo que su utilización entraña riesgos, derivados de las correspondientes interacciones generadas. Deberán tomarse, por ello, medidas de uso adecuadas para proteger de efectos contraproducentes e innecesarios al paciente, al profesional involucrado e incluso al público en general: la protección radiológica se centrará, precisamente, en la prevención de tales riesgos inherentes al empleo práctico de las radiaciones ionizantes, sea en la industria, la investigación científica, la medicina o, como vamos a considerar más específicamente, la odontología.
Ahora bien, puesto que la interacción de las radiaciones ionizantes con la materia, sea ésta inerte o biológica, siempre se produce a nivel de los átomos que la integran, este primer capítulo debe dedicarse a una revisión de los conceptos fundamentales de la estructura atómica.
1.2 COMPOSICIÓN DEL ÁTOMO
La materia no es continua, sino que está constituida por diminutas partículas, los átomos, o sus agrupaciones, las moléculas. El átomo es, pues, la menor partícula de sustancia que posee todas las propiedades químicas de un elemento químico dado y fue, en principio, considerado como partícula indivisible. Hasta que en el primer tercio del pasado siglo el conocimiento científico reveló su propia estructura interna compleja: la de un átomo nuclear.
Descubrimiento del núcleo y la estructura del átomo
A finales del siglo XIX, a través esencialmente de los estudios de Dalton, Proust y Avogadro, ya se había establecido una hipótesis atómica de la materia, constituida por unidades microscópicas indivisibles, los átomos. Pero en los albores del siglo XX el átomo en sí seguía siendo un territorio desconocido, sin ninguna idea o conocimiento acerca de su estructura básica.
Es en 1897 cuando Thompson, apenas dos años después del descubrimiento de los rayos X por Roentgen, demuestra que los rayos catódicos están formados por unidades elementales de carga, a las que denomina electrones: "pequeños corpúsculos materiales que poseen la unidad elemental de carga". Ello obliga a admitir que el átomo, como unidad indivisible de materia anteriormente hipotetizada, debe poseer cierta estructura interna: si existen electrones sueltos o libres, han de proceder de los átomos. Thompson elabora, por ello, un primer modelo del átomo integrado por una esfera de electrones embebidos en un fluido de materia positiva que compense la carga de aquéllos: una especie de 'plum-cake' (pudín de ciruelas) de electrones, uniformemente incrustados como pasas en la esfera de carga positiva del resto del átomo (Fig. 1.1).

Figura 1.1 Modelo atómico de Thompson.
Pero un año antes (1896) Becquerel, a fin de comprobar (por pésimo consejo de Poincaré, por otro lado un gran físico) si la fluorescencia estaba relacionada con los rayos X, exponía al sol minerales supuestamente fluorescentes y los colocaba luego sobre una placa fotográfica para ver si la impresionaban. Apareció nublado dos días en París y guardó en un cajón alguno de los minerales, junto a un lote de películas. Cuando fue a utilizarlas se sorprendió de que, sin haberles dado el sol en absoluto, las placas se habían ennegrecido. El mineral en cuestión era la pechblenda, una sal de uranio, y Becquerel había descubierto, de forma absolutamente fortuita, la radiactividad.
No fue hasta un par de años más tarde (1898) que los esposos Curie captaron la importancia del descubrimiento de Becquerel y, tras un exhaustivo estudio, lograron aislar el polonio (nombre dado en honor del país originario de Marie Curie, Polonia) y el radio. Demostraron así que la materia era capaz de emitir radiaciones ionizantes que no eran rayos X sino pequeños 'trocitos' de la misma, a los que se llamó partículas α, identificadas posteriormente como núcleos de helio. Ello obligó a plantearse por qué de esa especie de 'pudín' atómico siempre salían trocitos muy bien organizados: bien partículas α o bien electrones. El mismo Thomson modifica su modelo y acepta que el fluido atómico interelectrónico tampoco es algo homogéneo.
El descubrimiento de las partículas α llevó consigo la realización de multitud de experimentos, bombardeando con ellas blancos diversos. Y se hubo de esperar hasta 1911 cuando Rutherford, en unas experiencias de extraordinaria sofisticación, bombardea láminas de oro muy finas ('pan de oro') con un haz colimado de partículas α procedentes de un fuente de radio que, tras atravesar en su mayoría el oro, ionizándolo, impresionan una película: ¡¡las partículas α atravesaban la materia!! (Fig. 1.2). Pero su gran sorpresa todavía fue mayor cuando comprobó que la materia se evidenciaba 'casi vacía', ya que si el haz procedente del colimador llegaba a alcanzar justo el punto enfrentado, tras la lámina de oro, es que el oro no está 'lleno'. Además algunas partículas α (1 de cada 100.000) cambiaba de dirección incluso retrocediendo.

Figura 1.2 Experiencia de Rutherford.
¿Pero cómo puede una partícula α 'rebotar' hacia atrás, al decir de Rutherford "como si una bola de billar rebotara contra una bala de cañón"? Tenía que haber tropezado con algo tremendamente másico, por lo que hubo que admitir que la materia está prácticamente vacía y que toda la masa del átomo se encuentra concentrada en una especie de 'núcleo', con los electrones 'revoloteando' fuera de él y definiendo el tamaño del átomo: Rutherford descubre la existencia del núcleo atómico. ¿Y por qué situar fuera a los electrones? Ya se había estudiado que la materia se ioniza, al frotarla, por pérdida o ganancia de electrones; y para que tales electrones tengan esa facilidad de trasiego es por lo que Rutherford los ubica externamente, fuera del núcleo.
Rutherford llega además, a través de experiencias muy cuidadosas, a establecer el tamaño del núcleo: su diámetro es del orden de 10-14 a 10-15 m, es decir, más de 10.000 veces más pequeño que el de todo el átomo, de unos 10-10 m. En resumen, la masa de toda la materia está prácticamente concentrada en núcleos atómicos extraordinariamente pequeños.
Por su parte la corteza electrónica, que es la responsable de todas las propiedades químicas del átomo en sus interacciones, deberá poseer un número de electrones igual a su número atómico, Z, que determina la clasificación del elemento químico en la tabla periódica. Pero para que pueda existir electroneutralidad en el átomo, y por extensión en toda la materia no ionizada, el núcleo ha de poseer una carga positiva Z veces la carga del electrón. ¿Cómo justificarla y distribuirla?
Tras unos años científicamente especulativos y desorientados, el propio Rutherford (en colaboración con su discípulo Soddy) descubre en 1919 una nueva partícula que va a ser fundamental para la evolución en la concepción del núcleo: el protón. Lo hace al bombardear nitrógeno con partículas α produciendo núcleos de hidrógeno. De hecho Rutherford no sólo había tenido ya el honor de revelar la existencia del núcleo atómico (e incluso de clasificar las emisiones radiactivas), sino que también generaba la primera reacción nuclear conseguida artificialmente por el hombre. Admite, con buen acierto, que si se produce el núcleo del elemento más elemental, el del hidrógeno (el primero de la tabla) sin el electrón cortical, ese núcleo debe ser un componente primordial de toda la materia, al que por ello denomina protón. Su carga eléctrica es igual a la del electrón pero positiva y la espectrometría de masas también revela que su masa resulta muy superior, casi unas 2000 veces, a la del electrón, justificando que el núcleo posea la mayor parte de la masa del átomo.
Con los protones positivos en el núcleo, y los electrones negativos revoloteando en la corteza, ya fue posible abordar con más posibilidades la cuestión de la electroneutralidad de las átomos. Ahora bien, los primeros intentos al respecto resultaron bastante lamentables. La fácil solución de pensar en un átomo integrado por Z electrones en la corteza y Z protones en el núcleo no resulta factible, por cuanto que las masas atómicas resultan ser aproximadamente el doble de la correspondiente a los Z protones y los ligerísimos electrones apenas cuentan en los cómputos de masas. Los intentos de arreglarlo todo, entonces, pensando que en el núcleo deberían existir 2 Z protones y Z electrones, para que su carga positiva resultase Z y la masa del átomo aproximadamente la de los 2 Z protones, se topa de bruces con una de las primeras consecuencias de la Mecánica Cuántica, que ya había comenzado a tomar cuerpo a partir de las ideas de Planck, Bohr y Einstein: es imposible justificar una serie de propiedades del núcleo si en él existieran electrones. La presencia de electrones en el núcleo está absolutamente vedada.
A principio de los años 1920 el propio Rutherford, para sustentar su modelo atómico, se vio obligado a sugerir, junto con otros investigadores, la existencia de una especie de protones, pero neutros, para evitar introducir en el núcleo a los proscritos electrones, compensadores del exceso de carga nuclear. Se pensó en algo así como una pareja [p+e] ligada, pero de naturaleza propia y distinta para evitar las contradicciones cuánticas. A esos 'protones sin carga' se les denominó "neutrones". Pero debió esperarse hasta 1932 para que Chadwick, discípulo de Rutherford que trabajaba en su mismo laboratorio, descubriera el verdadero neutrón: una nueva partícula elemental independiente, sin carga y con masa similar a la del protón, sólo ligerísimamente superior, aunque sin tener nada que ver con el mismo. El problema esencial había quedado resuelto: en el núcleo existen Z protones, que compensan la carga de los Z electrones corticales del átomo neutro, junto con el número de neutrones necesario (muy similar a Z) para justificar con exactitud la masa del átomo en cuestión.
Ahora bien, el modelo atómico final que había establecido Rutherford era de tipo 'planetario', con los electrones corticales orbitando alrededor del núcleo, que los atrae con su carga positiva compensando su fuerza centrífuga. Por lo que la teoría electromagnética se encargó de demostrar la inconsistencia del modelo, ya que cuando una partícula cargada acelera o frena emite radiación electromagnética, de forma que los electrones acelerados centrífugamente deberían estar emitiendo continuamente radiación, ir perdiendo así su energía cinética, es decir velocidad, y acabar por fin precipitándose sobre el núcleo.
Ya había sido Bohr quien, todavía en 1913 y al comenzar a aplicar los conceptos cuánticos al átomo, dejó postulado que los electrones corticales orbitantes sólo pueden permanecer, sin emitir radiación, en niveles discretos de energía perfectamente definidos o "estados cuantizados", dando lugar así a un átomo finalmente estable.
Corteza electrónica y núcleo
Propiedades
Como fue establecido por la teoría atómica de Bohr, y desarrollado luego por los modelos de la mecánica cuántica más sofisticados, el átomo presenta una estructura compleja, integrada por dos regiones principales (Fig. 1.3):
- una corteza electrónica constituida, en el átomo neutro, por Z electrones, siendo Z el número atómico del correspondiente elemento químico, y en la que tales electrones se distribuyen sin radiar energía en sucesivas capas, de la que la más externa, o “de valencia”, regula la capacidad de enlace del átomo y, por tanto, sus propiedades químicas, y
- un núcleo, de diámetro mucho más pequeño, 10-14 a 10-15 m, es decir, unas 10.000 a 100.000 veces menor que el de todo el átomo, de unos 10-10 m, y que, sin embargo, concentra prácticamente toda la masa del átomo. Está integrado -mientras no se le destruya por fragmentación- por Z protones y N neutrones. Los neutrones carecen de carga eléctrica, mientras que la carga del protón es positiva e igual en módulo a la de electrón y, por tanto, a la unidad elemental de carga eléctrica: 1,602·10-19 coulomb. En la figura el tamaño del núcleo aparece exageradamente aumentado para permitir su apreciación.
Puesto que la carga total de los Z electrones corticales es igual y de signo contrario a la de los Z protones nucleares, el átomo es eléctricamente neutro; como lo es, por extensión, la materia no ionizada.

Figura 1.3 Estructura del átomo neutro. N = nº de neutrones nucleares y Z = nº atómico.
Número másico
