Kitabı oku: «Fábulas»

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BIBLIOTECA CLÁSICA GREDOS, 380

HIGINO

FÁBULAS

INTRODUCCIÓN Y TRADUCCIÓN DE

JAVIER DEL HOYO

JOSÉ MIGUEL GARCÍA RUIZ

NOTAS E ÍNDICES DE

JAVIER DEL HOYO


EDITORIAL GREDOS

Asesores para la sección latina: JOSÉ JAVIER ISO y JOSÉ LUIS MORALEJO .

Según las normas de la B.C.G., la traducción de este volumen ha sido revisada por M.a CONSUELO ÁLVAREZ MORÁN .

© EDITORIAL GREDOS, S. A., 2009.

López de Hoyos, 141, 28002-Madrid.

www.editorialgredos.com

REF. GEBO452

ISBN: 9788424937492

INTRODUCCIÓN
1. EL AUTOR DE LAS FÁBULAS

Todo lo relacionado con el autor de las Fabulae ha sido debatido desde hace ya mucho tiempo. Y conviene resaltar que no hay gran unanimidad entre los investigadores en cuanto a su autoría. Por ello todas esas preguntas de cuándo vivió, qué pensamiento anima su obra, de qué fuentes bebió, en qué autores posteriores ha influido, etc., quedan necesariamente en el aire.

La obra ha sido atribuida tradicionalmente a Gayo Julio Higino, a quien se le suele ubicar entre el 64 a. C. y el 17 d. C., pero los resultados de la información obtenida acerca de la vida de este personaje son realmente decepcionantes, ya que si los autores antiguos nos han legado muy poca información, y ésta además de forma un tanto confusa (cf . TOLKIEHN , 1962, col. 628), la investigación moderna no ha sido mucho más generosa. Los artículos de investigación sobre la vida y la obra de Higino son muy escasos 1 , y casi todos se centran en la Astronomía, obra que ha captado el interés mucho más que las Fábulas, especialmente a lo largo del siglo xx.

Así, los pocos datos que conocemos de la vida del supuesto autor de las Fabulae nos han sido transmitidos por Suetonio: «Gayo Julio Higino, liberto de Augusto, hispano de nacimiento (si bien algunos lo consideran alejandrino y creen que fue llevado a Roma por César como esclavo con ocasión de la toma de Alejandría), escuchó con interés e imitó a Cornelio Alejandro, gramático griego, a quien muchos llamaban Polihístor por el conocimiento que tenía de la Antigüedad, y otros lo llamaban “la Historia”. Estuvo al frente de la Biblioteca Palatina 2 , y tuvo muchos discípulos. Fue amigo íntimo del poeta Ovidio y de Clodio Licinio, el consular que también fue historiador; éste refiere que Higino murió muy pobre y que, mientras vivió, fue sustentado por su propia generosidad. Liberto suyo fue Julio Modesto, seguidor de las huellas de su patrono en los estudios y en la doctrina» 3 .

Si el dato de Suetonio resulta fiable, Higino sería el primer autor hispano del que conservamos una obra completa 4 , anterior a toda esa nómina de Sénecas, Lucanos, Marciales, etc. que comienzan a florecer en la primera mitad del sigloʼ I d. C., y que salpican la historia de la literatura latina hasta san Isidoro, ya que ni siquiera un autor como Turranio Grácil, de quien sólo tenemos vagas noticias 5 , sería anterior a él.

A partir de Suetonio, única referencia conservada sobre su vida, podemos decir que parece tratarse de un personaje importante dentro del panorama cultural de la Roma de fines del siglo I a. C., protegido del propio Augusto, pero caído en desgracia por razones desconocidas. Higino debió de desempeñar, pues, a lo largo de varios decenios la administración de la Biblioteca Palatina, si es que el destinatario del poema final del libro III de Tristes de Ovidio 6 , publicado en el año 10 d.C., es el mismo Higino, como algunos han pensado. Su amistad con Ovidio (VAN DE WOESTIJNE , 1929), un perseguido político, podría indicar en él un espíritu poco cortesano 7 . Para algunos autores, Higino sería el enemigo irreconciliable contra el que desata Ovidio sus iras en el poema Ibis 8 , opinión que nos parece bastante improbable. Lo que parece evidente es el conocimiento que Higino tenía de este poema de Ovidio, ya que hay episodios que aparecen exclusivamente en estas dos obras el Ibis y las Fabulae de Higino 9 .

El nombre completo del autor aparece expresado en el título que su primer editor, Micyllus, afirma haber encontrado en el encabezamiento del manuscrito que le sirvió para su edición: Libro de los mitos (fábulas) de Gayo Julio Higino, liberto de Augusto . Ahora bien, la identificación del liberto que estaba al frente de la Biblioteca Palatina con el autor de las Fábulas no es aceptada por todos. Así, por ejemplo, H. J. Rose, fijándose en los frecuentes errores y confusiones ingenuas encontradas en el libro, lo atribuye a un semidoctus que malinterpretaba los nombres, a un personaje de cultura modesta, incapaz de escribir en un latín que no fuera semibárbaro, y sitúa a su autor en la época de los Antoninos 10 . Lo cierto es que en el año 207 d. C. su mitología fue traducida al griego y recogida como apéndice de los Hermeneumata 11 , obra atribuida a Dosíteo 12 . Pocas partes quedan hoy de este trabajo y, sin embargo, fueron suficientes para testimoniar un caso singular en la historia de la literatura latina, ya que se trata de uno de los pocos ejemplos de traducción al griego de un texto latino. El hecho es tanto más significativo cuanto que se trata de una traducción que transmite a los lectores griegos una selección de sus propios mitos, previamente contados al público latino por un erudito que a su vez los había tomado de autores griegos. En esta traducción se la describe como «conocida por todos».

2. OBRAS ATRIBUIDAS A HIGINO. LAS FÁBULAS

Si atendemos a las distintas fuentes antiguas, Higino fue un polígrafo y un anticuario, autor de varias obras eruditas. Según los testimonios de la tradición indirecta, que podemos encontrar en distintos textos de Columela, Aulo Gelio, Servio y Macrobio, es posible citar gran número de obras sobre temas muy variados, cuya noticia ha llegado hasta nosotros bajo la autoría unitaria de Higino. Podrían agruparse éstas en varios bloques temáticos:

1) Obras con pretensiones históricas: Vrbes Italicae o De situ urbium Italicarum 13 , libro compuesto según el modelo griego de las «fundaciones» (ktíseis) . Y asimismo De familiis Troianis 14 , sobre la ascendencia troyana de la dinastía julioclaudia.

2) Obras didácticas y referentes a la vida del campo: De apibus 15 , sobre el origen mítico de las abejas. Se trata de la primera monografía latina sobre el tema. Columela ya comentaba que nadie podría haber escrito nada con más esmero 16 . Asimismo De agri cultura, o De re rustica 17 .

3) Obras acerca de la vida religiosa de los romanos: De proprietatibus deorum 18 y De dis penatibus 19 .

4) Finalmente, obras de carácter biográfico: De vita rebusque illustrium virorum 20 y Exempla 21 .

Además de todas estas obras, de las que no nos ha llegado sino la mera noticia de su existencia o sólo fragmentos, se conserva íntegro su tratado De astronomia, obra de carácter mítico-científico que sigue la tradición de Eratóstenes, Arato y otros autores que elucubraron sobre el cielo e intentaron darle una explicación científica a partir de los mitos. La existencia de ciertas similitudes entre las Fabulae y el tratado De astronomia invita a pensar que ambas obras fueron escritas por el mismo autor, si bien éste es uno de los puntos de controversia entre los estudiosos de la producción de Higino. Así, por ejemplo, leemos en De astronomia : «pero como dice Esquilo, escritor de tragedias, en Fórcides 22 , las Greas fueron guardianas de las Górgonas. Acerca de ello hemos escrito en el primer libro de las Genealogías 23 ».

Quienes no admiten que Higino escribiera las dos obras, arguyen que el título de Genealogías no se corresponde con la colección de fábulas que se nos ha transmitido. Pero olvidan varias cosas; por un lado que Higino pudo dar el nombre de Genealogiae a su obra teniendo en cuenta su comienzo, la Praefatio, que realmente constituye una auténtica genealogía. En esto pudo ocurrir igual que en tantas obras de la Antigüedad como las Bucólicas de Teócrito (libro al que se dio ese nombre porque en los primeros poemas entraban en escena unos pastores), o la Teogonía de Hesíodo, etc. No tienen en cuenta, además, que las así llamadas Genealogías son equivalentes a las Fábulas, nombre que bien podría deberse a un recopilador medieval. Pensemos que incluso la Biblioteca atribuida a Apolodoro pudo denominarse en algún momento Genealogíai , siguiendo la obra de Acusilao de Argos, que en el siglo VI a. C. escribió tres libros de Genealogíai 24 .

Por otra parte —dicen los detractores de la autoría única— ni las Fabulae se dividen en libros, ni en ellas se hace referencia a las Greas. En cuanto al hecho de que no se mencionen las Greas en las Fábulas , y de que éstas se circunscriban a un solo libro, hay que tener en cuenta que el texto nos ha llegado fragmentado y que pudo haber más libros de los conservados hoy, donde se hiciera referencia precisamente a este mitema, dado el desorden de contenidos en la organización de las fábulas. Aunque el texto de Fábulas no esté expresamente dividido en libros, podríamos tener una versión refundida o rehecha, y de todos modos en el texto aparecen tres tipos de relatos: genealogías, fábulas y catálogos. Finalmente, como opina G. Guidorizzi, el hecho de que la obra de Higino llevara por título Genealogías y estuviera dividida en libros, podría hacer suponer que el nombre de Higino sería una designación pseudoepigráfica aplicada simplemente a un texto de compilación mitográfica 25 .

Otro ejemplo llamativo es el que ofrecen los pasajes paralelos acerca de Icario y Erígone (De astronomia II 4 y fab . CXXX), semejantes entre sí no ya sólo por el tema común que ambos tratan, sino sobre todo por el léxico empleado, hasta tal punto de que no es posible concluir que se deban a dos autores distintos 26 .

De lo dicho hasta ahora fácilmente se desprende que un mismo autor pudo haber escrito ambos libros 27 , si bien no pueda hacerse una afirmación rotunda e irrevocable de que ese autor se llamara Higino, ya que también carecemos de datos precisos acerca del autor del tratado De astronomia .

En todo caso, acerca de este hecho existen opiniones encontradas. Durante la segunda mitad del siglo xx, la crítica ha querido ver la existencia de un solo autor para las dos obras; así investigadores como J. R. Bacon 28 , F. Cramer 29 , L. Laurand 30 , J. Carcopino 31 , A. Le Boeuffle, editor en Les Belles Lettres de De astronomia (1983), y últimamente J. Y. Boriaud (1997), G. Guidorizzi (2000) y P. K. Marshall (2002) abogan por la autoría única, frente a toda la crítica de la segunda mitad del siglo XIX y comienzos del siglo xx, representada por estudiosos del tema como B. Bunte (1856), C. Bursian (1866), M. Tschiassny (1888), E. Maas (1898), K. Robert (1918), y H. J. Rose (1933), quien llevó la obra a la época de los Antoninos por razones de estilo y por el léxico 32 . Rose señaló que el libro era necesariamente posterior al gobierno de Claudio (41-52), porque el autor de las Fábulas utilizó los escolios a las Argonáuticas de Apolonio de Rodas, que se remontan a época de Tiberio (14-37 d. C.).

Algunos piensan que probablemente se trate de una obra de juventud, anterior en todo caso a De astronomia, donde cita su otra obra Genealogiae . Ello comporta asimismo problemas, ya que a una edad muy temprana no debía de estar aún al frente de la Biblioteca Palatina, de donde habría tomado los materiales para componer su obra.

3. LAS FÁBULAS . EL TEXTO. COMPOSICIÓN Y ORGANIZACIÓN DE LA OBRA

Si la identificación del autor de las Fábulas con el bibliotecario de Augusto no es algo aceptado por todos, en lo que sí existe acuerdo unánime es en el hecho de que el texto de Higino ha ido sufriendo modificaciones con el paso del tiempo, cambios que se han puesto de manifiesto ya desde la traducción al griego atribuida a Dosíteo, pese a la escasa distancia existente entre el original y la traducción. Se trata, pues, de una obra manipulada, compendiada, llena de lagunas, errores y contradicciones.

En el libro pueden observarse tres partes distintas en cuanto a su composición o técnica narrativa:

a) Genealogías, de inspiración hesiódica. Corresponden a la Praefatio con que comienza la obra. Frente a Hesíodo (Teog . 116 ss.), o Apolodoro (Biblioteca I, 1 ss.), la narración de Higino resulta muy fría, una sucesión de nombres propios en ablativo (progenitor) y nominativo (el hijo). Sin verbos, sin adjetivos, sin apenas acotaciones, Higino nos ofrece una obertura, que resulta ser una especie de dramatis personae o títulos de crédito de la obra que va a comenzar pocas páginas más adelante. Escueta relación de cientos de nombres yuxtapuestos, cuyo interés fundamental estriba en las variantes que ofrece respecto a otras genealogías conocidas, y en los nuevos nombres que hacen de su obra una fuente única para conocer a determinados dioses o aspectos de éstos.

b) Fábulas propiamente dichas. Es la parte más extensa e importante, a la que le dedicaremos buena parte de nuestro estudio introductorio.

c) Catálogos . Aparecen fundamentalmente al final de la obra (fábulas CCXXI-CCLVII y CCLXIV-CCLXXVII), pero no sólo. En el transcurso de la misma el autor ha ido intercalando catálogos casi desde el principio, como el de los Nióbidas (XI), los reyes atenienses (XLVIII); los reyes tebanos (LXXVI); los pretendientes de Helena (LXXXI); los aqueos que fueron a luchar contra Troya (XCVII); los reyes aqueos (CXXIV); augures (CXXVIII); amores de distintos dioses (CLV-CLXIII), etc. Se trata de meros listados de nombres propios. A veces, pocas veces, introduce alguna acotación.

A lo largo de toda la obra, y a pesar de las modificaciones y cambios experimentados en la transmisión del texto, se puede observar una división y organización basadas en los grandes ciclos mitológicos, organización con cierto orden lógico —aunque no el esperado o el que podemos ver en Apolodoro— que podríamos resumir así:


I)Ciclo tebano I (I-XI). Cadmo y sus descendientes.I-VI: Mito de Atamante. Cadmo.VII-XI: Antíope y los Nióbidas.
II)Ciclo de Jasón y los Argonautas (XII-XXVII).XII-XIII: Antecedentes del viaje de los Argonautas.XIV-XXIV: Tripulantes de la nave Argo y aventura del viaje de los Argonautas.XXV-XXVII: Medea.
III)Ciclo de Hércules (XXIX-XXXVI).
IV)Ciclo de Teseo (XXXVII-XLIV).XXXVII-XXXVIII: Ciclo inicial de trabajos de Teseo.XXXIX-XLIV: Ciclo cretense del Minotauro. Minos. Cócalo.
V)Mitos relacionados con Atenas, sus reyes y descendientes (XLV-XLVIII).
VI)Ciclo tebano II (LXVI-LXXVI).LXVI-LXVII: Edipo.LXVIII-LXXVI: Siete contra Tebas, Antígona, Epígonos.
VII)Ciclo de Esparta. Los Tindáridas (LXXVII-LXXXI).
VIII)Ciclo de Micenas. Los Atridas (LXXXII-LXXXVIII).
IX)Los Dardánidas (LXXXIX-XCIV).
X)Guerra de Troya (XCV-CXXIV).
XI)La Odisea (CXXV-CXXVIII).
XII)Ciclo tebano III. Mitos relacionados con Líber Pater (CXXIX-CXXXIV).
XIII)Ciclo ateniense (CLXIV-CLXVI).
XIV)Dánao y las Danaides (CLXVIII-CLXX).
XV)Ciclo de mitos de Etolia. Meleagro y el jabalí de Calidón (CLXXI-CLXXV).
XVI)Calisto (CLXXVI-CLXXVII).
XVII)Ciclo tebano IV. Los orígenes. Descendientes de Cadmo (CLXXVIII-CLXXXIV).
XVIII)Amores de Neptuno (CLXXXVI-CLXXXVIII).
XIX)Metamorfosis, y mitos relacionados con Apolo (CXCI-CCIII).
XX)Amores incestuosos (CCIV-CCVII).
XXI)Amores de efebos y jóvenes bellísimos (CCXII-CCXVIII) (fábulas perdidas).
XXII)Arquelao (CCXIX).
XXIII)Cura (CCXX).

Entre estos ciclos, a veces no respetados completamente, se sitúan fábulas aisladas sin conexión con ningún gran ciclo temático de la mitología como Oto y Efialtes (XXVIII); Admeto y Alcestis (XLIX-LI); los amores de Júpiter (LII-LV); metamorfosis diversas (LVIII-LIX); castigos en los Infiernos (LX-LXII); mitos sin relación entre sí (CXXXV-CXLVIII); Líber (CLXVII).

Se trata, en definitiva, de una materia fragmentada, pero que, como se ha visto, sigue una línea general, y no se puede decir con seguridad que el orden en el que estas fábulas o mitos ha llegado hasta nosotros, sea el mismo que les quiso dar su autor. Los mitos que trata en su obra dejan ver, en efecto, refundiciones e interpolaciones, debidas a sucesivos redactores que habrían intervenido en la forma final de la obra. Ante este hecho, M. Schmidt procedió en su edición (1872) a una reordenación de las fábulas, pero sin mucho éxito, hasta el punto de que dicho orden fue abandonado por los siguientes editores.

4. LA MITOLOGÍA EN HIGINO

Las Fábulas de Higino constituyen una obra muy rica en cuanto al contenido por la información que proporcionan sobre los más diversos mitos 33 . Puede considerarse, junto con la Biblioteca de Apolodoro, la principal enciclopedia mitológica de la Antigüedad. Y con las Metamorfosis de Ovidio, una de las principales fuentes latinas para el estudio de la mitología clásica. No es, sin embargo, obra de gran valor desde el punto de vista literario. En cuanto a su valoración global, la impresión que nos ofrece es que se trata de un conjunto de fichas temáticas escritas de forma independiente y reagrupadas posteriormente. Una compilación de resúmenes, de obras de teatro de autores griegos fundamentalmente, realizados por el propio autor de las Fábulas, o quizás por un epitomador anterior a quien sigue aquél. Ello explicaría saltos en el vacío dentro de la narración, o repeticiones incesantes de diversos temas, como por ejemplo la fábula L dedicada a Admeto, y la siguiente (LI) dedicada a Alcestis, cuya redacción es casi idéntica; o bien las fabulae CIII y CIV con los temas de Protesilao y de Laodamía; las XII y XIII, etc.

Sin embargo, a diferencia de Apolodoro, que junta los mitos en una narración continua y construye una mitología unitaria que tiene un comienzo y un final, desde la creación del mundo hasta la muerte de Ulises, Higino se limita simplemente a yuxtaponer episodios mitológicos. Una dificultad de comprensión en la lectura de Higino consiste en que la narración es en muchas ocasiones elíptica, y deja ver la preocupación del autor por ofrecer el mayor número de datos posibles, pero no una historia bien narrada que se haga comprensible. Da, pues, la impresión de que se trata de escuetas fichas en las que predomina la información, especialmente los nombres propios, sobre la literatura, como si se tratara de breves recursos mnemotécnicos que le podrían servir al maestro, al rétor, al bardo que debiera cantar las glorias de los héroes pasados, para poder desarrollar una historia que él ya conoce. Hay fábulas enteras sin verbo, como es el catálogo de los griegos que acudieron a Troya (fab . XCVII), resumen en poco más de una página del catálogo de las naves que Homero hace en Ilíada II, o los pretendientes de Helena (LXXXI), los reyes tebanos (LXXVI), etc.

Su extrema obsesión por la recopilación de nombres se ve en algunos detalles concretos como la enumeración de los perros que devoraron a Acteón, que pasan de ser tres en Esquilo a treinta y ocho en Ovidio, y nada menos que a ochenta y cuatro en Higino (fab . CLXXXI), escritos en seca yuxtaposición, sin ninguna referencia concreta a cada uno de ellos, al contrario que Ovidio (Met . III 207-233), salvo la distinción entre machos y hembras. Un segundo ejemplo es el catálogo de los Argonautas (fab . XIV), donde frente a los cincuenta y cinco de Apolonio de Rodas, los cincuenta y cuatro de Diodoro Sículo, los cincuenta y dos en Valerio Flaco, los cincuenta de Argonáuticas órficas y Estacio, y los cuarenta y cinco de Apolodoro, Higino escribe nada menos que sesenta y siete nombres, si bien algunos repetidos o equivocados. Sin embargo, en la lista de hijas de Dánao e hijos de Egipto, en una fábula que nos ha llegado con el texto muy corrupto (CLXX), ha consignado sólo noventa y tres nombres de los cien esperados (cf . Apolodoro, Bibl . II 1, 5).

El objetivo de este acopio de nombres y fuentes es proporcionar las distintas variantes en las genealogías de algunos personajes. Así, por ejemplo, Hécuba es citada cuatro veces como «hija de Ciseo o, como otros dicen, de Dimante» 34 (fab . XCI 1; CXI 1; CCXLIII 1; CCXLIX). O bien las distintas versiones de un mismo mito. De este modo proporciona dos diferentes del mito de Ino (fab . II y IV), Antíope (VII y VIII), Faetonte (CLII A y CLIV), o Amimone (CLXIX y CLXIX A), amén de mitemas repetidos como la pérdida de la sandalia por Jasón (XII 2 y XIII), y de numerosos episodios que iremos encontrando a lo largo de la obra.

Para presentar a algunos héroes, anota la referencia del padre y de la madre, y de ésta a su vez cita al padre y a la madre, y todo ello con distintas variantes. Así ocurre, por ejemplo, con bastantes de los Argonautas, como con Asterión, cuya descripción se va ramificando innecesariamente, habiendo incurrido en varias confusiones como exponemos en las notas correspondientes al texto: «Asterión, hijo de Piremo, tenía por madre a Antígona, hija de Feres, de la ciudad de Pelene. Otros dicen que era hijo de Hiperasio, de la ciudad de Piresia, que se encuentra en la falda del monte Fileo, en Tesalia, lugar en el que confluyen en un solo punto dos ríos de cursos separados, el Apídano y el Enipeo» (fab . XIV 1). Ello convierte la obra en un auténtico nomenclátor, más que en un texto literario. Es evidente que le interesaba la información más que el gusto estético y la composición de un texto bello.

La información es generalmente tan lacónica, que el lector debe conocer previamente el mito, pues muchas de sus fábulas están escritas en un estilo cortado, carecen de detalles explicativos así como de los antecedentes del mito que trata. En caso contrario, lo entenderá difícilmente. Existen fábulas en que la sustitución de los nombres tradicionales con que conocemos un mito por otros procedentes de versiones que nos son desconocidas, hacen el mito poco inteligible, como es el caso de Eleusino (fab . CXLVII). En otras fábulas, las elipsis dificultan notablemente la comprensión, como en fab . CCLXI, donde los saltos en el tiempo provocan interrogantes en el lector, y en fab . CLXXXVI, alusiva al mito de Melanipe.

En ocasiones la sintaxis parece estar en contra de la tradición mítica. Así en XCVI 1: commendavit eum in insulam Scyron ad Lycomeden regem, quem ille inter virgines […] servabat, donde parece que es Aquiles quien preserva a Licomedes, y no al contrario.

El autor de las Fábulas, buen conocedor de Virgilio y de Ovidio, poetas que han influido decisivamente en su contenido, no ha incluido ninguna fábula especial alusiva propiamente a Eneas (aunque éste es citado en varias ocasiones), ni a la fundación de Roma, a sus orígenes, etc., cuando sí encontramos una especial dedicación a la Ilíada (XCVII-CVI) y a la Odisea (CXXV-CXXVI). Ello es más extraño aún teniendo en cuenta que la obra iba destinada al público latino (pensemos en el libro XV de las Metamorfosis de Ovidio amén de la propia Eneida), que ha consagrado una fábula entera a Anquises (XCIV) y que conocía bien los contenidos de la Eneida como para depender del libro II en la fab . CVIII, dedicada al caballo de Troya. Estas ausencias se hacen aún más extrañas si se trata realmente del bibliotecario de Augusto, y si la obra se escribió poco antes del 11 d. C. en que fue acabada la Astronomia . Que la Eneida le era familiar podemos verlo continuamente en toda la obra. Por poner algunos ejemplos, diremos que ha influido en él a la hora de citar algunos nombres propios, como Tersandro, a quien Higino nombra como Tesandro y lo introduce en el caballo de Troya (CVIII 1), variante debida a Virgilio (En . II 261), ya que la versión tradicional lo da por muerto en la segunda expedición contra Tebas; o Criniso en lugar de Crimiso, el dios-río que se unió a Segesta, de quien engendró a Acestes (En . V 38). Del mismo modo, en fab . CCLXXIII 14-19, Higino hace una descripción de los juegos que hubo en Sicilia con motivo de la muerte de Anquises, que son un resumen del libro V de la Eneida . En Prefacio 8, al enumerar a las cincuenta Nereidas, ha seguido el mismo orden de Virgilio (Geórg . IV 336-345). Cita a Harpálice, que aparece por primera vez en la Eneida (I 317), etc.

Mezcla a veces mitos con leyendas, como es el caso de Pitágoras (CXII 3), o la muerte de Eurípides por perros en un templo (CCXLVII 1), o la leyenda de Semíramis (CCXL 2 y CCXLIII 8), etc.

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