Kitabı oku: «Ilíada»

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HOMERO

ILÍADA

Traducción, introducción y notas de

EMILIO CRESPO GÜEMES


La Biblioteca Clásica Gredos (BCG), fundada en 1977 y sin duda una de las más ambiciosas empresas culturales de nuestro país, surgió con el objetivo de poner a disposición de los lectores hispanohablantes el rico legado de la literatura grecolatina, bajo la atenta dirección de Carlos García Gual, para la sección griega, y de José Luis Moralejo y José Javier Iso, para la sección latina. Con 415 títulos publicados, constituye, con diferencia, la más extensa colección de versiones castellanas de autores clásicos.

Publicado originalmente en la BCG con el número 150, este volumen presenta la versión de la Ilíada a cargo de Emilio Crespo Güemes, catedrático de Filología griega de la Universidad Autónoma de Madrid, quien ha ampliado y actualizado la introducción original, y ha introducido correcciones y mejoras en la traducción.

Asesor de la colección: Luis Unceta.

La traducción de este volumen ha sido revisada por Carlos García Gual.

© de la introducción, traducción y notas: Emilio Crespo Güemes.

© de esta edición: Editorial Gredos, S.A., 2019.

Avda. Diagonal 189 - 08018 Barcelona.

www.rbalibros.com

El autor ha realizado esta traducción con una «Ayuda a la creación literaria»

del Ministerio de Cultura y en el marco del proyecto de investigación «Homero: crítica textual y estudios lingüísticos» (CICYT 917/84).

Primera edición en la Biblioteca Clásica Gredos: 1991

Primera edición en este formato: abril de 2019.

REF.: GEBO52

ISBN: 978-84-249-3903-8

Realización de la versión digital: El Taller del Llibre, S. L.

Queda rigurosamente prohibida sin autorización por escrito del editor

cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra, que será sometida a las sanciones establecidas por la ley. Pueden dirigirse a Cedro (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesitan fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra (www.conlicencia.com; 91 702 19 70 / 93 272 04 47).

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INTRODUCCIÓN

La Ilíada es el poema épico más antiguo de la literatura europea. Fue compuesto poco antes del 700 a. C., probablemente en la costa occidental de Anatolia o en una de las islas adyacentes, por un poeta llamado Homero (el autor seguramente también de la Odisea), del que ni los propios griegos de la Antigüedad conocían nada con seguridad. La Ilíada es un poema que pertenece a una larga tradición. Los poetas, llamados aedos, componían de memoria y sin ayuda de la escritura. Sus poemas estaban destinados a ser cantados con acompañamiento de un instrumento de cuerda. Se ignora cuándo la Ilíada, destinada también a ser difundida de manera oral quizá en las fiestas colectivas, fue puesta por escrito; pero, en todo caso, antes del 520 a. C. existía en Atenas un texto normalizado, que era el usado en los certámenes consistentes en la recitación de la epopeya. El texto que está en la base del que reproducen nuestros manuscritos conservados de época bizantina procede de los filólogos alejandrinos de época helenística, de Aristarco de Samotracia, en particular. Ignoramos con precisión el texto que Aristarco en la primera mitad del siglo II a. C. preparó y difundió, aunque debió de conceder una especial importancia a algún ejemplar ático.

La Ilíada está compuesta en una forma lingüística del griego antiguo que nunca existió en la realidad. Aparecen indisolublemente mezcladas formas muy arcaicas y otras más recientes, formas de distintos dialectos (básicamente el dialecto es el jónico, pero hay formas que coinciden con los dialectos eolios o con el dialecto micénico y arcadio-chipriota y grafías propias del ático), y formas que no han existido nunca en ningún dialecto griego y que son propias de la lengua artística. El poema está compuesto en versos llamados hexámetros dactílicos. Su ritmo se basa en la repetición de una unidad constituida por una sílaba larga y dos breves (u otra larga) seis veces. Cada verso está separado del siguiente por una pausa. Hay posiciones del verso donde se busca el fin de palabra, y otras en las que se evita.

La Ilíada (como también la Odisea) está dividida en veinticuatro cantos y tiene una extensión de 15.690 versos. La división en cantos fue realizada en época helenística. Cada canto fue nombrado con una letra del alfabeto griego, pero es citado con un título que da idea del tema.

La Ilíada narra un breve episodio del décimo y último año de la guerra de Troya. Se dan por conocidos el tema general del poema y los héroes y dioses que intervienen, sin que haya ninguna explicación o presentación previa del tema ni de los personajes. Agamenón, el caudillo de la expedición de los aqueos (llamados también argivos o dánaos, pero nunca griegos), arrebata a Aquiles, jefe de los mirmídones, su parte en el botín para compensar la pérdida del lote que le había correspondido, la esclava Criseida, hija del sacerdote de Apolo, que a instancias de Crises ha enviado una peste contra los griegos para exigir su devolución. Aquiles, lleno de cólera por tal deshonra, decide retirarse del combate. Zeus, a instancias de Tetis, la madre de Aquiles, ha resuelto causar la perdición de los aqueos, pero antes, éstos, con Aquiles ya lejos de la batalla, obtienen resonantes victorias durante todo un día de lucha. En los dos días siguientes, los troyanos acampan cerca del campamento de los aqueos, logran herir a la mayoría de los caudillos, penetrar en el muro defensivo y llevar el combate hasta las propias naves. Patroclo pide a Aquiles sus armas para ayudar a sus compañeros. Sale a la lucha y muere. Aquiles decide regresar a la batalla para vengar a su amigo Patroclo y, tras reconciliarse con Agamenón, comienza sus proezas guerreras. Al cabo de ellas, mata a Héctor, caudillo troyano. Aquiles celebra el funeral de su amigo Patroclo, a la vez que ultraja el cadáver del vencido Héctor. Finalmente, Príamo llega a ocultas a la tienda de Aquiles, logra el rescate de Héctor y regresa a Troya, donde se celebran las exequias por su muerte.

La muerte de Aquiles y el final de la guerra de Troya no son na-rrados en la Ilíada, aunque existe la certeza de que ambas cosas sucederán de una manera inmediata. Tampoco se relatan las causas de la guerra desde el juicio de Paris, ni la conquista de la ciudad. Un rasgo muy notable de la Ilíada es que, a pesar de su extensión, la acción se concentra sólo en unos pocos días de combate, sin mención de la totalidad de la guerra. El tema concreto es la cólera de Aquiles, pero en la narración de cuatro días completos de combate se incorporan escenas que parecen corresponder al comienzo de la guerra y queda simbolizada la totalidad de la misma.

La sociedad que aparece representada en la Ilíada, en la medida en que la podemos conocer por las noticias fragmentarias y ocasionales que jalonan el relato, es sumamente primitiva y está poco diferenciada: los dioses, que patrocinan todas las actividades humanas y rigen los fenómenos de la naturaleza, intervienen de modo permanente en las acciones de los héroes. Estos dioses son antropomórficos, personales y están organizados conforme al mismo esquema familiar de los hombres. Son inmortales, no envejecen, no tienen interés en los seres humanos y viven una existencia feliz. A veces, entre los hombres existe una diferencia nítida entre los héroes, aristócratas de nacimiento que poseen excepcionales cualidades naturales y están particularmente sujetos a los caprichos divinos, y las «huestes» innominadas, cuyos hechos casi nunca ofrecen el interés de ser siquiera mencionados. Las actividades económicas están muy poco diferenciadas; en el contexto bélico predominante de la Ilíada, la agricultura y ganadería, el comercio y la artesanía casi sólo son mencionadas en los símiles. La organización social se basa en la monarquía de origen divino; existen además un consejo y una asamblea general dominados por la minoría aristocrática. El derecho es puramente consuetudinario. Es difícil saber en qué medida la sociedad homérica es histórica y, si lo es, de qué época, y en qué medida es el producto de la imaginación poética.

El mito de la guerra de Troya posee un núcleo histórico que se sitúa cerca del 1200 a. C., en la Edad del Bronce y en plena época del dominio y la riqueza de Micenas y de los documentos griegos más antiguos que se han conservado, las tablillas de arcilla con signos que constituyen un silabario mediante el que se registran bienes del palacio. De este trasfondo histórico existen algunas reminiscencias en la Ilíada, lo mismo que de las épocas sucesivas hasta la fecha de la composición final.

La influencia de la Ilíada no sólo en la literatura griega posterior y en la literatura europea, sino también en la propia cultura europea, es difícil de exagerar.

I. NOTICIAS DE OTROS POEMAS ÉPICOS EN LA «ILÍADA» Y EN LA «ODISEA»

Algunos episodios de los poemas homéricos, particularmente de la Odisea, proporcionan noticias relativas a la épica antigua en Grecia y al ambiente en el que ésta se desarrolló; por ellas es útil comenzar, pues la información que dan ofrece una primera descripción de la epopeya arcaica griega. La conclusión más interesante que espero extraer de esta primera descripción es que la Ilíada es en cierta medida un simple representante, aunque ciertamente el más eximio, y la culminación de una tradición de poemas épicos, sólo en parte conocida para nosotros.

a) La épica en Homero

Cuando los embajadores griegos llegan a la tienda de Aquiles para intentar que renuncie a su cólera y regrese al combate (Ilíada IX 185 ss.), lo hallan cantando al son de la fórminge gestas de héroes, para recrear su ánimo. No es aventurado suponer que la Ilíada es también el relato cantado de una de estas gestas, a las que el poeta atribuye un contenido histórico, que conoce por haberlo presenciado en persona (cf. Odisea VIII 488 ss.) o por haber recibido la inspiración de un dios, casi siempre de la Musa (cf. Ilíada II 484 ss.; Odisea XII 189 ss.), y que mediante el ornato de la narración pretende entre otras cosas el deleite (cf. C. W. MacLeod, Homer. Iliad. Book XXIV, Cambridge, 1982, «Introduction»).

En el entorno bélico de la Ilíada existen pocas ocasiones, aparte de la citada, para este género de entretenimientos; hay que recurrir a las escenas palaciegas de la Odisea para encontrar noticias más numerosas e incluso algún poema breve, cantado en este caso por cantores o aedos profesionales al servicio de la comunidad, Demódoco en la corte de los feacios (Odisea VIII) y Femio en la corte de Ítaca (Odisea I 325 ss.). Estos aedos poseen la capacidad de improvisar poemas gracias a la inspiración divina (cf. Odisea VIII 74), que les ha enseñado el contenido (cf. Ilíada II 485 ss.), y los difunden mediante el canto ante un auditorio cortesano y aristocrático. El fondo de leyendas del que el aedo elige el tema de su canto es muy amplio y en cada ocasión escoge la narración de un episodio particular y concreto (cf. Odisea VIII 500). El propio prólogo de la Odisea (I 10) solicita a la Musa que comience el canto relativo a Ulises «en cualquier parte» del conjunto de las leyendas referidas a este héroe. Esta capacidad de improvisación permite que a veces sea un miembro del auditorio (Odisea VIII 490 ss.) quien proponga al aedo el relato de un episodio concreto de su repertorio. Otras veces el propio aedo elige un episodio «cuya fama entonces llegaba al vasto cielo» (Odisea VIII 74).

Los aedos de la Odisea son capaces de improvisar un poema, que cantan acompañados por un instrumento de cuerda, no porque repitan de memoria un texto previamente aprendido, como los rapsodos de época posterior, un representante de los cuales es Ión de Éfeso, el interlocutor de Sócrates en el diálogo de Platón titulado Ión, sino porque dominan ciertas técnicas tradicionales para componer poemas sin ayuda de la escritura. En realidad, el cuadro que presenta la Odisea sobre los aedos, aunque cuadra mejor con la hipótesis de una tradición de composición oral que con la idea de la repetición de un poema escrito y aprendido de memoria, ya que en Homero la escritura sólo se menciona una vez (Ilíada VI 168) y con tintes aparentemente oscuros y siniestros, no da datos que lo prueben de manera fehaciente. Son los resultados proporcionados por la literatura comparada y ciertos rasgos de los poemas homéricos, a los que luego nos referiremos, los que permiten rechazar la tesis de un texto prefijado y repetido de memoria. En la ejecución los aedos de la Odisea utilizan el mismo instrumento que Aquiles en la Ilíada.

b) Temas tradicionales

Los tres breves episodios que canta Demódoco en la corte del país de los feacios en presencia de Ulises (Odisea VIII) tienen un tema cuyo contenido y personajes son familiares para el auditorio. Estos temas pertenecen bien a las acciones de los dioses (como el relativo a los amores de Ares y Afrodita, en Odisea VIII 266 ss.), bien a una época concreta del pasado heroico, considerado histórico (como el episodio del caballo y la toma de Troya, en Odisea VIII 499 ss., y el de la disputa entre Ulises y Aquiles, en Odisea VIII 73 ss.). También Penélope elogia el extenso repertorio de cantos que posee Femio, en el que se incluyen «gestas de héroes y de dioses» (Odisea I 338). En todo caso, el tema nunca se presenta como perteneciente al mundo de la ficción: los propios personajes de la Ilíada lamentan a veces (cf. VI 354 ss.) que sus desgracias se van a convertir en tema de canto para los hombres futuros. Del mismo modo, Eneas (Ilíada XX 204) dice a Aquiles que ambos conocen sus respectivos linajes gracias a «los famosos relatos de los mortales». El tema tampoco pertenece nunca al presente.

No hay que entender que haya aquí ningún desinterés por el presente; más bien hay que pensar que el pasado heroico, una estrecha franja limitada a unas pocas generaciones anteriores y posteriores a la de la guerra de Troya, posee rasgos que lo hacen superior a la actualidad y, por tanto, representativo de todas las épocas, la presente incluida. La característica esencial de la edad heroica, según aparece en el mito, es la intervención ostensible de los dioses en la vida humana, frente a lo que sucede en la actualidad y ha sucedido en otras épocas, excepto en la heroica. La intervención divina, al ser visible, hace que las acciones sean transparentes en sus móviles y causas, y que no estén ocultas como sucede en la vida corriente. Ésta es en el fondo la razón esencial por la que el tema dominante de la literatura clásica es el pasado mítico.

c) Los personajes

Los personajes centrales que intervienen en estos episodios no necesitan ninguna presentación previa, no son personas comunes; o bien son héroes pertenecientes a una época muy concreta del pasado, cuando los dioses intervenían de manera patente en los asuntos humanos y cuando los hombres eran más corpulentos y fuertes que los actuales, o bien son dioses presentados con rasgos humanos, que hacen ostentación de sus caprichos o favoritismos y de su poder. Es llamativo observar que mientras el tema relativo a los dioses es fundamentalmente de naturaleza jocosa, los temas relacionados con los héroes son de carácter triste y luctuoso. Algo semejante sucede también en la Ilíada, donde contrastan los sufrimientos de los hombres que narra el poema y la existencia fácil y despreocupada de los dioses. Un ejemplo notable lo proporciona Ilíada I: la asamblea de los hombres termina con augurios sombríos por la retirada de Aquiles, y la disputa de los dioses termina entre risas en el banquete (cf. J. Griffin, Homer on life and death, Oxford, 1980).

d) Los motivos

Aparte de ser conocidos para el auditorio los temas y los personajes, los motivos forman también, en la medida en que podemos juzgar, un grupo más o menos cerrado y tradicional. El primero de los episodios que Demódoco canta en la corte de Alcínoo ante Ulises tiene una disputa como motivo central, lo mismo que la Ilíada, que narra en sustancia la cólera de Aquiles y sus consecuencias. Por su parte, Femio en el palacio de Ulises (Odisea I 326 s.) canta el regreso de los aqueos, uno de los motivos centrales de la Odisea.

Si además utilizamos las digresiones de la Ilíada y de la Odisea como término de comparación para descubrir qué otros motivos son tradicionales en la epopeya griega arcaica, observamos igualmente que los motivos en tales digresiones pertenecen al mismo repertorio limitado: la historia de Meleagro parte de una disputa y de la obcecación del héroe; la insolencia humana ante la superioridad de los dioses aparece en la referencia al destino de Níobe y de los antecesores de Glauco; la elección consciente de un determinado tipo de vida aparece en muchos guerreros menores y también en el propio Aquiles, etc. En muchos casos el honor y la gloria del héroe aparecen como móviles de la acción.

Por supuesto, si además de repasar los motivos que aparecen en los poemas cantados por los aedos de la Odisea y los de las digresiones de ésta y de la Ilíada, incluimos los motivos de los poemas del llamado Ciclo épico, poemas perdidos, pero de los que conservamos noticias acerca del contenido, bien por los resúmenes en prosa del mito que proporcionan la Crestomatía de Proclo, algunos escolios y las narraciones de los mitógrafos de época tardía, bien por fragmentos conocidos gracias a la transmisión indirecta, la lista de motivos comunes a varios poemas se incrementaría, lo mismo que la lista de motivos compartidos por la Ilíada con otros poemas.

e) Los efectos del canto épico

Además de los temas y personajes, los motivos y el tipo de ejecución, las referencias a los poemas breves de Demódoco y Femio dan cierta información sobre los efectos que la poesía épica ejerce sobre el auditorio. Las palabras más frecuentes para referirse a ello son «recrear», «deleitar», «hechizar» y «conmover». Los cantos de Demódoco en Esqueria proporcionan placer al auditorio de los feacios y mueven en dos ocasiones a Ulises al llanto. Lo mismo le sucede a Penélope en Ítaca al escuchar los cantos de Femio y oír el relato de las desgracias sufridas (Odisea I 338 ss.). En el caso de los propios héroes que han tomado parte en las acciones relatadas por los aedos, el llanto es una consecuencia del recuerdo de las desgracias padecidas por la voluntad de los dioses (cf. Ilíada VI 357 s.; Odisea VIII 577 ss.); en el caso de los restantes miembros del auditorio, la piedad que inspiran las desgracias de los héroes procede en último término de la comprobación de que la desgracia es la suerte común de los hombres. Entre éstas, la desdicha decisiva es la muerte, con la que los héroes de la Ilíada se enfrentan constantemente en la guerra. Es decir, el deleite de la poesía consiste también en inspirar la compasión por las desgracias humanas cuya narración constituye la materia del canto.

f) La «Ilíada» y las noticias sobre la épica en Homero

La Ilíada presenta claramente al menos algunas propiedades de los poemas que cantan Femio y Demódoco, como su prólogo indica claramente. Es cierto que existen algunas notables diferencias entre los poemas cantados por los aedos de la Odisea y lo que la propia Ilíada (y la Odisea) deja ver. La más llamativa es la referida a la extensión: frente a los breves episodios de la Odisea, la monumentalidad de la extensión de la Ilíada. Sin embargo, las analogías son numerosas. El tema pertenece a un momento concreto del décimo año de la segunda guerra de Troya, datada en la edad heroica (en el 1184 a. C., conforme a la cronología mítica más extendida, basada en Eratóstenes). La narración se instala en el pasado heroico y evita toda referencia al presente del poeta y a su propia individualidad. El contenido y los motivos básicos (la cólera del héroe, la importancia de la amistad, la venganza por la muerte del amigo, el deseo de obtener honra) son igualmente tradicionales. Los personajes no requieren ninguna presentación previa. Se da por supuesto el conocimiento de la totalidad de la leyenda y se anuncia a partir de qué punto concreto del mito, considerado como algo puramente histórico, va a comenzar la narración. La acción transcurre conforme a un plan divino. Es la Musa quien canta el tema propuesto. Además, dado que el contenido se presenta como luctuoso, hay que suponer que la consecuencia primera en el auditorio debe de ser el llanto y la compasión ante las desdichas sufridas por los héroes en la guerra.

Para algunos otros detalles no disponemos de elementos de juicio que ayuden a determinar qué analogía existe entre la Ilíada y los poemas que canta Demódoco en la Odisea. Esta ignorancia procede de las diferencias que impone la propia monumentalidad de la Ilíada y afecta a algunas cuestiones sumamente importantes. Destaquemos entre ellas las siguientes. Demódoco canta sus poemas con ocasión de una reunión y un banquete en la corte de Alcínoo: ¿para qué ocasión ha sido compuesta la Ilíada? Su enorme extensión hace al menos difícil que haya sido compuesta para cantarla en un banquete. Existen diferentes fuentes (Heródoto, V 67; Platón, Ión; Hiparco 228 b) que indican que los aedos profesionales recitaban poemas épicos en los festivales religiosos tradicionales durante los siglos VI y V a. C. Incluso en épocas más antiguas, existían competiciones públicas de poemas épicos en los festivales religiosos (cf. Himno a Apolo 149 s.) y en los funerales de personajes ilustres (cf. Hesíodo, Trabajos y Días 654 ss.). Por todo ello, no sería nada extraño que los poemas homéricos hubieran sido compuestos para certámenes de esta naturaleza. Las fiestas jónicas documentadas con más antigüedad son las Panionia del monte Mícale y las propias de Delos, mencionadas en el Himno a Apolo.

¿Ha sido compuesta sin la ayuda de la escritura? Sea cual sea la respuesta, parece en todo caso seguro que la difusión se ha realizado de manera oral. Demódoco parece improvisar sus cantos entre el conjunto de leyendas: ¿qué relación guarda la Ilíada con los poemas orales improvisados? O, dicho de otra manera, ¿la Ilíada es una composición oral improvisada para una ocasión concreta? Y, en caso de que sea así, ¿cuándo ha sido redactada por escrito?, ¿qué modificaciones se han introducido hasta su redacción escrita? Aunque no hay una solución segura para estas preguntas, más adelante expondremos algunas posibles respuestas.

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Yaş sınırı:
0+
Litres'teki yayın tarihi:
13 kasım 2024
Hacim:
755 s. 9 illüstrasyon
ISBN:
9788424939038
Yayıncı:
Telif hakkı:
Bookwire
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