Kitabı oku: «El cine en fuga»


El cine en fuga. Textos en el umbral del milenio
Primera edición impresa: octubre, 2019
Primera edición digital: abril, 2020
© Isaac León Frías
De esta edición
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Versión e-book 2020
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ISBN 978-9972-45-514-8
Índice
La regla del juego
Capítulo 1. La caja de Pandora
Aristarain, Subiela y Solanas
La partida de Audrey: Audrey Hepburn (1929-1993)
Las imágenes del mundo en una isla: Puerto Rico
Sam Raimi: visto y no visto en Lima
Festival del Sol: un Encuentro accidentado en el Cusco
Marcello Mastroianni: breve semblanza de un gran actor
A la búsqueda de un cine fronterizo. Comentarios a partir de los festivales de Puerto Rico y Mar del Plata
Películas y multisalas: no todo es color de rosa
Toulouse y otras pantallas latinoamericanas
Los hechos reales, ¿materia prima o algo más? (A propósito de algunas ficciones realistas recientes)
¿Neoclasicismo o neoacademicismo? Avatares de la neoqualité
Capítulo 2. Tierra en trance
El cine mexicano a comienzos de los 90
Diccionario de realizadores de largometraje
Federico García
Nora de Izcue
Óscar Kantor
José Luis Rouillon
Jorge Volkert
Rafael Zalvidea
El cine peruano: a paso de cojo
Cine peruano: presiones, carencias y aciertos en torno a los concursos de Conacine
Lo sagrado y lo obsceno: presentación de Román Chalbaud
Sobrevivir: el desafío del cine peruano
Cine peruano: a cuentagotas
Pálido ardor. Pantaleón y las visitadoras
Mejor en conjunto: Cuarto Encuentro Latinoamericano de Cine
Laboriosa atmósfera. A la media noche y media
Capítulo 3. Breve encuentro
Nuestros monstruos
La monstruosidad poética de Tim Burton
Los monstruos de David Lynch
Preferidas de La Gran Ilusión (a los 100 años)
Avaricia
Amanecer
Un tiro en la noche
Amor de perdición
India Song
Las preferencias de La Gran Ilusión: las 100 mejores
Periodo mudo
1930-1944
1945-1959
1960-1974
1975-1994
100 nombres (y uno más) para empezar el nuevo siglo
Olivier Assayas
Juanma Bajo Ulloa
Sandrine Bonnaire
Sergio Cabrera
Leos Carax
Chen Kaige
Nicolás Echevarría
Atom Egoyan
Hal Hartley
Industrial Light & Magic
Vitali Kanevski
Aki y Mika Kaurismaki
Abbas Kiarostami
Emir Kusturica
Pavel Longuine
Nikita Mijalkov
Nanni Moretti
Idrissa Ouedraogo
Alexander Sokurov
Lars von Trier
Zhang Yimou
Manoel de Oliveira
Diccionario temático del cine peruano
Barrio
Cementerio
Delincuentes
Domésticas
Militares y policías
Muerte
El sexo en el cine
Exhibicionismo: la mostración de Keitel
Prostitución: el dolor y el placer
Travestismo: la práctica de parecer “otro”
Filias y disgustos: Profundo carmesí
Diccionario (fragmentario) de los nuevos cortos peruanos
El colchón y Triunfador de Daniel Rodríguez
El cine de los 90… Y después
La muchacha de la fábrica de fósforos
Abbas Kiarostami
Takeshi Kitano
Lars von Trier
Cines orientales
El cine de autor
El cine de América Latina
Especial cine latinoamericano
Glauber Rocha
Nelson Pereira dos Santos
25 watts
A la izquierda del padre
Capítulo 4. La Vía Láctea
Tres de Fellini
“Toby Dammit”, episodio de Historias extraordinarias
Amarcord
Las voces de la luna
Cuatro de Truffaut
La piel suave
La novia vestía de negro
El amor en fuga
El último metro
Dos de Scorsese
¿Quién golpea a mi puerta?
“Apuntes al natural”, episodio de Historias de Nueva York
Una de Cronenberg
Parásitos mortales
Dos de Eastwood
Firefox
Un mundo perfecto
Tres de Coppola
Golpe al corazón
Tucker, el hombre y su sueño
“La vida sin Zoe”, episodio de Historias de Nueva York
Cuatro de Kurosawa
El duelo silencioso
Un perro rabioso
Escándalo
Los bajos fondos
Dos de Kubrick
El beso del asesino
Espartaco
Cuatro de Buñuel
La hija del engaño
Una mujer sin amor
La muerte en este jardín
El ángel exterminador
Capítulo 5. La edad de la razón
Hacia la cinenovela: La segunda patria
Las estaciones del infierno: el cine de Arturo Ripstein
Del psicho thriller al horror. Apuntes sobre algunas modalidades de la fruición criminal
La aspereza del cuero duro. Clint Eastwood actor
¿Por qué Eisenstein, por qué Mizoguchi? Introducción a dos ensayos y una cronología
Solidez de vieja estirpe: perfil de Adolfo Aristarain
Capítulo 6. Los 400 golpes
El buen juicio y el sida: Filadelfia
Ni virginal ni “respetable”: La pequeña Vera
Con pasión y furia: Las noches salvajes
Arnold lúdico: Mentiras verdaderas
Freddy se sale del guion: La nueva pesadilla
Penurias turcas: Yol
Dos de Benigni: El diablito y El monstruo
Medianía sentimental: El cartero
La forma del delirio: Al borde de la locura
“Héroe” a su pesar: Larry Flynt, el nombre del escándalo
Divertimento bizarro: Delicatessen
La simetría de la impotencia: Esposas y concubinas
Un aroma y un derrière: El marido de la peluquera y El perfume de Yvonne
Pudor y contención: El placer de estar contigo
Entre el cielo y el infierno: El apóstol
La isla y el yo: Un ángel en mi mesa
Memoria del destierro: Cristo se detuvo en Eboli
Capítulo 7. En breve
Anaconda
El amante
Europa, Europa
Il ciclone. Pasión y amor
Juegos peligrosos. Ridicule
El día de la bestia y Torrente, el brazo tonto de la ley
Secretos del poder
Lolita
Querer es un sentimiento
No va más
Referencias
Índice de títulos
A la bonhomía de Enrique Paco Pinilla y a la furia española de Rafaela Rafa García Sanabria
in memoriam
La regla del juego
La Gran Ilusión tuvo su primer número en el segundo semestre de 1993 y el último en el 2003, diez años más tarde. Era el número 13 que, en este caso, se convirtió puntualmente en el número fatal. En realidad, la continuidad de la revista se había mantenido hasta el número 12 que se publicó en el 2000, por lo que podemos decir que fue una revista de fin de siglo o en el umbral del milenio, y en ella se dio cuenta de lo que permanecía y de lo que cambiaba. Las salas se transformaban, la tecnología digital ya se iba perfilando, emergían nuevos cineastas así como cinematografías que se hacían de lugares expectantes en el concierto de los festivales y los escaparates del cine internacional. Si dejamos de lado ese último número, que quedó algo descolgado de los anteriores, podemos advertir una revista que todavía respiraba los aires de la tradición fílmica que cumplía 100 años enquistada en los soportes que le dieron nacimiento y los que se fueron agregando sin afectar la naturaleza tecnológica de la imagen y la proyección analógicas.
Por su parte, el cine peruano seguía siendo una continuación algo maltrecha del que se hizo en el periodo 1974-1992 y aún no aparecía ninguno de los realizadores que se harían visibles en la década posterior.
Los textos que se agrupan en este volumen, publicados originalmente en La Gran Ilusión, corresponden a ese periodo y a esa tradición, aun cuando algunos apunten en dirección de ciertas novedades estéticas que ya se advertían y que irían tomando cuerpo más adelante. Es una antología que cubre una buena parte de lo que escribí para esa revista que, en alguna medida, tomó la posta de Hablemos de Cine. No todos veníamos de la anterior, pero se logró reunir en la nueva publicación casi a la totalidad de los críticos más activos en ese momento e incluso a algunos con poca práctica previa, como Rogelio Llanos, que lograron hacer la parte seguramente más prolífica de su producción textual referida al cine en las páginas de esta revista en la que escribieron también Ricardo Bedoya, que fungió asimismo de editor, Federico de Cárdenas, Augusto Cabada, Emilio Bustamante, Giancarlo Carbone, Rafaela Pinilla, Fernando Vivas y, con menor frecuencia, Andrés Cotler, Javier Protzel, Enrique Silva y Carlos Torres Rotondo, quienes también pusieron lo suyo en este emprendimiento editorial, en el que asimismo colaboraron amigos y colegas extranjeros, como el español Miguel Marías, el chileno Ascanio Cavallo o el argentino Eduardo Russo.
En La Gran Ilusión se impuso la reunión semanal, a la manera en que había ocurrido con Hablemos de Cine. Tal vez la dinámica de las reuniones fue menos enjundiosa que en los tiempos de la predecesora, pero se mantuvo el espíritu entre cordial y polémico y siempre animado de los encuentros semanales que, hasta donde sabemos, no se han repetido más. Al menos no en Ventana Indiscreta, el proyecto editorial en el que desde hace algunos años estamos embarcados en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima, con una propuesta editorial distinta a la de La Gran Ilusión, que también fue una revista de la misma Facultad, pero con un aire algo académico por la extensión de los textos y la dureza del diseño. Ventana Indiscreta tiene un carácter monográfico (por primera vez nos apartamos de la actualidad cinematográfica inmediata) y sus textos, sin dejar algunos el tono académico, son más periodísticos o ensayísticos.
Decía que en este volumen está una buena parte de lo que escribí en La Gran Ilusión. No está todo porque varios textos largos fueron publicados ya en el libro Grandes ilusiones. De Eisenstein a la neo-comedia romántica (2008), y otros en la antología Tierras bravas. Cine peruano y latinoamericano (2014). En Grandes ilusiones, editado por Uqbar en Santiago de Chile, nueve de un total de diecisiete trabajos procedían de las páginas de la revista con el título de la célebre película de Jean Renoir. Eso hizo que ese título prácticamente se mantuviera, pluralizándolo para evitar la repetición literal. Tres de esos nueve textos se vuelven a publicar aquí con la intención de reforzar la sección de ensayos que hubiera quedado muy maltrecha sin ellos. En cambio, no se repite ninguno de los artículos o críticas que se incluyeron en Tierras bravas…, aun cuando con ellos la atención al cine peruano y al latinoamericano hubiese ganado significativamente. No obstante, así como está, la sección “Tierra en trance” no queda desairada.
He dividido este volumen en siete partes que corresponden a los nombres de las secciones más estables de La Gran Ilusión, lo que le puede dar a este libro la apariencia de una revista voluminosa, dado que los materiales son bastante sueltos puesto que han sido entresacados de una organización textual diferente, la que tenía cada número de La Gran Ilusión en el que varios críticos nos dividíamos las tareas de redacción. Por eso, por poner un ejemplo, en la sección “La Vía Láctea” me tocó escribir sobre unas pocas películas de cada uno de los realizadores que comparecieron allí. Y también escribí unas pocas notas en otros acercamientos temáticos de las secciones “Breve encuentro” o “Tierra en trance”. Espero que a nadie le incomode la lectura parcial de bloques en su origen bastante más amplios.
Para mantener el espíritu renoiriano, empleo para esta introducción el nombre que le asignamos a la página editorial que es, como se sabe, el título de una de las mejores cintas del autor de La gran ilusión, y como ya no puedo repetir, ni en singular ni en plural, ese título que dio nombre a la revista de donde procede lo que aquí se va a leer, y para no quebrar la filiación fílmica, juego con el título de un filme de Truffaut, brevemente comentado en el libro, que es El amor en fuga. Preciso que aplico el término fuga principalmente en su acepción musical: variaciones sobre un tema en diferentes tonos. No lo aplico literalmente; es solo una metáfora, claro está, pero es muy pertinente para hacer referencia a los textos que conforman el volumen, finalmente variaciones en torno a ciertos motivos y rodeos sobre los mismos u otros. También la fuga se asocia con el movimiento rápido, con la fugacidad, con el tiempo que avanza velozmente. Esas acepciones no están reñidas en absoluto con el carácter precisamente fugaz de los filmes y, porqué no, de los textos que se leen a continuación y que están conectados con esos años de fin-de-siecle un tanto alborotados por los cambios que anotamos en el primer párrafo.
Quiero agradecer a Milagros García Gago por su apoyo en la transcripción de los textos y en la elaboración parcial del índice, trabajo que culminó con destreza Enrique Bogardus, y recordar tanto a Rafaela García Sanabria, habitual generadora de controversias en los encuentros semanales de la revista, como a Enrique Pinilla que se fue antes de que la revista se pusiera en marcha pero cuánto le hubiese gustado participar en ella.
CAPÍTULO 1
La caja de Pandora
Aristarain, Subiela y Solanas
El cine argentino, que enfrenta desde hace rato una grave crisis de producción agravada por las difíciles circunstancias económicas que ese país ha venido arrastrando en los últimos años, levantó cabeza el año pasado con tres películas que han provocado polémica y han obtenido reconocimiento dentro y fuera. La que mayor éxito de público ha tenido es Un lugar en el mundo (1992), de Adolfo Aristarain, ganadora de la Concha de Oro del Festival de San Sebastián 1992. La que ha causado las opiniones más extremas es El lado oscuro del corazón (1992), de Eliseo Subiela, Coral del último Festival de La Habana. La tercera, que es la más ambiciosa en presupuesto y amplitud argumental, está dirigida por Fernando E. Solanas y se titula El viaje (1992).
Un lugar en el mundo tiene a Federico Luppi, Cecilia Roth, José Sacristán y Leonor Benedetto en los roles principales y cuenta los avatares de los miembros de la comunidad ganadera ante las presiones de un poderoso hacendado. Pero, más que en el enfrentamiento de intereses y las luchas que puede provocar, Aristarain se centra en el grupo de personajes principales del relato, concretamente los miembros de la familia integrada por Luppi, Cecilia Roth y el adolescente más la religiosa compuesta por Benedetto y el geólogo español que hace Sacristán.
El nivel social del relato queda como un marco contextual y lo principal pasa a ser la integridad de unos hombres y mujeres aferrados a destiempo a un ideal comunitario y el aprendizaje de vida del muchacho. Son las relaciones de afecto y amistad las que llenan la película y le aportan lo mejor que tiene. Para ello la dirección de actores es medida y siempre convincente y el ritmo del relato posee temple y energía. El humanismo de Aristarain, cual Martin Ritt argentino que hubiera bebido de las fuentes de John Ford, se resiente a veces por problemas de la guionización, patente por exceso en algunos diálogos y por defecto en algunas resoluciones poco satisfactorias.
El lado oscuro del corazón es la historia de las búsquedas amorosas de un poeta argentino (el actor Darío Grandinetti) que deambula por bares, prostíbulos y departamentos en Buenos Aires y Montevideo. En la línea de exploración lírica que el realizador Eliseo Subiela se había impuesto en Hombre mirando al sudeste (1986) y Últimas imágenes del naufragio (1989), El lado oscuro del corazón lleva las cosas más lejos, pues la película se sitúa abiertamente en una dimensión límite entre el realismo cotidiano y la fantasía onírica, tratada esta última siempre con una apariencia totalmente realista, sin trucos ni efectos especiales ni marcas de separación. Componente central del filme es un abundante diálogo, cargado de citas de Borges, Benedetti y otros escritores, que le da a los personajes y especialmente al protagonista, un lado sobreintelectualizado que afecta seriamente la verosimilitud de las situaciones, de manera que lo que tiene de lograda la atmósfera se resiente con la discutible consistencia de los personajes, definidos a partir de su excesiva verbalización.
El viaje, por su parte, una vez bailados por Solanas los tangos del exilio y el retorno en Tangos: El exilio de Gardel (1985) y Sur (1988), respectivamente, es la Oda Americana del realizador argentino. Un joven que busca a su padre —y, obviamente, a sí mismo— recorre América, de la Patagonia a México, incluyendo en el trayecto al sur de Chile, Cusco, la Amazonía, Brasilia y Panamá. La pretensión, es como se ve, enorme y ha terminado por desbordar las posibilidades que el filme tenía para lograr ese cometido. Tal vez Solanas hubiera requerido el esquema de una serie dividida en capítulos para arribar a resultados más favorables. Empero, El viaje ostenta en su primera parte, con las escenas del internado y las que corresponden a la inundación de Buenos Aires y sus alrededores, virtudes reconocibles. En esta parte la propuesta alegórica encuentra imágenes y representaciones realmente sugestivas. Luego esa riqueza se pierde en la parte peruana, se retoma parcialmente durante la etapa brasileña y se pierde nuevamente en la parte final. No se alcanza, entones, el difícil equilibrio que una visión metafórica de la pluralidad de mundos latinoamericanos requería y la película avanza un poco a sobresaltos, a merced de su propio caos. De cualquier modo, posee méritos innegables y constituye, junto con las dos anteriores, un trío que da pie al debate y a la polémica, lo que no es poco en estos momentos en que el cine de América Latina pasa por uno de sus periodos más difíciles en los últimos 30 años.
(La Gran Ilusión, n.o 1, segundo semestre de 1993, pp. 9-101)