Kitabı oku: «La espiritualidad puritana y reformada», sayfa 6

Yazı tipi:

3. Restricciones gubernamentales. La obra misionera allende los mares fue prácticamente imposible para los reformadores, porque la mayoría de los gobiernos de Europa estaban controlados por príncipes, reyes y emperadores católico-romanos. La persecución de los protestantes estaba muy extendida. Como escribió Calvino: “Hoy, cuando Dios desea que su evangelio sea predicado por todo el mundo, para que el mundo sea restaurado de muerte a vida, parece pedir lo imposible. Vemos cuán enormemente somos resistidos por todas partes y con cuántas y cuán potentes maquinaciones Satanás obra contra nosotros, de modo que todas las calles son cortadas por los propios príncipes”.316

Casi todas las puertas al mundo pagano estaban cerradas para Calvino y los demás reformadores. El mundo del islam al sur y este estaba guardado por los ejércitos turcos, mientras que los navíos de España y Portugal impedían el acceso al recién descubierto nuevo mundo. En 1493, el papa Alejandro VI dio a los gobernantes españoles y portugueses derechos exclusivos a estas regiones, que fueron reafirmados por los papas y tratados que siguieron.

Salir al mundo para Calvino y otros reformadores no significaba, necesariamente, abandonar Europa. El campo de misión de la incredulidad estaba justo en el reino de la cristiandad. Para la iglesia ginebrina, Francia y gran parte de Europa estaban abiertas. Fortalecidos por la teología evangelizadora de Calvino, los creyentes respondieron celosamente a la llamada de la misión.

Calvino hizo lo que pudo para apoyar la evangelización en el frente extranjero. A pesar de su trágico fracaso, el pionero proyecto protestante en la costa de Brasil desde 1550 hasta 1560 suscitó la sincera simpatía, interés y continuada correspondencia de Calvino.317

El espíritu misionero de Calvino y la elección

Aunque los escritos específicos de Calvino sobre misiones son limitados, su Institución, comentarios, sermones, cartas y vida brillan con un espíritu misionero. Es inmensamente claro que Juan Calvino puso su corazón en la evangelización para extender el reino de nuestro Señor Jesucristo a los fines de la tierra. Era el deseo de Calvino que “el reino de Cristo floreciera en todo lugar”. Establecer el reino celestial de Dios sobre la tierra era tan importante, decía Calvino, que “no sólo debiera ocupar el lugar principal entre nuestros cuidados, sino incluso absorber todos nuestros pensamientos”.318

Todo esto debería disipar el mito de que Calvino y sus seguidores promovieron la inactividad y desinterés en la evangelización. Antes bien, las verdades de la gracia soberana enseñadas por Calvino, como la elección, son precisamente las doctrinas que fomentan la actividad misionera. Cuando la verdad bíblica y reformada es amada, apreciada y correctamente enseñada, la evangelización y la actividad misionera abundan.

La elección fomenta la actividad evangelizadora, pues Dios soberanamente une la elección con los medios de gracia (Hch. 13:44-49). La elección suscita la actividad misionera, caracterizada por una humilde dependencia de Dios para la bendición. La doctrina de la libre gracia no es una barrera para la evangelización que se centra y glorifica a Dios: es una barrera contra el concepto humanista de la actividad y métodos evangelizadores.319

Calvino jamás permitió que la elección limitara la oferta gratuita del evangelio. Enseñó que, puesto que nadie sabe quiénes son los elegidos, los predicadores deben trabajar sobre el principio de que Dios quiere que todos sean salvos.320La elección, más que limitar, prepara la evangelización. La elección pertenece a la categoría especial de los propósitos secretos de Dios, no a la actividad evangelizadora de la Iglesia. En consecuencia, el evangelio debe predicarse a todos los pecadores. La respuesta de fe del pecador a la oferta gratuita de salvación en Cristo revela si es o no elegido. Pues, aunque la llamada del evangelio llega a todos los que oyen la Palabra, esta llamada sólo la hace efectiva el Espíritu Santo en los elegidos.321 Dios abre puertas a la Iglesia para que el evangelio pueda ir a todo el mundo, y sus elegidos lo oirán y responderán en fe.322

La elección es, así pues, el ímpetu y garantía de éxito de la evangelización reformada. Como dice Isaías 55:11: “Así será mi Palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié”.

¿Es maravilla, entonces, que Calvino llamara la elección el corazón, esperanza y consuelo de la Iglesia? Criaturas totalmente depravadas como tú y yo podemos esperar en un Dios elector.

Una palabra de aliento

Calvino ha sido criticado por dejar de apoyar, supuestamente, la obra evangelizadora. Hemos visto que esto, sencillamente, no es así, y las lecciones debieran darnos aliento.

Por un lado, nos dice que deberíamos permanecer ocupados, y preocuparnos menos de lo que los demás digan de nosotros. Si Calvino no pudo protegerse de los críticos ni trabajando veinte horas al día, predicando, enseñando y escribiendo, ¿qué dice esto de nuestro trabajo por el reino de Dios? Si Calvino no fue evangelizador, ¿quién lo es? ¿Estamos dispuestos a confesar con William Carey respecto al trabajo por las almas de los pecadores: “Prefiero desgastarme antes que oxidarme”?

Quizás algunos de nosotros estamos cansados. Tememos que nos estemos desgastando son ver el fruto de nuestra obra evangelizadora. Estamos cargados de trabajo. La labor espiritual ha producido cansancio espiritual, que a su vez ha producido desaliento espiritual. Nuestro ojo no se ha oscurecido, pero nuestra energía física y espiritual ha sido seriamente reducida por nuestro constante darnos al bien de los demás.

Esto puede ser particularmente cierto de aquéllos que somos pastores. Los sábados por la noche estamos preocupados porque no nos sentimos adecuadamente preparados para la adoración. Nuestras responsabilidades han sido demasiado pesadas. Estamos agobiados por la administración eclesiástica, el consejo personal y la correspondencia. El domingo por la noche estamos completamente agotados. Incapaces de cumplir con nuestras responsabilidades, trabajamos bajo un sentido permanente de inadecuación. Carecemos de tiempo familiar; carecemos de tiempo privado con Dios. Como pasaba a Moisés, nuestras manos se hacen pesadas en la intercesión. Como Pablo, exclamamos: “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?” (2 Co. 2:16). Las rutinas del ministerio diario se hacen agobiantes. Experimentamos lo que Spurgeon llamó “ataques desvanecedores del ministro”, y nos preguntamos si estamos siendo usados por Dios, después de todo. Nuestra visión del ministerio es tristemente menoscabada.

En tales momentos, deberíamos seguir el ejemplo de Calvino. Algunas lecciones suyas incluyen:

• Mira más a Cristo. Descansa más en su perseverancia, pues tu perseverancia descansa en la suya. Busca gracia para imitar su paciencia en la aflicción. Tus pruebas pueden alarmarte, pero no te destruirán. Tus cruces son el camino de Dios a la coronación real (Ap. 7:14).

• Adopta una perspectiva amplia. Trata de vivir a la luz de la eternidad. El bambú chino no parece hacer nada en absoluto durante cuatro años. Entonces, en su quinto año, de repente crece noventa pies de altura en sesenta días. ¿Dirías que este árbol creció en seis semanas o en cinco años? Si sigues al Señor en obediencia, en general verás tus esfuerzos recompensados al final. Recuerda, sin embargo, que Dios jamás te pidió producir crecimiento: sólo te pide seguir trabajando.

• Date cuenta de que los tiempos de desaliento a menudo son seguidos por tiempos de avivamiento. Mientras predecimos la ruina de la Iglesia, Dios está preparando su renovación. La Iglesia sobrevivirá a través de todos los tiempos e irá a la gloria, mientras que los impíos irán a la ruina. Así que cíñete los lomos de tu entendimiento y permanece seguro, pues el Señor es mayor que Apolión y los tiempos. Mira a Dios, no al hombre, pues la Iglesia pertenece a Dios.

• Confía en Dios. Aunque los amigos puedan fallarte, Dios no lo hará. El Padre es digno de confianza. Cristo es digno de confianza. El Espíritu Santo es digno de confianza. Viendo que tienes un gran sumo sacerdote, Jesucristo, el Hijo de Dios, acércate a Él en fe, y espera en Él, y Él renovará tus fuerzas. No todos somos Calvino. De hecho, ninguno de nosotros puede ser Calvino. Pero podemos seguir trabajando, por la gracia de Dios, mirando a Jesús para obtener la fuerza diaria. Si Calvino, un hombre, hizo tanto por la causa de la evangelización, ¿no deberíamos pedir a Dios que usara también nuestros esfuerzos, haciéndolos fructíferos mediante su bendición?

Atended al consejo del puritano John Clavel, que escribió: “No enterréis a la Iglesia antes de que esté muerta”. Orad más y mirad menos las circunstancias. Continuad con doble fervor para servir al Señor cuando no haya ningún resultado visible ante vosotros. Resistid la dificultad como buenos soldados de Cristo. Estad dispuestos a ser tenidos por necios por amor a Cristo. Aseguraos de que estáis en Dios, pues entones podéis estar seguros de que Dios está en vosotros.

En palabras de M’Cheyne: “Hable vuestra vida más alto aún que vuestros sermones. Sea vuestra vida la vida de vuestro ministerio”. Sed ejemplares en y fuera del púlpito, y dejad los frutos de vuestro ministerio a nuestro Dios soberano, quien no comete errores y jamás abandona la obra de sus manos.

Finalmente, cobrad ánimo del enfoque de Calvino de “la puerta abierta”. ¿No erramos gastando nuestras energías en intentar abrir puertas que Dios ha cerrado? ¿No deberíamos, más bien, orar más para que se abran nuevas puertas a nuestro ministerio? ¿No deberíamos pedir la guía de Dios para reconocer qué puertas están abiertas y, por su fuerza, atravesarlas? Dios nos dé gracia no para guiarlo, sino más bien para seguirlo en toda nuestra obra evangelizadora. ¿No es el corazón mismo de la evangelización reformada seguir a Dios antes que intentar guiarlo?

Pueda el Señor Jesús decir de nosotros lo que dijo a la iglesia de Filadelfia en Apocalipsis 3:8: “Yo conozco tus obras; he aquí, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar; porque aunque tienes poca fuerza, has guardado mi Palabra, y no has negado mi nombre”.

De esto se trata la evangelización reformada de Calvino, y de esto debe tratarse nuestra evangelización. Dios nos ayude a ser verdaderos a su nombre y obedientes a su Palabra, buscar las puertas que abrirá ante nosotros, y orar con Calvino: Ayúdanos a solicitarte cada día en nuestras oraciones, y a no dudar jamás que, bajo el gobierno de tu Cristo, puedes volver a reunir a todo el mundo…, cuando Cristo ejercerá el poder que le ha sido dado para nuestra salvación y para la de todo el mundo”.323

- 4 -LA PRÁCTICA PURITANA DE LA MEDITACIÓN

“La meditación aplica, la meditación sana, la meditación instruye.” –Ezekiel Culverwell324

El crecimiento espiritual se intenciona como parte de la vida cristiana de los creyentes. Pedro exhorta a los creyentes a “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 Pe. 3:18). El Catecismo de Heidelberg dice que los verdaderos cristianos son miembros de Cristo por la fe y participación de su unción. Por el poder de Cristo, son resucitados a una nueva vida y tienen el Espíritu Santo, que les es dado como arras. Por el poder del Espíritu, “buscan las cosas de arriba” (Col. 3.1). Sólo puede esperarse crecimiento espiritual, ya que “es imposible que aquéllos que son implantados en Cristo con fe verdadera no den los frutos de agradecimiento”.325

Un obstáculo para el crecimiento de los cristianos de hoy es la falta de cultivación del conocimiento espiritual. Somos faltos en dar el tiempo suficiente a la oración y la lectura de la Biblia, y hemos abandonado la práctica de la meditación. ¡Cuán trágico es que la misma palabra “meditación”, en otro tiempo considerada una disciplina central del cristianismo y “una preparación crucial para, y adjunta a, la tarea de la oración”, sea ahora asociada a una espiritualidad New Age no bíblica. Con razón criticamos a quienes se involucran en la meditación trascendental y otros ejercicios que relajan la mente, porque estas prácticas están relacionadas con religiones falsas, como el budismo y el hinduismo, y no tienen nada que ver con la Escritura. Tales formas de meditación se centran en vaciar la mente para desconectar del mundo y unirse a la llamada Mente Cósmica –no acercarse, escuchar y estar activo para un Dios vivo y personal–. Sin embargo, podemos aprender de tales personas la importancia de la serena reflexión y prolongada meditación.326

Hubo un tiempo en que la Iglesia cristiana estaba profundamente involucrada en la meditación bíblica, lo cual implicaba separación del pecado y acercamiento a Dios y a nuestro prójimo. En la época puritana, numerosos ministros predicaron y escribieron sobre cómo meditar.327En este capítulo, miraremos el arte puritano de la meditación, considerando la naturaleza, deber, modo, temas, beneficios, obstáculos y auto-examen de la meditación.328Con los puritanos como mentores, quizás podamos recuperar la práctica bíblica de la meditación para nuestro tiempo.

Definición, Naturaleza y Tipos de Meditación

La palabra “meditar” o “musitar” significa “pensar en” o “reflexionar”. “En mi meditación se encendió fuego”, dijo David (Sal. 39:3). También significa “murmurar, hablar entre dientes, hacer sonido con la boca… Implica lo que expresamos hablándonos a nosotros mismos”.329Esta meditación supone recitarse a sí mismo, en tono bajo, pasajes de la Escritura que se han memorizado.

La Biblia habla a menudo de meditación. “Había salido Isaac a meditar al campo, a la hora de la tarde”, dice Génesis 24:63. A pesar de la exigente tarea de Josué de supervisar la conquista de Canaán, el Señor le ordenó que meditara en el libro de la ley día y noche, para que pudiese hacer todo lo que estaba escrito en él (Jos. 1:8). El término “meditación”, sin embargo, ocurre con más frecuencia en los Salmos que en todos los demás libros de la Biblia juntos. El salmo 1 llama bienaventurado al varón cuya delicia está en la ley de Jehová, y en su ley medita de día y de noche. En el salmo 63:6, David habla de acordarse de Dios en su lecho y meditar en Él en las vigilias de la noche. El salmo 119:148 dice: “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandamientos”.330

Pensar, reflexionar o musitar presupone un tema en que meditar. La meditación formal implica temas de peso. Por ejemplo, los filósofos meditan en conceptos como la materia y el universo, mientras que los teólogos reflexionan sobre Dios, los decretos eternos y la voluntad del hombre.

Los puritanos jamás se cansaron de decir que la meditación bíblica implica pensar en el Dios trino y su Palabra. Anclando la meditación en la Palabra viva, Jesucristo, y en la Palabra escrita, la Biblia, los puritanos se distanciaron del tipo de espiritualidad falaz o misticismo que acentúa la contemplación a expensas de la acción, y acude a la imaginación a expensas del contenido bíblico.

Para los puritanos, la meditación ejercita tanto la mente como el corazón. El que medita se aproxima a una cuestión con su intelecto a la vez que con sus afectos. Thomas Watson definió la meditación como “un santo ejercicio de la mente por el que traemos a la memoria las verdades de Dios y, con seriedad, reflexionamos sobre ellas y nos las aplicamos”.331

Edmund Calamy escribió: “La verdadera meditación es cuando un hombre medita en Cristo de tal manera que logra que su corazón se inflame del amor de Cristo; medita en las verdades de Dios de tal manera que se transforma en ellas; y medita en el pecado de tal manera que logra que su corazón aborrezca el pecado”. Siguió diciendo que, para hacer bien, la meditación debe entrar por tres puertas: la puerta del entendimiento, la puerta del corazón y los afectos, y la puerta de la vida práctica. “Debes meditar en Dios de tal manera que camines como Dios camina; y meditar en Cristo de tal manera que lo tengas en gran estima y vivas en obediencia a Él”.332

La meditación era un deber diario que potenciaba todos los demás deberes de la vida cristiana del puritano. Así como el aceite lubrica un motor, la meditación facilita el diligente uso de los medios de gracia (la lectura de la Escritura, la audición de sermones, la oración y todas las demás ordenanzas de Cristo),333acentúa las marcas de la gracia (arrepentimiento, fe, humildad) y fortalece las relaciones con los demás (amor a Dios, a los otros cristianos, al prójimo en general).

Los puritanos escribieron sobre dos tipos de meditación: ocasional y deliberada. “Hay una meditación repentina, breve y ocasional sobre las cosas celestiales; y hay una meditación solemne, prefijada y deliberada”, escribió Calamy. La meditación ocasional toma lo que se observa con los sentidos para “elevar los pensamientos a la meditación celestial”. El creyente hace uso de lo que ve con sus ojos u oye con sus oídos, “cual escalera para subir al cielo”. Esto es lo que hizo David con la luna y las estrellas en el salmo 8, lo que hizo Salomón con las hormigas en Proverbios 6, y lo que hizo Cristo con el agua del pozo en Juan 4.334Thomas Manton explicó: “Dios entrenó a la Iglesia antigua con tipos y ceremonias para que, a partir de un objeto común, ascendieran a pensamientos espirituales; y nuestro Señor, en el Nuevo Testamento, enseñó por parábolas y similitudes tomadas de funciones y oficios ordinarios de los hombres, para que en todo trabajo y llamamiento nos empleemos en nuestra labor mundana con una mente celestial y que, ya sea en la tienda, o en el telar, o en el campo, aún pensemos en Cristo y en el cielo”.335

La meditación ocasional –o meditación “extemporal”336– es relativamente fácil para el creyente, porque puede practicarse en cualquier momento, en cualquier lugar y entre cualesquiera personas. Un hombre con una mente espiritual puede aprender rápidamente a espiritualizar las cosas naturales, pues sus deseos son contrarios a los de aquéllos que tienen una mente mundana, que carnalizan incluso las cosas espirituales.337Como escribió Manton: “Un corazón gracioso es como un alambique: puede destilar meditaciones útiles de todas las cosas con las que se encuentra. Así como ve todas las cosas en Dios, ve a Dios en todas las cosas”.338

Casi todos los libros puritanos sobre la meditación mencionan la meditación ocasional. Algunos puritanos, como William Spurstowe, Thomas Taylor, Edward Bury y Henry Lukin escribieron libros enteros de meditaciones ocasionales.339

La meditación ocasional tiene sus peligros, sin embargo. El obispo Joseph Hall advirtió de que, cuando se dejan sin freno, estas meditaciones pueden extraviarse fácilmente de la Palabra y hacerse supersticiosas, como fue el caso de la espiritualidad católico-romana.340 La imaginación debe ser frenada por la Sagrada Escritura.

Los puritanos difirieron entre sí acerca de cuán lejos se había de llegar con estas meditaciones. En The Pilgrim’s Progress and Traditions in Puritan Meditation, U. Milo Kaufmann dijo que había dos tradiciones divergentes en la meditación puritana. Dijo que Joseph Hall, un puritano moderado en orientación teológica, aunque no en sistema de gobierno eclesiástico, lideró el desarrollo de la literatura sobre la meditación entre los puritanos mediante su obra Art of Divine Meditation, publicada en 1606 por primera vez. Hall frenó la imaginación en la meditación, limitándola al contenido de la Palabra. Esto influyó enormemente en Isaac Ambrose y Thomas Hooker, que escribieron en los años 50 del siglo XVII, y a John Owen y Edmund Calamy, que escribieron una generación más tarde. Kaufmann afirmó que, a diferencia de los escritores católico-romanos, no era “probable que [la mayoría de los puritanos] meditara en sucesos de la vida de Cristo sino, más bien, en doctrinas o proposiciones específicas de la Escritura”.341


Richard Sibbes

Según Kaufmann, Richard Sibbes y Richard Baxter rompieron con esta tradición al recomendar la meditación en los sacramentos y el cielo. Sibbes, en particular, afirmó que, aunque el alma puede recibir mucho daño de la imaginación desenfrenada, también puede “obtener mucho bien de ella”. Representar las cosas celestiales en términos terrenales, como, por ejemplo, presentar el reino de los cielos en términos de un banquete y unión con Cristo en casamiento, ofrecía “un enorme campo por donde andar nuestra imaginación…con gran cantidad de ganancia espiritual”, escribió Sibbes.342Kaufmann creía que Baxter, al enfatizar la imaginación comparando objetos sensitivos con objetos de fe estaba siendo influido por The Soul’s Conflict de Sibbes. Por su parte, John Bunnyan se animó a escribir El progreso del peregrino, en el que aplicó su imaginación a una gran variedad de temas que afectaban al peregrinaje espiritual del creyente.343


Richard Baxter

Aunque la valoración de Haufmann contiene parte de verdad, hay en él muy poca apreciación del temor puritano a permitir que la imaginación adquiriese un libre reinado, al margen de la Escritura. Los puritanos tenían razón en temer los excesos de Anselmo, Ignacio de Loyola y otros católico romanos, visualizando las historias del evangelio –particularmente el arresto, juicio, crucifixión y resurrección de Cristo– para dar rienda suelta a la imaginación a través de los cinco sentidos.344 Además, la valoración negativa que Kaufmann hace de Hall y Ambrose no tiene en cuenta la notable libertad que ambos escritores dieron a la imaginación y uso de los sentidos a partir de la Escritura.345Contemplations de Hall y Looking Unto Jesus de Ambrose se entregaron totalmente a la meditación sin traspasar los límites de la Escritura. Este equilibrio es crucial en la tradición puritana y, como tal, los puritanos sirven como mentores respecto al modo en que podemos usar la imaginación santificada.346

El tipo de meditación más importante es la meditación diaria y deliberada, en la que nos ocupamos en horas prefijadas. Calamy dijo que la meditación deliberada toma lugar “cuando un hombre aparta…un tiempo y entra en un aposento privado, o da un paseo privado, y allí medita deliberadamente en las cosas del cielo”. Esta deliberación se posa en Dios, Cristo y la verdad, al igual que “la abeja que se posa y hace morada en la flor, para absorber toda la dulzura”. “Es un acto en que el alma se refleja a sí misma, por medio del cual es traída a sí misma, y considera todas las cosas que conoce” sobre la materia, incluyendo sus “causas, frutos (y) propiedades”.347

Thomas White dijo que la meditación deliberada bebe de cuatro fuentes: la Escritura, las verdades prácticas del cristianismo, las ocasiones providenciales (experiencias) y los sermones. Los sermones son campos particularmente fértiles para la meditación. Como escribió White: “Es mejor oír sólo un sermón y meditar en él, que oír dos sermones y no meditar en ninguno”.348

Algunos puritanos dividieron la meditación deliberada en dos partes: la meditación que es directa y se centra en el objeto sobre el que se medita, y la meditación que es reflexiva (en ambos sentidos de la palabra) y se centra en la persona que medita. La meditación directa es “un acto de la parte contemplativa del entendimiento”, mientras que la meditación reflexiva es “un acto de la conciencia”. La meditación directa ilumina la mente con conocimiento, mientras que la meditación reflexiva llena el corazón de bondad.

La meditación deliberada puede ser dogmática, teniendo la Palabra como objeto, o práctica, teniendo nuestras vidas como objeto.349 Thomas Rouge combinó varios aspectos de la meditación deliberada al escribir: “Una meditación prefijada y deliberada es una seria aplicación de la mente a alguna materia espiritual o celestial, disertando sobre ella contigo mismo, con la finalidad de que tu corazón se enardezca, tus afectos se aviven y tus propósitos se eleven a un mayor amor de Dios, odio del pecado, etc.”.350

Richard Baxter dijo que la meditación “prefijada y solemne ”difiere de la meditación “ocasional y superficial” tanto como los tiempos señalados para la oración difieren de las oraciones espontáneas pronunciadas en medio de las ocupaciones diarias.351 Ambos tipos de meditación son esenciales para la piedad. Sirven tanto para las necesidades de la cabeza como para las del corazón.352Sin la aplicación del corazón, la meditación no es más que estudio. Como escribió Thomas Watson: “El estudio es el descubrimiento de una verdad, la meditación es la mejora espiritual de una verdad; uno busca el filón de oro, el otro saca el oro. El estudio es como un sol de invierno que tiene poco calor e influencia; la meditación…funde el corazón cuando está helado y lo hace derramarse en lágrimas de amor”.353

El Deber y la Necesidad de la Meditación

Los puritanos acentuaron la necesidad de la meditación. Dijeron que, en primer lugar, Dios nos ordena meditar en su Palabra. Esto solo debería ser suficiente razón. Citan numerosos textos bíblicos (Dt. 6:7; 32:46; Sal. 19:14; 49:3; 63:3; 94:19; 119:11, 15, 23, 28, 93, 99; 143:5; Lc. 2:19; 4:44; Jn. 4:24; Ef. 1:18; 1 Tim. 4:13; He. 3:1) y ejemplos (Melquisedec, Isaac, Moisés, Josué, David, María, Pablo, Timoteo). Cuando no meditamos, tenemos en poco a Dios y su Palabra y revelamos que no somos piadosos (Sal. 1:2).

En segundo lugar, deberíamos meditar en la Palabra como si fuera una carta que Dios nos ha escrito. “No debemos acercarnos a ella con prisa, sino meditar en la sabiduría de Dios al redactarla y en su amor al enviárnosla”, escribió Thomas Watson.354Esta meditación inflamará nuestros afectos y amor hacia Dios. Como dijo David: “Alzaré asimismo mis manos a tus mandamientos que amé, y meditaré en tus estatutos” (Sal. 119:48).

En tercer lugar, no se puede ser un cristiano sólido sin meditar. Como dijo Thomas Manton: “La fe es flaca y pronta a desfallecer a menos que se alimente con continua meditación en las promesas. Como dice David (Sal. 119:92): ‘Si tu ley un hubiese sido mi delicia, ya en mi aflicción hubiera perecido’”.355Watson escribió: “Un cristiano sin meditación es como un soldado sin armas, o un trabajador sin herramientas. Sin la meditación, las verdades de Dios no permanecerán con nosotros. El corazón es duro y la memoria olvidadiza y, sin la meditación, todo está perdido”.356

En cuarto lugar, sin la meditación, la Palabra predicada no nos beneficiará. Leer sin meditar es como tragar “comida cruda y sin digerir”, escribió Scudder.357 Richard Baxter añadió: “Un hombre puede comer muy bien, pero no puede digerir igual de bien”.358

Watson escribió: “Hay tanta diferencia entre el conocimiento de una verdad y la meditación en una verdad como la hay entre la luz de una antorcha y la luz del sol. Pon una lámpara o una antorcha en el jardín y no tendrá ningún efecto. El sol tiene un dulce efecto: hace crecer las plantas y florecer las hierbas. Así que el conocimiento no es más que una antorcha encendida en el entendimiento, que tiene poco o ningún efecto: no hace al hombre mejor. Pero la meditación es como el brillo del sol: opera en los afectos, enardece el corazón y lo hace más santo. La meditación se apodera de la vida que hay en una verdad”.359

En quinto lugar, sin la meditación, nuestras oraciones serán menos efectivas. Manton escribió: “La meditación es una suerte de deber a medio camino entre la Palabra y la oración, y está relacionada con ambas. La Palabra alimenta la meditación, y la meditación alimenta la oración. Debemos oír para no estar equivocados, y meditar para no estar sin fruto. Estos deberes siempre deben ir de la mano. La meditación debe seguir al oír y preceder a la oración”.360

En sexto lugar, los cristianos que no meditan son incapaces de defender la verdad. No tienen la médula espinal, y se conocen poco a sí mismos. Como escribió Manton: “El hombre que es extraño a la meditación es extraño a sí mismo”.361“Es la meditación lo que hace al cristiano”, dijoWatson.362“Así que veas la necesidad de la meditación” –escribió el arzobispo James Ussher– “debemos decidirnos sobre este deber si pretendemos ir al cielo”.363

Finalmente, también puede añadirse que esta meditación es una parte esencial de la preparación del sermón. Sin ella, los sermones carecerán de profundidad de entendimiento, riqueza de sentimiento y claridad de aplicación. La exhortación de Bengel a los estudiantes del Nuevo Testamento griego capta la esencia de esta meditación: “Te totam aplica ad textum; rem totam applica ad te” (Aplica al texto todo tu ser; aplica a ti todo el asunto).

El Modo de la Meditación

Para los autores puritanos, había requisitos y reglas para la meditación. Consideremos lo que escribieron sobre la frecuencia y tiempo, preparación, y pautas para la meditación.

Frecuencia y tiempo

En primer lugar, la meditación debe ser frecuente

–idealmente, dos veces al día, si el tiempo y las obligaciones lo permiten–; ciertamente, al menos una vez al día. Si a Josué, como mandatario ocupado, le ordenó Dios meditar en su ley día y noche, ¿no habríamos nosotros de deleitarnos también en la verdad de Dios cada mañana y noche? Generalmente hablando, cuanto más frecuentemente meditemos en el Dios trino y su verdad, más íntimamente lo conoceremos. Además, la meditación se hará más fácil.364

Los intervalos prolongados entre las meditaciones dificultarán su fruto. Como escribió William Bates: “Si el ave abandona su nido durante mucho tiempo, los huevos se enfrían y no son adecuados para la producción. Pero cuando hay una incubación constante, dan su fruto. Del mismo modo, cuando abandonamos los deberes religiosos durante mucho tiempo, nuestros afectos se enfrían, y no son adecuados para producir santidad y consuelo a nuestras almas”.365

₺459,53
Yaş sınırı:
0+
Hacim:
792 s. 55 illüstrasyon
ISBN:
9781629461557
Telif hakkı:
Bookwire
İndirme biçimi:
Metin
Ortalama puan 4,7, 319 oylamaya göre
Ses
Ortalama puan 4,2, 745 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 4,8, 19 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 4,9, 104 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 4,9, 33 oylamaya göre
Ses
Ortalama puan 4,4, 7 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre
Metin
Ortalama puan 0, 0 oylamaya göre