Kitabı oku: «Crisis cambio»

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Loidi, Jonatan Marcos

Crisis cambio / Jonatan Marcos Loidi ; contribuciones de Mariano Vinocur. - 1a ed revisada. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Temas Grupo Editorial, 2020.

Libro digital, Amazon Kindle

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ISBN 978-987-8387-16-1

1. Estrategias Empresariales. 2. Liderazgo. I. Vinocur, Mariano, colab. II. Título.

CDD 658.4092

© Jonatan Marcos Loidi, 2020

© TEMAS Grupo Editorial SRL, 2020.

Cerrito 136 Piso 3°A.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires

C1010AAD. República Argentina

Teléfonos: (5411) 4381.1182 o 4383.6336

www.editorialtemas.com

ISBN 978-987-8387-16-1

1ra. edición, septiembre de 2020

Comité TEMAS Grupo Editorial

Dirección : Jorge Scarfi

Coordinación general: Julieta Codugnello

Supervisión general: Betiana Cabutti

Comunicación & Marketing: Martín Scarfi

Logística y Distribución: Emmanuel López

Diseño & Diagramación: Caterina Tabbia

Conversión a formato digital: Libresque

Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723 Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este libro en cualquier forma y medio sin previo permiso por escrito de los autores y/o titulares de Copyright.

“Otra vez Jonatan Loidi nos vuelve a disrumpir y desafiar con sus puntos de vista diferentes. Yo soy de los que creen que crisis no es oportunidad, crisis es crisis, y solo es oportunidad para aquellos que se preparan y como expresa el título, de este su nuevo libro, para aquellos que se animan a cambiar.

Muchos de nuestros arraigos y preconceptos que nos paralizan son culturales, y como bien van a leer en estas páginas, ahí se encuentra el mayor conflicto interno a resolver y la clave para tomar decisiones pensando más en el futuro que en el pasado.

Loidi intenta empoderar al lector en el proceso de toma de decisiones, convirtiendo en protagonista al hacedor, emprendedor, empresario y no tanto al contexto y sus excusas.

Todos podemos aprender algo con la lectura de éste libro, ojalá usted también lo pueda aprovechar.”

—Claudio Zuchovicki, Secretario General de la Federación Iberoamericana de Bolsas. Gerente de desarrollo de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. Columnista Diario La Nación.

“La palabra “crisis” debe ser una de las más nombradas en este último tiempo. Se incorporó rápidamente a nuestro vocabulario y nos interpela a preguntarnos: ¿Cuánto tiempo durará? ¿Cómo saldremos de esta situación? ¿Qué aprendimos? ¿Nos tendremos que adaptar a vivir en escenarios de cambio permanente? ¿Cuántos de los cambios que estamos experimentando han venido para quedarse y cuántos no?

Son muchas las preguntas y aún muy pocas las respuestas.

Cuando llegó a mis manos Crisis Cambio me topé con un contenido que me atrapó al instante porque me llevó por los diferentes caminos y atajos que ayudan para encontrar respuestas a cualquiera de esas preguntas. La manera simple y fácil de abordarlos, plagada de detalles ilustrativos, enmarcan un contenido teórico valiosísimo.

Desde la definición de crisis y sus tipos, la importancia del equipo, el diagnosticar la situación, trabajar la cultura, la colaboración, la agilidad y la innovación son algunos de los puntos en los que se apoya, con fuerza y claridad, a lo largo de sus llevaderas páginas.

Transitar por una situación de crisis nos expone a estar en una línea de fuego para la cual a veces no estamos preparados y tampoco imaginamos que pudiera suceder.

A lo largo de mi carrera profesional me especialicé en el diseño e implementación de estrategias de comunicación para situaciones de crisis tanto en el sector corporativo como en el ámbito público. Hay una de ellas que dejó recuerdos imborrables en mí. En 2008, siendo Gerente de Comunicaciones Externas de Cablevisión, me tocó liderar la crisis institucional que atravesó la compañía durante siete años producto del enfrentamiento con el gobierno de ese momento.

Todavía tengo muy presente la sensación de que la vara se iba corriendo y nunca llegaba al tope. Siempre había un desafío más dentro de esa montaña rusa emocional. Los días eran larguísimos, difíciles de transitar, no sólo por el nivel de conflictividad sino también para sostener el equipo. Algunas personas tenían más herramientas que otras para gestionar sus emociones. En ese momento Cablevisión tenía 10.000 empleados, estaba en 12 provincias, más de 100 localidades, con 5 millones de clientes. Además de tener presencia en Uruguay y Paraguay.

De ese momento me quedaron muchos aprendizajes. Como equipo, pudimos rediseñar la operación, redefinir roles y fortalecer el sentido de pertenencia. En lo personal, aprender y reaprender todo el tiempo, desarrollar habilidades que no tenía, atravesar miedos, frustraciones y manejar el estrés.

Crisis Cambio, escrito con ritmo firme y profundidad por Jonatan Loidi, junto con Mariano Vinocur y Guillermo Robles, es la lectura ideal para todos aquellos que tienen la responsabilidad de liderar, no solo en contextos inciertos e impredecibles, sino en cada momento de sus vidas. A disfrutarlo.”

—Lorena Marino, Directora Crear Valor Juntos


Hace varios años, mientras trabajaba como vicepresidente de Recursos Humanos para Latinoamérica Sur de Coca-Cola, cuando le expuse al nuevo CEO la unidad de negocios y los perfiles de cada uno de los integrantes de liderazgo y se los describí brevemente, me hizo un comentario muy breve pero contundente: “Estas cuatro personas –sobre un total de nueve y señalándome las fotos de algunos de ellos– o cambian o los cambio”. Después de haber trabajado mucho tiempo en el área y en diferentes procesos de cambio, podía entender detrás de sus palabras mucha sabiduría y compasión. Sabiduría porque tuvo la capacidad de detectar tempranamente la necesidad de modificar muchos aspectos en varios de los key players; y compasión porque les otorgaba una oportunidad para hacerlo y no los condenó apresuradamente.

El tiempo le dio totalmente la razón; la mitad de ellos logró transformarse y generar resultados sorprendentes, mientras que los otros dos al poco tiempo se fueron de la compañía, entendiendo las razones y aceptando esa decisión.

Jonatan Loidi, en su texto, nos comparte una serie de experiencias y recomendaciones para transitar las crisis, cambiar e innovar. Recorre el camino de la teoría y la práctica con foco en lo que las personas y las organizaciones pueden realizar para poder sobrellevar las diferentes situaciones e instancias que el contexto les ofrece. Y es, precisamente, en momentos de crisis como el que estamos atravesando, en los que todas las ideas preexistentes se ponen a prueba, cuando podemos corroborar su aplicabilidad y considerar la auténtica utilidad de estas. Evidentemente, para muchos es la mejor oportunidad para generar experiencias memorables, transformarse ágilmente y responder superando las expectativas. Otros, sin embargo, quedan en el camino. Para comprender la diferencia, hay que analizar cuál fue la capacidad de reacción ante el mismo estímulo, qué entrenamiento previo tenían, cómo funcionó su plasticidad para leer rápidamente lo que estaba sucediendo y generar propuestas superadoras. Y ahí creo que está el secreto del libro: la mejor fórmula no se copia, no se compra, sino que se desarrolla internamente, se cultiva con dedicación, energía, foco y compromiso. ¡Y con deseo! El deseo es el gran impulsor del cambio, es el que nos genera energía positiva y pasión por un objetivo, el que nos provoca tensión creativa y nos permite ir superando cada uno de los obstáculos que pueden presentarse. Solo cambia aquel que quiere cambiar, y ese es el primer y crítico paso que hay que dar. Porque a mucha gente le encanta hablar del cambio, pero a pocos les gusta cambiar.

Hace muchos años, alguien que me enseñó mucho de lo que aprendí del tema, Fred Kofman, me regaló una frase adjudicada a Marcel Proust: “Nada ha cambiado, solo yo he cambiado; por lo tanto, todo ha cambiado”. En tiempos de pandemia, en épocas de coronavirus y en período de aislamiento social y obligatorio, la misma cobra mucho más sentido aún.

Porque las crisis pasan, pero lo que queda es cómo respondemos a las mismas, y eso sí depende de cada uno de nosotros.

Alejandro Melamed,

Speaker Internacional, Consultor Disruptivo y

ex VP de RRHH de Coca-Cola South Latin


Escribir un libro es como iniciar un viaje sin destino definido. Es una invitación a crear conceptos, repasar ideas y aprender.

Este es mi quinto libro, y surgió como una oportunidad del momento; no les quiero mentir. En medio de la crisis más importante de la modernidad, me encontré con la necesidad de hablar sobre el tema, empecé a juntar material que tenía suelto en notas y entrevistas, y de a poco comencé a cocinar la idea de un libro. Un libro que no solo diera respuestas a muchas dudas o incertidumbres, sino que también aportara herramientas y experiencias propias.

Ver a tanta gente con incertidumbre, angustia y ansiedad me enfrentó a la necesidad de pensar soluciones, derribar mitos o frases hechas, salir en búsqueda de respuestas a preguntas sin solución.

Me pregunté: “¿Por qué siempre esperamos a que las crisis se desaten para darnos cuenta de que no estábamos preparados? ¿Qué es realmente una crisis?”.

Para poder crear el libro en tiempo récord, acudí a algo que ya me había funcionado en el pasado. Salí a buscar socios que me ayudaran con aportes de contenidos y, sobre todo, una mirada objetiva de las ideas que plasmaba en papeles sueltos.

Recurrí a Guillermo Robles, quien desde Grecia se dedicó a corregir, editar y, sobre todo, a cuestionar mis ideas, que en muchos casos estaban desordenadas. Su aporte fue determinante y una vez más me ayudó a mejorar.

También pedí socorro a Mariano Vinocur, una de esas personas que conozco hace años y con la que siempre quise tener un proyecto. Él es experto en el mundo del capital humano y muchas veces habíamos hablado de la importancia de gestionar el cambio. Su nombre fue el primero que se me vino a la cabeza a la hora de pensar en este libro. Su aporte se ve plasmado en varios capítulos y realmente fue de gran ayuda para mí y lo será para los lectores.

Por supuesto, agradezco mucho a mi equipo de Grupo Set por aguantarme y darme tiempo para dedicarme a este proyecto.

A mi familia, que siempre está ahí apoyando y alentándome a concretar una más de mis locuras, aun cuando saben que eso implicará pasar menos tiempo con ellos.

A Jorge Scarfi, director de la editorial Temas, quien respondió un mensaje de WhatsApp a altas horas de la noche para decirme que le encantaba mi idea y se comprometió desde un principio a publicar mi libro.

Jonatan Loidi

En este libro, realizado colaborativamente con Joni, con disciplina y método, aplicando lecciones aprendidas de ambos se presentan los contenidos que explican la posibilidad de afrontamiento del cambio, tanto por crisis como por oportunidad o determinación.

Es en sí mismo un producto, un resultado del tipo de colaboración y del sistema de producción conceptualizado, de algún modo es AGILE (tal vez logramos más del doble en menos de la mitad de tiempo), es EXPONENCIAL (utilizamos activos externos –a nosotros mismos-, nos asociamos con los mejores, colaboramos sincrónicamente en plataformas tecnológicas, crecimos en cantidad y en calidad a un ritmo cinco veces más rápido que en libros anteriores y en los efectos, pretenderíamos alcanzar entre cinco y diez veces la audiencia de libros anteriores nuestros). Funcionamos por OKRs, o sea objetivos muy cortos y claros, como producir un capítulo cada cuatro días y llegamos a la compaginación en la fecha del macro plan propuesta. Es decir, cumplimos el plan original, pero hicimos cambios sobre la marcha.

Es contemporáneo seguro, disfrutamos, nos apasionamos y tratamos de llegar rápido al público. En un momento que sea de valor aprender más y mejor, como afrontar el cambio con el conocimiento de frontera y a la vez, comprensiones originales que sean más que las que Joni y yo podemos dar individualmente, que sean la bomba combinada de lo que ambos produjimos juntos.

Agradezco a mi familia, particularmente a mi mujer Ailen, a mis hijos Justo y Renata, quienes no solamente ven los beneficios de mis pasiones, sino padecen mi alejamiento durante los momentos de plena concentración como estos, cuando se produce un libro. A mi hermana, mi papá, y mis sobrinos y sobrinas.

Agradezco también a la Universidad de Buenos Aires, por darme la posibilidad de formarme en mi esencia, de ser Psicólogo full life a pesar que algunos crean que el ADN del empresario, comerciante o experto en cambio y transformación se come aquello que amo profundamente, que es cada concepto de cada experiencia de cada minuto en aquellos años maravillosos en el edificio de Independencia y Urquiza.

Sería injusto, no agradecer, a aquellos amigos y empresas que me permitieron desplegar el set de herramientas para aprender trabajando, el presente en mi empresa WAI, mi paso por Olivia, Together, mi formación en BDO por más de 12 años, la generosidad de YPF, la empresa de bandera en la cual pude dirigir grandes transformaciones con efecto en grupos de personas, a veces en proyectos de 20.000 afectados o más considerando todas las poblaciones, SMG, General Electric, ATM, Rizobacter, Agricultores Federados Argentinos, IRSA, el Grupo KFC de Ecuador, EHS, Simplia, VICO y a tantos otros que con su esponsoreo directo, paciencia y confianza me ayudaron a ser quien soy.

Mariano Vinocur


En este libro voy a poner el foco en una palabra que, cuando la escuchamos, nos produce un cosquilleo, por no decir un poco de aprensión, y a veces, un miedo terrible: “crisis”.

Si en una de mis conferencias pronuncio la palabra “crisis” y pregunto a los participantes en qué piensan, el 90 % dice automáticamente crisis económica o política. Y sí, como buenos ciudadanos argentinos o latinoamericanos, hemos pasado por muchas de ese tipo y es lo primero que se nos viene a la mente. Muchos hemos sobrevivido a ellas, muchos no.

Sin embargo, la verdad es que las crisis no son solo económicas o políticas. Si pensamos un poco, nos daremos cuenta de que nuestra vida está marcada por diferentes tipos de ellas. Sin ir más lejos, la adolescencia –todos esos cambios que nos llevan de ser niños a algo más parecido a un adulto–, las crisis de pareja, las crisis familiares –¿quién no ha pasado por una de ellas?–, en el trabajo, en la empresa, graves, pequeñas…

Nos guste o no, las crisis existen, parecen una necesidad de la vida y, en realidad, están muy relacionadas con nuestra manera de actuar y con las decisiones que tomamos. Entonces, ya que están presentes a lo largo de nuestras vidas, ¿por qué no tratar de entenderlas, estudiarlas para evitarlas y, en caso de que estemos en medio de una de ellas, aprender a manejarlas lo mejor posible y, por qué no, hasta sacar algo positivo de ellas?

Pero ¿qué es una crisis? Esta definición que veremos a continuación –no recuerdo si la escuché en alguna parte o la inventé– la utilizo desde hace años en todas mis conferencias: “Una crisis, en realidad, es un cambio brusco en las variables establecidas que, una vez que se manifiesta, limita nuestra capacidad de reacción”. Básicamente, es un cambio en las reglas de juego, en el estado de las cosas, producido por diferentes circunstancias que, en general, se deben a la suma de una o varias acciones que pueden ser propias o ajenas: no es lo mismo la crisis de una empresa debido a la toma de malas decisiones por parte de la dirección que otra producida por un movimiento brusco en los mercados financieros.

De esto deducimos que hay crisis que podríamos evitar con nuestras acciones y otras en las que las acciones deberían haberlas tomado otros para que no sucedieran. De todos modos, siempre hay algo que podremos hacer para evitarlas y, en caso de no ser posible, por lo menos, minimizar sus efectos. Por ello, debemos estar muy atentos para notar si algo está cambiando y ser flexibles para resolver la nueva situación a la que nos enfrentamos.


En julio de 2011 fui contratado por el Centro pyme dependiente del Gobierno de la provincia de Neuquén y ahí comenzó un capítulo fascinante de mi vida, que, además, me puso en contacto directo con la palabra “crisis” y en cierto modo abrió un nuevo camino en mi carrera profesional.

Imaginen la siguiente situación: estás en tu casa, son las cuatro de la tarde de un sábado tranquilo, soleado, y de repente se hace casi de noche y del cielo empieza a caer piedra pómez y cenizas, acompañadas de relámpagos y truenos. Sin saber qué está pasando en realidad y un poco entre sorprendido y asustado, te quedás mirando por la ventana sin saber muy bien qué hacer. No había información de lo que estaba sucediendo y la mayoría de la gente no podía saber de dónde venían esas cenizas. La desesperación era tal que muchos se subieron a su auto y se dirigieron a la ruta tratando de escapar. Pero a los pocos kilómetros tuvieron que abandonar sus autos, ya que los limpiaparabrisas no podían moverse debido al peso de las cenizas.

Más tarde te ibas a enterar de que esa cosa gris que caía del cielo y lo oscurecía eran las cenizas del volcán Puyehue en Chile, que acababa de hacer erupción. Esto sucedió el 4 de junio de 2011.

La columna de humo y ceniza del volcán alcanzó diez kilómetros de altura y medía unos cinco kilómetros de ancho. 950 millones de toneladas de cenizas y partículas fueron expulsadas por el volcán y, debido a diferentes condiciones climáticas, afectaron a una gran parte de la Patagonia argentina, donde se depositaron en capas, que en algunos lugares alcanzaron los treinta centímetros de espesor. Entre las ciudades afectadas por el fenómeno, se encontraban Bariloche, Villa Traful, San Martín de los Andes y Villa La Angostura, un paraíso en el medio de la cordillera, que de repente y en pocas horas quedó cubierto por las cenizas.

Esta aldea de montaña –como les gusta a los pobladores de Villa La Angostura llamar a su ciudad–, que tenía diez mil habitantes en aquel entonces, en pocos meses pasó a tener solo cinco mil. ¿Por qué? Porque es una ciudad turística y, como todos daban por perdida la temporada de invierno y posiblemente también la de verano, los empresarios y la gente que trabajaban en la temporada se fueron. Sumado a eso, muchas familias entraron en pánico y buscaron refugio en otros lugares del país. Es que, en ese momento, en entrevistas que realizaban a vulcanólogos y geólogos especialistas en el tema –que suelen aparecer de todos lados en medio de una crisis–, estos decían, entre otras cosas nada tranquilizadoras, que la última vez que este volcán había hecho erupción, había tardado cien años en apagarse. Imagínense a los pobladores con sus casas, calles, parques y jardines cubiertos de cenizas y pensando que tendrían que esperar cien años para volver a la normalidad.

Esto luego no fue así, pero en su momento mucha gente lo creyó y actuó llevada por el miedo y la desesperación.

En medio de este contexto, yo estaba trabajando en un proyecto que me vinculaba con el Gobierno de Neuquén, provincia donde se encuentra Villa La Angostura, cuando, unos días después –en el mes de julio–, recibí un llamado y me pidieron armar un plan para contener a los empresarios, comerciantes y hoteleros en medio de la crisis. Me tomó un poco por sorpresa porque, si bien soy argentino y estoy acostumbrado a convivir con las crisis, no era mi especialidad; pero la verdad es que me tentó la idea de ir a vivir esa experiencia y acepté.

Estuve durante todo el mes de agosto preparándome, y el primero de septiembre llegué a Neuquén, a casi mil kilómetros de la ciudad de Buenos Aires, y desde ahí tuve que ir en una camioneta especialmente preparada para soportar las cenizas que aún había en el aire y que estropeaban los radiadores. Debo decir que a medida que me iba acercando a lo que antes era un paraíso, empecé a ver una película en blanco y negro. Todo estaba cubierto por una capa de cenizas. Al llegar a Villa La Angostura desde la ruta 40, cuando se ve por primera vez el majestuoso Nahuel Huapi, con Martín –la persona que me llevaba–, nos vimos obligados a detenernos al costado de la ruta para ver algo que parecía increíble: el lago Nahuel Huapi, que normalmente parece un espejo de un azul oscuro profundo, se veía verde fluorescente. Esto se debía a que las cenizas que habían cubierto la superficie del lago, al reflejar la luz del sol, producían ese extraño color. Llegué a Villa La Angostura y me sentí como un corresponsal de guerra. Todo era desconcierto, preocupación, tristeza; cientos de personas que describían historias de ese día como algo terrible y con la incertidumbre de no saber cómo iba a terminar. En medio de todo eso, al día siguiente, tenía que entrevistarme con los empresarios y comerciantes de la ciudad y dictar un curso, que en total duraría una semana. Recuerdo lo que sentía, la dificultad de pensar en qué le iba a decir a esa gente. Claramente, yo no sabía qué decirles con respecto al volcán, y ahí empezó por primera vez mi relación con el concepto de crisis.

Al día siguiente, muy temprano, nos encontramos en el Centro de Convenciones de Villa La Angostura, un lugar muy lindo arriba de una colina, desde donde se puede ver toda la villa. Era el primer día; esperábamos cincuenta personas, pero solo fueron tres. Recuerdo que Martín, la persona que me había acompañado desde el Centro pyme de Neuquén, estaba decepcionado y con cierta vergüenza porque me había llevado hasta ahí después de recorrer un largo camino y solo había tres personas. Me pidió disculpas, y yo le respondí: “No te preocupes, Martín, el trabajo se hace igual; si vinieron tres, trabajamos con tres”. Así fue como empezamos a hablar y me contaron –con mucha angustia y preocupación– lo que habían vivido. Era evidente la necesidad que tenían de hablar todo el tiempo del volcán, de lo que habían vivido y de lo difícil de la situación. Y yo los escuchaba con atención porque realmente era muy interesante la historia. Pero la verdad es que no encontraba qué aportar por mi parte –ya que yo no soy vulcanólogo, ni geólogo, ni especialista en este tipo de problemas–, por lo cual, al cabo de un tiempo, les propuse algo: que sacáramos al volcán de en medio, que hiciéramos como si nunca hubiera existido y que analizáramos lo que teníamos ahora, lo que pasaba, qué había quedado, cómo era la villa antes del volcán, y a partir de ahí, que describieran –como si fuera un análisis– las fortalezas y debilidades de la villa y qué cosas consideraban ellos que se habían agravado con la crisis. A partir de ahí todo cambió, fue muy interesante porque para ellos fue también un alivio y los hizo pensar acerca de qué pasaba en la villa antes de las cenizas, o sea, los problemas que ya existían y que la crisis había puesto en evidencia. Las conversaciones y estos ejercicios me sirvieron para tener en claro algunos puntos que me interesaban, y recuerdo que terminé la jornada dándoles una charla sobre toma de decisiones.

Se ve que les gustó porque a la mañana siguiente ya no eran tres, sino veinte; y por la tarde ya eran alrededor de cuarenta.

Esa noche, los hoteleros de la zona me invitaron a cenar en un hotel increíble que se llama Correntoso; es un hotel muy antiguo y característico de la zona. Hablando con los hoteleros –allí hay muchos, ya que es una de las principales industrias de la zona–, apliqué la misma técnica que había aplicado la tarde anterior con las tres personas que habían ido a mi primer curso. Les propuse que dejáramos de hablar del volcán y habláramos de cómo era la situación antes del hecho, y qué fallos consideraban ellos que el volcán había puesto al descubierto. Y así salieron a la luz los problemas que siempre había tenido Villa La Angostura. El principal era que se trataba una ciudad que quedaba de paso al Camino de los Siete Lagos –un lugar increíble–, San Martín de los Andes y Bariloche y, además, quedaba justo a mitad de camino entre estos dos últimos. Esto hacía que mucha gente fuera a San Martín de los Andes, recorriera los Siete Lagos, parara a comer en Villa La Angostura y siguiera viaje hasta Bariloche o regresara, con lo cual pocos se quedaban en la villa más de dos días, y la mayoría solo se quedaba unas horas.

También, haciendo mucha autocrítica, mencionaron que era una ciudad cara, lo cual achicaba muchísimo la posibilidad de que familias de clase media pudieran ir. Tampoco había actividades para los niños –algo fundamental. En caso de lluvia, cosa muy frecuente en Villa La Angostura, donde suele llover doscientos días al año, las familias no tenían qué hacer y los chicos se aburrían, ya que no tenían ni siquiera una calesita a donde ir. Y así seguimos encontrando un montón de situaciones que se iban manifestando y que en realidad no tenían que ver con el volcán, sino que eran problemas que ya existían desde antes.

El tercer día de la capacitación ya eran casi ochenta personas y el Centro de Convenciones estaba a tope. Recuerdo que les dije a todos los que estaban ahí: “Aquí puede haber dos tipos de personas, aquellos que son negativos y los que creen que las cosas van a mejorar”. Los primeros son los que creen en las malas noticias –que pueden ser ciertas–, como, por ejemplo, que la última vez que el volcán entró en erupción duró cien años.

Para los segundos, les conté una historia que había encontrado mientras investigaba en búsqueda de información. Era sobre un pueblo cercano en la Patagonia llamado Los Antiguos, que en los años noventa también había sufrido un fenómeno similar pero peor, ya que las cenizas caían calientes, lo cual hacía la situación bastante más terrorífica. El principal recurso del poblado era el cultivo de cerezas –unas muy especiales– y, por supuesto, todo quedó destruido por las cenizas. Pero, finalmente, el volcán cumplió su ciclo y dejó de hacer erupción. En poco tiempo, todo empezó otra vez; la naturaleza se ocupó de recuperarse y se recuerda que las cerezas que crecieron después del volcán eran aún más grandes y mejores que las de antes. Con esto quería decirles que, en realidad, lo mejor es pensar en una solución si uno es optimista, que lo malo va a terminar. En el fondo, todos sabían que esta situación iba a pasar; lo que no sabían era cuándo. Otra vez más, volví a proponer que sacáramos al volcán del foco de atención y que nos quedáramos con los problemas que cada uno tenía en su negocio y los que, en general, la villa, como ciudad, tenía también. Y volvimos a las mismas conclusiones: que la mayoría de los problemas que se exponen y se agrandan durante una crisis ya existían desde antes; por lo cual, la propuesta de trabajo fue cómo podíamos hacer para tratar de mejorar, de resolver esos problemas, para que cuando la crisis pasase, pudiéramos volver con más fuerza y que la próxima vez que hubiera una crisis no volviera a suceder lo mismo.

La conclusión, por ahora, de la historia de Villa La Angostura fue que las cenizas finalmente dejaron de caer y el pueblo y la naturaleza empezaron a recobrarse, y con el paso del tiempo pudieron recuperar esa belleza increíble que tienen. Parte de la historia también es que no todos los problemas que habían surgido durante la crisis fueron resueltos. Esto lo sé porque cuando se presentó otra crisis, años más tarde, me volvieron a convocar, y cuando volví a ese pueblo a ver a los empresarios, pude constatar que la mayoría de los problemas que enfrentaban nuevamente eran los mismos que habíamos encontrado en la anterior.

Solo a modo de reflexión, pienso que muchas veces durante una crisis somos muy conscientes de lo que tenemos que hacer, todos recapacitamos, todos hablamos sobre eso, pero una vez que el peligro pasa, nos olvidamos, creemos que todo está bien y volvemos al mismo estado en que estábamos antes. Las crisis pasan, pero los problemas no resueltos se quedan.

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9789878387161
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