Kitabı oku: «La memoria», sayfa 2

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Observación e inferencia: La investigación de la memoria en la era moderna

La memoria es evidente en la medida en que un evento influye en el comportamiento posterior. Pero, ¿cómo podemos saber si el comportamiento posterior fue influenciado por el evento pasado? En la sección final de este capítulo, consideraremos algunas de las técnicas utilizadas por los investigadores de la memoria contemporánea.

Intente esto: escriba los primeros 15 muebles que se le vienen a la mente. Luego compare su lista con la de la página 27. Probablemente hay varias coincidencias. Si hubiera estudiado una lista de artículos con nombres de muebles, y más tarde le pidieran que los recordara, ¿podría deducirse lógicamente que su enumeración de un artículo dado fuera directamente atribuible a su recuerdo de los artículos en la lista presentada anteriormente? Esto no es una inferencia válida: podría recordar conscientemente algunos elementos como parte de la lista anterior, podría pensar en otros elementos debido a una influencia indirecta o inconsciente del estudio de la lista anterior, mientras que podría pensar en algunos elementos simplemente porque son muebles (es decir, no como resultado del estudio de la lista de palabras). Por lo tanto, no se puede concluir necesariamente que el número de coincidencias entre su lista y la lista de estudio sea una buena medición de su recuerdo de la lista (porque las coincidencias pueden ocurrir por cualquiera de los motivos mencionados anteriormente).

Esta demostración con la lista de muebles capta un importante tema en la investigación de la memoria. Como ya hemos señalado, la memoria no se observa directamente (a diferencia de, por ejemplo, una tormenta eléctrica o una reacción química), sino que se deduce de un cambio en el comportamiento, que generalmente se mide a través de un cambio observado en el desempeño de una tarea que está diseñada para medir la memoria. Pero el desempeño en tal tarea estará influenciado por otros factores (como la motivación, el interés, el conocimiento general y los procesos de razonamiento asociados), así como la influencia de la memoria de uno en el evento original. Por lo tanto, es muy importante tener cuidado con lo que i) se observa (típicamente influenciado por factores distintos de la memoria per se) y lo que ii) se infiere al realizar una investigación sistemática sobre las propiedades funcionales de la memoria.

Para abordar este problema, la investigación de la memoria generalmente se realiza comparando diferentes grupos de participantes (o diferentes manipulaciones de la memoria), organizados de tal manera que el “evento pasado” o manipulación ocurra para un grupo, pero no para los otros. Los grupos de participantes se eligen para que sean equivalentes (o al menos muy similares) en todas las dimensiones potencialmente relevantes; por ejemplo, los grupos generalmente no difieren en edad, educación o inteligencia. Este tipo de diseño de investigación es la base de la mayoría, si no es todo el material tratado en este libro. La secuencia lógica es la siguiente: debido a que la única diferencia relevante conocida entre los grupos de participantes es la presencia o ausencia del evento de memoria o la manipulación, se asume que las diferencias observadas entre grupos en un momento posterior reflejan el recuerdo de ese evento. Pero es importante tener en cuenta que esta es una suposición (aunque, en general, una razonable); además, es esencial determinar que no hay otras diferencias entre los grupos de individuos que se están evaluando y que podrían afectar el resultado de la investigación sobre la memoria.

Este es uno de los ejemplos de este enfoque, tomado de la investigación sistemática del fenómeno propuesto de “aprendizaje a través del sueño”. Supongamos que ha reproducido grabaciones mientras duerme, con la esperanza o la expectativa de que recordará la información más adelante. ¿Cómo evaluaría si las grabaciones fueron efectivas? Para responder a la pregunta, puede presentar información a las personas mientras duermen, luego despertarlas y observar si su comportamiento posterior refleja algún recuerdo de la información que se les presentó mientras estaban durmiendo. Wood, Bootzin, Kihlstrom y Schacter realizaron este mismo experimento. Mientras las personas dormían, estos investigadores leían pares de nombres de categorías y nombres (por ejemplo, “un metal: oro”). Cada par de categoría: pares de palabra ítem se repitió varias veces. Después de diez minutos, los participantes del estudio que habían estado durmiendo durante la presentación del estímulo se despertaron y se les pidió que generaran ejemplos de categorías nombradas (como los metales) cuando se les ocurriera. El supuesto que subyace a este estudio fue que, si los participantes recordaban que les leyeron palabras mientras dormían, sería más probable que incluyeran la palabra “oro” en la lista de nombres de metales que generaron posteriormente.

Sin embargo (según las consideraciones que se mencionaron anteriormente), para hacer una inferencia válida sobre la información recordada, claramente no es suficiente observar con qué frecuencia los ejemplos que se presentaron mientras los participantes estaban dormidos aparecieron en las listas generadas posteriormente. Por ejemplo, muchas personas, cuando se les pide que piensen en metales, incluyen el oro, incluso sin haberlo leído previamente mientras dormían. De acuerdo con los principios de buen diseño de investigación mencionados anteriormente, los investigadores pueden superar este tipo de problema al examinar la diferencia entre el desempeño de un grupo pareado o una condición de comparación con la de un grupo o condición experimental.

En su estudio, Wood y sus colegas hicieron dos comparaciones. La primera comparación fue entre grupos: algunos participantes estaban despiertos mientras se les leían los pares de palabras, mientras que otros estaban dormidos. Debido a que los participantes emparejados se asignaron de manera aleatoria a los grupos “dormido” o “despierto”, comparar la frecuencia con la que aparecían las palabras objetivo en cada uno de estos dos grupos reveló si las personas estaban más influenciadas por i) presentaciones mientras estaban despiertos o por ii) presentaciones mientras estaban dormidos. De hecho, en este estudio, las personas que estaban despiertas durante las presentaciones de los pares tenían más del doble de probabilidades de informar los ejemplos entregados, en comparación con las personas que habían dormido durante las presentaciones. Esta comparación particular muestra que aprender mientras se está despierto es mejor que aprender mientras se está durmiendo. Sin embargo, tenga en cuenta que esta comparación no descarta la posibilidad de que el rendimiento de la memoria de aquellos que habían dormido se haya visto beneficiado por las presentaciones anteriores de las categorías: palabras ítem.

Por lo tanto, los investigadores hicieron otra comparación importante, que implicaba repetir sus mediciones con bastante inteligencia. En realidad, había dos listas diferentes de pares de palabras utilizadas en el estudio: una lista incluía “un metal: oro”, mientras que la otra lista incluía “una flor: pensamiento”. Cada participante solo leyó una de las listas de palabras emparejadas mientras dormía, pero todos los participantes fueron evaluados en ambas listas de categorías después de ser despertados. Este procedimiento permitió a los experimentadores comparar la frecuencia con la que las personas, después de ser despertadas, produjeron ejemplos de categoría que les habían leído en comparación con ejemplos que no se les había leído. En otras palabras, se hicieron múltiples observaciones para cada participante en el estudio y luego se compararon.

Cuando se realizó esta comparación en aquellos individuos que habían escuchado algunos de los pares de la categoría: ítem mientras estaban dormidos, los hallazgos indicaron que no había una diferencia real entre los informes subsiguientes de los individuos de los ejemplos de la categoría clave a) cuando los ejemplos se les habían leído anteriormente en comparación con b) cuando no se les habían leído los ejemplos. Por el contrario, si las personas estaban despiertas durante la presentación de palabras, una comparación análoga entre a) y b) mostró que las presentaciones de las listas tuvieron un efecto significativo en la memoria posterior para los ejemplos clave.

Resumen

En este capítulo hemos destacado que la memoria es esencial para prácticamente todo lo que hacemos. Sin ella, no podríamos hablar, leer, navegar por nuestro entorno, identificar objetos o mantener relaciones interpersonales. Aunque las observaciones personales y las anécdotas sobre la memoria pueden ser esclarecedoras y entretenidas, a menudo se originan a partir de una experiencia específica de un individuo determinado. Por lo tanto, es cuestionable hasta qué punto tales observaciones pueden generalizarse universalmente, es decir, a todos los individuos. Hemos visto en el trabajo de Ebbinghaus y Bartlett cómo la investigación sistemática puede proporcionar una visión crucial de las propiedades funcionales de la memoria humana. Más recientemente, ha sido posible analizar las propiedades funcionales subyacentes de la memoria mediante el uso de avanzadas técnicas de observación y estadísticas que nos permiten interpretar el tamaño y la importancia de los hallazgos obtenidos de experimentos cuidadosamente controlados. Los siguientes capítulos de este libro considerarán algunos de los hallazgos más destacados obtenidos de dichos estudios. Como veremos, es más preciso considerar nuestra memoria como una actividad que como una cosa. Además, uno de los aspectos más importantes de los descubrimientos científicos recientes es que, en lugar de ser percibidos como una entidad única (“mi memoria” esto… o “mi memoria” eso…), ahora sabemos que la memoria representa una colección de varias capacidades diferentes. Este tema se tratará en mayor detalle en el capítulo 2.

Lista de muebles (de la página 23):

Silla - Ropero

Mesa - Estante

Taburete - Escritorio

Alacena - Gabinete

Cama - Armario

Sofá - Cómoda

CAPÍTULO 2

MAPA DE RECUERDOS

Esta sección del libro considerará la pregunta central de cómo funcionan los sistemas de memoria y cómo se pueden definir los diferentes componentes de la memoria funcional. El punto central será que cualquier sistema de memoria, ya sea el cerebro humano (a veces denominado “el sistema más complejo del universo conocido”), el disco duro de una computadora, una videograbadora o un simple archivador de oficina debe ser capaz de i) codificar, ii) almacenar y iii) recuperar información de manera efectiva si ha de funcionar bien como un sistema de memoria. La memoria puede fallar si hay dificultades con cualquiera de estos tres procesos. Habiendo discutido este punto, pasaremos a considerar las formas en que se han definido los diferentes procesos de los componentes dentro de la memoria. Aquí sostenemos que nuestras impresiones personales sobre tener una buena o una mala memoria (en singular) son incorrectas. En contraste, gran parte de la investigación realizada durante los últimos cien años tanto en participantes sanos como en pacientes clínicos con lesiones cerebrales ha ilustrado la manera en que la memoria se separa en múltiples componentes distintos. La distinción clave entre a) memoria a corto plazo y b) memoria a largo plazo (a menudo mal entendida tanto por los médicos como por la comunidad lego) se hará usando las analogías apropiadas. Luego se considerarán los diferentes elementos funcionales dentro de la memoria a corto y largo plazo. Este capítulo proporcionará un marco conceptual dentro del cual se puede comprender gran parte del material presentado en el resto de este libro.

La lógica de la memoria: codificación, almacenamiento y recuperación

Aquí tienes romero que es bueno para la memoria; acuérdate, amor mío, te lo ruego.

Shakespeare, Hamlet

Cualquier sistema de memoria efectivo, ya sea una grabadora de audio o videocasete, el disco duro de su computadora o incluso un simple archivador, necesita hacer tres cosas bien. Tiene que ser capaz de:

1. codificar (es decir, tomar o adquirir) información,

2. almacenar o conservar esa información fielmente y, en el caso de la memoria a largo plazo, durante un período de tiempo significativo,

3. recuperar o acceder a esa información almacenada.

Entonces, utilizando la analogía del archivador, primero se archiva un documento en una ubicación particular. El documento se guarda en ese lugar y, cuando la persona lo necesita, lo recupera del archivador. Pero a menos que tenga un buen sistema de búsqueda, no podrá encontrar el documento fácilmente. Por lo tanto, la memoria implica no solo tomar y almacenar información, sino también la capacidad de recuperarla. Y los tres componentes deben trabajar juntos para que nuestra memoria funcione de manera eficiente.

Figura 4. La distinción lógica entre codificación, almacenamiento y recuperación es central cuando estamos considerando el funcionamiento de la memoria humana.


Los problemas en la codificación a menudo se relacionan con una atención deficiente, mientras que las dificultades en el almacenamiento se relacionan con lo que nos referimos en el habla cotidiana como olvido. En la recuperación, a menudo se hace una distinción importante entre disponibilidad y accesibilidad. Por ejemplo, a veces no podemos recordar el nombre de alguien, pero sentimos como si estuviera en la punta de la lengua. Podemos saber la primera letra del nombre y el número de sílabas, pero no podemos producir la palabra en sí. No es sorprendente que esto se llame el “fenómeno de la punta de la lengua”. Sabemos que tenemos la información almacenada en algún lugar, y es posible que tengamos un conocimiento parcial de ella (por lo que, en teoría, la información existe), pero actualmente no está disponible. Uno tiene una enorme cantidad de información almacenada en la memoria que está potencialmente disponible en cualquier momento, pero generalmente solo hay una pequeña parte de la información disponible para acceder inmediatamente.

La memoria puede dejar de funcionar debido a un bloqueo en uno o más de estos tres componentes (codificación, almacenamiento y recuperación). En el ejemplo del fenómeno de la punta de la lengua, el que falla es el componente de recuperación. Los tres componentes son necesarios para una memoria efectiva, pero ningún componente es suficiente: esta es la lógica fundamental de la memoria.

Diferentes tipos de memoria: la estructura funcional de recordar

Platón y sus contemporáneos basaron sus especulaciones sobre la mente en sus propias impresiones personales. Esto todavía sucede en la actualidad, especialmente entre algunas personas que descartan los hallazgos sistemáticos sobre el cerebro y la mente como “solo sentido común”. Pero ahora tenemos información experimental (a menudo llamada empírica) en la que basar nuestras teorías. Realizamos estudios experimentales rigurosos y altamente controlados para recopilar información objetiva sobre el funcionamiento de la memoria humana (véase el capítulo 1). Y, como veremos, varios de estos hallazgos bien establecidos contradicen el “sentido común” en el que confían muchas personas.

Los experimentadores han aplicado una serie de técnicas sistemáticas en sus esfuerzos por comprender la memoria. Un enfoque ha sido subdividir el vasto campo de la memoria en áreas que parecen funcionar de manera diferente entre sí. Piense en lo que llevaba puesto la última vez que llegó a su casa. ¿En qué se diferencia ese recuerdo de saber qué meses del año tienen 30 días, o nombrar los números primos entre 20 y 30, o recordar cómo hacer una tortilla? Estos pueden sentirse como diferentes tipos de memoria, en términos intuitivos. ¿Pero qué dice la evidencia científica? De hecho, uno de los principales hallazgos de los últimos cien años es que la memoria es una entidad multicomponente (en lugar de monolítica). Discutiremos estas distinciones más adelante en el capítulo y en otras partes de este libro.

En la década de 1960, se hicieron populares las subdivisiones de la memoria basadas en modelos de procesamiento de información. Tras los rápidos desarrollos en tecnología de la información que tuvieron lugar después de la Segunda Guerra Mundial, hubo un crecimiento sustancial en la comprensión de los requisitos de almacenamiento de información durante el procesamiento de la computadora. Posteriormente se desarrolló un modelo de procesamiento de memoria de tres etapas, que alcanzó su máxima elaboración en el modelo propuesto por Atkinson y Shiffrin en los años sesenta. En estos modelos de etapas, se consideraba que la información se guardaba primero brevemente en las memorias sensoriales, y luego una selección de esta información se transfería a un almacén a corto plazo. Desde ahí, una cantidad aún menor de información se abría camino a un almacén de memoria a largo plazo.

Las características de estos diferentes almacenes se detallan a continuación.

Almacén sensorial

El almacén sensorial (Figura 5) parece funcionar por debajo del umbral de la conciencia. Recibe información de los sentidos y la retiene durante aproximadamente un segundo mientras nosotros decidimos en qué enfocarnos. Un ejemplo de esto es el “fenómeno del cóctel”, donde, en medio de una conversación, podemos escuchar nuestro nombre mencionado en otra conversación, lo que desvía nuestra atención automáticamente a esa otra conversación. Otra experiencia común es pedirle a alguien que repita una acción o reafirme algo que dijo (creyendo que se ha olvidado), mientras que al mismo tiempo descubrimos que, de hecho, sí tenemos acceso a la información que nos presentaron previamente. Con la memoria sensorial, lo que ignoramos se pierde rápidamente y no se puede recuperar: se descompone al igual que, desde una perspectiva sensorial, las luces que se desvanecen y los sonidos que desaparecen. Entonces, a veces puede captar un eco de lo que alguien dijo cuando no está prestando atención, pero un segundo después se ha ido por completo.

Figura 5. Modelo multialmacén (o modal) de memoria, descrito por primera vez en 1968 por Atkinson y Shiffrin. Este modelo ha ofrecido un marco heurístico muy útil para la comprensión de la memoria.


La evidencia objetiva para los almacenes de memoria sensorial surgió de experimentos como el realizado por Sperling en 1960. Sperling presentó muestras de doce letras muy brevemente (por ejemplo, durante 50 milisegundos) a los participantes. Aunque en este estudio los participantes solo podían informar sobre cuatro letras, Sperling sospechaba que los participantes realmente podían recordar más letras, pero la información se desvanecía demasiado rápido como para ser informada. Para probar esta hipótesis, Sperling diseñó muy inteligentemente una matriz visual, en la que las letras se presentaban en tres filas. Muy poco después de la presentación de la matriz visual, sonaba un timbre. Se instruyó a los participantes para que informaran solo una parte de la matriz visual, de acuerdo con el tono del timbre. Al utilizar este procedimiento de informe parcial, Sperling descubrió que las personas podían recordar aproximadamente tres letras de cualquier fila de cuatro letras, lo que indica que, por un período muy breve, aproximadamente nueve de las doce letras eran potencialmente informables.

Los investigadores de memoria dedujeron de investigaciones como esta que existe una memoria sensorial, que contiene una cantidad relativamente grande de información entrante que se percibe muy brevemente mientras se procesan los elementos seleccionados. La memoria sensorial para información visual se ha denominado memoria icónica, mientras que la memoria sensorial para información auditiva se ha denominado memoria ecoica. Los recuerdos sensoriales se caracterizan generalmente por ser ricos (en términos de su contenido) pero muy breves (en términos de su duración).

Memoria a corto plazo

Más allá de las memorias sensoriales, los modelos de procesamiento de información propugnados en la década de 1960, hipotetizaron uno o más almacenes a corto plazo que contenían información durante unos segundos (Figura 5). Prestarle atención a algo hace que se transfiera a la memoria a corto plazo (a veces denominada memoria primaria o almacén a corto plazo), que tiene una capacidad de alrededor de siete elementos. Este almacén se utiliza cuando, por ejemplo, se marca un nuevo número de teléfono. Tiene una capacidad limitada, de modo que, una vez que la memoria a corto plazo está llena, la información antigua es desplazada por una nueva entrada. Los pensamientos menos importantes (por ejemplo, un número de teléfono de alguien que tiene que llamar hoy pero que nunca volverá a necesitar) se guardan en la memoria a corto plazo, se usan y luego desaparecen. Por ejemplo, si va a llamar al cine para saber qué películas se muestran esta noche, debe recordar el número de teléfono durante un período relativamente corto y luego lo puede olvidar.

Dentro de la literatura científica, el almacén verbal a corto plazo ha recibido considerable atención. Su existencia se ha inferido, al menos en parte, del efecto de recencia en el recuerdo libre. Por ejemplo, Postman y Phillips pidieron a sus participantes que recordaran listas de 10, 20 o 30 palabras. En la memoria inmediata, los participantes tenían mayor facilidad en recordar las últimas palabras que las palabras de la mitad de la lista, conocido como el efecto de recencia. Pero este efecto desaparecía si la prueba de memoria se retrasaba en tan solo 15 segundos (siempre que la demora involucrara actividad verbal por parte del participante, como contar hacia atrás). La interpretación de estos hallazgos fue que el efecto de recencia involucra los últimos elementos de memoria que se recuperaron de un almacén a corto plazo con capacidad bastante limitada.

Alan Baddeley sugirió además en la década de 1960 que el almacén verbal a corto plazo conservaba la información principalmente en forma acústica o fonológica. Esta idea recibió apoyo al destacar la naturaleza acústica de los errores que aparecen durante la recuperación a corto plazo. Esto ocurría incluso cuando el material a retener se presentaba visualmente, lo que indica que la información almacenada se convirtía en un código acústico. Por ejemplo, Conrad y Hull demostraron que las secuencias de letras presentadas visualmente y que son similares en sonido (por ejemplo, P, D, B, V, C, T) fueron más difíciles de recordar correctamente luego de presentar las secuencias de letras que suenan diferentes (por ejemplo, W, K, L, Y, R, Z).

Memoria a largo plazo

Cuando se continúa prestando atención y dándole vueltas en la mente (o “ensayando”), la información se transfiere al almacén a largo plazo (a veces denominado memoria secundaria), que parece tener una capacidad casi ilimitada. La información más importante (por ejemplo, un nuevo número de teléfono, el PIN de su banco o su fecha de nacimiento) se coloca en el almacén a largo plazo (Figura 5). Este aspecto de la memoria a largo plazo es el enfoque principal de este capítulo.

A diferencia de la representación acústica de la información en el almacenamiento a corto plazo, se piensa que la información en la memoria a largo plazo se almacena principalmente según el significado de la información. Entonces, cuando se les pide que recuerden más adelante una selección de oraciones significativas presentadas antes, las personas generalmente no pueden reproducirlas con exactitud, pero pueden informar el significado o la esencia de las oraciones. Como vimos en el capítulo 1 (al considerar el trabajo de Bartlett), la imposición inductiva de significados a menudo puede llevar a distorsiones y sesgos en la memoria, como en el caso de la historia de La guerra de los fantasmas. Volveremos a este tema de sesgo en la memoria a largo plazo en el capítulo 4, cuando consideremos el testimonio de testigos presenciales.

Los modelos como el modelo de memoria de tres etapas de Atkinson y Shiffrin, descritos anteriormente, son útiles para simplificar y representar algunos aspectos de la complejidad de la memoria humana (Figura 5). Sin embargo, esta misma complejidad requiere un ajuste continuo para permitir que estos modelos incorporen observaciones adicionales. Por ejemplo, el modelo de procesamiento de información descrito anteriormente hizo dos supuestos fundamentales: i) la información solo podía llegar a la memoria a largo plazo pasando primero a través del almacén a corto plazo; y ii) ensayar la información en el almacén a corto plazo la retendría en este almacenamiento y aumentaría sus posibilidades de ser transferida al almacén a largo plazo.

Sin embargo, el primero de estos supuestos fue cuestionado por la identificación de casos clínicos clave. Estos pacientes con lesión cerebral manifestaron una capacidad de memoria a corto plazo muy deteriorada y por lo tanto (en términos del modelo de Atkinson-Shiffrin) dañaron gravemente los almacenes de memoria a corto plazo. Sin embargo, estos pacientes parecían no tener deterioro en su capacidad de memoria a largo plazo. El segundo supuesto del modelo de Atkinson-Shiffrin fue desafiado por los hallazgos de estudios en los cuales los participantes ensayaron las últimas palabras de las listas de palabras por un período de tiempo más largo, sin mostrar una mejora en el recuerdo a largo plazo de esas palabras. En algunas circunstancias, también quedó claro que encontrar la misma información en varias ocasiones diferentes (lo que se puede suponer conduce a un mayor ensayo) no era suficiente para retener esta información. Por ejemplo, como vimos en el capítulo 1, las personas tienen problemas para recordar los detalles de las caras de las monedas que ocupan a diario.

Otra evidencia de la distinción entre los almacenes de memoria a corto y largo plazo también ha sido cuestionada. Por ejemplo, como vimos anteriormente, el efecto de recencia en el recuerdo libre se había atribuido a la operación de un almacén a corto plazo, porque este efecto se reducía cuando los pocos segundos anteriores al recuerdo se llenaban con una tarea verbal como el conteo regresivo. Pero cuando los participantes estudiaron palabras y contaron hacia atrás después de cada palabra en la lista, los últimos elementos se recordaron mejor que la mitad de la lista. Este patrón de hallazgos contradice el modelo de Atkinson y Shiffrin, porque el almacén a corto plazo debería haberse “llenado” con la tarea de conteo regresivo, por lo que no se debería haber observado ningún efecto de recencia. La codificación semántica (es decir, el procesamiento de la información en términos de su significado) también se ha demostrado en el aprendizaje a corto plazo en condiciones adecuadas, lo que indica que la codificación fonológica no es la única forma de codificación relevante para la representación de la información en el almacén a corto plazo.

Dos respuestas principales siguieron al reconocimiento de los problemas con el modelo de procesamiento de información de Atkinson y Shiffrin (Figura 5). Un enfoque, especialmente asociado con Baddeley y sus colegas, fue refinar el modelo de memoria a corto plazo a la luz de sus limitaciones conocidas. Baddeley y sus colegas también intentaron realizar una mayor caracterización de las funciones que desempeña la memoria a corto plazo en la cognición. Este cambio de perspectiva condujo al modelo de memoria de trabajo original, y posteriormente revisado, de Baddeley. La otra respuesta principal a los problemas identificados con el modelo de Atkinson y Shiffrin fue, de manera más general, cuestionar el énfasis puesto en los almacenes de memoria y sus limitaciones de capacidad, y centrarse en un enfoque alternativo basado en la naturaleza del procesamiento que tiene lugar en la memoria, y las consecuencias de este procesamiento en el recuerdo.

Cualquiera que sea el modelo de memoria más convincente, muchas teorías de la memoria hacen una distinción general pero fundamental entre los procesos de memoria a corto y largo plazo. Como veremos, la evidencia de una dicotomía entre el almacenamiento de memoria a corto y largo plazo proviene de i) una serie de experimentos que se han realizado en individuos sanos, y ii) el estudio de pacientes con lesiones cerebrales con deficiencias de la memoria. También hay evidencia convergente de importantes investigaciones biológicas que respaldan la distinción entre el almacenamiento de memoria a corto y largo plazo.

Memoria de trabajo

Si consideramos más a fondo el almacenamiento a corto plazo, la distinción entre la memoria a corto plazo y la memoria de trabajo es a menudo borrosa. La memoria a corto plazo se conceptualizó previamente (de manera explícita o implícita) como un proceso relativamente pasivo. Sin embargo, ahora sabemos que las personas hacen más que solo mantener información en el almacén a corto plazo. Por ejemplo, si tenemos una oración en nuestra memoria a corto plazo, generalmente podemos repetir las palabras en la oración en orden inverso, o recitar la primera letra de cada palabra en la oración. Es este sentido más activo de la memoria a corto plazo el que se denota con el uso del término memoria de trabajo, pues se están realizando algunas operaciones mentales (o “trabajo”) sobre la información que actualmente se tiene en mente. Los términos “memoria de trabajo” y “memoria a corto plazo” también se usan a menudo como sinónimos de conciencia. Esto se debe a que estamos conscientes de lo que tenemos dentro de nuestra memoria de trabajo, es decir, lo que actualmente tenemos en mente.

El término capacidad se usa a menudo para referirse a la cantidad de información que una persona puede almacenar dentro de la memoria a corto plazo. En la década de 1950, George Miller definió los límites de la memoria a corto plazo para jóvenes sanos entre 7 ± 2 elementos. Los mecanismos que sustentan nuestra memoria a corto plazo se pueden demostrar cuando intentamos recordar una lista de palabras: tendemos a recordar mejor las últimas palabras de la lista, porque estas palabras aún se encuentran dentro de nuestra memoria a corto plazo. Como lo señaló William Shakespeare en El rey Ricardo II “los postreros acentos de la música se graban con mayor fuerza en el recuerdo que las cosas remotas”. Se ha sugerido que la capacidad de memoria a corto plazo está vinculada con la velocidad de articulación del habla, por lo que cuanto más rápido pueda alguien decir palabras o letras o números en voz baja, mayor será la capacidad de memoria a corto plazo.

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