Kitabı oku: «El Martín Fierro como literatura de denuncia»
José Miguel Viotto
El Martín Fierro como literatura de denuncia
“La Música y la Cultura del Hombre Americano”

Viotto, José Miguel
El Martín Fierro como literatura de denuncia : la música y la cultura del hombre americano / José Miguel Viotto. - 1a ed. - Ciudad Autónoma de Buenos Aires : Tamara Herraiz, 2021.
Libro digital, EPUB
Archivo Digital: descarga y online
ISBN 978-987-88-0860-4
1. Acceso a la Cultura. 2. Música. 3. Cultura Popular. I. Título.
CDD 306.47
© 2021, José Miguel Viotto
Todos los derechos reservados
Publicado por Muiños de Vento Editorial
Soldado de la Independencia 864, Capital Federal, Buenos Aires, Argentina
@muinosdevento
muinosdeventoeditorial@gmail.com
Diseño de Cubierta: Tamara Herraiz
Edición: Edgardo Miller
Edición en formato digital: agosto 2021
ISBN 978-987-88-0860-4
Conversión a formato digital: Libresque
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Agradecimientos
Así en plural y con mayúsculas: “AGRADECIMIENTOS”, porque son varias las Instituciones oficiales y privadas, civiles y religiosas que colaboraron para que yo después de 38 años pudiese concretar el sueño de la publicación de mi tesis doctoral.
Y además son muchísimas las personas, familiares y amigos, que me acompañaron siempre y me brindaron su apoyo generoso y leal.
¡Gracias a todos! ¡Sin Uds. esto no hubiese sido posible!
(Perdonen el anonimato, pero es tanto lo que debo agradecer que mi memoria se ve superada).
J. M. V.
El editor agradece especialmente al Diputado Provincial Juan Carlos Juárez.
Dedicatoria
A todos los ciudadanos que apuestan a vivir democráticamente en un país mejor construído sobre la base de los valores vernáculos y de sus tradiciones.

Nota del autor
¿Por qué las instituciones, las personas, las obras, los escritos, las canciones y manifestaciones de arte, etc., etc., que siguen vigentes después de años, de décadas, de siglos; por qué perduran a través del tiempo sin sufrir mengua en su popularidad?
- Porque el motivo subyacente de su gestación sigue latente y no hubo nada que modifique su contenido ni sus valores intrínsecos y la sociedad los sigue reconociendo y reclamando.
“El Martín Fierro” de José Hernández es un caso testigo para nosotros los argentinos. La genial obra literaria que nos enorgullece a todos fue escrita por el autor hace ya mucho más de cien años en un contexto histórico, social y político determinado. Hoy han variado las circunstancias históricas, pero las sociales y políticas yo diría que en vez de atenuarse, se han agravado. Por desgracia se está cumpliendo la descarnada profecía que Enrique Santos Discépolo lanzó en 1935 cuando estrenó “Cambalache” en el Teatro Maipo. Dice la letra del final:
“Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el cura
o está fuera de la ley”.
De lo expresado anteriormente se infiere que el Poema Hernandiano está más vigente que nunca y por eso me complazco en presentar aquí en la Argentina mi tesis doctoral “El Martín Fierro como literatura de denuncia”. Este trabajo de investigación lo realicé en 1972 y releyéndolo noto que permanece muy actualizado por lo que apuntábamos al comienzo. Es mi aporte personal en la celebración del BICENTENARIO de nuestra querida PATRIA nacida en 1810. No modifico absolutamente nada, ni una coma siquiera, porque sigo creyendo en la autenticidad tanto del poema como de la denuncia que yo realizo apoyada en la autoridad crítica de una vasta bibliografía que también permanece en el tiempo.
Estimados lectores:
Podrán o no estar de acuerdo con los diversos puntos de vista de mi Tesis. Pero estoy seguro que se verán en la necesidad de revisar ideas y conceptos que nos estimularán en la defensa de lo vernáculo, como me sucedió a mí al escribirla. Ojalá la crítica no quede solamente en crítica, que se transforme en fuerza positiva para la construcción de un PAIS mejor que nos merecemos.
José Miguel Viotto
A modo de Prólogo
En tiempos en que hasta la palabra está devaluada nos llega de la mano de José Miguel Viotto este profundo trabajo –su tesis doctoral- “El Martín Fierro como Literatura de Denuncia”. Escrito en 1972, tiene la frescura y la vigencia que el marco de la obra de Hernández le otorga. Viotto aborda el Martín Fierro desde la denuncia que el libro nos propone. Publicado en 1872, el poema nacional refleja la cruda realidad a la que se veían enfrentados los hombres enviados a la frontera. Es la protesta expresada a través de la vida de un gaucho, quien se vio forzado a resignar su libertad e individualidad frente a los cambios sociales y materiales que invadieron su querida Pampa. Podría haber sido escrita hoy por voceros de otros grupos de oprimidos en otras partes del mundo, y tal vez por esta razón, este poema tiene tal aceptación universal que ha sido traducido a muchísimos idiomas, haciéndolo disponible a más de la mitad de la humanidad. José Hernández, puso todo su empeño en defender a sus paisanos de las injusticias que se cometieron contra ellos, que es lo que precisamente viene a rescatar José Miguel Viotto.
El Martín Fierro narra la incorporación forzada del protagonista al ejército, la huida y su amistad con Cruz. Todo el poema está impregnado de denuncia social y encierra grandes verdades políticas como la falta de educación, la mala organización judicial y militar, la deficiencia de la policía rural y, sobre todo, un profundo resentimiento de la clase popular de campaña contra las clases urbanas. El lenguaje del libro es un claro exponente del habla rural.
Rodolfo Kusch 0 con motivo del centenario de la publicación del Martín Fierro en 1972 publica en las páginas del Suplemento Cultura y Nación del Diario Clarín de 9 de noviembre de ese año un estudio sobre el significado del canto en el Martín Fierro “El canto tiene en Martín Fierro una dimensión simbólica inusitada. Ya mismo en el texto se invoca antes de cantar a los santos del cielo y a Dios. Además muchos cantores, se dice, no llegaron al canto porque “se cansaron en partidas”, lo cual indica, que para cantar es necesario una especie de catarsis. El canto también está ligado a la vida humana, porque se nace cantando y se muere cantando, y siempre el canto está disponible para hacer “tiritar los pastos”. Incluso la índole del canto se asocia frecuentemente al manantial y, en general, a la fluidez y a la urgencia del cantar.
“Yo no soy cantor letrado // mas si me pongo a cantar // no tengo cuando acabar // y me envejezco cantando: // Las coplas me van brotando // como agua de manantial.”
Por otra parte, es curioso que a través de todo el poema no aparezca el oyente, aquel para quien se canta. ¿Qué significa entonces el canto en el Martín Fierro?
Para entender esto es preciso distinguir en el poema tres vectores de interpretación. Uno es la del poema en sí, como objeto dado delante de uno, que se compra de forma de libro en la librería o en los quioscos. Otro es el del actor al cual todos achacan las cosas puestas en el poema. Pero hay un tercero del cual nadie habló sino muy superficialmente, y es el gauchaje que lo solía comprar junto con la yerba y el tabaco en las pulperías. Este representa una tercera dimensión no tomada en cuenta por nuestra crítica. Entrar en él es encontrar recién la verdadera dimensión del poema, su valor total, porque si el gauchaje no hubiese hecho suyo el poema, nadie se acordaría hoy ni del Martín Fierro ni de José Hernández. Si esto no lo sabíamos antes es por la falsa orientación de nuestra crítica literaria que se ocupa de hombres y libros y no de la masa de lectores. Es un defecto del país, que también se da en la política. Sabemos de manifiestos y de figuras políticas, pero no del pueblo que sufre la política. ¿Es que el Martín Fierro expresa la gran paradoja de lo argentino? Como si dijera que todos, desde los gobernantes hasta nuestra vida privada rompemos la guitarra constantemente porque tenemos el canto de toda nuestra verdad pero no logramos crear el mundo con ella? ¿Será por eso que en lo cotidiano decimos “que´m’importa”, “para qué” o “no vale la pena” y cuando pensamos en grande examinamos qué pasó con nuestro país lo vemos con un largo silencio mantenido a través de 150 años sin canto y un mero decir? ¿Será que nuestro país no pudo decir su canto, aunque lo tiene, de tal modo que cuando en lo cultural o en lo político quisimos asumir nuestra verdad nos dio vergüenza, a no ser que recurriéramos a la misma agresión que necesita Martín Fierro en los primeros versos del poema para justificar su canto? Pensemos en unos pocos ejemplos: Yrigoyen, el peronismo, nuestra habla cotidiana, el pueblo en general o nuestra vida misma de todos los días, nuestra situación actual, nunca logran decir toda la verdad y siempre son rechazados. Siempre, junto al exceso de verdad, la imposibilidad de concretar el canto.”
Es en este contexto que José Miguel Viotto trabaja arduamente en Madrid, España, en su tesis doctoral colofón de su Doctorado en Literatura Hispánica en la Universidad Complutense, también en el marco del centenario de la obra de Hernández. Treinta y ocho años después esta tesis doctoral se convierte en el cuarto libro de José Miguel Viotto, le preceden tres poemarios “Versos Caseros” (1999), “Nueva Arcadia” (2000) y ¿Tierra en los Ojos? (2002). Su vida ha sido la docencia, hoy a los 71 años sigue trabajando como profesor de literatura y Director de la Escuela de Enseñanza Media Nº 5 de la ciudad de Luján.
Podría señalar sin temor a equivocarme que esta es la obra de mayor envergadura literaria que José Miguel Viotto ha publicado. Sé que su pretensión es que se convierta en un libro de consulta en escuelas y universidades, porque desde su óptica ese éxito es el premio mayor y no otro.
Dr. Edgardo Miller
Primavera de 2010
* Rodolfo Kusch. Filósofo 1922-1979
Palabras preliminares
Carta del autor a don José Zoilo Miguens
Querido amigo:
Al fin me he decidido a que mi pobre Martín Fierro, que me ha ayudado algunos momentos a alejar al fastidio de la vida del hotel, salga a conocer el mundo, y allá va acogido al amparo de su nombre.
No le niegue su protección, Usted que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país. Es un pobre gaucho, con todas las imperfecciones de forma que el arte tiene todavía entre ellos, y con toda la falta de enlace en sus ideas, en las que no existe siempre una sucesión lógica, descubriéndose frecuentemente entre ellas apenas una relación oculta y remota. Me he esforzado, sin presumir haberlo conseguido, en presentar un tipo que personificara el carácter de nuestros gauchos, concentrando el modo de ser, de sentir, de pensar y de expresarse, que les es peculiar, dotándolo con todos los juegos de su imaginación llena de imágenes y de colorido, con todos los arranques de su altivez, inmoderados hasta el crimen, y con todos los impulsos y arrebatos, hijos de una naturaleza que la educación no ha pulido y suavizado.
Cuantos conozcan con propiedad el original podrán juzgar si hay o no semejanza en la copia.
Quizá la empresa habría sido para mí más fácil, y de mejor éxito, si sólo me hubiera propuesto hacer reír a costa de su ignorancia, como se halla autorizado por el uso en este género de composiciones; pero mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus costumbres, sus trabajos, sus hábitos de vida, su índole, sus vicios y sus virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisonomía moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes.
Y he deseado todo esto, empeñándome en imitar ese estilo abundante en metáforas, que el gaucho usa sin conocer y sin valorar, y su empleo constante de comparaciones tan extrañas como frecuentes; en copiar sus reflexiones con el sello de la originalidad que las distingue y el tinte sombrío de que jamás carecen, revelándose en ellas esa especie de filosofía propia que, sin estudiar, aprende en la misma naturaleza, en respetar la superstición y sus preocupaciones, nacidas y fomentadas por su misma ignorancia; en dibujar el orden de sus impresiones y de sus afectos, que él encubre y disimula estudiosamente, sus desencantos, producidos por su misma condición social, y esa indolencia que le es habitual, hasta llegar a constituir una de las condiciones de su espíritu; en retratar, en fin, lo más fielmente que me fuera posible, con todas sus especialidades propias, ese tipo original de nuestras pampas, tan poco conocido por lo mismo que es difícil estudiarlo, tan erróneamente juzgado muchas veces, y que, al paso que avanzan las conquistas de la civilización, va perdiéndose casi por completo.
Sin duda que todo esto ha sido demasiado desear para tan pocas páginas, pero no se me puede hacer un cargo por el deseo sino por no haberlo conseguido.
Una palabra más, destinada a disculpar sus defectos. Páselos Usted por alto, porque quizá no lo sean todos los que, a primera vista, puedan parecerlo, pues no pocos se encuentran allí como copia o imitación de los que lo son realmente. Por lo demás, espero, mi amigo, que Usted lo juzgará con benignidad, siquiera sea porque Martín Fierro no va de la ciudad a referir a sus compañeros lo que ha visto y admirado en un 25 de Mayo u otra función semejante, referencias algunas de las cuales, como en Fausto y varias otras, son de mucho mérito ciertamente, sino que cuenta sus trabajos, sus desgracias, los azares de su vida de gaucho, y Usted no desconoce que el asunto es más difícil de lo que muchos se lo imaginarán.
Y con lo dicho basta para preámbulo, pues ni Martín Fierro exige más, ni Usted gusta mucho de ellos, ni son de la predilección del público, ni se avienen con el carácter de
Su verdadero amigo
JOSÉ HERNÁNDEZ
Buenos Aires, diciembre de 1872

Desde la madre patria
En el centenario de la primera
Publicación de “El Gaucho
Martín Fierro” de José
Hernández. 1872 – 1972
A mi insigne Profesor y Amigo
Dr. Arturo Berenguer Carisomo,
Catedrático de la Universidad del
Salvador de Buenos Aires.
J. M. V.
“Que no se trabe mi lengua
Ni me falte la palabra”.
(V. 37-8)
Introducción
La máxima aspiración de la expresión literaria como de toda obra artística es la consecución, posesión y transmisión de la Belleza y por consiguiente del goce estético a ella vinculado. Pero para lograr este fin supremo indispensable en orden a los valores, pueden recorrerse diversos caminos y emplearse distintos materiales o contenidos. Así por ejemplo los clásicos nos comunicaron la Belleza a través de la mitología; los románticos con sus descripciones pintorescas; los modernistas por medio de la imagen y el sonido y los realistas dándonos una visión directa de las personas y las cosas.
En íntima relación con este último grupo las historias de las literaturas de todos los pueblos y tiempos nos hablan de un tipo especial de literatura que hace hincapié en lo sociológico, que pinta, pondera y critica grupos humanos, instituciones civiles, militares y religiosas; que alaba o satiriza legislaciones, actitudes y costumbres; que sale en defensa del oprimido, de las clases más bajas; en una palabra, que trata de encontrar la mejor fórmula para una mutua convivencia y que en el fondo es eminentemente humanitaria porque su principal preocupación es la vida del hombre, sus problemas y las relaciones con sus semejantes.
Se ha dado en llamarla literatura de protesta o de denuncia, contestataria, comprometida, de crítica social.
No nos ocuparemos de trazar su largo historial comenzando desde los antiguos maestros de las letras. Creemos también inútil hablar de su importancia, la que tuvo siempre y la de hoy día, puesto que arte, literatura y sociedad están de moda1. Nos lo demuestra la proliferación en nuestro S. XX tanto de creaciones literarias comprometidas (poesía, novela, teatro) como de ensayos y críticas. A nadie escapa el desarrollo de la actual crítica sociológica o simplemente marxista como prefieren otros, con sus extraordinarios valores: Roland Barthes, Trotsky, Henri Lefebvre, Georges Lukacs, Lucien Goldmann, Galvano Della Volpe2.
La literatura en general y de un modo particular “La novela contemporánea es mucho más rica que la del S. XIX, se ocupa de toda clase de problemas: morales (Gide, Coccioli); sociales (Dos Passos, Pratolini). Ha descubierto nuevos mundos interiores (Proust, Kafka). Ha refinado de modo extraordinario la sensibilidad para captar matices, sensaciones (Henry James, Virginia Woolf). Sabe ser portadora de contenidos rotundamente intelectuales (Huxley, Pérez de Ayala) o exaltar lo vital como única fuerza primaria (D. H. Lawrence). Ve el amor humano como algo espiritual que nos encamina hacia Dios (Charles Morgan) o como un impulso animal (Henry Miller). Ha multiplicado las perspectivas personales (Faulkner) y potenciado al máximo la carga poética (Giraudoux). Ha adoptado, por último, una técnica mucho más compleja y refinada. La novela de nuestro siglo presenta también otro carácter fundamental: es novela escrita para inquietar3.
Quisiéramos, dentro de la brevedad que nos impone la Introducción y con el ánimo de completar la cita anterior, referirnos concretamente a España, para pasar después a América Hispana.
Modernamente se publicaron en la Península importantes trabajos sobre el tema, como los de Pablo Gil Casado, Francisco García Pavón y Leopoldo de Luis4. También señalamos, más por curiosidad que por la profundidad de los mismos, los artículos aparecidos en “Cuadernos para el diálogo” en el transcurso de estos últimos años. Nos ofrecen un panorama general sobre la situación actual de las letras españolas y el desarrollo de la “literatura social, socialrealismo, realismo crítico, realismo cívico o civil, realismo sociológico, realismo justiciero”, nombres de la “Escuela cívico- literaria” surgida en Madrid en los años cincuenta, tal como nos lo indica E. García Rico en el Nº 19 de la colección Los Suplementos5.
Resumiendo mucho, podríamos hablar de una generación de pre-guerra, 1931, que aborda con urgencia agudos problemas sociales, compuesta por: Carranque de Ríos, Arconada, Arderius, Chacel, Espina, Jarnes Bergua, Marichalar, Aub.
Durante la guerra civil proliferaron las novelas rosas, desconectadas de la realidad, al mismo tiempo que se producía el teatro de guerrilla. De 1939 a 1950 asistimos a la exaltación nacionalista de la España vencedora.
Los años 1950-1960 aportan primeramente una literatura social desgarrada: Barral, Gaos, Panero, Cremer, Nora, Hierro, Celaya, García Nieto, Bousoño, Valverde, Blas de Otero. Después una literatura social más apaciguada: Gil de Biedma, Caballero Bonald, Angel González, G. A. Valente, G. Fuertes, F. Brines.
Advertidamente omitimos hablar del realismo de la 2º mitad del XIX y de sus figuras clásicas ya que como dijimos no íbamos a historiar el movimiento sino simplemente a detectarlo; y para eso optamos por lo más reciente.
Lo que importa destacar es que España tuvo y sigue teniendo su literatura social, la cual nos toca muy de cerca a los hispanohablantes. Y que ocupa un puesto prominente en nuestro siglo. Además con ella demuestra España que vive el ritmo europeo y que continúa abriéndose paso por sobre algunas tensiones y apasionamientos aún existentes.
Allende los mares están las hijas espirituales de España, cada una con sus afanes, sus dudas, sus fracasos y sus éxitos, debatiéndose contra sus propios problemas que provienen de su juventud y de su inmadurez social, política, económica y cultural. Sin embargo, pese a sus frágiles años, han alertado en estas últimas décadas al mundo hispánico. Este fue el 2º gran descubrimiento hecho por Occidente. El reconocimiento de Hispanoamérica como naciones civilizadas y culturalmente independientes.
Quizá este florecimiento intelectual contribuye a disminuir un poco el efecto psicológico del calificativo que siempre acompaña al nombre de esos países: “subdesarrollados” o “en vías de desarrollo”.
El principal auge se da en la novelística, género de cultivo tardío si lo comparamos con el teatro y más aún en relación con la poesía. Importantes críticos como P. Henríquez Ureña y L. A. Sánchez justifican este retraso.
La novela es pues, en frase de José Angel Valente, “el género de la emancipación literaria de América”. A través de ella se plantean los principales problemas del hombre hispanoamericano con un modo vigoroso y original de expresión artística.
Pero, como declaró Miguel Angel Asturias a la prensa española en agosto de 1971, “no se puede hablar de una edad de oro de la novela hispanoamericana; nada más erróneo, pues la novela comprometida o de denuncia social no es más que el nacimiento; ya tendrá su edad de oro si continúa el proceso de su desarrollo”.
Sin embargo, a nuestro juicio, estas palabras del prestigioso escritor guatemalteco no nos parecen del todo justas al reducir la novela de América hispana a la categoría exclusiva de social. Creemos coincidir con el pensamiento de Andrés Amorós6 quien comenta esta cita del tratadista uruguayo Alberto Zum Felde: “La novela hispanoamericana se caracteriza por el predominio de lo telúrico y social. Es ambiental, paisajística y sociológica. Presenta problemas concretamente relacionados con la inmediata realidad nacional. Tiene una temática territorial: el hombre rigurosamente condicionado por el complejo histórico – ambiental. Su signo es el territorio; su protagonista el hombre rudo, primitivo, instintivo, casi siempre explotado. Expresa el esfuerzo y proceso de adaptación del hombre a una doble realidad telúrica e históricamente dada. Corresponde a una sociedad de economía casi puramente extractiva, de exportación de materias primas; a un continente en gran parte semidesierto y semibárbaro, de tradicional feudalismo hacendístico”7.
“Hoy la novela hispanoamericana no es sólo eso”, recalca Amorós. Efectivamente, si consideramos las producciones de Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Ernesto Sábato, Jorge L. Borges, Eduardo Mallea, Gabriel García Márquez, Vargas Llosa…
Existen en la actualidad una serie de nuevas tendencias que son precisamente las que contribuyen a darle ese carácter atrayente y universal.
No vamos a restarle méritos a la novela sociológica ya que es la primera en nacer y las que sigue triunfando en las postrimerías del siglo.
Esta novela recibe tradicionalmente nombres diversos según lugares y temas. (La nomenclatura de Zum Felde es la más conocida).
Siguiendo el plan de esbozo que utilizamos al hablar de la literatura social española, mencionaremos las principales obras y autores:
1 Méjico nos ofrece primeramente la novela de la Revolución que estalla en 1910 contra un régimen dictatorial. Pancho Villa y Zapata son protagonistas que representan al pueblo. (Mariano Azuela, “Los de abajo”. Martín Luis Guzmán, “El águila y la serpiente”. Rafael F. Muñoz, “Vámonos con Pancho Villa”). Posteriormente a la Revolución, en la era de la industrialización de Méjico, se escribe una novela social distinta8. (Agustín Yáñez, “La tierra pródiga”. Juan Rulfo, “Pedro Páramo”. Carlos Fuentes, “La muerte de Artemio Cruz”).
2 La novela indigenista (Bolivia-Perú-Ecuador) reacciona frente a los abusos y despojos de que el indio es objeto. (Alcides Arguedas, “Raza de Bronce”. Ciro Alegría, “La serpiente de oro”, “Los perros hambrientos” y “El mundo es ancho y ajeno”. Jorge Icaza, “Huasipungo”. Juan León Mera, “Cumandá”).
3 La novela llamada política puede constituir un grupo aparte pero en conexión con los anteriores y siempre con un fondo de crítica social. (Miguel Angel Asturias, “El señor presidente”, “Hombres de maíz”, “Viento fuerte”, “El Papa verde”, “Los ojos de los enterrados”).
4 El criollismo chileno o mundonovismo, de comienzos de siglo, también tiene su importancia. (Mariano Latorre, “Zurzulita”. Fernando Santillán, “La hechizada”, “Charcas en la selva”. Eduardo Barrios, “Gran señor y rajadiablos”. Daniel Belmar, “Coirón”).
5 Estamos seguros de que esta clasificación de la novela comprometida hispanoamericana es muy incompleta y arbitraria. Por ejemplo hasta ahora no figuraba el nombre de Mario Vargas Llosa el autor de “La ciudad y los perros”, siendo así que encarna una de las tendencias más puras y más actuales. Olvidamos a personalidades como Rómulo Gallegos, José E. Rivera y otros en quienes lo social se halla presente con diversos matices. E intencionalmente dejamos la novela argentina para el final.-
Hasta la fecha para hablar de literatura social en la Argentina necesariamente debía uno trasladarse al S. XX, a la época en que prospera el realismo. Porque no cabe catalogarla como tal aquella producción literaria anti-rosista, consecuencia de una exaltación romántica de sentimientos rencorosos, donde todo se reduce a diatribas. Concretamente en: Esteban Echeverría, “El matadero” (cuento); José Mármol, “Amalia” (novela); Juan M. Gutiérrez, “Poemas”; Domingo F. Sarmiento, “Facundo” (biografía).
Como tampoco es social la narrativa de la generación del 80 formada por un grupo de hombres públicos y periodistas que a pesar de vivir en un momento crucial de luchas y cambios, se limitaron a narrar sus impresiones con una técnica fragmentaria y superficial. Son los principales: Miguel Cané, “Juvenilia” (estudiantina); Lucio V. Mansilla, “Una excursión a los indios ranqueles” (extenso relato autobiográfico); Eduardo Wilde, “Prometeo y Cía), “Aguas abajo”, “Tiempo perdido” (cuentos).
En cambio sí mucho se habló del aspecto social en las obras de Roberto Payró: “El casamiento de Laucha”, “El romance de un gaucho”; y en las de Benito Lynch: “Los caranchos de la Florida”, “El inglés de los güesos”. (Pertenecen a la narrativa de ambiente rural).
Y luego tendríamos que ubicar a grandes novelistas como Manuel Gálvez, Ricardo Güiraldes y Roberto Arlt. Este último nos enfrenta con los conflictos de la sociedad urbana.
Por los años 1922 – 1929 en Buenos Aires dos grupos literarios antagónicos polemizan. El grupo de Boedo que se opone al de Florida persigue una literatura social basada en el compromiso.
“Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal aparece en 1948, complicada alegoría con mucha carga sociológica.
En fin, para concluir deberíamos hablar exhaustivamente de los novelistas actuales (Mallea, Sábato, Borges, Cortázar…) cuya literatura es tan vertiginosa como la sociedad que la auspicia.
Pero, no, el propósito de nuestra tesis es otro y estamos introduciéndola. Esto es en términos generales lo que comúnmente se entiende por literatura social argentina. Nosotros no estamos conformes y afirmamos: el poema nacional “Martín Fierro” de José Hernández es literatura de denuncia; y esta afirmación es válida según queremos demostrar, ya que tenemos que hablar de literatura comprometida en la Argentina de hacia fines del S. XIX. Sin embargo, no somos los primeros en reconocerlo y en atribuirle al poema un valor de crítica sociológica muy importante; y nos alegramos de poder constatarlo. Es decir que dos grupos de escritores bien determinados adopta distintas posturas a la hora de definir qué es el “Martín Fierro” y qué juicio de valoración se merece. Unos, los más, ponen el acento sobre lo estético, estudian la poesía gauchesca, el folklore, el género literario. También hacen investigaciones filosóficas. Analizan los caracteres psicológicos de los personajes. Averiguan el origen del gaucho y describen sus costumbres y el ambiente pampeano en que vive. Ven una íntima relación entre el autor y la obra. Incluso destacan los valores filosóficos, morales y religiosos, pero no advierten, no lo analizan. El primer estudio valioso del 1º grupo es el de Leopoldo Lugones cuya obra “El payador” (recopilación de una serie de conferencias) publicada en 1916 rescata al “M. F.” de la nada y los convierte en elemento clásico para la literatura argentina. Si bien es cierto que desde su aparición 1872 – 1879, gozó de extraordinaria popularidad y fue objeto de “desmesurados encomios” según frase de Miguel de Unamuno 9, solamente se había ocupado de él la pequeña crítica.
Siguiendo la línea de Lugones trató el tema Ricardo Rojas en el tomo Los Gauchescos de su obra “La literatura argentina; ensayo filosófico sobre la evolución de la cultura en el Plata” (1917 – 1922). Su mérito es haber sido el primero en recopilar juicios sobre la literatura argentina.
Jorge Luis Borges nos dice que “el Martín Fierro” es de índole realista, que tiene mucho de alegato político, que descontando el accidente del verso cabría definirlo como una novela; y que el pobre Martín Fierro no está en las confusas muertes que obró ni en los excesos de protesta y bravata que entorpecen la crónica de sus desdichas. Está en la entonación y en la respiración de los versos; en la inocencia que rememora modestas y perdidas felicidades y en el coraje que no ignora que el hombre ha nacido para sufrir”. No da muchas explicaciones.
Algo muy importante hay en estos críticos que podríamos llamar los pioneros aunque no enfoquen el problema desde el punto de vista de crítica político – social, y es su voluntad de búsqueda del ser nacional.
Deberíamos hablar de muchos más escritores y estudiosos, pues como se comprenderá la bibliografía martinfierrista es rica y frondosa. No lo hacemos por respeto ya que nos veríamos obligados a una fugaz mención 10.
El caso de Ezequiel Martínez Estrada, poeta, pensador y crítico es singular. Por los años treinta comienza a publicar una serie de libros cuyo tema es el país y con ellos contribuye a esclarecer la historia del pensamiento y del drama argentino: “Radiografía de la pampa” (1933) “La cabeza de Goliath” (1943), “Sarmiento” (1946). Sirviéndose del mito, del punto de vista múltiple, denuncia –sin perder de vista la elaboración estética- la polifacética realidad argentina. En “Muerte y transfiguración de Martín Fierro” (1946) “inaugura un nuevo estilo de crítica del poema gauchesco. Las futuras generaciones hablarán del Cruz, o del Picardía, de Martínez Estrada, como ahora hablamos del Farinata de De Sanctis o del Hamlet de Coleridge. Trátase menos de una interpretación de los textos que de una recreación; en sus páginas, un gran poeta que tiene la experiencia de Melville, de Kafka y de los rusos, vuelve a soñar, enriqueciéndolo de sombra y de vértigo, el sueño primario de Hernández” 11.
Quizá es esta nueva panorámica y este enjuiciamiento de lo nacional el que da pie a los escritores que formarían el 2º grupo para lanzarse por una línea netamente definida de redescubrimiento social del poema. Sin desdeñar los valores puramente estilísticos estudian con especial atención el ambiente social donde se mueven los personajes y el contexto en el que se cumple la acción: la presencia del gobierno; el carácter decadente de la sociedad con todas sus secuelas; la carencia de justicia y de quien la represente; la naturaleza expoliatoria del ejército, la policía, el fortín y la penitenciaría. Denuncian esta situación penosa y defienden la causa del pobre y del perseguido injustamente.
Vamos a decir en honor a la verdad que los trabajos existentes con esta orientación no son muchos y es precisamente el motivo que nos impulsa a escribir la tesis sobre dicho tema.
En la bibliografía citamos aquellas obras que son de nuestro conocimiento, pero hacemos una llamada de atención sobre el libro de Pedro de Paoli “Los motivos de Martín Fierro en la vida de José Hernández” (1947) ya que tuvo una influencia decisiva para la interpretación del poema a la luz de la vida del autor. Y también merece una distinción el ensayo de Julio Mafud “Contenido social del Martín Fierro”, bastante posterior (1961).
Lo demás se reduce casi exclusivamente a artículos escritos en periódicos y revistas.
Insistimos en que no somos de aquellos que “se empeñan en encomiarlo (al poema hernandiano), por motivos ajenos al arte, o lo que es peor, falsos y de mala ley”; sino todo lo contrario 12.
Pensamos que no puede haber disociación entre arte y sociedad; que el arte hunde en ella sus raíces y de ella se sustenta; que por reciprocidad debe estar a su servicio o dicho de otro modo, forzosamente el arte tiene que ser docente, comprometido. José Hernández no comulgó con la antigua teoría “del arte por el arte”, arte por sí mismo. “El no habla por hablar, ni canta por cantar, no grita porque sí; habla, canta y grita para despertar a quienes tienen el sueño demasiado pesado, para sostener la esperanza amenazada, para proteger la justicia en peligro, para exaltar el amor e imponer la verdad”.
¿No son estas aspiraciones humanas que sobrepasan las barreras de lo terreno, habitantes de un reino superior infinito donde residen la Belleza, la Verdad y el Amor, y que constituyen los dominios del Arte? ¡Qué importa que para ascender hasta la cima donde el Arte tiene su trono haya empleado un material humilde como el habla de los gauchos, forma castiza del idioma castellano, y haya hecho intervenir muertes, robos, malos tratos, abusos por parte de los poderes públicos, si ha sabido darles caracteres de universalidad y eternidad!
“Hernández hizo literatura comprometida –tendenciosa, se ha dicho- y tal vez no hubiera acertado hacerla de otra índole, dada la calidad de su organización mental. Tenía una elevada idea de la misión del poeta en el mundo, y nunca se habría resignado a un rol de prestidigitador o pirotécnico, dentro de un orbe complicado por las injusticias de los hombres…” Las fronteras de su poema que lo ciñen al tiempo y al espacio “son fronteras de un mundo trascendido, en el cual las oposiciones y los conflictos se resuelven en mensajes de superación. Fronteras entre la ciudad y el campo, entre la civilización y la barbarie, entre la libertad y la ley, entre la naturaleza y la técnica. Fronteras entre la vida y la muerte, entre la prosa del vivir despiertos y la ensoñación poética, que todo lo inaugura cada mañana y que reviste de eternidad las cosas, mientras el tiempo inexorable, pasa…” 13.
Lo que no pasa es la fama de José Hernández periodista y poeta. Ya dijimos que el libro capital que hay que tener en cuenta para juzgar al “Martín Fierro” con una base histórico – política es el de Pedro de Paoli. Aquí algunas de sus palabras: “Hernández, en “El Río de la Plata” es el primer periodista argentino que habla desde el punto de vista social y económico, de los oprimidos, como Martín Fierro el primero que en un poema –o libro cualquiera en nuestro país- habla de la proletarización de los gauchos, o paisanos de la campaña. Se proletarizaron, dice Martín Fierro. Treinta años después, anarquistas y socialistas repetirán este término”. Este detalle sorprendente y significativo habla por sí solo muy a las claras. No es necesario que expliquemos el alcance de ese verbo proletarizarse.
Pero es aún más categórico: “el Martín Fierro”, pues, no es un mero producto de la fantasía del autor, ni es una novela, ni una obra puramente folklórica. El “Martín Fierro” es intrínsicamente un alegato social, una verdadera protesta social a favor de la población campesina criolla representada por el gaucho. Una protesta social contra la oligarquía gobernante del país iniciada por el gobierno del general Mitre y continuada sañudamente por Sarmiento y mantenida por las presidencias sucesivas hasta el descuajamiento total del gaucho de sus pagos tradicionales”.
Por supuesto que en el desarrollo de la tesis nos detendremos en las afirmaciones procurando justificarlas o enjuiciarlas. Un último párrafo de De Paoli para esta introducción: “La Vuelta (2º parte) es la confirmación de las ideas de La Historia (1º parte); allí Hernández sella para siempre el carácter social de su libro.
No se trata solamente de una expresión poética, no; es la historia de una clase social y de una raza. El libro tiene el carácter de una marca de fuego contra una clase social oligárquica y que con el correr del tiempo se hará imborrable. “Martín Fierro” es la réplica al “Facundo” y a toda esa literatura que tiene como motivo principal denigrar al gaucho y sus caudillos. Al grito de guerra al gaucho condensado en la frase Civilización y Barbarie, Hernández opone sus sentencias martinfierrescas, para que la posteridad al proclamar en el Día del Libro a “Martín Fierro” como el libro argentino por autonomasia dictamine que sus afirmaciones son la verdad misma sobre un tipo humano y un ambiente que el dicterio infamante oscureció por un instante, para que luego brillara con mayor resplandor”.
Se nos ocurre que es suficiente la ilustración que hicimos acerca de los dos grandes grupos de escritores y críticos que a nuestro juicio enfocan el estudio del “Martín Fierro” con distintas perspectivas, 14. Sin embargo queda un testimonio, el más contundente, a favor de nuestra tesis que es el del propio autor del poema. Lo hallamos en una carta sugerida por D. Mariano Pelliza; en ella Hernández confiesa los propósitos por los cuales escribe: “Quizá tiene razón el señor Pelliza al suponer que mi trabajo responde a una tendencia dominante en mi espíritu, preocupado por la mala suerte del gaucho. Para abogar por el alivio de los males que pesan sobre esa clase de la sociedad, que la agobian y la abaten por consecuencia de un régimen defectuoso, existen la tribuna parlamentaria, la prensa periódica, los clubs, el libro y por último, el folleto… Me he servido de este último elemento, y en cuanto a la forma empleada, el juicio sólo podrá pertenecer al dominio de la literatura. Pero en este terreno, “Martín Fierro” no sigue ni podía seguir otra escuela que la que es tradicional al inculto payador”.
Pues, teniendo en cuenta estos motivos nos sentimos alentados al comenzar este trabajo. Hablaremos del momento histórico-político en que se produce la inmortal obra y la forma de cómo nace; de sus características peculiares y de la íntima conexión que guarda con su autor cuya vida fue de lucha hasta el fin. Lo ubicaremos en las fronteras entre el blanco y el indio y veremos a la raza gaucha ir perdiendo terreno poco a poco, sin defensas, hasta extinguirse. Analizaremos las manifestaciones sociales y antisociales de los principales personajes.
A la luz de sus versos auscultaremos los diversos grupos humanos, cada uno con sus lacras, virtudes y anhelos: la oligarquía dueña de las riquezas que se autodenomina “civilización”; la sociedad “bárbara” residente en las tolderías donde no impera la razón y que incursiona frecuentemente en tierras de blancos; la raza “delincuente” que sólo sirve “pa votar” y a cuyo favor no cuenta ninguna acción buena ni heroica; los extranjeros que vienen a la pampa argentina con sueños de otros mundos; en fin, los mulatos, otros seres desarraigados y esclavos. Veremos tambalearse la endeble estructura política de la época (1860-1880), el gobierno central de Buenos Aires con la defensa exclusiva de sus intereses portuarios, la caricaturesca figura de quienes ostentan la autoridad, la deplorable situación del ejército y la policía, la vida inhumana que hacían los gauchos reclutados en los fortines. Y por último seremos testigos de las consecuencias que padece aquella sociedad enferma; sí, pero testigos doloridos que contemplan al país en manos de una minoría “selecta” vendida al extranjero, que desconoce los problemas internos u obra como si no existiesen; que tiene en completo abandono a las Provincias; que no se inmuta ante la suerte del hombre de la campaña sumido en la pobreza, herido en su honra, perseguido, descuajado de su hogar.
Estas y muchas otras cosas “cantó” el gaucho Martín Fierro al son del “estrumento” hace un siglo. Varias generaciones escucharon sus rasguidos aunque pocas le hicieron caso. Nosotros queremos prestar atento oído a lo que dice, más que a la forma cómo lo dice. Esta debió de ser la actitud de aquellos gauchos reunidos en las pulperías en torno al lector, absortos en la lectura del “Martín Fierro”, único alivio de sus infortunios. Y solamente así, por su mensaje, se explica su inmediata popularidad hasta tal punto de ser considerado un artículo de consumo diario 15.
En la “era de la socialización”, socialización de pueblos, gobiernos, instituciones, estructuras, artes, comunicaciones, industrias, etc., puede ser de interés un estudio de esta índole como el que hemos emprendido.
1 Cabe citar como ineludible el caso de la novela socialista europea de principios del XX, especialmente la rusa. En cuanto a la literatura española “social” sus orígenes se remontan al Lazarillo de Tormes y a la Celestina. Existen dos interesantes trabajos al respecto: BLANCO AMOR JOSE, “El Lazarillo de Tormes espejo de disconformidad social”. (En: “Cuadernos del Idioma”. Buenos Aires, año II, Nº 9). MARAVALL JUAN ANTONIO, “El mundo social de la Celestina”, Ed. Gredos, Madrid 1964.
2 La crítica literaria tiene su evolución propia: En un comienzo, digamos S. XIX, prosperó la crítica formalista; luego la estructuralista; ahora la sociológica, si bien los adelantos de dos nuevas corrientes, la generativa y la semiológica, pretenden relegarla a un segundo plano.
3 Amorós Andrés, “Introducción a la novela contemporánea, Ed. Amaya, Madrid 1966, págs.. 52-55.
4 Siguiendo el orden: - “La novela social española”, Ed. Seix Barral, Barcelona. - “El teatro social en España”, Ed. Taurus, Madrid 1962. - “Antología de la poesía social española contemporánea”, Ed. Alfaguara, Madrid 1965.
5 Aparte de su propio punto de vista son interesantes los juicios de escritores, poetas, novelistas y críticos que sustentaron aquella tendencia y de los que ven las cosas de otra manera.
6 Ob. Cit. Cap. XXIV “Algunas novelas hispanoamericanas”, págs. 129-130.
7 “La narrativa en Hispanoamérica”, Ed. Aguilar (Ensayistas Hispánicos), Madrid 1964.
8 Puede resultar aclaratorio de este punto un artículo que suscribe George Huaco, “Socilogie du roman: Le roman mexicain, 1915-1965”; en: Etudes de sociologie de la littérature. Editions de l’Institut de Sociologie. Université Libre de Bruelles. Nº 3 1969.
9 D. Miguel de Unamuno en un artículo dirigido a D. Juan Valera en 1894, publicado en La Revista Española, dice que en 1882 ya se habían vendido 58.000 ejemplares habiéndose hecho once ediciones. En dicho artículo alera al público español acerca de la significación de “El gaucho Martín Fierro”.
10 La recopilación bibliográfica más completa y sistemática es la de Augusto Raúl Cortázar: “José Hernández, Martín Fierro y su crítica. Aportes para una bibliografía”, Buenos Aires Fondo Nacional de las Artes, 1960. (En: “Bibliografía Argentina de Artes y Letras”, nº 6, págs. 51-129, Buenos Aires, enero – junio 1960).
11 Palabras de Jorge L. Borges en “Martín Fierro”, Ed. Columba, Col. Esquemas, Buenos Aires 1965, pág. 60.
12 Miguel de Unamuno está prendado de la hermosura del poema y por eso hace esta advertencia ; además él escribió en otra época.
13 Las citas corresponden a Francisco Compañy el autor “La fe de M. F.”.
14 Como es obvio no describimos la teoría de nadie en particular. En algunos casos se deduce debido a la importancia que le concedemos.
15 En las listas de encargos de los pulperos el Martín Fierro figuraba junto con los fósforos, la barrica de cerveza y las sardinas.
Capítulo I
Mirada retrospectiva
El tiempo es un poderoso factor para la decantación, incluso de una obra artística. Cuanta mayor cantidad de años nos separe de ella, nos sentimos más seguros para juzgarla, porque poseemos mejores elementos de juicio. Vamos a dirigir la mirada hacia el S. XIX argentino, a fin de observar los acontecimientos histórico-políticos que condicionan el nacimiento del poema hernandíano.

1. El contexto histórico - político
En la producción de la obra literaria juegan un papel importante el lugar, época, condiciones, autor, causas…, acontecimientos externos vinculados a ella. Esto es tanto más cierto tratándose de una obra comprometida. Para el caso que nos ocupa es indispensable su consideración, si no, no se comprendería el porqué del poema. Es absolutamente necesario relacionarlo con el aspecto histórico – político en el cual se desenvuelve.
“El Gaucho Martín Fierro” (1º Parte) se editó en 1872 y “La Vuelta de Martín Fierro” (2º Parte) en 1879, tras la undécima edición de la primera. Desde entonces se ha seguido publicándolas juntas y formando un solo poema. Dos fechas que hay que tener muy en cuenta. Son dos momentos distintos de la vida argentina.
Cuando apareció el poema de Hernández con sus dos partes bastante distanciadas, nadie, excepto los pocos criollos que quedaban, concedieron importancia al hecho. No lo vieron desde el ángulo de la realidad histórico – social – política. Se limitaron a ponderar los elementos estilísticos que sin duda los posee ¿Motivos? – Son los que se trata de esclarecer. El revisionismo histórico cada día más en boga aportará luz sobre temas oscuros y develará muchos secretos ¿No será que los escritores coetáneos de José Hernández no quisieron escuchar sus versos porque les herían los oídos? A ellos que eran parte de aquella sociedad viciada, que preferían lo extranjero a lo autóctono. Que no podían aceptar que el gaucho fuese el representante de los valores nacionales, el alma de la argentinidad, “el héroe y civilizador de la pampa” , como lo proclamó Lugones en 1916, el fundador de la patria.
No, todo lo contrario. Los anti-argentinos aborrecieron al criollo, a la raza gaucha de sangre española, a su vida, sus costumbres, su lenguaje. Ninguno de aquellos gauchos que ofrendaron su sangre generosa para la construcción y defensa de su patria, jamás hubiera osado decir: “Los argentinos somos una raza bastarda, que no ocupa, sino que embaraza la tierra”. 16. Precisamente por esta época es Presidente de la República o por lo menos de Buenos Aires y algunas Provincias don Domingo F. Sarmiento. Y es el momento en que sale a la luz la Primera Parte del “Martín Fierro”. Hay en ella una alusión directa al Ministro de Guerra de la Nación el coronel Martín de Gainza, al que Martín Fierro en su rusticidad llama “Don Ganza”.
| V. 954 – | “Que le llamaban Don Ganza”. |
El régimen de Sarmiento es el que consuma el proceso de ataque y disolución del gaucho iniciado en 1852 después de la caída de don Juan Manuel de Rosas. Hasta esa fecha dura la vida libre y feliz de los gauchos, la denominada Edad de Oro de la gauchesca.
| V. 205 – | “Ricuerdo! Qué maravilla! |
| Cómo andaba la gauchada, | |
| Siempre alegre y bien montada | |
| Y dispuesta pa el trabajo… | |
| Pero al presente… barajo! | |
| No se la ve de aporriada”. |
Habían sido dueños de pampa y cielo durante dos siglos. En la época española fueron los protagonistas de la lucha del hombre contra la naturaleza, los que animaron los trabajos de las estancias, los que anduvieron tras las reses y en las carretas, los que comerciaron los cueros vacunos. Tenían su cultura, su idiosincrasia, sus costumbres, su folklore literario 17. Más tarde hombres de la ciudad se inspirarán en todo esto que constituyó el complejo cultural del cuero de esa sociedad o grupo folk, para componer una literatura folklórica o gauchesca. Pero este punto lo trataremos luego.
Vinieron después las guerras de la Independencia y allí en los campos de batalla estuvo el gaucho peleando bravamente casi sin saber para qué y por una causa que no le reportaría ningún beneficio personal y en la cual solamente entendían unos pocos hombres de Buenos Aires. Para él el cambio de gobierno no significó nada; el advenimiento de otro amo, acaso el comienzo de su ruina. Acabado el período revolucionario sobreviene el último florecimiento y prosperidad del gaucho entre 1835 y 1852 mientras gobierna Rosas en Buenos Aires, ya que no se cumplió inmediatamente el deseo expresado por Martín Fierro de que “otro criollo llegase al poder”.
Después de lo cual comienza la decadencia y el aniquilamiento. Todo se desmorona en los penosos años de la Organización Nacional. Este intento comienza el 3 de febrero de 1852 cuando don Justo José de Urquiza, El Supremo Entrerriano, gaucho también, vence al Ilustre Restaurador de las Leyes en Caseros comandando el Ejército Grande Aliado Libertador.
De más está decir que todos los ejércitos estaban formados por gauchos. Ahora impera la duda entre el gauchaje. ¿A quién creer? ¿A Urquiza que acaba de quitarles a su protector, o al nuevo grupo dirigente de Buenos Aires encabezado por el gobernador Valentín Alsina, el ministro coronel don Bartolomé Mitre, Pastor Obligado, Vélez Sarsfield, Varela y Sarmiento? 18. Se producen algunos choques armados entre Buenos Aires y la Confederación Argentina. Urquiza es su 1º presidente de acuerdo a la Constitución de 1853 y tiene su sede en Paraná que es capital de la República durante algunos años. Pero Urquiza fracasará en su intento de organización nacional.
Mitre es el hombre fuerte de Buenos Aires y si necesita ayuda para triunfar podrá conseguir la del extranjero, de Uruguay, Brasil, e incluso de Europa. El mitrismo apoyado por los terratenientes porteños acepta la unión nacional pero no desde Paraná, sino desde Buenos Aires y sin Urquiza. El enfrentamiento es claro: el centralismo de Buenos Aires contra la Confederación o sea las Provincias. No fue una cuestión de porteños contra provincianos ya que un grupo de aquellos se oponía al mitrismo y buscaba la unidad nacional a través de su periódico “La Reforma Pacífica” y en ocasiones alistándose en las filas del ejército de la Confederación. Lo formaron Nicolás Calvo, José y Rafael Hernández, Miguel Navarro Viola, Carlos Guido y Spano, Félix Frías y otros.
Sin embargo, la guerra de la inteligencia se pierde. Los opositores de Mitre son tachados de anarquistas y eliminados los principales.
Mitre publica en su periódico “Los Debates” el proyecto de separación definitiva de Buenos Aires constituyéndose en un Estado independiente de la Confederación, con el nombre de República del Plata.
La campaña de Buenos Aires sostiene las viejas ideas federales aunque no gana las elecciones de la gobernación el Partido Federal porque el oficialismo echa mano de métodos fraudulentos. Impotentes escritores y políticos federales abandonan Buenos Aires y remontan el Paraná para ponerse a las órdenes de Urquiza.
El 23 de octubre de 1859 se libra la batalla de Cepeda: Buenos Aires frente a la Confederación, Mitre frente a Urquiza. Momentáneamente vence el ejército confederado de Urquiza que obliga al gobierno de Buenos Aires a declararse parte integrante de la Confederación Argentina.
En 1860 Urquiza deja la presidencia de la Confederación en manos de Derqui y Buenos Aires coloca de gobernador a Mitre. La mala táctica de Derqui y una serie de maniobras del general Mitre lo ponen en condiciones de dar el golpe definitivo 19.
Lo más indignante para las Provincias era que Buenos Aires obraba con autonomía propia; ella comerciaba con el extranjero, defendía sus intereses portuarios y protegía sus grandes capitales. Buenos Aires promovía la inmigración europea e iba absorviendo todas las novedades que venían de afuera. Ella era la única que podía progresar, la única ciudad “civilizada”.
Hechos luctuosos se suceden. Tiempo atrás había sido asesinado Jerónimo Costa el defensor de la isla de Martín García cuando fue atacada por la flota de guerra francesa. Después caía muerto de igual forma Nazario Benavídez ex gobernador de San Juan. Y ahora, nuevamente en San Juan, matan al gobernador coronel don José Virasoro. Es que el gobierno centralista de Buenos Aires ya ejerce su influencia en las Provincias; sin embargo este no es sino el comienzo. Buenos Aires irá extendiendo sus tentáculos como un pulpo hasta dominar la situación. Nuevamente los dos ejércitos están apostados frente a frente en las inmediaciones del Arroyo Pavón. Influencias extrañas parecen haber decidido la suerte última antes del combate, ya que aún no se ha dilucidado el enigma que encierra la claudicación de Urquiza en el momento culminante de la batalla aquel 17 de septiembre de 1861 20.
La retirada humillante del ejército de la Confederación abre las puertas a la acción del general Mitre y de su partido.
La Confederación Argentina muere como organismo el 12 de diciembre de 1861. Los diputados del Congreso vuelven a sus provincias que reasumen su soberanía local.
Mucha sangre inocente de gauchos se ha derramado en vano con el único resultado de retrotraer la vida institucional del país a 1820 y de favorecer una minoría oligárquica que ve cumplidos sus deseos.
El general Mitre dirigido espiritualmente por Sarmiento ocupa militarmente las provincias no adictas y comienza la persecución de los caudillos “bárbaros y salvajes”. La consigna de Sarmiento es bien clara: “No trate de economizar sangre de gauchos, éste es un abono que es preciso hacer útil al país. La sangre es lo único que tienen de seres humanos” 21.
La invasión de las provincias se efectúa con tropas a las órdenes de generales y coroneles uruguayos. Domingo F. Sarmiento es puesto como Gobernador de San Juan. Téngase en cuenta que Mitre es sólo un general Gobernador de Buenos Aires. El ejército “civilizador y pacificador” de Buenos Aires pasa por las armas a varios cabecillas opositores. La lucha tiene un cariz bien definido: la oligarquía porteña y provinciana contra el pueblo, Mitre y Sarmiento contra los caudillos y sus montoneras. De entre los caudillos se destacó “El Chacho”; valeroso caudillo riojano que morirá asesinado por las tropas mitristas.
Así son sometidas las provincias una tras otra y ahogados sus gritos en sangre.
Pero he aquí que de improvisto en Buenos Aires frente a la figura de Bartolomé Mitre se levanta la de Adolfo Alsina y quedan formados dos partidos, los “cocidos” y los “crudos”, antiguos unitarios y federales.
El partido del general Mitre, los “cocidos”, sigue siendo el partido de la “civilización”, de las “Luces”, de la “oligarquía”, el que apoya al Partido Colorado del Uruguay; el que realiza junto con el gobierno brasileño la guerra contra el Paraguay desde 1865. Las atrocidades de Paysandú y las cometidas en el suelo argentino. Mitre ostenta el título de Presidente de la República, aunque pronto habrá elecciones. Sarmiento, embajador en Estados Unidos, promueve su candidatura y comienza la lucha encarnizada contra A. Alsina. En 1868 Sarmiento ve satisfecha su máxima aspiración; desde el sitial de la presidencia podrá dar cumplimiento a todas sus teorías; sin embargo deberá vencer la oposición de muchos contrarios a su política. Importa nuevas ideologías de Estados Unidos; importa gente, inmigrantes sobre todo italianos que vienen a hacer producir las tierras de los latifundistas. Así el gaucho es suplantado por el europeo en las tareas del campo. Crea el Banco de la Provincia que da cuantiosas ganancias a los ricos prestamistas. El Partido Liberal, antiguo Partido Unitario, con Sarmiento al frente, se enriquece día a día. La pampa fértil comienza a dar sus frutos y la tierra se valoriza. Los negocios de tierras están a la orden del día. Pero ¿quién cuidará de esas vastas extensiones ahora cultivadas por gringos y cuyos dueños residen en Buenos Aires? Habrá que reforzar la frontera con el indio e ir ganando palmo a palmo sus dominios, para consolidar las posesiones de los capitalistas. Pronto se soluciona todo con el establecimiento de una línea de fortines defendidos por gauchos reclutados en los pagos y llevados por la fuerza.
Las tácticas empleadas por la “oligarquía porteña”, “burguesía terrateniente argentina”, o “aristocracia vacuna”, les dieron excelentes resultados.
Sí, estas son las principales injusticias cometidas durante el triste período de la Organización Nacional, principalmente el del gobierno de Sarmiento el “más ilustrado de todos los presidentes”.
Por los años setenta Buenos Aires marcha por las vías del progreso que viene de Europa. Pero el país está muy pobre a causa de la sangría de la guerra del Paraguay. El pueblo sufre: las familias de criollos quedan destruídas, pues faltan los hombres que están luchando a muchos kilómetros de distancia y que muy probablemente no volverán más. Los que quedan son arriados a la frontera para defender las tierras de ricos. A ellos se los trata duramente, se les priva de la libertad, se les despoja de los bienes, de la mujer y de los hijos. Se les persigue si se insubordinan o si desertan.
En fin, podríamos seguir el relato del contenido del “Martín Fierro” que José Hernández escribe por esta época, en 1872, como dijimos.
Mitristas, Sarmientistas y Alsinistas están en pugna, pero se unen para formar un frente común ante el caudillo López Jordán, ya de los últimos. Con su aplastamiento Buenos Aires confirma su dominio sobre el país. En 1875 es presidente don Nicolás Avellaneda. El Partido Autonomista Nacional de Alsina controla la situación política. Sobrevienen años de tranquilidad y progreso. Concluyeron las luchas fratricidas de la Organización Nacional. Se extienden los dominios sobre el desierto ocupado por el aborigen a quien se doblega totalmente en 1884. Es el período de la pacificación.
En este nuevo ambiente muy distinto del anterior Hernández edita la 2º parte de su “Martín Fierro” en 1879. Los negros nubarrones de la política nacional van desapareciendo. El mismo ocupará altos cargos públicos y tendrá ocasión de defender sus principios desde la tribuna oficial.
| V. 4975 - | “Las cosas no son como antes |
| Tan enredadas y feas”. |
Sin embargo, ya es demasiado tarde; no se puede rehacer lo destruido; no se pueden quitar los alambrados que dividen los campos, ni reconstituir los hogares, ni reimplantar las costumbres criollas. El gaucho como clase social ya no existe; degenera en el “guapo”, el “guarango”, el “compadre”, el “orillero”. Y Hernández transmite el proceso de descomposición. El final es la disolución:
| V. 7097 – | “Después a los cuatro vientos |
| Los cuatro se dirigieron”. |
| V. 7107 - | “Convinieron entre todos |
| En mudar allí de nombre”. |
En ningún momento temió defender, como periodista y como escritor, al gaucho, como tampoco ahora se avergüenza de que lo llamen el Senador Martín Fierro.
Se discute el problema de la sede federal del gobierno. Aunque como dice Ezequiel Martínez Estrada “el problema político se había metamorfoseado, como el de las fuentes de producción, y de político se hizo económico; pero el nuevo avatar económico era la misma sustancia política, y la sede del gobierno federal (en cuyo asunto intervino José Hernández) y la distribución de la riqueza, el mismo antiguo problema de la hegemonía de la metrópoli sobre las provincias, y de las ciudades contra las praderas y el desierto” 22.
La guerra del Paraguay concluía, si bien es cierto que más tarde vendría la guerra con Chile.
José Hernández muere en 1886. Durante los últimos años del siglo XIX se produce una verdadera crisis económica a pesar del aparente progreso y lujo exterior. La grandeza era ficticia. La deuda interna y externa superabundante. La entrada de la “civilización” cobraba un caro tributo.
16 Domingo F. Sarmiento, “Obras Completas”, tomo 49.
17 Augusto Raúl Cortázar explica muy bien la diferencia entre “Folklore literario y literatura folklórica”.
18 Al hablar de gaucho en general nos referimos al habitante de la campaña bonaerense, si bien hubo gauchos en todo el territorio argentino no ocupado por el indígena.
19 De Paoli afirma que Mitre envió a Hilario Ascasubi como Ministro de Relaciones Exteriores a Europa con el fin de contratar técnicos militares y traer armamentos. “Los motivos…” Librería Huemul, Buenos Aires 1968, pág. 117.
20 Varios autores aseguran que eran las logias masónicas las que dirigían secretamente los designios de la historia argentina y a ellas obedecían Mitre, Sarmiento, Urquiza y muchos otros.
21 M. Ruiz Moreno, “La Presidencia de Derqui y la batalla de Pavón”, pág. 436, (En: De Paoli, ob. Cit. Pág. 142).
22 “Radiografía de la pampa”, Ed. Losada, Buenos Aires, 1968, 6º edic., págs.. 287-288.
2. Génesis del poema
Hemos señalado los hechos histórico-políticos que rodean la aparición del poema y también lo motivan según el propio autor afirma 23.
José Hernández que lleva muchos años alejado de su tierra natal a causa de sus ideas políticas, viene a Buenos Aires a reclamar justicia para sí y para sus gauchos. No puede ser que no haya nadie que levante su voz para denunciar la situación del país y los atropellos cometidos por Mitre y ahora aumentados por Sarmiento. Desde Buenos Aires oirían mejor su palabra.
Emplea el medio que está al alcance de su mano: el periódico. El 6 de agosto de 1869 nace “El Río de la Plata” bajo su dirección y propiedad. Agrupa el pensamiento de ilustres escritores y patriotas como son estos amigos: Guido Spano, Navarro Viola, V. Quesada, M. Pelliza, A. de Vedia, Evaristo Carriego, Olegario Andrade, Ovidio Lagos, Nicasio Oroño, G. Rawson, M. Quintana, E. Zeballos.
Este grupo siempre fue opositor a la política de Sarmiento y de las actividades de Mitre y su partido. Y también de distinta concepción ideológica que Estanislao del Campo e Hilario Ascasubi, los dos poetas gauchescos; y que Chassáig, Gutiérrez, Varela y Acevedo.
Ahora Hernández entabla una nueva “lucha del cerebro”, como en los tiempos de “La Reforma Pacífica” cuando estaba junto con N. Calvo, L. N. Alem, González del Solar.
Sus ojos han visto demasiadas cosas y en su cerebro bullen demasiadas ideas como para quedar callado. Y comienza la defensa y el ataque, el ataque y la defensa, a través de su periódico. En su primer número escribe “que son propósitos esenciales del diario: Autonomía de las Municipalidades, abolición del contingente de fronteras, elegibilidad popular de jueces de paz, comandantes militares y consejeros escolares” 24. En sucesivas editoriales llega al fondo de la cuestión, reclama iguales derechos para los hijos de la campaña que para los hijos de la ciudad.
“¿Por qué no se hace ese servicio de fronteras extensivo a los hijos de la ciudad?...
Hernández es el primer escritor que se atreve a abogar por la causa de los “oprimidos”. Se enfrenta con la realidad, con los problemas sociales argentinos. Tampoco tiene miedo de desenmascarar la oligarquía y sus fabulosos negociados.
Indudablemente la libre expresión de estas ideas era la peor derrota que se le podía infringir a la política sarmientista. Por eso Sarmiento toma sus preocupaciones y José Hernández deja de publicar su periódico en abril de 1870 y va nuevamente a Entre Ríos para continuar la lucha con las armas ya que se le impedía la lucha del espíritu.
Tras la derrota, porque casi siempre la ley del más fuerte se cumple, dos años de exilio en Brasil y Uruguay. Pero dos años decisivos para su vida de escritor. Allí en Montevideo conoce a Antonio D. Lussich un escritor y amigo de los gauchos como él. 25 Seguramente es él quien influye en su mente para que se decida a cantar en verso lo que tantas veces había proclamado en los periódicos y que llevaba muy dentro de sí porque en definitiva se trataba de la historia vivida, de su vida misma.
“Don Antonio Lussich, que acababa de escribir un libro felicitado por Hernández “Los Tres Gauchos Orientales”, poniendo en escena tipos gauchos de la revolución uruguaya llamada “Campaña de Aparicio”, diole, a lo que parece, el oportuno estímulo. De haberle enviado esa obra, resultó que Hernández tuviera la feliz ocurrencia. La obra del señor Lussich apareció editada en Buenos Aires por la imprenta La Tribuna el 14 de junio de 1872. La carta con que Hernández felicitó a Lussich, agradeciéndole el envío del libro, es del 20 del mismo mes y año. “Martín Fierro” apareció en diciembre. Gallardos y generalmente apropiados al lenguaje y peculiaridades del campesino, los versos del señor Lussich formaban cuartetas, redondillas, décimas y también aquellas sextinas de payador que Hernández debía adoptar como las más típicas” 26.
Dejemos de lado si el poema de Lussich inspira a Hernández o no; lo importante es que “Martín Fierro” lo supera ampliamente en todos los sentidos. Sí estamos de acuerdo con Borges en considerar a Lussich verdadero precursor de Hernández.
“El Gaucho Martín Fierro” fue escrito y editado en Buenos Aires desde el silencio y el ocultamiento, gracias a los quince mil pesos concedidos a Hernández en calidad de préstamo por la Sra. Da. Nicolasa P. de Serantes 27.
Cuando la obra es dada a conocer encuentra un eco popular estruendoso y también provoca el consiguiente enojo de Sarmiento y su gente. Señal inequívoca de que el autor ha logrado su objetivo. Es alabada en la ciudad por sus valores estéticos y devorada en la campaña por su mensaje social. Nació humildemente como las obras inmortales, cobijada por las sombras y amenazada por el despotismo. Nació así en medio de la lucha del pobre contra el rico, del oprimido contra el opresor, como única arma ofensiva y defensiva. El mismo Hernández explica que empleó este medio ya que no tenía acceso a la tribuna parlamentaria y su periódico había cerrado las puertas. Además le resultaba cómodo el hacer versos:
| V. 49. - | “Yo no soy cantor letrao; |
| Más si me pongo a cantar, | |
| No tengo cuándo acabar | |
| Y me envejezco cantando: | |
| Las coplas me van brotando | |
| Como agua del manantial”. |
Esta Primera Parte de su poema titulada “El Gaucho Martín Fierro” es de carácter completamente lineal y polémico. No es solamente la historia de un gaucho, sino de toda la raza gaucha que vive en la adversidad:
| V. 1319 - | “El que anda siempre juyendo, |
| Siempre pobre y perseguido; | |
| No tiene cueva ni nido, | |
| Como si juera maldito, | |
| Porque el ser gaucho… ¡barajo! | |
| El ser gaucho es un delito”. |
Más aún, Hernández se ha dado cuenta que ese personaje Martín Fierro es él mismo; sus vidas se identificaron. Y desde ahora va a “cantar opinando porque es su modo de cantar”. Y también Hernández debe huir de Buenos Aires, perseguido por la policía de Sarmiento y permanecer alejado de su hogar ante un futuro incierto 28.
Hernández había dedicado su libro a un amigo y gaucho como él, don José Zoilo Miguens, dueño de un campo de la Provincia de Buenos Aires. En una carta que le escribió le decía: “No le niegue su protección (a los gauchos) Ud. Que conoce bien todos los abusos y todas las desgracias de que es víctima esa clase desheredada de nuestro país”.
Hacia fines de 1874 Hernández regresa a su ciudad, vuelve del “destierro” o del “desierto”. Como vimos en el anterior apartado comienza otra época para el país, otra era política. Y también cambia la situación de Hernández que vive completamente en paz con su familia trabajando en su Librería del Plata y preparándose a ocupar altos cargos en el gobierno.
Por eso que la Segunda Parte de su poema que edita en 1879 titulada “La Vuelta de Martín Fierro” tiene características muy distintas a las de la Primera. No quiere esto decir que Hernández deje de defender al gaucho y de fustigar las injusticias. Lo hace especialmente a través de los dos hijos de Fierro y de Picardía quizá con más fuerza que en la primera parte. Pero la actitud es otra. Como los tiempos han cambiado, el gobierno, la política y su vida misma han cambiado, adopta una actitud no polémica sino conciliatoria. Toda la “Vuelta” es una invitación a la unión después de las luchas entre hermanos durante el período de la Organización Nacional.
| V. 7007 - | “Los hermanos sean unidos, |
| Porque esa es la ley primera; | |
| Tengan unión verdadera | |
| En cualquier tiempo que sea; | |
| Porque si entre ellos pelean, | |
| Los devoran los de ajuera”. |
De ahí también que en la segunda parte ya no es Martín Fierro el personaje central, sino que introduce a los demás y toma un cariz moralizante valiéndose de los consejos. Y dice abiertamente que no quiere más muertes, como si se operara una conversión en su interior y detestara su vida pasada.
| V. 6827 – | “Más cada uno ha de tirar |
| En el yugo en que se vea. | |
| Yo ya no busco peleas, | |
| Las contiendas no me gustan; | |
| Pero ni sombras me asustan | |
| Ni bultos que se menean”. |
No parece el M. Fierro de la primera parte; es otro. En el final Hernández se muestra ambiguo, por un lado defiende a sus personajes y por otro permite que se “dispersen a los cuatro vientos”, como aceptando su destrucción y reconociendo el nuevo régimen de cosas, la europeización, la nueva civilización.
Esta dualidad en el Hernández de 1879 también se pone de manifiesto en el comienzo de la segunda parte del poema donde emplea muchos versos para defenderse y atajarse.
| V. 2349 - | “Y empezaré por pedir |
| No duden de cuanto digo; | |
| Pues debe crerse al testigo | |
| Si no pagan por mentir”. |
Otro detalle que distingue la segunda parte de la primera es que en esta Hernández defiende al indio, pondera sus cualidades y pone sus tolderías como única tabla de salvación para su personaje, “Ya que hasta los indios no alcanza la facultá del Gobierno”.
| V. 2191 - | “Yo sé que allá los caciques |
| Amparan a los cristianos, | |
| Y que los tratan de “hermanos” | |
| Cuando se van por su gusto. | |
| A qué andar pasando sustos… | |
| Alcemos el poncho y vamos”. |
| V. 2233 - | “Allá habrá seguridá, |
| Ya que aquí no la tenemos | |
| Menos males pasaremos, | |
| Y ha de haber grande alegría | |
| El día que nos descolguemos | |
| En alguna toldería”. |
Sin embargo en la segunda parte hay un contraste muy notable ya que en ella se hace un proceso al elemento indígena, a sus costumbres. Martín Fierro cuenta cómo pasó los dos años en la indiada junto con su amigo Cruz y describe el trato receloso que recibieron y otros defectos de los indios.
| V. 2545 – | “Allá no hay misericordia |
| Ni esperanza que tener: | |
| El indio es de parecer | |
| Que siempre matar se debe; | |
| Pues la sangre que no bebe | |
| Le gusta verla correr”. |
Por eso que Martín Fierro en este nuevo ambiente también se siente desgajado de la sociedad y resuelve volver a la que había dejado.
“Besé esta tierra bendita, que ya no pisa el salvaje”. Y aunque no sabe cuál será su destino su decisión es tajante:
| V. 3863 – | “Me voy, le dije, ande quiera, |
| Aunque me agarre el gobierno; | |
| Pues infierno por infierno, | |
| Prefiero el de la frontera”. |
Aquí también la actitud conciliatoria es muy clara. Y para terminar este punto en el cual tratamos de ver el momento diverso en la génesis de cada una de las partes, del poema, algunos consejos que el autor pone en boca del protagonista y cuya intención es la de buscar una solución para el país. Carácter didáctico por lo tanto.
| V. 6944 - | “Y es justo que les prevenga: |
| Aquel que defectos tenga, | |
| Disimule los ajenos”. |
| V. 7031 - | “El que obedeciendo vive |
| Nunca tiene suerte blanda; | |
| Más con su soberbia agranda | |
| El rigor en que padece. | |
| Obedezca el que obedece, | |
| Y será güeno el que manda”. |
Después de lo que hemos considerado queda bien diferenciada la primera de la segunda parte, porque nacieron en fechas y en circunstancias distintas.
Aunque en ambos casos el motivo social – político subyace en el fondo. El mérito de José Hernández es haberle dado perfecta unidad y cohesión a pesar de que cuando concluyó “El Gaucho Martín Fierro” no tenía previsto cómo lo iba a terminar 29.
23 Ver en la Introducción la cita de la carta de Hernández a don Mariano Pelliza.
24 Según nota de P. De Paoli ob. Cit. Pág. 220.
25 Es tradicional considerar al gaucho como oriundo del Sur de Brasil, Uruguay y llanura bonaerense.
26 Palabras de Leopoldo Lugones en “El Payador” que reproduce J. L. Borges en “Martín Fierro”, pág. 17.
27 Guillermo Luzuriaga Agote publica una fotocopia del recibo firmado por Hernández en esa ocasión. (En: “Universalización de Martín Fierro”, Ed. Troquel, Buenos Aires 1967, pág. 11).
28 La tesis defendida por Pedro De Paoli es que “los motivos del Martín Fierro están en la vida de José Hernández”.
29 Carlos Alberto Leumann tuvo los manuscritos del “Martín Fierro” y dice que Hernández no siguió un plan prefijado al escribirlo. Afirma que Picardía fue el primer personaje que había pensado, con lo cual se aclara el texto.
Capítulo II
El canto doloroso del pueblo
A pesar de todo lo que hemos considerado anteriormente tendríamos una visión muy parcial del poema si no advirtiésemos su entroncamiento con la vida del autor, ya que José Hernández participó activamente en los sucesos argentinos de mediados y fines del S. XIX. El estuvo con el pueblo y luchó con la espada y la palabra por sus ideales. El “Martín Fierro” es el canto de ese pueblo.
Y solamente así, en este contexto, seremos capaces de apreciar las características peculiares de la obra dentro de la misma poesía gauchesca.

1. Entroncamiento con la vida del autor
Todos los críticos coinciden en que el descubrimiento de la personalidad del autor de “Martín Fierro” fue tardía.
Lugones escribió en “El Payador” estas palabras: “Hernández ignoró siempre su importancia y no tuvo genio sino en aquella ocasión. El poema compone toda su vida, y fuera de él, no queda sino el hombre enteramente común, con las ideas medianas de la época”.
También Ricardo Rojas en “Los Gauchescos” menospreció a Hernández llamándolo “hombre simplote” y “que no había hecho nada importante antes de escribir el “Martín Fierro”.
Sin embargo, nada más erróneo, pues el “Martín Fierro” fue una simple consecuencia de lo que Hernández era y de su vida azarosa; fruto de su fuerte personalidad; repetición de las ideas expresadas tantas veces en los periódicos.
La fuente principal sobre la vida del poeta es la obra de su hermano Rafael Hernández titulada “Pehuajó; nomenclatura de las calles. Breve noticia sobre los poetas que en ellas se conmemoran” 30.
José Hernández nació el 10 de noviembre de 1834 en el partido de San Martín (Buenos Aires). Su familia por parte de su padre era “federal” y por parte de su madre “unitaria”, ya que ésta era una Pueyrredón.
Esta circunstancia y el hecho de que su padre pasara largas temporadas ausente del hogar por atender los campos que tenía en el sur de Buenos Aires, hicieron que la infancia del pequeño José como la de sus hermanitos transcurriera en la soledad y la tristeza. Vivió sus primeros años alejado de su padre y una gran parte de ellos lejos de su madre a quien perdió tempranamente 31.
Cuando esto ocurrió residía en Barracas, sitio cercano de Buenos Aires, en casa de los abuelos paternos. Aquí en este lugar recibió los primeros conocimientos de la escuela.
Pero por sobre todo esta fue una experiencia muy dura que templó su carácter y lo preparó para toda una vida de luchas y sinsabores. Probó la amargura de la orfandad y debió sobreponerse a los contratiempos con grandeza de ánimo. Mucho más tarde dirá por boca de Cruz:
| V. 1687 - | “Amigazo, pa sufrir |
| Han nacido los varones. | |
| Estas son las ocasiones | |
| De mostrarse un hombre juerte, | |
| Hasta que venga la muerte | |
| Y lo agarre a coscorrones”. |
Aquí se inició en el misterio de la pampa, en su espíritu reconcentrado y sobrecogedor y en todo aquello que se saborea sin decir palabras porque no se siente la necesidad de comunicarse, ya que la inmensidad silenciosa es la única compañera que todo lo absorbe.
Su alma comenzó desde muy tierna a compenetrarse de esta fuerza telúrica. Las sensaciones percibidas no se le olvidarían nunca:
| V. 1403 - | “Y en esa hora de la tarde |
| En que tuito se adormece, | |
| Que el mundo dentrar parece | |
| A vivir en pura calma, | |
| Con las tristezas del alma | |
| Al pajonal enderiece”. |
| V. 1427 - | “Y al campo me iba solito”. |
| V. 1457 - | “Aquí no valen dotores, |
| Sólo vale la experiencia”. |
Pero luego viene el gran aprendizaje de Gaucho que José Hernández hace. Su padre lo lleva consigo a las estancias del sur. Ya no es solamente ver a los gauchos, las carretas, los animales; sino ser un gaucho más y vivir como uno de los tantos que pueblan la extensa llanura pampeana. Allí se forma el futuro poeta; allí asimila la esencia misma del gaucho, su lenguaje, su poesía, sus costumbres, sus caracteres psicológicos. Comprende todo el valor de esta raza, la única capaz de habitar y civilizar esos mundos. Va adquiriendo poco a poco su sabiduría; se entremezcla en las tareas rurales en los fogones, en las pulperías, en las fiestas. También conoce de cerca al indio. Su hermano Rafael nos dice que en esos años de su mocedad vividos en la campaña de la provincia de Buenos Aires, “se hizo gaucho”, aprendió a jinetear, tomó parte en varios entreveros rechazando malones de los indios pampas, asistió a las volteadas y presenció aquellos grandes trabajos que su padre ejecutaba, y de que hoy no se tiene idea”.
De este modo comprenderemos de dónde sacó Hernández la ciencia popular que aflora en los versos de su poema y que ningún libro puede dar fuera del libro de la naturaleza.
Así, el cuadro descriptivo de la vida gauchesca en su pleno apogeo:
| V. 133 - | “Yo he conocido esta tierra |
| En que el paisano vivía | |
| Y su ranchito tenía | |
| Y sus hijos y mujer… | |
| Era una delicia el ver | |
| Cómo pasaba sus días”. |
Y también tantas otras descripciones como las costumbres del indio, los malones, los fortines hasta los detalles más insignificantes.
| V. 2213 - | “Pa el lao en que el sol se dentra |
| Dueblan los pastos la punta”. |
| V. 2229 - | “Busco agua olfatiando al viento, |
| Y dende que no soy manco, | |
| Ande hay duraznillo blanco | |
| Cavo, y la saco al momento”. |
| V. 1475 - | “Como lumbriz me pegué |
| Al suelo para escuchar”. |
Para José Hernández ya no hay secretos en la pampa; es un gaucho en todo el sentido de la palabra. Aprendió todos los oficios y destrezas con suma rapidez:
| V. 421 - | “Yo primero sembré trigo |
| Y después hice un corral, | |
| Corté adobe pa un tapial, | |
| Hice un quincho, corté paja…” |
| V. 305 - | “Me salen coplas de adentro |
| Como agua de la virtiente”. |
| V. 1541 - | “Yo me encomendé a los santos |
| Y eché mano a mi facón”. |
| V. 2455 - | “Sé dirigir la mansera |
| Y también echar un pial; | |
| Sé correr en un rodeo; | |
| Trabajar en un corral; | |
| Me sé sentar en un pértigo | |
| Lo mesmo que en un bagual”. |
Sin embargo este estilo de vida lo reemplazará pronto por otro más combativo durante los largos años de la Organización Nacional que ya analizamos.
Se siente llamado a la acción y va adonde ésta lo reclama, fiel a la causa del gauchaje que es la causa de la libertad.
| V. 1385 - | “Vamos, suerte, vamos juntos, |
| Dende que juntos nacimos; | |
| Y ya que juntos vivimos | |
| Sin podernos dividir… | |
| Yo abriré con mi cuchillo | |
| El camino pa seguir”. |
Su primer enfrentamiento armado fue el de Rincón de San Gregorio en 1853. Luego actúa en El Tala en 1854 en calidad de teniente.
Pero Hernández descubre que no es la carrera de las armas en sí lo que le atrae, sino otro tipo de acción. Y se dirige a Buenos Aires donde comienza la “lucha del cerebro”, especialmente desde el periódico de Nicolás Calvo “La Reforma Pacífica”. Quiere que el país se unifique, que Buenos Aires se reintegre a la Confederación, y que no corra sangre inocente.
Muy pronto las ideas políticas le obligan a abandonar Buenos Aires. Un duelo misterioso que tuvo le hace experimentar el sentimiento de culpabilidad. Por esta época pierde a su padre. Está ahora en la ciudad de Paraná. Trabaja como empleado en un comercio mientras participa de la natural efervescencia política.
La tirantez entre la Confederación Argentina (trece provincias) y Buenos Aires, lleva a sendos ejércitos a ponerse frente a frente.
Hernández estuvo peleando en Cepeda contra su provincia natal en 1859.
Continúa su vida en Paraná donde ejerce las funciones de contador y taquígrafo de los cuerpos legislativos de la Confederación. La circunstancia de su trabajo le permite vivir de cerca la situación política interna del país. Hasta sus oídos llegan las noticias de asesinatos inicuos y del comportamiento de los enemigos de la Confederación, como las actuaciones de Mitre que está preparándose para librar la batalla definitiva.
En 1861 está luchando contra Mitre en la batalla de Pavón al lado de Urquiza, y después en Cañada de Gómez.
Rotas las esperanzas ve con amargura cómo el poder centralista de Buenos Aires se imponía en las provincias a costa de vidas humanas. Uno a uno los caudillos caían aplastados. El gaucho era presa del poderoso.
En este ambiente de derrota moral escribió Hernández el folletín “Vida del Chacho” que publicó en el diario “El Argentino” de Paraná en 1863. Con esta obra hacía una exaltación del valiente caudillo riojano Angel Vicente Peñaloza , un símbolo para todos los gauchos, y atacaba a Sarmiento y a su política. Era como el preludio del “Martín Fierro”.
¿Cómo no se arredra ante las dificultades, sino por el contrario se enardece aún más en la defensa de sus ideales?
Lo dirá después:
| V. 61 - | “Yo soy toro en mi rodeo |
| Y torazo en rodeo ajeno. | |
| Siempre me tuve por güeno, | |
| Y si me quieren probar, | |
| Salgan otros a cantar | |
| Y veremos quién es menos”. |
Ninguno de los dos instrumentos, el periódico y el folleto, serán suficientes contra la oligarquía porteña fomentada por Mitre y Sarmiento.
En Paraná, durante 1863, se casó José Hernández con Carolina González del Solar de quien tendría numerosos hijos.
Por 1865 estuvo en Rosario escribiendo en los diarios federales, donde vivió muy pobre y perseguido. No podía ser otra la vida del genial escritor 32.
En 1866 el gobernador de Corrientes don Evaristo López lo llamó para que redactara “El Eco de Corrientes”. Lo nombra primero Secretario de la Legislatura, después Fiscal de Estado, miembro del Superior Tribunal de justicia y por último Ministro de Hacienda.
Este gobierno de Corrientes no duró, fue reemplazado, a pesar de la resistencia, por otro favorable al mitrismo. Y Hernández tuvo que volver a Paraná porque le habían quitado hasta su propia casa de Corrientes.
No obstante no se quedará quieto, seguirá peleando “contra la partida”, hará oír su voz para pedir justicia aunque no se la hagan.
| V. 2089 - | “Y dejo rodar la bola, |
| Que algún día se ha de parar. | |
| Tiene el gaucho que aguantar | |
| Hasta que lo trague el hoyo | |
| O hasta que venga algún criollo | |
| En esta tierra a mandar”. |
Estuvo varios años lejos de la provincia que lo viera nacer ejercitándose como soldado y como escritor, siguiendo paso a paso el desarrollo de los acontecimientos políticos. Ahora reside en Buenos Aires mientras gobierna Sarmiento. Tiene más cerca al enemigo a quien ataca desde el diario “El Río de la Plata” de la forma como señalábamos en el anterior apartado. Pero también corre más riesgo.
Una última intervención militar en 1870 – 71 bajo la bandera caudillista de López Jordán que es derrotado por las fuerzas nacionales en Entre Ríos y Corrientes es causa de que permanezca desterrado en Brasil y Uruguay hasta 1872. Una ocasión más, y decisiva en cuanto a la inspiración del poema, para convivir con sus gauchos y compartir su suerte.
En 1872 y en las circunstancias ya relatadas escribió José Hernández la primera parte de su poema titulado “El Gaucho Martín Fierro”.
Si recorriésemos sus trece cantos veríamos que es posible cambiar la figura de Fierro por la de Hernández, porque es la misma. Por ejemplo:
La causa por la cual José Hernández tiene que abandonar Buenos Aires en 1858 y refugiarse en Paraná coincide con la causa por la cual sacan a Martín Fierro de su pago y lo arrean a la frontera.
| V. 343 - | “A mí el juez me tomó entre ojos |
| En la última votación. | |
| Me le había hecho el remolón | |
| Y no me arrimé ese día, | |
| Y él dijo que yo servía | |
| A los de la esposición”. |
Como era de la oposición tuvo que permanecer fuera de Buenos Aires muchos años en Paraná, Rosario, Corrientes y más tarde exiliarse en Brasil y Montevideo.
Fue vigilado y perseguido por la policía de Sarmiento; esto motivó muchas ausencias de su hogar como cuando se enrolaba en las filas y empuñaba las armas.
| V. 1433 - | “Sin punto ni rumbo fijo |
| En aquella inmensidá, | |
| Entre tanta escuridá, | |
| Anda el gaucho como duende. | |
| Allí jamás lo sorpriende | |
| Dormido la autoridá”. |
Esos años de luchas políticas fueron para Hernández como los años de la frontera vividos por Martín Fierro.
En Corrientes el gobierno le expropió su casa la cual reclamó en vano.
| V. 1033 - | “Después me contó un vecino |
| Que el campo se lo pidieron; | |
| La hacienda se la vendieron | |
| Pa pagar arrendamientos; | |
| Y qué sé yo cuántos cuentos; | |
| Pero todo lo fundieron”. |
Sí, José Hernández ha sufrido muchos males en carne propia y ha visto los malos tratos de los prisioneros, las levas forzosas, los fusilamientos, asesinatos, los despojos de tierras, el desprecio al habitante de la campaña, los negocios sucios y una infinidad de lacras.
El en su poema “ha relatado a su modo males que conocen todos, pero que naides cantó”. Así termina la primera parte, con una síntesis perfecta.
Dice Pedro De Paoli: “Contra esas injusticias y contra esa persecución y ese aniquilamiento se levanta Martín Fierro a su manera, de acuerdo con su educación, su naturaleza, sus medios y el ambiente en que actúa. Contra esas injusticias y ese aniquilamiento se levanta Hernández a los veintidós años y sigue levantándose hasta su muerte. La misma posición política opositora tienen Fierro y Hernández, y el mismo motivo reparador tienen sus luchas y sus afanes. Llévese el poema al ambiente de la ciudad, truéquese el personaje gaucho en el hombre culto de letras, cámbiese el verso por la prosa, y en vez de la Historia del Gaucho Martín Fierro se tendrá la Historia del periodista José Hernández. Cámbiese al Juez de Paz y el Comandante del “Martín Fierro” por la autoridad superior de la ciudad, y se tendrá al Presidente de la República. Póngase nombres a los personajes, y los presidentes de la República que persiguieron al periodista opositor, serán Mitre y Sarmiento”33.
De 1875 a 1879 el poeta y su familia viven años de tranquilidad en Buenos Aires bajo el nuevo régimen de Avellaneda, según describimos oportunamente. Por eso la segunda parte del poema, “La Vuelta de Martín Fierro”, tiene las características que también indicamos. Aquí el protagonista, es decir José Hernández, se silencia, desaparece y deja paso a los demás personajes que son los que continúan la crítica social.
| V. 3867 - | “Concluyo esta relación; |
| Ya no puedo continuar; | |
| Permitanmé descansar: | |
| Están mis hijos presentes, | |
| Y yo ansioso porque cuenten | |
| Lo que tengan que contar”. |
En 1880 José Hernández habló en el entierro de su amigo y rival Estanislao del Campo.
Fue elegido primero Diputado y luego Senador Nacional. Antes había sido presidente de la Cruz Roja Argentina.
Desde la Legislatura promovió la federalización de Buenos Aires.
Publicó en 1884 el libro “Instrucción del Estanciero” destinado a los medios rurales.
Sugirió a su amigo Dardo Rocha gobernador de Buenos Aires el nombre de la nueva capital de la provincia. Este nombre fue el que lleva la actual ciudad de La Plata.
Hasta aquí su vida pletórica de afanes, luchas y trabajos, pero que concluyó serenamente como esfumándose, lo mismo que sus personajes del poema.
Murió el 21 de octubre de 1886. Sus últimas palabras fueron: “Buenos Aires, Buenos Aires … y cesó”. Al día siguiente un periódico publicó la noticia con este título: “Ayer falleció el Senador Martín Fierro”.
30 Publicada en 1896. La municipalidad de Pehuajó (Prov. De Buenos Aires) había dispuesto que se diera nombres de poetas argentinos a las calles y plazas. Rafael Hernández publicó la biografía de los elegidos.
31 En una nota de su libro (ob. Cit.) Pedro De Paoli, dice que la familia Pueyrredón se embarcó en Baradero con destino a Rosario y de allí al Brasil, mientras duró el gobierno de Rosas en Buenos Aires.
32 Apoyamos ampliamente la tesis de que la historia de Martín Fierro es reproducción de la vida de José Hernández. Se da una identificación total entre el autor y el personaje central del poema. Tesis de Pedro De Paoli.
33 Ob. Cit. Pág. 281.
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