Kitabı oku: «Trabajo Social Emancipador»
Índice de contenido
Portadilla
PREFACIO
Capítulo 1
TRABAJO SOCIAL EMANCIPADOR
Algunos significados de la emancipación
Trabajo Social Emancipador
Qué entendemos por emancipación social
Núcleo Crítico del Trabajo Social Emancipador
Sujetos sociales y mundo de la vida
Rasgos constitutivos del Trabajo Social Emancipador
La praxis emancipadora de los/as Trabajadores/as Sociales
Capítulo 2
EL DEBATE MODERNIDAD-POSMODERNIDAD: Las disputas de sentido en las Ciencias Sociales y el Trabajo Social
La Modernidad
Primera modernidad: ¿en busca del paraíso perdido?
Segunda modernidad: desencanto del desencanto…
Algunas implicancias para el Trabajo Social
Capítulo 3
DE LA CUESTIÓN SOCIAL AL ORDEN SOCIAL: La construcción del orden sociopolítico actual
La cuestión del orden social
La construcción del orden mundial actual
La interpelación del orden social en América Latina
Implicancias del orden social en el Trabajo Social
Capítulo 4
TRABAJO SOCIAL: De la disciplina a la indisciplina
La producción y acreditación de conocimientos en las Ciencias Sociales
La producción y acreditación de conocimientos en Trabajo Social
El Trabajo Social como indisciplina
Capítulo 5
LA FORMACIÓN PROFESIONAL: De técnicos a intelectuales comprometidos
La cuestión del orden social y la formación profesional
La Universidad Pública Argentina y la formación profesional
La docencia universitaria como praxis política
La docencia universitaria como compromiso ético
La docencia universitaria como ejercicio de la profesión
Trabajadores sociales intelectuales
Prácticas profesionales emancipatorias
CONCLUSIÓN
BIBLIOGRAFÍA
TRABAJO SOCIAL EMANCIPADOR
De la disciplina a la indisciplina
Silvana Martínez
Juan Agüero
TRABAJO SOCIAL EMANCIPADOR
De la disciplina a la indisciplina
Martínez, Silvana
Trabajo social emancipador : de la disciplina a la indisciplina / Silvana Martínez ; Juan Omar Agüero. - 1a ed . - Paraná : Editorial Fundación La Hendija, 2018.
Libro digital, Amazon Kindle
Archivo Digital: descarga
ISBN 978-987-4948-08-3
1. Trabajo Social. I. Agüero, Juan Omar II. Título
CDD 361.3
Título:
Trabajo Social Emancipador. De la disciplina a la indisciplina
Autores:
Silvana Martínez y Juan Agüero
Primera edición en formato digital: octubre de 2018
Digitalización: Proyecto451
I.S.B.N.: 978-987-4948-08-3
© por Fundación La Hendija
Gualeguaychú 171 (C.P.3100)
Paraná. Provincia de Entre Ríos.
República Argentina.
Tel:(0054) 0343-4242558
e-mail: editorial@lahendija.org.ar, editoriallahendija@gmail.com
www.lahendija.org.ar
Diagramación y diseño de tapa: Laura Martincich
Queda hecho el depósito que previene la ley 11.723
DEDICATORIAS
A los oprimidos y explotados de América Latina y El Caribe
A Mauro y Abril por el apoyo incondicional
A la Universidad Pública Argentina
A Armando y Laura por creer en nosotros
PREFACIO
“Valen más las trincheras de las ideas
que las trincheras de piedra”
José Martí
La idea de escribir un libro siempre nos ha parecido una tarea polisémica. Por un lado, por la posibilidad de materializar, expresar y difundir ideas que a veces tienen un largo período de gestación y otras veces surgen de manera más inmediata por motivos muy diversos. Por otro lado, por lo que significa en sí mismo un libro que, en principio pertenece a un/a autor/a -creador/a -productor/a, pero que después pierde esta referencia originaria y va adquiriendo connotaciones muy diversas relacionadas con hechos y circunstancias históricas muy particulares -y a veces muy personales- de los/as lectores/as, que a su vez se van actualizando continuamente con nuevas experiencias y con proyecciones imaginarias colectivas.
Pero además, por la potencialidad que puede tener un libro como contribución al acervo cultural de un pueblo o como evidencia empírica de un tiempo o una época histórica. Un libro siempre es para nosotros una expresión del devenir de la civilización humana y contiene en sí mismo esta carga de significación social. Siempre es valioso un libro, porque es un testimonio rico en connotaciones históricas que transcienden a los/as autores/as.
Este libro condensa un conjunto de ideas que fueron madurando en nosotros a lo largo de muchos años de estudio, de luchas sociales, de debates, de encuentros y desencuentros. No ocultamos nuestras ideas ni nuestras convicciones porque no podríamos hacerlo, aunque quisiéramos, porque es lo que nos caracteriza y nos ha caracterizado siempre.
Este libro trata sobre la emancipación social, no como una ilusión sino como una experiencia histórica y un hecho que podemos vivenciarlo cada día en nuestras vidas. Las experiencias emancipatorias suelen estar muy presentes en muchos hechos cotidianos que a veces pasan desapercibidos, pero que sin embargo son reales. La lucha de todos los días de tanta gente es un hecho real, no es una ilusión. Y estas luchas son las que construyen el mundo social, las que expresan ideas y proyectos, sueños y realidades, pero también expresan derroteros, sufrimientos, marchas y contramarchas.
El primer capítulo de este libro es una presentación y fundamentación de una propuesta que nosotros hemos denominado Trabajo Social Emancipador. El motivo es justamente su vinculación con este hecho tan profundo de la historia humana como es la emancipación. Intentamos en este capítulo dar cuenta de los significados que la emancipación ha tenido en diversos momentos históricos. También presentamos nuestra idea de emancipación y las cuestiones centrales de lo que para nosotros constituye el núcleo crítico y los rasgos constitutivos del Trabajo Social Emancipador.
En el segundo capítulo realizamos una reflexión sobre el debate entre modernidad y posmodernidad. Presentamos los términos de este debate, los autores que se posicionan en cada enfoque y luego lo vinculamos con el Trabajo Social. Esto es necesario para entender por dónde pasa el debate actual en las Ciencias Sociales, en las cuales se inscribe el Trabajo Social.
En el tercer capítulo planteamos la necesidad de pasar de la cuestión social a la cuestión del orden social. Parece un cambio de palabras, pero en realidad es un giro hacia un análisis más profundo y trascendental que da cuenta de la construcción histórica del orden social en América Latina y el mundo y de las implicancias que esto tiene para el contexto actual latinoamericano y argentino y para la praxis de los/as Trabajadores/as Sociales.
En el cuarto capítulo presentamos otro giro que consideramos urgente y necesario en el Trabajo Social. Nos referimos y argumentamos nuestra propuesta de Trabajo Social como indisciplina, como una necesidad de dejar atrás definitivamente el positivismo y el estructural-funcionalismo tan fuertemente arraigados en las Ciencias Sociales en general y en el Trabajo Social en particular.
Finalmente, en el quinto y último capítulo nos referimos a la formación profesional de los/as Trabajadores/as Sociales y al tipo de formación que se necesita para un Trabajo Social Emancipador, que implica dejar de lado la formación aséptica y tecnocrática para pasar a formar Trabajadores/as Sociales intelectuales comprometidos con su tiempo y su realidad histórica.
Invitamos a los/as lectores/as a recorrer las páginas de este libro y esperamos despertar la conciencia emancipatoria que todos/as llevamos adentro.
Capítulo 1
TRABAJO SOCIAL EMANCIPADOR
En este primer capítulo de nuestro libro abordamos el concepto de emancipación con el fin de referirnos luego a un tipo de Trabajo Social que nosotros hemos denominado Trabajo Social Emancipador en una publicación anterior (Martínez, S. y Agüero, J., 2008). Ahora bien, ¿por qué proponemos un tipo de Trabajo Social con estas características?, ¿por qué tenemos que hablar de un Trabajo Social “emancipador”?, ¿cuáles son los rasgos que caracterizan este tipo de Trabajo Social? y ¿cuál es el sentido de hablar de “emancipación” en un momento de la historia humana marcada fuertemente por la hegemonía del capitalismo financiero internacional y los procesos de globalización que sostienen el orden mundial actual?
Éstas son algunas de las preguntas que orientarán el desarrollo de este capítulo. Para abordar las mismas, analizaremos en la primera parte algunos significados de la emancipación. Abordaremos los significados de este concepto en la modernidad, el marxismo, los movimientos sociales y el feminismo. En la segunda parte de este capítulo, fundamentaremos lo que entendemos por emancipación y los rasgos que caracterizan nuestra propuesta de Trabajo Social Emancipador: anticapitalista, antipatriarcal y postcolonial.
Algunos significados de la emancipación
El término emancipación tiene un significado jurídico muy antiguo que se relacionaba con la potestad de un amo de liberar a su esclavo. También se refería a la finalización de la patria potestad ejercida sobre un menor de edad cuya emancipación lo habilitaba para la vida adulta. Históricamente, este término fue adquiriendo diversos significados según la época, pero es en la Modernidad, principalmente en los siglos XVII y XVIII, donde adquiere un sentido fundacional de ruptura con el antiguo régimen (el medioevo) y de progreso ilimitado.
Giani Vattimo sostiene que la emancipación en la Modernidad constituye un intento teleológico de ir avanzando hacia un final feliz que a su vez se alimenta de una serie de promesas de progreso y perfección de la humanidad (Vattimo, G., 2009, p. 33). La idea de que la historia tiene un sentido progresivo y va ascendiendo hacia la perfección final, guiada por la racionalidad humana, ha estado en la base de la modernidad e incluso se puede decir que constituye su esencia. En este sentido, la emancipación se muestra como un proyecto inacabado, que busca un paraíso soñado (Vattimo, G., 2004, p. 39). El hombre moderno, y no Dios, se constituye en el escultor y arquetipo de la historia. Como lo explica Ricardo Forster:
Ya no se trata simplemente del viaje cartesiano hacia lo profundo de la interioridad subjetiva para fundar ontológicamente el cogito, la razón, sino que ahora se trata de liberar definitivamente a los hombres de cualquier sujeción externa, de cualquier trascendentalismo, de cualquier figura paterna que por fuera de la propia voluntad, de la propia acción del hombre, imponga condiciones. Cuando hablamos de emancipación, que es una de las palabras claves de la ilustración, hacemos referencia precisamente a ese viaje de la conciencia, de la voluntad subjetiva, por liberarse de las ataduras de los dogmas, de las creencias religiosas, de los paternalismos que hasta ese momento habían impuesto sus condiciones. El individuo emerge en el interior de la experiencia ilustrada como el fundamento de una nueva praxis histórica, una nueva figura de la acción transformadora (Forster, R., 1997, p. 256).
Ernesto Laclau critica esta noción de emancipación de la Modernidad, a la que denomina noción clásica de emancipación. Para este autor, esta noción tiene seis dimensiones que no constituyen un todo lógicamente organizado o una estructura lógica coherente. Aclara sin embargo el autor que esto no significa abandonar la lógica de la emancipación, sino
Por el contrario, moviéndonos dentro de este sistema de incompatibilidades lógicas es que podemos abrir un camino que nos conduzca a nuevos discursos de liberación que no presenten las antinomias y los callejones sin salida a la que la noción clásica de emancipación ha conducido (Laclau, E., 1996, p. 13).
La primera es la dimensión dicotómica y está dada por la censura absoluta o la discontinuidad radical entre el momento emancipatorio y el orden social que lo precede. La segunda es la dimensión totalizante porque la emancipación abarca todas las áreas de la vida social y a su vez éstas tienen entre sí una relación de imbricación. La tercera es la dimensión de transparencia por cuanto si la alienación es erradicada totalmente, ya no habría lugar para ninguna relación de poder o de representación, ni para la distinción sujeto/objeto. La cuarta es la dimensión de preexistencia de lo que debe ser emancipado respecto del acto emancipatorio, ya que no hay emancipación sin opresión. La quinta es la dimensión de fundamento, que es inherente a todo proyecto de emancipación radical en tanto fundante de un nuevo orden. La sexta es la dimensión racionalista, que da cuenta de la centralidad de la razón en reemplazo de la revelación divina (Laclau, E., 1996, p. 11-12).
Otra crítica importante a la noción de emancipación de la Modernidad es la formulada por el sociólogo portugués Boaventura de Sousa Santos. Para este autor,
El problema es que la emancipación social es un concepto absolutamente central en la modernidad occidental, sobre todo porque ésta ha sido organizada a través de una tensión entre regulación y emancipación, entre orden y progreso, entre una sociedad con muchos problemas y la posibilidad de resolverlos en otra mejor, que son las expectativas (De Sousa Santos, B., 2006, p. 13).
Sin embargo, De Sousa Santos no abdica de la idea de emancipación social sino que la reafirma enfáticamente, pero al mismo tiempo sostiene que no podemos seguir pensándola de la misma manera que en la Modernidad y por lo tanto propone la necesidad de reinventarla desde tres dimensiones: epistemológica, teórica y política. Su propuesta para la primera dimensión es la construcción de una epistemología del Sur como búsqueda de visibilidad y credibilidad de las prácticas cognitivas de las clases, de los pueblos y de los grupos sociales que han sido históricamente explotados y oprimidos por el capitalismo global y el colonialismo (De Sousa Santos, B., 2009).
En la segunda dimensión el autor plantea la necesidad de reinventar la teoría crítica desde la interculturalidad, la postcolonialidad y un nuevo tipo de racionalidad. Plantea la necesidad de una ecología de saberes, es decir, conocimientos construidos desde distintas perspectivas que sean superadoras del tipo de conocimiento con pretensión universal apoyado en la concepción de la Modernidad. Esta tarea implica varios retos: construir una utopía crítica que supere las utopías conservadoras del neoliberalismo, superar el desprecio de las culturas locales silenciadas por la denominada cultura occidental y la Modernidad, distinguir entre objetividad y neutralidad, desarrollar subjetividades rebeldes y no sólo subjetividades conformistas y superar la violencia del colonialismo construyendo un saber postcolonial (De Sousa Santos, B., 2006, p. 46-49).
En la tercera dimensión el autor plantea la necesidad de construir democracias de alta intensidad. Recuperar la diversidad de formas democráticas que existían antes de la democracia representativa liberal impuesta por los países que sostienen el orden hegemónico mundial, por ejemplo la democracia popular y la democracia participativa. El autor plantea tres condiciones que deben cumplirse previamente para que resulte viable una democracia participativa: que esté garantizada la supervivencia de los sujetos, que haya protección de un mínimo de libertad para elegir y que se garantice el acceso a la información. Asimismo, sostiene la necesidad de articular la acción entre el Estado, los partidos políticos y los movimientos sociales, para que haya complementariedad y no prescindencia mutua. Sin embargo, esta articulación se ve obstruida o amenazada -según el autor- por tres extremismos: el sujeto histórico: la clase obrera o la multitud; la organización: formas tradicionales de partidos y sindicatos o todo espontáneo y el poder: tomar el poder o ignorarlo. Finalmente, el autor propone superar estos extremismos con pluralidades despolarizadas (De Sousa Santos, B., 2006, p. 71-86).
La noción de emancipación de la Modernidad también es abordada por Karl Marx en el siglo XIX. En su ensayo La Cuestión Judía, escrito en otoño de 1843 y publicado en febrero de 1844, aborda por primera vez el problema de la emancipación humana en general y su vinculación con la emancipación política, en este caso de los judíos. En este ensayo sostiene que
Solamente, cuando el verdadero hombre individual asuma en sí al ciudadano abstracto del Estado y, en calidad de hombre individual, en su vida empírica, en su trabajo individual, en sus relaciones individuales se convierta en un ser genérico, solamente, cuando el hombre conozca y organice sus “fuerzas propias” como fuerzas sociales y por tanto no separe más de sí las fuerzas sociales como fuerza política, solo entonces se realizará la emancipación humana (Marx, K., 2004, p. 23).
Sin embargo, en este temprano ensayo Marx no explica cómo alcanzar la emancipación humana, ni quién y por qué vías puede llevarla a cabo. Esto lo explica luego en sus escritos posteriores: Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel. Introducción (1843), Manuscritos económicos y filosóficos (1844), La Sagrada Familia (1844), La Ideología Alemana (1845-1846), Miseria de la Filosofía (1847), El Manifiesto Comunista (1848), Dieciocho Brumario (1852) y El Capital. Crítica de la Economía Política (1862).
Para Marx la emancipación humana se encarna en sujetos históricos que en situaciones concretas luchan por alcanzar la misma, analizando la realidad histórica, desplegando estrategias y llevando a cabo acciones concretas que implican a su vez la vinculación entre teoría y práctica. Para Concepción Nieves Ayús (2005) Marx aporta un camino para la emancipación humana: a) el análisis concreto para la fundamentación de estrategias dirigidas a subvertir las relaciones sociales predominantes, b ) la crítica propositiva encaminada no sólo a denunciar los males sociales sino a sugerir las posibles acciones para encontrar una salida y c) el permanente análisis constructivo de la teoría revolucionaria que responda a las necesidades concretas de los pueblos y que se constituya en una verdadera guía para la acción.
Para Marx el sujeto histórico de la emancipación humana es el proletariado que, para él, constituye el estrato particular que condensa el proceso de desintegración de la sociedad capitalista. Este estrato concentra las necesidades radicales que demandan una revolución radical. Por tanto, al liberarse a sí misma como clase, puede romper las cadenas que atan al resto de los explotados. Sin embargo, en su trayectoria histórica, el capitalismo ha desarrollado la ciencia y la tecnología y ha transformado de tal manera las fuerzas productivas y las formas de explotación que, en el siglo XXI, el sujeto histórico de la emancipación humana ya no es homogéneo como el proletariado del siglo XIX, sino que es un sujeto social cuya composición es amplia y variada y se construye desde abajo, atendiendo a las necesidades y tareas específicas de la lucha en cada contexto político y social.
Otro elemento que Marx incluye en la emancipación humana es la necesidad de superar la alienación. Aquí se produce una contradicción entre el ciudadano que goza de supuesta igualdad política pero que está escindido de su condición material como sujeto histórico y en situación de desigualdad social. Por alienación, Marx entiende “una forma específica de objetivación, aquella en que la realización del trabajo aparece como una pérdida de realidad para los trabajadores; la objetivación como la pérdida del objeto y servidumbre del objeto; la apropiación como enajenación” (Marx, K., 1977, p. 71). En este sentido, enajenación y emancipación humana constituyen en sí mismos dos procesos excluyentes, ya que la última sólo se puede alcanzar cuando no exista enajenación que condicione una sociedad civil fundada en la propiedad privada y la explotación del hombre por el hombre (Ayús, C. N., 2005).
Por otra parte, Marx desarrolla el concepto de emancipación humana diferenciándola de la emancipación política, como dos procesos distintos. Respecto a esta última, reconoce los avances que ha significado la modernidad como emancipación política de las viejas estructuras feudales del medioevo en cuanto a cuestiones tales como la igualdad ante la ley, las libertades individuales, la ciudadanía, entre otras. Sin embargo, considera a la emancipación humana como un proceso cualitativamente superior y distinto a la emancipación política, porque se refiere a la vida cotidiana material de los sujetos y a las condiciones económicas, políticas, sociales y culturales que condicionan la misma.
En este sentido, si bien la emancipación política es necesaria e imprescindible para la libertad, el ejercicio efectivo de esta libertad no resulta posible, a menos que exista emancipación humana. Ahora bien, crear las condiciones para el ejercicio de la libertad no es algo simple y sencillo, sino un complejo proceso plagado de todo tipo de contradicciones, conflictos, ambiciones, guerras de intereses, avances y retrocesos, encuentros y desencuentros, crisis, luchas y enfrentamientos con quienes ejercen el poder y el control económico y político de los medios de producción.
Sin embargo, con el correr de los años y el devenir de los acontecimientos históricos que fueron ocurriendo a lo largo del siglo XIX, esta posición inicial de Marx, que se conoce como el primer Marx o joven Marx, se modifica sustancialmente, como lo resume Raúl Zibechi (2005). Con el primer tomo de El Capital, publicado en 1862, hay un giro hacia la base económica, las relaciones sociales de producción como principio explicativo de todas las relaciones sociales y particularmente de lo que él denomina superestructura, constituida por lo político, lo jurídico, la ideología y la cultura. En la Circular a las clases trabajadoras, redactada en 1864 con motivo de la creación de la primera internacional, Marx analiza el recorrido del movimiento obrero desde 1848, signado por grandes fracasos, donde reconoce el alivio que significó la ley de jornada laboral de 10 horas y el papel del movimiento cooperativo ya que “por primera vez en la historia, la economía política de la burguesía sucumbió ante la economía política de la clase obrera” (Zibechi, R., 2005, p. 18).
El primer Marx rechazaba la participación del cooperativismo en la lucha revolucionaria y lo consideraba más bien un obstáculo. De aquí surgen los enfrentamientos con Proudhon. Sin embargo, en la Circular no sólo reconoce los logros del movimiento cooperativo, sino que llega a afirmar que “este movimiento podría triunfar ante el poder del capital sólo si se desarrolla en dimensiones nacionales”, pero además esto lo lleva a sostener que “conquistar el poder político se había convertido en la gran obligación de las clases trabajadoras”, es decir, como sostiene Zibechi, “la conquista del poder es la única forma de evitar que la economía política del proletariado sucumba ante la potencia de la economía política de la burguesía” (ídem).
De lo que se trata es de un giro de Marx hacia la política y el Estado, dos instancias que anteriormente rechazaba expresamente y sólo creía en la fuerza autónoma del proletariado. Esto lo sostenía, por ejemplo, con la frase “la emancipación de la clase trabajadora será obra de los trabajadores mismos” (Zibechi, R., 2005, p. 13). Anteriormente vimos que el sujeto histórico de la emancipación para el joven Marx era el proletariado, actuando como organización autónoma de la política y el Estado. Ahora cambia su posición y reconoce la necesidad de conquistar el poder mediante la acción política. Reconoce que la lucha de clase es una lucha política y que también la revolución es política. Este giro se da fundamentalmente después del fracaso de la toma de la Comuna de Paris ocurrida en 1871. El Estado se transforma así en el nuevo sujeto histórico de la emancipación (Zibechi, R., 2005, p. 20).
Otro significado de la emancipación tiene que ver con las luchas políticas contra la globalización neoliberal que llevan a cabo diversos grupos y movimientos sociales en el mundo. Uno de estos movimientos es el altermundismo que, con el lema “otro mundo es posible”, se autodefine como proyecto de emancipación social. Una de sus manifestaciones más conocidas es la organización de encuentros anuales denominados Foro Social Mundial y que, desde el año 2001, se vienen realizando en distintos países del mundo. Para Francisco Fernández Buey
El denominado movimiento altermundista, que surge por evolución de los movimientos sociales alternativos configurados en EE.UU y Europa en la década de 1960, nace como un movimiento de movimientos, en el que concurren sindicatos, partidos políticos de izquierda, organizaciones ecologistas, pacifistas y feministas, así como asociaciones indigenistas, antirracistas y grupos de ciudadanos que ponen el acento en la defensa de los derechos humanos, sociales o civiles (Fernández Buey, F., 2004, p. 134).
Para el altermundismo, si bien en su sentido más amplio la emancipación se refiere a toda acción que permite a un sujeto o a un grupo social acceder a un estado de autonomía, por cese de la sujeción a alguna autoridad o potestad, la emancipación humana es una noción que apunta a promover una sociedad más justa, liberada de las dominaciones de todo orden y orientada hacia una igualdad real. Por sus múltiples dimensiones y su apuesta por la universalidad, este concepto de emancipación incluye la emancipación política, la emancipación socioeconómica, el respeto por la dignidad humana, el derecho al reconocimiento y a una vida digna para todos los seres humanos y la preservación de las condiciones ecológicas de la vida de las generaciones futuras.
Otros significados de la emancipación tienen que ver con las luchas políticas llevadas a cabo por los movimientos feministas en el mundo. En estas luchas, se han desplegado numerosos procesos emancipatorios, con una gran diversidad de significaciones, sentidos, ideas, posturas teóricas, epistemológicas y políticas, que tornan difícil el intento por tratar de resumirlas o condensarlas de alguna manera. No obstante, estos procesos emancipatorios, si bien son tan diversos, tienen en común la lucha contra todas las formas de opresión, desigualdad y discriminación vividas por las mujeres, así como contra el orden que sostiene las mismas: el patriarcado, el capitalismo y el colonialismo.
Trabajo Social Emancipador
En la segunda parte de este capítulo, nos abocamos a la tarea de presentar nuestra propuesta de Trabajo Social Emancipador. Previamente, sin embargo, tenemos que referirnos a lo que nosotros entendemos por emancipación social. Esto es necesario ya que, como hemos visto precedentemente, son muchos los significados que se han atribuido a este término. Partiremos de lo que ya hemos publicado anteriormente a modo de ensayo (Martínez, S. y Agüero, J. O., 2008), con el fin de hilvanar mejor nuestras ideas y retomar este material que lo consideramos muy importante para nuestra propuesta.
Qué entendemos por emancipación social
¿Qué queremos decir cuando decimos emancipación? ¿Qué significado e implicancia tiene para los/as Trabajadores/as Sociales? Nuestra idea de emancipación, desde el punto de vista histórico, tiene un entrelazamiento con los acontecimientos y el clima de época que se vivía en las décadas de 1960 y 1970. En esto compartimos en gran medida con el origen histórico que también se atribuye el altermundismo, pero obviamente esto se enmarcaba en un clima más general de ebullición social, movilizaciones sociales, planteos radicales, luchas contra el imperialismo, cuestionamientos del status quo, que existía tanto a nivel mundial como en los países latinoamericanos.
Por entonces, no se hablaba de emancipación, sino de liberación y en el Trabajo Social latinoamericano se proponía un Trabajo Social Liberador (Macías Gómez, E. y Lacayo de Macías, R., 1973). Eran tiempos de reconceptualización. Se transitaba por un momento histórico de profundos cambios sociales y políticos. Se pretendía que los/as Trabajadores/as Sociales cumplieran un rol estratégico en la sociedad, como educadores/as populares, dirigentes, militantes, protagonistas y promotores/as de las transformaciones estructurales que con urgencia demandaba el pueblo latinoamericano.
La encrucijada de entonces se reflejaba en la frase liberación o dependencia. Paulo Freire hablaba de educación liberadora (Freire, P., 1970); Theotonio Dos Santos, de teoría de la dependencia (Dos Santos, Th. 1974); muchos obispos y sacerdotes progresistas, de teología de la liberación (Gutiérrez Merino, G., 1968; Boff, L., 1978). En la segunda conferencia realizada en 1968 en Medellín, Colombia, los obispos latinoamericanos optan por una Iglesia pobre, pascual y misionera, lo que implicaba liberarse de sus ataduras materiales (II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, 1968). En el caso de la Iglesia latinoamericana, esta liberación tenía un sentido teológico, mientras que en Freire y Dos Santos un sentido político e ideológico. Es en este último sentido donde la liberación se aproxima a la noción de emancipación, ya que ésta tiene también un contenido político e ideológico.
Para un país, la emancipación es la capacidad y posibilidad real de soberanía política o autodeterminación como pueblo. Para una sociedad o grupo social, o para los sujetos sociales que lo integran, es la capacidad y posibilidad real de autonomía o autodeterminación como sociedad, grupo o sujetos. En ambos casos, es una instancia que va más allá de la libertad o de la liberación e implica dos condiciones básicas: a) tener capacidad real y b) tener posibilidad real de decidir el propio destino o proyecto de vida y poder llevarlo a cabo asumiendo sus consecuencias.